<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Albert Orta]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/albert_orta/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Albert Orta]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/512611" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Vigipirate o como militarizar el espacio público]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/adios-a-las-armas/vigipirate-militarizar-espacio-publico_132_4425719.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/53c642bd-6adb-4ef2-9136-8a75ea526849_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vigipirate o como militarizar el espacio público"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta palabra designa un dispositivo gubernamental de vigilancia, protección y prevención permanentes contra el terrorismo, e incluye todos los ministerios así como también gobiernos regionales, ayuntamientos y los ciudadanos</p></div><p class="article-text">
        Si alguna vez hab&eacute;is estado en Par&iacute;s y hab&eacute;is paseado por los Campos El&iacute;seos, quiz&aacute; os ha sorprendido encontraros, junto a japoneses y japonesas buscando la <em>boutique</em> de Louis Vuitton, patrullas de soldados uniformados de arriba abajo, con traje de camuflaje y fusil de asalto incluidos. Y probablemente, si hab&eacute;is viajado en tren o en avi&oacute;n, os los hab&eacute;is vuelto a encontrar en la estaci&oacute;n o el aeropuerto. Contra lo que un turista despistado podr&iacute;a pensar, en realidad Francia no est&aacute; bajo ninguna ocupaci&oacute;n militar extranjera, ni tampoco se prepara para la invasi&oacute;n de una potencia enemiga (al menos a corto plazo). Entonces, &iquest;por qu&eacute; el ej&eacute;rcito se pasea por el centro de las ciudades francesas? La respuesta tiene un nombre: <em>Vigipirate</em>.
    </p><p class="article-text">
        Esta palabra, formada a partir de la contracci&oacute;n de <em>vigilance</em> (vigilancia) y <em>pirate</em> (pirata), designa un dispositivo gubernamental de vigilancia, protecci&oacute;n y prevenci&oacute;n permanentes contra el terrorismo, e incluye todos los ministerios as&iacute; como tambi&eacute;n gobiernos regionales, ayuntamientos y los ciudadanos. Seg&uacute;n la web del gobierno franc&eacute;s dedicada a los &ldquo;riesgos&rdquo; de la sociedad (www.risques.gouv.fr), el <em>Vigipirate</em> tiene tres objetivos: 1) Asegurar de manera permanente la protecci&oacute;n de los ciudadanos, del territorio y de los intereses de Francia contra la amenaza terrorista; 2) Desarrollar y mantener una cultura de la vigilancia del conjunto de actores del pa&iacute;s con el objetivo de prevenir cualquier acci&oacute;n terrorista; 3) Permitir una acci&oacute;n r&aacute;pida y coordinada en caso de amenaza terrorista para reforzar la protecci&oacute;n, facilitar la intervenci&oacute;n, y asegurar la continuidad de actividades de importancia vital, y limitar los efectos del terrorismo.
    </p><p class="article-text">
        Los or&iacute;genes de este dispositivo se remontan a los a&ntilde;os setenta, cuando se instaura un mecanismo de alerta permanente contra el terrorismo que permite una respuesta r&aacute;pida y coordinada de los diferentes niveles de la administraci&oacute;n. En 1995 se crea el <em>Vigipirate</em> propiamente, el cual armoniza las medidas desarrolladas durante las dos d&eacute;cadas anteriores y se definen las tareas y responsabilidades de los actores. Desde entonces, se ha actualizado en cinco ocasiones (2000, 2002, 2003, 2006 y 2004). Actualmente consta de dos niveles: el nivel de vigilancia permanente, de duraci&oacute;n ilimitada y que incluye todo el territorio y todos los sectores de actividad, y el nivel de atentado, temporal y geogr&aacute;ficamente definido y que prev&eacute; medidas m&aacute;s severas. El primer ministro es responsable de decidir qu&eacute; nivel es el adecuado en cada momento.
    </p><p class="article-text">
        Las medidas establecidas por este dispositivo son diversas. La m&aacute;s evidente es la presencia del ej&eacute;rcito patrullando por las calles de las ciudades y algunos edificios p&uacute;blicos, como estaciones de tren y aeropuertos. Sin embargo, tambi&eacute;n incluye adaptar el mobiliario urbano (las papeleras p&uacute;blicas de Par&iacute;s son bolsas de pl&aacute;stico transparentes), la gesti&oacute;n del espacio (prohibici&oacute;n de aparcar delante de determinados edificios), el control estricto del acceso a algunos edificios considerados vulnerables (incluyendo las escuelas), o llevar a cabo controles de identidad m&aacute;s frecuentes. Adem&aacute;s, los ciudadanos tambi&eacute;n son apelados a ejercer la vigilancia permanente, y se les recomienda avisar a los agentes de seguridad si detectan cualquier comportamiento &ldquo;anormal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que estas medidas se presenten como de &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo; en los documentos oficiales, el <em>Vigipirate</em> es una respuesta pol&iacute;tica al fen&oacute;meno del terrorismo. Por lo tanto, como tal ha sido y es objeto de cr&iacute;tica por la evidente militarizaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico y las consecuencias negativas que esto conlleva. En primer lugar, este dispositivo de vigilancia supone un control permanente de los potenciales terroristas, identificados, seg&uacute;n el discurso antiterrorista mayoritario, con las comunidades musulmanas. El establecimiento de un continuo &ldquo;migrante-musulm&aacute;n-potencial terrorista&rdquo; define esta nueva quinta columna que representa el terrorismo internacional, presente en ning&uacute;n lugar y en todas partes al mismo tiempo, y refuerza la exclusi&oacute;n y la desconfianza hacia estos sectores de la sociedad. En segundo lugar, el <em>Vigipirate</em> crea espacios excepcionales donde se mezclan los &aacute;mbitos policiales y militares, los tiempos de paz y los de guerra, con el peligro de que se lleven a cabo pr&aacute;cticas &ldquo;excepcionales&rdquo; fuera de la legalidad. En tercer lugar, el <em>Vigipirate</em> utiliza el miedo como instrumento de control social, donde la poblaci&oacute;n es al mismo tiempo el medio donde prolifera la amenaza y el cuerpo que se tiene que proteger, y por lo tanto tiene que estar alerta y desarrollar un esp&iacute;ritu de defensa y desconfianza hacia el resto de conciudadanos, ya que el enemigo podr&iacute;a ser tu vecino.
