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    <title><![CDATA[elDiario.es - Elisabet Cabeza]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/elisabet_cabeza/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Elisabet Cabeza]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Melodrama en 3D]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/melodrama_1_4385672.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/116e301d-13c4-4e60-a1b8-1267d95bf471_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Wim Wenders y James Franco. EFE"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Wim Wenders reivindica el formato en un film con reminiscencias de los clásicos norteamericanos firmados por Douglas Sirk</p></div><p class="article-text">
        El Oso de Oro honor&iacute;fico lo recibir&aacute; despu&eacute;s de la proyecci&oacute;n de <em>El cielo sobre Berl&iacute;n</em>, pero Wim Wenders es un cineasta inquieto, en activo, y mientras <em>La sal de la tierra</em> (codirigida junto a Juliano Ribeiro Salgado) espera en la antec&aacute;mara de los Oscar como candidata a mejor documental, la Berlinale ha sido tambi&eacute;n el escenario para la presentaci&oacute;n de su nueva ficci&oacute;n: <em>Every Thing Will Be Fine</em>.
    </p><p class="article-text">
        Wenders ya hab&iacute;a experimentado con el cine en 3D. Su aproximaci&oacute;n al personaje y obra de Pina Bausch fue un &eacute;xito. Buen conocedor y amigo de la core&oacute;grafa, consigui&oacute; que <em>Pina</em> no s&oacute;lo se amoldara a los movimientos de los bailarines sino que acercara tambi&eacute;n al espectador el juego de texturas de sus montajes, todo con una definici&oacute;n arrolladora.
    </p><p class="article-text">
        En esta edici&oacute;n de la Berlinale no se hab&iacute;a publicitado especialmente que <em>Every Thing Will be Fine</em> era tambi&eacute;n en 3D a juzgar por la sorpresa de buena parte de la prensa internacional al recibir las gafas a la puerta del cine. S&iacute; se sab&iacute;an pinceladas del argumento y no parec&iacute;a cuadrar con la apuesta formal. A saber: un escritor (James Franco) atropella a un ni&ntilde;o y la tragedia marca tanto su vida como la de la madre (Charlotte Gainsbourg) y hermano de la v&iacute;ctima. Pero para el director alem&aacute;n tiene su l&oacute;gica: &ldquo;El 3D lo engrandece todo, tambi&eacute;n los sentimientos&rdquo; y no es descabellado aplicarlo a un g&eacute;nero como el melodrama que nunca ha rehuido las posibilidades ofrecidas por la tecnolog&iacute;a en el cine.
    </p><p class="article-text">
        Douglas Sirk, de origen alem&aacute;n como Wenders, es uno de los nombres m&aacute;s asociados al melodrama cl&aacute;sico. Huyendo de la Alemania nazi acab&oacute; afincado en Hollywood y rodando t&iacute;tulos tan emblem&aacute;ticos como <em>S&oacute;lo el cielo lo sabe</em> (1955), <em>Escrito en el viento</em> (1956) o <em>Imitaci&oacute;n a la vida</em> (1959). Sirk tradujo el atormentado mundo interior de sus personajes a la pantalla con la ayuda del tecnicolor y elaborados movimientos de c&aacute;mara. Nunca se amedrent&oacute; a la hora de experimentar con ello y, de haber estado a su alcance, el 3D habr&iacute;a sido incorporado muy probablemente a su lista de herramientas.
    </p><p class="article-text">
        Wenders ha trabajado asiduamente en Estados Unidos tambi&eacute;n aunque no haya tenido que fijar su residencia all&iacute; por obligaci&oacute;n. Otros tiempos los suyos. Pero un cineasta cin&eacute;filo como &eacute;l invita a buscar conexiones y la influencia del cine norteamericano -incluso de la pintura, como la obra de Edward Hopper- se percibe en toda su filmograf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Como Fassbinder antes que &eacute;l, Wenders rinde homenaje en su nueva pel&iacute;cula a Douglas Sirk y al melodrama. Se nota en la composici&oacute;n de buena parte de los planos de <em>Every Thing Will Be Fine</em> y en la exuberante naturaleza de Canad&aacute; -la nieve, los &aacute;rboles de hoja caduca, los prados y lagos- donde transcurre la historia. El rostro imp&aacute;vido de James Franco, con su tupido pelo oscuro, recuerda tambi&eacute;n al de Rock Hudson en <em>S&oacute;lo el cielo lo sabe</em> o <em>Magn&iacute;fica obsesi&oacute;n</em> (1954), pel&iacute;cula en la que un accidente era tambi&eacute;n el desencadenante de la acci&oacute;n.
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        Pero, a diferencia de Sirk, Wenders es contenido en la trama, en la banda sonora y en el perfil de sus personajes, tanto que el espectador que busque la catarsis del llanto est&aacute; destinado al fracaso. En cuanto a la apuesta formal, ser&aacute; debatible la opci&oacute;n del 3D pero llama la atenci&oacute;n que pocos se hayan preguntado por otro problema de profundidad que s&iacute; lastra la pel&iacute;cula: la interpretaci&oacute;n de James Franco. Su frialdad impregna el relato y se acaba a&ntilde;orando el envoltorio <em>kitsch</em> con el que Sirk siempre arropaba a Rock Hudson, dejando a los secundarios la parte del le&oacute;n, de Dorothy Malone a Robert Stack.
