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    <title><![CDATA[elDiario.es - María Lillo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria_lillo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Lillo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ni en la grúa ni en los grandes despachos: trabajadoras en territorio masculino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/mujeres-trabajos-hombres_1_4333073.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/59d1a08d-0064-44e7-b148-3c933f9f860e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Inma Ochando, conductora de autobuses urbanos en Murcia.  "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las mujeres representan un 7,38% de los empleados en el sector de la construcción: en este y otros ámbitos se enfrentan al</p><p class="subtitle">mobbing</p><p class="subtitle">, mayores exigencias y discriminación salarial</p><p class="subtitle">En Madrid estas trabajadoras cobran 621 euros menos de media que sus compañeros hombres</p><p class="subtitle">"A ti no te pagan por pensar" o "tú no me vas a enseñar a hacer mi trabajo" eran los comentarios que escuchó Cristina al empezar a trabajar en el mantenimiento de carreteras</p></div><p class="article-text">
        Aparc&oacute; su autob&uacute;s en la puerta de un bar de carretera. Entr&oacute; y se sent&oacute; en la barra con su uniforme de conductora y el cansancio acumulado despu&eacute;s de una larga jornada. &ldquo;&iquest;Eres consciente del trabajo que est&aacute;s haciendo?&rdquo;, le increp&oacute; un hombre mir&aacute;ndola de arriba abajo. Ella le devolvi&oacute; la mirada. Pens&oacute; que estaba bromeando. Pero no. &ldquo;Le est&aacute;s quitando el trabajo a un padre de familia&rdquo;, volvi&oacute; a cargar &eacute;l. &ldquo;&iquest;Tiene alg&uacute;n problema conmigo?&rdquo;, pregunt&oacute; ella desafiante. &ldquo;S&iacute;, que eres una mujer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ocurri&oacute; hace unos a&ntilde;os. No muchos. Ella era Inma Ochando, una de las cuatro conductoras de autobuses urbanos que hab&iacute;a en Murcia cuando empez&oacute; a trabajar hace 11 a&ntilde;os. Ochando se separ&oacute; y tuvo que buscar trabajo. &ldquo;Ten&iacute;a muchas facturas que pagar y dos hijos a los que mantener&rdquo;, cuenta ahora por tel&eacute;fono. Empez&oacute; trabajando en la f&aacute;brica de Matutano, &ldquo;repartiendo patatas&rdquo;, entre semana. Y s&aacute;bados y domingos serv&iacute;a mesas en un bar.
    </p><p class="article-text">
        Pero ella quer&iacute;a algo m&aacute;s. Un trabajo que le gustara de verdad. Se enter&oacute; de que Alsa buscaba empleados y decidi&oacute; sacarse el carn&eacute;. Siempre hab&iacute;a querido hacerlo, pero su exmarido &ldquo;no estaba por la labor&rdquo;. Incluso su madre le dec&iacute;a que se dejara &ldquo;de tonter&iacute;as&rdquo; y se ocupara de sus hijos. No le hizo caso a nadie. Continu&oacute; con sus dos trabajos y las clases en la autoescuela. &ldquo;Hab&iacute;a d&iacute;as que dorm&iacute;a menos de cuatro horas&rdquo;. Estaba exhausta, pero no lo dej&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        La empresa de autobuses le prometi&oacute; un contrato si se iba a Madrid durante tres meses para prepararse. Ella no quer&iacute;a. No pod&iacute;a dejar a sus hijos tanto tiempo. Pero ocurri&oacute; algo que le hizo cambiar de opini&oacute;n. Un comentario de su jefe. &ldquo;Estando t&uacute; aqu&iacute; seguro que vienen m&aacute;s hombres solo por verte&rdquo;, le dijo. Y le sent&oacute; fatal. &ldquo;Me vi aguantando a borrachos y soportando que a alguno se le ocurriera darme un cachete en el culo&rdquo;. Ese mismo d&iacute;a se present&oacute; en Alsa y les dijo &ldquo;&iquest;d&oacute;nde hay que firmar?