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    <title><![CDATA[elDiario.es - Miguel Jiménez Amaro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/miguel_jimenez_amaro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Miguel Jiménez Amaro]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Enterrados en los ojos que un día besó (43)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrados-ojos-dia-beso_132_2147687.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Es de noche, la hora del Telediario de las nueve que vocea sobre el Volcán Teneguía en La Palma, que puede explotar de nuevo o algo así.</p></div><p class="article-text">
        El tren en el que lleg&oacute;  <em>Billy</em> <em>El Ni&ntilde;o </em>a Lisboa llevaba cerca de media hora aparcado en el and&eacute;n de la estaci&oacute;n ferroviaria de la capital lusa y <em>Billy </em> no bajaba de ninguno de aquellos vagones que formaban parte de aquel expreso. <em>El Ni&ntilde;o </em>se hab&iacute;a quedado dormido, resacado de dar tantas palizas tambi&eacute;n en sue&ntilde;os a rojos indefensos en comisar&iacute;a despu&eacute;s  de haber dado muerte por la tarde, bajo interrogatorio, a aquellos dos militantes de la CNT que regresaban de Toulouse, un palmero y una mexicana, que hab&iacute;an sido detenidos en la estaci&oacute;n de Chamart&iacute;n con propaganda de aquella organizaci&oacute;n revolucionaria anarcosindicalista.
    </p><p class="article-text">
        El supervisor del tren ahora estacionado, un gudari que hab&iacute;a sido torturado por <em>Billy, </em>al ver c&oacute;mo segu&iacute;a durmiendo el odiado polic&iacute;a se le pas&oacute; otra vez por la cabeza el ajusticiarlo  asfixi&aacute;ndolo con la almohada, - ten&iacute;a el vasco buena  corpulencia y resentimiento para ello-, pero cuando estaba ya con la almohada en la mano escuch&oacute; unas voces y pasos que lo alarmaron e hicieron que desistiese en su empe&ntilde;o de mandar al <em>Ni&ntilde;o </em>al lugar donde el sanguinario karateca hab&iacute;a enviado a tantos rojos. E hizo bien, porque aquellas voces y pasos eran de unos amigos de <em>Billy, </em>altos cargos de la brutal polic&iacute;a secreta salazarista que alarmados por no verlo entre los viajantes que descend&iacute;an de los vagones, hab&iacute;an subido a los vagones de literas a olisquear qu&eacute; hab&iacute;a ocurrido; e hizo bien el gudari cojo por una de las palizas del inspector porque   lo hubiesen cogido aquellos sabuesos miembros de la Pibe con la almohada en la mano, as&iacute; que solt&oacute; el arma con la que iba a impedir que <em>El Ni&ntilde;o </em>siguiese respirando en este mundo, torturando, lanzando katas, en definitiva, matando a diestro y siniestro. Despertaron a <em>Billy, </em>aquellos amigos suyos, que no se cre&iacute;a que el tren ya hab&iacute;a llegado a Lisboa, - le pareci&oacute; muy corto el viaje -, y se lo llevaron con ellos a desayunar vino verde y marisco escuchando fados en directo.
    </p><p class="article-text">
        Juan G&oacute;mez Casas, una de las figuras m&aacute;s relevantes del anarcosindicalismo espa&ntilde;ol de la posguerra, cuando aquella ma&ntilde;ana de treinta y uno de diciembre de mil novecientos setenta y uno, despu&eacute;s de haberse reunido la noche anterior con sus camaradas libertarios en la sede de la CNT en la calle La Libertad, Madrid, para intentar  reconstruir el sindicato, despert&oacute; en su cama y sinti&oacute; que su mujer Mar&iacute;a del Carmen Mart&iacute;n Herranza estaba como siempre abrazada a &eacute;l. Ahog&oacute; todas sus pesadillas de la madrugada, las que no le imped&iacute;an olvidar campos de concentraci&oacute;n y c&aacute;rceles, bebi&eacute;ndose el vaso de agua que Carmen con su cari&ntilde;o le dejaba puesto todas las noches en su mesa de noche. Juan, al que llamaban tambi&eacute;n <em>Benjam&iacute;n, </em>hab&iacute;a nacido en Burdeos, en el a&ntilde;o veintiuno, en el seno de una familia de anarcosindicalistas espa&ntilde;oles que hab&iacute;a emigrado por motivos econ&oacute;micos. Con la proclamaci&oacute;n de la II Republica la familia volvi&oacute; a Madrid donde se afilia con su padre a la CNT, y a partir del treinta y seis en la Federaci&oacute;n Ib&eacute;rica de Juventudes Libertarias. En abril del treinta y ocho se incorpor&oacute; a la 39 Brigada Mixta del Ejercito Republicano. Luch&oacute; tres meses en el frente de Teruel. Con el triunfo franquista fue detenido en el puerto de Alicante e internado en el campo de concentraci&oacute;n de Albatera de donde consigui&oacute; librarse por ser menor de edad. De vuelta a Madrid se entrega a la lucha clandestina dentro de las Juventudes Libertarias y la CNT. El quince de enero del cuarenta y ocho, regresando de Francia, fue detenido con su compa&ntilde;era e hijos en el Camino Viejo de Legan&eacute;s, Madrid. En el registro domiciliario se descubre la imprenta <em>Minerva</em> con la que se edita la prensa libertaria ilegal <em>Tierra y Libertad </em>y <em>Juventud Libre. </em>En julio del cuarenta y ocho fue condenado a treinta a&ntilde;os de prisi&oacute;n por pertenencia a organizaci&oacute;n clandestina. Del monasterio penal de San Miguel de los Reyes intent&oacute; fugarse sin &eacute;xito el seis de febrero del cincuenta y seis.  Como consecuencia de este intento de fuga es ingresado en el penal de Oca&ntilde;a, y en el cincuenta y ocho, tras denunciar la explotaci&oacute;n de los presos en los talleres carcelarios, fue trasladado a la penitenciar&iacute;a de Burgos. En mayo del sesenta y dos sali&oacute; en libertad y se instala en Valencia donde recupera su antiguo oficio de pintor. Regresa a  Madrid donde trabaja de contable en un hotel y se dedica a la escritura y la traducci&oacute;n. En los a&ntilde;os setenta se convirti&oacute; en uno de los m&aacute;ximos representantes de la CNT que se reorganizaba y de la cual fue su m&aacute;ximo secretario entre agosto del setenta y seis y abril del setenta y ocho, una vez resurgida. Juan, <em>Benjam&iacute;n, </em>hab&iacute;a quedado al mediod&iacute;a con sus compa&ntilde;eros libertarios a la salida del metro de Chueca para tomarse unos vinos en <em>La Taberna </em>y luego reunirse en el local de la calle La Libertad. Ten&iacute;an la impresi&oacute;n de que entre ellos hab&iacute;a un topo, sopl&oacute;n o confidente, y prefirieron solo verse los camaradas de mayor confianza. A Juan Garc&iacute;a G&oacute;mez, bajo el agua de la ducha, se le fueron sus pensamientos hacia la ternura que siempre hab&iacute;a sentido de <em>Carmita</em>, amor sin el que nunca hubiese podido  soportar el agrio camino que eligi&oacute; llevar.
    </p><p class="article-text">
        <em>Sor &Aacute;crata </em>sali&oacute; del mortuorio donde hab&iacute;a ido a intentar interferir en el camino que empezaba a transitar el alma de Fernando con el mismo sentido de impotencia que tuvo cuando quiso hacer lo mismo con el alma de <em>Hiperi&oacute;n. Sor &Aacute;crata </em>se mont&oacute; con su fot&oacute;grafo en su Seat Seiscientos rojo que sali&oacute; en cuarta y lleg&oacute; hasta el taller de <em>El Escultor </em>en esa misma marcha, la cuarta, sin despegar el pie del acelerador, salt&aacute;ndose todos los sem&aacute;foros rojos que encontraba a su paso en un Madrid terriblemente helado, casi siberiano. &ldquo;Me estoy quedando sin ac&oacute;litos dentro de la secta por defunci&oacute;n y sedici&oacute;n. Como ya conozco el negocio, voy a tener que robar ni&ntilde;os reci&eacute;n nacidos y venderlos para mantenerla. Me estoy quedando tambi&eacute;n sin alumnos en el Instituto por las dos mismas razones. Hasta puede ser muy probable que me echen de &eacute;l.&rdquo; Aun as&iacute;, con su secta diezmada hasta en  las finanzas, <em>Sor &Aacute;crata</em> ten&iacute;a planeado en nada m&aacute;s llegar al taller de Manolo <em>El </em>Escultor matarlo, haciendo parecer que fuese un accidente, si no hab&iacute;a hecho adelantos notables en la estatua que le estaba esculpiendo. Ella sabe mejor que nadie como estimular al <em>Escultor, - </em>el truco de amenazarlo encerr&aacute;ndolo en una guagua siempre le da buenos resultados-, y al llegar al estudio y ver que la estatua ya ten&iacute;a un ligero parecido con ella cambi&oacute; de idea; en vez de quererlo matar abri&oacute; otra botella de <em>Licor Cacao Pico </em>que ofreci&oacute; beber primero a &eacute;l, le baj&oacute; los pantolones vaqueros Levi&acute;s y le hizo otra mamada mientras acababan de beber el transparente licor.
    </p><p class="article-text">
        A <em>Sor &Aacute;crata, </em>cuando ingiri&oacute; el semen del <em>Escultor, </em>se le cerraron los p&aacute;rpados, y tuvo tres viajes en el tiempo a un futuro muy pr&oacute;ximo. En el primero se adelant&oacute; a la inauguraci&oacute;n de su propia estatua en la Plaza de Chueca la noche v&iacute;spera de Epifan&iacute;a, donde ley&oacute; con desgarro poemas y m&aacute;s poemas pretendidamente suyos. <em>La Cofrad&iacute;a del Porro de Hierba, </em>y <em>El Gudari Beodo, </em>que era hermano del gudari que Billy hab&iacute;a dejado cojo, el revisor del tren, pasaban por all&iacute;  y sab&iacute;an a qui&eacute;n en realidad correspond&iacute;an aquellos poemas, -solo para nosotros, a <em>Hiperi&oacute;n-,</em> exclamaron: &ldquo;&iexcl;Bonito color para yegua!&rdquo;, y siguieron haciendo su ruta de bares hasta un poco antes  de empezar el amanecer, su hora prohibida. <em>Los Viejos Cenetistas, </em>que sal&iacute;an alegres de su local sindical por haber descubierto al topo, infiltrado o delator, iban a tomar el metro para regresar a casa con sus compa&ntilde;eras, al ver la misma escena, comentaron: &ldquo;&iexcl;Tremenda vanidad la de esta mujer! &iexcl;Primero una calle, ahora una plaza, llegar&aacute; un d&iacute;a a tener un imperio!&rdquo; En el segundo viaje en el tiempo <em>Sor &Aacute;crata</em> se desplaz&oacute; justo al d&iacute;a antes de empezar el curso en su instituto despu&eacute;s de las vacaciones navide&ntilde;as.<em>   </em>Es de noche, la hora del Telediario de las nueve que vocea sobre el Volc&aacute;n Tenegu&iacute;a en La Palma, puede explotar de nuevo o algo as&iacute;. Suena el timbre del tel&eacute;fono en la casa de <em>Sor &Aacute;crata, </em>una casa de un barrio burgu&eacute;s de Madrid. El marido de <em>Sor &Aacute;crata </em>contesta, pues ella no puede hacerlo, porque est&aacute; catat&oacute;nica en el sill&oacute;n, sentada al lado de su fot&oacute;grafo que no pierde instant&aacute;neas &iexcl;As&iacute; se lo dej&oacute; encargado ella! El marido reconoce aquella voz antes de presentarse, es la de <em>La Directora del Instituto, </em>que le dice que al d&iacute;a siguiente hay reuni&oacute;n del claustro de profesores y que si puede venir &eacute;l, porque el tema del que van a hablar lo prefieren hacer con &eacute;l, no con su mujer. <em>Orellano, </em>que es c&oacute;mo llaman al marido de <em>Sor &Aacute;crata, </em> pregunta a qu&eacute; hora es la reuni&oacute;n y  dice que aprovechar&aacute; para dejar el parte de baja de <em>Sor &Aacute;crata. </em> &iexcl;Y ahora viene el tercer viaje de <em>Sor &Aacute;crata</em> al futuro!  Orellano, despu&eacute;s de la reuni&oacute;n del Claustro de Profesores del instituto,  regresa a su casa del barrio burgu&eacute;s madrile&ntilde;o, donde <em>Sor &Aacute;crata </em>sigue sentada, en el mismo sof&aacute;, al lado del fot&oacute;grafo. Se sienta y  se sirve un brandy Luis Felipe para poner en orden todo lo hablado en la reuni&oacute;n del instituto. El problema con <em>Sor &Aacute;crata </em>no era un incidente por ser &ldquo;roja&rdquo;, pues no se sab&iacute;a bien por qu&eacute;, la Brigada Pol&iacute;tico Social no actuaba contra ella. <em>Billy El Ni&ntilde;o, </em>que al parecer se hab&iacute;a criado de ni&ntilde;o con ella en una colonia espa&ntilde;ola, actuaba de protector suya. -Hab&iacute;a dejado claro que a ella no se le tocase nunca-.  Y aunque no fuera as&iacute;, la acusaci&oacute;n de ser &ldquo;roja&rdquo; era un delito grave en un r&eacute;gimen fascista que  en cualquier momento que la dictadura cayese dejar&iacute;a de serlo. Pero el cuestionarla como ense&ntilde;ante tal como estaba ocurriendo dada la sectarizaci&oacute;n de sus clases y las muertes de sus alumnos s&iacute; ser&iacute;a un problema siempre grave, irresoluble y sin soluci&oacute;n pol&iacute;tica en cualquier sistema. Se busc&oacute; una respuesta para aquella situaci&oacute;n  intentando hacerle el menor da&ntilde;o posible, prolongar la baja lo m&aacute;s que se pudiera y poner tierra de por medio durante un largo tiempo alej&aacute;ndola a otra &iacute;nsula, -que tambi&eacute;n ten&iacute;a que ver con su ni&ntilde;ez-, tan distante como aquella colonia en la que <em>Billy </em>y ella compartieron algunos a&ntilde;os de ni&ntilde;ez. <em>Sor &Aacute;crata </em>termin&oacute; su tercer viaje a un futuro cercano viendo lo mismo que  Orellano, su marido, estaba mirando en el reflejo dorado de su copa de brandy Luis Felipe antes de tomarse el primer trago, sus ojos azules encendidos que llevaban ya tiempo hablando de tristeza, llanto y desesperaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrados-ojos-dia-beso_132_2147687.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Apr 2018 13:05:08 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrados en los ojos que un día besó (43)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (42)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_2199099.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Volvieron a hacer sus equipajes y se dirigieron hacia el mortuorio de la ciudad de Madrid donde iría a parar el cuerpo muerto del finado Fernando una vez saliese de la morgue del hospital.</p></div><p class="article-text">
        Volvieron a tocar con los nudillos de los dedos de las manos a los cristales cencellados&nbsp;&nbsp; de la puerta de cristal labrado de <em>La Taberna de Chueca. </em>Esta vez quien ped&iacute;a entrar era <em>Constantine </em>que ven&iacute;a con <em>La Colegiala </em>desde la suite de lujo del Palace donde llevaban toda la ma&ntilde;ana practicando <em>El Agua Sagrada de Ruanda, </em>y a ellos se les agreg&oacute;, en aquella misma puerta cargada de siglos e historia, Ernesto, que, en el mortuorio en donde velaba a Fernando junto con familiares y amigos sinti&oacute; la poderosa e invisible llamada de la verdosa absenta que se beb&iacute;a en <em>La Taberna.</em>
    </p><p class="article-text">
        Abri&oacute; la puerta el mismo camarero vestido de negro y blanco, el fr&iacute;o que entr&oacute; por ella tambi&eacute;n era el mismo, blanco y negro polar madrile&ntilde;o. <em>El Mariachi </em>segu&iacute;a cantando. <em>El Charro </em>volv&iacute;a a pedir copas que rebos&oacute; de absenta para estos tres nuevos pasajeros, viajeros, que brindaron con &eacute;l. <em>El Charro </em>volvi&oacute; a inundarles las copas, tal como Madrid estaba inundado de oscuro, aunque era al mediod&iacute;a, fr&iacute;o, y los cristales de <em>La Taberna </em>de escarcha clara.
    </p><p class="article-text">
        <em>Constantine </em>y <em>La Colegiala </em>le pidieron al <em>Charro</em> la canci&oacute;n que les hab&iacute;a puesto al tel&eacute;fono. Ernesto, despu&eacute;s de haber tomado tres copas rebosadas de licor verde rom&aacute;ntico, les pidi&oacute; disculpas, les dijo que se iba a sentar en la mesa en la que estaban los muertos juntos con los vivos; Sigrid <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo, Hiperi&oacute;n </em>y <em>Fernando</em> por el bando de los vivos, y <em>Ninnette, Lissette </em>y <em>El Chivato T&aacute;ntrico,</em> por el bando de los muertos, que le hicieron un hueco para &eacute;l, Ernesto, colocar una silla entre ellos.
    </p><p class="article-text">
        Ernesto y su familia hab&iacute;an cancelado sus vacaciones de Navidad en el Valle de Ar&aacute;n al enterarse de la muerte de Fernando. Volvieron a hacer sus equipajes y se dirigieron hacia el mortuorio de la ciudad de Madrid donde ir&iacute;a a parar el cuerpo muerto del finado Fernando una vez saliese de la morgue del hospital. Durante todo aquel viaje en coche solo alterado por una parada en un bar de camioneros, -donde mejor se come durante el camino-, para tomar unas migas con chocolate, unas madejas de cordero y tres botellas de <em>Mibal Roble, </em>no dej&oacute; de pensar con tristeza si &eacute;l ser&iacute;a el pr&oacute;ximo en morir, porque Paloma, se negaba a quedarse embarazada para que <em>Sor &Aacute;crata </em>siguiese haciendo negocios con los beb&eacute;s con los que luego hac&iacute;a grandes transacciones comerciales; adem&aacute;s, aumentaba su preocupaci&oacute;n el comentario que le hab&iacute;a hecho Paloma por tel&eacute;fono desde <em>La Taberna de Chueca, </em>&ldquo;Yaces enterrado en mis ojos como lo hicieron <em>El Quemado, Hiperi&oacute;n y </em>Fernando en los ojos de sus compa&ntilde;eras antes de morir, pero no te preocupes, unos sacerdotes t&aacute;ntricos blancos que est&aacute;n con nosotros y que ayudaron a M&oacute;nica, me ayudar&aacute;n a m&iacute; y luego a ti cuando llegues al mortuorio&rdquo;. Pese a este comentario de Paloma, Ernesto no dej&oacute; de pensar en su venidera muerte pr&oacute;xima, que quiz&aacute;s hasta podr&iacute;a ocurrir en la mism&iacute;sima carretera por la que circulaban, en el coche de sus padres que los llevaba a Madrid.
    </p><p class="article-text">
        Al salir del restaurante de camioneros su padre le pregunt&oacute; si quer&iacute;a conducir &eacute;l. Se lo pens&oacute; dos veces y dijo que &ldquo;s&iacute;&rdquo; sin saber bien por qu&eacute;. Lo supo cuando el coche, que estaba en unos aparcamientos de tierra y nieve, se incorpor&oacute; al asfalto de la carretera donde le llam&oacute; la atenci&oacute;n una peque&ntilde;a margarita que sobresal&iacute;a del asfalto con la que no hab&iacute;an podido las ruedas de los coches, los tubos de escape, las manchas de aceite, gasolina o gasoil, el fr&iacute;o o el calor, la falta de agua, y cualquier otra inclemencia natural o no. Aquella margarita fue como un flash que encender&iacute;a su mente hasta no apagarse nunca. &ldquo;Si ella ha aguantado tanta adversidad, &iquest;porqu&eacute; yo no?&rdquo; Las facciones de la cara de Fernando le cambiaron y hasta llegar a Madrid no par&oacute; de hablar con su familia de la mala experiencia vivida con <em>Sor &Aacute;crata, </em>de aquel tantra negro que tantas vidas llevaba costando.
    </p><p class="article-text">
        Una vez que Ernesto entr&oacute; en el mortuorio, <em>Hiperi&oacute;n </em>y Fernando se las arreglaron para hablar con &eacute;l sin que sintiese sobresalto alguno, porque Ernesto, como ellos dos, hab&iacute;a sido adoctrinado en el materialismo hist&oacute;rico y dial&eacute;ctico del Politzer y Marta Harnecker. &ldquo;Eres tan fuerte o m&aacute;s que la margarita viviendo en el asfalto&rdquo;, fue la frase que <em>Hiperi&oacute;n </em>le dijo. Ernesto lo mir&oacute; incr&eacute;dulo, -&ldquo;&iexcl;Esto s&iacute; que no me lo esperaba yo!&rdquo;-, y llor&oacute; de manera distinta a como&nbsp; lo hab&iacute;a hecho cuando la muerte del <em>Quemado, </em>de <em>Hiperi&oacute;n </em>e incluso de Fernando, esta vez llor&oacute; de alegr&iacute;a. Abraz&oacute; a <em>Hiperi&oacute;n </em>y a Fernando, que estaba junto a &eacute;l, &nbsp;hasta que llegaron <em>Ninnette, Lissette </em>y <em>El Chivato T&aacute;ntrico, </em>que ven&iacute;an especialmente a encontrase con Ernesto y a transmitirle sus mantras personalizados para evitar el tortuoso y negro asedio de <em>Sor &Aacute;crata</em>, la muerte en definitiva.
    </p><p class="article-text">
        Salieron a las afueras del mortuorio los sacerdotes t&aacute;ntricos blancos y Ernesto. Se adentraron en un jard&iacute;n. Debajo de un &aacute;rbol formaron un c&iacute;rculo d&aacute;ndose las manos. <em>El Chivato T&aacute;ntrico</em> le exigi&oacute; un juramento. Ernesto asinti&oacute;. Luego le dio las pautas sobre c&oacute;mo ten&iacute;a que meditar y sus mantras. &iexcl;Esto, al ser secreto, no se puede hablar aqu&iacute;! &ldquo;Eres un privilegiado Ernesto, no voy a tener que transmitirte tu m&aacute;ndala, pues t&uacute; lo has encontrado al salir del bar de camioneros, cuando te incorporaste al asfalto, conduciendo el coche de tu padre, tu m&aacute;ndala es la margarita que viste. Siempre que medites con estos mantras que te acabo de transmitir, has de visualizar esa margarita. En tus meditaciones has de verla como la viste esta madrugada&rdquo;. Ernesto se volvi&oacute; a emocionar. Le corrieron l&aacute;grimas por las mejillas. Ninnette y Lissette lo abrazaron y llamaron &ldquo;Hermano&rdquo;. <em>El Chivato T&aacute;ntrico </em>lo bendijo<em>. </em>Se volvieron al mortuorio.
    </p><p class="article-text">
        Ernesto, una vez estuvo sentado en la mesa de <em>Hiperi&oacute;n </em>en <em>La Taberna de Chueca, </em>sonri&oacute;. &ldquo;&iexcl;Si <em>Sor &Aacute;crata </em>nos sigue matando, se va a quedar ella sola sin secta! He escuchado que se va a dedicar a robar desconocidos ni&ntilde;os reci&eacute;n nacidos y que de esta manera arreglar&aacute; sus problemas de finanzas. &iquest;Pero c&oacute;mo va a seguir adoctrinando y configurando ac&oacute;litos o pros&eacute;litos? Una vez le&iacute; que despu&eacute;s de haber ganado la Guerra Civil, el Caudillo segu&iacute;a fusilando a un ritmo mayor a&uacute;n que durante ella, hasta el punto de que Hitler y Mussolini le tuvieron que llamar la atenci&oacute;n de manera sinuosa. <em>Si sigues matando, fusilando, de esta manera, te vas a</em> <em>quedar sin gente que pueda trabajar para levantar tu naci&oacute;n.</em> De igual manera <em>Sor &Aacute;crata </em>se va a quedar sin iniciados que trabajen para ella&rdquo;. Ernesto segu&iacute;a con la misma sonrisa que se le incendi&oacute; en la cara cuando vio su margarita en medio del asfalto, la misma con la que habl&oacute; por primera vez con los muertos, la misma con la que recibi&oacute; su primera iniciaci&oacute;n de mano de los sacerdotes t&aacute;rtricos, la misma con la que acababa de descubrir que despu&eacute;s de la vida hab&iacute;a m&aacute;s vida aun. Ernesto no pudo contener la risa, - &iexcl;Mira de que vino a acordarse ahora!-, al recordar una pintada que &eacute;l mismo hab&iacute;a escrito hace unos meses en una de las paredes de su barrio de Chamber&iacute;. &ldquo;La &uacute;nica iglesia que ilumina es la que arde&rdquo;, firmada con una &ldquo;A&rdquo; dentro de un c&iacute;rculo, &ldquo;A&rdquo; de Acracia. Y no pudo evitar seguir ri&eacute;ndose. A sus risas se le sumaron las del resto de la mesa, tanto estuviesen vivos o en el otro lado.
    </p><p class="article-text">
        Eladi Crehuet segu&iacute;a cantando a tr&iacute;o con <em>Maguisa </em>y <em>El Charro.</em> Hab&iacute;a emergido de &eacute;l, como un continente dormido, una Atl&aacute;ntida, &nbsp;un cantante. <em>El Charro </em>se sent&iacute;a tan a gusto con aquellas canciones, tanto como no se hab&iacute;a sentido nunca, hasta el punto que les ofreci&oacute; a <em>Maguisa </em>y a Eladi Crehuet que viniesen con &eacute;l a M&eacute;xico a grabar un disco y luego lanzarlo en todas las emisoras de televisi&oacute;n de Sur Am&eacute;rica. De aquel disco que llegaron a grabar ellos tres junto con <em>El Mariachi</em>, hablaremos otro d&iacute;a, y as&iacute; alivio de un poco de carga, -&iexcl;A la que tengo tan acostumbrada a soportar!-, a mi querida Esther R. Medina. Gracias otra vez, Esther. Gracias y abrazos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_2199099.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Mar 2018 09:14:08 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (42)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (41)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_2234737.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunos no estaban acostumbrados a los vaivenes imparables de</p><p class="subtitle">La Barca de Isis</p><p class="subtitle">, a este navegar incesante de la vida a la muerte y de la muerte a la vida.</p></div><p class="article-text">
        A <em>Literato, </em>Ulrike y <em>El Charro</em> no les cogi&oacute; de improviso las afirmaciones hechas por Fernando e <em>Hiperi&oacute;n </em>sobre la no autenticidad de las fotos y relatos vertidos por <em>Sor &Aacute;crata </em>en el rotativo <em>El Caso. Maguisa</em>, al venir caminando con ellos, desde <em>El Comunista </em>hasta <em>La Taberna de Chueca, </em>les fue hablando del trucaje contenido en aquellas im&aacute;genes, y, <em>Literato, </em>que oje&oacute; alguno de los textos, hizo el comentario de que estaban llenos de mentiras. Tampoco les cogi&oacute; de improviso a <em>Ninnette, Lissette y El Chivato T&aacute;ntrico, </em>que ven&iacute;an del mortuorio de dar refugio a la familia y amigos de Fernando, e intentar, por si apareciese, -como hizo cuando la muerte de <em>Hiperi&oacute;n-</em>, que <em>Sor &Aacute;crata </em>no influyese en el camino espiritual del difunto Fernando. <em>Sor &Aacute;crata </em>apareci&oacute; en el mortuorio, -&iexcl;ella para no!-, pero al sentir la presencia de los sacerdotes de tantra blanco, limit&oacute; su estancia a entregar, a cada uno de los participantes en el duelo,&nbsp; un ejemplar del peri&oacute;dico <em>El Caso</em>, -&iexcl;hasta lleg&oacute; a darle uno a Fernando, que el pobre, su cuerpo estaba muerto dentro del ata&uacute;d!-, y luego sali&oacute; fugada hacia el taller de Manolo, <em>El Escultor,</em> para que no dejase de pensar siquiera un instante en que quer&iacute;a su estatua para Epifan&iacute;a. Y no les cogi&oacute; tampoco de improviso a estos sacerdotes de la sexualidad sagrada porque al salir del mortuorio cogieron una taxi hasta <em>La Taberna de Chueca </em>en el que fueron leyendo y comentando <em>El Caso, </em>en una edici&oacute;n que solo ten&iacute;a de especial los trucos fotogr&aacute;ficos y las mentiras <em>. </em>Al bajar del taxi, en Chueca, <em>El Chivato T&aacute;ntrico </em>quiso abrir la puerta de cristal <em>cencellado</em> por el fr&iacute;o de <em>La Taberna de Chueca</em>, pero no pudo, la hab&iacute;an cerrado de nuevo. Toc&oacute;, y la abri&oacute; el mismo camarero que lo hab&iacute;a hecho cuando la golpe&oacute; con sus nudillos <em>Literato</em>. <em>El Charro, </em>cuando los divis&oacute;, pidi&oacute; copas para ellos tres, las rebos&oacute;, e hizo una segunda ronda con ellos, un segundo brindis. As&iacute; que, ni&nbsp; unos ni&nbsp; otros, pues unos y otros hab&iacute;an observado detenidamente <em>El Caso, </em>se sintieron de improviso por las tajantes afirmaciones de Fernando e <em>Hiperi&oacute;n </em>desarmando los argumentos de aquella edici&oacute;n intempestiva. Como tampoco se sintieron de igual manera, de improviso, por el hecho de estar nuevamente tratando con&nbsp; muertos, -en este caso tres, <em>Hiperi&oacute;n, </em>Sigrid <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo </em>y Fernando-, &nbsp;aquellos que no estaban acostumbrados a estos vaivenes imparables de<em> La Barca de Isis</em>, a este navegar incesante de la vida a la muerte y de la muerte a la vida, que no se sabe ni en qu&eacute; aguas comienza ni en qu&eacute; aguas acaba.
    </p><p class="article-text">
        Sigrid, <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo, </em>segu&iacute;a pensando en su hijo <em>Werther, </em>en lo parecido que era a su padre, <em>Literato; &nbsp;</em>en la pena tan honda que sent&iacute;a por no haber podido ejercer de madre con<em> Werther, </em>al haber derivado su vida al consumo extremo de alcohol y la locura, por lo que tuvo que ser ingresada por su familia al poco de nacer su hijo en una cl&iacute;nica psiqui&aacute;trica en un pueblo cerca del que ella hab&iacute;a nacido en Alemania. Sigrid segu&iacute;a mirando a <em>Literato </em>y a Ulrike que le transmit&iacute;an paz y serenidad, la paz y la serenidad que a ella le falt&oacute; gran parte de su vida. Intu&iacute;a que iban a ser unos buenos padres para <em>Werther, </em>que Ulrike iba a ser con &eacute;l igual de buena madre que lo fue con <em>Hiperi&oacute;n, </em>y que a ellos dos, Ulrike y <em>Literato, </em>les iba a venir bien el dar refugio a <em>Werther, </em>que no hab&iacute;a congeniado nunca con su abuelo, -el padre acosador del <em>&Aacute;ngel Pelirrojo-,</em> y que su abuela, por su antigua enfermedad de coraz&oacute;n ya no se pod&iacute;a hacer cargo de &eacute;l. A la vieja se&ntilde;ora probablemente le faltaba poco por vivir. <em>Literato </em>y Ulrike, por la manera que <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo </em>los miraba, intu&iacute;an los pensamientos que estaba teniendo. Sigrid se levant&oacute; de la mesa en la que estaba sentada con Fernando e <em>Hiperi&oacute;n, </em>y fue a dar con el padre de su hijo y la que se iba a convertir en su madre. Cuando estuvo a la altura de ellos se abrazaron los tres. Ulrike le coment&oacute; que esa ma&ntilde;ana hab&iacute;an estado hablando ellos dos el tema desayunando en la cocina y que estaban decididos en adoptar a <em>Werther. </em>Si &eacute;l, al ser mayor de edad dentro de poco tiempo, y&nbsp; su abuela, lo deseaban, se convertir&iacute;an entonces en sus padres. Sigrid los volvi&oacute; a abrazar y se fueron los tres a sentarse con <em>Hiperi&oacute;n </em>y Fernando.
