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    <title><![CDATA[elDiario.es - Violeta Assiego]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/violeta_assiego/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Violeta Assiego]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ceuta: lo que no es y lo que sí es]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-no-si_129_13421004.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/27cb5a49-a588-4364-b858-6287e7bcaebc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1017y453.jpg" width="1200" height="675" alt="Ceuta: lo que no es y lo que sí es"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que ocurre en Ceuta no es una crisis migratoria. Es, ante todo, una crisis humanitaria, pero también una crisis política. Cuando personas en situación de extrema vulnerabilidad son utilizadas para presionar a otro Estado, el problema no es ellas, sino los gobiernos que las convierten en instrumentos de presión aprovechándose de su pobreza</p></div><p class="article-text">
        No es un problema de mafias<strong>.</strong> Las organizaciones criminales existen y deben perseguirse, pero explicar la llegada de decenas de miles de personas &uacute;nicamente por la actuaci&oacute;n de las mafias que trafican con seres humanos resulta muy insuficiente y evita nombrar el verdadero conflicto: el papel que juega Marruecos. La situaci&oacute;n que vive Ceuta no puede entenderse sin analizar el contexto geopol&iacute;tico, la gesti&oacute;n que el pa&iacute;s vecino hace de su frontera y la posici&oacute;n de poder que mantiene en su relaci&oacute;n con Espa&ntilde;a y con la Uni&oacute;n Europea. Tampoco puede entenderse sin nombrar la represi&oacute;n que vive el pueblo saharaui y c&oacute;mo la Administraci&oacute;n Trump ha reforzado el respaldo de Estados Unidos a la posici&oacute;n internacional marroqu&iacute; sobre esos territorios. Y, desde luego, no puede entenderse sin asumir que la desigualdad, la pobreza, la falta de oportunidades y las violaciones de los derechos humanos en Marruecos constituyen un terreno f&eacute;rtil para empujar a miles de personas a abandonar sus hogares, arriesgando sus vidas para intentar llegar a nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No es un efecto llamada. No puede explicarse lo ocurrido apelando a la reciente sentencia del Tribunal Supremo (que resolvi&oacute; que las llamadas devoluciones en caliente son un proceso excepcional que solo puede aplicarse en fronteras terrestres, no en el mar) ni tampoco a una hipot&eacute;tica regularizaci&oacute;n extraordinaria. Quienes sostienen esa tesis obvian el tema de fondo de una resoluci&oacute;n judicial dictada hace apenas unos d&iacute;as que, adem&aacute;s, no es capaz de movilizar en tan poco tiempo a decenas de miles de personas ni de alterar, por s&iacute; sola, la situaci&oacute;n en la frontera. Hablar de efecto llamada es simplificar mucho el an&aacute;lisis, que si fuera m&iacute;nimamente riguroso no pasar&iacute;a por alto esos factores geopol&iacute;ticos y mucho m&aacute;s complejos que limitan enormemente la capacidad de actuaci&oacute;n del Gobierno espa&ntilde;ol, y tambi&eacute;n de explicaciones p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        No es una invasi&oacute;n. Hablar en t&eacute;rminos de invasi&oacute;n, como hacen la extrema derecha y una parte de la derecha, solo genera alarma social. Lo que est&aacute; sucediendo en Ceuta, frontera exterior de la Uni&oacute;n Europea, no es una invasi&oacute;n, los miles de personas migrantes que han entrado en la ciudad aut&oacute;noma no forman parte de ning&uacute;n ej&eacute;rcito enemigo ni existe una estrategia militar de ocupaci&oacute;n. Lo que s&iacute; existe es una estrategia de presi&oacute;n pol&iacute;tica que instrumentaliza los flujos migratorios con fines econ&oacute;micos y geopol&iacute;ticos. Llamarlo invasi&oacute;n impide comprender la dimensi&oacute;n real de lo que ocurre y dificulta encontrar respuestas eficaces.
    </p><p class="article-text">
        No es una crisis migratoria. Es, ante todo, una crisis humanitaria, pero tambi&eacute;n una crisis pol&iacute;tica. Cuando personas en situaci&oacute;n de extrema vulnerabilidad son utilizadas para presionar a otro Estado, el problema no es ellas, sino los gobiernos que las convierten en instrumentos de presi&oacute;n aprovech&aacute;ndose de su pobreza, de la falta de oportunidades y de la vulneraci&oacute;n de sus derechos. Como se&ntilde;ala la APDHE, esta situaci&oacute;n hunde sus ra&iacute;ces en la externalizaci&oacute;n de las fronteras y en a&ntilde;os de pr&aacute;cticas ilegales en su gesti&oacute;n. A ello se suma la deshumanizaci&oacute;n con la que se las trata para dejar de ser personas y convertirse en cifras, amenazas o problemas de seguridad. Las personas que han llegado a Ceuta no constituyen un peligro por s&iacute; mismas; est&aacute;n siendo utilizadas para generar una situaci&oacute;n de tensi&oacute;n e inestabilidad pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        No es una cuesti&oacute;n de seguridad frente a derechos. Un Estado tiene derecho y obligaci&oacute;n de controlar sus fronteras, pero tambi&eacute;n la obligaci&oacute;n de respetar la normativa nacional e internacional en materia de derechos humanos, incluidos los instrumentos de protecci&oacute;n de las personas menores de edad y las garant&iacute;as de quienes solicitan protecci&oacute;n internacional. La gesti&oacute;n de las fronteras y la protecci&oacute;n de los derechos humanos no son incompatibles; ambas forman parte del Estado de Derecho. La integridad territorial de los Estados no es incompatible con la protecci&oacute;n de los derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, en ese relato no olvidemos que han fallecido al menos cuarenta personas y que sus vidas tienen exactamente el mismo valor y la misma dignidad que las nuestras. Tampoco ignoremos el impacto que esta situaci&oacute;n tiene sobre quienes viven en Ceuta. Es el momento de exigir a quienes nos gobiernan serenidad, responsabilidad institucional y la aplicaci&oacute;n de respuestas que ya est&aacute;n previstas y que respetan los derechos de todas las personas. La excepcionalidad de la situaci&oacute;n no justifica deshumanizar a las personas migrantes, al contrario, hacerlo solo dificulta comprender las causas de lo que est&aacute; sucediendo, deteriora la convivencia y alimenta un discurso del odio que &uacute;nicamente beneficia a quienes sustituyen el di&aacute;logo y el Derecho por la violencia contra las personas, ahora migrantes y ma&ntilde;ana cualquiera.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-no-si_129_13421004.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Jul 2026 21:31:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ceuta: lo que no es y lo que sí es]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ceuta,Inmigración,Marruecos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ningún incendio se apaga con heroísmo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/incendio-apaga-heroismo_129_13405748.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92be64c8-dbe7-425a-8967-576d15c5564f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ningún incendio se apaga con heroísmo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El valor y la entrega de quienes se enfrentan a las llamas son indiscutibles, pero sería un error quedarnos atrapadas y atrapados entre la épica de su heroicidad y los discursos simplistas propios de la antipolítica, que desprecian lo público mientras se benefician de ello</p></div><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a no sabemos con certeza cu&aacute;ntos bomberos profesionales tenemos. Mientras los montes arden y se declara la emergencia nacional, esta no me parece una cuesti&oacute;n menor. La Plataforma Unitaria de Bomberos elabor&oacute; en 2009 un Mapa Censal que estimaba unos 22.000 efectivos, mientras que Eurostat, a partir de la Encuesta Europea de Poblaci&oacute;n Activa, atribu&iacute;a a Espa&ntilde;a 39.400 profesionales a finales de 2024. A fecha de hoy no existe un registro oficial &uacute;nico que permita conocer cu&aacute;ntos bomberos integran realmente el sistema espa&ntilde;ol de emergencias.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; algunos crean que en Espa&ntilde;a existe un &uacute;nico &laquo;cuerpo de bomberos&raquo;, pero no es as&iacute;. Lo que hay es una coexistencia de distintos Servicios de Prevenci&oacute;n, Extinci&oacute;n de Incendios y Salvamento (SPEIS) &ndash;dependientes de ayuntamientos, diputaciones, consorcios o comunidades aut&oacute;nomas&ndash;, con los distintos operativos de incendios forestales organizados en cada comunidad aut&oacute;noma en los que participan personal funcionario, laboral, empresas p&uacute;blicas y, en algunos casos, concesionarias privadas. A estos se suman otros servicios espec&iacute;ficos, como los de Aena, las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF) del Estado o los medios de TRAGSA. El resultado es un sistema extraordinariamente fragmentado, con m&uacute;ltiples administraciones, distintos modelos de gesti&oacute;n y financiaci&oacute;n y sin una fotograf&iacute;a oficial &uacute;nica de sus efectivos.
    </p><p class="article-text">
        Esa fragmentaci&oacute;n ayuda a entender por qu&eacute;, cuando un incendio adquiere una dimensi&oacute;n extraordinaria, aparece la Unidad Militar de Emergencias. Aunque nos hayamos acostumbrado a verla combatiendo el fuego, la UME no forma parte de los servicios ordinarios de extinci&oacute;n, sino que es una unidad de las Fuerzas Armadas concebida para intervenir cuando la capacidad de respuesta debe reforzarse de forma excepcional. Cuenta con unos 3.500 militares distribuidos por el territorio nacional y capacidad para desplegarse en menos de cuatro horas. Desde su creaci&oacute;n, la mayor parte de sus intervenciones han estado relacionadas con incendios forestales y, solo en 2025, particip&oacute; en la extinci&oacute;n de 57 grandes incendios, movilizando en los momentos de mayor intensidad hasta 1.400 militares en ataque directo y cerca de 2.000 en labores de apoyo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hay algo que s&iacute; sabemos en medio de este puzle, que ninguno de estos dispositivos se improvisa cuando llega el fuego, que todos existen porque se financian con dinero p&uacute;blico. La capacidad para responder a una tragedia como la que ha obligado a evacuar y confinar a m&aacute;s de 40.000 personas en el momento de escribir esta columna se construye con impuestos. El valor y la entrega de quienes se enfrentan a las llamas son indiscutibles, pero ser&iacute;a un error quedarnos atrapadas y atrapados entre la &eacute;pica de su heroicidad y los discursos simplistas propios de la antipol&iacute;tica, que desprecian lo p&uacute;blico mientras se benefician de ello, para olvidar algo tan importante como son las condiciones en las que trabajan y los medios de los que disponen para hacer frente a incendios cada vez m&aacute;s devastadores.
    </p><p class="article-text">
        La prevenci&oacute;n de los incendios tambi&eacute;n es una pol&iacute;tica p&uacute;blica que requiere invertir durante todo el a&ntilde;o en gesti&oacute;n forestal. El coste econ&oacute;mico, ambiental y humano de apagar incendios y reconstruir despu&eacute;s lo que nunca debi&oacute; perderse siempre ser&aacute; mayor que el de prevenirlos. Es cierto que, cuando llega la tragedia, la solidaridad aparece entre las vecinas y vecinos abren sus casas, ayudan a evacuar animales, llevan agua, comida o un lugar donde dormir. Pero esa solidaridad no sustituye a los servicios p&uacute;blicos porque el pueblo no apaga solo un gran incendio sin los bomberos, las brigadas forestales, pilotos, personal sanitario, agentes medioambientales, Guardia Civil, polic&iacute;as, personal de Protecci&oacute;n Civil o la UME. Personas todas ellas que tambi&eacute;n forman parte de ese mismo pueblo y que cumplen funciones p&uacute;blicas indispensables. Que representan la cara de lo p&uacute;blico de la que nunca se habla porque solo se habla de aquellos y aquellos que da mala fama. Personas que tambi&eacute;n forman parte de ese mismo pueblo y que representan la mejor cara de lo p&uacute;blico, de esa que solo nos acordamos cuando todo arde.
    </p><p class="article-text">
        La desesperaci&oacute;n y la ira de quienes lo pierden todo son comprensibles. Pero ning&uacute;n incendio se apaga solo con hero&iacute;smo y la solidaridad del pueblo, por admirable que sea, nunca podr&aacute; sustituir a unos servicios p&uacute;blicos fuertes, bien financiados y preparados para protegernos cuando m&aacute;s los necesitamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/incendio-apaga-heroismo_129_13405748.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jul 2026 20:46:15 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Para cuándo objetores de conciencia ante los desahucios?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/objetores-conciencia-desahucios_129_13388571.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/15609e25-f8a7-4d7b-a20e-a9201c3ae7d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x556y117.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Para cuándo objetores de conciencia ante los desahucios?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Por qué no objetan las y los profesionales que intervienen en estos lanzamientos? ¿Acaso las cinco vidas de esta familia no son vidas humanas? ¿No se merecen ser tratadas con dignidad?</p></div><p class="article-text">
        Esta semana se cierra con el desahucio de una familia (gitana) y sus tres hijos, el m&aacute;s peque&ntilde;o con s&iacute;ndrome de Down. &ldquo;&iexcl;No ten&eacute;is conciencia ni coraz&oacute;n!&rdquo; grit&oacute; el padre a los ocho agentes de polic&iacute;a que hac&iacute;an un cord&oacute;n policial para tratar de contener a vecinas, vecinos y activistas que quer&iacute;an frenar el desahucio. Y es cierto, quienes solicitan, autorizan y ejecutan estos desahucios no tienen coraz&oacute;n ni conciencia, e incluso yo dar&iacute;a un paso m&aacute;s, dir&iacute;a que no tienen alma y, por tanto, que son unos desalmados.
    </p><p class="article-text">
        Si tuvieran coraz&oacute;n, conciencia y alma deber&iacute;an negarse a formar parte  de estas comitivas y declararse objetores de conciencia como hacen esos sanitarios que dicen defender la vida cuando se niegan a interrumpir un embarazo contraviniendo las leyes vigentes y leg&iacute;timamente aprobadas. Para cu&aacute;ndo la objeci&oacute;n de conciencia en las comitivas de desahucios cuando las vidas de  personas altamente vulnerables, con Dulce y Herminio y sus hijos, est&aacute;n siendo expulsadas de sus hogares como si fueran enseres viejos que estorban. Ellos son todav&iacute;a m&aacute;s que la vida embrionaria, son personas de carne y hueso, vidas que salvar y que merecen profesionales con conciencia que se nieguen a participar en esta banalidad de la deshumanizaci&oacute;n&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; no objetan las y los profesionales que intervienen en estos lanzamientos? &iquest;Acaso las cinco vidas de esta familia no son vidas humanas? &iquest;No se merecen ser tratadas con respeto y dignidad? Los derechos de esta familia son exactamente los mismos que los de cualquier otra familia, es m&aacute;s, los derechos de las tres personas menores de edad &ndash;y muy especialmente del peque con s&iacute;ndrome de Down&ndash; merecen una consideraci&oacute;n especial, una protecci&oacute;n reforzada. Precisamente, esto es lo que vino a decir el Comit&eacute; de los Derechos del Ni&ntilde;o (de la infancia) el pasado martes, un d&iacute;a antes de ejecutarse el desahucio, al instar a las autoridades espa&ntilde;olas (auton&oacute;micas y municipales) a que paralizaran el desahucio hasta que no hubiera una alternativa habitacional.
    </p><p class="article-text">
        Lejos de atender a la petici&oacute;n del organismo internacional, la Agencia de Vivienda Social de la Comunidad de Madrid no esper&oacute; ni a que venciese el aplazamiento del desahucio que se hab&iacute;a hecho a principios de mes y cuya fecha tope era el pr&oacute;ximo domingo 19 (el de la final de Espa&ntilde;a y Argentina). El mi&eacute;rcoles 15 expuls&oacute; a la familia de su casa desafiando al sistema sobre el que se sostiene el marco normativo de los derechos humanos ratificado hace d&eacute;cadas por Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Pudiera parecer por la premura y contundencia del desalojo de esta humilde familia que la empresa p&uacute;blica de la vivienda de Madrid estuviera molesta ante la evidencia en que quedaba que su actuaci&oacute;n estaba vulnerando derechos si se llevaba a cabo sin ofrecer una alternativa habitacional a esta familia. Pudiera parecer que suspender este desahucio fuera m&aacute;s un tema personal de quien (o quienes) est&eacute; detr&aacute;s de esa decisi&oacute;n que un ejercicio de la debida diligencia que debe seguirse en casos como este.  De ah&iacute; que parezca un insulto a la inteligencia de esta familia y de las personas que est&aacute;n luchando y defendiendo los derechos de estas cinco personas, y especialmente los derechos de las tres personas menores de edad, que los servicios sociales dependientes del alcalde Almeida afirmen que s&iacute; hab&iacute;a una  alternativa habitacional: una habitaci&oacute;n para los cinco en un piso compartido o en un albergue. 
    </p><p class="article-text">
        Esta oferta de alternativa habitacional, que seg&uacute;n la clasificaci&oacute;n ETHOS constituir&iacute;a una situaci&oacute;n de sinhogarismo &ndash;lo que ya dice mucho de la indignidad de la respuesta institucional&ndash;, puede traducirse tambi&eacute;n en t&eacute;rminos de derechos humanos. No se trata solo de una soluci&oacute;n inadecuada, sino de una actuaci&oacute;n que, por dirigirse a una familia pobre y gitana, plantea adem&aacute;s un problema de igualdad y no discriminaci&oacute;n. Obligar a una familia a vivir en un &uacute;nico espacio, sin condiciones m&iacute;nimas de privacidad, habitabilidad o intimidad, compromete derechos tan b&aacute;sicos como la intimidad personal y familiar, la integridad moral, la salud y el derecho a una vivienda adecuada. En el caso de las ni&ntilde;as y ni&ntilde;os, el impacto es a&uacute;n mayor, se resienten su derecho a la educaci&oacute;n, al descanso, al juego, al desarrollo integral&hellip; y, en definitiva, su derecho a que su inter&eacute;s superior sea una consideraci&oacute;n primordial en todas las decisiones que les afectan.
