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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Albelda]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose_albelda/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Albelda]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Y tras la DANA, qué hacemos desde la universidad pública?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/territori-critic/dana-universidad-publica_132_11928292.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0f5195f5-4310-4ecd-8f01-f330f2af7ed9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Y tras la DANA, qué hacemos desde la universidad pública?"></p><p class="article-text">
        Hay acontecimientos importantes, desde luego las grandes cat&aacute;strofes, que se convierten en hitos de referencia a partir de los cuales no tiene mucho sentido seguir igual con seg&uacute;n qu&eacute; din&aacute;micas. Sin embargo, por su solidez, algunas inercias previas tienden a recuperarse sin desplazar un mil&iacute;metro sus objetivos, aunque estos sean tan equivocados como lo eran ya antes del acontecimiento. La DANA de Val&egrave;ncia del 29 de octubre de 2024 es una de esos sucesos que nos deben hacer reflexionar sobre nuestras prioridades, sobre qu&eacute; tiene sentido continuar igual y qu&eacute; debemos cambiar, tanto en lo sist&eacute;mico como en nuestra cosmovisi&oacute;n general. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; nos dice este desastre que esta vez nos ha tocado a nosotros? lo primero -algo que ya experimentamos con la COVID- que ya no hay seguridades ni riesgos f&aacute;cilmente previsibles, que hemos entrado en un tiempo de inestabilidad y crisis plurales donde no vamos a vivir una continuidad tranquila en nuestras sociedades del Norte global que antes consider&aacute;bamos a resguardo; y que hemos de prepararnos para ser flexibles y adaptables, para acrecentar eso que ahora se nombra tanto, la resiliencia, que b&aacute;sicamente es afrontar grandes problemas sin naufragar con ellos, cuando precisamente lo m&aacute;s l&oacute;gico ser&iacute;a hundirnos. Todo es susceptible de ser repensado en tiempos extremos: en el escenario de agravamiento del calentamiento global y del declive de los combustibles f&oacute;siles, nuestros retos van a ser otros muy distintos, tambi&eacute;n para la universidad p&uacute;blica valenciana.
    </p><p class="article-text">
        La universidad siempre ha dialogado con su &eacute;poca y su contexto, y ciertamente es fruto de ellos, pero tambi&eacute;n debe iluminarlos y guiarlos, a los tiempos y a sus gentes. Por lo tanto la universidad, al menos la p&uacute;blica, no solo se debe a la sociedad como un lugar de investigaci&oacute;n y formaci&oacute;n de acuerdo con los principales intereses empresariales y de mercado, sino que sus objetivos deben ser mucho m&aacute;s amplios y algo m&aacute;s independientes: debe tambi&eacute;n ser cr&iacute;tica con las din&aacute;micas socioecon&oacute;micas que nos abocan a crisis sist&eacute;micas, debe investigar y proponer nuevos modelos y paradigmas buscando formar a sus estudiantes para sociedades m&aacute;s &eacute;ticas, sostenibles e inclusivas; no solo para las m&aacute;s competitivas, productivas y tecnol&oacute;gicas. Por &uacute;ltimo, tambi&eacute;n debe ser &aacute;gil en los momentos de cambio estructural que el propio devenir de la historia nos ofrece, a veces de forma muy abrupta, como ahora.
