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    <title><![CDATA[elDiario.es - Violeta Assiego]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/violeta_assiego/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Violeta Assiego]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Un poquito de empatía, por favor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/poquito-empatia-favor_129_13207521.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf59e840-0e9e-49bf-95a3-23d9abc07254_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un poquito de empatía, por favor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fernando Clavijo expresó públicamente su rechazo a que el crucero 'Hondius' atracara en Canarias. Santiago Abascal ha llegado a acusar al Gobierno de permitir la llegada de “un barco con un virus mortífero” para “ocultar las actividades de su mafia”. Y Alberto Núñez Feijóo habla de “confusión” </p></div><p class="article-text">
        Hay quien dice que la empat&iacute;a est&aacute; de moda. Lo curioso es que mientras las empresas llevan a&ntilde;os estudiando c&oacute;mo la inteligencia emocional mejora los equipos, reduce conflictos y hasta incrementa beneficios, parte de la clase pol&iacute;tica parece haber descubierto justo lo contrario, que la ausencia de empat&iacute;a o, mejor dicho, que todo lo contrario a la empat&iacute;a, la deshumanizaci&oacute;n, tambi&eacute;n puede dar r&eacute;dito electoral. Resulta dif&iacute;cil no ver cierta paradoja en c&oacute;mo la movilizaci&oacute;n del miedo, del rechazo y de la impulsividad m&aacute;s primaria e irracional se ha convertido en una herramienta pol&iacute;tica extraordinariamente eficaz para determinadas derechas y extremas derechas. Como si la apelaci&oacute;n constante a las emociones m&aacute;s b&aacute;sicas e insolidarias fuera, en el fondo, su reconocimiento impl&iacute;cito de que nadie votar&iacute;a sus propuestas desde la serenidad, el pensamiento cr&iacute;tico o la reflexi&oacute;n &eacute;tica. Como si su proyecto pol&iacute;tico &uacute;nicamente pudiera abrirse paso debilitando nuestra capacidad de reconocer al otro como alguien digno de consideraci&oacute;n, de interpretar el dolor ajeno y de responder a la incertidumbre desde lugares distintos al miedo, el rechazo o la agresividad.
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as lo estamos viendo con el brote de hantavirus detectado en el crucero neerland&eacute;s <em>MV Hondius</em>, que llegar&aacute; el domingo a Canarias tras registrarse varios contagios y fallecimientos relacionados con una variante del virus que preocupa especialmente por ser la &uacute;nica conocida con capacidad de transmisi&oacute;n entre humanos, aunque los expertos insisten en que su capacidad de contagio es extremadamente limitada. Desde que escuch&eacute; la noticia no he dejado de pensar en las personas que est&aacute;n en ese barco y en c&oacute;mo deben de estar viviendo estos d&iacute;as de aislamiento, protocolos sanitarios e incertidumbre. Tambi&eacute;n en sus familias, pendientes a distancia de cada informaci&oacute;n y cada actualizaci&oacute;n m&eacute;dica. Y en la mujer neerlandesa fallecida en Johannesburgo mientras acompa&ntilde;aba el traslado del f&eacute;retro de su marido, muerto d&iacute;as antes por el mismo virus.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del alarmismo interesadamente desatado en el plano pol&iacute;tico, y del complejo y leg&iacute;timo an&aacute;lisis sanitario que exige una situaci&oacute;n as&iacute;, deber&iacute;amos poder mirar lo que ocurre en ese barco desde un lugar mucho m&aacute;s emp&aacute;tico. Es decir, ser capaces de ponernos, aunque sea un instante, en la piel de sus pasajeros y comprender que dentro de ese crucero no hay una amenaza apocal&iacute;ptica, sino personas enfermas, asustadas y aisladas desde hace d&iacute;as. Personas sometidas a much&iacute;sima incertidumbre, a protocolos m&eacute;dicos y al miedo mientras ellas y sus familias siguen la situaci&oacute;n a distancia pendientes de cada noticia y cada actualizaci&oacute;n sanitaria. Algunos pasajeros han relatado a varios medios el clima de angustia y agotamiento emocional que se vive a bordo desde que se detectaron los primeros casos. Pensar en ellos desde ese lugar nos lleva a la conclusi&oacute;n bastante l&oacute;gica de que es importante que, cuanto antes, reciban atenci&oacute;n m&eacute;dica, apoyo psicol&oacute;gico y una respuesta sanitaria organizada, mejor para todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, frente a esa reacci&oacute;n profundamente humana, han emergido otras muy distintas en forma de bulos y cadenas de mensajes que llaman a rechazar el barco, e incluso interceptarlo e impedir cualquier acercamiento, es decir, a levantar una especie de frontera de rechazo social contra quienes est&aacute;n dentro. Como si esa manera de actuar fuera una respuesta m&aacute;s razonable que la del operativo en el que participan el Ministerio de Sanidad, Defensa, Interior y Pol&iacute;tica Territorial junto a la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud y la Comisi&oacute;n Europea. Pero este nuevo miedo colectivo nace de la fabricaci&oacute;n de un estado emocional basado en la sospecha, la alarma permanente y la percepci&oacute;n constante de amenaza que tiene, desgraciadamente, en nuestro pa&iacute;s, responsables pol&iacute;ticos bastante reconocibles. Fernando Clavijo expres&oacute; p&uacute;blicamente su rechazo a que el crucero atracara en Canarias. Santiago Abascal ha llegado a acusar al Gobierno de permitir la llegada de &ldquo;un barco con un virus mort&iacute;fero&rdquo; para &ldquo;ocultar las actividades de su mafia&rdquo;. Y Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o habla de &ldquo;confusi&oacute;n&rdquo;, exige &ldquo;todos los documentos que avalen las decisiones sanitarias&rdquo; o se publiquen el nombre de los expertos y cuestiona la gesti&oacute;n de la crisis solo por atacar al Gobierno de Pedro S&aacute;nchez incluso despu&eacute;s de que se sepa que esta est&aacute; coordinada por las autoridades sanitarias nacionales e internacionales de varios pa&iacute;ses.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema es que ese miedo colectivo, que la derecha y la extrema derecha llevan meses alimentando en Espa&ntilde;a (siempre hay una nueva amenaza apocal&iacute;ptica a la que se&ntilde;alar), est&aacute; deteriorando no solo la convivencia y la calidad democr&aacute;tica de nuestro pa&iacute;s, sino tambi&eacute;n la salud mental de nuestra sociedad. Porque activa en parte de la ciudadan&iacute;a respuestas primitivas asociadas al miedo y la hostilidad, debilitando su capacidad de pensar con lucidez ante situaciones complejas como la que ahora plantea la crisis del hantavirus. Lo inquietante es que la neurociencia lleva d&eacute;cadas explicando justo lo contrario de lo que estos discursos pol&iacute;ticos promueven. La empat&iacute;a no es una debilidad moral ni una ingenuidad sentimental, sino que es una capacidad cognitiva sofisticada, vinculada al desarrollo de las funciones ejecutivas, a la cooperaci&oacute;n social y a la propia supervivencia colectiva. Los seres humanos prosperamos precisamente porque aprendimos a colaborar, a cuidarnos y a interpretar el sufrimiento propio y ajeno como algo relevante no solo para nuestra vida individual, sino tambi&eacute;n para la vida en comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la ciencia, la psicolog&iacute;a, el derecho y el conocimiento avanzan hacia formas m&aacute;s humanas de convivencia, determinados liderazgos pol&iacute;ticos siguen apelando deliberadamente al miedo, la hostilidad y los impulsos m&aacute;s primarios, disfraz&aacute;ndolos de libertad. Como si quienes no son como nosotros, o no forman parte de los nuestros, solo pudieran entenderse como una amenaza. Como si a&uacute;n vivi&eacute;ramos atrapados en una l&oacute;gica gobernada &uacute;nicamente por el instinto que nos impide reaccionar desde lo que nos hace crecer como personas y avanzar como humanidad: reaccionar con lucidez y humanidad incluso cuando tenemos miedo, ayudarnos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/poquito-empatia-favor_129_13207521.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 May 2026 20:22:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un poquito de empatía, por favor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Hantavirus,Santiago Abascal,Alberto Núñez Feijóo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que los toros enseñan a las infancias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/toros-ensenan-infancias_129_13189110.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b89be676-fbd7-41e2-965a-16bc4fa076e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_1142028.jpg" width="1444" height="812" alt="Lo que los toros enseñan a las infancias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que reciben las personas menores de edad que asisten a un espectáculo taurino no es solo el mensaje de que hay violencia que se permite, sino que esa violencia puede ser admirada, recompensada y convertida en motivo de orgullo, es parte de la fiesta nacional, es una identidad y una tradición</p></div><p class="article-text">
        Sangre y aplausos es lo que, en esencia, se presencia en una plaza de toros. El espect&aacute;culo de c&oacute;mo se tortura a un animal hasta darle muerte. Son las personas expertas en desarrollo infantil, y no el activismo animalista, quienes sostiene que las ni&ntilde;as, ni&ntilde;os y adolescentes que acuden a las corridas de toros no tienen las herramientas cognitivas y emocionales necesarias para comprender la violencia que representan cada una de las escenas de ese ritual de sufrimiento y muerte infligida a un animal indefenso.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;No es una simple cuesti&oacute;n de edad legal, es mucho m&aacute;s, es una cuesti&oacute;n directamente vinculada al desarrollo de las personas menores de edad, a su salud emocional, f&iacute;sica y mental. Por eso, desde la perspectiva de los derechos de las infancias y las adolescencias, el ordenamiento jur&iacute;dico debe trazar con precisi&oacute;n los l&iacute;mites de lo que la infancia puede presenciar, consumir o experimentar cuando esos contenidos entra&ntilde;an una exposici&oacute;n a la violencia expl&iacute;cita con efectos perjudiciales y perturbadores sobre quienes a&uacute;n est&aacute;n form&aacute;ndose neurol&oacute;gicamente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese argumento, el de la protecci&oacute;n de la infancia frente a contenidos perturbadores o potencialmente perjudiciales, es parad&oacute;jicamente el mismo que invoca el sector ideol&oacute;gico que impulsa los toros y las escuelas de tauromaquia dirigidas a personas menores de edad cuando exige retirar de las bibliotecas p&uacute;blicas libros relacionados con la diversidad sexual, defiende el pin parental para blindar a sus hijas e hijos de la educaci&oacute;n afectivo-sexual o reacciona tap&aacute;ndoles los ojos ante una mujer desnuda o el beso de dos personas del mismo sexo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Resulta dif&iacute;cil comprender cu&aacute;l es la l&oacute;gica de esa supuesta protecci&oacute;n y qu&eacute; valores quieren transmitir a ni&ntilde;as, ni&ntilde;os y adolescentes cuando cuestionan o restringen herramientas educativas y culturales orientadas a prevenir la violencia entre las personas, sean estas adultas o menores de edad, mientras normalizan -e incluso subvencionan- la exposici&oacute;n y ense&ntilde;anza de una cultura centrada en torturar y matar animales reales con las propias manos cuando en una clara posici&oacute;n de subordinaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La tauromaquia es un rito de iniciaci&oacute;n en una forma muy concreta de hombr&iacute;a. En un modelo de masculinidad que se construye en torno a la dominaci&oacute;n, al control del miedo y a la capacidad de imponerse sobre otro ser vivo cuya vida se considera prescindible. Las personas menores de edad que se forman en ese entorno interiorizan jerarqu&iacute;as, roles y formas de relaci&oacute;n con la violencia que, al presentarse como leg&iacute;timas y merecedoras de aplauso, se instalan como referencia de lo que significa ser valiente, ser hombre. Lo que transmite la tauromaquia no es &uacute;nicamente un arte o una tradici&oacute;n, es una manera de entender la dominaci&oacute;n del hombre sobre el resto de las vidas como parte de un orden natural.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que ven las ni&ntilde;as, ni&ntilde;os y adolescentes que acuden a un espect&aacute;culo taurino es la muerte cruel, violenta y sangrienta de un toro encerrado en un espacio del que no va a salir con vida. Se ven involucrados como parte de una expresi&oacute;n colectiva que celebra una violencia de la que no solo son testigos, porque la experiencia tambi&eacute;n les atraviesa emocional y cognitivamente. Esto -dicen personas expertas en psicolog&iacute;a infantil- es lo que provoca que dicha experiencia tenga altas probabilidades de impactar en su forma de comprender el da&ntilde;o y la empat&iacute;a, al no poder entender por qu&eacute; se celebra un sufrimiento que en cualquier otro contexto se les ense&ntilde;ar&iacute;a a rechazar.
    </p><p class="article-text">
        Lo que reciben las personas menores de edad no es solo el mensaje de que hay violencia que se permite, sino que esa violencia puede ser admirada, recompensada y convertida en motivo de orgullo, es parte de la fiesta nacional, es una identidad y una tradici&oacute;n. Es decir, incuestionable. Por eso el Comit&eacute; de los Derechos del Ni&ntilde;o de Naciones Unidas lleva desde 2018 se&ntilde;alando a Espa&ntilde;a que proh&iacute;ba la participaci&oacute;n y la asistencia de personas menores de edad a los espect&aacute;culos taurinos, y por eso en enero de 2025 ha vuelto a insistir en la urgencia de tomar medidas concretas. Una advertencia basada en est&aacute;ndares internacionales de protecci&oacute;n de las infancias frente a la exposici&oacute;n a la violencia y sus consecuencias en el desarrollo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los mismos est&aacute;ndares que, no por casualidad, tambi&eacute;n promueven la educaci&oacute;n en diversidad, en igualdad y en derechos humanos como herramientas fundamentales para que ni&ntilde;as, ni&ntilde;os y adolescentes aprendan a reconocer el da&ntilde;o, a desarrollar empat&iacute;a, a identificar las violencias que les amenazan y a construir relaciones basadas en el respeto a todas las vidas humanas y no humanas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/toros-ensenan-infancias_129_13189110.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 May 2026 19:30:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo que los toros enseñan a las infancias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Toros,Infancia,PP - Partido Popular]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El juez de violencia machista que no creía a las mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/juez-violencia-machista-no-creia-mujeres_129_13171045.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/be20550d-d377-4c35-8605-cd0c2b6c85f2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El juez de violencia machista que no creía a las mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando la credibilidad de las mujeres y las infancias que denuncian violencia machista se pone en duda de forma sistemática por quien tiene que interpretar la ley e impartir justicia, la violencia desaparece del análisis jurídico y el juzgado especializado deja de cumplir con su función, deja de proteger, prevenir el riesgo y de aplicar el derecho con perspectiva de género</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Con frecuencia, los jueces adoptan normas r&iacute;gidas sobre lo que consideran un comportamiento apropiado de la mujer y castigan a las que no se ajustan a esos estereotipos. El establecimiento de estereotipos afecta tambi&eacute;n a la credibilidad de las declaraciones, los argumentos y los testimonios de las mujeres, como partes y como testigos. Esos estereotipos pueden hacer que los jueces interpreten err&oacute;neamente las leyes o las apliquen en forma defectuosa.&rdquo;</em> (CEDAW, Recomendaci&oacute;n General n&ordm; 33, CEDAW/C/GC/33, 23 de julio de 2015)
    </p><p class="article-text">
        Cuando la credibilidad de las mujeres y las infancias que denuncian violencia machista se pone en duda de forma sistem&aacute;tica por quien tiene que interpretar la ley e impartir justicia, la violencia desaparece del an&aacute;lisis jur&iacute;dico y el juzgado especializado deja de cumplir con su funci&oacute;n, deja de proteger, prevenir el riesgo y de aplicar el derecho con perspectiva de g&eacute;nero. Cuando esto sucede, lo que queda es una decisi&oacute;n que, bajo la apariencia de imparcialidad que se le otorga a un juez, vac&iacute;a de contenido todas las garant&iacute;as legalmente previstas precisamente para estos casos, y deja a la v&iacute;ctima expuesta a la violencia machista y a otra violencia m&aacute;s, la institucional.
    </p><p class="article-text">
        Ante este tipo de creencias por parte de algunos titulares de juzgados, como el juez Maman Benchimol, la pregunta es &iquest;qu&eacute; hace un juez as&iacute; en un juzgado de violencia de g&eacute;nero? Porque si no creen a las mujeres y las reducen prejuiciosamente a estereotipos (aprovechadas que manipulan a sus hijas e hijos para quedarse con la casa, apartar al padre y disfrutar de todas &ldquo;las ventajas que tienen&rdquo; las v&iacute;ctimas&ldquo;), su papel pierde todo el sentido; a no ser que est&eacute;n en esas plazas judiciales no para proteger a las mujeres sino a los hombres, para hacer justicia patriarcal.
