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    <title><![CDATA[elDiario.es - Miriam Gartor]]></title>
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      <title><![CDATA[Los daños por los que la petrolera estadounidense Chevron no ha indemnizado a sus víctimas en Ecuador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/petrolera-estadounidense-chevron-imprega-ecuador_1_2636685.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ea1930f6-03f1-4570-b81f-6dfa48847b67_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ermel Chávez muestra el crudo de una piscina abierta en el pozo Aguarico 4 (Ecuador). / Miriam Gartor. "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Campesinos e indígenas luchan desde hace 20 años para que la multinacional Chevron-Texaco reconozca el perjuicio causado en la Amazonia ecuatoriana</p><p class="subtitle">Toda la familia de los familiares de Julia murieron de cáncer: "Queremos que esto termine, pero que reconozcan la contaminación y el daño hecho"</p><p class="subtitle">En noviembre de 2013 un tribunal ecuatoriano condenó a la multinacional a pagar 9.500 millones de dólares, un pago que se resiste a abonar</p></div><p class="article-text">
        Cuando Servio Curipoma construy&oacute; su casa en una peque&ntilde;a finca de la Amazon&iacute;a ecuatoriana, desconoc&iacute;a que bajo el suelo se escond&iacute;a una piscina de petr&oacute;leo. Era una de las cerca de mil piscinas que la compa&ntilde;&iacute;a Texaco abri&oacute; para arrojar los desechos de su actividad petrolera, y que despu&eacute;s ocult&oacute; cubri&eacute;ndola de tierra. Veinte a&ntilde;os transcurrieron hasta que, en el a&ntilde;o 2008, Servio y su familia fueron reubicados en una nueva casa, a unos 20 metros de distancia. Para entonces sus padres ya hab&iacute;an fallecido de c&aacute;ncer.
    </p><p class="article-text">
        La parroquia rural de San Carlos, ubicada en la provincia amaz&oacute;nica de Orellana, se encuentra dentro del campo Sacha, uno de los m&aacute;s grandes campos petroleros de Ecuador descubierto en 1969 por la trasnacional estadounidense Texaco, adquirida en 2001 por Chevron. En el pozo Sacha 56 todav&iacute;a se observa la infraestructura del pozo y los cimientos de la casa que la familia Curipoma dej&oacute; abandonada. Ermel Ch&aacute;vez, dirigente del Frente de Defensa de la Amazon&iacute;a, remueve la tierra donde Servio cultivaba sus pl&aacute;tanos. &ldquo;Aqu&iacute;, por ejemplo, metes un palo y sale agua y petr&oacute;leo. Es petr&oacute;leo y est&aacute; tapado. Realmente no se sabe qu&eacute; di&aacute;metro tendr&aacute; pero siempre hac&iacute;an piscinas grandes, de hasta tres metros de profundidad y 30 metros de di&aacute;metro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Texaco oper&oacute; entre 1964 y 1990 en la Amazon&iacute;a noroccidental ecuatoriana. Cada vez que perforaba un pozo, lo hac&iacute;a siguiendo la misma t&eacute;cnica. Alrededor de la plataforma abr&iacute;a grandes fosas &ndash;piscinas&ndash; directamente en el suelo donde arrojaba el petr&oacute;leo de prueba, los lodos de perforaci&oacute;n y las aguas de formaci&oacute;n. Sin ning&uacute;n tipo de impermeabilizaci&oacute;n ni consideraci&oacute;n ambiental. En aquella &eacute;poca estas pr&aacute;cticas eran ya consideradas obsoletas e incluso estaban prohibidas en algunos pa&iacute;ses como EEUU. Muchas de estas fosas fueron posteriormente cubiertas con tierra y ocultadas por la propia empresa, que nunca determin&oacute; el n&uacute;mero exacto de piscinas construidas. Durante el juicio que los 30.000 afectados interpusieron contra Chevron-Texaco, los demandantes descubrieron 996. Cuatro d&eacute;cadas despu&eacute;s, estas piscinas contin&uacute;an filtrando sustancias t&oacute;xicas en el subsuelo y contaminando las aguas subterr&aacute;neas.
