<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Borja Barragué]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/borja_barrague/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Borja Barragué]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/512898/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La universidad en el igualitarismo socialdemócrata]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/universidad-igualitarismo-socialdemocrata_1_4277847.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed89a03c-0527-4d2e-9d07-9f9ca6f59ae8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La universidad en el igualitarismo socialdemócrata"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los líderes socialdemócratas y la gente de izquierdas en general haría bien muy en manifestarse con camisetas en las que el eslogan fuera “Educación preescolar pública y gratuita para todos”.</p></div><p class="article-text">
        The Economist publicaba hace unos d&iacute;as <a href="http://www.economist.com/news/special-report/21646985-american-model-higher-education-spreading-it-good-producing-excellence" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un interesante reportaje especial sobre la educaci&oacute;n universitaria</a>. Unos pocos d&iacute;as antes de su publicaci&oacute;n, los estudiantes y profesores espa&ntilde;oles estaban convocados a una huelga &ldquo;en defensa de la Universidad p&uacute;blica&rdquo; y en contra de la flexibilizaci&oacute;n de las titulaciones de Grado y M&aacute;ster (el conocido como <a href="http://www.mecd.gob.es/prensa-mecd/actualidad/2015/01/20150130-universidades.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">decreto 3+2</a>). Esta vez The Economist y las organizaciones sindicales (espa&ntilde;olas) compart&iacute;an tanto el diagn&oacute;stico (la progresiva difusi&oacute;n a escala mundial del modelo estadounidense de educaci&oacute;n superior) como las dudas acerca de la conveniencia de la extensi&oacute;n del modelo. Pero si rascamos un poco m&aacute;s descubrimos que el hecho de compartir el diagn&oacute;stico y ciertas dudas produce el espejismo de un consenso que es falso: mientras que a los estudiantes espa&ntilde;oles les preocupa que la &ldquo;americanizaci&oacute;n&rdquo; del modelo universitario reduzca las oportunidades educativas, a The Economist le preocupa que la &ldquo;democratizaci&oacute;n&rdquo; (massification) a escala global de la educaci&oacute;n terciaria reduzca el retorno de los t&iacute;tulos universitarios y la calidad de la educaci&oacute;n terciaria. Pero, &iquest;cu&aacute;l es el motivo de que la proporci&oacute;n de la poblaci&oacute;n mundial en edad de estudiar matriculada en la Universidad haya pasado del 14 al 32% en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os?
    </p><p class="article-text">
        Aunque existen otras causas, seguramente la clave del incremento de la poblaci&oacute;n universitaria en todo el mundo es que <a href="http://www.dictionaryofeconomics.com/article?id=pde2008_S000493" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el cambio tecnol&oacute;gico sesgado</a>&nbsp;ha aumentado la demanda de trabajadores cualificados. Existen b&aacute;sicamente dos formas de satisfacer este aumento de la demanda: el modelo europeo, orientado a garantizar la igualdad de oportunidades educativas (incluso a expensas de la calidad), y el modelo estadounidense, orientado a garantizar la excelencia (incluso a expensas de la equidad). &Eacute;sta es la forma m&aacute;s habitual de presentar la discusi&oacute;n sobre los modelos de universidad y la que grosso modo emplea The Economist. Pero me parece problem&aacute;tica por dos motivos.
    </p><p class="article-text">
        Primero, porque los sistemas educativos en todo el mundo tienen como uno de sus principales objetivos favorecer la movilidad social. En su discurso sobre el Estado de la Uni&oacute;n pronunciado el 20 de enero de 2015 <a href="http://www.elpais.com/static/especial/discurso-del-estado-de-la-union/Discurso_de_Obama_sobre_el_estado_de_la_Union.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Obama propuso una matr&iacute;cula universitaria gratuita</a>&nbsp;que, bajo determinadas condiciones, dar&iacute;a cobertura a unos 9 millones de estudiantes &ldquo;porque en los Estados Unidos de Am&eacute;rica, nadie deber&iacute;a arruinarse porque ha querido ir a la Universidad&rdquo;. Y segundo, porque aunque es cierto que hay m&aacute;s universidades estadounidenses que europeas en el <a href="http://www.shanghairanking.com/ARWU2014.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">r&aacute;nking Shanghai </a>de las 100 mejores universidades del mundo (50 contra 30, aproximadamente), esta situaci&oacute;n se invierte si ampliamos el objetivo a las 500 mejores (200 universidades europeas contra 150 estadounidenses, aproximadamente). The Economist presenta los dos modelos como sistemas orientados a objetivos divergentes entre los que probablemente existe un trade-off (<a href="http://www.economist.com/news/special-report/21646985-american-model-higher-education-spreading-it-good-producing-excellence" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">excelencia vs. equidad</a>). Mi intuici&oacute;n es que no se trata tanto de modelos contrapuestos en sus objetivos, como de dos dise&ntilde;os institucionales distintos que se derivan de dos concepciones diferentes de la igualdad de oportunidades. Dar&eacute; un peque&ntilde;o rodeo para volver sobre esto antes de concluir el post.