    </p><p class="article-text">
        Volvieron a tocar los <em>cencellados</em> cristales de la puerta de <em>La Taberna de Chueca.</em> Cada vez que se abr&iacute;a aquella puerta se sent&iacute;a que entraba un fr&iacute;o de osos polares. Esta vez quien tocaba era el <em>Mariachi</em> que a&uacute;n no se hab&iacute;a acostado, no hab&iacute;an pasado por las s&aacute;banas. &iexcl;Ellos se alimentan de hacer de la noche d&iacute;a y del d&iacute;a, d&iacute;a! El mariachi entraba con una estela de prostitutas de la calle La Ballesta y de la de Echegaray. <em>El Charro </em>volvi&oacute; a pedir otras tres botellas de absenta y copas para todos los que acababan de entrar, que procur&oacute; de rebosar. El camarero esta vez tard&oacute; algo m&aacute;s en poder cerrar la puerta, - el fr&iacute;o que se sinti&oacute; dur&oacute; much&iacute;simo m&aacute;s-, Pepe Legr&aacute;, <em>El Puma de Baracoa, &nbsp;Las Dos Pumas Rubias </em>y Mikell Norell, ven&iacute;an detr&aacute;s del <em>Mariachi </em>y las prostitutas, y tambi&eacute;n &nbsp;hab&iacute;an decidido continuar la noche haciendo del d&iacute;a, d&iacute;a. Todos los parroquianos beb&iacute;an absenta con cierta ansiedad, quer&iacute;an homenajear de esa manera a la generaci&oacute;n de los <em>locos </em>pintores y escritores rom&aacute;nticos, aunque no acabar como ellos, como lo hizo al pie de la letra <em>Hiperi&oacute;n</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em>Hiperi&oacute;n, </em>en la mesa que ya llevaba su nombre, la mesa en la que estaban sentados y hablaban muertos y vivos, manifestaba entre ellos su acuerdo en que sus padres&nbsp; le dieran refugio a <em>Werther. </em>Sigrid, <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo, </em>le hab&iacute;a contado c&oacute;mo ella hab&iacute;a quedado embarazada de <em>Werther, </em>en la misma playa y el mismo d&iacute;a que Ulrike, su madre, &nbsp;hab&iacute;a pre&ntilde;ado de &eacute;l, siendo <em>Literato </em>el padre de ambos ni&ntilde;os, de dos hermanos de distintas madres y un mismo padre. &ldquo;En esa playa, la que est&aacute; pegada a la de los viejos Cancajos, la que da para los cuarteles, all&iacute;, M&oacute;nica y yo rompimos nuestra virginidad, diecis&eacute;is a&ntilde;os despu&eacute;s, quedando ella embarazada &iquest;Qu&eacute; tiene esa playa? Esto de lo que os voy a hablar ahora no lo sabe nadie fuera de la secta, solo los que hemos sido iniciados por <em>Sor &Aacute;crata, </em>y, leyendo lo que dice <em>El Caso, </em>pienso que es el momento de que se vaya sabiendo ya. Una vez M&oacute;nica qued&oacute; pre&ntilde;ada, ella y yo est&aacute;bamos de acuerdo, a nuestro pesar, en desprendernos del nacituro, porque no nos sent&iacute;amos preparados para ser padres siendo tan j&oacute;venes. <em>Sor &Aacute;crata </em>nos estuvo bombardeando por parte y parte. A M&oacute;nica la trat&oacute; de convencer de que me abandonase, de que yo no le conven&iacute;a por mi afici&oacute;n al psicoan&aacute;lisis. La convenci&oacute; y le busc&oacute; otra pareja.&nbsp; M&oacute;nica empez&oacute; a comportarse de manera diferente conmigo. Yo no lo conoc&iacute;a as&iacute;. A m&iacute;, <em>Sor &Aacute;crata </em>&nbsp;me dijo que los hijos que se tuvieran dentro de la secta, ella, <em>Sor &Aacute;crata, </em>por su papel de sacerdotisa, pod&iacute;a ejercer el control sobre&nbsp; ellos. Ella pasaba a ser la due&ntilde;a de los ni&ntilde;os y a hacer lo que quisiera con ellos, y los ne&oacute;fitos, padres de la criatura, ascender&iacute;an en grado e iniciaciones en funci&oacute;n de esa disposici&oacute;n a ceder los hijos &iexcl;As&iacute; funcionaba aquella estructura piramidal! Procrear hijos para <em>Sor &Aacute;crata </em>y de esta manera el iniciado ascender en grado. Las nodrizas desaparec&iacute;an durante el tiempo que el embarazo era visible. Las familias y sus parejas no volv&iacute;an a saber de ellas, -como ahora no se sabe nada de <em>Diotima </em>y de la pareja del <em>Quemado </em>que est&aacute;n desaparecidas-<em>, </em>hasta que pariesen y <em>Sor &Aacute;crata </em>les usurpase la criatura a la que ya ten&iacute;a vendida por una cantidad ingente de dinero a una familia de adopci&oacute;n. &iexcl;Me imagino que os est&aacute;is preguntando para qu&eacute; quer&iacute;a <em>Sor &Aacute;crata</em> vender los ni&ntilde;os! &nbsp;Con este dinero aumentaban las arcas de la secta que dispondr&iacute;a de m&aacute;s medios para encontrar nuevos ne&oacute;fitos y as&iacute; esperaban llegar un d&iacute;a a gobernar el planeta de la misma manera que lo hac&iacute;an con la secta, de forma&nbsp; piramidal. M&oacute;nica tuvo un aborto involuntario. Se neg&oacute; a querer al novio que le hab&iacute;a buscado <em>Sor &Aacute;crata.</em> Su madre muri&oacute; de c&aacute;ncer. El padre quiso irse a vivir con ella a La Palma. En La Palma volvi&oacute; a tomar la pista de <em>Ninnette, Lissette </em>y <em>El Chivato T&aacute;ntrico, </em>y esto la salv&oacute; de morirse como yo me he muerto, de puro abandonarme, falto de fuerzas para combatir aquel mal paso que di cuando <em>Sor &Aacute;crata </em>me inici&oacute;, cuando me trag&oacute; haci&eacute;ndome el sexo como lo hace&nbsp; la amantis religiosa, vaci&aacute;ndome espiritualmente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Hiperi&oacute;n </em>call&oacute;. Se quedaron en aquella mesa los cinco absolutamente enmudecidos y mir&aacute;ndose limpiamente a los ojos, intentando buscar calladas respuestas, en esos lagos del alma, a todo lo que ocurr&iacute;a a su alrededor. Se empez&oacute; a escuchar en medio de aquel silencio al <em>Mariachi: &ldquo;La luz que en tus ojos arde/si los abres amanece/cuando los cierras parece/que va muriendo la tarde&hellip;&hellip;&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        En una de las suites del Palace, <em>Constantine </em>y <em>La Colegiala, </em>aquella enigm&aacute;tica mujer, practicaban <em>El Agua Sagrada de Ruanda, </em>modalidad de pr&aacute;ctica sexual que <em>Constantine </em>&nbsp;hab&iacute;a aprendido de mano de <em>Ninnette, Lissette </em>y <em>El Charro, </em>la noche anterior, despu&eacute;s de cenar, en <em>La Carmencita. La Colegiala, </em>que se hab&iacute;a hecho profesional del sexo, solo en hoteles de lujo, despu&eacute;s de abandonarla <em>El General Gabacho, </em>le confes&oacute; a <em>Constantine </em>que no hab&iacute;a conocido una cosa igual. Cuanto m&aacute;s practicaban <em>El Agua Sagrada de Ruanda</em>, m&aacute;s energ&iacute;a sent&iacute;an para seguir jugando. No hab&iacute;an dormido la noche anterior, no hab&iacute;an dormido durante la ma&ntilde;ana, pero no ten&iacute;an ganas de hacerlo. Son&oacute; el tel&eacute;fono en la suite. Constantine lo levant&oacute;. Al otro lado estaba puesta su compa&ntilde;era de reparto en tantas y tantas pel&iacute;culas rodadas en Roma, su paisana <em>Maguisa, </em>&nbsp;del barrio de Calcina, en Santa Cruz de La Palma, que quer&iacute;a que el divo escuchase la canci&oacute;n que estaba cantando, en ese mismo momento, en <em>La Taberna de Chueca, El Charro y su Mariachi&ldquo;: &hellip;Las penas que me maltratan/son tantas que se atropellan/y como de matarme tratan/se agolpan unas a otras/ y por eso no me matan.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Constantine </em>le pregunt&oacute; a <em>Maguisa </em>que d&oacute;nde estaban. Mir&oacute; preguntando con sus ojos a <em>La Colegiala </em>que mostr&oacute; visiblemente con su mirada su asentimiento, y dijo por el auricular del tel&eacute;fono: &ldquo;Cielo, en un momento estaremos en <em>La Taberna de Chueca</em>. Lo que tardemos en prepararnos&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_2234737.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Mar 2018 10:40:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (41)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (40)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_2247809.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Observó que las dos fotos de portada de</p><p class="subtitle">Sor Ácrata</p><p class="subtitle">con Fernando, en la morgue y el tanatorio, estaban trucadas.</p></div><p class="article-text">
        Carmencita acab&oacute; de cantar <em>Madre en la puerta hay un hombre </em>cuando en la barra descorchaban la tercera botella de <em>Cava</em> <em>Integral Brut Nature de Llopart</em> y serv&iacute;an la tercera raci&oacute;n de bacalao rebozado. Carmencita fue a limpiarse las l&aacute;grimas estancadas en su cara de salitre al aguamanil. Regres&oacute; cuando las copas estaban servidas. <em>Literato, </em>Ulrike y Eladi esperaban con un trozo de bacalao en la boca a que ella volviese para chocar las copas. Brindaron justo en el momento en que el repartidor de peri&oacute;dicos bajaba los escalones del rellano y dejaba sobre un lado de la barra de madera y m&aacute;rmol una edici&oacute;n&nbsp; especial de <em>El Caso</em>, peri&oacute;dico de sucesos, al que estaba suscrito <em>La Carmencita,</em> dedicado enteramente a <em>Sor &Aacute;crata, </em>al que de momento no prestaron atenci&oacute;n alguna. El repartidor voceaba algo as&iacute; como: <em>Vida, obra y milagros de Sor &Aacute;crata hasta el d&iacute;a de hoy.</em> Estaban ellos m&aacute;s inmersos en lo que com&iacute;an y beb&iacute;an, y en la alegr&iacute;a que sent&iacute;a Carmencita por poder ir a M&eacute;xico con su madre a conocer a su padre moribundo y poder despedirse de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Rebosaron las copas para llevarse al est&oacute;mago los &uacute;ltimos trozos de aquel bacalao rebozado. Volvieron a brindar. Un reci&eacute;n llegado cliente cog&iacute;a <em>El Caso</em> y lo abr&iacute;a al mismo tiempo que ped&iacute;a un <em>Mibal Roble, </em>un Ribera del Duero de Roa, Burgos, en donde est&aacute; la D.O., con diez meses en barrica de roble franc&eacute;s. Los cuatro vieron algo que les llam&oacute; la atenci&oacute;n en aquel peri&oacute;dico de sucesos abierto&nbsp; delante mismo de sus ojos, como la pantalla de cine de los NO-DO, con dos fotos de <em>Sor &Aacute;crata </em>en la portada<em>, </em>una de ellas en la morgue, y otra en el mortuorio, abrazando en las dos al cad&aacute;ver de Fernando. &iquest;C&oacute;mo pudo entrar, sin ser vista por nadie, <em>Sor &Aacute;crata </em>con su fot&oacute;grafo, en la nevera de los fiambres del hospital? &iquest;C&oacute;mo pudo hacer lo mismo en el mortuorio antes de que lo abriesen a los familiares y amigos? La misma persona que est&aacute; escribiendo estos relatos tampoco lo sabe, porque cree, - o al menos lo escribi&oacute; as&iacute; -, que <em>Sor &Aacute;crata</em> estaba entre esas horas en el taller del <em>Escultor, </em>Manolo, emborrach&aacute;ndose con <em>Licor Cacao Pico </em>y haciendo sexo oral. &iquest;Tendr&aacute; <em>Sor &Aacute;crata </em>la habilidad de estar en dos o tres sitios a la vez? O quiz&aacute;s fuera que <em>Sor &Aacute;crata </em>&nbsp;volvi&oacute; a amenazar al <em>Escultor </em>con encerrarlo en una guagua, -la peor amenaza que se le puede hacer a Manolo-, que siempre lleva en su bolso y le orden&oacute; que siguiese esculpiendo su estatua mientras ella iba con su fot&oacute;grafo a la morgue, al mortuorio y a la redacci&oacute;n de <em>El Caso</em>.
    </p><p class="article-text">
        Carmencita los acompa&ntilde;&oacute; hasta la puerta del restaurante y la acera de la calle en donde se encontraron con <em>Maguisa </em>y <em>El Charro, </em>que ven&iacute;an de una tienda de disfraces en las cercan&iacute;as de Mayor,&nbsp; dispuestos a entrar en <em>La Carmencita</em> para&nbsp; <em>El Charro </em>preguntarle a Carmencita cu&aacute;l era la opini&oacute;n de su madre con respecto al viaje a M&eacute;xico del que le hab&iacute;a hablado la madrugada anterior. <em>El Charro, </em>al verle la cara a Carmencita le sonri&oacute;. &ldquo;No hace falta que te pregunte sobre la respuesta de tu madre, lo est&aacute;s diciendo con tus ojos. Me gustar&iacute;a bajar contigo al restaurante y que hablemos en la barra algunas cosa&nbsp; relacionadas con el viaje a M&eacute;xico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>El Charro </em>le dijo a <em>Maguisa </em>que acompa&ntilde;ase a <em>Literato, </em>Ulrike y Eladi, y le pregunt&oacute; a <em>Literato </em>si iban al <em>Comunista. Literato </em>le respondi&oacute; que s&iacute; y que luego seguir&iacute;an a <em>La Taberna de Chueca. Maguisa </em>asi&oacute; a Eladi del brazo. &ldquo;&iquest;Porqu&eacute; llevas el pelo tan corto, <em>Melocot&oacute;n</em>?&rdquo; &ldquo;Estoy haciendo la <em>mili. </em>No me pude librar&rdquo;.&nbsp; &ldquo;&iquest;Y por qu&eacute; no quer&iacute;as hacerla? &iexcl;Con lo atractivo que son los soldados! &iexcl;Aunque t&uacute; lo seguir&iacute;as siendo aunque no la hicieras, <em>Melocot&oacute;n</em>! Lo eras cuando de adolescente buscabas disculpas&nbsp; para irme a ver fregar en la notar&iacute;a, a ver c&oacute;mo se mov&iacute;an mis pechos y mi culo mientras yo le daba al cepillo contra el suelo, y, adrede, yo los mov&iacute;a m&aacute;s para ti&rdquo;. Eladi sonri&oacute; poni&eacute;ndose de color m&aacute;s melocot&oacute;n. <em>Maguisa </em>le apret&oacute; el brazo y despu&eacute;s sonriendo le acerc&oacute; la mano a la bragueta. &ldquo;&iquest;Te ha crecido?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>Literato</em>, que iba caminando con Ulrike delante de ellos dos, se par&oacute; delante de la cabina telef&oacute;nica para decirles a <em>Maguisa </em>y Eladi que ven&iacute;an reventados de risa: &ldquo;Durante los cuarenta &uacute;ltimos d&iacute;as de la vida de nuestro hijo <em>Hiperi&oacute;n,&nbsp; </em>&eacute;l ven&iacute;a todas las madrugadas a llamar por tel&eacute;fono desde esta cabina a M&oacute;nica para leerle los poemas que le escrib&iacute;a bebiendo en solitario absenta en <em>La Taberna de Chueca. </em>Desde la altura de esa l&aacute;pida que ahora pone <em>Calle Sor &Aacute;crata, </em>en vez de <em>Calle Augusto Figueroa, </em>bueno, en verdad no lo pone, hay un pasqu&iacute;n pegado, como en todas las lapidas de la calle, fue desde donde se cay&oacute; Fernando colocando la &uacute;ltima cartulina y mat&aacute;ndose casi al instante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Maguisa </em>solt&oacute; el brazo del que ten&iacute;a asido a Eladi y se persign&oacute;. &ldquo;&iexcl;Pobres dos chicos! A los dos los meti&oacute; <em>Sor &Aacute;crata </em>en el tantra negro y les propici&oacute; la muerte. &iexcl;Pero qu&eacute; necesidad tan grande tiene esta mujer de que la anden adorando, de tener el nombre de una calle, despu&eacute;s el de una plaza, con los quebraderos de cabeza que tiene que dar eso!&nbsp; &iexcl;Si hasta me han dicho que ya piensa en ocupar un alto cargo pol&iacute;tico&nbsp; cuando se jubile y m&aacute;s tarde ser la primera presidenta de los Estados Unidos de Am&eacute;rica! &iexcl;Qu&eacute; locura es esta!&rdquo;&nbsp; <em>Maguisa </em>se volvi&oacute; a persignar.&nbsp; &ldquo;&iexcl;Pobres chicos muertos por tanta vanidad ajena&rdquo;. Volvi&oacute; a asirse del brazo de Eladi y a re&iacute;rse con &eacute;l. Entraron al <em>Comunista </em>detr&aacute;s de <em>Literato </em>y Ulrike, un <em>Literato </em>y una Ulrike a los que se le hab&iacute;an puesto los ojos algo llorosos, a uno algo m&aacute;s azules, azules, y a otra, algo m&aacute;s verdes, verdes.
    </p><p class="article-text">
        Sobre la barra del <em>Comunista </em>hab&iacute;a otro ejemplar de la edici&oacute;n especial de <em>El Caso</em>. <em>Maguisa </em>lo apart&oacute; para que no estuviera al alcance de la mirada de <em>Literato </em>y Ulrike. &ldquo;&iexcl;Enfermiza vanidad!&rdquo; Hab&iacute;a notado algo extra&ntilde;o en aquellas dos fotos de portada. Se dio la media vuelta, retom&oacute; el peri&oacute;dico de sucesos y se fue con &eacute;l a la calle, a la cabina telef&oacute;nica, diciendo que ten&iacute;a que hacer una llamada, lo mir&oacute; con detenimiento y observ&oacute; que las dos fotos de portada de <em>Sor &Aacute;crata </em>con Fernando, en la morgue y el tanatorio, estaban trucadas. Sigui&oacute; ojeando el peri&oacute;dico. Le llam&oacute; la atenci&oacute;n la cara de otro adolescente muerto fotografiado con <em>Sor &Aacute;crata, </em>&nbsp;que por su enorme parecido con Ulrike pens&oacute; que era el hijo de <em>Literato </em>y ella, <em>Hiperi&oacute;n</em>. &ldquo;&iexcl;Pues si esta foto est&aacute; trucada tambi&eacute;n! &iexcl;De algo me sirven a mi todos los a&ntilde;os que llevo en los estudios de cine de Fellini en Roma, mi actual segunda casa!&rdquo; Hab&iacute;a otra foto en <em>El Caso </em>de <em>Sor &Aacute;crata </em>abrazando a un tercer adolescente muerto, pero de este otro pobre chico <em>Maguisa </em>no ten&iacute;a pista alguna
    </p><p class="article-text">
        <em>Maguisa, </em>al salir de la cabina, con <em>El Caso</em> en la mano, se tropieza con <em>El Charro, </em>que ven&iacute;a de <em>La Carmencita, </em>con la alegr&iacute;a en la cara de poderle dar a su padrino, el padre de Carmencita, la noticia de que regresar&iacute;a a M&eacute;xico con su mujer e hija que ir&iacute;an a despedirse de &eacute;l en vida. <em>Maguisa </em>le coment&oacute; al <em>Charro</em> que entrasen prestos en <em>El Comunista, </em>porque hab&iacute;a dicho que sal&iacute;a un momento a hacer una llamada y que lo m&aacute;s seguro era que la estaban esperando, y que m&aacute;s tarde le comentar&iacute;a a &eacute;l lo que hab&iacute;a descubierto en <em>El Caso</em>.
    </p><p class="article-text">
        En <em>El Comunista </em>no esperaban que <em>Maguisa </em>entrase con <em>El Charro, </em>as&iacute; que abrieron otra botella m&aacute;s de <em>Cava Integral Brut Nature de Llopart </em>&nbsp;y le sirvieron una copa, al mismo tiempo que le pusieron otro tenedor m&aacute;s para el rabo de toro que les hab&iacute;an servido. Chasquearon las copas. Al escuchar aquel sonido de cristales a <em>Literato </em>y Ulrike se les fue aquella pena que sintieron por no poder disfrutar sino un corto espacio de tiempo, diecis&eacute;is a&ntilde;os, de su hijo <em>Hiperi&oacute;n, </em>se les fue aquel triste azul, azul y&nbsp; triste verde, verde de sus ojos retomando la consciencia de que <em>Hiperi&oacute;n </em>estaba viviendo en su nuevo mundo con total intensidad y plenitud.
    </p><p class="article-text">
        Eladi se interes&oacute; por el disfraz que se hab&iacute;an comprado <em>Maguisa </em>y <em>El Charro</em> en las cercan&iacute;as de Mayor. Maguisa le respondi&oacute; que en el momento de entrar en la tienda, cuando la dependienta les pregunt&oacute; &ldquo;qu&eacute; quer&iacute;an&rdquo;, se echaron a re&iacute;r mir&aacute;ndose a la cara el uno al otro dici&eacute;ndose: &ldquo;&iexcl;Pues si ninguno de nosotros dos necesitamos disfraz alguno, somos nuestro propio disfraz! &iexcl;Nuestra vida misma es nuestro disfraz!&rdquo; Una vez acabaron de re&iacute;rse le pidieron disculpas a la dependienta y se dirigieron a <em>La Carmencita, </em>en donde se hab&iacute;an encontrado, en la puerta de entrada con ellos saliendo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo no tengo, <em>Maguisa </em>y<em> Charro,</em> el mismo rodaje que vosotros dos. Yo no puedo decir a&uacute;n, como vosotros, que la vida que llevo viviendo pueda ser mi propio disfraz, me queda mucho celuloide por filmar. Quiz&aacute;s un d&iacute;a yo haya construido conmigo mismo un personaje como lo hab&eacute;is hecho vosotros y no necesite de m&aacute;scara o disfraz. Pero hoy por hoy no lo es as&iacute;. Anoche, en Barcelona, cenando con mis padres, Mercedes y Pompeyo, les pregunt&eacute; c&oacute;mo me ver&iacute;an disfrazado de Ben Thurpin, como lo hace&nbsp; mi padre todos los treinta y uno. Ellos celebraron la idea y rieron. Le dije a mi padre que si yo pod&iacute;a tomar ese testigo suyo en vida. Mi padre se sonri&oacute; y me respondi&oacute; que entonces ya &eacute;ramos dos c&oacute;micos americanos en la casa, dos Ben Thurpin. Cen&aacute;bamos con <em>Cava Leopardi Brut Nature Gran Reserva de Lloparat. </em>A&ntilde;adi&oacute; Pompeyo que despu&eacute;s de la cena abrir&iacute;amos otra botella y que me iba a ense&ntilde;ar algunos <em>gags </em>del c&eacute;lebre artista. Mi padre lleg&oacute; a m&aacute;s. Sac&oacute; el proyector y nos puso a mi madre y a m&iacute; cortometrajes de Ben Thurpin. <em>Maguisa, </em>&iquest;a ti no te importar&iacute;a, despu&eacute;s de la siesta, acompa&ntilde;arme a esa tienda de Mayor para comprarme el disfraz?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>El Charro </em>pidi&oacute; tres botellas m&aacute;s de <em>Cava Integral Brut Nature de Llopart</em> y lo que quisieran de picar. Quisieron seguir con el rabo de toro. Una vez finalizada la consumici&oacute;n pag&oacute; todo lo que se deb&iacute;a y salieron a la calle para dirigirse a <em>La Taberna de Chueca. </em>
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a segu&iacute;a tal como hab&iacute;a nacido, g&eacute;lido, como las monta&ntilde;as en las que viven los osos. No se volvi&oacute; a saber nada m&aacute;s de&nbsp; Greezly Adams, -John Houston en el <em>Juez de La Horca-,</em> si pudo encontrar un sitio m&aacute;s caluroso en donde&nbsp; &eacute;l mismo&nbsp; enterrarse o no. Ellos, <em>Maguisa, El Charro, </em>Ulrike, <em>Literato</em> y Eladi, al igual que el viejo Houston buscaban calor, pero no para enterrarse, para poder seguir viviendo en paz y alegr&iacute;a, por eso enfocaron sus tomavistas a la adorada <em>Taberna de Chueca</em>, que cuando la hallaron estaba cerrada, pero que detr&aacute;s del vaho de los labrados cristales escarchados se divisaban los movimientos de los camareros volcados en los preparativos de la fiesta de esa noche.
    </p><p class="article-text">
        <em>Literato </em>les toc&oacute; en los <em>cencellados</em> cristales de la puerta. Uno de los camareros se acerc&oacute; a abrir. Entraron frot&aacute;ndose las manos. <em>El Charro </em>pidi&oacute; a viva voz tres botellas de absenta. Luego mir&oacute; para la mesa en donde en vida&nbsp; se sol&iacute;a sentar <em>Hiperi&oacute;n </em>y pidi&oacute; otras tres botellas y tres copas para aquella mesa que todos los dem&aacute;s ve&iacute;an vac&iacute;a. <em>El Charro </em>sirvi&oacute; a los que ven&iacute;an con &eacute;l. El Camarero llev&oacute; las tres botellas y las tres copas a la mesa de <em>Hiperi&oacute;n. </em>&ldquo;S&iacute;rvalas por favor&rdquo;- le dijo <em>El Charro</em> al camarero. Cuando las tres copas rebosaban absenta se materializaron ante aquellos ojos cr&eacute;dulos&nbsp; Sigrid <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo, </em>Fernando e <em>Hiperi&oacute;n, </em>que le&iacute;an <em>El Caso </em>y se tomaban aquella primera copa de absenta brindando en alto con todos los parroquianos. &ldquo;Lo que cuenta <em>El Caso </em>son todo mentiras. Todas las fotos de <em>Sor &Aacute;crata </em>est&aacute;n trucadas, son un montaje&rdquo;- dijeron Fernando e <em>Hiperi&oacute;n</em> al mismo tiempo. Sigrid, <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo, </em>estaba en otros pensamientos.&nbsp; Pensaba, mirando a <em>Literato, </em>lo parecidos que eran el hijo de ambos, <em>Werther, </em>y su padre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_2247809.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Feb 2018 09:33:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (40)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (39)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_1100349.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En aquel salón del Palace había parado la música y  luego se detuvo la conversación hipnotizados por aquel sonido ancestral de aquellos ocho asilvestrados tacones.</p></div><p class="article-text">
        En El Palace, Pepe Legr&aacute;, <em>El Puma de Baracoa, </em>que estaba sentado con sus <em>Dos Pumas Rubias </em>y Mikel Norel, hablando sobre <em>El Agua de Ruanda, - Legr&aacute; </em>era un experto en este tema, su familia en Cuba proven&iacute;a de esclavos que proced&iacute;an de este pa&iacute;s-, al ver que Constantine, junto a <em>La Colegiala, </em>se levantaban de la mesa y se dirig&iacute;an a la de ellos, -sonaban de nuevo los taconazos de zapatos de aguja de aquel enigma de mujer y el de los botines blancos del consagrado actor en Italia y el mundo entero nacido en el barrio de San Telmo de Santa Cruz de La Palma- , pidi&oacute; al camarero dos botellas de <em>Cava Ex Vite Brut Reserva de Llopart.</em>
    </p><p class="article-text">
        Mikel Norel le pregunt&oacute; al <em>Puma de Baracoa </em>que por qu&eacute; hab&iacute;a pedido dos botellas en vez de una, si con una botella daba para seis copas,&nbsp; la misma pregunta que os hab&eacute;is hecho vosotros. Legr&aacute; le contest&oacute; que <em>Maguisa </em>estaba saliendo del ascensor con un hombre de aspecto, por su ropa, mexicano. &ldquo;Ese es <em>El Charro, </em>Pepe. Entonces tendr&aacute;s que pedir <em>El Llopart, </em>o cualquier otra bebida, pero solo de <em>Las Cosas Buenas de Miguel, </em>de tres en tres botellas. Te advierto de otra cosa, <em>El Charro </em>no deja pagar a nadie&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>La Colegiala, </em>una vez se levant&oacute; de la mesa se asi&oacute; al brazo de Constantine, como hab&iacute;a visto que hac&iacute;an las actrices que interpretaban papeles junto con el divo. <em>Constantine </em>le dijo a <em>La Colegiala </em>que sus botines blancos ir&iacute;an al un&iacute;sono de los tacones de aguja de ella.
    </p><p class="article-text">
        La orquesta acababa de interpretar <em>The time goes past. </em>Entre la versi&oacute;n de la canci&oacute;n de Casablanca, una de las m&aacute;s escuchadas del cine, y la siguiente canci&oacute;n, otra de las del cine, solo se escucharon los tacones de <em>La Colegiala </em>y los de <em>Constantine, </em>que se dirig&iacute;an a la mesa del <em>Puma de Baracoa, </em>a los que se sumaron, en aquella banda sonora, &nbsp;los de los zapatos de <em>Maguisa</em> y las botas blancas mexicanas del <em>Charro. </em>
    </p><p class="article-text">
        En aquel sal&oacute;n del Palace hab&iacute;a parado la m&uacute;sica, una parada entre canci&oacute;n y canci&oacute;n, y&nbsp; luego se detuvo la conversaci&oacute;n hipnotizados todos los habitantes de aquel magno hotel por aquel sonido ancestral de aquellos ocho asilvestrados tacones, mientras un camarero agrandaba la mesa y colocaba cuatro sillas m&aacute;s, y otro tra&iacute;a en una bandeja cuatro copas y tres botellas bien fr&iacute;as de <em>Cava Ex Vite Brut Reserva de Llopart.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Maguisa</em>, a la salida del ascensor, asi&oacute; del brazo al <em>Charro, </em>de la misma manera que <em>La Colegiala</em> lo hab&iacute;a hecho con Constantine. La mesa de Pepe Legr&aacute;, <em>El Puma de Baracoa, </em>estaba justo en medio de las dos parejas que&nbsp; protagonizaban con sonrisa ancha aquel momento de la noche. Legr&aacute;, como cuando boxeaba dentro del ring, observaba como si fueran uno u otro pu&ntilde;o de su contrincante a cada una de las dos parejas sin que su mirada hiciera esfuerzo en diferenciar una de otra; en el boxeo tienes que ver dos escenas al mismo tiempo, la del pu&ntilde;o derecho e izquierdo de tu rival como la escena de aquellas dos parejas. Cuando las dos parejas llegaron, al mismo tiempo, a la mesa, <em>El Puma de Baracoa </em>dej&oacute; de sentirse como en un cuadril&aacute;tero con un rival que era zurdo y diestro al mismo tiempo. Pepe Legr&aacute;, cuando las dos parejas estuvieron a su misma altura, suspir&oacute; riendo con una risa del todo contagiosa. &ldquo;Esta pasarela ha sido el combate m&aacute;s duro que ha tenido este campe&oacute;n en toda su vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Maguisa </em>no se esperaba en ese d&iacute;a encontrarse con <em>La Colegiala. La Colegiala </em>&nbsp;tampoco pensaba encontrarse con <em>Maguisa</em>. Ellas soltaron los brazos del <em>Charro </em>y Constantine para abrazarse. <em>Maguisa, </em>de familia pobre, del barrio de Calcinas, que de ni&ntilde;a hab&iacute;a trabajado en la casa burguesa de la Calle Real de la familia de <em>La Colegiala, </em>se alegr&oacute; de verla, pues aparte de esta coincidencia en sus vidas marcada por la dial&eacute;ctica de la existencia &nbsp;de las clases sociales, como dir&iacute;an los viejos y antiguos marxistas escondidos en formol, en la vida de ellas dos hab&iacute;a otro nexo com&uacute;n, <em>La Colegiala </em>fue abducida por el <em>General Gabacho</em> el mismo d&iacute;a que <em>Maguisa, </em>Constantine y Mikel Norel partieron para Roma a rodar pel&iacute;culas con Fellini. <em>La Colegiala </em>se alegr&oacute; tambi&eacute;n de ver a <em>Maguisa.</em> <em>Maguisa </em>y <em>La Colegiala</em> se abrazaron como dos hermanas dici&eacute;ndole al o&iacute;do la una a la otra: &ldquo;Desde un principio no me gust&oacute; aquel <em>General Gabacho </em>para ti. No te iba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>El Puma de Baracoa </em>llen&oacute; de <em>Ex Vite Brut Reserva de Llopart</em> las ocho copas vac&iacute;as que estaban sobre la mesa. Tom&oacute; en aquella mesa el mismo papel que protagonizaba en la lona del cuadril&aacute;tero, el de primer actor. Se confes&oacute; como adicto al cine de aquellos tres actores que estaban sentados en aquel momento con &eacute;l. Les hizo casi mil preguntas sobre sus pel&iacute;culas y les plante&oacute; la posibilidad de &eacute;l ir a Roma, con ellos tres, a conocer a Fellini. &ldquo;Me siento actor cuando boxeo en un ring. En un estudio ha de ser todo m&aacute;s f&aacute;cil. &iquest;O no?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Mir&oacute; a <em>Maguisa </em>y al <em>Charro </em>cambiando de conversaci&oacute;n<em>. </em>&ldquo;Ten&eacute;is algo, de lo que conozco muy bien, en la mirada. Llev&aacute;is toda la noche hasta que os sorprendi&oacute; la ma&ntilde;ana practicando <em>El Agua de Ruanda. </em>No os extra&ntilde;&eacute;is por no haber podido dormir nada. <em>El Agua de Ruanda </em>tiene un poder rejuvenecedor, tal como lo est&aacute;is sintiendo. Ahora mismo, lo que quer&eacute;is hacer es desayunar fuerte e ir a pasear a la calle&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Maguisa</em> le respondi&oacute; que eso era precisamente lo que iban a hacer, que esa noche desped&iacute;an el a&ntilde;o en <em>La Taberna de Chueca </em>con una fiesta felliliana, y que ella no ten&iacute;a disfraz, que quer&iacute;a salir a comprarlo con <em>El Charro. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El Puma de Baracoa</em> pregunt&oacute; si &eacute;l pod&iacute;a asistir a aquella fiesta con sus <em>Dos Pumas Rubias</em>. Los dem&aacute;s se miraron a los ojos y le respondieron que porqu&eacute; no, y que era hasta muy posible que viniese Fellini.
    </p><p class="article-text">
        Constantine coment&oacute; que se retiraba a descansar con <em>La Colegiala</em>, que no ten&iacute;an claro todav&iacute;a que disfraz llevar, que saldr&iacute;an despu&eacute;s de hacer una comida ligera a comprarlo, y que quer&iacute;an estar frescos para la fiesta, que empezar&iacute;a temprano. Mikel Morel le hab&iacute;a pedido la llave de su habitaci&oacute;n al camarero. El Puma de Baracoa mand&oacute; a llamar un taxi para &eacute;l y sus <em>Dos Pumas Rubias</em>, y se despidi&oacute; diciendo que contasen con ellos para la despedida del a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        <em>El Charro</em> y <em>Maguisa</em>, cuando acabaron de desayunar salieron del Palace buscando la tienda de disfraces que les hab&iacute;an indicado &nbsp;en el hotel. Al cruzar el primer paso de peatones se encontraron con <em>Literato</em>, Ulrike y Eladi, que se dirig&iacute;an a <em>La Taberna de Chueca. Literato</em> y Ulrike le presentaron a Eladi la actriz del barrio de Calcinas de Santa Cruz de La Palma que se hab&iacute;a convertido en primera estrella del cine italiano y mundial, y no dejaron de presentarle al <em>Charro</em>. Eladi le dijo a <em>Maguisa</em> que la conoc&iacute;a de las pel&iacute;culas y tambi&eacute;n de La Palma, de cuando iba a limpiar por las tardes noches la notar&iacute;a de su padre<em>. Maguisa</em> le contest&oacute; que ya se acordaba de &eacute;l, pero que le hab&iacute;a costado porque &eacute;l en aquella &eacute;poca casi no ten&iacute;a pelos en las axilas y las ingles.
