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    <title><![CDATA[elDiario.es - Dolores Sarto]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/dolores_sarto/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Dolores Sarto]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[‘El vicio del poder’, de Adam McKay: Maquiavelo entre bastidores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/vicio-adam-mckay-maquiavelo-bastidores_132_1624387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e8e15bd3-474f-43f3-b267-6cba58eea989_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El vicio del poder’, de Adam McKay: Maquiavelo entre bastidores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este thriller centrado en la figura del todopoderoso Dick Cheney baja con cierto tino a las cloacas del poder en Estados Unidos</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Cambi&oacute; el curso de la historia para millones de personas y lo hizo como un fantasma&hellip;&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Dick Cheney lleg&oacute; a ser una especie de rey absolutista en la corte del presidente de George W. Bush. Un tipo todopoderoso que cont&oacute; con el cinismo y la astucia suficientes como para colarse en la cumbre del poder sin que se notara del todo. El cineasta Adam McKay le vio hechuras de protagonista y decidi&oacute; enfrentarse a su retrato recuperando el lenguaje vivo y mordaz que tan buenos resultados le dio en &lsquo;La gran apuesta&rsquo;. Un film donde, por cierto, se meti&oacute; con fortuna en el barrizal de la burbuja econ&oacute;mica y las hipotecas subprime. En esta ocasi&oacute;n, decide bajar a las cloacas del poder impulsado por el mismo tono sarc&aacute;stico, a bordo de un ritmo trepidante y un montaje en permanente estado de rebeld&iacute;a. Y logra una pel&iacute;cula divertida, aterradora e inteligente, pero de la que se podr&iacute;a esperar m&aacute;s, dada la trascendencia del personaje.
    </p><p class="article-text">
        Sencillamente, el inter&eacute;s del espectador acaba oscilando como un p&eacute;ndulo. As&iacute;, nos encontramos con una primera parte de la pel&iacute;cula donde la narraci&oacute;n parece dar tumbos. Se retrata a un personaje en mete&oacute;rico ascenso profesional y pol&iacute;tico sin que se llegue a comprender del todo qu&eacute; le est&aacute; sucediendo. Sabemos, eso s&iacute;, que el vicepresidente m&aacute;s c&eacute;lebre de la historia de los EEUU fue un hombre hecho a s&iacute; mismo, falto de ambici&oacute;n en origen, sin ning&uacute;n tipo de escr&uacute;pulos y cuya &eacute;pica comienza con una humillaci&oacute;n que parece no tener tampoco demasiada importancia en su biograf&iacute;a: su expulsi&oacute;n de la de la Universidad de Yale. En segundo lugar, se nos deja claro que cuenta con esa &lsquo;gran mujer&rsquo; que, como reza el &lsquo;refranero patriarcal&rsquo;, permanece detr&aacute;s de todo hombre de &lsquo;dimensiones XXL&rsquo;. Porque el guion lanza ciertas se&ntilde;ales condescendientes al descubrirnos a la esposa del futuro gran pol&iacute;tico, Lynne (Amy Adams). Una mujer extraordinariamente inteligente, pero seg&uacute;n la pel&iacute;cula, una ambiciosa manipuladora tambi&eacute;n entre bastidores.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde, a medio camino, el film sufre una transformaci&oacute;n y parece cobrar vida a un ritmo deslumbrante. Entonces, Cheney comienza a parecernos otro. Deja de ser un &lsquo;bur&oacute;crata-aut&oacute;mata&rsquo; gris  y aparece el pol&iacute;tico de peso, el que da aut&eacute;ntico pavor. El Maquiavelo de Nebraska que se convierte en el 46&ordm; vicepresidente de los Estados Unidos (2001-2009).
    </p><h3 class="article-text">Simbolismos, giros de guion y sorpresas</h3><p class="article-text">
        La narraci&oacute;n, entonces, mejora notablemente. Surgen comentarios y digresiones que cuentan con ingenio cap&iacute;tulos tremendos de la historia reciente de los Estados Unidos y de todo el planeta. Asoman giros de guion que sorprenden al espectador y unos t&iacute;tulos de cr&eacute;dito que se despistan con muy buen tino. Incluso se permite el lujo de establecer paralelismos cargados de cierto simbolismo facil&oacute;n, pero que funcionan, resultando ocurrentes. Ah&iacute; est&aacute;, por ejemplo, el Se&ntilde;or W. Bush haciendo su particular &lsquo;pacto con el diablo&rsquo;, en el que el pescador Cheney pone sus condiciones antes de convertirse en su escudero en las siguientes elecciones presidenciales. Un trato, una ca&ntilde;a de pescar y un futuro presidente que, por cierto, evidencia en la pel&iacute;cula una interesante relaci&oacute;n con su padre.
    </p><p class="article-text">
        Como ocurri&oacute; en la anterior producci&oacute;n de McKay, &lsquo;El vicio del poder&rsquo; cuenta con un plantel de primeras figuras de la industria de Hollywood. Nos encontramos a Sam Rockwell procurando proporcionarle &lsquo;cierta coherencia&rsquo; al personaje del se&ntilde;or Bush y a Steve Carell interpretando a otro &lsquo;gestor&rsquo; todopoderoso de la &eacute;poca, Donald Rumsfeld. La actuaci&oacute;n de Amy Adams, perfecta como siempre, no resulta tan apasionante como se podr&iacute;a esperar de una nominaci&oacute;n al Oscar a la Mejor Actriz y de una int&eacute;rprete de su talla.
    </p><p class="article-text">
        Es Bale quien se apropia del espect&aacute;culo, aunque tampoco brinda la mejor de sus caracterizaciones. Est&aacute; imponente, eso s&iacute;, sigui&eacute;ndole los pasos al pol&iacute;tico: en su postura corporal, en sus gestos, en su manera de hablar, en un idioma cercano al susurro sibilino, y sumergido en un maquillaje muy logrado. Su transformaci&oacute;n f&iacute;sica es monumental (el actor gan&oacute; 20 kilos), aunque &eacute;l prefiera quitarle m&eacute;rito al asunto. Como cuando agradeci&oacute; su Globo de Oro al Mejor Actor diciendo que le deb&iacute;a  la inspiraci&oacute;n al mism&iacute;simo Satan&aacute;s. Otro tipo en la sombra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/vicio-adam-mckay-maquiavelo-bastidores_132_1624387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Mar 2019 19:10:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Estados Unidos,Cine,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘La favorita’, de Yorgos Lanthimos: duelo en la Corte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favorita-yorgos-lanthimos-duelo-lacorte_132_1671673.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c42f9be1-d99e-403f-9464-293d7ad0918b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La favorita’, de Yorgos Lanthimos: duelo en la Corte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La nueva película del cineasta griego ha roto todos los moldes del cine histórico con una delirante historia de poder femenino</p><p class="subtitle">El trío protagonista formado por Olivia Colman, Rachel Weisz y Emma Stone es uno de los mejores cuadros interpretativos del año</p></div><p class="article-text">
        &lsquo;La favorita&rsquo; est&aacute; repleta de pasillos. Pasillos donde se ambiciona, se sufre y se desea. Corredores donde se respira venganza, se manipula o se ama con misterios que solo pueden ser resueltos por mujeres que se dejan caer en la trampa a conciencia. En la &uacute;ltima pel&iacute;cula del cineasta griego Yorgos Lanthimos las gentes se apresuran de un lado a otro del palacio de la reina Ana Estuardo para huir de la miseria, hacer equilibrios en lo alto del poder o para encaramarse al mismo y hacer el amago de conquistarlo.
    </p><p class="article-text">
        Siempre hay un recorrido vertiginoso en esta pel&iacute;cula donde todo resulta raro, pero nada incomprensible, y donde un cap&iacute;tulo de la historia de Inglaterra se cuenta desde un lugar singular: una imaginaci&oacute;n barroca, desbordante y sin sentido de la medida. Desde la libertad desconcertante de un cineasta que ha sabido perfeccionar su estilo hasta lograr establecer una comunicaci&oacute;n eficaz con un amplio espectro de espectadores, m&aacute;s all&aacute; de los que, desde hace alg&uacute;n tiempo, le han profesado devoci&oacute;n (son muchas las voces que opinan que esta es la pel&iacute;cula de Lanthimos m&aacute;s legible).
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        Los largos corredores de &lsquo;La favorita&rsquo; nos dejan pasar a la corte de Ana Estuardo (S. XVIII), donde una monarca (Olivia Colman), cada vez m&aacute;s enferma, permite que su amiga y confidente, Lady Sarah Churchill (Rachel Weisz), gobierne el pa&iacute;s. Una muchacha (Abigail Hill, Emma Stone), una noble venida a menos, inteligente y con un instinto de supervivencia voraz, ir&aacute; escalando posiciones hasta ganarse el favor, primero de su benefactora (Churchill), y despu&eacute;s, de su Majestad.
    </p><p class="article-text">
        Hay mucho artificio en la puesta en escena de la pel&iacute;cula, pero ello no impide ver algo esencial: el poderoso entramado de intrigas, ambiciones y manipulaciones que se establece en el tri&aacute;ngulo de mujeres protagonistas. Es una pel&iacute;cula de contrastes con secuencias llenas de di&aacute;logos feroces, en pie de guerra, y momentos de dolor punzante, capaces de producir un corte en la yugular del &aacute;nimo del espectador para, al rato, disolverse el impacto emocional en un instante c&oacute;mico de inteligente frivolidad.
    </p><p class="article-text">
        El espect&aacute;culo visual que ofrece &lsquo;La favorita&rsquo; es toda una aventura. El relato se deja enmarcar en grandes angulares y en perspectivas de ojo de pez. Se deja llevar por contrapicados de v&eacute;rtigo y enloquecidas c&aacute;maras lentas que retuercen la desidia de unos cortesanos acostumbrados a matar el aburrimiento con carreras de patos o con &lsquo;tomatazos&rsquo; a se&ntilde;ores en cueros que calzan peluca. El estilo de la pel&iacute;cula puede resultar cargante porque tiene demasiado protagonismo en la narraci&oacute;n, pero la realidad es que su originalidad, su atrevimiento y la belleza de su fotograf&iacute;a terminan por llevarnos al huerto.
    </p><h3 class="article-text">Con el poder de la fascinaci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        El retrato de la &eacute;poca, que tiene algo de imaginada, tambi&eacute;n tiene su poder de fascinaci&oacute;n. Las gentes se expresan y juran con el lenguaje de nuestros tiempos, se dejan llevar por danzas de coreograf&iacute;a disparatada y en la banda sonora, se escuchan piezas inmortales de Bach, Vivaldi, H&auml;ndel y tambi&eacute;n de Elton John&hellip; Y como tel&oacute;n de fondo, cuenta con el aliciente de asomarse a un momento hist&oacute;rico de convulsiones pol&iacute;ticas donde la nobleza &lsquo;subversiva&rsquo; amenazaba con montar su propia revoluci&oacute;n dom&eacute;stica, si no se les exoneraba de costear una guerra internacional, que hab&iacute;a perdido su norte mucho tiempo atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Olivia Colman, Rachel Weisz y Emma Stone son tres actrices que se han enamorado de sus respectivos personajes y eso queda retratado en tres interpretaciones virtuosas y apasionadas. Aunque bien es cierto que la Ana Estuardo de Colman se ha llevado la palma y ha dejado boquiabierto a medio mundo, cosechando un buen n&uacute;mero de premios (Gran Premio del Jurado en el Festival de Cine de Venecia, Globo de Oro de Comedia 2019 y Premio Bafta a la Mejor actriz protagonista&hellip;). La actriz brit&aacute;nica se mete en la piel de una reina inteligente, de voluntad quebradiza, atrapada por la gula, la pasi&oacute;n y la gota. Una mujer con miedo a &ldquo;quedarse dormida y hundirse&rdquo;, que siente algo parecido a la felicidad rode&aacute;ndose de sus mascotas. Unos conejos que mantienen viva su tragedia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favorita-yorgos-lanthimos-duelo-lacorte_132_1671673.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Mar 2019 18:24:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Críticas de cine,Cine,Emma Stone]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Ralph rompe Internet’, de Rich Moore y Phil Johnston: inteligencia digital]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/ralph-internet-rich-moore-johnston_132_1743310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/255f5e33-8c1a-446d-91a8-273c93bc33a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Ralph rompe Internet’, de Rich Moore y Phil Johnston: inteligencia digital"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Más allá de un universo superpoblado por marcas, esta nueva entrega de Disney es una película sobre la amistad que no se anda con rodeos</p><p class="subtitle">Sus personajes se expresan con naturalidad, sin complejos ni empalagos, en un fiel reflejo de la camaradería</p></div><p class="article-text">
        Era cuesti&oacute;n de tiempo. Alguien ten&iacute;a que viajar por su imaginaci&oacute;n para dar con el paradero de Internet e inventarle un aspecto animado. La factor&iacute;a Disney ha realizado su particular descubrimiento del espacio virtual donde pasamos buena parte de nuestro tiempo. Y el resultado es espectacular. Al recrear la red, en la pel&iacute;cula &lsquo;Ralph rompe Internet&rsquo;, ha pintado una imagen de ciudad futurista fren&eacute;tica, ca&oacute;tica, pero tambi&eacute;n arrebatadora. Una megal&oacute;polis surcada por autopistas de correos electr&oacute;nicos y poblada por rascacielos flotantes, sedes de las redes sociales m&aacute;s c&eacute;lebres, las webs m&aacute;s visitadas y los buscadores m&aacute;s frecuentados.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, es el marco ideal para seguir las andanzas de una conocida pareja de amigos, Ralph (voz de John C. Reilly) y Vanellope (voz de Sarah Silverman). Para quienes no tuvieron el placer de conocerles hace algunos a&ntilde;os, son los protagonistas de &lsquo;&iexcl;Rompe Ralph&rsquo;!, nominada a la Mejor Pel&iacute;cula de Animaci&oacute;n en los Premios Oscar de la Academia de Hollywood del a&ntilde;o 2012.
    </p><p class="article-text">
        En esta ocasi&oacute;n, el &lsquo;malote que no quiere serlo&rsquo; y la peque&ntilde;a corredora de carreras electr&oacute;nicas se embarcan en una nueva aventura de dimensiones digitales. Col&aacute;ndose primero por un router para escapar de los viejos videojuegos en los que viven, sumergi&eacute;ndose en Internet y entrando en eBay, donde se endeudar&aacute;n hasta las cejas al comprar un repuesto para una de sus m&aacute;quinas. En ese nuevo territorio les pasar&aacute; de todo: se topar&aacute;n con un simp&aacute;tico spam que les llevar&aacute; a los bajos fondos para hacerse con un virus; conocer&aacute;n a una aut&eacute;ntica hero&iacute;na del asfalto, curtida en un videojuego online y cada vez que se vean en apuros, acudir&aacute;n a su particular or&aacute;culo, un motor de b&uacute;squeda con pinta de empoll&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        M&aacute;s all&aacute; de los confines de este fascinante universo, superpoblado por marcas y referencias a la Red, &lsquo;Ralph rompe Internet&rsquo; es una pel&iacute;cula sobre la amistad que no se anda con rodeos, que se expresa con naturalidad, sin complejos ni empalagos. Porque la relaci&oacute;n entre Ralph y Vanellope es un viaje de ida y vuelta donde sucede de todo: se enfrentan desde las trincheras del ego&iacute;smo m&aacute;s absoluto, entran en barrena cuando se desatan los celos descontrolados. Pero tambi&eacute;n dejan al descubierto, como quien no quiere la cosa, esa sinton&iacute;a m&aacute;gica, &uacute;nica, muchas veces inexplicable que produce la compa&ntilde;&iacute;a de una persona determinada. Este retrato de la camarader&iacute;a muestra, adem&aacute;s, una reivindicaci&oacute;n del espacio propio que resulta rematadamente original en un producto para el entretenimiento dise&ntilde;ado, a priori, para ni&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, muchos encontrar&aacute;n que lo mejor del espect&aacute;culo se cifra en el corrosivo sarcasmo que destila su sentido del humor. Un humor que no deja t&iacute;tere con cabeza cuando se detiene ante las nuevas formas de tiran&iacute;a impuestas por la Red. Con un par de gui&ntilde;os, soltados con clase y algo de mala leche, pone en evidencia la histeria colectiva que se propaga por el universo de las interacciones en las redes sociales. Todo queda retratado con astucia: desde la esclavitud en la que se enredan los que quieren atesorar el mayor n&uacute;mero de Corazones / &lsquo;Me gusta&rsquo; &nbsp;(y les va en ello la autoestima), pasando por el entretenimiento absurdo de los v&iacute;deos que llenan el vac&iacute;o de un aburrimiento casi existencial&hellip; Hasta el estr&eacute;s desbocado que produce mantenerse en lo m&aacute;s alto, en la &eacute;lite de las publicaciones virales. Huracanes de entusiasmo y reconocimiento, en definitiva, que duran un suspiro y producen falsos espejismos de popularidad.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula tambi&eacute;n brinda un divertido y necesario canto a la libertad. El que entonan las princesas Disney (al fin inteligentes , seguras e ingeniosas) para contarnos que los tiempos han cambiado. Ha llegado el momento de librarse del rancio &lsquo;color&iacute;n colorado&rsquo; donde &ldquo;hombres grandes y fuertes&rdquo; aparecen, providencialmente, &ldquo;para solucionarlo todo&rdquo; y redimirlas de su desgraciada existencia.
    </p><p class="article-text">
        Su destino y el &lsquo;selfie&rsquo;, por fin, es cosa de ellas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/ralph-internet-rich-moore-johnston_132_1743310.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Jan 2019 11:06:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Ralph rompe Internet’, de Rich Moore y Phil Johnston: inteligencia digital]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Críticas de cine,Disney]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Bohemian Rhapsody’, de Bryan Singer: apoteosis musical, biopic naíf]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/bohemian-rhapsody-bryan-singer-biopicnaif_132_1798995.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c741504c-9b15-4a8d-be6e-d4799ebc0369_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Bohemian Rhapsody’, de Bryan Singer: apoteosis musical, biopic naíf"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pese a sus carencias, le debemos a esta película la voluntad de recorrer la historia de Queen, una de las bandas más grandes de la historia</p><p class="subtitle">Rami Malek impresiona por momentos en su encarnación de Freddie Mercury, pero se desdibuja en escenas de baja intensidad</p></div><p class="article-text">
        Era 13 de julio de 1985. Unas 74.000 almas llenaban el estadio Wembley de Londres, aunque el concierto Live Aid fue seguido en 72 pa&iacute;ses y obtuvo una audiencia de 1.500 millones de espectadores. Fue &ldquo;el escenario perfecto para Freddie: el mundo entero&rdquo; (Bob Geldof, en el libro &lsquo;Freddie Mercury: the definitive biography&rsquo;).
    </p><p class="article-text">
        Un Freddie Mercury, consciente de su enfermedad (al menos, en la pel&iacute;cula), emerge en el escenario con una vitalidad arrolladora. Ante un p&uacute;blico que se pierde en el horizonte y es un oc&eacute;ano de energ&iacute;a, catarsis, hambre de estrellas y rock and roll. El planeta queda a los pies del talento descomunal de su graciosa majestad. La interpretaci&oacute;n de Queen en Wembley es la apoteosis, el momento cumbre que dar&aacute; pie, en la pel&iacute;cula &lsquo;Bohemian Rhapsody&rsquo;, a que Mercury conecte con su pasado a trav&eacute;s de un &lsquo;flash back&rsquo; sostenido. Habitado por recuerdos que recorren la trayectoria del m&uacute;sico, su banda y su mito.
    </p><p class="article-text">
        Vaya por delante que a &lsquo;Bohemian Rhapsody&rsquo;, de Bryan Singer, le debemos bastante: la voluntad de recorrer la g&eacute;nesis, vida, obra y milagros de una de las bandas m&aacute;s grandes de la historia. Las ganas de recordar a la leyenda que devoraba los escenarios y al hombre a la deriva que apuraba la vida, enfermo de soledad, hasta la extenuaci&oacute;n. Desde un punto de vista epid&eacute;rmico, s&iacute;: &ldquo;&iexcl;Dios Salve a Bohemian Rhapsody!&rdquo;.
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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la pel&iacute;cula deber&iacute;a ser algo m&aacute;s. Deber&iacute;a funcionar como ficci&oacute;n y en esas latitudes resulta algo decepcionante. En la cara oculta de la pel&iacute;cula se encuentran todas esas cuestiones que el espectador sospecha que van mal, bajo el brillo de la producci&oacute;n y la genialidad de la banda. Ah&iacute; est&aacute; el personaje llamado Freddie Mercury, quien parece quedarse en su definici&oacute;n, en las coordenadas de una leyenda que todos creemos conocer. La interpretaci&oacute;n de Rami Malek impresiona por momentos. Deslumbra cuando Mercury se sube al escenario, en los tiempos que pierde el norte y su soledad provoca desgarro. Pero m&aacute;s all&aacute; de los instantes de especial intensidad el actor y el mismo personaje quedan un tanto desdibujados.
    </p><h3 class="article-text">La simplificaci&oacute;n del villano</h3><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, est&aacute;n las idas y venidas art&iacute;sticas. Las trifulcas y los acercamientos que protagonizan los miembros de la banda y que tambi&eacute;n parecen simplificarse para quedarse en los huesos. Hasta el punto de que se ha buscado a un villano que ofrece cierta consistencia como hilo conductor cuando falla la emoci&oacute;n en el metraje. Es un malo que parece funcionar como un Santo Grial providencial y su aparici&oacute;n explica muchas cosas. Demasiadas, porque aunque no sepamos a ciencia cierta lo que ocurri&oacute; aquella &eacute;poca en la que Mercury anduvo, para algunos, un tanto err&aacute;tico y aunque sea conocida por todos la cala&ntilde;a de ciertos personajes que le rodearon, el manique&iacute;smo hacia el que apunta no resulta convincente dentro del relato.
    </p><p class="article-text">
        No es cuesti&oacute;n de juzgar si Bryan Singer y Dexter Fletcher (directores del film) hacen justicia al fen&oacute;meno musical que supuso el paso de Queen por la historia del rock o si se han modificado o no ciertos datos biogr&aacute;ficos buscando efectos emocionales que se quedan en agua de borrajas. No hace falta ponerse estupendos y &lsquo;montar redadas&rsquo; para descubrir si existen las juergas, drogas, sexo y rock and roll que se esperan en estos casos. Aunque se hubiera hecho una pel&iacute;cula diferente, probablemente tampoco habr&iacute;a sido del agrado de todo el mundo. Por eso, volvemos al mundo de las sensaciones para ver como una certeza que este acercamiento a la historia de Queen, con la distancia, se olvida f&aacute;cilmente.
    </p><p class="article-text">
        Menos una cosa muy importante. Siempre nos quedar&aacute; Wembley. Su recuerdo y su anhelado espejismo en la gran pantalla. Porque a la pel&iacute;cula le debemos la oportunidad de volver a vibrar de emoci&oacute;n y pasi&oacute;n con la m&uacute;sica y los conciertos de Queen. Olvid&aacute;ndonos de la butaca que nos mantiene atados a una sala de cine. Detenidos en otra &eacute;poca, en una quietud antinatural. Muy a nuestro pesar, aunque felices.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/bohemian-rhapsody-bryan-singer-biopicnaif_132_1798995.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Dec 2018 11:15:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Bohemian Rhapsody’, de Bryan Singer: apoteosis musical, biopic naíf]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Lo que queda del día’, de James Ivory: amor sin suceder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/diseccion-queda-dia-james-ivory_132_1849140.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/03a81401-56c0-4637-a4e7-8625e24749dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Lo que queda del día’, de James Ivory: amor sin suceder"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Metemos el bisturí cinetario a esta obra maestra del drama romántico protagonizada por Anthony Hopkins y Emma Thompson hace 25 años</p><p class="subtitle">Es un viaje inolvidable por sentimientos mutilados, reprimidos, recogidos en un guion portentoso</p></div><h3 class="article-text">El meollo</h3><p class="article-text">
        Un millonario americano (Cristopher Reeve) es el nuevo propietario de la mansi&oacute;n Darlington Hall. Su mayordomo, el Sr. Stevens (Anthony Hopkins), solicita de manera excepcional unos d&iacute;as de permiso para visitar a una vieja amiga. En el trayecto, Stevens viaja por su memoria para remontarse 20 a&ntilde;os atr&aacute;s, en los tiempos en los que el antiguo propietario de la casa se&ntilde;orial, un noble ingl&eacute;s (James Fox) se convierte en el anfitri&oacute;n de personajes clave para la historia de Inglaterra de los a&ntilde;os 30. De camino por sus recuerdos, Stevens tambi&eacute;n realiza una visita a la relaci&oacute;n que mantuvo con la antigua ama de llaves, Miss Kenton (Emma Thompson). La amiga que ha de ser su destino.
    </p><h3 class="article-text">Detr&aacute;s de las c&aacute;maras: James Ivory</h3><p class="article-text">
        El pasado a&ntilde;o tuvimos noticias de &eacute;l. Cuando nos deslumbr&oacute; con una historia que parec&iacute;a ser la de un primer amor accidental, pero acab&oacute; llev&aacute;ndonos por muchos otros derroteros, entre torpezas apasionadas, angustias y una felicidad sin miramientos. La excusa fue una suerte de encuentro entre dos hombres que lanzaba un mensaje directo a la mala conciencia de los que pasan de largo por su propia vida. En &lsquo;Call me by your name&rsquo;, James Ivory no estaba detr&aacute;s de las c&aacute;maras, pero s&iacute; con la pluma en la mano, escribiendo el guion, y demostrando que es uno de los m&aacute;s grandes cineastas de todos los tiempos.
    </p><p class="article-text">
        Es un hombre tranquilo para las gentes con las que ha trabajado, un estudioso incansable que investiga todo aquello que puede rodear a sus historias (cualquier m&iacute;nimo detalle que puede dotar de verosimilitud a sus pel&iacute;culas) antes de ponerse ante las c&aacute;maras. Estadounidense de nacimiento (1928), James Francis Ivory estudi&oacute; Bellas Artes y Arquitectura as&iacute; como Cinematograf&iacute;a. Comenz&oacute; su carrera en los a&ntilde;os 50&nbsp; realizando varios cortometrajes. El nacimiento de su filmograf&iacute;a comenz&oacute; pr&aacute;cticamente en 1959, cuando conoci&oacute; al director indio Ismail Merchant. Al poco tiempo, ambos fundaron la c&eacute;lebre compa&ntilde;&iacute;a Merchant Ivory. Junto a la guionista Ruth Prawer Jhabvala conformaron un tr&iacute;o creativo de formidable sensibilidad art&iacute;stica. Una novela de la escritora, de hecho, fue la que alumbr&oacute; la primera pel&iacute;cula del triunvirato cinematogr&aacute;fico. Se titulaba &lsquo;The householder&rsquo; (1963) y cuenta la historia de un hind&uacute; que alcanza la madurez sin abandonar la inocencia.
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        En 1975 rod&oacute; su primer gran &eacute;xito con &lsquo;The Wild Party&rsquo; (1975), que recreaba el poema hom&oacute;nimo de Joseph Moncure March y recog&iacute;a el s&oacute;rdido suceso que envolvi&oacute; a la estrella del cine mudo Fatty Arbuckle, acusado del asesinato de una joven actriz. Comenz&oacute; la d&eacute;cada de los 80 y con ella los primeros &eacute;xitos del realizador, muchos de los cuales vinieron de la mano de adaptaciones literarias. Como &lsquo;Las Bostonianas&rsquo; (1984), de Henry James, y que cont&oacute; con un gran reparto en el que se encontraban Vanessa Redgrave y Jessica Tandy.
