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    <title><![CDATA[elDiario.es - Pablo Lópiz Cantó]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/pablo_lopiz_canto/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Pablo Lópiz Cantó]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[¡Extra! ¡Extra! ¡La confluencia ya ha tenido lugar!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/extra-confluencia-lugar_132_2479922.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aa9b23ea-cf6b-4532-9db5-677eef148811_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Pablo Lópiz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Y si la noticia que todos esperaban ya se hubiera producido y nadie lo hubiera contando? ¿Y si la anhelada confluencia ya hubiera tenido lugar? ¿Y si la unidad que tantos esperan ya hubiera sucedido? ¿Y si esa papeleta única de una candidatura del cambio para las generales ya estuviera lista? ¿Y si, sin embargo, eso no fuese suficiente?</p></div><p class="article-text">
        Desde el pasado 24 de mayo, y tras el &eacute;xito de las candidaturas municipalistas de confluencia ciudadana, la necesidad de construcci&oacute;n de un proyecto de unidad popular para afrontar las pr&oacute;ximas elecciones generales ha venido siendo reclamada desde muy distintos agentes y espacios pol&iacute;ticos. Esta insistencia parece haberse asentado en la existencia de, digamos, algo as&iacute; como un clamor popular, una exigencia&nbsp; que resonaba en todas partes como ruido de fondo; en la existencia, en definitiva, de un deseo colectivo que, a pesar de expresarse de diversos modos, exig&iacute;a dar un empuj&oacute;n a los procesos de asalto institucional y resistencia al neoliberalismo.
    </p><p class="article-text">
        Probablemente, el lugar donde m&aacute;s intensamente se ha expresado el deseo colectivo de construcci&oacute;n de una opci&oacute;n electoral antiausteridad con opciones de &eacute;xito para las generales haya sido en ese espacio disperso, m&uacute;ltiple y complejo generado bajo el nombre de Ahora en Com&uacute;n. A lo largo de los &uacute;ltimos meses hemos visto brotar asambleas y grupos de trabajo a lo largo y ancho de todo el territorio nacional e, incluso, m&aacute;s all&aacute; de &eacute;ste. Ahora en Com&uacute;n ha sido y, en cierta medida, a&uacute;n es ese lugar abierto en el que se encuentran y trabajan quienes, a pesar de sus diferencias, est&aacute;n promoviendo la posibilidad de un desborde electoral capaz de enfrentarse, usando la palanca oxidada del Estado, a los retos que supone rechazar la dictadura del capital financiero en Europa. En &uacute;ltimo t&eacute;rmino, Ahora en Com&uacute;n se ha definido como una plataforma ciudadana en favor de la confluencia de las fuerzas implicadas en la mejora de las condiciones de vida de la mayor&iacute;a social.
    </p><p class="article-text">
        De alguna manera, ese ha sido el mayor &eacute;xito de Ahora en Com&uacute;n: el dar cuerpo a un deseo compartido por muchos y muchas. Es ese cuerpo el que, a su vez, ha sido capaz de poner sus exigencias en eso que alguno ha llamado el centro del tablero, desplazando otras cuestiones que resultaban menos perentorias. A pesar del relativo caos de su organizaci&oacute;n, o quiz&aacute;s gracias a &eacute;ste, Ahora en Com&uacute;n ha obligado a las diversas fuerzas pol&iacute;ticas a posicionarse ante el problema de la confluencia. A d&iacute;a de hoy parece que todas han aceptado la necesidad de la misma. &iexcl;Incluso personajes salidos directamente del ba&uacute;l de la ropa vieja, como el superjuez Garz&oacute;n, responsable del cierre de peri&oacute;dicos como Egin o de la libertad de traficantes de armas como Monzer Al Kassar, el Pr&iacute;ncipe de Marbella; Gaspar Llamazares, siempre presto a dar un paso adelante por el bien de la unidad de la izquierda; Cristina Almeida, fundadora del inolvidable partido de tr&aacute;nsfugas que fue Nueva Izquierda; o aquella joven representante de la vieja pol&iacute;tica que fue la socialistas Beatriz Taleg&oacute;n! El caso, sin duda, m&aacute;s delirante de la llamada a la confluencia no puede ser otro que el de Izquierda Unida-Comunidad de Madrid, que convocan a la uni&oacute;n de la verdadera izquierda frente a la subordinaci&oacute;n de IU a Podemos.
    </p><p class="article-text">
        Estos dos &uacute;ltimos actores tambi&eacute;n parecen haber tomado posiciones tras la asamblea que el pasado 12 de septiembre reuni&oacute; a los diversos nodos territoriales de Ahora en Com&uacute;n. Justo al d&iacute;a siguiente de que &eacute;sta tuviera lugar, Alberto Garz&oacute;n afirmaba en una declaraci&oacute;n p&uacute;blica que se presentar&aacute; a las primarias que se lleven a cabo en Ahora en Com&uacute;n. Pablo Iglesias, por su parte, tras meses insistiendo en que no pactar&aacute; con IU, muestra la disponibilidad de Podemos a negociar con una candidatura de confluencia como Ahora en Com&uacute;n y celebra el paso adelante dado por Garz&oacute;n. A su vez, este &uacute;ltimo, desde la nueva posici&oacute;n, comenta que IU no pactar&aacute; con Podemos e, incluso, afirma que, si no se llega a pactos, Ahora en Com&uacute;n podr&iacute;a presentar una candidatura alternativa a Podemos.
    </p><p class="article-text">
        Todo indica que Podemos e IU, o, al menos, la direcci&oacute;n de Podemos y la IU de Alberto Garz&oacute;n, han llegado a un acuerdo por arriba que tiene la dudosa virtud de aparecer como un proceso surgido desde abajo, han llegado a un pacto entre c&uacute;pulas que tratar&aacute;n de hacer pasar como el efecto de un movimiento de protagonismo ciudadano. La &uacute;nica condici&oacute;n pasa por que IU &ldquo;ponga orden&rdquo; en el relativo caos que reina en Ahora en Com&uacute;n, y que ciertos sectores de la propia formaci&oacute;n se han asegurado de fomentar al forzar en la asamblea estatal propuestas que apuntan en el sentido de un Ahora en Com&uacute;n sin Podemos. IU-Federal ya ha aprobado la completa implicaci&oacute;n del partido en Ahora en Com&uacute;n y dado orden a sus cuadros de ponerse a trabajar. Podemos, por su parte, justo al contrario, pero, se intuye, con el mismo objetivo, ha decidido no implicarse en Ahora en Com&uacute;n, dejando campo abierto a la acci&oacute;n libre de IU. Una vez que IU haya tomado el control de Ahora en Com&uacute;n y Garz&oacute;n y los suyos ganado unas primarias en las que no tendr&aacute;n adversario, ya estar&aacute;n investidos, el partido y su candidato, de la p&aacute;tina ciudadanista que necesita la direcci&oacute;n de Podemos para justificar ante sus bases un pacto para la confecci&oacute;n de la lista de unidad popular que se presentar&aacute; a las generales.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, podemos decir que, si el pacto entre c&uacute;pulas se ha producido, impl&iacute;cita o expl&iacute;citamente, entonces la confluencia ya ha tenido lugar. Con un solo pero. La ciudadan&iacute;a, esa que se expres&oacute; en el 15M, la que impuls&oacute; las Mareas, la que luego hizo nacer Podemos, la que alz&oacute; hasta las alcald&iacute;as de Barcelona, Zaragoza, Madrid o Coru&ntilde;a a las candidaturas municipalistas, esa ciudadan&iacute;a que no tiene rostro ni pertenece a ning&uacute;n partido, esa que algunos denominaron como &ldquo;los de abajo&rdquo;, esa que ha protagonizado todos y cada uno de los acontecimientos de los &uacute;ltimos a&ntilde;os en este pa&iacute;s, esa cuya presencia es sin&oacute;nimo de democracia, esa habr&aacute; visto desactivada su potencia insurreccional. Tendremos una sola lista de transformaci&oacute;n para las generales, una candidatura de unidad popular, pero &eacute;sta no estar&aacute; respaldada por esa fuerza ciudadana que necesita cualquier gobierno que pretenda enfrentarse al neoliberalismo en la situaci&oacute;n actual.
    </p><p class="article-text">
        Si todo sucede como est&aacute; previsto, si nada interrumpe el despliegue mec&aacute;nico impuesto por las c&uacute;pulas de los partidos, el desborde democr&aacute;tico muy dif&iacute;cilmente tendr&aacute; lugar. Los precocinados, aunque se etiqueten como slow food o como alta cocina, no gustan a muchos.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/extra-confluencia-lugar_132_2479922.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Sep 2015 23:48:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¡Extra! ¡Extra! ¡La confluencia ya ha tenido lugar!]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Averly, ciudad del futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/averly-ciudad-futuro_132_4121909.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Averly es invisible. Apenas s&iacute; un port&oacute;n y un muro alargado. Para la gente de a pie Averly no existe. Sin embargo &mdash;s&eacute; que la tesis puede sonar excesiva&mdash;, en la disputa por Averly se juega el modelo de ciudad en que queremos vivir y, por lo tanto, nuestras vidas.
    </p><p class="article-text">
        Fue una ma&ntilde;ana. Hace ya tiempo. Quiz&aacute; algo m&aacute;s de un lustro. No sabr&iacute;a precisar. No conoc&iacute;a a la due&ntilde;a de la casa en la que estaba y nunca he vuelto a saber de ellas, ni de la casa ni de su due&ntilde;a. Hac&iacute;a poco que hab&iacute;a amanecido. Me asom&eacute; a la terraza y contempl&eacute; sorprendido desde arriba el conjunto de edificios, &aacute;rboles y jardines que luego supe era Averly.
    </p><p class="article-text">
        Lo que se desplegaba ante m&iacute; no era un simple conjunto arquitect&oacute;nico. Era m&aacute;s bien una ciudad dentro de otra ciudad, una ciudad hasta entonces invisible, sorprendente como lo pueda ser para un ni&ntilde;o un pasadizo secreto o un caj&oacute;n con doble fondo. Averly, villa-f&aacute;brica. Una ciudad deshabitada, dormida cuando el resto de la metr&oacute;polis despertaba y donde la vegetaci&oacute;n crece descontrolada, como en una pel&iacute;cula postapocal&iacute;ptica.
    </p><p class="article-text">
        La antigua fundici&oacute;n es algo m&aacute;s que un conjunto de edificios que, por su valor patrimonial, merece ser conservado. Sin duda, es el reservorio de una arquitectura industrial cuya destrucci&oacute;n supondr&iacute;a una p&eacute;rdida irreparable desde el punto de vista art&iacute;stico y cultural. Sin duda es uno de los lugares en los que la memoria de una sociedad ya periclitada se sostiene. &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a de la memoria obrera si ni siquiera las ruinas del que fue su mundo se preservaran?
    </p><p class="article-text">
        Con todo, Averly es algo m&aacute;s que todo eso, es algo m&aacute;s que el espacio en el que se disputa la memoria, en el que luchan entre s&iacute; memoria y olvido: es algo m&aacute;s que el campo de batalla en el que chochan los conservacionistas con los due&ntilde;os de las m&aacute;quinas de demolici&oacute;n. De ah&iacute; lo enconado de la lucha.
    </p><p class="article-text">
        En Averly se enfrentan dos modelos de ciudad que, cada cual, responde a un modelo de desarrollo econ&oacute;mico. El primer modelo es el que est&aacute; representado por el grupo empresarial Brial, y que ha sido dominante a lo largo de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, al menos hasta 2008. Se trata de un modelo adaptado a los intereses del capital financiero, cuya versi&oacute;n espa&ntilde;ola todas conocemos: se llama especulaci&oacute;n inmobiliaria. El capital funciona aqu&iacute; como una m&aacute;quina de destrucci&oacute;n creativa. Destruye lo que hay para levantar algo nuevo. Ese es el Proyecto-Brial. Destruir el patrimonio industrial para construir sobre los escombros un par de cientos de viviendas de lujo.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es que, ahora lo sabemos, ese modelo ya no funciona. Resulta rid&iacute;culo tener que recordar que estall&oacute; aquella estafa a gran escala que habitualmente llamamos burbuja inmobiliaria. Ni hay seguridad alguna de que Brial encuentre financiaci&oacute;n para, despu&eacute;s de destruir Averly, pueda construir los pisos que plantea, ni parece que sea poco m&aacute;s que un delirio pensar que, en caso de que se construyesen, &eacute;stos se pudiesen vender. La verdad, mirando la situaci&oacute;n econ&oacute;mica, no creo que Brial pretenda otra cosa que destruir lo que hay para especular con el suelo. Lo m&aacute;s probable es que, si se derriba Averly, Zaragoza lo &uacute;nico que consiga sea tener un gran descampado durante, quiz&aacute;, d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, la defensa de Averly no puede ni debe pasar por la simple propuesta conservacionista justificada en el valor que en s&iacute; mismo tiene como conjunto arquitect&oacute;nico. Salvar Averly es tambi&eacute;n salvarlo de su museificaci&oacute;n, de su conversi&oacute;n en museo. Los museos son como los cementerios de elefantes. Recintos muertos para turistas zombis. Agujeros de gasto infinito, como un sumidero de dinero p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Si Averly debe ser conservado &iacute;ntegramente es porque, a d&iacute;a de hoy, resulta ser un elemento clave para cualquier proyecto de innovaci&oacute;n social, pol&iacute;tica y urban&iacute;stica en Zaragoza, as&iacute; como de recomposici&oacute;n del tejido econ&oacute;mico y productivo metropolitano. Inserto entre el disparatado edificio del Caixa-Forum, el a&uacute;n m&aacute;s absurdo del Museo Pablo Serrano, el aislado de Etop&iacute;a y el Centro Social Comunitario Luis Bu&ntilde;uel &mdash;uno de los escasos espacios vivos de Zaragoza&mdash; su localizaci&oacute;n permite vertebrar una ciudad inclinada hacia la econom&iacute;a un modelo econ&oacute;mico nuevo. O, al menos, hacia el modelo de la econom&iacute;a del conocimiento. Al fin, el nuevo proletariado es hoy el trabajador cognitivo.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la desastrosa econom&iacute;a del ladrillo, Averly puede convertirse en una nueva villa-f&aacute;brica, pero adaptada a las exigencias del siglo en curso: en un espacio de producci&oacute;n social cognitiva que transforme el modelo econ&oacute;mico de Zaragoza. Lograr que sobreviva es lograr hacer de la antigua fundici&oacute;n un polo de creaci&oacute;n de riqueza.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo que defendemos su supervivencia y su renacer como villa-f&aacute;brica generadora de riqueza habr&aacute; que asegurarse de que esta riqueza no sea privatizada sino distribuida, que no sea p&uacute;blica sino com&uacute;n, que retorne sobre quien necesariamente ser&aacute; quien la produzca, sobre el tejido vivo de la ciudad de Zaragoza. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/averly-ciudad-futuro_132_4121909.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Mar 2016 19:36:13 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Averly, ciudad del futuro]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aviso a navegantes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/aviso-navegantes_132_4215347.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        A algo m&aacute;s de un mes vista de las elecciones generales, y tras el revuelo medi&aacute;tico inicialmente generado con la entrada de los diputados de Podemos y de las confluencias al Parlamento, los defensores del r&eacute;gimen surgido de la Transici&oacute;n tratan de recuperar posiciones, aunque s&oacute;lo sea mediante ese gesto simb&oacute;lico que ha consistido en relegar a los diputados de la formaci&oacute;n morada y compa&ntilde;&iacute;a al fondo m&aacute;s oscuro de la c&aacute;mara, aunque solo sea enviando al gallinero a esos que consideran como advenedizos reci&eacute;n llegados.
    </p><p class="article-text">
        Cerrado en falso, y s&oacute;lo temporalmente, el acelerado ciclo electoral que se iniciase poco antes de las elecciones europeas y alcanzase su punto de ebullici&oacute;n en las grandes ciudades del Estado espa&ntilde;ol con las elecciones municipales, los partidos, todos, como no puede ser de otra manera, tratar&aacute;n de hacer jugar su n&uacute;mero de cargos electos en beneficio propio y, secundariamente, en beneficio del proyecto pol&iacute;tico que cada cual defiende.
    </p><p class="article-text">
        Asistimos a poco m&aacute;s que a un baile. La met&aacute;fora que ha dado el portavoz del PNV es acertada. Se est&aacute;n ofreciendo otras igualmente afortunadas. La futbolera, en la disputa acerca de qui&eacute;n tiene el bal&oacute;n en su tejado, o la del ajedrez, para aludir a la &ldquo;jugada&rdquo; de los l&iacute;deres de Podemos y a las sucesivas respuestas de Rajoy o S&aacute;nchez. En cualquier caso, todas coinciden, y ah&iacute; reside su fortuna, en mostrar la reducci&oacute;n de la pol&iacute;tica a mero espect&aacute;culo. El parlamento, en tanto que espacio de representaci&oacute;n, es s&oacute;lo un teatro. Desde el 20D y hasta las pr&oacute;ximas elecciones, que se auguran prontas, veremos c&oacute;mo se escenifica un conflicto que tiene lugar en otra parte, que se juega siempre en otra parte.
    </p><p class="article-text">
        Sin infravalorar la importancia que ha tenido la llegada de Podemos al Parlamento, ni, menos a&uacute;n, la de las confluencias, dado que tanto el uno como las otras, cada cual de una manera y con una intensidad diferentes, han permitido escalar el conflicto social hasta el interior de las instituciones de gobierno del Estado, hasta el punto de imposibilitar <em>de facto</em> la constituci&oacute;n de un nuevo Ejecutivo; sin embargo, en una situaci&oacute;n de bloqueo de las luchas a pie de calle, es m&aacute;s que probable que los nuevos diputados tiendan progresivamente, y al margen de su buena o mala voluntad, a quedar encerrados en la jaula de la representaci&oacute;n, a convertirse en meros actores institucionales.
    </p><p class="article-text">
        Esto supondr&iacute;a, en primer lugar, la desactivaci&oacute;n del potencial transformador que les ha permitido entrar en el Parlamento. Dicha desactivaci&oacute;n, si acaso tiene lugar, pasar&aacute;, no tanto por la disoluci&oacute;n del juego de enfrentamientos verbales y del conflicto entre representantes electos, sino, m&aacute;s bien, por rehabilitaci&oacute;n del marco de la representaci&oacute;n parlamentaria misma, cuyo deterioro extremo se pusiese de relieve en el &ldquo;&iexcl;No nos representan!&rdquo; durante el 15M.
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo las declinaciones en positivo de la crisis de representaci&oacute;n permitir&aacute;n a los cargos electos de Podemos y de las confluencias mantener a medio plazo la iniciativa pol&iacute;tica y, por lo tanto, no verse asfixiados por la falta de aire fresco que caracteriza a las instituciones del Estado, enredadas como est&aacute;n en la trampa de la gesti&oacute;n responsable y ese gobierno sensato que, casualmente, siempre favorece a los mismos.
    </p><p class="article-text">
        Estas declinaciones en positivo de la crisis de representaci&oacute;n pueden tomar muy variadas formas, algunas de las cuales a&uacute;n no podemos siquiera intuir. Ahora bien, algunas son ya f&aacute;cilmente definibles.
