<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Antoni Aguiló]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/antoni_aguilo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Antoni Aguiló]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/512543/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Tejer 15M en Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/tejer-15m_132_4006967.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Con ocasión del quinto aniversario del 15M, en Contrapoder dedicaremos una semana de reflexiones y propuestas al acontecimiento político más decisivo que ha vivido España en el último ciclo histórico</p></div><p class="article-text">
        En <em>Los hijos de los d&iacute;as</em> (2011), Eduardo Galeano apunta la importancia de globalizar la indignaci&oacute;n y de crear redes internacionales de acci&oacute;n en esta l&iacute;nea: &ldquo;En el a&ntilde;o 2011, miles de j&oacute;venes, despojados de sus casas y sus empleos, ocuparon las plazas y las calles de varias ciudades de Espa&ntilde;a. Y la indignaci&oacute;n se difundi&oacute;. La buena salud result&oacute; m&aacute;s contagiosa que las pestes, y las voces de <em>los indignados</em> atravesaron las fronteras dibujadas en los mapas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente, uno de los desaf&iacute;os no resueltos de la ola global de indignaci&oacute;n se&ntilde;alada por Galeano fue la dificultad para lograr una articulaci&oacute;n eficaz de resistencias, luchas y aprendizajes colectivos en diferentes escalas de acci&oacute;n. A diferencia de experiencias de lucha como el zapatismo, los movimientos alterglobalizaci&oacute;n de los 90 o el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil, que produjeron pr&aacute;cticas de resistencia ancladas localmente conectadas con los procesos de la globalizaci&oacute;n neoliberal a escala mundial, los indignados tomaron como principal referente de sus acciones el campo de acci&oacute;n local y estatal. Nos encontramos, pues, ante el problema de poner en pr&aacute;ctica lo que Boaventura de Sousa llama una &ldquo;ecolog&iacute;a de escalas&rdquo; capaz de conectar lo local con lo global y viceversa, m&aacute;s all&aacute; de acciones puntuales como la movilizaci&oacute;n mundial del 15 de octubre de 2011.
    </p><p class="article-text">
        La din&aacute;mica escalar del 15M sirve de muestra. En Madrid, por ejemplo, la Asamblea Popular de Madrid (APM) ejerce de coordinadora regional entre las distintas asambleas locales, pero a escala estatal apenas hay articulaciones estrat&eacute;gicas entre&nbsp;grupos locales y&nbsp;regionales, y menos a&uacute;n articulaciones internacionales m&aacute;s all&aacute; de manifestaciones ocasionales de apoyo y solidaridad a otras luchas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, la confluencia entre el 15M y la <em>Nuit Debout</em> francesa brinda una valiosa oportunidad para, por un lado, repensar el potencial de contestaci&oacute;n de los movimientos europeos y, por otro, internacionalizar la protesta en el continente, donde ciudades como Bruselas, &Aacute;msterdam, Berl&iacute;n o Barcelona ya han celebrado sus Noches en pie. Lo que est&aacute; en juego es la posibilidad de generar una pol&iacute;tica de alianzas y aprendizajes rec&iacute;procos entre los movimientos que han ido surgiendo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en Europa para enfrentar las estructuras de poder del sistema desde mayores niveles de acci&oacute;n. Un guante que ha recogido Yanis Varoufakis con su propuesta de lanzar el Movimiento por la Democracia en Europa 2025 (DiEM25).
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de las diferencias y especificidades entre estos movimientos, hay un factor desencadenante de la acci&oacute;n colectiva que vincula lo local y lo global: el colapso del neoliberalismo y la adopci&oacute;n de estrategias de empobrecimiento y sometimiento de la poblaci&oacute;n, basadas en el despojo de derechos a las clases trabajadores y populares en nombre de la austeridad, la dictadura bancaria, la criminalizaci&oacute;n de la protesta, la industria de la guerra, el auge de populismos fascistoides y el cierre democr&aacute;tico de Europa.
    </p><p class="article-text">
        La v&iacute;a de escape es estrecha y cada vez menor. Estamos entrando en un momento de peligro en el que Europa corre el riesgo de convertirse en un espacio de libre fascismo. La victoria del FP&Ouml; en la primera vuelta de las elecciones presidenciales austr&iacute;acas no es un fen&oacute;meno aislado. La extrema derecha toma impulso en Europa: en Francia, con el pujante Frente Nacional de Marine Le Pen; en Alemania, donde la Afd est&aacute; presente en las c&aacute;maras territoriales de seis L&auml;nder; en Reino Unido y Holanda, donde el UKIP y el PPV, respectivamente, propagan discursos racistas, por no hablar de Grecia, Polonia, Dinamarca, Suecia, Hungr&iacute;a, Finlandia o Eslovaquia.
    </p><p class="article-text">
        La lucha contra la amenaza que se cierne sobre Europa exige din&aacute;micas de acci&oacute;n supranacional. Ser&aacute; dif&iacute;cil si estas no van acompa&ntilde;adas de una revoluci&oacute;n del sentido com&uacute;n europeo que rompa con los par&aacute;metros financieros, racistas y autoritarios por los que se rige la actual Uni&oacute;n Europea. Es lo que a escala estatal hizo e15M al crear un sentido com&uacute;n que desenmascaraba la apropiaci&oacute;n de las instituciones representativas por parte de las &eacute;lites de la econom&iacute;a y la pol&iacute;tica al tiempo que lanzaba un mensaje esperanzador: podemos llevar la democracia a las calles. M&aacute;s que en el Parlamento, s&iacute;mbolo de la ficci&oacute;n democr&aacute;tica capitalista, las fuerzas del cambio vibraban en las calles y plazas de la indignaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La batalla por el sentido com&uacute;n debe librarse tambi&eacute;n e inevitablemente en la escena europea, donde la transformaci&oacute;n social, pol&iacute;tica e institucional ser&aacute; efectiva si se apoya en un <em>sorpasso</em> mental, ideol&oacute;gico y afectivo convencido de la necesidad de desarrollar formas de relaci&oacute;n social en contra y m&aacute;s all&aacute; del capitalismo. En varios aspectos no existe a&uacute;n un sentido com&uacute;n europeo de lucha lo suficientemente global y persuasivo. Lo evidencian problemas como la deuda ileg&iacute;tima (a menudo enfocada desde una perspectiva estatal y no europea) o la pasividad ante la crisis de los refugiados, reflejo de un poso colonial que no se puede ignorar. La promoci&oacute;n del internacionalismo indignado dentro y fuera de Europa pasa por construir narrativas comunes frente a la brutalidad que el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado imprimen cotidianamente en nuestras mentes y cuerpos. El 15M es, en este sentido, una narrativa inacabada. Representa aqu&iacute; una met&aacute;fora del buen sentido com&uacute;n emergente que puede alimentar el inconformismo y la insurgencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Casi al tiempo en que estallaban las revueltas populares de 2011, echaba a andar en el Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Co&iacute;mbra el proyecto de investigaci&oacute;n &ldquo;ALICE&nbsp;&ndash;&nbsp;Espejos extra&ntilde;os, lecciones imprevistas: definiendo para Europa un nuevo modo de compartir las experiencias del mundo&rdquo;. El proyecto toma como fuente de inspiraci&oacute;n el personaje de Lewis Carroll, que en sus obras introduce la posibilidad de combinar l&oacute;gicas parad&oacute;jicas que desaf&iacute;an el sentido com&uacute;n dominante. Cuando&nbsp;Alicia&nbsp;se adentra en el Pa&iacute;s de las Maravillas, adquiere la cualidad de hacerse inmensamente grande o peque&ntilde;a. Cuando cruza al otro lado del espejo, la l&oacute;gica espacial convencional se retuerce y tiene la capacidad de acercarse y alejarse a la vez. Carroll problematizaba as&iacute; el mencionado reto de las escalas. En realidad, los&nbsp;cambios de tama&ntilde;o&nbsp;que experimenta&nbsp;Alicia&nbsp;no son muy distintos de los del 15M, a veces simult&aacute;neamente m&aacute;s grande y a veces m&aacute;s peque&ntilde;o. De lo que se trata es de poner en com&uacute;n el juego de escalas y darle consistencia, de aprender a tejer en red sentidos comunes todav&iacute;a dispersos para que los cambios de tama&ntilde;o redunden a favor de la confluencia y la acci&oacute;n transformadora eficaz.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antoni Aguiló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/tejer-15m_132_4006967.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 May 2016 17:41:06 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Tejer 15M en Europa]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[15M]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Precariado e indignación en las calles de Francia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/precariado-indignados-francia_132_4057778.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El movimiento francés</p><p class="subtitle">Nuit Debout</p><p class="subtitle">, articulado contra un proyecto regresivo de reforma laboral, ha reactivado el ciclo de revueltas populares contra la hegemonía neoliberal</p><p class="subtitle">Los indignados franceses han puesto de manifiesto el divorcio entre el ideal democrático y una práctica del mismo con contenidos económicos autoritarios</p><p class="subtitle">Lo que está en cuestión no es solo la desigualdad entre clases, sino la separación abismal entre el poder económico y la participación popular</p></div><p class="article-text">
        Europa viene siendo testigo de la ola de movilizaciones surgida en el contexto de la crisis de 2008, donde se han formado movimientos de contestaci&oacute;n, como Juventud sin Futuro en Espa&ntilde;a o Prec&aacute;rios Inflex&iacute;veis en Portugal, que han colocado en la agenda p&uacute;blica la cuesti&oacute;n de la precariedad como r&eacute;gimen de vida y mecanismo para perpetuar la desigualdad. En Francia, el movimiento <em>Nuit Debout</em>, articulado contra el proyecto de reforma laboral que pretende aprobar el gobierno, ha reactivado el ciclo de revueltas populares contra la hegemon&iacute;a neoliberal.
    </p><p class="article-text">
        En este escenario se plantean varias preguntas: &iquest;qu&eacute; tiene en com&uacute;n este grupo social heterog&eacute;neo marcado por la precariedad como pauta de vida que ocupa calles y plazas para exigir cambios? &iquest;Constituye un sujeto clave para las transformaciones sociopol&iacute;ticas del futuro? &iquest;Pueden incidir los precarios e indignados rebeldes del sur global en las formas de dominaci&oacute;n del capitalismo contempor&aacute;neo, dando paso a horizontes alternativos?
    </p><p class="article-text">
        Cuando en agosto de 2005 Carolina Alguacil acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino &ldquo;mileurista&rdquo;, estaba dando se&ntilde;ales inequ&iacute;vocas de lo que Guy Standing identificar&iacute;a despu&eacute;s como una &ldquo;nueva clase social&rdquo;: el precariado. Pero el mileurismo y la forma de vida a &eacute;l asociada no eran una realidad exclusiva de Espa&ntilde;a. Las pol&iacute;ticas de precarizaci&oacute;n impulsadas por la globalizaci&oacute;n neoliberal hab&iacute;an configurado antes de la crisis &ldquo;generaciones&rdquo; precarias en diferentes pa&iacute;ses de Europa: la &ldquo;generaci&oacute;n 700 euros&rdquo; en Grecia, la &ldquo;g&eacute;n&eacute;ration pr&eacute;carie&rdquo; en Francia, la &ldquo;iPod generation&rdquo; en Reino Unido (inseguros, presionados, ofuscados por los impuestos y dominados por las deudas), la &ldquo;generazione mille euro&rdquo; en Italia, la &ldquo;Gera&ccedil;&atilde;o &agrave; Rasca&rdquo; en Portugal, etc.
    </p><p class="article-text">
        Generaciones surgidas al calor de las transformaciones en el campo de las relaciones laborales y el sindicalismo desde 1980, que legitimaban la ofensiva de las oligarqu&iacute;as financieras para empobrecer a las clases medias y a los sectores populares: medidas de austeridad traducidas en recortes sociales y laborales, desmantelamiento del Estado de bienestar y ascenso de los populismos de derecha para imponer lo que Robert Castel llama una ideolog&iacute;a de la &ldquo;inseguridad social&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para Standing, al menos una cuarta parte de la poblaci&oacute;n adulta se encuadra en el precariado. Adem&aacute;s de categor&iacute;as laborales tradicionales (trabajadores temporales, en pr&aacute;cticas, desempleados, entre otros perfiles), incluye sectores a menudo invisibilizados: estudiantes endeudados, pensionistas, personas con discapacidad, poblaci&oacute;n reclusa, minor&iacute;as &eacute;tnicas, operadores en centros de <em>telemarketing</em>, entre otros.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, m&aacute;s que una nueva clase social independiente, el precariado actual forma parte de la clase proletaria que sufre las consecuencias de la desregulaci&oacute;n del trabajo asalariado mediante reformas laborales como las aprobadas por socialdem&oacute;cratas y liberales, por lo que en buena medida est&aacute; compuesto por fuerza de trabajo barata y con apenas derechos. Tal es el objetivo de la reforma laboral del gobierno de Hollande en Francia, donde el conflicto, adem&aacute;s, est&aacute; atravesado por una dimensi&oacute;n racial latente, que ya asom&oacute; en las rebeliones de 2005 en los <em>banlieues</em> y que ahora resurge con las ramificaciones de la <em>Nuit Debout</em> en los barrios de la periferia urbana. Pero el precariado tambi&eacute;n es carne de ca&ntilde;&oacute;n de las estrategias de expolio del capitalismo, vinculadas a la &ldquo;acumulaci&oacute;n por desposesi&oacute;n&rdquo; de la que habla David Harvey. El expolio de derechos sociales y laborales se ha convertido en el principal instrumento de acumulaci&oacute;n capitalista.
