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    <title><![CDATA[elDiario.es - Rafael De las Cuevas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/rafael_de_las_cuevas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Rafael De las Cuevas]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Vuelve Sleater-Kinney (y no es un sketch de Portlandia)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/vuelve-sleater-kinney-sketch-portlandia_1_4402387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/70802346-9af0-4d17-9ee4-297882ddae29_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Sleater-kinney han vuelto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Después de diez años de inactividad, las herederas del underground del noroeste norteamericano vuelven con disco nuevo y actúan en el Primavera Sound</p></div><p class="article-text">
        La d&eacute;cada es la unidad de caducidad musical est&aacute;ndar. Diez a&ntilde;os es el tiempo que tarda la guada&ntilde;a del rock en girar sobre s&iacute; misma y cortar las cabezas de sus hijos. Algunas bandas intentan hacer la cobra y se esconden; otras son m&aacute;s de hacer <em>la hidra</em>, peinando y levantando la testa del proyecto paralelo. A las que saben reinventarse les crece otra en su lugar; y luego est&aacute;n las que no necesitan cuerpo y llegan a Futurama en un tarro de cristal. Sleater-Kinney es uno de esos casos marginales de autodecapitaci&oacute;n controlada.
    </p><p class="article-text">
        Nacida en 1995 y enterrada en 2006, la banda estaba en su mejor momento creativo cuando decidi&oacute; cortar por lo sano. Llevaban un a&ntilde;o girando un disco excelente (<em>The Woods</em>) y hab&iacute;an conseguido superar el estatus de culto ara&ntilde;ado durante a&ntilde;os y peleado desde la ominosa etiqueta de <em>girl band</em>. Empezaban a pisar los estadios y se hab&iacute;an convertido, por calidad e integridad, en hero&iacute;nas de referencia entre los maltrechos supervivientes los 90.
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        Retrocedamos a 1992. Corin Tucker (voces, guitarra) y Carrie Brownstein (voces, guitarra) se conocen en Olympia, en las juergas del Evergreen State College; una universidad descrita por Matt Groening, su m&aacute;s insigne alumno, como &ldquo;un centro lleno de hippies, que atra&iacute;a a todos los bichos raros del noroeste&rdquo;. All&iacute; estalla el movimiento Riot Grrrl, que levanta una oleada de autoafirmaci&oacute;n y exaltaci&oacute;n del poder femenino en la escena punk. Tucker y Brownstein tocan en dos grupos: Heavens to Betsy y Excuse 17.
    </p><p class="article-text">
        Son chicas hartas del garrulismo excluyente de la escena hardcore. Se desga&ntilde;itan contra la discriminaci&oacute;n, el racismo, el acoso sexual, y la violaci&oacute;n; son j&oacute;venes furiosas, agresivas, divertidas, apasionadas. Toman como referencia a artistas incorruptibles como Kim Gordon (Sonic Youth) y Kristin Hersh (Throwing Muses). Van m&aacute;s all&aacute; y siguen la l&iacute;nea temporal del punk comprometido que siempre lleva a Patti Smith. Escriben fanzines y se juntan con iconos del activismo feminista como Tobi Vail, la bater&iacute;a de Bikini Kill cuyo sobaco inspir&oacute; el himno teen&nbsp;por excelencia de Nirvana. 
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    </figure><p class="article-text">
        Mientras tanto, en ese mismo 1992, Pearl Jam toca en la sala Revolver de Madrid dejando un tufillo caracter&iacute;stico a franela sudada y botas de cuero salpicadas de v&oacute;mito. No volver&aacute;n a pisar la capital espa&ntilde;ola en 14 a&ntilde;os. O sea, una cabeza y media m&aacute;s tarde, cuando ya han quedado atr&aacute;s los cad&aacute;veres del grunge. La noche de su regreso, en septiembre de 2006, tocan todos sus cl&aacute;sicos y cuatro versiones: <em>Another Brick in The Wall</em> de Pink Floyd, <em>Little Wing</em> de Jimi Hendix, el habitual<em>Rockin&rsquo; in the Free World</em> de Neil Young&hellip; y <em>Modern Girl</em> de Sleater-Kinney. Las tres chicas hab&iacute;an anunciado su separaci&oacute;n ese mismo verano. Eddie Vedder canta a capella el estribillo amargo de <em>Modern Girl</em>, a modo de eleg&iacute;a: &ldquo;My whole life is like a picture of a sunny day&rdquo; (Toda mi vida era como la foto de un d&iacute;a soleado).
