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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ángel Luis Lara]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/angel_luis_lara/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ángel Luis Lara]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Causalidad de la pandemia, cualidad de la catástrofe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/causalidad-pandemia-cualidad-catastrofe_132_1103363.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8d531208-dddf-4729-ba0d-5b8ad4fd6857_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Causalidad de la pandemia, cualidad de la catástrofe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El principal peligro que enfrentamos es considerar al nuevo coronavirus como un fenómeno aislado, sin historia, sin contexto social, económico, cultural.</p></div><p class="article-text">
        <strong>1.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En octubre de 2016 los lechones de las granjas de la provincia de Guangdong, en el sur de China, comenzaron a enfermar con el virus de la diarrea epid&eacute;mica porcina (PEDV), un coronavirus que afecta a las c&eacute;lulas que recubren el intestino delgado de los cerdos. Cuatro meses despu&eacute;s, sin embargo, los lechones dejaron de dar positivo por PEDV, pese a que segu&iacute;an enfermando y muriendo. Tal y como confirm&oacute; la investigaci&oacute;n, se trataba de un tipo de enfermedad nunca visto antes y al que se bautiz&oacute; como S&iacute;ndrome de Diarrea Aguda Porcina (SADS-CoV), provocada por un nuevo coronavirus que mat&oacute; a 24.000 lechones hasta mayo de 2017, precisamente en la misma regi&oacute;n en la que trece a&ntilde;os antes se hab&iacute;a desatado el brote de neumon&iacute;a at&iacute;pica conocida como &ldquo;SARS&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En enero de 2017, en pleno desarrollo de la epidemia porcina que asolaba a la regi&oacute;n de Guangdong, varios investigadores en virolog&iacute;a de Estados Unidos publicaban un estudio en la revista cient&iacute;fica &ldquo;Virus Evolution&rdquo; que se&ntilde;alaba a los murci&eacute;lagos como la mayor reserva animal de coronavirus en el mundo. Las conclusiones de la investigaci&oacute;n desarrollada en China acerca de la epidemia de Guangdong coincidieron con el estudio estadounidense: el origen del contagio se localiz&oacute;, precisamente, en la poblaci&oacute;n de murci&eacute;lagos de la regi&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo una epidemia porcina hab&iacute;a podido ser desatada por los murci&eacute;lagos? &iquest;Qu&eacute; tienen que ver los cerdos con estos peque&ntilde;os animales alados? La respuesta lleg&oacute; un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, cuando un grupo de investigadores e investigadoras chinas public&oacute; un informe en la revista <em>Nature</em> en el que, adem&aacute;s de se&ntilde;alar a su pa&iacute;s como un foco destacado de la aparici&oacute;n de nuevos virus y enfatizar la alta posibilidad de su transmisi&oacute;n a los seres humanos, apuntaban que el incremento de las macrogranjas de ganado hab&iacute;a alterado los nichos de vida de los murci&eacute;lagos. Adem&aacute;s, el estudio puso de manifiesto que la ganader&iacute;a industrial intensiva ha incrementado las posibilidades de contacto entre la fauna salvaje y el ganado, disparando el riesgo de transmisi&oacute;n de enfermedades originadas por animales salvajes cuyos h&aacute;bitats se est&aacute;n viendo dram&aacute;ticamente afectados por la deforestaci&oacute;n. Entre los autores de este estudio figura Zhengli Shi, investigadora principal del Instituto de Virolog&iacute;a de Wuhan, la ciudad en la que se ha originado el actual COVID-19, cuya cepa es id&eacute;ntica en un 96% al tipo de coronavirus encontrado en murci&eacute;lagos a trav&eacute;s del an&aacute;lisis gen&eacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En 2004, la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS), la Organizaci&oacute;n Mundial de Sanidad Animal (OIE) y la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas para la Alimentaci&oacute;n y la Agricultura, m&aacute;s conocida como FAO por sus siglas en ingl&eacute;s, se&ntilde;alaron el incremento de la demanda de prote&iacute;na animal y la intensificaci&oacute;n de su producci&oacute;n industrial como principales causas de la aparici&oacute;n y propagaci&oacute;n de nuevas enfermedades zoon&oacute;ticas desconocidas, es decir, de nuevas patolog&iacute;as transmitidas por animales a los seres humanos. Dos a&ntilde;os antes, la organizaci&oacute;n por el bienestar de los animales Compassion in World Farming hab&iacute;a publicado un interesante informe al respecto. Para su elaboraci&oacute;n, la entidad brit&aacute;nica utiliz&oacute; datos del Banco Mundial y de la ONU sobre industria ganadera que fueron cruzados con informes acerca de las enfermedades transmitidas a trav&eacute;s del ciclo mundial de producci&oacute;n de alimentos. El estudio concluy&oacute; que la llamada &ldquo;revoluci&oacute;n ganadera&rdquo;, es decir, la imposici&oacute;n del modelo industrial de la ganader&iacute;a intensiva ligado a las macrogranjas, estaba generando un incremento global de las infecciones resistentes a los antibi&oacute;ticos, as&iacute; como arruinando a los peque&ntilde;os granjeros locales y promoviendo el crecimiento de las enfermedades transmitidas a trav&eacute;s de los alimentos de origen animal.
    </p><p class="article-text">
        En 2005, expertos de la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud, la Organizaci&oacute;n Mundial de Sanidad Animal, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos y el Consejo Nacional del Cerdo de dicho pa&iacute;s elaboraron un estudio en el que trazaron la historia de la producci&oacute;n ganadera desde el tradicional modelo de peque&ntilde;as granjas familiares hasta la imposici&oacute;n de las macro-granjas de confinamiento industrial. Entre sus conclusiones, el informe se&ntilde;al&oacute; como uno de los mayores impactos del nuevo modelo de producci&oacute;n agr&iacute;cola su incidencia en la amplificaci&oacute;n y mutaci&oacute;n de pat&oacute;genos, as&iacute; como el riesgo creciente de diseminaci&oacute;n de enfermedades. Adem&aacute;s, el estudio apuntaba que la desaparici&oacute;n de los modos tradicionales de ganader&iacute;a en favor de los sistemas intensivos se estaba produciendo a raz&oacute;n de un 4% anual, sobre todo en Asia, &Aacute;frica y Sudam&eacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de los datos y las llamadas de atenci&oacute;n, nada se ha hecho para frenar el desarrollo de la ganader&iacute;a industrial intensiva. En la actualidad China y Australia concentran el mayor n&uacute;mero de macrogranjas del mundo. En el gigante asi&aacute;tico la poblaci&oacute;n de ganado pr&aacute;cticamente se triplic&oacute; entre 1980 y 2010. China es el productor ganadero m&aacute;s importante del mundo, concentrando en su territorio el mayor n&uacute;mero de <em>&ldquo;landless systems&rdquo;</em> (sistemas sin tierra), macroexplotaciones ganaderas en las que se hacinan miles de animales en espacios cerrados. En 1980 solamente un 2,5% del ganado existente en China se criaba en este tipo de granjas, mientras que en 2010 ya abarcaba al 56%.
