<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - María Jesús Pintos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria_jesus_pintos/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Jesús Pintos]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/512865/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Azúcar manchado de sangre del norte del Cauca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/adios-a-las-armas/azucar-manchado-sangre-norte-cauca_132_4329174.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf8bf43d-0163-4bd7-a77b-209bafe14c5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Azúcar manchado de sangre del norte del Cauca"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aunque pueda parecer de un grupo o de un territorio concreto, la lucha de los indígenas del Cauca va más allá. Pone de manifiesto la vigencia de las causas de fondo de la violencia estructural en Colombia</p></div><p class="article-text">
        La ocupaci&oacute;n de tierras, los ind&iacute;genas nasa del norte del Cauca, Colombia, en siete haciendas de ca&ntilde;a de az&uacute;car de Corinto, ha desencadenado un fuerte represi&oacute;n del gobierno Santos, con un despliegue desorbitado de unidades del brutal cuerpo antidisturbios ESMAD (Escuadr&oacute;n M&oacute;vil antidisturbios), que no han dudado en utilizar todos los medios de &uacute;ltima generaci&oacute;n con que el gobierno ha dotado estas unidades de &eacute;lite dela altamente militarizada polic&iacute;a colombiana, haciendo gala de una respuesta absolutamente desproporcionada con lo que es una protesta firme pero pac&iacute;fica. A pesar de esta brutalidad los 20 cabildos ind&iacute;genas del norte del Cauca resisten el desalojo de las tierras ocupadas.
    </p><p class="article-text">
        Las organizaciones ind&iacute;genas del Cauca estiman que tienen necesidad como m&iacute;nimo de 140.000 ha para sus familias. Seg&uacute;n datos de 2010, en el Cauca 51.000 familias ind&iacute;genas comparten 201.987 ha, que con una media de 6 personas por familia da un ratio de 0,66 ha por persona. El mismo INCODER, el oficial <em>Instituto Colombiana de Desarrollo Rural</em>, estimaba en 2007 un d&eacute;ficit para las comunidades ind&iacute;genas agrupadas en el CRIC (Consejo Regional Ind&iacute;gena del Cauca) de 170.932 ha. Las comunidades ind&iacute;genas est&aacute;n reivindicando que el estado les otorgue 20.000 ha en el municipio de Corinto, a un ritmo de 5.000 ha por a&ntilde;o. Exigen, con medidas de hecho, que el Estado cumpla de manera real con los diferentes acuerdos de restituci&oacute;n de tierras que, producto de las movilizaciones, se ha comprometido desde 2009 y que cumpla la sentencia que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH ) emiti&oacute; en &ldquo;reparaci&oacute;n&rdquo; por la masacre de El Nilo ocurrida hace 23 a&ntilde;os cuando 20 ind&iacute;genas fueron asesinados a sangre fr&iacute;a para desposeerlos de 500 has que ocupaban desde hac&iacute;a cuatro a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Pero los compromisos del gobierno de Santos no van en esta l&iacute;nea. Ni las pol&iacute;ticas de restituci&oacute;n de tierras a los pueblos ind&iacute;genas, ni la restituci&oacute;n de tierras a las v&iacute;ctimas del desplazamiento forzado establecida en la Ley de v&iacute;ctimas, ni el reconocimiento de las solicitudes de creaci&oacute;n de Zonas de Reserva Campesina son las prioridades de este gobierno.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e8c88ba-634a-45e9-87d3-bcfc9e1fe9a1_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e8c88ba-634a-45e9-87d3-bcfc9e1fe9a1_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e8c88ba-634a-45e9-87d3-bcfc9e1fe9a1_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e8c88ba-634a-45e9-87d3-bcfc9e1fe9a1_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e8c88ba-634a-45e9-87d3-bcfc9e1fe9a1_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e8c88ba-634a-45e9-87d3-bcfc9e1fe9a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8e8c88ba-634a-45e9-87d3-bcfc9e1fe9a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El gobierno Santos est&aacute; del lado de la agroindustria y del latifundio y, a pesar de las negociaciones de paz en la Habana o la negociaci&oacute;n del pliego de peticiones de la Cumbre agraria, &Eacute;tnica y Popular surgido de las movilizaciones agrarias del 2014, est&aacute; legislando en un sentido totalmente contrario que compromete seriamente las posibilidades de llegar a una paz con justicia. En Colombia el 1,5 de los propietarios, latifundistas y empresas agroindustriales acaparan el 52% de la tierra, mientras que el 93% de peque&ntilde;os