    </p><p class="article-text">
        En vista de esto, deber&iacute;amos reflexionar sobre si los ciudadanos no tenemos que estar atentos tambi&eacute;n a la militarizaci&oacute;n que suponen ciertos dispositivos de seguridad que te&oacute;ricamente tiene que protegernos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Orta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/adios-a-las-armas/vigipirate-militarizar-espacio-publico_132_4425719.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Jan 2015 14:16:33 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/53c642bd-6adb-4ef2-9136-8a75ea526849_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="243672" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/53c642bd-6adb-4ef2-9136-8a75ea526849_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="243672" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Vigipirate o como militarizar el espacio público]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/53c642bd-6adb-4ef2-9136-8a75ea526849_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Canvi climàtic i noves guerres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/adios-a-las-armas/canvi-climatic-noves-guerres_132_2318325.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Si realment volem evitar les “guerres climàtiques”, hem de prendre’ns seriosament la vulnerabilitat i l’escassetat, agreujades per l’escalfament global però socialment produïdes. Obviar aquestes qüestions ens pot portar a una situació on l’únic que se’ns acudeixi serà armar-nos per contenir els eventuals conflictes, sense resoldre els problemes de fons.</p></div><p class="article-text">
        Aquest 30 de novembre de 2015 comen&ccedil;a a Par&iacute;s la <a href="http://www.cop21.gouv.fr/en/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">COP 21</a>: la conferencia de Nacions Unides pel canvi clim&agrave;tic. Es tracta d&rsquo;una confer&egrave;ncia internacional on hi participaran la major part d&rsquo;estats del m&oacute;n i multitud d&rsquo;organitzacions, i l&rsquo;objectiu de la qual &eacute;s arribar a un acord per evitar que la temperatura mitjana de la Terra augmenti m&eacute;s de 2&ordm;C. La necessitat d&rsquo;un acord vinculant &eacute;s cada cop m&eacute;s urgent donats els efectes ja evidents de l&rsquo;escalfament global.
    </p><p class="article-text">
        Una de les possibles conseq&uuml;&egrave;ncies de l&rsquo;augment de la temperatura que cada cop desperta m&eacute;s inter&egrave;s &eacute;s el seu impacte en la conflictivitat social: fins a quin punt el canvi clim&agrave;tic pot ser la causa de conflictes violents? En les darreres d&egrave;cades nombrosos estudis han intentat donar una resposta a aquesta pregunta i molts no han dubtat a assenyalar l&rsquo;augment de la temperatura mitjana de la Terra com la principal amena&ccedil;a a la seguretat del segle XXI. Aix&iacute;, la literatura sobre les &ldquo;guerres clim&agrave;tiques&rdquo; &eacute;s cada cop m&eacute;s abundant i intenta identificar el mecanisme causal entre augment de temperatura i conflictivitat. L&rsquo;argument principal &eacute;s que alguns efectes de l&rsquo;escalfament global com la desertitzaci&oacute;, l&rsquo;augment del nivell del mar, la disminuci&oacute; de l&rsquo;aigua potable i de terres conreables, els fen&ograve;mens meteorol&ograve;gics extrems (huracans, sequeres, etc.) o les migracions, incrementaran la competici&oacute; per uns recursos cada cop m&eacute;s escassos.
    </p><p class="article-text">
        A nivell governamental, diversos estats han incorporat el canvi clim&agrave;tic com a font d&rsquo;inseguretat en les seves estrat&egrave;gies de defensa. Per exemple, els EUA, l&iacute;ders mundials en pol&iacute;tica de defensa, des de fa uns anys consideren el canvi clim&agrave;tic com una de les principals prioritats per a la seguretat nacional, ja que els seus efectes &ldquo;agreujaran els factors d&rsquo;estr&egrave;s a l&rsquo;estranger com la pobresa, la degradaci&oacute; mediambiental, la inestabilitat pol&iacute;tica i les tensions socials; condicions que poden permetre l&rsquo;activitat terrorista i altres formes de viol&egrave;ncia&rdquo;.&nbsp;<a href="http://www.lamoncloa.gob.es/documents/seguridad_1406connavegacionfinalaccesiblebpdf.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">L&rsquo;Estrat&egrave;gia de seguretat nacional</a> (2013) de l&rsquo;Estat espanyol tamb&eacute; fa refer&egrave;ncia al canvi clim&agrave;tic no com una amena&ccedil;a en si, per&ograve; s&iacute; com un factor que pot exacerbar tensions i multiplicar amenaces.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/011633bc-27f7-46c3-8844-4a546eab93ef_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/011633bc-27f7-46c3-8844-4a546eab93ef_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/011633bc-27f7-46c3-8844-4a546eab93ef_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/011633bc-27f7-46c3-8844-4a546eab93ef_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/011633bc-27f7-46c3-8844-4a546eab93ef_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/011633bc-27f7-46c3-8844-4a546eab93ef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/011633bc-27f7-46c3-8844-4a546eab93ef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        No obstant, realment podem afirmar que les &ldquo;guerres clim&agrave;tiques&rdquo; s&oacute;n un fet evident? Si mirem el conjunt d&rsquo;estudis sobre el tema, la prud&egrave;ncia s&rsquo;imposa ja que la realitat sembla molt m&eacute;s complexa. En primer lloc, on s&iacute; que hi ha consens &eacute;s que el canvi clim&agrave;tic afecta de manera negativa i rotunda el benestar de milions de persones. Tanmateix, no existeix un mecanisme lineal que vinculi augment de temperatures amb viol&egrave;ncia social. De fet, hi ha molts altres factors que determinen la vulnerabilitat de les persones al canvi clim&agrave;tic i que en un segon moment podrien desencadenar conflictes violents.
