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    <title><![CDATA[elDiario.es - Javier Pérez de la Cruz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/javier_perez_de_la_cruz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Javier Pérez de la Cruz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Miles de kurdos no pueden volver a sus casas en Turquía un año después de los combates]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/miles-pueden-volver-turquia-despues_1_3473888.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf405e11-54e0-42de-b410-96a42708ea11_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Miles de kurdos no pueden volver a sus casas en Turquía un año después de los combates"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al menos 15.000 personas que huyeron de los combates entre el Ejército turco y las milicias no han podido volver a sus hogares de las grandes ciudades</p><p class="subtitle">Selam, Baris y el resto de los siete miembros de su familia tuvieron que abandonar su casa en Sur debido a los enfrentamientos</p><p class="subtitle">"En muchos casos el Gobierno ha demolido las casas después de los combates. Si una tiene únicamente un agujero de bala, el Gobierno la echa abajo"</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Primero el Gobierno nos ofreci&oacute; 5.000 liras (1.260 euros) por los muebles. Era muy poco y dijimos que no. Pasado un tiempo nos volvieron a repetir la oferta, 5.000 liras, y otra vez contestamos que no. Pero despu&eacute;s, como un hijo se casaba y necesit&aacute;bamos dinero, fuimos nosotros a ellos. Entonces solo nos ofrecieron 3.500 (886 euros)&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Selam Kus&ccedil;u recuerda desde el coraz&oacute;n de Sur, la ciudad vieja de Diyarbakir, la cantidad de dinero que ha recibido hasta el momento por la casa en la que su familia vivi&oacute; durante 15 a&ntilde;os. &ldquo;No. 18 a&ntilde;os, pap&aacute;. Porque yo ya nac&iacute; all&iacute;&rdquo;, le corrige su hijo Baris. De&nbsp;aquella vivienda ya no queda nada. &ldquo;Al menos pudimos sacar algunas cosas antes&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Selam, Baris y el resto de los siete miembros de su familia tuvieron que abandonar su casa en Sur debido a los combates entre el Ej&eacute;rcito turco y las milicias urbanas vinculadas al PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdist&aacute;n). &ldquo;Nos fuimos en el d&eacute;cimo d&iacute;a de los enfrentamientos&rdquo;, es decir, hace m&aacute;s de un a&ntilde;o. Nunca m&aacute;s pudieron volver a su hogar. No son los &uacute;nicos.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que hace ya un a&ntilde;o terminaron las operaciones militares y los combates callejeros en Diyarbakir, Nusaybin, Cizre y otras grandes ciudades turcas de mayor&iacute;a kurda, decenas de miles de personas todav&iacute;a no han podido volver a sus hogares. Hasta la primavera de 2016 se sucedieron en diversos n&uacute;cleos urbanos toques de queda militares, la principal estrategia dise&ntilde;ada por Ankara para combatir la insurgencia kurda.
    </p><h3 class="article-text">Los bloqueos y toques de queda contin&uacute;an</h3><p class="article-text">
        La vuelta a la normalidad, doce meses despu&eacute;s, no es completa. Diversas zonas de Sur, a pesar de la ausencia de enfrentamientos, contin&uacute;an bloqueadas por las autoridades por &ldquo;motivos de seguridad&rdquo;. En Nusaybin, el toque de queda se sigue imponiendo a partir de las 00:00 horas.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, en la actualidad, estas situaciones de excepci&oacute;n tambi&eacute;n contin&uacute;an en peque&ntilde;as aldeas de la regi&oacute;n. &ldquo;En Sur, 15.000 personas tuvieron que abandonar sus casas y a&uacute;n no han podido volver&rdquo;, explica desde su despacho un muhtar (l&iacute;der de la comunidad) de los 15 que hay en la ciudad hist&oacute;rica. Debido a la tensa situaci&oacute;n pol&iacute;tica, se&ntilde;ala, prefiere mantenerse en el anonimato.
