<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Violeta Assiego]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/violeta_assiego/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Violeta Assiego]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/512729/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Error humano o error del ministro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/error-humano-error-ministro_129_13628372.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5a479ac0-8c2e-42b9-84dd-ecceee90a94f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Error humano o error del ministro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El error humano es el punto de partida de la investigación, no su conclusión. Si lo que hubo fue un error que cualquier profesional con la misma formación habría cometido en las mismas condiciones, o una imprudencia grave, es algo que solo podrá saberse cuando se analice toda la cadena de fallos técnicos y organizativos que lo precedieron</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; un sistema dise&ntilde;ado para que centenares de vidas que viajan en un tren no dependan de una sola persona acaba dependiendo de una sola persona?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde 2008, la Comisi&oacute;n de Investigaci&oacute;n de Accidentes Ferroviarios (CIAF) publica una memoria anual en la que solo recoge los sucesos que decide investigar &ldquo;por su inter&eacute;s o gravedad&rdquo;, sucesos que, advierte la propia Comisi&oacute;n, &ldquo;en ning&uacute;n caso&rdquo; son representativos de la accidentalidad ferroviaria espa&ntilde;ola. Sobre ese universo reducido, la memoria incluye cada a&ntilde;o un apartado de &ldquo;Causas de los sucesos investigados&rdquo; en el que, casi siempre, el factor humano aparece como la causa directa m&aacute;s frecuente. Sin embargo, tambi&eacute;n se&ntilde;ala que ese error de una persona (maquinista, responsable de circulaci&oacute;n, personal de maniobras, operador t&eacute;cnico&hellip;) casi nunca es el origen, sino el &uacute;ltimo eslab&oacute;n que vemos de una cadena de fallos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando los sistemas autom&aacute;ticos fallan o se desconectan, la seguridad de los trenes depende completamente del factor humano porque el dise&ntilde;o de un procedimiento o de una organizaci&oacute;n le dan ese rol de control a una persona que puede cometer errores. Entre 2018 y 2023 la CIAF emiti&oacute; 86 recomendaciones en las investigaciones que cerr&oacute; y en al menos ocho sucesos recomend&oacute; lo mismo: reglas claras para cuando el sistema falla, que alguien supervise al operador antes de que autorice a un tren a saltarse una se&ntilde;al, suficiente personal y menos carga de trabajo, buena comunicaci&oacute;n entre los centros de control y las empresas de trenes, y sistemas t&eacute;cnicos que frenen el tren, aunque la persona se equivoque. Pero adem&aacute;s, hizo otra recomendaci&oacute;n sobre la importancia de &laquo;potenciar los principios de cultura justa&raquo; y no resolver cada incidente se&ntilde;alando a quien se equivoc&oacute; cuando se sabe que el error humano aparece casi siempre despu&eacute;s de un fallo t&eacute;cnico, y se&ntilde;alar ese fallo humano como causa hace que no se mire el resto de la cadena de fallos t&eacute;cnicos evitables.
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;cultura justa&rdquo; es un concepto nacido en la aviaci&oacute;n y recogido en el derecho de la Uni&oacute;n, y hace referencia a aquella en la que no se castiga al personal de primera l&iacute;nea &ldquo;por sus acciones, omisiones o decisiones cuando sean acordes con su experiencia y capacitaci&oacute;n&rdquo;, pero en la que &ldquo;no se toleren la negligencia grave, las infracciones intencionadas ni los actos destructivos&rdquo; (art. 2.12 del Reglamento (UE 376/2014). Es una norma trasladada a la seguridad ferroviaria que busca distinguir el error que cualquiera habr&iacute;a cometido en esas condiciones, de aquella conducta que responde a la temeridad y dolo. Por eso la normativa europea exige hoy integrar los factores humanos y organizativos en toda investigaci&oacute;n de accidentes para conocer cu&aacute;les son los factores en los que hay margen de correcci&oacute;n y mejora en t&eacute;rminos de seguridad.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los autores fundamentales de este enfoque fue James Reason (1938&#8209;2025), psic&oacute;logo brit&aacute;nico, que estudi&oacute; los grandes accidentes de los a&ntilde;os ochenta (Three Mile Island, Bhopal, Chern&oacute;bil, el Challenger, el ferry de Zeebrugge, el incendio de King's Cross) y public&oacute; en 1990 '<em>Human Error</em>', el libro que cambi&oacute; la manera de entender la falibilidad. Su modelo GEMS distingue los deslices y lapsos propios de las tareas automatizadas, las equivocaciones al aplicar reglas y las equivocaciones por falta de conocimiento; y separa todo ello de las transgresiones, en las que la persona sabe que se aparta del procedimiento. Su conclusi&oacute;n es la que hoy repiten los expertos en seguridad ferroviaria y de aviaci&oacute;n civil, el factor humano no se puede cambiar, pero s&iacute; las condiciones en las que las personas trabajan. Por tanto, el objetivo no es eliminar el imponderable del &ldquo;error humano&rdquo;, que es imposible, sino construir organizaciones capaces de absorberlo.
    </p><p class="article-text">
        En este enfoque de la cultura justa, que sigue la normativa europea y espa&ntilde;ola, el orden es investigar qu&eacute; pas&oacute; y por qu&eacute; antes de atribuir responsabilidades. Lo que no excluye la responsabilidad penal o disciplinaria del operador, pero s&iacute; exige es que esa responsabilidad se determine una vez que la investigaci&oacute;n t&eacute;cnica haya establecido qu&eacute; fall&oacute; y en qu&eacute; condiciones trabajaba. Reason propuso una herramienta para orientar ese an&aacute;lisis, el test de sustituci&oacute;n: &iquest;una persona distinta, con la misma formaci&oacute;n y experiencia, habr&iacute;a cometido el mismo error en las mismas circunstancias? Si la respuesta es s&iacute;, el error lo indujo el sistema, y castigar a quien lo cometi&oacute; no evitar&aacute; que lo cometa el siguiente. Si la respuesta es no, hay que mirar a la selecci&oacute;n, la formaci&oacute;n o la conducta de esa persona.
    </p><p class="article-text">
        La reacci&oacute;n del ministro Puente, horas despu&eacute;s del accidente de Toledo, calificando de &laquo;inexplicable&raquo; la orden de un operador antes de saber en qu&eacute; condiciones se dio y carg&aacute;ndole toda la responsabilidad del accidente, es absolutamente cuestionable. Principalmente, porque, siendo el titular del Ministerio de Transportes, nada de este enfoque en seguridad ferroviaria deber&iacute;a serle ajeno. El error humano es el punto de partida de la investigaci&oacute;n, no su conclusi&oacute;n. Si lo que hubo fue un error que cualquier profesional con la misma formaci&oacute;n habr&iacute;a cometido en las mismas condiciones, o una imprudencia grave, es algo que solo podr&aacute; saberse cuando se analice toda la cadena de fallos t&eacute;cnicos y organizativos que lo precedieron. No esperar a ese an&aacute;lisis pone en cuesti&oacute;n la honestidad con la que &Oacute;scar Puente puede gestionar una situaci&oacute;n que le pone en jaque. Por eso lo mejor que puede hacer es dar un paso a un lado y dimitir, porque esto no va de a qui&eacute;n se le echan las culpas, va de seguridad ferroviaria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/error-humano-error-ministro_129_13628372.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Oct 2026 21:17:18 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5a479ac0-8c2e-42b9-84dd-ecceee90a94f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3440516" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5a479ac0-8c2e-42b9-84dd-ecceee90a94f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3440516" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Error humano o error del ministro]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5a479ac0-8c2e-42b9-84dd-ecceee90a94f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Accidente tren Urda,Óscar Puente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Niñas a los 16 años?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ninas-16-anos_129_13610930.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f8e1118-373c-4e43-a30c-1206a36edc6b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x961y1075.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Niñas a los 16 años?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Feijóo no aclara qué pretende cambiar de la legislación actual sobre el aborto, que ya permite el acompañamiento familiar sin convertirlo en una obligación ni condicionar la decisión de la adolescente a la voluntad de sus progenitores. El líder del PP no dice qué ocurriría cuando una adolescente quisiera interrumpir su embarazo y sus progenitores se opusiesen</p><p class="subtitle">Feijóo reabre el debate sobre el aborto, eliminará el Ministerio de Igualdad y estudiará “la viabilidad” de las pensiones</p></div><p class="article-text">
        Si algo tienen en com&uacute;n los fundamentalismos religiosos y las ideolog&iacute;as ultraconservadoras es su empe&ntilde;o en controlar los cuerpos y las vidas de las mujeres, las adolescentes y las ni&ntilde;as. Cambian los discursos, las justificaciones y las formas de ejercer ese control, pero en el fondo comparten la misma idea patriarcal de que las mujeres no son plenamente capaces de decidir sobre sus propios cuerpos y sus vidas y que, por tanto, sus decisiones deben quedar subordinadas a una autoridad familiar, moral, religiosa o pol&iacute;tica que lo har&aacute; por ellas, especialmente cuando se trata de decidir sobre su sexualidad y su capacidad reproductiva.
    </p><p class="article-text">
        Esa misma concepci&oacute;n es la que subyace en el debate que Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o pretende reabrir, si llega al Gobierno, sobre el derecho de las &ldquo;ni&ntilde;as&rdquo; de 16 a&ntilde;os (como &eacute;l las denomina) a interrumpir un embarazo sin autorizaci&oacute;n de sus progenitores. El l&iacute;der del Partido Popular sostiene que lo correcto es que una adolescente comparta con sus padres una decisi&oacute;n que considera trascendente e irreversible y que estos tengan conocimiento de ella. Pero lo que no aclara es qu&eacute; pretende cambiar de la legislaci&oacute;n actual, que ya permite ese acompa&ntilde;amiento familiar sin convertirlo en una obligaci&oacute;n ni condicionar la decisi&oacute;n de la adolescente a la voluntad de sus progenitores. Porque una cosa es defender que las familias conozcan y acompa&ntilde;en esa decisi&oacute;n y otra muy distinta es establecer por ley que deban ser informadas o que puedan intervenir en ella.
    </p><p class="article-text">
        El planteamiento de N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o, envuelto en una aparente apelaci&oacute;n al sentido com&uacute;n, deja as&iacute; una pregunta fundamental sin respuesta: &iquest;qu&eacute; ocurrir&iacute;a cuando una adolescente quisiera interrumpir su embarazo y sus progenitores se opusieran? Nadie discute la importancia de que las familias acompa&ntilde;en a sus hijas en decisiones tan importantes, pero acompa&ntilde;ar no es decidir por ellas, y escucharlas no puede significar que su opini&oacute;n solo cuente cuando coincide con la de sus progenitores. Conviene recordar, adem&aacute;s, que cuando la reforma del PP de 2015 impuso el consentimiento de los representantes legales, apenas el 12% de las chicas de 16 y 17 a&ntilde;os que abortaban lo hac&iacute;a sin conocimiento de sus progenitores. Entre las razones para no comunic&aacute;rselo figuraban situaciones de violencia intrafamiliar, amenazas, desarraigo o desamparo.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente de eso trata la norma actual, de reconocer y proteger tambi&eacute;n a esas adolescentes como sujetos de derechos con capacidad de decidir, porque no todas viven en familias que las protegen y respetan sus decisiones. Entre 2015 y 2023, con la legislaci&oacute;n del PP, la exigencia de consentimiento parental no elimin&oacute; las situaciones de vulnerabilidad que afrontaban estas adolescentes. Al contrario, las dejaba ante alternativas especialmente dif&iacute;ciles como ocultar el embarazo, retrasar la atenci&oacute;n sanitaria o buscar v&iacute;as para interrumpirlo al margen de las garant&iacute;as legales y sanitarias. Por eso, antes de volver a plantear este debate envenenado, habr&iacute;a que preguntarse qu&eacute; protecci&oacute;n efectiva ofrece a una adolescente que no puede acudir a su familia obligarla a &ldquo;informar&rdquo; de que quiere abortar cuando hacerlo puede significar violencia o incluso ser expulsadas de su casa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso resulta m&aacute;s que cuestionable que Feij&oacute;o quiera reabrir un debate que nadie plantea comparando abortar con hacerse un tatuaje o sacarse el carn&eacute; de conducir. Ni la maternidad ni la interrupci&oacute;n de un embarazo se parecen a nada de eso. Acompa&ntilde;ar a una adolescente de 16 a&ntilde;os en una decisi&oacute;n vital no es sustituir su voluntad por la de sus progenitores, y hacerlo desde la presunci&oacute;n de que, por su edad y por ser mujer, otras personas est&aacute;n m&aacute;s capacitadas para decidir responde a una l&oacute;gica adultoc&eacute;ntrica y machista. Una l&oacute;gica, adem&aacute;s, contradictoria si se considera a una chica de 16 a&ntilde;os lo bastante madura para asumir una maternidad, &iquest;por qu&eacute; no para decidir si quiere continuar su embarazo?
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, una reflexi&oacute;n sobre la mirada que hace que el l&iacute;der del Partido Popular llame &ldquo;ni&ntilde;as&rdquo; a chicas adolescentes de 16 a&ntilde;os cuando habla de sus embarazos; porque la edad importa, y mucho, cuando hablamos de sexualidad y de derechos. No es lo mismo una ni&ntilde;a que una adolescente de 16 a&ntilde;os, y con esa forma de nombrarlas Feij&oacute;o desdibuja las diferencias entre infancia y adolescencia en un &aacute;mbito especialmente sensible, y al hacerlo contribuye a presentar como incapaces de decidir sobre su sexualidad a unas chicas a las que la ley ya reconoce, en esa edad, autonom&iacute;a reproductiva y capacidad para prestar su consentimiento sexual. No resulta nada acertado desdibujar esa diferencia entre etapas evolutivas muy dispares para cuestionar la capacidad que tienen estas j&oacute;venes para decidir por s&iacute; mismas sobre sus relaciones sexuales y el momento de decidir ser madres. Es m&aacute;s, resulta, hasta algo inquietante.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ninas-16-anos_129_13610930.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Oct 2026 20:40:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6f8e1118-373c-4e43-a30c-1206a36edc6b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x961y1075.jpg" length="9712438" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6f8e1118-373c-4e43-a30c-1206a36edc6b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x961y1075.jpg" type="image/jpeg" fileSize="9712438" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Niñas a los 16 años?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6f8e1118-373c-4e43-a30c-1206a36edc6b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x961y1075.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Alberto Núñez Feijóo,Aborto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No es lo mismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no_129_13592338.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/768ff99b-8372-4baa-9a56-a34fa0052696_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x555y147.jpg" width="1200" height="675" alt="No es lo mismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando hablamos de cáncer de mama, también tenemos que hablar de feminismo, racismo, pobreza, discapacidad, precariedad laboral, cuidados y derechos. No es lo mismo comprar un producto con un lazo rosa que exigir presupuestos para investigación, diagnósticos a tiempo y tratamientos accesibles</p></div><p class="article-text">
        El c&aacute;ncer de mama no nos afecta a todas por igual porque esta enfermedad no borra las desigualdades, sino que las atraviesa, las agrava y, muchas veces, las convierte en una cuesti&oacute;n de supervivencia. No es lo mismo tener c&aacute;ncer con una n&oacute;mina estable que sin contrato, sin derecho a baja o con miedo a perder el trabajo, tampoco lo es tener unas condiciones laborales que te impiden siquiera acudir a tus tratamientos. No es lo mismo vivir cerca de un hospital que recorrer cientos de kil&oacute;metros para recibir atenci&oacute;n sanitaria, ni es lo mismo disponer de especialistas en tu provincia que encontrarte con un hospital que cuando tiene los equipos necesarios, igual no cuenta con profesionales para utilizarlos.
    </p><p class="article-text">
        En el c&aacute;ncer, el tiempo importa, y no todas las personas tenemos las mismas posibilidades de llegar a tiempo. Por eso, no es lo mismo poder pagar una prueba privada que esperar durante meses en una lista de espera, ni acceder a un programa de cribado a tiempo que sufrir retrasos en las pruebas, en la comunicaci&oacute;n de los resultados o en las pruebas complementarias necesarias para confirmar un diagn&oacute;stico. No es lo mismo vivir con c&aacute;ncer metast&aacute;sico cerca de un centro de investigaci&oacute;n, con informaci&oacute;n y posibilidades de acceder a ensayos cl&iacute;nicos, que hacerlo lejos de esos circuitos, sin conocer siquiera las opciones disponibles. Porque cuando los tratamientos tardan en llegar, lo que est&aacute; en juego no es solo el tiempo de espera, sino nuestras oportunidades de vivir o de hacerlo con la mejor calidad posible.
    </p><p class="article-text">
        No es lo mismo tener acceso a informaci&oacute;n clara y comprensible, conocer tus derechos y las alternativas terap&eacute;uticas que enfrentarte a decisiones m&eacute;dicas sin entenderlas o sin que nadie te explique todas las opciones. No es lo mismo vivir con una discapacidad y encontrar una sanidad accesible y adaptada a tus necesidades que enfrentarte a barreras f&iacute;sicas, comunicativas y administrativas que dificultan el acceso a las pruebas, los tratamientos y los cuidados. Tampoco es lo mismo enfrentarse a una enfermedad cuando tu cuerpo, tu origen, tu identidad o tu sexualidad quedan fuera de los modelos sobre los que se construyen la investigaci&oacute;n y la atenci&oacute;n sanitaria. Y, por supuesto, no es lo mismo enfermar con una red de cuidados que hacerlo sola, o con personas a tu cargo o una relaci&oacute;n de pareja insana o marcada por la violencia.
    </p><p class="article-text">
        Las desigualdades tambi&eacute;n enferman y condicionan nuestras posibilidades de vivir y de hacerlo con dignidad. Por eso, cuando hablamos de c&aacute;ncer de mama, tambi&eacute;n tenemos que hablar de feminismo, racismo, pobreza, discapacidad, precariedad laboral, cuidados y derechos. Tenemos que preguntarnos qui&eacute;n llega a tiempo a un diagn&oacute;stico y qui&eacute;n no, qu&eacute; cuerpos est&aacute;n representados en la investigaci&oacute;n y cu&aacute;les permanecen invisibles, qui&eacute;n puede permitirse enfermar y qui&eacute;n tiene que afrontar, adem&aacute;s, la incertidumbre de conservar su empleo, pagar el alquiler o conseguir que alguien cuide de sus hijas e hijos. Pero, sobre todo, tenemos que preguntarnos por qu&eacute; seguimos tratando como problemas individuales lo que son responsabilidades colectivas, por qu&eacute; se pone tanto &eacute;nfasis en que nos cuidemos nuestro bienestar personal y tan poco en garantizar las condiciones necesarias para poder hacerlo. El c&aacute;ncer, no solo el de mama, es una cuesti&oacute;n de salud p&uacute;blica y tambi&eacute;n de justicia social.