    </p><p class="article-text">
        En realitat, el problema dels estudis que vinculen directament canvi clim&agrave;tic amb guerres no nom&eacute;s &eacute;s a nivell anal&iacute;tic, sin&oacute; tamb&eacute; pol&iacute;tic. No &eacute;s casual que les regions on es considera que hi ha m&eacute;s probabilitat que es desenvolupin &ldquo;guerres clim&agrave;tiques&rdquo; siguin tamb&eacute; aquelles m&eacute;s empobrides i vulnerables a causa de processos socioecon&ograve;mics locals i globals. Considerar que el canvi clim&agrave;tic &eacute;s la principal causa de la conflictivitat amaga tot aquests altres factors i per tant condemna de manera irremeiable a les poblacions m&eacute;s vulnerables. En conseq&uuml;&egrave;ncia, molts estats opten per l&rsquo;estrat&egrave;gia de la contenci&oacute; militar: donat que des d&rsquo;aquest punt de vista poca cosa s&rsquo;hi pot fer (a part de reduir les emissions de CO2 a llarg termini), &eacute;s millor contenir militarment les fonts d&rsquo;inseguretat. El perill, aleshores, &eacute;s que una excessiva militaritzaci&oacute; de determinades zones converteixi en una profecia auto-realitzada el fenomen de les &ldquo;guerres clim&agrave;tiques&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;s evident que l&rsquo;escalfament global del planeta est&agrave; tenint i tindr&agrave; un impacte profund en la vida de moltes persones. No obstant, hem de ser conscients que la manera com enfoquem la q&uuml;esti&oacute; &eacute;s determinant per establir responsabilitats i definir respostes: ni el canvi clim&agrave;tic &eacute;s un fenomen natural, ni ell sol ser&agrave; la causa principal de nous conflictes. Si realment volem evitar les &ldquo;guerres clim&agrave;tiques&rdquo;, hem de prendre&rsquo;ns seriosament la vulnerabilitat i l&rsquo;escassetat, agreujades per l&rsquo;escalfament global per&ograve; socialment produ&iuml;des. Obviar aquestes q&uuml;estions ens pot portar a una situaci&oacute; on l&rsquo;&uacute;nic que se&rsquo;ns acudeixi ser&agrave; armar-nos per contenir els eventuals conflictes, sense resoldre els problemes de fons. No seria la primera vegada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Orta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/adios-a-las-armas/canvi-climatic-noves-guerres_132_2318325.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Dec 2015 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Canvi climàtic i noves guerres]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Canvi Climàtic]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cambio climático y nuevas guerras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/adios-a-las-armas/cambio-climatico-nuevas-guerras_132_2318316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Si realmente queremos evitar las "guerras climáticas", tenemos que tomarnos seriamente la vulnerabilidad y la escasez, agravadas por el calentamiento global pero producidas socialmente. Obviar estas cuestiones nos puede llevar a una situación donde lo único que se nos ocurra sea armarnos para contener los eventuales conflictos, sin resolver los problemas de fondo.</p></div><p class="article-text">
        Este 30 de noviembre de 2015 ha empezado en Par&iacute;s la <a href="http://www.cop21.gouv.fr/en/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">COP21</a>: la conferencia de Naciones Unidas sobre el cambio clim&aacute;tico. Se trata de una conferencia internacional donde participaran la mayor parte de estados del mundo y multitud de organizaciones, y el objetivo de la cual es llegar a un acuerdo para evitar que la temperatura media de la Tierra aumente m&aacute;s de 2&ordm;C. La necesidad de un acuerdo vinculante es cada vez m&aacute;s urgente dados los efectos ya evidentes del calentamiento global.
    </p><p class="article-text">
        Una de las posibles consecuencias del aumento de la temperatura que cada vez despierta m&aacute;s inter&eacute;s es su impacto en la conflictividad social: &iquest;hasta qu&eacute; punto el cambio clim&aacute;tico puede ser la causa de conflictos violentos? En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas numerosos estudios han intentado dar una respuesta a esta pregunta y muchos no han dudado a se&ntilde;alar el aumento de la temperatura media de la Tierra como la principal amenaza a la seguridad del siglo XXI. As&iacute;, la literatura sobre las &ldquo;guerras clim&aacute;ticas&rdquo; es cada vez m&aacute;s abundante e intenta identificar el mecanismo causal entre aumento de temperatura y conflictividad. El argumento principal es que algunos efectos del calentamiento global como la desertizaci&oacute;n, el aumento del nivel del mar, la disminuci&oacute;n del agua potable y de tierras cultivables, los fen&oacute;menos meteorol&oacute;gicos extremos (huracanes, sequ&iacute;as, etc.) o las migraciones, incrementar&aacute;n la competici&oacute;n por unos recursos cada vez m&aacute;s escasos.
