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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto Senante]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alberto_senante/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto Senante]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La represión silenciosa de la justicia en Colombia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/represion-silenciosa-justicia-colombia_1_2282494.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/56b258e6-c34c-4522-9f34-152f5d3ffa0c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La represión silenciosa de la justicia en Colombia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sin balas. Sin sangre. Sin ejército ni paramilitares. Fuera del foco mediático y de los llamamientos internacionales para la paz. Organizaciones sociales denuncian que el sistema judicial en Colombia sirve para acallar voces críticas con el poder.</p><p class="subtitle">El activista político y defensor de los derechos humanos, David Ravelo, lleva 5 años en la cárcel condenado por asesinato.</p><p class="subtitle">Decenas de ONG consideran que su único delito fue denunciar los acuerdos del anterior presidente del Gobierno, Álvaro Uribe, y las fuerzas paramilitares.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Te dijeron que la meta era matarme antes del 20 de julio? Bueno mi hijo, tranquilo que yo tengo cuidado&rdquo;. David Ravelo no puede decir que no sab&iacute;a a lo que se expon&iacute;a por mantener su compromiso politico en la zona de Barrancabermeja, localidad petrolera del interior de Colombia. La llamada de su hijo, recibida en junio de 2010, coronaba una d&eacute;cada de amenazas de muerte. Unos avisos cre&iacute;bles, ya que durante ese tiempo otras figuras &ldquo;inc&oacute;modas&rdquo; eran asesinadas o &ldquo;desaparecidas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde 2007, momento en el que David Ravelo denunci&oacute; en los medios una reuni&oacute;n entre el entonces presidente Uribe con varios mandos paramilitares, las presiones hab&iacute;an aumentada cada vez m&aacute;s su intensidad. A partir del a&ntilde;o 2000, las fuerzas paramilitares tomaron posiciones en la regi&oacute;n. Comenzaron los asesinatos, las desapariciones y amenazas a l&iacute;deres pol&iacute;ticos, sindicales y sociales.
    </p><p class="article-text">
        Ravelo, entonces secretario general de la organizaci&oacute;n de derechos humanos (CREDHOS), y destacado miembro del Movimiento Nacional de V&iacute;ctimas de Cr&iacute;menes de Estado (MOVICE), fue uno de ellos. Su familia tuvo que desplazarse, pero &eacute;l decidi&oacute; quedarse en la ciudad. Tras 30 a&ntilde;os en organizaciones sociales y partidos de izquierda, Ravelo conoc&iacute;a bien a lo que se expon&iacute;a.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h3 class="article-text">&ldquo;Una piedra en el zapato del poder&rdquo;</h3><p class="article-text">
        En <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Xsl8yEKIKvI" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un v&iacute;deo</a> de Brigadas Internacional de Paz explicaba que sus denuncias le hab&iacute;an convertido en una &ldquo;piedra en el zapato del poder&rdquo;. Las amenazas de muerte no se cumplieron. Pero tras tres meses, en septiembre de 2010 Ravelo, fue detenido. Le acusaban del asesinato del funcionario David N&uacute;&ntilde;ez, cometido en 1991. La defensa calific&oacute; el proceso de &ldquo;montaje judicial&rdquo; con &ldquo;pruebas viciadas&rdquo;. Pero tras pasar dos a&ntilde;os en la c&aacute;rcel de forma preventiva, el activista pol&iacute;tico fue condenado a 18 a&ntilde;os y tres meses.
