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    <title><![CDATA[elDiario.es - José María Ruiz Soroa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose_maria_ruiz_soroa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José María Ruiz Soroa]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El superior valor moral de los oprimidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/superior-valor-moral-oprimidos_132_2123369.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e4e4dded-f405-4ca6-a90f-efa4d1820978_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Recuerdo a Bertrand Russell cuando advertía de que el haber sido objeto de injusticia constante no otorga un valor moral superior a los oprimidos. Ni más razón en un caso concreto, diría yo</p></div><p class="article-text">
        Va de sentencias. La m&aacute;s sonora la de la sociedad. Dice algo as&iacute;: las denunciantes de abusos o agresiones sexuales deber&aacute;n ser cre&iacute;das mientras los agresores no demuestren su inocencia. Cualquier indagaci&oacute;n o examen cr&iacute;tico de la veracidad de la denunciante debe ser considerado como un caso de revictimizaci&oacute;n y evitado cuidadosamente. Las defensas de los acusados no podr&aacute;n recurrir a medios de prueba que cuestionen la veracidad de la denunciante mediante el examen de su comportamiento pasado o posterior. Y, desde luego, como siempre, hay que aumentar las penas, al mono le&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Luigi Ferrajoli escribe en m&aacute;s de un lugar de su monumental obra que si en 1789 se hubieran puesto a votaci&oacute;n popular los derechos del hombre que en aquella fecha se promulgaron nunca hubieran salido. Pues eso. Hoy tampoco saldr&iacute;a adelante la presunci&oacute;n de inocencia en delitos oprobiosos. Los derechos fundamentales son los derechos del d&eacute;bil, y aunque suene a sarcasmo el d&eacute;bil en Pamplona 2018 eran los de 'la manada'. E impopulares, claro. &iquest;Derechos para ellos? &iquest;Est&aacute; de broma? &iquest;O tiene un problema, que dir&iacute;a nuestro ministro?
    </p><p class="article-text">
        La sentencia condenatoria de los dos magistrados cree a la v&iacute;ctima despu&eacute;s de estudiar el caso. Pero es bastante contradictoria. Con los hechos probados que relata (una mayor&iacute;a masculina atemorizadora buscada de prop&oacute;sito vuelve a la v&iacute;ctima incapaz de ninguna defensa o protesta) es dif&iacute;cil aplicar la calificaci&oacute;n de prevalimiento y no la de intimidaci&oacute;n. Optar por una u otra es cuesti&oacute;n de grado, si la conducta amenazadora llega a privar totalmente a la v&iacute;ctima de su autonom&iacute;a se trata de intimidaci&oacute;n, s&oacute;lo si es parcial cabe la de prevalimiento. Ergo violaci&oacute;n (agresi&oacute;n). Ese es el caso que describe la mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Entonces? La sentencia de los dos magistrados huele a pacto. Pacto para salvar una condena aunque sea m&iacute;nima. Pacto entre un magistrado que ve la intimidaci&oacute;n y violaci&oacute;n (el ponente adem&aacute;s) y otro que no lo ve nada claro pero que admite que los acusados no se vayan de rositas. El primero redacta los hechos probados que podemos leer, pero luego limita la calificaci&oacute;n al m&iacute;nimo. La contradicci&oacute;n interna de la sentencia nace del pacto. Es la explicaci&oacute;n m&aacute;s coherente.
    </p><p class="article-text">
        Y queda el tercer cerdito: el magistrado discrepante con su inusitadamente extenso y pormenorizado voto particular. Impactante en su an&aacute;lisis cr&iacute;tico de la sentencia de los otros dos. Una comprobaci&oacute;n emp&iacute;rica de que los famosos videos dicen muy poco, o muy poco de valor para determinar situaciones s&iacute;quicas, salvo que se vean desde un pre-juicio. Y ese prejuicio es el de creer o no creer a la v&iacute;ctima, o mejor, concederle o no a su testimonio el peso suficiente como para romper la presunci&oacute;n de inocencia de los acusados. Porque es el testimonio clave y casi &uacute;nico, sin &eacute;l no hay caso.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, el magistrado cr&iacute;tico razona con pulcritud el por qu&eacute; ese testimonio no posee el grado de veracidad, verosimilitud y credibilidad necesarios como para constituirse en prueba de cargo determinante. Y es convincente. Se trata, sobre todo, de la muy distinta versi&oacute;n de lo sucedido que dio la v&iacute;ctima a la polic&iacute;a y al juez de instrucci&oacute;n, primero, y a la sala en el acto del juicio dos a&ntilde;os despu&eacute;s. Elementos esenciales del delito (tales como que la obligaron, la agarraron con violencia, le taparon la boca, la tumbaron) desaparecen a&ntilde;os despu&eacute;s sin raz&oacute;n comprensible del cambio. Lo que abre un boquete inmenso en su credibilidad y coloca a su testimonio como prueba no suficiente para vencer la presunci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La conclusi&oacute;n tras la lectura es, parodiando un antiguo dictum, que todav&iacute;a hay jueces en Pamplona. Capaces de acertar o de equivocarse, pero razonadamente en todo caso. Exponiendo sus argumentos y, gracias a ello, posibilitando la cr&iacute;tica argumentativa de sus opiniones.
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, no hay opini&oacute;n razonable sino pura pasi&oacute;n, indignaci&oacute;n y virtud mancillada en el griter&iacute;o social. Las mujeres son v&iacute;ctimas hist&oacute;ricas, cierto. Pero la presunci&oacute;n de inocencia est&aacute; antes y por encima del g&eacute;nero, obvio. &iquest;O no tanto? Recuerdo a Bertrand Russell cuando advert&iacute;a de que el haber sido objeto de injusticia constante no otorga un valor moral superior a los oprimidos. Ni m&aacute;s raz&oacute;n en un caso concreto, dir&iacute;a yo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José María Ruiz Soroa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/superior-valor-moral-oprimidos_132_2123369.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 May 2018 17:51:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El superior valor moral de los oprimidos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las dos utopías]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/utopias_132_2012793.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La modernidad occidental ha estado marcada desde hace ya siglos por la competencia entre dos utopías rivales, escribe Pierre Rosanvallon. La una es la utopía de la sacralización de la voluntad humana, la otra el deseo apremiante de regulaciones impersonales</p></div><p class="article-text">
        La modernidad occidental ha estado marcada desde hace ya siglos por la competencia entre dos utop&iacute;as rivales, escribe Pierre Rosanvallon. La una es la utop&iacute;a de la sacralizaci&oacute;n de la voluntad humana, la otra el deseo apremiante de regulaciones impersonales; ambas compiten entre s&iacute; porque la funci&oacute;n de la utop&iacute;a es siempre cr&iacute;tica, y ambas limitan nuestro mundo mental y nuestras posibilidades. Podr&iacute;an caracterizarse como la utop&iacute;a liberal y la utop&iacute;a democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El pensamiento pol&iacute;tico liberal sue&ntilde;a con una sociedad que est&eacute; regulada por normas generales, abstractas, impersonales y an&oacute;nimas. Es decir, un mundo en que mande la ley (<em>rule of law</em>) y no manden las personas. El fin perseguido es el de proteger a &eacute;stas de los excesos de los pr&iacute;ncipes (las <em>bestias sin bridas</em> como las llamaba Montesquieu) y para ello sujetar al poder a normas an&oacute;nimas, puros mecanismos de imparcialidad y contenci&oacute;n. El liberalismo no cree que sea posible corregir las pasiones del ser humano, las ve como algo irreformable; tampoco cree que sea prudente intentar corregirlas o esperar un cambio en el modelo antropol&oacute;gico de ser humano; lo que s&iacute; cree es que es posible limitar sus efectos da&ntilde;inos para la convivencia, y que esa limitaci&oacute;n adviene mediante mecanismos o instrumentos. Entre ellos descuellan los mecanismos de decisi&oacute;n an&oacute;nimos del tipo de un Estado de Derecho aut&eacute;ntico.
    </p><p class="article-text">
        Pero no s&oacute;lo en lo pol&iacute;tico se presenta la preferencia por la anonimidad del mecanismo, tambi&eacute;n en la econom&iacute;a: la atracci&oacute;n liberal por el mercado como m&eacute;todo de asignaci&oacute;n de los recursos obedece, precisamente, a la similitud que observa entre la ley imparcial de lo pol&iacute;tico con el car&aacute;cter espont&aacute;neo y autom&aacute;tico de la <em>mano invisible</em>. En un mercado bien regulado (que se reconoce como objetivo muy dif&iacute;cil) las decisiones no las adopta nadie sino una especie de algoritmo nutrido por la informaci&oacute;n universal de las conductas individuales. Todos deciden para que nadie decida.
