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    <title><![CDATA[elDiario.es - Antonio Arroyo Silva]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/antonio_arroyo_silva/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Antonio Arroyo Silva]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Siempre nos quedará Berlín]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/quedara-berlin_129_9639237.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f8e0e0e-85d7-4e76-a8f1-95bc1cad6e98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Siempre nos quedará Berlín"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Un día el corazón ya sin el cuerpo volverá a donde el pino despeinado que alumbra el cementerio soviético de Barnau. Un obús de corazón que encuentra ese momento de estallar entre retamas y olvidos</p></div><p class="article-text">
        &laquo;Siempre nos quedar&aacute; Par&iacute;s&raquo; (&laquo;We'll always have Paris&raquo;), es la famosa frase de la pel&iacute;cula <em>Casablanca</em> (1942); la dice su protagonista Rick Blaine (Humphrey Bogart) a Ilsa Lund (Ingrid Bergman), para defender el amor por encima de la separaci&oacute;n o, m&aacute;s bien, ese instante de verdadero amor que se queda en las brumas del pasado.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; siempre me quedar&aacute; Berl&iacute;n. No es un amor como el que expresa Rick hacia Ilsa. Se trata del amor m&iacute;o hacia la ciudad de Berl&iacute;n. Cambio de escenario, cambio de paradigma. Adem&aacute;s, Berl&iacute;n nunca me ha traicionado. Es una ciudad que adoro. Sus trenes, sus plazas, sus monumentos, su cultura y sus gentes. No hablo la lengua alemana, pero all&aacute; tengo amigos alemanes hispanohablantes, como Jos&eacute; Pablo Quevedo y Barbara Kr&uuml;gger de Quevedo. Jos&eacute; Pablo naci&oacute; en Per&uacute;, pero muy joven fue becado por la RDA de Lima y esto hizo que recalara en el Berl&iacute;n Este de la Guerra Fr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        No es la primera vez que acudo a la Cita de la Poes&iacute;a en Berl&iacute;n. Fui invitado en el 2016 y tambi&eacute;n en el 2018. Esa amistad con Jos&eacute; Pablo, Barbara, J&uuml;rgen Polinske y Mar&iacute;a Guti&eacute;rrez (canaria como yo) se fue fraguando hasta el punto de que decidimos crear una colecci&oacute;n &nbsp;de poes&iacute;a en espa&ntilde;ol y alem&aacute;n en donde intervienen un poeta canario y otro berlin&eacute;s que hubiera participado en la Cita. Dicha colecci&oacute;n se denomina Plegar Orillas y ya se ha editado el segundo tomo.
    </p><p class="article-text">
        La primera vez que estuve fue maravilloso y me cambi&oacute; todos los esquemas de la poes&iacute;a y de la vida misma. De estar en un&nbsp;tranquilo Encuentro de poetas en La Palma a viajar r&aacute;pidamente a Berl&iacute;n, donde experiment&eacute; por primera vez la velocidad vertiginosa del mundo. Al principio sent&iacute; un extra&ntilde;amiento; luego una fascinaci&oacute;n, sobre todo porque, a pesar de la gran lejan&iacute;a respecto a Canarias, solo hab&iacute;a una hora m&aacute;s de diferencia. Tambi&eacute;n por esos amaneceres a las tres de la madrugada. Despu&eacute;s vino el abismamiento de sentirme como en casa.
    </p><p class="article-text">
        La segunda vez fue de sue&ntilde;o. Fue el a&ntilde;o en que fui galardonado con el Premio Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez de Poes&iacute;a, en 2018. Poco antes de ir a recibir dicho premio en Moguer, ya en Berl&iacute;n me hicieron un homenaje en la casa del gran poeta alem&aacute;n Ulrich Grasnick, situada justo al lado de la &Oacute;pera de Berl&iacute;n y regentada por la bella estatua de m&aacute;rmol blanco del poeta Schiller. Ese d&iacute;a mi dieta de diab&eacute;tico qued&oacute; autom&aacute;ticamente suspendida. Al d&iacute;a siguiente, vuelta a Las Palmas a emprender el viaje a Moguer para la entrega del premio.
    </p><p class="article-text">
        Y ahora, la tercera vez, hace unas semanas y despu&eacute;s de a&ntilde;os de aislamiento tras la pandemia tuvo lugar la XXV Cita en Berl&iacute;n a la que fuimos invitados cuatro poetas canarios: Luc&iacute;a Rosa Gonz&aacute;lez, Isa Guerra, Luis &Aacute;ngel Mar&iacute;n y yo. En mi caso no solo como poeta sino como coordinador de la colecci&oacute;n arriba mencionada, publicada por el Centro de la Cultura Popular Canaria, en La Laguna, Tenerife.
    </p><p class="article-text">
        Pero hagamos un extracto de los objetivos, programa e impresiones de nuestra presencia en Alemania, por parte de los organizadores y p&uacute;blico asistente:
    </p><p class="article-text">
        1.- En la ciudades de Berl&iacute;n y Bernau, entre los d&iacute;as 14 de septiembre hasta el d&iacute;a 17 &nbsp;del mismo mes, se realiz&oacute; la XXV Cita de la Poes&iacute;a en Berl&iacute;n con la presencia de poetas canarios, iberoamericanos y alemanes. En las semanas anterior y posterior se llev&oacute; a cabo con otros colectivos de poetas. Este Evento importante que se celebra cada a&ntilde;o en esta urbe cosmopolita es una expresi&oacute;n de lo multicultural, de la tolerancia y del acercamiento entre las diversas culturas de la Tierra, en donde participar&aacute;n los poetas, hermanados por diversos objetivo, que van encaminados hacia la conquista de la belleza humana, La Paz, la Vida y por hacer un mundo m&aacute;s tolerante y asequible para todos.
    </p><p class="article-text">
        El evento, que es una iniciativa del poeta Jos&eacute; Pablo Quevedo, fue un homenaje a conocidas mujeres de Am&eacute;rica Latina y de Alemania, quienes en forma pac&iacute;fica han defendido la paz, el amor y la solidaridad y han entregado sus pensamientos trascendentes para la Humanidad. Entre otras est&aacute;n Gabriela Mistral (Chile), Gioconda Belli (Nicaragua), Alfonsina Storni (Argentina), Delmira Agustini (Uruguay), Inge M&uuml;ller (Alemania). Tambi&eacute;n a la poeta espa&ntilde;ola Maribel Alonso, su hija Nela S&aacute;nchez Alonso, le rindi&oacute; un homenaje con la lectura de un poema.
    </p><p class="article-text">
        La XXV Cita tiene la consigna de la poeta alemana Ingre M&uuml;ller &bdquo;ich will alles von der Welt&ldquo;(&rdquo;Quiero todo del mundo&ldquo;)
    </p><p class="article-text">
        2.-En cuanto al programa de la participaci&oacute;n de los poetas canarios, as&iacute; se estableci&oacute; y se llev&oacute; a cabo:
    </p><p class="article-text">
        14 de septiembre de 2022: 18.00 horas. Embajada de Cuba, Stavanger Strasse 20, 10439, Berl&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Coordinaci&oacute;n: Margit Streblow, Jos&eacute; Pablo Quevedo, J&uuml;rgen Polinske
    </p><p class="article-text">
        Participantes de la Embajada de Cuba: Sra. Embajadora de Cuba en Alemania, se&ntilde;ora Juana Mart&iacute;nez; la Primera Secretaria de la Embajada de Cuba, Ivet L&oacute;pez.
    </p><p class="article-text">
        Participantes: Antonio Arroyo, Luis Mar&iacute;n, Luc&iacute;a Rosa Gonz&aacute;lez, Isa Guerra Garc&iacute;a, Petra Namyslo, Katrin Schulz, J&uuml;rgen Polinske, Steffen Marciniak .
    </p><p class="article-text">
        Participaci&oacute;n del compositor y cantante alem&aacute;n Frank Viehweg
    </p><p class="article-text">
        Poetas cubanos participaron a trav&eacute;s de la Embajada de Cuba, por primera vez, con el sistema de Internet directo, en Berl&iacute;n, entre otros, Pierre Bernet Ferrand, Alex Pausides,, Alberto Peraza Ceballos, Karel Alexei Leyva Ferrer... entre otros..
    </p><p class="article-text">
        Hubo un lleno y bocaditos para comer
    </p><p class="article-text">
        15.de septiembre de 2022, 17 horas - Iniciativa Ciudadana de Hohensch&ouml;nhausen-, Neustrelitzer Strasse 63 13055-Berl&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Coordinador: Jos&eacute; Quevedo y Bettina Grotewohl
    </p><p class="article-text">
        Exposici&oacute;n de Fotograf&iacute;as (&bdquo;Geschichte aus Kubas&ldquo; de Jeans Schulze und Andreas K&ouml;hler)
    </p><p class="article-text">
        Lectura de poetas internacionales de las Islas Canarias, Am&eacute;rica Latina y Alemania.
    </p><p class="article-text">
        Participantes: Antonio Arroyo, Luis Mar&iacute;n y Luc&iacute;a Rosa Gonz&aacute;lez, Isa Guerra Garc&iacute;a, Petra Namyslo, Jos&eacute; Pablo Quevedo, J&uuml;rgen Polinske.
    </p><p class="article-text">
        Unas 18 personas; hubo comida y vino y agua.
    </p><p class="article-text">
        16.09.22 &ndash; 13.00 Uhr / Lugar: Kiezclub Vita, 12587 Berlin-Friedrichshagen, Myliusgarten 20. Tel.: 030 902973610.
    </p><p class="article-text">
        Coordinadores: Poetas de M&uuml;ggelsee / Berl&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Participaci&oacute;n de los poetas de las Islas Canarias: Antonio Arroyo, Luis Mar&iacute;n y Luc&iacute;a Rosa Gonz&aacute;lez.
    </p><p class="article-text">
        Animaci&oacute;n: J&uuml;rgen Polinske.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un lleno y m&uacute;sica del Romanticismo a cargo de dos excelentes m&uacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        16 de septiembre de 2022, 18.00 /Club am Steintor, Berliner Str. 1, Bernau.
    </p><p class="article-text">
        Coordinadores: Olaf Enkelmann, Jos&eacute; P. Quevedo y Juergen Polinske:
    </p><p class="article-text">
        Lectura de poetas internacionales de Canarias, Am&eacute;rica Latina y Alemania
    </p><p class="article-text">
        Participantes: Antonio Arroyo, Luis Mar&iacute;n, Luc&iacute;a Rosa Gonz&aacute;lez, Isa Guerra Garc&iacute;a, J&uuml;rgen Polinske, Petra Namyslo, Armando Navarro.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un excelente escenario, una exposici&oacute;n de Jos&eacute; Pablo y comida.
    </p><p class="article-text">
        17 de septiembre de 2022, 16.00 hrs- Kunstraum La Girafe / Glogauer Str 24, Berlin- Kreuzberg
    </p><p class="article-text">
        Coordinadores: Jaime de la Gracia y Jos&eacute; Pablo Quevedo
    </p><p class="article-text">
        Lectura de poetas internacionales de las Islas Canarias, Am&eacute;rica Latina y Alemania
    </p><p class="article-text">
        Participantes: Antonio Arroyo, Luis Mar&iacute;n y Luc&iacute;a Rosa Gonz&aacute;lez, Isa Guerra Garc&iacute;a, J&uuml;rgen Polinske, Petra Namyslo, Jos&eacute; Pablo Quevedo.... entre otros.
    </p><p class="article-text">
        3.- Presentaciones de libros: <em>Diario</em> <em>de</em> <em>un</em> <em>volc&aacute;n,</em> de Luc&iacute;a Rosa Gonz&aacute;les de gran acogida entre los invitados presentes.
    </p><p class="article-text">
        Presentaci&oacute;n del libro por Juergen Polinske en varios escenarios, tanto de Berl&iacute;n como en la ciudad de Bernau.
    </p><p class="article-text">
        Presentaciones del libro &ldquo;Dos huellas en el agua &rdquo;de los poetas Luis Mar&iacute;n y J&uuml;rgen Polinske , publicado por el CCPC, que fueron hechas en varios escenarios berlineses y de la ciudad de Bernau. Intervinieron Antonio Arroyo y B&aacute;rbara Kr&uuml;gger de Quevedo como prologuista, editor y traductora, respectivamente.
    </p><p class="article-text">
        4.- Impresiones sobre la Cita:
    </p><p class="article-text">
        Buena participaci&oacute;n del p&uacute;blico alem&aacute;n, un lleno en varios escenarios berlineses y de Bernau. Buena recepci&oacute;n alemana a los poemas de los poetas y a los libros presentados.
    </p><p class="article-text">
        Excelentes las traducciones de B&aacute;rbara Quevedo para la comunicaci&oacute;n con el p&uacute;blico alem&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Destacaron los poetas canarios con sus nuevas creaciones po&eacute;ticas y una buena impresi&oacute;n dentro del p&uacute;blico alem&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Confraternidad y amistad con nuevos amigos de la poes&iacute;a a trav&eacute;s de la palabra.
    </p><p class="article-text">
        Lucimiento en esta &ldquo;Fiesta de la palabra &rdquo;de los poetas canarios Antonio Arroyo, Luis Mar&iacute;n y Luc&iacute;a Rosa ante un exquisito p&uacute;blico berlin&eacute;s y de Bernau, estos &uacute;ltimos fueron invitados a las reflexiones con los mensajes po&eacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Muchos aplausos se vertieron, como cascadas de emoci&oacute;n, de parte del p&uacute;blico presente.
    </p><p class="article-text">
        Plena amistad entre nuevos poetas y amigos alemanes ganados a trav&eacute;s de la palabra bella.
    </p><p class="article-text">
        Nuevos puentes de entendimiento, como un &ldquo;plegar orillas &rdquo;, entre poetas cubanos, alemanes y de las Islas Canarias.
    </p><p class="article-text">
        Hubo buena comida y una exposici&oacute;n del poeta y artista Jos&eacute; Pablo Quevedo; &eacute;l present&oacute; muchas de sus obras en uno de los locales de la Cita de la Poes&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El poeta Antonio Arroyo, ley&oacute; tambi&eacute;n poemas de autores fallecidos y consagrados en las Islas Canarias; como Agust&iacute;n Millares Sall, pero tambi&eacute;n ley&oacute; a los que no hab&iacute;an podido acudir, como Mar&iacute;a Guti&eacute;rrez, conocida como Puri.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;***********************
    </p><p class="article-text">
        Siempre nos quedar&aacute; Berl&iacute;n. Ando por esas calles y veo esas plaquitas de bronce taladradas al pavimento. En ella se da constancia de todos y cada uno de los jud&iacute;os detenidos y asesinados durante el III Reich. Me detengo en el Museo del Horror, solo fotos que describen tanto crimen de guerra que cometieron los nazis. M&aacute;s ac&aacute;, el monumento del Holocausto en forma de laberinto; pero hay paz en sus corredores. Enfrente, el edificio horroroso y gris de la Gestapo, como recordatorio de algo que no debe ocurrir m&aacute;s. Ese fue el pensamiento de los aliados al bombardear Berl&iacute;n antes de la invasi&oacute;n. Todos esos edificios devastados fueron reconstruidos tal como eran; pero en su base a&uacute;n queda la metralla. Me veo en medio de la pel&iacute;cula <em>El hundimiento. </em>Bruno Ganz en el papel de Hitler. Me mira desde el infierno, lugar de donde, esperemos, nunca volver&aacute;. Claro, me refiero al personaje y no al autor que falleci&oacute; hace poco y ahora andar&aacute; por el para&iacute;so de los actores. Los nazis perdieron la partida apostando por la intolerancia (y el asesinato de todo un pueblo, casi) y mira t&uacute; que el verdadero triunfo del pueblo alem&aacute;n tuvo lugar en el polo opuesto. En Alemania actualmente conviven unas 180 nacionalidades, sin importar el sexo, las creencias religiosas u opciones pol&iacute;ticas. Eso s&iacute;, hay que cumplir las normas democr&aacute;ticas y todo los extranjeros inmigrantes han de tener un permiso de trabajo para tener derecho a la seguridad social.
    </p><p class="article-text">
        Siempre nos quedar&aacute; Berl&iacute;n. Y Bernau, donde viven Jos&eacute; Pablo y Barbara. Desde el balc&oacute;n divis&eacute; mi pino gigantesco, con su cabellera despeinada. El &aacute;rbol que preside el cementerio sovi&eacute;tico, donde, seg&uacute;n las cr&oacute;nicas, los rusos emprendieron el &uacute;ltimo asalto a Berl&iacute;n. Un d&iacute;a Jos&eacute; Pablo me llev&oacute; a una exposici&oacute;n muy especial: las estatuas que adornaban las bungal&oacute;s de los miembros del antiguo politbur&oacute;. Eran casas peque&ntilde;as, viviendas unifamiliares; pero con los setos que las rodeaban y las esculturas, impresionaban a los contempladores. En el cementerio sovi&eacute;tico hicimos este a&ntilde;o, fuera de programa, un peque&ntilde;o recital. Tambi&eacute;n andamos los caminos m&aacute;gicos del bosque de Bernau.
    </p><p class="article-text">
        Siempre nos quedar&aacute; Berl&iacute;n. Vivir en Bernau, una ciudad medieval situada a 30 kil&oacute;metros de la gran urbe. Tomar el tren de cercan&iacute;as hasta la antigua frontera que separaba el Este del Oeste. Todav&iacute;a queda constancia del momento en que el muro fue derribado. Todav&iacute;a queda el lugar donde la gente de la RDA se sub&iacute;a a saludar desde lejos a sus parientes de la RFA. Llegar al KunsthausTacheles en el barrio jud&iacute;o, una antigua f&aacute;brica de electrodom&eacute;sticos de la RDA que, tras la ca&iacute;da del muro, fue ocupada por artistas de todo el mundo. All&iacute; hubo conciertos de los rockeros m&aacute;s importantes, como Jim Morrison y tambi&eacute;n exposiciones de los pintores m&aacute;s destacados de los ochenta. Y, por supuesto, fue un centro neur&aacute;lgico del hipismo mundial y el comienzo del movimiento okupa.
    </p><p class="article-text">
        Otro d&iacute;a, rumbo a la Puerta de Brandemburgo, saco unas instant&aacute;neas de las barcas que navegan por el Spree llenas de turistas. De pronto, el flash de mi c&aacute;mara se parece a ciertos focos que apuntaban a los desesperados alemanes del Este que se tiraban al r&iacute;o para huir. De pronto, como en las pel&iacute;culas, el Spree, rojo de sangre. Fue solo un instante, un <em>rapid eye movement, </em>de mi enso&ntilde;aci&oacute;n. En <em>Brandemburg</em>,<em>Tor,</em> nuevo recital improvisado: Luis&nbsp;Mar&iacute;n y yo. Justamente ese d&iacute;a hab&iacute;a una manifestaci&oacute;n multitudinaria en contra de la ley del aborto. Cientos de polic&iacute;as por todos lados, l&iacute;neas de tren y calles cortadas. Ten&iacute;amos que desplazarnos en autob&uacute;s (hab&iacute;amos comprado un billete ABC). Realmente lo nuestro, sin propon&eacute;rnoslo, fue un acto de rebeld&iacute;a. Despu&eacute;s, visita al barrio turco. Los turcos, en contra de la ley del aborto, irrump&iacute;an con sus coches engalanados con la bandera de la media luna, a todo trapo por las v&iacute;as y un con&nbsp;esc&aacute;ndalo de pitas tremebundo. Despu&eacute;s, tranquilidad absoluta.
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a volver&eacute; a Berl&iacute;n, un d&iacute;a quiz&aacute;s aciago y lleno de arboledas. No me detendr&eacute; por el camino, a Ulises lo dejar&eacute; con los escollos. Luz no vista en los finales de los t&uacute;neles: no es Berl&iacute;n, no es &Iacute;taca, no el viaje. El hecho de volver es suficiente, incluso el ansia, incluso la memoria, donde ya nadie espera, solo B&aacute;rbara y Jos&eacute; Pablo en Tegel o en&nbsp;Sch&ouml;nefeld. Ya no importa el U-Bahn, ni el Tiergarten, ya no importa brillar en una foto con Bundestag al fondo. No las estatuas, las personas importan, el calor, aunque el fr&iacute;o del norte arrecie ortigas. Importa aquello mismo que llevamos a fluir por el Spree de mis silencios.
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a el coraz&oacute;n ya sin el cuerpo volver&aacute; a donde el pino despeinado&nbsp;que alumbra el cementerio sovi&eacute;tico de Barnau. Un ob&uacute;s de coraz&oacute;n que encuentra ese momento de estallar entre retamas y olvidos.
    </p><p class="article-text">
        Siempre nos quedar&aacute; Berl&iacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/quedara-berlin_129_9639237.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Oct 2022 08:39:59 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[‘Aquel lejano lugar’ o el paraíso de Mátrix]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/lejano-lugar-paraiso-matrix_132_1082927.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Aquel lejano lugar</p><p class="subtitle">es, pues, un grito no contra la guerra abstracta que dicen los buenrollistas y progres de opereta, sino contra las guerras reales que están ocurriendo ahora mismo en la lejanía geográfica y en la lejanía de nuestras conciencias.</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Llega a mis manos este nuevo poemario de Pablo Sergio Alem&aacute;n Falc&oacute;n, <em>Aquel lejano lugar, </em>publicado por<em> Cartonera</em> <em>Island</em>, <em>colecci&oacute;n</em> <em>31</em>. <em>Cartonera</em> <em>Island</em> es una iniciativa sin &aacute;nimo de lucro que quiere intervenir en su espacio social y cultural proponiendo la publicaci&oacute;n de textos principalmente de poes&iacute;a mediante libros producidos de forma manual y artesana a partir de cart&oacute;n proveniente de los procesos de reciclaje y reutilizaci&oacute;n. Es decir, se trata de una alternativa muy digna al creciente mundo editorial que no solo supone la comercializaci&oacute;n global de la literatura, sino la superproducci&oacute;n de obras la mayor&iacute;a de poca relevancia para la literatura.
    </p><p class="article-text">
        De Pablo Alem&aacute;n ya dije en mi art&iacute;culo &laquo;Singladura de Islas. Cartograf&iacute;a de <em>Islas al sur&raquo;(referente a su anterior entrega Madera y Metal) </em>que, seg&uacute;n Eugenio Padorno, su poes&iacute;a linda con el hermetismo italiano de Quasimodo. Sin embargo, nuestro poeta no se oculta entre silogismos ante una realidad adversa y diversa. Su poes&iacute;a oscila entre la madera, que para &eacute;l simboliza todo lo positivo y germinante (por natural) de la humanidad, y el metal (artificial) que de alguna manera lo lleva  a la maquinaria destructiva del mundo: armas, ca&ntilde;ones, calentamiento global, alteraci&oacute;n y muerte del ecosistema y, por ende, del ser humano y del poema mismo. Ese metal se manifiesta por la modernidad a trav&eacute;s del fusil y el ca&ntilde;&oacute;n, pero tambi&eacute;n por lo primitivo, que es la espada. El poema, entonces busca esa inocencia primigenia (la madera) y desde ah&iacute; dialoga y denuncia el sujeto po&eacute;tico. Poeta que deja la piel en el poema y, de paso, va fundando el territorio de su voz genuina.
    </p><p class="article-text">
        Entrando en <em>Aquel lejano lugar, </em>el poeta se decanta por el simbolismo del metal, quedando la madera en aquel cercano lugar del coraz&oacute;n al que aspira un sujeto l&iacute;rico y, por tanto, los lectores. La <em>plaquette, </em>poemario cerrado en s&iacute; mismo, pero con esa sombra de aspiraci&oacute;n o religi&oacute;n (<em>relegere-religare) </em>en el env&eacute;s de su hoja escrita, busca desde el principio la apoyatura de dos grandes poetas: el D&aacute;maso Alonso  de <em>Hijos de la ira </em>y el Jos&eacute; Hierro de <em>Cuaderno de Nueva York.</em> O sea, desde el principio, ya se nos orienta con sendos ep&iacute;grafes de que el presente poemario oscila entre ese <em>s&uacute;bito dolor </em>del poema &laquo;Dolor&raquo; y el <em>&laquo;Ahora s&eacute; que la nada lo era todo, /y todo era ceniza de la nada&raquo; </em>del poema &laquo;Vida&raquo; de Hierro<em>. </em>Pero esta apoyatura no viene por una inclinaci&oacute;n simplemente intelectual, sino por esa <em>religi&oacute;n </em>antedicha y esa comuni&oacute;n con los poetas mencionados.
    </p><p class="article-text">
        El <em>corpus </em>del poemario est&aacute; constituido por ocho poemas de extensi&oacute;n media. Una caracter&iacute;stica que salta a la vista son los dos niveles que encontramos en dichos poemas: un nivel de pensamiento caracterizado por el uso de las comillas y el nivel propio de la escritura po&eacute;tica. Dice Pablo que ese recurso lo tom&oacute; de la tragedia griega y que quiz&aacute;s realiza la funci&oacute;n de conciencia, un complemento, quiz&aacute;s, procedente de ese lugar lejano. Esto nos hace pensar en alg&uacute;n tipo intertextualidad; pero se trata de un sujeto l&iacute;rico que &laquo;piensa&raquo; durante el acto de la escritura, de modo que en ambas orillas se plantea la metapo&eacute;tica del poema que nos propone Pablo Alem&aacute;n. Tambi&eacute;n el tema y digamos el meta-tema. En el poema inicial nos dice: &laquo;Son los ochenta tedios de un fusil&raquo; y La coherencia ya es relativa / y la palabra se desanda / &ndash;se  colma&ndash;  /de otro contexto. Y as&iacute; se van articulando las tensiones de <em>Aquel lejano lugar. </em>En el segundo poema de t&iacute;tulo hom&oacute;nimo a la obra nos dice directamente hasta d&oacute;nde no quiere llegar el sujeto l&iacute;rico: ese lejano lugar, lejano porque vemos siempre las tragedias y las guerras como algo que ocurre lejos, es decir, nos evadimos o eludimos el compromiso de nuestra conciencia:
    </p><p class="article-text">
        <em>Nos olvidamos, cerrando las ventanas, </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de que una vez contemplamos </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>aquel lejano lugar, </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>punto de mira de un fusil &ndash;s&iacute;mbolo de modernidad.</em><em> </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&laquo;Gracias al ser herm&eacute;tico</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>nos quedaremos con el libro extinguido de la nada&raquo;.</em><em> </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Aquel lejano lugar </em>es, pues, un grito no contra la guerra abstracta que dicen los buenrollistas y progres de opereta, sino contra las guerras reales que est&aacute;n ocurriendo ahora mismo en la lejan&iacute;a geogr&aacute;fica y en la lejan&iacute;a de nuestras conciencias. En el fragmento anterior se manifiesta la reacci&oacute;n de Pablo Alem&aacute;n a las palabras de Eugenio Padorno arriba mencionadas. Reacci&oacute;n positiva que le hace plantear al poeta qu&eacute; es poes&iacute;a social y de compromiso en la isla atl&aacute;ntica y los tiempos actuales, tan alejados que parecemos estar (de momento) de todo lo que acontece. Con ello (y con esos dos niveles), Pablo Alem&aacute;n logra una s&iacute;ntesis: sin renunciar a la expresi&oacute;n y recurrencias po&eacute;ticas puede aprehender el mundo y sus circunstancias, lo mismo que Jos&eacute; Hierro, lo mismo que D&aacute;maso Alonso y Lorca. El poema ha de ser bello, no por pura est&eacute;tica, sino porque, solo con esa precisi&oacute;n se pueden borrar los ca&ntilde;ones y los fusiles. O al menos entrar en la conciencia de los que los ignoramos alej&aacute;ndonos. Es como s&iacute; en el trasfondo de los poemas Pablo Alem&aacute;n nos propusiera una especie de revoluci&oacute;n de los claveles.
