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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Enrique Ema]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose_enrique_ema/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Enrique Ema]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA["Solo puede existir la emancipación si se pasa por la apuesta hegemónica"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/solo-existir-emancipacion-apuesta-hegemonica_128_2711472.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4bd226a2-ecb5-4eab-b71a-d5e7f18c2208_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Solo puede existir la emancipación si se pasa por la apuesta hegemónica&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La política es travesía, construcción, articulación de una heterogeneidad que no siempre toma la dirección que más anhelamos", asegura el psicoanalista y escritor argentino</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Se cumple un a&ntilde;o del fallecimiento en Sevilla del te&oacute;rico de la hegemon&iacute;a y el populismo, Ernesto Laclau, y con su recuerdo presente conversamos con&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/autores/jorge_aleman_lavigne/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Jorge Alem&aacute;n</a> sobre la vigencia y el alcance de su teor&iacute;a</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Laclau contribuy&oacute; a renovar el pensamiento pol&iacute;tico alej&aacute;ndose tanto del relativismo posmoderno como de los relatos totalizantes que prometen una sociedad futura armoniosa, sin conflicto. Para Laclau aunque el horizonte de una sociedad sin relaciones de poder es imposible, no debemos renunciar a su transformaci&oacute;n. Llamamos hegemon&iacute;a precisamente a la articulaci&oacute;n inestable de relaciones de poder, marcos de sentido compartidos y voluntades colectivas.
    </p><p class="article-text">
        Nunca una articulaci&oacute;n hegem&oacute;nica ser&aacute; definitiva, una sociedad nunca cancelar&aacute; sus diferencias, pero esto no nos impide batallar pol&iacute;ticamente por aquellas articulaciones que consideremos mejores, al contrario, es precisamente la condici&oacute;n para que podamos hacerlo. Es en este sentido en el que la hegemon&iacute;a es constitutiva de la pol&iacute;tica. No hay pol&iacute;tica que no suponga una rearticulaci&oacute;n del escenario social y pol&iacute;tico siempre abierto al conflicto, una construcci&oacute;n temporal y sin garant&iacute;as de otras posibilidades de vida en com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ernesto Laclau hizo de la hegemon&iacute;a el pilar de su edificio te&oacute;rico, la misma l&oacute;gica constitutiva de la pol&iacute;tica. T&uacute; mismo recientemente afirmabas que&nbsp;no es posible hoy una experiencia pol&iacute;tica emancipatoria que no pase por el &ldquo;momento hegem&oacute;nico&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute; ese papel tan relevante de la hegemon&iacute;a?</strong><a href="http://www.eldiario.es/zonacritica/Apuntes-Emancipacion_6_369623060.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no es posible hoy una experiencia pol&iacute;tica emancipatoria</a>
    </p><p class="article-text">
        Tal como t&uacute; afirmas la hegemon&iacute;a es la l&oacute;gica constitutiva de la pol&iacute;tica y no simplemente una herramienta de la misma. Para desentra&ntilde;ar esta afirmaci&oacute;n debemos dar algunos rodeos que nos permitan cierta captaci&oacute;n del asunto. La hegemon&iacute;a no es una voluntad de poder, ni un deseo de adue&ntilde;arse del espacio de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica. Es muy llamativo que cada vez que emerge una fuerza pol&iacute;tica transformadora, con vocaci&oacute;n de ruptura y con un horizonte emancipatorio, se le enrostre su &ldquo;pretensi&oacute;n hegem&oacute;nica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando esto est&aacute; proferido por los medios corporativos de la derecha se ve claramente la jugada. El poder neoliberal es una dominaci&oacute;n que se disimula como consenso, una dominaci&oacute;n que se presenta m&aacute;s como una dependencia a una serie de dispositivos que conforman la subjetividad que como una sumisi&oacute;n impuesta. Tambi&eacute;n se presenta como una dependencia inerte a determinados mandatos que ni siquiera son expl&iacute;citos pero que, sin embargo, s&iacute; son eficaces. Es lo que llamamos la &ldquo;naturalizaci&oacute;n&rdquo; del poder neoliberal, disfrazar su ideolog&iacute;a bajo la forma del &ldquo;fin de la ideolog&iacute;a&rdquo;.
