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    <title><![CDATA[elDiario.es - Javier Martín]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/javier_martin/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Javier Martín]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Coletazos de la primavera árabe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/coletazos-primavera-arabe_132_1186286.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec5d1b5e-1273-4b5a-a08c-8ed269c48466_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Coletazos de la primavera árabe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las revueltas en Oriente Próximo y el Magreb no ofrecen alternativas a las dictaduras ni soluciones a las demandas populares de libertad y justicia</p><p class="subtitle">Hay un vacío de liderazgo tanto en los regímenes como en la oposición</p><p class="subtitle">El islam político únicamente ha conseguido llegar al poder en Túnez</p><p class="subtitle">Europa parece más interesada en promover el negocio de la militarización que en una verdadera democracia</p></div><p class="article-text">
        Inducidos por el estallido de protestas populares en pa&iacute;ses como Sud&aacute;n, Argelia, Irak y L&iacute;bano, analistas y medios de comunicaci&oacute;n internacionales han comenzado a preguntarse si el mundo &aacute;rabe es escenario de una segunda <em>primavera revolucionaria</em>, similar a la que fascin&oacute; al mundo en el invierno de 2011. Observadas con detalle, estas revueltas no parecen, sin embargo, algo novedoso, sino m&aacute;s bien el &uacute;ltimo coletazo de aquel movimiento libertario y antisistema que sacudi&oacute; T&uacute;nez, Egipto, Libia, Siria y Yemen y con el que comparten errores, carencias y fiascos: principalmente, la ausencia de una alternativa pol&iacute;tica a las dictaduras capaz de ofrecer soluciones reales a demandas de libertad, derechos y justicia social. Es una alternativa igualmente inexistente frente a la ola contrarrevolucionaria lanzada desde potencias regionales como Arabia Saud&iacute;, que entendi&oacute; el ascenso del llamado islam pol&iacute;tico y de la democracia como un desaf&iacute;o medular a su propia existencia y a su influencia en la regi&oacute;n y opt&oacute; por financiar a las corrientes retr&oacute;gradas y represivas.
    </p><p class="article-text">
        Dejando aparte la <em>excepci&oacute;n tunecina</em>, el resultado de la Primavera &Aacute;rabe fue que la dictadura retorn&oacute; con m&aacute;s dureza en Egipto, que las guerras ensangrentaron Siria, Yemen y Libia, que se abri&oacute; una brecha total con el islam pol&iacute;tico fomentado desde Qatar y que movimientos de protesta en naciones como Argelia y Sud&aacute;n fueron asfixiados incluso antes de nacer. &ldquo;El desaf&iacute;o en el mundo &aacute;rabe de hoy es que el viejo orden, basado en el mecenazgo del petr&oacute;leo y la fuerza bruta, ha muerto. Y que el nuevo orden, cimentado en la buena gobernanza, el m&eacute;rito y la productividad, experimenta problemas para poder crearse&rdquo;, explica Marwan Muasher, vicepresidente del instituto de an&aacute;lisis Carnegie Endowment for International Peace, con sede en Washington. &ldquo;La prolongada represi&oacute;n de los gobiernos &aacute;rabes para impedir el desarrollo de instituciones inclusivas, democr&aacute;ticas y efectivas ha generado un vac&iacute;o de liderazgo tanto en el seno de los reg&iacute;menes como en el de la oposici&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto se explican los movimientos de protesta surgidos este a&ntilde;o tanto en Argelia como en Sud&aacute;n, dos conflictos sociales en los que la prensa extranjera ha estado casi ausente y que siguen un patr&oacute;n casi calcado a lo ocurrido en Egipto hace algo m&aacute;s de un lustro. Como en la tierra del panarabismo, las protestas populares, nacidas de un sentimiento genuino de oprobio social, han sido aprovechadas por los ej&eacute;rcitos argelino y sudan&eacute;s para enmascarar sendos golpes de Estado incruentos urdidos desde las entra&ntilde;as de las propias dictaduras militares con el objetivo de sobrevivir a la sublevaci&oacute;n de un pueblo empobrecido y cansado tras d&eacute;cadas de plomo y miedo.
    </p><p class="article-text">
        Las protestas comenzaron de manera inesperada el 22 de febrero en Argelia, un pa&iacute;s donde hasta entonces la polic&iacute;a dispersaba a la fuerza cualquier tipo de concentraci&oacute;n en la calle. Ese d&iacute;a, sin embargo, decenas de j&oacute;venes, en su mayor&iacute;a ultras del f&uacute;tbol, marcharon por el centro de la capital sin que los temidos cuerpos de seguridad intervinieran y entre el pasmo de la poblaci&oacute;n, que les observaba alelada desde aceras y ventanas. A finales de abril, en pleno auge de las protestas, el general Ahmed Ga&iuml;d Salah, jefe del Ej&eacute;rcito y antiguo hombre de confianza del presidente Abdelaziz Bouteflika, forz&oacute; la ca&iacute;da de su mentor al mudar la l&iacute;nea pol&iacute;tica tradicional y sugerir la aplicaci&oacute;n del art&iacute;culo de la Constituci&oacute;n que permite destituir al mandatario por motivos de salud. Con Bouteflika fuera de escena, Ga&iuml;d Salah respald&oacute;, adem&aacute;s, una campa&ntilde;a de<em> manos limpias</em> que llev&oacute; a la c&aacute;rcel a decenas de oficiales, pol&iacute;ticos, empresarios y periodistas afines al clan del presidente, entre ellos al hermano del mandatario, Said, considerado el verdadero poder en la sombra, y al antiguo jefe de los servicios secretos, Mohamad Mediane <em>Tawfik</em>, su presunto sucesor. El jueves pasado se celebraron unas elecciones presidenciales -rechazadas por el clamor de la calle- con la victoria de Abdelmajid Tebboun, que fue primer ministro con Bouteflika. Miles de personas protestaron al d&iacute;a siguiente contra los resultados y reclamaron por cuadrag&eacute;simo tercer viernes una verdadera transici&oacute;n en el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El nuevo L&iacute;bano</strong>
    </p><p class="article-text">
        Similar fue la sucesi&oacute;n de hechos en Sud&aacute;n, donde el Ej&eacute;rcito fue m&aacute;s veloz y no dud&oacute; en destituir a un Omar Hasan al Bachir en declive, desprestigiado tanto en el interior como en el exterior del pa&iacute;s, abandonado por sus aliados tradicionales (es el caso de Arabia Saud&iacute;) y confinado en su laberinto a causa de la orden internacional de arresto por supuestos cr&iacute;menes de lesa humanidad. Las protestas fueron apagadas con contundencia, y 10 meses despu&eacute;s ni el Gobierno interino, bajo la tutela del Ej&eacute;rcito, ni la oposici&oacute;n han hecho siquiera el adem&aacute;n de desmontar el viejo sistema que demanda la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En L&iacute;bano, el agravamiento de la crisis econ&oacute;mica ha sido el detonante de una protesta popular que en el fondo lo que exige es el cambio del actual sistema de reparto del poder, aplazado por las consecuencias de la ocupaci&oacute;n israel&iacute; del sur del pa&iacute;s. Diez a&ntilde;os de paz y mala gesti&oacute;n, sumados al impacto corrosivo de la guerra en la vecina Siria, han erosionado la supremac&iacute;a del movimiento chi&iacute;ta Hizbul&aacute; y han despojado de sentido un armaz&oacute;n pol&iacute;tico forjado hace casi un siglo sobre un equilibrio sectario que ya no responde a la radiograf&iacute;a de la nueva sociedad libanesa.
    </p><p class="article-text">
        En Irak, el apaciguamiento temporal de la amenaza del grupo yihadista Estado Isl&aacute;mico y la nueva guerra kurda han dirigido el foco hacia la corrupci&oacute;n, la brecha social y mala gobernanza que caracterizan a un Gobierno chi&iacute; emergido del vac&iacute;o de poder que dej&oacute; la invasi&oacute;n ilegal de Estados Unidos en 2003 y que, desde entonces, ha sido incapaz de reconstruir el pa&iacute;s pese a lluvia de millones de ayuda internacional.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que hace diferentes las protestas es que por primera vez los manifestantes de todas las sensibilidades critican a los l&iacute;deres de su propia secta&rdquo;, destaca Maha Yahya, directora de la secci&oacute;n de Oriente Medio de Carnegie. En la misma l&iacute;nea se expresa Harith Hasan, experto iraqu&iacute; para quien la &ldquo;mayor&iacute;a de los que protestan se han dado cuenta de que la oligarqu&iacute;a multisectaria dominante, que reparte el pillaje entre los diferentes se&ntilde;ores, es en realidad la que frena sus demandas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esl&oacute;ganes vac&iacute;os</strong>
    </p><p class="article-text">
        El drama para el L&iacute;bano e Irak es que en ninguno de ellos se atisba una alternativa a un sistema desgastado y obsoleto, en el que ni siquiera ha sido capaz de desarrollarse el islam pol&iacute;tico, una ideolog&iacute;a globalmente en retroceso, excepto en T&uacute;nez, donde ha sabido evolucionar y reinventarse hasta alcanzar el poder. &ldquo;Lo que est&aacute; ocurriendo en la regi&oacute;n, desde el fracaso de los Hermanos Musulmanes en Egipto y T&uacute;nez hasta las actuales protestas contra la corrupci&oacute;n en el L&iacute;bano nos debe hacer preguntarnos: &iquest;Est&aacute; el islam pol&iacute;tico desapareciendo gradualmente de la regi&oacute;n?&rdquo;, se&ntilde;ala Najat al Saeed, escritora y analista pol&iacute;tica emirat&iacute;. &ldquo;El fin del islam pol&iacute;tico depender&aacute; de si los l&iacute;deres nacionales adoptan un proyecto alternativo. Deben invertir en desarrollo econ&oacute;mico, especialmente entre los j&oacute;venes. La era de los esl&oacute;ganes vac&iacute;os est&aacute; a punto de extinguirse. Ha llegado el momento para una verdadera rendici&oacute;n de cuentas pol&iacute;tica en Oriente Pr&oacute;ximo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La hora, sin embargo, parece a&uacute;n lejana. A la falta de alternativas, las poblaciones &aacute;rabes suman el desafecto de los pa&iacute;ses occidentales, especialmente de Europa, que, al contrario que en 2011, parecen m&aacute;s interesados en que la estabilidad y las pol&iacute;ticas de seguridad engrosen y justifiquen el magro negocio de la militarizaci&oacute;n que en una verdadera promoci&oacute;n de la democracia. El apoyo a dictaduras de nuevo cu&ntilde;o como Egipto (o de viejo, como Siria) es una muestra. Otra, la apuesta por personajes del ayer como el mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte de Libia que cuenta con el benepl&aacute;cito de Francia y otros Estados europeos. La decisi&oacute;n de la Administraci&oacute;n de Trump de reducir su inter&eacute;s en Oriente no solo ha abierto un pasillo a Rusia; hace que las guerras de hoy las libren &aacute;rabes y musulmanes en pa&iacute;ses &aacute;rabes y musulmanes, como ocurre en Yemen, Siria y Libia, donde la coalici&oacute;n saud&iacute;-egipcio-emirat&iacute; combate a Turqu&iacute;a y Qatar. Viene un largo invierno de sangre que a&uacute;n se resiste a dejar paso a una nueva primavera que necesitar&aacute; de nuevas y m&aacute;s robustas flores.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Javier Mart&iacute;n</strong> es corresponsal de la Agencia Efe en el Norte de &Aacute;frica y autor de <em>Estado Isl&aacute;mico, geopol&iacute;tica del caos</em> (Catarata).