    </p><p class="article-text">
        El 3D no lo puede todo en el mundo de las emociones, pero el trabajo de Wenders deja claro que tampoco es un formato exclusivo de pel&iacute;culas de acci&oacute;n o animaci&oacute;n. El tedio que provocan algunas de ellas, adem&aacute;s, ha demostrado que el formato puede resultar in&uacute;til en cualquier g&eacute;nero cinematogr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Si Wenders hubiera rodado en blanco y negro, como en tantas otras ocasiones, habr&iacute;a habido objeciones? En <em>El estado de las cosas</em> (1982) uno de sus personajes afirmaba: &ldquo;La vida es en color, pero el blanco y negro es m&aacute;s realista&rdquo;. Hab&iacute;an pasado d&eacute;cadas desde que el cine invitara a descubrir la <em>realidad</em> en blanco y negro y que la cr&iacute;tica se lamentara del &ldquo;reino de las sombras&rdquo;, tal como describi&oacute; Gorki el invento de los Lumi&egrave;re. Pero con los a&ntilde;os, el cine, tan lleno de vida, <em>pareci&oacute;</em> m&aacute;s realista a las generaciones que se criaron con &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;El 3D para el melodrama? Quiz&aacute; sea solo cuesti&oacute;n de tiempo, de acostumbrarse. <em>Pina</em>, a su manera, ya abri&oacute; el baile de la m&uacute;sica y el drama en tres dimensiones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elisabet Cabeza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/melodrama_1_4385672.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Feb 2015 09:29:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[James Franco,Berlinale,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida de los otros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/sherlock-holmes-bill-condon-ian-mckellen-benedict-cumberbatch-festival-de-berlin-doctor-watson-berlinale_1_4385767.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/608cb5f1-216f-4b77-a671-6f652bdf9c5e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Fotograma de la película Mr Holmes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un Sherlock Holmes perdido en su pasado, un Malick perdido en sí mismo, el elocuente silencio del pasado de barbarie en Indonesia y un inquietante film chileno en el caleidoscopio de la Berlinale</p></div><p class="article-text">
        Desde <em>Dioses y monstruos</em> (1998), Bill Condon estuvo buscando en todos los guiones que llegaban a sus manos la oportunidad de volver a dirigir a Ian McKellen. Si el dueto hab&iacute;a triunfado en el amargo retrato del cineasta James Whale en el mundo del Hollywood cl&aacute;sico y sus glorias venidas a menos, ahora les ha unido otro personaje conocido. Esta vez, sin embargo, salido de la ficci&oacute;n: de la literatura, primero, del cine e incluso la televisi&oacute;n despu&eacute;s, donde Sherlock Holmes ha encontrado otro espacio en el que morar, sin ir m&aacute;s lejos en la serie de &eacute;xito en la que, de la mano de Benedict Cumberbatch, el detective da un salto en el tiempo hasta el siglo XXI.
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    </figure><p class="article-text">
        El Sherlock propuesto por <em>Mr. Holmes</em>, presentada a competici&oacute;n en el Festival de Berl&iacute;n, da otra pirueta en el tiempo, pero esta vez hasta su propia jubilaci&oacute;n. Por el camino ha perdido el &ldquo;Sherlock&rdquo;, al Doctor Watson, el domicilio en Baker Street, su memoria e incluso la sombra de Sir Arhtur Conan Doyle, su creador, aunque haya ganado las artes de quien le interpreta, Sir Ian McKellen, en lo m&aacute;s alto en cuanto alcurnia actoral brit&aacute;nica se refiere.
    </p><p class="article-text">
         En el film de Bill Condon, Holmes es un se&ntilde;or de 93 a&ntilde;os, un personaje real que se queja de la imagen que el p&uacute;blico se ha forjado de &eacute;l gracias a las novelas de su amigo Watson. Curiosos lazos los que traza el oficio del cine y que el Watson televisivo est&eacute; encarnado por Martin Freeman, compa&ntilde;ero de metraje y fatigas en la Tierra Media con Ian McKellen en la trilog&iacute;a de <em>El Hobbit</em>.
    </p><p class="article-text">
        Mr. Holmes, pues, es un detective perspicaz, s&iacute;, pero que reniega de su carga ic&oacute;nica, de la pipa al sombrero. Su imagen no encaja con la que el p&uacute;blico espera, como si a McKellen se le pudiera esperar s&oacute;lo con el atuendo y las barbas de Gandalf, olvidando que, como el actor se encarg&oacute; de recordar en la rueda de prensa en Berl&iacute;n, lleva interpretados ya m&aacute;s de 200 personajes entre cine y teatro a lo largo de su carrera.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula se toma al pie de la letra<em> La vida privada de Sherlock Holmes</em> el t&iacute;tulo con el que Billy Wilder se enfrent&oacute; al detective de Baker Street en 1970. Bill Condon lo presenta luchando contra la p&eacute;rdida de memoria, los achaques de salud y el intento de reconciliarse con el recuerdo de una mujer, su &uacute;ltimo caso. Fuera del h&aacute;bitat refinado en Londres, Holmes vuelve a &ldquo;casa&rdquo;, al campo. Le esperan su casera (Laura Linney) su hijo (Milo Parker), sus colmenas y las heridas a&uacute;n visibles en el paisaje de la Segunda Guerra Mundial.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es un Sherlock Holmes que no es Sherlock Holmes&rdquo;, resume el actor, que vuelve a dar prueba de su calibre como actor. En &eacute;l y en el trabajo de Linney reside el principal atractivo de <em>Mr Holmes</em>. Un caso de realidad <em>versus</em> ficci&oacute;n, de humanizaci&oacute;n del mito, no del todo resuelto.