    </p><p class="article-text">
        En 1985 realiz&oacute; &lsquo;Una habitaci&oacute;n con vistas&rsquo;, basada en la novela de E.M. Forster, el autor ingl&eacute;s que ser&aacute; una prodigiosa fuente de inspiraci&oacute;n para el cineasta a lo largo de su trayectoria. La historia part&iacute;a de una situaci&oacute;n anecd&oacute;tica: la joven inglesa Lucy Honey Church y su dama de compa&ntilde;&iacute;a aceptan gustosamente la habitaci&oacute;n con vistas que les ofrece el se&ntilde;or Emerson y su hijo George, en su visita a Florencia. A partir de entonces, Ivory nos conduce por el descubrimiento de la vida que realiza una mujer. Desde las contradicciones de los esp&iacute;ritus inquietos a la libertad que campa a sus anchas entre besos robados, Puccini y trigales salpicados&nbsp; de flores pasando por la mente brillante de un peque&ntilde;o burgu&eacute;s que ha criado a su hijo al margen de las &lsquo;buenas costumbres&rsquo;. Es un divertimento cinematogr&aacute;fico de gran belleza y con grandes interpretaciones, como las de Daniel Day Lewis, Maggie Smith, Judi Dench y Denholm Elliott. A partir de entonces, el cineasta alcanza la fama y el aprecio de la cr&iacute;tica. De la mano de E.M Foster, de nuevo, rodar&iacute;a &lsquo;Maurice&rsquo; (1987), sobre el amor, a hurtadillas, que surge entre dos j&oacute;venes caballeros ingleses y que dio pie a una discreta y bien humorada cr&iacute;tica hacia los prejuicios y convencionalismos de la buena sociedad inglesa. &lsquo;Maurice&rsquo; fue una pel&iacute;cula maravillosa que dio a conocer a Hugh Grant al gran p&uacute;blico.
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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El realizador trabaj&oacute; despu&eacute;s (1990) junto a una leyenda, el actor Paul Newman y la extraordinaria Joanne Woodward en &lsquo;Esperando a Mr Bridge&rsquo;. En 1992 rod&oacute; uno de las obras cumbres de su cine, &lsquo;Regreso a Howards End&rsquo;, junto a Anthony Hopkins, Emma Thompson y Vanessa Redgrave. La original historia de las hermanas Schlegel, mujeres adelantadas a su tiempo, unas librepensadoras, y sus relaciones con la &lsquo;respetable&rsquo; familia Wilcox en plena &eacute;poca victoriana, logr&oacute; un gran &eacute;xito de cr&iacute;tica y p&uacute;blico. Fue nominada a 10 premios Oscar; gan&oacute; tres de ellos, adem&aacute;s de dos premios Bafta y un Globo de Oro.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde, se encerrar&iacute;a en los pasillos interminables, minados de mirillas, cerraduras y puertas secretas de la gran mansi&oacute;n Darlington Hall para rodar &lsquo;Lo que queda del d&iacute;a&rsquo;. Volvi&oacute; a triunfar en medio mundo y cont&oacute; tambi&eacute;n, en cierta forma, con la bendici&oacute;n de Hollywood ya que fue nominada a otros ocho premios de la Academia. No logr&oacute; ninguno, aunque &eacute;l, personalmente, s&iacute; consigui&oacute; un BAFTA. A partir de entonces, rodar&iacute;a varias pel&iacute;culas&nbsp; que no obtendr&iacute;an el mismo calor del p&uacute;blico. De este modo, Ivory nos llev&oacute; hasta la Revoluci&oacute;n Francesa para contarnos las andanzas de un presidente estadounidense enamorado en &lsquo;Jefferson in Paris&rsquo; (1995). Volvi&oacute; a confiar en Anthony Hopkins quien encarn&oacute; a Picasso en una pel&iacute;cula que levant&oacute; ampollas en la familia del pintor (&lsquo;Sobrevivir a Picasso&rsquo;, 1996) y regres&oacute; al territorio literario de Henry James para adaptar la novela &lsquo;La copa dorada&rsquo; (2000). Cont&oacute;, de nuevo, con un interesante reparto (James Fox, Nick Nolte, Anjelica Huston, Kate Beckinsale), fue apreciada por la cr&iacute;tica, pero pas&oacute; desapercibida en taquilla. &lsquo;El divorcio&rsquo; (2003) y &lsquo;La condesa rusa&rsquo; (2005, esta &uacute;ltima, una pel&iacute;cula excepcional) no devolvieron al cineasta a sus tiempos dorados como realizador, aunque la cr&iacute;tica sigue consider&aacute;ndolo un maestro de la gran pantalla. Desde hace a&ntilde;os, intenta sacar adelante un viejo proyecto, llevar al cine &lsquo;Ricardo II&rsquo; (obra de Shakespeare). Un proyecto&nbsp; que cuenta con un buen pu&ntilde;ado de pretendientes al trono, como posible reparto, pero con dificultades de financiaci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">Anthony Hopkins&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Una mirada de reptil y aquel siseo con el que se relam&iacute;a al recordar su &uacute;ltimo fest&iacute;n de carne humana. Aquellas fueron las coordenadas que llevaron a muchos, por primera vez, hasta el actor Sir Anthony Hopkins. Hasta el personaje que le dio a conocer ante el gran p&uacute;blico: el atildado y culto can&iacute;bal en serie, Hannibal Lecter. Fueron diecis&eacute;is minutos que pon&iacute;an, literalmente, los pelos de punta. Corr&iacute;an los a&ntilde;os 90 cuando lleg&oacute; a nuestras vidas &lsquo;El silencio de los corderos&rsquo;, un aut&eacute;ntico fen&oacute;meno DE taquilla que llev&oacute; a su director, Jonathan Demme, a consolidarse como una apuesta segura dentro del universo &lsquo;hollywoodense&rsquo; de la &eacute;poca. Hopkins gan&oacute; un Oscar, pero la buena prensa y el prestigio iban asociados a su carrera desde hac&iacute;a mucho tiempo. Llevaba a&ntilde;os demostrando su talento sobre las tablas (en especial, de la mano de las obras de Shakespeare), pero tambi&eacute;n en la gran pantalla. Naci&oacute; en el mismo pueblo gal&eacute;s que Richard Burton, su &iacute;dolo de talento arrollador, el espejo en el que siempre quiso verse reflejado. Estudi&oacute; en Londres, donde acab&oacute; ingresando en el Teatro Nacional. Fue la instituci&oacute;n en la que conoci&oacute; al gran Laurence Olivier, quien se convirti&oacute; en su padrino y mentor. Olivier le dio su gran oportunidad cuando confi&oacute; en Hopkins para sustituirle como protagonista en la representaci&oacute;n&nbsp; de &lsquo;La danza de la muerte&rsquo; (Strindberg, 1967).
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        Su talento o la buena suerte hizo que se viera envuelto en otra ocasi&oacute;n espl&eacute;ndida. De hecho, se podr&iacute;a decir que casi debut&oacute; en la gran pantalla a bordo de una obra maestra y rodeado de actores inmensos. Nos referimos a &lsquo;El Le&oacute;n en&nbsp; invierno&rsquo; (1968) donde interpret&oacute; a Ricardo Coraz&oacute;n de Le&oacute;n y comparti&oacute; cartel con Peter O&acute;Toole y con Katharine Hepburn. Particip&oacute; despu&eacute;s en &lsquo;Un puente Lejano&rsquo; (1977), se convirti&oacute; en el humanitario doctor Treves que rescata de la &lsquo;parada de los monstruos&rsquo; a &lsquo;El hombre elefante&rsquo; (1980) y atraves&oacute; los confines del alma humana para llegar &nbsp;a su otra punta y encarnar al inflexible y cruel teniente William Bligh, en &lsquo;Mot&iacute;n a bordo&rsquo; (1984). Despu&eacute;s de Hannibal Lecter llegaron sus personajes m&aacute;s ricos y complejos. &lsquo;Regreso a Howards End&rsquo; (1992) supuso su primer encuentro con el director James Ivory, dio vida a Mr Wilcox, el viudo con pasado que enamora a Emma Thompson y sufre, a su manera, en busca de redenci&oacute;n. Junto al cineasta brit&aacute;nico tambi&eacute;n realizar&iacute;a la que probablemente sea su m&aacute;s sutil y fascinante interpretaci&oacute;n: se meti&oacute; en la compleja piel del mayordomo Sr. Stevens en &lsquo;Lo que queda del d&iacute;a&rsquo;. Fue, para muchos, el momento cumbre de su trayectoria. Sin embargo el actor tambi&eacute;n se ha prodigado en &eacute;xitos comerciales de todo pelaje, como en &lsquo;Leyendas de pasi&oacute;n&rsquo; (1994) o en &lsquo;&iquest;Conoces a Joe Black?&rsquo; (1998). Y ha devuelto a la vida a importantes personajes de todos los tiempos: &lsquo;Nixon&rsquo; (Oliver Stone, 1995), Picasso (James Ivory, &lsquo;Surviving Picasso&rsquo;, 1996), Ptolomeo (&lsquo;Alejandro Magno&rsquo; ,2004, Oliver Stone), &lsquo;Hitchcock&rsquo; (Sacha Gervasi, 2012) y Matusal&eacute;n (&lsquo;No&eacute;&rsquo;, Darren Aronofsky, 2014).
    </p><p class="article-text">
        Hopkins, devoto admirador de Olivier, acostumbra a desmitificar el oficio de actor como le gustaba hacer al primero. El gal&eacute;s cuenta que &ldquo;interpretar es describir a alguien&rdquo;, sencillamente. Sobrio desde hace d&eacute;cadas, amante de los viajes en coche (disfrutados en soledad), el actor ha estado casado tres veces y hoy se encuentra emocionalmente alejado de su &uacute;nica hija por motivos confusos. En cualquier caso, es un hombre que parece conservar la curiosidad intacta y con m&aacute;s de 80 a&ntilde;os se permite el lujo de cumplir sue&ntilde;os de juventud. Como aquel que le ha permitido grabar un disco con composiciones propias.
    </p><h3 class="article-text">Emma Thompson</h3><p class="article-text">
        Naci&oacute; en 1959 y lleva media vida interpretando a un buen pu&ntilde;ado de grandes, variados y singulares personajes. Su talento ha sabido reconocerse en la piel&nbsp; de un buen n&uacute;mero de mujeres completamente diferentes. La hemos admirado en la culta y equilibrada Margaret Schlegel (&lsquo;Regreso a Howards End&rsquo;) y en la razonable y discreta Elinor Dashwood (&lsquo;Sentido y Sensibilidad&rsquo;). Fue la testaruda y atormentada autora de Mary Poppins, P.L.Travers (&lsquo;Al Encuentro de Mr Banks&rsquo;) enfrentada a un Disney perseverante y Miss Kenton, una solitaria pero efervescente ama de llaves en &lsquo;Lo que queda del d&iacute;a&rsquo;. En las ant&iacute;podas, supo encontrarle el carisma friqui a la profesora de adivinaci&oacute;n de Harry Potter y se dej&oacute; caer tambi&eacute;n en las extravagancias de una ni&ntilde;era surrealista, m&aacute;gica y malcarada (&lsquo;Nanny McPhee&rsquo;) a la que, por cierto, dio vida a trav&eacute;s de su pluma h&aacute;bil de guionista.
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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nacida en el seno de una familia de actores, estudi&oacute; literatura inglesa en Cambridge donde &lsquo;se alist&oacute;&rsquo; en el Footlights Group, una compa&ntilde;&iacute;a de teatro incubadora de grandes de la comedia brit&aacute;nica como algunos de los Monty Python. A principios de los 80 ya despunt&oacute; en un &lsquo;sketch&rsquo; c&oacute;mico de televisi&oacute;n, Alfresco, frecuent&oacute; la radio y cuando la d&eacute;cada estaba tocando a su fin, conoci&oacute;, se enamor&oacute; y se cas&oacute; con Kenneth Branagh, con quien rodar&iacute;a &lsquo;Enrique V&rsquo;, &eacute;xito fulgurante del actor y director. Sin embargo, Thompson alcanzar&iacute;a la gloria y el prestigio en los 90 gracias a t&iacute;tulos inolvidables como &lsquo;Regreso a Howards End&rsquo; (gan&oacute; el Oscar y el Globo de Oro), &lsquo;En el nombre del padre&rsquo;, donde encarn&oacute; a la abogada que logr&oacute; la exculpaci&oacute;n de los Cuatro de Guildford (acusados injustamente de atentados atribuidos al IRA) y &lsquo;Lo que queda del d&iacute;a&rsquo;. Comparti&oacute; cartel en otras producciones con Branagh como en &lsquo;Morir todav&iacute;a&rsquo;, &lsquo;Los amigos de Peter&rsquo; o &lsquo;Mucho ruido y pocas nueces&rsquo;. En 1995 se llev&oacute; de nuevo la estatuilla por &lsquo;Sentido y Sensibilidad&rsquo; (Ang Lee), pero esta vez por haber escrito el mejor guion adaptado.
    </p><p class="article-text">
        Londinense de nacimiento, esta mujer inteligente, conocida por tener temperamento de protesta y ning&uacute;n pelo en la lengua, ha mostrado p&uacute;blicamente su decepci&oacute;n hacia Tony Blair por su papel en la Guerra de Irak. Ha denunciado en varias ocasiones la brecha salarial que sufren las actrices con respecto a sus compa&ntilde;eros de reparto. Trabaja habitualmente con refugiados y solicitantes de asilo y dice, de muy buen humor, que no le gusta Hollywood &ldquo;porque all&iacute; le hacen sentir gorda&rdquo;. Pol&iacute;ticamente incorrecta, y, sin embargo, Dama del Imperio Brit&aacute;nico.
    </p><h3 class="article-text">La secuencia</h3><p class="article-text">
        Miss Kenton es una profesional respetada, de reconocido prestigio. Una joven ama de llaves entusiasta, optimista sin estridencias, que nunca pierde la compostura. Pero la vida se le escapa a borbotones en aquella secuencia. &ldquo;No tiene a d&oacute;nde ir, no tiene familia&rdquo;, y se considera una cobarde&hellip; pero no. Aquel d&iacute;a le ha dado esquinazo a su fantasma particular, la soledad. Miss Kenton ha dado el paso, se ha acercado al Se&ntilde;or Stevens con una tonta excusa: conocer el nombre de la novela que el seco y fr&iacute;o mayordomo de la mansi&oacute;n Darlington Hall lee a escondidas. &Eacute;l se resiste a hablar, esquiva sin mover apenas un m&uacute;sculo el adem&aacute;n impertinente de la mujer que quiere alcanzar el libro. Ella insiste con su torpe e infantil coqueteo hasta que los dos quedan muy juntos. Demasiado. Y &eacute;l clava su mirada en ella. Con una tristeza infinita, agazapado en el deseo, dej&aacute;ndose marear por la tentaci&oacute;n. A punto, casi a punto de tocarla, pero sabiendo que no va a ser capaz de abandonar su refugio. Ese c&oacute;modo territorio en el que los d&iacute;as de trabajo se parecen unos a otros. Como eternos puntos suspensivos sin misterio, que solo conducen hacia el conocido y previsible sentido del deber.Es un instante sublime, de poderosa contenci&oacute;n, donde el cine late con v&eacute;rtigo.
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                </figure><h3 class="article-text">Contrapicado: a favor</h3><p class="article-text">
        Un universo de pasiones, deseos y temores se desata en el interior de los personajes de &lsquo;Lo que queda del d&iacute;a&rsquo;, pero al otro lado, en los pasillos y las estancias de Darlington Hall, apenas se puede percibir a trav&eacute;s del ojo de una cerradura. Es un viaje inolvidable por sentimientos mutilados, reprimidos, recogidos en un guion portentoso escrito por la estadounidense Ruth Prawer Jhabvala y basado en la novela del Premio Nobel de Literatura, Kazuo Ishiguro. Es un film que recoge una de las historias de amor m&aacute;s apasionantes jam&aacute;s contadas en el s&eacute;ptimo arte precisamente porque contiene la respiraci&oacute;n, nunca llega a suceder. El miedo a elegir la oportunidad equivocada es m&aacute;s poderoso que cualquier instinto de supervivencia.
    </p><p class="article-text">
        &lsquo;Lo que queda del d&iacute;a&rsquo; es una producci&oacute;n donde destacan la esmerada direcci&oacute;n art&iacute;stica y el minucioso retrato de una &eacute;poca. Y una oportunidad &uacute;nica para asomarse a uno de los cap&iacute;tulos m&aacute;s oscuros de la historia de Inglaterra a trav&eacute;s &nbsp;de los ojos de aquellos que no pod&iacute;an opinar nada al respecto.
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                </figure><h3 class="article-text">Picado: en contra</h3><p class="article-text">
        Estamos ante una pel&iacute;cula extraordinariamente contada, pero puede marcar ciertas distancias con muchos espectadores que necesitan satisfacer su curiosidad de forma inmediata. El film de Ivory, sin embargo, est&aacute; labrado sobre peque&ntilde;os gestos que descubren secretos del alma, con rid&iacute;culas an&eacute;cdotas donde intuimos la procesi&oacute;n que va por dentro, de bajezas que no se castigan para satisfacci&oacute;n de los bienintencionados. No es un drama costumbrista al uso. No es tan solo una pel&iacute;cula de &eacute;poca, tampoco un precioso marco para contener una historia de amor convencional. No tiene intenci&oacute;n de denunciar desigualdades sociales, despotismos varios ni cr&iacute;menes contra la humanidad. M&aacute;s bien es una pel&iacute;cula para los que encuentran un encendido y secreto deleite en esperar, en descubrir sucesos extraordinarios en momentos cotidianos. Es una cinta inc&oacute;moda, quiz&aacute;s desgarradora, para aquellos que tienen la certeza de haber errado el camino.
    </p><h3 class="article-text">Simbiosis sonora</h3><p class="article-text">
        Richard Robbins fue el compositor de cabecera de la productora Merchant-Ivory y, de hecho, su m&uacute;sica forma parte del ADN del cine de aquella afortunada conjunci&oacute;n de artistas. La bell&iacute;sima composici&oacute;n de Lo que queda del d&iacute;a&rsquo; fue reconocida con una candidatura a los Premios Oscar, invitaba a realizar un nost&aacute;lgico y resignado recorrido por temas que &ldquo;sugieren arrepentimiento, ocasiones perdidas y el paso del tiempo&rdquo;, en palabras de su autor.
    </p><h3 class="article-text">Ojo al dato</h3><p class="article-text">
        Antes de que la producci&oacute;n de la pel&iacute;cula fuera a parar a Merchant-Ivory, Mike Nichols fue el encargado dirigir la cinta. En aquella &eacute;poca se pens&oacute; en Jeremy Irons y en Meryl Streep como protagonistas. Todo un misterio intentar imaginar hacia qu&eacute; derroteros emocionales hubiera conducido la pel&iacute;cula con esta fabulosa pareja de actores. Sin embargo, el productor indio y el realizador norteamericano apostaron por el rostro y el talento de Hopkins / Thompson para dar vida al mayordomo y a la ama de llaves, t&aacute;ndem con el que trabajaron en &lsquo;Regreso a Howards End&rsquo;.
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        El otro gran protagonista de la cinta, Darlington Hall, tambi&eacute;n ten&iacute;a que responder al concepto de mansi&oacute;n ideal de un director tan detallista y minucioso como Ivory. &nbsp;El cineasta buscaba salas y pasillos repletos de intensos colores y una imponente y laber&iacute;ntica parte trasera, donde habitara el servicio. Encontr&oacute; su palacio hilvanando en su pel&iacute;cula las estancias de cinco casas se&ntilde;oriales diferentes.
    </p><h3 class="article-text">Retrato del h&eacute;roe</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Sin ella, estar&iacute;a perdido&rdquo;, explica el Se&ntilde;or Stevens sin dejar de disimular. Esconde su pasi&oacute;n detr&aacute;s de su mirada-muro, su amaneramiento profesional y una insolencia siempre oportuna a la hora de mantenerse alejado de la tentaci&oacute;n. Es el perfecto mayordomo: discreto, terriblemente eficaz, aut&oacute;mata. Un tipo con el horizonte colocado sobre el sentido del deber, listo para limpiarle el polvo en todo momento. &ldquo;Siempre hubo trabajo, trabajo y m&aacute;s trabajo. Y continuar&aacute; siendo as&iacute;. No me cabe la menor duda&rdquo;, le explica, a &uacute;ltima hora, a la mujer que ama.
    </p><p class="article-text">
        El Se&ntilde;or Stevens, con la pinta en la mano, es un fanfarr&oacute;n a medio gas, un prepotente con verg&uuml;enza. Un fiero guardi&aacute;n de su precioso y escaso tiempo privado, un hijo servil, un amante esquivo, el representante de un pueblo al que le quieren quitar la voz antes de comenzar a hablar.&nbsp;Es un c&iacute;nico al que le entran las prisas cuando ve que se acerca el final, perdiendo el norte hasta convertirse en un ingenuo de solemnidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/diseccion-queda-dia-james-ivory_132_1849140.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Nov 2018 10:45:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Lo que queda del día’, de James Ivory: amor sin suceder]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Críticas de cine,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Mystic River’, de Clint Eastwood: a veces un hombre es solo un niño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/mystic-river-clint-eastwood-hombre_132_1925021.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8b1eb9a9-7d2a-4bf9-b2a0-6b669c30de93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Mystic River’, de Clint Eastwood: a veces un hombre es solo un niño"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Diseccionamos una de las mejores películas del gran cineasta estadounidense, tan conservadora como reveladora</p><p class="subtitle">Sean Penn, Tim Robbins y Kevin Bacon conforman el trío protagonista de este viaje emocional plagado de traumas</p></div><h3 class="article-text">El meollo</h3><p class="article-text">
        Tres ni&ntilde;os juegan al hockey en una calle de una barriada de Boston. Cuando la pelota se cuela por una alcantarilla deciden&nbsp;entretenerse grabando sus nombres en el cemento todav&iacute;a h&uacute;medo de una baldosa de la acera. Jimmy y Sean (futuros Sean Penn y Kevin Bacon) as&iacute; lo hacen, pero mientras Dave (futuro Tim Robbins) todav&iacute;a no ha escrito la segunda letra del suyo aparece un&nbsp;supuesto polic&iacute;a que les increpa su acci&oacute;n y obliga a este &uacute;ltimo a subir al coche. Ocurre algo espantoso, algo que conmociona al barrio y que marca la vida de Dave. Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s,&nbsp;las vidas de los tres volver&aacute;n a cruzarse por el asesinato de la hija adolescente de Jimmy, cuya investigaci&oacute;n recae en el ahora polic&iacute;a Sean.
    </p><p class="article-text">
        El paso del tiempo, las dudas inconexas, las fatales coincidencias, la interpretaci&oacute;n propia de los actos ajenos, los traumas de la ni&ntilde;ez y un destino malparado har&aacute;n que&nbsp;la p&eacute;rdida de la inocencia quede suspendida en un interrogante eterno, en una imposible vuelta atr&aacute;s. El gran Clint Eastwood abri&oacute; las siete llaves del ba&uacute;l donde hab&iacute;a atesorado todas sus grandes inquietudes sobre la moral y la justicia cuando hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os rod&oacute; esta adaptaci&oacute;n de la&nbsp;novela de&nbsp;Dennis Lehane. Sombr&iacute;a, conmovedora, tramposa y emocionalmente contenida y afilada, su&nbsp;asombroso reparto y una direcci&oacute;n entregada por completo al sufrimiento&nbsp;del espectador, la convirtieron en una de las obras maestras del nuevo siglo y de toda la filmograf&iacute;a del cineasta norteamericano.
    </p><h3 class="article-text">Detr&aacute;s de las c&aacute;maras</h3><p class="article-text">
        El viejo Frankie Dunn nos sacudi&oacute; el alma cuando le dijo aquello de &ldquo;Mi hija, mi sangre&rdquo; (&ldquo;Mo Cuishle&rdquo;) a la moribunda Maggie en&nbsp;&lsquo;Million Dollar Baby&rsquo;. Aquel fue un instante cinematogr&aacute;fico tan brutalmente intenso y bello que supimos&nbsp;reconocer en &eacute;l al genio, a la obra maestra, ese momento fugaz, inolvidable que solo unos pocos artistas saben alcanzar. Aquella fue una pel&iacute;cula sobre boxeo, que parec&iacute;a aburrida, pero que tuvo la astucia suficiente como para hablar de la humanidad que hay en la muerte. Y es que&nbsp;&ldquo;El hombre sin nombre&rdquo; de la&nbsp;Trilog&iacute;a del D&oacute;lar (Sergio Leone) es hoy uno de los cineastas que mejor sabe retarnos con cada una de las pel&iacute;culas que crea.&nbsp;Las plantea como un desaf&iacute;o para nuestra conciencia, un derechazo imp&iacute;o para nuestras emociones.&nbsp;Porque nadie como Clint Eastwood sabe meternos en aut&eacute;nticos berenjenales morales, en historias perdidamente amargas o rom&aacute;nticas, en narraciones crudas y vigorosas que nunca pierden la calma. Si el h&eacute;roe del spagueti-western era un tipo de silencios, el cineasta le sigue la huella porque el estilo de Eastwood es as&iacute;, como &lsquo;El Sucio&rsquo;,&nbsp;de pocas palabras y apenas detalles, con personajes que cobran vida en la imaginaci&oacute;n del espectador (pues se merecen un respeto) y de tomas que aspiran a ser &uacute;nicas. &ldquo;Otros ruedan muchas por la falta de confianza en lo que quieren&rdquo;, fanfarronea el viejo Eastwood.
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        Debut&oacute; como director en 1971 con&nbsp;&lsquo;Escalofr&iacute;o en la noche&rsquo;.&nbsp;Sorprendi&oacute; al mundo con la biograf&iacute;a de Charlie Parker en&nbsp;&lsquo;Bird&rsquo;&nbsp;(1988); hizo que nos estremeci&eacute;ramos mirando por un retrovisor en la rom&aacute;ntica&nbsp;&lsquo;Los puentes de Madison&rsquo;&nbsp;(1995) y&nbsp;sobrevivi&oacute; magistralmente a la muerte del western en&nbsp;&lsquo;Sin perd&oacute;n&rsquo;&nbsp;(1992). Pero adem&aacute;s, el fino sentido del humor de Eastwood se super&oacute; y perfeccion&oacute; el acento c&iacute;nico para retratar a las gentes de Savannah. Aquella proeza la hizo en la fabulosa&nbsp;&lsquo;Medianoche en el jard&iacute;n del bien y del mal&rsquo;&nbsp;(1997).&nbsp;&lsquo;Cartas desde Iwo Jima&rsquo; (2006) nos sumergi&oacute; en un laberinto de t&uacute;neles nipones para&nbsp;dejarnos al descubierto las atrocidades de la guerra&nbsp;y pasamos al bando contrario, al norteamericano, para cuestionar la &eacute;pica de papel que hay tras la propaganda b&eacute;lica (&lsquo;Banderas de nuestros padres&rsquo;). Despu&eacute;s, logr&oacute; atrapar, en todas sus dimensiones a&nbsp;una de las figuras clave de la historia norteamericana, Hoover, en&rsquo;&nbsp;J. Edgar&rsquo;, y supo sacarle partido a una an&eacute;cdota hist&oacute;rica, un Campeonato del Mundo de Rugby donde descubrimos la grandeza de Nelson Mandela en&nbsp;&lsquo;Invictus&rsquo;. Grandes decepciones se sucedieron con &lsquo;American Sniper&rsquo; y &lsquo;Jersey Boys&rsquo; , la biograf&iacute;a de Frankie Valli y su m&iacute;tica banda The Four Seasons. Ha habido quien se ha preguntado qu&eacute; se le ha perdido al director en un musical. Probablemente nada, pero por qu&eacute; no proba, como le sucedi&oacute; con &lsquo;Sully&rsquo;, la historia de un h&eacute;roe cuestionado.&nbsp;No todo el mundo tiene 88 a&ntilde;os a sus espaldas, una carrera valiente&nbsp;y una creatividad que no se puede contener. Como &eacute;l mismo dice, por si acaso, &ldquo;nunca dejo entrar al viejo en casa&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Sean Penn</h3><p class="article-text">
        Dos d&eacute;cadas tard&oacute; Hollywood en aprender a admirar, valorar y poner en su sitio al que hoy en d&iacute;a es&nbsp;uno de los mejores actores de su generaci&oacute;n. Su rostro de t&iacute;o duro vulnerable, ojos m&iacute;nimos y claros, la forma en que ha sabido sacudirse todos los sambenitos que le han querido colgar y su&nbsp;f&eacute;rreo compromiso con causas sociales y pol&iacute;ticas, le han convertido en un actor que traspasa sus personajes, sin un m&eacute;todo claro pero con rabia asoladora y un carisma fuera de serie. Aunque nacido en Burbank (California) en 1960, sus or&iacute;genes pasan por Irlanda, Italia y Lituania. Hijo del maltratado cineasta Leo Penn, y de la actriz Eileen Ryan,&nbsp;todos sus primeros pasos parec&iacute;an encaminarse hacia el mundo de la interpretaci&oacute;n, aunque no fue as&iacute; en un principio. Sean Justin Penn decidi&oacute; explorar terrenos tan diversos como el surf, la m&uacute;sica y la mec&aacute;nica.