    </p><p class="article-text">
        Aunque no hay que olvidar que los procesos de precarizaci&oacute;n no son el resultado de crisis impredecibles ni de una situaci&oacute;n an&oacute;mala o disfuncional del capitalismo; por el contrario, son un elemento necesario inscrito en el c&oacute;digo gen&eacute;tico de la explotaci&oacute;n capitalista. El precariado y la precariedad no son fen&oacute;menos nuevos, solo que la crisis los ha hecho m&aacute;s evidentes, al menos en Europa, porque en las sociedades del sur global, donde la formaci&oacute;n del Estado de bienestar ha sido fr&aacute;gil e incluso inexistente, no son la excepci&oacute;n, sino la norma.
    </p><p class="article-text">
        Hay otros factores explicativos que forman parte del eje de las movilizaciones de Par&iacute;s, en concreto la cuesti&oacute;n del d&eacute;ficit democr&aacute;tico y la crisis de representatividad de un r&eacute;gimen electoral liberal tutelado por el capitalismo, que impone l&iacute;mites al horizonte democr&aacute;tico. Los indignados franceses han puesto de manifiesto el divorcio entre el ideal y la pr&aacute;ctica democr&aacute;tica, revelando las tensiones entre reg&iacute;menes formalmente democr&aacute;ticos con contenidos econ&oacute;micos autoritarios y refinadas formas de fascismo social, como explica Boaventura de Sousa. Lo que est&aacute; en cuesti&oacute;n no es solo la desigualdad entre clases, sino la separaci&oacute;n abismal entre el poder econ&oacute;mico y la participaci&oacute;n popular.
    </p><p class="article-text">
        Nos encontramos, pues, ante una nueva fase del conflicto de clases, pero tambi&eacute;n ante un nuevo cap&iacute;tulo de luchas por una democracia conforme a los intereses de las clases trabajadoras y populares, pues la democracia liberal, hist&oacute;ricamente, se ha construido por encima y a costa de las formas democr&aacute;ticas de los sectores populares. De ah&iacute; la importancia de pr&aacute;cticas de democracia radical desde abajo que aspiran a redistribuir el poder econ&oacute;mico y social e inciden en la formaci&oacute;n de una cultura pol&iacute;tica fundada en el asamblearismo, la horizontalidad y la autogesti&oacute;n sin l&iacute;deres.
    </p><p class="article-text">
        Como sujeto pol&iacute;tico, el potencial transformador del precariado reside en su capacidad de establecer articulaciones con otras luchas y movimientos emancipadores, de la misma manera que el capitalismo teje redes por todas partes. La econom&iacute;a de la precariedad resulta de un sistema que funciona en red y promueve a escala global fen&oacute;menos como la especulaci&oacute;n con alimentos, la guerra permanente o la crisis de refugiados, de los que se benefician los mercados financieros. Enfrentarlo requiere una din&aacute;mica de acci&oacute;n anticapitalista que aglutine las fuerzas y movimientos por la radicalizaci&oacute;n democr&aacute;tica, interpelando al movimiento obrero y a la cultura sindical heredada. En este sentido, las alianzas entre la clase trabajadora, los sectores medios empobrecidos y los grupos subalternos son fundamentales. El apoyo a refugiados, migrantes y a la causa LGTB en las asambleas de la plaza de la R&eacute;publique es una se&ntilde;al esperanzadora.
    </p><p class="article-text">
        En el poema <em>Crep&uacute;sculo de la tarde</em>, Baudelaire celebra el poder inspirador de la noche, de las &ldquo;tinieblas refrescantes&rdquo;, sentidas por el poeta como una &ldquo;se&ntilde;al de fiesta interior&rdquo;, de &ldquo;liberaci&oacute;n de angustia&rdquo;. Parece que la <em>Nuit Debout</em> ha decidido seguir las huellas de Baudelaire y hacer de la noche un espacio p&uacute;blico de rebeld&iacute;a creativa, palabra y acci&oacute;n colectiva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antoni Aguiló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/precariado-indignados-francia_132_4057778.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Apr 2016 18:17:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Precariado e indignación en las calles de Francia]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando la poesía se vuelve poder popular]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/dia-mundial-de-la-poesia_132_4090425.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Con ocasión del recientemente celebrado Día Mundial de la Poesía, cabe volver al famoso interrogante de Hölderlin: ¿para qué poetas en tiempos de miseria?</p><p class="subtitle">Combate político y lucha poética están ligados; la praxis poética, por sí sola, no puede cambiar el mundo, pero sí puede cambiar las maneras de verlo y sentirlo</p></div><p class="article-text">
        En su eleg&iacute;a &ldquo;Pan y vino&rdquo; (1800), H&ouml;lderlin formula una pregunta emblem&aacute;tica que cuestiona de ra&iacute;z el sentido de la palabra y la acci&oacute;n po&eacute;tica: &ldquo;&iquest;Para qu&eacute; poetas en tiempos de miseria?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de dos siglos despu&eacute;s, los tiempos de miseria lamentados por H&ouml;lderlin no han dejado de ser los nuestros: tiempos de oligarqu&iacute;as aferradas a sistemas de privilegios, tiempos de pragmatismo economicista que impone l&oacute;gicas mercantiles en todos los &aacute;mbitos, tiempos de pobreza democr&aacute;tica, tiempos, como dec&iacute;a Marx, de &ldquo;nuevas condiciones de opresi&oacute;n&rdquo; y nuevas formas de lucha por superar los antagonismos de clase y combatir la dominaci&oacute;n colonial y patriarcal imperante. En este sentido, y en ocasi&oacute;n del recientemente celebrado D&iacute;a Mundial de la Poes&iacute;a, cabe recuperar la pregunta por su funci&oacute;n en las actuales sociedades capitalistas globalizadas donde, recordando los versos de Gabriel Celaya, es concebida como un &ldquo;lujo cultural por los neutrales&rdquo; o, en el mejor de los casos, como un recurso mercantilizable en nombre de su supervivencia.
    </p><p class="article-text">
        Entre la diversidad de respuestas al &ldquo;para qu&eacute;&rdquo;, hay una com&uacute;nmente extendida que defiende la inutilidad de la poes&iacute;a como instrumento social y pedag&oacute;gico. La condena de Plat&oacute;n por considerarla un arte imitativo cuyo poder de persuasi&oacute;n distrae de la verdad ilustra de modo magistral esta postura. En la <em>Rep&uacute;blica</em>, Homero (y, por extensi&oacute;n, los poetas y artistas) es expulsado de la ciudad ideal porque el poeta &ldquo;conoce el secreto de suscitar emociones&rdquo;, &ldquo;alimenta las pasiones&rdquo; y &ldquo;fabrica im&aacute;genes&rdquo; falsas con palabras, a la manera de un pintor. Tambi&eacute;n Fernando Pessoa, aunque esta vez en sentido positivo, destaca el car&aacute;cter ficcional de la poes&iacute;a al definir al poeta como un &ldquo;fingidor&rdquo; que crea, inventa y fabula: &ldquo;Fingir es conocerse&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hay, sin embargo, otra postura que frente al &ldquo;para qu&eacute;&rdquo; reivindica la funci&oacute;n social de la poes&iacute;a, como hiciera T. S. Eliot en una c&eacute;lebre conferencia pronunciada en 1943. Esta perspectiva representa un modo de ver el quehacer po&eacute;tico que permite explorar su dimensi&oacute;n &eacute;tica y pol&iacute;tica, presente, por ejemplo, en la poes&iacute;a urbana de Baudelaire, nacida de la experiencia de un l&iacute;rico en el auge de la sociedad capitalista de masas: &ldquo;Multitud, soledad: t&eacute;rminos iguales y convertibles para el poeta activo y fecundo. El que no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo en medio de una muchedumbre atareada&rdquo;. En los versos de Walt Whitman sobre el amor y la democracia c&oacute;smica, que acarician la piel como un beso voluptuoso y fresco: &ldquo;Me celebro y me canto a m&iacute; mismo. Y lo que digo ahora de m&iacute;, lo digo de ti, porque lo que yo tengo lo tienes t&uacute; y cada &aacute;tomo de mi cuerpo es tuyo tambi&eacute;n&rdquo;. En la conciencia feminista de Alfonsina Storni: &ldquo;Yo soy como la loba. Quebr&eacute; con el reba&ntilde;o y me fui a la monta&ntilde;a fatigada del llano&rdquo;. En la poes&iacute;a proletaria de Miguel Hern&aacute;ndez: &ldquo;Aceituneros altivos, decidme en el alma: &iquest;qui&eacute;n, qui&eacute;n levant&oacute; los olivos? No los levant&oacute; la nada, ni el dinero, ni el se&ntilde;or, sino la tierra callada, el trabajo y el sudor&rdquo;. En la lucidez de la locura que ilumina la obra de Leopoldo Mar&iacute;a Panero: &ldquo;De todos los favores que pude prometerte te debo la locura&rdquo;. En el anarquismo po&eacute;tico de Jes&uacute;s Lizano: &ldquo;Denunciemos este delirio. Invitemos a todos los inocentes perdidos entre sus voces que llevan a esa lucha, todos perdidos entre las falsas verdades y sus terribles ecos&rdquo;. En las marcas de la opresi&oacute;n heteropatriarcal que atraviesan la palabra po&eacute;tica de Audre Lorde: &ldquo;Estoy atrapada en un desierto hecho de heridas a bala todav&iacute;a abiertas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dice Hugo Friedrich que el acto po&eacute;tico presenta tres posibles modos de comportamiento: sentir, observar y transformar. El &uacute;ltimo se refiere tanto a la transformaci&oacute;n del lenguaje como de la realidad social y personal. Es precisamente esta capacidad transformadora la que nos permite encontrar v&iacute;as de respuesta a la pregunta de H&ouml;lderlin. Todos los ejemplos citados muestran que combate pol&iacute;tico y lucha po&eacute;tica a menudo est&aacute;n ligados uno al otro; que la poes&iacute;a, lejos de ser un producto clausurado en libros y bibliotecas, se puede hacer en cualquier parte; que la praxis po&eacute;tica, por s&iacute; sola, no puede cambiar el mundo, pero s&iacute; puede cambiar las maneras de verlo y sentirlo, promoviendo agitaciones subversivas capaces de trastocar las relaciones de poder. Y aqu&iacute; radica el car&aacute;cter revolucionario de la poes&iacute;a, tal y como lo expresa Vicente Huidobro: &ldquo;El poeta hace cambiar de vida a las cosas de la naturaleza, saca con su red todo aquello que se mueve en el caos de lo innombrado, tiende hilos el&eacute;ctricos entre las palabras y alumbra de repente rincones desconocidos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de una revoluci&oacute;n de vanguardias iluminadas en la que el poeta se erige en gu&iacute;a del pueblo. La revoluci&oacute;n po&eacute;tica que puede transformar mundos y vidas es aquella que, por un lado, pone la inspiraci&oacute;n al servicio de una causa para combatir el orden dominante y, por otro, transmite ideas y sentimientos para aprender a &ldquo;sentipensar&rdquo; con la gente oprimida, que dir&iacute;a Orlando Fals Borda. Las huellas de lo que significa esta revoluci&oacute;n po&eacute;tica recorren la obra de Jos&eacute; Mart&iacute;: &ldquo;Hay una clase de poes&iacute;a que sale, como un r&iacute;o de sangre del alma atormentada, y rompe por entre pe&ntilde;ascos en su espantada fuga, y no abre sus ondas sino para dejar paso a clamores&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En una famosa escena de <em>El club de los poetas muertos,</em> el profesor Keating ense&ntilde;a a sus alumnos que no deben limitarse a aprender lecciones y recitar poemas de memoria: &ldquo;A pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo. No leemos y escribimos poes&iacute;a porque es bonita. Leemos y escribimos poes&iacute;a porque pertenecemos a la raza humana y la raza humana est&aacute; llena de pasi&oacute;n&rdquo;. Keating era portador de una ense&ntilde;anza detestable para Plat&oacute;n y la econom&iacute;a global del neoliberalismo: la pasi&oacute;n po&eacute;tica tambi&eacute;n puede ser una pasi&oacute;n cr&iacute;tica y revolucionaria. De aqu&iacute; la importancia de trabar luchas revolucionariamente po&eacute;ticas, revolucionariamente populares, contra lo que nos aboca a vivir en tiempos de miseria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antoni Aguiló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/dia-mundial-de-la-poesia_132_4090425.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Mar 2016 19:54:49 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando la poesía se vuelve poder popular]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una brecha en el patriarcado: Louise Michel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/louise-michel_132_4249211.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Con ocasión de la efeméride de su fallecimiento, el autor reflexiona sobre la aportación de Louise Michel a la tradición feminista</p></div><p class="article-text">
        Acaban de cumplirse 111 a&ntilde;os de la muerte de Louise Michel. La ocasi&oacute;n nos brinda la oportunidad de reivindicar no s&oacute;lo la figura de esta maestra, escritora y luchadora anarquista, sino tambi&eacute;n una praxis subversiva para el patriarcado. Ello permite, en la estela de Walter Benjamin, una lectura &ldquo;a contrapelo&rdquo; de la historia que rescata el papel de las mujeres en la construcci&oacute;n de poder popular.
    </p><p class="article-text">
        Pese a que no se consideraban feministas en sentido militante, las pioneras del feminismo anarquista contribuyeron a la lucha contra el machismo y el patriarcado, sobre todo si se tiene en cuenta que el feminismo, como dice Bell Hooks, es un &ldquo;movimiento para acabar con la explotaci&oacute;n sexista y la opresi&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El patriarcado es un r&eacute;gimen criminal que desprecia la vida de las mujeres, sobre todo de aquellas que claman libertad e igualdad. Desmontarlo exige abrir brechas capaces de subvertir las instituciones, creencias y pr&aacute;cticas que, en palabras de Marcela Lagarde, perpet&uacute;an los &ldquo;cautiverios&rdquo; de las mujeres. Las brechas son una zona de combate que puede provocar rupturas o interrupciones del orden establecido. Representan resquicios u oportunidades para el avance feminista.