    </p><p class="article-text">
        La igualdad de oportunidades es, a buen seguro, la concepci&oacute;n m&aacute;s popular de la igualdad. A casi todos nos parecer&iacute;a raro que alguien se opusiera a una pol&iacute;tica cuyo objetivo es promover la igualdad de oportunidades. Su popularidad llega hasta el punto de que los l&iacute;deres de los partidos ubicados en la orilla derecha del espectro pol&iacute;tico afirman defender tambi&eacute;n esta versi&oacute;n del igualitarismo. En una entrevista de diciembre de 2013 y al ser preguntado por el aumento de la desigualdad en Espa&ntilde;a, <a href="http://politica.elpais.com/politica/2013/12/08/actualidad/1386520536_280805.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rajoy afirmaba</a>: &ldquo;No hay en este momento unos indicadores precisos ni en Espa&ntilde;a ni en Europa sobre los datos de desigualdad, pero uno de los objetivos de cualquier Gobierno es que haya igualdad de oportunidades&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si, despu&eacute;s de contar hasta diez, nos olvidamos de la primera parte de la frase, lo que dice Rajoy es aproximadamente cierto. Al menos en el plano te&oacute;rico, la econom&iacute;a y la filosof&iacute;a normativas parecen haber alcanzado un cierto consenso en torno a las exigencias de la justicia social, seg&uacute;n el cual la desigualdad de resultados es justa cuando responde a factores por los que la gente es responsable (esfuerzo), pero injusta cuando se debe a circunstancias que escapan a su control (y que por tanto justifica su compensaci&oacute;n mediante transferencias sociales). Para Pablo Iglesias como para Esperanza Aguirre, nuestras instituciones deben reducir tanto como sea posible las desigualdades debidas a la loter&iacute;a social y gen&eacute;tica, pero dejar intactas las debidas a nuestro esfuerzo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, este consenso en el plano m&aacute;s o menos abstracto de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica es compatible con un buen n&uacute;mero de interpretaciones que conducen a importantes divergencias en el terreno de la pol&iacute;tica pr&aacute;ctica y el dise&ntilde;o institucional. Esperanza Aguirre seguramente no ver&iacute;a ning&uacute;n problema en que el sueldo anual de Cayetana Sautuola fuera 100 veces superior al de Jessi S&aacute;nchez, si mientras que Cayetana estudi&oacute; el doble grado de Derecho + ADE en la Carlos III de Madrid y luego curs&oacute; el MBA del IESE, Jessi abandon&oacute; de forma temprana los estudios. La desigualdad de salario (resultados), dir&iacute;a Aguirre, refleja un desigual esfuerzo. Aqu&iacute; Jessi tiene vedada cualquier pretensi&oacute;n de redistribuci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Un socialdem&oacute;crata, por el contrario, tender&iacute;a a preguntarse por qu&eacute; Jessi abandon&oacute; tempranamente el colegio mientras que Cayetana fue a la Universidad y luego obtuvo un M&aacute;ster. Porque es posible que la decisi&oacute;n de Jessi de abandonar tempranamente los estudios estuviese condicionada por que su educaci&oacute;n hasta ese momento hab&iacute;a sido peor que la de Cayetana &ndash;ense&ntilde;anza basada en la memoria y la repetici&oacute;n y no en la comprensi&oacute;n y resoluci&oacute;n de problemas, profesores mediocres, medios t&eacute;cnicos raqu&iacute;ticos, etc.-. Aqu&iacute; la pretensi&oacute;n de redistribuci&oacute;n de Jessi podr&iacute;a quedar amparada. Pero pasemos de la teor&iacute;a a los datos. El Gr&aacute;fico 1 muestra la relaci&oacute;n entre la elasticidad intergeneracional de los ingresos &ndash;donde valores m&aacute;s bajos indican que los ingresos de los hijos est&aacute;n menos relacionados con los de sus padres y por tanto una mayor movilidad social- y la fracci&oacute;n de la desigualdad econ&oacute;mica total debida a circunstancias que escapan al control de los individuos &ndash;sexo, raza, la regi&oacute;n del pa&iacute;s donde se nace, la educaci&oacute;n de nuestros padres, etc.-. &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gr&aacute;fico 1. Desigualdad de oportunidades y movilidad social intergeneracional