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        Cuando quiso dedicarse a la actuaci&oacute;n, como tambi&eacute;n har&iacute;a su hermano Chris Penn, decidi&oacute; formarse en Los &Aacute;ngeles y despu&eacute;s mudarse a Nueva York, donde realizar&iacute;a sus&nbsp;primeras interpretaciones teatrales en Broadway, que fueron un aut&eacute;ntico fracaso. Pese a ello, defendi&oacute; los a&ntilde;os de esfuerzo que hab&iacute;a dedicado a darle forma a su talento, y apost&oacute; por Hollywood, debutando en los largometrajes&nbsp;&lsquo;Taps&rsquo;, &lsquo;M&aacute;s all&aacute; del honor&rsquo;&nbsp;(1981),&nbsp;&lsquo;Aquel excitante curso&rsquo;&nbsp;(1982) y&nbsp;&lsquo;Bad Boys&rsquo;&nbsp;(1983). Mantuvo un list&oacute;n cuantitativo de hasta dos pel&iacute;culas por a&ntilde;o que, debido a su dudosa calidad,&nbsp;poco o nada aportaron a su carrera, llegando su proyecci&oacute;n a la fama de la mano de&nbsp;&lsquo;Shanghai Surprise&rsquo; y de su tormentoso matrimonio con su compa&ntilde;era de reparto, la cantante Madonna, en 1986. Discusiones p&uacute;blicas, peleas publicadas a toda p&aacute;gina y hasta una condena por agredir a un periodista, hicieron a Sean Penn&nbsp;tristemente conocido por aquellos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Se divorci&oacute; de la diva del pop, pero no de su mala fama, y tuvo que&nbsp;recurrir a amigos y conocidos como Dennis Hopper o Brian de Palma&nbsp;para conseguir algunos papeles, como el de&nbsp;&lsquo;Colors&rsquo;&nbsp;(1988) o&nbsp;&lsquo;Corazones de hierro&rsquo;&nbsp;(1989), respectivamente. Tras casarse con la actriz Robin Wright, a quien conoci&oacute; en&nbsp;&lsquo;El clan de los irlandeses&rsquo;, anunci&oacute; una retirada del mundo del cine, que finalmente no cumplir&iacute;a pero que lo mantuvo alejando de los focos durante tres a&ntilde;os. A su regreso, ya con treinta a&ntilde;os,&nbsp;sorprendi&oacute; a los recelosos iniciando en paralelo dos carreras: la de director (con grandes t&iacute;tulos como&nbsp;&lsquo;Cruzando la oscuridad&rsquo;,&nbsp;&lsquo;El juramento&rsquo;&nbsp;y su cap&iacute;tulo en&nbsp;&lsquo;11&rsquo;09&rsquo;&rsquo;01. Once de septiembre&rsquo;, ganador del Festival de Venecia); y la de int&eacute;rprete todoterreno y transmutado.&nbsp;Su papel del reo Mathew Poncelet en&nbsp;&lsquo;Pena de muerte&rsquo;&nbsp;(1995), dirigida por el tambi&eacute;n actor Tim Robbins, le hizo meterse a la cr&iacute;tica en el bolsillo y le allan&oacute; el camino para&nbsp;una grand&iacute;sima carrera a finales de siglo, donde destacaron&nbsp;&lsquo;Giro al infierno&rsquo; (1997), de Oliver Stone;&nbsp;&lsquo;Atrapado entre dos hombres&rsquo;&nbsp;(1997), de Nick Cassavetes;&nbsp;&lsquo;La delgada l&iacute;nea roja&rsquo;&nbsp;(1998), de Terrence Malick; o&nbsp;&lsquo;Acordes y desacuerdos&rsquo;, de Woody Allen (1999). El cambio de milenio tan solo sirvi&oacute; para confirmar su imparable ascenso como int&eacute;rprete, realizando en el mismo a&ntilde;o las que consideramos&nbsp;las dos mejores actuaciones de su carrera: en&nbsp;&lsquo;Mystic River&rsquo;, de Clint Eastwood, (por la que consigui&oacute; su primer Oscar) y en&nbsp;&lsquo;21 gramos&rsquo;, de Alejandro Gonz&aacute;lez I&ntilde;&aacute;rritu (ambas de 2003). Con Sidney Pollack en&nbsp;&lsquo;La int&eacute;rprete&rsquo;&nbsp;y con Gus Van Sant en&nbsp;&lsquo;Mi nombre es Harvey Milk&rsquo;, que le proporcion&oacute; su segunda estatuilla dorada, sigui&oacute; experimentando registros. Destacables son sus apenas ocho minutos de aparici&oacute;n en&nbsp;&lsquo;El &aacute;rbol de la vida&rsquo;, repitiendo con Malick, o en&nbsp;&lsquo;Un lugar donde quedarse&rsquo;, de Paolo Sorrentino. Sigue poniendo cara a numerosos proyectos solidarios y demostrando, ahora s&iacute;, que no hay ruptura entre la fama, el talento y el hacerse respetar.
    </p><h3 class="article-text">Tim Robbins</h3><p class="article-text">
        De origen tambi&eacute;n californiano, Timothy Francis Robbins naci&oacute; all&iacute; en 1958 pero se cri&oacute; en Nueva York, en una&nbsp;familia de artistas y m&uacute;sicos, donde destacaba su padre, el cantante de folk del Greenwich Village neoyorkino, Gil Robbins. Manifest&oacute; su deseo de dedicarse al mundo del cine pr&aacute;cticamente desde su infancia, por lo que&nbsp;tan solo con 12 a&ntilde;os ya interpretaba obras de teatro en el Theatre New City de la Gran Manzana. Sus inquietudes pol&iacute;ticas tambi&eacute;n formaron parte de su formaci&oacute;n como actor, escritor y cineasta comprometido, toda&nbsp;una carrera de protestas sociales&nbsp;que inici&oacute; formando en 1981 la compa&ntilde;&iacute;a teatral Actor&rsquo;s Gang, que se encarg&oacute; de dar voz a obras vanguardistas de contenido sociopol&iacute;tico. En cuanto a su trayectoria como actor fuera de las tablas, durante toda la d&eacute;cada de los 80 no pas&oacute; de apariciones en televisi&oacute;n (&lsquo;Canci&oacute;n triste de Hill Street&rsquo;&nbsp;y&nbsp;&lsquo;Luz de luna&rsquo;, entre otras series) y de&nbsp;algunos papeles secundarios en la gran pantalla, como en&nbsp;&lsquo;Click, click&rsquo;&nbsp;(1984),&nbsp;&lsquo;Top Gun&rsquo;&nbsp;(1986), o&nbsp;&lsquo;Howard, un nuevo h&eacute;roe&rsquo;&nbsp;(1986).
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        A finales de la d&eacute;cada conoci&oacute; a la tambi&eacute;n actriz y activista&nbsp;Susan Sarandon, con la que mantuvo una relaci&oacute;n sentimental hasta el a&ntilde;o 2009&nbsp;y con la que ha protagonizado numerosas acciones en defensa de los derechos humanos. Ambos compartieron cartel en&nbsp;&lsquo;Los b&uacute;falos de Durnham&rsquo;&nbsp;(1988), que marc&oacute; en buena medida el inicio de la gran carrera de Robbins como actor y director. Aunque alternando todo tipo de papeles, de mayor o menor proyecci&oacute;n y creatividad,&nbsp;su gran estatura (literal y figurada) qued&oacute; maravillosamente plasmada en papeles inolvidables&nbsp;como&nbsp;&lsquo;La escalera de Jacob&rsquo;&nbsp;(1990),&nbsp;&lsquo;El juego de Hollywood&rsquo;&nbsp;(1992),&nbsp;&lsquo;Cadena perpetua&rsquo;&nbsp;(1994),&nbsp;&lsquo;Arlington Road. Temer&aacute;s a tu vecino&rsquo;&nbsp;(1999),&nbsp;&lsquo;Alta Fidelidad&rsquo;&nbsp;(2000),&nbsp;&lsquo;Mystic River&rsquo; (2003), por la que&nbsp;conseguir&iacute;a un Oscar como Mejor actor de reparto;&nbsp;&lsquo;La vida secreta de las palabras&rsquo;&nbsp;(2005), uno de sus mejores papeles, de la mano de la espa&ntilde;ola Isabel Coixet; o&nbsp;&lsquo;Back to 1942&rsquo;&nbsp;(2012). Como director, tras debutar con la&nbsp;s&aacute;tira pol&iacute;tica o falso documental&nbsp;&lsquo;Ciudadano Bob Roberts&rsquo;&nbsp;(1992), que tambi&eacute;n protagoniz&oacute;, jug&oacute; su mejor baza dram&aacute;tica y taquillera con&nbsp;&lsquo;Pena de muerte&rsquo;&nbsp;(1995), que consigui&oacute; cuatro nominaciones a los Oscar, ayud&oacute; a consolidar la carrera de Sean Penn, y le otorg&oacute; un premio dorado a su compa&ntilde;era Susan Sarandon. Con sus dos pel&iacute;culas posteriores tras las c&aacute;maras tambi&eacute;n demostr&oacute; su firme declaraci&oacute;n de amor al teatro en&nbsp;&lsquo;Abajo el tel&oacute;n&rsquo;&nbsp;(1999) y&nbsp;su inalterable compromiso con el pacifismo&nbsp;en el documental&nbsp;&lsquo;Embedded / Live&rsquo;&nbsp;(2005). Sigui&oacute; apostando por los cineastas espa&ntilde;oles rodando a las &oacute;rdenes de un director espa&ntilde;ol, como&nbsp;protagonista del drama social&nbsp;&lsquo;A Perfect Day&rsquo;, de Fernando Le&oacute;n de Aranoa.
    </p><h3 class="article-text">Kevin Bacon</h3><p class="article-text">
        No hemos comprobado cu&aacute;ntos grados de separaci&oacute;n tendr&iacute;amos (si estuvi&eacute;ramos en IMDb) con este actor de Filadelfia&nbsp;hecho a s&iacute; mismo a base de grandes logros y tropiezos. Lo que s&iacute; sabemos es que tiene a sus espaldas una carrera impresionante que merece, cuanto menos,&nbsp;que se le dediquen m&aacute;s elogios de los que normalmente recibe. Lo cierto es que Kevin Norwood Bacon se cri&oacute; en un n&uacute;cleo familiar muy tradicional y conservador que hizo que sus inicios en el mundo de la interpretaci&oacute;n fueran bastante duros. Comenz&oacute; haciendo&nbsp;algunas obras de teatro durante su adolescencia&nbsp;hasta que se hizo con un papel muy breve en el reparto de la generacional y atolondrada&nbsp;&lsquo;Desmadre a la americana (Animal House)&rsquo;,&nbsp;en&nbsp;1978. A partir de ese momento aument&oacute; el n&uacute;mero de castings para los que era convocado y tras entrar en los a&ntilde;os 80 con algunos t&iacute;tulos importantes como&nbsp;&lsquo;Viernes 13&rsquo;&nbsp;(1980),&nbsp;comenz&oacute; a hacerse valer entre la cr&iacute;tica por su fabuloso papel en el drama sobre la amistad&nbsp;&lsquo;Diner&rsquo;&nbsp;(1982), de Barry Levinson. No obstante, muy alejado de ese registro anterior, la fama mundial comenzar&iacute;a a acompa&ntilde;arle interpretando a un&nbsp;joven apasionado del baile en la chisposa&nbsp;&lsquo;Footloose&rsquo;&nbsp;(1984), demostrando su enorme versatilidad para alternar comedias y dramas a lo largo de toda su carrera.
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        Ya en los a&ntilde;os 90, Bacon&nbsp;se convertir&iacute;a en carne de thriller apareciendo en taquillazos&nbsp;como&nbsp;&lsquo;L&iacute;nea mortal&rsquo;&nbsp;(1990),&nbsp;&lsquo;J.F.K. Caso abierto&rsquo;&nbsp;(1991),&nbsp;&lsquo;Algunos hombres buenos&rsquo; (1992),&nbsp;&lsquo;Homicidio en primer grado&rsquo;&nbsp;(1995) y en&nbsp;una de sus interpretaciones m&aacute;s majestuosas, la del cruel vigilante de la maravillosa&nbsp;&lsquo;Sleepers&rsquo;&nbsp;(1996), repitiendo con Barry Levinson como director. Trabajador incansable (de ah&iacute; el denominado&nbsp;N&uacute;mero de Bacon) y muy alejado de la prensa rosa y de los chismorreos, su&nbsp;filmograf&iacute;a es absolutamente desconcertante pero plagada de t&iacute;tulos inolvidables&nbsp;como&nbsp;&lsquo;El le&ntilde;ador&rsquo;, &lsquo;Cuatro vidas&rsquo;, &lsquo;El desaf&iacute;o: Frost contra Nixon&rsquo;, o&nbsp;&lsquo;Crazy, Stupid, Love&rsquo;,&nbsp;adem&aacute;s de&nbsp;&lsquo;Mystic River&rsquo;, probablemente uno de los papeles m&aacute;s importantes de su vida. Tan solo lo intent&oacute; un par de veces como director, con la serie&nbsp;&lsquo;Pasi&oacute;n oculta&rsquo;&nbsp;(1996) y con&nbsp;&lsquo;Lover Boy&rsquo;&nbsp;(2005) con unas desastrosas y &aacute;cidas cr&iacute;ticas. Volvi&oacute; a despertar el inter&eacute;s en todo el mundo con la serie de televisi&oacute;n&nbsp;&lsquo;The Following&rsquo;, encarnando a un agente del FBI muy similar al polic&iacute;a de la pel&iacute;cula de Eastwood que le consagr&oacute; como actor.
    </p><h3 class="article-text">Contrapicado</h3><p class="article-text">
        &lsquo;Mystic River&rsquo;&nbsp;es un oc&eacute;ano de fantasmas, de&nbsp;traumas pegados a la nuca que confluyen en un destino maldito, de vidas marcadas por un hecho espantoso que separa a tres ni&ntilde;os mucho m&aacute;s de lo que nunca ser&aacute;n conscientes. Nunca un drama con tan pocos minutos dedicados expl&iacute;citamente a la ni&ntilde;ez fue&nbsp;tan terriblemente mordaz con lo que la infancia determina en cada uno de nosotros. Eastwood, con esa estela &lsquo;dickensiana&rsquo; y tan maravillosamente conservadora que ya quiso explorar en&nbsp;&lsquo;Un mundo perfecto&rsquo;,&nbsp;decidi&oacute; que&nbsp;esta pel&iacute;cula ser&iacute;a su particular homenaje a los a&ntilde;os cruciales de nuestra existencia. Pero lo narr&oacute; desde las vidas adultas de aquellos que estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado siendo ni&ntilde;os.&nbsp;Sin ninguna moraleja perceptible&nbsp;salvo la que queramos forzar para nuestro propio inter&eacute;s moral, y con un guion hecho a la medida de&nbsp;esa frialdad apasionada que le caracteriza, el cineasta compuso una de las grandes obras maestras del nuevo siglo sacando de unos actores ya muy curtidos un collage de interpretaciones absolutamente perfecto.
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        Aparte de sus tres protagonistas, intachables en sus trabajos, lo impresionante de esta pel&iacute;cula es&nbsp;un reparto que encaja sin fisuras apreciables&nbsp;y que hace vibrar. En el sector femenino,&nbsp;la grandiosa&nbsp;Marcia Gay Harden&nbsp;resulta la perfecta m&aacute;rtir, quiz&aacute;s la &uacute;nica capaz de mostrar alg&uacute;n sentimiento acariciador en toda la pel&iacute;cula; mientras que&nbsp;Laura Linney, pr&aacute;cticamente un florero en casi todo el metraje, se convierte en la&nbsp;gran hero&iacute;na final con un discurso aplastante. Y no podemos dejar de mencionar el rentabil&iacute;simo Laurence Fishburne, y el maravilloso&nbsp;cameo de&nbsp;Eli Wallach
    </p><h3 class="article-text">Picado</h3><p class="article-text">
        Estamos ante una pel&iacute;cula que&nbsp;no sabe encontrar su final. Durante m&aacute;s de dos horas somos espectadores de un film sobrio, cl&aacute;sico e impecable, que sabe desenvolverse con un ritmo y una angustia creciente, con&nbsp;un escalofr&iacute;o que se instal&oacute;, de manera magistral, en nuestro estado de &aacute;nimo&nbsp;hasta que llegamos al momento cumbre. Al desenlace. Entonces la narraci&oacute;n se bifurca en&nbsp;dos acciones paralelas que pierden el norte, precisamente, porque abandonan la agilidad, la emoci&oacute;n y el sentido del tempo. Aparte de ofrecer en ellas demasiada informaci&oacute;n en poco tiempo (cual novela de Agatha Christie en pos del &lsquo;whodunit&rsquo;) ambas tienen suficiente intensidad dram&aacute;tica como para protagonizar secuencias completas sin cortes que se den codazos o se molesten. Si se apuesta por simultanearlas,&nbsp;lo suyo hubiera sido aligerarlas, hacerlas m&aacute;s concisas y cortas. Porque si no, a la altura del ep&iacute;logo, a la altura de esa fiesta nacional con desfiles y carrozas donde los protagonistas parecen respirar, al fin,&nbsp;en medio de una calma tensa, el espectador comienza a impacientarse. Y es que no necesita saber m&aacute;s de aquellos personajes que sobreviven a la tragedia y quedan en tablas. La elegancia y la sobriedad que han caracterizado la mayor parte de la narraci&oacute;n&nbsp; pierden pie porque los personajes no saben cu&aacute;ndo despedirse.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Simbiosis sonora</h3><p class="article-text">
        Eastwood es un hombre del Renacimiento metido a cineasta, pero con una vocaci&oacute;n creativa que le desborda y le hace aventurarse en todo tipo de manifestaciones art&iacute;sticas.&nbsp;En&nbsp;&lsquo;Mystic River&rsquo;&nbsp;es tambi&eacute;n el autor de la banda sonora, pero dej&oacute; que su compositor de cabecera,&nbsp;Lennie Niehaus, la dirigiera interpret&aacute;ndola con la Boston Symphony Orchestra y el Coro del Tanglewood Festival.&nbsp;Con&nbsp;resonancias de jazz y marcada voz de piano, esta discreta, elegant&iacute;sima banda sonora es una de las culpables de que la pel&iacute;cula llegue a altos niveles de emoci&oacute;n.&nbsp;Lapidarios, tristes, distantes, evocadores, los temas de la banda sonora se suceden para arropar, acompa&ntilde;ar, inquietar o ahondar en la tragedia. Ah&iacute; est&aacute; la&nbsp; bell&iacute;sima y solemne pieza de introducci&oacute;n, que&nbsp;domina algunas de las secuencias claves de la pel&iacute;cula y sus acordes se reinventan en otras piezas. Pero hay mucho m&aacute;s.&rsquo;&nbsp;Meditation&rsquo;&nbsp;es&nbsp;una muestra m&aacute;s de su pasi&oacute;n hacia el jazz m&aacute;s calmado y reflexivo;&nbsp;&lsquo;Escape from the wolves&rsquo;&nbsp;inspira un terror g&eacute;lido, y el destino inevitable se deja escuchar en&nbsp;&lsquo;The Confrontation&rsquo;. En la banda sonora hay&nbsp;un total de 19 temas compuestos por Eastwood, y dos en colaboraci&oacute;n su hijo, Kyle (Cosmo&nbsp;y&nbsp;Black Emerald).
    </p><h3 class="article-text">Ojo al dato</h3><p class="article-text">
        Eastwood&nbsp;lo tuvo crudo para sacar adelante&nbsp;&lsquo;Mystic River&rsquo;.&nbsp;De hecho, cobr&oacute; por ella el salario m&iacute;nimo. Y es que el Hollywood complaciente de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, en aquella ocasi&oacute;n,&nbsp;se mostr&oacute; reacio a adentrarse en una tem&aacute;tica tan terrible&nbsp;como el abuso infantil. No hay nada mejor que las f&oacute;rmulas comerciales m&aacute;gicas para no asustar a los espectadores y espantarlos de las salas de cine. De ah&iacute; que&nbsp;ninguna productora quisiera verse mezclada en una pel&iacute;cula valiente, tr&aacute;gica y madura como la que propon&iacute;a Eastwood. Tras mucho pelear, la Warner acudi&oacute; a su rescate y aval&oacute; el proyecto&nbsp;haci&eacute;ndole una especie de favor a un cineasta que tantos buenos momentos en taquilla hab&iacute;a proporcionado. Eso s&iacute;, siempre y cuando terminarla resultara barato. La pel&iacute;cula sigui&oacute; arrastrando su mala suerte despu&eacute;s de finalizar su producci&oacute;n.&nbsp;No result&oacute; bien recibida en algunos circuitos internacionales&nbsp;y en Estados Unidos fue estrenada en muy pocas salas. El aplauso de cr&iacute;tica y p&uacute;blico llegar&iacute;a algo m&aacute;s tarde, afortunadamente.
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                </figure><h3 class="article-text">Retrato del h&eacute;roe</h3><p class="article-text">
        A veces un hombre es solo un ni&ntilde;o. Cuando pasan los a&ntilde;os, cuando todo parece decidido, los planes cumplidos y la vida hecha m&aacute;s o menos a la medida de algunos modestos sue&ntilde;os,&nbsp;un simple hecho fortuito abre la puerta de un laberinto sin salida. Dave nunca termin&oacute; de escribir su nombre en el cemento, una se&ntilde;al fat&iacute;dica de que siempre ser&iacute;a &ldquo;ese muchacho&rdquo;&nbsp;perseguido por lobos, por vampiros, por criaturas nocturnas, despertando y creyendo que en ocasiones ni siquiera es un ser humano. Subido al asiento trasero de un coche hacia el infierno, cuando Dave mira para atr&aacute;s y ve a sus dos amigos quietos y alej&aacute;ndose, ya no hay remedio posible para ninguno de ellos.&nbsp;Un h&eacute;roe fatal, un ni&ntilde;o eterno, una forma de vivir en la muerte&nbsp;sin que nadie, nunca, haya sido capaz de comprenderlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto, Alicia Avilés Pozo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/mystic-river-clint-eastwood-hombre_132_1925021.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Sep 2018 20:51:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Mystic River’, de Clint Eastwood: a veces un hombre es solo un niño]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Clint Eastwood,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A favor y en contra de 'Captain Fantastic', de Matt Ross]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favor-captain-fantastic-matt-ross_132_1938024.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/24790fbd-4cf0-4318-9d61-6085a91c4d6a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A favor y en contra de &#039;Captain Fantastic&#039;, de Matt Ross"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Se puede educar y vivir al margen del sistema? Dos visiones de una de las películas más controvertidas de los últimos años</p><p class="subtitle">Viggo Mortensen es el capitán protagonista de esta tragicomedia que pone sobre la mesa un conflicto nada desdeñable</p></div><h3 class="article-text">A favor: Una utop&iacute;a del amor</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Interesante es una no-palabra. Est&aacute; prohibido&rdquo;. Este es uno de los reproches que hace Ben Cash (Viggo Mortensen) a su hija Kielyr (Samantha Isler). Est&aacute; montada en un autob&uacute;s junto a sus cinco hermanos con un solo objetivo: salvar a la madre de ser enterrada en un funeral de una religi&oacute;n en la que no cree. La misi&oacute;n es el camino que sigue esta familia tan singular, &uacute;nica si nos atrevemos, que se nos ofrece en un halo di&aacute;fano, una espiral de colores, naturaleza y sonidos de guitarras alrededor del fuego, acompa&ntilde;ados de lecturas y personajes tan variados como Pol Pot o Noam Chosmsky. &ldquo;Stick it to the man&rdquo; es el lema de los m&aacute;s peque&ntilde;os, desobediencia en su educaci&oacute;n, en sus sentimientos y en sus v&iacute;nculos familiares.
    </p><p class="article-text">
        Porque aunque viven completamente alejados del sistema capitalista estadounidense, los Cash tambi&eacute;n se enfrentan a algo que es inevitable: que su &iacute;ntima utop&iacute;a se tope de lleno contra la realidad que los rodea. Vemos a Bo, interpretado por un transparente George MacKay, recibiendo cartas de aceptaci&oacute;n de las universidades m&aacute;s prestigiosas del pa&iacute;s, enamor&aacute;ndose de la primera chica que le regala un beso, gritando a su padre porque&nbsp; le &ldquo;convertido en un friqui&rdquo;. Pero todas estas contradicciones espirituales que ocurren inevitablemente&nbsp; siempre se ven superadas por el amor de una familia que quiere salvar a una madre de verse sepultada por aquello contra lo que luch&oacute;.
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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las convicciones son un elemento crucial en la pel&iacute;cula, que ofrece una cr&iacute;tica a la sociedad estadounidense m&aacute;s all&aacute; del tono sarc&aacute;stico de Mortensen y que se convierte en la base de lo que quiere transmitir &lsquo;Captain Fantastic&rsquo;: que queremos construir un mundo mejor que aquel en el que vivimos, porque ah&iacute; fuera solo vemos personas ignorantes, enganchadas a los videojuegos y que no hacen suficiente deporte y est&aacute;n gordos. Mientras tanto, los seis ni&ntilde;os hablan m&uacute;ltiples idiomas, son pr&aacute;cticamente atletas de &eacute;lite y tienen conocimientos claramente superiores en pol&iacute;tica, ciencias y artes. Pero, &iquest;es suficiente? &iquest;es esto lo que necesita nuestra sociedad?
