<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Ángela Labordeta]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/angela_labordeta/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ángela Labordeta]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/513095/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Gramática de lo necesario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/miedo-coronavirus-politicos-soledad-odio-aprendizaje_132_6012741.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf7e99a2-5e7c-48dd-8a7d-a756e0048565_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Imagen de Mylene2401 en Pixabay "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Nos preguntamos si ellos, los que nos representan, han aprendido algo más allá de su bronca fingida y postiza"</p></div><p class="article-text">
        Nuestra educaci&oacute;n pol&iacute;tica se ha basado a lo largo de muchas d&eacute;cadas de nuestra historia en el miedo mezclado peligrosamente con un despotismo intransigente y cruel, que hac&iacute;a que nuestro cielo azul se ensuciara de nubes blancas manchadas de sangre inocente. El miedo, no cabe duda, paraliza y destruye la esencia misma del ser humano. El miedo a ser arrastrado de madrugada hasta una tapia gris y anodina frente a la cual recibir&aacute;s un disparo en el est&oacute;mago, para unos minutos despu&eacute;s recibir un segundo tiro directo al coraz&oacute;n. El miedo a saber que tu hijo puede ser secuestrado y entregado a otros padres mientras a ti, mujer, te aseguran que tu ni&ntilde;a naci&oacute; muerta y t&uacute; no puedes ni sentirla ni verla y en tus muslos la vida se agrieta y toma forma de venganza. El miedo a saberte en manos de verdugos que en nombre de no s&eacute; qu&eacute; razones golpean tu cuerpo y tu intimidad y te insultan y te anudan la cordura en el hilo donde se instala la locura que sientes al saber que ser&iacute;as capaz de matar porque odias y tienes miedo. Conocemos nuestra historia y sabemos que las despedidas miran hacia atr&aacute;s mientras el conocimiento inevitablemente, y si lo es, debe mirar hacia delante de forma decidida y de forma audaz avanzar y eso es algo que igualmente deber&iacute;amos pedirle a la pol&iacute;tica: que sepa avanzar con decisi&oacute;n en este siglo XXI de grandes mentiras y de eternas esperanzas.
    </p><p class="article-text">
        Llevamos tres meses padeciendo un miedo nuevo, el miedo a un virus al que no podemos ver pero sentimos cuando miramos a nuestro vecino a los ojos a trav&eacute;s de una mascarilla o cuando en la fila del supermercado alguien tose justo detr&aacute;s nuestro o cuando simplemente no sabemos qu&eacute; hacer al saber que en la soledad de nuestra casa es donde mejor nos encontramos, en soledad y con nuestras peque&ntilde;as verdades cotidianas que se han hecho insustituibles y reinan nuestro d&iacute;a a d&iacute;a no sin cierta tiran&iacute;a. Pero sabemos que la vida de antes volver&aacute; y sabemos que todo lo aprendido no vamos a olvidarlo y entonces nos preguntamos si ellos, los que nos representan, han aprendido algo m&aacute;s all&aacute; de su bronca fingida y postiza que no tiene justificaci&oacute;n humana ni &eacute;tica, tan solo de sordo rumor que nos llega y nos hace sentir dolor porque nos recuerda que hay cosas que nos dan miedo, porque no queremos que vuelvan jam&aacute;s y a veces son ellos, desde sus esca&ntilde;os, los que m&aacute;s miedo nos dan con su gram&aacute;tica perversa de flechas infectadas de odio que lanzan con la inmadurez propia de un adolescente imberbe, superfluo y precozmente hist&eacute;rico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/miedo-coronavirus-politicos-soledad-odio-aprendizaje_132_6012741.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2020 04:50:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/cf7e99a2-5e7c-48dd-8a7d-a756e0048565_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="228790" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/cf7e99a2-5e7c-48dd-8a7d-a756e0048565_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="228790" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Gramática de lo necesario]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/cf7e99a2-5e7c-48dd-8a7d-a756e0048565_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ahora]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/ahora_132_6027694.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b285b1a-2cb4-45ec-b820-64c0ab25ba7d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Grafitis de protesta por la muerte de George Floyd."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ahora que simplemente ya no sé si hay esperanza, me dispongo a esperar y con el latido sordo de tu corazón detenido confío en el futuro, que lo será siempre que seamos presente y lo seamos valiente y de ternura</p></div><p class="article-text">
        Ahora que vivimos entre el desconcierto y la sorpresa, entre la indignaci&oacute;n y la m&aacute;s profunda de las tristezas al comprobar que los astros nunca estuvieron de nuestro lado y que en el firmamento se escribe con letras de sangre los golpes que acaban con la vida de los desafortunados que nacieron con un determinado color de piel y en pa&iacute;ses que por desarrollados se convierten en verdugos insaciables, en violentos jueces de palabras obscenas y cobard&iacute;a temprana. Ahora que todo eso lo observamos y lo lamentamos desde un confinamiento que nos ha hecho vivir en una somnolencia de charca bajo sol de agosto, es cuando comprendemos que nos alegra saber que la vida sigue con su cadencia de d&iacute;as encadenados y que tenemos que huir de gobernantes que act&uacute;an con la misma osad&iacute;a que muestra un ni&ntilde;o cuando le invitan a saltar al primer ba&ntilde;o de su vida porque abajo, en el agua, le esperan los brazos de su querido pap&aacute;. Y entonces nos damos cuenta de que nosotros no podemos ser los brazos que detengan la barbarie de sus gobernantes, porque el agua nos llega hasta el cuello, nos ahoga en nuestra boca de razones negadas y ciega nuestros ojos que quiz&aacute; hace a&ntilde;os que dejaron de ver.
    </p><p class="article-text">
        Ahora que es junio descubro que cuanto mas intento creer m&aacute;s f&aacute;cil me resulta dudar y cu&aacute;nto m&aacute;s intento encontrarme m&aacute;s perdida estoy en esta feria de truhanes, de seres malvados que se afanan en convertir nuestra manzana en una serpiente que repta desde la copa de cualquier &aacute;rbol, para meterse por nuestro escote y morder nuestro coraz&oacute;n intacto e inocente. Y releo la historia, la de los hombres y las mujeres que han creado desvelos, bien sea con sus palabras, bien sea con sus utop&iacute;as, bien sea con sus interminables dudas, bien sea incluso con su muerte y me agarro a su vuelo porque hay que salir de aqu&iacute;, de esta especia de locura que nos ha dejado a la deriva y nos ha hecho ser conscientes de que somos blancos e intocables en una primavera que arde cuando la vida alcanza su m&aacute;s m&iacute;nimo valor.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, me dices o yo recuerdo que me dijiste, hay m&aacute;s esperanza que nunca y yo me subo a la noche en la que juntos recorrimos todas las aceras buscando esa vida no fracasada que t&uacute; me jurabas &iacute;bamos a vivir, pero t&uacute; tambi&eacute;n te fuiste y en este junio, que es como disparo al amanecer, recorro una vez m&aacute;s todas las aceras y no pienso detenerme porque ahora simplemente ya no tenemos excusas y los locos son cada d&iacute;a m&aacute;s locos y los pobres cada d&iacute;a m&aacute;s pobres y los necios cada d&iacute;a m&aacute;s necios y el miedo cada d&iacute;a m&aacute;s miedo.
