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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Escribano]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan_escribano/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Escribano]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Más sostenibilidad igual a reducción de la jornada laboral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sostenibilidad-igual-reduccion-jornada-laboral_129_7889381.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dff65d2e-40fb-4aa0-8cb8-88e69d47dfe1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más sostenibilidad igual a reducción de la jornada laboral"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La persona trabajadora, cuando firma su contrato de trabajo, se compromete a poner parte de su tiempo a disposición de la empresa, tiempo que le es descontado del resto de sus facetas vitales</p></div><p class="article-text">
        El tiempo de trabajo constituye uno de los elementos fundamentales del objeto del contrato de trabajo. Dicho elemento no solo determina, en buena medida, la retribuci&oacute;n a recibir por el trabajo realizado, sino que se relaciona con aspectos tan importantes como la salud de la persona trabajadora, su derecho al descanso y a conciliar su trabajo con su vida personal y familiar. La persona trabajadora, cuando firma su contrato de trabajo, se compromete a poner parte de su tiempo a disposici&oacute;n de la empresa, tiempo que le es descontado del resto de sus facetas vitales.
    </p><p class="article-text">
        El movimiento obrero, en cuanto se hubo organizado m&iacute;nimamente, plante&oacute; como una de sus primeras reivindicaciones, junto al incremento de sus salarios, una reducci&oacute;n de sus extenuantes jornadas de trabajo. Por ello, las primeras normas de contenido laboral vinieron, precisamente, a reducir dicha jornada, espoleadas por unas reivindicaciones obreras que fijaron como horizonte la consecuci&oacute;n de la jornada de ocho horas de trabajo diario. Por recordar lo acaecido en nuestro ordenamiento jur&iacute;dico, hace dos a&ntilde;os se conmemor&oacute; el primer centenario de la huelga de La Canadiense que culmin&oacute; con la aprobaci&oacute;n del&nbsp;Real Decreto de 3 de abril de 1919 que generalizaba la jornada de 8 horas ya aplicada en ciertos sectores productivos. Culminaba as&iacute; una larga lucha, fuertemente feminizada, por conquistar una mayor soberan&iacute;a sobre nuestras propias vidas.
    </p><p class="article-text">
        Desde ese momento, esta referencia temporal se comienza a generalizar como m&iacute;nimo infranqueable por estar relacionada con aspectos irrenunciables para tener vidas dignas. Adem&aacute;s, las reivindicaciones obreras iban dirigidas a que dicha regulaci&oacute;n tuviera una consideraci&oacute;n imperativa y general, no dej&aacute;ndose al arbitrio de la negociaci&oacute;n en las empresas. Ese car&aacute;cter imperativo se ver&aacute; reforzado por la aprobaci&oacute;n del Convenio n&ordm; 1 de la OIT (1919) en el que se consagraba esa misma duraci&oacute;n m&aacute;xima de la jornada diaria.
    </p><p class="article-text">
        El paso de estos m&aacute;s cien a&ntilde;os convierte la referencia de las ocho horas diarias de trabajo en un patrimonio de las personas trabajadoras que dif&iacute;cilmente podr&aacute; revertirse. Sin embargo, no todo son luces en esta descripci&oacute;n de la historia de la regulaci&oacute;n del tiempo de trabajo. En primer lugar, hemos de resaltar que, tras m&aacute;s de cien a&ntilde;os y con una modificaci&oacute;n significativa de las tecnolog&iacute;as aplicadas a los procesos productivos, con el consiguiente incremento exponencial de las plusval&iacute;as obtenidas por la empresa, no se ha conseguido reducir dicho a&ntilde;ejo l&iacute;mite temporal. Salvo supuestos muy concretos en el derecho comparado que no han fructificado, esas ocho horas de trabajo como regla general de la jornada m&aacute;xima siguen inamovibles. En cambio, la gesti&oacute;n del tiempo de trabajo ha sido objeto, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, de una ofensiva flexibilizadora que, sin alterar sus l&iacute;mites cuantitativos, ha supuesto una alteraci&oacute;n significativa de los caracteres tradicionales de las jornadas de trabajo y de la capacidad de las y los trabajadores para disponer de su propio tiempo con cierta antelaci&oacute;n. Asimismo, el incremento de la flexibilidad en favor del empresariado no se ha traducido en un incremento de una flexibilidad en favor de las y los trabajadores, calific&aacute;ndose ambas, incluso, como incompatibles entre s&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las enormes facultades de gesti&oacute;n empresarial del tiempo de trabajo en la empresa han llevado, a su vez, a un incremento constante de la jornada de trabajo de manera ilegal. La distribuci&oacute;n irregular de la jornada ordinaria hace muy dif&iacute;cil controlar los abusos empresariales en este contexto, resultando insuficientes medidas como el registro obligatorio de las horas de trabajo implementado en el &uacute;ltimo lustro.
