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    <title><![CDATA[elDiario.es - Álvaro Laiz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alvaro_laiz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Álvaro Laiz]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las madres que se negaron a que sus hijos las olvidasen por culpa del sida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/memory-book-vih-tanzania-uganda_1_2545749.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/df8f5530-7e42-4699-a748-e4958c047e64_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Las tres hermanas observan el Memory Book que les dejaron sus padres. Lilian (a la izquierda) es la madre del único niño que vive de momento en el hogar. Grace, la mayor de todas, está sentada en medio, junto Rose, la más pequeña y la que menos recuerdos tiene de sus progenitores. En Moshi, Tanzania. / Foto: Álvaro Laiz y David Rengel. / AnHua "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El colectivo ugandés de mujeres Nacwola impulsó el proyecto de 'Memory Book', en los que las mujeres afectadas por el sida dejan a sus hijos un cuaderno sobre su vida antes de morir</p><p class="subtitle">Grace, Lilian y Rose perdieron a sus padres debido al virus: "Es bonito recordar que la más pequeña, Rose, nació en esta casa porque mi madre se puso de parto repentino"</p><p class="subtitle">El VIH ha dejado en Uganda casi un millón de huérfanos de hasta 17 años</p></div><p class="article-text">
        Una de las consecuencias del VIH en Uganda es el casi mill&oacute;n de hu&eacute;rfanos de hasta&nbsp;17 a&ntilde;os que ha dejado el virus. En este pa&iacute;s y en su vecino Tanzania existe una organizaci&oacute;n de mujeres infectadas que han levantado la voz y est&aacute;n dispuestas a luchar contra el estigma del sida, que dificulta la prevenci&oacute;n y la rehabilitaci&oacute;n de los enfermos. Una de sus herramientas son los 'Memory Books', libros con fotograf&iacute;as y consejos, que recogen qui&eacute;nes son y c&oacute;mo quieren que crezcan sus hijos. Por si ellas no llegan a verlo.
    </p><p class="article-text">
        En &Aacute;frica subsahariana, el 58% de las personas adultas que viven con el VIH son mujeres. El colectivo Nacwola (National Community of Women Living with HIV/AIDS in Uganda), formado actualmente por m&aacute;s de 40.000 mujeres infectadas de VIH, naci&oacute; hace algo m&aacute;s de 23 a&ntilde;os, tras la celebraci&oacute;n del Congreso Internacional sobre Mujeres con VIH/Sida de &Aacute;msterdam en 1992. En aquella &eacute;poca la enfermedad era un tab&uacute; tan insufrible que las consecuencias para los hu&eacute;rfanos se materializaban en el olvido absoluto. 
    </p><p class="article-text">
        La asociaci&oacute;n materializ&oacute; parte de sus ideales en los Memory Books. El proyecto gener&oacute; esperanza para las mujeres, que ve&iacute;an c&oacute;mo su muerte supondr&iacute;a el derrumbe de su n&uacute;cleo familiar. Los libros se han convertido en un manual de supervivencia, mezcla de memorias y consejos maternos para guiar a los ni&ntilde;os. Nacwola ha logrado traspasar fronteras y, gracias al nacimiento del International Memory Project, hoy los Memory Books han llegado a Zimbabue, Kenia y Etiop&iacute;a, y cuentan con especial arraigo en Tanzania.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Grace, Lilian y Rose son tres hermanas que viven solas en una casa de la ciudad de Moshi, en Tanzania, a los pies del Kilimanjaro. Con 22, 23 y 25 a&ntilde;os (y un ni&ntilde;o a cargo de las tres, hijo de Lilian la mediana), viven con sus recuerdos salvaguardados gracias al testamento gr&aacute;fico que les dej&oacute; su madre.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Antes de que nuestra madre muriera nos gustaba preguntarle en qu&eacute; hospital hab&iacute;amos nacido, por qu&eacute; hab&iacute;an decidido comprar una casa en Moshi y qui&eacute;n hab&iacute;a escogido nuestros nombres. Es bonito recordar esos momentos mientras que los leemos de nuevo en los Memory Books. Es bonito recordar que la m&aacute;s peque&ntilde;a, Rose, naci&oacute; en esta misma casa porque mi madre se puso de parto repentino y no hubo manera de llegar al hospital&rdquo;, cuentan las hermanas. Al caer la noche, y con la luz del candil, las tres se re&uacute;nen para ojear sus Memory Books, y espont&aacute;neamente, ignorando de pronto la c&aacute;mara de fotos, comienzan a parlotear algo en swahili.