    </p><p class="article-text">
        Ahora que simplemente ya no s&eacute; si hay esperanza, me dispongo a esperar y con el latido sordo de tu coraz&oacute;n detenido conf&iacute;o en el futuro, que lo ser&aacute; siempre que seamos presente y lo seamos valiente y de ternura. Combativo y sin mentiras. Decidido y nuevo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/ahora_132_6027694.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jun 2020 04:50:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5b285b1a-2cb4-45ec-b820-64c0ab25ba7d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="534951" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5b285b1a-2cb4-45ec-b820-64c0ab25ba7d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="534951" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Ahora]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5b285b1a-2cb4-45ec-b820-64c0ab25ba7d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De niños y olvidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/ninos-recreo-infancia-relaciones_132_6043834.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/406d4f11-9459-48cf-8c75-89fa1daafd9c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Imagen de Ramadhan Notonegoro en Pixabay"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Nuestra fortaleza estaba en nuestro espíritu, un sarcófago de vidrio al que todos consideraban locura"</p></div><p class="article-text">
        En el patio de mi recreo, que era de asfalto y sin &aacute;rboles, hab&iacute;a dos bandas y a m&iacute; no me gustaba ni la que lideraba Jorge, al que todos llamaban George ignoro el motivo, ni la que lideraba Samuel, al que llamaban Sam porque era algo as&iacute; como r&aacute;pido y ventajoso y &eacute;l se pensaba el tipo m&aacute;s r&aacute;pido y ventajoso del planeta. En ese patio de recreo, que recuerdo con esquinas mordidas por el viento y silencios acunados por el desgarro de la soledad, casi todos los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as pertenec&iacute;an a una u otra banda y solo tres ni&ntilde;as, Elena, Iris y yo camin&aacute;bamos de forma desordenada, sin detenernos en ninguna conversaci&oacute;n porque todas nos parec&iacute;an el eco de la vanidad de dos jefes que lo eran porque sab&iacute;an seducir a los d&eacute;biles, amaestrar a los iguales y atemorizar a aquellos que eran simplemente seres superiores, pero que en el interior de la manada, tambi&eacute;n llamada tribu, pasaban desapercibidos, eran humillados e incluso en alguna ocasi&oacute;n vi c&oacute;mo les pegaban por haber sido sobresaliente en aquella reflexi&oacute;n sobre el estoicismo, cuando ni George ni Sam sab&iacute;an qu&eacute; eran los estoicos, ni la raz&oacute;n por la que el vestido de la arrogancia es el primero que se deshace con el paso del tiempo. Iris a veces pensaba y actuaba como un hombre, como un  hombre adulto quiero decir, adulto e inteligente, y en sus actos y en sus movimientos desplegaba una actitud vertical propia de los hombres, lo que hac&iacute;a que Elena y yo estuvi&eacute;ramos siempre mucho m&aacute;s solas, porque nosotras ten&iacute;amos una voz tenue y ten&iacute;amos miedo cuando George y Sam se acercaban y nos dec&iacute;an que ten&iacute;amos que elegir estar en un grupo o en otro y nosotras baj&aacute;bamos la mirada y dec&iacute;amos que no, que no quer&iacute;amos ser d&eacute;biles, que no quer&iacute;amos ser como ellos y menos querr&iacute;amos ser humilladas y apaleadas. A Iris, sin embargo, nunca le preguntaban nada y le dejaban que volara sobre el asfalto del patio del recreo con su halo de superioridad y su silencio de tiempo exacto. Algunos d&iacute;as, eran los menos, dejaban que Elena y yo pase&aacute;ramos solas y no nos molestaban y en esos d&iacute;as Elena y yo nos cont&aacute;bamos historias de la ciudad, historias que hab&iacute;amos visto a trav&eacute;s de las ventanas entre abiertas y Elena me desvelaba su carta de amor y yo me enfurec&iacute;a tristemente al saber que Sam la hab&iacute;a abordado y Elena hab&iacute;a abierto las persianas de su vida  y se hab&iacute;a asomado al balc&oacute;n donde Sam la esperaba y atr&aacute;s hab&iacute;an dejado la ciudad con sus luces abigarradas, sintiendo el viento de la noche que ven&iacute;a desde todos los confines del mundo y siendo sinceramente felices. Aquel d&iacute;a call&eacute; y call&eacute; todos los d&iacute;as que estuvieran por venir, pero alguien habl&oacute; y aquella ma&ntilde;ana de febrero, fr&iacute;a y desnuda, vimos c&oacute;mo los dos grupos se enfrentaban y escuchamos c&oacute;mo George le gritaba a Sam que no ten&iacute;a valor si nos dejaba hacer y decir lo que nos diera la gana, que el jefe impone las normas y el pueblo obedece, esa es la &uacute;nica religi&oacute;n que esas dos deben acatar, sentenci&oacute;. Entonces los dos grupos, esta vez unidos, vinieron hacia donde est&aacute;bamos Elena y yo y con palabras de ofensa nos insultaron hasta que nosotras comenzamos a llorar y ellos a re&iacute;r y recuerdo como propio el dolor que experiment&oacute; Elena cuando Sam le dio una patada que le hizo tambalear, caer al suelo y quedarse as&iacute;: encerrada y encogida mientras George y Sam gritaban: &iexcl;Qu&eacute; todo el mundo sepa qui&eacute;nes son aqu&iacute; los jefes! Entonces los llam&eacute; miserables, muy alto, y no me pegaron, simplemente se marcharon otorg&aacute;ndome la indulgencia que se otorga a las mujeres bobas y d&eacute;biles. Elena no volvi&oacute; al recreo e Iris se convirti&oacute; en mi mejor amiga y las bandas de Sam y George jam&aacute;s volvieron a molestarnos: nuestra fortaleza estaba en nuestro esp&iacute;ritu, un sarc&oacute;fago de vidrio al que todos consideraban locura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/ninos-recreo-infancia-relaciones_132_6043834.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 May 2020 04:50:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/406d4f11-9459-48cf-8c75-89fa1daafd9c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="317128" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/406d4f11-9459-48cf-8c75-89fa1daafd9c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="317128" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[De niños y olvidos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/406d4f11-9459-48cf-8c75-89fa1daafd9c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una niña de posguerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/nina-posguerra-infancia-coronavirus-pandemia-futuro_132_5956364.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ea46b89c-7c7f-4cba-bcb5-45d1534ebb64_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Un niño y una niña leyendo unos libros de la biblioteca de Misiones Pedagógicas, hacia 1932. | Residencia de Estudiantes, Madrid."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Mi madre recuerda las cosas como se recuerdan los recuerdos: seleccionando el dolor para que este sea menos doloroso y vistiendo la pena con faldones y corazones de serrín"</p></div><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as de confinamiento las conversaciones esdrujulean hasta el lugar donde nacen los recuerdos, aquellos que nos sostienen y que cuando nos llaman por nuestro nombre nos permiten reconstruir la escena que es la de nuestra vida. Mi madre tiene 81 a&ntilde;os y a s&iacute; misma se reconoce como una ni&ntilde;a de posguerra y no lo dice con pena ni con rencor, lo dice como se dicen las cosas que al recordarlas te traen la misma dosis de intranquilidad que de felicidad, la misma dosis de tristeza que de nostalgia. Mi madre recuerda que con cuatro o cinco a&ntilde;os supo que los reyes eran su madre y su abuela y pens&oacute; que eso estaba bien, porque hasta ese momento le parec&iacute;an unos tipos muy injustos y malvados, porque con ella, que siempre se portaba bien, se portaban muy mal y sin embargo con Amelia y su hermana, que eran cruelmente insoportables, se portaban extremadamente bien. As&iacute; que cuando supo que su madre y su abuela eran los reyes le pareci&oacute; una magn&iacute;fica noticia y las quiso todav&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s cuando supo que ellas fabricaban con sus manos los regalos que cada seis de enero depositaban sobre su cama y aquellas mu&ntilde;ecas, rellenas de serr&iacute;n&nbsp; y con un coraz&oacute;n de latido imborrable, eran la met&aacute;fora de todas las vidas que su madre y su abuela, viudas de guerra, hab&iacute;an vivido. Mi madre me dice que aquellas mu&ntilde;ecas de faldones al aire llegaron a ser la envidia en su calle y en su barrio y hasta Amelia y su hermana la envidaron por esas mu&ntilde;ecas que su pap&aacute;, negociante de lo ajeno, jam&aacute;s les pudo comprar por mucho dinero y contactos que tuviera. Mi madre recuerda las cosas como se recuerdan los recuerdos: seleccionando el dolor para que este sea menos doloroso y vistiendo la pena con faldones y corazones de serr&iacute;n. Y a m&iacute; me gusta que lo haga as&iacute;, porque no quiero ni puedo imaginar los silencios en una casa de mujeres valientes y de luto, donde una ni&ntilde;a sin sonrisa se balanceaba ebria de vida en una vida que no sab&iacute;a si le gustaba vivir
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; c&oacute;mo recordaremos estos tiempos de Covid. No s&eacute; si haremos de las ventanas y de los balcones una nueva forma de entendernos y de hacernos una sociedad algo mejor. Ojal&aacute; y ojal&aacute; la dulzura y atrocidad del pasado sean el recuerdo que nos permita un presente donde no haya llaves maestras, donde todos tengamos una salida a nuestro alcance y la palabra se vista de gala para invitarnos a bailar y no para castigarnos y ser ata&uacute;d de todo aquello que siendo ni&ntilde;as de posguerra ellas sintieron y han hecho hermoso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/nina-posguerra-infancia-coronavirus-pandemia-futuro_132_5956364.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 May 2020 04:50:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ea46b89c-7c7f-4cba-bcb5-45d1534ebb64_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="495058" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ea46b89c-7c7f-4cba-bcb5-45d1534ebb64_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="495058" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Una niña de posguerra]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ea46b89c-7c7f-4cba-bcb5-45d1534ebb64_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aragón, rima de futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/aragon-rima-futuro-dia-de-aragon-san-jorge_132_5895198.