    </p><p class="article-text">
        Solo por estas razones (necesidad de dedicar menos tiempo al empleo para tener vidas dignas, aumento de la productividad del trabajo, incremento encubierto de las jornadas laborales gracias a las nuevas tecnolog&iacute;as) es necesaria una reducci&oacute;n de la jornada laboral sin merma salarial. Pero hay, al menos, una raz&oacute;n m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En el estudio&nbsp;<a href="https://www.ecologistasenaccion.org/132893/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Escenarios de trabajo en la transici&oacute;n ecosocial 2020-2030</em></a>, Ecologistas en Acci&oacute;n identificaba qu&eacute; pol&iacute;ticas hac&iacute;a falta llevar a cabo en Espa&ntilde;a para afrontar la emergencia clim&aacute;tica y qu&eacute; impacto tendr&iacute;an en el mundo del trabajo (tanto el asalariado como el no asalariado). Una de las principales conclusiones del estudio es que las &uacute;nicas pol&iacute;ticas que permiten que Espa&ntilde;a realice las reducciones de emisiones necesarias se basan en la triada reprimarizaci&oacute;n de la econom&iacute;a (m&aacute;s agroecolog&iacute;a y menos industria y servicios), localizaci&oacute;n (m&aacute;s autonom&iacute;a y diversidad productiva) y decrecimiento (reducci&oacute;n de la actividad econ&oacute;mica). La consecuencia de estas pol&iacute;ticas ser&iacute;a una p&eacute;rdida importante de puestos de trabajo. Seg&uacute;n el estudio de unos dos millones, si mantenemos la actual distribuci&oacute;n del mercado laboral. El estudio es un modelo y, como tal, los datos deben tomarse como algo cualititativo m&aacute;s que cuantitativo. En todo caso, parece bastante intuitivo que avanzar por una v&iacute;a de decrecimiento de la econom&iacute;a va a llevar aparejada una destrucci&oacute;n de empleos.
    </p><p class="article-text">
        Indudablemente, esta p&eacute;rdida de empleos ser&iacute;a un drama. Nuestro territorio est&aacute; atravesado de fuertes desigualdades, un paro estructural, los servicios p&uacute;blicos han perdido calidad y universalidad, las redes de apoyo mutuo social est&aacute;n debilitadas, amplias capas sociales est&aacute;n en situaciones de pobreza o cercanas y, por si esto fuese poco, no tenemos independencia econ&oacute;mica, es decir, que solo podemos satisfacer nuestras necesidades comprando bienes y servicios en el mercado, para lo que necesitamos tener un empleo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No llevamos adelante entonces estas transformaciones? El problema es que no hacerlo ser&iacute;a a&uacute;n peor. La distorsi&oacute;n que est&aacute; produciendo ya la emergencia clim&aacute;tica a la econom&iacute;a espa&ntilde;ola est&aacute; siendo may&uacute;scula (recu&eacute;rdese simplemente el paso de Gloria o de Filomena por la Pen&iacute;nsula ib&eacute;rica, que el verano dura ya 5 semanas m&aacute;s o que el caudal disponible por los r&iacute;os peninsulares ha descendido alrededor de un 20%, con todo lo que ello conlleva, por ejemplo para sostener el turismo, pero para continuar en nuestra seguridad alimentaria). Pero en realidad todav&iacute;a tenemos un cambio clim&aacute;tico &ldquo;suave&rdquo;. Si se activan los bucles de realimentaci&oacute;n positiva, la distorsi&oacute;n clim&aacute;tica ser&iacute;a may&uacute;scula y, en esos escenarios, el sostenimiento de una econom&iacute;a como la espa&ntilde;ola, con sus empleos, ser&iacute;a literalmente imposible.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el decrecimiento en realidad no es una opci&oacute;n que podemos tomar o no tomar. El capitalismo necesita crecer constantemente para no entrar en crisis y, para que esto sea posible, debe consumir cantidades crecientes de materia y energ&iacute;a. Esto es imposible de sostener en el tiempo en un planeta finito como el nuestro. Es m&aacute;s, todo parece apuntar a que este momento de choque tel&uacute;rico est&aacute; empezando a producirse ya. La disyuntiva no es si decrecer o no, sino c&oacute;mo decrecer.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Tenemos que elegir entonces entre perder empleos o un decrecimiento m&aacute;s o menos ordenado? En realidad, nunca tenemos solo dos opciones. En este caso, tampoco. En el mismo informe se modela qu&eacute; suceder&iacute;a si, en lugar de una jornada laboral de 8 horas, la tuvi&eacute;semos de 6. Si esto sucediese, en lugar de destruirse empleo, se crear&iacute;a y, adem&aacute;s, de manera importante (alrededor de 1,3 millones de nuevos puestos de trabajo). Este escenario no solo se plantea como una medida de reparto del empleo, sino tambi&eacute;n como un paso hacia la desalarizaci&oacute;n de nuestras vidas. Es decir, ganar tiempo para poder dedicarlo a satisfacer nuestras necesidades sin tener que vender nuestra fuerza de trabajo, algo que es imprescindible para superar el capitalismo ecocida.
