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    <title><![CDATA[elDiario.es - Laura Favières Català]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/laura_favieres_catala/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Laura Favières Català]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Mario Vargas Llosa y el elogio a la falacia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/mario-vargas-llosa-elogio-falacia_132_1465643.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/125e8138-938c-4bb5-8739-3ec267c6e4a3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Jorge Muñoz, alcalde de Lima, en la plaza de toros de Acho, reconvertida durante la pandemia de coronavirus en refugio para personas sin hogar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Constitucional peruano ratifica la legalidad de las corridas de toros y las peleas de gallos. Los taurinos protestan porque el alcalde de Lima convierte la plaza de Acho en albergue de personas sin hogar</p></div><p class="article-text">
        El premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa publico&#769; recientemente un arti&#769;culo titulado <a href="https://elpais.com/elpais/2020/02/27/opinion/1582822513_955840.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Los toros y el Peru&#769;</em></a><em>, </em> en torno a la sentencia en la que el Tribunal Constitucional de Per&uacute; ratificaba, aunque dividido, la legalidad de las corridas de toros y las peleas de gallos, al considerarlas tradiciones culturales, y rechazando as&iacute; una demanda que ped&iacute;a que fueran declaradas pr&aacute;cticas de maltrato animal.
    </p><p class="article-text">
        Tuve que hacer varias paradas te&#769;cnicas en su lectura porque cada frase me iba aguijoneando ma&#769;s que la anterior. Intentaba pensar en aquello que dec&iacute;a Wilde: &ldquo;Se&#769; lo suficientemente sensato como para hacer tonteri&#769;as de cuando en cuando&rdquo;<em>. </em> Pero no, lo que dice Vargas Llosa no pueden considerarse tonteri&#769;as, por distintas razones que paso a analizar.
    </p><p class="article-text">
        El propio autor hizo en alguna ocasio&#769;n, apelando al valor de las palabras, una cri&#769;tica al filo&#769;sofo Karl Popper: &ldquo;Los escritores creemos que las palabras lo son todo, la esencia de aquello que queremos. Las palabras no son un mero instrumento, no podemos descuidarlas. La verdad y la mentira dependen de ello&rdquo;. Debo reconocer que, aunque sea u&#769;nicamente en esto, el escritor y yo estamos de acuerdo, pues estoy segura de que ese es, precisamente, el reto de las palabras: el de hacer justicia con la realidad y con las cosas. Por eso es imperdonable hablar por hablar, y creo que el Nobel estara&#769; tambie&#769;n de acuerdo conmigo en que no se trata tanto de buscar una palabra justa como de encontrar justo una palabra. Porque si no es justa, la palabra no merece ese nombre. Si no es justa, la palabra no merece ser dicha.
    </p><p class="article-text">
        Mario Vargas Llosa felicita, porque &ldquo;los honra&rdquo;, a los miembros del Tribunal Constitucional de Peru&#769; y califica de &ldquo;enemigos de la fiesta&rdquo;, &ldquo;fana&#769;ticos&rdquo; y &ldquo;astutos&rdquo; a los animalistas que identifican las corridas de toros con las peleas de gallos, calificando de &ldquo;viveza criolla deshonesta&rdquo; la actitud de quienes defienden que los actos objeto de controversia en la sentencia del Tribunal Constitucional son manifestaciones de crueldad hacia los animales. Desde la modestia de una ciudadana que lee estas palabras, solo queda plantearse si merecen reprobacio&#769;n las opiniones vertidas en ese texto. Y no me cabe duda, pues lejos de cuestionar a las personas, siempre merecedoras de respeto, las opiniones si&#769; son cuestionables y si&#769;, me parece que el discurso de Vargas Llosa es no solo reprobable sino impropio de un escritor que ha sido galardonado con la mayor distincio&#769;n que se le puede otorgar a un hombre de letras. Por eso entiendo exigible el mayor de los cuidados a la hora de <em>tocar</em> a ese otro, que somos todos, con la palabra.
