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    <title><![CDATA[elDiario.es - Andrea Olea]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/andrea_olea/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Andrea Olea]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La última agonía de Beirut: el posible latido de un corazón bajo los escombros un mes después de la explosión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/ultima-agonia-beirut-posible-latido-corazon-escombros-mes-despues-explosion_1_6201849.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/00c62f0b-8639-4e36-99f3-f30ec71e7a08_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La última agonía de Beirut: el posible latido de un corazón bajo los escombros un mes después de la explosión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un equipo de rescate chileno trabaja contra reloj entre discrepancias con las autoridades y el apoyo de los vecinos</p><p class="subtitle">Beirut, un mes después de la explosión: "Fuimos los ciudadanos los que cogimos las escobas y palas y lo limpiamos todo"</p></div><p class="article-text">
        Todo un pa&iacute;s segu&iacute;a con mezcla de angustia y esperanza la b&uacute;squeda de un posible superviviente entre las ruinas de Beirut un mes despu&eacute;s de la brutal explosi&oacute;n que devast&oacute; el centro de la ciudad. Tras un d&iacute;a y medio de b&uacute;squeda ininterrumpida, los equipos de socorro no hab&iacute;an logrado dar con la vida que promet&iacute;an los signos vitales detectados bajo los escombros de un edificio casi completamente derruido en el barrio de Gemmayze, situado a apenas un kil&oacute;metro del lugar del estallido el pasado 4 de agosto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El jueves, un equipo voluntario de rescatistas chilenos devolv&iacute;a la esperanza a la ciudad. El perro especializado en rescates de 'Topos Chile' hab&iacute;a se&ntilde;alado un punto concreto en medio del derrumbe y el esc&aacute;ner del equipo confirm&oacute; que hab&iacute;a se&ntilde;ales de pulso y respiraci&oacute;n, seg&uacute;n explicaba&nbsp;a este medio Walter Mu&ntilde;oz, uno de los miembros del equipo. A &uacute;ltima hora de la tarde del viernes el jefe del equipo asegur&oacute; que seguir&iacute;an buscando hasta que encontraran una se&ntilde;al definitiva de que no hab&iacute;a nadie vivo dentro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las primeras informaciones apuntaban a que el superviviente ser&iacute;a un ni&ntilde;o o ni&ntilde;a peque&ntilde;o. Comenz&oacute; entonces una fren&eacute;tica operaci&oacute;n de rescate junto a otros equipos que a&uacute;n sigue en marcha, pese a que las esperanzas se disipan por momentos. Un miembro de la ONG Live Love Lebanon, tambi&eacute;n participante en las tareas, asegur&oacute; que seguir&iacute;an toda la noche si era necesario. &ldquo;Continuaremos hasta confirmar si hay o no cuerpo&rdquo;, asegur&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Con el paso de las horas, las respiraciones detectadas entre las ruinas hab&iacute;an pasado de las 18 por minuto iniciales a 15 y despu&eacute;s a siete (lo habitual en una persona sana adulta es de 60 a 100).&nbsp;Entretanto, crec&iacute;a el inter&eacute;s de todo un pa&iacute;s roto por la tragedia: los libaneses han seguido el minuto a minuto pegados a sus televisores o apostados tras la barrera de seguridad impuesta por el ej&eacute;rcito frente al lugar de la b&uacute;squeda, esperando la buena aunque improbable noticia. Durante toda la noche del jueves, decenas de personas hicieron vigilia, algunas rezando, otras reportando en las redes sociales cada piedra retirada.
    </p><p class="article-text">
        El jueves hacia medianoche se detuvieron brevemente las tareas de b&uacute;squeda despu&eacute;s de que el ej&eacute;rcito liban&eacute;s, que supervisa la operaci&oacute;n, alegara problemas de seguridad debido al mal estado del edificio. Ante la noticia de que las tareas no se reanundar&iacute;an hasta la ma&ntilde;ana siguiente, decenas de vecinos se encararon con los uniformados y exigieron indignados al grito de &ldquo;verg&uuml;enza&rdquo; que se retomara el rescate. Varios j&oacute;venes se encaramaron a las ruinas, dispuestos a seguir excavando con sus propias manos, hasta que fueron disuadidos por la multitud, y una vecina comenz&oacute; a gestionar el alquiler de la gr&uacute;a faltante para seguir buscando. Finalmente, y a petici&oacute;n popular, Defensa Civil libanesa retom&oacute; la operaci&oacute;n y el equipo de rescatadores chileno regres&oacute; para darles el relevo hacia las cuatro de la ma&ntilde;ana.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Un equipo veterano en rescates imposibles</strong></h3><p class="article-text">
        Topos Chile lleva a&ntilde;os acudiendo a escenarios de desastre para buscar supervivientes. &ldquo;Si hay un 1% de posibilidades de encontrar a alguien, nos quedamos&rdquo;, explic&oacute; Walter Mu&ntilde;oz, uno de los miembros del equipo. El grupo de 14 socorristas hab&iacute;a llegado a Beirut tres d&iacute;as&nbsp;antes, financi&aacute;ndose los billetes y el alojamiento de su propio bolsillo. Topos Chile ha intervenido en desastres en pa&iacute;ses como Nueva Zelanda y Hait&iacute;, donde llegaron a encontrar una persona con vida 27 d&iacute;as despu&eacute;s del terremoto que sacudi&oacute; el pa&iacute;s en 2010. Durante el rescate, el equipo y su perro, Flash, se han convertido instant&aacute;neamente en h&eacute;roes de L&iacute;bano, con miles de personas loando su labor en las redes sociales.
    </p><p class="article-text">
        Aunque en contadas ocasiones se ha encontrado supervivientes semanas despu&eacute;s de un terremoto o derrumbre, lo m&aacute;s com&uacute;n es que las tareas de rescate se detengan tras siete d&iacute;as de b&uacute;squeda. Sin embargo, la b&uacute;squeda se habr&iacute;a detenido apenas tres d&iacute;as despu&eacute;s de la cat&aacute;strofe, seg&uacute;n denunciaron vecinos de la zona, alegando que en repetidas ocasiones avisaron del olor a descomposi&oacute;n que emanaba del edificio en ruinas. Un <a href="https://twitter.com/khalilelhelou/status/1301818381109264384" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">bombero voluntari</a>o asegur&oacute; que hab&iacute;a intentado examinar el lugar dos d&iacute;as despu&eacute;s de la explosi&oacute;n y fue disuadido
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Los beirut&iacute;s han acusado de inacci&oacute;n absoluta a las autoridades, tanto en los momentos inmediatos a la explosi&oacute;n, como en las tareas de rescate, desescombro y asistencia a las v&iacute;ctimas posteriores. El &uacute;ltimo balance asciende a 191 muertos, m&aacute;s de 6.500 heridos y 300.000 personas desplazadas al quedarse sin hogar. <a href="https://www.eldiario.es/internacional/beirut-mes-despues-explosion-ciudadanos-cogimos-escobas-palas-limpiamos_130_6199090.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ha sido la propia poblaci&oacute;n afectada la que se ha encargado de limpiar las calles asfaltadas</a> de escombros, proveer de alimentos y medicinas a los afectados, y reparar las viviendas da&ntilde;adas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Gemmayze y Mar Mikhail, las zonas m&aacute;s golpeadas por la explosi&oacute;n, los comerciantes y vecinos cuyas casas han quedado en pie se afanan estos d&iacute;as en instalar puertas y ventanas. En las aceras, decenas de carpas de ONG locales e internacionales ofrecen ayuda mientras r&iacute;os de trabajadores de organizaciones humanitarias, distinguibles por sus chalecos de todos los colores, recorren la ciudad evaluando da&ntilde;os y ofreciendo asistencia. Todas las personas interrogadas por este medio aseguran no haber recibido ning&uacute;n tipo de ayuda oficial tras lo ocurrido.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando o&iacute;a que pod&iacute;a haber un superviviente baj&eacute; a verlo y aqu&iacute; sigo desde ayer, paseando calle arriba, calle abajo&rdquo;, explica Esther Diko, vecina de Gemmayze. &ldquo;Ayer s&iacute; cre&iacute;a que hab&iacute;a esperanza, hoy ya no s&eacute;, todo esto es muy duro para m&iacute;, no hago m&aacute;s que recordar lo que pas&oacute;&rdquo;, a&ntilde;ade entre l&aacute;grimas contenidas.
    </p><p class="article-text">
        La indiferencia oficial ante las v&iacute;ctimas de la tragedia era evidente: en las primeras 36 horas de operaci&oacute;n de rescate, ning&uacute;n cargo p&uacute;blico hab&iacute;a visitado la zona para informarse de los avances sobre el terreno. &ldquo;Todo L&iacute;bano pendiente del rescate menos nuestros dirigentes&rdquo;, afirmaba un usuario en Twitter.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hacia las 2 de la tarde del viernes, los equipos de rescate empezaron a agotar sus expectativas de encontrar vida, aunque siguieron buscando. Tras descartar el punto inicialmente se&ntilde;alado por el esc&aacute;ner y las c&aacute;maras de temperatura, empezaron a barrer el &aacute;rea circundante hasta un radio de tres metros, sin resultados.&nbsp;A &uacute;ltima hora de la tarde hab&iacute;an logrado llegar hasta el s&oacute;tano del edificio y la operaci&oacute;n continuaba, convertida en todo un s&iacute;mbolo de la resiliencia de un pa&iacute;s desbordado por la sucesi&oacute;n de crisis.
    </p><p class="article-text">
        La informaci&oacute;n sobre el origen y causas de la explosi&oacute;n se ha ido conociendo con cuentagotas en las &uacute;ltimas semanas, mayoritariamente a trav&eacute;s de filtraciones e informes de la prensa internacional. Ni el nuevo ejecutivo ni gobierno dimisionario han ofrecido ruedas de prensa hasta la fecha para explicar en detalle lo ocurrido, pese a que se sabe que tanto el presidente Michel Aoun como el dimitido jefe del Ejecutivo ten&iacute;an conocimiento de la presencia de cantidades masivas de nitrato de amonio en el puerto de Beirut.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de los 191 muertos, quedan a&uacute;n siete desaparecidos de los que no hay noticias. El viernes a las 7 de la tarde, una vigilia en la c&eacute;ntrica Plaza de los M&aacute;rtires recordaba a las v&iacute;ctimas de una tragedia que podr&iacute;a haberse evitado. No se esperaba a ning&uacute;n miembro del Gobierno.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrea Olea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/ultima-agonia-beirut-posible-latido-corazon-escombros-mes-despues-explosion_1_6201849.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Sep 2020 17:39:31 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Beirut, un mes después de la explosión: "Fuimos los ciudadanos los que cogimos las escobas y palas y lo limpiamos todo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/beirut-mes-despues-explosion-ciudadanos-cogimos-escobas-palas-limpiamos_130_6199090.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ef52552c-8df2-4c0d-b3c8-5cda790cbd48_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Beirut, un mes después de la explosión: &quot;Fuimos los ciudadanos los que cogimos las escobas y palas y lo limpiamos todo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los habitantes de la capital libanesa tratan de sobreponerse, entre la incredulidad y la rabia contra el Gobierno. Muchos ven en la tragedia la confirmación de que no hay salida a las multiples crisis que atraviesa el país</p></div><p class="article-text">
        Cuando el pasado 4 de agosto los cristales de su apartamento saltaron en pedazos, la pared se derrumb&oacute; y se vio cubierto de sangre, Ahmad Joumaa crey&oacute; que iba a morir. &ldquo;Era un d&iacute;a normal, est&aacute;bamos viendo Netflix en el sal&oacute;n y al o&iacute;r la primera explosi&oacute;n y un ruido de avi&oacute;n, pens&eacute; que Israel nos estaba atacando. Se lo estaba comentando a mi compa&ntilde;era de piso, pero no me dio tiempo a acabar la frase: todo estall&oacute; por los aires&rdquo;. Sentado en la terraza de la casa de un amigo que le presta temporalmente su cuarto, este joven beirut&iacute; de 30 a&ntilde;os rememora lo ocurrido hace justo un mes, cuando el estallido &ndash;seg&uacute;n las primeras investigaciones, accidental&ndash; de m&aacute;s de 2.500 toneladas de nitrato de amonio en el puerto de Beirut arras&oacute; en pocos segundos el coraz&oacute;n de la ciudad. La cat&aacute;strofe dej&oacute; casi 200 muertos, m&aacute;s de 6.500 heridos y unas 300.000 personas sin hogar, entre ellas Ahmad, cuyo piso se encontraba a apenas un kil&oacute;metro y ha quedado completamente destrozado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un mes despu&eacute;s de la tragedia, Beirut y sus habitantes tratan a duras penas de recomponerse. En una ciudad y un pa&iacute;s acostumbrados a las crisis &ndash;Beirut fue epicentro de la guerra civil (1975-1990), se vio sacudida por el atentado con coche bomba que mat&oacute; al primer ministro Rafiq Hariri en 2005 y fue bombardeada por Israel en 2006&ndash;, los afectados por la explosi&oacute;n viven lo ocurrido entre la incredulidad y la rabia. Las <a href="https://www.reuters.com/article/us-lebanon-security-blast-documents-excl/exclusive-lebanons-leaders-were-warned-in-july-about-explosives-at-port-documents-idUSKCN2562L7" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">primeras investigaciones</a> apuntan a una serie de negligencias que abarcan toda la cadena de mando del Estado. Hasta ahora, nadie ha asumido responsabilidades de forma directa.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1290671086951161856?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><h3 class="article-text"><strong>&ldquo;El &uacute;ltimo clavo en el ata&uacute;d&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        La explosi&oacute;n sirvi&oacute; para acelerar una situaci&oacute;n que ya era extremadamente precaria: L&iacute;bano atraviesa <a href="https://www.eldiario.es/internacional/clientelismo-corrupcion-pobreza-habia-razones-crisis-libano-explosion_129_6158432.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una de las peores crisis econ&oacute;micas de su historia,</a> con la divisa local en ca&iacute;da libre (la libra se ha depreciado en un 78% en los &uacute;ltimos meses), la inflaci&oacute;n disparada y la pobreza y el desempleo en aumento por la desaceleraci&oacute;n econ&oacute;mica y el impacto de las medidas contra la COVID-19. Naciones Unidas estima que, para finales de a&ntilde;o, hasta <a href="https://www.unescwa.org/sites/www.unescwa.org/files/20-00257_pb14_eng_foodsecurity_aug27.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el 50% de la poblaci&oacute;n</a> podr&iacute;a no tener para cubrir sus necesidades alimentarias b&aacute;sicas. &ldquo;La explosi&oacute;n destruy&oacute; la principal fuente de alimentos del pa&iacute;s y ha llevado a L&iacute;bano al borde de una crisis de hambre&rdquo;, <a href="https://www.ohchr.org/EN/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=26194&amp;LangID=E" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">advert&iacute;a</a> esta semana Michael Fakhri, relator especial para el derecho a la alimentaci&oacute;n de la ONU.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Incluso antes del desastre, la gente ya hab&iacute;a perdido su trabajo y la econom&iacute;a estaba destrozada. Ahora tambi&eacute;n han perdido sus casas. Es el &uacute;ltimo clavo en el ata&uacute;d y solo hay una palabra para describir lo que la gente siente: desolaci&oacute;n&rdquo;, se&ntilde;ala Karim el Mufti, analista pol&iacute;tico y profesor de la Universidad Saint Joseph de Beirut (USJ).
