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    <title><![CDATA[elDiario.es - Israel Campos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/israel_campos/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Israel Campos]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Nullum bellum esse iustum]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/nullum-bellum-esse-iustum_132_13056471.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/934f4100-f8ee-4c88-aee5-94bc26f2916f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nullum bellum esse iustum"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estos romanos se dedicaron desde muy temprano a guerrear con todos sus vecinos; primero con sus primos del Lacio, luego con los demás pueblos de Italia</p></div><p class="article-text">
        Si existe una sociedad hist&oacute;rica que hizo de la guerra su forma de vida fue la romana. No significa que no tengamos suficientes ejemplos de pueblos que se caracterizaron por ser belicosos o estar en continuo enfrentamiento con sus vecinos o con quien se les pusiera por delante. Sin embargo, la historia de Roma est&aacute; marcada desde sus or&iacute;genes por el hecho de la guerra. Desde su pasado m&iacute;tico fundado sobre Eneas, un superviviente de la destrucci&oacute;n de Troya por parte de los mic&eacute;nicos, hasta su final a manos de los godos, aquellos a quienes Roma hizo la guerra durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su imperio. La guerra defin&iacute;a el calendario anual, hasta el punto de que el mes que nosotros asociamos al estallido de la primavera, cuando comienza el buen tiempo y las temperaturas son m&aacute;s agradables, en Roma recib&iacute;a el nombre de <em>Martius</em> (nuestro marzo). Estaba dedicado al dios romano de la guerra, porque el buen tiempo tambi&eacute;n inauguraba la temporada b&eacute;lica, hasta la llegada del oto&ntilde;o y el retorno a las &ldquo;campamentos de invierno&rdquo;. Durante mucho tiempo tambi&eacute;n, era considerado el primer mes del a&ntilde;o, porque era cuando los magistrados republicanos tomaban posesi&oacute;n de sus cargos y se acordaban las decisiones importantes.
    </p><p class="article-text">
        Estos romanos se dedicaron desde muy temprano a guerrear con todos sus vecinos; primero con sus primos del Lacio, luego con los dem&aacute;s pueblos de Italia. Cuando se les acab&oacute; la pen&iacute;nsula entraron en disputa contra Cartago y el Norte de &Aacute;frica; luego lleg&oacute; a la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica y para finales del siglo I a.C. ya estaban presentes en todo el Mediterr&aacute;neo. Sin embargo, uno no se embarca en una pol&iacute;tica militarista expansiva e intervencionista sin construir un relato justificador del &ldquo;por qu&eacute; guerreamos&rdquo;. Si las primeras guerras estaban motivadas por la necesidad de garantizar su propia supervivencia como ciudad-estado, pronto se vio que el proverbio de Vegecio <em>si vis pacem, para bellum</em> no se resum&iacute;a exclusivamente a la paz por disuasi&oacute;n, sino a la necesidad de atacar primero. De esta forma, los autores antiguos acu&ntilde;aron un concepto que serv&iacute;a para manejar la construcci&oacute;n del relato que Roma quer&iacute;a fijar en relaci&oacute;n con su pol&iacute;tica belicista. Los cronistas de la historia de Roma, con Tito Livio a la cabeza, evolucionaron en el significado de la expresi&oacute;n <em>Bellum Iustum</em> (Guerra Justa), para amoldarla a la construcci&oacute;n de un imperio territorial. En un primer momento la f&oacute;rmula era referida al cumplimiento de las formalidades legales y rituales a la hora de declarar la guerra a alg&uacute;n enemigo. En este sentido lo refiere Cicer&oacute;n (<em>De officiis</em> 1.34&ndash;40) al se&ntilde;alar que <em>Nullum bellum esse iustum,</em><strong> </strong>salvo la que se libra para reclamar derechos o previamente denunciada y declarada. Sin embargo, cuando Roma se convirti&oacute; en la potencia militar y pol&iacute;tica del Mediterr&aacute;neo, actuando como &aacute;rbitro de los conflictos de las dem&aacute;s naciones e interviniendo por voluntad propia en la pol&iacute;tica interna de pueblos hist&oacute;ricos como Egipto o las ciudades griegas, el sentido de <em>bellum iustum</em> deriv&oacute; hacia la justificaci&oacute;n de los intereses propios o de sus aliados como motivo para intervenir militarmente en conflictos que no afectaban directamente al territorio romano. La an&eacute;cdota c&eacute;lebre de Cat&oacute;n el Viejo repitiendo al finalizar cada discurso que hac&iacute;a en el Senado la coletilla de <em>Ceterum censeo Carthaginem esse delendam</em>&nbsp;(&ldquo;adem&aacute;s opino que Cartago debe ser destruida&rdquo;), era una forma de disponer un estado de opini&oacute;n favorable entre la poblaci&oacute;n romana para que iniciara una tercera y definitiva guerra contra Cartago para que fuera aniquilada por completo, a pesar de haber dejado de ser una amenaza real.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La guerra y el imperialismo se convirtieron en instrumentos que favorec&iacute;an los intereses de las &eacute;lites dirigentes romanas. No olvidemos que las victorias reportaban enormes riquezas convertidas en botines de oro y plata. Tambi&eacute;n la venta de esclavos cautivos aument&oacute; los bolsillos de quienes no participaban directamente en las decisiones pol&iacute;ticas, pero financiaban a quienes se presentaban a las altas magistraturas. Por tanto, los intereses que mov&iacute;an los conflictos permanentes en territorios alejados no estaban amparados exclusivamente por una justa defensa de sus fronteras. De ah&iacute; que fuera necesario crear un estado de opini&oacute;n favorable para que se aceptaran estas continuas intervenciones. En algunos casos, la idea de Guerra Justa fue suficiente para que la poblaci&oacute;n comprara la pertinencia de algunos de los conflictos. El poder pol&iacute;tico siempre ha manejado y controlado los medios de difusi&oacute;n, tuvieran estos el formato que fuera en cada momento. En otros casos, y eso abri&oacute; el principio del fin del Imperio romano, nadie se atrevi&oacute; a cuestionar las decisiones unilaterales, megal&oacute;manas, caprichosas y sin justificaci&oacute;n alguna de quien ostentaba como emperador de turno el poder de la mayor potencia mundial de aquel momento.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/nullum-bellum-esse-iustum_132_13056471.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Mar 2026 16:59:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nullum bellum esse iustum]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Iudaea tota vastata est]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/iudaea-tota-vastata-est_132_12557651.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Nuestra sociedad ha crecido con la frase &ldquo;quienes no conocen la historia est&aacute;n condenados a repetirla&rdquo;, acu&ntilde;ada en 1905 por el fil&oacute;sofo George Santayana. Pareciera que los desastres del siglo XX (y algunos del XXI) nos deber&iacute;an haber ense&ntilde;ado que las respuestas dadas en el pasado a ciertos acontecimientos pueden servir de orientaci&oacute;n para &ldquo;predecir&rdquo; las consecuencias de las decisiones que se est&aacute;n tomando en el presente. Pero para ello, habr&iacute;a que cumplir con la primera parte de la premisa de Santayana: conocer la historia. Y la historia, a pesar de lo que muchos piensan, no se limita a los dos &uacute;ltimos siglos, no se reduce al presentismo actual, en el que se desconocen o ignoran los contextos hist&oacute;ricos que han determinado el porqu&eacute; de las situaciones. Y que, a menudo, se remonta a varios siglos o milenios en la distancia.
    </p><p class="article-text">
        Y si existe un pueblo o estado que en la actualidad reivindica su pasado como justificaci&oacute;n de su presente es <strong>Israel</strong>. No solo porque su origen reciente es el resultado de la &ldquo;deuda&rdquo; contra&iacute;da por las naciones modernas tras el <strong>holocausto</strong> de la <strong>II Guerra Mundial</strong>, sino porque su raz&oacute;n de ser para germinar en el territorio palestino se fundamenta en un pasado remoto, de miles de a&ntilde;os, con sanci&oacute;n divina o no. Pero esa misma cobertura hist&oacute;rica no puede ser utilizada de forma s&oacute;rdida, excluyendo los cap&iacute;tulos que no interesan. Porque lo que se&ntilde;al&aacute;bamos era que hay que conocer la historia, para aprender de ella y tomar decisiones acertadas y moralmente justas.
    </p><p class="article-text">
        La historia jud&iacute;a y su relaci&oacute;n con el territorio en el que se asent&oacute; en el pasado est&aacute; definida por la violencia. Seg&uacute;n cuenta su propia literatura b&iacute;blica, los jud&iacute;os arrebatan Canaan a las tribus all&iacute; presentes por la fuerza. El reino de Jud&aacute; surgir&aacute; tras luchas contra los filisteos. La independencia de este reino ser&aacute; combatida contra asirios, babilonios, persas, macedonios y, finalmente, romanos. En todos esos episodios, siempre habr&aacute; una lucha asim&eacute;trica en la que un pu&ntilde;ado de luchadores tratar&aacute; de doblegar al ej&eacute;rcito imperialista de turno, que ha puesto sus zarpas en el corredor que conecta Asia con &Aacute;frica. Los casos mejor conocidos son los que ocurrieron en las dos grandes guerras que los jud&iacute;os tuvieron contra el imperio romano. La de los a&ntilde;os 70 de nuestra era tuvieron como resultado la destrucci&oacute;n del templo de Jerusal&eacute;n, el exilio masivo de poblaci&oacute;n y el final ag&oacute;nico de la muerte por inanici&oacute;n de miles de civiles en Masada. Pero la segunda, ocurrida entre los a&ntilde;os 132 a 135 d.C., tuvo consecuencias a&uacute;n m&aacute;s desastrosas. Liderada por Simon bar <strong>Kojba</strong>, moviliz&oacute; a la poblaci&oacute;n jud&iacute;a contra las pol&iacute;ticas de romanizaci&oacute;n iniciadas por el emperador romano Adriano. Kojba puso en marcha una guerra de guerrillas y construy&oacute; t&uacute;neles para poder enfrentarse a las poderosas legiones romanas. Tras tres a&ntilde;os de enfrentamiento, el resultado fue demoledor. Como se&ntilde;ala el autor Di&oacute;n Casio, quien recoge en su obra este episodio: <em>Iudaea tota vastata est</em> (69, 12&ndash;14). No solo toda Judea qued&oacute; devastada, sino que se extiende de la siguiente manera: &ldquo;A causa de esta guerra (la de Kojba), murieron muchas decenas de miles de personas. Se dice que perecieron en total m&aacute;s de quinientos ochenta mil hombres en combate, sin contar los que sucumbieron al hambre, las enfermedades o el fuego. Toda la tierra de Judea qued&oacute; devastada, y se dice que las aldeas destruidas fueron cincuenta, y las fortalezas arrasadas, novecientas ochenta y cinco&rdquo;. Pero la principal consecuencia que tuvo esta guerra fue la decisi&oacute;n de Adriano de eliminar toda presencia jud&iacute;a en la zona. Prohibi&oacute; que se acercasen al territorio de <strong>Jerusal&eacute;n</strong>, hasta el punto de cambiar el nombre a la ciudad y crear la colonia romana de Aelia Capitolina. No solo eso, sino que donde estaba construido el templo, erigi&oacute; uno en honor del dios romano J&uacute;piter. Este es el origen definitivo de la di&aacute;spora jud&iacute;a del territorio, del que fueron expulsados y obligados a emigrar a todas las dem&aacute;s regiones del imperio romano. 
    </p><p class="article-text">
        Generaciones enteras de jud&iacute;os se han criado conociendo esta historia, que ha sido el origen de otras muchas di&aacute;sporas y sufrimientos. El anhelo del retorno a la tierra de sus padres ha sido el <em>leitmotiv</em> que ha mantenido viva la identidad y que se concret&oacute; con la creaci&oacute;n del estado de Israel en 1948. Sin embargo, parece como si la historia que les ha mantenido vivos no les haya servido para aprender nada. El sufrimiento experimentado en todas las etapas de la historia ha quedado como un recuerdo del pasado que no les permite sentir ning&uacute;n tipo de empat&iacute;a. El revanchismo por conseguir lo que &ldquo;consideran que es suyo por derecho divino&rdquo; les ha puesto definitivamente en el mismo rol de quienes les provocaron a ellos su pasado. Porque no es posible ignorar, ya que para eso sirve la historia, los paralelismos que existen entre la situaci&oacute;n actual que se est&aacute; produciendo en Gaza y lo que hace dos mil a&ntilde;os pas&oacute; all&iacute;. La legitimidad o no del origen de los conflictos queda en un segundo lugar, cuando las consecuencias son desproporcionadas y quien m&aacute;s sufre es la poblaci&oacute;n civil inocente. 
    </p><p class="article-text">
        Resulta evidente que el contexto actual no es el mismo que en el a&ntilde;o 132 d.C. No hay paralelos entre los actores intervinientes, pero s&iacute; existe ahora una realidad que entonces no hab&iacute;a. Dependemos de lo que un historiador nos cont&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s de lo que pas&oacute; en aquella revuelta. Hoy en d&iacute;a, tenemos acceso a la informaci&oacute;n inmediata de lo que est&aacute; sucediendo. No podemos esperar a que esto termine para lamentarnos de lo que sucedi&oacute;. Tenemos medios para exigir a quienes nos gobiernan que se dejen &ldquo;lamentar profundamente lo que sucede&rdquo; y act&uacute;en. Tenemos medios para individualmente levantar nuestra voz y organizarnos para protestar activamente contra lo que le est&aacute; sucediendo a la poblaci&oacute;n palestina de <strong>Gaza</strong> y, exigir, al mismo tiempo, la libertad de los rehenes israel&iacute;es. Tenemos medios para hacer sentir, a quienes apoyan econ&oacute;micamente al gobierno israel&iacute;, que su postura tiene consecuencias. Y si todo eso no es suficiente, tambi&eacute;n tendremos medios para recordarles a todos los que pudiendo hacer, no hicieron, que nosotros tenemos memoria y aprendemos de los errores del pasado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/iudaea-tota-vastata-est_132_12557651.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Aug 2025 12:53:11 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Iudaea tota vastata est]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reliqui sese fugae mandarunt atque in proximas silvas abdiderunt]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/reliqui-sese-fugae-mandarunt-atque-in-proximas-silvas-abdiderunt_132_12165278.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/26027d0a-4753-4432-ab32-7c2ca2baf09a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reliqui sese fugae mandarunt atque in proximas silvas abdiderunt"></p><p class="article-text">
        Cada vez es m&aacute;s frecuente encontrar en los medios de comunicaci&oacute;n la tentaci&oacute;n en la que caen algunas noticias cuando transfieren conceptos modernos para describir realidades del pasado. El debate m&aacute;s reciente est&aacute; centrado en el revisionismo de las diferentes etapas coloniales en las que los pa&iacute;ses europeos transformaron la realidad de civilizaciones enteras del mundo: Am&eacute;rica, &Aacute;frica, Asia (y m&aacute;s recientemente alg&uacute;n partido pol&iacute;tico lo ha querido focalizar en nuestras propias islas Canarias). De ah&iacute; que hace unos a&ntilde;os una ola revisionista recorriera las calles y las consciencias de muchas ciudades, empezando en EE.UU., pero alcanzando tambi&eacute;n otros muchos pa&iacute;ses de los llamados occidentales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De esta mirada presentista no se ha escapado casi ning&uacute;n personaje de cierta relevancia hist&oacute;rica. Cuando hace unos a&ntilde;os, arque&oacute;logos holandeses encontraron una fosa com&uacute;n cerca de la ciudad de Kessel donde se cruzan el r&iacute;o Mosa y el Waal, un brazo del Rin, en la que parec&iacute;an estar enterradas casi 150000 personas y se comprob&oacute; que correspond&iacute;an a las v&iacute;ctimas de una de las batallas que Julio C&eacute;sar describ&iacute;a en su &ldquo;Guerra de las Galias&rdquo; contra dos tribus germanas, el titular que se acu&ntilde;&oacute; para presentar el descubrimiento fue &ldquo;Julio C&eacute;sar, genocida&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Resulta evidente que la atribuci&oacute;n no deja de estar fundamentada si asumimos que adem&aacute;s de este episodio, otros muchos recogidos en el libro que el propio C&eacute;sar redact&oacute; para describir sus diez a&ntilde;os de conquistas en lo que actualmente es Francia, B&eacute;lgica, Pa&iacute;ses Bajos y parte de Alemania, nos relatan campa&ntilde;as b&eacute;licas en las que no solo murieron los combatientes que acud&iacute;an al campo de batalla, sino que tambi&eacute;n se convirtieron en v&iacute;ctimas una gran cantidad de mujeres, ni&ntilde;os y ancianos. M&aacute;s a&uacute;n si, desmitificando tambi&eacute;n al propio personaje, tenemos claro que toda la guerra de conquista emprendida por el propio Julio C&eacute;sar estaba motivada por el inter&eacute;s particular de amasar una fortuna personal y obtener r&eacute;dito pol&iacute;tico para poder sostener su posici&oacute;n en el delicado juego de intereses y conspiraciones en el que se hab&iacute;a convertido la rep&uacute;blica romana a mitad del siglo I a.C. Tampoco podemos ignorar que fue el propio Senado quien era consciente de que la pol&iacute;tica agresiva que C&eacute;sar estaba aplicando en territorio galo rozaba abiertamente con la legalidad. Estamos acostumbrados a perdonar al personaje, porque como vencedor de la guerra civil y predecesor de Octavio Augusto, su imagen ha sido &ldquo;blanqueada&rdquo;; pero el motivo principal por el que C&eacute;sar cruz&oacute; el Rubic&oacute;n era que al dejar su mandato, iba a ser procesado por sus actuaciones durante estos diez a&ntilde;os de campa&ntilde;a y el resultado no iba a ser favorable para sus intereses.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No son solo los cad&aacute;veres que fueron quedando esparcidos por los campos de batalla, sino el enorme n&uacute;mero de desplazados que su guerra provoc&oacute; y la ingente cantidad de vencidos que acabaron siendo vendidos como esclavos. Ante la llegada de las legiones romanas, los galos no estaban en las mejores condiciones para ofrecer batalla en la mayor&iacute;a de las ocasiones. Como se&ntilde;ala el propio C&eacute;sar (Guerra de las Galias 1.12.3): reliqui sese fugae mandarunt atque in proximas silvas abdiderunt (los restantes se encomendaron a la fuga y se escondieron en la direcci&oacute;n de los bosques m&aacute;s cercanos). Es decir, la &uacute;nica alternativa era buscar refugio o esconderse donde pudieran estar a salvo del alcance de sus armas.