    </p><p class="article-text">
        Louise Michel abri&oacute; una&nbsp;brecha en el patriarcado burgu&eacute;s y cat&oacute;lico del siglo XIX mediante una conciencia feminista articulada en torno a cinco premisas fundamentales:
    </p><p class="article-text">
        Primera: las mujeres pertenecen a un colectivo subordinado y como tal sufren injusticias. Como escribi&oacute; en sus <em>Memorias</em> (1886): &ldquo;Lo primero que debe cambiar es la relaci&oacute;n entre sexos. Hombres y mujeres deber&iacute;amos estar caminando de la mano. En lugar de ello, hay antagonismo, y este durar&aacute; el tiempo que la mitad m&aacute;s fuerte controle o piense que controla a la mitad m&aacute;s d&eacute;bil&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Segunda: la condici&oacute;n de subordinaci&oacute;n femenina no es natural, sino socialmente determinada. Dice al respecto: &ldquo;Admito que el var&oacute;n tambi&eacute;n sufre en esta sociedad maldita, pero ninguna tristeza puede compararse con la de la mujer. En la calle ella es la mercanc&iacute;a. En los conventos, en donde se oculta como en una tumba, la ignorancia la ata, y las reglas ascienden en su m&aacute;quina como engranajes y pulverizan su coraz&oacute;n y su cerebro. En el mundo se dobla bajo la mortificaci&oacute;n. En su casa, sus cargas la aplastan. Y los hombres quieren mantenerla as&iacute;. No quieren que ella usurpe su funci&oacute;n o sus t&iacute;tulos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tercera: las mujeres deben organizarse entre ellas para remediar esta situaci&oacute;n. Para ello reivindica el poder de las mujeres como fuerza instituyente capaz de desbordar el sistema patriarcal y crear nuevas formas de relaci&oacute;n social: &ldquo;Nosotras simplemente debemos tomar nuestro lugar sin pedir permiso por ello&rdquo;. Y en un tono m&aacute;s amenazante: &ldquo;Tened cuidado del d&iacute;a en que las mujeres se cansen de todo lo que les rodea y se levanten contra el viejo mundo. Ese d&iacute;a comenzar&aacute; un mundo nuevo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuarta: la necesidad de una visi&oacute;n alternativa de la sociedad y de la vida, donde el ser humano tuviera plena autonom&iacute;a. Indicios de esta nueva sociedad pueden vislumbrarse en su cr&iacute;tica a la moral familiar y sexual tradicional. Louise Michel condenaba el matrimonio por tratarse de un negocio m&aacute;s, que con el patrocinio de la Iglesia y el Estado fomentaba la mercantilizaci&oacute;n del sexo y la apropiaci&oacute;n del cuerpo de las mujeres. Ni los varones ni el Estado ni la Iglesia deb&iacute;an tener potestad para decidir sobre la sexualidad y el cuerpo de las mujeres. Anticip&aacute;ndose a feministas como Simone de Beauvoir, concibi&oacute; el matrimonio como una especie de prostituci&oacute;n legalizada: &ldquo;&iquest;Acaso no hay mercados donde se venden, en la calle, en los puestos de las aceras, las hermosas hijas del pueblo, mientras que las hijas de los ricos son vendidas por su dote? A una la toma quien quiere; a la otra, se la dan a quien quieren. La prostituci&oacute;n es la misma&rdquo;. No en vano rechaz&oacute; casarse.
    </p><p class="article-text">
        Como maestra defendi&oacute; una escuela libre de segregaci&oacute;n de g&eacute;nero en las aulas y la importancia de introducir la educaci&oacute;n sexual en un encorsetado curr&iacute;culum educativo que domesticaba a las ni&ntilde;as ense&ntilde;&aacute;ndoles costura y catecismo. Porque &ldquo;la tarea de los profesores es dar a la gente los medios intelectuales para rebelarse&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quinta: terminar con la opresi&oacute;n sexista requiere la participaci&oacute;n activa de las mujeres en la lucha revolucionaria. Se trataba de combatir la sociedad machista y clasista a partir de la autoorganizaci&oacute;n desde abajo y la acci&oacute;n colectiva, mediante una democracia popular basada en la acci&oacute;n directa, pues el voto femenino por el que luchaban las sufragistas burguesas no representaba una amenaza para la estabilidad del sistema capitalista y patriarcal. En este sentido, el feminismo anarquista nos dej&oacute; una reflexi&oacute;n memorable: las mujeres nunca se liberar&iacute;an por la fuerza de los votos, sino por su propia fuerza. El compromiso era con la &ldquo;revoluci&oacute;n social&rdquo;, no con la pol&iacute;tica parlamentaria, con el gobierno de la gente com&uacute;n y no con la representaci&oacute;n pol&iacute;tica profesionalizada.
    </p><p class="article-text">
        Esta conciencia rebelde la llev&oacute; a encabezar manifestaciones contra el paro y el hambre, a fundar peri&oacute;dicos, a ser encarcelada, deportada a Nueva Caledonia y a combatir, con un Remington en la mano y el uniforme de la Guardia Nacional enfundado, en las barricadas de la Comuna de Par&iacute;s en 1871. Durante la Comuna, descrita como el &ldquo;periodo revolucionario del que saldr&iacute;a el mundo nuevo&rdquo;, form&oacute; parte del movimiento de las &ldquo;petroleras&rdquo; (mujeres acusadas de incendiar Par&iacute;s con latas de petr&oacute;leo para frenar el avance enemigo), fund&oacute; el Comit&eacute; de Vigilancia femenino de Montmartre, cre&oacute;, junto con otras revolucionarias, la Uni&oacute;n de Mujeres por la Defensa de Par&iacute;s (una organizaci&oacute;n feminista de masas que ya planteaba el principio de a igual trabajo, igual salario) y trabaj&oacute; como enfermera de ambulancia. Dice Sheila Rowbotham que su experiencia all&iacute; sirvi&oacute; para que las parisinas asumieran posturas feministas en tensi&oacute;n con el&nbsp;machismo imperante tambi&eacute;n entre los comuneros.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que no estamos ante un umbral democr&aacute;tico revolucionario como el del Par&iacute;s de 1871, sino ante el predominio de sistemas electorales restringidos incapaces de satisfacer plenamente las exigencias y expectativas de las mujeres. En su largo camino hacia la emancipaci&oacute;n, los feminismos tienen por delante el reto de ahondar las brechas abiertas en la democracia machista y elitista institucionalizada. Pero tambi&eacute;n el de abrir nuevas brechas en articulaci&oacute;n con otros movimientos para ganar m&aacute;s espacios en la sociedad. Para ello, de acuerdo con Andrea Beltramo, tendr&aacute;n que proseguir su lucha sin tregua para organizar la rabia, politizar la alegr&iacute;a, renovar las confianzas, aumentar la combatividad reivindicativa, no ceder, tomar las calles, diluir la l&iacute;nea entre lo legal y lo ilegal, resquebrajar viejos consensos, construir nuevos acuerdos, inventar nuevas utop&iacute;as, crear otras maneras de vivir el amor y de habitar nuestros cuerpos, arrebat&aacute;ndolos al control de las corporaciones financieras, las iglesias, la medicina, la tecnolog&iacute;a, la ciencia, la moral, la publicidad, etc. S&oacute;lo as&iacute; estaremos en condiciones de luchar contra el presente en direcci&oacute;n hacia ese nuevo mundo imaginado por Louise Michel.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antoni Aguiló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/louise-michel_132_4249211.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Jan 2016 19:09:44 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Una brecha en el patriarcado: Louise Michel]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Breve contracatálogo de derechos humanos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/contracatalogo-derechos_132_2297922.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En el Día de los Derechos Humanos, bueno es oponerse a su apropiación por parte de las prácticas imperialistas, y apostar por una imaginativa reinvención que los ensanche</p></div><p class="article-text">
        En una &eacute;poca de graves desigualdades econ&oacute;micas y sociales, de predominio de las estructuras olig&aacute;rquicas del poder, de fanatismos que exaltan la violencia, los derechos humanos parecen haberse convertido en un eslogan vac&iacute;o de contenido. En este contexto, dice C&eacute;sar Baldi, se hacen urgentes nuevos ejercicios de <em>imaginaci&oacute;n jur&iacute;dica</em>. Ejercicios cr&iacute;ticos con la ret&oacute;rica humanitaria que asocia los derechos humanos al imperialismo, a la guerra, a la supremac&iacute;a blanca, etc., que despierten las conciencias adormecidas y que frente al pesimismo del &ldquo;No hay alternativa&rdquo; neoliberal afirmen la esperanza del &ldquo;S&iacute; se puede&rdquo;. Ejercicios creativos de apertura a la infinita diversidad de lo humano, a la igualdad de g&eacute;nero, al ecologismo, a la democracia radical y, en definitiva, a los retos que plantea el mundo en las primeras d&eacute;cadas del siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        La imaginaci&oacute;n puede funcionar como catalizador de energ&iacute;as liberadoras. No se trata de una facultad mental anclada en lo ilusorio. Es fuerza creadora, potencia magm&aacute;tica capaz de hacer saltar los cerrojos del pensamiento y vislumbrar indicios de otros mundos posibles. Dice de ella Castoriadis: &ldquo;Es creaci&oacute;n incesante y esencialmente indeterminada de figuras, formas, im&aacute;genes. Lo que llamamos &lsquo;realidad&rsquo; y &lsquo;racionalidad&rsquo; son obras suyas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Acaso hay creaci&oacute;n humana consciente que no haya pasado antes por la imaginaci&oacute;n? &iquest;Hasta qu&eacute; punto la crisis de las formas de emancipaci&oacute;n que padece Europa esconde una alarmante falta de imaginaci&oacute;n social y pol&iacute;tica? &iquest;No ser&aacute; que en momentos de crisis, como dijo Einstein, &ldquo;la imaginaci&oacute;n es m&aacute;s importante que el conocimiento, porque el conocimiento&nbsp;es limitado, mientras la&nbsp;imaginaci&oacute;n engloba el mundo entero, estimulando el progreso&rdquo;?
    </p><p class="article-text">
        Los derechos tambi&eacute;n son un asunto de la imaginaci&oacute;n. Hay que reinventar los derechos humanos para que abracen lo imaginado, lo so&ntilde;ado. La imaginaci&oacute;n nos brinda la posibilidad de alumbrar creaciones jur&iacute;dicas capaces de expandir simb&oacute;licamente el horizonte de los derechos humanos, llev&aacute;ndolo m&aacute;s all&aacute; de sus l&iacute;mites para reivindicar derechos marginados o ausentes del discurso oficial. Son derechos a contracorriente porque, frente a una realidad que se presenta como inevitable, impulsan la transgresi&oacute;n de regularidades establecidas a trav&eacute;s de la cr&iacute;tica, la rebeld&iacute;a, la esperanza y el sentido de posibilidad. Entre ellos pueden mencionarse los siguientes:
    </p><p class="article-text">
        El <em>derecho a so&ntilde;ar</em>. Dice Ernst Bloch que el ser humano es un h&aacute;bil tejedor de &ldquo;sue&ntilde;os diurnos&rdquo; que anticipan un futuro mejor. Los sue&ntilde;os diurnos cumplen una funci&oacute;n exploratoria e inconformista. Reclamar el derecho a so&ntilde;ar del que habla Eduardo Galeano es imprescindible en un sistema que pretende convertirnos en zombis hipnotizados. El capitalismo nos priva de nuestro tiempo, explota nuestro cuerpo y compra nuestra energ&iacute;a a cambio de un salario. Pero no le basta. Quiere la falta interesada de sue&ntilde;os. Por ello fuerza a los individuos a utilizar la imaginaci&oacute;n como medio de evasi&oacute;n y les inculca que para sobrevivir deben usarla en beneficio propio, haciendo que se vuelvan cada vez m&aacute;s individualistas y competitivos. Lo dijo Shakespeare hace varios siglos y conviene no olvidarlo: &ldquo;Estamos hechos de la misma&nbsp;materia&nbsp;que nuestros sue&ntilde;os&rdquo;. No podemos permitir que nuestros sue&ntilde;os (de pan, de justicia, de solidaridad, etc.) se conviertan en un cat&aacute;logo de frustraciones y miedos funcionales al capitalismo. En una cabeza llena de miedos, los sue&ntilde;os se tornan pesadillas. Como dice la canci&oacute;n de Els Catarres: &ldquo;La fuerza de los sue&ntilde;os es el arma de los rebeldes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El <em>derecho a la existencia</em>. En su c&eacute;lebre discurso &ldquo;Sobre las subsistencias&rdquo;&nbsp;(1792), Robespierre defiende el &ldquo;derecho a la existencia&rdquo; como el primero de los &ldquo;derechos imprescriptibles&rdquo;. Republicanos como &eacute;l cre&iacute;an que quienes no ten&iacute;an garantizado este derecho por carecer de propiedad no eran libres en la sociedad civil, pues se encontraban en una posici&oacute;n de&nbsp;dependencia que los convert&iacute;a en propiedad de otro. El derecho a la existencia apunta a la necesidad de garantizar p&uacute;blicamente una base material y social que permita a las personas ser due&ntilde;as de s&iacute; mismas, proporcion&aacute;ndoles recursos m&iacute;nimos de subsistencia en forma de trabajo u otros derechos sociales. En esta direcci&oacute;n apunta la propuesta de una renta b&aacute;sica universal que, integrada en un programa m&aacute;s amplio de combate al capitalismo, posee una dimensi&oacute;n emancipadora.