    </p><p class="article-text">
        [Este art&iacute;culo ha sido publicado en el n&uacute;mero 75 de la revista <a href="http://alternativaseconomicas.coop/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alternativas Econ&oacute;micas.</a> Ay&uacute;danos a sostener este proyecto de periodismo independiente con<a href="http://alternativaseconomicas.coop/suscripciones" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> una suscripci&oacute;n</a>]
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://alternativaseconomicas.coop/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/coletazos-primavera-arabe_132_1186286.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Dec 2019 21:21:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Primavera Árabe]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pulso por el poder en Argelia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/pulso-poder-argelia_132_1441647.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/912c7e71-821d-4209-b594-29e35dbcc80d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pulso por el poder en Argelia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La caída del presidente Bouteflika desata una lucha entre clanes que amenaza la seguridad en el Mediterráneo y complica la crisis migratoria</p><p class="subtitle">El país zozobra en una preocupante inestabilidad institucional que de momento contrarresta un Ejército solo en apariencia fuerte y cohesionado</p><p class="subtitle">"El verdadero drama para los argelinos vendrá cuando el nuevo gobierno se vea obligado a imponer recortes y austeridad", advierte un economista vinculado al Banco Mundial</p><p class="subtitle">Por Argelia pasa una de las principales rutas de la migración hacia Europa y los argelinos son ya la segunda nacionalidad de los llegados a España</p></div><p class="article-text">
        En diciembre de 2010, Gas Natural Fenosa anunci&oacute; por sorpresa la incorporaci&oacute;n como consejero independiente del expresidente del gobierno espa&ntilde;ol Felipe Gonz&aacute;lez. Una noticia que cre&oacute; controversia medi&aacute;tica por la pol&eacute;mica de las <em>puertas giratorias</em>, pero que en realidad ocultaba una raz&oacute;n m&aacute;s poderosa que qued&oacute; ensombrecida. Apenas cuatro meses antes, un tribunal de arbitraje franc&eacute;s hab&iacute;a fallado en contra de la energ&eacute;tica en el conflicto que desde 2007 manten&iacute;a con la compa&ntilde;&iacute;a nacional de hidrocarburos argelina, Sonatrach, por discrepancias en la revisi&oacute;n de los precios del contrato de suministro de gas, y el dirigente socialista se perfilaba como la persona m&aacute;s adecuada para intentar paliar los efectos negativos de un laudo que obligaba a desembolsar 1.789 millones de d&oacute;lares, ya que atesoraba una amplia experiencia en el barro argelino.
    </p><p class="article-text">
        En 1985, como jefe del primer Ejecutivo socialista, intervino personalmente para solucionar un incumplimiento similar del contrato firmado en 1974 por el gobierno franquista. En aquella ocasi&oacute;n, Madrid accedi&oacute; a conceder a Argelia cr&eacute;ditos a bajo inter&eacute;s y Argel a comprar material b&eacute;lico a Espa&ntilde;a. Adem&aacute;s, se acord&oacute; la construcci&oacute;n del llamado Gasoducto del Mediterr&aacute;neo (Medgaz), convertido con el tiempo en el cord&oacute;n umbilical de la industria espa&ntilde;ola y en baza argelina frente a cualquier aprieto o negociaci&oacute;n con Europa. Gestionada por Sonatrach, que posee un 36%, Cepsa, Iberdrola, Endesa y GDF Suez, la estrat&eacute;gica tuber&iacute;a es la &uacute;nica alternativa de Europa al grifo ruso y suministra el 54% del gas que se consume en Espa&ntilde;a. Gas Natural Fenosa, que en 2018 ampli&oacute; hasta 2030 su compromiso con Sonatrach es, por su parte, el primer proveedor de esta materia prima esencial.
    </p><p class="article-text">
        Apenas unos meses despu&eacute;s de la firma de ese acuerdo estrat&eacute;gico, Argelia se sumergi&oacute; en una aguda crisis pol&iacute;tica, social y econ&oacute;mica que apenas acapara focos de la actualidad pese a que sus consecuencias podr&iacute;an ser nefastas para estabilidad econ&oacute;mica de Espa&ntilde;a -y por extensi&oacute;n de Europa-, y para la seguridad en la cuenca del Mediterr&aacute;neo. El 22 de febrero, los argelinos observaron con estupor como varios cientos de j&oacute;venes, la mayor&iacute;a vinculados a grupos ultras del f&uacute;tbol, sal&iacute;an a las plazas de la capital para protestar contra la candidatura a un quinto mandato consecutivo del consumido presidente Abdelaziz Bouteflika, devenido en un fantasma en el poder desde que en 2013 sufriera un agudo derrame cerebral que le postr&oacute; en una silla de ruedas y le hurt&oacute; el habla. Hasta aquel d&iacute;a, en Argelia cualquier reuni&oacute;n callejera que concitara a m&aacute;s de una veintena de personas era r&aacute;pida y a veces violentamente dispersada por las fuerzas especiales. Los j&oacute;venes no solo lograron congregarse y gritar en libertad bajo la laxa actitud de los cuerpos de Seguridad aquel extra&ntilde;o viernes. Si no que pudieron repetir una semana despu&eacute;s y ver como miles de ciudadanos aparcaban el miedo y se sumaban con la misma tranquilidad y entusiasmo a su marcha, en un movimiento masivo de catarsis popular fruto de un lustro de incertidumbre, represi&oacute;n, chantaje institucional, progresiva crisis econ&oacute;mica y creciente injusticia social.
    </p><p class="article-text">
        Parte de esa aparente dejadez del r&eacute;gimen comenz&oacute; a entenderse un mes despu&eacute;s, con el convaleciente Bouteflika todav&iacute;a ingresado en un hospital de Ginebra para uno de sus enigm&aacute;ticos &ldquo;chequeos de salud rutinarios&rdquo;. Consciente de la dimensi&oacute;n que hab&iacute;a adquirido el clamor popular, el ladino jefe del Ej&eacute;rcito y viceministro de Defensa, Ahmed Ga&iuml;d Salah, decidi&oacute; mudar su postura inicial y liderar al coro de voces cr&iacute;ticas que exig&iacute;an la aplicaci&oacute;n del art&iacute;culo 102 de la Constituci&oacute;n que permite inhabilitar al presidente por razones de salud. Acorralado y traicionado por una parte de la c&uacute;pula militar, el 3 de abril el n&uacute;cleo duro del entorno de Bouteflika -liderado por su hermano, Said, verdadero poder en la sombra, los exprimeros ministros Ahmed Ouyahia y Abdelmalek Sellal, y el poderoso exjefe de los servicios secretos, general Mohamad Mediane <em>Tawfik</em>, enemigo de Ga&iuml;d Salah- concedi&oacute; la renuncia del mandatario y busc&oacute; sobrevivir con la puesta en marcha del mecanismo constitucional de transici&oacute;n en un intento por abortar lo que a todas luces parec&iacute;a un golpe de Estado encubierto. Apenas una semana despu&eacute;s, el presidente del Senado y jefe del Estado interino, Abdelkader Bensalah, aplic&oacute; la ley y convoc&oacute; presidenciales para el 4 de julio.
    </p><p class="article-text">
        El ansiado paso atr&aacute;s del hombre que todo el mundo intu&iacute;a que ya no gobernaba no sirvi&oacute;, sin embargo, para aplacar la ira popular. Espoleados por un hito hist&oacute;rico, los argelinos regresaron d&iacute;as despu&eacute;s a las plazas para exigir la ca&iacute;da de todo el c&iacute;rculo corrupto de poder que parasit&oacute; en torno al mandatario, incluido el propio jefe del Ej&eacute;rcito, designado por Bouteflika en 2004. Convertido en el hombre m&aacute;s poderoso del pa&iacute;s, Ga&iuml;d Salah aprovech&oacute; entonces el golpe y la incertidumbre para denunciar un supuesto complot extranjero, impulsar una campa&ntilde;a de manos limpias y presentarse ante el pueblo como el adalid de la so&ntilde;ada renovaci&oacute;n. Desde entonces, han sido encarcelados y acusados de corrupci&oacute;n empresarios pr&oacute;ximos a la familia del mandatario como el multimillonario Ali Hadad, propietario del grupo medi&aacute;tico Djzair TV, con importantes inversiones en Espa&ntilde;a, y varios miembros de la familia Kouninef, considerada mecenas de Bouteflika; opositores como la secretaria general del Partido de los Trabajadores, Louise Hanoun; altos mandos como el mismo general Tawfik, y los dos hombres que dirigieron el gobierno en la &uacute;ltima d&eacute;cada: Ouyahia -cuatro veces primer ministro- y Sellal. Una <em>caza de brujas</em> que ha revertido en contra del propio general, al que los manifestantes acusan de urdir una burda maniobra para proteger a sus socios y tratar de desvincularse de un r&eacute;gimen pervertido del que siempre ha sido pieza clave.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No vamos a cejar hasta que todos se hayan ido, los argelinos nos merecemos un gobierno limpio que piense en el pueblo&rdquo;, explica en su despacho de Argel el abogado y activista de los derechos humanos, Mustafa Bouchachi. Aunque el movimiento de protesta no tiene l&iacute;deres visibles ni parece responder a la l&oacute;gica de los partidos pol&iacute;ticos, sino a un &ldquo;esp&iacute;ritu popular festivo&rdquo; en el que cada familia o colectivo actuar&iacute;a de forma individual, lo cierto es que entre bambalinas se oculta un pulso por el poder y el control de la cresa cleptocracia argelina en el que pugnan con avieso sigilo una heterog&eacute;nea casta de oligarcas y rasputines bajo la codiciosa y artera injerencia de Francia, antigua potencia colonial. Pol&iacute;ticos como Abderrazak Makri, l&iacute;der del Movimiento Social por la Paz (MPS), principal grupo de la oposici&oacute;n islamista tolerada, dirigentes anteriores al ascenso de Bouteflika como el exprimer ministro Ahmed Benbitour o el antiguo ministro de Comunicaci&oacute;n y embajador de Argelia en Espa&ntilde;a, Abdelaziz Rehabi, y un pu&ntilde;ado de intelectuales independientes reunidos en la plataforma Mutawana (Ciudadan&iacute;a), entre otros. &ldquo;La meta es crear una Conferencia Nacional de la que salga un grupo de hombres &iacute;ntegros, desligados del r&eacute;gimen, que enmiende la ley electoral y convoque unas elecciones verdaderamente libres&rdquo;, explica uno de los inspiradores de la misteriosa organizaci&oacute;n, que prefiere no ser identificado. &ldquo;No pararemos hasta lograrlo&rdquo;, advierte.
    </p><p class="article-text">
        Cuatro meses de tensiones despu&eacute;s, ese riesgoso juego de tah&uacute;res comienza a perfilarse como una s&oacute;lida amenaza para estabilidad del Mediterr&aacute;neo, tanto en el plano pol&iacute;tico como en lo que respecta a la econom&iacute;a y la seguridad regional. Argelia zozobra en una preocupante irregularidad institucional que de momento contrarresta un Ej&eacute;rcito solo en apariencia fuerte y cohesionado, al que el movimiento popular a&uacute;n considera garante de la transici&oacute;n pese a desconfianza que genera su c&uacute;pula y la divisi&oacute;n que se atisba en su seno.