    </p><p class="article-text">
        La acogida del film fue tibia y las cosas en la secci&oacute;n oficial competitiva de este tramo del festival no mejoraron con la anticipad&iacute;sima reaparici&oacute;n de Terrence Malick con <em>Knight of Cups</em>. Es sabido que Malick, escurridizo como su c&aacute;mara, elude a la prensa pero sus pel&iacute;culas siguen lanz&aacute;ndose en los festivales de cine internacionales como el de Cannes, Venecia y ahora Berl&iacute;n, donde ya tuvo su premi&egrave;re <em>El nuevo mund</em>o (2005).
    </p><p class="article-text">
        La excelencia de su obra, de <em>Malas tierras</em> (1973) a <em>D&iacute;as del cielo</em> (1978) o <em>La delgada l&iacute;nea roja</em> (1998), y los silencios entre ellas le han dado a sus estrenos el aire de un avistamiento del cometa Halley. Pero las cosas han cambiado, las colas en la proyecci&oacute;n de prensa y el sentimiento de agitaci&oacute;n y expectativa en Berl&iacute;n fueron las habituales, lo que vino despu&eacute;s, harina de otro costal. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El bonsai de la vida</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>El &aacute;rbol de la vida</em> (2011) suscit&oacute; el aplauso de la cr&iacute;tica, quiz&aacute; no un&aacute;nime pero abriendo un debate apasionado, en <em>To the Wonder</em> (2012) hubo m&aacute;s bajas<em>.</em> Y, despu&eacute;s del paso por la Berlinale, la cr&iacute;tica que aplaude <em>Knight of Cups</em> ha quedado a&uacute;n m&aacute;s diezmada.
    </p><p class="article-text">
        La soledad, el vac&iacute;o de la vida de un actor de &eacute;xito en Hollywood (Christian Bale), que pasa de los hiperactivos brazos de una mujer 10 a otra (de Cate Blanchett a Natalie Portman, Imogen Poots o Freida Pinto) y se cruza con el recuerdo de un padre agresivo, un hermano problem&aacute;tico, y una larga de lista de cameos como el de Antonio Banderas, es lo que Malick propone en <em>Knight of Cups</em>. La voz en off, los silencios, la fascinaci&oacute;n por el cuerpo, la sinfon&iacute;a de la vida y sus coreograf&iacute;as, la religi&oacute;n, la problem&aacute;tica presencia del padre, la gesti&oacute;n de un pasado en un presente sin rumbo son marca de la casa. Pero lo que en <em>El &aacute;rbol de la vida</em> llegaba a alcanzar resortes profundos aqu&iacute; entra en un bucle de dise&ntilde;o y unos personajes que a pesar de andar descalzos, no tocan de pies en el suelo, perdidos en piscinas, residencias y fiestas con derroche de lujo. Da la impresi&oacute;n que Malick acab&oacute; con las existencias de las agencias de modelos en Los &Aacute;ngeles y de cloro de las piscinas de Beverly Hills, para contar algo que &eacute;l mismo y otros (Sorrentino y <em>La</em> g<em>ran belleza</em>, por ejemplo) contaron antes y mejor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lujos y lujos: dos pel&iacute;culas a tener en cuenta</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entre los t&iacute;tulos que dejar&aacute;n poso de &eacute;sta Berlinale est&aacute; la chilena <em>El club</em>, de Pablo Larra&iacute;n. Despu&eacute;s de <em>Tony Manero</em> (2007), presentado en la Quinzena de Realizadores en Cannes, <em>Post mortem</em> (2010) a competici&oacute;n en Venecia y <em>No</em>, nominada al &Oacute;scar a mejor film en lengua no inglesa en 2012, su nuevo trabajo como director se ha posicionado como una de las candidatas fuertes al palmar&eacute;s berlin&eacute;s.
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        La pel&iacute;cula arranca con el b&iacute;blico &ldquo;y se hizo la luz&rdquo;, pero luz, luz hay poca en esta dura historia de curas en retiro carcelario en una casa al borde del mar y otros precipicios. Los adorables &ldquo;curitas&rdquo; que se nos presenta al principio esconden un pasado de pecados muy graves por los que no han rendido cuentas ante la justicia. La Iglesia &ldquo;administra&rdquo; la cuesti&oacute;n con una supuesta penitencia, un descenso a los infiernos con m&aacute;s de un desv&iacute;o inesperado que ha arrancado aplausos en la Berlinale.
    </p><p class="article-text">
        Confrontar a las v&iacute;ctimas con sus verdugos es lo que hace tambi&eacute;n desde el terreno del documental el norteamericano Joshua Oppenheimer. Tras la magn&iacute;fica y premiada <em>The Act of Killing</em>, vuelve a Indonesia y la masacre perpetrada por su r&eacute;gimen militar en 1965 con <em>The Look of Silence</em>, una pel&iacute;cula que opera a modo de contra plano de la primera. Si en una los asesinos detallaban con trivial y macabra precisi&oacute;n las matanzas que cometieron ante la at&oacute;nita mirada de Oppenheimer, aqu&iacute; los mismos asesinos confrontan con m&aacute;s incomodidad al familiar de una de las v&iacute;ctimas. Su hermano fue torturado y asesinado, uno de los nombres propios de los millares y millares de personas v&iacute;ctimas de la represi&oacute;n interna de Indonesia.