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f475cde8-610c-4e95-aa2f-d6f68ca2d370_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La bandera de Aragón "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Este 23 de abril, Día de Aragón, será distinto porque no habrá calle, ni actos de palabras, en ocasiones rimas desacertadas y obsoletas, sobre el Aragón que tenemos y aquel que debemos alcanzar"</p></div><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica miente porque es social y solo unos pocos aciertan a explicar esta afirmaci&oacute;n, que no nace como una cr&iacute;tica, sino como una constataci&oacute;n de que la pol&iacute;tica miente y lo hace con mayor eficacia en su parte social, porque es la m&aacute;s emocional, la m&aacute;s f&aacute;cil de confundir, la m&aacute;s f&aacute;cil de pervertir y de persuadir. Hoy es 23 de abril y seguimos bajo el azote de esta pandemia y seguimos sin entender muy bien qu&eacute; ha pasado y nos acordamos de cuando &eacute;ramos ni&ntilde;os y ve&iacute;amos la ma&ntilde;ana cortando el horizonte sobre la ciudad o sobre el mar y sent&iacute;amos una inmensa paz, porque sab&iacute;amos qu&eacute; iba a suceder despu&eacute;s y sab&iacute;amos que la casa era nuestro refugio y la calle nuestra libertad, ese espacio en el que reivindicarnos, en el que jugar, en el que amar, en el que ser la voz de una gran multitud e incluso el silencio de esa misma multitud. Pero este 23 de abril, D&iacute;a de Arag&oacute;n, ser&aacute; distinto porque no habr&aacute; calle, ni actos de palabras, en ocasiones rimas desacertadas y obsoletas, sobre el Arag&oacute;n que tenemos y aquel que debemos alcanzar; en este 23 de abril solo estaremos nosotros: nosotros en nuestras casa, nosotros en nuestros sue&ntilde;os, nosotros en nuestras ilusiones, nosotros en nuestros silencios, nosotros en nuestro Arag&oacute;n al que le permitimos que nos haga trampas porque lo amamos tanto que le perdonamos todo y en voz baja le decimos que nuestra relaci&oacute;n es m&aacute;s emocional que pol&iacute;tica y eso a Arag&oacute;n le gusta y le decimos que somos la esencia cultural de una generaci&oacute;n que decidi&oacute; que Arag&oacute;n ten&iacute;a un futuro en consonancia con su propia rima, sin desentonar ni traicionar al resto de las rimas que conforman Espa&ntilde;a. Y Arag&oacute;n nos escucha como siempre lo ha hecho, pero ahora el futuro es terriblemente incierto y los slogans ya no sirven para reclamar la autonom&iacute;a plena y mucho menos para seguir crey&eacute;ndonos v&iacute;ctimas de una historia de malos y buenos en la que ni unos eran tan malos ni los otros tan buenos. Vienen tiempos convulsos y Arag&oacute;n lo sabe y nos explica que tendremos que volver sobre nuestros pasos para encarecidamente hacernos m&aacute;s sabios y comprender que la vida tiene que ser ese gran sue&ntilde;o que no juega a la confrontaci&oacute;n y que en su individualidad, su caracter&iacute;stica primera, tiene que superar fronteras de miedo, fronteras de grandeza, fronteras de mentiras para de esa forma conseguir que en nuestra parte social, tan vulnerable y dolorosa, nadie m&aacute;s nos mienta y por fin seamos conscientes de que se puede amar sin necesidad de odiar y de que Arag&oacute;n es esa parte del mundo que brota de coraje, que avanza en infinitivo, no en imperativo, y que se desliza femenina y estoicamente hacia todos los a&ntilde;os que nos quedan y son por vivir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/aragon-rima-futuro-dia-de-aragon-san-jorge_132_5895198.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Apr 2020 17:58:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f475cde8-610c-4e95-aa2f-d6f68ca2d370_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="208751" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f475cde8-610c-4e95-aa2f-d6f68ca2d370_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="208751" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Aragón, rima de futuro]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f475cde8-610c-4e95-aa2f-d6f68ca2d370_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un chiste inoportuno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/chiste-inoportuno_132_5872167.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/24446cd2-17d9-45d1-975c-690a6083c781_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Imagen de archivo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Los recuerdos tienen el valor de los combates que otros dijeron que habíamos perdido y que nosotros ni siquiera habíamos peleado porque el chiste resultó tan inoportuno que simplemente habíamos dejado de escuchar"</p></div><p class="article-text">
        Todos tenemos o hemos tenido un jefe que en el momento m&aacute;s inoportuno cuenta ese chiste que, desafiando cualquier l&oacute;gica del sentido com&uacute;n, provoca un desvelo profundo en el alma y una sentida verg&uuml;enza por ese tipo que es tu jefe y que al hacerse jefe ha perdido toda la decencia que le ense&ntilde;&oacute; su mam&aacute; y toda la humildad que le describi&oacute; su pap&aacute;. A veces ese jefe hemos sido nosotros y al contar ese chiste inoportuno, que provoca un desvelo profundo en el alma, nos hemos sentido como si fu&eacute;ramos dioses y nos hemos sentido as&iacute; porque simplemente &eacute;ramos jefes y los jefes pueden hacer y decir lo que quieran y no importa si tienen o no tienen raz&oacute;n, no importa siquiera si lo que dicen es gracioso o no porque ellos marcan el ritmo, ponen la m&uacute;sica y nos insultan con la letra.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de los a&ntilde;os, polvareda de cosas ni tan buenas ni tan malas, he alcanzado a conocer a algunos de esos &ldquo;jefes&rdquo; que no son especialmente graciosos, que no son especialmente inteligentes, que no son especialmente casi nada y que sin embargo tienen un elemento en com&uacute;n: el de saber contar un chiste inoportuno en el momento m&aacute;s inoportuno y ser tan inoportunos que ni siquiera son conscientes de su falta de oportunidad aun cuando el chiste no provoca m&aacute;s carcajada que la suya propia, que es ruidosa y llega como un alarido de estupidez.
    </p><p class="article-text">
        Desde mi quinto piso y sobre el infinito silencio que cobija&nbsp; a la ciudad y que es deliberadamente molesto por ser como un mantra que esconde el nombre que describe a la muerte, me acuerdo de alguno de esos jefes, de aquel que describi&oacute; con un cuchillo el nombre de unas muchachas a la que iba a despedir y lo hizo entre sonoras carcajadas y vomitando sobre un chiste que era su propia r&eacute;plica o de ese otro que convirti&oacute; la vida de quienes le amaban en un chiste de dolor y desprecio, y al acordarme no siento absolutamente nada, es como si nunca los hubiera soportado, como si nunca hubieran existido. Y as&iacute; en este nuevo d&iacute;a de confinamiento descubro que los recuerdos tienen el valor de los combates que otros dijeron que hab&iacute;amos perdido y que nosotros ni siquiera hab&iacute;amos peleado porque el chiste result&oacute; tan inoportuno que simplemente hab&iacute;amos dejado de escuchar y sin preguntar hab&iacute;amos tomado otro rumbo hacia lugares imaginados, so&ntilde;ados o sencillamente imposibles.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/chiste-inoportuno_132_5872167.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2020 22:11:20 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/24446cd2-17d9-45d1-975c-690a6083c781_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="306349" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/24446cd2-17d9-45d1-975c-690a6083c781_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="306349" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Un chiste inoportuno]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/24446cd2-17d9-45d1-975c-690a6083c781_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La utilidad de lo inútil]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/utilidad-inutil-cultura_132_2265145.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/88d4a4b0-1419-4d0f-8c18-0c389ba3206a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Libro "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"No hay nada más útil que lo que algunos tachan de inútil y su utilidad lo es porque es la esencia de nuestra felicidad"</p></div><p class="article-text">
        Hace unos cuantos a&ntilde;os cay&oacute; en mis manos un libro de Nuccio Ordine, &ldquo;La utilidad de lo in&uacute;til&rdquo;, donde con precisi&oacute;n de cirujano el autor italiano describe la raz&oacute;n por la que aquello que a priori se tacha de in&uacute;til es finalmente la utilidad para hacernos m&aacute;s personas, para sentirnos m&aacute;s cerca o para ser, aunque sea de forma fugaz, algo m&aacute;s felices.
    </p><p class="article-text">
        El tiempo es un amante fiel que a su pesar no regresa, pero tambi&eacute;n es el porvenir de todas nuestras esperanzas, que lo son porque hemos construido nuestro puzzle de peque&ntilde;os seres humanos con retazos de miles de historias que otros nos han contado, con retazos de miles de canciones que otros nos han cantado, con retazos de miles de palabras que otros nos han escrito, con retazos de miles de pasos que otros nos han bailado, con retazos de miles de cuadros que otros nos han pintado, con retazos de miles de interpretaciones que otros nos han brindado y que nosotros hemos visto, hemos le&iacute;do, hemos escuchado, hemos bailado, hemos sentido, hemos re&iacute;do e incluso llorado.
    </p><p class="article-text">
        Hoy es un d&iacute;a m&aacute;s dentro de esta situaci&oacute;n de alarma que estamos viviendo a causa de una pandemia que nos arrebata lo que m&aacute;s amamos: la vida, y ante eso somos solidarios con todos aquellos que hacen lo que nosotros no podemos hacer y que nos cuidan para que ma&ntilde;ana podamos ver de nuevo el sol y de nuevo podamos regresar a esa playa y, sin pedir nada y con nuestro libro entre las manos, volvamos a esa mesa y a ese camarero que casi con toda seguridad nos saludar&aacute; como si realmente nada hubiera pasado.
    </p><p class="article-text">
        Pero los d&iacute;as est&aacute;n pasando y los pasamos confinados en casa leyendo, visitando museos <em>online,</em> viendo pel&iacute;culas, series, documentales y cantando todas las canciones que nos hacen felices y m&aacute;s fuertes. Porque no hay nada m&aacute;s &uacute;til que lo que algunos tachan de in&uacute;til y su utilidad lo es porque es la esencia de nuestra felicidad, que, junto a la vida, es lo m&aacute;s importante que tenemos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/utilidad-inutil-cultura_132_2265145.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Apr 2020 22:23:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/88d4a4b0-1419-4d0f-8c18-0c389ba3206a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1487888" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/88d4a4b0-1419-4d0f-8c18-0c389ba3206a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1487888" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[La utilidad de lo inútil]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/88d4a4b0-1419-4d0f-8c18-0c389ba3206a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tanto y tan poco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/tanto-y-tan-poco-cuarentena-coronavirus-codid-19-aislamiento-soledad_132_1216731.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6b8c8870-39bf-48b7-a141-15b759de016d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Tanto y tan poco "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Me acuerdo de las vidas que están dentro de cada una de las casas, de las vidas que se luchan en los hospitales, del silencio en el interior de un camión que es el salvoconducto para nuestra supervivencia"</p></div><p class="article-text">
        Levanto la vista del papel en el que escribo y me encuentro con el rostro que es de otro y que desde alg&uacute;n lugar del pasado me recuerda que hubo otros d&iacute;as que volver&aacute;n y as&iacute; desde una habitaci&oacute;n con ventanas a un patio de vecinos que por silencioso y blanco asemeja la sala vac&iacute;a de un psiqui&aacute;trico, me acuerdo de las vidas que est&aacute;n dentro de cada una de las casas, de las vidas que se luchan en los hospitales, del silencio en el interior de un cami&oacute;n que es el salvoconducto para nuestra supervivencia. Me acuerdo de todos aquellos que hacen lo que otros no podemos hacer y pienso que tenemos suerte, mucha suerte, porque podemos lavarnos las manos, porque tenemos un sistema que nos protege, porque gozamos de una sanidad que, aunque diezmada y en cierto modo insultada, funciona, se esfuerza y nos salva. Y cuando pienso en todo esto, andando por mi habitaci&oacute;n de libros y m&uacute;sica, relatando en voz alta el relato de tantas historias, me aventuro a bucear en el futuro y me veo encontr&aacute;ndome con unos y con otros, me alegro por entero, me colman las l&aacute;grimas ante tanta belleza y doy saltos y siento una felicidad tan sonora como nuestra primera carcajada juntos. La ilusi&oacute;n es ef&iacute;mera, pero por unos instantes veo el color y&nbsp; la luz de los d&iacute;as que est&aacute;n por llegar, hasta que el silencio me devuelve a la realidad de d&iacute;as que son la repetici&oacute;n de otros d&iacute;as y que constituir&aacute;n la maleta m&aacute;s importante de nuestra vida futura, porque en estos d&iacute;as hemos comprendido que no somos dioses, hemos aprendido a sabernos vulnerables y a tener miedo, hemos gritado sordamente cuando el dolor nos arrancaba la piel y nos hemos otorgado la grandeza de sabernos humanos y como humanos tenemos el deber de no olvidar y la sabidur&iacute;a de saber recordar.