    </p><p class="article-text">
        El adalid del liberalismo no puede caer en el trazo grueso de decir que &ldquo;a mi&#769;, por ejemplo [que&#769; casualidad], ese especta&#769;culo [las galleras] nunca me intereso&#769;, hasta me desagrado&#769; por su violencia (...) pero de ahi&#769; a prohibirlas hay un paso demasiado largo para mi espi&#769;ritu democra&#769;tico y liberal&rdquo;. Me pregunto, &iquest;que&#769; es para Vargas Llosa ser demo&#769;crata y liberal? Quiza&#769; convendri&#769;a que todos los autodenominados liberales leyeran la cri&#769;tica feroz que Stuart Mill dedica a quienes, desde un pretendido liberalismo, aspiran a que a trave&#769;s del Estado no se puedan establecer los mecanismos de proteccio&#769;n del bienestar animal, incluso contra las fiestas o tradiciones culturales en las que se maltrata a los animales no humanos [ve&#769;ase John Stuart Mills, <em>Principios de Poli&#769;tica Econo&#769;mica</em>, Capi&#769;tulo IX, apartado 7 (1848)]. Recue&#769;rdese que en Espan&#771;a la tauromaquia no se la debemos a ningu&#769;n liberal, sino al mismi&#769;simo Fernando VII, que nada ma&#769;s llegar al trono abolio&#769; las civilizadas pragma&#769;ticas de Carlos III y Carlos IV.
    </p><p class="article-text">
        Asi&#769;, el Nobel contin&uacute;a relatando lo que, al parecer, distingue las galleras de las corridas de toros, que seg&uacute;n &eacute;l es el espect&aacute;culo que representa como ningu&#769;n otro, &ldquo;con ma&#769;s belleza y agoni&#769;a, la condicio&#769;n humana&rdquo;. Desde luego, sobre la condicio&#769;n humana se ha escrito mucho, pero quiza&#769; mejor que otros lo hizo una gran filo&#769;sofa, Hannah Arendt, quien apelo&#769; a la conocida banalidad del mal y a los criterios de normalidad para rebatir conductas absolutamente injustificables desde un anhelado progreso moral.
    </p><p class="article-text">
        Nos enfrentamos aqui&#769;, una vez ma&#769;s, al conflicto inacabable entre la esfera de lo objetivo y de lo subjetivo, entre la pasio&#769;n y la razo&#769;n. Pero el error no esta&#769; en el dilema, sino en el planteamiento que subyace al mismo. &iquest;Por que&#769; razo&#769;n algo tan aparentemente notorio -como lo es someter a tortura a un animal, causarle dolor, ensan&#771;arse con picas hasta su agon&iacute;a y muerte sangrienta- pueda quedar excepcionado de la proteccio&#769;n general contra el maltrato animal?
    </p><p class="article-text">
        La sentencia de la que se vanagloria el escritor se ampara en una fingida razonabilidad y proporcionalidad en la ponderaci&oacute;n de un conjunto de criterios que le permitan alcanzar la excepci&oacute;n a la regla general de prohibici&oacute;n de maltrato animal y, as&iacute;, excluir de la misma las galleras y las corridas de toros. Resulta as&iacute; innegable que esa pretendida excepcionalidad va a quedar justificada <em>per se</em>, consolidando el claro ox&iacute;moron que de la lectura de la propia sentencia se colige: &ldquo;Ciertamente, las corridas de toros incluyen actos de violencia contra los animales que participan en ellas, y estos sufren un severo da&ntilde;o antes de morir, pues se les clavan lanzas, banderillas y finalmente estoques. A los que sobrevivieron al estoque y se encuentran agonizantes, se les clavan m&aacute;s estoques o dagas hasta que finalmente mueren&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y es que la razo&#769;n es tan simple que basta con dos palabras: &ldquo;me gustan&rdquo;. No hace falta ma&#769;s que dos palabras, porque el argumento es tan ba&#769;sico como falaz. En su <em>Tractatus Logico-Philosophicus</em>, Wittgenstein afirmo&#769;: &ldquo;los li&#769;mites de mi lenguaje significan los li&#769;mites de mi mundo&rdquo; <em>(&ldquo;Die Grenzen meiner Sprache bedeuten die Grenzen meiner Welt&rdquo;). </em>Aqui&#769;, el escritor pone la grama&#769;tica castellana al servicio del ego, ese ego que, mediante criterios este&#769;ticos y culturales, se permite disponer sobre derechos ajenos. Ah, pero, &iquest;acaso estamos hablando derechos?
    </p><p class="article-text">
        An&#771;adiri&#769;a el recurso a la falacia, que, disfrazada bajo el manto de la cultura -aut&oacute;ctona- encubre ese temor a que el Estado intervenga en la sociedad. Pero, &iquest;que&#769; sucederi&#769;a si e&#769;sta mantuviera la esclavitud debido a criterios ponderables, como los recogidos en la sentencia del Tribunal Constitucional?, &iquest;que&#769; problema habri&#769;a? En su momento se negaban los derechos a los esclavos y a las mujeres. El liberalismo funciona por criterios ciegos, individualistas, los valores quedan dispensados en funcio&#769;n de otros para&#769;metros.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no deja de resultar parad&oacute;jico observar c&oacute;mo los que defienden sin ambages el neoliberalismo son hoy los primeros en juzgar con dureza y reclamar a los Estados mayor capacidad de acci&oacute;n y adopci&oacute;n de medidas efectivas a la hora de intervenir ante una emergencia sanitaria como la provocada por la COVID-19.