    </p><p class="article-text">
        No es lo mismo comprar un producto con un lazo rosa que exigir presupuestos para investigaci&oacute;n, diagn&oacute;sticos a tiempo y tratamientos accesibles. La respuesta al c&aacute;ncer no puede ser consumir m&aacute;s -a veces, incluso, productos que pueden enfermarnos-, sino garantizar derechos y recursos p&uacute;blicos. Por eso, hace cuatro a&ntilde;os algunas empezamos a preguntarnos qu&eacute; pasar&iacute;a si el 19 de octubre dejara de ser el d&iacute;a en el que las marcas se visten de rosa y se convirtiera en el d&iacute;a en el que las mujeres atravesadas por el c&aacute;ncer de mama sali&eacute;ramos a las calles. &iquest;Y si alg&uacute;n d&iacute;a llegara a ser el 8 de marzo de esta causa? Y estoy convencida de que as&iacute; ser&aacute;, cada a&ntilde;o somos m&aacute;s y este lunes 19 de octubre, a las 19:00, quienes hemos vivido el c&aacute;ncer de mama en nuestros cuerpos y en nuestras vidas nos concentraremos en Bilbao, Donostia, Madrid, Valencia, Las Palmas de Gran Canaria y Valladolid. El c&aacute;ncer de mama no es rosa, ning&uacute;n c&aacute;ncer lo es. Y ninguna persona deber&iacute;a tener menos posibilidades de vivir, o de hacerlo con dignidad, por el lugar que ocupa en nuestra sociedad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no_129_13592338.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Oct 2026 22:28:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/768ff99b-8372-4baa-9a56-a34fa0052696_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x555y147.jpg" length="191031" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/768ff99b-8372-4baa-9a56-a34fa0052696_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x555y147.jpg" type="image/jpeg" fileSize="191031" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[No es lo mismo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/768ff99b-8372-4baa-9a56-a34fa0052696_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x555y147.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Sanidad,Cáncer de mama]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué la crueldad es rentable electoralmente?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/crueldad-rentable-electoralmente_129_13576185.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a51f4703-b3fa-4600-9fb5-591712f893d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1028y309.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué la crueldad es rentable electoralmente?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Solo desde esta lógica se pueden comprender algunas de las cosas que hemos escuchado sobre Maricarmen antes de morir, e incluso después. Desde el «Morocarmen» y el «puta sinvergüenza» hasta la ironía de Ayuso: «Que me avisen a partir de qué edad dejo de pagar». Esta obscenidad y crueldad no es un error político, es una estrategia</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La crueldad es electoralmente rentable&rdquo;. As&iacute; resum&iacute;a el polit&oacute;logo Pablo Sim&oacute;n, con lucidez, una de las claves del momento pol&iacute;tico que vivimos. Para ilustrarlo, hac&iacute;a referencia a <a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/pops.12922" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un estudio publicado en la revista cient&iacute;fica Political Psychology</a> que revel&oacute; que m&aacute;s de un tercio de las personas encuestadas en Estados Unidos estaba dispuesto a votar a un candidato que prometiera impulsar pol&iacute;ticas perjudiciales para los simpatizantes del partido contrario. No porque esas pol&iacute;ticas fueran a mejorar sus propias vidas, sino por la satisfacci&oacute;n de saber que quienes consideran sus adversarios lo iban a pasar mal, es decir, el sufrimiento del otro convertido en recompensa electoral.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Solo desde esta l&oacute;gica se pueden comprender algunas de las cosas que hemos escuchado sobre Maricarmen antes de morir, e incluso tambi&eacute;n despu&eacute;s. Desde el &laquo;Morocarmen&raquo; y el &laquo;puta sinverg&uuml;enza&raquo; hasta la iron&iacute;a de Ayuso: &laquo;Que me avisen a partir de qu&eacute; edad dejo de pagar&raquo;. Esta estrategia, la de la obscenidad de la crueldad no es un error pol&iacute;tico, es una estrategia pol&iacute;tica. Humillar, despreciar o recrearse en el sufrimiento de quien previamente ha sido convertido en adversario, y hacerlo, adem&aacute;s, ante un p&uacute;blico dispuesto a celebrarlo y a votarte por ello.
    </p><p class="article-text">
        Resulta especialmente llamativo que Feij&oacute;o denuncie un intento de &laquo;manipulaci&oacute;n emocional&raquo; con el caso de Maricarmen, mientras su partido alimenta el resentimiento y el desprecio hacia quienes convierte en adversarios. Al PP y a Vox les molesta que la ciudadan&iacute;a se conmueva ante el sufrimiento de esta mujer de 87 a&ntilde;os, desahuciada de su casa y presentan esa conmoci&oacute;n como manipulaci&oacute;n emocional, mientras exhiben la crueldad que destilan sus propias palabras, sus mensajes en las redes sociales y hasta sus negativas a guardar un minuto de silencio por ella.
    </p><p class="article-text">
        No es casual que se desprecie la empat&iacute;a mientras se exhibe la crueldad como una demostraci&oacute;n de poder. Es una de las grandes batallas del orden pol&iacute;tico del patriarcado, convertir la crueldad en una forma de ejercer el poder y hacer de su aprendizaje una v&iacute;a para conquistarlo y mantenerse en &eacute;l. Inevitable pensar, por ello, en la antrop&oacute;loga feminista Rita Segato, que lleva a&ntilde;os advirti&eacute;ndonos sobre esa <em>pedagog&iacute;a de la crueldad</em>, sobre &laquo;todos los actos y pr&aacute;cticas que ense&ntilde;an, habit&uacute;an y programan a los sujetos a transmutar lo vivo y su vitalidad en cosas&raquo;. Es decir, a deshumanizar, a quebrar la empat&iacute;a y a romper los v&iacute;nculos que nos permiten reconocernos en el sufrimiento de otras personas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay algo en el pensamiento de Segato a lo que quiz&aacute; no hemos prestado suficiente atenci&oacute;n desde los feminismos: esta pedagog&iacute;a tambi&eacute;n se ejerce sobre los propios hombres, a quienes el <em>mandato de masculinidad</em> obliga a demostrar su poder mediante la dominaci&oacute;n y el desprecio de la vulnerabilidad. Para ejercer esa crueldad sobre otros, primero tienen que aprender a ejercerla sobre s&iacute; mismos, amputando su propia capacidad de sentir, cuidar y conmoverse, cualquier rastro de empat&iacute;a, miedo o ternura. Ese aprendizaje de la crueldad no solo condiciona c&oacute;mo tratamos a los dem&aacute;s, sino tambi&eacute;n c&oacute;mo sentimos, c&oacute;mo juzgamos y qu&eacute; decisiones tomamos, incluida la de votar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El neurocient&iacute;fico portugu&eacute;s Ant&oacute;nio Dam&aacute;sio lleva d&eacute;cadas demostrando que las emociones no son lo contrario de la raz&oacute;n, sino que forman parte de nuestros procesos de decisi&oacute;n. Por eso, despachar como simples irracionalidades los discursos y comportamientos cargados de odio y crueldad que presenciamos puede impedirnos comprender lo que hay detr&aacute;s. La cuesti&oacute;n es que la crueldad tambi&eacute;n nos ense&ntilde;a a sentir de otra manera, a encontrar satisfacci&oacute;n en la humillaci&oacute;n ajena, a canalizar la frustraci&oacute;n, el resentimiento o el malestar propio contra otras personas. Y cuando esa satisfacci&oacute;n se convierte en una motivaci&oacute;n pol&iacute;tica, el sufrimiento del adversario puede llegar a importar m&aacute;s que el propio bienestar. Cabe preguntarse, entonces, cu&aacute;ntas personas acudir&aacute;n a las pr&oacute;ximas elecciones no tanto para mejorar sus propias vidas como para disfrutar viendo empeorar las de quienes han aprendido a considerar sus enemigos: las personas migrantes, feministas, LGTBIQ+, racializadas, ecologistas, sindicalistas, de izquierdas, trabajadoras y voluntarias de ONG, defensoras de derechos humanos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Viktor Frankl, superviviente de los campos de concentraci&oacute;n nazis, expon&iacute;a en <em>El hombre en busca de sentido</em> la importancia de la responsabilidad personal frente a las circunstancias y que incluso en los contextos m&aacute;s adversos, nuestras decisiones tienen una dimensi&oacute;n moral. La Historia nos ha ense&ntilde;ado hasta d&oacute;nde puede llegar una sociedad cuando convierte a determinados grupos humanos en enemigos a los que despojar de su dignidad. Nadie est&aacute; a salvo de esa pedagog&iacute;a de la crueldad, tampoco quienes creemos combatirla, por eso no podemos caer en la misma trampa, denunciar la crueldad no exige deshumanizar a quienes la ejercen, sino comprender sus mecanismos, se&ntilde;alar sus actos, exigir responsabilidades y construir alternativas que no reproduzcan su l&oacute;gica. 
    </p><p class="article-text">
        El movimiento por la vivienda nos est&aacute; dando algunas pistas de c&oacute;mo hacer, nadie se esperaba este despertar de la conciencia colectiva que nos muestra que frente a una pol&iacute;tica que necesita enemigos, lo que nos une es colocar en el centro las necesidades de las personas y sus derechos. Pero, adem&aacute;s, nos recuerda algo que la historia de nuestras democracias confirma, que han sido los movimientos sociales, con sus luchas y conquistas, quienes han empujado a las instituciones pol&iacute;ticas a reconocer derechos y transformar nuestras sociedades. Quiz&aacute; por eso al fascismo le da tanto miedo la empat&iacute;a, porque desactiva su propuesta pol&iacute;tica de crueldad y deshumanizaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/crueldad-rentable-electoralmente_129_13576185.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Oct 2026 20:40:21 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a51f4703-b3fa-4600-9fb5-591712f893d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1028y309.jpg" length="6448931" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a51f4703-b3fa-4600-9fb5-591712f893d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1028y309.jpg" type="image/jpeg" fileSize="6448931" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Por qué la crueldad es rentable electoralmente?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a51f4703-b3fa-4600-9fb5-591712f893d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1028y309.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Españoles y no españoles ya están hablando en las calles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/espanoles-no-espanoles-hablando-calles_129_13558166.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e86d625c-0aca-4607-b1b7-d21d4b5e34c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Españoles y no españoles ya están hablando en las calles"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No, no es el orden público lo que están alterando quienes acampan en Sol, se manifiestan o se organizan en sus barrios, sino un orden construido sobre relaciones de poder e intereses inmobiliarios, sobre la especulación y la avaricia</p></div><p class="article-text">
        Hay algo casi c&oacute;mico en el empe&ntilde;o de Almeida, Ayuso y sus medios afines por convertir una protesta pac&iacute;fica en una amenaza para el orden p&uacute;blico mientras quienes protestan siguen organiz&aacute;ndose y ampliando la movilizaci&oacute;n. Mientras Mart&iacute;nez-Almeida buscaba armas entre el pan y el hummus e Isabel D&iacute;az Ayuso acude a los tribunales para conseguir el desalojo inmediato de la acampada de Sol, la protesta por la vivienda sigue su hoja de ruta. Este s&aacute;bado las movilizaciones se extender&aacute;n por decenas de ciudades, mientras desde Sol se habla ya de una huelga general por la vivienda. Un lugar convertido estos d&iacute;as en espacio desde el que quienes sufren en primera persona el problema de la vivienda y la amenaza de un desahucio pueden recuperar algo de la dignidad que se les roba cuando les dicen que solo queda aceptar lo inevitable. Que no poder acceder a una vivienda, dedicar buena parte de la vida a pagar un alquiler o vivir con el miedo permanente a perder la casa es, sencillamente, lo que hay.
    </p><p class="article-text">
        Es obvio que la acampada de Sol no es el problema, que el problema se llama &ldquo;derecho a la vivienda&rdquo;. Seg&uacute;n una encuesta de 40dB. para EL PA&Iacute;S y la Cadena SER, casi siete de cada diez personas en Espa&ntilde;a apoyan limitar los precios de la vivienda, aunque eso reduzca la rentabilidad de los propietarios, posici&oacute;n que comparte m&aacute;s de la mitad de quienes votan al PP y a Vox. Entre un 70% y un 75% respalda regular los alquileres, limitar sus subidas y aplazar los desahucios de personas vulnerables. Algunas de esas medidas estaban precisamente en los decretos que PP, Vox y Junts han tumbado en el Congreso. La pregunta es ret&oacute;rica porque la respuesta parece bastante clara: &iquest;para qui&eacute;n gobernar&iacute;a la derecha si llegara al Gobierno de Espa&ntilde;a?
    </p><p class="article-text">
        Cuando miles de personas, mayoritariamente j&oacute;venes, pero no solo, se encuentran en las calles y plazas de distintas ciudades y destapan c&oacute;mo sus vidas est&aacute;n atravesadas por el mismo problema, lo que empieza a cuestionarse es sencillamente el orden de las cosas o, dicho de otra forma, el &laquo;orden establecido&raquo;. Ese orden que ha conseguido que normalicemos que tener un trabajo o cobrar una pensi&oacute;n no garantice poder pagar una vivienda, o que una parte cada vez mayor de nuestros ingresos tenga que destinarse simplemente a tener donde vivir (y no necesariamente una casa propia), o que una persona joven no pueda emanciparse, una mujer no pueda separarse porque no puede pagar otro alquiler, una familia pueda perder su casa o llegar a la vejez no garantice poder permanecer en el hogar de toda la vida. Ese es &ldquo;el orden&rdquo; que est&aacute;n alterando estas movilizaciones, no el &ldquo;orden p&uacute;blico&rdquo; al que se refiere el art&iacute;culo 21 de nuestra Constituci&oacute;n que protege el derecho de reuni&oacute;n pac&iacute;fica, y que tanto empe&ntilde;o tienen en invocar Almeida y Ayuso.
    </p><p class="article-text">
        No, no es el orden p&uacute;blico lo que est&aacute;n alterando quienes acampan en Sol, se manifiestan o se organizan en sus barrios, sino un orden construido sobre relaciones de poder e intereses inmobiliarios, sobre la especulaci&oacute;n y la avaricia &ndash;por cierto, uno de los siete pecados capitales&ndash;, que condicionan nuestras ciudades y nuestras posibilidades de vivir en ellas. Maricarmen, con 87 a&ntilde;os y toda una vida en la misma casa, ha encarnado la historia de miles y miles de personas. Lo que ella ha tenido que vivir es la l&iacute;nea roja que nunca debi&oacute; cruzarse y que nos ha obligado a mirar de frente una realidad en la que comprueba hasta d&oacute;nde pueden llegar la deshumanizaci&oacute;n y la inmundicia de ese orden.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando una movilizaci&oacute;n consigue se&ntilde;alar con tanta claridad el problema, una forma de evitar hablar de &eacute;l es desacreditar a quienes lo se&ntilde;alan: llamarles hippies, perroflautas, decir que est&aacute;n de botell&oacute;n o presentar la acampada como un lugar sucio y peligroso. Pero la realidad es muy distinta. Estamos ante una juventud que, a pesar de que se lleva a&ntilde;os describi&eacute;ndola desde el adultocentrismo como ap&aacute;tica, individualista, machista, atrapada por las pantallas, seducida por discursos reaccionarios o incapaz de comprometerse con nada, ha decidido organizarse, hacer asambleas, ocupar plazas y hablar de vivienda. Una juventud que no necesita que nadie la idealice ni que ahora se la convierta en la generaci&oacute;n que viene a salvarnos (otra forma de adultocentrismo). Sencillamente, es una juventud que est&aacute; ejerciendo su derecho y lo hace reclamando algo tan poco antisistema como un derecho reconocido en la Constituci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quienes se movilizan desde Sol, desde las calles y desde los barrios no han venido a hacerle el trabajo a la izquierda ni a salvar a ning&uacute;n partido. Mientras, a Feij&oacute;o le ha faltado tiempo para pedir hoy a S&aacute;nchez, por en&eacute;sima vez, que convoque elecciones para &laquo;que hablen los espa&ntilde;oles&raquo;. Y claro que los espa&ntilde;oles tienen que hablar en las urnas cuando sean convocados. Pero no se trata de sustituir las urnas por las calles, sino de recordar que la democracia tampoco se agota en las urnas y que la ciudadan&iacute;a ya est&aacute; hablando. Hablan en Sol, en las calles, en los barrios, en las asambleas y cada vez que se organizan para impedir que alguien sea expulsado de su casa. Lo que est&aacute;n diciendo estos d&iacute;as es bastante claro: la vivienda no puede seguir siendo un privilegio, es un derecho. Y defender el derecho a tener una casa es motivo m&aacute;s que suficiente para organizarse, protestar e ir a una huelga general. Lo es.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/espanoles-no-espanoles-hablando-calles_129_13558166.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Oct 2026 20:38:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e86d625c-0aca-4607-b1b7-d21d4b5e34c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="626400" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e86d625c-0aca-4607-b1b7-d21d4b5e34c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="626400" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Españoles y no españoles ya están hablando en las calles]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e86d625c-0aca-4607-b1b7-d21d4b5e34c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Vivienda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los niños perdidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ninos-perdidos_129_13520997.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0aaebbfd-35c2-4254-b5d2-0a692842867a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1161y616.jpg" width="1200" height="675" alt="Los niños perdidos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La protección de la integridad territorial no puede hacerse a costa de la integridad física, la dignidad y los derechos humanos de quienes cruzan esa frontera. Al igual que tampoco puede descargarse sobre una población que necesita recursos, respuestas y certezas</p></div><p class="article-text">
        Un peluche tirado en el suelo, en medio del desconcierto, las cargas y los nervios del traslado de cientos de personas desde las playas hasta las instalaciones habilitadas en el puerto. Lo contaba esta ma&ntilde;ana en Hoy por Hoy Julia Molina, enviada especial de la Cadena SER a Ceuta. Las im&aacute;genes son impactantes, pero m&aacute;s impactante resulta escuchar a dirigentes del PP, incluido su presidente, Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o, hablar de esas mismas im&aacute;genes que estamos viendo todas y todos y seguir recurriendo al lenguaje de la &laquo;invasi&oacute;n&raquo;. Hay algo profundamente preocupante en una mirada pol&iacute;tica que, ante miles de seres humanos en condiciones extremas, es incapaz de reconocer al otro como un igual en dignidad. Es un problema de educaci&oacute;n moral, emocional y democr&aacute;tica. De humanidad.
    </p><p class="article-text">
        Al igual que una frontera no suspende los derechos de las personas que la cruzan, sea de forma irregular o con un pasaporte en la mano, tampoco deber&iacute;a borrar nuestra sensibilidad hacia quienes est&aacute;n sufriendo en Ceuta las consecuencias de una batalla pol&iacute;tica, ideol&oacute;gica e institucional. Cuando ante im&aacute;genes de miles de personas en situaciones extremas dejamos de ver vidas concretas y solo vemos una &laquo;invasi&oacute;n&raquo;, lo que entra en juego no es la realidad, sino sesgos y prejuicios profundamente arraigados. Ser racializadas, magreb&iacute;es, subsaharianas, pobres o extranjeras las sit&uacute;a en el cruce de desigualdades que facilita que sean percibidas antes como una amenaza que como seres humanos. Ese es el terreno sobre el que se construye el lenguaje del odio y de la falsa invasi&oacute;n; el de los prejuicios que convierten la diferencia en desigualdad y la desigualdad en una excusa para excluir, deshumanizar y violentar.
    </p><p class="article-text">
        Cuando eso ocurre desaparecen las vidas concretas, dejamos de ver a las mujeres, a las madres que llevan a sus beb&eacute;s en brazos, a las ni&ntilde;as y ni&ntilde;os peque&ntilde;os, a los adolescentes&hellip; a las personas. Pero est&aacute;n ah&iacute; y los ven las y los periodistas que est&aacute;n contando sobre el terreno lo que sucede, quienes trabajan desde las organizaciones sociales y, sobre todo, muchas vecinas y vecinos de Ceuta que llevan semanas haciendo algo tan elemental como dar comida, buscar un lugar donde dormir, acompa&ntilde;ar y cuidar. En Sidi Embarek, por ejemplo, la solidaridad vecinal sostuvo durante semanas un refugio improvisado para alrededor de 300 mujeres y ni&ntilde;os cuando la respuesta institucional no alcanzaba. Esa tambi&eacute;n es Ceuta y tambi&eacute;n merece ser mirada
    </p><p class="article-text">
        A quienes se preguntan para qu&eacute; sirven los derechos humanos, la respuesta es bastante sencilla, sirven precisamente cuando las cosas se complican. Cuando hay miedo, conflicto, escasez de recursos y derechos que est&aacute;n siendo vulnerados. Sirven para fijar l&iacute;mites al poder y para impedir que establezcamos jerarqu&iacute;as entre unas vidas y otras. Sirven para saber qui&eacute;nes somos nosotras y nosotros mismos, quienes queremos ser y del lado de qui&eacute;n queremos estar, si del odio o del amor. Reconocer los derechos de las personas migrantes no significa ignorar el cansancio, el miedo ni las necesidades de una ciudad que lleva semanas soportando una situaci&oacute;n extraordinaria. Es necesario repetir hasta la saciedad que los derechos no compiten entre s&iacute;. En Ceuta es falso el dilema que obliga a elegir entre seguridad y dignidad, entre quienes viven all&iacute; y quienes acaban de llegar, entre proteger una frontera y proteger a las personas.