propietarios y minifundistas -comunidades ind&iacute;genas, afrodescendientes y campesinas- s&oacute;lo tiene el 29,6%. Todos los proyectos gubernamentales est&aacute;n orientados en la direcci&oacute;n de seguir aumentando a&uacute;n m&aacute;s la concentraci&oacute;n de la tierra en favor de los terratenientes y de la agroindustria, los cultivos para la exportaci&oacute;n y para los agrocombustibles. Los proyectos del nuevo &ldquo;Plan Nacional de Desarrollo&rdquo; y de la Ley de Bald&iacute;os profundizan la intenci&oacute;n del gobierno de entregar tierras a los grandes empresarios, contraviniendo la propia Constituci&oacute;n y sentencias de la Corte Constitucional. El gobierno prioriza de forma descarada los agronegocios, los megaproyectos viales e hidroel&eacute;ctricos y el extractivismo (como el petr&oacute;leo, la miner&iacute;a, los cultivos de ca&ntilde;a y palma africana) por delante de la restituci&oacute;n de tierras a las v&iacute;ctimas y la agricultura campesina dedicada a la producci&oacute;n de alimentos. Insiste en proseguir una contrarreforma agraria que concentra en pocas manos, de terratenientes e inversionistas especulativos nacionales y extranjeros, el uso y la posesi&oacute;n de la tierra y en hacer avanzar, a costa de quien sea, su modelo de desarrollo y los objetivos que imponen los Tratados de Libre Comercio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cbd19b3-5b04-4749-9984-2e87d35f2fad_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cbd19b3-5b04-4749-9984-2e87d35f2fad_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cbd19b3-5b04-4749-9984-2e87d35f2fad_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cbd19b3-5b04-4749-9984-2e87d35f2fad_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cbd19b3-5b04-4749-9984-2e87d35f2fad_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cbd19b3-5b04-4749-9984-2e87d35f2fad_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9cbd19b3-5b04-4749-9984-2e87d35f2fad_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
         Lo que hoy est&aacute;n reclamando las comunidades ind&iacute;genas del norte del Cauca es la recuperaci&oacute;n de tierras planas, la restituci&oacute;n de los territorios ancestrales arrebatados hace m&aacute;s de 100 a&ntilde;os en un proceso de violencia persistente que, al igual que a las comunidades campesinas y las afrodescendientes, las han ido desplazando de las tierras planas para arrinconarlas en las tierras menos f&eacute;rtiles, en las faldas de las monta&ntilde;as. En tierras que ahora, con la promoci&oacute;n de la miner&iacute;a que impulsa el gobierno, son codiciadas por las multinacionales amenazando con ello el territorio y la pervivencia misma de las comunidades.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute;n haciendo las comunidades ind&iacute;genas es liberar la madre tierra de los monocultivos que la empobrecen e intoxican para beneficio de unos pocos. Mujeres y hombres de las Comunidades ind&iacute;genas cansadas de promesas y de acuerdos incumplidos, hartas de pasar hambre y con un futuro que les amenaza con el desplazamiento forzado, desde hace tres meses ocupan siete fincas plantadas con ca&ntilde;a de az&uacute;car, &ldquo;propiedad&rdquo; del multimillonarioCarlos Ardila Lule, uno de los grandes empresarios del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y el gobierno, mientras simula negociar con los ocupantes, para doblegar la resistencia ind&iacute;genaha dado respuesta militar a un conflicto pac&iacute;fico. M&aacute;s de 100 ind&iacute;genas han sido heridos, el ESMAD est&aacute; actuando con tanquetas y helic&oacute;pteros con una gran violencia, utilizando armas reglamentarias como armas letales (hay heridos con graves lesiones por impactos directos de los cartuchos de gases). Pero tambi&eacute;n utilizando armas no legales que, aunque lo nieguen, tienen su demostraci&oacute;n en las personas heridas por metralla y bolas de cristal con que la polic&iacute;a ha recargado los cartuchos de gases; han disparado fusiles, bastantes heridos son por balas, y tambi&eacute;n hay fotograf&iacute;as que muestran a la polic&iacute;a atac&aacute;ndolos con machetes y otros con piedras lanzadas con enormes hondas. Asimismo est&aacute;n filmando y fotografiando las personas para judicializar a su gusto a las mujeres y hombres de las comunidades, criminalizando as&iacute; la lucha ind&iacute;gena, de hecho en este momento ya han retenido a cinco miembros de la guardia ind&iacute;gena. Esta represi&oacute;n salvaje del estado ataca una poblaci&oacute;n ind&iacute;gena que tiene en la palabra, la firmeza y los bastones de las autoridades y de la guardia ind&iacute;gena su fuerza.