    </p><p class="article-text">
        <em>The Look of Silence</em> le acompa&ntilde;a en su encuentro con algunos de los responsables pol&iacute;ticos y materiales de la masacre, m&aacute;s inc&oacute;modos ante la justificaci&oacute;n moral de sus cr&iacute;menes que ante la posibilidad de hacerse la foto en el lugar del crimen, como si de una cacer&iacute;a se hubiera tratado. El sereno rostro del hermano de la v&iacute;ctima intentado entender el por qu&eacute; de tanta barbarie, y buscando una sombra de arrepentimiento en los ojos de sus interlocutores se cuenta, sin duda, entre el cine m&aacute;s interesante de &eacute;sta Berlinale. Rara vez la mirada hacia el otro ha sido tan elocuente en su silencio. Tras su paso aplaudido paso por Venecia participa fuera de competici&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elisabet Cabeza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/sherlock-holmes-bill-condon-ian-mckellen-benedict-cumberbatch-festival-de-berlin-doctor-watson-berlinale_1_4385767.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Feb 2015 14:09:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vida de los otros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Benedict Cumberbatch,Berlinale]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De Nicole Kidman a Charlotte Rampling, el rostro y el paisaje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/nicole-kidman-charlotte-rampling-paisaje_1_4385528.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7add9e3a-c95b-4756-bb98-276dcefd7efb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El equipo de &quot;Queen of the Desert&quot; a su paso por la Berlinale. EFE"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El retrato de la aventurera Gertrude Bell encarnado por Kidman en "Queen of the Desert" de Werner Herzog y el espléndido trabajo de Rampling en el drama íntimo "45 Years" retoman un clásico del cine: el juego de espejos entre las emociones y la naturaleza y el rostro de la actriz, del actor, como paisaje</p></div><p class="article-text">
        La an&eacute;cdota es conocida: al ver <em>Lawrence de Arabia</em> de David Lean, el dramaturgo brit&aacute;nico No&euml;l Coward le solt&oacute; un piropo a Peter O'Toole: &ldquo;Sales un poco m&aacute;s guapo y tendr&iacute;a que llamarse ya <em>Florence de Arabia</em>&rdquo;. Lo cierto es que en los tiempos del personaje que inspir&oacute; la &eacute;pica de Lean, T.E. Lawrence, el desierto ten&iacute;a ya a su Florence de carne y hueso: Gertrude Lowthian Bell, aventurera, arque&oacute;loga, escritora, esp&iacute;a y/o pol&iacute;tica al servicio del gobierno brit&aacute;nico -seg&uacute;n la fuente consultada-, que tuvo un papel destacado en la reordenaci&oacute;n geopol&iacute;tica de Oriente Pr&oacute;ximo en el contexto de la Primera Guerra Mundial.
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    </figure><p class="article-text">
        Es el personaje que inspira &ldquo;Queen of Desert&rdquo;, presentada a competici&oacute;n en la Berlinale, y firmada por un cineasta capaz de alternar documentales poco complacientes con el <em>mainstream</em> y producciones de Hollywood como la que nos ocupa. Gran presupuesto y reparto estelar, con Nicole Kidman a la cabeza. En la palestra cr&iacute;tica de un festival como el de Berl&iacute;n, tal perfil, provoca recelo, y cierta estupefacci&oacute;n entre las afiladas plumas (l&eacute;ase teclados) de la prensa internacional, al ver al veterano cineasta alem&aacute;n entregarse a una historia de amor de &eacute;poca con factura Merchant Ivory.
    </p><p class="article-text">
        Pero Herzog tiene la virtud de la perpetua curiosidad, como tantos cineastas con a&ntilde;os de oficio, y en Berl&iacute;n exhibi&oacute; sentido del humor y ADN de director hasta en la rueda de prensa, explicando a Kidman una pregunta que no acababa de comprender y planteando otra a Damien Lewis, al ver que al pasar el rato el actor no hab&iacute;a sido objeto de ninguna.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Una confesi&oacute;n: &ldquo;Queen of the Desert&rdquo; contiene &ldquo;la escena m&aacute;s er&oacute;tica que he rodado en mi vida&rdquo;. Dos manos (las de Kidman y James Franco) que se acercan para un truco de cartas sobre el verde de una mesa de billar. Y una promesa: &ldquo;Har&eacute; m&aacute;s pel&iacute;culas con protagonistas femeninas. Tendr&iacute;a que haberlo hecho antes y me alegro que haya pasado al fin.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Da la impresi&oacute;n que, m&aacute;s all&aacute; del resultado, el aut&eacute;ntico explorador de &ldquo;Queen of the Desert&rdquo; es Herzog mismo. Lo dijo James Franco, que disfrut&oacute; con la sensaci&oacute;n de &ldquo;ver a un maestro como &eacute;l enfrentarse a algo nuevo&rdquo;. Fue el personaje de Gertrude Bell lo que le atrajo, dice. Leer sus cartas, sus diarios, le llev&oacute; a interesarse m&aacute;s por el paisaje interior de esta mujer, que a los entresijos pol&iacute;ticos del escenario en el que se movi&oacute; y en los que tambi&eacute;n movi&oacute; hilos. Un contexto tan complicado a&uacute;n que en Berl&iacute;n fue aludido solo de puntillas, no m&aacute;s all&aacute; de que que Herzog expresara su pasi&oacute;n por el desierto, por los beduinos y &ldquo;la dignidad de la vida en el Islam, un mundo que &uacute;ltimamente s&oacute;lo vemos demonizado en los medios, con su raz&oacute;n, claro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si Binoche se &ldquo;lanz&oacute; de cabeza&rdquo; a los rigores del fr&iacute;o invierno para Isabel Coixet y &ldquo;Nadie quiere la noche&rdquo;, Kidman dijo s&iacute; a Herzog sabiendo que no es un &ldquo;tipo que ruede en <em>chroma</em>&rdquo;. El rodaje transcurri&oacute; en Marruecos, localizar en el paisaje original de Siria, Ir&aacute;n, Iraq, era evidentemente imposible. Un recuerdo de que la realidad no se suele doblegar a los finales felices de Hollywood o a pensar que, cuando concluye el film, al finalizar la Primera Guerra Mundial la zona se enfrentaba a un siglo de paz y harmon&iacute;a gracias a los quehaceres de <em>reyes</em> o <em>reinas</em> del desierto como la que presenta la pel&iacute;cula. Lo podr&iacute;a sugerir el plano de Nicole Kidman alej&aacute;ndose a lomos de dromedario hacia el desierto con glorioso acompa&ntilde;amiento filarm&oacute;nico y dando paso a los t&iacute;tulos de cr&eacute;dito.