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a67dd947-d6e3-44c9-92d4-28ef215a15d4_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a67dd947-d6e3-44c9-92d4-28ef215a15d4_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a67dd947-d6e3-44c9-92d4-28ef215a15d4_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a67dd947-d6e3-44c9-92d4-28ef215a15d4_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a67dd947-d6e3-44c9-92d4-28ef215a15d4_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a67dd947-d6e3-44c9-92d4-28ef215a15d4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a67dd947-d6e3-44c9-92d4-28ef215a15d4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Fuente: <a href="http://www.econstor.eu/bitstream/10419/69406/1/735486352.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Brunori, Ferreira y Peragine (2013)</a>.
    </p><p class="article-text">
        El coeficiente de correlaci&oacute;n es de casi 0.5, lo que sugiere que el grado de movilidad social de un pa&iacute;s est&aacute; relacionado con la capacidad de sus instituciones para eliminar las desigualdades debidas a las loter&iacute;as social y gen&eacute;tica. En el gr&aacute;fico Espa&ntilde;a se encuentra en un cl&uacute;ster de cuatro pa&iacute;ses junto a Gran Breta&ntilde;a, EEUU y la India, en el que los ingresos de los padres determinan entre el 45 y el 55% de los de sus hijos. A la vista de los datos, el sue&ntilde;o americano (de la movilidad social) parece ser exactamente eso: un sue&ntilde;o. El alt&iacute;simo precio de las matr&iacute;culas en las universidades de EEUU es uno de los sospechosos m&aacute;s habituales de haber roto el ascensor social.
    </p><p class="article-text">
        Una soluci&oacute;n para que las instituciones educativas promuevan la movilidad social es, podr&iacute;amos pensar, la universidad gratuita para todos. Es decir, la universidad europea, donde el Estado asume la mayor parte del coste de la matr&iacute;cula. Al eliminar el selectivismo basado en el dinero que caracteriza al sistema estadounidense, el modelo europeo favorecer&iacute;a la equidad y la movilidad social. O &eacute;sa es la teor&iacute;a. Pero veamos qu&eacute; dicen los datos. El Gr&aacute;fico 2 muestra c&oacute;mo se distribuye la inversi&oacute;n p&uacute;blica en educaci&oacute;n entre los hijos de las familias m&aacute;s ricas (Q5) y m&aacute;s pobres (Q1) &ndash;ordenados en orden decreciente en atenci&oacute;n a la fracci&oacute;n de la inversi&oacute;n que reciben los alumnos pobres (Q1)-.
    </p><p class="article-text">
        Gr&aacute;fico 2. Distribuci&oacute;n de la inversi&oacute;n p&uacute;blica en educaci&oacute;n por quintiles de ingresos
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c352a428-af4c-4e21-8ac8-4fa6e50c2cb7_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c352a428-af4c-4e21-8ac8-4fa6e50c2cb7_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c352a428-af4c-4e21-8ac8-4fa6e50c2cb7_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c352a428-af4c-4e21-8ac8-4fa6e50c2cb7_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c352a428-af4c-4e21-8ac8-4fa6e50c2cb7_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c352a428-af4c-4e21-8ac8-4fa6e50c2cb7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c352a428-af4c-4e21-8ac8-4fa6e50c2cb7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Fuente: Extra&iacute;do de <a href="http://www.oecd-ilibrary.org/social-issues-migration-health/the-impact-of-publicly-provided-services-on-the-distribution-of-resources_5k9h363c5szq-en" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Verbist et al.</a>&nbsp;(2012).
