<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Íñigo Errejón]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/inigo_errejon/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Íñigo Errejón]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/513100/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Hemos llegado a un punto de bifurcación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/hemos-llegado-punto-bifurcacion_129_11324113.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/79e180ab-2903-46bb-9cbb-9c1132b8ac08_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hemos llegado a un punto de bifurcación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los sectores más privilegiados y más conservadores han experimentado una deriva reaccionaria que ha agudizado su concepción patrimonial del poder, de acuerdo con la cual solo son legítimos los gobiernos que coinciden –obedecen– plenamente con sus intereses</p></div><p class="article-text">
        La carta de Pedro S&aacute;nchez comunicando que se tomaba cinco d&iacute;as para decidir si &ldquo;le merece la pena&rdquo; en t&eacute;rminos de costes personales continuar como presidente del Gobierno de coalici&oacute;n en Espa&ntilde;a ha originado un inmenso revuelo y monta&ntilde;as de especulaciones sobre sus motivaciones o c&aacute;lculos, la decisi&oacute;n que tomar&aacute; y los escenarios que se abrir&aacute;n el pr&oacute;ximo lunes. Este art&iacute;culo no pretende contribuir a esas especulaciones, sino centrarse en la que es, a mi juicio, la cuesti&oacute;n central: la crisis abierta por la decisi&oacute;n de S&aacute;nchez ha colocado al sistema pol&iacute;tico espa&ntilde;ol ante un l&iacute;mite estructural. Algo se ha terminado de romper estos d&iacute;as en los equilibrios de poder en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        El r&eacute;gimen pol&iacute;tico de 1978, al tiempo que democratizaba el sistema pol&iacute;tico, consolidaba importantes n&uacute;cleos de poder para la oligarqu&iacute;a y las &eacute;lites franquistas, a buen resguardo de la soberan&iacute;a popular. Tambi&eacute;n, desde luego, defin&iacute;an un per&iacute;metro de lo discutible pol&iacute;ticamente y de lo no discutible. Sin embargo, tambi&eacute;n comprend&iacute;a una serie de compromisos, consensos y contrapesos que permitiesen el pluralismo y la alternancia en el poder, un cierto equilibrio con medidas compensatorias para las clases subalternas, un cierto equilibrio territorial y, de manera muy importante, la promesa de un horizonte progresivo de avance social, federalizante y democr&aacute;tico. Este equilibrio fue durante mucho tiempo garant&iacute;a de estabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Pero la evoluci&oacute;n de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, al menos desde la crisis de 2008, no ha ido en ese sentido. Los sectores m&aacute;s privilegiados y m&aacute;s conservadores han experimentado una deriva reaccionaria que ha agudizado su concepci&oacute;n patrimonial del poder, de acuerdo con la cual solo son leg&iacute;timos los gobiernos que coinciden -obedecen- plenamente a sus intereses, y cualquier otro es siempre sospechoso y sometido a un poder tutelar desde dentro y fuera del Estado. Un acentuado proceso de concentraci&oacute;n del poder y la riqueza ha agrandado la desigualdad social y ha terminado por consolidar una geograf&iacute;a en el Estado por la cual los sectores reaccionarios siempre son hegem&oacute;nicos, aunque no sean coyunturalmente mayoritarios. Cuando hay un gobierno derechista, este se desempe&ntilde;a c&oacute;modamente en el Estado, puesto que la pr&aacute;ctica totalidad de los poderes p&uacute;blicos y privados se alinean con &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        El propio funcionamiento del mercado y su captura de la vida cotidiana normalizan sus valores. Mientras que cuando hay un gobierno de centro-izquierda, este detenta una minor&iacute;a del poder, la parte sometida a las urnas, rodeado de poderosas fuerzas reaccionarias de veto que hacen el clima social irrespirable. A esta segunda situaci&oacute;n los opinadores le han dado en llamar &ldquo;polarizaci&oacute;n&rdquo;. El problema no es que el PP insulte. El problema es que cuenta con resortes de poder antidemocr&aacute;ticos. Y eso no se resuelve con llamados a la concordia sino con la democratizaci&oacute;n de esos aparatos. Para las derechas hay dos cuestiones que no se votan, que no est&aacute;n sometidas a la soberan&iacute;a popular. Por una parte, la naci&oacute;n no es la expresi&oacute;n de la voluntad popular, sino su l&iacute;mite. As&iacute; que cualquier avance hacia el reconocimiento de la plurinacionalidad o el fin de las medidas represivas es una traici&oacute;n que hace ileg&iacute;timo al Gobierno. Por otra parte, la estructura de la propiedad y el reparto de la riqueza constituyen tambi&eacute;n un &ldquo;previo&rdquo; al acuerdo pol&iacute;tico constitucional -en rigor, obtenido en origen en una guerra de conquista contra el propio pueblo espa&ntilde;ol-, cuya alteraci&oacute;n no se vota. Por t&iacute;mido que sea, cualquier intento de democratizaci&oacute;n social y econ&oacute;mica es una subversi&oacute;n del orden. Segunda traici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta que se abre, por tanto, es la siguiente: &iquest;pueden las izquierdas gobernar en Espa&ntilde;a? Y la experiencia hist&oacute;rica nos dice que s&iacute;, a condici&oacute;n de que no ejerzan demasiado. A condici&oacute;n de que asuman ser inquilinas en un Estado que tiene un due&ntilde;o patrimonial, que les permite hacer cambios en la decoraci&oacute;n, pero ninguna reforma que altere alguno de los tabiques del edificio.
    </p><p class="article-text">
        Las luchas igualitaristas del ciclo pol&iacute;tico pasado, singularmente por la democratizaci&oacute;n del poder econ&oacute;mico, por el derecho a decidir y por la igualdad entre mujeres y hombres, tuvieron un intocable impacto sobre el sistema pol&iacute;tico espa&ntilde;ol. No fueron capaces de transformar radicalmente el status quo, pero s&iacute; han tenido un severo impacto &ndash;parlamentario, cultural, intelectual&ndash; que ha obligado a moverse a otros actores. Singularmente, el PSOE, para gobernar, ha tenido que moverse fuera de su per&iacute;metro ideol&oacute;gico tradicional. Ese es en gran medida el fen&oacute;meno Pedro S&aacute;nchez y la explicaci&oacute;n de los odios que suscita. Contra el entendimiento con soberanistas catalanes y vascos, contra la coalici&oacute;n con Sumar, contra cualquier intento de alterar un reparto de poderes que hace a unos due&ntilde;os y a otros inquilinos.
    </p><p class="article-text">
        Es comprensible que mucha gente de la izquierda extraparlamentaria, de los movimientos sociales o del independentismo se indigne porque hoy muchos descubran c&oacute;mo opera una maquinaria medi&aacute;tica y judicial destinada a hacer pagar muy caro el compromiso y a torpedear transformaciones de calado. Es un sentimiento humanamente comprensible por todos los que hemos sufrido operaciones de este tipo. La pol&iacute;tica siempre suele ser injusta e importan m&aacute;s los efectos que las intenciones. Sin embargo, la reflexi&oacute;n deber&iacute;a ser que el hecho de que estos poderes tengan que operar de manera abierta y descubierta nada m&aacute;s y nada menos que llegando hasta las mismas puertas de la Moncloa supone la profundizaci&oacute;n de una disputa por la democracia que hoy ya no se libra solo en las naciones sin Estado o en los m&aacute;rgenes del sistema pol&iacute;tico. No se trata de poner los agravios o dolores a competir, sino de federarlos en un momento decisivo para la democratizaci&oacute;n del Estado.
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;lvaro Garc&iacute;a Linera llama punto de bifurcaci&oacute;n a ese hecho pol&iacute;tico que resuelve una pugna en el seno del Estado. Ya sea en el sentido de consolidar los poderes hegem&oacute;nicos o de generar nuevos equilibrios estables, un nuevo suelo de convivencia con cambios de larga duraci&oacute;n en la correlaci&oacute;n de fuerzas parlamentarias, en el esp&iacute;ritu de los servidores p&uacute;blicos, en el modelo econ&oacute;mico y la distribuci&oacute;n del excedente y en el sentido com&uacute;n de &eacute;poca: nuevas ideas fuerza de lo que es tolerable, lo que es posible, lo que es deseable. La tensi&oacute;n de este &uacute;ltimo tiempo, lo inesperado y abierto de la situaci&oacute;n actual, muestra claramente que Espa&ntilde;a ha llegado hoy a un punto de bifurcaci&oacute;n. De esta crisis no se sale como si nada. El PSOE no tiene acuerdos del 78 a los que volver. Eso tambi&eacute;n supone una oportunidad hist&oacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        Porque esto no va de una persona, ni de un partido. Ni siquiera del Gobierno de coalici&oacute;n. La pregunta cruda que se ha abierto es sobre la democracia en el Estado espa&ntilde;ol. Para que este punto de bifurcaci&oacute;n se resuelva en un sentido progresista, es necesario que el Gobierno aguante, s&iacute;. Pero que aguante saliendo de la interinidad, asumiendo el inmenso reto que tiene por delante. Hay que expandir el pueblo de la coalici&oacute;n dando buenos motivos para defender este gobierno, posibilitando experimentar una vida otra y, por tanto, la posibilidad de ir por m&aacute;s: reduciendo la jornada laboral y repartiendo los aumentos de productividad, expandiendo los permisos de cuidados remunerados, poniendo coto a los rentistas y bajando los precios de la vivienda, emprendiendo una transici&oacute;n ecol&oacute;gica con justicia social, democratizando las altas magistraturas del Estado para que su composici&oacute;n se parezca m&aacute;s al pa&iacute;s real y tenga menos sesgos conservadores y elitistas. Pero hay que hacerlo no solo por &ldquo;mejorar la vida de la gente&rdquo;, sino tambi&eacute;n para construir poder para los que normalmente no lo tienen. Solo as&iacute; es sostenible un ciclo de transformaciones encaminado a generar un nuevo equilibrio de fuerzas, m&aacute;s favorable a los de abajo y a las opciones pol&iacute;ticas igualitaristas, que ya no tengan que pedir perd&oacute;n por ser ni permiso para gobernar. Los compa&ntilde;eros de viaje m&aacute;s prudentes est&aacute;n comenzando a entender que hacen falta cambios de calado en el Estado espa&ntilde;ol para que el m&aacute;s tibio reformismo pueda ser posible. Nosotros queremos ir m&aacute;s lejos, pero esta parte del camino solo se puede hacer juntas y juntos. Todo eso no se hace sin activaci&oacute;n e impulso popular. No basta con maniobras de palacio, hace falta plaza. 
    </p><p class="article-text">
        Este fin de semana se producir&aacute;n diferentes manifestaciones del pueblo de la coalici&oacute;n, a&uacute;n por separado. Es una buena se&ntilde;al, que saca a la ciudadan&iacute;a del rol de espectadora pasiva, que la desarma pol&iacute;ticamente. A m&aacute;s activaci&oacute;n popular, menos miedo y menos dudas de los que a&uacute;n puedan a&ntilde;orar el retorno a la normalidad en la que te dejaban gobernar a cambio de la subalternidad. Es necesario recuperar el pulso y marcar horizonte. Sin ingenuidad ninguna, pero esta es una buena oportunidad. Defender, acompa&ntilde;ar y llevar las posiciones m&aacute;s all&aacute; de lo previsto. Para resolver la crisis dando dos pasos adelante. Porque la alternativa ser&iacute;a dar diez atr&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Errejón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/hemos-llegado-punto-bifurcacion_129_11324113.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Apr 2024 20:52:50 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/79e180ab-2903-46bb-9cbb-9c1132b8ac08_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1842311" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/79e180ab-2903-46bb-9cbb-9c1132b8ac08_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1842311" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Hemos llegado a un punto de bifurcación]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/79e180ab-2903-46bb-9cbb-9c1132b8ac08_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Íñigo Errejón,Pedro Sánchez,Begoña Gómez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escuadristas, bloque reaccionario y la disputa por el Estado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/escuadristas-disputa-bloque-reaccionario_129_10665796.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c70ef9a9-5689-404a-b73b-22653f354139_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manifestantes frente a la sede del PSOE en Ferraz."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El bloque reaccionario español está nucleado histórica e ideológicamente en torno a dos ideas fuerza: una defensa de la jerarquía social y un nacionalismo español rabiosamente antipluralista, por el cual la nación prima sobre la democracia</p></div><p class="article-text">
        El d&iacute;a 2 de noviembre, con la soltura ideol&oacute;gica que da la ex presidencia, Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar alert&oacute; de nuevo de que &ldquo;S&aacute;nchez es un peligro para la democracia&rdquo;. Esta letan&iacute;a acompa&ntilde;a siempre a la derecha pol&iacute;tica y medi&aacute;tica espa&ntilde;ola cada vez que no consigue alcanzar el Gobierno, puesto que s&oacute;lo considera leg&iacute;timo el poder que ejercen ellos. No obstante, el expresidente a&ntilde;ad&iacute;a un significativo llamamiento a la movilizaci&oacute;n: &ldquo;El que pueda hacer que haga, el que pueda aportar que aporte, el que se pueda mover que se mueva&rdquo;. No se trata de un llamamiento gen&eacute;rico e indiferenciado a la movilizaci&oacute;n ciudadana, sino de una convocatoria a que cada cual, desde la posici&oacute;n que ocupe en la sociedad civil o el Estado, aporte los recursos a su disposici&oacute;n para evitar la investidura del Gobierno progresista.
    </p><p class="article-text">
        Pocos d&iacute;as despu&eacute;s de esa llamada, casualmente el juez Garc&iacute;a Castell&oacute;n imputaba en la Audiencia Nacional, entre otros, a Carles Puigdemont y Marta Rovira nada menos que por &ldquo;terrorismo&rdquo;; otro juez de Madrid admit&iacute;a una querella contra una ley de amnist&iacute;a ni siquiera registrada ni, por tanto, conocible. Filtraciones de la Guardia Civil volv&iacute;an a agitar el peligro del independentismo y comenzaban las concentraciones frente a la sede del PSOE, en la calle Ferraz en Madrid, que reun&iacute;an&nbsp;a los asiduos a las caceroladas del confinamiento en el Barrio de Salamanca con agitadores medi&aacute;ticos de la ultraderecha, neonazis y hasta la marquesa Esperanza Aguirre. Al d&iacute;a siguiente, Abascal hac&iacute;a un llamamiento a la polic&iacute;a para que se rebelase contra sus &oacute;rdenes si estas eran &ldquo;ilegales&rdquo;. L&eacute;ase: si estas perjudican a aquellos para quienes no est&aacute;n dise&ntilde;adas las porras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se trata, y lo digo sin la menor iron&iacute;a, de ning&uacute;n plan orquestado. Se trata de un bloque movi&eacute;ndose, no mec&aacute;nica sino org&aacute;nicamente. Con roces internos y contradicciones, con sectores m&aacute;s extremistas y otros m&aacute;s cautos, con peleas por el protagonismo, con avances y retrocesos, en una direcci&oacute;n compartida. Idealmente, impedir la investidura. Pero, principalmente, cercar al gobierno a&uacute;n no nato, hacerlo nacer ya reh&eacute;n, a la defensiva, con el margen de maniobra limitado al m&aacute;ximo, que gobierne pidiendo perd&oacute;n. Ganar para s&iacute; poder de veto. Los aprendices de escuadristas que se concentran en la sede de Ferraz act&uacute;an gustosamente de infanter&iacute;a auxiliar del bloque, generando el clima para que tras un paso audaz puedan darse otros m&aacute;s. Que sea un bloque marcadamente conservador y jerarquizado se ve, tambi&eacute;n, en que sus pocos destacamentos <em>plebeyos</em> ni siquiera pretenden ninguna autonom&iacute;a pol&iacute;tica. Como en otros tiempos, salen a la calle a pedir a los poderosos que act&uacute;en.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un bloque hist&oacute;rico no es una coalici&oacute;n, ni es una suma parlamentaria, ni es un acuerdo ni es una conspiraci&oacute;n. Un bloque hist&oacute;rico es una articulaci&oacute;n de sectores sociales unidos por s&iacute;mbolos, instituciones y autoridades, intelectuales, expectativas y creencias compartidas que, por encima de sus diferencias, les hace comportarse org&aacute;nicamente de forma casi espont&aacute;nea. El bloque reaccionario espa&ntilde;ol est&aacute; nucleado hist&oacute;rica e ideol&oacute;gicamente en torno a dos ideas fuerza. Por una parte, a una defensa de la jerarqu&iacute;a social que coincide con una defensa de los privilegios, la propiedad y la econom&iacute;a rentista. Esta defensa no s&oacute;lo moviliza a los hijos de la oligarqu&iacute;a sino tambi&eacute;n a sectores medios en riesgo de precarizaci&oacute;n, articulados por el odio a la izquierda y a las ideas igualitaristas, identificadas como propias de d&eacute;biles &ndash;en una proyecci&oacute;n en la que el subordinado se siente parte de los se&ntilde;ores por defender sus ideas&ndash;. Por otra parte, un nacionalismo espa&ntilde;ol rabiosamente antipluralista, seg&uacute;n el cual a la naci&oacute;n siempre le sobra medio pueblo al que hay que disciplinar cada pocas d&eacute;cadas, y esencialista, por el cual la naci&oacute;n precede y prima sobre la democracia; esto es, Espa&ntilde;a no es lo que los espa&ntilde;oles quieran si es que estos votan mal o se comportan mal. Hay un modelo econ&oacute;mico y una &ldquo;esencia nacional&rdquo;, anteriores a la democracia, heredados de la guerra que ganaron y de la transici&oacute;n que negociaron, y se deben defender incluso, si hiciese falta, contra la soberan&iacute;a popular.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este bloque ha compartido el poder en condiciones de relativa estabilidad durante 40 a&ntilde;os, seg&uacute;n una geograf&iacute;a que le hac&iacute;a ser mayoritario en el Estado, ampliamente mayoritario en el poder econ&oacute;mico y mayoritario o minoritario en el Congreso seg&uacute;n votaran los ciudadanos. Es cierto que el centro izquierda ha gobernado m&aacute;s a&ntilde;os de este per&iacute;odo, pero lo ha hecho mientras a su alrededor se consolidaba o se extremaba la preponderancia conservadora y ultraconservadora en el Estado y en los poderes econ&oacute;micos. Esto, m&aacute;s que a mandar, se le parece a morar como inquilino en un Estado que, bajo tus pies, se va deslizando cada vez m&aacute;s al terreno de tu adversario. Habitar como invitado, sin molestar demasiado a los due&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Los principales desaf&iacute;os democratizantes al r&eacute;gimen nacido en 1978 fueron el 15M-Primer Podemos y el Octubre catal&aacute;n. Ninguno logr&oacute; sus objetivos pero ambos cambiaron el sistema pol&iacute;tico de manera sustancial. Uno de los primeros efectos de ese cambio es que el PSOE, para gobernar, tiene que salir fuera de su per&iacute;metro ideol&oacute;gico tradicional. El otro, que el bloque reaccionario da por amortizados buena parte de sus compromisos democr&aacute;ticos pasados y est&aacute; cada vez menos dispuesto a tolerar mayor&iacute;as parlamentarias que no coincidan con su primac&iacute;a en el Estado y en la econom&iacute;a. Le parece que ha llegado la hora de ponerse serios para que desaf&iacute;os as&iacute; no vuelvan a ser posibles. La izquierda, as&iacute;, tiene que elegir entre el inquilinato o el desahucio del Estado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La investidura se acabar&aacute; produciendo y el Parlamento salido de la soberan&iacute;a popular alumbrar&aacute; un gobierno de coalici&oacute;n progresista con acuerdos con las fuerzas soberanistas catalanas y vascas. Pero eso no ser&aacute; el final de nada. A duras penas una victoria. En las pasadas elecciones evitamos que ganasen los reaccionarios, pero la mayor&iacute;a pol&iacute;tica, que no la parlamentaria, est&aacute; a&uacute;n por construirse. Como est&aacute;n demostrando estos d&iacute;as, el bloque reaccionario va ensayando cu&aacute;nta fuerza tiene no s&oacute;lo para ejercer el derecho de veto en momentos puntuales, sino para una radical transformaci&oacute;n del terreno de juego que consolide de manera definitiva su primac&iacute;a cuente o no en cada momento concreto con la mayor&iacute;a de la simpat&iacute;a popular.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso, para la legislatura que nace hay que proponerse dos grandes objetivos. Por un lado, es imprescindible un rearme organizativo ideol&oacute;gico y moral de las gentes del com&uacute;n, de los defensores de la democracia y la igualdad. Es necesario retomar posiciones perdidas, recuparar presencia en el territorio social, restablecer lazos comunitarios y dotar de coherencia y horizonte compartido a un pueblo progresista que no puede tener s&oacute;lo como <em>leitmotiv</em> &ldquo;frenar a las derechas&rdquo;, sino la transformaci&oacute;n de la sociedad para que haya un futuro de justicia social, de buena vida ecol&oacute;gica y de libertad entre iguales. Hay que reimaginar este horizonte emancipador y hacerlo deseable. Esta din&aacute;mica ser&aacute; tanto m&aacute;s fuerte cuanto m&aacute;s aut&oacute;noma sea del Gobierno. Necesitar&aacute; valerse de &eacute;l, pero tambi&eacute;n empujarle y llevarlo m&aacute;s lejos de sus propios l&iacute;mites. Parad&oacute;jicamente, ser&aacute; tambi&eacute;n la manera de defenderlo de la reacci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, m&aacute;s vale que todas las fuerzas de gobierno asuman que con la correlaci&oacute;n parlamentaria de fuerzas no alcanza, que vivimos un tiempo inestable de transici&oacute;n y que, para que esta no sea de involuci&oacute;n, esta legislatura tiene que ser de amplia y profunda democratizaci&oacute;n econ&oacute;mica y del Estado. Para deshacer los principales nudos olig&aacute;rquicos y reaccionarios que asfixian la democracia, para equilibrar la balanza de poder social &ndash;en los empleos, en el urbanismo, en la propiedad inmobiliaria, en el modelo de desarrollo y en la matriz energ&eacute;tica, en el acceso a las altas magistraturas, en la composici&oacute;n de las instituciones no elegibles, etc&ndash;. Para que el adversario tenga tantos derechos como nosotros, pero ni un privilegio. Para que la democracia, el poder de las y los sin t&iacute;tulo, sea posible.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Errejón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/escuadristas-disputa-bloque-reaccionario_129_10665796.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Nov 2023 21:37:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c70ef9a9-5689-404a-b73b-22653f354139_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="432608" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c70ef9a9-5689-404a-b73b-22653f354139_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="432608" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Escuadristas, bloque reaccionario y la disputa por el Estado]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c70ef9a9-5689-404a-b73b-22653f354139_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Derecha,Extrema derecha,Amnistía,Protestas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué legislatura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/legislatura_129_10523537.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b4f5cff4-630e-471a-acee-93c373f918f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué legislatura"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La amnistía no debería ser sólo una reivindicación del independentismo sino del conjunto de los demócratas. Porque nadie debería ser perseguido por querer votar; porque no se trata de un indulto a unos dirigentes políticos sino de una solución para cientos de ciudadanos anónimos implicados</p></div><p class="article-text">
        A las elecciones generales del pasado 23 de julio las derechas llegaban con &aacute;nimo de avalancha, merced al poder municipal y auton&oacute;mico acumulado, a la hipermovilizaci&oacute;n y combatividad de sus bases, a la desmotivaci&oacute;n progresista y a un clima ideol&oacute;gico y moral que parec&iacute;a anticipar ya su victoria, de la que estaban plenamente convencidos sus votantes y sus dirigentes. Sin embargo fueron derrotados, lo que les ha sumido en una conmoci&oacute;n de la que a&uacute;n no parecen haber salido. Del Congreso actual no puede salir un gobierno de Feij&oacute;o con Abascal.