    </p><p class="article-text">
        El pensamiento pol&iacute;tico dem&oacute;crata sue&ntilde;a con una sociedad de seres humanos autogobernados por su propia voluntad, una voluntad que es en s&iacute; misma buena si es educada y orientada por el ideal del bien com&uacute;n. Los l&iacute;mites a la voluntad nacen, precisamente, de las imperfecciones hist&oacute;ricas de esa voluntad. En el extremo, unos seres humanos absolutamente liberados de sus pasiones negativas no tendr&iacute;an necesidad de gobierno, como hipotiz&oacute; Marx. Y esa liberaci&oacute;n es posible de conseguir mediante la pr&aacute;ctica socioinstitucional dirigida desde arriba. El dem&oacute;crata es tan optimista en cuanto a la substancia humana cuanto el liberal lo es s&oacute;lo en lo que se refiere a los mecanismos.
    </p><p class="article-text">
        El mayor problema del dem&oacute;crata lo es cuando se trata de pasar de la voluntad individual de las personas (tangible y real) a la voluntad del colectivo social (que es metaf&oacute;rica e inencontrable en lugar alguno) siendo &eacute;sta &uacute;ltima la que debe regir los destinos de la <em>polis.</em> Ning&uacute;n m&eacute;todo de agregaci&oacute;n de voluntades garantiza que el colectivo pueda poseer una voluntad, hablando de manera ontol&oacute;gica y no metaf&oacute;rica. Por eso el dem&oacute;crata busca atajos  para reconstruir la voluntad sagrada del pueblo, sea encontrando en un grupo reducido de personas el car&aacute;cter de gu&iacute;as infalibles hacia la consumaci&oacute;n futura del autorreconocimiento del pueblo como pueblo, sea atribuyendo a la voluntad de la mayor&iacute;a de individuos el valor de voluntad de todos.
    </p><p class="article-text">
        El liberal es el pensamiento ilustrado por excelencia; el dem&oacute;crata es el pensamiento propio del Romanticismo. Dos fases sucesivas del pensamiento y el sentimiento europeos que nunca han podido excluirse o cancelarse mutuamente de manera total, sino que se han visto obligadas a convivir, mezclarse o superponerse en dosis variables y con sujeci&oacute;n a la contingencia hist&oacute;rica. La Segunda Guerra mundial marc&oacute; el triunfo moment&aacute;neo de la concepci&oacute;n de las reglas sobre el &eacute;xtasis de la voluntad, pero los a&ntilde;os setenta contemplaron el resurgir de los anhelos voluntaristas, m&aacute;s matizados y educados que en la &eacute;poca de preguerra, pero anhelantes de nuevo de un ilusi&oacute;n: la de que el hombre se rigiera a s&iacute; mismo sin l&iacute;mite alguno ajeno a su deseo. Y en la pelea seguimos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José María Ruiz Soroa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/utopias_132_2012793.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Jul 2018 17:26:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las dos utopías]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tapar un error con otro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/tapar-error_132_2171712.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3db0167f-64fa-4220-875a-740eed291ecb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aquello de que el ordenamiento cuenta con instrumentos suficientes y adecuados para asegurar el respeto a la legalidad se demostró ilusorio; y el trauma social, político y económico que el referéndum del 1-O causó a la sociedad española  y a sus instituciones fue terrible, viviremos bajo sus efectos muchos años</p></div><p class="article-text">
        El 23 de Junio de 2005 se public&oacute; en el BOE la Ley Org&aacute;nica 2/2005 de modificaci&oacute;n del C&oacute;digo Penal en la que, entre otras cosas, se suprim&iacute;a su art. 506 bis. Este precepto  castigaba en aquel momento con penas de prisi&oacute;n de tres a cinco a&ntilde;os a la autoridad p&uacute;blica que convocara consultas populares por v&iacute;a de refer&eacute;ndum careciendo de competencias para ello. Se suprimi&oacute;. Se despenaliz&oacute; esa conducta. Deliberada y conscientemente. Lo pidi&oacute; al gobierno el PNV y &eacute;ste accedi&oacute; de plano: ese art&iacute;culo es &ldquo;superfluo e innecesario&rdquo; dijo su Presidente. As&iacute; de sencillo.
    </p><p class="article-text">
        Las Cortes sab&iacute;an perfectamente de qu&eacute; estaban hablando y sobre qu&eacute; estaban resolviendo. Sab&iacute;an que ese precepto estaba pensado para los refer&eacute;ndums independentistas promovidos por los nacionalistas. No hab&iacute;a duda al respecto. Pero lo suprimieron. Y explicaron muy bien el por qu&eacute; de su decisi&oacute;n en la Exposici&oacute;n de Motivos: tal art&iacute;culo, dice &eacute;sta, &ldquo;se refiere a conductas que no tienen suficiente entidad como para merecer el reproche penal, y menos a&uacute;n si la pena que se contempla es la prisi&oacute;n. El derecho penal se rige por los principios de intervenci&oacute;n m&iacute;nima y proporcionalidad&hellip; y no se puede privar a una persona del derecho a la libertad sin que ello sea estrictamente imprescindible. En nuestro ordenamiento hay otras formas de control de la legalidad diferentes de la v&iacute;a penal. As&iacute;, el ejercicio de las potestades de convocar o promover consultas por quien no las tiene legalmente atribuidas <em>es perfectamente controlable por v&iacute;as diferentes a la penal. En suma, la Constituci&oacute;n y el conjunto del ordenamiento jur&iacute;dico ya cuentan con los instrumentos suficientes y adecuados para asegurar el respeto a la legalidad y a las instituciones democr&aacute;ticas&hellip; y las conductas en cuesti&oacute;n no presentan las notas exigidas para proceder a su incriminaci&oacute;n</em>&rdquo; (cursiva nuestra).
    </p><p class="article-text">
        Se puede decir m&aacute;s alto, pero no m&aacute;s claro. Se puede estar de acuerdo o no con la opini&oacute;n del Congreso de los Diputados de 2005 (yo no lo estoy) pero no se puede poner en duda cu&aacute;l fue su voluntad, la voluntad de los leg&iacute;timos representantes de la soberan&iacute;a nacional: despenalizar la convocatoria de refer&eacute;ndums independentistas. Sin condiciones y sin cl&aacute;usulas restrictivas. Despenalizarlos como tales y en todo caso.
    </p><p class="article-text">
        Visto lo visto hace seis meses est&aacute; claro que fue un error de calado: aquello de que el ordenamiento cuenta con instrumentos suficientes y adecuados para asegurar el respeto a la legalidad se demostr&oacute; ilusorio; y el trauma social, pol&iacute;tico y econ&oacute;mico que el refer&eacute;ndum del 1-O caus&oacute; a la sociedad espa&ntilde;ola  y a sus instituciones fue terrible, viviremos bajo sus efectos muchos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iexcl;oh manes! diez a&ntilde;os despu&eacute;s sucede que un tribunal descubre que esa conducta entonces despenalizada expresamente puede estar castigada con mucha mayor pena de prisi&oacute;n, nada menos que hasta veinte a&ntilde;os, porque puede calificarse como &ldquo;rebeli&oacute;n&rdquo;. Basta para ello, seg&uacute;n el tribunal, que durante la consulta convocada haya habido forcejeos violentos de los participantes con las fuerzas policiales enviadas para impedirlo. Asombroso. M&aacute;gico. No se penaliza a los autores de los actos violentos contra las personas  sucedido como reos de lesiones o faltas de orden p&uacute;blico, lo cual parece l&oacute;gico, sino que se llevan tales actos a la voluntad del convocante y se le convierte en reo de rebeli&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; fue de la declaraci&oacute;n legal de que se trataba de conductas penalmente irrelevantes?  &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la excepci&oacute;n legal habilitante para entender que convocar no es delito &ldquo;salvo que haya des&oacute;rdenes violentos&rdquo;? &iquest;Podemos inventarla ahora <em>a posteriori</em>?