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        <strong>En estas coordenadas &iquest;c&oacute;mo entiendes la hegemon&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay que admitir una complejidad intr&iacute;nseca a este concepto a partir de la radicalizaci&oacute;n del programa gramsciano que encarna el pensamiento de Laclau. Partamos de los momentos b&aacute;sicos de su constituci&oacute;n. Primero, la realidad est&aacute; constitutivamente construida por discursos. Los afectos, los cuerpos, las pulsiones, est&aacute;n atravesados por el discurso, marcados por sus significantes, determinados por una ret&oacute;rica y una gram&aacute;tica que suspende toda idea de una &ldquo;fuerza original e inmanente&rdquo; que se pueda representar directamente. Segundo: estos discursos que constituyen la realidad lo hacen de tal manera que no pueden nunca representarla en su totalidad.
    </p><p class="article-text">
        El discurso constituye a la realidad, no la puede representar de modo exhaustivo, y sin embargo, se tiene que hacer cargo de representarla de modo fallido. Esta brecha &ldquo;ontol&oacute;gica&rdquo; entre discurso y realidad es irreductible e imposible de ser suturada. La representaci&oacute;n vehiculizada por el discurso es estructuralmente fallida, existir&aacute; siempre una &ldquo;heterogeneidad&rdquo; que impide que la representaci&oacute;n se produzca como totalidad. Por &uacute;ltimo, en este l&iacute;mite del discurso, al representar la realidad frente a esta heterogeneidad irreductible, frente a esta &ldquo;diferencia&rdquo; imposible de cancelar, se articula el momento pol&iacute;tico que llamamos hegem&oacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es porque no puede haber nunca una representaci&oacute;n exitosa, definitiva o completa de la gente, la sociedad, el pueblo, etc. por lo que no puede haber pol&iacute;tica sin pasar por la hegemon&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente. Hacerse cargo de representar aquello que se sustrae a la representaci&oacute;n nos muestra que lo pol&iacute;tico no es un subsistema de la realidad, sino el modo privilegiado en que la misma se constituye. El momento hegem&oacute;nico se resuelve de forma siempre fallida a trav&eacute;s de un t&eacute;rmino l&iacute;mite, ya sea el &ldquo;significante vac&iacute;o&rdquo; en Laclau, el &ldquo;objeto a&rdquo; en Lacan o la &ldquo;clase hegem&oacute;nica&rdquo; en Gramsci. La brecha insalvable entre el discurso y aquello que no puede representar es lo que la hegemon&iacute;a, insistamos en su car&aacute;cter fallido, intenta resolver.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Podemos leer esta l&oacute;gica hegem&oacute;nica en t&eacute;rminos de apuesta pol&iacute;tica articulatoria sin cancelar la heterogeneidad y la diferencia irrepresentable. &iquest;Esta lectura hegem&oacute;nica nos servir&iacute;a igualmente para caracterizar el poder neoliberal contempor&aacute;neo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No considero al poder neoliberal una hegemon&iacute;a, al menos en este sentido estricto que hemos intentado delimitar. Esta es mi lectura propia, elaborada a partir de lo que denomino la &ldquo;izquierda lacaniana&rdquo;. Las l&oacute;gicas de dominaci&oacute;n repudian y son fundamentalmente refractarias a la construcci&oacute;n de experiencias pol&iacute;ticas hegem&oacute;nicas. El &ldquo;discurso capitalista&rdquo;, as&iacute; lo denominaba Lacan, que soporta al poder neoliberal, no admite ninguna brecha, ninguna heterogeneidad. Se presenta con la potencia de representar todo y llevar todas las singularidades y las diferencias a la totalidad del circuito circular de la mercanc&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La hegemon&iacute;a, por el contrario, nunca es circular, est&aacute; siempre agujereada en sus fundamentos, mientras que el discurso capitalista tiene un funcionamiento &ldquo;contradiscursivo&rdquo;, podr&iacute;amos decir, que intenta adue&ntilde;arse de todo el espacio simb&oacute;lico. La propia producci&oacute;n biopol&iacute;tica de la subjetividad es un claro ejemplo de esta cuesti&oacute;n. Por ello, el odio por la pol&iacute;tica hegem&oacute;nica por parte de la derecha, es finalmente un odio a lo simb&oacute;lico y al sujeto que puede emerger en dicho campo, un sujeto distinto a los proyectos uniformizantes de la biopol&iacute;tica neoliberal.