    </p><p class="article-text">
        Lamentablemente, la misoginia de la que hemos tenido noticia por las palabras del titular del juzgado de violencia sobre la mujer n&uacute;mero 8 de Madrid no es un caso aislado. Responde a una l&oacute;gica jur&iacute;dica conocida y reiteradamente denunciada por diferentes organismos nacionales e internacionales. Una l&oacute;gica en la que el sistema judicial incurre en estereotipos de g&eacute;nero para cuestionar a las madres y priorizar el contacto paterno con las y los hijos comunes en contextos donde existen hechos veros&iacute;miles y compatibles con la violencia de g&eacute;nero. En esta l&iacute;nea, el GREVIO viene advirtiendo con claridad que ordenar la custodia o las visitas sin tener suficientemente en cuenta los antecedentes de violencia y sin una evaluaci&oacute;n adecuada del riesgo para los menores y sus madres no cumple con las obligaciones del art&iacute;culo 31 del Convenio de Estambul.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el juez Maman no debe dar credibilidad tampoco a estos informes sobre lo que pasa en Espa&ntilde;a, porque parece que se dejar&aacute; llevar por la inercia de un sistema judicial que todav&iacute;a no se ha desempolvado algunas creencias del derecho de familia franquista. Ese en el que no se prohib&iacute;a la custodia materna porque ya el padre era el titular principal de la patria potestad, y la madre estaba relegada por ley a una posici&oacute;n subsidiaria. Ese que, cuando una mujer se separaba era castigada sin patria potestad a porque ya no encajaba en el ideal de &ldquo;buena madre&rdquo;. Ese, donde, obviamente, no exist&iacute;a el inter&eacute;s superior del menor, sino un orden familiar atravesado por la moral cat&oacute;lica y los roles de g&eacute;nero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El C&oacute;digo Civil actual, en cambio, es claro, y se aleja mucho de aquella mentalidad que todav&iacute;a tienen tantos jueces y juezas, tambi&eacute;n abogadas y abogados. El art&iacute;culo 92.7 excluye la guarda conjunta cuando existen indicios de violencia de g&eacute;nero. El art&iacute;culo 94 establece l&iacute;mites igualmente claros al r&eacute;gimen de visitas. No son orientaciones abiertas a interpretaci&oacute;n, son l&iacute;mites legales dise&ntilde;ados para evitar el riesgo. A ello se suma que la LO 1/2004, reformada en 2015 para reconocer expresamente a las ni&ntilde;as y ni&ntilde;os como v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero, y la LOPIVI de 2021, que parte del derecho de las infancias a vivir libres de violencia y refuerza su protecci&oacute;n cuando est&aacute;n expuestos a violencia contra las mujeres, conforman un marco normativo que no deja margen de duda.
    </p><p class="article-text">
        Si la custodia compartida no es compatible con la violencia de g&eacute;nero, no es porque sea enemiga de las mujeres, ni porque respondan a supuestos intereses econ&oacute;micos, como afirma el juez Maman. Es porque la custodia compartida presupone cooperaci&oacute;n, confianza m&iacute;nima, comunicaci&oacute;n funcional y reconocimiento rec&iacute;proco de la autoridad parental, condiciones que la violencia de g&eacute;nero destruye al convertir la relaci&oacute;n parental en un espacio de riesgo, control y revictimizaci&oacute;n. Bien deber&iacute;a saberlo quien es titular de un juzgado especializado: aplicar la custodia compartida en estos contextos, ignorando las asimetr&iacute;as de poder y los antecedentes de violencia, no es neutral, sino que produce un efecto discriminatorio y contrario al inter&eacute;s superior del menor.
    </p><p class="article-text">
        No explicar esto y desplazar el foco hacia una supuesta mala fe de las mujeres que denuncia violencia de g&eacute;nero no es solo jur&iacute;dicamente impreciso, sino que supone legitimar, desde espacios institucionales como el ICAM, una aplicaci&oacute;n defectuosa del derecho que, en la pr&aacute;ctica, puede traducirse en exposici&oacute;n continuada al da&ntilde;o para mujeres, ni&ntilde;as y ni&ntilde;os. Justo lo contrario de lo que un juzgado especializado deber&iacute;a garantizar. A no ser que el juez est&eacute; ah&iacute; no para proteger a las mujeres y sus hijos sino al <em>pater familias</em> de la sagrada instituci&oacute;n familiar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/juez-violencia-machista-no-creia-mujeres_129_13171045.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Apr 2026 20:09:12 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un acuerdo contra la Constitución que incita el odio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/acuerdo-constitucion-incita-odio_129_13152394.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0cdd36ca-1fc9-4675-a66c-4d74b3667c73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un acuerdo contra la Constitución que incita el odio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El problema es que el Partido Popular ha decidido asumir ese marco como propio y, al hacerlo, lo legitima y lo amplifica. La extrema derecha deja de ser una fuerza que presiona desde fuera para convertirse en quien dicta la lógica de un gobierno con un programa que sus electores no votaron</p></div><p class="article-text">
        El acuerdo alcanzado entre PP y Vox para gobernar en coalici&oacute;n la Junta de Extremadura no es una deriva ideol&oacute;gica m&aacute;s, es una quiebra de nuestro modelo constitucional. No estamos ante un programa pol&iacute;tico con el que disentir, estamos ante una arquitectura de exclusi&oacute;n y violencia institucional que reproduce, con perversi&oacute;n inquietante, las pol&iacute;ticas que Donald Trump ha instalado en Estados Unidos. Un sistema que legisla para discriminar, que decide qui&eacute;n merece la protecci&oacute;n del Estado y qui&eacute;n no. Ahora son las personas migrantes, ma&ntilde;ana, las racializadas. Despu&eacute;s, las personas con discapacidad, las comunidades gitanas, las disidencias sexuales... La exclusi&oacute;n es solo un primer paso de la dominaci&oacute;n, la opresi&oacute;n&hellip; de la violencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los l&iacute;deres de Vox celebran p&uacute;blicamente el acuerdo como &ldquo;un hito hist&oacute;rico&rdquo; y alardean de que esta es la primera vez en la historia pol&iacute;tica espa&ntilde;ola en que la que se institucionaliza la discriminaci&oacute;n entre espa&ntilde;oles e inmigrantes en la planificaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas sociales. El eje del acuerdo es la llamada &ldquo;prioridad nacional&rdquo;. No es un simple criterio de gesti&oacute;n administrativa, es la institucionalizaci&oacute;n de una jerarqu&iacute;a de derechos, de vidas. Es la legalizaci&oacute;n de la violencia institucional.<strong> </strong>El acuerdo plantea un sistema en el que el acceso a derechos sociales, econ&oacute;mico y culturales como las prestaciones, la vivienda o los servicios p&uacute;blicos quede condicionado en funci&oacute;n del origen, del arraigo o de la &ldquo;vinculaci&oacute;n con el territorio&rdquo;. Distinguir entre qui&eacute;n merece derechos y qui&eacute;n no tiene un nombre preciso en nuestro ordenamiento: discriminaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El art&iacute;culo 14 de la Constituci&oacute;n no deja margen a la ambig&uuml;edad. La igualdad ante la ley no admite ciudadan&iacute;as de primera y de segunda. Para hacer lo que propone Vox no basta reformar la Ley de Extranjer&iacute;a, como se compromete el PP; habr&iacute;a que cambiar la Constituci&oacute;n. Es m&aacute;s, con este acuerdo, ambos partidos tensan tambi&eacute;n la Ley Org&aacute;nica de Partidos Pol&iacute;ticos, cuyo art&iacute;culo 9 establece que los partidos pol&iacute;ticos ejercer&aacute;n libremente sus actividades, debiendo respetar la Constituci&oacute;n y la ley, al tiempo que su actividad deber&aacute; ajustarse a los principios democr&aacute;ticos. Este acuerdo ni los representantes pol&iacute;ticos que lo promueven, no respetan la Constituci&oacute;n, y este acuerdo representa una actividad que no se ajusta a los principios democr&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Las medidas concretas revelan la magnitud del problema. Vox sabe (como lo sabe el PP) que hay conflictos de competencias insalvables y claros vicios de inconstitucionalidad en lo que dicen que har&aacute;n. Pero su intenci&oacute;n va m&aacute;s all&aacute; de ocupar gobiernos. Quieren ocupar las mentes, corromper la convivencia, lograr que lo que hoy resulta inadmisible empiece a parecer razonable. Porque una vez introducido el principio de &ldquo;prioridad nacional&rdquo;, lo que se erosiona no es solo el acceso a determinados derechos, sino el fundamento mismo de la igualdad. Se instala la idea de que hay personas m&aacute;s leg&iacute;timas que otras para ser protegidas por lo p&uacute;blico. Y cuando eso ocurre, la exclusi&oacute;n (la limpieza) deja de percibirse como una vulneraci&oacute;n de derechos y empieza a justificarse como una opci&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El veto a la asistencia sanitaria a personas en situaci&oacute;n irregular es directamente ilegal. El Tribunal Constitucional ya lo resolvi&oacute;. La atenci&oacute;n sanitaria, incluida la de urgencia, es un derecho subjetivo que ninguna norma auton&oacute;mica puede retirar y el TC ya lo ha blindado. Vincular el acceso a vivienda y ayudas p&uacute;blicas al arraigo o al empadronamiento prolongado contradice frontalmente los art&iacute;culos 13 y 14 de la Constituci&oacute;n y la Ley 15/2022, que proh&iacute;be expresamente la discriminaci&oacute;n por origen nacional o &eacute;tnico. El requisito de cinco a diez a&ntilde;os de empadronamiento continuado para acceder a vivienda protegida es lo que la Directiva 2000/43/CE define como discriminaci&oacute;n indirecta, es decir, una medida aparentemente neutra que produce un impacto desproporcionado sobre personas de origen extranjero, sin justificaci&oacute;n objetiva ni proporcionada. La prohibici&oacute;n del burka y el niqab en espacios de prestaci&oacute;n de servicios p&uacute;blicos vulnera el art&iacute;culo 16 de la Constituci&oacute;n y discrimina a un colectivo singularizado por religi&oacute;n, etnia y origen. La supresi&oacute;n del programa de ense&ntilde;anza de lengua &aacute;rabe y cultura marroqu&iacute; choca con el art&iacute;culo 27 de la Constituci&oacute;n y con compromisos bilaterales con Marruecos.
    </p><p class="article-text">
        Pero es en el tratamiento de la infancia migrante donde el acuerdo muestra con mayor claridad su ruptura con el Estado de Derecho. Plantear la devoluci&oacute;n de personas menores de edad no acompa&ntilde;adas excede las competencias auton&oacute;micas y vulnera principios b&aacute;sicos del ordenamiento espa&ntilde;ol e internacional. El inter&eacute;s superior del menor, la prohibici&oacute;n de devoluciones autom&aacute;ticas y el deber de protecci&oacute;n de la infancia en situaci&oacute;n de desamparo son obligaciones jur&iacute;dicas vinculantes, recogidas en la Convenci&oacute;n sobre los Derechos del Ni&ntilde;o, ratificada por pr&aacute;cticamente toda la comunidad internacional (con la excepci&oacute;n de Estados Unidos y Yemen) y plenamente integrada en nuestro sistema jur&iacute;dico. La infancia no puede ser tratada como un instrumento de control migratorio. La experiencia reciente lo confirma. En julio de 2021, los intentos de devoluci&oacute;n de menores desde Ceuta fueron paralizados por los tribunales precisamente por incumplir estas garant&iacute;as b&aacute;sicas.
    </p><p class="article-text">
        Hay adem&aacute;s una dimensi&oacute;n que va m&aacute;s all&aacute; de la inconstitucionalidad de cada medida, y es valorar el potencial de este acuerdo como discurso de odio institucional. El art&iacute;culo 510.1a del C&oacute;digo Penal protege frente a quien fomente o incite la discriminaci&oacute;n por origen nacional. El TEDH tiene establecido que para que exista discurso de odio no hace falta incitar expl&iacute;citamente a la violencia, basta con incitar a la discriminaci&oacute;n o ridiculizar a partes de la poblaci&oacute;n. Es exactamente lo que el Tribunal aplic&oacute; en el caso F&eacute;ret contra B&eacute;lgica, donde conden&oacute; a un pol&iacute;tico de extrema derecha por un discurso xen&oacute;fobo dirigido a restringir derechos de personas migrantes. Cuando desde Vox se califica la discriminaci&oacute;n entre espa&ntilde;oles e inmigrantes de &ldquo;hito hist&oacute;rico&rdquo; y &ldquo;eje estrat&eacute;gico&rdquo; se producen declaraciones que, bajo ese est&aacute;ndar y el del art&iacute;culo 510.1a del C&oacute;digo Penal, podr&iacute;an sustentar una denuncia ante la Fiscal&iacute;a Delegada en Delitos de Odio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el problema no es &uacute;nicamente Vox. El problema es que el Partido Popular ha decidido asumir ese marco como propio y, al hacerlo, lo legitima y lo amplifica. La extrema derecha deja de ser una fuerza que presiona desde fuera para convertirse en quien dicta la l&oacute;gica de un gobierno con un programa que sus electores no votaron, para eso ya hubieran votado a Vox. El PP es el que est&aacute; desplazando el umbral de lo aceptable, el que est&aacute; tensionando la Constituci&oacute;n y el propio sistema con tal de permanecer en el poder. Porque el da&ntilde;o m&aacute;s profundo de este acuerdo no es solo lo que pretende prohibir, recortar o expulsar, es el marco narrativo, de creencias y no-convivencia que instala. Es la idea de que se puede discriminar, excluir, prescindir de vidas. Ese es el verdadero peligro, sustituir el inter&eacute;s general que define a un Estado social y democr&aacute;tico de Derecho por una l&oacute;gica de &ldquo;prioridad nacional&rdquo; que convierte los derechos en privilegios. Es renuncia al art&iacute;culo 10 de la Constituci&oacute;n que dice que&nbsp;&ldquo;la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los dem&aacute;s son fundamento del orden pol&iacute;tico y de la paz social.&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/acuerdo-constitucion-incita-odio_129_13152394.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2026 20:22:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un acuerdo contra la Constitución que incita el odio]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué más necesitan probar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/necesitan-probar_129_13134583.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/241d1566-082e-4f1b-b746-ca341940e1f2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué más necesitan probar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Su madre fue la víctima número 49 de aquel 2023. Tenía 36 años. Ellas, sus hijas, tienen ahora 5 y 10. Su abuela fue desahuciada en enero pasado. A esas dos niñas, la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid les ha denegado, por segunda vez, la beca de comedor </p></div><p class="article-text">
        Su madre fue la v&iacute;ctima n&uacute;mero 49 de aquel 2023. Ten&iacute;a 36 a&ntilde;os. Ellas, sus hijas, tienen ahora 5 y 10. Son tambi&eacute;n las nietas de una mujer que a sus 65 a&ntilde;os fue desahuciada el pasado mes de enero de lo que hab&iacute;a sido el hogar familiar en Villaverde. A estas dos ni&ntilde;as, la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n de la Comunidad de Madrid les ha denegado, por segunda vez, la beca de comedor. Lo ha hecho cuando apenas quedan tres meses de curso. Lo ha hecho a pesar de que esa unidad familiar, ellas y su abuela, cumple sobradamente los requisitos.
    </p><p class="article-text">
        Estas ni&ntilde;as son v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero. Han intentado acceder a esas becas por esa v&iacute;a, pero tambi&eacute;n cumplir&iacute;an el criterio econ&oacute;mico. Ellas y su abuela sobreviven con unos 600 euros mensuales procedentes de los trabajos espor&aacute;dicos de limpieza y cuidados que hace la mujer de 65 a&ntilde;os. Si no reciben ninguna ayuda, ni siquiera el ingreso m&iacute;nimo vital, no es por un problema de falta de requisitos. Es otra cosa, se llama violencia institucional. Una violencia que no siempre se presenta como un acto visible, sino como una cadena de omisiones, retrasos y decisiones que, acumuladas, producen da&ntilde;o. Una violencia que aparece cuando las instituciones no act&uacute;an, o act&uacute;an tarde, o act&uacute;an mal, incumpliendo su obligaci&oacute;n de proteger.