&rdquo;. Desde entonces conduce con orgullo su autob&uacute;s. &ldquo;Todav&iacute;a queda mucho por hacer&rdquo;, opina. &ldquo;Este sigue siendo un trabajo muy masculinizado&rdquo;. De 140 trabajadores, solo 20 son mujeres.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gente sigue sorprendi&eacute;ndose al verme al volante. Parece que solo los hombres son capaces de llevar veh&iacute;culos grandes&rdquo;, ironiza. A sus 47 a&ntilde;os ha o&iacute;do &ldquo;toda clase de comentarios&rdquo;. &ldquo;M&aacute;s de una vez alguna se&ntilde;ora mayor me ha preguntado si iban seguros conmigo&rdquo;. &iquest;Y qu&eacute; respondes? Ochando r&iacute;e. &ldquo;Les digo: 'No se&ntilde;ora, ag&aacute;rrese bien, que me acabo de sacar el carn&eacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A veces son m&aacute;s machistas las mujeres que los hombres&rdquo;, asegura. &ldquo;Estamos llenos de prejuicios. Y solo vamos a superarlos normalizando estas situaciones. Si cada vez es m&aacute;s frecuente ver conductoras, la gente dejar&aacute; de sorprenderse&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Abrir camino</h3><p class="article-text">
        Este es solo un ejemplo de las decenas de trabajos que todav&iacute;a hoy se consideran casi un coto privado para hombres. Cada vez son m&aacute;s, sin embargo, las mujeres que se interesan por estas ocupaciones. Y son ellas las que poco a poco van abriendo camino a las nuevas generaciones. &ldquo;Al principio me cost&oacute; mucho integrarme y demostrar que val&iacute;a&rdquo;, cuenta Cristina del &Aacute;lamo. Lleva ocho a&ntilde;os ocup&aacute;ndose del mantenimiento de las carreteras madrile&ntilde;as. Desde quitar animales muertos a pintar las se&ntilde;ales de tr&aacute;fico o conducir los quitanieves. Es la &uacute;nica mujer entre 18 hombres.
    </p><p class="article-text">
        Sus compa&ntilde;eros no cre&iacute;an que fuera capaz de realizar el mismo trabajo que ellos. No admit&iacute;an que diera su opini&oacute;n sobre la mejor manera de llevar a cabo un cometido. &ldquo;A ti no te pagan por pensar&rdquo; o &ldquo;t&uacute; no me vas a ense&ntilde;ar a hacer mi trabajo&rdquo; eran algunos de los comentarios m&aacute;s frecuentes. Pero ahora las cosas han cambiado. Ella es uno m&aacute;s. Ya nadie la cuestiona. Al menos no en serio, porque las bromas de g&eacute;nero contin&uacute;an.
    </p><p class="article-text">
        Como Ochando o del &Aacute;lamo, muchas mujeres han tenido que soportar que cuestionaran su capacidad o incluso su derecho a trabajar. Mar&iacute;a Jos&eacute; Rodr&iacute;guez empez&oacute; en la construcci&oacute;n con 25 a&ntilde;os, reci&eacute;n diplomada en arquitectura t&eacute;cnica. Ahora, con 42, relata una conversaci&oacute;n con un subcontratista que se le ha quedado grabada. &ldquo;&iquest;T&uacute; eres el jefe de obra?