    </p><p class="article-text">
        El relato deja r&aacute;pidamente clara la respuesta: no. Son fuertes pero tambi&eacute;n d&eacute;biles, porque solamente conocen lo que han creado en su propio mundo, que parece de fantas&iacute;a a pesar de las inclemencias que sufren. Pero el poder del experimento familiar y sociol&oacute;gico que han creado deja su mella en todos, incluso en aquellos que deciden optar por la rebeld&iacute;a y querer vivir en el mundo de los normales. Es el amor el que salva a Ben de la soledad, de la culpa, de la rabia, de la tristeza. Un amor que nace precisamente de la certeza de que no son como los dem&aacute;s, de que su vida tiene un prop&oacute;sito muy claro: la supervivencia, pero nunca solos, siempre juntos.
    </p><p class="article-text">
        El relato no oculta el extremismo y la intolerancia de esta familia, pero esto no los convierte en unos personajes insoportables, sino que incluso les ofrece un car&aacute;cter dulce, ingenuo, incluso rozando la infantilidad. Esto lleva al espectador al quid de la cuesti&oacute;n: desprenderse de lo innecesario y lo superfluo para poder encontrar lo esencial, la fuerza que est&aacute; dentro de nosotros mismos y as&iacute; trabajar por la vida que queremos. No en vano viene la cita de Noam Chomsky, una suerte de Pap&aacute; Noel para los Cash: &ldquo;Si asumimos que hay un instinto por la libertad, entonces habr&aacute; una oportunidad para cambiar las cosas&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Alrededor de una pira funeraria, un gui&ntilde;o a costumbres ancestrales que celebraban y no lloraban la muerte de sus seres queridos, se baila y se canta &lsquo;&ldquo;Sweet Child O&rsquo;Mine&rdquo;, un himno popular que resume perfectamente bien visi&oacute;n paralela de la vida que se retrata en la pel&iacute;cula, de j&oacute;venes prodigiosos que s&oacute;lo quieren ser normales y admitidos por sus semejantes. &ldquo;Mi cara es m&iacute;a, mis manos son m&iacute;as, mi boca es m&iacute;a, pero yo no. Yo soy tuyo&rdquo;, es la declaraci&oacute;n de Ben a su mujer Leslie, que sufre en la pel&iacute;cula de un trastorno que tambi&eacute;n tiene dos partes: el bipolar. La actuaci&oacute;n de Viggo Mortensen no ofrece ning&uacute;n altibajo: funciona como un poderoso pilar y un camino para los m&aacute;s j&oacute;venes: no en vano el mismo actor es sumamente ducho en t&eacute;cnicas de supervivencia, pol&iacute;glota y con reconocidas habilidades en distintas ramas de las artes. &iquest;Qui&eacute;n mejor que &eacute;l para este capit&aacute;n fant&aacute;stico?
    </p><h3 class="article-text">En contra: un precioso error</h3><p class="article-text">
        &lsquo;Captain Fantastic&rsquo; propone una Odisea singular. Nos habla de Ben Cash (Viggo Mortensen) y de sus seis &nbsp;hijos, los cuales se ven obligados a regresar a la civilizaci&oacute;n tras a&ntilde;os cri&aacute;ndose aislados de la sociedad, en los bosques del norte de EEUU. Alejados de cualquier tipo de comodidad consumista, &nbsp;centrados en la lectura incesante de libros y entregados a un programa extremo de entrenamientos que les permite sobrevivir en plena naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        La celebrada producci&oacute;n de Matt Ross es una pel&iacute;cula provocadora y apasionante, que hace gala de un inteligente sentido del humor, pero que cuenta con un &ldquo;precioso error&rdquo; como&nbsp; punto de partida. Y es que no consigue alcanzarnos de lleno, tocar ese territorio mental donde se ubican nuestras fantas&iacute;as sobre los para&iacute;sos perdidos o anhelados. Y eso que al sue&ntilde;o descabellado de nuestro Capit&aacute;n Fant&aacute;stico no le falta atractivo, al menos, en el plano te&oacute;rico. &Eacute;l y, en otros tiempos, tambi&eacute;n su mujer, se propusieron criar a sus v&aacute;stagos como si fuera posible que el hombre volviera a sus or&iacute;genes y, al mismo tiempo, pudiera refugiarse en una especie de Rep&uacute;blica de Plat&oacute;n. Una buena causa que &ldquo;bien vale una misa&rdquo;, pero que en este caso se nos queda a las puertas, en el &nbsp;umbral de una Shangri-La impostada, con cierto postureo y rebeld&iacute;a a corto plazo.
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        Es decir, al romanticismo de la pel&iacute;cula le falta gancho y no tendr&iacute;a la menor importancia si no fuera porque nos plantea una desconexi&oacute;n emp&aacute;tica con el protagonista desde el inicio de su aventura. Algo que puede resultar intrigante en otro tipo de historias, pero que no llega a encajar en una que acaba por tomar ciertos derroteros convencionales y en la que se nos pide cierto nivel de compromiso a la hora &nbsp;entender el viaje emocional y mental que realizan sus personajes.
    </p><p class="article-text">
        Ben es un tipo que &lsquo;reza&rsquo; verdades como pu&ntilde;os, mezcladas con pensamientos delirantes. Es un extremista que se atrinchera en sus hijos, unos &ldquo;reyes fil&oacute;sofos&rdquo;, esclavos eruditos que no saben &ldquo;nada sobre nada&rdquo; (&ldquo;a no ser que haya salido en un puto libro&rdquo;), para esconderse de una sociedad que detesta y a la que no pretende comprender. &nbsp;Pero tambi&eacute;n es un hombre en lucha por construir un mundo mejor, comprometido con unos ideales y unos valores justos, &nbsp;que acaba siendo derrotado por una realidad arrolladora y por un guion que parece acobardarse.
    </p><p class="article-text">
        Existen ciertos &ldquo;resbalones de credibilidad&rdquo; en la narraci&oacute;n (o fantasmadas argumentales innecesarias) que tampoco ayudan demasiado a la pel&iacute;cula, como el hecho de que &lsquo;apenas un hijo&rsquo;, en plena &eacute;poca de descubrir el mundo, se declare en rebeld&iacute;a. Es &nbsp;decir, manifieste abiertamente su rechazo a vivir completamente aislado, ajeno al confort de una sociedad que podr&iacute;a estar llena de atractivos para los j&oacute;venes. O el sospechoso grado de &lsquo;excelencia&rsquo; que se intuye en el m&eacute;todo pedag&oacute;gico integral empleado por el progenitor, &nbsp;donde parece no haber espacio para la falta de motivaci&oacute;n o para los individuos del mont&oacute;n.
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        Sin embargo, la pel&iacute;cula tambi&eacute;n cuenta con momentos memorables, como ese retrovisor vac&iacute;o, colmado de ausencias para un padre que se aleja de sus hijos o el hallazgo narrativo que supone &lsquo;que te echen de tu propio funeral&rsquo;. La interpretaci&oacute;n de Mortensen es poderosa, sutil, tornasolada, y Frank Langella est&aacute; soberbio como el abuelo usurpador, tan cruel como providencial. El humor &nbsp;corrosivo, arrollador, es quiz&aacute;s el principal logro del film.
    </p><p class="article-text">
        Menci&oacute;n aparte merecen sus planteamientos morales y filos&oacute;ficos. Es una pel&iacute;cula que apela directamente a la conciencia del espectador para que tome partido ante temas pol&eacute;micos o para, sencillamente, medir su grado de tolerancia hacia las propuestas de vida anti-sistema, m&aacute;s all&aacute; de la civilizaci&oacute;n capitalista que habitamos. En ese limbo de lo opinable, surgen un buen pu&ntilde;ado de temas controvertidos y arriesgados. Por ejemplo, pone sobre la mesa&nbsp; una necesaria reflexi&oacute;n sobre el sistema educativo m&aacute;s adecuado para que los j&oacute;venes salgan de la cueva y realmente entiendan el mundo que les rodea. Habla tambi&eacute;n de los l&iacute;mites a partir de los cuales se llega al &lsquo;maltrato infantil&rsquo;. Incluso refleja la infelicidad inevitable del disidente, de aquel que sue&ntilde;a con un mundo mejor, pero se permite el lujo de pensar que siempre y, en cualquier caso, &ldquo;el infierno son los otros&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisca Bravo Miranda, Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favor-captain-fantastic-matt-ross_132_1938024.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Sep 2018 17:43:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A favor y en contra de 'Captain Fantastic', de Matt Ross]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[antisistema,Capitalismo,Cine,Películas,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A favor y en contra de ‘El guateque’, de Blake Edwards]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favor-guateque-blake-edwards_132_1959566.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/86868ebb-52a7-416a-bd52-8efdb2d6f33a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A favor y en contra de ‘El guateque’, de Blake Edwards"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dos críticas contrapuestas sobre una de las comedias más admiradas de todos los tiempos: ¿genialidad o simples gags?</p></div><h3 class="article-text">A favor: la comicidad de un genio</h3><p class="article-text">
        &lsquo;El guateque&rsquo;&nbsp;es mucho m&aacute;s que una pel&iacute;cula. Es&nbsp;optimismo en estado puro, alegr&iacute;a de vivir que nace del absurdo, de un universo alocado que se sale de su &oacute;rbita psicod&eacute;lica para anclarse en nuestra memoria, en nuestro Olimpo de pel&iacute;culas imprescindibles. All&iacute;, alterando nuestra percepci&oacute;n del espacio, del tiempo, y del sentido com&uacute;n, ech&oacute; ra&iacute;ces esa casa automatizada de Hollywood, donde sit&uacute;a su acci&oacute;n. Donde tiene lugar una&nbsp;desenfrenada fiesta&nbsp;en la que se lo pasan en grande (o no tanto) camareros borrachos, productores que no soportan a la parienta, bellas italianas de gula insaciable, elefantes coloristas y pollos asados con un punto retoz&oacute;n. Y por supuesto, donde se encuentra el&nbsp;protagonista m&aacute;s divertido de la historia del cine, Hrundi V. Bakshi: el educado, optimista, ceremonioso, pesado, torpe e inocente hind&uacute; interpretado por&nbsp;Peter Sellers. Un pobre diablo que intenta hacerse un hueco como estrella de Hollywood con las maneras de un arma de destrucci&oacute;n masiva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Heredero del humor de los Hermanos Marx y de las pel&iacute;culas que protagonizaron bajo las &oacute;rdenes de Leo McCarey,&nbsp;&lsquo;El guateque&rsquo;, de&nbsp;Blake Edwards, es la esencia del cine. Puro lenguaje visual y gestual.&nbsp;Edwards logra un magistral &lsquo;tempo c&oacute;mico&rsquo; haciendo uso de tomas largas llenas de ocurrencias inesperadas, con gags y di&aacute;logos impresionistas de acento c&iacute;nico. Cada plano, cada secuencia, cada di&aacute;logo est&aacute;n llenos de potencial c&oacute;mico y de una mirada sarc&aacute;stica que dirige hacia el mundo de Hollywood y sus habitantes.
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        Toda la pel&iacute;cula es una sublime tonter&iacute;a, pero resulta tan demoledoramente divertida, que nunca deja de sorprender, aun cuando nos hayamos muerto de la risa, muchas veces, con las torpezas del protagonista. Hay tantos momentos memorables que cuesta resaltar algunos para dejar de lado otros.&nbsp;Es especialmente brillante la secuencia en la que Hrundi se pone a enredar con el cuadro de mandos que dirige la &lsquo;casa inteligente&rsquo;&nbsp;(esa gallina retransmitida a trav&eacute;s del altavoz). O el momento en el que un tenedor, mal hincado, le da alas a un pollo que vuela, de una manera completamente inveros&iacute;mil, hasta lo alto de un mo&ntilde;o. O aquella &lsquo;cruel&rsquo; escena en que Hrundi, apremiado por unas ganas irresistibles de orinar, tiene que guardar las formas, de una manera muy retorcida, mientras la guapa francesa, que le hace ojitos, termina su interpretaci&oacute;n musical.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El humor de&nbsp;&lsquo;El guateque&rsquo;&nbsp;es capaz de poner el mundo patas arriba, de tal manera que, por obra y gracia de otro sortilegio psicod&eacute;lico, Hrundi deja de ser ese patoso de solemnidad que todos creemos ver. Es m&aacute;s bien&nbsp;el universo que le rodea el que parece haberse confabulado contra ese pobre diablo de buenas intenciones. As&iacute;, un tropel de invitados decide ir al cuarto de ba&ntilde;o cuando &eacute;l necesita aliviarse con urgencia; el papel higi&eacute;nico, ante su presencia, cobra vida hasta soltar lastre o su zapato se le escapa y vive mil y una aventuras acu&aacute;ticas que finalizan cuando es servido como un entrem&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La grandeza c&oacute;mica de esta pel&iacute;cula no hubiera sido posible sin la presencia del actor brit&aacute;nico que la protagoniza, Peter Sellers. Se nos hacen inolvidables su&nbsp;actitud complaciente, sus movimientos y gestos de disimulo, pausados, exagerados, conscientes; sus miradas aumentadas por la sorpresa o el bochorno; o su gesto crispado cuando se ve enredado en una situaci&oacute;n inc&oacute;moda.&nbsp;Woody Allen dijo, en una ocasi&oacute;n, que Peter Sellers pose&iacute;a &ldquo;la comicidad de un genio&rdquo;. Y no podemos estar m&aacute;s de acuerdo porque el actor cuenta con una capacidad, inexplorada por otros actores, de adentrarse en un sinf&iacute;n de papeles. Lo hace de la mano, principalmente, de su prodigiosa habilidad para imitar acentos, pero tambi&eacute;n para&nbsp;perderse, f&iacute;sicamente, en la piel de una multitud de personajes par&oacute;dicos o inventados. Como siempre, Sellers tiene la capacidad de extraer una interpretaci&oacute;n imposible e inesperada de cualquier virtuoso de la torpeza, de cualquier hijo del disparate.
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        M&aacute;s de una vez hemos acudido a la fiesta de Blake Edwards para alejarnos de nosotros mismos y del mundanal ruido. M&aacute;s de una vez hemos so&ntilde;ado con vivir, para siempre, en ese&nbsp;eterno estado de jolgorio, tan simpl&oacute;n, pero tan creativo y lleno de vida. Es lo m&aacute;s parecido que hemos encontrado al para&iacute;so en la tierra. Un territorio donde la risa que te invade es tan irracional, tan pura y absurda, que no s&oacute;lo nos distingue de los animales, como nos dir&iacute;a Hrundi, sino mejor a&uacute;n, de los tristes mortales.
    </p><h3 class="article-text">En contra: plastificada sucesi&oacute;n de gags</h3><p class="article-text">
        &nbsp;No vamos a decir que&nbsp;&lsquo;El guateque&rsquo;&nbsp;no tenga su gracia. Es m&aacute;s, posee un componente de humor sesentero que hasta podr&iacute;amos calificar de&nbsp;&lsquo;fashion&rsquo;, con ese&nbsp;toque de culto pict&oacute;rico con el que Blake Edwards supo plastificar la mayor&iacute;a de sus pel&iacute;culas. Sabemos que hoy en d&iacute;a es muy dif&iacute;cil encontrar comedias de este tipo, dotadas de elegancia en forma y fondo. El sentido de la risa cambia junto con las generaciones y actualmente es lo irrisorio, lo pol&iacute;ticamente incorrecto y lo bestia lo que m&aacute;s hace desternillarse a las grandes masas, entre las que nos incluimos. Pero por aquello de la exclusividad, solo en este plano, el de la sofisticaci&oacute;n, destacamos la contribuci&oacute;n de esta pel&iacute;cula a la historia del cine.
    </p><p class="article-text">
        Mas all&aacute; poco hay. Se trata de&nbsp;una sucesi&oacute;n de gags que recaen, hasta bien entrado el final, en el personaje principal&nbsp;de Hrundi V. Bakshi, actor hind&uacute; que acude a una fiesta por error, encarnado por el fant&aacute;stico Peter Sellers, fetiche del cineasta, cuya capa facial de bet&uacute;n no podemos dejar de apreciar todo el rato sin que todav&iacute;a comprendamos a cuento de qu&eacute; tal caracterizaci&oacute;n. El caso es que a su chepa arrastra durante la pel&iacute;cula todas las surrealistas situaciones que &eacute;l mismo provoca o le vienen dadas, desde que cruza la puerta del piso hasta la gran bacanal espumosa de su desenlace. Son como&nbsp;peque&ntilde;os cortometrajes que bien podr&iacute;an ser independientes,&nbsp;y que no necesitan de una trama argumental ni para comprenderlos ni para justificarlos.
    </p><p class="article-text">
        Es decir, no captamos ning&uacute;n trabajo especial en el guion, y eso es algo que nos cuesta perdonar en las comedias, tras habernos&nbsp;entrenado durante a&ntilde;os con los cl&aacute;sicos de Billy Wilder y Howard Hawks, con personajes ensartados entre di&aacute;logos alocados, agudos y absolutamente perfectos. Por eso todav&iacute;a nos cuesta tambi&eacute;n comprender que fueran tres los guionistas del filme.
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        Es muy curioso que, precisamente, los miles de admiradores de&nbsp;&lsquo;El guateque&rsquo;&nbsp;vean este argumento como algo positivo, por aquello de regresar a la&nbsp;esencia muda de los primeros constructores del&nbsp;&lsquo;sketch&rsquo;&nbsp;cinematogr&aacute;fico:&nbsp;Charlot,&nbsp;Harold Lloyd&nbsp;o&nbsp;Buster Keaton. No es nuestro caso. Estos cumplieron el papel que les tocaba en su &eacute;poca, y si se les homenajea resulta anacr&oacute;nico hacerlo en color y a golpe de las retro-partituras de Henry Mancini. La mezcla al final queda algo friqui: parodias del&nbsp;&lsquo;slapstick&rsquo;&nbsp;mezcladas con pausad&iacute;simas y lent&iacute;simas escenas de &ldquo;situaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Siempre que nos detenemos entre las secuencias ya antol&oacute;gicas de esta pel&iacute;cula, como la entrada al apartamento a trav&eacute;s de la peque&ntilde;a piscina, el camarero cada vez m&aacute;s borracho, el caos en el cuarto de ba&ntilde;o o el barullo final,&nbsp;no pasamos de la media sonrisa. Y no es que solo nos guste que fuercen m&aacute;s nuestra m&aacute;quina de re&iacute;r, es que llega un momento en el que el intruso, el no invitado,&nbsp;nos cae hasta un poco gordo en su&nbsp;pavi-sosez&nbsp;aunque le perdonemos gracias a la m&iacute;mica de un Sellers&nbsp;al que no podemos dejar de recordar en la multipolaridad de&nbsp;&lsquo;&iquest;Tel&eacute;fono rojo? Volamos hacia Mosc&uacute;&rsquo;&nbsp;o en su torpeza, mucho m&aacute;s ind&oacute;mita, como el inspector Clouseau de las cinco entregas cinematogr&aacute;ficas de&nbsp;&lsquo;La pantera rosa&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Blake Edwards falleci&oacute;, &lsquo;El guateque&rsquo;&nbsp;fue una de las pel&iacute;culas m&aacute;s repuestas en televisi&oacute;n para homenajearlo y recordarlo. Tampoco es extra&ntilde;o, porque se trata de puro entretenimiento, sin m&aacute;s. Pero&nbsp;bizqueamos un poco ante la falta de proyecci&oacute;n, salvo contadas excepciones como la maravillosa&nbsp;&lsquo;Desayuno con diamantes&rsquo;, de sus mejores tragicomedias como&nbsp;&lsquo;D&iacute;as de vino y rosas&rsquo;,&nbsp;&lsquo;Operaci&oacute;n Pac&iacute;fico&rsquo;&nbsp;o&nbsp;&lsquo;La carrera del siglo&rsquo;. Pero en fin, una fiesta es siempre mucho m&aacute;s atrayente, m&aacute;s visual, menos complicada. Mejor dejar los dilemas morales de otras pel&iacute;culas para cuando vengan buenos tiempos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto, Alicia Avilés Pozo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favor-guateque-blake-edwards_132_1959566.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Sep 2018 08:35:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A favor y en contra de ‘El guateque’, de Blake Edwards]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Comedia,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Jurassic World. El reino caído’, de J. A. Bayona: superproducción de autor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/jurassic-world-bayona-superproduccion-deautor_132_1976387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4cddcf26-2410-4aed-968a-28f0a9b36552_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Jurassic World. El reino caído’, de J. A. Bayona: superproducción de autor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El cineasta español enciende la mecha de un interesante dilema moral que tiene mucho de provocación</p><p class="subtitle">Se aventura en la saga con el máximo respeto hacia Steven Spielberg, pero dejando una enorme huella de su propia  personalidad cinematográfica</p></div><p class="article-text">
        Bayona es un cineasta con los arrestos suficientes como para tomar riesgos en plena superproducci&oacute;n. Sabe c&oacute;mo detonar el factor sorpresa entre las gentes que sienten haberlo visto todo desde sus butacas y como realizador, tiene un talento formidable. Es capaz de &lsquo;darle la vuelta&rsquo; a un volc&aacute;n, con furia de apocalipsis, y convertirlo en un inmenso reloj de arena que inicia su particular cuenta atr&aacute;s. Toda una pel&iacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        El volc&aacute;n entra en erupci&oacute;n en la Isla Nublar, aquel parque de atracciones tem&aacute;tico donde campaban a sus anchas formidables especies de dinosaurio en la pasada entrega de &lsquo;Jurassic World&rsquo; (2015). Con ello, enciende la mecha de un interesante dilema moral que tiene mucho de provocaci&oacute;n. Es el punto de partida de la pel&iacute;cula. El Dr. Ian Malcolm (Jeff Goldblum), el brillante pelmazo que recordaba hace 21 a&ntilde;os la Teor&iacute;a del Caos, lo pone encima de la mesa en su regreso a la saga: &ldquo;&iquest;Ser&aacute;n el hombre y la mujer capaz de dejar que la naturaleza siga su curso para corregir la alteraci&oacute;n que le permiti&oacute; &nbsp;transformarla para siempre?&rdquo; O lo que es lo mismo, &iquest;est&aacute; preparada la humanidad para rescatar a los dinosaurios de los efectos devastadores del volc&aacute;n que arrasar&aacute; la Isla Nublar? Porque aquellas especies pret&eacute;ritas que hab&iacute;an dado un salto abismal en el tiempo gracias a la tecnolog&iacute;a gen&eacute;tica tienen, en la pel&iacute;cula, los d&iacute;as contados. Y Claire Dearing (Bryce Dallas Howard), la doctora que dirig&iacute;a con mano de hierro el parque de atracciones, acaba pidi&eacute;ndole ayuda a Owen Grady (Chris Pratt), el cuidador estrella de dinosaurios, para participar en una misi&oacute;n de rescate que cuenta con un curioso patrocinador. Un multimillonario con nostalgia de so&ntilde;ador (James Cromwell, magn&iacute;fico en el papel).
    </p><p class="article-text">
        J.A. Bayona se aventura en la saga, como &eacute;l mismo ha manifestado, con el m&aacute;ximo respeto hacia Steven Spielberg, el art&iacute;fice y creador de la misma, pero dejando una enorme huella de su propia&nbsp; personalidad cinematogr&aacute;fica. El &lsquo;blockbuster&rsquo; del verano es una impecable producci&oacute;n llena de ritmo, con los toques precisos de humor inteligente y en la que &nbsp;se abre una falla para distanciar dos partes claramente diferentes en la pel&iacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, el espectador toma asiento y se lanza hacia la primera mitad del metraje para disfrutar de unas &nbsp;secuencias trepidantes, muy bien narradas, visualmente arrolladoras. El avance de la lava por toda la isla, que inicia una implacable persecuci&oacute;n de las criaturas prehist&oacute;ricas y de los humanos que quieren cazarlas, se convierte en un fascinante juego de im&aacute;genes amenazadoras. Son escenas de acci&oacute;n vibrante que solamente encuentran un l&iacute;mite ante una particular estampa. Y es que la pel&iacute;cula toma aire gracias a una estremecedora secuencia que funciona como una especie de &lsquo;fundido sostenido&rsquo;. En &eacute;l se recorta la silueta de un braquiosaurio (aquel majestuoso dinosaurio de cuello largo) apenas visible por el humo y el caos que hay a su alrededor. Sucede entonces una imagen po&eacute;tica, triste y de enorme belleza que ya forma parte del imaginario colectivo de los fans de la saga.
    </p><h3 class="article-text">Un cambio de registro</h3><p class="article-text">
        El escenario queda listo para dar paso a la segunda parte donde la pel&iacute;cula cambia radicalmente de registro y, en algunos momentos, tambi&eacute;n, parece ofrecer signos de agotamiento. Es el cap&iacute;tulo donde el espectador comprende, hasta las &uacute;ltimas consecuencias, el lado oscuro con mensaje comprometido que puede llegar a encerrar &lsquo;Jurassic World&rsquo;. Aparece el villano que mejor da en c&aacute;mara en nuestros tiempos, la codicia desmedida, y adem&aacute;s, encontramos buenas interpretaciones como la del inquietante Toby Jones. Reserva tambi&eacute;n cierto hechizo porque a estas alturas del metraje llegamos a disfrutar de im&aacute;genes melanc&oacute;licas que cuentan con el poder de invocar a cierto terror m&aacute;gico de otros tiempos, de otros relatos.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula es un espect&aacute;culo muy completo, aunque si hay que ponerle un pero, dir&iacute;amos que el romance se nos queda demasiado corto. Aunque cuando se deja ver lo hace con cierta clase. Aquella que recuerda, de alg&uacute;n remoto modo, los mejores tiempos de las comedias basadas en las guerras de sexo. Ah&iacute; est&aacute; la despedida, con retranca viperina, que se marca Owen para dejar sin palabras a Claire: &ldquo;Si no logro volver, recuerda, t&uacute; me hiciste venir&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/jurassic-world-bayona-superproduccion-deautor_132_1976387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Aug 2018 09:31:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Jurassic World. El reino caído’, de J. A. Bayona: superproducción de autor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[ ‘La noche del cazador’, de Charles Laughton: en lo más profundo del miedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/cazador-charles-laughton-profundo-delmiedo_132_2033661.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb1ed802-61a1-4760-bd0b-37eb95456a32_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=" ‘La noche del cazador’, de Charles Laughton: en lo más profundo del miedo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Rendimos homenaje a este cuento de terror, que fue la única película que dirigió el actor británico</p><p class="subtitle">Protagonizada por Robert Mitchum, Shelley Winters y Lillian Gish, es una historia única en su género y totalmente perturbadora</p></div><h3 class="article-text">El meollo</h3><p class="article-text">
        Un predicador recorre en su coche varios pueblos sure&ntilde;os de Estados Unidos. Tiene una curiosa conversaci&oacute;n con dios, mediante la cual descubrimos desde el minuto uno que&nbsp;los caminos del Se&ntilde;or que ha elegido esta sombr&iacute;a figura desembocan en el asesinato de viudas inocentes. Se trata del inmenso y aterrador Harry Powell (Robert Mitchum) uno de los personajes m&aacute;s siniestros de la historia del cine de terror, quien acaba coincidiendo en la c&aacute;rcel con Ben Harper, un hombre a punto de ser ahorcado que, hablando en sue&ntilde;os, da a conocer a Powell que&nbsp;su &uacute;ltimo bot&iacute;n est&aacute; escondido en alguna parte. La decisi&oacute;n del predicador al salir de la penitenciar&iacute;a es acercarse entonces a la familia del ajusticiado,&nbsp;casarse con la viuda y hacerse cargo de sus dos hijos, los verdaderos portadores del secreto.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; comienza&nbsp;&lsquo;La noche del cazador&rsquo;, uno de los cuentos de terror m&aacute;s escalofriantes de la historia del cine, todo un&nbsp;prodigio de simbolog&iacute;a de terrores infantiles, direcci&oacute;n fotogr&aacute;fica y ritmo narrativo que ha necesitado de muchos a&ntilde;os para ocupar el lugar que merece entre los cl&aacute;sicos del s&eacute;ptimo arte. Plagada de mensajes y con un guion inspirado en un texto original de David Grubb, el guionista James Agee convirti&oacute; la historia en&nbsp;una alegor&iacute;a de la maldad absoluta y psicop&aacute;tica, enfrentando ambos elementos a la inocencia y al hero&iacute;smo infantil, con claras influencias del expresionismo alem&aacute;n. Un&nbsp;cuento de ni&ntilde;os que no es para ni&ntilde;os, y que hoy pervive por todas las innovaciones m&aacute;gicas que la original c&aacute;mara de Laughton aport&oacute; en una d&eacute;cada devorada por el cine negro.