    </p><p class="article-text">
        Se rieron todos y siguieron caminando por la acera. Llegados a la esquina de Gran V&iacute;a, Maguisa y <em>El Charro</em> bajaron por Carmen y se dirigieron a la tienda de disfraces en las cercan&iacute;as de la Plaza Mayor, y <em>Literato, </em>Ulrike y Eladi, lo hicieron a la calle La Libertad para luego alcanzar Chueca.
    </p><p class="article-text">
        Al finalizar Libertad, en frente de <em>La Carmencita, </em>se encontraron con Carmencita que con cara alegre los invit&oacute; a pasar. Bajaron los cinco escalones del rellano, les abri&oacute; una botella de <em>Integral Brut Nature de Llopart </em>&nbsp;en la barra y pidi&oacute; a la cocina una raci&oacute;n de bacalao rebozado. Brindaron, y mientras esperaban el plato, les coment&oacute; la raz&oacute;n de la alegr&iacute;a que llevaba en su cara: su madre hab&iacute;a accedido a la petici&oacute;n de su padre, moribundo en un hospital de M&eacute;xico, de que lo fuesen a visitar ellas dos, en aquel pa&iacute;s de acogida de perdedores republicanos, para despedirse de ellas y pedirles perd&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Eladi no hab&iacute;a probado un bacalao rebozado como aquel. Carmencita lo detect&oacute; en su cara. Pidi&oacute; otro plato y mand&oacute; a abrir otra botella de <em>Integral. </em>Mientras beb&iacute;an, Carmencita cantaba con los ojos llorosos, como la noche pasada, aquella canci&oacute;n que dec&iacute;a: &ldquo;<em>Madre, en la puerta hay un hombre, pide un pedazo de pan&hellip;&rdquo;</em> .
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_1100349.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Feb 2018 17:16:12 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (39)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (38)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_2812231.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">No se había olvidado de aquella guapísima mujer, ni de su sonrisa, que conoció en Los Cancajos, en el Kiosco El Ancla, cuando él aún era adolescente.</p></div><p class="article-text">
        <em>Literato </em>y Eladi se bajaron del coche en el garaje de casa de <em>Literato. </em>La luz ya hab&iacute;a regresado. &iexcl;Los plomos! Pero el ascensor a&uacute;n no lo hab&iacute;an arreglado. &iexcl;Una aver&iacute;a algo m&aacute;s dif&iacute;cil de arreglar que la de los plomos! La maleta de Eladi pesaba poco. La subi&oacute; escaleras arriba sin ning&uacute;n problema. La <em>mili</em> lo ten&iacute;a hecho un <em>jabato, </em>aunque &eacute;l tuvo m&aacute;s predilecci&oacute;n por <em>El Capit&aacute;n Trueno</em>. &iquest;Quiz&aacute;s porque la novia de este otro personaje se llamaba Sigrid, como <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Literato </em>cogi&oacute; los cuatro libros de Eladi y el sobre que hab&iacute;a dejado Sigrid <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo </em>en el interior del <em>Dodge Barreiros </em>con la foto de <em>Werther</em>, el hijo de Sigrid y <em>Literato, </em>dentro, y empez&oacute; a cantar <em>Sombras </em>de Javier Sol&iacute;s, como hab&iacute;a hecho hac&iacute;a unas horas cuando sali&oacute; de su casa y baj&oacute; caminando al garaje a oscuras para dirigirse a Barajas a recoger a Eladi.
    </p><p class="article-text">
        Eladi le iba haciendo la segunda voz hasta llegar a la puerta de la casa que se la encontraron abierta y a Ulrike detr&aacute;s de ella sonriendo, como siempre estaba, <em>sonriendo, </em>nadie ha podido decir que ha visto alguna vez a Ulrike con cara de enfado &iexcl;Nadie! &ldquo;En verdad, os debierais de dedicar ambos al canto&rdquo;, les dijo Ulrike sonriendo a ellos dos.
    </p><p class="article-text">
        Hasta el d&iacute;a de hoy, que se est&aacute; escribiendo <em>Enterrado en los ojos que un d&iacute;a bes&oacute; (38), </em>esta escalonada, no se sabe si para arriba o para abajo, historia, no se hab&iacute;a detenido a pronunciar el nombre de la mujer de <em>Literato, Ulrike</em>, ni a hablar de su permanente sonrisa, que hab&iacute;a heredado, como casi todo su f&iacute;sico, su hijo <em>Hiperi&oacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Hiperi&oacute;n, </em>hasta ser iniciado por <em>Sor &Aacute;crata</em> en el <em>tantra negro,&nbsp; </em>llev&oacute; con una inmensa alegr&iacute;a aquel parecido con su madre, con su sonrisa, y cuando empez&oacute; a tener sue&ntilde;os er&oacute;ticos con ella no tuvo reparo ninguno en rebatirle a su director espiritual que por qu&eacute; aquello era pecado y por qu&eacute; ten&iacute;a que hacer penitencia por ello. Dej&oacute; de entrevistarse con aquel atormentado hombre&nbsp; y de ir por la iglesia, y sigui&oacute; tom&aacute;ndose aquellos sue&ntilde;os llamados incestuosos como algo de la propia naturaleza, hasta que fue iniciado en el <em>tantra negro </em>de <em>Sor &Aacute;crata </em>que ve en la madre de sus pupilos o ac&oacute;litos una rival a la que hay que destruir para asentarse ella, la sacerdotisa, &nbsp;en su lugar, no el personaje maternal que desde el mundo on&iacute;rico gu&iacute;a a sus hijos a ser independientes, y a ceder su propio lugar dej&aacute;ndolo libre; y se volvi&oacute; a empezar a sentir <em>Hiperi&oacute;n </em>tan atormentado como cuando lo maleaba su director espiritual.
    </p><p class="article-text">
        El <em>Tantra Negro </em>de <em>Sor &Aacute;crata </em>es todo lo contrario de la riqueza y libertad on&iacute;rica. Es la dependencia total y de por vida, la esclavitud encubierta hacia la persona que supuestamente te iba a liberar, pero que lo que ha hecho es eternizar bajo secreto y venganza de muerte el servilismo hacia ella, como ocurre en tantas y tantas otras sectas.
    </p><p class="article-text">
        Ulrike, <em>&nbsp;</em>el mismo d&iacute;a en el que <em>Hiperi&oacute;n</em> lleg&oacute; de noche a su casa, despu&eacute;s de ser iniciado por <em>Sor &Aacute;crata, </em>detect&oacute; que aquel hijo suyo no entraba por la puerta con la sonrisa que hab&iacute;a salido y se alarm&oacute; por ello. Despu&eacute;s de cenar los tres juntos, <em>Hiperi&oacute;n, </em>que no sol&iacute;a callar, se pas&oacute; toda aquella velada sin apenas llevarse bocado a la boca y sin balar. Como todas las noches, despu&eacute;s de la cena, <em>Literato </em>acompa&ntilde;&oacute; a su hijo al dormitorio para leer, esta vez &nbsp;en alem&aacute;n, &nbsp;alguno de los poemas de las obras completas de H&ouml;lderlin, texto del que ambos estaban escribiendo un ensayo, pero <em>Hiperi&oacute;n </em>le dijo que aquella noche solo quer&iacute;a escuchar la m&uacute;sica de Erik Satie.
    </p><p class="article-text">
        Padre e hijo se dieron las buenas noches con un beso en cada mejilla. Ulrike esperaba en la cama a <em>Literato. </em>&ldquo;&iquest;Te habr&aacute;s dado cuenta, al igual que yo, que es la primera vez que vemos a este hijo nuestro llegar a casa sin su sonrisa?&rdquo; &ldquo;S&iacute;, la tuya, pues &eacute;l es igual a ti en todo. Tambi&eacute;n es la primera vez que no lee conmigo antes de acostarse&rdquo;. &ldquo;Parece que tiene hechizos. No me gusta esa nueva profesora que le ha empezado a dar clase este curso&rdquo;. &ldquo;Sueles tener siempre raz&oacute;n en todo, Ulrike&rdquo;. Se abrazaron y se quedaron dormidos.
    </p><p class="article-text">
        A la ma&ntilde;ana siguiente, <em>Hiperi&oacute;n </em>no volv&iacute;a a tener la sonrisa de su madre en la cara, ni apenas desayun&oacute; tampoco, ni bal&oacute;, y en sus ojos yac&iacute;a enterrada <em>Diotima. Hiperi&oacute;n </em>no volvi&oacute; a sonre&iacute;r hasta que muri&oacute;, hac&iacute;a tres d&iacute;as, la festividad de Los Santos Inocentes.
    </p><p class="article-text">
        En el portal del piso Eladi puso a descansar sobre el suelo su maleta para poder abrazar a Ulrike. No se hab&iacute;a olvidado de aquella guap&iacute;sima mujer, ni de su sonrisa, que conoci&oacute; en Los Cancajos, en el Kiosco El Ancla, cuando &eacute;l aun era adolescente, cuando no ten&iacute;a siquiera la edad de <em>Hiperi&oacute;n. </em>Pasaron dentro, hasta el cuarto de estar. <em>Literato </em>fue a dejar los libros de Eladi sobre la mesa para acompa&ntilde;arlo a la habitaci&oacute;n en la que se iba a quedar y se le cayeron al suelo. Ulrike dijo que ella se hac&iacute;a cargo de recoger del suelo los libros y el sobre que se hab&iacute;a desprendido de uno de ellos. <em>Literato </em>llev&oacute; a Eladi hasta la habitaci&oacute;n que lo iba a alojar los d&iacute;as que estuviere en Madrid. Se qued&oacute; en ella colocando la ropa en el armario y tendido despu&eacute;s unos minutos en la cama.
    </p><p class="article-text">
        <em>Literato </em>al llegar al cuarto de estar se encontr&oacute; los libros de Eladi sobre la mesa y a Ulrike sentada en el sof&aacute; con la foto de <em>Werther</em> en la mano mir&aacute;ndola detenidamente. &ldquo;Si no hubiera escuchado la conversaci&oacute;n que tuviste en sue&ntilde;os la noche pasada con Sigrid, <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo, </em>hubiera pensado que esta foto era tuya de adolescente&rdquo;. &ldquo;Sabes que no suelo recordar los sue&ntilde;os. Por eso mismo, Sigrid se me present&oacute; en el coche al ir a buscar a Eladi a Barajas, y me cont&oacute; todo lo que estuvimos hablando durante el sue&ntilde;o. Es verdad que <em>Werther </em>se me parece tanto como <em>Hiperi&oacute;n </em>se parec&iacute;a a ti&rdquo;. &ldquo;S&iacute;, nadie lo podr&iacute;a negar, veremos que le va a ocurrir cuando coincidamos en el cementerio de Tubinga, y &eacute;l vea que sois absolutamente iguales, porque &eacute;l no sabe a&uacute;n qui&eacute;n es su padre. &Eacute;l cree que Sigrid, a la que solo vio ingresada en un psiqui&aacute;trico de un peque&ntilde;o pueblo cerca del que &eacute;l se cri&oacute;, es su hermana&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Literato </em>se levant&oacute; del sof&aacute; en el que estaba sentado al lado de Ulrike, fue a la cocina y trajo de la nevera una botella de <em>Cava Integral Brut Nature de Llopart, </em>cogi&oacute; tres copas del aparador, las llen&oacute;, le llev&oacute; una a Elad&iacute;, que al verlo dormido se la dej&oacute;&nbsp; sobre la mesa de noche para que se la tomase cuando se despertase, y se volvi&oacute; a sentar al lado de Ulrike.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No te agobies, <em>Literato, El &Aacute;ngel Pelirrojo </em>me coment&oacute; en La Palma lo que hab&iacute;a ocurrido entre ustedes dos en la playa de al lado de Los Cancajos, donde engendramos a <em>Hiperi&oacute;n, </em>lo que no me dijo nunca, -yo no volv&iacute; a hablar con ella-, fue&nbsp; lo de&nbsp; <em>Werther</em>. Quiz&aacute;s, dici&eacute;ndote esto, puedas entender mejor lo que le ocurri&oacute; a Sigrid contigo. Yo, de adolescente, iba a pasar todos los veranos a Alemania, al pueblo de donde era <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo. </em>Entre las dos surgi&oacute; una amistad que acab&oacute; en enamoramiento. Como t&uacute; bien sabes, Sigrid era sodomizada por su padre. Aquella relaci&oacute;n nuestra la salv&oacute; a ella de suicidarse. Nuestro amor dur&oacute; varios veranos hasta uno en el que yo no pude ir a aquel pueblito alem&aacute;n y te conoc&iacute; a ti veraneando en Laredo. Ella conoci&oacute; aquel mismo &nbsp;a&ntilde;o a otro chico, un hijo de palmero y alemana que fue con sus padres a un pueblo cercano al suyo. Aquella relaci&oacute;n, como la nuestra, la de nosotras dos, la ayud&oacute; a seguir sobrellevando el problema con su padre. En aquella &eacute;poca estas situaciones no eran denunciables, se tapaban, se tapaban, te dec&iacute;an que era algo normal, que muchos padres lo hac&iacute;an&hellip;Nosotras no nos volvimos a ver hasta que nos fuimos t&uacute; y yo de luna de miel a La Palma, en el Kiosco El Ancla. All&iacute; me enter&eacute;, por ella, de que t&uacute; le hab&iacute;as dado clase&nbsp; en la Universidad de Verano de Santander y m&aacute;s tarde en la Complutense, pero ella no supo que yo era tu novia, la mujer con la que te ibas a casar. Se alej&oacute; de ti para no causarte problemas. &nbsp;Supo que yo era tu mujer &nbsp;cuando te vio entrar conmigo en Casa Missipp&iacute;. A m&iacute; no me hab&iacute;a vuelto a ver desde el &uacute;ltimo verano que pas&eacute; en Alemania. &iexcl;Y me ve casada contigo! &iexcl;Y a ti, -que aunque te hab&iacute;a hablado de ella no sab&iacute;as de qui&eacute;n se trataba-, &nbsp;casado conmigo! Me da la impresi&oacute;n de que la entiendo a ella y de que te entiendo a ti. Por lo que os ocurri&oacute;&nbsp; no te pido ninguna explicaci&oacute;n ni me la tienes que dar. Yo acepto ser la madre de <em>Werther, </em>ya que Sigrid no lo pudo ni puede serlo, pero muy a sabiendas de que nos va a ayudar desde el m&aacute;s all&aacute; a ser buenos padres con &eacute;l&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Se escuch&oacute; que la puerta de la habitaci&oacute;n de Eladi se abr&iacute;a y se cerraba. Se escucharon sus pasos por el pasillo hasta llegar al cuarto de estar. Sonri&oacute;. &ldquo;Gracias, la copa est&aacute; a&uacute;n fr&iacute;a. No me apetec&iacute;a beberla solo, sin vosotros dos&rdquo;. &nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_2812231.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 31 Jan 2018 18:07:42 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (38)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (37)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_2826789.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Eladi, quiero hacerte un regalo para que no te olvides nunca de la alegría que me llena este día en el que llevo media docena de horas muerto y en el que te acabo de conocer.</p></div><p class="article-text">
        <em>Literato, </em>al volante de su <em>Dodge Barreiros, </em>se sinti&oacute; como si hubiese nacido de nuevo al salir de aquellos oscuros, con olor a gasoil y or&iacute;n de gato, aparcamientos de Barajas, con la mente puesta en <em>La Tasca de Chueca, </em>donde hab&iacute;a dirigido sus intenciones Eladi Crehuet, que quer&iacute;a tomarse otra botellita de <em>Integral Brut Nature de Llopart, </em>y, as&iacute; se lo confes&oacute; a este resucitado hijo de un  amigo al que llevaba diecisiete a&ntilde;os sin ver: &ldquo;He vuelto de nuevo a nacer, Eladi, y t&uacute; lo has hecho tambi&eacute;n conmigo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Eladi andaba haciendo la mili en el cuartel Ja&eacute;n XXV de Barcelona bajo las &oacute;rdenes del coronel Folchi, un coronel de ascendencia italiana que se hab&iacute;a distinguido en la batalla del Ebro, y de un oficial canario llamado <em>Guapito de cara</em>, que fue su alf&eacute;rez patria porque en el ej&eacute;rcito no encontr&oacute; otra, y, ten&iacute;a en mente  preparar las oposiciones a notar&iacute;a que aprobar&iacute;a a la primera.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la claridad entr&oacute; en el interior del coche se escuch&oacute; la voz de Sigrid, <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo. </em>&ldquo;S&iacute;, <em>Literato, </em> lo puedes pensar y decir, hoy es para ti otro d&iacute;a de esos en los que puedes volver a decir que has nacido de nuevo, como cuando te estuvo a punto de explotar la granada en el Cuartel del Fuerte en Los Guinchos, en La Palma, cuando estabas de alf&eacute;rez en aquella Isla en donde te ganaste a pulso ese nombre que tanto te acompa&ntilde;a, <em>Literato, </em>o c&oacute;mo no se sabe cuantas ocasiones m&aacute;s. Esta vida te ha regalado un sinf&iacute;n de vidas m&aacute;s<em>&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Literato, </em>cuando Sigrid hizo una pausa, detuvo el coche con el freno de pie y de mano al mismo tiempo dej&aacute;ndolo clavado a la salida de la rampa de aquel garaje. <em>Literato </em>y Eladi, sorprendidos, miraron al mismo tiempo al asiento de atr&aacute;s, de donde hab&iacute;a provenido la voz del <em>&Aacute;ngel Pelirrojo, </em>que estaba sentada entre dos personas. Re&iacute;an los tres a carcajadas abiertas con caras del otro  mundo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Pero qu&eacute; co&ntilde;o os ocurre!&rdquo; Se escuch&oacute; por parte de uno de los guardias civiles motorizados de la escolta de Carrero Blanco que ven&iacute;an detr&aacute;s. Los motoristas y los escoltas del primer coche  se bajaron y caminaron hasta  aquel otro <em>Dodge Barreiros </em>que se confund&iacute;a con el del vicepresidente. No se produjo ning&uacute;n tipo de nerviosismo  en Eladi  ni en <em>Literato, </em>menos a&uacute;n en los tres ocupantes de atr&aacute;s, que bajaron los cristales de las puertas delanteras del coche para escuchar mejor a aquellos guardias civiles.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, a pesar de la bonanza del ambiente, se volvi&oacute; a escuchar la voz de Sigrid que advert&iacute;a:&ldquo;Sonre&iacute;d y cuando os pregunten a qu&eacute; co&ntilde;o ha venido ese frenazo del carajo, decidle, pues el guardia civil de la moto es andaluz, que hab&eacute;is visto un gato negro, y que da muy mala suerte atropellarlo. Y si acab&aacute;is la frase con un <em>&iexcl;carajo!,</em> pues mucho mejor todav&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Literato </em>y Eladi ambos llevan sangre de actores en sus venas. Eladi hasta hab&iacute;a actuado en La Palma, durante su juventud, con Pilar Rey, y por tanto no tuvieron ninguna dificultad en representar aquella escena al un&iacute;sono, -&iexcl;m&eacute;todo Stanislavski puro!,- en la que para que se escuchasen a&uacute;n mejor sus voces siguieron bajando los cristales del <em>Dodge, </em>y <em>Literato </em>par&oacute; el motor del coche.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los guardias civiles que estaba de pie, alrededor del coche, el andaluz, mir&oacute; a trav&eacute;s de los cristales traseros y reconoci&oacute; a Sigrid, con la que hab&iacute;a estado hablando hac&iacute;a unos pocos minutos. Se preguntaba por c&oacute;mo era posible que <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo </em>fuese en aquel mismo coche que hab&iacute;a visto arrancar  e intentar salir del aparcamiento mientras al mismo tiempo hablaba con &eacute;l. Sigrid le sonri&oacute; para que no se hiciese m&aacute;s preguntas al respecto y le solt&oacute; imitando un aire andaluz perfecto: &ldquo;Mi <em>arma</em>, que atropellar un gato negro tiene siete a&ntilde;os de desgracia&rdquo;. El guardia civil se rio ignorante de que el ch&oacute;fer de Carrero, un portugu&eacute;s que al parecer seg&uacute;n las lenguas estaba liado con la esposa del almirante, atropellar&iacute;a m&aacute;s tarde un gato negro con las ruedas de su coche y la cantidad de desgracias posteriores que sum&oacute; aquel <em>Dodge Barreiros </em>hasta llegar a saltar por las nubes en la calle Claudio Coello de Madrid casi dos a&ntilde;os despu&eacute;s.&ldquo;&iexcl;Pues  <em>La Pelirroja</em> tambi&eacute;n habla andaluz a pesar de ser alemana!&rdquo;, se fue diciendo el motorista.
    </p><p class="article-text">
        Eladi, perspicaz, una vez que el coche estuvo nuevamente en marcha, coment&oacute; que le parec&iacute;a que uno de los acompa&ntilde;antes que estaba con Sigrid, en la parte trasera del coche, podr&iacute;a ser <em>Hiperi&oacute;n, </em>pues el parecido con la mujer de <em>Literato </em> era incre&iacute;ble, pero que el otro acompa&ntilde;ante no sab&iacute;a qui&eacute;n podr&iacute;a ser. &iexcl;Otro que lo m&aacute;s seguro estar&iacute;a tambi&eacute;n muerto!
    </p><p class="article-text">
        Fernando, que era el otro acompa&ntilde;ante del <em>&Aacute;ngel Pelirrojo,</em> tom&oacute; inmediatamente la palabra. De ser una persona que hablaba poco, que hasta  hab&iacute;a que arrancarle las palabras de la boca, una vez muerto, hac&iacute;a unas seis horas, no paraba de hablar despu&eacute;s de aquella tr&aacute;gica ca&iacute;da desde unas escaleras donde andaba cambiando el nombre de una de las placas de una de las calles de Madrid, la de Augusto Figueroa, por la de <em>Sor &Aacute;crata. </em>Fernando, dentro de aquel coche que regresaba de Barajas a Madrid, casi no par&oacute; de hablar.
    </p><p class="article-text">
        Eladi mir&oacute; a <em>Literato. </em>Sonriendo le coment&oacute; que la verdad era que nunca hab&iacute;a estado hablando con tres muertos juntos dentro de un coche, aunque era mucho m&aacute;s cierto que nunca jam&aacute;s hab&iacute;a pensado que se podr&iacute;a hablar con ellos hasta esa ma&ntilde;ana en la que hab&iacute;a venido en la primera clase del vuelo Barcelona-Madrid sentado al lado del <em>&Aacute;ngel Pelirrojo</em>.
    </p><p class="article-text">
        Fernando no hab&iacute;a terminado de hablar. &ldquo;Mi padre es el due&ntilde;o del hospital donde estoy ahora mismo muerto en la morgue hasta que lleven mi cuerpo al mortuorio. El quer&iacute;a que yo fuese m&eacute;dico, aunque lo que me hubiese gustado a mi era la arquitectura. Como mismo te ocurre a ti, Eladi, que vienes de familia de notarios y tienes que ser notario, aunque lo tuyo sea la literatura, el teatro y la poes&iacute;a. Y ahora mismo te andas mentalizando, mientras haces la mili, en prepararte las oposiciones a notar&iacute;a. Yo ya no puedo dejar de estudiar medicina, o empezar a estudiar arquitectura, porque estoy muerto. Pero no me entristece ninguna de las dos cosas, m&aacute;s bien al contrario. Me encanta y  disfruto de lo lindo de esto de estar muerto, si no fuera por el dolor que le estoy creando a mis seres queridos, que ya se acostumbrar&aacute;n a esta ausencia m&iacute;a. Eladi, quiero hacerte un regalo para que no te olvides nunca de la alegr&iacute;a que me llena este d&iacute;a en el que llevo media docena de horas muerto y en el que te acabo de conocer. Mi regalo va a ser el decirte los temas que te van a preguntar cuando te presentes a tus oposiciones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Eladi, que tomaba nota de cu&aacute;les eran aquellos temas por los que le iban a preguntar, al terminar de escuchar a Fernando, a pesar del gran fr&iacute;o que hab&iacute;a en Madrid, baj&oacute; los cristales del <em>Dodge</em> para sacar su cara por el marco de la ventana y estallar a re&iacute;r con entera libertad. &ldquo;&iexcl;No me lo puedo creer!&rdquo;. Eladi aprob&oacute; aquellas oposiciones a la primera, pero un sentimiento &eacute;tico muy profundo, que siempre ha anidado en &eacute;l, le dijo que se ten&iacute;a que saber todos los dem&aacute;s  temas al dedillo, al igual que aquellos por los que le iban a preguntar.
    </p><p class="article-text">
        Esto ocurr&iacute;a al principio de la Avenida de Am&eacute;rica donde hab&iacute;a volcado la guagua de Iberia y los coches se segu&iacute;an sintiendo obligados a conducir m&aacute;s lento. No bast&oacute; la botella de <em>Integral Brut Nature de Llopart</em> que se tomaron Eladi y <em>Literato </em>para hacer un poco de tiempo y que se despejase la zona.  Aun as&iacute;, los escoltas y el conductor portugu&eacute;s del coche de Carrero, adelantaron al coche de <em>Literato. El Escolta Andaluz, </em>ralentiz&oacute;  la velocidad de su moto cuando divis&oacute; a Sigrid a trav&eacute;s del cristal trasero. Se volvi&oacute; a hacer la misma pregunta. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo pudo <em>La Pelirroja </em>estar en dos sitios al mismo tiempo?&rdquo;.  Sigrid le dijo a <em>Hiperi&oacute;n </em>que bajase el cristal de la puerta. <em>El Escolta </em>la mir&oacute; con cachondeo e incredulidad. Sigrid, sonri&eacute;ndole y gui&ntilde;&aacute;ndole un ojo, le dijo: &ldquo;&iexcl;Mi <em>arma</em>!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Ahora fue <em>Hiperi&oacute;n </em>quien tom&oacute; la palabra en el interior del <em>Dodge Barreiros</em> de <em>Literato </em>hasta llegar cerca de <em>La Taberna de Chueca</em> donde los tres muertos, que iban en el asiento trasero del coche, decidir&iacute;an estar presentes en el  mortuorio para acompa&ntilde;ar a los vivos, que piensan que ellos son los que acompa&ntilde;an a los muertos en estas situaciones, cuando la realidad es  otra bien diferente: que son los muertos los que acompa&ntilde;an a los vivos<em>. </em>&ldquo;Eladi, hoy habr&aacute; un antes y despu&eacute;s en tu vida. Hoy te has iniciado en la conversaci&oacute;n con los muertos; hoy ser&aacute; un d&iacute;a que no olvidar&aacute;s en el resto de tu vida. La &uacute;ltima vez que estuve en el <em>Kiosco El Ancla, </em>o <em>Kiosco Misisip&iacute;, </em>como tambi&eacute;n lo llaman, fue con M&oacute;nica. La tristeza llevaba todas las tardes  a un viajero a tomar notas, sentado en las sillas y mesas de fuera, para dibujar una plumilla sobre aquella playa. Una vez regresase a Madrid, hacer unas copias y compartirla con aquellos que creer&iacute;a sus amigos<em>. </em>Esa plumilla, cuando conozcas a Miguel, en <em>Las Cosas Buenas, </em>durante la Semana Santa del 2016, te la encontrar&aacute;s por primera vez, pasada a un mural de cer&aacute;mica, obra de Miguel Marz&aacute;n, en el patio de aquel templo. Eladi, yo no soy cr&iacute;tico de arte, o cr&iacute;tico de literatura. Yo solo soy un poeta, un escritor, que me preocup&eacute; m&aacute;s de vivir y morir como tal, m&aacute;s que del mismo hecho de escribir. Por eso no puedo escribir o hablar de mi arte, como tampoco del de otros artistas. El autor de aquella plumilla, tambi&eacute;n enamorado de Los Cancajos como t&uacute;, s&iacute; ejerci&oacute; la cr&iacute;tica, de la misma manera que escribi&oacute; guiones de cine, obras de teatro, libros, poemas, novelas faltas de publicar y una obra epistolar que guardan y cuidan  sus amigos. &Eacute;l, dir&aacute;, m&aacute;s bien confesar&aacute;, a sus amigos, una especie de duda: que cuando dibuja, como cuando escribe, se siente algo <em>goyesco. </em>Yo, que llevo casi tres d&iacute;as muerto, me hago tambi&eacute;n esa especie de pregunta. Y t&uacute;, despu&eacute;s de publicar <em>Tren de tarde a las islas, &iquest;</em>tambi&eacute;n te la har&aacute;s? &iquest;Ser&eacute; yo algo <em>goyesco</em>?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>Literato, </em>aprovechando el silencio que hab&iacute;a dejado <em>Hiperi&oacute;n </em>pregunt&oacute;: &ldquo;&iquest;Quer&eacute;is que os deje en <em>La Taberna de Chueca </em>y yo voy a aparcar a casa, o vamos juntos a aparcar y venimos caminando?&rdquo;. Mir&oacute; al asiento trasero porque no contestaban. No hab&iacute;a nadie. Mir&oacute; a Eladi que ten&iacute;a m&aacute;s en su mente las palabras de <em>Hiperi&oacute;n </em>que aquella pregunta que le estaba haciendo <em>Literato</em>. Eladi respondi&oacute; como si no estuviera en aquellas palabras que estaba diciendo. &ldquo;Mejor a tu casa y as&iacute; dejamos mi maleta&rdquo;. Pero realmente su mente estaba en aquella &uacute;ltima frase de <em>Hiperi&oacute;n</em>, en aquella pregunta.   
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_2826789.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Jan 2018 18:46:02 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (37)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (36)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_2916003.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">No se habían detenido a pensar si el tiempo discurrido desde la última vez en que se vieron en Los Cancajos había hecho estragos en la apariencia física de ambos.</p></div><p class="article-text">
        Tanto Eladi Crehuet, como <em>Literato,</em> desde que supieron que se iban a encontrar en la Terminal de Barajas, Madrid, aquella misma ma&ntilde;ana de aquel d&iacute;a 31/12/71, no se hab&iacute;an detenido a pensar -ninguno de ellos dos-si el tiempo discurrido desde la &uacute;ltima vez en que se vieron en Los Cancajos, La Palma, hab&iacute;a hecho estragos en la apariencia f&iacute;sica de ellos como para no reconocerse el uno al otro, o el otro al uno, tal como estaba ocurriendo con parte&nbsp; de la superficie sur de Fuencaliente en donde hab&iacute;a reventado hac&iacute;a un mes antes el Volc&aacute;n Tenegu&iacute;a cambiando aquella morfolog&iacute;a de la Isla, que estaba en plena metamorfosis. O quiz&aacute;s, ese mismo tiempo, los diecisiete a&ntilde;os que llevaban sin verse, les hubiese afectado a la memoria de ellos dos, origin&aacute;ndoles algo muy similar a la falla reci&eacute;n descubierta en la Cumbre Vieja de La Palma que va a hacer desaparecer la Isla y parte de los Estados Unidos de Am&eacute;rica, borrando repentinamente aquellos datos de la memoria de ellos.
    </p><p class="article-text">
        Sigrid, <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo, </em>cuando se avino a so&ntilde;ar con ellos dos durante la noche pasada, y sentarse en la primera clase del vuelo Barcelona-Madrid, en el asiento de al lado de Eladi Crehuet, y, en el asiento de al lado del conductor, -<em>Literato-, </em>del Dodge Barreiros, mismo modelo que el del almirante y vicepresidente del Gobierno franquista y fascista&nbsp; Carrero Blanco, que se dirig&iacute;a tambi&eacute;n, -!y los adelant&oacute;&iexcl;-, a la Terminal de Barajas, les hab&iacute;a dicho a ellos dos por separado que en aquella terminal en la que se iban a encontrar, uno, <em>Literato, </em>llevar&iacute;a en su mano el libro, <em>La Ciudad So&ntilde;ada, </em>que M&oacute;nica encontr&oacute; en su bolso cuando proveniente de La Palma tom&oacute; el vuelo Tenerife-Madrid para asistir al duelo de <em>Hiperi&oacute;n, </em>y, el otro, Eladi Crehuet, llevar&iacute;a en sus manos los tres libros de&nbsp; poemas y relatos que Sigrid sac&oacute; de su bolso y entreg&oacute; a Eladi en la primera clase del avi&oacute;n&nbsp; Barcelona-Madrid, <em>Cuadernos de Los Cancajos, Viaje en l&iacute;nea regular </em>y <em>Tren de tarde a las islas, -</em>este &uacute;ltimo reci&eacute;n presentado por Antonio Abdo, Miguel G&oacute;mez y &Aacute;ngel Greses, el pasado d&iacute;a veinte y nueve de diciembre en <em>Las Cosas Buenas de Miguel-</em>, escritos por Eladi, ellos cuatro, durante las dos primeras d&eacute;cadas&nbsp; del siglo veintiuno.