    </p><p class="article-text">
        A su vez, desde el compromiso de mejora social que se le presupone, debe preparar a sus alumnos no solo para el presente inmediato, sino para el futuro m&aacute;s que probable. Ese reto prospectivo es de la mayor importancia. Cuando asistimos, como hoy en d&iacute;a, a una clara quiebra de continuidad en el modelo de desarrollo alumbrado tras el final de la Segunda Guerra Mundial, por el caos clim&aacute;tico, por el acabamiento de los combustibles f&oacute;siles de mejor tasa de retorno energ&eacute;tico (TRE), cuando ya es bien patente la extralimitaci&oacute;n de la huella ecol&oacute;gica planetaria y el deterioro extremo de los ecosistemas naturales y de la biodiversidad; ante todo ello, la universidad p&uacute;blica no puede permanecer callada, como si la cosa no fuera con ella. No puede dejarse simplemente llevar por la inercia dominante y continuista del modelo desarrollista que nos est&aacute; destruyendo, sino ser creativa y rupturista, como lo fue la universidad p&uacute;blica del Estado Espa&ntilde;ol en los inicios de la democracia, afrontando los retos hist&oacute;ricos inaplazables desde la voluntad de cr&iacute;tica y renovaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que ahora necesitamos no son retoques de sostenibilidad en la l&iacute;nea de los moderados ODS institucionales, sino profundizar en el cuestionamiento del actual modelo de desarrollo y de progresiva complejidad tecnocient&iacute;fica. Ante un horizonte de obligado decrecimiento de unas sociedades que ya chocan con sus l&iacute;mites biosf&eacute;ricos, y en un contexto de cambio clim&aacute;tico muy poco propicio a la antigua estabilidad que permiti&oacute; d&eacute;cadas de bonanza econ&oacute;mica, hemos de seguir los avisos de la comunidad cient&iacute;fica. Gran parte de ella nos previene frente a la b&uacute;squeda de un crecimiento que potencia el cambio clim&aacute;tico y nos aboca a un modelo de multicolapsos peri&oacute;dicos y alternantes, de los que ya forma parte la DANA excepcional que motiva este art&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Si bien lo m&aacute;s inmediato que se espera de nuestras universidades tras la cat&aacute;strofe es que ofrezcan asesoramiento en un amplio abanico de &aacute;reas como la planificaci&oacute;n hidrol&oacute;gica, la ordenaci&oacute;n del territorio, la restauraci&oacute;n de viviendas e infraestructuras; as&iacute; como apoyo en procesos de descontaminaci&oacute;n y regeneraci&oacute;n de la Albufera, hemos de afrontar tambi&eacute;n el compromiso m&aacute;s ambicioso de prepararnos para una &eacute;poca de incertidumbre en la que no va a darse el mismo espectro de necesidades profesionales ni de objetivos sociales en los que ahora nos afanamos. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; apoyar la inercia expansiva de la econom&iacute;a y la creciente complejidad tecnocient&iacute;fica en un mundo que ir&aacute; simplific&aacute;ndose? Mantener la continuidad en la ense&ntilde;anza ante un futuro discontinuo no es precisamente una buena idea. &iquest;Qu&eacute; papel debe asumir la universidad p&uacute;blica ante un horizonte de decrecimiento y aumento de cat&aacute;strofes de origen antr&oacute;pico disfrazadas de causas naturales, que ser&aacute;n cada vez m&aacute;s recurrentes? &iquest;Debemos responder puntualmente a cada crisis desde la perspectiva solucionista parcheadora y proseguir luego con una ense&ntilde;anza e investigaci&oacute;n que potencian el problema de fondo? &iquest;Qu&eacute; sentido tiene investigar en bater&iacute;as para coches el&eacute;ctricos privados si eso no va a solucionar el problema estructural de la movilidad y el transporte? La realidad del inicio de la fase decrecentista de nuestra civilizaci&oacute;n tecnoindustrial nos obliga a un proceso de transformaci&oacute;n dr&aacute;stica en la educaci&oacute;n p&uacute;blica, como parte de una necesaria transformaci&oacute;n de la cosmovisi&oacute;n general.