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a ocupa una posici&oacute;n intermedia, con una inversi&oacute;n en la etapa educativa obligatoria m&aacute;s progresiva que la media de la OCDE y una distribuci&oacute;n para la etapa terciaria m&aacute;s regresiva que la media. M&aacute;s all&aacute; de esto, lo que muestra el gr&aacute;fico es que el impacto redistributivo de la inversi&oacute;n en los diferentes niveles de la educaci&oacute;n es muy desigual. La inversi&oacute;n en la etapa obligatoria es muy progresiva porque alcanza a todos los ni&ntilde;os, mientras que <a href="http://www.oecd.org/eco/42503533.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la educaci&oacute;n terciaria es regresiva </a>(gr&aacute;fico 4), con una media para los pa&iacute;ses de la OCDE de aproximadamente un 30% del total de la inversi&oacute;n destinada al 20% m&aacute;s rico de la poblaci&oacute;n (y es probable que esa media sea a&uacute;n mayor porque, como se&ntilde;alan Verbist et al., en Dinamarca y el resto de pa&iacute;ses escandinavos es habitual que los universitarios vivan fuera de casa de sus padres y, como normalmente tienen pocos ingresos, suelen estar concentrados en el 20% m&aacute;s pobre de la poblaci&oacute;n). Lo que muestran los datos es que, en la pr&aacute;ctica, el modelo europeo de Universidad destina m&aacute;s recursos p&uacute;blicos a los estudiantes de los entornos sociales m&aacute;s favorecidos que a los alumnos de entornos m&aacute;s humildes. Dicho de otra forma: en el modelo europeo, los recursos p&uacute;blicos potencian las desigualdades injustas debidas a factores que escapan a nuestro control (b&aacute;sicamente nuestro origen social).
    </p><p class="article-text">
        Volviendo a las diversas interpretaciones del ideal de la igualdad de oportunidades y para evitar malentendidos. Lo anterior no quiere decir que alguien que sostiene una concepci&oacute;n robusta de la igualdad de oportunidades deba apoyar entusi&aacute;sticamente el modelo de universidad estadounidense. El precio de las matr&iacute;culas en EEUU provoca una enorme desigualdad en el acceso a las oportunidades educativas y adem&aacute;s frena la movilidad social, seguramente porque <a href="http://plato.stanford.edu/entries/equal-opportunity/#ForEquOpp" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la noci&oacute;n conservadora de la igualdad de oportunidades</a>&nbsp;que informa ese modelo es una concepci&oacute;n formal que impide las discriminaciones raciales &agrave; la apartheid pero permite que nuestras oportunidades educativas se vean injustamente influidas por factores de los que no somos responsables como nuestra clase social. El modelo europeo se inspira en la <a href="http://plato.stanford.edu/entries/equal-opportunity/#SubEquOpp" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">concepci&oacute;n socialdem&oacute;crata de la igualdad de oportunidades </a>&ndash;que podr&iacute;amos resumir en la idea marxista de la sociedad sin clases-, que a diferencia de la noci&oacute;n conservadora s&iacute; exige para su realizaci&oacute;n un cierto grado de movilidad social (no basta la mera no-discriminaci&oacute;n legal por raz&oacute;n de sexo, raza, etc.). El problema es que en la pr&aacute;ctica invertir en la &uacute;ltima etapa del proceso educativo provoca un efecto regresivo, amplificando las desigualdades debidas a la clase social. Existen pol&iacute;ticas que tratan de garantizar las oportunidades educativas de todos sin renunciar a la progresividad, como las matr&iacute;culas cuyo precio se corrige en funci&oacute;n de los ingresos de los padres o <a href="http://www.palgrave.com/page/detail/?k=9781137413185" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los pr&eacute;stamos para estudiantes con pocos recursos que s&oacute;lo se devuelven cuando se supera cierto umbral de ingresos</a>, pero es probable que todav&iacute;a no tengamos suficiente evidencia emp&iacute;rica para estar seguros de sus resultados. Mientras tanto, y aunque de momento no se vean muchas, los l&iacute;deres socialdem&oacute;cratas y la gente de izquierdas en general har&iacute;a bien muy en manifestarse con camisetas en las que el eslogan fuera &ldquo;Educaci&oacute;n preescolar p&uacute;blica y gratuita para todos&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Borja Barragué]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/universidad-igualitarismo-socialdemocrata_1_4277847.