&rdquo;, pregunt&oacute; &eacute;l alucinado. &ldquo;S&iacute;&rdquo;, respondi&oacute; ella sin m&aacute;s. &ldquo;Ah, no, yo con mujeres no trabajo. Dais mal rollo&rdquo;, sentenci&oacute; &eacute;l. Pero al final tuvo que pasar por el aro. &ldquo;Le propuse que prob&aacute;semos unos d&iacute;as. Y luego no quer&iacute;a trabajar con nadie que no fuera yo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El <em>boom</em> inmobiliario atrajo a muchas mujeres a la construcci&oacute;n. &ldquo;Durante aquellos a&ntilde;os, era f&aacute;cil encontrar trabajo&rdquo;, explica Elena Blasco, secretaria de Salud Laboral de CCOO. La cifra de trabajadoras se duplic&oacute; entre 1990 y 2000, de 40.480 a 83.200. Y el m&aacute;ximo se alcanz&oacute; en 2008, con 177.650 trabajadoras en Espa&ntilde;a. A&uacute;n as&iacute; solo representaban el 10,7% de los empleados. A partir de entonces, los despidos empezaron a llover. &ldquo;Ahora es muy raro encontrarse con mujeres alba&ntilde;iles, electricistas o gruistas. Antes de la crisis hab&iacute;a pocas, pero hab&iacute;a&rdquo;, se&ntilde;ala Blasco. Rodr&iacute;guez solo ha coincidido con una mujer &ldquo;a pie de obra&rdquo; en sus 17 a&ntilde;os de profesi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A comienzos de este a&ntilde;o hab&iacute;a 93.300 mujeres trabajando en el sector. La mayor&iacute;a, t&eacute;cnicas, ingenieras y administrativas, con una alta cualificaci&oacute;n, explica Blasco. Representan el 7,38% del total de trabajadores y ocupan mayoritariamente puestos intermedios. Ni en la gr&uacute;a, ni en los grandes despachos. A sus 34 a&ntilde;os, y con una d&eacute;cada de experiencia a sus espaldas, Blasco considera que, a pesar de los obst&aacute;culos con los que todav&iacute;a luchan, el trato hacia ellas ha mejorado.
    </p><p class="article-text">
        Cuando empez&oacute; le resultaba dif&iacute;cil hacer valer su criterio. &ldquo;Fuera de la obra ca&iacute;a bien, pero en cuanto les dec&iacute;a que no quitasen la barandilla o que se pusieran los guantes me contestaban cosas como 'una mujer no me va a decir c&oacute;mo hacer mi trabajo' o 'seguro que no sabes ni ponerte el casco&rdquo;. A pesar de la mejora de la situaci&oacute;n, todas las trabajadoras consultadas aseguran que contin&uacute;an sinti&eacute;ndose a prueba todos los d&iacute;as. &ldquo;A un hombre se le perdona que tenga un mal d&iacute;a. Una mujer no se puede permitir ese lujo&rdquo;, reflexiona Rodr&iacute;guez.
    </p><h3 class="article-text">Diferencias salariales</h3><p class="article-text">
        La diferencia salarial y el acceso a los puestos directivos son dos de los frentes que siguen abiertos. Las mujeres que trabajan en construcci&oacute;n en Madrid, por ejemplo, cobran 621 euros menos de media que sus compa&ntilde;eros hombres, seg&uacute;n CCOO. Pero este no es el &uacute;nico sector en el que sucede. Las mujeres espa&ntilde;olas percibieron un 19,3% menos de sueldo por hora trabajada que los hombres, asegura la agencia estad&iacute;stica Eurostat, superando as&iacute; la brecha salarial media de los pa&iacute;ses de la zona euro, que fue del 16,6%. Estos datos sit&uacute;an a Espa&ntilde;a a niveles de 2002, seg&uacute;n el informe Trabajar igual, Conciliar igual, presentado el pasado jueves por UGT.