    </p><p class="article-text">
        No son tiempos para el optimismo, por eso son tiempos para la lucha de nuestros derechos humanos frente a quienes buscan desmontarlos con la antipol&iacute;tica para dar rienda suelta a su codicia desenfrenada, para  cuestionar, despreciar y querer desmontar los marcos normativos que nos protegen frente a los desalmados, a esos aduladores y aprendices de Trump. Por eso es tan importante subrayar que esta familia no ha estado sola y que un equipo jur&iacute;dico, varias asociaciones del barrio (Sindicato de Vivienda de Moratalaz Asociaci&oacute;n Apoyo -Fermad, la asociaci&oacute;n Caminar, Coordinadora de Barrios,..) y muchas de sus vecinas y vecinos han estado y est&aacute;n a su lado.  Implicarse ante la violencia e injusticia que supone que una  instituci&oacute;n &ndash;financiada con dinero p&uacute;blico y cuya finalidad debe ser proporcionar un hogar a quienes tienen m&aacute;s dificultades&ndash; use su potestad para infligir dolor contra estas familias, abandonando su funci&oacute;n social para servir a los intereses de la especulaci&oacute;n inmobiliaria, es comprender &ndash;tal y como nos mostraba la pel&iacute;cula de Orlando de Paul Preciado&ndash; que cada vida individual es parte de nuestra historia colectiva. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/objetores-conciencia-desahucios_129_13388571.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jul 2026 19:41:27 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una ley que controla el embarazo de las mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ley-controla-embarazo-mujeres_129_13372617.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9501d1ba-3c96-4c95-8cf5-19ebaf44a689_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x605y544.jpg" width="1200" height="675" alt="Una ley que controla el embarazo de las mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que entra en vigor en la Comunidad de Madrid con la gran ley ideológica de Ayuso del "concebido" no son nuevos derechos para las familias. Entra en vigor una determinada forma de concebir el embarazo desde los poderes públicos</p><p class="subtitle">La ley del “concebido no nacido” de Ayuso entra en vigor este sábado: así queda la norma
</p></div><p class="article-text">
        La conocida como &ldquo;ley del concebido&rdquo; de Isabel D&iacute;az Ayuso, que entra en vigor este s&aacute;bado y se presenta como una gran norma de apoyo a la vida, la natalidad y las familias, es un buen instrumento de propaganda con bastantes lagunas jur&iacute;dicas. Quiz&aacute; la primera y m&aacute;s evidente es la que pone en entredicho el propio discurso de la presidenta de la Comunidad de Madrid cuando quiere dar a entender que su norma proteger&aacute; al concebido desde el primer momento de la gestaci&oacute;n. No es cierto, si tenemos en cuenta que la propia ley, para cualquier ayuda o beneficio econ&oacute;mico (disp. adicional 2&ordf;.d), fija un umbral muy distinto al de la concepci&oacute;n: &ldquo;En todo caso posterior a la finalizaci&oacute;n de la semana 14&rdquo;, es decir, a partir de la semana quince de embarazo. Un c&oacute;mputo que coincide exactamente con el momento en que deja de ser posible la interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo por libre decisi&oacute;n de la mujer conforme a la Ley Org&aacute;nica 2/2010. La ret&oacute;rica de Ayuso es &ldquo;desde la concepci&oacute;n&rdquo;. Sin embargo, la eficacia econ&oacute;mica de su norma comienza cuando termina el plazo de la IVE libre.
    </p><p class="article-text">
        La ley, adem&aacute;s, no se atreve a decir aquello que pretende sugerir y que en el discurso pol&iacute;tico se alardea. En ning&uacute;n momento afirma la norma que el concebido sea una persona, ni que tenga personalidad jur&iacute;dica, ni que sea sujeto de derechos. No puede hacerlo porque chocar&iacute;a frontalmente con los art&iacute;culos 29 y 30 del C&oacute;digo Civil y con una consolidada doctrina constitucional, desde la STC 53/1985 hasta la STC 34/2023. En su lugar, utiliza una f&oacute;rmula de asimilaci&oacute;n (&ldquo;se le tendr&aacute; por nacido&rdquo;) que no es m&aacute;s que una ficci&oacute;n jur&iacute;dica que intenta proyectar sobre el plano administrativo y simb&oacute;lico la equiparaci&oacute;n entre concebido e hijo nacido. A estos efectos, resulta sorprendente la forma en que el pre&aacute;mbulo invoca la STC 271/2015 al afirmar que esa sentencia &ldquo;avala que, al considerar al concebido como ya nacido, se puedan fijar beneficios&rdquo;. Sin embargo, el Tribunal Constitucional en aquella resoluci&oacute;n nunca reconoci&oacute; una potestad general para equiparar concebido e hijo nacido. Lo que declar&oacute; constitucional fue una medida muy concreta de la Comunidad Valenciana relativa al baremo de admisi&oacute;n escolar, insistiendo expresamente en que no atribu&iacute;a personalidad jur&iacute;dica al concebido, no modificaba el C&oacute;digo Civil y no establec&iacute;a una regla general aplicable a cualquier procedimiento administrativo. Convertir aquella sentencia del TC en el fundamento de una equiparaci&oacute;n administrativa de alcance general supone llevar mucho m&aacute;s lejos de la realidad lo que realmente viene a decir la doctrina constitucional.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso la ley deja al descubierto la paradoja de que la supuesta protecci&oacute;n del concebido no se traduce en el reconocimiento de derechos para ello, porque constitucionalmente no puede hacerse. Los verdaderos beneficiarios de la norma son terceras personas adultas que podr&aacute;n acceder a determinados beneficios administrativos mientras que el concebido funciona, en realidad, como un presupuesto ideol&oacute;gico para, supuestamente, apoyar a la natalidad y a la familia a trav&eacute;s de pol&iacute;ticas muy cuestionables a efectos pr&aacute;cticos, como la ayuda de 500 euros mensuales a madres gestantes que la Comunidad aplica desde 2022, y menciona el pre&aacute;mbulo como ejemplo. Par&eacute;monos un momento en esta.
    </p><p class="article-text">
        Esta ayuda solo se cobra desde la semana 21 de gestaci&oacute;n (es decir, desde el quinto mes, no la concepci&oacute;n), solo hasta los 30 a&ntilde;os (cuando la edad media de la maternidad en Espa&ntilde;a supera los 32), solo con cinco a&ntilde;os de empadronamiento en la regi&oacute;n dentro de los &uacute;ltimos diez (lo que expulsa a las mujeres migrantes de llegada reciente), solo bajo umbrales de renta que, adem&aacute;s, castigan a las madres solas y no es un derecho subjetivo est&aacute; condicionada a que haya cr&eacute;dito presupuestario cada a&ntilde;o. &iquest;En cu&aacute;ntas ayudas se ha traducido esta pol&iacute;tica a favor de la natalidad en estos cuatro a&ntilde;os? En algo m&aacute;s de 30.000, un dato rid&iacute;culo. 
    </p><p class="article-text">
        Pero quiz&aacute; el detalle m&aacute;s inquietante a mi juicio es el art&iacute;culo 2.5, que obliga a comunicar a la Comunidad de Madrid cuando el concebido &ldquo;no llegue a nacer&rdquo;. Una obligaci&oacute;n que alcanza necesariamente los supuestos de p&eacute;rdida gestacional, cualquiera que sea su causa, y obliga a las mujeres a trasladar a la Administraci&oacute;n un dato especialmente sensible sobre su salud reproductiva. La ley no establece un r&eacute;gimen espec&iacute;fico de garant&iacute;as, no precisa la finalidad de esa informaci&oacute;n ni regula su tratamiento posterior. Resulta llamativo que una norma presentada como instrumento de apoyo a las familias introduzca, al mismo tiempo, un deber de comunicaci&oacute;n sobre un acontecimiento &iacute;ntimo cuya protecci&oacute;n forma parte de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y disidencias sexuales. Una inferencia inaceptable y peligrosa que no puede pasar desapercibida, especialmente en un contexto donde los registros de embarazos y p&eacute;rdidas gestacionales est&aacute;n siendo la antesala de pol&iacute;ticas de control sobre la vida sexual y reproductiva de las mujeres. Normalizar esa comunicaci&oacute;n obligatoria no es un tecnicismo, es una l&iacute;nea que no deber&iacute;a cruzarse y que deber&iacute;a alertarnos.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, y no debe servir como alivio, conviene se&ntilde;alar que esta ley incorpora mecanismos que aplazan su eficacia y que la &ldquo;asimilaci&oacute;n del concebido al hijo ya nacido&rdquo; que proclama el art&iacute;culo 2 no es autoejecutiva y solo ser&aacute; operativa &ldquo;con el alcance y las condiciones que se regulen en cada procedimiento concreto&rdquo;. Es m&aacute;s, la medida estrella (la condici&oacute;n de familia asimilada a familia numerosa) no entrar&aacute; en vigor hasta dentro de seis meses y los beneficios fiscales asociados dependen de un certificado que todav&iacute;a no puede expedirse.
    </p><p class="article-text">
        Lo que entra en vigor en la Comunidad de Madrid con la gran ley ideol&oacute;gica de Ayuso no son nuevos derechos para las familias. Entra en vigor una determinada forma de concebir el embarazo desde los poderes p&uacute;blicos. Aparentemente, el discurso pol&iacute;tico quiere situar al concebido en el centro de la norma, sin embargo, toda arquitectura jur&iacute;dica gira, en realidad, sobre el cuerpo de las mujeres, puesto que son las semanas de gestaci&oacute;n las que determinan el acceso a las ayudas, los certificados m&eacute;dicos los que acreditan el embarazo y, en caso de aborto o p&eacute;rdida gestacional debe comunicarse a la Administraci&oacute;n esa situaci&oacute;n. Esta no es tanto una ley sobre el concebido sino una ley sobre el embarazo y sobre la manera en que los poderes p&uacute;blicos deciden intervenir en los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ley-controla-embarazo-mujeres_129_13372617.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jul 2026 20:06:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una ley que controla el embarazo de las mujeres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isabel Díaz Ayuso,Derecho al aborto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tanto odio no es casualidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/odio-no-casualidad_129_13355470.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a88e647c-aa26-42c9-bde4-00e8eb04b8f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1492y1319.jpg" width="1200" height="675" alt="Tanto odio no es casualidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La LGTBIQfobia ya existía cuando Vox apareció en las instituciones, pero entonces se daba el compromiso a construir un consenso democrático que señalaba que era socialmente inaceptable</p></div><p class="article-text">
        Un profesor v&iacute;ctima de un ataque hom&oacute;fobo en Mallorca, un chico agredido por cinco menores de edad despu&eacute;s de verle besarse con otro durante unas fiestas en Matar&oacute;, una persona trans humillada y golpeada por catorce j&oacute;venes en Ontinyent, una agresi&oacute;n tr&aacute;nsfoba grabada para difundirse en redes sociales en Barcelona, un concierto suspendido tras ataques hom&oacute;fobos contra el grupo Fades, un concejal insultado por ser trans en Arrigorriaga, otra brutal agresi&oacute;n hom&oacute;foba en Tolosa&hellip; Cambian las ciudades, cambian las v&iacute;ctimas, cambian quienes agreden, pero el patr&oacute;n se repite. Estos son solo algunos de los titulares que han dejado las &uacute;ltimas semanas de LGTBIQfobia en nuestro pa&iacute;s. Muchas de estas agresiones comparten rasgos inquietantemente similares: se producen en grupo, en espacios p&uacute;blicos, con una fuerte carga de humillaci&oacute;n, en ocasiones son grabadas para amplificar el da&ntilde;o y difundirlo en redes sociales, y con demasiada frecuencia, est&aacute;n protagonizadas por personas muy j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        Estas agresiones no castigan &uacute;nicamente una orientaci&oacute;n sexual, una identidad de g&eacute;nero o la manera en que este se expresa desde la disidencia sexual. Estas agresiones castigan la visibilidad de las personas que somos LGTBIQ+, no son episodios aislados ni simples peleas. Son un mensaje que las personas que agreden lanzan no solo a la persona concreta que es v&iacute;ctima, sino a todas las personas que formamos parte de un colectivo que nos identificamos bajo las siglas LGTBIQ+. Un mensaje amplificado en la violencia y que busca expulsarnos del espacio compartido, del lugar p&uacute;blico, de la vida cotidiana, de la naturalidad de las relaciones humanas, de los derechos innatos que nos corresponden. Cada insulto, cada escupitajo, cada paliza, cada agresi&oacute;n nos transmite exactamente el mismo recado: &ldquo;esc&oacute;ndete si no quieres sufrir, vuelve al armario&rdquo;. Por eso el primer derecho que empieza a perderse cuando avanza la batalla cultural contra la igualdad y los derechos humanos (sean los de las personas LGTBIQ+, las mujeres, las personas migradas o cualquier otro colectivo que es v&iacute;ctima de los discursos de odio de la extrema derecha) es un derecho muy elemental, es el derecho a caminar por la calle sin miedo.
    </p><p class="article-text">
        El odio tambi&eacute;n se aprende porque nadie nace pensando que llamar &ldquo;maric&oacute;n&rdquo;, perseguir a una persona trans o golpear a un chico por besar a otro es una forma &ldquo;aceptable&rdquo; de comportarse. Esa legitimaci&oacute;n se construye poco a poco, cuando determinados discursos dejan de presentarnos a las personas LGTBI como personas cuyas vidas debe ser respetadas para convertirnos en un problema, en una amenaza o en enfermos. Narrativas que reproducen los planteamientos de Antonio Vallejo-N&aacute;jera (que estaba al frente de los servicios psiqui&aacute;tricos del r&eacute;gimen de Franco) que disfraz&oacute; el odio en ciencia para calificar y tratar a las personas homosexuales como enfermas, incapaces y criminales. Basta sembrar una idea para justificar la violencia y convertir el odio en un comportamiento social que proporciona reconocimiento y pertenencia.
    </p><p class="article-text">
        No es casual que, mientras aumentan estos discursos, tambi&eacute;n aumente la presencia de Vox en los gobiernos auton&oacute;micos del PP. Tampoco es casual que Vox lleve a&ntilde;os calificando el Orgullo de espect&aacute;culo de &ldquo;dudoso gusto&rdquo;, &ldquo;bochornoso&rdquo; o &ldquo;rid&iacute;culo&rdquo; porque su objetivo no es &uacute;nicamente derogar unas leyes o desacreditar una celebraci&oacute;n, es cuestionar la legitimidad de la presencia de las personas LGTBIQ+ en el espacio p&uacute;blico y presentar nuestra igualdad como una imposici&oacute;n frente a los dem&aacute;s. Sin embargo, el Orgullo nunca ha sido ni ser&aacute; una celebraci&oacute;n privada es la expresi&oacute;n de la rabia, de la rebeli&oacute;n frente a los que nos quieren en los armarios, en los psiqui&aacute;tricos o en las c&aacute;rceles. El Orgullo es subvertir el orden patriarcal, es la conquista del derecho a existir sin pedir permiso, a caminar de la mano de quien quieras, a besarnos en las plazas, a actuar sobre los escenarios, a contar nuestras historias, a ocupar el espacio p&uacute;blico sin convertir el propio ser en un acto de valent&iacute;a. Por eso las agresiones que se producen precisamente ah&iacute;, en las calles, en los conciertos, en las fiestas populares, en los institutos, en las plazas... no castigan &uacute;nicamente qui&eacute;n somos, castigan que seamos visibles y pretenden que volvamos a sentir miedo, que pensemos dos veces si damos un beso, si ondeamos una bandera arco&iacute;ris o si hablamos con naturalidad qui&eacute;nes somos.