    </p><p class="article-text">
        Una docena organizaciones internacionales de derechos humanos denunciaron numerosas irregularidades en el proceso en un comunicado. Quiz&aacute;s lo m&aacute;s llamativo del proceso fue que el Fiscal de la Unidad Antiterrorismo que le imput&oacute; el delito, William Pacheco, hab&iacute;a sido destituido por ser responsable de la desaparici&oacute;n de un joven. Una circunstancia que seg&uacute;n la ley colombiana le impedir&iacute;a ocupar el cargo en la Fiscal&iacute;a General.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, los principales testigos del caso fueron dos paramilitares desmovilizados que hab&iacute;an sido condenados y que recibieron una rebaja en su condena por su testimonio. Uno de ellos, Jaime Mej&iacute;a, la vio reducida de 40 a 8 a&ntilde;os. Desde 2010 Ravelo permanece en la c&aacute;rcel de La Picota. Seg&uacute;n cuentan sus abogados, la experiencia de reclusi&oacute;n est&aacute; siendo &ldquo;enriquecedora&rdquo;. En dos ocasiones ha sido elegido, por voto popular entre los reclusos, representante del Comit&eacute; de Derechos Humanos de la prisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La justicia colombiana ha desestimado todos los recursos posibles, por lo que podr&iacute;a llegar a cumplir 18 a&ntilde;os de condena. Se ha intentado sin &eacute;xito conocer la versi&oacute;n del Gobierno colombiano sobre este caso.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Un caso entre miles de presos pol&iacute;ticos</h3><p class="article-text">
        El Gobierno niega sistem&aacute;ticamente la politizaci&oacute;n de la justicia en el pa&iacute;s. Sin embargo, la Plataforma Solidaridad con Colombia cifra en m&aacute;s de 9.500 los presos pol&iacute;ticos, de los cuales el 98% ser&iacute;an personas vinculadas a organizaciones sindicales, defensores de derechos humanos, comunidades campesinas, movimientos estudiantiles y docentes, etc.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Han sido encarcelados bajo el delito de rebeli&oacute;n por causas ideol&oacute;gicas&rdquo;, sostiene Leyla Ord&oacute;&ntilde;ez, integrante de esta plataforma. &ldquo;A trav&eacute;s de la criminalizaci&oacute;n de la protesta social no s&oacute;lo se ha encarcelado a miembros de la oposici&oacute;n pol&iacute;tica de izquierda, sino que tambi&eacute;n se les ha declarado objetivo militar&rdquo;, denuncia Ord&oacute;&ntilde;ez.
    </p><p class="article-text">
        Ni el Gobierno de Santos, ni el anterior de Uribe han reconocido que pueda haber prisioneros pol&iacute;ticos. Aparte del emblem&aacute;tico caso de Ravelo, desde esta plataforma se&ntilde;alan otros &ldquo;casos de montajes judiciales&rdquo; como los del dirigente sindical Huber Ballesteros, y el del profesor universitario Francisco Toloza. El primero fue detenido durante el &uacute;ltimo paro nacional agrario en 2013 y sigue desde entonces recluido en la c&aacute;rcel de Barrancabermeja. El segundo, miembro del movimiento pol&iacute;tico y social Marcha Patri&oacute;tica, se encuentra en libertad, contin&uacute;a con un juicio abierto.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de para castigar y silenciar a los encarcelados, esta estrategia busca el desprestigio de las organizaciones y de las reivindicaciones de los acusados. Las amenazas y los asesinatos habr&iacute;an dado paso a las denuncias arbitrarias contra las figuras pol&iacute;ticamente inc&oacute;modas de mayor popularidad. Para los miembros de MOVICE en Madrid lo que se produce hoy en d&iacute;a es una &ldquo;conjugaci&oacute;n de formas represivas&rdquo;. Seg&uacute;n esta organizaci&oacute;n, en paralelo a la represi&oacute;n v&iacute;a judicial se mantienen las ejecuciones extrajudiciales, asesinatos, detenciones arbitrarias y torturas, ya que no existe una presi&oacute;n internacional para acabar con ellas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El aparato de justicia se ha configurado hist&oacute;ricamente como un instrumento utilizado por el poder ejecutivo en aras de garantizar su permanencia en el poder&rdquo;, recalcan desde MOVICE. Sus integrantes apuntan otros casos como de &ldquo;persecuci&oacute;n pol&iacute;tica en el &aacute;mbito judicial&rdquo; como la exsenadora Piedad C&oacute;rdoba, a quien se le abri&oacute; una investigaci&oacute;n por colaboraci&oacute;n con las FARC cuando se dedicaba a intermediar para la liberaci&oacute;n de secuestrados o las acusaciones contra el entonces alcalde de Bogot&aacute;, Gustavo Petro, tras desmantelar un sistema de contrataciones ama&ntilde;adas de recogida de basuras.