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a se sit&uacute;a entre los pa&iacute;ses de la zona euro en los que la brecha salarial ha crecido m&aacute;s durante la crisis econ&oacute;mica. Pero la desigualdad no acaba ah&iacute;. Adem&aacute;s de soportar la diferencia de sueldo respecto a sus compa&ntilde;eros, un informe de la Organizaci&oacute;n Mundial del Trabajo (OIT) revela que las mujeres que tienen hijos ganan de media un 5% menos que las que no tienen. Sufren una doble brecha salarial. El documento explica que si se eliminasen lo que llama factores no explicables, atribuibles a la discriminaci&oacute;n, y se tuviera en cuenta solo la experiencia laboral, el nivel educativo o el sector industrial, entre otros factores medibles, las mujeres tendr&iacute;an que cobrar un 2% m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a Garc&iacute;a lleva 10 a&ntilde;os trabajando en la limpieza de las calles de Madrid. Hace m&aacute;s de ocho sus jefes la ascendieron de pe&oacute;n a capataz porque los hombres, dice, &ldquo;no sab&iacute;an tratar con las mujeres y se quejaban siempre de su comportamiento&rdquo;. A Garc&iacute;a, sin embargo, fueron ellos los que se lo pusieron dif&iacute;cil. &ldquo;No acataban mis &oacute;rdenes porque adem&aacute;s de ser mujer, era muy joven&rdquo;. Ten&iacute;a 24 a&ntilde;os. Y desde entonces, las cosas no han mejorado. &ldquo;Han ido a peor&rdquo;. Hace un a&ntilde;o se fue a vivir con su novio. Y un encargado le dijo que se preparase si se iba a dedicar a su familia. &ldquo;Me dio a entender que si pensaba tener hijos, iban a cambiar las cosas&rdquo;. Desde entonces, le han modificado los turnos y quitado el puesto de encargada, por el que no cobraba el extra mensual que s&iacute; recib&iacute;a el compa&ntilde;ero que hac&iacute;a el mismo trabajo que ella.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres representan el 18% de los trabajadores de limpieza viaria en siete de los principales distritos de la capital, seg&uacute;n UGT. De ellas, solo dos son capataces, una encargada y otra conductora. El resto son peones. &ldquo;Es verdad que la incorporaci&oacute;n de las mujeres a este trabajo fue tard&iacute;a, pero llevamos ya 15 a&ntilde;os en el sector y a&uacute;n estamos as&iacute;&rdquo;, lamenta Sherezade Talavera, de UGT.
    </p><p class="article-text">
        En 1989 se incorpor&oacute; al cuerpo de bomberos de la Comunidad de Madrid la primera mujer. Ahora son 33 en una plantilla de 1.200. En el ayuntamiento de la capital el porcentaje es a&uacute;n m&aacute;s anecd&oacute;tico. De 1.561 trabajadores, solo hay dos bomberas. Las pruebas f&iacute;sicas son el factor limitante. &ldquo;Se adaptan m&aacute;s a las capacidades de los hombres&rdquo;, explica Pedro Campos, portavoz de bomberos de CCOO. En la Comunidad llevan 26 a&ntilde;os bonificando un 20% la nota de las mujeres que consiguen superar los requisitos m&iacute;nimos. El Ayuntamiento no ha introducido esta medida hasta hace un par de a&ntilde;os para adaptarse a la Ley de Igualdad.
    </p><p class="article-text">
        De las 33 bomberas que trabajan en la comunidad, 24 son operadoras. No han tenido que pasar las pruebas f&iacute;sicas. Su funci&oacute;n no es apagar fuegos sino coordinar los operativos. &ldquo;Es un cargo invisibilizado&rdquo;, se queja Elena Sevillano, de 40 a&ntilde;os. &ldquo;Si imaginas el puesto de mando de un submarino, no te preguntar&iacute;as si los que est&aacute;n all&iacute; son marineros o no. En nuestro caso, como la mayor&iacute;a somos mujeres, la gente piensa que no somos bomberos. Nos han buscado una ocupaci&oacute;n dentro de un trabajo considerado para hombres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sevillano quiso seguir los pasos de su t&iacute;o y dos de sus hermanos, pero no recibi&oacute; el aliento que esperaba. &ldquo;Cuando mi hermano peque&ntilde;o le dijo al mayor que quer&iacute;a ser bombero, se volc&oacute; con &eacute;l y le ayud&oacute; a prepararse las pruebas. A m&iacute; no me apoy&oacute;. Pero cuando salieron las oposiciones para operador me puso el temario encima de la mesa. Apagar fuegos no era un puesto para mujeres. Esto s&iacute;. Y, sin embargo, &eacute;l nunca dir&iacute;a que es machista&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Lillo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/mujeres-trabajos-hombres_1_4333073.