    </p><p class="article-text">
        La protecci&oacute;n de la integridad territorial no puede hacerse a costa de la integridad f&iacute;sica, la dignidad y los derechos humanos de quienes cruzan esa frontera. Al igual que tampoco puede descargarse sobre una poblaci&oacute;n que necesita recursos, respuestas y certezas. Para eso justo es para lo que est&aacute;n las instituciones, y por eso resulta especialmente grave que el Gobierno de Ceuta se haya declarado en rebeld&iacute;a a colaborar con el Gobierno central de Pedro S&aacute;nchez solo porque para la derecha y extrema derecha este sea, desde la pandemia, el enemigo declarado al que hay que derrocar, odiar y si es posible, enchironar.
    </p><p class="article-text">
        Mientras esa disputa contin&uacute;a, corremos el riesgo de perder nuestra humanidad detr&aacute;s de las cifras, las competencias, las fronteras y las palabras con las que se desfigura la realidad. Cuando el lenguaje pol&iacute;tico convierte a personas en amenazas, lo primero que se pierde es su dignidad a nuestros ojos y la nuestra propia. En Ceuta, entre todos esos miles de personas, hay seres humanos esperando simplemente que alguien los vea como lo que son. Incluidos muchos ni&ntilde;os que siguen solos&hellip; y perdidos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ninos-perdidos_129_13520997.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Sep 2026 20:07:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0aaebbfd-35c2-4254-b5d2-0a692842867a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1161y616.jpg" length="506987" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0aaebbfd-35c2-4254-b5d2-0a692842867a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1161y616.jpg" type="image/jpeg" fileSize="506987" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los niños perdidos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0aaebbfd-35c2-4254-b5d2-0a692842867a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1161y616.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desandar el odio antes de que sea demasiado tarde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/desandar-odio-sea-tarde_129_13487919.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4094e163-1b28-4bbc-b08c-a369df161390_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x544y180.jpg" width="1200" height="675" alt="Desandar el odio antes de que sea demasiado tarde"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando alguien intimida o agrede a un reportero para impedirle trabajar no está atacando únicamente a la persona que sostiene el micrófono, sino que está interfiriendo en el ejercicio de la libertad de información y, con ello, en nuestro derecho a recibirla, está interfiriendo en uno de los pilares de la democracia</p></div><p class="article-text">
        Hay palabras pronunciadas con odio y hay palabras que construyen odio, no es lo mismo. Las primeras pueden ser desagradables, ofensivas, incluso profundamente hirientes, y seguir formando parte de una libertad de expresi&oacute;n que tambi&eacute;n protege aquello que molesta, incomoda o indigna. Las segundas hacen algo bien diferente: identifican a alguien (que pertenece a un grupo especialmente vulnerable desde el marco de los derechos humanos) como enemigo, lo convierten en amenaza, en peligro, lo deshumaniza y buscan que otros lo reconozcan tambi&eacute;n como tal para violentarlo. Distinguir unas palabras de otras, un lenguaje de otro se ha vuelto especialmente importante en este momento en Espa&ntilde;a. Identificar cu&aacute;ndo el odio deja de ser una emoci&oacute;n o un lenguaje desagradable y se convierte en una herramienta de movilizaci&oacute;n contra alguien es, en este momento, fundamental porque nos estamos jugando la democracia en las calles, ya no solo en las instituciones.
    </p><p class="article-text">
        Esta semana hemos asistido a situaciones que deber&iacute;an marcar un antes y un despu&eacute;s, se ha cruzado otra l&iacute;nea roja. Los ataques sufridos por periodistas de TVE y de otros medios mientras cubr&iacute;an las manifestaciones del pasado 2 de septiembre tienen una especial gravedad. Fueron insultados, rodeados, amenazados, golpeados y agredidos por manifestantes en cuyos rostros y comportamientos solo se ve&iacute;a ira y descontrol, se ve&iacute;a odio. El objetivo eran las y los profesionales de la informaci&oacute;n que estaban all&iacute; para informar, si bien para quienes les atacaban eran &ldquo;t&iacute;teres&rdquo; de esa televisi&oacute;n que PP y Vox llevan tiempo se&ntilde;alando como &laquo;la televisi&oacute;n de Pedro S&aacute;nchez&raquo;. No eran personas, eran &ldquo;t&iacute;teres&rdquo;, los hab&iacute;an deshumanizado, se hablaba desde el odio y con odio.
    </p><p class="article-text">
        Estas agresiones tienen una dimensi&oacute;n particularmente grave. Cuando alguien intimida o agrede a un reportero para impedirle trabajar no est&aacute; atacando &uacute;nicamente a la persona que sostiene el micr&oacute;fono, sino que est&aacute; interfiriendo en el ejercicio de la libertad de informaci&oacute;n y, con ello, en nuestro derecho a recibirla, est&aacute; interfiriendo en uno de los pilares de la democracia. Las amenazas, coacciones, lesiones o da&ntilde;os que puedan haberse cometido contra estos profesionales deber&aacute;n investigarse y recibir, en su caso, la correspondiente respuesta legal y, cuando proceda, penal. Pero precisamente porque el Derecho penal puede entrar en escena, (e incluso debe entrar en escena) conviene no utilizar el odio como una categor&iacute;a en la que cabe todo.
    </p><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;os, cuando particip&eacute; en la elaboraci&oacute;n de la <a href="https://www.abogacia.es/publicaciones/ebooks/delitos-de-odio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Gu&iacute;a pr&aacute;ctica para la Abogac&iacute;a sobre delitos de odio</em></a>, insist&iacute;amos en la necesidad de no confundir el lenguaje con odio con el lenguaje del odio. El Derecho penal no puede convertirse en un instrumento para perseguir opiniones pol&iacute;ticamente incorrectas, ofensivas o molestas, ni podemos llamar discurso de odio a cualquier manifestaci&oacute;n que nos resulte intolerable. Lo relevante es cu&aacute;ndo ese discurso deja de limitarse a expresar rechazo y empieza a cumplir otra funci&oacute;n, empieza a ser parte de la cadena de violencia que se dedica a se&ntilde;alar, humillar o denigrar, a construir un &ldquo;ellos&rdquo; frente a un &ldquo;nosotros&rdquo; y a generar un clima de hostilidad que pueda favorecer la discriminaci&oacute;n o la violencia.
    </p><p class="article-text">
        Lo ocurrido con los periodistas no surge en el vac&iacute;o, forma parte de un discurso que la extrema derecha lleva tiempo construyendo y en el que la identificaci&oacute;n de enemigos ocupa un lugar central. Lo estamos viendo estas semanas con Ceuta: las personas migrantes se convierten en &laquo;invasores&raquo;, la crisis humanitaria en una &laquo;invasi&oacute;n&raquo;, los hombres migrantes en un &laquo;agresores sexuales&raquo; y quienes los apoyan o defienden sus derechos en traidores a la patria y c&oacute;mplices de una amenaza. En ese mismo relato de invitaci&oacute;n al odio y la violencia, se refuerza la idea construida en el marco del relato del PP y de Vox de que determinados periodistas y medios no informan, sino que &ldquo;mienten&rdquo;, &ldquo;manipulan&rdquo;, &ldquo;ocultan&rdquo; o trabajan al servicio &ldquo;del enemigo&rdquo; (Pedro S&aacute;nchez). Obviamente, no significa que todas esas expresiones constituyan jur&iacute;dicamente delitos de odio, pero s&iacute; -al observar este laboratorio del odio en el que se ha convertido la crisis de Ceuta- nos permite reconocer un mecanismo de construcci&oacute;n de intolerancia y hostilidad que resulta peligroso.
    </p><p class="article-text">
        Un mecanismo que no se dirige &uacute;nicamente contra la persona que recibe el insulto, sino que busca intimidar y crear un estado de opini&oacute;n en el que el desprecio y la deshumanizaci&oacute;n se extienda, en el que otros reconozcan a quien ha sido se&ntilde;alado como inferior, peligroso o merecedor de un trato indigno y que esa percepci&oacute;n se vaya extendiendo entre una audiencia, unas veces atemorizada y que calla y otras, crecida y dispuesta a compartirla. En todo esto, las redes sociales est&aacute;n multiplicando exponencialmente esa capacidad de difusi&oacute;n y est&aacute;n permitiendo que el prejuicio irracional y falso encuentre comunidad, repetici&oacute;n y legitimidad hasta hacer que determinados hechos, expresiones y conductas dejen de parecernos excepcionales.
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos volver a distinguir entre el lenguaje con odio y el lenguaje del odio, a sabiendas de que estamos entrando en un contexto de excepcionalidad y mucha emocionalidad para hacer distinciones que requieren de matices y sosiego. Pero es necesario tener presente que el primero puede expresar rabia, desprecio o rechazo y resultar profundamente ofensivo sin dejar de estar protegido por la libertad de expresi&oacute;n, y que es el segundo el que debe activar los mecanismos del Estado, porque pretende algo m&aacute;s; pretende convertir el prejuicio irracional y los sesgos inconscientes en un mensaje de odio y rechazo compartido al se&ntilde;alar a determinadas personas como una amenaza. El lenguaje del odio busca una audiencia que legitime la exclusi&oacute;n, discriminaci&oacute;n o incluso la violencia contra esas personas por quienes son o lo que representan, por motivos prohibidos de discriminaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        No todo lo que se dice con odio es discurso de odio, ni todo discurso de odio constituye necesariamente un delito, pero esperar a que las palabras y los relatos terminen convirti&eacute;ndose en amenazas, coacciones o golpes contra los grupos se&ntilde;alados para empezar a preocuparnos significa llegar demasiado tarde. De hecho, ya llegamos tarde. No basta con actuar cuando la violencia ya se ha producido. Desandar el camino del odio exige impedir que el prejuicio encuentre en el lenguaje una forma de legitimarse y que ese lenguaje encuentre despu&eacute;s una audiencia dispuesta a convertirlo en discriminaci&oacute;n o violencia. Por eso, junto a la respuesta jur&iacute;dica cuando corresponda, necesitamos sensibilizaci&oacute;n y educaci&oacute;n capaces de romper esa cadena antes de que el odio se convierta en acci&oacute;n. Antes de que sea demasiado tarde, o todav&iacute;a m&aacute;s tarde.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/desandar-odio-sea-tarde_129_13487919.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Sep 2026 20:45:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4094e163-1b28-4bbc-b08c-a369df161390_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x544y180.jpg" length="92123" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4094e163-1b28-4bbc-b08c-a369df161390_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x544y180.jpg" type="image/jpeg" fileSize="92123" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Desandar el odio antes de que sea demasiado tarde]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4094e163-1b28-4bbc-b08c-a369df161390_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x544y180.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quién alimenta el odio en Ceuta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/alimenta-odio-ceuta_129_13474270.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f7d8aef4-9d24-4c64-bafc-4756d9d8f905_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x710y612.jpg" width="1200" height="675" alt="Quién alimenta el odio en Ceuta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué está ocurriendo para que haya quienes consideren legítimo perseguir por las calles a otras personas por ser migrantes, quemar sus pertenencias y atacar los lugares donde se refugian y hostigar a quienes les ayudan?</p><p class="subtitle">Los ataques a los trabajadores humanitarios en Ceuta obligan a algunos a retirarse por seguridad</p></div><p class="article-text">
        Lo ocurrido en Ceuta no puede explicarse &uacute;nicamente como un &ldquo;estallido de indignaci&oacute;n ciudadana&rdquo; ante una situaci&oacute;n que se ha vuelto insostenible tras la llegada, desde finales de julio, de miles de personas migrantes y ante una gesti&oacute;n del Gobierno de Pedro S&aacute;nchez que no est&aacute; funcionando. Los grav&iacute;simos incidentes de estos &uacute;ltimos d&iacute;as deber&iacute;an hacernos mirar m&aacute;s all&aacute;, porque las manifestaciones y concentraciones contra la presencia de personas migrantes, los llamamientos a su expulsi&oacute;n, los se&ntilde;alamientos, las amenazas, las persecuciones y las agresiones ni se explican solo por el malestar acumulado ni han aparecido de manera espont&aacute;nea.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la violencia alcanza ya a quienes prestan ayuda, es decir, a organizaciones como Cruz Roja y otras, quiz&aacute; es momento de empezar a tomar posici&oacute;n. Cuando estas ONG denuncian amenazas e intimidaciones, y algunas han tenido que retirarse por seguridad, la pregunta es: &iquest;qu&eacute; est&aacute; ocurriendo para que haya quienes consideren leg&iacute;timo perseguir por las calles a otras personas por ser migrantes, quemar sus pertenencias y atacar los lugares donde se refugian y hostigar a quienes les ayudan?
    </p><p class="article-text">
        Nadie se levanta una ma&ntilde;ana y decide salir a la calle a &ldquo;cazar&rdquo; migrantes, por mucha tensi&oacute;n que exista en la ciudad, antes alguien ha tenido que convertirlos en una amenaza. El diputado de Vox Jos&eacute; Mar&iacute;a Figaredo lo hizo de forma especialmente expl&iacute;cita cuando pidi&oacute; &ldquo;cazarlos a todos, uno por uno&rdquo; y devolverlos a Marruecos porque &ldquo;son invasores&rdquo;. De hecho, Vox lleva semanas hablando de &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo;, de &ldquo;acto de guerra&rdquo;, de casas y comercios &ldquo;asediados&rdquo; y de un ataque contra la seguridad de los espa&ntilde;oles. Su portavoz en el Congreso, Pepa Mill&aacute;n, ha llegado a describir a las personas migrantes como un &ldquo;ej&eacute;rcito&rdquo; frente al que el pueblo de Ceuta &ldquo;se defiende como puede&rdquo; y hay gente que &ldquo;se arma con lo que puede&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero el marco de la invasi&oacute;n, la amenaza y la expulsi&oacute;n no lo est&aacute; alimentando &uacute;nicamente Vox. Durante estas semanas, tambi&eacute;n el PP ha contribuido a presentar a las personas migrantes como un problema de seguridad y orden p&uacute;blico, vincul&aacute;ndolas con la delincuencia o con riesgos sanitarios, reclamando deportaciones en bloque y llegando a plantear el confinamiento por razones de salud p&uacute;blica. El propio Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar ha viajado a Ceuta para denunciar un &ldquo;asalto&rdquo; a las fronteras espa&ntilde;olas y la amenaza a la soberan&iacute;a nacional y a la integridad territorial, 
    </p><p class="article-text">
        Toda esta ret&oacute;rica, este marco que presenta lo sucedido en Ceuta como una cuesti&oacute;n de defensa de la naci&oacute;n frente a una invasi&oacute;n, desplaza el foco y cruza los l&iacute;mites de lo aceptable y tolerable en una sociedad democr&aacute;tica. Es muy grave. Palabras como &ldquo;cazar&rdquo;, &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo;, &ldquo;guerra&rdquo;, &ldquo;ej&eacute;rcito&rdquo;, &ldquo;seguridad&rdquo; o &ldquo;enfermedades contagiosas&rdquo; han ido preparando el terreno y naturalizando un relato peligrosamente xen&oacute;fobo y racista que convierte a la poblaci&oacute;n migrante en una amenaza y extiende el se&ntilde;alamiento a quienes la ayudan. El odio no aparece de repente, necesita un relato que se repita, im&aacute;genes que lo refuercen, bulos que circulen, altavoces dispuestos a amplificarlo y l&iacute;deres que inciten lo m&aacute;s irracional hasta conseguir borrar al ser humano que est&aacute; en situaci&oacute;n de vulnerabilidad, hasta borrar cualquier atisbo de humanidad en quienes sucumben al lenguaje del odio. 
    </p><p class="article-text">
        Eso es precisamente lo m&aacute;s preocupante de lo que est&aacute; sucediendo en Ceuta, que las palabras con las que, durante semanas, formaciones pol&iacute;ticas con representaci&oacute;n institucional y responsabilidades de gobierno han se&ntilde;alado a las personas migrantes como invasoras, peligrosas o portadoras de enfermedades se han convertido en las palabras con las que una parte significativa de la sociedad ceut&iacute; las mira y, en consecuencia, las trata y las ataca. Vox y el PP tienen una responsabilidad evidente en estar alimentando y legitimando ese marco, contribuyendo as&iacute; a normalizar la hostilidad y la violencia contra ellas. De Vox poco se puede esperar, pero ahora que el PP pide calma y el fin de la violencia, ha de estar a la altura y resolver p&uacute;blicamente la encrucijada en la que se encuentra, no puede pretender desactivar la violencia y el odio y, al mismo tiempo, seguir llamando &ldquo;invasores&rdquo; a quienes est&aacute;n siendo perseguidos y violentados, mientras se intimida a quienes les ayudan.
    </p><p class="article-text">
        Pero entender c&oacute;mo se construye el odio no basta, hay que saber c&oacute;mo frenarlo y, sobre todo, hacerlo sin reproducir la misma l&oacute;gica que lo alimenta. Frenarlo exige gestionar mejor, informar con transparencia, proteger a quienes est&aacute;n siendo perseguidos y tambi&eacute;n a quienes los ayudan, investigar las conductas delictivas y no dejar espacio a la desinformaci&oacute;n. Pero exige tambi&eacute;n no aceptar el marco de quienes han convertido a las personas migrantes en una amenaza, no amplificar cada provocaci&oacute;n ni contribuir a la ficci&oacute;n de que toda Ceuta piensa igual, porque no es as&iacute;. El odio no solo deforma la mirada hacia las personas migrantes, tambi&eacute;n puede deformar nuestra mirada hacia la poblaci&oacute;n ceut&iacute;. Una sociedad que lleva semanas conviviendo con una situaci&oacute;n extraordinaria.