    </p><p class="article-text">
        Aplicar a estos episodios hist&oacute;ricos el t&eacute;rmino &ldquo;genocidio&rdquo;, acu&ntilde;ado en 1942 por el jurista jud&iacute;o-polaco Raphael Lemkin, ha resultado, como se ha indicado, algo &ldquo;anacr&oacute;nico&rdquo;. Los par&aacute;metros del derecho internacional de entonces no pod&iacute;an contemplar la posibilidad amparar la situaci&oacute;n de aquellas poblaciones masacradas de forma indiscriminada. Por tanto, no podemos mirar los acontecimientos del pasado, con los ojos del presente. Lo cual no es &oacute;bice para que encontremos paralelismos entre hechos del pasado y nuestra realidad actual. Lo que est&aacute; sucediendo desde hace un a&ntilde;o y medio en territorio de Palestina queda m&aacute;s claramente enmarcado en los motivos por los que se quiso definir bajo el concepto de &ldquo;genocidio&rdquo; en el contexto de la II Guerra Mundial. Si adem&aacute;s vemos las motivaciones que est&aacute;n detr&aacute;s del l&iacute;der pol&iacute;tico israel&iacute;, que se empe&ntilde;a en mantener activa una guerra represiva contra el pueblo palestino, vinculada a su propia supervivencia pol&iacute;tica, no podremos dejar de pensar en Julio C&eacute;sar y su campa&ntilde;a en la Galia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que todav&iacute;a hoy haya resistencia pol&iacute;tica y medi&aacute;tica por no aplicar el t&eacute;rmino de genocidio a lo que est&aacute; sucediendo con la poblaci&oacute;n civil palestina, no tiene nada que ver con anacronismos, sino con la voluntad interesada por no ofender a los agentes internacionales que tienen intereses directos e indirectos en este conflicto. Nadie podr&aacute; acusar de &ldquo;anacronismo&rdquo; a los periodistas e incluso a los historiadores del futuro cuando describan sin ning&uacute;n tipo de prevenci&oacute;n que lo que ocurri&oacute; con la poblaci&oacute;n civil del territorio de Gaza durante la guerra que se desencaden&oacute; tras el ataque terrorista del 8 de octubre de 2023 fue un plan genocida orquestado para &ldquo;destruir total o parcialmente a un grupo nacional, &eacute;tnico, racial o religioso&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/reliqui-sese-fugae-mandarunt-atque-in-proximas-silvas-abdiderunt_132_12165278.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Mar 2025 12:11:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Reliqui sese fugae mandarunt atque in proximas silvas abdiderunt]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Ut dictator diceretur]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ut-dictator-diceretur_132_12074046.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c99b5888-3a7b-47e3-ba77-21ca1e8d7f40_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ut dictator diceretur"></p><p class="article-text">
        Todos somos conscientes de que la mayor&iacute;a de los t&eacute;rminos que contin&uacute;an teniendo validez para describir nuestra actualidad pol&iacute;tica provienen de los acu&ntilde;ados en &eacute;poca antigua, por griegos y romanos. A la tan manida pregunta que se hacen los miembros del Frente Popular de Judea de &iquest;qu&eacute; han hecho los romanos por nosotros?, una de las respuestas debe salir de forma autom&aacute;tica: nuestra pol&iacute;tica. Sin embargo, los conceptos no son entes parados en el tiempo, sino que evolucionan para describir realidades nuevas y modernas. En esta semana nos hemos desayunado con el titular &ndash; uno m&aacute;s &ndash; de las declaraciones del presidente de EEUU, Donald Trump, ha hecho sobre el de Ucrania, Volod&iacute;mir Zelenski, a quien ha atribuido nada menos que el apelativo de &ldquo;dictador&rdquo;. No dejar&iacute;a de ser una an&eacute;cdota m&aacute;s entre las que a diario nos ofrece el histri&oacute;nico &ldquo;l&iacute;der del mundo libre&rdquo;, si no fuera porque este personaje se ha caracterizado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os por construir una realidad paralela que no tiene por qu&eacute; coincidir con la verdad, ni con lo que sabemos por la historia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Resulta bastante parad&oacute;jico que sea el propio Trump, quien en su primer mes de gobierno ha aprobado un centenar de decretos presidenciales que no han pasado por las c&aacute;maras de representantes ni el senado norteamericano, quien haga tal acusaci&oacute;n, rescatando un t&eacute;rmino que, c&oacute;mo no, tiene sus or&iacute;genes en la remota rep&uacute;blica romana. Cuando fue expulsado el &uacute;ltimo rey, los patricios romanos se dotaron de un sistema pol&iacute;tico olig&aacute;rquico, donde el poder quedaba repartido entre diferentes magistrados y con el Senado como &oacute;rgano supervisor. Escarmentados de los excesos que hab&iacute;an sufrido durante la monarqu&iacute;a, decidieron que ning&uacute;n particular pudiera acumular el poder pol&iacute;tico, y por eso surgieron los cargos colegiados; es decir, que siempre hubiera un colega que sirviera de contrapeso. Sin embargo, desde muy temprano, Roma se embarc&oacute; en guerras con sus vecinos y cuando su territorio se fue expandiendo por toda Italia, sufri&oacute; la amenaza de invasiones de pueblos que entraron en la pen&iacute;nsula con intensiones expansivas. En situaciones de extremo peligro, principalmente amenazas b&eacute;licas, el Senado fue consciente de que pod&iacute;a ser necesario escoger a un solo individuo a quien conferirle todo el poder y que as&iacute; tomara las decisiones necesarias para salir de la crisis. As&iacute; fue como se cre&oacute; la magistratura del &ldquo;dictador&rdquo; (literalmente &ldquo;el que da las &oacute;rdenes&rdquo;). Pero esto no significaba la renuncia al control, sino que en previsi&oacute;n de tentativas personalistas, el dictador siempre era elegido por un periodo de seis meses, prorrogable al a&ntilde;o. Pasado ese tiempo, deb&iacute;a devolver los poderes recibidos y hacer balance de las decisiones tomadas durante el cargo. De esta forma, durante toda la rep&uacute;blica romana, la idea de &ldquo;dictadura&rdquo; estaba vac&iacute;a de cualquier connotaci&oacute;n negativa, pues exist&iacute;an controles suficientes para evitar que se empleara este cargo para un posible retorno a la monarqu&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto no siempre fue as&iacute;, pues la &ldquo;dictadura&rdquo; fue el medio que utilizaron Lucio Cornelio Sila y Cayo Julio C&eacute;sar para ejercer su monopolio del poder una vez vencieron en sendas guerras civiles. Como explica el orador Cicer&oacute;n en una carta escrita a su amigo &Aacute;tico (Carta a &Aacute;tico, 9.15) cont&aacute;ndole aquellos acontecimientos: ut dictator diceretur (siendo nombrado dictador). El hecho de que el primero la ejerciera durante varios a&ntilde;os seguidos y que C&eacute;sar fuera nombrado &ldquo;dictador vitalicio&rdquo; poco antes de su asesinato, nos informan, no tanto de un sentido peyorativo del t&eacute;rmino, sino m&aacute;s bien del propio agotamiento del sistema republicano que ser&aacute; inmediatamente sustituido por el Imperio. Sin embargo, aunque la dictadura desapareciera de la pol&iacute;tica romana &ndash; &iquest;qui&eacute;n necesita dictadores cuando el poder ahora lo ejercen los emperadores? &ndash;, el t&eacute;rmino no lleg&oacute; nunca a ser interpretado en el sentido con el que lo usamos en la actualidad. Para una visi&oacute;n peyorativa del poder ejercido por un solo individuo de forma autocr&aacute;tica y sin el control de los estamentos del poder los romanos hab&iacute;an asimilado una figura que proven&iacute;a de las ciudades griegas: el tirano. Los helenos ya hab&iacute;an experimentado en su pasado la experiencia de formas de gobierno donde un individuo asaltaba el gobierno de la polis, lo reten&iacute;a de forma personalista y ejerc&iacute;a un populismo legislativo para garantizarse un apoyo del pueblo. Esta era la manera en que los romanos se consideraban superiores a los griegos, porque nunca hab&iacute;an sido capaces de aceptar algo semejante.
    </p><p class="article-text">
        La visi&oacute;n negativa que ha quedado asociada a la idea de dictadura es relativamente reciente en el tiempo. Hasta el siglo XIX no se miraba con tan malos ojos la posibilidad de que individuos ejercieran un poder unipersonal. De hecho, es en el momento en que la dictadura se confunde con tiran&iacute;a, cuando realmente queda asimilada a algo negativo y esto se producir&aacute; principalmente durante el siglo XX.&nbsp;El empleo de los palabras en la construcci&oacute;n del discurso oficial encierra m&aacute;s intenciones que las meramente ling&uuml;&iacute;sticas. Donald Trump sabe perfectamente que, a pesar de la excepcionalidad de la situaci&oacute;n pol&iacute;tica de Ucrania, su presidente dista mucho de ser un dictador (especialmente, si quien tiene en frente es Putin, quien se lleva perpetuando en el gobierno ruso los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os). Pero como manipulador consumado que es, su finalidad es distraer nuestra atenci&oacute;n ante lo desproporcionado de su acusaci&oacute;n, para alejarnos de la realidad. Si alguien parece querer encajar en la idea negativa que los romanos ten&iacute;an de la tiran&iacute;a es el propio Trump y su manera personalista de ejercer la presidencia de un pa&iacute;s democr&aacute;tico. Lo que la historia nos ense&ntilde;a sobre muchos de los tiranos griegos de anta&ntilde;o, es que no fue el pueblo quien normalmente lo acab&oacute; apartando, sino las intervenciones de las oligarqu&iacute;as de las ciudades, que temieron perder tambi&eacute;n sus propios privilegios. Veremos si esta vez, tambi&eacute;n, la historia se repite.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ut-dictator-diceretur_132_12074046.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Feb 2025 14:13:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ut dictator diceretur]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Consularum quoque traditur destinasse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/consularum-quoque-traditur-destinasse_132_12015118.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2df456ed-7cfc-425d-ab7c-5fa9267d9bcb_16-9-discover-aspect-ratio_default_1110793.jpg" width="529" height="298" alt="Consularum quoque traditur destinasse"></p><p class="article-text">
        En la larga lista de emperadores que gobernaron el<strong> Imperio romano</strong> hubo unos cuantos que destacaron por ejercer el mando de forma ca&oacute;tica, tir&aacute;nica y rayando la locura. De hecho, fueron los responsables de que exista una categor&iacute;a denominada &ldquo;emperadores locos&rdquo;, con independencia de la dinast&iacute;a a la que pertenecieran o al momento hist&oacute;rico en el que se encontraran. Todos habremos escuchado en alg&uacute;n momento, visto en pel&iacute;culas, series o documentales, las excentricidades de un Cal&iacute;gula al casarse con su hermana y abrirle el vientre para sacar a su futuro hijo; a Ner&oacute;n y su imagen tocando la lira mientras la ciudad de Roma ard&iacute;a; a C&oacute;modo luchando como un gladiador m&aacute;s en las arenas del Coliseo o a un Caracalla manchando sus manos de la sangre de su hermano Geta. As&iacute; es como los historiadores de su momento los retrataron en las biograf&iacute;as o cr&oacute;nicas de sus gobiernos, dejando fijada la idea de que hubo emperadores &ldquo;buenos&rdquo; y emperadores &ldquo;malos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Sin embargo, el hecho de que dependamos enormemente de estas &uacute;nicas fuentes escritas nos condiciona a la hora de llegar a conocer cu&aacute;nto de verdad pod&iacute;a haber en estos relatos, y cu&aacute;nto de propaganda o intereses particulares. Lo que nosotros conocemos como Imperio romano, en realidad fue el resultado de un proceso pol&iacute;tico de acumulaci&oacute;n del poder en manos de un individuo, el primero de todos Octavio Augusto, pero sin romper abiertamente con el sistema de gobierno republicano. Esto significaba que, en la pr&aacute;ctica, se mantuvo un <strong>senado</strong> y una aristocracia patricia que de una forma u otra buscaban seguir participando e influyendo en las decisiones pol&iacute;ticas, militares y econ&oacute;micas que afectaban a los territorios bajo dominio romano. Muchos de los emperadores eran conscientes de esto. De hecho, sab&iacute;an que mantenerse en el poder depend&iacute;a de ganarse el apoyo de la &eacute;lite romana, representada en los senadores que, aunque ya no reg&iacute;an la pol&iacute;tica romana, s&iacute; que ten&iacute;an capacidad de influencia y de apoyo. De esta manera, si leemos los relatos de historiadores como Suetonio, T&aacute;cito o Di&oacute;n Casio, veremos que en buena medida la fama de &ldquo;buenos emperadores&rdquo; que se vincularon a personajes como Octavio, Claudio, Vespasiano, Trajano o Marco Aurelio, se debe a que fueron gobernantes que no se enfrentaron abiertamente al senado y a la nobleza romana. Se podr&iacute;a decir que ejercieron un mandato en colaboraci&oacute;n senatorial. Por otra parte, el inicio de las &ldquo;locuras&rdquo; atribuidas a los &ldquo;malos emperadores&rdquo;, se suele vincular al momento en que estos empiezan a tomar decisiones de forma unilateral y van dejando a un margen cualquier ejercicio de control o consulta por parte del senado. La manera en que se describen estos ejemplos de mal gobierno refleja una especie de desaf&iacute;o hacia la autoridad representada por el senado romano. La an&eacute;cdota que identifica esta afrenta de forma m&aacute;s evidente es el relato recogido por Suetonio en su Vida de los Doce C&eacute;sares (IV, 55), quien describe el gran aprecio que el emperador Cal&iacute;gula ten&iacute;a por su caballo Incitato. Hasta tal punto era su predilecci&oacute;n, que no solo mand&oacute; construir unas caballerizas de m&aacute;rmol, sino que &ldquo;consularum quoque traditur destinasse&rdquo; (hasta se dice que le destinaba el <strong>consulado</strong>).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una historia como esta no puede sino servir para reforzar la extravagancia y falta de cordura de quien es capaz de protagonizarla. Pero si ponemos en perspectiva la voluntad que hay detr&aacute;s de quienes nos la transmiten, podemos alcanzar una interpretaci&oacute;n algo diferente. Si Cal&iacute;gula est&aacute; dispuesto a nombrar c&oacute;nsul a su caballo &ndash; recordemos que el consulado era la m&aacute;s alta magistratura en la Roma republicana y durante el imperio era casi como actuar de primer ministro imperial &ndash; es porque el mensaje que est&aacute; queriendo enviar es doble. Por un lado, que tiene tan controlado el poder que es capaz de re&iacute;rse del significado de los cargos que hasta ese momento han sido ejercidos por las senadores, aquellos que se consideraban los leg&iacute;timos depositarios del derecho a gobernar. Y por otro lado, porque sabe que goza del apoyo popular que le permite ridiculizar la pol&iacute;tica tradicional y ejerce su gobierno de forma personal y sin tener que rendir cuentas a nadie.