    </p><p class="article-text">
        Descubre tambi&eacute;n nuestro tribunal que la convocatoria estuvo inmersa en un proceso continuado de ideaci&oacute;n y ejecuci&oacute;n de un plan por parte de esas autoridades para independizar a su regi&oacute;n. Y entonces, &iexcl;oh!, lo irrelevante se vuelve criminal, y lo despenalizado deviene sancionable. Pero, &iquest;es que las Cortes en 2005 no sab&iacute;an perfectamente que los refer&eacute;ndums que despenalizaban no eran desde luego actos s&uacute;bitos y repentinos de locura de una autoridad sino que se situaban necesariamente dentro de procesos pol&iacute;ticos de secesi&oacute;n? Claro que s&iacute;. &iquest;Entonces?
    </p><p class="article-text">
        Error en 2005 y error en 2018. Entonces se actu&oacute; por el legislador con m&iacute;nima precauci&oacute;n y excesiva confianza sobre las propias fuerzas. Eran los tiempos de la antropolog&iacute;a optimista. Ahora es el judicial el que pretende ir m&aacute;s all&aacute; de lo que la norma penal le autoriza: el pesimismo punitivo. Pero ambos errores no se anulan mutuamente, sino que se suman en su potencialidad destructiva. Como vamos aprendiendo los espa&ntilde;oles, muy a nuestro pesar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José María Ruiz Soroa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/tapar-error_132_2171712.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Apr 2018 19:08:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tapar un error con otro]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Números y razones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/numeros-razones_132_2974435.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50e97161-b5b9-44ab-972b-7058890198f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Números y razones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Concierto es un desvío tan clamoroso que infringe claramente el principio de equidad o imparcialidad ante la ley, puesto que ésta trata en forma desigual situaciones iguales</p></div><p class="article-text">
        Resulta un dato apabullante en su desnudez: a igualdad de esfuerzo fscal y para unas competencias homog&eacute;neas, el sistema foral de concierto procura un nivel de financiaci&oacute;n p&uacute;blica que es el doble del que procura el sistema com&uacute;n a una regi&oacute;n con un nivel de riqueza similar o superior. En concreto, y tomando como 100 la media de todas las CC. AA. espa&ntilde;olas para 2011, al Pa&iacute;s Vasco su sistema le procuraba 4.225 euro por habitante (205%), mientras que a la m&aacute;s rica regi&oacute;n de la Comunidad Aut&oacute;noma de Madrid el suyo que es el com&uacute;n le aportaba 2.010 euro (103,6%).
    </p><p class="article-text">
        Y no es un dato de un a&ntilde;o aislado o particular,sino que la sobre financiaci&oacute;n vasca y navarra se produce a&ntilde;o tras a&ntilde;o, se tome el per&iacute;odo de tiempo que se tome, con la &uacute;nica variable de que es cada vez mayor (en 2002 era de alrededor del 160%,en 2011 ha llegado al 200%). Se trata de un desv&iacute;o tan clamoroso que infringe claramente el principio de equidad o imparcialidad ante la ley, puesto que &eacute;sta trata en forma desigual situaciones iguales.
    </p><p class="article-text">
        Los concertistas, que por aqu&iacute; son legi&oacute;n, aducen que estos n&uacute;meros tan sorprendentes no se deben a ning&uacute;n defecto del sistema de Concierto o en el c&aacute;lculo del Cupo, sino a una serie de &ldquo;razones&rdquo; que &ndash;seg&uacute;n ellos- justifcar&iacute;an de sobra el ping&uuml;e resultado que para el Pa&iacute;s Vasco y Navarra se deriva de su sistema particular. Nada de privilegio, dicen, el Pa&iacute;s Vasco se ha ganado y se gana con esfuerzo esa diferencia por las siguientes razones: porque es m&aacute;s rico, porque paga m&aacute;s impuestos, porque gestiona m&aacute;s eficientemente su Hacienda, porque asume un riesgo unilateral, y porque siempre ha sido as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Analizando, que es gerundio.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Porque es m&aacute;s rico&rdquo;. Obviamente falso: la Comunidad Aut&oacute;noma de Madrid es m&aacute;s rica que el Pa&iacute;s Vasco en la actualidad, luego la diferencia de fnanciaci&oacute;n no puede deberse al &iacute;ndice de riqueza regional. Adem&aacute;s, claro, el argumento choca frontalmente con el principio de equidad que defiende que todos los ciudadanos (aisladamente tomados o como colectivos territoriales) tienen derecho a las mismas prestaciones p&uacute;blicas b&aacute;sicas con independencia de su riqueza o pobreza relativa. Si alguna excepci&oacute;n cabe hacer a este principio ser&aacute; siempre a favor del m&aacute;s necesitado, no al rev&eacute;s (Rawls).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Porque paga m&aacute;s impuestos&rdquo;. No es cierto. Los impuestos en la CAV son en general m&aacute;s bajos que en el territorio espa&ntilde;ol com&uacute;n, tanto en IRPF como en Sociedades (Zubiri 2007 y 2016).Otra cosa es que, debido a la progresividad del sistema fiscal, unos tipos efectivos m&aacute;s bajos produzcan unos ingresos fiscales muy superiores, algo l&oacute;gico al aplicarse en regiones con mayor riqueza. Los rendimientos fiscales de la CAV son, en este sentido,superiores en un 40% a los del territorio com&uacute;n, igual que sucede en otra regi&oacute;n rica como la de Madrid. Es lo mismo que pasa a nivel individual:los ricos pagan m&aacute;s que los pobres simplemente porque son m&aacute;s ricos, no porque efect&uacute;en un mayor esfuerzo fiscal. La diferencia significativa entre el sistema foral y el com&uacute;n es que en las regiones ricas del territorio com&uacute;n (Madrid) el exceso de recaudaci&oacute;n se destina a la solidaridad interterritorial, mientras que el sistema foral hace que el Pa&iacute;s Vasco se quede para s&iacute; mismo todo ese exceso. La diferencia no est&aacute; en el nivel de impuestos que soportan las Comunidades forales o las comunes,sino en el destino que se da al exceso de recaudaci&oacute;n que obtienen indefectiblemente las m&aacute;s ricas: qued&aacute;rselo para s&iacute; o transferirlo a otras.
    </p><p class="article-text">
        Primero, no existe evidencia disponible que sustente esa mayor eficiencia que se afirma como dogma (por cierto,un dogma te&ntilde;ido de la lamentable superioridad moral que exhiben los Epulones ante los derroches de los pobres). Segundo, puede suponerse que efectivamente en el Pa&iacute;s Vasco se produce una  mayor eficacia fiscal, pero ello ser&iacute;a debido a tres razones: el tama&ntilde;o reducido de la regi&oacute;n por comparaci&oacute;n al territorio com&uacute;n (es m&aacute;s f&aacute;cil gestionar los impuestos sobre un &aacute;rea territorial m&aacute;s peque&ntilde;a), el hecho de que los salarios (el tipo de renta m&aacute;s f&aacute;cilmente fiscalizable) son relativamente m&aacute;s importantes en la CAPV que en el territorio com&uacute;n, y, s&oacute;lo en tercer lugar, por una mejor gesti&oacute;n de las Haciendas Forales. La evidencia disponible acerca del tama&ntilde;o de la econom&iacute;a sumergida (Zubiri, Gallastegui y Fern&aacute;ndez Macho, 2016) permite una aproximaci&oacute;n indirecta al asunto de tal gesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, desde 1990 a 2014, la econom&iacute;a oculta al fisco en la CAPV fue del 17,4% del PIB, cinco puntos menos que la media espa&ntilde;ola, lo cual es un indicio a favor de una mejor gesti&oacute;n en Euskadi. Pero, importante, resulta que: a) en la Comunidad de Madrid es incluso inferior a la vasca, un 13,6%, luego no puede estar aqu&iacute; la raz&oacute;n de los resultados divergentes en financiaci&oacute;n p&uacute;blica, y b) esos cinco puntos de diferencia con la media espa&ntilde;ola se traducir&iacute;an en base a las cifras del estudio citado en una mayor recaudaci&oacute;n de alrededor de 340 millones de euros, cifra que est&aacute; lej&iacute;simos de la sobrefinanciaci&oacute;n que obtiene el Pa&iacute;s Vasco a trav&eacute;s del Cupo y que supera los 4.000 millones.