    </p><p class="article-text">
        Y toda esta violencia del estado es para defender los intereses de los grandes latifundistas. Este gobierno a trav&eacute;s de su fuerza p&uacute;blica, act&uacute;a r&aacute;pidamente a petici&oacute;n de los &ldquo;grandes propietarios&rdquo; para desalojar a los ind&iacute;genas de los grandes latifundios. Esta &ldquo;diligencia&rdquo; contrasta con la inacci&oacute;n o ineficacia de la polic&iacute;a para encontrar a los asesinos de dos ind&iacute;genas nasa del resguardo To&eacute;z de Caloto (Cauca) en febrero, del comunero del resguardo Pitayo y de tantas otras muertes que sin tregua vienen sufriendo los ind&iacute;genas o a los autores de las &uacute;ltimas amenazas de muerte contra l&iacute;deres nasa del norte del Cauca el pasado 5 de febrero.
    </p><p class="article-text">
        Aunque pueda parecer de un grupo o de un territorio concreto, la lucha de los ind&iacute;genas del Cauca va m&aacute;s all&aacute;. Pone de manifiesto la vigencia de las causas de fondo de la violencia estructural en Colombia, la voluntad de las clases dominantes de seguir con un modelo econ&oacute;mico de expolio y despilfarro de la naturaleza, que margina y excluye las comunidades, y es, a la vez una gran demostraci&oacute;n de las reivindicaciones, esperanzas y deseos que en toda Colombia confrontan con el gobierno las comunidades campesinas, ind&iacute;genas y afrodescendientes. La lucha de los hombres y mujeres ind&iacute;genas del norte del Cauca es nuestra lucha, de todas las personas que creemos que hay que liberar la Madre Tierra y entregarla a quien cuidar&aacute; de ella y al que, a la vez, la &ldquo;UmaKiwe&rdquo; alimentar&aacute; los hijos y las hijas ahora y en el futuro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa5e041f-fe63-463c-8b77-77b407a8282e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa5e041f-fe63-463c-8b77-77b407a8282e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa5e041f-fe63-463c-8b77-77b407a8282e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa5e041f-fe63-463c-8b77-77b407a8282e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa5e041f-fe63-463c-8b77-77b407a8282e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa5e041f-fe63-463c-8b77-77b407a8282e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/aa5e041f-fe63-463c-8b77-77b407a8282e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tomàs Gisbert, María Jesús Pintos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/adios-a-las-armas/azucar-manchado-sangre-norte-cauca_132_4329174.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Mar 2015 09:07:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bf8bf43d-0163-4bd7-a77b-209bafe14c5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="243571" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bf8bf43d-0163-4bd7-a77b-209bafe14c5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="243571" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Azúcar manchado de sangre del norte del Cauca]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bf8bf43d-0163-4bd7-a77b-209bafe14c5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sucre tacat de sang al nord del Cauca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/adios-a-las-armas/sucre-tacat-sang-nord-cauca_132_4329886.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf8bf43d-0163-4bd7-a77b-209bafe14c5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sucre tacat de sang al nord del Cauca"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Encara que pugui semblar d’un grup o d’un territori concret, la lluita dels indígenes del Cauca va més enllà. Posa de manifest la vigència de les causes de fons de la violència estructural a Colòmbia</p></div><p class="article-text">
        L&rsquo;ocupaci&oacute; de terres, pels ind&iacute;genes &lsquo;nasa&rsquo; del nord del Cauca, Col&ograve;mbia, a set hisendes de canya de sucre de Corinto, ha desencadenat un forta repressi&oacute; del govern Santos, amb un desplegament desorbitat d&rsquo;unitats del brutal cos antidisturbis ESMAD (Escuadr&oacute;n Movil Antidisturbios), que no han dubtat a utilitzar tots els mitjans d&rsquo;&uacute;ltima generaci&oacute; amb qu&egrave; el govern ha dotat aquestes unitats d&rsquo;elit de l&rsquo;altament militaritzada policia colombiana, tot fent gala d&rsquo;una resposta absolutament desproporcionada amb el que &eacute;s una protesta ferma per&ograve; pac&iacute;fica. Malgrat aquesta brutalitat els 20 cabildos ind&iacute;genes del nord del Cauca resisteixen el desallotjament de les terres ocupades.