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; que haya que comprender el miedo, el cansancio o el abandono de quienes sufren una respuesta p&uacute;blica insuficiente y reconocer tambi&eacute;n a tantos ceut&iacute;s que est&aacute;n cubriendo con solidaridad y cuidados los vac&iacute;os de las instituciones. Defender los derechos de las personas migrantes no exige ignorar las necesidades de quienes viven en Ceuta, al igual que comprender su malestar tampoco justifica que se descargue la violencia sobre las personas migrantes que est&aacute;n en una situaci&oacute;n de mayor vulnerabilidad ni se impida que se les ayude ni atienda, porque no es caridad, son derechos. La salida a esta situaci&oacute;n creada por los discursos de odio pasa, entre otras cosas, por dejar de enfrentar unas necesidades con otras, por dejar de alimentar una guerra entre oprimidos. Ambas situaciones deben formar parte de una misma respuesta p&uacute;blica, capaz de devolver a Ceuta la convivencia y la normalidad sin que para ello las personas migrantes tenga que renunciar a su derecho a un trato digno y humano. Y pasa tambi&eacute;n por acabar con la impunidad de quienes incitan el odio, sea desde las instituciones, los partidos pol&iacute;ticos o las redes sociales. El lenguaje del odio, s&iacute; es delito.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/alimenta-odio-ceuta_129_13474270.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Aug 2026 19:46:27 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f7d8aef4-9d24-4c64-bafc-4756d9d8f905_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x710y612.jpg" length="503092" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f7d8aef4-9d24-4c64-bafc-4756d9d8f905_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x710y612.jpg" type="image/jpeg" fileSize="503092" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Quién alimenta el odio en Ceuta]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f7d8aef4-9d24-4c64-bafc-4756d9d8f905_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x710y612.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ceuta,Marruecos,Migrantes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marruecos, país seguro ¿para quién?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/marruecos-pais-seguro_129_13460468.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/73975659-810c-48a0-85fc-da7d1f277441_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x585y257.jpg" width="1200" height="675" alt="Marruecos, país seguro ¿para quién?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No basta identificar y trasladar al otro lado de la frontera. Las leyes no lo permiten; unos valores éticos mínimos, tampoco. Salvo que se considere que estas vidas merecen menos protección y son, en definitiva, menos humanas que las de quienes reclaman su devolución</p></div><p class="article-text">
        Marruecos pudiera parecer un pa&iacute;s seguro desde una mirada occidental y de turista extranjero, pero eso no permite afirmar que lo sea para devolver all&iacute; a las personas migrantes que entraron en Ceuta hace ya tres semanas, especialmente a ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes. El PP sostiene que se puede considerar Marruecos como &laquo;pa&iacute;s seguro&raquo; para justificar esos retornos. Sin embargo, no basta con medir la seguridad por la ausencia de un conflicto armado ni invocar que se trata de un pa&iacute;s vecino con el que Espa&ntilde;a mantiene relaciones diplom&aacute;ticas y la Uni&oacute;n Europea acuerdos de cooperaci&oacute;n. La seguridad de un retorno no puede presumirse con car&aacute;cter general, y menos a&uacute;n sin analizar qui&eacute;n es la persona a la que se pretende retornar, su situaci&oacute;n familiar, las violencias que ha sufrido y las condiciones reales en las que quedar&aacute; tras la devoluci&oacute;n. La pregunta no es si Marruecos resulta seguro para quien lo visita desde Europa, sino si lo es para las personas concretas que cruzaron la frontera y ahora se encuentran en Ceuta.
    </p><p class="article-text">
        Por este motivo, en el caso de los ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes (aunque no solo) no cabe ning&uacute;n retorno autom&aacute;tico ni individual, ni colectivo. La Ley de Extranjer&iacute;a &ndash;e incluso el Acuerdo entre Espa&ntilde;a y Marruecos de 2007 que muchos quieren usar como puerta de atr&aacute;s para sacar a las y los ni&ntilde;os de la ciudad aut&oacute;noma&ndash; exige una valoraci&oacute;n individualizada en la que el inter&eacute;s superior de la infancia ha de primar. Es decir, se debe escuchar a cada persona menor de edad, conocer sus circunstancias, averiguar las razones por las que sali&oacute; de Marruecos y comprobar si su regreso permitir&iacute;a una reunificaci&oacute;n familiar efectiva y segura o, en su defecto, si existen unos servicios de protecci&oacute;n concretos y adecuados que puedan hacerse cargo de ellos. No basta identificar y trasladar al otro lado de la frontera. Las leyes no lo permiten; unos valores &eacute;ticos m&iacute;nimos, tampoco. Salvo que se considere que estas vidas merecen menos protecci&oacute;n y son, en definitiva, menos humanas que las de quienes reclaman su devoluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco las personas adultas pueden ser devueltas en bloque sin identificar sus circunstancias ni permitirles solicitar protecci&oacute;n internacional. Si una persona, sea hombre o mujer, manifiesta temor a regresar, solicita asilo o presenta indicios de persecuci&oacute;n, trata u otra situaci&oacute;n de especial vulnerabilidad, la devoluci&oacute;n debe suspenderse mientras se examina su caso. Es necesario reconocer que, para determinados perfiles, la propia legislaci&oacute;n marroqu&iacute; hace que el pa&iacute;s alau&iacute; no sea seguro. Por ejemplo, las personas LGTBIQ+ pueden ser perseguidas de acuerdo con el art&iacute;culo 489 del C&oacute;digo Penal marroqu&iacute; que criminaliza las relaciones sexuales consentidas entre personas del mismo sexo y establece penas de entre seis meses y tres a&ntilde;os de prisi&oacute;n. La ONG Human Rights Watch en su &uacute;ltimo informe sobre Marruecos, confirma que esta criminalizaci&oacute;n contin&uacute;a vigente y documenta la persecuci&oacute;n de quienes desaf&iacute;an p&uacute;blicamente las normas sexuales y religiosas impuestas.
    </p><p class="article-text">
        Marruecos tampoco puede considerarse un pa&iacute;s seguro para todas las mujeres y ni&ntilde;as, ya sean marroqu&iacute;es, migrantes o refugiadas. Su ordenamiento penaliza la autonom&iacute;a sexual y reproductiva de las mujeres mientras deja sin reconocer adecuadamente algunas de las violencias ejercidas contra ellas. El C&oacute;digo Penal castiga las relaciones sexuales consentidas entre personas no casadas, penaliza el adulterio y criminaliza el aborto sin que exista excepci&oacute;n alguna cuando el embarazo es consecuencia de una violaci&oacute;n. De esta forma, si una mujer denunciase una violaci&oacute;n fuera del matrimonio, podr&iacute;a acabar siendo juzgada por haber mantenido relaciones sexuales extramatrimoniales si no acredita la falta de consentimiento; y si la violaci&oacute;n provoca un embarazo, adem&aacute;s de las consecuencias penales, la mujer estar&iacute;a expuesta al rechazo familiar, la expulsi&oacute;n del hogar e incluso la separaci&oacute;n de sus hijos e hijas. Por cierto, la violaci&oacute;n dentro del matrimonio tampoco est&aacute; considerada como delito.
    </p><p class="article-text">
        Si hablamos de matrimonio infantil, es importante subrayar que este sigue siendo posible en Marruecos, dado que el C&oacute;digo de Familia permite que los jueces lo autoricen de manera &ldquo;excepcional&rdquo;, pero esa excepci&oacute;n est&aacute; muy lejos de ser anecd&oacute;tica. Seg&uacute;n los datos oficiales del Ministerio de Justicia de Marruecos recopilados en informes de UNICEF, en el a&ntilde;o 2020 los tribunales marroqu&iacute;es aprobaron un total de 13.335 solicitudes de matrimonio de menores de edad. Esto significa que aproximadamente m&aacute;s de 12.600 ni&ntilde;as menores de 18 a&ntilde;os contrajeron matrimonio legalmente bajo autorizaciones judiciales excepcionales ese a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o y sus aliados de la extrema derecha desconozcan este dato cuando exigen que estos ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes &ldquo;vuelvan con sus familias&rdquo;, como si todos hubieran abandonado hogares estructurados y protectores a los que bastara con devolverlos, y no pudieran estar huyendo precisamente de situaciones de violencia dentro de su propio entorno familiar. La reunificaci&oacute;n familiar solo puede considerarse protectora despu&eacute;s de investigar esas circunstancias, no antes. Retornar sin m&aacute;s a un ni&ntilde;o o una ni&ntilde;a porque lo reclamen el l&iacute;der del PP, el presidente de Ceuta, el portavoz de la Comisi&oacute;n Europea o el ministro de Exteriores no es protegerlos, especialmente si se les devuelve al mismo contexto de violencia, abandono o explotaci&oacute;n del que huyeron.
    </p><p class="article-text">
        No menos preocupante es el trato que Marruecos dispensa a las personas migrantes y refugiadas, especialmente a las procedentes del &Aacute;frica subsahariana. Marruecos es parte de la Convenci&oacute;n de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados y de su Protocolo de 1967, pero todav&iacute;a no dispone de un sistema nacional de asilo plenamente desarrollado y operativo. De hecho, ACNUR contin&uacute;a registrando las solicitudes y determinando la condici&oacute;n de refugiado en nombre de las autoridades marroqu&iacute;es. Por tanto, quienes huyen de Sud&aacute;n, Yemen, Somalia, Siria o Gaza pueden encontrar importantes obst&aacute;culos para acceder a una protecci&oacute;n efectiva. Adem&aacute;s, las fuerzas de seguridad marroqu&iacute;es han sometido a personas migrantes y refugiadas a redadas, detenciones arbitrarias, desplazamientos forzosos hacia zonas alejadas de las fronteras, robos y palizas. Son vulneraciones de derechos humanos documentadas por organizaciones como Amnist&iacute;a Internacional.
    </p><p class="article-text">
        Nadie niega que la situaci&oacute;n en Ceuta, provocada por la inacci&oacute;n del propio Marruecos en la frontera a finales de julio, sea de una gran complejidad. Pero Espa&ntilde;a, como Estado y mediante una respuesta multinivel e intersectorial, no puede eludir sus obligaciones legales, sus principios &eacute;ticos y sus valores democr&aacute;ticos entregando sin m&aacute;s a estas personas a un pa&iacute;s que puede no ser seguro para cada una de ellas. Ya no se trata solo de qu&eacute; tipo de pa&iacute;s queremos ser, sino de qu&eacute; estamos dispuestos a consentir como sociedad cuando, ante lo que est&aacute; sucediendo, nos sumamos a quienes proponen respuestas que deshumanizan a quienes tenemos la obligaci&oacute;n de proteger.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/marruecos-pais-seguro_129_13460468.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Aug 2026 19:48:47 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/73975659-810c-48a0-85fc-da7d1f277441_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x585y257.jpg" length="2284353" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/73975659-810c-48a0-85fc-da7d1f277441_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x585y257.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2284353" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Marruecos, país seguro ¿para quién?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/73975659-810c-48a0-85fc-da7d1f277441_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x585y257.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cooperar con Marruecos infringiendo la ley]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cooperar-marruecos-infringiendo-ley_129_13448375.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4c97baa8-2250-4f98-9014-077f571a9cc1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1025y820.jpg" width="1200" height="675" alt="Cooperar con Marruecos infringiendo la ley"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sr. Albares; no se puede devolver a "hasta la última persona". No porque España no pueda devolver a quienes hayan entrado irregularmente, sino porque antes tiene la obligación de saber quién es cada una de esas personas y si concurre alguna circunstancia que impida jurídicamente su devolución</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Hasta la &uacute;ltima persona que ha entrado irregularmente en Espa&ntilde;a volver&aacute; a Marruecos&rdquo;. Con esta contundencia ha querido zanjar Jos&eacute; Manuel Albares cualquier controversia sobre el futuro de los miles de personas que permanecen en Ceuta desde las entradas del 30 y el 31 de julio. Asistimos, una vez m&aacute;s, a una nueva ofrenda al pa&iacute;s vecino, que se suma a la larga cadena de gestos y concesiones que los sucesivos gobiernos espa&ntilde;oles han realizado al reino alau&iacute;. Pero esta vuelve a producirse bajo un Gobierno socialista &ndash;ante la pasividad e impotencia de sus socios de izquierda&ndash; que se reivindica promotor de algunos de los avances sociales m&aacute;s importantes de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, que se presenta como defensor de los derechos de las mujeres y de las personas LGTBIQ+ y que presume de haber aprobado una ley integral para proteger a la infancia y la adolescencia frente a la violencia. Ese mismo Gobierno es el que ahora, como ya ocurri&oacute; antes, vuelve a exhibir, por boca de su ministro de Exteriores &ndash;y no solo de &eacute;l&ndash;, mano dura frente a las personas migrantes y convierte las devoluciones en una promesa pol&iacute;tica. El problema es que los instrumentos internacionales, europeos y nacionales no permiten cumplir esa promesa
    </p><p class="article-text">
        Sr. Albares; no se puede devolver a &ldquo;hasta la &uacute;ltima persona&rdquo;. No porque Espa&ntilde;a no pueda devolver a quienes hayan entrado irregularmente, sino porque antes tiene la obligaci&oacute;n de saber qui&eacute;n es cada una de esas personas y si concurre alguna circunstancia que impida jur&iacute;dicamente su devoluci&oacute;n. Nadie puede garantizar de antemano un resultado universal y, a la vez, respetar un procedimiento cuyo sentido es precisamente que el resultado no est&aacute; decidido de antemano. Es imposible que el ministro sepa, ni a fecha de sus declaraciones ni a d&iacute;a de hoy, que absolutamente todas las personas que permanecen en Ceuta pueden ser devueltas; a no ser, claro, que est&eacute; dispuesto a vulnerar las leyes. Porque es materialmente imposible que entre las decenas de miles de personas que entraron no haya quienes necesiten protecci&oacute;n internacional. 
    </p><p class="article-text">
        El art&iacute;culo 23 del Reglamento de Extranjer&iacute;a, aprobado por el Real Decreto 1155/2024, permite la devoluci&oacute;n de quienes pretendan entrar irregularmente en Espa&ntilde;a, pero establece expresamente que, aun cuando exista una resoluci&oacute;n de devoluci&oacute;n, esta no podr&aacute; ejecutarse y quedar&aacute; suspendida cuando se formalice una solicitud de protecci&oacute;n internacional; cuando se ponga de manifiesto que la persona es v&iacute;ctima de trata; cuando existan indicios de que pueda tratarse de una persona menor de edad no acompa&ntilde;ada; o cuando determinadas circunstancias de enfermedad o embarazo hagan incompatible la medida. La persona sometida al procedimiento tiene, adem&aacute;s, derecho a asistencia jur&iacute;dica y a int&eacute;rprete. Y la normativa sobre asilo impide igualmente devolver a quien haya solicitado protecci&oacute;n internacional mientras se decide sobre su solicitud. Tampoco el nuevo Pacto Europeo de Migraci&oacute;n y Asilo permite convertir esa valoraci&oacute;n individual en una decisi&oacute;n colectiva. Incluso una normativa europea concebida para acelerar y endurecer la gesti&oacute;n de las fronteras obliga a comprobar previamente qui&eacute;n es la persona que tenemos delante y qu&eacute; circunstancias concurren en ella. 
    </p><p class="article-text">
        El propio Gobierno reconoce que unas 2.500 de las personas que contin&uacute;an en Ceuta podr&iacute;an ser potenciales solicitantes de asilo y, sin embargo, hasta ayer Interior solo hab&iacute;a concluido alrededor de 500 expedientes, la mayor&iacute;a desestimados. Hace apenas cuatro d&iacute;as se informaba de unas 200 solicitudes rechazadas y de tan solo una pr&oacute;xima a obtener una respuesta positiva. La pregunta no es solo cu&aacute;ntas solicitudes se han rechazado, sino c&oacute;mo se ha llegado a esas conclusiones y con qu&eacute; garant&iacute;as. &iquest;Qui&eacute;n ha entrevistado a esas personas, durante cu&aacute;nto tiempo y en qu&eacute; condiciones? &iquest;Han contado todas ellas con asistencia jur&iacute;dica y con int&eacute;rpretes profesionales en una lengua que realmente comprendieran? &iquest;Se ha dispuesto de personal preparado para identificar indicadores de trata, violencia sexual, persecuci&oacute;n por orientaci&oacute;n sexual o identidad de g&eacute;nero, violencia machista o trauma, u otros? No son preguntas ret&oacute;ricas, el Defensor del Pueblo ha reclamado al Gobierno exactamente esos datos, incluida la cifra de personas que han pasado el triaje que exige la normativa europea. Porque precisamente para descubrir aquello que una persona perseguida o traumatizada puede no ser capaz de contar en una primera conversaci&oacute;n existen los procedimientos, las garant&iacute;as y el examen individualizado. Un Estado de derecho no puede sustituirlos por un filtro expr&eacute;s destinado a cumplir una consigna pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Pero, adem&aacute;s, la situaci&oacute;n resulta todav&iacute;a m&aacute;s grave cuando hablamos de las infancias. Interior reconoce ya 1.898 ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes bajo tutela, mientras Save the Children, a partir de la informaci&oacute;n de entidades sociales y vecinales, estima que alrededor de 4.000 podr&iacute;an permanecer todav&iacute;a fuera del sistema de protecci&oacute;n, pendientes de identificaci&oacute;n y de ser derivados a recursos adecuados. No son &laquo;inmigrantes irregulares&raquo; cuya situaci&oacute;n pueda resolverse buscando la f&oacute;rmula m&aacute;s r&aacute;pida para devolverlos. Son ni&ntilde;os y ni&ntilde;as y, antes que cualquier otra consideraci&oacute;n, deben ser tratados como tales. La propia Ley de Extranjer&iacute;a obliga a poner a los menores extranjeros no acompa&ntilde;ados a disposici&oacute;n de los servicios de protecci&oacute;n y, desde el Real Decreto-ley 2/2025 y el Real Decreto 658/2025, existe una regulaci&oacute;n espec&iacute;fica precisamente para responder a situaciones de contingencia migratoria extraordinaria como esta. Esa normativa obliga a identificarlos y registrarlos, garantizar su atenci&oacute;n, escucharlos, valorar individualmente sus circunstancias y asegurar la intervenci&oacute;n del Ministerio Fiscal y la protecci&oacute;n de su inter&eacute;s superior. Prev&eacute; adem&aacute;s su traslado a otras comunidades aut&oacute;nomas cuando el sistema del territorio de llegada est&eacute; desbordado.
    </p><p class="article-text">
        Cualquier eventual repatriaci&oacute;n de personas menores de edad a Marruecos no puede decidirse colectivamente, ni porque Marruecos est&eacute; dispuesto a recibirlos &ndash;por m&aacute;s que Albares se haya apresurado a destacarlo&ndash;, ni porque Ceuta est&eacute; desbordada, ni porque pol&iacute;ticamente interese anunciar que &laquo;todos volver&aacute;n&raquo;. Cada decisi&oacute;n exige valorar individualmente si el retorno responde al inter&eacute;s superior de ese ni&ntilde;o o ni&ntilde;a. Quienes vivimos en primera l&iacute;nea la crisis de Ceuta de 2021 ya advertimos entonces de que devolver menores sin respetar esas garant&iacute;as vulnerar&iacute;a sus derechos. No era una advertencia te&oacute;rica; en enero de 2024, el Tribunal Supremo confirm&oacute; la ilegalidad de aquellas devoluciones por la &laquo;absoluta inobservancia&raquo; del procedimiento previsto en la Ley de Extranjer&iacute;a y por vulnerar los derechos a la integridad f&iacute;sica y moral de los menores; y en septiembre de 2025 la Audiencia Provincial de C&aacute;diz conden&oacute; por prevaricaci&oacute;n administrativa a la entonces delegada del Gobierno en Ceuta y a la vicepresidenta primera de la Ciudad por la devoluci&oacute;n expr&eacute;s de 55 menores a Marruecos, imponi&eacute;ndoles nueve a&ntilde;os de inhabilitaci&oacute;n por actuar conscientemente al margen del procedimiento legal.
    </p><p class="article-text">
        La atenci&oacute;n a las infancias que est&aacute;n en situaci&oacute;n de desamparo real en Ceuta &ndash;ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que no tienen personas adultas de referencia ni un v&iacute;nculo de afecto y apego que asegure su protecci&oacute;n y salvaguarda&ndash;deber&iacute;a ser una prioridad nacional. Mientras permanezcan fuera del sistema de protecci&oacute;n, est&aacute;n expuestos a agresiones sexuales, explotaci&oacute;n y trata. Los servicios m&eacute;dicos de Ceuta hab&iacute;an atendido ya al menos a cuatro chicas menores de edad migrantes por agresiones sexuales y se han registrado al menos seis denuncias relacionadas con este tipo de violencia. Eso es lo que sabemos, lo que todav&iacute;a no sabemos deber&iacute;a preocuparnos mucho m&aacute;s. Cuando miles de ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes permanecen durante d&iacute;as fuera del sistema de protecci&oacute;n, sin identificar y sin un lugar seguro donde dormir, la prioridad del Estado no puede ser c&oacute;mo devolverlos, sino encontrarlos y protegerlos.