    </p><h3 class="article-text">Quiero ser tu Joey Ramone</h3><p class="article-text">
        La evoluci&oacute;n de Sleater-Kinney es un proceso marcado por la tenacidad y la paciencia. A la chita callando y casi siempre al margen de la maquinaria mainstream. En 1994, despu&eacute;s de abandonar sus respectivas bandas, Carrie Brownstein y Corin Tucker viajan juntas a Australia. Durante su estancia dan forma a los diez temas que conforman su primer disco hom&oacute;nimo. <em>Sleater-Kinney</em> (llamado as&iacute; por el nombre de la carretera donde ten&iacute;an el local de ensayo) es una r&aacute;faga de dentelladas punkies en la l&iacute;nea Riot Grrrl trazada por sus admiradas Bikini Kill.
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    </figure><p class="article-text">
        Pero mientras que Bikini Kill es un incendio trash que se consumi&oacute; r&aacute;pidamente, Sleater-Kinney sigue evolucionando hacia una estructura m&aacute;s compleja, una especie de di&aacute;logo de explosiones controladas. Corin y Carrie ejecutan una persecuci&oacute;n interminable en la que una completa las guitarras y las voces de la otra. En sus primeros a&ntilde;os se limitan a lanzar consignas feministas como <em>I wanna be your Joey Ramone</em> (quiero ser tu Joey Ramone). Pero poco a poco abren el espectro ideol&oacute;gico y empiezan a hablar de la discriminaci&oacute;n en todas sus facetas; de las paradojas de la sociedad norteamericana, la m&aacute;s capitalista del planeta; y de las relaciones de poder a nivel personal y global. En 1997 Janett Weiss coge las baquetas y se convierte en tercer miembro permanente. Las tres graban <em>Dig Me out</em>, una de sus obras m&aacute;s inspiradas.
    </p><p class="article-text">
        Carrie Brownstein siempre ha sido ambigua respecto a su sexualidad y Corin Tucker actualmente est&aacute; casada con un hombre, pero durante un tiempo las dos mantuvieron una relaci&oacute;n. En <em>One more hour</em>, el segundo corte del disco, afrontan el momento de su separaci&oacute;n: &ldquo;In one more hour I will be gone / In one more hour I&rsquo;ll leave this room&rdquo; (en una hora me habr&eacute; ido / en una hora dejar&eacute; la habitaci&oacute;n). Es una canci&oacute;n cargada de intensidad emocional que maneja la carga dram&aacute;tica perfectamente, capaz de provocar a la vez tristeza y euforia. Tambi&eacute;n de <em>Dig Me out</em> es el tema que mejor resume sus estallidos de energ&iacute;a: <em>Words + Guitar</em>. Tucker machaca con su timbre chill&oacute;n caracter&iacute;stico el estribillo simple pero contundente; un mantra necesario, un recordatorio de lo &uacute;nico que importa: <em>Palabras y guitarra</em>.