    </p><p class="article-text">
        Tras la experiencia de la DANA, el antropocentrismo necesariamente se debilita, no somos realmente poderosos en el contexto de las nuevas din&aacute;micas de la biosfera que hemos alterado. Ante ello, dedicarnos como prioridad o referencia de progreso a proyectos como el fracasado <em>Hyperloop</em> o los viajes comerciales a Marte y dem&aacute;s sue&ntilde;os ut&oacute;pico-capitalistas se asemeja a un sue&ntilde;o fuera de &eacute;poca, ajeno a la realidad m&aacute;s inmediata y perentoria. Por el contrario, la universidad deber&iacute;a abordar nuevos modelos de ense&ntilde;anza basados en unas Humanidades ecol&oacute;gicas aplicadas a todos los campos, tambi&eacute;n a los tecnol&oacute;gicos y cient&iacute;ficos, un gran giro conceptual encaminado a reequilibrar las din&aacute;micas culturales con sus ecosistemas de referencia y los l&iacute;mites biosf&eacute;ricos; y prepararnos para tiempos dif&iacute;ciles, donde las t&eacute;cnicas de la adaptabilidad y la prevenci&oacute;n, as&iacute; como las tecnolog&iacute;as sencillas, la producci&oacute;n agroecol&oacute;gica relocalizada y las estrategias encaminadas a un decrecimiento ordenado deber&aacute;n ser la absoluta prioridad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Albelda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/territori-critic/dana-universidad-publica_132_11928292.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Dec 2024 12:41:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Y tras la DANA, qué hacemos desde la universidad pública?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La naturalización del capitalismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/crisis-civilizacion-capitalismo-ecosocialismo_132_4322969.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Nos dejamos llevar por la inercia dominante: el capitalismo de la acumulación y el crecimiento continuo.</p><p class="subtitle">El fin del capitalismo tendrá que ver con nuevos modelos de identificación y empatía emocional que despierten nuestra también natural pulsión por lo común y la vida buena.</p></div><p class="article-text">
        El peor enemigo no es el que sabe esconderse, sino el que ni siquiera es considerado como tal, aunque continuamente nos lamentemos del da&ntilde;o que nos causa. Esta idea se ajusta muy bien a lo que ocurre con la cosmovisi&oacute;n capitalista. Las crisis econ&oacute;micas se consideran como un mal pasajero, una alteraci&oacute;n excepcional que debe corregirse para volver al &ldquo;orden natural&rdquo; de las cosas. La idea de correcci&oacute;n no tiene aqu&iacute; intenci&oacute;n de cambio sist&eacute;mico, sino de fiel retorno al mismo modelo neoliberal causante del problema, pretendiendo &ndash;inocentemente- mejorar sus estructuras de control. En realidad, si lo compar&aacute;ramos con el desarrollo de un organismo, ser&iacute;a una &ldquo;crisis de crecimiento&rdquo;, como las conocidas calenturas de los ni&ntilde;os cuando dan un estir&oacute;n, pero nadie cuestiona que el ni&ntilde;o tiene que crecer, pues est&aacute; en su naturaleza. Por eso no se da un verdadero an&aacute;lisis profundo de las causas de la crisis multifactorial que nos est&aacute;n destruyendo -ecol&oacute;gica, econ&oacute;mica, social- , porque la&nbsp; l&oacute;gica capitalista que est&aacute; en su origen ni se cuestiona. As&iacute;, la disyuntiva que planteaba Ernest Garc&iacute;a par la humanidad contempor&aacute;nea en su imprescindible <em>El trampol&iacute;n f&aacute;ustico</em>, o bien una existencia larga y modesta o una corta y lujosa, en realidad no es un dilema que se escenifique como debate sociopol&iacute;tico. Simplemente nos dejamos llevar por la inercia dominante &ndash;el capitalismo de la acumulaci&oacute;n y el crecimiento continuo-, y vamos lamentando sus consecuencias. En gran medida la cosmovisi&oacute;n capitalista ya forma parte de nosotros &ndash;de las sociedades occidentales que rigen el orden del mundo-, y de casi todas las dem&aacute;s que est&aacute;n en su esfera de influencia medi&aacute;tica y econ&oacute;mica. No hay un <em>afuera</em> real desde donde observar con la suficiente perspectiva.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos decir que el capitalismo se ha ido &ldquo;naturalizando&rdquo;, consider&aacute;ndose como la evoluci&oacute;n normal y deseable de las sociedades tecnocient&iacute;ficas; como si &ldquo;el desarrollo&rdquo; fuera necesariamente un camino unidireccional, y como si tuviera alg&uacute;n sentido y futuro un modelo que agranda la pobreza de muchos y la riqueza de unos pocos, siendo finalmente incompatible con los l&iacute;mites de la biosfera. Desde un m&aacute;s que cuestionable darwinismo cultural, se entiende que de entre todas las posibilidades de evoluci&oacute;n de los modelos socioecon&oacute;micos, el capitalismo es el que &ldquo;naturalmente&rdquo; se ha impuesto. A partir de ah&iacute;, el fracaso a la hora de combatirlo est&aacute; asegurado, porque ya no se concibe como una alternativa m&aacute;s, sino como la previsible evoluci&oacute;n de las culturas desarrolladas. Y sin embargo esto es absolutamente falaz. No hay un determinismo estricto en los procesos socioculturales, ni es natural desde el punto de vista del funcionamiento de la <em>physis</em>: todo en la naturaleza tiende a lo circular, no a la linealidad del crecimiento continuo. Tambi&eacute;n nosotros como organismos somos circulares, no crecemos indefinidamente, ni vivimos eternamente. El capitalismo no es el <em>t&eacute;los</em> inevitable de las culturas humanas, pero s&iacute; es cierto que ha sido el modelo que m&aacute;s ha triunfado de entre los posibles, y debemos ahondar en los motivos de su &eacute;xito.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; se ha impuesto tanto a nivel cultural, econ&oacute;mico y pol&iacute;tico? Porque deseamos sus imposibles promesas de riqueza f&aacute;cil y bienestar creciente. Hay algo muy profundo en la pulsi&oacute;n de la acumulaci&oacute;n &ndash;de poder, de dinero, de posesiones f&iacute;sicas- que tiene que ver precisamente con la conciencia de nuestra fragilidad y de la muerte, a la vez que con el culto impuesto a la individualidad y al ego. Como sabemos, la acumulaci&oacute;n de dinero y la tendencia a acaparar poder y bienes materiales no se corresponde con nuestras necesidades reales, ni es directamente proporcional a la felicidad humana. Tiene que ver simb&oacute;licamente con nuestras carencias m&aacute;s profundas, esas que precisamente el dinero acumulado nunca resuelve.