    </p><p class="article-text">
        La LGTBIQfobia ya exist&iacute;a cuando Vox apareci&oacute; en las instituciones, pero entonces exist&iacute;a el compromiso a construir un consenso democr&aacute;tico que se&ntilde;alaba que era socialmente inaceptable y que impuls&oacute; leyes para proteger a quienes hist&oacute;ricamente hab&iacute;amos sido perseguidas y perseguidos. Ese consenso es precisamente el que la extrema derecha de Vox con la complicidad del PP pretende erosionar. Los derechos LGTBIQ+ garantiza algo que no solo nos afecta a quienes formamos parte de este colectivo, afectan al derecho m&aacute;s elemental en una sociedad que quiera vivir sin ser reprimida, el derecho de todas las personas a vivir sin miedo a ser insultadas, humilladas o agredidas. El derecho a vivir en paz en tiempos de fascistas ya sea en Espa&ntilde;a, en Palestina, en Yemen, en Ucrania, en Argentina o en Uganda (esta no es una lista cerrada). Es el orgullo de maricas, bolleras, bisexuales, asexuales, intersexuales y trans* que desaf&iacute;an el odio que no es causal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/odio-no-casualidad_129_13355470.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jul 2026 19:34:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tanto odio no es casualidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Orgullo LGTBI,Agresiones homófobas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que Toy Story 5 enseña sobre las cámaras de eco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/toy-story-5-ensena-camaras-eco_129_13336905.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/873d93aa-4f8e-43a0-a79a-0e4edc539f34_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que Toy Story 5 enseña sobre las cámaras de eco"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De ese método se sirven muchas plataformas digitales y también formaciones políticas, grupos o sujetos que las usan para difundir desinformación, fake news o campañas de desprestigio con finalidades claramente nocivas y peligrosas</p></div><p class="article-text">
        No s&eacute; cu&aacute;ntos de ustedes han visto <em>Toy Story 5</em>, pero, si no lo han hecho y tienen intenci&oacute;n de hacerlo, ya les advierto de que esta columna de opini&oacute;n contiene alg&uacute;n que otro esp&oacute;iler. La nueva aventura de Woody, Jessie y Buzz y el resto de los juguetes de Bonnie introduce la presencia de las pantallas en la vida de la peque&ntilde;a protagonista. La ni&ntilde;a, ya casi adolescente, est&aacute; en esa edad en la que lo que m&aacute;s desea es tener amigas, sentirse aceptada, pertenecer&hellip; pero no es f&aacute;cil porque Bonnie no es una cr&iacute;a al uso (ninguna lo es). Ah&iacute; es donde aparece una <em>tablet</em> como llave para socializar con otras ni&ntilde;as a trav&eacute;s de una plataforma social. Efectivamente, lo consigue y entra en un universo donde otras chicas (las guays) marcan qu&eacute; hacer, c&oacute;mo vestir, qu&eacute; decir y hasta qu&eacute; merece la pena desear. Bonnie quiere ser su amiga, tener amigas y parecerse a ellas y ah&iacute; es como esa amistad la empieza a exigir que cambie. Va dejando atr&aacute;s aquello que es importante para ella y tambi&eacute;n lo que la hac&iacute;a diferente. En ese grupo de amigas lo importante no es ser ella misma, no la quieren as&iacute;, la quieren si es como ellas dicen que sea. Por eso, cuando act&uacute;a de forma distinta descubre que el precio de salirse del guion que fija el grupo es la burla, el rechazo y hacerla sentirse sola y mal consigo misma, es ridiculizarla.
    </p><p class="article-text">
        Toy Story 5 no plantea la dicotom&iacute;a de pantallas s&iacute; o pantallas no, sino que m&aacute;s bien deja al descubierto c&oacute;mo los espacios de &ldquo;socializaci&oacute;n&rdquo; de las personas menores de edad y las y los j&oacute;venes que se crean a trav&eacute;s de esas nuevas tecnolog&iacute;as pueden llegar a funcionar como c&aacute;maras de eco que las anulan y manipulan. Es de sobra conocido que todas y todos necesitamos pertenecer. No hay nada patol&oacute;gico en ello, muy al contrario, ese anhelo forma parte del desarrollo de cualquier persona, especialmente entre quienes est&aacute;n en ese momento evolutivo y emocional de madurar. El conflicto surge cuando el precio de pertenecer a un grupo consiste en dejar de pensar, dejar de ser uno mismo o empezar a creer que solo existe una manera correcta de vivir, de vestir, de hablar o de entender el mundo. Eso es precisamente una c&aacute;mara de eco y, en las redes sociales, esta din&aacute;mica se produce con enorme facilidad gracias a unos algoritmos que potencian contenidos, discursos, ideas y desinformaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los algoritmos, o m&aacute;s bien, aprovechando el impulso de esos algoritmos, esa din&aacute;mica de c&aacute;mara de eco se puede identificar porque crea un entorno en el que las mismas ideas se repiten, se amplifican y terminan percibi&eacute;ndose como verdades incuestionables porque apenas entran voces discrepantes. Si participas reproduciendo la din&aacute;mica ya eres parte del grupo y tienes su reconocimiento y refuerzo, &ldquo;su amistad&rdquo;. Por eso, no consiste solo en recibir informaci&oacute;n af&iacute;n, sino que esa informaci&oacute;n rebote constantemente entre las personas que piensan igual, reforz&aacute;ndose una y otra vez. La repetici&oacute;n genera una falsa sensaci&oacute;n de verdad y una idea no parecer&aacute; cierta porque haya sido contrastada, sino porque el grupo la reproduce a partir de que la haya dicho, sugerido o escrito un <em>influencer</em> o una persona a la que otorgamos autoridad y en la que confiamos. De esa manera, poco a poco las personas de ese entorno cada vez est&aacute;n m&aacute;s aferradas y convencidas de las propias creencias &ldquo;incuestionables&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Del m&eacute;todo de la &ldquo;c&aacute;mara de eco&rdquo; se sirven muchas plataformas digitales y tambi&eacute;n formaciones pol&iacute;ticas, grupos o sujetos que las usan para difundir desinformaci&oacute;n, <em>fake news</em> o campa&ntilde;as de desprestigio con finalidades claramente nocivas y peligrosas. Las c&aacute;maras de eco aumentan el sesgo de confirmaci&oacute;n y hacen que cualquier opini&oacute;n distinta se perciba como falsa, absurda, malintencionada o incluso peligrosa. Es un mecanismo extraordinariamente &uacute;til para quienes quieren manipular, a modo de ejemplo se puede nombrar la <em>fachosfera</em> que lleva a&ntilde;os aprovech&aacute;ndolo, no para convencer a toda la sociedad, sino para radicalizar progresivamente a chicos j&oacute;venes que encuentran en determinados mensajes y en la construcci&oacute;n de enemigos el sentido e identidad que sienten haber perdido o amenazado por las feministas y el feminismo.
    </p><p class="article-text">
        La c&aacute;mara de eco refuerza que esos espacios terminen funcionando como grupos cerrados que convierten el relato del grupo en el &uacute;nico digno de confianza. La polarizaci&oacute;n est&aacute; servida, no porque nazca de tener opiniones fuertes, sino porque se ha dejado de escuchar cualquier voz distinta a la autorizada. Cuando eso ocurre, hay un impacto, un da&ntilde;o en las personas de ese entorno, quienes no solo terminan creyendo que solo existe una forma correcta de pensar acaba viviendo porque discrepar, implica ser rechazado, sea expulsado del grupo y quedarse solo. Cuando la espontaneidad, la libertad de pensamiento, la diferencia, la cr&iacute;tica&hellip; se sustituye por la obediencia al grupo y la identidad propia por la identidad colectiva, el resultado no suele ser una persona m&aacute;s libre ni m&aacute;s feliz, sino alguien m&aacute;s vulnerable, m&aacute;s dependiente de la aprobaci&oacute;n ajena y, parad&oacute;jicamente, mucho m&aacute;s sola y atormentada. Y esto Toy Story lo cuenta muy bien con la historia de Bonnie, tener amigos es importante, pero no a cualquier precio. Hay grupos a los que es mejor no pertenecer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/toy-story-5-ensena-camaras-eco_129_13336905.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jun 2026 20:01:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo que Toy Story 5 enseña sobre las cámaras de eco]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los árboles reducen la mortalidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/arboles-reducen-mortalidad_129_13319149.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e836241-6e2f-4ea2-a88c-aa470f96feb3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los árboles reducen la mortalidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La desigualdad climática no empieza cuando llega la ola de calor, empieza mucho antes. Es decir, la vulnerabilidad climática no depende únicamente del clima, sino también de los recursos disponibles para protegerse de él cuando este representa un riesgo para la salud. Tener sombra no debería ser un privilegio asociado al código postal</p><p class="subtitle">El mapa del calor en España: compara la temperatura de cada día con la media histórica de tu provincia</p></div><p class="article-text">
        En el kil&oacute;metro cero del Estado espa&ntilde;ol, en ese centro simb&oacute;lico que es la Puerta del Sol, no hay un solo &aacute;rbol bajo el que cobijarse en esta primera ola de calor que tenemos ya encima. Sin embargo, Madrid suele presumir de ser una de las ciudades m&aacute;s arboladas del mundo. Pero tener &aacute;rboles no es como tener mobiliario urbano, tenerlos &mdash;aunque sean muchos&mdash; no significa tener ni los suficientes ni tenerlos donde son necesarios. Es importante la cantidad de vegetaci&oacute;n, pero igual de importante o m&aacute;s es d&oacute;nde est&aacute;n estas zonas arboladas y el acceso que tienen las y los ciudadanos a ellas en los lugares donde viven. Porque el problema de una ola de calor no es solo cu&aacute;ntos grados marcar&aacute; el term&oacute;metro, sino c&oacute;mo afectar&aacute; la falta de sombra a la poblaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El calor no cae por igual sobre las ciudades y hay barrios que tienen &aacute;rboles y barrios que tienen asfalto. Mucho asfalto. Siguiendo en la ciudad de Madrid se sabe que existen diferencias de temperatura de hasta ocho grados entre distintos puntos de la capital. Cuando se habla de ola de calor, la temperatura es una parte, la otra tiene que ver con la desigualdad porque es en los barrios donde coinciden las rentas m&aacute;s bajas y las viviendas peor adaptadas al calor, donde el hecho de que haya menos zonas verdes tiene un impacto directo en la salud de esas vecinas y vecinos.
    </p><p class="article-text">
        Pero Madrid no es una excepci&oacute;n. Esta semana se ha conocido <a href="https://www.tierra.org/el-60-de-la-ciudadania-no-tiene-acceso-suficiente-a-la-naturaleza-en-las-ciudades/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un informe de la organizaci&oacute;n ecologista Amigas de la Tierra, junto al Grupo de Investigaci&oacute;n en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad (GIAU+S) de la Universidad Polit&eacute;cnica de Madrid.</a> En &eacute;l se analiza el acceso a las zonas verdes de 10 ciudades espa&ntilde;olas para la poblaci&oacute;n, y de entre estas, m&aacute;s de la mitad de la ciudadan&iacute;a no dispone de zonas verdes, llegando al 80 % en ciudades como Ourense y Val&egrave;ncia. La conclusi&oacute;n es clara, la situaci&oacute;n es preocupante, principalmente para las personas m&aacute;s vulnerables, aquellas que tienen menos opciones de adaptarse al cambio clim&aacute;tico porque viven en lo que el informe llama &ldquo;zonas de acci&oacute;n prioritaria&rdquo;, es decir, &aacute;reas de bajos ingresos y con un acceso insuficiente a espacios verdes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La desigualdad clim&aacute;tica no empieza cuando llega la ola de calor, empieza mucho antes. Es decir, la vulnerabilidad clim&aacute;tica no depende &uacute;nicamente del clima, sino tambi&eacute;n de los recursos disponibles para protegerse de &eacute;l cuando este representa un riesgo para la salud. Por supuesto que hay determinadas zonas de renta alta donde tambi&eacute;n hay un acceso insuficiente a la naturaleza, pero en estos lugares no hay dificultades para adoptar otras formas de adaptaci&oacute;n al calor: viviendas mejor acondicionadas, piscinas, aire acondicionado, segundas residencias... No afronta igual una semana de temperaturas extremas quien vive junto a un parque arbolado, en una vivienda bien aislada y con aire acondicionado, que quien reside en una calle sin sombra o en una vivienda que acumula calor durante toda la noche.&nbsp;Sin entrar en otras variables sociosanitarias que tambi&eacute;n influyen y agrandan la vulnerabilidad en las personas mayores, las infancias, en quienes padecen enfermedades cr&oacute;nicas, tienen dificultades de movilidad&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Recientemente, un estudio internacional llevado a cabo por el Inserm, el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), <a href="https://www.isglobal.org/-/arboles-en-paris" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un estudio se&ntilde;al&oacute; que en Par&iacute;s, los distritos con m&aacute;s vegetaci&oacute;n presentan un menor riesgo de mortalidad</a> durante los periodos de calor intenso, mientras que las zonas muy construidas, con pocos espacios verdes y un alto potencial de isla de calor urbana, son las m&aacute;s expuestas. Es decir, aumentar la cobertura arb&oacute;rea en las ciudades podr&iacute;a evitar miles de muertes prematuras asociadas al calor porque los &aacute;rboles refrescan el aire, reducen la temperatura del suelo y crean refugios frente a episodios extremos cada vez m&aacute;s frecuentes. Los &aacute;rboles deber&iacute;an ser parte de las infraestructuras b&aacute;sicas que protegen la salud y la vida de todas las personas dentro de una ciudad. Tener sombra no deber&iacute;a ser un privilegio asociado al c&oacute;digo postal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/arboles-reducen-mortalidad_129_13319149.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2026 19:33:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los árboles reducen la mortalidad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los otros gritos del Mundial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gritos-mundial_129_13298397.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/afdc18d3-3eca-40a2-ab5b-9096596da5c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los otros gritos del Mundial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras la FIFA, los patrocinadores y las autoridades participan de las ceremonias, se preocupan por los protocolos y dispositivos de seguridad para los millones de visitantes que llenarán los estadios durante más de un mes en tres países, las madres buscadoras instan legítimamente que la atención mundial se fije en la violencia que representa la desaparición de sus hijas e hijos</p></div><p class="article-text">
        M&eacute;xico me resulta un pa&iacute;s inabarcable geogr&aacute;fica, hist&oacute;rica y culturalmente. Re&uacute;ne tal riqueza, diversidad y pluralidad que pretender conocerlo supone, al menos para m&iacute;, una inmersi&oacute;n que nunca ser&aacute; completa ni la definitiva. Siempre habr&aacute; un matiz que obligue a reinterpretar lo aprendido, a revisar la propia historia de Espa&ntilde;a y, por supuesto, a abrirse a esa cosmovisi&oacute;n rodeada de misterio y desconocimiento. Regreso de M&eacute;xico abrumada por su sabidur&iacute;a ancestral, popular y ciudadana. Regreso tambi&eacute;n con dolor al comprobar como este Mundial (que tantos focos acapara) ignora y, por tanto, agranda las brechas de la desigualdad y la violencia. Un Mundial que puede llegar a resultar groseramente obsceno al observar el contraste de un estadio lleno mientras miles de familias preguntan d&oacute;nde est&aacute;n los m&aacute;s de 133 mil desaparecidos.
    </p><p class="article-text">
        Visto desde esta mirada de conjunto, no es precisamente respeto lo que promueve el f&uacute;tbol que se ha convertido en industria global explotadora de personas y recursos. Tampoco parece que exista ese respeto en parte de las aficiones que, durante el aguacero que cay&oacute; en Ciudad de M&eacute;xico el d&iacute;a de la inauguraci&oacute;n, no encontraron mejor refugio que las lonas de las madres buscadoras. Esas lonas donde aparecen los rostros de hijas e hijos desaparecidos y que hab&iacute;an extendido en la simb&oacute;lica plaza del &Aacute;ngel. Esas que reflejaban las fotograf&iacute;as que son, para miles de familias, mucho m&aacute;s que una imagen, son la &uacute;nica presencia que les queda y la &uacute;nica manera de reclamar su b&uacute;squeda. Utilizarlas para protegerse de la lluvia fue un gesto muy gr&aacute;fico de lo que significa el Mundial de f&uacute;tbol en este inmenso pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la FIFA, los patrocinadores y las autoridades participan de las ceremonias, se preocupan por los protocolos y dispositivos de seguridad para los millones de visitantes que llenar&aacute;n los estadios durante m&aacute;s de un mes en tres pa&iacute;ses, las madres buscadoras instan leg&iacute;timamente que la atenci&oacute;n mundial se fije en la violencia que representa la desaparici&oacute;n de sus hijas e hijos. Por eso marcharon el d&iacute;a antes de la inauguraci&oacute;n hacia el Estadio Azteca. Por eso est&aacute;n ocupando las plazas, avenidas y espacios p&uacute;blicos con fotograf&iacute;as, nombres y fechas. Por eso est&aacute;n transformando el lenguaje futbol&iacute;stico en una denuncia pol&iacute;tica. &ldquo;La pelota vuelve a casa, &iquest;nuestros hijos cu&aacute;ndo?&rdquo;, puede leerse en algunas de las pancartas. Junto a ellas se est&aacute;n movilizando otras familias, las de personas migrantes tambi&eacute;n desaparecidas durante su tr&aacute;nsito por M&eacute;xico; otras madres que buscan a hijos de los que nunca volvieron a tener noticias. Todas ellas familias rotas que luchan y denuncian la impunidad que rodea miles de desapariciones, que exigen que esas vidas no queden enterradas bajo el ruido del espect&aacute;culo de f&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        El Mundial vuelve a ser ese gran evento deportivo que, si bien se presenta como una celebraci&oacute;n universal, un espacio de encuentro entre pueblos y cultura, cada vez con m&aacute;s frecuencia funciona como una enorme operaci&oacute;n de marketing, un gran negocio donde todo debe aparecer ordenado, atractivo y disponible mientras lo inc&oacute;modo, lo conflictivo y lo doloroso se esconde detr&aacute;s de muros de cemento y lonas, tal y como est&aacute; sucediendo en muchos vecindarios de M&eacute;xico. Un pa&iacute;s que sabe guardar en la memoria de sus ciudades, de sus comunidades y de sus historias una extraordinaria capacidad para organizarse frente a la adversidad. Los nombres y los rostros de quienes siguen siendo buscados no van a desaparecer de la memoria colectiva por mucho que millones de personas celebraremos goles y triunfos. Sus madres, sus hombres y mujeres no van a dejar de preguntar: &iquest;d&oacute;nde est&aacute;n?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gritos-mundial_129_13298397.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Jun 2026 20:45:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los otros gritos del Mundial]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mundial de fútbol,México,Desaparecidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Derechos que no se heredan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/derechos-no-heredan_129_13183912.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7451bb1-66ee-458f-988a-352116bce297_16-9-discover-aspect-ratio_default_1141985.jpg" width="4724" height="2657" alt="Miles de personas celebrando el día del Orgullo en Cibeles (Madrid, 2018)."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Muchos de quienes hoy desconfían de la democracia lo hacen gracias a los derechos que ella les da: la libertad de expresión, la educación que los formó, la sanidad a la que acceden y el dinero público que les sostiene</p><p class="subtitle">De los expedientes por “invertidos” a pasar hambre y vejaciones en Tefía: la represión franquista al colectivo LGTBI en Canarias</p></div><p class="article-text">
        La democracia no solo trajo el derecho al voto, sino tambi&eacute;n muchos otros derechos que hoy nos parecen lo normal: derechos cuyo valor pasa desapercibido, como si toda la vida hubieran estado ah&iacute;. Para la gran mayor&iacute;a de quienes nacieron en Espa&ntilde;a a partir de los a&ntilde;os 80, la educaci&oacute;n, la sanidad, la libertad sexual o el simple hecho de salir por la noche sin restricciones &ndash;ni horarias ni morales&ndash; forman parte de su vida cotidiana, lleg&aacute;ndolos a contemplar con la distancia de quien hereda algo sin conocer su precio ni el esfuerzo colectivo que implic&oacute;, como si las luchas que los hicieron posibles pertenecieran a una historia que no les concierne.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la dictadura que algunos idealizan &ndash;porque no la vivieron en carne propia o por no haber nacido&ndash;, no hab&iacute;a libertades pol&iacute;ticas ni se pod&iacute;a vivir al margen de la moral cat&oacute;lica. Cuando la democracia lleg&oacute;, con sus luces y sus sombras, cada persona, hombre o mujer, empez&oacute; a imaginar un proyecto de vida propio, sin pedir permiso y, sobre todo, sin miedo a un r&eacute;gimen que castigaba cualquier disidencia pol&iacute;tica, social, religiosa, afectiva o sexual. El espacio p&uacute;blico dej&oacute; de estar sometido al control policial y el espacio privado a la moral del confesionario. En la Espa&ntilde;a que ahora habitamos, resultar&iacute;an inconcebibles muchas situaciones que se vivieron en el franquismo. Nos hemos acostumbrado tan deprisa a los derechos que olvidamos que nada garantiza su permanencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los primeros derechos conquistados en democracia fueron los pol&iacute;ticos y los civiles. Recuperar la libertad de expresi&oacute;n, de asociaci&oacute;n, de reuni&oacute;n y de manifestaci&oacute;n supuso devolver a la ciudadan&iacute;a lo que la dictadura hab&iacute;a arrebatado. La legalizaci&oacute;n de los partidos pol&iacute;ticos que hasta ese momento eran tachados de enemigos de Espa&ntilde;a desactiv&oacute; una l&oacute;gica de persecuci&oacute;n antidemocr&aacute;tica. La calle se convirti&oacute; en espacio de convivencia, las manifestaciones por la amnist&iacute;a se mezclaron con las de los movimientos feministas, LGTBI y vecinales.