    </p><p class="article-text">
        La cifra exacta se desconoce. La ONU calcula que &ldquo;hasta 500.000 personas&rdquo;, la mayor&iacute;a kurdas, se vieron obligadas a huir de sus hogares en el sudeste de Turqu&iacute;a. El reciente informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos eleva la cifra de Sur y estima que 45.000&nbsp;personas<strong>&nbsp;</strong>siguen sin poder retornar a sus casas. No obstante, el informe no aporta&nbsp;una cifra del n&uacute;mero de afectados que s&iacute; han podido volver. Desde la capital Ankara tampoco se ofrecen datos concretos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El Gobierno quiere esconder estas estad&iacute;sticas para despu&eacute;s poder afirmar que est&aacute; ayudando a la gente&rdquo;. En la oficina de Sibel Yigitalp, diputada del prokurdo HDP (Partido Democr&aacute;tico de los Pueblos) por Diyarbakir, se percibe el trasiego habitual de una campa&ntilde;a electoral. Por la ventana se cuela la m&uacute;sica de los altavoces y por los pasillos no dejan de apresurarse personas de un lado para otro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hacer una campa&ntilde;a electoral ya es dif&iacute;cil, imagina c&oacute;mo tiene que ser con 12 diputados en la c&aacute;rcel&rdquo;. El pr&oacute;ximo 16 de abril Turqu&iacute;a celebra un refer&eacute;ndum en el que se decidir&aacute; si el pa&iacute;s implanta un sistema presidencialista. De ganar el s&iacute;, el actual jefe de Estado, Recep Tayyip Erdogan, aumentar&iacute;a sus poderes ejecutivos y su influencia sobre la judicatura.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El Gobierno dice que va a prestar ayuda a la gente. Pero no lo est&aacute; haciendo&rdquo;, a&ntilde;ade Yigitalp sobre la poblaci&oacute;n desplazada en las provincias kurdas. &ldquo;En nuestro partido estamos recogiendo informaci&oacute;n sobre lo que ha pasado. A&uacute;n no lo podemos saber todo, pero lo sabremos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin &eacute;xito, eldiario.es ha contactado con el Ministerio de Urbanizaci&oacute;n y Medio Ambiente y con un alto funcionario cercano a Presidencia para tratar&nbsp;de recabar informaci&oacute;n detallada. No obstante, la posici&oacute;n del Ejecutivo turco es clara: nadie ha hecho m&aacute;s por la poblaci&oacute;n kurda de Turqu&iacute;a que Erdogan, defiende.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&Eacute;l ha reconocido a los kurdos como un componente de la misma importancia para la naci&oacute;n turca&rdquo;, se&ntilde;alaba Ibrahim Kalin, portavoz del presidente Erdogan, en una reciente columna del diario progubernamental Daily Sabah. &ldquo;&Eacute;l ha implementado reformas para eliminar la prohibici&oacute;n del lenguaje kurdo en los medios de comunicaci&oacute;n, en las campa&ntilde;as pol&iacute;ticas y en otros &aacute;mbitos de la vida&rdquo;. Y a&ntilde;ad&iacute;a: &ldquo;Como primer ministro, &eacute;l invirti&oacute; millones de d&oacute;lares para mejorar las condiciones de vida de los pueblos y ciudades mayoritariamente kurdos&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Ahora no hay nada&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Tras la destrucci&oacute;n de Sur, las autoridades turcas han prometido destinar hasta 626 millones de euros para la reconstrucci&oacute;n del casco viejo de Diyarbakir, de un incalculable valor hist&oacute;rico. Un dinero que, no obstante, no est&aacute; llegando a los bolsillos de muchos residentes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Durante tres meses recib&iacute; 1.000 liras (252 euros) del Gobierno&rdquo;, se&ntilde;ala un anciano aferrado al tesbih, el rosario musulm&aacute;n, en la oficina del muhtar de Sur. &ldquo;Despu&eacute;s nada. Tambi&eacute;n el trabajo se termin&oacute;. Y ahora no hay nada&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aqu&iacute; puedes encontrar a much&iacute;sima gente que se ha quedado sin casa&rdquo;, explica el muhtar. Durante una hora de conversaci&oacute;n, por su despacho pasan hasta tres hombres que aseguran haber sufrido la misma desgracia.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;El Gobierno derriba&nbsp;casas con solo un agujero de bala&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;En Sur entre 2.000 y 3.000 viviendas se han destruido. Y en muchos casos ha sido el Gobierno el que las ha demolido despu&eacute;s de los enfrentamientos. Si una casa tiene &uacute;nicamente un agujero de bala, el Gobierno la echa abajo&rdquo;, se&ntilde;ala el muhtar. Es lo que pas&oacute; con el hogar de Selam Kus&ccedil;u, aunque la misma situaci&oacute;n se vive en otras ciudades.