    </p><p class="article-text">
        Les organitzacions ind&iacute;genes del Cauca estimen que tenen necessitat com a m&iacute;nim de 140.000 hect&agrave;rees per a les seves fam&iacute;lies. Segons dades de 2010, al Cauca 51.000 fam&iacute;lies ind&iacute;genes comparteixen 201.987 hect&agrave;rees, que amb una mitjana de 6 persones per fam&iacute;lia dona un rati de 0,66 hect&agrave;rees per persona. El mateix INCODER, l&rsquo;oficial <em>Instituto Colombiano de Desarrollo Rural</em>, estimava el 2007 un d&egrave;ficit per a les comunitats ind&iacute;genes agrupades en el CRIC (Consejo Regional Ind&iacute;gena del Cauca) de 170.932 hect&agrave;rees. Les comunitats ind&iacute;genes estan reivindicant que l&rsquo;estat els hi atorgui 20.000 hect&agrave;rees al municipi de Corinto, a un ritme de 5.000 hect&agrave;rees per any. Exigeixen, amb mesures de fet, que l&rsquo;Estat compleixi de manera real amb els diferents acords de restituci&oacute; de terres que, producte de les mobilitzacions, s&rsquo;ha comprom&egrave;s des del 2009 i que compleixi la sent&egrave;ncia que la Cort Interamericana de Drets Humans (CIDH)va emetre en &ldquo;reparaci&oacute;&rdquo; per la massacre de El Nilo, que va tenir lloc ja fa 23 anys quan 20 ind&iacute;genes van ser assassinats a sang freda per desposseir-los de 500 hect&agrave;rees que ocupaven des de feia quatre anys.
    </p><p class="article-text">
        Per&ograve; els compromisos del govern de Santos no van en aquesta l&iacute;nia. Ni les pol&iacute;tiques de restituci&oacute; de terres als pobles ind&iacute;genes, ni la restituci&oacute; de terres a les v&iacute;ctimes del despla&ccedil;ament for&ccedil;at establerta en la Llei de v&iacute;ctimes, ni el reconeixement de les sol&middot;licituds de creaci&oacute; de Zones de Reserva Camperola s&oacute;n les prioritats d&rsquo;aquest govern.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e8c88ba-634a-45e9-87d3-bcfc9e1fe9a1_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e8c88ba-634a-45e9-87d3-bcfc9e1fe9a1_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e8c88ba-634a-45e9-87d3-bcfc9e1fe9a1_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e8c88ba-634a-45e9-87d3-bcfc9e1fe9a1_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e8c88ba-634a-45e9-87d3-bcfc9e1fe9a1_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e8c88ba-634a-45e9-87d3-bcfc9e1fe9a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8e8c88ba-634a-45e9-87d3-bcfc9e1fe9a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El govern Santos est&agrave; del costat de l&rsquo;agroindustria i del latifundi i, malgrat les negociacions de pau a la Habana o la negociaci&oacute; del plec de peticions de la <em>Cumbre Agr&aacute;ria, &Eacute;tnica y Popular</em> sorgit de les mobilitzacions agr&agrave;ries del 2014,est&agrave; legislant en un sentit totalment contrari que compromet seriosament les possibilitats d&rsquo;arribar a una pau amb just&iacute;cia. A Col&ograve;mbia l&rsquo;1,5 dels propietaris, latifundistes i empreses agroindustrials acaparen el 52% de la terra, mentre que el 93% de petits propietaris i minifundistes &ndash;comunitats ind&iacute;genes, afro-descendents i camperoles- nom&eacute;s en t&eacute; el 29,6%. Tots els projectes governamentals van en la l&iacute;nia de continuar augmentant encara m&eacute;s la concentraci&oacute; de la terra en favor dels grans terratinents i de l&rsquo;agroindustria, els cultius per a l&rsquo;exportaci&oacute; i per als agrocombustibles. Els projectes del nou &ldquo;Plan Nacional de Desarrollo&rdquo;i de la LLei de &ldquo;Bald&iacute;os&rdquo; aprofundeixen la intenci&oacute; del govern de entregar terres als grans empresaris, tot contravenint la mateixa Constituci&oacute; i sent&egrave;ncies de la Cort Constitucional. El governprioritza de manera descarada els agronegocis, els mega-projectes viaris i hidroel&egrave;ctrics i l&rsquo;extractivisme (com el petroli, la mineria, els cultius de canya i palma africana) per davant de la restituci&oacute; de terres a les v&iacute;ctimes i l&rsquo;agricultura camperola dedicada a la producci&oacute; d&rsquo;aliments. Persisteix en una contrareforma agr&agrave;ria que concentra en poques mans, de terratinents i inversionistes especulatius nacionals i estrangers,l&rsquo;&uacute;s i la possessi&oacute; de la terra i en fer avan&ccedil;ar, a costa de qui sigui, el seu model de desenvolupament i els objectius que imposen els Tractats de Lliure Comer&ccedil;.