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Apr 2015 18:47:33 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ed89a03c-0527-4d2e-9d07-9f9ca6f59ae8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="750812" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ed89a03c-0527-4d2e-9d07-9f9ca6f59ae8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="750812" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La universidad en el igualitarismo socialdemócrata]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ed89a03c-0527-4d2e-9d07-9f9ca6f59ae8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Igualitarismo predistributivo: qué es y cómo se hace]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/igualitarismo-predistributivo-hace_1_4319032.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ea752b1a-5e56-4547-8b27-ca2026877f10_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Igualitarismo predistributivo: qué es y cómo se hace"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las políticas para evitar una nueva Edad de Oro del capitalismo de rentistas no pueden limitarse a corregir ex post sus consecuencias sino que deben actuar ex ante sobre sus causas.</p></div><p class="article-text">
        Como ocurre cada vez que estalla una crisis econ&oacute;mica importante, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os los economistas se han convertido en las estrellas del rock de las ciencias sociales. A ello han contribuido de manera destacada dos libros: Por qu&eacute; fracasan los pa&iacute;ses, coescrito por D. Acemoglu y J. A. Robinson, y El capital en el siglo XXI, de T. Piketty.
    </p><p class="article-text">
        El argumento del primero es que, al contrario de lo que sugieren las explicaciones culturalistas &agrave; la <a href="http://www.d.umn.edu/cla/faculty/jhamlin/1095/The%20Protestant%20Ethic%20and%20the%20Spirit%20of%20Capitalism.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Weber</a>&nbsp;y geogr&aacute;ficas &agrave; la <a href="http://www.nber.org/papers/w9490.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sachs</a>, lo que explica las extraordinarias divergencias en los niveles de renta per c&aacute;pita entre los pa&iacute;ses son las instituciones. Los pa&iacute;ses crecen cuando desarrollan instituciones econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas inclusivas, y fracasan cuando esas mismas instituciones se conviertan en extractivas y concentran el poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico en manos de unos pocos. El argumento del segundo es que hoy vivimos <a href="http://www.nybooks.com/articles/archives/2014/may/08/thomas-piketty-new-gilded-age/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una segunda Edad de Oro o Gilded Age</a>&nbsp;y, salvo que se tomen medidas, veremos un futuro dominado por una clase de rentistas como los que desfilan en las novelas de Jane Austen y Balzac, con el consiguiente riesgo de que los s&uacute;per ricos aprovechen su poder para &ldquo;<a href="http://economia.elpais.com/economia/2014/04/25/actualidad/1398439929_901711.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">comprar gobiernos</a>&rdquo; que aseguren sus privilegios. &iquest;<a href="http://www.voxeu.org/article/redistribution-inequality-and-sustainable-growth" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">C&oacute;mo evitar que el aumento de la desigualdad acabe perjudicando el crecimiento econ&oacute;mico y desvirtuando la democracia</a>?