    </p><h3 class="article-text">Detr&aacute;s de las c&aacute;maras</h3><p class="article-text">
        Se trata de una de las carreras m&aacute;s desconcertantes de la historia del cine.&nbsp;&lsquo;La noche del cazador&rsquo;&nbsp;fue la &uacute;nica pel&iacute;cula que dirigi&oacute; el actor brit&aacute;nico Charles Laughton. Ante todo fue int&eacute;rprete apasionado del teatro, profesi&oacute;n por la que se decant&oacute; tras combatir en la Primera Guerra Mundial, de la que regres&oacute; con una lesi&oacute;n en la tr&aacute;quea que siempre lo distinguir&iacute;a por la&nbsp;nasalidad de su voz. Esta circunstancia, unida a su peculiar f&iacute;sico de hombre&nbsp;orondo e imponente&nbsp;consigui&oacute; romper los clich&eacute;s del &ldquo;bello&rdquo; Hollywood y hacerse un hueco como actor. Pero solo en parte. La mayor&iacute;a de sus roles y personajes ten&iacute;an mucho que ver con la parte desagradable y torcida de los guiones, como sucedi&oacute; en&nbsp;&lsquo;Piccadilly&rsquo;&nbsp;(1928). Por eso&nbsp;siempre prefiri&oacute; el teatro, donde comparti&oacute; grandiosas giras con su mujer Elsa Lanchester. A ambos les report&oacute; cierto reconocimiento y consiguieron papeles de renombre en el s&eacute;ptimo arte. En el caso de Laughton, por ejemplo, en&nbsp;&lsquo;El caser&oacute;n de las sombras&rsquo;&nbsp;(1932) y ese mismo a&ntilde;o en&nbsp;&lsquo;El signo de la cruz&rsquo;, interpretando a Ner&oacute;n en la hist&oacute;rica pel&iacute;cula de Cecil B. De Mille. Dio con un fil&oacute;n, y comenzar&iacute;a a&nbsp;interpretar a reyes y emperadores, desagradables, s&iacute;, pero muy atrayentes para el espectador, como fue el caso de&nbsp;&lsquo;La vida privada de Enrique VIII&rsquo;&nbsp;(1933), por la que&nbsp;obtuvo un Oscar.
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        Lleg&oacute; a ser muy conocido pero desde mediados de los a&ntilde;os cincuenta comenz&oacute; a concentrarse de nuevo en el mundo teatral, donde &ldquo;el actor era m&aacute;s libre&rdquo;. Antes de ello, decidi&oacute; dar el&nbsp;salto en la direcci&oacute;n de la que ser&iacute;a su &uacute;nica pel&iacute;cula.&nbsp;La noche del cazador&nbsp;fue&nbsp;un proyecto dif&iacute;cilante el que no se amilan&oacute; y sobre el que verti&oacute; una t&eacute;cnica de claroscuros realmente fascinantes. Su fracaso en taquilla, no obstante, fue suficiente&nbsp;para que no volviera a coger una c&aacute;mara. Compagin&oacute; el teatro con algunas apariciones en la gran pantalla como en&nbsp;&lsquo;Testigo de cargo&rsquo; (1957) de Billy Wilder o&nbsp;&lsquo;Espartaco&rsquo;&nbsp;(1960), de Stanley Kubrick. Laughton muri&oacute; de c&aacute;ncer en 1962 sin poder interpretar a Moustache en&nbsp;&lsquo;Irma la dulce&rsquo;, de nuevo con Billy Wilder, un papel que el cineasta siempre hab&iacute;a querido para este actor de m&eacute;todo, trabajador incansable hasta el final de sus d&iacute;as.
    </p><h3 class="article-text">Robert Mitchum</h3><p class="article-text">
        Ten&iacute;a un rostro de roca y&nbsp;unos ojos que se le quedaban medio dormidos. Un atractivo aspecto de hombre duro que no le impidi&oacute; encarnar a los tipos humanos m&aacute;s variados, preferiblemente c&iacute;nicos de solemnidad. Mitchum&nbsp;transit&oacute; por toda clase de almas, de h&eacute;roes, de tipos cotidianos y de pobres diablos. Fue un detective que busca la redenci&oacute;n de una nueva vida en una gasolinera y con una buena chica (&lsquo;Retorno al pasado&rsquo;, de Jacques Tourneur); fue un padre mujeriego y terrateniente desalmado (&lsquo;Con &eacute;l lleg&oacute; el esc&aacute;ndalo&rsquo;,&nbsp;de&nbsp;Vincente Minelli), un soldado atrapado en una isla junto a una bella monja y con un pu&ntilde;ado de nipones merodeando por los alrededores (&lsquo;Solo dios lo sabe&rsquo;, de&nbsp;John Huston). Tambi&eacute;n un&nbsp;soberbio sheriff borracho que se mantiene en pie gracias a una estoica dignidad&nbsp;y a la extra&ntilde;a qu&iacute;mica que mantiene con un pistolero guas&oacute;n (&lsquo;El Dorado&rsquo;,&nbsp;de&nbsp;Howard Hawks).
    </p><p class="article-text">
        Su talento innato sorprendi&oacute; en 1953 en el noir&nbsp;&lsquo;Cara de &aacute;ngel&rsquo;, donde dio r&eacute;plica a una &lsquo;femme fatale&rsquo; con la mente compleja y el rostro ani&ntilde;ado de Jean Simmons. Disfrut&oacute; de las mieles de &eacute;xitos de taquilla con compa&ntilde;eras de reparto legendarias,&nbsp;como Marilyn Monroe, en&nbsp;&lsquo;R&iacute;o sin retorno&rsquo;&nbsp;(Otto Preminger, 1954) y supo desenvolverse con desparpajo en comedias como&nbsp;&lsquo;Una p&aacute;gina en blanco&rsquo;&nbsp;(Stanley Donen, 1960),&nbsp;sin dejarse intimidar por &lsquo;monstruos cinematogr&aacute;ficos&rsquo;&nbsp;que dominaban el medio como Cary Grant. Son muchos los t&iacute;tulos inolvidables donde resulta memorable reencontrarse con el actor. Sin embargo, hay dos papeles esenciales en su filmograf&iacute;a: el perverso reverendo de&nbsp;&lsquo;La noche del cazador&rsquo;&nbsp;y, en las ant&iacute;podas, el sereno, melanc&oacute;lico, paciente y leal marido de&nbsp;&lsquo;La hija de Ryan&nbsp;(David Lean, 1970).
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                </figure><p class="article-text">
        Robert Mitchum tuvo una infancia triste y complicada,&nbsp;fue un adolescente bravuc&oacute;n y se hizo hombre en la Gran Depresi&oacute;n, cuando decidi&oacute; recorrer el gran mundo para ganarse la vida con cualquier oficio que se topase en su camino. En el cine, comenz&oacute; como extra, se hizo con&nbsp;un mont&oacute;n de secundarios y acab&oacute; convirti&eacute;ndose en una estrella m&aacute;s o menos aprovechada. Fue un tipo que vivi&oacute; al margen de las convenciones (&ldquo;Todo lo que se ha escrito sobre m&iacute; es verdad: el alcohol, las peleas, las mujeres&hellip; todo es verdad&rdquo;), que parec&iacute;a no tomarse en serio aquello de la interpretaci&oacute;n (&ldquo;El m&eacute;todo que sigue Rin Tin Tin es suficientemente bueno para m&iacute;. &Eacute;l nunca se preocupa de la motivaci&oacute;n, de los conceptos y de toda esa basura&rdquo;). Y sin embargo,&nbsp;fue uno de los actores m&aacute;s impresionantes de la historia del cine. Buena parte de nuestros recuerdos cin&eacute;filos (muchos, intensos, emocionantes, apasionados) se han quedado con su cara. Sobria, fr&iacute;a, algo guasona, atormentada a ratos y poderosamente inteligente.
    </p><h3 class="article-text">Lillian Gish</h3><p class="article-text">
        &ldquo;No solo es&nbsp;la mejor en su profesi&oacute;n, sino que tiene la mente m&aacute;s despierta de todas las personas que he conocido&rdquo;. Con este apasionado alegato art&iacute;stico y vital a su favor, defini&oacute; D.W.Griffith a su musa y protegida, Lillian Gish. Sin embargo, no fue su astucia, sino su&nbsp;aspecto espiritual, de muchacha et&eacute;rea, a punto de quebrarse, lo que despert&oacute; la curiosidad de los primeros cineastas que decidieron trabajar ella. Griffith la encumbr&oacute; en los albores del S&eacute;ptimo Arte y, juntos trabajaron en 48 pel&iacute;culas, entre las que se encuentran la pol&eacute;mica&nbsp;&lsquo;El nacimiento de una naci&oacute;n&rsquo;; la grandiosa&nbsp;&lsquo;Intolerancia&rsquo;&nbsp;y&nbsp;&lsquo;Lirios rotos&rsquo;. Tres cap&iacute;tulos, impulsos vitales, que&nbsp;transformaron el cine. La actriz ya hab&iacute;a demostrado su profunda capacidad para sumergirse y abrazar a los personajes que ca&iacute;an en sus manos, en especial, los de poderosa carga dram&aacute;tica.&nbsp;A mediados de los a&ntilde;os 20, Lillian Gish decidi&oacute;&nbsp;labrarse su propio porvenir, alejada de su padre art&iacute;stico. Fue contratada por la Metro Goldwyn Mayer y comenz&oacute; una etapa de esplendor aunque menos prol&iacute;fica que los primeros a&ntilde;os de su carrera.
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        Trabaj&oacute; en t&iacute;tulos como&nbsp;&lsquo;La hermana blanca&rsquo;&nbsp;(1923),&nbsp;&lsquo;Romola&rsquo;&nbsp; (1924) y, sobre todo, en la soberbia&nbsp;&lsquo;El viento&rsquo;, del realizador sueco Victor Sj&ouml;strom, donde encarnaba a&nbsp;una joven asediada por pretendientes,&nbsp; un familiar que la detestaba y por una naturaleza arrolladora, un viento destructor. En 1946, alejada del cine mudo, Gish comenz&oacute; la segunda parte de su carrera al interpretar a la se&ntilde;ora McCanles en la fascinante&nbsp;&lsquo;Duelo al sol&rsquo;&nbsp;(King Vidor), un personaje secundario que dej&oacute; huella. Ella&nbsp;era un oasis, un remanso de paz en medio de una tormenta desatada de seducci&oacute;n y destrucci&oacute;n. Otro de los t&iacute;tulos memorables de su filmograf&iacute;a ser&iacute;a el personaje de Rachel Cooper en&nbsp;&lsquo;La noche del cazador&rsquo;&nbsp;(1955) donde fue&nbsp;una en&eacute;rgica, vital y severa anciana que mantiene a duras penas una granja y a un buen pu&ntilde;ado de ni&ntilde;os abandonados que la han adoptado como madre por su gran coraz&oacute;n. Con 93 a&ntilde;os dej&oacute; otra interpretaci&oacute;n inolvidable en&nbsp;&lsquo;Las ballenas de agosto&rsquo;&nbsp;(1987), junto a otra gran dama del S&eacute;ptimo Arte, Bette Davis. Unos a&ntilde;os antes, al fin, la actriz recibi&oacute;&nbsp;un Oscar honor&iacute;fico&nbsp;por toda su carrera, pero tambi&eacute;n &ldquo;por su contribuci&oacute;n a la historia del cine&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Shelley Winters</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Siempre me ha tocado interpretar el papel de v&iacute;ctima. Montgomery Clift me mataba en&nbsp;&lsquo;Un lugar en el sol&rsquo;; Robert Mitchum en&nbsp;&lsquo;La noche del cazador&rsquo;. Es el tr&aacute;gico desenlace que se produce en muchas de mis pel&iacute;culas&rdquo;. Shelley Winters aceptaba el destino desdichado de muchos de sus personajes con retranca ir&oacute;nica. Al fin y al cabo, demostr&oacute; tener una gran inteligencia a la hora de llevar su carrera&nbsp;eligiendo papeles que, aunque m&aacute;rtires, le permit&iacute;an mostrar su formidable talento&nbsp;y, ya de paso, evitar aquellos personajes m&aacute;s complacientes que la hubieran convertido en una celebridad fugaz. Sin embargo, en los or&iacute;genes de su trayectoria,&nbsp; fueron las &ldquo;mujeres fatales&rdquo; las que salieron a su encuentro en pel&iacute;culas como&nbsp;&lsquo;Aves de rapi&ntilde;a&rsquo;&nbsp;(Larceny, 1948);&nbsp;&lsquo;La ciudad desnuda&rsquo;&nbsp;(Anthony Mann) y&nbsp;&lsquo;Una vida marcada&rsquo;, tambi&eacute;n de 1948 y de Robert Siodmak. Tras algunos t&iacute;tulos en los que demostr&oacute; su vis c&oacute;mica y tras su incursi&oacute;n en el western (en un cl&aacute;sico fabuloso como&nbsp;&lsquo;Winchester 73&rsquo;, de Anthony Mann), Winters tuvo la&nbsp;oportunidad de convertirse en una actriz singular, un&aacute;nimemente aplaudida.
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        En&nbsp;&lsquo;Un lugar en el sol&rsquo;&nbsp;(George Stevens, 1951), encarn&oacute; a una humilde muchacha,&nbsp;gris y taciturna, que resulta un &lsquo;estorbo angustioso&rsquo; para un advenedizo Monty Clift&nbsp;fascinado por la belleza de una rica heredera (Liz Taylor). En 1955 protagoniz&oacute;&nbsp;&lsquo;Mambo&rsquo;, una coproducci&oacute;n mediocre que pas&oacute; sin pena ni gloria, pero que le permiti&oacute; compartir&nbsp;cartel con Vittorio Gassman, su marido y con quien vivi&oacute; una atormentada y emocionante relaci&oacute;n pasional. Despu&eacute;s llegar&iacute;a la obra maestra&nbsp;&lsquo;La noche del cazador&rsquo;, donde se meti&oacute; en la piel de una&nbsp;viuda inocentona&nbsp;que acaba siendo asesinada por el mism&iacute;simo demonio, un perverso predicador. Tras esta muerte, Winters estuvo m&aacute;s viva que nunca sobre las tablas donde consolid&oacute; su prestigio como actriz. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s regres&oacute; al cine para bordar varios papeles.
    </p><p class="article-text">
        Estuvo soberbia como la ordinaria y nerviosa&nbsp;Petronella van Daan&nbsp;que dificulta hasta extremos intolerables la convivencia de las familias ocultas en el refugio-zulo de Ana Frank (George Stevens,&nbsp;&lsquo;El diario de Ana Frank&rsquo;). Y por ello, la Academia le entreg&oacute; un Oscar a la mejor interpretaci&oacute;n secundaria. M&aacute;s espectacular a&uacute;n result&oacute; su trabajo en&nbsp;&lsquo;Lolita&rsquo;, donde daba vida a la madre de la n&iacute;nfula de Kubrick / Nabokov. Y a una buena mujer con pretensiones demasiado necesitada de cari&ntilde;o. Una presencia entra&ntilde;able y estremecedora, aunque parlanchina, pat&eacute;tica e insufrible para el culto ped&oacute;filo Humbert Humbert. Un obst&aacute;culo, una vez m&aacute;s, para los planes de sus personajes antagonistas. Despu&eacute;s, recorrer&iacute;a con su talento otros t&iacute;tulos como la comedia&nbsp;&lsquo;Buona sera, Mrs. Campbell&rsquo;&nbsp;(1968) o la ins&oacute;lita&nbsp;&lsquo;Mam&aacute; sangrienta&rsquo;&nbsp;(1970), de Roger Corman, donde&nbsp;Winters da un giro de tim&oacute;n para entregarse, en cuerpo y alma, a una vida de crimen&nbsp;y delincuencia junto a sus hijos g&aacute;nsters.
    </p><h3 class="article-text">Contrapicado</h3><p class="article-text">
        &lsquo;La noche del cazador&rsquo;&nbsp;baja&nbsp;a lo m&aacute;s profundo de nuestros miedos, a ese territorio inh&oacute;spito donde el terror no tiene explicaci&oacute;n alguna, pero lo oscurece todo y envilece el alma. Es una pel&iacute;cula que&nbsp;nos asombra con la belleza de sus im&aacute;genes, con su est&eacute;tica (a ratos expresionista, a ratos g&oacute;tica, siempre on&iacute;rica)&nbsp; y nos aterra porque tiene mucho de cuento retorcido. Todo en ella tiene un aire extra&ntilde;o. Habitan en sus im&aacute;genes unos ni&ntilde;os, hermanos, que son&nbsp;esclavos de una promesa perversa, una losa. Les persigue un coco, un ogro implacable, pero tambi&eacute;n p&iacute;caro y de mal vivir. Un&nbsp;predicador obsesionado con el dinero y atormentado por el deseo, que asume como una demencial cruzada atrapar a unos ni&ntilde;os. Unos peque&ntilde;os que fueron sus hijos y se atrevieron a desafiarle. Un personaje de villano, en definitiva, tremendamente original.
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        En definitiva, Charles Laughton cre&oacute; una pel&iacute;cula que&nbsp;se hace inesperada incluso para el que la revisita una y otra vez.&nbsp; Y es que pocos cineastas han sabido inventar en im&aacute;genes una historia de lucha entre el bien y el mal con un poder visual tan poderoso y una atm&oacute;sfera tan hechicera. No hay m&aacute;s que dejarse llevar por los momentos memorables de la pel&iacute;cula. Ah&iacute; est&aacute;&nbsp;&nbsp;la &lsquo;aparici&oacute;n&rsquo;&nbsp; de Shelley Winters, asesinada y atrapada debajo del r&iacute;o; con el pelo meci&eacute;ndose por la corriente del agua. O la secuencia del predicador &lsquo;ajusticiando&rsquo; a su esposa en una habitaci&oacute;n expresionista,&nbsp;en sus luces y sombras, y cuya arquitectura &ldquo;g&oacute;tica&rdquo; parece perder el equilibrio&nbsp;(fant&aacute;stica fotograf&iacute;a de Stanley Cortez). Pero sobre todo, es inolvidable la&nbsp;imagen del viaje de los ni&ntilde;os por el r&iacute;o con su prisma de tela de ara&ntilde;a&nbsp;que se perpet&uacute;a en las aguas cristalinas;&nbsp; con el punto de vista de una rana silencios. Mecidos los hermanos y con ellos, los espectadores, por una maternal nana infantil.
    </p><h3 class="article-text">Picado</h3><p class="article-text">
        No sabemos todav&iacute;a si es un punto a favor o en contra, pero todo el relato de la pel&iacute;cula est&aacute; configurando en torno a&nbsp;un guion por momentos muy ingenuo. Frases cortas, sentenciosas, personajes que se comportan de manera llana y muy polarizada entre el bien y el mal,&nbsp;sin apenas matices ni dudas. En un determinado momento llega incluso a parecer que&nbsp;se trate realmente de una historia para ni&ntilde;os, si no resultara tan terror&iacute;fica&nbsp;y no escondiera tanta mitolog&iacute;a y simbolismo, como hemos mencionado.
    </p><p class="article-text">
        Por eso tambi&eacute;n sospechamos que se trata de algo totalmente voluntario. Que busca&nbsp;generarnos una suerte de regresi&oacute;n a la infancia&nbsp;para ponerlos en la piel de los dos ni&ntilde;os, de sus mentes limpias y de su capacidad para vencer al miedo, al hombre del saco, al demonio, a todos los esp&iacute;ritus mal&eacute;ficos y monstruos escondidos debajo de la cama. Para convertirnos, casi sin darnos cuenta,&nbsp;en la pieza cazada durante la noche m&aacute;s oscura&nbsp;jam&aacute;s conocida.
    </p><h3 class="article-text">Simbiosis sonora</h3><p class="article-text">
        La m&uacute;sica juega al final de la pel&iacute;cula un papel absolutamente fascinante. Se repite&nbsp;por boca del predicador&nbsp;durante varias partes del relato la&nbsp;canci&oacute;n&nbsp;&lsquo;Leaning on the Everlasting Arms&rsquo;, un himno religioso de finales del siglo XIX que ha sido despu&eacute;s utilizado en otros tantos filmes, siendo una de las versiones m&aacute;s conocidas la que interpreta la cantautora Iris Dement en el western de los hermanos Coen&nbsp;&lsquo;Valor de ley&rsquo;. En el caso de&nbsp;&lsquo;La noche del cazador&rsquo;, puesta en boca del personaje de Robert Mitchum,&nbsp;la canci&oacute;n se transforma casi en una nana diab&oacute;lica&nbsp;hasta que viene a rescatarla de los infiernos la maravillosa Lilian Gish, que la entona con &eacute;l en una de las&nbsp;secuencias m&aacute;s inquietantes de la pel&iacute;cula.
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        El resto de la banda sonora pertenece a las piezas instrumentales del compositor estadounidense Walter Schumann, especialmente brillante cuando acompa&ntilde;a a la huida de los ni&ntilde;os por el r&iacute;o con esa canci&oacute;n-cuento llamada&nbsp;Pearls&rsquo; Dream, que se ajusta&nbsp;a la imaginer&iacute;a on&iacute;rica de los animales&nbsp;y que fusiona la noche, el terror y la canci&oacute;n de cuna.
    </p><h3 class="article-text">Ojo al dato</h3><p class="article-text">
        Ni el p&uacute;blico ni la cr&iacute;tica dijo gran cosa de&nbsp;&lsquo;La noche del cazador&rsquo;&nbsp;cuando se estren&oacute; en la gran pantalla. Los espectadores&nbsp;respondieron con gran indiferencia, mientras que una parte de los cr&iacute;ticos cinematogr&aacute;ficos la vapulearon alegremente. El propio Laughton admiti&oacute; que se trataba de&nbsp;una pel&iacute;cula extra&ntilde;a no apta para las masas&nbsp;pero no pens&oacute; que su fracaso en taquilla fuera tan estrepitoso. Se dej&oacute; en ella buena parte de su esfuerzo y energ&iacute;a, no solo en el guion, que revis&oacute; cientos de veces, sino en la consecuci&oacute;n de una direcci&oacute;n art&iacute;stica que alarg&oacute; el rodaje mucho m&aacute;s de lo que los productores estaban dispuestos a asumir, con las consiguientes tensiones de &uacute;ltima hora.
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        Mitchum tampoco fue la primera elecci&oacute;n del cineasta. El papel del predicador&nbsp;se lo ofreci&oacute; antes a Gary Cooper, quien lo rechaz&oacute; por entender que pod&iacute;a ser &ldquo;perjudicial para su carrera&rdquo;. No en vano, la historia de este asesino no provino solo del libro de Grubb sino que tambi&eacute;n bebi&oacute; de un&nbsp;personaje real llamado Harry Powers&nbsp;(solo cambiaron las dos consonantes del final), un asesino en serie de origen holand&eacute;s.
    </p><h3 class="article-text">Retrato del (anti)h&eacute;roe</h3><p class="article-text">
        De las sombras surge para no marcharse jam&aacute;s.&nbsp;Harry Powell es un dios malo o un demonio demasiado humano. Es un asesino en serie con pintas de granuja y un fan&aacute;tico que se retuerce de placer ante el sentimiento de culpa ajeno. Es un &lsquo;enviado del cielo&rsquo; para&nbsp;castigar los deseos m&aacute;s lascivos y tambi&eacute;n un predicador de palabra y navaja f&aacute;cil, hasta que se convierte en una pesadilla para ni&ntilde;os con piel de hombre. El reverendo Harry Powell (Mitchum) lleg&oacute; a las vidas de los peque&ntilde;os John y Pearl para acabar con su infancia, pero no porque aquello le importase gran cosa, sino porque quer&iacute;a su dinero y quitarse la sensaci&oacute;n inc&oacute;moda de que le sab&iacute;an asesino de su madre. Powell es un hombre&nbsp;con los nudillos tatuados por el bien y el mal&nbsp;para encandilar a su parroquia y convencerla de que vive al borde de un abismo. Y parece, en algunos momentos, obsesionado por esa lucha. Como si en ella anduviera&nbsp;alguna respuesta que diera calma a su condici&oacute;n de depredador.
    </p><p class="article-text">
        El reverendo a&uacute;lla cuando se le escapan los hijos r&iacute;o abajo y espera, siempre espera. En un coche, en un caballo, seduciendo a una muchacha tonta que se desvive por enamorarse del amor.&nbsp;Espera y se queda entre las sombras. Cuando empezamos a quedarnos dormirnos le o&iacute;mos lejano: &ldquo;Leaning, leaning&hellip;&rdquo;, el&nbsp;himno escalofriante con el que nos recuerda que est&aacute; entre nosotros, que se ha quedado para siempre en nuestras pesadillas m&aacute;s angustiosas. Esperando. &ldquo;Volver&eacute; cuando oscurezca&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Avilés Pozo, Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/cazador-charles-laughton-profundo-delmiedo_132_2033661.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Jul 2018 08:19:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[ ‘La noche del cazador’, de Charles Laughton: en lo más profundo del miedo]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Milos Forman y la revolución soñada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/milos-forman-revolucion-sonada_132_2061558.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c0462f88-6112-4904-ae7b-a9bacb31e2f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Milos Forman y la revolución soñada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Rendimos homenaje a la vida y cinematografía de este cineasta checo, recientemente fallecido y uno de los más singulares de la historia</p><p class="subtitle">Habló de la locura para comprender la soledad del hombre y denunció la censura con pasión obsesiva</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Ten&iacute;a talento e imaginaci&oacute;n&rdquo;. Por eso Kirk Douglas decidi&oacute; enviarle a Checoslovaquia&nbsp; un guion junto a una oferta de trabajo. Corr&iacute;an los a&ntilde;os 60. El texto nunca lleg&oacute; a manos de Milos Forman, seg&uacute;n se dice, porque fue interceptado por los censores de aduanas del r&eacute;gimen sovi&eacute;tico. En aquel libreto &lsquo;extraviado&rsquo;, sin embargo, hab&iacute;a quedado escrito su destino. Ten&iacute;a t&iacute;tulo. Se llamaba &lsquo;Alguien vol&oacute; sobre el nido del cuco&rsquo;, era una adaptaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica de la novela de Ken Kesey y era un extra&ntilde;o, pero l&uacute;cido, canto a esa libertad que siempre se sue&ntilde;a, pero se soporta con dificultad. Tuvieron que pasar algunos a&ntilde;os m&aacute;s hasta que el &lsquo;hijo del hijo del trapero&rsquo;, Michael Douglas, le volviera a brindar la oportunidad de rodarla. Realiz&oacute; una impresionante obra maestra y conquist&oacute; la historia del cine. Ya de paso, logr&oacute; los Oscar de las principales categor&iacute;as en 1975.