    </p><p class="article-text">
        El capitalismo omn&iacute;modo y omn&iacute;voro no le interesa a casi nadie, y sin embargo nos esforzamos denodadamente en sostenerlo, desde la m&aacute;s estricta sumisi&oacute;n a sus espejismos de felicidad. He ah&iacute; el dif&iacute;cil reto que Jorge Riechmann plantea con gran claridad en su reciente libro <em>Moderar Extremist&aacute;n</em>. Pero si no hemos llegado a comprender a trav&eacute;s de la raz&oacute;n que hay que rechazarlo, es evidente que el camino para combatirlo adecuadamente no va a ser principalmente racional. Ni tampoco ser&aacute; a trav&eacute;s de los discursos anticapitalistas cl&aacute;sicos &ndash;que no han perdido, sin embargo, ni un &aacute;pice de su vigencia te&oacute;rica. Tendr&aacute; que ver con nuevos modelos de identificaci&oacute;n y empat&iacute;a emocional que despierten nuestra tambi&eacute;n natural pulsi&oacute;n por lo com&uacute;n y la vida buena. Pero insisto, mal que me pese: de ser, no ser&aacute; sin l&iacute;deres algo mesi&aacute;nicos, y no ser&aacute; sin una nueva est&eacute;tica que aglutine y consiga crear la suficiente identificaci&oacute;n colectiva. El esp&iacute;ritu del 15M y su ulterior expresi&oacute;n pol&iacute;tica con Podemos &ndash;y la recuperaci&oacute;n de la figura del l&iacute;der carism&aacute;tico, que faltaba en el 15M- ser&iacute;an buenos ejemplos.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, para intentar que la bestia retroceda algo, lo primero es darnos cuenta de que muchos formamos parte de ella, que no es algo ajeno a nosotros. Con nuestras libretas de ahorro en los bancos de toda la vida, con el endeudamiento particular, con los aparentemente inofensivos planes de pensiones -por si el neoliberalismo nos quita la jubilaci&oacute;n-, con la compra de lo m&aacute;s barato en la competitiva cadena de supermercados... Muchos formamos parte inconscientemente del tejido de aquello que decimos combatir. Un contradicci&oacute;n dif&iacute;cil de resolver, pero posible de minimizar.