    </p><p class="article-text">
        Y es que, mientras el mundo entero se enfrenta a una amenaza global, existencial, sin precedentes, que nos coloca frente a una oportunidad &uacute;nica para mirarnos con humildad y aceptar nuestra radical fragilidad -que deber&iacute;a desembocar en un ensayo de compasi&oacute;n, en una llamada a la solidaridad-, los llamados taur&oacute;filos se han convertido en actores de un atm&oacute;sfera fantasmag&oacute;rica, que evoca aquellas escenas de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Dios_blanco_(pel%C3%ADcula)" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>White God</em></a> en las que se muestra como los seres humanos han perdido, precisamente, su humanidad, un episodio que parece una f&aacute;bula moral con moraleja incluida, pero que ha de verse en clave de estudio no ya pol&iacute;tico sino psicol&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, justamente, debemos destacar como loable la decisi&oacute;n del alcalde de la ciudad de Lima, que ha convertido la bicentenaria plaza de toros de Acho, una de las m&aacute;s antiguas del mundo, en un albergue de personas sin hogar para protegerlas del nuevo coronavirus, pese a la <a href="https://diariocorreo.pe/edicion/lima/coronavirus-asociacion-taurina-denuncia-a-alcalde-jorge-munoz-por-usar-plaza-de-acho-como-albergue-para-indigentes-lima-usa-covid-19-contagios-noticia/?ref=dcr" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">protesta del gremio taurino</a>. Sobran las palabras para advertir que, ni aun en circunstancias excepcionales, hace aparici&oacute;n la humanidad en ese colectivo. Este lamentable acontecimiento me sirve para recodar aqu&iacute; el concepto que desarroll&oacute; el fil&oacute;sofo camerun&eacute;s Achille Mbembe, al que denomin&oacute; 'necropol&iacute;tica'.
    </p><p class="article-text">
        Es la pol&iacute;tica basada en la idea de que, para algunos, unas vidas tienen valor y otras no. No es tanto matar a los que no sirven al poder, sino dejarlos morir, crear pol&iacute;ticas en las que se van muriendo. Su teor&iacute;a sobre la necropol&iacute;tica, profundamente inspirada en la obra de Foucault, recuerda a aquello que dec&iacute;a Zygmunt Bauman, cuando alud&iacute;a a la industria del desecho humano. Suerte que el alcalde de Lima, Jorge Mu&ntilde;oz, ha tenido el rigor y la bonhom&iacute;a de hacer, ahora s&iacute;, una adecuada ponderaci&oacute;n de los intereses en conflicto, con la valiente respuesta que ofreci&oacute; a los medios de comunicaci&oacute;n que le preguntaron sobre este extremo. Lo dijo muy claro: &ldquo;Qu&eacute; pena que haya gente as&iacute;, que no priorice la protecci&oacute;n de los seres humanos, que no priorice la vida. Esa denuncia contra Jorge Mu&ntilde;oz por proteger a la gente es una denuncia contra toda la sociedad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Me parece que hay que hacer en este punto una necesaria pausa. El camino de todo ser humano dotado de razo&#769;n debe pasar, indefectiblemente, por la bu&#769;squeda de un enfoque neutral, a la vez que anali&#769;tico, que le permita diseccionar los hechos concretos y desvincularlos asi&#769; de pasiones colectivas, para alcanzar el nu&#769;cleo esencial del problema que se plantea, ahi&#769; esta&#769; nuestra responsabilidad como seres humanos individuales que somos.
    </p><p class="article-text">
        No podemos, pues, acogernos a respuestas como esas y permanecer varados durante an&#771;os en esa costumbre ancestral de someter a este tipo de calvario a un animal.
    </p><p class="article-text">
        No voy a entrar en este arti&#769;culo en otro tipo de cuestiones, relativas a los dan&#771;os psicosociales que puede conllevar el exponerse a actos de crueldad que son vistos con esa reticente y reiterada normalidad. Ni tampoco entrare&#769; en aspectos relativos a la empati&#769;a o a la compasio&#769;n hacia los animales no humanos, cualidades ambas que pertenecen al a&#769;mbito de lo privado, si queremos decirlo asi&#769;, y, en consecuencia, de lo no exigible. Es ma&#769;s, tampoco entrare&#769; en la cuestio&#769;n moral del respeto que todo ser vivo merece, esta vez si&#769;, exigible desde un punto de vista de la e&#769;tica pu&#769;blica.
