<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - María San Emeterio]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria_san_emeterio/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María San Emeterio]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/512674/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Una locura bonita]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/locura-bonita_132_4126206.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d1f0faad-a86a-4e97-8408-74fe745dc6c2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Baya Benmahmoud, protagonista de &#039;Los nombres del amor&#039;."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Europa, la vieja desdentada, será juzgada. Por su incompetencia frente a los seres humanos. Una vez más.</p></div><p class="article-text">
        Anoche me sent&eacute; con las piernas cruzadas frente a una pel&iacute;cula preciosa, 'Los nombres del amor'. Se lo digo a mi mejor amigo, que detesto a las personas acomplejadas. Son peligrosas. Sobre todo son peligrosas para los cristalinos que no tenemos ning&uacute;n problema con el regalo que nos devuelve el espejo. Digamos que pervierten lo bonito, lo mastican lento, qu&eacute; digestiones pesadas las de los acomplejados, siempre ven el Almax encima de la mesa antes de haber cogido la cuchara para probar el plato. Y claro, se arrugan antes de tiempo.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula, s&iacute;. Me enamor&eacute; de ella. Ella se llama Baya Benmahmoud y su personaje es una locura bonita, extrema. Una de esas bendiciones que se salen de lo com&uacute;n, que no se amolda a las normas, a las reglas que impone el entorno, que respira a un ritmo distinto y camina a saltos, como si a cada paso aspirase a rozar el cielo con las yemas de los dedos.
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil no formar parte del mont&oacute;n. Benmahmoud es una mujer de ascendencia &aacute;rabe que se enamora de un hombre de ascendencia jud&iacute;a. Y hasta aqu&iacute; todo correcto, porque la pel&iacute;cula es de amor y es francesa y partir de esa premisa no supone emborronar la hoja al salirse de la l&iacute;nea de puntos.
    </p><p class="article-text">
        El &iexcl;oh! llega a la hora de abordar los tab&uacute;es, y la mezcla en la batidora de elementos corrosivos &ndash;racismo, pederastia, xenofobia, antisemitismo, etc.- se aleja de la &uacute;lcera de est&oacute;mago de los acomplejados. Qu&eacute; decir de una protagonista que se dedica a mantener relaciones sexuales con &ldquo;fascistas&rdquo; para reconvertirlos, ya que justo antes del orgasmo masculino, seg&uacute;n dice, hay unos segundos en los que una activista sexual puede &ldquo;colar&rdquo; cualquier tipo de mensaje en el cerebro de un hombre. En fin, una joya.
    </p><p class="article-text">
        Europa ha ca&iacute;do demasiadas veces en su propia trampa. Est&aacute; vieja nuestra sociedad. A veces, cuando pienso en ese conjunto anciano de ciudades, en Europa, me viene a la cabeza una se&ntilde;ora mayor en bata de andar por casa, con pelos en el bigote, bajita y mosqueada. No entiendo c&oacute;mo podemos vivir tan acomplejados, con ese ardor de est&oacute;mago que posiciona sus contradicciones en las caras de 700 millones de habitantes.
    </p><p class="article-text">
        Hay fotos actuales, est&aacute;n ah&iacute; al lado esas im&aacute;genes, haciendo cola debajo de nuestras narices, que dejan un regusto amargo en la boca. Es un sabor que pertenece a nuestra memoria olfativa, mediaba el siglo XX y Europa se dedicaba a perpetrar masacres, y ya ven, las fotos, s&iacute;, personas hacinadas, v&iacute;as de tren, verjas, alambradas, ni&ntilde;os gaseados, madres desesperadas, el hambre, qu&eacute; cosa el hambre, c&oacute;mo traspasa las instant&aacute;neas, te dejan pegado en la silla el hambre y el miedo y la incomprensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Europa, la vieja desdentada, ser&aacute; juzgada. Por su incompetencia frente a los seres humanos. Una vez m&aacute;s.&nbsp; Y mientras nuestra condici&oacute;n se vuelve marciana, yo seguir&eacute; so&ntilde;ando. Con las Bayas del mundo. Las valientes, despeinadas Bayas. Con todo aquello que sea diferente, porque ser&aacute; a lo que me agarre cuando aqu&iacute; no quede m&aacute;s que el tufo miserable de esta sociedad armonizada, tan acomplejada frente a la imagen que le escupe el espejo de la tolerancia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/locura-bonita_132_4126206.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Mar 2016 11:39:36 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d1f0faad-a86a-4e97-8408-74fe745dc6c2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="203523" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d1f0faad-a86a-4e97-8408-74fe745dc6c2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="203523" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Una locura bonita]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d1f0faad-a86a-4e97-8408-74fe745dc6c2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[María San Emeterio,Crímenes perfectos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No sea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/no-sea_132_2235578.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Me fijo en la señora que me observa a través del reflejo. Qué ojeras tiene, pobre. A la señora que soy yo le da lo mismo lo que opine de su cara la chica que vive dentro de su cerebro, porque lo único que quiere, lo que desea a toda costa, es dormir. O beberse una botella de vino. Una de esas dos opciones siempre le parece la adecuada.</p></div><p class="article-text">
        A veces me despierto sobresaltada, con un susto de muerte encima del pecho porque creo que llego tarde. Que llego tarde no ya al trabajo, que a ver, eso no le va bien a nadie. Que llego tarde en general. A la vida, que la llevo a cuestas. Mido un metro y cincuenta y ocho cent&iacute;metros. Hay d&iacute;as en los que me obligo a estirarme, porque noto c&oacute;mo me voy encogiendo. Venga Mar&iacute;a, echa los hombros para atr&aacute;s, que dentro de poco te llevan por delante en la calle. No sea. Miro mi reflejo en los escaparates. Para qu&eacute; fijarme en lo que hay dentro de esas cajas gigantes de chocolatinas si siempre va a haber otra cosa acuciante que pagar que no tenga forma ni de abrigo ni de zapatos ni de bolso ni de barra de labios de Chanel. Me fijo en la se&ntilde;ora que me observa a trav&eacute;s del reflejo. Qu&eacute; ojeras tiene, pobre. A la se&ntilde;ora que soy yo le da lo mismo lo que opine de su cara la chica que vive dentro de su cerebro, porque lo &uacute;nico que quiere, lo que desea a toda costa, es dormir. O beberse una botella de vino. Una de esas dos opciones siempre le parece la adecuada.
    </p><p class="article-text">
        Por norma general, vivo cansada. Pertenezco al lado afortunado de la vida desde que nac&iacute;. Al menos as&iacute; es como he percibido mi existencia desde entonces. Tengo de todo, menos tiempo. Me despierto, sobresaltada o no, cada d&iacute;a. Porque me obligan, obviamente. En el caso contrario me quedar&iacute;a en la cama de buena gana hasta las doce, ojeando la Vogue y dando sorbitos a un zumo de naranja reci&eacute;n exprimido (con un chorrito de nada de champ&aacute;n) con la ayuda de una pajita ecol&oacute;gica, que las de pl&aacute;stico hace tiempo que pasaron a ser Sat&aacute;n. Antes de levantarme ya he revisado las agencias de noticias. No sea. Si no llevo el tiempo pegado al culo, me meto en las ediciones online de las cabeceras y fisgo si me han publicado alguna cosa. Antes de darme cuenta estoy despertando a Tom&aacute;s, que ha heredado todo mi paquete gen&eacute;tico y sue&ntilde;a con quedarse en mi cama jugando a la Nintendo en vez de darle a las aproximaciones. Normal. Es que para qu&eacute;, si a m&iacute; eso me suena a canci&oacute;n de Pereza. Es en ese preciso momento cuando mi d&iacute;a deja de pertenecerme. Entonces me zambullo de cabeza y sin agua en un sinsentido de carreras por el pasillo y galletas para la media ma&ntilde;ana envueltas en papel de aluminio y por el amor de Dios que hoy toca gimnasia haz el favor y qu&iacute;tate esos pantalones y corre Tom&aacute;s l&aacute;vate los dientes que llegamos tarde. A veces pienso que qu&eacute; pena de infancia la de este ni&ntilde;o que tanto se queja del tr&aacute;fico, de los sem&aacute;foros en rojo y del carril bus. Con 8 a&ntilde;os de edad. Luego se me pasa, porque es dejarle (o tirarle del coche) en el colegio, suspirar con aflicci&oacute;n durante 0,123 segundos por lo p&eacute;sima madre que soy y salir cagando virutas al trabajo. No sea.
    </p><p class="article-text">
        Me gusta mi trabajo. Las horas en las que estoy delante del ordenador descanso bastante. Luego ya salgo y me vuelven a pasar varios camiones por encima. Coge coche, aparca coche, coge ni&ntilde;o, grita al ni&ntilde;o, alimenta al ni&ntilde;o, revisa los correos (no sea). Paco ha cogido 1.380 naranjas y Pepe 256. Al margen de que Pepe sea bastante m&aacute;s in&uacute;til y vago que Paco, resulta interesante que a estos dos les d&eacute; por juntar las naranjas y luego las metan en 5 contenedores diferentes. En plan contadas al dedillo, que tiene que haber el mismo n&uacute;mero de naranjas en cada uno de los contenedores. A ver, seamos serios: qu&eacute; clase de tarado har&iacute;a semejante vaina. &iquest;Cu&aacute;ntos kilos hay en cada contenedor, rubia? No le veo ninguna necesidad a esto, me digo por lo bajinis. Con lo bonito que es el estudio de las prosopopeyas.
    </p><p class="article-text">
        Bajo a Lupa. All&iacute; me conocen casi tantos trabajadores como camareros en los bares de alrededor. Compro las necedades necesarias para alimentar a mi familia y arrastro los pies por Hern&aacute;n Cort&eacute;s pensando en cu&aacute;ndo fue la &uacute;ltima vez que llegu&eacute; a casa de madrugada, incapaz de atinar con la llave en la cerradura. Vete a saber. Preparo cenas, ba&ntilde;os, convenzo a otras personas que viven en mi casa de que hay que lavarse los dientes. Todos los d&iacute;as. Varias veces al d&iacute;a. Es agotador. Tambi&eacute;n hago uso de las herramientas de la persuasi&oacute;n que estudi&eacute; en la Facultad (los bramidos, alaridos, rugidos, chillidos y quejidos) para que esas personas, que todo hay que decirlo, son bastante dejadas y no tienen en consideraci&oacute;n sus necesidades fisiol&oacute;gicas, entiendan que s&iacute;, las diez de la noche ya es una buena hora para irse a dormir. Y dejar de tocarme las narices.
    </p><p class="article-text">
        Como os dec&iacute;a, por norma general estoy cansada. Me veo incapaz de llegar a todo, pero lo hago, d&iacute;a tras d&iacute;a, con el trazo preciso de un aparejador. Abuso de la valeriana y hace meses que no abro un libro. Pero he terminado un M&aacute;ster y estoy a punto de terminar otro, si es que saco tiempo de alg&uacute;n lado para escribir el trabajo final. Hay d&iacute;as en los que pienso en cosas extra&ntilde;as, como en volverme un poco loca y que me ingresen una semana en un psiqui&aacute;trico, pero luego se me pasa y recojo la cocina, escribo la agenda del d&iacute;a siguiente mientras paso el pur&eacute; en la Thermomix y whatsappeo a mi jefe para comentarle que &eacute;ste o aquel periodista me ha pedido esto o aquello. Hace tres horas. Y hay otros d&iacute;as en los que me acuerdo de que tengo pareja y hasta hablo un rato con &eacute;l. Es muy guapo y creo que no tiene en cuenta mi autismo habitacional. Claro que al paso que va la burra, no sea.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/no-sea_132_2235578.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Mar 2018 17:43:51 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[No sea]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Día Internacional de la Mujer,Feminismo,Huelgas,8M]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Santander, ciudad rentista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/santander-ciudad-rentista_132_4209071.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e652135a-4786-498e-a0fd-5ca606672f1b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La conocida &quot;Duna Escalonada&quot;, diseñada por Alejandro Zaera."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es bonito, pienso, ese día en que una puede abandonar la oficina para hacer un recado o tiene el día libre por éste o aquel asunto y es lunes o martes o jueves. Hay mucha gente en las calles.</p></div><p class="article-text">
        Mi mejor amigo dice que Santander es una ciudad habitada por rentistas. Nos mastica lento la envidia, le contesto entre las cervezas que nos convocan en una barra santa al mediod&iacute;a. No hemos nacido en una de esas balconadas que miran a la bah&iacute;a, y es algo que imprime car&aacute;cter. Los de los barrios de periferia tenemos el &aacute;nimo un poco como las aceras que pisamos. Andamos gastados antes de tiempo, hastiados de mirar al norte cuando la luz del d&iacute;a nos pide sur, congestionados de desconches y baches que nadie repara nunca. Pero airosos, le digo, marcamos tendencia.
    </p><p class="article-text">
        La pobreza ya no es marginal. Es <em>mainstream</em>. El borrador del informe 'Espa&ntilde;a 2016' &ndash;que ser&aacute; presentado por la Comisi&oacute;n Europea a finales de febrero- cuenta cosas muy feas. Cuenta, por ejemplo, historias que ya suenan a avemar&iacute;apur&iacute;sima: que llevamos tiempo posicion&aacute;ndonos en la cola de la gran familia europea, abanderando datos demoledores de pobreza y exclusi&oacute;n social. Imag&iacute;nense que nos ponemos a contar uno a uno a cada nuevo vecino de la pobreza espa&ntilde;ola en los a&ntilde;os de crisis: uno coma tres millones de caras. La sensaci&oacute;n es la misma que, cuando de ni&ntilde;a, me sentaba muy seria a imaginar el universo. Que me apretaba algo fuerte por ah&iacute; adentro.