    </p><p class="article-text">
        En el poema &laquo;El durmiente&raquo; se caracteriza a esta tipolog&iacute;a humana que se abstrae de las circunstancias tr&aacute;gicas del mundo y vive como un zombi, o sea, como un durmiente: &laquo;Una jaur&iacute;a que bebe de audiencias / y la verdad de las composiciones / que nos marcaron en sus tiempos&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        El color verde referente al metal no es s&iacute;mbolo de esperanza, sino que, al igual que Lorca (<em>verde que te quiero verde</em>), significa la muerte y la irrealizaci&oacute;n. Cuando se habla de los &laquo;seres herm&eacute;ticos de metal&raquo; ahora ya no alude a poetas del movimiento literario mencionado, sino a los elementos militares que suelen ir de verde. V&eacute;ase el poema &laquo;Verde&raquo;. As&iacute; tambi&eacute;n la palabra <em>herm&eacute;tico </em>cobra por fin una acepci&oacute;n peyorativa y, por supuesto, extrapo&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Al final, en el poema &laquo;El ciclo que acaba&raquo; entendemos el porqu&eacute; de la brevedad aparente del poemario: el ciclo acaba y comienza o como dec&iacute;a T.S. Eliot en sus <em>Cuatro Cuartetos. </em> &laquo;<em>in my begining is my end/ in my end is my begining&raquo;:</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El ca&ntilde;&oacute;n que despierta en un lejano lugar</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>a la ciudad...</em><em> </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El ciclo que acaba con las primeras luces</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>del d&iacute;a.</em><em> </em>
    </p><p class="article-text">
        Y vuelta a empezar con esta reiteraci&oacute;n del ca&ntilde;&oacute;n. Comienza de nuevo el ciclo de los despiertos durmientes que rondan por las v&iacute;as de la ciudad. No se propone redenci&oacute;n, ni siquiera la poes&iacute;a puede redimir. La poes&iacute;a solo manifiesta con todos sus mecanismos formales y est&eacute;ticos (detr&aacute;s de cada est&eacute;tica subyace una &eacute;tica y aqu&iacute; es patente) un desasosiego que ni siquiera los llamados durmientes saben que tienen en la sangre. De ah&iacute; que la poes&iacute;a sea calificada por los adalides de la comodidad y del &laquo;aqu&iacute; no pasa nada&raquo; de oscura, dif&iacute;cil, incluso poco &uacute;til.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el estallido del metal nos despierte quiz&aacute;s seamos felices con la oxidaci&oacute;n o como Neo nos veamos enchufados en la realidad virtual de un Para&iacute;so Matrix. As&iacute; que leamos este breve, pero intenso poemario y acerqu&eacute;moslo a este cercano lugar de nuestros corazones y disfrutemos de su belleza est&eacute;tica toda ella orientada hacia la expresi&oacute;n de la dif&iacute;cil verdad: lo consigue. Desench&uacute;fate de la m&aacute;quina, lector.<em> </em>
    </p><p class="article-text">
        G&aacute;ldar, enero de 2020.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/lejano-lugar-paraiso-matrix_132_1082927.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Jan 2020 16:30:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[‘Aquel lejano lugar’ o el paraíso de Mátrix]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desde ambos lados de la vitrina del museo del hombre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/ambos-lados-vitrina-museo-hombre_132_1457688.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Parece ser que Cecilia Domínguez se ha planteado bombardear los pilares donde se asienta el denominado sistema patriarcal.</p></div><p class="article-text">
        Dec&iacute;a el padre de la Psiquiatr&iacute;a Moderna Carl Jung que la  visi&oacute;n de una persona, en este caso poeta, se aclarar&aacute; solamente cuando pueda mirar en su propio coraz&oacute;n. &laquo;Quien mira hacia afuera, sue&ntilde;a; quien mira hacia adentro, despierta&raquo;. Es el caso del poemario que nos ocupa as&iacute; como de toda la obra de su autora: la autoconciencia y conocimiento de su propia naturaleza y de aquellas personas que la rodean como medio para alcanzar el equilibrio entre la poes&iacute;a y la vida.
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                </figure><p class="article-text">
        Parece ser que Cecilia Dom&iacute;nguez se ha planteado bombardear los pilares donde se asienta el denominado sistema patriarcal: en <em>Cuaderno del orate </em>un sujeto l&iacute;rico, en la misma frontera que separa la memoria del olvido, lo latente de lo establecido, lo on&iacute;rico de lo que se mueve entre la superficie de las cosas y lo m&aacute;s profundo del misterio, sobre todo el miedo. El miedo y no la fe que mueve monta&ntilde;as porque en este punto el miedo acalla las conciencias de llegar. En resumen, <em>Cuaderno del orate </em>parte de un sustrato de violencia hacia la mujer y nuestra poeta profundiza hasta llegar a la capa m&aacute;s remota de su subconsciente. En <em>Profesi&oacute;n de fe </em>Cecilia tiene un enfrentamiento po&eacute;tico no ya con Dios, pues ella siempre ha confesado su ate&iacute;smo, sino con la idea de un dios puesto como fundamento de todo ese entramado del sistema patriarcal que vengo mencionando. Y, por &uacute;ltimo, nuestra poeta es capaz, en este &uacute;ltimo poemario,<em> La piedra y el ob&uacute;s, </em>de ponerse en la piel del hombre (siendo mujer) para profundizar desde un punto de vista antropol&oacute;gico, hist&oacute;rico, filos&oacute;fico, psicol&oacute;gico, individual y colectivo, en su conciencia y analizar las causas y consecuencias de la violencia que la cultura antropoc&eacute;ntrica ha producido (la guerra), ya no solo el maltrato hacia la mujer, sino referente a toda la humanidad. Claro, cada libro con sus diferencias de expresi&oacute;n que los hace &uacute;nicos.  Por descontado que en estos tres poemarios, como en todo buen ejercicio de poes&iacute;a, cabr&iacute;an otras interpretaciones, otros caminos para andar.
    </p><p class="article-text">
        Habr&iacute;a que aclarar que Cecilia Dom&iacute;nguez Luis, si bien se manifiesta como feminista (y lo es), no cae  en el poemario que nos ocupa ni en ninguna de sus obras en el truco facil&oacute;n de dejarse llevar por las banderas, las consignas, los programas&hellip; Y mucho menos si con ello tuviera que renunciar a su oficio de poeta, incluso de intelectual. La poes&iacute;a ha de estar a la vanguardia, por encima de las ideas. Poes&iacute;a social, pero sin dejar de lado el material po&eacute;tico sin que lo otro limite su expresi&oacute;n. Si bien Cecilia demuestra esos conocimientos, esas lecturas, no aparecen de forma patente en el armaz&oacute;n del poema. Sabemos muy bien que la poes&iacute;a ha de renunciar a todo atisbo de didactismo, como primera v&iacute;a de callar ese yo centr&iacute;peto del mal llamado romanticismo hisp&aacute;nico. Como dijo Ives de Bonnefoy en su discurso del Premio FIL de Guadalajara: &laquo;La poes&iacute;a es la respuesta que se lanza en direcci&oacute;n a la lengua, cuando nos preguntamos acerca de nuestras necesidades fundamentales. No es un lugar para divertimentos, ni de la experimentaci&oacute;n existencial: es el lugar de la exigencia de la responsabilidad&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entrando en <em>La piedra y el ob&uacute;s, </em>percibimos desde el principio, una incursi&oacute;n en la prehistoria del ser humano, desde los ancestros primates hasta que estos se irguieron en la llanura y comenzaron a andar sobre dos piernas. V&eacute;ase este primer fragmento, con una puesta en escena casi b&iacute;blica: &laquo;Y fue el primer d&iacute;a/ del primer mes/ del primer a&ntilde;o/ del primer tiempo/ para el primate / que se irgui&oacute; en la llanura/ y mir&oacute; desafiante al sol&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        A partir de aqu&iacute;, el sujeto l&iacute;rico (hombre, sobre todo) profundiza y avanza a lo largo de 43 fragmentos en la posible historia que nos cuenta la arqueolog&iacute;a, desde ese primer momento, esa primera visi&oacute;n del mundo que tuvo el hombre, pasando por la etapa de cazador-recolector, llegando al asentamiento en virtud del descubrimiento de las ventajas de la agricultura, las primeras ciudades, la guerra, la violencia, etc. Adem&aacute;s se hace una radiograf&iacute;a bastante minuciosa de la evoluci&oacute;n del esp&iacute;ritu humano de los primeros tiempos todo en pos del dominio del medio que le rodeaba y, posteriormente, de cuando el agricultor se transforma en guerrero y as&iacute; conquistar otros asentamientos humanos y gobernar sobre todos como medio de supervivencia: &laquo;para hundirle su lanza/ o clavarle sus flechas/ y marcar con su sangre la tierra conquistada// Ha vencido el instinto. /Ha nacido el guerrero&raquo;. Y aqu&iacute; es donde empieza el mito del h&eacute;roe que &laquo;Consigui&oacute; aquellas tierras / matando sin descanso, / destruyendo cosechas y profanando casas. //La tribu lo recibe con v&iacute;tores terribles&raquo;. Toda esta primera parte aparece en tercera persona, es decir (la no persona), uno o varios personajes l&iacute;ricos alejados en el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Me atrever&iacute;a a decir que por aqu&iacute; aparece las sombras de Carl Jung y su obra <em>El hombre y sus s&iacute;mbolos, </em>con la premisa de que el mito del h&eacute;roe se repite como una constante en todas las culturas, desde la m&aacute;s antigua a la m&aacute;s actual. Jung trata de explicar el significado psicol&oacute;gico que tiene este mito tanto para un individuo en el proceso de la afirmaci&oacute;n de su personalidad como para toda una sociedad que tambi&eacute;n anhela una identidad colectiva. Y por ah&iacute; parece adentrarse Cecilia Dom&iacute;nguez. V&eacute;ase este fragmento XLIII: &laquo;[&hellip;] Pero nada es eterno/ y no te garantizo que ma&ntilde;ana / no vuelva a empu&ntilde;ar, de nuevo, el hacha&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Todas las guerras son civiles &ndash;</em> dice Domingo Acosta Felipe en un poema &ndash;. En la segunda parte (esta vez habla alguien en primera persona), <em>El ob&uacute;s, </em>las guerras se hacen civiles en la unidad de conciencia de un mismo hombre que aparece en clave de di&aacute;logo interior con todas sus bondades, maldades, flaquezas, mentiras y medias verdades sobre su papel en la sociedad.  Aqu&iacute; el ob&uacute;s aparece como s&iacute;mbolo de las guerras contempor&aacute;neas, lo mismo que la piedra lo fue de las del cuaternario. No se trata de una denuncia de la guerra en s&iacute;, esta subyace en las contradicciones del hombre moderno en su d&iacute;a a d&iacute;a, en su constante caer a un vac&iacute;o. Se va perfilando un personaje que no es narrativo debido a la forma en que Cecilia va hilando los pensamientos o mon&oacute;logos internos del mismo. Un pensamiento que canta para perderse en el bosque de sus notas y se plantea la verosimilitud de su yo, el sentido de su existencia, con muchas alusiones a la madre, a la violencia, a la guerra. Es como si se estuviera haciendo un psicoan&aacute;lisis junsgeano y as&iacute; buscara en los sue&ntilde;os los signos y el sentido de su propia vida sobre la Tierra. En este sentido el fragmento 31 de <em>El</em> <em>ob&uacute;s</em> resume y cierra la segunda parte. Claramente se est&aacute; refiriendo al h&eacute;roe (Pero todos sabemos la propensi&oacute;n divina /na dejarse dormir en los laureles.) y tambi&eacute;n, en estos tiempos definidos por la cultura de la ciudad, al antih&eacute;roe (<em>Y un d&iacute;a descubrieron / que t&uacute;, yo, el otro y el de m&aacute;s all&aacute; / hab&iacute;amos fabricado / un infierno m&aacute;s real a sus espaldas).</em> Los dioses tradicionales &ndash; por la idea de la inmanencia &ndash; se han transformado en el punto m&aacute;s alto de un sistema, en el poder f&aacute;ctico mayor. Y esos dioses tecnol&oacute;gicos en forma de ob&uacute;s son los que &laquo;ya estar&aacute;n urdiendo&hellip;otra sutil y cruel tela de ara&ntilde;a&raquo; en la que un d&iacute;a caer&aacute; el hombre y, claro, y la mujer, que ya ha ca&iacute;do en otras redes.
    </p><p class="article-text">
        Al final, esa vitrina de un museo arqueol&oacute;gico. Dentro una reconstrucci&oacute;n de un hombre de la Edad de Piedra. Al otro, el visitante hombre digamos de la Edad del Ob&uacute;s. Ambos se observan y activan la maquinaria de sus respectivos mon&oacute;logos interiores. &iquest;Acaso un dios, el de fuera, acaso un esclavo, el de dentro? &iquest;Qui&eacute;n sabe? Pero en el fondo se reconocen como iguales. &iquest;Ha cambiado mucho el hombre despu&eacute;s de tanto transcurso de la Historia? &iquest;Pero en qu&eacute; punto no coinciden el hombre civilizado del primitivo? &iquest;Qu&eacute; puede llevar al hombre actual a considerarse bueno y civilizado y, sin embargo, ser igual al hombre del cuaternario? Jorge Rodr&iacute;guez Padr&oacute;n lo dijo aplicado al lenguaje po&eacute;tico y, ahora, Cecilia Dom&iacute;nguez Luis lo manifiesta como propio de toda la civilizaci&oacute;n actual: el discurso del cinismo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gardar, junio, 2019 </strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/ambos-lados-vitrina-museo-hombre_132_1457688.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jul 2019 19:38:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Desde ambos lados de la vitrina del museo del hombre]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Museos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En la mirada poliédrica de Olga Rivero Jordán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/mirada-poliedrica-olga-rivero-jordan_132_1523867.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Si a alguna poeta se parece es a la poeta uruguaya Marosa di Giorgio, incluso a Edith Piaf: poeta y cantante que asumen el dolor del mundo, pero que no se evaden de sus propios temores.</p></div><p class="article-text">
        Hace ya much&iacute;simos a&ntilde;os que conoc&iacute; a Olga Rivero Jord&aacute;n. Eran esos tiempos en que la poes&iacute;a comenzaba a tocar en mi puerta. Estamos hablando del a&ntilde;o 1977 en el Ateneo de La Laguna. Mi amigo Juan Carlos Romano me dijo que una gran poeta llevaba una tertulia all&iacute; con poetas j&oacute;venes y principiantes como nosotros. All&iacute; estaba presente casi todo el aforo de la futura (y presente) l&iacute;rica canaria actual con sus bondades y maledicencias. Precisamente por esto &uacute;ltimo Olga decidi&oacute; dejar dicha tertulia; pero a Juan Carlos y a este que escribe nos dijo que acudi&eacute;ramos a su casa situada en el Edificio Benito n&uacute;mero 65, que all&iacute; continuar&iacute;a.
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                </figure><p class="article-text">
        Ese n&uacute;mero 65, ascensor, pasillo, laberinto de Ariadna incluidos, puerta, ladrido de Cerbero, es la primera impresi&oacute;n que ahora me viene al pensamiento y a la memoria al leer el &uacute;ltimo poemario titulado <em>Solar de manuscritos. </em>Esa sala-comedor-biblioteca de Olga era un verdadero solar de manuscritos: amontonados junto a la inmensa cantidad de tomos de poes&iacute;a, enciclopedias, novelas, monta&ntilde;as de folios garrapateados con letra segura y tachaduras. Manuscritos que casi desbordaban la estancia, pero que a Olga le daban esa atm&oacute;sfera de personaje literario redivivo; pero no llegaba a ser bohemia, como afirma Daniel Mar&iacute;a en el pr&oacute;logo de esta edici&oacute;n. Si como dec&iacute;a Olga poes&iacute;a y vida son lo mismo, habr&iacute;a que tener en cuenta el temor que ella siente por la noche y la oscuridad. S&iacute;, es un tema recurrente en ella; pero se trata de una noche observada desde su balc&oacute;n y con la luminosidad del hogar. No es una transe&uacute;nte de la noche, como por ejemplo ese arquetipo Max Estrella de la obra de Valle Incl&aacute;n: Olga es una hiladora de la luz, no de la sombra. Si a alguna poeta se parece es a la poeta uruguaya Marosa di Giorgio, incluso a Edith Piaf: poeta y cantante que asumen el dolor del mundo, pero que no se evaden de sus propios temores. Adem&aacute;s, me consta que en ese solar que poco tiene de met&aacute;fora o hip&eacute;rbole, entre tanto papel, ya estaban sembradas las semillas de lo que ser&iacute;a toda su obra posterior. Por ah&iacute; ya brillaban los zapatos que nuestra poeta se calzar&iacute;a para andar por el mundo. As&iacute; el t&iacute;tulo de su primera obra, la plaquette <em>Los zapatos del mundo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Entrando en <em>Solar de manuscritos,</em> prueba de lo que digo v&eacute;ase en el poema &laquo;Paisaje&raquo;: <em>Este mont&oacute;n de libros/ divierte al z&aacute;ngano/ escudri&ntilde;ador de papiros. / Con el polen/ en la punta de sus plumas/ ojea letras/ revuelca cr&iacute;menes/ vertidos en los esp&iacute;ritus viajeros/ al apagarse las noches/ de estas perras ruinas/ gritos del marisque&ntilde;o eco/ de ciertos abedules. </em>Y no solo se matiza lo que digo de entonces, sino de una serie de hechos ocurridos con posterioridad, cuando aparecen esos &laquo;escudri&ntilde;adores&raquo; en el paisaje de su solar. S&eacute; por Olga Luis, su hija, y por Roberto Cabrera que los poetas, ahora tan aparentemente triunfadores, acud&iacute;an en manada, muchos de ellos a escudri&ntilde;ar, muchos de ellos z&aacute;nganos en busca de miel. Esto es importante decirlo porque la cosmovisi&oacute;n po&eacute;tica de Olga abarca todo el universo: el abstracto y el concreto. Y en esa frontera entre lo uno y lo otro la poeta plasma no solo su pensamiento po&eacute;tico sino su opini&oacute;n e impresi&oacute;n positiva o negativa de las personas sobre todo poetas j&oacute;venes en ciernes, que la rodeaban. Sus cuitas y sus desvelos. Olga prefer&iacute;a a aquellos j&oacute;venes que se parec&iacute;an a sus queridas palomas a las que puntualmente repart&iacute;a su raci&oacute;n de millo en la plaza lagunera del Adelantado. Si no me creen, observen c&oacute;mo empieza este poemario, esa referencia a Narciso que abre el <em>Solar</em>, esos jazmines que envidian su propio aroma en el espejo. Es decir, que recelan la nada.
    </p><p class="article-text">
        Yo dije en cierta ocasi&oacute;n que en la <em>F&aacute;bula</em> <em>Polifemo y Galatea,</em> escrito por G&oacute;ngora en el siglo XVII, se narra (de ah&iacute; lo de <em>f&aacute;bula</em>) la muerte del C&iacute;clope; es decir, la muerte de la visi&oacute;n un&iacute;voca del mundo y la inauguraci&oacute;n en poes&iacute;a de una visi&oacute;n absolutamente poli&eacute;drica (f&iacute;jense, Arozarena, <em>Poliedros de mar</em>). No quiero con ello establecer que la poes&iacute;a de Olga Rivero Jord&aacute;n sea gongorina o barroca, al menos en cuanto a la expresi&oacute;n. S&iacute; participa Olga en cuanto a esa mirada, quiz&aacute;s ya no beba de la fuente de G&oacute;ngora; pero seguro que s&iacute; de Fray Andr&eacute;s de Abreu: misma visi&oacute;n, expresi&oacute;n sencilla, verso corto apoyado en la imagen y hasta en la alegor&iacute;a. Pero no solo esto, tambi&eacute;n los poetas simbolistas, sobre todo Rimbaud, Dylan Thomas, Ezra Pound, los surrealistas, Whitman, Borges. La expresi&oacute;n po&eacute;tica de Olga es surreal en muchas ocasiones, pero habr&iacute;a que matizar que este surrealismo es producto de una rebeld&iacute;a o respiraci&oacute;n propia de nuestra autora, rebeld&iacute;a y subversi&oacute;n sobre todo contra el lenguaje que acota la realidad y le impide ver el mundo tal como ella lo percibe. Olga se manifiesta con un lenguaje doblemente fronterizo: como mujer que vive entre el lenguaje de un patriarcado que pretende estereotiparla y esa riqueza interior; y, como poeta, consciente de poseer una mirada poli&eacute;drica y que el lenguaje, en este caso po&eacute;tico, no le alcanza para esa expresi&oacute;n, de ah&iacute; le viene su irrupci&oacute;n en lo on&iacute;rico. Poeta mujer s&iacute;, pero que irrumpe con voz propia y sin ambages en el territorio de la Poes&iacute;a.  Lean el poema &laquo;Matiz&raquo;: <em>Eres la diosa matizante/ de un universo/ donde peinas cabelleras/ con trenzas anudadas/ a tu coraz&oacute;n repleto/ de ternura. </em>Diosa deseada y deseante, quiz&aacute;s como Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, pero no esa Cibeles que devora a sus criaturas. No ronda Nietzsche por este solar, tampoco Epicuro.
    </p><p class="article-text">
        El estilo de Olga Rivero Jord&aacute;n es &uacute;nico e irreemplazable, producto de un mestizaje expresivo y una memoria po&eacute;tica que recorre desde el primer balbuceo hasta la mayor profundizaci&oacute;n en el esp&iacute;ritu humano. Su verso seguro va m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites acad&eacute;micos de escuelas, generaciones, movimientos y prosodias. Su ritmo a veces desenfrenado, pero, concretamente en <em>Solar de manuscritos, </em>encontrando una armon&iacute;a extra&ntilde;a que hermana los sentidos, as&iacute; como el propio cuerpo con los objetos rutinarios. No renuncia Olga a las asonancias, yo dir&iacute;a que m&aacute;s bien son resonancias. Tampoco al silencio ni a la m&uacute;sica, sobre todo al jazz.
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos a ese <em>Solar de manuscritos</em> y al poema hom&oacute;nimo: <em>Una manada de ojos/ culebrea/ en un mill&oacute;n de pensamientos. / Me hilan con hormigas/ caravana de lunas/ del sol m&aacute;s lluvioso de este cuerpo. </em>Cuerpo f&iacute;sico y cuerpo del poema que nuestra hiladora de luz est&aacute; tejiendo (los poemas de Olga siempre transcurren en un instante atemporal) en el &eacute;ter del mundo supralunar que ya dec&iacute;a Arist&oacute;teles: el mundo sublunar est&aacute; compuesto por los elementos del arj&eacute; y el supralunar por el &eacute;ter, es decir, ese quinto elemento del que se alimentan los dioses y, por tanto, la poes&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Hay mucho m&aacute;s que analizar en este entramado repleto de caminos que se bifurcan, en palabras de Borges. <em>Solar de manuscritos </em>es un laberinto y a ustedes les corresponde no ya hallar la salida o toparse con el Minotauro de Olga, sino encontrar ese sendero que los lleve a solar donde habitan ustedes mismos. Sigan las se&ntilde;ales y c&oacute;janse de la mano tierna que Olga Rivero Jord&aacute;n les brinda. Encuentren en ella a la maestra que encontr&eacute; yo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Antonio Arroyo Silva</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>G&aacute;ldar, 2019.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/mirada-poliedrica-olga-rivero-jordan_132_1523867.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Jun 2019 17:52:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[En la mirada poliédrica de Olga Rivero Jordán]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entre el éter y la eternidad está la puerta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/eter-eternidad-puerta_132_1592801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed3a54e4-56ba-4592-8da7-ef47e54d2c15_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Portada de &#039;Éter&#039;, de Sandra Santos."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dice Jorge que la mujer poeta siempre está en una frontera entre el lenguaje institucionalizado del hombre y ese mundo silenciado durante siglos de la mujer.</p></div><p class="article-text">
        Conoc&iacute; a Sandra Santos una tarde-noche de Facebook por azar. Buscaba a mi otra amiga Sandra Santos brasile&ntilde;a, que tiempo atr&aacute;s me hab&iacute;a publicado un librito titulado <em>No dejes que el arquero </em>como parte de su inmenso proyecto Instante Estante. As&iacute; que ahora conozco a una Sandra Santos en cada orilla de esta bella lengua portuguesa por la que actualmente siento tal fascinaci&oacute;n que hasta me he atrevido a leerla e, incluso, a traducirla. Desde ese momento que les digo de hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o hemos compartido esa inquietud Sandra y yo; ella, con su jovenc&iacute;sima madurez; el que escribe, con esta mirada a la busca del tiempo perdido de la juventud.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s vino el reciente encuentro en el Festival Internacional de Poes&iacute;a de Puerto Rico y ah&iacute; pude apreciar a la poeta verdadera que en realidad es Sandra Santos. Porque poes&iacute;a y vida son realmente las dos caras de la misma moneda, la respiraci&oacute;n y el ritmo se exhalan al un&iacute;sono. Lo mismo que la memoria y el recuerdo: la memoria como hecho literario que sit&uacute;a a la poeta y le indica el camino a seguir hacia ese espacio supralunar del &eacute;ter, el recuerdo que trae sus vivencias, sus sue&ntilde;os y las transforma en im&aacute;genes en el poema.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Para Arist&oacute;teles el &eacute;ter era el material del que se compon&iacute;a el llamado mundo supralunar, mientras que el mundo sublunar se compone de los cuatro elementos conocidos: tierra, agua, aire y fuego. As&iacute;, uno de los llamados Himnos &Oacute;rficos de la Antigua Gracia dec&iacute;a: &laquo;<em>&Eacute;ter que te muestras en lo alto, el mejor elemento del cosmos, &iexcl;oh ilustre brote!, portador de luz, brillante de estrellas: nombr&aacute;ndote, te suplico que, sereno, nos seas agradable</em><em>&raquo;</em><em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        Nuestra poeta Sandra Santos sabe jugar con las m&uacute;ltiples acepciones de la palabra &eacute;ter, desde la mitol&oacute;gica que alude a los ritos de purificaci&oacute;n &oacute;rficos que, por cierto, desarrolla Pessoa a trav&eacute;s de su heter&oacute;nimo Ricardo Reis. Pero tambi&eacute;n y, sobre todo, con gran acierto, sabe situarlo como eje central de la arquitectura que constituye su poemario.