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li>Reconsideraci&oacute;n de los modelos organizativos de manera que se reactive la participaci&oacute;n democr&aacute;tica bajo la hip&oacute;tesis de composici&oacute;n de eso que se ha dado en llamar el partido-movimiento. En este sentido, parece que las llamadas confluencias son expresi&oacute;n de formas de organizaci&oacute;n m&aacute;s avanzadas que Podemos, en la medida en que permiten articulaciones m&aacute;s amplias tanto de los estratos sociales previamente politizados como con los sectores poblacionales que, por un motivo u otro, han quedado marginados durante el &uacute;ltimo ciclo electoral. Esto no significa que las confluencias sean ya el final del camino, el ejemplo a seguir e imitar, sino, m&aacute;s bien, que marcan una l&iacute;nea ascendente sobre la que hay que seguir avanzando, experimentando y perfeccionando, haciendo que sea cada vez m&aacute;s democr&aacute;tica y, por ende, m&aacute;s potente. En cualquier caso, el punto de partida no parece ser otro que la rearticulaci&oacute;n en base a la triada que une apuestas municipalistas, Podemos y movimientos sociales.</li>
                            </ol>
            </div><div class="list">
                    <ol>
                                    <li>Extensi&oacute;n del debate en torno a la cuesti&oacute;n territorial m&aacute;s all&aacute; de los territorios en los que &eacute;ste inicialmente se ha desarrollado. Frente al cierre de los debates pol&iacute;ticos en t&eacute;rminos de nacionalismos contrapuestos, que corren el riesgo de enquistarse en el par unionistas/independentistas, es decir, en el par ya m&uacute;ltiple espa&ntilde;olistas/catalanistas-gallegos-vascos-etc., la extensi&oacute;n del debate a los territorios en los que la cuesti&oacute;n del derecho a decidir no ha venido siendo planteada permite desplazar el problema desde lo meramente territorial hacia el cuestionamiento del modelo pol&iacute;tico y abrir a una posibilidad de reordenamiento en t&eacute;rminos de un confederalismo democr&aacute;tico. De alg&uacute;n modo, esto supondr&iacute;a pasar del &ldquo;derecho a decidir&rdquo; a la &ldquo;obligaci&oacute;n de decidir&rdquo;, por cuanto todos los territorios que a d&iacute;a de hoy conforman en Estado espa&ntilde;ol tendr&iacute;an que enfrentarse al debate de c&oacute;mo se articulan tanto internamente como con el resto de territorios. En este punto, las apuestas municipalistas jugar&aacute;n un papel central, al permitir llevar la discusi&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de donde en la Transici&oacute;n se llev&oacute;, es decir, m&aacute;s all&aacute; del debate de las autonom&iacute;as. Entiendo que la Red de Ciudades Rebeldes prefigura, en cierta medida, la posibilidad de un municipalismo confederal en relaci&oacute;n al cual la plurinacionalidad se compondr&iacute;a.</li>
                            </ol>
            </div><div class="list">
                    <ol>
                                    <li>Reactivaci&oacute;n del conflicto a escala europea. Toda vez que los dos puntos previos atienden a la crisis de representaci&oacute;n desde abajo, es necesario confirmar que dicha crisis tambi&eacute;n proviene del vaciado de competencias de los Estados derivada de su inscripci&oacute;n en el seno de la Uni&oacute;n Europea, y del propio deterioro de la funci&oacute;n del Estado-naci&oacute;n en un contexto econ&oacute;mico globalizado. Contra las modificaciones del marco europeo que ya han iniciado las &eacute;lites europeas (suspendiendo el tratado de Schengen, etc.), la lucha contra la austeridad y por los derechos de las poblaciones pasa por componer un frente amplio a escala europea. Impulsar, pero tambi&eacute;n perfilar mejor las iniciativas que se est&aacute;n proponiendo para combatir la austeridad impuesta desde Europa, desarroll&aacute;ndolas desde un polo local y democratizador, puede hacer de los parlamentos nacionales algo m&aacute;s que un teatrillo infame, convirti&eacute;ndolos en palancas de cambio efectivas.</li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        Estas declinaciones en positivo de la crisis de representaci&oacute;n, junto a otras posibles, fijan una l&iacute;nea de elaboraci&oacute;n pol&iacute;tica que podr&iacute;a fijar una contra-tendencia frente a las inercias institucionales que necesariamente afectar&aacute;n a los diputados electos de Podemos y de las confluencias.
    </p><p class="article-text">
        A poco m&aacute;s de un mes vista de las &uacute;ltimas elecciones generales y a, aproximadamente, cuatro meses de las pr&oacute;ximas, en este breve <em>impasse</em> del ciclo electoral en el que corremos el riesgo de que la pol&iacute;tica, una vez m&aacute;s, quede encerrada en una urna de cristal s&oacute;lo accesible a los representantes-actores institucionales, conviene recordar a quienes han llegado hasta all&iacute; gracias a la movilizaci&oacute;n ciudadana que el suyo no ha sido un viaje a las alturas, que no han accedido a los cielos, ni por consenso ni por asalto, sino que han descendido a los infiernos, que no han hecho sino la parte f&aacute;cil del trayecto y que el verdadero trabajo est&aacute; a&uacute;n por hacer.
    </p><p class="article-text">
        Conviene acaso recordar los famosos versos en los que Virgilio relatase el camino de Eneas a los infiernos: &ldquo;f&aacute;cil es el descenso al Averno: noche y d&iacute;a permanece abierto el acceso del dios de las Sombras; / pero echar atr&aacute;s el paso para de nuevo salir a los aires superiores / &eacute;ste es el trabajo, &eacute;ste es el esfuerzo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Parafraseando a Sade, camaradas, un esfuerzo m&aacute;s si quer&eacute;is ser agentes del cambio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/aviso-navegantes_132_4215347.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Jan 2016 21:31:07 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Aviso a navegantes]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un pacto por el desgobierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/pacto-desgobierno_132_2277264.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Tras el 20D, los &uacute;nicos pactos postelectorales que importan son los que la gente seamos capaces de construir entre nosotros, m&aacute;s ac&aacute; del espacio de la representaci&oacute;n parlamentaria y, en cierta forma, contra &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Como era previsible, las elecciones generales del pasado domingo han dejado un parlamento fuertemente fragmentado, con cuatro partidos en situaci&oacute;n de empate t&eacute;cnico y con un reparto de legitimidades que hace pr&aacute;cticamente inviable un pacto entre partidos que no suponga al mismo tiempo el suicidio de algunos de ellos.
    </p><p class="article-text">
        Todo ello se produce sobre el fondo de una crisis econ&oacute;mica que no se ha cerrado ni se cerrar&aacute; en breve, y con la presi&oacute;n de los poderes financieros internacionales que, a trav&eacute;s de las instituciones europeas, exigen lo que consideran les corresponde. La tregua que desde los mercados se le hab&iacute;a concedido al gobierno de Rajoy con el objetivo de detener el ascenso de Podemos puede romperse en cualquier momento, exigiendo nuevos recortes y m&aacute;s &ldquo;reformas estructurales&rdquo;, reactivando el descontento social.
    </p><p class="article-text">
        Pero conviene no olvidar que Espa&ntilde;a es apenas una provincia de Europa y que los diputados del Congreso de la Naci&oacute;n son poco m&aacute;s que cuadros medios dentro de la estructura jer&aacute;rquica de la Uni&oacute;n Europea. Su capacidad de decisi&oacute;n es restringida, puesto que el margen con el que juegan se encuentra limitado tanto por los intereses que vienen de arriba como por las resistencias que se organizan desde abajo. Por usar una met&aacute;fora fabril, no hay duda de que conviene que, durante un conflicto, los cuadros medios se posicionen del lado de los trabajadores, pero eso s&oacute;lo es posible si dichos trabajadores son capaces de forzar a los cuadros a hacerlo, marcando, desde abajo, cu&aacute;l es la estrategia.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, la situaci&oacute;n que se plantea tras las elecciones es alentadora. Si el Estado espa&ntilde;ol ven&iacute;a funcionando como correa de transmisi&oacute;n de los intereses de las &eacute;lites europeas, la cadena de mando se ha roto. Ahora bien, la inestabilidad parlamentaria sobre el fondo de crisis no significa, en ning&uacute;n caso, por s&iacute; misma, una situaci&oacute;n de ingobernabilidad. El ejemplo italiano es, en ese sentido, revelador. No es descalabrado imaginar un ciclo en el que se fuesen sucediendo de forma r&aacute;pida distintos gobiernos extremadamente d&eacute;biles, surgidos de pactos a primera vista absurdos y citas electorales reiteradas, pero que, sin embargo, funcionase de manera ininterrumpida al servicio de los intereses de los capitales financieros.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; determina, entonces, en &uacute;ltima instancia la estabilidad o inestabilidad de la estructura pol&iacute;tica a escala europea y la supervivencia o no de las l&oacute;gicas de desposesi&oacute;n? &iquest;Cu&aacute;les son los pactos que pueden poner en jaque a las &eacute;lites econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas que funcionan por encima de los Estados-Naci&oacute;n? Por parad&oacute;jico que parezca, en el l&iacute;mite, no son otros que los pactos que se organizan desde los espacios aparentemente m&aacute;s insignificantes, desde los espacios de proximidad, pero que, en la medida en que permiten instituir composiciones de fuerzas capaces de ampliarse indefinidamente hacen posible escalar posiciones y organizar de manera compleja el conflicto en los diversos estratos.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, el foco de toda resistencia se encuentra en los niveles m&aacute;s &iacute;nfimos de la cotidianidad, en zonas las m&aacute;s de las veces invisibles, aparentemente insignificantes. Los gestos, las formas de tratarnos los unos a los otros, los espacios de convivencia que construimos, la manera de hablar o de alimentarnos, el tiempo que dedicamos a la lectura y, en definitiva, todos esos peque&ntilde;os rituales que nos hacen ser lo que somos. Si algo ha sabido hacer el neoliberalismo ha sido eso, pues su gran &eacute;xito reside, precisamente, en haber hecho aparecer como naturales e indiscutibles formas de comportamiento altamente atomizadas y competitivas. De ah&iacute; que el combate contra las l&oacute;gicas neoliberales tenga necesariamente que descender hasta esa dimensi&oacute;n tantas veces olvidada por la pol&iacute;tica y articular otras formas de conducta, formas colaborativas y cooperativas, de vida, no comunitaria, pero s&iacute; en com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n de la ingobernabilidad se juega, en primer lugar, en ese campo. Porque devenir ingobernables no pasa simplemente por desarticular las cadenas de mando, sino por desarrollar din&aacute;micas aut&oacute;nomas de conducirnos a nosotros mismos que impidan su eventual rearticulaci&oacute;n: por establecer modos de vida alternativos, organizar nuestros tiempos seg&uacute;n ritmos y prioridades distintas, por habitar el espacio en base a l&oacute;gicas diversas y, sobre todo, por comportarnos colectivamente en funci&oacute;n de valores diferentes.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, si bien el foco de composici&oacute;n de las din&aacute;micas de autogobierno se asienta sobre esa cotidianidad &iacute;nfima, apenas visible, &eacute;stas han de ser escaladas, hasta el punto de afectar a la transformaci&oacute;n de lo que, siguiendo la met&aacute;fora de las diferentes alturas, podemos llamar los estratos m&aacute;s altos, esos de los que, habitualmente, se ha ocupado la Pol&iacute;tica, con may&uacute;sculas: los espacios institucionales y de tomas de decisi&oacute;n colectivas.
    </p><p class="article-text">
        La modificaci&oacute;n de los modos de vida no basta por s&iacute; misma para desactivar las cadenas de mando y los mecanismo instituidos de dominaci&oacute;n. Quien haya tenido la fortuna de poder permitirse viajar a la costa oeste de los Estados Unidos podr&aacute; comprobarlo con sus propios ojos sin dificultad. All&iacute; puede verse coexistir m&uacute;ltiples estilos de vida diversos y, en muchos casos, alternativos con las estructuras de desigualdad mas terribles, las formas de desposesi&oacute;n m&aacute;s salvajes y los mecanismos de opresi&oacute;n m&aacute;s despiadados.
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; que sea necesario articular las formas de resistencia a escala ampliada, invadiendo las instituciones y alterando los repartos de poder en los estratos superiores, sin por ello dejar de trabajar en los estratos inferiores. De hecho, es todo el marco de relaci&oacute;n entre estratos lo que ha de ser transformado, y no necesariamente en el sentido de una desestratificaci&oacute;n que derive en un espacio liso, plano, sino, m&aacute;s bien, que apunte hacia redistribuci&oacute;n en t&eacute;rminos de igualdad no de oportunidades sino de facto.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, los primeros y m&aacute;s importantes pactos postelectorales que tenemos que reconsiderar, que seguir trabajando, son aquellos a partir de los cuales se construye nuestro entorno cercano; pero con el objetivo de que no se remitan s&oacute;lo a s&iacute; mismos, sino de hacerlos escalables, de poder construir a partir de ellos &aacute;reas m&aacute;s amplias, de incidir en los otros estratos hasta componer din&aacute;micas de autogobierno colectivo.
    </p><p class="article-text">
        Puede parecer mucho, pero no partimos de cero. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos producido y experimentado sin descando, nos hemos dotado herramientas y de formas de organizaci&oacute;n e intervenci&oacute;n altamente efectivas. Desde las asambleas multitudinarias en las plazas a las plataformas de afectados, de ah&iacute; a los c&iacute;rculos y los sistemas de participaci&oacute;n on-line de Podemos, para llegar, luego, a las exitosas apuestas municipalistas y, por &uacute;ltimo, a din&aacute;micas de confluencia como la de En Com&uacute; Podem. Ahora toca seguir. Reconsiderarlo todo para reforzar el desgobierno.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/pacto-desgobierno_132_2277264.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Dec 2015 07:34:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Un pacto por el desgobierno]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[21D: devenir ingobernables]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/devenir-ingobernables_132_2284417.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Las elecciones del próximo 20 de diciembre abrirán una fase de inestabilidad parlamentaria que no hará sino reforzar la ingobernabilidad que viene demostrando la sociedad española desde el 15M</p></div><p class="article-text">
        Es una an&eacute;cdota y, como tal, su inter&eacute;s es limitado. Sirve, sin embargo, para retomar los t&eacute;rminos de un debate cuyo cierre en falso nos abocar&iacute;a al desastre. Zaragoza. 20 de mayo de 2011. La Plaza del Pilar est&aacute; sembrada de tiendas de campa&ntilde;a. La Junta Electoral Central ha prohibido las concentraciones durante la jornada de reflexi&oacute;n previa a las elecciones municipales y auton&oacute;micas que est&aacute;n convocadas para el domingo 22 de mayo. La Acampada-Zaragoza traza su estrategia de desobediencia ante la decisi&oacute;n de la Junta Electoral. Quieren una jornada de reflexi&oacute;n y la van a tener. Pero de reflexi&oacute;n colectiva. De debate y deliberaci&oacute;n. En una palabra, democracia.
    </p><p class="article-text">
        Se decide organizar toda una serie de <a href="http://www.20minutos.es/noticia/1058044/0/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">actividades</a> para el s&aacute;bado 21. Charlas, lecturas de poes&iacute;a, una <em>paraguada</em>. Desde la comisi&oacute;n de eventos se me encarga una breve charla a partir de la cual iniciar una discusi&oacute;n colectiva. El t&iacute;tulo que propongo es &ldquo;Devenir-ingobernables&rdquo;.  Est&aacute; previsto que empiece justo despu&eacute;s de que toquen las 12 de la noche del d&iacute;a 20, es decir, conforme la prohibici&oacute;n de reuni&oacute;n entra en vigor. En las horas previas la plaza est&aacute; atestada de gente. Como en un fin de a&ntilde;o precipitado, todo el mundo cuenta los segundos que faltan para el cambio de d&iacute;a, como si ese instante marcase un cambio de &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, la charla que llevaba preparada no tuvo lugar. No ese d&iacute;a. Conforme se entr&oacute; en el tiempo luminoso de la desobediencia la alegr&iacute;a colectiva estall&oacute;. No hizo falta organizar ning&uacute;n debate, porque el debate estaba ya ah&iacute;, vivo. Lo que ocurri&oacute; se parece bastante a la descripci&oacute;n que Maurice Blanchot hiciese de su encuentro con Michel Foucault durante mayo del 68 en el patio de la Sorbona: &ldquo;Aqu&eacute;l fue un hermoso momento, en que uno pod&iacute;a hablar con cualquiera, an&oacute;nimo, impersonal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando, algunos d&iacute;as m&aacute;s tarde, finalmente, se organiz&oacute; el debate, la tesis que sostuve y somet&iacute; a discusi&oacute;n fue bastante sencilla: frente a las formas espec&iacute;ficas de ejercicio de poder que caracterizan nuestra &eacute;poca y penetran nuestras vidas trazar estrategias de resistencia no significa otras cosa que gobernarnos a nosotros mismos. Devenir-ingobernables no es nada diferente de construir contrapoder, inventar nuevos modos de conducirnos colectivamente, desplegar din&aacute;micas de autogobierno.
    </p><h3 class="article-text">La remontada</h3><p class="article-text">
        Han pasado algo m&aacute;s de cuatro a&ntilde;os y muchas cosas han sucedido. La multitud heterog&eacute;nea que comenz&oacute; a expresarse en el 15M ha sido, en un lapso de tiempo &iacute;nfimo, capaz de construir una bater&iacute;a de herramientas de intervenci&oacute;n sorprendente. Las Mareas, la PAH, Rodea el Congreso, las Marchas por la Dignidad, el Partido X, Podemos antes de las europeas, las apuestas municipalistas, Ahora en Com&uacute;n y, ahora, esa &ldquo;<a href="https://culturasdecualquiera.wordpress.com/2015/11/25/podemos-volver-a-emocionarnos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otra campa&ntilde;a</a><em>&rdquo;</em> que est&aacute; permitiendo la remontada hasta hace poco inconcebible de Podemos.
    </p><p class="article-text">
        Eso que Marx llamara el Intelecto general, la inteligencia colectiva del cuerpo multiforme y plural nacido al calor de las plazas, est&aacute;, en ese sentido, demostrando una capacidad de innovaci&oacute;n social y pol&iacute;tica desbordante. All&iacute; donde una hip&oacute;tesis se agota, la inteligencia colectiva produce nuevas soluciones. Tras el fracaso de la hip&oacute;tesis lanzada en Vistalegre por la que all&iacute; mismo se convirti&oacute; en la c&uacute;pula de Podemos las expectativas de voto del partido morado hab&iacute;an ca&iacute;do a plomo en las encuestas. La destrucci&oacute;n de la pluralidad mediante depuraci&oacute;n de sectores cr&iacute;ticos, la desactivaci&oacute;n de la potencia democr&aacute;tica de los c&iacute;rculos, el viaje hacia el centro y la moderaci&oacute;n caracter&iacute;stica de quienes se pretenden hombres de Estado, as&iacute; como la infame verticalizaci&oacute;n de la estructura interna, todo ello fueron factores que levantaron un sentimiento de desencanto que auguraban un desastre electoral.
    </p><p class="article-text">
        Ciudadanos, tan s&oacute;lo con una cara amable y una ret&oacute;rica h&aacute;bil, pero con un programa pol&iacute;tico fuertemente clasista y xen&oacute;fobo, se hab&iacute;a comido gran parte del espacio electoral abierto por la cr&iacute;tica del 15M al bipartidismo y, eventualmente, ocupado por Podemos. Los l&iacute;deres de la formaci&oacute;n morada daban palos de ciego, acerc&aacute;ndose a esas formas lastimosas tradicionales de la izquierda, especialmente de IU, que achaca la propia derrota a la estupidez de la gente y a la supuesta omnipotencia de unos medios de comunicaci&oacute;n puestos al servicio del enemigo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en redes sociales y m&aacute;s all&aacute; de lo virtual, en las &uacute;ltimas semanas ha ido fraguando un movimiento que, sin pasar por Podemos, sin pertenecer a Podemos pero atravesando Podemos, est&aacute; empujando como viento de cola a la formaci&oacute;n pol&iacute;tica en su carrera hacia las generales. Al igual que ocurriera en Madrid en la recta final de las elecciones municipales &mdash;aquello que se dio en llamar Efecto-Carmena, y en el cual la propia Manuela Carmena poco o nada tuvo que ver, siendo ella m&aacute;s bien la primera afectada por el vendaval que se levant&oacute;  hasta auparla a la alcald&iacute;a&mdash;, asistimos a un movimiento que, desde abajo y, en cierta forma, ilocalizable, difuso, est&aacute; impulsando a la candidatura de Pablo Iglesias.