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                    alt="Una pintada con la frase &#039;mi Gobierno hizo esto&#039; frente a los destrozos causados por la explosión."
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                Una pintada con la frase &#039;mi Gobierno hizo esto&#039; frente a los destrozos causados por la explosión.                            </span>
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        Los da&ntilde;os f&iacute;sicos provocados por la explosi&oacute;n podr&iacute;an ascender a <a href="https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2020/08/30/beirut-explosion-decisive-action-and-change-needed-to-reform-and-rebuild-a-better-lebanon?cid=mena_tt_mena_en_ext" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entre 3.800 y 4.600 millones de d&oacute;lares</a>, seg&uacute;n el Banco Mundial, una suma que L&iacute;bano no puede permitirse costear en un momento de quiebra econ&oacute;mica. A ello se suma una crisis que tambi&eacute;n es sanitaria: el pa&iacute;s tiene cerca de 13.000 casos activos de coronavirus, con un repunte en las dos semanas posteriores a la explosi&oacute;n. La mitad de los hospitales de Beirut sufrieron destrozos y los que aguantaron se vieron saturados. &ldquo;La explosi&oacute;n provoc&oacute; que personas que perdieron su vivienda se vieran obligadas a vivir en condiciones de hacinamiento, aumentaron las interacciones durante las tareas de socorro, creci&oacute; el desplazamiento de personas entre regiones y se multiplic&oacute; el n&uacute;mero de pacientes y personal de salud en los centros de salud, situaciones que pudieron contribuir a la propagaci&oacute;n de COVID-19&rdquo;, explica la consultora en salud p&uacute;blica Sara Chang, autora de un <a href="https://infogram.com/lebanon-covid-19-dashboard-1h7g6k3z3jpo2oy?live" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mapa interactivo</a> sobre la difusi&oacute;n del virus en L&iacute;bano.
    </p><p class="article-text">
        A la emergencia sanitaria por la explosi&oacute;n y la COVID-19 hay que a&ntilde;adir los nuevos problemas de salud mental entre la poblaci&oacute;n afectada: &ldquo;Mucha gente sigue en shock, traumatizada por la explosi&oacute;n, con s&iacute;ntomas como ansiedad, falta de apetito y de sue&ntilde;o. Tambi&eacute;n vemos mucho s&iacute;ndrome del superviviente, culpa por haber sobrevivido al desastre&rdquo;, explica Maya Yamout, de la ONG Rescue Me, que da asistencia psicol&oacute;gica a, entre otros, v&iacute;ctimas de conflictos b&eacute;licos con PTSD (trastorno de estr&eacute;s postraum&aacute;tico).
    </p><h3 class="article-text"><strong>Solidaridad ciudadana ante la ausencia institucional</strong></h3><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes de gente ensangrentada, gritos y caos se repiten en bucle en la mente de Ahmad, que a&uacute;n no se siente capaz de volver a su trabajo como enfermero de la Cruz Roja libanesa. En parte como terapia, asegura, ha estado ayudando como voluntario en <a href="https://www.gofundme.com/f/nation-station-beirut-disaster-relief?utm_source=whatsapp&amp;utm_medium=chat&amp;utm_campaign=p_cf+share-flow-1&amp;fbclid=IwAR1iXAIe-2pbFLUwko_cpdWRMArNZsKtE8DBQCKkhJzudXLNWXrJiI0Lxdc" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nation Station</a>, una de las decenas de iniciativas lanzadas estos d&iacute;as principalmente por j&oacute;venes para asistir a los afectados.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La casa de Ahmad Joumaa quedó destrozada tras la explosión.                            </span>
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        Aya Kazoun, de 21 a&ntilde;os, ofrece una sonrisa cansanda: lleva un mes trabajando ininterrumpidamente entre 12 y 18 horas diarias. Al d&iacute;a siguiente de la explosi&oacute;n, ella, su hermano y un amigo improvisaron en una gasolinera en desuso un centro de asistencia. Hoy, unos 40 voluntarios &ndash;los primeros d&iacute;as llegaron a ser 150&ndash; reparten alimentos, comidas calientes, medicamentos y ropa a m&aacute;s de 500 familias del vecindario. En un pa&iacute;s con un Estado cada vez m&aacute;s ausente y disfuncional, es la ciudadan&iacute;a la que ha debido salir a levantar a la ciudad de sus escombros. Los <em>crowdfunding </em>se han multiplicado estos d&iacute;as para, a falta de dinero p&uacute;blico, financiar con microdonaciones todo tipo de causas ligadas a la tragedia: de <a href="https://www.gofundme.com/f/houses-repair-after-beirut-explosion?utm_source=facebook&amp;fbclid=IwAR3UbA8RSNaw6qS6eDImboLvrcY0DJa3Q2QQgxBFSh4G-v7ZWSRUMq8L1Cs" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reparaci&oacute;n de puertas </a>y&nbsp;<a href="https://www.gofundme.com/f/beirut-emergency-support?utm_source=facebook&amp;utm_medium=social&amp;utm_campaign=p_cp+share-sheet&amp;fbclid=IwAR0eebeYLTXX3hFhxY55iS0HA60X426i64Xqidfs9W6zOkYEw5aBmpRRgzc" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">casas</a> da&ntilde;adas, al rescate de <a href="https://es.gofundme.com/f/rebuild-le-chef" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">negocios destruidos</a> por la detonaci&oacute;n o <a href="https://www.gofundme.com/f/food-and-medicine-for-kafala-victims-in-lebanon?utm_source=customer&amp;utm_campaign=m_pd+share-sheet&amp;utm_medium=copy_link" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ayuda</a> para que trabajadoras dom&eacute;sticas extranjeras v&iacute;ctimas del sistema Kafala puedan regresar a sus pa&iacute;ses de origen. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Fuimos los ciudadanos los que cogimos las escobas y palas y lo limpiamos todo y ahora somos quienes ayudamos a los afectados. Estoy orgullosa de la solidaridad entre la poblaci&oacute;n, pero al mismo tiempo me cabrea mucho. Primero porque es deber del Gobierno, no nuestro. Segundo, porque siento que con nuestra 'eficiencia' aceleramos el olvido de lo que ocurri&oacute;&rdquo;, lamenta Aya.
    </p><h3 class="article-text"><strong>&ldquo;M&aacute;s de lo mismo&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        Tras la <a href="https://www.eldiario.es/internacional/dimision-bloque-gobierno-libano-acechado-protestas-explosion-beirut_1_6157294.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dimisi&oacute;n en bloque</a> del gobierno de Hasan Diab una semana despu&eacute;s de la tragedia, el nombramiento del exembajador Mustaf&aacute; Adib como nuevo primer ministro no ha servido para calmar los &aacute;nimos de una poblaci&oacute;n al l&iacute;mite por la superposici&oacute;n de crisis: el martes, coincidiendo con la celebraci&oacute;n del centenario de la creaci&oacute;n del Gran L&iacute;bano, la gente volvi&oacute; a salir a las calles en Beirut, y ya van m&aacute;s de <a href="https://www.eldiario.es/internacional/libano-baila-revuelta-gobierno_1_1282911.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">diez meses de protestas</a> contra la corrupci&oacute;n de la clase dirigente y el <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/libano-mito-sectarismo-guerra_129_6172196.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sistema sectario</a> que rige el pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adib se ha comprometido a formar Gobierno en dos semanas para empezar a implementar reformas estructurales que desbloqueen la ayuda prometida desde hace m&aacute;s de dos a&ntilde;os por la comunidad internacional, pero los expertos coinciden: un nuevo ejecutivo salido del mismo <em>establishment</em> que ha conducido a L&iacute;bano al desastre no implicar&aacute; cambios sustanciales a mejor. &ldquo;Mientras no haya un esfuerzo real liderado por alguien externo a la actual clase pol&iacute;tica que cambie valores y aplique reformas de calado, esperamos m&aacute;s de lo mismo&rdquo;, apunta Karim el Mufti.
    </p><p class="article-text">
        Para el activista Lokman Slim, la corrupci&oacute;n es solo una de las consecuencias del sistema perverso de reparto de poder entre sectas y los esfuerzos de pa&iacute;ses como <a href="https://www.eldiario.es/politica/en-el-centenario-del-libano-macron-presiona-en-beirut-para-formar-gobierno_1_6194813.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Francia</a>, dirigidos principalmente a acabar con la corrupci&oacute;n, se quedan cortos. &ldquo;Reformas no significa solo econ&oacute;micas, sino tambi&eacute;n sacar de L&iacute;bano a esta nomenclatura que lo ha expoliado&rdquo;, apunta a elDiario.es.
    </p><p class="article-text">
        Para muchos, la devastadora explosi&oacute;n en Beirut ejemplifica a la perfecci&oacute;n el problema de L&iacute;bano: nadie se hace responsable del desastre pese a que todos los actores pol&iacute;ticos son de alguna forma responsables y cada uno lo usa en su propio beneficio. &ldquo;Este Gobierno se alimenta de crisis y ahora se alimentar&aacute; de la ayuda que llegue de fuera. Incluso si el dinero se canaliza a trav&eacute;s de las ONG, encontrar&aacute;n la manera de quedarse el dinero del contribuyente europeo y nadie rendir&aacute; cuentas. Mientras, los bancos est&aacute;n felices de recibir d&oacute;lares frescos... y as&iacute; todo el sistema se alimenta de la explosi&oacute;n&rdquo;, asevera el profesor de la USJ.
    </p><p class="article-text">
        En poco m&aacute;s de un mes se cumplir&aacute; un a&ntilde;o de las protestas que sacaron a la calle a miles de personas en todo L&iacute;bano pidiendo el fin de la desigualdad y la corrupci&oacute;n y la salida de toda la clase pol&iacute;tica al grito de &ldquo;todos significa todos&rdquo;, pero distintas fuerzas, gubernamentales y no, han explotado las diferencias entre comunidades. &ldquo;La polarizaci&oacute;n y la tensi&oacute;n social se han elevado a niveles peligrosos en un pa&iacute;s que acaba de presenciar una de las explosiones no nucleares m&aacute;s poderosas de la historia de la humanidad&rdquo;, <a href="https://www.ecfr.eu/article/commentary_after_the_beirut_blast_lebanons_descent_into_chaos" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se&ntilde;ala</a> el <em>think tank </em>European Council on Foreign Relations.
    </p><h3 class="article-text"><strong>&ldquo;Este pa&iacute;s me lo ha quitado todo&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        Ahmad Joumaa hace recuento de p&eacute;rdidas: afirma que en un a&ntilde;o ha perdido a sus padres (que, ya jubilados, han abandonado el pa&iacute;s), su trabajo previo, su coche y ahora su casa. &ldquo;Siento que no me queda nada, que este pa&iacute;s me lo ha quitado todo&rdquo;, se lamenta. &ldquo;Mi generaci&oacute;n empez&oacute; a salir a las calles a protestar en 2005, cuando mataron a Rafiq Hariri. Quince a&ntilde;os, y no hemos conseguido nada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ahmad reniega de un sistema en el que &ldquo;la mitad de nuestra energ&iacute;a se desperdicia pensando en cosas que en otros lugares son derechos humanos b&aacute;sicos. Mi generaci&oacute;n cre&iacute;a que ser&iacute;a la que har&iacute;a realidad sus sue&ntilde;os y ahora todo el mundo est&aacute; desesperado por marcharse... yo incluido&rdquo;. Las demandas de visado para el extranjero, en aumento en los &uacute;ltimos meses, se han disparado desde la explosi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aya Kazoun llevaba meses protestando en las calles de Beirut, concretamente desde el inicio de la llamada 'revoluci&oacute;n de octubre'. Tambi&eacute;n empezaba a fantasear con abandonar L&iacute;bano, pero siente que ahora no es posible. &ldquo;No podemos dejar la calle, hay que seguir haciendo presi&oacute;n. Y seguiremos, porque &iquest;qu&eacute; otra cosa nos queda?&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrea Olea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/beirut-mes-despues-explosion-ciudadanos-cogimos-escobas-palas-limpiamos_130_6199090.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Sep 2020 20:31:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Beirut, un mes después de la explosión: "Fuimos los ciudadanos los que cogimos las escobas y palas y lo limpiamos todo"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Líbano,Oriente Medio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estas ruinas eran mi hogar: el difícil retorno de miles de refugiados sirios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ruinas-imposible-retorno-refugiados-sirios_1_2739176.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6c2a43a9-ef85-4c0c-9ba2-1361c97c3854_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Amal Taifour posa con uno de sus hijos en una calle cercana a su hogar."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Gobierno sirio está llamando a millones de desplazados a iniciar el retorno a sus hogares, pero muchos se encuentran con que no queda nada a lo que regresar</p><p class="subtitle">En el antiguo bastión opositor de Guta Oriental, donde las tareas de reconstrucción comenzaron hace tiempo, quienes han vuelto viven entre ruinas</p><p class="subtitle">"Tenemos que desescombrar, arreglar el techo, las paredes... Aquí dentro no queda nada. Se llevaron hasta los cables de la luz", explica uno de los habitantes</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Siria est&aacute; lista para el regreso de los refugiados&rdquo;. El ministro de Exteriores sirio Walid al-Moualem se expresaba as&iacute; el pasado septiembre ante la Asamblea General de la ONU. Tras casi ocho a&ntilde;os de conflicto, la guerra en Siria va llegando a su fin y el Gobierno de Bashar al Asad est&aacute; llamando a millones de exiliados y desplazados internos a iniciar el retorno a sus hogares. Pero con un pa&iacute;s reducido a escombros, muchos se encuentran con que no queda nada a lo que regresar.