    </p><p class="article-text">
        Milos Forman era un hombre sencillo, inteligente, apasionado, de refinado sarcasmo y un genio detr&aacute;s de las c&aacute;maras. Falleci&oacute; a mediados de abril,&nbsp; a los 86 a&ntilde;os, tras una corta enfermedad.
    </p><p class="article-text">
        Forman habl&oacute; de la locura para comprender la soledad del hombre y denunci&oacute; la censura con pasi&oacute;n obsesiva porque ten&iacute;a demasiado presentes los fantasmas totalitarios de su propio pasado. Le dio sentido y un protagonismo estelar a la mediocridad. Y elev&oacute; a la categor&iacute;a de arte un sentimiento con mala prensa: el resentimiento. &lsquo;Desafi&oacute; a un &nbsp;Dios ausente&rsquo;, sin el m&aacute;s m&iacute;nimo sentido de la justicia, y quem&oacute; un crucifijo buscando la redenci&oacute;n de los pobres diablos, unas median&iacute;as, que habitan el mundo.
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        Hab&iacute;a un sello inconfundible en su cine, una fuerza visual arrolladora y un &nbsp;cuidado exquisito a la hora de viajar en el tiempo para crear atm&oacute;sferas de otros siglos. Ten&iacute;a tino y una retorcida capacidad de explorar la psicolog&iacute;a de los personajes con secuencias clave que se entromet&iacute;an&nbsp;en lo m&aacute;s profundo de sus almas.
    </p><p class="article-text">
        Fue un rendido admirador de la obra de grandes artistas &nbsp;y un curioso &lsquo;entom&oacute;logo &lsquo;de ciertas y extravagantes celebridades. A unos y a otros se acerc&oacute; sin rendir pleites&iacute;a, sin el &aacute;nimo de enclaustrarlos en biograf&iacute;as a las que les faltara el pulso. M&aacute;s bien supo devolver a la vida a genios como Mozart dando p&aacute;bulo a un chisme, al delirio del moribundo compositor Salieri. Un rumor que acab&oacute; sali&eacute;ndose de madre e inmortaliz&aacute;ndose en magn&iacute;ficas creaciones art&iacute;sticas. O a Goya, a trav&eacute;s de un terror de juventud, el que le produc&iacute;a la Inquisici&oacute;n espa&ntilde;ola. Para &eacute;l, un reflejo de su Checoslovaquia sovi&eacute;tica.
    </p><h3 class="article-text">Los nazis y la far&aacute;ndula</h3><p class="article-text">
        Dicen que su vida qued&oacute; marcada por la muerte de sus padres en dos campos de concentraci&oacute;n diferentes, Auschwitz y Buchenwald durante la Segunda Guerra Mundial. Y pas&oacute; su infancia dando tumbos en casas de parientes y hospicios. Fue a parar a un colegio creado para &lsquo;hijos de v&iacute;ctimas de la fuerra&rsquo; que, contra todo pron&oacute;stico, logr&oacute; reunir a un buen pu&ntilde;ado de pedagogos de primera. All&iacute; recibi&oacute; una formaci&oacute;n de calidad que puso los cimientos para crear su brillante filmograf&iacute;a. Desde bien peque&ntilde;o se enamor&oacute; del teatro y, entre bambalinas, pas&oacute; alg&uacute;n tiempo haciendo todo tipo de trabajos hasta que se alist&oacute; en la FAMU, la Facultad de Cine y Televisi&oacute;n. Dicen que para huir de la mili. Lleg&oacute; a tener como profesor a escritores como Milan Kundera y entretuvo el resto del tiempo ocupado en todo tipo de oficios. Fue actor secundario, reportero de deportes, periodista cinematogr&aacute;fico e hizo sus primeros pinitos como guionista.
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os 60 se hizo con una c&aacute;mara procedente de la entonces Alemania del Este y ah&iacute; comenz&oacute; su verdadera aventura. Sus primeras pel&iacute;culas eran comedias que ten&iacute;an mucho de costumbrismo y un rato de complacencia, pues hab&iacute;a que seguir ciertas directrices marcadas por el r&eacute;gimen comunista. Sin embargo, supo jugar al escondite como pocos sorteando muchas veces la censura. En 1963 rod&oacute; &lsquo;Concurso&rsquo;, donde se daban cita dos mediometrajes documentales que giraban en torno a las peripecias de una serie de j&oacute;venes que intentaban abrirse camino en el mundo de la m&uacute;sica. Los sue&ntilde;os rotos, las ambiciones, la desidia, los problemas entre colegas que comparten proyectos musicales protagonizaron el debut del cineasta.
    </p><h3 class="article-text">La nueva ola checa y los tanques rusos</h3><p class="article-text">
        En 1963, Forman se embarc&oacute; en su primera pel&iacute;cula, &lsquo;Pedro el negro&rsquo;. Rodada con actores no profesionales, por aquello de no contar con un presupuesto decente, narraba la historia de un muchacho desubicado, que se encuentra en un lugar &lsquo;donde no deber&iacute;a haber estado nunca&rsquo;. Es decir, trabajando como vigilante de un supermercado, con un padre cargante que le complica la vida y una novia que no termina de fijarse en &eacute;l. Un buen d&iacute;a, un cliente sospechoso le pone en un aprieto &nbsp;y toda su vida se pone patas arriba. La pel&iacute;cula tuvo una acogida extraordinaria incluso en circuitos internacionales, gan&oacute; el primer premio del Festival de Locarno superando la obra de grandes maestros como Jean-Luc Godard o Antonioni.
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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En &lsquo;Los amores de una rubia&rsquo; (1965), una mujer que despierta a la vida con el coraz&oacute;n roto sirve de excusa para que el cineasta componga una bell&iacute;sima y po&eacute;tica pel&iacute;cula, donde quedaban retratadas las costumbres y las paradojas de la sociedad checa. En el film, Forman comenz&oacute; a liberarse de las exigencias del discurso oficial del r&eacute;gimen, en la antesala de La Primavera de Praga. Irradiaba creatividad e inteligencia.
    </p><p class="article-text">
        &lsquo;Al fuego, bomberos&rsquo;, rodada en 1967, provoc&oacute;, en buena medida, la huida de Forman hacia los Estados Unidos. Esta comedia negra (un aut&eacute;ntico disparate donde se dan cita una fiesta de bomberos, t&oacute;mbolas robadas, concursos de belleza e incendios desbocados por culpa del alcohol) gan&oacute; diversos premios, pero tambi&eacute;n fue atacada por su importante trasfondo pol&iacute;tico. Corr&iacute;an los tiempos en los que Praga era ocupada por los tanques rusos. M&aacute;s all&aacute; de la pol&eacute;mica, el cineasta compuso una fabulosa, sarc&aacute;stica y demoledora alegor&iacute;a pol&iacute;tica que cont&oacute;, de nuevo, con un elenco de actores no profesionales y con un fascinante recorrido por la comedia en todas sus formas.
    </p><h3 class="article-text">La proyecci&oacute;n internacional</h3><p class="article-text">
        En 1975 lleg&oacute; la gran oportunidad de Forman: &lsquo;Alguien vol&oacute; sobre el nido del cuco&rsquo;. En ella, volv&iacute;a a las andadas, a recuperar uno de sus temas preferidos: la libertad del individuo sometida al yugo, a la opresi&oacute;n de un sistema establecido. Forman tom&oacute; la novela hom&oacute;nima de Ken Kesey como coartada perfecta. Cuenta la historia de un mal tipo, un estafador llamado &nbsp;McMurphy (Jack Nicholson), quien tras ser acusado de abusar de una menor, se hace el loco para evitar la trena.&nbsp; Encerrado en un psiqui&aacute;trico, pronto empieza a disfrutar desafiando a la autoridad (encarnada por la jefa de enfermeras, la se&ntilde;ora Ratched (Louise Fletcher) y promoviendo revueltas entre sus compa&ntilde;eros. Unos pobres diablos que la sociedad ha desahuciado y etiquetado convenientemente como chiflados. La pel&iacute;cula est&aacute; llena de un tr&aacute;gico sentido del humor (muy negro) y de una tensi&oacute;n psicol&oacute;gica que brinda momentos memorables. Como las secuencias de las terapias de grupo que aterrizan en la sonrisa apenas perceptible y despiadada de la enfermera Ratched. Justo despu&eacute;s de la tortura, a la que hab&iacute;a sometido al grupo, con unos discretos toques de manipulaci&oacute;n.
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        O el partido de b&eacute;isbol (de mentirijillas) con el que McMurphy levanta la moral de la &lsquo;tropa&rsquo; y les devuelve las ganas de vivir, m&aacute;s all&aacute; de los muros del psiqui&aacute;trico. O la&nbsp;imagen kafkiana de la borrachera final. Un canto a la vida que se apura a grandes tragos, aunque &nbsp;la resaca d&eacute; mucho miedo y sea preferible volver a casa, al reconfortante purgatorio de la locura. En el diario franc&eacute;s Le Monde se lleg&oacute; a publicar, a prop&oacute;sito de esta obra maestra lo siguiente: &ldquo;El &lsquo;nido del cuco&rsquo; que describe Forman es nuestro nido, es el mundo en el que vivimos pobres locos, sometidos a la severa autoridad burocr&aacute;tica de unos, a las presiones econ&oacute;micas de otros; aqu&iacute; la promesa de bienestar, all&iacute; estelas de libertad, pero siempre obligados a tragarse las p&iacute;ldoras amargas de miss Ratched&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En 1979, Forman cambi&oacute; de registro completamente al rodar &lsquo;Hair&rsquo;. Camino del Vietnam, pero antes de poner rumbo a la guerra, un soldado norteamericano se tropieza en Nueva York con un &lsquo;comando&rsquo; de hippies que le har&aacute;n cambiar su manera de entender la vida. Todo ello sucede en un espectacular campo de batalla: en uno de los musicales m&aacute;s celebrados de todos los tiempos, nost&aacute;lgicamente aderezado con la efervescencia emocional del primer amor y con sus buenas dosis de psicodelia. La pel&iacute;cula fue una adaptaci&oacute;n del c&eacute;lebre musical de Broadway de 1968.
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        &lsquo;Amadeus&rsquo; (1984) es una asombrosa producci&oacute;n y una de las mejores pel&iacute;culas de la historia del cine que logr&oacute; 40 premios, entre ellos, ocho Oscar. Y no es una biograf&iacute;a sobre Mozart al uso. Realiza un recorrido por el proceso de creaci&oacute;n y sus tragedias, pero siguiendo el curso de una rivalidad inventada (sin fundamento hist&oacute;rico) entre dos m&uacute;sicos: un talentoso, pero &lsquo;perfectamente olvidable&rsquo; compositor de c&aacute;mara, Antonio Salieri, y un genio inmortal, Wolfang Amadeus Mozart. Salieri se autoproclama el &ldquo;santo patr&oacute;n de los mediocres del mundo&rdquo;, un hombre que conoce de cerca la enorme habilidad con la que cuenta Mozart para crear belleza y cae rendido de admiraci&oacute;n. Pero tambi&eacute;n siente v&eacute;rtigo al comprender que jam&aacute;s podr&aacute; realizar una proeza art&iacute;stica semejante. &nbsp;Se siente v&iacute;ctima de una &ldquo;conspiraci&oacute;n celestial&rdquo; y decide ganarle la partida a ese Dios cruel, para quien todos los hombres no son iguales, intentando destruir a Mozart, &ldquo;su voz en la tierra&rdquo;. Uno de los aspectos m&aacute;s celebrados por la cr&iacute;tica del film es el dibujo que realiza del genio como un hombrecillo &ldquo;soez y medio tonto&rdquo;, un tipo infantil y &ldquo;obsceno&rdquo; de risa irritante. Es un contraste brillante e inesperado, pero Amadeus es mucho m&aacute;s que un apasionante retrato de personajes atrapados en una extra&ntilde;a forma de suspense. Cuenta con una direcci&oacute;n art&iacute;stica, un vestuario y una escenograf&iacute;a &nbsp;prodigiosos. Tambi&eacute;n con un guion intenso, inteligente, enamorado de la m&uacute;sica del&nbsp; compositor de Salzburgo. Un texto que deslumbra al principio, en clave de sarcasmo bien sostenido, pero cuya trama se va oscureciendo progresivamente. Hasta llegar a un desenlace desolador: una fosa com&uacute;n para el inmortal y una absoluci&oacute;n demencial para el resto. Para el com&uacute;n de los mortales que &ldquo;se hunde sin remedio en el abismo de lo ignorado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La &nbsp;versi&oacute;n de Milos Forman de &lsquo;Las amistades peligrosas&rsquo;, novela epistolar de Choderlos de Laclos, apareci&oacute; en los cines en 1989 eclipsada por la pel&iacute;cula que sobre el mismo texto realiz&oacute; el director Stephen Frears. Pero los a&ntilde;os ponen tambi&eacute;n a las pel&iacute;culas en su sitio y el &lsquo;Valmont&rsquo; de Forman se disfruta hoy desde muchos puntos de vista. A partir de la rica psicolog&iacute;a de sus personajes, m&aacute;s fr&iacute;a en apariencia, pero tambi&eacute;n con m&aacute;s rincones, callejones y `c&aacute;maras secretas que conducen, en buena parte de los casos, hacia la soledad. Desde&nbsp; su exquisito tono c&iacute;nico, es un inteligente divertimento que nunca deja de asombrar y gracias tambi&eacute;n a la torpeza tan humana de unos caballeros, unas damas y unos criados completamente entregados a las intrigas de sal&oacute;n deliciosamente indiscretas. Cuenta con una direcci&oacute;n art&iacute;stica preciosista y fiel a la &eacute;poca que el cineasta quiso atrapar para proyectar la ilusi&oacute;n de otros tiempos en la imaginaci&oacute;n del espectador. Sin embargo, Frears gan&oacute; la extra&ntilde;a competici&oacute;n que se produjo en la cartelera y Valmont fue un rotundo fracaso en taquilla.
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        &lsquo;El esc&aacute;ndalo de Larry Flynt&rsquo; (1996) coloca al espectador frente al editor porno m&aacute;s c&eacute;lebre de la historia que acaba convirti&eacute;ndose en &nbsp;todo un &lsquo;h&eacute;roe de la Primera Enmienda&rsquo;. El instinto irreverente con el que se conduc&iacute;a, en muchas ocasiones, el cineasta &nbsp;checo volv&iacute;a a las andadas para llevarnos de juicios con Larry Flynt (Woody Harrelson), art&iacute;fice de la c&eacute;lebre revista Hustler. Una bandera dudosa, pero inteligentemente izada por el cineasta para burlarse de la sociedad puritana y la hipocres&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde, el cineasta checo present&oacute; &lsquo;Man on the moon&rsquo;. Es una pel&iacute;cula extra&ntilde;a, desorbitada, entra&ntilde;able, inesperada&hellip; A ratos, tambi&eacute;n pat&eacute;tica. Y probablemente la &uacute;nica manera de perseguir y dar alcance a un tipo escurridizo como Andy Kaufman. Uno de los m&aacute;ximos exponentes de la contracultura y un referente de un tipo de humor que revolucion&oacute;, a su manera, el ingrato mundo de los c&oacute;micos.
    </p><p class="article-text">
        Un cap&iacute;tulo inventado en la vida del genial pintor aragon&eacute;s, Francisco de Goya, puso el lienzo sobre el que Forman denunci&oacute;, en 2006, los cr&iacute;menes originados por el abuso del poder. En la pel&iacute;cula &lsquo;Los fantasmas de Goya&rsquo; cont&oacute; la historia de In&eacute;s (Natalie Portman), una de las j&oacute;venes modelos del pintor, quien es acusada por la Inquisici&oacute;n de herej&iacute;a. Y Goya (Stellan Skarsgard), un admirador, un espectador de la injusticia y un torpe h&eacute;roe que intenta redimir su apat&iacute;a inicial, parece casi un &lsquo;personaje-MacGuffin&rsquo;. Una excusa para recorrer la trayectoria de otro tipo complejo, el padre Lorenzo, un inquisidor torturado (interpretado por Javier Bardem) que muda de piel para adaptarse a los tiempos convirti&eacute;ndose en un juez peculiar, cuando lleg&oacute; la invasi&oacute;n Napole&oacute;nica. La pel&iacute;cula, rodada en Espa&ntilde;a, cont&oacute; con el guionista y habitual colaborador de Luis Bu&ntilde;uel, Jean- Claude Carri&egrave;re, y con el gran director de fotograf&iacute;a, Javier Aguirresarobe.
    </p><h3 class="article-text">Mutis por el foro, pero a lo grande</h3><p class="article-text">
        Forman hizo mutis por el foro de una forma poco convencional, pero haciendo gala de su indomable sentido del humor. Rodando una versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica de su adaptaci&oacute;n teatral de la &oacute;pera bufa &lsquo;Un paseo bien pagado&rsquo;, de los autores checos Jiri Slitr y Jiri Suchy . Se trataba de una &ldquo;historia moralista sobre c&oacute;mo el dinero corrompe a la gente&rdquo;, en la que se hab&iacute;a visto acompa&ntilde;ado de sus dos hijos mayores Matej y Petr. Con este &uacute;ltimo abord&oacute; tambi&eacute;n la versi&oacute;n para la gran pantalla.
    </p><p class="article-text">
        Fue una excelente producci&oacute;n cuyo proyecto naci&oacute; en la &eacute;poca en la que despegaba su carrera profesional. &nbsp;Un momento en el que, dec&iacute;a, &ldquo;respetaba a los rebeldes&rdquo; (El Cultural, 2.000) porque le dio por so&ntilde;ar que pod&iacute;a ser uno de ellos. Dej&oacute; de hacerlo cuando se dio cuenta de que pod&iacute;a montar una aut&eacute;ntica revoluci&oacute;n y hacerla eterna en todas y cada una de sus fascinantes pel&iacute;culas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un hombre siempre debe so&ntilde;ar con ir m&aacute;s all&aacute; de sus l&iacute;mites&rdquo; (Milos Forman)
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/milos-forman-revolucion-sonada_132_2061558.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Jun 2018 17:31:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Milos Forman y la revolución soñada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Inmersión’, de Wim Wenders: en la zona del Hades]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/inmersion-wim-wenders-zona-delhades_132_2102235.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/135a1b66-fc2e-42a9-871b-5bcec2bbe94a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Inmersión’, de Wim Wenders: en la zona del Hades"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Alicia Vikander y James McAvoy protagonizan esta adaptación de la novela homónima de J.M. Ledgard</p><p class="subtitle">El amor se cruza con espías, científicos y terroristas en un relato emocionante que decae según transcurre la película</p></div><p class="article-text">
        A Danielle (Alicia Vikander), biomatem&aacute;tica, le queda muy poco tiempo para alcanzar su sue&ntilde;o: &ldquo;tocar los l&iacute;mites de la vida&rdquo;, pero en lo m&aacute;s profundo del oc&eacute;ano. Va a participar en una misi&oacute;n en la que, a bordo de un submarino, se adentrar&aacute; en los &lsquo;confines&rsquo; del mar, en la &lsquo;zona del Hades&rsquo;, para descubrir y estudiar all&iacute; rastros biol&oacute;gicos. James (James McAvoy) es un agente del MI6 que se est&aacute; preparando para un objetivo suicida: desarticular un comando yihadista en Somalia. Danielle y James, habitantes de destinos singulares, se encuentran en un hotel en Dieppe (Normand&iacute;a) y se enamoran sin remedio.
    </p><p class="article-text">
        Los dos personajes protagonizan &lsquo;Inmersi&oacute;n', la &uacute;ltima pel&iacute;cula de Wim Wenders y una adaptaci&oacute;n de la novela hom&oacute;nima de J.M Ledgard. Es una cuidada producci&oacute;n que parte de una historia que son muchas otras y se ve frecuentada por esp&iacute;as, cient&iacute;ficos, terroristas, amantes de la naturaleza y personas que buscan el sentido de la vida en cualquier rinc&oacute;n fortuito de sus experiencias. Todo ello para hablar del amor y de las ausencias.
    </p><p class="article-text">
        Y es precisamente abundando en el tema preferido por los artistas de todos los tiempos donde Wenders demuestra su genialidad y la pel&iacute;cula resulta intensa, muy emocionante. Hay una pasi&oacute;n sincera en el encuentro entre dos personas que se atraen al instante y se comprenden, a pesar de hablar en &lsquo;idiomas&rsquo; completamente diferentes. Danielle y James se escuchan desde sus sue&ntilde;os, desde su visi&oacute;n de la vida o desde su particular sentido la justicia. Y a cada lado de sus fronteras, se desean&hellip; En &lsquo;Inmersi&oacute;n&rsquo;,&nbsp;el amor duele de forma insoportable y la separaci&oacute;n lleva a los personajes de nuevo a casa, a una existencia enferma de soledad.
    </p><h3 class="article-text">Una traici&oacute;n a s&iacute; misma</h3><p class="article-text">
        Sin embargo, la pel&iacute;cula acaba, de alguna forma, traicion&aacute;ndose a s&iacute; misma. En un momento dado, sentimos cierta falta compromiso. El autor del film se convierte en una especie de intruso, una visita inc&oacute;moda que cobra demasiado protagonismo en la propia historia. Es como si Wenders se hubiera enamorado de la arquitectura de su pel&iacute;cula, de la dial&eacute;ctica de sus im&aacute;genes llenas de contrastes. Como si se quedara atrapado en la &nbsp;narrativa de los paisajes y de las emociones sostenidas invariablemente en el tiempo y a ellas les hubiera encomendado el peso del metraje restante. Los personajes parecen a la deriva y, en esas, la pel&iacute;cula&nbsp;acaba desorient&aacute;ndose.
    </p><p class="article-text">
        El lugar al que nos conduce la pel&iacute;cula podr&iacute;a haber resultado muy estimulante, pero hay algo en su desarrollo que le lleva a cometer un grave pecado: producir cierta indiferencia. Hasta el punto de que el espectador puede llegar a perder su olfato, su curiosidad, y acabar aterrizando en el desenlace como por inercia.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, es una pel&iacute;cula que rezuma talento. Sobre todo su puesta en escena, su bell&iacute;sima fotograf&iacute;a (ese infierno agotado de Somalia frente a la embravecida y rom&aacute;ntica ciudad de mar) y alguna que otra secuencias llena de intriga. Como el seductor e inquietante interrogatorio con el que James empuja a Danielle hacia sus terrores, hacia su pr&oacute;ximo abismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/inmersion-wim-wenders-zona-delhades_132_2102235.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 May 2018 08:57:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Inmersión’, de Wim Wenders: en la zona del Hades]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Críticas de cine,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘El insulto’, de Ziad Doueiri: memoria sin cicatrizar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/insulto-ziad-doueiri-memoria-cicatrizar_132_2125827.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/12ef233b-da0f-4298-9cb2-418488cdc428_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El insulto’, de Ziad Doueiri: memoria sin cicatrizar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta película libanesa, nominada en los últimos Premios Oscar, ahonda en el pasado trágico de un país a través de un conflicto entre vecinos</p><p class="subtitle">Destaca su capacidad para convertir una anécdota en una crisis nacional de dimensiones desorbitadas</p></div><p class="article-text">
        Todo comienza con un descuido. Toni (Adel Karam), un cristiano liban&eacute;s, se pone a regar las plantas de su casa sin prestar demasiada atenci&oacute;n. El agua que malgasta termina desembocando en la cabeza de Yasser (Kamel El Basha), un palestino refugiado en Beirut que se encontraba en aquellos precisos momentos trabajando como jefe de obra en la misma calle de la casa del cristiano. Ambos se enredan en una discusi&oacute;n y Yasser, un tipo de naturaleza tranquila, acaba perdiendo los papeles e insultando a Toni. Herido en su orgullo, el cristiano decide demandar al palestino. El juicio se convertir&aacute; en un tenso espect&aacute;culo donde aflorar&aacute;n intereses pol&iacute;ticos, vendettas y las heridas abiertas de un pa&iacute;s con un pasado tr&aacute;gico. La pel&iacute;cula se llama &lsquo;El insulto&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los principales aciertos de este film, firmado por el liban&eacute;s Ziad Doueiri y nominado a la Mejor Pel&iacute;cula Extranjera en los Premios Oscar 2018, es su capacidad para convertir una an&eacute;cdota, un desencuentro atolondrado entre dos hombres en una crisis nacional de dimensiones desorbitadas. Y que adem&aacute;s el efecto &lsquo;bola de nieve&rsquo; resulte completamente cre&iacute;ble y palpite con ritmo humano porque le sigue la pista al viaje psicol&oacute;gico que experimentan sus protagonistas a lo largo de su enfrentamiento.
    </p><p class="article-text">
        &lsquo;El insulto&rsquo; intenta hacer comprensible (al menos durante el visionado) una mara&ntilde;a de conflictos en L&iacute;bano endiabladamente compleja, donde duelen las v&iacute;ctimas de una Guerra Civil que nunca se quedaron atr&aacute;s. Permanecen junto a los vivos, en la memoria sin cicatrizar de una sociedad que tiene que atender, adem&aacute;s, acuciantes problemas humanitarios y de convivencia (L&iacute;bano es un pa&iacute;s multiconfesional y un importante porcentaje de la poblaci&oacute;n est&aacute; constituido por refugiados palestinos y sirios).
    </p><h3 class="article-text">La dignidad como asunto de vida o muerte</h3><p class="article-text">
        En cualquier caso, la pel&iacute;cula de Doueiri no solo intenta realizar una aproximaci&oacute;n a la situaci&oacute;n conflictiva de un pa&iacute;s y a su fr&aacute;gil paz social. Al fin y al cabo, el recorrido se realiza a lomos de algo tan cotidiano como un insulto y una ri&ntilde;a entre dos hombres que no dan su brazo a torcer. Ese detonante, esa torpeza tan universal le permite al espectador asomarse a emociones y sentimientos que acaban siendo una especie de respiradero cuando la trama en los tribunales y el l&iacute;o nacional resultan abrumadores. Es entonces cuando la pel&iacute;cula pone su mirada en temas muy potentes: la dignidad como asunto de vida o muerte, la necesidad inconfesable de reconciliaci&oacute;n, las condiciones que pone el amor en situaciones l&iacute;mite o  el complejo de inferioridad que se incuba en el calor del hogar.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos as&iacute; de un film de hechuras cl&aacute;sicas que tiene un guion bien armado. Los actores que encabezan el reparto realizan un gran trabajo y se convierten en los mejores compa&ntilde;eros de viaje del espectador. Es especialmente apasionante el duelo que mantienen los dos protagonistas y sobre todo, la interpretaci&oacute;n medida, pero enormemente expresiva del fant&aacute;stico Kamel El Basha (Copa Volpi al Mejor Actor en Venecia).
