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    <title><![CDATA[elDiario.es - Saverio Lodato]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/saverio_lodato/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Saverio Lodato]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La verdad sola no basta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/mediterraneo-sur/verdad-sola-basta_132_2555321.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a620819c-e988-48fa-bb7a-cdde28519cc6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La verdad sola no basta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Herodoto, Tucídides y Jenofonte escribían con la conciencia de retomarla desde el punto exacto donde su predecesor la había interrumpido. Como si tuvieran que pasarse de mano en mano un testigo ideal"</p></div><p class="article-text">
        Por todos es sabido que no existe un <em>non plus ultra</em>, un techo l&iacute;mite, establecido por decreto, a partir del cual un evento hist&oacute;rico pierde su actualidad y su inter&eacute;s, menguando hasta volverse algo sin importancia, suscitando solamente la atenci&oacute;n de la gente del sector, acad&eacute;micos, bibliotecarios, bibli&oacute;filos. Tampoco tendr&iacute;a sentido pretenderlo. Por supuesto, es mejor que sea as&iacute;. Es justo, de hecho, afrontar eternamente, incluso despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os, el acoso de preguntas sin respuesta, respuestas que no convencen, dudas sobre la autoridad o la veracidad de los testigos consultados; o el descubrimiento de nuevas pruebas documentales que descoloca las verdades can&oacute;nicas. No hay normas cronol&oacute;gicas; no existe, sino convencionalmente, un antes, un durante y un despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Querr&iacute;amos decir: es la historia, guapo, y no puedes hacer nada. Herodoto, Tuc&iacute;dides y Jenofonte escrib&iacute;an con la conciencia de retomarla desde el punto exacto donde su predecesor la hab&iacute;a interrumpido. Como si tuvieran que pasarse de mano en mano un testigo ideal.
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; result&oacute; un follet&iacute;n coral que contaba la historia de un pueblo, de una identidad de una naci&oacute;n que est&aacute; creciendo, la antigua Grecia, y con la que aquel pueblo ten&iacute;a que identificarse. Y se identificaba. Cada uno pon&iacute;a su capacidad al servicio de la prosecuci&oacute;n del esfuerzo de los que les hab&iacute;an precedido, dando por hechas e irrefutables las conclusiones sobre aquellos periodos de los cuales no hab&iacute;an sido testigos.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, era inconveniente para los antiguos griegos escribir de o&iacute;das. Los historiadores son, ante todo, hombres pol&iacute;ticos, estrategas, generales, oradores, y muchas veces, hasta emprendedores, profundamente integrados en el tejido socioecon&oacute;mico de sus sociedades. Personas, para decirlo con otras palabras, que antes de ser tomadas en serio por escribir, se las tomaba en serio, y eran evaluadas, por haber tomado parte en la vida p&uacute;blica. Bueno o malo que pudiera ser, &eacute;ste era el sentido com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El resultado fue un monolito construido por muchos &ndash; la historia griega ha sido transmitida hasta nuestros d&iacute;as, la que todav&iacute;a hoy conocemos &ndash; que, sin embargo, no fue destinado a quedarse inm&oacute;vil para siempre, por la simple raz&oacute;n de que tambi&eacute;n los ojos curiosos tienen todo el tiempo que quieran para empezar a investigar. Y de esa historia, no por casualidad, todav&iacute;a hoy se discute, todav&iacute;a hay divisiones. Despu&eacute;s de dos mil a&ntilde;os. De modo que no existe un <em>non plus ultra</em>, un techo m&aacute;ximo y ni siquiera, hay que a&ntilde;adir, la historia es cosa de agrimensores.
    </p><h3 class="article-text">Sin respuesta definitiva</h3><p class="article-text">
        Lo prueba el hecho de que, a pesar de que ya estamos inmersos en el tercer milenio, a pesar de haber archivado varias ideolog&iacute;as de diferentes marcas y contenidos, las cuales se han sustituido por otras (quiz&aacute;s mucho m&aacute;s eficaces), los grandes y tremendos eventos del &ldquo;siglo breve&rdquo; a&uacute;n hacen o&iacute;r su voz asfixiante, arroj&aacute;ndonos un mont&oacute;n de preguntas a las cuales millones de p&aacute;ginas hist&oacute;ricas, diplom&aacute;ticas, literarias, judiciales, a&uacute;n hoy en d&iacute;a, no pueden encontrar una respuesta definitiva.