    </p><p class="article-text">
        Estamos inmersos en d&iacute;as tibios donde impera la angustia y el desasosiego de no saber qu&eacute; va a pasar, de no saber c&oacute;mo saldremos de todo esto y si acaso saldremos. Y de forma inconsciente ponemos el calendario en el mes de junio y so&ntilde;amos que estamos siendo mecidos por las olas de tantos mares como a&ntilde;oranzas tenemos. Llegar&aacute; julio y agosto y septiembre y octubre y el tiempo del horror quedar&aacute; en el recuerdo de las cosas vividas que no podemos ni debemos olvidar, para de una vez por todas avanzar hacia una sociedad de justicia que tiene su mayor tesoro en todo lo que en tiempos de c&oacute;lera t&uacute; supiste dar a cambio de nada, en todo lo que t&uacute; supiste callar para vencer al dolor, en todo lo que nosotros supimos hacer para que la vida fuera de nuevo un teatro enamorado, un blues al anochecer y &nbsp;as&iacute; recuperar los miles de besos que nos rob&oacute; aquella aurora que se visti&oacute; de muerte y de enfermedad, para recordarnos que solo somos humanos. Tanto y tan poco.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/tanto-y-tan-poco-cuarentena-coronavirus-codid-19-aislamiento-soledad_132_1216731.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Apr 2020 22:09:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6b8c8870-39bf-48b7-a141-15b759de016d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="180456" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6b8c8870-39bf-48b7-a141-15b759de016d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="180456" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Tanto y tan poco]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6b8c8870-39bf-48b7-a141-15b759de016d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Donde no llegan los aviones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/llegan-aviones_132_1003316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a8f41051-2b70-40b5-b14e-13caed538bce_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El sector aéreo mundial ganará este año un 2,3 % menos, pero mejorará en 2018"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"En esos viajes, no te lo dije, yo te imaginaba como al hombre invisible, colándote en todas las vidas de la ciudad, a la que tú llamabas manicomio sin rejas"</p></div><p class="article-text">
        Te repet&iacute;an una y otra vez que ten&iacute;as que viajar m&aacute;s, que solo recorriendo el mundo se aprende sobre las cosas importantes de la vida, esas que te dan la maestr&iacute;a de la elocuencia, la destreza de la iron&iacute;a, la pasi&oacute;n medida de quien ha visto y cree haber sentido casi todo y por eso es capaz de retar al miedo y ponerle alas a la grandilocuencia. Pero t&uacute; no hac&iacute;as mucho caso y tampoco tratabas de explicar que, aunque nadie lo entendiera, viajabas mucho, a diario, y en tus viajes ocupabas con tu silencio las vidas que los otros viv&iacute;an sin saber que t&uacute;, de alguna manera, les estabas usurpando su m&aacute;s &iacute;ntima intimidad.
    </p><p class="article-text">
        Aquel sereno d&iacute;a, que era de quietud extrema tras una noche sin colegio al d&iacute;a siguiente, me contaste que viajabas tanto que hasta cuando quer&iacute;as parar en tus viajes ya no sab&iacute;as ni pod&iacute;as hacerlo, porque en cualquier peque&ntilde;o traslado que hicieras por no importaba qu&eacute; zona de la ciudad, te deten&iacute;as en cada casa, en cada ventana, ante cada puerta cerrada y tras abrirlas, entrabas en aquellas casas y ocupabas su felicidad, tambi&eacute;n todas sus tristezas, su aburrimiento, sus desesperanzas e incluso dolores que ellos mismo ignoraban y viajabas a sus almas y eso te produc&iacute;a, me dijiste, una dolorosa nostalgia por el tiempo que viviste all&iacute; y que luego ten&iacute;as que borrar para seguir viajando entre las paredes oscuras de la ciudad. En esos viajes, no te lo dije, yo te imaginaba como al hombre invisible, col&aacute;ndote en todas las vidas de la ciudad, a la que t&uacute; llamabas manicomio sin rejas, porque dec&iacute;as que estaba infectada de una locura que cada uno resolv&iacute;a simulando la cordura que de &eacute;l se esperaba. Pero t&uacute; hab&iacute;as buceado en la ciudad, hab&iacute;as visto su subsuelo, al hombre hundido, a la mujer prisionera y al ni&ntilde;o insolente blandiendo su espada hacia un cielo cada vez m&aacute;s gris. Entonces decidiste dejar de viajar y me mandaste un mensaje breve: &ldquo;La ciudad no existe; la ciudad es locura, es espejismo. La ciudad es un tipo manejando los hilos all&iacute; donde no llegan los aviones&rdquo;. Puede que tuvieras raz&oacute;n y que todo fuera un teatro de gui&ntilde;ol al que t&uacute; en tus innumerables viajes hab&iacute;as dado vida o simplemente hab&iacute;as figurado que as&iacute; era. Eso no lo &iacute;bamos a saber nunca y mientras la ciudad todav&iacute;a dorm&iacute;a, segu&iacute; la estela de un avi&oacute;n hasta ese lugar donde no llegan los aviones. No te encontr&eacute;, solo hall&eacute; la sombra deformada de una ciudad que era el eco magn&eacute;tico de su intransigente compasi&oacute;n y llor&eacute; al comprender que t&uacute; eras el sue&ntilde;o del que no quer&iacute;a despertar. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/llegan-aviones_132_1003316.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Feb 2020 21:27:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a8f41051-2b70-40b5-b14e-13caed538bce_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="19616" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a8f41051-2b70-40b5-b14e-13caed538bce_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="19616" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Donde no llegan los aviones]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a8f41051-2b70-40b5-b14e-13caed538bce_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tras la última parada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/ultima-parada-kafka-strimberg-lorca-antonio-machado-carmen-martin-gaite-steiner-maryse-conde_132_1061031.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8a97288f-1b0e-43d4-b09c-5af281333dab_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pero nosotros hemos leído a Lorca y por eso nos sentimos mucho mejor y sabemos que quedan muchas cosas por hacer y por decir</p></div><p class="article-text">
        Franz Kafka escribi&oacute;: &ldquo;Me siento mucho mejor porque he le&iacute;do a Strindberg&rdquo;. Hubiera valido que el nombre hubiera sido el de Antonio Machado, Carmen Mart&iacute;n Gaite, Steiner, Maryse Cond&eacute; o el de cualquiera de esas escritoras, fil&oacute;sofos, poetisas o ensayistas que nos hacen sentir mucho mejor y nos ense&ntilde;an a ser libres entre las tempestades que impulsan corrientes de pensamiento &uacute;nico. Vivimos instalados en la furia del ruido, de las fake news, de las ocurrencias pasadas de moda que algunos quieren volver a poner de moda, de los alaridos que ara&ntilde;an la vida con fronteras de muros y actitudes de desprecio a todo lo que es lo que no soy yo y a todo lo que piensa lo que yo no pienso. Y aun as&iacute; vivimos. Vivimos s&iacute;, pero en medio de todo ese caos somos simples rehenes porque nadie nos explic&oacute;, y no fue casual que as&iacute; fuera, que nuestra espalda est&aacute; indefensa y que si no cultivamos el arte de la soledad que ensancha nuestro pensamiento, acabaremos convertidos en simples piezas, invisibles y descoloridas, de eso que se llama pueblo y que como pueblo se mueve de forma ordenada, disciplinada y obediente. No hay tortura sino hay reflexi&oacute;n y sin reflexi&oacute;n no hay cr&iacute;tica, solo una avenida de voces iguales que resultan muy f&aacute;ciles de dominar, mucho m&aacute;s de manipular y por eso es preciso que aprendamos a manejar los espejos de nuestro conocimiento, que son como las llaves que abren todos los candados.