    </p><p class="article-text">
        Eladi y <em>Literato </em>no se tuvieron que esperar el uno al otro. La sincronicidad fue total. Uno sal&iacute;a de la cinta de equipajes mientras el otro llegaba a la sala de espera de viajeros. El siniestro de la guagua accidentada est&oacute;mago arriba con muertos en la Avenida de Am&eacute;rica y el incidente ocurrido con el romo benem&eacute;rito que no entend&iacute;a el volver a encontrarse en sus manos ahora tres libros clandestinos, -publicados casi cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s-, solo hizo afinar las cuerdas de aquel premeditado encuentro durante la ma&ntilde;ana. Y tanto <em>Literato </em>como Eladi no tuvieron necesidad de echar un vistazo a las manos del otro buscando aquellas dos inequ&iacute;vocas se&ntilde;ales de quien era uno y quien era otro, quien era cada uno.&nbsp; Es decir, para uno y para otro, la cara de su&nbsp; vida se hab&iacute;a estancado hac&iacute;a diecisiete a&ntilde;os, edad en la que le hubiese gustado seguir alojada a Violeta Parra durante toda su vida. Eladi y <em>Literato, </em>sin soltar los libros de sus manos, se abrazaron como siempre lo quisieron haber hecho, por el lado del coraz&oacute;n, y como lo amigos que iban a ser, tal como lo hicieron Eladi y Miguel cuando se conocieron f&iacute;sicamente en Las Cosas Buenas de Miguel una Semana Santa del a&ntilde;o pasado, de casi cincuenta a&ntilde;os mas tarde.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de estar abrazados durante un buen rato, Eladi, antes de salir de la terminal, le coment&oacute; a <em>Literato </em>por qu&eacute; no tomaban una botella de <em>Cava Integral Brut Nature de Llopart </em>con unas patatas bravas y unos boquerones en vinagre mientras hablaban. <em>Literato </em>le respondi&oacute; que de acuerdo, y que as&iacute;, lubrificando el gaznate, daban tiempo a que se desatascase, a costa del accidente de la guagua, la carretera de Barajas y la Avenida de Am&eacute;rica. Se sentaron en una de las mesas del bar, que estaba lleno de guardia civiles, por la presencia en el aeropuerto de Carrero Blanco. Pusieron los cuatro libros de Eladi sobre la mesa y le pidieron, a un nervioso camarero que hab&iacute;a sido torturado en Intxaurrondo bajo la acusaci&oacute;n de pertenecer a la CNT-FAI, lo que quer&iacute;an tomar. <em>Literato </em>sac&oacute; de las tripas de&nbsp; <em>La Ciudad So&ntilde;ada, </em>la foto de su hijo <em>Werther, </em>&nbsp;que le hab&iacute;a dejado Sigrid dentro de un sobre encima del asiento que ocup&oacute; en su coche y se la ense&ntilde;&oacute; a Eladi mientras segu&iacute;an hablando del sue&ntilde;o de ambos y la posterior conversaci&oacute;n de cada uno de ellos dos con <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo. </em>A Eladi le daba la sensaci&oacute;n de que todas aquellas afinidades que estaban descubriendo entre ellos dos las iba a revivir el siglo pr&oacute;ximo con Miguel en <em>Las Cosas Buenas, </em>al mismo tiempo que miraba su <em>Cauny</em> de oro autom&aacute;tico, el fondo vac&iacute;o de la botella de <em>Integral </em>y las copas ya exentas de cava. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; te parece si tomamos la pr&oacute;xima de <em>Integral </em>en el barrio de Chueca?&rdquo;- le dijo Eladi mirando la foto de Werther que ten&iacute;a en su mano.
    </p><p class="article-text">
        <em>Literato </em>le pag&oacute; al camarero que temblaba y sudaba, y que por no querer ver m&aacute;s aquel cuadro pat&eacute;tico, le dijo que se quedase con la generosa vuelta. El camarero le dio las gracias como pudo. Tomaron los libros y el equipaje de Eladi y se dirigieron al garaje en donde <em>Literato </em>intent&oacute; abrir, por equivocaci&oacute;n, el coche del almirante, el coche que saltar&iacute;a por los aires dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde. Sigrid, que fue un &aacute;ngel para <em>Literato, </em>durante el resto de su vida, se encarg&oacute; de que los guardias civiles que vigilaban aquel Dodge, estuviesen despistados en aquel momento, y que &eacute;l y Eladi fueran abatidos a tiros al ser confundidos por etarras que intentaban poner una bomba lapa bajo el coche. <em>Literato, </em>al tercer intento de abrir fallidamente la puerta del Dodge, divis&oacute; el suyo, que no se diferenciaba en nada del del almirante, y se aprest&oacute; con Eladi, ignorando el peligro corrido, hacia su verdadero coche. Dentro de su Dodge, al ver unos guardias civiles acerc&aacute;ndose al veh&iacute;culo de Carrero, le coment&oacute; a Eladi del riesgo inconscientemente corrido. Eladi le respondi&oacute; que estaba completamente seguro de haber visto a Sigrid, <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo, </em>hablando con aquellos guardias civiles para despistarlos.
    </p><p class="article-text">
        Aquella pasada madrugada <em>Maguisa </em>y <em>El Charro </em>segu&iacute;an en El Palace, dentro de la suite de lujo del mexicano; iban ya por la tercera botella de <em>Cava Ex Vite Brut Gran Reserva de Llopart, </em>y practicaban todas las variantes que <em>El Chivato T&aacute;ntrico </em>les hab&iacute;a ense&ntilde;ado en <em>La Carmencita </em>&nbsp;sobre <em>El Agua de Ruanda. Constantine </em>y <em>La Colegiala </em>iniciaban la tercera botella de la misma marca de cava mientras buscaban su tiempo perdido. Pepe Legr&aacute;, <em>El Puma de Baracoa, </em>ped&iacute;a la tercera botella de <em>Llopart, </em>para &eacute;l, <em>Las Dos Pumas Rubias </em>y Mikel Norel, mientras esperaban que <em>Constantine </em>se acercase a su mesa con <em>La Colegiala</em>. <em>Las Prostitutas </em>y <em>Los Chorlitos </em>que hab&iacute;an descubierto en La Casa Campo los cad&aacute;veres del palmero y la mexicana que murieron en las mazmorras de la DGS torturados por Billy <em>El Ni&ntilde;o,</em> en la Cafeter&iacute;a California, - a un costado de la DGS-, en donde en septiembre del 74 habr&iacute;a un brutal atentado, iban por la tercera botella de <em>Licor Cacao Pico </em>&nbsp;recobrando la memoria olvidada, pero la recuperaron tanto que llegaron a vislumbrar aquel acto de terrorismo que ocurrir&iacute;a casi dentro de tres a&ntilde;os mas tarde, y, asustados, salieron por patas sin pagar siquiera. Billy <em>El Ni&ntilde;o, </em>dormido en su litera del tren Madrid-Lisboa, comenzaba a despertarse m&aacute;s cansado de lo que se hab&iacute;a acostado pues se pas&oacute; toda la noche en aquel colch&oacute;n dando palizas y torturando; en Lisboa lo esperaban unos colegas de la polic&iacute;a secreta salazarista para agasajarlo, y &eacute;l, mientras, echar tierra por medio a su doble crimen. <em>Los viejos cenetistas </em>eran despertados por sus pesadillas, so&ntilde;aban que regresaban a los campos de concentraci&oacute;n en donde fueron castigados. <em>La Cofrad&iacute;a del Porro de Hierba </em>y <em>El Gudari Beodo </em>volv&iacute;an a tener la visita de <em>los Guerrilleros de Cristo Rey </em>&nbsp;&nbsp;que regresaban con polic&iacute;as afines a Billy para intentar darle un escarmiento al beodo; le pidieron a punta de pistola que se desabrochase la chaqueta para ver con qu&eacute; los hab&iacute;a intimidado hac&iacute;a unas horas, y solo descubrieron su camisa; avergonzados, enfundaron sus pistolas y se volvieron a ir de la misma manera que hab&iacute;an llegado. <em>El Mariachi </em>del <em>Charro </em>se hab&iacute;a quedado en la Calle de La Ballesta cantando boleros a las prostitutas de por all&iacute;. Carmencita, en el dormitorio de su casa so&ntilde;aba con el viaje a M&eacute;xico, acompa&ntilde;ada por su madre, en el jet privado de <em>El Charro, </em>&nbsp;para ir a conocer y perdonar a su padre enfermo antes de morir.&nbsp; El viejo&nbsp; Grizlie Adams, en su carreta de caballos, transportando&nbsp; un oso enjaulado, hu&iacute;a del fr&iacute;o de las monta&ntilde;as heladas, buscando un lugar caluroso en donde enterrar su viejo cuerpo <em>cencellado</em>. Ernesto y sus padres llegaban a la morgue del hospital donde <em>El Chivato T&aacute;ntrico </em>daba unos mantras personalizados a Fernando para que no perdiese el norte en el m&aacute;s all&aacute;. <em>Ninnette </em>y<em> Lissette </em>hablaban con M&oacute;nica, Amparo, Paloma y la <em>directora del Instituto</em> sobre tantra negro y tantra blanco. Y <em>Sor &Aacute;crata, Sor &Aacute;crata&nbsp; </em>que no se merece nada, se merece que pongamos ya este pr&oacute;ximo punto y aparte.
    </p><p class="article-text">
        <em>Sor &Aacute;crata, </em>en el estudio de Manolo, <em>El Escultor, </em>no lo perd&iacute;a de vista pues hab&iacute;a tirado de la mano de un cart&oacute;n de<em> Lark </em>con doble filtro de carbono para hacerla rabiar. <em>Sor &Aacute;crata </em>hab&iacute;a colgado en un perchero, que estaba a la vista del <em>Escultor, </em>el traje con el que lo hab&iacute;a iniciado, para recordarle que su muerte estaba en las manos de ella, como la del <em>Quemado, </em>&nbsp;<em>Hiperi&oacute;n </em>y Fernando. <em>El Escultor </em>&nbsp;le espet&oacute; que la iba a esculpir con cincuenta o sesenta a&ntilde;os m&aacute;s, vieja, fea y con aspecto demoniaco como la madrastra de <em>Blancanieves. </em>&nbsp;<em>Sor &Aacute;crata, </em>en un arranque de visi&oacute;n, -siempre tuvo un gran ego visionario-, le respondi&oacute; a carcajadas que dentro de esa cantidad de a&ntilde;os, adem&aacute;s de tener nombres de calles y plazas de distintas ciudades, y distinciones de todo tipo, iba a tener hasta cargos pol&iacute;ticos, y, que despu&eacute;s del fracaso electoral que iba a sufrir la primer aspirante a presidenta de los Estados Unidos, ella, <em>Sor &Aacute;crata, </em>lo iba a conseguir. <em>El Escultor </em>rio tambi&eacute;n a carcajadas, cogi&oacute; un <em>Lark </em>que lo encendi&oacute; inmediatamente. Despu&eacute;s de la primera bocanada de humo agarr&oacute; la botella de <em>Licor Cacao Pico, </em>y de un trago se bebi&oacute; la mitad.<em> Sor &Aacute;crata </em>le pidi&oacute; un cigarrillo para ella.&nbsp; <em>El Escultor</em> le acerc&oacute; el <em>Lark </em>y su <em>Dupont </em>&nbsp;de oro, regalo de ella. Despu&eacute;s de la primera calada <em>Sor &Aacute;crata </em>le dijo que le acercarse la botella de <em>Cacao Pico. </em>Bebi&oacute; la mitad que quedaba. Se fumaron&nbsp; sendos cigarrillos al un&iacute;sono, sin mediar palabra. Una vez los acabaron, <em>Sor &Aacute;crata </em>le baj&oacute; la bragueta de los <em>Levi 's&nbsp;</em>al <em>Escultor</em> y le hizo una felatio. Se cuenta, que cuando <em>El Escultor</em> lleg&oacute; al orgasmo, aquella madrugada tambi&eacute;n&nbsp; tuvo &eacute;l otra revelaci&oacute;n, -las visiones en ellos dos eran algo contagiosas-, la de ver la cara de <em>Sor &Aacute;crata </em>tal como la iba a terminar de esculpir<em>, </em>vieja, fea y demon&iacute;aca, como la madrastra de Blancanieves, pero en los billetes y monedas de los d&oacute;lares de Estados Unidos. &ldquo;Mi carrera pol&iacute;tica en los Estados Unidos de Am&eacute;rica solo la podr&aacute; apagar un tsunami como el que va a ocasionar la falla de La Cumbre Vieja&rdquo;, grit&oacute; <em>Sor &Aacute;crata </em>&nbsp;al cielo elevando la vac&iacute;a botella de <em>Licor&nbsp; Cacao Pico.</em>&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_2916003.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Jan 2018 11:10:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (36)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (35)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_2978796.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué era lo que decían que ocurría cuando soñabas con alguien que acababa de morir? ¿que tenía una cuenta pendiente contigo?</p></div><p class="article-text">
        <em>(</em>El libro<em> Tren de tarde a las islas, </em>Eladi Creuhet,<em> </em>lo presentar&aacute; Antonio Abdo el viernes d&iacute;a 29 de diciembre de 2017, en Las Cosas Buenas de Miguel, en Santa Cruz de La Palma, a partir de las 19:30 horas)
    </p><p class="article-text">
        <em>Literato </em>sali&oacute; del cuarto de ba&ntilde;o cantando <em>Sombras</em>, de Javier Sol&iacute;s -era la segunda vez que la cantaba durante esa ma&ntilde;ana- mientras iba caminando a su dormitorio. Volvi&oacute; a mirar la urna en la que estaban las cenizas de su hijo <em>Hiperi&oacute;n. </em>Se visti&oacute;, cogi&oacute; de su mesa de noche el libro de Eladi Creuhet, <em>La Ciudad So&ntilde;ada, </em>y se dirigi&oacute; a la cocina para desayunar con su mujer. Al pasar por el perchero puso el libro de Eladi dentro de un bolsillo del abrigo que colgaba. Entr&oacute; en la cocina, donde ol&iacute;a a gofio que hab&iacute;a tra&iacute;do M&oacute;nica desde La Palma. Su mujer, revolv&iacute;a un taz&oacute;n de leche con gofio y miel. <em>Literato </em>decidi&oacute; desayunar lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Casi no te levantas. Ni siquiera o&iacute;as el despertador. Anoche, dormido, no parabas de nombrar a Sigrid,<em> El &Aacute;ngel Pelirrojo</em>&rdquo;- le dijo ella. &ldquo;Despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os sin recordarla siquiera, llevo unas cuantas noche que no paro de so&ntilde;ar con Sigrid. Anoche, fue desde que toqu&eacute; la cama, que me qued&eacute; dormido, hasta que me despertaste, pero no recuerdo nada de lo so&ntilde;ado. &iquest;Qu&eacute; era lo que dec&iacute;an que ocurr&iacute;a cuando so&ntilde;abas con alguien que acababa de morir? &iquest;Qu&eacute; ten&iacute;a una cuenta pendiente contigo? &iquest;Qu&eacute; te quer&iacute;a decir algo que no hizo o no pudo hacer nunca en vida?&rdquo;
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        La mujer de <em>Hiperi&oacute;n </em>dej&oacute; la cuchara dentro de la taza de leche con gofio y se rio. &ldquo;Quiz&aacute;s nos quiere decir algo a los dos, porque yo no paro de acordarme de ella, y cuando lo hago, lo que tengo en las manos se me cae al suelo, o alguna que otra cosa similar&rdquo;. Se miraron el uno al otro sonriendo y con ganas de seguir hablando de ese mismo tema, con ganas de hablar de algo que nunca hab&iacute;an hecho ninguno de ellos dos.
    </p><p class="article-text">
        Ella le dijo que  mirase su reloj, porque cre&iacute;a que se le iba a hacer tarde. <em>Literato </em>mir&oacute; su <em>Cuervo y Sobrino </em>tra&iacute;do por su abuelo desde Cuba. &ldquo;S&iacute;, me debo de ir ya&rdquo;. Cogi&oacute; un poco de pan y reban&oacute; la taza de leche con gofio. &ldquo;No te olvides de coger el libro de Eladi&rdquo;. &ldquo;Lo puse en el bolsillo del abrigo&rdquo; &ldquo;&iquest;Llevas las llaves de la casa y las del coche?&rdquo; &ldquo;S&iacute;. Las met&iacute; junto con el libro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Literato </em>se lav&oacute; la boca, le cogi&oacute; las manos a su mujer y le dio un beso en los labios. Se puso el abrigo, comprob&oacute; que <em>La Ciudad So&ntilde;ada </em>estaba en el bolsillo junto con las llaves, abri&oacute; la puerta, llam&oacute; al ascensor. El ascensor, una antigualla, no ven&iacute;a, se hab&iacute;a vuelto a romper. Baj&oacute; las escaleras hasta el garaje tarareando <em>Sombras. </em>Era la tercera vez, en ese rato de la ma&ntilde;ana, que se acordaba de esta canci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La luz del garaje, como el ascensor, estaba rota. &Eacute;l pod&iacute;a hacer aquel trayecto con los ojos cerrados. Hab&iacute;a nacido en aquel edificio. De ni&ntilde;o, los d&iacute;as de invierno que no se pod&iacute;a salir a jugar a la calle, bajaba de su casa y jugaba en &eacute;l. Su abuelo y su padre ten&iacute;an coche. <em>Literato, </em>muchas veces les cogi&oacute; las llaves de los veh&iacute;culos para simplemente arrancarlos, y m&aacute;s tarde, cuando hab&iacute;a crecido un poco m&aacute;s, para darles un poco para atr&aacute;s y para adelante. Abri&oacute; la puerta del coche, -segu&iacute;a canturreando <em>Sombras-, </em>se sent&oacute; sin darse cuenta de que en el asiento de al lado hab&iacute;a sentada una persona. &ldquo;&iexcl;Caray! &iquest;Por qu&eacute; no la cantas, en vez de tararearla?&rdquo; Hab&iacute;a conocido aquella voz en la Universidad de Verano en Santander, como alumna suya; luego la tuvo tambi&eacute;n como alumna en sus clases de la Complutense en Madrid;  m&aacute;s adelante, en el <em>Kiosco El Ancla </em>de Los Cancajos, en La <em>Palma; </em>y la noche anterior, en sue&ntilde;os, la hab&iacute;a pasado al completo hablando con ella<em>. </em>La reconoci&oacute; al escuchar el sonido de su primera  palabra, lo que le impidi&oacute; el asustarse, tanto, como el haberse  iniciado en el mundo de los muertos con su hijo <em>Hiperi&oacute;n</em>. &ldquo;S&iacute;, por qu&eacute; no la cantas. <em>Hiperi&oacute;n </em>la canta muy bien. Seguro que se la ense&ntilde;aste t&uacute;. No hay nada m&aacute;s parecido a mi vida que la letra de esta canci&oacute;n&rdquo;. Con mucha naturalidad le respondi&oacute;. &ldquo;Lo s&eacute;, <em>Sigrid, </em>por eso se la ense&ntilde;&eacute; a cantar a &eacute;l&rdquo;. &ldquo;Anda, <em>Literato,</em> vamos a salir del garaje, que si no, vas a hacer esperar a Eladi en Barajas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El <em>Dodge Barreiros, </em>el mismo modelo con el que Carrero Blanco saltar&iacute;a por los aires justo dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde en la calle Claudio Coello, heredado de su padre, -su padre no quiso que lo vendiese-, asom&oacute; la trompa a la calle. <em>Literato </em>vio a Sigrid<em>, El &Aacute;ngel Pelirrojo,</em> a plena luz del d&iacute;a, despu&eacute;s de diecisiete a&ntilde;os sin hacerlo, solo en sue&ntilde;os durante las dos &uacute;ltimas noches. &ldquo;Sigrid<em>, </em>est&aacute;s m&aacute;s bella muerta que viva, que ya es decir, m&aacute;s incluso que en sue&ntilde;os&rdquo;. Sigrid sonri&oacute;. &ldquo;Lo entiendo que te pueda parecer as&iacute;. En esta dimensi&oacute;n, hasta donde yo s&eacute;, nos cambia algo el f&iacute;sico; unas veces a mejor, otras a peor. Ten cuidado cuando llegues a la Avenida de Am&eacute;rica, va a haber un accidente grave, con muertos. Conduce muy despacio al llegar all&iacute;&rdquo;. &ldquo;<em>Sigrid, </em>esta ma&ntilde;ana, desayunando con mi mujer, en la cocina, me dijo que cre&iacute;a que t&uacute; tienes cosas pendientes que hablar con nosotros, cosas que quiz&aacute;s no nos dijiste nunca, que te fuiste al otro mundo  con ellas, y, que quiz&aacute;s, no te dejen descansar en esa otra realidad en la que est&aacute;s ahora viviendo. Quiz&aacute;s las estuvimos hablando anoche en sue&ntilde;os, pero no los suelo recordar. Solo recuerdo que so&ntilde;&eacute; contigo pero no el qu&eacute;&rdquo;. Sigrid no le apartaba la vista. &ldquo;Ella tiene toda la raz&oacute;n, <em>Literato.</em> Por ese mismo motivo estoy aqu&iacute; otra vez. Siempre fue una mujer con mucha sensibilidad, es la mejor mujer que pod&iacute;as tener, hasta yo me hubiese podido enamorar de ella, como estuve a punto de que me hubiese ocurrido contigo. Si ella no hubiese existido yo me hubiese enamorado de ti, y si tu no hubieses existido yo me hubiese enamorado de ella&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>El &Aacute;ngel Pellirrojo, </em>acompa&ntilde;&aacute;ndose de las manos, le dijo a <em>Literato</em> que extremase la precauci&oacute;n porque el micro de Iberia que hac&iacute;a el trayecto Col&oacute;n-Barajas ya hab&iacute;a volcado en el inicio de la Avenida de Am&eacute;rica con riesgo de incendiarse. &ldquo;Hay algo que no te quise decir en vida y que hoy lamento no haberlo hecho. Yo me qued&eacute; embarazada de ti, aquella &uacute;nica vez que hicimos el amor, en la caleta pegada a la  vieja playa de Los Cancajos. No te lo quise decir nunca. Tuve aquel hijo que estaba incapacitada para criar. Vinieron mis padres al poco tiempo de nacer el ni&ntilde;o para llevarnos a Alemania, ingresarme a m&iacute; en una cl&iacute;nica psiqui&aacute;trica y adoptar ellos a mi hijo, tu hijo, al que yo le hab&iacute;a puesto el nombre de <em>Werther</em>. Yo, me qued&eacute; inconsciente al verlos entrar en mi casa azul de la calle Drago, en Santa Cruz de La Palma. No volv&iacute; a recuperar la consciencia hasta que mor&iacute;. Muerta, como estoy ahora, al saber que el deseo de tu hijo  <em>Hiperi&oacute;n</em>, que muri&oacute; el mismo d&iacute;a y a la misma hora que yo, era tambi&eacute;n el esparcir sus cenizas sobre la tumba de H&ouml;lderling, cuando mismo las cenizas  m&iacute;as, quise conocerlo. Hemos hablado de much&iacute;simas cosas. &Eacute;l se inclina a que te vuelva a comentar lo que anoche estuvimos hablando en sue&ntilde;os porque piensa que lo m&aacute;s probable sea que t&uacute; no lo puedas recordar. <em>Literato, Werther </em>es hijo tuyo. Cuando tu mujer y t&uacute;  lo conozc&aacute;is en T&uuml;ringa os dar&eacute;is cuenta de lo igual que es a ti. &Eacute;l ya empieza a llevarse mal con su abuelo, como me ocurri&oacute; a m&iacute;. Mi madre cada vez est&aacute; m&aacute;s delicada del coraz&oacute;n y senil. Morir&aacute; en breve. A m&iacute; me gustar&iacute;a que tu mujer y t&uacute; tuvieseis trato con &eacute;l, m&aacute;s bien que lo educarais vosotros. Yo tratar&eacute; de influir para que se venga a estudiar a Madrid. &Eacute;l quiere ser escritor. Habla con tu mujer de lo que hemos hablado, que ella tambi&eacute;n tiene que comentarte algo de lo que t&uacute; tampoco sabes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al entrar en la Avenida de Am&eacute;rica se empezaron a escuchar sirenas. Polic&iacute;as municipales indicaban a los coches que circulasen despacio. La velocidad se ralentiz&oacute; durante un largo tramo de la carretera. &ldquo;Me parece, Sigrid, que vamos a llegar tarde y hacer esperar a Eladi en la Terminal.&rdquo; &ldquo;No, <em>Literato. </em>Eladi a&uacute;n no ha bajado del avi&oacute;n, una vez est&eacute; en la Terminal, con tres de sus libros de poes&iacute;a en la mano, <em>Cuaderno de Los Cancajos, Viaje en l&iacute;nea regular </em>y <em>Tren de tarde a las islas, </em>se cruzar&aacute; con un guardia civil que lo parar&aacute;, -el mismo que no quer&iacute;a dejarle pasar la Aduana a M&oacute;nica por llevar consigo otro libro de Eladi, <em>La Ciudad so&ntilde;ada. Santa Cruz de La Palma entre 1955 y 1965 -, </em> para preguntarle por aquellos tres libros, y que al ver que estaban impresos en las dos primeras  d&eacute;cadas del siglo veintiuno, no querr&aacute; dejarlo salir de la Terminal con ellos. A Eladi se le ocurrir&aacute; responder al benem&eacute;rito hombre lo mismo que le respondi&oacute; M&oacute;nica dos d&iacute;as antes, que aquello hab&iacute;a tenido que ser un error mecanogr&aacute;fico. El tricornio, al volver a escuchar aquella misma palabra, <em>mecanogr&aacute;fico, </em> por tercera vez en cuarenta y ocho horas, le dir&aacute; a Eladi que se aparte de &eacute;l lo m&aacute;s lejos posible. Eladi ir&aacute; a esperar su maleta. Lo har&aacute; leyendo, <em>Tren de tarde a las islas, </em>y, recordando las palabras que le dije yo, sentada al lado de &eacute;l, en la primera clase del avi&oacute;n Barcelona-Madrid. <em>Tren de tarde a las islas </em>lo presentar&aacute; Antonio Abdo el viernes d&iacute;a 29 de diciembre de 2017, en Las Cosas Buenas de Miguel, en Santa Cruz de La Palma, a partir de las 19:30 horas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Unos guardias civiles motorizados, con las sirenas encendidas, que escoltaban a un <em>Dodge Barreiros</em>, mismo modelo que el que conduc&iacute;a <em>Literato, </em>lo adelantan. &ldquo;<em>Literato</em>, dentro de ese coche que nos est&aacute; adelantando va el Almirante Carrero Blanco, vicepresidente del Gobierno. Dentro de casi justamente dos a&ntilde;os, haciendo el recorrido que lo lleva de su casa a misa, en la calle Claudio Coello, muy cerca de donde vosotros viv&iacute;s, saltar&aacute; por los aires y caer&aacute; en el patio interior de un convento. Este ser&aacute; el principio del fin del franquismo, aunque queda mucho por sufrir&rdquo;. Literato se qued&oacute; pensativo. &ldquo;S&iacute;, creo que sea testigo de este atentando hist&oacute;rico. Lo que no veo claro es estar  de cuerpo presente en la presentaci&oacute;n de <em>Tren de tarde a las islas,</em> yo tendr&iacute;a ochenta y siete a&ntilde;os, pero mi hijo <em>Werther</em>, lo m&aacute;s probable es que s&iacute; podr&aacute; hacerlo&rdquo;<em>. </em>Sonri&oacute;, mir&oacute; para el asiento donde estaba sentaba Sigrid, <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo. </em>Ella ya no estaba all&iacute;. En su lugar hab&iacute;a un sobre. Lo abri&oacute; cuando aparc&oacute; en Barajas. Sac&oacute; una foto que hab&iacute;a dentro, la mir&oacute; detenidamente, le dio la vuelta, y se encontr&oacute; con un texto escrito por Sigrid, a la que conoc&iacute;a bien su letra. &ldquo;No eres t&uacute; de adolescente, -parec&iacute;a que le estaba leyendo sus pensamientos-, es nuestro hijo <em>Werther. </em>No dejes de hablar con tu mujer, que va a convertirse en su madre<em>&rdquo;.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_2978796.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Dec 2017 06:04:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (35)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (34)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_2992994.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">“Por qué mi padre se empeñó en que mi hermano y yo aprendiésemos boxeo, de la mano de Don Álvaro Rocha,</p><p class="subtitle">Missipí,</p><p class="subtitle">en la playa vieja de Los Cancajos”.</p></div><p class="article-text">
        <em>(El &uacute;ltimo libro de poemas de Eladi Creuhet, </em><em>Tren de tarde a las islas</em><em>, lo presentar&aacute; Antonio Abdo el viernes 29 de diciembre en Las Cosas Buenas de Miguel).</em><strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        Eladi Crehuet so&ntilde;aba y a&uacute;n no le hab&iacute;a podido arrebatar a Morfeo la respuesta a su incesante, como un rayo, pregunta. &ldquo;Por qu&eacute; mi padre se empe&ntilde;&oacute; en que mi hermano y yo aprendi&eacute;semos boxeo, de la mano de Don &Aacute;lvaro Rocha, <em>Missip&iacute;,</em> en la playa vieja de Los Cancajos&rdquo;. Morfeo no le quer&iacute;a tampoco contestar durante esa noche a su cr&iacute;ptica pregunta. Eladi, dormido, sintiendo que ya le hab&iacute;an de quedar muy pocas horas para que sonase el despertador y levantarse de la cama, se dijo a s&iacute; mismo. &ldquo;&iexcl;Mejor dejar suelta la rienda de mis sue&ntilde;os! &iexcl;Que Morfeo haga lo que quiera!&rdquo;. La voluntad de Morfeo se hizo de inmediato. Eladi se vio so&ntilde;ando tan profundamente con una pelirroja, que casi no escucha, unas horas despu&eacute;s,  su despertador que lo reclamaba a ponerse en pie, ducharse, vestirse, desayunar, llamar a un taxi cuando estuviera tomando el caf&eacute;, y coger el primer vuelo a Madrid, donde lo estar&iacute;a esperando, -no lo hab&iacute;a vuelto a ver desde la &eacute;poca en que aprend&iacute;a a boxear con su hermano en Los Cancajos-, en la Terminal de Barajas, <em>Literato, </em>con aquel misterioso libro, escrito por el mism&iacute;simo  Eladi, titulado <em>La Ciudad So&ntilde;ada </em>y publicado en el 2016,   que  M&oacute;nica encontr&oacute; en su bolso cuando ven&iacute;a desde La Palma, en el vuelo Tenerife-Madrid, al sepelio de <em>Hiperi&oacute;n.</em>
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        Eladi se baj&oacute; del taxi en la terminal del Prat. Cuando puso los dos pies en tierra firme y tuvo la maleta en sus manos, despu&eacute;s de pagar y darle una propina  al taxista, vio bajar, de otro taxi que ven&iacute;a detr&aacute;s del suyo,  a la misma pelirroja con la que Morfeo hab&iacute;a regado su sue&ntilde;o. Eladi dud&oacute; entre si estaba despierto o no, pues <em>La Pelirroja, </em>cuando se sinti&oacute; mirada por &eacute;l, le sonri&oacute; y gui&ntilde;&oacute; un ojo. &ldquo;&iquest;Estoy so&ntilde;ando, sigo so&ntilde;ando, o esto ya es la realidad?&rdquo;. Mir&oacute; su reloj, el que hoy en d&iacute;a todav&iacute;a lleva puesto, un <em>Cauny </em>de oro, autom&aacute;tico, que le regal&oacute; su padre cuando aprob&oacute; Preu. &ldquo;Uy, es tarde, creo que no estoy dormido, que no estoy so&ntilde;ando, debo darme prisa en facturar, porque esto no tiene pinta de ser un sue&ntilde;o y voy a perder el avi&oacute;n&rdquo;. Lo mismo hizo <em>La Pelirroja, </em>mir&oacute; su <em>Omega </em>de oro, de cuerda, y le pregunt&oacute; al taxista si le pod&iacute;a acercar la maleta a la ventanilla de facturaci&oacute;n. Eladi sent&iacute;a como el sonido de los tacones de aguja de <em>La Pelirroja</em> le iban despertando todos los detalles de su sue&ntilde;o que hubiese empezado a olvidar, -como solemos olvidar nuestros sue&ntilde;os en el trascurso del d&iacute;a-, si no hubiese sido por aquella pelirroja  aparici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de facturar, Eladi entr&oacute; a la sala de embarque mirando otra vez su <em>Cauny </em>de oro macizo. Tuvo que tomarse otro caf&eacute; porque temi&oacute; quedarse dormido y perder el avi&oacute;n. Un momento antes de embarcar, una azafata de Iberia se acerca a &eacute;l y le comenta que se han vendido unos cuantos billetes de m&aacute;s de la clase econ&oacute;mica. Le pregunta si no le importar&iacute;a viajar en primera clase. Le responde a la azafata, sonri&eacute;ndole. &ldquo;No me importa, m&aacute;s bien todo lo contrario&rdquo;. La azafata le dijo que viniera con ella y lo llev&oacute; a la primera clase del avi&oacute;n. &ldquo;Aqu&iacute; tiene su asiento, se&ntilde;or&rdquo;. Eladi, sorprendido, se sent&oacute; al lado de <em>La Pelirroja, </em>que le volvi&oacute; a sonre&iacute;r y a gui&ntilde;ar otra vez un ojo.