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los ejemplos de este tipo de gobernantes no se limitan exclusivamente al pasado remoto de la antigua Roma. La historia nos ha dejado episodios de individuos que al alcanzar el poder, luego lo han ejercido de forma desp&oacute;tica, amparados en un respaldo popular m&aacute;s o menos generalizado. La denominaci&oacute;n de estos personajes como &ldquo;tir&aacute;nicos&rdquo; entroncar&iacute;a con el significado original que esta palabra ten&iacute;a en las ciudades griegas de la antig&uuml;edad. <strong>Un tirano</strong> era aquel que llegaba al poder con el apoyo del pueblo (demos) y ejerc&iacute;a una pol&iacute;tica populista rompiendo con los intereses de las clases dirigentes del momento. En nuestra m&aacute;s reciente actualidad nos enfrentamos a un momento en el que la pol&iacute;tica internacional va a estar definida por el poder ejercido por un personaje que ha vuelto con un enorme respaldo popular. La tentaci&oacute;n de reducir sus actuaciones al apelativo de &ldquo;locura&rdquo; no ser&iacute;a sino un deseo de vincular a una incapacidad personal lo que parece que responde a otros intereses m&aacute;s abyectos. En menos de un mes ya hemos sido testigos de decisiones equiparables al deseo de nombrar c&oacute;nsul a su caballo. Es decir, manifestar la voluntad de desafiar la manera como hasta el momento se ha ejercido el orden internacional. La respuesta que adopten las gobernantes, la actitud que tomemos cada uno de nosotros que tenemos la capacidad de elegir a nuestros representantes, determinar&aacute; que los pr&oacute;ximos cuatro a&ntilde;os puedan ser recordados como el mandado de un &ldquo;emperador loco&rdquo;, o el momento en que el imperio que ha ejercido su hegemon&iacute;a desde mitad del siglo pasado perdiera definitivamente su capacidad de influir en la <strong>pol&iacute;tica mundial</strong>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/consularum-quoque-traditur-destinasse_132_12015118.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Feb 2025 10:43:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Consularum quoque traditur destinasse]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Indutiae Olympicae]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/indutiae-olympicae_132_11549971.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e82b0e8f-189c-4ad9-819b-4570caa40959_16-9-discover-aspect-ratio_default_1099547.jpg" width="580" height="326" alt="Indutiae Olympicae"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En una cultura que había otorgado protagonismo al individuo, los ejercicios físicos eran una manifestación más de devoción a los dioses; por eso las pruebas agonísticas protagonizadas por los atletas tenían cabida en los grandes festivales en honor a las divinidades más relevantes</p></div><p class="article-text">
        Si hay alg&uacute;n elemento que caracteriz&oacute; a las antiguas ciudades griegas, las llamadas <em>poleis</em>, fue la pugna constante por el control de los recursos en un territorio tan fragmentado como era el extremo sur de la pen&iacute;nsula balc&aacute;nica. Esto se materializaba en una permanente situaci&oacute;n de conflictividad b&eacute;lica entre las ciudades vecinas o, incluso, entre varias de ellas frente a otras. De hecho, nunca se podr&aacute; hablar abiertamente para el periodo antiguo de algo parecido a un estado llamado <strong>Grecia</strong>. Ni tan siquiera esa palabra era empleada por los propios griegos, sino que empleaban el t&eacute;rmino &ldquo;H&eacute;lade&rdquo; para describir un territorio amplio que pod&iacute;a abarcar desde las costas de la actual Turqu&iacute;a hasta colonias y asentamientos del sur de Francia o la costa ib&eacute;rica. En ese espacio entend&iacute;an que hab&iacute;a pueblos que compart&iacute;an entre ellos elementos culturales, ling&uuml;&iacute;sticos, econ&oacute;micos y religiosos que les diferenciaba del resto de pueblos a quienes defin&iacute;an con el gen&eacute;rico de &ldquo;b&aacute;rbaros&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa identidad com&uacute;n tan indefinida se sustentaba peri&oacute;dicamente sobre elementos o hitos que eran identificados como panhel&eacute;nicos y que funcionaban como &ldquo;pegamento&rdquo; identitario com&uacute;n. Los dioses siempre han funcionado como aglutinadores de poblaciones y los festivales que se realizan en torno a ellos &ndash;fij&eacute;monos en cualquier romer&iacute;a&ndash;, son momentos id&oacute;neos para revitalizar los lazos comunes por encima de las diferencias. En el mundo griego antiguo las celebraciones en honor a las divinidades principales no se reduc&iacute;an a procesiones o sacrificios. En una cultura que hab&iacute;a otorgado protagonismo al individuo, los ejercicios f&iacute;sicos eran una manifestaci&oacute;n m&aacute;s de devoci&oacute;n a los dioses; por eso las pruebas agon&iacute;sticas protagonizadas por los atletas ten&iacute;an cabida en los grandes festivales en honor a las divinidades m&aacute;s relevantes. De entre estos momentos, los celebrados cada cuatro a&ntilde;os en Olimpia, la ciudad que acog&iacute;a el culto m&aacute;s importante del padre de los dioses, Zeus, ten&iacute;an un reconocimiento superior por parte de todas las ciudades griegas repartidas por los confines del Mediterr&aacute;neo. La tradici&oacute;n se remonta al a&ntilde;o 776 a.C. cuando se celebraron por primera vez y su valor fue tal que esta cronolog&iacute;a sirvi&oacute; durante mucho tiempo como una manera de contar el paso de los a&ntilde;os (X a&ntilde;os desde la 1.&ordf; <strong>Olimpiada</strong>).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un contexto como el que he explicado al principio, podr&iacute;a producirse una contradicci&oacute;n entre esos conflictos militares entre ciudades griegas y la voluntad de que cada cuatro a&ntilde;os cualquier ciudadano var&oacute;n pudiera honrar a Zeus compitiendo en las pruebas atl&eacute;ticas que se desarrollar&iacute;an en el estadio construido en Olimpia. Para poder encontrar una soluci&oacute;n a este problema se acord&oacute; establecer una &ldquo;tregua ol&iacute;mpica&rdquo;. Los griegos usaron la expresi&oacute;n <em>ekecheiria</em> que hace referencia al t&eacute;rmino &lsquo;inmunidad&rsquo;, pero que en la pr&aacute;ctica establec&iacute;a que cuando se convocaban los juegos en Olimpia, se declaraba una tregua de tres meses entre todas las ciudades griegas en conflicto y se otorgaba un salvoconducto para que quienes fueran a participar en las pruebas pudieran llegar sin problemas hasta la ciudad. No podemos ignorar que una medida como esta solo pod&iacute;a ser respetada si sobre ella se impon&iacute;a un elemento sancionador potente. En este caso, los griegos atribuyeron esta idea a un or&aacute;culo del dios Apolo de Delfos, que ten&iacute;a el m&aacute;ximo prestigio en la antig&uuml;edad. Por supuesto, no podemos ignorar que durante los casi once siglos que estuvieron vigentes los Juegos Ol&iacute;mpicos (hasta su prohibici&oacute;n por el emperador cristiano Teodosio en el a&ntilde;o 392), hubo muchos casos en los que bien naciones extranjeras o particulares protagonizaron sonoros incumplimientos de esta <em>indutiae Olympicae</em>. Sin embargo, las excepciones son puntuales frente al amplio cumplimiento y arbitraje de un acuerdo que antepon&iacute;a la paz y la racionalidad ante la guerra y los intereses oscuros que las desencadenan o perpet&uacute;an.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el ideario que inspir&oacute; la recuperaci&oacute;n del esp&iacute;ritu ol&iacute;mpico en 1896 con la celebraci&oacute;n de la I Olimpiada Moderna organizada en Atenas, la idea de la <em>pax ol&iacute;mpica</em> estaba presente y el Comit&eacute; Ol&iacute;mpico Internacional ha velado por la creaci&oacute;n de un Centro Internacional para la Tregua Ol&iacute;mpica. De ah&iacute; que el periodo enmarcado durante la celebraci&oacute;n de unos Juegos Ol&iacute;mpicos deber&iacute;a estar amparado por la voluntad de cumplir esta tradici&oacute;n antigua. Sin embargo, los 128 a&ntilde;os que llevamos celebrando las nuevas olimpiadas han estado marcados por una total incapacidad para alcanzar algo parecido a un alto el fuego en los numerosos conflictos b&eacute;licos que se iniciaron con el siglo XX y que contin&uacute;an en nuestros d&iacute;as. Las dos guerras mundiales son relevantes, pero las dem&aacute;s convocatorias siempre han tenido cerca alg&uacute;n tipo de conflicto armado abierto que no ces&oacute; durante las semanas de verano o de invierno en que se estaban celebrando cualquiera de los juegos. El momento m&aacute;s relevante para que se retomara la idea de <em>pax ol&iacute;mpica</em> fue el intento de alcanzarla en medio del conflicto de la guerra de los Balcanes y la organizaci&oacute;n de las Olimpiadas de Invierno en Noruega en 1994.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La realidad es que las olimpiadas han seguido organiz&aacute;ndose cada cuatro a&ntilde;os en un contexto donde lo que ha primado es lo deportivo y lo econ&oacute;mico. Hace dos a&ntilde;os que se inici&oacute; la guerra en Ucrania y pronto se alcanzar&aacute; el a&ntilde;o del ataque permanente que Israel est&aacute; realizando sobre la poblaci&oacute;n civil de Gaza. Ma&ntilde;ana ser&aacute; la inauguraci&oacute;n de las Olimpiadas en Par&iacute;s y durante unos d&iacute;as la atenci&oacute;n mundial se centrar&aacute; en las competiciones deportivas. Por este motivo, las noticias que nos puedan llegar de Ucrania, de Gaza o de otras regiones del mundo donde se est&eacute; matando a inocentes bajo el uso indiscriminado de las armas no tendr&aacute;n cabida en las parrillas informativas. Y no ser&aacute; porque la <em>indutiae Olympicae</em> se est&eacute; aplicando. Ser&aacute; porque una vez m&aacute;s los organismos internacionales con capacidad para intervenir y alcanzar la resoluci&oacute;n de estos conflictos vuelven a desentenderse y a priorizar sus propios intereses. En unas semanas se habr&aacute;n repartido las medallas oportunas, pero nadie podr&aacute; colgarse la medalla de haber impedido que durante estos d&iacute;as siga muriendo gente inocente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/indutiae-olympicae_132_11549971.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Jul 2024 17:19:40 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sagunti ruinae nostris capitibus incident]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/sagunti-ruinae-nostris-capitibus-incident_132_11380061.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7e4deaa0-c175-418f-be9a-852cbcc69d75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sagunti ruinae nostris capitibus incident"></p><p class="article-text">
        La historia antigua nos ha transmitido una enorme cantidad de episodios b&eacute;licos en los que una potencia militar somet&iacute;a al asedio y destrucci&oacute;n de poblaciones sin capacidad de defenderse, al menos en igualdad de condiciones. Los relatos de las fuentes escritas suelen coincidir en la situaci&oacute;n de angustia a la son sometidos los hombres, mujeres, ni&ntilde;os y ancianos que ven transformada su cotidianeidad por el asedio al que les somete la presencia de un ej&eacute;rcito amenazador a las puertas de sus murallas. Tanto si han participado en las causas que llevaron a esa situaci&oacute;n, como si son simplemente un eslab&oacute;n m&aacute;s en una cadena de agresiones, la poblaci&oacute;n civil siempre se ha encontrado expuesta a la injusticia inherente a toda contienda. En muchas ocasiones, el sitio se prolonga por meses, abocando esta agon&iacute;a a una experiencia de miedo, dolor, muerte, incertidumbre, hambre y desesperaci&oacute;n. La posibilidad de escapar se ve limitada por la voluntad del agresor de someter al exterminio a los sitiados y, a pesar de que puedan camuflar sus intenciones de buena voluntad, las consecuencias se van percibiendo en el d&iacute;a a d&iacute;a: desolaci&oacute;n y destrucci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Algunos sucesos narrados por las autores cl&aacute;sicos llegaron a impactar de forma relevante en la historia. En los albores del segundo gran enfrentamiento entre cartagineses y romanos, Sagunto, una ciudad situada a el levante de la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica, se convirti&oacute; en el s&iacute;mbolo de lo que puede suceder cuando un pueblo es atacado y, a pesar de sus peticiones de auxilio, se le abandona a su suerte. En el a&ntilde;o 219 a.C., despu&eacute;s de llevar el ej&eacute;rcito cartagin&eacute;s varios a&ntilde;os conquistando territorios del sureste peninsular, alcanzaron el territorio saguntino. La argumentaci&oacute;n que dio en ese momento su general An&iacute;bal era que desde esta ciudad se atacaba a sus aliados en la zona. Por tanto, quedaba plenamente justificado el ataque y sometimiento a estos que se atrev&iacute;an a cuestionar el dominio que Cartago estaba ejerciendo sobre Iberia. Durante ocho meses la ciudad fue sitiada para ser sometida por el hambre y el hostigamiento. Sin embargo, lo que suced&iacute;a en Sagunto no qued&oacute; ajeno al conocimiento general. Desde la ciudad pudieron enviar embajadores a quien en ese momento era el &aacute;rbitro internacional: Roma y su senado. All&iacute; nos cuentan las fuentes c&oacute;mo los saguntinos solicitaron la ayuda de los romanos, pidi&eacute;ndoles que hicieran cumplir a Cartago los tratados firmados en los que Roma hab&iacute;a impuesto ciertos l&iacute;mites a la expansi&oacute;n p&uacute;nica por la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica (el famoso tratado del Ebro y toda la pol&eacute;mica que ha girado en torno a &eacute;l). En un ejemplo m&aacute;s de c&oacute;mo la diplomacia es papel mojado cuando no afecta directamente a los intereses de los poderosos, Sagunto fue dejada a su suerte, a pesar de que se les &ldquo;acompa&ntilde;&oacute;&rdquo; en su sufrimiento y se pidi&oacute; a los cartagineses que acudieran tambi&eacute;n a las autoridades para resolver sus disputas.