    </p><p class="article-text">
        Me gusta leer versos en las p&aacute;ginas de un libro y tambi&eacute;n en las paredes desnudas de la ciudad. Me gusta el color de los sue&ntilde;os y saber que la desolaci&oacute;n apenas tiene voz cuando se acerca y sin embargo es puro grito cuando se instala y que a pesar de eso somos capaces de no tener miedo, aun sabiendo que si levantamos nuestra voz de hombres y mujeres libres nos querr&aacute;n instalar en el desierto y en la exclusi&oacute;n, porque no somos lo que ellos son, ni pensamos lo que ellos piensan. Pero nosotros hemos le&iacute;do a Lorca y por eso nos sentimos mucho mejor y sabemos que quedan muchas cosas por hacer y por decir, quedan muchos libros por leer y por eso miramos hacia la esquina de la vida con la curiosidad intacta, con el coraje preciso, con la valent&iacute;a luchada, con la voz en femenino y con el desorden preciso para alcanzar al criterio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/ultima-parada-kafka-strimberg-lorca-antonio-machado-carmen-martin-gaite-steiner-maryse-conde_132_1061031.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Jan 2020 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8a97288f-1b0e-43d4-b09c-5af281333dab_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="58834" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8a97288f-1b0e-43d4-b09c-5af281333dab_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="58834" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Tras la última parada]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8a97288f-1b0e-43d4-b09c-5af281333dab_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La eternidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/eternidad_132_1072772.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">2020 había llegado lleno de momentos esperanzadores y también de réplicas políticas que me obligaban a pensar que el mundo futuro estaba cada vez más cerca de un pasado que yo pensaba superado y casi olvidado</p></div><p class="article-text">
        Me lo ense&ntilde;&oacute; en un caf&eacute; escondido del Madrid de los Austrias. Yo buscaba un silencio que me hiciera comprender todo lo que me estaba pasando y hab&iacute;a decidido no compartir nada con nadie, era lo mejor y si acaso no era lo mejor, era lo que hab&iacute;a decidido. 2020 hab&iacute;a llegado lleno de momentos esperanzadores y tambi&eacute;n de r&eacute;plicas pol&iacute;ticas que me obligaban a pensar que el mundo futuro estaba cada vez m&aacute;s cerca de un pasado que yo pensaba superado y casi olvidado. Ella era algo mayor que yo y estaba sola y no hac&iacute;a nada, absolutamente nada. No miraba el m&oacute;vil, tampoco le&iacute;a ni observaba con curiosidad a los clientes que se mov&iacute;an desva&iacute;damente por el caf&eacute;. No hac&iacute;a nada y yo, que andaba en torpes decisiones para asaltar a mi armon&iacute;a con elegancia y decisi&oacute;n y as&iacute; recuperarla, decid&iacute; no hacer nada tampoco. Y pens&eacute;. Pensar es como no hacer nada, porque nadie sabe si tienes capacidad para pensar o si simplemente pasas el tiempo entre dos notas que ni siquiera sabes nombrar. Pero yo decid&iacute; pensar y pens&eacute; en aquella mujer que no hac&iacute;a nada y que estaba sola y que tras de s&iacute; ten&iacute;a una historia que fuera la que fuera le hab&iacute;a llevado a querer vivir sola, a querer sentir sola, a querer morir sola, para as&iacute; no tener que escuchar la razones de quienes precisan que sus culpas sean las culpas colectivas, para de esa forma mantener su puesto de poder dentro de un sistema que a esa mujer, desde luego, no le interesaba para nada. No me atrev&iacute; a acercarme, pero s&iacute; comenc&eacute; a mirarla y la mir&eacute; con la prudencia con la que vivo estos d&iacute;as que no comprendo y que son r&aacute;faga de recuerdos que no s&eacute; si son m&iacute;os, de personas que no s&eacute; si conoc&iacute; alguna vez, de sabores que no me dicen absolutamente nada. Entonces ella comenz&oacute; a mirarme y supe que solo iba a mirarme, que no iba a decirme nada y que yo nada sabr&iacute;a de su historia y as&iacute; fue. Creo que permanecimos mir&aacute;ndonos, en una distancia de escasamente tres metros, durante casi dos horas. Luego se levant&oacute; y se fue y mientras sal&iacute;a por la puerta me sonri&oacute; y yo comprend&iacute; que cuando no esperas nada de nadie, cuando nada deseas, cuando todo lo has dejado en unos bolsillos que visten otra chaqueta, solo entonces cualquier momento de silencio y soledad compartido es una victoria que se vislumbra eterna.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/eternidad_132_1072772.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jan 2020 21:54:34 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La eternidad]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El violinista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/violin-violinista-extranjero_132_1083712.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/037ad2f1-1b82-43a0-a7a6-6dc456e402a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entonces el violinista grita y el grito retumba y la ciudad se esconde porque el violinista es un tipo duro, sin familia, capaz de cualquier cosa. Es un extranjero</p></div><p class="article-text">
        El violinista toca cansado en la calle, escupe notas sin sabor que son una pieza de Liszt y simplemente est&aacute; asqueado. El violinista no puede dejar de tocar, tocar ese instrumento es como una droga que le perpet&uacute;a y a la que se aferra cuando sabe que no hay m&aacute;s destino que una plaza al fondo y otro d&iacute;a qui&eacute;n sabe si de sol o de niebla. El violinista sabe que hay drogas sutiles, fabricadas con el desorden de sentimientos no especialmente destructivos; tambi&eacute;n sabe que hay drogas que quiebran el alma porque est&aacute;n construidas con el fracaso de nuestros prop&oacute;sitos, con el enga&ntilde;o de nuestras vidas y con el ruido obsceno de lo que el violinista no dijo, pero alguien le dijo que s&iacute; que lo hab&iacute;a dicho y ese error intencionado de percepci&oacute;n se convirti&oacute; para el violinista en un ruido sucio que naveg&oacute; por todos los r&iacute;os que eran las venas que descargaban todo ese dolor sobre su coraz&oacute;n cansado, lleno de portazos y de ecos de voces a las que el violinista dej&oacute; de poner nombres.
    </p><p class="article-text">
        El violinista ya no sabe d&oacute;nde est&aacute; su casa, pero sabe que su casa est&aacute; vac&iacute;a y realmente no sabe qu&eacute; hace en esta ciudad que nada tiene que ver con &eacute;l y que lo maltrata de d&iacute;a y de noche mientras desgasta sus manos sobre el viol&iacute;n, que es lo &uacute;nico que de verdad es suyo. Porque por no ser nada suyo, ni siquiera su vida le pertenece. El violinista lo sabe todo acerca del fracaso y por eso la ciudad es incierta y silenciosa cuando el violinista deja de tocar, pero todo el mundo piensa que el violinista no tiene miedo, parece un tipo duro, un hombre esculpido entre las monta&ntilde;as de Ucrania y el cielo sobre los Urales. Sin embargo, tiene miedo; tiene plomo en su alma y los recuerdos son curvas cerradas que lo acercan m&aacute;s y m&aacute;s a su propio infierno. Entonces el violinista grita y el grito retumba y la ciudad se esconde porque el violinista es un tipo duro, sin familia, capaz de cualquier cosa. Es un extranjero.
    </p><p class="article-text">
        Y el violinista acepta morir, mientras muerde la droga insaciable y piensa que pensar es destruirse y piensa que ya no piensa y ya no hay nada, ni recuerdos, ni plomo, ni dolor. Solo penitencia por los pecados que el violinista no cometi&oacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/violin-violinista-extranjero_132_1083712.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Jan 2020 06:02:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/037ad2f1-1b82-43a0-a7a6-6dc456e402a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2612029" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/037ad2f1-1b82-43a0-a7a6-6dc456e402a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2612029" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[El violinista]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/037ad2f1-1b82-43a0-a7a6-6dc456e402a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/espana_132_1094276.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b861d990-2989-40ee-84a5-4c1a9c5c3112_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Recuperado un inédito de Rosalía de Castro dedicado a Salustiano de Olózaga"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La historia de esta España nuestra, que lo es le pese a quien le pese, no es la historia de adjetivos repetidos hasta la saciedad, buscando insultar con el simple recuerdo</p></div><p class="article-text">
        El debate de investidura nos ha tra&iacute;do la realidad de muchas Espa&ntilde;as, visiones diversas de un pa&iacute;s que fue &aacute;rabe y romano, con legado celta, que expuls&oacute; a los jud&iacute;os y se crucific&oacute; en una guerra civil que sigue siendo una herida abierta, insoportable; una herida que no termina de curarse, porque los resquicios de tanta brutalidad lanzan sus aullidos que retumban desde las fosas comunes y desde las cunetas sin nombres ni flores. Somos la respuesta a las preguntas que otros formularon y que dejaron sin responder por miedo a la inmediatez de una dictadura, al sonido aterrador de las balas, al recuerdo fr&iacute;o de los &uacute;ltimos muertos y al tacto sim&eacute;trico de un alma helada. Y as&iacute; esa Espa&ntilde;a plural y diversa, esa Espa&ntilde;a hecha de pueblos con sus identidades y sus propias culturas ha ido avanzando en democracia a lo largo de cuarenta a&ntilde;os, se ha ido construyendo a s&iacute; misma y en v&iacute;speras de revoluciones, que nunca llegaban, se ha hecho mayor. No hay peor sensaci&oacute;n que la de acabar admitiendo que todo es tan confuso y arrebatadamente mediocre e insultante, que lo que dicen los diputados en sus sillones de corte sucede en otro sitio, fuera, como el barro en los d&iacute;as de lluvia, mientras nosotros nos cuidamos en casa y mantenemos la puerta cerrada y el timbre blindado para que nadie pueda romper nuestra paz, que es esa cotidiana man&iacute;a de que no pase nada. Nunca. Pero las cosas pasan y las voces se alzan y mientras una Espa&ntilde;a mira al futuro, incierto por supuesto, pero siempre futuro, la otra Espa&ntilde;a se ha quedado colgada en el recuerdo de un tiempo donde las mujeres eran el reflejo de sus madres viviendo en cocinas encerradas y oscuras, una Espa&ntilde;a colgada en el recuerdo de creerse &uacute;nica y a salvo, colgada en el recuerdo gris de hombres disponiendo qu&eacute; es lo bueno y qu&eacute; lo malo, colgada en el espejo de un pa&iacute;s que no quiere conocerse para de esa forma jam&aacute;s entenderse y nunca avanzar y seguir anclada en un pasado donde la tuvieron prisionera y cautiva.