    </p><p class="article-text">
        No es la agilidad teatral de Iglesias en los debates televisivos, ni la marat&oacute;n mitinera que se est&aacute;n pegando, saltando de ciudad en ciudad lo que determinar&aacute; el &eacute;xito de Podemos. Esos dispositivos propagand&iacute;sticos hace a&ntilde;os que dejaron de funcionar. Si por ellos fuese, Pedro S&aacute;nchez y Mariano Rajoy estar&iacute;an pele&aacute;ndose en solitario la mayor&iacute;a absoluta. Los m&iacute;tines, los actos de campa&ntilde;a, la escenificaci&oacute;n televisiva del conflicto, etc., son dispositivos sin los cuales, sin duda, por el momento parece imposible competir en la arena electoral. Sin embargo, precisamente porque todos los partidos cuentan con ellos y hacen uso de los mismos, no son dispositivos que permitan establecer diferencias, mucho menos que permitan a los &ldquo;peque&ntilde;os&rdquo; ganar a los &ldquo;grandes&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">El d&iacute;a despu&eacute;s de ma&ntilde;ana</h3><p class="article-text">
        La pregunta a la que quiz&aacute; merezca la pena enfrentarse es cu&aacute;l es la l&oacute;gica que, desde fuera de Podemos, atraves&aacute;ndolo, puede estar guiando esa movilizaci&oacute;n como un viento de cola en favor del proyecto electoral del partido morado. &iquest;Qu&eacute; tiene en com&uacute;n esta movilizaci&oacute;n con todos esos laboratorios de lo social que han ido sucedi&eacute;ndose a lo largo de los &uacute;ltimos a&ntilde;os? &iquest;Qu&eacute; apuesta se est&aacute; jugando en el terreno electoral, aqu&iacute; y ahora, que, como las tribus indias durante la sequ&iacute;a, est&aacute; llamando a una lluvia morada?
    </p><p class="article-text">
        A diferencia del  experimento que supuso la Hip&oacute;tesis-Plataforma de Afectados, en la cual deben quedar incluidas las diversas Mareas, la Hip&oacute;tesis-Podemos no es consustancial al movimiento 15M. Consustancial s&iacute; es la apuesta de asalto institucional por v&iacute;a electoral, pero no as&iacute; la marca concreta Podemos. Como ha indicado Ra&uacute;l S&aacute;nchez Cedillo en el especial que <a href="https://www.opendemocracy.net/democraciaabierta/ra-l-s-nchez-cedillo/podemos-instrumento-trabajo-y-sujeto-aforismos" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Open Democracy</a> est&aacute; dedicando a las elecciones generales en Espa&ntilde;a, &ldquo;el instrumento Podemos no es para esta multitud una pr&oacute;tesis, sino un arma. Un arma necesaria para abordar una coyuntura por definici&oacute;n finita, inestable, huidiza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, el movimiento que est&aacute; permitiendo a Podemos recuperar ciertas expectativas electorales est&aacute; haciendo uso del partido como herramienta adecuada a la situaci&oacute;n concreta actual. Este movimiento no parece apuntar a lograr alzar a la presidencia del gobierno a un partido &ldquo;del cambio&rdquo;. M&aacute;s bien conduce a, en primer lugar, seguir deteriorando el bipartidismo al tiempo que se detiene el ascenso de ese lado oscuro del cambio que representa Ciudadanos. En definitiva, parece conducir a dejar un parlamento de la naci&oacute;n fuertemente fragmentado.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias de esto ser&aacute;n muchas. La m&aacute;s importante, desde mi punto de vista, es que, a diferencia de lo que podr&iacute;a haber supuesto una amplia vitoria de Podemos en las generales, esta victoria parcial que es, por ello mismo, tambi&eacute;n un parcial fracaso, permite salvar el peligro de un cierre en falso de la crisis de representaci&oacute;n que, habi&eacute;ndose preparado durante a&ntilde;os,  estallase en el 15M.
    </p><p class="article-text">
        El debate en torno a una segunda transici&oacute;n se&ntilde;alaba en ese sentido, a un intento de recomposici&oacute;n de las &eacute;lites pol&iacute;ticas a partir de una reforma constitucional. Sin restarle importancia a si la reforma se produce hacia la izquierda o hacia la derecha, en cualquier caso la estabilizaci&oacute;n juega en favor de los gobernantes y contra los gobernados, reforzando el mito de la autonom&iacute;a de lo pol&iacute;tico. Sea como fuere, un parlamento fuertemente fragmentado,  en un contexto de crisis econ&oacute;mica como el que a&uacute;n por bastante tiempo se prev&eacute;, hace que los acuerdos entre &eacute;lites sean pr&aacute;cticamente imposibles.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, parcialmente desactivado el peligro de una recomposici&oacute;n de las &eacute;lites pol&iacute;ticas que incluyese nuevos pactos con nuevas caras, la fuerte fragmentaci&oacute;n parlamentaria nos sit&uacute;a en un contexto de ingobernabilidad en el que es necesario profundizar. Con una situaci&oacute;n pr&oacute;xima al empate entre cuatro fuerzas electorales, el ciclo de transformaci&oacute;n desde abajo seguir&aacute; vivo, y el 15M, la multitud que viene expres&aacute;ndose desde hace m&aacute;s de 4 a&ntilde;os, seguir&aacute; vivo. El laboratorio de invenci&oacute;n social que somos todos podr&aacute; seguir activo, experimentando nuevas formas de composici&oacute;n y rebeld&iacute;a. El 21D, el d&iacute;a despu&eacute;s de las elecciones, el reto sigue siendo el mismo, construir contrapoder, extender la democracia, practicar el autogobierno.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/devenir-ingobernables_132_2284417.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Dec 2015 11:24:49 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[21D: devenir ingobernables]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué guerra?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/guerra_132_2364905.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Estamos en guerra. No hay duda. Pero acaso nuestra guerra no sea la misma que la de Hollande. Las muertes, terribles, de Par&iacute;s o Beirut nos obligan a enfrentarnos a algunas preguntas.
    </p><p class="article-text">
        Hay algo obsceno en hablar de la muerte de otros. En hablar de la muerte, cualquiera que sea. La muerte es siempre de otro. Es imposible hablar de la muerte propia. El primer impulso debiera ser guardar silencio ante la tragedia ajena. Aunque s&oacute;lo fuera por mantener un m&iacute;nimo de decoro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Palabras</strong>
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Deleuze que Foucault hab&iacute;a sido el primero en ense&ntilde;arnos la verg&uuml;enza de hablar en nombre de otros. Este debiera ser el imperativo categ&oacute;rico de la &eacute;tica de cualquiera que escriba. Nunca hablar en nombre de otros. Menos aun cuando esos otros no pueden ya disentir, contestar ni respondernos. Las voces de los muertos no dicen sino el silencio. El parloteo acerca de lo que quien ya no est&aacute; hubiera dicho impide que escuchemos su silencio, ese silencio definitivo que la muerte arrastra como un decir &uacute;ltimo: texto borrado, palabra tachada.
    </p><p class="article-text">
        No hablar en nombre de otros. Menos a&uacute;n de las v&iacute;ctimas. Nuestro deber no es, como creyera Camus, hablar por aquellos que no pueden hacerlo, sino, justo al contrario, respetar su palabra, incluso la que no puede, no podr&aacute; ya nunca, llegar a ser dicha. Tal es nuestra tarea: exigir el respeto ante esas voces que los asesinatos han acallado, el respeto ante la voz que permanece ahora en silencio, que dice el silencio, de una vez y para siempre, definitiva.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, es sobre este silencio, contra &eacute;l, que se multiplican las palabras. Se guarda un minuto de silencio por las v&iacute;ctimas, pero s&oacute;lo para reiniciar el parloteo con m&aacute;s fuerza, en voz m&aacute;s alta, s&oacute;lo para mejor olvidar que los muertos ya no dicen nada, que dicen justo eso, nada. Al intervalo de silencio le siguen sonoras declaraciones, grandes hombres diciendo grandes palabras. &ldquo;Estamos en guerra&rdquo;. Fran&ccedil;ois Hollande lo afirma con tono contundente, alto y claro, con la teatralidad propia de un jefe de Estado. Sus palabras quieren tener un car&aacute;cter performativo. Y acaso lo tengan. Como aquellas que se declaman en la apertura del curso escolar o en los rituales de matrimonio. Son palabras m&aacute;gicas, que hacen existir aquello de lo que hablan. &ldquo;Estamos en guerra&rdquo; &mdash;e, inmediatamente, la guerra comienza, y nosotros nos vemos envueltos en ella.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Guerra</strong>
    </p><p class="article-text">
        No hay duda. Estamos en guerra. Sin embargo, tras la declaraci&oacute;n de Hollande surge una bater&iacute;a de preguntas. Preguntas que me hago a m&iacute; mismo, pero que acaso todos debi&eacute;ramos hacernos. &iquest;Cu&aacute;l es tu guerra? &iquest;Qui&eacute;nes son tus enemigos? &iquest;Contra qu&eacute; combates? &iquest;Qui&eacute;nes son tus aliados? Y, tal vez lo m&aacute;s importante, &iquest;cu&aacute;les son tus objetivos? &iquest;Por qu&eacute; luchas?
    </p><p class="article-text">
        Cuando un jefe de Estado convoca a la unidad frente a los enemigos de la naci&oacute;n, sabemos que lo que busca son reclutas. La cuesti&oacute;n es, la guerra de Hollande, &iquest;es tu guerra? Cuando los jefes de Estado europeos nos llaman a la guerra en nombre de la democracia y de la libertad, &iquest;hablan de la misma democracia y la misma libertad que nosotros? &iquest;Qu&eacute; significan para ellos esas palabras? Dec&iacute;a Blanqui, el radical franc&eacute;s que inspir&oacute; la mayor parte de los movimientos insurreccionales del Par&iacute;s revolucionario &mdash;el &uacute;nico Par&iacute;s que amamos&mdash;, que la palabra &ldquo;democracia&rdquo; es una palabra de goma, una de esas palabras que pueden significar casi cualquier cosa y que cada uno utiliza para lo que le da la gana. Los jefes de Estado europeos se llenan la boca con la palabra &ldquo;libertad&rdquo;, mientras cierran fronteras, restringen los derechos civiles y llenan las calles de nuestras ciudades de militares y polic&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        El Estado Isl&aacute;mico es nuestro enemigo. De eso no cabe duda. Sin embargo, no por ello los Estados europeos, americano y ruso son nuestros aliados. Ni Hollande ni Obama ni Putin. Menos a&uacute;n Rajoy o Pedro S&aacute;nchez. En Siria nuestros aliados contra el ISIS son las guerrillas kurdas de Kobane. En Par&iacute;s, los Ind&iacute;genas de la Rep&uacute;blica. El grito de &ldquo;&iexcl;No a la guerra!&rdquo; no es una proclama pacifista. Es nuestro grito de lucha.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/guerra_132_2364905.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Nov 2015 00:01:19 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Qué guerra?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hipótesis política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/hipotesis-politica_132_2392557.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La apuesta de asalto institucional por vía electoral que hace apenas año y medio lanzasen los movimientos sociales parece haber tocado techo. La fase que se abre requiere de nuevas hipótesis políticas</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ha pasado? Hace menos de un a&ntilde;o la Hip&oacute;tesis-Podemos se presentaba como ganadora para las elecciones, como el instrumento del cambio, como esa herramienta que permitir&iacute;a a los de abajo, a la gente, asestar un golpe mortal a la casta y, con ello, a todo el corrupto sistema de reparto de privilegios, prebendas y beneficios que, a costa de una fuerte desigualdad social, de miseria y robo, se hab&iacute;a instituido como norma en el Estado espa&ntilde;ol. El tiempo estaba de nuestro lado, nos dec&iacute;an. Naveg&aacute;bamos a favor de la corriente y, como los antiguos remeros atenienses, s&oacute;lo ten&iacute;amos que continuar nuestra labor, seguir empujando, pues nuestras naves eran m&aacute;s r&aacute;pidas y cont&aacute;bamos con los mejores estrategas. Nadie pensaba que la batalla fuese a ser f&aacute;cil, pero est&aacute;bamos prestos para la victoria. El miedo hab&iacute;a cambiado de bando. Las &eacute;lites pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas espa&ntilde;olas estaban temblando.
    </p><p class="article-text">
        Con el ascenso del partido del cambio se producir&iacute;a un pacto de concentraci&oacute;n nacional que pondr&iacute;a de relieve, ya de manera definitiva, que la alternancia entre las dos cabezas del monstruo bic&eacute;falo del bipartidismo no era m&aacute;s que la estrategia para alimentar su &uacute;nico cuerpo, el cuerpo de las &eacute;lites. Esto, adem&aacute;s, pondr&iacute;a de relieve que ese monstruo bic&eacute;falo hac&iacute;a las veces de Cancerbero, que era  poco m&aacute;s que el perro guardi&aacute;n de ese otro mundo en el que, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, s&iacute; que se jugaban las cosas: Europa. All&iacute; se decidir&iacute;a la batalla. La lucha a escala europea se dibujaba en el horizonte como la siguiente etapa. Con Syriza gobernando en Grecia y con el triunfo de Podemos en Espa&ntilde;a se construir&iacute;a la alianza de los pueblos del sur de Europa que pondr&iacute;a en entredicho los repartos de poder a escala continental. Y, si Europa cambiaba de rumbo, las &eacute;lites financieras globales se ver&iacute;an en serios apuros. &iexcl;Ay! El sol estaba saliendo. La larga noche de la derrota ya clareaba.
    </p><p class="article-text">
        La descripci&oacute;n previa puede, ahora, parecer excesiva; sin embargo, nadie puede negar que la Hip&oacute;tesis-Podemos, la apuesta de asalto a las instituciones del Estado por v&iacute;a electoral levant&oacute; enormes expectativas. Una ola de ilusi&oacute;n, se dec&iacute;a. Esas expectativas, como es obvio, no se van a cumplir, y ello parece haber reintroducido en nuestras bocas el sabor amargo de la derrota. Ahora bien, &iquest;es eso lo que ha pasado? &iquest;De verdad hemos vuelto a ser vencidos? Es necesario introducir un poco de cordura y de distancia cr&iacute;tica ante las sensaciones, siempre traicioneras, de victoria o de derrota. Como se leyese a la entrada del infierno de Dante, para quienes quieren profundizar en el campo de la historia, esto es, mirar con algo de lucidez al entramado m&oacute;vil de las luchas, parece necesario abandonar toda esperanza. O, si no, al menos, entender que las esperanzas, las expectativas, tienen una validez relativa en la medida en que son elementos sometidos al conflicto, ficciones internas a la disputa.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, de nuevo, &iquest;qu&eacute; ha pasado? Conviene, para entender el &uacute;ltimo ciclo electoral, ese que va desde el nacimiento del Partido X como primera hip&oacute;tesis de asalto institucional a la emergencia de Podemos, &eacute;ste s&iacute; el verdadero partido del futuro, y de ah&iacute; a la sorpresa de la elecciones europeas, luego a Vista Alegre y, por fin, pasando por el municipalismo, hasta llegar a la actualidad y al resultado ya previsible de las generales, conviene, dec&iacute;amos, mirar con algo de perspectiva, alargar un poco la mirada. Detenerse un instante a observar c&oacute;mo se han sucedido la cosas en los &uacute;ltimos a&ntilde;os puede ayudarnos a entender la realidad m&aacute;s all&aacute; de las sensaci&oacute;n tramposa de victoria o derrota, entender los procesos sociales sin dejarnos enga&ntilde;ar por nuestras propias expectativas, por ese conjunto de ideas inadecuadas al cual llamamos esperanza. Como ya en el siglo XVII aconsejase Spinoza, tal vez convenga deshacerse no s&oacute;lo del miedo, sino tambi&eacute;n de esa otra cara de la misma moneda en la que se inscribe el miedo, de la esperanza.
    </p><h3 class="article-text">Hip&oacute;tesis - 15M</h3><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; he pasado? Tras el ciclo corto de luchas sociales que recorren los a&ntilde;os noventa y cuyo ritmo se acelera durante la primera d&eacute;cada del siglo ahora en curso, una gran ola de descontento coagula en las plazas. Ven&iacute;amos del movimiento antiglobalizaci&oacute;n que hab&iacute;a sabido desvelar el car&aacute;cter central de los poderes financieros a escala planetaria. Ven&iacute;amos del movimiento del 'No a la Guerra'. Del &eacute;xito parcial en el Estado espa&ntilde;ol de las luchas de gays y lesbianas. El 15M trastoc&oacute; el marco conceptual a partir del cual hab&iacute;amos entendido que se desarrollan los conflictos. Del guetto de los movimientos sociales, de los cuartos peque&ntilde;os en que habitaban los colectivos, de las hip&oacute;tesis resistencialistas, de las manifestaciones minoritarias, sal&iacute;amos, o, mejor dicho, &eacute;ramos sacados, al centro de la ciudad y al espacio de las mayor&iacute;as. Una fuerza que ven&iacute;a de otro lado, que no surg&iacute;a de los movimientos sociales, pero que retomaba muchos de sus aprendizajes, nos lanz&oacute; a las plazas.
    </p><p class="article-text">
        Fue breve, apenas s&iacute; dur&oacute; unos meses, pero permiti&oacute; saber una cosa: que no &eacute;ramos pocos y que no est&aacute;bamos solos. Y que eso lo cambiaba todo. El 15M fue, en primer lugar, eso, el momento de vernos las caras. A partir de ese instante las hip&oacute;tesis pol&iacute;ticas ya no ser&iacute;an las mismas. Ahora nos sab&iacute;amos mayor&iacute;a. Ten&iacute;amos el n&uacute;mero, aunque ellos a&uacute;n tuvieran las armas.
    </p><p class="article-text">
        En poco tiempo el movimiento de las plazas mengu&oacute;. La inteligencia colectiva decidi&oacute; disolverlo antes de que se deteriorara. Se dijo aquello de que era el momento de volver a los barrios, pero todos sab&iacute;amos que, en realidad, lo que est&aacute;bamos haciendo era volver a casa. La Hip&oacute;tesis-15M se hab&iacute;a agotado. Hab&iacute;a cumplido su labor. Era necesario darse un respiro para volver a tomar impulso. Era necesario lanzar una nueva hip&oacute;tesis. Una que que fuese capaz de morder m&aacute;s fuerte, de tener la hoja m&aacute;s afilada.
    </p><h3 class="article-text">Hip&oacute;tesis - Plataformas de Afectados</h3><p class="article-text">
        La siguiente hip&oacute;tesis colectiva fue la del sindicalismo social. Surgieron la mareas y experimentos como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Para que nos hagamos una idea, conviene recordar, por ejemplo, que en Arag&oacute;n se fue capaz de articular la ocupaci&oacute;n simult&aacute;nea de m&aacute;s de cien centros educativos durante una noche. Unas ocupaciones organizadas a partir de asambleas constituidas en cada centro. Asambleas formadas no s&oacute;lo por los profesionales de la educaci&oacute;n, sino por todo el conjunto de eso que hemos pasado a conocer como &ldquo;afectados&rdquo;. Por profesores, pero tambi&eacute;n por el personal no docente de los centros, por los alumnos y las madres y padres de alumnos. Esas ocupaciones fueron acompa&ntilde;adas de huelgas y de manifestaciones multitudinarias.
    </p><p class="article-text">
        Las mareas eran el laboratorio de nuevas formas de organizaci&oacute;n sindical y pol&iacute;tica, expresi&oacute;n de una hip&oacute;tesis que saltaba por encima de las limitaciones de la hip&oacute;tesis 15mayista: las Plataformas de Afectados, ya fuese por los recortes en educaci&oacute;n, las privatizaciones en sanidad, las reformas estructurales en lo que se refiere a servicios sociales o las hipotecas.
    </p><p class="article-text">
        Pero la Hip&oacute;tesis-Plataforma de Afectados, sin embargo, tambi&eacute;n en un corto lapso de tiempo, toc&oacute; techo. El sindicalismo social se demostr&oacute; un arma necesaria, pero por s&iacute; misma insuficiente. Incapaces de torcer el brazo de las pol&iacute;ticas neoliberales impulsadas desde el Estado, se produjo un reflujo de las mareas. Tal vez alguien pudiera haber vivido ese periodo de resaca como un fracaso. El tiempo, un tiempo que transcurr&iacute;a r&aacute;pido, nos demostr&oacute; que tan s&oacute;lo se trataba de un breve impasse. Los conflictos brotaban por doquier. La legitimidad del r&eacute;gimen pol&iacute;tico estaba tocada.