    </p><p class="article-text">
        A nivel gubernamental, varios estados han incorporado el cambio clim&aacute;tico como fuente de inseguridad en sus estrategias de defensa. Por ejemplo, los Estados Unidos, l&iacute;deres mundiales en pol&iacute;tica de defensa, desde hace algunos a&ntilde;os consideran el cambio clim&aacute;tico como una de las principales prioridades para la seguridad nacional, ya que sus efectos &ldquo;agravaran los factores de estr&eacute;s en el extranjero como la pobreza, la degradaci&oacute;n medioambiental, la inestabilidad pol&iacute;tica y las tensiones sociales; condiciones que pueden permitir la actividad terrorista y otras formas de violencia&rdquo;. La&nbsp;<a href="http://www.lamoncloa.gob.es/documents/seguridad_1406connavegacionfinalaccesiblebpdf.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Estrategia de seguridad nacional</a> (2013) del Estado espa&ntilde;ol tambi&eacute;n hace referencia al cambio clim&aacute;tico no como una amenaza en s&iacute;, pero s&iacute; como un factor que puede exacerbar tensiones y multiplicar amenazas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/011633bc-27f7-46c3-8844-4a546eab93ef_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/011633bc-27f7-46c3-8844-4a546eab93ef_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/011633bc-27f7-46c3-8844-4a546eab93ef_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/011633bc-27f7-46c3-8844-4a546eab93ef_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/011633bc-27f7-46c3-8844-4a546eab93ef_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/011633bc-27f7-46c3-8844-4a546eab93ef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/011633bc-27f7-46c3-8844-4a546eab93ef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        No obstante, &iquest;podemos afirmar que las &ldquo;guerras clim&aacute;ticas&rdquo; son un hecho evidente? Si miramos el conjunto de estudios sobre el tema, la prudencia se impone ya que la realidad parece ser mucho m&aacute;s compleja. En primer lugar, donde si hay consenso es en que el cambio clim&aacute;tico afecta de manera negativa y rotunda el bienestar de millones de personas. Sin embargo, no existe un mecanismo lineal que vincule aumento de temperaturas con violencia social. De hecho, hay muchos otros factores que determinan la vulnerabilidad de las personas al cambio clim&aacute;tico y que en un segundo tiempo podr&iacute;an desencadenar conflictos violentos.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, el problema de los estudios que vinculan directamente cambio clim&aacute;tico con guerras no es solo a nivel anal&iacute;tico, sino tambi&eacute;n pol&iacute;tico. No es casual que las regiones donde se considera que hay m&aacute;s probabilidad que desarrollen &ldquo;guerras clim&aacute;ticas&rdquo; sean tambi&eacute;n aquellas m&aacute;s empobrecidas y vulnerables a causa de procesos socioecon&oacute;micos locales y globales. Considerar que el cambio clim&aacute;tico es la principal causa de la conflictividad esconde todos estos factores y por tanto condena de forma irremediable a las poblaciones m&aacute;s vulnerables. En consecuencia, muchos estados optan por la estrategia de la contenci&oacute;n militar: dado que desde este punto de vista poca cosa puede hacerse (aparte de reducir las emisiones de CO2 a largo plazo), es mejor contener militarmente las fuentes de inseguridad. El peligro, entonces, es que una excesiva militarizaci&oacute;n de determinadas zonas convierta en una profec&iacute;a auto-realizada el fen&oacute;meno de las &ldquo;guerras clim&aacute;ticas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que el calentamiento global del planeta est&aacute; teniendo y tendr&aacute; un impacto profundo en la vida de muchas personas. No obstante, tenemos que ser conscientes de que la manera como enfocamos la cuesti&oacute;n es determinante para establecer responsabilidades y definir respuestas: ni el cambio clim&aacute;tico es un fen&oacute;meno natural, ni &eacute;l solo ser&aacute; la causa principal de nuevos conflictos. Si realmente queremos evitar las &ldquo;guerras clim&aacute;tica&rdquo;, tenemos que tomarnos seriamente la vulnerabilidad y la escasez, agravadas por el calentamiento global pero producidas socialmente. Obviar estas cuestiones nos puede llevar a una situaci&oacute;n donde lo &uacute;nico que se nos ocurra sea armarnos para contener los eventuales conflictos, sin resolver los problemas de fondo. No ser&iacute;a la primera vez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Orta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/adios-a-las-armas/cambio-climatico-nuevas-guerras_132_2318316.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Dec 2015 16:27:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cambio climático y nuevas guerras]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Falsos dilemas de la seguridad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/adios-a-las-armas/falsos-dilemas-seguridad_132_2589613.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La posibilidad de fundar un nuevo Estado ha permitido discutir abiertamente una cuestión fundamental pero a menudo obviada en el debate público: la pertinencia de los ejércitos hoy en día.</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/960f40a9-d137-4f2d-8d99-292e4858bca8_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/960f40a9-d137-4f2d-8d99-292e4858bca8_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/960f40a9-d137-4f2d-8d99-292e4858bca8_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/960f40a9-d137-4f2d-8d99-292e4858bca8_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/960f40a9-d137-4f2d-8d99-292e4858bca8_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/960f40a9-d137-4f2d-8d99-292e4858bca8_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/960f40a9-d137-4f2d-8d99-292e4858bca8_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