    </p><p class="article-text">
        Las administraciones p&uacute;blicas deber&iacute;an haber protegido a estas dos ni&ntilde;as, deber&iacute;an protegerlas todav&iacute;a. No solo por ser v&iacute;ctimas directas de la violencia machista, o por ser hu&eacute;rfanas, o por encontrarse su familia en una situaci&oacute;n de claro empobrecimiento. Sino tambi&eacute;n y, ante todo, porque son ni&ntilde;as. Ni&ntilde;as. Da miedo que ante tanta negligencia acumulada la respuesta institucional acabe siendo la institucionalizaci&oacute;n, separarlas de su abuela e internarlas en un centro de protecci&oacute;n. No ser&iacute;a la primera vez que el sistema, incapaz de ofrecer recursos a una familia, elige romperla, destrozarla. Pero eso es para otra conversaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cuando su madre fue asesinada exist&iacute;a una deuda hipotecaria sobre la vivienda familiar y ninguna administraci&oacute;n se sinti&oacute; interpelada a actuar. Tampoco la entidad financiera, Caixabank, ofreci&oacute; moratoria alguna tras el crimen machista. El sistema sigui&oacute; su curso. Quien s&iacute; reaccion&oacute; fue una sociedad inmobiliaria, Ciclevile SL. Compr&oacute; la deuda. Despu&eacute;s reclam&oacute; la propiedad. Ante el impago, desahucio. El juzgado no consider&oacute; los informes de vulnerabilidad aportados y la abogada de oficio ni se present&oacute; el d&iacute;a del lanzamiento. La abuela y sus nietas se enteraron de lo que iba a ocurrirles sin que nadie con obligaci&oacute;n de informarlas lo hubiera hecho. Tambi&eacute;n eso es violencia institucional, tambi&eacute;n eso es para otra conversaci&oacute;n que queda pendiente.
    </p><p class="article-text">
        Nada de esto es excepcional. El caso de estas ni&ntilde;as, de su madre y de su abuela (todo mujeres) no es una anomal&iacute;a, es una imagen precisa de c&oacute;mo funciona la jerarqu&iacute;a institucional de las vidas de las familias pobres, especialmente formadas y encabezadas por mujeres. En un estudio de FAMS publicado en 2025 sobre c&oacute;mo la violencia machista a traviesa a las familias en situaci&oacute;n de monomarentalidad, exploramos c&oacute;mo la burocracia, la duda sistem&aacute;tica, el retraso en los procedimientos y el acceso desigual a derechos no son deficiencias t&eacute;cnicas subsanables, sino formas de violencia institucional. La fragmentaci&oacute;n administrativa (certificados que caducan, plazos que no se adaptan, ventanillas que no se comunican entre s&iacute;) no produce solo ineficiencia, produce un da&ntilde;o deliberado sobre quienes m&aacute;s fragilidad presentan.
    </p><p class="article-text">
        No es que el sistema falle, sino que el sistema funciona as&iacute;, externalizando sobre quienes m&aacute;s lo necesitan la carga de demostrar lo que el propio sistema ya sabe. &iquest;O acaso no sabe la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n de la Comunidad de Madrid que estas ni&ntilde;as son v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero? Porque en este caso lo sabe. Sabe que estas ni&ntilde;as son v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero. Sabe cu&aacute;l es su situaci&oacute;n. La pregunta no es qu&eacute; tienen que acreditar, la pregunta es por qu&eacute; tienen que seguir haci&eacute;ndolo. Por qu&eacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/necesitan-probar_129_13134583.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 20:21:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Qué más necesitan probar]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reír la gracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/reir-gracia_129_13118266.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7c23abfd-5c2a-4769-bbed-aa4e0da471b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reír la gracia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Tribunal Supremo le ha respondido al sargento que humilló a una soldado que el que los demás le hayan reído “la gracia” no convierte la humillación en broma. Pero hay una pregunta que la sentencia no responde del todo: qué responsabilidad tienen quienes ríen, quienes consienten con su silencio</p></div><p class="article-text">
        La violencia machista deja de ser un privilegio en el momento en que es nombrada como tal. La impunidad en las violencias machistas es una construcci&oacute;n social que se sostiene sobre el anonimato, sobre la normalizaci&oacute;n, sobre el silencio de quienes saben y miran hacia otro lado, de quienes relativizan, de quienes r&iacute;en la gracia, de quienes piensan en sus propios intereses y alianzas antes que en la integridad y el dolor de las mujeres que son v&iacute;ctimas de esas violencias. La impunidad tambi&eacute;n se sostiene sobre la negaci&oacute;n del da&ntilde;o, sobre la idea de que no pasa nada, por eso empieza a resquebrajarse cuando los nombres dejan de protegerse y se dicen en voz alta rompiendo la certeza de intocable. Que un agresor sepa que su nombre puede acabar en una denuncia, en un expediente, en una investigaci&oacute;n interna, rompe la certeza de intocable.
    </p><p class="article-text">
        Esta misma semana, el Tribunal Supremo ha ratificado la condena a un sargento del Ej&eacute;rcito de Tierra que llevaba a&ntilde;os humillando a una soldado con comentarios de contenido sexual delante de sus compa&ntilde;eros. El sargento gozaba, seg&uacute;n recoge la sentencia, de cierta simpat&iacute;a entre la tropa. Era de los que se dejaban llamar &ldquo;calvo&rdquo; o &ldquo;gordo&rdquo; y a cambio repart&iacute;a motes al resto, un compa&ntilde;ero era el &ldquo;hobbit&rdquo; por su baja estatura y otro el &ldquo;capataz&rdquo; por su parecido con un personaje de Toy Story. Para el sargento condenado, todo formaba parte de un ambiente distendido, de camarader&iacute;a, de familiaridad&hellip; A ese supuesto ambiente de camarader&iacute;a masculina llega una mujer, y lo que para el grupo es rutina, para ella se convierte en exposici&oacute;n, en se&ntilde;alamiento, en degradaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nada m&aacute;s llegar descubre que entre sus compa&ntilde;eros circula un <em>sticker</em> hecho a partir de una foto suya comiendo. Ella se queja, el capit&aacute;n tiene noticia de lo sucedido, interviene y ordena borrar la imagen. Meses despu&eacute;s, al finalizar un ejercicio de tiro, cuando solo faltaba ella por subir al cami&oacute;n, el sargento le grita delante de todos sus compa&ntilde;eros: &ldquo;Sube al cami&oacute;n, que tus compa&ntilde;eros te van a hacer un bukake&rdquo;. M&aacute;s tarde, despu&eacute;s de que ella se cortara el pelo, el sargento le pregunt&oacute; p&uacute;blicamente si se hab&iacute;a vuelto lesbiana y si ahora utilizaba penes de goma. La soldado acab&oacute; de baja por ansiedad; &ldquo;cada vez estaba m&aacute;s deprimida y muy quemada&rdquo;, recoge la sentencia.&nbsp;El sargento recurri&oacute; la primera condena alegando su car&aacute;cter bromista, el ambiente de familiaridad, que aquello no era un delito sino, a lo sumo, una falta disciplinaria. El alto tribunal le responde que el que los dem&aacute;s le r&iacute;an &ldquo;la gracia&rdquo; no convierte la humillaci&oacute;n en broma, que el grupo tolere no convierte lo intolerable en aceptable y que la dignidad de la soldado qued&oacute; irremediablemente da&ntilde;ada, no temporalmente ni levemente, sino irremediablemente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero hay una pregunta que la sentencia no responde del todo: qu&eacute; responsabilidad tienen quienes r&iacute;en, quienes consienten con su silencio. Es esa complicidad del entorno la que realmente sostiene a los agresores, no solo la ausencia de condena judicial sino la ausencia de reproche, de l&iacute;mite, de incomodidad. En otro caso que lleg&oacute; tambi&eacute;n al Supremo, un comandante del Ej&eacute;rcito del Aire fue sancionado con p&eacute;rdida de destino no por agredir directamente sino por tolerar y re&iacute;r los comentarios de un subordinado que humillaba a una teniente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quienes niegan la violencia machista no discuten solo un concepto, necesitan que esa violencia parezca lo normal, lo tolerable, lo que siempre ha existido y por tanto no merece nombre propio ni respuesta penal. La estrategia tiene dos movimientos complementarios, negar el da&ntilde;o y construir la sospecha sobre quien denuncia. El objetivo no es la justicia sino el silencio; y el objetivo de quienes r&iacute;en la gracia, de quienes miran hacia otro lado, de quienes anteponen la lealtad al grupo&nbsp;o a la instituci&oacute;n a la integridad de la v&iacute;ctima, es la propia supervivencia en el orden patriarcal, machista, mis&oacute;gino, racista y capacitista que les beneficia y que tambi&eacute;n temen.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/reir-gracia_129_13118266.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 20:02:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Reír la gracia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia machista,Ejército,Tribunal Supremo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las mujeres iraníes no necesitan salvadores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mujeres-iranies-no-necesitan-salvadores_129_13085827.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c62dd94c-0e55-453e-8ed6-9638da88186f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las mujeres iraníes no necesitan salvadores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si algo necesitan de quienes dicen defenderlas es que dejen de bombardearlas y dejen de instrumentalizarlas. Porque el feminismo no va a ser nunca un lenguaje al servicio de la guerra</p></div><p class="article-text">
        Las mujeres iran&iacute;es no pidieron esto. Ped&iacute;an el fin de la polic&iacute;a moral, el derecho a elegir su vestimenta, igualdad ante la ley y el fin de la impunidad estatal. Lo ven&iacute;an diciendo desde las calles, desde las c&aacute;rceles, desde la rebeli&oacute;n de los velos que dio origen al lema <em>&ldquo;Mujer, Vida, Libertad&rdquo;</em> como grito por la libertad pol&iacute;tica y los derechos fundamentales frente al autoritarismo. Un movimiento de mujeres que surgi&oacute; en 2022 como una respuesta directa a d&eacute;cadas de opresi&oacute;n contra ellas y la imposici&oacute;n obligatoria del hiyab. Cuando los ataques a&eacute;reos de las fuerzas israel&iacute;es y estadounidenses comenzaron en todo Ir&aacute;n el pasado 28 de febrero a las 9:45 (hora local) nadie les hab&iacute;a preguntado si quer&iacute;an esas las bombas que est&aacute;n cayendo sobre las escuelas de sus hijas e hijos, sobre sus familias, sobre sus vidas. Las que reducen a escombros sus hogares. Las que est&aacute;n asesinando a su gente y a ellas mismas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ellas son el pretexto. Las bombas de Israel y de Estados Unidos no caen en su nombre. Porque la violencia no se detiene con m&aacute;s violencia. Netanyahu invoc&oacute; precisamente el lema <em>&ldquo;Mujer, Vida, Libertad&rdquo;</em> para justificar esos bombardeos y Trump habl&oacute; de rescatar al pueblo iran&iacute; de la opresi&oacute;n. Lo que esta guerra produce no es la liberaci&oacute;n de las mujeres iran&iacute;es, sino m&aacute;s precariedad, m&aacute;s destrucci&oacute;n y m&aacute;s violencia sobre ellas y sobre el conjunto de la poblaci&oacute;n civil. El lema que naci&oacute; del asesinato de Jina Mahsa Amini est&aacute; siendo mancillado por los soldados israel&iacute;es que lo escriben en sus armas, no lo est&aacute;n honrando: lo est&aacute;n profanando. Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz, lo ha dicho sin ambig&uuml;edad, los derechos de las mujeres iran&iacute;es no se conquistan con bombas. Se conquistan desde dentro, con las mujeres iran&iacute;es como sujeto, no como s&iacute;mbolo. Esa es la diferencia entre el feminismo como pr&aacute;ctica pol&iacute;tica y el feminismo como coartada geopol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La propaganda de Israel habla de ataques selectivos y eliminaci&oacute;n de l&iacute;deres. Pero calla sobre las miles de personas civiles asesinadas, las ciudades arrasadas, las vidas atravesadas por el terror y la p&eacute;rdida. Mientras construyen un relato err&aacute;tico de victoria, la realidad es otra m&aacute;s de un mill&oacute;n de personas han sido desplazadas, se ha documentado el uso de f&oacute;sforo blanco en zonas residenciales, sanitarios asesinados en el sur del Libano&hellip; e imposible borrar de la memoria el bombardeo sobre la escuela primaria Shajare Tayyebeh (Minab) mientras estaba llena de alumnas y donde al menos 180 personas murieron, en su mayor&iacute;a ni&ntilde;as de entre siete y doce a&ntilde;os. Nadie est&aacute; pensando en las mujeres ni en t&eacute;rminos de vida ni de derechos. Esta l&oacute;gica es la de la muerte, la de la destrucci&oacute;n, la del genocida, la de colonialismo devorando todo deshumanizadamente.
    </p><p class="article-text">
        Nadje Al-Ali, que ha investigado durante d&eacute;cadas los efectos de los conflictos armados sobre las mujeres en Irak y en toda la regi&oacute;n, se&ntilde;ala que las intervenciones militares empeoran sistem&aacute;ticamente la vida de las mujeres, aunque se justifiquen en su nombre. Porque la violencia en una guerra, en un conflicto armado, en la invasi&oacute;n de otro pa&iacute;s, nunca es neutra. Como dice Judith Butler en <em>Marcos de Guerra</em> no todas las vidas son consideradas llorables, hay vidas que cuentan y vidas que no, hay muertes que se narran y otras que se diluyen en cifras. Esa jerarqu&iacute;a del duelo es tambi&eacute;n una forma de violencia. Las ni&ntilde;as de Minab no merecieron un minuto de silencio en ning&uacute;n parlamento occidental.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; en juego no es solo este conflicto concreto, sino los valores que queremos que ordenen el mundo. Las mujeres iran&iacute;es no necesitan salvadores, les basta con que se reconozca su agencia pol&iacute;tica, su capacidad de lucha y su derecho a decidir sobre sus propias vidas sin injerencias que las utilicen como coartada. Si algo necesitan de quienes dicen defenderlas es que dejen de bombardearlas y dejen de instrumentalizarlas. Porque el feminismo no va a ser nunca un lenguaje al servicio de la guerra. Por cierto, defender el derecho internacional no es ingenuidad, es memoria pol&iacute;tica. Es el aprendizaje acumulado de otras guerras, de otros genocidios, de otros cr&iacute;menes horribles donde ya vimos lo que ocurre cuando la fuerza sustituye al Derecho. Es, precisamente, el l&iacute;mite que las sociedades se han dado para que el poder no arrase sin freno, para que la violencia no se convierta en norma. Defenderlo es defendernos sin excepciones, sin jerarqu&iacute;as, sin bombas. Es defender la Vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mujeres-iranies-no-necesitan-salvadores_129_13085827.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2026 21:21:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las mujeres iraníes no necesitan salvadores]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las violencias machistas son crímenes de poder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/violencias-machistas-son-crimenes_129_13067051.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/903d0ef8-4e68-4abd-a6e1-ae1d240d4b0e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las violencias machistas son crímenes de poder"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La violencia machista se alimenta de imaginarios culturales que siguen otorgando legitimidad al control, al castigo o a la dominación del hombre sobre las mujeres (y sus hijas e hijos en el caso de la violencia de pareja o ex pareja)</p></div><p class="article-text">
        Mientras hay quienes discuten si la violencia de g&eacute;nero existe o no, la polic&iacute;a tiene que proteger a decenas de miles de mujeres que son v&iacute;ctimas de las violencias machistas. Mientras algunos cuestionan su existencia,&nbsp;las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad&nbsp;movilizan&nbsp;cada vez m&aacute;s&nbsp;agentes&nbsp;para proteger a&nbsp;a las mujeres, y tambi&eacute;n a sus hijas e hijos.&nbsp;Solo si miramos el sistema de seguimiento policial VioG&eacute;n, a 31 de diciembre de 2025&nbsp;sabremos que&nbsp;103.942 mujeres&nbsp;tienen&nbsp;protecci&oacute;n policial en Espa&ntilde;a&nbsp;en el contexto de la violencia de g&eacute;nero por parte de su pareja o ex pareja.&nbsp;Pero, adem&aacute;s, en&nbsp;m&aacute;s de la mitad de&nbsp;esos&nbsp;casos, esas mujeres tienen hijos e hijas menores de edad a su cargo&nbsp;que de manera indirecta tambi&eacute;n est&aacute;n viviendo bajo esa protecci&oacute;n. En&nbsp;ambos casos,&nbsp;el crecimiento&nbsp;de&nbsp;la protecci&oacute;n policial ante el peligro que representa la violencia machista a las vidas&nbsp;de las mujeres y sus hijas e hijos,&nbsp;se ha incrementado un&nbsp;2%&nbsp;respecto&nbsp;al&nbsp;a&ntilde;o anterior.