    </p><p class="article-text">
        Pero la historia de esta Espa&ntilde;a nuestra, que lo es le pese a quien le pese, no es la historia de adjetivos repetidos hasta la saciedad, buscando insultar con el simple recuerdo. Espa&ntilde;a, adem&aacute;s de ser &uacute;nica, grande y libre, adjetivos que una y otra vez han sido usados como lema y arma para acorralar y estrangular al contrario, es mucha m&aacute;s cosas, infinidad de colores y matices de los que me siento muy orgullosa. Espa&ntilde;a es Mediterr&aacute;neo, es luz, es Rosal&iacute;a de Castro, es Unamuno, es Goya, es Monte Perdido, es tacita de plata, es Malasa&ntilde;a, es Gernika, es lucha, es esperanza y sobre todo lo que m&aacute;s me gusta de ella es la forma tolerante y sabia con la que poco a poco, a veces con excesiva demora, ha ido nombrando y aceptando que el futuro es nuestro &uacute;nico compromiso como pueblo y que como pueblo debemos abrazarlo con di&aacute;logo, tolerancia, esperanza y ternura. Lo visto y o&iacute;do los pasados cuatro y cinco de enero en el Congreso de los Diputados me llevan a pensar que Espa&ntilde;a es mucho m&aacute;s sabia que muchos de nuestros representantes pol&iacute;ticos, es infinitamente femenina, sabe escuchar sin insultar, reconoce su pasado y el dolor que se encierra entre sus p&aacute;ginas y por eso busca estrechar lazos que no sean ni de desprecio ni de odio, sino de respeto y de lucidez y que nos alejen definitivamente de los delirantes gritos de quienes se creen que Espa&ntilde;a es suya y nosotros, sus necios siervos. No le demos la raz&oacute;n a Rousseau: el hombre no puede ser solo un animal enfermo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/espana_132_1094276.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Jan 2020 21:30:53 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b861d990-2989-40ee-84a5-4c1a9c5c3112_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="102572" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b861d990-2989-40ee-84a5-4c1a9c5c3112_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="102572" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[España]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b861d990-2989-40ee-84a5-4c1a9c5c3112_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Y nos gritemos Aragón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/gritemos-aragon_132_1175607.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f475cde8-610c-4e95-aa2f-d6f68ca2d370_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ya casi nadie nos escucha y solo deseo que nos hagamos sabios, viejos y bestias y nos gritemos Aragón en todas sus letras y en toda su historia</p></div><p class="article-text">
        Nos encerraron en extensas praderas cercadas por cintas electrificadas y como ten&iacute;amos miedo de que sus descargas da&ntilde;aran nuestra piel e incluso nos pudieran provocar la muerte, aprendimos a ser ordenados, a movernos en una &uacute;nica direcci&oacute;n, a no levantar la voz, a seguir rigurosamente y en orden el tiempo que era el de la comida, el tiempo que era el del ocio, el que era el del sexo, el que era el del trabajo e incluso tambi&eacute;n ordenamos, dentro de un reloj que otros hab&iacute;an configurado para nosotros, el tiempo que era el de la libertad y el de nuestra historia, que no era m&aacute;s que la historia que otros hab&iacute;an escrito para que nosotros continu&aacute;ramos autistas en la precariedad de los pensamientos m&aacute;s simples, de las reflexiones que ya no inquietan porque no llegan ni siquiera a ser reflexi&oacute;n. Y as&iacute; consiguieron que la impotencia fuera tal que ya no busc&aacute;bamos cimas que coronar, ni r&iacute;os que abordar, ni ciudades que descubrir, ni voces que nos dijeran cosas distintas, ni hombres ni mujeres diversos que supieran desdibujarse en la frondosidad de los caminos, que ya no camin&aacute;bamos por miedo a ser distintos, por miedo a ser criticados, por miedo a ser excluidos. Por miedo a no ser queridos.
    </p><p class="article-text">
        Y un d&iacute;a, sin casi darnos cuenta, descubrimos que lo que pens&aacute;bamos que era remoto y pret&eacute;rito nos acosaba desde todos los discursos y nosotros que hab&iacute;amos sido adalides de la libertad, del socialismo, del aragonesismo que entroncaba con la realidad que a veces era cierzo, otras nieve, otras agua, otras desolaci&oacute;n, otras progreso, otras monta&ntilde;a, otras pantano, otras dolor, otras sue&ntilde;o, otras lucha fuimos conscientes de que hab&iacute;amos vivido demasiado tiempo cercados y con miedo y sin darnos cuenta hab&iacute;amos presenciado el fallecimiento de nuestra propia historia. Y ahora el cercado es cada d&iacute;a m&aacute;s alto y por mucho que gritemos la verdad, esa que no necesita flores porque no precisa ser disfrazada, ya casi nadie nos escucha y solo deseo que nos hagamos sabios, viejos y bestias y nos gritemos Arag&oacute;n en todas sus letras y en toda su historia. Y en toda su enorme hermosura de la que somos pasado, presente y futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/gritemos-aragon_132_1175607.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Dec 2019 22:48:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f475cde8-610c-4e95-aa2f-d6f68ca2d370_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="208751" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f475cde8-610c-4e95-aa2f-d6f68ca2d370_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="208751" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Y nos gritemos Aragón]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f475cde8-610c-4e95-aa2f-d6f68ca2d370_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Locas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/zaragoza-angela-labordeta_132_1187128.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0acade71-f4bd-4e4e-8545-831caad2280c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Han caído las hojas de los árboles y Zaragoza se dibuja de Navidad, mientras yo me llevo a todos mis rincones la conciencia salada de la derrota que se hace victoria en las palabras. La normalidad es un hogar, lo cotidiano un vaso de leche caliente, la ternura un beso al anochecer y la maternidad todo lo que tiene que ver con el enigma y la epopeya de la vida.</p></div><p class="article-text">
        Me dicen que finalmente saltaste desde el octavo piso porque aquellos chavales te acusaban y se re&iacute;an de ti, lo hab&iacute;an hecho desde siempre, y t&uacute; ya no pod&iacute;as m&aacute;s. Me dicen que, entre la vida que amabas con cierto desprecio y la muerte que te seduc&iacute;a cada d&iacute;a m&aacute;s ante los insultos de ni&ntilde;atos convertidos en hombres adultos sin conciencia ni elegancia, decidiste abrazar a la muerte. Y Zaragoza te llora y yo te lloro y me gusta saber que te fuiste volando para no sentir m&aacute;s ese miedo que te cortejaba y te dejaba sin aliento, justo en el instante en el que todos los gritos estaban dentro de tu cabeza y t&uacute; no eras m&aacute;s que el abandono del &uacute;ltimo grito: tu grito desgarrado y bello pidiendo auxilio en la soledad que hab&iacute;as inventado.
    </p><p class="article-text">
        Nadie quiere hoy hablar de eso, ni de la locura ni del suicidio, y por eso hablamos del &aacute;rbol que pierde sus hojas de la forma m&aacute;s hermosa y que, como t&uacute;, besa la tierra porque alguien lleno de vanidad y de maldad le dijo que el cielo era para la lluvia, para el sol, para las nubes y sobre todo para &eacute;l y para todos los que como &eacute;l dec&iacute;an la verdad, aunque su verdad estuviera rodeada de mentira y de podredumbre. Pero, al igual que el &aacute;rbol que besa la tierra, t&uacute; lo cre&iacute;ste. A &eacute;l y a todos aquellos que te hicieron invisible, que te acusaron, que te despreciaron y te dejaron sin vida. 
    </p><p class="article-text">
        El ruido de esta ciudad despierta aumenta con el paso de las horas que vivimos juntas y a veces se escuchan las alarmas de un coche de bomberos o quiz&aacute; sea de polic&iacute;a y entiendo que la vida sigue: rutinaria y azarosa forma de desvelar hasta los secretos m&aacute;s enterrados. En la casa reina el silencio y oigo unos pasos en el pasillo que lleva hasta mi dulce locura y dibujo &aacute;ngeles en la pared de nuestra amistad y tengo que confesarte que ya no s&eacute; muy bien cu&aacute;l de las dos soy yo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/zaragoza-angela-labordeta_132_1187128.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Dec 2019 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0acade71-f4bd-4e4e-8545-831caad2280c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="563988" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0acade71-f4bd-4e4e-8545-831caad2280c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="563988" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Locas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0acade71-f4bd-4e4e-8545-831caad2280c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La escalera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/escalera_132_1197400.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2fbea158-23bf-4da3-8e54-563b208cb910_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La escalera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La escalera tenía vida y a mí me gustaba sacarla de la despensa, abrirla y sentarme en uno de sus peldaños y desde ahí, atalaya de mi infancia, construir la literatura de mi vida"</p></div><p class="article-text">
        La escalera es de hierro y los pelda&ntilde;os de madera y en ella se han subido, sobre todo, mi madre y mi abuela. Mi abuela ya no lo hace, muri&oacute; de vieja en una cama mirando el mar. Se llamaba Sabina, era menuda, muy menuda, y cuando se sub&iacute;a a la escalera, &eacute;sta la engull&iacute;a entre pelda&ntilde;o y pelda&ntilde;o y ella se quedaba acurrucada y se re&iacute;a y me gritaba que la ayudara, que le daba v&eacute;rtigo, pero por mucho v&eacute;rtigo o miedo que tuviera, ella sub&iacute;a a la escalera y lo hac&iacute;a muy a menudo: para limpiar los ventanales a los que por su peque&ntilde;a estatura no llegaba o para limpiar las l&aacute;mparas del techo. Me gustaba mucho ver c&oacute;mo limpiaba esas l&aacute;mparas de miles de cristales que ella acariciaba con sus menudas y fr&aacute;giles manos, mientras les dec&iacute;a cosas hermosas porque sus reflejos eran hermosos y sus formas me permit&iacute;an pasar las horas contempl&aacute;ndolos sin pensar en nada, solo en ese cuerpo menudo sobre una escalera y en esas manos que con tanto amor y con tanta cotidianeidad limpiaban cada uno de los cristales, que eran un paso en el tiempo que yo todav&iacute;a ignoraba y que a mi abuela se le disfrazaba de amor enterrado en un tiempo pret&eacute;rito y oscuro. 