    </p><p class="article-text">
        A unos metros de distancia vive Carmen Morocho junto a su familia. Su casa fue construida sobre un derrame de petr&oacute;leo que se produjo hace 40 a&ntilde;os. &ldquo;Estamos viviendo sobre el derrame. Todo est&aacute; y estamos contaminados. Hasta en la casa hay una plancha de crudo seco. Lo hemos tapado pero&hellip;&rdquo;. Se detiene pensativa, como queriendo encontrar un final a la frase. &ldquo;As&iacute; le damos a la vida&rdquo;, suspira. Casi con la misma resignaci&oacute;n nos cuenta que la tierra no se puede cultivar porque no produce nada. &ldquo;No hemos salido de aqu&iacute; porque es duro para nosotros construir una casita&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">M&aacute;s de 20 a&ntilde;os de lucha</h3><p class="article-text">
        Abandonamos Sacha para dirigirnos al campo Shushufindi, en la vecina provincia de Sucumb&iacute;os. Durante el camino, el trasiego de camiones de carga pesada vinculados a la actividad petrolera y los innumerables carteles con la advertencia de &ldquo;peligro&rdquo;, rompen con la aparente tranquilidad del paisaje. La continua presencia del Sistema de Oleoductos Transecuatoriano (SOTE), un entramado de oxidadas tuber&iacute;as que recorre los 503 km que separan la selva amaz&oacute;nica de la costa en el Pac&iacute;fico, nos recuerda que estamos en la zona petrolera por excelencia de Ecuador. Un gran letrero del Gobierno ecuatoriano lo confirma: &ldquo;&iexcl;El petr&oacute;leo impulsa el Buen Vivir de tu comunidad!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Durante el trayecto, Ermel nos relata el proceso de resistencia de las comunidades. El 3 de noviembre de 1993 un grupo de ind&iacute;genas y colonos campesinos afectados por los impactos de Texaco interpusieron ante una corte en Nueva York una demanda colectiva en representaci&oacute;n de las 30.000 personas afectadas. Unos meses despu&eacute;s, el 15 de mayo de 1994, se constituy&oacute; el Frente de Defensa de la Amazon&iacute;a para dar seguimiento a la demanda, y ofrecer acompa&ntilde;amiento y asesoramiento a las comunidades que segu&iacute;an en conflicto petrolero. Posteriormente, la organizaci&oacute;n se ampli&oacute; con la creaci&oacute;n de la Asamblea de Afectados por Texaco. Comenzaba as&iacute; un largo proceso de lucha que dura ya m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, y que ha logrado unir a cinco nacionalidades ind&iacute;genas y a colonos campesinos frente a una causa com&uacute;n: exigir justicia y reparaci&oacute;n socioambiental.
    </p><p class="article-text">
        El 14 de febrero de 2011, tras el traslado del juicio a Ecuador a petici&oacute;n de Chevron, la justicia ecuatoriana conden&oacute; a la empresa a pagar 9.500 millones de d&oacute;lares y a expresar disculpas p&uacute;blicas por los da&ntilde;os causados. En caso de no hacerlo, la indemnizaci&oacute;n aumentar&iacute;a a 19.000 millones. El fallo fue ratificado en dos ocasiones: en enero de 2012 y en noviembre de 2013. Finalmente, la sentencia condenatoria fue fijada en 9.500 millones de d&oacute;lares dirigida a realizar la remediaci&oacute;n social y ambiental, a pesar de que la empresa nunca pidi&oacute; disculpas. Se trata de la indemnizaci&oacute;n m&aacute;s grande de la historia dictaminada por un conflicto ambiental, que Chevron se niega a aceptar. &ldquo;El juicio est&aacute; ganado. Chevron ha sido condenado. Ahora el problema es cobrar&rdquo;, subraya Ermel.