    </p><p class="article-text">
        <strong>M&aacute;s cine con mujeres</strong>
    </p><p class="article-text">
        Kidman est&aacute; en un punto de su carrera en el que quiere &ldquo;arriesgar&rdquo; y lo &uacute;nico que pregunt&oacute; a Herzog, dice, fue si podr&iacute;a llevarse a sus hijos con ella al rodaje: &ldquo;habr&aacute; una tienda para ellos&rdquo; la tranquiliz&oacute; el cineasta. Y as&iacute;, Kidman se meti&oacute; en la piel de Gertrude Bell, &ldquo;durmiendo bajo las estrellas y haciendo cosas que no hab&iacute;a hecho antes&rdquo;. El rodaje lo guardar&aacute; como un &ldquo;recuerdo exquisito&rdquo;. La actriz aparece en todas las escenas de la pel&iacute;cula salvo la primera, en la piel de un personaje que huye con pasi&oacute;n &ldquo;febril&rdquo; del cors&eacute; victoriano que le corresponde habiendo nacido en el seno de una adinerada familia brit&aacute;nica. Inteligente y con una voluntad de hierro tiene fusta de hero&iacute;na. El mismo Herzog teje el v&iacute;nculo para el an&aacute;lisis en el contexto de su filmograf&iacute;a: se trata de buscar el paisaje interior en los exteriores, lo que la jungla signific&oacute; en <em>Fitzcarraldo</em>, aqu&iacute; lo aporta el desierto, siguiendo la estela del western o el melodrama cl&aacute;sico. Unos g&eacute;neros que la Berlinale rescata con algunos t&iacute;tulos en la retrospectiva dedicada al <em>glorioso</em> Technicolor de Hollywood de los a&ntilde;os 30, 40 y 50.
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        Reflejar la poes&iacute;a, el drama interior del personaje, su amor por el desierto en su mirada de director es &ldquo;por lo que me pagan&rdquo; apunt&oacute; Herzog, como si tentara con una pizca de carnaza a los que ven en &ldquo;Queen of the Desert&rdquo; una pel&iacute;cula de encargo. A&uacute;n en el contexto de una producci&oacute;n de este calibre, otra an&eacute;cdota reveladora. Vio a un hombre con un buitre a pie de carretera, camino a una localizaci&oacute;n y fue un flechazo. El buitre saldr&iacute;a en la pel&iacute;cula, en una escena en la que se supone que Kidman y Franco se besaban por primera vez. Franco dio por hecho que se trataba de un animal amaestrado salido de una de las empresas que los facilitan asiduamente a la industria del cine pero casi le pega un picotazo a Kidman. &ldquo;Qu&eacute; bien amaestrado&rdquo; pens&oacute; el actor. La historia real la supo despu&eacute;s, cuando se hab&iacute;a repuesto de una cabalgata a lomos de un hermoso caballo &aacute;rabe para la que un jinete con poca experiencia como &eacute;l tampoco dir&iacute;amos que estuviera muy <em>adiestrado</em>.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;gracias a Dios no es alemana!&rdquo; de un beduino al personaje encarnado por Kidman desat&oacute; las carcajadas en la proyecci&oacute;n de prensa. Las mismas que se gan&oacute; Robert Pattinson con el <em>look</em> de un joven Lawrence de Arabia. El sentido del humor y el histrionismo de los secundarios salvan parte de la traves&iacute;a del desierto de Herzog, as&iacute; como la sensata decisi&oacute;n de centrarse en la poes&iacute;a y el &ldquo;mundo interior&rdquo; de Gertrude Bell.
    </p><p class="article-text">
        Otra pel&iacute;cula vista en la misma jornada, record&oacute; que la realidad de los paisajes que recorri&oacute; Bell sigue siendo convulsa. La firmaba el cineasta iran&iacute; Jafar Panahi que sigue haciendo cine desde la trinchera, como puede, perseguido por la censura. &ldquo;Esto no es una pel&iacute;cula&rdquo; (2011) lleg&oacute; a Cannes de contrabando y la tuvo que rodar en casa, en arresto domiciliario. &ldquo;Taxi&rdquo;, presentada ahora en la Berlinale, ha sido rodada tambi&eacute;n en un solo espacio, el taxi que el mismo Panahi conduce por las calles de Teher&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Su<em> Offside</em> gan&oacute; el oso de oro en 2006 y su recepci&oacute;n en la Berlinale ha sido c&aacute;lida para una pel&iacute;cula que se interroga sobre el oficio de cineasta en el contexto de una dictadura, una atadura a la que Panahi se resiste en &ldquo;Taxi&rdquo; sin renunciar al humor, m&aacute;s tras la pista de Woody Allen que de Kiarostami.