    </p><p class="article-text">
        Como nos recuerda Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo de Acci&oacute;n sobre Erosi&oacute;n, Tecnolog&iacute;a y Concentraci&oacute;n (ETC), una organizaci&oacute;n internacional enfocada en la defensa de la diversidad cultural y ecol&oacute;gica y de los derechos humanos, China es la maquila del mundo. La crisis desatada por la actual pandemia provocada por el COVID-19 no hace m&aacute;s que desnudar su papel en la econom&iacute;a global, particularmente en la producci&oacute;n industrial de alimentos y en el desarrollo de la ganader&iacute;a intensiva. S&oacute;lo la Mudanjiang City Mega Farm, una macrogranja situada en el noreste de China que alberga a cien mil vacas cuya carne y leche se destinan al mercado ruso, es cincuenta veces m&aacute;s grande que la mayor granja de vacuno de la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las epidemias son producto de la urbanizaci&oacute;n. Cuando hace alrededor de cinco mil a&ntilde;os los seres humanos comenzaron a agruparse en ciudades con densidad poblacional, las infecciones lograron afectar simult&aacute;neamente a grandes cantidades de personas y sus efectos mortales se multiplicaron. El peligro de pandemias como la que nos afecta en la actualidad surgi&oacute; cuando el proceso de urbanizaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n se hizo global. Si aplicamos este razonamiento a la evoluci&oacute;n de la producci&oacute;n ganadera en el mundo las conclusiones son realmente inquietantes. En el espacio de cincuenta a&ntilde;os la ganader&iacute;a industrial ha &ldquo;urbanizado&rdquo; una poblaci&oacute;n animal que previamente se distribu&iacute;a entre peque&ntilde;as y medianas granjas familiares. Las condiciones de hacinamiento de dicha poblaci&oacute;n en macro-granjas convierten a cada animal en una suerte de potencial laboratorio de mutaciones v&iacute;ricas susceptible de provocar nuevas enfermedades y epidemias. Esta situaci&oacute;n es todav&iacute;a m&aacute;s inquietante si consideramos que la poblaci&oacute;n global de ganado es casi tres veces m&aacute;s grande que la de seres humanos. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, algunos de los brotes v&iacute;ricos con mayor impacto se han producido por infecciones que, cruzando la barrera de las especies, han tenido su origen en las explotaciones intensivas de ganader&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Michael Greger, investigador estadounidense en salud p&uacute;blica y autor del libro <em>Bird Flu: A virus of our own hachting</em> (Gripe aviar: un virus de nuestra propia incubaci&oacute;n), explica que antes de la domesticaci&oacute;n de p&aacute;jaros hace unos 2.500 a&ntilde;os, la gripe humana seguramente no exist&iacute;a. Del mismo modo, antes de la domesticaci&oacute;n del ganado no se tiene constancia de la existencia del sarampi&oacute;n, la viruela y otras infecciones que han afectado a la humanidad desde que aparecieron en corrales y establos en torno al a&ntilde;o 8.000 antes de nuestra era. Una vez que las enfermedades saltan la barrera entre especies pueden difundirse entre la poblaci&oacute;n humana provocando tr&aacute;gicas consecuencias, como la pandemia desatada por un virus de gripe aviar en 1918 y que tan s&oacute;lo en un a&ntilde;o acab&oacute; con la vida de entre 20 y 40 millones de personas.
    </p><p class="article-text">
        Como explica el doctor Greger, las condiciones de insalubridad en las atestadas trincheras durante la Primera Guerra Mundial no s&oacute;lo figuran entre las variables que causaron una r&aacute;pida propagaci&oacute;n de la enfermedad en 1918, sino que est&aacute;n siendo replicadas hoy en d&iacute;a en muchas de las explotaciones ganaderas que se han multiplicado en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os con el desarrollo de la ganader&iacute;a industrial intensiva. Billones de pollos, por ejemplo, son criados en estas macrogranjas que funcionan como espacios de hacinamiento susceptibles de generar una tormenta perfecta de car&aacute;cter v&iacute;rico. Desde que la ganader&iacute;a industrial se ha impuesto en el mundo, los anuales de medicina est&aacute;n recogiendo enfermedades antes desconocidas a un ritmo ins&oacute;lito: en los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os se han identificado m&aacute;s de treinta nuevos pat&oacute;genos humanos, la mayor&iacute;a de ellos virus zoon&oacute;ticos in&eacute;ditos como el actual COVID-19.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El bi&oacute;logo Robert G. Wallace public&oacute; en 2016 un libro importante para trazar la conexi&oacute;n entre las pautas de la producci&oacute;n agropecuaria capitalista y la etiolog&iacute;a de las epidemias que se han desatado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas: <em>Big Farms Make Big Flu </em>(Las macrogranjas producen macrogripe). Hace unos d&iacute;as, Wallace concedi&oacute; una entrevista a la revista alemana Marx21 en la que enfatiza una idea clave: focalizar la acci&oacute;n contra el COVID-19 en el despliegue de medidas de emergencia que no combatan las causas estructurales de la pandemia constituye un error de consecuencias dram&aacute;ticas. El principal peligro que enfrentamos es considerar al nuevo coronavirus como un fen&oacute;meno aislado.
    </p><p class="article-text">
        Tal y como explica el bi&oacute;logo estadounidense, el incremento de los incidentes v&iacute;ricos en nuestro siglo, as&iacute; como el aumento de su peligrosidad, se ligan directamente con las estrategias de negocio de las corporaciones agropecuarias, responsables de la producci&oacute;n industrial intensiva de prote&iacute;na animal. Estas corporaciones est&aacute;n tan preocupas por el beneficio econ&oacute;mico que asumen como un riesgo rentable la generaci&oacute;n y propagaci&oacute;n de nuevos virus, externalizando los costes epidemiol&oacute;gicos de sus operaciones a los animales, las personas, los ecosistemas locales, los gobiernos y, tal y como est&aacute; poniendo de manifiesto la actual pandemia, al propio sistema econ&oacute;mico mundial.
    </p><p class="article-text">
        Pese a que el origen exacto del COVID-19 no est&aacute; del todo claro, se&ntilde;al&aacute;ndose como posible causa del brote v&iacute;rico tanto a los cerdos de las macrogranjas como al consumo de animales salvajes, esta segunda hip&oacute;tesis no nos aleja de los efectos directos de la producci&oacute;n agropecuaria intensiva. La raz&oacute;n es sencilla: la industria ganadera es responsable de la epidemia de Gripe Porcina Africana (ASF) que asol&oacute; las granjas chinas de cerdos el pasado a&ntilde;o. Seg&uacute;n Christine McCracken, una analista en prote&iacute;na animal de la multinacional financiera holandesa Rabobank, la producci&oacute;n china de carne de cerdo podr&iacute;a haber ca&iacute;do un 50% al final del a&ntilde;o pasado. Considerando que, al menos antes de la epidemia de ASF en 2019, la mitad de los cerdos que exist&iacute;an en el mundo se criaban en China, las consecuencias para la oferta de carne porcina est&aacute;n resultando dram&aacute;ticas, particularmente en el mercado asi&aacute;tico. Es precisamente esta dr&aacute;stica disminuci&oacute;n de la oferta de carne de cerdo la que habr&iacute;a motivado un aumento de la demanda de prote&iacute;na animal proveniente de la fauna salvaje, una de las especialidades del mercado de la ciudad de Wuhan que algunos investigadores han se&ntilde;alado como el epicentro del brote de COVID-19.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Fr&eacute;d&eacute;ric Neyrat public&oacute; en 2008 el libro <a href="https://blogs.publico.es/fueradelugar/77/la-inmuno-politica-fantasea-sobre-la-posibilidad-de-una-seguridad-pura-y-absoluta" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Biopolitique des catastrophes</a> (Biopol&iacute;tica de las cat&aacute;strofes), un t&eacute;rmino con el que define un modo de gesti&oacute;n del riesgo que no pone nunca en cuesti&oacute;n sus causas econ&oacute;micas y antropol&oacute;gicas, precisamente la modalidad de comportamiento de los gobiernos, las &eacute;lites y una parte significativa de las poblaciones mundiales en relaci&oacute;n con la actual pandemia. En la propuesta anal&iacute;tica del fil&oacute;sofo franc&eacute;s, las cat&aacute;strofes implican una interrupci&oacute;n desastrosa que desborda el supuesto curso normal de la existencia. Pese a su aparente car&aacute;cter de evento, constituyen procesos en marcha que manifiestan, aqu&iacute; y ahora, los efectos de algo ya en curso. Como se&ntilde;ala el propio Neyrat, una cat&aacute;strofe siempre sale de alguna parte, ha sido preparada, tiene una historia.
    </p><p class="article-text">
        La pandemia que nos asola dibuja con eficacia su condici&oacute;n de cat&aacute;strofe, entre otras cosas, en el cruce entre epidemiolog&iacute;a y econom&iacute;a pol&iacute;tica. Su punto de partida se ancla directamente en los tr&aacute;gicos efectos de la industrializaci&oacute;n capitalista del ciclo alimenticio, particularmente de la producci&oacute;n agropecuaria. Am&eacute;n de las cualidades biol&oacute;gicas intr&iacute;nsecas al propio coronavirus, las condiciones de su propagaci&oacute;n incluyen el efecto de cuatro d&eacute;cadas de pol&iacute;ticas neoliberales que han erosionado dram&aacute;ticamente las infraestructuras sociales que ayudan a sostener la vida. En esa deriva, los sistemas p&uacute;blicos de salud se han visto particularmente golpeados.