    </p><p class="article-text">
        La escalera ten&iacute;a vida y a m&iacute; me gustaba sacarla de la despensa, abrirla y sentarme en uno de sus pelda&ntilde;os y desde ah&iacute;, atalaya de mi infancia, construir la literatura de mi vida en una ciudad llamada Zaragoza y que a diario recorr&iacute;a en una distancia familiar y dulce, hasta aquella ma&ntilde;ana en la que salud&eacute; a la muerte cuando un coche arrebat&oacute; la vida de aquel ni&ntilde;o y de su perro. Recuerdo que me qued&eacute; paralizada, sin siquiera escuchar los gritos que eran de rabia y dolor, y volv&iacute; sobre mis pasos, no corr&iacute;a porque ten&iacute;a miedo y solo quer&iacute;a llegar a casa, abrazar a la abuela y sentarme en mi escalera y as&iacute; repetir el d&iacute;a y olvidar el ruido y los gritos. Al llegar a casa le expliqu&eacute; a la abuela lo sucedido, le expliqu&eacute; mi miedo y le dije que ya sab&iacute;a qu&eacute; era el v&eacute;rtigo y le dije que el v&eacute;rtigo era aceptar que las cosas solo en una parte muy peque&ntilde;a dependen de nosotros y que por eso el v&eacute;rtigo te puede llevar hasta los lugares m&aacute;s desgarradamente bellos y hasta los m&aacute;s terriblemente s&oacute;rdidos. La abuela me abraz&oacute; y me bes&oacute; y me llev&oacute; hasta la despensa y sacamos juntas la escalera y la abrimos y nos sentamos cada una en un pelda&ntilde;o y desde su pelda&ntilde;o me explic&oacute; que nuestra vida era como esa escalera y que mientras estuviera ella y la escalera habr&iacute;a cobijo, habr&iacute;a infancia, habr&iacute;a canci&oacute;n y fiesta y flores entre las piedras y piedras entre las flores y un cielo violeta y el alivio que se siente cuando una mano te descubre que hay menos soledad a pesar del ruido y que hay m&aacute;s silencio contra los gritos.
    </p><p class="article-text">
        Mi abuela era muy sabia y mi escalera me recuerda que ella sigue ah&iacute; y la veo cuando mi madre, ochenta y un a&ntilde;os, se sube a nuestra escalera para decirle hola a la navidad y a mi abuela, que desde el &uacute;ltimo pelda&ntilde;o me susurra que todo vuelve y que no es necesario correr ni pisar para intentar llegar o alcanzar. &ldquo;La vida, me recuerda, es una inmensa paciencia llena de impaciencia y como la vieja escalera debes permanecer en tu sitio, hasta que alguien te precise de urgencia o de cotidianeidad&rdquo;. La abuela, me digo, sigue vagando entre los pelda&ntilde;os de nuestra escalera para regalarme esos cristales que ella convert&iacute;a en golosinas para que no sufriera. Ni yo ni mis hermanas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/escalera_132_1197400.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Dec 2019 10:04:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2fbea158-23bf-4da3-8e54-563b208cb910_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="165125" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2fbea158-23bf-4da3-8e54-563b208cb910_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="165125" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[La escalera]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2fbea158-23bf-4da3-8e54-563b208cb910_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lluvia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/lluvia_132_1209315.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/429bfdcb-3f26-481f-b17c-7ca8614dd7bb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El puente de mayo dejará lluvia y temperaturas que caerán entre 8 y 10 grados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"¿Eres tormenta o lluvia?" "Tormenta", me dijo. "¿Y tú?", me preguntó. "Lluvia", le dije</p></div><p class="article-text">
        La encontr&eacute; por casualidad, vestida de s&oacute;tanos y pliegues malvas en sus ojeras. Apenas me hab&iacute;a sentado en la barra del bar cuando se me acerc&oacute; como una suicida abraza el vac&iacute;o y la nada. Ni siquiera la mir&eacute;, yo quer&iacute;a tomarme unos vinos que me transportaran hasta un lugar c&aacute;lido donde descansar y permanecer en soledad, entonces ella me dijo: &ldquo;Mi abuela ha muerto y lo ha hecho sola. Ha muerto sola, porque a m&iacute; no me han querido cambiar el turno en el trabajo y yo sab&iacute;a que se estaba muriendo, pero nadie me ha querido hacer ese peque&ntilde;o favor. Y mi abuela ha muerto sola y ahora pienso que no voy a volver a ese trabajo porque es una puta mierda y lo que m&aacute;s me duele es no haberlo dejado hace una semana. De haberlo hecho mi abuela no habr&iacute;a muerto sola, pero no tuve valor y mi abuela muri&oacute; sola y ahora solo hay polvo sobre sus huellas y abrigos que visten perchas y peri&oacute;dicos y libros que nadie va a leer. Y lo que m&aacute;s hay es su silencio y mi soledad&rdquo;. La escuch&eacute;, c&oacute;mo no hacerlo, y lo hice con atenci&oacute;n y sabiendo que ella no esperaba de m&iacute; respuesta alguna, simplemente quer&iacute;a que alguien escuchara su mon&oacute;logo y que alguien comprendiera que en la ciudad caminaba entre coches y entre luces sin saber muy bien hacia d&oacute;nde iba, que buscaba amores que la salvaran de sue&ntilde;os donde se peleaba con el hielo de su propia frialdad, sellando su miedo con dobles cerraduras y cadenas de impotencia. &ldquo;Lo siento&rdquo;, le dije. Me mir&oacute; y me dijo que le gustar&iacute;a meter su vida en un libro y cerrarlo para que no pasaran m&aacute;s cosas feas y as&iacute; dejar que el tiempo se olvidara de ella y de su abuela que hab&iacute;a muerto sola, porque a ella no le hab&iacute;an cambiado el turno en un trabajo de mierda. Le dije, lo hice porque estaba llorando, que nuestra vida y nuestro miedo nos ense&ntilde;an a adorar aquello que ya hemos destruido y que por eso instintivamente jugamos a pegarnos fuego una y otra vez para no sentir y as&iacute; no enfrentarnos a las cosas que de verdad pasan, pero que no nos pasan a nosotras. Me mir&oacute; con cierto temor y me dijo que si su abuela no hubiera muerto, ella no habr&iacute;a dejado el trabajo y toda la vida ser&iacute;a lo que le pasaba a ella, aunque ella fuera el cad&aacute;ver de su propio cuerpo. &ldquo;Estoy contenta de haberte encontrado&rdquo;, me dijo. Recuerdo que fuera llov&iacute;a, mucho, y recuerdo que los rayos y los truenos hab&iacute;an sido intensos y entonces sin saber muy bien por qu&eacute; le pregunt&eacute;: &ldquo;&iquest;Eres tormenta o lluvia?&rdquo; &ldquo;Tormenta&rdquo;, me dijo. &ldquo;&iquest;Y t&uacute;?&rdquo;, me pregunt&oacute;. &ldquo;Lluvia&rdquo;, le dije y sent&iacute; que ella no era tormenta, ella era lluvia como yo y como la lluvia nos deshac&iacute;amos en los charcos que pisaban los hombres y en el silencio que parpadeaba en las aceras de una ciudad, de cuya soledad hab&iacute;amos aprendido la peor de todas las lecciones. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/lluvia_132_1209315.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Dec 2019 20:00:08 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/429bfdcb-3f26-481f-b17c-7ca8614dd7bb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="47642" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/429bfdcb-3f26-481f-b17c-7ca8614dd7bb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="47642" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Lluvia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/429bfdcb-3f26-481f-b17c-7ca8614dd7bb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Y si no nos aportáis nada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/aportais_132_1238780.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"España es un país de miedos, no cabe duda, es como si nuestro Big Bang se hubiera producido en un tiempo cambiado y eso nos hubiera hecho permisivos a lo que nunca hubiéramos debido permitir"</p></div><p class="article-text">
        Algunos pol&iacute;ticos desconocen que en el mundo real, ese en el que ellos no viven, las cosas se nombran de otra forma, de una forma decente que tiene que ver con el quehacer cotidiano y con la decencia de vivir la vida sin traicionar, sin enga&ntilde;ar, sin robar ni mentir y as&iacute; descifrar que el enigma del futuro poco tiene que ver con el pasado y con ese complejo paradigma de frases que determinados pol&iacute;ticos aparcan entre titulares, para indicarnos que estamos derrotados, sin comprender que por un lado est&aacute;n ellos, dominadores que viven instalados en un tiempo de hast&iacute;o y delincuencia para su mayor verg&uuml;enza, y nosotras, que pensamos que no hay tiempo ya para tanta y lenta decrepitud de se&ntilde;ores que sometieron y siguen queriendo someternos en la esquina que se nombra ayer, sin entender que ayer simplemente es un recuerdo en el que ellos viven instalados por ser su momento de gloria y del que nosotras no queremos saber nada, porque simplemente la vida se vive en otras aceras, donde las esquinas son coloridas y el ritmo de las cosas no las marca el enga&ntilde;o, la trampa y la certeza de que si &eacute;l no acaba con usted, usted acabar&aacute; con &eacute;l y as&iacute; como perros de presa se lanzan y se muerden en el cuello y hasta que la sangre no brota no se detienen y en su propia y estridente espiral de violencia se hacen m&aacute;s y m&aacute;s grandes.