    </p><p class="article-text">
        Nos habr&iacute;an convencido haci&eacute;ndonos creer que, despu&eacute;s de 70 a&ntilde;os de la conclusi&oacute;n de la II Guerra Mundial, las piezas estar&iacute;an tan inm&oacute;viles como para poder recoger lo que pas&oacute; en un breve esquema, tanto que se podr&iacute;a poner en un folleto en la entrada de los museos. Las cosas no son de esa manera.
    </p><p class="article-text">
        Nos lo ha confirmado la lectura de un libro muy documentado y por momentos angustioso, de t&iacute;tulo <em>Bombardear Auschwitz</em> &ndash; subt&iacute;tulo <em>Por qu&eacute; se habr&iacute;a podido hacer y por qu&eacute; no se ha hecho</em>&ndash; del historiador Umberto Gentiloni Silveri, reci&eacute;n publicado por Mondadori. El hilo de la investigaci&oacute;n, que pertenece a una corriente del final de los a&ntilde;os 70, est&aacute; todo concentrado en el subt&iacute;tulo.
    </p><p class="article-text">
        El proceso de Nuremberg, y otros menores que siguieron a &eacute;ste en otras ciudades de Alemania, la captura de Adolf Eichmann en 1960 en Argentina y el consecuente proceso en Jerusal&eacute;n, que concluy&oacute; con su ahorcamiento en 1962, precedieron la apertura de los archivos de Occidente y de otros pa&iacute;ses del otro lado del tel&oacute;n de acero. Y de grandes secretos en curso, de b&uacute;squedas de razones ocultas que no quieren morir, negacionismos incluidos, ya no deber&iacute;an existir.
    </p><p class="article-text">
        El material fotogr&aacute;fico y f&iacute;lmico ha sido publicado y no son solamente algunas pel&iacute;culas y documentales. Los testimonios de los supervivientes han circulado mucho, alcanzando una buena parte de la opini&oacute;n p&uacute;blica mundial. El holocausto &ndash; palabra que los jud&iacute;os rechazan, sustituy&eacute;ndola con la m&aacute;s apropiada shoah- ha sido desentra&ntilde;ado en lo que respecta a la ferocidad y la conducta b&eacute;lica criminal de los nazis. Lo que fue el nazi-fascismo ha sido ampliamente explicado y expuesto ante de los ojos de millones de personas que entonces no estaban presentes, pero que lo supieron m&aacute;s tarde. Sin embargo, las preguntas del libro de Gentiloni no son plumas ligeras que se lleva el viento. Y ah&iacute; se quedan.
    </p><h3 class="article-text">Quien ten&iacute;a que saber, sab&iacute;a</h3><p class="article-text">
        Los americanos y los ingleses y los rusos tambi&eacute;n, por lo menos dos a&ntilde;os antes del final de la guerra, quiz&aacute;s tres, ya sab&iacute;an en qu&eacute; se hab&iacute;a convertido el fen&oacute;meno de concentracionismo nazi. Y, a&ntilde;adimos nosotros, tambi&eacute;n lo sab&iacute;a el Vaticano que, a trav&eacute;s de la Cruz Roja, favoreci&oacute; la huida hacia Sudam&eacute;rica de los jerarcas nazis que hab&iacute;an conseguido salir de Alemania. Hab&iacute;an sido localizados los &ldquo;lager&rdquo; diseminados por Europa. Hasta hab&iacute;an sido fotografiados por algunos de los bombarderos aliados que hab&iacute;an superado la cortina de las esferas que los alemanes colocaban en lo alto con la intenci&oacute;n de ocultar los campos de concentraci&oacute;n. Con el consecuente env&iacute;o de despachos y fotos del resultado de aquellos viajes hacia los comandos militares.