    </p><p class="article-text">
        Es en esto contexto cuando llama la atenci&oacute;n c&oacute;mo dentro del propio senado cartagin&eacute;s lleg&oacute; a producirse el debate. Hab&iacute;a sectores que se sintieron alarmados del excesivo belicismo que estaba desarrollando An&iacute;bal y su facci&oacute;n. Alertados de la deriva de futuros enfrentamientos que esto podr&iacute;a suponer, prefigurando un posible nuevo choque con Roma, cosa que finalmente sucedi&oacute; con el estallido de la Segunda Guerra P&uacute;nica. En la narraci&oacute;n que Tito Livio nos ofrece de lo que pudo escucharse en aquellos momentos, llama la atenci&oacute;n el argumentario destructivo que sirvi&oacute; para justificar el ataque contra Sagunto. Si bien est&aacute;n en consonancia con la voluntad romana de transferir toda la responsabilidad del conflicto a los p&uacute;nicos, no deja de ser relevante c&oacute;mo queda reflejada la inevitabilidad de la destrucci&oacute;n vinculada a la guerra. Livio (Ab urbe condita, XXI, 10) pone en boca de uno de los partidarios del ataque la siguiente frase: &ldquo;Sagunti ruinae nostris capitibus incident&rdquo; (las ruinas de Sagunto caer&aacute;n sobre nuestras cabezas). En lo que parece ser una aceptaci&oacute;n de lo que va a suceder con el asedio, tambi&eacute;n podemos encontrar una prefiguraci&oacute;n de lo que vendr&aacute; a continuaci&oacute;n. La responsabilidad de Cartago en la destrucci&oacute;n de Sagunto, acontecimiento que ser&aacute; narrado por los autores como un episodio dantesco de agon&iacute;a y muerte, ser&aacute; el argumento utilizado posteriormente por Roma para iniciar la nueva contienda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde hace ocho meses, asistimos a un episodio de asedio y destrucci&oacute;n del territorio de Gaza por parte del estado de Israel, en lo que inicialmente se justific&oacute; como la respuesta a un ataque directo. Si bien el conflicto es mucho m&aacute;s que el ataque de Ham&aacute;s del 7 de octubre, la respuesta israel&iacute; ha sobrepasado cualquier posible marco jur&iacute;dico o legal de proporcionalidad, m&aacute;s all&aacute; de que los objetivos tampoco parecen quedar ya enmarcados en la leg&iacute;tima defensa. Asistimos, sin embargo, desde el resto del mundo a una situaci&oacute;n que tantas veces ha sucedido a lo largo de la historia. La gran diferencia hoy en d&iacute;a es que existen organismos y capacidades suficientes para poder obligar al agresor a que cese en su ataque. Son otros los intereses los que definen las voluntades, en el constante juego de equilibrios que definen la pol&iacute;tica internacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las ruinas de Gaza caer&aacute;n sobre las cabezas de los israel&iacute;es, no porque esto pueda suponer el estallido posterior de un conflicto a gran escala. Lo har&aacute;, principalmente, porque estas ruinas y estas muertes, no servir&aacute;n para conseguir una supuesta paz en el territorio. La destrucci&oacute;n del territorio donde han estado malviviendo tantos millones de palestinos no puede ofrecer a Israel la tranquilidad de eliminar un problema que no tiene una soluci&oacute;n &uacute;nica.&nbsp;El sufrimiento de la poblaci&oacute;n de Sagunto no qued&oacute; en el olvido de la Historia. Su experiencia, repetida en tantas otras poblaciones del mundo, ha sido un ejemplo para entender que la violencia indiscriminada lejos de traer la paz, solo es generadora de nuevos y eternos conflictos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/sagunti-ruinae-nostris-capitibus-incident_132_11380061.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 May 2024 10:02:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sagunti ruinae nostris capitibus incident]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quod natura non dat, salmantica non praestat]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/oramas-docentes-natura-non-dat-salmantica-non-praestat_132_10903054.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En estos tiempos que estamos viviendo, donde nadie es capaz de asumir sus propias responsabilidades y con bastante ligereza las descarga sobre otros, no ha pasado desapercibida la &uacute;ltima ocurrencia de una veterana pol&iacute;tica canaria quien en la &ldquo;intimidad&rdquo; de unas jornadas sobre pensamiento pol&iacute;tico se despach&oacute; con la desafortunada expresi&oacute;n: &ldquo;el profesorado no tiene ni puta idea de la identidad y la cultura canaria&rdquo;. La barbaridad de la afirmaci&oacute;n fue tan grave que la propia protagonista se vio obligada a hacer lo que llamar&iacute;amos un &ldquo;campechano&rdquo; (es decir: &ldquo;Lo siento mucho, me he equivocado, no volver&aacute; a ocurrir&rdquo;); cuya sinceridad en las disculpas cada uno podr&aacute; creer o no. Sin embargo, resulta m&aacute;s llamativo a&uacute;n el trasfondo que encierra esa afirmaci&oacute;n, proviniendo de una profesional de la pol&iacute;tica de un partido que se presenta como ense&ntilde;a de la &ldquo;canariedad&rdquo; y que ,salvo este &uacute;ltimo breve par&eacute;ntesis de gobierno cuatripartito, ha estado al frente del gobierno de Canarias desde hace treinta a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Trasladar la culpa de los males de la educaci&oacute;n al profesorado no resulta novedoso, pues estamos acostumbrados a escuchar que si el sistema educativo falla, es responsabilidad de quienes lo aplican &ldquo;como pueden&rdquo; en el interior de las aulas (sean de primaria, secundaria, bachillerato o universidad). Nada tienen que ver las m&aacute;s de ocho leyes de educaci&oacute;n que han surgido en los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os. Tampoco la realidad constatada de la infradotaci&oacute;n econ&oacute;mica a todo lo referido a educaci&oacute;n, tanto a nivel nacional como auton&oacute;mico. Tampoco que por encima de los contenidos (esos que tanto echa en falta nuestra pol&iacute;tica) primen criterios pedag&oacute;gicos encaminados a potenciar otras cuestiones ajenas a la adquisici&oacute;n de conocimientos. Mucho menos que los diferentes proyectos que se plantean para abordar la especificidad de esa identidad canaria en las aulas se pierdan en la desmotivaci&oacute;n a la que acaban llegando los docentes, cuando se encuentran luego con los obst&aacute;culos institucionales para desarrollarlos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La afirmaci&oacute;n lanzada por la reubicada diputada (tal vez el llevar muchos a&ntilde;os en el Congreso de Madrid le ha llevado a desconectarse de la realidad insular) muestra desconocer que ya existen los contenidos canarios en los diferentes <em>curricula</em> de los niveles educativos. No solo eso, aunque insuficientes, tambi&eacute;n hay asignaturas espec&iacute;ficas sobre Canarias y de forma transversal se abordan dichos contenidos. En los &uacute;ltimos cursos he tenido la oportunidad de dirigir trabajos de fin de grado y trabajos de fin de master de estudiantes de Historia donde se analizaban no solo la presencia de dichos contenidos, sino la disponibilidad que ten&iacute;an los docentes para acceder a recursos did&aacute;cticos con los que ense&ntilde;arlos. Las conclusiones siempre eran que, aunque todo era mejorable, estos contenidos y estos recursos ya existen. Por tanto, con independencia de las disculpas inmediatas de la diputada regional (lo que provocar&aacute; que en unos d&iacute;as ya no se vuelva a hablar de este tema), la acusaci&oacute;n sobre el conocimiento o no del profesorado sobre la identidad canaria no se sostiene por ning&uacute;n lado.
    </p><p class="article-text">
        Dejemos de una de vez de seguir perpetuando el estereotipo de que el mal de la Educaci&oacute;n est&aacute; en los docentes, para enfrentarnos de una vez con la realidad de que quienes destrozan la Educaci&oacute;n son las pol&iacute;ticas que se aplican de forma partidista y que luego se implantan de manera infradotada y con parches. Al escuchar la sentencia salida de la boca de la diputada, me vino inmediatamente aquella frase atribuida a Miguel de Unamuno, antiguo rector de la universidad de Salamanca: <em>Quod natura non dat, Salmantica non praestat</em> (lo que la naturaleza no da, Salamanca no otorga). Lo que viene al cuento, por cuanto ya sabemos que, con respecto a la inteligencia de las personas, de donde no hay, no se puede sacar. Sin embargo, sin querer dejar nuestra opini&oacute;n vinculada exclusivamente a las torpezas de una individua, tambi&eacute;n podr&iacute;amos darle una vuelta a la interpretaci&oacute;n de este adagio y verlo de la siguiente manera: donde las instituciones no ponen los medios suficientes, ni todo el conocimiento que puedan mostrar nuestros profesionales de la ense&ntilde;anza puede obrar milagros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/oramas-docentes-natura-non-dat-salmantica-non-praestat_132_10903054.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Feb 2024 11:25:12 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Quod natura non dat, salmantica non praestat]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Iratus est valde et mittens occidit omnes pueros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/iratus-est-valde-et-mittens-occidit-omnes-pueros_1_10802666.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e5910101-1fec-4f95-9c62-bac58b4783fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Iratus est valde et mittens occidit omnes pueros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Entre las celebraciones que saturan el calendario de estos d&iacute;as de finales de a&ntilde;o suele pasar desapercibida una que, vista con perspectiva, parece tener muy poco de festividad: la Matanza de los Santos Inocentes. Tal vez porque desde hace siglos ha quedado vinculado este 28 de diciembre a la tradici&oacute;n de realizar bromas, aunque este aspecto tambi&eacute;n parece que va perdiendo cada vez m&aacute;s seguidores. El hecho de que en el calendario cristiano (pues no se trata solo de una cuesti&oacute;n cat&oacute;lica, sino que est&aacute; presente en todas las dem&aacute;s iglesias cristianas), se haya consolidado desde el siglo V la conmemoraci&oacute;n de este episodio evang&eacute;lico, se nos ha introducido en nuestra cotidianidad despojado de la carga dram&aacute;tica que realmente posee: que en un determinado d&iacute;a Herodes, un rey celoso y amenazado de su poder, ordenara que se exterminara a todos los ni&ntilde;os de una poblaci&oacute;n menores de dos a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tomando como punto de partida la narraci&oacute;n que nos ha llegado a trav&eacute;s del &uacute;nico evangelista que lo cuenta, Mateo, el acontecimiento se vive desde la perspectiva en primera persona del propio Jos&eacute;, a quien un &aacute;ngel avisa para que solo su hijo evite la matanza y todo queda enmarcado en una justificaci&oacute;n necesaria para que lo que las escrituras hab&iacute;an predicho se cumpliera. Si los acontecimientos narrados en los evangelios ya presentan ciertas controversias hist&oacute;ricas, todo lo referente al nacimiento y la infancia de Jes&uacute;s han de ser mirados con m&aacute;s suspicacia a&uacute;n. Y no solo por la participaci&oacute;n milagrosa de palomas, &aacute;ngeles y magos venidos de Oriente. Sino, en particular, por la propia inconsistencia de los supuestos datos hist&oacute;ricos ver&iacute;dicos que aparecen para contextualizar estos acontecimientos que cada a&ntilde;o &ldquo;conmemoramos&rdquo;. Ese rey Herodes el Grande, a quien, por lo que sabemos por fuentes hist&oacute;ricas, era muy capaz de ordenar matanzas como esta, ya llevaba un tiempo muerto (4 a.C.) para cuando se produjo el censo de Quirino (6 d.C.) que, en teor&iacute;a, oblig&oacute; a Mar&iacute;a y a Jos&eacute; a coger una mula y marchar a Bel&eacute;n. A eso le sumamos la ausencia total de referencias a tal matanza en las fuentes, como Flavio Josefo, que no tienen miramientos en contar todas las crueldades protagonizadas por este monarca. Y el hecho de que haya sido contada exclusivamente por uno de los evangelistas, en un deseo por crear una narraci&oacute;n que permita justificar una raz&oacute;n para el viaje forzado a Egipto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el sentido del relato incorporado a la tradici&oacute;n cristiana y dado por v&aacute;lido por generaciones de creyentes y no creyentes, no deja de tener un valor literario y simb&oacute;lico m&aacute;s all&aacute; de las interpretaciones teol&oacute;gicas que los primeros Padres de la Iglesia justificaron al presentarlos como m&aacute;rtires de sangre necesarios para prefigurar la muerte que m&aacute;s adelante sufrir&iacute;a el propio Jes&uacute;s. De ah&iacute; que la fecha del calendario lit&uacute;rgico lo sit&uacute;e despu&eacute;s del de Esteban, el primer m&aacute;rtir. La muerte de unos ni&ntilde;os a quienes se concede el t&iacute;tulo de inocentes, no solo por no tener culpa de la raz&oacute;n que provoca su asesinato, sino tambi&eacute;n porque no llegar&aacute;n nunca a poder tener la suerte de conocer los nuevos tiempos que est&aacute;n por venir, queda insertada en la narraci&oacute;n tan frecuente en la Biblia, donde para conseguir determinados fines el dios del Antiguo Testamento no tiene inconveniente en asumir la muerte de menores: desde la &uacute;ltima plaga de Egipto hasta el propio sacrificio de Isaac. Para que todo esto suceda y se cumplan los &ldquo;designios divinos&rdquo;, siempre hace falta que haya alguien que act&uacute;e como ejecutor. Rams&eacute;s provoc&oacute; el destino de los primog&eacute;nitos de Egipto con su tozudez. Y Herodes, como se&ntilde;ala el propio evangelio de Mateo, &ldquo;mont&oacute; en c&oacute;lera y mand&oacute; matar a todos los ni&ntilde;os&rdquo; (<em>iratus est valde et mittens occidit omnes pueros</em>. Mt. 2,16).
    </p><p class="article-text">
        Es curioso comprobar c&oacute;mo la desdramatizaci&oacute;n del episodio de los Santos Inocentes se ha instalado plenamente en nuestra sociedad occidental, que tanto se enorgullece de proclamar sus ra&iacute;ces cristianas. Cuando muchos se lamentan, en un arrebato de nostalgia conservadora, de que se pierdan las ra&iacute;ces religiosas de estos d&iacute;as, al final solo est&aacute;n preocupados por dos o tres acontecimientos puntuales. Pero voluntariamente ignoran que cuando celebran en la Navidad que Jes&uacute;s vuelve a nacer cada a&ntilde;o, olvidan que a los ni&ntilde;os inocentes tambi&eacute;n los asesinan cada a&ntilde;o. M&aacute;s concretamente, esta vez tienen la evidencia real de que en ese territorio que artificialmente reproducen en los portales de Bel&eacute;n que decoran tantas casas, en estos momentos un nuevo Herodes ha vuelto a ordenar que maten a todos los ni&ntilde;os, sin importar la edad e ignorando que, por supuesto, son inocentes. No podemos esperar que un &aacute;ngel avise a los padres para que se los lleven de all&iacute; y huyan a Egipto. De hecho, ni tan siquiera esa posibilidad les est&aacute; permitida. Cualquier fuga de la muerte implacable es respondida por la ausencia de auxilio real, tibias denuncias internacionales, apoyos vergonzosos o justificaciones por los cr&iacute;menes cometidos por otros. Su muerte es contemplada por algunos como un mal necesario o como la responsabilidad de quienes les lideran. Tambi&eacute;n estar&aacute;n los que los vean como m&aacute;rtires de una causa que se riega peri&oacute;dicamente con sangre inocente. Pero quienes desde fuera lo contemplamos y quienes tienen alg&uacute;n tipo de responsabilidad a la hora de encontrar soluciones no se pueden (no podemos) permitir asistir impasibles a un recuento de cifras peri&oacute;dico, sin clamar contra el crimen que se est&aacute; cometiendo y exigir ahora y siempre el cese de esta matanza de inocentes. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/iratus-est-valde-et-mittens-occidit-omnes-pueros_1_10802666.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Dec 2023 13:46:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Iratus est valde et mittens occidit omnes pueros]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Non per multitudinem uincendos hostes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/non-per-multitudinem-uincendos-hostes_1_10597796.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ba22229-1327-4913-ab48-0fb1dec06695_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Non per multitudinem uincendos hostes"></p><p class="article-text">
