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    <title><![CDATA[elDiario.es - Sabina de Vicente]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/sabina_de_vicente/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Sabina de Vicente]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Dadaab, o el lugar eterno de los refugiados somalíes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/dadaab-lugar-eterno-refugiados-somalies_1_2530731.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c5b9f28-47e8-4ad2-905e-2158e5b9aa46_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El área de maternidad del campo de refugiados está siempre repleto de mujeres: cada mes hay cerca de 50 nacimientos. / Sabina de Vicente. "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El campo de refugiados de Dadaab en Kenia, el mayor del mundo, ha logrado continuar pese al intento del presidente del país de cerrarlo</p><p class="subtitle">Tras el ataque de Al Shabaab a la universidad de Garissa, el pasado abril, muchos vieron el campo como una puerta al terrorismo procedente de Somalia</p><p class="subtitle">Sus más de 350.000 habitantes, la mayoría somalíes, soportan los recortes en la ayuda humanitaria y la imposibilidad de trabajar ni prosperar en Kenia</p></div><p class="article-text">
        Zamzam Mohamed Yussuf dej&oacute; su vida en Mogadiscio el 11 de abril de 2011 para exiliarse en el campo de refugiados de Dadaab en compa&ntilde;&iacute;a de un grupo familiar de m&aacute;s de diez personas. Nunca imagin&oacute; las duras condiciones de vida que se encontrar&iacute;a al llegar ni tampoco las limitaciones para intentar valerse por s&iacute; mismos. &ldquo;Hay d&iacute;as que no tenemos agua y cada vez recibimos menos comida. Las casas en las que vivimos son m&aacute;s recientes y peores que las de otros campos, pero preferimos vivir de esta manera antes que volver a Somalia. Estar all&iacute; es muy peligroso y sabemos que si volvemos podemos morir&rdquo;, cuenta desde la sombra de un &aacute;rbol en su peque&ntilde;a parcela en el campo de Ifo II.
    </p><p class="article-text">
        Los reci&eacute;n llegados como ella han vivido de cerca el terror de Al Shabaab y saben c&oacute;mo funciona su influencia dentro y fuera del pa&iacute;s. &ldquo;Si te enfrentas a ellos es peor, porque pueden matarte a ti y a tu familia, como hicieron con uno de mis hermanos que se neg&oacute; a irse con ellos&rdquo;, explica su joven nuera mientras sostiene en brazos a un beb&eacute; de cinco meses. &ldquo;A &eacute;l le mataron y despu&eacute;s a mi padre&rdquo;, afirma. Cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de la llegada de esta familia, el cielo de Dadaab ha visto nacer a tres miembros m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La incertidumbre invadi&oacute; el mayor campo de refugiados del mundo, levantado en 1991, hace cuatro meses, tras <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/dia-despues-secuestro-universidad-Garissa_0_373412912.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el sanguinario atentado </a><a href="http://www.eldiario.es/desalambre/dia-despues-secuestro-universidad-Garissa_0_373412912.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de Al Shabaab el 2 de abril en la Universidad de Garissa</a>, situada a pocos kil&oacute;metros de Dadaab. 148 personas perdieron la vida y sufrieron las consecuencias de una ineficaz pol&iacute;tica de defensa. Sin embargo, el presidente Uhuru Kenyatta se&ntilde;al&oacute; al campo de refugiados y <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/Kenia-ONU-reubicar-campamento-refugiados_0_376212722.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pidi&oacute; a la ONU su desmantelamiento en tres meses</a>. El ultim&aacute;tum no prosper&oacute; y hoy Zamzam puede contar la historia de su familia desde un lugar seguro.
    </p><p class="article-text">
        En 2013, Al Shabaab era portada de la prensa internacional por la masacre del Westgate Mall, un conocido centro comercial de Nairobi frecuentado por expatriados y donde murieron 67 personas. No obstante, fue la oleada de secuestros de turistas internacionales hace unos a&ntilde;os en las zonas costeras de Kenia cercanas a la frontera con Somalia, lo que determin&oacute; la participaci&oacute;n keniana en terreno somal&iacute;. Tras este movimiento por parte del presidente Uhuru Kenyatta, los islamistas no han cesado en su empe&ntilde;o de propagar el terror.