    </p><p class="article-text">
        Dado que la empresa no posee activos en Ecuador, la &uacute;nica posibilidad es tramitar el cobro de la sentencia a trav&eacute;s de la incautaci&oacute;n de bienes en otros pa&iacute;ses. En noviembre de 2012 Argentina decret&oacute; el embargo de todos los bienes de Chevron en el pa&iacute;s, en lo que parec&iacute;a ser el comienzo de la ejecuci&oacute;n de la sentencia. Sin embargo, el millonario acuerdo firmado entre la renacionalizada YPF y la petrolera estadounidense para iniciar la explotaci&oacute;n de hidrocarburos no convencionales en la Patagonia argentina, ha truncado esa posibilidad. Actualmente las expectativas est&aacute;n puestas en Brasil y Canad&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        No ser&aacute; sencillo. En marzo de 2014, un juez de Nueva York dictamin&oacute; que la sentencia condenatoria contra la petrolera Chevron fue dictada de manera &ldquo;fraudulenta&rdquo;. La resoluci&oacute;n no anula el fallo de la justicia ecuatoriana pero favorece que los tribunales de otros pa&iacute;ses no lleven a efecto su sanci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        El pasado 24 de octubre los afectados interpusieron una demanda ante la Corte Penal Internacional de La Haya contra el gerente general de Chevron, John Watson, y otros altos directivos de la petrolera estadounidense para que sean juzgados por delitos de lesa humanidad.
    </p><h3 class="article-text">Reconocer el da&ntilde;o causado</h3><p class="article-text">
        Julia Gonz&aacute;lez es vecina de Shushufindi desde los a&ntilde;os en que Texaco operaba en la zona. Recuerda con tristeza que frente a la casa familiar perforaron un pozo y nunca fueron informados sobre los peligros que conllevaba. Sin ning&uacute;n cuidado, la empresa derramaba los desechos a las fuentes h&iacute;dricas contaminando las vertientes de donde Julia y su familia recog&iacute;an el agua para su consumo diario. &ldquo;El agua era amarillenta y de ah&iacute; lav&aacute;bamos, nos ba&ntilde;&aacute;bamos y tom&aacute;bamos. Nunca nos dijeron que ese agua no se pod&iacute;a utilizar&rdquo;. Un estudio publicado por el Instituto Hegoa-UPV/EHU concluy&oacute; que la ausencia de informaci&oacute;n sobre los efectos nocivos de la actividad petrolera fue una pr&aacute;ctica generalizada. Adem&aacute;s, revel&oacute; que en numerosas ocasiones el personal de Texaco indicaba a las poblaciones que &ldquo;tanto el petr&oacute;leo como las aguas de formaci&oacute;n ten&iacute;an efectos positivos para los cultivos o incluso para la piel o la salud&rdquo;.
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        &ldquo;Con el tiempo nos afect&oacute; a m&iacute; y a mi familia&rdquo;, contin&uacute;a Julia. Con el transcurso de los a&ntilde;os comenzaron a padecer infecciones y enfermedades. Todos los familiares de Julia fallecieron de c&aacute;ncer. En las zonas expuestas a la contaminaci&oacute;n petrolera como Sucumb&iacute;os y Orellana el c&aacute;ncer es la principal causa de muerte, cuya incidencia es tres veces superior a la media nacional.
    </p><p class="article-text">
        Los problemas de salud para las poblaciones afectadas todav&iacute;a persisten. &ldquo;Cada uno de nosotros todav&iacute;a lo palpamos en nuestro cuerpo, en nuestro vivir diario, con nuestros problemas de salud&rdquo;. Consciente de que la remediaci&oacute;n socioambiental se antoja complicada, Julia reclama que la empresa admita los da&ntilde;os causados. &ldquo;Todos queremos que esto termine, pero que reconozcan la contaminaci&oacute;n y el da&ntilde;o hecho a la poblaci&oacute;n. Reconocer para que esto termine ya. Ese es mi pedido&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Una soluci&oacute;n urgente</h3><p class="article-text">