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    </figure><p class="article-text">
        A partir de ese momento, cada disco explora una faceta distinta de la banda. Se suceden <em>The Hot Rock</em> (el t&iacute;tulo lo dice todo),<em> All Hands on the Bad one</em> (en el que se empieza a adivinar una cierta sensibilidad pop) y <em>One Beat</em>, que les catapulta al siguiente escal&oacute;n de popularidad. Para el pr&oacute;ximo disco se toman m&aacute;s tiempo del habitual, porque ya empiezan a acusar el cansancio y el v&eacute;rtigo de la superaci&oacute;n. Seguramente ya ten&iacute;an claro que no quer&iacute;an caer en una <em>f&oacute;rmula Sleater-Kinney</em>. En consecuencia se pasan al sello Sub Pop y encargan la producci&oacute;n a Dave Fridmann, que vuelve del rev&eacute;s todo su proceso compositivo. El resultado es <em>The Woods</em>, el disco m&aacute;s tenso e inc&oacute;modo de su carrera. Tambi&eacute;n el m&aacute;s contundente.
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    </figure><h3 class="article-text">Quemarse para renacer</h3><p class="article-text">
        En muchas ciudades norteamericanas el departamento de bomberos compra casas abandonadas, aisladas en mitad del campo, para hacer sus pr&aacute;cticas de extinci&oacute;n de incendios. En el verano de 2005 varios grupos de Portland forman parte del tercer cap&iacute;tulo de <a href="http://youtu.be/Hpjatchg6sk" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Burn To Shine</a>, una iniciativa de Brendan Canty (bater&iacute;a de Fugazi) que utiliza esas casas como escenario. El equipo de filmaci&oacute;n pide permiso para grabar antes del operativo, e inmortaliza a un pu&ntilde;ado de grupos locales tocando en directo. El tema elegido por Sleater-Kinney es <em>Modern Girl</em>. Carrie Brownstein derrama su voz, cada vez m&aacute;s protagonista, en el sal&oacute;n que horas despu&eacute;s ser&aacute; pasto de las llamas. Una buena met&aacute;fora de los &uacute;ltimos meses de vida del grupo, y del resurgir personal de Brownstein, en plan ave f&eacute;nix, como estrella televisiva en Portlandia. 
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         El 2 junio de 2006 tocan en el Primavera Sound, completan la siguiente cita internacional y vuelven a casa para anunciar su separaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En agosto hacen una gira de despedida que culmina en Portland. El &uacute;ltimo bis de ese &uacute;ltimo concierto es <em>One More Hour</em>. Corin Tucker empieza la primera estrofa (&ldquo;en una hora me habr&eacute; ido&rdquo;) y se le quiebra la voz; las l&aacute;grimas empiezan a correr por sus mejillas mientras el p&uacute;blico la coge en vilo, cantando al un&iacute;sono. Al terminar, las tres se funden en un abrazo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De Portland a Portlandia</strong>
    </p><p class="article-text">
        Durante la d&eacute;cada siguiente no queda otra que hacer la hidra. Corin Tucker se mete a dise&ntilde;adora web mientras compagina su condici&oacute;n de madre con The Corin Tucker Band; Janet Weiss vuelve a Quasi, su proyecto personal, toca con Bright Eyes y se convierte en un <em>Jick</em> permanente de Stephen Malkmus. Carrie por su parte monta Wild Flag y empieza a desatar talentos desconocidos. Ella es la m&aacute;s hiperactiva de las tres: colabora habitualmente en el programa de radio All Songs Considered -con episodios gloriosos como <a href="http://www.npr.org/blogs/allsongs/2015/01/22/379100228/all-songs-at-15-were-the-80s-really-that-bad" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&eacute;ste dedicado a los 80</a>-, monta su blog <em>Monitor Mix</em> y retoma con el c&oacute;mico Fred Armisen (de <em>Saturday Night Live</em>) un proyecto de co&ntilde;as en Youtube que se convertir&aacute; algo mucho m&aacute;s grande, llamado Portlandia.
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        Lo brillante de Portlandia es que, adem&aacute;s de una buena serie de humor, es un catalizador del pasado. En ella Brownstein y Armisen se r&iacute;en de s&iacute; mismos, de todo lo hipster y de la nostalgia de las d&eacute;cadas pasadas. En uno de los primeros episodios convierten a Aimee Man en su sirvienta, y la humillan continuamente mientras suplican &ldquo;Aimee, venga, canta <em>Save Me</em>&rdquo;. El alcalde de Portland no es otro que Kyle MacLachlan, el agente Cooper de Twin Peaks. En otro cap&iacute;tulo aparece Gus Van Sant haciendo de Gus Van Sant y Corin Tucker con su nueva banda. 