    </p><p class="article-text">
        Los que fichamos por la ma&ntilde;ana tampoco salvamos el pellejo. Una de cada ocho personas que tiene empleo en nuestro pa&iacute;s es pobre. Hay quien apunta a la reforma laboral del PP. Aunque Bruselas se hace un l&iacute;o con toda la madeja espa&ntilde;ola, bendita paella, y dice que aplauso a la reforma, plas plas plas, y bien la moderaci&oacute;n salarial, no es necesario comer en el para&iacute;so de las el&eacute;ctricas y el desfalco institucional; pero despu&eacute;s arruga el morro, parece que nadie acierta a entender el porqu&eacute; del incremento de trabajadores en el umbral de la pobreza. Qu&eacute; cosas.
    </p><p class="article-text">
        Mi mejor amigo en la ciudad de los rentistas. Es bonito, pienso, ese d&iacute;a en que una puede abandonar la oficina para hacer un recado o tiene el d&iacute;a libre por &eacute;ste o aquel asunto y es lunes o martes o jueves. Hay mucha gente en las calles. No vayan a pensar que andan corriendo con la cabeza metida dentro de sus vainas laborales, no. &iexcl;Qu&eacute; vulgaridad! Est&aacute;n comprando, charlando en terrazas.
    </p><p class="article-text">
        Los mediod&iacute;as de aqu&iacute; se pintan con blancos y rabas en el Cos. Hay personas en ba&ntilde;ador que juegan a las palas en El Sardinero; bicicletas buscando su lugar en las aceras, esquivando a peatones ensimismados en la desobediencia al calendario laboral; carritos de beb&eacute; que sirven para llevar beb&eacute;s y para llevar de un lado a otro bolsas de Carolina Herrera y Purificaci&oacute;n Garc&iacute;a; mujeres disfrazadas con una cofia que entran y salen en sus mil faenas de los portales del Paseo de Pereda; fot&oacute;grafos habituales de la ociosidad; madres que desayunan con otras madres en cafeter&iacute;as con vistas a un colegio, esquivando la mopa y la lista de la compra con maneras de Fred Astaire; ancianos que dedican los tiempos de espera a ninguna actividad en concreto a alimentar palomas frente a la mism&iacute;sima Casa Consistorial, a pesar de que la mism&iacute;sima Casa Consistorial proh&iacute;ba alimentar palomas; <em>runners</em> ma&ntilde;aneros en naranja fl&uacute;or (que combina fenomenal con cualquier otro color, siempre que &eacute;ste sea tambi&eacute;n fl&uacute;or); lectores de tumbona en la Duna de Zaera; paseantes que recuerdan a los caminantes; alumnas de las Esclavas haciendo pellas, como manda la tradici&oacute;n, en los bajos de La Primera.
    </p><p class="article-text">
        No me digan que no es un panorama analg&eacute;sico. Una especie de consolador. Pueden sentarse, mirar. Alimentarse de la energ&iacute;a rentista de la ciudad. Es una sensaci&oacute;n parecida a la que libera un pastel que llega a tiempo a nuestra boca. Dopamina a calderadas.
    </p><p class="article-text">
        Entre tanto, sigo sintiendo algo de v&eacute;rtigo cuando pienso en lo infinito del universo, no vayan a pensar que voy a perder el pulso con la madurez tan temprano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/santander-ciudad-rentista_132_4209071.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Feb 2016 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e652135a-4786-498e-a0fd-5ca606672f1b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="611616" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e652135a-4786-498e-a0fd-5ca606672f1b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="611616" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Santander, ciudad rentista]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e652135a-4786-498e-a0fd-5ca606672f1b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[María San Emeterio,Crímenes perfectos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reloj sin manecillas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/reloj-manecillas_132_4222641.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50ed608f-c8c3-4db8-b589-5156c2d0fdba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El tiempo lo es todo. El mayor patrimonio que tenemos. Y es de otros, no es ni de lejos nuestro. Es dinero, sí. El dinero que puedes invertir en ti mismo y en tu libertad.</p></div><p class="article-text">
        El dinero da la felicidad. &iexcl;Claro que s&iacute;! Y quien desee vivir pensando lo contrario hace bien, sobre todo si no tiene dinero. Hace unos d&iacute;as amanec&iacute; con una noticia en la que&nbsp;se informaba de que, ya ven ustedes, en pleno a&ntilde;o 2016, evolucionamos lento, la Oficina Nacional de Estad&iacute;sticas de Reino Unido (re)abr&iacute;a el debate metaf&iacute;sico con una investigaci&oacute;n en la que quedaba demostrado que la riqueza est&aacute; relacionada como un pez al agua con el bienestar y la felicidad.
    </p><p class="article-text">
        Es coherente que nos contemos lo contrario. Pero entre otros asuntos, en el estudio se afirma que influye de forma directa la cuenta bancaria abultada con menores niveles de ansiedad. Y todos sabemos que los males del alma aterrada &ndash;facturas y m&aacute;s facturas&ndash; se descargan en consultas de psic&oacute;logos. Que no lo hacen nada mal. A 60-70&euro;/hora, por muy hasta el mo&ntilde;o que anden de escuchar cosas muy salvajes, sus picos de ansiedad se deben de reducir a esos momentos en que se percatan de que no quedan kleenex en ning&uacute;n caj&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto que el dinero da la felicidad. Hace dos o tres vidas tuve un novio millonario. Un novio millonario y bastante gorr&oacute;n, todo hay que decirlo. Se quedaba siempre sin tabaco e iba de un amigo a otro con aquel &ldquo;chusta no disgusta&rdquo; que a una le entraban muchas ganas de ahogarle lento en un barre&ntilde;o de agua. Y &eacute;l &ndash;que hab&iacute;a descubierto siendo adolescente que no iba a necesitar nada para llegar a todo, platicaba con la colilla de cualquiera colgando de la boca, la camiseta ra&iacute;da, de Covir&aacute;n o Simago o Pryca, tanto daba, y aquel aspecto de haber salido recientemente de un centro para menores, cu&aacute;nto postureo, dejar Castelar de esa guisa le confer&iacute;a a ojos de los colegas un aura de poder&iacute;o extremo&ndash; se descargaba siempre la culpa con la siguiente sentencia: &ldquo;El dinero no da la felicidad, pero la facilita bastante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta semana pasada Oxfam publicaba un informe que apunta que 62 personas guardan en los bolsillos tanta riqueza como 3.600 millones, la mitad de la poblaci&oacute;n mundial. Esto da mucho asco. Lo s&eacute;. El estudio de los brit&aacute;nicos, si es que necesitamos sentar la cabeza con dulces sue&ntilde;os sobre la almohada, no se muestra tajante. Por lo tanto, es posible, dice, que el dinero d&eacute; la felicidad. Pero tambi&eacute;n es posible que la felicidad d&eacute; dinero. &iquest;C&oacute;mo se quedan? Exacto, igual que yo.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, yo sigo so&ntilde;ando. Con que pase algo que no me obligue a estar sentada en una silla ocho horas al d&iacute;a (soy una ferviente defensora de las jornadas laborales de seis horas, que para qu&eacute; m&aacute;s, para qu&eacute;) y minutos que se alarguen como el chicle que eran en la ni&ntilde;ez. Y tenga tiempo. De ocuparme de &eacute;l. De volver a estudiar. Ingl&eacute;s, Historia del Arte. De recargar las pilas, que despu&eacute;s de diecis&eacute;is a&ntilde;os de trabajo ininterrumpido a veces se ven bien mustias. De no alterarme porque el recibo del agua lo pasen por la cuenta el d&iacute;a 20.&nbsp; De leer, leer y leer. Y de tener en la cabeza asuntos menos mundanos, envejecer comienza por eso, y se desvanezca el estr&eacute;s. De sentarme a escribir. De no pasarme la vida con la mirada perdida en el segundero, anhelando hacer otra cosa mientras estoy en otro lugar.
    </p><p class="article-text">
        El tiempo lo es todo. El mayor patrimonio que tenemos. Y es de otros, no es ni de lejos nuestro. Es dinero, s&iacute;. El dinero que puedes invertir en ti mismo y en tu libertad. Cada una de las decisiones que te puedes permitir tomar. Si eso no es el verdadero lujo, Tiffany no es una casa de venta de piedras preciosas. Mientras tanto. Convertirme, como canta Nacho Vegas, en la esfera de un reloj que no tiene agujas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/reloj-manecillas_132_4222641.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Jan 2016 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/50ed608f-c8c3-4db8-b589-5156c2d0fdba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1413921" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/50ed608f-c8c3-4db8-b589-5156c2d0fdba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1413921" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Reloj sin manecillas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/50ed608f-c8c3-4db8-b589-5156c2d0fdba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[María San Emeterio,Crímenes perfectos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los periodistas no subvencionados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/periodistas-subvencionados_132_4240293.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Ante ellos, ante los valientes, ante los que informan y opinan y se quedan sin cobrar la subvención, ante esos siempre debemos quitarnos el sombrero.</p></div><p class="article-text">
        No es que no pase nada. Es que nos esforzamos porque no pase nada. La culpa no la tienen los periodistas. La culpa la tienen los contratos publicitarios de los medios de comunicaci&oacute;n. Es tan triste, pienso mordisqueando mi tostada. Es tan triste leer esta bazofia en un peri&oacute;dico. Aunque pobres directores, me repito, que tienen que alimentar tantas bocas, para qu&eacute; informar, para qu&eacute; opinar, sobre todo eso, opinar. Para qu&eacute; hablar de lo que ocurre en Cantabria, derribos, desahucios, empresas patrocinadas por cada alma que habita este espacio limitado de la existencia, obras adjudicadas por el dedo m&aacute;s votado, las minucias de nuestras vidas perras.
    </p><p class="article-text">
        Es curioso abrir las p&aacute;ginas de un peri&oacute;dico local y que no aparezca, m&aacute;s que de puntillas, opini&oacute;n sobre los asuntos que nos tocan de lado cada ma&ntilde;ana a los tristes que nos levantamos para desayunar y trabajar y comer y trabajar y terminar el d&iacute;a trabajando en otros asuntos por los que a uno no le pagan. De puntillas. &iquest;Para qu&eacute; hablar? &iquest;Para qu&eacute; mojarse, opinar, valorar? &iquest;Cubre mi n&oacute;mina las presiones, las llamadas de los pol&iacute;ticos enfurecidos? &iquest;La bronca de mi jefe despu&eacute;s de haber recibido el doble de llamadas de los pol&iacute;ticos enfurecidos? &iquest;Merece la pena? Entiendo que no. Y as&iacute; seguimos. Ciegos, jugueteando con nuestra propia deshonra. Como personas. Como ciudadanos. Como profesionales.