    </p><h2 class="article-text">El derecho a decidir</h2><p class="article-text">
        La democracia no solo permiti&oacute; ir a las urnas, sino que reconoci&oacute; que la voz de cada persona ten&iacute;a el mismo valor pol&iacute;tico y moral. El voto dej&oacute; de ser un privilegio para convertirse en un derecho que no distingue g&eacute;nero, ideolog&iacute;a ni clase social, aunque su universalidad plena siga siendo una tarea pendiente. De hecho, no ha sido hasta 2019 cuando las personas con discapacidad intelectual o psicosocial han podido votar por primera vez, al eliminarse una restricci&oacute;n anacr&oacute;nica sostenida por el paternalismo capacitista. Sin embargo, esa democracia, que naci&oacute; para devolver la voz a quienes no la ten&iacute;an, sigue debiendo reconocimientos pol&iacute;ticos, entre otras a quienes ya forman parte de nuestra comunidad, a cientos de miles de personas migradas a nuestro pa&iacute;s que viven y trabajan en Espa&ntilde;a y que siguen excluidas de ese derecho fundamental.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La democracia no solo recuper&oacute; derechos pol&iacute;ticos, tambi&eacute;n ha ido transformando la vida privada. Y fueron las mujeres quienes, al reclamar derechos de igualdad y autonom&iacute;a, convirtieron esa libertad reci&eacute;n estrenada en una revoluci&oacute;n que ha ido cambiando el pa&iacute;s desde dentro. Durante los 40 a&ntilde;os de dictadura franquista, el Estado y la Iglesia hab&iacute;an decidido por ellas: el cuerpo, la moral, la educaci&oacute;n, el trabajo y el deseo. Al avanzar la democracia, dejaron de necesitar el permiso del var&oacute;n para trabajar o abrir una cuenta, y empezaron a firmar sus propias decisiones. Cada conquista (el divorcio, el aborto, la igualdad laboral&hellip;) ha sido una conquista real, pero tambi&eacute;n simb&oacute;lica: el derecho a decidir sobre la propia vida y los propios cuerpos, derechos que todav&iacute;a se niegan a reconocer y respetar los movimientos m&aacute;s reaccionarios que anhelan recuperar el control sobre las mujeres, para gobernar sus vidas. Sin embargo, la igualdad que empez&oacute; a escribirse en el C&oacute;digo Civil, ha ido cambiando tambi&eacute;n la manera en la que el pa&iacute;s mira a las mujeres. Sin embargo, aquel impulso de cambio que marc&oacute; los primeros tiempos de la democracia no siempre ha mantenido su fuerza y a fecha de hoy, persisten desigualdades estructurales (en el empleo, en los cuidados, en la representaci&oacute;n pol&iacute;tica o en la violencia machista) que recuerdan que la igualdad legal no basta si no se traduce en igualdad efectiva, un recordatorio que no cae en saco roto gracias al movimiento feminista.
    </p><p class="article-text">
        El camino de las mujeres abri&oacute; otras puertas. De la mano del feminismo, la democracia comenz&oacute; a reconocer otras realidades que hab&iacute;an sido silenciadas, reprimidas, tortuosas y encarceladas. Las personas LGTBIQ+ pasaron de ser perseguidas por la Ley de Peligrosidad Social (heredera de la de Vagos y Maleantes) a tener un lugar en la calle, la cultura y las leyes. En 1977, mientras los presos pol&iacute;ticos sal&iacute;an de las c&aacute;rceles, las personas homosexuales segu&iacute;an dentro de ellas lo que provoc&oacute; que centenares de personas marcharan en Barcelona reclamando &ldquo;amnist&iacute;a sexual&rdquo;. La historia hab&iacute;a empezado a cambiar con aquel primer Orgullo. En 1979 se despenaliz&oacute; la homosexualidad, en 1982 la reasignaci&oacute;n sexual dej&oacute; de ser delito y en 2005 Espa&ntilde;a reconoci&oacute; el matrimonio igualitario, afirmando que el amor y la familia no tienen una sola forma posible. En 2007 se aprob&oacute; la Ley de Identidad de G&eacute;nero, que permiti&oacute; por primera vez el cambio registral de nombre y sexo sin necesidad de autorizaci&oacute;n judicial, si bien no permit&iacute;a el cambio sin necesidad de autorizaci&oacute;n m&eacute;dica. No ha sido hasta el 2023 cuando se aprob&oacute; la Ley para la Igualdad Real y Efectiva de las Personas Trans que ha reconocido el derecho a la identidad y a la libre autodeterminaci&oacute;n de g&eacute;nero, incluyendo a la infancia y la adolescencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de esas d&eacute;cadas, la protecci&oacute;n de las personas LGTBIQ+ se ha ido extendiendo tambi&eacute;n al &aacute;mbito laboral, educativo y penal. Desde la reforma del C&oacute;digo Penal que incorpor&oacute; los delitos de odio como agravante por motivos de orientaci&oacute;n sexual o identidad de g&eacute;nero, hasta las leyes auton&oacute;micas que proh&iacute;ben expresamente la discriminaci&oacute;n en el trabajo, en la atenci&oacute;n sanitaria o en la educaci&oacute;n. Espa&ntilde;a ha ido tejiendo un marco de igualdad que, aunque imperfecto, nos sit&uacute;a entre las democracias m&aacute;s avanzadas en equiparaci&oacute;n de derechos entre las personas que son LGTBIQ+ y la que no lo son.
    </p><h2 class="article-text">Sustituir tutela por autonom&iacute;a</h2><p class="article-text">
        Esa misma l&oacute;gica de igualar y equiparar los derechos de todas y todos ha guiado tambi&eacute;n los cambios en la respuesta social, que pas&oacute; de la beneficencia, el estigma y el castigo a un sistema de protecci&oacute;n y de derechos. Los servicios sociales, la atenci&oacute;n a la infancia, a las personas mayores y a las personas con discapacidad sustituyeron la vigilancia por el acompa&ntilde;amiento y la tutela por la autonom&iacute;a. Supuso reconocer que la vulnerabilidad no es un fallo individual, sino una responsabilidad colectiva ante una vulneraci&oacute;n de derechos. Las inclusas, los reformatorios y el Patronato de Protecci&oacute;n de la Mujer &ndash;instituciones que durante d&eacute;cadas sirvieron para disciplinar la pobreza, la maternidad fuera del matrimonio o la disidencia moral&ndash; fueron desapareciendo a medida que la democracia se hac&iacute;a cargo de sus sombras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, ahora que es tiempo de memoria y de reparaci&oacute;n, se echa en falta que durante todos estos a&ntilde;os apenas se haya prestado atenci&oacute;n a quienes pasaron por esos lugares. Las v&iacute;ctimas de aquellas instituciones (ni&ntilde;as, ni&ntilde;os, adolescentes, mujeres, personas con discapacidad, todas ellas pobres o marginadas) siguen siendo invisibles, no solo por el silencio de la historia, sino por el de las propias instituciones y administraciones que, en base a los mismos sesgos de entonces, perpet&uacute;an hoy una forma de violencia institucional dif&iacute;cilmente justificable en una l&oacute;gica de derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os ochenta y noventa, Espa&ntilde;a construy&oacute; un sistema p&uacute;blico de salud, educaci&oacute;n y servicios sociales que situ&oacute; a las personas en el centro. Se crearon las becas que permitieron a hijas e hijos de familias obreras llegar a la universidad. En 2006, la Ley de Dependencia reconoci&oacute; que cuidar y ser cuidado tambi&eacute;n es un derecho. La ratificaci&oacute;n de la Convenci&oacute;n sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2008) y la de la Convenci&oacute;n sobre los Derechos del Ni&ntilde;o (1990) marcaron un cambio de paradigma: todas las personas, sin distinci&oacute;n de edad o capacidad, deb&iacute;an ser reconocidas como sujetos de derechos. Ese mismo principio de autonom&iacute;a y dignidad, se extendi&oacute; tambi&eacute;n al tramo final de la vida con la aprobaci&oacute;n de la Ley Org&aacute;nica de Regulaci&oacute;n de la Eutanasia (2021), que ha ampliado el horizonte de la libertad individual al reconocer el derecho a decidir sobre el propio final de vida.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Sin democracia no hay derechos</h2><p class="article-text">
        Sin embargo, la democracia que derrib&oacute; en las leyes tantas jerarqu&iacute;as mantiene abiertas las heridas del racismo estructural y del legado colonial a trav&eacute;s de una ley de Extranjer&iacute;a que funciona como un muro interior y penaliza la irregularidad, precariza la vida y convierte la falta de papeles en una forma contempor&aacute;nea de esclavitud y sometimiento. Ning&uacute;n pa&iacute;s es libre mientras niegue derechos a quienes ya forman parte de &eacute;l.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Divorcios en España.                            </span>
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        Espa&ntilde;a es hoy un pa&iacute;s plural, hecho de muchas procedencias, lenguas, acentos y memorias. Pero tambi&eacute;n es cierto que la democracia no ha logrado traducir esa diversidad en igualdad de derechos. Sin embargo, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la desigualdad econ&oacute;mica, el descr&eacute;dito institucional y la expansi&oacute;n de discursos de odio est&aacute;n erosionando nuestra confianza en la necesidad de un sistema democr&aacute;tico. La crisis de 2008 y las pol&iacute;ticas de austeridad recortaron derechos sociales y la pandemia puso a prueba la fortaleza de los servicios p&uacute;blicos y la fragilidad de las vidas sostenidas por los cuidados. El auge de la extrema derecha ha devuelto al debate p&uacute;blico discursos que cre&iacute;amos superados: el cuestionamiento de la violencia machista, la negaci&oacute;n del cambio clim&aacute;tico, la criminalizaci&oacute;n del feminismo o del movimiento LGTBI. Frente a esa ofensiva, conviene recordar que los derechos humanos son el esqueleto invisible de la democracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La historia demuestra que el retroceso empieza siempre en los m&aacute;rgenes: cuando se cuestiona el derecho de las mujeres a decidir, el de las personas migrantes a ser protegidas o el de las minor&iacute;as a existir, lo que se debilita no es solo su libertad, sino la de todos. La gran paradoja es que muchos de quienes hoy desconf&iacute;an de la democracia lo hacen gracias a los derechos que ella les da: la libertad de expresi&oacute;n, la educaci&oacute;n que los form&oacute;, la sanidad a la que acceden y el dinero p&uacute;blico que les sostiene, no solo a trav&eacute;s de ayudas sino pagando los sueldos de las y los funcionarios o a trav&eacute;s de la financiaci&oacute;n de colaboraciones p&uacute;blico-privadas. Celebrar la democracia es se&ntilde;alar no solo los fallos sino tambi&eacute;n reconocer que el camino recorrido es fruto de luchas colectivas y que los derechos no se heredan, se ejercen.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/derechos-no-heredan_129_13183912.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 May 2026 19:53:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Derechos que no se heredan]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Franquismo,LGTBI,Transición,Dictadura,Feminismo,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un poquito de empatía, por favor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/poquito-empatia-favor_129_13207521.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf59e840-0e9e-49bf-95a3-23d9abc07254_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un poquito de empatía, por favor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fernando Clavijo expresó públicamente su rechazo a que el crucero 'Hondius' atracara en Canarias. Santiago Abascal ha llegado a acusar al Gobierno de permitir la llegada de “un barco con un virus mortífero” para “ocultar las actividades de su mafia”. Y Alberto Núñez Feijóo habla de “confusión” </p></div><p class="article-text">
        Hay quien dice que la empat&iacute;a est&aacute; de moda. Lo curioso es que mientras las empresas llevan a&ntilde;os estudiando c&oacute;mo la inteligencia emocional mejora los equipos, reduce conflictos y hasta incrementa beneficios, parte de la clase pol&iacute;tica parece haber descubierto justo lo contrario, que la ausencia de empat&iacute;a o, mejor dicho, que todo lo contrario a la empat&iacute;a, la deshumanizaci&oacute;n, tambi&eacute;n puede dar r&eacute;dito electoral. Resulta dif&iacute;cil no ver cierta paradoja en c&oacute;mo la movilizaci&oacute;n del miedo, del rechazo y de la impulsividad m&aacute;s primaria e irracional se ha convertido en una herramienta pol&iacute;tica extraordinariamente eficaz para determinadas derechas y extremas derechas. Como si la apelaci&oacute;n constante a las emociones m&aacute;s b&aacute;sicas e insolidarias fuera, en el fondo, su reconocimiento impl&iacute;cito de que nadie votar&iacute;a sus propuestas desde la serenidad, el pensamiento cr&iacute;tico o la reflexi&oacute;n &eacute;tica. Como si su proyecto pol&iacute;tico &uacute;nicamente pudiera abrirse paso debilitando nuestra capacidad de reconocer al otro como alguien digno de consideraci&oacute;n, de interpretar el dolor ajeno y de responder a la incertidumbre desde lugares distintos al miedo, el rechazo o la agresividad.