    </p><p class="article-text">
        <em>La Pelirroja</em>, que era alemana, hablaba un perfecto espa&ntilde;ol y catal&aacute;n. Su familia, de un peque&ntilde;o pueblo de Alemania, desde edad muy temprana iba a veranear a la costa de Gerona. M&aacute;s tarde, ella, huyendo del acoso sexual de su padre, empez&oacute; a viajar sola, por motivos de estudios, -estudiaba todo lo que se le pon&iacute;a delante por no ver a su padre-, viaj&oacute; con frecuencia a la Pen&iacute;nsula y a Canarias, en concreto a La Palma. Eladi estaba como embobado con aquella mujer que se le quer&iacute;a parecer a alguien; miraba fijamente sus ojos azules, sus pecas, su pelo rojo. &ldquo;&iquest;Quiz&aacute;s sea alguna alemana de las pel&iacute;culas en s&uacute;per ocho y fotos de mi padre?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La azafata se acerc&oacute; con dos copas de <em>Cava Integral Brut Nature de Llopart. </em>Se las puso en la bandeja de los asientos. Chocaron las dos copas mir&aacute;ndose a los ojos y dijeron &ldquo;prost&rdquo;. Ella volvi&oacute; a gui&ntilde;arle un ojo. &ldquo;Yo tambi&eacute;n estuve so&ntilde;ando anoche contigo dentro del mismo sue&ntilde;o que t&uacute; ten&iacute;as conmigo. No me sorprend&iacute; nada al verte con tu maleta al pie del taxi. Sab&iacute;a que &iacute;bamos a compartir asiento en el avi&oacute;n. S&eacute; a lo que vas a Madrid. Vas a encontrarte con un amigo de tus padres, <em>Literato </em>le llaman, al que conocieron, junto a m&iacute;, en La Palma, en la vieja playa de Los Cancajos, cuando &eacute;l hizo las milicias y luego volvieron a ver cuando fue de luna de miel. Su mujer qued&oacute; embarazada, en Los Cancajos, de su hijo <em>Hiperi&oacute;n, </em>y yo tambi&eacute;n, aquel mismo d&iacute;a, de un hijo que no pude criar, que &eacute;l, <em>Literato,</em> no sabe aun que engendr&oacute;.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Literato </em>se est&aacute; levantando de la cama ahora mismo en su casa de Madrid, pese a que su sue&ntilde;o pelirrojo,-tambi&eacute;n so&ntilde;&oacute; la noche pasada conmigo y yo con &eacute;l-, casi le impide escuchar el despertador. Su mujer lo ha tenido que acariciar  y hablarle para que se despertase. Tiene tu libro, escrito a posteriori, sobre la mesa de noche, para no olvidarse de cogerlo al salir para Barajas a recibirte. Desde su cama mira la urna en donde est&aacute;n las cenizas de su hijo <em>Hiperi&oacute;n.</em> Mientras se est&aacute; duchando, su mujer le est&aacute; preparando el desayuno. Canta en el ba&ntilde;o la canci&oacute;n preferida de su hijo <em>Hiperi&oacute;n, Sombras</em>, de Javier Sol&iacute;s. M&oacute;nica, Amparo, Paloma, <em>Ninnette</em>, <em>Lissette</em>, y <em>El Chivato T&aacute;ntrico</em> est&aacute;n en la morgue  del hospital desde donde a&uacute;n no se han llevado el cuerpo yacente de Fernando al mortuorio. Ernesto y sus padres, despu&eacute;s de rotas sus vacaciones navide&ntilde;as en la nieve, por la muerte accidental de Fernando, siguen dirigi&eacute;ndose en  coche a Madrid, al mortuorio. <em>Hiperi&oacute;n</em> y Fernando, ambos en el otro mundo, dialogan; <em>Hiperi&oacute;n </em>le da unos mantras secretos y personalizados, transmitidos por <em>El Chivato T&aacute;rtrico, </em>a Fernando, para impedir cualquier injerencia de <em>Sor &Aacute;crata </em>en el camino hacia la luz de este. <em>Sor &Aacute;crata </em>flagela a Manolo, <em>El Escultor, </em>porque va demasiado lento esculpiendo la estatua que ella quiere colocar la noche de Epifan&iacute;a en la Plaza de Chueca, y cambiarla de nombre, -Plaza de Sor &Aacute;crata la quiere llamar-, ense&ntilde;&aacute;ndole de forma amenazante el traje negro que se puso cuando lo inici&oacute; a &eacute;l, para recordarle que la muerte siempre esta pr&oacute;xima, como le ocurri&oacute; al <em>Quemado, Hiperi&oacute;n </em>y Fernando, que fueron iniciados tambi&eacute;n por ella en el tantra negro; por si esta fuera poca amenaza, le espeta que si no acaba la escultura puntual, lo encierra dentro de una guagua como m&iacute;nimo tres meses, la peor amenaza que se le puede hacer a este pobre chico, peor incluso que la de morir. Manolo, <em>El Escultor</em>, entra al trapo con <em>Sor &Aacute;crata, </em> y le dice que va a volver a fumar, para que a ella le de rabia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La azafata, sirve otras dos copas de <em>Cava Integral Brut Nature de Llopart </em>junto con algunas cosas de comer, las propias de la primera de los aviones de entonces. &ldquo;T&uacute;, ahora mismo no me reconoces, te dir&eacute; que soy, bueno, era, buena amiga de tus padres, y que te conoc&iacute; en Los Cancajos, en donde ve&iacute;a como Don &Aacute;lvaro Rocha, <em>Misisip&iacute;, </em>os ense&ntilde;aba a ti y a tu hermano Pompeyo el arte ingl&eacute;s del boxeo. T&uacute; te andas preguntando, hasta en sue&ntilde;os, por qu&eacute; tu padre quer&iacute;a que aprendieses a boxear junto a tu hermano Pompeyo. Te voy a responder a esa interrogante tuya, te lo acabo de mencionar, porque el boxeo, en sus or&iacute;genes, en Inglaterra, fue un arte, como el Aikido y las artes marciales en Jap&oacute;n&rdquo;. Eladi le respondi&oacute; a <em>La Pelirroja</em> mir&aacute;ndole con ternura a sus ojos azules y  pecas, y con una sonrisa de gratitud.
    </p><p class="article-text">
        La azafata trajo m&aacute;s exquisiteces y <em>Cava Integral Brut Nature de Llopart</em>. &ldquo;Literato, cuando entr&eacute;is en su coche, en Barajas, te entregar&aacute;, en verdad tra&iacute;do de otra realidad, un libro que te dar&aacute; mucho trabajo y alegr&iacute;a el escribirlo, del que &eacute;l ya te ha hablado, <em>La Ciudad So&ntilde;ada. </em>Escribir&aacute;s tambi&eacute;n libros de poemas, en esa misma segunda d&eacute;cada del siglo veinte y uno, de entre otros, <em>Cuadernos de Los Cancajos, Viaje en l&iacute;nea regular </em>y <em>Tren de tarde a las islas.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>La Pelirroja </em>tir&oacute; mano de su bolso y le mostr&oacute; a Eladi Crehuet estos tres libros de poemas. &ldquo;Este &uacute;ltimo libro, <em>Tren de tarde a las islas, </em>lo presentar&aacute; Antonio Abdo el viernes d&iacute;a veintinueve de diciembre de dos mil diecisiete a partir de las siete y media de la tarde en <em>Las Cosas Buenas de Miguel, </em>en Santa Cruz de La Palma. Dadas las caracter&iacute;sticas del local, llegada esa fecha, quien quiera asistir es imprescindible que confirme su asistencia a Miguel<em>&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Eladi tom&oacute; entre sus manos los tres libros que le acerc&oacute; <em>La Pelirroja. </em>Los mir&oacute; de punta a rabo. Brindaron con <em>Cava Integral Brut Nature de Llopart </em>por tercera vez, volvieron a decir &ldquo;prost&rdquo;, y, con los libros en las manos,  le pregunt&oacute; a <em>La Pelirroja. </em>&ldquo;&iquest;Qui&eacute;n eres t&uacute;, qu&eacute; son <em>Las Cosas Buenas de Miguel, </em>qui&eacute;n es Antonio Abdo, quienes son todas estas personas de las que tambi&eacute;n me has hablado?&rdquo; <em>La Pelirroja </em>sonri&oacute;. &ldquo;Ahora, solo puedo decirte que yo soy <em>Sigrid, El &Aacute;ngel Pelirrojo</em>, qui&eacute;n te acompa&ntilde;ar&aacute; durante toda tu vida<em>. </em>Las dem&aacute;s personas y cosas  por las que preguntas te lo responder&eacute; esta noche, en <em>La Taberna de Chueca, </em>durante la fiesta felliliana de fin de a&ntilde;o en la que t&uacute; y todos ellos van a participar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Eladi Crehuet, sentado en su sill&oacute;n de primera clase,  not&oacute; una mano que le tocaba el hombro izquierdo  y escuch&oacute; la voz de la azafata que con dulzura le dec&iacute;a: &ldquo;Por favor. Despi&eacute;rtese se&ntilde;or. Ya hemos aterrizado en Barajas. Nada m&aacute;s sentarse se ha quedado dormido durante todo el trayecto&rdquo;. Eladi se despert&oacute;. En el asiento de al lado no hab&iacute;a nadie. Algo que ten&iacute;a en las manos se le cay&oacute; al suelo. Se desabroch&oacute; el cintur&oacute;n para poderse inclinar a recogerlo. Al incorporarse, entre sus manos llevaba tres libros que con asombro los examin&oacute;. <em>Cuadernos de Los Cancajos, Viaje en l&iacute;nea regular y Tren de tarde a las islas. </em><em> </em>  <em> </em>  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_2992994.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Dec 2017 18:52:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (34)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (33)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_3005586.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué valor tiene ganar una apuesta cuando contra quien apuestas eres tú mismo? Ninguno.</p></div><p class="article-text">
        <em>Mikell Norell</em>, que ven&iacute;a caminando con <em>La Colegiala</em> desde la barra del bar del Palace hasta la mesa donde <em>Constantine </em>contaba los treinta y tres melodiosos taconazos de aguja de aquella enigm&aacute;tica mujer le devolvi&oacute; la cajetilla de cigarrillos <em>Craven A </em>que <em>Constantine</em> puso sobre la mesa para poder abrazar a <em>La Colegiala. </em>&ldquo;Me voy a sentar a la mesa de Pepe Legr&aacute;, <em>El Puma de Baracoa, </em>que est&aacute; acompa&ntilde;ado por <em>Las Dos Pumas Rubias, </em>as&iacute; las llaman, que me acaba de invitar a una botella de <em>Ex Vite Cava Llopart Gran Reserva Brut. </em>&Eacute;l tambi&eacute;n quiere&nbsp; que os pas&eacute;is luego por su mesa para invitaros y hablar contigo. Son admiradores tuyos&rdquo;. <em>Constantine </em>asinti&oacute; con la mirada, mir&oacute; a <em>La Colegiala, La Colegiala </em>se la mantuvo. Se abrazaron, y ocurri&oacute; lo que muchos directores de cine hacen en sus pel&iacute;culas, se fundieron las im&aacute;genes de uno y otro, los recuerdos de uno y otro, el di&aacute;logo interno de uno y otro, por eso a estas escenas las llaman en el lenguaje cinematogr&aacute;fico <em>un fundido.</em>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; valor tiene ganar una apuesta cuando contra quien apuestas eres t&uacute; mismo? Ninguno. &iquest;Qu&eacute; ganas con ello? Nada, solo el &nbsp;darte cuenta de tu soledad, -porque hay que tener valor para saber que estas solo-, a pesar de que tus pel&iacute;culas &nbsp;llenen las mayores salas de cine del mundo entero, y, aunque al mismo tiempo que les corran l&aacute;grimas a los espectadores &nbsp;por sus mejillas, viendo tus pel&iacute;culas, &nbsp;deseando vivir o so&ntilde;ar &nbsp;contigo, ello no quita que te encuentres m&aacute;s solo a&uacute;n, que te sientes inmensamente solo. Me sent&iacute;a solo al empezar mi carrera de cantante en el Teatro de Pololo, un teatro ambulante que habit&oacute; en un&nbsp; solar que hab&iacute;a en lo &nbsp;que es hoy el Cabildo Insular, hasta que la noche que ten&iacute;a que embarcar en El Muelle, camino hacia el &eacute;xito, me qued&eacute; sin voz, paralizado, en el escenario, como por un atentado perpetrado por mi inconsciente, -contra m&iacute; mismo-, que no quer&iacute;a aquel camino para m&iacute;, al despedirme de mi p&uacute;blico palmero. Como me sent&iacute;a tambi&eacute;n solo, descubriendo y advirtiendo, o advirtiendo y descubriendo, cr&iacute;menes, secuestros, fugas, robos y cualquier tipo de delitos que iban a ocurrir; me adelantaba a ellos y m&aacute;s tarde sacaba los entresijos a la luz, despu&eacute;s de despertarse mis facultades paranormales, al caerme de adolescente, en la &nbsp;bicicleta, que me regal&oacute; mi ausente padre, desde La Portada a la Carretera General,&nbsp; qued&aacute;ndome unas semanas inconsciente. Tal como tambi&eacute;n&nbsp; me siento solo, en este momento de mi vida,&nbsp; haciendo pel&iacute;culas&nbsp; en Roma, lejos de mi madre, que no hay quien la haga salir de La Palma. Lo &uacute;nico que ha cambiado en mi vida, durante la que siempre me he sentido solo, es el con quien he compartido ese sentimiento de soledad, esa soledad en compa&ntilde;&iacute;a, porque en realidad, cuando &uacute;nico no me encuentro solo es cuando no estoy con alguien, cuando estoy en soledad, o ahora, que la tengo a ella en mis brazos, que estoy abrazado a <em>La Colegiala</em> como la abrazaba a pesar de la distancia que hubo siempre desde mis pasos a los suyos, cuando yo la esperaba en frente de su casa, en el zagu&aacute;n de la Pensi&oacute;n Comercio, en la Calle Real, al ella salir &nbsp;por la puerta de su hogar para ir a La Palmita, -abrazo de zagu&aacute;n a zagu&aacute;n-, durante sus dos &uacute;ltimos cursos, y, luego la volv&iacute;a a esperar escondido entre los &aacute;rboles del Centro de Salud, cuando ella sal&iacute;a del colegio con direcci&oacute;n a su casa. &iquest;Por qu&eacute; yo, <em>Constantine, </em>o Antonio, como se me llamaba antes de ser cantante, detective paranormal y actor de cine, me dej&eacute; arrastrar por mi timidez enfermiza y no me dej&eacute; ver nunca durante aquel trayecto, de su casa a La Palmita y viceversa, que hac&iacute;a yo detr&aacute;s de ella,&nbsp; cuatro veces al d&iacute;a? &iquest;O por qu&eacute; no le dije, sin m&aacute;s, lo perdidamente enamorado que estaba de ella y as&iacute; hubiese evitado, quiz&aacute;s,&nbsp; que aquel <em>General Gabacho</em> la abdujese, siendo ella menor de edad a&uacute;n, y luego la hiciera tan desgraciada? &iquest;Por qu&eacute; Antonio, por qu&eacute; <em>Constantine</em>? &iquest;Cu&aacute;ntas escenas de abrazos he sumado entre todas mis pel&iacute;culas? &iquest;Cu&aacute;nto de celuloide hay en nuestras vidas? &iquest;Estar&aacute;n hechas nuestras c&eacute;lulas de fotogramas? &iquest;Nuestro coraz&oacute;n ser&aacute; la cruz de malta de aquellos antiguos, viejos y chiflados proyectores de cine? &iexcl;Cu&aacute;ntas mujeres me han abrazado fuera de los plat&oacute;s, y, sin embargo, cuan solo me he encontrado en medio de ellos!&nbsp; Me parece que esta vez he dado con la toma adecuada de mi abrazo. No quiero escuchar al director que diga <em>&iexcl;Corten!,</em> no quiero interrumpir este abrazo, quiero seguir rodando en este mismo plat&oacute; y que la escena no termine de filmarse nunca. Pienso, o al menos lo siento, que a ella le est&aacute; ocurriendo lo mismo, que quiere que esta escena se siga rodando.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me siento extra&ntilde;a, me atrever&iacute;a a decir que &nbsp;con un viso de felicidad en este abrazo. Me siento de regreso,&nbsp; a un sitio del que entr&eacute; por la puerta de atr&aacute;s y del que luego fui arrojada por donde mismo. Lo nuestro fue r&aacute;pido, bueno, quiz&aacute;s muy r&aacute;pido, y dur&oacute; muy poco, poqu&iacute;simo. &Eacute;l se hospedaba en el Mayantigo, &eacute;l, y unos amigos, tambi&eacute;n franceses, que estaban deportados por el General De Gaulle. Yo, una adolescente rubia y de ojos azules, viv&iacute;a en frente. La primera vez que lo vi tuve un sobresalto en mi coraz&oacute;n p&aacute;rvulo. Yo creo que &eacute;l se dio cuenta, y a partir de ese momento hac&iacute;a m&aacute;s por verme y dejarse ver, se asomaba a cada rato al balc&oacute;n del hotel a fumar cigarrillos, a los que luego &nbsp;me aficion&eacute;, para que yo lo viese desde la ventana de mi casa cuando tocaba el piano. Yo sub&iacute;a a la azotea, y desde all&iacute; nos hac&iacute;amos se&ntilde;as. Nuestras primeras conversaciones fueron en este lenguaje tan universal. Me empec&eacute; a cuestionar cosas que iban m&aacute;s all&aacute; de la educaci&oacute;n que hab&iacute;a tenido en casa, en la Iglesia y en La Palmita. Pensaba en &eacute;l, lo so&ntilde;aba, sin ninguna sombra de pecado, aunque en sue&ntilde;os, y me sorprend&iacute;a de sentirme libre de aquel cascaron o exoesqueleto cultural &nbsp;con el que me hab&iacute;an criado. Cuando mi madre me encargaba un mandado a la tienda de Antonio S&aacute;nchez, pasaba siempre por delante de la puerta del Mayantigo y del Bar Atl&aacute;ntico, a ver si me lo cruzaba. Si no ocurr&iacute;a as&iacute;, adrede &nbsp;me olvidaba de comprar algo en la tienda para que mi madre me mandase otra vez. El sab&iacute;a la hora de los mandados e intentaba estar sentado en la mesa de la ventana del Atl&aacute;ntico para sonre&iacute;rme. Uno de esos d&iacute;as me dijo que ese fin de semana habr&iacute;a una fiesta en el hotel y que quer&iacute;a que subiese con mis amigas. A aquella fiesta se sumaron otras m&aacute;s, siempre los s&aacute;bados. En ellas, siempre hab&iacute;a un polic&iacute;a vigil&aacute;ndolos. Hicimos amistad, intimamos. Un d&iacute;a me llev&oacute; a una mesa aparte, en donde me puso al tanto de sus planes de fuga, me declar&oacute; su amor y me pidi&oacute; que lo acompa&ntilde;ase, que la huida era cuesti&oacute;n de muy poco tiempo. Yo viv&iacute; aquella conversaci&oacute;n como si fuera la escena de una pel&iacute;cula y me encarn&eacute; como uno de los actores. Aquella noche no pude dormir, tampoco pude rezar, porque lo que estaba decidida a hacer era algo que iba&nbsp; en contra del dios que me hab&iacute;an ense&ntilde;ado. Me puse a pensar en las cosas que llevar&iacute;a conmigo, <em>pocas, las</em> <em>imprescindibles</em>, me hab&iacute;a dicho &eacute;l. Logr&eacute; pegar ojo a la misma hora en que abr&iacute;an <em>El Quitapenas. </em>El poco rato que dorm&iacute; so&ntilde;&eacute; a&uacute;n m&aacute;s intensa y libremente con &eacute;l. Me despert&oacute; mi madre a las primeras campanadas avisando a misa de once en El Salvador, para que como todos los domingos y fiestas de guardar fuese con ellos a la iglesia. Al pisar la acera de la calle me lo encuentro en la puerta del bar, sab&iacute;a mis costumbres, las de la familia. Cuando &eacute;l dej&oacute; de estar al alcance de la vista de mis padres, en aquel lenguaje de se&ntilde;as que hab&iacute;amos inventado para entendernos desde su balc&oacute;n a mi azotea, me dijo que despu&eacute;s de misa me pasara por el Atl&aacute;ntico. Al salir de la iglesia, mis padres me volvieron a preguntar que por qu&eacute; no hab&iacute;a ido a comulgar, lo llevaban haciendo desde que lo conoc&iacute; a &eacute;l. Les respond&iacute; lo de otras veces, que no aguantaba el hambre y que hab&iacute;a comido al levantarme, pero que no se preocupasen, porque comulgaba en La Palmita casi a diario. Cuando llegamos a casa mi madre se puso a hacer de comer, mi padre se sent&oacute; en el sill&oacute;n, encendi&oacute; la radio y se puso a leer el peri&oacute;dico. Toqu&eacute; el piano por &uacute;ltima vez, cog&iacute; las cosas que hab&iacute;a preparado durante la noche insomne. Llegue al Atl&aacute;ntico donde &eacute;l me esperaba. Tomamos caf&eacute;, encendi&oacute; otro <em>Gauloises, </em>yo a&uacute;n no fumaba. Entr&oacute; <em>Nelson Ni&ntilde;o Bueno, </em>nos salud&oacute; a los dos y fue a la barra a tomar caf&eacute;. <em>No pagues el caf&eacute; Nelson, ya lo hago yo.</em> <em>Ni&ntilde;o Bueno</em>, tom&oacute; el caf&eacute;, se despidi&oacute; de los de la &nbsp;barra y los camareros, pas&oacute; por delante de nosotros y dio las gracias. <em>El Gabacho, </em>como yo lo llamaba tambi&eacute;n, dej&oacute; un billete de cien pesetas en la mesa, me hizo se&ntilde;as de levantarnos y nos dirigimos al taxi de Nelson. Despu&eacute;s de muchos avatares, llegamos a este mismo Hotel Palace, donde me acabo de encontrar a <em>Constantine, </em>donde estoy abrazada a &eacute;l, como so&ntilde;&eacute; tantas veces al&nbsp; ver y llorar sus pel&iacute;culas. Pero aunque me siento algo bien, no queda nada de mi coraz&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo se puede querer sin coraz&oacute;n? <em>El Gabacho, </em>me dijo un d&iacute;a que bajaba de la habitaci&oacute;n en la que nos aloj&aacute;bamos a la calle para comprar tabaco, porque en el bar del hotel no ten&iacute;an <em>Gauloises. </em>Todav&iacute;a hoy lo estoy esperando. Al menos me dej&oacute; el hotel pago seis meses y una cantidad de dinero en el interior de la mesa de noche. Pas&oacute; ese tiempo, seis meses, se acab&oacute; el dinero, no pod&iacute;a regresar a la casa de mi familia. Mi padre, al d&iacute;a siguiente de yo salir a escondidas de casa, se puso delante del espejo una corbata negra que llev&oacute; durante toda su vida y se dijo a s&iacute; mismo <em>mi hija ha muerto. </em>Lleva luto perenne por m&iacute; no habi&eacute;ndome yo muerta del todo. La verdad es que lo comprendo, pero quiz&aacute;s no haya sido para tanto. Una hija siempre ser&aacute; una hija. Si no tengo coraz&oacute;n para seguir queriendo, tampoco lo tengo para que me&nbsp; lo vuelvan a destrozar, pese a que ahora tenga un viso moment&aacute;neo de felicidad, tal como la que tuve cuando era p&aacute;rvula.&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_3005586.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Dec 2017 12:35:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (33)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (32)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_3028669.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En el estudio de</p><p class="subtitle">El Escultor, Sor Ácrata</p><p class="subtitle">posaba con su traje negro, el que se había puesto para la iniciación de Fernando a principios de curso, y, hacía unas horas, cuando Fernando se despidió de los mortales.</p></div><p class="article-text">
        En el estudio de <em>El Escultor, Sor &Aacute;crata </em>posaba con su traje negro, el que se hab&iacute;a puesto para la iniciaci&oacute;n de Fernando a principios de curso, y, hac&iacute;a unas horas, cuando Fernando se despidi&oacute; de los mortales. <em>Sor &Aacute;crata </em>&nbsp;dudaba y posaba, posaba y dudaba, entre si acercarse al mortuorio cuando lo abriesen, para seguir interfiriendo en el camino del alma de Fernando tanto como lo hab&iacute;a hecho con el&nbsp; de su cuerpo en vida, o, si seguir posando como lo estaba haciendo. Lo de posar le gustaba, porque la hac&iacute;a sentir que ya estaba formando parte de la historia, que entraba en aquel club, despu&eacute;s de tener el nombre de una calle ganado a pelo, sudor, sangre y muerte, y, tener el de una plaza con estatua incluida &nbsp;en ella como iba a ocurrir dentro de unos d&iacute;as; todo esto le daba la sensaci&oacute;n de estar disfrutando de la eternidad por entregas, en inc&oacute;modos plazos. Lo de ir al mortuorio, el crematorio y el cementerio no le gustaba tanto, pues no quer&iacute;a que se repitiesen las mismas escenas de bochorno, que las ocurridas con <em>El Chivato T&aacute;rtrico, Ninnette </em>y <em>Lissette,</em> durante el tiempo que el cuerpo yacente de <em>Hiperi&oacute;n </em>merode&oacute; los &uacute;ltimos lugares del mundo f&iacute;sico. &ldquo;As&iacute; que, -pens&oacute; <em>Sor &Aacute;crata-, </em>me quedo en esta pose de eternidad anticipada, aunque hipotecada, en el estudio de Manolo hasta que me tenga que sacar el traje negro, para reconvertirlo, a las doce de la noche en que se cumplen las veinticuatro horas de la muerte de Fernando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>El Escultor, </em>sudoroso y vehemente, golpeaba con el martillo y el cincel sobre la masa de granito bajo la mirada severa de <em>Sor &Aacute;crata,</em> mirada que le advert&iacute;a de que el tiempo corr&iacute;a y que ella quer&iacute;a su estatua para la madrugada de La Epifan&iacute;a. &ldquo;Golpea duro, como lo hice yo al iniciarte. S&aacute;cale al granito lo que le sobra para que se asemeje en lo m&aacute;s a m&iacute;. Yo hice lo mismo contigo y con todos vosotros a los que inici&eacute;. Os vaci&eacute; de lo inservible que hab&iacute;a en vosotros, en vuestras vidas adolescentes de sue&ntilde;os incestuosos en los que se hab&iacute;an alojado como par&aacute;sitos vuestras madres y hermanas, de vuestros padres, unas veces borrachos, como el tuyo; y me establec&iacute; yo como luz negra en aquel vuestro infestado mundo on&iacute;rico para poner mi orden, lo limpi&eacute;, y pas&eacute; a ser vuestro objeto de veneraci&oacute;n, de culto. En ese momento os puse a punto para iniciaros, para haceros lo m&aacute;s sumisos y parecidos a m&iacute;, como t&uacute;, lo tienes que hacer ahora con ese brote de piedra, poner mi alma negra en ella para que se me adore. <em>El Escultor </em>la miraba con cara de decir &rdquo;esta mujer tambi&eacute;n va a acabar conmigo&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        M&oacute;nica, Amparo y Paloma, que hab&iacute;an llegado a la morgue del hospital, hablaban con los padres de Fernando sobre <em>Sor &Aacute;crata </em>y su tantra negro<em>.</em> <em>El Chivato T&aacute;ntrico, Ninnette y Lissette </em>lo hicieron un poco m&aacute;s tarde. <em>Hiperi&oacute;n, </em>terminaba de ense&ntilde;arle la que fue su casa al <em>&Aacute;ngel Pelirrojo. </em>Le dijo que ya debieran de estar en la morgue ellos dos, pues los <em>Sacerdotes T&aacute;ntricos </em>quer&iacute;an transmitirle unos mantras personalizados a Fernando para que su alma no se desorientase en el camino que empezaba a recorrer, y que para eso ten&iacute;a que estar &eacute;l, <em>Hiperi&oacute;n,</em> all&iacute;; y que ella, <em>Sigrid, </em>debiera ya de conocer a Fernando.
    </p><p class="article-text">
        Sus padres, dorm&iacute;an con el despertador puesto para <em>Literato</em> levantarse e ir a recibir a Eladi Crehuet en el primer vuelo que ven&iacute;a desde Barcelona. Eladi, tambi&eacute;n dorm&iacute;a con el despertador puesto para no perder su vuelo, y so&ntilde;aba, so&ntilde;aba con una mujer rubia, extranjera, que no ten&iacute;a nada que ver con las que conoci&oacute; en <em>Los Viejos Cancajos. </em>Durante su sue&ntilde;o se dijo a si mismo que si segu&iacute;a so&ntilde;ando con aquella mujer no iba a escuchar el despertador cuando sonase por la ma&ntilde;ana, pero, decidi&oacute; hacer caso omiso a aquella voz suya y seguir so&ntilde;ando con ella, aunque corriese el riesgo de perder el avi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las prostitutas de<em> La Casa Campo </em>y <em>Los Chorlitos, </em>despu&eacute;s de aquel interrogatorio tan feroz que tuvieron en las mazmorras de la Direcci&oacute;n General de Seguridad, donde perdieron su identidad hasta el punto de no recordar quienes eran en realidad, estaban desenfocadas una vez que pisaron nuevamente la calle, cuando salieron por una de las puertas que daban a la Cafeter&iacute;a California, donde unos pocos a&ntilde;os despu&eacute;s se cometer&iacute;a un brutal atentado cuya autor&iacute;a nunca ser&iacute;a aclarada. Sin pens&aacute;rselo, entraron en la cafeter&iacute;a, pidieron chocolate con porras y una botella de <em>Licor Cacao Pico,</em> y se quedaron sentados a la espera de que pasase su memoria por delante de ellos para subirse a ella
    </p><p class="article-text">
        <em>Billy El Ni&ntilde;o, </em>en su camarote del tren que iba a Lisboa, segu&iacute;a dando son&aacute;mbulas y sonoras palizas a rojos indefensos so&ntilde;adores de utop&iacute;as. El revisor del tren pens&oacute; otra vez m&aacute;s en &nbsp;si asfixiarlo mientras estaba dormido, pero pens&oacute; que con los antecedentes que ten&iacute;a, -hab&iacute;a sido torturado por el s&aacute;dico inspector-, iba a ser &eacute;l el primero en el que iban a pensar, el principal sospechoso, &nbsp;aunque no le importar&iacute;a nada el hacerlo, el tomarse la justicia por su mano, pero ir a la c&aacute;rcel por ello, pues no.
    </p><p class="article-text">
        <em>El Gudari Algo Beodo </em>pidi&oacute; otra botella de <em>Patxar&aacute;n </em>poniendo otro billete de cinco mil pesetas en la mesa. <em>La Cofrad&iacute;a del Porro de Hierba </em>cantaba canciones libertarias. &ldquo;<em>A las barricadas...&rdquo; </em>Unos trasnochados <em>Guerrilleros de Cristo Rey</em>, que quer&iacute;an hacer la calle suya, <em>pasando, </em>como lo hicieron los fascistas en el 39, ante tal provocaci&oacute;n, - la de los cantos-,&nbsp; &nbsp;entraron en el bar a saco con aireadas por lo alto cadenas en las manos a los gritos de <em>pasamos</em>. <em>El Gudari </em>supo c&oacute;mo hacer para que salieran corriendo aquellos ni&ntilde;os de pap&aacute; hijos de asesinos del R&eacute;gimen, se puso de pie mir&aacute;ndolos fijamente y fue desabroch&aacute;ndose los botones de su tres cuartos de piel negra. Los de <em>Cristo Rey </em>soltaron las cadenas sin esperar a ver lo que hab&iacute;a debajo de aquella prenda de abrigo. &nbsp;<em>La Cofrad&iacute;a</em>, que ni se hab&iacute;a inmutado, <em>&nbsp;</em>sigui&oacute; cantando. <em>&ldquo;A las barricadas, a las barricadas...&rdquo; El Gudari Algo Beodo </em>se sirvi&oacute; otro patxar&aacute;n y se sonri&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Maguisa </em>y <em>El Charro</em> llegaban a la suite de <em>El Charro</em> en el Palace. Al entrar,&nbsp; <em>El Charro </em>llam&oacute; a recepci&oacute;n para advertirles de que en vez de una botella de <em>Gran Reserva Ex Vite Brut de Llopart, </em>que subiesen tres. <em>Maguisa </em>se qued&oacute; mir&aacute;ndolo. &ldquo;S&iacute;, <em>Maguisa,</em> yo bebo de tres en tres botellas. Fue una costumbre que adquir&iacute;, en Par&iacute;s, despu&eacute;s del fracaso de la experiencia revolucionaria de <em>Mayo del 68</em>, el principio del fin de la utop&iacute;a<em>. </em>Una costumbre que ya me parece algo tan m&iacute;o como el color de mis ojos. &rdquo;<em>Maguisa, </em>tienes cara y risa de pilla &iquest;En qu&eacute; est&aacute;s pensando?&ldquo; Te lo voy a decir, <em>Charro</em>. Yo tambi&eacute;n tengo una fijaci&oacute;n con el n&uacute;mero 3. Por esa misma &eacute;poca, mayo del 68, Fellini lleg&oacute; por primera vez a La Palma. Al viejo aeropuerto de Buenavista lo fue a buscar&nbsp; un taxista llamado Nelson <em>Ni&ntilde;o Bueno. </em>Fellini decidi&oacute; que <em>Ni&ntilde;o Bueno </em>le bajase el equipaje al Hotel Patria, y &eacute;l, hacerlo caminando por el <em>Camino de La Cuesta. </em>Al llegar a la altura del <em>Campo de Deportes, </em>yo, que me hab&iacute;a tumbado a un <em>Ej&eacute;rcito de Jabatos, </em>me dispon&iacute;a a ir al <em>Parque de las Monjas</em>, siempre a sitios algo alejados y donde hubiese poca luz, cuando me encontr&eacute; con Fellini, que me dijo que si le pod&iacute;a explicar c&oacute;mo se iba al Patria. Le dije que lo acompa&ntilde;aba. Se acercaron a mi tres adolescentes, el m&aacute;s avieso de ellos me pregunt&oacute; que si los dejaba follar conmigo. Para sac&aacute;rmelos de encima les respond&iacute; que con ellos no porque la ten&iacute;an chica. &Eacute;l no dud&oacute; en decirme que si me parec&iacute;an chicas las de ellos, me lo pod&iacute;an hacer con la de los tres al mismo tiempo. Yo me re&iacute; de aquella ocurrencia de aquel adolescente. Dej&eacute; a Fellini en el Patria, me dio quinientas pesetas y me dijo que me invitaba a cenar al d&iacute;a siguiente. Cuando llegu&eacute; a <em>Las Monjas </em>ya me estaba esperando otro <em>Ej&eacute;rcito de Jabatos. </em>Algunos ven&iacute;an a repetir, yo ya estaba acostumbrada a ello, a que algunos de los <em>jabatos </em>eran de segundo y tercer plato, que pod&iacute;an comer en la G<em>r&uacute;a del Muelle</em>, <em>El Callej&oacute;n de Reyes </em>o <em>Los prismas de Las Explanadas.</em> M&aacute;s o menos a la altura de la mitad de aquella cola de <em>jabatos</em> le toc&oacute; el turno a aquel avieso adolescente al que estuve&nbsp; a punto de volver a decirle que &eacute;l no, porque la ten&iacute;a peque&ntilde;a. El ya ten&iacute;a los pantalones bajados y estaba empalmado. Es el miembro mayor que he visto en mi vida, <em>Charro</em> &iexcl;Y mira que he visto! Le dije que no se fuese, que lo del <em>Campo de Deportes </em>hab&iacute;a sido una broma. Desde ese d&iacute;a tengo esa fijaci&oacute;n con el n&uacute;mero tres, porque me hace recordar a aquellos tres adolescentes, y a aquel de ellos que la ten&iacute;a del tama&ntilde;o de la de tres adultos bien dotados&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_3028669.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Nov 2017 21:30:40 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (32)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (31)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso-31_132_3047150.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Dieciséis taconazos. ¿Qué hago yo contando sus taconazos? ¿Qué hago yo mirándola nervioso fijo a sus ojos?”.</p></div><p class="article-text">
        <em>Maguisa, Constantine, Mikel Norel y El Mariachi</em> cantaron por toda la calle de La Ballesta, donde <em>Maguisa </em>quiso darles una alegr&iacute;a a las prostitutas que vend&iacute;an sus favores durante aquellas fr&iacute;as horas de la madrugada. Las prostitutas, nada m&aacute;s ver a <em>Maguisa</em> con <em>Constantine </em>y <em>Mikel Norel, </em>&nbsp;reconocieron a los tres actores palmeros. Sacaban de sus bolsos fotos de ellos y les ped&iacute;an aut&oacute;grafos. Recorrieron cantando la calle de un extremo a otro y tomaron direcci&oacute;n rumbo al Palace. Al llegar a la puerta del hotel coincidieron con <em>El Charro </em>que ayudaba a entrar a Carmencita en un taxi que la llevar&iacute;a hasta su casa.