    </p><p class="article-text">
        No, yo no trabajo en un medio de comunicaci&oacute;n. Lo habitual es que a un periodista se le pague mal. No s&eacute; muy bien la raz&oacute;n, creo que no lo he entendido nunca. Miren, era una profesi&oacute;n bonita. Antes de que toda la basura se apoltronara a las puertas de los medios. Despu&eacute;s a uno ya casi no le dejaban salir de las cuatro paredes de la redacci&oacute;n en una profesi&oacute;n cimentada en caf&eacute;s y bares y tertulias con compa&ntilde;eros, mucho humo, m&aacute;s alcohol del debido, y los h&aacute;biles de arriba pensaron que as&iacute; no eran las cosas, quiz&aacute; maltrat&aacute;bamos demasiado la garganta y el h&iacute;gado, y decidieron enclaustrarnos, ponernos un mont&oacute;n de maquinitas de edici&oacute;n delante de los ojos y amputarnos las manos, bien, as&iacute; bien, est&aacute;n mal pagados, son infelices y no cuentan nada que se aproxime a lo que de verdad sucede. Una forma de contribuir al orden establecido.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que puedes vivir en Cantabria y ser una persona bien informada acerca del proceso catal&aacute;n y de la amenaza del terrorismo yihadista. De lo que ocurre en los confines de tu pavimento sabr&aacute;s dos cosas con una precisi&oacute;n de cirujano, por ejemplo: sabr&aacute;s que en invierno llueve, nieva en Alto Campoo, y hay puertos de monta&ntilde;a que est&aacute;n cerrados. Tambi&eacute;n sabr&aacute;s que cada vez la lluvia cae con menos ganas de puro aburrimiento que tienen las nubes de pasar sobre nuestras cabezas; y que en verano hace calor, se llenan las playas, los hosteleros sonr&iacute;en y dale Perico a las previsiones y hay portadas con personas fofas en ba&ntilde;ador recorriendo la segunda de El Sardinero, barrigas saltarinas, bendita quietud la de las fotograf&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Cuando termino la tostada decido cerrar el peri&oacute;dico. Soy una periodista en ayunas, que mira sin ver, de lejos. Valoro el trabajo de mis compa&ntilde;eros, de unos m&aacute;s que de otros, claro, y de unos pocos m&aacute;s que del resto. Los respeto. Y aunque no espero que nada vaya a mejor, sonr&iacute;o. Por ese basti&oacute;n que se atrinchera cerca, a veces sin nada que meterse en la boca por la noche, es cierto, pero qu&eacute; de historias, qu&eacute; de pasi&oacute;n entre los dedos. Y ante ellos, ante los valientes, ante los que informan y opinan y se quedan sin cobrar la subvenci&oacute;n, ante esos siempre debemos quitarnos el sombrero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/periodistas-subvencionados_132_4240293.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Jan 2016 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los periodistas no subvencionados]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Periodismo,María San Emeterio,Crímenes perfectos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un buen pedo me tiraba yo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/buen-pedo-tiraba_132_4250442.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50fd38d5-bd32-427e-a2d2-33b3d009afa8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo habrán leído por ahí. Oferta laboral. Trabajo temporal. Navidad. Castellón. Sí, alguno de mis seres humanos con cualidades de lechuga, escarola o caracol decidió publicar esta ponzoña.</p></div><p class="article-text">
        No s&eacute; si a ustedes les pasar&aacute; lo mismo, si retozan en esta misma enfermedad que me acartona el alma, pero lo cierto es que me voy evadiendo m&aacute;s y m&aacute;s de la realidad que con pena sincera me circunda. Eso es, exacto: me estoy convirtiendo en un individuo insensible. &iquest;Que el suegro de Granados dice que un empleado de Ikea dej&oacute; 900.000&euro; en un altillo de su casa? Ah&iacute; me ven a m&iacute;, tan impert&eacute;rrita. La mirada indolente paseando sobre la superficie de la pantalla del ordenador. Lo mismo leo eso que &ldquo;Rocco Ritchie endurece la pelea con su madre, Madonna&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ni un m&iacute;sero tweet de queja sentida. Ni un amago de rictus, de emoci&oacute;n, en la cara. No, no es el b&oacute;tox. Soy yo. &iquest;Que llegasen a copular siglas inadmisibles en el hipot&eacute;tico caso de que volvamos a tener un Gobierno que gobierne? Lo mismo. Mar&iacute;a cierra la web de El Pa&iacute;s. Mar&iacute;a abre Google. Mar&iacute;a busca &ldquo;receta thermomix crema calabac&iacute;n zanahoria&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Claro, no se crean. Hay cosas que a&uacute;n me retuercen las tripas, bien adentro. Tienen que ver, por norma general, con temas relacionados con la infancia. Y la verdad es que de tanto ver animales maltratados en mi muro de Facebook cada vez siento menos empat&iacute;a con los animales maltratados, aunque sobra decir que me sigue pareciendo repugnante el maltrato animal. Es un tanto escalofriante todo. Quiz&aacute; s&oacute;lo me est&eacute; haciendo mayor.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as me encontr&eacute; con una de esas noticias que a) contribuyen a que yo, que no soy imb&eacute;cil, tal vez algo inmadura, me evada de la realidad; b) hacen que me replantee el porqu&eacute; de la supervivencia de la raza humana -en serio, cada vez lo entiendo menos, deber&iacute;amos haber completado ya alg&uacute;n ciclo no natural de estupidez- y c) justifican por s&iacute; solas que me pase los ratos libres o bien leyendo libros (literatura, olviden el ensayo), o bien viendo pel&iacute;culas o navegando por las webs de Vogue y Elle. O sea, que no hago nada &uacute;til por la humanidad, b&aacute;sicamente porque estoy comenzando a pensar que el 80 por ciento estar&iacute;a mucho mejor existiendo como animales o vegetales.
    </p><p class="article-text">
        Lo habr&aacute;n le&iacute;do por ah&iacute;. Oferta laboral. Trabajo temporal. Navidad. Castell&oacute;n. S&iacute;, alguno de mis seres humanos con cualidades de lechuga, escarola o caracol decidi&oacute; publicar esta ponzo&ntilde;a. Una oferta de empleo al que, vean, yo no podr&iacute;a optar. Que no es eso lo que hizo que fijara mis pupilas por cosa de un minuto en la noticia en cuesti&oacute;n. Pero que a ver, joder, lo que es joder, pues jode. Porque si buscan ingenieros aeroespaciales ya s&eacute; que no tengo nada que hacer; si es indispensable comunicarse en tres idiomas, otro tanto de lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Pero vamos a ver, anda que no vender&iacute;a yo bien colonias. Pues mira a ver, Mar&iacute;a, chica, que no puedes. La mujer, que debe de ser que los hombres &ndash;adem&aacute;s de las personas de menor estatura- tampoco tienen habilidades para vender colonia, deb&iacute;a medir como m&iacute;nimo 1,63 metros. No, claro que no se quedaba ah&iacute; la cosa. La moza, de entre 26 y 42 a&ntilde;os (esa horquilla de edad la verdad es que me sorprende teniendo en cuenta el resto de perogrulladas) deb&iacute;a ser capaz de meter las caderas entre la talla 36 y la 40, oh, oh, s&iacute;, y vivir en las proximidades del centro comercial.
    </p><p class="article-text">
        Este insulto a la inteligencia de un gorila de Cab&aacute;rceno era una oferta laboral de cuatro d&iacute;as de duraci&oacute;n en los que la no-enana-ni-gorda-ni-vieja elegida en el proceso de selecci&oacute;n iba a percibir 7 euros la hora, huela se&ntilde;ora, una delicia, las notas c&iacute;tricas son las que proporcionan tan agradable olor. Un buen pedo me tiraba yo cada vez que fuera a ofrecer tan sutiles fragancias. Pero es que claro, los bajitos tenemos muy mal car&aacute;cter. De ah&iacute; que ahora ya no nos quieran ni vendiendo perfumes.
    </p><p class="article-text">
        Que sepan que hay dos estructuras de la subjetividad: el banquillo de la derecha lo ocupan los neur&oacute;ticos-obsesivos-hist&eacute;ricos, mientras que en el de la izquierda sientan el culo los psic&oacute;ticos-melanc&oacute;licos-esquizofr&eacute;nicos-paranoides. Todos pertenecemos a uno de los dos grupos. Yo tengo muy claro a cu&aacute;l le rindo honores cada d&iacute;a. Lo que a&uacute;n no he averiguado es con qu&eacute; hortaliza me identifico m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/buen-pedo-tiraba_132_4250442.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Jan 2016 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/50fd38d5-bd32-427e-a2d2-33b3d009afa8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="343507" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/50fd38d5-bd32-427e-a2d2-33b3d009afa8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="343507" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Un buen pedo me tiraba yo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/50fd38d5-bd32-427e-a2d2-33b3d009afa8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[María San Emeterio,Crímenes perfectos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Al fin, la lluvia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/fin-lluvia_132_2273322.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/83f5f890-71e7-490a-84ce-6402463556a4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La lluvia y el viento se suman mañana al frío y colocarán en alerta a 9 Comunidades"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ella, desde su atalaya de ser supremo afirma, reafirma y vuelve a afirmar que sin lluvia se pierde la salud. Así que todos tenemos mocos por eso. Catarros, resfriados, gripes, constipados. Porque la lluvia es la que se encarga de limpiar el ambiente.</p></div><p class="article-text">
        Entiendo que haya comenzado a llover. Al fin, la lluvia. Mi madre siempre repite las mismas frases; adoro que haga eso, claro. Me irritan, me hacen re&iacute;r esas frases manidas,&nbsp; pronunciadas por la boca de la madre incontables veces. Pa&ntilde;o de cocina va. Escuchadas por los o&iacute;dos de la hija otras tantas. Cara de fastidio fingido viene. Ella, desde su atalaya de ser supremo (las madres son &ndash;somos, creo&ndash; seres supremos) afirma, reafirma y vuelve a afirmar que sin lluvia se pierde la salud. As&iacute; que todos tenemos mocos por eso. Catarros, resfriados, gripes, constipados. Porque la lluvia es la que se encarga de limpiar el ambiente.
    </p><p class="article-text">
        Yo eso lo tengo claro debido a la repetici&oacute;n de las frases maternas en una casa que se encuentra en una tierra en la que, cierto, ya no, llov&iacute;a unos 300 d&iacute;as al a&ntilde;o. Qu&eacute; era aquello. C&oacute;mo odiaba yo las katiuskas, qu&eacute; rid&iacute;cula me sent&iacute;a, azul marino, franja blanca, qu&eacute; rid&iacute;cula me siento ahora pensando en los m&aacute;s de 100&nbsp;euros&nbsp;que pagu&eacute; unos cuantos a&ntilde;os m&aacute;s tarde por otras botas de agua, unas Hunter, traicionando as&iacute; a la ni&ntilde;a de rizos y cara de mosqueo absoluto de los d&iacute;as de lluvia. Tambi&eacute;n ten&iacute;a otras playeras rosas que odiaba con mayor inquina si cabe. Dice mi madre que es un tema que yo imagino, que nunca tuve unas playeras rosas. Pero vaya si las tuve, vaya.
    </p><p class="article-text">
        Por no hablar, madre querida, de aquellas blusas de cuellos enormes por encima del jersey. Mi novio vendr&aacute; a casa por primera vez a cenar con mis padres en unos d&iacute;as. A ver qui&eacute;n es la guapa que defiende con soltura la desgracia de los &aacute;lbumes infantojuveniles, el pelo corto, los cuellos de aquellas blusas, dios del amor hermoso, repito, pero qu&eacute; era aquello. Por qu&eacute; se le hace eso a una pobre ni&ntilde;a, que en su inocencia, en el amor por la madre, la confianza absoluta, es capaz de no saltar por la ventana de la galer&iacute;a despu&eacute;s de que esa mujer que la trajo al mundo la obligara a salir disfrazada, cuellos enormes, uno a cada lado, par de cabrones, a&uacute;n cierro los ojos y os veo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es que llov&iacute;a. Y no crean que llov&iacute;a como ahora, que una puede ir sin paraguas y bueno, no es para tanto, pues te mojas, s&iacute;, pero con capucha solventas el tedio del paraguas. Otra, qu&eacute; de traumas de infancia bajo este imperio de nubes grises. Y entonces llov&iacute;a con furia animal, se abr&iacute;an los cielos, le ve&iacute;as la garganta a San Pedro, y t&uacute; corr&iacute;as, corr&iacute;as con aquel uniforme de mierda pegado a las piernas, las medias por los tobillos, la cabeza tapada con una carpeta plastificada, la foto de Keanu Reeves, co&ntilde;o, qu&eacute; guapo era ese chico, y si llegabas y bien, ning&uacute;n idiota de Agustinos te hab&iacute;a acertado con un escupitajo en el medio de la frente dec&iacute;as, pues vaya plan, me pod&iacute;a haber tocado hoy (el escupitajo, s&iacute;) que con esta manera de caer agua es como si hubiera salido directamente de la ducha. Y as&iacute; era. Luego se pueden imaginar, a una le daba miedo pulsar el telefonillo, mam&aacute;&aacute;&aacute;&aacute;&aacute;. Silencio. &iquest;Mam&aacute;&aacute;&aacute;&aacute;&aacute;? Silencio. Y al final el temido &ldquo;Mar&iacute;a, &iquest;vienes mojada? Porque si vienes mojada no entras en casa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y eso, que entiendo que ya haya comenzado a llover. Si es que para este viento loco. Yo me habr&eacute; despertado como siempre, tarde y mal, sin ganas, la chica de los bostezos, necesito dormir unas diez horas y no me da el tiempo, habr&eacute; cogido a mi hijo de entre las s&aacute;banas al vuelo, en pijama, c&oacute;mo molan estos d&iacute;as en que no hay que despertarle y cinco minutos m&aacute;s, mam&aacute;, y cinco minutos m&aacute;s, mam&aacute;, y vestirle y alimentarle y asearle &ndash;que parece un Tamagotchi, qu&eacute; estr&eacute;s&ndash; y no olvidarle en casa al salir corriendo consciente de la imposibilidad de cubrir el tramo Astillero-Santander en&nbsp; siete minutos y con tr&aacute;fico. C&oacute;mo molas t&uacute;, Ana Mato. Yo es que te he entendido mucho siempre.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que habr&eacute; dejado a Fulanito con el ser supremo absoluto, que eso es ya el grado al que una llega cuando es abuela, y mordisqueando una tostada me habr&eacute; ido a trabajar. Se me habr&aacute; olvidado que iba a llover y que hac&iacute;a falta que lloviera, no s&oacute;lo por los mocos de la gente, y entonces me cagar&eacute; en la lluvia y en las playeras, que no son rosas, pero tiene tela, salada, salir de esta guisa con este tiempo. Y me llegar&aacute; una notificaci&oacute;n y ver&eacute; que <a href="https://twitter.com/eldiarioescan" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">@eldiarioescan</a>&nbsp;ha compartido una columna en Twitter, una columna de <a href="https://twitter.com/CarrieBradshaw" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">@CarrieBradshaw</a>, menuda mema, a qui&eacute;n se le ocurre ponerse semejante nick, hay que ser hortera. Mar&iacute;a, bonita m&iacute;a, cerebrito de pasa, que eres t&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y habr&aacute; comenzado a llover. Eso ser&aacute; ma&ntilde;ana, cuando al fin (si hay suerte) comencemos a leer buenas noticias.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/fin-lluvia_132_2273322.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Dec 2015 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/83f5f890-71e7-490a-84ce-6402463556a4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="74654" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/83f5f890-71e7-490a-84ce-6402463556a4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74654" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Al fin, la lluvia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/83f5f890-71e7-490a-84ce-6402463556a4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[María San Emeterio,Crímenes perfectos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Irse siempre, para volver]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/irse-siempre-volver_132_2287745.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92507b28-7bc9-4453-87c6-a10cdce2a49c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es posible que haya cogido demasiados aviones en los últimos meses. Aunque nunca son demasiados los vuelos para una persona que se siente en su propia sala de estar en la trinchera que es un aeropuerto.</p></div><p class="article-text">
        Vueling ha decidido eliminar la conexi&oacute;n con Tenerife durante los meses de invierno. Seamos sinceros, si sigue haciendo este tiempo en Cantabria qui&eacute;n va a sentir la necesidad de meterse en un avi&oacute;n en busca de aires m&aacute;s c&aacute;lidos, cuando tras el caf&eacute; de primera hora sales atribulado de casa, has sacado la mano por la ventana, has constatado que no, los abrigos no te representan, y cruzas la l&iacute;nea de confortabilidad suprema que es el portal de tu edificio, y sometes a tu melena a las arbitrariedades del viento del sur. Ay, el sur. Se nos ha metido el calor adentro en esta tierra que salta al ritmo que pauta el oleaje de la bah&iacute;a. Nuestra existencia en verde y azul. Siempre que me voy constato con alegr&iacute;a que quiero volver y eso es algo que provoca que mis pies se desprendan dos cent&iacute;metros sobre el pavimento, porque yo siempre he deseado con todas mis fuerzas largarme de aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Santander es la ciudad aburrida, triste, gris y melanc&oacute;lica m&aacute;s entra&ntilde;able que he pisado. Me enfad&eacute; un poco con Bilbao hace un par de semanas. Descubr&iacute; una joya vieja a la que acaban de sacarle lustre, vaya genialidad, me dije, coger lo m&aacute;s feo que tienes entre manos y convertirlo en tu faceta m&aacute;s amable. Como una especie de defecto f&iacute;sico al que de pronto te das cuenta de que puedes sacarle partido, la vecina se ha acicalado hasta convertirse -&iquest;Bilbao? S&iacute;, Bilbao- en una ciudad bonita. A rabiar. Y mientras tanto, la envidia. Porque a m&iacute; me gustar&iacute;a que Santander se quitara el sayo, dejara a la vista un cuerpo explosivo, espl&eacute;ndido. Silbido va. A m&iacute; me gustar&iacute;a, qu&eacute; vulgar esta chica, que el resto nos contemplara desde esa envidia malsana con la que mis piernas deseaban pertenecer a Bilbao hace tan s&oacute;lo unos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Irse siempre, para volver. Llevaba demasiados a&ntilde;os sin sentir el v&eacute;rtigo extra&ntilde;o que provoca la felicidad sin fisuras. Los seres humanos somos raros. En 2012 el estudio de una Universidad de Nueva Zelanda determinaba que, al menos en catorce culturas, los individuos que las componen temen la buena fortuna; o bien &eacute;sta no es merecida o bien llega siempre acompa&ntilde;ada de una p&eacute;rdida inevitable. Raros, lo que les dec&iacute;a. Teniendo en cuenta la cantidad de art&iacute;culos que nos encontramos a diario en redes aportando las seis claves definitivas para ser felices sin ambages, queda claro que nos movemos como peces en el agua en el terreno de la moquera y la caja de Kleenex.