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as lo estamos viendo con el brote de hantavirus detectado en el crucero neerland&eacute;s <em>MV Hondius</em>, que llegar&aacute; el domingo a Canarias tras registrarse varios contagios y fallecimientos relacionados con una variante del virus que preocupa especialmente por ser la &uacute;nica conocida con capacidad de transmisi&oacute;n entre humanos, aunque los expertos insisten en que su capacidad de contagio es extremadamente limitada. Desde que escuch&eacute; la noticia no he dejado de pensar en las personas que est&aacute;n en ese barco y en c&oacute;mo deben de estar viviendo estos d&iacute;as de aislamiento, protocolos sanitarios e incertidumbre. Tambi&eacute;n en sus familias, pendientes a distancia de cada informaci&oacute;n y cada actualizaci&oacute;n m&eacute;dica. Y en la mujer neerlandesa fallecida en Johannesburgo mientras acompa&ntilde;aba el traslado del f&eacute;retro de su marido, muerto d&iacute;as antes por el mismo virus.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del alarmismo interesadamente desatado en el plano pol&iacute;tico, y del complejo y leg&iacute;timo an&aacute;lisis sanitario que exige una situaci&oacute;n as&iacute;, deber&iacute;amos poder mirar lo que ocurre en ese barco desde un lugar mucho m&aacute;s emp&aacute;tico. Es decir, ser capaces de ponernos, aunque sea un instante, en la piel de sus pasajeros y comprender que dentro de ese crucero no hay una amenaza apocal&iacute;ptica, sino personas enfermas, asustadas y aisladas desde hace d&iacute;as. Personas sometidas a much&iacute;sima incertidumbre, a protocolos m&eacute;dicos y al miedo mientras ellas y sus familias siguen la situaci&oacute;n a distancia pendientes de cada noticia y cada actualizaci&oacute;n sanitaria. Algunos pasajeros han relatado a varios medios el clima de angustia y agotamiento emocional que se vive a bordo desde que se detectaron los primeros casos. Pensar en ellos desde ese lugar nos lleva a la conclusi&oacute;n bastante l&oacute;gica de que es importante que, cuanto antes, reciban atenci&oacute;n m&eacute;dica, apoyo psicol&oacute;gico y una respuesta sanitaria organizada, mejor para todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, frente a esa reacci&oacute;n profundamente humana, han emergido otras muy distintas en forma de bulos y cadenas de mensajes que llaman a rechazar el barco, e incluso interceptarlo e impedir cualquier acercamiento, es decir, a levantar una especie de frontera de rechazo social contra quienes est&aacute;n dentro. Como si esa manera de actuar fuera una respuesta m&aacute;s razonable que la del operativo en el que participan el Ministerio de Sanidad, Defensa, Interior y Pol&iacute;tica Territorial junto a la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud y la Comisi&oacute;n Europea. Pero este nuevo miedo colectivo nace de la fabricaci&oacute;n de un estado emocional basado en la sospecha, la alarma permanente y la percepci&oacute;n constante de amenaza que tiene, desgraciadamente, en nuestro pa&iacute;s, responsables pol&iacute;ticos bastante reconocibles. Fernando Clavijo expres&oacute; p&uacute;blicamente su rechazo a que el crucero atracara en Canarias. Santiago Abascal ha llegado a acusar al Gobierno de permitir la llegada de &ldquo;un barco con un virus mort&iacute;fero&rdquo; para &ldquo;ocultar las actividades de su mafia&rdquo;. Y Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o habla de &ldquo;confusi&oacute;n&rdquo;, exige &ldquo;todos los documentos que avalen las decisiones sanitarias&rdquo; o se publiquen el nombre de los expertos y cuestiona la gesti&oacute;n de la crisis solo por atacar al Gobierno de Pedro S&aacute;nchez incluso despu&eacute;s de que se sepa que esta est&aacute; coordinada por las autoridades sanitarias nacionales e internacionales de varios pa&iacute;ses.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema es que ese miedo colectivo, que la derecha y la extrema derecha llevan meses alimentando en Espa&ntilde;a (siempre hay una nueva amenaza apocal&iacute;ptica a la que se&ntilde;alar), est&aacute; deteriorando no solo la convivencia y la calidad democr&aacute;tica de nuestro pa&iacute;s, sino tambi&eacute;n la salud mental de nuestra sociedad. Porque activa en parte de la ciudadan&iacute;a respuestas primitivas asociadas al miedo y la hostilidad, debilitando su capacidad de pensar con lucidez ante situaciones complejas como la que ahora plantea la crisis del hantavirus. Lo inquietante es que la neurociencia lleva d&eacute;cadas explicando justo lo contrario de lo que estos discursos pol&iacute;ticos promueven. La empat&iacute;a no es una debilidad moral ni una ingenuidad sentimental, sino que es una capacidad cognitiva sofisticada, vinculada al desarrollo de las funciones ejecutivas, a la cooperaci&oacute;n social y a la propia supervivencia colectiva. Los seres humanos prosperamos precisamente porque aprendimos a colaborar, a cuidarnos y a interpretar el sufrimiento propio y ajeno como algo relevante no solo para nuestra vida individual, sino tambi&eacute;n para la vida en comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la ciencia, la psicolog&iacute;a, el derecho y el conocimiento avanzan hacia formas m&aacute;s humanas de convivencia, determinados liderazgos pol&iacute;ticos siguen apelando deliberadamente al miedo, la hostilidad y los impulsos m&aacute;s primarios, disfraz&aacute;ndolos de libertad. Como si quienes no son como nosotros, o no forman parte de los nuestros, solo pudieran entenderse como una amenaza. Como si a&uacute;n vivi&eacute;ramos atrapados en una l&oacute;gica gobernada &uacute;nicamente por el instinto que nos impide reaccionar desde lo que nos hace crecer como personas y avanzar como humanidad: reaccionar con lucidez y humanidad incluso cuando tenemos miedo, ayudarnos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/poquito-empatia-favor_129_13207521.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 May 2026 20:22:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un poquito de empatía, por favor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Hantavirus,Santiago Abascal,Alberto Núñez Feijóo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que los toros enseñan a las infancias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/toros-ensenan-infancias_129_13189110.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b89be676-fbd7-41e2-965a-16bc4fa076e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_1142028.jpg" width="1444" height="812" alt="Lo que los toros enseñan a las infancias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que reciben las personas menores de edad que asisten a un espectáculo taurino no es solo el mensaje de que hay violencia que se permite, sino que esa violencia puede ser admirada, recompensada y convertida en motivo de orgullo, es parte de la fiesta nacional, es una identidad y una tradición</p></div><p class="article-text">
        Sangre y aplausos es lo que, en esencia, se presencia en una plaza de toros. El espect&aacute;culo de c&oacute;mo se tortura a un animal hasta darle muerte. Son las personas expertas en desarrollo infantil, y no el activismo animalista, quienes sostiene que las ni&ntilde;as, ni&ntilde;os y adolescentes que acuden a las corridas de toros no tienen las herramientas cognitivas y emocionales necesarias para comprender la violencia que representan cada una de las escenas de ese ritual de sufrimiento y muerte infligida a un animal indefenso.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;No es una simple cuesti&oacute;n de edad legal, es mucho m&aacute;s, es una cuesti&oacute;n directamente vinculada al desarrollo de las personas menores de edad, a su salud emocional, f&iacute;sica y mental. Por eso, desde la perspectiva de los derechos de las infancias y las adolescencias, el ordenamiento jur&iacute;dico debe trazar con precisi&oacute;n los l&iacute;mites de lo que la infancia puede presenciar, consumir o experimentar cuando esos contenidos entra&ntilde;an una exposici&oacute;n a la violencia expl&iacute;cita con efectos perjudiciales y perturbadores sobre quienes a&uacute;n est&aacute;n form&aacute;ndose neurol&oacute;gicamente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese argumento, el de la protecci&oacute;n de la infancia frente a contenidos perturbadores o potencialmente perjudiciales, es parad&oacute;jicamente el mismo que invoca el sector ideol&oacute;gico que impulsa los toros y las escuelas de tauromaquia dirigidas a personas menores de edad cuando exige retirar de las bibliotecas p&uacute;blicas libros relacionados con la diversidad sexual, defiende el pin parental para blindar a sus hijas e hijos de la educaci&oacute;n afectivo-sexual o reacciona tap&aacute;ndoles los ojos ante una mujer desnuda o el beso de dos personas del mismo sexo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Resulta dif&iacute;cil comprender cu&aacute;l es la l&oacute;gica de esa supuesta protecci&oacute;n y qu&eacute; valores quieren transmitir a ni&ntilde;as, ni&ntilde;os y adolescentes cuando cuestionan o restringen herramientas educativas y culturales orientadas a prevenir la violencia entre las personas, sean estas adultas o menores de edad, mientras normalizan -e incluso subvencionan- la exposici&oacute;n y ense&ntilde;anza de una cultura centrada en torturar y matar animales reales con las propias manos cuando en una clara posici&oacute;n de subordinaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La tauromaquia es un rito de iniciaci&oacute;n en una forma muy concreta de hombr&iacute;a. En un modelo de masculinidad que se construye en torno a la dominaci&oacute;n, al control del miedo y a la capacidad de imponerse sobre otro ser vivo cuya vida se considera prescindible. Las personas menores de edad que se forman en ese entorno interiorizan jerarqu&iacute;as, roles y formas de relaci&oacute;n con la violencia que, al presentarse como leg&iacute;timas y merecedoras de aplauso, se instalan como referencia de lo que significa ser valiente, ser hombre. Lo que transmite la tauromaquia no es &uacute;nicamente un arte o una tradici&oacute;n, es una manera de entender la dominaci&oacute;n del hombre sobre el resto de las vidas como parte de un orden natural.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que ven las ni&ntilde;as, ni&ntilde;os y adolescentes que acuden a un espect&aacute;culo taurino es la muerte cruel, violenta y sangrienta de un toro encerrado en un espacio del que no va a salir con vida. Se ven involucrados como parte de una expresi&oacute;n colectiva que celebra una violencia de la que no solo son testigos, porque la experiencia tambi&eacute;n les atraviesa emocional y cognitivamente. Esto -dicen personas expertas en psicolog&iacute;a infantil- es lo que provoca que dicha experiencia tenga altas probabilidades de impactar en su forma de comprender el da&ntilde;o y la empat&iacute;a, al no poder entender por qu&eacute; se celebra un sufrimiento que en cualquier otro contexto se les ense&ntilde;ar&iacute;a a rechazar.
    </p><p class="article-text">
        Lo que reciben las personas menores de edad no es solo el mensaje de que hay violencia que se permite, sino que esa violencia puede ser admirada, recompensada y convertida en motivo de orgullo, es parte de la fiesta nacional, es una identidad y una tradici&oacute;n. Es decir, incuestionable. Por eso el Comit&eacute; de los Derechos del Ni&ntilde;o de Naciones Unidas lleva desde 2018 se&ntilde;alando a Espa&ntilde;a que proh&iacute;ba la participaci&oacute;n y la asistencia de personas menores de edad a los espect&aacute;culos taurinos, y por eso en enero de 2025 ha vuelto a insistir en la urgencia de tomar medidas concretas. Una advertencia basada en est&aacute;ndares internacionales de protecci&oacute;n de las infancias frente a la exposici&oacute;n a la violencia y sus consecuencias en el desarrollo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los mismos est&aacute;ndares que, no por casualidad, tambi&eacute;n promueven la educaci&oacute;n en diversidad, en igualdad y en derechos humanos como herramientas fundamentales para que ni&ntilde;as, ni&ntilde;os y adolescentes aprendan a reconocer el da&ntilde;o, a desarrollar empat&iacute;a, a identificar las violencias que les amenazan y a construir relaciones basadas en el respeto a todas las vidas humanas y no humanas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/toros-ensenan-infancias_129_13189110.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 May 2026 19:30:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo que los toros enseñan a las infancias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Toros,Infancia,PP - Partido Popular]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El juez de violencia machista que no creía a las mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/juez-violencia-machista-no-creia-mujeres_129_13171045.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/be20550d-d377-4c35-8605-cd0c2b6c85f2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El juez de violencia machista que no creía a las mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando la credibilidad de las mujeres y las infancias que denuncian violencia machista se pone en duda de forma sistemática por quien tiene que interpretar la ley e impartir justicia, la violencia desaparece del análisis jurídico y el juzgado especializado deja de cumplir con su función, deja de proteger, prevenir el riesgo y de aplicar el derecho con perspectiva de género</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Con frecuencia, los jueces adoptan normas r&iacute;gidas sobre lo que consideran un comportamiento apropiado de la mujer y castigan a las que no se ajustan a esos estereotipos. El establecimiento de estereotipos afecta tambi&eacute;n a la credibilidad de las declaraciones, los argumentos y los testimonios de las mujeres, como partes y como testigos. Esos estereotipos pueden hacer que los jueces interpreten err&oacute;neamente las leyes o las apliquen en forma defectuosa.&rdquo;</em> (CEDAW, Recomendaci&oacute;n General n&ordm; 33, CEDAW/C/GC/33, 23 de julio de 2015)
    </p><p class="article-text">
        Cuando la credibilidad de las mujeres y las infancias que denuncian violencia machista se pone en duda de forma sistem&aacute;tica por quien tiene que interpretar la ley e impartir justicia, la violencia desaparece del an&aacute;lisis jur&iacute;dico y el juzgado especializado deja de cumplir con su funci&oacute;n, deja de proteger, prevenir el riesgo y de aplicar el derecho con perspectiva de g&eacute;nero. Cuando esto sucede, lo que queda es una decisi&oacute;n que, bajo la apariencia de imparcialidad que se le otorga a un juez, vac&iacute;a de contenido todas las garant&iacute;as legalmente previstas precisamente para estos casos, y deja a la v&iacute;ctima expuesta a la violencia machista y a otra violencia m&aacute;s, la institucional.
    </p><p class="article-text">
        Ante este tipo de creencias por parte de algunos titulares de juzgados, como el juez Maman Benchimol, la pregunta es &iquest;qu&eacute; hace un juez as&iacute; en un juzgado de violencia de g&eacute;nero? Porque si no creen a las mujeres y las reducen prejuiciosamente a estereotipos (aprovechadas que manipulan a sus hijas e hijos para quedarse con la casa, apartar al padre y disfrutar de todas &ldquo;las ventajas que tienen&rdquo; las v&iacute;ctimas&ldquo;), su papel pierde todo el sentido; a no ser que est&eacute;n en esas plazas judiciales no para proteger a las mujeres sino a los hombres, para hacer justicia patriarcal.
    </p><p class="article-text">
        Lamentablemente, la misoginia de la que hemos tenido noticia por las palabras del titular del juzgado de violencia sobre la mujer n&uacute;mero 8 de Madrid no es un caso aislado. Responde a una l&oacute;gica jur&iacute;dica conocida y reiteradamente denunciada por diferentes organismos nacionales e internacionales. Una l&oacute;gica en la que el sistema judicial incurre en estereotipos de g&eacute;nero para cuestionar a las madres y priorizar el contacto paterno con las y los hijos comunes en contextos donde existen hechos veros&iacute;miles y compatibles con la violencia de g&eacute;nero. En esta l&iacute;nea, el GREVIO viene advirtiendo con claridad que ordenar la custodia o las visitas sin tener suficientemente en cuenta los antecedentes de violencia y sin una evaluaci&oacute;n adecuada del riesgo para los menores y sus madres no cumple con las obligaciones del art&iacute;culo 31 del Convenio de Estambul.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el juez Maman no debe dar credibilidad tampoco a estos informes sobre lo que pasa en Espa&ntilde;a, porque parece que se dejar&aacute; llevar por la inercia de un sistema judicial que todav&iacute;a no se ha desempolvado algunas creencias del derecho de familia franquista. Ese en el que no se prohib&iacute;a la custodia materna porque ya el padre era el titular principal de la patria potestad, y la madre estaba relegada por ley a una posici&oacute;n subsidiaria. Ese que, cuando una mujer se separaba era castigada sin patria potestad a porque ya no encajaba en el ideal de &ldquo;buena madre&rdquo;. Ese, donde, obviamente, no exist&iacute;a el inter&eacute;s superior del menor, sino un orden familiar atravesado por la moral cat&oacute;lica y los roles de g&eacute;nero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El C&oacute;digo Civil actual, en cambio, es claro, y se aleja mucho de aquella mentalidad que todav&iacute;a tienen tantos jueces y juezas, tambi&eacute;n abogadas y abogados. El art&iacute;culo 92.7 excluye la guarda conjunta cuando existen indicios de violencia de g&eacute;nero. El art&iacute;culo 94 establece l&iacute;mites igualmente claros al r&eacute;gimen de visitas. No son orientaciones abiertas a interpretaci&oacute;n, son l&iacute;mites legales dise&ntilde;ados para evitar el riesgo. A ello se suma que la LO 1/2004, reformada en 2015 para reconocer expresamente a las ni&ntilde;as y ni&ntilde;os como v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero, y la LOPIVI de 2021, que parte del derecho de las infancias a vivir libres de violencia y refuerza su protecci&oacute;n cuando est&aacute;n expuestos a violencia contra las mujeres, conforman un marco normativo que no deja margen de duda.
    </p><p class="article-text">
        Si la custodia compartida no es compatible con la violencia de g&eacute;nero, no es porque sea enemiga de las mujeres, ni porque respondan a supuestos intereses econ&oacute;micos, como afirma el juez Maman. Es porque la custodia compartida presupone cooperaci&oacute;n, confianza m&iacute;nima, comunicaci&oacute;n funcional y reconocimiento rec&iacute;proco de la autoridad parental, condiciones que la violencia de g&eacute;nero destruye al convertir la relaci&oacute;n parental en un espacio de riesgo, control y revictimizaci&oacute;n. Bien deber&iacute;a saberlo quien es titular de un juzgado especializado: aplicar la custodia compartida en estos contextos, ignorando las asimetr&iacute;as de poder y los antecedentes de violencia, no es neutral, sino que produce un efecto discriminatorio y contrario al inter&eacute;s superior del menor.