    </p><p class="article-text">
        No lo hare&#769; porque lo que pretendo es que cada lector asuma una actitud cri&#769;tica, tambie&#769;n Mario Vargas Llosa. Estoy segura de que si alguno de los defensores de estas tradiciones se plantea estas preguntas y se las hace desde un sincero intento de desgranar la verdadera naturaleza del feno&#769;meno que analizamos, no podra&#769; negar que el animal sufre un dan&#771;o, un dan&#771;o grave, un dan&#771;o no necesario, un dan&#771;o difi&#769;cilmente discutible, como la propia sentencia reconoce.
    </p><p class="article-text">
        El resto de adornos, lla&#769;mese tradicio&#769;n, diversio&#769;n o goce este&#769;tico, escapan a la razo&#769;n, por cuanto entiendo irrazonable que un acto de crueldad, del tipo que sea, pueda quedar justificado bajo la categori&#769;a de ocio, arte o tradicio&#769;n. El negar la solidez de los hechos objetivos encajari&#769;a ma&#769;s bien en actitudes propias de posturas negacionistas, m&aacute;s que de un librepensador que se vale de la lo&#769;gica y la observacio&#769;n para deslindar el hecho objetivo de la idea enraizada o apasionada.
    </p><p class="article-text">
        No podemos, por tanto, apelar a criterios de cara&#769;cter este&#769;tico o de arraigo popular, como hace el escritor, eso seri&#769;a tanto como justificar, desde una ilusoria responsabilidad o culpabilidad colectiva, algo tan alejado de poder quedar diluido como lo es la responsabilidad individual.
    </p><p class="article-text">
        Creo que las cosas ma&#769;s interesantes de la vida, tambie&#769;n las ma&#769;s dolorosas o que exigen un esfuerzo mayor, suceden siempre en los li&#769;mites, en las fronteras, en las orillas, en las crisis -hoy ma&#769;s que nunca lo estamos viviendo-, comenzando por nuestro propio li&#769;mite fi&#769;sico, que en su mayor expresio&#769;n seri&#769;a la muerte, o por nuestro propio comienzo, el nacimiento, aunque se nos pueden ocurrir muchos ma&#769;s: los li&#769;mites entre los avances cienti&#769;ficos o me&#769;dicos y la e&#769;tica, la libertad de expresio&#769;n y la censura, los li&#769;mites geogra&#769;ficos, sin ir ma&#769;s lejos las fronteras, las despedidas que nos limitan, que nos separan, desde el lenguaje como li&#769;mite del propio mundo, como dijimos, hasta el amor, como poder que derriba los muros del cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por que&#769; digo todo esto? Porque para hablar de derechos de los animales no humanos se nos esta&#769;, sobre todo, invitando a traspasar una barrera, la civilizatoria, con todo lo que esto conlleva. &iquest;Somos capaces de hacer el enorme esfuerzo que eso supone? Esa es la gran pregunta. Porque, ante la pregunta de si los animales no humanos tienen derechos, existe todavi&#769;a una respuesta basada en una concepcio&#769;n arraigada en argumentos antropoce&#769;ntricos.
    </p><p class="article-text">
        El desafi&#769;o ma&#769;s grande en nuestro modo de organizar el mundo es, precisamente, regresar al punto de partida, que es la vida, ma&#769;s alla&#769; de la especie, y reconocer el derecho en si&#769; mismo, reconociendo la dignidad de todos los animales al igual que reconocemos la dignidad humana, reconociendo que son titulares de derechos. &iquest;Por qu&eacute; raz&oacute;n? Porque el primer derecho es el derecho a la vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Favières Català]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/mario-vargas-llosa-elogio-falacia_132_1465643.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Apr 2020 20:44:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mario Vargas Llosa y el elogio a la falacia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tauromaquia,Toros,Perú,Covid-19,Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[J.M. Coetzee y los límites de la supervivencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/jm-coetzee-limites-supervivencia_132_3741771.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"Si hubiera un matadero con las paredes de cristal en el centro de las ciudades, donde todo el mundo pudiera verlo, pudiera escuchar a los animales chillar, ver cómo son masacrados sin piedad, quizá cambiarían de idea... La gente tolera el sacrificio animal porque no llega a verlo, tampoco a oírlo, tampoco a olerlo, la gente no quiere que se le recuerde cómo llega a su plato la comida", defiende Coetzee</p></div><p class="article-text">