    </p><p class="article-text">
        El antiguo basti&oacute;n opositor de Guta Oriental, a las afueras de Damasco, es un ejemplo paradigm&aacute;tico: aunque las tareas de desescombro y rehabilitaci&oacute;n comenzaron hace tiempo, meses despu&eacute;s de la ofensiva con la que el Gobierno recuper&oacute; el control el pasado abril tras a&ntilde;os de asedio, la zona ofrece a&uacute;n un paisaje apocal&iacute;ptico. La carretera que cruza la regi&oacute;n, tristemente famosa por el ataque qu&iacute;mico que mat&oacute; a cientos de personas en agosto de 2013, discurre entre tierra quemada, torres de alta tensi&oacute;n retorcidas y edificios que parecen a punto de derrumbarse como castillos de naipes.
    </p><p class="article-text">
        El grado de destrucci&oacute;n es especialmente abrumador en localidades como Zamalka, donde el 75% de la poblaci&oacute;n huy&oacute; de los combates. Quienes han regresado viven, literalmente, entre ruinas. Amal Taifour perdi&oacute; a su marido al principio de la guerra; ella y sus cuatro hijos, que ahora tienen 9, 13, 16 y 18 a&ntilde;os, abandonaron su casa poco despu&eacute;s y volvieron el pasado septiembre, seg&uacute;n su testimonio.
    </p><p class="article-text">
        Amal abre la puerta de la vivienda, en la que un cable mal atado sirve de cerradura: su interior es un amasijo de cascotes de un metro de alto y no se avistan m&aacute;s efectos personales que algunas fotos familiares colgando torcidas de la pared. &ldquo;Ahora mis hijos y yo vivimos con los abuelos. Queremos arreglar nuestra casa, pero &iquest;con qu&eacute; dinero?&rdquo;, se pregunta.&nbsp;Muchos de los que regresan como Amal son desplazados internos que vuelven desde otros lugares de Damasco, pero otros tantos se hab&iacute;an&nbsp;marchado a la ciudad de Idlib, L&iacute;bano o Turqu&iacute;a.
    </p><h3 class="article-text">Volver a la normalidad en plena devastaci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Cinco a&ntilde;os de bloqueo total dejaron la econom&iacute;a temblando y el desempleo desbocado en el que fuera coraz&oacute;n agr&iacute;cola e industrial de la campi&ntilde;a damascena. Con la llegada de las fuerzas gubernamentales, las organizaciones humanitarias que hab&iacute;an operado bajo control de los opositores hicieron las maletas, llev&aacute;ndose consigo la asistencia y ayuda material, y tambi&eacute;n su contribuci&oacute;n a la econom&iacute;a local.
    </p><p class="article-text">
        Las remesas que enviaban quienes lograron huir al extranjero eran el sustento de muchas familias, pero el <em>hawala</em>, un sistema informal que permit&iacute;a transferir dinero sin quedar registrado, se ha visto resentido por el regreso del Estado central. Las ayudas oficiales para la reconstrucci&oacute;n llegan con cuentagotas y los habitantes deben valerse por sus propios y escasos medios para reconstruir lo que fuera su hogar.
    </p><p class="article-text">
        Yassin Alghosh, de 24 a&ntilde;os, permaneci&oacute; con su familia en Zamalka durante todos los a&ntilde;os de ofensiva. &ldquo;Antes, la vida era muy dura, no hab&iacute;a trabajo y los precios estaban por las nubes&rdquo;, explica desde el tenderete de dulces y chocolatinas que ha abierto entre edificios derruidos. Durante el estado de sitio, bienes b&aacute;sicos como el pan, el az&uacute;car o el trigo llegaron a costar costaban entre 20 y 30 veces lo que en otras ciudades del pa&iacute;s, seg&uacute;n un&nbsp;<a href="http://www.securityintransition.org/wp-content/uploads/2015/08/Countering-war-economy-Syria2.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> de 2015 de la London School of Economics.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ahora ya est&aacute; todo bien: la electricidad y el agua est&aacute;n volviendo, la gente tambi&eacute;n... Ahora se puede trabajar y vivir de nuevo&rdquo;, asegura. Sus palabras contrastan con la devastaci&oacute;n circundante. Durante la visita a distintas localidades de la regi&oacute;n, ning&uacute;n entrevistado apuntar&aacute;, al menos de forma abierta, a la responsabilidad del Gobierno en los bombardeos que destruyeron sus hogares y mataron a cientos de civiles o en el bloqueo que someti&oacute; a la poblaci&oacute;n a terribles condiciones de vida.
    </p><p class="article-text">
        De los dos millones de habitantes que ten&iacute;a Guta Oriental antes del conflicto, al inicio de la ofensiva gubernamental en febrero de 2018 quedaban 400.000. Con la rendici&oacute;n definitiva de los grupos opositores en abril, decenas de miles de m&aacute;s fueron evacuados a otras zonas del pa&iacute;s. La Comisi&oacute;n Internacional de Investigaci&oacute;n de la ONU para Siria ha se&ntilde;alado que &ldquo;entre febrero y abril, la intensa campa&ntilde;a de las fuerzas progubernamentales para recuperar el control de Guta Oriental estuvo marcada por cr&iacute;menes de guerra generalizados cometidos por todas las partes&rdquo; enfrentadas. El secretario general de la ONU, Ant&oacute;nio Guterres, calific&oacute; la situaci&oacute;n en Guta Oriental de &ldquo;infierno en la tierra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la vecina Kafr Batna, otra de las zonas gravemente afectadas por los enfrentamientos, los residentes se empe&ntilde;an tozudos en volver a la normalidad. Los puestos de fruta y verdura vuelven a poblar sus avenidas y varias escuelas han reabierto por primera vez en a&ntilde;os: por las calles en obras puede verse a decenas de escolares con sus mochilas y batas azules.
    </p><p class="article-text">
        Mayas Ashour, padre de seis de ellos, est&aacute; rehabilitando lo que queda de su casa. &Eacute;l y su familia se marcharon en 2015 y regresaron hace pocos meses. &ldquo;Tenemos que desescombrar, arreglar el techo, las paredes... todo&rdquo;, explica mostrando el interior del apartamento, un c&uacute;mulo de escombros y paredes abiertas en canal. &ldquo;Aqu&iacute; dentro no queda nada. Se llevaron hasta los cables de la luz&rdquo;, afirma. Aunque en voz baja lamenta la falta de ayudas, trata de mostrarse positivo: &ldquo;Lo m&aacute;s importante es que hemos podido volver&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">La otra cara del retorno: miles de expropiaciones</h3><p class="article-text">
        Mayas se sabe afortunado: muchos otros no podr&aacute;n regresar. En abril, en plena ofensiva sobre Guta, el Gobierno aprob&oacute; <a href="https://www.eldiario.es/theguardian/regimen-arrebatar-propiedades-millones-nacionales_0_766423870.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Ley 10</a>, una normativa que, en nombre del desarrollo urbano en el nuevo periodo de posguerra, permite expropiar o demoler viviendas para reconstruir sin apenas compensaciones para los propietarios. Aunque otra ley previa autorizaba el derribo de asentamientos informales, la Ley 10 que viene a reemplazarlo elimina la menci&oacute;n a estos &uacute;ltimos, abriendo la puerta al Gobierno para confiscar propiedades a quienes no demuestren su titularidad.
    </p><p class="article-text">
        Para los opositores exiliados, volver no es una opci&oacute;n, aunque tambi&eacute;n se trata de un proceso arduo para quienes no est&aacute;n en conflicto abierto con el Gobierno: solo un 9% de los refugiados sirios ten&iacute;a escrituras de sus viviendas cuando habitaban en el pa&iacute;s, seg&uacute;n&nbsp;<a href="https://www.sheltercluster.org/sites/default/files/docs/final_nrc_displacement_hlp_and_civil_doc_s_syria_23_07_2017_en.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un informe</a> de Acnur y el Consejo Noruego para Refugiados.
    </p><p class="article-text">
        En principio, el Ejecutivo dio un mes para formalizar la documentaci&oacute;n y tras recibir numerosas cr&iacute;ticas por lo inasumible del plazo para millones de refugiados y desplazados internos, ha ampliado el periodo a un a&ntilde;o. Residentes y organizaciones de derechos humanos, sin embargo, denuncian falta de informaci&oacute;n y transparencia en el proceso, y numerosas trabas para registrar sus propiedades. La ley, aprobada en abril y enmendada en noviembre, &ldquo;permite al Gobierno crear zonas de reurbanizaci&oacute;n por decreto en toda Siria, con exhaustivos y en algunos casos formidables requisitos para que los propietarios tengan derecho a quedarse o ser compensados por la expropiaci&oacute;n de sus casas&rdquo;, <a href="https://www.hrw.org/news/2018/10/16/syria-residents-blocked-returning" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">advierte Human Rights Watch</a>.
    </p><p class="article-text">
        Muchas de las &aacute;reas incluidas en el decreto 66 o en la nueva Ley 10 se encuentran en Guta y otros suburbios de Damasco, zonas de clase humilde antes de la guerra que fueron de las primeras en salir a la calle contra Al Asad en 2011. Es el caso de Daraya, al sur de la capital. Cuna de las primeras protestas en la regi&oacute;n damascena, estuvo controlada por grupos opositores y sometida a asedio hasta agosto de 2016, cuando el Gobierno retom&oacute; la zona tras la rendici&oacute;n de las milicias y la evacuaci&oacute;n de toda su poblaci&oacute;n. &ldquo;Daraya era uno de los centros de la revoluci&oacute;n. Muchos activistas proven&iacute;an de esa ciudad y es de los lugares donde hubo mayor de n&uacute;mero de arrestos y muertes en detenci&oacute;n&rdquo;, explica la investigadora Sara Kayyali de HRW.
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        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s de volver a control estatal, sigue siendo una ciudad fantasma: en una visita de una hora, no se observa vida m&aacute;s all&aacute; de un grupo de media docena de hombres asistiendo a un entierro en el cementerio de la ciudad, donde yacen muchos de quienes perecieron durante los bombardeos. A cien metros del punto de control de entrada, una gigantesca m&aacute;quina arenera trabaja incansable triturando toneladas de escombros y vomitando gravilla, que ser&aacute; empleada en la reconstrucci&oacute;n. Junto con otras localidades adyacentes, Daraya formar&aacute; parte de Basilia City, un macroproyecto residencial de 900 hect&aacute;reas y 4.000 viviendas impulsado por el&nbsp;Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        La duda es si los antiguos habitantes tendr&aacute;n cabida en el flamante proyecto. Seg&uacute;n Kayyali, mucha gente que est&aacute; regresando no obtiene el permiso para acceder a su antigua vivienda o registrarla. &ldquo;Hablamos de personas que estaban desplazadas en L&iacute;bano, Turqu&iacute;a o Idlib [&uacute;ltimo basti&oacute;n opositor del pa&iacute;s]. Cuando llegan les dicen, 'vuelva la semana, el mes, el a&ntilde;o que viene'&rdquo;, relata Kayyali, que ha entrevistado a numerosos habitantes de esa y otras zonas afectadas por la reciente legislaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una exresidente a la que impidieron entrar en Daraya, pregunt&oacute; a los militares d&oacute;nde se supon&iacute;a que iba a vivir. Le respondieron 'b&uacute;scate la vida'. Ese es el tono que prevalece&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        Basilia City es el segundo gran proyecto de reurbanizaci&oacute;n tras Marota City, otro macrocomplejo de vivienda nueva de lujo en el suburbio damasceno de Basateen Al-Razi que ha implicado el desahucio de miles de residentes. Expertos y grupos proderechos humanos temen un &ldquo;castigo colectivo&rdquo; por parte de las autoridades a esta y otras zonas por el apoyo de una parte de sus habitantes a los opositores, y acusan a Damasco de querer dibujar un nuevo mapa de Siria a su medida, discriminando a la poblaci&oacute;n no af&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno sirio y su aliado ruso, junto a pa&iacute;ses como L&iacute;bano o Jordania &ndash;que acogen cada uno a m&aacute;s de un mill&oacute;n de refugiados en sus territorios&ndash; est&aacute;n llamando activamente a los sirios a regresar. Seg&uacute;n Naciones Unidas, unos 250.000 emprender&aacute;n el camino de vuelta a casa este a&ntilde;o, pero para quienes retornan, sus problemas est&aacute;n lejos de haber acabado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrea Olea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ruinas-imposible-retorno-refugiados-sirios_1_2739176.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Jan 2019 19:59:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Estas ruinas eran mi hogar: el difícil retorno de miles de refugiados sirios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Refugiados sirios,Siria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las críticas que acumula el primer campo oficial de refugiados de París un mes después de su apertura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/criticas-refugiados-paris-despues-apertura_1_3694654.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3688a2be-f4a5-4d0f-ab57-d9c072168321_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las críticas que acumula el primer campo oficial de refugiados de París un mes después de su apertura"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El nuevo campo de refugiados de París, iniciativa del ayuntamiento, acumula las críticas de ONG por ser "insuficiente" y una solución "cortoplacista"</p><p class="subtitle">El campo, abierto hace un mes, está compuesto de una estructura hinchable y un antiguo hangar de 8.000 metros cuadrados</p><p class="subtitle">"Las estructuras de acogida más permanentes también están desbordadas y aquí nos vemos obligados a rechazar a mucha gente", denuncia coordinador de Utopia56</p></div><p class="article-text">
        En Porte de la Chapelle, en el norte de Par&iacute;s, una estructura hinchable que se asemeja a una enorme burbuja blanca se ha convertido en el nuevo punto de referencia para quienes llegan a la capital francesa procedentes de &Aacute;frica u Oriente Medio huyendo de las guerras, el hambre y la miseria. <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/Anne-Hidalgo-Paris-campamento-humanitario_0_521798541.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El primer campo humanitario para refugiados de Francia</a> cumple un mes bajo una lluvia de cr&iacute;ticas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Abr&iacute;a sus puertas pocos d&iacute;as despu&eacute;s de la &uacute;ltima gran evacuaci&oacute;n del gigantesco campamento improvisado que se extend&iacute;a desde hac&iacute;a a&ntilde;o y medio entre las estaciones de metro de Jaur&egrave;s y Stalingrad, a pocos kil&oacute;metros de distancia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La situaci&oacute;n en Stalingrad era insoportable. &iquest;C&oacute;mo iban a reflexionar en esas condiciones? Ahora duermen al abrigo y obtienen la informaci&oacute;n necesaria para saber d&oacute;nde ir. Daremos una soluci&oacute;n a todo el que acuda a nosotros&rdquo;, aseguraba exhultante la ma&ntilde;ana de la inauguraci&oacute;n Bruno Morel, director general de la organizaci&oacute;n que gestiona el nuevo centro, Emma&uuml;s Solidarit&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        El proyecto ha costado cerca de 8 millones de euros, sufragado entre la ciudad de Par&iacute;s (6,6 millones) y el Estado franc&eacute;s (1,3). Destinado exclusivamente a hombres mayores de edad, este campo con capacidad para 400 personas, exhibe el cartel de 'completo' desde el primer d&iacute;a.
