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    <title><![CDATA[elDiario.es - Elpida Nikou]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Elpida Nikou]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La rabia contra la corrupción policial en México explota tras la desaparición de 43 estudiantes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/desaparicion-estudiantes-explotar-rabia-mexico_1_4552149.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/31d36e33-bd53-434f-b3ff-7ed90e1c6cb6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La rabia contra la corrupción policial en México explota tras la desaparición de 43 estudiantes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se cumple un mes del ataque en Iguala perpetrado, según las investigaciones, por la policía municipal con el apoyo de un cártel de narcotraficantes</p><p class="subtitle">"Hace mucho que no confiamos en ellos. No queremos llegar a grados en que nosotros hagamos justicia", dice el portavoz de los estudiantes desaparecidos</p><p class="subtitle">Multitud de protestas han manifestado su rechazo al Gobierno y a la impunidad de la corrupción policial, mientras la "policía comunitaria" se mantiene alerta</p></div><p class="article-text">
        El dolor se vuelve rabia. Eso nos dicen estudiantes de la Escuela Normal Rural &ldquo;Raul Isidro Burgos&rdquo; de Ayotzinapa, mientras caminamos por pasillos que muestran su historia a trav&eacute;s de pinturas y murales. Paredes que hablan de d&eacute;cadas en lucha y que mantienen vivo el legado de los grandes muralistas mexicanos. Tambi&eacute;n de la represi&oacute;n que estudiantes han sufrido en estas tierras por parte del Estado mexicano, un mes despu&eacute;s del cumplimiento de la desaparici&oacute;n forzada de 43 estudiantes del Estado de Guerrero.
    </p><p class="article-text">
        En la tr&aacute;gica noche del 26 de septiembre, un grupo de m&aacute;s de 80 estudiantes rurales sali&oacute; a buscar autobuses. Quer&iacute;an trasladarse, parad&oacute;jicamente, a la marcha conmemorativa que todos los a&ntilde;os recuerda la matanza estudiantil producida el 2 de octubre de 1968 en el Distrito Federal. Desde hace a&ntilde;os y ante la falta de fondos incluso para transporte, toman camiones de lineas privadas con cutos choferes suelen mantener buenas relaciones. Pero esta vez el camino les planteo un destino diferente.
    </p><p class="article-text">
        Fue en la ciudad de Iguala donde, seg&uacute;n diversas investigaciones, la polic&iacute;a municipal les cerr&oacute; el paso. Sin previa negociaci&oacute;n, sin intercambio de palabras, empezaron a tirotearlos. &ldquo;Fue directamente la polic&iacute;a. Empezaron a disparar las llantas y despu&eacute;s dispararon directo a los compa&ntilde;eros&rdquo;, cuenta David, representante de los estudiantes. El saldo tr&aacute;gico: tres estudiantes muertos &ndash;a uno de ellos se le encontr&oacute; sin ojos y con la piel de la cara arrancada&ndash;, otro en el hospital con muerte cerebral, m&aacute;s de 25 heridos y 43 alumnos desaparecidos.
    </p><p class="article-text">
        Aunque todo sucedi&oacute; en el centro de la ciudad de Iguala y a escasos metros de un cuartel del Ej&eacute;rcito mexicano, nadie acudi&oacute; en su ayuda. &ldquo;Durante horas fuimos perseguidos y tiroteados de nuevo. La procuradur&iacute;a no lleg&oacute; hasta la madrugada&rdquo; comenta Omar, estudiante que logr&oacute; escapar de la emboscada. &ldquo;Cuando hu&iacute;amos nos topamos con unos militares. Lo &uacute;nico que nos dijero fue: ya ven, por andar de machitos&hellip; ahora se aguantan&rdquo;. No ser&iacute;a hasta la madrugada del d&iacute;a siguiente cuando un equipo del Instituto de Ciencias Forenses recogiera los cad&aacute;veres del suelo.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n las investigaciones fue la polic&iacute;a municipal la que atac&oacute; y secuestr&oacute; a los estudiantes con el apoyo de un c&aacute;rtel de narcotraficantes llamado Guerreros Unidos. Jos&eacute; Luis Abarca, alcalde de la zona, estaba directamente vinculado con este grupo delincuencial y fue quien dio la orden del ataque. Dos d&iacute;as despu&eacute;s de la masacre se fug&oacute; junto con el jefe de la polic&iacute;a y a&uacute;n se desconoce su paradero. A&uacute;n no se saben las razones reales del ataque.