    </p><p class="article-text">
        El <em>derecho a la pereza</em>. No consiste en un elogio gratuito de la indolencia, sino en un envite contra lo que Paul Lafargue, en su manifiesto de 1883, califica de &ldquo;extra&ntilde;a locura&rdquo;: &ldquo;Esa locura es el amor al trabajo, la pasi&oacute;n moribunda del trabajo, que llega hasta el agotamiento de las fuerzas vitales del individuo y de su prole&rdquo;. Lo que subyace es una dura cr&iacute;tica al capitalismo de la &eacute;poca (salarios &iacute;nfimos, jornadas extenuantes, explotaci&oacute;n de mano de obra infantil, etc.) y la reivindicaci&oacute;n del tiempo libre para la clase obrera. M&aacute;s all&aacute; de esta posici&oacute;n, tambi&eacute;n se cuestionan los cimientos de la glorificada cultura del trabajo, que en palabras de Marx concibe al ser humano como una &ldquo;simple m&aacute;quina para producir riqueza ajena&rdquo;, y en la cual la pereza se considera un vicio execrable: &ldquo;Los deseos del perezoso le matan, porque sus manos rechazan el trabajo&rdquo;, se afirma en <em>Proverbios</em> (21, 25).
    </p><p class="article-text">
        La Declaraci&oacute;n Universal de los Derechos Humanos (DUDH) reconoce el derecho al descanso y al tiempo libre (art. 24), por lo que las actuales luchas se encaminan hacia conquistas como la reducci&oacute;n de la jornada laboral, el adelanto progresivo de la edad de jubilaci&oacute;n o el aumento del periodo de vacaciones. Pero en un contexto donde el capitalismo, el productivismo y los valores del mercado son hegem&oacute;nicos, el derecho a la pereza no es una aspiraci&oacute;n plenamente realizable. Sin embargo, contiene un potencial cr&iacute;tico que sacude una cultura que identifica pereza con improductividad y permite luchar por un mundo m&aacute;s all&aacute; del trabajo donde el ocio, como dice Andr&eacute; Gorz, no es una calamidad, sino una noble conquista de la humanidad.
    </p><p class="article-text">
        El <em>derecho a la paz</em>. La paz no es la mera ausencia de guerra ni un estado de paradis&iacute;aca armon&iacute;a social. Es un proceso fr&aacute;gil e incierto, imperfecto, como explica Francisco Mu&ntilde;oz, que transforma violencias en formas de convivencia democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Se avecinan tiempos duros en los que construir alternativas de paz frente a la l&oacute;gica b&eacute;lica y al r&eacute;gimen policial que se est&aacute; implantando en Europa. Tras los atentados en Par&iacute;s, el presidente Hollande declar&oacute; que el ataque fue un &ldquo;acto de guerra&rdquo; cometido por un ej&eacute;rcito terrorista. Al igual que Bush en 2001, Hollande se&ntilde;al&oacute; su determinaci&oacute;n de luchar contra el terrorismo utilizando una ret&oacute;rica belicista (&ldquo;Nuestra lucha ser&aacute; implacable&rdquo;, &ldquo;Francia est&aacute; en guerra&rdquo;) que anticipa la respuesta que vendr&aacute;. Si los ataques son presentados ante la opini&oacute;n p&uacute;blica como un acto de guerra, la respuesta militar pasa a ser la opci&oacute;n por defecto y el estado de emergencia deja de ser una violaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n para convertirse en refuerzo y complemento de la misma. Las consecuencias son de sobra conocidas: vidas arrasadas, &ldquo;da&ntilde;os colaterales&rdquo;, negocio armament&iacute;stico, neocolonialismo, islamofobia, medidas preventivas, militarizaci&oacute;n de la polic&iacute;a, restricci&oacute;n de derechos, etc. Parafraseando a T&aacute;cito, crear&aacute;n un desierto y lo llamar&aacute;n paz.
    </p><p class="article-text">
        El <em>derecho a la democracia</em>. Democracia es la palabra m&aacute;s humillada, abusada y empobrecida de todas las palabras pol&iacute;ticas. Palabra, por cierto, no consagrada en el art&iacute;culo 21 de la DUDH, que remite al derecho de toda persona a &ldquo;participar en el gobierno de su pa&iacute;s, directamente o por medio de representantes libremente escogidos&rdquo;. Pero reconocer la participaci&oacute;n popular como derecho humano no implica avanzar necesariamente hacia formas de democracia real que superen las pr&aacute;cticas de representaci&oacute;n y participaci&oacute;n toleradas por el capitalismo, que sean la expresi&oacute;n de un poder instituyente desde abajo y, sobre todo, el resultado de un aprendizaje continuado que, como se&ntilde;ala Boaventura de Sousa, transforma relaciones de poder en relaciones de autoridad compartida.
    </p><p class="article-text">
        Para generar un horizonte com&uacute;n de expectativas y posibilidades, hay que plantear como sue&ntilde;o colectivo estas y otras aspiraciones emancipadoras eludidas por la pol&iacute;tica institucionalizada. Gandhi escribi&oacute;: &ldquo;A diario se ven cosas con las que nunca se habr&iacute;a so&ntilde;ado, lo imposible se hace cada vez m&aacute;s posible&rdquo;. Tal vez ten&iacute;a raz&oacute;n y lo que hoy es un ejercicio de imaginaci&oacute;n ma&ntilde;ana sea una realidad en la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica de los derechos humanos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antoni Aguiló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/contracatalogo-derechos_132_2297922.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Dec 2015 21:33:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Breve contracatálogo de derechos humanos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando la filosofía asalta las calles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/dia-mundial-filosofia_132_2370493.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En ocasión del</p><p class="subtitle">Día Mundial de la Filosofía</p><p class="subtitle">de la UNESCO, el autor realiza la siguiente reivindicación de una práctica filosófica comprometida con las luchas populares</p><p class="subtitle">En estos tiempos de acoso ministerial a las materias filosóficas, conviene recordar el nexo irrompible que une la filosofía y la libertad</p></div><p class="article-text">
        En <em>Los perros guardianes</em> (1932) Paul Nizan lanza un desaf&iacute;o a quienes entienden la filosof&iacute;a como un saber replegado en s&iacute; mismo, purificado de todo inter&eacute;s y desligado de las condiciones econ&oacute;micas y sociales que lo rodean:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La Filosof&iacute;a tiene esta misi&oacute;n universal, una misi&oacute;n basada en la suposici&oacute;n de que la mente gu&iacute;a al mundo. En consecuencia, los fil&oacute;sofos piensan que est&aacute;n haciendo una gran acci&oacute;n para la especie terrestre a la cual pertenecen (ellos son la mente de esta especie). Ha llegado la hora de ponerlos bajo an&aacute;lisis, de preguntarles qu&eacute; opinan sobre la guerra, el colonialismo, los adelantos en la industria, el amor, las variedades de muerte, el desempleo, la pol&iacute;tica, el suicidio, las fuerzas policiales, el aborto (en una palabra, todas las cosas que realmente ocupan las mentes de los habitantes de este planeta). Definitivamente ha llegado la hora de preguntarles en qu&eacute; posici&oacute;n se ubican. Ya no debe permit&iacute;rseles m&aacute;s que enloquezcan a la gente, que jueguen un doble juego&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La reivindicaci&oacute;n de una filosof&iacute;a forjada a la luz de la confrontaci&oacute;n social ya hab&iacute;a sido planteada por Marx, que en sus <em>Tesis sobre Feuerbach</em> (1845) reacciona contra la vacuidad de la filosof&iacute;a que se mueve en el terreno de las ideas puras para concebirla como una actividad estrechamente ligada a las luchas populares y la transformaci&oacute;n de la sociedad: &ldquo;Los fil&oacute;sofos no han hecho m&aacute;s que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo&rdquo;. Es m&aacute;s, como portadora de un potencial emancipador frente a injusticas y opresiones, la filosof&iacute;a, para Marx, pod&iacute;a convertirse en arma de la revoluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El reto de Nizan de hacer una filosof&iacute;a desde abajo sigue tan vivo hoy como entonces. Parafraseando a Horkheimer, los fil&oacute;sofos no pueden olvidar que a su alrededor se mata todos los d&iacute;as. &iquest;C&oacute;mo hacer de la filosof&iacute;a una pr&aacute;ctica comprometida con las luchas de liberaci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; sentido tiene filosofar en las actuales sociedades capitalistas globales donde responsabilidad social significa iniciativa emprendedora, y en las cuales la filosof&iacute;a es percibida como un lujo cultural o, en el mejor de los casos, como un recurso explotable por el mercado de cirug&iacute;as pl&aacute;sticas del alma? &iquest;Transformar la sociedad desde qu&eacute; criterios y en qu&eacute; direcci&oacute;n? Recuperando la pregunta que se hac&iacute;a Le&oacute;n Rozitchner: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; significa &laquo;hacer&raquo; filosof&iacute;a entre quienes tenemos el privilegio de mantener la vida cuando tantos otros la perdieron?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Son preguntas que exigen desmontar el prejuicio com&uacute;n que asume el supuesto escapismo de la filosof&iacute;a, present&aacute;ndola a menudo como un saber ocioso y enrevesado. Hablando en propiedad, lo cierto es que la filosof&iacute;a naci&oacute; como arte callejero de conversar. Su impulso fundacional, cuenta Plat&oacute;n, consiste en lo que los griegos llamaron <em>thauma</em>: la capacidad de asombro ante el mundo. Y es que originalmente quienes se dedicaban a la filosof&iacute;a no se ve&iacute;an como figuras decorativas ni como iluminados en torres de marfil. No pensaban la filosof&iacute;a como un campo de especulaci&oacute;n abstracta y est&eacute;ril, sino que la <em>viv&iacute;an</em> en conformidad con sus ideas. De hecho, desde S&oacute;crates el quehacer filos&oacute;fico viene atrayendo a gentes cuyo modo de estar en el mundo pasa por actuar, no callar y tomar partido. El empe&ntilde;o de S&oacute;crates en las calles de Atenas por forjar una cultura del di&aacute;logo, la rebeli&oacute;n antipatriarcal de Olympe de Gouges, la lucha de Rosa Luxemburgo por la emancipaci&oacute;n proletaria, el compromiso de Walter Benjamin con la esperanza de los vencidos, el activismo antirracista de Frantz Fanon o la solidaridad militante de Ignacio Ellacur&iacute;a con los empobrecidos, entre otros ejemplos, muestran que la filosof&iacute;a tambi&eacute;n es denuncia y vociferaci&oacute;n, choque y sorpresa, ruptura y transformaci&oacute;n de esas vidas de &ldquo;tranquila desesperaci&oacute;n&rdquo; de las que habla Thoreau.
    </p><p class="article-text">
        En virtud de ello, la filosof&iacute;a cumple una funci&oacute;n inseparable de la pol&iacute;tica, en el sentido que le otorga Alessandra Bocchetti, como &ldquo;amor y cuidado del bien com&uacute;n y arte de estar juntos&rdquo;. Deja de ser percibida como una disciplina de &eacute;lites para convertirse en lo que Boaventura de Sousa llama una <em>pr&aacute;ctica de retaguardia</em>: una actividad guiada por una perplejidad productiva que interviene en el presente desde el acompa&ntilde;amiento cr&iacute;tico y solidario de las luchas por la transformaci&oacute;n emancipadora. Su funci&oacute;n no es mostrar el camino ni guiar hacia la verdad, sino acompa&ntilde;ar, cuestionar, se&ntilde;alar l&iacute;mites, proponer alternativas, potenciar las herramientas te&oacute;ricas de las fuerzas por la apertura democr&aacute;tica, etc. Por eso la lucha filos&oacute;fica se ubica en la retaguardia, porque se da entre&nbsp;los de abajo, reivindica las aspiraciones de los grupos hist&oacute;ricamente oprimidos por la dominaci&oacute;n capitalista, patriarcal y racista, entre otras, y alberga la esperanza de un mundo no inmundo.
    </p><p class="article-text">
        Como pr&aacute;ctica de retaguardia, la filosof&iacute;a encierra ense&ntilde;anzas &uacute;tiles para ponerla al servicio de los procesos de emancipaci&oacute;n. Entre ellas cabe mencionar:
    </p><p class="article-text">
        Primera: la preocupaci&oacute;n y el cuidado&nbsp;por lo invisible, inspirada en una lecci&oacute;n de <em>El Principito</em>: &ldquo;Lo esencial es invisible a los ojos&rdquo;. La filosof&iacute;a, en este sentido, abre un campo de visibilidad para rescatar experiencias sociales situadas fuera o en los m&aacute;rgenes de lo instituido y normalizado, y que han sido negadas, desacreditas o invisibilizadas por las formas de pensamiento dominantes.
    </p><p class="article-text">
        Segunda: la unidad entre reflexi&oacute;n y acci&oacute;n, que busca tender puentes entre teor&iacute;a y pr&aacute;ctica, entre la raz&oacute;n y la emoci&oacute;n, para producir conocimientos a caballo entre la academia y la calle basados en la posibilidad de hablar <em>con</em> (y no tanto <em>sobre</em>) las fuerzas democratizadoras.