    </p><p class="article-text">
        A principios de mayo, el Consejo Constitucional se vio obligado a suspender<em> sine die</em> las presidenciales despu&eacute;s de que ninguno de los candidatos cumpliera con los requisitos para aspirar a la elecci&oacute;n, una coyuntura no contemplada en la Carta Magna. A la incertidumbre pol&iacute;tica se agrega la par&aacute;lisis econ&oacute;mica, consecuencia de la reticencia del r&eacute;gimen a introducir en los &uacute;ltimos a&ntilde;os un plan de reformas estructurales que recondujera su obsoleto sistema de tinte socialista plenamente dependiente del petr&oacute;leo. Desde que en 2014 se desplomaran de forma abrupta los precios del crudo, el r&eacute;gimen argelino ha consumido m&aacute;s de la mitad de sus reservas de divisas -calculadas entonces en cerca de 180.000 millones de euros- en una estrategia fallida destinada a comprar la paz social, como hiciera durante las marchitadas <em>primaveras &aacute;rabes</em>: convencido de que se trataba de una crisis coyuntural, <em>le poivoir</em> opt&oacute; por mantener los costosos subsidios estatales a costa del tesoro p&uacute;blico, descartando otras v&iacute;as de financiaci&oacute;n, como la deuda internacional, y obviando las transformaciones que exig&iacute;a una pa&iacute;s sin tejido industrial, condicionado por un sobredimensionado y empobrecido sector p&uacute;blico, que importa la mayor parte de los productos que consume y cuya principal fuente de ingresos son el petr&oacute;leo y el gas, productos que suponen el 95% de sus exportaciones. &ldquo;El verdadero drama para los argelinos vendr&aacute; despu&eacute;s, cuando el nuevo gobierno se vea obligado a imponer recortes y austeridad&rdquo;, advierte un economista vinculado al Banco Mundial.
    </p><p class="article-text">
        El tercer riesgo est&aacute; ligado a la migraci&oacute;n, la crisis clim&aacute;tica y la seguridad en el &aacute;rea del Sahel, nueva frontera sur de la Uni&oacute;n Europea. Lindante con Mauritania, Mali, N&iacute;ger, Libia y T&uacute;nez, a trav&eacute;s de Argelia penetra una de las principales rutas de la emigraci&oacute;n irregular a Europa. Llegada a la provincia central de Ouargla, all&iacute; se escinde en dos ramales: uno, tradicionalmente m&aacute;s activo, que se desv&iacute;a a Libia, y otro que asciende hacia el norte de Marruecos. Un reparto que se lade&oacute; hacia el oeste en 2018 despu&eacute;s de que Italia blindara sus aguas y optara financiar la controvertida actividad de la turbia Guardia Costera libia.
    </p><p class="article-text">
        Al flujo migratorio subsahariano -que seg&uacute;n expertos internacionales se multiplicar&aacute; la pr&oacute;xima d&eacute;cada a causa del cambio en el clima- se a&ntilde;ade el aumento gradual de la migraci&oacute;n local. El coste del viaje -en torno a 4.500 euros- y la peligrosidad del mismo -en particular por las devoluciones en caliente- induc&iacute;an hasta hace un a&ntilde;o a la mayor&iacute;a de los argelinos a buscar rutas alternativas a trav&eacute;s de Libia o Marruecos. Sin embargo, 2018 fue testigo de incremento alarmante de los argelinos que eligieron la v&iacute;a m&aacute;s directa, convirti&eacute;ndose en la segunda nacionalidad de los llegados a Espa&ntilde;a. &ldquo;Almer&iacute;a est&aacute; a apenas 180 kil&oacute;metros de la costa argelina. Una sacudida el r&eacute;gimen, similar a la ocurrida en Libia, abocar&iacute;a a Espa&ntilde;a a una crisis migratoria sin precedentes&rdquo;, advierte un informe de los servicios de Inteligencia espa&ntilde;oles. Existen igualmente enorme preocupaci&oacute;n por la fragilidad de la frontera sur, que linda con el &aacute;rea del Sahara en la se han consolidado nuevos grupos salafistas radicales de tendencia yihadista vinculados a organizaciones globales como el Estado Isl&aacute;mico o la red Al Qaida. El &uacute;ltimo cable de una bomba de relojer&iacute;a ausente del debate p&uacute;blico europeo, pese a que hace tictac en el patio de atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Javier Mart&iacute;n</strong> es corresponsal de la Agencia Efe en el Norte de &Aacute;frica y autor de <em>Estado Isl&aacute;mico, geopol&iacute;tica del caos</em> (Catarata).
    </p><p class="article-text">
        [Este art&iacute;culo ha sido publicado en el n&uacute;mero 71 de la revista <a href="http://alternativaseconomicas.coop/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alternativas Econ&oacute;micas.</a> Ay&uacute;danos a sostener este proyecto de periodismo independiente con<a href="http://alternativaseconomicas.coop/suscripciones" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> una suscripci&oacute;n</a>]
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://alternativaseconomicas.coop/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/pulso-poder-argelia_132_1441647.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Jul 2019 20:47:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pulso por el poder en Argelia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Hidrocarburos,Argelia,Emigración]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Libia sigue desangrándose]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/libia-desangra_132_1943521.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a6e5b705-bbf0-4d4d-bd3c-229343f06c00_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ausente el Estado, el país norteafricano cae bajo control de milicias enfrentadas entre sí y mafias dedicadas al contrabando de crudo, armas y personas</p><p class="subtitle">El Gobierno tutelado por Naciones Unidas, EE UU y la Unión Europea carece de respaldo popular y apenas tiene autoridad más allá de la capital</p><p class="subtitle">Grupos yihadistas próximos al Estado Islámico combaten en varios frentes</p></div><p class="article-text">
        En septiembre 2017, el exministro liban&eacute;s de Cultura Ghassam Saleme fue designado nuevo enviado especial de la ONU para Libia, el quinto desde que en 2011 la OTAN contribuyera de forma decisiva a la victoria de los diversos grupos rebeldes sobre la prolongada y estramb&oacute;tica dictadura de Muamar al Gadafi. Diplom&aacute;tico sin experiencia, Saleme present&oacute; apenas dos semanas despu&eacute;s un candoroso plan de acci&oacute;n con el que pretend&iacute;a convocar elecciones presidenciales y legislativas en un periodo solo de nueve meses y acabar as&iacute; con la divisi&oacute;n pol&iacute;tica, el caos y la guerra civil que asuelan el pa&iacute;s norteafricano desde los fallidos comicios de 2014. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, la consulta popular es una quimera, y la fractura pol&iacute;tica y social, una herida a&uacute;n profunda y sangrante en la que se ahoga el pueblo libio y en la que chapotean decenas de milicias y de mafias dedicadas al contrabando de armas, personas y combustible, el motor que ha reemplazado a su desaparecida econom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nada ha cambiado en estos meses y nada cambiar&aacute; a corto plazo. Las elecciones son una farsa, es imposible que todas las partes se pongan de acuerdo y acepten las mismas reglas, y menos a trav&eacute;s de la ONU, en la que nadie conf&iacute;a&rdquo;, se queja con amargura Munira, una joven periodista establecida en Bengazi, capital del este y segunda ciudad en importancia del pa&iacute;s. All&iacute;, el gobierno y la fuerza militar est&aacute;n bajo la tutela del controvertido mariscal Jalifa Hafter, un miembro de la golpista c&uacute;pula castrense que en 1969 aup&oacute; al poder a Al Gadafi. Traicionado a&ntilde;os despu&eacute;s por un dictador celoso de su emergente estrella, Hafter fue reclutado en la pasada d&eacute;cada de 1980 por la CIA y se estableci&oacute; en Virginia, muy cerca del cuartel general de los servicios de inteligencia norteamericanos en Langley, donde devino en uno de los principales opositores en el exilio. Retorn&oacute; a Bengazi en marzo de 2011, apenas dos meses despu&eacute;s del alzamiento, y cabilde&oacute; entre los rebeldes hasta lograr que el Parlamento en Tobruk, actual gobierno en el este de Libia, le designara jefe supremo del antiguo Ej&eacute;rcito Regular Libio (LNA). &ldquo;No creo que las elecciones sean la soluci&oacute;n, mira la situaci&oacute;n a la que nos han llevado las &uacute;ltimas&rdquo;, coincide Khaled al Badr, periodista en la misma ciudad. &ldquo;Hafter es ahora el m&aacute;s fuerte, aunque no lo suficiente para controlar el pa&iacute;s. Sin &eacute;l no hay soluci&oacute;n pol&iacute;tica, y ya ha dejado clara su posici&oacute;n frente a los comicios al asegurar que Libia no est&aacute; todav&iacute;a madura para la democracia, idea que cada vez m&aacute;s gente comparte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un pesimismo similar, aunque solo expresado en susurros, sobrevuela Tr&iacute;poli. All&iacute; est&aacute; encastillado desde abril de 2016 el llamado Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), al que tutela la ONU, financian Estados Unidos y la Uni&oacute;n Europea y protegen potentes milicias de sustrato salafista. Fruto del proceso de di&aacute;logo forzado por el entonces enviado especial de Naciones Unidas, Bernardino Le&oacute;n, en 2015, el Ejecutivo que lidera Fayez al Serraj no solo carece de legitimidad democr&aacute;tica; adolece igualmente de respaldo popular y apenas ejerce su autoridad m&aacute;s all&aacute; de la antigua capital gadafista. Desde que fuera engendrado, ni siquiera ha logrado uno de sus objetivos primordiales: mantener el control de la Compa&ntilde;&iacute;a Nacional de Petr&oacute;leo y Gas (NOC), organismo encargado que gestionar los beneficios generados por el oro negro. El lunes, al menos dos personas murieron y decenas m&aacute;s resultaron heridas en un asalto a la sede de la empresa en la capital llevado a cabo por hombres armados.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las mayores reservas de &Aacute;frica</strong>