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;as despu&eacute;s de los hechos tr&aacute;gicos, fosas clandestinas comenzaron a descubrirse en los alrededores de la ciudad de Iguala. Decenas de cuerpos encontrados cerca de casas en las que nadie sabe nada. El miedo inunda esta zona y sus vecinos llevan tiempo viendo en silencio transitar camionetas con personas que nunca regresan. &ldquo;Parece que toda la sierra es un gran cementerio&rdquo;, comentan en la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        De momento no se ha podido identificar ninguno de los cuerpos que se han ido encontrando en estos agujeros de la muerte. Ni siquiera la procuradur&iacute;a mexicana conf&iacute;a en sus trabajadores, por lo que todo el mundo espera los resultados del trabajo de un equipo independiente de peritos argentinos. Ellos deben desvelar si los restos encontrados pertenecen a los estudiantes, o si coinciden con alguno de los nombres que forman la innumerable lista de desaparecidos que averg&uuml;enza al pa&iacute;s desde hace m&aacute;s de una d&eacute;cada.
    </p><p class="article-text">
        En 2006 el expresidente de M&eacute;xico, Felipe Calder&oacute;n, empez&oacute; la llamada guerra contra el narcotr&aacute;fico convirtiendo a su pa&iacute;s en un territorio donde los habitantes sufren todo tipo de agresiones. Bien sea por parte de grupos criminales o bien por parte de los cuerpos de seguridad mexicanos que muchas veces son miembros del entramado delincuencial. &ldquo;La violencia sistem&aacute;tica es un c&aacute;ncer a nivel nacional, y detr&aacute;s de este c&aacute;rcel est&aacute; la corrupci&oacute;n&rdquo; se lamenta Moises, graduado de la escuela. Seg&uacute;n datos oficiales se han registrado m&aacute;s de 30.000 desaparecidos en toda la rep&uacute;blica y m&aacute;s de 150.000 muertos, cifras estremecedoras en una guerra no declarada que parece no tener fin.
    </p><p class="article-text">
        Guerrero es epicentro de una batalla a la que se le suman otros males. Se trata de uno de los Estados m&aacute;s pobres y marginados del pa&iacute;s. Su poblaci&oacute;n, ind&iacute;gena y campesina en su gran mayor&iacute;a, es analfabeta en un 60%. M&aacute;s del 90% del territorio no tiene drenaje y s&oacute;lo el 50% de la poblaci&oacute;n cuenta con electricidad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Los j&oacute;venes que estudian en escuelas rurales normales como la de Ayotzinapa vienen de este complejo contexto social. Son hijos de campesinos, en su gran mayor&iacute;a de escasos recursos, que ven como &uacute;nica oportunidad para salir adelante estudiar en estas escuelas y graduarse como futuros maestros. Son ellos los que regresar&aacute;n a sus comunidades para educar a las siguientes generaciones.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Son estas escuelas las que el gobierno mexicano quiere desaparecer&rdquo;, reflexiona Moises. La disminuci&oacute;n de fondos destinados a la educaci&oacute;n p&uacute;blica ha sido una constante al igual que la criminalizaci&oacute;n a unos estudiantes acusados en los medios oficialistas de v&aacute;ndalos y subversivos. &ldquo;Se quiere borrar de tajo todo lo que se ha ganado en las luchas sociales. Estos centros son los &uacute;ltimos reductos de la Revoluci&oacute;n Mexicana de 1910, es por lo que la gente luch&oacute;, por una educaci&oacute;n gratuita&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es aqu&iacute; de donde salieron luchadores sociales como Lucio Caba&ntilde;as. &ldquo;A lo