    </p><h3 class="article-text">Hip&oacute;tesis - Podemos</h3><p class="article-text">
        Surge entonces la Hip&oacute;tesis-Podemos y, m&aacute;s en general, la hip&oacute;tesis del asalto institucional por v&iacute;a electoral. El tr&aacute;nsito de Ada Colau desde la PAH a Barcelona en Com&uacute;n expresa bien un tr&aacute;nsito que fue colectivo. Es obvio que esta &uacute;ltima hip&oacute;tesis se est&aacute; agotando, que ha cumplido su ciclo. S&oacute;lo queda votar el 20D. En cualquier caso, la transformaci&oacute;n que ha introducido en el mapa pol&iacute;tico es indiscutible. Ha obligado a una recomposici&oacute;n de las &eacute;lites pol&iacute;ticas de efectos imprevisibles. En primer lugar, en muchas ciudades ha desplazado de los gobiernos municipales a los partidos antes llamados &ldquo;mayoritarios&rdquo;. Por otro lado, impondr&aacute; una fuerte fragmentaci&oacute;n en el Congreso y en el Senado, rompiendo definitivamente el bipartidismo. Finalmente, ha obligado a las &eacute;lites a componer esa m&aacute;quina de estabilizaci&oacute;n del r&eacute;gimen que es Ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, vivimos un nuevo impasse pol&iacute;tico. La Hip&oacute;tesis-Podemos se agota. Pero eso no es una derrota. Es s&oacute;lo un paso m&aacute;s. Se rompi&oacute; el techo de cristal de las instituciones. En la l&iacute;nea ascendente hemos topado con un nuevo l&iacute;mite. Hay que mantener posiciones, sin duda. Sin abandonar las hip&oacute;tesis previas, que se han demostrado exitosas, hay que seguir componiendo, escalando posiciones, articulando la resistencia, profundizando en las luchas contra la desigualdad y en favor del autogobierno, de la democracia. Es hora de crear una nueva hip&oacute;tesis pol&iacute;tica. Eso no lo har&aacute; ning&uacute;n intelectual, mucho menos un columnistas. Eso s&oacute;lo puede hacerse de manera colectiva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó, Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/hipotesis-politica_132_2392557.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Nov 2015 07:26:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Hipótesis política]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En Aragón sí se puede]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/aragon-puede_132_2456313.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Por más previsible que fuese, el marco que han dejado los resultados electorales de las elecciones catalanas resulta, cuando menos, poco alentador</p></div><p class="article-text">
        Las posibilidades de convertir el ciclo electoral en un proceso democratizador contra la austeridad comienzan a agotarse. En Arag&oacute;n, quiz&aacute;, a&uacute;n se pueda hacer algo contra este agotamiento. Pero hay que hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Todo parece anunciar que el periodo de incertidumbre pol&iacute;tica asociado al desenfrenado ciclo electoral de este &uacute;ltimo a&ntilde;o tiende a clausurarse en favor de las &eacute;lites. Conforme tiende a cerrarse la, hasta hace poco, tan cacareada ventana de oportunidad, tonadillas que cre&iacute;amos superadas vuelven a sonar familiares. La canci&oacute;n <em>Victoria</em>, de Def Con Dos, tras envejecer repentinamente con el 15M, ha vuelto a cobrar br&iacute;o: &ldquo;&iexcl;Victoria! / Gritan los vencidos cuando van hacia la horca / &iexcl;Victoria! / Son los derrotados quienes cantan / &iexcl;Victoria!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Con el 15M cre&iacute;amos haber superado la cultura de la derrota que la Transici&oacute;n hab&iacute;a tra&iacute;do consigo. Nos parec&iacute;a que nos alej&aacute;bamos de aquellos fil&oacute;sofos que se lam&iacute;an las heridas por una revoluci&oacute;n que no hab&iacute;a tenido lugar, pero tambi&eacute;n de los movimientos sociales que se hab&iacute;an acomodado en una marginalidad puramente resistencialista. Con el 15M abandon&aacute;bamos el arte de disfrutar de nosotros mismos mediante la queja y la denuncia. Frente a la est&eacute;tica de la derrota, retornaba la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Junto a las apuestas electorales surgidas en el nuevo ciclo, primero con el Partido X, pero, luego, sobre todo, con Podemos, se nos presentaban nuevas preguntas: &iquest;c&oacute;mo ganar? Y, sobre todo, &iquest;qu&eacute; significa ganar? Ya no se trataba de persistir en la c&oacute;moda l&oacute;gica de la denuncia, sino de construir eso que se dio en llamar &ldquo;nueva pol&iacute;tica&rdquo;, una din&aacute;mica de profundizaci&oacute;n democr&aacute;tica y de transformaci&oacute;n real. Se trataba, en definitiva, de abandonar la posici&oacute;n subalterna gracias al reconocimiento de nuestra potencia colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, sin embargo, vemos c&oacute;mo, conforme los procesos se bloquean, crece la sensaci&oacute;n probablemente acertada de que quienes se encaminan, y nos conducen, hacia una derrota asegurada siguen, como el flautista de Hamelin, repitiendo su mantra absurdo: &ldquo;&iexcl;Victoria!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las previsiones se van cumpliendo, a pesar de que algunos no quieran verlo, obcecados como est&aacute;n en sus particulares, y delirantes, hojas de ruta. Y esto vale igual para Podemos y para Izquierda Unida.
    </p><p class="article-text">
        El fracaso estrepitoso de Podemos en las elecciones catalanas estaba cantado, y no, no puede achacarse exclusivamente a la cuesti&oacute;n nacional. La primera precauci&oacute;n que se debe tomar en pol&iacute;tica es la de no echar balones fuera. Incluso el cintur&oacute;n rojo de Barcelona se ha convertido en un <a href="https://www.diagonalperiodico.net/panorama/27907-recomposicion-elites-y-derrota-la-izquierda-movimientista.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cintur&oacute;n naranja</a>. Algo, alguna cosa, se habr&aacute; hecho mal.
    </p><p class="article-text">
        Muchas voces lo hab&iacute;an venido advirtiendo. Un Podemos escasamente democr&aacute;tico y cerrado sobre s&iacute; mismo no pod&iacute;a esperar m&aacute;s que conservar algo del inicial impulso, pero en ning&uacute;n caso crecer lo suficiente como para poner en jaque un r&eacute;gimen favorable a las &eacute;lites. En esas condiciones, Ciudadanos, el lado oscuro del 15M, crecer&iacute;a por la derecha como el partido de la regeneraci&oacute;n, depurado su discurso de toda problem&aacute;tica social y de cualquier proyecci&oacute;n igualitarista. Pero, en este pa&iacute;s, las voces cr&iacute;ticas con los partidos parecen tener exactamente el mismo efecto que las profec&iacute;as terribles de Casandra: que nadie las oye.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, la estrategia de la direcci&oacute;n de Podemos en Catalu&ntilde;a se ha demostrado nefasta. Y, sin embargo, esa estrategia se presenta, se sigue presentando, salvo por peque&ntilde;os retoques cosm&eacute;ticos, como el modelo a seguir en el resto de los territorios a la hora de construir la candidatura que Podemos presentar&aacute; a las generales.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Izquierda Unida, al menos por lo que ha demostrado en Madrid, persiste en sus din&aacute;micas habituales. En esas din&aacute;micas que tantos a&ntilde;os de derrota le han aportado. Conforme se convoca la asamblea estatal de Ahora en Com&uacute;n, diversas facciones hacen el desembarco, como siempre a la gresca, convirtiendo<a href="http://www.eldiario.es/politica/confluencia-Madrid-izquierda-Ahora-Comun_0_436057538.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Ahora en Com&uacute;n </a>en el campo de batalla en el que dirimir sus diferencias, y logrando que los promotores en Madrid de la confluencia abandonen el proyecto.
    </p><p class="article-text">
        Cualquiera que haya pasado por los movimientos sociales durante las dos d&eacute;cadas anteriores al 15M sabe que all&iacute; donde aparec&iacute;a IU el proceso corr&iacute;a el riesgo de acabar siendo capturado para mayor gloria del partido. Esto, tradicionalmente, ha tenido un efecto inmediato: la huida de todos aquellos que no quer&iacute;an acabar siendo instrumentalizados. La insistencia de <a href="http://politica.elpais.com/politica/2015/09/30/actualidad/1443607183_399415.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alberto Garz&oacute;n</a>&nbsp;en convertir el espacio propuesto para la confluencia en un lugar en el que enfrentarse a Pablo Iglesias, como si de dos gallos de pelea se tratara, no hace sino poner una vez m&aacute;s de relieve esta utilizaci&oacute;n de los proceso colectivos para fines propios.
    </p><p class="article-text">
        El panorama que se nos presenta no es nada alentador. Sin embargo, no todos los territorios funcionan seg&uacute;n las mismas l&oacute;gicas, y ciertas particularidades pueden en algunos lugares disponer un marco favorable para quienes trabajan contra la austeridad y por la democracia. Tal vez ese sea el caso de Arag&oacute;n o, si no, al menos, el de Zaragoza. Como se apuntaba en este mismo <a href="http://www.eldiario.es/aragon/politica/Ahora-Comun-Podemos-celebrara-primarias_0_435707245.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">diario</a>, en Arag&oacute;n el proceso de confluencia sigue en marcha.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, la experiencia de &eacute;xito de una candidatura de confluencia ciudadana como ha sido la de Zaragoza en Com&uacute;n ha generado las condiciones para que en el territorio aragon&eacute;s la confluencia ciudadana para las generales aparezca como posible. De hecho, incluso en el marco de cierre tendencial del ciclo pol&iacute;tico en favor de las &eacute;lites que estamos viviendo es imaginable una candidatura de confluencia ciudadana, salida de un proceso de primarias abiertas, y avalada tanto por Zaragoza en Com&uacute;n como por el grupo municipal que est&aacute; a cargo del gobierno del Ayuntamiento de Zaragoza.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, existen obvios obst&aacute;culos para que eso se produzca. En primer lugar, la dif&iacute;cil posici&oacute;n en la que se ha puesto a s&iacute; misma Chunta Aragonesista. Por un lado, gobierna junto al PSOE en la DGA, respaldando con ello a uno de los partidos del r&eacute;gimen que se pretende combatir; por otro, en el &aacute;mbito municipal viene desarrollando una dura oposici&oacute;n contra el gobierno de Pedro Santisteve, hasta el punto delirante de que, como ha ocurrido esta &uacute;ltima semana, ha llegado a votar junto al PP y al PSOE una <a href="http://www.eldiario.es/aragon/politica/PSOE-propuesta-aconfesionalidad-Ayuntamiento-Zaragoza_0_435707045.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">resoluci&oacute;n</a>&nbsp;que obliga a los ediles a asistir a actos con contenido religioso. El pulso que CHA sostiene con el gobierno municipal salido del proceso de confluencia ciudadana que configur&oacute; Zaragoza en Com&uacute;n introduce serias dudas acerca de su posible participaci&oacute;n en un proceso de confluencia similar para las generales.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, mientras no se produzca eso que, de manera muy imprecisa, se ha dado en llamar un desborde ciudadano, nadie en su sano juicio querr&iacute;a enfrentarse en unas primarias a candidatos de IU o del Partido Comunista, puesto que ambas organizaciones se caracterizan por una f&eacute;rrea disciplina de voto y de partido que, a pesar de no representar el sentir mayoritario de la ciudadan&iacute;a cr&iacute;tica, les permite copar casi cualquier proceso de elecci&oacute;n interna. Los militantes de Podemos, si es que tal cosa existe, carecen de disciplina de voto y de partido, y ello hace que, a pesar de que en las generales Podemos barrer&iacute;a a IU, en una primarias internas probablemente se encuentre en posici&oacute;n de debilidad. Esto lleva a Podemos a anclarse en posiciones defensivas que, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, no hacen sino desgastar m&aacute;s su legitimidad y la de sus posibles candidatos.
    </p><p class="article-text">
        Estos parecen ser los obst&aacute;culos m&aacute;s importantes para que se produzca un proceso de confluencia en Arag&oacute;n. Se cuenta con la ventaja inestimable de que los sectores de Podemos m&aacute;s pr&oacute;ximos a la direcci&oacute;n nacional, ya sea en su versi&oacute;n errejonista o en la m&aacute;s pr&oacute;xima a Iglesias, y que hasta el momento se han mantenido claramente opuestos a la confluencia ciudadana, no dejan de ser una corriente minoritaria en Arag&oacute;n. Pablo Echenique, as&iacute; como otras figuras visibles de Podemos Arag&oacute;n, juegan, en ese sentido, un papel fundamental, y de ellos depender&aacute; en lo fundamental lo que finamente suceda. Tambi&eacute;n, por supuesto, depender&aacute; de hasta qu&eacute; punto las figuras que Podemos lleva actualmente en su lista de candidatos est&eacute;n dispuestas a asumir un proceso muy discutible desde el punto de vista democr&aacute;tico. &iquest;En qu&eacute; medida alguien como Perico Arrojo, que ha demostrado a lo largo de toda su trayectoria pol&iacute;tica e intelectual ser un referente en lo que a la defensa de los valores democr&aacute;ticos se refiere, est&aacute; dispuesto a bloquear un proceso abierto y participativo de elecci&oacute;n de candidatos para las generales en Arag&oacute;n y para Arag&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, la <em>realpolitik</em> en la que los ciudadanos antes ajenos a estos lances nos hemos visto embarcados induce en todos nosotros miedos e inseguridades que hasta la fecha afectaban s&oacute;lo a los profesionales de la pol&iacute;tica, a esos que quer&iacute;an mantenerse en el poder y reproducirlo. Las dudas de Podemos acerca de si arriesgarse o no a ir a unas primarias en las cuales sus candidatos pueden salir malparados frente a la disciplina de voto de un aparato como el de IU es comprensible, pero no por ello aceptable. Porque el horizonte se est&aacute; ti&ntilde;endo de negro. Una derrota en las pr&oacute;ximas generales significar&iacute;a el sufrimiento de mucha gente, especialmente de la m&aacute;s d&eacute;bil. No es tiempo de mostrar dudas. Si Podemos quiere ser el instrumento de la ciudadan&iacute;a, tendr&aacute; que confiar en la ciudadan&iacute;a. En que &eacute;sta apoyar&aacute; a sus candidatos en unas primarias abiertas, transparentes y justas. No es tiempo de vacilaciones, sino de ser audaces y defender eso en lo que creemos: m&aacute;s democracia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/aragon-puede_132_2456313.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Sep 2015 20:12:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[En Aragón sí se puede]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Municipalismo a escala europea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/municipalismo-escala-europea_132_2493380.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aa9b23ea-cf6b-4532-9db5-677eef148811_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Pablo Lópiz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El éxito de la construcción de un archipiélago de ciudades rebeldes pasa por la superación de los estrechos límites del Estado-Nación, por ampliar e instituir una red de alianzas a escala europea.</p></div><p class="article-text">
        Decir que vivimos en un sistema econ&oacute;mico y pol&iacute;tico globalizado no deja de resultar a d&iacute;a de hoy una obviedad. El Estado-Naci&oacute;n hace tiempo que ha pasado a ser una instituci&oacute;n secundaria, dependiente respecto de instancias infranacionales y supranacionales en las que se concentra, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, el ejercicio de la soberan&iacute;a. Si bien es cierto que estas &uacute;ltimas, las instituciones supranacionales, no son democr&aacute;ticas o lo son &uacute;nicamente de modo muy parcial, eso no les impide en absoluto ejercer el monopolio en lo que se refiere a la toma de decisiones pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a es, en ese sentido, poco m&aacute;s que una provincia de Europa. Por supuesto, no del continente as&iacute; denominado. No se trata aqu&iacute; de una cuesti&oacute;n geogr&aacute;fica. La Europa pol&iacute;tica no coincide con la Europa de los mapas. Espa&ntilde;a es una provincia interior a una zona de libre comercio, la cual posee sus propias instancias de gobierno a las cuales los antiguos estados y, por tanto, sus ciudadanos est&aacute;n sometidos.
    </p><p class="article-text">
        Si a&uacute;n podemos distinguir entre pa&iacute;ses, si Europa se encuentra fragmentada, si tiene estr&iacute;as y fronteras interiores, es para mejor asegurar el flujo libre de capitales y el mejor control de las personas. La llamada &ldquo;crisis de refugiados&rdquo; de las &uacute;ltimas semanas lo ha puesto una vez m&aacute;s de relieve. La pol&iacute;tica de cuotas de acogida resultar&iacute;a del todo sorprendente si Europa fuese un espacio de libre tr&aacute;nsito de personas, de todas las personas, y no s&oacute;lo de algunas personas.
    </p><p class="article-text">
        Pero esta &ldquo;crisis de refugiados&rdquo; ha puesto otra cuesti&oacute;n interesante sobre la mesa. La autodesignaci&oacute;n de muchas ciudades como ciudades de acogida de refugiados, adem&aacute;s de dar respuesta a un problema humanitario, ha situado a estas ciudades en un nuevo escenario en el que el interlocutor ya no es el gobierno espa&ntilde;ol ni el Estado, sino la propia Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        Al igual ocurre con la cuesti&oacute;n de los refugiados, las decisiones que tienen que ver con la moneda, con c&oacute;mo administrar la deuda, con las cuotas de producci&oacute;n, con las formas y tipos de impuestos o con las pol&iacute;ticas migratorias y la gesti&oacute;n de fronteras; todo ello son funciones que antes pertenec&iacute;an al Estado-Naci&oacute;n y hoy recaen bajo el mando de la Uni&oacute;n Europea. Abordar desde las ciudades rebeldes esas cuestiones exige plantearlas en su escala, es decir a escala Europea.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; es lo que ha entrevisto Varoufakis al proponer un movimiento pol&iacute;tico europeo, tras contemplar c&oacute;mo fracasaba su plan de lanzar, desde la escala nacional, algo as&iacute; como una nueva moneda. Para hacer frente a quienes gobiernan a trav&eacute;s del euro de nada sirve volver al dracma o a la peseta, pero tampoco inventar una nueva moneda si no se escapa antes al Estado-Naci&oacute;n cambiando de escala. Es s&oacute;lo en el espacio del euro, en la eurozona, donde se puede enfrentar el euro, porque es en esta escala, la escala europea, donde se deciden las pol&iacute;ticas fiscales y donde, en gran media, se concentra la soberan&iacute;a monetaria.
    </p><p class="article-text">
        Alguien ha escrito que el encuentro de movimientos y alcald&iacute;as de Ciudades en Com&uacute;n que tuvo lugar el fin de semana pasado en Barcelona, y en el cual se dieron cita algunos de los gobiernos municipalistas, junto a otros que no lo son tanto, lograba volver a tejer una Espa&ntilde;a que se supone desgarrada. El problema, quiz&aacute;, de semejante hip&oacute;tesis es suponer, no ya que Espa&ntilde;a est&aacute; desgarrada, sino, m&aacute;s sencillamente, suponer que Espa&ntilde;a est&aacute;. Espa&ntilde;a, ya se la entienda como la Naci&oacute;n espa&ntilde;ola, la Raza espa&ntilde;ola, el Conjunto de los Espa&ntilde;oles, los Pueblos de Espa&ntilde;a o cualquier otra ficci&oacute;n pol&iacute;tica semejante, es una entidad carente ya de toda consistencia ontol&oacute;gica. La voladura del Estado-Naci&oacute;n supone la disoluci&oacute;n simult&aacute;nea de su supuesto fundamento, la realidad nacional.
