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    <title><![CDATA[elDiario.es - Daniel María]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Daniel María]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Me proclamo soñador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lagomeraahora/la-gomera-opina/proclamo-sonador_132_2616579.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e7b561dd-b9b0-431c-961f-b34dd48498fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Me proclamo soñador"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La isla protege su memoria. Los barrancos de La Gomera custodian la historia de la isla y la lírica de sus romances.</p></div><p class="article-text">
        Cada uno de nosotros marca sus propios l&iacute;mites. Esto es lo que, a grandes rasgos, quer&iacute;a transmitir a mis paisanos m&aacute;s j&oacute;venes, estudiantes de la ESO y Bachillerato en la isla de La Gomera. Fui invitado a disertar para ellos en el marco de la XVIII edici&oacute;n del certamen literario Pedro Garc&iacute;a Cabrera convocado por el I.E.S. de San Sebasti&aacute;n de La Gomera y mantenido a flote por el empe&ntilde;o de su personal docente, apoyados por el Cabildo Insular de La Gomera.
    </p><p class="article-text">
        Sentado en el p&uacute;blico, poco antes de ser llamado al atril, fij&eacute; la mirada en los tres retratos que presiden el Sal&oacute;n de Actos de la entidad: Antonio Jos&eacute; Ruiz de Padr&oacute;n y la enorme y colectiva escena de <em>Romer&iacute;a de San Juan</em>, ambas obras de Jos&eacute; Aguiar, y el rostro sereno de Pedro Garc&iacute;a Cabrera, proyectado en el centro de los dos cuadros.
    </p><p class="article-text">
        El poder de los sue&ntilde;os es el motor que mueve nuestras acciones y vence al cansancio y a la frustraci&oacute;n, hab&iacute;a escrito en un papel. Otra nota rezaba: &iquest;Isla menor? Ya en el estrado abandon&eacute; las notas en el atril del que no deb&iacute;a moverme y en donde, sin embargo, nunca me detuve. Camin&eacute; de un extremo a otro del escenario para detener mis ojos en las decenas y decenas de compa&ntilde;eros que abarrotaban la sala.
    </p><p class="article-text">
        La isla protege su memoria. Los barrancos de La Gomera custodian la historia de la isla y la l&iacute;rica de sus romances. Debemos impedir la devastaci&oacute;n que viene integrada en el progreso porque no todo lo que nos asegura el progreso es beneficio. De igual modo que La Gomera no ha necesitado jam&aacute;s de trenes no precisa de superficies comerciales ni de espacios hoteleros agresivos. Necesita una biblioteca insular que no existe, aunque una placa anuncie su existencia en una planta de salas vac&iacute;as. Necesita que la casa natal de Ruiz de Padr&oacute;n responda al &iacute;mpetu revolucionario de su preclaro armaz&oacute;n de pensamiento. Necesita que la obra dispersa de Jos&eacute; Aguiar descanse, en la medida de lo posible, en un museo insular de arte.
    </p><p class="article-text">
        Quise transmitir a mis j&oacute;venes paisanos que la isla los reclama, por mucho que ellos est&eacute;n deseando abandonar La Gomera para disfrutar de las oportunidades y servicios con que ahora no cuentan. Es cierto que la isla no puede ofrecer todo lo que desean, pero esto no quita que les brinde, en cambio, aquello que no encontrar&aacute;n en otro territorio. Una paz, un silencio y un ritmo de vida que los educa en un modo de ser ciudadano, de compartir el espacio, de valorar la naturaleza, la cultura y la tradici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los rostros de <em>Romer&iacute;a de San Juan</em> no deben resultarnos ajenos. Son lo que somos. Todo lo que llevan consigo: alimentos, flores, vestimenta, calzado, instrumentos, enseres&hellip; son resultado de su artesana dedicaci&oacute;n, de sus oficios aprendidos en el ambiente familiar y vecinal. Conservar la ra&iacute;z no supone anclarse al pasado ni abandonarse a la involuci&oacute;n. Lo que intento decir es que la memoria nos avala, en ning&uacute;n caso nos perjudica.
    </p><p class="article-text">
        Pregunt&eacute; si a alguien de la sala le gustaba el boxeo. Varias manos se alzaron, desconfiados ante la cuesti&oacute;n que plante&eacute;, aparentemente alejada de los preceptos de la charla. Les le&iacute; el siguiente p&aacute;rrafo publicado en La Prensa en 1925:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo, Jos&eacute; Hern&aacute;ndez Fern&aacute;ndez, natural de San Sebasti&aacute;n de La Gomera, tengo a bien comunicar a usted para que lo haga presente en su peri&oacute;dico, que no habiendo boxeadores de ning&uacute;n peso en la provincia, me proclamo campe&oacute;n de Canarias del peso pluma, y doy 15 d&iacute;as de plazo para que puedan retarme los que deseen contender conmigo en las debidas condiciones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin riesgo a equivocarme les pude confirmar que el boxeo en Canarias existe, dig&aacute;moslo de este modo, porque un gomero tuvo un sue&ntilde;o. Un joven llamado Jos&eacute; Hern&aacute;ndez que, falto de combates y mucho menos de una federaci&oacute;n que profesionalizara su anhelo, se autoproclam&oacute; campe&oacute;n para promover la celebraci&oacute;n de un primer combate con cierto car&aacute;cter t&eacute;cnico. En julio de 1925, Jos&eacute; Padr&oacute;n, natural de Tenerife, acept&oacute; el reto. Quiz&aacute;s por justicia po&eacute;tica, adem&aacute;s de por su talento, el gomero venci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Otros sue&ntilde;os surgieron en La Gomera. El del mencionado pintor agulense (aunque nacido en Cuba en 1895) Jos&eacute; Aguiar, que solicit&oacute; una beca al Cabildo Insular para estudiar en Florencia. Y con el suyo los sue&ntilde;os del poeta Pedro Garc&iacute;a Cabrera, del catedr&aacute;tico de f&iacute;sica F&eacute;lix Herrera, del pintor Luis Alberto Hern&aacute;ndez, de la escritora Isabel Medina o de la oftalm&oacute;loga y ex profesora titular de la Universidad de La Laguna Carmen Gloria Mesa. Un recorrido por sus trayectorias les hizo saber que los l&iacute;mites son el escudo de nuestro miedo y las dificultades los chaplones que hay que ascender para alcanzar la cima.
    </p><p class="article-text">
        Les dese&eacute; cultura para que sean libres. Y salud para que tengan tiempo. Todo lo dem&aacute;s lo da la tierra: la paz, el silencio, el ritmo. A ciertas edades el ring preocupa, como preocupan todas las inc&oacute;gnitas, pero escrito est&aacute; que el combate se celebra. Me proclamo so&ntilde;ador.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel María]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Jun 2015 08:00:25 +0000]]></pubDate>
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