    </p><p class="article-text">
        El incremento que refleja ese&nbsp;dato, como todo dato que se analiza de manera monofocal,&nbsp;puede significar varias cosas: que hay m&aacute;s violencia, que hay m&aacute;s denuncias, que la detecci&oacute;n ha mejorado o que m&aacute;s mujeres acceden a los mecanismos de protecci&oacute;n. Probablemente hay algo de todo ello, pero el significado m&aacute;s evidente es el de que la violencia machista&nbsp;sigue produci&eacute;ndose a un ritmo que el sistema no logra detener, que las violencias&nbsp;avanzan&nbsp;igual o&nbsp;m&aacute;s r&aacute;pido que las pol&iacute;ticas destinadas a frenarlas. Est&aacute; fallando la sensibilizaci&oacute;n, prevenci&oacute;n y la educaci&oacute;n, las pol&iacute;ticas en las que se debe invertir&nbsp;cuando el riesgo&nbsp;y el peligro todav&iacute;a no existe. Invertir en el antes y no en el despu&eacute;s&nbsp;porque&nbsp;lo&nbsp;que reflejan las estad&iacute;sticas&nbsp;no&nbsp;son&nbsp;solo un problema&nbsp;sociol&oacute;gico,&nbsp;policial o judicial&nbsp;sino&nbsp;el s&iacute;ntoma de un conflicto profundo sobre el poder, el g&eacute;nero y la autonom&iacute;a de las mujeres.&nbsp;Un conflicto que adem&aacute;s no afecta a todas por igual,&nbsp;las mujeres migrantes, racializadas o en situaci&oacute;n administrativa&nbsp;irregular&nbsp;enfrentan mayores barreras para denunciar, acceder a protecci&oacute;n y ser cre&iacute;das por las instituciones.
    </p><p class="article-text">
        La&nbsp;cuesti&oacute;n central no es &uacute;nicamente c&oacute;mo proteger mejor a las&nbsp;mujeres que sufren las violencias machistas&nbsp;(algo imprescindible)&nbsp;sino&nbsp;que&nbsp;esa&nbsp;violencia&nbsp;deje dereproducirse&nbsp;entre los hombres.&nbsp;Todo este contexto no puede separarse del clima pol&iacute;tico en el que el feminismo es presentado, cada vez con mayor frecuencia, como un adversario. La&nbsp;actual&nbsp;de&nbsp;normalizaci&oacute;n del antifeminismo,el auge de masculinidades reaccionarias,&nbsp;el&nbsp;cuestionamiento de las pol&iacute;ticas de igualdad,&nbsp;los&nbsp;discursos que minimizan la violencia machista&hellip;&nbsp;La violencia machista no aparece en el vac&iacute;o, se&nbsp;alimenta de imaginarios culturales que siguen otorgando legitimidad al control, al castigo o a la dominaci&oacute;n&nbsp;del hombre sobre&nbsp;las mujeres&nbsp;(y sus hijas e hijos en el caso de la&nbsp;violencia&nbsp;de pareja o ex&nbsp;pareja)&nbsp;dentro&nbsp;de las relaciones.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, las&nbsp;violencias machistas tampoco&nbsp;se limitan&nbsp;al &aacute;mbito de la pareja. Las mujeres que participan en la vida p&uacute;blica y pol&iacute;tica&nbsp;vienen&nbsp;enfrentando&nbsp;formas&nbsp;concretas&nbsp;de agresi&oacute;n, de tratos vejatorias: violencia psicol&oacute;gica, digital y, cada vez con mayor frecuencia, amenazas f&iacute;sicas. Cuando esas mujeres son adem&aacute;s racializadas, migrantes o pertenecen a minor&iacute;as religiosas, la violencia se intensifica y adopta tambi&eacute;n formas racistas, islam&oacute;fobas o xen&oacute;fobas.&nbsp;Una&nbsp;violencia pol&iacute;tica&nbsp;de g&eacute;nero&nbsp;que tiene&nbsp;un doble objetivo&nbsp;que&nbsp;estas mujeres&nbsp;abandonen el espacio p&uacute;blico&nbsp;y disciplinar al resto de mujeres&nbsp;en las jerarqu&iacute;as del&nbsp;silencio y dejar claro&nbsp;quienes son los &uacute;nicos legitimados para tener voz y&nbsp;poder&nbsp;en esa&nbsp;esfera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La&nbsp;violencia&nbsp;de g&eacute;nero&nbsp;es una cuesti&oacute;n democr&aacute;tica. Si&nbsp;en&nbsp;un pa&iacute;s&nbsp;como el nuestro,&nbsp;en solo dos meses y medio de 2026,&nbsp;ya son&nbsp;trece las v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero asesinadas&nbsp;(once mujeres, una ni&ntilde;a y un ni&ntilde;o),&nbsp;m&aacute;s de 100.000 mujeres necesitan protecci&oacute;n policial frente a sus parejas o exparejas, y mujeres como Sarah&nbsp;Santolalla o Irene Montero -que participan en la vida pol&iacute;tica&nbsp;y p&uacute;blica-&nbsp;reciben amenazas de grupos extremistas,&nbsp;debemos empezar a plantear el problema en t&eacute;rminos de&nbsp;seguridad&nbsp;p&uacute;blica&nbsp;porque estamos&nbsp;ante&nbsp;una exhibici&oacute;n&nbsp;de poder, ante cr&iacute;menes&nbsp;de poder&nbsp;que amenazan la democracia.&nbsp;O como dice Rita Segato,&nbsp;&ldquo;el&nbsp;crimen contra las mujeres no es moral: es pol&iacute;tico&rdquo;. Nos afectan a todas y todos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/violencias-machistas-son-crimenes_129_13067051.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2026 21:19:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las violencias machistas son crímenes de poder]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia,Machistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Más feminismos, menos religión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feminismos-religion_129_13048132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc0360b-f42d-4d3f-b928-a5d3cd5dc674_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más feminismos, menos religión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El feminismo que necesitamos hoy tiene que ser capaz de ver la imagen completa del patriarcado y del colonialismo, de la violencia de género y de la violencia imperialista, sobre los cuerpos de las mujeres, pero también de los hombres y de las niñas y niños que habitan los territorios saqueados y bombardeados</p></div><p class="article-text">
        La imagen de Trump rodeado de l&iacute;deres religiosos, hombres y mujeres que rezan mientras le imponen las manos, no es una escena espiritual. Es una imagen de poder. Representa la alianza entre la extrema derecha pol&iacute;tica y la extrema derecha religiosa, una alianza que no busca solo ganar elecciones, sino ante todo gobernar las conciencias. Su agenda es global y coordinada, profundamente contraria a los derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        El dios que bendice esta alianza es un dios militarista, negacionista del cambio clim&aacute;tico, c&oacute;mplice de la violencia de g&eacute;nero, que persigue seg&uacute;n el origen y el color de la piel, legitimador de guerras y genocidios&hellip; Es un dios vengativo y cruel. Es el dios que usa la religi&oacute;n como dispositivo de odio.
    </p><p class="article-text">
        La imagen que hemos visto en el Despacho Oval de la Casablanca no es un gesto estramb&oacute;tico de un presidente impredecible, sino que es parte de una transformaci&oacute;n institucional deliberada. En este segundo mandato de Trump, las reuniones gubernamentales se abren con oraciones cristianas y vers&iacute;culos b&iacute;blicos y una reci&eacute;n creada Comisi&oacute;n de Libertad Religiosa trabaja para redefinir los (no) l&iacute;mites entre el Gobierno y la religi&oacute;n con propuestas que incluyen retirar financiaci&oacute;n a escuelas consideradas &ldquo;hostiles a la fe&rdquo; o perseguir a quienes vayan contra la fe cristiana.&nbsp;El propio Trump dej&oacute; claras sus intenciones cuando la present&oacute; el febrero pasado: &ldquo;las personas no pueden ser felices sin religi&oacute;n, sin esa creencia. Traigamos de vuelta a la religi&oacute;n. Traigamos de vuelta a Dios a nuestras vidas (..) Tenemos que traer de vuelta la religi&oacute;n a Estados Unidos, m&aacute;s fuerte que nunca.&rdquo; Si bien fue uno de sus comisionados quien dej&oacute; claro de cu&aacute;l es la motivaci&oacute;n: &ldquo;Estamos en una guerra religiosa y cultural, y cada uno de nosotros es un combatiente.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Pero esta alianza no es nueva. Dorothee S&ouml;lle acu&ntilde;&oacute; en los a&ntilde;os setenta el t&eacute;rmino cristofascismo para describir el apoyo de sectores cristianos al nazismo. En Espa&ntilde;a, esa alianza entre poder pol&iacute;tico autoritario y religi&oacute;n adopt&oacute; otra forma, la del nacionalcatolicismo franquista. Hoy, te&oacute;logos como Juan Jos&eacute; Tamayo hablan de cristoneofascismo para describir la alianza actual entre extrema derecha pol&iacute;tica, ultraliberalismo econ&oacute;mico y movimientos cristianos integristas. En este contexto es imprescindible la lectura de su libro La internacional del Odio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La actual alianza entre la extrema derecha y el fundamentalismo religioso es profundamente reaccionaria en t&eacute;rminos de g&eacute;nero, y sigue siendo profundamente colonial. Durante siglos, el discurso de la &ldquo;civilizaci&oacute;n cristiana&rdquo; ha servido para justificar conquistas, dominaci&oacute;n y extracci&oacute;n de recursos en distintos lugares del mundo. Hoy reaparece con nuevos lenguajes que hablan de defensa de Occidente, lucha contra la decadencia moral, de ideolog&iacute;a de g&eacute;nero, de reemplazo e invasi&oacute;n&hellip; En el fondo, se trata del mismo relato en el que una civilizaci&oacute;n se presenta como superior y que necesita enemigos para reafirmarse. Una civilizaci&oacute;n que lleva siglos explotando y expoliando los cuerpos y los territorios de esos otros pueblos a los que ni miramos ni nos conmueven porque est&aacute;n en esos m&aacute;rgenes a los que no llega nuestra &ldquo;emp&aacute;tica blanquitud&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Trump est&aacute; haciendo del nacionalismo cristiano uno de los pilares de su liderazgo pol&iacute;tico. Se presenta como un defensor de la fe, como el l&iacute;der elegido por Dios para restaurar y proteger los valores tradicionales de Occidente. Ese nacionalismo cristiano necesita un enemigo interior (la inmigraci&oacute;n, el progresismo, el feminismo, la diversidad...) y un enemigo exterior (la inmigraci&oacute;n, el comunismo, el islam...) para cohesionar a sus electores y legitimar su poder. En ese marco, la religi&oacute;n no es espiritualidad sino violencia, un relato que sacraliza al l&iacute;der de la naci&oacute;n y convierte la violencia en una guerra santa. Convierte la pol&iacute;tica exterior es una misi&oacute;n mesi&aacute;nica que defiende la superioridad moral de Occidente para justificar intervenciones, expansi&oacute;n de intereses estrat&eacute;gicos y las violaciones del derecho internacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Religi&oacute;n, naci&oacute;n y supremac&iacute;a civilizatoria se entrelazan para sostener estructuras de dominaci&oacute;n que no son nuevas, porque son el mismo proyecto colonial de siempre, ahora relanzado desde la Casa Blanca con una Biblia en la mano. Frente a ello, necesitamos un feminismo que no puede ser liberal ni solo occidental. El feminismo que necesitamos hoy tiene que ser capaz de ver la imagen completa del patriarcado y del colonialismo, de la violencia de g&eacute;nero y de la violencia imperialista, sobre los cuerpos de las mujeres, pero tambi&eacute;n de los hombres y de las ni&ntilde;as y ni&ntilde;os que habitan los territorios saqueados y bombardeados. Porque todas estas violencias tienen el mismo origen y se sostienen mutuamente. Un feminismo antirracista y decolonial no es una opci&oacute;n m&aacute;s dentro del movimiento, ahora m&aacute;s que nunca es la condici&oacute;n para que el movimiento sea verdaderamente emancipador.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feminismos-religion_129_13048132.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Mar 2026 20:32:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Más feminismos, menos religión]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo correcto o lo incorrecto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/correcto-incorrecto_129_13028162.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/21afb3ac-01f6-46c0-9817-0697e1c54c82_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo correcto o lo incorrecto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se trata de moral, ni de religión, tampoco de tradiciones ni prácticas culturales. Ni siquiera se trata de lo legal y lo ilegal. Lo correcto y lo incorrecto son respuestas que damos a las situaciones que nos interpelan en el momento en el que estamos y que ponen al descubierto cuáles son nuestros valores</p></div><p class="article-text">
        Vivimos en una &eacute;poca en la que ser grosero, maleducado, mentiroso, machista, racista y hom&oacute;fobo otorga un tipo de protagonismo inesperado, y no necesariamente negativo. Hay quienes encuentran en la agresividad, la burla, la insensibilidad e incluso la humillaci&oacute;n, ese frenes&iacute; que les hace sentirse alguien, sentirse algo. Hay que reconocer que no son tantos como parecen, pero s&iacute; los suficientes como para hacerse notar. Se instalan en esta nueva impostura social por placer, por aburrimiento, por no ser menos y, tambi&eacute;n, por tratar de encajar. Pertenencia e identidad desde el lugar incorrecto de la Historia. Desinhibici&oacute;n y frenes&iacute;. Agresividad, burla, insensibilidad e incluso humillaci&oacute;n. Todo ello cuenta, adem&aacute;s, con las bendiciones de la extrema derecha, el matonismo liberador de las ataduras de lo woke. Todo vale.
    </p><p class="article-text">
        Hace unas semanas, la actriz Jane Fonda, en The Late Show with Stephen Colbert, hizo una reflexi&oacute;n que me result&oacute; especialmente sugerente en este tiempo de b&uacute;squeda. Dec&iacute;a: &ldquo;Estamos viendo cosas que nunca antes hab&iacute;an sucedido. El autoritarismo se ha infiltrado en cada rinc&oacute;n de nuestro gobierno. (&hellip;) Est&aacute;n sucediendo cosas realmente malas. Y no es cuesti&oacute;n de derecha o izquierda. No me importa a qu&eacute; partido pertenezcas. Es cuesti&oacute;n de lo correcto o lo incorrecto. &iquest;Verdad?&rdquo;. No hablaba Jane Fonda desde la superioridad moral, hablaba desde el lugar donde se construye o destruye humanidad. Hablaba desde los derechos humanos, pero tambi&eacute;n desde los valores que inspiran y sostienen estos derechos. Interpelando a quien la escuchara a preguntarse sobre si est&aacute; hablando, actuando o dejando de hacer desde lo correcto y lo incorrecto como Humanidad. Volvamos a lo b&aacute;sico: al respeto, la empat&iacute;a, la solidaridad y el amor.
    </p><p class="article-text">
        No es una reflexi&oacute;n que solo afecta a problemas globales como el genocidio de Gaza, la invasi&oacute;n de Ucrania, el extractivismo de las grandes corporaciones tecnol&oacute;gicas, las violaciones de derechos humanos en las fronteras, las redadas racistas en barrios multiculturales como Lavapi&eacute;s&hellip; No, estoy pensando en esa impostura cotidiana de quienes obvian conscientemente el lenguaje inclusivo, niegan la violencia machista, desprecian a las mujeres que denuncian acoso, insultan a una persona por el color de su piel, se sienten superiores que quienes migran a nuestro pa&iacute;s, se burlan de ni&ntilde;as y ni&ntilde;os que forman parte de los therian acos&aacute;ndoles p&uacute;blicamente, especulan con los precios de sus propiedades por codicia... &iquest;Acaso no saben estas personas qu&eacute; es lo correcto o lo incorrecto en conciencia? &iquest;Lo justo y lo injusto?