    </p><h3 class="article-text">El conflicto sobre la posesi&oacute;n de tierras</h3><p class="article-text">
        Distintas organizaciones denuncian que en el fondo de muchos de estos casos se esconde el conflicto sobre la posesi&oacute;n de las tierras. Seg&uacute;n datos de Amnist&iacute;a Internacional, seis millones de personas han sido desplazadas a la fuerza y se habr&iacute;an adquirido ilegalmente 8 millones de hect&aacute;reas. Pese a la aprobaci&oacute;n en una Ley de Restituci&oacute;n, s&oacute;lo se habr&iacute;a devuelto un 1% de &eacute;stas.
    </p><p class="article-text">
        La devoluci&oacute;n de estas tierras es una de las claves del incipiente proceso de paz y sigue provocando tensiones entre los los anteriores y los actuales propietarios. As&iacute;, &eacute;stos &uacute;ltimos podr&iacute;an optar por la justicia como una forma de represi&oacute;n silenciosa a las figuras que puedan resultarles inc&oacute;modas. &iquest;C&oacute;mo pueden suceder este tipo de procesos judiciales sin que se produzca un esc&aacute;ndalo internacional?
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n MOVICE existe un &ldquo;clima de complicidad&rdquo; de muchos pa&iacute;ses con el gobierno colombiano a la espera de que el proceso de paz sea beneficioso para las inversiones de sus empresas. &ldquo;A&uacute;n est&aacute; por saberse la verdad acerca de la responsabilidad de las multinacionales en la grave emergencia humanitaria que vive Colombia a causa de la violencia pol&iacute;tica&rdquo;, advierten.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Senante]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/represion-silenciosa-justicia-colombia_1_2282494.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Dec 2015 19:09:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Colombia,Represión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A veces las ONG...]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/veces-ong_1_2780733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"A veces las ONG son miopes y tratan de que su logo sea el que se vea más grande. Sí, es triste, a veces compiten entre ellas"</p><p class="subtitle">"Algunas veces, hay gente indeseable entre ellas, que pervierte todo aquello por lo que trabajan"</p></div><p class="article-text">
        A veces las ONG pasan por el aro de los financiadores con tal de poder seguir con su trabajo. A veces los ministerios les envuelven en papeleos y facturas, y es dif&iacute;cil entrever para qui&eacute;n trabajan. A veces se enzarzan en debates est&eacute;riles. A veces unos j&oacute;venes (muchas veces mal pagados) nos interrumpen con sus petos por la calle.
    </p><p class="article-text">
        A veces las ONG ponen nombres largu&iacute;simos a los proyectos que ni ellas mismas entienden. A veces organizan jornadas a las que solo asisten ellas mismas. A veces, casi siempre, las memorias de las ONG son aburrid&iacute;simas, e hist&oacute;ricamente -aunque cada vez menos- sus v&iacute;deos corporativos est&aacute;n llenos de palmaditas en su propia espalda. A veces incluso se convencen de que empoderamiento, indicador o resiliencia son palabras tan cotidianas para el resto como &aacute;rbol, pan o pelota.
    </p><p class="article-text">
        A veces las ONG hablan de participaci&oacute;n sin creer en ella. Y les pilla el 15M mirando para otro lado. A veces, nos pasa a todos, confunden los medios con el objetivo, su marca con la causa. A veces son miopes y tratan de que su logo sea el que se vea m&aacute;s grande. S&iacute;, es triste, a veces las ONG compiten entre ellas.
