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    <title><![CDATA[elDiario.es - Fran Ibarruti]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Fran Ibarruti]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Carta desde Australia a Miguel de LasCosaBuenas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/carta-fran-ibarruti_132_4290829.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Nunca me sentí identificado con Durruti, un anarquista puro y violento, dos atributos que detesto por igual. Y tampoco otro de sus rasgos, el valor hasta la temeridad, hizo mella en mí.</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         De nuevo Miguel has vuelto a insistir en un nombre que solo me pusiste pasado el tiempo. Y de nuevo te recuerdo el original, el que me adjudicaste estando en aquel convulso y fascinante Madrid de los a&ntilde;os setenta: Ibarruti, un apelativo compuesto m&aacute;s creativo y, <em>as consequence</em>, m&aacute;s propio de tu esp&iacute;ritu. Nunca me sent&iacute; identificado con Durruti, un anarquista puro y violento, dos atributos que detesto por igual. Y tampoco otro de sus rasgos, el valor hasta la temeridad, hizo mella en m&iacute;. Me raj&eacute; en cuanto supe que estaba fichado, todav&iacute;a con el recuerdo en la cabeza de las torturas a las que hab&iacute;a sido sometido nuestro amigo Manolo. Lo sabes bien, como casi todo lo que escribir&eacute; a continuaci&oacute;n para que los que te siguen en el peri&oacute;dico puedan explicarse mejor alguna cosa de las que cuentas en este medio.
    </p><p class="article-text">
        T&uacute; fuiste el primero que me recomendaste la ruta anglosajona, pero debo reconocer que la idea de que Pericles estuviera en Londres fue lo que me anim&oacute; definitivamente a escoger ese camino. &iquest;Te acuerdas cuando lleg&oacute; a Madrid, siendo casi un adolescente, solo con su guitarra y una peque&ntilde;a mochila? &iquest;Te acuerdas cuando fuimos juntos al Balboa Jazz donde un afroamericano, de cuerpo proporcional a su instrumento, tocaba el bajo sin dejar de re&iacute;rse? Cuando, para nuestra consternaci&oacute;n, nos trajeron la abultada cuenta, &eacute;l nos dijo que ya entend&iacute;a de quien se re&iacute;a aquel m&uacute;sico...
    </p><p class="article-text">
        El que Pericles llevara ya un a&ntilde;o en Londres me facilit&oacute; mucho las cosas. No fue dif&iacute;cil empezar a fregar platos, ya que &eacute;l lo hab&iacute;a hecho para poder sobrevivir y dedicarse a su verdadera pasi&oacute;n: la m&uacute;sica. La cosa fue bien y antes de que nuestro amigo se fuera definitivamente a hacer las Am&eacute;ricas, yo hab&iacute;a abierto un restaurante en Southampton junto con mi socio Marcos, un asturiano que empez&oacute; como pinche de cocina en el mismo local donde yo trabajaba. Fueron seis a&ntilde;os de dura labor en los que cada vez se nos llenaba m&aacute;s la cabeza con la idea de cruzar el charco en la direcci&oacute;n que fuera. Nuestros clientes, hombres de la mar y cruceristas de lujo, contribu&iacute;an a fomentar, con sus conversaciones, o con su solo aspecto, el levantamiento del vuelo, pero tuvo que ocurrir otro hecho luctuoso, cuya narraci&oacute;n har&iacute;a muy larga esta carta, para que tom&aacute;ramos la decisi&oacute;n en firme. Solo nos faltaba acordar cu&aacute;l ser&iacute;a nuestro destino. Pusimos el local a la venta y esperamos pacientemente hasta que cuatro meses despu&eacute;s nos lleg&oacute; una buena oferta. Entonces<em> we flew the nest. </em>
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, durante el tiempo de espera, no nos quedamos con los brazos cruzados. Primero fui yo el que viaj&oacute; a M&eacute;xico y a Estados Unidos. En el primer pa&iacute;s nuestro contacto, en apariencia un acaudalado crucerista que nos anim&oacute; fervorosamente a abrir un restaurante en D.F., hab&iacute;a perdido su et&iacute;lico &iacute;mpetu y, cuando por fin pude sortear sus evasivas y verle, solo alcanc&eacute; a comprobar que la realidad hab&iacute;a menguado tanto su inter&eacute;s como su riqueza. As&iacute; que adelant&eacute; mi viaje a <em>New Orleans</em> y no me arrepent&iacute;. Pas&eacute; una semana maravillosa con Pericles dando tumbos de garito en garito y tragando jazz y <em>bourbon</em> al mismo ritmo. No obstante, la gran sensibilidad que para la m&uacute;sica demostraba aquella gente, no ten&iacute;a nada que ver con su devoci&oacute;n por la gastronom&iacute;a. M&aacute;s bien todo lo contrario. Eso, unido a otra circunstancia que no viene al caso, hizo que regresara a Inglaterra un poco con el rabo entre las piernas, despu&eacute;s de despedirme con enorme gratitud de <em>my friend</em> Pericles.