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el informe anual de la compa&ntilde;&iacute;a brit&aacute;nica BP para 2018, Libia posee las mayores reservas probadas de petr&oacute;leo de &Aacute;frica con cerca de 48.000 millones de barriles potenciales. La mayor parte de este patrimonio energ&eacute;tico se concentra en el llamado golfo de Sirte, una inestable regi&oacute;n en el noreste ahora bajo el fr&aacute;gil control de las tropas del mariscal Hafter. La zona es territorio del se&ntilde;or de la guerra Ibrahim Jadhram, l&iacute;der de una de las milicias que combatieron a Al Gadafi en 2011 y actual jefe de la Fuerza de Protecci&oacute;n de las Instalaciones Petroleras, una de miles de milicias que emergieron tras la revoluci&oacute;n. Hombre de fidelidades cambiantes, Jadhram lanz&oacute; en junio (con respaldo de t&aacute;cito de Tr&iacute;poli) una ofensiva fallida para tratar de expulsar a las fuerzas de Hafter, que cuenta con el apoyo de Egipto, Arabia Saud&iacute; y Rusia. Apenas un mes despu&eacute;s, sus hombres colaboran con los del mariscal para reducir la creciente amenaza en el &aacute;rea del renaciente Estado Isl&aacute;mico.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El resto de las reservas se acumulan en una amplia franja de tierra que arranca en el extrarradio de Sebha, capital del sur de Libia, y desemboca en el puerto de Mellitah, pr&oacute;ximo a Tr&iacute;poli. All&iacute; el control lo ejercen milicias nominalmente aliadas con el GNA, que paga los salarios. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, varias de ellas han interrumpido por la fuerza de las armas el flujo de crudo para extorsionar a Tr&iacute;poli y mejorar as&iacute; sus condiciones. Las consecuencias de esta doble coyuntura se reflejan en la producci&oacute;n: en los momentos de tranquilidad, Libia apenas alcanza los 800.000 barriles diarios, la mitad que en tiempos de Al Gadafi y una ruina para un Estado en el que el petr&oacute;leo y el gas suponen el 90% de los ingresos y el 95% de las exportaciones.&nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otras dos variantes m&aacute;s complican la ecuaci&oacute;n: el enorme peso econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y militar que acaparan las ciudades-Estado de Misrata y Zintan y la arraigada presencia en Libia de los diversos grupos yihadistas presentes en todo el Sahel, desde la organizaci&oacute;n Estado Isl&aacute;mico (que ha comenzado a mudarse a la zona) hasta viejos actores radicales aut&oacute;ctonos como Ansar al Sahria, la organizaci&oacute;n de al Qaeda en el Magreb Isl&aacute;mico (AQMI) y Boko Haram. Una reuni&oacute;n de los diferentes l&iacute;deres fan&aacute;ticos asentados en Libia y otros pa&iacute;ses del Sahel, liderada por Iyad Ghali, propici&oacute; en 2017 la fundaci&oacute;n del llamado Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (GSIM), una nueva organizaci&oacute;n transnacional con estrechos v&iacute;nculos y grandes ambiciones en la regi&oacute;n que no solo amenaza al norte de &Aacute;frica, sino que apunta a Europa. Servicios secretos &aacute;rabes advierten de que el GSIM mantiene contacto directo con los grupos fan&aacute;ticos pr&oacute;ximos al Estado Isl&aacute;mico que combaten a Hafter en la ciudad de Derna, basti&oacute;n del yihadismo en Libia. Pero tambi&eacute;n con las milicias que resisten en Bengazi y las c&eacute;lulas radicales que se recomponen en el suroeste del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Principal puerto comercial, Misrata es un elemento clave para la estabilidad de Libia. Enfrentada al mariscal Hafter, al que considera un criminal de guerra, su posici&oacute;n estrat&eacute;gica entre las dos principales ciudades en conflicto y su fuerza militar (apoyada desde Turqu&iacute;a) han evitado hasta la fecha que el mariscal haya alcanzado su anhelo de ocupar Tr&iacute;poli. Fragmentada en diversas milicias, la mayor&iacute;a salafistas, tampoco ha logrado un consenso para apoyar al GNA m&aacute;s all&aacute; de la breve alianza que mantuvo en 2016 para expulsar al Estado Isl&aacute;mico de la vecina Sirte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Disyuntiva perversa</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ausente el Estado, es el contrabando el que domina la econom&iacute;a nacional, y el verdadero n&oacute;dulo del conflicto. Todo es objeto de comercio, incluidos servicios p&uacute;blicos como la electricidad y el agua corriente, un lujo para una poblaci&oacute;n de apenas seis millones de habitantes en la naci&oacute;n potencialmente m&aacute;s rica del norte de &Aacute;frica. Garantizarse un salario obliga a elegir en una disyuntiva perversa: alistarse en una milicia local o sumarse como pe&oacute;n a las redes de tr&aacute;fico de armas, personas, combustible e incluso alimentos que enmara&ntilde;an el pa&iacute;s y extienden sus tent&aacute;culos en toda la regi&oacute;n del Sahel.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las redes m&aacute;s visibles son aquellas que comercian con la miseria de los migrantes, en retroceso gracias a las maniobras de Italia, contrarias a los derechos humanos. Son las m&aacute;s rentables y arraigadas, aquellas por las que transitan las armas y el combustible, y que penetran incluso en Europa. Este negocio mueve miles de millones de euros de forma opaca y conforma el nudo gordiano de un avispero con m&uacute;ltiples aristas e intereses, casi todos econ&oacute;micos. &ldquo;Nunca se ha abordado de forma seria la cuesti&oacute;n del desarme de las milicias, y es esencial&rdquo;, insiste Essam, un activista que prefiere mantenerse en el anonimato por razones de seguridad. &ldquo;Las milicias y el contrabando siempre han existido, incluso antes de Al Gadafi. La diferencia es que &eacute;l lo controlaba con mano de hierro&rdquo;, subraya. Un pu&ntilde;o que a&ntilde;os despu&eacute;s de ser amputado, muchos libios dicen tristemente empezar a a&ntilde;orar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Javier Mart&iacute;n</strong> es corresponsal de la Agencia Efe en el Norte de &Aacute;frica y autor de <em>Estado Isl&aacute;mico, geopol&iacute;tica del caos&nbsp;</em>(Catarata).
    </p><p class="article-text">
        [Este art&iacute;culo ha sido publicado en el n&uacute;mero 61 de la revista <a href="http://alternativaseconomicas.coop/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alternativas Econ&oacute;micas.</a> Ay&uacute;danos a sostener este proyecto de periodismo independiente con<a href="http://alternativaseconomicas.coop/suscripciones" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> una suscripci&oacute;n</a>]
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://alternativaseconomicas.coop/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/libia-desangra_132_1943521.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Sep 2018 18:42:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Libia sigue desangrándose]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Petróleo,Inmigración,Yihadismo,Estado Islámico,Libia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Túnez: el clamor del desencanto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/tunez-clamor-desencanto_132_2801488.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a051c1a7-46a3-43e8-ab2e-65763cea4138_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Túnez: el clamor del desencanto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Siete años después del estallido de la Primavera árabe, la austeridad económica y la falta de avances sociales reavivan las protestas populares</p><p class="subtitle">Las desigualdades sociales amenazan con dar al traste con la transición democrática</p><p class="subtitle">La pregunta en boca de todos es si se avecina una segunda revolución</p></div><p class="article-text">
        En enero de 2011, y ante el estupor de la opini&oacute;n p&uacute;blica mundial, una marea de protestas populares sirvi&oacute; para abatir, en apenas dos semanas, la cruel dictadura del tunecino Zinedin el Abedin Ben Ali, uno de esos tiranos a los que Occidente siempre observ&oacute; con indulgencia. Cansados de la represi&oacute;n, la pobreza, la corrupci&oacute;n y la falta de horizontes, miles de ciudadanos tomaron las calles con un &uacute;nico y atronador grito &mdash;&ldquo;democracia, libertad y justicia social&rdquo;&mdash;, que repitieron sin descanso hasta que el d&eacute;spota, abandonado por sus propios aliados pol&iacute;ticos, decidi&oacute; huir a Arabia Saud&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Siete a&ntilde;os despu&eacute;s, el primero de aquellos anhelos es casi una realidad. Formalmente, T&uacute;nez es a d&iacute;a de hoy un Estado democr&aacute;tico imperfecto, como la gran mayor&iacute;a. Se ha dotado de una nueva Carta Magna, considerada la m&aacute;s avanzada del norte de &Aacute;frica y del mundo &aacute;rabe musulm&aacute;n. Aunque todav&iacute;a carece de un Tribunal Constitucional que vigile y frene la tendencia al neocesarismo imperante en las naciones que se asomaron las primaveras &aacute;rabes, tanto su presidente, el anciano Beji Ca&iuml;d Essebsi, como su Parlamento han sido elegidos por sufragio universal tras superar en 2014 una crisis pol&iacute;tica que casi hace descarrilar su todav&iacute;a endeble transici&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las libertades han aumentado en el pa&iacute;s norteafricano coloc&aacute;ndolo a la cabeza entre sus pares y acortando la distancia con los Estados de derecho consolidados, aunque el camino por recorrer es todav&iacute;a considerable. La tortura es a&uacute;n una pr&aacute;ctica com&uacute;n en ciertas comisar&iacute;as, no se han abrogado las leyes que condenan la homosexualidad, y aunque el estatuto de la mujer es uno de los m&aacute;s modernos del sur del Mediterr&aacute;neo, falla demasiado en cuestiones como la igualdad, el respeto y la violencia de g&eacute;nero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los atentados yihadistas de 2015 &mdash;que sumieron a T&uacute;nez en una segunda crisis, esta vez social y econ&oacute;mica, que a&uacute;n perdura&mdash;, revirtieron la tendencia e impulsaron un triste y peligroso retroceso en algunos derechos ganados tras la revuelta. T&uacute;nez vuelve a vivir en permanente estado de emergencia, un estatus de seguridad supuestamente provisional que desde entonces se renueva cada tres meses. Se han multiplicado los arrestos indiscriminados, se han limitado las libertades de opini&oacute;n y reuni&oacute;n y han resurgido resortes viciados de la dictadura, como la intimidaci&oacute;n y la persecuci&oacute;n de activistas e intelectuales, principalmente progresistas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Enero caliente</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las movilizaciones, huelgas y otras medidas de protesta se suceden desde el pasado a&ntilde;o, pero se tornaron m&aacute;s virulentas en enero, una semana antes del s&eacute;ptimo aniversario del triunfo de la revoluci&oacute;n, azuzadas por la efem&eacute;ride misma y la muerte de un manifestante a manos de la polic&iacute;a en un &aacute;rea rural empobrecida pr&oacute;xima a la capital. Este retorno de la violencia nocturna y de las marchas pac&iacute;ficas diurnas ha recuperado para el debate p&uacute;blico una pregunta que se bisbisea en caf&eacute;s y c&iacute;rculos de amigos: &iquest;est&aacute; T&uacute;nez al borde de una segunda revoluci&oacute;n?