    </p><p class="article-text">
        Una imagen pict&oacute;rica introduce cada una de las partes del poemario: dos mariposas volando al un&iacute;sono, para Mundo; una polilla como la de <em>El silencio de los corderos</em> para Muerte; otra mariposa con las alas abiertas, para Amor. Y, por &uacute;ltimo, algo que est&aacute; entre el hueso de una pelvis femenina y una mariposa para Mujer. El com&uacute;n denominador de estas im&aacute;genes gr&aacute;ficas es el difumino propio de la tinta al diluirse en el agua. Yo dir&iacute;a que en el &eacute;ter. Adem&aacute;s, la mariposa va a ser un s&iacute;mbolo recurrente a lo largo del poemario. Claro, la mariposa simboliza esa metamorfosis, ese cambio, ese movimiento al que est&aacute; sometido la vida. Y todo el poemario va a ser escrito con el &eacute;ter de la eternidad.
    </p><p class="article-text">
        En la primera parte un sujeto l&iacute;rico le dice a Mundo que acepte que solo es morada de algo que est&aacute; en el constante cambio de lo ef&iacute;mero y que acepte esa finitud: <em>acepta que eres solo/un pedazo recrudeciendo/en un todo de todo. </em>Solo una especie de contemplaci&oacute;n m&iacute;stica lleva al entendimiento de algo que &laquo;se deja asombrar por lo extraordinario. Y todo esto nos lleva al tema de la soledad como &uacute;nico camino para el amor. Hay un debate entre lo masculino y lo femenino, que parece ser el eje en donde gira ese mundo: &laquo;um murm&uacute;rio quase no&ccedil;&atilde;o do mondo&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Muerte entramos en una visi&oacute;n diferenciada de la misma: &laquo;&iquest;hay mayor dolor que el f&iacute;sico, el de un vivo/ crey&eacute;ndose muerto?]&raquo;. Y, m&aacute;s adelante, &laquo;camina expuesta/ a las muertes que ensayan la vida&raquo;. El debate ente el hombre y la mujer que hac&iacute;a girar el mundo ahora se centra en esa muerte en vida. El mundo como cuerpo en su acabamiento, el mundo como poema. La mujer sigue presa de lo m&iacute;nimo y absoluto (sic) y as&iacute; manifiesta el drama final por todo su f&iacute;sico. El hombre que incita a la mujer a soplar por en las heridas de su esp&iacute;ritu (del hombre, claro).
    </p><p class="article-text">
        Y de esta manera entramos en Amor. No un amor constante m&aacute;s all&aacute; de la muerte, como dir&iacute;a Quevedo. Un amor visto con los ojos de una mujer que &laquo;destrenza y resbala y abarca/ el amor del mundo en aquel hombre/ que se ha acercado a ella//desvel&aacute;ndole el misterio&raquo;. El amor y todas sus variantes y todas sus consecuencias como el desenga&ntilde;o, &laquo;hasta que yo sea una historia repetida por el &uacute;ltimo hombre&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; he de hacer un inciso para hacer referencia a <em>El barco de la luna. Clave femenina de la poes&iacute;a hispanoamericana,</em> de Jorge Rodr&iacute;guez Padr&oacute;n. Dice Jorge que la mujer poeta siempre est&aacute; en una frontera entre el lenguaje institucionalizado del hombre y ese mundo silenciado durante siglos de la mujer. A diferencia del hombre, la mujer no teme la ca&iacute;da al abismo, no teme perderse. Y esta falta de temor a ese desasosiego es precisamente lo que transforma el sentimiento secreto de la mujer en poes&iacute;a. En estos 33 poemas de <em>&Eacute;ter</em> hay mucho de esto que resumo; pero especialmente en esta secci&oacute;n y en la que cierra el libro (&iquest;lo abre?). El idealismo (o idealizaci&oacute;n) del hombre hacia la mujer es otro tipo de &eacute;ter nocivo que rodea de alguna manera todo el poemario. De ah&iacute; la necesaria &uacute;ltima parte, Mujer y, as&iacute;, desde este cuerpo de mujer tengamos &laquo;La posibilidad/ de que el amor sea un &eacute;ter/ amni&oacute;tico ca&oacute;tico/ semilla de lo eterno&raquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/eter-eternidad-puerta_132_1592801.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Apr 2019 08:49:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Entre el éter y la eternidad está la puerta]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A ese día nuestro fuera de los calendarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/dia-calendarios_132_1707984.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El único día nuestro puede ser el de nuestra vida, de nuestra muerte, de nuestro amor, que son las tres heridas de Miguel Hernández.</p></div><p class="article-text">
        Dice el cr&iacute;tico Jorge Rodr&iacute;guez Padr&oacute;n que toda poes&iacute;a debe tener una base de religi&oacute;n, entendiendo dicho t&eacute;rmino a partir los dos &eacute;timos latinos que constituyen esa palabra: <em>religare </em>(unir lo que estaba roto) y <em>relegere </em>(leer de nuevo o leer con la memoria de lo escrito a lo largo de todo el proceso de la poes&iacute;a desde su g&eacute;nesis a la actualidad). Esta religi&oacute;n, cuyo fin ya no es la simple comunicaci&oacute;n con la comunidad humana, sino una suerte de comuni&oacute;n total con la misma, aparece claramente a lo largo de <em>Poes&iacute;a para el &uacute;nico d&iacute;a nuestro, </em>este poemario de Odalys Interi&aacute;n recientemente galardonado con el Premio <em>Dulce Mar&iacute;a Loynaz</em> de Poes&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Escribir es un acto de fe para Odalys que va desde el m&aacute;s profundo desasosiego por el desarraigo y el exilio, pasando por una crisis de valores ya en el lugar de acogida y llegando (c&oacute;mo no) a la esperanza que solo se puede hallar en Dios y en el amor. Una especie de ascesis muy propia de la poes&iacute;a de Odalys Interi&aacute;n que la diferencian de las dem&aacute;s po&eacute;ticas del mismo tema y localizaci&oacute;n geogr&aacute;fica e hist&oacute;rica y, por ende, la singularizan, le dan su sello de autenticidad. Sin entrar en cuestiones de ortodoxia o heterodoxia cristiana, sino en hechos estrictamente po&eacute;ticos, me atrever&iacute;a a afirmar que este Dios de nuestra poeta no es el de los dogmas, sino que tiene mayor similitud (y sus diferencias) con el concepto de Dios que refleja Rainer Maria Rilke en <em>El libro de horas.</em> Dicho con mis palabras: <em>&laquo;el dios de los dejados de la mano de dios&raquo;. </em>As&iacute; pues, todo el poemario transcurre como si de un libro de horas u oraciones se tratara. Ese intimismo, esa utilizaci&oacute;n de la primera persona del singular (sujeto l&iacute;rico directo), apoyan lo dicho. Tambi&eacute;n ese dios-lector que completar&iacute;a el acto de la creaci&oacute;n po&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <em>Poes&iacute;a para el &uacute;nico d&iacute;a nuestro </em>no solo revela el drama del exilio cubano (interior y exterior), sino que este se prolonga a la memoria universal del ser humano a trav&eacute;s de esta poeta llamada Odalys Interi&aacute;n. Sin embargo, teniendo en cuenta que los l&iacute;mites de los g&eacute;neros en la literatura actual (conscientemente) no est&aacute;n delimitados, los poemas de este libro jam&aacute;s entran en la nostalgia muy com&uacute;n de trazar lo &eacute;pico (tampoco lo ideol&oacute;gico), pues jam&aacute;s abandonan el sentimiento l&iacute;rico y mucho menos el sentido del poema. As&iacute;, Interi&aacute;n logra armar una simbolog&iacute;a propia relativa al dolor  &ndash; que parece ser el eje tem&aacute;tico de la obra &ndash;. Singularidad  no desvinculada de esa memoria hist&oacute;rica y po&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <em>Poes&iacute;a para el &uacute;nico d&iacute;a nuestro, </em>es un libro sobre ese temblor de la Humanidad ante el miedo y el dolor (que aqu&iacute; se concretan en exilio y di&aacute;spora) del que hablaba Jacques Derrida en su art&iacute;culo <em>El temblor</em> le&iacute;do p&oacute;stumamente por su viuda en una sesi&oacute;n de la UNAM. El &uacute;nico d&iacute;a nuestro puede ser el de nuestra vida, de nuestra muerte, de nuestro amor, que son las tres heridas de Miguel Hern&aacute;ndez.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, hay que destacar, por supuesto, que Odalys Interi&aacute;n se manifiesta como poeta insular y, aunque no est&eacute; en Cuba por las razones expresadas, ah&iacute; est&aacute;n la a&ntilde;oranza y el desgarramiento de salir de esa isla-madre. Si nuestro poeta canario Pedro Garc&iacute;a Cabrera dec&iacute;a<em> &laquo;Un d&iacute;a habr&aacute; una isla/que no sea un silencio amordazado. / Que me entierren en ella, / donde mi libertad d&eacute; sus rumores/ a todos los que pisen sus orillas&raquo;, </em>encuentren ustedes <em> </em>esa isla, mujer, madre, fe, destino y esperanza llamada <em>Poes&iacute;a para el &uacute;nico d&iacute;a nuestro.</em> 
    </p><p class="article-text">
        Antonio Arroyo Silva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/dia-calendarios_132_1707984.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Feb 2019 18:45:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[A ese día nuestro fuera de los calendarios]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Crónica de una nada hecha gofio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cronica-de-una-nada-hecha-gofio_132_1878526.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Es muy probable que cuando la mayoría de los lectores lean este artículo me agredan, me echen encima todas las maldiciones, me digan que soy un elitista, un machista, un feminista, un rojo o un facha.</p></div><p class="article-text">
        Es muy probable que cuando la mayor&iacute;a de los lectores lean este art&iacute;culo me agredan, me echen encima todas las maldiciones, me digan que soy un elitista, un machista, un feminista, un rojo o un facha. Cada cual acomoda el cotarro a sus intereses y decir las cosas como son hace que las aguas sucias salpiquen a muchas personas, incluso es posible que al que escribe. Pero heme aqu&iacute; no con la intenci&oacute;n de hacer un pliego de descargo o de decir &laquo;yo no fui&raquo;. Tampoco me mueve el miedo a expresar los hechos como a la mayor&iacute;a de la gente que aun viendo no dicen &laquo;por respeto&raquo; o en aras de la paz eterna del reino de la literatura.
    </p><p class="article-text">
        Reconozco que en art&iacute;culos anteriores hab&iacute;a dejado caer en clave ir&oacute;nica y hasta po&eacute;tica muchos de los hechos que aqu&iacute; voy a denunciar. L&eacute;ase, por ejemplo, &laquo;Venganza de los santos cobardes&raquo; publicado en mi columna <em>El Enyesque </em>del peri&oacute;dico digital <em>Diario.es, </em>entre otros. Eran tiempos en que uno ve&iacute;a a la Santa Inquisici&oacute;n por todos lados y pensaba que, como Quevedo y G&oacute;ngora en su &eacute;poca, ten&iacute;a que expresarme en una especie de lenguaje de german&iacute;a o en un <em>trovar clus</em> &laquo;porque, si no lo digo como sea, reviento&raquo;. Por tanto, aqu&iacute; no va a haber arte de ingenio, ni intenci&oacute;n est&eacute;tica. La cuesti&oacute;n es ir al grano de una vez: pero tampoco voy a renunciar a ese sentido ir&oacute;nico que me viene de nacimiento. De momento no voy a nombrar ni a santos ni a cobardes, solo pretendo que unos y otros reflexionen un poco.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto est&aacute; relacionado con el panorama literario que actualmente tiene un nivel bastante elevado de movilidad &mdash; y poca calidad &ndash; en este sitio tan peque&ntilde;o que son las Islas Canarias. Cada vez hay m&aacute;s personas que de repente se sienten tocados por la mano de los dioses del Parnaso. La gran mayor&iacute;a piensa que por el hecho de emborronar entre 60 y 100 folios ya son poetas inmortales a la altura de los m&aacute;s c&eacute;lebres. No caen en la cuenta de que el trabajo po&eacute;tico (si acaso) es el trabajo de toda una vida. No ven los defectos propios, ni oyen que sus versos suenan como una caja de grillos pues cada dos palabras hay un ripio, un contrasentido, un error evidente para cualquier lector que tenga un m&iacute;nimo de formaci&oacute;n. Y no hablo de que la poes&iacute;a tenga que ser, como dicen algunos por ah&iacute;, <em>entendible</em> ni tampoco <em>cr&iacute;ptica.</em> No, estoy hablando de poemas y estos tienen un lenguaje, una estructura y un ritmo &uacute;nicos e inconfundibles. Pero, claro, como hay una confusi&oacute;n entre fe y poes&iacute;a, si se dieran cuenta en alg&uacute;n momento o alguien les dijera algo, dir&iacute;an que eso son nimiedades o que uno es un elitista o un estirado. No hay autocr&iacute;tica, no hay trabajo po&eacute;tico, entonces.
    </p><p class="article-text">
        Enfrente a estas individualidades (hombres o mujeres), hay cientos de personas que nunca escatiman la alabanza desaforada y aqu&iacute; entra ya el tema de que, si ese aspirante a poeta se cre&iacute;a tocado por los dioses, en ese momento ya se creer&aacute; un dios. Y mal hecho: el motor de la poes&iacute;a, m&aacute;s que la soberbia, es la humildad, aunque es verdad demostrada que el peor soberbio presume de humildad dicharachera. No hay autocr&iacute;tica, no hay cr&iacute;tica, ni siquiera eso de &laquo;oye, mejor te dedicas a arar el campo que vas a sacar m&aacute;s y ser&aacute;s m&aacute;s honrado&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En estos tiempos que corren de crisis, por un lado, y de desenfreno, por el otro, resulta que todo el mundo, como dec&iacute;a Alba Sabina, es polifac&eacute;tico o <em>multinosequ&eacute;</em>. No solo es poeta o escritor experimentado, sino tambi&eacute;n profesional de la edici&oacute;n, sobre todo en dise&ntilde;o de portadas y enmaquetaci&oacute;n de textos. Vean ustedes mismos los resultados. No s&eacute; por qu&eacute; casi todos tienen fijaci&oacute;n con todos los colores del arco iris.
    </p><p class="article-text">
        Bueno, por si acaso, siempre hay alguna editora profesional que edita <em>luquesea</em> a cambio de dos o tres salarios mensuales. Eso s&iacute;, la edici&oacute;n queda de maravilla y si uno fuera ciego, analfabeto o tonto y no se parara a leer el interior, as&iacute; quedar&iacute;a, de l&aacute;mpara maravillosa (aunque sin genio). Ya tenemos solucionado el problema de las patas de la mesa que cojean y el de la calefacci&oacute;n. En aquel caso, lo penoso es la forma y el fondo. En este, lo mejor de todo es el fondo pecuniario. Bueno, tampoco es cuesti&oacute;n de exagerar. Hay muy buenas autoediciones, con poemas inmejorables, portadas estupendas y enmaquetados de pel&iacute;cula. Lo peor es que aquellas desdicen a estas ante el p&uacute;blico lector.
    </p><p class="article-text">
        Y, para colmo, estos poetas en ciernes se erigen como cr&iacute;ticos literarios de s&iacute; y de los amigos. A ver, enti&eacute;ndase, no hay mayor responsabilidad que hacer una rese&ntilde;a a un amigo, para bien o para mal. Si es para mal, pero razonado, el referido aspirante a cr&iacute;tico demuestra su amistad &mdash; y de paso su honestidad &mdash; al tomar nota de los defectos que se le apuntan. Y el referente mejorar&aacute; al menos en esos aspectos. Pero si el amigo deja de ser amigo de aquel que le hizo la rese&ntilde;a, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; la amistad, d&oacute;nde la libertad de criterio? De todas maneras, en caso de que la rese&ntilde;a no siga el canon de adjetivaci&oacute;n exacerbada, el rese&ntilde;ista tambi&eacute;n podr&iacute;a ganarse un enemigo o una enemiga que, para el caso, los unos y las otras mean por el mismo conducto.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a peor que todo esto que les vengo contando, es cuando los poetas se ponen besucones y se dedican a festivalear con todo quinque. Y as&iacute; te tropiezas con encuentros donde intervienen cientos de poetas de esta laya (incluso algunos considerados de altos coturnos), cuyo fin es alzar los fundamentos de una humanidad mejor y llenar de espacios los supuestos eriales, porque la poes&iacute;a nos salva y blabl&aacute;. Verdaderamente, los &uacute;nicos invitados que se salvan de tanta lid son los que desistieron de tal invitaci&oacute;n o aquellos que no fueron invitados por cualquier motivo. La cuesti&oacute;n es que en ese lugar de encuentro no nos vamos a encontrar a nadie m&aacute;s que no sea del ramo de juntaletras sin tino.
    </p><p class="article-text">
        Hermanos m&iacute;os, pero, &iexcl;qu&eacute; casualidad!, es el punto en que se encuentran los que m&aacute;s y los que menos.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, iba a hablar de algunos premios literarios de las Islas; pero, como yo no he estado en esos jurados &mdash; me niego rotundamente &mdash;, l&eacute;ase esta cr&oacute;nica par&oacute;dica de mi corresponsal en las islas mayores:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Llamada de tel&eacute;fono de un miembro del jurado a un poeta participante en el concurso
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Oye, hermano: estamos a punto de fallar y, co&ntilde;o, no me acuerdo del t&iacute;tulo de tu poemario. Tampoco reconozco tu forma de escribir, pues me hab&iacute;as dicho que lo que presentarlas ser&iacute;a algo nuevo para sorprender, incluso, a m&iacute;. Bueno, dime el pseud&oacute;nimo, que te olvidaste de darme esa important&iacute;sima clave. Con &eacute;l me quedo m&aacute;s r&aacute;pido. Dale, que fallamos en cinco minutos, cojones
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Mi pseud&oacute;nimo es EL ENCHUFADO.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Me cag&oacute; en Dios y en las mil v&iacute;rgenes, te dije que no lo hicieras tan evidente. Pero no importa, la cosa va de enchufes. Empieza a festejarlo ya. Eres el nuevo Premio de Poes&iacute;a...&raquo; 
    </p><p class="article-text">
        Y t&uacute;, que entraste despistado al jolgorio, me preguntar&aacute;s: &iquest;y qu&eacute; es poes&iacute;a? Y otro t&uacute;, alguien m&aacute;s avispado que t&uacute;, que en su vida ha le&iacute;do o escuchado un poema dir&aacute;: &laquo;vaya rollo ese de la poes&iacute;a, con tanto lloriqueo, con cosas que no tienen pies ni cabeza&raquo;. Y no lo dicen por no entender, muchas de estas personas entienden y saben bien de los misterios de la vida. Pero, a partir de ese momento ya van a confundir las cosas. Nadie les va a decir qu&eacute; es buena poes&iacute;a o qu&eacute; no lo es.
    </p><p class="article-text">
        Nada somos, nada tenemos y, as&iacute; y todo, como el t&iacute;tulo de aquella novela tan poco le&iacute;da de Juan Cruz, la nada est&aacute; hecha pedazos, est&aacute; hecha gofio (y no lo digo por el Mil&uacute; de las letras canarias).
    </p><p class="article-text">
        En fin, ma&ntilde;ana hablaremos de los plagiadores y de los poetas apesebrados.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cronica-de-una-nada-hecha-gofio_132_1878526.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Oct 2018 08:30:12 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Crónica de una nada hecha gofio]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De cuervos y de infamias en la cámara poética de Félix Anesio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cuervos-infamias-poetica-felix-anesio_132_2046070.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo dice el poeta Félix Anesio desde su atenta vigilia, que se confiesa creyente: siempre queda una luz de esperanza.</p></div><p class="article-text">
        En la entrevista de la poeta Lilian Moro que sirve de pr&oacute;logo a esta edici&oacute;n de <em>Los cuervos y la infamia, </em>F&eacute;lix Anesio, autor de dicho poemario le responde que los cuervos representan en sus poemas el desconcierto y el horror y, sobre todo, un enigma indescifrable. Por otro lado, define la infamia como el polo opuesto de aquellos ideales humanistas que suponen el honor, la bondad y la nobleza. Esto ya me da una idea de c&oacute;mo abordar la obra y desarrollar estas notas que vienen a continuaci&oacute;n que no tienen mayor aspiraci&oacute;n que ser mi propia lectura
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Mientras le&iacute;a <em>Los cuervos y la infamia</em> me vino la sensaci&oacute;n de pel&iacute;cula en blanco y negro, algo as&iacute; entre el cine de Fellini de sus primeros tiempos neorrealistas y Bergman. Sobre todo, el segundo al que el autor reconoce como maestro. No es gratuito afirmar que la relaci&oacute;n y el di&aacute;logo de las artes ha sido bastante fruct&iacute;fera para el desarrollo de la creaci&oacute;n en la cultura occidental. En F&eacute;lix Anesio vemos reflejado esto claramente: esa relaci&oacute;n entre su poes&iacute;a y el cine hace que la progresi&oacute;n de sus im&aacute;genes sea visual y cinest&eacute;sica: imagen en movimiento constante y distintos planos. El ojo del poeta tras la c&aacute;mara. Tambi&eacute;n se observa cierta influencia del expresionismo alem&aacute;n, no solo en lo cinematogr&aacute;fico sino tambi&eacute;n del po&eacute;tico y pict&oacute;rico (M&uuml;nch). En esa sala de espera del poema <em>El callej&oacute;n de los vencidos</em> se intuye la sonrisa morbosa de un Gottfried Benn y, por supuesto, la presencia de Bruno Schulz&mdash;de ah&iacute; la dedicatoria&mdash;.&nbsp; De hecho, el propio F&eacute;lix Anesio se pregunta en un breve poema de la primera parte:
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Es misi&oacute;n del artista desentra&ntilde;ar</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>la oculta belleza de lo horrendo?</em>
    </p><p class="article-text">
        Como Benn en su libro <em>Morgue y otros poemas</em> que ve la belleza en un &aacute;ster que crece en el interior del pecho de un cad&aacute;ver:
    </p><p class="article-text">
        <em>Lo instal&eacute; entre virutas</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>en la cavidad del t&oacute;rax</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>mientras lo cos&iacute;amos.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Bebe hasta el hartazgo en tu florero!</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Descansa en paz</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>peque&ntilde;a &aacute;ster!</em>
    </p><p class="article-text">
        No obstante, Anesio nos expresa a los lectores la cuesti&oacute;n en forma de pregunta que produce un tono reflexivo y abierto.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; llegamos al poema <em>Rara avis</em> que trata de la figura del famoso Hombre Elefante; pero est&aacute; basado en la pel&iacute;cula de David Lynch &mdash; por cierto, rodada en blanco y negro &ndash;, pues se alude a John Merrick y no al personaje real, de nombre Joseph.
    </p><p class="article-text">
        Los poemas de <em>Los cuervos y la infamia </em>parecen un montaje de producci&oacute;n cinematogr&aacute;fica. De hecho, esta es una caracter&iacute;stica del poemario que apoya lo que dec&iacute;a antes de la relaci&oacute;n de este libro con el cine. El poeta no es un pintor ni un m&uacute;sico, sino un cin&eacute;filo que aspira a rodar una pel&iacute;cula que, a la postre, se transforma en un libro de poemas, en blanco y negro. Todo alude a esta ant&iacute;tesis de los tonos que van del blanco al negro: los cuervos, la infamia, las escenas de la sala de espera, el pez abisal, el poeta muerto&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Pero todo no se queda en un mero devaneo entre la realidad y la ficci&oacute;n, en un mundo descolorido e impersonalizado que ocupa las partes I y II de la obra. Tambi&eacute;n est&aacute; ese sujeto l&iacute;rico que entra en escena para equilibrar esa tremenda ca&iacute;da al infierno de Dante que es, en la segunda parte, el poema antes aludido <em>El callej&oacute;n de los vencidos</em>. Un infierno queda atr&aacute;s y F&eacute;lix Anesio asume su condici&oacute;n de trasterrado, sin evitar ese tono existencialista de abandono. En la tercera parte del libro, el tono, el ritmo y el registro cambian y el poema disminuye considerablemente hasta llegar a un solo verso. Poemas con tendencia al aforismo reflexivo con un toque de iron&iacute;a y cr&iacute;tica social (de forma indirecta en las partes precedentes) a cierto r&eacute;gimen que le toc&oacute; vivir y del que ahora sufre las consecuencias en su exilio. L&eacute;ase &laquo;Clase de historia en Cuba, 1960&raquo;:
    </p><p class="article-text">
        <em>Una mano escribe en la pizarra: &laquo;El Imperialismo se derrumba.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El futuro pertenece por entero al Socialismo&raquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Hace ya muchos a&ntilde;os que la profesora descansa en paz.</em>
    </p><p class="article-text">
        O el extremo existencialismo contenido en el poema <em>Ceremonial lit&uacute;rgico</em> que llega a su punto m&aacute;s alto, pues ya viene siendo una t&oacute;nica a lo largo del libro:
    </p><p class="article-text">
        <em>Nos consumimos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>como cirios</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>en el altar de nadie.</em>
    </p><p class="article-text">
        No obstante, este <em>Los cuervos y la infamia</em> se cierra con un poema en prosa que, seg&uacute;n mi punto de vista, resume todo lo anterior. Pero esta vez recurre a la analog&iacute;a musical: &laquo;Todo un complejo entramado para crear un arte, en el que se hace&nbsp;&nbsp; indispensable&nbsp;&nbsp; el silencio&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lean esta obra con hilatura magistral, aunque, como se dice en el poema inicial <em>Los seminaristas</em>, les pueda llenar de turbaci&oacute;n la imagen que recuerden. &iquest;Pero que ser&iacute;a de la poes&iacute;a sin este estado de turbaci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a de la belleza si no estuviera en los lugares m&aacute;s inimaginables como la pobreza y la podredumbre del ser humano? &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a de Baudelaire, de Poe, de Rimbaud, de Ingmar Bergman?
    </p><p class="article-text">
        Lo dice el poeta F&eacute;lix Anesio desde su atenta vigilia, que se confiesa creyente: siempre queda una luz de esperanza. Como William Carlos Williams, cree que a&uacute;n en el infierno crece la flor del asf&oacute;delo.