    </p><p class="article-text">
        Tercera: la relevancia del amor y la solidaridad para el cambio social. Al contrario de lo que pretende el saber acad&eacute;mico convencional,&nbsp;el amor no existe en oposici&oacute;n al conocimiento y la raz&oacute;n. El amor es m&aacute;s que un sentimiento: es fuerza vital,&nbsp; potencia unificadora y capacidad de entrega, por lo que puede desempe&ntilde;ar un papel fundamental en los procesos de transformaci&oacute;n. Responde a un sentir comprometido que vence el aislamiento para&nbsp;ser con los dem&aacute;s. En palabras de Paulo Freire, consiste en &ldquo;un acto de coraje, nunca de miedo, de compromiso con los hombres. Donde quiera que estos est&eacute;n, oprimidos, el acto de amor est&aacute; en comprometerse con su causa. La causa de la liberaci&oacute;n&rdquo;. Precisamente es este el sentido que le da Camilo Torres cuando habla del &ldquo;amor eficaz&rdquo; como praxis revolucionaria.
    </p><p class="article-text">
        Cuarta: la afirmaci&oacute;n de la vida cotidiana. Los procesos de emancipaci&oacute;n no se decretan con discursos acad&eacute;micos. Desde anta&ntilde;o, los fil&oacute;sofos se maravillaron con las particularidades de este mundo, porque es la vida lo que sustenta el conocimiento y no viceversa. Por eso la filosof&iacute;a que se ejerce desde la retaguardia toma la vida cotidiana como fuente de inspiraci&oacute;n y punto de partida, poniendo el foco en las disputas y contradicciones que la atraviesan&nbsp;para comprenderla de una manera que inspire a actuar.
    </p><p class="article-text">
        El apoyo que la filosof&iacute;a, desde la retaguardia, puede brindar a las resistencias populares fue captado de manera brillante por el 15M, cuando precisamente desde las calles, desde la plaza p&uacute;blica, ped&iacute;a &ldquo;Menos polic&iacute;a, m&aacute;s filosof&iacute;a&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antoni Aguiló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/dia-mundial-filosofia_132_2370493.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Nov 2015 20:48:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando la filosofía asalta las calles]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Filosofía,Emancipación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Colau, Carmena y las nuevas figuras de lo común]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/colau-carmena_132_2443259.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Según el CIS, Ada Colau y Manuela Carmena son las alcaldesas mejor valoradas de nuestro país. He aquí algunos motivos que lo explican.</p></div><p class="article-text">
        Durante sus primeros meses de gesti&oacute;n, los gobiernos municipales de Ada Colau y de Manuela Carmena han tomado medidas urgentes de justicia social para contrarrestar los procesos de mercantilizaci&oacute;n y privatizaci&oacute;n impulsados por el actual capitalismo del despojo, en especial en el &aacute;mbito de la vivienda, donde la crisis ha dejado a miles de personas en las listas de espera de vivienda social y a innumerables familias al arbitrio del mercado de alquiler privado.
    </p><p class="article-text">
        Como parte de su pol&iacute;tica antidesahucios, el Ayuntamiento de Barcelona ha comenzado a multar a entidades bancarias con pisos vac&iacute;os durante m&aacute;s de dos a&ntilde;os, ha optado por comprar viviendas destinadas al alquiler social, ampliar las partidas presupuestarias para ayudas de alquiler y revisar los criterios de acceso a la vivienda p&uacute;blica. Adem&aacute;s, ha aprobado una moratoria de licencias para alojamientos tur&iacute;sticos y ha impulsado un plan para convertir el alquiler tur&iacute;stico&nbsp;ilegal en vivienda social y combatir la burbuja especulativa en el turismo.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el Ayuntamiento de Madrid ha abierto la Oficina de Intermediaci&oacute;n Hipotecaria para frenar la sangr&iacute;a de desahucios, ha garantizado que las viviendas de la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo amenazadas por fondos buitre no se privatizar&aacute;n, como tampoco los inmuebles del patrimonio municipal, ha mostrado su intenci&oacute;n de revisar y paralizar, si es necesario, las grandes operaciones urban&iacute;sticas especulativas con el suelo urbano heredadas de gobiernos anteriores, ha anunciado la puesta en marcha de una auditor&iacute;a ciudadana de la deuda p&uacute;blica y ha decido prescindir de las agencias privadas de calificaci&oacute;n para auditar la deuda municipal en 2016. Tambi&eacute;n se ha comprometido a ceder espacios infrautilizados a colectivos sociales y ha facilitado un piso social a los vecinos afectados por los recientes derrumbes.
    </p><p class="article-text">
        Pero la cuesti&oacute;n de fondo la plante&oacute; el actual concejal de Ahora Madrid Mauricio Valiente, quien en <a href="http://www.telemadrid.es/audio/entrevista-mauricio-valiente-ahoramadrid" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una entrevista</a>&nbsp;radiof&oacute;nica reivindicaba la primac&iacute;a de la funci&oacute;n social de la propiedad privada. Las declaraciones de Valiente reabren el debate sobre un tema que permanece deliberadamente oculto en el debate pol&iacute;tico y los medios de comunicaci&oacute;n hegem&oacute;nicos. No s&oacute;lo suponen una contestaci&oacute;n al modelo neoliberal, que rechaza la funci&oacute;n social de la propiedad y repudia las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que garantizan derechos sociales, sino tambi&eacute;n un desaf&iacute;o al car&aacute;cter absoluto e inviolable de la propiedad privada, que el capitalismo, como dice Karl Polanyi, &ldquo;coloc&oacute; bajo la mayor protecci&oacute;n que se pueda concebir&rdquo;, convirti&eacute;ndola en un derecho natural e inalienable. Y es que somos herederos de una cultura jur&iacute;dica y pol&iacute;tica elitista, generadora de desigualdad y exclusi&oacute;n, que consagr&oacute; el derecho a la propiedad privada antes que el derecho a la salud, la vivienda o la educaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ya Marx hab&iacute;a detectado el problema al se&ntilde;alar que la din&aacute;mica expansiva del capitalismo est&aacute; acompa&ntilde;ada por la tendencia a transformar formas no capitalistas de propiedad (comunitaria, estatal, etc.) en propiedad privada, vista como un instrumento de dominaci&oacute;n al servicio de &eacute;lites. De ah&iacute; que Marx concibiese la propiedad privada como un fetiche capaz de &ldquo;perfeccionar su dominio sobre el ser humano y convertirse, en su forma m&aacute;s general, en un poder hist&oacute;rico-universal&rdquo; utilizado por las clases propietarias para perpetrar &ldquo;el despojo de la inmensa mayor&iacute;a de la sociedad&rdquo;. Despojo de sus tierras y lugares de vida, de su fuerza de trabajo, de su vivienda, etc., en cumplimiento de los imperativos del capitalismo. M&aacute;s po&eacute;ticamente lo expres&oacute; Roque Dalton cuando en un famoso verso escribi&oacute;: &ldquo;Yo acuso a la propiedad privada de privarnos de todo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; por ver es en qu&eacute; medida el&nbsp;escenario postelectoral abre la posibilidad de municipalismos que permitan transformar y democratizar, generando condiciones para que las mayor&iacute;as despose&iacute;das recuperen el poder econ&oacute;mico y pol&iacute;tico en manos de oligarqu&iacute;as. Condiciones que trasciendan lo meramente correctivo (recuperaci&oacute;n de los servicios p&uacute;blicos, limitaci&oacute;n de salario, implantaci&oacute;n de una fiscalidad progresiva, aplicaci&oacute;n efectiva del principio de funci&oacute;n social de la propiedad, que consagra el art&iacute;culo 33 de la Constituci&oacute;n, entre otras) para actuar contra el entramado de dominaciones y&nbsp;opresiones cotidianas ejercidas por el capitalismo: la opresi&oacute;n hipotecaria, la explotaci&oacute;n laboral, la opresi&oacute;n de g&eacute;nero, etc. En otras palabras: municipalismos que articulen la lucha por la democracia radical con los impulsos y resistencias populares anticapitalistas, como la Comuna de Par&iacute;s o, ya en la actualidad, el municipalismo de la CUP.
    </p><p class="article-text">
        Nos encontramos lejos de ese horizonte. Para acercarse a &eacute;l, los nuevos municipalismos tienen que ir en la direcci&oacute;n opuesta a la de un r&eacute;gimen jur&iacute;dico y pol&iacute;tico saturado de capitalismo y neoliberalismo. Necesitamos espacios institucionales que aprendan a combinar la lucha defensiva dentro del orden dominante con la lucha ofensiva contra ese mismo orden, como dice Boaventura de Sousa. En la &eacute;poca de Marx, por ejemplo, el combate de la clase obrera contra la explotaci&oacute;n capitalista inclu&iacute;a tanto luchas defensivas (defensa de los derechos adquiridos, recuperar el valor perdido de los salarios, etc.) como luchas ofensivas (reducci&oacute;n de la jornada laboral, aumento del valor de los salarios, conquista de nuevos derechos). Hoy los pa&iacute;ses del sur de Europa est&aacute;n inmersos en un contexto de luchas predominantemente defensivas: luchas en contra de la agresi&oacute;n sistem&aacute;tica de las clases dominantes a los derechos sociales, del desempleo, del trabajo precarizado, de la criminalizaci&oacute;n de los movimientos sociales, de la deslegitimaci&oacute;n de gobiernos democr&aacute;ticamente&nbsp;constituidos, etc. Ampliar el campo de las luchas ofensivas emancipadoras requiere un nuevo horizonte de pr&aacute;cticas y valores que reconecten las luchas cotidianas de la izquierda institucional y extrainstitucional con las luchas anticapitalistas. Son precisamente las luchas ofensivas las que permiten conquistar posiciones, construir otros significados y buscar caminos de superaci&oacute;n que se desv&iacute;en de la normalidad capitalista.
    </p><p class="article-text">
        El municipalismo es una herramienta que puede servir para avanzar en este sentido. El reto es evitar que la institucionalizaci&oacute;n suponga el vaciamiento de contenido program&aacute;tico en nombre de la gobernabilidad y aprovechar el salto a las instituciones para convertirlas en contrapoderes municipales: espacios de resistencia y creaci&oacute;n comprometidos con una pol&iacute;tica de lo com&uacute;n que reconozca formas de propiedad&nbsp;colectiva y comunitaria gestionadas de manera cooperativa, cree espacios p&uacute;blicos de autoorganizaci&oacute;n ciudadana, cooperativice bienes y servicios municipales, promueva experiencias de democracia directa y explore nuevas figuras de lo com&uacute;n que rompan con el imaginario capitalista. As&iacute;, durante la campa&ntilde;a electoral de mayo, Ada Colau, en sinton&iacute;a con iniciativas econ&oacute;micas desde abajo, lanz&oacute; la propuesta de una moneda social para Barcelona como mecanismo comunitario de intercambio y reciprocidad vecinal. Por otra parte, en su programa electoral Ahora Madrid apuesta por crear un banco de tierras agroecol&oacute;gicas de titularidad p&uacute;blica y un banco de cr&eacute;dito municipal, aunque el equipo de gobierno parece haber renunciado a esta &uacute;ltima medida. Son indicios de luchas que permiten vislumbrar nuevas posibilidades, esperanzas de lo que podr&iacute;a ser un futuro en com&uacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antoni Aguiló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/colau-carmena_132_2443259.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Oct 2015 18:55:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Colau, Carmena y las nuevas figuras de lo común]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hacia una democracia de lo común]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/dia-internacional-democracia_132_2484462.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Con motivo del Día Internacional de la Democracia celebrado hoy, conviene recordar que necesitamos dar pasos desde lo social y lo institucional hacia una política de lo común que radicalice la democracia y las prácticas del anticapitalismo. El nuevo municipalismo ya señala el camino.</p></div><p class="article-text">
        Los procesos de desposesi&oacute;n, mercantilizaci&oacute;n y privatizaci&oacute;n impuestos por el neoliberalismo han provocado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os la aparici&oacute;n de una rica multiplicidad de formas de politizaci&oacute;n desde abajo: las revueltas &aacute;rabes, Occupy, el 15M, las Mareas, Podemos, etc. Una novedad reciente es el desplazamiento de parte de estas formas de politizaci&oacute;n hacia el campo electoral e institucional, donde han surgido candidaturas de unidad popular fuera del bipartidismo PP-PSOE que en las elecciones municipales del pasado 24 de mayo obtuvieron resultados notables en las ciudades de tama&ntilde;o medio y las de mayor poblaci&oacute;n, como Barcelona, Madrid, M&aacute;laga, C&aacute;diz, Zaragoza y A Coru&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        Una pregunta de fondo cuestiona si estas plataformas ciudadanas constituyen formas defensivas e inmediatas de lucha electoral contra los efectos del neoliberalismo globalizado, o bien si son la expresi&oacute;n de un nuevo e intenso ciclo de luchas institucionales que tratan de romper con el modelo de democracia que ha permitido a una peque&ntilde;a &eacute;lite poseer la mayor parte del poder y la riqueza. No es una pregunta sencilla, dado que se trata de procesos recientes y en construcci&oacute;n. Lo cierto es que, al decir de Ernst Bloch, el nuevo municipalismo ofrece pistas de un futuro que todav&iacute;a no existe pero que ilumina las posibilidades del presente para originar ideas y pr&aacute;cticas que indican la direcci&oacute;n de las luchas. Y estas posibilidades apuntan hacia una din&aacute;mica institucional que aspira a alterar condiciones de vida opresivas, pues lo que est&aacute; en discusi&oacute;n es la b&uacute;squeda de formas alternativas de practicar la democracia, de organizarse colectivamente y de aprender a vivir en com&uacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Como afirman Christian Laval y &lrm;Pierre Dardot, lo com&uacute;n se ha convertido en &ldquo;el principio pol&iacute;tico que define un nuevo r&eacute;gimen de luchas a escala mundial&rdquo;, un principio en situaci&oacute;n de marginalidad desde las luchas de anarquistas, comunistas&nbsp;y socialistas de finales del siglo XIX y principios del XX. De hecho, el gran logro de estas candidaturas consiste, de acuerdo con Boaventura de Sousa, en haber repolitizado el principio de comunidad, sobre todo como factor de confluencia y articulaci&oacute;n desde abajo en su intento de forja mayor&iacute;as que les permitan gobernar.