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde luego, claro que habr&aacute; una nueva revoluci&oacute;n si es necesario&rdquo;, explica Ayoub Jaoudadi, portavoz del colectivo No Olvidamos, No Perdonamos, uno de los m&aacute;s activos de la sociedad civil. En la misma l&iacute;nea se pronuncia Massoud Romdhani, presidente del Foro Tunecino por los Derechos Econ&oacute;micos y Sociales (FTDES), quien recuerda que la revoluci&oacute;n comenz&oacute; en las regiones interiores, hartas de que el r&eacute;gimen de Ben Ali favoreciera la corrupci&oacute;n y e ignorase a una poblaci&oacute;n castigada por la pobreza, el desempleo y la falta de infraestructuras. &ldquo;Esas zonas sienten que los efectos de la revoluci&oacute;n a la que prestaron la sangre no le han llegado y tienen por ello un sentimiento de rencor y venganza. No hay un dolor tan agudo como el de sentir que uno no tiene futuro en su propio pa&iacute;s y que todo lo que ha hecho no sirve para nada&rdquo;, afirma Romdhani. &ldquo;Ahora se suele o&iacute;r en la calle: &lsquo;en tiempos de Ben Ali se viv&iacute;a mejor&rsquo;. T&uacute;nez vive una situaci&oacute;n econ&oacute;mica catastr&oacute;fica y los sucesivos gobiernos no han logrado rectificar el tiro&rdquo;, agrega el activista, convencido de que la agitaci&oacute;n social seguir&aacute; y puede llegar a m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La amenaza del yihadismo</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ello depender&aacute;, quiz&aacute;, de lo que aguante el &uacute;nico dique que se proyecta firme. Si la situaci&oacute;n econ&oacute;mica y social es similar a la que desat&oacute; la Revoluci&oacute;n del Jazm&iacute;n, la pol&iacute;tica es completamente distinta. Ni a la comunidad internacional, ni al Gobierno que lidera el partido Nida&aacute; Tunis, ni a sus socios de Ennhada les interesa un terremoto de indignaci&oacute;n popular como el que se desat&oacute; en 2011. A los dos primeros por la amenaza que supone el yihadismo, agazapado en la vecina Libia y activo en las &aacute;reas del suroeste tunecino. A los islamistas, el movimiento con m&aacute;s capacidad a&uacute;n de movilizaci&oacute;n callejera, por c&aacute;lculo estrat&eacute;gico. Primera fuerza en el Parlamento, una posible victoria en las elecciones municipales de mayo pr&oacute;ximo &mdash;en las que parte como favorito&mdash; le dotar&iacute;a de poder territorial y le colocar&iacute;a en una posici&oacute;n de privilegio de cara a la presidenciales y legislativas de 2019.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La justicia social representa la gran asignatura pendiente, el fracaso colosal que amenaza con arruinar de forma definitiva la &uacute;nica estructura democratizadora que ha sobrevivido al hurac&aacute;n contrarrevolucionario que en 2012 desataron potencias regionales regresivas, retr&oacute;gradas y ultraconservadoras como Arabia Saud&iacute;. Sumida en una grave crisis econ&oacute;mica, con las arcas vac&iacute;as y las lacras econ&oacute;micas sin resolver, tan vivas como en tiempos de la dictadura &mdash;en particular la corrupci&oacute;n y el paro juvenil&mdash;, el pa&iacute;s se sostiene en un alambre tan fino como el que se rompi&oacute; aquel invierno de 2011.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En el terreno pol&iacute;tico, los avances son significativos, no hay duda&rdquo;, admite un alto cargo de la Uni&oacute;n Europea. &ldquo;Pero en el terreno econ&oacute;mico se han perdido siete a&ntilde;os en los que no se han esforzado en cambiar un sistema econ&oacute;mico desastroso. Ya ahora se encuentran en una situaci&oacute;n l&iacute;mite&rdquo;, agrega el responsable, que prefiere no ser identificado. &ldquo;La gente brama ahora de nuevo en las calles, se queja de las pol&iacute;ticas de austeridad, y arremete contra la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI) porque exigen recortes y reformas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El FMI concedi&oacute; en 2016 un pr&eacute;stamo a T&uacute;nez de unos 2.500 millones de euros, a devolver en un plazo de cuatro a&ntilde;os. A cambio, exigi&oacute; una serie de ajustes y reformas encaminadas a mejorar la macroeconom&iacute;a, y en particular a atajar el desequilibrio presupuestario y reducir el d&eacute;ficit, tal&oacute;n de Aquiles de un sistema econ&oacute;mico fr&aacute;gil, hijo del antiguo socialismo &aacute;rabe, de ra&iacute;ces sovi&eacute;ticas, reticente a la inversi&oacute;n privada, sostenido en la explotaci&oacute;n de fosfatos y el sector servicios, en particular el turismo, y de car&aacute;cter paternalista. El Estado sigue siendo uno de los principales empleadores y los subsidios, el man&aacute; que durante d&eacute;cadas garantiz&oacute; la paz social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tras la revoluci&oacute;n la situaci&oacute;n se ha vuelto muy complicada, sobre todo en el tema econ&oacute;mico y financiero, porque no hay un crecimiento como aquel al que est&aacute;bamos acostumbrados y los ataques terroristas han arruinado la econom&iacute;a nacional&rdquo;, explica Kais Fekih, profesor del Instituto de Altos Estudios Comerciales de Cartago. El Tesoro est&aacute; agotado y el Gobierno ha aumentado los impuestos de forma generalizada, sin explorar otras medidas alternativas.&nbsp; &ldquo;La carga impositiva se ha puesto sobre los hombros de la clase media, de las familias, de las peque&ntilde;as y medianas empresas, en vez del capital&rdquo;, explica la fuente europea. Y aunque de momento se mantienen los subsidios, Fekih cree que es una cuesti&oacute;n de tiempo que los m&aacute;s desfavorecidos se vean tambi&eacute;n afectados. &ldquo;Se ha producido una inflaci&oacute;n y un aumento de los precios, y eso ha desatado las manifestaciones&rdquo;, apunta. &ldquo;No hay un aumento de los productos de primera necesidad, pero llegar&aacute; porque la econom&iacute;a es una cadena en la que todo est&aacute; relacionado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        [Este art&iacute;culo ha sido publicado en el n&uacute;mero 55 de la revista <a href="http://alternativaseconomicas.coop/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alternativas Econ&oacute;micas.</a> Ay&uacute;danos a sostener este proyecto de periodismo independiente con<a href="http://alternativaseconomicas.coop/suscripciones" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> una suscripci&oacute;n</a>]
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://alternativaseconomicas.coop/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/tunez-clamor-desencanto_132_2801488.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Feb 2018 19:47:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Túnez: el clamor del desencanto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Túnez,Primavera Árabe,Austeridad,Desigualdad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Así fluye el petróleo del Estado Islámico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/petroleo-islamico_132_4186121.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a71a77ef-8e73-4e2f-9dd4-4af82bbb6d17_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Gráfico de la producción y el transporte de petróleo entre Irak y Siria."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los yihadistas se benefician de las mismas redes de contrabando creadas hace 20 años por Sadam Husein para eludir las sanciones de la ONU</p></div><p class="article-text">
        Un d&iacute;a de mayo de 2006, el diario iraqu&iacute; <em>Az Zaman</em> abr&iacute;a sus p&aacute;ginas con un titular impactante: &ldquo;Irak es v&iacute;ctima del mayor robo de su producci&oacute;n petrolera en la historia moderna&rdquo;. Una gruesa denuncia que el peri&oacute;dico fundamentaba en dos razones: la primera, el fraude cometido con los medidores de crudo en las terminales de Basora y Jawr al Amaya, en el sur del pa&iacute;s, por las que sale m&aacute;s del 75% del petr&oacute;leo nacional. La segunda, la apropiaci&oacute;n por parte de las nuevas autoridades ch&iacute;ies de los canales y sistemas de contrabando que Uday Husein, el hijo m&aacute;s cruel y exc&eacute;ntrico de Sadam Husein, hab&iacute;a usado para vender productos petroleros ilegales durante los seis a&ntilde;os que dur&oacute; el pol&eacute;mico programa de la ONU 'Petr&oacute;leo por alimentos'.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n cifras de medios iraqu&iacute;es y revistas estadounidenses especializadas, cerca de 3.000 millones de d&oacute;lares se facturaban por esa v&iacute;a alternativa al a&ntilde;o. Alrededor de 1.000 millones m&aacute;s de los que met&iacute;a Uday en las arcas de su padre. H. C. von Sponeck, uno de los coordinadores del citado programa de la ONU, sac&oacute; en 2007 un libro ('Autopsia a Irak', Ediciones del Oriente y el Mediterr&aacute;neo) en el que aseguraba que el r&eacute;gimen baazista ganaba unos 2.000 millones de d&oacute;lares anuales con el silencio c&oacute;mplice de los inspectores y de compa&ntilde;&iacute;as occidentales que regateaban las sanciones. M&aacute;s de una d&eacute;cada despu&eacute;s, aquellas redes de contrabando ideadas por Sadam siguen activas: unas, de la mano de pol&iacute;ticos y comerciantes corruptos afines al Gobierno chi&iacute; de Bagdad; otras, contribuyendo a la financiaci&oacute;n y el fortalecimiento del Estado Isl&aacute;mico (EI).
    </p><p class="article-text">
        En 2007, el dedo acusador se&ntilde;alaba a las multinacionales estadounidenses Halliburton y Parsons, cuya implantaci&oacute;n en Irak data de la d&eacute;cada de los sesenta, cuando Bagdad era aliado de Washington. A ambas empresas, la autoridad provisional instalada por la Casa Blanca tras la ca&iacute;da del dictador les hab&iacute;a concedido, en un proceso opaco, la gesti&oacute;n de los campos y los puertos petroleros. Una de sus primeras tareas consist&iacute;a en calibrar los citados contadores, un proyecto f&aacute;cil en teor&iacute;a, que cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s no hab&iacute;an puesto en marcha. 
    </p><p class="article-text">
        En las aguas que rodean Basora, a orillas de la estrecha desembocadura del &Eacute;ufrates y el Tigris que separa a Irak de Ir&aacute;n, barcos de pesca sin redes sal&iacute;an al amanecer y regresaban al atardecer, tras haber pululado entre los superpetroleros, con un fuerte olor a crudo en sus bodegas. &ldquo;El contrabando de petr&oacute;leo es tan viejo como el mismo petr&oacute;leo en todo el golfo P&eacute;rsico&rdquo;, explica un miembro de los servicios secretos &aacute;rabes que trabaja en la zona. No s&oacute;lo a trav&eacute;s de la venta ilegal con pesqueros; tambi&eacute;n con albaranes falsos en los que la cantidad de la carga est&aacute; miles de barriles por debajo de la realidad. &ldquo;Sin contadores bien calibrados es f&aacute;cil&rdquo;, agrega un empresario del sector que trabaj&oacute; en la zona. A&uacute;n hoy es moneda com&uacute;n, coinciden ambas fuentes, que piden el anonimato por motivos de seguridad.
    </p><p class="article-text">
        T&eacute;cnicas similares se utilizaban para el contrabando en el norte. Desde hace d&eacute;cadas, el petr&oacute;leo y sus derivados han circulado a trav&eacute;s de las porosas fronteras con Siria, Jordania, Turqu&iacute;a e Ir&aacute;n, incluso durante la primera guerra del Golfo (1980-1988). La situaci&oacute;n se agrav&oacute; con la ca&iacute;da de Sadam en 2003 y, sobre todo, con el error may&uacute;sculo cometido por EE UU al desmantelar el Ej&eacute;rcito y la Administraci&oacute;n del partido Baaz. En aquellos a&ntilde;os, para un periodista viajar por el pa&iacute;s significaba confiar en ch&oacute;feres que se levantaban al alba para fajarse en el mercado negro: si estaban bien pagados y eran honestos, compraban gasolina roja iran&iacute;, la mejor pero tambi&eacute;n la m&aacute;s cara. Si no, adquir&iacute;an la de Al Dura, al sur de Bagdad, amarilla y algo m&aacute;s barata; quienes regateaban con el combustible eleg&iacute;an la transparente, procedente de Beiji. Comprarla en los surtidores locales supon&iacute;a horas de cola.