    </p><p class="article-text">
        Pero el voto &ldquo;defensivo&rdquo; que fren&oacute; al bloque reaccionario no equivale a una victoria progresista, democratizante y plurinacional. Esa est&aacute; por construirse cultural, pol&iacute;tica e institucionalmente. Y para articularla es necesario un horizonte que vaya m&aacute;s lejos que frenar al adversario. Se impone entonces un debate sobre qu&eacute; legislatura puede abrirse y qu&eacute; rumbo pol&iacute;tico para la siguiente etapa.
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que la investidura y por tanto el arranque de la legislatura pasan por seguir dando pasos que encaucen pol&iacute;ticamente el conflicto catal&aacute;n y vayan avanzando hacia una reforma del modelo territorial de Estado en clave plurinacional que se adec&uacute;e m&aacute;s a la realidad social. Sin ello, habr&aacute; repetici&oacute;n electoral y una segunda oportunidad para el PP-Vox.
    </p><p class="article-text">
        De entre todas las medida necesarias, es la amnist&iacute;a para los hechos acaecidos en torno al refer&eacute;ndum del octubre catal&aacute;n de 2017 la que m&aacute;s atenci&oacute;n y discusi&oacute;n est&aacute; centrando, y tiene visos de convertirse en uno de los ejes ordenadores principales del campo pol&iacute;tico las pr&oacute;ximas semanas. El bloque reaccionario ha decidido hacer de este su <em>casus belli</em> y alertar, como siempre que no tiene el Gobierno, de que se van a romper Espa&ntilde;a, la Constituci&oacute;n y la democracia. Es fundamental activar el campo social e intelectual progresista en defensa de una medida leg&iacute;tima, justa y adecuada. La amnist&iacute;a no deber&iacute;a ser s&oacute;lo una reivindicaci&oacute;n del independentismo sino del conjunto de los dem&oacute;cratas. Porque nadie deber&iacute;a ser perseguido por querer votar; porque no se trata de un indulto a unos dirigentes pol&iacute;ticos sino de una soluci&oacute;n para cientos de ciudadanos an&oacute;nimos implicados en un proceso de participaci&oacute;n masiva y pac&iacute;fica; y porque es hora de avanzar en una nueva fase de di&aacute;logo en la que los problemas pol&iacute;ticos encuentren cauces pol&iacute;ticos de resoluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Eso no significa en todo caso que esta vaya a ser exclusivamente la legislatura del llamado &ldquo;debate territorial&rdquo;. Constituir&iacute;a un error pensar la agenda de la justicia social y la de la plurinacionalidad como ejes separados. En primer lugar por razones hist&oacute;ricas: ambos impulsos democratizantes se han dado siempre en los mismos per&iacute;odos de impulso transformador y progresista, tanto es as&iacute; que de su sinergia depende a menudo la profundidad y alcance de estos ciclos. Y en segundo lugar por correlaci&oacute;n de fuerzas: son esencialmente las mismas las que permiten el avance social y el avance plurinacional. S&oacute;lo salen los n&uacute;meros para avanzar con un pie en cada uno de los carriles. Si no es por convicci&oacute;n democr&aacute;tica, el centroizquierda espa&ntilde;ol deber&aacute; entender por pragmatismo que esto es una realidad que ha venido para quedarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La articulaci&oacute;n de estas dos agendas, la del avance social y la del avance plurinacional, es se&ntilde;a de identidad de Sumar que, no por casualidad, se ha convertido en el agente que m&aacute;s est&aacute; trabajando para despejar no s&oacute;lo el camino de la investidura de un gobierno progresista sino tambi&eacute;n el de una legislatura que, frente a los augurios de siempre, sea larga y descanse sobre acuerdos fuertes y ambiciosos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las pasada campa&ntilde;a electoral, el bloque reaccionario dedic&oacute; mucho m&aacute;s tiempo a postular lo que odiaba y con lo que quer&iacute;a acabar, sin explicar apenas qu&eacute; quer&iacute;a hacer con su pa&iacute;s. No fue s&oacute;lo un error electoral, fue fundamentalmente la expresi&oacute;n del problema hist&oacute;rico de las derechas espa&ntilde;olas. En virtud de una concepci&oacute;n patrimonial del poder y una concepci&oacute;n integrista del pa&iacute;s, a su naci&oacute;n le sobra la mitad del pueblo real, cuyos votos parecen valer menos y sus apoyos ser menos leg&iacute;timos. Esta incapacidad pol&iacute;tica dificulta mucho hoy sus opciones de Gobierno, y les ha llevado a sumirse de nuevo en una din&aacute;mica destituyente en la que un expresidente llama a la &ldquo;rebeli&oacute;n nacional&rdquo; mientras sus medios, intelectuales y agitadores trabajan expl&iacute;citamente para levantar una amplia coalici&oacute;n de la sociedad civil y de segmentos del Estado que pueda bloquear la libre decisi&oacute;n de la soberan&iacute;a popular expresada en el Congreso de los Diputados. Esta movilizaci&oacute;n, por cierto, parece dar ya por amortizado a Feij&oacute;o, cuya investidura ya nadie espera, mientras preparan las armas contra un Gobierno progresista que a&uacute;n no ha nacido.
    </p><p class="article-text">
        Frente a esta embestida no existe tal cosa como &ldquo;consolidar&rdquo; la legislatura anterior. No hay a&uacute;n estabilidad que consolidar, ni consensos viejos a los que regresar, cuando las fuerzas conservadoras est&aacute;n siendo hegemonizadas por los reaccionarios y ya pretenden marchar mucho m&aacute;s all&aacute; de los compromisos de 1978. La crisis de r&eacute;gimen sigue abierta, las reformas estructurales en el Estado siguen pendientes, la creciente desigualdad y precarizaci&oacute;n de la existencia de amplios sectores sociales socava las posibilidades de la estabilidad pol&iacute;tica. Por &uacute;ltimo, la crisis ecol&oacute;gica ensombrece el futuro y nos obliga a emprender profundas transformaciones econ&oacute;micas y sociales.&nbsp;Que esos cambios se hagan en un sentido igualitarista y democr&aacute;tico, o reaccionario y de profundizaci&oacute;n de las desigualdades y recorte de derechos depende de una disputa de poder en marcha. Hasta que esa disputa no se resuelva, cualquier &ldquo;consolidaci&oacute;n&rdquo; se har&iacute;a sobre arenas movedizas y ser&iacute;a f&aacute;cilmente reversible en pocos a&ntilde;os. Por eso har&iacute;a mal el pueblo progresista en acobardarse ahora ante la acometida reaccionaria, en regalar metros o semanas preciosas esperando la investidura. Porque si no se construye el suficiente m&uacute;sculo social e ideol&oacute;gico, el gobierno de coalici&oacute;n que nazca nacer&aacute; m&aacute;s cercado y limitado y por tanto con menos capacidad -y menos incentivos transformadores- para mejorar la vida de la mayor&iacute;a que la tiene m&aacute;s dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        El bloque reaccionario acude cada vez m&aacute;s dopado a las elecciones, gracias a un desequilibrio brutal de poder en el Estado y la sociedad civil que le garantiza partir siempre con ventaja antes de la apertura de las urnas. Eso minoriza a las fuerzas progresistas incluso cuando tienen el gobierno, en el que se suelen comportar a la defensiva, como inquilinos en el Estado. Por eso una legislatura de &ldquo;consolidaci&oacute;n&rdquo; ser&iacute;a otra de retroceso, de ganar al precio de hacerlo sobre un terreno econ&oacute;mico e ideol&oacute;gico cada vez m&aacute;s favorable al adversario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos entonces aprovechar esta oportunidad a la ofensiva, deshaciendo este interregno hacia adelante, en un sentido democratizante: de las relaciones entre pueblos, de actualizaci&oacute;n institucional al pa&iacute;s que somos en el siglo XXI, de justicia social y combate a la oligarquizaci&oacute;n y la desigualdad rampante, de igualdad entre mujeres y hombres, de transici&oacute;n ecol&oacute;gica para una econom&iacute;a compatible con el planeta y con vidas m&aacute;s libres, con m&aacute;s tiempo y m&aacute;s felices. Sobre esas bases s&iacute; se puede construir un proyecto de pa&iacute;s duradero y estable: con sus gentes, con todas sus gentes, dentro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Errejón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/legislatura_129_10523537.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Sep 2023 20:42:08 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b4f5cff4-630e-471a-acee-93c373f918f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3193068" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b4f5cff4-630e-471a-acee-93c373f918f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3193068" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Qué legislatura]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b4f5cff4-630e-471a-acee-93c373f918f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Crisis institucional y disputa por el Estado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/crisis-institucional-disputa_129_9805234.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/45aff605-b93b-4767-ae8a-158e5848c561_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Crisis institucional y disputa por el Estado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Consejo General del Poder Judicial y el TC tienen mayorías extemporáneas, que no obedecen a la voluntad actual de los españoles, pero han incumplido la ley negándose a renovarse. Es el equivalente a que un tercio de los diputados se negasen a dejar su escaño tras las próximas elecciones y siguiesen votando y legislando</p><p class="subtitle">Análisis - 'Ser juez y parte: ¿puede un magistrado sentenciar sobre sí mismo y pretender ser imparcial?', por Ignacio Escolar </p></div><p class="article-text">
        Este jueves Espa&ntilde;a vivi&oacute; momentos muy intensos de crisis institucional, cuando el Tribunal Constitucional valor&oacute; si prohibir al Congreso de los Diputados celebrar un debate y votar un conjunto de normas. Es decir, cumplir con la funci&oacute;n para la que nos han votado. El Tribunal Constitucional, con m&aacute;s de un tercio de sus miembros con el mandato caducado, incluyendo a su presidente, y jaleado por Feijoo, recibi&oacute; un recurso del PP para paralizar la votaci&oacute;n en la que, entre otras cosas, se desbloqueaba su propia renovaci&oacute;n. La argumentaci&oacute;n de que se recurr&iacute;a un aspecto formal no consegu&iacute;a disimular la anomal&iacute;a de la reuni&oacute;n expr&eacute;s del pleno de un &oacute;rgano que puede tardar hasta una d&eacute;cada en resolver sobre otros asuntos, ni la excepcionalidad de un control ex ante de una iniciativa parlamentaria, cuando lo que le corresponde es revisar su constitucionalidad despu&eacute;s. Todo eso le confer&iacute;a un car&aacute;cter claramente partisano a su maniobra acelerada. Finalmente el Tribunal Constitucional posterg&oacute; su decisi&oacute;n hasta este lunes. No sabemos qu&eacute; decisi&oacute;n tomar&aacute; finalmente, si prevalecer&aacute; la sensatez o dar&aacute; un paso que modificar&iacute;a para siempre nuestro sistema pol&iacute;tico. Pero s&iacute; podemos avanzar ya una lectura del significado de esta crisis institucional, lo que supone y el escenario al que nos aboca.
    </p><p class="article-text">
        El Estado, cualquier Estado, es un campo de relaciones sociales, c&oacute;digos, creencias compartidas, h&aacute;bitos y equilibrios de fuerza que necesita presentarse como inmutable pero que vive siempre en su interior intensas disputas entre grupos y proyectos. Una parte de esta disputa se da con los votos. La mayor&iacute;a de posiciones a conquistar, sin embargo, no proceden de la voluntad popular. Esta es una pugna cotidiana y &ldquo;normal&rdquo; en la medida en que se da por canales preestablecidos y aceptando ciertas normas que delimitan el conflicto: qu&eacute; es permisible y qu&eacute; no, hasta d&oacute;nde se puede llegar, cu&aacute;l es el per&iacute;metro de lo discutible y, por fuera, cu&aacute;les son las cuestiones implanteables. Un r&eacute;gimen pol&iacute;tico se define, adem&aacute;s de los procedimientos y normas escritas, por los consensos que cimientan un amplio bloque hist&oacute;rico que produce estabilidad porque conduce el pa&iacute;s en una direcci&oacute;n determinada, acotando la disputa pol&iacute;tica a cuestiones &ldquo;menores&rdquo; mientras que las fundamentales est&aacute;n s&oacute;lidamente blindadas por su &ldquo;despolitizaci&oacute;n&rdquo;: de ellas no se discute porque son &ldquo;evidentes&rdquo;, de &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo; y por tanto fuera de la discusi&oacute;n habitual. Cada vez que alg&uacute;n actor pol&iacute;tico pide que alguna cuesti&oacute;n &ldquo;no se politice&rdquo; est&aacute; pidiendo, en realidad, que se deje como est&aacute;, que se respeten las jerarqu&iacute;as &ldquo;naturales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El r&eacute;gimen de 1978 ha producido en Espa&ntilde;a 40 largos a&ntilde;os de estabilidad pol&iacute;tica merced a cuatro grandes acuerdos sociales. El primero es la creencia intergeneracional de que cada generaci&oacute;n vivir&aacute; un poco mejor que la anterior, y que por tanto los sacrificios y renuncias presentes merecen la pena por el bienestar de los hijos y nietos. Esta idea, que era fuente de paz social y de integraci&oacute;n subordinada de las clases subalternas, se quebr&oacute; radicalmente con la crisis de 2008 y su gesti&oacute;n injusta, y no se ha vuelto a recuperar. Tanto es as&iacute; que es la propia idea de futuro la que est&aacute; en duda. El segundo es el del encaje territorial mediante el estado de las autonom&iacute;as y su gesti&oacute;n de la plurinacionalidad. La sentencia del Tribunal Constitucional (de nuevo con parte de sus miembros con el mandato caducado) contra el Estatut de Catalunya rompi&oacute; un sistema de equilibrios sin sustituirlo por nada m&aacute;s que la amenaza penal y parece evidente que eso no basta para canalizar las diferentes voluntades nacionales que cohabitan en Espa&ntilde;a. El vaciamiento de la calle no equivale en modo alguno a haber encontrado una articulaci&oacute;n alternativa. La tercera creencia compartida es que los sectores dirigentes contribu&iacute;an a la prosperidad general, aunque fuese gozando ellos de las mejores recompensas. Hoy la crisis de credibilidad de las &eacute;lites hace a las mayor&iacute;as dudar de que esto sea as&iacute;, aunque ya en ausencia de proyectos alternativos con capacidad de mayor&iacute;as acepten la situaci&oacute;n con mayor o menor cinismo. La crisis de estos grandes acuerdos que se hizo evidente en el 15M finalmente no condujo a un proceso de cambio pol&iacute;tico. Pero el desgaste de estos acuerdos articuladores de pa&iacute;s y de las instituciones que en ellos descansan no ha sido sustituida por ning&uacute;n otro proyecto a&uacute;n. Eso es lo que explica la sensaci&oacute;n generalizada de choque de placas tect&oacute;nicas, de volatilidad y de imprevisibilidad. 