    </p><p class="article-text">
        Lo correcto y lo incorrecto no son reglas inflexibles. No se trata de moral, ni de religi&oacute;n, tampoco de tradiciones ni pr&aacute;cticas culturales. Ni siquiera se trata de lo legal y lo ilegal. Lo correcto y lo incorrecto son respuestas que damos a las situaciones que nos interpelan en el momento en el que estamos y que ponen al descubierto cu&aacute;les son nuestros valores y si estos est&aacute;n alineados con los valores universales, de derechos, de principios y de convivencia que sabemos nos conducen al entendimiento y la paz. Lo correcto y lo incorrecto frente a la &eacute;lite del odio es decidir qu&eacute; hacer. Hay una frase de Martin Luther King, Jr. que dice: &ldquo;Siempre es el momento adecuado para hacer lo correcto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo correcto en derechos humanos implica respetar la dignidad intr&iacute;nseca a todo ser humano. Por eso no tiene cabida el desprecio con el que la extrema derecha trata a las vidas migrantes, a las personas diversas, a quienes representan la diferencia. Lo correcto es garantizar igualdad, libertad y no discriminaci&oacute;n desde un prisma de bien com&uacute;n y justicia social, contraponi&eacute;ndose a los postulados neoliberales que defienden el uso de la libertad de manera individualista y ego&iacute;sta. Lo correcto es defender el valor de los derechos humanos frente a quienes necesitan que estos desaparezcan para gozar de impunidad ante las violaciones de derechos que cometen. Y esto no es una intuici&oacute;n personal, es la herencia de una genealog&iacute;a feminista y de movimientos sociales que nos precedieron en otras crisis, en otros momentos de avance del fascismo. El feminismo nos ense&ntilde;a que lo personal es pol&iacute;tico y los movimientos por los derechos civiles, por los derechos LGTBIQ+, por la justicia social, por el cambio clim&aacute;tico&hellip; nos recuerdan que los avances no son autom&aacute;ticos y que cada retroceso comienza naturalizando las peque&ntilde;as humillaciones y no poniendo l&iacute;mites a quienes las protagonizan con antivalores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/correcto-incorrecto_129_13028162.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Feb 2026 21:18:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo correcto o lo incorrecto]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desde cuándo importan tanto los burkas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/importan-burkas_129_13008921.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aea0d475-4b4d-4c0d-987a-b96c8da78a17_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desde cuándo importan tanto los burkas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El principal error de la izquierda y de quienes no se identifican como de derechas es asumir como propios los temas de una agenda que utiliza los derechos humanos, también de las mujeres, de manera selectiva para sus campañas de odio, para su agenda anti-derechos</p><p class="subtitle">Burka: mujeres musulmanas bajo el fuego cruzado</p></div><p class="article-text">
        De derecha a izquierda no queda nadie en la blanquitud occidental que no afirme contundentemente que el burka es &ldquo;una salvajada&rdquo;. Ha tenido que venir Vox a iluminarnos en esta cuesti&oacute;n con una provocadora y racista proposici&oacute;n. Gracias a la extrema derecha, las y los espa&ntilde;oles han descubierto, de pronto, que la imposici&oacute;n del burka a una mujer es intolerable. La soluci&oacute;n parece de simple sentido com&uacute;n, especialmente si se razona el problema desde la mentalidad colonial habitual. La soluci&oacute;n no es otra que otra imposici&oacute;n: prohibir el burka. Y as&iacute;, bajo una l&oacute;gica improvisada llena de simplificaci&oacute;n, ahora la pugna pol&iacute;tica puede llegar a ser qu&eacute; partido, dentro del abanico parlamentario, se marca el tanto de aprobar una norma contra el burka y el niqab. Lo que los partidos, de izquierda y de derecha, nacionalistas o no, viven como batalla pol&iacute;tica, no es otra cosa que una batalla cultural en la que Vox les ha colado un gol. La &uacute;nica diferencia entre unos y otros es el grado de racismo que sostiene sus propuestas: unos invocan los derechos de las mujeres desde una convicci&oacute;n impostada y otros los usan como coartada para naturalizar su agenda de odio y antiinmigraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y el feminismo qu&eacute; dice? Algo tendremos que decir. El feminismo blanco, inc&oacute;modo ante la pluralidad de mujeres y la diversidad sexual, se arrima a esas respuestas punitivistas. Los otros feminismos, los que habitan los m&aacute;rgenes, hacen reflexiones que van m&aacute;s all&aacute; de polarizar el debate entre prohibir o no prohibir. Ponen el foco en lo evidente, en c&oacute;mo Vox ha logrado imponer un marco racista a su falso feminismo (feminacionalismo) que deja al descubierto el fr&aacute;gil conocimiento en materia de derechos humanos de la clase pol&iacute;tica y de quienes, desde tribunas, micr&oacute;fonos, columnas..., se presentan como defensores de la prohibici&oacute;n mientras razonan desde el privilegio, el desconocimiento y un racismo interiorizado que ni siquiera identifican como tal. Como al final, como dicen Afrofemninas, <a href="https://afrofeminas.com/2026/02/17/no-molestan-las-prendas-molestan-las-mujeres-que-las-llevan/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;el cuerpo de la mujer con niqab no molesta por lo que hace; molesta por lo que representa en el imaginario de quienes construyeron Europa como proyecto racial y cristiano&rdquo;.</a>
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, ni en este ni en otros debates que pone encima la extrema derecha, la respuesta pasa por aceptar el marco que impone con sus iniciativas racistas, machistas y clasistas, propuestas en las que se acuerdan de la dignidad de la mujer si les vale para asociar inmigraci&oacute;n e inseguridad o a una falsa llegada masiva de inmigrantes que amenazan la cultura occidental. Ese es precisamente el principal error de la izquierda y de quienes no se identifican como de derechas, asumir como propios los temas de una agenda que utiliza los derechos humanos, tambi&eacute;n de las mujeres, de manera selectiva para sus campa&ntilde;as de odio, para su agenda anti-derechos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Respecto al uso del burka o el niqab, y a lo que significan en la vida de las mujeres en aquellos Estados cuyas pol&iacute;ticas religiosas reprimen con dureza y crueldad a ni&ntilde;as, adolescentes y mujeres y sus derechos sexuales y reproductivos, la posici&oacute;n desde la defensa de los derechos humanos viene siendo clara, se denuncia sin ambig&uuml;edades las pr&aacute;cticas sostenidas en tradiciones o interpretaciones religiosas que implican trato cruel, inhumano o degradante. Desde los derechos humanos no hay relativismo posible cuando el Estado y la religi&oacute;n convierten el cuerpo de las mujeres en instrumento de control y castigo, sea la religi&oacute;n isl&aacute;mica, el catolicismo, los evangelistas, los ortodoxos u otras creencias fundamentalistas.
    </p><p class="article-text">
        Pero el debate incorpora matices decisivos cuando esas pr&aacute;cticas se sit&uacute;an en un contexto social, legal y religioso muy alejado del que viven las mujeres en Afganist&aacute;n, en Ir&aacute;n o en Arabia Saud&iacute;. Un contexto donde la pregunta no es solo qu&eacute; simboliza una prenda, sino qu&eacute; efectos tiene prohibirla, no vaya a ser que se est&eacute; imponiendo otro dogma moral con la excusa de la libertad, &iquest;qu&eacute; libertad? Porque tanto imponer como prohibir puede vulnerar derechos en nuestro contexto y, lejos de proteger a las mujeres, puede agravar su exclusi&oacute;n, reforzar su aislamiento y su discriminaci&oacute;n. Vincular del burka o el niqab, de manera generalizada y simplificada, a una supuesta amenaza cultural o disfrazarlo de defensa de los derechos de las mujeres no solo distorsiona el debate, sino que alimenta una narrativa que amplifica el rechazo a las personas de origen musulm&aacute;n o cuya religi&oacute;n sea el Islam e invisibilizan otras desigualdades y graves violencias que sufren estas mismas personas en nuestra propia sociedad, precisamente como consecuencia de su fe o de su origen.
    </p><p class="article-text">
        De repente, ahora urge legislar contra el burka y el niqab. La misma semana en que tres mujeres han sido asesinadas, dos de ellas junto a sus hijos, lo urgente para el PP, para Vox y tambi&eacute;n para Junts es prohibir el burka. Mientras tanto, en sus gobiernos auton&oacute;micos y municipales se cuestionan leyes de igualdad, se vac&iacute;an pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, se relativiza la violencia machista y se reducen presupuestos a los centros y servicios donde las mujeres pueden encontrar protecci&oacute;n. Esa habilidad de la extrema derecha, conseguir que hablemos del burka mientras niegan que el machismo. Y como dice Miquel Ramos, todos picando y todos hablando del burka y la niqab, como si supi&eacute;ramos de lo que estamos hablando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/importan-burkas_129_13008921.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Feb 2026 21:26:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Desde cuándo importan tanto los burkas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los 'hombres buenos' también agreden a las mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hombres-buenos-agreden-mujeres_129_12989903.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9618f257-3407-436e-b3a2-06e2ac71a546_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2295y2232.jpg" width="1200" height="675" alt="Los &#039;hombres buenos&#039; también agreden a las mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la batalla de la credibilidad seguimos aferradas y aferrados a mitos y estereotipos que atenúan y relativizan los actos de esos chicos majos cuando no directamente los excusan, como si su posición social, su apariencia, el color de su piel, su origen familiar o su dinero fueran incompatibles con la crueldad privada</p></div><p class="article-text">
        La apariencia tambi&eacute;n enga&ntilde;a y, a pesar de saberlo, es en la apariencia donde seguimos depositando nuestra confianza para otorgar credibilidad a las mujeres, especialmente cuando los hombres son se&ntilde;alados por comportamientos machistas, sexistas e incluso ya violentos contra la integridad f&iacute;sica, sexual y emocional de las mujeres. Desde los clich&eacute;s m&aacute;s habituales, -cuando est&aacute; en cuesti&oacute;n la credibilidad de esas mujeres v&iacute;ctimas de violencias machistas, tambi&eacute;n las sexuales- hay hombres con aspecto de &ldquo;chicos buenos&rdquo;, de gente maja, educada, &ldquo;limpia&rdquo;, presentable, de buena familia, respetados... y los hay cuya apariencia resulta sospechosa por su origen, el color de su piel, por ser de clase baja, por su condici&oacute;n socioecon&oacute;mica, por el tipo de trabajo que tienen&nbsp;e incluso por un f&iacute;sico que se percibe como desagradable e inquietante. La tranquilidad que proporcionan los primeros no nace del conocimiento, sino de un prejuicio profundamente cultural y patriarcal, el de que &ldquo;la normalidad&rdquo; (entendida como hombre blanco, cishetero, masculino y buena posici&oacute;n social) protege.
    </p><p class="article-text">
        Tener &ldquo;cara de agresor sexual&rdquo; no deja de ser una mirada clasista y colonial sobre qui&eacute;nes son los perpetradores de la violencia machista. No es m&aacute;s que una falacia de control tranquilizadora que est&aacute; atravesada por sesgos autom&aacute;ticos y prejuicios que vienen apuntalar un supremacismo que se&ntilde;ala cu&aacute;les son las jerarqu&iacute;as de hombres que deben ser protegidas y quedar impunes en el orden patriarcal. Pensar que quien agrede f&iacute;sica, emocional o sexualmente a una mujer debe parecerlo es absurdo, porque ni la violencia ni quienes la ejercen, no solo contra las mujeres, sino tambi&eacute;n contra ni&ntilde;as, ni&ntilde;os y adolescentes, emiten se&ntilde;ales inequ&iacute;vocas que alerten del peligro. Ojal&aacute; fuera as&iacute; de f&aacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        La historia est&aacute; llena de hombres respetables, calificados como buenos, como majos, cuya reputaci&oacute;n y apariencia han funcionado como una pantalla opaca que ha impedido ver sus cr&iacute;menes y/o juzgarlos convenientemente. En no pocas ocasiones, esa respetabilidad ha actuado, precisamente, como plataforma para acceder a sus v&iacute;ctimas. Muchos agresores se muestran inicialmente encantadores, seductores e inteligentes, lo que facilita el enga&ntilde;o y dificulta la detecci&oacute;n de la violencia, pero no por ello son menos agresores cuando cometen sus cr&iacute;menes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Basta pensar en Jeffrey Epstein y en la constelaci&oacute;n de hombres influyentes implicados en su red de tr&aacute;fico de ni&ntilde;as, ni&ntilde;os y mujeres muy j&oacute;venes, que fueron captadas, explotadas y sometidas a tortura sexual. Durante a&ntilde;os, todos ellos han actuado con una impunidad total, sostenida en el tiempo por un corporativismo de hombres buenos agresores que desde su posici&oacute;n social se han protegido unos a otros sin que en sus entornos cotidianos pareciera posible sospechar de qui&eacute;nes eran realmente. La lista de Epstein, al igual que la lista de agresores de Gis&egrave;le Pelicot, est&aacute; llena de buenos hombres, buenos padres, buenos pol&iacute;ticos, buenos empresarios&hellip; buenos, buenos, buenos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la batalla de la credibilidad seguimos aferradas y aferrados a mitos y estereotipos que aten&uacute;an y relativizan los actos de esos chicos majos cuando no directamente los excusan, como si su posici&oacute;n social, su apariencia, el color de su piel, su origen familiar o su dinero fueran incompatibles con la crueldad privada. Cuando salieron a la luz denuncias contra Julio Iglesias, abundaron los comentarios que restaban credibilidad a las mujeres que lo se&ntilde;alaban bajo un argumento recurrente: un hombre con tanto poder y dinero no necesita hacer esas cosas y eran ellas las que quer&iacute;an algo de &eacute;l. Como si la violencia sexual, la explotaci&oacute;n laboral, &ldquo;estas cosas&rdquo;, solo las hicieran los pobres, los feos o los fracasados. Como si la violencia sexual respondiera a un perfil f&iacute;sico, material o social.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos un tiempo en el que numerosas figuras p&uacute;blicas, ajustadas al arquetipo del &ldquo;hombre de bien&rdquo;, est&aacute;n siendo se&ntilde;aladas por protagonizar episodios de violencia sexual. Las mujeres cada vez son m&aacute;s conscientes de las violencias que sufren, y denuncian, tambi&eacute;n a los poderosos y a los hombres majos. Sin embargo, como sociedad nos cuesta aceptar que el peligro tambi&eacute;n puede tener buenos modales, cara de &ldquo;ni&ntilde;o bueno&rdquo;, aspecto pulcro o una posici&oacute;n econ&oacute;mica solvente. Preferimos pensar que la amenaza viene de fuera, que pertenece a un hombre vulgar, f&aacute;cilmente identificable, a alguien racializado, de origen magreb&iacute;. De esas creencias err&oacute;neas se sirve la extrema derecha para manipular nuestro sistema de creencias sobre las violencias machistas y sus autores. En esos casos resulta m&aacute;s sencillo atribuir culpa porque el prejuicio nos ahorra la incomodidad de revisar nuestras creencias err&oacute;neas.
    </p><p class="article-text">
        En las violencias machistas, tambi&eacute;n en las sexuales, no existe un perfil f&iacute;sico o social &uacute;nico. Los agresores pueden ser j&oacute;venes o mayores, tener un alto nivel educativo, ocupar cargos p&uacute;blicos, dirigir empresas o ser vecinos ejemplares. Negarnos a admitirlo contribuye a un efecto devastador, convertir a la v&iacute;ctima en sospechosa, en mentirosa a ojos de los dem&aacute;s cuando intenta denunciar. Aceptar que la violencia a menudo se oculta bajo la apariencia de la normalidad es un paso inc&oacute;modo, pero necesario en un momento como el actual. Porque mientras sigamos necesitando como sociedad que el agresor tenga &ldquo;cara de malo&rdquo; para reconocerlo, seguiremos siendo la mejor coartada de aquellos que con el disfraz de &ldquo;hombres buenos&rdquo; y &ldquo;gente de bien&rdquo; (de orden) agreden a mujeres, ni&ntilde;as, ni&ntilde;os y adolescentes. La &uacute;nica cultura que entiende la violencia machista es la cultura de violaci&oacute;n que normaliza, minimiza o excusa la violencia sexual, especialmente cuando esta la protagonizan esos &ldquo;hombres buenos&rdquo; de los que nunca lo pudimos imaginar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hombres-buenos-agreden-mujeres_129_12989903.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Feb 2026 21:00:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los 'hombres buenos' también agreden a las mujeres]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A quién beneficia la irregularidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/beneficia-irregularidad_129_12951452.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5dd99faa-756e-4107-ab43-a4d935c5a9b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A quién beneficia la irregularidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La irregularidad es un negocio, lo es para propietarios que alquilan habitaciones insalubres por precios abusivos, sabiendo que nadie denunciará. Para empleadores que imponen jornadas interminables sin contrato, sin descanso y sin derechos en hostelería, la agricultura, los cuidados… Lo es para modelos de negocio sostenidos de miseria</p></div><p class="article-text">
        La regularizaci&oacute;n que ha aprobado el Gobierno es una correcci&oacute;n m&iacute;nima a un sistema que produce y reproduce situaciones de ilegalidad de forma constante en la vida de personas concretas que limpian y cuidan sin contrato, que encadenan trabajos temporales sin derechos, que crecen aqu&iacute; sin papeles, que evitan ir al m&eacute;dico por miedo. La irregularidad atraviesa las vidas de quienes llegan a nuestro pa&iacute;s para escapar de condiciones de las que nosotras y nosotros tambi&eacute;n huir&iacute;amos: violencia, pobreza, persecuci&oacute;n pol&iacute;tica, conflictos armados, o el impacto del cambio clim&aacute;tico. Regularizar a 500.000 personas es poner al descubierto un modelo migratorio injusto, dise&ntilde;ado en clave excluyente, que seguir&aacute; generando irregularidad ma&ntilde;ana, pasado y dentro de unos a&ntilde;os mientras no se reformen las leyes que la producen.