        Cuando miramos hacia la historia del estado de Israel, no podemos dejar de sorprendernos de c&oacute;mo se repite una constante a lo largo de casi tres mil a&ntilde;os: la permanente lucha por mantener un territorio que siempre fue apetecido por todos los imperios que han controlado de una forma u otra esa zona de tr&aacute;nsito obligado que fue el levante mediterr&aacute;neo antiguo. Los textos sagrados jud&iacute;os se forjaron por la necesidad de definir la identidad de un pueblo (o varios de ellos) en torno a la veneraci&oacute;n de un dios y su vinculaci&oacute;n a una determinada porci&oacute;n de tierra. De hecho, su fr&aacute;gil entidad pol&iacute;tica se manten&iacute;a haciendo equilibrismos entre preservar la unidad pol&iacute;tica y no ser fagocitados por asirios, babilonios, persas, macedonios, sel&eacute;ucidas, romanos, bizantinos, etc. Peri&oacute;dicamente, los profetas describ&iacute;an la ocupaci&oacute;n de turno como un castigo por los pecados de sus gobernantes o de todo el pueblo jud&iacute;o. Y la promesa permanente era la de que surgir&iacute;a un &ldquo;mes&iacute;as&rdquo;, un elegido, que guiar&iacute;a al pueblo para quitarse de encima el yugo del ocupante y devolver&iacute;a la libertad y la independencia. Pero en lo que tambi&eacute;n coinciden, tanto los textos b&iacute;blicos como las fuentes hist&oacute;ricas, es que ninguno de esos momentos de lucha por la libertad ser&iacute;a pac&iacute;fico. Al contrario, son numerosos los episodios de luchas sangrientas lideradas por cabecillas m&aacute;s o menos mesi&aacute;nicos que arrastraron al pueblo jud&iacute;o a embarcarse en guerras asim&eacute;tricas; en las que, de entrada, ten&iacute;an todas las de perder. En algunos casos con cierto &eacute;xito, como la protagonizada por Judas Macabeo en el 166 a.C. contra los sel&eacute;ucidas y que llev&oacute; despu&eacute;s de treinta a&ntilde;os a la instauraci&oacute;n del reino de Judea. Otras no pudieron alcanzar su objetivo: las dos revueltas jud&iacute;as contra el dominio romano (66 &ndash; 73 d.C. y 132 &ndash; 135 d.C.) tuvieron como resultado tanto la destrucci&oacute;n del templo y la ciudad de Jerusal&eacute;n, como la muerte de un importante n&uacute;mero de jud&iacute;os (hombres, mujeres, ni&ntilde;os, ancianos) que durante a&ntilde;os se alzaron para resistirse contra la ocupaci&oacute;n romana y sus abusos. En cada uno de estos casos, la desproporci&oacute;n entre los alzados jud&iacute;os y el ej&eacute;rcito ocupante era tan enorme, que solo podemos suponer que la motivaci&oacute;n que pudiera llevar a quienes se enfrentaran a una muerte segura fuera la desesperaci&oacute;n y el deseo de encontrar una forma de vivir o morir dignamente. A pesar de que la literatura posterior ha revestido estos episodios de un componente religioso, hay que ponerse en el lugar de aquellas personas para comprender que, por encima de cualquier consideraci&oacute;n espiritual, la p&eacute;rdida de toda expectativa para poder salir adelante termina por disolver cualquier impedimento para lanzarse a una acci&oacute;n desesperada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quien mejor dej&oacute; constancia de la historia antigua del pueblo jud&iacute;o fue Flavio Josefo. Este jud&iacute;o, llamado primero Yosef ben Matityahu, hab&iacute;a participado en la revuelta iniciada al final del mandato del emperador Ner&oacute;n, que tom&oacute; a los romanos casi siete a&ntilde;os finalizar. Capturado a comienzos del conflicto, pas&oacute; a ser esclavo del futuro emperador Vespasiano y tras su liberaci&oacute;n escribi&oacute; numerosos libros sobre las guerras en las que se hab&iacute;an visto inmersos los jud&iacute;os. Para los historiadores, Josefo es la contraparte para poder contrastar la historia de los jud&iacute;os frente a lo que cuentan los textos b&iacute;blicos. Cuando describe cu&aacute;l era el ambiente que motivaba a quienes se atrev&iacute;an a enfrentarse a ej&eacute;rcitos m&aacute;s numerosos y poderosos que ellos, se&ntilde;ala:&nbsp;Non per multitudinem uincendos hostes (Flavio Josefo, Antig&uuml;edades Jud&iacute;as, XII, 287): es decir: &ldquo;la victoria no estribaba en el n&uacute;mero elevado de soldados&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El actual estado de Israel no ha dejado de reproducir esta din&aacute;mica de supervivencia a trav&eacute;s de la lucha armada. Sin embargo, en su proceso reciente de conformaci&oacute;n ha creado un paralelismo antag&oacute;nico con lo que fue su propia historia antigua, por medio de la traslaci&oacute;n hacia la poblaci&oacute;n palestina de la motivaci&oacute;n que movi&oacute; sus pasados episodios de rebeli&oacute;n. La guerra en Palestina nunca ha terminado desde que estall&oacute; en 1948 con la declaraci&oacute;n del estado de Israel. Lo que ha habido en los &uacute;ltimos 75 a&ntilde;os es una reactivaci&oacute;n peri&oacute;dica de un conflicto que no ha encontrado soluci&oacute;n v&aacute;lida para, al menos, una de las partes. La reactivaci&oacute;n de las hostilidades, con toda la crueldad que siempre tiene todo empleo de las armas y que cuando afectan a poblaci&oacute;n civil son siempre condenables, vuelve a dar actualidad medi&aacute;tica (que es la que parece que solo nos interpela) a una situaci&oacute;n de desesperaci&oacute;n a la que se ven abocadas las poblaciones palestinas que est&aacute;n recluidas en guetos o son hostigadas de forma peri&oacute;dica por una fuerza de ocupaci&oacute;n en los territorios que te&oacute;ricamente est&aacute;n bajo control de la autoridad palestina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La respuesta sobredimensionada que se est&aacute; produciendo en estos momentos bajo el amparo de la &ldquo;leg&iacute;tima defensa&rdquo; no trae ninguna soluci&oacute;n al conflicto, m&aacute;s all&aacute; del tan manido &ldquo;ojo por ojo&rdquo;, y que viene a pagar con sangre de poblaci&oacute;n igualmente inocente, la propia situaci&oacute;n de inestabilidad pol&iacute;tica en la que ha quedado el gobierno de Israel tras la salvaje incursi&oacute;n b&eacute;lica de las fuerzas de Ham&aacute;s. Quien piense que la respuesta desproporcionada de las fuerzas de Israel, arrasando un territorio entero, atacando de forma indiscriminada a la poblaci&oacute;n de Gaza, obligando a un &eacute;xodo masivo e incontrolado bajo la desesperaci&oacute;n de salvar la vida y abandonar lo poco se tiene y sin ning&uacute;n objetivo preciso m&aacute;s all&aacute; de la deshumanizaci&oacute;n del enemigo, va a crear un entorno m&aacute;s seguro para los pr&oacute;ximos a&ntilde;os, es que no conoce el conflicto palestino-israel&iacute;, ni tampoco conoce la historia. Si se acent&uacute;a a&uacute;n m&aacute;s la situaci&oacute;n de desesperaci&oacute;n que ya vive la poblaci&oacute;n palestina despu&eacute;s de tres generaciones que han vivido la Nakba y la ocupaci&oacute;n, solo se estar&aacute; creando m&aacute;s caldo de cultivo para tener aseguradas otras tantas generaciones de palestinos dispuestos a enfrentar a quien consideran su invasor, porque la otra alternativa no los lleva a ning&uacute;n lado. Y eso, ya lo vivieron los jud&iacute;os en su propio territorio a lo largo de su historia antigua.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/non-per-multitudinem-uincendos-hostes_1_10597796.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Oct 2023 13:09:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Non per multitudinem uincendos hostes]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Hannibal ad portas esset]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hannibal-ad-portas-esset_132_10368562.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Muy felices se las daban los romanos despu&eacute;s de haber derrotado a su m&aacute;s enconado enemigo, Cartago, en lo que por entonces se llam&oacute; la Guerra P&uacute;nica y que solo era la primera de otras tres. Los cartagineses hab&iacute;an quedado noqueados despu&eacute;s de un primer enfrentamiento que tuvo como escenario principal la isla de Sicilia, pero que trajo como consecuencia que durante un largo periodo de tiempo tuvieran que buscar nuevos l&iacute;deres, nuevos lugares donde rehacer su poder&iacute;o y encontrar nuevos aliados entre las poblaciones b&aacute;rbaras de la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica. Mientras tanto, en Roma se hab&iacute;a instalado un cierta complacencia, convencidos de que aquellos descendientes de los fenicios que durante mucho tiempo hab&iacute;an controlado buena parte del Mediterr&aacute;neo, ahora estaban lamiendo sus heridas. Las disputas internas por buscar una forma de recuperarse se hab&iacute;an llevado por delante a varios de los l&iacute;deres que de una forma u otra hab&iacute;an sido responsabilizados de la debacle militar. Pasaron por medio nuevos generales que trataron de llevar la guerra a otros terrenos, tratando as&iacute; de recuperar su propia econom&iacute;a y estar en condiciones de, alg&uacute;n d&iacute;a, devolv&eacute;rsela a los romanos. Mientras tanto, el Senado de Roma hab&iacute;a puesto sus miras en otros territorios, otras prioridades, otras nuevas conquistas. Tan solo se hab&iacute;an visto algo preocupados cuando los cartagineses avanzaron m&aacute;s r&aacute;pidamente de lo previsto en suelo ib&eacute;rico. Se limitaron entonces a mandar una comisi&oacute;n que les impuso el conocido Tratado del Ebro, que no ven&iacute;a sino a prohibirles pasar el caudaloso r&iacute;o peninsular, pensando que un papel firmado ser&iacute;a una l&iacute;nea roja suficiente para frenar el ansia de recuperar el poder perdido por parte de los cartagineses. Solo era cuesti&oacute;n de tiempo que hubiera un l&iacute;der p&uacute;nico con la voluntad de volver a desafiar a Roma, y este fue An&iacute;bal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La toma de la ciudad de Sagunto, con independencia de si estaba m&aacute;s arriba o abajo del r&iacute;o Ebro, fue la advertencia de que el conflicto a gran escala se acercaba. Los pol&iacute;ticos romanos asumieron que la guerra ser&iacute;a inminente, pero confiaban en su gesti&oacute;n de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, en su capacidad para pactar con las poblaciones aliadas y en que Cartago no ser&iacute;a un enemigo lo suficientemente fuerte como para amenazar el poder&iacute;o romano en los territorios que ya controlaba. Pero sucedi&oacute; lo impensable: An&iacute;bal se plant&oacute; en suelo it&aacute;lico cuando Roma pensaba que la guerra ser&iacute;a lejos de sus fronteras. No solo eso, sino que tras una serie de batallas decisivas, las legiones romanas con muchos de sus c&oacute;nsules al frente fueron derrotadas de forma estrepitosa. De repente, los gobernantes romanos comprobaron que su enemigo se encontraba a pocos kil&oacute;metros de la Urbe. Tras la batalla de Cannas en el a&ntilde;o 216 a.C., una frase empez&oacute; a recorrer las calles de Roma: <em>Hannibal ad portas esset</em> (&ldquo;An&iacute;bal estaba a las puertas&rdquo;, Tito Livio 23.16.2). Esta expresi&oacute;n concentraba todo el terror que produc&iacute;a en esos momentos la percepci&oacute;n de que el enemigo pod&iacute;a atravesar los muros y arrasar con todo lo que la civilizaci&oacute;n romana hab&iacute;a construido hasta ese momento. De hecho, sigue valiendo hoy en d&iacute;a para resumir el p&aacute;nico que puede producir el comprobar que, por una raz&oacute;n u otra, un enemigo que hasta no hace tanto se percib&iacute;a como lejano, est&aacute; a punto de colarse hasta el fondo de nuestra cocina (o nuestras instituciones).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El resultado de este episodio de la Segunda Guerra P&uacute;nica, como ya sabemos, no signific&oacute; que An&iacute;bal tomara Roma y cambiara por completo el curso de nuestra historia. No solo eso, Roma con el protagonismo de Publio Cornelio Escipi&oacute;n y el apoyo de sus aliados fue capaz de expulsar a An&iacute;bal de Italia y llevar la guerra a las propias fronteras de Cartago hasta alcanzar una nueva victoria.
    </p><p class="article-text">
        La sensaci&oacute;n de vulnerabilidad que vivieron los ciudadanos romanos durante los meses de incertidumbre, teniendo al enemigo acampado a poca distancia del foro, fue determinante para reaccionar y acabar con la amenaza. Roma ya hab&iacute;a vivido episodios pasados en los que los b&aacute;rbaros saltaron esas murallas y acamparon durante un tiempo por las calles, los templos y las bas&iacute;licas. Entonces fue la intervenci&oacute;n &ldquo;divina&rdquo; la que salv&oacute; el destino de la ciudad. Ahora hab&iacute;a sido la constancia y determinaci&oacute;n de sus ciudadanos y su clase pol&iacute;tica. El derrotismo y la desesperanza no son buenos consejeros en situaciones de emergencia nacional. Hace falta enfrentar la par&aacute;lisis que provoca ver la amenaza cernirse sobre nosotros y ponernos el traje de faena para evitar que el asalto a los muros de los derechos sociales y el estado del bienestar se consume. La respuesta hist&oacute;rica ha estado en las batallas, la respuesta reciente deber&aacute; estar en las urnas.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hannibal-ad-portas-esset_132_10368562.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Jul 2023 11:43:07 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Hannibal ad portas esset]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Plerosque non isdem artibus imperium a vobis petere]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/plerosque-non-isdem-artibus-imperium-vobis-petere_132_10152703.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Aunque tengamos la percepci&oacute;n de que nos encontramos inmersos en una campa&ntilde;a electoral permanente, que da comienzo al d&iacute;a siguiente de la &uacute;ltima convocatoria electoral, ser&aacute; a partir del 12 de mayo pr&oacute;ximo cuando &ldquo;oficialmente&rdquo; nuestros candidatos podr&aacute;n dirigirse a nosotros para pedirnos sin disimulo nuestro voto. Poco importa que el &aacute;mbito electoral para esta cita sea auton&oacute;mico, provincial o municipal, los intereses en juego hace tiempo que dejaron de centrarse meramente en resolver los problemas cercanos, para ser parte de una lucha m&aacute;s amplia donde el centralismo de Madrid (y no solo porque all&iacute; est&eacute; la capital) lo adsorbe todo. Hace algunos a&ntilde;os recog&iacute; en este espacio las recomendaciones que el hermano de un ilustre abogado, pol&iacute;tico y orador romano, Marco Tulio Cicer&oacute;n, le escribi&oacute; a modo de &ldquo;Manual del Buen Candidato&rdquo;. En ellas le explicaba las bases de lo que ahora es el arte de pedir el voto. En las breves p&aacute;ginas del tratado, revelaba c&oacute;mo deb&iacute;a decirle a cada futuro votante lo que esperaba o&iacute;r para ganarse su respaldo. Ya por aquellos a&ntilde;os de finales de la rep&uacute;blica romana, la palabra &ldquo;candidato&rdquo; hab&iacute;a perdido buena parte de su candor original, puesto que ambas palabras est&aacute;n emparentadas con el color blanco, sin&oacute;nimo de pureza, inocencia y virtud, y con el sentido de &ldquo;brillar&rdquo;. De ah&iacute; que se esperara que todo individuo aspirante a ejercer un cargo p&uacute;blico estuviera inspirado por este ideal. No en vano, para saber que alguien ten&iacute;a intenci&oacute;n de ser elegido a alguna magistratura deb&iacute;a pasearse durante los d&iacute;as previos por el foro vestido con una toga blanca (toga c&aacute;ndida) y de ah&iacute; se deriva el t&eacute;rmino &ldquo;candidato&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No vamos a ser ilusos y pretender que este ideal estuvo detr&aacute;s del deseo de alcanzar de una forma u otra parte del poder. Desde los inicios de las sociedades humanas existen suficientes evidencias para reconocer que, a pesar de los buenos deseos, siempre hay un punto de inter&eacute;s personal, ego&iacute;smo y orgullo en las motivaciones que nos pueden llevar a querer participar de lo que los romanos llamaron &ldquo;la cosa p&uacute;blica&rdquo; (<em>res-publica</em>). Sin embargo, a pesar de los intereses personales, debemos asumir que predomina por encima una voluntad de servicio p&uacute;blico que act&uacute;a de motor b&aacute;sico para justificar el participar en la carrera pol&iacute;tica. Ahora que parece que todo es moderno, que la Inteligencia Artificial va a sustituir nuestra capacidad creativa, se nos olvida mirar al pasado para descubrir que ah&iacute; podemos encontrar el reflejo de nuestras situaciones de hoy en d&iacute;a. No solo de Roma vienen muchos de los t&eacute;rminos que usamos en pol&iacute;tica, sino tambi&eacute;n de ah&iacute; viene el origen de nuestras campa&ntilde;as electorales y su momento estrella: los m&iacute;tines. Aunque este vocablo proceda de la adaptaci&oacute;n gr&aacute;fica del &ldquo;meeting&rdquo; ingl&eacute;s, en la antigua rep&uacute;blica romana los candidatos ten&iacute;an la oportunidad de convocar a sus posibles votantes a encuentros que ten&iacute;an el nombre de <em>contiones</em> (reuniones). Estas <em>contiones</em> serv&iacute;an de plataforma de opini&oacute;n al candidato para conocer el sentir de la ciudadan&iacute;a con respecto a sus propuestas electorales y adem&aacute;s pod&iacute;an celebrarse cualquiera de los d&iacute;as previos a la celebraci&oacute;n de los comicios. En estas reuniones se desplegaban todos los recursos de la oratoria en un intento por convencer al electorado. A falta de carteles, horas de televisi&oacute;n y cu&ntilde;as de radio, se utilizaban los recursos disponibles en la &eacute;poca. En las paredes de la ciudad de Pompeya se han identificado numerosos grafitis que recog&iacute;an peticiones p&uacute;blicas del voto para tal o cual candidato. Adem&aacute;s, se utilizaba a los esclavos, amigos y clientes para que hicieran campa&ntilde;a por ellos entre sus entornos cercanos. Pero si en algo no hemos cambiado en estos &uacute;ltimos dos mil a&ntilde;os es en la percepci&oacute;n de que para conseguir el voto, el candidato no puede decir abiertamente lo que piensa. A finales del siglo II a.C., Cayo Mario se encontraba inmerso en su campa&ntilde;a electoral por conseguir el consulado. No contaba con el apoyo de los conservadores y para tratar de ganarse el voto del pueblo, durante una de sus <em>contiones</em> en el foro, se dirigi&oacute; de esta forma a la plebe: &ldquo;la mayor&iacute;a de la gente no usa las mismas artes para pediros el gobierno y, despu&eacute;s de haberlo obtenido, llevarlo a cabo&rdquo; (<em>plerosque non isdem artibus imperium a vobis petere et, postquam adepti sunt, gerere</em>. Salustio, La Guerra de Yugurta, 85). Reconoc&iacute;a abiertamente que una cosa era pedir el voto y otra muy diferente cumplir luego lo prometido. Obviamente, &eacute;l se compromet&iacute;a no actuar de esa manera, aunque la historia nos demostr&oacute; lo contrario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a no estamos oficialmente en campa&ntilde;a y las promesas ya est&aacute;n volando de un lado para otro. Los titulares se reparten entre quienes sacan el conejo de la chistera y quienes prometen que har&aacute;n todo lo contrario. Ya sabemos que una vez que depositemos nuestro voto en la urna, las palabras podr&aacute;n ser llevadas por el viento, por eso nuestra obligaci&oacute;n como ciudadanos no puede limitarse tan solo a votar cada cuatro a&ntilde;os. Nuestro compromiso, como ya hac&iacute;an los antiguos en el origen remoto de nuestro modelo de gobierno, es estar vigilantes durante todo el periodo de gobierno. Reclamar el cumplimiento de las promesas realizadas, movilizarnos cuando caen en saco roto y exigir responsabilidades a nuestros representantes cuando se aparten de lo que se comprometieron. No hacer esto ser&iacute;a dar un cheque en blanco cada vez que vamos a la urnas o caer en el convencimiento de que nuestro voto no sirve para nada. Y eso, s&iacute; que es algo que no podemos permitirnos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/plerosque-non-isdem-artibus-imperium-vobis-petere_132_10152703.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Apr 2023 10:12:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Plerosque non isdem artibus imperium a vobis petere]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Omnia Romae venalia esse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/omnia-romae-venalia-esse_132_9796258.