        El blanco perturbador del muro del garaje cegaba mi mirada esquiva de la ma&ntilde;ana que se avecinaba; mientras descend&iacute;a por la rampa, &aacute;vida de sombra, un valiente caracol romp&iacute;a la inmaculada pared con su infatigable rastro circular. Me aproxim&eacute; a &eacute;l y con impaciencia lo tom&eacute; entre mis dedos para dejarlo cuidadosamente entre la hierba fresca que apenas distaba unos metros, all&iacute; proseguir&iacute;a su andadura a salvo del t&oacute;rrido cemento. De inmediato, tom&eacute; conciencia de mi innegable cortedad. &iquest;Acaso el caracol, provisto de esa envidiable concha espiral, ten&iacute;a necesidad de que alguien como yo le cobijara del calor sofocante? &iquest;Pens&eacute; siquiera si sentir&iacute;a calor?... De l&iacute;mites y de grandezas nos habl&oacute; el premio Nobel de Literatura John Maxwell Coetzee en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sof&iacute;a de Madrid, dentro del ciclo de <a href="http://www.capitalanimal.es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Capital Animal</a>, asociaci&oacute;n que impuls&oacute; entre febrero y junio diferentes proyectos en Madrid, centrados en la concienciaci&oacute;n sobre los derechos de los animales.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si hubiera un matadero con las paredes de cristal en el centro de las ciudades, donde todo el mundo pudiera verlo, pudiera escuchar a los animales chillar, ver c&oacute;mo son masacrados sin piedad, quiz&aacute; cambiar&iacute;an de idea... La gente tolera el sacrificio animal porque no llega a verlo, tampoco a o&iacute;rlo, tampoco a olerlo, la gente no quiere que se le recuerde c&oacute;mo llega a su plato la comida&rdquo;. Con estas palabras, el escritor sudafricano abri&oacute; un acto en el que durante casi dos horas, con voz sobria y acompasada y ante medio millar de asistentes, dio lectura a un relato in&eacute;dito con el que da continuidad a su libro <em>Elisabeth Costello</em>, personaje fundamental en los libros del autor. A trav&eacute;s de las distintas conversaciones entre la anciana protagonista y su hijo John, J.M.Coetzee hizo un recorrido magistral por la filosof&iacute;a, en su intento de enfrentar la raz&oacute;n al instinto y los l&iacute;mites que nos esclavizan.
    </p><p class="article-text">
        La referencia a Martin Heidegger y su visi&oacute;n acerca del acceso limitado &ndash;&ldquo;pobre&rdquo;&ndash; de los animales al mundo, en t&eacute;rminos absolutos, no en comparaci&oacute;n con el resto, lo hizo a trav&eacute;s de la garrapata, ciega y sorda, &ldquo;pobre de mundo&rdquo;, sin embargo, sus sentidos se tensan al olor de la sangre, la garrapata permanece esclava de los sentidos&hellip; y contin&uacute;a: pero &iquest;qu&eacute; hay de m&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        Es, precisamente, desde ese mundo animal del que nos habla, constre&ntilde;ido por los est&iacute;mulos del entorno, desde el que Heidegger anhela disolverse en su inclemente naturaleza animal que le lleva en aquella tarde lluviosa de un martes a consumar ese deseo insaciable con su apasionada alumna Hannah Arendt, pero... &iquest;qu&eacute; ha hecho el brillo de la raz&oacute;n mientras el cuerpo estaba estremeci&eacute;ndose? Quiere dejarse llevar por el torrente del ser pero se resiste, el titileo de la raz&oacute;n asoma en alg&uacute;n lugar de la mente.