    </p><p class="article-text">
         No es irrelevante que varias de estas candidaturas hayan elegido la r&uacute;brica &ldquo;en com&uacute;n&rdquo; como sello de identidad, ni que concejales de Ahora Madrid tomaran posesi&oacute;n de su cargo mediante la f&oacute;rmula latina <em>Omnia sunt&nbsp;communia</em> (&ldquo;todo es com&uacute;n&rdquo;). Tampoco es balad&iacute; que, en contraste con la indefinici&oacute;n del Gobierno para ampliar las cuotas de aceptaci&oacute;n de refugiados, haya sido la alcaldesa de Barcelona quien proponga la creaci&oacute;n de una red municipal de ciudades-refugio. Y no es menos significativa la reivindicaci&oacute;n que este municipalismo hace de lo popular, lo compartido y lo participativo como horizonte de combate contra la l&oacute;gica del individualismo y la competitividad inoculada en el sentido com&uacute;n durante d&eacute;cadas de hegemon&iacute;a capitalista. 
    </p><p class="article-text">
        Si quieren tener raz&oacute;n de ser, los partidos e iniciativas que apuestan por lo com&uacute;n como elemento de articulaci&oacute;n y direcci&oacute;n de esa <em>otra pol&iacute;tica</em> exigida en las plazas, marchas y asambleas populares tendr&aacute;n que tener audacia y creatividad para ensayar formas pol&iacute;ticas alejadas de las ra&iacute;ces euroc&eacute;ntricas, individualistas y capitalistas compartidas por el liberalismo y la socialdemocracia (o sus restos arqueol&oacute;gicos). Estas formas pasan necesariamente por el reconocimiento de la matriz comunitaria de la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Lo com&uacute;n es pol&iacute;tico y su articulaci&oacute;n tambi&eacute;n. Necesitamos un cambio de mirada en torno a lo com&uacute;n, que ya no puede entenderse s&oacute;lo como un conjunto de bienes o servicios p&uacute;blicos objeto de protecci&oacute;n jur&iacute;dica. Esta visi&oacute;n diluye el valor pol&iacute;tico del concepto y reduce dr&aacute;sticamente el campo de lo com&uacute;n a la identificaci&oacute;n y gesti&oacute;n de distintos recursos comunes (agua, sanidad, educaci&oacute;n, etc.). Lo com&uacute;n es una relaci&oacute;n social, un espacio de construcci&oacute;n de v&iacute;nculos de reciprocidad desde los que impulsar proyectos de resistencia frente a las agresiones de las clases dominantes, un dotar de sentidos alternativos a nuestras maneras de estar en el mundo y aprender a desarrollar formas de vida basadas en la solidaridad, la participaci&oacute;n y la acci&oacute;n colectiva. As&iacute; entendido, lo com&uacute;n obedece a una racionalidad pol&iacute;tica potencialmente insurreccional al servicio de quienes desaf&iacute;an el predominio de la apropiaci&oacute;n privada y la mercantilizaci&oacute;n de todo. 
    </p><p class="article-text">
        Este fue el significado que lo com&uacute;n adquiri&oacute; en el 15M (&ldquo;No somos mercanc&iacute;a en manos de pol&iacute;ticos y banqueros&rdquo;) y que el municipalismo popular no debe olvidar. El 15M contribuy&oacute; a crear nuevas formas y espacios de lo com&uacute;n, imprescindibles para generar experiencias democr&aacute;ticas de alta intensidad: la pr&aacute;ctica de la escucha, de la asamblea, del consenso, pr&aacute;cticas de socializaci&oacute;n colectiva de sujetos que se apoyan, complementan y coordinan, etc. 
    </p><p class="article-text">
        Ante las posibilidades abiertas por el ciclo electoral de 2015, es fundamental apostar por la fuerza emancipadora de lo com&uacute;n recuperada por el 15M; una fuerza que no debe ser arrollada por ninguna maquinaria de guerra electoral ni reducida estrat&eacute;gicamente a una marca electoral explotable. Porque lo com&uacute;n, adem&aacute;s de como espacio de confluencia, puede funcionar como eje de ruptura y transformaci&oacute;n de un sistema basado en la subordinaci&oacute;n de todo a los imperativos del capital. 
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos con urgencia dar pasos desde lo social y lo institucional hacia una pol&iacute;tica de lo com&uacute;n que radicalice la democracia y revitalice las energ&iacute;as anticapitalistas de nuestro tiempo. Pasos hacia una democracia contrahegem&oacute;nica que desmercantilice; que reconozca derechos colectivos, como el de autodeterminaci&oacute;n, el derecho a la paz y a un medio ambiente saludable; que garantice nuevos derechos fundamentales (renta b&aacute;sica de emancipaci&oacute;n, derecho al agua, al tiempo libre, a la informaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n, entre otros); que combine diferentes modelos y pr&aacute;cticas democr&aacute;ticas (representativas, participativas y radicales) para producir cambios reales en las formas de hacer pol&iacute;tica; que convierta lo instituido en instituyente; que potencie la autogesti&oacute;n, la gesti&oacute;n horizontal y la creaci&oacute;n de redes de reciprocidad; y que desborde los marcos establecidos por los dogmas y &ldquo;leyes&rdquo; del mercado (deuda, austeridad, acumulaci&oacute;n, crecimiento&hellip;) para transformar el individualismo, el aislamiento y la competencia de la l&oacute;gica civilizatoria del capitalismo en colectividad, solidaridad y dignidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antoni Aguiló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/dia-internacional-democracia_132_2484462.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Sep 2015 19:21:02 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Hacia una democracia de lo común]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Democracia,Anticapitalistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el poder popular sale del armario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/poder-popular-lgtb_132_2597684.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La madrugada del 28 de junio de 1969, los clientes del bar Stonewall, se rebelaron contra la violencia policial.</p><p class="subtitle">Al grito de “¡poder gay!”, la chispa de la liberación LGTB se encendió en forma de un movimiento espontaneo de resistencia que duró varios días.</p><p class="subtitle">A día de hoy, la lucha por la emancipación sexual cuenta con varios desafíos: despenalizar, despatologizar, descolonizar, despatriarcalizar y desmercantilizar.</p></div><p class="article-text">
        Dice Boaventura de Sousa que la realidad est&aacute; dividida por l&iacute;neas metaf&oacute;ricas que crean abismos de silencio y nulidad. Son espacios de negaci&oacute;n de la humanidad, de marginaci&oacute;n, de exclusi&oacute;n radical y de desigualdad donde las poblaciones son producidas como inferiores e invisibles. All&iacute; han sido abocados los sujetos y grupos oprimidos por las distintas formas de dominio econ&oacute;mico, social y cultural, como las mujeres atenazadas por la violencia patriarcal o los migrantes que naufragan y mueren en el Mediterr&aacute;neo. Cruzar los abismos&nbsp;implica hacerse visible y cuestionar la condici&oacute;n de explotado, dominado y estigmatizado.
    </p><p class="article-text">
        Hace hoy 46 a&ntilde;os uno de esos abismos empez&oacute; a cerrarse gracias a la revuelta de Stonewall, que marc&oacute; el surgimiento del movimiento internacional de lucha por el reconocimiento de los derechos civiles de gays, lesbianas, bisexuales y trans (LGTB) en Norteam&eacute;rica y Europa occidental. Como otros bares semejantes, el Stonewall era un gueto nocturno donde la comunidad LGTB pod&iacute;a hacer visible su condici&oacute;n y protegerse del desprecio y el acoso social. Pero la madrugada del 28 de&nbsp;junio&nbsp;de 1969, en lugar de huir de la redada que se produc&iacute;a, los&nbsp;clientes se rebelaron contra la represi&oacute;n y la violencia policial. La chispa de la liberaci&oacute;n LGTB se encendi&oacute; en forma de un movimiento espontaneo de resistencia que se enfrent&oacute; a la polic&iacute;a en las calles durante varios d&iacute;as. Durante la confrontaci&oacute;n se corearon lemas como &ldquo;&iexcl;poder gay!&rdquo;, inaudito en un pa&iacute;s donde cuarenta y nueve Estados ten&iacute;an leyes antihomosexuales.
    </p><p class="article-text">
        Desde Stonewall, los movimientos LGTB han aumentado en todo el mundo para abrir caminos de transformaci&oacute;n hacia sociedades igualitarias. La visibilizaci&oacute;n de las relaciones de poder en la sexualidad, las luchas por el reconocimiento del matrimonio igualitario, por formas alternativas de familia, por la inclusi&oacute;n de la identidad de g&eacute;nero entre los motivos de discriminaci&oacute;n, por el libre uso del cuerpo, por la construcci&oacute;n de masculinidades antipatriarcales, el activismo contra el SIDA y la denuncia p&uacute;blica de las actitudes heterosexistas de la izquierda son algunos de los frentes de batalla abiertos desde Stonewall hasta la reciente aprobaci&oacute;n del matrimonio igualitario en Irlanda y el reconocimiento de su constitucionalidad en M&eacute;xico y Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, m&aacute;s all&aacute; de las conquistas sociales y jur&iacute;dicas logradas, e independientemente de los contextos de lucha, los movimientos LGTB enfrentan una serie de retos comunes que marcan el camino para fortalecer su combatividad subversiva en pro de la emancipaci&oacute;n social y sexual en el siglo XXI. Son los siguientes:
    </p><p class="article-text">
        <em>Despenalizar</em>. Una mirada superficial puede inducir a creer que los prejuicios y la discriminaci&oacute;n contra la poblaci&oacute;n LGTB est&aacute;n desapareciendo. Nuestras sociedades siguen siendo estructuralmente opresivas. Valga un dato duro: la diversidad sexual y afectiva sigue siendo una realidad perseguida en 78 pa&iacute;ses, de los cuales 5 la castigan con la pena de muerte, seg&uacute;n ILGA (2014). Adem&aacute;s, igualdad jur&iacute;dica no quiere decir igual social: el acoso escolar a los adolescentes LGTB (sobre todo trans) es una triste realidad y en muchos lugares una pareja del mismo sexo no puede caminar de la mano sin temor a ser agredida.
    </p><p class="article-text">
        Despenalizar&nbsp;no quiere decir tan s&oacute;lo dejar de perseguir y castigar por ley las relaciones entre personas LGTB, sino reconocer legislativamente sus derechos civiles (matrimonio, parentalidad, libertad de expresi&oacute;n y asociaci&oacute;n, etc.), que son la condici&oacute;n b&aacute;sica de la ciudadan&iacute;a &iacute;ntima, sexual y reproductiva. Para ello es imprescindible contar con el apoyo de las tradiciones de la izquierda partidaria, sindical y gubernamental, algunas de las cuales todav&iacute;a no han tomado en serio las exigencias radicales en torno a la sexualidad&nbsp;&ldquo;porque la&nbsp;Revoluci&oacute;n&nbsp;no entra&nbsp;por el culo&rdquo; (&ldquo;Fresa y chocolate&rdquo;). Al contrario, como observ&oacute; Engels en 1883: &ldquo;Es un hecho curioso que con cada movimiento revolucionario importante la cuesti&oacute;n del amor libre pasa a un primer plano; para parte de los individuos constituye un progreso revolucionario el que se repudien las viejas&nbsp;cadenas tradicionales que ya no tienen sentido&rdquo;. Y es que nada hay m&aacute;s parecido a un hom&oacute;fobo de derechas que uno de izquierdas.
    </p><p class="article-text">
        <em>Despatologizar</em>, que significa dejar de tratar nuestros comportamientos sexuales e identidades de g&eacute;nero como si fuesen un problema m&eacute;dico; combatir las dicotom&iacute;as reduccionistas hombre-mujer y hetero-homosexual como discurso hegem&oacute;nico y reconocer la pluralidad de g&eacute;neros y sexualidades existentes: poliamorosos, <em>queers</em>, parejas abiertas, <em>genderfuckers</em>, BDSM, <em>crossdressers</em>, <em>gender bender</em>, etc.; y es tambi&eacute;n cuestionar la legitimidad cient&iacute;fica de los pretendidos diagn&oacute;sticos y terapias que se arrogan el derecho de establecer lo que se considera &ldquo;normal&rdquo; y lo que se considera &ldquo;patol&oacute;gico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Descolonizar</em>. Hay una tendencia a contar la historia de la emancipaci&oacute;n LGTB por medio de un discursolineal y euroc&eacute;ntrico: desde la invisibilidad y la represi&oacute;n premoderna hasta la visibilidad y la libertad sexual moderna, como si antes (y m&aacute;s all&aacute;) de Stonewall, Chueca o San Francisco no hubiera lucha y disidencia sexual. Esta tendencia ha contribuido a hipervisibilizar al var&oacute;n homosexual blanco, adulto joven y de clase media en detrimento de las luchas de homosexuales, bisexuales y trans de color, de las personas LGTB con ingresos reducidos, de aquellas que viven con discapacidades, presentan una edad avanzada o pertenecen a minor&iacute;as &eacute;tnicas. De hecho, la rebeli&oacute;n de Stonewall fue propiciada por travestis y en ella tuvieron un papel destacado lesbianas y gays latinos.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, descolonizar significa ampliar la mirada a las identidades sexuales y de g&eacute;nero invisibilizadas que se construyen dentro y fuera de Occidente: las culturales sexuales del mundo &aacute;rabe, los imaginarios sexuales japoneses, las sexualidades ind&iacute;genas, etc., donde quienes mantienen relaciones sexuales con personas del mismo sexo no se identifican necesariamente como homosexuales, transg&eacute;neros o bisexuales. Y es tambi&eacute;n proclamar la solidaridad entre las sexualidades no normativas del Sur global, sobre todo con las de &Aacute;frica y Oriente Medio, donde las comunidades LGBT son menos visibles y los movimientos sociales m&aacute;s duramente reprimidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Despatriarcalizar</em>, o lo que es lo mismo, combatir el machismo, la lesbofobia y la transfobia a&uacute;n habituales entre varones homosexuales y bisexuales; plantar cara a la discriminaci&oacute;n sist&eacute;mica que sufren las mujeres, as&iacute; como a la intersecci&oacute;n entre diferentes formas de discriminaci&oacute;n (por edad, g&eacute;nero, etnia, condici&oacute;n sexual, clase social, etc.); mostrar que los labios de las mujeres no est&aacute;n sellados y que sus identidades rebeldes se organizan en todo el mundo contra el patriarcado heterosexista y capitalista que las explota, reprime y mata.