    </p><p class="article-text">
        Quienes se llevan las manos a la cabeza ante esta regularizaci&oacute;n, tras haber sido v&iacute;ctimas de las teor&iacute;as conspiranoicas del &ldquo;reemplazo&rdquo; promovidas por la extrema derecha y amplificadas con m&aacute;s desinformaci&oacute;n e irresponsabilidad por el Partido Popular, deber&iacute;an saber, e igual hasta les alivia, que: esta regularizaci&oacute;n no deroga ni uno solo de los instrumentos racistas y violentos de nuestra normativa. No acabar&aacute; con las redadas racistas, ni con los CIE, ni con los requisitos imposibles de la ley de extranjer&iacute;a, ni con las devoluciones en caliente, ni con la exclusi&oacute;n sanitaria de quienes no tienen documentaci&oacute;n, ni con la expulsi&oacute;n burocr&aacute;tica que impide acceder a ayudas y recursos b&aacute;sicos cuando se est&aacute; en situaci&oacute;n irregular. Nada de eso cambia.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;La importancia de esta regularizaci&oacute;n, para quienes defendemos sociedades libres de odio, es que reconoce, si bien de forma limitada y temporal, derechos que el propio sistema hab&iacute;a arrebatado a las personas migrantes al negarles su condici&oacute;n de sujetos de derechos y de portadoras de historias. Por eso, para ellas, precisamente, es tan importante porque se trata de sus derechos. Porque significa poder empadronarse, trabajar con derechos, alquilar sin chantajes, ir al m&eacute;dico... Pero no, esta regularizaci&oacute;n no es un cambio de modelo ni la implosi&oacute;n del sistema, aunque s&iacute; es un cortafuegos frente a la violencia institucional que supone vivir en situaci&oacute;n irregular en nuestro pa&iacute;s al menos a 500.000 personas..
    </p><p class="article-text">
        Para quienes militan hoy en el bando antiinmigraci&oacute;n, en cambio, esta regularizaci&oacute;n es una p&eacute;sima noticia. No solo por razones ideol&oacute;gicas, sino tambi&eacute;n por razones econ&oacute;micas, -aunque muchas veces ambas van muy a la par a modo de auto exculpaci&oacute;n-. La irregularidad es un negocio, lo&nbsp;es para propietarios que alquilan habitaciones insalubres por precios abusivos, sabiendo que nadie denunciar&aacute;. Para empleadores que imponen jornadas interminables sin contrato, sin descanso y sin derechos en hosteler&iacute;a, la agricultura, los cuidados&hellip;&nbsp;Lo es para modelos de negocio sostenidos de miseria, turnos imposibles y amenazas constantes de despido o denuncia. La irregularidad no solo excluye y empobrece a quien la sufre, tambi&eacute;n produce beneficio, patrimonio y poder a quienes la utilizan y se aprovechan. Es una herramienta de dominaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Piensen bien a qui&eacute;n beneficia que se difundan con tanta rapidez los mensajes contra la regularizaci&oacute;n: datos falsos, declaraciones sin contexto, simplificaciones interesadas. No es miedo a un reemplazo ni a una invasi&oacute;n: es miedo a perder un privilegio. Y quiz&aacute; lo m&aacute;s inc&oacute;modo sea esto: si una medida tan limitada despierta tanto odio, es porque durante demasiado tiempo hemos aceptado que parte de la poblaci&oacute;n viva sin derechos para que todo lo dem&aacute;s funcione. La regularizaci&oacute;n, lamentablemente, no rompe un modelo migratorio injusto , solo obliga al Estado a asumir parcialmente su responsabilidad de reconocer derechos a quienes son parte de nuestra sociedad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/beneficia-irregularidad_129_12951452.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jan 2026 21:30:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A quién beneficia la irregularidad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Julio Iglesias y lo que no es legítima defensa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/julio-iglesias-no-legitima-defensa_129_12928781.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6be8df09-2e2e-4b81-9278-b92117de245c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Julio Iglesias y lo que no es legítima defensa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No es la primera vez que hombres con poder, al verse cuestionados por denuncias graves, intentan defenderse en el espacio público para silenciar a quienes les señalan</p></div><p class="article-text">
        No es un acto de defensa que un hombre con el poder simb&oacute;lico, econ&oacute;mico y medi&aacute;tico de Julio Iglesias <a href="https://www.eldiario.es/cultura/julio-iglesias-desacreditar-acusaciones-senalar-mujeres-supuestas-denunciantes-protegidas-fiscalia_1_12927403.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">publique los supuestos nombres de las mujeres</a> que le han denunciado por abuso sexual y explotaci&oacute;n laboral. El cantante afirma que procede de esta manera para demostrar la falsedad de las acusaciones vertidas contra &eacute;l, y lo hace despu&eacute;s de que se haya denegado a su abogado la solicitud de personaci&oacute;n en las diligencias preprocesales abiertas. Su abogado pretend&iacute;a interrogar a las denunciantes obviando que esa personaci&oacute;n no es legalmente posible en una fase del procedimiento en la que todav&iacute;a no se investiga ni se juzga, &uacute;nicamente se analiza si los hechos denunciados tienen suficientes indicios de delito. No hay indefensi&oacute;n alguna para Julio Iglesias por el hecho de seguirse el derecho espa&ntilde;ol, tan solo hay la aplicaci&oacute;n estricta del mismo trato que recibe cualquier ciudadano en id&eacute;ntica situaci&oacute;n procesal.
    </p><p class="article-text">
        Al publicar unos supuestos mensajes enviados por exempleadas suyas que &eacute;l se&ntilde;ala como las denunciantes aun sin haber accedido al escrito, el cantante no solo decide no respetar los tiempos que marcan las leyes procesales, sino que tambi&eacute;n pasa por alto las medidas de protecci&oacute;n adoptadas por la Fiscal&iacute;a para las mujeres v&iacute;ctimas, en particular las dirigidas a preservar su identidad para evitar, precisamente, lo que &eacute;l ha provocado, que se ponga en duda su relato, sus intenciones y su credibilidad. 
    </p><p class="article-text">
        Al convertir la opini&oacute;n medi&aacute;tica en un tribunal paralelo, Julio Iglesias no est&aacute; actuando desde la indefensi&oacute;n, sino que m&aacute;s bien adopta una estrategia deliberada dirigida a da&ntilde;ar a mujeres extremadamente vulnerables. Pasa por alto, esto tambi&eacute;n, que ni la libertad de expresi&oacute;n ni el derecho a la presunci&oacute;n de inocencia incluyen el derecho del denunciado a se&ntilde;alar p&uacute;blicamente a las mujeres denunciantes, menos cuando tienen la condici&oacute;n de v&iacute;ctimas protegidas por la Fiscal&iacute;a que estudia su denuncia.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando un denunciado señala o expone a las mujeres que denuncian, reactiva el mecanismo central de la violencia que ha ejercido sobre ellas: el miedo a no ser creídas, el castigo por hablar y la advertencia al resto. Se reproduce así la lógica de la coerción, el uso del poder para condicionar, intimidar y disciplinar, para doblegar la voluntad libre de las mujeres</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Las mujeres v&iacute;ctimas tienen derechos que se est&aacute;n vulnerando por parte de todos aquellos que difunden esta informaci&oacute;n. Estas mujeres ostentan la condici&oacute;n legal de v&iacute;ctimas conforme a la Ley 4/2015, del Estatuto de la V&iacute;ctima del Delito, y se encuentran en una situaci&oacute;n de especial vulnerabilidad derivada de una relaci&oacute;n jer&aacute;rquica, de dependencia profesional, de una asimetr&iacute;a de poder evidente y de una elevada exposici&oacute;n p&uacute;blica de los hechos investigados. Esa condici&oacute;n les reconoce el derecho a recibir un trato respetuoso, profesional y no revictimizante, as&iacute; como a la adopci&oacute;n de medidas espec&iacute;ficas de protecci&oacute;n de su intimidad, su identidad, su seguridad personal y profesional, y a la prevenci&oacute;n de da&ntilde;os adicionales derivados de su participaci&oacute;n en actuaciones preprocesales o penales, tal y como establecen los art&iacute;culos 2, 3, 19, 22 y 23 de la propia ley.
    </p><p class="article-text">
        Una revelaci&oacute;n innecesaria de su identidad, realizada adem&aacute;s por la persona a la que acusan de un presunto delito, incluso en esta fase preprocesal, genera un riesgo cierto, concreto y evaluable de victimizaci&oacute;n secundaria o institucional. Es importante tener presente que el cantante podr&iacute;a llegar a ser responsable no solo de los hechos que se investigan, si finalmente se demostraran en sede judicial, sino tambi&eacute;n de los da&ntilde;os adicionales que ellas sufran en los planos emocional, profesional y social como consecuencia de la estrategia p&uacute;blica que est&aacute; siguiendo.
    </p><p class="article-text">
        No solo en este caso, sino en muchos otros similares, es sabido que la exposici&oacute;n p&uacute;blica de las denunciantes por parte del denunciado en este tipo de delitos &mdash;al margen de las diligencias que siguen los operadores jur&iacute;dicos y en contra del Estatuto de la V&iacute;ctima y del marco legal vigente&mdash; no busca esclarecer los hechos, sino reordenar el relato. 
    </p><p class="article-text">
        Exponer la identidad de las mujeres v&iacute;ctimas no es una estrategia de defensa, sino de ataque. Cuando un denunciado se&ntilde;ala, expone o &ldquo;destapa&rdquo; a las mujeres que denuncian, reactiva el mecanismo central de la violencia que ha ejercido sobre ellas: el miedo a no ser cre&iacute;das, el castigo por hablar y la advertencia al resto. Se reproduce as&iacute; la l&oacute;gica de la coerci&oacute;n que se denuncia, el uso del poder para condicionar, intimidar y disciplinar, para doblegar la voluntad libre de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        En este caso, el cantante no solo expone a unas mujeres que &eacute;l considera que son las denunciantes a una nueva forma de violencia, sino que realiza un gesto que, por sus efectos, puede leerse como una advertencia dirigida a ellas, a sus abogadas, a las periodistas que han investigado y publicado los hechos, a este medio y al propio sistema judicial. Una advertencia que pretende mostrar que su poder sigue intacto y que puede nombrar, se&ntilde;alar y tratar de reescribir el relato incluso cuando los hechos ya est&aacute;n en conocimiento de la Fiscal&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        No es la primera vez que hombres con poder, al verse cuestionados por denuncias graves, intentan defenderse en el espacio p&uacute;blico para silenciar a quienes les se&ntilde;alan. Y precisamente por eso conviene recordar que este tipo de actuaciones tambi&eacute;n ofrecen informaci&oacute;n relevante para comprender c&oacute;mo operan los patrones de poder, control y deslegitimaci&oacute;n cuando las mujeres denuncian coerci&oacute;n sexual. Informaci&oacute;n relevante a tener en cuenta en sede judicial que prueba, precisamente, c&oacute;mo opera el desequilibrio de poder, qui&eacute;n lo ejerce y qui&eacute;nes lo sufren.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/julio-iglesias-no-legitima-defensa_129_12928781.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Jan 2026 21:10:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Julio Iglesias y lo que no es legítima defensa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Julio Iglesias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La paz ni se entrega ni se arrodilla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/paz-entrega-arrodilla_129_12914558.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3e57cc74-ad02-4907-8b3a-a394a22e926c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La paz ni se entrega ni se arrodilla"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando María Corina Machado utiliza ese lenguaje para agradar a Trump, tenemos que resistirnos a la trampa de creer que está redefiniendo la paz, aunque esté vaciando de contenido el premio Nobel. Su gesto no representa a quienes saben lo que la paz significa, ni a quienes la han defendido históricamente y ahora la defienden</p></div><p class="article-text">
        Donald Trump no es, ni ha sido nunca ni ser&aacute;, un hombre que use su liderazgo para trabajar por la paz. Trump solo piensa en s&iacute; mismo: en su beneficio personal, en su enriquecimiento, en devolver favores a quienes han puesto millones de d&oacute;lares para que pudiera llegar al poder y a quienes ahora le sostienen bail&aacute;ndole el agua, ri&eacute;ndole las gracias, acudiendo a sus fiestas y poniendo su propio dinero para mantenerlo satisfecho. El proyecto de Trump no es la paz. 
    </p><p class="article-text">
        Trump no piensa en t&eacute;rminos de convivencia, de justicia internacional o de resoluci&oacute;n de conflictos: piensa en t&eacute;rminos de propiedad. Gobernando Estados Unidos puede hacer el mayor negocio jam&aacute;s pensado, convertirse en el due&ntilde;o de todo aquello que le plazca, con independencia del lugar del mundo en el que se encuentre lo que desea o le conviene. La ambici&oacute;n de Trump no se detiene en fronteras ni en soberan&iacute;as. Hoy es Groenlandia, despu&eacute;s ser&aacute; Islandia; ayer fue Venezuela, antes Gaza, y ma&ntilde;ana ser&aacute; cualquier territorio, recurso o pa&iacute;s que encaje en su l&oacute;gica extractiva. La geopol&iacute;tica, para Trump, es una operaci&oacute;n mercantil permanente. Las &uacute;nicas reglas que reconoce son las suyas, y en ese marco el uso de la violencia y el desprecio absoluto por la vida humana lo validan todo.