    </p><p class="article-text">
        Garissa, sin embargo, supuso un antes y un despu&eacute;s para el gobierno keniano. Muchos piensan que el campo de refugiados es un foco y coladero de terroristas, y apuntan a las filtraciones en el campo en pos de conseguir adeptos para luchar por la causa radical. Los refugiados se defienden diciendo que cada vez que un extra&ntilde;o aparece, r&aacute;pidamente corre la voz sobre su presencia. Sin embargo, un cuerpo policial de quinientos desmotivados hombres, no es suficiente para cubrir los 50 kil&oacute;metros cuadrados. La propia poblaci&oacute;n keniana se divide entre los defensores y los detractores del campo.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s del ultim&aacute;tum de Kenyatta a la ONU, las aguas se han calmado y parece que todo seguir&aacute; como lo ha estado durante los &uacute;ltimos 24 a&ntilde;os por dos motivos: porque la opini&oacute;n internacional se le echar&iacute;a encima y porque el coste econ&oacute;mico del cierre ser&iacute;a inviable para Kenia. La &uacute;ltima idea del presidente ha sido la construcci&oacute;n de un muro a lo largo de la frontera con Somalia, pero, de nuevo, los fondos necesarios son excesivos y la medida ser&iacute;a cuestionada.
    </p><h3 class="article-text">Salir de Dadaab</h3><p class="article-text">
        Para los refugiados, llegar a Dadaab es casi tan complicado como salir de all&iacute;. Complicado por la burocracia y las advertencias sobre la inseguridad de las carreteras. Tampoco es sencillo salir: los refugiados no tienen permiso de trabajar m&aacute;s all&aacute; de las fronteras de Dadaab y son muy pocos los que han mostrado un deseo manifiesto de regresar a sus hogares.
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        Para las organizaciones internacionales y la propia organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas, un campo de refugiados se concibe como un lugar en el que permanecer de manera puntual, con el fin de regresar al pa&iacute;s de origen pasado el peligro que ha precisado el exilio. Generalmente estos asentamientos ayudan a las poblaciones migradas durante ese periodo puntual. Entonces, la definici&oacute;n que sustenta Dadaab, que lleva recibiendo remesas de poblaci&oacute;n desde su origen en 1991, &iquest;deber&iacute;a guardar la misma denominaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el censo de poblaci&oacute;n a finales del mes de junio, 350.092 personas conforman la poblaci&oacute;n total de Dadaab, repartidos a su vez en cinco campos diferenciados. M&aacute;s del 95% de ellos proceden de Somal&iacute;a, y llegaron en su mayor&iacute;a entre los a&ntilde;os 1991 y 1992, cuando el pa&iacute;s estaba inmerso en plena guerra civil. En ese momento se crearon los campos de Ifo I, Dagahaley y Hagadera, los m&aacute;s poblados y cuyas viviendas construidas con pajas, lonas y materiales que se han ido acumulando con el paso del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Las hambrunas y los ataques de Al Shabaab volvieron a disparar la poblaci&oacute;n del campo. En 2011 llegaron m&aacute;s de 130.000 nuevos refugiados y con ellos se originaron los campos de Ifo II y Kambioos, cuya diferencia con sus predecesores es abismal y su necesidad de ayuda internacional es mayor. A pesar de la notable mayor&iacute;a de somal&iacute;es, tambi&eacute;n se pueden encontrar refugiados procedentes de Etiop&iacute;a, Sud&aacute;n del Sur, Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo, Burundi, Uganda, Sud&aacute;n, Ruanda, Eritrea y Tanzania.
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        Los m&aacute;s de veinte a&ntilde;os de vida de Dadaab han dado a luz a dos generaciones de somal&iacute;es que nunca han conocido, y probablemente nunca conocer&aacute;n, la patria de sus progenitores.
    </p><p class="article-text">
        El futuro de todas estas personas s&oacute;lo encierra tres escenarios posibles: permanecer en Dadaab y garantizar su supervivencia; volver a Somalia y enfrentarse con los fantasmas de su pasado y futuro; o ser de los pocos afortunados que consiguen asilo en un tercer pa&iacute;s, generalmente occidental a trav&eacute;s del reasentamiento. A d&iacute;a de hoy la realidad es que casi la totalidad de los refugiados prefiere quedarse en Kenia a pesar de las dificultades diarias.