    </p><p class="article-text">
        El que avui estan reclamant les comunitats ind&iacute;genes del nord del Cauca &eacute;s la recuperaci&oacute; de terres planes,la restituci&oacute; dels territoris ancestrals arrabassats fa m&eacute;s de 100 anys en un proc&eacute;s de viol&egrave;ncia persistent que, a l&rsquo;igual que a les comunitats camperoles i les afrodescendentes, les han anat despla&ccedil;ant de les terres planes per arraconar-los a les terres menys f&egrave;rtils, a les faldes de les muntanyes. A terres que ara, amb la promoci&oacute; de la mineria que impulsa el govern, s&oacute;n cobejades per les multinacionals mineres tot amena&ccedil;ant aix&iacute; el territori i la perviv&egrave;ncia mateixa de les comunitats.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cbd19b3-5b04-4749-9984-2e87d35f2fad_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cbd19b3-5b04-4749-9984-2e87d35f2fad_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cbd19b3-5b04-4749-9984-2e87d35f2fad_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cbd19b3-5b04-4749-9984-2e87d35f2fad_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cbd19b3-5b04-4749-9984-2e87d35f2fad_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9cbd19b3-5b04-4749-9984-2e87d35f2fad_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9cbd19b3-5b04-4749-9984-2e87d35f2fad_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
         El que estan fent les comunitats ind&iacute;genes &eacute;s alliberar la mare terra dels monocultius que l&rsquo;empobreixen i intoxiquen per al benefici d&rsquo;uns pocs. Dones i homes de les Comunitats ind&iacute;genes cansades de promeses i d&rsquo;acords incomplerts, fartes de passar fam i amb un futur que els amena&ccedil;a amb despla&ccedil;ament for&ccedil;at, des de fa tres mesos ocupen set finques plantades amb canya de sucre, &ldquo;propietat&rdquo; del multimilionari Carlos Ardila Lule,un dels grans empresaris del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        I el govern, mentre simula negociar amb els ocupants,per doblegar la resist&egrave;ncia ind&iacute;gena ha donat resposta militar a un conflicte pac&iacute;fic. M&eacute;s de 100 ind&iacute;genes han estat ferits, l&rsquo;Esmad est&agrave; actuant amb tanquetes i helic&ograve;pters amb una gran viol&egrave;ncia, utilitzant armes reglament&agrave;ries com a armes letals (hi ha ferits amb greus lesions pels impactes directes dels cartutxos de gasos). Per&ograve; tamb&eacute; fent servir armes no legals que, encara que ho neguin, tenen la seva demostraci&oacute; en les persones ferides per metralla i boles de vidre amb que la policia ha recarregat els cartutxos de gasos; han disparat fusells, bastants ferits s&oacute;n per bales, i tamb&eacute; hi ha fotografies que mostren a la policia atacant-los amb matxets i d&rsquo;altres amb pedres llan&ccedil;ades amb enormes fones.Aix&iacute; mateix estan filmant i fotografiant les persones per judicialitzar al seu gust a les dones i homes de les comunitats, tot criminalitzant la lluita ind&iacute;gena, de fet en aquest moments ja han retingut a cinc membres de la gu&agrave;rdia ind&iacute;gena. Aquesta repressi&oacute; salvatge de l&rsquo;estat ataca una poblaci&oacute; ind&iacute;gena que t&eacute; en la paraula, la fermesa i els bastons de les autoritats i de la gu&agrave;rdia ind&iacute;gena la seva for&ccedil;a.