         Desde que la hip&oacute;tesis de una Catalu&ntilde;a convertida en Estado ha ido ganando fuerza en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, se ha abierto el debate sobre la forma que deber&iacute;a tomar este Estado. Y esto incluye qu&eacute; modelo de seguridad y defensa deber&iacute;a tener, o para decirlo de forma simplificada, si Catalu&ntilde;a deber&iacute;a un ej&eacute;rcito o no. M&aacute;s all&aacute; de cual sea el desenlace del proceso soberanista, lo que es evidente es que la posibilidad de fundar un nuevo Estado ha permitido discutir abiertamente una cuesti&oacute;n fundamental pero a menudo obviada en el debate p&uacute;blico: la pertinencia de los ej&eacute;rcitos hoy en d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Tanto desde el <a href="http://www.centredelas.org/ca/activitats/jornades/662-jornades-2012-quina-defensa-i-seguretat-per-catalunya" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Centre Del&agrave;s</a>, como desde otras instituciones como el <a href="http://www.cidob.org/es/actividades/regiones/europa/ciclo_que_pasa_en_el_mundo_nuevos_estados_y_politica_de_seguridad_y_defensa" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">CIDOB</a> o el <a href="http://www.ceec.cat/catala/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Centre d&rsquo;Estudis Estrat&egrave;gics de Catalunya</a>, se han organizado jornadas y conferencias alrededor de esta cuesti&oacute;n, y desde este mismo blog se han publicado art&iacute;culos trat&aacute;ndola &ndash; el m&aacute;s reciente de <a href="http://www.eldiario.es/catalunyaplural/adeu_a_les_armes/armes-exercits-pau-seguretat_6_369973015.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pere Ortega</a>. Hasta en <a href="http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/telenoticies-migdia/una-catalunya-independent-amb-o-sense-exercit/video/5517003/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">TV3</a> se ha hablado del tema. No obstante, el debate sigue abierto y no es para menos, ya que lo que se pone en cuesti&oacute;n es uno de los pilares de lo que ha sido la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica por excelencia de los &uacute;ltimos cuatro siglos, el Estado, y la forma que toma su caracter&iacute;stico monopolio de la violencia.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, como todo debate pol&iacute;tico, &eacute;ste no es totalmente abierto sino que hay una cierta narrativa que marca las reglas del juego, delimita las fronteras de los argumentos y, lo que es m&aacute;s importante, nos ayuda a sacar unas conclusiones determinadas. Esta perspectiva, que no dir&iacute;amos que es hegem&oacute;nica porque existen voces muy cr&iacute;ticas, pero si dominante, defiende que Catalunya (o cualquier Estado) deber&iacute;a dotarse de un ej&eacute;rcito tradicional. &iquest;C&oacute;mo lo hace para influirnos en la decisi&oacute;n? En primer lugar, establece los conceptos sobre los cuales girar&aacute; el debate, y seguidamente los estructura de forma binaria. De esta forma se simplifica la realidad clasificando los argumentos en dos bloques a los cuales se han atribuido toda una serie de categor&iacute;as y por tanto nos sit&uacute;a delante de la necesidad de elegir entre un n&uacute;mero de opciones limitado. En el caso del modelo de seguridad para Catalunya, la narrativa dominante identifica dos posibles opciones: o bien adoptar un ej&eacute;rcito tradicional (opci&oacute;n A), o bien nada (opci&oacute;n B). Cada una de estas opciones tiene atribuidas unas caracter&iacute;sticas entre las cuales deberemos escoger:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ae866880-b092-47e3-ae35-b66252825b1b_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ae866880-b092-47e3-ae35-b66252825b1b_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ae866880-b092-47e3-ae35-b66252825b1b_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ae866880-b092-47e3-ae35-b66252825b1b_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ae866880-b092-47e3-ae35-b66252825b1b_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ae866880-b092-47e3-ae35-b66252825b1b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ae866880-b092-47e3-ae35-b66252825b1b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Seg&uacute;n esta narrativa entonces, optar por un ej&eacute;rcito catal&aacute;n significa m&aacute;s seguridad, invulnerabilidad, ser realista, un mundo m&aacute;s pac&iacute;fico, mantener el orden internacional, un Estado fuerte y en definitiva la opci&oacute;n &oacute;ptima, mientras que no crear un ej&eacute;rcito supone todo lo contrario. Si aceptamos este marco mental entonces, es evidente que la alternativa m&aacute;s l&oacute;gica es la A.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, la realidad es m&aacute;s compleja y las oposiciones que construye esta narrativa son menos s&oacute;lidas de lo que puede parecer. En primer lugar, &iquest;es necesario escoger entre un modelo de ej&eacute;rcito que es el resultado de muchos factores excepto de un an&aacute;lisis riguroso de las amenazas actuales, y la nada? Aunque ser&iacute;a m&aacute;s deseable un mundo totalmente desarmado, es posible pensar, por ejemplo, cuerpos de protecci&oacute;n civil m&aacute;s adecuados para hacer frente a retos actuales como el crimen organizado o el terrorismo, a los cuales no es muy l&oacute;gico oponer tanques y bombarderos? As&iacute;, la pregunta m&aacute;s pertinente no es tanto ej&eacute;rcito si/no, como qu&eacute; modelo de seguridad queremos. En segundo lugar, equiparar ej&eacute;rcito con m&aacute;s seguridad no es tan evidente como parece, sobre todo si nos preguntamos seguridad para qui&eacute;n. Aquellos que tienen m&aacute;s armas y las controlan puede que se sientan m&aacute;s seguros, pero miles de personas inocentes son hoy en d&iacute;a amenazadas por ej&eacute;rcitos. Si queremos alcanzar una seguridad global sin distinciones de ning&uacute;n tipo, un modelo basado en que cada comunidad est&eacute; armada hasta los dientes y dispuesta a atacar a los dem&aacute;s no parece el mejor camino. En tercer lugar, la oposici&oacute;n entre realismo e idealismo es una de las m&aacute;s utilizadas. Sin embargo, &iquest;hasta qu&eacute; punto fue realista el gobierno norte-americano invadiendo Afganist&aacute;n e Iraq para luchar contra el terrorismo? La mayor&iacute;a de los ej&eacute;rcitos actuales est&aacute;n pensados para hacer frente a un tipo de conflictos que hoy en d&iacute;a, afortunadamente, son minoritarios. Ser&iacute;a mucho m&aacute;s realista pensar formas m&aacute;s eficaces de combatir las principales amenazas actuales a la seguridad. En cuarto lugar, que se pueda conseguir la paz a trav&eacute;s de la guerra es por lo menos parad&oacute;jico. De nuevo, hay que preguntarse paz donde y para quien. En quinto lugar, tampoco es evidente que se pueda asociar la presencia de un ej&eacute;rcito con el orden, ya sea internacional o social. Sin ir m&aacute;s lejos, la situaci&oacute;n actual en Oriente Medio es en buena parte la consecuencia del fracaso de querer establecer un orden regional a trav&eacute;s de la fuerza. Un orden estable se basa en el respeto y el consentimiento, no en la violencia. Finalmente, &iquest;porque un Estado fuerte tiene que ser un Estado armado? M&aacute;s all&aacute; de si es necesario que un Estado sea &ldquo;fuerte&rdquo; o no, &iquest;Por qu&eacute; no podemos considerar que un Estado fuerte es aquel que dispone de una diplomacia potente, capaz de cooperar y llegar a acuerdos? &iquest;O aquel que es capaz de garantizar unas condiciones de bienestar &oacute;ptimas para sus ciudadanos?