    </p><h3 class="article-text">Algo parecido a una vida normal</h3><p class="article-text">
        La instalaci&oacute;n se divide en dos partes: en la recepci&oacute;n, ubicada dentro de la gran burbuja de acceso, se ofrece a los reci&eacute;n llegados informaci&oacute;n jur&iacute;dica sobre su elegibilidad como demandantes de asilo; el edificio anexo, un antiguo hangar de 8.000 metros cuadrados perteneciente a la SCNF&nbsp; (la compa&ntilde;&iacute;a ferroviaria francesa), ejerce de residencia temporal para quienes son admitidos. All&iacute; pueden pasar entre cinco y diez d&iacute;as, el tiempo necesario para recibir orientaci&oacute;n sobre sus opciones en Francia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todo est&aacute; limpio, ordenado, la gente es simp&aacute;tica&hellip;&nbsp; todo es muy agradable&rdquo;, asegura Ahmed, somal&iacute; de 22 a&ntilde;os, que pas&oacute; varias semanas durmiendo al raso en Par&iacute;s antes de saber de la existencia del nuevo centro.
    </p><p class="article-text">
        La residencia, de dos pisos, est&aacute; dividida en ocho&ldquo;barrios&rdquo; con capacidad para 50 personas cada uno. Repartidos en habit&aacute;culos de cuatro plazas, con cama, armario y toma de corriente propia, los migrantes reciben dos mudas de ropa nueva y un kit de higiene personal, adem&aacute;s de asistencia jur&iacute;dica y una revisi&oacute;n m&eacute;dica voluntaria. Cada barrio cuenta con un comedor, una sala de ocio y la oficina de un trabajador social abierta las 24 horas del d&iacute;a. El centro tiene una tienda, una lavander&iacute;a y una zona com&uacute;n de acceso libre con internet, futbol&iacute;n y televisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aunque no sonr&iacute;a para la foto, s&iacute; lo hace fuera de c&aacute;mara. Tras una semana de estancia en el centro, a Jacoob, sudan&eacute;s de 25 a&ntilde;os, le siguen asaltando las dudas: a&uacute;n no sabe a ciencia cierta ad&oacute;nde lo destinar&aacute;n, c&oacute;mo se resolver&aacute; su demanda de asilo o cu&aacute;nto tiempo podr&aacute; quedarse en el centro.
    </p><p class="article-text">
        Lo &uacute;nico que s&iacute; sabe es que por la noche dormir&aacute; en caliente y tendr&aacute; derecho a desayuno, comida y cena, podr&aacute; recargar su tel&eacute;fono y quiz&aacute; ver una pel&iacute;cula antes de irse a dormir&hellip; Por las ma&ntilde;anas pasea por la ciudad, tratando de mantenerse alejado de sus compatriotas para practicar lo m&aacute;ximo posible su incipiente franc&eacute;s, explica orgulloso. &ldquo;Me quiero quedar en Francia. En cuanto tenga mis papeles, me gustar&iacute;a trabajar con refugiados, dedicar mi tiempo a ayudar a otros como yo&rdquo;, asegura este joven que sue&ntilde;a con estudiar Medicina.
    </p><p class="article-text">
        <span id="m_-1063831549732360783yui_3_16_0_ym19_1_1481014590887_32261"></span>&ldquo;<span id="m_-1063831549732360783yui_3_16_0_ym19_1_1481014590887_32262"></span>En el centro, 120 empleados de Emma&uuml;s, a los que se suman medio millar de voluntarios, trabajan para atender diariamente a entre 50 y 80 migrantes. A finales de noviembre, hab&iacute;an pasado por all&iacute; m&aacute;s de 1.200 personas, 700 hab&iacute;an sido aceptadas y la mitad de ellas, realojadas en Centros de Acogida y Orientaci&oacute;n (CAOs) en distintos puntos de la geograf&iacute;a francesa. En las &uacute;ltimas semanas, las plazas abiertas en estos centros han pasado de 3.000 a 9.000&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En t&eacute;rminos de condiciones dentro del centro, estamos satisfechos. Vemos que la gente sonr&iacute;e, que est&aacute; contenta&rdquo;, responde&nbsp;Ivan Leray, coordinador de Utopia56, la organizaci&oacute;n que apoya a la principal asociaci&oacute;n gestora, mientras hace malabarismos con dos m&oacute;viles y un walkie-talkie.
    </p><p class="article-text">
        Pero, a diferencia del discurso triunfalista de Morel, su valoraci&oacute;n global es m&aacute;s comedida. &ldquo;El gran problema es que el centro ha nacido saturado. Har&iacute;an falta tres como este&rdquo;, admite.&nbsp;&ldquo;Las estructuras de acogida m&aacute;s permanentes tambi&eacute;n est&aacute;n desbordadas, tan pronto como se libera una plaza se vuelve a llenar, y aqu&iacute; nos vemos obligados a rechazar a mucha gente&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Fuertes cr&iacute;ticas entre las asociaciones</h3><p class="article-text">
        El cierre definitivo de la&ldquo;Jungla&rdquo; de Calais ha aumentado inevitablemente la afluencia de refugiados a la capital francesa. Se estima que cerca de un centenar de migrantes llegan diariamente a Par&iacute;s y desde la evacuaci&oacute;n del campamento de Stalingrad, miles vagan por sus calles desorientados, escondi&eacute;ndose, seg&uacute;n las asociaciones, del creciente acoso policial.
    </p><p class="article-text">
        El Ayuntamiento ha vallado la avenida de Flandre y los espacios bajo las v&iacute;as del tren donde hasta ahora malviv&iacute;an miles de eritreos, afganos, somal&iacute;es y sudaneses en precarias tiendas de campa&ntilde;a y la fuerte presencia de antidisturbios, que hacen guardia d&iacute;a y noche, disuade cualquier intento de reasentamiento.
    </p><p class="article-text">
        Los voluntarios recorren la ciudad repartiendo comida y mantas por los mini-campamentos que surgen en torno a las estaciones de tren, en Gare de l'Est o junto al Canal de Saint Martin. Otros evacuados esperan escondidos en los alrededores del campo humanitario tratando de evitar los controles policiales. Saben que pueden acabar en un Centro de Retenci&oacute;n Administrativa (CRA, los CIE franceses) o con una orden de expulsi&oacute;n del territorio franc&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, voluntarios y asociaciones en el terreno rebajan a&uacute;n m&aacute;s el optimismo de los gestores del centro. Critican que decenas de personas deban hacer cola en la calle desde antes del amanecer, en medio de temperaturas g&eacute;lidas, para conseguir la ansiada plaza.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Horas esperando, de 5 a 8 de la ma&ntilde;ana. Algunos entran, otros no&rdquo;, lamenta una voluntaria. La situaci&oacute;n provoca momentos de tensi&oacute;n palpable. Hace poco, denuncia, &ldquo;utilizaron gas lacrim&oacute;geno contra los refugiados. En la puerta del centro y sin mediar explicaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otras asociaciones se&ntilde;alan&nbsp;que el centro, que solo tiene potestad para ofrecer informaci&oacute;n jur&iacute;dica, efect&uacute;a su propia selecci&oacute;n entre los candidatos a la demanda de asilo. Afirman que hay indicios de que se est&aacute; aplicando la Convenci&oacute;n de Dubl&iacute;n - la normativa europea por la cual los refugiados cuyas huellas digitales fueron registradas a su llegada a Europa pueden ser deportados al pa&iacute;s por el que entraron en la UE- , si bien los responsables del campo niegan categ&oacute;ricamente este punto.
    </p><p class="article-text">
        La Oficina de Acogida y Acompa&ntilde;amiento a Migrantes (BAAM), organizaci&oacute;n extremadamente activa en la capital, ha calificado el &ldquo;campo Hidalgo&rdquo; (en referencia a la alcaldesa de Par&iacute;s, Anne Hidalgo, m&aacute;xima baluarte del proyecto) de&ldquo;fiasco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A la espera de la apertura a principios de 2017 de una estructura especializada para familias y menores en regi&oacute;n parisina, el nuevo centro trata a duras penas de ofrecer una alternativa a estos colectivos especialmente vulnerables. Entre los menores que llegan a Par&iacute;s,&ldquo;el&nbsp; 70% son refugiados y la DEMIE (la estructura que se encarga espec&iacute;ficamente de ellos) no da abasto&rdquo;, explica el coordinador de Utopia56. Con mayor o menor fortuna, &ldquo;aqu&iacute; recibimos a los que no son aceptados como tales (de entre 16 y 18 a&ntilde;os) para que inicien su demanda de asilo como adultos y hacemos lo posible por que sean reconocidos como menores&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El sistema no es perfecto, pero es un principio&rdquo;, se excusa Leray. &ldquo;Despu&eacute;s habr&iacute;a que aumentar los supuestos para conceder el asilo, descongestionar el sistema de recepci&oacute;n, mejorar las condiciones en los centros de acogida&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        M&eacute;dicos del Mundo, la ONG encargada de la atenci&oacute;n m&eacute;dica en la nueva estructura., denunciaba hace pocos d&iacute;as que&ldquo;aunque la intenci&oacute;n con la que se cre&oacute; el centro de Par&iacute;s es loable, no puede esconder un diagn&oacute;stico evidente que afecta a toda Francia: la multiplicaci&oacute;n de soluciones <em>ad hoc </em>y cortoplacistas no ser&aacute; suficiente para resolver la crisis humanitaria de los refugiados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Oficina francesa de Protecci&oacute;n de Refugiados y Ap&aacute;tridas (OFPRA) calcula que en total unas 100.000 personas pedir&aacute;n asilo en el pa&iacute;s este a&ntilde;o, un 20% m&aacute;s que en 2015. Seg&uacute;n sus propias estimaciones, solo un tercio lo obtendr&aacute; finalmente. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrea Olea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/criticas-refugiados-paris-despues-apertura_1_3694654.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Dec 2016 19:02:38 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La otra Eurocopa: un torneo en París para visibilizar a los refugiados LGTB]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/eurocopa-refugiados-lgtb-miedo-futbol_1_3958725.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5a99e256-4bdb-4b32-b45a-2ad6e81afc79_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La otra Eurocopa: un torneo en París para visibilizar a los refugiados LGTB"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A una semana de la Eurocopa, París acoge un torneo de fútbol para denunciar las dificultades que sufren las personas LGBT para obtener asilo</p><p class="subtitle">A día de hoy, las relaciones homosexuales siguen penadas en 80 países; en 10 de ellos, como Nigeria, Somalia o Arabia Saudí, se castiga con la muerte</p><p class="subtitle">"En Uganda, hay muchos sitios a los que no puedo ir. Esto te hace sentir frustrada y sola", dice Kasha Nabagesera, activista invitada fundadora de la única revista gay en su país</p></div><p class="article-text">
        Par&iacute;s. Entre los miles de refugiados que cada semana llegan a Europa escapando de la guerra, las dictaduras o el hambre, existe un colectivo pr&aacute;cticamente invisibilizado: el de las personas LGBTI. Lesbianas, gays, bisexuales y personas transg&eacute;nero, que huyen de sociedades que las criminalizan &uacute;nicamente por su orientaci&oacute;n sexual o su identidad de g&eacute;nero, demandan asilo en suelo europeo para proteger sus vidas pero, una vez lanzada la petici&oacute;n, se enfrentan a grandes dificultades para demostrar la violencia que sufren en sus pa&iacute;ses de origen.
    </p><p class="article-text">
        A escasos d&iacute;as de la Eurocopa 2016, que se celebrar&aacute; en Francia a partir del 10 de junio, Les D&eacute;gomeusses, un equipo de f&uacute;tbol femenino parisino integrado principalmente por lesbianas y transexuales, organizan Football for Freedom (F&uacute;tbol para la Libertad), una semana solidaria que arranc&oacute; el domingo con un torneo de f&uacute;tbol y proseguir&aacute; hasta el jueves con actividades deportivas, debates y proyecciones.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aprovechando la Eurocopa en Par&iacute;s, hemos querido utilizar el f&uacute;tbol como un elemento de solidaridad y visibilidad de la realidad que viven los refugiados LGBT&rdquo;, explica Cristina Arranz, espa&ntilde;ola integrante del colectivo organizador. &ldquo;Viviendo en Europa, piensas que tu situaci&oacute;n como persona LGBT es complicada&hellip; hasta que empiezas a escuchar sus historias. Yo puedo recibir insultos de vez en cuando, pero ellos ven c&oacute;mo su vida corre peligro a diario&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad, las relaciones homosexuales siguen penadas en 80 pa&iacute;ses. En 10 de ellos, entre los que se encuentran Nigeria, Somalia o Arabia Saud&iacute;, se castigan con la muerte. La situaci&oacute;n de los transg&eacute;nero es a&uacute;n peor: <a href="https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/temas/diversidad-afectivo-sexual/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">seg&uacute;n datos de Amnist&iacute;a Internacional</a>, entre 2008 y 2014, se produjeron 1.731 asesinatos de personas pertenecientes a este colectivo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &ldquo;Se me ha olvidado la vuvuzela&rdquo;, bromeaba Kasha Nabagesera reci&eacute;n llegada a Par&iacute;s. Esta ugandesa de 36 a&ntilde;os, ganadora en 2015 del &ldquo;Right Livelihood award&rdquo;, el llamado premio Nobel alternativo, es la madrina del encuentro y la &uacute;nica invitada que sigue viviendo en su pa&iacute;s natal pese al acoso constante de las autoridades y las amenazas de muerte.