    </p><p class="article-text">
        <em>Desmercantilizar. </em>No hay que olvidar que el movimiento de liberaci&oacute;n LGTB de 1970 surgi&oacute; en una sociedad capitalista de clases. El proceso de reestructuraci&oacute;n capitalista ha abierto espacio para la comunidad LGTB.&nbsp;La profunda penetraci&oacute;n del mercado en su vida cotidiana ha creado formas de existencia, relaci&oacute;n y visibilidad mercantilizadas en torno a bares, negocios de moda, publicaciones comerciales, etc. al tiempo que promueve una despolitizaci&oacute;n significativa de sus espacios y acciones, a menudo regidos por l&oacute;gicas lucrativas y carnavalescas sin contenido. Desmercantilizar, en este contexto, es denunciar la falsa emancipaci&oacute;n capitalista basada en el consumo; dejar de vivir la sexualidad a trav&eacute;s de la compra de bienes y servicios; desmontar los estereotipos comerciales reservados por el capitalismo al p&uacute;blico LGTB, que inculcan que si eres gorda, flaca, fea, discapacitado, enfermo, gitano o pobre mejor te encierras en el armario; crear espacios de contrapoder no dominados por relaciones de mercado; y es, en definitiva, fortalecer la militancia y el compromiso de transformaci&oacute;n anticapitalista.
    </p><p class="article-text">
        Stonewall no s&oacute;lo representa la lucha contra el abuso y la represi&oacute;n, sino tambi&eacute;n la emergencia de un poder desde abajo y rupturista con el r&eacute;gimen heteropatriarcal que a&uacute;n cierra las puertas de la democracia a las personas LGTB y convierte la diversidad sexual en una patolog&iacute;a, un delito y un pecado. Es la memoria rebelde de que, cuando el poder popular sale del armario, los muros que separan lo humano de lo inhumano est&aacute;n en condiciones de ser derribados.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antoni Aguiló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/poder-popular-lgtb_132_2597684.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2015 16:14:57 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando el poder popular sale del armario]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[LGTBI]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ibn Jaldún y la democracia desde abajo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/ibn-jaldun_132_4317214.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Las ideas políticas de Ibn Jaldún, autor árabe de cuya muerte se cumplen hoy 609 años, siguen siendo una herramienta útil para desarrollar perspectivas democráticas desde la demodiversidad.</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; Bin Laden resulta un nombre tan popular en Occidente mientras que los nombres y contribuciones de figuras clave del mundo &aacute;rabe apenas se conocen? &iquest;Por qu&eacute; los c&aacute;nones acad&eacute;micos dominantes marginan a soci&oacute;logos como Ibn Jald&uacute;n, de cuya muerte se cumplen estos d&iacute;as 609 a&ntilde;os? &iquest;Qu&eacute; aportaciones hizo para construir democracias desde abajo m&aacute;s all&aacute; de los lenguajes y narrativas pol&iacute;ticas occidentales?
    </p><p class="article-text">
        A pesar de la distancia hist&oacute;rica y cultural que nos separa de Ibn Jald&uacute;n, su pensamiento merece ser rescatado y resignificado no s&oacute;lo con el prop&oacute;sito de reivindicar su papel en el desarrollo inicial de la sociolog&iacute;a, la historia y la econom&iacute;a en Occidente, sino para ponerlo al servicio de las luchas por la diversidad democr&aacute;tica en un contexto que a escala global busca homogenizar la democracia y neutralizar aquellas manifestaciones que no se ajustan a las pautas de la ortodoxia pol&iacute;tica liberal. En este sentido, las ideas pol&iacute;ticas de Ibn Jald&uacute;n siguen siendo una herramienta &uacute;til para desarrollar perspectivas inscritas en el horizonte de una nueva cultura pol&iacute;tica regida por la &ldquo;demodiversidad&rdquo; de la que hablan Boaventura de Sousa y Leonardo Avritzer: &ldquo;La coexistencia pac&iacute;fica o conflictiva de diferentes modelos y pr&aacute;cticas democr&aacute;ticas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Reconstruir la democracia sobre la base de la demodiversidad es uno de los desaf&iacute;os &eacute;ticos y pol&iacute;ticos m&aacute;s urgentes de nuestro tiempo.</strong> En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas el proyecto neoliberal ha generado un empobrecimiento democr&aacute;tico basado en la hegemon&iacute;a mundial de una democracia representativa, partidocr&aacute;tica, mercantilizada, patriarcal, vac&iacute;a de contenido y saturada de corrupci&oacute;n, fuera de la cual, sostienen los interesados en su predominio, s&oacute;lo existen el populismo y la ingobernabilidad. Frente a este reduccionismo, el fortalecimiento social e institucional de la demodiversidad implicar&iacute;a varios aspectos, como la ampliaci&oacute;n de nuestros marcos conceptuales para incorporar diversas formas, lenguajes y experiencias democr&aacute;ticas; la apertura de nuestros criterios normativos a m&uacute;ltiples historias y tradiciones de pensamiento democr&aacute;tico marginadas e invisibilizadas; y el combate del eurocentrismo en las ciencias sociales y humanas, expresado en discursos de inspiraci&oacute;n colonial (a lo Fukuyama&nbsp;sobre el &ldquo;fin de la historia&rdquo;), que presentan la democracia como un valor exclusivo y originario de Occidente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La asabiya documentada en el siglo XIV por Ibn Jald&uacute;n en referencia a las poblaciones n&oacute;madas del Magreb constituye el n&uacute;cleo de su aportaci&oacute;n al enriquecimiento de las formas democr&aacute;ticas de participaci&oacute;n.</strong><em>asabiya </em> Aunque no hay una traducci&oacute;n literal del t&eacute;rmino, designa una pr&aacute;ctica sociocultural de acci&oacute;n colectiva y solidaria ejercida en el marco de las actividades de la comunidad, por lo que desde categor&iacute;as occidentales se ha interpretado como solidaridad grupal, esp&iacute;ritu comunitario o cohesi&oacute;n social basada en la consanguinidad y el parentesco. Para Ibn Jald&uacute;n, los pueblos organizados pol&iacute;tica y socialmente en estructuras tribales demuestran una pr&aacute;ctica m&aacute;s aut&eacute;ntica de la <em>asabiya</em>. Aunque no todos la desarrollan necesariamente ni en la misma medida, como escribe en la <em>Muqaddimah</em>: &ldquo;Mediante la solidaridad de la <em>asabiya</em> los seres humanos logran su defensa, su resistencia, sus reclamaciones y la realizaci&oacute;n de todo proyecto en pro del cual encauza sus fuerzas unidas&rdquo;. As&iacute;, en cuanto fuerza que impulsa y cohesiona una comunidad pol&iacute;tica, se establece un lazo indisoluble entre la <em>asabiya</em> y el ejercicio de la soberan&iacute;a popular como construcci&oacute;n colectiva de la autonom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la <em>asabiya</em> alude al esp&iacute;ritu comunitario que Ibn Jald&uacute;n detecta en las poblaciones beduinas del desierto, se trata de un concepto que va m&aacute;s all&aacute; de sus expresiones locales de pol&iacute;tica y comunidad capaz de contribuir a la ampliaci&oacute;n del reducido canon democr&aacute;tico construido en torno a la democracia liberal. El propio Ibn Jald&uacute;n advierte que no constituye una particularidad exclusivamente n&oacute;mada ni basada s&oacute;lo en lazos de sangre: &ldquo;El verdadero parentesco consiste en esa uni&oacute;n de los corazones que hace valer los lazos sangu&iacute;neos y que impele a los seres humanos a la solidaridad; exceptuada esa virtud, el parentesco no es m&aacute;s que una cosa prescindible, un valor imaginario, carente de realidad&rdquo;. As&iacute;, una causa social o pol&iacute;tica que suma esfuerzos y voluntades puede activar el potencial de la <em>asabiya </em>para construir alianzas independientemente de las relaciones de consanguinidad.
    </p><p class="article-text">
        Resignificar la democracia desde la <em>asabiya</em> permite visibilizar racionalidades y pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas que apuestan por el significado radical de la democracia como poder popular. En efecto, la teor&iacute;a democr&aacute;tica convencional concibe la democracia como un sistema de gobierno en el que la mayor&iacute;a elige a sus representantes, a quienes les es conferido el poder del pueblo. Aunque reconoce que el pueblo es el titular leg&iacute;timo del poder, este se ejerce de manera elitista y sin el pueblo. Por el contrario, la <em>asabiya</em> permite profundizar y extender el ejercicio de la democracia radical dando cuenta de la infinita diversidad y complejidad de formas de articulaci&oacute;n del poder comunitario: el movimiento de mujeres kurdas en Kobane, organizadas solidariamente contra el Estado Isl&aacute;mico; los vecinos de Gamonal, unidos frente al despilfarro del gobierno municipal; las luchas de las travestis de S&atilde;o Paulo (y, en general, de Brasil), que se juegan la vida todos los d&iacute;as combatiendo en la calle el machismo y la violencia policial; el movimiento de v&iacute;ctimas y afectados por la tragedia qu&iacute;mica de Bhopal, que ha logrado unir a musulmanes e hind&uacute;es en lucha contra el Estado indio y la transnacional Dow Chemical, etc.
    </p><p class="article-text">
        Ahora que la crisis ha hecho m&aacute;s evidente la farsa que supone la democracia liberal tal y como la conocemos, es tiempo de forjar nuevas <em>asabiyas</em> entre los pueblos y movimientos del Sur global como base de luchas por otras democracias: populares, radicales, comunitarias, directas, etc. <strong>El resquebrajamiento de la hegemon&iacute;a neoliberal y de su partidocracia de mercado posibilita un proceso de apertura democr&aacute;tica con potencial emancipador.</strong> No se trata s&oacute;lo de cuestionar una versi&oacute;n restringida de la democracia que desacredita las alternativas existentes, sino de aprovechar la ventana de oportunidad abierta para crear nuevas posibilidades pol&iacute;ticas, nuevas gram&aacute;ticas que incorporen formas de complementariedad entre las distintas formas de democracia, formas in&eacute;ditas de relaci&oacute;n entre el Estado y la sociedad, experiencias plurales de autogobierno, innovaciones institucionales y h&aacute;bitos participativos m&aacute;s all&aacute; (y a pesar) de la cultura pol&iacute;tica liberal.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, desde los par&aacute;metros euroc&eacute;ntricos de la democracia liberal, la <em>asabiya</em> aparece como un fen&oacute;meno local o un residuo folkl&oacute;rico que nada aporta al discurso de la representaci&oacute;n, la legitimidad de las urnas y el ejercicio del poder en pocas manos. Sin embargo, para los movimientos y tradiciones de pensamiento pol&iacute;tico que buscan ejercer el poder desde abajo, es una contribuci&oacute;n esencial a los procesos de democratizaci&oacute;n basados en la radicalidad y la diversidad de la democracia. Hoy m&aacute;s que nunca ha llegado el momento de abrir el candado institucional de la democracia liberal. Por eso, lo m&aacute;s revolucionario que se puede hacer es sumarse al siempre largo y dif&iacute;cil proceso de lucha por otra democracia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antoni Aguiló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/ibn-jaldun_132_4317214.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Mar 2015 20:00:21 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ibn Jaldún y la democracia desde abajo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La democracia en la época de las pasiones tristes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/pasiones-alegres-democracia_132_4364478.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Con motivo de la efeméride del fallecimiento de Baruch Spinoza, el autor reflexiona acerca de sus ideas políticas, de gran valor para los anhelos presentes de cambio.</p></div><p class="article-text">
        Acaban de cumplirse 338 a&ntilde;os de la muerte de Spinoza. La plena vigencia de su legado nos brinda la oportunidad de relacionarlo con los debates actuales sobre legitimidad democr&aacute;tica y democracia radical. A la luz de las vicisitudes por las que atraviesa la democracia (desafecci&oacute;n creciente respecto a la pol&iacute;tica convencional, ascenso de formas de participaci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de los partidos, elevada abstenci&oacute;n electoral, etc.), &iquest;cu&aacute;les son las principales contribuciones de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica de Spinoza para construir poder popular desde abajo e impulsar las energ&iacute;as democr&aacute;ticas de la sociedad?