    </p><p class="article-text">
        Cerraremos el art&iacute;culo con una cita recogida en un gran libro que nos invita a la lucidez del conocimiento y del comedimiento: <em>Cambiar las gafas para mirar el Mundo</em>, editado por Ecologistas en Acci&oacute;n: (&hellip;) &ldquo;Una tr&iacute;ada medieval irlandesa reza as&iacute;: <em>las tres cosas delgadas que mejor sirven de soporte al mundo: el delgado hilo de leche que cae en el balde desde la ubre de la vaca; la delgada espiga del trigo verde sobre la tierra; el ovillo delgado que maneja una mujer habilidosa&rdquo;</em>. Hermosa tr&iacute;ada, profundamente anticapitalista, cargada de raz&oacute;n y de esperanza.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Albelda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/crisis-civilizacion-capitalismo-ecosocialismo_132_4322969.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2015 19:39:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La naturalización del capitalismo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diez argumentos en contra del desánimo frente a la crisis socioecológica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/crisis-ecologica-crisis-de-civilizacion-autoengano-pesimismo_132_4410251.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Todo los informes científicos apuntan a que la actual crisis socioecológica nos conduce hacia un colapso civilizatorio de dramáticas consecuencias. Procede tomar un gran número de medidas para minimizar el daño y preparar la adaptación a los nuevos escenarios. Pero antes que nada hay que evitar las lógicas tentaciones del autoengaño y el desánimo.</p></div><p class="article-text">
        Todo los informes cient&iacute;ficos apuntan a que la actual crisis socioecol&oacute;gica nos conduce hacia un colapso civilizatorio de dram&aacute;ticas consecuencias a lo largo del actual siglo XXI, propiciado tanto por el cambio clim&aacute;tico como por el acabamiento de las fuentes de energ&iacute;a f&oacute;sil de buena calidad en las que se basa nuestro modelo de econom&iacute;a capitalista. Frente a este escenario, procede tomar un gran n&uacute;mero de medidas para minimizar el da&ntilde;o y preparar la adaptaci&oacute;n a los nuevos escenarios. Pero antes que nada hay que evitar las l&oacute;gicas tentaciones del autoenga&ntilde;o y el des&aacute;nimo, ante el panorama que inevitablemente se nos presenta.
    </p><p class="article-text">
        Argumentaremos al respecto a modo de dec&aacute;logo:
    </p><p class="article-text">
        1.- Frente al rechazo institucional y medi&aacute;tico de las dimensiones reales de la crisis socioecol&oacute;gica global &ndash;a trav&eacute;s de su ocultaci&oacute;n, minimizaci&oacute;n y soluciones ficticias- y el solapado deseo de autoenga&ntilde;o -la falsa tranquilidad del que quiere ignorar-, se impone el irrenunciable y agridulce compromiso del conocimiento y la lucidez. Conocer conlleva la obligaci&oacute;n de posicionarnos al respecto y tomar conciencia de los cambios necesarios en nuestra forma de actuar.
    </p><p class="article-text">
        2.- El comprensible des&aacute;nimo inicial ante los dif&iacute;ciles retos que nos plantea la crisis socioecol&oacute;gica tiene mucho m&aacute;s que ver con la ruptura de la agradable ilusi&oacute;n de un mundo perfectible -que siempre lo deseamos estable y eterno- y la p&eacute;rdida de esa seguridad ficticia, que con algo que podamos justificar racionalmente, como seguidamente veremos.
    </p><p class="article-text">
        3.- Si aceptamos como ejemplo comparativo el devenir de la vida humana, reconoceremos que existe un modelo c&iacute;clico -nacimiento, plenitud, decadencia y muerte- compartido con todo lo que habita la biosfera. Sin embargo, el saber que habr&aacute; que morir (desde la perspectiva de individuos) o que toda civilizaci&oacute;n acaba extingui&eacute;ndose (desde la perspectiva de seres culturales) no implica un duelo continuo por el acabamiento, sino m&aacute;s bien una clara conciencia de finitud que nos invita al disfrute y al cuidado de cada etapa, en la medida en que la sabemos pasajera.
    </p><p class="article-text">
        4.- Por otra parte, recordemos que en relaci&oacute;n al inevitable deterioro nuestro y el de los pr&oacute;ximos intentamos mantener la salud, prevenirnos de lo que nos da&ntilde;a, retrasar las p&eacute;rdidas. No es tan interesante lograr no morir nunca a cualquier precio -la cuestionable utop&iacute;a de la inmortalidad- como mejorar las condiciones culturales y ambientales que faciliten la <em>vida buena</em> durante el tiempo que buenamente vivamos.
    </p><p class="article-text">
        5.- As&iacute; en la conservaci&oacute;n de la biosfera como en el cuidado de nuestra vida, el saber que vendr&aacute; un cambio clim&aacute;tico de dif&iacute;cil adaptaci&oacute;n cultural no debe invitar al des&aacute;nimo, sino a luchar por mantener lo m&aacute;s posible la estabilidad del clima y el equilibrio de los ecosistemas (el equivalente a alargar la salud humana, benefici&aacute;ndonos de ella). Hacemos, pues, una llamada al cuidado y al disfrute, no a la dejadez ni a la infundada anticipaci&oacute;n de ning&uacute;n duelo.