    </p><p class="article-text">
        El gesto, y las palabras, de Mar&iacute;a Corina Machado entregando a Trump su premio Nobel de la paz, enmarcado en un dorado de los que tanto le gustan al presidente de EEUU, no solo es un acto de humillaci&oacute;n para ella, es una manera de mostrarse alineada con el proyecto de Trump de llamar &ldquo;paz&rdquo; a la fuerza y al chantaje. Entregar simb&oacute;licamente un Premio Nobel de la Paz a un hombre como Trump (cuando la propia Fundaci&oacute;n Nobel ha tenido que recordar que ese premio no se transfiere, no se regala y no cambia de titularidad) es una declaraci&oacute;n ideol&oacute;gica que busca engrandecer a Trump, degradando el significado mismo del premio. Algo que humilla a la propia Fundaci&oacute;n Nobel, pero tambi&eacute;n a todas las personas que han trabajado por la paz, a quienes lo recibieron antes y a quienes podr&iacute;an recibirlo despu&eacute;s, y, muy especialmente, es una humillaci&oacute;n para las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Corina Machado, adem&aacute;s de degradar el significado del premio como concepto, hace un gesto que rompe con una genealog&iacute;a feminista y pacifista que estaba inscrita en la historia del Nobel de la Paz. No solo es un premio otorgado a figuras individuales, sino tambi&eacute;n a una tradici&oacute;n encarnada en mujeres que representaban la intersecci&oacute;n entre igualdad, derechos humanos y construcci&oacute;n de paz. Desde Bertha von Suttner, la primera mujer reconocida por defender la resoluci&oacute;n no violenta de conflictos y cuya obra <em>&iexcl;Abajo las armas!</em> fue el primer gran grito contra el militarismo industrializado, sentando las bases de una pol&iacute;tica basada en el arbitraje internacional en lugar de la fuerza bruta. Pero tambi&eacute;n mujeres como Wangari Maathai, que fue la primera en vincular oficialmente la ecolog&iacute;a con la democracia con el movimiento <em>Green Belt</em> y demostr&oacute; que la lucha por los recursos naturales es, en el fondo, una lucha por la paz. De ella es la frase: &ldquo;cuando plantamos &aacute;rboles, plantamos semillas de paz y de esperanza&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muchas de esas mujeres que han recibido el Nobel de la Paz, Jane Addams, Ellen Johnson-Sirleaf, Leymah Gbowee, Tawakkul Karman, Narges Mohammadi, Rigioberta Menchu, Malala Yousafzai&hellip; no fueron premiadas con el Nobel de la Paz por someterse y arrodillarse ante un hombre violento y poderoso, sino por resistir y hacer frente a ese tipo de hombres. Cuando Mar&iacute;a Corina Machado utiliza ese lenguaje para agradar a Trump, tenemos que resistirnos a la trampa de creer que est&aacute; redefiniendo la paz, aunque est&eacute; vaciando de contenido el premio Nobel. Su gesto no representa a quienes saben lo que la paz significa, ni a quienes la han defendido hist&oacute;ricamente y ahora la defienden. Machado no representa la defensa de la paz. Solo se representa a ella y no muy bien, por cierto. La paz se est&aacute; defendiendo en otros lugares, y no necesita de premios para tener un sentido, para trabajar y creer en ella, especialmente cuando m&aacute;s necesitamos su defensa y a quienes nos ense&ntilde;an a c&oacute;mo defenderla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/paz-entrega-arrodilla_129_12914558.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jan 2026 21:37:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La paz ni se entrega ni se arrodilla]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,María Corina Machado,Nobel de la Paz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trump necesita que el derecho internacional no exista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/trump-necesita-derecho-internacional-no-exista_129_12897312.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b4355128-8154-4c25-a0f6-ad800e237773_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trump necesita que el derecho internacional no exista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nadie niega que el derecho internacional es lento, imperfecto y frustrante, pero sus defectos no pueden ser utilizados (especialmente por quienes tienen intereses personales y económicos en juego) como excusa para desecharlo. Sus carencias más bien deberían servir como desafío para reforzarlo y mejorarlo</p></div><p class="article-text">
        Los Estados mienten, los ej&eacute;rcitos matan, los gobiernos cambian y los l&iacute;deres se corrompen. Y cuando esto sucede es porque el poder se ejerce de manera absoluta, sin contrapesos ni controles efectivos, siguiendo &uacute;nicamente el dictado de la voluntad de un l&iacute;der s&aacute;trapa y cruel cuyas creencias, ideolog&iacute;a o moral mandan desp&oacute;ticamente. Por eso existe el derecho internacional, para poner normas y l&iacute;mites comunes a quienes quieren el poder ilimitado y absoluto. Por eso cuando Donald Trump proclama que no necesita el derecho internacional y dice que su &uacute;nico l&iacute;mite es su &ldquo;propia moralidad&rdquo;, no est&aacute; hablando ni de moral ni de leyes, est&aacute; hablando de s&iacute; mismo y anunciando su impunidad frente a todo lo que viene haciendo, y est&aacute; dispuesto a hacer.
    </p><p class="article-text">
        El derecho internacional no impide autom&aacute;tica y m&aacute;gicamente todas las atrocidades; el derecho internacional no es la virgen de Lourdes. Su funci&oacute;n no es la de obrar milagros, sino m&aacute;s bien otra muy distinta, m&aacute;s ambiciosa, inc&oacute;moda, compleja y humana: evitar que las opresiones, los abusos y la violencia ejercidos por los Estados -y por sus agentes estatales y no estatales- se normalicen como legales o leg&iacute;timos. Nadie niega que el derecho internacional es lento, imperfecto y frustrante, pero sus defectos no pueden ser utilizados (especialmente por quienes tienen intereses personales y econ&oacute;micos en juego) como excusa para desecharlo. Sus carencias m&aacute;s bien deber&iacute;an servir como desaf&iacute;o para reforzarlo y mejorarlo. Sin derecho internacional, la guerra preventiva ser&iacute;a un derecho, el exterminio una &ldquo;decisi&oacute;n soberana&rdquo;, la tortura una t&eacute;cnica y el desplazamiento forzado una pol&iacute;tica interna. S&iacute;, efectivamente, a la luz de esto, Israel, Rusia y Estados Unidos (entre otros) estar&iacute;an quebrantando el derecho internacional.
    </p><p class="article-text">
        El derecho internacional no fracasa porque estos, y otros Estados, violen las leyes y tratados que lo componen. Precisamente la funci&oacute;n del derecho internacional es se&ntilde;alar estas infracciones y perseguirlas. Por supuesto que no ayuda a confiar en el derecho internacional su transgresi&oacute;n continuada por parte de los Estados m&aacute;s poderosos, pero el fracaso del derecho internacional no est&aacute; en la distancia que hay entre su ret&oacute;rica jur&iacute;dica y los actos pol&iacute;ticos que lo tensionan y retan. El fracaso ser&iacute;a dejar de creer que es necesario un marco normativo que ponga nombre a las violaciones de derechos humanos y haga un se&ntilde;alamiento jur&iacute;dico y legal a sus autores; un marco de relaciones entre los Estados en el que la prohibici&oacute;n del uso de la fuerza, el principio de no intervenci&oacute;n y el respeto a la soberan&iacute;a no sean f&oacute;rmulas ret&oacute;ricas sino reglas elementales para preservar la paz y la democracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema m&aacute;s profundo no es solo la violaci&oacute;n reiterada del derecho internacional, sino la erosi&oacute;n de la propia idea de legalidad internacional y el desencanto con unas instituciones multilaterales a las que debemos exigir respuestas eficaces frente a crisis como las de Gaza, Ucrania, Venezuela o Yemen. Ese desencanto alimenta la tentaci&oacute;n de desechar el derecho en lugar de reforzarlo. Pero quiz&aacute; el error sea otro, confundir la vigencia del derecho con su eficacia real, y omitir deliberadamente un elemento clave de esa ineficacia. El derecho internacional no falla por s&iacute; mismo; falla cuando quienes tienen la obligaci&oacute;n pol&iacute;tica de aplicarlo, hacerlo cumplir y defenderlo optan por normalizar, consentir o instrumentalizar las atrocidades. Como ocurre con las leyes justas mal aplicadas, el problema no es el marco normativo, sino la responsabilidad -o la falta de ella- de quienes deciden.
    </p><p class="article-text">
        La moral por la que se dice regir Trump -y que muchos avalan al adherirse al mantra de que el derecho internacional no sirve de nada-, no es una alternativa al derecho, sino su negaci&oacute;n frontal. No estamos ante un debate jur&iacute;dico, sino ante una concepci&oacute;n del poder profundamente autoritaria, narcisista y machista, que rechaza cualquier l&iacute;mite externo. Cuando Trump desecha el derecho internacional en nombre de esa moral, lo que se abandona no es una norma ineficaz, lo que busca no es m&aacute;s que sino dinamitar el &uacute;ltimo dique frente al poder absoluto que desea ejercer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/trump-necesita-derecho-internacional-no-exista_129_12897312.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Jan 2026 21:11:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Trump necesita que el derecho internacional no exista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Venezuela,Nicolás Maduro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La trampa racista de la migración necesaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/trampa-racista-migracion-necesaria_129_12882150.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/daa1ca07-a489-47bd-ba52-f7474d44be7f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La trampa racista de la migración necesaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los derechos humanos no están en función de las necesidades del mercado ni las nuestras, menos se conceden por déficit demográfico o por ansias de ganar más, los derechos humanos son inherentes a la condición humana</p></div><p class="article-text">
        Defender la migraci&oacute;n porque &ldquo;necesitamos a las personas migrantes&rdquo; solo viene a confirmar esa jerarqu&iacute;a&nbsp;supremacista que coloca a unas personas arriba (las espa&ntilde;olas, blancas, que deciden y se benefician), y a otras abajo (las personas migrantes, racializadas, procedentes de los pa&iacute;ses del sur) que son las que sirven, cuidan y callan, muy frecuentemente en condiciones laborales precarias, indignas o directamente de explotaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Que necesitamos a las personas migrantes para cuidar a nuestros mayores, para recoger la fruta, para limpiar nuestras casas, para sostener sectores enteros que se vendr&iacute;an abajo si ma&ntilde;ana desaparecieran, es un argumento que bajo apariencia realista, incluso progresista, revela una l&oacute;gica profundamente supremacista. Una l&oacute;gica que no habla de derechos sino de utilidad al se&ntilde;alar que si las vidas migrantes valen es porque sirven (de siervos), y si otras sobran es porque incomodan o ensucian (de enemigos o par&aacute;sitos).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esos t&eacute;rminos no hace falta un discurso abiertamente racista porque basta con normalizar la idea de que hay personas cuyo lugar natural es trabajar/servir sometidas para que otras personas (nacionales blancas) vivan bien, vivan mejor o sobrevivan. Cuando la defensa de la migraci&oacute;n se articula as&iacute;, no se est&aacute; defendiendo la dignidad de las personas porque se est&aacute; partiendo de una condici&oacute;n racista: la persona migrante puede quedarse en Espa&ntilde;a mientras su presencia nos sea &uacute;til.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, las personas migrantes no est&aacute;n aqu&iacute; para hacernos la vida m&aacute;s sencilla, para salvar nuestra econom&iacute;a ni para cubrir las carencias a las que nos empuja un estilo de vida capitalista. Est&aacute;n aqu&iacute; porque son personas que emprenden un viaje dur&iacute;simo para poder vivir mejor, a menudo empujadas por la pobreza, la violencia, los conflictos armados, el extractivismo econ&oacute;mico o el impacto creciente del cambio clim&aacute;tico. Migrar no es un capricho ni una estrategia laboral al servicio de nadie: es, en muchos casos, una decisi&oacute;n forzada por un mundo profundamente desigual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los derechos humanos no est&aacute;n en funci&oacute;n de las necesidades del mercado ni las nuestras, menos se conceden por d&eacute;ficit demogr&aacute;fico o por ansias de ganar m&aacute;s, los derechos humanos son inherentes a la condici&oacute;n humana. En esa idea de necesidad interesada que se utiliza para defender la no expulsi&oacute;n de personas migrantes, estas no aparecen como sujetos pol&iacute;ticos, ni como titulares de derechos, sino como fuerza de trabajo disponible, como vidas a nuestro servicio. O, dicho de otra forma, como siervos modernos a los que se les reconoce valor solo en la medida en que son &uacute;tiles para nuestras necesidades, para enriquecernos o hacernos la vida m&aacute;s f&aacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        No hay mayor se&ntilde;al de ignorancia que la de hablar de &ldquo;personas migrantes&rdquo; como si fuera una identidad fija, casi natural como si efectivamente la tierra fuera plana y el mapa del mundo un dibujo est&aacute;tico donde cada uno es el centro y el resto es algo ajeno.&nbsp;Basta mover ese mapa para que la categor&iacute;a migrante se d&eacute; la vuelta, de esto saben bien esas nuestras abuelas y abuelos, que en otros territorios fueron migrantes. Basta cruzar una frontera hacia los pa&iacute;ses que nos ven como el sur, por ejemplo, la de Estados Unidos, para pasar de ciudadano a extranjero susceptible de ser detenido, encerrado o deportado por el ICE trumpista. All&iacute;, muchos de los que aqu&iacute; nos sentimos plenamente nacionales descubriremos de golpe el poco valor que puede tener un pasaporte cuando una nacionalidad se considera inferior a otra.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pregunta no es qui&eacute;n es migrante, sino qui&eacute;n tiene el poder de decidirlo. La categor&iacute;a &ldquo;migrante&rdquo; no define a las personas, define la violencia de los Estados. Define qui&eacute;n tiene derechos (privilegios) y qui&eacute;n puede ser oprimido, violentado y debe justificarse, debe demostrar constantemente que merece quedarse. Por eso los derechos humanos son el &uacute;nico suelo com&uacute;n posible, porque no dependen de la nacionalidad, del pasaporte ni de la utilidad econ&oacute;mica. El derecho a la vida, a la integridad, a no ser discriminado, a no ser esclavizado, a acceder a la justicia, a la salud, a la educaci&oacute;n, a no ser detenido arbitrariamente, a no ser devuelto a un lugar donde tu vida corre peligro&hellip; son derechos que no se negocian ni se agradecen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Normalizar, aceptar y defender la migraci&oacute;n desde la l&oacute;gica de la necesidad (los necesitamos) es asumir tambi&eacute;n que, si ma&ntilde;ana dej&aacute;ramos de necesitarlos, podremos prescindir de ellos: expulsarlos, encerrarlos... dejarlos morir en la frontera, en el mar, en un tercer pa&iacute;s al que deportarlo, en una c&aacute;rcel inhumana&hellip; Eso no es defender la inmigraci&oacute;n, es defender educadamente y bajo apariencia moderna un plan de dominaci&oacute;n racista. Es volver a los tiempos de amos y siervos&hellip; de se&ntilde;ores y esclavos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/trampa-racista-migracion-necesaria_129_12882150.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Jan 2026 20:46:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La trampa racista de la migración necesaria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Migrantes,Racismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[2026, el año del odio y las guerras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/2026-ano-odio-guerras_129_12872092.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6e5a3027-e552-4d1a-9987-7d19e7dc8a63_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="2026, el año del odio y las guerras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mundo que se nos anuncia en 2026 es un mundo en que en que se nos exige normalizar el odio y pensar que la violencia es necesaria para poner un orden que nos deshumaniza ante quienes más necesitan protección. La extrema derecha española reproduce con disciplina este marco internacional</p><p class="subtitle">El 'gran pacificador'</p></div><p class="article-text">
        Donald Trump desea recibir, y nos quiere hacer creer que lo merece, el premio Nobel de la Paz. Este a&ntilde;o no pudo ser, la Fundaci&oacute;n Nobel de Oslo decidi&oacute; otorg&aacute;rselo a la candidata de la oposici&oacute;n venezolana, Mar&iacute;a Corina Machado, no sin levantar una enorme pol&eacute;mica. La concesi&oacute;n del premio dotado de un mill&oacute;n de euros (aproximadamente) <a href="https://www.eldiario.es/internacional/assange-denuncia-fundacion-nobel-facilitar-crimenes-guerra-premio-opositora-corina-machado_1_12853762.amp.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha llevado a Juli&aacute;n Assange a denunciar a los miembros de la fundaci&oacute;n</a>, acus&aacute;ndoles de haber convertido &ldquo;un instrumento de paz en un instrumento de guerra&rdquo; y de traicionar la finalidad del premio que mandaba &ldquo;conferir el premio a quien hubiera realizado la mayor obra por la fraternidad entre las naciones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y, efectivamente, viendo las declaraciones de Machado (fiel admiradora del presidente estadounidense) cuesta encontrar en ellas una apuesta por el di&aacute;logo y la diplomacia para desenroscar a Nicolas Maduro de la presidencia de Venezuela. M&aacute;s bien parecen un relato de confrontaci&oacute;n y de legitimaci&oacute;n de la violencia como v&iacute;a para alcanzar el poder. No resulta descabellado pensar que se est&eacute; allanando el camino para que, m&aacute;s pronto que tarde, Trump vuelva a creerse candidato natural al Nobel de la Paz.
    </p><p class="article-text">
        En menos de un a&ntilde;o, el presidente estadounidense ha realizado, al menos, ocho intervenciones militares en terceros pa&iacute;ses que para &eacute;l son algo as&iacute; como &ldquo;acciones de pacificaci&oacute;n&rdquo;. La &uacute;ltima en Nigeria. A ello se suma su particular batalla cultural sobre qu&eacute; palabras pueden usarse y cu&aacute;les no -y que tambi&eacute;n podemos contabilizar como violencia (simb&oacute;lica)-. Entre las decisiones de qu&eacute; palabras son las importantes est&aacute; una del pasado mes de septiembre sobre el cambio de nombre del Departamento de Defensa por el de Departamento de Guerra. Una clara declaraci&oacute;n de intenciones y cuyo coste a las arcas del gobierno de Trump se calcula que puede haber sido de unos 1.000 millones de d&oacute;lares. En su frenes&iacute; belicista, hace unos d&iacute;as orden&oacute;<a href="https://www.eldiario.es/internacional/trump-abona-lenguaje-belicista-regresa-1947-llamar-departamento-guerra-departamento-defensa-eeuu_1_12579671.amp.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> la construcci&oacute;n de unos nuevos buques</a> de guerra que llevar&aacute;n su nombre (c&oacute;mo no) y que costar&aacute;n unos 26.000 millones de d&oacute;lares.