    </p><p class="article-text">
        Desde hace d&iacute;as circulan por las redes sociales y los tel&eacute;fonos m&oacute;viles testimonios del personal sanitario que est&aacute; lidiando con la pandemia en los hospitales. Muchos de ellos coinciden en el relato de una condici&oacute;n general catastr&oacute;fica caracterizada por una dram&aacute;tica falta de recursos y de profesionales sanitarios. Como apunta Neyrat, la cat&aacute;strofe siempre posee una historicidad y se sujeta a un principio de causalidad. Desde comienzos del presente siglo, diferentes colectivos y redes ciudadanas han estado denunciando un profundo deterioro del sistema p&uacute;blico de salud que, a trav&eacute;s de una pol&iacute;tica continuada de descapitalizaci&oacute;n, ha llevado pr&aacute;cticamente al colapso de la sanidad en Espa&ntilde;a. En la Comunidad de Madrid, territorio particularmente golpeado por el COVID-19, el presupuesto per c&aacute;pita destinado al sistema sanitario se ha ido reduciendo cr&iacute;ticamente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, al tiempo que se ha desatado un proceso creciente de privatizaci&oacute;n. Tanto la atenci&oacute;n primaria como los servicios de urgencia de la regi&oacute;n se encontraban ya saturados y con graves carencias de recursos antes de la llegada del coronavirus. El neoliberalismo y sus hacedores pol&iacute;ticos nos han sembrado tormentas que un microorganismo ha convertido en tempestad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En medio de la pandemia habr&aacute; seguramente quien se afane en la b&uacute;squeda de un culpable, ya sea en la piel del chivo expiatorio o en el papel de villano. Se trata, seguramente, de un gesto inconsciente para ponerse a salvo: encontrar a quien atribuir la culpa tranquiliza porque desplaza la responsabilidad. Sin embargo, m&aacute;s que empe&ntilde;arnos en desenmascarar a un sujeto, resulta m&aacute;s oportuno identificar una forma de subjetivaci&oacute;n, es decir, interrogarnos acerca del modo de vida capaz de desatar estragos tan dram&aacute;ticos como los que hoy nos atraviesan la existencia. Se trata, sin duda, de una pregunta que ni nos salva ni nos reconforta y, mucho menos, nos ofrece un afuera. B&aacute;sicamente porque ese modo de vida es el nuestro.
    </p><p class="article-text">
        Un periodista se aventuraba hace unos d&iacute;as a ofrecer una respuesta acerca del origen del COVID-19: &ldquo;el coronavirus es una venganza de la naturaleza&rdquo;. En el fondo no le falta raz&oacute;n. En 1981 Margaret Thatcher dejaba una frase para la posteridad que desvelaba el sentido del proyecto del que participaba: &ldquo;la econom&iacute;a es el m&eacute;todo, el objetivo es cambiar el alma&rdquo;. La mandataria no enga&ntilde;aba a nadie. Hace tiempo que la raz&oacute;n neoliberal nos ha convertido el capitalismo en estado de naturaleza. La acci&oacute;n de un ser microsc&oacute;pico, sin embargo, no s&oacute;lo est&aacute; consiguiendo llegarnos tambi&eacute;n al alma, adem&aacute;s ha abierto una ventana por la que respiramos la evidencia de aquello que no quer&iacute;amos ver. Con cada cuerpo que toca y enferma, el virus clama porque tracemos la l&iacute;nea de continuidad entre su origen y la cualidad de un modo de vida cada vez m&aacute;s incompatible con la vida misma. En este sentido, por parad&oacute;jico que resulte, enfrentamos un pat&oacute;geno dolorosamente virtuoso. Su movilidad et&eacute;rea va poniendo al descubierto todas las violencias estructurales y las cat&aacute;strofes cotidianas all&iacute; donde se producen, es decir, por todas partes. En el imaginario colectivo comienza a calar una racionalidad de orden b&eacute;lico: estamos en guerra contra un coronavirus. Tal vez sea m&aacute;s acertado pensar que es una formaci&oacute;n social catastr&oacute;fica la que est&aacute; en guerra contra nosotros desde hace ya demasiado tiempo.
    </p><p class="article-text">
        En el curso de la pandemia, las autoridades pol&iacute;ticas y cient&iacute;ficas nos se&ntilde;alan a las personas como el agente m&aacute;s decisivo para detener el contagio. Nuestro confinamiento es entendido en estos d&iacute;as como el m&aacute;s vital ejercicio de ciudadan&iacute;a. Sin embargo, necesitamos ser capaces de llevarlo m&aacute;s lejos. Si el encierro ha congelado la normalidad de nuestras inercias y nuestros automatismos, aprovechemos el tiempo detenido para preguntarnos acerca de ellos. No hay normalidad a la que regresar cuando aquello que hab&iacute;amos normalizado ayer nos ha llevado a esto que hoy tenemos. El problema que enfrentamos no es s&oacute;lo el capitalismo en s&iacute;, es tambi&eacute;n el capitalismo en m&iacute;. Ojal&aacute; el deseo de vivir nos haga capaces de la creatividad y la determinaci&oacute;n para construir colectivamente el exorcismo que necesitamos. Eso, inevitablemente, nos toca a la gente com&uacute;n. Por la historia sabemos que los gobernantes y poderosos se afanar&aacute;n en intentar lo contrario. No dejemos que nos enfrenten, nos enemisten o nos dividan. No permitamos que, amparados una vez m&aacute;s en el lenguaje de la crisis, nos impongan la restauraci&oacute;n intacta de la estructura de la propia cat&aacute;strofe. Pese a que aparentemente el confinamiento nos ha aislado a los unos de los otros, lo estamos viviendo juntos. Tambi&eacute;n en eso el virus se muestra parad&oacute;jico: nos sit&uacute;a en un plano de relativa igualdad. De alg&uacute;n modo, rescata de nuestra desmemoria el concepto de g&eacute;nero humano y la noci&oacute;n de bien com&uacute;n. Tal vez los hilos &eacute;ticos m&aacute;s valiosos con los que comenzar a tejer un modo de vida otro y otra sensibilidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Luis Lara]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/causalidad-pandemia-cualidad-catastrofe_132_1103363.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2020 18:58:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Causalidad de la pandemia, cualidad de la catástrofe]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Filosofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Políticas de la presencia, políticas del convivir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/politicas-presencia-politicas-convivir_132_1075036.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/84304a05-5b8a-4ac2-828c-e7a31b3a94e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Políticas de la presencia, políticas del convivir"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Podemos seguir utilizando el sustantivo 'democracia' para dar cuenta del modo de vida colectiva en el que hoy en día inscribimos nuestro existir?</p></div><p class="article-text">
        Todo sustantivo implica un verbo que lo sustenta. El verbo que sostiene la palabra 'democracia' es convivir. Aunque en la escuela nos ense&ntilde;an a pensar la democracia como un sistema de gobierno, se trata de un modo de convivencia. El bi&oacute;logo cultural Humberto Maturana explica que convivir no es meramente estar los unos al lado de los otros, sino que implica confluir en las emociones y los haceres de la relaci&oacute;n, es decir, estar los unos con los otros en el fluir de un entrelazamiento de pr&aacute;cticas comunes y de sentires. Se trata de estar juntos de modo que lo que les pasa a los unos no resulte indiferente a los otros y viceversa. El sentimiento fundamental que orienta el modo de vida colectiva al que llamamos democracia es el deseo de convivir. &iquest;Podemos seguir utilizando el sustantivo democracia para dar cuenta del modo de vida colectiva en el que hoy en d&iacute;a inscribimos nuestro existir?