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2015 18:45:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ni en la grúa ni en los grandes despachos: trabajadoras en territorio masculino]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Brecha salarial,Igualdad laboral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Madrid autoriza trece años después indemnizaciones a hemofílicos contagiados de hepatitis C]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/absurdo-despues-invertido-dinero-curacion_1_4342942.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ec17544-b9a8-4a26-9c47-a4430c4f6f54_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="“Esto es como una montaña rusa. Hay momentos en los que te encuentras bien y otros en los que no puedes con tu vida&quot;, dice José Rubio, enfermo de Hepatitis C"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Comunidad de Madrid indemnizará a las personas que se contagiaron de Hepatitis C en la sanidad pública, una ayuda que está aprobada desde hace 13 años</p><p class="subtitle">Según José Rubio se trata de una "limosna" en precampaña electoral para que los pacientes dejen de quejarse por la falta de acceso a los nuevos fármacos contra la enfermedad</p><p class="subtitle">"Lo que más nos preocupa es que se empiece a tratar ya a los enfermos graves", sostiene Damián Caballero, vicepresidente de la Plataforma de Afectados por la Hepatitis C</p></div><p class="article-text">
        A Jos&eacute; Rubio, el nombre con el que se presenta para ocultar su verdadera identidad, le contagiaron la Hepatitis C en una cama de un hospital p&uacute;blico hace m&aacute;s de 30 a&ntilde;os. Desde entonces, el virus ha ido atacando su h&iacute;gado hasta casi consumirlo. Sus fuerzas han menguado y, sin tratamiento, est&aacute; abocado a padecer cirrosis, c&aacute;ncer o incluso a necesitar un trasplante. 
    </p><p class="article-text">
        Lleva 13 a&ntilde;os esperando unas indemnizaciones que estableci&oacute; el gobierno central y que cada comunidad deb&iacute;a repartir. Muchas lo han hecho. Pero Andaluc&iacute;a, Baleares, Asturias, Extremadura, Navarra y la ciudad aut&oacute;noma de Ceuta siguen sin pagar su deuda con los hemof&iacute;licos que, como Rubio, se contagiaron por las constantes transfusiones de sangre con las que se trataba esta rara enfermedad gen&eacute;tica que afecta a una de cada 6.000 personas.
    </p><p class="article-text">
        Madrid se acaba de desmarcar de esa lista. Ha anunciado una partida presupuestaria de 2,5 millones de euros repartidos en tres a&ntilde;os que corresponder&iacute;an a 11.848 euros para cada enfermo. Pero, &iquest;por qu&eacute; ahora? La Consejer&iacute;a de Sanidad contesta que &ldquo;se ha&nbsp; hecho cuando econ&oacute;micamente se ha podido&rdquo;. A los pacientes, sin embargo, no se les escapa la proximidad de las elecciones de mayo y la coyuntura social de movilizaciones y debates sobre qui&eacute;n deber&iacute;a beneficiarse del tratamiento con los nuevos y costosos f&aacute;rmacos que curan m&aacute;s del 90% de los casos de hepatitis C. 