    </p><p class="article-text">
        Nusaybin, por ejemplo, fue otro escenario de violentos enfrentamientos entre milicias kurdas y Ej&eacute;rcito. Miles de personas, como Ilyas, se quedaron sin casa. O sin casas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo ten&iacute;a tres viviendas. Una para mi familia, otra para los invitados y una tercera en la que hab&iacute;a acogido a una familia de refugiados sirios&rdquo;, explica ante un vaso de t&eacute;, a escasos metros del paso fronterizo, ahora cerrado, con la ciudad kurdo-siria de Qamishli. &ldquo;Ahora no queda nada de esas tres casas&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Yo solo quiero mi tierra y mis &aacute;rboles&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Este vecino de Nusaybin, de 47 a&ntilde;os, prefiere no ofrecer m&aacute;s datos personales por miedo a perder su empleo en una empresa estatal. &ldquo;Ahora el Gobierno me ofrece una casa nueva, pero es muy cara. Muy lujosa. Si aceptara yo tendr&iacute;a que pagar la diferencia y estar&iacute;a endeudado para el resto de mi vida&rdquo;, se queja. &ldquo;Yo solo quiero mi tierra y mis &aacute;rboles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El mismo deseo comparten Baris y Selam Kus&ccedil;u. &ldquo;A mi padre le llamaron y &eacute;l dijo que solo queremos nuestra casa de vuelta&rdquo;, explica Baris antes de que llegue su padre a la tienda. La familia se ha visto obligada a abrir un peque&ntilde;o comercio de ropa para poder hacer frente al alquiler de la nueva vivienda de 400 liras (100 euros). &ldquo;Pero nadie viene a la tienda, nadie entra hasta aqu&iacute; en Sur, as&iacute; que cogemos la ropa y la vendemos en la calle&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pasan los d&iacute;as mientras esperan a que las autoridades les pongan sobre la mesa una oferta por su vieja casa, ya desaparecida. &ldquo;&Eacute;ramos pobres y ahora lo somos m&aacute;s&rdquo;, dice Selam.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez de la Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/miles-pueden-volver-turquia-despues_1_3473888.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Apr 2017 17:30:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Miles de kurdos no pueden volver a sus casas en Turquía un año después de los combates]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Turquía,Kurdos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Explotadas y encerradas en hogares del Reino Unido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/explotadas-encerradas-hogares-reino-unido_1_4366337.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a907dff9-945d-4751-9999-61a318d07bfa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Cámara Alta del Parlamento Británico debate si incluyen en una ley contra la esclavitud moderna a las trabajadoras domésticas inmigrantes que llegan con un visado asociado a un empleador extranjero</p><p class="subtitle">Elvira, en proceso de ser reconocida víctima de tráfico de personas, huyó de dos hogares por las vejaciones a las que le sometían sus jefes</p><p class="subtitle">El porcentaje de empleadas domésticas que sufren abusos se duplica para las que llegan con 'visados atados'</p></div><p class="article-text">
        Elvira no sab&iacute;a d&oacute;nde estaba. Era enero y hac&iacute;a fr&iacute;o mientras caminaba por alg&uacute;n lugar de Londres, sola, perdida y asustada. Al haber escapado de aquel lugar tambi&eacute;n hab&iacute;a quebrantado la ley. Pero ya hab&iacute;a sufrido suficiente, abusos e insultos, d&iacute;as de comer sobras y de encierro. Mientras hablaba por tel&eacute;fono, al otro lado de la l&iacute;nea una voz de mujer le ped&iacute;a que describiera qu&eacute; ve&iacute;a a su alrededor &ndash;&ldquo;&iquest;qu&eacute; tiendas?, &iquest;qu&eacute; edificios?&rdquo;&ndash; para poder averiguar d&oacute;nde se encontraba exactamente. &ldquo;Al final la rescatamos&rdquo;, cuenta Regina de los Reyes con una gran sonrisa; ella tambi&eacute;n tuvo que escapar de un hogar en Reino Unido antes de unirse a la Asociaci&oacute;n Filipina de Trabajadoras Dom&eacute;sticas (FDWA).