mejor es por eso que hemos sufrido tanta represi&oacute;n por parte del estado&rdquo;, comenta Omar Garc&iacute;a, estudiante de Ayotzinapa. &ldquo;Temen que de estas tierras salgan nuevos guerrilleros que les arrebaten el poder. Si confirman la muerte de mis compa&ntilde;eros, Guerrero estallar&aacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde que sucedi&oacute; la masacre, la polic&iacute;a comunitaria resguarda todas las noches las instalaciones de la escuela donde se refugian alumnos y familiares de los desaparecidos. &ldquo;La polic&iacute;a comunitaria es la polic&iacute;a del pueblo&rdquo; asegura la comandante Tory que oculta su rostro con un pasamonta&ntilde;as. &ldquo;Los civiles hemos tenido que organizarnos porque hoy en d&iacute;a nos enfrentamos a dos cosas: una el estado y otra la delincuencia organizada. Por desgracia vivimos en un narcoestado&rdquo;.
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        As&iacute; pareci&oacute; refrendarlo tambi&eacute;n Carlos Navarrete, presidente del PRD (partido al que pertenec&iacute;a el fugado alcalde de Iguala). &ldquo;Es duro que lo tenga que reconocer pero lo reconozco&rdquo;, respondi&oacute; a la pregunta de una conocida reportera mexicana que le cuestionaba sobre un pacto de impunidad entre los partidos pol&iacute;ticos sobre el tema del narcotr&aacute;fico. &ldquo;Todo el mundo se mueve con total cuidado de no afectarse en su perspectiva pol&iacute;tica y electoral&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hace mucho que no confiamos en ellos. No queremos llegar a grados en que nosotros mismos hagamos justicia&rdquo;, se lamenta Manuel, portavoz de los familiares desaparecidos. &ldquo;Seguimos todav&iacute;a con la esperanza de que los j&oacute;venes van a regresar. Pasan los d&iacute;as y nosotros no sabemos todav&iacute;a nada de nuestros hijos. El coraje se siente m&aacute;s, pero estamos orgullosos de la reacci&oacute;n de nuestro pueblo&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        M&eacute;xico sali&oacute; a la calle. Bajo el lema &ldquo;Vivos los llevaron, vivos los queremos&rdquo; se realizaron multitudinarias manifestaciones a lo largo y ancho del pa&iacute;s. Esa magnitud y extensi&oacute;n no se ve&iacute;a desde hace muchos a&ntilde;os y tiene petrificado al presidente Enrique Pe&ntilde;a Nieto que apenas ha dado la cara desde que comenz&oacute; esta tragedia. Tras 10 d&iacute;as de silencio, el dirigente afirm&oacute; ante los micr&oacute;fonos de los medios que llegar&iacute;a hasta el fondo en las investigaciones en una conferencia de prensa sin preguntas. Su cr&eacute;dito pol&iacute;tico se agota mientras la rabia acumulada se despierta en una sociedad harta de injusticia e impunidad.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para el Estado ser normalista es un pecado, ser estudiante es un delito y si eres de Ayotzinapa mereces la muerte&rdquo;, dice David representante de los alumnos. &ldquo;Pero estamos decididos a no bajar la cara. Estamos decididos a llegar hasta las &uacute;ltimas consecuencias. Lo que queremos es que aparezcan nuestros compa&ntilde;eros con vida&rdquo;. Estos estudiantes se han convertido en un s&iacute;mbolo para un pa&iacute;s donde la esperanza decae, el dolor aumenta y se teme la rabia.
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      <dc:creator><![CDATA[Rodrigo Hernández, Elpida Nikou]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Oct 2014 20:14:05 +0000]]></pubDate>
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