    </p><p class="article-text">
        Entre otro de los legajos que John recibe de su madre, aparece Descartes, por quien pide perd&oacute;n por el terrible experimento que llev&oacute; a cabo con un conejo, con el que pretend&iacute;a demostrar que los animales sienten dolor pero no sufrimiento, pues &eacute;ste entend&iacute;a que el sufrimiento era una cualidad propia de seres superiores. Despu&eacute;s vino Gary Steiner, Richard Dawkins, Keith Thomas, la <em>Introducci&oacute;n a la Psicolog&iacute;a Comparativa</em> de John B. Watson, Thomas Nagel &ldquo;&iquest;qu&eacute; se siente al ser un murci&eacute;lago?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Durante la charla, aparece la llamada a la compasi&oacute;n, a la que califica como facultad del alma, no de la mente. La idea de que podamos cambiar de perspectiva habitando otra mente, ver con los ojos del otro, le conduce directamente a si podemos los humanos ver el mundo de la manera en que lo ve un animal no humano, a lo que a&ntilde;ade una comentario que me parece imprescindible esgrimir a la hora de declarar el respeto por todos los seres sensibles: &ldquo;Amar a alguien no exige que seamos capaces de proyectar, de ver a trav&eacute;s de sus ojos&rdquo;. Sin duda, la valoraci&oacute;n de la compasi&oacute;n se ha mantenido como una constante en la historia del pensamiento &eacute;tico. Desde la Antig&uuml;edad hasta la &eacute;poca contempor&aacute;nea, la compasi&oacute;n ha sido objeto de an&aacute;lisis y de innumerables controversias, sin que hasta el momento hayamos resuelto la pol&eacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el hecho de que Coetzee califique la compasi&oacute;n como una facultad del alma me parece relevante a la hora de analizar el tema de la compasi&oacute;n hacia los animales que entroncar&iacute;a directamente con la idea de progreso moral, por cuanto la compasi&oacute;n ser&iacute;a, como en su d&iacute;a la calific&oacute; Hume, la emoci&oacute;n moral fundamental. Desde esta perspectiva, la compasi&oacute;n frente a todos los seres sensibles se convertir&iacute;a en el principio fundamental de la &eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Las reflexiones del alter ego del autor en torno a la compasi&oacute;n me trajeron al recuerdo aquella terrible frase de Th&eacute;ophile Gautier: &ldquo;Plut&ocirc;t la barbarie que l'ennui&rdquo; &ndash;antes la barbarie que el tedio&ndash;. Quiz&aacute;, por eso, resultaba tan necesaria como oportuna esa invocaci&oacute;n a la justicia: &ldquo;No me preocupa el amor, me preocupa la justicia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y, finalmente, la cuesti&oacute;n esencial, la conciencia. &iquest;Por qu&eacute; la selecci&oacute;n natural debe favorecer la evoluci&oacute;n de la conciencia? &iquest;Qui&eacute;n dice que la conciencia es favorecida por la evoluci&oacute;n natural? &iquest;Qui&eacute;n dice que el homo sapiens sea la culminaci&oacute;n de la evoluci&oacute;n? Las cucarachas han sobrevivido millones de a&ntilde;os a todas las cat&aacute;strofes, a los mismos humanos que hemos intentado exterminarlas y, sin embargo, la cucaracha permanecer&aacute; y la humanidad no habr&aacute; acabado con ella. La preocupaci&oacute;n de ese alter ego de Coetzee por recopilar todos sus escritos, por enviarle todas y cada una de sus reflexiones a su hijo John, para que no desaparezcan, para que no se destruyan por quien no sea capaz de valorarlas, para que no se pierda alg&uacute;n d&iacute;a todo su pensamiento, me invadi&oacute; de tristeza por lo que pod&iacute;a querernos transmitir con esos rastros de sabidur&iacute;a. Prefer&iacute; no entender lo que pod&iacute;a estar dici&eacute;ndonos con ese &uacute;ltimo mensaje... porque lo que s&iacute; s&eacute; es que el aprendizaje es el ox&iacute;geno de la supervivencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Favières Català]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/jm-coetzee-limites-supervivencia_132_3741771.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Nov 2016 20:47:41 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[J.M. Coetzee y los límites de la supervivencia]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Derechos animales,Literatura,Filosofía,Capital animal]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del imperialismo de los conceptos al poder de la razón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/imperialismo-conceptos-poder-razon_132_4269060.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a3006c51-c17e-40dd-82f4-473f21dbd0c8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La crueldad de los festejos taurinos en España. Foto: Igualdad Animal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Apelar al criterio de "normalidad" para justificar la tortura a un ser vivo implica quedarnos varados en un terreno alejado de la reflexión racional que debe guiar nuestro comportamiento</p></div><p class="article-text">
        En estos tiempos en los que comienza a despuntar la luz matutina que deje atr&aacute;s la sombr&iacute;a noche de esa Espa&ntilde;a a la que alud&iacute;a, no hace demasiado, Esperanza Aguirre declarando su orgullo taurino,&nbsp;<a href="http://www.lavozdegalicia.es/noticia/espana/2014/04/21/esperanza-aguirre-cree-antitaurinos-antiespanoles/00031398086550312731566.