    </p><p class="article-text">
        Pero por mucho que lo intenten la despedida mira hacia atr&aacute;s y nosotras seguimos avanzando hacia nuevas claves, hacia nuevas formas de contar y entender la historia y los escuchamos, es inevitable hacerlo porque una y otra vez llegan hasta nosotras a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n, pero los consideramos incluso rid&iacute;culos, aferrados a una nostalgia de poder que ha muerto y que nada tiene que ver con los nuevos tiempos que marcan nuestras voces que han abierto puertas violetas hacia una vida sin culpas ni golpes.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s de miedos, no cabe duda, es como si nuestro Big Bang se hubiera producido en un tiempo cambiado y eso nos hubiera hecho permisivos a lo que nunca hubi&eacute;ramos debido permitir: pol&iacute;ticos desleales y corruptos que siguen buscando titulares y futuro aferr&aacute;ndonos al miedo que como pueblo sentimos por un pasado que nos persigue y un presente que de alguna forma no somos capaces de entender ante un futuro que est&aacute; ah&iacute; y que debemos ponerle nombre de nosotras y sentimiento de nosotras y pasi&oacute;n e inteligencia de nosotras, que sabemos de la oscuridad y en la oscuridad hemos crecido hacia el lugar donde el ser humano es m&aacute;s ser humano lejos de los focos, los cortejos, los aduladores y esa comparsa de monigotes de expresi&oacute;n y gesto repetido. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/aportais_132_1238780.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Nov 2019 20:02:25 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Y si no nos aportáis nada]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[#APorTodas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/aportodas_132_1468284.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">No hemos llegado hasta aquí para volver sobre nuestros pasos y sobre nuestros dolores y nuevamente discutir si el aborto es un derecho o no, si libremente puedo amar a quién quiera y cómo quiera o no, si las mujeres son o no víctimas de la violencia machista, o si España es grande y única, pero no libre.</p></div><p class="article-text">
        A veces nos hacen creer que hay un tema de fondo, algo que si lo respetamos con estricta decencia y seguimos a pies juntillas, har&aacute; que desaparezcan una parte muy importante de nuestros problemas. 
    </p><p class="article-text">
        Pero nada m&aacute;s diametral y culturalmente alejado de la realidad que esos dogmas de fondo, con lo que en estos tiempos tan convulsos y perturbados juegan determinados pol&iacute;ticos, olvidando que con que se situaran en mitad de la &eacute;tica, ese lugar con el que trat&oacute; Virgilio a su Eneida a la que dese&oacute; destruir por sus imperfecciones est&eacute;ticas, quiz&aacute; el mundo ser&iacute;a un pel&iacute;n m&aacute;s habitable. 
    </p><p class="article-text">
        Me encuentro desde hace semanas escuchando y ya no s&eacute; si quiero seguir escuchando, porque determinadas afirmaciones, basadas en la mentira y en continuos insultos y descalificaciones, no se deber&iacute;an estar produciendo y yo no tendr&iacute;a que estar escuch&aacute;ndolas. 
    </p><p class="article-text">
        No hemos llegado hasta aqu&iacute; para volver sobre nuestros pasos y sobre nuestros dolores y nuevamente discutir si el aborto es un derecho o no, si libremente puedo amar a qui&eacute;n quiera y c&oacute;mo quiera o no, si las mujeres son o no v&iacute;ctimas de la violencia machista, si Espa&ntilde;a es grande y &uacute;nica, pero no libre, o si la educaci&oacute;n tiene que ser un par&oacute;n de centralismo y mediocridad en este siglo XXI que debiera ser el gran paradigma de los avances cient&iacute;ficos, culturales, pol&iacute;ticos, humanos, de derecho, igualdad y respecto, no solo entre los hombres y mujeres que habitamos este planeta, sino tambi&eacute;n con el propio planeta que nos soporta y habita.
    </p><p class="article-text">
        Triste y retorcidamente algunos andan convencidos de que ese retroceso es el gran avance que precisamos como sociedad y para ello no dudan en prostituir al lenguaje, en usar datos que no es que sean falsos es que simplemente son mentira, en despreciar e ignorar a una parte de la poblaci&oacute;n que es la que conforman mujeres, inmigrantes, el colectivo LGTBI&hellip; Es decir todo aquello que suponga una amenaza para ese mundo que anhelan de se&ntilde;ores y s&uacute;bditos; de mujeres encerradas en mazmorras y machos recorriendo la estepa para lograr la conquista de su recurrente y precaria hombr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
         Yo no quiero ese mundo, yo me quiero libre en este mundo que de verdad recorro y presagio y las quiero libres a ellas y a ellos y a las personas que eligen una ruta que es un and&eacute;n escondido en el retrato de los recuerdos. Libres, respetados y anhelados, porque el desastre en la vida no es hermoso, es ruin y tiene forma de muerte y quien lo alimenta con sus mentiras y frases perversas parece olvidar que  la historia es la mejor muestras de las cosas que no se deben volver hacer y que si bien en las novelas y en las pel&iacute;culas la muerte es bella porque la sangre no corre de verdad y la podredumbre no huele, en la vida y en la convivencia que nos hemos dado la sangre es sangre y la podredumbre huele. A veces demasiado cuando se grita #APorEllos que es #APorTodas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/aportodas_132_1468284.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Nov 2019 06:30:35 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[#APorTodas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sí quiero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/quiero_132_1350043.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"Sí quiero que Chunta se presente a las elecciones del próximo 10 de noviembre y quiero por múltiples razones y sin duda la más poderosa se llama Aragón. Que no es poco"</p></div><p class="article-text">
        Cuando pronunciamos estas dos palabras tan contundentes como rec&iacute;procas nos estamos comprometiendo con algo o con alguien. He adquirido varios compromisos a lo largo de mi vida y uno, quiz&aacute; el m&aacute;s extra&ntilde;amente hermoso y doloroso, fue hace ya casi dos d&eacute;cadas con Chunta Aragonesista. La vida de los partidos pol&iacute;ticos es como la vida de una larga familia que se ama y se odia con la misma brutalidad y pasi&oacute;n, ese espacio en el que los da&ntilde;os son de ida y vuelta, los perdones en ocasiones inalcanzables y en el que hay personas que caminar&aacute;n a tu lado hasta la eternidad y otras que son el reverso de ese verso que t&uacute; lanzaste al olvido y al desprecio. Y yo que en estos &uacute;ltimos meses he decidido quedarme en el banquillo observando, negando, a&ntilde;orando, deseando, castigando y castig&aacute;ndome, hoy digo: S&iacute; quiero. S&iacute; quiero que Chunta se presente a las elecciones del pr&oacute;ximo 10 de noviembre y quiero por m&uacute;ltiples razones y sin duda la m&aacute;s poderosa se llama Arag&oacute;n. Que no es poco.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de estos &uacute;ltimos meses hemos asistido en el panorama de la pol&iacute;tica nacional a un relato de los hechos que cada vez era m&aacute;s incre&iacute;blemente perverso y terriblemente masculino, en esa parte de la masculinidad que anda llena de egos y de vanidad. Todo se ha reducido a una nefasta relaci&oacute;n entre dos hombres, Pedro S&aacute;nchez y Pablo Iglesias, que han sido incapaces de querer entenderse y les han bastado razones de estoico ego para decir s&iacute; donde he dicho no y para negarnos a todos nosotros un pa&iacute;s de progreso y de ilusi&oacute;n por un futuro que cada d&iacute;a es m&aacute;s negro y violento. Son responsables de este nuevo tiempo que viene y son responsables de que mucha gente decida quedarse en casa y no ir a votar, no irles a votar a ellos. 
    </p><p class="article-text">
        Pero vuelvo a Arag&oacute;n y a CHA, preciosa f&oacute;rmula para acariciar el futuro. Quiero votar a Chunta Aragonesista el 10 de noviembre y lo quiero hacer por la memoria de mi padre, Jos&eacute; Antonio Labordeta, y por el amor y admiraci&oacute;n hacia Ches&uacute;s Yuste. Quiero votar a CHA para que t&uacute;, aragonesa, est&eacute;s donde est&eacute;s y vivas donde vivas, puedas proteger lo tuyo con la responsable libertad de quien sabe que todos tenemos y debemos ser respetados. Quiero votar a CHA por mis monta&ntilde;as y por mis r&iacute;os y por mis pueblos y por mis ciudades y porque quiero un Arag&oacute;n que exista en Madrid y una voz que sea la que nos explique y que, como un beduino, salte por las m&uacute;ltiples realidades de Arag&oacute;n para forjarnos un futuro comprometido, responsable, solidario y de pueblo abierto, culto, feminista. Del mundo. Quiero votar a CHA porque quiero recuperar la ilusi&oacute;n que tiene la &eacute;pica de los perdedores, de esa izquierda depresiva aragonesa de la que me siento orgullosa heredera y que es el latido de un pueblo que suena a revoluci&oacute;n y que tiene conciencia de su historia, de su identidad y de su cultura. Arag&oacute;n, bendita conjunci&oacute;n de luces y sombras, necesitas a CHA m&aacute;s de lo que CHA te necesita a ti. Y por eso quiero votar a CHA porque quiero que t&uacute;, t&uacute; y t&uacute; deshieles tu vida de olvidos y en una voz aragonesista, feminista y de izquierdas te calientes y recuperes la bandera que en ocasiones eclips&oacute; tu alma ante tanto olvido y silencio. Ante no cierta humillaci&oacute;n. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Labordeta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/quiero_132_1350043.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Sep 2019 17:44:12 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sí quiero]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