    </p><p class="article-text">
        Nabagesera fund&oacute; en 2003 la primera organizaci&oacute;n de defensa de los derechos homosexuales en Uganda y 10 a&ntilde;os despu&eacute;s cre&oacute; <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/Uganda-homofobia-LGBT_0_354514839.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bombastic</a>, la &uacute;nica revista para p&uacute;blico gay en ese pa&iacute;s, donde en 2014 se aprob&oacute; una ley que castigaba las relaciones homosexuales con cadena perpetua e incluso con pena de muerte. Aunque la ley fue tumbada por la justicia ugandesa seis meses despu&eacute;s por un defecto de forma, la amenaza de una mayor criminalizaci&oacute;n de las personas LGBT sigue planeando como una sombra.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No es solo que las leyes sean discriminatorias, es que todos, desde los pol&iacute;ticos hasta la Iglesia, solo difunden mensajes de odio. La sociedad se apoya en la postura del Gobierno y de los religiosos para actuar con total impunidad contra los homosexuales&rdquo;, explica, recordando que d&iacute;a s&iacute;, d&iacute;a tambi&eacute;n, el colectivo LGBTI es v&iacute;ctima de ataques hom&oacute;fobos en su pa&iacute;s. &ldquo;En Uganda, hay muchos sitios a los que no puedo ir. Esto te hace sentir frustrada y sola. Hay veces que te sientes exiliada en tu propio pa&iacute;s&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de tres cuartas partes de los pa&iacute;ses del continente africano criminalizan la homosexualidad. Davis Mac-Iyalla, nigeriano que se define como cristiano, homosexual y feminista, tuvo que huir por las amenazas recibidas por militar por los derechos de las personas LBGTI. En su pa&iacute;s, era director de un colegio evangelista y, aunque no declaraba abiertamente su homosexualidad, era <em>vox populi</em> que no le gustaban las mujeres, recuerda.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        A ra&iacute;z del ordenamiento del primer prelado anglicano abiertamente gay en EEUU en 2003, la Iglesia en Nigeria reaccion&oacute; negando la existencia de homosexuales en el pa&iacute;s y en el seno de la Iglesia. &ldquo;Me enfureci&oacute; tanto que negaran mi condici&oacute;n, que demonizaran mi existencia, que decid&iacute; dar una rueda de prensa para decirle al mundo qui&eacute;n era&rdquo;, relata. Su creciente activismo empez&oacute; a levantar cr&iacute;ticas y posteriormente amenazas, motivo por el que en 2008 tuvo que pedir asilo en Reino Unido. All&iacute; acaba de crear una red, Interfaith Diversity Network for West Africa (Red de Diversidad Interconfesional para &Aacute;frica occidental), con el objetivo de impulsar el di&aacute;logo entre distintas religiones en torno a la homosexualidad.
    </p><p class="article-text">
        Otra de las participantes en el torneo, la libia Amanie Nouri, es integrante del colectivo Quzah Libya LGBT y lleva desde hace 2011 refugiada en Italia. &ldquo;Creo que es maravilloso poder ver a varios refugiados juntos jugando en Par&iacute;s y mostrando su orientaci&oacute;n sexual sin miedo a ser reprimidos. Esta es una buena oportunidad para nosotros porque el f&uacute;tbol puede dar visibilidad a nuestras situaciones&rdquo;, asegura Amanie, de 35 a&ntilde;os, a eldiario.es antes de entrar en el terreno de juego.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No hay un esp&iacute;ritu competitivo, la gente est&aacute; disfrutando la experiencia&rdquo;, recuerda Cristina mientras una banda feminista de m&uacute;sica animaba a los jugadores entre un partido y el siguiente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy contenta de que la mayor&iacute;a de las jugadoras aqu&iacute; sean mujeres... en mi pa&iacute;s el f&uacute;tbol es cosa de hombres&rdquo;, afirma Amanie at&aacute;ndose las botas. Pese a llevar ya cinco a&ntilde;os viviendo en Europa, sigue apreciando la tranquilidad que le reporta estar en un contexto donde puede expresar libremente su orientaci&oacute;n sexual sin miedo.
    </p><p class="article-text">
        <em>--</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Nota: Empieza a adoptarse el t&eacute;rmino LGTBQI para incluir a las personas queer e interg&eacute;nero, aunque estas identidades a&uacute;n no se encuentran entre los motivos reconocidos para demandar asilo.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Gámez, Andrea Olea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/eurocopa-refugiados-lgtb-miedo-futbol_1_3958725.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Jun 2016 18:21:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La otra Eurocopa: un torneo en París para visibilizar a los refugiados LGTB]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Refugiados,LGTBI,Homofobia,Eurocopa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[París mantiene la indignación en la plaza de la República y la contagia a otras ciudades]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/frentes-indignacion_1_4062354.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dfc0920c-ff33-4f26-968c-fd628733dc98_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Indignados protestan en la plaza de la République, en París."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Miles de personas siguen en la plaza de la República de la capital francesa reclamando un cambio en las políticas del Elíseo</p><p class="subtitle">El movimiento indignado Nuit Debout, en Francia, ya ha cumplido una semana de protesta y tiene réplicas en una treintena de ciudades francesas</p></div><p class="article-text">
        La Nuit Debout, el movimiento indignado de Francia, ya ha cumplido una semana de protesta en la plaza de la R&eacute;publique en Par&iacute;s y tiene r&eacute;plicas en una treintena de ciudades francesas. Este s&aacute;bado, 9 de abril, m&aacute;s de cien manifestaciones volvieron a sacar a la ciudadan&iacute;a a la calle, entre ellas, la de la capital francesa. Convocatoria: Sindicatos. Punto de salida: R&eacute;publique. Ambas fuerzas, la sindical, m&aacute;s tradicional y la nueva creada por la Nuit Debout se retroalimentan y ocuparon juntas las calles parisinas. Su batalla com&uacute;n es contra la Ley El Khomri, la reforma laboral que lleva el nombre de la ministra de Trabajo francesa (Myriam el Khomri), pero esta ha sido solo la gota que ha colmado el vaso de la indignaci&oacute;n, los frentes abiertos son muchos m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        A todos les une un inter&eacute;s por la reapropiaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico y por la b&uacute;squeda de un sistema de gobierno alternativo. A continuaci&oacute;n, algunas de los colectivos y luchas que convergen en la R&eacute;publique:
    </p><h3 class="article-text">El movimiento estudiantil</h3><h3 class="article-text">&ldquo;R&eacute;publique es nuestra &uacute;ltima oportunidad&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Los estudiantes son quienes han llevado la voz cantante en la movilizaci&oacute;n contra la reforma laboral: de un lado, los&nbsp;<em>lyc&eacute;ens&nbsp;</em>(alumnos de secundaria) y del otro, los universitarios. Estos &uacute;ltimos, que forman el grupo m&aacute;s nutrido en la plaza de R&eacute;publique, llevaban meses protestando por el aumento de las tasas de la universidad y por las condiciones de residencia del alumnado extranjero. En Francia, el precio de la matr&iacute;cula de los establecimientos p&uacute;blicos no sobrepasa los 400 euros anuales,&nbsp;pero en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha producido un aumento considerable: &ldquo;Ahora ya hay diplomas que cuestan 3.000 o 4.000 euros&rdquo;, se queja Arthur, de 23 a&ntilde;os y estudiante de Sociolog&iacute;a Pol&iacute;tica. &ldquo;Si no puedes ir a la universidad, no puedes construirte un futuro&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Arthur forma parte del grupo promotor de la Nuit Debout, convocada por el colectivo Convergence de Luttes (Convergencia de luchas). Cree que para mucha gente la reforma laboral solo ha sido la gota que colma el vaso. &ldquo;Muy poca gente esperaba maravillas del gobierno socialista y tem&iacute;amos que virara a la derecha... pero es que la ha sobrepasado: un gobierno supuestamente de izquierda ha puesto en marcha medidas neoliberales en lo econ&oacute;mico y de ultraderecha en lo social&rdquo;, considera.
    </p><p class="article-text">
        La movilizaci&oacute;n de estos d&iacute;as en la plaza de R&eacute;publique da esperanzas a muchos sobre lo que podr&iacute;a ser el surgir de un movimiento de contestaci&oacute;n a m&aacute;s largo plazo. &ldquo;En cierta forma, aqu&iacute; decimos &lsquo;Gracias, Hollande&rsquo;, porque gracias a &eacute;l, a (Manuel) Valls, a (Myriam) El Khomri, estamos ocupando la plaza. Han ido tan lejos en su cinismo que ahora estamos todos aqu&iacute;, luchando contra ellos&rdquo;, asegura este joven que considera que el movimiento Nuit Debout es la ultima esperanza para poder construir una alternativa a la ideolog&iacute;a del Frente Nacional y a las pol&iacute;ticas del gobierno socialista. &ldquo;Ya es un &eacute;xito el hecho de que la gente vea que se puede hacer algo, ser&iacute;a un fracaso si la gente viese esto como una utop&iacute;a. Acabar con la ley El Khomri debe ser solo la primera victoria&rdquo;.
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                </figure><h3 class="article-text">&ldquo;La Nuit Debout, del centro a la periferia&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;La Ley El Khomri ha sido lo que nos ha hecho reaccionar, pero hay muchas cosas que no funcionan, como la represi&oacute;n policial y el desempleo&rdquo;, cuenta Henni Darrat, estudiante de instituto, que con solo 18 a&ntilde;os ha sido uno de los impulsores de una asamblea sat&eacute;lite del movimiento Nuit Debout en Montreuil, un barrio obrero situado en la periferia de Par&iacute;s. El sentimiento de indignaci&oacute;n se ha contagiado por varios barrios del extrarradio parisino creando el movimiento &ldquo;periferia en pie&rdquo; (Banlieu Debout).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Antes de la ley del trabajo no est&aacute;bamos organizados, no hab&iacute;a ning&uacute;n colectivo en el instituto. Algunos est&aacute;bamos sensibilizados pol&iacute;ticamente pero la actividad en el instituto comenz&oacute; con los bloqueos y las asambleas de las &uacute;ltimas semanas&rdquo;, relata Henni, alumno de uno de los muchos institutos parisinos en pie de guerra contra la reforma. El 9 de marzo, primer d&iacute;a de protestas en los centros escolares, salieron a la calle entre 225.000 y 500.000 personas en toda Francia, seg&uacute;n la polic&iacute;a. Desde ese momento en adelante, los bloqueos de las instalaciones se fueron sucediendo consecutivamente a la par que las asambleas de discusi&oacute;n se iban consolidando entre los j&oacute;venes. El d&iacute;a de la huelga general en Francia, el 31 de marzo, los estudiantes se sumaron a los 1,2 millones de manifestantes, 390.000 seg&uacute;n la polic&iacute;a francesa, una marcha que acab&oacute; en la plaza de la R&eacute;publique dando a luz al movimiento Nuit Debout ,y el 5 de marzo los escolares organizaron otra jornada reivindicativa con manifestaciones y bloqueos en distintos centros.&nbsp;&nbsp;Las acciones se saldaron con m&aacute;s de 130 estudiantes detenidos y varios movimientos apoyaron solidariamente las reivindicaciones para la liberaci&oacute;n de los estudiantes.
    </p><p class="article-text">
        Henin considera que las interacciones sociales y los lazos entre distintos colectivos es lo m&aacute;s importante de la Nuit Debout. Cuando los estudiantes de Montreuil decidieron crear su propia asamblea fueron en busca de ayuda a Republique y ahora son otros barrios los que acuden a Henin y a sus compa&ntilde;eros para pedirles consejo. &ldquo;Incluso si la reforma es retirada, tenemos que continuar la movilizaci&oacute;n. Queremos hacer pol&iacute;tica de otra forma y en esa otra pol&iacute;tica es necesario aunar fuerzas para construir un proyecto com&uacute;n y acabar con las diferencias entre derechas e izquierdas&rdquo;, afirma este estudiante.