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        Las j&oacute;venes indican que no hubieran podido llegar a la autosuficiencia sin el apoyo y seguimiento de Kiwakkuki, la ONG colaboradora de Nacwola en Tanzania. Gladys, de la ONG, es responsable de que su madre iniciara su libro de recuerdos y de que los padres dejaran a sus hijas la casa familiar en su testamento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Luwero, Uganda, la historia de la abuela Joyce representa un ejemplo bastante com&uacute;n en &Aacute;frica: existe una primera generaci&oacute;n sana por ausencia del virus (los abuelos), una tercera sana o en tratamiento (los nietos) y, entre ellos, un vac&iacute;o. Joyce Lucy Katele, de 76 a&ntilde;os, ha sobrevivido a sus tres hijos. Tambi&eacute;n murieron de sida sus mujeres. Entonces, se le par&oacute; el reloj,&nbsp;Joyce  tuvo que dejar de ser una anciana para criar a sus cinco nietos. Volvi&oacute; a trabajar duro en el huerto, a fabricar esteras y a vender ca&ntilde;a de az&uacute;car.
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        &ldquo;Al principio estaba desesperada ante mi situaci&oacute;n, de repente hab&iacute;a perdido a mis hijos, todo. Sus familiares pol&iacute;ticos pod&iacute;an echarme de casa, ten&iacute;a a cinco ni&ntilde;os que cuidar. A veces abandonaba la casa porque no sab&iacute;a qu&eacute; hacer. Ahora puedo gritar que ya no temo nada y estoy m&aacute;s tranquila porque mis nietos pueden enfrentarse al sida con m&aacute;s fortaleza gracias a los programas que nos ofrece Nacwola&rdquo;. Antes de asociarse a la organizaci&oacute;n, lo que m&aacute;s le preocupaba era lo que pudiera ocurrir con sus nietos L&aacute;zaro y Mary.
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        Joyce pas&oacute; el entrenamiento de los Memory Books con nota y comenz&oacute; r&aacute;pidamente a escribir los libros con sus nietos. Si algunos padres lo hacen por temor a morir a causa del sida, Joyce lo rellena porque sabe que la muerte no tardar&aacute; en buscarla. &ldquo;Lo primero que he hablado con mis nietos es sobre la muerte, para m&iacute; es muy importante que comprendan que puede llegar en cualquier momento. Me sent&eacute; con ellos mientras mir&aacute;bamos fotos de sus padres y les expliqu&eacute; que ahora ellos est&aacute;n descansando esper&aacute;ndoles y que alg&uacute;n d&iacute;a yo tambi&eacute;n me tendr&eacute; que ir&rdquo;, cuenta la anciana.
    </p><p class="article-text">
        Mientras hablan de los Memory Books, el peque&ntilde;o L&aacute;zaro va hacia su cama y saca un grueso &aacute;lbum de fotograf&iacute;as que servir&aacute;n para ilustrar el libro de memorias. Sus padres se encargaron de dejar constancia de su existencia a trav&eacute;s de un mont&oacute;n de instant&aacute;neas que, unidas a las que posee Joyce, forman un buen conjunto de recuerdos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Por suerte, en algunos casos los retrovirales est&aacute;n consiguiendo que la enfermedad se convierta en cr&oacute;nica. Robinah tiene 39 a&ntilde;os y tambi&eacute;n vive en Luwero (Uganda). Hace lo que puede para sacar adelante a sus tres hijos. Sentada con un libro entre las manos se lo ense&ntilde;a a sus hijos. Ahora Robinah se siente m&aacute;s fuerte y capaz de cuidarlos. &ldquo;Mi historia es como otra de tantas. En el a&ntilde;o 2000 me qued&eacute; viuda. Hab&iacute;amos ido los dos a hacernos el test y descubrimos que ten&iacute;amos el VIH, pero mi marido estaba mucho peor que yo. A pesar de la medicaci&oacute;n no consigui&oacute; salvarse y me qued&eacute; viuda, completamente desesperada, enferma, sin recursos y con tres ni&ntilde;os siempre indispuestos. No sab&iacute;a qu&eacute; hacer, d&oacute;nde ir, qui&eacute;n me pod&iacute;a ayudar&rdquo;, relata la madre.