    </p><p class="article-text">
        _______________________________________________________________________________________
    </p><p class="article-text">
        <strong>F&eacute;lix Anesio </strong>Guant&aacute;namo, 1950).&nbsp; Poeta cubano e ingeniero de profesi&oacute;n. Ha publicado el libro de relatos&nbsp;<em>Cr&oacute;nicas aldeanas&nbsp;</em>(2009 y 2011) y su versi&oacute;n en ingl&eacute;s&nbsp;<em>A Tale of Two Villages&nbsp;</em>(2012) y los poemarios&nbsp;<em>El ojo de la gaviota&nbsp;</em>(2015) y&nbsp;<em>Los cuervos y la infamia&nbsp;</em>(2018). Su poes&iacute;a fue seleccionada en&nbsp;<em>Bojeo de la isla infinita. Antolog&iacute;a de 6 poetas cubanos&nbsp;</em>&nbsp;(2013), introducci&oacute;n y selecci&oacute;n del poeta cubano Ar&iacute;stides Vega Chap&uacute;.&nbsp; Dirige el blog&nbsp;<em>Cr&oacute;nicas aldeanas</em>:&nbsp;www.cronicasaldeanas.blogspot.com.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cuervos-infamias-poetica-felix-anesio_132_2046070.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Jun 2018 15:47:51 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[De cuervos y de infamias en la cámara poética de Félix Anesio]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las bolas del cristal o estar desnudo por encima del traje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/bolas-cristal-desnudo-encima-traje_132_3816999.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Eventualmente,  surgen algunos adalides de la cultura que, al principio, muestran una gran valentía ante el foro para, finalmente, arrimarse a las haldas de quienes ostentan el poder de esa parcela que en nuestro país sigue llamándose Cultura.</p></div><p class="article-text">
        Cuando escribo un art&iacute;culo referente a los valores humanos y a la moral p&uacute;blica nunca me alejo yo mismo del punto de mira. Ya lo vengo diciendo en tres o cuatro art&iacute;culos anteriores. No vayan a pensar que uno es un escapista o un escaparatista. En la marea de lo humano estoy y en ella me mojo. Sabemos la aceptaci&oacute;n que tienen ciertos enjuiciamientos hacia ciertas actitudes. Tambi&eacute;n que el p&uacute;blico espera verdades eternas para buscar linchamientos y cosas as&iacute;. &nbsp;Lo que no sabemos es si quien los hace o escribe es consecuente con lo que dice o habla. Si es realmente honesto, digamos, o solo lo parece.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<em>Por la boca muere el pez</em>&mdash;dice el refr&aacute;n&mdash;, pero por la boca de la escritura se alimenta el anzuelo y la ponzo&ntilde;a. La confusi&oacute;n y la venta del guanajo. Porque para eso de defender o rebatir ideas no solo hace falta tener las cosas claras sino, adem&aacute;s, tener claridad en la conciencia del pecado y de la virtud. Dice el poeta venezolano Reynaldo P&eacute;rez S&oacute; que, en cuanto a poes&iacute;a y &eacute;tica, lo m&aacute;s que le conviene es la necesidad de estar desnudo con todos sus defectos. Y eso en un mundo que est&aacute; acostumbrado no a la desnudez sino que se complace en las m&aacute;scaras cotidianas, que absolutamente parecen convencer a nuestros cong&eacute;neres, acostumbrados &nbsp;al fest&iacute;n habitual de quien miente mejor. Reynaldo P&eacute;rez S&oacute; es un poeta m&iacute;stico venezolano, premio nacional de poes&iacute;a en Venezuela hace unos a&ntilde;os&mdash;de origen palmero, para m&aacute;s se&ntilde;as&mdash;. Muy a menudo se pierde en la selva amaz&oacute;nica porque la convivencia con los yanomamis es m&aacute;s sana para la salud espiritual. Huyendo de los <em>yasimamis</em>, claro est&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Pero vamos a quitarnos la desnudez que llevamos por encima del traje y, de paso, como Reynaldo, vamos a quitarnos el traje tambi&eacute;n. No es cuesti&oacute;n, pues, de se&ntilde;alar lugares y personajes concretos. Confiemos en que la imaginaci&oacute;n se utilice para construir y no para lo contrario. Los hechos, sin embargo, ocurrieron, ocurren y seguir&aacute;n ocurriendo.
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, la pol&iacute;tica es un reflejo de lo que acontece en todo un pa&iacute;s en donde ya no se puede prometer ni se promete como en la Transici&oacute;n. Digo <em>reflejo</em> porque, entre otras cosas, &nbsp;eventualmente, &nbsp;surgen algunos adalides de la cultura que, al principio, muestran una gran valent&iacute;a ante el foro para, finalmente, arrimarse a las haldas de quienes ostentan el poder de esa parcela que en nuestro pa&iacute;s sigue llam&aacute;ndose Cultura&mdash;en el peri&oacute;dico El Pa&iacute;s, tambi&eacute;n&mdash;. De esta manera son capaces de organizar una tertulia para hablar de literatura celt&iacute;bera en el Ateneo de Madrid, con todos los gastos pagados por el gobierno &ldquo;aut&oacute;mono&rdquo;. Genial. Lo que pasa es que en ese aforo se encontrar&aacute;n los cuatro gatopardos (y no m&aacute;sss, &aacute;ndale, &aacute;ndale) de siempre que en principio eran denunciados por el ahora flamante &nbsp;organizador. Y les aseguro que esto que les cuento no es m&aacute;s ficticio que la importancia del onanismo de Cor&iacute;n Tellado en la narrativa contempor&aacute;nea de Canarias. El &uacute;nico asistente madrile&ntilde;o ser&iacute;a el bedel de la instituci&oacute;n que ha de cobrar el alquiler a todos los dem&aacute;s que no fueron seleccionados, es decir, los escritores&nbsp; y todos los miembros del pueblo celt&iacute;bero. O s&eacute;ase, al erario p&uacute;blico de Banana Kingdom.
    </p><p class="article-text">
        Si, seg&uacute;n se relata, Unamuno se re&iacute;a a mand&iacute;bula batiente del pobre Nicol&aacute;s Est&eacute;vanez porque dec&iacute;a que su patria era una roca, imag&iacute;nense lo que har&iacute;a en un caso como este. Tendr&iacute;a que escribir un anti <em>San Manuel Bueno, m&aacute;rtir</em> para mayor mofa.
    </p><p class="article-text">
        Pero sigamos imaginando y mirando las bolas del cristal. Retrocedamos en el tiempo. All&iacute; vemos que algunos &nbsp;fervorosos intelectuales progres proponen una huelga de hambre &iexcl;de un d&iacute;a! por la liberaci&oacute;n del pueblo de Chipude. Un d&iacute;a en huelga de hambre, <em>oh ilustres pensadores, unamos nuestros d&iacute;as y que sean miles de d&iacute;as, millones </em>[al un&iacute;sono, sic]<em> en pro de la justa causa y blablabl&aacute;</em>.&nbsp; M&aacute;s tiempo se pasan los notas cuando se ponen a r&eacute;gimen porque est&aacute;n a punto de la obesidad m&oacute;rbida. Por cierto, nosotros, solidarios pol&iacute;ticamente incorrectos, frecuentamos por esos d&iacute;as la Casa de Liechtenstein donde realmente los verdaderos oprimidos, con todo su arrojo y desesperaci&oacute;n, llevaban veinte d&iacute;as sin comer, a punto del colapso. Llegaban las ambulancias, llov&iacute;a, tronaba, pasaban los agentes secretos del pa&iacute;s opresor, protestaban formalmente los politicastros del mismo y ni por asomo aparec&iacute;an los felices convocantes de ese d&iacute;a de paro maxilar. Y uno que quer&iacute;a hacer una huelga a la japonesa en este sentido: un d&iacute;a de sobrealimentaci&oacute;n. Pero no, pura bola m&iacute;a. Hay muchas cosas que no me las puedo tragar.
    </p><p class="article-text">
        Ya ven ustedes que no es lo mismo <em>la bola de cristal</em> que <em>la bola del cristal</em>. F&iacute;jense en la magia que opera en un determinante art&iacute;culo: hacer que la imaginaci&oacute;n de algunos sea mentira, hacer que un instrumento de pura magia se transforme en un cristal sin ninguna transparencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/bolas-cristal-desnudo-encima-traje_132_3816999.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Sep 2016 15:58:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las bolas del cristal o estar desnudo por encima del traje]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cierto gesto con el índice en la sien]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cierto-gesto-indice-sien_132_3830216.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace ya más de ocho años que dejé de ver la televisión. La caja tonta. Lo digo como si hubiera dejado el vicio del tabaco. La diferencia entre ambos vicios es que el primero es nocivo para el espíritu. El segundo mata el cuerpo.</p></div><p class="article-text">
        Les puedo asegurar que en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n he estado a punto de buscarme el odio y la maledicencia de m&aacute;s de uno de ustedes, lectores. Si no lo he logrado ya. Y si alguien es poeta, a&uacute;n con m&aacute;s raz&oacute;n. Pero, tranquilos, no les voy a hablar de f&uacute;tbol ni de nada que pueda inquietarles&mdash;o s&iacute;. Recuerden que esta columna se llama <em>Enyesque. </em>Y de echar un enyesque se trata aunque esta vez el pisco ron est&eacute; aguado y a los pejines no se lo coman ni las moscas. Les pido una sonrisa, amigos, y un pisco de reflexi&oacute;n. Salud.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No me creo m&aacute;s ilustrado que nadie, ni poseo el don de los predicadores de la palabra. Tampoco&mdash;hay que a&ntilde;adir&mdash; me pienso m&aacute;s puro ni m&aacute;s sabio, ni adolezco de falsa humildad. Poseo todos los ingredientes positivos y negativos de esta humanidad que vaga por las sombras. Amo en la misma medida en que odio. Siento rabia porque amo, siento amor porque rabio. Ser honesto es antes que nada reconocerse y reconocer: nunca uno es del todo bueno, nunca del todo malo. Lo importante es ser conscientes de esa balanza que nos equilibra ante todas las circunstancias. La inteligencia, creo, consiste en huir de todos aquellos obst&aacute;culos que pudieran impedirla, a pesar de que esos frenos nos proporcionen la comodidad ante la vida y los mecanismos para acallar nuestra conciencia. Y esta inteligencia o como quieran llamarla se reconoce por el respeto por los dem&aacute;s. La inteligencia social no es hacerse un hueco especial para ser m&aacute;s que nadie, para ser el elegido de los dioses. Al contrario, es buscar la manera de que todas las opiniones quepan en ese hueco e intentar crear un mundo pleno de comunicaci&oacute;n e intercambios. Sin enajenaciones, sin trampas, sin cart&oacute;n, sin ases en la manga.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No he conocido a peores personas que a las que se proclamaban bondadosas y humildes ante el foro. En mi fuero interno, a este tipo de gente las llamo Uriah Heep en honor o deshonor del pobre David Copperfield, personaje principal de la novela hom&oacute;nima de Charles Dickens. Mucho bombo publicitario y pocas nueces. A todos nos conmueve el ruido del sentimentalismo de entrega a los dem&aacute;s. Desde luego tiene lo que se llama mercado y mercadotecnia. Algunos hasta lloramos, al principio, de pena; luego nos entra la risa tonta. Y, por &uacute;ltimo, sentimos eso que se llama verg&uuml;enza ajena. Y detr&aacute;s de tanta cantinela, a la mayor&iacute;a, le venden la moto antediluviana que no anda ni empuj&aacute;ndola.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; sencillo es, queridos lectores, evadirnos de las premisas que pudieran hacernos pensar para resolver nuestras propias circunstancias y para hacernos una idea exacta&mdash;no inducida&mdash;de las circunstancias de los dem&aacute;s. &iquest;No caen ustedes en la cuenta de que esa evasi&oacute;n est&aacute; calculada, que nos llenan la boca de caramelos y decimos <em>si guana</em> muchas veces sin darnos cuenta? Nos llenan el pensamiento con tantos <em>afindecuentas</em> que nos sentimos culpables de ser individuales. De decir <em>pues a m&iacute; no me gust&oacute; la representaci&oacute;n</em> y sentir al instante multitud de miradas clav&aacute;ndose como cuchillos en la espalda. Y sentir miedo, pavor por la <em>vendetta.</em> As&iacute; que nos ponen la lagrimita en los ojos y nosotros lloramos y berreamos como corderos. Nos echan la cicuta en la sangre y reventamos todo lo que tenemos alrededor. S&iacute;, todo, todo por hacer las paces con las serpientes. Y luego vienen las justificaciones: lo mat&eacute; porque era m&iacute;o, tuyo, nuestro, suyo. Me cargu&eacute; al mal bicho, lo odi&eacute;, lo vilipendi&eacute;, lo desaparec&iacute; de la faz de la Tierra&hellip;Y todo, todo por la Paz. Joder.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace ya m&aacute;s de ocho a&ntilde;os que dej&eacute; de ver la televisi&oacute;n. La caja tonta. Lo digo como si hubiera dejado el vicio del tabaco. La diferencia entre ambos vicios es que el primero es nocivo para el esp&iacute;ritu, enti&eacute;ndase por esp&iacute;ritu esa conciencia de la diferencia. El segundo mata el cuerpo, pero &iquest;para qu&eacute; el cuerpo f&iacute;sico si ya nos movemos con el soma de la televisi&oacute;n, entre otros llamados medios de comunicaci&oacute;n de masas?&nbsp; Y encima te llenan el coco con libritos de autoayuda para que termines siendo un zombie m&aacute;s en una sociedad de zombies.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, lo que la multitud llama fuenteovejuna realmente es consecuencia de la envidia y el ombliguismo. <em>Fuenteovejuna </em>dice la estampida cuando pasan y dejan atr&aacute;s el cad&aacute;ver tendido y nadie es el culpable. Nadie puede destacar ante los dem&aacute;s en ning&uacute;n aspecto, podr&iacute;a provocar la estampida de los bueyes y los elefantes. Como dec&iacute;a un buen amigo: si asomas la cabeza te la cortan. La mayor&iacute;a de las veces parece un insulto pensar de forma diferente de los que marcan el ritmo de la respiraci&oacute;n multitudinaria. &ldquo;<em>En mi pueblo sin pretensi&oacute;n,/ tengo mala reputaci&oacute;n./ Haga lo que haga les da igual,/ todo, todo lo miran mal&rdquo;, </em>dice el poeta Georges Brassens y canta Paco Ib&aacute;&ntilde;ez. A alguien hace siglos se le ocurri&oacute; pensar que el mundo era una esfera y no un c&iacute;rculo plano. Contra herej&iacute;a, hoguera. Y nuestra hoguera contempor&aacute;nea es la envidia.
    </p><p class="article-text">
        Pero ojo, porque esta &uacute;ltima palabra est&aacute; vac&iacute;a de significado. Si un pol&iacute;tico asentado en el poder malversa los fondos p&uacute;blicos en beneficio propio y de sus allegados es ascendido al m&aacute;s alto cargo administrativo en vez de ir a la c&aacute;rcel y si alg&uacute;n pobre diablo como el que escribe lo denuncia, entonces se dir&aacute; que es un envidioso&mdash;aparte de aplicarle la Ley Mordaza, claro&mdash;. En cambio, si uno dice que escribe bien o cada vez mejor, entonces le dir&aacute;n que es un soberbio. Un chinchoso, seg&uacute;n relata Alonso Quesada en sus <em>Cr&oacute;nicas de la ciudad y de la noche. </em>Y, aunque se pueda demostrar la bondad de esa escritura, seguir&aacute;n dici&eacute;ndolo con mayor &iacute;mpetu hasta la asfixia por silencio. Como me cont&oacute; Manuel D&iacute;az Mart&iacute;nez que ocurr&iacute;a en cierta redacci&oacute;n habanera de cierto periodo: <em>Jam&iacute;s, jam&aacute;s</em>*<em>. </em>Esto tiene ser un pobre diablo, al contrario que ser un pol&iacute;tico de alcurnia o un poeta lameculos de los &oacute;rganos del poder de la cultura. Aqu&iacute; no podemos decir la palabra envidia, es propiedad de gentes apesebradas a los poderes f&aacute;cticos sin importarles el despilfarro del erario p&uacute;blico. Aqu&iacute; los envidiosos somos los dem&aacute;s, los honestos, los que decimos que tal libro no vale un chavo aunque fuera escrito por el mism&iacute;simo Se&ntilde;or X o Se&ntilde;ora Y, &nbsp;que tal cr&iacute;tica &nbsp;es peor que un grano en el culo. Los que nada m&aacute;s pensar en presentarnos a un concurso literario nos entran arcadas porque sabemos que tales concursos est&aacute;n m&aacute;s que ama&ntilde;ados. Los que vemos la situaci&oacute;n pol&iacute;tica&nbsp; y cultural y dan ganas de llorar. Y lloramos en p&uacute;blico y el p&uacute;blico hace cierto gesto con el &iacute;ndice en la sien.
    </p><p class="article-text">
        ______________________________________________________________________________________
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>(*) Referencia al poeta cubano Fayad Jam&iacute;s.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cierto-gesto-indice-sien_132_3830216.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Sep 2016 09:15:31 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cierto gesto con el índice en la sien]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carne de cañón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/carne-canon_132_3840891.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El profesor de enseñanza secundaria, a no ser que tenga una mirada que eche fuego o que sea un karateka—que, por cierto podrían ser denunciados— hemos de ser sordos, ciegos, mudos, tontos de capirote y, encima, burócratas atolondrados si queremos sobrevivir.</p></div><p class="article-text">
        No voy a hablarles ahora de la &uacute;ltima moda curricular de sentar a los miembros del ej&eacute;rcito en la mesa de nosotros los educadores a que nos aporten esa bicoca de que nuestros alumnos puedan optar por hacer carrera entre sus filas. Tampoco voy a hablarles de que a esa mesa acudan con toda su vestimenta pretoriana, su arma reglamentaria, etc&eacute;tera. Claro est&aacute; que tambi&eacute;n el pensamiento es un arma que pudiera ser m&aacute;s peligrosa, aunque &uacute;ltimamente se aprecia que el nivel del mismo ha disminuido considerablemente, sobre todo por estos lugares civiles que aludo. Digo que no voy a hablarles de eso. Se me comi&oacute; la lengua el gato o los gatos de ciertos sectores progres que consideran tales manifestaciones pol&iacute;ticamente incorrectas. Incluso algunos dir&iacute;an que uno est&aacute; como una cabra y otros, a&ntilde;orando ese pasado &nbsp;<em>pro-hippie,</em> que eres insolidario. De todas formas, no criticar&iacute;a a los alumnos si decidieran apuntarse en el ej&eacute;rcito. Cada uno es libre de hacer lo que le plazca. Y tampoco pienso que el Ej&eacute;rcito sea lo que antes era.
    </p><p class="article-text">
        Todo viene a prop&oacute;sito de la violencia cuyo rechazo figura&mdash; dicho sea de paso&mdash;con letra grande y hermosa en todos los curr&iacute;culos, con cuatro o cinco casillitas en donde hemos de plasmar una equis visible en <em>&ldquo;nadapocomuchodemasiado</em>&rdquo;, en todas las comisiones de derechos humanos de los institutos y en los poemarios de algunos que quieren demostrar la limpieza de sus conciencias&nbsp; y garabatean ah&iacute; que todos los seres humanos son buenos y hemos de abrazar a los que nos zahieren d&iacute;a a d&iacute;a &mdash;creo que <em>nos </em>no se refiere al yo po&eacute;tico sino a <em>los dem&aacute;s</em>, a la carne de ca&ntilde;&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto, en ese contexto de limitada libertad de expresi&oacute;n, en un lugar donde la impugnaci&oacute;n de la violencia y las m&uacute;ltiples menciones a la solidaridad caen en papel mojado o en papel digital <em>evagediano</em> o <em>ek&aacute;dico</em>, se acrecienta cuando ocurre en nuestras aulas, no ya entre los alumnos o desde el profesor al alumno. &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si fuera al contrario? &iquest;Que el profesor se viera en medio de una marabunta que, estudiada y meticulosamente, vaya mermando las fuerzas an&iacute;micas que a&uacute;n le quedaran en su fuero interno?&nbsp; Por ejemplo, que los avispados disc&iacute;pulos en liza se dedicaran a hacer preguntas y otras manifestaciones de variada gama &mdash;que nada tienen que ver con el asunto tratado&mdash;, &nbsp;cuando el profe est&aacute; explicando el tema, para que vaya perdiendo el hilo y la paciencia. Que, una vez perdido el hilo y nunca la paciencia, esos genios de la estrategia se dediquen a recoger firmas para hacerle una reclamaci&oacute;n al departamento donde diga que el profesor no da contenidos, etc&eacute;tera. Que, una vez le&iacute;do por el departamento, aquellos se dediquen a hacer chanzas de dicho profesor, es decir, a faltarle el respeto. T&eacute;ngase en cuenta que todos estos hechos estar&iacute;an registrados en los correspondientes partes de incidencia y en las correspondientes cajas registradoras de las farmacias. &nbsp;Las medidas, sean de capacidad, peso o longitud &ndash;cu&aacute;nticas, claro&mdash; no han dado resultado. Esta peque&ntilde;a historia no s&eacute; c&oacute;mo terminar&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, el profesor en cuesti&oacute;n, &iquest;c&oacute;mo va a contar esas cosas en los claustros? Se siente igual que si les confesara a los amiguetes que su mujer le pega o le pone los cuernos. Las chanzas y la alusi&oacute;n a su debilidad, por no decir ciertas manifestaciones homof&oacute;bicas. El que m&aacute;s, buen <em>compi</em> &eacute;l, &nbsp;dir&iacute;a como aquella madre de mujer maltratada que le expresa a su hija con cari&ntilde;o que as&iacute; son las cosas y <em>algo malo habr&aacute;s hecho t&uacute; </em>o aquel sentencioso <em>t&uacute; lo has provocado.</em> Y la persona que no tenga ni el m&aacute;s m&iacute;nimo temor al rid&iacute;culo &ndash;es decir, que lo llamen <em>gilipollas</em> o, eufem&iacute;sticamente, flojo de car&aacute;cter&mdash;ser&aacute; tachada de payaso a sus espaldas.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Chaacho, esto da mucha pena, &iquest;no? Pues m&aacute;s pena va a dar ahora: imaginen ustedes que el hipot&eacute;tico profesor a lo largo de los 30 a&ntilde;os en este frente de batalla ha ido perdiendo el sentido del o&iacute;do y se ha tenido que poner una de esas peque&ntilde;as pr&oacute;tesis para poder hacer ejercicio de sus obligaciones porque su enfermedad, de momento, no es motivo de baja laboral&nbsp; y mucho menos de jubilaci&oacute;n. S&iacute; que da pena: <em>payaso</em>, <em>sordo gilipollas </em>y, para mayor delito, poeta ensimismado que tiene la cabeza siempre en las nubes y la sonrisa siempre en los labios. Estos aparatajes no solo hacen que el usuario perciba los sonidos de una persona cuando se comunica con ella, sino que al mismo tiempo es un registro eficaz, tajante y casi letal de la mala educaci&oacute;n cuando muchas personas al un&iacute;sono hablan de distintos asuntos, sin tener en cuenta lo que el interfecto pudiera decir. Imaginen ustedes c&oacute;mo ser&iacute;a si lo relacion&aacute;ramos con nuestra anterior historia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero no vayan a llorar. La cuesti&oacute;n tiene soluci&oacute;n, por fin viene ese ma&ntilde;ana eterno que preconizaba nuestro gran escritor Mariano Jos&eacute; de Larra a principios del siglo XIX, un vuelva ma&ntilde;ana que nunca por fin viene:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;<em>Los alumnos son unos cr&iacute;os con dieciocho a&ntilde;itos reci&eacute;n cumplidos y usted puede jubilarse tras treinta a&ntilde;os de ejercicio de la docencia.</em>
    </p><p class="article-text">
        Imaginen el resto, no vamos a escribir una novela. Es lo que hay, el profesor de ense&ntilde;anza secundaria, a no ser que tenga una mirada que eche fuego o que sea un karateka&mdash;que, por cierto podr&iacute;an ser denunciados&mdash; hemos de ser sordos, ciegos, mudos, tontos de capirote y, encima, bur&oacute;cratas atolondrados si queremos sobrevivir. Este sistema confunde autoridad con autoritarismo, ense&ntilde;anza con aprender a aprender total cero patatero, entre otras muchas lindezas. Como si los alumnos fueran imb&eacute;ciles tambi&eacute;n. Este sistema es partidario de la productividad improductiva. &nbsp;Las verdaderos trabajadores de la ense&ntilde;anza no importan. Importan las poses de los pol&iacute;ticos que preconizan la educaci&oacute;n gratuita y permiten que las grandes editoriales hagan el mayor negocio posible y, de paso, cercenen el poco de identidad que nos queda como canarios. Pura mentira. A ellos no les importa que los alumnos aprendan en cuanto a valores humanos y en cuanto a conocimientos, por mucho que se justifiquen en sus dise&ntilde;os educacionales. Son letra mojada. As&iacute; es como vamos metiendo al pa&iacute;s en un camino sin retorno hacia la banalidad y la incultura.
    </p><p class="article-text">
        En fin, solo queda decir que rechazo la violencia en cualquiera de sus manifestaciones, incluso la que pudiera suscitar este art&iacute;culo. Se me ocurre a&ntilde;adir a todo, como conclusi&oacute;n, las expresiones <em>derechos civiles, ley, maltrato psicol&oacute;gico, marginaci&oacute;n </em>y<em> dignidad de la persona. </em>Y que estas &nbsp;palabras valgan para todos. Pero el que escribe ahora parece que es tambi&eacute;n poeta, &iexcl;oh iluso de &eacute;l!