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                </figure><h3 class="article-text">El movimiento por el Derecho a la Vivienda</h3><h3 class="article-text">&ldquo;En esta plaza faltan nuestros responsables pol&iacute;ticos&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Cuando en la plaza de R&eacute;publique no hab&iacute;a nada, all&iacute; estaba el colectivo DAL (<em>Droit au Logement</em>, derecho a la vivienda en espa&ntilde;ol). Este veterano colectivo, equivalente franc&eacute;s de la PAH (Plataforma Antidesahucios), lleva veinte a&ntilde;os luchando contra los desahucios, el vertiginoso aumento del precio de la vivienda y los problemas de alojamiento en Francia, que seg&uacute;n la asociaci&oacute;n afectan a unos 3,8 millones de personas en todo el pa&iacute;s. El 31 de marzo, la DAL acamp&oacute; en R&eacute;publique junto a una decena de familias para protestar contra la reanudaci&oacute;n de los desalojos tras la llamada &ldquo;tregua invernal&rdquo; (la ley en Francia proh&iacute;be las expulsiones durante el invierno), al estimar que&nbsp;en los pr&oacute;ximos meses&nbsp;podr&iacute;a haber hasta 30.000 nuevos desahucios.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pedimos una autorizaci&oacute;n para acampar durante tres d&iacute;as. Como la gente de Nuit Debout no hab&iacute;a recibido respuesta a su propia demanda por parte de la Prefectura de Polic&iacute;a, se acogieron a la nuestra&rdquo;, explica Malika Gherib, de 63 a&ntilde;os, aguerrida militante de la DAL desde hace ocho a&ntilde;os, cuando estuvo a punto de perder su casa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Vengo a contaros que, gracias a vosotros, hemos logrado una reuni&oacute;n con el ministerio el pr&oacute;ximo 27 de abril&rdquo;, anunciaba triunfal&nbsp;la activista este mi&eacute;rcoles ante la Asamblea general de R&eacute;publique, recibiendo una ovaci&oacute;n en respuesta. Esa ma&ntilde;ana, una acci&oacute;n de su plataforma, con el apoyo de cientos de personas procedentes de la Nuit Debout, hab&iacute;a concluido frente al Ministerio franc&eacute;s de Vivienda para exigir una soluci&oacute;n habitacional para miles de personas en riesgo de perder sus casas. Gracias a la presi&oacute;n ejercida, los responsables ministeriales aceptaron un encuentro con el colectivo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En esta plaza hay sobre todo j&oacute;venes, pero nos tenemos que ayudar los unos a los otros&rdquo;, argumenta Malika, que pasa todo su tiempo disponible en R&eacute;publique y participa asiduamente en las actividades de la Nuit Debout.&nbsp;&nbsp;&ldquo;Quienes faltan aqu&iacute; son&hellip; los responsables pol&iacute;ticos. Aqu&iacute; tienen que venir el se&ntilde;or Valls, el se&ntilde;or Hollande. Escuchar a la gente para entender lo que est&aacute; pasando&rdquo;. A pocos metros, varios sin techo aprovechan el precio libre de la cantina para comer sin preocuparse de tener que pagar.&nbsp; &ldquo;Perdona la expresi&oacute;n, pero aqu&iacute; estamos todos metidos en la misma mierda&rdquo;, afirma Gherib.&nbsp;&nbsp;&ldquo;Sin trabajo no hay vivienda, sin vivienda no hay salud y sin salud no hay vida&rdquo;, concluye.
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                </figure><h3 class="article-text">La ciudadan&iacute;a de a pie</h3><h3 class="article-text">&ldquo;Veo mucha gente perdida... que quiere hacer&nbsp;algo&rdquo;</h3><p class="article-text">
        A R&eacute;publique tambi&eacute;n se est&aacute;n acercando multitud de personas que no pertenecen a ning&uacute;n movimiento o colectivo, ciudadanos sin siglas detr&aacute;s que vienen a aportar su granito de arena. Malandjo Danho es muchas cosas: bailar&iacute;n, cantante, militante antirracista. Tiene 45 a&ntilde;os y lleg&oacute; a Francia desde Costa de Marfil a los 5. Se siente marfile&ntilde;o y franc&eacute;s, en ese orden. En 2011, durante la breve r&eacute;plica que tuvo el 15M en Francia, acogi&oacute; en su casa a gente llegada de todo el pa&iacute;s para participar ese movimiento de protesta que finalmente se diluy&oacute; en pocas semanas.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al o&iacute;r hablar de la Nuit Debout cogi&oacute; su tienda de campa&ntilde;a y se plant&oacute; en la plaza: all&iacute; duerme todas las noches desde el viernes 1 de abril, pese a ser desalojado todas las ma&ntilde;anas por la polic&iacute;a. &ldquo;Para que el d&iacute;a en que esto estalle de verdad, me pille cerca&rdquo;, afirma con un gui&ntilde;o.&nbsp;Insiste en que se le fotograf&iacute;e junto a los refugiados con los que ha compartido techo (o m&aacute;s bien cielo) en las &uacute;ltimas noches.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las asambleas generales de la tarde, Malandjo se eleva entre el p&uacute;blico, desde sus cerca de dos metros de altura, y toma la palabra para resumir sus impresiones del d&iacute;a. Su visi&oacute;n del movimiento es precavida aunque optimista: &ldquo;Por el momento, veo mucha gente perdida, que quiere hacer algo y no sabe c&oacute;mo&rdquo;, explica, y matiza: &ldquo;Est&aacute;n perdidos, pero este es un buen lugar para encontrarse, intercambiar impresiones y debatir&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Malandjo&nbsp;cree que R&eacute;publique tambi&eacute;n es una buena palestra para sacar a relucir el racismo latente en Francia. &ldquo;Si miras a tu alrededor ver&aacute;s que casi todo el mundo es blanco. La gente de la comunidad negra o &aacute;rabe se siente menos concernida. Los franceses no se dan cuenta de que este pa&iacute;s sigue practicando el saqueo en otros pa&iacute;ses de &Aacute;frica o de Oriente Medio, a veces se preocupa m&aacute;s de la causa palestina que de la gente que tiene aqu&iacute;&rdquo;, afirma se&ntilde;alando a varios refugiados que descansan sobre unos colchones. &ldquo;Queda mucho por hacer... pero soy un hombre paciente&rdquo;, asegura con una sonrisa.
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                </figure><h3 class="article-text">&ldquo;Nuestras jubilaciones est&aacute;n estancadas y con ellas tenemos que ayudar a nuestros hijos&rdquo;</h3><p class="article-text">
        El perfil de los jubilados que hacen malabares con sus pensiones para ayudar a su familia ante la falta de trabajo no es exclusivo de Espa&ntilde;a. En Francia, cada vez m&aacute;s son los desempleados que dependen de la solidaridad de sus allegados y muchos temen que esta brecha social se acent&uacute;e si finalmente la Ley El Khomri fuese aprobada.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Quieren destruir el C&oacute;digo del Trabajo que fue construido a base de luchas desde tiempos de nuestros abuelos&rdquo;, afirma Monique, una jubilada que con su pensi&oacute;n y la de su marido ayudan a su hijo de 20 a&ntilde;os, desempleado y frustrado ante la falta de trabajo, seg&uacute;n cuenta esta francesa indignada. &ldquo;Nosotros estamos aqu&iacute; por nuestros hijos, por nuestros nietos y por las generaciones venideras. Si no conseguimos parar esta ley hay que seguir manifest&aacute;ndose, hay que ir a la Asamblea Nacional, hacer huelgas generales y no callarnos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Monique dibuja con sus palabras el escenario de una Francia que enfrenta el miedo de la precariedad, &ldquo;los salarios son cada d&iacute;a m&aacute;s bajos mientras que los precios de los alquileres no paran de aumentar, la vida no es f&aacute;cil, nuestras jubilaciones est&aacute;n estancadas y con ellas tenemos que ayudar a nuestros hijos, no los vamos a dejar en la calle&rdquo;. Esta jubilada reconoce tener esperanza en que la reforma laboral francesa no sea aprobada y que toda esta movilizaci&oacute;n sirva para que el pueblo reaccione. Al mismo tiempo, expresa su admiraci&oacute;n con el movimiento Nuit Debout, en el que ha participado a trav&eacute;s de alguna asamblea, y afirma que &ldquo;es importante porque cuenta con una poblaci&oacute;n diversa, junta a muchos movimientos y porque resistir en la plaza de la R&eacute;publique representa otra forma de manifestaci&oacute;n&rdquo;.
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                </figure><h3 class="article-text">&ldquo;La Nuit Debout es la reapropiaci&oacute;n del lenguaje y el espacio por el pueblo&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Francia, pa&iacute;s f&eacute;rtil en producci&oacute;n cultural, fue el pionero en implantar un estatus espec&iacute;fico para los trabajadores intermitentes del sector de las artes. Este sistema se caracteriza por otorgar un salario mensual compensatorio a los miembros de este gremio que coticen las horas m&iacute;nimas exigidas. El objetivo es fomentar que sigan empleados en producciones art&iacute;sticas y aunque no les proporcione los ingresos necesarios, la protecci&oacute;n social del estado se encarga de completar para que puedan obtener por lo menos un salario m&iacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        Charlotte es intermitente desde hace 6 a&ntilde;os, montadora de videos de cine y participa activamente en el movimiento Nuit Debout. &ldquo;Hace a&ntilde;os que intentan quitarnos las ventajas que hemos adquirido y vamos resistiendo. Mantener el estatus de trabajador intermitente es importante porque el sector cultural franc&eacute;s aporta mucha riqueza al pa&iacute;s. Gracias a nosotros, a nuestros espect&aacute;culos y festivales, llegan muchos ingresos para otros sectores, como el de los servicios, por ejemplo, pero nuestro aporte no se reconoce&rdquo;, lamenta esta joven. Charlotte estuvo tambi&eacute;n presente en la manifestaci&oacute;n del 9 de abril junto con otros compa&ntilde;eros de su gremio. Ella considera que la Ley del Trabajo afecta a todos los trabajadores, &ldquo;pero a los precarios como nosotros, m&aacute;s todav&iacute;a&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Entre los trabajadores intermitentes, muchos se quejan por estar perdiendo derechos y afirman que viven hoy m&aacute;s dificultades que hace 10 a&ntilde;os. Charlotte teme que si se acaba con el estatuto de intermitencia, el sector del cine, que es su dominio, se debilite. &ldquo;Hoy en d&iacute;a ya es dif&iacute;cil ser artista o tener un trabajo intermitente, pero sin un estatus espec&iacute;fico, ser&aacute; a&uacute;n m&aacute;s complicado y lo que estar&iacute;a en riesgo ser&iacute;a nuestra cultura&rdquo;, por lo que considera que es importante que la lucha de los trabajadores intermitentes est&eacute; presente en la plaza de la R&eacute;publique.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aqu&iacute; hay una convergencia de luchas, estamos aqu&iacute; para reflexionar juntos sobre el futuro. No sabemos como va a acabar pero para mi el movimiento Nuit Debout es una reapropiaci&oacute;n del lenguaje y del espacio por el pueblo&rdquo;, afirma Charlotte.
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      <dc:creator><![CDATA[Andrea Olea, Luna Gámez]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Apr 2016 17:51:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[París mantiene la indignación en la plaza de la República y la contagia a otras ciudades]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Paris,Francia,Ciudadanía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los indignados de París articulan una convergencia de luchas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/movimiento-indignados-paris-asienta-proximo_1_4073347.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dfc0920c-ff33-4f26-968c-fd628733dc98_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Indignados protestan en la plaza de la République, en París."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El movimiento Nuit Debout se consolida en Paris y se prepara para el próximo asalto</p><p class="subtitle">Después de un intenso fin de semana, con fructíferas asambleas en la plaza de la République, los indignados de París toman impulso para una segunda semana de acciones</p><p class="subtitle">La Nuit Debout adquiere forma y consigue articular el apoyo a diferentes luchas: apoyo a refugiados y migrantes, manifestación de estudiantes y de agricultores y movilización de sindicatos</p></div><p class="article-text">
        Desde hace varios d&iacute;as, una marea de gente cubre la plaza de R&eacute;publique en Par&iacute;s. Lo que empez&oacute; como una idea improbable lanzada al vuelo &ndash;ocupar esta zona neur&aacute;lgica de la capital francesa tras la jornada de huelga general del 31 de marzo y la primera gran manifestaci&oacute;n contra la reforma laboral del gobierno socialista&ndash; es hoy una realidad tangible: cinco d&iacute;as consecutivos de asambleas cada vez m&aacute;s multitudinarias confirman la consolidaci&oacute;n de la primavera indignada en Francia.
    </p><p class="article-text">
        El lunes, miles de personas se reunieron en la asamblea general, que, como cada tarde desde el viernes, vertebra la vida del movimiento Nuit Debout (Noche en pie). Esta vez el encuentro cont&oacute; con la participaci&oacute;n de 'intermitentes del espect&aacute;culo' (trabadores discontinuos en el sector audiovisual y art&iacute;stico), emigrantes y refugiados, y un numeroso grupo de j&oacute;venes que preparaban la manifestaci&oacute;n estudiantil del martes. Una gran marcha hasta la parisina plaza de la Bastilla, bloqueos internos en las universidades y externos en algunas estaciones de trenes, adem&aacute;s de una movilizaci&oacute;n de agricultores en tractores, son las principales actividades preparadas para esta jornada.
    </p><p class="article-text">
        Nacido con vocaci&oacute;n de hacer converger las luchas sociales de toda Francia, el movimiento va poco a poco sumando apoyos en diversos sectores del pa&iacute;s y tambi&eacute;n fuera de las fronteras francesas, con un papel destacado para el 15M espa&ntilde;ol, que ha creado una red espec&iacute;fica para acompa&ntilde;arlo en sus primeros pasos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los organizadores solo ten&iacute;an prevista la primera noche. No se cre&iacute;an que esto pudiera ocurrir, que el movimiento pudiera eclosionar&rdquo;, opina Emma, veterana del 15M, que no se lo pens&oacute; dos veces y viaj&oacute; a Par&iacute;s, donde ya hab&iacute;a vivido, para ayudar con la organizaci&oacute;n en los d&iacute;as previos al 31 de marzo.
    </p><p class="article-text">
        Ni la lluvia ni el frio de los primeros tres d&iacute;as lograron mermar la ilusi&oacute;n. De forma progresiva desde el jueves, cada tarde m&aacute;s y m&aacute;s personas han acudido a la cita diaria en esta plaza, centro neur&aacute;lgico de la protesta en la capital francesa. As&iacute; como la intensa lluvia del s&aacute;bado dio paso a un domingo c&aacute;lido y soleado, el movimiento de Nuit Debout (Noche en pie) en Par&iacute;s vio la luz de una organizaci&oacute;n cada d&iacute;a un poco m&aacute;s fuerte.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que la afluencia de p&uacute;blico ha sido intensa, las dudas sobre la continuidad del movimiento acechaban cada ma&ntilde;ana cuando la polic&iacute;a evacuaba a los indignados, oblig&aacute;ndoles a desmontar las carpas que sirven de referencia para las distintas comisiones, as&iacute; como la enfermer&iacute;a, la cocina, el punto de recepci&oacute;n e informaci&oacute;n y el de prensa. El momento de m&aacute;xima tensi&oacute;n se vivi&oacute; el viernes por la noche, cuando un grupo de extrema derecha irrumpi&oacute; en la plaza, aunque finalmente no se produjo ning&uacute;n incidente grave.