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de esconder un verbo, el sustantivo democracia se acompa&ntilde;a de adjetivos que se han ido insertando en su devenir hist&oacute;rico. Se incide constantemente en el car&aacute;cter democr&aacute;tico de nuestro modo de vida colectiva, pero se omite que se trata de una democracia &uacute;nicamente formal y representativa. Que sea formal significa que la forma predomina sobre el contenido. Que sea representativa conlleva, como en toda representaci&oacute;n, que aquello que est&aacute; formalmente representado se encuentra realmente ausente. No es en el plano de la representaci&oacute;n en el que se cimenta un modo de vida en com&uacute;n tejido con haceres y sentires entrelazados, es decir, en el que se sustenta la convivencia. Para ello se necesita de otros planos. Todo modo de vida realmente democr&aacute;tico requiere de la existencia de una <em>demodiversidad,</em> es decir, de otros modos de democracia que, m&aacute;s ac&aacute; o m&aacute;s all&aacute; de la representaci&oacute;n, transformen &eacute;sta en un sentido m&aacute;s democr&aacute;tico o la desborden con pr&aacute;cticas de la presencia que le disputen el sentido y la hegemon&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La convivencia, base del modo de vida democr&aacute;tico, requiere, junto a la necesidad de la presencia de los unos y los otros, de la confianza. El prefijo <em>con-</em> remite etimol&oacute;gicamente a los t&eacute;rminos &ldquo;junto a&rdquo; y &ldquo;cerca de&rdquo;. La ra&iacute;z <em>fi-</em> proviene del lat&iacute;n vulgar &ldquo;fidare&rdquo; (fiar o fiarse). No existe confianza sin la experiencia de la cercan&iacute;a y sin que nos fiemos los unos de los otros y viceversa. Sin embargo, la relaci&oacute;n de los pol&iacute;ticos y las personas se caracteriza, cada vez m&aacute;s, por la experiencia de una distancia y una desconfianza tan mutuas como end&eacute;micas. Como las personas no somos de fiar para los pol&iacute;ticos, nos alejan todo lo que pueden del control sobre sus haceres y decisiones. En esa distancia, los pol&iacute;ticos desarrollan una autonom&iacute;a en la que, lejos del inter&eacute;s com&uacute;n, suelen responder, fundamentalmente, a intereses particulares. De entre esos intereses destaca el firme prop&oacute;sito de garantizar la supervivencia y competitividad de sus respectivas marcas en el mercado de los partidos pol&iacute;ticos. Para ello es com&uacute;n y recurrente el enga&ntilde;o y la pr&aacute;ctica de la mentira. De este modo, el hacer pol&iacute;tico, lejos de orientarse a partir de un fundamento &eacute;tico, se inscribe en el ejercicio de una racionalidad instrumental. En nuestro modo deficitario de democracia, el pol&iacute;tico no sirve a una comunidad sino que se sirve de la pol&iacute;tica. El car&aacute;cter profesionalizado de su actividad, sujeta a unas condiciones materiales que hoy en d&iacute;a determinan el goce de un privilegio, contribuye a enfatizar el peso de esta racionalidad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando hace a&ntilde;os nos juntamos en las plazas compart&iacute;amos un malestar acerca del modo deficitario de democracia que habitamos. Ese malestar se acompa&ntilde;aba del deseo de otra cosa. Nos bastaban tan s&oacute;lo tres palabras para nombrar ese malestar y ese deseo: <em>democracia real ya.</em>
    </p><p class="article-text">
        La naturaleza multitudinaria de ese anhelo nos regal&oacute; pistas acerca del car&aacute;cter profundo de una crisis de sentido que posee una dimensi&oacute;n sist&eacute;mica. Desde entonces, sin embargo, no parece que hayamos sido capaces de avanzar en la sanaci&oacute;n de ese malestar, tampoco en la materializaci&oacute;n del deseo de otra cosa. Por el contrario, se ha consolidado una din&aacute;mica de restauraci&oacute;n de lo mismo: la insistencia en un modo deficitario de democracia que, lejos de colocar en su centro la construcci&oacute;n material de convivencia y una pr&aacute;ctica pol&iacute;tica de la presencia, impone la racionalidad instrumental y la falla &eacute;tica propia de los pol&iacute;ticos y su mercadotecnia electoral como inalterable principio de realidad. &iquest;Qu&eacute; le ha pasado al deseo colectivo de otra cosa que por miles nos llev&oacute; a las plazas no hace tanto tiempo?
    </p><p class="article-text">
        Los nuevos partidos surgidos en los &uacute;ltimos a&ntilde;os han contribuido notablemente a apuntalar ese principio de realidad aparentemente inalterable. En lugar de proponerle a la sociedad espacios y veredas para la <em>demodiversidad</em>, han redundado en la imposici&oacute;n de una concepci&oacute;n de la democracia como sistema organizacional cerrado. En eso, como en tantas otras cosas, operan como espejos de los viejos partidos. Sin praxis ni prop&oacute;sito realmente instituyentes, se han constituido en agentes de reproducci&oacute;n de lo instituido. Lejos de la potencia cualitativa e incontable que expres&aacute;bamos en las plazas, hoy habitamos la confirmaci&oacute;n de una reducci&oacute;n cuantitativa de la democracia en la que &uacute;nicamente se nos reserva el papel de objetos de los c&aacute;lculos de otros. La restauraci&oacute;n de lo electoral como centro desp&oacute;tico de lo democr&aacute;tico nos reduce a votantes. La designaci&oacute;n de los plat&oacute;s de televisi&oacute;n como localizaci&oacute;n primordial para lo pol&iacute;tico nos convierte en audiencias. La centralidad de lo electoral y de lo medi&aacute;tico hacen de la pol&iacute;tica un espect&aacute;culo en el que participamos como consumidores de los enunciados de otros.
    </p><p class="article-text">
        Tanto lo electoral como lo medi&aacute;tico encuentran en el medio televisivo su artefacto m&aacute;s determinante. La palabra televisi&oacute;n se forma a partir del t&eacute;rmino griego<em> tele-</em>, que significa lejos. Ambos fen&oacute;menos inciden, sobre todo, en la producci&oacute;n de distancia. Al igual que ocurre hoy en d&iacute;a con lo televisivo, lo electoral tiene en la ficci&oacute;n serial su c&oacute;digo fuente y su dispositivo estrat&eacute;gico m&aacute;s significativo. El componente l&eacute;xico fundamental del t&eacute;rmino <em>ficci&oacute;n</em> es el verbo latino <em>fingere</em>, que significa fingir, simular, aparentar. Ni a las series de televisi&oacute;n ni a los pol&iacute;ticos les interesa lo real tanto como les importa la producci&oacute;n de un relato que resulte veros&iacute;mil, es decir, cre&iacute;ble para sus audiencias. Como ocurre con todo dispositivo espectacular, tanto lo electoral como lo televisivo se enfocan en la movilizaci&oacute;n de nuestras emociones. La palabra <em>emoci&oacute;n</em> no es sin&oacute;nimo de<em> afecto</em>. Se trata de vocablos que poseen significados distintos. Si las emociones constituyen respuestas individuales a est&iacute;mulos exteriores, los afectos necesitan irremediablemente de un otro con el que establecer un v&iacute;nculo. Como individuos solos podemos emocionarnos ante un est&iacute;mulo televisivo, tambi&eacute;n podemos votar (&ldquo;cada ciudadano un voto&rdquo;), pero no podemos<em> con</em>vivir: para vivir <em>con</em> necesitamos de la presencia de otros.