    </p><p class="article-text">
        Se sab&iacute;a, adem&aacute;s, de la existencia de la red ferroviaria que se desarrollaba desde los Balcanes hasta el coraz&oacute;n de Europa, con destino &ldquo;Auschwitz&rdquo; y otros. Quien ten&iacute;a que saber, sab&iacute;a. Pero a pesar de que la cantidad de informaci&oacute;n siguiera al mismo ritmo que el desarrollo del conflicto, aquel centro neur&aacute;lgico de la operaci&oacute;n de limpieza &eacute;tnica decidida por Hitler fue dejado intacto.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute;? se pregunta Gentiloni. Resume, de manera muy articulada, las diferentes respuestas que derivan principalmente de los americanos.
    </p><p class="article-text">
        La primera es que bombardear significa eliminar de un solo golpe v&iacute;ctimas y verdugos. Que, aunque en caso de &eacute;xito, nada impedir&iacute;a a los alemanes, de aquel momento en adelante, exterminar a los jud&iacute;os y sus compa&ntilde;eros de tragedia, directamente en sus pa&iacute;ses de origen, a trav&eacute;s de fusilamientos en masa. El aparato b&eacute;lico aliado quer&iacute;a el fracaso del enemigo en el campo, con el despliegue de una estrategia que en aquel momento ten&iacute;a otras prioridades, otros objetivos. Pero, al mismo tiempo, Gentiloni pasa la palabra a los jud&iacute;os supervivientes, casi una voz contraria a las tesis defensivas de quien no supo o no quiso intervenir. Una palabra que por d&eacute;cadas ha sido una palabra de condena para los aliados, que prefirieron no ver el mal donde estaba m&aacute;s concentrado y visible.
    </p><p class="article-text">
        Las &uacute;ltimas p&aacute;ginas de<em> Bombardear Auschwitz</em> est&aacute;n dedicadas a las incre&iacute;bles vicisitudes del libro de Primo Levi, <em>Si esto es un hombre</em>, que ning&uacute;n editor de la posguerra quiso publicar. Se consideraba un libro no ver&iacute;dico, el libro de un &ldquo;mentiroso&rdquo;, como declar&oacute; la Asociaci&oacute;n de los escritores sovi&eacute;ticos, explicando el rechazo de la publicaci&oacute;n en territorio sovi&eacute;tico de esa manera: &ldquo;El lager no era aquel lugar de sufrimiento y resignaci&oacute;n de los internados, sino un lugar donde se llevaba a cabo una heroica resistencia del proletariado prisionero&rdquo;. En Italia, sin embargo, a lo largo de treinta ediciones, la<em> Historia de la Literatura Italiana</em> de Natalino Sapegno, a diferencia de los sovi&eacute;ticos, no dio ning&uacute;n tipo de explicaci&oacute;n, limit&aacute;ndose a no incluir nunca el nombre de Primo Levi entre los autores italianos.
    </p><p class="article-text">
        En fin. Posible moraleja: decir la verdad no es suficiente. Que emerja con fuerza tampoco. Ni siquiera es suficiente que esa verdad tenga testigos. Para que la verdad consiga abrirse camino es necesario que &ldquo;los dem&aacute;s&rdquo;, cuando la oyen, la quieran escuchar, ver, hacerla propia. Si eso no ocurre, por la raz&oacute;n que sea, se corre el riesgo de que hasta los hombre m&aacute;s sinceros sean condenados, en el mejor de los casos, a ser predicadores en el desierto; en el peor, a ser definidos &ldquo;locos&rdquo; y &ldquo;mentirosos&rdquo;. En este sentido, desde los a&ntilde;os del nazismo, la historia no ha cambiado mucho. Y tambi&eacute;n en Italia algo sabemos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Saverio Lodato]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/mediterraneo-sur/verdad-sola-basta_132_2555321.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Jul 2015 19:32:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Holocausto,Nazismo]]></media:keywords>
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