    </p><p class="article-text">
        A veces las ONG se lamentan de que nadie les escuche sin escuchar ellas primero. Muchas veces creen que &ldquo;lo suyo&rdquo; es el mayor problema, el m&aacute;s urgente y por supuesto el m&aacute;s olvidado. A veces quienes trabajan en las ONG pensaban que iban a cambiar el mundo, y claro, luego se frustran. A veces sienten la tentaci&oacute;n de bajar los brazos.
    </p><p class="article-text">
        Y s&iacute;, algunas veces, hay gente indeseable entre ellas, que pervierte todo aquello por lo que trabajan. Y no los detectan a tiempo. Y cuando lo hacen, imagino que les inmoviliza el miedo y la verg&uuml;enza, y no act&uacute;an como ellas mismas hubieran cre&iacute;do que har&iacute;an ante algo as&iacute;. No hay justificaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por si hab&iacute;a alguna duda, ya ven, las ONG no son perfectas, y no dejan de ser un reflejo de las virtudes y los defectos de las sociedades de las que surgen. Sin embargo, lo que he visto despu&eacute;s de 13 a&ntilde;os en ellas, es que casi todas las ONG, desde las internacionales hasta las de barrio, se gastan cada c&eacute;ntimo en lo que deben y est&aacute;n auditadas hasta extremos casi rid&iacute;culos. Y necesarios.
    </p><p class="article-text">
        Y la inmensa mayor&iacute;a de las personas que trabajan en ellas creen en lo que hace, sacrifican su tiempo, dinero o salud. O las tres a la vez. Y algunas arriesgan su vida con tal de seguir haciendo un d&iacute;a m&aacute;s su trabajo. Y aunque suene a topicazo, muchas se levantan con la idea de hacer un trozo de mundo un poco mejor.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que muchas veces lo consiguen. Incluida esa en la que campaban esos miserables. Y alzan la voz, y arriesgan, y son audaces, y logran mucho con poco. Y hacen que ese pedacito de mundo en el que est&aacute;n sea un pel&iacute;n m&aacute;s justo. Y s&iacute;, a veces tambi&eacute;n salvan vidas. Muchas, cientos, miles. Y nos recuerdan que aunque no vayan a arreglar el mundo, no hay nada irremediable.
    </p><p class="article-text">
        Y eso no pasa a veces, eso lo hacen cada d&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Senante]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/veces-ong_1_2780733.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Feb 2018 20:21:22 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[A veces las ONG...]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[ONGs,Oxfam Intermón]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo mejora la vida de 600 mujeres de Guinea Bissau tras convertirse en propietarias de la tierra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/mejorar-vida-mujeres-guinea-bissau-propietarias_1_4466361.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/144e723b-8049-4340-ab8b-c964b34e11b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo mejora la vida de 600 mujeres de Guinea Bissau tras convertirse en propietarias de la tierra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cerca de 600 mujeres de Guinea Bissau se convierten en propietarias de la tierra en medio de un sistema patriarcal gracias a la labor de Alianza por la solidaridad y la organización local Aprodel</p><p class="subtitle">La ONU ha premiado a ambas ONG con el galardón de 'Mejor práctica de Medio Ambiente del año' entre más de 600 proyectos presentados, y recibirá un apoyo económico de 30.000 euros</p><p class="subtitle">"Ahora las mujeres también tenemos la palabra para tomar decisiones", relata Buntabanka, madre de ocho hijos, que ahora trabaja la tierra mientras aprende a leer y escribir en la escuela</p></div><p class="article-text">
        Yarya toca con dulzura el arroz. Con la tranquilidad de los que repiten un gesto decenas de veces al d&iacute;a. Mira a los extranjeros reci&eacute;n llegados a Sissaucunda, su aldea de algo m&aacute;s de una treintena de casas construidas con adobe y paja. Comprueba que est&aacute; listo, retira la olla del fuego y deja escapar una sonrisa orgullosa antes de comenzar a hablarles.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo mejor es que no tenemos que ir a recoger tanta le&ntilde;a. Cargar tanto nos quitaba tiempo y nos dejaba muy cansadas. Ahora podemos pasar m&aacute;s tiempo con la familia&rdquo;, nos dice con alegr&iacute;a. Yarya es una de las miles de mujeres que preparan la comida en una de las m&aacute;s de 2 mil &ldquo;cocinas mejoradas&rdquo; que entre varias ONG han repartido en esta zona del norte de Guinea Bissau, fronteriza con Senegal y Gambia.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres de Sissaucunda hablan de estas cocinas, de apariencia muy sencilla, como se describe un producto en la teletienda. Todo son ventajas: cocinan m&aacute;s r&aacute;pido, aprovechan mejor el calor por lo que necesitan tres veces menos le&ntilde;a, no hay riesgo de quemaduras ni de intoxicaciones; y como se colocan fuera de la casa no vigilar posibles incendios, de modo que pueden dedicarse a otras tareas mientras el arroz y las verduras cogen su punto.