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; que pueda ser calificado como un error o, al menos, una carencia del encuentro de movimientos y alcald&iacute;as de Ciudades en Com&uacute;n el haberse mantenido dentro de los l&iacute;mites que fija esa ficci&oacute;n ya anacr&oacute;nica. El no haberse abierto, aunque s&oacute;lo fuera simb&oacute;licamente, a otras ciudades europeas, rompiendo con ello el marco pol&iacute;tico instituido y enfrent&aacute;ndose, como se ha hecho en el caso de la apuesta por las ciudades-refugio, al que es su interlocutor &uacute;ltimo y, en definitiva, su verdadero adversario.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez, por esto, no sea del todo descalabrado lanzar el desaf&iacute;o de algo semejante a un encuentro de municipios, de comunas, como dicen los franceses, en definitiva, de ciudades rebeldes de Europa, capaz, esta vez s&iacute;, de situar el conflicto y de tener las alianzas m&aacute;s all&aacute; de la escala del Estado-Naci&oacute;n. En cualquier caso, hace tiempo que lleg&oacute; el invierno y que los caminantes blancos nos gobiernan. Acaso ya es hora de que el fantasma del municipalismo pueda recorrer Europa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/municipalismo-escala-europea_132_2493380.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Sep 2015 19:50:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Municipalismo a escala europea]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ahora o nunca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/ahora_132_4265807.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aa9b23ea-cf6b-4532-9db5-677eef148811_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Pablo Lópiz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las ciudades rebeldes, esas en las que las candidaturas municipalistas han accedido a gobernar los ayuntamientos, se ven ante la tesitura de tener que definir una estrategia de objetivos de cara a las próximas elecciones generales.</p></div><p class="article-text">
        En los escasos meses que nos separan de las &uacute;ltimas elecciones municipales, al menos dos cosas parecen llamar la atenci&oacute;n. Por un lado, las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas europeas, que est&aacute;n dando un respiro al gobierno de Rajoy a trav&eacute;s de mecanismos de inyecci&oacute;n de liquidez capaces de generar un cierto &ldquo;efecto riqueza&rdquo; y, por tanto, un ciclo de crecimiento; por otro, los pasos dados por los ayuntamientos en los que gobiernan las candidaturas de confluencia ciudadana, que comienzan a tejer redes virtualmente antagonistas respecto del gobierno del Estado. Atender a una y otra de modo articulado permite empezar a dise&ntilde;ar una estrategia de objetivos adecuada a los retos inmediatos de los movimientos de resistencia al neoliberalismo.
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil que a cualquier analista que no ejerza de perro guardi&aacute;n de los poderosos se le escape que el &uacute;ltimo ciclo de crecimiento en Europa y, m&aacute;s si cabe, en Espa&ntilde;a, tiene sus d&iacute;as contados en la medida en que no responde a una renovaci&oacute;n de los circuitos productivos y de inversi&oacute;n, sino tan s&oacute;lo a una tregua decretada unilateralmente por los mercados financieros sobre la deuda de los Estados. El capital internacional no encuentra un polo de crecimiento seguro, y, sin &eacute;ste, no le queda m&aacute;s salida que extraer los beneficios mediante mecanismos de desposesi&oacute;n directa.
    </p><p class="article-text">
        Nadie sabe exactamente cu&aacute;ndo va a estallar el siguiente ciclo de crisis, pero parece que no puede tardar mucho. El estallido de la peque&ntilde;a nueva burbuja de bienestar que se ha formado a lo largo de este &uacute;ltimo periodo tendr&aacute;, probablemente, efectos devastadores sobre lo que queda de las clases medias y, por supuesto, alcanzar&aacute; tintes dram&aacute;ticos entre los m&aacute;s desfavorecidos. En el caso, por el momento complicado, de que ocurriese antes de la pr&oacute;xima cita electoral, la crisis podr&iacute;a alterar profundamente los resultados. Si, por el contrario, aconteciese con posterioridad, el gobierno electo se ver&iacute;a en una situaci&oacute;n de fuerte deterioro y con grandes dificultades para mantener la estabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Frente a las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas europeas, el ciclo de crecimiento alentado por &eacute;stas y la promesa de un pr&oacute;ximo derrumbe econ&oacute;mico cabe asumir dos posiciones bien distintas. La primera es la posici&oacute;n optimista que plantea que, como cantaran los Rolling, el tiempo est&aacute; de nuestro lado. Desde esta posici&oacute;n el sentido de la historia nos favorece y al fondo del t&uacute;nel se encuentra la salida. Sin urgencia, a esta perspectiva le bastar&iacute;a con dotarse de un instrumento capaz de absorber y vehicular el malestar que el nuevo ciclo de crisis a buen seguro generar&aacute;. Hip&oacute;tesis terrible, seg&uacute;n la cual una nueva crisis, la ca&iacute;da en la pobreza, la destrucci&oacute;n de los lazos sociales, etc., favorecer&aacute;n a las fuerzas del cambio. Las vidas destruidas impulsar&aacute;n al partido que combate la austeridad. No hay prisa por tanto, pues el viento de la historia sopla favorable, empujando desde atr&aacute;s hacia un prometedor ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        Ya en torno a 1940, Walter Benjamin pon&iacute;a de relieve que este optimismo hab&iacute;a sido precisamente el rasgo definitorio del conformismo socialdem&oacute;crata, ese al que se est&aacute; peligrosamente acercando tanto la direcci&oacute;n de Podemos. En su und&eacute;cima tesis de filosof&iacute;a de la historia el jud&iacute;o comunista era contundente: &ldquo;Nada ha corrompido tanto a los obreros alemanes como la opini&oacute;n de que est&aacute;n nadando a favor de la corriente&rdquo;. No es necesario recordar el desastre que sigui&oacute; luego en toda Europa.
    </p><p class="article-text">
        Frente a la hip&oacute;tesis optimista, bajo la cual no se esconde sino un conformismo mal disimulado que espera que las cosas se resuelvan por s&iacute; solas, cabe sostener otra posici&oacute;n. La creencia en que se nada a favor de la corriente, en que la &ldquo;necesidad econ&oacute;mica&rdquo; producir&aacute; las condiciones materiales propicias al cambio, no hace sino desplazar a futuro la oportunidad de ese mismo cambio, cancel&aacute;ndola en el presente. Frente a este conformismo, cabe instalarse en una perspectiva atenta a la urgencia de la situaci&oacute;n presente y a la potencia que &eacute;sta encierra, poniendo de relieve que la actualidad no debe ser desperdiciada. Insistiendo en las tesis bejaminianas, resulta oportuno recordar que una perspectiva materialista exige situarse en un tiempo-ahora que rompa el <em>continuum </em>de la historia.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de Podemos, que parece creer que puede esperar tiempos mejores, cerrarse sobre s&iacute;, reforzar su estructura y esperar hasta que la siguiente crisis aniquile las expectativas de bienestar de una poblaci&oacute;n fuertemente precarizada; los gobiernos municipales no parecen tener ni siquiera la posibilidad de agarrarse a esa fantas&iacute;a. Un resultado electoral en las generales que les fuese desfavorable representar&iacute;a una derrota de consecuencias inasumibles, en la medida en que es m&aacute;s que probable que, a partir de ah&iacute;, se derivasen mociones de censura en los ayuntamientos. Una intensificaci&oacute;n de la crisis tambi&eacute;n los dejar&iacute;a en una posici&oacute;n de debilidad a&uacute;n mayor de la que ya sufren, asfixiados econ&oacute;micamente. De ah&iacute; que su posici&oacute;n no pueda asentarse sobre la hip&oacute;tesis optimista, sino que permanece instalada en la urgencia. Impulsar una opci&oacute;n electoral de transformaci&oacute;n para las generales es clave para la supervivencia de los gobiernos municipalistas, m&aacute;s incluso de lo que lo pueda ser para las estructuras de partidos como Podemos o Izquierda Unida.
    </p><p class="article-text">
        Las ciudades rebeldes son, pol&iacute;ticamente, las primeras y m&aacute;s interesadas en lanzar una candidatura que les sea af&iacute;n y que tenga opciones de &eacute;xito en las pr&oacute;ximas generales. Podemos puede esperar. Incluso le podr&iacute;a resultar favorable dejar caer los gobiernos de los municipios rebeldes antes de acceder al gobierno del Estado, con el objetivo de hacer aquello para lo que el pasado mes de mayo no estaba preparado, esto es, proponer sus propios candidatos a las municipales. Ello le evitar&iacute;a tener que llegar a componendas con alcaldes d&iacute;scolos fuertemente legitimados frente a la ciudadan&iacute;a. Pablo Iglesias y, m&aacute;s en general, el aparato de Podemos, saben que ni el gobierno municipal encabezado por Manuela Carmena, ni el de Ada Colau, ni el de Xulio Ferreiro ni, a&uacute;n menos, el de Pedro Santisteve, se van a plegar a los intereses de Podemos, est&eacute; o no en el gobierno. Las ciudades gobernadas por candidaturas municipalistas constituyen un polo de poder aut&oacute;nomo respecto del Estado central y, en la medida en que es aut&oacute;nomo, expresan, como se ha indicado m&aacute;s arriba, un posible contrapoder, una potencia virtualmente antagonista.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/ahora_132_4265807.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Sep 2015 20:24:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ahora o nunca]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué vidas importan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/vidas-importan_132_2526962.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Un hombre negro. Una ventana. La policía entra por la puerta. El hombre negro sale por la ventana. No es un chiste. Su cuerpo se destroza contra el suelo. Fin de la historia.</p></div><p class="article-text">
        La muerte en Salou de un mantero de origen senegal&eacute;s durante un registro domiciliario llevado a cabo por la polic&iacute;a auton&oacute;mica catalana la madrugada del pasado martes pone de relieve, una vez m&aacute;s, el car&aacute;cter profundamente racista de nuestras sociedades.
    </p><p class="article-text">
        Muchos hemos pensado en la obra del premio nobel de literatura Dario Fo al escuchar por primera vez la noticia de la muerte de Mor Sylla y la versi&oacute;n oficial ofrecida por los responsables policiales acerca de lo acontecido. Tras la investigaci&oacute;n la polic&iacute;a concluye: <em>Muerte accidental.</em> Ha debido ser un tropiezo. El hombre se puso nervioso. Son cosas que pasan. Como el tiempo o las tormentas de verano.
    </p><p class="article-text">
        Son cosas que pasan. S&iacute;. A veces. Como aquel 20 de enero de 2011. Ese d&iacute;a fallec&iacute;a en Barcelona Mohamed Reda, de 16 a&ntilde;os. Su accidente tuvo lugar unos d&iacute;as antes. El 8 de enero. &Eacute;l no salt&oacute; desde un tercero sino desde un quinto. Tambi&eacute;n vol&oacute; al estilo Pinelli. Pero, a diferencia de lo que le ocurri&oacute; al anarquista de Fo, a &eacute;l nadie le dedic&oacute; una obra de teatro. Apenas s&iacute;, gracias a los peque&ntilde;os disturbios que tuvieron lugar tras su muerte, en los peri&oacute;dicos alguna p&aacute;gina. Probablemente pocos se acuerden de aquello. Sus amigos, tal vez. O su familia, si la ten&iacute;a. La polic&iacute;a local dijo entonces lo mismo que ahora dicen los Mossos d'Esquadra. Que los accidentes pasan. Como la primavera o la infancia.
    </p><p class="article-text">
        <em>Black girl dangerous</em>, un popular blog estadounidense de feminismo negro, hace tiempo colg&oacute; un post en el que se establec&iacute;a un cierto cat&aacute;logo de experiencias a partir de las cuales dirimir si uno es blanco o no. A la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo saber si eres blanco preguntaba, en primer lugar, si te ha dado alguna vez el alto un polic&iacute;a y, en caso de que haya ocurrido, si se te hizo salir del veh&iacute;culo y tumbarte en el suelo, si se te humill&oacute; en alg&uacute;n sentido, si te pegaron, si te apuntaron con pistolas, si sentiste miedo por tu vida. Si nada de eso te ha ocurrido, respond&iacute;a el fragmento, puede que seas blanco.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n de la raza no depende tanto de una problem&aacute;tica natural o biol&oacute;gica, ni siquiera de una problem&aacute;tica dermatol&oacute;gica o pigmentaria, cuanto de un reparto desigual de los privilegios, de un tipo concreto de organizaci&oacute;n social, en definitiva, de una cuesti&oacute;n pol&iacute;tica: qu&eacute; vidas importan, qu&eacute; vidas son respetadas, cu&aacute;les deben ser lloradas. En eso no parece haber mucha diferencia cultural entre Catalu&ntilde;a y Espa&ntilde;a. Al fin y al cabo, ambos son Europa y, en Europa, a veces ocurre que los hombres negros salen muertos de sus encuentros con la polic&iacute;a. En Estados Unidos, la comunidad afroamericana viene repitiendo sin descanso una consigna clara y contundente: &ldquo;las vidas de los negros importan&rdquo;. Tambi&eacute;n aqu&iacute;, donde hasta hace dos d&iacute;as el 12 de octubre no se celebraba el d&iacute;a de la Hispanidad, ni el de la Virgen del Pilar, sino el d&iacute;a de la Raza, debi&eacute;ramos repetirnos, una y otra vez eso de #BlackLivesMatter.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/vidas-importan_132_2526962.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Aug 2015 09:03:23 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Qué vidas importan]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Deseo de ser pirata]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/deseo-pirata_132_2536908.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El verano parece un tiempo propicio para la fuga, para huir de aquello que somos, del malestar que, en tantas ocasiones, aplasta nuestras vidas. Pero uno no escapa en solitario al malestar. Trazar el plan de fuga, recorrerlo, es, necesariamente, una tarea colectiva que pasa por reinventar la democracia</p></div><p class="article-text">
        Agosto avanza. Alguien lee. Quiz&aacute; en una de esas ciudades de interior que se han quedado medio vac&iacute;as y en las cuales, al atardecer, la gente se sienta junta a la espera de un soplo de aire fresco que demasiadas veces no llega. Han recompuesto las siempre fr&aacute;giles redes de amistad a partir del hueco dejado por aquellos que se han marchado a disfrutar de otras geograf&iacute;as. Alguien lee. Tal vez en una playa, bajo un sol que trata de superar la capa de crema protectora y rozar la piel desnuda. Puede ser que en un tren que se mueve demasiado r&aacute;pido, que como una c&aacute;psula espacial atraviesa el espacio a casi 300 kil&oacute;metros a la hora. Alguien lee el breve relato de Kafka, <em>Deseo&nbsp; de ser piel roja:</em>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si uno pudiera ser un piel roja siempre alerta, cabalgando sobre un caballo veloz, a trav&eacute;s del viento, constantemente sacudido sobre la tierra estremecida, hasta arrojar las espuelas porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas porque no hacen falta riendas, y apenas viera ante s&iacute; que el campo era una pradera rasa, habr&iacute;an desaparecido las crines y la cabeza del caballo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El texto de Kafka, en su brevedad intensa, expresa como pocos ese deseo de transformar la propia vida, lo que somos, el deseo de ser otro, que a todos nos arrastra. Lo impulsa hasta su l&iacute;mite, hasta el punto en el que el jinete se confunde con el caballo y ambos se disuelven en el paisaje, como el lector que, fijos los ojos en el libro, se sumerge en la aventura hasta desaparecer entre las letras, hasta convertirse en ese cualquiera que en la narraci&oacute;n respira.
    </p><p class="article-text">
        El verano es un tiempo propicio para la lectura. Es un tiempo en el que se entreabre la posibilidad de contemplar otros horizontes, imaginar otras posibilidades, deshacerse de las cadenas que nos atan como el piel roja de Kafka se deshace de las espuelas y de las riendas. Uno podr&iacute;a desear ser un tuareg en el desierto, un n&oacute;mada de las estepas, el bohemio que escribe junto a su botella de absenta. Uno podr&iacute;a desear ser un paracaidista en plena ca&iacute;da, un esp&iacute;a secreto, en la guerra civil una miliciana.
    </p><p class="article-text">
        Pero el deseo de ser pirata nos sit&uacute;a m&aacute;s all&aacute; de la aventura personal, de las emociones intensas, de la b&uacute;squeda de esa diversi&oacute;n veraniega que nos devuelve siempre finalmente, una vez m&aacute;s, a las obligaciones impuestas. Porque decir nuestro deseo de ser pirata es s&oacute;lo otra forma de decir nuestro deseo de democracia.
    </p><p class="article-text">
        Es habitual referirse a la Antigua Grecia cuando se habla de la invenci&oacute;n de la democracia. Y, sin duda, hay mucho que aprender de los griegos. Sin embargo, nuestro concepto democracia, nuestro deseo de una sociedad plural m&aacute;s justa e igualitaria, le debe menos a estos que a aquellos bucaneros que a principios de la modernidad y hasta el siglo XVIII construyeron sobre el mar un orden social capaz de escapar y de resistir a las formas desp&oacute;ticas de los estados coloniales y al auge capitalista. Nuestra democracia surge en los barcos pirata. En una &eacute;poca en la que, gracias al comercio transatl&aacute;ntico de caf&eacute;, az&uacute;car, productos manufacturados y, sobre todo, esclavos, el barco se hab&iacute;a convertido en la gran m&aacute;quina de producci&oacute;n de beneficios econ&oacute;micos (en una f&aacute;brica flotante y m&oacute;vil), pero, tambi&eacute;n, a trav&eacute;s de una calculada administraci&oacute;n del terror, en una afinada tecnolog&iacute;a pol&iacute;tica de domesticaci&oacute;n de los cuerpos y las almas (en una c&aacute;rcel sin otros muros que el mar). Fue entonces que los piratas formaron comunidades no jerarquizadas, multirraciales, en las que las decisiones se tomaban consensuadamente entre todos los miembros de la tripulaci&oacute;n y los botines se repart&iacute;an de manera igualitaria.
    </p><p class="article-text">
        En un tiempo es el que los comerciantes, &aacute;vidos de dinero y con la ayuda de los estados, se lanzaban en razzias a la caza de hombres, mujeres y ni&ntilde;os, tanto en las costas de &Aacute;frica como en los barrios pobres de los puertos de Europa; cuando se condenaba por igual al campesino rebelde, al hereje y al vagabundo, y se vaciaban las prisiones para llenar los barcos y las colonias; cuando el reclutamiento forzoso era s&oacute;lo una forma escasamente velada de secuestro masivo; los motines en el mar y la organizaci&oacute;n de flotas rebeldes fue el experimento m&aacute;s radical de darle la vuelta al mundo, a una organizaci&oacute;n social fuertemente jerarquizada e, incluso, de poner patas arriba el modelo de explotaci&oacute;n capitalista.
    </p><p class="article-text">
        Pobres de todas las naciones y ya de ninguna, presos huidos, soldados desertores, proletarios del mar, antiguos esclavos, irlandeses, espa&ntilde;oles, negros, nativos americanos e, incluso, algunas mujeres, no muchas pero s&iacute; rebeldes, izaron la bandera negra con la calavera en el centro y las tibias cruzadas. Los barcos pirata, junto con las comunidades de cimarrones, de esclavos huidos que, al otro lado del Atl&aacute;ntico, en muchos casos se unieron a los nativos, formando comunidades cultural y pol&iacute;ticamente mestizas, fueron los laboratorios de la democracia radical moderna: fuerte limitaci&oacute;n del poder de los jefes, que pod&iacute;an llegar a ser ejecutados en caso de oponerse a la comunidad democr&aacute;ticamente organizada, reparto equitativo de los alimentos y del licor, pero tambi&eacute;n de unos beneficios que no se acumulaban sino que disfrutaban entre canciones al pisar alg&uacute;n puerto, sistema colectivo de ahorro para la protecci&oacute;n de enfermos y heridos.