    </p><p class="article-text">
        La cuarta creencia compartida es hoy la que m&aacute;s se ha tensado y cuya ruptura se ha hecho m&aacute;s evidente: la de la fuente de legitimidad democr&aacute;tica. Hasta ahora ven&iacute;an siendo dos: el &ldquo;consenso&rdquo;, entendido como acuerdos entre el PSOE y el PP, y el voto popular. Esto se ha venido erosionando hasta llegar al momento actual de aguda tensi&oacute;n y guerra de posiciones en el Estado. Es imprescindible se&ntilde;alar que la derecha espa&ntilde;ola tiene una concepci&oacute;n patrimonial del poder y del Estado por la cual o le pertenecen o no son leg&iacute;timos. Esto sucede porque su posici&oacute;n de mando en el conjunto de las instituciones del Estado y la sociedad civil no est&aacute; sometido al voto y adem&aacute;s no procede de la preferencia popular sino del poder militar fundante de los privilegios olig&aacute;rquicos y de los mecanismos de reproducci&oacute;n de clase. En ese sentido, la cohabitaci&oacute;n en el Estado con la izquierda sist&eacute;mica que pod&iacute;a ganar elecciones se ha dado siempre como la cohabitaci&oacute;n entre dos compa&ntilde;eros de piso, los padres de uno de los cuales son propietarios de la vivienda. La izquierda ha podido gobernar y hacer importantes reformas siempre que asumiese y negociase dentro de los l&iacute;mites de su condici&oacute;n de inquilinos en el Estado. Este esquema se ha visto en una cruda desnudez en el conflicto pol&iacute;tico catal&aacute;n. Sectores fundamentales del poder del Estado asumieron en ese contexto que hab&iacute;a bienes superiores a proteger incluso de la soberan&iacute;a popular. Que la naci&oacute;n ten&iacute;a una legitimidad predemocr&aacute;tica que deb&iacute;a ser defendida. Y pusieron en marcha un conjunto de herramientas pol&iacute;ticas y jur&iacute;dicas que convirtieron Catalunya y la intervenci&oacute;n del Parlament en un laboratorio de lo que estos d&iacute;as hemos visto planear sobre el Congreso. Los mecanismos de excepci&oacute;n siempre se dise&ntilde;an para usarse sobre minor&iacute;as pero es habitual que despu&eacute;s se queden y se acaben generalizando. 
    </p><p class="article-text">
        Estos sectores conservadores, hoy en minor&iacute;a en el Congreso pero en amplia mayor&iacute;a en el Estado, decidieron que no iban a renunciar a su poder de veto. El Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional tienen mayor&iacute;as extempor&aacute;neas, que no obedecen a la voluntad actual de los espa&ntilde;oles, pero han incumplido la ley neg&aacute;ndose a renovarse. Es el equivalente a que un tercio de los diputados se negasen a dejar su esca&ntilde;o tras las pr&oacute;ximas elecciones y siguiesen votando y legislando. En esa maniobra han sido jaleados por una derecha social, medi&aacute;tica y pol&iacute;tica que considera que las normas son correctas cuando el PP tiene la mayor&iacute;a pero que no deben cumplirse cuando la pierde&hellip; porque hay que preservar un papel de veto y tutela sobre el Estado. Un poder que se dispone a revisar una buena parte de las normas aprobadas en esta legislatura: eutanasia, aborto, impuesto a los beneficios extraordinarios de bancos y el&eacute;ctricas o reforma de la sedici&oacute;n. Una llave de &uacute;ltima instancia frente a una mayor&iacute;a parlamentaria progresista considerada ileg&iacute;tima. 
    </p><p class="article-text">
        Como en todos los momentos de condensaci&oacute;n pol&iacute;tica, de intensificaci&oacute;n de la disputa, los contenidos particulares han pasado a segundo plano y la verdad del momento es el choque entre dos bloques. De resolverse a favor del bloque opositor, no s&oacute;lo saldr&aacute; el gobierno desgastado y las reformas sociales comprometidas. Se habr&aacute; dado un paso m&aacute;s en estrechar el terreno de lo democr&aacute;ticamente posible, de los l&iacute;mites y poderes tutelares por encima de la soberan&iacute;a popular. De resolverse a favor del Gobierno, la crisis s&oacute;lo encontrar&aacute; un final si la mayor&iacute;a progresista se ampl&iacute;a, da motivos y razones a la mayor&iacute;a subalterna que no cuenta con apellidos ni herencias sino con su voto, y consigue desgajar a sectores conservadores o liberales que no apoyen la deriva de involuci&oacute;n democr&aacute;tica de los poderes no electos. El &uacute;nico horizonte de estabilizaci&oacute;n es el de una reforma democratizante del Estado y de la sociedad civil, que reduzca el poder de veto de las minor&iacute;as privilegiadas, redistribuya el poder social y econ&oacute;mico y funde un nuevo contrato social m&aacute;s justo para las generaciones venideras. Pero una obra de esta magnitud es muy dif&iacute;cil de imaginar siendo simplemente &ldquo;desde arriba&rdquo;. Requerir&iacute;a tambi&eacute;n de una activaci&oacute;n popular, de una reconstrucci&oacute;n del tejido asociativo y los v&iacute;nculos comunitarios y un reverdecimiento intelectual, moral y cultural de las ideas emancipadoras. No se trata en cualquier caso de carriles independientes sino conectados, y los avances en uno pueden ayudar a los avances en el otro. Lo que no suceder&aacute; es lo contrario: de los retrocesos, de cualquier retroceso, no saldr&aacute; ninguna reacci&oacute;n positiva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Errejón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/crisis-institucional-disputa_129_9805234.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Dec 2022 21:39:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/45aff605-b93b-4767-ae8a-158e5848c561_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="13548" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/45aff605-b93b-4767-ae8a-158e5848c561_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="13548" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Crisis institucional y disputa por el Estado]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/45aff605-b93b-4767-ae8a-158e5848c561_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Para qué sirve una manifestación? Notas tras el 13 de noviembre en Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sirve-manifestacion-notas-13-noviembre-madrid_129_9714569.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0d4756b9-d234-435a-ba90-bbaf20826664_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Para qué sirve una manifestación? Notas tras el 13 de noviembre en Madrid"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Madrid reapareció el pueblo. El pueblo no es una categoría estadística ni administrativa. Y por supuesto es mucho más que el conjunto de las izquierdas. Es la aparición de los muchos con capacidad para hablar legítimamente en nombre de la comunidad</p><p class="subtitle">Ayuso afirma que la manifestación “no fue por la sanidad pública sino para buscar un nuevo liderazgo de ultraizquierda”</p></div><p class="article-text">
        El pasado domingo 13 de noviembre ocurri&oacute; un hito pol&iacute;tico en Madrid. Cientos de miles de ciudadanos desbordaron sus calles en defensa de la sanidad p&uacute;blica, que est&aacute; sufriendo un plan deliberado de destrucci&oacute;n por parte del Gobierno de Ayuso que tiene como objetivo sustituir derechos ciudadanos por gasto como cliente y desmontar una instituci&oacute;n b&aacute;sica de solidaridad comunitaria y construcci&oacute;n de sociedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La movilizaci&oacute;n estaba atravesada por un afecto contradictorio. Por una parte ten&iacute;a detr&aacute;s mucho sufrimiento, muchas horas de angustia por parte de pacientes y profesionales de la sanidad p&uacute;blica que hab&iacute;an sido despreciados, maltratados e insultados. Que la situaci&oacute;n de la sanidad en Madrid sea terrible no es un dato period&iacute;stico o administrativo, significa que hay mucha gente que sufre cotidianamente. Y que sufre por decisiones pol&iacute;ticas conscientes de los efectos que producen, pero que los asumen como precio a pagar por intentar imponer un modelo, el neoliberal, que es fallido y cruel. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, al mismo tiempo, al lado de esta conciencia de la tragedia cotidiana que la impulsaba, la manifestaci&oacute;n estaba recorrida por otro afecto. Mucha gente que se encontraba y se abrazaba, an&oacute;nimos que se sonre&iacute;an, c&aacute;nticos en las calles ya antes y ya despu&eacute;s de la manifestaci&oacute;n, para muchos desde que sal&iacute;an de casa o se iban juntando en el tren o el metro, gente que se daba &aacute;nimos y se alegraba de estar junta y de ser tanta. Tanta como medio mill&oacute;n. Por fin. Ya en los d&iacute;as previos, la convocatoria hab&iacute;a roto los c&iacute;rculos de los sectores m&aacute;s militantes y circulaba en redes sociales de gente normalmente no tan movilizada, se hablaba de ella en los grupos, se hab&iacute;a cargado con la expectaci&oacute;n de un evento. No es f&aacute;cil saber cu&aacute;l es la suma de factores que produce ese clima pero es imposible no reconocerlo cuando llega. Es en ese sentido que la manifestaci&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de su demostraci&oacute;n cuantitativa de fuerza, supuso un antes y un despu&eacute;s tambi&eacute;n en t&eacute;rminos cualitativos. Me atrevo a pensar que todos los asistentes nos volvimos a casa pensando que no hab&iacute;amos ido a una m&aacute;s, que hab&iacute;a sido otra cosa. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en alg&uacute;n momento, cuando nos hemos dispersado y hemos vuelto a casa, solos frente a las pantallas, solos sin el calor del domingo, solos frente a las lecturas e interpretaciones de lo que hicimos, solos frente al cinismo y la desconfianza que impregnan la &eacute;poca, es posible que a muchos les asalte la duda: &iquest;para qu&eacute; sirvi&oacute;? Gente muy bien organizada lleva d&eacute;cadas trabajando para convencernos de que organizarse es in&uacute;til. Si, como parece, hay signos de que pueda estar cambiando el viento, quiz&aacute;s haya que comenzar entonces por volver a disputar las cuestiones m&aacute;s obvias, a afirmar las cuestiones primeras. Sirvan entonces estas notas para ejemplificar, en torno al 13 de noviembre, para qu&eacute; sirve manifestarse.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar y de manera muy f&aacute;cil de comprobar, las manifestaciones, m&aacute;s si son masivas, impactan en la agenda medi&aacute;tica, se cuelan en lo que se cuenta y de lo que se habla, cambian la conversaci&oacute;n p&uacute;blica. Tambi&eacute;n impactan en quienes toman las decisiones, que aunque no lo digan las miran con mucha atenci&oacute;n y siempre con mayor o menor temor. Est&aacute; de moda decir que <em>la calle</em> no es importante, pero todo el mundo sabe de los peligros de subestimarla. Detr&aacute;s de los insultos despreciables y clasistas contra los manifestantes, el Partido Popular corri&oacute; a reaccionar &mdash;a hacer como que reaccionaba&mdash; al d&iacute;a siguiente convocando reuniones e intentando trasladarle la responsabilidad a otros. Evidentemente esto no es la soluci&oacute;n, pero la necesidad de salir a reaccionar significa que, tras la m&aacute;scara de soberbia, han acusado la demostraci&oacute;n del domingo. La presi&oacute;n hace a otros moverse, aunque nunca lo reconocer&iacute;an. Es verdad que es un proceso arduo. Quienes tienen poder, dinero o influencia hablan todos los d&iacute;as, mientras que la gente tiene que organizarse y gastar tiempo y energ&iacute;as para tener voz. Pero cuando lo hace esa voz colectiva hace peque&ntilde;as a las voces individuales.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, y de manera a menudo mucho m&aacute;s olvidada, una manifestaci&oacute;n as&iacute; no es solo un fin. Importa igualmente el camino. Se crea comunidad en su preparaci&oacute;n, en su difusi&oacute;n, en su desarrollo. Hay mucho trabajo social, sindical y vecinal silencioso y cotidiano detr&aacute;s de una manifestaci&oacute;n as&iacute;. Trabajo generoso que no tendr&aacute; recompensa individual, altruista, que genera un afecto similar. Se fraguan lazos entre personas que no se conoc&iacute;an, se establecen formas de coordinaci&oacute;n y contacto m&aacute;s estables. Algunas personas comienzan a hablar porque se han encontrado yendo juntas a la mani, otras descubren a un compa&ntilde;ero del trabajo o vecino del que no supon&iacute;a que fuese &ldquo;de los suyos&rdquo;, otras entran en contacto con las convocatorias en su centro de salud u hospital, o se conectan con gente con valores similares. Muchas aprenden a convocar protestas, a amplificarlas, a hacer pancartas, a organizar columnas o bloques. Muchas otras descubren el goce de marchar juntos y pierden la verg&uuml;enza a cantar juntos. Muchas al d&iacute;a siguiente experimentan c&oacute;mo su clamor ha sido ridiculizado, insultado u ocultado. Y cambian su percepci&oacute;n sobre el sistema pol&iacute;tico y medi&aacute;tico. Ese conjunto de transformaciones, b&aacute;sicamente, forman y educan militantes. De una forma que el estudio no puede sustituir y desde luego mucho m&aacute;s que la vida interna de ninguna organizaci&oacute;n. Toda generaci&oacute;n que ha sido atravesada por un ciclo de movilizaciones las recuerda, tiene an&eacute;cdotas, risas, aprendizajes e hitos que constituyen referencias culturales y est&eacute;ticas comunes. Ese material afectivo, cultural y est&eacute;tico es a menudo el mimbre de futuras construcciones pol&iacute;ticas. 
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, las manifestaciones transforman a quienes acuden a ellas, que vuelven a casa siendo ligeramente distintos. Poulantzas dec&iacute;a que el Estado capitalista funciona pol&iacute;ticamente para cohesionar por arriba y dispersar por abajo. Es decir, resolver contradicciones en el bloque dominante y conducir en una direcci&oacute;n com&uacute;n por encima de las fricciones, mientras trabaja denodadamente por deshacer y fracturar todos los lazos, lugares, memorias y articulaciones entre los sectores subalternos. Esto se traduce en la pr&aacute;ctica en una funci&oacute;n cotidiana de minorizaci&oacute;n. Los que el domingo marchamos en Madrid &eacute;ramos muchos y represent&aacute;bamos una angustia de una mayor&iacute;a social. Pero una mayor&iacute;a social solo se convierte en mayor&iacute;a cultural y pol&iacute;tica, antes de convertirse en mayor&iacute;a electoral, cuando se convoca y encuentra, tiene canales y c&oacute;digos propios, tiene referencias e hitos, comparte una visi&oacute;n de su pa&iacute;s y tiene confianza en su propia fuerza. Los asistentes a la manifestaci&oacute;n del pasado domingo se pasearon por Madrid, durante la manifestaci&oacute;n y, de forma mucho m&aacute;s reveladora, antes y despu&eacute;s de la misma, sinti&eacute;ndose mayor&iacute;a moral. Siendo anticipadamente mayor&iacute;a. Ese d&iacute;a no se sintieron solos, ni raros, ni acobardados, ni prefirieron callarse para no discutir, ni extra&ntilde;os en sus barrios. Volvieron a casa con una disposici&oacute;n moral radicalmente diferente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En &uacute;ltimo lugar, el domingo 13 de noviembre en Madrid reapareci&oacute; el pueblo. El pueblo no es una categor&iacute;a estad&iacute;stica ni administrativa. Y por supuesto es mucho m&aacute;s que el conjunto de las izquierdas. Es la aparici&oacute;n de los muchos con capacidad para hablar leg&iacute;timamente en nombre de la comunidad, de un todos que nunca est&aacute; completo. De manera temporal y fr&aacute;gil, en torno a una cuesti&oacute;n sentida y vivida como fundamental se traza una frontera decisiva, que reordena el campo pol&iacute;tico separando a una minor&iacute;a culpable y privilegiada de la gente corriente. Esta frontera pone en un plano secundario el resto de diferencias y genera una identificaci&oacute;n compartida, que puede desbordar las previas y cambiar as&iacute; la correlaci&oacute;n de fuerzas, si sabe mantenerse, extenderse e irradiarse.