    </p><p class="article-text">
         En el convulso y cr&iacute;tico tiempo que vivimos, desalojar la democracia real y la construcci&oacute;n de convivencia del centro de lo pol&iacute;tico resulta de una irresponsabilidad de consecuencias dram&aacute;ticas. Como todo ser vivo, la democracia requiere de un nicho ecol&oacute;gico que le asegure la vida. Ese nicho ecol&oacute;gico se encuentra hoy atravesado, en lo m&aacute;s profundo de su devenir, por una raz&oacute;n general a la que hemos convenido en denominar neoliberalismo. Desde hace m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os, esta raz&oacute;n ha tornado el capitalismo en norma general de la vida hasta en lo m&aacute;s capilar e &iacute;ntimo. M&aacute;s all&aacute; de la esfera legislativa y de las pol&iacute;ticas <em>(policies)</em>, el neoliberalismo se ha impuesto como inconsciente colectivo y nuevo sentido com&uacute;n: un modo espec&iacute;fico de racionalidad que interviene y orienta nuestro modo de subjetivaci&oacute;n, nuestro tejido sensible y nuestra conducta. Se trata, fundamentalmente, de una m&aacute;quina de producci&oacute;n de desconfianza, desafecto y distancia en relaci&oacute;n con el otro. Su epicentro se localiza, como parad&oacute;jicamente ocurre tambi&eacute;n con la posibilidad de la convivencia, en el espacio fundamental en el que vivimos nuestra presencia: la vida cotidiana. Es en el nicho ecol&oacute;gico de la vida cotidiana neoliberalizada, precisamente, donde anida la verosimilitud de la nueva corriente abiertamente racista, mis&oacute;gina y hom&oacute;foba que se liga a un nacional-catolicismo extremo de &iacute;mpetu renacido. En ese medio su producci&oacute;n de enemistad se mueve y prolifera como pez en el agua. Es ah&iacute;, primordialmente, donde se le debe disputar el sentido hasta dejarla en fuera de juego. Donde necesitamos hacernos presentes, entrelazarnos en pr&aacute;cticas y sentires comunes, construir democracia real, tejer instituciones para la convivencia. Y s&oacute;lo desde ah&iacute;, en cualquier caso, preguntarnos colectivamente acerca de c&oacute;mo atravesar, dislocar y desbordar la representaci&oacute;n y los espacios instituidos de la democracia deficitaria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Luis Lara]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/politicas-presencia-politicas-convivir_132_1075036.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jan 2020 20:11:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Políticas de la presencia, políticas del convivir]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[España como bucle]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/espana-bucle_132_3017131.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f67431eb-ae30-4b79-83f3-caf72ec5d78b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="España como bucle"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escenario al que nos han abocado los términos de la apuesta independentista en Cataluña y su confrontación con el nacionalismo español nos han devuelto definitivamente al bucle español.</p></div><p class="article-text">
        <strong>1.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;os que trabajo como profesor en la universidad p&uacute;blica de Nueva York. Mis estudiantes, por lo general, son buena gente. Chavales de familias con no muchos recursos, sobre todo afroamericanos y latinos hijos de emigrados, pero tambi&eacute;n blancos con un pie en lo que aqu&iacute; se llama &ldquo;basura blanca&rdquo;, nombrando despectivamente una pobreza integral que atraviesa como un cuchillo la existencia. En una instituci&oacute;n perversa que sirve, entre otras cosas, para convertir a los estudiantes en individuos endeudados, juntos damos vida a una ficci&oacute;n en la que ellos hacen que aprenden y yo finjo que ense&ntilde;o. Castrados por un espantoso sistema educativo p&uacute;blico desde que entran en la escuela con cinco a&ntilde;os, el vac&iacute;o cultural con el que llegan a la universidad es tan profundo que la mayor&iacute;a de ellos encuentra dificultades insalvables para entender el modo en que funcionan los conceptos, c&oacute;mo problematizar la realidad o de qu&eacute; forma opera una l&oacute;gica relacional. Tal es el d&eacute;ficit con el que muchos de ellos aterrizan en mis clases que tengo la impresi&oacute;n de que el ataque neoliberal iniciado en Estados Unidos hace cuarenta a&ntilde;os ha provocado ya un da&ntilde;o de car&aacute;cter cognitivo. Tan neurast&eacute;nicos y despose&iacute;dos de narrativa como el <em>trap</em> que descargan sus auriculares, casi todos mis estudiantes soportan la vida carentes por entero de la capacidad de pensarla.
    </p><p class="article-text">
        Entre las materias que simulamos juntos dos veces por semana se cuenta algo llamado &ldquo;Introducci&oacute;n a la cultura hispana&rdquo;. Pleno de colonialidad, el nombre de la asignatura impone un marco de sentido del que propongo que nos fuguemos desde el primer d&iacute;a de clase. En nuestro viaje inveros&iacute;mil hacia el origen de la formaci&oacute;n de la ideolog&iacute;a y la identidad hispanas, me topo cada semestre con el mismo problema: la mayor&iacute;a de mis estudiantes no pueden pensar ni representar el tiempo hist&oacute;rico porque a duras penas son capaces de lidiar con una l&oacute;gica diacr&oacute;nica. La raz&oacute;n neoliberal fija la vida en el ahora, un lapso m&iacute;nimo de tiempo cada vez m&aacute;s diminuto. Superado por completo por las circunstancias, despliego torpemente el peso de Occidente para dibujar en la pizarra una l&iacute;nea recta y cronol&oacute;gica desde el a&ntilde;o 218 antes de Cristo hasta nuestros d&iacute;as. La mayor&iacute;a de los chicos me observan con la distancia y la estupefacci&oacute;n repetida de casi todos los d&iacute;as, pero Ayleanna no. Ella, como otras pocas muchachas, toma notas y se come esa distancia con su deseo de conocer. Su rostro no se inmuta cuando tacho inesperadamente el esquema reci&eacute;n dibujado y les digo que no vale en el caso de Espa&ntilde;a. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute;?&rdquo;, les pregunto. Entonces Ayleanna se cuelga de una sonrisa cargada de calle y me dice: &ldquo;Porque es un bucle, vuelve para atr&aacute;s una y otra vez&rdquo;. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo es eso?&rdquo;, le inquiero. Ella lo explica: &ldquo;Por lo que he entendido estas semanas, el hispanismo fue inventado como ideolog&iacute;a que liga lo espa&ntilde;ol con la Hispania de los romanos, borrando los siglos de cultura &aacute;rabe e isl&aacute;mica y convirti&eacute;ndolos en algo ajeno. Tu pa&iacute;s vuelve una y otra vez a los Reyes Cat&oacute;licos. Es una jodida condena&rdquo;. Ayleanna tiene unos veinte a&ntilde;os. Es una mujer pobre y negra del Bronx. Entiende mejor Espa&ntilde;a que la mayor&iacute;a de los espa&ntilde;oles. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>2.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los profesores de universidad vivimos generalmente presos de la tendencia a colocar un libro entre la realidad y nosotros. Un amigo docente en la Universidad Complutense de Madrid me cont&oacute; que cuando su pareja y &eacute;l supieron que ella estaba embarazada, corri&oacute; a la biblioteca a buscar bibliograf&iacute;a. Los libros son un l&iacute;mite cuando no se va m&aacute;s all&aacute; de sus p&aacute;ginas, pero nos abren veredas para pensar y comprender al modo de br&uacute;julas en medio de traves&iacute;as y tormentas. Hay textos, por ejemplo, que contienen buenos mapas con los que orientarnos en la comprensi&oacute;n del nacionalismo espa&ntilde;ol, as&iacute; como del origen y la cualidad de algunos de los trazos identitarios del pa&iacute;s que tenemos.
    </p><p class="article-text">
        El profesor &Aacute;lvarez Junco explica en su imprescindible <em>Mater Dolorosa</em> (Taurus, 2001) que el proceso de formaci&oacute;n de la identidad &ldquo;espa&ntilde;ola&rdquo; gir&oacute; alrededor de los intereses de la monarqu&iacute;a y la iglesia cat&oacute;lica. Mucho antes de la creaci&oacute;n de la naci&oacute;n, lo &ldquo;espa&ntilde;ol&rdquo; fue inventado como una suerte de patriotismo &eacute;tnico. Como ocurre con todos los patriotismos, los sentimientos se enuncian como palanca, pero esconden una racionalidad instrumental bajo su ret&oacute;rica a la postre siempre espuria. En su <em>Espa&ntilde;a imaginada</em> (Galaxia Gutemberg, 2015), el profesor P&eacute;rez Vejo cuenta c&oacute;mo toda naci&oacute;n es b&aacute;sicamente un mito de origen que implica la fe compartida en un relato. Al contrario de lo que la verborrea nacionalista y patriotera esboza, el nacionalismo no es una emanaci&oacute;n espont&aacute;nea del esp&iacute;ritu de los pueblos, sino un sentido construido por arriba y difundido por la &eacute;lites hasta hacerse inconsciente como imaginario colectivo por abajo. Tal y como explican Arsenio e Ignacio Escolar en <em>La naci&oacute;n inventada</em> (Pen&iacute;nsula, 2010), la ficci&oacute;n de Espa&ntilde;a se ha tejido con insalvables falsedades castellanas cargadas de relatos con haza&ntilde;as inveros&iacute;miles y personajes chuecos. &ldquo;Tambi&eacute;n ellos inventan historias para domar las fieras oleadas de la opini&oacute;n y acaban por creer lo que engendr&oacute; su propia fantas&iacute;a. Tus gobernantes son creadores de mitos, y mostr&aacute;ndolos al pueblo andan a ciegas sin saber lo que quieren ni ad&oacute;nde van&rdquo;, escribi&oacute; Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s en sus <em>Episodios nacionales</em> (Destino, 2005). 