    </p><p class="article-text">
        No explicar esto y desplazar el foco hacia una supuesta mala fe de las mujeres que denuncia violencia de g&eacute;nero no es solo jur&iacute;dicamente impreciso, sino que supone legitimar, desde espacios institucionales como el ICAM, una aplicaci&oacute;n defectuosa del derecho que, en la pr&aacute;ctica, puede traducirse en exposici&oacute;n continuada al da&ntilde;o para mujeres, ni&ntilde;as y ni&ntilde;os. Justo lo contrario de lo que un juzgado especializado deber&iacute;a garantizar. A no ser que el juez est&eacute; ah&iacute; no para proteger a las mujeres y sus hijos sino al <em>pater familias</em> de la sagrada instituci&oacute;n familiar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/juez-violencia-machista-no-creia-mujeres_129_13171045.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Apr 2026 20:09:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El juez de violencia machista que no creía a las mujeres]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un acuerdo contra la Constitución que incita el odio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/acuerdo-constitucion-incita-odio_129_13152394.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0cdd36ca-1fc9-4675-a66c-4d74b3667c73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un acuerdo contra la Constitución que incita el odio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El problema es que el Partido Popular ha decidido asumir ese marco como propio y, al hacerlo, lo legitima y lo amplifica. La extrema derecha deja de ser una fuerza que presiona desde fuera para convertirse en quien dicta la lógica de un gobierno con un programa que sus electores no votaron</p></div><p class="article-text">
        El acuerdo alcanzado entre PP y Vox para gobernar en coalici&oacute;n la Junta de Extremadura no es una deriva ideol&oacute;gica m&aacute;s, es una quiebra de nuestro modelo constitucional. No estamos ante un programa pol&iacute;tico con el que disentir, estamos ante una arquitectura de exclusi&oacute;n y violencia institucional que reproduce, con perversi&oacute;n inquietante, las pol&iacute;ticas que Donald Trump ha instalado en Estados Unidos. Un sistema que legisla para discriminar, que decide qui&eacute;n merece la protecci&oacute;n del Estado y qui&eacute;n no. Ahora son las personas migrantes, ma&ntilde;ana, las racializadas. Despu&eacute;s, las personas con discapacidad, las comunidades gitanas, las disidencias sexuales... La exclusi&oacute;n es solo un primer paso de la dominaci&oacute;n, la opresi&oacute;n&hellip; de la violencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los l&iacute;deres de Vox celebran p&uacute;blicamente el acuerdo como &ldquo;un hito hist&oacute;rico&rdquo; y alardean de que esta es la primera vez en la historia pol&iacute;tica espa&ntilde;ola en que la que se institucionaliza la discriminaci&oacute;n entre espa&ntilde;oles e inmigrantes en la planificaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas sociales. El eje del acuerdo es la llamada &ldquo;prioridad nacional&rdquo;. No es un simple criterio de gesti&oacute;n administrativa, es la institucionalizaci&oacute;n de una jerarqu&iacute;a de derechos, de vidas. Es la legalizaci&oacute;n de la violencia institucional.<strong> </strong>El acuerdo plantea un sistema en el que el acceso a derechos sociales, econ&oacute;mico y culturales como las prestaciones, la vivienda o los servicios p&uacute;blicos quede condicionado en funci&oacute;n del origen, del arraigo o de la &ldquo;vinculaci&oacute;n con el territorio&rdquo;. Distinguir entre qui&eacute;n merece derechos y qui&eacute;n no tiene un nombre preciso en nuestro ordenamiento: discriminaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El art&iacute;culo 14 de la Constituci&oacute;n no deja margen a la ambig&uuml;edad. La igualdad ante la ley no admite ciudadan&iacute;as de primera y de segunda. Para hacer lo que propone Vox no basta reformar la Ley de Extranjer&iacute;a, como se compromete el PP; habr&iacute;a que cambiar la Constituci&oacute;n. Es m&aacute;s, con este acuerdo, ambos partidos tensan tambi&eacute;n la Ley Org&aacute;nica de Partidos Pol&iacute;ticos, cuyo art&iacute;culo 9 establece que los partidos pol&iacute;ticos ejercer&aacute;n libremente sus actividades, debiendo respetar la Constituci&oacute;n y la ley, al tiempo que su actividad deber&aacute; ajustarse a los principios democr&aacute;ticos. Este acuerdo ni los representantes pol&iacute;ticos que lo promueven, no respetan la Constituci&oacute;n, y este acuerdo representa una actividad que no se ajusta a los principios democr&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Las medidas concretas revelan la magnitud del problema. Vox sabe (como lo sabe el PP) que hay conflictos de competencias insalvables y claros vicios de inconstitucionalidad en lo que dicen que har&aacute;n. Pero su intenci&oacute;n va m&aacute;s all&aacute; de ocupar gobiernos. Quieren ocupar las mentes, corromper la convivencia, lograr que lo que hoy resulta inadmisible empiece a parecer razonable. Porque una vez introducido el principio de &ldquo;prioridad nacional&rdquo;, lo que se erosiona no es solo el acceso a determinados derechos, sino el fundamento mismo de la igualdad. Se instala la idea de que hay personas m&aacute;s leg&iacute;timas que otras para ser protegidas por lo p&uacute;blico. Y cuando eso ocurre, la exclusi&oacute;n (la limpieza) deja de percibirse como una vulneraci&oacute;n de derechos y empieza a justificarse como una opci&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El veto a la asistencia sanitaria a personas en situaci&oacute;n irregular es directamente ilegal. El Tribunal Constitucional ya lo resolvi&oacute;. La atenci&oacute;n sanitaria, incluida la de urgencia, es un derecho subjetivo que ninguna norma auton&oacute;mica puede retirar y el TC ya lo ha blindado. Vincular el acceso a vivienda y ayudas p&uacute;blicas al arraigo o al empadronamiento prolongado contradice frontalmente los art&iacute;culos 13 y 14 de la Constituci&oacute;n y la Ley 15/2022, que proh&iacute;be expresamente la discriminaci&oacute;n por origen nacional o &eacute;tnico. El requisito de cinco a diez a&ntilde;os de empadronamiento continuado para acceder a vivienda protegida es lo que la Directiva 2000/43/CE define como discriminaci&oacute;n indirecta, es decir, una medida aparentemente neutra que produce un impacto desproporcionado sobre personas de origen extranjero, sin justificaci&oacute;n objetiva ni proporcionada. La prohibici&oacute;n del burka y el niqab en espacios de prestaci&oacute;n de servicios p&uacute;blicos vulnera el art&iacute;culo 16 de la Constituci&oacute;n y discrimina a un colectivo singularizado por religi&oacute;n, etnia y origen. La supresi&oacute;n del programa de ense&ntilde;anza de lengua &aacute;rabe y cultura marroqu&iacute; choca con el art&iacute;culo 27 de la Constituci&oacute;n y con compromisos bilaterales con Marruecos.
    </p><p class="article-text">
        Pero es en el tratamiento de la infancia migrante donde el acuerdo muestra con mayor claridad su ruptura con el Estado de Derecho. Plantear la devoluci&oacute;n de personas menores de edad no acompa&ntilde;adas excede las competencias auton&oacute;micas y vulnera principios b&aacute;sicos del ordenamiento espa&ntilde;ol e internacional. El inter&eacute;s superior del menor, la prohibici&oacute;n de devoluciones autom&aacute;ticas y el deber de protecci&oacute;n de la infancia en situaci&oacute;n de desamparo son obligaciones jur&iacute;dicas vinculantes, recogidas en la Convenci&oacute;n sobre los Derechos del Ni&ntilde;o, ratificada por pr&aacute;cticamente toda la comunidad internacional (con la excepci&oacute;n de Estados Unidos y Yemen) y plenamente integrada en nuestro sistema jur&iacute;dico. La infancia no puede ser tratada como un instrumento de control migratorio. La experiencia reciente lo confirma. En julio de 2021, los intentos de devoluci&oacute;n de menores desde Ceuta fueron paralizados por los tribunales precisamente por incumplir estas garant&iacute;as b&aacute;sicas.
    </p><p class="article-text">
        Hay adem&aacute;s una dimensi&oacute;n que va m&aacute;s all&aacute; de la inconstitucionalidad de cada medida, y es valorar el potencial de este acuerdo como discurso de odio institucional. El art&iacute;culo 510.1a del C&oacute;digo Penal protege frente a quien fomente o incite la discriminaci&oacute;n por origen nacional. El TEDH tiene establecido que para que exista discurso de odio no hace falta incitar expl&iacute;citamente a la violencia, basta con incitar a la discriminaci&oacute;n o ridiculizar a partes de la poblaci&oacute;n. Es exactamente lo que el Tribunal aplic&oacute; en el caso F&eacute;ret contra B&eacute;lgica, donde conden&oacute; a un pol&iacute;tico de extrema derecha por un discurso xen&oacute;fobo dirigido a restringir derechos de personas migrantes. Cuando desde Vox se califica la discriminaci&oacute;n entre espa&ntilde;oles e inmigrantes de &ldquo;hito hist&oacute;rico&rdquo; y &ldquo;eje estrat&eacute;gico&rdquo; se producen declaraciones que, bajo ese est&aacute;ndar y el del art&iacute;culo 510.1a del C&oacute;digo Penal, podr&iacute;an sustentar una denuncia ante la Fiscal&iacute;a Delegada en Delitos de Odio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el problema no es &uacute;nicamente Vox. El problema es que el Partido Popular ha decidido asumir ese marco como propio y, al hacerlo, lo legitima y lo amplifica. La extrema derecha deja de ser una fuerza que presiona desde fuera para convertirse en quien dicta la l&oacute;gica de un gobierno con un programa que sus electores no votaron, para eso ya hubieran votado a Vox. El PP es el que est&aacute; desplazando el umbral de lo aceptable, el que est&aacute; tensionando la Constituci&oacute;n y el propio sistema con tal de permanecer en el poder. Porque el da&ntilde;o m&aacute;s profundo de este acuerdo no es solo lo que pretende prohibir, recortar o expulsar, es el marco narrativo, de creencias y no-convivencia que instala. Es la idea de que se puede discriminar, excluir, prescindir de vidas. Ese es el verdadero peligro, sustituir el inter&eacute;s general que define a un Estado social y democr&aacute;tico de Derecho por una l&oacute;gica de &ldquo;prioridad nacional&rdquo; que convierte los derechos en privilegios. Es renuncia al art&iacute;culo 10 de la Constituci&oacute;n que dice que&nbsp;&ldquo;la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los dem&aacute;s son fundamento del orden pol&iacute;tico y de la paz social.&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/acuerdo-constitucion-incita-odio_129_13152394.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2026 20:22:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un acuerdo contra la Constitución que incita el odio]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué más necesitan probar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/necesitan-probar_129_13134583.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/241d1566-082e-4f1b-b746-ca341940e1f2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué más necesitan probar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Su madre fue la víctima número 49 de aquel 2023. Tenía 36 años. Ellas, sus hijas, tienen ahora 5 y 10. Su abuela fue desahuciada en enero pasado. A esas dos niñas, la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid les ha denegado, por segunda vez, la beca de comedor </p></div><p class="article-text">
        Su madre fue la v&iacute;ctima n&uacute;mero 49 de aquel 2023. Ten&iacute;a 36 a&ntilde;os. Ellas, sus hijas, tienen ahora 5 y 10. Son tambi&eacute;n las nietas de una mujer que a sus 65 a&ntilde;os fue desahuciada el pasado mes de enero de lo que hab&iacute;a sido el hogar familiar en Villaverde. A estas dos ni&ntilde;as, la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n de la Comunidad de Madrid les ha denegado, por segunda vez, la beca de comedor. Lo ha hecho cuando apenas quedan tres meses de curso. Lo ha hecho a pesar de que esa unidad familiar, ellas y su abuela, cumple sobradamente los requisitos.
    </p><p class="article-text">
        Estas ni&ntilde;as son v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero. Han intentado acceder a esas becas por esa v&iacute;a, pero tambi&eacute;n cumplir&iacute;an el criterio econ&oacute;mico. Ellas y su abuela sobreviven con unos 600 euros mensuales procedentes de los trabajos espor&aacute;dicos de limpieza y cuidados que hace la mujer de 65 a&ntilde;os. Si no reciben ninguna ayuda, ni siquiera el ingreso m&iacute;nimo vital, no es por un problema de falta de requisitos. Es otra cosa, se llama violencia institucional. Una violencia que no siempre se presenta como un acto visible, sino como una cadena de omisiones, retrasos y decisiones que, acumuladas, producen da&ntilde;o. Una violencia que aparece cuando las instituciones no act&uacute;an, o act&uacute;an tarde, o act&uacute;an mal, incumpliendo su obligaci&oacute;n de proteger.
    </p><p class="article-text">
        Las administraciones p&uacute;blicas deber&iacute;an haber protegido a estas dos ni&ntilde;as, deber&iacute;an protegerlas todav&iacute;a. No solo por ser v&iacute;ctimas directas de la violencia machista, o por ser hu&eacute;rfanas, o por encontrarse su familia en una situaci&oacute;n de claro empobrecimiento. Sino tambi&eacute;n y, ante todo, porque son ni&ntilde;as. Ni&ntilde;as. Da miedo que ante tanta negligencia acumulada la respuesta institucional acabe siendo la institucionalizaci&oacute;n, separarlas de su abuela e internarlas en un centro de protecci&oacute;n. No ser&iacute;a la primera vez que el sistema, incapaz de ofrecer recursos a una familia, elige romperla, destrozarla. Pero eso es para otra conversaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cuando su madre fue asesinada exist&iacute;a una deuda hipotecaria sobre la vivienda familiar y ninguna administraci&oacute;n se sinti&oacute; interpelada a actuar. Tampoco la entidad financiera, Caixabank, ofreci&oacute; moratoria alguna tras el crimen machista. El sistema sigui&oacute; su curso. Quien s&iacute; reaccion&oacute; fue una sociedad inmobiliaria, Ciclevile SL. Compr&oacute; la deuda. Despu&eacute;s reclam&oacute; la propiedad. Ante el impago, desahucio. El juzgado no consider&oacute; los informes de vulnerabilidad aportados y la abogada de oficio ni se present&oacute; el d&iacute;a del lanzamiento. La abuela y sus nietas se enteraron de lo que iba a ocurrirles sin que nadie con obligaci&oacute;n de informarlas lo hubiera hecho. Tambi&eacute;n eso es violencia institucional, tambi&eacute;n eso es para otra conversaci&oacute;n que queda pendiente.
    </p><p class="article-text">
        Nada de esto es excepcional. El caso de estas ni&ntilde;as, de su madre y de su abuela (todo mujeres) no es una anomal&iacute;a, es una imagen precisa de c&oacute;mo funciona la jerarqu&iacute;a institucional de las vidas de las familias pobres, especialmente formadas y encabezadas por mujeres. En un estudio de FAMS publicado en 2025 sobre c&oacute;mo la violencia machista a traviesa a las familias en situaci&oacute;n de monomarentalidad, exploramos c&oacute;mo la burocracia, la duda sistem&aacute;tica, el retraso en los procedimientos y el acceso desigual a derechos no son deficiencias t&eacute;cnicas subsanables, sino formas de violencia institucional. La fragmentaci&oacute;n administrativa (certificados que caducan, plazos que no se adaptan, ventanillas que no se comunican entre s&iacute;) no produce solo ineficiencia, produce un da&ntilde;o deliberado sobre quienes m&aacute;s fragilidad presentan.
    </p><p class="article-text">
        No es que el sistema falle, sino que el sistema funciona as&iacute;, externalizando sobre quienes m&aacute;s lo necesitan la carga de demostrar lo que el propio sistema ya sabe. &iquest;O acaso no sabe la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n de la Comunidad de Madrid que estas ni&ntilde;as son v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero? Porque en este caso lo sabe. Sabe que estas ni&ntilde;as son v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero. Sabe cu&aacute;l es su situaci&oacute;n. La pregunta no es qu&eacute; tienen que acreditar, la pregunta es por qu&eacute; tienen que seguir haci&eacute;ndolo. Por qu&eacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/necesitan-probar_129_13134583.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 20:21:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Qué más necesitan probar]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reír la gracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/reir-gracia_129_13118266.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7c23abfd-5c2a-4769-bbed-aa4e0da471b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reír la gracia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Tribunal Supremo le ha respondido al sargento que humilló a una soldado que el que los demás le hayan reído “la gracia” no convierte la humillación en broma. Pero hay una pregunta que la sentencia no responde del todo: qué responsabilidad tienen quienes ríen, quienes consienten con su silencio</p></div><p class="article-text">
        La violencia machista deja de ser un privilegio en el momento en que es nombrada como tal. La impunidad en las violencias machistas es una construcci&oacute;n social que se sostiene sobre el anonimato, sobre la normalizaci&oacute;n, sobre el silencio de quienes saben y miran hacia otro lado, de quienes relativizan, de quienes r&iacute;en la gracia, de quienes piensan en sus propios intereses y alianzas antes que en la integridad y el dolor de las mujeres que son v&iacute;ctimas de esas violencias. La impunidad tambi&eacute;n se sostiene sobre la negaci&oacute;n del da&ntilde;o, sobre la idea de que no pasa nada, por eso empieza a resquebrajarse cuando los nombres dejan de protegerse y se dicen en voz alta rompiendo la certeza de intocable. Que un agresor sepa que su nombre puede acabar en una denuncia, en un expediente, en una investigaci&oacute;n interna, rompe la certeza de intocable.