    </p><p class="article-text">
        Sr. S&aacute;nchez, esta crisis se est&aacute; produciendo en territorio espa&ntilde;ol y la responsabilidad tambi&eacute;n es suya. Espa&ntilde;a sabe responder ante emergencias de enormes dimensiones, lo hemos visto estos d&iacute;as con los incendios, movilizando recursos para evacuar, alojar y proteger a decenas de miles de personas. Nadie discuti&oacute; entonces si merec&iacute;an ser atendidas, hab&iacute;a una emergencia y se actu&oacute;. En Ceuta tambi&eacute;n la hay. La diferencia inc&oacute;moda es que ahora las vidas que hay que proteger son, mayoritariamente, extranjeras, pobres y no blancas. Quiz&aacute; por eso resulta tan f&aacute;cil convertir una emergencia humanitaria en un problema de orden p&uacute;blico y sustituir la obligaci&oacute;n de proteger por la urgencia de devolver. Y ah&iacute; aparece Marruecos, el vecino al que Espa&ntilde;a procura no incomodar pese a que instrumentaliza a su propia poblaci&oacute;n y utiliza la frontera como herramienta de presi&oacute;n. Cooperar entre Estados es necesario, pero convertir esa cooperaci&oacute;n en una coartada para incumplir la legalidad vigente, no. Cooperar con Marruecos es leg&iacute;timo, hacerlo infringiendo la ley, no.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cooperar-marruecos-infringiendo-ley_129_13448375.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Aug 2026 20:04:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4c97baa8-2250-4f98-9014-077f571a9cc1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1025y820.jpg" length="354874" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4c97baa8-2250-4f98-9014-077f571a9cc1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1025y820.jpg" type="image/jpeg" fileSize="354874" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cooperar con Marruecos infringiendo la ley]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4c97baa8-2250-4f98-9014-077f571a9cc1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1025y820.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ceuta,Migraciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ceuta: lo que no es y lo que sí es]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-no-si_129_13421004.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/27cb5a49-a588-4364-b858-6287e7bcaebc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1017y453.jpg" width="1200" height="675" alt="Ceuta: lo que no es y lo que sí es"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que ocurre en Ceuta no es una crisis migratoria. Es, ante todo, una crisis humanitaria, pero también una crisis política. Cuando personas en situación de extrema vulnerabilidad son utilizadas para presionar a otro Estado, el problema no es ellas, sino los gobiernos que las convierten en instrumentos de presión aprovechándose de su pobreza</p></div><p class="article-text">
        No es un problema de mafias<strong>.</strong> Las organizaciones criminales existen y deben perseguirse, pero explicar la llegada de decenas de miles de personas &uacute;nicamente por la actuaci&oacute;n de las mafias que trafican con seres humanos resulta muy insuficiente y evita nombrar el verdadero conflicto: el papel que juega Marruecos. La situaci&oacute;n que vive Ceuta no puede entenderse sin analizar el contexto geopol&iacute;tico, la gesti&oacute;n que el pa&iacute;s vecino hace de su frontera y la posici&oacute;n de poder que mantiene en su relaci&oacute;n con Espa&ntilde;a y con la Uni&oacute;n Europea. Tampoco puede entenderse sin nombrar la represi&oacute;n que vive el pueblo saharaui y c&oacute;mo la Administraci&oacute;n Trump ha reforzado el respaldo de Estados Unidos a la posici&oacute;n internacional marroqu&iacute; sobre esos territorios. Y, desde luego, no puede entenderse sin asumir que la desigualdad, la pobreza, la falta de oportunidades y las violaciones de los derechos humanos en Marruecos constituyen un terreno f&eacute;rtil para empujar a miles de personas a abandonar sus hogares, arriesgando sus vidas para intentar llegar a nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No es un efecto llamada. No puede explicarse lo ocurrido apelando a la reciente sentencia del Tribunal Supremo (que resolvi&oacute; que las llamadas devoluciones en caliente son un proceso excepcional que solo puede aplicarse en fronteras terrestres, no en el mar) ni tampoco a una hipot&eacute;tica regularizaci&oacute;n extraordinaria. Quienes sostienen esa tesis obvian el tema de fondo de una resoluci&oacute;n judicial dictada hace apenas unos d&iacute;as que, adem&aacute;s, no es capaz de movilizar en tan poco tiempo a decenas de miles de personas ni de alterar, por s&iacute; sola, la situaci&oacute;n en la frontera. Hablar de efecto llamada es simplificar mucho el an&aacute;lisis, que si fuera m&iacute;nimamente riguroso no pasar&iacute;a por alto esos factores geopol&iacute;ticos y mucho m&aacute;s complejos que limitan enormemente la capacidad de actuaci&oacute;n del Gobierno espa&ntilde;ol, y tambi&eacute;n de explicaciones p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        No es una invasi&oacute;n. Hablar en t&eacute;rminos de invasi&oacute;n, como hacen la extrema derecha y una parte de la derecha, solo genera alarma social. Lo que est&aacute; sucediendo en Ceuta, frontera exterior de la Uni&oacute;n Europea, no es una invasi&oacute;n, los miles de personas migrantes que han entrado en la ciudad aut&oacute;noma no forman parte de ning&uacute;n ej&eacute;rcito enemigo ni existe una estrategia militar de ocupaci&oacute;n. Lo que s&iacute; existe es una estrategia de presi&oacute;n pol&iacute;tica que instrumentaliza los flujos migratorios con fines econ&oacute;micos y geopol&iacute;ticos. Llamarlo invasi&oacute;n impide comprender la dimensi&oacute;n real de lo que ocurre y dificulta encontrar respuestas eficaces.
    </p><p class="article-text">
        No es una crisis migratoria. Es, ante todo, una crisis humanitaria, pero tambi&eacute;n una crisis pol&iacute;tica. Cuando personas en situaci&oacute;n de extrema vulnerabilidad son utilizadas para presionar a otro Estado, el problema no es ellas, sino los gobiernos que las convierten en instrumentos de presi&oacute;n aprovech&aacute;ndose de su pobreza, de la falta de oportunidades y de la vulneraci&oacute;n de sus derechos. Como se&ntilde;ala la APDHE, esta situaci&oacute;n hunde sus ra&iacute;ces en la externalizaci&oacute;n de las fronteras y en a&ntilde;os de pr&aacute;cticas ilegales en su gesti&oacute;n. A ello se suma la deshumanizaci&oacute;n con la que se las trata para dejar de ser personas y convertirse en cifras, amenazas o problemas de seguridad. Las personas que han llegado a Ceuta no constituyen un peligro por s&iacute; mismas; est&aacute;n siendo utilizadas para generar una situaci&oacute;n de tensi&oacute;n e inestabilidad pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        No es una cuesti&oacute;n de seguridad frente a derechos. Un Estado tiene derecho y obligaci&oacute;n de controlar sus fronteras, pero tambi&eacute;n la obligaci&oacute;n de respetar la normativa nacional e internacional en materia de derechos humanos, incluidos los instrumentos de protecci&oacute;n de las personas menores de edad y las garant&iacute;as de quienes solicitan protecci&oacute;n internacional. La gesti&oacute;n de las fronteras y la protecci&oacute;n de los derechos humanos no son incompatibles; ambas forman parte del Estado de Derecho. La integridad territorial de los Estados no es incompatible con la protecci&oacute;n de los derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, en ese relato no olvidemos que han fallecido al menos cuarenta personas y que sus vidas tienen exactamente el mismo valor y la misma dignidad que las nuestras. Tampoco ignoremos el impacto que esta situaci&oacute;n tiene sobre quienes viven en Ceuta. Es el momento de exigir a quienes nos gobiernan serenidad, responsabilidad institucional y la aplicaci&oacute;n de respuestas que ya est&aacute;n previstas y que respetan los derechos de todas las personas. La excepcionalidad de la situaci&oacute;n no justifica deshumanizar a las personas migrantes, al contrario, hacerlo solo dificulta comprender las causas de lo que est&aacute; sucediendo, deteriora la convivencia y alimenta un discurso del odio que &uacute;nicamente beneficia a quienes sustituyen el di&aacute;logo y el Derecho por la violencia contra las personas, ahora migrantes y ma&ntilde;ana cualquiera.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-no-si_129_13421004.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Jul 2026 21:31:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/27cb5a49-a588-4364-b858-6287e7bcaebc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1017y453.jpg" length="1244367" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/27cb5a49-a588-4364-b858-6287e7bcaebc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1017y453.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1244367" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ceuta: lo que no es y lo que sí es]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/27cb5a49-a588-4364-b858-6287e7bcaebc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1017y453.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ceuta,Inmigración,Marruecos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ningún incendio se apaga con heroísmo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/incendio-apaga-heroismo_129_13405748.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92be64c8-dbe7-425a-8967-576d15c5564f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ningún incendio se apaga con heroísmo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El valor y la entrega de quienes se enfrentan a las llamas son indiscutibles, pero sería un error quedarnos atrapadas y atrapados entre la épica de su heroicidad y los discursos simplistas propios de la antipolítica, que desprecian lo público mientras se benefician de ello</p></div><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a no sabemos con certeza cu&aacute;ntos bomberos profesionales tenemos. Mientras los montes arden y se declara la emergencia nacional, esta no me parece una cuesti&oacute;n menor. La Plataforma Unitaria de Bomberos elabor&oacute; en 2009 un Mapa Censal que estimaba unos 22.000 efectivos, mientras que Eurostat, a partir de la Encuesta Europea de Poblaci&oacute;n Activa, atribu&iacute;a a Espa&ntilde;a 39.400 profesionales a finales de 2024. A fecha de hoy no existe un registro oficial &uacute;nico que permita conocer cu&aacute;ntos bomberos integran realmente el sistema espa&ntilde;ol de emergencias.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; algunos crean que en Espa&ntilde;a existe un &uacute;nico &laquo;cuerpo de bomberos&raquo;, pero no es as&iacute;. Lo que hay es una coexistencia de distintos Servicios de Prevenci&oacute;n, Extinci&oacute;n de Incendios y Salvamento (SPEIS) &ndash;dependientes de ayuntamientos, diputaciones, consorcios o comunidades aut&oacute;nomas&ndash;, con los distintos operativos de incendios forestales organizados en cada comunidad aut&oacute;noma en los que participan personal funcionario, laboral, empresas p&uacute;blicas y, en algunos casos, concesionarias privadas. A estos se suman otros servicios espec&iacute;ficos, como los de Aena, las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF) del Estado o los medios de TRAGSA. El resultado es un sistema extraordinariamente fragmentado, con m&uacute;ltiples administraciones, distintos modelos de gesti&oacute;n y financiaci&oacute;n y sin una fotograf&iacute;a oficial &uacute;nica de sus efectivos.
    </p><p class="article-text">
        Esa fragmentaci&oacute;n ayuda a entender por qu&eacute;, cuando un incendio adquiere una dimensi&oacute;n extraordinaria, aparece la Unidad Militar de Emergencias. Aunque nos hayamos acostumbrado a verla combatiendo el fuego, la UME no forma parte de los servicios ordinarios de extinci&oacute;n, sino que es una unidad de las Fuerzas Armadas concebida para intervenir cuando la capacidad de respuesta debe reforzarse de forma excepcional. Cuenta con unos 3.500 militares distribuidos por el territorio nacional y capacidad para desplegarse en menos de cuatro horas. Desde su creaci&oacute;n, la mayor parte de sus intervenciones han estado relacionadas con incendios forestales y, solo en 2025, particip&oacute; en la extinci&oacute;n de 57 grandes incendios, movilizando en los momentos de mayor intensidad hasta 1.400 militares en ataque directo y cerca de 2.000 en labores de apoyo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hay algo que s&iacute; sabemos en medio de este puzle, que ninguno de estos dispositivos se improvisa cuando llega el fuego, que todos existen porque se financian con dinero p&uacute;blico. La capacidad para responder a una tragedia como la que ha obligado a evacuar y confinar a m&aacute;s de 40.000 personas en el momento de escribir esta columna se construye con impuestos. El valor y la entrega de quienes se enfrentan a las llamas son indiscutibles, pero ser&iacute;a un error quedarnos atrapadas y atrapados entre la &eacute;pica de su heroicidad y los discursos simplistas propios de la antipol&iacute;tica, que desprecian lo p&uacute;blico mientras se benefician de ello, para olvidar algo tan importante como son las condiciones en las que trabajan y los medios de los que disponen para hacer frente a incendios cada vez m&aacute;s devastadores.
    </p><p class="article-text">
        La prevenci&oacute;n de los incendios tambi&eacute;n es una pol&iacute;tica p&uacute;blica que requiere invertir durante todo el a&ntilde;o en gesti&oacute;n forestal. El coste econ&oacute;mico, ambiental y humano de apagar incendios y reconstruir despu&eacute;s lo que nunca debi&oacute; perderse siempre ser&aacute; mayor que el de prevenirlos. Es cierto que, cuando llega la tragedia, la solidaridad aparece entre las vecinas y vecinos abren sus casas, ayudan a evacuar animales, llevan agua, comida o un lugar donde dormir. Pero esa solidaridad no sustituye a los servicios p&uacute;blicos porque el pueblo no apaga solo un gran incendio sin los bomberos, las brigadas forestales, pilotos, personal sanitario, agentes medioambientales, Guardia Civil, polic&iacute;as, personal de Protecci&oacute;n Civil o la UME. Personas todas ellas que tambi&eacute;n forman parte de ese mismo pueblo y que cumplen funciones p&uacute;blicas indispensables. Que representan la cara de lo p&uacute;blico de la que nunca se habla porque solo se habla de aquellos y aquellos que da mala fama. Personas que tambi&eacute;n forman parte de ese mismo pueblo y que representan la mejor cara de lo p&uacute;blico, de esa que solo nos acordamos cuando todo arde.
    </p><p class="article-text">
        La desesperaci&oacute;n y la ira de quienes lo pierden todo son comprensibles. Pero ning&uacute;n incendio se apaga solo con hero&iacute;smo y la solidaridad del pueblo, por admirable que sea, nunca podr&aacute; sustituir a unos servicios p&uacute;blicos fuertes, bien financiados y preparados para protegernos cuando m&aacute;s los necesitamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/incendio-apaga-heroismo_129_13405748.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jul 2026 20:46:15 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/92be64c8-dbe7-425a-8967-576d15c5564f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="323219" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/92be64c8-dbe7-425a-8967-576d15c5564f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="323219" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ningún incendio se apaga con heroísmo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/92be64c8-dbe7-425a-8967-576d15c5564f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Para cuándo objetores de conciencia ante los desahucios?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/objetores-conciencia-desahucios_129_13388571.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/15609e25-f8a7-4d7b-a20e-a9201c3ae7d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x556y117.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Para cuándo objetores de conciencia ante los desahucios?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Por qué no objetan las y los profesionales que intervienen en estos lanzamientos? ¿Acaso las cinco vidas de esta familia no son vidas humanas? ¿No se merecen ser tratadas con dignidad?</p></div><p class="article-text">
        Esta semana se cierra con el desahucio de una familia (gitana) y sus tres hijos, el m&aacute;s peque&ntilde;o con s&iacute;ndrome de Down. &ldquo;&iexcl;No ten&eacute;is conciencia ni coraz&oacute;n!&rdquo; grit&oacute; el padre a los ocho agentes de polic&iacute;a que hac&iacute;an un cord&oacute;n policial para tratar de contener a vecinas, vecinos y activistas que quer&iacute;an frenar el desahucio. Y es cierto, quienes solicitan, autorizan y ejecutan estos desahucios no tienen coraz&oacute;n ni conciencia, e incluso yo dar&iacute;a un paso m&aacute;s, dir&iacute;a que no tienen alma y, por tanto, que son unos desalmados.
    </p><p class="article-text">
        Si tuvieran coraz&oacute;n, conciencia y alma deber&iacute;an negarse a formar parte  de estas comitivas y declararse objetores de conciencia como hacen esos sanitarios que dicen defender la vida cuando se niegan a interrumpir un embarazo contraviniendo las leyes vigentes y leg&iacute;timamente aprobadas. Para cu&aacute;ndo la objeci&oacute;n de conciencia en las comitivas de desahucios cuando las vidas de  personas altamente vulnerables, con Dulce y Herminio y sus hijos, est&aacute;n siendo expulsadas de sus hogares como si fueran enseres viejos que estorban. Ellos son todav&iacute;a m&aacute;s que la vida embrionaria, son personas de carne y hueso, vidas que salvar y que merecen profesionales con conciencia que se nieguen a participar en esta banalidad de la deshumanizaci&oacute;n&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; no objetan las y los profesionales que intervienen en estos lanzamientos? &iquest;Acaso las cinco vidas de esta familia no son vidas humanas? &iquest;No se merecen ser tratadas con respeto y dignidad? Los derechos de esta familia son exactamente los mismos que los de cualquier otra familia, es m&aacute;s, los derechos de las tres personas menores de edad &ndash;y muy especialmente del peque con s&iacute;ndrome de Down&ndash; merecen una consideraci&oacute;n especial, una protecci&oacute;n reforzada. Precisamente, esto es lo que vino a decir el Comit&eacute; de los Derechos del Ni&ntilde;o (de la infancia) el pasado martes, un d&iacute;a antes de ejecutarse el desahucio, al instar a las autoridades espa&ntilde;olas (auton&oacute;micas y municipales) a que paralizaran el desahucio hasta que no hubiera una alternativa habitacional.
    </p><p class="article-text">
        Lejos de atender a la petici&oacute;n del organismo internacional, la Agencia de Vivienda Social de la Comunidad de Madrid no esper&oacute; ni a que venciese el aplazamiento del desahucio que se hab&iacute;a hecho a principios de mes y cuya fecha tope era el pr&oacute;ximo domingo 19 (el de la final de Espa&ntilde;a y Argentina). El mi&eacute;rcoles 15 expuls&oacute; a la familia de su casa desafiando al sistema sobre el que se sostiene el marco normativo de los derechos humanos ratificado hace d&eacute;cadas por Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Pudiera parecer por la premura y contundencia del desalojo de esta humilde familia que la empresa p&uacute;blica de la vivienda de Madrid estuviera molesta ante la evidencia en que quedaba que su actuaci&oacute;n estaba vulnerando derechos si se llevaba a cabo sin ofrecer una alternativa habitacional a esta familia. Pudiera parecer que suspender este desahucio fuera m&aacute;s un tema personal de quien (o quienes) est&eacute; detr&aacute;s de esa decisi&oacute;n que un ejercicio de la debida diligencia que debe seguirse en casos como este.  De ah&iacute; que parezca un insulto a la inteligencia de esta familia y de las personas que est&aacute;n luchando y defendiendo los derechos de estas cinco personas, y especialmente los derechos de las tres personas menores de edad, que los servicios sociales dependientes del alcalde Almeida afirmen que s&iacute; hab&iacute;a una  alternativa habitacional: una habitaci&oacute;n para los cinco en un piso compartido o en un albergue. 
    </p><p class="article-text">
        Esta oferta de alternativa habitacional, que seg&uacute;n la clasificaci&oacute;n ETHOS constituir&iacute;a una situaci&oacute;n de sinhogarismo &ndash;lo que ya dice mucho de la indignidad de la respuesta institucional&ndash;, puede traducirse tambi&eacute;n en t&eacute;rminos de derechos humanos. No se trata solo de una soluci&oacute;n inadecuada, sino de una actuaci&oacute;n que, por dirigirse a una familia pobre y gitana, plantea adem&aacute;s un problema de igualdad y no discriminaci&oacute;n. Obligar a una familia a vivir en un &uacute;nico espacio, sin condiciones m&iacute;nimas de privacidad, habitabilidad o intimidad, compromete derechos tan b&aacute;sicos como la intimidad personal y familiar, la integridad moral, la salud y el derecho a una vivienda adecuada. En el caso de las ni&ntilde;as y ni&ntilde;os, el impacto es a&uacute;n mayor, se resienten su derecho a la educaci&oacute;n, al descanso, al juego, al desarrollo integral&hellip; y, en definitiva, su derecho a que su inter&eacute;s superior sea una consideraci&oacute;n primordial en todas las decisiones que les afectan.