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La rep&uacute;blica romana tuvo que hacer frente a numerosas amenazas desde el momento mismo de su constituci&oacute;n a finales del siglo VI a.C. Aunque la mayor&iacute;a de ellas vinieron de fuera, incluso algunas pudieron haber borrado del mapa a aquella ciudad del centro de Italia (lo que nos hubiera llevado a una historia totalmente diferente a la que conocemos), fueron tambi&eacute;n frecuentes los retos internos que la pusieron a prueba. Algunos fueron provocados por el propio sistema olig&aacute;rquico del patriciado romano que trat&oacute; de mantener excluida de la plenitud de derechos pol&iacute;ticos a una parte importante de la ciudadan&iacute;a, los plebeyos. Esto deriv&oacute; en el denominado &ldquo;conflicto patricio-plebeyo&rdquo; que se alarg&oacute; durante casi doscientos a&ntilde;os y a punto estuvo con romper la convivencia c&iacute;vica. Otros trances fueron provocados por la incapacidad de la clase dirigente romana para afrontar las necesidades econ&oacute;micas y sociales del resto de la poblaci&oacute;n o de los aliados. Pero si hubo una amenaza que realmente aceler&oacute; el proceso de descomposici&oacute;n de la rep&uacute;blica que abri&oacute; las puertas al predominio del poder personalista y que termin&oacute; en la imposici&oacute;n del Imperio fue la p&eacute;rdida de credibilidad del Senado como &oacute;rgano de poder serio y respetable. El Senado era la c&aacute;mara donde desde un primer momento estaba depositada la autoridad y legitimidad del ejercicio del poder pol&iacute;tico en la rep&uacute;blica romana. Aunque su acceso estuviera limitado a los patricios y los plebeyos m&aacute;s poderosos y sus decisiones en ocasiones fueran cuestionadas por el resto de la poblaci&oacute;n, los senadores argumentaban que su motivaci&oacute;n &uacute;ltima siempre era el bien del Estado y el respecto a las tradiciones de los mayores. Sin embargo, a finales del siglo II a.C. se produjo un acontecimiento que puso en evidencia que esta reputaci&oacute;n hac&iacute;a tiempo que estaba corrompida y que, sin disimulo, los motivos que mov&iacute;an a muchos senadores estaban marcados por intereses dictados por agentes for&aacute;neos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que inicialmente era otro conflicto externo m&aacute;s, como los que Roma llevaba embarcada despu&eacute;s se hiciera con el control de territorios extra-it&aacute;licos, provoc&oacute; uno de los episodios m&aacute;s escandalosos de la pol&iacute;tica interna romana. De hecho, es en el territorio del norte de &Aacute;frica donde Roma, tras la destrucci&oacute;n de Cartago, la ciudad que estuvo m&aacute;s cerca de amenazar su existencia, ha favorecido la creaci&oacute;n del estado aliado de Numidia. En la disputa interna que se produce tras la muerte del rey Micipsa, sus hijos entran en conflicto con su primo Jugurta y deben acudir al Senado para que resuelva la partici&oacute;n del reino. Sin embargo, vueltos a Numidia, Jugurta elimina a los otros reyes y asesina a la poblaci&oacute;n romana que se encontraba en su territorio. Esto supone una declaraci&oacute;n de guerra abierta contra Roma y el pueblo romano exige al Senado una respuesta ejemplarizante contra un antiguo aliado. Se da la circunstancia de que este Jugurta hab&iacute;a pasado buena parte de su infancia en Roma, donde hab&iacute;a establecido buenas relaciones con sectores aristocr&aacute;ticos de la ciudad y hab&iacute;a aprendido de primera mano c&oacute;mo funcionaba el juego pol&iacute;tico de las instituciones de la rep&uacute;blica. Por tanto, cuando vio que su posici&oacute;n en Roma hab&iacute;a quedado expuesta por sus excesos belicistas no dud&oacute; en personarse en el Senado para defender directamente su causa. Lo que no se conoc&iacute;a y que ser&iacute;a el desencadenante del esc&aacute;ndalo fue que en el equipaje de su viaje hab&iacute;a cargado enormes cantidades de oro y joyas que iban a ser utilizadas para sus verdaderas intenciones. En el tiempo en que Jugurta estuvo en Roma, se dedic&oacute; a hacer generosos donativos y desembolsos sin disimulo a todo aquel senador o personaje influyente que estuviera dispuesto a recibirle. El resultado de su estrategia fue evidente, pues el senado romano aprob&oacute; sucesivamente resoluciones que no estaban a la altura de la afrenta que se hab&iacute;a cometido. Lejos de declarar la guerra e imponer un correctivo propio de una potencia a la que no le temblaba el pulso para arrasar naciones, se enviaron diversas embajadas para tratar de encontrar soluciones pac&iacute;ficas. Solo cuando la ciudadan&iacute;a romana sali&oacute; indignada a las calles en protesta por la falta de contundencia y cuando se revel&oacute; que buena parte de los senadores hab&iacute;an recibido una generosa d&aacute;diva, no qued&oacute; m&aacute;s remedio que enviar legiones y generales competentes a enfrentarse al rey n&uacute;mida. Si conocemos los entresijos de la llamada <em>Guerra de Jugurta</em> es porque un escritor romano de la &eacute;poca de Julio C&eacute;sar, Cayo Salustio, entendi&oacute; que este episodio era ejemplar para describir el grado de descomposici&oacute;n a la que hab&iacute;a llegado la rep&uacute;blica romana y que permiti&oacute; que C&eacute;sar y sus sucesores acabaran imponiendo un poder personalista. Salustio describe detalladamente c&oacute;mo Jugurta hab&iacute;a aprendido a manejar los entresijos de la pol&iacute;tica romana para favorecer sus intereses y en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n repite que en su contacto con los romanos hab&iacute;a descubierto que &ldquo;en Roma, todo estaba en venta&rdquo; (<em>omnia Romae venalia ese</em>).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta semana nos hemos enterado de que el parlamento europeo, esa instituci&oacute;n tan lejana y abstracta de la que muchos desconocemos c&oacute;mo funciona, pero cuyas decisiones nos afectan mucho m&aacute;s de lo que creemos, se ha visto sacudido por el esc&aacute;ndalo de descubrir que algunos de sus parlamentarios recib&iacute;an importantes sumas de dinero para influir con sus decisiones a favor de terceros pa&iacute;ses. M&aacute;s all&aacute; de que la noticia parece una gota en medio de un proceso mucho m&aacute;s amplio de cansancio poblacional con respecto a sus instituciones y representantes pol&iacute;ticos, el episodio es enormemente significativo. La injerencia de los intereses privados en la toma de decisiones por parte de los diferentes gobiernos constituye la base del gran problema de la corrupci&oacute;n desde tiempos pret&eacute;ritos. Pero la intervenci&oacute;n grosera, por medio de bolsas de dinero vienen a se&ntilde;alar un nivel de podredumbre de volumen significativo. Es la confirmaci&oacute;n de que las autoridades de los pa&iacute;ses que han protagonizado este acto tienen plenamente interiorizado que &ldquo;todo en Europa est&aacute; en venta&rdquo;. Y la consecuencia de esta evidencia, si no se le pone remedio, es que el camino para que la ciudadan&iacute;a deje de sentirse representada por unas instituciones democr&aacute;ticas queda expedito para la aparici&oacute;n de individuos que propongan otras formas de hacer las cosas, sin tener que rendir cuentas en unas urnas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/omnia-romae-venalia-esse_132_9796258.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Dec 2022 11:09:59 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Omnia Romae venalia esse]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ita esse a maioribus traditum observatumque ait]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ita-esse-maioribus-traditum-observatumque-ait_129_9610668.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Uno de los pilares sobre los que se sustentaba la autoridad que el Senado y, por tanto, la aristocracia romana era que se declaraban los garantes del <em>mos maiorum. </em>Bajo esta expresi&oacute;n se englobaba el gen&eacute;rico &ldquo;costumbres de los ancestros&rdquo; y ven&iacute;a a hacer referencia al conjunto de normas, reglas y usanzas que defin&iacute;an lo que deb&iacute;a ser el buen comportamiento de un ciudadano romano. En una sociedad tremendamente conservadora como era la romana, podemos suponer que la &eacute;lite dirigente se mostraba muy orgullosa de sus costumbres, pues ellas serv&iacute;an para reafirmar bajo una p&aacute;tina de &ldquo;tradici&oacute;n&rdquo; todo el conjunto de elementos que justificaban que el patriciado ostentara el monopolio pol&iacute;tico, econ&oacute;mico, social y religioso de la joven rep&uacute;blica romana. Cualquier intento de cambio o innovaci&oacute;n presentado por el resto de la ciudadan&iacute;a, la plebe, era bloqueado desde el senado bajo el demoledor argumento de que iba &ldquo;contra el <em>mos maiorum</em>&rdquo;. Sin embargo, la propia historia de Roma nos ense&ntilde;a que las din&aacute;micas sociales obligaron a las &eacute;lites a ceder en numerosas parcelas de lo que se denominaban las costumbres de nuestros padres. Desde el inicio del conflicto patricio-plebeyo (siglo V a.C.), los miembros del senado se encontraron con que, cada cierto tiempo, las reivindicaciones leg&iacute;timas de una parte importante de la ciudadan&iacute;a romana les obligaba a &ldquo;revisar&rdquo; esas tradiciones que se perd&iacute;an en el inicio de los tiempos. Y as&iacute; tuvieron que aceptar que los plebeyos accedieran a las magistraturas republicanas, participaran en los sacerdocios, se condonaran las deudas o, incluso, que las mujeres pudieran llegar a tener reconocidos ciertos derechos como ciudadanas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El origen latino de la palabra &ldquo;tradici&oacute;n&rdquo; (<em>traditio</em>) es presentado como una acci&oacute;n proveniente del verbo latino <em>tradere</em> y hace referencia a la transmisi&oacute;n o entrega de una ense&ntilde;anza que entronca directamente con el protagonismo de nuestros antepasados. Es el autor Aulio Gelio quien en su libro <em>Noches &Aacute;ticas</em> la utiliza para referirse a &ldquo;seg&uacute;n la tradici&oacute;n observada por los antepasados&rdquo; (<em>Ita esse a maioribus traditum observatumque ait</em>). De ah&iacute; que cuando apelamos a que determinada acci&oacute;n o costumbre la mantenemos como fruto de una tradici&oacute;n, estamos haciendo una evocaci&oacute;n directa a algo que proviene de tiempos anteriores a nosotros. Que eso que llamamos tradici&oacute;n provenga de un periodo anterior, no le confiere por s&iacute; solo un mayor grado de legitimidad o de justificaci&oacute;n. Tan solo describe un hecho cronol&oacute;gico que, adem&aacute;s, sirve para situar las cosas en su contexto. Y, por tanto, como hac&iacute;an los senadores romanos a principios de la rep&uacute;blica romana, la <em>mos maiorum</em> no se puede convertir en fin en s&iacute; mismo. Las sociedades humanas se han construido por medio del progreso y la continua transformaci&oacute;n. De tal manera que situaciones socioecon&oacute;micas que hace siglos se pod&iacute;an considerar socialmente aceptables, se convierten en obsoletas o injustas cuando es la propia sociedad la que cambia. Los ritmos tradicionales de transformaci&oacute;n eran hasta no hace mucho m&aacute;s lentos y previsibles de lo que son hoy en d&iacute;a. Muchas tradiciones transmitidas por nuestros ancestros encuentran cada vez un dif&iacute;cil encaje dentro de los valores que hoy imperan en nuestra sociedad. Y uno de los elementos que se han convertido en referente de la necesidad de redefinir esas tradiciones es lo referido a la relaci&oacute;n que se establece respecto a la leg&iacute;tima igualdad entre hombres y mujeres en todas las esferas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No deja de ser desconcertante comprobar que la justificaci&oacute;n que se ha querido establecer, en un primer momento, ante unas manifestaciones de comportamiento abiertamente machista haya sido la de que se trata de una &ldquo;tradici&oacute;n&rdquo;. Quienes la protagonizaron desde las ventanas de un colegio mayor (como podr&iacute;a haber sido desde cualquier otro espacio, puesto que no se trata de un fen&oacute;meno localizado), se sent&iacute;an amparados en una costumbre de sus mayores, que ten&iacute;a un contexto fundacional totalmente diferente al que hoy en d&iacute;a asumimos como sociedad. El hecho de que &ldquo;porque hemos recibido esta costumbre de nuestros mayores&rdquo;, queda justificado reproducir una <em>haka</em> en la que se normaliza la violaci&oacute;n y la cosificaci&oacute;n del cuerpo femenino, nos debe llevar a plantearnos hasta qu&eacute; punto los valores modernos que nuestra sociedad tiene asumidos est&aacute;n plenamente asimilados. En todo momento hist&oacute;rico ha habido reaccionarios que se resist&iacute;an a asumir que los &ldquo;tiempos han cambiado&rdquo;. En la antigua Roma es famosa la an&eacute;cdota de Cat&oacute;n el Viejo, quien se obstinaba en aceptar que los viejos valores de la rep&uacute;blica hab&iacute;an sido renovados por las innovaciones provenientes de los vencidos griegos. Lo realmente preocupante del asunto es que sean las nuevas generaciones formadas bajo un modelo educativo donde se ha trabajado en la igualdad y el respeto, las que no se rebelen contra estas &ldquo;tradiciones&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ita-esse-maioribus-traditum-observatumque-ait_129_9610668.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Oct 2022 09:44:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ita esse a maioribus traditum observatumque ait]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Homo sum: humani nil a me alienum puto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/homo-sum-humani-nil-alienum-puto_1_9128013.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La imagen que solemos tener de la sociedad romana se resume por la brutalidad que supon&iacute;a que estuviera marcada desde sus inicios por la desigualdad. Ya en la monarqu&iacute;a, luego en la rep&uacute;blica y durante todo el imperio, los romanos se diferenciaban en funci&oacute;n de su riqueza, entre quienes ten&iacute;an el privilegio de ser libres. Y mucho m&aacute;s impactante era el hecho de que los romanos hubieran naturalizado la situaci&oacute;n de la esclavitud, ya que, aunque no era exclusiva de ellos, fueron capaces de convertir el modo de producci&oacute;n esclavista en la base econ&oacute;mica sobre la que se fundament&oacute; el imperio territorial que crearon desde el siglo III a.C. Se da la circunstancia de que desde el punto de vista legal el esclavo fuera considerado un &ldquo;objeto animado&rdquo;, aunque esto no excluy&oacute; que desde muy temprano existieran pensadores que reflexionaron sobre cu&aacute;l era la consideraci&oacute;n que deb&iacute;an tener esos individuos que, sin gozar del privilegio de la libertad, no pod&iacute;an ser contemplados simplemente como mercanc&iacute;a o bienes de consumo. De ah&iacute; que esa imagen estereotipada de los romanos como insensibles a quienes no eran como ellos deber&iacute;a ser revisada, puesto que a pesar del talante imperialista y conquistador que defini&oacute; a Roma, tambi&eacute;n existi&oacute; una preocupaci&oacute;n leg&iacute;tima por atender a las situaciones de los pueblos que ca&iacute;an bajo su &oacute;rbita de control o se ve&iacute;an afectados por el inter&eacute;s que los romanos hab&iacute;an establecido sobre sus territorios o las riquezas que estos ten&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        En pleno proceso de expansi&oacute;n, cuando la idea de que hubiera emperadores no estaba contemplada, pero Roma ya ten&iacute;a un imperio territorial, se desarrollaron las bases de lo que podr&iacute;amos denominar un derecho natural que se superpon&iacute;a sobre los intereses particulares. La frase que, aunque no estaba pensada para esta circunstancia, acab&oacute; convirti&eacute;ndose entonces y ahora en el resumen de esta idea fue recogida por el comedi&oacute;grafo Terencio en su obra <em>El enemigo de s&iacute; mismo</em>, escrita a mitad del siglo II a.C. Terencio la pon&iacute;a en boca de uno de sus personajes, Cremes, y defin&iacute;a en breves l&iacute;neas una m&aacute;xima que tiene valores universales: <em>Homo sum: humani nil a me alienum puto</em> (Hombre soy, nada de lo que es humano me es ajeno). Lo que le sirve a Terencio para justificar que su personaje se inmiscuya en asuntos ajenos, sirvi&oacute; para que Cicer&oacute;n, San Agust&iacute;n o fil&oacute;sofos modernos hayan articulado una filosof&iacute;a de vida de la que no podemos desprendernos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Forma parte de la esencia del ser humano no desentenderse de los asuntos que afectan a sus cong&eacute;neres, si bien nosotros tenemos la capacidad para elegir hacerlo o no, y conocemos suficientes ejemplos en la Historia para argumentar las veces en las que los humanos nos hemos desentendido de esto. Pero recientemente, nuestra sociedad occidental se ha congratulado de c&oacute;mo la respuesta que desde todos los estamentos sociales y pol&iacute;ticos se ha dado al drama que un pueblo europeo viv&iacute;a en relaci&oacute;n con un ataque militar injusto, desproporcionado y totalmente condenable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si recordamos la sentencia de Terencio, asumimos que no podemos seleccionar qu&eacute; asuntos humanos nos interpelan y cu&aacute;les no. Si nada de lo que es humano nos es ajeno, no podemos aceptar que nuestra doble vara de medir nos haga mover cielo y tierra para ayudar con todos los medios a nuestra disposici&oacute;n a una poblaci&oacute;n del extremo de Europa, pero, al mismo tiempo, pongamos una venda que no nos permita indignarnos de la ignominia que supone que un grupo de personas haya muerto solo por el intento de alcanzar una vida mejor a trav&eacute;s del salto de una valla que les bloquea lograr ese objetivo. Cicer&oacute;n (<em>De Oficiis</em>, I, 41) nos recordaba tambi&eacute;n que &ldquo;la justicia debe observarse incluso con los m&aacute;s humildes&rdquo; (<em>Meminerimus autem etiam adversus infimos iustitiam esse servandam</em>). Est&aacute; en nuestra mano y en lo que debemos exigir a nuestros gobernantes que se encuentren respuestas a lo que ha sucedido. Pero no solo quedarnos en eso. Est&aacute; en nuestra responsabilidad seguir buscando soluciones a un problema que no se reduce solo a la actuaci&oacute;n de &ldquo;mafias&rdquo;, sino una distinta aplicaci&oacute;n del t&eacute;rmino de qui&eacute;nes son &ldquo;m&aacute;s humanos&rdquo; que otros. Es decir, los problemas de qui&eacute;nes nos ata&ntilde;en m&aacute;s que a otros. Y eso, como dec&iacute;a Terencio, no puede justificar diferenciaciones. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/homo-sum-humani-nil-alienum-puto_1_9128013.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Jun 2022 08:48:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Homo sum: humani nil a me alienum puto]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quia tacitast melior mulier semper quam loquens]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/quia-tacitast-melior-mulier-semper-quam-loquens_132_8916321.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        De sobra es conocido que la sociedad romana estaba fundamentada sobre la total autoridad que el estado conced&iacute;a al<em> pater familias</em> y que el derecho sancionaba hasta el punto de concederle la potestad de vida y muerte sobre su mujer y sus hijos. Para fundamentar este patriarcado, los romanos y dem&aacute;s sociedades antiguas acud&iacute;an a sus mitos, a trav&eacute;s de los cuales se pod&iacute;a justificar e inculcar en la poblaci&oacute;n la aceptaci&oacute;n y perpetuaci&oacute;n de aquellos modelos que se quer&iacute;an presentar como naturales o queridos por los dioses. Era un s&iacute;mbolo de civilizaci&oacute;n que la esfera p&uacute;blica estuviera reservada exclusivamente a los hombres y que la esfera privada, el interior de los hogares, fuera el territorio donde deb&iacute;an esperar las mujeres. De este modo, para los griegos y romanos, el que las mujeres tuvieran voz en las asambleas o, incluso, pudieran ejercer alg&uacute;n tipo de mando era considerado como un s&iacute;mbolo de barbarie y de decadencia de aquellos que lo toleraban. 