    </p><p class="article-text">
        Tanto el s&aacute;bado como el domingo por la ma&ntilde;ana apenas quedaban vestigios de lo ocurrido la noche anterior. Skaters patinando, familias paseando y turistas fotografiando el santuario en que se ha convertido la estatua de Marianne, en la que hoy se homenajea a las v&iacute;ctimas de los ataques contra Charlie Hebdo y las de los atentados del 13 de noviembre, no hac&iacute;an prever que al caer la tarde, sin prisa pero sin pausa, la agitaci&oacute;n empezar&iacute;a a adue&ntilde;arse de nuevo de esta c&eacute;ntrica plaza, en la que la asamblea diaria de las seis sirve como llamamiento a la reunificaci&oacute;n.
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                </figure><h3 class="article-text">'34 de marzo', el domingo soleado en el que la indignaci&oacute;n lleg&oacute; para quedarse</h3><p class="article-text">
        Tras las animadas jornadas del jueves, viernes y s&aacute;bado, rebautizadas en el calendario indignado como 31 de marzo, 32 de marzo y 33 de marzo, la multitudinaria asamblea general del domingo 3 de abril (o 34 de marzo), logr&oacute; cristalizar el nuevo esp&iacute;ritu reivindicativo. En ella, entre 2.000 y 3.000 personas se pronunciaron sobre los objetivos, los protocolos de acci&oacute;n y el futuro de este proyecto, que pretende ser una alternativa contra las pol&iacute;ticas de recortes, tanto en el &aacute;mbito presupuestario como en el de los derechos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay que escribir una nueva Constituci&oacute;n en Francia: frente a la actual Constituci&oacute;n de la Rep&uacute;blica burguesa, la de la Rep&uacute;blica Social&rdquo;, asever&oacute; durante su intervenci&oacute;n el economista Fr&eacute;d&eacute;ric Lordon, cuyo discurso va perfil&aacute;ndose en cierta forma como vertebrador de la ideolog&iacute;a de esta primavera francesa.
    </p><p class="article-text">
        Las redes sociales tambi&eacute;n se est&aacute;n contagiando del esp&iacute;ritu de la plaza: adem&aacute;s de los m&aacute;s de 2.000 asistentes presenciales, se estima que otras 80.000 personas siguieron la asamblea el domingo en directo a trav&eacute;s de la retransmisi&oacute;n web en video.
    </p><p class="article-text">
        Una de las preocupaciones acuciantes era la falta de diversidad entre la gente que integra el proyecto: los primeros d&iacute;as, la plaza de la R&eacute;publique estuvo ocupada principalmente por estudiantes universitarios, j&oacute;venes y blancos de clase media. &ldquo;Tenemos que atraer a quienes tambi&eacute;n componen la sociedad francesa y no est&aacute;n aqu&iacute;: agricultores, obreros de las f&aacute;bricas, taxistas y a la poblaci&oacute;n negra y &aacute;rabe&rdquo;, reclamaba un interviniente en una de las asambleas.
    </p><p class="article-text">
        El panorama del domingo hab&iacute;a ganado en matices: personas de todas las edades, colores y condiciones sociales se sentaban unos junto a otros en un cuarto d&iacute;a de movimiento en el que la gente ya manejaba con soltura los gestos asamblearios. Entre otras propuestas, miles de manos se alzaron al aire para votar a favor de que el movimiento apoyase directamente la causa LGBT, as&iacute; como a los refugiados y migrantes, creando dos nuevas comisiones para atender a estos dos asuntos. El impulso ha servido para que la voluntad de acci&oacute;n se contagie a la periferia de la capital gala y se ponga en marcha el movimiento adyacente 'Banlieues Debout', (&ldquo;Suburbios en pie&rdquo;, en espa&ntilde;ol), que gravita principalmente en torno a Cr&eacute;teil, barrio perif&eacute;rico al sur de Par&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El eco de la indignaci&oacute;n resuena tambi&eacute;n en otros rincones del pa&iacute;s y una treintena de ciudades de toda la geograf&iacute;a francesa, como Lille, Estrasburgo, Burdeos, Lyon o Toulouse han establecido sus propias acampadas y asambleas en sus plazas m&aacute;s simb&oacute;licas.
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        El movimiento en Par&iacute;s pivota ahora sobre una decena de comisiones, entre las que figuran las dos anteriormente citadas de LGTB y migraciones, as&iacute; como la comisi&oacute;n de Acci&oacute;n, Log&iacute;stica, Internacional o moderaci&oacute;n y democracia.
    </p><p class="article-text">
        Adrien, perteneciente a esta &uacute;ltima, se siente &ldquo;simplemente feliz&rdquo; por lo que est&aacute; ocurriendo. &ldquo;A veces me frustra la lentitud con la que avanzamos, pero ver a tanta gente, que no pertenece a ning&uacute;n partido o sindicato, debatiendo junta, me produce una gran esperanza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La iniciativa de una universidad popular que ya circulaba por Par&iacute;s, llego tambi&eacute;n para quedarse en la plaza de la R&eacute;publique, donde el s&aacute;bado tuvo lugar la primera clase de sociolog&iacute;a. Junto a la carpa de la comisi&oacute;n LGBT, que alberga un grupo de trabajo concreto sobre feminismos, se instal&oacute; tambi&eacute;n una zona con materiales l&uacute;dicos para animar los talleres de escritura y pintura para peque&ntilde;os y mayores. Tambi&eacute;n se propuso la creaci&oacute;n de un servicio de guarder&iacute;a para que los padres puedan participar activamente en los debates y votaciones.
    </p><p class="article-text">
        Pablo, espa&ntilde;ol que particip&oacute; en el 15M y que tambi&eacute;n se ha subido al carro de los indignados franceses mostraba su admiraci&oacute;n: &ldquo;He conversado mucho con mis compa&ntilde;eros de comisi&oacute;n y ninguno ha militado jam&aacute;s en nada antes: ninguno. Sin embargo, est&aacute;n trabajando como locos desde hace dos d&iacute;as, y cuando nos tomamos un descanso discuten de pol&iacute;tica con una entrega y una pasi&oacute;n que me sorprende&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Una agenda cargada</h3><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de un intenso fin de semana, uno de los principales consensos en la asamblea dominical para mantener vivo el movimiento fue ocupar la plaza todos los d&iacute;as entre las cinco de la tarde y la medianoche.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Veo bien que no se queden a dormir porque eso agota las fuerzas. Si pueden mantener las asambleas, si pueden tener ese debate politico en la plaza, yo los veo como un movimiento s&uacute;per potente&rdquo;, consideraba Emma, que ha estado ayudando principalmente con las redes sociales. &ldquo;Se est&aacute;n organizando y se est&aacute;n conectando. Est&aacute;n tejiendo una red. Tiene que quedar una estructura y tienen que empoderarse&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta por ver si el reci&eacute;n destapado caso de corrupci&oacute;n de los 'Papeles de Panam&aacute;' puede ser un nuevo impulso para la indignaci&oacute;n. El caso afecta al menos a un millar de franceses y todo apunta a que uno de los grandes partidos franceses podr&iacute;a estar implicado. De confirmarse los rumores de que se trata del Frente Nacional, la exclusiva mundial podr&iacute;a suponer un rev&eacute;s para la extrema derecha que estaba ganando terreno en una Francia descontenta que comienza a encontrar otras v&iacute;as de escape y nuevas esperanzas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Gámez, Andrea Olea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/movimiento-indignados-paris-asienta-proximo_1_4073347.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Apr 2016 18:32:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los indignados de París articulan una convergencia de luchas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Paris,Francia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[París se inspira en el 15M para prender la mecha de la indignación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/paris-despertar-primavera-francesa_1_4078593.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9cb6cc99-baa5-4f38-b08a-c0b10a0f088c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="París se inspira en el 15M para prender la mecha de la indignación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La policía ha expulsado a los manifestantes que esta pasada noche se han congregado en la plaza de République</p><p class="subtitle">La conclusión tras las primeras discusiones: no hay metas concretas más allá de resistir, ocupar el espacio público y crear un lugar de debate</p><p class="subtitle">La movilización representa un nuevo referente en la sociedad civil contra la deriva conservadora a la que Le Pen está empujando a todos los partidos y al presidente François Hollande</p></div><p class="article-text">
        Se disipan las dudas: la mecha de la indignaci&oacute;n prende finalmente en Francia. A las seis de la ma&ntilde;ana, antes de que la polic&iacute;a las expulsase por segunda noche consecutiva, cientos de personas segu&iacute;an la madrugada de este s&aacute;bado en la plaza de R&eacute;publique, en el coraz&oacute;n de Par&iacute;s, despu&eacute;s de haber conseguido pasar su primera noche de protesta completa a la intemperie, bajo la emblem&aacute;tica estatua de Marianne. 
    </p><p class="article-text">
        Apenas unas horas antes, a las cinco de la tarde del viernes, la plaza estaba casi desierta. Las pocas personas que hab&iacute;an resistido desde el jueves por la noche o que hab&iacute;an regresado tras recargar fuerzas brevemente, se miraban con una mezcla de nerviosismo y expectaci&oacute;n: &iquest;volver&iacute;a la gente?
    </p><p class="article-text">
        El jueves 31 de marzo, una huelga general contra la reforma laboral del gobierno socialista de Fran&ccedil;ois Hollande sac&oacute; a la calle a 1.200.000 personas en todo el pa&iacute;s (seg&uacute;n los organizadores; 390.000 personas, seg&uacute;n la polic&iacute;a). Al calor de esta protesta, la plaza de la Rep&uacute;blica en Par&iacute;s se llen&oacute; de personas llegadas a la convocatoria La Nuit D&eacute;bout, (La Noche en Pie), con la que sus organizadores pretend&iacute;an reavivar la llama de la protesta en una Francia en la que el Frente Nacional no deja de subir en las encuestas, mientras los movimientos sociales llevan tiempo adormecidos y atomizados. Sus organizadores, un peque&ntilde;o colectivo 'Convergence de Luttes' (Convergencia de luchas) de recent&iacute;sima creaci&oacute;n, pidi&oacute; permiso para ocupar esta c&eacute;ntrica plaza durante tres d&iacute;as con una premisa simple: ocupar el espacio p&uacute;blico y sentarse a discutir. Tras una noche de conciertos, proyecciones y debates que lleg&oacute; a reunir a unas 4.000 personas, los primeros indignados fueron expulsados por la polic&iacute;a la ma&ntilde;ana del viernes.<strong> </strong>
    </p><h3 class="article-text">Resistir en la plaza</h3><p class="article-text">
        El ambiente tranquilo que rein&oacute; durante todo el d&iacute;a en R&eacute;publique despert&oacute; las dudas sobre si el movimiento realmente tomar&iacute;a impulso. Hacia las siete de la tarde del viernes, la primera asamblea general de este incipiente movimiento consegu&iacute;a reunir a unas 300 personas de todas las edades; la segunda, hacia las nueve, ya congregaba a cerca de un millar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Jam&aacute;s hab&iacute;a visto una asamblea con tanta gente, en la calle, en un espacio p&uacute;blico&rdquo;, se asombraba Artur, de 26 a&ntilde;os. &ldquo;En Francia hace mucho que nos faltaba un contrapoder en la izquierda. Y es posible que la soluci&oacute;n no est&eacute; en los partidos, ni siquiera en los sindicatos. Puede que la respuesta est&eacute; aqu&iacute;&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La conclusi&oacute;n tras las primeras discusiones: no hay metas concretas m&aacute;s all&aacute; de resistir, ocupar el espacio p&uacute;blico y crear un lugar de debate donde puedan establecerse los objetivos de una movilizaci&oacute;n a m&aacute;s largo plazo en la que converjan luchas laborales, educativas, ecologistas, de migraciones o de acceso a la vivienda, entre otras.
    </p><p class="article-text">
        Las primeras comisiones de Comunicaci&oacute;n, Log&iacute;stica y Acci&oacute;n integran la incipiente organizaci&oacute;n de un proceso ciudadano de protesta, que est&aacute; creando sus propios protocolos de actuaci&oacute;n y sus c&oacute;digos de comunicaci&oacute;n, muchos de ellos inspirados en la estrategia del movimiento 15M. En la plaza van apareciendo una enfermer&iacute;a, puntos de reciclaje, un centro de informaci&oacute;n para prensa, libros, comida a precio libre. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &ldquo;He visto esl&oacute;ganes que me recordaban a la Puerta del Sol, es como un d&eacute;j&agrave; vu de lo que pas&oacute; en Espa&ntilde;a, pero creo que todav&iacute;a es muy pronto para prever lo que ocurrir&aacute; aunque todo el mundo tiene ganas de que pase algo, de que haya un movimiento m&aacute;s fuerte como ha pasado en Espa&ntilde;a o en Grecia&rdquo;, cree Javier, espa&ntilde;ol residente en Par&iacute;s y miembro de Marea Granate, colectivo internacional de emigrantes espa&ntilde;oles que decidi&oacute; apoyar la movilizaci&oacute;n y organizar su propia asamblea el viernes en R&eacute;publique.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay muchos espa&ntilde;oles que participamos en el 15M y que estamos aqu&iacute; compartiendo nuestras experiencias&rdquo;, cuenta Eva Lacalle, tambi&eacute;n espa&ntilde;ola viviendo en Par&iacute;s que considera que el Gobierno galo podr&iacute;a escudarse en el decretado estado de emergencia para disolver el movimiento, sin embargo ella considera que &ldquo;aunque sea intermitente es positivo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la plaza no ondean banderas de partidos ni destacan pancartas de organizaciones o sindicatos: quienes circulan por la plaza son individuos indignados, otros simplemente curiosos que se adhieren sobre la marcha a las asambleas o a los trabajos voluntarios. August&iacute;n, fot&oacute;grafo de 20 a&ntilde;os, lleg&oacute; el viernes por la ma&ntilde;ana tras atravesar medio Par&iacute;s arrastrando un contenedor gigante con 20 kilos de pan. &ldquo;No he venido solo por la ley del trabajo, estoy aqu&iacute; por todo, por el estado de emergencia, por el sistema&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Corinne, en la treintena, explica el cambio que cree se est&aacute; operando en la plaza. &ldquo;En Francia hay una gran tradici&oacute;n de manifestarse, pero despu&eacute;s no ocurre nada. La gente est&aacute; harta de marchar gritando qu&eacute; es lo que no quiere. Ahora vamos a pararnos y hablar de lo que queremos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otras ciudades de Francia, como Nantes, Toulouse o Marsella, tambi&eacute;n se adhirieron a la huelga contra la ley El Kohmri &ndash;que toma el nombre de la actual Ministra de Trabajo-, una reforma laboral que, bajo la premisa de dinamizar el mercado de trabajo, flexibilizar&aacute; el sistema de contrataciones y despidos, y precarizar&aacute; la situaci&oacute;n de los trabajadores. Gerard Filoche, miembro de Attac y del sindicato de la CGT afirma que este proyecto de ley &ldquo;es una bomba que pretende dinamitar un siglo de historia de Francia&rdquo;. Gran parte de la poblaci&oacute;n francesa se opone a esta medida.