    </p><p class="article-text">
        Esta misma semana, el Tribunal Supremo ha ratificado la condena a un sargento del Ej&eacute;rcito de Tierra que llevaba a&ntilde;os humillando a una soldado con comentarios de contenido sexual delante de sus compa&ntilde;eros. El sargento gozaba, seg&uacute;n recoge la sentencia, de cierta simpat&iacute;a entre la tropa. Era de los que se dejaban llamar &ldquo;calvo&rdquo; o &ldquo;gordo&rdquo; y a cambio repart&iacute;a motes al resto, un compa&ntilde;ero era el &ldquo;hobbit&rdquo; por su baja estatura y otro el &ldquo;capataz&rdquo; por su parecido con un personaje de Toy Story. Para el sargento condenado, todo formaba parte de un ambiente distendido, de camarader&iacute;a, de familiaridad&hellip; A ese supuesto ambiente de camarader&iacute;a masculina llega una mujer, y lo que para el grupo es rutina, para ella se convierte en exposici&oacute;n, en se&ntilde;alamiento, en degradaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nada m&aacute;s llegar descubre que entre sus compa&ntilde;eros circula un <em>sticker</em> hecho a partir de una foto suya comiendo. Ella se queja, el capit&aacute;n tiene noticia de lo sucedido, interviene y ordena borrar la imagen. Meses despu&eacute;s, al finalizar un ejercicio de tiro, cuando solo faltaba ella por subir al cami&oacute;n, el sargento le grita delante de todos sus compa&ntilde;eros: &ldquo;Sube al cami&oacute;n, que tus compa&ntilde;eros te van a hacer un bukake&rdquo;. M&aacute;s tarde, despu&eacute;s de que ella se cortara el pelo, el sargento le pregunt&oacute; p&uacute;blicamente si se hab&iacute;a vuelto lesbiana y si ahora utilizaba penes de goma. La soldado acab&oacute; de baja por ansiedad; &ldquo;cada vez estaba m&aacute;s deprimida y muy quemada&rdquo;, recoge la sentencia.&nbsp;El sargento recurri&oacute; la primera condena alegando su car&aacute;cter bromista, el ambiente de familiaridad, que aquello no era un delito sino, a lo sumo, una falta disciplinaria. El alto tribunal le responde que el que los dem&aacute;s le r&iacute;an &ldquo;la gracia&rdquo; no convierte la humillaci&oacute;n en broma, que el grupo tolere no convierte lo intolerable en aceptable y que la dignidad de la soldado qued&oacute; irremediablemente da&ntilde;ada, no temporalmente ni levemente, sino irremediablemente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero hay una pregunta que la sentencia no responde del todo: qu&eacute; responsabilidad tienen quienes r&iacute;en, quienes consienten con su silencio. Es esa complicidad del entorno la que realmente sostiene a los agresores, no solo la ausencia de condena judicial sino la ausencia de reproche, de l&iacute;mite, de incomodidad. En otro caso que lleg&oacute; tambi&eacute;n al Supremo, un comandante del Ej&eacute;rcito del Aire fue sancionado con p&eacute;rdida de destino no por agredir directamente sino por tolerar y re&iacute;r los comentarios de un subordinado que humillaba a una teniente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quienes niegan la violencia machista no discuten solo un concepto, necesitan que esa violencia parezca lo normal, lo tolerable, lo que siempre ha existido y por tanto no merece nombre propio ni respuesta penal. La estrategia tiene dos movimientos complementarios, negar el da&ntilde;o y construir la sospecha sobre quien denuncia. El objetivo no es la justicia sino el silencio; y el objetivo de quienes r&iacute;en la gracia, de quienes miran hacia otro lado, de quienes anteponen la lealtad al grupo&nbsp;o a la instituci&oacute;n a la integridad de la v&iacute;ctima, es la propia supervivencia en el orden patriarcal, machista, mis&oacute;gino, racista y capacitista que les beneficia y que tambi&eacute;n temen.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/reir-gracia_129_13118266.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 20:02:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Reír la gracia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia machista,Ejército,Tribunal Supremo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las mujeres iraníes no necesitan salvadores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mujeres-iranies-no-necesitan-salvadores_129_13085827.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c62dd94c-0e55-453e-8ed6-9638da88186f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las mujeres iraníes no necesitan salvadores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si algo necesitan de quienes dicen defenderlas es que dejen de bombardearlas y dejen de instrumentalizarlas. Porque el feminismo no va a ser nunca un lenguaje al servicio de la guerra</p></div><p class="article-text">
        Las mujeres iran&iacute;es no pidieron esto. Ped&iacute;an el fin de la polic&iacute;a moral, el derecho a elegir su vestimenta, igualdad ante la ley y el fin de la impunidad estatal. Lo ven&iacute;an diciendo desde las calles, desde las c&aacute;rceles, desde la rebeli&oacute;n de los velos que dio origen al lema <em>&ldquo;Mujer, Vida, Libertad&rdquo;</em> como grito por la libertad pol&iacute;tica y los derechos fundamentales frente al autoritarismo. Un movimiento de mujeres que surgi&oacute; en 2022 como una respuesta directa a d&eacute;cadas de opresi&oacute;n contra ellas y la imposici&oacute;n obligatoria del hiyab. Cuando los ataques a&eacute;reos de las fuerzas israel&iacute;es y estadounidenses comenzaron en todo Ir&aacute;n el pasado 28 de febrero a las 9:45 (hora local) nadie les hab&iacute;a preguntado si quer&iacute;an esas las bombas que est&aacute;n cayendo sobre las escuelas de sus hijas e hijos, sobre sus familias, sobre sus vidas. Las que reducen a escombros sus hogares. Las que est&aacute;n asesinando a su gente y a ellas mismas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ellas son el pretexto. Las bombas de Israel y de Estados Unidos no caen en su nombre. Porque la violencia no se detiene con m&aacute;s violencia. Netanyahu invoc&oacute; precisamente el lema <em>&ldquo;Mujer, Vida, Libertad&rdquo;</em> para justificar esos bombardeos y Trump habl&oacute; de rescatar al pueblo iran&iacute; de la opresi&oacute;n. Lo que esta guerra produce no es la liberaci&oacute;n de las mujeres iran&iacute;es, sino m&aacute;s precariedad, m&aacute;s destrucci&oacute;n y m&aacute;s violencia sobre ellas y sobre el conjunto de la poblaci&oacute;n civil. El lema que naci&oacute; del asesinato de Jina Mahsa Amini est&aacute; siendo mancillado por los soldados israel&iacute;es que lo escriben en sus armas, no lo est&aacute;n honrando: lo est&aacute;n profanando. Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz, lo ha dicho sin ambig&uuml;edad, los derechos de las mujeres iran&iacute;es no se conquistan con bombas. Se conquistan desde dentro, con las mujeres iran&iacute;es como sujeto, no como s&iacute;mbolo. Esa es la diferencia entre el feminismo como pr&aacute;ctica pol&iacute;tica y el feminismo como coartada geopol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La propaganda de Israel habla de ataques selectivos y eliminaci&oacute;n de l&iacute;deres. Pero calla sobre las miles de personas civiles asesinadas, las ciudades arrasadas, las vidas atravesadas por el terror y la p&eacute;rdida. Mientras construyen un relato err&aacute;tico de victoria, la realidad es otra m&aacute;s de un mill&oacute;n de personas han sido desplazadas, se ha documentado el uso de f&oacute;sforo blanco en zonas residenciales, sanitarios asesinados en el sur del Libano&hellip; e imposible borrar de la memoria el bombardeo sobre la escuela primaria Shajare Tayyebeh (Minab) mientras estaba llena de alumnas y donde al menos 180 personas murieron, en su mayor&iacute;a ni&ntilde;as de entre siete y doce a&ntilde;os. Nadie est&aacute; pensando en las mujeres ni en t&eacute;rminos de vida ni de derechos. Esta l&oacute;gica es la de la muerte, la de la destrucci&oacute;n, la del genocida, la de colonialismo devorando todo deshumanizadamente.
    </p><p class="article-text">
        Nadje Al-Ali, que ha investigado durante d&eacute;cadas los efectos de los conflictos armados sobre las mujeres en Irak y en toda la regi&oacute;n, se&ntilde;ala que las intervenciones militares empeoran sistem&aacute;ticamente la vida de las mujeres, aunque se justifiquen en su nombre. Porque la violencia en una guerra, en un conflicto armado, en la invasi&oacute;n de otro pa&iacute;s, nunca es neutra. Como dice Judith Butler en <em>Marcos de Guerra</em> no todas las vidas son consideradas llorables, hay vidas que cuentan y vidas que no, hay muertes que se narran y otras que se diluyen en cifras. Esa jerarqu&iacute;a del duelo es tambi&eacute;n una forma de violencia. Las ni&ntilde;as de Minab no merecieron un minuto de silencio en ning&uacute;n parlamento occidental.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; en juego no es solo este conflicto concreto, sino los valores que queremos que ordenen el mundo. Las mujeres iran&iacute;es no necesitan salvadores, les basta con que se reconozca su agencia pol&iacute;tica, su capacidad de lucha y su derecho a decidir sobre sus propias vidas sin injerencias que las utilicen como coartada. Si algo necesitan de quienes dicen defenderlas es que dejen de bombardearlas y dejen de instrumentalizarlas. Porque el feminismo no va a ser nunca un lenguaje al servicio de la guerra. Por cierto, defender el derecho internacional no es ingenuidad, es memoria pol&iacute;tica. Es el aprendizaje acumulado de otras guerras, de otros genocidios, de otros cr&iacute;menes horribles donde ya vimos lo que ocurre cuando la fuerza sustituye al Derecho. Es, precisamente, el l&iacute;mite que las sociedades se han dado para que el poder no arrase sin freno, para que la violencia no se convierta en norma. Defenderlo es defendernos sin excepciones, sin jerarqu&iacute;as, sin bombas. Es defender la Vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mujeres-iranies-no-necesitan-salvadores_129_13085827.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2026 21:21:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las mujeres iraníes no necesitan salvadores]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las violencias machistas son crímenes de poder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/violencias-machistas-son-crimenes_129_13067051.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/903d0ef8-4e68-4abd-a6e1-ae1d240d4b0e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las violencias machistas son crímenes de poder"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La violencia machista se alimenta de imaginarios culturales que siguen otorgando legitimidad al control, al castigo o a la dominación del hombre sobre las mujeres (y sus hijas e hijos en el caso de la violencia de pareja o ex pareja)</p></div><p class="article-text">
        Mientras hay quienes discuten si la violencia de g&eacute;nero existe o no, la polic&iacute;a tiene que proteger a decenas de miles de mujeres que son v&iacute;ctimas de las violencias machistas. Mientras algunos cuestionan su existencia,&nbsp;las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad&nbsp;movilizan&nbsp;cada vez m&aacute;s&nbsp;agentes&nbsp;para proteger a&nbsp;a las mujeres, y tambi&eacute;n a sus hijas e hijos.&nbsp;Solo si miramos el sistema de seguimiento policial VioG&eacute;n, a 31 de diciembre de 2025&nbsp;sabremos que&nbsp;103.942 mujeres&nbsp;tienen&nbsp;protecci&oacute;n policial en Espa&ntilde;a&nbsp;en el contexto de la violencia de g&eacute;nero por parte de su pareja o ex pareja.&nbsp;Pero, adem&aacute;s, en&nbsp;m&aacute;s de la mitad de&nbsp;esos&nbsp;casos, esas mujeres tienen hijos e hijas menores de edad a su cargo&nbsp;que de manera indirecta tambi&eacute;n est&aacute;n viviendo bajo esa protecci&oacute;n. En&nbsp;ambos casos,&nbsp;el crecimiento&nbsp;de&nbsp;la protecci&oacute;n policial ante el peligro que representa la violencia machista a las vidas&nbsp;de las mujeres y sus hijas e hijos,&nbsp;se ha incrementado un&nbsp;2%&nbsp;respecto&nbsp;al&nbsp;a&ntilde;o anterior.
    </p><p class="article-text">
        El incremento que refleja ese&nbsp;dato, como todo dato que se analiza de manera monofocal,&nbsp;puede significar varias cosas: que hay m&aacute;s violencia, que hay m&aacute;s denuncias, que la detecci&oacute;n ha mejorado o que m&aacute;s mujeres acceden a los mecanismos de protecci&oacute;n. Probablemente hay algo de todo ello, pero el significado m&aacute;s evidente es el de que la violencia machista&nbsp;sigue produci&eacute;ndose a un ritmo que el sistema no logra detener, que las violencias&nbsp;avanzan&nbsp;igual o&nbsp;m&aacute;s r&aacute;pido que las pol&iacute;ticas destinadas a frenarlas. Est&aacute; fallando la sensibilizaci&oacute;n, prevenci&oacute;n y la educaci&oacute;n, las pol&iacute;ticas en las que se debe invertir&nbsp;cuando el riesgo&nbsp;y el peligro todav&iacute;a no existe. Invertir en el antes y no en el despu&eacute;s&nbsp;porque&nbsp;lo&nbsp;que reflejan las estad&iacute;sticas&nbsp;no&nbsp;son&nbsp;solo un problema&nbsp;sociol&oacute;gico,&nbsp;policial o judicial&nbsp;sino&nbsp;el s&iacute;ntoma de un conflicto profundo sobre el poder, el g&eacute;nero y la autonom&iacute;a de las mujeres.&nbsp;Un conflicto que adem&aacute;s no afecta a todas por igual,&nbsp;las mujeres migrantes, racializadas o en situaci&oacute;n administrativa&nbsp;irregular&nbsp;enfrentan mayores barreras para denunciar, acceder a protecci&oacute;n y ser cre&iacute;das por las instituciones.
    </p><p class="article-text">
        La&nbsp;cuesti&oacute;n central no es &uacute;nicamente c&oacute;mo proteger mejor a las&nbsp;mujeres que sufren las violencias machistas&nbsp;(algo imprescindible)&nbsp;sino&nbsp;que&nbsp;esa&nbsp;violencia&nbsp;deje dereproducirse&nbsp;entre los hombres.&nbsp;Todo este contexto no puede separarse del clima pol&iacute;tico en el que el feminismo es presentado, cada vez con mayor frecuencia, como un adversario. La&nbsp;actual&nbsp;de&nbsp;normalizaci&oacute;n del antifeminismo,el auge de masculinidades reaccionarias,&nbsp;el&nbsp;cuestionamiento de las pol&iacute;ticas de igualdad,&nbsp;los&nbsp;discursos que minimizan la violencia machista&hellip;&nbsp;La violencia machista no aparece en el vac&iacute;o, se&nbsp;alimenta de imaginarios culturales que siguen otorgando legitimidad al control, al castigo o a la dominaci&oacute;n&nbsp;del hombre sobre&nbsp;las mujeres&nbsp;(y sus hijas e hijos en el caso de la&nbsp;violencia&nbsp;de pareja o ex&nbsp;pareja)&nbsp;dentro&nbsp;de las relaciones.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, las&nbsp;violencias machistas tampoco&nbsp;se limitan&nbsp;al &aacute;mbito de la pareja. Las mujeres que participan en la vida p&uacute;blica y pol&iacute;tica&nbsp;vienen&nbsp;enfrentando&nbsp;formas&nbsp;concretas&nbsp;de agresi&oacute;n, de tratos vejatorias: violencia psicol&oacute;gica, digital y, cada vez con mayor frecuencia, amenazas f&iacute;sicas. Cuando esas mujeres son adem&aacute;s racializadas, migrantes o pertenecen a minor&iacute;as religiosas, la violencia se intensifica y adopta tambi&eacute;n formas racistas, islam&oacute;fobas o xen&oacute;fobas.&nbsp;Una&nbsp;violencia pol&iacute;tica&nbsp;de g&eacute;nero&nbsp;que tiene&nbsp;un doble objetivo&nbsp;que&nbsp;estas mujeres&nbsp;abandonen el espacio p&uacute;blico&nbsp;y disciplinar al resto de mujeres&nbsp;en las jerarqu&iacute;as del&nbsp;silencio y dejar claro&nbsp;quienes son los &uacute;nicos legitimados para tener voz y&nbsp;poder&nbsp;en esa&nbsp;esfera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La&nbsp;violencia&nbsp;de g&eacute;nero&nbsp;es una cuesti&oacute;n democr&aacute;tica. Si&nbsp;en&nbsp;un pa&iacute;s&nbsp;como el nuestro,&nbsp;en solo dos meses y medio de 2026,&nbsp;ya son&nbsp;trece las v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero asesinadas&nbsp;(once mujeres, una ni&ntilde;a y un ni&ntilde;o),&nbsp;m&aacute;s de 100.000 mujeres necesitan protecci&oacute;n policial frente a sus parejas o exparejas, y mujeres como Sarah&nbsp;Santolalla o Irene Montero -que participan en la vida pol&iacute;tica&nbsp;y p&uacute;blica-&nbsp;reciben amenazas de grupos extremistas,&nbsp;debemos empezar a plantear el problema en t&eacute;rminos de&nbsp;seguridad&nbsp;p&uacute;blica&nbsp;porque estamos&nbsp;ante&nbsp;una exhibici&oacute;n&nbsp;de poder, ante cr&iacute;menes&nbsp;de poder&nbsp;que amenazan la democracia.&nbsp;O como dice Rita Segato,&nbsp;&ldquo;el&nbsp;crimen contra las mujeres no es moral: es pol&iacute;tico&rdquo;. Nos afectan a todas y todos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/violencias-machistas-son-crimenes_129_13067051.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2026 21:19:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las violencias machistas son crímenes de poder]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia,Machistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Más feminismos, menos religión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feminismos-religion_129_13048132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc0360b-f42d-4d3f-b928-a5d3cd5dc674_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más feminismos, menos religión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El feminismo que necesitamos hoy tiene que ser capaz de ver la imagen completa del patriarcado y del colonialismo, de la violencia de género y de la violencia imperialista, sobre los cuerpos de las mujeres, pero también de los hombres y de las niñas y niños que habitan los territorios saqueados y bombardeados</p></div><p class="article-text">
        La imagen de Trump rodeado de l&iacute;deres religiosos, hombres y mujeres que rezan mientras le imponen las manos, no es una escena espiritual. Es una imagen de poder. Representa la alianza entre la extrema derecha pol&iacute;tica y la extrema derecha religiosa, una alianza que no busca solo ganar elecciones, sino ante todo gobernar las conciencias. Su agenda es global y coordinada, profundamente contraria a los derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        El dios que bendice esta alianza es un dios militarista, negacionista del cambio clim&aacute;tico, c&oacute;mplice de la violencia de g&eacute;nero, que persigue seg&uacute;n el origen y el color de la piel, legitimador de guerras y genocidios&hellip; Es un dios vengativo y cruel. Es el dios que usa la religi&oacute;n como dispositivo de odio.