    </p><p class="article-text">
        En competici&oacute;n, tambi&eacute;n brill&oacute; y mucho la brit&aacute;nica &ldquo;45 Years&rdquo; de Andrew Haigh, protagonizada por Charlotte Rampling y Tom Courtney. El t&iacute;tulo alude al aniversario de boda que celebra un matrimonio, una celebraci&oacute;n&nbsp; empa&ntilde;ada por la noticia del hallazgo en los Alpes del cad&aacute;ver de una antigua novia de &eacute;l, ca&iacute;da al vac&iacute;o durante una excursi&oacute;n. &Eacute;sta vuelta al pasado precipita la reflexi&oacute;n sobre el sentido de la vida en com&uacute;n y de las &ldquo;peque&ntilde;as y grandes&rdquo; decisiones que marcan la vida, no s&oacute;lo la de los protagonistas del film.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Lo grande de &ldquo;45 Years&rdquo; es su sutileza, el calado de su mirada a la vida cotidiana, algo complejo en cine, y la confianza en el rostro de sus actores. Tom Courtney y Charlotte Rampling han un trabajo de premio, su rostro el mejor paisaje que se ha visto hasta ahora en la Berlinale.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elisabet Cabeza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/nicole-kidman-charlotte-rampling-paisaje_1_4385528.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Feb 2015 11:42:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De Nicole Kidman a Charlotte Rampling, el rostro y el paisaje]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Juliette Binoche es una fuerza de la naturaleza"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/isabel-coixet-nadie-quiere-la-noche-belinale-rinko-kikuchi-juliette-binoche-rinko-kikuchi_1_4393588.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf60dc00-33fc-4fa4-b3be-24dde96053b1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La directora Isabel Coixet"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Isabel Coixet inaugura la Berlinale con</p><p class="subtitle">Nadie quiere la noche</p><p class="subtitle">, un drama épico y íntimo protagonizado por la actriz francesa, Juliette Binoche, la japonesa Rinko Kikuchi y el Ártico</p></div><p class="article-text">
        Isabel Coixet es una habitual del Festival de Berl&iacute;n. Ha sido miembro del jurado y seis de sus pel&iacute;culas han participado en el certamen, <em>Mi vida sin m&iacute;</em> y <em>Elegy</em>, a competici&oacute;n, entre ellas. Y la relaci&oacute;n sigue en forma, gracias, lo demuestr&oacute; que la 65 edici&oacute;n del certamen arrancase con la nueva pel&iacute;cula de la directora catalana. Coixet desembarc&oacute; en Berl&iacute;n arropada por sus dos actrices protagonistas: Juliette Binoche, en las <em>pieles</em> de la exploradora &aacute;rtica de principios del siglo XX Josephine Peary, y Rinko Kikuchi, que interpreta a la joven inuit que la acoge en su desesperada expedici&oacute;n al Polo Norte.
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    </figure><p class="article-text">
        Curtidas por una historia que se desarrolla en lo m&aacute;s crudo del crudo invierno &aacute;rtico, no las asusta la alfombra roja bajo cero de una Berlinale que se ha permitido recibir a profesionales del cine y prensa internacionales solo con una fina capa de escarcha y sol.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A Juliette Binoche le fascin&oacute; que llevaras la c&aacute;mara en el rodaje. En este caso, la c&aacute;mara al hombro fu&eacute; un intento de darle un aire contempor&aacute;neo a una historia que transcurre en 1908?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En realidad la pel&iacute;cula tiene una estructura interior muy cl&aacute;sica, de embudo dir&iacute;amos, empezando con el helic&oacute;ptero con planos muy abiertos y acabando con planos cerrados de las caras de dos mujeres en un igl&uacute;. Tambi&eacute;n es verdad que yo siempre llevo la c&aacute;mara en mis pel&iacute;culas y para m&iacute; ese temblor es la traducci&oacute;n de lo que siente un espectador asistiendo a la intimidad de unos personajes. Lo he hecho sin intenci&oacute;n de contemporizar la historia, creo que no le hac&iacute;a falta, se sostiene sola.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Rodando el &Aacute;rtico, con inuit, es inevitable recordar al Nanuk de Flaherty o Los dientes del diablo de Nicholas Ray? </strong><em>Nanuk</em><em>Los dientes del diablo</em>
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula que m&aacute;s vimos fu&eacute; <em>Nanuk</em>, un falso documental, por cierto, que no rodaron donde dicen que lo rodaron. Cuando le&iacute; el gui&oacute;n de <em>Nadie quiere la noche</em> lo primero que pens&eacute; fue: es buen&iacute;simo. Y lo segundo: &iquest;Y esto c&oacute;mo lo vamos a hacer? Yo he rodado en sitios muy raros, pero lo de las temperaturas de 14 bajo cero d&iacute;a s&iacute; y d&iacute;a tambi&eacute;n me parec&iacute;a muy dif&iacute;cil, por no hablar de las avalanchas, la gente que se cae en el hielo... Pero al final, un rodaje es como una divisi&oacute;n acorazada panzer: cuando arranca no hay qui&eacute;n lo pare. Cuando est&aacute;bamos localizando s&iacute; hubo momentos de pensar y aqu&iacute; como trabajamos, si hasta los gu&iacute;as que est&aacute;n aqu&iacute; todo el a&ntilde;o se pierden, o de preguntarme si yo era la persona para hacerlo o si se necesitar&iacute;a una infraestructura de producci&oacute;n en plan <em>Transformers</em> para hacer esta historia realidad. Al final, s&iacute; tengo un punto temerario y una vez dices &ldquo;adelante&rdquo; tienes que seguir.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el Nanuk de Flaherty qu&eacute; buscabas?</strong><em>Nanuk</em>