    </p><p class="article-text">
        Algunos de los pacientes se felicitan porque sus reclamaciones hayan surtido efecto. Otros, como Rubio, consideran que el gobierno madrile&ntilde;o &ldquo;se est&aacute; riendo&rdquo; de ellos y que solo les da &ldquo;una limosna&rdquo; para que dejen de quejarse por la falta de acceso al sofosbuvir. Hasta ahora su elevado coste ha limitado su uso a los casos m&aacute;s graves. E incluso en estos, los tratamientos <a href="http://www.eldiario.es/sociedad/espera-enfermos-Hepatitis-recibir-tratamiento_0_346116355.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se han retrasado meses desde la prescripci&oacute;n</a>. Para Rubio, la &uacute;nica forma posible de resarcir la responsabilidad por haberles trasfundido sangre infectada con el virus es darles el f&aacute;rmaco. Y tambi&eacute;n la soluci&oacute;n m&aacute;s econ&oacute;mica a largo plazo. &ldquo;&iquest;No ser&aacute; m&aacute;s barato curarnos que seguir trat&aacute;ndonos hasta que nos muramos?&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Tratar a un paciente con hepatitis C es una inversi&oacute;n&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Para el secretario de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola para el Estudio del H&iacute;gado y miembro del Servicio de Hepatolog&iacute;a del Hospital Universitario Puerta del Hierro de Majadahonda, Jos&eacute; Luis Calleja, la respuesta es evidente: &ldquo;Tratar a un paciente con hepatitis C es una inversi&oacute;n. Si lo curas, te ahorras complicaciones que resultan m&aacute;s caras y m&aacute;s dif&iacute;ciles de tratar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esa l&iacute;nea, una decena de expertos designados por el Gobierno ha elaborado el Plan Estrat&eacute;gico para el Abordaje de la hepatitis C que ampl&iacute;a el criterio de administraci&oacute;n. Hasta ahora solo estaba permitido el tratamiento con antivirales de &uacute;ltima generaci&oacute;n a pacientes con cirrosis en riesgo de descompensaci&oacute;n, en lista de espera de trasplante y trasplantados. La nueva estrategia incluye adem&aacute;s a los casos moderados. En total, 51.964 pacientes, seg&uacute;n las estimaciones de las comunidades aut&oacute;nomas, que representan aproximadamente la mitad de los diagnosticados en Espa&ntilde;a: 95.524. 
    </p><p class="article-text">
        Cuantificar con exactitud a los afectados que se contagiaron en el sistema de salud p&uacute;blico resulta complicado porque ni siquiera se sabe con seguridad cu&aacute;nta gente est&aacute; infectada. La Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola para el Estudio del H&iacute;gado (AEEH) estima que la hepatitis C afecta a m&aacute;s de 900.000 personas en Espa&ntilde;a y unas 500.000 no lo saben debido a la lenta progresi&oacute;n de la enfermedad.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cualquiera que se haya expuesto a una transfusi&oacute;n sangu&iacute;nea antes de los noventa &ndash;cuando se estableci&oacute; la obligatoriedad&nbsp; de testar los productos hemoderivados para prevenir la transmisi&oacute;n de este virus&ndash; podr&iacute;a estar contagiado&rdquo;, explica el secretario general de la Federaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Hemofilia, Daniel Garc&iacute;a. En en caso de los hemof&iacute;licos, &ldquo;casi todos los que nacieron antes de que se descubriera el virus &ndash;en 1989&ndash; han desarrollado la enfermedad y ahora se encuentran en fases avanzadas&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">La siguiente batalla</h3><p class="article-text">
        890 de los 3.050 hemof&iacute;licos que hay en Espa&ntilde;a est&aacute;n infectados con el virus de la hepatitis C. Y 450 de ellos tienen adem&aacute;s VIH, seg&uacute;n los datos de la Federaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Hemofilia. Rubio pertenece a este grupo. A&uacute;n as&iacute;, se siente afortunado. &Eacute;l ha conseguido sobrevivir. Un millar de sus compa&ntilde;eros no. 
    </p><p class="article-text">
        Rubio descubri&oacute; que ten&iacute;a hemofilia cuando todav&iacute;a no era capaz de pronunciarlo. Entonces no sab&iacute;a lo que se le ven&iacute;a encima. Pero, ahora, 48 a&ntilde;os despu&eacute;s de que el m&eacute;dico le pronosticara poco tiempo de vida, este hombre de pelo cano y prominentes arrugas en el rostro podr&iacute;a dar una charla magistral en cualquier universidad sobre las repercusiones de esta enfermedad que afecta a la coagulaci&oacute;n de la sangre.
    </p><p class="article-text">
        A los intensos dolores musculares y las hemorragias espont&aacute;neas propias de su patolog&iacute;a se han sumado la irritabilidad, el insomnio, la depresi&oacute;n, la p&eacute;rdida de fuerza e incluso una trombosis ocular provocada por el tratamiento de la hepatitis C con Interfer&oacute;n. A pesar de todo, reconoce que tuvo suerte de nacer en Madrid. &ldquo;La mayor&iacute;a de hemof&iacute;licos que viv&iacute;an en zonas rurales hace a&ntilde;os mor&iacute;an desangrados sin saber lo que les pasaba. Y si consegu&iacute;an un diagn&oacute;stico, ten&iacute;an que trasladarse varias veces por semana para que les trataran&rdquo;, explica. 