    </p><p class="article-text">
        <em>Maguisa </em>le pregunt&oacute; al <em>Charro </em>por c&oacute;mo le hab&iacute;a ido la conversaci&oacute;n con Carmencita. Le respondi&oacute; que Carmencita, esa misma noche, no pod&iacute;a hablar con su madre, porque estar&iacute;a dormida cuando llegase a casa, pero que cuando se despertase lo hablar&iacute;a con ella. Por otra parte, que Carmencita no ten&iacute;a ning&uacute;n problema en irse a despedir en vida de su padre enfermo terminal en M&eacute;xico. Y, que cre&iacute;a, que su madre, al principio le iba a decir que &ldquo;no&rdquo;, pero antes de que Carmencita saliese a trabajar al restaurante, la madre ya le estar&iacute;a diciendo que &ldquo;si&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Maguisa</em> le confes&oacute; al <em>Charro</em> que estaba desvelada y que por qu&eacute; no la invitaba, en su habitaci&oacute;n, a tomar una botella de <em>Cava Ex Vite Brut Gran Reserva de Llopart</em>. <em>El Charro</em> pidi&oacute; en recepci&oacute;n la botella para que la subieran a su habitaci&oacute;n. Le dijo a uno de <em>los mariachis</em> que le prestase su guitarra. Se sonrieron <em>Maguisa </em>y &eacute;l, y se dirigieron al ascensor.
    </p><p class="article-text">
        <em>Constantine </em>y <em>Mikel Norel </em>se sentaron en una de las mesas del bar del Palace. <em>Constantine </em>sac&oacute; su cajetilla de cigarrillos <em>Craven A, </em>le ofreci&oacute; un pitillo a <em>Mikel Norel,</em> le dio fuego, luego encendi&oacute; el suyo e hizo con el humo inhalado uno de los gestos de sus pel&iacute;culas. Mir&oacute; para el ascensor, donde <em>El Charro </em>y <em>Maguisa </em>esperaban a que se abriese la puerta. Al abrirse, sali&oacute;&nbsp;&nbsp; una mujer de la que <em>Constantine </em>no pudo despegar su mirada, que con tacones, a lo Manolo Blanik, que repicaban, enfilaba hacia &nbsp;la barra del bar, como un recorrido que hac&iacute;a varias veces en una misma noche todas las noches, un recorrido de taconazos contados, afinados, exactos. Ella, no lo hab&iacute;a visto a &eacute;l, como no lo ve&iacute;a, cuando &eacute;l, con pasos t&iacute;midos, iba detr&aacute;s de ella, sigui&eacute;ndola con la mirada y no dej&aacute;ndose ver, a escondidas, cuando ella, de colegiala, iba a <em>La Palmita. </em>Este ritual lo hizo <em>Constantine</em>, sin ser visto, durante dos cursos, quinto y sexto de bachiller, hasta que ella fue raptada, abducida, por <em>El</em> <em>General Gabacho</em> desterrado en la isla, con vigilancia policial, por De Gaulle, y alojado en el Hotel Mayantigo.
    </p><p class="article-text">
        Sentada en un taburete de los de la barra, -seguro que todas las noches lo hac&iacute;a en el mismo-, abri&oacute; su bolso para coger una cajetilla de cigarrillos franceses, Gauloises, de los que se hab&iacute;a hecho fumadora empedernida durante el tiempo que vivi&oacute; mansa y salvajemente con el &nbsp;<em>General Gabacho</em>. El camarero se acercaba a servirle la misma copa de todas las noches, cada vez que llegaba de la calle o que regresaba de una cualquiera de las habitaciones, <em>Cava Ex Vite de Llopart Gran Reserva Brut</em>. <em>Mikel Norel </em>aparec&iacute;a en escena con la cajetilla de Craven A en la mano, que le hab&iacute;a cogido a&nbsp; <em>Constantine</em> en la mesa, &nbsp;ofreci&eacute;ndole un cigarrillo y se&ntilde;al&aacute;ndole la mesa en la que estaba <em>Constantine </em>con la botella de &nbsp;<em>Ex Vite </em>abierta, para que fuese a tomarse una copa con ellos. A ella le pareci&oacute; aquella cara conocida. &ldquo;&iexcl;Yo es que de lejos no veo ni patat&uacute;s! &iquest;Pero t&uacute;, que est&aacute;s cerca, no eres el mayor de <em>los garrafones</em>, los que ten&iacute;an un puesto en <em>La Recova</em>, un kiosco en El Puente, y una tienda en la barriada 18 de Julio? &iquest;El que se fue a Roma a rodar pel&iacute;culas con <em>Maguisa </em>y <em>Constantine</em>?&rdquo;. &ldquo;S&iacute;, y el que est&aacute; sentado en la mesa es <em>Constantine, </em>esperando que te vayas a sentar con &eacute;l. Contigo sigue siendo igual de t&iacute;mido. Me ha dicho que venga hasta la barra para invitarte a la mesa&rdquo;- le contest&oacute; <em>Mikel Norel.</em>
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; Legr&aacute;, dos veces campe&oacute;n del mundo del peso pluma de boxeo, <em>El Puma de Baracoa</em>, que estaba en una mesa cercana a la barra, sentado con dos rubias, dos pumas rubias, se acerc&oacute; a <em>Mikel Norel</em>. Le pregunt&oacute; si no era &eacute;l el actor de cine, palmero de nacimiento, que rodaba pel&iacute;culas en Roma con otros dos actores palmeros. <em>Mikel Norel</em> le dijo que &ldquo;s&iacute;&rdquo;. El boxeador cubano les pidi&oacute; que se sentasen los dos en su mesa. El mayor de los hermanos <em>garrafones </em>&nbsp;le respondi&oacute; que &eacute;l &ldquo;s&iacute;&rdquo;, pero que la se&ntilde;orita se iba a sentar con <em>Constantine. </em>Lo dijo mirando a su mesa. Pepe Legr&aacute; mir&oacute; a la mesa de <em>Constantine </em>y dijo un muy discreto &ldquo;lo entiendo&rdquo;, y a&ntilde;adi&oacute;: &ldquo;S&iacute;, lo entiendo, pero me gustar&iacute;a despu&eacute;s tomar unas copas y tener una conversaci&oacute;n con &eacute;l.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ahora, Legr&aacute;, me perdonas un momento pero me voy a acercar con la se&ntilde;orita hasta la mesa de <em>Constantine </em>y regreso con vosotros. Legr&aacute;, llevo toda la noche bebiendo <em>Cava&nbsp; Ex Vite de Llopart Gran Reserva Brut, </em>no soy persona de mezclar bebidas, con la que empiezo, termino. Si no te importa, p&iacute;deme una botella, que es muy probable que, m&aacute;s tarde, <em>Constantine </em>y la se&ntilde;orita vengan a la mesa, o nosotros vayamos a la de ellos&rdquo;. <em>El Puma de Baracoa </em>llam&oacute; al atento camarero y se la pidi&oacute;. <em>Las Dos Pumas Rubias</em> sonrieron diciendo: &ldquo;<em>Mikel</em>, dile a <em>Constantine </em>que no nos vamos de aqu&iacute; si no hablamos con &eacute;l y nos firma un aut&oacute;grafo&rdquo;. <em>Mikel </em>se sonri&oacute; para sus adentros pensando que &eacute;l tampoco subir&iacute;a a la habitaci&oacute;n sin un aut&oacute;grafo y quiz&aacute;s algo m&aacute;s de Legr&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Constantine </em>observaba c&oacute;mo entre los gritos y susurros de sus pensamientos <em>La Colegiala </em>ven&iacute;a acerc&aacute;ndose a su mesa. &ldquo;&iexcl;Cu&aacute;nto ha cambiado! &iquest;Qu&eacute; habr&aacute; ocurrido con el <em>General Gabacho</em>? Tiene aspecto de vivir la noche &iquest;Habr&eacute; cambiado yo tanto ante sus ojos?&rdquo;. Se hac&iacute;a estas preguntas, y m&aacute;s, muchas m&aacute;s, mientras contaba como repicaban sus tacones. &ldquo;No tengo a nadie ahora mismo cerca de m&iacute; para apostar cuantos melodiosos taconazos sonar&aacute;n contra el suelo hasta llegar a la mesa y sentarse. Apuesto contra m&iacute; mismo. Digo que van a ser treinta y tres taconazos &iexcl;Pero qu&eacute; delgada est&aacute;! No le sienta bien tanta delgadez. Diez taconazos. Seguro que su voz habr&aacute; cambiado tambi&eacute;n. &iexcl;Claro que s&iacute;! Aunque yo nunca habl&eacute; con ella, y por tanto no s&eacute; bien c&oacute;mo era su voz. Pero seguro que el tabaco, el alcohol, la noche se la habr&aacute; cambiado. &iquest;Quiz&aacute;s los hombres hayan contribuido tambi&eacute;n? El desgarro de vivir. Diecis&eacute;is taconazos. &iquest;Qu&eacute; hago yo contando sus taconazos? &iquest;Qu&eacute; hago yo mir&aacute;ndola nervioso fijo a sus ojos?&rdquo;. Cada taconazo musical que daba, ella sonre&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s. Iba por el numero veinte. <em>Constantine e</em>staba seguro de que iba a ganar aquella apuesta contra s&iacute; mismo. De lo que no estaba seguro era de que si se iba a poder levantar de la silla para saludarla, si le iba a salir la voz. Sin embargo, ella, cada taconazo que daba, &ldquo;veinte y cuatro he contado ya&rdquo;, se mostraba m&aacute;s sonriente y segura de s&iacute; misma. &ldquo;&iquest;M&aacute;s guapa tal vez? Quiz&aacute;s s&iacute;<em>&rdquo;. </em>Llen&oacute; la copa de ella, se volvi&oacute; a llenar la de &eacute;l. Encendi&oacute; un Craven A. Expir&oacute; el humo del cigarrillo tal como lo hac&iacute;a en sus pel&iacute;culas. Bebi&oacute; la copa de cava de un sorbo. Se sirvi&oacute; apresurado otra. &ldquo;Veintiocho pasos. Ganar&eacute; la apuesta pero no s&eacute; a&uacute;n c&oacute;mo actuar cuando est&eacute; conmigo&rdquo;. Se mir&oacute; a sus botines blancos, aquellos que puso, como si fuera Manolo Blanik, de moda por todo el mundo que ve&iacute;a sus pel&iacute;culas. &ldquo;En verdad, ahora que est&aacute; m&aacute;s cerca, la veo m&aacute;s guapa que nunca. Treinta rabiosos taconazos. La apuesta la tengo casi ganada, no puede dar m&aacute;s de tres pasos, pero aun no s&eacute; c&oacute;mo actuar&rdquo;. <em>Constantine, </em>encontr&oacute; en aquella &uacute;ltima palabra que pens&oacute;, &ldquo;actuar&rdquo;,&nbsp; la soluci&oacute;n a sus dudas. &ldquo;Treinta y tres pasos. Treinta y tres pasos. Treinta y tres. He ganado la apuesta. Veo la vida como un plat&oacute; lleno de c&aacute;maras y focos, y act&uacute;o, act&uacute;o, que es lo &uacute;nico que s&eacute; hacer en mi vida. Act&uacute;o abraz&aacute;ndola, bes&aacute;ndola, sali&eacute;ndoseme una l&aacute;grima, diciendo su nombre y hablando con ella. Act&uacute;o...&rdquo; &nbsp;<em>&nbsp;</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso-31_132_3047150.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Nov 2017 11:22:57 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (31)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (30)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_3061677.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El último recuerdo que tengo de mi vida es en la casa de la calle Drago en La Palma, la casa blanca y azul.</p></div><p class="article-text">
        Sigrid, <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo, </em>e <em>Hiperi&oacute;n, </em>tras los pasos de <em>Literato, </em>que llevaba en la mano la urna con las cenizas de su hijo, los  de  su mujer, y los de la <em>Directora del Instituto, </em>segu&iacute;an anidando palabras. En la puerta de la casa de los padres de <em>Hiperi&oacute;n, Literato </em>le hizo se&ntilde;as a un taxi para que se acercara. Se despidieron de  <em>La Directora </em>abraz&aacute;ndola por el lado del coraz&oacute;n y bes&aacute;ndola. <em>Literato </em>le abri&oacute; la puerta del taxi y la invit&oacute; a entrar. <em> </em>Al meterse las manos en los bolsillos se dio cuenta de que se hab&iacute;a olvidado de coger las llaves de la casa. Ella mir&oacute; en el bolso, tampoco las hab&iacute;a cogido. <em>Literato </em>llam&oacute; al Sereno que apareci&oacute; enseguida. Le dio una propina y subieron hasta el piso de ellos en ascensor.
    </p><p class="article-text">
        <em>Hiperi&oacute;n </em>le hab&iacute;a dicho  al <em>&Aacute;ngel Pelirrojo </em>que subiera con &eacute;l para irle ense&ntilde;ando la casa mientras sus padres se desped&iacute;an de <em>La Directora</em>. A donde primero la llev&oacute; fue al despacho de <em>Literato</em> para ense&ntilde;arle la foto que su padre ten&iacute;a en el escritorio, en la que estaban &eacute;l, <em>Literato, </em>con Sigrid, en el Kiosco El Ancla de Los Cancajos, aquel adorado lugar, en una de las incontables fiestas de Pompeyo Crehuet. Despu&eacute;s le ense&ntilde;&oacute; el resto de la casa. A la &uacute;ltima habitaci&oacute;n que lo llev&oacute; fue a la suya, a su dormitorio, en el que se estaba quedando M&oacute;nica, que ya hab&iacute;a llegado a la Mogre del Hospital con Amparo, Paloma, <em>Ninnette, Lissette </em>y <em>El Chivato T&aacute;ntrico. </em>Sigrid vio sobre la mesa de noche los dos tomos en edici&oacute;n biling&uuml;e, alem&aacute;n y espa&ntilde;ol, de las obras completas de <em>Holderlin.</em>
    </p><p class="article-text">
        Los padres de <em>Hiperi&oacute;n </em>cogieron una llave que ten&iacute;an para estos casos -cuando se olvidaban-, debajo del felpudo. Abrieron la puerta y fueron directos al cuarto de <em>Hiperi&oacute;n </em>para dejar la urna en la biblioteca. Salieron de la habitaci&oacute;n de su hijo hacia el dormitorio de ellos. Una vez en &eacute;l, <em>Literato </em>se dio la media vuelta y fue a recoger la urna para llevarla con ellos. Se la entreg&oacute; a su mujer que la coloc&oacute; sobre la c&oacute;moda. &ldquo;S&iacute;, mejor con nosotros&rdquo;, dijeron ellos dos.
    </p><p class="article-text">
        Al <em>&Aacute;ngel Pelirrojo </em>le gustaba la biblioteca de <em>Hiperi&oacute;n, </em>y as&iacute; se lo hizo saber. Call&oacute;, hizo una pausa y le dieron unas irrefrenables ganas de hablar.&ldquo;<em>&iquest;Hiperi&oacute;n, </em>tu sabes cu&aacute;nto tiempo m&aacute;s seguiremos en este estado? &iquest;Pasaremos a otro en el cementerio de T&uuml;binga? &iquest;Nos abrir&aacute; camino a otro m&aacute;s all&aacute; H&ouml;lderlin? Tengo mis dudas, y por ello, quiero hablarte de algo, que al contarte mi vida, y la relaci&oacute;n m&iacute;a con tu padre, me call&eacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
         A <em>Hiperi&oacute;n </em>no le asombraba lo que Sigrid le estaba hablando, tal como cre&iacute;a que no le iba a asombrar nada de lo que le continuase diciendo. &ldquo;Pas&eacute; diecis&eacute;is a&ntilde;os en un manicomio de Alemania, la misma edad que tienes t&uacute;. No tengo ning&uacute;n recuerdo de aquel lugar.  Mis padres, alarmados, dado mi estado,  por una carta que le escribieron dos amigos m&iacute;os desde La Palma, se desplazaron hasta all&iacute;, al poco tiempo de nacer mi hijo, para llevarnos a ambos a Alemania. Casi no salgo del parto. Estuve bebiendo durante todo el embarazo y los pocos d&iacute;as que tardaron mis padres en llegar a la Isla despu&eacute;s del parto. El &uacute;ltimo recuerdo que tengo de mi vida es en la casa de la calle Drago en La Palma, la casa blanca y azul. Mis padres y mi hermana entraron en ella. Marion les hab&iacute;a abierto la puerta. Yo estaba d&aacute;ndole de mamar a mi hijo, en la otra mano ten&iacute;a una botella de ginebra. Al ver inesperadamente las caras de ellos perd&iacute; la consciencia hasta el d&iacute;a en que me mor&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Hiperi&oacute;n </em>escuchaba y la miraba con ternura, una ternura con la que era muy probable que <em>Literato, </em>su padre, haya mirado muchas veces al <em>&Aacute;ngel Pelirrojo. &ldquo;Hiperi&oacute;n, </em>en la misma playa que t&uacute; y M&oacute;nica os iniciasteis sexualmente, y tu padre, a&ntilde;os atr&aacute;s dej&oacute; pre&ntilde;ada a tu madre, ese mismo d&iacute;a, &eacute;l, <em>Literato, </em> tambi&eacute;n me dej&oacute; pre&ntilde;ada a m&iacute;. &Eacute;l nunca lo supo. A m&iacute; me ocurri&oacute; lo mismo que a tu madre, que me lo cont&oacute; despu&eacute;s, a la noche, durante la fiesta en el Kiosco el Ancla, lo supe tambi&eacute;n en el mismo instante. Cuando tu padre regres&oacute; a Madrid empez&oacute; mi debacle con el alcohol. Lleg&oacute; a o&iacute;dos de tu padre el estado en el que me encontraba yo, y que estaba embarazada. Nunca pens&oacute; que de &eacute;l. Me llam&oacute; por tel&eacute;fono y me dijo que pod&iacute;a ir a Madrid, a su casa, que entre &eacute;l y tu madre me cuidar&iacute;an. Yo le contest&eacute; que eso eran cuentos de la gente. Y con esa idea se qued&oacute;. Cuando me mor&iacute; supe que mi hijo me ven&iacute;a a ver con mi madre al Hospital Psiqui&aacute;trico con la esperanza de que alg&uacute;n d&iacute;a despertase, pero no fue as&iacute;. Pasado ma&ntilde;ana estar&aacute; en el cementerio. &Eacute;l ver&aacute; que es igual a su padre. <em>Literato </em>ver&aacute; que ese adolescente, de la edad de su hijo, es igual que &eacute;l, &iexcl;que hasta le gusta la literatura y ha ganado varios premiso de poes&iacute;a!, porque t&uacute;, <em>Hiperi&oacute;n, </em>tu eres igual a tu madre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sigrid, me atrevo a decirte una cosa, si mi padre te dijo que te vinieses a nuestra casa en Madrid, te lo dijo de coraz&oacute;n. El y mi madre te hubieran ayudado tal como te dijo mi padre. Hubieses vivido entre nosotros como una m&aacute;s de la familia. Mi madre sab&iacute;a lo de esa relaci&oacute;n que tuvisteis en la playa pegada a los cuarteles, que fue la &uacute;nica. &Eacute;l se lo cont&oacute; al poco tiempo de regresar a Madrid, y mi madre no le dio importancia alguna, pensaba que t&uacute; estabas falta de cari&ntilde;o y que &eacute;l hab&iacute;a hecho bien en d&aacute;rtelo. Lo que no saben ninguno de los dos es que tu hijo es de &eacute;l. No le hubiera importado tampoco a mi madre el saberlo. Lo hubiera criado como si hubiera sido hijo suyo, lo hubiera cuidado con el mismo amor que a m&iacute;. &iquest;Pero no ves, Sigrid? Estamos otra vez con el <em>si hubi&eacute;ramos o hubi&eacute;semos hecho, </em>parece ser que en este mundo tambi&eacute;n es imposible sacarse esta castrante sensaci&oacute;n de encima. Quiz&aacute;s, cuando entremos en otra realidad distinta, a partir de lo que ocurra  en T&uuml;binga, nos quitemos de encima este pluscuamperfecto de subjuntivo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No me extra&ntilde;a todo eso que me dices de ellos dos <em>Hiperi&oacute;n, </em>y no lo pongo en duda. Son dos buenas personas y una buena pareja. Yo me enamor&eacute; de tu padre, cuando yo hu&iacute;a del m&iacute;o, nada m&aacute;s verlo en aquella Universidad de Verano en Santander. Despu&eacute;s, corr&iacute; tras &eacute;l a la Complutense donde me matricul&eacute; de todas las asignaturas que &eacute;l impart&iacute;a. Cuando me vio en una de las aulas por primera vez, me reconoci&oacute;. Yo iba a todos su seminarios y a su despacho con mucha frecuencia. Al llegar las vacaciones de Navidades me fui a despedir de &eacute;l. Le dije que me iba a pasarlas a La Palma, que mi familia hab&iacute;a decidido irlas a disfrutar all&iacute;. &Eacute;l me coment&oacute; que conoc&iacute;a esa isla, en la  que hab&iacute;a hecho las milicias de alf&eacute;rez, que pensaba casarse cuando acabase el curso y que ir&iacute;a a pasar la luna de miel en ella. Me llev&eacute; un chasco tremendo cuando supe que ten&iacute;a novia. &iexcl;Tu madre hab&iacute;a llegado primero! Yo no pude regresar a Madrid en enero, donde pensaba cambiar de pensi&oacute;n, porque mi padre dej&oacute; de pasarme la asignaci&oacute;n al no querer yo seguir siendo sodomizada por &eacute;l. Crey&oacute; que aquello no iba en serio. Lo amenac&eacute; con dec&iacute;rselo a mi madre y ya me hizo caso. Cuando ellos regresaron a Alemania pens&eacute; escribirle una carta a mi madre cont&aacute;ndoselo todo, pero desist&iacute; del empe&ntilde;o porque mi madre padece del coraz&oacute;n, una lesi&oacute;n que tuvo despu&eacute;s del parto de mi hermana. As&iacute; que tragu&eacute;, como se suele decir. Al empezar las clases tu padre vio durante todo aquel trimestre, y el siguiente, mi asiento vac&iacute;o. Nadie se volvi&oacute; a sentar en &eacute;l, como si fuera un augurio. Lleg&oacute; el verano, se cas&oacute; con tu madre y se vino de luna de miel a La Palma. Nos encontramos en el <em>Kiosco El Ancla. </em>&Eacute;l no me esperaba, yo a &eacute;l s&iacute;, pero cuando eso, yo no beb&iacute;a tanto&rdquo;.    
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_3061677.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Nov 2017 20:22:49 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (30)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (29)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_3079602.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">“No te preocupes papá. Creo que ya no va a haber ninguna muerte más. Y no te preocupes por mí. Sé que no me va a ocurrir nada”.</p></div><p class="article-text">
        Las dos prostitutas de la Casa de Campo y sus dos chorlitos poco tiempo estuvieron en las dependencias de la DGS. Hab&iacute;an entrado diciendo que mientras <em>zorribaban</em> hab&iacute;an visto a <em>Billy El Ni&ntilde;o</em> descargar los dos cad&aacute;veres, el de la mexicana y el palmero que hab&iacute;an detenido en la estaci&oacute;n de Chamart&iacute;n con propaganda de la CNT. A los diez minutos de estar en las mazmorras  de aquellas dependencias rezaban que ellas  no eran prostitutas, ellos, que no eran chorlitos, que no hab&iacute;an visto nada referente a aquellos dos cad&aacute;veres, que no conoc&iacute;an de nada a <em>Billy,</em> aunque de vez en cuando utilizaba su placa y pistola para obtener favores sexuales de ellas, y que  llevaban m&aacute;s de una semana, o quiz&aacute;s dos o tres, sin ir por la Casa de Campo.
    </p><p class="article-text">
        <em>Los Viejos Camaradas Libertarios, </em>acostados en sus camas, acompa&ntilde;ados de sus parejas, intentaban so&ntilde;ar con el para&iacute;so anarquista, pero su intento de sue&ntilde;o era devorado todas las noches por las pesadillas de los campos de concentraci&oacute;n nazis y franquistas, as&iacute; como Saturno devoraba a sus hijos. Sus compa&ntilde;eras sab&iacute;an cuando los ten&iacute;an que despertar en medio de sus terrores y darles un vaso de agua que ten&iacute;an en sus mesas de noche para tranquilizarlos. Luego se daban la media vuelta, se abrazaban a ellas, y quedaban de nuevo dormidos, repiti&eacute;ndose esta escena varias veces durante la noche hasta el amanecer del d&iacute;a en el que ellas les tra&iacute;an un pozuelo de caf&eacute; a la cama.
    </p><p class="article-text">
        <em>Los Muchachos Milicianos </em>se preguntaban que d&oacute;nde estar&iacute;a <em>La Cofrad&iacute;a del Porro de Hierba, </em>pues ya echaban de menos fumarse un peta, <em>El Socorro Rojo, </em>como ellos lo llamaban. Se cuestionaron si ir a preguntar por ellos a La Carmencita, pero algo les dijo que ya se dejar&iacute;an ver, y, en efecto ocurri&oacute; as&iacute;, cuando aparecieron, lo hicieron como Reyes Magos, cargados de porros.
    </p><p class="article-text">
        <em>Billy El Ni&ntilde;o, </em>en la litera del tren que lo llevaba a Lisboa, aunque no hab&iacute;a calor, sudaba. En medio del sudor so&ntilde;aba con que &eacute;l solo se enfrentaba a una manifestaci&oacute;n entera de rojos con colmillos, cuernos, rabo y tridente, que ped&iacute;an libertades en la Puerta del Sol de Madrid, en frente de la DGS. &ldquo;&iexcl;Si no est&aacute;is a gusto aqu&iacute;, largaros para otro sitio, rojos de mierda! &iexcl;Iros a Rusia, que all&iacute; vais a encontrar libertades! &iexcl;Logramos pasar! &iexcl;Os aplastamos una vez, y os vamos a seguir aplastando!&rdquo; Y segu&iacute;a dando, sin parar, al aire golpes y m&aacute;s golpes de k&aacute;rate. El revisor del tren, que hab&iacute;a sido torturado por <em>Billy</em>, pasaba por delante de su compartimento y escuch&oacute; sus gritos son&aacute;mbulos:&ldquo;&iexcl;A ver si le da un infarto a este fascista torturador! &iexcl;Ojala llegue muerto a Lisboa!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Ernesto y sus padres ven&iacute;an direcci&oacute;n a Madrid, al Tanatorio. El padre de Ernesto empez&oacute; a hablar de una conversaci&oacute;n que tuvo, durante el duelo de <em>Hiperi&oacute;n, </em>antes de incinerarlo, con su padre, <em>Literato, </em>y con <em>La Directora del Instituto, </em>sobre <em>Sor &Aacute;crata. </em>Coment&oacute; que si <em>La Directora </em>ya estaba alarmada con la muerte de dos alumnos, en un trimestre, la del <em>Quemado </em>e <em>Hiperi&oacute;n, </em>y la desaparici&oacute;n de <em>Diotima, </em>que c&oacute;mo estar&iacute;a ahora de asustada  con la muerte de Fernando.
    </p><p class="article-text">
        Mir&oacute; a su hijo, Ernesto, por el retrovisor del coche. Ernesto ten&iacute;a tambi&eacute;n puesta la vista en aquel espejo por el cual miraba  a los ojos de su padre. &ldquo;No te preocupes pap&aacute;. Creo que ya no va a haber ninguna muerte m&aacute;s. Y no te preocupes por m&iacute;. S&eacute; que no me va a ocurrir nada. Hay unas personas vigilantes de que  este maleficio cese&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El padre de Ernesto se sinti&oacute; algo aliviado, volvi&oacute; a poner los ojos en la carretera. Vio unos camiones aparcados al borde de ella. &ldquo;&iquest;Quer&eacute;is que paremos un momento? Cenamos hace ya unas cuantas horas y lo hicimos muy ligero. &iexcl;Ya sab&eacute;is, donde hay camiones aparcados, se come bien!&rdquo; &ldquo;Pienso que s&iacute;&rdquo; - respondi&oacute; su mujer. Ernesto asinti&oacute; con la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        Una vez sentados, Ernesto les habl&oacute; a su padre y madre de la conversaci&oacute;n telef&oacute;nica que tuvo con su pareja, Paloma, que estaba en aquel momento en La Carmencita con unos sacerdotes t&aacute;ntricos blancos, y de que le hab&iacute;an dado unos mantras para protegerse de la magia negra de <em>Sor &Aacute;crata. </em>Aquella conversaci&oacute;n tranquiliz&oacute; a sus padres, que despu&eacute;s de haber tomado los tres una botella de <em>Mibal Roble</em> y unas migas con bacalao que les aconsej&oacute; el camarero, volvieron, con los ojos puestos en el reloj, a entrar en el coche.
    </p><p class="article-text">
        Eladi Crehuet se despert&oacute; con sed y con ganas de ir al ba&ntilde;o. Al regresar del ba&ntilde;o mir&oacute; el despertador. Se dijo que pod&iacute;a dormir un rato m&aacute;s. Mir&oacute; al techo de la habitaci&oacute;n y se hizo la misma pregunta que cuando se meti&oacute; en la cama esa noche por primera vez. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; mi padre quer&iacute;a que yo y mi hermano Pompeyo aprendi&eacute;semos a boxear con don &Aacute;lvaro Rocha, <em>Missipi, </em>en Los Cancajos?&rdquo;   
    </p><p class="article-text">
        <em>Sor &Aacute;crata </em>tuvo el presentimiento de que no iba a volver a pisar jam&aacute;s el suelo del instituto y de que pronto, unos d&iacute;as despu&eacute;s de Reyes, una vez iniciado el curso, iba a comenzar un silencioso exilio para ella. Lo del exilio no le importaba, porque de esta manera se pod&iacute;a codear con los personajes hist&oacute;ricos que lo han vivido, Napole&oacute;n, por ejemplo, que tiene estatuas, como ella va a tener una; pero lo de que fuera silencioso, eso no lo iba a consentir, por aquello de que <em>si no hablan de m&iacute; es que no existo</em>. <em>Sor &Aacute;crata </em>es as&iacute;, el mayor castigo que se le puede imponer es no hablar de su persona, por eso est&aacute; disfrutando cuando lee estos muy peque&ntilde;os relatos. Ella ten&iacute;a muy claro lo que ten&iacute;a que hacer para que siguiesen hablando de ella, lo mismo, hacer lo mismo que hab&iacute;a hecho en el instituto, pues en verdad no sab&iacute;a hacer otra cosa; y el sitio de su exilio, tambi&eacute;n lo sab&iacute;a, una muy peque&ntilde;a ciudad costera, de una isla peque&ntilde;a, con muy pocos habitantes,  donde se habla mucho de los dem&aacute;s y en general mal.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En definitiva, al principio,  tengo que hacer bastante teatro, me hago la catat&oacute;nica, le digo a mi fot&oacute;grafo que no deje de disparar su c&aacute;mara, y luego de partir, en esa peque&ntilde;a ciudad remota, despu&eacute;s de un tiempo de no salir de la casa, -de unos familiares muy lejanos-, en la que en un principio me voy a alojar, otra vez a mis andanzas, al tantra negro, que es lo m&iacute;o. Lo que a&uacute;n no s&eacute; es si me llevo conmigo al fot&oacute;grafo o no- pens&oacute; <em>Sor &Aacute;crata</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em>Sor &Aacute;crata </em>sinti&oacute; prisa en ese momento porque su amigo el escultor le hiciese su estatua, -de la que le hab&iacute;a hablado- , porque le quer&iacute;a hacer ese regalo a la ciudad de Madrid, la noche de Reyes, y cambiarle el nombre a la Plaza de Chueca, - otro regalo-, por el de <em>Sor &Aacute;crata, </em>que le iba mejor<em>. </em>Su amigo, el escultor, cuando le hizo la pregunta en la Casa Campo, le hab&iacute;a dicho que como m&iacute;nimo tardar&iacute;a tres  meses en acabar la estatua. Ella le dijo que la quer&iacute;a para la noche de Reyes. &Eacute;l le coment&oacute; que eso era imposible. Entonces, le pidi&oacute;  que fueran los dos a su taller estudio. &Eacute;l la acerc&oacute;, y  cuando estaban dentro lo secuestr&oacute;. &ldquo;La escultura la quiero con este mismo traje, el de la iniciaci&oacute;n de Fernando, que me tendr&eacute; que quitar a las doce la noche de ma&ntilde;ana, que se cumplen  veinte y cuatro horas justas de muerto &eacute;l, y luego incinerar el vestido  en la pr&oacute;xima luna llena para enterrarlo m&aacute;s tarde&rdquo;. &ldquo;&iexcl;C&oacute;mo eres, <em>Sor &Aacute;crata</em>!&rdquo;<em>, </em>- le respondi&oacute; el escultor ya puesto manos a la escultura.