    </p><p class="article-text">
        Mientras yo tomaba las riendas del restaurante, Marcos inici&oacute; un viaje con el mismo fin a Australia, dejando en la rec&aacute;mara a Canad&aacute; como &uacute;ltima opci&oacute;n. Pero no hizo falta. Mi socio vino entusiasmado de Sidney, una ciudad cosmopolita y cara donde nuestro contacto, menos pretencioso que el mexicano, le hab&iacute;a sido de gran utilidad. Me dijo que la alta restauraci&oacute;n ten&iacute;a futuro en una sociedad, en buena parte descendiente de convictos y buscadores de oro, que hab&iacute;a prosperado hacia la riqueza. La bondad del clima fue la guinda sobre el pastel, as&iacute; que fuimos preparando las maletas.
    </p><p class="article-text">
        Tras ciertas dificultades pudimos por fin abrir un restaurante en la Bah&iacute;a de Jackson que pronto se llen&oacute; de clientela. Los comensales, en general con buen nivel adquisitivo, eran en su mayor&iacute;a de la ciudad, aunque tambi&eacute;n ven&iacute;an de otros sitios, principalmente de Melbourne. As&iacute;, un d&iacute;a entr&oacute; en el restaurante un tr&iacute;o de esa antigua capital, en el que me llam&oacute; la atenci&oacute;n la presencia de una joven cuya indumentaria y actitud parec&iacute;an discordar con el atuendo y seriedad de sus padres. De inmediato pens&eacute; que la chica podr&iacute;a ser la pareja ideal para Pericles pero, lo que es la vida, el resultado final fue que se convirti&oacute; en la madre de mis hijos. Otra larga historia.
    </p><p class="article-text">
        Para no cansar dir&eacute; que en estos momento somos propietarios de dos restaurantes en Melbourne, en los que cada vez est&aacute; m&aacute;s implicado mi hijo el menor, y de una granja que lleva directamente el mayor. Sali&oacute; a su madre. Tambi&eacute;n estoy poniendo en marcha una empresa al estilo LasCosasBonitas (gracias por tus consejos y contactos Miguel) pero de dimensi&oacute;n australiana. En los restaurantes he tenido la oportunidad de hacer amistad con altos cargos de la polic&iacute;a y el ej&eacute;rcito, gente de notables apellidos, financieros y hasta un obispo anglicano. Desde luego no era lo que esperabas de un amigo al que bautizaste como Ibarruti (si Do&ntilde;a Dolores y Don Buenaventura levantaran la cabeza...), pero creo que puedes entenderlo.
    </p><p class="article-text">
        Un abrazo a La Palma
    </p><p class="article-text">
        PD: De los tagasastes y de la canaria que vino a estudiarlos ya hablaremos otro d&iacute;a.    
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fran Ibarruti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/carta-fran-ibarruti_132_4290829.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2015 10:29:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Carta desde Australia a Miguel de LasCosaBuenas]]></media:title>
    </item>
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