    </p><p class="article-text">
        Las apelaciones a &ldquo;la calle&rdquo; como f&oacute;rmula m&aacute;gica para resolver todos los problemas son ingenuas y paralizantes. Pero hay condiciones para que el viento cambie, para un profundo rearme moral y pol&iacute;tico de los partidarios de la justicia social y la libertad de los iguales. En ese rearme nos ser&aacute;n &uacute;tiles las lecciones del 13 de noviembre, antes de que el paso de los d&iacute;as las diluyan.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Errejón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sirve-manifestacion-notas-13-noviembre-madrid_129_9714569.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Nov 2022 21:49:20 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0d4756b9-d234-435a-ba90-bbaf20826664_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="502336" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0d4756b9-d234-435a-ba90-bbaf20826664_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="502336" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Para qué sirve una manifestación? Notas tras el 13 de noviembre en Madrid]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0d4756b9-d234-435a-ba90-bbaf20826664_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Sanidad pública]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La rebelión fiscal de los ricos: este guante hay que cogerlo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/rebelion-fiscal-ricos-guante-hay-cogerlo_129_9581956.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aefc2c44-fdcd-4f97-ae3a-204e656d4479_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La rebelión fiscal de los ricos: este guante hay que cogerlo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La batalla de la fiscalidad no es en absoluto una cuestión “técnica” ni que puedan resolver expertos al margen de sus preferencias morales. Es una contienda de valores que los demócratas y partidarios de la justicia social no podemos rehuir</p></div><p class="article-text">
        El pasado 19 de septiembre el presidente de la Junta de Andaluc&iacute;a, Moreno Bonilla, propon&iacute;a eliminar en su comunidad aut&oacute;noma el impuesto de patrimonio. Se un&iacute;a as&iacute; a una pol&iacute;tica emblem&aacute;tica de la derecha madrile&ntilde;a y arrastraba pronunciamientos similares de los gobiernos populares de Galicia y de la regi&oacute;n de Murcia. Los conservadores espa&ntilde;oles abr&iacute;an as&iacute; una ofensiva en materia fiscal, intentando forzar una competici&oacute;n a la baja entre administraciones auton&oacute;micas a ver qui&eacute;n le perdona m&aacute;s impuestos a los m&aacute;s ricos. La Comunidad Aut&oacute;noma de Madrid ha aprovechado desde hace a&ntilde;os las ventajas del efecto capitalidad para una agresiva pol&iacute;tica de dumping fiscal que le hace una competencia desleal al resto de nuestro pa&iacute;s y en particular a la Espa&ntilde;a interior.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Impuesto de Patrimonio es aquel que pagan los ciudadanos que poseen bienes y acciones por encima de 700.000 euros, descontados los de la primera residencia hasta los 300.000 euros. Es decir, aquellos que cuentan con un patrimonio superior al mill&oacute;n de euros. Estamos hablando de aproximadamente un 0,4% de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola, pero el PP aspira a identificar los regalos a esta &iacute;nfima minor&iacute;a privilegiada con el bienestar del conjunto de la sociedad y levanta orgulloso la bandera de la rebeli&oacute;n fiscal de los ricos tambi&eacute;n en las rebajas a grandes sociedades, a las tasas al capital financiero o en el impuesto de sucesiones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que los regalos a ese escaso 1% que no necesita los servicios p&uacute;blicos los pagan las condiciones de vida de la inmensa mayor&iacute;a quienes s&iacute; los necesitan. Los cientos de millones perdonados a los m&aacute;s ricos son despu&eacute;s listas de espera m&aacute;s largas, menos plazas en escuelas infantiles, degradaci&oacute;n de la escuela p&uacute;blica, cierre de ambulatorios por las tardes, menos bomberos forestales para combatir o prevenir los incendios, o peores condiciones en las residencias para mayores. Los reaccionarios, para saltar por encima de esta conexi&oacute;n evidente, han inventado un atajo narrativo: la soluci&oacute;n ser&iacute;a, para hacerle regalos a los ricos sin recortar en los servicios p&uacute;blicos, eliminar &ldquo;el gasto pol&iacute;tico superfluo&rdquo;. Nunca ofrecen n&uacute;meros que reflejen c&oacute;mo van a cuadrar las cuentas, sencillamente porque los n&uacute;meros no les favorecen. Mientras el recorte de un tercio de los esca&ntilde;os que hay en el Congreso de los Diputados nos permitir&iacute;a &ldquo;ahorrar&rdquo; apenas 40 millones de euros anuales, por la evasi&oacute;n fiscal que practican las grandes fortunas perdemos, cada a&ntilde;o, 6.350 millones de euros. 160 veces m&aacute;s. Pero es que adem&aacute;s, cuando gobiernan, practican exactamente lo contrario a lo que dicen defender. Para muestra valen los ejemplos de la humor&iacute;stica Oficina del espa&ntilde;ol que regentaba Toni Cant&oacute; en Madrid o la vicepresidencia sin competencias para Vox en Castilla y Le&oacute;n. No obstante la eficacia de este artefacto ideol&oacute;gico no reside en su consistencia sino en su capacidad de ofrecer otro enemigo: sacar a la oligarqu&iacute;a de la discusi&oacute;n p&uacute;blica -y por tanto blindarla- y concentrar el resentimiento contra las instituciones, la pol&iacute;tica y, m&aacute;s en general, cualquier idea de lo colectivo. Sucede lo mismo con las supuestas teor&iacute;as del &ldquo;goteo&rdquo;, todas desmentidas por abundante evidencia cient&iacute;fica que demuestra que las rebajas fiscales a los ricos s&oacute;lo producen aumento de la desigualdad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es por eso que esta ofensiva fiscal no tiene s&oacute;lo un prop&oacute;sito econ&oacute;mico. Los conservadores siempre han intentado reducir la contribuci&oacute;n de los m&aacute;s ricos a la sociedad en la que viven y, por encima de todo, hacerla voluntaria. Esto es, dependiente de su caridad o filantrop&iacute;a. Pero desde la revoluci&oacute;n neoliberal en la d&eacute;cada de los 80 del pasado siglo esta presi&oacute;n se convirti&oacute; en la punta de lanza de una guerra ideol&oacute;gica por transformar el modelo social. La rebeli&oacute;n fiscal de los ricos no es una pol&iacute;tica que la derecha practique a escondidas sino un verdadero estandarte ideol&oacute;gico que as&iacute; tiene que ser entendido y confrontado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, al defender estas bajadas de impuestos a los privilegiados, los conservadores libran una batalla moral: buscan estimular un cierto &ldquo;derecho al ego&iacute;smo&rdquo; que conecte incluso con sectores empobrecidos que sue&ntilde;en con ser lo suficientemente ricos y poderosos como para dejar atr&aacute;s a la colectividad. La sociedad es para los perdedores, y los ricos que se escinden son un modelo de prestigio. (&ldquo;T&uacute; si pudieses tambi&eacute;n lo har&iacute;as&rdquo;). Esta moral corroe los v&iacute;nculos sociales y los lazos comunitarios, la confianza interpersonal y cualquier idea de avance colectivo. La &uacute;nica mejora pensable es individual y no es con los otros sino a costa de los otros. Este es el terreno cultural que abona despu&eacute;s la deshumanizaci&oacute;n de los sectores m&aacute;s golpeados de la sociedad y la posibilidad de abrazar propuestas de neoliberalismo autoritario como las vencedoras recientemente en Italia. Un discurso despiadado que te prometa que t&uacute; -no todos, pero t&uacute; s&iacute;- tendr&aacute;s otros perdedores sobre los que alzarte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, esta ofensiva fiscal libra una permanente, paciente y generalizada guerra de posiciones contra los valores igualitaristas. Contra la idea misma de que la mayor cantidad de igualdad posible sea un objetivo social deseable. Toda la tradici&oacute;n republicana y democr&aacute;tica descansa sobre la idea de que nadie es libre si es tan pobre que debe someterse a los arbitrios o caprichos de otro. Sin embargo, esta contraofensiva conservadora defiende que cualquier aumento de igualdad es una amenaza para la libertad y que la libertad es, en esencia, el derecho a poder hacer lo que tu dinero te permita. Esta es una idea socialmente insostenible, ecol&oacute;gicamente impracticable y pol&iacute;ticamente incompatible con la democracia.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, esta ofensiva apunta a transformar la subjetividad de las poblaciones sobre las que se aplica. Los recortes en los servicios p&uacute;blicos no son s&oacute;lo la consecuencia de los regalos fiscales a los m&aacute;s ricos, algo as&iacute; como una derivada no buscada. Son en s&iacute; mismo el objetivo de esta pol&iacute;tica. Se trata de reducir el peso de los trabajadores p&uacute;blicos en la econom&iacute;a -con menor precariedad y mayor capacidad de presi&oacute;n- y, sobre todo, de cambiar el paradigma y sustituir un v&iacute;nculo ciudadano con los servicios -&ldquo;tengo derecho a ellos en tanto que miembro de la comunidad, porque contribuyo en la medida de mis capacidades y recibo en la medida de mis necesidades&rdquo;- por uno mercantil -&ldquo;Tengo derecho a tanto como mi dinero pueda comprar&rdquo;- Este cambio de modelo genera un cambio de subjetividad y de expectativas, de la confianza en las instituciones compartidas a la desconfianza generalizada y la confianza s&oacute;lo en la capacidad individual. Como demuestra el ejemplo madrile&ntilde;o, la expulsi&oacute;n de las capas medias y buena parte de las trabajadoras fuera de unos servicios p&uacute;blicos maltratados y dejados s&oacute;lo para quienes no podr&iacute;an contratar un seguro o una escuela privada genera un importante desplazamiento de conciencia e ideol&oacute;gico. sacar a las clases medias del contrato social y generarles incentivos para no querer pagar por unos servicios que no usan es desgajarlas de un posible bloque popular y ponerlas bajo el &aacute;rea de influencia cultural y moral de los privilegiados . En Italia la privatizaci&oacute;n de buena parte de las playas ha estigmatizado y empeorado las p&uacute;blicas, que acostumbran a estar m&aacute;s sucias y descuidadas, y ha construido las privadas como modelo aspiracional. La ordenaci&oacute;n del espacio y de la satisfacci&oacute;n de las necesidades nunca es neutral. Y produce efectos. Aunque buena parte de la izquierda siga pensando que se basta, la hegemon&iacute;a neoliberal no se construye en las campa&ntilde;as electorales -ni depende del n&uacute;mero de candidaturas- sino que se reproduce a diario en una vida cotidiana que cada vez m&aacute;s reproduce los valores del s&aacute;lvese quien pueda. Despu&eacute;s s&oacute;lo queda pedirle a los electores que voten tal y como viven, trabajan, se desplazan, se conocen, consumen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por estas razones sostenemos que la batalla de la fiscalidad no es en absoluto una cuesti&oacute;n &ldquo;t&eacute;cnica&rdquo; ni que puedan resolver expertos al margen de sus preferencias morales. Es una contienda de valores que los dem&oacute;cratas y partidarios de la justicia social no podemos rehuir porque cada victoria del adversario va transformando nuestra sociedad en un sentido que le facilita las siguientes y las tiende a hacer relativamente irreversibles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que en pol&iacute;tica uno de los artes supremos es el de saber elegir las batallas. S&oacute;lo un necio o un fan&aacute;tico libra todas las batallas en las que el adversario le cita, en los t&eacute;rminos y terrenos elegidos por el adversario. Sin embargo, sostenemos que esta batalla, la que el PP ha abierto en pos del derecho de los ricos al ego&iacute;smo, es una batalla que el Gobierno de Espa&ntilde;a no puede ni debe rehuir. Porque, adem&aacute;s de ser cultural e ideol&oacute;gicamente central, es perfectamente ganable. De hecho, el Gobierno encuentra condiciones id&oacute;neas para librarla de frente, para coger el guante, aceptar el reto y llevarlo hasta el final. La situaci&oacute;n geopol&iacute;tica ha originado unas coordenadas de gobernanza europea excepcionales, que permiten suspender las reglas de gasto fiscal, intervenir mercados energ&eacute;ticos y topar precios. Hoy hay un consenso impensable hace a&ntilde;os en torno a pol&iacute;ticas econ&oacute;micas de signo progresista, que debemos empujar en un sentido democr&aacute;tico e igualitarista. Nada menos que la Comisi&oacute;n Europea y el Banco Central Europeo desaconsejan los regalos fiscales a los m&aacute;s ricos y aconsejan exigirles una mayor contribuci&oacute;n para con sus sociedades en momentos dif&iacute;ciles, y esto ha puesto en varios momentos en contradicciones al propio Partido Popular. En el plano dom&eacute;stico, nuestra poblaci&oacute;n ha experimentado la necesidad de tener un Estado fuerte con capacidad de intervenir y proteger a los m&aacute;s vulnerables. Somos adem&aacute;s un pa&iacute;s donde, aunque en ligero retroceso, las posiciones favorables a los impuestos a cambio de mejores servicios p&uacute;blicos son claramente mayoritarias. Adem&aacute;s de estas condiciones internacionales y culturales, el Gobierno cuenta con recursos econ&oacute;micos y apoyos parlamentarios como para responder a esta ofensiva con firmeza, convirti&eacute;ndola en un boomerang: acercando el tipo efectivo al tipo nominal en el impuesto de sociedades, fijando un impuesto a la riqueza a nivel nacional y limitando al m&aacute;ximo las bonificaciones y deducciones para evitar el dumping fiscal de la carrera a ver qu&eacute; comunidad aut&oacute;noma le hace m&aacute;s regalos a quienes menos lo necesitan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero la reforma fiscal s&oacute;lo puede ser un primer paso: la ciudadan&iacute;a tiene que sentir y ver que lo recaudado efectivamente sirve a la mayor&iacute;a: ayudas a los m&aacute;s vulnerables para afrontar el invierno, reforzar los servicios p&uacute;blicos, dedicando m&aacute;s recursos a la salud mental, y pol&iacute;ticas industriales verdes que cambien el modelo productivo y creen decenas de miles de empleos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este es un campo de batalla propicio para un gobierno que necesita con urgencia producir un rearme moral de la poblaci&oacute;n progresista espa&ntilde;ola: librar y ganar batallas que restauren su autoridad, que coloquen a los adversarios n&iacute;tidamente del lado de la minor&iacute;a privilegiada y que generen condiciones y confianza para ir por m&aacute;s en un ciclo virtuoso. Nosotros hace tiempo que asumimos el reto de ofrecer horizonte, empujar cuando haya par&aacute;lisis y acompa&ntilde;ar y reforzar cuando haya avance. Desde el debate del Estado de la Naci&oacute;n antes del verano, el Gobierno muestra un cambio de rumbo que ha sido persistente en los meses pero que debe extenderse y profundizarse: esta crisis no puede cargarse sobre la espalda del pueblo espa&ntilde;ol, es la c&uacute;spide de la pir&aacute;mide, la primera en poner siempre la mano, la que debe arrimar ahora el hombro. Esa es la &uacute;nica senda posible para pensar en una rev&aacute;lida del Gobierno que coincida con una reconstrucci&oacute;n social econ&oacute;mica de nuestro pa&iacute;s. Esta contienda puede y debe ser una piedra de toque para romper con la inercia defensiva y recuperar la iniciativa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Errejón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/rebelion-fiscal-ricos-guante-hay-cogerlo_129_9581956.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Sep 2022 20:46:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/aefc2c44-fdcd-4f97-ae3a-204e656d4479_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="271805" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/aefc2c44-fdcd-4f97-ae3a-204e656d4479_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="271805" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La rebelión fiscal de los ricos: este guante hay que cogerlo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/aefc2c44-fdcd-4f97-ae3a-204e656d4479_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Memoria democrática, impunidad y tramitación parlamentaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/memoria-democratica-impunidad-tramitacion-parlamentaria_129_9080026.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e624597-79e5-4e52-aa5b-482859144f09_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Memoria democrática, impunidad y tramitación parlamentaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El revertir, de una vez por todas, el modelo de impunidad que mantiene el Estado español, que impide la investigación y enjuiciamiento de los crímenes franquistas, es una urgencia de carácter democrático</p></div><p class="article-text">
        &nbsp;Hace 43 a&ntilde;os que la Constituci&oacute;n del Estado espa&ntilde;ol consagr&oacute; en su art&iacute;culo 24 el derecho a la tutela judicial efectiva garantiz&aacute;ndose, siquiera formalmente, el acceso a la justicia por parte de todas las personas que as&iacute; lo requirieran o demandaran.
    </p><p class="article-text">
        El citado precepto constitucional ha sido incumplido reiteradamente por el Estado espa&ntilde;ol respecto a todas las personas, y sus familiares, que sufrieron graves violaciones punibles de derechos humanos como consecuencia de los cr&iacute;menes franquistas que se cometieron: asesinatos, desapariciones forzadas, trabajo esclavo, encarcelamientos, robo de beb&eacute;s, torturas, expolio patrimonial.....
    </p><p class="article-text">
        Los juzgados y tribunales espa&ntilde;oles se niegan a investigar y, en su caso, enjuiciar los cr&iacute;menes contra la humanidad que fueron cometidos en y por el Estado espa&ntilde;ol durante mucho m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os, consolidando un modelo de impunidad que en ning&uacute;n caso es aceptable ni en t&eacute;rminos democr&aacute;ticos, ni en t&eacute;rminos jur&iacute;dicos desde una perspectiva del Derecho Internacional de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional Penal.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, desde diferentes instancias internacionales se viene demandando al Estado espa&ntilde;ol que revierta la situaci&oacute;n de impunidad mantenida y que para ello facilite e impulse, entre otras cuestiones, la investigaci&oacute;n judicial de los cr&iacute;menes franquistas. En este sentido podemos citar, a modo de ejemplo, los informes emitidos por &oacute;rganos de Tratado y Mecanismos adscritos al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas como son el Comit&eacute; de Derechos Humanos, el Comit&eacute; contra la Tortura, el Comit&eacute; de Desapariciones Forzadas, Relatores Especiales, etc&hellip;..
    </p><p class="article-text">
        A ello conviene sumar, c&oacute;mo no, las demandas que en este sentido mantienen desde hace muchos a&ntilde;os el conjunto del movimiento social memorialista.
    </p><p class="article-text">
        El revertir, de una vez por todas, el modelo de impunidad que mantiene el Estado espa&ntilde;ol, que impide la investigaci&oacute;n y enjuiciamiento de los cr&iacute;menes franquistas, es una urgencia de car&aacute;cter democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        En la actual legislatura se encuentran en tramitaci&oacute;n parlamentaria tres iniciativas legislativas importantes para tratar de poner fin a la impunidad de los cr&iacute;menes franquistas: el Proyecto de Ley de Memoria Democr&aacute;tica, la Proposici&oacute;n de Ley de Beb&eacute;s Robados en el Estado espa&ntilde;ol y la Proposici&oacute;n de Ley de reforma de la Ley 9/1968, de 5 de abril, de Secretos Oficiales.
    </p><p class="article-text">
        La Proposici&oacute;n de Ley de reforma de la Ley de Secretos Oficiales fue registrada y publicada en el Bolet&iacute;n Oficial en el mes de enero de 2020, la de Beb&eacute;s Robados en el mes de marzo de 2020 y el Proyecto de Ley de Memoria Democr&aacute;tica en agosto de 2021.
    </p><p class="article-text">
        Habi&eacute;ndose superado en exceso el ecuador de la actual legislatura las tres iniciativas legislativas se encuentran sometidas a sucesivas e injustificadas pr&oacute;rrogas en el tr&aacute;mite de enmiendas lo que, de facto, supone un bloqueo en su tramitaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como dec&iacute;amos es urgente terminar ya con esta situaci&oacute;n y dar urgente curso a las iniciativas legislativas citadas, m&aacute;xime cuando comprobamos d&iacute;a a d&iacute;a como se extiende y avanza el discurso de negaci&oacute;n de derechos fundamentales por los sectores m&aacute;s reaccionarios del Estado. Por tanto, resulta imprescindible proceder a desbloquear las tres iniciativas legislativas, avanzar sin m&aacute;s demora en su tramitaci&oacute;n y proceder a su aprobaci&oacute;n con unos contenidos acordes a los est&aacute;ndares en materia de derechos humanos que le han sido exigidos al Estado espa&ntilde;ol y que est&aacute;n siendo reclamados a su vez por el movimiento memorialista.
    </p><p class="article-text">
        Y todo ello porque lo merecen las personas que sufrieron graves violaciones de derechos humanos, sus familiares y, en definitiva, la sociedad en su conjunto. Se trata de una cuesti&oacute;n de dignidad democr&aacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martina Velarde, Enrique Santiago Romero, Inés Sabanés, Íñigo Errejón, Joan Baldoví]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/memoria-democratica-impunidad-tramitacion-parlamentaria_129_9080026.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Jun 2022 04:01:54 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8e624597-79e5-4e52-aa5b-482859144f09_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="78295" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8e624597-79e5-4e52-aa5b-482859144f09_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="78295" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Memoria democrática, impunidad y tramitación parlamentaria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8e624597-79e5-4e52-aa5b-482859144f09_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La crisis climática como palanca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/crisis-climatica-palanca_129_1198606.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd522e3f-3557-406a-9d11-3feb767aae26_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Más País propone una transición ecológica que comience a reequilibrar territorialmente nuestro país, con políticas agroecológicas, de reforestación y con infraestructuras que reviertan el vaciamiento de muchas provincias y el abandono y descuido de nuestro campo</p><p class="subtitle">Actuar a tiempo contra la crisis climática es tanto una necesidad como una oportunidad para un proyecto de país justicialista y verde, que cuide de la tierra y de la comunidad como mejor garantía de la libertad</p></div><p class="article-text">
        Tiene algo de ir&oacute;nico que la Cumbre de Naciones Unidas sobre el Cambio Clim&aacute;tico, COP25, tenga lugar en Madrid debido a la incapacidad del Gobierno chileno de garantizar su realizaci&oacute;n por las protestas de su pueblo. Precisamente Chile, que tuvo el dudoso honor de ser el primer laboratorio de las pol&iacute;ticas neoliberales de los &ldquo;Chicago Boys&rdquo;, impuestas por la poco liberal y sangrienta dictadura de Pinochet y que hoy a&uacute;n marcan un pa&iacute;s atravesado por la desigualdad. Y es que la gran aceleraci&oacute;n de la crisis clim&aacute;tica en los &uacute;ltimos 40 a&ntilde;os es inseparable de un modelo neoliberal tan triturador de lo social como depredador de lo ambiental.
    </p><p class="article-text">
        El neoliberalismo pretende construir un mundo basado en el libre encuentro de los hombres en el mercado. Hombres &ndash;y aqu&iacute; el masculino no es gen&eacute;rico&ndash; que son libres porque carecen de ataduras y de l&iacute;mites. Esta utop&iacute;a totalitaria de mercado invisibiliza nuestra dependencia de los otros, de unos cuidados tradicionalmente a cargo de las mujeres, de unas instituciones p&uacute;blicas que hacen posible la reproducci&oacute;n social y de un planeta finito y cada vez m&aacute;s seriamente da&ntilde;ado. La historia de los &uacute;ltimos 40 a&ntilde;os es la de la fan&aacute;tica huida hacia adelante de este idea que, para enriquecer a unos pocos, ha generado una desigualdad sin precedentes, ha socavado cualquier forma de comunidad que no est&eacute; mediada por el dinero y el consumo, y amenaza ahora con destruir de forma irreversible las mismas condiciones que nos permiten vivir en el planeta. Como recordaba precisamente en El Pa&iacute;s hace unas semanas el premio Nobel Joseph Stiglitz, la historia del neoliberalismo es la historia de una promesa fallida, la de que la irresponsabilidad de unos pocos fomentar&iacute;a la prosperidad y la democracia. Esta promesa solo se mantiene hoy por el fanatismo de unas &eacute;lites empe&ntilde;adas en independizarse de sus conciudadanos y de cualquier compromiso para con la comunidad y el planeta en el que viven.
    </p><p class="article-text">
        Es necesario enfatizar esto porque, m&aacute;s all&aacute; de medidas concretas y de avances tecnol&oacute;gicos, afrontar la crisis clim&aacute;tica implica volver a poner la vida y la comunidad, la cooperaci&oacute;n y los cuidados, en el centro de nuestra visi&oacute;n del mundo y de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        Si nos centramos en nuestro pa&iacute;s, Espa&ntilde;a encara la d&eacute;cada que viene con una serie de importantes retos: una econom&iacute;a de base estrecha, poco diversificada y a&uacute;n muy dependiente de sectores de bajo valor a&ntilde;adido, que acent&uacute;a la desigualdad y la precariedad y con un desempleo que no termina de descender a los niveles anteriores a la crisis, una herida territorial que adem&aacute;s de la cuesti&oacute;n de la plurinacionalidad implica una geograf&iacute;a humana y econ&oacute;mica insostenible, con el vaciamiento de amplios territorios del pa&iacute;s y un sistema auton&oacute;mico infrafinanciado que no termina de asegurar una garant&iacute;a federal de los derechos sociales A esto hay que sumar que, por nuestra ubicaci&oacute;n y condiciones ambientales, Espa&ntilde;a es el pa&iacute;s de la UE m&aacute;s vulnerable al cambio clim&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Frente a esto, M&aacute;s Pa&iacute;s pone en el centro de su proyecto para Espa&ntilde;a un Acuerdo Verde que movilice a lo mejor del pa&iacute;s al servicio de la transici&oacute;n ecol&oacute;gica. Una transici&oacute;n ecol&oacute;gica con justicia social que descarbonice nuestra econom&iacute;a con energ&iacute;as limpias y apostando por una movilidad sostenible, que emprenda una reindustrializaci&oacute;n verde que genere cientos de miles de empleos cualificados y con buenas condiciones. Una transici&oacute;n ecol&oacute;gica que comience a reequilibrar territorialmente nuestro pa&iacute;s, con pol&iacute;ticas agroecol&oacute;gicas, de reforestaci&oacute;n y con infraestructuras que reviertan el vaciamiento de muchas provincias y el abandono y descuido de nuestro campo. No existen hoy dudas sobre que tenemos que adoptar con urgencia medidas para modificar nuestra relaci&oacute;n con el planeta. La gran pregunta de comienzos de este siglo es si las aprovecharemos como una palanca para un ambicioso esfuerzo por la prosperidad, la justicia social y una nueva oleada de democratizaci&oacute;n, o si por el contrario ser&aacute;n el resultado de una despiadada, depredadora y suicida guerra de todos contra todos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando agonizaba el siglo XIX, se desarroll&oacute; en Espa&ntilde;a un amplio y heterog&eacute;neo movimiento regeneracionista que aspiraba a una refundaci&oacute;n nacional que democratizase las relaciones sociales, modernizase el Estado y lo pusiese al servicio de las necesidades del pueblo. Se desplegar&iacute;a en paralelo al empuje de un potente movimiento obrero que fue un agente de reivindicaci&oacute;n, desarrollo cultural y autoconciencia de las masas trabajadoras. Hoy, m&aacute;s de cien a&ntilde;os despu&eacute;s, tenemos frente a nosotros la tarea de reconstruir un acuerdo social roto por el modelo depredador neoliberal que ha sembrado por doquier angustia e incertidumbre. Actuar a tiempo contra la crisis clim&aacute;tica es tanto una necesidad como una oportunidad para un proyecto de pa&iacute;s justicialista y verde, que cuide de la tierra y de la comunidad como mejor garant&iacute;a de la libertad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Errejón, Inés Sabanés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/crisis-climatica-palanca_129_1198606.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Dec 2019 20:02:45 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bd522e3f-3557-406a-9d11-3feb767aae26_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="724615" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bd522e3f-3557-406a-9d11-3feb767aae26_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="724615" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[La crisis climática como palanca]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bd522e3f-3557-406a-9d11-3feb767aae26_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Crisis climática,Planeta]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mariano Rajoy es presidente: ¿fin de ciclo o salida en falso?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/rajoy-presidente-fin-salida-falso_129_3752021.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/496f12ff-7699-4154-9c0f-2052d975c5ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mariano Rajoy es presidente: ¿fin de ciclo o salida en falso?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Gobierno Rajoy que nace, en todo caso, tiene una necesidad y un objetivo: la derrota moral y cultural de los sectores más progresistas de la sociedad española que se han ilusionado y (re)incorporado a la política tras décadas de apatía</p></div><p class="article-text">
        <strong>1. El alto precio de una investidura</strong>
    </p><p class="article-text">
        El pasado s&aacute;bado Mariano Rajoy fue reelegido presidente tras trescientos d&iacute;as de <em>impasse</em>. Una primera lectura podr&iacute;a deducir que se ha cerrado el ciclo de cambio pol&iacute;tico iniciado el 15 de mayo de 2011, que el nuevo Gobierno del Partido Popular supone una derrota de las expectativas pol&iacute;ticas que se hab&iacute;an multiplicado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y, particularmente, desde las elecciones europeas de mayo de 2014.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo la conformaci&oacute;n de gobierno por el PP, por lesiva que sea para nuestro pa&iacute;s y su gente en el corto plazo, no debe ser tenida por una demostraci&oacute;n de fortaleza de las &eacute;lites tradicionales sino, al contrario, como un signo de su debilidad. El r&eacute;gimen de 1978 ha tenido que elegir, por primera vez, entre dos bienes igualmente valiosos: gobernabilidad y alternancia. El Partido Popular gana el Gobierno pero paga un precio alt&iacute;simo: dejar malherido el bipartidismo. La estabilidad del sistema pol&iacute;tico de 1978 no derivaba de la unanimidad, sino de que la alternancia entre PP y PSOE construyera identidades pol&iacute;ticas (en t&eacute;rminos generales &ldquo;izquierda-derecha&rdquo; y quienes se ubicaban a sus respectivos m&aacute;rgenes) en torno a fuerzas que se pusieran de acuerdo en las grandes cuestiones pero discutieran enardecidamente en torno a sus concreciones.
    </p><p class="article-text">
        Este reparto simb&oacute;lico de posiciones no s&oacute;lo constru&iacute;a una geograf&iacute;a pol&iacute;tica sino que marcaba tambi&eacute;n el l&iacute;mite de lo posible. Todo lo que quedaba fuera de ella era materia folcl&oacute;rica, de la historiograf&iacute;a o del c&oacute;digo penal. Pues bien, esas dos fuerzas que ayer se turnaban, hoy se necesitan para conformar gobierno. Salvan la gobernabilidad pero hipotecan el pluralismo interno al r&eacute;gimen: este Gobierno, por tanto, est&aacute; m&aacute;s solo, y vive con el riesgo permanente de abrasar a sus socios.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. La disyuntiva del r&eacute;gimen: gobernabilidad vs estabilizaci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Este puede ser el hecho central de la legislatura que comienza: la fortaleza del Gobierno y la fortaleza del r&eacute;gimen no parecen f&aacute;cilmente compatibles. Si la Triple Alianza se extiende a las grandes cuestiones, el Gobierno ser&aacute; m&aacute;s estable, pero a cambio de desgastar m&aacute;s y m&aacute;s a sus socios. Si, por el contrario, los socios de la investidura de Rajoy prefieren desmarcarse, el Gobierno vivir&aacute; en minor&iacute;a y con una relaci&oacute;n extremadamente complicada con el Parlamento, que podr&iacute;a ser una fuente de desgaste de un Ejecutivo atrincherado.
    </p><p class="article-text">
        Cuanto m&aacute;s fuerte sea el Gobierno, m&aacute;s se estrechar&aacute; el r&eacute;gimen. O fortaleza del Gobierno o estabilizaci&oacute;n del sistema de partidos. En esta legislatura va a haber cuestiones de calado &ndash;los pr&oacute;ximos presupuestos, la sostenibilidad y reforma de las pensiones, la financiaci&oacute;n auton&oacute;mica, la relaci&oacute;n entre Catalunya y el Estado o el nuevo paquete de recortes exigido por Bruselas que el Gobierno intent&oacute; postergar para no aplicar en elecciones&ndash; en los que esta disyuntiva se va a marcar con fort&iacute;sima tensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El Partido Popular es quiz&aacute;s, de los tres partidos coaligados para la investidura, el que guarda m&aacute;s fortaleza org&aacute;nica e independencia de las presiones de los poderes olig&aacute;rquicos. El PSOE ha sido en cierta medida intervenido por ellos, y es mucho suponerle a Ciudadanos una vida pol&iacute;tica aut&oacute;noma, toda vez que ha elegido ser el partido de la coalici&oacute;n matrimonial entre PP y PSOE y de la oposici&oacute;n a Podemos, casi un dispositivo administrativo auxiliar del orden viejo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. Lo que queda fuera</strong>
    </p><p class="article-text">
        El entendimiento que va a permitir hacer presidente a Mariano Rajoy ha requerido de una implosi&oacute;n en el PSOE y del fin de Ciudadanos como fuerza pol&iacute;tica capaz de seguir capitalizando una parte del descontento generado por el Partido Popular. No se da, por tanto, en condiciones de normalidad sino de excepcionalidad. Rajoy no es presidente por sus votos sino por la quiebra del sistema de partidos espa&ntilde;ol tal y como lo conoc&iacute;amos.
    </p><p class="article-text">
        Pero este acuerdo no es una coalici&oacute;n de Gobierno, ni mucho menos una confluencia en torno a un solo &ldquo;partido del poder&rdquo;. Es algo m&aacute;s complejo y ambicioso: el intento de fundar un nuevo sistema de partidos y un nuevo horizonte de pa&iacute;s. No es que los partidos firmantes, por acci&oacute;n u omisi&oacute;n, renuncien a sus diferencias. Es que deciden que sus diferencias internas articulan el pluralismo dentro de la restauraci&oacute;n del orden viejo, y que m&aacute;s all&aacute; de ellas solo est&aacute; la &ldquo;pol&iacute;tica salvaje&rdquo; de fuerzas con las que ser&iacute;a imposible cualquier entendimiento. No es que se borren todas las diferencias entre las partes integrantes del r&eacute;gimen, es que las subordinan a la causa aun mayor de su supervivencia como &eacute;lite.
    </p><p class="article-text">
        En la lengua de las &eacute;lites viejas, &ldquo;populistas e independentistas&rdquo; son el afuera constitutivo de la restauraci&oacute;n, lo que no cabe en el orden viejo, el &ldquo;ellos&rdquo; que permite trazar un &ldquo;nosotros&rdquo; entre los as&iacute; llamados &ldquo;constitucionalistas&rdquo; &ndash;constitucionalistas que asisten inc&oacute;lumes, no obstante, a la ofensiva deconstituyente que modifica sin pasar por las urnas y en beneficio de los menos la constituci&oacute;n material de 1978&ndash;. No por casualidad, antes del golpe palaciego que termin&oacute; con Pedro S&aacute;nchez, Susana D&iacute;az advert&iacute;a sobre el que, en su opini&oacute;n, era el mayor riesgo para el PSOE: comprar el discurso del &ldquo;derecho a decidir&rdquo; o &ldquo;podemizarse&rdquo; y, por tanto, poder conformar un Gobierno del cambio. La plurinacionalidad y la crisis de representaci&oacute;n puesta en evidencia por el 15M como los dos abismos infranqueables para el r&eacute;gimen. Antes de ellos, el orden. M&aacute;s all&aacute; de ellos, el caos.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que esas fuerzas demonizadas representan nada menos que 95 esca&ntilde;os de 350 en el Parlamento, 111 si contamos a los diputados socialistas que se mantuvieron en el 'no', fundamentalmente los catalanes y Baleares, lo cual es muy significativo. Posiblemente ese tercio del Congreso (mayor a&uacute;n en votos) no tiene a&uacute;n la fuerza ni el horizonte compartido como para encarnar un nuevo acuerdo social para las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas. Pero a buen seguro ning&uacute;n acuerdo ser&aacute; estable ni duradero sin &eacute;l. Quiz&aacute;s s&iacute; un gobierno, pero desde luego no una &eacute;poca pol&iacute;tica. Las &eacute;lites han comprado tiempo, pero no han cerrado la crisis pol&iacute;tica en Espa&ntilde;a &ndash;y mucho menos la social, la econ&oacute;mica, la territorial o la ecol&oacute;gica&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos sociales se ve de manera a&uacute;n m&aacute;s clara y contundente que este acuerdo de gobierno se deja tanto fuera que no va a ser capaz de regenerar el orden en crisis. Casi 7 millones de votantes en toda Espa&ntilde;a, los grandes centros urbanos &ndash;casi todos gobernados por las fuerzas del cambio&ndash;, la amplia mayor&iacute;a de las generaciones nacidas en democracia y claramente de la poblaci&oacute;n activa, las grandes mayor&iacute;as de la ciudadan&iacute;a de las naciones sin Estado, los sectores medios culturalmente m&aacute;s din&aacute;micos y a menudo pol&iacute;ticamente m&aacute;s influyentes.
    </p><p class="article-text">
        El acuerdo que hace a Rajoy presidente, as&iacute;, tiene poco que ofrecer en las brechas generacional y territorial de nuestro pa&iacute;s. No puede ser la base de un pacto intergeneracional que proteja los derechos sociales, democratice la econom&iacute;a y haga sostenible el modelo productivo; tampoco el de un acuerdo que reconozca la plurinacionalidad y construya convivencia a partir de ella. Sin esos vectores, es claro que no puede alumbrar un nuevo acuerdo de pa&iacute;s. La Triple Alianza congela moment&aacute;neamente el presente, pero es incapaz de proyectar una imagen de futuro.
    </p><p class="article-text">
        A esto hemos de sumarle el prestigio decadente de las &eacute;lites tradicionales, el efecto disgregador que tiene la corrupci&oacute;n en los aparatos estatales, la fractura de la confianza social por la desigualdad creciente, la escasa disponibilidad y dinamismo de una nueva generaci&oacute;n de &ldquo;intelectuales del r&eacute;gimen&rdquo; y el desgaste en la credibilidad de una parte de los voceros de este cierre en falso de la crisis pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La hegemon&iacute;a no tiene tanto que ver con la exclusi&oacute;n del adversario como con su integraci&oacute;n subordinada, no es cancelar las diferencias sino articularlas y ordenarlas jer&aacute;rquicamente. Todo r&eacute;gimen necesita un &ldquo;afuera&rdquo;: lo que no cabe en la normalidad, lo que es imposible o indeseable. Pero los reg&iacute;menes democr&aacute;ticos necesitan adem&aacute;s articular un pluralismo interno que oxigene la vida pol&iacute;tica, genere est&iacute;mulos para la mejora y estructure las preferencias y las adhesiones, en equilibrios cambiantes, dentro de cauces que no impugnen las cuestiones nucleares del r&eacute;gimen, sobre todo su construcci&oacute;n y atribuci&oacute;n de sentido.
    </p><p class="article-text">
        Un bloque hist&oacute;rico no es entonces una alianza sino un horizonte, una narraci&oacute;n compartida con efectos muy materiales y cotidianos, que provee certidumbres y recompensas, genera sentido com&uacute;n que naturaliza la conducci&oacute;n de los grupos dirigentes y produce razones para el acomodo o la confianza en el futuro de los grupos subalternos. Podr&iacute;amos decir que la naturaleza de un r&eacute;gimen tiene que ver con c&oacute;mo gestiona la diferencia entre lo que cabe en &eacute;l y lo que queda fuera: si lo integra todo, no es un proyecto pol&iacute;tico en absoluto; si excluye demasiado, su supervivencia podr&iacute;a peligrar cuando necesite recambio.
    </p><p class="article-text">
        El sistema pol&iacute;tico nacido en 1978 contaba tambi&eacute;n con esos &ldquo;afueras&rdquo; funcionales a la cohesi&oacute;n interna. Pero el intento actual de restaurarlo se deja fuera a, al menos, un tercio del pa&iacute;s, y las adhesiones que consigue son m&aacute;s pasivas o inerciales que esperanzadas o confiadas en que quienes mandan encarnen una propuesta de futuro. Las fuerzas pol&iacute;ticas, culturales y medi&aacute;ticas coaligadas en la investidura de Rajoy son suficientes, m&aacute;s que de sobra, para un Gobierno. Pero no lo son para inaugurar un nuevo ciclo pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Si convenimos que los grandes desaf&iacute;os de Espa&ntilde;a exceden la capacidad de un Gobierno y requieren de una transformaci&oacute;n general, de un proyecto de pa&iacute;s para las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas, parece evidente que el segundo Gobierno de Rajoy podr&aacute; continuar con el inmovilismo pero dif&iacute;cilmente ser esa fuerza de recomposici&oacute;n y suturaci&oacute;n de las grietas del sistema pol&iacute;tico que garantice a la vez la cohesi&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. Un Gobierno sin capacidad de conducci&oacute;n pol&iacute;tica</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hablamos por tanto de un Gobierno que nace d&eacute;bil. En t&eacute;rminos sociales, tiene de largo muchos menos espa&ntilde;oles a favor que en contra, incluyendo a muchos ciudadanos que pueden sentir traicionado el sentido de su voto por partidos que dijeron no estar dispuestos a investir nunca a Mariano Rajoy. En t&eacute;rminos parlamentarios, el Partido Popular est&aacute; tambi&eacute;n en minor&iacute;a. Conviene no enga&ntilde;arse con respecto a la posibilidad de un parlamento que legisle contra el Gobierno: nuestro ordenamiento constitucional le da un amplio margen al Ejecutivo incluso para legislar o vetar iniciativas con un Legislativo en contra. Pero conviene al mismo tiempo distinguir entre la capacidad legal y la capacidad pol&iacute;tica de conducir el rumbo del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El segundo gabinete de Rajoy nace d&eacute;bil tambi&eacute;n en su relaci&oacute;n con el Legislativo. En el mejor de sus casos tendr&aacute; que gestionar la tensi&oacute;n entre tejer mayor&iacute;as a cambio del riesgo de asfixiar al PSOE con un abrazo del oso que no tendr&iacute;a por qu&eacute; no repetirse en cada una de las grandes votaciones. En el peor de sus escenarios, una oposici&oacute;n firme, &aacute;gil y con iniciativa, puede arrastrar al gobierno, si es que este se empe&ntilde;ara en deso&iacute;r sistem&aacute;ticamente al Parlamento, a un conflicto entre dos poderes del Estado y a una posici&oacute;n defensiva y de cerco que seguramente le erosionar&aacute; en el medio plazo.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el Gobierno del PP nace d&eacute;bil porque no tiene agenda para la Espa&ntilde;a de 2016. En el eje territorial, es incapaz de reconocer la plurinacionalidad y ofrecer acuerdos, por lo que, al mismo tiempo que denuncia la unilateralidad, la espolea y luego la judicializa. En ausencia de proyecto vertebrador, s&oacute;lo cabe prever m&aacute;s recentralizaci&oacute;n &ndash;tambi&eacute;n contra los municipios.
    </p><p class="article-text">
        En lo social y econ&oacute;mico, Rajoy ya dijo que sus reformas eran irreversibles: el n&uacute;cleo de la ofensiva olig&aacute;rquica de transferencia de rentas desde los sectores populares y medios a la minor&iacute;a privilegiada, de precarizaci&oacute;n del mercado laboral, de combate del d&eacute;ficit por la v&iacute;a de los recortes y no por la v&iacute;a de los ingresos, de ataque a los servicios p&uacute;blicos. Estas recetas solo pueden dar los resultados ya conocidos: profundizar en un modelo econ&oacute;mico de base estrecha, en la desigualdad y en la demolici&oacute;n controlada del ya d&eacute;bil Estado del Bienestar. Pareciera que en este plano el &uacute;nico proyecto de las &eacute;lites fuese el disciplinamiento de los espa&ntilde;oles a trav&eacute;s de acostumbrarles al retroceso de d&eacute;cadas en derechos y condiciones de vida, hasta que se borre de la memoria colectiva el derecho a tener derechos m&aacute;s all&aacute; del &aacute;mbito de las libertades individuales: he aqu&iacute; el coraz&oacute;n de la deriva liberal postdemocr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        En el plano de la regeneraci&oacute;n democr&aacute;tica y de las transformaciones institucionales que fortalezcan la rendici&oacute;n de cuentas, el equilibrio de poderes y la soberan&iacute;a popular frente a la tutela de los &ldquo;poderes salvajes&rdquo; &ndash;de la cual la corrupci&oacute;n es un derivado&ndash; hay poco que esperar de un Gobierno conducido por un Partido Popular asediado por los tribunales y que siente estos a&ntilde;os de creciente politizaci&oacute;n de la sociedad espa&ntilde;ola como una anomal&iacute;a peligrosa a anular con la vuelta a los tiempos grises del orden administrativo. Por otra parte, y por si alguien albergara dudas, Rajoy ya dijo en la sesi&oacute;n de investidura que no se siente comprometido por un pacto sino aupado por una capitulaci&oacute;n y que por tanto no piensa dar marcha atr&aacute;s en ninguna de sus grandes l&iacute;neas.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno de Rajoy que nace, en todo caso, tiene una necesidad y un objetivo: la derrota moral y cultural de los sectores m&aacute;s progresistas de la sociedad espa&ntilde;ola que se han ilusionado y (re)incorporado a la pol&iacute;tica tras d&eacute;cadas de apat&iacute;a. Este objetivo es, por una parte, condici&oacute;n para poder seguir adelante con el proceso de transformaci&oacute;n elitista del Estado pero es, por otra, un fin en s&iacute; mismo. Recordemos esa larga utop&iacute;a conservadora de una democracia sin pueblo, de consumidores y votantes, sin identidades colectivas fuertes, sin pasiones, con el menor margen posible para la intervenci&oacute;n pol&iacute;tica plebeya, de los no profesionales, de quienes pod&iacute;an tener voto, pero ni voz ni cuerpo hasta ahora.
    </p><p class="article-text">
        Por eso es una tarea fundamental de las fuerzas del cambio explicar que estamos en mitad del proceso hist&oacute;rico de transformaci&oacute;n. No como excusa para las metas a&uacute;n no alcanzadas, sino para clarificar el momento y los desaf&iacute;os, para que los poderosos no nos encierren a librar batallas discursivas que ya vencimos en el 15M. Es cierto que la disputa pol&iacute;tica cambia con la conformaci&oacute;n de gobierno. Cambian sus espacios, sus c&oacute;digos, sus tiempos. Pero los mimbres de la restauraci&oacute;n son demasiado d&eacute;biles como para llevarnos a una Espa&ntilde;a anterior al 2011.
    </p><p class="article-text">
        Pedro S&aacute;nchez ha reconocido, una vez depuesto, las presiones recibidas para no llegar a un acuerdo con Podemos que pudiera tener el apoyo de algunas fuerzas catalanas y vascas. Eso no significa que el acuerdo no fuese posible, significa que su plausibilidad despert&oacute; inquietud entre algunos de los sectores privilegiados y que, dentro de su margen de actuaci&oacute;n, el grupo entonces dirigente del PSOE no se atrevi&oacute; a desafiarlos para hacer respetar una posibilidad democr&aacute;tica. La correlaci&oacute;n de fuerzas hizo recaer en ellos la posibilidad de una soluci&oacute;n de compromiso finalmente fallida.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n de &ldquo;empate catastr&oacute;fico&rdquo; que se inaugur&oacute; el 20D &ndash;los restauradores no pod&iacute;an restaurar, nosotros no pod&iacute;amos conducir un gobierno de cambio&ndash; se resolvi&oacute; por la quiebra del PSOE y su entrega a un Rajoy que desde el primer d&iacute;a ya lo trata como un reh&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hemos de trabajar para hacer extensible al Gobierno espa&ntilde;ol lo que ya sucede en las principales capitales. La confesi&oacute;n de Pedro S&aacute;nchez tiene el valor de la honestidad pero llega tarde y, sobre todo, resulta ingenua: &iquest;acaso no cab&iacute;a esperar que un Gobierno que emprendiese la transici&oacute;n energ&eacute;tica, protegiese los salarios y a los aut&oacute;nomos, reclamase las ayudas no devueltas a los bancos o abordase con valent&iacute;a la cuesti&oacute;n territorial tuviera que enfrentar fuertes presiones de los poderes f&aacute;cticos? Por experiencia sabemos que la construcci&oacute;n de gobiernos transformadores no es el fin del trayecto sino, a menudo, la intensificaci&oacute;n de la disputa por la guerra de posiciones dentro del Estado y la sociedad, contra los vetos olig&aacute;rquicos y por la construcci&oacute;n de irreversibilidad en los avances democr&aacute;ticos y sociales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. Nuestro reto: ganar antes de ganar</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esta legislatura, sea m&aacute;s corta o m&aacute;s larga, tendr&aacute; que afrontar cuestiones centrales como el modelo de pensiones, la financiaci&oacute;n de las comunidades aut&oacute;nomas, la LOMCE o el nuevo paquete de recortes que el PP lleva un a&ntilde;o demorando para aplicar cuando pasaran las elecciones. El desaf&iacute;o de Podemos y sus aliados no es mostrar la injusticia de las medidas que el Gobierno quiera imponerle a los espa&ntilde;oles. Hay pocas dudas sobre esto. Nuestro desaf&iacute;o es demostrar que las cosas se pueden hacer de otra forma &ndash;la importancia de los Ayuntamientos del cambio en las grandes ciudades es dif&iacute;cil de exagerar aqu&iacute;&ndash;, generar confianza y garant&iacute;as siendo &uacute;tiles en el &ldquo;mientras tanto&rdquo;. La fuerza del inmovilismo no reside tanto en su capacidad de generar una mayor&iacute;a activa como en desalentar y bloquear la posibilidad de conformaci&oacute;n de una voluntad general nueva.
    </p><p class="article-text">
        Las &eacute;lites han comprado tiempo al precio de mutilar el sistema pol&iacute;tico existente. Nosotros debemos usar ese tiempo para convertirnos en una fuerza dirigente ya antes de gobernante: que anticipa una Espa&ntilde;a nueva, que incluye a los que faltan, que marca el rumbo y propone un horizonte que de nuevo hace envejecer las pol&iacute;ticas de corto recorrido y atrincheramiento de las &eacute;lites tradicionales, incrementando sus contradicciones. Esta es, fundamentalmente, una tarea intelectual y cultural para &ldquo;ganar antes de ganar&rdquo;. Pero no es una tarea de vanguardia sino de masas: saber sembrarse en el territorio a trav&eacute;s de nuestra descentralizaci&oacute;n, reconstruir lazos sociales, est&eacute;ticos y simb&oacute;licos, fundar una nueva &eacute;tica y orgullo de la militancia, incorporar a los mejores, multiplicar la formaci&oacute;n y el relevo de cuadros y generalizar una nueva idea de pa&iacute;s que ponga en el centro las aspiraciones y necesidades de su gente. A esto le hemos llamado un movimiento nacional-popular.
    </p><p class="article-text">
        Los de arriba querr&aacute;n encerrarnos como una manifestaci&oacute;n de la anomal&iacute;a de estos a&ntilde;os agitados. Una expresi&oacute;n de la excepcionalidad que se apagar&aacute; con ella. Apenas una fuerza de resistencia que quiera cobrarse hoy derrotas de hace d&eacute;cadas. No es ese, en mi opini&oacute;n, el rumbo ganador. La operaci&oacute;n que ha llevado a Rajoy a La Moncloa mina m&aacute;s a&uacute;n las bases del consenso entre los que mandan y estrechan enormemente la pluralidad que cabe dentro del r&eacute;gimen de 1978.
    </p><p class="article-text">
        No es que dejen hueco libre a la izquierda, ni es que se hayan ca&iacute;do los velos de lo que siempre fue pero se ocultaba. Es que siguen los temblores del 15M: el sistema pol&iacute;tico profundiza su crisis y con ella los poderosos estrechan su base de apoyo. Se abre as&iacute; mucho campo para la construcci&oacute;n de una nueva mayor&iacute;a, transversal, feminista, plurinacional y popular que equilibre la balanza. Nadie lo va a hacer por nosotros.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/794130675368599552?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Errejón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/rajoy-presidente-fin-salida-falso_129_3752021.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Nov 2016 20:10:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/496f12ff-7699-4154-9c0f-2052d975c5ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="54081" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/496f12ff-7699-4154-9c0f-2052d975c5ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="54081" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Mariano Rajoy es presidente: ¿fin de ciclo o salida en falso?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/496f12ff-7699-4154-9c0f-2052d975c5ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Íñigo Errejón,Podemos,Mariano Rajoy]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del asalto al cerco: Podemos en la nueva fase]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/asalto-cerco-podemos-nueva-fase_129_3897988.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9b47b245-9656-48e0-98ce-4c98b5c7de22_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Mitin de cierre de campaña de Unidos Podemos, en Madrid."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La hipótesis de la ventana de oportunidad nos ha permitido llegar lejos, aunque no hasta el final de nuestra estrategia</p><p class="subtitle">A Podemos le toca construirse en fuerza política de la España que ya está siendo; no ya una “sorpresa” ni una “revelación” sino un motor capaz de federar intereses comunes de la mayoría</p></div><h3 class="article-text">1. Haciendo memoria: ventana de oportunidad y ciclo corto</h3><p class="article-text">
        El movimiento del 15 de mayo de 2011 fue al mismo tiempo manifestaci&oacute;n y catalizador de un proceso de crisis org&aacute;nica en Espa&ntilde;a, que se ven&iacute;a larvando largamente pero que se aceler&oacute; y agudiz&oacute; con la crisis financiera de 2008 y, sobre todo, con la falta de respuesta pol&iacute;tica de los actores dominantes. Algunos de sus elementos centrales han sido el funcionamiento desacompasado de los aparatos estatales, la extensi&oacute;n de tramas mafiosas que patrimonializaban las instituciones, la corrosi&oacute;n de la solidaridad entre &eacute;lites como efecto de la corrupci&oacute;n, la quiebra de las expectativas sociales y del ascenso social individual, la p&eacute;rdida de prestigio de los gobernantes y el profundo desgaste de sus partidos o las severas dificultades del modelo espa&ntilde;ol de desarrollo y la inserci&oacute;n perif&eacute;rica en Europa. En suma, el orden existente aparec&iacute;a a ojos de una mayor&iacute;a transversal de la poblaci&oacute;n como caduco, colapsado, corrupto y escasamente capaz de satisfacer demandas u ofrecer garant&iacute;as de mejora en el futuro y para las siguientes generaciones y, sobre todo, con enormes inercias y dificultades para autorreformarse. Estas condiciones generaban un descontento horizontal no absorbido por las narrativas tradicionales de la protesta ni tampoco por los canales ni las promesas de los sectores dirigentes. Se configuraba as&iacute; lo que interpret&aacute;bamos como una situaci&oacute;n populista.
    </p><p class="article-text">
        Afortunadamente, la movilizaci&oacute;n social y su impacto sobre el clima cultural y el sentido com&uacute;n de &eacute;poca le dieron a este escenario de crisis una interpretaci&oacute;n y politizaci&oacute;n progresista y no reaccionaria: de contestaci&oacute;n plebeya a favor de una reordenaci&oacute;n de la convivencia en pos de m&aacute;s democracia, soberan&iacute;a popular y justicia social. La &ldquo;hip&oacute;tesis Podemos&rdquo; le&iacute;a que en Espa&ntilde;a se abr&iacute;a una ventana de oportunidad para la victoria electoral de una fuerza transversal, popular y ciudadana, que articulase los consensos nuevos que ya comenzaban a fraguarse por fuera de la pol&iacute;tica institucional, en un divorcio acelerado entre &ldquo;la gente&rdquo; y las &eacute;lites pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas. Pese a la alta contestaci&oacute;n y pol&eacute;mica que esta hip&oacute;tesis despert&oacute; entre las minor&iacute;as activistas, las elecciones europeas del 25 de mayo de 2014 supusieron un aldabonazo que inici&oacute; en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola un ciclo corto y acelerado presidido por el empuje de Podemos, su iniciativa intelectual y cultural y la obligaci&oacute;n del resto de fuerzas pol&iacute;ticas a reorganizarse o mutar para hacerle frente.
    </p><p class="article-text">
        La Asamblea Ciudadana de Vistalegre, en la que Podemos se dot&oacute; de estructura organizativa y hoja de ruta estrat&eacute;gica, supuso una apuesta pol&iacute;tica p&uacute;blica, audaz y no exenta de riesgos: organizar la ola de entusiasmo para ganar las elecciones generales que cerrar&iacute;an el ciclo corto y acelerado de dos a&ntilde;os en el que casi todo el poder institucional estar&iacute;a en juego. Para ello, hab&iacute;a que construir una &ldquo;m&aacute;quina de guerra electoral&rdquo; que estuviera en disposici&oacute;n de dar una serie de batallas electorales y medi&aacute;ticas determinadas por un ritmo y unos marcos de la disputa prefijados por nuestros adversarios. En t&eacute;rminos de Gramsci, se trataba de construir un instrumento pol&iacute;tico, ligero, cohesionado y r&aacute;pido, que pudiera librar una &ldquo;guerra de movimientos&rdquo; vertiginosa &ndash;casi una &ldquo;guerra rel&aacute;mpago&rdquo;- y aprovechar la ventana de oportunidad abierta y el desconcierto de los viejos actores. Como toda decisi&oacute;n organizativa, tuvo costes e implic&oacute; descartar otras opciones, pero sin la menor ingenuidad: siendo conscientes de que la transformaci&oacute;n pol&iacute;tica va mucho m&aacute;s all&aacute; de la batalla electoral pero tambi&eacute;n que de c&oacute;mo se librase esta depend&iacute;an las condiciones para seguir trabajando en aquella en un proceso de medio plazo para construir, no solo una alternativa de gobierno, sino una voluntad general nueva.
    </p><p class="article-text">
        Creo que acertamos al leer el ritmo y las prioridades del momento. La hip&oacute;tesis de la ventana de oportunidad nos ha permitido llegar lejos, aunque no hasta el final de nuestra estrategia. Esto se debe tanto a errores propios como a la complejidad, flexibilidad y densidad de los dispositivos de defensa del r&eacute;gimen. El modelo Vistalegre supuso, como hemos dicho en otras ocasiones, &ldquo;correr y atarse los cordones al mismo tiempo&rdquo; pero, aunque no hayamos alcanzado nuestros objetivos prioritarios, hemos de decir que sin &eacute;l no habr&iacute;amos llegado hasta aqu&iacute; en un ciclo tan corto, turbulento y a menudo hostil. Hace dos a&ntilde;os no exist&iacute;amos y hoy representamos el 21% del voto, somos un actor consolidado e insoslayable, hemos cambiado el mapa pol&iacute;tico de Espa&ntilde;a obligando a nuestros adversarios a parec&eacute;rsenos para combatirnos y hemos ampliado el horizonte de lo posible en nuestro pa&iacute;s. Somos adem&aacute;s el vector m&aacute;s din&aacute;mico de cambio cultural e institucional en el Estado espa&ntilde;ol: primera fuerza en Catalunya y en Euskadi con el &uacute;nico planteamiento plurinacional capaz de enfrentar la crisis del modelo territorial, gobierno en las alcald&iacute;as de las principales ciudades del pa&iacute;s, as&iacute; como primera fuerza entre adultos j&oacute;venes y j&oacute;venes. Podemos se ha impregnado mucho de Espa&ntilde;a al tiempo que Espa&ntilde;a se ha podemizado. Este es el camino, siempre de ida y vuelta, de la hegemon&iacute;a posible.
    </p><h3 class="article-text">2. Empate catastr&oacute;fico y segunda vuelta</h3><p class="article-text">
        Las elecciones del 20 de diciembre supusieron un &ldquo;empate catastr&oacute;fico&rdquo; entre las fuerzas del cambio y las de la restauraci&oacute;n. Las primeras no tuvimos la fuerza suficiente como para dar un paso adelante en el proceso de cambio y conducir un gobierno de transformaci&oacute;n democr&aacute;tica y popular. Las segundas tampoco ten&iacute;an los equilibrios necesarios como para rebobinar el proceso o constituir un gobierno estable que, al mismo tiempo que asegurase la continuidad de las pol&iacute;ticas de recortes, dejase intacto el juego de vasos comunicantes y el turnismo entre los partidos tradicionales PP-PSOE: no pod&iacute;an salvarse la gobernabilidad y el sistema de partidos al mismo tiempo. En ese escenario de bloqueo y de fuertes presiones todas las salidas pasaban por el PSOE, que deb&iacute;a inclinarse hacia el Partido Popular o hacia alguna modalidad de acuerdo con Podemos. En esta dif&iacute;cil encrucijada hist&oacute;rica entre restauraci&oacute;n y cambio, el PSOE qued&oacute; atrapado y decidi&oacute; no elegir y tirar la pelota hacia delante o, mejor dicho, elegir justamente aquello que representaba una no-elecci&oacute;n: un pacto con Ciudadanos que no sumaba ni deshac&iacute;a el nudo. As&iacute;, la encrucijada termin&oacute; por desembocar en una nueva convocatoria de elecciones: una &ldquo;segunda vuelta&rdquo; con sentido de desempate que se trasladaba a la ciudadan&iacute;a, en medio de un cierto cansancio generalizado con el conjunto de los partidos y desgaste del inter&eacute;s por la pol&iacute;tica institucional. 
    </p><p class="article-text">
        El 26 de junio, sin embargo, se produjo una cierta recuperaci&oacute;n de la iniciativa por parte del bloque conservador, en el que el reagrupamiento de votos en torno al PP desequilibr&oacute; a su favor el escenario. Unidos Podemos, por otra parte, perdi&oacute; m&aacute;s de un mill&oacute;n de votos que principalmente se qued&oacute; en casa. Seguramente el grueso de esa p&eacute;rdida se produjo en el intenso ciclo parlamentario y de las negociaciones de investidura. El profesor norteamericano Bruce Ackerman distingue entre los &ldquo;momentos calientes&rdquo; de aceleraci&oacute;n hist&oacute;rica y construcci&oacute;n de nuevas correlaciones de fuerzas y los &ldquo;tiempos fr&iacute;os&rdquo; de congelaci&oacute;n de esos equilibrios y pol&iacute;tica como gesti&oacute;n y negociaci&oacute;n. Seguramente Podemos haya demostrado moverse mejor en el tiempo caliente de este ciclo corto desde las elecciones europeas, y tenga a&uacute;n que desarrollar capacidad de adaptaci&oacute;n al tiempo fr&iacute;o de la instituci&oacute;n y el parlamentarismo. Minusvaloramos el peso de lo institucional y de su capacidad simb&oacute;lica de producir certezas y pagamos un cierto desgaste por ello, en unas elecciones que fueron un plebiscito entre lo malo conocido y una alternativa incierta, estimulante y atractiva para la Espa&ntilde;a m&aacute;s joven y sin embargo amenazante para los sectores de mayor edad y de la Espa&ntilde;a interior.
    </p><p class="article-text">
        En los primeros pasos de Podemos fuimos muy cuidadosos en hablar de &ldquo;protagonismo popular y ciudadano&rdquo;, porque entend&iacute;amos que en las ansias de cambio cohabitaban dos composiciones sociales o, mejor dicho, dos momentos: uno popular y otro ciudadano. El primero, simbolizado en las plazas, es el de la primac&iacute;a del v&iacute;nculo comunitario, la pasi&oacute;n por la actividad en com&uacute;n y la esperanza de ruptura y refundaci&oacute;n; el segundo, m&aacute;s individualizado que colectivista, marcado por la confianza y estima de la institucionalidad existente &ndash;que no de las &eacute;lites tradicionales- y las seguridades que ofrece, la a&ntilde;oranza por garant&iacute;as c&iacute;vicas y un marco razonable que permita canalizar las demandas de regeneraci&oacute;n democr&aacute;tica y unas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas m&aacute;s equitativas. No hablamos de diferentes sectores sociol&oacute;gicos o de clase, sino de dos l&oacute;gicas de la acci&oacute;n pol&iacute;tica, la popular y la institucional, que conviven en los Estados desarrollados con equilibrios cambiantes en situaciones de crisis o de estabilidad. El partido del cambio en Espa&ntilde;a, el constructor de un nuevo bloque hist&oacute;rico, solo puede ser si entiende ambas sensibilidades y las integra en una suerte de &ldquo;populismo republicano&rdquo;: que sabe que no hay avances democr&aacute;ticos sin construcci&oacute;n de un nuevo we the people, vibrante y tumultuoso; pero que sabe al mismo tiempo moverse en el terreno de la institucionalidad heredada mostr&aacute;ndose &uacute;til y portador de garant&iacute;as seductoras m&aacute;s all&aacute; de los sectores m&aacute;s movilizados.
    </p><p class="article-text">
        Con relativa independencia de lo que suceda en el proceso de investidura, el 26J parece haber cerrado una fase: la del asalto electoral r&aacute;pido ante las defensas desguarnecidas del antiguo sistema pol&iacute;tico. Esto no significa que se acabe el proceso de cambio espa&ntilde;ol. Las contradicciones entre los poderes dominantes, el agotamiento de sus relatos y su capacidad de seducir &ndash;que no de desmovilizar, intimidar o generar miedo- , las severas limitaciones del modelo de desarrollo espa&ntilde;ol, la quiebra de la confianza social y las instituciones destinadas a mantenerla, o la falta de proyecto nacional &ndash;en nuestro caso plurinacional- siguen presentes. Lo que seguramente se termina es la excepcionalidad como factor de aceleraci&oacute;n. El asalto electoral corto y r&aacute;pido no ha logrado sus objetivos, a pesar de haber llegado m&aacute;s lejos que nunca antes en nuestra historia democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Como el arquero de Maquiavelo, Podemos ha apuntado alto para llegar lejos. Si bien no ha alcanzado su objetivo &uacute;ltimo -liderar un Gobierno de cambio que ponga por fin las instituciones al servicio de la gente con medidas de rescate ciudadano y radicalizaci&oacute;n democr&aacute;tica-, si ha conseguido sostener la ventanta de oportunidad abierta por el proceso de cambio iniciado en Espa&ntilde;a tras el 15M, consolidar un espacio pol&iacute;tico insoslayable para sus adversarios y mantener la posibilidad de seguir abriendo brecha en el futuro, habiendo conquistando posiciones decisivas y sedimentado su fuerza en poderes que permiten seguir avanzando. Seguro que hemos cometido errores en estos dos a&ntilde;os que han parecido d&eacute;cadas, pero ahora tenemos un capital humano, de entusiasmo organizado, un caudal de simpat&iacute;a popular, posiciones institucionales e inteligencia colectiva como para afrontar en magn&iacute;ficas condiciones, desde lo conseguido, el reto de lo que falta por recorrer.
    </p><h3 class="article-text">3. &iquest;Y ahora qu&eacute;?</h3><p class="article-text">
        A Podemos, como n&uacute;cleo del polo de cambio, le toca independizarse de las condiciones de excepcionalidad en las que naci&oacute;. Le toca construirse en fuerza pol&iacute;tica de la Espa&ntilde;a que ya est&aacute; siendo; no ya una &ldquo;sorpresa&rdquo; ni una &ldquo;revelaci&oacute;n&rdquo; o algo excepcional sino un motor de largo aliento capaz de federar intereses comunes de la mayor&iacute;a subalterna e integrarlos en un horizonte alternativo de pa&iacute;s. Esa tarea de direcci&oacute;n institucional, intelectual y pol&iacute;tica no la solventar&aacute;n por nosotros ni el repliegue a una posici&oacute;n resistencialista (&ldquo;al menos decimos las cosas claras&rdquo;, &ldquo;seremos el altavoz de las protestas&rdquo;) ni hipot&eacute;ticos empeoramientos de la crisis que, en una lectura economicista, nos conduzcan a la contradicci&oacute;n definitiva y la batalla final. Hace tiempo entendimos que, en general, cuanto peor, peor.
    </p><p class="article-text">
        Es posible que el partido iconoclasta de la protesta y la impugnaci&oacute;n haya tocado un techo, m&aacute;s alto del que nunca se hab&iacute;a alcanzado en Espa&ntilde;a. Para pasar de representar a un quinto de los espa&ntilde;oles a encarnar una nueva mayor&iacute;a capaz de agregar en torno a s&iacute; un acuerdo para la pr&oacute;xima d&eacute;cada hay que incorporar tambi&eacute;n a los que no vibran con la pol&iacute;tica, a los que no les basta con la &eacute;pica, a quienes nos quieren ver portadores de la posibilidad de un orden nuevo, m&aacute;s justo, m&aacute;s democr&aacute;tico, m&aacute;s pr&oacute;spero. La verdadera ruptura es representar con credibilidad y anticipar un orden distinto.
    </p><p class="article-text">
        Esto no tiene nada que ver con la lealtad a las necesidades de las mayor&iacute;as sociales ni con la intransigencia con respecto a la urgencia y profundidad de los cambios. Para ser una fuerza &ldquo;popular&rdquo;, la posibilidad de un partido del pueblo que no solo represente a una parte sino que articule un nuevo inter&eacute;s general que integre incluso a parte de los adversarios, es crucial partir, en primer lugar, del reconocimiento de que &ldquo;el pueblo&rdquo; no es una unidad homog&eacute;nea a la que apelar con unos intereses ya formados &ndash;&iexcl;entonces no har&iacute;a falta la pol&iacute;tica!- sino la construcci&oacute;n permanente de voluntad popular, un trabajo de artesan&iacute;a cultural e institucional que no desvela actores ya constituidos &ndash;con mayor o menor &ldquo;lealtad&rdquo; o &ldquo;autenticidad&rdquo;- sino que construye identidades y fija rumbos compartidos. Solo construye pueblo quien no fetichiza ni esencializa el t&eacute;rmino. En segundo lugar, es fundamental entender que lo plebeyo, en Europa, es una amalgama compleja de memorias fragmentadas, orgullos, temores, ilusiones y aspiraciones individuales y no siempre comunitarias.
    </p><p class="article-text">
        En esta comprensi&oacute;n, adaptaci&oacute;n y reformulaci&oacute;n de la estrategia puede jugarse Podemos la distancia entre ser un fen&oacute;meno de la excepcionalidad o convertirse, entre el declive de la capacidad de direcci&oacute;n de las &eacute;lites viejas y su capacidad para ganar tiempo a&uacute;n, en el vector principal de articulaci&oacute;n de un nuevo inter&eacute;s general y una nueva esperanza colectiva fundamentada en el d&iacute;a a d&iacute;a. Llegamos hasta aqu&iacute; no siendo el reflejo de un tiempo tumultuoso sino empujando, interpretando y proponiendo un desarrollo que no estaba escrito. Y nos toca continuarlo en otra fase. No ser expresi&oacute;n pol&iacute;tica de nada preexistente &ndash;ni siquiera de nosotros mismos-, derrotado o caduco, sino hacer pol&iacute;tica popular, patri&oacute;tica, plurinacional, de radicalizaci&oacute;n democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Para seguir siendo el partido del proceso de cambio espa&ntilde;ol, Podemos tiene que mostrar de nuevo habilidad y flexibilidad para adaptarse a los retos de esta nueva fase. Que la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola entre en una cierta din&aacute;mica de ralentizaci&oacute;n y de primac&iacute;a del &ldquo;tiempo fr&iacute;o&rdquo; no significa, en modo alguno, que se hayan solventado los dolores, las contradicciones y los problemas sin resolver que han animado a millones de mujeres y hombres a ilusionarse y ponerse manos a la obra para construir un pa&iacute;s mejor, m&aacute;s amable para su gente. El proceso de cambio espa&ntilde;ol sigue abierto, aunque la l&oacute;gica de la guerra de movimientos deje paso ahora a la guerra de posiciones.
    </p><p class="article-text">
        Significa que de la &ldquo;carga de caballer&iacute;a&rdquo; que nos ha permitido llegar tan lejos tenemos que pasar a un modelo de &ldquo;cerco&rdquo;, en el que Podemos deber&aacute; prepararse para una disputa m&aacute;s intrincada y a veces menos inmediata, de conquistas lentas y toma de posiciones en el Estado y la sociedad civil, de construcci&oacute;n de nuevos sentidos compartidos; para la cual la m&aacute;quina de guerra tiene que dar paso a un movimiento popular, m&aacute;s federal y descentralizado, m&aacute;s amable hacia dentro y seductor hacia fuera, m&aacute;s capaz de disolver los miedos, atraer a los mejores y solucionar el &ldquo;mientras tanto&rdquo;. Antonio Gramsci defin&iacute;a las caracter&iacute;sticas del cerco en estos t&eacute;rminos: &ldquo;la guerra del cerco, comprimida, dif&iacute;cil, en la cual se requieren grandes dosis de paciencia y esp&iacute;ritu de invenci&oacute;n&rdquo; (Antolog&iacute;a de Manuel Sacrist&aacute;n, Akal, 2013, p. 262). M&aacute;s producci&oacute;n de sentido que conquista por sorpresa. No dependemos tanto de la acci&oacute;n de nuestros adversarios como de nuestra capacidad colectiva de estar, de nuevo, a la altura del momento. Inventamos o erramos.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra meta es ni m&aacute;s ni menos que convertirnos en el n&uacute;cleo de un nuevo proyecto de pa&iacute;s que ponga en el centro las necesidades y aspiraciones de la mayor&iacute;a social maltratada, de un nuevo acuerdo con capacidad de integrar a sectores muy diferentes en un bloque hist&oacute;rico, complejo y heterog&eacute;neo, en el que la clave son las mediaciones, las identificaciones colectivas y las ideas compartidas. Es un trabajo m&aacute;s lento, m&aacute;s reticular. No es una empresa abstracta sino eminentemente material y concreta, que podr&iacute;amos dividir en cuatro grandes grupos de tareas.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, ser motor de su concreci&oacute;n en el tejido asociativo y de ocio, de v&iacute;nculos comunitarios y emocionales que aseguren espacios cotidianos de socializaci&oacute;n y cotidianidad &ndash;deportivos, barriales, de excursionismo y monta&ntilde;a, bares y Moradas, musicales, de lectura, cooperativas, de apoyo mutuo, de cultura, etc.- que generalicen un pa&iacute;s nuevo en el interior del actual. Esta tarea implica combinar la relaci&oacute;n con los actores e instituciones de la sociedad civil realmente existente con la generaci&oacute;n de nuevos espacios.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, la creaci&oacute;n cultural de los s&iacute;mbolos y la est&eacute;tica, los hitos, narraciones, canciones e ideas que anticipen la voluntad popular nueva y la hagan atractiva y masiva. La construcci&oacute;n de un pueblo es en gran medida una tarea sem&aacute;ntica y emocional, que acompa&ntilde;a, explica y recompensa est&eacute;tica y expresivamente el compromiso pol&iacute;tico. Esta labor de creaci&oacute;n es desordenada, solapada y contradictoria. Afortunadamente no se decreta ni se ordena, sino que se generan las condiciones para que pueda suceder y para que los sectores m&aacute;s din&aacute;micos de la sociedad sean irradiadores de lo deseable y de la posibilidad concreta de un pa&iacute;s mejor. El prestigio de una fuerza pol&iacute;tica, que es algo m&aacute;s grande que un partido pol&iacute;tico, se mide en gran medida por su capacidad para ser generadora y expresi&oacute;n de un nuevo clima cultural, de una ola en marcha que seduce m&aacute;s que asusta.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar la tarea de formaci&oacute;n y relevo de cuadros de gesti&oacute;n y de direcci&oacute;n, que proviene tanto de las capacidades propias, aprendidas en el camino, como de la incorporaci&oacute;n de expertos, t&eacute;cnicos, funcionarios y profesionales al campo del cambio pol&iacute;tico. Esta incorporaci&oacute;n -no somos ingenuos al respecto- no es solo un proceso de atracci&oacute;n cultural sino tambi&eacute;n de creaci&oacute;n de fidelidades y apertura de oportunidades para ser, al mismo tiempo, &ldquo;profesional&rdquo; y parte activa del cambio pol&iacute;tico, con estricto respeto a la institucionalidad y con el compromiso al mismo tiempo de trabajar desde ella por un pa&iacute;s m&aacute;s justo y m&aacute;s democr&aacute;tico. En las instituciones ya en manos del cambio, como los ayuntamientos de buena parte de las principales ciudades, es crucial la asunci&oacute;n de que se est&aacute; de paso pero que se pueden generar transformaciones culturales, jur&iacute;dicas y econ&oacute;micas que solo ser&aacute;n profundas si se anclan y generan nueva normalidad, si se hacen relativamente irreversibles.
    </p><p class="article-text">
        En la medida en que &ldquo;gobernar es prever&rdquo;, el trabajo institucional ha de servir, adem&aacute;s de para generar solvencia e ir rebajando los miedos que a&uacute;n anidan entre gran parte de nuestra sociedad, para prefigurar la hoja de ruta de las transformaciones, sus l&iacute;mites y sus recorridos posibles. Demostrarse una fuerza &uacute;til desde ya, en el aqu&iacute; y el ahora, para mejorar las condiciones de vida de la gente, en particular de la m&aacute;s golpeada por las pol&iacute;ticas olig&aacute;rquicas injustas, crueles e ineficaces. Los militantes del cambio, por su parte, tienen que estudiar y prepararse concienzudamente para desempe&ntilde;ar las miles de tareas y responsabilidades necesarias para que la nueva voluntad popular se haga nuevo proyecto de pa&iacute;s y de Estado.
    </p><p class="article-text">
         En cuarto lugar la generaci&oacute;n de una fuerza pol&iacute;tica y cultural m&aacute;s federalizada y descentralizada, m&aacute;s arraigada en el territorio &ndash;especialmente en el m&aacute;s abandonado y donde llega con m&aacute;s lentitud el cambio- con el rol crucial de los c&iacute;rculos para ser &uacute;tiles hacia fuera, para los que faltan; menos vertical y m&aacute;s capaz de enriquecerse con din&aacute;micas de abajo a arriba, m&aacute;s amable hacia dentro y seductora hacia fuera; m&aacute;s atenta a la formaci&oacute;n te&oacute;rica; m&aacute;s capaz de trabajar para generar relevos de manera tal que cada militante del cambio sea un dirigente en su entorno, que haga de portavoz, porte la moral de victoria, proponga tareas y sepa sugerir rumbos que privilegien las cuestiones centrales del momento; mientras al mismo tiempo trabaje para que cuando deje el testigo haya tres compa&ntilde;eros, y en particular compa&ntilde;eras, m&aacute;s preparados y formados, m&aacute;s generosos y m&aacute;s capaces.
    </p><p class="article-text">
        Estas son algunas de las tareas del &ldquo;carril largo&rdquo; que ahora se tornan imprescindibles para ir permeando, difundiendo y dando forma, no ya al proyecto de un partido ni a una propuesta electoral, sino al n&uacute;cleo de un nuevo acuerdo de pa&iacute;s: imprimir el rumbo -mientras las &eacute;lites viejas ganan tiempo y prolongan la crisis- de un nuevo horizonte general marcado por los intereses y aspiraciones de la mayor&iacute;a social, convertirse en fuerza articuladora y dirigente ya desde antes de ser fuerza gobernante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>---</strong>
    </p><p class="article-text">
        Agradezco los comentarios, el debate y las sugerencias a Rita Maestre, Adri&agrave; Porta y Luis Jim&eacute;nez.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/754982262370861056?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Errejón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/asalto-cerco-podemos-nueva-fase_129_3897988.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Jul 2016 17:38:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9b47b245-9656-48e0-98ce-4c98b5c7de22_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="173941" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9b47b245-9656-48e0-98ce-4c98b5c7de22_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="173941" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Del asalto al cerco: Podemos en la nueva fase]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9b47b245-9656-48e0-98ce-4c98b5c7de22_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Podemos,Íñigo Errejón]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué Podemos? Algunas razones de la remontada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/traduciendo-nacional-popular-razones-remontada_129_2338662.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/51e8e97c-ec4f-4f98-b73e-9dbe4b85cac3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El secretario político de Podemos, Íñigo Errejón. / Marta Jara"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Hemos sido capaces de hacer que estas elecciones no sean una competición privada entre cárteles políticos, ni un mero recambio entre los partidos del turno", defiende Errejón</p></div><p class="article-text">
        El 15 de mayo de 2011 abri&oacute; un ciclo de movilizaciones que, m&aacute;s all&aacute; de su masividad, expresaba una situaci&oacute;n de divorcio entre el pa&iacute;s real y el pa&iacute;s oficial. Hubo quienes s&oacute;lo quisieron leer en aquellas protestas el enfado por la crisis econ&oacute;mica y las pol&iacute;ticas injustas que la agravaban. Algo de eso hab&iacute;a, pero no era todo, y quienes hicieron lecturas cortoplacistas o creyeron que el tablero pol&iacute;tico espa&ntilde;ol estaba fijado y sus posiciones ancladas para siempre, pocos a&ntilde;os despu&eacute;s, tendr&iacute;an que cambiar el ritmo apresuradamente para no ser superados.
    </p><p class="article-text">
        Era una &ldquo;escisi&oacute;n&rdquo; social por la cual una amplia mayor&iacute;a de la ciudadan&iacute;a expresaba que ya no cre&iacute;a en las promesas ni los mitos de los de arriba. M&aacute;s a&uacute;n, acusaba a los privilegiados de haber roto el contrato social situ&aacute;ndose por encima de la ley, de la representaci&oacute;n, de las posibilidades y de la confianza de &ldquo;la gente&rdquo;. Emerg&iacute;a por tanto la posibilidad de que este agregado heterog&eacute;neo, definido m&aacute;s bien por una ausencia, por un &ldquo;no ser los de arriba&rdquo;, se constituyese en voluntad pol&iacute;tica, en un proyecto de reconstrucci&oacute;n nacional tras los desmanes de la minor&iacute;a privilegiada. La crisis no era s&oacute;lo econ&oacute;mica, ni siquiera pol&iacute;tica. Era una crisis de valores y de horizonte, una verdadera crisis nacional.
    </p><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n an&oacute;mala, de crisis org&aacute;nica y de cambio de etapa, permit&iacute;a -exig&iacute;a- un tipo de identidad pol&iacute;tica m&aacute;s ambiciosa y de m&aacute;s largo recorrido que aquellas (que ya estaban) contenidas en el escenario pol&iacute;tico anterior, que ahora hac&iacute;a aguas. No se trataba de empujar algunos grados a la izquierda o a la derecha el acuerdo de convivencia, sino de rehacerlo, puesto que estaba hecho trizas por una ofensiva olig&aacute;rquica a la cual parec&iacute;a sobrarle la mitad del pa&iacute;s, y que hab&iacute;a ido tan lejos que las ideas de cambio estaban ya en el sentido com&uacute;n de &eacute;poca. No es algo que suceda a menudo pero tampoco de ninguna erupci&oacute;n volc&aacute;nica: los acuerdos pol&iacute;ticos, las instituciones y los partidos cumplen funciones hasta que comienzan a perder la capacidad de proponer metas, seducir y tejer comunidad pol&iacute;tica. Y entonces, tras per&iacute;odos de interregno o de desgaste y decaimiento m&aacute;s o menos r&aacute;pido y m&aacute;s o menos contenido, son superados por nuevas propuestas. Cuando &eacute;stas no vienen de unas &eacute;lites incapaces de autorreformarse, y provienen de la gente que no se sent&iacute;a representada y reclama el ejercicio de la soberan&iacute;a popular, es que estamos ante procesos de revoluci&oacute;n democr&aacute;tica e irrupci&oacute;n plebeya: las instituciones &ndash; empezando por las principales alcald&iacute;as- se llenan de &ldquo;intrusos&rdquo; que, por primera vez, se parecen a la gente, son gente sencilla.
    </p><p class="article-text">
        Es por esto que Podemos nace con una orientaci&oacute;n que podr&iacute;amos catalogar, con Gramsci, de &ldquo;nacional-popular&rdquo;: una pol&iacute;tica patri&oacute;tica, radicalmente democr&aacute;tica, que hace coincidir los intereses del pa&iacute;s real con los de sus mayor&iacute;as subalternas. Esta pol&iacute;tica es especialmente posible en un momento en el que las &eacute;lites han defraudado la confianza puesta en ellas, han secuestrado las instituciones y la soberan&iacute;a popular y amenazan la viabilidad de la convivencia y de las condiciones de vida de la ciudadan&iacute;a. Pero es tambi&eacute;n el resultado de la orfandad cultural y pol&iacute;tica de los subalternos y su consiguiente fragmentaci&oacute;n: el colapso o ausencia de s&iacute;mbolos, mitos, referentes y liderazgos con los que construirse como un &ldquo;nosotros&rdquo; con vocaci&oacute;n mayoritaria. Por eso su posible articulaci&oacute;n pol&iacute;tica como &ldquo;pueblo&rdquo; ha de basarse en una amplia agregaci&oacute;n de insatisfacciones heterog&eacute;neas en torno a catalizadores nuevos, un horizonte refundacionalista y, sobretodo, la frontera que delimite las identificaciones y lealtades. Una comprensi&oacute;n simplista de este discurso y sus efectos ha tendido a reducirla a mero &ldquo;marketing&rdquo; y &ldquo;significantes vac&iacute;os&rdquo; -pocos conceptos tan citados y tan poco le&iacute;dos- para partidos &ldquo;atrapalotodo&rdquo;. En absoluto la transversalidad del discurso supone la eliminaci&oacute;n de las oposiciones, sino m&aacute;s bien su redefinici&oacute;n en una nueva frontera, que es la que carga ideol&oacute;gicamente los t&eacute;rminos (&ldquo;democracia&rdquo; adquiere un sentido preciso al oponerse a &ldquo;oligarqu&iacute;a&rdquo;, &ldquo;gente&rdquo; s&oacute;lo al oponerse a &ldquo;casta&rdquo; o &ldquo;privilegiados&rdquo;, igual que 99% s&oacute;lo es una categor&iacute;a pol&iacute;tica porque tiene un exterior frente al que se constituye: el 1%).
    </p><p class="article-text">
        Esta apuesta permiti&oacute; a Podemos -no sin desgaste- abrir una brecha decisiva en el panorama pol&iacute;tico, desbordar los espacios asignados para los partidarios de la transformaci&oacute;n social y levantar una alternativa, que ha hecho el proceso de cambio pol&iacute;tico democr&aacute;tico irreversible; colocar a las grandes maquinarias de los partidos tradicionales a la defensiva y generar un &ldquo;clima&rdquo; por el cual incluso la mejor defensa del inmovilismo pasa por asumir parcialmente el lenguaje y la est&eacute;tica del cambio.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, en Espa&ntilde;a la hip&oacute;tesis nacional-popular se despliega con dos especificidades que requieren de una traducci&oacute;n y complejizan el relato. Algunas de las principales dificultades o flancos descubiertos de Podemos han tenido que ver con estas dimensiones. Lo nacional-popular, en nuestro pa&iacute;s, ha de ser (pluri)nacional y popular-ciudadano.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, vivimos en un estado plurinacional, en el que conviven -y se solapan- diferentes identidades nacionales. Una primera traducci&oacute;n del discurso nacional-popular progresista introduce y se refuerza con la dimensi&oacute;n plurinacional. Un discurso democr&aacute;tico que reivindique que &ldquo;la patria es la gente&rdquo; ha de realizar necesariamente un encaje poli&eacute;drico y confederal, que reconozca en pie de igualdad diferentes realidades nacionales con las que construir un proyecto com&uacute;n basado en el libre acuerdo y la diversidad. Esta es la forma de no poner a competir los diferentes y simult&aacute;neos procesos de cambio que se est&aacute;n dando en Espa&ntilde;a, sino de ponerlos a colaborar y a sumar fuerzas. Pero es tambi&eacute;n la &uacute;nica pol&iacute;tica responsable capaz de alumbrar un horizonte compartido, en medio del choque de trenes y la sobreactuaci&oacute;n del inmovilismo y el unilateralismo.
    </p><p class="article-text">
        Las alianzas plurinacionales, realizadas por Podemos en Galiza (En Marea Podemos), el Pa&iacute;s Valenciano (Podem-Comprom&iacute;s-&Eacute;s el moment) y Catalunya (En com&uacute; Podem), caminan en esta direcci&oacute;n. Incorporan fuerzas y empuje de cambio sin asimilarlo o uniformizarlo, suma desde la diversidad y, por eso, multiplica. No por casualidad la remontada le debe mucho al empuje desde las periferias y la alianza con una fuerza nacional-popular espa&ntilde;ola. Ha sido un trabajo lento y detallista de generosidad y vista larga. Estamos ante un hecho pr&aacute;cticamente ins&oacute;lito en nuestra historia y una hermosa lecci&oacute;n de fraternidad que contrasta con el frentismo de las &eacute;lites.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, los procesos de modernizaci&oacute;n, institucionalizaci&oacute;n y desarrollo econ&oacute;mico han generado una sociedad en la que la relaci&oacute;n con lo p&uacute;blico se establece muy pocas veces en tanto que &ldquo;comunidad&rdquo; &ndash; lo popular &ndash; y casi siempre en tanto que &ldquo;ciudadanos&rdquo;: en forma individualizada y a trav&eacute;s de canales administrativos previsibles que no se han derrumbado pese a la crisis del sistema pol&iacute;tico, que no crisis de Estado. El desarrollo y complejizaci&oacute;n de los procesos administrativos tienden a disolver, si no encuentran resistencias culturales suficientes, el tejido comunitario y a sustituirlo por las mediaciones estatales o mercantiles. Lo plebeyo en Espa&ntilde;a tiene mucho de sentido com&uacute;n conservador defraudado por las &eacute;lites, de expectativas de ascenso social truncadas o de indignaci&oacute;n ambivalente. Una pol&iacute;tica hegem&oacute;nica es aquella que abre posibilidades nuevas con materiales heredados, que no le hace ascos a construir un sentido nuevo en las grietas del sentido com&uacute;n dominante.
    </p><p class="article-text">
        En consecuencia, la irrupci&oacute;n plebeya en la pol&iacute;tica, la de quienes levantan el pa&iacute;s a pulso cada d&iacute;a y vieron la pol&iacute;tica tradicional con apat&iacute;a y resignaci&oacute;n, se parece a la Espa&ntilde;a real. Y &eacute;sta ha ido, en consecuencia, impregnando a un Podemos que crec&iacute;a y se abr&iacute;a: no s&oacute;lo tiene ya un car&aacute;cter comunitario y &ldquo;tumultuoso&rdquo;, destacado en Podemos desde el comienzo. Tambi&eacute;n uno de individuos, profesionales y personalidades destacadas de la sociedad civil que dan un paso a favor del cambio pol&iacute;tico para poder realizar su trabajo, para comprometerse con la mejora institucional, la innovaci&oacute;n econ&oacute;mica y la redistribuci&oacute;n de la riqueza para producir una sociedad m&aacute;s equitativa y justa. Los llamados &ldquo;fichajes&rdquo; o incorporaciones de independientes en las listas del cambio -el teniente general y exJemad Julio Rodr&iacute;guez, los jueces Victoria Rosell y Juan Pedro Yllanes, etc.- rompen el cerco que las &eacute;lites y sus generadores de opini&oacute;n intentar construir en torno a Podemos. Por una parte, acuden a la oportunidad hist&oacute;rica abierta, aportando su bagaje profesional y su prestigio, consolidando la imagen de una candidatura con los mejores, preparada para conducir el pa&iacute;s. Su presencia es un bien en s&iacute; mismo pero, adem&aacute;s, nos encontramos en un momento an&oacute;malo, en el que la meritocracia puede jugar un papel transformador toda vez que las &eacute;lites viejas ya no son referentes de prestigio sino, a menudo, de lo contrario. Por otra parte, sus edades, diversidad y trayectorias les hacen encarnar la verdad del pa&iacute;s real que exige cambio pol&iacute;tico, y as&iacute; ayudan a desactivar los estigmas contra Podemos -&iquest;puede un ex Jemad ser &ldquo;antisistema&rdquo;?, &iquest;Es cre&iacute;ble que alguien que ha defendido las instituciones y el Estado de derecho sea enemiga de la institucionalidad? &iquest;O m&aacute;s bien son las &eacute;lites viejas y atrincheradas las que frente a este espejo aparecen como una cuadrilla de demolici&oacute;n de nuestros mejores avances como sociedad?- y a tenderle la mano a los sectores que a&uacute;n faltan y sobre los que la campa&ntilde;a de miedo ha generado incertidumbres o dudas.
    </p><p class="article-text">
        Estas dos iniciativas, la de las alianzas plurinacionales y la de las incorporaciones de una sociedad civil rica y mucho m&aacute;s avanzada que nuestro gobierno, han cimentado la recuperaci&oacute;n de la iniciativa y el clima de remontada que impulsa hoy la candidatura del cambio pol&iacute;tico. Algunos interesadamente recomendaban a Podemos encerrarse en s&iacute; mismo y conformarse con la esquina izquierda del tablero. Nosotros siempre dijimos que construir una nueva voluntad popular era otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        La reacci&oacute;n defensiva del inmovilismo ha sido feroz y ha ido ganando en coordinaci&oacute;n. L&oacute;gicamente ha hecho mella y logr&oacute; dispersar o desorientar parte de las ganas de cambio. Es l&oacute;gico, el adversario tambi&eacute;n juega y nadie pod&iacute;a no esperar una reacci&oacute;n proporcional a la oportunidad hist&oacute;rica abierta, en forma tanto de cierre y resistencia como de restauraci&oacute;n &ldquo;transformista&rdquo;, que aspira a &ldquo;robar&rdquo; el lenguaje nuevo para oxigenar y mantener el orden viejo.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, hemos sido capaces de hacer que estas elecciones no sean una competici&oacute;n privada entre c&aacute;rteles pol&iacute;ticos, ni un mero recambio entre los partidos del turno. Las elecciones del 20 de diciembre ya son, para la gran mayor&iacute;a, las del cambio de etapa. Los privilegiados han iniciado un cambio constitucional que aspira a fundar una sociedad m&aacute;s injusta, m&aacute;s disciplinada por el miedo a la precariedad y a la falta de oportunidades y con menos controles sobre los que mandan. Pero no tienen proyecto que ofrecer a la mayor&iacute;a de nuestro pa&iacute;s, han agotado una etapa hist&oacute;rica y todo el tiempo que ganen para prolongar la decadencia ser&aacute; tiempo perdido para actualizar el acuerdo de convivencia al pa&iacute;s real que somos hoy, para modernizar y para cuidarnos como sociedad que no deja a nadie atr&aacute;s. Con ese objetivo proponemos los cinco acuerdos como pa&iacute;s que nos permitan ganar el futuro: el blindaje de los derechos sociales en la constituci&oacute;n y el suelo de gasto social con innovaci&oacute;n econ&oacute;mica y cambio de modelo productivo; la reforma de la justicia para liberarla de las tutelas del poder ejecutivo y hacerla efectivamente independiente de los vaivenes del poder; la democratizaci&oacute;n del sistema electoral; las garant&iacute;as legales y medidas contra la corrupci&oacute;n y las tramas mafiosas que han secuestrado las instituciones; y el nuevo acuerdo territorial que necesita nuestro pa&iacute;s para construir la convivencia desde el libre acuerdo y la diversidad.
    </p><p class="article-text">
        Las epopeyas democr&aacute;ticas suceden cuando la gente sencilla decide, consciente tanto de su fuerza como de la decadencia los de arriba, tomar las riendas de su destino y garantizar sus condiciones de vida. En ello estamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Errejón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/traduciendo-nacional-popular-razones-remontada_129_2338662.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Nov 2015 18:15:07 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/51e8e97c-ec4f-4f98-b73e-9dbe4b85cac3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1938981" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/51e8e97c-ec4f-4f98-b73e-9dbe4b85cac3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1938981" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[¿Por qué Podemos? Algunas razones de la remontada]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/51e8e97c-ec4f-4f98-b73e-9dbe4b85cac3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Podemos,Elecciones Generales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Malena sí puede]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/malena-puede_129_2677393.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"La presencia de mujeres en Podemos es una cuestión determinante e imprescindible, pero también creemos que si no se trabaja sobre las causas del problema, si trabajamos solamente sobre la foto final, corremos el riesgo de trabajar en balde", afirman los autores</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>&ldquo;Aunque Almudena [Grandes] haya tomado nuestras palabras &ndash;la versi&oacute;n un tanto ambigua que de las mismas recogi&oacute; <a href="http://politica.elpais.com/politica/2015/04/17/actualidad/1429305678_397570.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">un art&iacute;culo de El Pa&iacute;s</a>&ndash;, en las que describimos una situaci&oacute;n para denunciarla, exactamente al rev&eacute;s, estamos seguros de que peleamos en la misma bisagra y en la misma direcci&oacute;n&rdquo;, sostienen</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica en cierto modo es un arte de bisagras. La sociedad y las leyes no siempre est&aacute;n ajustadas las unas con la otra. Si el desajuste se estira m&aacute;s de lo debido, se intensifica la tarea de lo pol&iacute;tico y la gente reclama su voz con m&aacute;s fuerza. El arte, sin duda, respira en la misma atm&oacute;sfera. Su obligaci&oacute;n es volar muy alto y desafiar a la realidad desde el horizonte.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra generaci&oacute;n, la que ahora se ha visto obligada a interesarse por lo pol&iacute;tico y a pelear las bisagras que hagan falta para recuperar la dignidad y la vida, crecimos con los libros de Almudena Grandes. Almudena nos ha ense&ntilde;ado &ndash;sigue haci&eacute;ndolo&ndash; que la vida vale m&aacute;s all&iacute; donde el coraz&oacute;n es m&aacute;s grande que las palabras, donde el cuerpo puede m&aacute;s que las costumbres, donde la libertad molesta al reloj y al calendario. Que hay que desafiar a las cadenas, las de dentro y las de fuera, se vistan de lo que se vistan. Nos ha ense&ntilde;ado que cuando Pablo hace sombra a Lul&uacute;, &eacute;sta confunde la sombra con el deseo y el deseo con la sombra; que a Malena le cuesta la vida querer lo que es y que a Jose &ndash;Mar&iacute;a Jos&eacute;&ndash; le atraviesa tanto el amor del nosotros que le falta amor de s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        T&uacute; tienes talento, pero no tienes ambici&oacute;n, Jose. Es lo que Marcos, en su mayor arranque de lucidez, confiesa a Jose. Te sobra talento, admiro tu talento, pero no tienes ambici&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; Jose no tiene ambici&oacute;n? &iquest;Por qu&eacute; no lucha por ser una pintora a la altura de los chicos que la rodean, esos que como Jaime, aunque no tengan talento, van sobrados de amor de s&iacute;, de ambici&oacute;n, de auto reconocimiento? &iquest;Qu&eacute; consecuencias pol&iacute;ticas esconde esto?
    </p><p class="article-text">
        Nuestra generaci&oacute;n tiene por delante una tarea colosal. Hemos tenido que elegir entre el exilio o el desierto. Pero desde hace un a&ntilde;o, desde el exilio y desde el desierto, mucha gente de nuestra generaci&oacute;n y de las dem&aacute;s ha decidido construir una herramienta para negar la mayor, para decir que hay una bisagra y que se puede desplazar. Esa herramienta, uno de cuyos nombres es Podemos, acaba de nacer y no le faltan retos por conquistar, problemas que resolver e inercias por contrarrestar, dentro y fuera. Uno de los problemas m&aacute;s graves que tenemos que resolver viene de lejos: a la hora de levantar la voz es por desgracia todav&iacute;a frecuente que los hombres hablen m&aacute;s &ndash;no necesariamente mejor&ndash; que las mujeres. Ocurre en parte porque algunos hombres consideran que van sobrados de talento y capacidad, en parte porque algunas mujeres dudan &ndash;siempre m&aacute;s que ellos&ndash; de si su voz merece ser escuchada como la de sus compa&ntilde;eros. Exactamente igual que Jose duda de si su pincel merece ser tan tenido en cuenta como el de Marcos o el de Jaime.
    </p><p class="article-text">
        Porque sabemos que no podemos confiar la realidad a esas inercias viejas y feas que todav&iacute;a est&aacute;n ah&iacute;, porque somos muy conscientes de ellas, hacemos listas en cremallera y &oacute;rganos paritarios para garantizar que se escuchan todas las voces por igual. All&iacute; donde no cabe decidir una correcci&oacute;n, precisamente porque somos el partido m&aacute;s abiertamente democr&aacute;tico, precisamente porque decide la gente &ndash;y la gente est&aacute; llena de Lul&uacute;s y Pablos, de Malenas y Reinas, de Joses y Jaimes&ndash;, el resultado es el que todos conocemos: muchos m&aacute;s hombres que mujeres en los primeros puestos. No nos gusta, lo lamentamos, peleamos cada d&iacute;a por corregirlo. No nos vale la excusa de que nadie antes ha construido un partido en un solo a&ntilde;o, con implantaci&oacute;n territorial, con garant&iacute;as y democracia interna, no nos vale. Y aunque este sea un punto de partida que tiene que ver con la realidad y sus inercias, no vamos a dejar que siga siendo as&iacute;, que la realidad se imponga sobre la libertad, ni vamos a dejar de preguntarnos c&oacute;mo podemos hacerlo mejor por nuestra parte. Por eso tomamos decisiones correctivas conscientes y vamos m&aacute;s all&aacute;. Entendemos que la presencia de mujeres en Podemos es una cuesti&oacute;n determinante e imprescindible, pero tambi&eacute;n creemos que si no se trabaja sobre las causas del problema &ndash;poniendo la atenci&oacute;n en los obst&aacute;culos que siguen dificultando el acceso de las mujeres a los espacios p&uacute;blicos&ndash;, si trabajamos solamente sobre la foto final, corremos el riesgo de trabajar en balde. Desde el &Aacute;rea de Mujer e Igualdad presentamos un documento &ndash;<a href="http://www.eldiario.es/economia/Claves-propuesta-economia-feminista-Podemos_0_362214021.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Documento sobre la reorganizaci&oacute;n del sistema de cuidados</a>, de Pazos y Medialdea&ndash; dirigido a se&ntilde;alar las ra&iacute;ces de esta desigualdad y a poner en el centro de la atenci&oacute;n pol&iacute;tica un problema que no ignoramos, que nos importa y que queremos solucionar.
    </p><p class="article-text">
        Aunque Almudena haya tomado nuestras palabras &ndash;la versi&oacute;n un tanto ambigua que de las mismas recogi&oacute; <a href="http://politica.elpais.com/politica/2015/04/17/actualidad/1429305678_397570.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un art&iacute;culo de El Pa&iacute;s</a>&ndash;, en las que describimos una situaci&oacute;n para denunciarla, exactamente al rev&eacute;s, como si describi&eacute;ramos una situaci&oacute;n para defenderla, estamos seguros de que peleamos en la misma bisagra y en la misma direcci&oacute;n.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra, Íñigo Errejón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/malena-puede_129_2677393.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 May 2015 18:57:54 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Malena sí puede]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Podemos,Feminismo,Machismo,Almudena Grandes]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