    </p><p class="article-text">
        El riesgo consistir&iacute;a en que el Pa&iacute;s Vasco, si las cosas le fueran mal y su recaudaci&oacute;n se desplomase, no podr&iacute;a acogerse a la &ldquo;sopa boba&rdquo; del pap&aacute; Estado, como gr&aacute;ficamente se ha descrito por un exconsejero del Gobierno (de nuevo el supremacismo moral), sino que tendr&iacute;a que seguir pagando el mismo Cupo. Es un riesgo por el que se le estar&iacute;a compensando de momento con la sobrefinanciaci&oacute;n. &iquest;Cierto? Valoremos el riesgo: para que esa situaci&oacute;n hipot&eacute;tica se produjera ser&iacute;a necesario que se diera un shock asim&eacute;trico en Espa&ntilde;a (Monasterio,2015), es decir, que la econom&iacute;a vasca se hundiera manteni&eacute;ndose sin embargo constante la econom&iacute;a espa&ntilde;ola. Porque si lo que se da es una crisis con empobrecimiento colectivo de toda Espa&ntilde;a (como ha sucedido en el pasado decenio), entonces las posiciones relativas se mantienen y no hay problema para el Pa&iacute;s Vasco, que sigue sobrefinanciada (como ha sucedido de hecho en las crisis de los ochenta y de este siglo). La posibilidad de que se produzca un tal desastre asim&eacute;trico, estando como est&aacute; la econom&iacute;a vasca tan intrincada en la espa&ntilde;ola, es m&aacute;s bien remota. De hecho nunca se ha producido. Incluso durante la crisis de la reconversi&oacute;n industrial en los 80 y 90, mucho m&aacute;s fuerte en Euskadi que en otras zonas, la CAPV mantuvo su riqueza superior a la media espa&ntilde;ola (116% fue el &iacute;ndice peor en 1995).
    </p><p class="article-text">
        Por tanto,vista la estabilidad con que Euskadi se mantiene por encima de la riqueza media a lo largo de toda la modernidad, el riesgo actuarial de un shock asim&eacute;trico es el mismo de que caiga un meteorito destructor s&oacute;lo sobre su territorio, manteniendo inc&oacute;lume al resto del pa&iacute;s. Vamos, que no.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;nico meteorito que cay&oacute; s&oacute;lo por aqu&iacute; fue el terrorismo de ETA y, &iexcl;mira qu&eacute; casualidad!, los enormes costes econ&oacute;micos asociados, el cierre de Lemoniz incluido,fueron soportados a escote por todos los espa&ntilde;oles (Diaz Morl&aacute;n, 2017). Pero es que &ldquo;las cosas siempre han sido as&iacute;&rdquo;. El Pa&iacute;s Vasco y Navarra siempre han gozado de un r&eacute;gimen de privilegio. Esto es cierto: gracias a sus amistades pol&iacute;ticas en Madrid y a la tenaz habilidad en la gesti&oacute;n de su imagen, as&iacute; como su relativa peque&ntilde;ez econ&oacute;mica, las Provincias antes y la Comunidad ahora han gozado de un r&eacute;gimen escandaloso de favor (el califcativo es de Alonso Olea y se refere a principios del siglo XX). Ahora bien, la Constituci&oacute;n se hizo precisamente para poner coto a los privilegios territoriales, por lo menos eso se dice en ella.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Entonces? &iquest;Vamos a caer en el sofsma de Jellinek que dotaba de fuerza normativa a los hechos, o vamos a reconocer que la &uacute;nica fuente de normatividad es la conciencia cr&iacute;tica?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José María Ruiz Soroa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/numeros-razones_132_2974435.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jan 2018 16:56:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Números y razones]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Y sigue la ronda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/pp-pnv-gobierno-vasco-acuerdo-cupo-liquidacion-hacienda_132_3368181.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b1f61f3e-7f9d-4c97-923a-da534637a0f3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El ministro Cristóbal Montoro, junto al consejero vasco de Hacienda, Pedro Azpiazu, tras firmar el acuerdo del Cupo."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La corrección del sistema fiscal vasco, ajustando el Cupo al alza, no viene exigida por motivos de mejora de la financiación de otras comunidades, sino por razones de justicia solidaria interciudadana</p></div><p class="article-text">
        La reciente negociaci&oacute;n entre el PNV y el PP de determinados flecos pendientes en la liquidaci&oacute;n del Cupo vasco de pasados a&ntilde;os ha vuelto a colocar al particular sistema de financiaci&oacute;n de la Comunidad Aut&oacute;noma Vasca (CAV) y Navarra en el centro de la atenci&oacute;n p&uacute;blica, aunque sea de manera ef&iacute;mera y superficial. A primera vista, un sistema que, a igualdad de competencias a financiar y a igualdad de esfuerzo fiscal, garantiza a dos Comunidades Aut&oacute;nomas concretas el doble de financiaci&oacute;n p&uacute;blica per c&aacute;pita que las de la media del resto de Comunidades Aut&oacute;nomas (CCAA) deber&iacute;a llamar la atenci&oacute;n mucho m&aacute;s de lo que hace, deber&iacute;a provocar un aut&eacute;ntico clamor de indignaci&oacute;n. No es as&iacute; porque no existe inter&eacute;s pol&iacute;tico en airearlo y porque, todo hay que decirlo, el sistema est&aacute; protegido por una tupida red de seudoargumentos y seudojustificaciones que valen para satisfacer a una opini&oacute;n p&uacute;blica perezosa ante los detalles complicados.
    </p><p class="article-text">
        De ellos queremos ocuparnos en estas l&iacute;neas, movidas s&oacute;lo por un deseo de pulcritud intelectual en torno a este curioso fen&oacute;meno.
    </p><p class="article-text">
        Pedro Luis Uriarte nos comentaba hace d&iacute;as en la prensa la radical equivocaci&oacute;n en que incurren quienes denuncian el sistema concertado vasco como si fuera el principal problema del sistema com&uacute;n de financiaci&oacute;n de las comunidades aut&oacute;nomas en Espa&ntilde;a. Por mucho que se aumentase el Cupo vasco, ven&iacute;a a decir, ello no resolver&iacute;a el problema o los problemas de las dem&aacute;s CCAA espa&ntilde;olas, que son los de una insuficiencia financiera largo tiempo arrastrada. Y tiene raz&oacute;n, claro que la tiene. Lo que pasa es que la cuesti&oacute;n no es &eacute;sa, sino otra muy distinta. No se trata de si la fijaci&oacute;n de otro Cupo, m&aacute;s exacto y que incorporase la cuota de solidaridad interregional, tendr&iacute;a un efecto significativo para las dem&aacute;s CCAA, que no lo tendr&iacute;a apenas, sino de si tal correcci&oacute;n viene exigida por criterios de igualdad en la financiaci&oacute;n de los servicios b&aacute;sicos de ciudadan&iacute;a. El argumento de Uriarte suena exactamente igual que el que podr&iacute;a, con toda raz&oacute;n, formular un evasor fiscal al decir que: &ldquo;total, aunque pague lo que yo debo a Hacienda, no por eso se va a arreglar la econom&iacute;a del pa&iacute;s ni van a pagar menos los dem&aacute;s ciudadanos; as&iacute; que &iquest;qu&eacute; m&aacute;s les da? Que se preocupen de sus problemas&rdquo;. La respuesta es obvia, y se le ocurre a cualquiera: usted debe pagar como todos por raz&oacute;n de justicia, no por raz&oacute;n de eficacia. La correcci&oacute;n del sistema fiscal vasco, ajustando el cupo al alza, no viene exigida por motivos de mejora de la financiaci&oacute;n de otras CCAA, sino por razones de justicia solidaria interciudadana.
    </p><p class="article-text">
        Otra cosa es que, como Uriarte sabe percibir muy bien, nadie quiera afrontar el grave coste pol&iacute;tico del ajuste cuando el beneficio resultante de tal batalla ser&iacute;a marginal para los dem&aacute;s. Es un caso de libro de &eacute;xito en la acci&oacute;n colectiva tal como la estudi&oacute; Mancur Olson: un grupo peque&ntilde;o y cohesionado por un inter&eacute;s tangible relevante siempre se impondr&aacute; en una colectividad en la que el resto de participantes no tiene un inter&eacute;s colectivo por suprimirlo o &eacute;ste est&aacute; mal repartido entre todos.