    </p><p class="article-text">
        Naturalmente se podr&iacute;an escribir (y se escriben) una gran cantidad de p&aacute;ginas discutiendo estas cuestiones. No obstante, lo importante en este caso es ver como una determinada narrativa puede llegar a dominar un debate marcando las posiciones de partida y las opciones posibles. De esta forma, nos pone frente una serie de dilemas que nos ayudan a tomar unas conclusiones determinadas. Es s&oacute;lo demostrando que los dilemas que nos plantea son falsos, rompiendo las dicotom&iacute;as que nos construye, que podemos escapar su l&oacute;gica y proponer alternativas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Orta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/adios-a-las-armas/falsos-dilemas-seguridad_132_2589613.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jul 2015 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Falsos dilemas de la seguridad]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Falsos dilemes de la seguretat]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/adios-a-las-armas/falsos-dilemes-seguretat_132_2589659.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La possibilitat de fundar un nou Estat ha permès de discutir obertament una qüestió fonamental però sovint obviada en el debat públic majoritari: la pertinença dels exèrcits avui en dia.</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/960f40a9-d137-4f2d-8d99-292e4858bca8_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/960f40a9-d137-4f2d-8d99-292e4858bca8_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/960f40a9-d137-4f2d-8d99-292e4858bca8_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/960f40a9-d137-4f2d-8d99-292e4858bca8_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/960f40a9-d137-4f2d-8d99-292e4858bca8_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/960f40a9-d137-4f2d-8d99-292e4858bca8_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/960f40a9-d137-4f2d-8d99-292e4858bca8_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
         Des que la hip&ograve;tesi d&rsquo;una Catalunya esdevinguda en Estat ha anat prenent for&ccedil;a els darrers anys, s&rsquo;ha obert el debat sobre la forma que hauria de prendre aquest Estat. I aix&ograve; inclou quin model de seguretat i defensa hauria de tenir, o per dir-ho de manera simplificada, si Catalunya hauria de tenir un ex&egrave;rcit o no. M&eacute;s enll&agrave; de quin sigui el desenlla&ccedil; del proc&eacute;s sobiranista, el que &eacute;s evident &eacute;s que la possibilitat de fundar un nou Estat ha perm&egrave;s de discutir obertament una q&uuml;esti&oacute; fonamental per&ograve; sovint obviada en el debat p&uacute;blic majoritari: la pertinen&ccedil;a dels ex&egrave;rcits avui en dia.
    </p><p class="article-text">
        Tant des del <a href="http://www.centredelas.org/ca/activitats/jornades/662-jornades-2012-quina-defensa-i-seguretat-per-catalunya" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Centre Del&agrave;s</a>, com des d&rsquo;altres institucions com el <a href="http://www.cidob.org/ca/activitats/regions/europa/cicle_que_passa_al_mon_nous_estats_i_politica_de_seguretat_i_defensa" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">CIDOB</a> o el <a href="http://www.ceec.cat/catala/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Centre d&rsquo;Estudis Estrat&egrave;gics de Catalunya</a>, s&rsquo;han organitzat jornades i confer&egrave;ncies al voltant d&rsquo;aquesta q&uuml;esti&oacute;, i des d&rsquo;aquest mateix bloc s&rsquo;han publicat articles tractant-la &ndash;el m&eacute;s recent d&rsquo;en <a href="http://www.eldiario.es/catalunyaplural/adeu_a_les_armes/armes-exercits-pau-seguretat_6_369973015.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pere Ortega</a>. Fins i tot <a href="http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/telenoticies-migdia/una-catalunya-independent-amb-o-sense-exercit/video/5517003/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">TV3</a> n&rsquo;ha parlat. Tot i aix&ograve;, el debat segueix obert i no &eacute;s per menys, ja que el que es posa en q&uuml;esti&oacute; &eacute;s un dels pilars del que ha estat l&rsquo;organitzaci&oacute; pol&iacute;tica per excel&middot;l&egrave;ncia dels darreres quatre segles, l&rsquo;Estat, i la forma que pren el seu caracter&iacute;stic monopoli de la viol&egrave;ncia.
    </p><p class="article-text">
        Tanmateix, com tot debat pol&iacute;tic, aquest no &eacute;s totalment obert sin&oacute; que hi ha una certa narrativa que marca les regles del joc, delimita les fronteres dels arguments i, el que &eacute;s clau, ens ajuda a treure unes conclusions determinades. Aquesta perspectiva, que potser no dir&iacute;em que &eacute;s hegem&ograve;nica perqu&egrave; existeixen veus molt cr&iacute;tiques, per&ograve; si certament dominant, defensa que Catalunya (o qualsevol Estat) hauria d&rsquo;adoptar el model de seguretat cl&agrave;ssic i per tant dotar-se d&rsquo;un ex&egrave;rcit tradicional. Com ho fa per influir-nos en la decisi&oacute;? En primer lloc, estableix els conceptes sobre els quals girar&agrave; el debat, i seguidament els estructura de forma bin&agrave;ria. D&rsquo;aquesta forma se simplifica la realitat classificant els arguments en dos blocs als quals se&rsquo;ls hi ha atribu&iuml;t tota una s&egrave;ries de categories i per tant ens situa davant la necessitat d&rsquo;escollir entre un nombre d&rsquo;opcions limitat. En el cas del model de seguretat per Catalunya, la narrativa dominant identifica dues possibles posicions: o b&eacute; adoptar un ex&egrave;rcit tradicional (opci&oacute; A), o b&eacute; res (opci&oacute; B). Cadascuna d&rsquo;aquestes opcions t&eacute; atribu&iuml;des un seguit de caracter&iacute;stiques entre les quals haurem d&rsquo;escollir:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/029f404c-0449-46cf-87dc-2f5e42fa6abb_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/029f404c-0449-46cf-87dc-2f5e42fa6abb_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/029f404c-0449-46cf-87dc-2f5e42fa6abb_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/029f404c-0449-46cf-87dc-2f5e42fa6abb_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/029f404c-0449-46cf-87dc-2f5e42fa6abb_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/029f404c-0449-46cf-87dc-2f5e42fa6abb_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/029f404c-0449-46cf-87dc-2f5e42fa6abb_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Segons aquesta narrativa doncs, optar per crear un ex&egrave;rcit catal&agrave; significa m&eacute;s seguretat, invulnerabilitat, ser realista, un m&oacute;n m&eacute;s pac&iacute;fic, mantenir l&rsquo;ordre internacional, un Estat fort i en definitiva l&rsquo;opci&oacute; &ograve;ptima, mentre que no crear un ex&egrave;rcit suposa tot el contrari. Si acceptem aquest marc mental doncs, &eacute;s evident que l&rsquo;alternativa m&eacute;s l&ograve;gica &eacute;s la A.