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        <strong>Es entonces una voluntad colectiva atravesada por las diferencias, nunca completada como identidad, en quien debemos confiar para sostener una pol&iacute;tica emancipatoria.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Solo puede existir la emancipaci&oacute;n, que es un duelo y una despedida de la &ldquo;metaf&iacute;sica&rdquo; de la revoluci&oacute;n y sus &ldquo;leyes hist&oacute;ricas&rdquo;, si se pasa por la apuesta hegem&oacute;nica como articulaci&oacute;n de diferencias que nunca ser&aacute;n anuladas. La emancipaci&oacute;n nunca lograr&aacute; realizar una sociedad reconciliada consigo misma, como esperaba el marxismo can&oacute;nico. El momento hegem&oacute;nico es insuperable, no hay sociedad que no sea, en su propia existencia, una respuesta a la brecha que la constituye. El &ldquo;saber hacer&rdquo; con esas brechas, esas diferencias, esas heterogeneidades en la construcci&oacute;n de una voluntad colectiva es el arte de lo pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Una pol&iacute;tica que lo jugara todo a la carta de los l&iacute;deres y la representaci&oacute;n electoral, dejando de lado el trabajo de los movimientos sociales y las organizaciones populares a pie de calle, no dificultar&iacute;a finalmente esta misma apuesta emancipatoria al debilitar las posibilidades de una subjetivaci&oacute;n pol&iacute;tica colectiva m&aacute;s amplia, s&oacute;lida y duradera?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esta es una cuesti&oacute;n crucial. De entrada debemos se&ntilde;alar que l&iacute;deres, elecciones, participaci&oacute;n en las instituciones pol&iacute;ticas, medios de comunicaci&oacute;n, etc. no expresan a la hegemon&iacute;a ni la representan, son parte de la misma, juegan en su interior, en lo que Laclau denomina la extensi&oacute;n equivalencial de las diferentes demandas. Estas se deber&aacute;n articular a un significante vac&iacute;o que represente a la totalidad imposible, para permitir la emergencia de una voluntad colectiva, que nunca es algo dado de antemano por ninguna identidad esencial ni por el funcionamiento de los grupos que Freud describi&oacute; en su &ldquo;Psicolog&iacute;a de las masas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; debemos hacer una apuesta sin garant&iacute;as. O bien el crimen es perfecto y el discurso capitalista se ha adue&ntilde;ado de la realidad y su sujeto, de tal manera que ya est&aacute; definitivamente emplazado y solo llamado a ser material disponible para la forma mercanc&iacute;a, o bien existen diferentes superficies de inscripci&oacute;n donde lo pol&iacute;tico-hegem&oacute;nico puede hacer advenir, de modo contingente, un sujeto popular y soberano, un sujeto interpelado por los legados simb&oacute;licos de las experiencias pol&iacute;ticas que lo precedieron y por las demandas de distintos sectores explotados por las oligarqu&iacute;as financieras. Estas demandas singulares se caracterizan porque no pueden ser absorbidas por la arquitectura institucional dominante. Las demandas no satisfechas institucionalmente son el punto de partida, pero s&oacute;lo el punto de partida, para que las diferencias ingresen a una l&oacute;gica equivalencial que pueda articularlas.
    </p><p class="article-text">
        Teniendo en cuenta que ya no podemos imaginar una f&oacute;rmula de desconexi&oacute;n del capitalismo fundamentada supuestamente desde &ldquo;leyes objetivas y cient&iacute;ficas &rdquo;, la ruptura hegem&oacute;nica es la respuesta a ese &ldquo;esencialismo&rdquo; de tradici&oacute;n marxista. No es una renuncia a la radicalidad de la transformaci&oacute;n revolucionaria, es a&uacute;n m&aacute;s radical, porque de un modo materialista admite los impasses y las imposibilidades que se presentan cuando la parte excluida y no representada por el sistema intenta construirse como hegemon&iacute;a alternativa al poder dominante.