    </p><p class="article-text">
        El pensamiento de Spinoza abre horizontes para una acci&oacute;n pol&iacute;tica radical basada en el esfuerzo vital (<em>conatus</em>) de cada persona por dar lo mejor de s&iacute;. Para el fil&oacute;sofo, el ser humano se realiza a trav&eacute;s de la acci&oacute;n. Tiende por naturaleza hacia lo que incrementa su capacidad de actuar y rechaza lo que la limita o reprime: &ldquo;El alma se esfuerza, cuanto puede, en imaginar las cosas que aumentan o favorecen la potencia de obrar del cuerpo&rdquo;, escribe en su <em>&Eacute;tica</em>. Lo interesante radica en que el poder de actuar mantiene un estrecho v&iacute;nculo con el <em>conatus</em> presente en cada individuo: &ldquo;Obrar, vivir o conservar&nbsp;su ser (estas tres cosas significan lo&nbsp;mismo)&rdquo;. En otras palabras: nuestra vitalidad se relaciona de manera din&aacute;mica con las experiencias que propician o entorpecen el desarrollo de nuestras potencialidades. Cuando la vida nos sonr&iacute;e, nuestra fuerza vital se despliega, mientras que cuando nos golpea, se repliega y estanca. En virtud de ello, la &eacute;tica de Spinoza ense&ntilde;a a cultivar las pasiones alegres, aquellas que fortalecen nuestro poder de acci&oacute;n y estimulan nuestras ganas de vivir, en oposici&oacute;n a las pasiones tristes, que las coartan y debilitan, puesto que &ldquo;la alegr&iacute;a es la transici&oacute;n del ser humano de una menor a una mayor perfecci&oacute;n&rdquo;, mientras que &ldquo;la tristeza es el paso de una mayor perfecci&oacute;n&nbsp;a otra menor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al incidir en la acci&oacute;n individual y colectiva, las pasiones revelan su extraordinaria fecundidad pol&iacute;tica. Y aqu&iacute; la aportaci&oacute;n de Spinoza al enriquecimiento de la democracia es clave. La democracia surge de la lucha contra lo que disminuye o perjudica la fuerza del <em>conatus</em>, impidi&eacute;ndole devenir un sujeto de cambio. Los dictados y abusos del poder provocan una indignaci&oacute;n (el &ldquo;odio hacia aquel que ha hecho mal a otro&rdquo;) que act&uacute;a como materia prima para generar un poder popular multitudinario y transformador. Por eso Spinoza nos invita a pensar la democracia no desde las coordenadas de la pol&iacute;tica representativa liberal dominante, sino como una pr&aacute;ctica radicalmente participativa mediante la cual las personas involucradas aumentan su capacidad de autogobierno. En este sentido, la democracia es un ejercicio de autonom&iacute;a, resistencia e incluso desobediencia a los poderes que oprimen, explotan y nos roban la alegr&iacute;a (o la dignidad, por usar un t&eacute;rmino m&aacute;s en boga); es el desarrollo de nuestra potencia de actuar a trav&eacute;s de las pasiones alegres o, dicho de otro modo, es la lucha contra la tristeza, la docilidad y el miedo infundidos en la sociedad. Por ello no resulta extra&ntilde;o que en el <em>Tratado teol&oacute;gico-pol&iacute;tico</em> Spinoza caracterice la democracia como el &ldquo;m&aacute;s natural de los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Frente a la frialdad de la racionalidad pol&iacute;tica instrumental privilegiada por la modernidad occidental, Spinoza incorpora tambi&eacute;n una sabidur&iacute;a de los afectos que permite avanzar en los caminos de la nueva pol&iacute;tica para una democracia real surgida en calles y plazas. Se trata de una sabidur&iacute;a para la transformaci&oacute;n y la liberaci&oacute;n que abre espacios para la afectividad y persigue otras formas de construcci&oacute;n de la pol&iacute;tica que no se diluyen en categor&iacute;as abstractas (clase obrera, pueblo, etc.), sino que invitan a comprometerse con la vida y a acompa&ntilde;ar las luchas emancipadoras. Es una sabidur&iacute;a terrena que no separa el sentir del pensar y cuyas pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas implican un alto grado de reciprocidad y empat&iacute;a. Por eso la filosof&iacute;a de Spinoza constituye un faro de referencia para los activismos que buscan reconectar la pol&iacute;tica con las preocupaciones emocionales y pr&aacute;cticas de la vida diaria: los que rodean congresos y bancos, los que paran desahucios, los que agitan las manos para buscar consensos, los que tienen el coraje de decir no y de gritar &ldquo;&iexcl;ya basta!&rdquo;, los que forman mareas humanas de camisetas verdes y blancas, los que cantan en medio (y a pesar) de las cargas policiales, los que se desnudan y exhiben la fragilidad del cuerpo golpeado por los recortes, los que ante las porras amenazantes se sientan pac&iacute;ficamente en el suelo para pedir la paz y la palabra, los que disparan versos en obsequio al p&uacute;blico, etc. Quien ha presenciado un desahucio comprende mejor que nadie el poder movilizador y emocional de un abrazo, lo que pone de relieve el potencial pol&iacute;tico de los afectos, pr&aacute;cticamente suprimidos del espacio p&uacute;blico por un orden que les niega su politicidad. Una democracia radical que no valore la capacidad de tocar y sentir no merece que se luche por ella.
    </p><p class="article-text">
        Pero vivimos en una &eacute;poca marcada por el predominio de las pasiones tristes, que las &eacute;lites dominantes utilizan para fomentar la pasividad y generar impotencia frente a lo que se presenta como inevitable. Por ello, mientras el poder popular sea un brote ef&iacute;mero, y no ese <em>conatus</em> que nos impulsa a seguir luchando de manera constante y apasionada all&iacute; donde sea necesario, la democracia radical estar&aacute; m&aacute;s cerca de la tristeza que de la alegr&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antoni Aguiló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/pasiones-alegres-democracia_132_4364478.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Feb 2015 19:47:38 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La democracia en la época de las pasiones tristes]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuestra dignidad no cabe en estos derechos humanos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/declaracion-universal-derechos_132_4471617.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Con motivo de la efeméride de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el autor realiza un examen crítico del valor y las implicaciones de los derechos, entendidos como “narrativas de resistencia y dinámicas de lucha por la dignidad”.</p><p class="subtitle">Como reto ante el futuro, propone “descolonizar”, “despatriarcalizar” y “desmercantilizar” el discurso y la praxis de los derechos humanos.</p></div><p class="article-text">
        Los derechos humanos se han convertido en una de las principales banderas de lucha por la dignidad humana. Homenajeados y ultrajados, no hay ning&uacute;n Estado que no est&eacute; ret&oacute;ricamente comprometido con su defensa, pero tampoco lo hay que en la pr&aacute;ctica no los vulnere de una manera u otra. Y es que, a lo largo de los 66 a&ntilde;os de su proclamaci&oacute;n, los derechos humanos han sido invocados para justificar guerras, torturas, exterminios y otras formas de opresi&oacute;n y violencia. En este sentido, han servido (y sirven) de coartada para legitimar situaciones de indignidad (Guant&aacute;namo, Gaza, Lampedusa, etc.) y garantizar los privilegios de las &eacute;lites gobernantes.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ser&aacute; que, en palabras de Boutros-Ghali, los derechos humanos constituyen el &ldquo;lenguaje com&uacute;n de la humanidad&rdquo;? &iquest;O tal vez son un imperativo &eacute;tico que se ha revelado incapaz de transformar las condiciones de vida que hacen del humano, seg&uacute;n Marx, &ldquo;un ser humillado, esclavizado, abandonado y despreciado&rdquo;? En varios trabajos, el profesor Joaqu&iacute;n Herrera Flores ha se&ntilde;alado que tras el aparente consenso del que gozan los derechos humanos, se esconde un campo de luchas y antagonismos &ldquo;que abren y consolidan espacios de lucha por la dignidad humana&rdquo;. Lejos de ser valores abstractos o normas jur&iacute;dicas sin contenido, los derechos humanos describen narrativas de resistencia y din&aacute;micas de lucha por la dignidad humana: son procesos hist&oacute;ricos heterog&eacute;neos que congregan experiencias de empoderamiento social y pol&iacute;tico para transformar realidades opresoras. Desde esta &oacute;ptica, se inscriben en un marco de posibilidades que impugnan el poder constituido y afirman el poder constituyente desde abajo.
    </p><p class="article-text">
        Para que formen parte de un proyecto colectivo comprometido con los oprimidos, es necesario aprender los derechos humanos con el Sur, como propone Boaventura Santos. &ldquo;Aprender con el Sur&rdquo; implica reconocer el sufrimiento de las v&iacute;ctimas causado por el colonialismo, el capitalismo y el sexismo, entre otros sistemas de dominaci&oacute;n, as&iacute; como promover el intercambio rec&iacute;proco de saberes y experiencias. Esta exigencia apunta a la construcci&oacute;n de una nueva cultura de los derechos humanos pautada por cuatro ejes fundamentales:
    </p><p class="article-text">
        <em>Descolonizar</em> los derechos humanos, que significa denunciarlos como expresi&oacute;n de un determinado particularismo occidental que al amparo de principios universalistas sit&uacute;a al var&oacute;n blanco, propietario, cristiano y heterosexual por encima del resto de la humanidad. Es tomar partido por las luchas emancipadoras de mujeres, negros, personas con discapacidad, minor&iacute;as &eacute;tnicas y sexuales, indignados en calles y plazas, entre otros grupos subalternos cuyas demandas m&aacute;s elementales a menudo son descalificadas, cuando no autom&aacute;ticamente despreciadas. Es aprender que no existe una sola forma de dignidad humana, sino que se expresa de diferentes maneras seg&uacute;n las distintas culturas, religiones y tradiciones de lucha. &ldquo;S&iacute; se puede&rdquo;, &ldquo;&iexcl;Ya basta!&rdquo;, &ldquo;<em>Kefaya</em>!&rdquo;, &ldquo;No nos representan&rdquo;, <em>karama</em>, &ldquo;Aturem el Parlament&rdquo;,&nbsp;<em>satyagraha,</em> &ldquo;Otro mundo es posible&rdquo;, <em>ubuntu</em>, poder popular, <em>Sumak kawsay</em>, son consignas y palabras de orden que indican la direcci&oacute;n de algunas de las actuales luchas por la dignidad. Y es tambi&eacute;n aprender a traducir nuestra rebeld&iacute;a de manera reconocible para otros lugares del mundo con los que articularse.
    </p><p class="article-text">
        <em>Despatriarcalizar</em> los derechos humanos, que quiere decir construir racionalidades no sexistas que luchen contra la violaci&oacute;n sistem&aacute;tica de los derechos de las mujeres en la esfera p&uacute;blica y privada, que contribuyan a erradicar las opresiones y discriminaciones machistas y aprendan de la pluralidad de luchas feministas contra los patriarcados: de las mujeres que han estado en la vanguardia contra la mercantilizaci&oacute;n y la injusticia (centrales en la Primavera &aacute;rabe o en las campa&ntilde;as contra la privatizaci&oacute;n del agua en Sud&aacute;frica), de las que desaf&iacute;an la explotaci&oacute;n y cosificaci&oacute;n del cuerpo humillado y vendido, de las que combaten las vejaciones y exclusiones del mercado en forma de recortes y empleos precarizados, de las que se organizan para tejer solidaridad, reclamar dignidad y construir colectividad.
    </p><p class="article-text">
        <em>Desmercantilizar</em> los derechos humanos, que es dejar de considerarlos un lujo subordinado a los dictados del capitalismo, a la austeridad letal, a la extorsi&oacute;n de los mercados, bancos y agencias de calificaci&oacute;n, a la deuda ileg&iacute;tima, la especulaci&oacute;n con alimentos, a las pol&iacute;ticas de saqueo propias del neoliberalismo, a los imperialismos &ldquo;humanitarios&rdquo; que derraman &ldquo;sangre por petr&oacute;leo&rdquo;, etc. Es impedir que la econom&iacute;a capitalista extienda su &aacute;mbito hasta arrasar los derechos conquistados. Significa, entre otras cosas, redefinir el papel del Estado para convertirlo en un veh&iacute;culo que regule el poder casi sobrenatural de los mercados, promueva las econom&iacute;as solidarias, atienda a las reivindicaciones de las clases trabajadoras y populares en t&eacute;rminos de justicia y no de caridad, impulse una generaci&oacute;n de nuevos derechos (agua, biodiversidad, renta b&aacute;sica de emancipaci&oacute;n, etc.) y cree nuevos reg&iacute;menes de propiedad com&uacute;n orientados a desmercantilizar la salud, la educaci&oacute;n, la vivienda y, en definitiva, a fomentar valores y relaciones no mercantiles.
    </p><p class="article-text">
        <em>Democratizar </em>los derechos humanos, que es crear v&iacute;nculos de (re)conocimiento entre las&nbsp;diferentes luchas y lenguajes de la dignidad para construir unos derechos humanos interculturales y solidarios. La dignidad no es un atributo dado. Se disputa en las relaciones sociales, pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas. As&iacute;, &ldquo;cuando la debilidad de los oprimidos se hace fuerza&rdquo; (Paulo Freire), estos se hallan en mejores condiciones de afirmar su dignidad rebelde y debilitar el poder de los opresores. Por ello, mientras el amor prohibido de David Kato, los sue&ntilde;os de paz de Rana Zaqout y el coraje de las tantas Malalas de este mundo no quepan en estos derechos humanos, nuestra dignidad plural tampoco puede caber en ellos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antoni Aguiló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/declaracion-universal-derechos_132_4471617.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Dec 2014 20:27:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Nuestra dignidad no cabe en estos derechos humanos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Derechos Humanos]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