    </p><p class="article-text">
        Fundamentalmente una ayuda para Rinko Kikuchi (la actriz japonesa con la que Coixet ya trabaj&oacute; en <em>Mapa de los sonidos de Tokio</em>). Para preparar el papel quer&iacute;a primero que la ayudara una inuit de verdad. Fue una de las mujeres que aparecen al principio de la pel&iacute;cula, mascando la piel, que, por cierto, es descendiente de una de las hijas de Allaka (uno de los dos personajes protagonistas de <em>Nadie quiere la noche</em> y que justamente interpreta Kikuchi). Rinko es una joven japonesa sofisticada y ten&iacute;a que fijarse en c&oacute;mo moverse, c&oacute;mo hablar, como sonre&iacute;r, como una esquimal. El otro referente fueron los visionados de <em>Nanuk</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Que viste en el gui&oacute;n que te anim&oacute; a aventurarte en un reto parecido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No conoc&iacute;a la historia de los Peary. El &uacute;nico referente que ten&iacute;a de expediciones de este tipo fue uno sobre Shackelton en la Ant&aacute;rtica. Pero al leer el gui&oacute;n me entusiasm&oacute;, creo que Miguel Barros (<em>Blackthorn</em>) es un guionista incre&iacute;ble, que en otro pa&iacute;s estar&iacute;a haciendo todo lo de HBO, por poner un ejemplo. En el fondo, lo que m&aacute;s me inquietaba, aunque antes me refer&iacute;a a las avalanchas y al hielo, es c&oacute;mo rodar&iacute;a lo que pasa con dos mujeres pasado la noche &aacute;rtica encerradas en un igl&uacute;. Yo nunca hab&iacute;a visto un igl&uacute; por dentro. Eso me fascinaba, ese final del embudo, de la historia, con dos mujeres que est&aacute;n intentando saber qui&eacute;nes son o ya casi sin intentar nada, al margen de resistir, me fascinaba y me impon&iacute;a respeto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Unos interiores helados que, por cierto, se rodaron en un plat&oacute; en las islas Canarias. Todo un contraste, no?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Siempre me pareci&oacute; una locura de producci&oacute;n... pens&eacute;: me est&aacute;is tomando el pelo? Pero confieso que fue una gran decisi&oacute;n. Despu&eacute;s de rodar en Noruega y Bulgaria, acabar rodando con Juliette y Rinko solas, en el set del igl&uacute;, cuando ellas ya se conoc&iacute;an, conseguimos una intimidad muy interesante. Admito que sobre papel parec&iacute;a una locura, pero funcion&oacute;! Sobre los exteriores en Noruega, no creo que uno tenga que sacrificarse o pasarlo mal para hacer las cosas, pero fu&eacute; importante estar all&iacute;, especialmente para Juliette. Sinti&oacute; qu&eacute; pasa cuando tienes que llevar un abrigo de astrac&aacute;n de 14 quilos en la intemperie &aacute;rtica, o un gorro que no le cubr&iacute;a las orejas. La gente de vestuario ha hecho un trabajo impresionante... es muy aut&eacute;ntico, esas mujeres iban as&iacute; aunque nos parezca incre&iacute;ble: con gorro y velito en plena expedici&oacute;n... y el sombrero con pluma tambi&eacute;n, Josephine Peary  lo llevaba. En ese sentido, estar all&iacute;, empujando el trineo as&iacute;, era importante. Digo empujando el trineo porqu&eacute; el tema de los perros no es tan f&aacute;cil como parece. No les dices &ldquo;venga&rdquo; y arrancan as&iacute; como as&iacute;. Los 80 que ten&iacute;amos en el rodaje hac&iacute;an caso a un cuidador, a otro no, un d&iacute;a s&iacute;, otro no,... Y hubo momentos dif&iacute;ciles como cuando Gabriel Byrne ten&iacute;a que rodar la escena en la que le llevan en trineo despu&eacute;s de caer en el hielo. Estaba a 40 de fiebre pero trabaj&oacute;... los labios morados no son de maquillaje. Pero todo ese caos y todo ese fr&iacute;o ayud&oacute; a interiorizar qu&eacute; les pasaba por la cabeza a esta gente, para ir siempre m&aacute;s all&aacute;, pasar meses en medio de la nada.
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        <strong>Juliette Binoche parece hecha de esta misma pasta...</strong>
    </p><p class="article-text">
        Juliette es una fuerza de la naturaleza. Se convirti&oacute; en Josephine Peary desde el momento que dijo s&iacute; al gui&oacute;n. Yo esper&eacute; mucho tiempo para que lo pudiera hacer ella, pensaba que era la actriz perfecta para el papel. Sab&iacute;a que era un papel ideal para ella y que tambi&eacute;n se adaptar&iacute;a a las duras condiciones de rodaje. Le puedes proponer una historia como &eacute;sta a Meryl Streep pero luego hay que estar en el quinto pino, en un tipi con estufa de tizones y un cubo de basura glorificado como letrina. Yo conozco el mundo de las actrices y sab&iacute;a lo que estaba pidiendo con un gui&oacute;n as&iacute;. Sab&iacute;a tambi&eacute;n que Juliette, cuando acepta un proyecto, se tira de cabeza y no le importa nada. A mi me aterraba un poco, cuando est&aacute;bamos en Bulgaria, donde hac&iacute;a un fr&iacute;o que pelaba, pidi&oacute; un cami&oacute;n frigor&iacute;fico para meterse dentro cuando notaba que no estaba a una temperatura suficientemente extrema. Esto es as&iacute;. Ella es as&iacute; y por eso ha llegado d&oacute;nde ha llegado. Una entrega y un rigor impresionantes. Es un privilegio trabajar con ella... pero cansado, eh (sonr&iacute;e).