    </p><h3 class="article-text">Funcionarios corruptos</h3><p class="article-text">
        El tr&aacute;fico circulaba en ambas direcciones. El crudo sal&iacute;a puro rumbo a Ir&aacute;n y regresaba refinado. Los traficantes eran peque&ntilde;os comerciantes que a veces no ten&iacute;an m&aacute;s que un cami&oacute;n cisterna, que llenaban y vend&iacute;an al mejor postor. O bandas organizadas que vaciaban los dep&oacute;sitos a trav&eacute;s de grifos ilegales instalados por los funcionarios corruptos del r&eacute;gimen. Ni&ntilde;os en bicicletas o motocicletas, burros derrengados y coches particulares cruzaban cualquier frontera. &ldquo;Ese contrabando fue una de las principales formas de financiaci&oacute;n de la insurgencia&rdquo; que estall&oacute; en 2003, explica el agente. &ldquo;Enseguida hubo un entendimiento entre los antiguos baazistas y grupos como Al Qaida&rdquo;, agrega. En marzo de 2007, el diario 'The Wall Street Journal' inform&oacute; de la misi&oacute;n 'Manos limpias', lanzada por la 82 Divisi&oacute;n Aerotransportada, para conquistar la refiner&iacute;a de Beiji, en la provincia sun&iacute; de Salahadin, a unos 250 kil&oacute;metros al norte de Bagdad.
    </p><p class="article-text">
        Beiji, ubicada casi a la misma distancia de Mosul, capital yihadista en Irak, fue asaltada por las tropas del EI en 2013, y recuperada en junio de 2014 por el Ej&eacute;rcito iraqu&iacute;. En la batalla, que dur&oacute; semanas, tambi&eacute;n tomaron parte las Unidades de Movilizaci&oacute;n Popular, una poderosa milicia de voluntarios chi&iacute;es vinculada a Ir&aacute;n que tambi&eacute;n expuls&oacute; a las huestes del califa del yacimiento de Ayil, peque&ntilde;o pero importante para las finanzas de los fan&aacute;ticos (produc&iacute;a entonces unos 10.000 barriles diarios). Pocos meses antes, fuerzas kurdas hab&iacute;an retomado el control de uno de los campos que componen el gran yacimiento de Kirkuk, capital petrolera del norte de Irak. Los peshmerga (milicianos kurdos), apoyados por la aviaci&oacute;n de EE UU, expulsaron a los secuaces de Abu Bakr el Baghdadi horas despu&eacute;s de que &eacute;stos asaltaran la instalaci&oacute;n y secuestraran a 24 trabajadores. Fueron tres contundentes golpes a la estrategia del EI, que en los meses previos hab&iacute;a logrado avanzar sin apenas oposici&oacute;n en la mayor parte de las provincias sun&iacute;es de Irak y el este de la vecina Siria.
    </p><h3 class="article-text">Calidad variable</h3><p class="article-text">
        Aunque el EI destina la mayor parte de su producci&oacute;n de crudo al consumo interno, tambi&eacute;n se beneficia de esa red ilegal que hered&oacute; de la insurgencia y Al Qaida. La organizaci&oacute;n yihadista controla la mayor parte de los yacimientos petroleros de Siria, en particular los que saltean la regi&oacute;n de Deir Ezzor, que producen unos 30.000 barriles al d&iacute;a. Tambi&eacute;n domina el yacimiento de Qayyara, vecino de Mosul, que genera cerca de 8.000 barriles diarios de crudo pesado. La calidad es variable, y por ello el precio var&iacute;a, seg&uacute;n los expertos, el EI vender&iacute;a su producto a entre 20 y 30 euros la unidad en el mercado local, e incluso m&aacute;s bajo que el de contrabando.
    </p><p class="article-text">
        Este &uacute;ltimo ha sufrido un retroceso en los &uacute;ltimos meses debido a los bombardeos de Estados Unidos y la ca&iacute;da del precio del barril. El sistema es el mismo que en tiempos de Sadam Husein: quien tiene un cami&oacute;n cisterna se acerca al yacimiento o a la refiner&iacute;a y hace cola para llenar. Despu&eacute;s, parte en busca de clientes. Las largas filas eran un objetivo f&aacute;cil para los cazabombarderos norteamericanos y franceses; seg&uacute;n fuentes de inteligencia occidentales, quienes gestionan ahora esas instalaciones han establecido un sistema de turnos para evitar esperas.
    </p><p class="article-text">
        El producto llega igualmente a peque&ntilde;os comerciantes que lo distribuyen en todas direcciones. La mayor parte se destina al parque m&oacute;vil de las milicias y grupos que componen las huestes de califa, se&ntilde;ores de la guerra que tienen sus propios negocios y necesitan gasolina para sus veh&iacute;culos. Otra porci&oacute;n acaba, a trav&eacute;s de intermediarios, en las propias fuerzas armadas sirias e incluso en los grupos de oposici&oacute;n, tanto islamistas como laicos, que tienen dif&iacute;cil acceso al mercado regular o que prefieren abaratar costes. Y una parte menor sale a trav&eacute;s de la frontera con Turqu&iacute;a, en burros, sobre la cabeza de adolescentes o trav&eacute;s de tuber&iacute;as pirata, como se hac&iacute;a en tiempos del programa 'Petr&oacute;leo por alimentos'. En muchas ocasiones son los mismos funcionarios de Sadam los que promueven el tr&aacute;fico, y las mismas familias de aquel tiempo las que lo transportan, asidas por generaciones a un negocio tan tradicional como lucrativo.
    </p><p class="article-text">
        <em>*Javier Mart&iacute;n es delegado de la Agencia EFE en T&uacute;nez y autor de 'Estado Isl&aacute;mico. Geopol&iacute;tica del caos', publicado por la editorial Catarata.</em><strong>Javier Mart&iacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        [Este art&iacute;culo ha sido publicado en el n&uacute;mero de febrero de la revista <a href="http://alternativaseconomicas.coop/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alternativas Econ&oacute;micas.</a> Ay&uacute;danos a sostener este proyecto de periodismo independiente con<a href="http://alternativaseconomicas.coop/suscripciones" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> una suscripci&oacute;n</a>]
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://alternativaseconomicas.coop/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/petroleo-islamico_132_4186121.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Feb 2016 19:46:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Petróleo,Estado Islámico,Siria,Irak]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Los dirigentes de Arabia Saudí son ricos, fuertes, hábiles y están bien protegidos por EEUU"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/dirigentes-arabia-saudi-protegidos-unidos_1_4410206.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0c0aa2f7-a1c1-451d-9574-7c967f1c20ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Los dirigentes de Arabia Saudí son ricos, fuertes, hábiles y están bien protegidos por EEUU&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista de la agencia EFE Javier Martín publica</p><p class="subtitle">La casa de Saud</p><p class="subtitle">(Libros de la Catarata), un libro sobre el régimen de Arabia Saudí y la dinastía monárquica que rige el país</p><p class="subtitle">"Sus dirigentes se desplazan por todo el mundo y en casi todos los rincones les reciben con alfombras rojas, pese a que su país aparece en los primeros puestos de las listas de estados que violan sistemáticamente los derechos humanos"</p><p class="subtitle">Ofrecemos la introducción del libro, en el que el autor habla con una bloguera saudí sobre la censura y la situación del reino</p></div><p class="article-text">
        Reclinada sobre un confortable sillo&#769;n de orejas beige, Basma bint Saud asemeja una ma&#769;s de las miles de mujeres emprendedoras que habitan los barrios acomodados de Londres. Morena, de mirada profunda y rasgos equilibrados, maneja diversas inver&shy;siones y desde hace unos meses brega por establecer una cadena de restaurantes en el centro de una de las principales capitales financieras de Europa. Apenas exhibe joyas, ma&#769;s alla&#769; de un par de anillos de oro y un amplio brazalete repujado, y solo un elegante pantalo&#769;n y una camisa de alta costura certifican un estatus social elevado. Hace ma&#769;s de una hora que el mediodi&#769;a se ha descolgado en los relojes, y en el amplio ventanal de su adosado, recie&#769;n adquirido en el barrio occidental de Acton, un manojo de rayos de sol quiebra la plu&#769;mbea monotoni&#769;a matutina.
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        &ldquo;Perdone que le haya hecho esperar&rdquo;, dice a modo de salu&shy;do mientras deposita el tele&#769;fono mo&#769;vil sobre una mesilla tara&shy; ceada y alarga un pequen&#771;o cuenco con da&#769;tiles. &ldquo;Como debe saber, hoy es viernes y acudimos a rezar a la mezquita. Son sau&shy;di&#769;es, los mejores da&#769;tiles del mundo&rdquo;, explica. Su sencillez &mdash;ajena a cualquier tipo de protocolo&mdash;, la cercani&#769;a y la afabili&shy; dad en el trato sorprenden. Ma&#769;s cuando quien comparte con ella un pedazo de su ajetreado tiempo sabe que se trata de una alteza real, la u&#769;ltima hija del segundo monarca de Arabia Saudi&#769; y actual azote, aunque moderado, del re&#769;gimen que dirige su ti&#769;o, el rey Abdula&#769; ibn Abdulaziz. &ldquo;Es verdad que tenemos muy mala imagen&rdquo;, admite entre risas. &ldquo;Alli&#769; donde vayas, la gente tiene una idea completamente diferente de co&#769;mo son los saudi&#769;es. Creo que, al contrario de otros como Qatar, carecemos de una buena estrategia de marketing y promocio&#769;n de marca. Ellos tienen su imagen, tiene a Al Yazira con el que muestran la idea de aqui&#769; esta&shy; mos los a&#769;rabes modernos, no somos terroristas... pero en reali&shy; dad compartimos los mismos problemas, no es ma&#769;s que una cuestio&#769;n de propaganda&rdquo;, afirma la princesa, fundadora de la organizacio&#769;n humanitaria Lanterns United Global, con la que difunde su lucha por la igualdad de ge&#769;nero, la educacio&#769;n y los derechos en todos los rincones del mundo. Su activismo la ha llevado incluso a asomarse a la frontera entre Turqui&#769;a y Siria para enviar ayuda me&#769;dica a este u&#769;ltimo pai&#769;s, en el que habito&#769; durante an&#771;os.