    </p><p class="article-text">
        La soluci&oacute;n tradicional del igualitarismo redistributivo ha sido, como dec&iacute;a <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/blog/Redistribucion-Predistribucion-Parte-II_6_64103592.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pepe Fern&aacute;ndez-Albertos</a>&nbsp;aqu&iacute;, dejar funcionar libremente a los mercados primero y proteger a los perdedores del mercado laboral redistribuyendo rentas despu&eacute;s. En el plano te&oacute;rico, la concepci&oacute;n de la justicia como equidad de J. Rawls ha sido la justificaci&oacute;n normativa m&aacute;s frecuentemente invocada por el igualitarismo-de-impuestos-y-transferencias. De acuerdo con esta lectura tradicional de Rawls, el objetivo de la agenda institucional del igualitarismo socialdem&oacute;crata deber&iacute;a ser hacer la tarta lo m&aacute;s grande posible (eficiencia), pero asegur&aacute;ndonos de que esto redunde en beneficio del grupo social m&aacute;s vulnerable (igualdad). El Estado del bienestar que se construye a partir de 1946 ser&iacute;a la materializaci&oacute;n institucional de este liberalismo socialdem&oacute;crata. &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como ocurre cada vez que estalla una crisis econ&oacute;mica importante, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os el Estado de bienestar ha sido el blanco preferido de la cr&iacute;tica conservadora por ser <a href="http://www.huffingtonpost.es/2012/09/07/jose-maria-aznar-expresid_n_1864775.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una estructura institucional ineficaz e insostenible</a>. A esta cr&iacute;tica se suma que en una &eacute;poca caracterizada por la globalizaci&oacute;n, la estabilidad presupuestaria y la consolidaci&oacute;n fiscal y el cambio tecnol&oacute;gico, los mecanismos tradicionales del Estado de bienestar, concebidos para econom&iacute;as b&aacute;sicamente industriales, parecen haberse quedado obsoletos. El reto que enfrenta la socialdemocracia es, por tanto, actualizar su agenda socioecon&oacute;mica y la estructura institucional que la encarna; esto es, el Estado de bienestar.
    </p><p class="article-text">
        Una propuesta sugerente es la del igualitarismo predistributivo, cuya idea fundamental queda bien resumida por el eslogan popular seg&uacute;n el cual &ldquo;m&aacute;s vale prevenir que curar&rdquo;. Dicho de una forma un poco m&aacute;s elaborada: si queremos reducir la desigualdad, no podemos limitarnos a intervenir (ex post) sobre sus efectos sino que debemos actuar (ex ante) sobre sus causas. Pero, &iquest;c&oacute;mo se previene en materia de pobreza, exclusi&oacute;n y desigualdad social? A continuaci&oacute;n analizar&eacute; tres versiones distintas del igualitarismo predistributivo, que se derivan de tres interpretaciones diferentes sobre las causas del aumento de la desigualdad en las tres o cuatro &uacute;ltimas d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        La primera es la versi&oacute;n liberal del igualitarismo predistributivo y toma como base lo que <a href="http://economics.mit.edu/files/5571" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Acemoglu y Autor</a>&nbsp;han llamado el &ldquo;modelo can&oacute;nico&rdquo; o &ldquo;est&aacute;ndar&rdquo; en econom&iacute;a para explicar la evoluci&oacute;n de la dispersi&oacute;n salarial en una sociedad. La idea es que los cambios o shocks tecnol&oacute;gicos aumentan la demanda de trabajadores cualificados, de forma que la &uacute;nica manera de que no aumente la desigualdad en las rentas antes de impuestos y transferencias es un incremento equivalente en la oferta de trabajadores cualificados. En los periodos en que <a href="http://www.hup.harvard.edu/catalog.php?isbn=9780674035300" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esta carrera entre la tecnolog&iacute;a y la educaci&oacute;n</a>&nbsp;la gana la primera, la desigualdad aumenta, y cuando la que gana es la educaci&oacute;n, la desigualdad disminuye. Si queremos que el aumento de la desigualdad no disminuya la calidad de la democracia, concentr&eacute;monos en preparar antes que en reparar. Y <a href="http://opinionator.blogs.nytimes.com/2013/09/14/lifelines-for-poor-children/?_r=0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuanto antes, mejor</a>. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La segunda es la versi&oacute;n republicana y parte de una observaci&oacute;n emp&iacute;rica: a diferencia de lo que predice el modelo can&oacute;nico, el proceso de concentraci&oacute;n de ingresos en manos de los s&uacute;per ricos en las tres o cuatro &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha registrado evoluciones muy diversas en los distintos pa&iacute;ses de la OCDE. Los ingresos del 1% m&aacute;s rico han muy significativamente en EEUU, Reino Unido y Canad&aacute;, mientras que en Jap&oacute;n, Alemania o Francia se han mantenido relativamente estables. Si la principal causa del aumento de la dispersi&oacute;n salarial fueran las fuerzas tecnol&oacute;gicas &ndash;el cambio tecnol&oacute;gico sesgado que ha aumentado desproporcionadamente los salarios de los trabajadores m&aacute;s formados-, &iquest;por qu&eacute; econom&iacute;as industrializadas con un nivel de desarrollo tecnol&oacute;gico a priori similar difieren tanto en cuanto a la evoluci&oacute;n del comportamiento de la desigualdad salarial?