        El pozo Shushufindi 61 todav&iacute;a contin&uacute;a en funcionamiento desde que en la d&eacute;cada de los setenta Texaco lo perforara por primera vez. En la actualidad es la empresa p&uacute;blica Petroamazonas la que realiza los trabajos de extracci&oacute;n. Ermel nos conduce a trav&eacute;s de una vereda hacia una piscina que en esta ocasi&oacute;n no est&aacute; cubierta de tierra. Un lago negro de petr&oacute;leo se atisba entre la vegetaci&oacute;n. Con la ayuda de una larga rama intenta averiguar su profundidad. Son tres metros aproximadamente. &ldquo;El problema es que el petr&oacute;leo migra por el subsuelo hacia las fuentes h&iacute;dricas. Esta piscina tendr&aacute; cerca de 40 a&ntilde;os y el petr&oacute;leo contin&uacute;a migrando a trav&eacute;s del tiempo&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        Durante el proceso judicial se tomaron 85.000 muestras de agua y de suelo de diferentes campos. Todas reportaron altos niveles de contaminaci&oacute;n. Un estudio de la cadena alimenticia demostr&oacute; que la grasa de los peces de la zona contiene hidrocarburos. &ldquo;Podemos deducir que el pl&aacute;tano, el cacao, el ganado y hasta los alimentos est&aacute;n contaminados. El da&ntilde;o es incalculable&rdquo;, contin&uacute;a Ermel, que considera que hay ciertas cuestiones que no se podr&aacute;n remediar. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo se pueden reparar dos pueblos ind&iacute;genas que han desaparecido? &iquest;Y los territorios de los pueblos originarios? &iquest;Y las vidas de las personas fallecidas?&rdquo;. Estos son algunos de los interrogantes a los que trata de encontrar respuestas sin &eacute;xito.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Chevron es una pr&oacute;fuga de la justicia&rdquo;</h3><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo tramo del recorrido nos conduce al pozo Aguarico 4, sin duda el caso m&aacute;s emblem&aacute;tico. Durante el juicio, el abogado de la trasnacional aleg&oacute; que la responsabilidad de la contaminaci&oacute;n podr&iacute;a ser de las empresas que han continuado con las operaciones de los pozos despu&eacute;s de la salida de Texaco. Sin embargo, este fue operado exclusivamente por la petrolera estadounidense.
    </p><p class="article-text">
        Caminando a trav&eacute;s de un bosque primario llegamos a una nueva piscina abierta. Un manto viscoso de petr&oacute;leo cubre toda la superficie. Ermel introduce la mano y el guante blanco que lleva puesto queda completamente cubierto de crudo. Un intenso olor a petr&oacute;leo inunda el ambiente. En uno de los extremos de la piscina todav&iacute;a se encuentra visible una tuber&iacute;a dirigida a un arroyo que corre ladera abajo. Este sistema, llamado cuello de ganso, era utilizado por Texaco para arrojar directamente las aguas de formaci&oacute;n y los lodos contaminados hacia los esteros y los r&iacute;os. Las aguas del arroyo, que en alg&uacute;n tiempo fueron cristalinas, arrastran hoy corriente abajo una densa mancha aceitosa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Ermel nos ha mostrado a lo largo del camino las heridas todav&iacute;a visibles que la petrolera estadounidense dej&oacute; a su paso por Ecuador. Lo que no comprende es que otros pa&iacute;ses establezcan acuerdos con una empresa que no quiere admitir su responsabilidad. &ldquo;Chevron es una pr&oacute;fuga de la justicia. La compa&ntilde;&iacute;a ha sido condenada tres veces por las leyes ecuatorianas y a&uacute;n sigue utilizando sus ma&ntilde;as para evadir la justicia. Cuando vamos a Europa siempre decimos que los pa&iacute;ses no pueden hacer negocios con una compa&ntilde;&iacute;a que es criminal&rdquo;, sentencia. &ldquo;&iquest;Que hasta cu&aacute;ndo vamos a seguir luchando? Hasta que paguen y remedien los da&ntilde;os&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        63.000 millones de litros de aguas t&oacute;xicas arrojadas a los r&iacute;os, 680.000 barriles de crudo derramados, 30.000 personas afectadas, dos pueblos ind&iacute;genas desaparecidos y un mill&oacute;n de hect&aacute;reas de bosque deforestado. Este es el crudo legado que, tras 26 a&ntilde;os de explotaci&oacute;n, ha dejado Chevron-Texaco en Ecuador. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Orlan Cazorla, Miriam Gartor]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2015 17:02:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los daños por los que la petrolera estadounidense Chevron no ha indemnizado a sus víctimas en Ecuador]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medio ambiente,Ecuador]]></media:keywords>
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