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de muchos de los pacientes que fueron diagnosticados en la misma &eacute;poca que &eacute;l, a finales de los sesenta, Rubio ha sobrevivido a las &ldquo;tres etapas&rdquo; en las que clasifica su vida: &ldquo;cuando no hab&iacute;a ninguna terapia, cuando llegaron los f&aacute;rmacos experimentales &ndash;que prob&oacute; como uno de los primeros conejillos de indias&ndash; y cuando finalmente aparecieron los tratamientos seguros&rdquo;. La siguiente batalla, dice, es que todos los afectados por &ldquo;el maldito virus de la hepatitis C&rdquo; obtengan sus tratamientos.
    </p><h3 class="article-text">Los m&aacute;s graves no pueden perder m&aacute;s tiempo</h3><p class="article-text">
        El Ministerio de Hacienda ha anunciado el pasado lunes que financiar&aacute; el coste de los nuevos f&aacute;rmacos a las comunidades aut&oacute;nomas. Por lo que, en principio, el &uacute;ltimo obst&aacute;culo estar&iacute;a salvado. Pero casos publicados en los medios como el de Naiara Fern&aacute;ndez, de 21 a&ntilde;os, que tard&oacute; casi un a&ntilde;o en conseguir el tratamiento desde que su m&eacute;dico lo indic&oacute;, hacen que los pacientes desconf&iacute;en de las promesas que llevan meses escuchando. &ldquo;Lo que m&aacute;s nos preocupa &ndash;se&ntilde;ala Dami&aacute;n Caballero, vicepresidente de la Plataforma de Afectados por la Hepatitis C&ndash; es que se empiece a tratar ya a los enfermos graves, en F4, con una cirrosis muy avanzada. No pueden perder m&aacute;s tiempo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La plataforma que ha liderado las protestas para conseguir los f&aacute;rmacos de nueva generaci&oacute;n present&oacute; una querella el pasado 13 de febrero en el Tribunal Supremo contra el ministro de Sanidad y su antecesora, Ana Mato, por limitar el acceso a los tratamientos. La querella apunta a delitos de lesiones y homicidio por la muerte de dos de los 39 casos de pacientes graves recogidos en el escrito a los que sus m&eacute;dicos les hab&iacute;an prescrito los f&aacute;rmacos meses antes de que se los administraran. &ldquo;Cuando por fin tuvieron acceso al tratamiento ya era demasiado tarde&rdquo;, explica el vicepresidente de la plataforma. &ldquo;No queremos que vuelva a pasar&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, Rubio espera su turno en el Hospital La Paz, en Madrid, donde transcurre la mayor parte de su vida. Sus transaminasas han vuelto a subir. La fibrosis del h&iacute;gado sigue aumentando. Y cada d&iacute;a que pasa, &ldquo;los dolores son m&aacute;s fuertes&rdquo;. &ldquo;Esto es como una monta&ntilde;a rusa. Hay momentos en los que te encuentras bien y otros en los que no puedes con tu vida&rdquo;. No tiene ninguna duda de que los f&aacute;rmacos llegaran a los pacientes en alg&uacute;n momento, pero el tiempo juega en su contra. &ldquo;Me gustar&iacute;a decir que estar&eacute; aqu&iacute; cuando los pol&iacute;ticos dejen de hablar y pasen a la acci&oacute;n. Pero no lo s&eacute;. Hace un a&ntilde;o estuve al borde de un coma hep&aacute;tico, y cualquier d&iacute;a podr&iacute;a sufrir una descompensaci&oacute;n. Es absurdo que nos dejen morir despu&eacute;s de haber invertido tanto dinero en nuestra curaci&oacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Lillo]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Mar 2015 19:04:55 +0000]]></pubDate>
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