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">acusando de antiespa&ntilde;oles</a> a los que luchan en contra de la &ldquo;fiesta&rdquo;, y haciendo gala de su notable endeblez cultural al recurrir al manido simbolismo de que los toros representan la esencia del ser espa&ntilde;ol, para llegar as&iacute;, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, al paralelismo de que los antitaurinos quieren acabar con Espa&ntilde;a, surgen voces de toreros y aficionados que llaman a la unidad y a la movilizaci&oacute;n contra aqu&eacute;llos sectores de corriente animalista, con el fin de defender sus supuestamente vulnerados derechos, incluso sus derechos como ciudadanos europeos&hellip;. &iexcl;toma ya!, apelando a declaraciones tan disparatadas como esa de que si desaparecieran los toros habr&iacute;a que cambiarle el nombre a Espa&ntilde;a. A eso lo llamo yo <strong>&ldquo;el imperialismo de los conceptos vanos&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        No hablar&eacute; siquiera de mediocridad intelectual. &iquest;Por qu&eacute;? Porque sobran las dos palabras. La primera porque esa reflexi&oacute;n va m&aacute;s all&aacute; de ser mediocre, que lo es, y la segunda, simplemente porque ser&iacute;a un ox&iacute;moron. Sin embargo, habr&iacute;a que empezar diciendo que <strong>los toros no desaparecer&iacute;an</strong>. Hablemos con propiedad. Como mucho, desaparecer&iacute;a la versi&oacute;n gen&eacute;ticamente seleccionada del toro, es decir, el toro de lidia. Por tanto, <strong>lo que desaparecer&iacute;a ser&iacute;a un ceremonial de tortura sangrienta</strong> y un oscuro negocio rentable, aunque esto &uacute;ltimo de la rentabilidad es muy cuestionable, que s&oacute;lo apunta al sacrificio p&uacute;blico de un inocente, en unos casos, o a la puesta en escena de la utilizaci&oacute;n de un ser vivo como instrumento para un juego violento que constituye un riesgo no solo para el toro, sino tambi&eacute;n para los participantes en estos actos, en cualquiera de sus modalidades, bien se trate de &lsquo;bous al carrer&rsquo; o de cualquier otro tipo de encierros, por no mencionar el repulsivo y aberrante Torneo del Toro de la Vega, que ya tiene m&aacute;rtir para su pr&oacute;xima edici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por fortuna, el nuevo espectro pol&iacute;tico alumbra un viraje hacia un nuevo escenario donde las tradiciones at&aacute;vicas y oscurantistas est&aacute;n siendo encaradas y canalizadas hacia posiciones c&iacute;vicas y ecologistas.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as lleg&oacute; a mis manos un texto en el que un ciudadano esgrim&iacute;a las razones que le hab&iacute;an llevado a modificar su criterio, hasta el punto de transitar desde la asidua afici&oacute;n al mundo de la tauromaquia hasta sentirse hoy antitaurino.
    </p><p class="article-text">
        Cuando le&iacute; algunos de sus comentarios en los que se refer&iacute;a al trato que le propinaban al toro &ndash;hoy ya no est&aacute; permitido- mientras &ldquo;jugaban&rdquo; de ni&ntilde;os con &eacute;l por las calles y c&oacute;mo apretaban sus tripas, estando ya moribundo, hasta que no le quedaba ni una gota de sangre y cu&aacute;l fue el desencadenante que hizo que comenzara a plantearse preguntas que a muchos de nosotros nos parecen obvias, pens&eacute; que era necesario hacer un an&aacute;lisis que pudiera al menos provocar la reflexi&oacute;n de quien lo quisiera leer.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n cuenta &eacute;l mismo, llevaba con orgullo a sus amigos extranjeros a ver la tradici&oacute;n m&aacute;s caracter&iacute;stica de su tierra, y fueron las preguntas que le formularon las que provocaron en &eacute;l, primero, el darse cuenta de que <strong>no ten&iacute;a respuestas</strong>, algo important&iacute;simo, y en segundo lugar, y m&aacute;s importante si cabe para lo que quiero exponer, que nadie de su alrededor se lo hab&iacute;a planteado jam&aacute;s porque, en ese momento y en ese entorno, como en parte lo sigue siendo, <strong>&ldquo;era normal&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Quisiera desde este art&iacute;culo tratar de llegar, no ya a aquellos que tenemos una posici&oacute;n clara contra cualquier acto de maltrato animal, sino precisamente ser capaz de al menos provocar una sola lectura que consiga por un momento <strong>poner en cuesti&oacute;n el fen&oacute;meno del que estamos hablando y analizarlo desde la raz&oacute;n</strong>, desvincul&aacute;ndolo de la mirada febril y parcial del que defiende una tradici&oacute;n por apego cultural, por placer est&eacute;tico o hasta por miedo a pensar algo diferente a lo que tiene alrededor, porque no olvidemos que pensar diferente requiere un acto de valent&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Como hemos advertido, al exponer su experiencia este chico deja claro que comenz&oacute; a plantearse el sufrimiento de un ser vivo en el momento en que, precisamente alguien ajeno a su entorno, es decir, un observador externo e imparcial, le pregunta por el dolor al que, en este caso, el toro, est&aacute; siendo sometido en estos festejos populares. Es entonces cuando se pone en evidencia ante &eacute;l un hecho que ni tan siquiera le hab&iacute;a generado la menor duda, ni a &eacute;l ni a nadie de su alrededor. &iquest;Por qu&eacute; raz&oacute;n algo tan aparentemente evidente y notorio como es que someter a tortura a un ser vivo causa dolor, puede dejar sin respuesta al que, adem&aacute;s de conocerlo, lo apoya con su participaci&oacute;n, en mayor o menor medida? &ldquo;<strong>Porque en aquel momento no estaba prohibido, porque era normal</strong>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Me parece que hay que hacer en este punto una necesaria pausa: el camino de todo ser humano dotado de raz&oacute;n debe pasar indefectiblemente por la b&uacute;squeda de un enfoque neutral a la vez que anal&iacute;tico que le permita diseccionar los hechos concretos y desvincularlos as&iacute; de pasiones colectivas para alcanzar el n&uacute;cleo esencial del problema que se plantea. Ah&iacute; est&aacute; nuestra responsabilidad como seres humanos individuales que somos. No podemos acogernos a respuestas como la que mantuvo a este exaficionado taurino varado durante a&ntilde;os en esa costumbre ancestral de someter a este tipo de calvario a un animal.