    </p><p class="article-text">
        Quien s&iacute; considera y reconoce a Donald Trump como un ser de luz y de paz es el presidente de la FIFA, que a principios de este mes de diciembre otorg&oacute; al presidente estadounidense el <a href="https://www.eldiario.es/internacional/fifa-entrega-nuevo-premio-paz-trump-plena-crisis-posibles-crimenes-guerra-caribe-amenazas-venezuela_1_12825407.amp.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Premio FIFA de la Paz</a> por su &ldquo;papel fundamental en el establecimiento de un alto el fuego y la promoci&oacute;n de la paz entre Israel y Palestina&rdquo;  y por haber &ldquo;intentado activamente poner fin a otros conflictos&rdquo;. Una versi&oacute;n de la realidad, la de Gianni Infantino, bastante af&iacute;n a la narrativa trumpista, que niega que el llamado Plan de Paz para Gaza sea en realidad un plan de negocio, de sometimiento y de desposesi&oacute;n del pueblo gazat&iacute;. Un esquema que perfectamente podr&iacute;a recordar a las pr&aacute;cticas colonialistas y genocidas ejercidas contra los pueblos ind&iacute;genas de Estados Unidos, expulsados a reservas aisladas y condenados a la extinci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las formas de gobernar de Trump y su interesada conceptualizaci&oacute;n de la paz anuncian lo que puede ser este 2026. M&aacute;s de cien ejecuciones extrajudiciales en aguas del Caribe contra personas que su gobierno considera narcotraficantes; m&aacute;s de 1.200 personas internadas el pasado julio en el centro de detenci&oacute;n para migrantes conocido como <em>Alligator Alcatraz</em>, en Florida, que han desaparecido de las bases de datos del ICE sin que sus familias sepan nada de ellas; m&aacute;s de 75.000 personas sin antecedentes criminales arrestadas por agentes migratorios. Secuestros administrativos, desapariciones y &oacute;rdenes ejecutivas que son castigos colectivos disfrazados de pol&iacute;tica p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Mientras se multiplican los presupuestos militares y de seguridad -decenas de miles de millones destinados a armamento, operaciones exteriores y centros de detenci&oacute;n-, Estados Unidos bate r&eacute;cords de desigualdad y pobreza, de vulneraci&oacute;n de derechos. Una forma de gobierno que redistribuye recursos hacia arriba y violencia hacia abajo. La idea de imponer la paz que maneja Donald Trump solo conduce a m&aacute;s confrontaci&oacute;n y a vivir permanentemente al filo de la guerra. Al tiempo que aviva el odio hacia todas aquellas personas que, desde su supremacismo blanco y cisheteropatriarcal, son consideradas despreciables y, por tanto, desechables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nada de esto ocurre lejos ni es ajeno a nuestro contexto. La extrema derecha espa&ntilde;ola reproduce con disciplina este marco internacional. Que Vox haya optado por no valorar siquiera el mensaje de Nochebuena del rey (un discurso deliberadamente conciliador) es una declaraci&oacute;n de intenciones. El rechazo a cualquier lenguaje de convivencia, de derechos o de l&iacute;mites al odio forma parte de su proyecto pol&iacute;tico, de la idea de guerra de Trump.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El mundo que se nos anuncia en 2026 es un mundo en que en que se nos exige normalizar el odio y pensar que la violencia es necesaria para poner un orden que nos deshumaniza ante&nbsp;quienes m&aacute;s necesitan protecci&oacute;n. <a href="https://www.eldiario.es/rastreador/discurso-navidad-jimmy-kimmel-perspectiva-fascista-sido-ano-realmente-bueno_132_12870993.amp.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">No es del todo una broma la iron&iacute;a de Jimmy Kimmel cuando advierte de que &ldquo;la tiran&iacute;a est&aacute; en auge por aqu&iacute;</a>&rdquo;. Ante el nuevo a&ntilde;o 2026 cada cual tendr&aacute; que decidir si se sit&uacute;a del lado del tirano que deshumaniza a base de intimidaci&oacute;n, insulto y agresi&oacute;n o del lado de quienes nos negamos a aceptar como inevitable un orden mundial de odio y violencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/2026-ano-odio-guerras_129_12872092.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Dec 2025 20:26:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Gaza,Venezuela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La democracia no se hereda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/democracia-no-hereda_129_12860397.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ffa1e7e8-fde2-496f-836d-d33ebe0daf53_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La democracia no se hereda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La paradoja es evidente, quienes creen que tienen algo que perder (aunque sea un privilegio) se aferran a proyectos políticos que prometen precisamente acabar con las condiciones que hacen posible ejercer los derechos de los que hoy disfrutan</p></div><p class="article-text">
        Nos hemos acostumbrado tan deprisa a los derechos que olvidamos que nada garantiza su permanencia. Los primeros derechos conquistados en democracia fueron los pol&iacute;ticos y los civiles: la recuperaci&oacute;n de la libertad de expresi&oacute;n, de asociaci&oacute;n, de reuni&oacute;n o de manifestaci&oacute;n devolvi&oacute; a la ciudadan&iacute;a lo que la dictadura hab&iacute;a arrebatado y desactiv&oacute; una l&oacute;gica de persecuci&oacute;n antidemocr&aacute;tica. La calle se convirti&oacute; en espacio de convivencia y el espacio p&uacute;blico dej&oacute; de estar sometido al control policial, mientras el privado se liberaba de la moral del confesionario. Con la llegada de la democracia, con sus luces y sus sombras, cada persona empez&oacute; a imaginar un proyecto de vida propio, sin pedir permiso y sin miedo a un r&eacute;gimen que castigaba cualquier disidencia.
    </p><p class="article-text">
        El voto dej&oacute; de ser un privilegio para convertirse en un derecho que no distingue g&eacute;nero, ideolog&iacute;a ni clase social, aunque su universalidad plena siga siendo una tarea pendiente mientras se niegue a parte de la poblaci&oacute;n migrante el derecho a decidir sobre el pa&iacute;s del que ya forma parte. Pero la democracia no solo recuper&oacute; derechos pol&iacute;ticos, tambi&eacute;n posibilit&oacute; transformaciones que afectaron a la vida privada. Durante los cuarenta a&ntilde;os de dictadura, el Estado y la Iglesia hab&iacute;an decidido por las mujeres el cuerpo, la moral, la educaci&oacute;n, el trabajo y el deseo. Cada conquista (el divorcio, el aborto, la igualdad laboral, etc.) es una conquista real y simb&oacute;lica. Es el derecho a decidir sobre la propia vida y los propios cuerpos, aunque persistan desigualdades estructurales que recuerdan que la igualdad legal no basta si no se traduce en una vida libre de violencias.
    </p><p class="article-text">
        Junto al camino de las mujeres se abrieron otras puertas para empezar a reconocer realidades que hab&iacute;an sido silenciadas y reprimidas. Las personas LGTBIQ+ pasaron de ser perseguidas por la Ley de Peligrosidad Social a tener un lugar en la calle, la cultura y las leyes. Desde la despenalizaci&oacute;n de la homosexualidad hasta el reconocimiento del matrimonio igualitario y del derecho a la autodeterminaci&oacute;n de g&eacute;nero, la protecci&oacute;n de las personas LGTBIQ+ se ha extendido tambi&eacute;n a otros &aacute;mbitos. A lo largo de estas d&eacute;cadas, Espa&ntilde;a ha ido tejiendo un marco de igualdad que, aunque imperfecto y elementos que nos deber&iacute;an pre-ocupar, la sit&uacute;a entre las democracias m&aacute;s avanzadas en equiparaci&oacute;n de derechos.
    </p><p class="article-text">
        Reconocer estos mimbres no es idealizar la democracia: no se puede negar que con su llegada se derribaron en las leyes algunas de las jerarqu&iacute;as que nos oprim&iacute;an. Sin embargo, resulta evidente que la democracia no ha calado suficientemente cuando amplios sectores que apoyan ideolog&iacute;as reaccionarias y antiderechos dan por descontados los derechos de los que hoy disfrutan y creen que estos sobrevivir&iacute;an intactos incluso en un r&eacute;gimen no democr&aacute;tico. Esa confianza ingenua, cuando no arrogante, se apoya en un relato de autosuficiencia que atribuye los privilegios propios exclusivamente al m&eacute;rito individual y borra deliberadamente las condiciones hist&oacute;ricas, colectivas y materiales que hacen posible ejercer derechos en democracia. En ese marco, el desprecio hacia las personas migradas no es una anomal&iacute;a, sino una pieza central de una l&oacute;gica supremacista, cada vez m&aacute;s normalizada, que necesita negar dignidad y derechos a las personas extranjeras racializadas para reafirmarse, olvidando de d&oacute;nde venimos y cu&aacute;les fueron, y siguen siendo, nuestros propios or&iacute;genes.
    </p><p class="article-text">
        Ese olvido es el que permite colocarnos por encima de quienes consideramos de fuera, ajenos, extranjeros&hellip; como si la pertenencia a una sociedad o a un pa&iacute;s fuera una cualidad moral, casi hereditaria, y no una condici&oacute;n compartida. Como si hubiera vidas que llegan y vidas que ya estaban, como si la historia pudiera ordenarse por el ADN y no por trayectorias humanas atravesadas por desigualdades. En ese gesto se cuela el racismo, la idea de que hay cuerpos que sobran y otros que encajan, de que unas vidas valen m&aacute;s que otras por su origen. Pero nadie es de fuera. Todas y todos somos vecinos. Todas y todos estamos buscando vivir. Y mientras quienes ahora disfrutamos de la democracia no seamos capaces de reconocernos en esa evidencia b&aacute;sica el terreno es f&eacute;rtil para las propuestas de la extrema derecha, que se presentan como defensa del orden y la seguridad mientras plantean, de forma expl&iacute;cita o encubierta, vaciar la democracia de contenido y recortar los derechos que la sostienen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La paradoja es evidente, quienes creen que tienen algo que perder (aunque sea un privilegio) se aferran a proyectos pol&iacute;ticos que prometen precisamente acabar con las condiciones que hacen posible ejercer los derechos de los que hoy disfrutan. La historia reciente demuestra que el retroceso empieza siempre en pol&iacute;ticas que, como las impulsadas por Albiol en Badalona, convierten la exclusi&oacute;n, el se&ntilde;alamiento y la limpieza social en una forma de gobierno. Cuando se cuestiona el derecho de las personas migrantes a ser protegidas o se somete la pobreza y la diversidad a una mirada higienista que decide qui&eacute;n sobra y qui&eacute;n merece quedarse, lo que se debilita no es solo la libertad de unos pocos, sino la de todos. Y se debilita tambi&eacute;n nuestra propia humanidad por apoyar acciones inmorales, inhumanas e ilegales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/democracia-no-hereda_129_12860397.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Dec 2025 21:50:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La democracia no se hereda]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sexo y poder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sexo_129_12841735.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1376fc03-6710-4cd6-b4b9-fb57834ede72_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sexo y poder"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Resulta sonrojante el repentino interés de la derecha y la extrema derecha por la violencia machista si los casos afectan al partido de Pedro Sánchez. Especialmente cuando en sus propias formaciones políticas se ha pasado de puntillas, (cuando no directamente se han encubierto), ante episodios similares de violencia sexual no solo contra las mujeres, sino también contra las infancias</p></div><p class="article-text">
        No se trata de negar los casos de acoso que afectan al PSOE, sino de preguntarse por qu&eacute; solo interesan cuando sirven para empu&ntilde;ar el hacha contra el adversario, y no cuando obligan a revisar c&oacute;mo funcionan realmente los partidos por dentro. No hay duda de que estos casos son deplorables y que deben ser investigados a fondo, no solo para depurar responsabilidades de los supuestos agresores, sino tambi&eacute;n para garantizar la reparaci&oacute;n de las mujeres v&iacute;ctimas que han denunciado y asegurar que no se repitan casos similares en los entornos donde se han producido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Resulta sonrojante el repentino inter&eacute;s de la derecha y la extrema derecha por la violencia machista si los casos afectan al partido de Pedro S&aacute;nchez. Especialmente cuando en sus propias formaciones pol&iacute;ticas se ha pasado de puntillas, (cuando no directamente se han encubierto), ante episodios similares de violencia sexual no solo contra las mujeres, sino tambi&eacute;n contra las infancias. Sin ir m&aacute;s lejos, la condena a nueve a&ntilde;os de prisi&oacute;n de Arturo Torres, portavoz de Vox en un municipio de Almer&iacute;a, por una agresi&oacute;n sexual a una ni&ntilde;a de 12 a&ntilde;os. O la condena al exconcejal del Partido Popular Javier Rodrigo de Santos por varios delitos, entre ellos coaccionar a hombres presos para mantener relaciones sexuales con &eacute;l, la agresi&oacute;n sexual a una persona menor de edad y el uso de m&aacute;s de 50.000 euros de dinero p&uacute;blico en prostituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Eso sin mencionar el silencio persistente y el obstruccionismo ante los numerosos casos de pederastia en el seno de la Iglesia cat&oacute;lica. Poco ruido han hecho los de N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o y Abascal ante la reciente destituci&oacute;n del obispo de C&aacute;diz y Ceuta, Monse&ntilde;or Rafael Zornoza, quien est&aacute; bajo investigaci&oacute;n por abusos sexuales a personas menores de edad.
    </p><p class="article-text">
        La doble moral aparece cuando los casos que salen a la luz afectan a las formaciones de izquierda: esc&aacute;ndalo selectivo, indignaci&oacute;n interesada y una batalla pol&iacute;tica y dial&eacute;ctica que sustituye a la reflexi&oacute;n profunda. Si los hechos se producen en un partido pol&iacute;tico progresista, pero se ignora que esto tambi&eacute;n suceden en sus propias organizaciones pol&iacute;ticas. La coerci&oacute;n sexual ejercida contra mujeres por parte de sujetos que ostentan posiciones de poder ocurre en todos los &aacute;mbitos y en todas las instituciones. Ese es el problema. Ni el PSOE ni la pol&iacute;tica son una excepci&oacute;n, como tampoco lo son la universidad, el mundo cultural, las ONG, las empresas o los centros educativos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Poco le interesan a la derecha y la extrema derecha las mujeres v&iacute;ctimas de la violencia sexual, al menos eso es lo que refleja el combate partidista utilizado para tumbar al PSOE, en lugar de abrir una reflexi&oacute;n colectiva y honesta sobre c&oacute;mo prevenir, detectar, atender y reparar las pr&aacute;cticas de coerci&oacute;n sexual que se reproducen en el interior de las estructuras de poder. Los t&eacute;rminos en los que se plantea esta conversaci&oacute;n solo perjudica a las mujeres. Si el problema es Pedro S&aacute;nchez y el PSOE, el problema de fondo, las pr&aacute;cticas de coerci&oacute;n sexual que sufren tantas mujeres, seguir&aacute; intacto y ellas desprotegidas.
    </p><p class="article-text">
        Sin infravalorar la gravedad de lo que revelan los casos del PSOE respecto a las deficiencias en la lucha contra las violencias machistas en su propio partido, conviene no desviar la atenci&oacute;n del problema estructural. Decenas de mujeres, tambi&eacute;n en otras formaciones pol&iacute;ticas, sufren situaciones de acoso y violencia en las organizaciones en las que trabajan por parte de hombres que ocupan posiciones de poder. Mujeres que no encuentran ni los canales ni los apoyos necesarios para denunciar en esos espacios donde quieren desarrollar una carrera profesional porque quienes las rodean relativizan, justifican o directamente ignoran las conductas machistas y mis&oacute;ginas de esos hombres que las identifican y se creen con el derecho a disponer de ellas, a ser unos guarros como dir&iacute;a mi amiga Eva.
    </p><p class="article-text">
        El denominador com&uacute;n de la coerci&oacute;n sexual no es el partido ni la ideolog&iacute;a, es la impunidad de quienes, desde posiciones de poder, saben que pueden actuar sin consecuencias. Una impunidad que no se construye solo desde arriba, sino que se sostiene cuando hay personas en esos entornos que miran hacia otro lado y relativizan conductas abusivas en nombre de una causa supuestamente mayor. En esos contextos, el sexo no es un intercambio libre, sino una herramienta de control. La dependencia profesional, la promesa de oportunidades, el miedo a represalias o al descr&eacute;dito convierten el consentimiento en una frontera difusa, marcada por la desigualdad. No hace falta violencia expl&iacute;cita cuando el poder organiza el silencio y castiga a las mujeres que se atreve a romperlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sexo_129_12841735.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Dec 2025 20:33:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sexo y poder]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Acoso sexual,PSOE,PP - Partido Popular,Vox]]></media:keywords>
    </item>
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