    </p><p class="article-text">
        Tal y como relata Aria Nu&ntilde;o en el pr&oacute;logo a <em>Espa&ntilde;a y los espa&ntilde;oles</em> (Lumen, 1979), de Juan Goytisolo, la &ldquo;espa&ntilde;olidad&rdquo; es una entidad problem&aacute;tica abierta a discusi&oacute;n y disenso. Sin embargo, esa condici&oacute;n no la ha dotado hist&oacute;ricamente de una inclinaci&oacute;n a la autocr&iacute;tica, sino que, en sentido inverso, la ha sujetado a una extrema rigidez en la constituci&oacute;n y definici&oacute;n de la identidad espa&ntilde;ola. La construcci&oacute;n de lo espa&ntilde;ol se liga a una operaci&oacute;n de obsesiva tasaci&oacute;n de aquello que acerca o aleja de un modelo impuesto como inmutable y esencialista. &ldquo;El espa&ntilde;ol se rige, en cuanto al conocimiento de su pasado y de s&iacute; mismo, por una historiograf&iacute;a fundada en nociones fabulosas. El espa&ntilde;ol se considera casi como una emanaci&oacute;n del suelo de la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica, o por lo menos tan antiguo como los moradores de sus cavernas prehist&oacute;ricas&rdquo;, escribi&oacute; en su <em>Realidad hist&oacute;rica de Espa&ntilde;a </em>(Porrua, 1996) un vilipendiado Am&eacute;rico Castro. Por eso el espa&ntilde;olismo nunca se presenta como un nacionalismo m&aacute;s. Naturalizado a partir de una suerte de matriz biologicista, se impone siempre como &ldquo;lo que las cosas son&rdquo;, operando en los t&eacute;rminos de un sentido com&uacute;n sempiterno y de una identidad innata.
    </p><p class="article-text">
        Al contrario de lo que definen los diccionarios, las identidades no pivotan sobre lo id&eacute;ntico, sino que se constituyen a partir de la diferencia y del ejercicio de la exclusi&oacute;n. Stuart Hall lo cuenta de forma muy did&aacute;ctica en<em> Cuestiones de identidad cultural</em> (Amorrortu, 2003). A diferencia, por ejemplo, del modelo identitario franc&eacute;s, relacionado con un marco hist&oacute;rico sometido a variaciones y ajustes, los espa&ntilde;oles somos sobre todo objeto de una ideolog&iacute;a, m&aacute;s que sujetos de una Historia. Cuando en el curso de la Segunda Rep&uacute;blica el prop&oacute;sito cultural de alterar ese destino se dot&oacute; de expresi&oacute;n pol&iacute;tica y gobern&oacute; ef&iacute;meramente nuestro pa&iacute;s en 1936, el nacionalcatolicismo le hizo una guerra con cientos de miles de muertos. Muchos de ellos siguen enterrados en cunetas, cautivos, como lo estamos todos, en ese bucle llamado Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde el momento en que los Reyes Cat&oacute;licos impusieron el dogma nacionalcat&oacute;lico en sus reinos y comenzaron la poda radical de los brotes que no se ajustaban a su estrecho y r&iacute;gido fuste, la identidad cultural o &lsquo;el ser&rsquo; de los espa&ntilde;oles (&hellip;) ha ido constituy&eacute;ndose no como sujeto de uno o varios discursos hist&oacute;ricos, sino como objeto de una b&uacute;squeda de identidad m&aacute;s o menos angustiosa y perentoria, condenada al fracaso y la repetici&oacute;n&rdquo;, escribe Aria Nu&ntilde;o. En esa repetici&oacute;n nos vemos atrapados una y otra vez. El monarca actual de Espa&ntilde;a, por ejemplo, proclam&oacute; la vigencia interminable del bucle en su discurso sumar&iacute;simo a la naci&oacute;n espa&ntilde;ola del 3 de octubre de este a&ntilde;o. Cuando Felipe VI lleg&oacute; precipitadamente al trono en 2014 eligi&oacute; como modelo de rey a Carlos III, quien en 1783 se propusiera domar el ethos del pueblo gitano marcando con un hierro candente la espalda de aquellos que discutieran el canon oficial de lo espa&ntilde;ol, al tiempo que condenaba a muerte a los que osaran rebelarse a la imposici&oacute;n de su c&oacute;digo identitario. 
    </p><p class="article-text">
        El fondo de esa racionalidad, actualizada en la l&oacute;gica del discurso del actual monarca, se ha convertido de nuevo en el sentido com&uacute;n fundamental para tantos, despertando una bestia que por un tiempo pareci&oacute; muerta, pero que tan s&oacute;lo estaba dormida. &ldquo;No s&eacute; qui&eacute;nes tendr&iacute;an que producirnos m&aacute;s horror: si los del &lsquo;caiga quien caiga&rsquo;, los del &lsquo;aqu&iacute; va a haber que tomar una determinaci&oacute;n&rsquo;, o los del &lsquo;esto lo arreglaba yo en veinticuatro horas&rsquo;. &iexcl;Dios, pero qu&eacute; tenebrosamente espa&ntilde;olas suenan estas frases! &iquest;Qu&eacute; tradici&oacute;n de rencor inextinto, de maldad infligida o padecida, ha podido dejar en el alma de los espa&ntilde;oles un poso tan siniestro? &iquest;Qu&eacute; ha podido marcar a fuego semejante impronta, para cuyo esp&iacute;ritu no se me ocurre ahora ning&uacute;n nombre m&aacute;s propio y expresivo que el de mentalidad sumar&iacute;sima&rdquo;, escribi&oacute; Rafael S&aacute;nchez Ferlosio en su <em>Vendr&aacute;n m&aacute;s a&ntilde;os malos y nos har&aacute;n m&aacute;s ciegos</em> (Destino, 2008), enfatizando la evidencia de su desesperaci&oacute;n al modo de un &uacute;ltimo suspiro recogido en una frase: &ldquo;&iexcl;&iexcl;&iexcl;Odio Espa&ntilde;a!!! Os juro, amigos, que no puedo m&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La naci&oacute;n es un invento moderno, como lo es el nacionalismo. El pensador y activista franc&eacute;s Claude Lefort explic&oacute; en los a&ntilde;os ochenta del pasado siglo que la modernidad occidental se ha caracterizado por una inexpugnable paradoja general: la distancia entre lo que su ideolog&iacute;a enuncia, cuya ra&iacute;z se encuentra siempre en los ideales de <em>La Ilustraci&oacute;n,</em> y la realidad pr&aacute;ctica de lo que la autoridad pol&iacute;tica del Estado moderno ha impuesto a trav&eacute;s de sus acciones efectivas. La gesti&oacute;n de esta dram&aacute;tica contradicci&oacute;n se ha basado tradicionalmente en una forma de reproducci&oacute;n del poder en la que el discurso ideol&oacute;gico no solamente aparece naturalizado, sino que se presenta como una suerte de &ldquo;verdad objetiva&rdquo; que existe fuera del propio discurso. Apelar a nociones abstractas que remiten a &ldquo;verdades objetivas&rdquo; al tiempo que se protagonizan situaciones y pr&aacute;cticas que contradicen evidentemente esas mismas nociones, constituye para Lefort una clave fundamental de la racionalidad propia de la modernidad. 
    </p><p class="article-text">
        El franquismo supuso una experiencia plenamente moderna. Apelaba a una axiom&aacute;tica que se vaciaba por completo de sentido en su contacto con la realidad: Espa&ntilde;a no era una, mucho menos era libre y grande. Como giro relativo que no toc&oacute; la ra&iacute;z, el r&eacute;gimen del 78 hundi&oacute; igualmente sus cimientos en esa distancia entre la realidad y lo que la ideolog&iacute;a enuncia como verdad. &ldquo;Vivimos en democracia&rdquo; fue el axioma con el que tras la muerte del dictador se le puso una transici&oacute;n al gato, como dir&iacute;a el soci&oacute;logo Jes&uacute;s Ib&aacute;&ntilde;ez. Casi cuatro d&eacute;cadas m&aacute;s tarde, al 15M le bastaron tres palabras para desnudar de abajo arriba lo falaz de esa proposici&oacute;n fundacional: &ldquo;Democracia real ya&rdquo;. El momento de desencantamiento multitudinario en las plazas rompi&oacute; con la paradoja de Lefort y, por un instante, deshizo el bucle al que llamamos Espa&ntilde;a. El deseo colectivo era sencillo y profundo al mismo tiempo: que las palabras signifiquen verdaderamente lo que enuncian. Ese deseo encarn&oacute; una verdadera ruptura cultural al prescindir de lo identitario e invirti&oacute; la ecuaci&oacute;n sist&eacute;mica de lo pol&iacute;tico al decretar que deben ser los medios los que justifiquen los fines. Por unas semanas, las plazas anularon la mentalidad sumar&iacute;sima de la que escribiera Rafael S&aacute;nchez Ferlosio y de ese modo, tal vez sin saberlo, inventaron una ef&iacute;mera rep&uacute;blica &eacute;tica que ya no era Espa&ntilde;a, pero que fue incapaz de dotarse de instituciones y de continuidad.