    </p><p class="article-text">
        Como la realidad, sin embargo, era m&aacute;s tozuda que la voluntad pol&iacute;tica, no son pocos los ejemplos que conocemos de mujeres que lograron alcanzar un breve y limitado espacio en la vida p&uacute;blica romana. Obviamente, podemos imaginar que el conocimiento que tenemos de estos episodios est&aacute; mediatizado por el horror que supusieron para los romanos y, por eso, la versi&oacute;n escrita que nos informa de ellos no tiene reparos en presentarnos estas muestras de &ldquo;mujeres con voz propia&rdquo; como aberraciones que deb&iacute;an ser evitadas y cuyo final generalmente ten&iacute;a que ejemplarizante para todas las dem&aacute;s. De ah&iacute; surge la sentencia que el autor teatral Plauto introduce en su obra &ldquo;La Soga&rdquo; cuando dice: &ldquo;porque la mujer que se calla vale m&aacute;s que la que habla&rdquo; (<em>quia tacitast melior mulier semper quam loquens</em>). 
    </p><p class="article-text">
        El mito que fundamenta esta actitud entre los romanos evoca, c&oacute;mo no, a la pretensi&oacute;n del dios supremo J&uacute;piter de salirse con la suya. En este caso, movido una vez m&aacute;s por su deseo de satisfacer sus deseos sexuales con una ninfa llamada Yuturna. Para lograrlo, oblig&oacute; a las dem&aacute;s ninfas que le ayudaran en sus intenciones y que evitaran que pudiera escarparse. Todas excepto una se sometieron a la voluntad divina. La &uacute;nica que se rebel&oacute; fue Lara, quien, en lo que podr&iacute;amos describir como un acto de &ldquo;sororidad&rdquo;, alert&oacute; a Yuturna para que evitara los lugares donde el dios la acechaba y decidi&oacute; acudir a la &uacute;nica mujer que podr&iacute;a salvar a su hermana. Cont&oacute; a Juno, esposa de J&uacute;piter, los planes de su marido y as&iacute; se frustr&oacute; el intento de violaci&oacute;n divina. Como podemos imaginar, J&uacute;piter no iba a tolerar la injerencia de una f&eacute;mina en sus planes y el castigo deb&iacute;a ser lo suficientemente severo para que sirviera de futuro escarmiento. Le arranc&oacute; la lengua a Lara para que no volviera a utilizar el instrumento con el que hab&iacute;a osado inmiscuirse en los negocios masculinos. Con el tiempo, los romanos divinizaron a esta Lara, recibiendo culto como la diosa T&aacute;cita Muta y estando reservado exclusivamente a las mujeres. En su festividad realizada cada 21 de febrero se simbolizaba el rol de silencio que deb&iacute;an reproducir las mujeres en la vida p&uacute;blica para ser consideradas buenas romanas.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de los a&ntilde;os que han pasado y del papel activo que muchas mujeres tienen en nuestra vida p&uacute;blica, encontramos a&uacute;n cada d&iacute;a actualizaciones del mito de Lara-T&aacute;cita Muta. Ciertos sectores sociales han dejado de disimular su supuesta evoluci&oacute;n hacia una comprensi&oacute;n de una sociedad igualitaria y no tienen reparos en explicitar su verdadera visi&oacute;n de lo que consideran deben ser los roles de g&eacute;nero en la vida p&uacute;blica y privada. En una sociedad como la nuestra, salpicada d&iacute;a s&iacute; y d&iacute;a tambi&eacute;n por numerosos casos de corrupci&oacute;n, donde la autoridades pol&iacute;ticas y judiciales alargan los tiempos de forma inexplicable para buscar responsables y dictar sentencias, encontramos que un asunto ha podido acaparar titulares, horas de radio y televisi&oacute;n y el inter&eacute;s espec&iacute;fico de todo un juez. 
    </p><p class="article-text">
        El inter&eacute;s por perseguir e imputar a mujeres que se han significado activamente en la pol&iacute;tica, sea desde un cargo o desde su profesi&oacute;n, forzando al m&aacute;ximo los resquicios que la ley ofrece, revela una actitud que no se reduce solo a la leg&iacute;tima lucha entre partidos o la acci&oacute;n de la Justicia. Hay de trasfondo una actitud que evoca a lo que los romanos pensaban que deb&iacute;a ser el rol p&uacute;blico de las mujeres. Estas mujeres que han transgredido la norma y que no han pedido permiso para ocupar el espacio p&uacute;blico, han recibido, reciben y recibir&aacute;n la hostilidad de aquellos que se ven amenazados en sus privilegios. Y para poder &ldquo;silenciarlas&rdquo; no importar&aacute;n los medios y no importar&aacute; que por el camino salpiquen a quienes colaboran con ellas, trabajan con ellas, piensan igual que ellas.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/quia-tacitast-melior-mulier-semper-quam-loquens_132_8916321.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Apr 2022 16:09:07 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Quia tacitast melior mulier semper quam loquens]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ad id bellum videri posset]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ad-id-bellum-videri-posset_129_8782242.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Cuando en el a&ntilde;o 221 a.C. el general cartagin&eacute;s An&iacute;bal decidi&oacute; invadir la ciudad hispana de Sagunto, no lo hac&iacute;a simplemente por un puro deseo de expansi&oacute;n imperialista. No se trataba simplemente de una conquista m&aacute;s en el proceso expansivo que los cartagineses hab&iacute;an iniciado en la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica, cuando en el 236 a.C. su padre, Am&iacute;lcar Barca, desembarc&oacute; sus tropas en las costas peninsulares. La toma de Sagunto era un episodio puntual dentro de un conflicto de mayor espectro en el que los saguntinos se convert&iacute;an en una pieza estrat&eacute;gica entre el pulso que desde hac&iacute;a m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os llevaba enfrentando a las dos grandes potencias econ&oacute;micas y militares del Mediterr&aacute;neo en esos momentos: Cartago y Roma. La lucha por controlar las &aacute;reas de influencia respectivas y el dominio econ&oacute;mico de Sicilia hab&iacute;a desembocado en lo que se conoce como la Primera Guerra P&uacute;nica (264-241 a.C.), en la que romanos y p&uacute;nicos (cartagineses) se enfrentaron cruentamente por controlar el Mediterr&aacute;neo Central y que tuvo como resultado un armisticio que fortaleci&oacute; el poder&iacute;o de Roma en la regi&oacute;n y la necesidad para Cartago de buscar nuevos territorios donde poder reconstruir su econom&iacute;a para pagar las enormes indemnizaciones de guerra y recuperar su influencia pol&iacute;tica. Ese nuevo espacio fue Iberia (la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica) que quedaba, adem&aacute;s, fuera del &aacute;rea de inter&eacute;s que Roma ten&iacute;a en esos momentos en las regiones m&aacute;s occidentales del Mediterr&aacute;neo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los siguientes a&ntilde;os, Cartago se hizo fuerte en el sur peninsular, mientras Roma se implicaba en su expansi&oacute;n hacia Oriente. Parec&iacute;a que se hab&iacute;a llegado a una &ldquo;paz caliente&rdquo;, en la que Cartago reconstru&iacute;a su antigua fortaleza y recuperaba su capacidad de gran potencia. Mientras tanto, Roma hab&iacute;a salido definitivamente de Italia para empezar a sentar las bases de un imperio mediterr&aacute;neo, contralando Sicilia, C&oacute;rcega y Cerde&ntilde;a, adem&aacute;s de intervenir en Grecia y en Asia Menor. Si Roma se hab&iacute;a embarcado en esta expansi&oacute;n territorial en su periferia, se deb&iacute;a a que ten&iacute;an el convencimiento de que Cartago hab&iacute;a quedado suficientemente escarmentado y tocado en su capacidad militar y econ&oacute;mica tras la finalizaci&oacute;n de la guerra. De tal modo que las noticias que llegaban sobre la expansi&oacute;n del territorio p&uacute;nico en Iberia no eran consideradas como algo alarmante. Cuando tan solo diez a&ntilde;os despu&eacute;s del armisticio, Cartago sald&oacute; las deudas contra&iacute;das por Roma gracias a la riqueza obtenida en la pen&iacute;nsula, empezaron las preocupaciones en el senado romano. Sabemos que se enviaron delegaciones a supervisar lo que Cartago estaba haciendo por esas remotas tierras. No solo eso, Roma empez&oacute; a establecer acuerdos de amistad con algunos estados vecinos a las tierras que Cartago hab&iacute;a conquistado. Y finalmente, en calidad de vencedor de la guerra anterior, impuso a los p&uacute;nicos lo que se conoce como el &ldquo;Tratado del Ebro&rdquo; (226 a.C.) en el que Cartago se compromet&iacute;a a no expandirse hacia el norte del r&iacute;o Ebro, mientras Roma no lo hiciera hacia el sur. El temor de los romanos a que Cartago recuperase su antiguo poder&iacute;o los hab&iacute;a llevado a intervenir en un territorio que les era totalmente ajeno y en el que hasta ese momento no ten&iacute;an intereses ningunos. No est&aacute; claro si el Ebro que se menciona en las fuentes es el actual Ebro o podr&iacute;a corresponder a alguno m&aacute;s al sur (J&uacute;car, Segura), puesto que cuando se desate el episodio de Sagunto, ambas partes aducir&aacute;n que el tratado ha sido violado.
    </p><p class="article-text">
        Volviendo al inicio de esta historia, las fuentes romanas (que son las que nos han llegado) nos presentan a An&iacute;bal como un general movido por un af&aacute;n de venganza irracional contra Roma y todo lo que significaba ser romano y, por supuesto, &uacute;nico culpable del inicio de la Segunda Guerra P&uacute;nica. Sin embargo, cuando Tito Livio (XXI.5) narra los momentos iniciales de la toma de Sagunto, describe una din&aacute;mica fr&iacute;a y calculada en la que previamente fue haciendo maniobras que asegurasen que el ataque a Sagunto era el resultado de unas circunstancias que inevitablemente le hab&iacute;an abocado a ello. Como escribe el escritor romano &ldquo;quiso hacer creer que Sagunto no era su objetivo inmediato, sino que se vio obligado a una guerra con ella por la fuerza de las circunstancias (<em>ad id bellum videri posset</em>)&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Podemos imaginar el sufrimiento que vivi&oacute; la poblaci&oacute;n saguntina que se vio envuelta en un sitio que dur&oacute; ocho meses. Durante ese tiempo hicieron llamamientos a sus vecinos y a Roma para que acudieran en su auxilio. Nadie asisti&oacute; en su ayuda. Los pueblos de alrededor ya hab&iacute;an sido dominados por Cartago o no ten&iacute;an capacidad de enfrentarse a la maquinaria b&eacute;lica cartaginesa. Roma, la otra gran potencia que hab&iacute;a puesto a Sagunto en el punto de mira de Cartago al haber establecido un acuerdo de amistad tras la firma del tratado del Ebro, tampoco apareci&oacute;. Cuando los saguntinos fueron conscientes de que nadie acudir&iacute;a en su ayuda decidieron inmolarse entre ellos, antes que convertirse en prisioneros y esclavos de los cartagineses y rechazando la oferta de rendici&oacute;n que hab&iacute;an recibido. Solo despu&eacute;s de que llegaron las noticias de la ca&iacute;da de la ciudad y el suicidio de su poblaci&oacute;n, Roma tom&oacute; la decisi&oacute;n de intervenir y declarar la guerra a Cartago. Se iniciaba as&iacute; la Segunda Guerra P&uacute;nica, que se prolong&oacute; otros 18 a&ntilde;os y que, aunque por momentos pudo suponer la derrota de Roma, finalmente provoc&oacute; la ca&iacute;da de Cartago y su reducci&oacute;n a la insignificancia pol&iacute;tica e hist&oacute;rica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La historia nos ofrece multitud de ejemplos de conflictos militares que han marcado la evoluci&oacute;n de las sociedades humanas. Las causas nunca est&aacute;n claras del todo, los responsables &uacute;nicos tampoco se reducen a un maniqueo &ldquo;buenos y malos&rdquo;. Antes de que hablen las armas, sabemos que intervienen m&uacute;ltiples elementos que nos ayudar&iacute;an a entender el por qu&eacute; se lleg&oacute; al estallido de las hostilidades. Una vez iniciadas, solo podemos desear que acaben lo antes posible y que produzcan el menor n&uacute;mero de v&iacute;ctimas. An&iacute;bal ha quedado marcado por ser el &uacute;nico responsable de la guerra que llev&oacute; al declive de Cartago. Pero An&iacute;bal no era un personaje aislado de sus circunstancias. Sus decisiones estaban condicionadas por la historia recientemente vivida y por las maniobras que Roma tom&oacute; para interferir en la pol&iacute;tica exterior p&uacute;nica. Cuanto mejor conozcamos el contexto en el que se cuecen los conflictos, mejor podremos entender por qu&eacute; se producen. Pero, adem&aacute;s, estaremos tambi&eacute;n en una mejor posici&oacute;n para, a&uacute;n condenando cualquier tipo de guerra donde los principales perjudicados ser&aacute;n siempre los inocentes, entender que en la lucha por los grandes intereses, la verdad no es &uacute;nica ni est&aacute; solo de una parte.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ad-id-bellum-videri-posset_129_8782242.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Feb 2022 11:49:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ad id bellum videri posset]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ubi primum magistratu abiit, damnatum necatumque constat]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ubi-primum-magistratu-abiit-damnatum-necatumque-constat_129_8438905.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La historia de la Roma republicana estuvo marcada desde sus inicios por una doble tensi&oacute;n. Una obligaba a los romanos a unirse frente a las amenazas provenientes del exterior, dado que su supervivencia f&iacute;sica depend&iacute;a de vencer en las batallas sucesivas frente a sus vecinos. De estas guerras defensivas se fue pasando a las de conquista y a lo largo de trescientos a&ntilde;os, aquella peque&ntilde;a ciudad del centro de Italia acab&oacute; dominando e imponi&eacute;ndose a los dem&aacute;s pueblos de la pen&iacute;nsula. Pero paralelamente a este proceso expansivo, los romanos deb&iacute;an dedicar tiempo y esfuerzo a resolver las diferentes tensiones que estaban presentes en el interior de la ciudad. La convivencia entre la aristocracia terrateniente, que se hab&iacute;a hecho con todo el poder pol&iacute;tico-econ&oacute;mico tras la expulsi&oacute;n del &uacute;ltimo rey, y el resto de la poblaci&oacute;n campesina y artesana era complicada y convulsa. Ya a los pocos a&ntilde;os del nuevo sistema republicano hab&iacute;a estado a punto de producirse una ruptura con la llamada Secesi&oacute;n de la Plebe. Los conflictos no se resolv&iacute;an del todo, sino que se le pon&iacute;an parches, dado que siempre se priorizaba la urgencia de atender a un nuevo conflicto militar con los vecinos de turno.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en medio de aquellos episodios b&eacute;licos, surgieron algunos personajes que trataron de anteponer los derechos de la poblaci&oacute;n, por encima de los privilegios de los de siempre. Son casos aislados, de los que nos hablan los historiadores romanos y cuyo relato se ha visto condicionado por la parquedad de las fuentes y el sesgo ideol&oacute;gico de quienes nos hablaron de ellos posteriormente. Este el caso de un tal Espurio Casio, quien trat&oacute; de legislar a favor del pueblo en torno al a&ntilde;o 486 a.C. Desde su cargo pol&iacute;tico trat&oacute; de poner en marcha dos medidas que atacaron directamente a los intereses de los poderosos. Por un lado, consciente de que la din&aacute;mica de enfrentamientos b&eacute;licos con los vecinos solo llevaba a m&aacute;s guerras, busc&oacute; un pacto de convivencia con los reci&eacute;n vencidos h&eacute;rnicos. A quienes ofreci&oacute; incluso que se asentaran en territorio romano. Pero mucho m&aacute;s descabellado fue que defendiese p&uacute;blicamente que era necesario aprobar una ley de reforma agraria, por medio de la cual se repartiesen tierras que pertenec&iacute;an al pueblo (<em>ager publicus</em>) entre los plebeyos y los dem&aacute;s aliados latinos.