    </p><p class="article-text">
        _______________________________________________________________________________________&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nota: <em>evagediano</em>, <em>ek&aacute;dico</em>: relativo a EVAGD y EKADE, plataformas digitales que usa la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n en Canarias.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/carne-canon_132_3840891.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Sep 2016 11:26:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Carne de cañón]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Carne,Canon]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Venganza de los santos cobardes (*)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/venganza-santos-cobardes_132_3860415.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy en día todo el mundo se mete en el oficio de crítico literario. Algunos, al no tener ningún argumento estético ni filosófico, acuden a la liturgia y culpan al alma de todos los desatinos o todas las bondades que pudieran haber cometido los poemas del libro en cuestión.</p></div><p class="article-text">
        No voy a hablarles,&nbsp; aqu&iacute; al menos, de esa gran novela de Beneharo cuyo t&iacute;tulo se hermana con el de este art&iacute;culo. Ocurre que en la mencionada obra todo un pueblo llamado Picomierda reacciona contra un sacerdote que quer&iacute;a liberar las conciencias de los vecinos. Hasta el punto que los llamados santos cobardes acabaron con la vida del sacerdote. <em>Fuenteovejuna, todos a una,</em> dec&iacute;a el viejo Lope. Doy por sentado que no voy a hacer el papel del uno ni de los otros. No abogo por los linchamientos multitudinarios y admiro todo movimiento innovador. Pero s&iacute; voy a v&eacute;rmelas con esos santos cobardes que pululan por la realidad. Ven, disienten y aplauden lo contrario de lo que piensan por conveniencia, ignorancia o cualquiera sabe qu&eacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este mundillo de la poes&iacute;a se proclama la ley del m&aacute;s fuerte. No importa la calidad de lo escrito sino el patrimonio que posea el llamado poeta, ll&aacute;mese <em>patrimonio</em> a la cantidad de parabienes recibidos, de las notas y rese&ntilde;as que el amiguete de turno de un peri&oacute;dico de provincias de tercera categor&iacute;a haga, lo cual quiere decir que se ha de guardar un estado de vasallaje, sobre todo al pope que recomienda al agraciado y eterno servidor. Nada que ver con la verdadera fuerza o flojera del libro en liza. Normalmente, suelen rese&ntilde;arse libros de poes&iacute;a cuando responden al canon de entendimiento general del populacho lector y receptor del escrito, que, dicho sea de paso, los avispados usuarios pasar&aacute;n por alto y solo leer&aacute;n las secciones de anuncios por palabras, deportes y poco m&aacute;s. Y si alguno se detuviera un instante ante la mencionada rese&ntilde;a dir&iacute;a <em>bah cosa de poetas, si ya tenemos de sobra con los pol&iacute;ticos</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo, que a veces leo algunos, digamos, articulejos de encargo me quedo perplejo y digo que es verdad eso de <em>cosas de poetas </em>&ndash;oficiales, claro est&aacute;&minus;. No aprecio el m&aacute;s m&iacute;nimo atisbo de cr&iacute;tica o todo son puras falacias. Hay de vez en cuando alguna profundizaci&oacute;n que intenta demostrar lo innovador del libro; pero lo comparo con algunos autores del pasado siglo y de otros pa&iacute;ses y me parecen lo mismo de lo mismo. Es decir, singularidad ninguna. Parece ser que Girondo, Maiakowski, Enrique Lihn, Rosamel del Valle y otros grandes poetas nunca han existido y lo cierto es que nunca en la vida ser&aacute;n conocidos en estas tierras a no ser que, como el que escribe, alguien tenga un inter&eacute;s inusitado por la buena poes&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pero a qui&eacute;n le importa eso sino a un necio como yo? El caso es que siempre cae en mis manos alguno de los libros de que hablo y hasta los leo. Normalmente, no me dejan sorprendidos como al articulista y a algunos del c&iacute;rculo donde est&aacute; inscrita la obra en cuesti&oacute;n. Y con decir esto no le quito valor al libro, creo que la discriminaci&oacute;n positiva a que ha sido sometido ha hecho estragos en cuanto a valoraciones posteriores. Y yo me pregunto, &iquest;c&oacute;mo es posible subir al cielo tanto aparataje? Si es por eso, el cielo estar&iacute;a repleto de infinidad de aviones gigantes transoce&aacute;nicos y tendr&iacute;amos que subir al cielo, entonces, con el poco espacio de imaginaci&oacute;n que nos dejaran y no sin peligro de colisi&oacute;n inminente. Y, adem&aacute;s, ese cielo est&aacute; lleno de vacas sagradas, &iexcl;que vuelan!&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, para mayor desastre, hoy en d&iacute;a todo el mundo se mete en el oficio de cr&iacute;tico literario. Algunos, al no tener ning&uacute;n argumento est&eacute;tico ni filos&oacute;fico (y tampoco es que sean plusmarquistas en el vilipendiado tema de la prosodia), acuden a la liturgia y culpan al alma de todos los desatinos o todas las bondades que pudieran haber cometido los poemas del libro en cuesti&oacute;n. &laquo;La <em>cosa</em> me lleg&oacute;, me roz&oacute;, me arrebat&oacute;, me besuque&oacute;, me espatarr&oacute; el alma&raquo;. Estos comentarios se parecen de forma rudimentaria al tema de la circulaci&oacute;n a&eacute;rea y de las vacas sagradas que antes les comentaba. El caso es que escuchamos eso del <em>alma</em> m&aacute;s que en la misa del domingo. El cura va a denunciar tanta menci&oacute;n espiritual alejada de la ortodoxia, y m&aacute;s a&uacute;n teniendo en cuenta que a su templo cada vez le falta m&aacute;s personal. Una vez un amigo me llam&oacute; para contarme que se le hab&iacute;a ca&iacute;do el alma a los pies. Pero no hablaba de poes&iacute;a, sino de esa pieza interior que tienen los contrabajos y los chelos. Y lo cierto es que el alma es otra cosa y estos que comentan m&aacute;s parecen invocar a los mil demonios que a ese estado que nos dar&aacute; la vida eterna am&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero en el pa&iacute;s de la mentira y el fraude esto solo es&nbsp; un grano de arena o un &aacute;tomo, un quark. Sin llegar a plagio (que esa es otra), hay quienes se apoderan de lo que no es suyo, incluso adoptan palabras, caracteres, los invierten, los prostituyen. Al Principito, por ejemplo, lo han puesto de palanganero en un burdel donde se venden corazones de az&uacute;car a la entrada. Un buen reclamo eso del coraz&oacute;n. Se han adue&ntilde;ado del coraz&oacute;n (como del alma), han hecho del coraz&oacute;n un trastero donde se apilan las palabras grises de la asfixia, un poco de amor que le sobr&oacute; a una mano, el pin de un beso con unos labios desmesurados y llenos de saliva, un sexo abierto de mujer con una cruz de Calatrava. Y el Principito hace las abluciones de rigor a los que quieran visitar las hondonadas del ed&eacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los sentimientos no son mariposeos, como cuando alguien ha experimentado un orgasmo o como el que nunca lo ha experimentado y se lo imagina a base de la videoteca disponible. No, los sentimientos son algo m&aacute;s serio cuando se escriben. Los lloriqueos, desamores, alegr&iacute;as del yo nada interesan al otro yo real de los lectores de verdad. Sin embargo, relacionado con lo que dije anteriormente, existe el fen&oacute;meno de lo acomodaticio. Una gran masa se siente atra&iacute;da por los clich&eacute;s relacionados con una especie de neo romanticismo muy en boga. Neo Prozac, digamos. Pero sabemos a ciencia cierta que el romanticismo apenas se desarroll&oacute; como tal en nuestros cercados. El romanticismo es rebeld&iacute;a hacia lo establecido y esto va en contra de los mismos estereotipos, de los sentimientos &ldquo;verdaderos&rdquo;. Importa mucho el c&oacute;mo, que la palabra vaya siempre m&aacute;s all&aacute; en pos de la liberaci&oacute;n del esp&iacute;ritu humano, de sus l&iacute;mites. Y el lloriqueo no es liberaci&oacute;n sino simple descargue. Simple onanismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s vale montar una churrer&iacute;a y alegrar los est&oacute;magos que enga&ntilde;ar a los dem&aacute;s aunque voluntariamente quieran ser enga&ntilde;ados. Eso es para el pueblo imaginario que Beneharo llama Picomierda. &iquest;Ese pueblo es imaginario o realmente sigue presente en esos tiempos de la Transici&oacute;n y en estos de la Trabaz&oacute;n? Y no solo hablo del mundillo o del fondillo cloacal de la llamada poes&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Espero la venganza de los santos cobardes, los que obedecen al clamor de unos pocos y se dejan enga&ntilde;ar? &iquest;Los que dicen que en este momento estoy alterando la paz de sus santos de palo y yeso?
    </p><p class="article-text">
        _____________________________________________________
    </p><p class="article-text">
        (*) Nota: <em>Venganza de los santos cobardes</em> es una novela del narrador galdense Beneharo &nbsp;auto editada en 1982, con un pr&oacute;logo de V&iacute;ctor Ram&iacute;rez. El autor parece ser que se esconde de sus propios personajes y, aunque su narrativa fue y ser&aacute; celebrada por su enorme fuerza expresiva, de momento no ha editado otra novela.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/venganza-santos-cobardes_132_3860415.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Aug 2016 10:25:35 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Venganza de los santos cobardes (*)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mejor ingrediente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/el-mejor-ingrediente_132_2359139.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La música es uno de los ingredientes más sabrosos que se le puede echar al plato de la vida. El recuerdo de la música se queda en el paladar como algo que abre la puerta del pasado cuando se escucha en un momento determinado.</p></div><p class="article-text">
        <em>(Este art&iacute;culo va dedicado junto con mi enhorabuena al poeta paisano Juvenal Mach&iacute;n Casa&ntilde;as. Y tambi&eacute;n a mi querido hermano Fran Arroyo componente del grupo Chang&oacute;).</em><strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        La m&uacute;sica es uno de los ingredientes m&aacute;s sabrosos que se le puede echar al plato de la vida. El recuerdo de la m&uacute;sica se queda en el paladar como algo que abre la puerta del pasado cuando se escucha en un momento determinado. Cu&aacute;ntas im&aacute;genes olvidadas aparecen ante nuestros ojos que  lustran nuestra sonrisa o nos dan tristeza, porque en esos tiempos, en el justo instante en que hall&aacute;bamos la fuente de nuestra felicidad o de aquellas peque&ntilde;as desgracias ef&iacute;meras, sonaban en la radio unas notas de tal o cual canci&oacute;n o sinton&iacute;a. Lo mismo que en las pel&iacute;culas de cinemascope, nosotros los protagonistas. Cada persona es como un rollo de film que a veces va hacia delante y a veces hacia atr&aacute;s. Podemos olvidarnos de alguna escena o de casi todas. Pero, cuando, de repente, o&iacute;mos nuestra banda de m&uacute;sica, todo vuelve, todo es flash-back.
    </p><p class="article-text">
        Cuando escucho a Janis Joplin, John Lennon y a John Coltrane, siento una alegr&iacute;a inusitada. No s&eacute; la raz&oacute;n, o s&iacute; la s&eacute;, pero la explicaci&oacute;n es tan inmensa que mi pel&iacute;cula nunca halla metraje suficiente.
    </p><p class="article-text">
        Por eso mi olla particular cocina con los ingredientes de la poes&iacute;a, con esa sustancia que llena aquellos instantes que vuelven a m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>CRISTAL DE JANIS JOPLIN</strong>
    </p><p class="article-text">
        O&iacute;amos quebrarse los cristales del cielo. Era m&aacute;s que una voz, que un aullido, un temblor de la arena. Algo le devoraba su vientre de mujer, una ausencia quiz&aacute;s o un desapego de no ser nunca o&iacute;da cuando llora de noche. Llora, cari&ntilde;o, aunque no por eso. No vale la pena, pero revienta el lenguaje y que contenga tu llanto. Escuchar&aacute;s la lluvia trinar en la guitarra hasta que la guitarra sea la miel que le echas al que se march&oacute; al vac&iacute;o a no llorar por nadie. Pero siempre estar&aacute;s ah&iacute; esperando (oh, s&iacute;, esperando la magia del amor) en la ventana de tu garganta el regreso de otro verano en que el centeno vuelva, vuelva y vuelva entre tanto devaneo del fr&iacute;o. Vuelva y vuelva, nena, a crujir sobre tu piel y te abraces al sol como una diosa feliz con la flor de los labios mordida y remordida, acechante y celosa del mar amarillo con barcazas cruzando el hurac&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Nada m&aacute;s tierno, Janis Lyn, que la seda de la nieve al deslizarse en tu reposo desde la lejan&iacute;a. Nada m&aacute;s crudo que derramar el invierno dentro de la botella que lanzaste a los n&aacute;ufragos.
    </p><p class="article-text">
        O&iacute;amos quebrarse el cielo en los cristales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>MELENA DE JOHN LENNON </strong>
    </p><p class="article-text">
        Nunca me hab&iacute;a visto con melena de John Lennon. Realmente a quien quer&iacute;a ver era a John perdido por las calles de esa laguna oculta donde la humedad era el aliento de dioses enterrados y h&aacute;litos diluidos.  Me aten&iacute;a a la estirpe de Albert Prufrock para saciar la voz insegura que nos da el desamor. Lo incierto pregunt&aacute;ndole a la pr&oacute;xima cicatriz, la cicatriz presente bullendo como un perro insaciable pegado a la pared para rascarse las pulgas y dej&aacute;rselas a las horas trasnochadoras de otros eclipses. Los nervios en la piel floreciendo al comp&aacute;s de las mareas silentes de la prisa. Pero no era el amor lo que manten&iacute;a en vilo la posguerra del ansia, sino la idea del amor con traje de domingo habitando en las cavernas.
    </p><p class="article-text">
        Nunca me hab&iacute;a visto con melena de John Lennon. El cabello ca&iacute;a como una catarata por un costado, y por el otro parec&iacute;a una roca de algas cuando el mar se retira a sus cuarteles del fondo. Sin embargo, siempre me vi imaginando que no hab&iacute;a para&iacute;sos tras la luna de los armarios, y tom&eacute; de su m&uacute;sica la costumbre de espantar los infiernos y dialogar con los fantasmas que hab&iacute;a dejado abandonados en alg&uacute;n cruce del camino. Como hizo John Lennon para despu&eacute;s cantarlo a los cuatro vientos con su melena incrustada en el amor.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EL TREN AZUL DE JOHN COLTRANE</strong>
    </p><p class="article-text">
        La noche como un saxo que suena en los mirajes de la radio. La noche chilla en la trompa de las mariposas, no se detiene el mirlo sino avanza al limo de la piel trasnochada en su p&aacute;ramo. Nadie abri&oacute; la cancela de las oquedades sangrando por la voz de ese metal de estrellas, tan solo como el &oacute;palo de una mujer alzada  al hospicio de amor que escupe en las esquinas a cambio de un denario por todo el para&iacute;so y el canto de sirena que se rompe en Ulises.
    </p><p class="article-text">
        Cambiar&iacute;a su gozo por una nota an&oacute;mala desprendida del coraz&oacute;n. Su brillo por el gesto de los dientes tan blancos que muerdan la madera. Su hambre, m&aacute;s all&aacute; del acorde que al p&aacute;jaro precipita en el l&eacute;gamo, por una sonrisa aunque fuera de rabia a la sombra del &aacute;rbol del bien y llegaran serpientes a ofrecerle manzanas.
    </p><p class="article-text">
        Nadie abri&oacute; la cancela. Fue un hierro acurrucado, una onda expansiva, un t&iacute;mpano en el ojo zumbando en las colmenas el hueco disonante de todas las heridas.
    </p><p class="article-text">
        Me navega la noche cuando el tren es azul en los pulmones bellos de John Coltrane.
    </p><p class="article-text">
        <strong>NOTA</strong>: Este art&iacute;culo figura en mi libro <em>La palabra devagar, </em>Idea-Aguere, Santa Cruz de Tenerife, 2012 y en mi columna mexicana hom&oacute;nima <a href="http://neotraba.com/category/el-enyesque/page/2/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://neotraba.com/category/el-enyesque/page/2/</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/el-mejor-ingrediente_132_2359139.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Nov 2015 08:51:28 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El mejor ingrediente]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Laguna de todos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/la-laguna-de-todos_132_2377958.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La Laguna fue la raíz primera de mi escritura y de mis planteamientos vitales. Se me antoja ciudad de confluencias y encuentros, lugar común de nuestra memoria colectiva.</p></div><p class="article-text">
        <em>(Queridos hermanos de esta gran familia de la Lengua y amigos palmeros, la ciudad de la que les voy a hablar tiene para el que escribe unas connotaciones muy especiales, pues en ella, en San Crist&oacute;bal de La Laguna (la antigua Aguere de los guanches), donde se centr&oacute; la definitiva colonizaci&oacute;n de las Islas Canarias, donde m&aacute;s tarde se asent&oacute; el conocimiento como bien de la Humanidad y desde donde una laguna extinguida a&uacute;n esconde muchas de nuestras ra&iacute;ces, digo, en ella y en su memoria queda el sabor de los platos jam&aacute;s degustados por el mismo. La fragancia y el gusto por todas esas viandas me quedan sobre el mantel de la poes&iacute;a. Buen enyesque, amigos).</em>
    </p><p class="article-text">
        La Laguna fue la ra&iacute;z primera de mi escritura y de mis planteamientos vitales. Tiene unas calles por donde el yo se diluye por sus baldosas y queda una sombra que es la de todos los que alguna vez pisamos los pavimentos de su piel centenaria. All&iacute; nos quedamos, de alguna manera, detenidos en el asombro primigenio, charlando con Verdugo y Joaqu&iacute;n o en la memoria subterr&aacute;nea de Alberto. No me cabe duda de que hay una laguna en cada isla invocando el oc&eacute;ano de Aguere o de que siempre seremos un territorio rodeado de lagunas.
    </p><p class="article-text">
        Si, como dice Mar&iacute;a Zambrano, la raz&oacute;n ha de hacerse po&eacute;tica sin dejar de ser raz&oacute;n para acoger ese sentir originario sin coacci&oacute;n, si cre&iacute;mos que la realidad era un espejo quebrado y por tanto ten&iacute;amos que indagar en la penumbra del ser y de esa penumbra vendr&iacute;a la aurora vac&iacute;a ya de dioses y, por tanto, con la sombra necesaria para encontrar la luz que nos permiti&oacute; ver m&aacute;s all&aacute; del eclipse. Si todo fue una realidad &iacute;ntima o una intrahistoria compartida, entonces esa raz&oacute;n y la empat&iacute;a siempre fueron hermanas gemelas. En una laguna se sumerge ese sentir originario de humedad humana esperando la aspersi&oacute;n del hisopo de la palabra, ahora ya sin sumos sacerdotes.
    </p><p class="article-text">
        La ciudad so&ntilde;ada y vivida de Olga Rivero Jord&aacute;n, con su bolso lleno de hojas de crep&uacute;sculos y auroras. La bicicleta insomne esperando en los pasillos del sue&ntilde;o a que los gatos regresaran del regazo de Proserpina. Las palomas que ven&iacute;an a su mano a comer el millo de cada d&iacute;a. As&iacute; so&ntilde;amos y vivimos. As&iacute; so&ntilde;amos tambi&eacute;n los rincones de su casa. Y los j&oacute;venes que, como este que escribe ahora no tan j&oacute;venes, acud&iacute;amos en bandadas a su calor humano y po&eacute;tico a olvidar nuestros prejuicios acad&eacute;micos y vitales,  a comer del millo de su palabra. Recuerdo que me sent&eacute; con Olga en la mesa del hambre, sorb&iacute; las mitades del durazno que gravitaban en la sopa y desnuqu&eacute; al pez que me miraba del abismo. La Laguna, donde no hay palabras m&aacute;gicas, sino la magia de las palabras con hambre y sed, que Olga recoge de la escarcha despu&eacute;s de la nevada del desasosiego. As&iacute; que me siento en la habitaci&oacute;n de Olga, me vierto en su caf&eacute; con leche, y ella va llenando el vac&iacute;o con la fruta escarchada de todos los para&iacute;sos.
    </p><p class="article-text">
        La Laguna universal, donde se ve&iacute;a a Dylan Thomas por todas las esquinas de su laberinto cantando a ritmo de jazz que la muerte no tendr&aacute; dominio sobre el amor. La Laguna de F&eacute;lix Francisco, el que realmente no tuvo el don de Vorace y cruz&oacute; la Estigia de la calle Heraclio S&aacute;nchez, sin barquero y sin &oacute;bolo.
    </p><p class="article-text">
        Nosotros que rod&aacute;bamos con la sombra del lenguaje pis&aacute;ndonos los talones por las aceras del lenguaje, imberbes o barbados cavern&iacute;colas con un libro de Plat&oacute;n y otro de Nietzsche bajo el mismo brazo.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;ramos j&oacute;venes. Hac&iacute;a poco nos hab&iacute;amos quitado el traje de la primera comuni&oacute;n para entrar en otro tipo de comuni&oacute;n sin necesidad de traje. Una comuni&oacute;n m&aacute;s humana, m&aacute;s apegada a la tierra y a las ra&iacute;ces de la vida. Nihilismo, vitalismo, romanticismo de verdad, por todas las esquinas, negaban realidades impuestas ya sin veladores. Nada anterior nos val&iacute;a, s&oacute;lo las voces de los poetas silenciados a fuerza de fusil, de c&aacute;rcel o exilio. S&oacute;lo la voz de los pensadores universales cuyas lecturas estaban prohibidas. Al menos aprendimos a negar realidades impuestas, a decirle no a las mentiras que nos dijeron desde el nacimiento sobre la transcendencia del alma y sus avatares despu&eacute;s de una vida alienada en este valle de l&aacute;grimas. Y ca&iacute;mos en la cuenta de que realmente est&aacute;bamos alienados y que nuestra alma hab&iacute;a sido vendida al peor postor.
    </p><p class="article-text">
        Nada sab&iacute;amos, o casi nada, de la realidad exterior. Se hablaba un lenguaje distinto en lo referente a la humanidad y la justicia. Atr&aacute;s iba quedando toda la parafernalia de una moral zafia y mutilante. Los intelectuales exiliados durante casi 40 a&ntilde;os volv&iacute;an paulatinamente a medida que sent&iacute;an que no iban a ser perseguidos en su tierra como cuando el dictador viv&iacute;a. Se fueron escuchando nombres diferentes a los de la peque&ntilde;a lista  que nos hac&iacute;an recitar como a los reyes godos en el colegio. El color rojo ya no era asociado con el diablo o el infierno, sino con la justicia del pueblo y con la sangre derramada por los p&aacute;ramos del silencio.
    </p><p class="article-text">
        La Laguna se me antoja ciudad de confluencias y encuentros, lugar com&uacute;n de nuestra memoria colectiva. Much&iacute;simas personas que ahora deambulamos por este mundo atl&aacute;ntico, aparte de haber nacido en diferentes ciudades, en diversas islas, somos laguneros de convicci&oacute;n y cosmovisi&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/la-laguna-de-todos_132_2377958.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Nov 2015 10:25:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La Laguna de todos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A ese mar interminable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/a-ese-mar-interminable_132_2441666.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Naveguemos, pues, por el mar interminable que es este</p><p class="subtitle">Mar de nadie</p><p class="subtitle">y sintamos la fuerza telúrica de lo eterno. Lo que se alza ante nuestros ojos y no vemos. Oigamos su luz. Siempre hay un mar de nadie y en él estamos todos.</p></div><p class="article-text">
        Sobre <em>El mar de nadie</em>, de Domingo Acosta Felipe
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os y a&ntilde;os de peque&ntilde;a soledad disfrutando con la lectura de la poes&iacute;a, disolvi&eacute;ndose en la m&uacute;sica en sentido contrario que el az&uacute;car en la taza de caf&eacute;. La poes&iacute;a es como el jazz, te diluyes en ella: t&uacute; la oscuridad, ella el rel&aacute;mpago. Leer poes&iacute;a se ha convertido en una cuesti&oacute;n personal para Domingo Acosta Felipe y, por tanto, motivo de un di&aacute;logo incesante con ella y tambi&eacute;n con los sujetos de su escritura. Unas veces se pelea incluso con ellos (las personas, los poemas, los hechos): es cuando nuestro amigo escribe sus ya famosos gritos. S&iacute;, es cierto, hace a&ntilde;os me cont&oacute; su gran enfado con Walt Whitman, por no s&eacute; qu&eacute; alabanza del cuerpo masculino en detrimento del femenino. Otras, se identifica completa y radicalmente, de manera que es capaz de desasirse de s&iacute;, de su propio ombligo (como &eacute;l dice) para ser en el otro o en la otra o en lo otro.
    </p><p class="article-text">
        No es cuesti&oacute;n de ira ni amor-desamor, sino de esa sensibilidad especial que lo va a caracterizar, manque le pese, como poeta. Son peleas amistosas, lo mismo que aquellas que ten&iacute;a Val&eacute;ry con el personaje de su creaci&oacute;n llamado Monsieur Teste. Salvo que Domingo no necesita crear a nadie, ya est&aacute;n ah&iacute; sus interlocutores, en la escritura donde se manifiestan, se contradicen o se auto anulan en cuanto al otro lado de la caverna del ser se refiere.
    </p><p class="article-text">
        Casi toda la aventura vital y po&eacute;tica de Domingo Acosta se recoge en un largo recorrido titulado <em>Memoria de unas olas</em>, cuyo subt&iacute;tulo es <em>A ese nombre interminable</em> (aparte de <em>Grito</em>, <em>Los ojos del alisio</em>, <em>Islas.</em>..). Ese nombre que nunca se termina de pronunciar, al menos en este tiempo que nos tiene atrapados, de manera que a veces hemos de inventar met&aacute;foras para encontrar lo ef&iacute;mero, es decir, todo aquello de lo que debemos desprendernos para ser uno con nuestro entorno y con los dem&aacute;s. Su idea particular de difusi&oacute;n de la poes&iacute;a es consecuente con su cosmovisi&oacute;n. Pacientemente ha copiado a mano los poemas uno a uno, innumerables muestras de cada cual, y los ha regalado en la calle, en el bar, en la plaza y all&iacute; donde se congregue un n&uacute;mero razonable de personas. Al menos eso hac&iacute;a hace unos a&ntilde;os y no dudo que a&uacute;n siga con su genial y valeroso empe&ntilde;o. Tambi&eacute;n lo hace a trav&eacute;s de su p&aacute;gina de Facebook.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Sin embargo, hacia el 2011, en la editorial Idea Aguere nos vino, sin manuscritos pero con la misma fuerza, <em>El mar de nadie</em>, con pr&oacute;logo de la poeta mexicana Ang&eacute;lica Santaolaya. Un mar entre los continentes de los nombres, una marea en tanto ese nombre interminable que no para de bullir en su mente por fin comienza. O recomienza. O acaba de construir el mundo o al menos esa ventana por la que nuestro poeta (a su pesar) lo mira con todos los sentidos abiertos.
    </p><p class="article-text">
        El mar de nadie es la punta del iceberg de ese nombre que Domingo Acosta Felipe (repito) espera le llegue de una vez. &ldquo;En fin, en fin, tras tanto andar muriendo&rdquo; (como reza el capit&aacute;n Aldana), Domingo nos habla de un mar al que lleva los poemas, los suyos y los de los dem&aacute;s, para le&eacute;rselos a las olas y a la espuma. Un mar donde, sin duda, encuentra naranjas, como Pedro Garc&iacute;a Cabrera.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de cincuenta poemas breves que terminan con la afirmaci&oacute;n S&iacute;. Y de esta manera, el recomenzar que el gran poeta Val&eacute;ry inaugur&oacute; en la habitaci&oacute;n de la poes&iacute;a. Pero Domingo no lo hace desde un punto de vista intelectual, sino como el orate que echa su semilla de mares&iacute;a al viento para que nosotros, los lectores, icemos las velas a nuestros mares de nadie propios y boguemos hacia las luces de la confluencia, pues no hay vidas suficientes/ para contemplar un solo instante/ Sentir es infinito. He aqu&iacute; otra forma de abordar, o mejor dicho, transcender el tema del tiempo:
    </p><p class="article-text">
        <em>Voy a bajarme del tiempo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>porque nunca espera a nadie,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>porque siempre corre demasiado.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Ahora salto feliz hacia vosotros,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>hacia esos que dejaron</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>su coraz&oacute;n abierto a las palabras</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y nunca pudieron regresar</em>.