    </p><p class="article-text">
        Es posible que haya cogido demasiados aviones en los &uacute;ltimos meses. Aunque nunca son demasiados los vuelos para una persona que se siente en su propia sala de estar en la trinchera que es un aeropuerto. Pero s&eacute; que al igual que sal&iacute; con el alma cantando hacia Baleares, Santorini, C&aacute;diz, Madrid, Barcelona o Par&iacute;s, volv&iacute; con la cabeza gacha, t&uacute;, viajera de pacotilla, hay que ver lo que ha hecho la vejera contigo, ese cosquilleo en el est&oacute;mago al tomar tierra, esas ganas de salir corriendo camino a casa, abrir las ventanas, poner lavadoras, ordenar armarios, preparar cenas.
    </p><p class="article-text">
        Alg&uacute;n d&iacute;a, quiz&aacute;, me acostumbre a que Parayas se llame Seve Ballesteros-Santander. Qu&eacute; aeropuerto amable &eacute;se. Como si fueras a coger un autob&uacute;s, llegas con la hora justa, no existen los problemas en sus contornos de estaci&oacute;n de provincias, pasas un control que dura menos de minuto y medio, te sientas, abres un libro y ya lo est&aacute;s cerrando porque te llaman para embarcar. Por eso hay que mimarlo, potenciarlo, darle vuelos a tutipl&eacute;n. Porque en el Seve Ballesteros-Santander, mi Parayas del alma, se encuentra la clave de la felicidad de aquellos que siempre necesitamos irnos para volver.
    </p><p class="article-text">
        Siguiente destino: Lisboa. Se hace oportuno regresar y recorrer la Alfama, pasar el dedo por el azulejado que estalla en todas las direcciones, sentir la ligereza de las cuestas imposibles a lomos de un tranv&iacute;a amarillo, callejear por el Barrio Alto y sacarle otro vino al reloj. Mi mano se vuelve, tu mano se vuelve. Y que se sigan desprendiendo mis pies del pavimento.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/irse-siempre-volver_132_2287745.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Dec 2015 10:01:13 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/92507b28-7bc9-4453-87c6-a10cdce2a49c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="116619" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/92507b28-7bc9-4453-87c6-a10cdce2a49c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="116619" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Irse siempre, para volver]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/92507b28-7bc9-4453-87c6-a10cdce2a49c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[María San Emeterio,Crímenes perfectos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yo sólo quería que me llevaras a bailar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/solo-queria-llevaras-bailar_132_2373511.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bc56a228-0b30-44a5-bb0b-8d01b90524f1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Los colores nacionales de Francia iluminarán tres días la Torre Eiffel"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Xoel se aproxima al público, toma su guitarra eléctrica entre las manos, es una guitarra en forma de flecha, tipo Gibson Flying V, la coge por abajo, la alza hacia el cielo. Mi neurosis y yo vemos la Torre Eiffel dentro de la Music Hall.</p></div><p class="article-text">
        El ant&iacute;doto contra los males se encuentra en esta sala de conciertos. Yo s&oacute;lo quer&iacute;a que me llevaras a bailar. Comienza a sonar la m&uacute;sica. Nunca hab&iacute;a escuchado el directo de Xoel L&oacute;pez y es cierto que vengo con muchas ganas. Estoy cerca de la entrada. Trato de controlar el disgusto que me provoca siempre el contacto f&iacute;sico con personas que no conozco, respira, anda, no seas neur&oacute;tica. Pero es que no cabe un alfiler, soy demasiado peque&ntilde;a para que la gente no trate de pasarme por encima y el calor me resulta insoportable. Mi pareja vive bastante feliz veinticinco cent&iacute;metros m&aacute;s arriba. Inspiro, despacio. Hago o&iacute;dos sordos al coraz&oacute;n, que se reivindica por ah&iacute; adentro, asustado. De vez en cuando cierro los ojos y dejo la mente en blanco. Me quejo. Del sudor pegado a mi camiseta. De la coleta de la mujer que salta delante de nosotros. Trato de moverme un poco, tarareo, suena bien. Estoy aqu&iacute;, quer&iacute;a estar aqu&iacute; y sin embargo no estoy disfrutando del hecho simple de estar aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Por un momento me reconcilio, son unos segundos, con la chica f&oacute;bica que vive dentro de m&iacute;. Xoel se aproxima al p&uacute;blico, toma su guitarra el&eacute;ctrica entre las manos, es una guitarra en forma de flecha, tipo Gibson Flying V, la coge por abajo, la alza hacia el cielo. Mi neurosis y yo vemos la Torre Eiffel dentro de la Music Hall. Le doy las gracias a Xoel. Porque en realidad lo que me sucede es que estoy triste. Triste y cagada de miedo.
    </p><p class="article-text">
        El 11S me ancl&oacute; a una estaci&oacute;n de metro, quiz&aacute; Pr&iacute;ncipe P&iacute;o, sin poder despegar los pies y echar a andar, mirando las pantallas, hipnotizada. Entiendo que fue por esa &eacute;poca cuando comenc&eacute; a pensar en que era posible que me muriera en alg&uacute;n momento. Fin de la fiesta. Y me sub&iacute;a a los aviones y apretaba los labios y canturreaba alguna de Andr&eacute;s, me concentraba, &eacute;sta vez no es, y apelaba a la infancia para rezar alguna cosa que me devolviera a tierra con todas las extremidades del cuerpo sujetas al tronco.
    </p><p class="article-text">
        Con el 11M me pas&oacute; parecido, pero la vida me cogi&oacute; en Santander y Santander es un lugar en el que uno se siente seguro. Tambi&eacute;n pasan cosas, no crean. Yo una vez palp&eacute; c&oacute;mo las paredes de mi casa cruj&iacute;an en el momento preciso en que un comando de ETA accionaba el mecanismo del odio en un barrio cercano. Desde ese instante visualic&eacute; delante de mi fragilidad una serie de consideraciones bochornosas que ya me acompa&ntilde;ar&iacute;an hasta el d&iacute;a de hoy: la primera, que no soy valiente. La segunda, que estoy fabricada de miedos. Y por &uacute;ltimo, que era posible morir en cualquier momento y lugar de la manera m&aacute;s est&uacute;pida. Ayer era en el nombre de la independencia de los pueblos oprimidos. Y hoy es en el nombre de un dios secuestrado en manos de majaderos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; piensas hacer con el viaje a Par&iacute;s?&rdquo;, me ha preguntado esta ma&ntilde;ana mi compa&ntilde;era de trabajo. He encogido los hombros, he puesto esa cara de frustraci&oacute;n. &ldquo;Pues no nos vamos a quedar en casa&rdquo;, le he dicho. &ldquo;Iremos, iremos y nos comeremos la ciudad&rdquo;. &ldquo;O la ciudad os comer&aacute; a vosotros dos&rdquo;, ha a&ntilde;adido (por supuesto y nada m&aacute;s cerrar la boca) la chica f&oacute;bica del interior.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo disco de Xoel fue bautizado bajo el t&iacute;tulo de Paramales. Tiene canciones preciosas que les invito a escuchar si no lo han hecho ya y un directo que podemos calificar como soberbio sin enrojecer ni un poco. El viernes 27 actuar&aacute; en Bilbao, en la Sala Azkena. Y que siga sonando la m&uacute;sica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/solo-queria-llevaras-bailar_132_2373511.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Nov 2015 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bc56a228-0b30-44a5-bb0b-8d01b90524f1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="31980" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bc56a228-0b30-44a5-bb0b-8d01b90524f1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="31980" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Yo sólo quería que me llevaras a bailar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bc56a228-0b30-44a5-bb0b-8d01b90524f1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[María San Emeterio,Crímenes perfectos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ochocientos cuarenta y dos euros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/ochocientos-cuarenta-euros_132_2381315.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">¿No les ha pasado nunca? ¿Jamás se han encontrado con una criatura de mirada inocente, flaca a rabiar, vestida a lo Blossom, rogando unas palabras de caridad para el informativo del mediodía? Pues era yo.</p></div><p class="article-text">
        No s&eacute; si ustedes lo recordar&aacute;n, pero yo lo tengo grabado a fuego. Trabajaba en una televisi&oacute;n local, era joven y no ten&iacute;a claro hacia qu&eacute; faceta de la comunicaci&oacute;n quer&iacute;a dirigir mis pasos. Bien pronto aprend&iacute;, eso s&iacute;, lo recuerdo, que hacer de vocero de instituciones, partidos pol&iacute;ticos y dem&aacute;s colectivos de nuestra sociedad era un paquete soberbio. Las ruedas de prensa. Las ruedas de prensa deber&iacute;an ser prohibidas. Por ley. Nadie entiende lo que puede llegar a aburrirse un periodista escuchando cosas irrelevantes. Que vamos a poner m&aacute;s farolas. Que vamos a destinar el cuarenta por ciento del presupuesto a asuntos vac&iacute;os, da igual que la gente, nuestra gente, las pase canutas, no pueda poner la calefacci&oacute;n en enero. Da igual que se queden sin la cena y el desayuno si con ello no se colapsan los recibos de la luz en las entidades bancarias.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; asco de mundo. En alg&uacute;n momento preciso s&eacute; que los periodistas fuimos los &uacute;nicos que seguimos ejercitando el derecho de nuestros o&iacute;dos a escuchar. El resto se dedic&oacute; a hacer que o&iacute;a, y los debates ya no fueron debates, la pol&iacute;tica se convirti&oacute; en un escenario teatral en el que s&oacute;lo importaba el largo de la melena, la fluidez de las manos frente a las c&aacute;maras, la sonrisa ante el interlocutor cansado.