    </p><p class="article-text">
        Es precisamente en las relaciones que establecen los personajes donde la pel&iacute;cula tambi&eacute;n tiene alg&uacute;n que otro tropiezo. Hay algunos momentos emocionalmente previsibles que se podr&iacute;an haber dejado a un lado. Es probable que respondan a la necesidad de so&ntilde;ar con una sociedad m&aacute;s justa, aunque sea por un breve instante. Nada que reprochar. Al fin y al cabo el cine es uno de esos raros lugares donde la esperanza da bien en c&aacute;mara. Incluso como figurante en un mundo de fronteras y con pocas ganas de perdonar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/insulto-ziad-doueiri-memoria-cicatrizar_132_2125827.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 May 2018 11:54:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘El insulto’, de Ziad Doueiri: memoria sin cicatrizar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Críticas de cine,Premios Oscar,Líbano]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A favor y en contra de ‘¡Ay, Carmela!’, de Carlos Saura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favor-ay-carmela-carlos-saura_132_2174642.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a34b72ee-2bf4-43e2-86ba-d467267c5478_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A favor y en contra de ‘¡Ay, Carmela!’, de Carlos Saura"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con motivo de las celebraciones de la proclamación de la Segunda República rescatamos esta tragicomedia encuadrada en la Guerra Civil</p><p class="subtitle">Ofrecemos dos versiones diferentes sobre una historia multipremiada pero poco reivindicada en la historia del cine español</p></div><h3 class="article-text">A favor: si los curas supieran&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Hoy queremos&nbsp;viajar casi tres d&eacute;cadas en nuestra m&aacute;quina del tiempo con motivo de las celebraciones relacionadas con la proclamaci&oacute;n de la Segunda Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola. Lo hacemos para recordar una de las pel&iacute;culas m&aacute;s premiadas de la historia de los Premios Goya.&nbsp;Consigui&oacute; en 1990 un total de trece estatuillas&nbsp;y fue la reina absoluta hasta que en 2004&nbsp;&lsquo;Mar adentro&rsquo;&nbsp;de Alejandro Amen&aacute;bar la super&oacute; en el ranking con un galard&oacute;n m&aacute;s. Pero por entonces, la gran fiesta del cine espa&ntilde;ol tan s&oacute;lo ten&iacute;a cinco a&ntilde;os de vida y&nbsp;esta tragicomedia del gran Carlos Saura se convirti&oacute; no s&oacute;lo en una revisi&oacute;n totalmente novedosa de la Guerra Civil Espa&ntilde;ola sino en uno de las mejores&nbsp;colaboraciones del realizador aragon&eacute;s con Rafael Azcona.
    </p><p class="article-text">
        &lsquo;&iexcl;Ay, Carmela!&rsquo;&nbsp;fue el resultado de la&nbsp;adaptaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica que ambos llevaron a cabo de la pieza teatral hom&oacute;nima de Jos&eacute; Sanchis Sinisterra, y hace a&ntilde;os tambi&eacute;n visit&oacute; los teatros espa&ntilde;oles de la mano de Jos&eacute; Born&aacute;s. Tanto en teatro como en la gran pantalla, la historia tom&oacute; el nombre de una de las canciones del folclore espa&ntilde;ol m&aacute;s representativas de los tablaos milicianos y de los recuerdos del bando republicano,&nbsp;&ldquo;El paso del Ebro&rdquo;. Con ella tambi&eacute;n&nbsp;se bautiz&oacute; al personaje femenino protagonista, interpretado por una grandiosa Carmen Maura, componente junto a su pareja Paulino (Andr&eacute;s Pajares) y al mudo Gustavo (Gabino Diego) de un&nbsp;tr&iacute;o de c&oacute;micos que son hechos prisioneros&nbsp;por militares del lado nacional en plena contienda, vi&eacute;ndose obligados a actuar para ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es importante recordar que si por algo se caracteriz&oacute; el cine espa&ntilde;ol de los a&ntilde;os ochenta fue por una&nbsp;contestaci&oacute;n a su realidad social&nbsp;dividida entre los estertores de la Movida y el continuo estudio tanto de nuestra Guerra Civil como de la dictadura de Franco. Todav&iacute;a hoy puede apreciarse esa divisi&oacute;n. En 1990&nbsp;aproximarse a los rincones de la guerra y el franquismo desde la comedia a&uacute;n pod&iacute;a resultar arriesgado&nbsp;aunque curiosamente, tan s&oacute;lo cuatro a&ntilde;os antes, Fernando&nbsp;Fern&aacute;n-G&oacute;mez ya hab&iacute;a tejido esa relaci&oacute;n con&nbsp;&lsquo;El viaje a ninguna parte&rsquo;. No obstante,&nbsp;&lsquo;&iexcl;Ay, Carmela!&rsquo;&nbsp;fue engalanada con tanta frescura y buen gusto que super&oacute; todas las expectativas&nbsp;y dej&oacute; que la memoria hist&oacute;rica tambi&eacute;n se vistiera de gags, de astracanada, de vodevil, y ense&ntilde;ara al mismo tiempo el destino m&aacute;s tr&aacute;gico de los que &uacute;nicamente buscaban hacer sonre&iacute;r en medio de la desolaci&oacute;n y la muerte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Puede ser un ejercicio vacuo, sin sentido, pero siempre nos gusta pensar qu&eacute; hubiera pasado, como dice la canci&oacute;n con la que conocemos al tr&iacute;o de c&oacute;micos,&nbsp;si los curas y frailes de entonces hubieran sabido del uso del sentido del humor bajo las bombas. No sabemos si hubieran salido corriendo gritando &ldquo;libertad, libertad, libertad&rdquo;, pero estamos convencidos de hubieran reprimido m&aacute;s de una sonrisa en los&nbsp;numerosos trucos y enga&ntilde;ifas que utilizan los protagonistas para poder salir bien parados de su aventura. Maura, Pajares y Diego conformaron una verdadera trinidad, en este caso terrenal, que supo transmitir&nbsp;la vitalidad de los que luchan sin saberlo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Sea como sea, no nos quitamos la percepci&oacute;n, como nos sucede con otras muchas pel&iacute;culas, de que&nbsp;&lsquo;&iexcl;Ay, Carmela!&rsquo;&nbsp;ha pasado a formar parte de un olvido injustificado. Tambi&eacute;n desde aqu&iacute; hemos mostrado alguna vez cierto empacho del continuo regreso del cine espa&ntilde;ol a nuestras heridas de guerra, en ocasiones sin aportar algo que no sepamos ya. Pero eso&nbsp;no significa que debamos encerrar bajo cuatro llaves todo lo ya hecho&nbsp;y adem&aacute;s esta pel&iacute;cula de Carlos Saura es algo mucho m&aacute;s que eso porque se asienta sobre&nbsp;una novedosa concepci&oacute;n teatral, unos di&aacute;logos que reflejan lo mejor de nuestro car&aacute;cter como pa&iacute;s, y una alegr&iacute;a de vivir que pocas veces m&aacute;s hemos visto en la gran pantalla.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">En contra: risas y costumbrismo b&eacute;lico</h3><p class="article-text">
        Nadie puede cuestionar que las&nbsp;cicatrices de la Guerra Civil en la sociedad espa&ntilde;ola han calado en el cine espa&ntilde;ol&nbsp;desde que este comenz&oacute; a ejercer su libertad plena despu&eacute;s de la muerte de Franco. Carlos Saura se subi&oacute; a ese carro de forma m&aacute;s comprometida, al menos aparentemente, con&nbsp;&lsquo;&iexcl;Ay, Carmela!&rsquo;&nbsp;y por culpa de ello&nbsp;le lleg&oacute; un reconocimiento en forma de Premios Goya&nbsp;que bien pudo considerarse, ya entonces, todo un homenaje a su filmograf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Esta tragicomedia con aires de costumbrismo b&eacute;lico y sonatas de la tradici&oacute;n c&oacute;mica espa&ntilde;ola no fue (ni es) una mala pel&iacute;cula, pero&nbsp;situ&oacute; en el punto de mira a un realizador que ten&iacute;a en su haber un tesoro cinematogr&aacute;fico absolutamente espectacular&nbsp;incluso en tiempos en que parec&iacute;a imposible que su visi&oacute;n cruda de la oscuridad social pudiera sobrepasar la censura.&nbsp;Fue como&nbsp;Luis Bu&ntilde;uel, el otro gran aragon&eacute;s del s&eacute;ptimo arte (al que &eacute;l mismo rindi&oacute; homenaje en 2011), pero doliendo desde dentro del pa&iacute;s, y fraguado su sobriedad en el realismo m&aacute;s gris&aacute;ceo de la posguerra.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Echando la vista atr&aacute;s, basta con hacer parada en aut&eacute;nticas maravillas de su cine como fueron&nbsp;&lsquo;Peppermint Frapp&eacute;&rsquo;&nbsp;(1967),&nbsp;&lsquo;Ana y los lobos&rsquo;&nbsp;(1972),&nbsp;&lsquo;La prima Ang&eacute;lica&rsquo; (1973),&nbsp;&lsquo;Cr&iacute;a cuervos&rsquo;&nbsp;(1975),&nbsp;&lsquo;Mam&aacute; cumple cien a&ntilde;os&rsquo;&nbsp;(1979), o&nbsp;&lsquo;Deprisa, deprisa&rsquo;&nbsp;(1981) para confirmar que&nbsp;su comedia sobre la Guerra Civil no fue su mejor pel&iacute;cula, y que repasando la oscuridad de la condici&oacute;n humana y los instintos m&aacute;s naturales despleg&oacute; mejor que nadie esa&nbsp;funci&oacute;n de exorcismo social&nbsp;que todo buen realizador apegado a la realidad debe ejercer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es algo de lo que carece la historia protagonizada por Carmen Maura y Andr&eacute;s P&aacute;jares. Deja que la cr&iacute;tica a la violencia, el fascismo y la vulneraci&oacute;n de ciertos derechos humanos durante la guerra, sobrevuelen por encima de sus chisposos di&aacute;logos,&nbsp;sin que apenas podamos percibirlos entre una sucesi&oacute;n de pantomimas que huelen m&aacute;s a puro entretenimiento que a una trabajada recreaci&oacute;n de los tablaos teatrales que se mantuvieron vivos durante la contienda.
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        &lsquo;&iexcl;Ay, Carmela!&rsquo;&nbsp;fue tan solo su canto personal a la libertad.&nbsp;Cubri&oacute; de risas junto con Azcona la superficie de la pel&iacute;cula&nbsp;para que aprendi&eacute;ramos a mirar el pasado de otra manera, y dirigi&oacute; a&nbsp;un tr&iacute;o protagonista en los mejores momentos de sus respectivas carreras. Merece por ello ser tenida en cuenta aunque a&ntilde;os atr&aacute;s, y compilando la inflada antolog&iacute;a cinematogr&aacute;fica sobre la Guerra Civil,&nbsp;hoy resulte algo pasada de moda&nbsp;y otros cineastas hayan conseguido despu&eacute;s que eso de la memoria hist&oacute;rica haya adquirido tintes de revoluci&oacute;n cultural. Pese a todo, y como pieza de una parte de nuestro triste siglo XX, su valor no es cuestionable.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Avilés Pozo, Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favor-ay-carmela-carlos-saura_132_2174642.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Apr 2018 16:39:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A favor y en contra de ‘¡Ay, Carmela!’, de Carlos Saura]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Segunda República,Guerra Civil Española,Carlos Saura,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Call me by your name’, de Luca Guadagnino: ¿es mejor hablar o morir?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/call-your-name-luca-guadagnino_132_2196659.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e17af0f7-8419-4e8a-9af2-7f988c8aae94_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Call me by your name’, de Luca Guadagnino: ¿es mejor hablar o morir?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Su texto, basado en la novela de André Aciman, junto al exquisito pulso artístico del director, han creado una de las películas más honestas de los últimos tiempos</p><p class="subtitle">Es una historia sobre dos hombres que “tuvieron la suerte de encontrarse el uno al otro”, más allá de la celebración del amor homosexual</p></div><p class="article-text">
        Un pueblo italiano, un verano radiante, un sopor sensual y un monumento protegido por una valla. A ambos lados hay dos hombres. Uno de ellos es un joven que habla sin hablar del todo. El otro, unos a&ntilde;os mayor, escucha y como el primero est&aacute; en guardia. Tambi&eacute;n &ldquo;presiente una trampa&rdquo;. Entonces, sin saber el espectador muy bien c&oacute;mo, se produce el milagro. Asiste a un momento &uacute;nico: una escena contenida de amor que abrasa. Enormemente sincera, distante, intensa, latente. Viva.
    </p><p class="article-text">
        Esta secuencia es uno de los momentos m&aacute;s logrados de la pel&iacute;cula &lsquo;Call me by your name&rsquo;. Una de las cintas m&aacute;s admiradas del a&ntilde;o que cuenta con un guion prodigioso. Escrito por James Ivory (un gran escultor de pasiones silenciadas) y cineasta al que se le echaba de menos, logr&oacute; un premio de la Academia en la pasada edici&oacute;n de los  Oscar. Su texto, basado en la novela de Andr&eacute; Aciman, junto al exquisito pulso art&iacute;stico del director de la cinta, Luca Guadagnino,  han creado una de las pel&iacute;culas m&aacute;s vibrantes y honestas de los &uacute;ltimos tiempos.
    </p><p class="article-text">
        Cuenta la historia de Oliver (Armie Hammer), un estudiante de posgrado de Arqueolog&iacute;a que llega a una villa italiana, en pleno verano de 1983 para trabajar junto al profesor Perlman (Michael Stuhlbarg), quien tiene un hijo de 17 a&ntilde;os, Elio (Timoth&eacute;e Chalamet). Este es un muchacho inteligente, culto  y algo indolente, que inevitablemente comenzar&aacute; a sentirse atra&iacute;do por Oliver hasta caer rendidamente enamorado. As&iacute;, &lsquo;Call me by your name&rsquo; habla del v&eacute;rtigo que produce el paso a la vida adulta, del amor que surge casi como un inconveniente y de un prodigio. De aquellos instantes que, si hay suerte, pueden llegar a suceder para condenarte a estar realmente vivo, con toda la gloria y con todos sus infiernos.
    </p><p class="article-text">
        En la pel&iacute;cula, los peque&ntilde;os relatos que suceden en las diferentes secuencias exploran todo aquel universo de acontecimientos err&aacute;ticos que pueden encontrarse en la &oacute;rbita de un amor que nace y se expresa: el escalofr&iacute;o que produce haber cometido una posible equivocaci&oacute;n, el zarpazo de los primeros celos, el deseo insoportable que se rastrea en la ropa interior, la indiferencia, tan despiadada que corta la respiraci&oacute;n o, en las ant&iacute;podas, la felicidad sin espejismos. Aquella que se puede escuchar en el sonido del eco durante una excursi&oacute;n a B&eacute;rgamo.
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        Hay quien ha visto en ella una pel&iacute;cula sobre el primer amor, pero en realidad aprovecha ese viaje para sumergirse en emociones y sentimientos m&aacute;s profundos, que van m&aacute;s all&aacute; de una etiqueta tan gastada. Es una historia sobre dos hombres que &ldquo;tuvieron la suerte de encontrarse el uno al otro&rdquo;, pero no hay hostilidad a su alrededor y es mucho m&aacute;s que una celebraci&oacute;n del amor homosexual. Es un film mucho m&aacute;s libre, m&aacute;s calmado. Y desde luego, lo que s&iacute; hay en ella es pasi&oacute;n por el cine como expresi&oacute;n art&iacute;stica. Est&aacute; presente en cualquier rinc&oacute;n de su metraje: en los detalles m&aacute;s insignificantes de la escenograf&iacute;a, en la fotograf&iacute;a que le sigue la pista a una naturaleza en todo su esplendor o se queda observando esas esculturas cl&aacute;sicas omnipresentes, que te &ldquo;retan a desearlas&rdquo;. Hay en la pel&iacute;cula una atm&oacute;sfera culta, elitista, que se respira sin embargo de forma natural, sin pedanter&iacute;as, sin sentirse nadie excluido, contagiando el amor por la belleza. Es el lugar perfecto en el que se desenvuelven los sucesos de un verano que se propaga para siempre.
    </p><p class="article-text">
        En en el film hay una escena de la que se habla mucho y que ha sabido cautivar al p&uacute;blico porque tiene algo de epifan&iacute;a. Se trata de una conversaci&oacute;n entre el padre y el hijo protagonistas que sabe c&oacute;mo colocar un espejo frente a la vida de muchos espectadores para pillarles por sorpresa, con pinta de fugitivos y en plena huida. Nos muestra sinti&eacute;ndonos extranjeros en nuestra propia piel y buscando el chute de &lsquo;soma&rsquo;, la &lsquo;cura r&aacute;pida&rsquo; que en cualquier momento nos pueda alejar del sufrimiento. Nos descubre la trampa. Nos gana.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/call-your-name-luca-guadagnino_132_2196659.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Mar 2018 17:42:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Call me by your name’, de Luca Guadagnino: ¿es mejor hablar o morir?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Críticas de cine,Películas]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[A favor y en contra de ‘La ley del silencio’, de Elia Kazan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favor-ley-silencio-elia-kazan_132_2219892.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a581f446-a5b3-42da-bb89-7bafa30e1db4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A favor y en contra de ‘La ley del silencio’, de Elia Kazan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dos críticas contrapuestas sobre la polémica cinta protagonizada por Marlon Brando y que supuso una expiación para su director</p></div><h3 class="article-text">A favor: el lenguaje del miedo&nbsp;</h3><p class="article-text">
        En los muelles del puerto de Nueva York m&aacute;s le vale a uno ser sordo y mudo. Cualquier crimen se perdona excepto cometer la torpeza de ser un chivato. El silencio hace tiempo que dej&oacute; de ser una condena para convertirse en un aire g&eacute;lido que se respira como si tal cosa y sin que nadie pueda acordarse del miedo que lo inspir&oacute; en alg&uacute;n momento. Entre los estibadores apenas hay espacio para los h&eacute;roes, pero sobran los perdedores. Y uno de ellos, Terry Malloy (Marlon Brando), un exboxeador fracasado y de pocas luces, ser&aacute; una de esas raras personas que acabar&aacute;n levantando la cabeza para enfrentarse a la injusticia de su barrio, al mafioso Johnny Friendly, que controla el puerto m&aacute;s rico del mundo.
    </p><p class="article-text">
        &lsquo;La ley del silencio&rsquo;&nbsp;surgi&oacute; como una pel&iacute;cula de marcado acento social que pretend&iacute;a denunciar la corrupci&oacute;n de los sindicatos portuarios. Fue un perfecto tel&oacute;n de fondo para contar la historia de unos seres humanos que intentan ganarse la vida bajo unas condiciones de miseria e indignidad. Es cine con mensaje, desde luego, aunque tambi&eacute;n es mucho m&aacute;s. Por ejemplo, es una gran pel&iacute;cula porque su director, Elia Kazan, necesitaba gritarle al mundo su presunta inocencia. Hac&iacute;a dos a&ntilde;os que el realizador hab&iacute;a testificado ante el Comit&eacute; de Actividades Antiamericanas contra los que fueron sus compa&ntilde;eros en el Partido Comunista. Una delaci&oacute;n que supuso el final de la carrera de varias personas en la industria del cine. En su momento, el realizador se enfrent&oacute; a la prensa, que le acusaba de haber deformado la historia de&nbsp;&lsquo;La ley del silencio&rsquo;&nbsp;para explicar su comportamiento: &ldquo;Cuando los cr&iacute;ticos dicen que he vertido mi pensamiento en pantalla para justificar la delaci&oacute;n, dicen bien&rdquo;, lleg&oacute; a afirmar con rotundidad. Sin embargo, por esa misma raz&oacute;n, de dudosa moralidad, es una pel&iacute;cula que rezuma autenticidad y pasi&oacute;n, un filme atormentado y con alma.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Aunque se mostr&oacute; reacio en un principio, Marlon Brando acept&oacute; trabajar en la cinta, donde compuso uno de sus trabajos m&aacute;s impactantes e intensos, m&aacute;s tiernos y brutalmente humanos de su carrera. Y es que en Brando todo es verdad y dolor. Ah&iacute; est&aacute;n la melancol&iacute;a de su mirada derrotada y la actitud de su cuerpo, su postura resignada, ligeramente encorvada, sabiendo cu&aacute;l es el segundo plano que le conviene ocupar. O esos peque&ntilde;os gestos cotidianos con los que Brando roba planos o es capaz de dar credibilidad a escenas que corr&iacute;an el peligro de resultar inveros&iacute;miles. Recordemos el guante con el que juguetea para retener a la chica, Edie (Eva Marie Saint), un rato m&aacute;s.
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        Cualquier detalle es importante en el filme. Est&aacute; confeccionado a base de mucha psicolog&iacute;a cinematogr&aacute;fica: abundan los primeros planos delatores que acusan el miedo, la indignaci&oacute;n, la tensi&oacute;n y la culpa de los personajes que ponen en escena el drama. Son retratos que acompa&ntilde;an a los silencios y a las palabras entredichas para cobrar elocuencia y significarlo todo. Y es que los di&aacute;logos salen directamente de las alcantarillas, son llanos y sinceros, redondos y realistas, el lenguaje de la calle, del hombre que malvive o del que es capaz de todo para escapar de la miseria. Fue el mejor trabajo del guionista Budd Shulberg.
    </p><p class="article-text">
        Las atm&oacute;sferas logradas tambi&eacute;n tienen protagonismo. En los interiores, los ambientes son turbios, asfixiantes y atragantados por el humo perpetuo de los cigarrillos mientras que en los exteriores, la niebla o la bruma, casi imperceptible, envuelven la atm&oacute;sfera g&eacute;lida de los alrededores portuarios. Una sensaci&oacute;n de fr&iacute;o magn&iacute;ficamente captada por un denso blanco y negro, la textura que predomina en la fotograf&iacute;a de la pel&iacute;cula y que logr&oacute; uno de los ocho Oscar de la Academia que recibi&oacute; la obra en 1955 (Pel&iacute;cula, Director, Actor, Actriz de Reparto, Gui&oacute;n Original, Montaje, Direcci&oacute;n Art&iacute;stica).
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        El filme est&aacute; lleno de escenas impactantes, aunque la mejor secuencia es, sin lugar a dudas, aquella en la que Terry (Brando) comparte con su hermano &lsquo;Charley, el elegante&rsquo; (fant&aacute;stico y sudoroso Rod Steiger) un &uacute;ltimo viaje en taxi. Es un intenso y brillante duelo interpretativo y probablemente lo mejor de una pel&iacute;cula expiatoria, intensa y pasional.
    </p><h3 class="article-text">En contra: excusatio non petita</h3><p class="article-text">
        En 1998 en director greco-estadounidense Elia Kazan recibi&oacute; un Oscar Honor&iacute;fico por toda su carrera. En el patio de butacas del Kodak Theatre de Hollywood algunos se levantaron para ovacionarle y otros permanecieron sentados y sin aplaudir. Hab&iacute;an pasado m&aacute;s de cinco d&eacute;cadas desde que el cineasta delatara a algunos de sus compa&ntilde;eros de profesi&oacute;n ante el Comit&eacute; de Actividades Antiamericanas que el senador McCarthy llev&oacute; a cabo en la famosa &lsquo;caza de brujas&rsquo; contra el comunismo. Nunca pudo quitarse el estigma y buena parte del gremio siempre le dio la espalda, pese al alegato de justificaci&oacute;n que, desde todos los puntos de vista, supuso el estreno de&nbsp;&lsquo;La ley del silencio&rsquo;&nbsp;en 1954.
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        El grandioso Marlon Brando, de nuevo a las &oacute;rdenes de uno de los mejores cineastas del celuloide norteamericano, en una proyecci&oacute;n de su&nbsp;alter ego: el ex boxeador Terry Malloy, al servicio del mafioso John Friendly (Lee J. Cob), que controla el sindicato de los estibadores neoyorkinos. Tras adentrarse en la verdad, el protagonista se tambalea entre la espada y la pared, entre la traici&oacute;n y la lealtad, entre la muerte y la honradez. El alegato de defensa de Kazan fue inteligente y certero por momentos, pero al final fall&oacute;. Fue la excusa no pedida.&nbsp;Excusatio non petita accusatio manifesta. No somos abogados de la gran industria cinematogr&aacute;fica estadounidense pero tampoco creemos que el cineasta fuera amedrentado como Terry ni que los pusil&aacute;nimes compa&ntilde;eros ni el sacerdote redentor (Karl Malden) ni la Comisi&oacute;n de Investigaci&oacute;n de los astilleros tuvieran algo que ver con la humillante persecuci&oacute;n que ejecut&oacute; el senador norteamericano.
    </p><p class="article-text">
        Pero ni siquiera si extraemos de la pel&iacute;cula el mensaje con el que el cineasta quiso defenderse de manera innecesaria (porque tampoco convenci&oacute; a nadie) obtenemos la obra maestra que casi todo el mundo ve, tal y como demuestran sus premios y su posici&oacute;n en la historia del cine. Esa oscuridad subyugante, esa permanente angustia antol&oacute;gica de Brando, esa indolencia que a base de golpes se transforma en su redenci&oacute;n y le convierte en h&eacute;roe de los trabajadores, forman parte de un proceso forzado por un guion de clich&eacute; propio de la gran d&eacute;cada del cine negro, pero estirado hasta resultar totalmente irreal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La mejor prueba la encontramos en el personaje de Edie Doyle (debutante Eva Marie Saint). C&aacute;ndida, dulce e inocente, sirve como contrapeso a la brutalidad ind&oacute;mita del exboxeador que solo necesita una caricia para darse cuenta de la maldad de los hombres a los que sirve. De repente, lo que durante a&ntilde;os fue rutina ahora son fechor&iacute;as, por iluminaci&oacute;n cristiana y amorosa. Oye, y si te lo crees, mejor. Pero es que el mundo no era ni es as&iacute;. El mundo es peor, las mafias eran peores, las extorsiones eran m&aacute;s masivas, el chantaje no se limitaba al cara a cara, el asesinato no era puntual.
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        Sabemos del alto voltaje que solo la presencia de Brando provoca en la pantalla, pero no nos gusta que tales grandezas sean la sombra de las historias a pie de calle. Eso no le pasaba ni a Orson Welles. De hecho, el rechinar de dientes que nos provoca su proceso resucitador es inversamente proporcional a la maravillosa interpretaci&oacute;n que el actor del &ldquo;m&eacute;todo&rdquo; realiz&oacute; de otro bruto, el violento Stanley de&nbsp;&lsquo;Un tranv&iacute;a llamado deseo&rsquo;&nbsp;(1951). Por entonces Kazan, quiz&aacute;s por la gloria de la historia original de Tennesse Williams y por no haber sucumbido a su chivatazo, s&iacute; supo empaparse de un ambiente tan grotesco como cotidiano.