    </p><p class="article-text">
        6.- Y a ampliar el &aacute;mbito de lo que es digno de ser cuidado: el instinto de conservaci&oacute;n debe traspasar la frontera del &ldquo;yo&rdquo; hacia un &ldquo;nosotros&rdquo; inclusivo, que abarque el conjunto de la biosfera que habitamos y de la que dependemos. Pues no somos seres completos sin un entorno digno de ser vivido; adem&aacute;s de seres sociales somos tambi&eacute;n seres ambientales, necesitados de un contexto ecosist&eacute;mico de referencia que no se acaba en el l&iacute;mite de nuestra casa o de nuestra ciudad.
    </p><p class="article-text">
        7.- Insistimos en ello: la idea de &ldquo;&eacute;xito total&rdquo; o &ldquo;soluci&oacute;n definitiva&rdquo;, que todos los problemas ecol&oacute;gicos se resuelvan o que el desarrollo sostenible nos &ldquo;salve&rdquo; de la crisis ecol&oacute;gica, son simples proyecciones de un deseo simplista e irreal, cercano a la falacia de la inmortalidad, de la juventud perpetua o de la eternidad de los imperios, que ya son historia. Hemos de ser conscientes de que en el universo todo tiene su principio y su final, desde un tallo de hierba hasta una estrella. Tambi&eacute;n nosotros, nuestras culturas, nuestros ecosistemas, nos extinguiremos. Ninguna especie, ninguna civilizaci&oacute;n puede perdurar eternamente. El movimiento y la evoluci&oacute;n en la <em>physis</em> se dan siempre, pero la vida es tr&aacute;nsito e intermitencia. Esta idea, si la trabajamos bien, es liberadora.
    </p><p class="article-text">
        8.- Lo verdaderamente importante es la defensa de lo que existe en el tiempo presente y la anticipaci&oacute;n ante lo probable en el futuro pr&oacute;ximo. La lucha a favor de lo que estimamos y de los que estimamos (nosotros, los cercanos y la biosfera que nos acoge) tiene un sentido indiscutible ante cada reto contempor&aacute;neo, y no debe afectarle -en cuanto a motivaci&oacute;n, s&iacute; en cuanto a contextualizaci&oacute;n- el momento hist&oacute;rico concreto en el ciclo de nuestra civilizaci&oacute;n. Si esta idea se comprende no deja lugar para la pasividad o el des&aacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        9.- &ldquo;As&iacute; lo peque&ntilde;o como lo grande&rdquo;, dice una m&aacute;xima que podemos aplicar a la comparaci&oacute;n entre el microcosmos y el macrocosmos, pero tambi&eacute;n a nuestra huella ecol&oacute;gica personal en relaci&oacute;n a la que tenemos como especie en el conjunto del planeta. Nuestro compromiso est&aacute; con lo que nos resulta asequible como individuos, y en la contribuci&oacute;n colectiva a los grandes retos generales.
    </p><p class="article-text">
        10.- Cada cambio de pensamiento que nos lleve a asumir lo anteriormente expuesto supone un avance en nuestro proceso de maduraci&oacute;n humana. Cada cambio de actitud hacia una mayor sustentabilidad de nuestra vida implica un paso m&aacute;s hacia una mayor coherencia entre lo que sabemos, lo que deseamos y lo que hacemos. Record&eacute;moslo siempre: el que conoce ya no puede actuar como quien ignora.