    </p><p class="article-text">
        <em>Hiperi&oacute;n </em>y Sigrid, <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo, </em>segu&iacute;an haciendo  nido de su conversaci&oacute;n. Mientras, en <em>La Carmencita</em>, los camareros y cocineros recog&iacute;an. <em>El Charro</em> dec&iacute;a a Carmencita que la invitaba a seguir hablando, de su padre en el bar del Palace, que  el pobre hombre, enfermo terminal en M&eacute;xico, quer&iacute;a despedirse de ella y su madre; y del ruego que le hab&iacute;a hecho su padre de llevarlas a las dos a M&eacute;xico en el avi&oacute;n del <em>Charro</em>. <em>El Mariachi, Maguisa, Constantine y Mikel Norel </em>quer&iacute;an callejear antes de irse a acostar al Palace. <em>Maguisa </em>preguntaba si hab&iacute;a una calle de prostitutas por all&iacute; cerca, le respond&iacute;an que s&iacute;, que la Ballesta. &ldquo;Pues vamos a dar una vuelta cantando por all&iacute;, para alegrarles la noche&rdquo;. <em>La Directora del  Instituto, Literato, </em> con la urna de su hijo <em>Hiperi&oacute;n </em>en las manos, y su mujer, decid&iacute;an irse a recoger a sus casas. <em>La Directora del Instituto </em>le pregunt&oacute; a <em>Literato </em>si se pod&iacute;an ver a la ma&ntilde;ana siguiente en el Tanatorio con el padre de Fernando y el de Ernesto, para adelantarles lo que estaba pensando con respecto a la reuni&oacute;n de profesores y padres de alumnos que iban a tener el primer d&iacute;a de clase. <em>Literato </em>le respond&iacute;a que sin ning&uacute;n problema, pero que no a primera hora, sino m&aacute;s bien al mediod&iacute;a, pues ten&iacute;a que recoger  a primera hora a Eladi Crehuet en Barajas. Amparo, M&oacute;nica y Paloma se dirig&iacute;an a la Mogre del Hospital con <em>El Chivato T&aacute;ntrico, Ninnette </em>y <em>Lissette. </em>Los sacerdotes t&aacute;ntricos quer&iacute;an ayudar a Fernando en sus primeros pasos en el m&aacute;s all&aacute; y evitar cualquier interferencia de <em>Sor &Aacute;crata. La Cofrad&iacute;a del Porro de Hierba </em>con un petate lleno de porros sali&oacute; a buscar a <em>Los Muchachos Milicianos</em> para acercarles <em>El Socorro Rojo</em> en aquellas calles oscuras que ten&iacute;an el olor del or&iacute;n de la noche. Los encontraron en un peque&ntilde;o <em>barucho</em> donde recalaban personajes, &aacute;ngeles ca&iacute;dos, de antes del amanecer. Nada m&aacute;s verse hac&iacute;an el saludo libertario y aullaban: <em>&iexcl;No pasar&aacute;n! </em>Un <em>gudari </em>vasco, que andaba beodo y algo sordo de tanto beber patxar&aacute;n, gritaba: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo es eso de que en este bar no queda <em>patxar&aacute;n </em>con todas las botellas que estoy viendo delante de m&iacute;? &iexcl;Deme una botella, no una copa!&rdquo;- dijo a uno de los camareros poniendo un billete de cinco mil pesetas sobre la mesa. <em>Los Muchachos Milicianos </em>y <em>La Cofrad&iacute;a del porro de hierba, </em>con una copa de <em>Licor Cacao Pico </em>en la mano, re&iacute;an y re&iacute;an sin parar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_3079602.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Nov 2017 10:49:35 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (29)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (28)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_3093371.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Las cenizas de Sigrid,</p><p class="subtitle">El Ángel Pelirrojo,</p><p class="subtitle">y las cenizas de</p><p class="subtitle">Hiperión,</p><p class="subtitle">tenían ganas de que ya fuera el día dos de enero para mezclarse sobre el panteón de Hölderlin en Tubinga.</p></div><p class="article-text">
        Las cenizas de Sigrid, <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo, </em>y las cenizas de <em>Hiperi&oacute;n, </em>ten&iacute;an ganas de que ya fuera el d&iacute;a dos de enero, domingo, de mil novecientos setenta y dos, a las cinco de la tarde, para mezclarse sobre el pante&oacute;n de H&ouml;lderlin en Tubinga. Salir de aquellas dos urnas de cer&aacute;mica que ten&iacute;an much&iacute;simo parecido entre s&iacute;, y que el viento las zarandeara juntas a donde &eacute;l quisiera.
    </p><p class="article-text">
        Fernando, antes de ir a acompa&ntilde;ar a sus padres, en la morgue del Hospital, le coment&oacute; a <em>Hiperi&oacute;n </em>que &eacute;l nunca hab&iacute;a hablado con ellos sobre el tema de la muerte, ni en el caso de que se muriese antes que ellos c&oacute;mo quer&iacute;a que lo enterraran, y que tampoco lo hab&iacute;a hecho con ninguno de sus amigos, ni tan siquiera con Amparo, su pareja, o con &eacute;l mismo, con <em>Hiperi&oacute;n. </em>Le pregunt&oacute; a <em>Hiperi&oacute;n</em>, ya que llevaba dos d&iacute;as m&aacute;s que &eacute;l en el otro mundo, si hab&iacute;a alguna manera de hacerles saber a sus padres cu&aacute;l era&nbsp; la voluntad de su hijo al respecto.
    </p><p class="article-text">
        <em>Hiperi&oacute;n</em> lo tranquiliz&oacute; dici&eacute;ndole que &eacute;l ya controlaba el arte de hablar con los del mundo material, con los del mundo del que ven&iacute;an, y que&nbsp; le dir&iacute;a c&oacute;mo hacerlo, para que fuera &eacute;l mismo quien se lo dijese a sus padres. Fernando le coment&oacute; que en una finca que ten&iacute;an sus padres en un pueblo muy peque&ntilde;o de Extremadura, que estaba llena de cerezos, encinas y olivos,&nbsp; quer&iacute;a que sus cenizas fuesen enterradas debajo de un viejo &aacute;rbol legendario, un haya, al que sol&iacute;a ir a leer, dormir la siesta, y en el que Amparo y &eacute;l tuvieron debajo de &eacute;l &nbsp;su primera relaci&oacute;n sexual. Los &nbsp;padres, cuando Fernando hablase con ellos, sabr&iacute;an de qu&eacute; &aacute;rbol se trataba, pues debajo de &eacute;l, ellos tambi&eacute;n se hab&iacute;an iniciado sexualmente &nbsp;un d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Fernando se despidi&oacute; de <em>Hiperi&oacute;n</em> y fue a dar con sus padres. Qued&oacute; en verse con &eacute;l en el Tanatorio, antes de que abriesen las puertas al p&uacute;blico. <em>Hiperi&oacute;n</em> le hab&iacute;a dicho que era muy probable que <em>Sor &Aacute;crata</em> se presentase en el Tanatorio para tratar de inducir su alma a un mundo de sombras, como quiso hacerlo&nbsp; con &eacute;l mismo, pero que gracias al <em>Chivato</em> <em>T&aacute;ntrico</em>, <em>Ninnette</em> y <em>Lissete</em>, no dio resultado la magia negra de <em>Sor &Aacute;crata</em>. Ellos, recitando mantras, la pudieron sujetar. A Ernesto, por tel&eacute;fono, desde La Carmencita, le dieron tambi&eacute;n unos mantras para separarlo del &aacute;rea de influencia de la magia <em>ramplera</em> de <em>Sor &Aacute;crata</em>, y que no tuviese ning&uacute;n accidente o enfermedad mortal. Y a &eacute;l, a Fernando, le iban a dar unos mantras a trav&eacute;s de <em>Hiperi&oacute;n</em> para que el maleficio de <em>Sor &Aacute;crata</em> no cobrase vida, aunque, ellos eran de la opini&oacute;n de que <em>Sor &Aacute;crata</em> no se iba a pasar por el Tanatorio. Y as&iacute; ocurri&oacute;, porque <em>Sor &Aacute;crata</em> hab&iacute;a secuestrado a su amigo escultor en su propio taller estudio.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se fue Fernando, <em>Hiperi&oacute;n</em> se qued&oacute; pensativo. En ese momento que estuvo a solas, mientras los dem&aacute;s participaban de la iniciaci&oacute;n &nbsp;en <em>El Agua Sagrada de Ruanda</em>, se encontr&oacute; delante de &eacute;l a Sigrid, <em>El &Aacute;ngel</em> <em>Pelirrojo</em>. Sigrid se extra&ntilde;&oacute; de que <em>Hiperi&oacute;n</em> supiese quien era ella. Le dijo que s&iacute; la conoc&iacute;a porque en su casa, en el despacho de su padre, siempre hab&iacute;a visto una foto de ellos dos, <em>Literato</em> y <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo</em>, en una de las fiestas de Pompeyo en el Kiosco el Ancla de Los Cancajos. Sigrid le coment&oacute; toda la historia que hubo entre su padre y &eacute;l, y la de su vida, hasta que se muri&oacute;, el mismo d&iacute;a que &eacute;l, que <em>Hiperi&oacute;n,</em> y a la misma hora,&nbsp; en una cl&iacute;nica psiqui&aacute;trica de Alemania.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para m&iacute;, morirme el mismo d&iacute;a que t&uacute;, a la misma hora,&nbsp; que los dos hayamos sido incinerados y que nuestras cenizas se esparzan tambi&eacute;n el mismo d&iacute;a, a la misma hora y en el mismo sitio, &nbsp;sobre la tumba de H&ouml;lderlin, me hace pensar mucho&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Hiperi&oacute;n</em> escuchaba atento. &ldquo;Mi padre nunca me habl&oacute; de esta historia tuya que t&uacute; me est&aacute;s contando ahora. Aunque un amigo m&iacute;o, Miguel, al que tu le diste clases particulares de ingl&eacute;s cuando &eacute;l estaba en tercero de bachiller, que conoc&iacute; el &uacute;ltimo verano que pas&eacute; en La Palma con M&oacute;nica, en el Kiosco El Ancla, me habl&oacute; de ti casi con veneraci&oacute;n, al mismo tiempo que se asqueaba de todos aquellos taxistas que te compraban favores sexuales a cambio de alcohol&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo</em> asinti&oacute;. &ldquo;S&iacute;, lo recuerdo, le di clases durante unos pocos meses. Por esa &eacute;poca yo ya no estaba en condiciones de seguir haci&eacute;ndolo. Le dije a Marion que lo hiciera ella por m&iacute;, pero <em>El Asesino de La Alemana de La Cuesta</em> se hab&iacute;a metido en su vida y no quer&iacute;a sino tenerla supeditada &eacute;l, convirtiendo los&nbsp; pezones de ella&nbsp; en su cenicero, durante las veinte y cuatro horas del d&iacute;a&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En aquel comedor de La Carmencita empezaba a dar olor a <em>Agua Sagrada</em> <em>de Ruanda</em>. Desde las mujeres m&aacute;s precoces y audaces en el sexo, como <em>Maguisa</em>, hasta&nbsp; las menos, como <em>La Directora del Instituto</em>, se preguntaban qu&eacute; era aquello que les estaba ocurriendo y por qu&eacute; no lo hab&iacute;an sentido antes. La mujer de <em>Literato</em> y M&oacute;nica&nbsp; conoc&iacute;an <em>El Agua Sagrada de Ruanda</em>, pero no con la intensidad que lo estaban viviendo en aquel momento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Hiperi&oacute;n</em> le pregunt&oacute; al <em>&Aacute;ngel Pelirrojo</em> si ella hab&iacute;a conocido al <em>Agua Sagrada de Ruanda</em>. Le hizo se&ntilde;as de que no. &ldquo;Yo, sin embargo, con much&iacute;sima menos experiencia sexual que t&uacute;, tuve la suerte de conocerla con M&oacute;nica. En Los Cancajos, en la playa que casi nadie va, la que est&aacute; pegada a <em>Los Cuarteles</em>, en la que mi madre cree que se qued&oacute; pre&ntilde;ada de m&iacute;. All&iacute;, M&oacute;nica y yo, hicimos el amor por primera vez, despu&eacute;s de una inmersi&oacute;n submarina en la que casi nos ahogamos. &iexcl;Por suerte no fue as&iacute;! Nosotros cre&iacute;amos que est&aacute;bamos solos en aquella playa, pero no, ten&iacute;amos compa&ntilde;&iacute;a, aunque no la ve&iacute;amos, &nbsp;<em>Ninnette</em> y <em>Lissette</em> estaban haciendo ejercicios meditativos de tantra blanco, y se dieron cuenta de la torpeza con la que actu&aacute;bamos. Un rato m&aacute;s tarde, vinieron a dar donde est&aacute;bamos nosotros, y despu&eacute;s de hablar durante &nbsp;mucho tiempo, nos dieron la misma iniciaci&oacute;n que, ahora mismo, est&aacute;n impartiendo en La Carmencita ellas y <em>El Chivato T&aacute;ntrico</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Goc&eacute; de buenos momentos sexuales, aunque muy pocos, por que mi vida sexual primero la destroz&oacute; mi padre viol&aacute;ndome sistem&aacute;ticamente desde que entr&eacute; en la adolescencia, y m&aacute;s tarde, el alcohol, se convirti&oacute; en otro depredador de mi vida tal como lo fue mi padre. Pero los pocos buenos momentos que tuve, no tienen nada que ver con lo que estamos viendo delante de nosotros. <em>Hiperi&oacute;n</em>, yo no quiero estar pensando m&aacute;s en lo que hice o dej&eacute; de hacer en el mundo carnal, en c&oacute;mo lo pudiera haber hecho mejor. En si pude haber conocido o no <em>El Agua Sagrada de Ruanda.</em> En nuestro mundo ya no existe la compa&ntilde;&iacute;a de la carne, solo la del esp&iacute;ritu. Yo pienso que tanto la urna de cer&aacute;mica tuya, como la m&iacute;a, nos est&aacute;n frenando nuestro camino. Solo tengo deseos de que rompan la urna tuya y la m&iacute;a contra el pante&oacute;n de H&ouml;lderlin y que se liberen nuestras cenizas mezcl&aacute;ndose las tuyas con las m&iacute;as, las m&iacute;as con las tuyas. &iquest;Por qu&eacute;, despu&eacute;s de tanto recorrer mundo yo, y t&uacute;, con tu corto bagaje, &nbsp;tienen que ser las cenizas de nosotros dos, y de esta manera, en la tumba de H&ouml;lderlin, las que se tenga que juntar? Pues no lo s&eacute;, <em>Hiperi&oacute;n</em>. &iquest;Quiz&aacute;s H&ouml;lderlin nos lo diga pasado ma&ntilde;ana?&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se quedaron pensativos, d&aacute;ndole vueltas a esta pregunta &iquest;Por qu&eacute; tantas casualidades y por qu&eacute; las cenizas de ellos dos se ten&iacute;an que mezclar sobre la tumba de H&ouml;lderlin, a donde &nbsp;el aire, o el viento, se las llevase? Les llam&oacute; la atenci&oacute;n la voz del <em>Charro, </em>a la que le prestaron toda la atenci&oacute;n debida<em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        -Me gustar&iacute;a, despu&eacute;s de esta iniciaci&oacute;n, que tiene mucho que ver con la muerte, -pues sexo y muerte siempre han danzado juntos- , a sabiendas de que en la realidad en la que habita Miguel Jim&eacute;nez Amaro, -el que nos ha hecho a todos nosotros tan reales como lo pudiera ser &eacute;l-, &nbsp;&nbsp;es martes treinta y uno, v&iacute;spera de <em>Todos</em> <em>Los Santos</em>, voy a dedicarle una canci&oacute;n, a &eacute;l, a Miguel, que se titula <em>La Calaca Flaca, </em>y, la voy a cantar con el mariachi y <em>Maguisa, </em>que tambi&eacute;n la conoce.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todos aplaudieron las palabras de <em>El Charro, </em>hasta <em>Hiperi&oacute;n </em>y <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo, </em>que, despu&eacute;s de escuchar la canci&oacute;n, volvieron a seguir anidando&nbsp; pensamientos.
    </p><p class="article-text">
        -Gracias <em>Charro, </em>por acordaros de m&iacute;, Miguel, sobre todo en esta fecha, en que os siento todav&iacute;a m&aacute;s cercanos aun a todos vosotros que tanta vida me dais. No podr&eacute; en este relato escribir la letra de <em>La Calaca Flaca,</em> porque es muy larga. Pero hoy mismo, v&iacute;spera de <em>Todos Los Santos, </em>se la enviar&eacute; por washap a todos aquellos que todos los d&iacute;as por la ma&ntilde;ana les doy los buenos d&iacute;as con alguna pieza musical. El treinta y&nbsp; uno, la tendr&eacute; todo el d&iacute;a puesta en la tienda. A aquellos que no reciben mis washaps musicales, y a aquellos otros que no van a pasar por <em>Las Cosas Buenas de</em> <em>Miguel</em>, os digo que la versi&oacute;n que os voy a&nbsp; enviar &nbsp;es la de Lila Downs, con Eugenia Le&oacute;n, Tania Libertad y Guadalupe Pineda, y que la pod&eacute;is&nbsp; escuchar en <em>Spotify </em>o en <em>YouTube. Charro, </em>la noche del martes treinta y uno, y la madrugada del mi&eacute;rcoles uno, nos veremos,&nbsp; donde siempre solemos hacerlo todos nosotros, para re&iacute;rnos de la muerte. Os vuelvo a repetir lo mismo, la m&uacute;sica lo convierte todo en&nbsp; m&aacute;s llevadero. Abrazos por El Lado del Coraz&oacute;n, <em>Charro, </em>y &nbsp;todos los que est&aacute;n contigo.
    </p><p class="article-text">
        -Abrazos por El Lado del Coraz&oacute;n, Miguel. Nos veremos en donde mismo siempre &ndash; dijeron todos ellos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_3093371.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Oct 2017 10:39:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (28)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (27)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso-27_132_3103296.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Sor Ácrata</p><p class="subtitle">volvió a sonreír, escondiendo su respuesta, no dijo cuántos iban ya, no dijo cuántos trajes negros llevaba quemados y enterradas sus cenizas en luna llena.</p></div><p class="article-text">
        <em>Sor &Aacute;crata</em>, que no necesita dormir, solo adquirir la postura horizontal en la cama durante un par de horas mirando sus fotos en las paredes u olisque&aacute;ndolas en sus incontables &aacute;lbumes, coloc&oacute; las fotos, que hac&iacute;a un momento le entreg&oacute; el fot&oacute;grafo, en los pocos espacios libres que quedaban en la casa para ello. Se sent&oacute; en su despacho, y le escribi&oacute; una carta, que m&aacute;s tarde le har&iacute;a llegar, a su vecino.
    </p><p class="article-text">
        En ella, le comenta que su casa se le ha quedado peque&ntilde;a, porque ya no le caben m&aacute;s fotos de ella que colocar, y que estar&iacute;a, -en funci&oacute;n del precio que pida-, interesada en comprarle vac&iacute;a la de &eacute;l. Puso la cuartilla dentro de un sobre, lo cerr&oacute; con los labios, y lo dej&oacute; sobre una peque&ntilde;a mesa al lado de la puerta de entrada de la casa para no olvidarse de ponerla en el buz&oacute;n, o pasarla por debajo de la puerta de su vecino. Todav&iacute;a no sab&iacute;a c&oacute;mo hacer.
    </p><p class="article-text">
        Cogi&oacute; sus innumerables &aacute;lbumes de fotos y se fue con todos ellos al dormitorio. Not&oacute; una cierta intranquilidad mientras pasaba p&aacute;ginas y p&aacute;ginas de los &aacute;lbumes, mientras miraba fotos y fotos suyas. No se hab&iacute;a quitado el vestido negro con el que inici&oacute; a Fernando, no lo puede hacer hasta que pasen veinticuatro horas justas de la muerte de Fernando.
    </p><p class="article-text">
        Su intranquilidad la llev&oacute; a levantarse, sentarse en la cama, llamar por tel&eacute;fono a un amigo suyo escultor, quedar en pasarlo a buscar por &nbsp;la acera de &nbsp;su casa, ir al ba&ntilde;o a maquillarse, coger la carta que le hab&iacute;a escrito a su vecino, pasarla por debajo de la puerta, bajar a la calle a coger su seiscientos rojo, recoger a su amigo escultor, e irse a dar una paseo a la Casa Campo con &eacute;l. El escultor, que esperaba de pie en la acera de su casa entr&oacute; al coche. &ldquo;&iexcl;Pero est&aacute;s vestida de negro otra vez! &iquest;A qui&eacute;n le toc&oacute; ahora?&rdquo; Ella sonri&oacute; diciendo que a Fernando. &iexcl;Dios m&iacute;o, Dios m&iacute;o! &iexcl;Pero cu&aacute;ntos van ya!- dijo &eacute;l. <em>Sor &Aacute;crata</em> volvi&oacute; a sonre&iacute;r, escondiendo su respuesta, no dijo cu&aacute;ntos iban ya, no dijo cu&aacute;ntos trajes negros llevaba quemados y enterradas sus cenizas en luna llena.
    </p><p class="article-text">
        De camino hacia la Casa de Campo le fue comentando al escultor que ella ya ten&iacute;a una calle en Madrid, la que se llamaba anteriormente Augusto Figueroa, en donde est&aacute; <em>El Comunista,</em>&nbsp; que iba a poner una estatua de s&iacute; misma en la Plaza de Chueca, compositor y revoltoso madrile&ntilde;o, y cambiarle el nombre a la plaza por el de <em>Sor &Aacute;crata</em>, porque ella tambi&eacute;n era revoltosa y pronto empezar&iacute;a a aprender a tocar el piano.
    </p><p class="article-text">
        Le pregunt&oacute; a su amigo por el tiempo que podr&iacute;a&nbsp; tardar &eacute;l en hacer la escultura cuando varios&nbsp; coches de la polic&iacute;a mandaban a circular despacio y parar a los veh&iacute;culos que transitaban. Hab&iacute;a tambi&eacute;n varias ambulancias y dos cad&aacute;veres que hab&iacute;an descubierto un par de prostitutas con sus dos chorlitos intentando estar ocultos de miradas pasajeras, de rendijas. Los cad&aacute;veres eran los de la pareja, mexicana ella, palmero &eacute;l, que <em>Billy</em> hab&iacute;a trasladado desde la DGS unas horas antes.
    </p><p class="article-text">
        Las prostitutas y los chorlitos le dec&iacute;an a los polic&iacute;as que esos dos cad&aacute;veres los hab&iacute;a dejado un coche de polic&iacute;a hac&iacute;a unas pocas horas y que creyeron entrever a <em>Billy el Ni&ntilde;o, </em>sac&aacute;ndolos de una lechera policial. Los polic&iacute;as dijeron que en aquella zona exist&iacute;a un asesino m&uacute;ltiple, que ya ten&iacute;a el nombre del <em>Asesino del Manzanares</em>. Las prostitutas y los chorlitos siguieron diciendo lo mismo, rectificando a aquellos dos polic&iacute;as. Los polic&iacute;as llamaron a uno de sus superiores que se encarg&oacute; de llev&aacute;rselos a la DGS y convencerlos de que a qui&eacute;n hab&iacute;an visto era al <em>Terrible Asesino M&uacute;ltiple del Manzanares, </em>con pelos y se&ntilde;ales.
    </p><p class="article-text">
        <em>Sor &Aacute;crata</em> resopl&oacute; dentro del coche que le daba la impresi&oacute;n de que <em>Billy </em>hab&iacute;a tenido que ver algo en todo aquello, y luego le volvi&oacute; a repetir la misma pregunta a su amigo escultor. El escultor le &nbsp;respondi&oacute; que tres meses trabajando a toda m&aacute;quina y que esperaba no tener ning&uacute;n accidente mortal como Fernando colocando el &uacute;ltimo cartel sobre la &uacute;ltima placa de la calle cerca al <em>Comunista</em>.
    </p><p class="article-text">
        Eladi Crehuet, que en aquel entonces, como hoy en d&iacute;a, estaba despose&iacute;do del miedo a los aviones que tuvo durante una larga temporada de su vida, al recordar a <em>Literato</em> aquella ma&ntilde;ana hablando por tel&eacute;fono con &eacute;l, se le vinieron a la memoria &nbsp;las clases de boxeo con don &Aacute;lvaro Rocha, <em>Missip&iacute;, </em>en Los Cancajos, y se durmi&oacute; haci&eacute;ndose la misma pregunta que cuando era adolescente: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo es que mi padre quiere que yo y mi hermano aprendamos boxeo?&rdquo; Eladi se qued&oacute; dormido nada m&aacute;s rozar las sabanas, y no encontr&oacute; entre sus sue&ntilde;os la repuesta a aquella pregunta que tanto se ha hecho durante toda su vida. Eladi so&ntilde;&oacute; con <em>La ciudad so&ntilde;ada, </em>su libro que iba a escribir alg&uacute;n d&iacute;a, y del que ya corr&iacute;a por la calle un ejemplar.
    </p><p class="article-text">
        En La Carmencita, <em>Hiperi&oacute;n</em> y Fernando hablaban como nunca hab&iacute;an hablado durante lo poco que dur&oacute; sus vidas, diecis&eacute;is a&ntilde;os. De la edad temprana, junto con&nbsp; Ernesto, en la que se hicieron amigos inseparables en la escuela, c&oacute;mo continuaron su amistad en el instituto, de la buena qu&iacute;mica que existi&oacute; siempre entre ellos, y c&oacute;mo aquella buena sinton&iacute;a se fue perdiendo, se perdi&oacute;, en menos de un trimestre, con el empezar del curso y con aquella nueva profesora que lleg&oacute; al instituto. Todo aquello se perdi&oacute; con <em>Sor &Aacute;crata</em> y las iniciaciones con ella en el tantra negro.
    </p><p class="article-text">
        Fernando le coment&oacute; a <em>Hiperi&oacute;n</em> que quer&iacute;a estar un rato con sus padres en el Hospital, donde a&uacute;n la funeraria estaba preparando su pijama de madera, y que cuando llegase su cuerpo muerto al tanatorio le gustar&iacute;a que <em>Hiperi&oacute;n</em> lo acompa&ntilde;ase, y hablasen de c&oacute;mo pod&iacute;an impedir que <em>Sor Acatra </em>se pusiera el traje negro con el que inici&oacute; a Ernesto.
    </p><p class="article-text">
        Todo el sal&oacute;n comedor de La Carmencita qued&oacute; recogido, mientras, beb&iacute;an <em>Cava Integral Brut Nature de Llopart</em>. Los camareros dispusieron las sillas para dar la iniciaci&oacute;n sobre el <em>Agua Sagrada de Ruanda</em>. Los comensales de las mesas de alrededor quisieron estar presentes. <em>El Chivato, Ninnette</em> y <em>Lissette </em>dijeron que no hab&iacute;a ning&uacute;n problema, pero que antes hab&iacute;a que hacer un juramento, que se lo pensaran bien, por favor, pues si ten&iacute;a que haber un paso atr&aacute;s, ten&iacute;a que ser en ese mismo momento.
    </p><p class="article-text">
        Y como las iniciaciones son cosas sagradas: color&iacute;n colorado, este cuento se ha acabado por hoy. Lo retomaremos al t&eacute;rmino de estas iniciaciones, cuando las prostitutas de la Casa de Campo llegaron a la DGS,&nbsp; cuando <em>Billy El Ni&ntilde;o</em> cruz&oacute; la frontera de Espa&ntilde;a con Portugal, cuando <em>Sor &Aacute;crata</em> fue a posar en casa de su amigo escultor, cuando le son&oacute; el despertador a Eladi Crehuet para volar hacia Madrid, cuando los viejos libertarios ten&iacute;an pesadillas con los campos de concentraci&oacute;n nazis y el del Valle de Los Ca&iacute;dos, cuando <em>los Muchachos</em> paseando como milicianos y bebiendo <em>Licor Cacao Pico </em>no quer&iacute;an dejar entrar la claridad del d&iacute;a que se aproximaba de la misma manera que los milicianos del treinta y seis no quer&iacute;an dejar pasar a los fascistas en Madrid, cuando Fernando e <em>Hiperi&oacute;n</em> se encontraron en el tanatorio para hablar de c&oacute;mo ayudar a Ernesto para que no perdiese su vida y <em>Sor &Aacute;crata </em>&nbsp;no se pusiese poner el traje negro con &eacute;l que lo inici&oacute;, cuando El Charro y su mariachi cantaron la siguiente canci&oacute;n con <em>Maguisa</em>, cuando los padres de <em>Hiperi&oacute;n</em>, M&oacute;nica, Amparo y Paloma hablaban con la directora del instituto sobre <em>Sor &Aacute;crata </em>y una vez comenzadas las clases despu&eacute;s de Reyes qu&eacute; medidas tomar con ella en el instituto, cuando la <em>Cofrad&iacute;a del Porro de Hierba</em> lio porros para todos hasta para <em>Hiperi&oacute;n </em>y Fernando, o cuando <em>Carmencita </em>escuchaba a <em>Constantine </em>y a <em>Mikell Norell</em> hablar de sus pel&iacute;culas rodadas en Roma.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso-27_132_3103296.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Oct 2017 16:59:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (27)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (26)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso-26_132_3120897.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">“Sí,</p><p class="subtitle">Hiperión,</p><p class="subtitle">la música nos lo hace todo más llevadero. Tanto en el mundo inmaterial  que estamos ahora, como en el material del que vinimos”.</p></div><p class="article-text">
        En <em>La Taberna de Chueca </em>los muchachos fueron los &uacute;ltimos en irse. Hab&iacute;an decidido echarle un pulso a la noche bebiendo m&aacute;s <em>Licor Cacao Pico</em> y callejeando por las oscuras calles aleda&ntilde;as. Caminar, caminar y caminar como milicianos, y parar en los bares o tabernas que estuviesen abiertas para seguir bebiendo, frenando la noche, e intentando que no llegue el d&iacute;a, dici&eacute;ndole  que no pasar&aacute;, como se les dijo durante tres a&ntilde;os a los fascistas a las puertas de Madrid, <em>No Pasar&aacute;n. </em>&iexcl;Claro, estos muchachos eran hijos de perdedores! Los camareros empezaron a recoger la taberna cuando los muchachos cerraron la puerta, al mismo tiempo que hablaban sobre los preparativos de la cena y fiesta de disfraces del d&iacute;a siguiente, viernes treinta y uno, la &uacute;ltima fiesta de <em>Hiperi&oacute;n </em>en medio de los dos mundos. 
    </p><p class="article-text">
        Eladi Crehuet, autor de <em>La ciudad so&ntilde;ada, Santa Cruz de La Palma entre 1.955 y 1.965, </em>en la casa  de sus padres en Barcelona, Pompeyo y Mercedes, terminaba de hacer su maleta, quiso acostarse no muy tarde, porque al d&iacute;a siguiente saldr&iacute;a a primera hora hacia Madrid. Antes de cerrar la maleta se le vino a la memoria que su padre ten&iacute;a un disfraz de Ben Turpin, actor americano de cine mudo al que Pompeyo profesaba devoci&oacute;n,  y pens&oacute; llevarlo consigo a Madrid. No se dio cuenta Eladi, que aquel disfraz ya no le serv&iacute;a, no necesit&oacute; siquiera prob&aacute;rselo. Lo mir&oacute; y dej&oacute; en donde mismo estaba, y se dijo que lo primero que har&iacute;a, al llegar a Madrid, ser&iacute;a comprar uno. Cerr&oacute; la maleta, puso el despertador, se acost&oacute;, y pronto se qued&oacute; dormido, pensando en el libro del que, en esa misma ma&ntilde;ana, le hab&iacute;a hablado <em>Literato, </em>y so&ntilde;&oacute; con &eacute;l durante toda la noche. 
    </p><p class="article-text">
        Eladi, que hac&iacute;a la mili en Zaragoza, ten&iacute;a unos d&iacute;as de permiso.  Hab&iacute;a recibido durante esa misma ma&ntilde;ana una llamada por tel&eacute;fono del padre de <em>Hiperi&oacute;n, </em>que se vali&oacute; de unos amigos que le daban clase a Eladi en la facultad, para saber su n&uacute;mero de tel&eacute;fono. <em>Literato, </em>al ver que el extra&ntilde;o libro estaba publicado en Barcelona, pens&oacute;  que Eladi deb&iacute;a de estar estudiando en aquella universidad. Lo m&aacute;s probable que derecho o literatura.