    </p><p class="article-text">
        De esta manera, luchar por la reducci&oacute;n de la jornada laboral sin reducci&oacute;n salarial es una reivindicaci&oacute;n que tiene sentido vital, sindical y ecologista. Aunemos fuerzas hacia esta meta. No es un objetivo f&aacute;cil, como tampoco lo fueron las 8 horas, pero es uno de los claves en este tiempo de desaf&iacute;os sist&eacute;micos que vivimos.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Escribano, Luis González Reyes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sostenibilidad-igual-reduccion-jornada-laboral_129_7889381.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 May 2021 09:43:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Trabajo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sindicatos de concertación y PIB]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/sindicatos-pib_132_4341536.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Los sindicatos han comenzado a aceptar, como parámetro de referencia para las subidas salariales, el PIB, en lugar del IPC.</p><p class="subtitle">Relacionar el aumento salarial con el PIB vincula el poder adquisitivo de los trabajadores con el resultado de dinámicas en buena medida ciegas del mercado.</p></div><p class="article-text">
        Las organizaciones sindicales de concertaci&oacute;n han aceptado, en sus negociaciones con la patronal, abandonar el tradicional par&aacute;metro de referencia empleado para cuantificar las subidas salariales de los trabajadores, esto es, el &iacute;ndice de precios al consumo (IPC). En cambio, inauguran una nueva etapa al aceptar la utilizaci&oacute;n de los datos estad&iacute;sticos del Producto Interior Bruto (PIB) como referencia para los posibles incrementos de los salarios.
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente, tanto uno como otro de dichos instrumentos de determinaci&oacute;n salarial poseen inconvenientes. El empleo del par&aacute;metro de la inflaci&oacute;n, por ejemplo, puede implicar que en per&iacute;odos deflacionistas como los actuales no se produzcan subidas salariales a pesar de que los productos b&aacute;sicos, alimentaci&oacute;n y energ&iacute;a especialmente, incrementen sus precios, al verse compensados estos con la bajada del precio de productos menos accesibles en momentos de crisis.
    </p><p class="article-text">
        Como sabemos, esta circunstancia es la que se est&aacute; produciendo actualmente. As&iacute;, con una bajada general de los precios del 1,1% en el mes de febrero y un encadenamiento de ocho meses a la baja, se viven situaciones cada vez m&aacute;s frecuentes de desnutrici&oacute;n infantil o pobreza energ&eacute;tica. Por el contrario, en periodos inflacionistas, al no incrementarse el conjunto de precios y el de rentas de manera proporcional, la inflaci&oacute;n puede afectar a la distribuci&oacute;n de la renta, desajuste que se ha pretendido, hasta ahora, compensar con la vinculaci&oacute;n de tal subida de precios con la de los salarios.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, la utilizaci&oacute;n del PIB nos lleva a situaciones igualmente conflictivas. As&iacute;, <strong>son posibles situaciones de escaso crecimiento econ&oacute;mico que resulten acompa&ntilde;adas por un aumento del &iacute;ndice de precios al consumo, lo que conllevar&iacute;a una p&eacute;rdida del poder adquisitivo de las clases trabajadoras.</strong> Esta circunstancia se produjo hist&oacute;ricamente en la d&eacute;cada de los 70 como consecuencia de la abrupta subida de los precios del petr&oacute;leo y sus derivados. Una coyuntura semejante se podr&iacute;a producir f&aacute;cilmente de nuevo si, como cada vez m&aacute;s voces vaticinan, no resultara posible mantener el precio del crudo en los artificialmente bajos niveles actuales, siendo muy probable que en un plazo relativamente corto vuelva a cotizar por encima de los 150 d&oacute;lares el barril. En una econom&iacute;a como la nuestra, fuertemente petr&oacute;leo-dependiente, un aumento de tales precios generar&iacute;a una reducci&oacute;n de la actividad productiva.