    </p><p class="article-text">
        Somos conscientes de que juzgamos esta pel&iacute;cula desde dentro y desde fuera, pero as&iacute; es el cine cuando se pone al servicio de unos ideales. Salvo por la soberbia partitura de Leonard Bernstein y la historia del conflicto laboral (si la entendemos de forma independiente),&nbsp;&lsquo;La ley del silencio&rsquo;&nbsp;no es m&aacute;s que un producto moldeado y enga&ntilde;oso servido como men&uacute; de expiaci&oacute;n, para hacernos pensar que todo est&aacute; justificado, que se puede &ldquo;cantar y volar&rdquo; al mismo tiempo, y que los h&eacute;roes mallugados al final vencen y mueven a las masas. Porque no fue as&iacute;, ni lo es ahora.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto, Alicia Avilés Pozo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favor-ley-silencio-elia-kazan_132_2219892.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Mar 2018 18:38:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A favor y en contra de ‘La ley del silencio’, de Elia Kazan]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Tres anuncios en las afueras’, de Martin McDonagh: justicia desquiciada y socarrona]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/anuncios-martin-mcdonagh-desquiciada-socarrona_132_2788649.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/73e12756-6618-4819-99ee-a8e9ebeb4eed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Tres anuncios en las afueras’, de Martin McDonagh: justicia desquiciada y socarrona"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Frances MacDormand borda esta 'rara avis' cinematográfica llena de dolor, humor negro y un retorcido retrato de personajes</p><p class="subtitle">La película arrasó en la pasada edición de los Globos de Oro y se posiciona como uno de los favoritos en los Oscar</p></div><p class="article-text">
        &lsquo;Tres anuncios en las afueras&rsquo; cuenta la historia de Mildred Hayes (Frances McDormand). Es una mujer de mediana edad que decide iniciar&nbsp;una ins&oacute;lita cruzada contra la polic&iacute;a de su pueblo&nbsp;(Ebbing, Missouri) a quien culpa de no estar haciendo lo suficiente para resolver el caso de&nbsp;violaci&oacute;n y asesinato de su hija. Un buen d&iacute;a, Mildred decide &lsquo;importunar&rsquo; a su tranquilo vecindario alquilando tres vallas publicitarias que le servir&aacute;n para denunciar la apat&iacute;a de las fuerzas de seguridad.&nbsp;Frente a ella tendr&aacute; al jefe de polic&iacute;a, un sheriff desahuciado (Woody Harrelson), y a su lugarteniente, Dixon (Sam Rockwell), un agente local &ldquo;demasiado ocupado persiguiendo negros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de&nbsp;una pel&iacute;cula inesperada. El film, que&nbsp;arras&oacute; en la pasada edici&oacute;n de los Globos de Oro&nbsp;y se posiciona como uno de los favoritos en los Oscar, nace de una tragedia oscura. De un dolor definitivo y sin cicatrizar. Sin embargo, su humor atrevido, socarr&oacute;n y con un punto de esa amargura que no se deja derrotar del todo convierte a la pel&iacute;cula&nbsp;en una &lsquo;rara avis&rsquo; cinematogr&aacute;fica. Al fin y al cabo a los mandos se encuentra un cineasta, Martin McDonagh, que asombr&oacute; al mundo con &lsquo;Escondidos en Brujas&rsquo; (2008), una cinta magistral que contaba con la astucia de poner patas arriba el g&eacute;nero negro y brindarle un ingenioso homenaje.
    </p><p class="article-text">
        Si hay algo que destaca en &lsquo;Tres anuncios en las afueras&rsquo; es&nbsp;su complejo y entretenido retrato de &nbsp;personajes&hellip; con una humanidad casi sobredimensionada. Los actores, metidos en su piel, est&aacute;n fant&aacute;sticos. Mildred es&nbsp;una mujer que sufre y est&aacute; en perpetuo estado de guerra. Es una &lsquo;activista sui g&eacute;neris&rsquo; que aunque lucha por una causa justa no se molesta, lo m&aacute;s m&iacute;nimo, en disfrazar su deseo de venganza. Bruta, ingeniosa, incapaz de empatizar con el dolor ajeno, tiene sus reca&iacute;das y, de vez en cuando, se deja llevar por los remordimientos. En su &oacute;rbita, circulan un ex completamente idiota y un pretendiente con la autoestima floja (fabuloso Peter Dinklage). El agente Dixon, por su parte, es el antagonista de Mildred. Un tipo vago, racista, un &lsquo;pistolero&rsquo; enmadrado que adem&aacute;s cuenta con un curioso y oculto lado oscuro.
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        &lsquo;Tres anuncios en las afueras&rsquo; tiene&nbsp;momentos memorables, como el plano secuencia &nbsp;en el que acompa&ntilde;amos, con paso de perdonavidas, al poli mat&oacute;n en una de sus nuevas aventuras. Adem&aacute;s, el retrato de la compasi&oacute;n que se hace en diversos momentos del film o los gestos con los que el sheriff Willoughby trata de contactar con el ser humano que probablemente habita dentro de Mildred son instantes cinematogr&aacute;ficos afortunados.
    </p><p class="article-text">
        Hay algo en esta pel&iacute;cula,&nbsp;sin embargo, que&nbsp;nos distancia del relato redondo que hab&iacute;an prometido&nbsp;la avalancha de premios recibidos y diversos profetas del marketing, encargados de agitar nuestro entusiasmo antes de su estreno. Y puede que tengan que ver&nbsp;algunos patinazos de un guion&nbsp;que, por otro lado, est&aacute; siendo muy celebrado (cuenta con una nominaci&oacute;n al Oscar). Es cierto que en su ADN hay talento, unos di&aacute;logos logrados y unas situaciones transgresoras rematadamente divertidas, pero la pel&iacute;cula no puede ocultar puntos d&eacute;biles. Ah&iacute; est&aacute;, por ejemplo, un &lsquo;flashback&rsquo; inoportuno que&nbsp;sirve para justificar torpemente sentimientos; ciertas secuencias de relleno (la visita &lsquo;gore&rsquo; al dentista) o alguna que otra casualidad po&eacute;tica que patina (&iexcl;y de qu&eacute; manera!) dentro de la ficci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero McDonagh es un escritor astuto, que conoce los resortes emocionales y los pasadizos narrativos que hay que recorrer para reconquistar a los que, en alg&uacute;n momento, pudieron llegar a perder la fe en su historia por el camino. Lo hace, por ejemplo, con&nbsp;un final brillante, de los que dejan huella. Tan poco previsible que nos crea, una vez m&aacute;s, la ilusi&oacute;n de que pisamos territorio virgen en un Missouri desquiciado. Un pedazo de Am&eacute;rica que podr&iacute;a habitar, sin embargo, en cualquier rinc&oacute;n del planeta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/anuncios-martin-mcdonagh-desquiciada-socarrona_132_2788649.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Feb 2018 01:00:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Tres anuncios en las afueras’, de Martin McDonagh: justicia desquiciada y socarrona]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Críticas de cine,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Coco’, de Lee Unkrich y Adrián Molina: soñar en la Tierra de los Muertos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/coco-unkrich-adrian-molina-tierra_132_2969646.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/26f9d40b-d25b-4908-a99f-fa85941d781d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Coco’, de Lee Unkrich y Adrián Molina: soñar en la Tierra de los Muertos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La nueva película de Pixar es un prodigio visual que aúna espectáculo y sentido existencialista</p><p class="subtitle">Entre sus múltiples lecturas, viene a decir que ‘somos’ gracias a los que nos aman y que nuestros muertos respiran por nuestros recuerdos</p></div><p class="article-text">
        &lsquo;Coco&rsquo; es una de aquellas ancianas que parecen estar en alguna otra parte. Sentada en una silla de ruedas, con la cabeza derrotada, ajena a todo cuanto pasa a su alrededor. Ning&uacute;n gesto, apenas alg&uacute;n movimiento, poca emoci&oacute;n se asoma por su rostro curtido&nbsp;salvo cuando un recuerdo remoto se le acerca&nbsp;y le da unos golpecitos en el alma.&nbsp;&lsquo;Coco&rsquo;&nbsp;es tambi&eacute;n una criatura prodigiosamente retratada por la tecnolog&iacute;a Pixar&nbsp;y es la bisabuela de Miguel (voz de Anthony Gonz&aacute;lez), el ni&ntilde;o de 11 a&ntilde;os protagonista de la &uacute;ltima pel&iacute;cula de la factor&iacute;a Disney.
    </p><p class="article-text">
        Miguel es un cr&iacute;o astuto y lleno de vida que crece en una familia de zapateros, los Rivera. Son trabajadores, buena gente, pero tambi&eacute;n unos&nbsp;pobres diablos con alg&uacute;n que otro sentimiento mutilado. Miguel ama la m&uacute;sica por encima de todas las cosas y adora a un grande de la canci&oacute;n de su pa&iacute;s, el desaparecido Ernesto de la Cruz (voz de Benjamin Bratt). Sin embargo,&nbsp;la m&uacute;sica est&aacute; proscrita&nbsp;en la casa de los Rivera, la rehuyen como si fuera una maldici&oacute;n. El caso es que Miguel acaba&nbsp;adentr&aacute;ndose en la &ldquo;Tierra de los Muertos&rdquo; para perseguir su sue&ntilde;o&nbsp;y buscar respuestas sobre la triste historia que dej&oacute; marcada para siempre a su familia. Un calavera buscavidas, H&eacute;ctor (en la voz de Gael Garc&iacute;a Bernal) le ayudar&aacute; en su singular aventura.
    </p><p class="article-text">
        El norteamericano&nbsp;Lee Unkrick, director de &lsquo;Toy Story 3&rsquo;, y el cineasta de origen mexicano&nbsp;Adri&aacute;n Molina&nbsp;son los encargados de llevar a la gran pantalla este largometraje de animaci&oacute;n. Un universo barroco de im&aacute;genes coloristas que&nbsp;parte del folclore mexicano y de su alegre culto a los muertos. Se nota que los realizadores abordan la pel&iacute;cula desde la fascinaci&oacute;n que les produce la singular tradici&oacute;n (una muestra de respeto y reconocimiento hacia el pa&iacute;s vecino que, desde luego, se hace m&aacute;s necesaria que nunca en plena era Trump). Pero &lsquo;Coco&rsquo;&nbsp;no se queda en la an&eacute;cdota pol&iacute;tica ni en las buenas intenciones. Tampoco es un simple juguete visual para entretener las fechas navide&ntilde;as de los m&aacute;s peque&ntilde;os. Eso s&iacute;, se trata de una&nbsp;historia conmovedora para todos los p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        La &nbsp;&uacute;ltima tecnolog&iacute;a de animaci&oacute;n se convierte en un veh&iacute;culo lleno de posibilidades para contar un cuento que, curiosamente, sabe encontrarle cierto sentido la existencia. Porque, entre sus m&uacute;ltiples lecturas,&nbsp;viene a decir que &lsquo;somos&rsquo; gracias a los que nos aman, que nuestros muertos respiran por nuestros recuerdos y ya de paso, que el dolor &nbsp;es un chute brutal de vida, aunque pueda alimentar una crueldad insoportable. &iquest;Demasiado para un ni&ntilde;o? Depende de la edad, pero no tanto. De ah&iacute; la inteligencia de &lsquo;Coco&rsquo;: es capaz de&nbsp;alcanzar a cualquiera porque se expresa con emociones cercanas, a trav&eacute;s de la piel de un ni&ntilde;o apasionado que tiene la man&iacute;a de so&ntilde;ar.
    </p><h3 class="article-text">L&aacute;pidas, alebrijes y desfiles</h3><p class="article-text">
        Y entre medias, en el &lsquo;m&aacute;s all&aacute;&rsquo; que recorre el pobre Miguel junto al tarambana y sentimental H&eacute;ctor, sucede&nbsp;un grandioso espect&aacute;culo visual. El espectador disfruta de la deslumbrante estampa de la Ciudad de los Muertos, una megal&oacute;polis con edificios amontonados en ca&oacute;ticos racimos (inevitable recordar el paisaje de l&aacute;pidas del cementerio jud&iacute;o de Praga). O surca los cielos a bordo de alebrijes voladores (esos seres imaginarios llenos de color que parecen cruces de diferentes especies de animales). Con curiosidad tur&iacute;stica tiene tambi&eacute;n la oportunidad de asistir a&nbsp;un entretenido desfile, versi&oacute;n cameo, de personajes cumbre de la cultura mexicana: desde Frida Kahlo a Jorge Negrete pasando por Mar&iacute;a F&eacute;lix hasta aterrizar en &nbsp;el mism&iacute;simo Cantinflas, entre otros.
    </p><p class="article-text">
        &lsquo;Coco&rsquo; es&nbsp;una aut&eacute;ntica fiesta: lo macabro da alegr&iacute;a de vivir, los personajes (a este y al otro lado del barrio) est&aacute;n llenos de matices, de contradicciones. De sarcasmos y ternuras, de rencores y de amores que nunca estuvieron m&aacute;s cerca los unos de los otros. Y como guinda, ofrece buena m&uacute;sica.&nbsp;El espectador se pega el gustazo de escuchar canciones maravillosas. Como esa &lsquo;Llorona&rsquo; con la que Mam&aacute; Imelda (la tatarabuela) intenta detener al peque&ntilde;o Miguel. Una canci&oacute;n que se hizo esperar, demasiado, pero que acab&oacute; &lsquo;confes&aacute;ndose&rsquo; por amor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/coco-unkrich-adrian-molina-tierra_132_2969646.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jan 2018 10:40:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Coco’, de Lee Unkrich y Adrián Molina: soñar en la Tierra de los Muertos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pixar,Películas,Animación,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Asesinato en el Orient Express’, de Kenneth Branagh: un misterio que sobrevive a su destino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/asesinato-orient-express-kenneth-branagh_132_2989163.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/20d2d59e-8bba-48d0-9f21-bfd5ff627826_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Asesinato en el Orient Express’, de Kenneth Branagh: un misterio que sobrevive a su destino"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta nueva adaptación cinematográfica del clásico de Agatha Christie resalta por su reparto coral y por una narración llena de ritmo</p><p class="subtitle">El espectador entra sin darse cuenta en el juego de diseccionar la psique de algunos personajes</p></div><p class="article-text">
        H&eacute;rcules Poirot es un tipo raro de &lsquo;moustache&rsquo; fanfarr&oacute;n y brillantes &ldquo;c&eacute;lulas grises&rdquo; que no para de resolver casos, aunque siempre se encuentre camino del retiro. Es &ldquo;probablemente el mejor detective del mundo&rdquo;. Ahora, la extravagante criatura concebida por&nbsp;<a href="https://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/christie.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Agatha Christie</a>, regresa a la gran pantalla en aut&eacute;ntico estado de gracia&nbsp;de la mano del realizador y actor&nbsp;<a href="http://biografias.estamosrodando.com/kenneth-branagh/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Kenneth Branagh</a>. Lo hace para troncharse leyendo a Dickens, mostrar su gula con un exquisito descaro o poner en evidencia la mediocridad de todo primo que se cruce por su camino. Tiene coartada. Ha de resolver el&nbsp;misterio que rodea al asesinato de un g&aacute;nster muerto, Ratchett (Johnny Depp) en el legendario ferrocarril Orient Express.
    </p><p class="article-text">
        Poirot es un personaje&nbsp; singular, con garra, que Branagh&nbsp;interpreta con formidable talento y respeto&nbsp;sin llegar a la caricatura ni al paroxismo de alg&uacute;n que otro antecesor (es f&aacute;cil acordarse un Albert Finney pasado de rosca en el&nbsp;film hom&oacute;nimo de Sidney Lumet) en la gran pantalla. Sin embargo, esta no es la &uacute;nica baza de la pel&iacute;cula basada en la novela que la escritora brit&aacute;nica escribi&oacute; en 1934.
    </p><p class="article-text">
        Una melancol&iacute;a discreta, pero opresiva, recorre los vagones de&nbsp;'<a href="https://www.filmaffinity.com/es/film166313.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Asesinato en el Orient Express</a>'. Tambi&eacute;n una narraci&oacute;n inteligente donde el misterio que sobrevuela&nbsp;la trama sobrevive a su destino, a un &lsquo;whodunit&rsquo; demasiado c&eacute;lebre. Hasta el punto de que para muchos espectadores la resoluci&oacute;n del caso que plantea la pel&iacute;cula acaba convirti&eacute;ndose en una informaci&oacute;n anecd&oacute;tica, un &lsquo;MacGuffin&rsquo; en toda regla. Porque&nbsp;lo m&aacute;s probable es que la mayor parte de los espectadores conozca el desenlace&nbsp;de una de las obras m&aacute;s le&iacute;das y aplaudidas de Agatha Christie. A lo mejor ya subieron al magn&iacute;fico&nbsp;<a href="https://www.filmaffinity.com/es/film463461.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Orient Express de Sidney Lumet</a>, all&aacute; por los a&ntilde;os 70, pel&iacute;cula en la que se dieron cita algunos de los actores m&aacute;s grandes e inolvidables de la historia del cine como la sublime Ingrid Bergman, Lauren Bacall, John Gielgud, Vanessa Redgrave o Sean Connery.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que a Branagh y al guionista de la pel&iacute;cula, Michael Green ('<a href="https://cinetario.es/2017/10/29/visionado-blade-runner-2049-de-denis-villeneuve-un-paso-transgresor-hacia-la-inmortalidad/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Blade Runner 2049</a>') no les qued&oacute; otra que sostener, con mucha astucia, el inter&eacute;s de unos &lsquo;espectadores resabiados&rsquo;. De este modo, la pel&iacute;cula ofrece&nbsp;una narraci&oacute;n llena de ritmo, en la que el espectador entra sin darse cuenta en el juego de diseccionar la psique de algunos personajes. Resulta estimulante disfrutar de los&nbsp;espejismos que producen las sospechas&nbsp;que se disparan de un punto a otro del ferrocarril. En el trayecto, ayuda y mucho una direcci&oacute;n art&iacute;stica y una ambientaci&oacute;n magistrales.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la pel&iacute;cula tambi&eacute;n tiene sus debilidades. Por ejemplo,&nbsp;ciertas prisas a la hora de revelar el m&oacute;vil del asesinato, quedando a la intemperie demasiado pronto. O la pobre presentaci&oacute;n y escaso desarrollo de algunos personajes.
    </p><p class="article-text">
        Branagh es un cineasta que&nbsp;no se conforma con una narraci&oacute;n cl&aacute;sica de los acontecimientos, sino que busca escenarios, &lsquo;ilusiones &oacute;pticas&rsquo; o puntos de vista transgresores. Y aunque a algunos esto les parece pretencioso, otros aceptan con gusto sus reglas del juego. Ah&iacute; est&aacute;n los espejos que &lsquo;repiten&rsquo; a los personajes, quiz&aacute;s&nbsp;mostrando la posible dualidad que esconden; el t&uacute;nel-pared&oacute;n donde coloca a los sospechosos para afrontar su veredicto; el v&eacute;rtigo que produce ese picado radical al que nos somete para descubrir el cad&aacute;ver del g&aacute;nster Ratchett. O esos&nbsp;paisajes nevados deslumbrantes, que anulan cualquier rastro de humanidad&nbsp;para envolver el crimen y a las criaturas que lo rodean en una dimensi&oacute;n de perturbadora lucidez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/asesinato-orient-express-kenneth-branagh_132_2989163.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Dec 2017 17:48:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Asesinato en el Orient Express’, de Kenneth Branagh: un misterio que sobrevive a su destino]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Crítica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A favor y en contra de ‘Cantando bajo la lluvia’, de Stanley Donen y Gene Kelly]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/cantando-stanley-donen-gene-kelly_132_3026768.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/526c94ce-27b6-407d-9bc7-9ce3c1278137_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A favor y en contra de ‘Cantando bajo la lluvia’, de Stanley Donen y Gene Kelly"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dos críticas contrapuestas de una de las comedias musicales más famosas de todos los tiempos</p><p class="subtitle">¿Desbordante revolución musical y simple comedieta sujeta a los mayores topicazos?</p></div><h3 class="article-text">A favor: desbordante revoluci&oacute;n musical</h3><p class="article-text">
        Cualquiera podr&iacute;a afirmar que los inicios de los a&ntilde;os 50, con un cinemat&oacute;grafo con apenas medio siglo de vida, no era el momento todav&iacute;a de realizar una revisi&oacute;n del cine dentro del cine. El s&eacute;ptimo arte a&uacute;n estaba sufriendo&nbsp;importantes cambios de estructura, concepci&oacute;n estil&iacute;stica y tratamiento de im&aacute;genes, y no hab&iacute;an pasado a&ntilde;os suficientes para realizar la autocr&iacute;tica de un paso al cine sonoro que ni siquiera ten&iacute;a una t&eacute;cnica profesional consolidada. Sin embargo,&nbsp;Stanley Donen&nbsp;y&nbsp;Gene Kelly, dos reconocidos bailarines, core&oacute;grafos y actores de Hollywood, decidieron que ya era tiempo de echar la vista atr&aacute;s y de&nbsp;narrar de la manera m&aacute;s alegre posible la transformaci&oacute;n en sonidos de la etapa muda, que puso en un brete a la industria del cine durante muchos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; surgi&oacute; la historia de Don Lockwood, un Gene Kelly director y protagonista,&nbsp;un famoso gal&aacute;n entre los galanes del cine mudo, que se forja su carrera desde su humilde origen junto a su &iacute;ntimo amigo Cosmo Brown (arrollador&nbsp;Donald O'Connor), y que debe&nbsp;afrontar con igual escepticismo que valent&iacute;a el paso al cine sonoro&nbsp;junto a su compa&ntilde;era de star-system y diva cinematogr&aacute;fica Lina Lamont (iconogr&aacute;fica&nbsp;Jean Hagen), que tendr&aacute; serios problemas con su horrenda voz. En plena transici&oacute;n profesional, irrumpe en su vida la actriz de vodevil y teatro Kathy Shelden (Debbie Reynolds), due&ntilde;a de un gran talento por descubrir, surgiendo&nbsp;entre ambos una atracci&oacute;n que crecer&aacute; a ritmo de canciones&nbsp;que todav&iacute;a hoy permanecen inolvidables.
    </p><p class="article-text">
        Porque 'Cantando bajo la lluvia' es su m&uacute;sica pero se sale de sus propios m&aacute;rgenes. Consagrada como una de las mejores comedias de todos los tiempos, se abri&oacute; paso a taquillazo limpio por el p&uacute;blico de la &eacute;poca, insaciable del cine-espect&aacute;culo, y sigue siendo hoy en d&iacute;a&nbsp;la favorita incluso de reputados detractores del cine musical. Est&aacute; llena de una magia que es dif&iacute;cil de concretar en un instante de su magn&iacute;fico relato, que va m&aacute;s all&aacute; del febril Kelly chapoteando por las calles, y que se desborda por cada colorido fotograma y&nbsp;nos empapa de un buen rollo que manda al rinc&oacute;n de pensar a cualquier cr&iacute;tica sesuda&nbsp;que quiera adentrarse en su calidad como obra de arte.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La revoluci&oacute;n musical de este brillante canto al s&eacute;ptimo arte vino de la mano de unos&nbsp;n&uacute;meros musicales concebidos para provocar en el p&uacute;blico una agradable sensaci&oacute;n de sonrisa y ganas de bailar&nbsp;al mismo tiempo. Son muy pocas las canciones, obra de Gene Kelly, Nacio Herb y Arthur Feed, que no mantienen esa garra, y todos los temas se encuentran ensamblados en el guion con una perfecci&oacute;n tan equitativa como aparentemente espont&aacute;nea. Junto a estos elementos, se suceden&nbsp;hasta una docena de n&uacute;meros de baile en los que la mano inquieta de Stanley Donen tambi&eacute;n ech&oacute; el resto: resultan un despliegue de adrenalina, romanticismo, sarcasmo y vitalidad que en la actualidad solamente han podido sustituir los videoclips y algunos efectos especiales.
    </p><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;os, la fabulosa pel&iacute;cula muda 'The Artist' consigui&oacute; que ese sentimiento nost&aacute;lgico despertara&nbsp;incluso en los que ni siquiera est&aacute;bamos cerca de nacer cuando se estren&oacute;&nbsp;Cantando bajo la lluvia. Canciones como 'Moses', 'Make Them Laugh', 'Good Morning' o la propia 'Singin&rsquo; In The Rain', siguen&nbsp;viajando por el tiempo sin arrugas, como si las d&eacute;cadas no fueran con ellas. Son la receta contra cualquier pesimismo y&nbsp;ponen a la vida del lado de los buenos, de los que cantan y bailan para viajar en su memoria, de los que triunfan gracias a su talento, y de los que nunca nos cansamos de viajar hasta cualquier pasado en que so&ntilde;ar a&uacute;n fuera posible.
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                </figure><h3 class="article-text">En contra: comedia de f&aacute;cil digesti&oacute;n</h3><p class="article-text">
        En 'Delitos y faltas' el personaje protagonizado por Woody Allen (Cliff Stern) le contaba al de Mia Farrow (Halley Reed) que&nbsp;Cantando bajo la lluvia&nbsp;era algo as&iacute; como una pel&iacute;cula imprescindible en momentos de baj&oacute;n existencial. La proyectaba &ldquo;cada dos meses para mantenerse de buen humor&rdquo;. Y es cierto que su visionado regala un chute de optimismo tan absurdo como sanador; quiz&aacute;s sea as&iacute; porque es uno de esos films inmortales que tienen alma. Y el alma, esa alegr&iacute;a que inspira en cualquier hijo de vecino&nbsp;procede de la grandeza de la mayor parte de los n&uacute;meros musicales, que son, sencillamente, gloriosos, una aut&eacute;ntica gozada visual y sonora. Para muchos, 'Cantando bajo la lluvia' es un espect&aacute;culo musical como pocos se han visto en el cine aunque si fueran sinceros ver&iacute;an que, ni de lejos, es la mejor cinta de su g&eacute;nero porque en este caso al alma le falta la chicha.
    </p><p class="article-text">
        No nos enga&ntilde;emos. La pel&iacute;cula siempre ha sido una de los nuestras, como de la familia. Qui&eacute;n no se ha muerto de la risa, en la tierna infancia, con las muecas de goma de O'Connor; qui&eacute;n no se ha dejado marear de entusiasmo con la magia de los pasos de baile y&nbsp;qui&eacute;n no se ha venido arriba subido a ese maravillosa gr&uacute;a desde la que pod&iacute;amos ver a un Kelly plet&oacute;rico regal&aacute;ndonos bajo la lluvia uno de los n&uacute;meros musicales m&aacute;s afortunados del s&eacute;ptimo arte. En fin, es una pel&iacute;cula tan entra&ntilde;able y vistosa que no nos damos cuenta que&nbsp;envuelve a una comedia de f&aacute;cil digesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En ella quiz&aacute;s haya demasiado optimismo,&nbsp;demasiada alegr&iacute;a de vivir, demasiada fiesta. Su visi&oacute;n mordaz hacia la industria del cine y sus gentes se reduce a muy poquita cosa, resulta&nbsp;una broma ligera de las que se perdonan f&aacute;cilmente. Los personajes se pasean por el metraje como unas simp&aacute;ticas caricaturas cargadas de vitalidad y sarcasmo &lsquo;light&rsquo;, del que no sabe hilar muy fino. As&iacute;, mientras los protagonistas masculinos, en definitiva, son&nbsp;unos cachondos y unos pillines que se las saben todas, ellas o asumen la condici&oacute;n de florero&nbsp;sin nada en el interior o son presas de la ingenuidad y la dependencia emocional, tan propias en las pel&iacute;culas de los a&ntilde;os 50.
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        Los di&aacute;logos apenas se disfrazan con dos pinceladas de informaci&oacute;n que permiten hacer avanzar la trama y las situaciones, tan coreografiadas en muchos casos como los n&uacute;meros musicales,&nbsp;parecen desear dar paso a la m&uacute;sica.&nbsp;Porque, por ejemplo, &iquest;qui&eacute;n se cree el enamoramiento de Don Lockwood (Gene Kelly) m&aacute;s all&aacute; del momento en el que le escuchamos &lsquo;chapoteando&rsquo; su pasi&oacute;n sobre los charcos? Por lo dem&aacute;s, las&nbsp;aut&eacute;nticas risas que logra arrancarnos proceden de un truco result&oacute;n: las secuencias donde vemos la descoordinaci&oacute;n que se produce entre voces y gestos de los actores en la noche del estreno de la primera pel&iacute;cula hablada para los estudios del protagonista.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, estamos ante&nbsp;una diversi&oacute;n sanota, lo que no es ni bueno ni malo. Aunque en su valoraci&oacute;n final, a casi todos acabe traicion&aacute;ndonos la morri&ntilde;a. Al fin y al cabo es una pel&iacute;cula con vistas al Hollywood dorado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Avilés Pozo, Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/cantando-stanley-donen-gene-kelly_132_3026768.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Dec 2017 17:45:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A favor y en contra de ‘Cantando bajo la lluvia’, de Stanley Donen y Gene Kelly]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Comedia,Críticas de cine,Musical]]></media:keywords>
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