    </p><p class="article-text">
        p 68
    </p><p class="article-text">
        Poemas que a veces, como en el ejemplo anterior, rozan el aforismo, aunque sin pretensi&oacute;n academicista de fundar ninguna patria. Unas im&aacute;genes intensas desde la sencillez de los versos, quiz&aacute;s producto de la yuxtaposici&oacute;n de la vivencia en la mente y en la p&aacute;gina en blanco. Una mente que no busca ser el centro de su creaci&oacute;n porque, en su humildad y concreci&oacute;n, es capaz de proyectarse hacia la naturaleza y fundirse con ella, con las plantas, los &aacute;rboles, el pensamiento y su dolor humano... De ah&iacute; su forma de llegar a lo sublime. El planteamiento de Domingo Acosta resulta, po&eacute;ticamente hablando, muy eficaz pues su imagen ilumina desde una oscuridad que &eacute;l enciende con su rel&aacute;mpago. Lo sublime &ldquo;solamente se puede ver en verdad en el trance de su desaparici&oacute;n, en el vuelo de su represi&oacute;n&rdquo;, seg&uacute;n manifiesta Walter Benjamin.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la elipsis, el distanciamiento, la segmentaci&oacute;n emotiva, el montaje imprevisible y la disoluci&oacute;n del yo, que transitan por este <em>Mar de nadie</em>, no sean sino modos de subir la intensidad del poema sin olvidarnos de que cada cosa est&aacute; ah&iacute; y no est&aacute; al mismo tiempo, en una constante espiral de aparici&oacute;n y desaparici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El poema de Domingo Acosta necesita escapar del estereotipo y romper con la palabra en formol: por ello no usar&aacute; la imagen para adornar o distraer, sino para acercarse a lo real.
    </p><p class="article-text">
        <em>La piel est&aacute; debajo de la imagen</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>la herida</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>m&aacute;s adentro</em>
    </p><p class="article-text">
        p 57
    </p><p class="article-text">
        Hay dos poemas en el libro que a m&iacute; me tocan especialmente, no s&oacute;lo por la sensibilidad que desprenden sino, sobre todo, porque representan dos momentos compartidos, que se &ldquo;bajaron del tiempo&rdquo; y van m&aacute;s all&aacute; de las intenciones primerizas. Me refiero a<em> Luna</em> y <em>A la belleza la asedian</em>. En el primero, Domingo se dirige a mi amigo Juan Carlos Romano que hab&iacute;a fallecido diez a&ntilde;os atr&aacute;s. Domingo fue la primera persona con la que compart&iacute; mi dolor cuando me enter&eacute; de la muerte de aqu&eacute;l. Le hab&iacute;a contado, adem&aacute;s, la historia de una poeta que imaginamos juntos Juan Carlos y yo. Aqu&iacute; el sujeto l&iacute;rico le habla, como si fuera Juan Carlos, a nuestra poeta Esther Hughes como contrapunto a mi intento de recuperar esa voz creada al alim&oacute;n hacia principios de los 80. Tambi&eacute;n dialoga conmigo o con mis poemas. De ah&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        <em>Necesito conquistar el sol con otros ojos,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>necesito que se rompa el sue&ntilde;o vivo,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que despierte el d&iacute;a en el asombro.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Por eso te dejo ahora, sola, dormida,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>resplandeciendo entre nubes y sombras.</em>
    </p><p class="article-text">
        p 27
    </p><p class="article-text">
        Algo extra&ntilde;o en la literatura de nuestras devastadas &iacute;nsulas carcomidas por la banalidad y la religi&oacute;n del ego. Algo deslumbrante que, luego, cobra total autonom&iacute;a y navega en su propio mar. Y ahora que Esther Hughes, aunque en eterno presente, vuelve a tener una entidad en mi <em>Po&eacute;tica</em> de Esther Hughes, este poema formar&iacute;a parte de ese post-pr&oacute;logo que es la vida y es el libro.
    </p><p class="article-text">
        Respecto al segundo, se trata de un destello que se sale del simple consejo de amigo y que tambi&eacute;n entra en el terreno de lo sublime. Entre la desaparici&oacute;n y la aparici&oacute;n. Un chispazo de la luz. Est&aacute; dedicado a todos y a todas. Y a nadie. De ah&iacute; el que no tenga dedicatoria con nombre concreto, como la mayor&iacute;a de los poemas de este libro, pues, de haberlo puesto, hubiera mermado ese toque de sublimaci&oacute;n tan necesario:
    </p><p class="article-text">
        <em>A la belleza le asedian</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>ind&oacute;mitas tristezas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No se puede mirar</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>cuando sabes de la muerte</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y el tiempo se te enreda en un reflejo (...)</em>
    </p><p class="article-text">
        p 45
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, habr&iacute;a que resaltar la amplia galer&iacute;a de s&iacute;mbolos: la aulaga, el vilano, el mar, y todos aquellos elementos de la naturaleza, sobre todo de la orilla y del monte. Y no voy a hacerlo ahora, pues de ello nos habla de forma magistral la prologuista Ang&eacute;lica Santaolaya.
    </p><p class="article-text">
        Esto s&iacute;: nunca aparece la ciudad sino la apertura hacia el medio ambiente. Es ah&iacute; donde el ser humano deber&iacute;a buscar y encontrar su equilibrio, su raz&oacute;n de ser. Nada m&aacute;s poderoso que el vilano que sin pensamiento (el pensamiento cuando no hay pensamiento, cuando no hay signos, claro) es capaz de viajar y germinar en cualquier punto de la madre Tierra o Gaia, esa diosa tan terrible que todo lo destruye para construirlo de nuevo sobre las cenizas. Pero de la misma manera es el amor, la libertad. Es la belleza que duele y a la que asaltan ind&oacute;mitas tristezas. Y desde ah&iacute;, seg&uacute;n mi opini&oacute;n, entra el tema de la mujer. No con las consabidas banderas del feminismo militante, sino como un hecho que viene de las ra&iacute;ces de esa tierra, que es mujer, de la que formamos parte. Un planteamiento que comulga con el poeta Lucrecio; pero, como en poes&iacute;a la sem&aacute;ntica es la sintaxis, aqu&iacute; toma una nueva fuerza y concreci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>           A Rosario Valc&aacute;rcel</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Mira con ojos de la almendra,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>respira, escucha, siente;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>la voz se asfixia en el abecedario,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>el verbo se deshace como un vaho;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>entra en la carne de la tierra,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>amar es un concepto gigantesco,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>desborda todas las palabras.</em>
    </p><p class="article-text">
        p 50
    </p><p class="article-text">
        Naveguemos, pues, por el mar interminable que es este <em>Mar de nadie</em> y sintamos la fuerza tel&uacute;rica de lo eterno. Lo que se alza ante nuestros ojos y no vemos. Oigamos su luz. Siempre hay un mar de nadie y en &eacute;l estamos todos.
    </p><p class="article-text">
        Puerto de Sardina, 5 de octubre de 2014.
    </p><p class="article-text">
        *Acosta Felipe, Domingo, <em>El mar de nadie, </em>Idea-Aguere, Santa Cruz de Tenerife, 2015.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/a-ese-mar-interminable_132_2441666.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Oct 2015 05:26:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[A ese mar interminable]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una mirada en la voz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/una-mirada-en-la-voz_132_2500144.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Sí, mi rey, el palmero emplea la ironía en sus conversaciones habituales sin que medie la más mínima sonrisa y esto hace que los interlocutores estallen a carcajadas.</p></div><p class="article-text">
        &mdash;algunas notas sobre <em>La voz mirada, </em>de Aquiles Garc&iacute;a Brito&mdash; 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>No aceptes lo habitual como cosa</em>
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li><em> Porque en tiempos de desorden,</em></li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        <em>de confusi&oacute;n organizada, nada debe</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>parecer natural.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Nada debe</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>parecer imposible de cambiar. </em>
    </p><p class="article-text">
        Bertold Brecht
    </p><p class="article-text">
        En la Feria del Libro de Las Palmas del a&ntilde;o 2012, Rosario Valc&aacute;rcel nos present&oacute; &eacute;ste, el primer poemario de Aquiles Javier Garc&iacute;a Brito, <em>La voz mirada</em>. Esas palabras de Rosario, que adem&aacute;s figuran en la edici&oacute;n como pr&oacute;logo, despertaron el inter&eacute;s del que ahora comenta, no por lo entendible que pudiera resultar la obra, sino por la puerta de entusiasmo que ella puso a unos poemas que se abren al entendimiento del mundo de las emociones y, c&oacute;mo no, de las sensaciones.
    </p><p class="article-text">
        La expresi&oacute;n &ldquo;la voz mirada&rdquo; alude a una sinestesia y, al mismo tiempo, a un s&iacute;mbolo. Esta suerte de sincretismo recurrente suele darle, como en el caso del poemario que vamos a comentar, mayor fuerza al conjunto. La yuxtaposici&oacute;n de un recurso literario que indica la percepci&oacute;n conjunta de varios tipos de sensaciones diferentes en el mismo acto perceptivo, junto a la simbolog&iacute;a que su autor, Aquiles Garc&iacute;a, adopta para su singular cosmovisi&oacute;n. Una idea de la poes&iacute;a la suya que no procedente de la nada precisamente, sino muy acorde con la noci&oacute;n de coloquialismos con que el cr&iacute;tico literario Jorge Rodr&iacute;guez Padr&oacute;n caracteriza &mdash;entre otras&mdash; la renovaci&oacute;n po&eacute;tica que supuso la irrupci&oacute;n de la poes&iacute;a hispanoamericana a lo largo de todo el siglo XX, desde Nicanor Parra hasta la actualidad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando hablamos de coloquialismo no nos estamos refiriendo a esa poes&iacute;a conversacional procedente de los folclores locales, sino a la idea de la poes&iacute;a como una manifestaci&oacute;n del habla. El poeta no copia de manera fidedigna la forma coloquial de su entorno geogr&aacute;fico, sino que, a partir de ah&iacute;, consciente de lo dicho anteriormente, crea su propio c&oacute;digo coloquial; es decir, con palabras del propio Aquiles Garc&iacute;a Brito, su propia voz mirada.
    </p><p class="article-text">
        Es un t&oacute;pico generalizado en literatura afirmar que todo est&aacute; dicho bajo el sol. Sin embargo, si consideramos que la poes&iacute;a es un habla que ha de ser escrita para establecer una forma particular de visi&oacute;n, entonces el t&oacute;pico cae por su propio peso: todo est&aacute; por decir bajo distintas percepciones del mismo sol.
    </p><p class="article-text">
        Como en la poes&iacute;a de Claudio Rodr&iacute;guez, y sin huir de lo humano en ning&uacute;n momento, en Aquiles Garc&iacute;a el lenguaje remite a un doble nivel: el realista, m&aacute;s inmediato y primario, y el trascendente, m&aacute;s general y a veces m&aacute;s dif&iacute;cil de aprehender por el lector. La interacci&oacute;n entre ambos captura al lector en lo emocional por su puro anclaje con la realidad: Y s&eacute;/ que no debo empezar jam&aacute;s/ el renacer de un p&aacute;jaro &uacute;nico./ H&aacute;bitat protector,/ palmera canariensis,/ El ave f&eacute;nix que resurja/ de sus cenizas, esta vez,/ debo ser yo. (&ldquo;Poenix Canariensis&rdquo;, p. 22). Tambi&eacute;n, como Claudio Rodr&iacute;guez, la poes&iacute;a es una forma de conocimiento. En este punto el lenguaje cotidiano se eleva a la categor&iacute;a de s&iacute;mbolo, de la misma manera que establece Mar&iacute;a Teresa Reyz&aacute;bal al referirse al poeta castellano en su art&iacute;culo de la revista Zurgai de julio de 2006, La estudiada naturaleza de Claudio Rodr&iacute;guez.
    </p><p class="article-text">
        La voz mirada tambi&eacute;n es un sintagma que da absoluta coherencia y cohesi&oacute;n al conjunto del poemario. Es la plaza Syntagma de Atenas donde todo confluye, lo humano con todas las reivindicaciones e inquietudes del Ser y con toda el ansia de inmanencia-transcendencia. Y a veces tambi&eacute;n lo divino. Es el centro y la br&uacute;jula &ndash;que dec&iacute;a Borges&mdash; desde un sujeto l&iacute;rico encerrado en su abandono que grita hacia el fondo de su mon&oacute;logo interior que s&oacute;lo &ldquo;amanecer&aacute; moderadamente/ aquellos pocos d&iacute;as en que el hombre/ consiga mantener/ la voz mirada&rdquo; (p.66). De esta manera el libro acaba con una propuesta social a trav&eacute;s de la poes&iacute;a, o m&aacute;s bien de un concepto de poes&iacute;a mucho m&aacute;s amplio y liberalizador que el usual, com&uacute;n tambi&eacute;n con el poeta de Zamora antes citado y que, en Canarias, encontramos en poetas como Pedro Lezcano que, si bien parte de una poes&iacute;a social y reivindicativa, poco a poco se va adentrando en las profundas veleidades del Ser ante la vida y la muerte:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mueres la rosa cuando no es de cera.
    </p><p class="article-text">
        Yo fui silencio y volver&eacute; al silencio.
    </p><p class="article-text">
        Pero por un instante lo habr&eacute; roto
    </p><p class="article-text">
        con una imprecaci&oacute;n o con un beso.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hasta el poema callar&aacute; conmigo,
    </p><p class="article-text">
        aunque alg&uacute;n eco dejar&aacute; en el viento.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Conformidad&rdquo; Pedro Lezcano
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la poes&iacute;a de <em>La voz mirada</em>, nuestro Aquiles, al menos en apariencia, no busca lo metaf&iacute;sico, sino una suerte de inmanencia a trav&eacute;s no de la memoria, la recuperaci&oacute;n de la cotidianeidad en ese espejo retrovisor fragmentario que trae lo mismo revoluciones perdidas en su mente por las circunstancias, como los m&aacute;s m&iacute;nimos detalles del amor y el trasiego por la vida. Como John Coltrane y Spinoza, un irse de nuevo a esa patria de la infancia donde recuperar la cotidianeidad recordada en la m&uacute;sica, &eacute;sa que el poeta llev&oacute; siempre dentro, esa sinestesia musical y an&iacute;mica recuperada que le trae la letra o&iacute;da a su voz mirada que le trae, a veces, la idea de dolor. Esto y una v&iacute;a de escape hacia el ocaso:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, qu&eacute;mala,
    </p><p class="article-text">
        demuele la nada como los muros,
    </p><p class="article-text">
        que se vea el ocaso
    </p><p class="article-text">
        por donde habremos de escapar. 
    </p><p class="article-text">
        (op. cit. p. 27)
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otra constante que aparece reflejada en el poemario es la idea de phisys del poema. Para ello el sujeto l&iacute;rico &ndash;as&iacute; lo llamo por el uso frecuente de la primera persona del singular&mdash; &ldquo;copia&rdquo; la vida del autor y ve en la mujer de aqu&eacute;l una trasmutaci&oacute;n del cuerpo de la poes&iacute;a como un ente femenino cotidiano y familiar con el que dialoga ensimismado dentro de su mon&oacute;logo, a lo que la poes&iacute;a-mujer le increpa: El reloj/ se me olvida con frecuencia/ pero t&uacute;/ en un gesto de amor/ me lo recuerdas:/ El tiempo,/ se te olvida el tiempo.(p. 47).
    </p><p class="article-text">
        Si no, observen c&oacute;mo el poeta logra para su expresi&oacute;n un perfecto desdoble. Digamos, una superaci&oacute;n del tema del doble modernista que Saulo Tor&oacute;n expresa as&iacute;: &ldquo;Yo no s&eacute; si soy yo o es aqu&eacute;l hombre/ que est&aacute; ah&iacute; frente a m&iacute;, o en cualquier parte (&hellip;) y que Aquiles:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; te encuentro con otro hombre,
    </p><p class="article-text">
        el mismo siempre,
    </p><p class="article-text">
        el de todos los sue&ntilde;os (&hellip;) 
    </p><p class="article-text">
        (p. 29)
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Singular manera de expresar el tema del doble desde el sue&ntilde;o de la amada poes&iacute;a-mujer-esposa. Adem&aacute;s, el ritmo del poema tiene mucho de swim y parece que est&aacute; pasando una c&aacute;mara de filmaci&oacute;n en el instante de la lectura, como ya lo har&iacute;a el poeta surrealista canario Emeterio Guti&eacute;rrez Albelo en su Enigma del invitado. Como dice el poeta brasile&ntilde;o Tanussi Cardoso en su libro <em>Do aprendizado do ar</em>: Entre eu e mim/ um abismo imenso. Entre el sujeto que percibe y el objeto percibido por el otro, su doble, media el abismo. Nueva fuerza y enfoque nos trae el poeta Aquiles Garc&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Pero el epicentro de todo el poemario es el amor a la mujer, los libros, la poes&iacute;a, la m&uacute;sica, la naturaleza cotidiana, el mar (otra vez Saulo Tor&oacute;n, sobre todo). Un diario es este libro, pero no de un poeta reci&eacute;n casado:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        (&hellip;) No hagas las cuentas de avaros rid&iacute;culos.
    </p><p class="article-text">
        Las horas del amor
    </p><p class="article-text">
        son inconmensurables y contadas,
    </p><p class="article-text">
        como las &eacute;pocas del mar, sin tiempo.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las horas del amor&rdquo; (p. 45)
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, hay que destacar la iron&iacute;a siempre presente en el poemario. Pero no la iron&iacute;a de la carcajada f&aacute;cil, sino algo m&aacute;s sutil. Si volvemos a la idea que plante&eacute; al principio de este comentario, lo entenderemos. Todo parte de ese territorio que el poeta recupera para su poes&iacute;a que mucho le debe a la voz, pero tambi&eacute;n al car&aacute;cter de la persona que determina la respiraci&oacute;n en el poema. El novelista Anelio Rodr&iacute;guez Concepci&oacute;n, del que siempre he valorado sus apreciaciones y sus inmensas dotes de observador, me dijo en cierta ocasi&oacute;n que la iron&iacute;a del palmero tiene unas connotaciones especiales propias de todo lugar peque&ntilde;o y, encima, con forma de coraz&oacute;n en plena ebullici&oacute;n. S&iacute;, mi rey, el palmero emplea la iron&iacute;a en sus conversaciones habituales sin que medie la m&aacute;s m&iacute;nima sonrisa y esto hace que los interlocutores estallen a carcajadas. Aquiles Garc&iacute;a no naci&oacute; en La Palma, pero sus padres s&iacute;. Como uno tambi&eacute;n tiene sus dotes de observaci&oacute;n, noto perfectamente que lo que dec&iacute;a Anelio se corresponde no s&oacute;lo con la persona del poeta, sino con el sujeto l&iacute;rico que se expresa en el poemario. Un ejemplo:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Haberla recibido desvestida
    </p><p class="article-text">
        obscenamente me hubiera cegado,
    </p><p class="article-text">
        dependiendo ya de la urgente toma,
    </p><p class="article-text">
        inmediata y completa posesi&oacute;n
    </p><p class="article-text">
        de su voluptuosa anatom&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        (p. 37)
    </p><p class="article-text">
        En conclusi&oacute;n, un lenguaje sencillo que, como tal, sube al verso sin el peso del oropel, y que sin pretender llegar a los olimpos y seguir los c&aacute;nones establecidos, sigue los despe&ntilde;aderos de su propia aventura vital y po&eacute;tica. Y como dice mi amigo el poeta brasile&ntilde;o: &ldquo;El ojo de la carne dentro de la piel/ el ojo entre las s&aacute;banas/ el ojo insoportable entre los l&iacute;mites/ el ojo sin esposas//el ojo del verso en transe y en tr&aacute;nsito/ el ojo en la contramano de la dicci&oacute;n/ el ojo dentro de la hip&eacute;rbole y el espanto/ el ojo paradojal de la contradicci&oacute;n&rdquo; (&ldquo;Ejercicio de la mirada&rdquo;, traducci&oacute;n Leo Lobos). Y la voz mirada de Aquiles Garc&iacute;a Brito.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sardina, G&aacute;ldar.
    </p><p class="article-text">
        2 de diciembre de 2012.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/una-mirada-en-la-voz_132_2500144.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Sep 2015 06:14:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Una mirada en la voz]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fuerte potaje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/fuerte-potaje_132_2505702.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Sí, es verdad, hay mucho potaje en la política, sobre todo cuando, como dice la canción, no hay cama 'pa' tanta gente.</p></div><p class="article-text">
        El potaje&nbsp;es un plato t&iacute;pico de la gastronom&iacute;a espa&ntilde;ola, a base de&nbsp;verduras&nbsp;y&nbsp;legumbres&nbsp;(por lo general&nbsp;garbanzos, pero tambi&eacute;n hay&nbsp;potajes de jud&iacute;as, o de&nbsp;lentejas), a las que se le a&ntilde;ade un&nbsp;sofrito&nbsp;y queda con&nbsp;caldo, pero&nbsp;no llega a ser una sopa. En el sofrito se suele usar&nbsp;cebolla, ajo,&nbsp;tomate&nbsp;y&nbsp;pimiento, a lo que puede a&ntilde;ad&iacute;rseles otros ingredientes como huevo duro&nbsp;y espinacas, o&nbsp;tomate&nbsp;y&nbsp;chorizo, etc. Adem&aacute;s del ajo, se suelen usar&nbsp;otras especias, como piment&oacute;n, pimienta, comino, or&eacute;gano o clavo. Puede llevar algo de&nbsp;carne, hueso o tocino, para darle m&aacute;s sabor &nbsp;al caldo, &nbsp;o &nbsp;&nbsp;bien &nbsp;&nbsp;<strong>&nbsp;</strong>bacalao&nbsp;&mdash;que se usa para preparar el guiso conocido como&nbsp;potaje de vigilia, t&iacute;pico de la Semana Santa.
    </p><p class="article-text">
        Este plato, en Canarias, como tantos otros, adquiere car&aacute;cter propio. Encontramos una gran variedad de recetas dependiendo de la isla y el pueblo. Por lo general&nbsp;el potaje canario suele llevar&nbsp;calabaza, cebolla, ajo, pimiento, acelgas, papas, pi&ntilde;as de millo&nbsp;(mazorcas de ma&iacute;z),&nbsp;batata (boniato), bubango o calabac&iacute;n, berros, tocino, col (abierta y cerrada), habichuelas (jud&iacute;as verdes), &ntilde;ame, etc. Tambi&eacute;n lleva alg&uacute;n tipo de grano como jud&iacute;as, garbanzos, o arvejas (guisantes). En algunas zonas como el norte de La Palma y Tenerife las jud&iacute;as o garbanzos pueden sustituirse por trigo. Otros ingredientes son la pantana y los cardos. En el caso de que no lleve ning&uacute;n tipo de grano se tratar&iacute;a de una sopa de verduras y no de un potaje. &nbsp;El caldo suele utilizarse tambi&eacute;n para &ldquo;escaldar&rdquo; el gofio, que se come con carne de cochino.
    </p><p class="article-text">
        Como ver&aacute;n ustedes, un plato sano y se puede engordar con la tranquilidad de que no se adquiere ni la m&aacute;s m&iacute;nima cantidad de colesterol, a no ser que despu&eacute;s del potaje vengan las chuletas, los chorizos y los piscos de ron. Lo mejor es quedarse con el potaje. Adem&aacute;s, acompa&ntilde;ado del gofio escaldado, unas cebollas troceadas con aceite y vinagre, que por aqu&iacute; llaman &ldquo;queso de campesino&rdquo;, se queda uno bien.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; por qu&eacute; a los ni&ntilde;os se les arruga el moh&iacute;n cuando preguntan <em>&ldquo;ma, &iquest;qu&eacute; hay de comer?&rdquo;</em> Y la madre ilusionada responde: <em>&ldquo;potaje</em>&rdquo;.&nbsp;Ya vemos a la pobre madre o al padre solidario con el pasapur&eacute;s moliendo el cacareado plato.&nbsp;<em>&ldquo;Agg, por aqu&iacute; se qued&oacute; un ajo, o un trozo de cebolla.&rdquo;</em> <em>&ldquo;Que no, nene, es la espumita producida por la fuerza centr&iacute;fuga de la mano al girar la manilla sobre el pasapur&eacute;s&rdquo;</em>&nbsp;&ndash;responde el c&oacute;nyuge de turno.
    </p><p class="article-text">
        En fin, estos v&aacute;stagos, con la naturalidad que fueron concebidos, se decantan por la comida artificial de los&nbsp;<em>fast-foods</em>. O ser&aacute; que saben de pol&iacute;tica y entienden por&nbsp;<em>potaje</em><em>&nbsp;</em>otra cosa que les hace&nbsp;<em>echar la pota</em>, es decir,&nbsp;vomitar.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, es verdad,&nbsp;hay mucho potaje en la pol&iacute;tica, sobre todo cuando, como dice la canci&oacute;n,&nbsp;no hay cama&nbsp;<em>pa</em>&nbsp;tanta gente, pues el pueblo s&oacute;lo tiene un poder para dejar a sus representantes, y ocurre que,&nbsp;como muchos de ellos no tienen una formaci&oacute;n para la labor por la que fueron elegidos, buscan asesores entre la marabunta an&oacute;nima de parientes, allegados, disolutos y redimidos. Sobre todo, se aprecia en estos&nbsp;tiempos de crisis&nbsp;que asolan los bolsillos de estos desheredados de la tierra que&nbsp;no hemos tenido la picard&iacute;a de meternos en este mundo de la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Para ciertas personas, la palabra&nbsp;<em>crisis</em>, es s&oacute;lo eso,<strong>&nbsp;</strong>una palabra que se exhibe como causa de los recortes de los sueldos de los funcionarios que para algo est&aacute;n: para funcionar. Y los pol&iacute;ticos de ahora, en este aspecto, est&aacute;n &ldquo;jubilados&rdquo;. Enti&eacute;ndase, s&oacute;lo en el aspecto de funcionar.<strong>&nbsp;</strong>Estos avatares m&aacute;s que potaje son puro cacao mental, y yo, que soy funcionario (de carrera, y por tanto no homologado)&nbsp;me expongo a que me defuncionen los que no funcionan.