    </p><p class="article-text">
        Frente a las condiciones de vida y trabajo de los marineros de los barcos comerciales o de la armada, duramente sometidos a la disciplina del terror y la horca, el deseo de ser pirata se extendi&oacute; como el fuego en un campo de hojas secas. Proliferaron los motines a bordo, pero tambi&eacute;n se extendi&oacute; la noticia hacia tierra firme, desde los puertos hasta el interior de los continentes. A un lado y otro del oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico el mundo ardi&oacute; en su sed de democracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora que agosto avanza y los sue&ntilde;os se desperezan, con septiembre en el horizonte y sabiendo que, algo m&aacute;s all&aacute;, nos esperan unas elecciones generales en las que nos tendremos que enfrentar, una vez m&aacute;s, a los intereses de las &eacute;lites pol&iacute;ticas y financieras, tal vez pudiese despertar en nosotros el deseo de ser pirata y, parafraseando a Kafka, decir aquello de si uno pudiera ser un pirata, navegando sobre un barco veloz, a trav&eacute;s del viento, constantemente sacudido sobre la mar estremecida... Si uno pudiera ser pirata y vivir con piratas y reinventar la democracia...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/deseo-pirata_132_2536908.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Aug 2015 19:55:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Deseo de ser pirata]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/politica_132_2546568.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Construir “en común” pasa por trabajar a partir de un desacuerdo fundamental que compartimos. Ese desacuerdo tiene que ver con el significado que le damos a las palabras. No otro es, precisamente, el espacio de la política</p></div><p class="article-text">
        Hay un pasaje muy conocido del libro <em>Alicia a trav&eacute;s del espejo</em> en el que se discute acerca del sentido de las palabras. En dicho pasaje Humpty-Dumpty &mdash;el hombre-huevo que se balancea sobre una tapia, inconsciente de su fragilidad&mdash; le dice a Alicia que, cuando &eacute;l usa una palabra, &eacute;sta significa lo que &eacute;l quiere que signifique. Cuando la ni&ntilde;a pone en duda que las palabras puedan significar muchas cosas diferentes, el hombre-huevo responde que esa no es la cuesti&oacute;n, que la cuesti&oacute;n es saber qui&eacute;n manda. &Eacute;l pone a trabajar a las palabras y, cuando hace que una palabra trabaje mucho, siempre le da una paga extra.
    </p><p class="article-text">
        En pol&iacute;tica y, muy especialmente, en pol&iacute;tica electoral, es frecuente ver c&oacute;mo unos y otros pelean por el significado de las palabras. Se observa con meridiana claridad en palabras como &ldquo;paz&rdquo; o &ldquo;democracia&rdquo; y, ahora, en expresiones como &ldquo;cambio&rdquo;, &ldquo;ciudadan&iacute;a&rdquo; o &ldquo;transparencia&rdquo;. Quienes env&iacute;an ej&eacute;rcitos de drones a bombardear poblaciones desarmadas se consideran a s&iacute; mismos los adalides de la paz. Quienes promueven formas fuertemente verticales y de concentraci&oacute;n del poder dicen hacerlo por y para la democracia.
    </p><p class="article-text">
        El problema no es nuevo. Es, junto con el problema de la servidumbre voluntaria, la cuesti&oacute;n central que caracteriza la pol&iacute;tica moderna. Estalla definitivamente con Lutero y los debates que genera la Reforma. Con&nbsp; las disputas, tantas veces sangrientas, en torno a la llamada Regla de Fe. &iquest;Qu&eacute; dicen las Sagradas Escrituras? &iquest;Qu&eacute; significan sus palabras? &iquest;Qui&eacute;n tiene derecho a interpretarlas? Ignacio de Loyola primero y, m&aacute;s tarde, toda la Contrarreforma son categ&oacute;ricos al respecto. La &uacute;ltima palabra la tiene la Santa Iglesia Cat&oacute;lica. Lutero no hab&iacute;a sido menos dogm&aacute;tico. Unos y otros, cada cual a su manera, repiten lo mismo para decir cosas distintas: &ldquo;las palabras significan lo que yo quiero que signifiquen&rdquo;. Sin embargo, en el siglo XVI, unos cuantos fueron capaces de sostener posiciones antidogm&aacute;ticas. El nominalismo medieval deriva, en cierta forma, en escepticismo. El fil&oacute;sofo Michel de Montaigne, ejemplo acabado de esa fidelidad a las posiciones esc&eacute;pticas, hace grabar en su biblioteca la que ser&aacute; su divisa: &ldquo;<em>Que sais-je?</em>&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces la pol&iacute;tica, tambi&eacute;n la de los de abajo, se parece a un mundo de hombres-huevo balance&aacute;ndose todos sobre una tapia, inconscientes de su fragilidad y haciendo significar a las palabras aquello que ellos quieren que signifiquen. Si hemos de hacer caso a Jaques Ranci&egrave;re, quiz&aacute; la pol&iacute;tica sea, justamente, eso: el espacio del desacuerdo. Porque el desacuerdo no se produce entre uno que dice &ldquo;blanco&rdquo; y otro que dice &ldquo;negro&rdquo;, sino entre quienes diciendo lo mismo se refieren a cosas distintas. Quienes responden de manera diferente a una misma cuesti&oacute;n pueden entablar un dialogo e, incluso, llegar a un pacto; pero quienes usando las mismas palabras dicen cosas distintas quiz&aacute; s&oacute;lo puedan entablar una lucha por ver qui&eacute;n manda. Una lucha por ver qui&eacute;n decide el sentido de lo que se dice. Entre alguien que defiende la rep&uacute;blica y alguien que defiende la monarqu&iacute;a puede existir un acuerdo fundamental en la medida en que ambos hablen el mismo lenguaje, siempre y cuando compartan el sentido de las palabras que usan. Pero, &iquest;qu&eacute; ocurre entre quienes, diciendo defender lo mismo, habitan un desacuerdo m&aacute;s b&aacute;sico? &iquest;Qu&eacute; ocurre entre quienes dentro de un mismo idioma, hablan lenguas distantes? La pol&iacute;tica se reduce, muy probablemente, a un combate en torno al significado de las palabras.
    </p><p class="article-text">
        A quienes consideran que la pol&iacute;tica tiene que ver con la lucha por la dignidad, con las luchas por pan, techo y trabajo, o con la lucha por una renta b&aacute;sica, seguramente les sepa a poco esta definici&oacute;n de la pol&iacute;tica como combate en torno al significado de las palabras. Sin embargo, es ah&iacute;, en el espacio del desacuerdo donde se juega todo. &iquest;Qu&eacute; es una vida digna? &iquest;Qu&eacute; significa &ldquo;pan, techo y trabajo&rdquo;? Porque, &ldquo;pan&rdquo;, &iquest;incluye poder comer pescado, carne, frutas y verduras, o quien lo dice pretende reducir el significado de la expresi&oacute;n a su literalidad? &iquest;Cuando se defiende una renta b&aacute;sica, se est&aacute; defendiendo, como Pedro S&aacute;nchez o muchos de los te&oacute;ricos neoliberales, un impuesto negativo, es decir, una subsidio para que los pobres desempleados puedan seguir compitiendo con los pobres que tienen empleo, o bien nos referimos a un ingreso social que nos libera a todas de la esclavitud del salario?
    </p><p class="article-text">
        Ahora que parece que muchos quieren construir &ldquo;en com&uacute;n&rdquo;, quiz&aacute; sea conveniente empezar a aclarar qu&eacute; queremos decir unos y otros con esa expresi&oacute;n y con otras tantas. Qu&eacute; queremos decir cuando decimos &ldquo;cambio&rdquo;, &ldquo;democracia&rdquo; o &ldquo;confluencia&rdquo;. Quiz&aacute; sea el momento propicio de trabajar en la elaboraci&oacute;n de la herramienta pol&iacute;tica b&aacute;sica, aquella sin la cual las dem&aacute;s carecen de toda consistencia. Quiz&aacute; sea tiempo de construir, sin dogmatismos &mdash;sin partidos ni iglesias&mdash;, algunas nociones comunes: una lengua compartida. En eso consiste hacer pol&iacute;tica. Recuerden si no c&oacute;mo acaba Humpty Dumpty, el hombre-huevo. Se rompe al caer de la tapia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/politica_132_2546568.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Jul 2015 21:13:04 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La política]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tod ist ein Meister aus Deutschland]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/tod-ein-meister-aus-deutschland_132_2555495.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras las negociaciones entre el gobierno griego y el Eurogrupo, y la posterior aceptación por parte de Tsipras y del parlamento heleno de un nuevo bloque de deuda y de condiciones aún más asfixiantes para los ciudadanos de su país, la sentencia de Paul Celan, “la muerte es un Maestro alemán”, vuelve a cobrar actualidad</p></div><p class="article-text">
        Revocando la hip&oacute;tesis con que, en 1949, el fil&oacute;sofo jud&iacute;o Theodor Adorno concluyese un texto sobre cr&iacute;tica cultural, hip&oacute;tesis seg&uacute;n la cual &ldquo;escribir un poema despu&eacute;s de Auschwitz es un acto de barbarie&rdquo;, Paul Celan, ya un a&ntilde;o antes, hab&iacute;a redactado aquellos versos que, bajo el t&iacute;tulo de <em>Fuga de muerte,</em> se hac&iacute;an eco del horror. El propio Adorno, en 1952, exonerar&iacute;a a Celan de su interdicci&oacute;n. Posteriormente, Adorno ir&aacute; precisando el sentido de su prohibici&oacute;n. Todo poema, toda escritura y, en definitiva, todo documento de cultura, es, como dir&iacute;a Benjamin, un documento de barbarie.
    </p><p class="article-text">
        Lo imposible no es escribir despu&eacute;s de Auschwitz, lo imposible es hacerlo como si Auschwitz no hubiera tenido lugar. El exterminio nazi, los protocolos de muerte sistem&aacute;tica y deshumanizaci&oacute;n desplegados por el estado alem&aacute;n en su proyecto de hegemon&iacute;a sobre el continente europeo a lo largo de la d&eacute;cada de los cuarenta del pasado siglo XX, imponen una herida en la historia que no puede ser eludida. Infieren una herida que, en la medida en que es olvidada, hace de toda expresi&oacute;n art&iacute;stica &mdash;y, m&aacute;s all&aacute;, de toda expresi&oacute;n humana&mdash; un gesto de complicidad con la barbarie. Pero Celan no olvida: &ldquo;la muerte es un Maestro alem&aacute;n su ojo azul es / te alcanza con bala de plomo certera a la vez / un hombre vive en la casa tus cabellos de oro Margarete / azuza a sus mastines contra nosotros nos ofrece una tumba en el aire / juega con las serpientes y sue&ntilde;a la muerte es un Maestro alem&aacute;n / tus cabellos de oro Margarete / tus cabellos de ceniza Sulamith&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Conviene, hoy que Alemania escribe con letras de deuda su hegemon&iacute;a sobre el resto de los habitantes del continente europeo, y, muy especialmente, sobre quienes vivimos en eso que se ha dado en llamar Sur de Europa &mdash;aunque incluya a Irlanda&mdash;, en los pa&iacute;ses que forman el grupo de los PIIGS &mdash;cerdos&mdash;, conviene, dec&iacute;a, retornar sobre las reflexiones descarnadas de Jean Am&eacute;ry, antifascista y jud&iacute;o superviviente de los campos de concentraci&oacute;n, acerca de la culpa colectiva de los alemanes. Recordar que fue el pueblo alem&aacute;n &mdash;no Hitler ni el SS, sino el hombre cualquiera de la calle, el funcionario, el comerciante, el ama de casa, el acad&eacute;mico y el agricultor&mdash;, quien contempl&oacute; sin una m&iacute;nima mueca de horror c&oacute;mo se descargaban en los andenes las pilas de cad&aacute;veres de los vagones de ganado en que eran llevados los deportados. Que fue el pueblo alem&aacute;n el que retir&oacute; con sentimiento de asco su mirada ante el paso de las caravanas de hombres-esqueleto cuando la soluci&oacute;n final ya no consist&iacute;a sino en hacer morir de hambre y cansancio, y un tiro de gracia, en las cunetas.
    </p><p class="article-text">
        Jean Am&eacute;ry recuerda c&oacute;mo, no s&oacute;lo el nacionalsocialismo, sino Alemania misma fue objeto de un sentimiento universal que, empezando como odio, cuaj&oacute; en desprecio. Recuerda c&oacute;mo fue traicionada la promesa de convertir a ese pa&iacute;s, responsable colectivamente del horror, en una regi&oacute;n agr&iacute;cola que nunca m&aacute;s pudiera erigirse contra la paz mundial. Recuerda c&oacute;mo la Alemania patatal fue la ilusi&oacute;n de muchos, de todos casi. Una ilusi&oacute;n luego abandonada por &ldquo;los perdonadores&rdquo;, por quienes defendieron el proyecto de la reconciliaci&oacute;n europea y, algo m&aacute;s tarde, de la reunificaci&oacute;n alemana. &ldquo;Un pueblo orgulloso&rdquo;, recuerda Am&eacute;ry cuando habla de los rostros de los alemanes al ver pasar los trenes de la muerte. &ldquo;Un pueblo orgulloso, tambi&eacute;n hoy&rdquo;, a&ntilde;ade, para, a continuaci&oacute;n, precisar: &ldquo;El orgullo, no cabe dudarlo, ha engordado un poco. Ya no se manifiesta m&aacute;s en el movimiento triturador de las mand&iacute;bulas, sino que resplandece en la satisfacci&oacute;n de la buena conciencia y de la alegr&iacute;a comprensible por haber salido con &eacute;xito una vez m&aacute;s. Ya no invoca m&aacute;s a los hechos de armas heroicos, sino a la productividad sin par en el mundo. Pero es el mismo orgullo de anta&ntilde;o, y por nuestra parte es la impotencia de entonces&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como ha apuntado el fil&oacute;sofo J&uuml;rgen Habermas, al forzar a Grecia a un acuerdo que no conlleva sino mayores privaciones para los m&aacute;s desfavorecidos y la humillaci&oacute;n del gobierno democr&aacute;ticamente elegido, Alemania ha dilapidado todo el capital simb&oacute;lico que hab&iacute;a acumulado tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial y las pol&iacute;ticas de exterminio. Se podr&iacute;a hilar m&aacute;s fino y apuntar que, efectivamente, la culpa colectiva de Alemania no recae sobre todos y cada uno de los alemanes. Que algunos, una minor&iacute;a admirable y combativa, trata de organizarse, sale a la calle e, incluso, se enfrenta con la polic&iacute;a en las calles de Berl&iacute;n o Hamburgo. Tambi&eacute;n hubo alemanes que se enfrentaron al auge del nazismo. La mayor&iacute;a de ellos eran j&oacute;venes desempleados que murieron tratando de defender en  la capital los barrios obreros. La culpa colectiva no es un universal, como es obvio. Pero eso no resta un &aacute;pice de responsabilidad a esa mayor&iacute;a que permanece impert&eacute;rrita ante las pol&iacute;ticas de construcci&oacute;n de miseria y sumisi&oacute;n que lleva adelante su gobierno.   
    </p><p class="article-text">
        Ahora, conforme Alemania se ha erigido, de nuevo, en potencia mundial y en el poder hegem&oacute;nico en Europa, ciertamente ya no militar, pero s&iacute;, a trav&eacute;s de su alianza con los capitales financieros internacionales, econ&oacute;mico; ahora que Alemania ha vuelto a ser el promotor de la devastaci&oacute;n, ciertamente a&uacute;n no con tanques ni campos de exterminio, pero s&iacute; con deuda y planes de ajuste estructural; ahora que Alemania se ha demostrado el gran enemigo de una democracia a escala europea; conviene recordar, nosotros, y recordarles, a ellos &mdash;a los alemanes, no a Merkel, ni al Dr. Sch&auml;uble, sino al cualquiera&mdash;, que la culpa del sufrimiento es una culpa colectiva, y que siempre habr&aacute; alguien que no est&eacute; dispuesto a olvidar &mdash;que algunos, antes que perdonadores, preferimos ser, como Am&eacute;ry, hombres del resentimiento.    
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/tod-ein-meister-aus-deutschland_132_2555495.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Jul 2015 07:17:56 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Tod ist ein Meister aus Deutschland]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Democracia en julio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/democracia-julio_132_2568836.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El hilo rojo que parece unir a quienes, durante los últimos años, vienen empeñándose en empujar las luchas contra la austeridad no parece ser otro que una intensa sed de democracia tanto política como económica</p></div><p class="article-text">
        Mediados de julio. Se suceden los d&iacute;as calurosos. Resulta dif&iacute;cil caminar por calles en que el sol ha disuelto la &uacute;ltima franja de sombra. El Tour de Francia ha llegado a los Pirineos y las piscinas urbanas se han llenado de voces infantiles. El verano avanza y, quienes pueden, alteran sus costumbres cotidianas buscando quehaceres m&aacute;s agradables que los habituales: ir a la playa, zambullirse en una poza o permanecer hasta altas horas de la noche en conversaci&oacute;n con los amigos.
    </p><p class="article-text">
        Los d&iacute;as avanzan y, sin embargo, algo extra&ntilde;o est&aacute; sucediendo en este a ratos asfixiante verano. Hay un inusual pulular de cuerpos. M&aacute;s movimiento del habitual. Gente que va y viene, que se encuentra, que habla y discute. Apenas s&iacute; superada la hora de la siesta, se convocan asambleas, se reparten labores, se organizan grupos de trabajo. No se trata de gente preocupada con caras serias, como aplastadas por las circunstancias, sino de personas con un rictus alegre que parecieran estar entreviendo algo diferente a lo que se ve todos los d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        La crisis ha tenido ese raro efecto. Ha movilizado a la gente m&aacute;s all&aacute; de las rutinas asentadas; ha, de alg&uacute;n modo, hecho saltar las costumbres a las que el calendario obliga. El verano es para descansar, nos dec&iacute;an. Para no hacer nada, nos hab&iacute;an repetido. Pero, de pronto, nos hemos visto ante una multitud que ha decido no detenerse y, si no a cambio de nada, al menos no por un jornal, ni por intereses espurios, se ha puesto a trabajar, y a construir una nueva apuesta pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Si algo resulta sorprendente en la aparici&oacute;n de Ahora en Com&uacute;n es, precisamente, las fechas en que surge, ya bien entrado el verano, tras un largo ciclo de esfuerzo colectivo y, para los m&aacute;s afortunados de entre los pobres, tras meses de trabajo ininterrumpido. En ese sentido, ya significa un logro: ha conseguido, al menos parcialmente, romper las inercias sociales que impon&iacute;an que los meses de verano fijaban el tiempo de la desagregaci&oacute;n pol&iacute;tica, del retorno a lo estrictamente individual, del olvido de los asuntos compartidos.
    </p><p class="article-text">
        Hace apenas unos a&ntilde;os hubiera resultado inimaginable contemplar en pleno mes de julio asambleas constituidas por cientos de personas tratando de elaborar el espacio colectivo desde el cual hacer juntos y proyectar juntos. Hoy una mir&iacute;ada de cuerpos se coordinan desde diferentes puntos del estado con el objetivo de preparar una pen&uacute;ltima pelea: la pelea por las generales. Una marea se est&aacute; formando que, tal vez, alcance la fuerza suficiente como para cambiar el actual estado de cosas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; mueve a la gente a seguir haciendo, a seguir buscando nuevas formas de organizaci&oacute;n, a intentar poner su granito de arena para que se produzca eso que se ha dado en llamar &ldquo;desborde ciudadano&rdquo;? Hay un deseo que parece empujar como un viento de cola a estos movimientos: un deseo que viene expres&aacute;ndose desde el 15M, que ha atravesado las luchas por la defensa de la sanidad y la educaci&oacute;n, que nos hizo sonre&iacute;r en las elecciones europeas con el triunfo inesperado de Podemos, que llev&oacute; a las candidaturas ciudadanas a tomar los ayuntamientos de algunas de las grandes ciudades y que, ahora, parece, de nuevo, lanzarnos hacia delante con un nuevo reto, a&uacute;n m&aacute;s grande, el de expulsar de las instancias del gobierno de la naci&oacute;n a quienes sirven a los intereses de los capitales financieros.