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        Carrie se mofa de su propio activismo con las hilarantes libreras feministas Toni y Candace, que hacen sudar la gota gorda a Steve Buscemi. La serie se ha convertido en un fen&oacute;meno cultural en Estados Unidos, con una lista largu&iacute;sima de invitados que incluye a Heather Graham, Jeff Goldbrum, Eddie Vedder, Joanna Newsom, Tim Robbins, Jack White, Duff Mckeagan, Gwen Stefani, Jeff Tweedy, Josh Homme, etc.
    </p><h3 class="article-text">Las ciudades devoradas</h3><p class="article-text">
        Portlandia se&ntilde;ala, adem&aacute;s, un fen&oacute;meno muy de nuestra &eacute;poca: la atomizaci&oacute;n de las ciudades para su uso tur&iacute;stico. Lo cual nos lleva al resurgir de Sleater-Kinney, tras una d&eacute;cada de silencio, con su nuevo disco titulado <a href="https://www.subpop.com/releases/sleater_kinney/no_cities_to_love" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>No cities to love</em></a> (no hay ciudades que amar). Adem&aacute;s, Sub Pop ha editado una <a href="https://www.subpop.com/releases/sleater_kinney/start_together" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">caja recopilatoria</a> de sus anteriores trabajos. La idea de la reunificaci&oacute;n surgi&oacute; mientras Carrie y Corin ve&iacute;an la serie, en casa de esta &uacute;ltima. Lance Bangs (marido de Tucker) y Fred Armisen son fans ac&eacute;rrimos del grupo, y les dieron tanto la brasa que decidieron ponerse manos a la obra.
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    </figure><p class="article-text">
        El disco es otro salto hacia delante, familiar pero evolucionado, en el que vuelven a su forma habitual de componer. Corin y Carrie mantienen su di&aacute;logo (o discusi&oacute;n) musical y luego pasan el borrador a Janet, que estructura la base r&iacute;tmica. Los temas suenan poderosos y con la misma dosis de espacio negativo. Su m&uacute;sica sigue naciendo de la desesperaci&oacute;n, pero adem&aacute;s tiene la profundidad que dan diez a&ntilde;os m&aacute;s de experiencia vital. La frustraci&oacute;n no se acaba en la adolescencia, s&oacute;lo cambia de forma. En una <a href="http://www.npr.org/blogs/allsongs/2014/11/20/365464686/sleater-kinney-2-0-the-band-talks-about-its-first-album-in-10-years" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entrevista con sus compa&ntilde;eros de radio</a> de la NPR, Brownstein lo deja claro: &ldquo;El gran reto de hacer un disco diferente despu&eacute;s de <em>The Woods</em> segu&iacute;a ah&iacute;. Sab&iacute;amos desde el principio que no quer&iacute;amos ser un grupo nost&aacute;lgico. Todo eso me da alergia&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Fue una voladura controlada, lo que pasa es que la reconstrucci&oacute;n se ha alargado hasta una &eacute;poca en la que la crisis econ&oacute;mica ha presentado un lienzo perfecto para volver a reflexionar sobre las relaciones de poder. &ldquo;Ten&iacute;amos mucha inercia -afirma Brownstein- no nos hab&iacute;amos parado ni ten&iacute;amos un disco que nos pareciese flojo (...) as&iacute; que, no es que tuvi&eacute;semos que revivir el cad&aacute;ver&rdquo;. Al final resulta que no era algo dram&aacute;tico, como una cabeza cortada, era algo tan prosaico como quitar la pausa del CD.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rafael De las Cuevas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/vuelve-sleater-kinney-sketch-portlandia_1_4402387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Jan 2015 20:41:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vuelve Sleater-Kinney (y no es un sketch de Portlandia)]]></media:title>
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