    </p><p class="article-text">
        Pero antes de eso, antes de la crisis econ&oacute;mica y de la soberbia, antes de que los ricos se hicieran m&aacute;s ricos y los pobres fueran pobres de solemnidad, lleg&oacute; la voz de la calle a los medios de comunicaci&oacute;n. Y la opini&oacute;n de cualquiera era importante, vital. No hab&iacute;a pieza en la que no se colara un minuto con valoraciones ciudadanas varias, y fue en ese instante, en el 25&rsquo;32&ldquo; de la DVC Pro, cuando dije, mira no, esto ya s&iacute; que no, una cosa es aguantar todos los d&iacute;as los tostones que le meten a una en la sala de presa del Gobierno y otra muy diferente es salir a la calle, micr&oacute;fono en mano, cara de demente, a acosar a ciudadanos inocentes que te miran como si fueras el se&ntilde;or que instala su negocio de pedir monedas en el acceso al parking de Pombo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No les ha pasado nunca? &iquest;Jam&aacute;s se han encontrado con una criatura de mirada inocente, flaca a rabiar, vestida a lo Blossom, rogando unas palabras de caridad para el informativo del mediod&iacute;a? Pues era yo. &iquest;Y se acuerdan de c&oacute;mo pasaban a su lado, airados, giraban la cabeza, hac&iacute;an como que no ve&iacute;an la s&uacute;plica en su cara de quiero-matarle-pero-esto-es-un-micro-no-es-un-cuchillo? Pues s&iacute;, era yo. Y les aseguro que con cada desaire en su actitud les hubiera estampado tartas de nata y fresa en el careto, pero no quer&iacute;a perder el dineral que me pagaban por bajarme los pantalones en la calle rogando por unas palabras acerca de qu&eacute; tal hab&iacute;an entrado ustedes en el euro, una opini&oacute;n vital, vete Mar&iacute;a al Mercado de la Esperanza y pregunta, pregunta a las se&ntilde;oras si se aclaran con los c&eacute;ntimos, claro, hija, si nosotras nacimos cuando los reales, y yo, qu&eacute; demonios, a la mierda con todo esto. Ochocientos cuarenta y dos euros. En la vida olvidar&eacute; los n&uacute;meros que amortajaban aquellas n&oacute;minas.
    </p><p class="article-text">
        No veo la televisi&oacute;n. Me ofenden los programas, no los soporto. Pero s&iacute; que escucho la radio en el coche, por ejemplo. Y esta ma&ntilde;ana, Onda Cero, Alsina, con lo que yo te amo, tema del d&iacute;a, una pregunta lanzada a los oyentes, que alguien tiene que llenar la falta de contenidos interesantes, d&iacute;gannos, se&ntilde;ores, &iquest;con qui&eacute;nes se han reencontrado en las redes sociales? &iquest;Un amigo de la &eacute;poca escolar? &iquest;Un antiguo amor? Y he llegado al trabajo, arrugando la nariz, despotricando pensamientos. C&oacute;mo no iba a llegar la decapitaci&oacute;n de la Filosof&iacute;a en las aulas. C&oacute;mo no pasar por el aparato digestivo las Humanidades. Si a becerros no nos gana nadie.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/ochocientos-cuarenta-euros_132_2381315.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Nov 2015 09:21:07 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ochocientos cuarenta y dos euros]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Crímenes perfectos,María San Emeterio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que comen los curas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/comen-curas_132_4261221.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">No creo en ningún dios, no creo en la existencia de nadie superior. Ni divino ni humano. Diré también que creo en la ética, en la educación. En las personas que luchan porque tú tengas las mismas oportunidades que el resto.</p></div><p class="article-text">
        Apuro el caf&eacute;, te doy besos a&uacute;n dormido, as&iacute; te dejas, buenos d&iacute;as, qu&eacute; tal has descansado hoy, espera, dame otro, otro beso m&aacute;s, mam&aacute; no es pesada, est&iacute;rate, chico guapo, y que apriete ese abrazo, va el desayuno, los dientes, l&aacute;vate los dientes, vamos que no llegamos, coge tu carpeta, d&oacute;nde he dejado el m&oacute;vil, s&iacute;, si llego tarde me echan, date prisa, no, si me echan nadie paga la casa, una movida, recuerdas d&oacute;nde aparcamos ayer, listo, nos vamos.
    </p><p class="article-text">
        Y salimos a la calle. Dos locos, nos cogemos fuerte de la mano, a veces van gritos, otras risas y casi siempre conversaciones sin sentido. Creo que te gusta el oto&ntilde;o. Las hojas secas, los &aacute;rboles en rojo y marr&oacute;n. S&eacute; que te gustan los d&iacute;as de sur, que prefieres el calor y no entiendes por qu&eacute; motivo hay semanas que se desesperan, colas en el camino que lleva al colegio, choques de autov&iacute;a debajo de la lluvia. Que d&oacute;nde se ha metido el sol. Que en qu&eacute; lugar se esconde el calor.
    </p><p class="article-text">
        Alg&uacute;n d&iacute;a comprendo que dir&aacute;s, qu&eacute; chica, todo el d&iacute;a trabajando argumento va, argumento viene, y las preguntas que yo hac&iacute;a le pon&iacute;an cara de post adolescencia ajada, somos interrogaciones, dime, mam&aacute;, c&oacute;mo es Dios, a qu&eacute; se dedica, c&oacute;mo se le ocurri&oacute; inventar las nubes, a qu&eacute; hora se levanta, dime si va &eacute;l tambi&eacute;n al colegio y por qu&eacute; no vas t&uacute; nunca a misa.
    </p><p class="article-text">
        Alg&uacute;n d&iacute;a comprendo que dir&eacute; cosas. Ahora, de vez en cuando, trato de hacerme entender. Pero es que es muy dif&iacute;cil. Esta bicefalia emocional, esta crianza a varias manos. Tu madre la atea, que se educ&oacute; entre monjas y toc&oacute; la guitarra en aquellas ceremonias tediosas por no andar bostezando rodeada de faldas por debajo de las rodillas. Tu madre la que rezaba por las noches, as&iacute; en la tierra como en el cielo, que no entend&iacute;a nada y se sent&iacute;a mal por todo, la culpa, el retraso de nuestra civilizaci&oacute;n segregada. Raza, clase social, religi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Comprende, te dir&eacute;. No creo en ning&uacute;n dios, no creo en la existencia de nadie superior. Ni divino ni humano. Dir&eacute; tambi&eacute;n que creo en la &eacute;tica, en la educaci&oacute;n. En las personas que luchan porque t&uacute; tengas las mismas oportunidades que el resto. Te contar&eacute; que noviembre huele a incienso. Huele a muerte. Que tu madre se aferra a la moral, lo que est&aacute; bien, lo que est&aacute; mal, y que trata de evitar la escala de grises tras la que se justifican ellos.
    </p><p class="article-text">
        Soy una firme defensora de la verdad. No existen las brujas. &iquest;Qu&eacute; comen los curas? Leche, galletas y a ti. No existen los vampiros ni los superh&eacute;roes, no existen dioses ni monstruos dentro de los armarios. La oscuridad es la ausencia de luz. Los fantasmas son recuerdos feos que se empe&ntilde;an en aparecer cuando posamos la cabeza en la almohada. Y lo dem&aacute;s es la vida, injusta, bella, salvaje y valiosa. El hombre, un h&eacute;roe. La violencia que ejerce sobre s&iacute; mismo, su propio fracaso tras siglos de historias de involuci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hoy el viento del sur ha barrido las hojas secas. El mediod&iacute;a huele a rabas, mosto y blanco de solera. Ahuyentemos a las pesadillas. A &eacute;sas s&iacute; que les vamos a dar patadas en las rodillas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/comen-curas_132_4261221.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Oct 2015 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Lo que comen los curas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[María San Emeterio,Crímenes perfectos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[María ha dejado el grupo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/maria-dejado-grupo_132_2434176.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Ella me miró con pena. Seguro que pensó que sería un avance si dejáramos todas de reproducirnos. Y me dijo que estaba capacitada para hacerlo.</p></div><p class="article-text">
        Me pasa un poco como a la protagonista de 'Desayuno con Diamantes', que tengo una severa tendencia a escapar de la realidad. Asfixia, qu&eacute; les voy a contar. La semana pasada ca&iacute; en la cuenta, de repente, de que soy madre. Me pas&oacute; al igual que despu&eacute;s de dar a luz. Esos primeros d&iacute;as en los que ten&iacute;as que ir al pediatra cargada cual sherpa tibetano para pesar y medir asuntos varios, entre ellos, el di&aacute;metro de cabeza del reci&eacute;n nacido. Y entonces cog&iacute;a el tel&eacute;fono, le dec&iacute;a al telefonista del centro de salud, hola qu&eacute; tal, que soy la madre de Fulanito. Y por un momento absurdo de mi boca sal&iacute;a lo le&iacute;do en alg&uacute;n guion de <em>sitcom</em>, quedaba paralizada, soy la madre de alguien, luz roja, luz roja, como si no hubiera gestado a la criatura durante el per&iacute;odo habitual de gestaci&oacute;n que se cumple la mayor parte de las veces con poderosa armon&iacute;a a nivel planetario. 
    </p><p class="article-text">
        El caso es que Fulanito, al que le sigui&oacute; creciendo el per&iacute;metro craneal y al que ya no se lo miden, lleg&oacute; a casa con los deberes. Santo traj&iacute;n. Santo. Y la eme con la a pas&oacute; a ser ma en la postrimer&iacute;a de mis jornadas infinitas. Lo mismo sucedi&oacute; con la ele y la a, que fue la, o no vean, la pe, oclusiva ella, explosiva en boca, como un vino imberbe, que en conjunci&oacute;n con la a dio paso a pa.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que me fui a ver a la profesora. No con el ansia de mostrarle mi m&aacute;s profundo rechazo a los deberes, sino para decirle, mira a ver, si ves que algo no funciona al modo en que debe funcionar d&iacute;melo antes de que finalice el trimestre. S&iacute;, que la madre soy yo. No, esa se&ntilde;ora tan guapa es la abuela. Ya, ya s&eacute; que no me ven nunca por aqu&iacute;, yo soy la persona adulta que trabaja y paga la hipoteca y la luz y el gas y compra comida cuando tiene tiempo y tambi&eacute;n se hace cargo de las extraescolares y de la ropa que va encogi&eacute;ndose sin que sea culpa de mi p&eacute;simo hacer con la lavadora.
    </p><p class="article-text">
        No le dije a la mujer que se sentaba delante de m&iacute; que justo el d&iacute;a anterior me hab&iacute;a encontrado con una de las madres del colegio, a las que no conozco demasiado, coincido con ellas en los cumplea&ntilde;os y poco m&aacute;s, porque me sal&iacute; del grupo de WhatsApp, Mar&iacute;a ha dejado el grupo, el mismo d&iacute;a de su creaci&oacute;n alegando motivos profesionales (y de salud mental). El tema es &eacute;se, que me la encontr&eacute; camino de una rueda de prensa en Pe&ntilde;a Herbosa, y la se&ntilde;ora, que se levanta a las tres y media de la madrugada para ir a limpiar oficinas, me salud&oacute; encantadora, hab&iacute;a terminado su jornada, era mediod&iacute;a, hac&iacute;a sol y se iba a casa a hacer las camas antes de salir escopetada hacia el colegio, y al cabo de dos minutos lloraba, superada. Ella tambi&eacute;n hab&iacute;a ca&iacute;do en la cuenta de que era madre.
    </p><p class="article-text">
        Me dijo la profesora que muy bien, que hab&iacute;a que leer cada d&iacute;a con esos ni&ntilde;os a los que nos vincula la gen&eacute;tica y ense&ntilde;arles lo de la eme con la a, ma, porque lo mismo en las cinco horas que ella tiene para aleccionarlos pues no le da la vida, vete a saber, que son unos cuantos y no son todos igual de listos, de maduros sostengo yo, que soy muy de sostener cosas, a lo Pereira, y yo le dije, est&aacute; bien, no soy capaz de dejar sin hacer las cosas que tengo que hacer, pero creo que esto es excesivo, seis a&ntilde;os, una hora de deberes, venga a echarme una mano para ba&ntilde;arle mientras hago la cena. 
    </p><p class="article-text">
        Ella me mir&oacute; con pena. Seguro que pens&oacute; que ser&iacute;a un avance si dej&aacute;ramos todas de reproducirnos. Y me dijo que estaba capacitada para hacerlo. Para apoyar las horas de trabajo que no le daban de s&iacute; e introducir a Fulanito en el fascinante mundo de la lectura. Porque ella tampoco se dedicaba a pintar casas, pero que si ten&iacute;a que ponerse pues ah&iacute; que iba m&aacute;s que ufana, rodillo en mano, y acicalaba las paredes sin sudar una gota.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Ah, la realidad! Pues eso. Que si Holly Golightly acud&iacute;a puntual a su cita con Tiffany para calmar sus <em>reality bites</em>, yo hago lo propio con la Vogue o la Elle, con la vida de ensue&ntilde;o de las <em>egobloggers</em>, y me escabullo entre abrigos de Burberry, faldas de Isabel Marant, bolsos de Chanel y paseos por San Petersburgo. Porque a fin de cuentas, yo ya tengo mi propia Moon River (con ecos de madre; es decir, de enorme bostezo). 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/maria-dejado-grupo_132_2434176.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Oct 2015 09:46:58 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[María ha dejado el grupo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[María San Emeterio,Crímenes perfectos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las cosas inútiles (que no sirven para nada)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cosas-inutiles-sirven_132_2464933.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Qué razón absoluta se agacha en ese recuerdo desnortado. Quedarte sola. Sin ninguna intención. Sin prisa. Sin lecturas urgentes. Sin notificaciones. Sin la necesidad de saber más. De llegar el primero.</p></div><p class="article-text">
        Me gusta septiembre. Se desnuda despacio, si la fortuna se agarra de esta mano lo hace envuelto en sur, somos canciones, peque&ntilde;os mutantes, somos amigos con forma de oreja gigante abierta de par en par, al igual que esa ventana que da al mar en primavera.