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://www.amazon.com/Winner-Take-All-Politics-Washington-Richer-Turned/dp/1416588701" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La hip&oacute;tesis de Hacker y Pierso</a>n es que las fuerzas del cambio tecnol&oacute;gico, siendo reales, se producen en el contexto m&aacute;s amplio de los cambios ocurridos a partir de la d&eacute;cada de los 70 en esos mismos pa&iacute;ses y que han afectado a sus instituciones laborales, por un lado, y a las normas sociales y culturales (y aqu&iacute; sobre todo al grado de aceptaci&oacute;n social de la desigualdad), por el otro. En estos cambios institucionales s&iacute; hay diferencias entre pa&iacute;ses como EEUU y Jap&oacute;n, lo que explicar&iacute;a que la evoluci&oacute;n de la dispersi&oacute;n salarial tambi&eacute;n haya seguido patrones divergentes. En opini&oacute;n de Hacker, seguramente el te&oacute;rico pol&iacute;tico que ha hecho una defensa m&aacute;s sistem&aacute;tica del igualitarismo predistributivo, estas divergencias reflejan no s&oacute;lo diferencias en la evoluci&oacute;n de las instituciones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas, sino sobre todo diferencias en el poder que disfrutan los agentes que operan en el mercado. El siguiente gr&aacute;fico muestra el &Iacute;ndice de Poder de Negociaci&oacute;n, entendido como la fracci&oacute;n del producto nacional por trabajador capturada en forma de remuneraci&oacute;n por el trabajador medio (jornada completa), para el periodo 1950-2005. A efectos comparativos, el gr&aacute;fico muestra tambi&eacute;n la evoluci&oacute;n de la renta mediana del 1% m&aacute;s rico (eje secundario, dividendos del capital aparte). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/07856400-e84b-47b6-8de9-4c11e2881949_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/07856400-e84b-47b6-8de9-4c11e2881949_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/07856400-e84b-47b6-8de9-4c11e2881949_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/07856400-e84b-47b6-8de9-4c11e2881949_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/07856400-e84b-47b6-8de9-4c11e2881949_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/07856400-e84b-47b6-8de9-4c11e2881949_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/07856400-e84b-47b6-8de9-4c11e2881949_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Fuente: Extra&iacute;do de <a href="http://www.nber.org/papers/w13106.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Levy y Temin (2007)</a>.
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo la literatura del crecimiento econ&oacute;mico que subraya el papel de las instituciones en el crecimiento econ&oacute;mico (como hacen Acemoglu y Robinson, exacto), Levy y Temlin sugieren que la &uacute;nica forma de requilibrar las fuerzas en el mercado, y por consiguiente en las rentas salariales, es que el gobierno intervenga para cambiar las reglas del juego del mercado. Si queremos una democracia donde todos los ciudadanos puedan mirar a los ojos a los dem&aacute;s sin miedo al reproche o la intimidaci&oacute;n (lo que <a href="http://paw.princeton.edu/issues/2014/03/05/pages/7862/index.xml" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pettit</a>&nbsp;llama el &ldquo;eyeball test&rdquo;), entonces el policy maker republicano puede hacer por lo menos dos cosas: (1) reforzar el papel de los sindicatos, porque a veces las interferencias generadas por estos actores <a href="http://www.nber.org/papers/w18921" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pueden ser eficientes</a>&nbsp;para el equilibrio de una econom&iacute;a; y (2) estrechar los m&aacute;rgenes del mercado laboral por arriba &ndash;al estilo de la &ldquo;<a href="http://economia.elpais.com/economia/2013/11/24/actualidad/1385300498_733811.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">regla 1:12</a>&rdquo; de limitaci&oacute;n de los grandes sueldos votada (y rechazada) en &nbsp;refer&eacute;ndum por los suizos en 2013- y por abajo &ndash;interviniendo el sistema de precios a trav&eacute;s de la legislaci&oacute;n sobre salario m&iacute;nimo para que los sueldos de las cinco primeras decilas no se descuelguen con respecto a los incrementos de la productividad-.