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        <strong>De acuerdo. La representaci&oacute;n, los liderazgos, etc. no son m&aacute;s que catalizadores de la tarea imposible y necesaria de construir un sujeto pol&iacute;tico heterog&eacute;neo, nunca definitivo, etc. pero capaz de sostener un proyecto colectivo alternativo al dominante. Y la intervenci&oacute;n en los medios de comunicaci&oacute;n, &iquest;puede jugar un papel similar o est&aacute; ya hipotecada de entrada al jugar en sus coordenadas dominantes, las del espect&aacute;culo y la despolitizaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No soy tan optimista como aquellos que ven en los medios, y particularmente en las redes (internet), una posible forma de capital variable escindido que contribuir&iacute;a, a la larga, a una nueva emergencia de la multitud transformadora. Pero tampoco acepto la realizaci&oacute;n del crimen perfecto del neoliberalismo donde el sujeto desaparece en la enunciaci&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n para convertirse simplemente en la &ldquo;gente&rdquo;. El pueblo comienza cuando &ldquo;la gente&rdquo; se revela como pura construcci&oacute;n biopol&iacute;tica. En esto el pueblo es tan raro y singular como el propio sujeto en su devenir mortal, sexuado y hablante. El pueblo es una equivalencia inestable, constituido por diferencias que nunca se unifican ni representan del todo. Sin embargo, su fragilidad y contingencia de origen es lo &uacute;nico que lo salva de la televisi&oacute;n, los expertos, los programadores, la contabilidad, etc. S&oacute;lo en los pliegos m&aacute;s &iacute;ntimos de los dispositivos de dominaci&oacute;n neoliberal es que el sujeto popular puede advenir, lo otro es so&ntilde;ar con el espejismo de una realidad exterior pura y sin contaminaci&oacute;n, que por su propia fuerza inmanente terminar&iacute;a por desconectar la maquinaria y sus dispositivos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Bien, no es posible no jugar en &ldquo;los pliegos de los dispositivos neoliberales&rdquo;, pero si entendemos la pol&iacute;tica hegem&oacute;nica como proceso de construcci&oacute;n discursiva de marcos de sentido alternativos &iquest;no podr&iacute;amos caer en una suerte de idealizaci&oacute;n superficial del lenguaje que nos impedir&iacute;a conectar con la vida real y la densidad de sus condiciones materiales?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hace un tiempo te hubiera respondido, como lacaniano que soy, que lo pol&iacute;tico se queda, en efecto, en la superficie de las cosas y que nunca consigue transformar radicalmente nada, que la &ldquo;repetici&oacute;n de lo mismo&rdquo; socava desde dentro cualquier proyecto. Pero ahora ya no se trata del ejercicio l&uacute;cido del escepticismo, ni de la raz&oacute;n c&iacute;nica, posturas por otra parte anacr&oacute;nicas y pat&eacute;ticas. Hemos ingresado en un tiempo hist&oacute;rico donde vemos consumarse lo que Lacan precisamente llama el &ldquo;discurso capitalista&rdquo; y Heidegger las llamadas &ldquo;estructuras de emplazamiento t&eacute;cnico&rdquo;, que a la vez constituyen radicalizaciones te&oacute;ricas y pr&aacute;cticas de lo que Marx llamaba &ldquo;la subsunci&oacute;n real&rdquo; del capital en su dominaci&oacute;n abstracta. Por ello, es inevitable pensar en la pol&iacute;tica como el &uacute;nico lugar posible donde se puede dar un combate con respecto al proyecto de deshistorizaci&oacute;n y desimbolizaci&oacute;n que el neoliberalismo comporta. El neoliberalismo es la primera fuerza hist&oacute;rica que se propone tocar, alterar, y volver a producir al sujeto, intentando eliminar as&iacute; su propia constituci&oacute;n simb&oacute;lica. Parafraseando al fil&oacute;sofo, &ldquo;solo en el peligro de la pol&iacute;tica puede crecer lo que nos salva&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y no hay pol&iacute;tica sin peligro, sin riesgo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es. Sin correr el riesgo de quedar atrapados en aquello que queremos a la vez destituir, no hay posibilidad de asumir un proyecto hegem&oacute;nico y popular de izquierda de vocaci&oacute;n emancipadora. Estamos siempre a punto de naufragar, y hay que entender que a partir de ahora siempre ser&aacute; as&iacute;, porque ya no volver&aacute; a nosotros aquel espejismo ideal de estar cumpliendo con los pasos revolucionarios que supuestamente expresaban el fundamento de una ley hist&oacute;rica. No solo nunca fue as&iacute;, aunque el ensue&ntilde;o metaf&iacute;sico fue tr&aacute;gicamente potente, sino que ahora ser&iacute;a absolutamente funcional a la dominaci&oacute;n neoliberal jugar el juego de un hipot&eacute;tico radicalismo revolucionario. Por eso, conectar la pol&iacute;tica con la vida real implica entender que la primera es traves&iacute;a, construcci&oacute;n, articulaci&oacute;n de una heterogeneidad que no siempre toma la direcci&oacute;n que m&aacute;s anhelamos, pero que sin ella no habr&iacute;a nada que oponer como hegemon&iacute;a al r&eacute;gimen del capital.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Enrique Ema]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/solo-existir-emancipacion-apuesta-hegemonica_128_2711472.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Apr 2015 18:11:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Solo puede existir la emancipación si se pasa por la apuesta hegemónica"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Filosofía]]></media:keywords>
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