    </p><p class="article-text">
        Un deseo los arrastra. Este deseo no parece ser otro que el deseo de democracia. Pero de una democracia que no se entiende como intervenci&oacute;n en una esfera supuestamente aut&oacute;noma como ser&iacute;a la esfera estrictamente pol&iacute;tica. Este deseo es, antes incluso, un deseo de democracia econ&oacute;mica. Los antiguos griegos lo sab&iacute;an bien: en tanto que los pobres siempre son m&aacute;s que lo ricos, la democracia es, necesariamente, el gobierno de los pobres. Frente a los procesos de acumulaci&oacute;n de riqueza y de poder, las luchas por la democracia se presentan como combates por la distribuci&oacute;n equitativa de dicha riqueza y dicho poder. Frente a las formas de monopolio pol&iacute;tico y econ&oacute;mico que refuerzan las relaciones de dominaci&oacute;n y explotaci&oacute;n, las luchas por la democracia son combates por el reparto en la toma de decisi&oacute;n y el disfrute de los bienes socialmente producidos.
    </p><p class="article-text">
        Si Ahora en Com&uacute;n tiene alguna posibilidad de &eacute;xito ser&aacute; s&oacute;lo en la medida en que sea capaz de mantenerse fiel a ese deseo que, desde aquel ya aparentemente lejano 15 de mayo &mdash;e, incluso, desde antes, desde aquellas manifestaciones contra el FMI que caracterizaron al movimiento antiglobalizaci&oacute;n&mdash; y hasta este caluroso mes de julio, reclama menores cotas de austeridad porque quiere y construye m&aacute;s democracia: la posibilidad de una riqueza y una pol&iacute;ticas compartidas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/democracia-julio_132_2568836.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jul 2015 21:02:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Democracia en julio]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ahora qué]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/ahora_132_2579541.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El movimiento de cierre antidemocrático que ha llevado a cabo el par Iglesias-Errejón al aprobar su más que polémico método de primarias de Podemos para las generales y presentar una lista de elegidos a dedo para su candidatura nos pone ante un escenario complicado, pero también muy alentador</p></div><p class="article-text">
        La torpe estrategia puesta en marcha durante estos &uacute;ltimos d&iacute;as por la c&uacute;pula de Podemos ha sido, en muchos casos, recibida dentro y fuera del partido con exasperaci&oacute;n. Sin duda, Podemos no es lo que era o, al menos, no es lo que pod&iacute;a haber sido. Quiz&aacute; no es lo que a&uacute;n puede llegar a ser. A saber, un instrumento de democratizaci&oacute;n de la vida pol&iacute;tica en el estado espa&ntilde;ol capaz de competir con el monstruo bic&eacute;falo del bipartidismo la batalla por el gobierno de la naci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Parecer que el n&uacute;cleo irradiador errejonista se haya fundido, que se le hayan saltado los plomos. La din&aacute;mica puesta en marcha es, se mire por donde se mire, desastrosa. Desde el punto de vista del proyecto de democratizaci&oacute;n, obviamente, es absurda. Pero tambi&eacute;n resulta incomprensible desde el punto de vista de la efectividad. Podemos se ha quedado estancado en las encuestas y resulta evidente que superar el techo electoral al que se enfrenta requerir&iacute;a de una ampliaci&oacute;n del espectro de poblaci&oacute;n a la que involucra. Para llevar a cabo esta ampliaci&oacute;n se presenta como un requisito indispensable intensificar relaciones con quienes dentro y fuera del partido difieren de las posiciones de la c&uacute;pula, es decir desplegar procesos de hibridaci&oacute;n, recomposici&oacute;n y mezcla en lugar de los procesos de depuraci&oacute;n que est&aacute;n teniendo lugar.
    </p><p class="article-text">
        Esta estrategia, s&oacute;lo comprensible como efecto bien de eso que Etienne Balibar llam&oacute; &ldquo;miedo a las masas&rdquo;, o de lo que Jacques Ranci&egrave;re denomina &ldquo;odio a la democracia&rdquo;, pone en una posici&oacute;n de fuerte debilidad a la c&uacute;pula constituida por el tandem Iglesias-Errej&oacute;n, y, muy especialmente, a Pablo Iglesias, cuya legitimidad se asienta sobre la construcci&oacute;n medi&aacute;tica, pero, tambi&eacute;n, sobre el margen de respeto que hasta ahora le han concedido los movimientos sociales cr&iacute;ticos. Es hasta cierto punto c&oacute;mico ver c&oacute;mo se aproxima al precipicio del que trata de huir. O, como dir&iacute;a Spinoza, c&oacute;mo lucha por su servidumbre como si se tratarse de su salvaci&oacute;n. Intenta reforzar posiciones mediante una estrategia que no hace sino profundizar su debilidad. La soledad que comienza a rodear a Iglesias inevitablemente revertir&aacute; en una fuerte devaluaci&oacute;n del enorme capital simb&oacute;lico acumulado en su persona y, con ello, en un descenso de las expectativas de voto de Podemos.
    </p><p class="article-text">
        Frente a este proceso de deterioro en el que se ha embarcado Pablo Iglesias y en el que Pablo Iglesias ha embarcado a Podemos, no pueden sino comenzar a surgir otras voces que exigen y trabajan en favor de alternativas electorales capaces de jugar la partida de las generales con alguna opci&oacute;n de &eacute;xito. 
    </p><p class="article-text">
        En este escenario, los procesos y metodolog&iacute;as fuertemente democr&aacute;ticos que se han condensado en las apuestas municipalistas han acumulado la fuerza y la legitimidad para proponer otras formas de organizaci&oacute;n en paralelo a Podemos e, incluso, para arrastrar a las corrientes cr&iacute;ticas de Podemos, obviamente insatisfechas y descontentas ante el cierre excluyente impuesto por la c&uacute;pula. No se trata, para estos sectores cr&iacute;ticos, de llevar adelante una ruptura, pero s&iacute; de afianzar relaciones con el exterior de Podemos de modo que se consigan fortalecer las posiciones internas en el propio partido, puesto que s&oacute;lo a trav&eacute;s de la articulaci&oacute;n con lo diferente, s&oacute;lo a trav&eacute;s de la composici&oacute;n con el afuera se evitan los momentos de aislamiento y deflaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Estas formas de organizaci&oacute;n que corren en paralelo a Podemos, pero que, de alg&uacute;n modo, funcionan al mismo tiempo dentro y fuera de Podemos, diluyendo las fronteras entre qui&eacute;n pertenece al partido y qui&eacute;n no, ya se han puesto en marcha. Tienen a su favor el hecho de que responden a un deseo muy difundido e intenso de democracia y de participaci&oacute;n que en este momento nadie m&aacute;s est&aacute; en disposici&oacute;n de vehicular. Tienen a su favor que la inteligencia del brillante camarada Errej&oacute;n, en otros instantes tan &aacute;gil, en esta ocasi&oacute;n parece como ausente. Tienen a su favor la herencia que recogen de las exitosas apuesta municipalistas. Tienen, en definitiva, a su favor que todo el mundo se est&aacute; preguntando lo mismo, que todo el mundo se est&aacute; preguntando &ldquo;&iquest;Ahora qu&eacute;? &mdash;y que la respuesta comienza a ser para todos la misma: Ahora en Com&uacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/ahora_132_2579541.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Jul 2015 19:54:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ahora qué]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuestra bandera griega]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/bandera-griega_132_2591411.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La bandera griega ha ondeado en el balcón del Ayuntamiento de Zaragoza. El gobierno de la que dicen es la quinta ciudad más grande del estado español mostraba con este gesto su solidaridad con el pueblo griego en el conflicto que mantiene abierto contra la Troika y, más en general, contra los poderes financieros globales</p></div><p class="article-text">
        La batalla que se est&aacute; jugando en torno a Grecia no afecta exclusivamente a los griegos. Eso es, de alguna manera, lo que ha puesto de relieve el gesto de apoyo que se ha hecho desde el gobierno del Ayuntamiento de Zaragoza, pero, qu&eacute; duda cabe, tambi&eacute;n desde una infinidad de cuentas de facebook o twitter, en toda una serie de columnas de opini&oacute;n o, incluso, en multitud de conversaciones que se han cruzado en las calles durante los &uacute;ltimos d&iacute;as. Hay toda una serie de saberes que no tienen que ver con los expertos. Saberes que circulan entre la gente, que la gente produce y hace proliferar, pero que no se aprenden ni en las escuelas ni en los medios de comunicaci&oacute;n. Saberes menores que, sin embargo, son capaces de movilizar poblaciones enteras.
    </p><p class="article-text">
        Estos saberes no son necesariamente intuitivos ni mucho menos simples. Muchas veces revisten una complejidad alt&iacute;sima y manejan unas matrices de an&aacute;lisis altamente sofisticadas. Es dif&iacute;cil se&ntilde;alar al sujeto de esos saberes, porque no es nadie en particular. Son saberes que forman algo as&iacute; como un nuevo sentido com&uacute;n, una percepci&oacute;n compartida que, por ello mismo, no pertenece a nadie en concreto. De ah&iacute; que, frecuentemente, esos saberes se inserten en frases como &ldquo;todo el mundo sabe que...&rdquo;, sin que seamos capaces de designar exactamente qui&eacute;n es ese &ldquo;todo el mundo&rdquo; que, obviamente, no es un universal que abarque a la humanidad al completo.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, todo el mundo sabe, al menos en este pa&iacute;s y, probablemente, en todo el sur de Europa, que la batalla que se est&aacute; jugando entre el gobierno griego y la Troika es, en realidad, una batalla en la que se juegan nuestras vidas. Porque, en definitiva, los contendientes de esa batalla no son ni el gobierno griego ni la Troika. Los contendientes son otros: quienes se est&aacute;n peleando somos nosotros &mdash;un &ldquo;nosotros&rdquo;, es cierto, difuso, complejo y plural&mdash; y el depredador gobierno neoliberal. Porque todos sabemos que lo que se est&aacute; jugando es, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, una guerra entre el capital financiero internacional y las multitudes sedientas de democracia: econ&oacute;mica tanto como pol&iacute;tica, si es que a&uacute;n esa diferencia es posible.
    </p><p class="article-text">
        La batalla ya est&aacute; teniendo lugar &mdash;quiz&aacute; nunca ha dejado de tenerlo&mdash;, y, sin embargo, no en todos los frentes se desarrolla con id&eacute;ntica intensidad ni de igual manera. Volvamos a lo que todo el mundo sabe, a ese saber que las m&aacute;s de las veces el que escribe no hace sino extraer y poner bajo su firma, a ese saber com&uacute;n que nos dice, incluso a nosotros que hemos odiado todas las banderas, que, aqu&iacute; y ahora, nuestra bandera es la bandera griega.  Todo el mundo sabe que el Banco Central Europeo y, m&aacute;s en general, los poderes financieros internacionales han dado una tregua al Estado Espa&ntilde;ol con el fin de generar las condiciones de estabilidad econ&oacute;mica necesarias para que las opciones electorales de transformaci&oacute;n y contra la austeridad no avancen. Esa tregua consiste en establecer un muro de contenci&oacute;n para que lo que queda de las clases medias no siga cayendo a plomo en la pobreza. Todo el mundo sabe que esa tregua no puede durar. La pregunta que nos hacemos sin descanso es si durar&aacute; hasta antes o despu&eacute;s de las elecciones generales. Si la tregua, decretada unilateralmente por los poderes financieros, dura, entonces es m&aacute;s que probable que el PP vuelva a ganar las elecciones y el PSOE sea capaz de mantener un porcentaje de voto suficiente como para seguir existiendo.
    </p><p class="article-text">
        Bajo esta hip&oacute;tesis, lo que vendr&iacute;a despu&eacute;s se parece mucho al apocalipsis. En primer lugar, es previsible que se produzca la expulsi&oacute;n de los gobiernos locales de las apuestas municipalistas a trav&eacute;s de mociones de censura, con lo que se cerrar&iacute;a el proceso abierto de recomposici&oacute;n de las mediaciones institucionales, desapareciendo cualquier posibilidad de acolchar los golpes que el capital lance contra la poblaci&oacute;n.  Pero, en segundo lugar, lo que es m&aacute;s importante, ya sin la necesidad de contener los movimientos electoralistas antineoliberales, se pondr&aacute; fin a la tregua para reabrir un nuevo ciclo de crisis-estafa, sin apenas posibilidad, esta vez, de privatizar bienes p&uacute;blico-estatales, y, por tanto, afectando de manera m&aacute;s directa si cabe que el ciclo del 2008 a las condiciones de vida de la gente. Ah&iacute; ser&iacute;amos Grecia pero sin Syriza y, ausente todo horizonte de transformaci&oacute;n por v&iacute;a electoral y sin organizaciones de base capaces de vehicular el malestar popular hacia proyectos colectivos, nos ver&iacute;amos abocados a una m&aacute;s que probable intensificaci&oacute;n del conflicto en el &aacute;mbito de orden p&uacute;blico. La Ley Mordaza, en vigor desde ayer, jugar&aacute; un papel fundamental si la situaci&oacute;n deriva hacia el conflicto abierto en las calles. De hecho, ese parece ser su sentido. Tal y como est&aacute;n ahora las cosas, no se puede esperar sino que la poblaci&oacute;n sea, literalmente, aplastada.
    </p><p class="article-text">
        Es en la disputa abierta entre Grecia y la Troika donde se juega, en gran medida, si este escenario apocal&iacute;ptico se evita o no. Mariano Rajoy, as&iacute; como Pedro S&aacute;nchez, son conscientes de que en ello se juega su futuro. De ah&iacute; sus m&aacute;s o menos aceradas cr&iacute;ticas a la opci&oacute;n de someter a refer&eacute;ndum las condiciones impuestas por la Troika. En caso de que triunfase el &ldquo;no&rdquo;, la crisis de legitimidad de las instancias de gobierno europeo se ver&iacute;an fuertemente afectadas y, probablemente, las inyecciones de liquidez que viene haciendo el BCE al estado espa&ntilde;ol se suspender&iacute;an, poniendo de relieve el car&aacute;cter &ldquo;ficticio&rdquo; de la estabilidad econ&oacute;mica de los pa&iacute;ses del sur. Esto supondr&iacute;a un grav&iacute;simo problema para el gobierno de la naci&oacute;n, que ha estado vendiendo la baratija de una falsa recuperaci&oacute;n, y situar&iacute;a a las opciones electorales de cambio ante un panorama alentador frente a las generales. Bajo esta segunda hip&oacute;tesis, se borra el horizonte apocal&iacute;ptico, pero no por ello &eacute;ste se transforma ni mucho menos en el para&iacute;so. Se abrir&iacute;a, eso s&iacute;, la posibilidad de seguir viviendo con un m&iacute;nimo de dignidad y, lo que es m&aacute;s importante, la posibilidad de seguir luchando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/bandera-griega_132_2591411.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Jul 2015 22:17:56 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Nuestra bandera griega]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hackear la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/hackear-democracia_132_2602051.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El domingo pasado se reunieron en Madrid, de modo informal, Elena Giner, concejala delegada de Participación, Transparencia y Gobierno Abierto del Ayuntamiento de Zaragoza, y Pablo Soto, concejal de Participación Ciudadana, Transparencia y Gobierno Abierto del Ayuntamiento de Madrid, para tejer lazos y hackear la democracia</p></div><p class="article-text">
        Si hackear significa explorar los l&iacute;mites de un c&oacute;digo o una m&aacute;quina, y tratar de transgredirlos, las candidaturas municipalistas que han irrumpido en los ayuntamientos est&aacute;n en condiciones de convertirse en laboratorios de experimentaci&oacute;n pol&iacute;tica desde los que comenzar a hackear la democracia para conseguir m&aacute;s democracia.