    </p><p class="article-text">
        De todos los potajes pol&iacute;ticos, el m&aacute;s democr&aacute;tico es el de lentejas, porque, como canta el decir, si las quieres las comes y si no las dejas. Y no pasa absolutamente nada, simplemente abrimos una lata de sardinas, unas papas guisadas y nos gobernamos solos.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; claro que&nbsp;no me refiero al potaje de lentejas,&nbsp;sino al rey de los potajes con todo tipo de legumbres&nbsp;(menos lentejas),&nbsp;cochino magro a porrillo&hellip; y sobre todo&nbsp;batatas&nbsp;(que no boniatos).&nbsp;De vez en cuando vemos flotar alg&uacute;n cabello de &aacute;ngel entre tanta muchedumbre incomestible, pero fue porque a alguien se le escap&oacute; un trozo de pantana, o, como le dicen en Gran Canaria,&nbsp;<em>calabaza boba</em>.&nbsp;M&aacute;s la cosa se queda en pura visi&oacute;n, como si fuera la luz de Mafasca o el siempre buscado&nbsp;<em>rayo verde.</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/fuerte-potaje_132_2505702.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Aug 2015 05:46:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Fuerte potaje]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando los glaciares se funden]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cuando-los-glaciares-se-funden_132_2697750.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El amor en la mujer cercenado de cuajo en virtud de la ablación allá, y también el guiño a otras épocas de aquí que Rosario Valcárcel vivió y sufrió, como tantas mujeres: una ablación de la conciencia femenina.</p></div><p class="article-text">
        Hace tiempo que conozco la poes&iacute;a de Rosario Valc&aacute;rcel. Recuerdo mi primera lectura de su libro de relatos <em>La pe&ntilde;a de la Vieja </em>de hace siete a&ntilde;os<em>. </em>Le comentaba a Rosario la presencia ineludible del sentido po&eacute;tico en esa feliz narrativa donde lo evocativo y el despertar de los sentidos ante la naturaleza priman sobre lo anecd&oacute;tico. As&iacute;, una imagen percibida en la infancia junto a esa transcendencia del sentido de lo prohibido propia de la adolescencia femenina son capaces de despertar toda una cosmovisi&oacute;n. Esa picard&iacute;a unida a la inocencia dio mucho de qu&eacute; hablar (nunca mejor dicho) y mucho de qu&eacute; escribir.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de los libros de relatos er&oacute;ticos <em>Del amor y las pasiones </em>y <em>El s&eacute;ptimo cielo (</em>yo insist&iacute;a en lo mismo), mi primera impresi&oacute;n se confirm&oacute; con <em>Las m&aacute;scaras de Afrodita.</em> Poemas er&oacute;ticos&nbsp; &#822; dicen &#822; &nbsp;pero con el a&ntilde;adido de que en poes&iacute;a todo se sale de sus caireles. Todo se sale de madre. Y en el caso de Rosario a&uacute;n m&aacute;s. Poes&iacute;a que con toda la imaginer&iacute;a del erotismo y la sensualidad va desde la peque&ntilde;a vida a la peque&ntilde;a muerte, desde el acto f&iacute;sico a su estallido en el poema. Quien habl&oacute; por primera vez de la uni&oacute;n de Eros y Thanatos, a&uacute;n en la etapa del mito, lleg&oacute; realmente a un logos. Prueba de ello es <em>Himno a la vida</em>, donde el poema se transforma en respiraci&oacute;n del acto po&eacute;tico y la poes&iacute;a en un cuerpo consciente del acto carnal de la escritura. Y &eacute;sta, en liberaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las ideas y prop&oacute;sitos al escribir siempre se quedan cortas, en una mil&eacute;sima parte de lo que el poema verdadero dice despu&eacute;s en el espacio-tiempo de la p&aacute;gina. Y su sentido aumenta seg&uacute;n transcurren los d&iacute;as y las cosas. Como si el poema creciera por s&iacute; mismo y adquiriera cuerpo y pensamientos propios. El cuerpo de una otra mujer que nada teme al abismo. A prop&oacute;sito de lo que vengo diciendo, Rosario Valc&aacute;rcel me dijo que quer&iacute;a publicar un libro de poemas donde no hubiera poes&iacute;a er&oacute;tica sino una celebraci&oacute;n de la vida. Ya nuestra poeta hab&iacute;a ganado el primer premio &ldquo;Domingo Acosta P&eacute;rez&rdquo; de Santa Cruz de La Palma con su <em>Himno a la vida </em>que ahora le da t&iacute;tulo a este poemario que ahora &nbsp;presentamos. Pero, querida Rosario, ya nunca tu poes&iacute;a podr&aacute; librarse de esa sensualidad tuya. Por aqu&iacute; veo un escal&oacute;n m&aacute;s: el <em>carpe diem</em> tuyo aumenta en alegr&iacute;a de vivir y de escribir &nbsp;que son las dos caras de la moneda de la vida que el azar te ha deparado felizmente. Aumenta tambi&eacute;n en agon&iacute;a que, como dec&iacute;a Unamuno, es lucha por esa extranjer&iacute;a que es la vida.
    </p><p class="article-text">
        Entrando de lleno en este <em>Himno a la vida, </em>Rosario Valc&aacute;rcel irrumpe en la escena del libro de la mano de Gayo Valerio Catulo que, consciente de la brevedad de la existencia y la oscuridad eterna en que los prejuicios inundan la conciencia del ser, invita a su Lesbia a una noche de amor. As&iacute; Catulo y Rosario Valc&aacute;rcel entran, como San Juan de la Cruz, en sus noches oscuras del alma y nos invitan a celebrar la vida, desde lo ef&iacute;mero. Y entonces, como la &ldquo;Oda a la Alegr&iacute;a&rdquo; de Friedrich von Schiller, Rosario nos dar&aacute; los besos y la vid por todos los senos de la Naturaleza.
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        La fuerza que el amor provoca ha llevado al hombre a escribir desde la antig&uuml;edad versos, historias, cartas, notas, novelas, universos enteros, y hasta curiosos testamentos, como si al hacerlo pudiera desahogar sus angustias y su sed. En el caso de la poes&iacute;a, ha sido Safo, mujer nacida entre el 630 y 612 antes de nuestra era, la que introdujo el entonces revolucionario concepto de cambiar la manera de escribir poemas desde el punto de vista de dioses y musas al de la poes&iacute;a intimista del individuo.&nbsp; Ella fue uno de las inaugurales poetas que compuso versos en primera persona, describiendo el amor y la p&eacute;rdida cuando la afect&oacute; personalmente. Y despu&eacute;s Catulo que con el seud&oacute;nimo de su amada quiere hacerle un homenaje a Safo y a su isla de Lesbos.
    </p><p class="article-text">
        Al respecto dijo el poeta Luis Enrique de Villena en 1979 que lo que hace falta en el panorama de la l&iacute;rica actual es
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Un Catulo real y vivo &ndash;como es&ndash; que hable directamente al poeta de hoy. Y eso que no ha podido ser en tantos siglos de historia, me parece que ahora es el momento adecuado para que ocurra. Porque puede entenderse una poes&iacute;a directa, mordaz, preciosista, &eacute;tica o viva, sin que nada de ello niegue la l&iacute;rica, y se puede uno acercar a las palabras sin miedo, y gozar del poema como de una salvaci&oacute;n est&eacute;tica &ndash;en arte y lenguaje&ndash; de los momentos intensos de la vida. Un Catulo, pues, real y vivo. Y en su pasi&oacute;n a la par que en su cultura&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Y ese es precisamente la intenci&oacute;n de la poeta Rosario Valc&aacute;rcel. Un Catulo vivo no podr&iacute;a ser m&aacute;s que una mujer, porque una mujer cuando deposita su sensibilidad en la escritura po&eacute;tica no teme a la ca&iacute;da.
    </p><p class="article-text">
        <em>Himno a la vida</em> gira en torno a cuatro partes o ejes: &ldquo;Himno a la vida&rdquo;, &ldquo;Despu&eacute;s de la lluvia&rdquo;, &ldquo;A trav&eacute;s de nosotros&rdquo; y &ldquo;Homenajes y profanaciones&rdquo; que suman un total de 29 poemas de mayor o menor extensi&oacute;n. Estos poemas est&aacute;n dedicados a innumerables personas que tienen que ver con el mundo imaginario y real de la autora.
    </p><p class="article-text">
        En esa primera parte que le da t&iacute;tulo al libro nos encontramos con nueve magn&iacute;ficos poemas que parten de la a&ntilde;oranza por dejar la isla que Rosario Valc&aacute;rcel, seg&uacute;n manifiesta en la dedicatoria inicial, ha adoptado como una hija suya: la isla de La Palma. Y es cierto, esa adopci&oacute;n se manifiesta por el recurso de la a&ntilde;oranza, por la p&eacute;rdida moment&aacute;nea de un ser querido o de una islita con forma de coraz&oacute;n perdida en el Atl&aacute;ntico de su pecho. Adem&aacute;s la isla supone el reencuentro necesario de una infancia interrumpida y cercenada por los avatares del amor y el desamor pol&iacute;ticamente correctos. Oigamos a nuestra poeta, que la canta as&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        <em>La isla que dejo atr&aacute;s me une </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>a mi padre: inventor de sue&ntilde;os, </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>al murmullo de hadas y animalitos del bosque,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>al olor de la tarta de galletas</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que preparaba mi madre</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;en las tardes de lluvia.</em>
    </p><p class="article-text">
        Un lugar tambi&eacute;n donde la poeta apaga las luces y sale de su cuerpo para descubrir de nuevo su juventud. Donde la eleg&iacute;a se borra, porque sabe que detr&aacute;s de las brumas de la vida le esperan los cielos despejados para emprender de nuevo sus sue&ntilde;os m&aacute;s &iacute;ntimos de mujer. Ser mestiza de amor, volar a Samoa o al Caribe y encontrar el tab&uacute; y disfrutar de &eacute;l. Son anhelos &iacute;ntimos que van m&aacute;s all&aacute;, pues ah&iacute; radica el hecho po&eacute;tico y la rebeld&iacute;a del lenguaje. Poes&iacute;a que <em>sabe</em> que no afrontar los tab&uacute;es supone una inercia s&uacute;bita, al igual que la de la &nbsp;mujer que se resigna a la muerte en vida de no sentir m&aacute;s all&aacute; de lo establecido. Los poemas a veces van reconstruyendo ese sufrimiento, esa c&aacute;rcel para despu&eacute;s diluirla en el rebozo del mar, en el flujo del placer de la imaginaci&oacute;n. <em>Saporo di sale, sapore di mare</em>, la &uacute;nica canci&oacute;n que le hizo creer en la mentira: no por el hombre sino por el mar que todo lo corroe, incluso las verdades impuestas.
    </p><p class="article-text">
        Parece que al comienzo, Rosario casi cumple su prop&oacute;sito inicial: no tratar el tema er&oacute;tico, sino el tema del para&iacute;so perdido y encontrado de Eva (no de Ad&aacute;n) simbolizado por la isla y su mestizaje cultural y sensual. Pero nuestra poeta, como ya se establece m&aacute;s arriba, sabe muy bien que la puerta de salida de su laberinto es darle rienda suelta a su sensualidad expresiva.
    </p><p class="article-text">
        Entramos brevemente en la segunda parte, &ldquo;Despu&eacute;s de la lluvia&rdquo;. Viene acompa&ntilde;ada de un fragmento del c&eacute;lebre poema de Borges, &ldquo;La lluvia&rdquo;, <em>La lluvia es una cosa/ que sin duda sucede en el pasado&ldquo;.</em> El sujeto l&iacute;rico se sit&uacute;a en ese &rdquo;despu&eacute;s&ldquo; del pasado que sin duda es el presente
    </p><p class="article-text">
        <em>Despu&eacute;s de la lluvia, puedo matar</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>el amargo sue&ntilde;o, asesinar la distancia, </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>caminar entre careyes y caguamas, </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>entre mosquitos que cositean.</em>
    </p><p class="article-text">
        La eternidad s&iacute; est&aacute; al alcance de los vivos: he aqu&iacute; el cl&iacute;max del Himno, el centro, el quid de la cuesti&oacute;n. Disentir, anteponer la vida a todo. Alzar la mano, como dec&iacute;a Luis Feria.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; vuelve el tema del mestizaje, de una mezcolanza humana y cultural cuyo resultado es un pensamiento diferente que nos hace pensar que no se puede amarrar la vida en ebullici&oacute;n. Tampoco la sensualidad. No se puede amarrar el sol porque nos fundir&iacute;amos a &eacute;l. No podemos cercenar a la Madre Tierra porque nos engullir&iacute;a. Y as&iacute; el pasado se esfuma despu&eacute;s de la lluvia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A trav&eacute;s de nosotros&rdquo; ya es la vida propia de cada uno. Aqu&iacute; se plantean de nuevo los temas de la muerte y la eternidad del instante del goce.
    </p><p class="article-text">
        <em>Antes de que sangren los cielos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y llegue la batalla del bien y del mal,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>beber&eacute; el filtro de la eterna juventud,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y en la penumbra mojar&eacute;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>los lit&uacute;rgicos arrullos, los jadeos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de la desolaci&oacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        Y todo este despliegue en el ser individual viene a cuento porque Rosario cree a pie firme que el amor es una continua rotaci&oacute;n entre Eros y Thanaton, el amor como una peque&ntilde;a muerte, la muerte como la culminaci&oacute;n del amor: no una suerte de transcendencia, como preconizaba Quevedo, sino como una inmanencia que desemboca casi en una &nbsp;m&iacute;stica de lo carnal ( como la de San Juan y Santa Teresa). Veamos una serie de impresionantes im&aacute;genes que van m&aacute;s all&aacute; del canon del erotismo y entran en el terreno que aludo:
    </p><p class="article-text">
        <em>Desenvain&oacute; la espada y con su luz atraves&oacute;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>el pespunte de mis labios rojos, el hervidero</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de los l&iacute;quenes, la pelambre de Baudelaire. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>E, igual que &aacute;rboles abatidos por una tormenta,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; nos precipitamos el uno en el otro.&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em>
    </p><p class="article-text">
        El poema que abre esta parte titulado &ldquo;Agonizo&rdquo; es el &ldquo;vivo sin vivir en m&iacute;&rdquo; de Rosario Valc&aacute;rcel. Un paso m&aacute;s a <em>Las m&aacute;scaras de Afrodita</em>. Ya no hay m&aacute;scaras.
    </p><p class="article-text">
        Para finalizar entramos en la &uacute;ltima parte del libro, &ldquo;Homenajes y profanaciones&rdquo;. En principio los poemas parecen circunstanciales y de asuntos varios: la concienciaci&oacute;n sobre el tema de la ablaci&oacute;n, en &Aacute;frica, la muerte de un amigo poeta, el poema premiado por el Consejo Regulador de la Denominaci&oacute;n de Origen Vinos de La Palma, noviembre 2011, el hallazgo de un poema er&oacute;tico de Pedro Garc&iacute;a Cabrera, un R&eacute;quiem por el vuelo JK 5022...Al deseo femenino se une la conciencia plena en toda la humanidad. Seg&uacute;n mi criterio, una yuxtaposici&oacute;n feliz de la autora. Feliz en el sentido po&eacute;tico. Nunca podremos tener un verdadero amor, una verdadera libertad, hasta que no la disfruten todos los seres humanos, no s&oacute;lo la mitad de la humanidad (hombres) de estas tierras &ldquo;civilizadas&rdquo; y el 90 por ciento de las llamadas &ldquo;no civilizadas&rdquo;, donde al menos un 40% son hombres tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Rebeld&iacute;a de la autora al mostrar la falta de libertad sobre todo de las mujeres de esas tierras (y de estas). El amor en la mujer cercenado de cuajo en virtud de la ablaci&oacute;n all&aacute;, y tambi&eacute;n el gui&ntilde;o a otras &eacute;pocas de aqu&iacute; que Rosario vivi&oacute; y sufri&oacute;, como tantas mujeres: una ablaci&oacute;n de la conciencia femenina.
    </p><p class="article-text">
        Para concluir<em>, Himno a la vida</em>, entonces, m&aacute;s que un canto a la alegr&iacute;a de vivir de la humanidad, es una oda a esa parte de la humanidad a la que no han dejado ser feliz y, de paso, a la otra porci&oacute;n que a&uacute;n sigue pensando que la felicidad se logra a base de dominio y sumisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        G&aacute;ldar, noviembre de 2014.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cuando-los-glaciares-se-funden_132_2697750.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Apr 2015 21:29:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando los glaciares se funden]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los correíllos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/los-correillos-antonio-arroyo-silva_132_4304760.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El traqueteo amarillo, el olor salitroso de la mar que, como hembra insaciable, invadía el olfato y el tacto de la eslora con su enorme gineceo de ballena procaz.</p></div><p class="article-text">
        Los corre&iacute;llos baratos donde la niebla y el &oacute;xido eran zapatos bajo las suelas del domingo, las que pisaban los mares de marasmos untuosos y campanas al sol de la soledad y el insomnio en el hueso de las mares&iacute;as, el sextante enquistado a la quilla y la sangre suspensa de tanto detenerse a contemplar su estado. El traqueteo amarillo, el olor salitroso de la mar que, como hembra insaciable, invad&iacute;a el olfato y el tacto de la eslora con su enorme gineceo de ballena procaz. La locura olfativa de la luz. La primera mujer que esparci&oacute; su cabello sobre el lomo de un animal terrestre, la primera aspersi&oacute;n que consagr&oacute; el canto de los delfines a los l&iacute;mpidos farallones del gusto. El movimiento desde el fondo hacia la textura de la carne. Fuimos esponja en movimiento, succionamos la mujer mar del deseo. Fue ah&iacute; donde todo empez&oacute; a ser viaje. Ah&iacute; donde subimos los tarecos para ir a otra parte sin conciencia de l&iacute;mites ni de definiciones.
    </p><p class="article-text">
        Viajaba en corre&iacute;llos con billete de segunda, el v&oacute;mito en las literas. Cajas de cart&oacute;n que encerraban los sue&ntilde;os. Los envolv&iacute;an hasta llegar a la &Iacute;taca de enfrente con la esperanza de hilar la apetencia de conocimiento lejos de los tapices que la orilla deshilaba. Partir desde la ciudad donde un viejo noray con maromas y l&iacute;quenes te tiraba pa&ntilde;uelos de burbuja desva&iacute;da. Ciudad agrisada de ni&ntilde;os descalzos con los dedos del pie desollados de no poder ir m&aacute;s all&aacute; de las gaviotas por la escala acuciante donde la vida es una jaula cerrada de <em>cinemascope</em> en blanco y negro. Ciudad so&ntilde;ada donde una inmensa nariz flu&iacute;a de los piquetes que se hac&iacute;an los ni&ntilde;os en sus juegos de guerra. Una costra de olvido cauterizaba heridas, taponaba los ecos manados de aquella Caldereta. Los disparos callados eran muestra de que un llanero solitario sal&iacute;a de las pel&iacute;culas de las tres de la tarde de los s&aacute;bados mustios. La olla del cierzo donde se cocinaba el fr&iacute;o silenciado con mistelas y dulces, con sopitas de miel y violines de gloria desde el ardor de la tribu. Lo cierto fue que mucho tiempo atr&aacute;s mor&iacute;amos fusilados o nos enterraban vivos por no callar que el mundo era una naranja girando al comp&aacute;s de los sentidos y que la humanidad era un gajo apenas perceptible en el &aacute;rbol de la vida; pero segu&iacute;amos muriendo aun despu&eacute;s cuando de nuevo nacimos con el diablo asomando a nuestro asombro. As&iacute; encontr&aacute;bamos nuestros cr&aacute;neos rojos bajo los terraplenes que cav&aacute;bamos para encontrar la voz y echarla al desasosiego y al marasmo dominantes. Y el cad&aacute;ver se levantaba a deshojar la primera flor que le llegara al hueso para vestirse de ni&ntilde;o. Ese carnaval blanco donde a veces la cal hinchaba las pupilas de las palomas y la harina quedaba en sustratos debajo de la piel con un r&iacute;o de sangre que manaba de noche desde las pituitarias ingenuas. <em>Se dilatan las narices de tanto oler los girasoles, su carne interior es tan tierna como el sexo de las nubes, que al tocarlas el sol, llueven sobre la tierra y debilitan los r&iacute;os del cielo.</em> Esa mitolog&iacute;a audaz del imp&uacute;ber y aquella que inventaba la madre para trazar un para&iacute;so de acuerdo a la angostura de la cesta del pan y la textura del hambre de horizontes. Esas mentiras peque&ntilde;as que trajeron la met&aacute;fora al pie de una ventana, donde siempre estuvimos los sordos y donde los ciegos dijeron la realidad adulterada de mirar hasta el cielo cada vez que la gazuza trinaba en el p&aacute;jaro audaz.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; c&oacute;mo llegamos a esa borda. Desde un fotograma <em>kodakrome </em>o con el daguerrotipo del abuelo estallando en los ojos. La imbecilidad del vac&iacute;o. La borrachera de la imbecilidad de tener esperanza y forjarla en los tablones de cubierta para echar hasta el &uacute;ltimo mil&iacute;metro c&uacute;bico de la indigesti&oacute;n, para que los peces tambi&eacute;n comieran y nadaran al son de nuestra arcada hacia la estela espumosa que iba dejando el barco, hacia la lejan&iacute;a de lo pr&oacute;ximo. No s&eacute; c&oacute;mo llegamos al vapor de las horas sin salir de la infancia eterna del silencio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/los-correillos-antonio-arroyo-silva_132_4304760.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Mar 2015 13:41:13 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los correíllos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leocadio Ortega. Aproximaciones a ‘Prehistórica y otras banderas’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/leocadio-ortega-aproximaciones-a-prehistorica-y-otras-banderas_132_4324332.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Si Leocadio Ortega no logró entender su propia vida o resolver el puzzle de añicos de su desencuentro con la misma, sí consiguió verse en su propia literatura, fueran versos, cartas personales, narraciones…</p></div><p class="article-text">
        Las <em>l&aacute;grimas provocan notas</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>cuando caen en las cuerdas por las que camino</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>para no caer en el oc&eacute;ano </em> <em>para siempre.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> (</em>Chistian Gonz&aacute;lez D&iacute;az, &nbsp;&lsquo;Pescador de presa IX&rsquo;)
    </p><p class="article-text">
        Christian Gonz&aacute;lez D&iacute;az (1) es un poeta chileno que vive y lucha por la paz. Este amigo y hermano sin querer ha quebrado en &eacute;ste que escribe los conceptos que de poes&iacute;a maldita se ten&iacute;a (y no s&oacute;lo &eacute;l) desde su blog <em>Poeta Bendito</em>, donde no s&oacute;lo busca el di&aacute;logo entre las culturas al paso que celebra el hecho mismo de la poes&iacute;a, sino que afirma, o as&iacute; lo interpreta quien comenta, que la poes&iacute;a es un acto de humanidad. Compartir poes&iacute;a como compartir el pan o los lugares de encuentro de cada pueblo es algo que hace inmenso al ser humano porque con ello se contribuye al equilibrio deseado de la persona y su entorno. El di&aacute;logo que se pide es extensible a todos los pueblos. Apunta la necesidad de intercambiar palabras, visiones, im&aacute;genes o sue&ntilde;os a trav&eacute;s de la poes&iacute;a para adquirir una conciencia m&aacute;s profunda y rodearla de un aura luminosa que permita la integraci&oacute;n de las ra&iacute;ces y de sus transformaciones, creando una atm&oacute;sfera encantada de unidad y paz. Se trata nada menos que de un <em>Manifiesto de los poetas chilenos a la hermandad entre los pueblos de Chile y Bolivia</em>, por supuesto extensible a todos los rincones del Planeta. Voces <em>v&iacute;rgenes de prejuicios, </em>voces de la Poes&iacute;a que pretenden cambiar las cosas y extraer aquello que se vuelve caos, pues el mundo refleja s&oacute;lo una parte del valor de las palabras m&aacute;s all&aacute; de la vista humana, directo a su naturaleza. Y, sobre todo, me parece iluminador lo siguiente:
    </p><p class="article-text">
        <em>Desafiamos a la raz&oacute;n, para escuchar de manera cierta el estrechar de manos de estos pueblos, remont&aacute;ndonos al parto universal de la voz inmortal; amasando las tradiciones, los vocablos, las alegr&iacute;as, las tristezas, los miedos, los rencores or&iacute;genes de un nuevo tiempo de paz que penetre la carne y encienda el alma en su plano superior. </em>(2)
    </p><p class="article-text">
        M&uacute;sica que el poeta Leocadio Ortega acaso escuch&oacute; en sus duermevelas y que de alguna manera qued&oacute; plasmada en el tejido de sus textos, en el efecto ulterior de su poes&iacute;a. A estas alturas y, visto lo visto, parece una utop&iacute;a pensar que la poes&iacute;a es una manera de sembrar esa paz por todos los rincones &nbsp;donde pasa, independientemente de que el contenido que exprese sea m&aacute;s o menos accesible a la comprensi&oacute;n general, ya que la mente humana (es un hecho) funciona de forma muy diferente al sendero trazado y predeterminado por la tradici&oacute;n escol&aacute;stica y eclesial, tan asentadas en nuestra memoria y en la patria com&uacute;n de la lengua. En este sentido, ser&iacute;a una puerilidad pensar que la poes&iacute;a es una forma de liberaci&oacute;n del esp&iacute;ritu, pues con esta idea se ha llegado a lo mismo que se quer&iacute;a abolir. El poeta no es un iluminado, ni un salvador, ni un redentor que asume todas las culpas de la humanidad para redimirla. No, la poes&iacute;a es de este mundo, tiene cuerpo y respira. Y encontrar ese cuerpo es el &uacute;nico reto con el que se enfrenta el poeta, como tal. Un cuerpo f&iacute;sico de palabras con la misma incertidumbre y el mismo temblor que podr&iacute;a tener su carne, pero en este caso los verdaderos molinos de viento contra los que hay que luchar son los entretejidos en la tela del lenguaje. Lo mismo que las naves contra los elementos &iquest;Cu&aacute;ntos de estos llamados <em>p&ocirc;etes maudits </em>no asumieron los riesgos que supone este desdoblamiento entre la realidad del lenguaje po&eacute;tico y su propia realidad f&iacute;sica y vital? Sab&iacute;an que ten&iacute;an que enfrentarse a un sistema que les era adverso s&oacute;lo por el hecho de querer transformar esa maquinaria ling&uuml;&iacute;stica alienante (o alienada), ese instrumento de dominio salvaguarda de unos valores tradicionales, que, de paso, tambi&eacute;n hicieron tambalear en lo que a su forma de vida y pensamiento libre se refiere. Realmente, s&oacute;lo ten&iacute;an que abrir la jaula para que el dulce p&aacute;jaro de la expresi&oacute;n volara alto y no precisamente con aquellos esquemas que asfixiaban el Arte (no precisamente <em>esquemas</em>). Y lo consiguieron, pero de nuevo se utiliz&oacute; el aparato clasificatorio &nbsp;para que todo volviera a quedar como siempre, reduciendo las inmensas fluctuaciones po&eacute;ticas a formulas y estereotipos. De esta manera los poetas siguientes se transforman en simples adoradores de los muertos, sin pensar que aqu&eacute;llos que realmente nos dejaron la puerta abierta para que pudi&eacute;ramos mirar el horizonte no quer&iacute;an que sus yos particulares permanecieran en el recuerdo, sino que aquel mensaje que nos dejaron siguiera circulando y dialogando con el aire y con los desconciertos del futuro. No nos legaron ninguna certeza, siquiera nos pidieron que hici&eacute;ramos ning&uacute;n acto de fe. Nos dejaron palabras fundacionales y la manera de liberarlas sabiendo el riesgo que corr&iacute;an, sus naufragios, sus ca&iacute;das al abismo. En resumen, no quer&iacute;an ser cad&aacute;veres exquisitos, no quer&iacute;an ser el mismo cad&aacute;ver que ellos mismos hab&iacute;an enterrado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Todo esto viene a prop&oacute;sito de la poes&iacute;a de Leocadio Ortega. Todos sabemos de su vida, de su andadura por estos laberintos, que, aparentemente, no figura en la gu&iacute;a &nbsp;de usos y costumbres del h&eacute;roe cl&aacute;sico. Tampoco en la del antih&eacute;roe. Algunas cosas s&iacute; que recuerdan posturas de Poe, Rimbaud y otros muchos autores. Quiz&aacute;s nos recuerde, dentro del &aacute;mbito de Canarias, a Antonio Bermejo, narrador del grupo fetasiano, fallecido en 1987, a los 61 a&ntilde;os de edad, tras una fortuita ca&iacute;da que le produjo lesiones cerebrales y que llevaba una vida rayana en la mendicidad y la marginaci&oacute;n, no exactamente autoimpuesta, a pesar de su apariencia de persona distante. Hecho curioso, unos seis a&ntilde;os antes en el Congreso de Narrativa Canaria de 1981, los escritores Mar&iacute;a Isabel Guerra, V&iacute;ctor Ram&iacute;rez y Roberto Cabrera lo echaron en falta entre tantos novelistas y as&iacute; lo manifestaron ante el p&uacute;blico y la mirada expectante de Emilio S&aacute;nchez Ortiz que dec&iacute;a su ponencia en esos momentos. A esto habr&iacute;a que a&ntilde;adir la estela de defunciones de poetas j&oacute;venes como F&eacute;lix Francisco Casanova, Dulce D&iacute;az Marrero, el casi desconocido Jos&eacute; Luis Centuri&oacute;n, Eugenio Millet, Ernesto Delgado Baudet y, por supuesto, Leocadio Ortega, que desapareci&oacute; sin m&aacute;s de este mundo, justo como preconizaba en sus poemas. La misma visi&oacute;n que C&eacute;sar Vallejo, la misma que F&eacute;lix Francisco y, sobre todo, la que tuvo la poeta Dulce D&iacute;az Marrero, muerta un a&ntilde;o despu&eacute;s de F&eacute;lix Francisco en accidente de circulaci&oacute;n. Se qued&oacute; en coma unos d&iacute;as. <em>&ldquo;No pueden con los escalones/ maltrechos de mi cabeza, y/ mientras las olas se derriten/ en mares inoculados/ yo me sumerjo/ en el abismo del sue&ntilde;o&rdquo;(3) </em>dijo nuestra poeta, cuyo cuerpo se fue <em>para siempre pero siempremente siempre</em>, como dijo Leocadio Ortega en el que probablemente fuera su &uacute;ltimo poema, &lsquo;Elementos de un naufragio&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cu&aacute;ntas veces me lo encontr&eacute; en La Laguna durmiendo en las escaleras de La Normal o tom&aacute;ndose un caf&eacute; con leche en casa de la poeta Olga Rivero Jord&aacute;n, en el Edificio Benito, sobre la librer&iacute;a Lemus. All&iacute; siempre su tema de conversaci&oacute;n era la poes&iacute;a que se estaba desarrollando tras las aulas de las Facultades, aqu&eacute;llas que ignoraban la vida y el momento vivido. Tambi&eacute;n increpaba contra la poes&iacute;a comprometida tan poblada de esl&oacute;ganes que, seg&uacute;n &eacute;l, &nbsp;da&ntilde;o hac&iacute;an a la expresi&oacute;n. Pocos poetas de &eacute;sta y la otra secci&oacute;n se escapaban de la criba, entre ellos Juan Gelman que por entonces empezaba a salir a la luz en la editorial Visor. Pero no hab&iacute;a rabia en sus afirmaciones, s&oacute;lo tristeza. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si Leocadio Ortega no logr&oacute; entender su propia vida o resolver el puzzle de a&ntilde;icos de su desencuentro con la misma, s&iacute; consigui&oacute; verse en su propia literatura, fueran versos, cartas personales, narraciones&hellip;De hecho, &eacute;l era muy consciente de que su verdadera fuerza radicaba &nbsp;en su escritura, y as&iacute; se entiende su recelo autocr&iacute;tico y su irreverencia cr&iacute;tica hacia la literatura al uso. Su tristeza profunda, que penetraba en sus interlocutores como la niebla de las cumbres de la isla, se vert&iacute;a paulatinamente y, despu&eacute;s, se derramaban en los valles del recuerdo esos <em>ojos chorbos</em> con que &eacute;l mismo describi&oacute; a su interlocutora poes&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Intentar desvelar por qu&eacute; esa lucidez que a Leocadio Ortega le permit&iacute;a hermanarse con la luz de las estrellas y &nbsp;alejarse de la luz del sol no es tarea de nadie. Quiz&aacute;s se sab&iacute;a un extranjero como el personaje de Camus, o en alguna de sus vidas anteriores se hab&iacute;a arrojado al Sena como Celan. Meras hip&oacute;tesis: simplemente era Leocadio. Lo que s&iacute; se puede afirmar con seguridad es que &eacute;l ve&iacute;a claramente cu&aacute;l era su patria verdadera, su territorio, y quer&iacute;a fundarlo en ese mundo adverso que lo rodeaba, con todo el asombro, incertidumbre, ingenuidad que ello supone, y, por supuesto, siendo consecuente con los riesgos que implicaba su aventura: deshilvanar la madeja de la visi&oacute;n un&iacute;voca y polif&eacute;mica de la realidad circundante, sabiendo que en ella estaban los a&ntilde;icos de <em>su ser yo</em>. Paralelamente, destejer el tejido del lenguaje para llegar a una suerte de alejamiento cr&iacute;tico de esa literatura trasunta de los hechos antes mencionados. Y, despu&eacute;s, sobre los gui&ntilde;apos de ese todo enga&ntilde;oso, sembrar. Dejar la semilla <em><strong>ah&iacute;.</strong></em> &nbsp;Aunque la banalidad se instaurara sobre el mundo, alg&uacute;n d&iacute;a habr&iacute;a de crecer un alto roble sobre el erial que el hombre hab&iacute;a creado en la propia estratosfera del vivir.