    </p><p class="article-text">
        No voy a entrar en este art&iacute;culo en otro tipo de cuestiones relativas a los da&ntilde;os psicosociales que puede conllevar el exponerse a estos actos de crueldad que son vistos con esa reticente y reiterada normalidad, ni tampoco entrar&eacute; en aspectos relativos a la empat&iacute;a o a la compasi&oacute;n hacia los animales no humanos, cualidades ambas que pertenecen al &aacute;mbito de lo privado, si queremos decirlo as&iacute; y, en consecuencia, de lo no exigible. Es m&aacute;s, tampoco entrar&eacute; en la cuesti&oacute;n moral del respeto que todo ser vivo merece, esta vez s&iacute;, exigible tanto desde un punto de vista de la &eacute;tica p&uacute;blica, en cuanto que en &eacute;sta s&iacute; adquirir&iacute;a una dimensi&oacute;n notable a la hora de condicionar la aprobaci&oacute;n de mandatos exigibles con car&aacute;cter general, como desde el Derecho, en el que, sin duda, se convierte en un sujeto jur&iacute;dicamente relevante y protegible.
    </p><p class="article-text">
        No lo har&eacute; porque lo que pretendo es que cada lector asuma una actitud cr&iacute;tica. Estoy segura de que si alguno de los defensores de estas tradiciones se plantea estas preguntas como se las plante&oacute; en su d&iacute;a este exaficionado, y se las hace desde un sincero intento de desgranar la verdadera naturaleza del fen&oacute;meno que analizamos, no podr&aacute; negar que <strong>el animal sufre un da&ntilde;o, un da&ntilde;o grave, un da&ntilde;o no necesario, un da&ntilde;o dif&iacute;cilmente discutible</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El resto de adornos, ll&aacute;mese tradici&oacute;n, diversi&oacute;n o goce est&eacute;tico, escapan a la raz&oacute;n, por cuanto entiendo irrazonable que un acto de crueldad, del tipo que sea, pueda quedar justificado bajo la categor&iacute;a de ocio, arte o tradici&oacute;n. El negar la solidez de los hechos objetivos encajar&iacute;a m&aacute;s bien en actitudes m&aacute;s propias de posturas negacionistas que de las de un librepensador que se vale de la l&oacute;gica y la observaci&oacute;n para deslindar el hecho objetivo de la idea enraizada o apasionada.
    </p><p class="article-text">
        No podemos, por tanto, apelar a un criterio de normalidad social, como hace en su primera reacci&oacute;n el relator de su historia. Eso ser&iacute;a tanto como justificar bajo el manto de una pretendida responsabilidad o culpabilidad colectiva algo tan alejado de poder quedar diluido como es la responsabilidad individual.
    </p><p class="article-text">
        Lejos, pues, de descalificaciones, acusaciones de criminalidad y fanatismos, quisiera hacer un <strong>llamamiento a algo mucho m&aacute;s poderoso: el poder de la raz&oacute;n</strong>, en el sentido <em>spinoziano</em> del t&eacute;rmino, con toda su potencialidad, porque no olvidemos que, como en otras &eacute;pocas hist&oacute;ricas hemos podido comprobar, apartarse de la realidad y la irreflexi&oacute;n puede ser mucho m&aacute;s nocivo que el conjunto de todos los instintos perversos de la condici&oacute;n humana.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Favières Català]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/imperialismo-conceptos-poder-razon_132_4269060.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Aug 2015 19:44:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del imperialismo de los conceptos al poder de la razón]]></media:title>
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