    </p><p class="article-text">
        <strong>El personaje de Binoche se mueve por amor, en busca de su marido en plena expedici&oacute;n para plantar la bandera americana en el Polo Norte, pero por el camino acaba encontrando otra historia, de descubrimiento y ternura m&aacute;s &iacute;ntima con la inuit que interpreta Rinko Kikuchi. Era esto lo que te apetec&iacute;a explorar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Robert E. Peary era un hombre que, a parte de tirarse a todas las inuit del mundo, cuando estaba en Washington tambi&eacute;n estaba en otra cosa, un se&ntilde;or que lo que &uacute;nico que deseaba realmente era la gloria y salir en la foto, pisando a qui&eacute;n hiciera falta. La adoraci&oacute;n que las dos mujeres sienten por &eacute;l no deja de ser una proyecci&oacute;n. El amor m&aacute;s puro es el de Allaka, porqu&eacute; en el caso de Josephine ella tambi&eacute;n comparte la ambici&oacute;n, el deseo de gloria. La m&eacute;dula de la pel&iacute;cula, ciertamente, es la relaci&oacute;n de ellas dos, los cuerpos que se acaban juntando en busca de afecto, calor, la pureza de ese momento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una historia de amor es lo que pareces tener tambi&eacute;n con la Berlinale.</strong>
    </p><p class="article-text">
        [Se r&iacute;e] Han dicho: &ldquo;esto es lo que le falta&rdquo;. Para m&iacute; es una cuesti&oacute;n de lealtad con el festival. La primera oportunidad me la dieron aqu&iacute;, si ellos no hubieran aceptado <em>Cosas que nunca te dije</em> en Panorama hace exactamente 20 a&ntilde;os yo no existir&iacute;a como cineasta, as&iacute; que si tengo pel&iacute;cula, se la ense&ntilde;o. Lo de la inauguraci&oacute;n (se toma una pausa y un respiro) me parece importante porqu&eacute; es un gran escaparate y lo que queremos es vender la pel&iacute;cula, que tenga distribuci&oacute;n internacional, aunque desde el punto de vista personal s&iacute; hay un punto de parip&eacute; que no es lo m&aacute;s divertido del mundo. Yo ya estaba contenta con estar en secci&oacute;n oficial y fue un shock cuando me propusieron inaugurar. Sin ir m&aacute;s lejos, lo primero que les dije fue: &ldquo;no ser&iacute;a mejor la de Terrence Malick, que es como un Dios?&rdquo;
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        <strong>A por el oso</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Nadie quiere la noche</em> abre la secci&oacute;n competitiva de la Berlinale, a la que seguir&aacute;n  en las pr&oacute;ximas jornadas, hasta el d&iacute;a 15, veteranos como Werner Herzog, Terrence Malick, Peter Greenaway o Wim Wenders, que participa fuera de concurso con <em>Every Thing Will Be Fine</em>, vuelta a la ficci&oacute;n del director alem&aacute;n que este a&ntilde;o ya tiene un oso garantizado: el honor&iacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Herzog tambi&eacute;n regresa al terreno de la ficci&oacute;n y a Hollywood con una de sus reinas, Nicole Kidman. En sinton&iacute;a con la pel&iacute;cula de Coixet, &eacute;sta vez se trata de otra exploradora, Gertrude Bell (1868-1926) la intr&eacute;pida mujer que inspira <em>Queen of the Desert</em> en un paisaje inh&oacute;spito, &eacute;sta vez de arena y sol. Dos ejemplos de los que el director del festival Dieter Kosslick define como &ldquo;una vuelta al mundo en 11 d&iacute;as&rdquo;, una Berlinale que acoge producciones de todo el mundo y las miradas de cineastas fascinados por paisajes ajenos a los suyos.
    </p><p class="article-text">
        Si al principio de <em>Nadie quiere la noche</em>, el personaje de Juliette Binoche sonr&iacute;e satisfecha con un &ldquo;toma Park Avenue!&rdquo; despu&eacute;s de abatir un &ldquo;gran&rdquo; oso blanco,  en la Berlinale ser&aacute; un jurado el encargado de decidir qui&eacute;n se lleva el plant&iacute;grado a casa. Presidido por el cineasta norteamericano Darren Aronofsky (<em>R&eacute;quiem por un sue&ntilde;o, Cisne negro, No&eacute;</em>), el de secci&oacute;n oficial cuenta con dos miembros que, como Isabel Coixet, viven en Barcelona cuando su agenda lo permite: el actor catalanoalem&aacute;n Daniel Br&uuml;hl (<em>Good Bye Lenin, Rush, Malditos bastardos</em>) y Claudia Llosa que sabe de primera mano lo que significa cobrarse un oso de oro, el que gan&oacute; en 2009 por <em>La teta asustada</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elisabet Cabeza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/isabel-coixet-nadie-quiere-la-noche-belinale-rinko-kikuchi-juliette-binoche-rinko-kikuchi_1_4393588.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Feb 2015 08:50:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Juliette Binoche es una fuerza de la naturaleza"]]></media:title>
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