    </p><h3 class="article-text">Aprender para emigrar</h3><p class="article-text">
        Dadaab es el destino de la mayor parte de la financiaci&oacute;n que recibe anualmente el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Pese a que en 2015 han tenido un incremento del presupuesto global, Acnur se ha visto obligado a repartir m&aacute;s los fondos por el aumento de los conflictos y <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/conflictos-desplazados-historia-millones-personas_0_400010219.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la cifra r&eacute;cord de desplazados</a>. Eso ha ocasionado recortes en el presupuesto de Dadaab.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las restricciones impuestas hacia los refugiados por parte del gobierno de Kenia dificultan que la poblaci&oacute;n se establezca con una financiaci&oacute;n independiente y que puedan mantenerse por s&iacute; mismos&rdquo;, dicen desde el organismo. Gracias a la ayuda humanitaria son garantizados unos est&aacute;ndares m&iacute;nimos de protecci&oacute;n, educaci&oacute;n, alimentos y salud b&aacute;sicos, agua, saneamiento y generaci&oacute;n de energ&iacute;a. M&eacute;dicos Sin Fronteras es otra de las entidades con fuerte presencia en Dadaab. Sus cinco hospitales se centran especialmente en la maternidad, la atenci&oacute;n a menores y a enfermos cr&oacute;nicos.
    </p><p class="article-text">
        Los recortes en Dadaab no s&oacute;lo han hecho mella en los repartos de comida sino que tambi&eacute;n han afectado notablemente a la educaci&oacute;n. Muchas escuelas han tenido que prescindir de un gran n&uacute;mero de profesores debido a que no pod&iacute;an mantener sus salarios.
    </p><p class="article-text">
        En la escuela Midnimo, situada en el campo IFO I desde 1991, su director, Abdilkadir Ahmed Abdila, lamenta la p&eacute;rdida de m&aacute;s de la mitad de su personal. Dentro de IFO I conviven ocho escuelas y Midnimo es la m&aacute;s antigua. 2.400 alumnos, repartidos en 32 clases, reciben formaci&oacute;n diaria. Sus edades oscilan entre los tres y veinte a&ntilde;os, aunque cuando terminan la ense&ntilde;anza obligatoria se produce un alto grado de abandono escolar para recibir una educaci&oacute;n religiosa en las madrazas (que es el nombre que reciben las escuelas donde se ense&ntilde;a el Cor&aacute;n).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los ni&ntilde;os vienen aqu&iacute; para recibir una educaci&oacute;n en distintas materias, pero es probable que si estuvieran en Somalia no estar&iacute;an en la escuela. Vienen aqu&iacute; y les encanta&rdquo;, dice orgulloso Abdilkadir. Todos los alumnos tambi&eacute;n pueden disfrutar de actividades extraescolares como debates, deportes e incluso talleres de poes&iacute;a.
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        Las opciones para la educaci&oacute;n superior son para muchos inalcanzables. A los veinte a&ntilde;os las chicas suelen dejar las escuelas para contraer matrimonio o para realizar alg&uacute;n trabajo para ayudar econ&oacute;micamente a sus familiares, como la mayor&iacute;a de los varones.
    </p><p class="article-text">
        Malyun Issack Dima, de 17 a&ntilde;os de edad, est&aacute; encantada de ir a la escuela de Midnimo y est&aacute; en uno de sus &uacute;ltimos cursos antes de decidir si continuar&aacute; con su educaci&oacute;n. Ella es una de las veteranas. Naci&oacute; en la hostilidad de Dadaab, al igual que sus seis hermanos. Sus padres fueron de las primeras remesas de refugiados que llegaron al campo, con lo que no conoce nada m&aacute;s all&aacute; de las fronteras del campo. &ldquo;Me gustar&iacute;a ser doctora para poder ayudar a la gente que vive aqu&iacute;, ya que las condiciones de vida son muy dif&iacute;ciles y es necesario que haya m&eacute;dicos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Inspirada por su padre, que trabaja como profesor tambi&eacute;n en Dadaab, Malyun tiene la opci&oacute;n de acudir a la Universidad de Garissa para poder alcanzar su sue&ntilde;o. De momento, sus resultados en la escuela son muy buenos, pese a que no dedica todo su tiempo libre a estudiar. En un lugar como Dadaab donde el suministro el&eacute;ctrico es insuficiente (o inexistente en muchos casos) las horas de luz hay que aprovecharlas al m&aacute;ximo. Al abandonar la escuela, Malyun suele ayudar a sus padres en las tareas dom&eacute;sticas, con sus hermanos peque&ntilde;os o incluso se marcha al pozo m&aacute;s cercano a recoger agua. &ldquo;Pero siempre tengo tiempo para terminar mis deberes&rdquo;, dice con una sonrisa. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras, la vida contin&uacute;a por el momento en la ciudad en la que se ha convertido Dadaab. Encerrando sue&ntilde;os para unos y pesadillas para otros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sabina de Vicente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/dadaab-lugar-eterno-refugiados-somalies_1_2530731.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Aug 2015 17:40:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dadaab, o el lugar eterno de los refugiados somalíes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Kenia,Refugiados]]></media:keywords>
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