    </p><p class="article-text">
        No son tiempos para el optimismo, por eso son tiempos para la lucha de nuestros derechos humanos frente a quienes buscan desmontarlos con la antipol&iacute;tica para dar rienda suelta a su codicia desenfrenada, para  cuestionar, despreciar y querer desmontar los marcos normativos que nos protegen frente a los desalmados, a esos aduladores y aprendices de Trump. Por eso es tan importante subrayar que esta familia no ha estado sola y que un equipo jur&iacute;dico, varias asociaciones del barrio (Sindicato de Vivienda de Moratalaz Asociaci&oacute;n Apoyo -Fermad, la asociaci&oacute;n Caminar, Coordinadora de Barrios,..) y muchas de sus vecinas y vecinos han estado y est&aacute;n a su lado.  Implicarse ante la violencia e injusticia que supone que una  instituci&oacute;n &ndash;financiada con dinero p&uacute;blico y cuya finalidad debe ser proporcionar un hogar a quienes tienen m&aacute;s dificultades&ndash; use su potestad para infligir dolor contra estas familias, abandonando su funci&oacute;n social para servir a los intereses de la especulaci&oacute;n inmobiliaria, es comprender &ndash;tal y como nos mostraba la pel&iacute;cula de Orlando de Paul Preciado&ndash; que cada vida individual es parte de nuestra historia colectiva. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/objetores-conciencia-desahucios_129_13388571.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jul 2026 19:41:27 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/15609e25-f8a7-4d7b-a20e-a9201c3ae7d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x556y117.jpg" length="74823" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/15609e25-f8a7-4d7b-a20e-a9201c3ae7d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x556y117.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74823" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Para cuándo objetores de conciencia ante los desahucios?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/15609e25-f8a7-4d7b-a20e-a9201c3ae7d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x556y117.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una ley que controla el embarazo de las mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ley-controla-embarazo-mujeres_129_13372617.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9501d1ba-3c96-4c95-8cf5-19ebaf44a689_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x605y544.jpg" width="1200" height="675" alt="Una ley que controla el embarazo de las mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que entra en vigor en la Comunidad de Madrid con la gran ley ideológica de Ayuso del "concebido" no son nuevos derechos para las familias. Entra en vigor una determinada forma de concebir el embarazo desde los poderes públicos</p><p class="subtitle">La ley del “concebido no nacido” de Ayuso entra en vigor este sábado: así queda la norma
</p></div><p class="article-text">
        La conocida como &ldquo;ley del concebido&rdquo; de Isabel D&iacute;az Ayuso, que entra en vigor este s&aacute;bado y se presenta como una gran norma de apoyo a la vida, la natalidad y las familias, es un buen instrumento de propaganda con bastantes lagunas jur&iacute;dicas. Quiz&aacute; la primera y m&aacute;s evidente es la que pone en entredicho el propio discurso de la presidenta de la Comunidad de Madrid cuando quiere dar a entender que su norma proteger&aacute; al concebido desde el primer momento de la gestaci&oacute;n. No es cierto, si tenemos en cuenta que la propia ley, para cualquier ayuda o beneficio econ&oacute;mico (disp. adicional 2&ordf;.d), fija un umbral muy distinto al de la concepci&oacute;n: &ldquo;En todo caso posterior a la finalizaci&oacute;n de la semana 14&rdquo;, es decir, a partir de la semana quince de embarazo. Un c&oacute;mputo que coincide exactamente con el momento en que deja de ser posible la interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo por libre decisi&oacute;n de la mujer conforme a la Ley Org&aacute;nica 2/2010. La ret&oacute;rica de Ayuso es &ldquo;desde la concepci&oacute;n&rdquo;. Sin embargo, la eficacia econ&oacute;mica de su norma comienza cuando termina el plazo de la IVE libre.
    </p><p class="article-text">
        La ley, adem&aacute;s, no se atreve a decir aquello que pretende sugerir y que en el discurso pol&iacute;tico se alardea. En ning&uacute;n momento afirma la norma que el concebido sea una persona, ni que tenga personalidad jur&iacute;dica, ni que sea sujeto de derechos. No puede hacerlo porque chocar&iacute;a frontalmente con los art&iacute;culos 29 y 30 del C&oacute;digo Civil y con una consolidada doctrina constitucional, desde la STC 53/1985 hasta la STC 34/2023. En su lugar, utiliza una f&oacute;rmula de asimilaci&oacute;n (&ldquo;se le tendr&aacute; por nacido&rdquo;) que no es m&aacute;s que una ficci&oacute;n jur&iacute;dica que intenta proyectar sobre el plano administrativo y simb&oacute;lico la equiparaci&oacute;n entre concebido e hijo nacido. A estos efectos, resulta sorprendente la forma en que el pre&aacute;mbulo invoca la STC 271/2015 al afirmar que esa sentencia &ldquo;avala que, al considerar al concebido como ya nacido, se puedan fijar beneficios&rdquo;. Sin embargo, el Tribunal Constitucional en aquella resoluci&oacute;n nunca reconoci&oacute; una potestad general para equiparar concebido e hijo nacido. Lo que declar&oacute; constitucional fue una medida muy concreta de la Comunidad Valenciana relativa al baremo de admisi&oacute;n escolar, insistiendo expresamente en que no atribu&iacute;a personalidad jur&iacute;dica al concebido, no modificaba el C&oacute;digo Civil y no establec&iacute;a una regla general aplicable a cualquier procedimiento administrativo. Convertir aquella sentencia del TC en el fundamento de una equiparaci&oacute;n administrativa de alcance general supone llevar mucho m&aacute;s lejos de la realidad lo que realmente viene a decir la doctrina constitucional.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso la ley deja al descubierto la paradoja de que la supuesta protecci&oacute;n del concebido no se traduce en el reconocimiento de derechos para ello, porque constitucionalmente no puede hacerse. Los verdaderos beneficiarios de la norma son terceras personas adultas que podr&aacute;n acceder a determinados beneficios administrativos mientras que el concebido funciona, en realidad, como un presupuesto ideol&oacute;gico para, supuestamente, apoyar a la natalidad y a la familia a trav&eacute;s de pol&iacute;ticas muy cuestionables a efectos pr&aacute;cticos, como la ayuda de 500 euros mensuales a madres gestantes que la Comunidad aplica desde 2022, y menciona el pre&aacute;mbulo como ejemplo. Par&eacute;monos un momento en esta.
    </p><p class="article-text">
        Esta ayuda solo se cobra desde la semana 21 de gestaci&oacute;n (es decir, desde el quinto mes, no la concepci&oacute;n), solo hasta los 30 a&ntilde;os (cuando la edad media de la maternidad en Espa&ntilde;a supera los 32), solo con cinco a&ntilde;os de empadronamiento en la regi&oacute;n dentro de los &uacute;ltimos diez (lo que expulsa a las mujeres migrantes de llegada reciente), solo bajo umbrales de renta que, adem&aacute;s, castigan a las madres solas y no es un derecho subjetivo est&aacute; condicionada a que haya cr&eacute;dito presupuestario cada a&ntilde;o. &iquest;En cu&aacute;ntas ayudas se ha traducido esta pol&iacute;tica a favor de la natalidad en estos cuatro a&ntilde;os? En algo m&aacute;s de 30.000, un dato rid&iacute;culo. 
    </p><p class="article-text">
        Pero quiz&aacute; el detalle m&aacute;s inquietante a mi juicio es el art&iacute;culo 2.5, que obliga a comunicar a la Comunidad de Madrid cuando el concebido &ldquo;no llegue a nacer&rdquo;. Una obligaci&oacute;n que alcanza necesariamente los supuestos de p&eacute;rdida gestacional, cualquiera que sea su causa, y obliga a las mujeres a trasladar a la Administraci&oacute;n un dato especialmente sensible sobre su salud reproductiva. La ley no establece un r&eacute;gimen espec&iacute;fico de garant&iacute;as, no precisa la finalidad de esa informaci&oacute;n ni regula su tratamiento posterior. Resulta llamativo que una norma presentada como instrumento de apoyo a las familias introduzca, al mismo tiempo, un deber de comunicaci&oacute;n sobre un acontecimiento &iacute;ntimo cuya protecci&oacute;n forma parte de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y disidencias sexuales. Una inferencia inaceptable y peligrosa que no puede pasar desapercibida, especialmente en un contexto donde los registros de embarazos y p&eacute;rdidas gestacionales est&aacute;n siendo la antesala de pol&iacute;ticas de control sobre la vida sexual y reproductiva de las mujeres. Normalizar esa comunicaci&oacute;n obligatoria no es un tecnicismo, es una l&iacute;nea que no deber&iacute;a cruzarse y que deber&iacute;a alertarnos.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, y no debe servir como alivio, conviene se&ntilde;alar que esta ley incorpora mecanismos que aplazan su eficacia y que la &ldquo;asimilaci&oacute;n del concebido al hijo ya nacido&rdquo; que proclama el art&iacute;culo 2 no es autoejecutiva y solo ser&aacute; operativa &ldquo;con el alcance y las condiciones que se regulen en cada procedimiento concreto&rdquo;. Es m&aacute;s, la medida estrella (la condici&oacute;n de familia asimilada a familia numerosa) no entrar&aacute; en vigor hasta dentro de seis meses y los beneficios fiscales asociados dependen de un certificado que todav&iacute;a no puede expedirse.
    </p><p class="article-text">
        Lo que entra en vigor en la Comunidad de Madrid con la gran ley ideol&oacute;gica de Ayuso no son nuevos derechos para las familias. Entra en vigor una determinada forma de concebir el embarazo desde los poderes p&uacute;blicos. Aparentemente, el discurso pol&iacute;tico quiere situar al concebido en el centro de la norma, sin embargo, toda arquitectura jur&iacute;dica gira, en realidad, sobre el cuerpo de las mujeres, puesto que son las semanas de gestaci&oacute;n las que determinan el acceso a las ayudas, los certificados m&eacute;dicos los que acreditan el embarazo y, en caso de aborto o p&eacute;rdida gestacional debe comunicarse a la Administraci&oacute;n esa situaci&oacute;n. Esta no es tanto una ley sobre el concebido sino una ley sobre el embarazo y sobre la manera en que los poderes p&uacute;blicos deciden intervenir en los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ley-controla-embarazo-mujeres_129_13372617.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jul 2026 20:06:05 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9501d1ba-3c96-4c95-8cf5-19ebaf44a689_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x605y544.jpg" length="1107496" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9501d1ba-3c96-4c95-8cf5-19ebaf44a689_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x605y544.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1107496" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una ley que controla el embarazo de las mujeres]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9501d1ba-3c96-4c95-8cf5-19ebaf44a689_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x605y544.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Isabel Díaz Ayuso,Derecho al aborto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tanto odio no es casualidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/odio-no-casualidad_129_13355470.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a88e647c-aa26-42c9-bde4-00e8eb04b8f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1492y1319.jpg" width="1200" height="675" alt="Tanto odio no es casualidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La LGTBIQfobia ya existía cuando Vox apareció en las instituciones, pero entonces se daba el compromiso a construir un consenso democrático que señalaba que era socialmente inaceptable</p></div><p class="article-text">
        Un profesor v&iacute;ctima de un ataque hom&oacute;fobo en Mallorca, un chico agredido por cinco menores de edad despu&eacute;s de verle besarse con otro durante unas fiestas en Matar&oacute;, una persona trans humillada y golpeada por catorce j&oacute;venes en Ontinyent, una agresi&oacute;n tr&aacute;nsfoba grabada para difundirse en redes sociales en Barcelona, un concierto suspendido tras ataques hom&oacute;fobos contra el grupo Fades, un concejal insultado por ser trans en Arrigorriaga, otra brutal agresi&oacute;n hom&oacute;foba en Tolosa&hellip; Cambian las ciudades, cambian las v&iacute;ctimas, cambian quienes agreden, pero el patr&oacute;n se repite. Estos son solo algunos de los titulares que han dejado las &uacute;ltimas semanas de LGTBIQfobia en nuestro pa&iacute;s. Muchas de estas agresiones comparten rasgos inquietantemente similares: se producen en grupo, en espacios p&uacute;blicos, con una fuerte carga de humillaci&oacute;n, en ocasiones son grabadas para amplificar el da&ntilde;o y difundirlo en redes sociales, y con demasiada frecuencia, est&aacute;n protagonizadas por personas muy j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        Estas agresiones no castigan &uacute;nicamente una orientaci&oacute;n sexual, una identidad de g&eacute;nero o la manera en que este se expresa desde la disidencia sexual. Estas agresiones castigan la visibilidad de las personas que somos LGTBIQ+, no son episodios aislados ni simples peleas. Son un mensaje que las personas que agreden lanzan no solo a la persona concreta que es v&iacute;ctima, sino a todas las personas que formamos parte de un colectivo que nos identificamos bajo las siglas LGTBIQ+. Un mensaje amplificado en la violencia y que busca expulsarnos del espacio compartido, del lugar p&uacute;blico, de la vida cotidiana, de la naturalidad de las relaciones humanas, de los derechos innatos que nos corresponden. Cada insulto, cada escupitajo, cada paliza, cada agresi&oacute;n nos transmite exactamente el mismo recado: &ldquo;esc&oacute;ndete si no quieres sufrir, vuelve al armario&rdquo;. Por eso el primer derecho que empieza a perderse cuando avanza la batalla cultural contra la igualdad y los derechos humanos (sean los de las personas LGTBIQ+, las mujeres, las personas migradas o cualquier otro colectivo que es v&iacute;ctima de los discursos de odio de la extrema derecha) es un derecho muy elemental, es el derecho a caminar por la calle sin miedo.
    </p><p class="article-text">
        El odio tambi&eacute;n se aprende porque nadie nace pensando que llamar &ldquo;maric&oacute;n&rdquo;, perseguir a una persona trans o golpear a un chico por besar a otro es una forma &ldquo;aceptable&rdquo; de comportarse. Esa legitimaci&oacute;n se construye poco a poco, cuando determinados discursos dejan de presentarnos a las personas LGTBI como personas cuyas vidas debe ser respetadas para convertirnos en un problema, en una amenaza o en enfermos. Narrativas que reproducen los planteamientos de Antonio Vallejo-N&aacute;jera (que estaba al frente de los servicios psiqui&aacute;tricos del r&eacute;gimen de Franco) que disfraz&oacute; el odio en ciencia para calificar y tratar a las personas homosexuales como enfermas, incapaces y criminales. Basta sembrar una idea para justificar la violencia y convertir el odio en un comportamiento social que proporciona reconocimiento y pertenencia.
    </p><p class="article-text">
        No es casual que, mientras aumentan estos discursos, tambi&eacute;n aumente la presencia de Vox en los gobiernos auton&oacute;micos del PP. Tampoco es casual que Vox lleve a&ntilde;os calificando el Orgullo de espect&aacute;culo de &ldquo;dudoso gusto&rdquo;, &ldquo;bochornoso&rdquo; o &ldquo;rid&iacute;culo&rdquo; porque su objetivo no es &uacute;nicamente derogar unas leyes o desacreditar una celebraci&oacute;n, es cuestionar la legitimidad de la presencia de las personas LGTBIQ+ en el espacio p&uacute;blico y presentar nuestra igualdad como una imposici&oacute;n frente a los dem&aacute;s. Sin embargo, el Orgullo nunca ha sido ni ser&aacute; una celebraci&oacute;n privada es la expresi&oacute;n de la rabia, de la rebeli&oacute;n frente a los que nos quieren en los armarios, en los psiqui&aacute;tricos o en las c&aacute;rceles. El Orgullo es subvertir el orden patriarcal, es la conquista del derecho a existir sin pedir permiso, a caminar de la mano de quien quieras, a besarnos en las plazas, a actuar sobre los escenarios, a contar nuestras historias, a ocupar el espacio p&uacute;blico sin convertir el propio ser en un acto de valent&iacute;a. Por eso las agresiones que se producen precisamente ah&iacute;, en las calles, en los conciertos, en las fiestas populares, en los institutos, en las plazas... no castigan &uacute;nicamente qui&eacute;n somos, castigan que seamos visibles y pretenden que volvamos a sentir miedo, que pensemos dos veces si damos un beso, si ondeamos una bandera arco&iacute;ris o si hablamos con naturalidad qui&eacute;nes somos.
    </p><p class="article-text">
        La LGTBIQfobia ya exist&iacute;a cuando Vox apareci&oacute; en las instituciones, pero entonces exist&iacute;a el compromiso a construir un consenso democr&aacute;tico que se&ntilde;alaba que era socialmente inaceptable y que impuls&oacute; leyes para proteger a quienes hist&oacute;ricamente hab&iacute;amos sido perseguidas y perseguidos. Ese consenso es precisamente el que la extrema derecha de Vox con la complicidad del PP pretende erosionar. Los derechos LGTBIQ+ garantiza algo que no solo nos afecta a quienes formamos parte de este colectivo, afectan al derecho m&aacute;s elemental en una sociedad que quiera vivir sin ser reprimida, el derecho de todas las personas a vivir sin miedo a ser insultadas, humilladas o agredidas. El derecho a vivir en paz en tiempos de fascistas ya sea en Espa&ntilde;a, en Palestina, en Yemen, en Ucrania, en Argentina o en Uganda (esta no es una lista cerrada). Es el orgullo de maricas, bolleras, bisexuales, asexuales, intersexuales y trans* que desaf&iacute;an el odio que no es causal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/odio-no-casualidad_129_13355470.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jul 2026 19:34:05 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a88e647c-aa26-42c9-bde4-00e8eb04b8f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1492y1319.jpg" length="5522538" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a88e647c-aa26-42c9-bde4-00e8eb04b8f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1492y1319.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5522538" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Tanto odio no es casualidad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a88e647c-aa26-42c9-bde4-00e8eb04b8f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1492y1319.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Orgullo LGTBI,Agresiones homófobas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que Toy Story 5 enseña sobre las cámaras de eco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/toy-story-5-ensena-camaras-eco_129_13336905.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/873d93aa-4f8e-43a0-a79a-0e4edc539f34_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que Toy Story 5 enseña sobre las cámaras de eco"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De ese método se sirven muchas plataformas digitales y también formaciones políticas, grupos o sujetos que las usan para difundir desinformación, fake news o campañas de desprestigio con finalidades claramente nocivas y peligrosas</p></div><p class="article-text">
        No s&eacute; cu&aacute;ntos de ustedes han visto <em>Toy Story 5</em>, pero, si no lo han hecho y tienen intenci&oacute;n de hacerlo, ya les advierto de que esta columna de opini&oacute;n contiene alg&uacute;n que otro esp&oacute;iler. La nueva aventura de Woody, Jessie y Buzz y el resto de los juguetes de Bonnie introduce la presencia de las pantallas en la vida de la peque&ntilde;a protagonista. La ni&ntilde;a, ya casi adolescente, est&aacute; en esa edad en la que lo que m&aacute;s desea es tener amigas, sentirse aceptada, pertenecer&hellip; pero no es f&aacute;cil porque Bonnie no es una cr&iacute;a al uso (ninguna lo es). Ah&iacute; es donde aparece una <em>tablet</em> como llave para socializar con otras ni&ntilde;as a trav&eacute;s de una plataforma social. Efectivamente, lo consigue y entra en un universo donde otras chicas (las guays) marcan qu&eacute; hacer, c&oacute;mo vestir, qu&eacute; decir y hasta qu&eacute; merece la pena desear. Bonnie quiere ser su amiga, tener amigas y parecerse a ellas y ah&iacute; es como esa amistad la empieza a exigir que cambie. Va dejando atr&aacute;s aquello que es importante para ella y tambi&eacute;n lo que la hac&iacute;a diferente. En ese grupo de amigas lo importante no es ser ella misma, no la quieren as&iacute;, la quieren si es como ellas dicen que sea. Por eso, cuando act&uacute;a de forma distinta descubre que el precio de salirse del guion que fija el grupo es la burla, el rechazo y hacerla sentirse sola y mal consigo misma, es ridiculizarla.