    </p><p class="article-text">
        La imagen que hemos visto en el Despacho Oval de la Casablanca no es un gesto estramb&oacute;tico de un presidente impredecible, sino que es parte de una transformaci&oacute;n institucional deliberada. En este segundo mandato de Trump, las reuniones gubernamentales se abren con oraciones cristianas y vers&iacute;culos b&iacute;blicos y una reci&eacute;n creada Comisi&oacute;n de Libertad Religiosa trabaja para redefinir los (no) l&iacute;mites entre el Gobierno y la religi&oacute;n con propuestas que incluyen retirar financiaci&oacute;n a escuelas consideradas &ldquo;hostiles a la fe&rdquo; o perseguir a quienes vayan contra la fe cristiana.&nbsp;El propio Trump dej&oacute; claras sus intenciones cuando la present&oacute; el febrero pasado: &ldquo;las personas no pueden ser felices sin religi&oacute;n, sin esa creencia. Traigamos de vuelta a la religi&oacute;n. Traigamos de vuelta a Dios a nuestras vidas (..) Tenemos que traer de vuelta la religi&oacute;n a Estados Unidos, m&aacute;s fuerte que nunca.&rdquo; Si bien fue uno de sus comisionados quien dej&oacute; claro de cu&aacute;l es la motivaci&oacute;n: &ldquo;Estamos en una guerra religiosa y cultural, y cada uno de nosotros es un combatiente.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Pero esta alianza no es nueva. Dorothee S&ouml;lle acu&ntilde;&oacute; en los a&ntilde;os setenta el t&eacute;rmino cristofascismo para describir el apoyo de sectores cristianos al nazismo. En Espa&ntilde;a, esa alianza entre poder pol&iacute;tico autoritario y religi&oacute;n adopt&oacute; otra forma, la del nacionalcatolicismo franquista. Hoy, te&oacute;logos como Juan Jos&eacute; Tamayo hablan de cristoneofascismo para describir la alianza actual entre extrema derecha pol&iacute;tica, ultraliberalismo econ&oacute;mico y movimientos cristianos integristas. En este contexto es imprescindible la lectura de su libro La internacional del Odio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La actual alianza entre la extrema derecha y el fundamentalismo religioso es profundamente reaccionaria en t&eacute;rminos de g&eacute;nero, y sigue siendo profundamente colonial. Durante siglos, el discurso de la &ldquo;civilizaci&oacute;n cristiana&rdquo; ha servido para justificar conquistas, dominaci&oacute;n y extracci&oacute;n de recursos en distintos lugares del mundo. Hoy reaparece con nuevos lenguajes que hablan de defensa de Occidente, lucha contra la decadencia moral, de ideolog&iacute;a de g&eacute;nero, de reemplazo e invasi&oacute;n&hellip; En el fondo, se trata del mismo relato en el que una civilizaci&oacute;n se presenta como superior y que necesita enemigos para reafirmarse. Una civilizaci&oacute;n que lleva siglos explotando y expoliando los cuerpos y los territorios de esos otros pueblos a los que ni miramos ni nos conmueven porque est&aacute;n en esos m&aacute;rgenes a los que no llega nuestra &ldquo;emp&aacute;tica blanquitud&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Trump est&aacute; haciendo del nacionalismo cristiano uno de los pilares de su liderazgo pol&iacute;tico. Se presenta como un defensor de la fe, como el l&iacute;der elegido por Dios para restaurar y proteger los valores tradicionales de Occidente. Ese nacionalismo cristiano necesita un enemigo interior (la inmigraci&oacute;n, el progresismo, el feminismo, la diversidad...) y un enemigo exterior (la inmigraci&oacute;n, el comunismo, el islam...) para cohesionar a sus electores y legitimar su poder. En ese marco, la religi&oacute;n no es espiritualidad sino violencia, un relato que sacraliza al l&iacute;der de la naci&oacute;n y convierte la violencia en una guerra santa. Convierte la pol&iacute;tica exterior es una misi&oacute;n mesi&aacute;nica que defiende la superioridad moral de Occidente para justificar intervenciones, expansi&oacute;n de intereses estrat&eacute;gicos y las violaciones del derecho internacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Religi&oacute;n, naci&oacute;n y supremac&iacute;a civilizatoria se entrelazan para sostener estructuras de dominaci&oacute;n que no son nuevas, porque son el mismo proyecto colonial de siempre, ahora relanzado desde la Casa Blanca con una Biblia en la mano. Frente a ello, necesitamos un feminismo que no puede ser liberal ni solo occidental. El feminismo que necesitamos hoy tiene que ser capaz de ver la imagen completa del patriarcado y del colonialismo, de la violencia de g&eacute;nero y de la violencia imperialista, sobre los cuerpos de las mujeres, pero tambi&eacute;n de los hombres y de las ni&ntilde;as y ni&ntilde;os que habitan los territorios saqueados y bombardeados. Porque todas estas violencias tienen el mismo origen y se sostienen mutuamente. Un feminismo antirracista y decolonial no es una opci&oacute;n m&aacute;s dentro del movimiento, ahora m&aacute;s que nunca es la condici&oacute;n para que el movimiento sea verdaderamente emancipador.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feminismos-religion_129_13048132.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Mar 2026 20:32:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Más feminismos, menos religión]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo correcto o lo incorrecto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/correcto-incorrecto_129_13028162.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/21afb3ac-01f6-46c0-9817-0697e1c54c82_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo correcto o lo incorrecto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se trata de moral, ni de religión, tampoco de tradiciones ni prácticas culturales. Ni siquiera se trata de lo legal y lo ilegal. Lo correcto y lo incorrecto son respuestas que damos a las situaciones que nos interpelan en el momento en el que estamos y que ponen al descubierto cuáles son nuestros valores</p></div><p class="article-text">
        Vivimos en una &eacute;poca en la que ser grosero, maleducado, mentiroso, machista, racista y hom&oacute;fobo otorga un tipo de protagonismo inesperado, y no necesariamente negativo. Hay quienes encuentran en la agresividad, la burla, la insensibilidad e incluso la humillaci&oacute;n, ese frenes&iacute; que les hace sentirse alguien, sentirse algo. Hay que reconocer que no son tantos como parecen, pero s&iacute; los suficientes como para hacerse notar. Se instalan en esta nueva impostura social por placer, por aburrimiento, por no ser menos y, tambi&eacute;n, por tratar de encajar. Pertenencia e identidad desde el lugar incorrecto de la Historia. Desinhibici&oacute;n y frenes&iacute;. Agresividad, burla, insensibilidad e incluso humillaci&oacute;n. Todo ello cuenta, adem&aacute;s, con las bendiciones de la extrema derecha, el matonismo liberador de las ataduras de lo woke. Todo vale.
    </p><p class="article-text">
        Hace unas semanas, la actriz Jane Fonda, en The Late Show with Stephen Colbert, hizo una reflexi&oacute;n que me result&oacute; especialmente sugerente en este tiempo de b&uacute;squeda. Dec&iacute;a: &ldquo;Estamos viendo cosas que nunca antes hab&iacute;an sucedido. El autoritarismo se ha infiltrado en cada rinc&oacute;n de nuestro gobierno. (&hellip;) Est&aacute;n sucediendo cosas realmente malas. Y no es cuesti&oacute;n de derecha o izquierda. No me importa a qu&eacute; partido pertenezcas. Es cuesti&oacute;n de lo correcto o lo incorrecto. &iquest;Verdad?&rdquo;. No hablaba Jane Fonda desde la superioridad moral, hablaba desde el lugar donde se construye o destruye humanidad. Hablaba desde los derechos humanos, pero tambi&eacute;n desde los valores que inspiran y sostienen estos derechos. Interpelando a quien la escuchara a preguntarse sobre si est&aacute; hablando, actuando o dejando de hacer desde lo correcto y lo incorrecto como Humanidad. Volvamos a lo b&aacute;sico: al respeto, la empat&iacute;a, la solidaridad y el amor.
    </p><p class="article-text">
        No es una reflexi&oacute;n que solo afecta a problemas globales como el genocidio de Gaza, la invasi&oacute;n de Ucrania, el extractivismo de las grandes corporaciones tecnol&oacute;gicas, las violaciones de derechos humanos en las fronteras, las redadas racistas en barrios multiculturales como Lavapi&eacute;s&hellip; No, estoy pensando en esa impostura cotidiana de quienes obvian conscientemente el lenguaje inclusivo, niegan la violencia machista, desprecian a las mujeres que denuncian acoso, insultan a una persona por el color de su piel, se sienten superiores que quienes migran a nuestro pa&iacute;s, se burlan de ni&ntilde;as y ni&ntilde;os que forman parte de los therian acos&aacute;ndoles p&uacute;blicamente, especulan con los precios de sus propiedades por codicia... &iquest;Acaso no saben estas personas qu&eacute; es lo correcto o lo incorrecto en conciencia? &iquest;Lo justo y lo injusto?
    </p><p class="article-text">
        Lo correcto y lo incorrecto no son reglas inflexibles. No se trata de moral, ni de religi&oacute;n, tampoco de tradiciones ni pr&aacute;cticas culturales. Ni siquiera se trata de lo legal y lo ilegal. Lo correcto y lo incorrecto son respuestas que damos a las situaciones que nos interpelan en el momento en el que estamos y que ponen al descubierto cu&aacute;les son nuestros valores y si estos est&aacute;n alineados con los valores universales, de derechos, de principios y de convivencia que sabemos nos conducen al entendimiento y la paz. Lo correcto y lo incorrecto frente a la &eacute;lite del odio es decidir qu&eacute; hacer. Hay una frase de Martin Luther King, Jr. que dice: &ldquo;Siempre es el momento adecuado para hacer lo correcto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo correcto en derechos humanos implica respetar la dignidad intr&iacute;nseca a todo ser humano. Por eso no tiene cabida el desprecio con el que la extrema derecha trata a las vidas migrantes, a las personas diversas, a quienes representan la diferencia. Lo correcto es garantizar igualdad, libertad y no discriminaci&oacute;n desde un prisma de bien com&uacute;n y justicia social, contraponi&eacute;ndose a los postulados neoliberales que defienden el uso de la libertad de manera individualista y ego&iacute;sta. Lo correcto es defender el valor de los derechos humanos frente a quienes necesitan que estos desaparezcan para gozar de impunidad ante las violaciones de derechos que cometen. Y esto no es una intuici&oacute;n personal, es la herencia de una genealog&iacute;a feminista y de movimientos sociales que nos precedieron en otras crisis, en otros momentos de avance del fascismo. El feminismo nos ense&ntilde;a que lo personal es pol&iacute;tico y los movimientos por los derechos civiles, por los derechos LGTBIQ+, por la justicia social, por el cambio clim&aacute;tico&hellip; nos recuerdan que los avances no son autom&aacute;ticos y que cada retroceso comienza naturalizando las peque&ntilde;as humillaciones y no poniendo l&iacute;mites a quienes las protagonizan con antivalores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/correcto-incorrecto_129_13028162.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Feb 2026 21:18:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo correcto o lo incorrecto]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Desde cuándo importan tanto los burkas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/importan-burkas_129_13008921.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aea0d475-4b4d-4c0d-987a-b96c8da78a17_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desde cuándo importan tanto los burkas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El principal error de la izquierda y de quienes no se identifican como de derechas es asumir como propios los temas de una agenda que utiliza los derechos humanos, también de las mujeres, de manera selectiva para sus campañas de odio, para su agenda anti-derechos</p><p class="subtitle">Burka: mujeres musulmanas bajo el fuego cruzado</p></div><p class="article-text">
        De derecha a izquierda no queda nadie en la blanquitud occidental que no afirme contundentemente que el burka es &ldquo;una salvajada&rdquo;. Ha tenido que venir Vox a iluminarnos en esta cuesti&oacute;n con una provocadora y racista proposici&oacute;n. Gracias a la extrema derecha, las y los espa&ntilde;oles han descubierto, de pronto, que la imposici&oacute;n del burka a una mujer es intolerable. La soluci&oacute;n parece de simple sentido com&uacute;n, especialmente si se razona el problema desde la mentalidad colonial habitual. La soluci&oacute;n no es otra que otra imposici&oacute;n: prohibir el burka. Y as&iacute;, bajo una l&oacute;gica improvisada llena de simplificaci&oacute;n, ahora la pugna pol&iacute;tica puede llegar a ser qu&eacute; partido, dentro del abanico parlamentario, se marca el tanto de aprobar una norma contra el burka y el niqab. Lo que los partidos, de izquierda y de derecha, nacionalistas o no, viven como batalla pol&iacute;tica, no es otra cosa que una batalla cultural en la que Vox les ha colado un gol. La &uacute;nica diferencia entre unos y otros es el grado de racismo que sostiene sus propuestas: unos invocan los derechos de las mujeres desde una convicci&oacute;n impostada y otros los usan como coartada para naturalizar su agenda de odio y antiinmigraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y el feminismo qu&eacute; dice? Algo tendremos que decir. El feminismo blanco, inc&oacute;modo ante la pluralidad de mujeres y la diversidad sexual, se arrima a esas respuestas punitivistas. Los otros feminismos, los que habitan los m&aacute;rgenes, hacen reflexiones que van m&aacute;s all&aacute; de polarizar el debate entre prohibir o no prohibir. Ponen el foco en lo evidente, en c&oacute;mo Vox ha logrado imponer un marco racista a su falso feminismo (feminacionalismo) que deja al descubierto el fr&aacute;gil conocimiento en materia de derechos humanos de la clase pol&iacute;tica y de quienes, desde tribunas, micr&oacute;fonos, columnas..., se presentan como defensores de la prohibici&oacute;n mientras razonan desde el privilegio, el desconocimiento y un racismo interiorizado que ni siquiera identifican como tal. Como al final, como dicen Afrofemninas, <a href="https://afrofeminas.com/2026/02/17/no-molestan-las-prendas-molestan-las-mujeres-que-las-llevan/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;el cuerpo de la mujer con niqab no molesta por lo que hace; molesta por lo que representa en el imaginario de quienes construyeron Europa como proyecto racial y cristiano&rdquo;.</a>
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, ni en este ni en otros debates que pone encima la extrema derecha, la respuesta pasa por aceptar el marco que impone con sus iniciativas racistas, machistas y clasistas, propuestas en las que se acuerdan de la dignidad de la mujer si les vale para asociar inmigraci&oacute;n e inseguridad o a una falsa llegada masiva de inmigrantes que amenazan la cultura occidental. Ese es precisamente el principal error de la izquierda y de quienes no se identifican como de derechas, asumir como propios los temas de una agenda que utiliza los derechos humanos, tambi&eacute;n de las mujeres, de manera selectiva para sus campa&ntilde;as de odio, para su agenda anti-derechos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Respecto al uso del burka o el niqab, y a lo que significan en la vida de las mujeres en aquellos Estados cuyas pol&iacute;ticas religiosas reprimen con dureza y crueldad a ni&ntilde;as, adolescentes y mujeres y sus derechos sexuales y reproductivos, la posici&oacute;n desde la defensa de los derechos humanos viene siendo clara, se denuncia sin ambig&uuml;edades las pr&aacute;cticas sostenidas en tradiciones o interpretaciones religiosas que implican trato cruel, inhumano o degradante. Desde los derechos humanos no hay relativismo posible cuando el Estado y la religi&oacute;n convierten el cuerpo de las mujeres en instrumento de control y castigo, sea la religi&oacute;n isl&aacute;mica, el catolicismo, los evangelistas, los ortodoxos u otras creencias fundamentalistas.
    </p><p class="article-text">
        Pero el debate incorpora matices decisivos cuando esas pr&aacute;cticas se sit&uacute;an en un contexto social, legal y religioso muy alejado del que viven las mujeres en Afganist&aacute;n, en Ir&aacute;n o en Arabia Saud&iacute;. Un contexto donde la pregunta no es solo qu&eacute; simboliza una prenda, sino qu&eacute; efectos tiene prohibirla, no vaya a ser que se est&eacute; imponiendo otro dogma moral con la excusa de la libertad, &iquest;qu&eacute; libertad? Porque tanto imponer como prohibir puede vulnerar derechos en nuestro contexto y, lejos de proteger a las mujeres, puede agravar su exclusi&oacute;n, reforzar su aislamiento y su discriminaci&oacute;n. Vincular del burka o el niqab, de manera generalizada y simplificada, a una supuesta amenaza cultural o disfrazarlo de defensa de los derechos de las mujeres no solo distorsiona el debate, sino que alimenta una narrativa que amplifica el rechazo a las personas de origen musulm&aacute;n o cuya religi&oacute;n sea el Islam e invisibilizan otras desigualdades y graves violencias que sufren estas mismas personas en nuestra propia sociedad, precisamente como consecuencia de su fe o de su origen.
    </p><p class="article-text">
        De repente, ahora urge legislar contra el burka y el niqab. La misma semana en que tres mujeres han sido asesinadas, dos de ellas junto a sus hijos, lo urgente para el PP, para Vox y tambi&eacute;n para Junts es prohibir el burka. Mientras tanto, en sus gobiernos auton&oacute;micos y municipales se cuestionan leyes de igualdad, se vac&iacute;an pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, se relativiza la violencia machista y se reducen presupuestos a los centros y servicios donde las mujeres pueden encontrar protecci&oacute;n. Esa habilidad de la extrema derecha, conseguir que hablemos del burka mientras niegan que el machismo. Y como dice Miquel Ramos, todos picando y todos hablando del burka y la niqab, como si supi&eacute;ramos de lo que estamos hablando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Assiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/importan-burkas_129_13008921.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Feb 2026 21:26:42 +0000]]></pubDate>
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