    </p><p class="article-text">
         Aix&ograve; no obstant, la realitat &eacute;s m&eacute;s complexa i les oposicions que construeix aquesta narrativa s&oacute;n menys s&ograve;lides del que pot semblar. En primer lloc, &eacute;s necessari escollir entre un model d&rsquo;ex&egrave;rcit que &eacute;s el resultat de molts factors excepte d&rsquo;una an&agrave;lisi rigorosa de les amenaces actuals, i el no res? Tot i que seria desitjable un m&oacute;n totalment desarmat, &eacute;s possible pensar, per exemple, cossos de protecci&oacute; civil m&eacute;s adequats per fer front a reptes actuals com el crim organitzat o el terrorisme, als quals no &eacute;s massa l&ograve;gic oposar-hi tancs i bombarders? D&rsquo;aquesta manera la pregunta m&eacute;s pertinent no &eacute;s tant ex&egrave;rcit s&iacute;/no, com quin model de seguretat volem. l en segon lloc, equiparar ex&egrave;rcit amb m&eacute;s seguretat no &eacute;s tan evident com sembla, sobretot si preguntem seguretat per a qui. Aquells que tenen m&eacute;s armes i les controlen potser se senten m&eacute;s segurs, per&ograve; milers de persones innocents s&oacute;n avui en dia amena&ccedil;ades per ex&egrave;rcits. Si volem aconseguir una seguretat global sense distincions de cap tipus, un model basat en el fet que cada comunitat estigui armada fins a les dents i disposada a atacar als altres no sembla el millor cam&iacute;. En tercer lloc, l&rsquo;oposici&oacute; entre realisme i idealisme &eacute;s una de les m&eacute;s utilitzades. No obstant aix&ograve;, fins a quin punt va ser realista el govern nord-americ&agrave; envaint l&rsquo;Afganistan i l&rsquo;Iraq per lluitar contra el terrorisme? La majoria dels ex&egrave;rcits actuals estan pensats per fer front a un tipus de conflictes que avui en dia, per sort, s&oacute;n minoritaris. Seria molt m&eacute;s realista pensar formes m&eacute;s eficaces de combatre les principals amenaces actuals a la seguretat. En quart lloc, que es pugui aconseguir la pau fent la guerra &eacute;s for&ccedil;a paradoxal. De nou, cal preguntar-se pau a on i per a qui. En cinqu&egrave; lloc, tampoc &eacute;s evident que es pugui associar la pres&egrave;ncia d&rsquo;un ex&egrave;rcit amb l&rsquo;ordre, sigui internacional o social. Sense anar m&eacute;s lluny, la situaci&oacute; actual a l&rsquo;Orient mitj&agrave; &eacute;s en bona part la conseq&uuml;&egrave;ncia del frac&agrave;s d&rsquo;intentar establir un ordre regional a trav&eacute;s de la for&ccedil;a. Un ordre estable es basa en el consentiment i el respecte, no en la viol&egrave;ncia. Finalment, perqu&egrave; un Estat fort ha de ser un Estat armat? M&eacute;s enll&agrave; de si cal que un Estat sigui &ldquo;fort&rdquo; o no, perqu&egrave; no podem considerar que un Estat fort &eacute;s aquell que disposa d&rsquo;una diplom&agrave;cia potent, capa&ccedil; de cooperar i arribar a acords? O aquell que &eacute;s capa&ccedil; de garantir unes condicions de benestar &ograve;ptimes pels seus ciutadans?
    </p><p class="article-text">
        Naturalment es podrien escriure (i s&rsquo;escriuen) una gran quantitat de p&agrave;gines discutint aquestes q&uuml;estions. Aix&ograve; no obstant, l&rsquo;important en aquest cas &eacute;s veure com una determinada narrativa pot arribar a dominar un debat marcant-ne les posicions de partida i les opcions possibles. D&rsquo;aquesta manera, ens confronta amb una s&egrave;rie de dilemes que ens porten a prendre unes conclusions determinades. &Eacute;s nom&eacute;s demostrant que els dilemes que ens planteja s&oacute;n falsos, trencant les dicotomies que ens construeix, que podem escapar la seva l&ograve;gica i proposar alternatives.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Orta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/adios-a-las-armas/falsos-dilemes-seguretat_132_2589659.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jul 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Falsos dilemes de la seguretat]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vigipirate, o com militaritzar l'espai públic]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/adios-a-las-armas/vigipirate-com-militaritzar-lespai-public_132_4432658.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/53c642bd-6adb-4ef2-9136-8a75ea526849_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vigipirate, o com militaritzar l&#039;espai públic"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aquest mot designa un dispositiu governamental de vigilància, protecció i prevenció permanents contra el terrorisme, i inclou tots els ministeris així com també governs regionals, ajuntaments i els ciutadans</p></div><p class="article-text">
        Si alguna vegada heu estat a Par&iacute;s i heu passejat pels Camps Elisis, potser us ha sorpr&egrave;s trobar-vos, al costat dels japonesos i japoneses buscant la <em>boutique</em> de Louis Vuitton, patrulles de soldats uniformats de cap a peus, amb estampat de camuflatge i fusell d&rsquo;assalt inclosos. I probablement, si heu viatjat amb tren o amb avi&oacute;, us els heu tornat a trobat a l&rsquo;estaci&oacute; o l&rsquo;aeroport. Contra el que un turista despistat podria pensar, en realitat Fran&ccedil;a no est&agrave; sota cap ocupaci&oacute; militar estrangera, ni tampoc es prepara per la invasi&oacute; de cap pot&egrave;ncia enemiga (almenys a curt termini). Aleshores, per qu&egrave; l&rsquo;ex&egrave;rcit es passeja pel centre de les ciutats? La resposta t&eacute; un nom: <em>Vigipirate</em>.