    </p><p class="article-text">
        Columnista, adema&#769;s de activa bloguera y empresaria, su natural empati&#769;a la impulsa a preguntar por la cri&#769;tica situacio&#769;n de Europa, y de Espan&#771;a en particular, antes de iniciar una ca&#769;lida conversacio&#769;n en torno al llamado &ldquo;nuevo despertar a&#769;rabe&rdquo; y a las posibles repercusiones que este incipiente movimiento de protesta social pueda tener en Oriente Medio. Desde su pers&shy;pectiva, la ola de inestabilidad y cambios que agita la zona desde 2011 es, en realidad, uno de los muchos tenta&#769;culos de un pro&shy;blema global que tiene su rai&#769;z en el hundimiento del actual sistema capitalista y en la marginacio&#769;n de los principios huma&shy;nistas, y que en Arabia Saudi&#769; se ha visto acuciado, adema&#769;s, por la pervivencia de un sistema educativo precario, insolidario y obsoleto. &ldquo;Nadie es inmune a los vientos de cambio que soplan en las naciones a&#769;rabes&rdquo;, afirma, elevando por un instante su educado tono de voz. &ldquo;A lo largo de la historia, ha habido muchos reyes que han fracasado, muchos imperios que han desaparecido. &iquest;Por que&#769;?&rdquo;, se pregunta. &ldquo;Porque sus su&#769;bditos dejaron de quererles, porque perdieron el contacto con la rea&shy; lidad, no cambiaron, no evolucionaron junto a la gente que vivi&#769;a a su alrededor. Los otomanos, el califato isla&#769;mico, los cristianos, los romanos, los fenicios... todos cayeron porque no se adaptaron, porque se encerraron en sus mundos&rdquo;, se res&shy; ponde a si&#769; misma antes de subrayar que, en su opinio&#769;n &mdash;com&shy; partida por numerosos expertos en la zona&mdash;, la agitacio&#769;n que estallo&#769; en 2011 en buena parte de los pai&#769;ses a&#769;rabes no fue en verdad una primavera, &ldquo;sino ma&#769;s bien un to&#769;rrido verano&rdquo; de consecuencias impredecibles. &ldquo;Es un problema global, un momento de cambio en la historia que debe ser aprovechado. Todo el planeta hace frente a los mismos problemas aunque de manera diferente. El mundo a&#769;rabe debe cambiar sus sistemas porque esos sistemas ya no funcionan. En Europa los sistemas funcionan, pero no sus pueblos, y Estados Unidos, que soli&#769;a ser el pai&#769;s democra&#769;tico por excelencia, es ahora el ma&#769;s hipo&#769;crita&rdquo;, argumenta. &ldquo;El mundo entero se colapsa por un solo y u&#769;nico error, el sistema monetario. Esa es la leccio&#769;n que debemos aprender, eso es lo que nos debe llevar a reciclar la historia, pero no solo en Arabia Saudi&#769;. Formamos parte del mundo a pesar de que nos vistamos de forma diferente o nos goberne&shy;mos de manera diferente&rdquo;, insiste. 
    </p><p class="article-text">
        La calculada franqueza de su discurso, que difunde a trave&#769;s de sus arti&#769;culos en distintos medios de comunicacio&#769;n a&#769;rabes, su extensa actividad en las redes sociales &mdash;tiene ma&#769;s de 25.000 se&shy; guidores en Facebook&mdash;, y su estilo de vida &mdash;extremadamente liberal para los usos de la sociedad saudi&#769;, donde la mujer sigue relegada a un papel secundario&mdash; le han granjeado la animad&shy; versio&#769;n de la clase poli&#769;tica y la reprobacio&#769;n de la casta religiosa. Divorciada, con 47 an&#771;os de edad y cinco hijos, la nieta del fun&shy;dador de Arabia Saudi&#769; denuncia sin tapujos la corrupcio&#769;n y las distintas violaciones de los derechos humanos que se cometen a diario en su pai&#769;s, uno de los ma&#769;s retro&#769;grados y herme&#769;ticos de la tierra. Critica con san&#771;a la pobreza y las desigualdades socia&shy; les, que achaca a la ineficaz gestio&#769;n de los responsables de rango medio &mdash;&ldquo;el problema proviene de los ministros y los funcionarios que son incapaces de cumplir con lo que se les ordena&rdquo;&mdash;, y ataca con voracidad el extremismo, que considera fruto de la mediocridad e incluso de la ignorancia de los cle&#769;rigos, &ldquo;esos que pretenden practicar el islam a trave&#769;s del terrorismo hacen una interpretacio&#769;n erro&#769;nea y ese eje&#769;rcito de religiosos lo esta&#769; utilizando de una manera completamen&shy; te distorsionada [...] El Cora&#769;n nos envi&#769;a un mensaje de cono&shy; cimiento y &iquest;que&#769; hacemos con eso? Lo que yo percibo es un mensaje completamente diferente y opuesto a lo que el islam representa. Habla de misericordia, habla de igualdad, habla de soluciones negociadas, habla de tolerancia, habla de hu&shy; manismo, y lo que yo percibo de esa legio&#769;n de religiosos, no de los religiosos en el poder, es un mensaje totalmente dife&shy;rente&rdquo;, denuncia.
    </p><p class="article-text">
        Su censura solo se atempera cuando el ana&#769;lisis aborda la eventual responsabilidad de la familia real, y en particular la de sus ti&#769;os, el propio rey Abdula&#769; y el que fuera pri&#769;ncipe here&shy; dero, Nayef (muerto escasos meses despue&#769;s de la entrevista), a los que se afana en defender. Niega que sea una rebelde y que su estancia en Londres, donde paso&#769; parte de su adoles&shy; cencia, sea fruto de un exilio sugerido. &ldquo;Cuando comence&#769; a hablar, todo el mundo se enfado&#769; &mdash;admite&mdash;. Pero entonces les respondi&#769;: hablo porque amo a mi pai&#769;s, hablo porque, si&#769;, soy una princesa y todo el mundo cree que debo permanecer callada, pero no, mi deber es contar lo que esta&#769; ocurriendo, tratar de arrojar luz sobre los problemas, y si puedo contri&shy;buir a la respuesta, entonces, por que&#769; no. Puedo ponerme un velo, puedo cubrirme la cabeza, puedo vestirme como usted quiera, pero ese no es el problema. El problema es que en el Gobierno deben estar las personas que aman el pai&#769;s, y no los hipo&#769;critas... deseo que el reino tenga estabilidad, que este&#769; unido, pero tambie&#769;n quiero igualdad y todo lo dema&#769;s para mi pai&#769;s... habra&#769; ricos, pobres, clase media, habra&#769; cienti&#769;ficos, hombres de negocios, y todos debera&#769;n ser iguales en dere&shy;chos. Yo soy princesa, tu&#769; eres un ciudadano, e&#769;l sera&#769; lo que sea... pero todos iguales ante la ley, con igualdad y transpa&shy;rencia&rdquo;, asegura antes de abogar por la educacio&#769;n como u&#769;nico anti&#769;doto para curar la crisis social y espiritual que padecen tanto Arabia Saudi&#769; como el resto del mundo a&#769;rabe desde que arranco&#769; la presente centuria.
    </p><h3 class="article-text">En la tierra de Al&aacute;</h3><p class="article-text">
        Cinco mil kilo&#769;metros ma&#769;s al este, en la tierra que Ala&#769; bendijo con el sello de los profetas y la cornucopia del petro&#769;leo, simila&shy; res llamadas a la reforma &mdash;aunque con mayor acritud&mdash; surcan de nuevo las bituminosas arenas desde que en diciembre de 2010 un movimiento de protesta popular, hijo de la indigna&shy; cio&#769;n y el desespero, derribo&#769; en Tu&#769;nez una de las dictaduras ma&#769;s crueles del norte de A&#769;frica. Un cataclismo poli&#769;tico inusitado, nacido del hartazgo y el coraje, que prendio&#769; la mecha de una rebelio&#769;n vi&#769;rica, larvada desde el inicio del siglo XXI en la mayo&shy; ri&#769;a de los pai&#769;ses a&#769;rabes, y que en cuestio&#769;n de meses se ha pro&shy;pagado con celeridad y diferente impacto a lo largo de Oriente Medio y el Magreb. La precipitada e inesperada huida del pre&shy;sidente tunecino Zine al Abidin bin Ali&#769;, quien hallo&#769; refugio precisamente en territorio saudi&#769;, y la ago&#769;nica y humillante cai&#769;da de su colega egipcio Hosni Mubarak, derrocado frente a las ca&#769;maras de televisio&#769;n por su propio Eje&#769;rcito &mdash;que supo aprovechar la inercia generada por la algarada tunecina para enmascarar una asonada en la que trabajaba desde haci&#769;a an&#771;os&mdash; espolearon tambie&#769;n a los jo&#769;venes y a los grupos liberales sau&shy; di&#769;es que, al igual que sus colegas de otros estados de la regio&#769;n, luchan desde hace al menos una de&#769;cada por cambiar las dina&#769;&shy;micas de sus anquilosadas y represivas sociedades. Un combate dispar en el que han tenido que hacer frente a dos enemigos igualmente feroces y enconados: sus propios regi&#769;menes poli&shy;ciales y el silencio de los Gobiernos occidentales, ma&#769;s preocu&shy;pados por conservar sus intereses y el statu quo en la zona que de respaldar sin ambages un proceso de transformacio&#769;n que ahora dicen aplaudir, aunque sin grandes alharacas y si&#769; con muchas reticencias. &ldquo;Arabia Saudi&#769; ha quedado de momento ca&shy;si indemne gracias a una eficaz combinacio&#769;n de potencial eco&shy; no&#769;mico y represio&#769;n cruel y efectiva, pero los problemas estruc&shy;turales siguen ahi&#769;, y son los mismos que padecen naciones como Egipto o Tu&#769;nez&rdquo;, explica Haizam Mohsin, periodista saudi&#769; y uno de los muchos blogueros que ejercen la oposicio&#769;n bajo pseudo&#769;nimo en la red para preservar su seguridad.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pobreza, paro, inseguridad, extremismo, brechas sociales y frus&shy;tracio&#769;n, sobre todo mucha frustracio&#769;n entre una poblacio&#769;n joven y mejor educada, que se multiplica di&#769;a a di&#769;a, y que debe hacer frente a una casta dirigente envejecida y corrupta, a la que cada vez le cuesta ma&#769;s contactar con sus su&#769;bditos. Una aute&#769;ntica bomba de relojeri&#769;a que puede estallar en cualquier momento&rdquo;, resume. 
    </p><p class="article-text">
        Y es que, 80 an&#771;os despue&#769;s de su fundacio&#769;n, Arabia Saudi&#769;, uno de los estados ma&#769;s influyentes y peor conocidos de Oriente Medio, se halla atrapado en una encrucijada que atormenta su presente y proyecta negras sombras sobre su futuro. Situado en el centro geogra&#769;fico del golfo Pe&#769;rsico, es au&#769;n el principal productor y exportador de crudo del mundo. Bajo su subsuelo, los expertos creen que se esconden las mayores reservas probadas de petro&#769;leo mundiales. Algunos de sus pri&#769;ncipes y princesas, que suman unos 15.000 segu&#769;n censos no oficiales, especulan con ingentes canti&shy;dades de dinero en las bolsas de Nueva York y Londres, y hacen gala de una vida de excesos que les otorga poder e influencia en numerosas cancilleri&#769;as y en los principales centros de negocios del planeta. Sus dirigentes se desplazan por todo el mundo en lujosas caravanas que mueven millones de do&#769;lares y en casi todos los rincones les reciben con alfombras rojas, pese a que su pai&#769;s aparece en los primeros puestos de las listas de estados que violan sistema&#769;ticamente los derechos humanos. Igual pasean su aire prepotente en los jardines de la Casa Blanca como se acomodan en las austeras paredes de Downing Street o las regias estancias del Palacio de la Zarzuela. Invierten mucho, gastan ma&#769;s y hacen acto de contricio&#769;n financiando la construccio&#769;n por todo el orbe de mezquitas que predican el wahabismo, una de las interpretacio&shy;nes ma&#769;s intransigentes, regresivas y fana&#769;ticas del islam. Nadie osa molestarles pese a que en su pai&#769;s esta&#769; prohibido levantar iglesias y erigir cruces.