    </p><p class="article-text">
        El escenario al que nos han abocado los t&eacute;rminos de la apuesta independentista en Catalu&ntilde;a y su confrontaci&oacute;n con el nacionalismo espa&ntilde;ol nos han devuelto definitivamente a Espa&ntilde;a. Ambos sujetos han restaurado el bucle al subrayar la paradoja moderna en sus estandartes: al tiempo que reivindicaban su derecho patrimonial sobre la democracia, la vaciaban enteramente de significado. El Estado a golpe de un r&eacute;gimen de excepci&oacute;n con el que ha apuntalado su negativa a que los catalanes puedan decidir democr&aacute;ticamente. El independentismo desde una unilateralidad que, dadas las circunstancias, no ha contado realmente con una mayor&iacute;a social. La recuperaci&oacute;n de la centralidad de una racionalidad identitaria, el reciclaje de una clase pol&iacute;tica corrupta y &ldquo;austericida&rdquo; o el rescate de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica y los partidos como vectores de sentido, se cuentan entre los ingredientes m&aacute;s significativos de la apuesta independentista. Un tren formalmente instituyente, pero cuya locomotora bebe decididamente de la gasolina de lo instituido. Un bucle. Pura paradoja de Lefort.
    </p><p class="article-text">
        <em>* &Aacute;ngel Luis Lara es </em><em>profesor de Estudios Culturales en la State University of New York.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Luis Lara]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/espana-bucle_132_3017131.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Dec 2017 19:06:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[España como bucle]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[España,Nacionalismo,Independencia de Catalunya]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aitana y los domingos sin paella]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/aitana-domingos-paella_129_2661161.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Que las personas estemos ganando no significa que ya no haga falta que ganemos las elecciones de este domingo. No sólo son importantes, resultan vitales</p></div><p class="article-text">
        1. Aunque Aitana naci&oacute; en Brooklyn, ella dice que es de Madrid. A sus seis a&ntilde;os, Aitana sabe perfectamente lo que es la emigraci&oacute;n y en su piel se dibujan, con la precisi&oacute;n que regala la experiencia directa, los dolorosos efectos de la deriva por la que atraviesa nuestro pa&iacute;s desde hace ya demasiados a&ntilde;os. La familia de Aitana vive en la distante rep&uacute;blica virtual de Skype, una sin caricias y condenada a la pobreza inatacable de las im&aacute;genes. En los mundos de Aitana, Madrid es una ciudad remota que huele a ajo, donde todos los d&iacute;as se desayuna churros y en la que siempre es verano. Ella adora Madrid porque adora los churros y el verano, pero, sobre todo, porque Madrid es el lugar en el que viven sus abuelos y, con ellos, el milagro de la conquista de las caricias, los olores y los besos. Por eso, para Aitana, Madrid es la ciudad del amor. Su ciudad.
    </p><p class="article-text">
        2. El domingo pasado Aitana sufri&oacute; la en&eacute;sima derrota a manos de los fantasmas que pueblan la rep&uacute;blica virtual de Skype. Ese d&iacute;a en casa de su yaya la familia se hab&iacute;a reunido en torno a una paella y, como tantas otras, reconstru&iacute;a la peri&oacute;dica comunidad que nace de estirar juntos la sobremesa. Aitana no soport&oacute; ni la distancia ni el peso de la imagen. Acostumbrada cotidianamente a encarnar al Otro a este lado del oc&eacute;ano, se vio excluida tambi&eacute;n de lo &uacute;nico que en su imaginario tal vez le regale algo parecido a un sentimiento de pertenencia. Llorando como una magdalena, se agarr&oacute; al sentido com&uacute;n para tocar con una pregunta parte de la ra&iacute;z de lo que nos est&aacute; pasando: &ldquo;Pap&aacute;, &iquest;por qu&eacute; si somos la mayor&iacute;a y ellos son minor&iacute;a nos hemos tenido que ir nosotros de Espa&ntilde;a y no podemos volver?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        3. C&oacute;modamente instalada en su condici&oacute;n de esponja, Aitana absorbe una agitaci&oacute;n especial desde hace d&iacute;as. Las conversaciones y las emociones en torno a las elecciones del domingo brotan sin cesar a su alrededor y, me temo, lo acaban llenando todo. De forma especialmente intensa, Madrid est&aacute; en Brooklyn y nuestra casa subraya su rematada condici&oacute;n de ninguna parte, ese ni aqu&iacute; ni all&iacute; propio de toda experiencia de emigraci&oacute;n prolongada. Por eso, seguramente, Aitana dice que ella tambi&eacute;n quiere votar a Manuela. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; a ella?&rdquo;, le pregunto. &ldquo;Porque no se enfada y siempre habla tranquila&rdquo;, me responde. As&iacute; que, movidos por su insistencia, improvisamos una urna con una caja de cart&oacute;n y dibujamos las papeletas. En el &uacute;ltimo momento, sin embargo, Aitana cambia el sentido de su voto. Se debate entre la Princesa Merida y Winter el delf&iacute;n. Finalmente, acaba convenci&eacute;ndome vehementemente para que votemos a Pippi Calzaslargas. Cuando atisba la indecisi&oacute;n en mi gesto, Aitana me tranquiliza con un susurro al o&iacute;do: &ldquo;Ayer le levant&eacute; el pantal&oacute;n a Manuela en una fotograf&iacute;a y vi que tambi&eacute;n lleva medias largas&rdquo;. Ahora entiendo por qu&eacute; estos d&iacute;as le ha dado por pintarla con coletas. Aitana cuenta que Pippi de mayor quiere ser Manuela.
    </p><p class="article-text">
        4. Ayer Aitana pas&oacute; la tarde jugando con su amiga Mar&iacute;a, que tambi&eacute;n naci&oacute; en Brooklyn pero dice que es de Santander. Esta primavera Aitana y Mar&iacute;a est&aacute;n aprendiendo a leer y a escribir, as&iacute; que se la pasan experimentando y juntando garabatos. Ayer toc&oacute; la palabra &ldquo;Hada&rdquo;, a la que la bendita desobediencia infantil al diccionario transformaba una y otra vez en Ada. Me pareci&oacute; divertido y me dio por pensar en el milagro desobediente que convierte los nombres propios en comunes. Ada y Manuela nos nombran, sobre todo, porque expresan el anhelado abrazo entre lo pol&iacute;tico y la &eacute;tica. Por eso se han convertido en un bien com&uacute;n. Si Ada encarna una nueva gram&aacute;tica, Manuela significa la vital importancia de los afectos. Ambas ponen nombres a una ilusi&oacute;n que est&aacute; resultando, antes que nada, un proceso colectivo de enamoramiento.
    </p><p class="article-text">
        Lo interesante es que cuando nos enamoramos de un nombre com&uacute;n nos estamos enamorando de nosotros y nosotras mismas en sentido inverso al narcisismo generalizado y al ego&iacute;smo impuestos por la cultura neoliberal. Nos enamoramos de los otros con los que construimos un nos-otros. En ese proceso, que Manuela y Ada nos nombren no significa que nos representan, sino que expresan la comunidad multitudinaria que estamos siendo. As&iacute; es, tal vez, como estamos agrietando los cors&eacute;s de la representaci&oacute;n para reinventar entre todos y todas una pol&iacute;tica de la expresi&oacute;n que es, entre otras cosas, un enorme ejercicio colectivo de reflexividad: de las personas, de nosotros y por nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Ahora Madrid y Barcelona en Com&uacute; son, sobre todo, una energ&iacute;a que ha movilizado la ilusi&oacute;n y el saber hacer de miles y miles. Tambi&eacute;n lo est&aacute;n siendo las experiencias municipalistas que en otras ciudades y pueblos habitan la misma estela. Un nos-otros participable por cualquiera, a su modo y desde su singularidad. M&aacute;quinas de cooperaci&oacute;n y de afecto que est&aacute;n consiguiendo lo que hasta hace poco resultaba impensable: recomponer lo com&uacute;n, salvar el amor. En definitiva, reconquistar la democracia. Eso significa ganar.