    </p><p class="article-text">
        Esta experiencia, por la que la filipina Elvira Santos tuvo que pasar hace un a&ntilde;o, no es un caso aislado. Ella es una de las &ldquo;muchas trabajadoras dom&eacute;sticas inmigrantes&rdquo; que llegan al Reino Unido con una familia extranjera que se instala temporalmente en el pa&iacute;s y que se encuentran en &ldquo;situaci&oacute;n de esclavitud&rdquo;, en palabras de la presidenta de Justicia para las Trabajadoras Dom&eacute;sticas (J4DW, en ingl&eacute;s), Marissa Begonia, por una modalidad de visado ligado a un solo empleador.
    </p><p class="article-text">
        Los 'visados atados' han vuelto a recuperar protagonismo debido a que la C&aacute;mara Alta del Parlamento Brit&aacute;nico, la de los Lores, debate si contemplarlos como parte del Proyecto de Ley contra la Esclavitud Moderna. Esta es una iniciativa gubernamental, &ldquo;la primera de este tipo en Europa&rdquo;, seg&uacute;n el Ministerio del Interior, que endurece las penas contra delitos de tr&aacute;fico de personas, explotaci&oacute;n laboral y abusos sexuales. Entre otras medidas, propone aumentar el castigo de prisi&oacute;n de 14 a&ntilde;os a cadena perpetua para los casos m&aacute;s graves.
    </p><p class="article-text">
        El proyecto de ley ya recibi&oacute; el visto bueno de la C&aacute;mara de los Comunes, que no consider&oacute; oportuno abordar el asunto de las trabajadoras dom&eacute;sticas extranjeras que llegan con ciudadanos que no pasan m&aacute;s de seis meses en el pa&iacute;s. Hay muchos diplom&aacute;ticos y personas adineradas que est&aacute;n de paso el Reino Unido. &ldquo;Ha sido una oportunidad perdida&rdquo;, lamentaba Catherine Kenny, de la asociaci&oacute;n Kalayaan. No obstante, todav&iacute;a queda el pronunciamiento de la C&aacute;mara de los Lores, que se espera para antes de las elecciones de mayo. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, hace apenas unos d&iacute;as la ministra del Interior Theresa May anunci&oacute; que iba a encargar a un jurista independiente la revisi&oacute;n de los visados atados debido a &ldquo;la preocupaci&oacute;n que ha levantado la explotaci&oacute;n de las trabajadoras dom&eacute;sticas extranjeras&rdquo;. La campa&ntilde;a en contra de los permisos, que existe desde hace tiempo, se ha reforzado en los &uacute;ltimos meses debido a la tramitaci&oacute;n del proyecto de ley contra la esclavitud.
    </p><h3 class="article-text">Todo tipo de abusos</h3><p class="article-text">
        El n&uacute;mero de visados de este tipo no es menor. El Gobierno brit&aacute;nico emite cada a&ntilde;o entre 15.000 y 16.000 visados para estas trabajadoras dom&eacute;sticas extranjeras con permiso laboral en familias privadas, seg&uacute;n los datos oficiales. Adem&aacute;s, alrededor de 200 visados se expiden anualmente a aquellas que trabajan en residencias diplom&aacute;ticas. No quiere decir que todas estas mujeres sufran abusos y vejaciones, pero Phoebe Dimacali, representante de FDWA, advierte de que en muchos casos estas prefieren no denunciar ni tampoco huir de la familia por miedo a las posibles consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Un estudio de Kalayaan, una organizaci&oacute;n brit&aacute;nica centrada en la defensa de las empleadas dom&eacute;sticas, sostiene que las condiciones de trabajo son mucho m&aacute;s duras bajo la nueva legislaci&oacute;n. En concreto, se&ntilde;ala que el porcentaje de mujeres que sufren abusos se duplica: 16% comparado con el 8% de las mujeres con un visado no atado a su empleador. La sensaci&oacute;n de los activistas es que la ley no ha reducido el n&uacute;mero de inmigrantes &ndash;uno de los objetivos de los visados, en su opini&oacute;n&ndash; pero s&iacute; ha dejado a las mujeres m&aacute;s vulnerables a abusos y maltratos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se est&aacute;n dando m&aacute;s violaciones de las que nos podemos imaginar. Los abusos f&iacute;sicos y verbales son muy comunes, pero lo que m&aacute;s vemos son jefes que no pagan a sus trabajadoras despu&eacute;s de largas jornadas de trabajo de hasta 16 horas, sin ning&uacute;n d&iacute;a libre&rdquo;, explica Marissa Begonia. Izza Leghtas, investigadora de Human Rights Watch en Europa Occidental insiste en que no han percibido ning&uacute;n cambio en el n&uacute;mero de trabajadoras extranjeras tras la introducci&oacute;n de los visados atados: &ldquo;El gobierno percibe a estas trabajadoras como empleo de baja cualificaci&oacute;n, que es precisamente lo que est&aacute;n intentando reducir. Quieren disminuir el n&uacute;mero de inmigrantes y para ello cambiaron la ley&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En abril de 2012, el Gobierno brit&aacute;nico cambi&oacute; las normas de las solicitudes de visado y elimin&oacute; el derecho de las trabajadoras dom&eacute;sticas extranjeras a cambiar de empleo. Desde entonces, la legislaci&oacute;n establece que el empleador no resida m&aacute;s de seis meses en el Reino Unido. En la pr&aacute;ctica la medida supone que durante ese tiempo, si las trabajadoras abandonan el hogar, se convierten en inmigrantes irregulares y pueden acabar detenidas en un centro de internamiento y ser deportadas.