    </p><p class="article-text">
        Ignacio Marco Gardoqui, por su parte, nos informaba de que la llamativa diferencia en el rendimiento del sistema foral por respecto al com&uacute;n se fundamenta (y justifica) en gran parte por tres razones: porque en el Pa&iacute;s Vasco (PV) existe una riqueza superior, con lo que el sistema fiscal produce ingresos superiores; porque el sistema fiscal vasco es m&aacute;s eficiente y grava a una econom&iacute;a m&aacute;s amplia (menor econom&iacute;a sumergida en PV que en Espa&ntilde;a); porque aqu&iacute; hay menos corrupci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El primer argumento</strong> es m&aacute;s una explicaci&oacute;n que una raz&oacute;n; y adem&aacute;s, es incompleta. Naturalmente que los ingresos fiscales brutos del PV son superiores a los de otras regiones porque la riqueza es superior, porque hay m&aacute;s ricos en PV que en Asturias. Pero para que ese mayor ingreso genere una mayor financiaci&oacute;n p&uacute;blica es preciso otro requisito: que el PV se quede para s&iacute; con todo eso que recauda de m&aacute;s por ser m&aacute;s rico, es decir, que no contribuya a la solidaridad con las CCAA m&aacute;s deficitarias. Si no existiera esta apropiaci&oacute;n unilateral del exceso de rendimientos fiscales, al PV le pasar&iacute;a lo que a Madrid o Barcelona: que un ingreso fiscal muy superior le ser&iacute;a arrebatado para nivelar a Extremadura o Galicia. Y hablamos de un pastel equivalente al 7 u 8% del PIB respectivo. Ese es el porcentaje de ingresos propios que pierden las CCAA ricas en Espa&ntilde;a por mor de la solidaridad, y ese es el porcentaje que PV se queda para s&iacute; a&ntilde;o tras a&ntilde;o. Dicho en t&eacute;rminos coloquiales, la ganancia no viene provocada s&oacute;lo por ser m&aacute;s rico sino porque, adem&aacute;s, somos agarrados: nos lo quedamos todo.
    </p><p class="article-text">
        Hace ya a&ntilde;os que Ignacio Zubiri simul&oacute; los efectos que tendr&iacute;a para las dem&aacute;s CCAA la extensi&oacute;n del sistema de Concierto vasco/navarro tal como &eacute;ste funciona en la realidad (2007). Para otra comunidad aut&oacute;noma rica como es Madrid, supondr&iacute;a pasar a disponer de una financiaci&oacute;n equivalente al 16% de su PIB &ndash;actualmente es del 8,4%-, en euros per c&aacute;pita pasar&iacute;a de disponer de 1.743 a recibir 3.688 para financiar los servicios p&uacute;blicos a su cargo. La diferencia, escrib&iacute;a Zubiri, no es sino el indicador del grado de aportaci&oacute;n a la solidaridad que implica el sistema com&uacute;n actual.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Segundo argumento:</strong> es un hecho admitido en general que la econom&iacute;a sumergida de PV es inferior a la media de Espa&ntilde;a en unos 5 puntos de PIB (Informe UPV 2016). Lo cual no se debe exactamente a una mejor inspecci&oacute;n y control fiscal, sino sobre todo a que el tipo de econom&iacute;a industrial de PV hace m&aacute;s dif&iacute;cil la ocultaci&oacute;n de rentas que una agr&iacute;cola o de servicios. Pero, bueno, demos por buena la idea de que esos 5 puntos del PIB explican un mayor ingreso fiscal en PV. La cuesti&oacute;n es si ese porcentaje justifica el ahorro final obtenido a trav&eacute;s del Cupo, que es de un 7 u 8% PIB como ponen de relieve todas las balanzas fiscales o cuentas p&uacute;blicas territorializadas que se han llevado a cabo el &uacute;ltimo decenio. El c&aacute;lculo es sencillo: un 5% m&aacute;s de PIB, sometido a una presi&oacute;n fiscal media del 25%, implica una sobreproducci&oacute;n inferior al 1,5% de ingresos fiscales en porcentaje de PIB. Muy poco para poder explicar la brecha entre los ingresos disponibles en el PV y Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Ello sin mencionar que otras CCAA como Madrid o Catalu&ntilde;a tienen tambi&eacute;n porcentajes de econom&iacute;a sumergida muy inferiores a la media de Espa&ntilde;a, similares a los de PV. Y, sin embargo, ello no repercute para nada en la aportaci&oacute;n que reciben del sistema de financiaci&oacute;n com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y en cuanto a la corrupci&oacute;n,</strong> que efectivamente es percibida como muy inferior en PV que en otras CCAA espa&ntilde;olas (la corrupci&oacute;n no puede medirse, s&oacute;lo se mide su percepci&oacute;n p&uacute;blica), Marco Gardoqui no nos explica c&oacute;mo se relaciona esa variable con la productividad del sistema de financiaci&oacute;n, ni aporta los datos que permitan cuantificarlo. En realidad, si la corrupci&oacute;n implica el desv&iacute;o a la zona opaca del sistema de parte de la producci&oacute;n social de riqueza (y consecuentemente su no tasaci&oacute;n por el fisco) la corrupci&oacute;n estar&iacute;a ya incluida en el argumento sobre la econom&iacute;a sumergida y estar&iacute;amos duplicando el argumento anterior.
    </p><p class="article-text">
        Vamos, que al final nos quedan s&oacute;lo los &ldquo;derechos hist&oacute;ricos&rdquo; como sost&eacute;n del sistema concertado, aunque no sirvan como fundamento de su llamativo privilegio. Quiz&aacute;s sea porque, como escribi&oacute; hace ya a&ntilde;os el mismo Marco Gardoqui, cuando &eacute;l estudi&oacute; Derecho en la Universidad nadie le mencion&oacute; ni explic&oacute; la existencia de esa clase de derechos, los &ldquo;derechos hist&oacute;ricos&rdquo;, ignorados por la ciencia jur&iacute;dica racionalista. Yo estaba por all&iacute; entonces, y desde luego as&iacute; fue.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jos&eacute; Mar&iacute;a Ruiz Soroa</strong>, <em>abogado.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José María Ruiz Soroa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/pp-pnv-gobierno-vasco-acuerdo-cupo-liquidacion-hacienda_132_3368181.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 May 2017 18:28:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Y sigue la ronda]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[PP - Partido Popular,PNV,Gobierno vasco,Cristóbal Montoro,Hacienda,Euskadi,Acuerdos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Libertad y paternalismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/libertad-paternalismo_132_3848169.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La libertad es también la libertad de equivocarse, la libertad de actuar de manera errónea o estrafalaria, la libertad de destruirse. Y la humanidad sale ganando si permite que cada cual viva como le parezca bien y no le obliga a vivir como le parece bien al resto.</p></div><p class="article-text">
        El poder p&uacute;blico interviene en ocasiones sobre la conducta de los individuos para prohibirles o imponerles determinados comportamientos que, en principio, parecer&iacute;a que ata&ntilde;en s&oacute;lo a la vida privada de esos mismos individuos. Se trata de comportamientos que no causan da&ntilde;o a ning&uacute;n otro miembro de la sociedad, y por ello la causa de la intervenci&oacute;n del Estado es s&oacute;lo el propio bien del individuo afectado. Se le obliga a hacer algo (usar el cintur&oacute;n de seguridad, contribuir a su futura pensi&oacute;n) o se le impide hacer algo (usar burka, consumir drogas) por su propio bien. Es la componente paternalista del poder que, por mucho que el nombre de paternalismo no sea del gusto contempor&aacute;neo, tiene un &aacute;mbito de aplicaci&oacute;n bastante amplio.
    </p><p class="article-text">
        En principio, el paternalismo atenta al principio de libertad individual que de manera se&ntilde;era defini&oacute; John S. Mill al decir que el propio bien de una persona nunca es causa bastante para que los dem&aacute;s le impongan una conducta positiva o negativa. Teniendo muy en cuenta, a&ntilde;ad&iacute;a, que nadie es mejor juez que uno mismo con respecto a lo que da&ntilde;a o no da&ntilde;a los propios intereses, de manera que ni la humanidad completa puede decir a nadie que, porque conoce su inter&eacute;s mejor que &eacute;l mismo, debe obedecer una norma dictada para su bien.
    </p><p class="article-text">
        Para escapar de la chirriante contradicci&oacute;n entre el principio de libertad y el paternalismo la estrategia intelectual m&aacute;s com&uacute;n es la de poner en evidencia que, emp&iacute;ricamente hablando, no es cierto que el individuo sea el mejor juez de su propio inter&eacute;s. M&aacute;s bien lo contrario, se afirma, casi siempre puede demostrarse que hay mejores conocedores de lo que nos conviene que nosotros mismos: los sabios, los expertos, los l&uacute;cidos, la mayor&iacute;a, el sentido com&uacute;n, etc&eacute;tera. El individuo se equivoca respecto a su propio inter&eacute;s con mucha frecuencia y por muchas razones, sean &eacute;stas sus limitaciones cognitivas, los marcos culturales en los que forma sus juicios, la impaciencia, el deseo de satisfacci&oacute;n inmediata, etc.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, una vez establecido que el individuo no sabe realmente cu&aacute;l es su bien, porque carece de esclarecimiento y amplitud de miras suficientes, es f&aacute;cil concluir que no es realmente libre al actuar como dice que quiere actuar. Es una libertad defectuosa, porque se basa en una comprensi&oacute;n inadecuada de todos los factores en juego. La musulmana que se empe&ntilde;a en encerrarse en un burka, la mujer que se obstina en vivir de la prostituci&oacute;n, el conductor que se niega a colocarse el cintur&oacute;n, el sujeto que quiere drogarse hasta la estupefacci&oacute;n&hellip;, no est&aacute;n ejercitando una libertad real sino substituyendo lo que dice un juicio esclarecido sobre su propio inter&eacute;s por los condicionamientos culturales o el capricho irreflexivo. Y, por eso mismo, forzarles no es atentar a su libertad, sino darles una libertad m&aacute;s verdadera que la que ellos llaman as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, Gerald Dworkin justifica el paternalismo precisamente en el &ldquo;consentimiento hipot&eacute;tico&rdquo; del sujeto reprimido: en realidad, dice, nadie estar&iacute;a en contra de una medida que cualquier persona racional considera apropiada y necesaria para proteger los intereses m&aacute;s dignos del sujeto humano y, por tanto, si el sujeto poseyera toda esa racionalidad dar&iacute;a su consentimiento a la medida. Y, llevado el argumento a su extremo desarrollo, Garz&oacute;n Vald&eacute;s dice que, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, la persona que rechaza una medida que es racional y razonable para su propio bien (de acuerdo con par&aacute;metros establecidos por una &eacute;tica esclarecida e imparcial) demuestra de hecho que es un &ldquo;incompetente b&aacute;sico&rdquo; y, por ello mismo, puede ser coaccionado. Igual que puede ser coaccionado el ni&ntilde;o o el demente, por su incompetencia para identificar adecuadamente su propio bien y poner los medios m&aacute;s eficientes para obtenerlo. Si los incompetentes no lo fueran&hellip; estar&iacute;an encantados de asentir a la conducta que se les exige.
    </p><p class="article-text">
        Lo que sucede es que toda esta estrategia intelectual basada en demostrar que en muchas ocasiones el sujeto no es el mejor juez de su propio inter&eacute;s equivoca su blanco. &iexcl;Claro que s&iacute;, claro que puede comprobarse que otros decidir&iacute;an mejor que yo mi propio inter&eacute;s! Esto es algo casi obvio para cualquier observador. Pero es que, como dice Robert Dahl, el principio del mejor juez no es una afirmaci&oacute;n emp&iacute;rica, sino un axioma de presunci&oacute;n obligatoria para poder construir una teor&iacute;a de la libertad o de la democracia. Aunque no sea cierto en la realidad. Porque su alternativa, admitir que puedan decidir los que saben mejor y porque saben mejor, nos lleva al final a la supresi&oacute;n de la libertad individual y, con ella, del fundamento de la democracia como r&eacute;gimen pol&iacute;tico. &ldquo;Todos los errores que el individuo pueda cometer en contra del consejo y la advertencia est&aacute;n contrarrestados por el mal de permitir a otros que lo obliguen a hacer aquello que consideran que es su bien&rdquo;, advirti&oacute; John S. Mill. Y es que deber&iacute;amos prestar mucha atenci&oacute;n a ese &ldquo;mejor&rdquo; de su principio: no dijo que el individuo fuera un buen juez de su inter&eacute;s, lo que dijo es que era el mejor (el menos malo). Con lo cual apuntaba a una realidad que la historia demuestra inexorable: si permitimos a otros determinar cu&aacute;l es nuestro mejor inter&eacute;s, al final &eacute;ste saldr&aacute; perjudicado y se sobrepondr&aacute; el inter&eacute;s de los que deciden.
    </p><p class="article-text">
        La libertad es tambi&eacute;n la libertad de equivocarse, la libertad de actuar de manera err&oacute;nea o estrafalaria, la libertad de destruirse. Y la humanidad sale ganando si permite que cada cual viva como le parezca bien y no le obliga a vivir como le parece bien al resto.
    </p><p class="article-text">
        Al final, mucho me temo, no existe estrategia intelectual, &eacute;tica o jur&iacute;dica, capaz de suprimir la clamorosa contradicci&oacute;n entre la libertad individual y el paternalismo de los reg&iacute;menes actuales. Conviene no olvidarlo y saber vivir con esa contradicci&oacute;n. Y, sobre todo, no caer por la pendiente resbaladiza de intervenir y prohibir m&aacute;s y m&aacute;s con el simple argumento de que algunos o algunas no saben cu&aacute;l es su bien y su libertad. Y nosotros s&iacute;. Cuidado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José María Ruiz Soroa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/libertad-paternalismo_132_3848169.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Sep 2016 16:37:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Libertad y paternalismo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuevos centristas laxos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/nuevos-centristas-laxos_132_3897957.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Del estudio de las élites profesionales y empresariales donostiarras se deduce que un 30% de las que votan al PNV, un 10 % de las que lo hacen al PSE, y todas las que comulgan con EB o IU, pueden considerarse como centristas laxas</p></div><p class="article-text">
        Ramiro Cibri&aacute;n acaba de publicar un libro, la versi&oacute;n aligerada de su tesis doctoral en sociolog&iacute;a pol&iacute;tica presentada en la Universidad de Yale (la &uacute;ltima dirigida por el maestro Juan J. Linz en su vida), libro que lleva a cabo un s&oacute;lido an&aacute;lisis politol&oacute;gico de la sociedad vasca actual, de las bases sobre las que est&aacute; montada su relativa estabilidad pol&iacute;tica en la etapa posviolenta, y de la fragilidad de estas bases de cara al futuro dada la persistencia de un independentismo irredento.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nacionalismo, violencia pol&iacute;tica y la ciudad democr&aacute;tica&rdquo;, que tal es su t&iacute;tulo, es un estudio particularizado de las &eacute;lites pol&iacute;ticas, empresariales y profesionales de San Sebasti&aacute;n a trav&eacute;s de una serie de entrevistas en profundidad a significados integrantes de ellas, pero que tiene la virtud de que la mayor&iacute;a de sus conclusiones son perfectamente extrapolables al conjunto de la sociedad vasca, como lo demuestra su m&aacute;s que aceptable correlaci&oacute;n con los resultados de encuestas m&aacute;s amplias.
    </p><p class="article-text">
        Una de las herramientas metodol&oacute;gicas m&aacute;s fruct&iacute;feramente utilizada en esta obra es la de sustituir la cl&aacute;sica y usual bipartici&oacute;n de la sociedad vasca entre las dos categor&iacute;as de nacionalistas y no-nacionalistas por otra distinta, ahora tripartita, entre constitucionalistas, sabinianos y centristas laxos, una distinci&oacute;n basada en la orientaci&oacute;n pol&iacute;tica de los sujetos entrevistados en lugar de en su identidad nacional subjetiva. Quienes y qu&eacute; son los constitucionalistas y los sabinianos es bastante obvio: los primeros muestran un aprecio y satisfacci&oacute;n notables por la integraci&oacute;n constitucional del Pa&iacute;s Vasco en Espa&ntilde;a y rechazan su posible secesi&oacute;n e independencia. Los segundos experimentan, y lo experimentan de manera intensa adem&aacute;s (la siempre olvidada importancia de la intensidad en la pol&iacute;tica), un rechazo a esa integraci&oacute;n y tienen muchos deseos de independencia.
    </p><p class="article-text">
        Entre ambos, est&aacute; la categor&iacute;a bastante amplia de los &ldquo;centristas laxos&rdquo;, caracterizada por un identidad nacional subjetiva predominantemente vasca pero sin excluir la componente espa&ntilde;ola ni mucho menos, un gusto por la equidistancia ante &ldquo;las violencias&rdquo;, y una actitud esencialmente pragm&aacute;tica y vers&aacute;til ante la integraci&oacute;n en Espa&ntilde;a o su alternativa independentista: en concreto, estas &eacute;lites no sienten hoy ninguna ansia secesionista, pero podr&iacute;an aliarse con los constitucionalistas o con los sabinianos en funci&oacute;n de los est&iacute;mulos operantes en un proceso de hipot&eacute;tica futura elecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Del estudio de las &eacute;lites profesionales y empresariales donostiarras se deduce que un 30% de las que votan al PNV, un 10 % de las que lo hacen al PSE, y todas las que comulgan con EB o IU, pueden considerarse como centristas laxas.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, es muy de tener en cuenta que estas &eacute;lites econ&oacute;micas y profesionales reflejan mejor a la sociedad en su conjunto de lo que lo hacen las &eacute;lites propiamente pol&iacute;ticas, las cuales est&aacute;n m&aacute;s polarizadas que sus bases en el asunto de la fractura nacional, de manera que es raro encontrar centristas laxos en las &eacute;lites pol&iacute;ticas (ejemplos de ellos, pero vizca&iacute;nos, habr&iacute;an sido &nbsp;Azkuna o Imaz en el PNV).
    </p><p class="article-text">
        En San Sebasti&aacute;n (como en el resto de Euskadi) se comprueba que la respuesta al cl&aacute;sico &ldquo;&iquest;who governs?&rdquo; que hizo Robert Dahl con respecto a New Haven es la de que mandan las &eacute;lites pol&iacute;ticas, que son las que fijan la agenda y toman las decisiones, con escas&iacute;sima participaci&oacute;n de las &eacute;lites empresariales y profesionales. Por eso, los centristas laxos, seg&uacute;n Ramiro Cibri&aacute;n, funcionan m&aacute;s como factor de apaciguamiento o colch&oacute;n de los deseos sabinianos y, en definitiva, han sido y son un factor relevante para el mantenimiento del statu quo constitucional de integraci&oacute;n del Pa&iacute;s Vasco en el Estado. Los centristas laxos no perciben ning&uacute;n incentivo significativo para modificar esa situaci&oacute;n, dados los muy ventajosos t&eacute;rminos en que se desarrolla la integraci&oacute;n desde hace m&aacute;s de treinta a&ntilde;os. Y para las &eacute;lites pol&iacute;ticas sabinianas resulta casi imposible suministrarles ese incentivo fuerte, algo que concrete tangiblemente la ret&oacute;rica independentista al uso. De manera que la tensi&oacute;n se manifiesta de manera larvada y se limita a una reivindicaci&oacute;n &ldquo;incrementista progresiva&rdquo; de un grado siempre superior de autonom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Lo cual, advierte el autor, tambi&eacute;n puede ser desestabilizador a la larga, porque es imposible mantener el statu quo ante una demanda din&aacute;mica constante de mayor y mayor autonom&iacute;a: hay un momento en que la pura cantidad se transforma en calidad, cuando se rompen las costuras del Estado.
    </p><p class="article-text">
        La obra est&aacute; cerrada en 2.014 y, por ello, no ha podido integrar en su an&aacute;lisis la surgencia de unas nuevas &eacute;lites pol&iacute;ticas como las de &ldquo;Podemos&rdquo; que parecen haberse establecido como fuerza pol&iacute;tica muy relevante. Y, sin embargo, las herramientas anal&iacute;ticas que nos proporciona Cibri&aacute;n nos sirven muy bien para entender lo que significar&aacute;n estas nuevas &eacute;lites o estas nuevas fuerzas pol&iacute;ticas para la pol&iacute;tica vasca. Porque, precisamente, en el eje de confrontaci&oacute;n nacional son un caso perfecto de &ldquo;centristas laxos&rdquo; de acuerdo a las caracter&iacute;sticas antes se&ntilde;aladas: en efecto, son de una marcada correcci&oacute;n pol&iacute;tica al asumir la identidad nacional vasca y toda su parafernalia ideol&oacute;gica, pero sin excluir del todo la espa&ntilde;ola, tienden a la equidistancia en la valoraci&oacute;n de la violencia, y reclaman el derecho de autodeterminaci&oacute;n de una manera program&aacute;tica (congruente con su democratismo simpl&oacute;n y su orientaci&oacute;n comunista cl&aacute;sica), pero dejando claro que por el momento no ven inter&eacute;s alguno en la opci&oacute;n independentista: en ese eje son pragm&aacute;ticos, y lo ser&aacute;n m&aacute;s si asumen responsabilidades institucionales. A diferencia de la izquierda antisistema de la CUP catalana, no contemplan la independencia como una posibilidad real para edificar un sistema sociopol&iacute;tico revolucionario al construir otro pa&iacute;s. Por mucho que en el campo socioecon&oacute;mico sean m&aacute;s bolivarianos que socialdem&oacute;cratas (en este eje no son centristas), en el eje nacional su horizonte de actuaci&oacute;n es un Pa&iacute;s Vasco dentro de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Todo ello, traducido en un pron&oacute;stico de estabilidad/ruptura del marco de integraci&oacute;n constitucional, parece implicar que el statu quo actual no va a sufrir modificaci&oacute;n significativa alguna por la incorporaci&oacute;n de &ldquo;Podemos&rdquo; dado que representa una opci&oacute;n &ldquo;centrista laxa&rdquo; en ese eje de confrontaci&oacute;n. El efecto de su reclamaci&oacute;n ret&oacute;rica del derecho de autodeterminaci&oacute;n como posibilidad, que parecer&iacute;a en principio desequilibrar el sistema actual, no lo har&aacute; tanto, a no ser que aparezcan en alg&uacute;n momento incentivos fuertes y concretos que les hagan aliarse con los sabinianos en una apuesta secesionista efectiva. Algo improbable, entre otras cosas, porque gran parte de los sabinianos y parte de los dem&aacute;s centristas no estar&iacute;an dispuestos a compartir un hipot&eacute;tico camino a la independencia con tales compa&ntilde;eros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José María Ruiz Soroa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/nuevos-centristas-laxos_132_3897957.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Jul 2016 15:33:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Nuevos centristas laxos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El verdadero cambio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/verdadero-cambio_132_3987132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La pol&iacute;tica no consiste al final sino en gestionar conflictos sociales. Por ello, para una buena pol&iacute;tica es muy &uacute;til y esclarecedora la clasificaci&oacute;n que Albert O. Hirchsman hizo de en dos categor&iacute;as o tipos ideales: los divisibles y los no-divisibles. Los primeros son conflictos que se estructuran en torno a las demandas que pueden describirse como de &ldquo;m&aacute;s/menos&rdquo;, los segundos en torno a las de &ldquo;esto/lo otro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los conflictos divisibles se caracterizan porque pueden descomponerse y satisfacerse en partes, las demandas que hay detr&aacute;s de ellos pueden ser atendidas o negadas parcialmente. Los socioecon&oacute;micos son el tipo ideal de esta clase de conflictos, que por su propia definici&oacute;n posibilitan la negociaci&oacute;n, el arreglo, el pacto y el juego de suma positiva que supone un resultado intermedio al originariamente perseguido por las partes en liza. Los conflictos no-divisibles se plantean, en cambio, como juegos de suma cero, en los que una parte gana todo y la otra pierde tambi&eacute;n todo, porque s&oacute;lo admiten resultados extremos de s&iacute; o no. Los conflictos sobre la identidad o los religiosos tienden a ser de este tipo.
    </p><p class="article-text">
        El que los conflictos se gestionen como divisibles es algo que favorece la integraci&oacute;n de la sociedad, aunque tambi&eacute;n es cierto que generan una cierta atm&oacute;sfera de desenga&ntilde;o y relativismo esc&eacute;ptico: todo parece ser negociable. Los no divisibles, por el contrario, crean l&iacute;neas de fractura social y son altamente disruptivos aunque, a cambio, son muchos m&aacute;s motivadores, los part&iacute;cipes se sienten m&aacute;s gratificados en ellos, y gozan del atractivo de su elevado grado de simplicidad. Hacen un uso intensivo de sentimientos morales y de ideas presentadas como verdades. A la larga son muy nocivos.
    </p><p class="article-text">
        Es importante subrayar que los conflictos no poseen una naturaleza objetiva predeterminada, de manera que aparezcan a la luz p&uacute;blica ya caracterizados y construidos. No, precisamente por tratarse de conflictos sociales son de construcci&oacute;n social, es la sociedad la que los vive de una u otra forma y, al vivirlos, los formatea. En concreto, es la gesti&oacute;n que la pol&iacute;tica hace de ellos la que termina por convertirlos en conflictos divisibles o indivisibles, con las consecuencias que ello tiene para poder encontrar o no una soluci&oacute;n m&aacute;s o menos f&aacute;cil. De ah&iacute; que la regla de oro del pol&iacute;tico prudente sea la de evitar en &eacute;pocas normales que los conflictos sociales se conviertan en no divisibles, es decir, intentar mantenerlos siempre dentro del enfoque de la divisibilidad. Mientras que el pol&iacute;tico en tiempo de cambio dr&aacute;stico tender&aacute; a describir sus demandas como indivisibles porque conoce el efecto movilizador y aglutinante que poseen los planteamientos dicot&oacute;micos excluyentes: nosotros o ellos, libertad o muerte, verdadero o falso, moral o indecente.
    </p><p class="article-text">
        Es de observar que desde finales de los a&ntilde;os noventa, hemos desarrollado en Espa&ntilde;a una extra&ntilde;a capacidad para convertir los conflictos en indivisibles, a base de mucho traer al presente una determinada memoria del pasado (el pasado doliente que clama todav&iacute;a por ser reparado), de usar mucho moralismo en la construcci&oacute;n de las alternativas, y de mucho simplismo nacido de la conveniencia de unos medios de comunicaci&oacute;n deseosos de teatralizar la pol&iacute;tica para poder venderla. &Uacute;ltimamente se a&ntilde;adi&oacute; a esta tendencia de fondo la resultante natural de la crisis econ&oacute;mica y de sus efectos m&aacute;s negativos y socialmente m&aacute;s impactantes, que atizan unas demandas gen&eacute;ricas de &ldquo;cambiar el sistema&rdquo; que por su propia abstracci&oacute;n son indivisibles. En este sentido, es bastante l&oacute;gico que las fuerzas pol&iacute;ticas emergentes se presentasen a s&iacute; mismas como portadoras de alternativas globales y excluyentes, pues era la manera de movilizar m&aacute;s r&aacute;pidamente a su p&uacute;blico potencial.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y c&oacute;mo se construyen y definen las elecciones en tanto que expresi&oacute;n del conflicto democr&aacute;tico primordial, el conflicto sobre qui&eacute;nes van a ser los gobernantes? La respuesta depende mucho del sistema de partidos de cada pa&iacute;s, puesto que en uno bipartidista las partes tender&aacute;n a presentarlas como una opci&oacute;n entre soluciones totalmente excluyentes, mientras que en uno pluripartidista deber&iacute;an hacerlo como si fueran conflictos esencialmente divisibles, dado que los resultados van a exigir la cesi&oacute;n y el chalaneo. Por lo menos deber&iacute;an hacerlo as&iacute; los partidos que se sit&uacute;an alrededor del centro o de la mediana que divide a los votantes. Por su parte, los partidos del extremo del arco pueden seguir presentando el conflicto pol&iacute;tico electoral en t&eacute;rminos dicot&oacute;micos, puesto que esa presentaci&oacute;n puede que les beneficie para movilizar y atraer a sus votantes m&aacute;s caracter&iacute;sticos. Pero los partidos que ocupan el terreno del centro no deber&iacute;an ganar nada con una presentaci&oacute;n de las elecciones como conflicto indivisible, antes bien, en buena l&oacute;gica debieran proponer un tratamiento del conflicto electoral como algo esencialmente divisible, negociable y repartible. Porque para eso existen ellos, no para convertirse en sat&eacute;lites descentrados de los extremos sino para imponer una alternativa basada en el arreglo (tanto de esto, cuanto de aquello) a los extremos y obligarles as&iacute; a aceptar de hecho que sus demandas son divisibles.
    </p><p class="article-text">
        Bueno, y aqu&iacute; es donde quer&iacute;a llegar, lo m&aacute;s an&oacute;malo del encuadre actual de las elecciones es precisamente que los partidos que objetivamente solo pueden llegar a ser integrantes de un futuro pacto y que, por ello, debieran defender las virtudes del arreglo, prefieren definir el conflicto electoral como no divisible, como una alternativa dicot&oacute;mica similar a la que se genera en el bipartidismo: &ldquo;nunca gobernaremos con &hellip;&rdquo;, dicen, rellenando el espacio con una de las partes extremas. De manera que achican el espacio pluripartidista y lo transforman en substancialmente dicot&oacute;mico, por mucho que formalmente sean varias las opciones en liza. Esta es una posici&oacute;n que no parece responder a una l&oacute;gica pol&iacute;tica est&aacute;ndar, sino m&aacute;s bien al miedo esc&eacute;nico a proponer un encuadre que rompa con el cainismo que parece instalado en la escena p&uacute;blica espa&ntilde;ola: esto o lo otro, cambio/indecencia, sentido com&uacute;n/caos; nunca, vade retro, algo tan humilde y liberal como m&aacute;s/menos. Probablemente, el tan cacareado cambio ser&iacute;a proponer un encuadre intelectual de este tipo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José María Ruiz Soroa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/verdadero-cambio_132_3987132.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 May 2016 16:16:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El verdadero cambio]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que predicen las reglas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/predicen-reglas_132_4094681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay veces que conviene sacar un poco la cabeza del fragor de la batalla y, en lugar de analizar la realidad desde las preferencias de valor de cada cual, recurrir a la reflexi&oacute;n sobre los problemas concretos desde un punto de vista m&aacute;s desapasionado y t&eacute;cnico. Por ejemplo, pensar sobre el sudoku de c&oacute;mo hacer un gobierno en Espa&ntilde;a como si fuera tan s&oacute;lo un juego entre varios actores, que deben ponerse de acuerdo para obtener ese resultado. Para ponerlo en marcha hay que precisar cu&aacute;les son las reglas de ese juego, porque las reglas determinan en gran manera la distinta probabilidad de los resultados posibles. Es lo que les propongo hacer en las l&iacute;neas que siguen acerca del problema real en que est&aacute;n inmersos nuestros partidos pol&iacute;ticos a la hora de formar gobierno. Analizarlo como un juego, para lo cual es esencial tener en cuenta las reglas que lo regulan.
    </p><p class="article-text">
        Para simplificar, tenemos a cuatro partidos (A, B, C y D) que ocupan sucesivamente un espacio monot&oacute;nico que va del extremo derecho al izquierdo. Para formar gobierno, dados los votos que posee cada uno, se precisa en primera instancia la conjunci&oacute;n de tres de ellos (mayor&iacute;a absoluta) o, en segunda votaci&oacute;n, que a esa conjunci&oacute;n de dos de los jugadores se una la abstenci&oacute;n voluntaria de los otros dos (mayor&iacute;a relativa).
    </p><p class="article-text">
        En nuestro caso, la soluci&oacute;n m&aacute;s f&aacute;cil, que es la conjunci&oacute;n de tres de estos partidos se revela en principio imposible pues cada uno de los jugadores m&aacute;s centrados (B y C) excluye tajantemente compartir gobierno con otro de los extremos (A o B). En nuestro caso, C odia a A, y B es incompatible con D.
    </p><p class="article-text">
        En estas condiciones, la soluci&oacute;n m&aacute;s probable, en principio, es un gobierno por mayor&iacute;a relativa de uni&oacute;n de los dos partidos centrales (B y C) puesto que en ellos se encuentra el votante mediano (el que divide exactamente el universo ideol&oacute;gico) y las reglas de la elecci&oacute;n social nos dicen que ese votante mediano es el que tiende a imponer sus preferencias. En efecto, tanto A como D estar&aacute;n en &uacute;ltimo t&eacute;rmino dispuestos a abstenerse y permitir como soluci&oacute;n menos mala el gobierno de B+C puesto que (de todos los conjuntos de dos) es el que menos alejado se encuentra de sus posiciones particulares. