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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Sarrión Andaluz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose_sarrion_andaluz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Sarrión Andaluz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Por una Política de la verdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/politica-verdad_129_2663374.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"La tarea de la izquierda no es la de adaptarse al sentido común, lo que implicaría faltar a la verdad, sino cambiarlo. Cambiar el sentido común por una concepción del mundo nueva, basada en la razón, y anclada en los principios y valores de izquierdas que pretendemos generalizar durante la batalla cultural, inseparable de la batalla social", afirman los autores</p></div><p class="article-text">
        Si preguntamos por la calle a los viandantes si est&aacute;n de acuerdo con la expresi&oacute;n &ldquo;los pol&iacute;ticos son unos mentirosos&rdquo;, es probable que obtengamos una generalizada respuesta afirmativa. Mucho m&aacute;s, si cabe, en estos tiempos en los que las cloacas del sistema han emergido a la superficie y los casos destapados de corrupci&oacute;n se suceden sin parar. Al fin y al cabo, se puede mentir para ganar votos o se puede mentir para enriquecerse, sea con dinero p&uacute;blico o con dinero privado en forma de sobornos y favores. No obstante, todo ello opera en el mismo &aacute;mbito: el de la falsedad o en el de la no-verdad. La pregunta es, &iquest;estamos condenados a una pol&iacute;tica de la mentira?
    </p><p class="article-text">
        En un texto de 1988, titulado <em>La pol&iacute;tica como &eacute;tica de lo colectivo,</em> Francisco Fern&aacute;ndez Buey (Palencia, 1943-Barcelona , 2012) dedica unas l&iacute;neas a la defensa que durante toda su vida realiz&oacute; Antonio Gramsci acerca del papel de la verdad en pol&iacute;tica, para quien decir la verdad era consustancial a la pol&iacute;tica aut&eacute;ntica. Esta pol&iacute;tica de la verdad se enfrenta a la vulgar identificaci&oacute;n de la pol&iacute;tica con la mentira, el enga&ntilde;o y la doblez.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, se hace necesario analizar las causas de tal vulgar identificaci&oacute;n, que por lo general est&aacute; bastante extendida. Fern&aacute;ndez Buey observaba c&oacute;mo la tendencia conservadora a desvalorizar la pol&iacute;tica desde un supuesto moralismo, se ve&iacute;a reforzada en la actualidad por la existencia de una capa de pol&iacute;ticos profesionales (eso que medi&aacute;ticamente se ha llamado la &ldquo;clase pol&iacute;tica&rdquo;) que hace pol&iacute;tica sin convicciones &eacute;ticas o directamente actuando de mala fe, haciendo de las actuaciones y decisiones p&uacute;blicas un asunto de inter&eacute;s privado. Ah&iacute; anidar&iacute;a la corrupci&oacute;n. Y tambi&eacute;n, a&ntilde;adimos nosotros, anidar&iacute;a ah&iacute; una concepci&oacute;n mercantilista de la pol&iacute;tica en la que lo pol&iacute;tico queda reducido a una competici&oacute;n entre partidos-mercanc&iacute;as para la obtenci&oacute;n de votos-mercanc&iacute;a. En ninguno de los casos, es decir, ni en la corrupci&oacute;n econ&oacute;mica ni en el mercadeo de votos, es necesario decir la verdad. M&aacute;s bien al contrario, decir la verdad puede convertirse en un claro obst&aacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Una de las consecuencias de la generalizaci&oacute;n de una Pol&iacute;tica de la mentira es que se termina impulsando en la ciudadan&iacute;a, y especialmente entre los de abajo, una actitud n&iacute;tidamente antipol&iacute;tica. Es f&aacute;cil de ver. Ante tanta mentira se extiende la sensaci&oacute;n de que todos son iguales y se empuja a la gente hacia refugios que se encuentran fuera de la pol&iacute;tica. As&iacute; pues, la lucha contra la antipol&iacute;tica s&oacute;lo puede llevarse a cabo exitosamente ennobleciendo la pol&iacute;tica con la verdad y huyendo de la politiquer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Decir la verdad es tanto como huir de la ignorancia. Y ello pertenece a una larga tradici&oacute;n pol&iacute;tica que se remonta, como m&iacute;nimo, a la antig&uuml;edad griega. Buscar las causas de los fen&oacute;menos sociales y tratar de explicarlas al resto es una tarea esencialmente pedag&oacute;gica. Y nada f&aacute;cil, por cierto. Puesto que nada impide que las mayor&iacute;as sociales de cada momento hist&oacute;rico no puedan o quieran soportar la verdad y traten por ello de matarte por decirla. La alegor&iacute;a de la caverna puede ser interpretada como una met&aacute;fora del final de S&oacute;crates, que muri&oacute; asesinado democr&aacute;ticamente, si bien basta con pensar en las reacciones de la mayor&iacute;a social en la actualidad ante fen&oacute;menos como los linchamientos, la pena de muerte o el cambio clim&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        De forma nada sorprendente el comportamiento de la masa, el pueblo o la mayor&iacute;a social ha sido siempre comparado metaf&oacute;ricamente con fen&oacute;menos naturales incontrolables. R&iacute;os crecidos, olas del mar, bestias salvajes, tornados, tormentas&hellip; Pierre-Joseph Proudhon dijo cierta vez que &ldquo;el pueblo habl&oacute; como un borracho&rdquo; tras participar en una votaci&oacute;n. Y lo dijo cuando tras la conquista del sufragio universal masculino por parte del movimiento obrero, con todo lo que cost&oacute;, el pueblo decidi&oacute; votar a Napole&oacute;n III y enterrar as&iacute; esa conquista.
    </p><p class="article-text">
        Pero es esa tradici&oacute;n, la de decir la verdad, la que renace con la Ilustraci&oacute;n y la que prosigue con el movimiento socialista. &iquest;No es acaso el prop&oacute;sito de la Ilustraci&oacute;n, como se&ntilde;ala Kant, sacar a la poblaci&oacute;n de su estado de minor&iacute;a de edad a trav&eacute;s del sapere aude! (&iexcl;ten el valor de pensar por ti mismo!)? &iquest;No fue Marx qui&eacute;n habla de emancipaci&oacute;n tambi&eacute;n refiri&eacute;ndose al estado de alienaci&oacute;n de la clase trabajadora y al desvelamiento de las ideolog&iacute;as, y quien denomin&oacute; &ldquo;cient&iacute;fico&rdquo; al socialismo que propugnaba? &iquest;No fue acaso Gramsci quien invit&oacute; a una Reforma Moral e Intelectual como pr&aacute;ctica revolucionaria?
    </p><p class="article-text">
        Precisamente Fern&aacute;ndez Buey apoy&oacute; toda su reflexi&oacute;n en su vasto conocimiento de la obra del pensador italiano Antonio Gramsci. No en vano, Gramsci siempre fue un defensor radical de la verdad en pol&iacute;tica, y adem&aacute;s con independencia de las consecuencias que pudiera conllevar. Decir la verdad es siempre revolucionario, dec&iacute;a. Es m&aacute;s, consideraba que la verdad es consustancial a la pol&iacute;tica aut&eacute;ntica y la t&aacute;ctica de toda pol&iacute;tica revolucionaria.
    </p><h3 class="article-text">La tentaci&oacute;n populista</h3><p class="article-text">
        El problema es que decir la verdad puede ser incluso peligroso. Y desde luego, decir la verdad bajo el capitalismo puede implicar ganarse unos cuantos enemigos muy poderosos. Enemigos que pueden bombardear tu legitimidad, tu estrategia o directamente tu casa. De ah&iacute; que, de vez en cuando, surjan tentaciones populistas que aspiran a encontrar atajos.
    </p><p class="article-text">
        La estrategia populista, rigurosamente perfilada por Ernesto Laclau, parte de la negaci&oacute;n de la existencia de clases sociales. Y en eso discrepa profundamente de las posiciones marxistas y socialistas, y otras tradiciones emancipatorias y sociol&oacute;gicas, que atienden, ante todo, a las condiciones materiales de vida de los individuos. La estrategia populista no opera as&iacute;, pues lo que hace es encadenar demandas insatisfechas de la gente a trav&eacute;s de un discurso construido sobre la oposici&oacute;n entre un nosotros y un ellos y la mediaci&oacute;n de un hiperliderazgo. Y para conformar un nosotros suficientemente amplio, requiere el vaciado de los significantes &ndash;las palabras&ndash; a fin de que no digan tanto como para expulsar del colectivo a determinados individuos. Dicho coloquialmente: cuanto menos diga uno, menos oposici&oacute;n tendr&aacute;. Ah&iacute; ya hay, de facto, una falta a la verdad.
    </p><p class="article-text">
        El lugar discursivo donde m&aacute;s f&aacute;cil es encontrar una mayor&iacute;a social ganadora es claramente el llamado sentido com&uacute;n. As&iacute; que la estrategia populista busca referenciarse siempre en ese sentido com&uacute;n a fin de que la mayor&iacute;a social se vea en el espejo y, en consecuencia, tambi&eacute;n en los portavoces pol&iacute;ticos que dicen defenderlo. El problema que emerge entonces es doble.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, el sentido com&uacute;n puede defender propuestas contrarias a los principios y valores de la izquierda y, desde luego, es anormal que defienda posiciones rupturistas o emancipadoras. El sentido com&uacute;n no deja de ser el reflejo cultural de un determinado statu quo o, en t&eacute;rminos gramscianos, la ideolog&iacute;a de la clase dominante. Al decir de Russell, el sentido com&uacute;n puede ser el menos com&uacute;n de los sentidos. Es verdad que en &eacute;pocas de regresi&oacute;n social, el sentido com&uacute;n puede ser parcialmente progresista &ndash;de resistencia&ndash;, si bien eso s&oacute;lo desplaza el problema y no lo hace desaparecer. Adem&aacute;s, la tesis populista establece que el sujeto que encarna el hiperliderazgo es quien cabalga el sentido com&uacute;n y quien puede ir modific&aacute;ndolo. Pero se ignora que, en tanto el populismo es ideol&oacute;gicamente neutral, l&iacute;deres de derechas pueden hacer descabalgar al l&iacute;der de izquierdas y dirigir ellos mismos el proceso.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, el sentido com&uacute;n es tan generalizado y tan aparentemente neutral que el adversario tambi&eacute;n puede usarlo para referenciarse en &eacute;l. Ello conlleva una tendencia y una paradoja. La tendencia es que al final todos los partidos compiten por ser los verdaderos representantes del sentido com&uacute;n y cada vez es m&aacute;s dif&iacute;cil distinguir sus propuestas entre s&iacute;. Es como si quedaran atrapados por la presencia de una fuerza centr&iacute;peta. &iquest;No defienden todos los partidos, incluso los que mienten, la sanidad p&uacute;blica, las pensiones p&uacute;blicas y la creaci&oacute;n de empleo? La paradoja es que una vez en esa situaci&oacute;n la &uacute;nica estrategia posible de la fuerza populista de oposici&oacute;n es desvelar la realidad, es decir, salir del populismo. Entrando de ese modo en contradicci&oacute;n consigo misma. Tiene ello mucho que ver con las palabras de Gramsci, cuando advert&iacute;a que &ldquo;la mentira y la falsificaci&oacute;n s&oacute;lo producen castillos en el aire que otras mentiras y otras falsificaciones har&aacute;n decaer&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">La construcci&oacute;n de un pueblo</h3><p class="article-text">
        En cierta medida, la estrategia populista es una no-respuesta. Cuenta Zizek que es algo as&iacute; como un viejo chiste en el que un tipo est&aacute; buscando las llaves bajo la luz de una farola. Alguien que pasa por all&iacute; le pregunta d&oacute;nde las ha perdido. En la oscuridad, le dice. Entonces, &iquest;por qu&eacute; la buscas bajo la luz de la farola?, pregunta extra&ntilde;ado el viandante. Porque aqu&iacute; se ve mejor, responde con contundencia.
    </p><p class="article-text">
        El problema real que enfrenta la izquierda es que tenemos que saber encontrar las formas de movilizaci&oacute;n pol&iacute;tica que, criticando al sistema econ&oacute;mico y pol&iacute;tico y a sus formas institucionalizadas, evitemos la tentaci&oacute;n populista y lo hagamos precisamente diciendo la verdad. Ese es el reto que tenemos que asumir. Es decir, manteniendo nuestra tradici&oacute;n de la Pol&iacute;tica de la verdad.
    </p><p class="article-text">
        Para ello tenemos que pensar que la construcci&oacute;n de un pueblo, es decir, la conformaci&oacute;n de un sujeto pol&iacute;tico de la emancipaci&oacute;n, es una tarea vinculada a la praxis y no &uacute;nicamente al &aacute;mbito discursivo. Es decir, la construcci&oacute;n se consigue partiendo de las condiciones materiales de los individuos y de la estructura de clases en una sociedad. Y aqu&iacute; es donde tenemos que decir que ninguno de los partidos de izquierdas ha estado a la altura en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Y no lo han estado en tanto han priorizado el comportamiento como maquinaria electoral antes que el de una organizaci&oacute;n pol&iacute;tica de emancipaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo elevando las sensaciones y sentimientos de rabia, frustraci&oacute;n e indignaci&oacute;n &ndash;consecuencia de la din&aacute;mica del sistema econ&oacute;mico y de sus crisis&ndash; hacia un compromiso pol&iacute;tico y social podr&aacute; lograrse conformar un pueblo con capacidad para transformar la sociedad. Estamos ante el viejo problema leninista de la organizaci&oacute;n. Pero ese aprendizaje, esa formaci&oacute;n, no se realiza con independencia de las condiciones materiales de vida y de las experiencias vitales. M&aacute;s al contrario, los partidos y organizaciones de izquierdas tienen que estar imbricadas en los centros de trabajo, en el territorio y en los barrios a fin de que operen como un verdadero &ldquo;intelectual org&aacute;nico&rdquo; gramsciano. Un buen ejemplo reciente de este comportamiento ha sido, claramente, el de las Plataformas de Afectados por las Hipotecas. Ha sido la organizaci&oacute;n que mejor ha sabido insertarse en el conflicto social y adem&aacute;s desvelar las causas y protagonistas de las injusticias percibidas por la gente de forma intuitiva o primaria. Las nuevas expresiones de conflictividad sindical como el de Coca-Cola o el de las/los t&eacute;cnicos de Movistar, entre otros, tambi&eacute;n pueden darnos pistas muy relevantes.
    </p><p class="article-text">
        En ausencia de una concepci&oacute;n de lo pol&iacute;tico como algo que supera el &aacute;mbito electoral, la izquierda se ve atrapada mortalmente. No s&oacute;lo porque tiene menos herramientas y recursos para disputarse los votos en un sistema de mercadeo electoral, sino porque participa en tableros de juego que est&aacute;n dise&ntilde;ados en su contra. Es el problema de la espectacularizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica y que se ha agudizado de forma reciente en Espa&ntilde;a. Los medios de comunicaci&oacute;n, y quienes los manejan, marcan no s&oacute;lo la agenda pol&iacute;tica &ndash;de qu&eacute; hablar&ndash; sino que tambi&eacute;n nos marcan en qu&eacute; t&eacute;rminos pensar cada tema. Al fin y al cabo, la verdad no puede adaptarse a la l&oacute;gica simplificadora de los medios, sus intervenciones r&aacute;pidas y el dominio absoluto de la est&eacute;tica. La izquierda puede ganar alguna escaramuza o incluso alguna batalla sobre la agenda pol&iacute;tica, pero est&aacute; condenada a perder la guerra participando bajo las reglas de una concepci&oacute;n de la pol&iacute;tica basada en el espect&aacute;culo y la mentira.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, la tarea de la izquierda no es la de adaptarse al sentido com&uacute;n, lo que implicar&iacute;a faltar a la verdad, sino cambiarlo. Cambiar el sentido com&uacute;n por una concepci&oacute;n del mundo nueva, basada en la raz&oacute;n, y anclada en los principios y valores de izquierdas que pretendemos generalizar durante la batalla cultural, inseparable de la batalla social. Hacer de la raz&oacute;n el sentido com&uacute;n. Eso s&oacute;lo podr&aacute; lograrse con una Pol&iacute;tica de la verdad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa, José Sarrión Andaluz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/politica-verdad_129_2663374.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 May 2015 18:51:56 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Por una Política de la verdad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Alberto Garzón,Populismo,IU - Izquierda Unida]]></media:keywords>
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