    </p><p class="article-text">
        Septiembre te permite volver a empezar. Es el enero de los que somos frioleros. Piensas, puedo hacerlo. Y le plantas cara a la desidia. Aldabillas, tuercas, hebillas. Le plantas cara a las lecturas f&aacute;ciles de un verano que te abandona en la playa, descalza, si pudiera vivir descalza, pasando p&aacute;ginas de Leonardo Padura, sabiendo que todos necesitamos un reseteo a destiempo.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos demasiado r&aacute;pido. &iquest;Alguien recuerda aquellos momentos remotos en los que las personas se aburr&iacute;an? Hoy eso pasa poco. No existen las esperas interminables, los d&iacute;as que escurren el minutero sin ganas, aquel echar el rato poni&eacute;ndote hasta las cejas del barro de la ni&ntilde;ez. Y en esta vor&aacute;gine dise&ntilde;ada para zotes creo que es indispensable marcarse un tanto, patear este iPhone, hacer un &aacute;lbum de fotos de las de verdad, ah&iacute; imprimidas, desparramadas sobre la cama, haciendo cola porque una cabeza despeinada les indique su propio orden alfab&eacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        A veces, cuando estoy sola, cuando &eacute;l punt&uacute;a lento sobre la almohada el ritmo pausado de sus sue&ntilde;os, me quedo desenchufada, el sof&aacute;, el sal&oacute;n, ese absurdo conocido como televisi&oacute;n. Me sirvo un vino, digo, haz algo, Mar&iacute;a. Escribe, escribe lo que sea, si&eacute;ntate en la mesa, despliega el port&aacute;til, utiliza los minutos, abre un libro, plancha ese mont&oacute;n de ropa que provocar&iacute;a el desmayo materno, inmisc&uacute;yete en el devenir del mundo. Pienso, aunque sea, aunque solo sea eso, enciende la televisi&oacute;n, t&uacute;, min&uacute;sculo germen vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        No lo hago. En realidad, no hago nada. Tuve un buen profesor en la Facultad, se llamaba Fernando Bermejo. Yo ten&iacute;a 18 a&ntilde;os, que es la mitad (y suma uno, tela) de los que tengo ahora. La cabeza, un poblado de grillos. El cuerpo desprovisto de grasa. Y aquel chaval (era un chaval, no llegaba ni de lejos a la treintena) que nos aleccionaba en una asignatura llamada Teor&iacute;a de la Comunicaci&oacute;n consegu&iacute;a conmovernos arrastrando las palabras, su desidia en la voz, el pelo largo, qu&eacute; hac&iacute;as t&uacute;, chico listo, lidiando entre jesuitas. El caso es que debe de ser una de las pocas frases que recuerdo de manera literal de aquellos a&ntilde;os que transcurr&iacute;an entre la biblioteca y los bares de Salamanca. &Eacute;l dijo, lo recuerdo, le cito: &ldquo;Yo reivindico las cosas in&uacute;tiles. Que no sirven para nada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; raz&oacute;n absoluta se agacha en ese recuerdo desnortado. Quedarte sola. Sin ninguna intenci&oacute;n. Sin prisa. Sin lecturas urgentes. Sin notificaciones. Sin la necesidad de saber m&aacute;s. De llegar el primero. A veces, solo a veces, le doy tregua a la televisi&oacute;n. Es cierto, no me gusta. Y constato aspectos irrevocables; el primero, que no deber&iacute;a haberlo hecho. El segundo, que es necesario que nos extingamos como especie.
    </p><p class="article-text">
        Entonces recapacito, firmo un armisticio conmigo misma, otro trago de vino, qu&eacute; placer, sonr&iacute;o, es septiembre. Qu&eacute; placer este mando a distancia. Que permite volver a empezar. Y darle muerte a ese mecanismo disparatado. Que grita. Que escupe. Que molesta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cosas-inutiles-sirven_132_2464933.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Sep 2015 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las cosas inútiles (que no sirven para nada)]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[María San Emeterio,Crímenes perfectos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nosotras, triatletas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/triatletas_132_2494853.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Que nos engañaron. Eso es un hecho. Nos contaron un cuento en el que cambiaba el papel de la protagonista. De princesa a chica independiente. La Cenicienta con la fregona en la mano desaparecía y no lo hacía para plantarse con un vestido pomposo en un baile hortera.</p></div><p class="article-text">
        Es posible escribir sobre la cinta del gimnasio. Lo que sea. Este desprop&oacute;sito llamado columna da fe de ello. Velocidad, 6.2. Calor&iacute;as, 24. 0,5 kil&oacute;metros recorridos. Un poco de sudor desprendi&eacute;ndose de la piel y m&aacute;s ca&ntilde;as de las admisibles rondando las caderas. Sigamos, pues.
    </p><p class="article-text">
        Algunas mujeres sentimos la necesidad permanente de hacer varias cosas a la vez. Este desprop&oacute;sito llamado Mar&iacute;a tambi&eacute;n da fe de ello. Bien podr&iacute;a estar ahora contemplando mi imagen en el espejo que hay frente a la cinta. Pero es que no se hacen una idea de la tensi&oacute;n que me generan en estos momentos las ca&ntilde;as. Qu&eacute; risas, es julio y estamos en la terraza del Canela. No nos casta&ntilde;ean los dientes. Vivir en tirantes. Sonre&iacute;r en tirantes. Pide otra. Otra m&aacute;s. Y de aquellos tragos estas caderas. Esto es as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres y el tiempo. Nosotras, triatletas. Las mujeres en guerra contra s&iacute; mismas, contra el reloj, las obligaciones, cu&aacute;nto tiempo hace que no te tumbas, abres un libro, cu&aacute;nto tiempo llevas sin dejar escurrirse las horas, sin pensar en nada que no tenga forma de letra, &eacute;ramos letras, cu&aacute;nto tiempo llevas sin dejarte ir de los segundos y de los minutos, de las listas que se pasean por tu cabeza remoloneando en forma de nevera de asueto.
    </p><p class="article-text">
        Que nos enga&ntilde;aron. Eso es un hecho. Nos contaron un cuento en el que cambiaba el papel de la protagonista. De princesa a chica independiente. La Cenicienta con la fregona en la mano desaparec&iacute;a y no lo hac&iacute;a para plantarse con un vestido pomposo en un baile hortera montada en una carroza que en realidad no lo era. Porque en la versi&oacute;n moderna ah&iacute; que la ve&iacute;as, traje sastre, gafas de ver sin graduaci&oacute;n, pantalla de ordenador al frente, levanta la vista, las dioptr&iacute;as como forma de reconocimiento al esfuerzo laboral, m&oacute;vil con 4G y despacho. Qu&eacute; felicidad prosaica &eacute;sa. La n&oacute;mina que estrena el mes. Y una cadena bien armada al tobillo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ha sido bueno el cambio? Pues ver&eacute;is, no. O no del todo, claro. Que aqu&iacute; los flecos se desarman en demasiadas direcciones. Que est&aacute;bamos en casa con la fregona. Cierto. No nos esperaban vestidos pomposos, pr&iacute;ncipes en mallas ni calabazas-carroza en la puerta de la choza. No hab&iacute;a lugar. No hab&iacute;a desarrollo profesional, personal. Cierto, tambi&eacute;n. C&oacute;mo es la conjunci&oacute;n adversativa &lsquo;pero&rsquo;. Se planta en el colador gramatical y se va metiendo por los rincones de esta sem&aacute;ntica vieja, alterando todo aquello que en un primer momento hab&iacute;a comenzado siendo bello.
    </p><p class="article-text">
        Y empezaron las carreras. La lucha contra nosotras mismas, contra lo que somos. Horarios absurdos, sueldos miserables. Qu&eacute; quieren que les cuente que no les haya gimoteado ya una amiga. Una hermana o una compa&ntilde;era de oficina. La sensaci&oacute;n intermitente de no estar. De no llegar. Si me preguntara ahora una aspirante a profesional de 20 a&ntilde;os le dir&iacute;a dos cosas; la primera, no, no estudies Periodismo. Y la segunda, tampoco, no, no seas madre. Porque en lugar de cuidarte con mimo, utilizar&aacute;n tu condici&oacute;n para esclavizarte. Para hacerte sentir menos, siempre. Cada vez que necesites salir al pediatra. Apiretal y sudor. Qu&eacute; es un primer d&iacute;a de colegio. Ni verle la cara al salir corriendo de clase. Cosas que te imaginas frente a la pantalla del ordenador. Tu vida en un recuadro.
    </p><p class="article-text">
        Esto os lo cuenta una persona que tiene suerte. Un buen trabajo, horarios admisibles. Tiempo para subirse en una cinta en el gimnasio y dejar la cabeza quieta durante unos minutos para escribir otra columna poco memorable. Pero es que una vez me escupieron que si no fuera por mi condici&oacute;n (madre, soltera), siendo una buena profesional (oh, gracias) podr&iacute;a cambiar el guion de mi fin de mes. Y no me lo dijo un empresario. Me lo dijo una mujer. Me lo dijo una representante pol&iacute;tica. Y pens&eacute; en todas las que no tienen tanta suerte. Las mujeres para las que, con villan&iacute;a, seguiremos relatando con voz grave esos finales de cuento de terror.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/triatletas_132_2494853.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Sep 2015 10:14:08 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Nosotras, triatletas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nosotros, que estamos muertos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/muertos_132_4268232.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Tengo la sensación de que nos hemos convertido en números. Fracturas matemáticas. Rotos, descompasados, presumimos de ser la sociedad mejor informada de la historia. Y eso es una mentira aberrante.</p></div><p class="article-text">
        Miro las fotograf&iacute;as. Dejo el dedo suspendido sobre la pantalla del iPhone. Me digo, Mar&iacute;a, siente algo. No pesta&ntilde;eo. Mar&iacute;a, piensa algo. Inclino la cabeza hacia un lado y trago saliva. Creo que estamos todos muertos. Sigo mirando las im&aacute;genes. Le hablo a la chica que vive dentro. Le ruego, Mar&iacute;a, llora. Y ella se queda ah&iacute;, en modo pausa, con ese cerebro absurdo que trata de resolver problemas inmediatos. El seguro de la casa. La letra del IBI. El material escolar.
    </p><p class="article-text">
        Los ni&ntilde;os muertos permanecen tumbados boca arriba. Podr&iacute;an ser los nuestros, ahogados tras un descuido en un bonito d&iacute;a de playa. El caso es que ha dejado de importarnos. Ha dejado de importarnos todo. A estos ni&ntilde;os muertos los he matado yo. Los ha matado usted y los hemos matado todos. Los seguimos matando una y otra vez, con cada <em>like</em> a sus camisetas azules y barrigas al aire. Los seguimos matando cada vez que compartimos, cada vez que escribimos una nueva publicaci&oacute;n y agregamos &ldquo;qu&eacute; verg&uuml;enza&rdquo;, &ldquo;somos una mierda&rdquo; o &ldquo;&iquest;en qu&eacute; tipo de mundo vivimos?&rdquo;. Y luego seguimos desayunando. Tostada. Tostada y caf&eacute;. Tostada, caf&eacute; y zumo de naranja.
    </p><p class="article-text">
        Es &eacute;sta una &eacute;poca extra&ntilde;a, pornogr&aacute;fica. No existe sensibilidad. P&aacute;rense a pensar en el p&aacute;nico que sintieron al observar c&oacute;mo se arrojaban personas desesperadas del World Trace Center despu&eacute;s del ataque terrorista y comparen ese sentimiento con otro m&aacute;s actual, el de los otros muertos, los que se ahogan ah&iacute; al lado, el Mediterr&aacute;neo, qui&eacute;n no ama el Mediterr&aacute;neo, playas blancas, aguas turquesas. Una tumba, diremos desde nuestra hamaca en Thira. P&oacute;ngame otro c&oacute;ctel de champ&aacute;n, por favor. Una fosa com&uacute;n, afirmaremos ante un atardecer que llamea los ojos desde la azotea de un caf&eacute; en Sultanahmet.
    </p><p class="article-text">
        Tengo la sensaci&oacute;n de que nos hemos convertido en n&uacute;meros. Fracturas matem&aacute;ticas. Rotos, descompasados, presumimos de ser la sociedad mejor informada de la historia. Y eso es una mentira aberrante. &iquest;Qu&eacute; hemos conseguido con esta cantidad desproporcionada de noticias (malas) pululando a nuestro alrededor? Vivir anestesiados. Personas que mueren en directo. No le des al <em>play</em>, ni&ntilde;a. Asesinatos en tiempo real.
    </p><p class="article-text">
        Ellos, los h&eacute;roes de pies peque&ntilde;os que esquivaron los pulmones anegados de agua, recorren Turqu&iacute;a. Recorren Grecia y Macedonia. Ellos que entran en Serbia con la sinraz&oacute;n pegada en los talones. Un viaje a ninguna parte. Porque algunos nacieron menos personas, pero estos ni&ntilde;os que con una ducha y ropa de Zara Kids pasar&iacute;an por los nuestros, esos, desear&aacute;n en alg&uacute;n momento no haber llegado a contar su camino. Los llamamos refugiados. No sabemos bien qu&eacute; hacer con ellos. A veces es m&aacute;s sencillo congraciarse con la vida infame de un animal de perrera.