    </p><p class="article-text">
        <strong>II</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entrando en la obra de Leocadio Ortega, en su &uacute;nico poemario publicado <em>Prehist&oacute;rica y otras banderas </em>(4)&nbsp;lo primero que me llam&oacute; la atenci&oacute;n fue una cita de &Oacute;scar Hahn como apertura de la primera parte (&lsquo;Prehist&oacute;rica&rsquo;). Me resulta curioso que justo al recuperar este poemario (pues nunca lo tuve en mis manos como libro sino en voz del propio poeta, o en algunas publicaciones como la de &lsquo;El Buey de las Estrellas&rsquo;, que Roberto Cabrera public&oacute; cuando nuestro poeta a&uacute;n estaba en La Laguna) &nbsp;me encuentre con un autor &nbsp;como &Oacute;scar Hahn de gran actualidad que hace apenas unos meses recibi&oacute; el prestigioso premio Pablo Neruda de Poes&iacute;a Hispanoamericana. La di&aacute;spora chilena, tras el golpe de Pinochet en 1973, &nbsp;oblig&oacute; al poeta a exiliarse a Estados Unidos, lugar donde a&uacute;n reside e imparte su docencia en la Universidad de Iowa. El ep&iacute;grafe citado es un peque&ntilde;o poema titulado &lsquo;Paisaje ocular:
    </p><p class="article-text">
        <em>Si tus miradas</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>salen a vagar por las noches</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>las mariposas negras huyen despavoridas</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>tales son los terrores</em> <em>que tu belleza disemina en sus alas</em>
    </p><p class="article-text">
        La elecci&oacute;n de nuestro poeta canario no resulta nada casual y muestra, de hecho, un conocimiento de la po&eacute;tica del chileno hasta el punto de que todo el &lsquo;Prehist&oacute;rica&rsquo; subsiguiente parece dialogar con este paisaje ocular y le da pie &nbsp;a seguir su camino propio de invocaci&oacute;n hacia un lenguaje &ldquo;que viene desde atr&aacute;s&rdquo;, desde un tiempo anterior a la historia. Quiz&aacute;s su historia o intrahistoria individual que se hace colectiva en el texto:
    </p><p class="article-text">
        <em>T&uacute; vienes desde atr&aacute;s</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de la prehistoria casi</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y traes bajo el brazo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>un cesto de mimbre</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y un signo de s&uacute;plicas</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>con olor a pan (p. 9 op.cit.)</em>
    </p><p class="article-text">
        En este primer acercamiento a la obra de Leocadio Ortega no me atrever&iacute;a a establecer un paralelismo tajante con la poes&iacute;a de &Oacute;scar Hahn, pero s&iacute; cabe hablar de un mutuo y profundo conocimiento de la composici&oacute;n po&eacute;tica &nbsp;que denota y connota un exilio interno, existencial y ag&oacute;nico del uno&nbsp; y externo del otro: cada cual con sus heridas. De ah&iacute; el alejamiento cr&iacute;tico de ambos poetas, con una declaraci&oacute;n de vida bastante c&iacute;nica por parte del chileno, seg&uacute;n las palabras del poeta Juan Cameron en su art&iacute;culo &lsquo;&Oacute;scar Hahn: Apariciones profanas (4), &nbsp;y una mordacidad y sarcasmo en el canario. Dicen lo que ven, y lo hacen porque no hay un mayor sentido, al menos en este territorio, que impida callar.
    </p><p class="article-text">
        Dice &Oacute;scar Galindo (6) refiri&eacute;ndose a la poes&iacute;a de Hahn que el registro literario y culterano de su poes&iacute;a entra en relaci&oacute;n con registros verbales de la realidad viva y circundante, pues Hahn ha sabido incorporar el lenguaje callejero del espa&ntilde;ol de Chile. Lo espec&iacute;fico, en este caso, es que no se inclina por la parodia, tan usual en los poetas contempor&aacute;neos, sino por la llamada &lsquo;imitaci&oacute;n diferencial&rsquo;, esto es, un plantarse en medio de la calle del verso y escuchar las voces. Escucharlas y expresarlas, no en &ldquo;crudo&rdquo; precisamente, por m&aacute;s que lo parezca. Tampoco Leocadio Ortega cae en la trampa, y su <em>imitaci&oacute;n diferencial </em>se basa no s&oacute;lo en un extra&ntilde;amiento del lenguaje po&eacute;tico habitual por estas orillas atl&aacute;nticas, sino, como hemos visto, en el di&aacute;logo entre po&eacute;ticas de ambas orillas. Po&eacute;ticas del dolor y el desarraigo. Nada extra&ntilde;o, por tanto, que haga uso del lenguaje coloquial y que incluso parodie (con ese alejamiento) los esquemas de la poes&iacute;a de protesta de los a&ntilde;os 50 o de aqu&eacute;lla que se puso en boga tras la muerte del dictador en la &eacute;poca de la Transici&oacute;n. Tengamos en cuenta que el golpe de Pinochet y el consiguiente ascenso de los fascismos en Hispanoam&eacute;rica, comenz&oacute; apenas cuatro a&ntilde;os antes de la muerte de Franco, en un momento de ebullici&oacute;n social y de reorganizaci&oacute;n de la izquierda en Espa&ntilde;a. Esta onda llega a Canarias, y no es de extra&ntilde;ar que los poetas canarios posaran su mirada atenta en poetas como Neruda, de Chile, y Juan Gelman, de Argentina, entre otros. Es decir en los poetas del exilio o los que de una manera u otra daban testimonio de las atrocidades perpetradas.
    </p><p class="article-text">
        Y, como ejemplo, basten tambi&eacute;n algunos t&iacute;tulos de esta parte o secci&oacute;n, como el poema citado &lsquo;Eres urgente ahora&rsquo;, &lsquo;Estado de sitio&rsquo; y &lsquo;Pauta polar&rsquo; que podr&iacute;an ser ejemplos de aquella <em>poes&iacute;a necesaria</em> que en su momento preconizaban poetas espa&ntilde;oles como Gabriel Celaya, incluso antes, desde <em>Antolog&iacute;a Cercada</em>, cantaban Agust&iacute;n Millares y otros poetas canarios bastiones de la protesta social y pol&iacute;tica. T&iacute;tulos como &eacute;sos son las claves que Leocadio Ortega sit&uacute;a en su espacio po&eacute;tico para despu&eacute;s darles la vuelta a esos moldes, si bien &nbsp;los poetas citados evolucionaron posteriormente hacia otros postulados m&aacute;s humanos y universales. En esos momentos, faltaba ese alejamiento de Juan Gelman, cuya lecci&oacute;n nuestro poeta asimil&oacute; muy bien y la hizo m&aacute;s suya que nunca. De ah&iacute; &lsquo;Prehist&oacute;rica&rsquo; precisamente: un comenzar de nuevo: &ldquo;<em>eres entonces distinta/sin fondo ni desperdicio/nict&aacute;lope cantora gestada a tientas&hellip;&rdquo; </em>Pedro Lezcano en su poema &lsquo;Consejo de Paz&rsquo;, si bien intenta vaciar de sentido el lenguaje administrativo-militar impuesto por la dictadura franquista, s&oacute;lo consigue afianzar la urgencia del mensaje, pero no la eficacia po&eacute;tica:
    </p><p class="article-text">
        <em>Decretar&aacute;n la nada entre los hombres</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> misteriosos contables.</em> Pedro Lezcano<em> (&lsquo;Consejo de paz&rsquo;)</em>
    </p><p class="article-text">
        Es cierto, que en esos momentos, <em>&ldquo;nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno&rdquo; </em>como afirmara Gabriel Celaya en su c&eacute;lebre poema; pero, desde luego, esto no significaba sacrificar todo el material po&eacute;tico en pos de un fin social. Si no, observen c&oacute;mo Leocadio Ortega s&iacute; consigue un efecto demoledor, desde lo m&aacute;s hondo de su esp&iacute;ritu a lo m&aacute;s circunstancial de su momento vivido. Repito: imitaci&oacute;n diferencial&nbsp;&nbsp; (como establece &Oacute;scar Galindo) y alejamiento cr&iacute;tico (como prefiere Jorge Rodr&iacute;guez Padr&oacute;n):
    </p><p class="article-text">
        <em>Adjunto insisto en propaganda varia</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>para esos tus peque&ntilde;os ojos chorbos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>predispuestos a una lluvia</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de inmensas v&iacute;rgulas de alpaca</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que entre t&uacute; y yo aceptamos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>sin temores ni algazaras&hellip;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Leocadio Ortega, Prehist&oacute;rica&hellip;</em>
    </p><p class="article-text">
        Resumiendo, Leocadio Ortega realiza una profunda revisi&oacute;n (como dec&iacute;a Pedro Garc&iacute;a Cabrera: <em>sin bien saberlo, haci&eacute;ndolo bien</em>) no s&oacute;lo de la poes&iacute;a de protesta, sino incluso de las vanguardias y su renacer reivindicativo de los a&ntilde;os 80. Respecto a la llamada &lsquo;po&eacute;tica del silencio&rsquo; nuestro poeta muestra su radical oposici&oacute;n, si bien no ignora las ra&iacute;ces valentianas basadas en ese brote sarc&aacute;stico que inunda, digamos, el antipoema &lsquo;Presentaci&oacute;n y memorial para un funeral&rsquo; (7). Su expresi&oacute;n po&eacute;tica y vital se enfrenta a la pretendida teleolog&iacute;a que&nbsp; intentaba extrapolar los planteamientos lezamianos y unirlos a los de Pedro Garc&iacute;a Cabrera (&lsquo;El hombre en funci&oacute;n del paisaje&rsquo;) y Agust&iacute;n Espinosa (&lsquo;Lancelot&hellip;&rsquo;). Territorio para la cr&iacute;tica, pero no para la poes&iacute;a que necesitaba encontrar su habitaci&oacute;n. De ah&iacute; el exilio textual de Leocadio.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente, Domingo P&eacute;rez Minik ya hab&iacute;a hablado de la necesidad de una revisi&oacute;n de las vanguardias cuando comenta en la edici&oacute;n facs&iacute;mil que hizo &Aacute;ngel S&aacute;nchez de &lsquo;Gaceta de Arte&rsquo;(8) que &eacute;stas dejan de serlo desde el momento que se suben al p&uacute;lpito del templo. Incluso mucho antes, en ese momento de reivindicaci&oacute;n de los poetas vanguardistas insulares, este pensador insustituible habla de<em> un cansancio muy acusativo consecuencia de una historia entre aburrida y atropellada que es f&aacute;cil detectar en todos sitios.</em>
    </p><p class="article-text">
        A todo esto habr&iacute;a que a&ntilde;adir la presencia del poeta argentino Oliverio Girondo, sobre todo de su obra <em>En la masm&eacute;dula,</em> donde se desata el hurac&aacute;n destructivo aunque rigurosamente organizado que, como el erizo con que Derrida compara el poema, con sus p&uacute;as enhiestas, erizadas, se muestra calculador e inadaptado, vulnerable y peligroso y cuando siente peligro se hace un ovillo en la autopista y se expone a un accidente fatal. Esto le ocurre a los poemas de este revelador libro de Girondo, tanto en las asociaciones fon&eacute;ticas, la distorsi&oacute;n sint&aacute;ctica, las asociaciones aparentemente il&oacute;gicas que responden a una suerte de yuxtaposici&oacute;n o plegamiento del sentido (9).
    </p><p class="article-text">
        La mejor manera de observar esta afinidad de la poes&iacute;a de Leocadio Ortega y Oliverio Girondo es entresacando ejemplos como los que siguen:
    </p><p class="article-text">
        <em>Se estiran trinan trizan los hibiscos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>En julepe marabuto l&iacute;neas rojas rectas manchas gamelan</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Posterior &eacute;nfasis concentra desobispa la textura (&hellip;)</em> Leocadio Ortega, &lsquo;S&eacute;ptima Soca&rsquo;, en <em>Otras Banderas (1990).</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>No s&oacute;lo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>el fofo fondo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>los ebrios lechos l&eacute;gamos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> tel&uacute;ricos entre fanales</em><em>tel&uacute;ricos entre fanales</em> <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; senos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> y sus l&iacute;quenes</em><em>y sus l&iacute;quenes</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>no s&oacute;lo el solicroo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>las prefugas</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>lo impar ido</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>el ahonde</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>el tacto incauto solo</em>
    </p><p class="article-text">
        Oliverio Girondo, <em>En la masm&eacute;dula (1953)</em>
    </p><p class="article-text">
        Hay que apuntar que quiz&aacute;s no sea tan profundo ese radicalismo &nbsp;en el poeta de La Palma; pero s&iacute; que responde a un mismo impulso de ruptura de la expresi&oacute;n, rompimiento para crear o, dicho de otra manera,<em> &nbsp;</em>para ahondar en su &nbsp;v&eacute;rtigo y al paso denunciar la vacuidad del lenguaje po&eacute;tico al uso. Si esta adscripci&oacute;n le viene a Leocadio de sus lecturas de Oliverio Girondo, o por la tradici&oacute;n de &eacute;ste a trav&eacute;s de la poes&iacute;a de Juan Gelman, es un hecho que de momento no se puede determinar. S&oacute;lo cabe decir, me atrever&iacute;a, que no se trata de una simple intuici&oacute;n de nuestro poeta y que tampoco le viene de su lectura de poetas insulares ni peninsulares.
    </p><p class="article-text">
        <strong>III</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si bien el vanguardismo se caracteriza por su car&aacute;cter fundacional que erradica la historia, el postmodernismo exacerba la recuperaci&oacute;n del pasado y el juego de las rememoraciones cr&iacute;ticas, es decir, de citas y parodias. Quiz&aacute;s Leocadio Ortega se encontraba en un lugar fronterizo, de la misma manera que su propia vida rutinaria, que lo obligaba a hacer comentarios escuetos ante las preguntas o sencillamente a callar. Quiz&aacute;s esto lo oblig&oacute; de alguna manera a silenciar su expresi&oacute;n po&eacute;tica. Pero en ello s&oacute;lo hay simples hip&oacute;tesis que a nada conducen. Lo cierto es que no podemos clasificar su poes&iacute;a como neovanguardista y tampoco como postmoderna, ni siquiera como un pre&aacute;mbulo de &eacute;sta &uacute;ltima. As&iacute; lo quiso el poeta: que su poes&iacute;a no fuera clasificada, ni su vida. No le qued&oacute; m&aacute;s remedio que ser un poeta maldito o bendito o como quiera llam&aacute;rselo. El caso es que &eacute;l, aunque no encontrara su territorio en la vida, si lo encontr&oacute; en el poema. Como pocos poetas. Y cuando alguien encuentra esa suerte de piezas luminosas u oscuras, percibe que desde ah&iacute; puede dialogar, desde su silencio vital, con la Poes&iacute;a. Quiz&aacute;s fuera Juan Gelman el centro de su di&aacute;logo, con el que se sent&iacute;a m&aacute;s identificado. Al menos as&iacute; lo manifestaba en sus pocas conversaciones. En esa cita que abre la segunda parte del poemario, &lsquo;Otras Banderas&rsquo;, Gelman dice que <em>agosto se ha llevado las hortensias del brazo. </em>Fue precisamente en agosto cuando los militares argentinos hicieron desaparecer a su nieto. &iquest;Acaso nuestro poeta palmero no vio morir a su abuelo tr&aacute;gicamente? No es que quiera hablar de la historia &iacute;ntima de Leocadio Ortega, sino, al contrario, quiero establecer que este di&aacute;logo mencionado es &iacute;ntimo, que muestra esa intimidad del hogar, y por ende profundamente po&eacute;tico. Intimismo que se refleja en la intertextualidad. El ejemplo m&aacute;s claro lo veo en el poema &lsquo;Elementos de un naufragio&rsquo;. Gelman dice en su poema &ldquo;El juego en el que andamos&rdquo;: <em>Si me dieran a elegir, yo elegir&iacute;a/esta salud de saber que estamos siempre enfermos</em>. A lo que Leocadio Ortega le contesta: <em>si alguien me lo hubiese preguntado a tiempo (&hellip;)/si yo lo llego a saber seguro que no me coge/ eso ni por asomo </em>(10). Dice el recientemente fallecido Carlos Edmundo de Ory que un verdadero poema es una consumaci&oacute;n de conocimiento y singularidad. Un sentido de lo sublime que, a veces, se emparenta con el dolor, el desasosiego, la locura&hellip; Hechos en los que el poema jam&aacute;s se queda, pues tiene otros horizontes sin linderos. El poeta, como ser humano creador que es, lo <em>sabe.</em> &Eacute;ste es el caso de Leocadio Ortega con sus dos mitades: la que oye y la que calla, la que piensa y la que explota, la que es recuerdo de lo que fue y la que es olvido, la que es lecho y la que es cansancio. La mitad que no puede pararse a pensar, a delimitar su capacidad de ser poeta, porque intuye que en ese momento deja de serlo y cae en el pozo m&aacute;s profundo de la p&aacute;gina en blanco lo mismo que en el sinsentido y la mitad que siente a&ntilde;oranza de la misma vida. El poeta brasile&ntilde;o Ferreira Gullar, al que vengo parafraseando en estas l&iacute;neas, dir&iacute;a que nadie intente complicar el arte porque es preciso simplicidad para hacerlo florecer.(11)
    </p><p class="article-text">
        <em>Porque mitad de m&iacute; es amor</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y la otra mitad</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>tambi&eacute;n</em> 
    </p><p class="article-text">
        * * *
    </p><p class="article-text">
        <strong>NOTAS</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>1.</strong> Escritor, poeta, narrador y activista chileno. Especialista en ejecuci&oacute;n de plataformas para el desarrollo de iniciativas econ&oacute;micas, sociales y vitales. Nace en octubre de 1974, en una ciudad para viajar desde ah&iacute; a todas las ciudades. Sus actividades literarias se han desarrollado en Chile y en pa&iacute;ses como Uruguay, Argentina, Alemania, Espa&ntilde;a y Dinamarca.&nbsp;Destacan entre sus publicaciones: Im&aacute;genes Difusas en 1997; Im&aacute;genes Difusas - Difuse Vosterlungen Texto Biling&uuml;e Espa&ntilde;ol-Alem&aacute;n en 1999; Del Amor, el Desamor, los Encuentros y las Fugas en el a&ntilde;o 2005, su colecci&oacute;n de Cuentos Infantiles La Lagartija Hija, 1997 &ndash; 2008, Poetas en la Ciudad, Editorial Caballo verde en el a&ntilde;o 2009.&nbsp;Realiz&oacute; trabajos literarios colectivos con el Instituto Chileno de Estudios Human&iacute;sticos, ICHEH, en el Rislinge High School de Dinamarca y con el Grupo de J&oacute;venes del MERCOSUR en Uruguay.&nbsp; Su particular estilo, lo convierten en una referencia po&eacute;tica obligada en el Chile Contempor&aacute;neo, marcado por un acento inminentemente contestatario, que busca la conciencia y no s&oacute;lo la conciencia, el estado de plena conciencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2.</strong> &Oacute;scar Jord&aacute;n, peri&oacute;dico <em>Los tiempos, </em>de Bolivia, noviembre de 2009. Entrevista al poeta chileno Christian Gonz&aacute;lez D&iacute;az. Hay que destacar el hecho colectivo de la poes&iacute;a que actualmente se est&aacute; dando por toda Hispanoam&eacute;rica frente al hecho del poeta que proclamaba esta colectividad. Enti&eacute;ndase que con los medios y herramientas actuales como Internet lo primero es posible, con lo cual se transformar&iacute;a en un medio de difusi&oacute;n en vez de un medio de dominio de masas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3.</strong> Dulce D&iacute;az Marrero,&nbsp; <em>Pa&iacute;s Muevo,</em> Editorial Baile del Sol, Santa Cruz de Tenerife.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4.</strong> Leocadio Ortega Hern&aacute;ndez, <em>Prehist&oacute;ricas y otras banderas, </em>Ediciones La Palma, Madrid, 1990<em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>5.</strong> Juan Cameron, &ldquo;&Oacute;scar Hahn: Apariciones profanas&rdquo;, en www.letras.s5, pagina chilena al servicio de la cultura dirigida por Luis Mart&iacute;nez.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6.</strong> &Oacute;scar Galindo, &ldquo;La poes&iacute;a de &Oacute;scar Hahn: los s&iacute;mbolos despavoridos&rdquo; en web cit.
    </p><p class="article-text">
        <strong>7.</strong> Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, &ldquo;Presentaci&oacute;n y memorial para un funeral&rdquo;, en <em>El fulgor (antolog&iacute;a po&eacute;tica 1953-1996)</em>, con pr&oacute;logo de Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna, ed. Galaxia Guttemberg.
    </p><p class="article-text">
        <strong>8.</strong> Jorge Ariel Madrazo, &ldquo;Oliverio Girondo: la transgresi&oacute;n perpetua&rdquo; En la revista digital <em>Letralia,</em>&nbsp; secc, &ldquo;Sala de Ensayo&rdquo;, edici&oacute;n n&ordm; 65, Cagua, Venezuela, 1 de marzo de 1999.
    </p><p class="article-text">
        <strong>9.</strong> Angel S&aacute;nchez, <em>Gaceta de arte.</em> Edici&oacute;n facs&iacute;mil y comentada por el autor, Vice-Consejer&iacute;a de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias.
    </p><p class="article-text">
        <strong>10.</strong> Leocadio Ortega, &ldquo;Elementos de un naufragio&rdquo;, en <em>Poes&iacute;a Canaria, </em>El Vig&iacute;a Editora, Santa Cruz de Tenerife, 2011. Pr&oacute;logo y recopilaci&oacute;n de Roberto Cabrera. Anteriormente, estaba publicado en El Buey de las Estrellas, de Roberto Cabrera y en el blog de Nicol&aacute;s Melini La Mancha Literaria.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Arroyo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/leocadio-ortega-aproximaciones-a-prehistorica-y-otras-banderas_132_4324332.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Mar 2015 22:18:34 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Leocadio Ortega. Aproximaciones a ‘Prehistórica y otras banderas’]]></media:title>
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