    </p><p class="article-text">
        Como pusiera de relieve el fil&oacute;sofo franc&eacute;s Claude Lefort, lo propio del r&eacute;gimen democr&aacute;tico es estar en un continuo proceso de reinvenci&oacute;n: &ldquo;Lo esencial &mdash;ha indicado&mdash; es que la democracia se instituye y se mantiene por la disoluci&oacute;n de los referentes de la certeza&rdquo;. La democracia, en ese sentido, es, fundamentalmente, invenci&oacute;n. Frente a cualquiera que sea el orden instituido, la democracia se presenta como ruptura e innovaci&oacute;n. Este vector de innovaci&oacute;n resulta clave a la hora de evaluar las posibilidades de &eacute;xito de los movimientos que han accedido a los gobiernos locales y, m&aacute;s a&uacute;n, a la hora de impulsar un proyecto pol&iacute;tico capaz de competir al monstruo bic&eacute;falo del bipartidismo el gobierno de la naci&oacute;n en las pr&oacute;ximas elecciones generales.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n que se ha abierto tras las pasadas elecciones municipales ha supuesto, sin duda, un fuerte incremento de la complejidad de los conflictos pol&iacute;ticos. La entrada en los gobiernos locales de las candidaturas ciudadanas ha roto eso que los promotores del Partido X llamaran &ldquo;el techo de cristal&rdquo; de los movimientos sociales, ese techo que les imped&iacute;a ser agentes de una transformaci&oacute;n efectiva de las condiciones de vida colectivas. Ahora bien, desde el momento en el que se accede a las instituciones el combate pol&iacute;tico multiplica sus escalas. Cuando menos las duplica, en tanto que obliga a trabajar simult&aacute;neamente desde dentro y fuera de la instituci&oacute;n. As&iacute;, los frentes se diversifican, y las t&aacute;cticas proliferan, dado que han de ser diferentes en cada uno de ellos. La complejidad supone, en la pr&aacute;ctica, que las luchas pol&iacute;ticas se jueguen a d&iacute;a de hoy en un sistema multicapa en el que cada capa posee sus l&oacute;gicas propias. Sin embargo, como es obvio, si las diversas t&aacute;cticas que se despliegan en funci&oacute;n de las diferentes l&oacute;gicas no se articulan las unas con las otras ser&aacute; imposible que la estrategia de conjunto tenga &eacute;xito
    </p><p class="article-text">
        El prototipado de tecnolog&iacute;as de profundizaci&oacute;n democr&aacute;tica es uno de los desaf&iacute;os centrales de las apuestas ciudadanas de gobierno en la medida en que es un elemento, quiz&aacute; el m&aacute;s importante, que permite articular los distintos niveles de intervenci&oacute;n, pues resulta clave a la hora de componer, a partir de las diversas t&aacute;cticas en los diversos frentes, una estrategia de conjunto. En ese sentido, la reuni&oacute;n de las concejal&iacute;as de Participaci&oacute;n de Ahora Madrid y Zaragoza en Com&uacute;n, abre toda una serie de posibilidades a la hora de reforzar las din&aacute;micas democratizadoras de los municipios, as&iacute; como para impulsar las opciones pol&iacute;ticas transformadoras. El modelo de c&oacute;digo abierto y de replicabilidad con que trabajan ambas concejal&iacute;as permite despertar un intenso proceso virtuoso de experimentaci&oacute;n e innovaci&oacute;n democr&aacute;ticas; pero, tambi&eacute;n, comenzar a trazas l&iacute;neas compartidas que estrechen los lazos e indaguen en la posibilidad de una federaci&oacute;n de municipios rebeldes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Enfrentarse a la cuesti&oacute;n de la participaci&oacute;n ciudadana exige abordar ciertas dificultades en las que, de alg&uacute;n modo, se juega el futuro de las apuestas de cambio. En primer lugar, porque la participaci&oacute;n es, desde la perspectiva institucional, la &uacute;nica herramienta leg&iacute;tima mediante la cual apuntalar los proyectos municipalistas. La crisis de legitimidad que, a nivel global, sufren los gobiernos representativos no se ha cerrado ni se va a cerrar con la entrada de las candidaturas ciudadanas en las instituciones locales. El desaf&iacute;o municipalista, de hecho, se erige sobre esa crisis y la aprovecha en su favor, incluso impuls&aacute;ndola. En el municipalismo no se trata tanto de afirmar &ldquo;&iexcl;que s&iacute;, que s&iacute; nos representan!&rdquo;, como de profundizar, a trav&eacute;s de mecanismos de participaci&oacute;n, el &ldquo;&iexcl;no nos representan!&rdquo; que se expresase en el 15M. A trav&eacute;s del fomento de la participaci&oacute;n se hace posible, no ya reducir la distancia entre gobernantes y gobernados, sino trazar una l&iacute;nea de fuga respecto de la separaci&oacute;n entre unos y otros, dejando las decisiones de gobierno en manos del conjunto abierto de la ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta de posibilitar Iniciativas Populares Vinculantes que se hace tanto desde Ahora Madrid como desde Zaragoza en Com&uacute;n, tiene como objetivo primario el que la ciudadan&iacute;a sea quien legisle de manera directa, sin la intermediaci&oacute;n de los aparatos de gobierno. Frente a los l&iacute;deres carism&aacute;ticos y los procesos plebiscitarios que los habilitan, la participaci&oacute;n y el desarrollo de tecnolog&iacute;as que suspendan la diferencia entre gobernantes y gobernados resultan los elementos clave a la hora de dise&ntilde;ar la ciudad democr&aacute;tica. De ah&iacute; que el gran reto de los nuevos gobiernos pase por evitar el c&iacute;rculo vicioso de la no-participaci&oacute;n, por cuanto los procesos de participaci&oacute;n obtienen su legitimidad precisamente en la medida en que, perd&oacute;nese la redundancia, son participados. Como con humor &aacute;cido ha twitteado @ComunaZaragoza, &ldquo;Solo una clase: la clase participativa. El participariado consciente debe tomar los medios de participaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, &iquest;c&oacute;mo ampliar el espectro de participaci&oacute;n que asegure l&oacute;gicas de autogobierno de la ciudadan&iacute;a? No basta con establecer los canales para participar de modo efectivo tanto en la deliberaci&oacute;n como en la toma de decisiones sin que quienes han estado excluidos de la pol&iacute;tica irrumpan en ella. De ah&iacute; que, junto a los canales de participaci&oacute;n que se implementen desde dentro de la instituci&oacute;n, sea necesaria la apertura, desde fuera de la instituci&oacute;n, de procesos de auto-organizaci&oacute;n ciudadana de aquellos sectores que no han tenido parte hasta la fecha en el marco de la acci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La auto-organizaci&oacute;n de lo que, siguiendo a Foucault, Ra&uacute;l S&aacute;nchez Cedillo ha llamado &ldquo;fuerzas plebeyas&rdquo;, asociada a la pr&oacute;tesis institucional de las tecnolog&iacute;as de participaci&oacute;n democr&aacute;tica, se presenta como la &uacute;nica opci&oacute;n para hackear la democracia, para desplegar un proceso constituyente capaz devolvernos la soberan&iacute;a desde la que tejer una red de ciudades rebeldes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/hackear-democracia_132_2602051.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Jun 2015 20:19:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Hackear la democracia]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El gobierno imposible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/gobierno-imposible_132_2625080.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El éxito electoral de las candidaturas municipalistas en algunas de las ciudades más importantes del estado español y el aparente estancamiento de Podemos en las elecciones autonómicas ha propiciado que se abra un debate acerca de qué hacer de cara a las elecciones generales que, previsiblemente, se convocarán de manera anticipada</p></div><p class="article-text">
        Este debate, sin embargo, se est&aacute; desplegando a partir de la asunci&oacute;n de una idea supuestamente compartida, la de que la prioridad ahora no es otra que preparar el asalto al gobierno de la naci&oacute;n. Esta idea impide atender a una consideraci&oacute;n m&aacute;s elemental. Olvida que los movimientos municipalistas han accedido a los gobiernos locales, y que el espacio de trabajo que ah&iacute; se abre es inmenso. El debate en torno a la t&aacute;ctica a seguir para ganar las elecciones generales acalla cuestiones m&aacute;s urgentes. &iquest;Qu&eacute; va a pasar cuando se acceda a los ayuntamientos? &iquest;Qu&eacute; escenario se dibuja? &iquest;C&oacute;mo se va a trabajar desde ah&iacute;? &iquest;Qu&eacute; significado se va a dar a la palabra &ldquo;gobernar&rdquo;?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estas cuestiones resultan decisivas a la hora de delinear los pasos inmediatos a seguir, pero tambi&eacute;n a la hora de decidir la t&aacute;ctica necesaria para ganar las elecciones generales. A veces da la impresi&oacute;n de que, para algunos, la apuesta por el asalto a las instituciones de gobierno local era s&oacute;lo un campo de entrenamiento para una batalla m&aacute;s importante. Sin embargo, si se toma en serio la propuesta municipalista, la lucha por los ayuntamientos no es s&oacute;lo un campo de pruebas, sino el elemento clave a la hora de alterar el reparto de fuerzas y de quebrar las l&oacute;gicas de dominaci&oacute;n a&uacute;n vigentes. S&oacute;lo respondiendo a las cuestiones m&aacute;s urgentes del municipalismo es posible plantearse con algo de seriedad el problema siguiente, que es el de la escalabilidad, es decir, el del salto a la escala naci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, &iquest;qu&eacute; va a pasar cuando las organizaciones municipalistas accedan, all&iacute; donde lo van a hacer, a las alcald&iacute;as? El horizonte que se presenta es, sin duda, excitante; pero, tambi&eacute;n, muy complicado. Gobiernos en minor&iacute;a, sin apenas presupuesto a su disposici&oacute;n y en ayuntamientos con deudas asfixiantes. Los gobiernos salientes han seguido una estrategia de tierra quemada dejando a unas instituciones en situaci&oacute;n pr&aacute;cticamente de colapso y unas ciudades en gran medida devastadas por la crisis y el empobrecimiento generalizado. La estrategia de ese monstruo de dos cabezas que ha gobernado desde la transici&oacute;n, la estrategia conjunta de PP y PSOE, no puede ser otra que tratar de devolvernos a todos a la situaci&oacute;n previa a las elecciones del 24M, no puede ser otra que intentar recuperar posiciones, reforzarse y recomponer el bipartidismo.
    </p><p class="article-text">
        Tras el descalabro de la estrategia griega, que llev&oacute; a la desaparici&oacute;n, primero, del PASOK y, luego, al triunfo de Syriza, nuestro monstruo de dos cabezas no puede, salvo excepcionalmente, arriesgarse a conformar gobiernos de concentraci&oacute;n que supondr&iacute;an el suicidio del PSOE, al quedar &eacute;ste representado como lo que, en el fondo, ya es, un aparato al servicio de la reproducci&oacute;n de un r&eacute;gimen favorable a las &eacute;lites herederas del franquismo y no al servicio de las personas. La &uacute;nica opci&oacute;n que le queda al monstruo bic&eacute;falo es teatralizar, con la cabeza que se dice de izquierdas, el apoyo a las candidaturas municipalistas en los actos de investidura, para, a rengl&oacute;n seguido, boicotear cualquier iniciativa de cambio e, incluso, de gobierno. Se buscar&aacute;, as&iacute;, generar una sensaci&oacute;n de desgobierno que, habiendo erosionado la credibilidad de las apuestas de transformaci&oacute;n, ser&aacute; utilizada por las c&uacute;pulas socialistas para presentarse como la &uacute;nica alternativa de izquierdas capaz de hacerse cargo de la responsabilidad de gobierno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La insistencia que han hecho los diversos partidos, incluido Ciudadanos, en la exigencia de estabilidad juega un papel fundamental en este sentido. Los discursos que ponen el acento en la necesidad de formar gobiernos estables es la trampa con la que el monstruo del bipartidismo pretende desactivar los procesos de transformaci&oacute;n popular. Es m&aacute;s que previsible que, al mismo tiempo que reiteran hasta la saciedad la necesidad de estabilidad, lleven adelante pol&iacute;ticas desestabilizadoras que impidan a los gobiernos municipalistas desarrollar las medidas de emergencia que mejorar&iacute;an las condiciones de vida de la mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Si tiene &eacute;xito la estrategia perversa de desestabilizar al mismo tiempo que se exige estabilidad, el monstruo del bipartidismo, apoy&aacute;ndose en Ciudadanos, se ver&aacute; muy reforzado de cara a las elecciones generales y, en caso de cosechar en &eacute;stas buenos resultados, derivar&aacute; en mociones de censura en los municipios rebeldes. Dec&iacute;a que si tiene &eacute;xito. Pero no puede no tener &eacute;xito. El escenario que se dibuja en el interior de las instituciones es, como es obvio, un escenario de guerra abierta entre los partidos del r&eacute;gimen, aliados con Ciudadanos, y las fuerzas pol&iacute;ticas que promueven el cambio. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;c&oacute;mo se va a trabajar desde ah&iacute;, una vez ocupados los ayuntamientos? Nos enfrentamos, como he dicho, a un escenario de guerra abierta en el interior de las instituciones. Y esa guerra es una guerra que, aparentemente, est&aacute; perdida de antemano. Cualquiera que haya le&iacute;do algo sobre estrategia militar sabe que una vez los contendientes est&aacute;n dispuestos en el campo de batalla todo est&aacute; decidido. Los estrategas orientales lo han explicado con claridad: una vez definidas las posiciones iniciales y las reglas de juego, lo que sigue es puro desarrollo mec&aacute;nico; el triunfo y la derrota se deciden antes de que empiece la batalla, en funci&oacute;n de c&oacute;mo se dispongan las fuerzas en liza.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta que hay, entonces, que hacerse es si es posible cambiar las reglas de juego, si es posible alterar las posiciones iniciales, si es posible desbaratar el propio campo de batalla. &iquest;Qu&eacute; estrategia seguir para no verse atrapado en un gobierno imposible? O, mejor a&uacute;n, &iquest;c&oacute;mo hacer del gobierno imposible la palanca de transformaci&oacute;n social que deseamos?
    </p><p class="article-text">
        Es indispensable transformar el campo en el que se despliega el conflicto e, incluso, alterar el rostro de los agentes en pugna. Para ello, en primer lugar, es necesario sacar la toma de decisiones de gobierno de la sala de plenos del ayuntamiento, para dejarla en manos del conjunto de la ciudadan&iacute;a. Y ello no s&oacute;lo a trav&eacute;s de consultas m&aacute;s o menos peri&oacute;dicas, sino, sobre todo, a trav&eacute;s del fomento de la organizaci&oacute;n aut&oacute;noma de la gente. Frente a los que reclaman responsabilidad de gobierno, hay que apostar por favorecer una ciudadan&iacute;a ingobernable. S&oacute;lo si el conflicto deja de jugarse entre las organizaciones municipalistas y el monstruo de dos cabezas, para revelarse como una lucha de las mayor&iacute;as sociales contra las fuerzas del r&eacute;gimen y los intereses que &eacute;stas representan, ser&aacute; posible desactivar los proyectos de regeneraci&oacute;n del bipartidismo.
    </p><p class="article-text">
        Los cargos electos de las candidaturas municipalistas no podr&aacute;n administrar la cosa p&uacute;blica, pero s&iacute; favorecer las condiciones para que las exigencias de la poblaci&oacute;n movilizada se trasladen al interior de las instituciones locales. Establecer los cauces necesarios para una participaci&oacute;n masiva es lo &uacute;nico que puede romper la estrategia de desestabilizaci&oacute;n que el PSOE y el PP ya preparan. Esta es, adem&aacute;s, la precondici&oacute;n para que las alternativas electorales de cambio no se vean lastradas por una erosi&oacute;n pol&iacute;tica prematura que acabe impidiendo la conformaci&oacute;n de una m&aacute;quina electoral para las generales con alguna opci&oacute;n de &eacute;xito. No es Podemos s&iacute; o Podemos no. Es cuesti&oacute;n de autoorganizaci&oacute;n ciudadana.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/gobierno-imposible_132_2625080.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jun 2015 21:06:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El gobierno imposible]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La nueva política está aún por inventar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/nueva-politica-inventar_132_2638202.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Los resultados de las elecciones municipales del pasado 24M han abierto un nuevo ciclo político en el estado español y, probablemente, con efectos a escala europea</p></div><p class="article-text">
        El &eacute;xito de las candidaturas de confluencia ciudadana nos pone frente a todo un conjunto de desaf&iacute;os que es necesario abordar de manera urgente. El asalto a las instituciones locales de gobierno, en la medida en que ya se ha realizado parcialmente, nos obliga a tomar en serio la pregunta acerca de qu&eacute; sea eso que muchos han dado en llamar &ldquo;nueva pol&iacute;tica&rdquo;, y que, obviamente, es s&oacute;lo el &uacute;ltimo avatar de un ciclo de luchas m&aacute;s largo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si queremos abordar con un m&iacute;nimo de rigor eso que llamamos &ldquo;nueva pol&iacute;tica&rdquo; no debemos reducirla a sus esl&oacute;ganes ni a sus momentos m&aacute;s espectaculares. No puede quedar anal&iacute;ticamente limitada a un mero cambio en el tono de las declaraciones, ni a la sumisi&oacute;n de los cargos a f&eacute;rreos c&oacute;digos &eacute;ticos, ni siquiera a la implementaci&oacute;n de mecanismos que aseguren la trasparencia en las cuentas o en la toma de decisiones p&uacute;blicas. La nueva pol&iacute;tica, si por algo puede definirse, es por ser algo m&aacute;s que el simple maquillaje de la vieja. De hecho, la nueva pol&iacute;tica es, precisamente, eso que en la pol&iacute;tica actual escapa a las viejas modalidades de hacer pol&iacute;tica: respecto de la pol&iacute;tica actual es, digamos, su parte de novedad. Pero, justo por eso, muy dif&iacute;cilmente puede ser definida la nueva pol&iacute;tica. Al menos de manera definitiva. Porque la nueva pol&iacute;tica es precisamente eso que est&aacute; justo ahora por descubrir, eso que hemos, s&oacute;lo muy parcialmente, comenzado a entrever, empezado a construir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La nueva pol&iacute;tica es algo que habr&aacute; que decidir colectivamente, a trav&eacute;s tanto de debates como de pr&aacute;cticas efectivas. Y las recetas precocinadas son una de esas cosas de las que parece necesario prescindir. Con todo, conocemos ya algunos de los ingredientes, como la transparencia, el control ciudadano o el blindaje de los derechos sociales; pero a&uacute;n queda mucho por investigar. La nueva pol&iacute;tica est&aacute; todav&iacute;a por inventar. &iquest;Nos conformaremos con una pol&iacute;tica que simplemente se distinga de la vieja por ser m&aacute;s participada y efectiva, por impedir la corrupci&oacute;n o gestionar mejor la cosa p&uacute;blica? &iquest;O, cuando decimos &ldquo;nueva pol&iacute;tica&rdquo; queremos decir algo m&aacute;s, se&ntilde;alar un cambio m&aacute;s profundo en los modos de gobernabilidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1979, el fil&oacute;sofo franc&eacute;s Michel Foucault, en el que se ha demostrado uno de los an&aacute;lisis no solo m&aacute;s interesantes sino, tambi&eacute;n, m&aacute;s precoces del neoliberalismo, pon&iacute;a de relieve c&oacute;mo el liberalismo hab&iacute;a sido capaz de generar unas formas de gobernabilidad propias, formas que, posteriormente, habr&iacute;a desarrollado el neoliberalismo. Frente a la constataci&oacute;n de la existencia de una racionalidad de gobierno liberal, Foucault se&ntilde;alaba c&oacute;mo el socialismo se hab&iacute;a demostrado a lo largo de su historia incapaz de crear una racionalidad de gobierno propia y alternativa. De un modo escasamente velado convocaba a indagar en la posibilidad de dise&ntilde;ar una nueva racionalidad de gobierno, una gobernabilidad distinta de la neoliberal. Tal parece ser una de las tareas fundamentales que nos exige la actualidad.
    </p><p class="article-text">
        La nueva pol&iacute;tica parece ir en esa l&iacute;nea. Apunta a una transformaci&oacute;n radical en los modos de gobierno, hasta el punto de que la noci&oacute;n misma de &ldquo;gobierno&rdquo; viene a significar algo totalmente diferente a lo que, primero la tradici&oacute;n liberal y, m&aacute;s tarde, la propuesta neoliberal, han ofertado. Con una peculiaridad: frente a las propuestas que se oponen al neoliberalismo exigiendo retornar a formas de gesti&oacute;n previa como, por ejemplo, el estado de bienestar; la nueva pol&iacute;tica se sabe al interior del marco neoliberal, y que de &eacute;l no se escapa sino profundiz&aacute;ndolo, aceler&aacute;ndolo, atraves&aacute;ndolo hasta salir al otro lado.
    </p><p class="article-text">
        Si la teor&iacute;a neoliberal se caracteriza por concebir al individuo ya no como trabajador sino como empresario de s&iacute; mismo y emprendedor, no ya como fuerza de trabajo sino como capital humano en competici&oacute;n por las plusval&iacute;as; la gobernabilidad que ha empezado a expresarse como nueva pol&iacute;tica no busca reivindicar los modelos superados del trabajo asalariado. Trata, m&aacute;s bien, de construir un nuevo marco. En &eacute;ste, el individuo bien puede aparecer como creador relativamente aut&oacute;nomo de valor. La diferencia respecto de la hip&oacute;tesis del capital humano estriba en que la relaci&oacute;n entre individuos no ser&aacute; ya de competici&oacute;n sino de cooperaci&oacute;n, dando lugar a unas l&oacute;gicas en las que, en lugar de primar la acumulaci&oacute;n privada de los beneficios, rige la distribuci&oacute;n equilibrada y el enriquecimiento de lo com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En lo que se refiere a las diferentes propuestas de gobernabilidad, quiz&aacute; una de las claves se encuentre en los distintos modelos de ciudad que se impulsan, bien desde el neoliberalismo, bien desde eso que hemos dado en llamar nueva pol&iacute;tica. Frente a las Smart-Cities neoliberales, organizadas en torno a la extracci&oacute;n del valor generado por una producci&oacute;n cognitiva externalizada, pero tambi&eacute;n frente a la Ciudades-Marca, especializadas en sectores productivos con el fin de competir con el resto de ciudades a la hora de atraer las inversiones del capital financiero; la nueva pol&iacute;tica parece jugar con un modelo diferente de ciudad que algunos han dado en llamar Democratic-Cities. Estas ciudades democr&aacute;ticas se caracterizar&iacute;an por reconocer el car&aacute;cter productivo de la cooperaci&oacute;n social de sus habitantes, sin reducir a estos &uacute;ltimos ni al modelo de la antigua clase obrera ni a un cognitariado fuertemente precarizado y dependiente de los circuitos financieros. La riqueza aparece aqu&iacute;, al contrario, como efecto de la articulaci&oacute;n de m&uacute;ltiples niveles productivos que encontrar&iacute;an su base en las labores de reproducci&oacute;n de la vida de la propia ciudad. Los individuos no ser&iacute;an capitales en competici&oacute;n los unos con los otros, sino fragmentos articulados de la potencia productiva com&uacute;n. Frente a la presunci&oacute;n&nbsp; de un mercado que con sus leyes, que el Estado asegura, organizar&iacute;a la libre competencia, los individuos de la ciudad democr&aacute;tica resultan ser agentes activos de la gesti&oacute;n de la producci&oacute;n social colaborativa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La apuesta por la renta b&aacute;sica universal responde a este modelo de ciudad en&nbsp; el que se reconoce que todos los ciudadanos, con y sin papeles, colaboran en funci&oacute;n de sus capacidades en la producci&oacute;n y reproducci&oacute;n de la vida en com&uacute;n; y que, por lo tanto, han de ser justamente retribuidos en funci&oacute;n de sus necesidades. Junto a esta apuesta, la promoci&oacute;n de una institucionalidad que escape tanto a las l&oacute;gicas de lo privado como a las de lo p&uacute;blico, entendiendo aqu&iacute; lo p&uacute;blico como un monopolio en manos del sector restringido de personas que compone el Estado, apunta hacia una democratizaci&oacute;n radical de la gesti&oacute;n de los recursos y servicios que tiende a devolver a todos la gesti&oacute;n de los medios necesarios para la reproducci&oacute;n de la vida de todos. El asalto institucional que se ha promovido desde la nueva pol&iacute;tica consiste, precisamente, en eso: en, a trav&eacute;s de un proceso de democratizaci&oacute;n radical de las instituciones p&uacute;blicas, devolver al com&uacute;n lo que del com&uacute;n procede.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Lópiz Cantó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/nueva-politica-inventar_132_2638202.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2015 20:22:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La nueva política está aún por inventar]]></media:title>
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