    </p><p class="article-text">
        5. Que las personas estemos ganando no significa que ya no haga falta que ganemos las elecciones de este domingo. No s&oacute;lo son importantes, resultan vitales. Tambi&eacute;n necesitamos ganar en las urnas. Sabedores de que la clave de lo institucional no reside en lo instituido, hemos aprendido igualmente que la asfixia impuesta por el poder se ha convertido en un freno insalvable para la potencia y la creatividad de la gente com&uacute;n. Nos lo est&aacute;n quitando todo y tenemos que echarles. Es una cuesti&oacute;n de dignidad y, cada vez m&aacute;s, de necesidad. No se trata de tomar el poder, sino de que los ciudadanos y las ciudadanas nos hagamos cargo de los recursos p&uacute;blicos y de la toma de decisiones acerca de los asuntos comunes. Para poder respirar, necesitamos aire. Nos quedan apenas unas horas para convencer al familiar esc&eacute;ptico, a la compa&ntilde;era de trabajo desafectada o al vecino indeciso. Cada voto cuenta, porque cada uno y cada una somos un tesoro. Es el momento de la gente. Y que, como dice Aitana, se acaben de una vez los domingos sin paella. Vamos Madrid.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Luis Lara]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/aitana-domingos-paella_129_2661161.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 May 2015 10:55:08 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Aitana y los domingos sin paella]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Elecciones Autonómicas 24M 2016]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Con la tierra de mil campos de las latas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tierra-mil-campos-latas_129_4520121.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/06606b4a-bd4e-45a8-90ba-0320c456ac92_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Con la tierra de mil campos de las latas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las gentes del Club Deportivo Aviación y del barrio de Las Águilas, con su truncada resistencia pacífica a las excavadoras y a los especuladores, han escrito con tiza sobre los escombros de su campo de tierra arrebatado el mensaje de la política que necesitamos</p></div><p class="article-text">
        De chaval me dej&eacute; m&aacute;s de un domingo los gemelos en el campo de las latas, el Pedro Vives del Club Deportivo Aviaci&oacute;n, en el barrio de Las &Aacute;guilas. Hace unos d&iacute;as fue demolido por un ayuntamiento que gobierna contra la inmensa mayor&iacute;a de los madrile&ntilde;os y madrile&ntilde;as, gestionando una cotidiana barbarie a favor de unos pocos privilegiados y sus negocios, al servicio del dinero y contra las personas. Con el Pedro Vives se nos ha ido un pedazo de la historia de Madrid. A los que un d&iacute;a pisamos el bal&oacute;n sobre su tierra, nos han arrebatado adem&aacute;s un trozo de vida.
    </p><p class="article-text">
        De mi infancia me llega el recuerdo del invierno en los campos de tierra y c&oacute;mo el juego del f&uacute;tbol se transformaba en una danza de inteligencia y, sobre todo, de resistencia. Levantar la pelota, dosificar los esfuerzos, huir la batalla a lo Lawrence de Arabia para construir una inveros&iacute;mil alianza con el charco, el viento o el bote chueco de la pelota. Con las botas hasta arriba de barro y calados hasta los huesos, el valor del resultado encog&iacute;a ante el deseo de que pasaran los minutos y llegara la ansiada ducha caliente, la mayor&iacute;a de las veces habitante imposible de una rep&uacute;blica repetida de bombonas de butano sin butano y de calentadores que no calentaban.
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        El f&uacute;tbol es un espejo del mundo en que vivimos. Nos habla acerca de la insoportable distancia entre una minor&iacute;a privilegiada y una mayor&iacute;a cada vez m&aacute;s empobrecida. Tambi&eacute;n de la violenta transformaci&oacute;n de un bien com&uacute;n en un negocio privado. En ese viaje de lo com&uacute;n a lo particular se juega una suerte de privatizaci&oacute;n. Lo dijo hace tiempo C&eacute;sar Luis Menotti, &ldquo;le han robado el f&uacute;tbol a la gente&rdquo;. El campo de las latas y los chavales y chavalas de &ldquo;El Avi&rdquo; son una met&aacute;fora de Madrid. La infame demolici&oacute;n del Pedro Vives se inscribe en una constante pol&iacute;tica de robo de la ciudad a sus habitantes. Donde ayer hab&iacute;a un campo de f&uacute;tbol en el que jugaban y se aprend&iacute;an cientos de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, hoy hay escombros. Por encima del vuelo cotidiano y a ras de suelo de las Las &Aacute;guilas se alza desp&oacute;tica la sempiterna alianza de la gaviota con el halc&oacute;n de la especulaci&oacute;n urban&iacute;stica. Una historia demasiado tiempo repetida. El Pedro Vives no era un simple campo de f&uacute;tbol, era el coraz&oacute;n de un barrio. Hoy es, adem&aacute;s, una parte de todos nosotros y nosotras.
    </p><p class="article-text">
        Las palabras funcionan cuando nombran lo real, tambi&eacute;n cuando ayudan a imaginar lo posible y lo imposible. Entre l&aacute;grimas y con los pu&ntilde;os cerrados por la rabia, el presidente del Club Deportivo Aviaci&oacute;n ha calificado el derribo del campo como una cacicada. Juan Jos&eacute; Carrasco es un hombre sencillo, una persona corriente. Por eso sus palabras nombran las cosas desde el sentido com&uacute;n, ese que sabe que cacique y casta no remiten a una simple ret&oacute;rica, sino que expresan un diagn&oacute;stico certero de la ciudad que es Madrid y del pa&iacute;s que es Espa&ntilde;a. Juan tambi&eacute;n ha asegurado que los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que se han quedado sin campo de juego, seguir&aacute;n entrenando y jugando donde sea.
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;ngel Cappa, un genuino madrile&ntilde;o de la Argentina, defiende que no se puede reducir el f&uacute;tbol a un resultado. Tambi&eacute;n dice que el triunfo y la derrota son dos impostores. Puede que se haya perdido el campo de las latas, pero &ldquo;El Avi&rdquo; sigue vivo y el juego del f&uacute;tbol, contra el viento del negocio y la marea del inter&eacute;s privado, contin&uacute;a siendo com&uacute;n e invencible. Las l&aacute;grimas de los chavales de Las &Aacute;guilas no son s&oacute;lo l&aacute;grimas, ya son la dignidad de todos y todas las madrile&ntilde;as de bien. De las personas honestas que viven de su trabajo y pelean un ma&ntilde;ana mejor para los suyos. Del an&oacute;nimo entrenador que se sigue llenando de barro con sus chavales en los inviernos del f&uacute;tbol de barrio. Del padre y de la madre que madrugan en domingo para llevar a sus hijos e hijas a correr detr&aacute;s de una pelota. De aquellos an&oacute;nimos ciudadanos y ciudadanas de la dignidad que en el d&iacute;a a d&iacute;a de los campos de tierra pelean el milagro de las duchas de agua caliente y las bombonas de butano. Porque si hay una ciudad de los caciques y de la casta, tambi&eacute;n hay un Madrid de la honradez y de la dignidad.
    </p><p class="article-text">
        A ese Madrid, a punto de perder su alegr&iacute;a, le ha nacido la posibilidad de un futuro otro. Primero fue un 15 de mayo en la Puerta del Sol. Luego fueron las mareas de uno y otro color, el s&iacute; se puede de los escraches y los desahucios detenidos. M&aacute;s tarde un 25 de mayo en el que se alumbr&oacute; la oportunidad de un giro electoral. Ahora es la ilusi&oacute;n compartida que se viste de candidatura ciudadana y que nos convoca a ganar Madrid. &ldquo;El Avi&rdquo; y su campo de las latas aparecen hoy como una de sus br&uacute;julas m&aacute;s preciadas. Las gentes del Club Deportivo Aviaci&oacute;n y del barrio de Las &Aacute;guilas, con su truncada resistencia pac&iacute;fica a las excavadoras y a los especuladores, han escrito con tiza sobre los escombros de su campo de tierra arrebatado el mensaje de la pol&iacute;tica que necesitamos. Una que, como el poder y todo lo que se le resiste, habita por todas partes y no s&oacute;lo en las instituciones. Que, m&aacute;s all&aacute; de las necesarias emociones, se construye desde los afectos que nacen en el hacer com&uacute;n del codo con codo. En torno a los problemas que se comparten y desbordando las identidades y los significantes. Decidida a dar la batalla para que las diferencias no se conviertan nunca en desigualdades. Con herramientas radicalmente democr&aacute;ticas, de protagonismo ciudadano y habitables por cualquiera. Un hacer colectivo que, como el zurdo que juega por banda derecha o el portero que sube a rematar un c&oacute;rner, rompa con lo proscrito y lo prescrito para que, a fuerza de &eacute;tica, inventemos otra ciudad y otra pol&iacute;tica. Un Madrid de sus gentes con un Gobierno honrado y honesto que obedezca a sus habitantes. Para que mil &ldquo;Avis&rdquo; florezcan con la tierra de mil campos de las latas.
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      <dc:creator><![CDATA[Ángel Luis Lara]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Nov 2014 18:38:14 +0000]]></pubDate>
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