    </p><p class="article-text">
        Elvira debat&iacute;a si huir o no de la familia qatar&iacute; que la hab&iacute;a tra&iacute;do a la isla brit&aacute;nica. Contar con la ayuda de FDWA hizo que se decantara por la huida. Lleg&oacute; a Londres en enero de 2014 tras vivir y trabajar durante m&aacute;s de un a&ntilde;o en Qatar, donde limpiaba y cuidaba un hogar de siete miembros. Elvira no tuvo m&aacute;s opci&oacute;n que marchar a la Pen&iacute;nsula Ar&aacute;biga para poder sostener econ&oacute;micamente a su familia. Su marido tiene &ldquo;una grave enfermedad y no puede trabajar&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pero cuando empec&eacute; a trabajar me pagaron mucho menos. En mi contrato pon&iacute;a 1.400 riales, pero solo me daban 900. Mi jefe dec&iacute;a que el resto era para la agencia que me hab&iacute;a contratado&rdquo;, cuenta Elvira. Y sigue: &ldquo;La hermana de mi empleador me insultaba a todas horas. Ella era la que peor me trataba. Me pasaba trabajando 24 horas al d&iacute;a, siete d&iacute;as a la semana, sin ning&uacute;n descanso. Nada. Ni siquiera pod&iacute;a ir a la iglesia los domingos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n no cambi&oacute; cuando se mudaron a Londres. La hermana de su jefe sufri&oacute; un ataque al coraz&oacute;n y se trasladaron en busca de tratamiento m&eacute;dico. &ldquo;La mujer no me dejaba comer. Ni siquiera cuando mi jefe tra&iacute;a comida para las dos; se pon&iacute;a a chillar y solo me dejaba las sobras&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A los pocos d&iacute;as de llegar, el empleador de Elvira ten&iacute;a planeado volver a Qatar y ella pens&oacute; que ser&iacute;a imposible sobrevivir sin &eacute;l presente. En sus pocos momentos de tiempo libre contact&oacute; a trav&eacute;s de Facebook con un compatriota, que le habl&oacute; de la Asociaci&oacute;n Filipina de Trabajadoras Dom&eacute;sticas. As&iacute; es como consigui&oacute; reunir las fuerzas suficientes para poder escapar apenas 13 d&iacute;as despu&eacute;s de haber llegado a su nuevo hogar brit&aacute;nico. 
    </p><h3 class="article-text">V&iacute;ctimas de tr&aacute;fico de personas</h3><p class="article-text">
        Elvira puede hoy contar su historia sin miedo a represalias porque se encuentra inmersa en proceso para ser reconocida como v&iacute;ctima de tr&aacute;fico de personas. El procedimiento requiere en muchos casos de asistencia legal para poder completar debidamente los formularios y superar las entrevistas de las autoridades.