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo est&aacute; la versi&oacute;n marxista del igualitarismo predistributivo, que en el campo de la econom&iacute;a se inspira en el estudio sobre la distribuci&oacute;n de la riqueza de Piketty y en el de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica parte del an&aacute;lisis de las implicaciones institucionales de la teor&iacute;a de la justicia social de Rawls. La idea de Piketty y <a href="https://www.uclouvain.be/cps/ucl/doc/etes/documents/2003.RawlsVanParijs.R.Phil.Econ.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">del &uacute;ltimo Rawls </a>es aproximadamente la misma: la din&aacute;mica econ&oacute;mica inherente al capitalismo tiende a crear desigualdades que, salvo que se adopten medidas, se traducen en la sobrerrepresentaci&oacute;n de los intereses de las &eacute;lites econ&oacute;micas en el proceso democr&aacute;tico. Si queremos evitar que una fracci&oacute;n reducida de la sociedad controle la econom&iacute;a y pueda as&iacute; &ldquo;comprar gobiernos&rdquo; para asegurarse sus privilegios, quiz&aacute; compensar a trav&eacute;s de transferencias a quienes menos tienen ex post, cuando la exclusi&oacute;n social es ya un hecho, no sea la mejor estrategia, sino que deber&iacute;amos adoptar medidas para dispersar la propiedad del capital productivo ex ante. Pero, &iquest;c&oacute;mo puede conectarse este liberalismo socialdem&oacute;crata de cu&ntilde;o pikettiano con la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica? El policy maker al que le gusta llevar una camiseta con el logo &ldquo;r &amp;gt; g&rdquo; puede seguir tres estrategias: (1) establecer un derecho ciudadano a un (peque&ntilde;o) patrimonio o capital a trav&eacute;s de la instauraci&oacute;n de algo as&iacute; como un Fondo Soberano de Inversi&oacute;n que reparta la fracci&oacute;n de la riqueza que es herencia (com&uacute;n) de las generaciones anteriores &ndash;a trav&eacute;s de <a href="http://www.apfc.org/home/Content/dividend/dividendamounts.cfm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un dividendo social</a>, como en Alaska, o de <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Child_Trust_Fund" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un baby bond</a>&nbsp;que se paga a todos los ciudadanos al cumplir la mayor&iacute;a de edad, como ocurri&oacute; en el Reino Unido-; (2) dispersar el valor per c&aacute;pita del capital productivo a trav&eacute;s de una renta b&aacute;sica universal o un Impuesto Negativo, como se hizo en Dauphin (Canad&aacute;), con <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Mincome" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el experimento del Mincome</a>&nbsp;y en Seattle/Denver durante <a href="http://www.psc.isr.umich.edu/dis/data/catalog/detail/1026" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los experimentos SIME/DIME</a>; y (3) promover iniciativas que favorezcan la econom&iacute;a social o cooperativa. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las pol&iacute;ticas para evitar una nueva Edad de Oro del capitalismo de rentistas no pueden limitarse a corregir ex post sus consecuencias sino que deben actuar ex ante sobre sus causas. Predistribuir las habilidades cognitivas y formativas mediante la inversi&oacute;n en educaci&oacute;n es importante, pero existe evidencia que sugiere que es s&oacute;lo una parte de la historia. La otra parte tiene que ver con la (desigual) distribuci&oacute;n del poder y el capital productivo. Las malas noticias son que combatir esas otras desigualdades implica adoptar medidas pol&iacute;ticamente m&aacute;s controvertidas que la inversi&oacute;n p&uacute;blica en educaci&oacute;n. Las buenas que hay muchas otras cosas que podemos hacer adem&aacute;s de construir guarder&iacute;as.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Borja Barragué]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/igualitarismo-predistributivo-hace_1_4319032.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Mar 2015 20:00:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ea752b1a-5e56-4547-8b27-ca2026877f10_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="53555" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ea752b1a-5e56-4547-8b27-ca2026877f10_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="53555" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Igualitarismo predistributivo: qué es y cómo se hace]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ea752b1a-5e56-4547-8b27-ca2026877f10_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