    </p><p class="article-text">
        Toy Story 5 no plantea la dicotom&iacute;a de pantallas s&iacute; o pantallas no, sino que m&aacute;s bien deja al descubierto c&oacute;mo los espacios de &ldquo;socializaci&oacute;n&rdquo; de las personas menores de edad y las y los j&oacute;venes que se crean a trav&eacute;s de esas nuevas tecnolog&iacute;as pueden llegar a funcionar como c&aacute;maras de eco que las anulan y manipulan. Es de sobra conocido que todas y todos necesitamos pertenecer. No hay nada patol&oacute;gico en ello, muy al contrario, ese anhelo forma parte del desarrollo de cualquier persona, especialmente entre quienes est&aacute;n en ese momento evolutivo y emocional de madurar. El conflicto surge cuando el precio de pertenecer a un grupo consiste en dejar de pensar, dejar de ser uno mismo o empezar a creer que solo existe una manera correcta de vivir, de vestir, de hablar o de entender el mundo. Eso es precisamente una c&aacute;mara de eco y, en las redes sociales, esta din&aacute;mica se produce con enorme facilidad gracias a unos algoritmos que potencian contenidos, discursos, ideas y desinformaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los algoritmos, o m&aacute;s bien, aprovechando el impulso de esos algoritmos, esa din&aacute;mica de c&aacute;mara de eco se puede identificar porque crea un entorno en el que las mismas ideas se repiten, se amplifican y terminan percibi&eacute;ndose como verdades incuestionables porque apenas entran voces discrepantes. Si participas reproduciendo la din&aacute;mica ya eres parte del grupo y tienes su reconocimiento y refuerzo, &ldquo;su amistad&rdquo;. Por eso, no consiste solo en recibir informaci&oacute;n af&iacute;n, sino que esa informaci&oacute;n rebote constantemente entre las personas que piensan igual, reforz&aacute;ndose una y otra vez. La repetici&oacute;n genera una falsa sensaci&oacute;n de verdad y una idea no parecer&aacute; cierta porque haya sido contrastada, sino porque el grupo la reproduce a partir de que la haya dicho, sugerido o escrito un <em>influencer</em> o una persona a la que otorgamos autoridad y en la que confiamos. De esa manera, poco a poco las personas de ese entorno cada vez est&aacute;n m&aacute;s aferradas y convencidas de las propias creencias &ldquo;incuestionables&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Del m&eacute;todo de la &ldquo;c&aacute;mara de eco&rdquo; se sirven muchas plataformas digitales y tambi&eacute;n formaciones pol&iacute;ticas, grupos o sujetos que las usan para difundir desinformaci&oacute;n, <em>fake news</em> o campa&ntilde;as de desprestigio con finalidades claramente nocivas y peligrosas. Las c&aacute;maras de eco aumentan el sesgo de confirmaci&oacute;n y hacen que cualquier opini&oacute;n distinta se perciba como falsa, absurda, malintencionada o incluso peligrosa. Es un mecanismo extraordinariamente &uacute;til para quienes quieren manipular, a modo de ejemplo se puede nombrar la <em>fachosfera</em> que lleva a&ntilde;os aprovech&aacute;ndolo, no para convencer a toda la sociedad, sino para radicalizar progresivamente a chicos j&oacute;venes que encuentran en determinados mensajes y en la construcci&oacute;n de enemigos el sentido e identidad que sienten haber perdido o amenazado por las feministas y el feminismo.
    </p><p class="article-text">
        La c&aacute;mara de eco refuerza que esos espacios terminen funcionando como grupos cerrados que convierten el relato del grupo en el &uacute;nico digno de confianza. La polarizaci&oacute;n est&aacute; servida, no porque nazca de tener opiniones fuertes, sino porque se ha dejado de escuchar cualquier voz distinta a la autorizada. Cuando eso ocurre, hay un impacto, un da&ntilde;o en las personas de ese entorno, quienes no solo terminan creyendo que solo existe una forma correcta de pensar acaba viviendo porque discrepar, implica ser rechazado, sea expulsado del grupo y quedarse solo. Cuando la espontaneidad, la libertad de pensamiento, la diferencia, la cr&iacute;tica&hellip; se sustituye por la obediencia al grupo y la identidad propia por la identidad colectiva, el resultado no suele ser una persona m&aacute;s libre ni m&aacute;s feliz, sino alguien m&aacute;s vulnerable, m&aacute;s dependiente de la aprobaci&oacute;n ajena y, parad&oacute;jicamente, mucho m&aacute;s sola y atormentada. Y esto Toy Story lo cuenta muy bien con la historia de Bonnie, tener amigos es importante, pero no a cualquier precio. Hay grupos a los que es mejor no pertenecer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/toy-story-5-ensena-camaras-eco_129_13336905.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jun 2026 20:01:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/873d93aa-4f8e-43a0-a79a-0e4edc539f34_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="125655" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/873d93aa-4f8e-43a0-a79a-0e4edc539f34_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="125655" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lo que Toy Story 5 enseña sobre las cámaras de eco]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/873d93aa-4f8e-43a0-a79a-0e4edc539f34_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los árboles reducen la mortalidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/arboles-reducen-mortalidad_129_13319149.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e836241-6e2f-4ea2-a88c-aa470f96feb3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los árboles reducen la mortalidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La desigualdad climática no empieza cuando llega la ola de calor, empieza mucho antes. Es decir, la vulnerabilidad climática no depende únicamente del clima, sino también de los recursos disponibles para protegerse de él cuando este representa un riesgo para la salud. Tener sombra no debería ser un privilegio asociado al código postal</p><p class="subtitle">El mapa del calor en España: compara la temperatura de cada día con la media histórica de tu provincia</p></div><p class="article-text">
        En el kil&oacute;metro cero del Estado espa&ntilde;ol, en ese centro simb&oacute;lico que es la Puerta del Sol, no hay un solo &aacute;rbol bajo el que cobijarse en esta primera ola de calor que tenemos ya encima. Sin embargo, Madrid suele presumir de ser una de las ciudades m&aacute;s arboladas del mundo. Pero tener &aacute;rboles no es como tener mobiliario urbano, tenerlos &mdash;aunque sean muchos&mdash; no significa tener ni los suficientes ni tenerlos donde son necesarios. Es importante la cantidad de vegetaci&oacute;n, pero igual de importante o m&aacute;s es d&oacute;nde est&aacute;n estas zonas arboladas y el acceso que tienen las y los ciudadanos a ellas en los lugares donde viven. Porque el problema de una ola de calor no es solo cu&aacute;ntos grados marcar&aacute; el term&oacute;metro, sino c&oacute;mo afectar&aacute; la falta de sombra a la poblaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El calor no cae por igual sobre las ciudades y hay barrios que tienen &aacute;rboles y barrios que tienen asfalto. Mucho asfalto. Siguiendo en la ciudad de Madrid se sabe que existen diferencias de temperatura de hasta ocho grados entre distintos puntos de la capital. Cuando se habla de ola de calor, la temperatura es una parte, la otra tiene que ver con la desigualdad porque es en los barrios donde coinciden las rentas m&aacute;s bajas y las viviendas peor adaptadas al calor, donde el hecho de que haya menos zonas verdes tiene un impacto directo en la salud de esas vecinas y vecinos.
    </p><p class="article-text">
        Pero Madrid no es una excepci&oacute;n. Esta semana se ha conocido <a href="https://www.tierra.org/el-60-de-la-ciudadania-no-tiene-acceso-suficiente-a-la-naturaleza-en-las-ciudades/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un informe de la organizaci&oacute;n ecologista Amigas de la Tierra, junto al Grupo de Investigaci&oacute;n en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad (GIAU+S) de la Universidad Polit&eacute;cnica de Madrid.</a> En &eacute;l se analiza el acceso a las zonas verdes de 10 ciudades espa&ntilde;olas para la poblaci&oacute;n, y de entre estas, m&aacute;s de la mitad de la ciudadan&iacute;a no dispone de zonas verdes, llegando al 80 % en ciudades como Ourense y Val&egrave;ncia. La conclusi&oacute;n es clara, la situaci&oacute;n es preocupante, principalmente para las personas m&aacute;s vulnerables, aquellas que tienen menos opciones de adaptarse al cambio clim&aacute;tico porque viven en lo que el informe llama &ldquo;zonas de acci&oacute;n prioritaria&rdquo;, es decir, &aacute;reas de bajos ingresos y con un acceso insuficiente a espacios verdes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La desigualdad clim&aacute;tica no empieza cuando llega la ola de calor, empieza mucho antes. Es decir, la vulnerabilidad clim&aacute;tica no depende &uacute;nicamente del clima, sino tambi&eacute;n de los recursos disponibles para protegerse de &eacute;l cuando este representa un riesgo para la salud. Por supuesto que hay determinadas zonas de renta alta donde tambi&eacute;n hay un acceso insuficiente a la naturaleza, pero en estos lugares no hay dificultades para adoptar otras formas de adaptaci&oacute;n al calor: viviendas mejor acondicionadas, piscinas, aire acondicionado, segundas residencias... No afronta igual una semana de temperaturas extremas quien vive junto a un parque arbolado, en una vivienda bien aislada y con aire acondicionado, que quien reside en una calle sin sombra o en una vivienda que acumula calor durante toda la noche.&nbsp;Sin entrar en otras variables sociosanitarias que tambi&eacute;n influyen y agrandan la vulnerabilidad en las personas mayores, las infancias, en quienes padecen enfermedades cr&oacute;nicas, tienen dificultades de movilidad&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Recientemente, un estudio internacional llevado a cabo por el Inserm, el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), <a href="https://www.isglobal.org/-/arboles-en-paris" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un estudio se&ntilde;al&oacute; que en Par&iacute;s, los distritos con m&aacute;s vegetaci&oacute;n presentan un menor riesgo de mortalidad</a> durante los periodos de calor intenso, mientras que las zonas muy construidas, con pocos espacios verdes y un alto potencial de isla de calor urbana, son las m&aacute;s expuestas. Es decir, aumentar la cobertura arb&oacute;rea en las ciudades podr&iacute;a evitar miles de muertes prematuras asociadas al calor porque los &aacute;rboles refrescan el aire, reducen la temperatura del suelo y crean refugios frente a episodios extremos cada vez m&aacute;s frecuentes. Los &aacute;rboles deber&iacute;an ser parte de las infraestructuras b&aacute;sicas que protegen la salud y la vida de todas las personas dentro de una ciudad. Tener sombra no deber&iacute;a ser un privilegio asociado al c&oacute;digo postal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/arboles-reducen-mortalidad_129_13319149.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2026 19:33:42 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8e836241-6e2f-4ea2-a88c-aa470f96feb3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="105355" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8e836241-6e2f-4ea2-a88c-aa470f96feb3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="105355" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los árboles reducen la mortalidad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8e836241-6e2f-4ea2-a88c-aa470f96feb3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los otros gritos del Mundial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gritos-mundial_129_13298397.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/afdc18d3-3eca-40a2-ab5b-9096596da5c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los otros gritos del Mundial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras la FIFA, los patrocinadores y las autoridades participan de las ceremonias, se preocupan por los protocolos y dispositivos de seguridad para los millones de visitantes que llenarán los estadios durante más de un mes en tres países, las madres buscadoras instan legítimamente que la atención mundial se fije en la violencia que representa la desaparición de sus hijas e hijos</p></div><p class="article-text">
        M&eacute;xico me resulta un pa&iacute;s inabarcable geogr&aacute;fica, hist&oacute;rica y culturalmente. Re&uacute;ne tal riqueza, diversidad y pluralidad que pretender conocerlo supone, al menos para m&iacute;, una inmersi&oacute;n que nunca ser&aacute; completa ni la definitiva. Siempre habr&aacute; un matiz que obligue a reinterpretar lo aprendido, a revisar la propia historia de Espa&ntilde;a y, por supuesto, a abrirse a esa cosmovisi&oacute;n rodeada de misterio y desconocimiento. Regreso de M&eacute;xico abrumada por su sabidur&iacute;a ancestral, popular y ciudadana. Regreso tambi&eacute;n con dolor al comprobar como este Mundial (que tantos focos acapara) ignora y, por tanto, agranda las brechas de la desigualdad y la violencia. Un Mundial que puede llegar a resultar groseramente obsceno al observar el contraste de un estadio lleno mientras miles de familias preguntan d&oacute;nde est&aacute;n los m&aacute;s de 133 mil desaparecidos.
    </p><p class="article-text">
        Visto desde esta mirada de conjunto, no es precisamente respeto lo que promueve el f&uacute;tbol que se ha convertido en industria global explotadora de personas y recursos. Tampoco parece que exista ese respeto en parte de las aficiones que, durante el aguacero que cay&oacute; en Ciudad de M&eacute;xico el d&iacute;a de la inauguraci&oacute;n, no encontraron mejor refugio que las lonas de las madres buscadoras. Esas lonas donde aparecen los rostros de hijas e hijos desaparecidos y que hab&iacute;an extendido en la simb&oacute;lica plaza del &Aacute;ngel. Esas que reflejaban las fotograf&iacute;as que son, para miles de familias, mucho m&aacute;s que una imagen, son la &uacute;nica presencia que les queda y la &uacute;nica manera de reclamar su b&uacute;squeda. Utilizarlas para protegerse de la lluvia fue un gesto muy gr&aacute;fico de lo que significa el Mundial de f&uacute;tbol en este inmenso pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la FIFA, los patrocinadores y las autoridades participan de las ceremonias, se preocupan por los protocolos y dispositivos de seguridad para los millones de visitantes que llenar&aacute;n los estadios durante m&aacute;s de un mes en tres pa&iacute;ses, las madres buscadoras instan leg&iacute;timamente que la atenci&oacute;n mundial se fije en la violencia que representa la desaparici&oacute;n de sus hijas e hijos. Por eso marcharon el d&iacute;a antes de la inauguraci&oacute;n hacia el Estadio Azteca. Por eso est&aacute;n ocupando las plazas, avenidas y espacios p&uacute;blicos con fotograf&iacute;as, nombres y fechas. Por eso est&aacute;n transformando el lenguaje futbol&iacute;stico en una denuncia pol&iacute;tica. &ldquo;La pelota vuelve a casa, &iquest;nuestros hijos cu&aacute;ndo?&rdquo;, puede leerse en algunas de las pancartas. Junto a ellas se est&aacute;n movilizando otras familias, las de personas migrantes tambi&eacute;n desaparecidas durante su tr&aacute;nsito por M&eacute;xico; otras madres que buscan a hijos de los que nunca volvieron a tener noticias. Todas ellas familias rotas que luchan y denuncian la impunidad que rodea miles de desapariciones, que exigen que esas vidas no queden enterradas bajo el ruido del espect&aacute;culo de f&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        El Mundial vuelve a ser ese gran evento deportivo que, si bien se presenta como una celebraci&oacute;n universal, un espacio de encuentro entre pueblos y cultura, cada vez con m&aacute;s frecuencia funciona como una enorme operaci&oacute;n de marketing, un gran negocio donde todo debe aparecer ordenado, atractivo y disponible mientras lo inc&oacute;modo, lo conflictivo y lo doloroso se esconde detr&aacute;s de muros de cemento y lonas, tal y como est&aacute; sucediendo en muchos vecindarios de M&eacute;xico. Un pa&iacute;s que sabe guardar en la memoria de sus ciudades, de sus comunidades y de sus historias una extraordinaria capacidad para organizarse frente a la adversidad. Los nombres y los rostros de quienes siguen siendo buscados no van a desaparecer de la memoria colectiva por mucho que millones de personas celebraremos goles y triunfos. Sus madres, sus hombres y mujeres no van a dejar de preguntar: &iquest;d&oacute;nde est&aacute;n?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gritos-mundial_129_13298397.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Jun 2026 20:45:01 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/afdc18d3-3eca-40a2-ab5b-9096596da5c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="9144843" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/afdc18d3-3eca-40a2-ab5b-9096596da5c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="9144843" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los otros gritos del Mundial]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/afdc18d3-3eca-40a2-ab5b-9096596da5c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Mundial de fútbol,México,Desaparecidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Derechos que no se heredan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/derechos-no-heredan_129_13183912.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7451bb1-66ee-458f-988a-352116bce297_16-9-discover-aspect-ratio_default_1141985.jpg" width="4724" height="2657" alt="Miles de personas celebrando el día del Orgullo en Cibeles (Madrid, 2018)."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Muchos de quienes hoy desconfían de la democracia lo hacen gracias a los derechos que ella les da: la libertad de expresión, la educación que los formó, la sanidad a la que acceden y el dinero público que les sostiene</p><p class="subtitle">De los expedientes por “invertidos” a pasar hambre y vejaciones en Tefía: la represión franquista al colectivo LGTBI en Canarias</p></div><p class="article-text">
        La democracia no solo trajo el derecho al voto, sino tambi&eacute;n muchos otros derechos que hoy nos parecen lo normal: derechos cuyo valor pasa desapercibido, como si toda la vida hubieran estado ah&iacute;. Para la gran mayor&iacute;a de quienes nacieron en Espa&ntilde;a a partir de los a&ntilde;os 80, la educaci&oacute;n, la sanidad, la libertad sexual o el simple hecho de salir por la noche sin restricciones &ndash;ni horarias ni morales&ndash; forman parte de su vida cotidiana, lleg&aacute;ndolos a contemplar con la distancia de quien hereda algo sin conocer su precio ni el esfuerzo colectivo que implic&oacute;, como si las luchas que los hicieron posibles pertenecieran a una historia que no les concierne.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la dictadura que algunos idealizan &ndash;porque no la vivieron en carne propia o por no haber nacido&ndash;, no hab&iacute;a libertades pol&iacute;ticas ni se pod&iacute;a vivir al margen de la moral cat&oacute;lica. Cuando la democracia lleg&oacute;, con sus luces y sus sombras, cada persona, hombre o mujer, empez&oacute; a imaginar un proyecto de vida propio, sin pedir permiso y, sobre todo, sin miedo a un r&eacute;gimen que castigaba cualquier disidencia pol&iacute;tica, social, religiosa, afectiva o sexual. El espacio p&uacute;blico dej&oacute; de estar sometido al control policial y el espacio privado a la moral del confesionario. En la Espa&ntilde;a que ahora habitamos, resultar&iacute;an inconcebibles muchas situaciones que se vivieron en el franquismo. Nos hemos acostumbrado tan deprisa a los derechos que olvidamos que nada garantiza su permanencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los primeros derechos conquistados en democracia fueron los pol&iacute;ticos y los civiles. Recuperar la libertad de expresi&oacute;n, de asociaci&oacute;n, de reuni&oacute;n y de manifestaci&oacute;n supuso devolver a la ciudadan&iacute;a lo que la dictadura hab&iacute;a arrebatado. La legalizaci&oacute;n de los partidos pol&iacute;ticos que hasta ese momento eran tachados de enemigos de Espa&ntilde;a desactiv&oacute; una l&oacute;gica de persecuci&oacute;n antidemocr&aacute;tica. La calle se convirti&oacute; en espacio de convivencia, las manifestaciones por la amnist&iacute;a se mezclaron con las de los movimientos feministas, LGTBI y vecinales.