    </p><p class="article-text">
        I tota aquesta viol&egrave;ncia de l&rsquo;estat &eacute;s per defensar els interessos dels grans latifundistes. Aquest govern a trav&eacute;s de la seva for&ccedil;a p&uacute;blica, actua r&agrave;pidament a petici&oacute; dels &ldquo;grans propietaris&rdquo;per desallotjar els ind&iacute;genes dels grans latifundis. Aquesta &ldquo;dilig&egrave;ncia&rdquo; contrasta amb la inacci&oacute; o inefic&agrave;cia de la policia per a trobar els assassins de dos ind&iacute;genes &lsquo;nasa&rsquo; del resguard To&eacute;z de Caloto (Cauca) al febrer, del comuner del resguard Pitayo i de tantes altres morts que venen patint els ind&iacute;genes sense treva, o els autors de les darreres amenaces de mort contra l&iacute;ders &lsquo;nasa&rsquo; del nord del Cauca del passat 5 de febrer.
    </p><p class="article-text">
        Encara que pugui semblar d&rsquo;un grup o d&rsquo;un territori concret, la lluita dels ind&iacute;genes del Cauca va m&eacute;s enll&agrave;. Posa de manifest la vig&egrave;ncia de les causes de fons de la viol&egrave;ncia estructural a Col&ograve;mbia, la voluntat de les classes dominants de seguir amb un model econ&ograve;mic d&rsquo;espoli i malbaratament de la naturalesa, que margina i exclou les comunitats, i &eacute;s, alhora una gran demostraci&oacute; de les reivindicacions, esperances i desitjos que arreu de Col&ograve;mbia confronten amb el govern les comunitats camperoles, ind&iacute;genes i afro-descendents. La lluita dels homes i dones ind&iacute;genes del nord del Cauca &eacute;s la nostra lluita, de totes les persones que creiem que cal alliberar la Mare Terra i lliurar-la a qui tindr&agrave; cura d&rsquo;ella i a qui, alhora, la &ldquo;Uma Kiwe&rdquo; alimentar&agrave; els fills i les filles ara i en el futur.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa5e041f-fe63-463c-8b77-77b407a8282e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa5e041f-fe63-463c-8b77-77b407a8282e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa5e041f-fe63-463c-8b77-77b407a8282e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa5e041f-fe63-463c-8b77-77b407a8282e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa5e041f-fe63-463c-8b77-77b407a8282e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa5e041f-fe63-463c-8b77-77b407a8282e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/aa5e041f-fe63-463c-8b77-77b407a8282e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tomàs Gisbert, María Jesús Pintos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/adios-a-las-armas/sucre-tacat-sang-nord-cauca_132_4329886.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Mar 2015 08:58:36 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bf8bf43d-0163-4bd7-a77b-209bafe14c5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="243571" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bf8bf43d-0163-4bd7-a77b-209bafe14c5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="243571" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Sucre tacat de sang al nord del Cauca]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bf8bf43d-0163-4bd7-a77b-209bafe14c5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