    </p><p class="article-text">
        Al igual que Elvira, Izza Leghtas (HRW) afirma que muchas de estas mujeres llegan procedentes del Golfo P&eacute;rsico, de Qatar en concreto, donde impera el denominado sistema 'kafala', por el cual el empleador puede retener el pasaporte de sus trabajadores y, por tanto, limitar su libertad de movimiento. Pocas organizaciones internacionales dudan de que se trate de una forma encubierta de explotaci&oacute;n laboral. Para Human Rights Watch, no hay duda de que los visados atados del Reino Unido son una extensi&oacute;n del 'kafala' qatar&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Trabajar en un hogar sin otra supervisi&oacute;n que la del propio jefe puede ser peligroso. No importa que la vivienda se encuentre en uno de los barrios m&aacute;s exclusivos del centro de Londres. &ldquo;Este tipo de trabajo coloca a las mujeres en situaci&oacute;n de gran vulnerabilidad, pues todo se queda dentro de las cuatro paredes y no hay ning&uacute;n lugar al que poder acudir y pedir ayuda &ndash;explica Leghtas&ndash;. Al menos antes, con el antiguo visado, las mujeres pod&iacute;an dejar el trabajo y buscarse otro. Ahora las que se atreven a hacerlo acaban trabajando en negro, asustadas e indocumentadas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, desde Human Rights Watch recuerdan que el gobierno de David Cameron rechaz&oacute; en 2011 ratificar la Convenci&oacute;n Internacional de la Organizaci&oacute;n de Trabajadores Dom&eacute;sticos, que ten&iacute;a como objetivo equiparar el derecho laboral de este sector al del resto.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Solo una m&iacute;nima proporci&oacute;n&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;La esclavitud moderna es un crimen terrible. Estoy decidida a detenerla en todas sus formas. Mantener a las trabajadoras dom&eacute;sticas en esclavitud o servidumbre es completamente injusto&rdquo;, asegur&oacute; Karen Bradley, responsable de la secretar&iacute;a contra la esclavitud moderna y el crimen organizado, en noviembre al calor de las cr&iacute;ticas recibidas. Desde la oficina de Bradley se declin&oacute; la posibilidad de realizar una entrevista en persona para este reportaje.
    </p><p class="article-text">
        La responsable rechaz&oacute; entonces la acusaci&oacute;n de que el n&uacute;mero de abusos haya aumentado tras la introducci&oacute;n de los visados atados: &ldquo;Las evidencias muestran que solo una m&iacute;nima proporci&oacute;n de aquellas que trabajan aqu&iacute; como empleadas dom&eacute;sticas sufre abusos y explotaci&oacute;n&rdquo;. Tambi&eacute;n acus&oacute; a Human Rights Watch y Kalayaan de utilizar deliberadamente &ldquo;muestras peque&ntilde;as&rdquo; en sus estudios.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de n&uacute;meros, declaraciones, estudios y cifras, Elvira vive ahora con relativa estabilidad. Gracias al apoyo de la Asociaci&oacute;n Filipina de Trabajadoras Dom&eacute;sticas, consigui&oacute; comenzar a trabajar para una nueva familia, jud&iacute;a esta vez. Cambi&oacute; la forma de rezar en el hogar, pero no tanto el trato hacia la empleada de la casa. &ldquo;Aquello no era para nada estable. Se aprovechaban de que no ten&iacute;a los papeles en regla y no tuve otra opci&oacute;n que volver a escapar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los planes para poder volver a casa y ver a los suyos no est&aacute;n todav&iacute;a encima de la mesa. Ahora, que est&aacute; en proceso de ser reconocida como v&iacute;ctima de tr&aacute;fico de personas, Elvira puede vivir y trabajar sin preocupaciones en el Reino Unido durante un tiempo y debe aprovecharlo para ayudar a su familia. En la actualidad, combina tres trabajos a tiempo parcial, con tres familias diferentes. &ldquo;As&iacute; es mejor, sin problemas. Voy, limpio durante tres o cuatro horas y me voy&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La mujer debe volver al trabajo. &ldquo;Muchas gracias. Aprovecha cuando vuelvas a tu pa&iacute;s y disfruta con los que m&aacute;s quieres, t&uacute; que puedes&rdquo;, dice como despedida, agarra una bolsa de pl&aacute;stico con un paquete dentro y desaparece escaleras arriba. &ldquo;El regalo es para la familia de mi jefe&rdquo;, hab&iacute;a confesado antes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez de la Cruz]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Feb 2015 18:20:23 +0000]]></pubDate>
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