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        Una amiga le habl&oacute; de Nacwola y se hizo socia: &ldquo;Aprend&iacute; a compartir mi situaci&oacute;n y eso me dio las fuerzas necesarias para empezar de nuevo&rdquo;. En el a&ntilde;o 2004 fue una de las participantes para instruirse en el proyecto de los Memory Books. &ldquo;Cuando acab&eacute; la formaci&oacute;n era otra persona&rdquo;. Cuando la enfermedad est&aacute; muy avanzada, la reuni&oacute;n es m&aacute;s una terapia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ahora somos una familia que conversamos sobre nuestros problemas; por ejemplo, he sido capaz de hablar con mi hija peque&ntilde;a de los cambios que est&aacute; experimentando su cuerpo. Antes jam&aacute;s hubi&eacute;semos tenido una conversaci&oacute;n de este tipo&rdquo;, diceRobinah. Con ella ha hablado del VIH, &ldquo;de sus conductos de transmisi&oacute;n, de las precauciones a tomar, de preservativos y su utilizaci&oacute;n, y tambi&eacute;n de que debe evitar quedarse embarazada cuando a&uacute;n es tan joven&rdquo;. Hoy, todav&iacute;a el estigma dificulta acabar con la enfermedad porque las personas infectadas esconden que lo est&aacute;n y no quieren ir al m&eacute;dico para no delatar su situaci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Por ello, las mujeres trabaja para&nbsp;fomentar su autoestima a la hora de encontrar trabajo y tambi&eacute;n de tener un mayor poder de decisi&oacute;n dentro de la familia. Agnes Atim Apea recibi&oacute; a principios de a&ntilde;o el premio Uweal (Uganda Women Entreprenuers Association Limited) por su trabajo en favor de los derechos de la mujer ugandesa y su empoderamiento.
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        Atim Apea, que fue directora de Nacwola a nivel nacional, ha fundado tambi&eacute;n&nbsp;<a href="http://www.an-hua.org/es/proyectos/casa-esperanza" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Casa Esperanza</a>&nbsp;&ndash;con la ayuda de Unicef South Sudan, African Development Foundation y AnHua&ndash; donde acoge y educa a hu&eacute;rfanos de las zona de Amolatar al norte de Uganda. &ldquo;He cre&iacute;do siempre que la implicaci&oacute;n de la comunidad es muy importante y he decidido centrar mis esfuerzos de manera local en una zona concreta de Uganda y tambi&eacute;n en una de la m&aacute;s abandonadas: Amolatar&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Rengel, Álvaro Laiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/memory-book-vih-tanzania-uganda_1_2545749.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Aug 2015 18:53:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las madres que se negaron a que sus hijos las olvidasen por culpa del sida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Uganda,SIDA,VIH]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estas ratas gigantes detectan minas antipersona en Mozambique]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ratas-gigantes-nuevas-detectar-tanzania_1_2596325.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/37d50b60-b999-4642-b61d-cd44a1a15d89_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La Cricetomys gambianus tiene un gran sentido del olfato, que le permite detectar las minas. / Álvaro Laiz y David Rengel. "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Les llaman HeroRats, ratas  gigantes africanas que detectan minas antipersonas gracias a su gran olfato</p><p class="subtitle">Su reducido peso evita la explosión y, según la empresa APOPO, su precio más asequible permite limpiar terrenos de países africanos sin recursos</p><p class="subtitle">En un año y medio descubrieron casi 400 minas de las que se beneficiaron directa e indirectamente unas 44.547 personas, según la empresa</p></div><p class="article-text">
        El Jeep levanta una gran polvareda roja mientras se adentra por el camino que conduce hacia la Universidad de Agricultura de Morogoro en Tanzania. All&iacute; viven y se entrenan las hero&iacute;nas de Peter Mushi, las 'HeroRats': ratas gigantes africanas que colaboran con la detecci&oacute;n de minas antipersonas gracias a su buen olfato y su reducido tama&ntilde;o, que evita la explosi&oacute;n, uno de los principales peligros de la lucha contra los restos de conflictos olvidados. 
    </p><p class="article-text">
         Peter Mushi, de 32 a&ntilde;os, es uno de los cuidadores de los roedores. Hab&iacute;a o&iacute;do muchas historias de accidentes relacionados con minas antipersonas, en su mayor&iacute;a retazos de la guerra civil de Mozambique, terminada en 1992, donde estas ratas han logrado desactivar minas. La Campa&ntilde;a Internacional para la Prohibici&oacute;n de las Minas Terrestres apunta que, desde 1999, estos dispositivos han sido responsables de 73.576 muertes, sin contar las personas amputadas o con heridas. En un a&ntilde;o han sido 5.426 v&iacute;ctimas, y una quinta parte se produce en &Aacute;frica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las muertes y lesiones son solo dos de las aterradoras causas de las minas terrestres&rdquo;, explica Havard Bach, experto en desminado en el Centro Internacional de Desminado Humanitario de Ginebra. &ldquo;Estos artefactos sin estallar hacen que carreteras, autopistas y enormes extensiones de tierra queden in&uacute;tiles y sin uso. El miedo persiste durante a&ntilde;os despu&eacute;s de un solo accidente, frenando el crecimiento&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Mushi reconoce que odiaba las ratas. Ahora lleva trabajando con ellas casi siete a&ntilde;os. Al principio fue esc&eacute;ptico cuando el hombre que concibi&oacute; la idea le habl&oacute; de sus futuras compa&ntilde;eras de trabajo. &ldquo;Pens&eacute; que estaba bromeando cuando me dijo que pod&iacute;an olfatear minas y restos de metralla. Me sorprendi&oacute; que las ratas pudieran hacer una cosa as&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Bart Weetjensel, cerebro detr&aacute;s de APOPO (acr&oacute;nimo holand&eacute;s que significa Desarrollo de Productos para la Detecci&oacute;n de Minas Antipersonas), hablaba muy en serio. Fabricar una mina apenas cuesta un d&oacute;lar, pero limpiarla exige m&aacute;s de 1.000 d&oacute;lares. 