    </p><p class="article-text">
        Por lo dem&aacute;s, en cualquier lucha las estrategias cambian en funci&oacute;n de la posibilidad de ganar o de perder. Ante la probabilidad de no vencer &ndash;de no conseguir la estabilidad clim&aacute;tica y la sustentabilidad deseada-, no siempre es la rendici&oacute;n lo m&aacute;s aconsejable. Sobre todo cuando no tenemos ning&uacute;n sitio a donde retirarnos. La dignidad como humanos nos debe llevar a seguir luchando, con la firmeza y el comedimiento de fuerzas que caracterizan al que sabe que lo importante es mantener las posiciones lo m&aacute;s posible. Y mientras tanto cuidarlas, disfrutar de ellas, y organizarnos para el despu&eacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Albelda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/crisis-ecologica-crisis-de-civilizacion-autoengano-pesimismo_132_4410251.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Jan 2015 20:20:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Diez argumentos en contra del desánimo frente a la crisis socioecológica]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cómo comunicar lo urgente que no deseamos?   ]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/crisis-ecologica-crisis-sistemica-ecosocialismo_132_4454874.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Por qué lo más necesario no enraíza apenas, y mucho menos lo suficiente como para ser eficaz? Hemos de enfrentarnos a tres poderosos factores que distorsionan el modo en que afrontamos nuestra realidad: la ocultación, el engaño y el autoengaño.</p><p class="subtitle">Transitar hacia una cultura de la suficiencia y el respeto propios del paradigma ecológico es como aprender de adultos un idioma nuevo, con todo el esfuerzo que ello requiere.</p></div><p class="article-text">
        Desde el ecologismo llevamos casi medio siglo insistiendo en que la protecci&oacute;n del medioambiente debe ser uno de los objetivos prioritarios de nuestra &eacute;poca, y que no hay posibilidad de vida buena generalizable sin reequilibrio ecosist&eacute;mico. Desde los a&ntilde;os setenta del siglo pasado el ecologismo y el ambientalismo han ido creciendo, y se han buscado sinergias con otros movimientos sociales y pol&iacute;ticos que se sit&uacute;an del lado de la justicia &eacute;tico-social en un mundo globalizado. Pero en este lapso de tiempo, ha crecido mucho m&aacute;s la devastaci&oacute;n de los ecosistemas naturales y el expolio de sus recursos, as&iacute; como las desigualdades entre los pueblos y en el reparto de la riqueza. Hasta el punto en que actualmente nos enfrentamos a la urgencia de unos cambios que, de no producirse, nos llevar&aacute;n directamente a un colapso civilizatorio.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo debemos reconocer que hasta ahora no hemos conseguido modificar el rumbo. Ante ello nos preguntamos: &iquest;por qu&eacute; lo m&aacute;s necesario no enra&iacute;za apenas, y mucho menos lo suficiente como para ser eficaz? Vamos a intentar apuntar brevemente las principales causas de esta dificultad. En primer lugar nos enfrentamos a tres poderosos factores que distorsionan el modo en que afrontamos&nbsp;nuestra realidad: la ocultaci&oacute;n, el enga&ntilde;o y el autoenga&ntilde;o. Las instituciones, las empresas y los medios de comunicaci&oacute;n dominantes se esfuerzan enormemente por ocultar las verdaderas causas del deterioro ecol&oacute;gico y social, a la vez que nos enga&ntilde;an con la esperanza ficticia de la recuperaci&oacute;n del crecimiento econ&oacute;mico (que finalmente siempre se volver&aacute; contra nosotros por no atender a los l&iacute;mites de la biosfera).
    </p><p class="article-text">
        Pero de estos tres factores quiz&aacute;s el m&aacute;s poderoso sea el del autoenga&ntilde;o. Se trata de una tendencia muy s&oacute;lida de autodefensa psicol&oacute;gica: cuando lo que nos dicen no deseamos que ocurra y las posibles soluciones exigen adem&aacute;s esfuerzo e importantes cambios en nuestra forma de vida, entonces simplemente lo negamos, buscando todo tipo de argumentos falaces que no tenemos espacio aqu&iacute; para describir. En cualquier caso, percibir en tiempo real lo m&aacute;s destacado de las &eacute;pocas de cambio y transici&oacute;n resulta dif&iacute;cil: Zygmunt Bauman apunta, por ejemplo, que hasta 1875 no se encuentran registros bibliogr&aacute;ficos de que lo que se estaba viviendo desde hac&iacute;a d&eacute;cadas era una aut&eacute;ntica revoluci&oacute;n industrial. No se percataban de la verdadera dimensi&oacute;n de los cambios que estaban viviendo. Igual que nosotros. En segundo lugar, al reducir la crisis multifactorial a su aspecto estrictamente econ&oacute;mico, se ha borrado del mapa el inter&eacute;s p&uacute;blico por todos los dem&aacute;s factores y sus causas profundas. Este evidente error se sustenta parcialmente en lo que podr&iacute;amos calificar como una &ldquo;naturalizaci&oacute;n del capitalismo&rdquo;, representado medi&aacute;ticamente &ndash;y por tanto en nuestro imaginario colectivo dominante- como el &uacute;nico camino posible. El hecho de que el capitalismo tambi&eacute;n haya fracasado en la pr&aacute;ctica, y que sea sist&eacute;micamente destructor de la naturaleza y de las culturas no hegem&oacute;nicas, no es algo que se comunique desde los medios masivos, y por lo tanto no se convierte en una percepci&oacute;n suficientemente extendida.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, la queja generalizada de la ciudadan&iacute;a no necesariamente conlleva una percepci&oacute;n correcta del origen y la complejidad de los problemas que nos afectan. Jorge Riechmann, en la presentaci&oacute;n del <em>Diploma de especializaci&oacute;n en</em> <em>sostenibilidad, &eacute;tica ecol&oacute;gica y educaci&oacute;n ambiental</em> (ecoeducacion.webs.upv.es) apuntaba una dura realidad expresada en porcentajes: hay un 1% que gobierna el mundo y se enriquece a costa de su destrucci&oacute;n, y quiz&aacute;s menos de otro 1% que intenta convencer al 98% restante de creyentes, sumisos y explotados que hay que dejar de obedecer al primer 1%, para poder cambiar el rumbo hacia la equidad y el bien com&uacute;n. Sin embargo, para que esta transformaci&oacute;n pueda darse debemos en primer lugar vencer la inercia dominante. Una inercia que es consecuencia de una cosmovisi&oacute;n desarrollista, competitiva y consumista que nos ha sido profundamente inculcada desde la escuela hasta el entorno medi&aacute;tico que nos educa cotidianamente. Esta cosmovisi&oacute;n es como nuestra lengua materna, a trav&eacute;s de la cual nos relacionamos con el mundo. Buceamos en ella como v&iacute;ctimas o como verdugos, y las m&aacute;s de las veces como ambas cosas a la vez. Por ello, transitar hacia una cultura de la suficiencia y el respeto propios del paradigma ecol&oacute;gico es como aprender de adultos un idioma nuevo, con todo el esfuerzo que ello requiere.
    </p><p class="article-text">
        Con todo, siempre se puede aprender una nueva lengua, especialmente cuando de ese aprendizaje depende nuestra supervivencia, aunque el 99% no se d&eacute; mucho por aludido. Para conseguirlo desde la actual urgencia, hace falta vincular la necesidad inexcusable del reequilibrio ecol&oacute;gico a cualquier proyecto de emancipaci&oacute;n social, impulsando decididamente una izquierda ecosocialista que es la &uacute;nica viable hoy en d&iacute;a, atendiendo a los l&iacute;mites biof&iacute;sicos del planeta. Pero esto s&oacute;lo ser&aacute; posible si conseguimos el suficiente liderazgo y difusi&oacute;n medi&aacute;tica como para que el pensamiento ecol&oacute;gico adquiera peso en el imaginario colectivo. Ambos procesos deben caminar de la mano: la representaci&oacute;n cultural de la urgencia ecol&oacute;gica, y su progresivo enraizamiento a trav&eacute;s de una pol&iacute;tica ecosocialista. En ello, en su correcta sinergia, nos jugamos mucho, en realidad nos lo jugamos todo. Y no es, ciertamente, tarea f&aacute;cil. Hemos de contar con el poder del autoenga&ntilde;o, nuestra tendencia a seguir expres&aacute;ndonos en &ldquo;la lengua materna&rdquo;, y la resistencia a cambios radicales cuando no vemos un peligro inmediato y tangible que se represente espectacularmente ante nosotros. Dicho de otra manera: la gente reacciona solidariamente ante una cat&aacute;strofe dram&aacute;tica como el hundimiento del <em>Prestige</em> y se ofrece a limpiar chapapote, pero sin embargo no minimiza su consumo de gasolina. Ah&iacute; est&aacute; la diferencia entre la respuesta puntual &ndash;necesaria- y el cambio sist&eacute;mico, imprescindible. Pero en ello estamos, desde la convicci&oacute;n de que es el &uacute;nico camino posible. Y con esta certeza no se trabaja en funci&oacute;n de la probabilidad de &eacute;xito, sino desde la obligaci&oacute;n moral, que no se arredra ante ninguna estad&iacute;stica.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Albelda]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Dec 2014 19:43:28 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Cómo comunicar lo urgente que no deseamos?   ]]></media:title>
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