    </p><p class="article-text">
        La utilizaci&oacute;n del PIB a estos efectos nos plantea, adem&aacute;s, cuestiones de m&aacute;s hondo calado. <strong>Relacionar el aumento salarial con el PIB vincula el poder adquisitivo de los trabajadores con el resultado de din&aacute;micas en buena medida ciegas del mercado.</strong> As&iacute;, por ejemplo, un incremento en la productividad de una empresa o sector no es garant&iacute;a de generaci&oacute;n de nuevas inversiones en la misma. Por el contrario, son cada vez m&aacute;s frecuentes fen&oacute;menos de deslocalizaci&oacute;n en empresas rentables con altos niveles de productividad.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, <strong>esta relaci&oacute;n implica asumir que solo el crecimiento del PIB puede llevar aparejado un crecimiento en el bienestar material de la mayor parte de las personas.</strong> Sin embargo, en el marco actual de relaciones sociales, en el que unos pocos poseen los bienes que son esenciales para el conjunto, <strong>el incremento del &iacute;ndice del PIB implica, a nivel global, la continuaci&oacute;n del ahondamiento de la brecha entre ricos y pobres, puesto que un crecimiento econ&oacute;mico en el marco de un reparto desigual e injusto de la riqueza implica acentuar dichas desigualdades.</strong> A este respecto, basta recordar que durante las tres &uacute;ltimas d&eacute;cadas, salvo per&iacute;odos muy concretos, se han producido en nuestro pa&iacute;s incrementos anuales del PIB que han venido acompa&ntilde;ados de un incremento de dicha brecha. Recu&eacute;rdese que a partir del a&ntilde;o 2011, las rentas empresariales superaron, por primera vez, a las salariales en Espa&ntilde;a. Otro dato que ratifica nuestro planteamiento estar&iacute;a relacionado con el hecho de que, en la actualidad, el 1% de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola tiene el 27% de la riqueza y el 10% acapara m&aacute;s del 55%. Todo ello, como decimos, con per&iacute;odos crecimiento negativo que en dichas d&eacute;cadas fueron excepcionales.
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s, en &uacute;ltima instancia, tambi&eacute;n implica asumir que el crecimiento es posible que sea ilimitado en el contexto de un planeta de recursos limitados. Es decir, que <strong>los sindicatos de concertaci&oacute;n relacionan salarios con algo que, a corto plazo, no ser&aacute; posible, esto es, un crecimiento econ&oacute;mico constante en un planeta finito.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;nico instrumento v&aacute;lido para la fijaci&oacute;n de unos niveles salariales justos es aproximarnos progresivamente a una equivalencia entre el valor del trabajo y la retribuci&oacute;n directa o indirecta del mismo, eliminando en la determinaci&oacute;n de esta retribuci&oacute;n todos los elementos externos al trabajo en s&iacute; mismo, como es, actualmente, el mercado. L&oacute;gicamente, esta valorizaci&oacute;n del trabajo ha de implicar una progresiva reducci&oacute;n y eliminaci&oacute;n del ileg&iacute;timo beneficio empresarial, todo ello desde la concepci&oacute;n de un nuevo modelo de econom&iacute;a en el que el ser humano y sus leg&iacute;timas exigencias constituyan el patr&oacute;n central de la misma.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Escribano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/sindicatos-pib_132_4341536.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Mar 2015 18:01:40 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sindicatos de concertación y PIB]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Sindicatos,Economía]]></media:keywords>
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