    </p><p class="article-text">
        Esto chocaba directamente contra los intereses de la &eacute;lite dirigente que se hab&iacute;a ido apropiando de esas tierras, como parte de sus privilegios de clase y ve&iacute;a en esta propuesta un ataque directo a su estatus y a sus riquezas. Como podemos imaginar, nadie que se atreva a ir en contra de los intereses de los poderosos puede pretender que no esto no tenga consecuencias. En este caso, la rep&uacute;blica romana se hab&iacute;a fundamentado sobre el ideal de mantener la unidad de todos los romanos y defender los intereses de la comunidad. En este caso, &ldquo;los intereses de la comunidad&rdquo; siempre son los intereses de quienes mandan y quien vaya en contra de esto ser&aacute; siempre considerado una potencial amenaza para el orden social y para las tradiciones de nuestros padres (<em>mos maiorum</em>). Los intereses de los poderosos se hab&iacute;an equiparado a los de la rep&uacute;blica y cualquier cuestionamiento de estos, era un ataque a la rep&uacute;blica. De ah&iacute; que quien encabezase dichos cambios era autom&aacute;ticamente considerado un enemigo del estado y, por tanto, deb&iacute;a ser apartado de la vida p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Toda la maquinaria del estado se pon&iacute;a en marcha para esto y eso es lo que vamos a ver en el caso de Espurio Casio (y de otros tantos en la historia romana). La peor imputaci&oacute;n que se le pod&iacute;a hacer a un romano era acusarle de pretender convertirse en rey. No importaba las pruebas al respecto, puesto que quien recib&iacute;a esa etiqueta quedaba se&ntilde;alado y sus d&iacute;as estaban contados. As&iacute; de r&aacute;pido fue el juicio contra Espurio, quien al finalizar su mandato fue condenado bajo estos cargos y sentenciado a muerte, como cuenta Tito Livio: <em>ubi primum magistratu abiit, damnatum necatumque constat</em> (despu&eacute;s de dejar su magistratura fue condenado y ejecutado. Livio, 41.10).
    </p><p class="article-text">
        El tono moralizante con el que Livio nos relata este suceso parece estar respondiendo a una finalizad m&aacute;s all&aacute; de la hist&oacute;rica. Hoy en d&iacute;a se duda de la existencia de Espurio Casio y de este episodio, entre otras razones porque hay algunos anacronismos respecto a algunos puntos. Por eso se ha querido ver, m&aacute;s bien, que existe la intenci&oacute;n de introducir en el imaginario colectivo un mensaje bien claro: todo aquel que trate de ir en contra de los intereses de los poderosos -el Estado-, corre el riesgo de que este lo elimine. El caso real que m&aacute;s cerca ten&iacute;a Livio era el de los hermanos Graco y su tr&aacute;gico final. La condena a muerte es la advertencia &uacute;ltima, de que no se tolerar&aacute; ning&uacute;n desv&iacute;o de car&aacute;cter populista. Es un patr&oacute;n que se repite con otros personajes que introduce Livio en otros cap&iacute;tulos. Es un patr&oacute;n que seguimos identificando en nuestros d&iacute;as. Siempre es posible que el sistema encuentre los resquicios jur&iacute;dicos para que, bajo el amparo de la legalidad vigente, se elimine de su posici&oacute;n p&uacute;blica a un pol&iacute;tico molesto y que cuestiona los privilegios de los de siempre. La pena capital que se aplic&oacute; a Espurio no se mantiene en nuestros d&iacute;as, pero apartarle de su esca&ntilde;o en el congreso, equivale a una condena a muerte pol&iacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ubi-primum-magistratu-abiit-damnatum-necatumque-constat_129_8438905.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Oct 2021 11:00:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ubi primum magistratu abiit, damnatum necatumque constat]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Ab oris Italiam, fato profugus uenit']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ab-oris-italiam-fato-profugus-uenit_132_8242255.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Todos tenemos en la memoria el instante en que, tras la astucia ideada por Ulises, los griegos consiguieron entrar en Troya camuflados en el caballo gigante de madera. Para muchos, parece que la guerra acab&oacute; cuando se produce la victoria de los atacantes. Y, de hecho, la versi&oacute;n literaria que nos rememora ese evento es la que se ha conservado por parte de los vencedores. Pero en el mismo momento en que la ciudad ya se daba por perdida, empezaba el calvario para los troyanos que ve&iacute;an venirse abajo su modo de vida, su sociedad, sus leyes, su orden, sus familias. La suerte estaba echada para los vencidos.
    </p><p class="article-text">
        Los que quedaran en Troya ser&iacute;an cautivos de las disposiciones de los griegos, que no dejar&iacute;an rastro hasta muchos siglos despu&eacute;s de lo que alguna vez fue la civilizaci&oacute;n troyana. El destino de los que consiguieron escapar a esta masacre qued&oacute; representado en la figura de un tal Eneas, que en ese momento desconoc&iacute;a que en torno a su descendencia surgir&iacute;a una civilizaci&oacute;n m&aacute;s poderosa a&uacute;n, la romana. Cuando los romanos quisieron en tiempos del primer emperador, Augusto, dar un barniz legendario a sus pasados remotos, retrasaron sus or&iacute;genes a un periodo anterior al de R&oacute;mulo y Remo. De esta forma, se centraron en este personaje quien tuvo que escapar ante el riesgo real de ser atrapado por los griegos, llevando consigo a su padre mayor, Anquises, a su hijo Ascanio y perdiendo durante el camino a su esposa Creusa. Lo que Virgilio en su <em>Eneida</em> subraya es que los or&iacute;genes de Roma como ciudad y como cultura no solo entroncaban con el relato m&iacute;tico-legendario de la Guerra de Troya, sino que descansaban sobre la figura de un refugiado que tuvo que dejar su mundo atr&aacute;s, ante el absurdo de la guerra.
    </p><p class="article-text">
        Si ha quedado acu&ntilde;ado el t&eacute;rmino &ldquo;odisea&rdquo; para describir el periplo que sigui&oacute; Ulises en su vuelta a &Iacute;taca; en la <em>Eneida</em> se constata tambi&eacute;n que el viaje que todo refugiado emprende est&aacute; marcado por la incertidumbre, la b&uacute;squeda de un lugar donde poder asentarse y la lucha por conseguir que all&iacute; donde se instale no sea rechazado por los que ya se encontraban all&iacute;. Los primeros versos del libro I del poema de Virgilio se&ntilde;alan c&oacute;mo Eneas &ldquo;lleg&oacute; a Italia, pr&oacute;fugo por su destino&rdquo; (<em>ab oris Italiam, fato profugus uenit</em>). Y es que antes de arribar a su meta, Eneas deambul&oacute; por distintos sitios donde no encontr&oacute; lugar donde instalarse; bien por el rechazo de quienes le recib&iacute;an, bien porque los dioses interced&iacute;an en su objetivo final. 
    </p><p class="article-text">
        La desaz&oacute;n que habr&iacute;a en su cabeza y en la de quienes viajaban con &eacute;l, en un principio llegaron a salir catorce naves de refugiados troyanos, debi&oacute; ser enorme: la rapidez con la que su mundo hab&iacute;a ca&iacute;do, la necesidad de encontrar un lugar seguro, el temor de que tu hijo no pudiera tener un futuro. Por eso, al instalarse en tierras europeas lograron, a pesar de las dificultades, encontrar un lugar donde asentarse. Ni siquiera los dioses pod&iacute;an asegurarle lo que les deparar&iacute;a ese lugar, pero cuando remont&oacute; el r&iacute;o T&iacute;ber y se asent&oacute; en el Palatino, encontr&oacute; una acogida por parte de los lugare&ntilde;os que le permitieron sentir que su huida hab&iacute;a terminado. La Troya que hab&iacute;a conocido ya no exist&iacute;a. &Eacute;l no volver&iacute;a a verla. Los griegos vencedores construyeron una versi&oacute;n propia que dur&oacute; unos cuantos siglos. Y finalmente, ser&iacute;an los romanos en tiempos de Julio C&eacute;sar y Augusto quienes levantaron su propia versi&oacute;n de <em>Ilium</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Se completaba con este acto un ciclo de retorno, que, aunque marcado m&aacute;s por la propaganda y el inter&eacute;s pol&iacute;tico del momento, no dejaba de ser un acto de justicia po&eacute;tico. Roma hab&iacute;a surgido de la llegada de unos refugiados troyanos. De hecho, durante sus primeros siglos de existencia, esta ciudad se declar&oacute; &ldquo;ciudad abierta&rdquo;, acogiendo en su interior a todos aquellos que quisieran venir de otros lugares para ayudar en la construcci&oacute;n y crecimiento del nuevo emplazamiento. El origen de la civilizaci&oacute;n romana, sobre el que se sustenta la nuestra actual, se fundamenta sobre la acogida al extranjero, por mucho que a algunos esto les pueda parecer una aberraci&oacute;n. La manera en que respondemos ante las situaciones donde las personas necesitan de nuestra ayuda, nos definen como sociedad. Y es evidente que no podemos nunca olvidar de d&oacute;nde venimos, para saber hacia d&oacute;nde debemos ir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ab-oris-italiam-fato-profugus-uenit_132_8242255.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Aug 2021 10:26:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA['Ab oris Italiam, fato profugus uenit']]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Item si qua alia mihi iusta causa esse videbitur]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/item-si-qua-alia-mihi-iusta-causa-esse-videbitur_129_7996849.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La pr&aacute;ctica del indulto a los condenados est&aacute; presente en las fuentes antiguas como un elemento m&aacute;s, vinculado al ejercicio del poder por parte de los gobernantes de los primeros estados del Pr&oacute;ximo Oriente. El perd&oacute;n fue interpretado como una prerrogativa consustancial a quien ten&iacute;a, al mismo tiempo, la autoridad m&aacute;xima para aplicar la condena al acusado. Esta manifestaci&oacute;n de la misericordia o la benevolencia del dirigente quedaba circunscrita a su arbitrariedad, y quien la recib&iacute;a asum&iacute;a que estaba siendo perdonado por un acto caprichoso o motivado por condiciones que no siempre eran las mismas, ni se aplicaban a todos por igual. Aunque este acto apareciese recogido tambi&eacute;n en algunos de los primeros c&oacute;digos legislativos como el C&oacute;digo de Hammurabi (siglo XVII a.C.), y tambi&eacute;n lo veamos en el Antiguo Egipto, quedaba justificado por una intermediaci&oacute;n divina en su aplicaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ser&aacute; en los primeros momentos de la rep&uacute;blica romana cuando se apruebe el derecho de <em>provocatio ad populum</em>, por el que no se pod&iacute;a ejecutar ninguna pena de muerte, sin que el condenado hubiese podido recurrir previamente al perd&oacute;n del pueblo (<em>populus</em>), llegando el caso de que la pena pudiese ser suspendida o revocada. A partir de Augusto, los emperadores asumieron la pr&aacute;ctica de la <em>indulgentia principis</em>, que quedaba contemplada dentro de las prerrogativas de su mando para ejercer la doble funci&oacute;n de m&aacute;ximo representante del Estado y, al mismo tiempo, el t&iacute;tulo que todos adoptaban de <em>Pater Patriae </em>(Padre de la Patria). De esta manera se regulaba la posibilidad de aplicar una <em>indulgentia specialis</em> (gracia), <em>indulgentia communis</em> (indulto), o bien mediante la <em>abolitio generalis publica</em> (amnist&iacute;a). En cualquier caso, la diferencia entre el sentido de la palabra &ldquo;indulgencia&rdquo; para referirse a este acto tiene claramente unas connotaciones de tipo moral, que fue explicada m&aacute;s adelante por S&eacute;neca (<em>Tratados Morales, </em>II.145) de la siguiente forma: &ldquo;Ni conviene tener una clemencia com&uacute;n o vulgar, ni tampoco estrecha, pues tanta crueldad es perdonar a todos como a ninguno. Debemos tener mesura, pero como el equilibrio es dif&iacute;cil, incl&iacute;nese a la parte m&aacute;s humana&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por lo que vemos, el origen hist&oacute;rico de la pr&aacute;ctica del indulto ya estaba insertado en un contexto donde, una vez regulado dentro del derecho romano, su aplicaci&oacute;n quedaba vinculada a tener presentes las circunstancias particulares que concurriesen en el momento en que fuera a ser aplicado por un magistrado de la rep&uacute;blica o un emperador del imperio. Por tanto, en ning&uacute;n caso estaba en la mente de los juristas que lo legislaron considerar que estaban hablando de un acto en abstracto. M&aacute;s bien lo contemplaban como un instrumento que, utilizado a criterio de quienes ten&iacute;an la potestad para hacerlo, pod&iacute;a servir para resolver injusticias que pudieran haber concurrido en el transcurso de la causa judicial, o reparar da&ntilde;os que la propia sentencia pod&iacute;a empeorar. Por eso tiene todo el sentido la interpretaci&oacute;n atribuida al jurista Ulpiano quien, a fines del siglo I a.C., interpretaba que a la hora de justificar la idoneidad o no de aplicar el indulto, hab&iacute;a m&aacute;s cuestiones a tener en cuenta que la mera frialdad de la ley o el efecto ejemplarizante de la sentencia. Queda reflejado en el Digesto (4.6.1.1) que <em>Item si qua alia mihi iusta causa esse videbitur</em> (adem&aacute;s, si hay otra buena raz&oacute;n para ello), se entend&iacute;a plenamente justificado que el gobernante aplicara la categor&iacute;a m&aacute;xima de indulgencia, la que se denominaba <em>in integrum restitutio</em>, que extingu&iacute;a la pena sin quitar la infamia del delito.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pareciera que, en lugar de avanzar en la pr&aacute;ctica del derecho, estuvi&eacute;ramos protagonizando alg&uacute;n tipo de involuci&oacute;n. Cuando un gobierno que ejerce su mandato refrendado en las urnas y en el parlamento, plantea la posibilidad de aplicar una medida de gracia que sirva como instrumento para reconducir una crisis enquistada dentro del propio sistema pol&iacute;tica y en la convivencia de la naci&oacute;n, se levantan las voces reaccionarias que agitan las banderas farisaicas de la ignominia. El poder contemplar la posibilidad de encontrar una salida para reconducir las v&iacute;as de convivencia y, entre ellas puede considerarse la idea de una &ldquo;restitutio&rdquo;, obliga a ser realistas con lo que es el bien com&uacute;n, por encima de los intereses particulares y cortoplacistas. Por tanto, para buscar los mecanismos legales con los que abrir las puertas cerradas y reiniciar el di&aacute;logo entre las partes, se me antoja como &ldquo;alia iusta causa&rdquo; con la que se pueda argumentar la viabilidad de un indulto, por muy parcial que este pueda ser.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Israel Campos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/item-si-qua-alia-mihi-iusta-causa-esse-videbitur_129_7996849.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Jun 2021 12:50:56 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Item si qua alia mihi iusta causa esse videbitur]]></media:title>
    </item>
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