    </p><p class="article-text">
        Muy pocos pa&iacute;ses se pueden permitir los costes que supone localizarlas y extraerlas seg&uacute;n los m&eacute;todos tradicionales (detector de metales, perros adiestrados...), as&iacute; que&nbsp;Weetjensel decidi&oacute; contribuir a su mayor accesibilidad con un nuevo sistema: ratas gigantes, concretamente la Cricetomys gambianus, un tipo caracter&iacute;stico del &Aacute;frica Subsahariana, de gran tama&ntilde;o, que puede llegar a los 80 cent&iacute;metros (cola incluida), con un gran olfato.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Menor riesgo de explosiones y m&aacute;s barato</h3><p class="article-text">
        Descubri&oacute; diversos art&iacute;culos sobre cient&iacute;ficos estadounidenses que en los 70 hab&iacute;an trabajado con ratones para la localizaci&oacute;n de explosivos en aeropuertos. &ldquo;&iquest;Y si las ratas pudieran hacer eso?&rdquo;, se pregunt&oacute;. El sentido del olfato de las ratas es excelente, son nativas de &Aacute;frica, las enfermedades tropicales no les causan problemas y su peso es el adecuado, ya que es inferior al baremo de 5 a 10 kilos necesarios para disparar una mina.
    </p><p class="article-text">
        Mushi, que supervisa m&aacute;s de 14 ratas, explica que otra de sus principales ventajas es el coste. &ldquo;Y esto es muy importante en un continente como &Aacute;frica; entrenar a una rata cuesta no m&aacute;s de 4.000 euros, aproximadamente un tercio de lo que cuesta formar a un perro&rdquo;. Las habilidades se adquieren en apenas seis u ocho meses, &ldquo;un a&ntilde;o para las m&aacute;s lentas&rdquo;, dicen sus entrenadores. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El entrenamiento comienza a las cuatro semanas de vida, cuando son separadas de sus madres para iniciar un proceso de aclimataci&oacute;n a la presencia humana. En la siguiente fase, los instructores ense&ntilde;an a los roedores a asociar un sonido de clic con algo sabroso: un pl&aacute;tano o cacahuetes. Estas mismas delicias se utilizan como premio cuando encuentran una mina o las bolas de t&eacute; con olor a TNT con las que se les entrenan. En la fase final, antes de que sean enviadas a Mozambique, se les realizan varias pruebas en los campos de minas que APOPO tiene en Tanzania.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Fue dif&iacute;cil convencer a la comunidad internacional sobre la viabilidad de las ratas como detectoras de minas&rdquo;, reconoce el creador del proyecto, que ahora ha sumado entre sus valedores a la Universidad de Amberes y el gobierno belga, junto con m&aacute;s de 30 grupos, entre ellos el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, la Feria del Desarrollo del Banco Mundial y la Fundaci&oacute;n Schwab para el Emprendimiento. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &ldquo;El m&eacute;todo de usar ratas para detectar minas es una realidad que salva vidas&rdquo;, a&ntilde;ade Weetjens. En sus primeros pasos, con cerca de 30 HeroRats acreditadas, han recorrido m&aacute;s de un mill&oacute;n de metros cuadrados de Mozambique y descubierto casi 400 minas y m&aacute;s de 3.000 armas peque&ntilde;as y munici&oacute;n u otros artefactos explosivos en un a&ntilde;o y medio, por lo que se estima que se beneficiaron directa e indirectamente unas 44.547 personas. 
    </p><p class="article-text">
        La tarea contin&uacute;a: la ONU dice que quedan m&aacute;s de seis millones de metros cuadrados a&uacute;n sin limpiar. APOPO est&aacute; considerando la posibilidad de que sus ratas se usen en otros pa&iacute;ses devastados por la guerra, como Angola o Congo. &ldquo;El beneficio para la poblaci&oacute;n no solo viene por la posibilidad de salvar vidas, tambi&eacute;n se dan casos de recuperaci&oacute;n de terrenos para el cultivo&rdquo;, dice Weetjens.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Rengel, Álvaro Laiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ratas-gigantes-nuevas-detectar-tanzania_1_2596325.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Jun 2015 19:40:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Estas ratas gigantes detectan minas antipersona en Mozambique]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tuberculosis,África,Tanzania]]></media:keywords>
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