    </p><p class="article-text">
        Pese a ello, &ldquo;la reforma laboral es solo la gota que colma el vaso, la gente se siente traicionada. El gobierno de Fran&ccedil;ois Hollande est&aacute; poniendo en pr&aacute;ctica el programa del Frente Nacional, desde el trato a los migrantes, pasando por el Estado de Urgencia o la idea de revocar la nacionalidad a los acusados de terrorismo. Incluso la izquierda caviar est&aacute; decepcionada&rdquo;, aseguraba Sim&oacute;n, un joven que se autodefine como trabajador precario.
    </p><p class="article-text">
        A un a&ntilde;o de las pr&oacute;ximas elecciones generales en Francia, la gente quiere tomar partido en la pol&iacute;tica, cree Pierre, jubilado franc&eacute;s que observa las din&aacute;micas de las asambleas sentado junto a su mujer en un banco de R&eacute;publique rodeado de pancartas en cartones con mensajes reivindicativos. &ldquo;Me emociona y me da esperanzas ver tanta gente joven aqu&iacute; movilizada&rdquo;, a&ntilde;ade. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que se trata de un movimiento bastante heterog&eacute;neo pero llegaremos a un punto com&uacute;n&rdquo;, dice emocionada Alaa, joven libanesa que lleva diez a&ntilde;os en Francia. &ldquo;Aqu&iacute; hay una energ&iacute;a distinta, nueva&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pese a haber sido expulsados nuevamente de la plaza, esta noche volver&aacute;n a R&eacute;publique: la indignaci&oacute;n ha llegado a Francia para quedarse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Gámez / Andrea Olea, Luna Gámez, Andrea Olea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/paris-despertar-primavera-francesa_1_4078593.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Apr 2016 09:35:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Paris,Movimientos ciudadanos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La victoria de las peluqueras sin papeles de Chateau D’Eau]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/victoria-peluqueras-papeles-chateau-deau_1_4278481.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c4363940-e943-434e-8c6c-2e54a58270c4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Manifestación de los trabajadores del 57 Boulevard de Strasbourg, en París / FOTO: Ignacio Marín"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En París, tras diez meses de protestas y ocho de huelga, un grupo de trabajadores sin papeles que denunciaron a sus empleadores por mantenerlos en condiciones de "semiesclavitud" van a obtener su permiso de trabajo</p><p class="subtitle">Su lucha ha destapado el sistema de explotación que prevalece en Chateau d’Eau, un barrio en pleno corazón de la capital francesa, donde trabajan cientos de emigrantes en situación irregular</p><p class="subtitle">"Lo hicimos porque era una situación insoportable: trabajábamos en negro, sin horario, a veces 15 horas diarias, por 300 o 400 euros al mes", cuenta a eldiario.es una de las empleadas</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Creen que pueden doblegarnos, pero no lo conseguir&aacute;n. Tenemos m&aacute;s fuerza que nunca y venceremos&rdquo;. Fatou, marfile&ntilde;a de 42 a&ntilde;os, lanzaba esas palabras prof&eacute;ticas, micr&oacute;fono en mano, hace apenas tres semanas, en la en&eacute;sima manifestaci&oacute;n de los trabajadores del 57 Boulevard de Strasbourg, en Par&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Hoy puede decirse que s&iacute;, que han vencido. El Ministerio y la Prefectura de Polic&iacute;a han cedido. Ha costado casi un a&ntilde;o de protesta y ocho meses de huelga y ocupaci&oacute;n en la peluquer&iacute;a en donde trabajaban, pero Fatou, junto a Aminata, Precious, A&iuml;cha, Daniel, Ming, Nosa, Madamba y Guiyum recibir&aacute;n este viernes sus permisos de trabajo, como ya lo hicieron antes el resto de sus compa&ntilde;eros. Eran los &uacute;ltimos nueve empleados en situaci&oacute;n irregular de la peluquer&iacute;a 'New York Fashion', en el barrio parisino de Chateau d&rsquo;Eau.
    </p><p class="article-text">
        La lucha de un total de 18 emigrantes, la mayor&iacute;a sin papeles, comenz&oacute; en mayo de 2014. Tras dos meses de sueldo atrasado en un lugar donde trabajaban en condiciones de semiesclavitud &mdash;seg&uacute;n su testimonio&mdash; se pusieron de acuerdo y denunciaron a sus empleadores.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &ldquo;Lo hicimos porque era una situaci&oacute;n insoportable: trabaj&aacute;bamos en negro, sin horario, a veces 15 horas diarias, por 300 o 400 euros al mes&rdquo;, recordaba hace unos d&iacute;as A&iuml;cha, maliense con dos a&ntilde;os de residencia en Francia, desde la peluquer&iacute;a ocupada cuando a&uacute;n no sab&iacute;a que hab&iacute;an ganado la batalla.
    </p><p class="article-text">
        En junio del a&ntilde;o pasado, con ayuda de un sindicato, los empleados lograron obtener contratos de trabajo, lo que abr&iacute;a la v&iacute;a a su regularizaci&oacute;n, pero la alegr&iacute;a les dur&oacute; un mes. En julio, el due&ntilde;o ech&oacute; el cierre alegando la quiebra del negocio, y la liquidaci&oacute;n judicial dej&oacute; en papel mojado los derechos ganados. 
    </p><p class="article-text">
        Los tr&aacute;mites que hab&iacute;an iniciado para regularizar su situaci&oacute;n no val&iacute;an de nada: la llamada 'circular Valls' (por el actual jefe de gobierno franc&eacute;s, Manuel Valls, que antes ocupaba el cargo de ministro del Interior), exige al menos ocho meses trabajados en dos a&ntilde;os para conseguir el permiso de residencia en Francia, y ellos solo ten&iacute;an una n&oacute;mina. En agosto, denunciaron de nuevo a sus empleadores, esta vez por &ldquo;trata de seres humanos, trabajo encubierto y quiebra fraudulenta&rdquo;, se declararon en huelga y ocuparon el sal&oacute;n de belleza.
    </p><h3 class="article-text">El viaje de Precious</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Tomaron la iniciativa quienes menos tiempo llevaban en Francia, los m&aacute;s vulnerables, arriesg&aacute;ndose a ser expulsados en cualquier momento&rdquo;, recuerda con admiraci&oacute;n Marilyne Poulain, la sindicalista que hizo suya desde el principio la lucha de &ldquo;los 18&rdquo; (como se les conoce en Francia). Precious Semota fue una de las valientes que dieron el primer paso al frente.
    </p><p class="article-text">
        Esta nigeriana solo tiene 29 a&ntilde;os, pero en sus ojos brillantes se adivinan varias vidas. Lleg&oacute; a la Gare de Lyon de Par&iacute;s hace dos a&ntilde;os, sin dinero, con un ni&ntilde;o en cada mano y un tercero en camino. Dejaba atr&aacute;s dos a&ntilde;os de pesadilla en Italia, donde la hab&iacute;an obligado a prostituirse para pagar los 65.000 euros del billete Nigeria-Palermo con escala en N&iacute;ger, Libia y el CIE de Lampedusa.
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        Tambi&eacute;n dej&oacute; atr&aacute;s a su marido, al que hab&iacute;a encontrado en el viaje hacia Europa. &ldquo;Los hombres a veces tienen miedo, somos las mujeres quienes tenemos que dar el paso. Si nos qued&aacute;bamos en Italia no &iacute;bamos a sobrevivir. As&iacute; que agarr&eacute; a mis hijos y vine a Par&iacute;s&rdquo;, relataba. Los primeros meses los pas&oacute; mendigando y los servicios sociales acabaron quit&aacute;ndole a dos de los ni&ntilde;os. En oto&ntilde;o de 2013, su marido lleg&oacute; a la capital francesa y la pareja consigui&oacute; recuperarlos. A Precious le hab&iacute;an ofrecido trabajo como peluquera en el barrio de Chateau d&rsquo;Eau y esta vez todo iba a ir mejor.
    </p><h3 class="article-text">Sistema esclavista en pleno Par&iacute;s</h3><p class="article-text">
        Chateau d&rsquo;Eau es un micromundo dentro de Par&iacute;s. Entre el cruce de la calle del mismo nombre y el Boulevard Strasbourg se esparcen un centenar de peluquer&iacute;as y salones de belleza de colores chillones y nombres sugerentes, intercalados con tiendas en las que se arreglan/venden/piratean tel&eacute;fonos m&oacute;viles, boutiques de gusto <em>kitsch</em> y algunos puestos de comida r&aacute;pida. &iquest;La particularidad? El p&uacute;blico y los comercios son casi exclusivamente africanos. En la puerta de las tiendas, decenas de chicos fuman y charlan, a la espera de clientela potencial a la que interpelar: &ldquo;&iquest;Trenzas? &iquest;Extensiones? &iquest;Alisamiento? Ven y te ense&ntilde;o mis precios&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El barrio, una especie de meca de la belleza afro, esconde bajo la superficie multicolor un oscuro sistema de econom&iacute;a paralela y explotaci&oacute;n laboral. El sindicato CGT calcula que unas 1.500 personas trabajan sin contrato en estas peluquer&iacute;as. Como a los clientes, los salones captan a sus trabajadores en la calle, ofreciendo un empleo a quienes no tienen papeles, y por tanto, no pueden protestar. As&iacute; lo hicieron con Precious.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos separaban seg&uacute;n nuestra lengua materna: los chinos en la planta de arriba, los africanos franc&oacute;fonos en la planta baja y los nigerianos en el s&oacute;tano. No nos dejaban hablar entre nosotros para que no intercambi&aacute;ramos informaci&oacute;n y trataban crear rivalidades para dividirnos&rdquo;, explicaba la mujer hace unos d&iacute;as.
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        En el local, a medio desmantelar, un colch&oacute;n para hacer la guardia de noche, art&iacute;culos de prensa sobre su lucha cubriendo los espejos y las paredes rosa chicle, alg&uacute;n p&oacute;ster medio despegado con modelos de complejos peinados y un gran cartel presidiendo la sala: &ldquo;Los 18 del 57 resisten&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; quedan jornadas de sol a sol, en un ambiente insalubre, sin ventilaci&oacute;n, con salarios de miseria y la amenaza permanente de una llamada a la polic&iacute;a ante la m&iacute;nima protesta. &ldquo;Un sistema mafioso y esclavista en pleno Par&iacute;s&rdquo;, resum&iacute;a Precious. 
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;No volveremos por aqu&iacute;&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Tras la denuncia por trata de seres humanos, hubo varios controles en el local. La inspecci&oacute;n de trabajo lleg&oacute; a enumerar m&aacute;s de una decena de infracciones por parte de los due&ntilde;os (tambi&eacute;n en otras peluquer&iacute;as) y les dio la raz&oacute;n en su denuncia: &ldquo;Aprovechando su vulnerabilidad, los gerentes han hecho trabajar a estos empleados en condiciones incompatibles con la dignidad humana&rdquo;, afirmaba la entidad en una carta el pasado octubre.
    </p><p class="article-text">
        La sindicalista Marilyne Poulain sabe que el de los huelguistas no es un caso aislado. El barrio &ldquo;lleva a&ntilde;os funcionando as&iacute;, pero parece que a nadie le importa&rdquo;, lamenta, con la rabia a&ntilde;adida de sospechar una cierta connivencia policial. &ldquo;Misteriosamente, cuando hay inspecciones laborales, en el sal&oacute;n de turno est&aacute;n las dos &uacute;nicas personas que s&iacute; tienen contrato. Da la impresi&oacute;n de que las autoridades se desentienden porque, al fin y al cabo, son solo negros explotando a negros&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Los trabajadores del 57 han recibido amenazas en estos meses pero, dicen, les ha dolido m&aacute;s el silencio de quienes se encuentran en su misma situaci&oacute;n. El apoyo de un colectivo de cineastas, de varias organizaciones y el amplio eco medi&aacute;tico de su caso no han invitado a otros a levantar la voz y en Chateau d&rsquo;Eau se han visto totalmente aislados. &ldquo;Tienen miedo, es l&oacute;gico. Cada uno tiene sus motivos&rdquo;, aseguraba comprensiva otra de las peluqueras en huelga, Mariam, marfile&ntilde;a. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &ldquo;El caso de estos emigrantes es una excepci&oacute;n&rdquo;, confirma Poulain. &ldquo;Se atrevieron a denunciar, se enfrentaron directamente a los patrones&rdquo;. La sindicalista duda de que otros vayan a seguir sus pasos, pero admite que pese la <em>omert&agrave;</em> generalizada, algo ha cambiado en el barrio. Las inspecciones han aumentado desde que los empleados del 57 empezaron su huega. Y las peluquer&iacute;as empiezan a pagar m&aacute;s regularmente para evitar rebeliones.
    </p><p class="article-text">
        El s&aacute;bado hubo celebraci&oacute;n en el local ocupado, donde han seguido durmiendo hasta este lunes, por miedo a que alguien &ldquo;de arriba&rdquo; cambie de opini&oacute;n. Pero en cuanto tengan sus papeles en la mano, &ldquo;no volveremos por aqu&iacute;&rdquo;, aseguraba Precious, que ya sue&ntilde;a con su nueva vida.
    </p><p class="article-text">
        Del escaparate del n&uacute;mero 57 Boulevard de Strasbourg han desaparecido buena parte de las pegatinas y posters de la CGT que hab&iacute;a pegados llamando a la resistencia. En su lugar, un gran cartel blanco con letras negras anuncia el cambio de ciclo con un simple &ldquo;Se alquila&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrea Olea, Andrea Olea]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Apr 2015 19:43:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La victoria de las peluqueras sin papeles de Chateau D’Eau]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inmigración,Francia,Sin papeles]]></media:keywords>
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