    </p><p class="article-text">
        Me van a perdonar, pero lo cierto es que se me atraganta esta columna. Los dedos piden insultos. Las teclas saltan sobre esas palabras y libran una suerte de guerra por el poder entre la garganta y el duodeno. Hoy el cielo se ha desplomado. Pesado, amenaza con empujarnos bajo el suelo. A nosotros, que de tan inhumanos ya estamos muertos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/muertos_132_4268232.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Sep 2015 07:57:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Nosotros, que estamos muertos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[María San Emeterio,Crímenes perfectos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La soledad de los números pares]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/soledad-numeros-pares_132_2512636.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Más de cuatro parejas al día decidieron darse el 'no, no quiero' en Cantabria el año pasado. Los motivos no siempre se quedan en casa, pero el resultado de los mismos es de 3.500 nuevas personas solteras.</p></div><p class="article-text">
        Santander no es una ciudad habitable para solteros. Demasiada belleza. Aqu&iacute; hay demasiada belleza. Lo ha decidido mi enc&eacute;falo, que ha decretado la prohibici&oacute;n de pasear sola en las noches de viento sur de Reina Victoria al Chiqui entre las ocho de la tarde y las diez de la noche. El viento sur, me digo, es el viento sur, me repito, que pone brava a la ciudad. El cielo que se desliza en fonemas, las olas despeinadas al crecer la marea, y ah&iacute; que te ves alarmada, sube el paso, ni&ntilde;a, porque has comenzado a sentir un cosquilleo en la mano derecha. Que se quiere agarrar a algo. Se mueven los dedos en todas las direcciones y justo en el momento en que quieres controlar el asunto el brazo entero se estira ajeno al funcionamiento del resto del cuerpo y se extiende en busca de otro ser humano.
    </p><p class="article-text">
        Loca, para. Algo est&aacute; pasando. Sudores fr&iacute;os. Pulso descompasado. Respira, Mar&iacute;a. &iquest;Cu&aacute;ntos a&ntilde;os tienes? Leches, tengo 37. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la mano que se sujeta habitualmente a esta mano? Reza. Deja, que no sabes. Pues cuenta. Uno, dos, tres, cuatro, cinco&hellip; Rel&aacute;jate, co&ntilde;o. Est&aacute; de vacaciones. La mano est&aacute; de vacaciones. Respiro aliviada. Pienso cosas. No, no estoy soltera. Me r&iacute;o sola; yo no siento p&aacute;nico por estos asuntos, claro. Soy independiente, madre, tengo amigos, demasiados amigos que no dejan de vibrar dentro del bolsillo del vaquero. Tengo una casa. Tengo un coche. Voy, vengo. Hay una horda de parejas alrededor. Bajan las pulsaciones. La mano ha dejado de buscar a su compa&ntilde;era habitual. De dos en dos. De dos en dos. De dos en dos. Aqu&iacute; van todos de dos en dos.
    </p><p class="article-text">
        La soledad en una ciudad tan bonita es un quejido lento. De todas formas, en Santander los 40 son los nuevos 30. Que no lo digo yo. Lo dice el Registro Civil y lo dicen los due&ntilde;os del Grog. Que nos estamos divorciando por encima de la capacidad que tenemos de generar nuevas parejas. &iexcl;Ah, la endogamia! Imposible evitarla aqu&iacute;. Enti&eacute;ndalo, cada vez somos menos y cada vez nos divorciamos m&aacute;s. Estamos relacionados a trav&eacute;s de las arterias de la ciudad en oraciones subordinadas. Largas, adjetivadas. Un plomo, vaya.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de cuatro parejas al d&iacute;a decidieron darse el 'no, no quiero' en Cantabria el a&ntilde;o pasado. Los motivos no siempre se quedan en casa, pero el resultado de los mismos es de 3.500&nbsp;nuevas personas solteras. Pero esto no es nada si tenemos en cuenta que m&aacute;s de 10.800 paisanos est&aacute;n dados de alta en la web de citas Ashley Madison. Ya saben, gente que busca vida m&aacute;s all&aacute; del tedio que les provoca el matrimonio. No se f&iacute;en de quien duerme a su lado. Santander (con 5.591 usuarios), Torrelavega (1.359), Castro Urdiales (751) y el apacible pueblo de El Astillero (258) encabezan esta enumeraci&oacute;n de infieles patrios. Cosas que no hay que contar, cantar&iacute;a Nacho Vegas en este p&aacute;rrafo de nuestra vida. Jam&aacute;s. Y ah&iacute; la tienen: una lista de mentiras fabricada con perfiles y direcciones electr&oacute;nicas a la vista de cualquiera. Incluidos los afectados.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; por qu&eacute; les cuento esto? Bien sencillo. Nos esperan varias suradas hasta el mes de diciembre. Mantengan la calma. La bah&iacute;a saltar&aacute; en mil tonalidades, cientos de hojas secas cubrir&aacute;n la Cuesta de las Viudas, volar&aacute;n sombrillas, las faldas bailar&aacute;n solas y el paseo de siempre por el perfil mar&iacute;timo de Santander llenar&aacute; de ponzo&ntilde;a a los solteros reci&eacute;n estrenados, que acoger&aacute;n con entusiasmo en sus o&iacute;dos uno de los himnos de Xoel, 'Todo lo que merezcas'. Demasiada belleza. Aqu&iacute; hay demasiada belleza. Quiz&aacute; ah&iacute; est&eacute; la conclusi&oacute;n. Quiz&aacute;, despu&eacute;s de leer los datos, consumido nuestro verano de separaciones desastrosas, quiz&aacute;, no estemos tan mal en esa soledad que nos lleva a sintonizar con la ciudad. Porque Santander puede llegar a ser la pareja perfecta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/soledad-numeros-pares_132_2512636.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Aug 2015 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La soledad de los números pares]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[María San Emeterio,Crímenes perfectos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La chica de antes de ayer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/chica-ayer_132_2522237.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Pierde brío la ciudad. No sabe lo que significa la palabra equilibrio. Santander se consuela pensando en que siempre llega el verano.</p></div><p class="article-text">
        Santander es una ciudad de contrastes. Ah&iacute; la tienes, bien chula ella, una veintea&ntilde;era que se despereza en la cama despu&eacute;s de una noche de juerga y que no necesita m&aacute;s que un vaso de agua y un par de brochazos de colorete en las mejillas para exhibirse radiante. Dos horas de sue&ntilde;o, tres, si es lo mismo, me vais a ver guapa s&iacute; o tambi&eacute;n, as&iacute; que no le pone esta veintea&ntilde;era demasiado empe&ntilde;o a la cosa y ah&iacute; que sale a la calle con un vestido de nada, es todo piernas, salvaje tras una belleza f&aacute;cil que comienza a desvencijarse por el Paseo Pereda, por Puertochico y Castelar, que se reinventa en la treintena en un San Mart&iacute;n que parece de cart&oacute;n piedra, ah&iacute; la cosa cambia, necesita una buena base de maquillaje y una ampolla flash, pero sabe que con poco y nada le sigue ganando la batalla a su propio reflejo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A los 40 est&aacute; espectacular, se ve que s&iacute;, se ha cuidado y ha le&iacute;do y maneja el gesto al conversar, y es un paseo que nunca muere esta mujer elegante, perlas al cuello y pieles de animal muerto sobre los hombros, que practica una c&oacute;pula orgi&aacute;stica de igual a igual a la entrada del Palacio de Festivales. &iquest;Qu&eacute; es lo que vengo a ver hoy? Tanto da. Porque ella se descuelga por Reina Victoria achispada, con dos vinos de m&aacute;s y el brillo inconfundible en los ojos de quien va buscando labrar las penas despu&eacute;s de una ruptura sentimental.
    </p><p class="article-text">
        Esta ciudad se divorcia de s&iacute; misma en un Sardinero maltrecho, van demasiadas historias detr&aacute;s, una urbe incendiada, me empiezo a ajar, pero m&iacute;rame bien, lo que yo he sido, todo lo que he sido, y se dibuja con la barbilla alzada ante el espejo del tocador manteniendo el mismo desaf&iacute;o en la mirada de antes de esta guerra a los a&ntilde;os que se van.
    </p><p class="article-text">
        Bolsas. Arrugas frontales. Surcos. La ca&iacute;da del ment&oacute;n. La ca&iacute;da de todo, que hasta los rizos se le arr&iacute;an lacios por la espalda. Y gime aquella veintea&ntilde;era de brochazo en ristre reivindicando los genes macilentos de La Albericia a El Pil&oacute;n, que vaya nombre me pusieron por aqu&iacute;, se queja, qu&eacute; desconche &eacute;ste, qu&eacute; pena de vida, gris el cielo y las paredes y grises los bolsillos, qu&eacute; fue de las pieles, de los animales muertos y de mi lozan&iacute;a, que cuando llego a Prado San Roque no me reconozco en este amontonamiento de ventanas, demasiada humanidad, las casas descoyuntadas, heridas de s&iacute; mismas, viales que van a dar a ning&uacute;n lugar.
    </p><p class="article-text">
        Le recuerdan los m&eacute;dicos a Santander que envejecer conlleva una adaptaci&oacute;n a las nuevas circunstancias. Canta por Aute. Que me quiten el vestido. Las flores. Las trampas. Que a la p&eacute;rdida de las capacidades adaptativas y cognitivas hay que hacerle frente manteniendo la mente activa. &iquest;Activa?, barrunta ella. Y le echa nostalgia al asunto al recordar aquellas piernas que en su juventud hubieran podido habitar San Sim&oacute;n-Entrehuertas, esas cuestas, las oquedades sin luz, qu&eacute; le hago yo para plantarle jeta, bastones de juguete, a todas esas escaleras.