    </p><p class="article-text">
        Aquest mot, format a partir de la contracci&oacute; de <em>vigilance</em> (vigil&agrave;ncia) i <em>pirate</em> (pirata), designa un dispositiu governamental de vigil&agrave;ncia, protecci&oacute; i prevenci&oacute; permanents contra el terrorisme, i inclou tots els ministeris aix&iacute; com tamb&eacute; governs regionals, ajuntaments i els ciutadans. Segons el&nbsp;<a href="http://www.risques.gouv.fr/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">web</a> del govern franc&egrave;s dedicat als &ldquo;riscos&rdquo; de la societat, el <em>Vigipirate</em> t&eacute; tres objectius: 1) Assegurar de manera permanent la protecci&oacute; dels ciutadans, del territori i dels interessos de Fran&ccedil;a contra l&rsquo;amena&ccedil;a terrorista; 2) Desenvolupar i mantenir una cultura de la vigil&agrave;ncia del conjunt dels actors del pa&iacute;s amb l&rsquo;objectiu de prevenir qualsevol acci&oacute; terrorista; 3) Permetre una acci&oacute; r&agrave;pida i coordinada en cas d&rsquo;amena&ccedil;a terrorista per a refor&ccedil;ar la protecci&oacute;, facilitar la intervenci&oacute;, i assegurar la continu&iuml;tat d&rsquo;activitats d&rsquo;import&agrave;ncia vital i limitar els efectes del terrorisme.
    </p><p class="article-text">
        Els or&iacute;gens d&rsquo;aquest dispositiu es remunten als anys setanta, quan s&rsquo;instaura un mecanisme d&rsquo;alerta permanent contra el terrorisme i que permet una resposta r&agrave;pida i coordinada dels diferents nivells d&rsquo;administraci&oacute;. El 1995 es crea el <em>Vigipirate</em> pr&ograve;piament, el qual harmonitza les mesures desenvolupades durant les dues d&egrave;cades anteriors i es defineixen les tasques i responsabilitats dels actors. Des d&rsquo;aleshores s&rsquo;ha actualitzat cinc vegades (2000, 2002, 2003, 2006 i 2014). Actualment consta de dos nivells: el nivell de vigil&agrave;ncia permanent, de durada il&middot;limitada i que inclou tot el territori i tots els sectors d&rsquo;activitat, i el nivell d&rsquo;atemptat, temporalment i geogr&agrave;fica definit i que preveu mesures m&eacute;s severes. El primer ministre &eacute;s el responsable de decidir quin nivell &eacute;s l&rsquo;adequat en cada moment.
    </p><p class="article-text">
        Les mesures establertes per aquest dispositiu s&oacute;n diverses. La m&eacute;s evident &eacute;s la pres&egrave;ncia de l&rsquo;ex&egrave;rcit patrullant pels carrers de les ciutats i alguns edificis p&uacute;blics, com estacions de tren o aeroports. Tanmateix, tamb&eacute; inclou adaptar el mobiliari urb&agrave; (les papereres p&uacute;bliques de Par&iacute;s s&oacute;n bosses de pl&agrave;stic transparents), la gesti&oacute; de l&rsquo;espai (prohibici&oacute; d&rsquo;aparcament davant de determinats edificis), el control estricte de l&rsquo;acc&eacute;s a alguns edificis considerats vulnerables (incloent les escoles), o dur a terme controls d&rsquo;identitat m&eacute;s freq&uuml;ents. A m&eacute;s a m&eacute;s, els ciutadans tamb&eacute; s&oacute;n apel&middot;lats a exercir la vigil&agrave;ncia permanent, i se&rsquo;ls recomana avisar als agents de seguretat si detecten qualsevol comportament &ldquo;anormal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Malgrat que aquestes mesures es presentin com de &ldquo;sentit com&uacute;&rdquo; als documents oficials, el <em>Vigipirate</em> &eacute;s una resposta pol&iacute;tica al fenomen del terrorisme. Com a tal doncs, ha estat i &eacute;s objecte de cr&iacute;tica per la seva evident militaritzaci&oacute; de l&rsquo;espai p&uacute;blic i les conseq&uuml;&egrave;ncies negatives que aix&ograve; comporta. En primer lloc, aquest dispositiu de vigil&agrave;ncia esdev&eacute; un control permanent dels potencials terroristes, identificats, segons el discurs antiterrorista majoritari, amb les comunitats musulmanes. L&rsquo;establiment d&rsquo;un continu &ldquo;migrant-musulm&agrave;-potencial terrorista&rdquo; defineix aquesta nova cinquena columna que representa el terrorisme transnacional, present enlloc i a tot arreu al mateix temps, i potencia l&rsquo;exclusi&oacute; i la desconfian&ccedil;a envers aquests sectors de la societat. En segon lloc, el <em>Vigipirate</em> crea espais excepcionals on es barregen els &agrave;mbits policials i militars, els temps de pau amb els temps de guerra, amb el perill que es duguin a terme algunes pr&agrave;ctiques &ldquo;excepcionals&rdquo; fora de la legalitat. En tercer lloc, el <em>Vigipirate</em> utilitza la por com eina de control social, on la poblaci&oacute; &eacute;s al mateix temps el medi on prolifera l&rsquo;amena&ccedil;a i el cos que s&rsquo;ha de protegir, i per tant ha d&rsquo;estar alerta i desenvolupar un esperit de defensa i desconfian&ccedil;a envers la resta de conciutadans ja que l&rsquo;enemic podria ser el teu ve&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En vista d&rsquo;aix&ograve;, per tant, cal reflexionar si els ciutadans no hem d&rsquo;estar alerta tamb&eacute; de la militaritzaci&oacute; que suposen certs dispositius de seguretat que te&ograve;ricament ens han de protegir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Orta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/adios-a-las-armas/vigipirate-com-militaritzar-lespai-public_132_4432658.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Jan 2015 14:04:12 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/53c642bd-6adb-4ef2-9136-8a75ea526849_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="243672" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/53c642bd-6adb-4ef2-9136-8a75ea526849_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="243672" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Vigipirate, o com militaritzar l'espai públic]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/53c642bd-6adb-4ef2-9136-8a75ea526849_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