    </p><p class="article-text">
        La oposicio&#769;n esta&#769; silenciada y las ca&#769;rceles, plagadas de activistas de todo tipo sometidos a torturas. Agentes armados con porras apalean en plena calle a aquellos que no esta&#769;n en la mezquita a la hora del rezo y molestan a las mujeres que a sus ojos se comportan de forma indecente. Hombres y mujeres esta&#769;n segregados por razo&#769;n de sexo en la vida pu&#769;blica e incluso pueden ser detenidos si interactu&#769;an &ldquo;de manera sospechosa&rdquo; en la calle o un centro comercial. La censura esta&#769; extendida y las mujeres ni siquiera tienen derecho a decidir por si&#769; mismas si quieren salir solas de casa, viajar al extranjero o conducir. El robo a mano armada, la violacio&#769;n, el asesinato y la brujeri&#769;a esta&#769;n pena&shy;dos con la muerte por decapitacio&#769;n. Delitos menores se castigan con la amputacio&#769;n de extremidades. Como en tiempos de la Revolucio&#769;n francesa, casi cada semana decenas de personas se congregan en torno a un pati&#769;bulo para disfrutar de la pericia del verdugo con la espada. En ciertas escuelas y mezquitas, cle&#769;rigos de luengas barbas ensen&#771;an una versio&#769;n retro&#769;grada e intransigente del islam. De algunas de sus aulas, y de las de las cientos de madrasas que han subvencionado en Oriente Medio, Asia Central y las regiones del oce&#769;ano I&#769;ndico, han salido decenas de suicidas y de apo&#769;stoles de la intolerancia. Quince de los diecinueve terroris&shy; tas que supuestamente perpetraron la masacre del 11 de septiem&shy; bre de 2001 en Washington y Nueva York portaban pasaporte saudi&#769;. Otros muchos han segado cientos de vidas en Oriente Medio, Pakista&#769;n, Afganista&#769;n, Chechenia o el Sahel en nombre de ideologi&#769;as surgidas del wahabismo ma&#769;s extremo, una doctrina que algunos musulmanes consideran rayana con la hereji&#769;a.
    </p><p class="article-text">
        A esta tenebrosa pintura se ha sumado, en la u&#769;ltima de&#769;cada, el surgimiento de problemas sociales y econo&#769;micos nuevos, propios de una sociedad dina&#769;mica y capitalista, pero rehe&#769;n del petro&#769;leo, las contradicciones sociales y los rigorismos religiosos, que no ha sido capaz de asumir con naturalidad su vertiginoso tra&#769;nsito a la modernidad. En apenas siete de&#769;cadas, este pedazo del desierto incrustado en la exuberancia de Oriente Medio ha evolucionado desde un modelo de explotacio&#769;n elemental, asido a la espartana vida del desierto y a una economi&#769;a de subsistencia vinculada a la limitada produccio&#769;n agri&#769;cola de los oasis, el pastoreo y el comercio ba&#769;sico, hasta un esquema de sociedad urbanizada y consumista, de grandes negocios y centros comerciales que ha agudizado las dife&shy;rencias econo&#769;micas y ha creado millones de parias. Donde hace apenas 60 an&#771;os habi&#769;a explotaciones datileras, caminos empolva&shy;dos y austeras casas de adobe ahora descuellan imponentes rasca&shy;cielos, espectaculares autopistas plagadas de miles de vehi&#769;culos y centros financieros en los que se cierran millonarias transaccio&shy;nes con todos los rincones de la Tierra. Los sobrios mercados que los primeros viajeros occidentales describen en sus escritos han sido devorados por grandes superficies comerciales, profusamen&shy;te surtidas, en las que los nuevos saudi&#769;es, criados en la era de la abundancia, pueden abocarse al consumo abusivo como se hace en el resto del planeta. Incluso el pausado ritmo que impone el desierto ha sido alterado por la frene&#769;tica ansiedad de una sociedad con si&#769;ntomas de esquizofrenia, atrapada en la tita&#769;nica tarea de conciliar su arraigada tradicio&#769;n religiosa y la ineludible evolucio&#769;n que ha transformado sus estructuras, pero que todavi&#769;a no ha sido capaz de cambiar las mentalidades.
    </p><p class="article-text">
        La celeridad y el dramatismo del cambio en un periodo tan estrecho de tiempo han dejado un reguero de cada&#769;veres sobre el terreno. Al igual que en Occidente, a la sombra de los ciclo&#769;peos edificios y las desmesuradas fortunas han surgido tambie&#769;n barrios chabolistas, aldeas de adobe y pla&#769;stico pobladas por campesinos y ganaderos olvidados, depauperados, que han emi&shy;grado a las grandes urbes en busca de un futuro que se les niega en sus lugares de procedencia. A escasos kilo&#769;metros de los sun&shy;tuosos palacetes y las vistosas urbanizaciones para extranje&shy;ros &mdash;en los que la vida se arrellana en una burbuja de confort&mdash; existen kilo&#769;metros de arrabal en los que el asfalto es un suen&#771;o y la luz y el agua, un lujo al alcance de los ma&#769;s privilegiados en un pai&#769;s escaso de ciertos recursos, que depende en gran parte de costosas desalinizadoras. Internet es alli&#769; una quimera acunada en destartalados cafe&#769;s permanentemente vigilados por la mutawanna, la peculiar y anacro&#769;nica polici&#769;a saudi&#769; encargada de defender &mdash;e imponer&mdash; la estricta moral que defiende la geron&shy;tocracia religiosa del reino. 
    </p><p class="article-text">
        La imagen es la de una pira&#769;mide descompensada, cuya base esta&#769; formada por un ampli&#769;simo sustrato de familias de las clases ma&#769;s bajas, muchas de las cuales viven con un pun&#771;ado de do&#769;lares al di&#769;a. Un tronco estrecho y delgado integrado por una burguesi&#769;a media asfixiada, pero mejor instruida y con mayores ambiciones sociales que sus antepasados, que soporta los embates de la crisis y paga con esfuerzo y sin recompensa las gabelas del sistema capitalista. Y un piramido&#769;n dorado, que descansa su tonelaje sobre el resto de la estructura y se nutre de ella, compuesto por una plutocracia oliga&#769;rquica que en el mejor de los casos vive de espaldas a aquellos que en realidad la sos&shy;tienen. &ldquo;La gente pobre tiene problemas ma&#769;s acuciantes, como por ejemplo buscar comida, que conectarse a Internet, manejar Facebook, etc. Toda esa actividad que vemos (en la red) no alcanza siquiera el 30 por ciento de la poblacio&#769;n&rdquo;, explica la princesa Basma, antes de desmontar el mito de unas sociedades a&#769;rabes altamente avanzadas, tecnolo&#769;gicamente vanguardistas y poli&#769;ticamente concienciadas que un revoltijo de activistas y opositores ha logrado infiltrar en Occidente a trave&#769;s de la gran malla mundial. Es cierto que existe un vibrante movimiento reformador, pero como en el resto de pai&#769;ses de la regio&#769;n se limita a un sector restringido &mdash;y en la mayori&#769;a de los casos minoritario&mdash; de la poblacio&#769;n. &ldquo;El resto de la gente no esta&#769; en esta cuestio&#769;n, no esta&#769; en las redes socia&shy;les, no esta&#769; en el activismo, no esta&#769; en Internet, ni siquiera esta&#769; en el mundo. U&#769;nicamente pueden luchar cada di&#769;a por ganarse la vida, ganarse el pan y poder vivir de una manera respetable o intentando buscar trabajo. No tienen tiempo para saber co&#769;mo se maneja [Internet] y ni siquiera tienen te&shy;levisio&#769;n&rdquo;, explica frente a una antiguo bau&#769;l convertido en am&shy; plia mesa de madera.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La pintura no es tan negativa&rdquo;, sonri&#769;e al otro lado de la pantalla Haizam Mohsin. &ldquo;Se han dado pasos hacia la refor&shy;ma, es verdad que insuficientes y en gran parte cosme&#769;ticos, pero al menos algo se mueve en un re&#769;gimen tan anciano&rdquo; que tiene que hacer frente a problemas tan variopintos como la explosio&#769;n de la natalidad, el cambio de modelo energe&#769;tico, la debilidad de su sistema educativo y la revolucio&#769;n poli&#769;tica e ideolo&#769;gica que experimenta la regio&#769;n. En algunos avanza con e&#769;xito: en los u&#769;ltimos an&#771;os, Arabia Saudi&#769; ha emprendido un plan para invertir 100.000 millones de do&#769;lares en energi&#769;as renovables y convertirse asi&#769; en el mayor centro de pro&shy;duccio&#769;n y distribucio&#769;n de penales fotovolta&#769;icos. En un pai&#769;s con 365 di&#769;as de inclemente sol, el objetivo es generar, antes de 2030, unos 14.000 megawatios solares (el equivalente a 14 reac&shy;tores nucleares) para reducir el consumo interno de petro&#769;leo, destinar ma&#769;s crudo al mercado exterior y satisfacer la creciente demanda de la poblacio&#769;n. Adema&#769;s, ha diversificado sus inversio&shy;nes, promovido la industria nacional para mermar la dependen&shy;cia externa y ampliado su cartera de clientes, con China por vez primera como su mayor comprador de oro negro, por delante de Estados Unidos. En otros, sin embargo, planea el fracaso. El incontrolado crecimiento demogra&#769;fico &mdash;en apenas 20 an&#771;os ha pasado de 10 a 27 millones de habitantes&mdash; ha disparado las des&shy;igualdades sociales y menoscabado la capacidad del estado para combatir problemas como el paro y la falta de recursos y alicientes de una sociedad joven y con un intenso sentimiento de frustra&shy;cio&#769;n. En la misma li&#769;nea, las drama&#769;ticas transformaciones poli&#769;ti&shy;cas en pai&#769;ses hermanos como Egipto, Tu&#769;nez e incluso Siria han sembrado mayor incertidumbre en el seno de una familia real que esconde sus profundas discrepancias, consciente de que su legiti&shy;midad au&#769;n reside en el apoyo que le brinda la casta clerical y en su marchamo de brun&#771;idor de la unidad del reino. Al borde de un cambio generacional que se perfila tan complejo como crucial, su mayor preocupacio&#769;n es que esas divergencias terminen de saltar la barrera del palacio, se asienten en el debate pu&#769;blico y desenca&shy;denen una divisio&#769;n que mine su autoridad y segmente el pai&#769;s. &ldquo;Naturalmente, es posible que una combinacio&#769;n de incompeten&shy;cia real, intrigas dome&#769;sticas, presio&#769;n externa, sentimientos popu&shy;lares y fracasos econo&#769;micos puedan acabar con la monarqui&#769;a, como muchos cri&#769;ticos predicen con frecuencia, pero no hay razo&#769;n alguna para asumir que vaya a ocurrir&rdquo;, explica el periodista nor&shy;teamericano Thomas W. Lippman, antiguo director de la corres&shy;ponsali&#769;a de The Washington Post en Oriente Medio. &ldquo;Sus dirigentes son ricos, fuertes, ha&#769;biles y esta&#769;n bien protegidos por Estados Unidos. Hacen frente a inmensos retos sociales y econo&#769;micos, pero ha sido asi&#769; desde que el reino se fundara. Para lo bueno y lo malo, el mundo debe asumir que la Casa de Al Saud permanecera&#769; &mdash;siempre que los ingresos del petro&#769;leo sigan fluyendo hacia sus cofres&mdash;&rdquo;, agrega. Una afirmacio&#769;n que, dada la actual agitacio&#769;n regional, quiza&#769; merezca ser matizada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jan 2015 19:53:51 +0000]]></pubDate>
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