    </p><p class="article-text">
        <em>Literato, </em>en el <em>Kiosco El Ancla,</em> hab&iacute;a conocido a Eladi. Entonces Eladi era un adolescente con aspecto bonach&oacute;n, - ausente de malicia-,  como siempre lo ha tenido, al que sol&iacute;an llamar <em>Melocot&oacute;n, </em>y al que Don &Aacute;lvaro Rocha, <em>Missip&iacute;, </em>ense&ntilde;aba, junto a su hermano, Pompeyo, a practicar boxeo en aquella  vieja playa  de Los Cancajos, para que se hicieran hombres rudos, -como les dec&iacute;a <em>Missip&iacute;, </em>su instructor<em>-, </em>y que pudiesen atraer a las mujeres; porque seg&uacute;n Don &Aacute;lvaro, a las mujeres solo les atra&iacute;an los hombres as&iacute;, rudos y valientes. Pero, <em>Literato,</em> le hab&iacute;a perdido la pista a la familia Crehuet Serra.
    </p><p class="article-text">
        <em>Literato, </em>cuando Eladi cogi&oacute; el tel&eacute;fono, le solt&oacute; aquel nombre por el que ya no lo llamaba nadie: <em>Melocot&oacute;n</em>. Pens&oacute; Eladi que ten&iacute;a que ser un palmero, o alguien que hab&iacute;a estado viviendo en La Palma, qui&eacute;n estaba al otro lado del tel&eacute;fono.
    </p><p class="article-text">
        Cuando <em>Literato </em>le dijo su nombre, el que le pusieron durante su estancia en La Palma, Eladi le respondi&oacute; que s&iacute;, que se acordaba de &eacute;l perfectamente, el profesor de literatura que vino a hacer las milicias a La Palma, que era amigo de Sigrid,<em> El &Aacute;ngel Pelirrojo, </em>y, que una vez licenciado, regres&oacute; a la isla de luna de miel al a&ntilde;o siguiente. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Literato</em> le coment&oacute; a Eladi que su &uacute;nico hijo, <em>Hiperi&oacute;n,</em> hab&iacute;a muerto con diecis&eacute;is a&ntilde;os, hac&iacute;a dos d&iacute;as, el mismo d&iacute;a que Sigrid, <em>El &Aacute;ngel Pelirrojo,</em> feneci&oacute; en Alemania, la noche del veinte y ocho al veinte y nueve de diciembre. <em>Literato</em> le propuso a Eladi venir a Madrid a partir el a&ntilde;o con una fiesta de disfraces algo o mucho <em>felliliana</em>, en la <em>Taberna de Chueca,</em> pues el esp&iacute;ritu de <em>Hiperi&oacute;n </em>as&iacute; lo exig&iacute;a, antes de salir al d&iacute;a siguiente para Turingia, donde <em>Hiperi&oacute;n </em>encontrar&iacute;a la total libertad, junto con el  <em>&Aacute;ngel Pelirrojo, </em>cuando esparcieran las cenizas de ambos sobre la tumba de H&ouml;lderlin. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Literato </em>le coment&oacute; a Eladi que ten&iacute;a un libro en sus manos, supuestamente escrito por Eladi, y de la manera que hab&iacute;a  llegado a &eacute;l. M&oacute;nica, que hab&iacute;a sido la primera novia, y tambi&eacute;n la &uacute;ltima, de su hijo, se lo encontr&oacute; dentro de su bolso, al sentarse, la tarde del d&iacute;a anterior, en el asiento del avi&oacute;n que la trajo de Tenerife a Madrid, -entonces no hab&iacute;a vuelo directo con La Palma-, y por el cual, un celoso guardia civil, casi no la deja salir de la aduana. 
    </p><p class="article-text">
        A Eladi, en unos segundos, le vinieron a la mente flashes nost&aacute;lgicos de las fiestas de fin de a&ntilde;o que su padre preparaba en La Palma, y, lo que empezaba a saber de la historia de aquel libro le produc&iacute;a intriga, porque desde entonces, ya so&ntilde;aba, de alguna manera, con escribir aquel libro. 
    </p><p class="article-text">
        Sin pens&aacute;rselo, le respondi&oacute; a <em>Literato </em> que s&iacute;, que vendr&iacute;a a Madrid el d&iacute;a siguiente a primera hora, y que regresar&iacute;a el d&iacute;a uno al mediod&iacute;a, para estar con sus padres. Se qued&oacute; pensando en c&oacute;mo ser&iacute;a aquel libro que iba a tener en sus manos al d&iacute;a siguiente. <em>Literato </em>qued&oacute; en ir a recibirlo a Barajas, y le coment&oacute; que no reservara hotel, que se pod&iacute;a quedar en su casa. 
    </p><p class="article-text">
        Los viejos anarcosindicalistas tomaron el Metro en Chueca, -el &uacute;ltimo de la noche-, que los llev&oacute; a sus casas, donde sus compa&ntilde;eras estaban con la luz de la casa encendida, la cena puesta, y sin acostarse, pendientes de ellos. <em>Billy, </em>casi entrando a Salamanca, <em> </em>dorm&iacute;a en el vag&oacute;n de tren que lo llevaba a Lisboa a escurrir el bulto y pasar las fechas con sus camaradas, iguales de asesinos que &eacute;l, de la brutal PIBE, polic&iacute;a pol&iacute;tica del dictador Salazar. So&ntilde;aba con lo que so&ntilde;aba siempre, con golpes mortales de k&aacute;rate asestados a rojos indefensos que solo so&ntilde;aban con un mundo sin dictaduras. Los dos cad&aacute;veres que <em>Billy </em>hab&iacute;a tirado al Manzanares no hab&iacute;an aparecido a&uacute;n. El fot&oacute;grafo le dio reveladas,  a <em>Sor &Aacute;crata,</em> todas las fotograf&iacute;as que le hab&iacute;a disparado en aquella noche; ella, pensaba en que marcos alojarlos, y en qu&eacute; sitio de su casa colocarlos. 
    </p><p class="article-text">
        En <em>La Carmencita,</em> todos, <em>El Chivato T&aacute;ntrico, Ninnette, Lissette, Maguisa, Constantine, Mikel Norel, Literato </em>y su mujer<em>, </em>M&oacute;nica<em>,</em> Amparo, Paloma, <em>El Charro </em>y su mariachi, Carmencita y <em>La Cofrad&iacute;a del Porro de Hierba, </em>tras haber escuchado a <em>Hiperi&oacute;n </em>que ped&iacute;a con extrema necesidad que le cantasen su canci&oacute;n preferida, -&iexcl;faltaba saber cu&aacute;l era!-, miraron hacia los padres de <em>Hiperi&oacute;n </em>y a M&oacute;nica, que cuando <em>Hiperi&oacute;n </em>dej&oacute; de hablar, pronunciaron al un&iacute;sono el t&iacute;tulo de la canci&oacute;n<em>, La Negra Noche</em> de Pedro Vargas. 
    </p><p class="article-text">
        Carmencita trajo a la mesa m&aacute;s <em>Mibal Roble </em>e <em>Integral Cava de Llopart. El Charro, </em>el mariachi y <em>Maguisa </em>sonrieron y se pusieron en pie:<em> &ldquo;</em>La negra noche  tendi&oacute; su manto. Surgi&oacute; la niebla, muri&oacute; la luz. Y en las tinieblas de mi alma triste. Como una sombra llegaste t&uacute;. Ven e ilumina la &aacute;rida senda. Por donde vaga loca ilusi&oacute;n. Dame tan solo una esperanza. Que fortifique mi coraz&oacute;n. Como en la noche nace el roc&iacute;o. Y en los jardines nace la flor. As&iacute; en mi alma, ni&ntilde;a adorada. Naci&oacute; mi amor. Ya veo que asoma tras la ventana. Tu rostro de &aacute;ngel encantador. Siento la dicha dentro de mi alma. Ya no hay tinieblas, ya no hay tinieblas. Ya sali&oacute; el sol&rdquo;.  La cantaron otras tres veces, como hab&iacute;a ocurrido cuando cantaron <em>Sombras, </em>de Javier Sol&iacute;s. Hubo una voz m&aacute;s, la del esp&iacute;ritu de Fernando que se  hab&iacute;a acercado a acompa&ntilde;arlos.
    </p><p class="article-text">
        En el hospital, el cuerpo de Fernando estaba ya en el caj&oacute;n de madera, o pijama, como lo llaman algunos. Al amanecer, despu&eacute;s de los preparativos de los funerarios, estar&iacute;a llegando al Tanatorio, cuando Ernesto y su familia pensaban llegar desde sus vacaciones  interrumpidas en la nieve. Su esp&iacute;ritu ya hab&iacute;a aceptado la muerte de su cuerpo. No hizo falta que <em>Hiperi&oacute;n </em>lo ayudase a dar ese paso. Cuando se encontr&oacute; con el esp&iacute;ritu  de <em>Hiperi&oacute;n </em>le dio las gracias por haberle pedido al <em>Charro, </em>a sus padres, a Amparo, y a todos los dem&aacute;s, que le cantasen <em> </em>su canci&oacute;n preferida, <em>Sombras, </em>de Javier Sol&iacute;s.  &ldquo;S&iacute;, <em>Hiperi&oacute;n, </em>la m&uacute;sica nos lo hace todo m&aacute;s llevadero. Tanto en el mundo inmaterial  que estamos ahora, como en el material del que vinimos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de estas &uacute;ltimas palabras de Fernando a <em>Hiperi&oacute;n, </em>un poco m&aacute;s tarde, tuvieron ellos dos una larga, honda, profunda y llena de amor conversaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso-26_132_3120897.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Oct 2017 08:58:22 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (26)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (25)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso-25_132_3136212.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Los cuervos no se sabe aún con total certeza qué hacían en aquel trozo de acera, aunque se cree que venían a por la sangre fresca de Fernando.</p></div><p class="article-text">
        Los muchachos que salieron del <em>Comunista </em>y se encontraron con los dos cuervos sobre el espacio de acera pegado a la cabina telef&oacute;nica, donde, hasta hace un momento, estaba aun la sangre fresca de Fernando, que los barrenderos hab&iacute;an limpiado con una cantidad de agua desmesurada, pensaron que los c&oacute;rvidos hab&iacute;an llegado tarde a aquel banquete. Los muchachos sintieron un asco mas all&aacute; de sus apariencias, sin saber muy bien el porqu&eacute;, los dejaron de lado, y se fueron caminando a tomar unas copas de <em>Licor Cacao Pico</em> en <em>La Taberna de Chueca.</em>
    </p><p class="article-text">
        Los cuervos, no se sabe aun con total certeza, qu&eacute; hac&iacute;an en aquel trozo de acera,&nbsp; aunque se cree que ven&iacute;an a por la sangre fresca de Fernando, que estuvieron rastreando hasta &nbsp;aguas abajo, el principio de la calle, pues los barrenderos, se les hab&iacute;an adelantado con sus mangueras y botas de agua. Al final del agua que corr&iacute;a por la calle, y sin nada de la sangre de Fernando en el pico, los dos cuervos, que se confund&iacute;an con la negra noche, levantaron vuelo, a la altura de los tejados oscuros&nbsp; de las casas de aquel barrio, hacia la plaza de Chueca, buscando posarse en uno de sus bancos, uno, en el &nbsp;que podr&iacute;an ser bien admirados desde todos los lugares.
    </p><p class="article-text">
        Unos de los muchachos que estaba dentro de la taberna, detr&aacute;s de una de las puertas acristaladas y algo nervioso, tomando <em>Licor&nbsp; Cacao Pico</em>,&nbsp; con la mirada puesta en la boca del Metro de Chueca, en postura de esperar &nbsp;a su compa&ntilde;era y a las de los dem&aacute;s muchachos, vio c&oacute;mo planeaban aquellos dos cuervos sobre el banco que estaba entre medio de <em>La Taberna </em>&nbsp;y la boca del Metro de Chueca. Se dio la media vuelta para decirle a sus compa&ntilde;eros que se acercasen a la puerta acristalada para que viesen lo que estaba ocurriendo: las dos figuras de los cuervos que se hab&iacute;an posado en el banco de la plaza se estaban metamorfoseando en <em>Sor &Aacute;crata </em>y su fot&oacute;grafo. Los muchachos se dieron presurosos la media vuelta, &nbsp;enfil&aacute;ndose hacia la barra donde no pidieron una copa m&aacute;s de <em>Licor Cacao Pico</em>, sino una botella entera.
    </p><p class="article-text">
        Lo que no sab&iacute;an los muchachos, apoyados &nbsp;en la antigua barra de cobre y madera, era que sus compa&ntilde;eras, que estaban entrando en aquel mismo momento en <em>La</em> <em>Taberna de Chueca, </em>y que se acercaron a ellos sin color en la piel, ni &nbsp;aliento en la boca, pidiendo otra botella de <em>Licor de Caco Pico </em>para ellas, era que, sus compa&ntilde;eras, vieron la misma escena de los dos cuervos que ellos, pero desde otro &aacute;ngulo, desde el opuesto, es decir, ellas la contemplaron, at&oacute;nitas, &nbsp;subiendo las escaleras del Metro de Chueca.
    </p><p class="article-text">
        Ellas no pod&iacute;an hablar. Ellos las miraban y beb&iacute;an m&aacute;s y m&aacute;s <em>Licor Cacao Pico</em>. Ellas se tomaron dos copas rasas del licor. Se sirvieron la tercera. Una de ellas, precisamente la compa&ntilde;era del muchacho que primero divis&oacute; a los dos cuervos planeando sobre el banco de la plaza, dijo que ellas sab&iacute;an que los muchachos hab&iacute;an visto la misma escena,-&iexcl;pues como ellas ten&iacute;an la misma cara de susto!- pero que no hab&iacute;an escuchado lo que dijeron los dos cuervos mientras cambiaban &nbsp;de&nbsp; morfolog&iacute;a: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima que no hayamos probado ni siquiera una gota de sangre de Fernando!&rdquo;. Los muchachos y las muchachas pertenec&iacute;an al mismo instituto que <em>Sor &Aacute;crata, </em>pero no eran alumnos de ella. Lo digo as&iacute;, sin m&aacute;s, no entro en mas narraci&oacute;n, porque si no, esta historia de <em>enterrados </em>se me va a hacer muy larga, quiz&aacute;s eterna, y no dispongo de tanta eternidad.
    </p><p class="article-text">
        En el banco de la Plaza de Chueca <em>Sor &Aacute;crata </em>le dijo a su fot&oacute;grafo que se pusiera en frente de ella apunt&aacute;ndole con la c&aacute;mara de fotos. Le cogi&oacute; las manos y mir&oacute; directa y fijamente al objetivo, como se mira a un espejo. &ldquo;Dentro de poco, le pondremos tambi&eacute;n a esta plaza el nombre de <em>Sor &Aacute;crata, </em>y erigiremos una estatua m&iacute;a. &iquest;T&uacute;, <em>Fot&oacute;grafo</em> m&aacute;gico, dime si hay alguna persona en el reino, o fuera de &eacute;l, que sin haber escrito libros a&uacute;n, ni ingresado en las academias de las letras y las artes, ni sin hab&eacute;rsele hecho todav&iacute;a pel&iacute;culas sobre su vida, tuviese ya, desde tan joven,- &iexcl;juventud que no voy a perder nunca!-, el nombre de una calle, y pronto el de una plaza con estatua incluida? &iexcl;No me digas como en el cuento, <em>Fot&oacute;grafo </em>m&iacute;o, no me digas&nbsp; que <em>Blanca Nieves, </em>que con la del cuento ya tenemos!&rdquo; El fot&oacute;grafo, con m&aacute;s miedo y adulaci&oacute;n en el cuerpo que cualquier otra cosa, le respondi&oacute;. &ldquo;No, no <em>Sor &Aacute;crata, </em>t&uacute; eres la &uacute;nica. Y no solo eso, te pondr&aacute;n nombres de terminales de aeropuertos, de volcanes y huracanes que surjan, tu nombre le ser&aacute; puesto a las ni&ntilde;as que nazcan por todo el mundo, le cambiar&aacute;n el nombre a alguna pir&aacute;mide de Egipto para ponerle el tuyo, a la Cumbre Vieja de La Palma le pondr&aacute;n tu nombre, tendr&aacute;s un mausoleo mayor que el de Lenin, y un sinf&iacute;n de cosas m&aacute;s que ni te imaginas, que ni se te pasan por tu cabeza&rdquo;. <em>Sor &Aacute;crata</em>, con toda su cara enteramente humedecida le dijo al fot&oacute;grafo que&nbsp; le disparase una foto por el lado bueno y que la revelase lo antes posible, pues quer&iacute;a tenerla en su mesa de noche ya mismo.
    </p><p class="article-text">
        Juan G&oacute;mez Casas y sus compa&ntilde;eros anarcosindicalistas decidieron que era la hora de terminar con aquella reuni&oacute;n e irse para casa, donde quiz&aacute;s, por la hora que era, sus familiares pudieran estar alarmados. Eran personas mayores y algunos con serios problemas de salud &iexcl;Tantos a&ntilde;os de c&aacute;rcel y campos de concentraci&oacute;n! &iexcl;Tanto exilio! &iexcl;El dolor de tantos compa&ntilde;eros muertos y la p&eacute;rdida de una causa justa! Hicieron el saludo libertario alzando al cielo las dos manos agarradas la una a la otra, y pronunciaron a media voz, -dada la hora-, el <em>Salud y Revoluci&oacute;n Social </em>anarquista<em>. </em>Bajaron las escaleras. Salieron por la&nbsp; puerta principal a la calle Libertad donde coincidieron con <em>Sor &Aacute;crata </em>&nbsp;y su fot&oacute;grafo de regreso de la Plaza de Chueca, -iban a revelar las fotos-, que los reconoci&oacute; a la m&iacute;nima &nbsp;y les pidi&oacute; que si se pod&iacute;a hacer una foto con ellos. Los viejos libertarios consintieron. &ldquo;&iquest;Esta tambi&eacute;n la quieres tener pronto y colocarla en la mesa de noche?&rdquo;- pregunt&oacute; el fot&oacute;grafo, con cierto disimulado sarcasmo, que no quiso identificar <em>Sor &Aacute;crata. </em>&ldquo;No, a esta le va mejor&nbsp; la mesa de trabajo, que all&iacute; la ve m&aacute;s gente&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <em>La Carmencita </em>era la tercera vez que se escuchaba <em>Sombras </em>de Javier Sol&iacute;s. Carmencita tuvo que reponer por varias veces el <em>Mibal Roble </em>y <em>El Cava Integral de Llopart </em>que hab&iacute;a en las mesas. Mejor catarsis que aquella de cantar la canci&oacute;n preferida de Fernando no hubiese existido ninguna.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de cantar <em>Sombras</em> todos estaban relajados y sonrientes, como quien se despierta al finalizar de una larga y feliz meditaci&oacute;n. <em>Hiperi&oacute;n </em>volvi&oacute; a abrir la boca desde la urna de cer&aacute;mica que conten&iacute;a sus cenizas: &ldquo;Amparo, Fernando est&aacute; ahora mismo confuso, est&aacute; fuera de su cuerpo. No entiende nada de lo que le ha ocurrido, ni sabe porque su cuerpo est&aacute; sin vida, no recuerda el accidente que tuvo. Poco a poco ir&aacute; aprendiendo a que ya no est&aacute; en la realidad que viv&iacute;a, que ahora le toca vivir otra. Llegado el momento, me acercar&eacute; a facilitarle entender todo lo que le est&aacute; ocurriendo. Amparo, cuando yo decid&iacute; irme del mundo, no me esperaba encontrar con todo lo que ahora estoy teniendo consciencia de ello; me esperaba encontrar con la m&aacute;s pura nada, no me esperaba encontrar con nada. &iexcl;Es aterrador, pero fue as&iacute;! Yo viv&iacute;a como un submarino sin periscopio, con todas las escotillas cerradas ante la posibilidad de que pudiese existir otra realidad. Es lo que nos pas&oacute; a muchas personas de nuestra generaci&oacute;n que despu&eacute;s de leer el <em>Politzer </em>&nbsp;y el <em>Anti- D&uuml;ring </em>nos trag&oacute; la luz oscura. No dimos pie a nuestro raciocinio sino a dar cr&eacute;dito a&nbsp; un mundo y un universo material, donde cualquier reconocimiento a otras realidades, al esp&iacute;ritu, era algo calificado de <em>peque&ntilde;o burgu&eacute;s, </em>que era supuestamente lo que nosotros quer&iacute;amos combatir<em>. </em>Consideramos, bajo la influencia de aquellas lecturas, que no solo la religi&oacute;n, sino cualquier manifestaci&oacute;n de lo espiritual era un opio para el pueblo, sin darnos cuenta de que esta misma filosof&iacute;a se hab&iacute;a convertido en otro opio para el pueblo, en un anti catecismo que era m&aacute;s catecismo a&uacute;n que el imperante. No supimos ver que aquella filosof&iacute;a solo era un medio para cambiar la realidad, cuando en realidad, el arte de que las cosas sigan igual es que vayan cambiando, como se ha venido viendo. En fin Amparo, siempre me gustaron m&aacute;s los socialistas ut&oacute;picos que los cient&iacute;ficos. &iexcl;Qu&eacute; equivocaci&oacute;n!, no la de nuestros ideales altruistas, los de la verdadera <em>Libertad, Igualdad y Fraternidad, </em>no esa cosa burguesa/manida en lo que se han convertido hoy, sino la equivocaci&oacute;n de subestimar/ningunear otras realidades dentro de nuestras vidas, o la realidad espiritual, cuando <em>Libertad, Igualdad y Fraternidad, </em>son entes espirituales. Ahora me doy cuenta de que con mi muerte no ha acabado nada, sino que empieza otra tarea, la de seguirme construyendo pero con piedras de luz. Amparo, no llores por Fernando, cuando lo quieras sentir cerca de ti canta <em>Sombras. </em>Pap&aacute;, <em>Literato </em>(<em>Hiperi&oacute;n </em>se rio al llamar a su padre por el nombre con que lo bautizaron en La Palma, cuando fue a hacer las milicias. Los dem&aacute;s rieron tambi&eacute;n), Mam&aacute;, M&oacute;nica, y todos los dem&aacute;s que s&eacute; que me quer&eacute;is, cuando decid&iacute; adelantar mi muerte, por no seguir sufriendo est&eacute;rilmente, eleg&iacute; las <em>Gimnospermas</em> de Erik Satie para despedirme del mundo, creyendo que no iba a tener consciencia de nada m&aacute;s, una vez que me cesase de latir mi coraz&oacute;n, me equivoqu&eacute;, tengo ahora m&aacute;s consciencia que nunca. Hay una canci&oacute;n que yo siempre cantaba cada vez que &nbsp;sub&iacute;a o bajaba las escaleras de casa, o por los pasillos, en el ba&ntilde;o, antes de comer, desayunando, cuando me iba a acostar, y alguna vez me despertaba cant&aacute;ndola. Pap&aacute;, Mam&aacute;, M&oacute;nica, que ya s&eacute; por el brillo que ten&eacute;is en los ojos que sab&eacute;is cual es, cant&aacute;dmela por favor, <em>El Charro, </em>su mariachi y <em>Maguisa </em>la conocen, y cant&aacute;dmela siempre que os acord&eacute;is de m&iacute;, yo la escuchar&eacute;, porque desde aqu&iacute;, os hecho tambi&eacute;n de menos; pero llev&eacute;moslo con la alegr&iacute;a que se pueda. La m&uacute;sica nos ayuda. Os quiero, os he querido y querr&eacute; siempre&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso-25_132_3136212.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Oct 2017 17:08:23 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (25)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (24)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_3149285.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Los barrenderos llegaron a decir que cuanta más agua desparramaban, más sangre corría por la calle. Los barrenderos interpretaron aquella señal como que Fernando había muerto.</p></div><p class="article-text">
        Sor &Aacute;crata, con el traje negro, el mismo con el que inici&oacute; a Fernando, y su fot&oacute;grafo tambi&eacute;n vestido de negro, (&iquest;c&oacute;mo pudo saber esa mujer del careste que su ac&oacute;lito ya hab&iacute;a muerto?), cuando Carmencita, poco m&aacute;s o menos, que les estamp&oacute; la puerta del restaurante en los hocicos, en aquella tan oscura noche y calle, La Libertad se llamaba, vieron luces encendidas en el local de la CNT. Juan G&oacute;mez Casas y unos cuantos hist&oacute;ricos anarcosindicalistas, unos, que hab&iacute;an regresado de Toulouse, y otros, que hab&iacute;an salido de la c&aacute;rcel, Carabanchel, hab&iacute;an escapado de la espantosa represi&oacute;n del franquismo, ten&iacute;an una reuni&oacute;n secreta que no pudo abortar <em>Billy El Ni&ntilde;o</em> porque su sopl&oacute;n se equivoc&oacute; de hora.
    </p><p class="article-text">
        En ella, analizaban c&oacute;mo levantar las columnas libertarias de la CNT. Delante de la misma puerta de <em>La Carmencita, Sor &Aacute;crata </em>y su fot&oacute;grafo<em>  </em>se convirtieron en cuervos y fueron volando hasta la misma calle <em>Sor &Aacute;crata</em>, como ellos dos ya la empezaban a llamar. Se posaron en el techo de la cabina telef&oacute;nica para la que reclamaban el nombre de Fernando Rosas.
    </p><p class="article-text">
        Estuvieron un rato sobre el tejado de la cabina, hasta que el murmullo de los barrenderos con sus mangueras y botas de agua pas&oacute; a ser <em>inescuchable</em>. En ese mismo momento hicieron vuelo raso aterrizando en el mismo lugar de la acera donde este pobre chico, Fernando, colocando el &uacute;ltimo cartel con la inscripci&oacute;n <em>Calle Sor &Aacute;crata</em>, sobre las l&aacute;pidas con el nombre <em>Calle Augusto Figueroa, </em>cay&oacute; desde aquella vanidosa escalera dejando un lago de  sangre sobre la acera que los barrenderos con sus cantos de agua acababan de hacer desaparecer. Los barrenderos llegaron a decir que cuanta m&aacute;s agua desparramaban, m&aacute;s sangre corr&iacute;a por la calle. Los barrenderos interpretaron aquella se&ntilde;al como que Fernando hab&iacute;a muerto.
    </p><p class="article-text">
        Sal&iacute;an del <em>Comunista </em>los &uacute;ltimos clientes que no se cre&iacute;an como pod&iacute;a haber dos cuervos sobre el pedazo de acera al lado de la cabina. Se miraron aquellos muchachos que hab&iacute;an terminado de matar el hambre y se dijeron: &ldquo;&iexcl;Bueno, cosas peores se han visto!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Carmencita, cuando pas&oacute; por delante de la mesa desde donde le dijeron que les trajesen m&aacute;s <em>Mibal Roble </em>y <em>Cava Integral Brut Nature de Llopart, </em>no les quiso decir a quienes les acababa de tirar la puerta del restaurante en los besos, y lo dej&oacute; para un momento despu&eacute;s. Al sentir el timbre del tel&eacute;fono gritando desde la cocina, supo, antes de cogerlo, de quien era la llamada y de lo que se trataba.
    </p><p class="article-text">
        Empez&oacute; a pensar de la manera que les iba a comentar el fatal desenlace de Fernando. Era Ernesto, &iexcl;por supuesto!, qui&eacute;n llamaba, y no tard&oacute; en escuchar lo que ya sab&iacute;a. &ldquo;Carmencita, ha ocurrido lo que tem&iacute;amos, Fernando acaba de morir. Su padre acaba de llamar a mi padre coment&aacute;ndoselo. Estamos preparando las cosas para regresar ya mismo a Madrid&rdquo;. &ldquo;S&iacute;, Ernesto, lo sab&iacute;a. Hace un momento <em>Sor &Aacute;crata </em>totalmente vestida de negro, y con su fot&oacute;grafo, me tocaron a la puerta del restaurante. Me lo imagin&eacute; y se las tir&eacute; en todos los morros. Esp&eacute;rate un momento que voy a buscar a Paloma&rdquo;. Dej&oacute; descolgado el auricular del tel&eacute;fono de n&aacute;car negro colgando sobre su hilo negro, cogi&oacute; las botellas de <em>Mibal Roble </em>e <em>Integral de Llopart </em>que le hab&iacute;an pedido, y mientras descorchaba ambas botellas les fue comentando lo que hab&iacute;a ocurrido de la mejor manera que supo. Paloma fue al tel&eacute;fono, la acompa&ntilde;aron <em>Ninnette </em>y <em>Lissette. El Charro </em>se acerc&oacute; a Amparo y la abraz&oacute; con toda su alma.
    </p><p class="article-text">
        Paloma regres&oacute; de la cocina. &ldquo;Ernesto dice que vienen ya para Madrid, que su familia estaba esperando a que &eacute;l colgase  el tel&eacute;fono  para hacerlo. Creen que estar&aacute;n en el mortuorio m&aacute;s o menos al amanecer, que ser&aacute; cuando llegue el cad&aacute;ver de Fernando. Dice tambi&eacute;n que el padre de Fernando le coment&oacute; a su padre que no hab&iacute;a sufrido nada en absoluto, pues qued&oacute; inconsciente desde la ca&iacute;da&rdquo;. Paloma se sent&oacute;, los mir&oacute; a todos a la cara, y se hizo un mudo silencio.
    </p><p class="article-text">
        <em>El Charro </em>rompi&oacute; aquel silencio que empezaba a hacerse algo largo y molesto. Mir&oacute; a Amparo que segu&iacute;a abrazada al Chivato T&aacute;ntrico y le pregunt&oacute;. &ldquo;&iexcl;Amparo, mi amor, nosotros en M&eacute;xico miramos a la muerte de una manera distinta, de una manera festiva! &iexcl;Vamos a sentirnos todos un poco mexicanos en este momento! &iquest;Dime cual era la canci&oacute;n preferida de Fernando?&rdquo; Amparo trat&oacute; de sonre&iacute;rle, lo hizo limpiamente y como con algo de verg&uuml;enza. &ldquo;Charro, ahora mismo no se cual, se me vienen muchas a la cabeza, pero no se decirte una en especial&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>Hiperi&oacute;n, </em>que llevaba m&aacute;s de un rato callado, dijo desde su urna de cenizas. &ldquo;&iquest;Amparo, no te acuerdas cuando &eacute;l y yo, a d&uacute;o los dos, cant&aacute;bamos <em>Sombras</em>, de Javier Sol&iacute;s? &iquest;No te acuerdas que una vez nos coment&oacute; que le gustaba emular a Javier, y que su sue&ntilde;o era ir de viaje  a M&eacute;xico, recorrer los lugares  en los que vivi&oacute; y visitar los sitios en los que actuaba?&rdquo;. Amparo escuchaba atentamente y con ternura a <em>Hiperion</em>. &ldquo;S&iacute;, <em>Hiperi&oacute;n</em>, lo recuerdo perfectamente. Pens&aacute;bamos ir el verano pr&oacute;ximo. Tambi&eacute;n &eacute;l ten&iacute;a much&iacute;sima ilusi&oacute;n en hacer una pel&iacute;cula sobre la vida de Javier, estaba empezando a hacer un guion cinematogr&aacute;fico que sab&iacute;a le iba a costar mucho tiempo acabar, pero ten&iacute;a esa ilusi&oacute;n. Pienso lo mismo que tu, <em>Sombras </em>era su canci&oacute;n preferida&rdquo;. Y Amparo sonri&oacute; de lleno.
    </p><p class="article-text">
        <em>Maguisa </em>coment&oacute; que de las de Sol&iacute;s, <em>Sombras, </em>era la preferida de ella. <em>El Charro, El Mariachi </em>y <em>Maguisa, </em>se pusieron en pie y se atrevieron con la canci&oacute;n: <em>&ldquo;Quisiera abrir lentamente mis venas. Mi sangre toda verterla a tus pies. Para demostrarte que m&aacute;s no puedo amar. Y entonces morir despu&eacute;s. Y sin embargo tus ojos azules. Azul que tienen el cielo y el mar. Viven cerrados para m&iacute;. Sin ver que estoy aqu&iacute;. Perdido en mi soledad. Sombras nada m&aacute;s. Acariciando mis manos. Sombras nada m&aacute;s. En el temblor de mi voz. Pude ser feliz. Y estoy en vida muriendo. Y entre l&aacute;grimas viviendo. El pasaje m&aacute;s horrendo. De este drama sin final. Sombras nada m&aacute;s. Entre tu vida y mi vida. Sombras nada m&aacute;s. Entre tu amor y mi amor. Qu&eacute; breve fue tu presencia en mi hast&iacute;o. Qu&eacute; tibias fueron tus manos tu voz. Como luci&eacute;rnagas lleg&oacute; tu luz. Y disip&oacute; las sombras de mi rinc&oacute;n. Y yo qued&eacute; como un duende temblando. Sin el azul de tus ojos de mar. Que se han cerrado para m&iacute;. Sin ver que estoy aqu&iacute;. Perdido en mi soledad. Sombras nada m&aacute;s. Acariciando mis manos. Sombras nada m&aacute;s. En el temblor de mi voz. Pude ser feliz. Y estoy en vida muriendo. Y entre l&aacute;grimas viviendo. El pasaje m&aacute;s horrendo. De este drama sin final. Sombras nada m&aacute;s. Entre tu vida y mi vida. Sombras nada m&aacute;s. Entre tu amor y mi amor&rdquo;. Hiperi&oacute;n </em>no se pudo resistir a la tentaci&oacute;n de tambi&eacute;n atreverse a cantar. Su voz dio paso a que todos los dem&aacute;s que estaban en <em>La Carmencita, </em>hasta lo cocineros que se acercaron al comedor, tambi&eacute;n se atreviesen.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Jiménez Amaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrado-ojos-dia-beso_132_3149285.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Oct 2017 20:23:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enterrado en los ojos que un día besó (24)]]></media:title>
    </item>
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