    </p><p class="article-text">
        Pierde br&iacute;o la ciudad. No sabe lo que significa la palabra equilibrio. Le han dicho que el extrav&iacute;o celular es de un 10% por d&eacute;cada, pero al leer los peri&oacute;dicos no entiende un carajo en esas palabras impresas que hablan de renovaci&oacute;n cuando no existen ya movimientos coordinados en esta anatom&iacute;a que quiere ser inversa, mira a ver, hay que ordenar tus vol&uacute;menes, definir las rasantes interiores, suelo urbano, eres un mont&oacute;n de suelo urbano que vamos a rellenar con b&oacute;tox de cemento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Santander se consuela pensando en que siempre llega el verano. Lo hace a pesar de las bermudas y las chanclas, que mira con desprecio; a pesar del asombro que le siguen provocando los tipos en camisa, ba&ntilde;ador y n&aacute;uticos; a pesar del tren playero y las mesas plegables en la arena y a pesar de que su contraste mental no le permita asimilar las colas de media hora por conseguir un helado en Regma. Qu&eacute; tema, suspira ella frente a su reflejo de mujer vieja. Con lo que engorda. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/chica-ayer_132_2522237.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Aug 2015 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La chica de antes de ayer]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[María San Emeterio,Santander]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los niños muertos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/ninos-muertos_132_2530670.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Somos una sociedad violenta. Eso es lo que más le perturba a mi quizá innecesaria existencia cada mañana.</p></div><p class="article-text">
        Yo soy unos cuantos <em>hashtag</em>. Tampoco demasiados, no se vayan a creer. En realidad soy muy poca cosa. As&iacute;, en t&eacute;rminos generales. Con esto quiero decir que no valgo para grandes asuntos. Ocupo mi lugar en el mundo. Quiz&aacute; innecesario. Vayan a saber. Lo disfruto, eso s&iacute;, en la medida necesaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tengo unas cuantas certezas. Unas cuantas etiquetas a las que ce&ntilde;irme cuando el resto levanta la ceja, juzgando. Meneo bien la coleta. Es decir, que les pueden dar aire. Y habito este terru&ntilde;o con la conciencia limpia de hacerlo bien, un poco como el protagonista de 'El hombre que casi conoci&oacute; a Michi Panero', que es una canci&oacute;n de Nacho Vegas que, cuando suena, me hace mover el pie izquierdo y m&aacute;s tarde el pie derecho. O sea, que no molesto. Y s&iacute;, claro que brindo por ello.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre los hashtag que me definen se encuentra un t&iacute;tulo como periodista. No arruguen el morro. Seguro que hay carreras m&aacute;s f&aacute;ciles. Como no he tenido grandes aspiraciones ya se lo pueden imaginar: no era yo quien suspiraba por el Pulitzer en las bancadas de la Facultad. A m&iacute; me gustaba escribir. As&iacute;, sin m&aacute;s. Lo cierto es que me siento muy desgraciada cuando constato que no hay nada en mi persona que se vincule al notorio esfuerzo de pretender cambiar el mundo. Y que, para m&aacute;s bochorno, ni siquiera junto letras con el arte obligado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hablando del mundo, hace unos d&iacute;as le escuch&eacute; decir a una se&ntilde;ora que &eacute;ste se hace cada vez m&aacute;s peque&ntilde;o. Se refer&iacute;a ella, desde su propia parcela de terru&ntilde;o, al terrorismo fundamentalista. Vamos a ver, de ese acojone que nos entra a todos al pensar en las mil maneras tontunas de morir por nada al que nos vemos expuestos por algo tan absurdo como la religi&oacute;n. Ser&iacute;a relajante plantarte en Siria, as&iacute; tal cual, vaqueros, camiseta blanca, playeras, hola qu&eacute; tal, vengo a contarles una cosilla de nada: Dios no existe, evolucionen ya. Y de paso darse un paseo por Palmira.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Somos una sociedad violenta. Eso es lo que m&aacute;s le perturba a mi quiz&aacute; innecesaria existencia cada ma&ntilde;ana. Leo los peri&oacute;dicos, igual que ustedes. Pero yo lo hago porque, en parte, me pagan por leerlos. Qu&eacute; chollo, exclamar&aacute; alguno. Qu&eacute; tortura, sostengo yo. Quiz&aacute; comenz&oacute; despu&eacute;s de dar a luz. Las hormonas y esas vainas. Nada importante, pero en alg&uacute;n momento me di cuenta de que lloraba en Times New Roman pasando las p&aacute;ginas tintadas. Ni&ntilde;os muertos. Qu&eacute; tema &eacute;ste de los ni&ntilde;os muertos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El caso es que hace d&iacute;as le&iacute; sin llorar en El Mundo una noticia-arcada a ra&iacute;z de los &uacute;ltimos acontecimientos que conocemos todos. Dec&iacute;a el texto que &ldquo;Los agresores de g&eacute;nero han matado a 44 hijos e hijas en la &uacute;ltima d&eacute;cada, ni&ntilde;os y ni&ntilde;as desde los cuatro meses de edad hasta los 16 a&ntilde;os ahogados, acuchillados, tiroteados...&rdquo;. Obviando el tema de &ldquo;hijos e hijas&rdquo; y &ldquo;ni&ntilde;os y ni&ntilde;as&rdquo;, los puntos suspensivos y las comas de menos y m&aacute;s, fui capaz de seguir asimilando cifras mientras pensaba en cu&aacute;nto bien hizo el inventor del ansiol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Se podr&aacute;n imaginar que duermo del tir&oacute;n por las noches. Supongo que algunos no sabemos odiar. Los que s&iacute; saben y se denominan padres y quieren sacarles por la boca las tripas a sus mujeres matan a los hijos de &eacute;stas. Matan a los hijos propios. A esto se le conoce como violencia vicaria. Una violencia secundaria a la v&iacute;ctima principal, que es la mujer. Porque no hay muerte m&aacute;s efectiva que enterrarla a una en vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Diez a&ntilde;os en 44 asesinatos. Una chica que se encoge de hombros frente a la pantalla del ordenador, tan in&uacute;til su existencia, incapaz de cambiar las cosas. Un pueblo hist&oacute;ricamente parricida que no necesita pol&iacute;ticos. Que no necesita banderas ni fronteras ni himnos. Porque a estas alturas de la canci&oacute;n son unas cuantas las que hubieran querido decir no en el altar. Porque lo que nosotras necesitamos son h&eacute;roes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/ninos-muertos_132_2530670.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Aug 2015 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los niños muertos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[María San Emeterio,Violencia de género]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Comida en la nevera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/comida-nevera_132_2650652.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Es un asco no poder irse de vacaciones, eso es así. Pero un asco mucho más grande es saber que cerca de nosotros hay gente peleándola en serio para llevarse cualquier cosa a la boca.</p></div><p class="article-text">
        La mitad de los c&aacute;ntabros no puede permitirse unas vacaciones fuera de casa. Un dato que, en principio, no habla de pobreza. Habla de que no te llega. Habla de que vaya mierda de vida, siempre trabajando, siempre trabajando para no tener nada, para no llegar a nada. Pero si hay comida dentro de la nevera, entonces puedes darte por satisfecho. Es un asco no poder irse de vacaciones, eso es as&iacute;. Pero un asco mucho m&aacute;s grande es saber que cerca de nosotros hay gente pele&aacute;ndola en serio para llevarse cualquier cosa a la boca.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno de Cantabria decidi&oacute; el verano pasado no abrir los comedores escolares porque no hab&iacute;a detectado un problema de desnutrici&oacute;n infantil. Sin embargo, el hecho de que la poblaci&oacute;n en riesgo de pobreza aumentara el mismo a&ntilde;o, hasta superar el 27% de la misma, hace necesaria una revisi&oacute;n de esas medidas que no hacemos nuestras cuando no contamos con a) fuertes ruidos en el est&oacute;mago; b) mareos; c) dolor de cabeza; d) irritabilidad; e) debilidad y f) dificultad para concentrarnos, todo ello dentro de nuestro cuerpo. Es decir, hambre. Y del hambre a la desnutrici&oacute;n hay una sutil cadena de favores compuesta por t&iacute;os, amigos, primos y dem&aacute;s familia.
    </p><p class="article-text">
        Porque una cosa es apa&ntilde;ar algo que meterse al est&oacute;mago, y otra muy diferente es alimentarse. Y para ser consecuentes con la infancia debemos entender que los ni&ntilde;os no son adultos en miniatura o proyectos de, sino seres humanos en proceso de desarrollo, un desarrollo que se va a ver condicionado por diferentes factores; uno de ellos, sobra decirlo, es la alimentaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Veamos, que ser pobre es bien sencillo incluso teniendo un ansiado puesto de trabajo, que hoy en d&iacute;a se asemeja m&aacute;s a un puesto de esclavitud que a otra cosa. En 2013 una familia formada por dos adultos y dos hijos con ingresos anuales de 17.040&euro; ya se encontraba por debajo del umbral de la pobreza. No hay que hacer demasiados c&aacute;lculos. No da, listo.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos vidas de mentira. Somos adultos de mentira y tenemos hijos de mentira, porque son medio hijos, compartida la crianza, la alimentaci&oacute;n, el cari&ntilde;o que no tenemos tiempo de dar y compartidos tambi&eacute;n los recibos de las actividades extraescolares que no podemos pagar con los abuelos, que se han convertido en h&eacute;roes modernos con bastones, en vez de espadas, en la mano.
    </p><p class="article-text">
        So&ntilde;amos con todas las vidas que no vamos a tener. Cada d&iacute;a es un riesgo, qu&eacute; angustia, nos decimos: imaginad que un v&aacute;ndalo se lleva por delante los retrovisores del coche, qu&eacute; risotadas el v&aacute;ndalo, pinchando ruedas, jodiendo ventanas. Qu&eacute; sinvivir el tuyo rasc&aacute;ndote los bolsillos, jurando por dentro, con esa dignidad que otorga el tener que decidir entre ir al supermercado o echar gasolina a partir del d&iacute;a quince de cada mes.
    </p><p class="article-text">
        Porque &eacute;sa es otra, echar la vista atr&aacute;s, recordar los d&iacute;as en que pag&aacute;bamos cada una de las facturas, estaban entonces a mitad de precio, recordar los sueldos de 200.000 pesetas, qu&eacute; tiempos, aquella euforia de hacerte mayor, viviendo al l&iacute;mite del presupuesto entre restaurantes y tiendas de ropa; Roma, Londres, El Cairo o San Jos&eacute;. Todas las puertas de embarque que se abr&iacute;an ante nuestros deseos. Las 200.000 pesetas se convirtieron en 1.200&euro; y ah&iacute; afe&oacute; un poco el asunto. Claro que ahora, que anhelamos un sueldo que sobrepase los mil, aquello ha quedado envuelto en una niebla densa que no nos deja ver ni pagando a duras penas el recibo de la luz.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/comida-nevera_132_2650652.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 May 2015 11:40:40 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Comida en la nevera]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la Serna y los 8116]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/serna_132_2673259.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c80b3521-83b9-4d16-a36c-aab87cd169d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la Serna y los 8116"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En España hay un total de 8117 municipios. Ocho mil ciento diecisiete. Y él, en 2011, fue el quinto alcalde más votado. Eso se traduce en que 8112 personas de ésas que sonríen en modo propaganda se le quedaron mirando hacia arriba, con la barbilla apuntando hacia un sueño.</p></div><p class="article-text">
        Es cierto que siempre siento cierta verg&uuml;enza ajena en &eacute;poca electoral. Sufro por ellos, por los que salen en los carteles. Con esas fotos retocadas y las sonrisas de post&iacute;n. Si te las quedas mirando un rato fijamente, se convierten en muecas dolorosas. Aunque tan cierto como lo anterior es que me corroe la envidia cada vez que los veo pasar en los laterales de los autobuses municipales. Porque cada uno tiene un sue&ntilde;o en el que va impresa su cara.
    </p><p class="article-text">
        Sufro tambi&eacute;n por aquellos a los que en redes sociales llam&aacute;is palmeros. Pobres palmeros. Sujetando chaquetas, bolsos. Sujetando a los candidatos. Pienso en la cantidad de crema anti-edad que deben de despilfarrar cada ma&ntilde;ana. Cada noche. Y es que no cuento nada nuevo si os digo que tanta gesticulaci&oacute;n causa estragos en la musculatura facial.
    </p><p class="article-text">
        Y bueno, un sufrimiento que aplaca la sangre dentro de mis arterias es la denominada grada joven. Virgen del amor. Esos muchachos que gastan de lo mismo para desayunar que Bob Esponja, ah&iacute; aplaude que te aplaude, ah&iacute; r&iacute;e que te r&iacute;e con cada chiste pautado del orador, que es Su Orador, con todas las esperanzas de futuro puestas en que sea su aplauso, y no el de otro de sus compa&ntilde;eros de filas, el que entre mejor por la oreja del partido.
    </p><p class="article-text">
        Ni&ntilde;os, ancianos, mujeres de diferentes colores, discapacitados de la vida, madres solteras, pensionistas, vecinos de barrios perif&eacute;ricos, anomal&iacute;as vitales, parados y trabajadores en extinci&oacute;n. Todos son v&iacute;ctimas de las campa&ntilde;as electorales. Las estrategias de los consultores me recuerdan al cortejo amoroso: muchas palabras y pocos hechos. El objetivo que se persigue siempre es pegarse un buen polvo.
    </p><p class="article-text">
        Esta angustia s&oacute;lo se me cura con &eacute;l. No hay quien os soporte en Twitter. Cualquier cosa que haga, est&eacute; bien, est&eacute; mal, est&eacute; muy bien, est&eacute; muy mal, os colapsa el alma. Y os pon&eacute;is becerros lanzando tuits al aire, tan ofendidos, sois mis escritores frustrados, mi carta al director despe&ntilde;ada, esa tribuna libre que nadie se atrevi&oacute; a publicar en ning&uacute;n medio de referencia.
    </p><p class="article-text">
        Pero s&iacute;, resulta que en Santander tenemos un alcalde que levanta pasiones. No lo digo yo. Lo dicen las miradas obnubiladas de las vecinas de mayor edad. Lo dicen las miradas obnubiladas de las vecinas m&aacute;s j&oacute;venes y hasta las miradas obnubiladas del resto de pol&iacute;ticos, que saben que, cuando lo tienen al lado en la foto, no hay nada que hacer m&aacute;s all&aacute; de pasar el trago.
    </p><p class="article-text">
        Y os dec&iacute;a eso, que me cauteriza la angustia de verles representar escenas de <em>sitcom</em> en plena campa&ntilde;a porque a &Iacute;&ntilde;igo de la Serna no le hace falta nada para conseguir anegar las urnas. &iquest;Carisma? &iquest;Gesti&oacute;n? &iquest;Cuesti&oacute;n de feudos tradicionales? No tengo ni idea. El caso es que en Espa&ntilde;a hay un total de 8117 municipios. Ocho mil ciento diecisiete. Y &eacute;l, en 2011, fue el quinto alcalde m&aacute;s votado. Eso se traduce en que 8112 personas de &eacute;sas que sonr&iacute;en en modo propaganda se le quedaron mirando hacia arriba, con la barbilla apuntando hacia un sue&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        En 2011 se marc&oacute; un pase&iacute;llo brutal hacia el pelda&ntilde;o superior del podio. Ni sud&oacute; ni se despein&oacute; ni se le subieron los colores por el esfuerzo. Lo votaron 52.657 vecinos de Santander, el 56,2%. Por detr&aacute;s, cansado, ya sin respiraci&oacute;n casi, lleg&oacute; el PSOE, que contabiliz&oacute; 15.874 &aacute;nimas y, ya exhausto, atraves&oacute; la meta el PRC, con 13.703 <em>eseteuvistas</em> en albarcas. Lo de IU y UPyD fue anecd&oacute;tico, con cuatro y dos vecinos de cada cien, respectivamente, jaleando sus siglas sin demasiado &iacute;mpetu.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es que mirad, bravo por el resto. Por los que le echan pelotas y se presentan a la elecci&oacute;n sabiendo de antemano que comienzan a jugar a las prendas en calzoncillos frente al traje a medida cortado por un sastre. Ahora nos queda por analizar si Ciudadanos se sienta en la mesa de juego exhibiendo la desnudez de Albert Rivera y si a Santander S&iacute; Puede le cae bien el <em>low cost</em>.
    </p><p class="article-text">
        No hay iron&iacute;a en esta declaraci&oacute;n de admiraci&oacute;n. A nosotras, a fin de cuentas, los valientes&nbsp;nos vuelven locas de amor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María San Emeterio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/serna_132_2673259.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 May 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c80b3521-83b9-4d16-a36c-aab87cd169d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="619344" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c80b3521-83b9-4d16-a36c-aab87cd169d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="619344" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[De la Serna y los 8116]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c80b3521-83b9-4d16-a36c-aab87cd169d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[María San Emeterio,Crímenes perfectos,Íñigo de la Serna,Santander]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