    </p><p class="article-text">
        Pero no ha sido sencillo llegar hasta aqu&iacute;. La organizaci&oacute;n local Aprodel, con el apoyo de las tres ONG espa&ntilde;olas que se fusionar&iacute;an posteriormente en <a href="http://www.alianzaporlasolidaridad.org/es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alianza por la solidaridad</a>, vieron la necesidad de cambiar el modo habitual en el que se cocinaba esta regi&oacute;n. Comenzaron realizando encuestas entre las mujeres, encargadas en exclusiva de esta tarea. A partir de sus respuestas se crearon cinco modelos que se probaron durante un mes, sobre los que las encuestadas propusieron mejoras hasta llegar al modelo actual.
    </p><p class="article-text">
        En 2013, tras la fabricaci&oacute;n de m&aacute;s de 2.000 ejemplares, se form&oacute; a las mujeres identificadas como l&iacute;deres dentro de sus respectivas comunidades para que difundieran entre sus vecinas las ventajas de estos fogones frente a los tradicionales. Es f&aacute;cil entender as&iacute;, esa pizca de orgullo que dejaba escapar la sonrisa de Yarya cuando decidi&oacute; que ya estaba listo el arroz y se dispuso a charlar con los extranjeros. Este proyecto ha recibido el premio de 'Mejor pr&aacute;ctica de Medio Ambiente del a&ntilde;o' que concede la ONU entre m&aacute;s de 600 aspirantes, y que est&aacute; dotado con una ayuda econ&oacute;mica de 30.000 euros.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;La tierra lo cambia todo&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;La esencia de la lucha contra la pobreza pasa por la tierra&rdquo;, opina Aua Keita. Esta guineana de 42 a&ntilde;os y apariencia de poco m&aacute;s de 30, es la encargada de seguridad alimentaria de la ONG local Aprodel. Al entrar en una finca abre los brazos, como si quisiera darnos la bienvenida a un trozo de tierra que no es como los dem&aacute;s. Aua toma aire, y deja de sonre&iacute;r. Nos va a contar uno de esas victorias que se recuerdan durante d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hemos conseguido que por primera vez en este pa&iacute;s las mujeres sean las propietarias legales de la tierra en cuatro comunidades&rdquo;. Eso fue el a&ntilde;o pasado. Y ahora paseamos por uno de esos terrenos ya listo para el cultivo. En la regi&oacute;n de Casamance, las mujeres siempre hab&iacute;an recolectado. Hoy m&aacute;s de 595 son adem&aacute;s las propietarias de la tierra que trabajan, y se espera que en unos meses lleguen al millar gracias a <a href="http://www.alianzaporlasolidaridad.org/especiales/guineabissau/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">donaciones particulares</a>.
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        Aua reconoce que al principio los hombres de la zona rechazaron la idea, y que resurgieron problemas cuando las tierras pasaron de cubrir las necesidades a poder venderse los excedentes. En muchas de esas familias por primera vez entraba dinero en casa, y era la mujer quien lo tra&iacute;a. &ldquo;Hemos tenido que sensibilizar primero a los hombres de que no queremos romper su familia, sino que tengan m&aacute;s recursos. Hay que trabajar las cuestiones de g&eacute;nero tambi&eacute;n con ellos porque si se oponen no hay nada que hacer&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Buntabanka, vecina de Sissaucunda, es una de esas cerca de 600 pioneras. Nos habla a la salida de la escuela donde aprende a leer y escribir. Esta mujer, madre de ocho hijos, defiende que este cambio no es solo &ldquo;bueno para m&iacute;, sino para la alimentaci&oacute;n y la econom&iacute;a de la familia&rdquo;. La legalizaci&oacute;n de la propiedad de la tierra para las mujeres no s&oacute;lo sirve para frenar <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/expulsado-Guinea-Bissau-Susana-Hidalgo_0_222228021.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el peligro de acaparamiento de tierras de cultivo por parte de empresas extranjeras en la zona</a>, sino que impide la pr&aacute;ctica habitual por la que en el momento en que las tierras comienzan a dar beneficios, los maridos se quedan con las tierras y dedican los beneficios a comprar la dote de una nueva mujer.
    </p><p class="article-text">
        Pero &eacute;se no es el &uacute;nico cambio. Buntabanka tambi&eacute;n apunta que ser propietarias les ha permitido hablar de los asuntos del pueblo al mismo nivel que los hombres. &ldquo;Ahora las mujeres tambi&eacute;n tenemos la palabra para tomar decisiones&rdquo;, nos cuenta convencida.
    </p><h3 class="article-text">Agua y semillas</h3><p class="article-text">
        Con el problema de la tierra resuelto, faltan otros dos elementos para asegurar la producci&oacute;n de alimentos: agua y semillas. &ldquo;Cada vez somos m&aacute;s conscientes de los efectos del cambio clim&aacute;tico&rdquo;. Seydou Wade, secretario ejecutivo de la ONG senegalesa Fodde, se lamenta del descenso en las lluvias que han sufrido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, por lo que se ven obligados a perforar pozos cada vez m&aacute;s profundos.
    </p><p class="article-text">
        Con el apoyo de Alianza por la Solidaridad, su organizaci&oacute;n ha conseguido instalar dep&oacute;sitos de agua que bombean gracias a la energ&iacute;a almacenada en varios paneles solares. El resultado, adem&aacute;s del medioambiental, es que las mujeres se ahorran tiempo, y esfuerzo, que antes dedicaban a transportar el agua para el consumo y los cultivos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No lo hemos provocado nosotros, pero queremos poner tambi&eacute;n nuestro grano de arena para frenar el cambio clim&aacute;tico&rdquo;. Y las cocinas que recib&iacute;an tantos elogios de las mujeres de Sissaucunda son ese grano en esta batalla global. Al reducir a una tercera parte el consumo de madera aseguran haber detenido en gran medida la deforestaci&oacute;n que estas comunidades estaban provocando en la regi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Si tenemos la tierra, mano de obra, agua (y energ&iacute;a  renovable para transportarla), solo nos falta un elemento para alejar el fantasma del hambre: semillas. Como en tantos lugares del mundo, las multinacionales agr&iacute;colas tambi&eacute;n han llegado al norte de Guinea Bissau, uno de los &uacute;ltimos pa&iacute;ses en las listas de desarrollo humano, donde el hambre cr&oacute;nica afecta a m&aacute;s del 20% de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Te ofrecen semillas que llaman mejores porque producen m&aacute;s r&aacute;pido, pero como no est&aacute;n adaptadas a la zona son atacadas por los insectos, por lo que tienes que usar cada vez m&aacute;s pesticidas&rdquo;, resume Alberto Lamin&eacute;, t&eacute;cnico de medio ambiente de Aprodel.
    </p><p class="article-text">
        Desde esta organizaci&oacute;n han propuesto a las comunidades que rechacen las semillas que les ofrec&iacute;a la multinacional Monsanto y trabajen para recuperar el uso de semillas locales &ldquo;menos caras, m&aacute;s ecol&oacute;gicas&rdquo;. Alberto denuncia que las semillas que suministran estas compa&ntilde;&iacute;as provocan no s&oacute;lo la p&eacute;rdida de la biodiversidad, sino que se generen par&aacute;sitos resistentes a los pesticidas, lo que acaba provocando graves problemas de producci&oacute;n.
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        Ante este riesgo, desde Aprodel empezaron en 2013 a reproducir semillas y al finalizar este a&ntilde;o esperan haber distribuido 5.000 unidades en la regi&oacute;n. &ldquo;Afortunadamente las comunidades de esta zona rechazaron las semillas que les ofrecieron las multinacionales&rdquo;, evitando as&iacute; una dependencia durante a&ntilde;os. &ldquo;Esas semillas solo son buenas la primera vez&rdquo;, concluye Lamin&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        El hambre sol&iacute;a predominar en esta regi&oacute;n entre 4 y 6 meses, dependiendo de la distribuci&oacute;n de las lluvias. Desde Alianza por la solidaridad aseguran que gracias a este trabajo con las semillas y los almacenes de grano, este periodo de falta de alimentos se ha podido recudir en una media de ocho semanas.
    </p><h3 class="article-text">Lentos para llegar lejos</h3><p class="article-text">
        Muchos de los errores hist&oacute;ricos de la cooperaci&oacute;n espa&ntilde;ola, y en general occidental, se deben al intento de conseguir resultados inmediatos. Es decir, las ganas de arreglarlo todo y r&aacute;pido, con muchos recursos pero sin tiempo para contar con las comunidades locales. As&iacute; lo admite la presidenta de la coordinadora de ONG para el desarrollo <a href="http://www.congde.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">(CONGDE)</a>, Mercedes Ruiz-Gim&eacute;nez, quien se&ntilde;ala que durante mucho tiempo muchas administraciones solo financiaron proyectos de uno o dos a&ntilde;os de duraci&oacute;n, mientras que la tendencia actual es trabajar con periodos m&aacute;s amplios.
    </p><p class="article-text">
        Desde la coordinadora se felicitan de que cada vez m&aacute;s organizaciones apuesten por proyectos a largo plazo que parten de &ldquo;las necesidades y las capacidades locales&rdquo;. Para Ruiz-Gim&eacute;nez este tipo de procesos requieren m&aacute;s tiempo de formaci&oacute;n, pero a la larga son m&aacute;s sostenibles y efectivos ya que son las propias comunidades locales las que terminan &ldquo;apropi&aacute;ndose de los proyectos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los presupuestos para la cooperaci&oacute;n al desarrollo se han reducido un 70% en los &uacute;ltimos 3 a&ntilde;os, lo que ha provocado que muchos programas de larga duraci&oacute;n se hayan abandonado en mitad del proceso, otros se han cancelado desde su inicio, eliminando la posibilidad de desarrollo de regiones enteras. Otros se han mantenido pero con la mitad de presupuesto, seg&uacute;n relata la presidenta de la CONGDE.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente son esos proyectos a largo plazo, en coordinaci&oacute;n con otras organizaciones y con tiempo (y voluntad) para contar con la opini&oacute;n de las comunidades, los que parecen ser capaces de conseguir mejores resultados. Despu&eacute;s de 5 a&ntilde;os de trabajo en la regi&oacute;n fronteriza entre Guinea Bissau, Gambia y Senegal, se pueden ver los resultados en forma de mejores cosechas, mayor igualdad de g&eacute;nero, lucha contra la deforestaci&oacute;n, uso de semillas locales, menor contaminaci&oacute;n, autonom&iacute;a alimentaria&hellip; A todo eso sabe la cooperaci&oacute;n al desarrollo, cuando se deja trabajar a fuego lento.
    </p><p class="article-text">
        <em>Nota: este reportaje ha sido elaborado gracias a las facilidades en el transporte ofrecidas por la ONG Alianza por la Solidaridad.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Senante]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Dec 2014 19:31:52 +0000]]></pubDate>
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