    </p><h2 class="article-text">El derecho a decidir</h2><p class="article-text">
        La democracia no solo permiti&oacute; ir a las urnas, sino que reconoci&oacute; que la voz de cada persona ten&iacute;a el mismo valor pol&iacute;tico y moral. El voto dej&oacute; de ser un privilegio para convertirse en un derecho que no distingue g&eacute;nero, ideolog&iacute;a ni clase social, aunque su universalidad plena siga siendo una tarea pendiente. De hecho, no ha sido hasta 2019 cuando las personas con discapacidad intelectual o psicosocial han podido votar por primera vez, al eliminarse una restricci&oacute;n anacr&oacute;nica sostenida por el paternalismo capacitista. Sin embargo, esa democracia, que naci&oacute; para devolver la voz a quienes no la ten&iacute;an, sigue debiendo reconocimientos pol&iacute;ticos, entre otras a quienes ya forman parte de nuestra comunidad, a cientos de miles de personas migradas a nuestro pa&iacute;s que viven y trabajan en Espa&ntilde;a y que siguen excluidas de ese derecho fundamental.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La democracia no solo recuper&oacute; derechos pol&iacute;ticos, tambi&eacute;n ha ido transformando la vida privada. Y fueron las mujeres quienes, al reclamar derechos de igualdad y autonom&iacute;a, convirtieron esa libertad reci&eacute;n estrenada en una revoluci&oacute;n que ha ido cambiando el pa&iacute;s desde dentro. Durante los 40 a&ntilde;os de dictadura franquista, el Estado y la Iglesia hab&iacute;an decidido por ellas: el cuerpo, la moral, la educaci&oacute;n, el trabajo y el deseo. Al avanzar la democracia, dejaron de necesitar el permiso del var&oacute;n para trabajar o abrir una cuenta, y empezaron a firmar sus propias decisiones. Cada conquista (el divorcio, el aborto, la igualdad laboral&hellip;) ha sido una conquista real, pero tambi&eacute;n simb&oacute;lica: el derecho a decidir sobre la propia vida y los propios cuerpos, derechos que todav&iacute;a se niegan a reconocer y respetar los movimientos m&aacute;s reaccionarios que anhelan recuperar el control sobre las mujeres, para gobernar sus vidas. Sin embargo, la igualdad que empez&oacute; a escribirse en el C&oacute;digo Civil, ha ido cambiando tambi&eacute;n la manera en la que el pa&iacute;s mira a las mujeres. Sin embargo, aquel impulso de cambio que marc&oacute; los primeros tiempos de la democracia no siempre ha mantenido su fuerza y a fecha de hoy, persisten desigualdades estructurales (en el empleo, en los cuidados, en la representaci&oacute;n pol&iacute;tica o en la violencia machista) que recuerdan que la igualdad legal no basta si no se traduce en igualdad efectiva, un recordatorio que no cae en saco roto gracias al movimiento feminista.
    </p><p class="article-text">
        El camino de las mujeres abri&oacute; otras puertas. De la mano del feminismo, la democracia comenz&oacute; a reconocer otras realidades que hab&iacute;an sido silenciadas, reprimidas, tortuosas y encarceladas. Las personas LGTBIQ+ pasaron de ser perseguidas por la Ley de Peligrosidad Social (heredera de la de Vagos y Maleantes) a tener un lugar en la calle, la cultura y las leyes. En 1977, mientras los presos pol&iacute;ticos sal&iacute;an de las c&aacute;rceles, las personas homosexuales segu&iacute;an dentro de ellas lo que provoc&oacute; que centenares de personas marcharan en Barcelona reclamando &ldquo;amnist&iacute;a sexual&rdquo;. La historia hab&iacute;a empezado a cambiar con aquel primer Orgullo. En 1979 se despenaliz&oacute; la homosexualidad, en 1982 la reasignaci&oacute;n sexual dej&oacute; de ser delito y en 2005 Espa&ntilde;a reconoci&oacute; el matrimonio igualitario, afirmando que el amor y la familia no tienen una sola forma posible. En 2007 se aprob&oacute; la Ley de Identidad de G&eacute;nero, que permiti&oacute; por primera vez el cambio registral de nombre y sexo sin necesidad de autorizaci&oacute;n judicial, si bien no permit&iacute;a el cambio sin necesidad de autorizaci&oacute;n m&eacute;dica. No ha sido hasta el 2023 cuando se aprob&oacute; la Ley para la Igualdad Real y Efectiva de las Personas Trans que ha reconocido el derecho a la identidad y a la libre autodeterminaci&oacute;n de g&eacute;nero, incluyendo a la infancia y la adolescencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de esas d&eacute;cadas, la protecci&oacute;n de las personas LGTBIQ+ se ha ido extendiendo tambi&eacute;n al &aacute;mbito laboral, educativo y penal. Desde la reforma del C&oacute;digo Penal que incorpor&oacute; los delitos de odio como agravante por motivos de orientaci&oacute;n sexual o identidad de g&eacute;nero, hasta las leyes auton&oacute;micas que proh&iacute;ben expresamente la discriminaci&oacute;n en el trabajo, en la atenci&oacute;n sanitaria o en la educaci&oacute;n. Espa&ntilde;a ha ido tejiendo un marco de igualdad que, aunque imperfecto, nos sit&uacute;a entre las democracias m&aacute;s avanzadas en equiparaci&oacute;n de derechos entre las personas que son LGTBIQ+ y la que no lo son.
    </p><h2 class="article-text">Sustituir tutela por autonom&iacute;a</h2><p class="article-text">
        Esa misma l&oacute;gica de igualar y equiparar los derechos de todas y todos ha guiado tambi&eacute;n los cambios en la respuesta social, que pas&oacute; de la beneficencia, el estigma y el castigo a un sistema de protecci&oacute;n y de derechos. Los servicios sociales, la atenci&oacute;n a la infancia, a las personas mayores y a las personas con discapacidad sustituyeron la vigilancia por el acompa&ntilde;amiento y la tutela por la autonom&iacute;a. Supuso reconocer que la vulnerabilidad no es un fallo individual, sino una responsabilidad colectiva ante una vulneraci&oacute;n de derechos. Las inclusas, los reformatorios y el Patronato de Protecci&oacute;n de la Mujer &ndash;instituciones que durante d&eacute;cadas sirvieron para disciplinar la pobreza, la maternidad fuera del matrimonio o la disidencia moral&ndash; fueron desapareciendo a medida que la democracia se hac&iacute;a cargo de sus sombras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, ahora que es tiempo de memoria y de reparaci&oacute;n, se echa en falta que durante todos estos a&ntilde;os apenas se haya prestado atenci&oacute;n a quienes pasaron por esos lugares. Las v&iacute;ctimas de aquellas instituciones (ni&ntilde;as, ni&ntilde;os, adolescentes, mujeres, personas con discapacidad, todas ellas pobres o marginadas) siguen siendo invisibles, no solo por el silencio de la historia, sino por el de las propias instituciones y administraciones que, en base a los mismos sesgos de entonces, perpet&uacute;an hoy una forma de violencia institucional dif&iacute;cilmente justificable en una l&oacute;gica de derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os ochenta y noventa, Espa&ntilde;a construy&oacute; un sistema p&uacute;blico de salud, educaci&oacute;n y servicios sociales que situ&oacute; a las personas en el centro. Se crearon las becas que permitieron a hijas e hijos de familias obreras llegar a la universidad. En 2006, la Ley de Dependencia reconoci&oacute; que cuidar y ser cuidado tambi&eacute;n es un derecho. La ratificaci&oacute;n de la Convenci&oacute;n sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2008) y la de la Convenci&oacute;n sobre los Derechos del Ni&ntilde;o (1990) marcaron un cambio de paradigma: todas las personas, sin distinci&oacute;n de edad o capacidad, deb&iacute;an ser reconocidas como sujetos de derechos. Ese mismo principio de autonom&iacute;a y dignidad, se extendi&oacute; tambi&eacute;n al tramo final de la vida con la aprobaci&oacute;n de la Ley Org&aacute;nica de Regulaci&oacute;n de la Eutanasia (2021), que ha ampliado el horizonte de la libertad individual al reconocer el derecho a decidir sobre el propio final de vida.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Sin democracia no hay derechos</h2><p class="article-text">
        Sin embargo, la democracia que derrib&oacute; en las leyes tantas jerarqu&iacute;as mantiene abiertas las heridas del racismo estructural y del legado colonial a trav&eacute;s de una ley de Extranjer&iacute;a que funciona como un muro interior y penaliza la irregularidad, precariza la vida y convierte la falta de papeles en una forma contempor&aacute;nea de esclavitud y sometimiento. Ning&uacute;n pa&iacute;s es libre mientras niegue derechos a quienes ya forman parte de &eacute;l.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fe510a2c-246e-4a51-a6ca-c60de72d0288_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fe510a2c-246e-4a51-a6ca-c60de72d0288_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fe510a2c-246e-4a51-a6ca-c60de72d0288_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fe510a2c-246e-4a51-a6ca-c60de72d0288_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fe510a2c-246e-4a51-a6ca-c60de72d0288_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fe510a2c-246e-4a51-a6ca-c60de72d0288_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fe510a2c-246e-4a51-a6ca-c60de72d0288_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Divorcios en España."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Divorcios en España.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a es hoy un pa&iacute;s plural, hecho de muchas procedencias, lenguas, acentos y memorias. Pero tambi&eacute;n es cierto que la democracia no ha logrado traducir esa diversidad en igualdad de derechos. Sin embargo, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la desigualdad econ&oacute;mica, el descr&eacute;dito institucional y la expansi&oacute;n de discursos de odio est&aacute;n erosionando nuestra confianza en la necesidad de un sistema democr&aacute;tico. La crisis de 2008 y las pol&iacute;ticas de austeridad recortaron derechos sociales y la pandemia puso a prueba la fortaleza de los servicios p&uacute;blicos y la fragilidad de las vidas sostenidas por los cuidados. El auge de la extrema derecha ha devuelto al debate p&uacute;blico discursos que cre&iacute;amos superados: el cuestionamiento de la violencia machista, la negaci&oacute;n del cambio clim&aacute;tico, la criminalizaci&oacute;n del feminismo o del movimiento LGTBI. Frente a esa ofensiva, conviene recordar que los derechos humanos son el esqueleto invisible de la democracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La historia demuestra que el retroceso empieza siempre en los m&aacute;rgenes: cuando se cuestiona el derecho de las mujeres a decidir, el de las personas migrantes a ser protegidas o el de las minor&iacute;as a existir, lo que se debilita no es solo su libertad, sino la de todos. La gran paradoja es que muchos de quienes hoy desconf&iacute;an de la democracia lo hacen gracias a los derechos que ella les da: la libertad de expresi&oacute;n, la educaci&oacute;n que los form&oacute;, la sanidad a la que acceden y el dinero p&uacute;blico que les sostiene, no solo a trav&eacute;s de ayudas sino pagando los sueldos de las y los funcionarios o a trav&eacute;s de la financiaci&oacute;n de colaboraciones p&uacute;blico-privadas. Celebrar la democracia es se&ntilde;alar no solo los fallos sino tambi&eacute;n reconocer que el camino recorrido es fruto de luchas colectivas y que los derechos no se heredan, se ejercen.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/derechos-no-heredan_129_13183912.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 May 2026 19:53:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b7451bb1-66ee-458f-988a-352116bce297_16-9-discover-aspect-ratio_default_1141985.jpg" length="9525993" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b7451bb1-66ee-458f-988a-352116bce297_16-9-discover-aspect-ratio_default_1141985.jpg" type="image/jpeg" fileSize="9525993" width="4724" height="2657"/>
      <media:title><![CDATA[Derechos que no se heredan]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b7451bb1-66ee-458f-988a-352116bce297_16-9-discover-aspect-ratio_default_1141985.jpg" width="4724" height="2657"/>
      <media:keywords><![CDATA[Franquismo,LGTBI,Transición,Dictadura,Feminismo,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un poquito de empatía, por favor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/poquito-empatia-favor_129_13207521.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf59e840-0e9e-49bf-95a3-23d9abc07254_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un poquito de empatía, por favor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fernando Clavijo expresó públicamente su rechazo a que el crucero 'Hondius' atracara en Canarias. Santiago Abascal ha llegado a acusar al Gobierno de permitir la llegada de “un barco con un virus mortífero” para “ocultar las actividades de su mafia”. Y Alberto Núñez Feijóo habla de “confusión” </p></div><p class="article-text">
        Hay quien dice que la empat&iacute;a est&aacute; de moda. Lo curioso es que mientras las empresas llevan a&ntilde;os estudiando c&oacute;mo la inteligencia emocional mejora los equipos, reduce conflictos y hasta incrementa beneficios, parte de la clase pol&iacute;tica parece haber descubierto justo lo contrario, que la ausencia de empat&iacute;a o, mejor dicho, que todo lo contrario a la empat&iacute;a, la deshumanizaci&oacute;n, tambi&eacute;n puede dar r&eacute;dito electoral. Resulta dif&iacute;cil no ver cierta paradoja en c&oacute;mo la movilizaci&oacute;n del miedo, del rechazo y de la impulsividad m&aacute;s primaria e irracional se ha convertido en una herramienta pol&iacute;tica extraordinariamente eficaz para determinadas derechas y extremas derechas. Como si la apelaci&oacute;n constante a las emociones m&aacute;s b&aacute;sicas e insolidarias fuera, en el fondo, su reconocimiento impl&iacute;cito de que nadie votar&iacute;a sus propuestas desde la serenidad, el pensamiento cr&iacute;tico o la reflexi&oacute;n &eacute;tica. Como si su proyecto pol&iacute;tico &uacute;nicamente pudiera abrirse paso debilitando nuestra capacidad de reconocer al otro como alguien digno de consideraci&oacute;n, de interpretar el dolor ajeno y de responder a la incertidumbre desde lugares distintos al miedo, el rechazo o la agresividad.
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as lo estamos viendo con el brote de hantavirus detectado en el crucero neerland&eacute;s <em>MV Hondius</em>, que llegar&aacute; el domingo a Canarias tras registrarse varios contagios y fallecimientos relacionados con una variante del virus que preocupa especialmente por ser la &uacute;nica conocida con capacidad de transmisi&oacute;n entre humanos, aunque los expertos insisten en que su capacidad de contagio es extremadamente limitada. Desde que escuch&eacute; la noticia no he dejado de pensar en las personas que est&aacute;n en ese barco y en c&oacute;mo deben de estar viviendo estos d&iacute;as de aislamiento, protocolos sanitarios e incertidumbre. Tambi&eacute;n en sus familias, pendientes a distancia de cada informaci&oacute;n y cada actualizaci&oacute;n m&eacute;dica. Y en la mujer neerlandesa fallecida en Johannesburgo mientras acompa&ntilde;aba el traslado del f&eacute;retro de su marido, muerto d&iacute;as antes por el mismo virus.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del alarmismo interesadamente desatado en el plano pol&iacute;tico, y del complejo y leg&iacute;timo an&aacute;lisis sanitario que exige una situaci&oacute;n as&iacute;, deber&iacute;amos poder mirar lo que ocurre en ese barco desde un lugar mucho m&aacute;s emp&aacute;tico. Es decir, ser capaces de ponernos, aunque sea un instante, en la piel de sus pasajeros y comprender que dentro de ese crucero no hay una amenaza apocal&iacute;ptica, sino personas enfermas, asustadas y aisladas desde hace d&iacute;as. Personas sometidas a much&iacute;sima incertidumbre, a protocolos m&eacute;dicos y al miedo mientras ellas y sus familias siguen la situaci&oacute;n a distancia pendientes de cada noticia y cada actualizaci&oacute;n sanitaria. Algunos pasajeros han relatado a varios medios el clima de angustia y agotamiento emocional que se vive a bordo desde que se detectaron los primeros casos. Pensar en ellos desde ese lugar nos lleva a la conclusi&oacute;n bastante l&oacute;gica de que es importante que, cuanto antes, reciban atenci&oacute;n m&eacute;dica, apoyo psicol&oacute;gico y una respuesta sanitaria organizada, mejor para todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, frente a esa reacci&oacute;n profundamente humana, han emergido otras muy distintas en forma de bulos y cadenas de mensajes que llaman a rechazar el barco, e incluso interceptarlo e impedir cualquier acercamiento, es decir, a levantar una especie de frontera de rechazo social contra quienes est&aacute;n dentro. Como si esa manera de actuar fuera una respuesta m&aacute;s razonable que la del operativo en el que participan el Ministerio de Sanidad, Defensa, Interior y Pol&iacute;tica Territorial junto a la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud y la Comisi&oacute;n Europea. Pero este nuevo miedo colectivo nace de la fabricaci&oacute;n de un estado emocional basado en la sospecha, la alarma permanente y la percepci&oacute;n constante de amenaza que tiene, desgraciadamente, en nuestro pa&iacute;s, responsables pol&iacute;ticos bastante reconocibles. Fernando Clavijo expres&oacute; p&uacute;blicamente su rechazo a que el crucero atracara en Canarias. Santiago Abascal ha llegado a acusar al Gobierno de permitir la llegada de &ldquo;un barco con un virus mort&iacute;fero&rdquo; para &ldquo;ocultar las actividades de su mafia&rdquo;. Y Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o habla de &ldquo;confusi&oacute;n&rdquo;, exige &ldquo;todos los documentos que avalen las decisiones sanitarias&rdquo; o se publiquen el nombre de los expertos y cuestiona la gesti&oacute;n de la crisis solo por atacar al Gobierno de Pedro S&aacute;nchez incluso despu&eacute;s de que se sepa que esta est&aacute; coordinada por las autoridades sanitarias nacionales e internacionales de varios pa&iacute;ses.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema es que ese miedo colectivo, que la derecha y la extrema derecha llevan meses alimentando en Espa&ntilde;a (siempre hay una nueva amenaza apocal&iacute;ptica a la que se&ntilde;alar), est&aacute; deteriorando no solo la convivencia y la calidad democr&aacute;tica de nuestro pa&iacute;s, sino tambi&eacute;n la salud mental de nuestra sociedad. Porque activa en parte de la ciudadan&iacute;a respuestas primitivas asociadas al miedo y la hostilidad, debilitando su capacidad de pensar con lucidez ante situaciones complejas como la que ahora plantea la crisis del hantavirus. Lo inquietante es que la neurociencia lleva d&eacute;cadas explicando justo lo contrario de lo que estos discursos pol&iacute;ticos promueven. La empat&iacute;a no es una debilidad moral ni una ingenuidad sentimental, sino que es una capacidad cognitiva sofisticada, vinculada al desarrollo de las funciones ejecutivas, a la cooperaci&oacute;n social y a la propia supervivencia colectiva. Los seres humanos prosperamos precisamente porque aprendimos a colaborar, a cuidarnos y a interpretar el sufrimiento propio y ajeno como algo relevante no solo para nuestra vida individual, sino tambi&eacute;n para la vida en comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la ciencia, la psicolog&iacute;a, el derecho y el conocimiento avanzan hacia formas m&aacute;s humanas de convivencia, determinados liderazgos pol&iacute;ticos siguen apelando deliberadamente al miedo, la hostilidad y los impulsos m&aacute;s primarios, disfraz&aacute;ndolos de libertad. Como si quienes no son como nosotros, o no forman parte de los nuestros, solo pudieran entenderse como una amenaza. Como si a&uacute;n vivi&eacute;ramos atrapados en una l&oacute;gica gobernada &uacute;nicamente por el instinto que nos impide reaccionar desde lo que nos hace crecer como personas y avanzar como humanidad: reaccionar con lucidez y humanidad incluso cuando tenemos miedo, ayudarnos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/poquito-empatia-favor_129_13207521.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 May 2026 20:22:15 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bf59e840-0e9e-49bf-95a3-23d9abc07254_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1750905" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bf59e840-0e9e-49bf-95a3-23d9abc07254_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1750905" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Un poquito de empatía, por favor]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bf59e840-0e9e-49bf-95a3-23d9abc07254_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Hantavirus,Santiago Abascal,Alberto Núñez Feijóo]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
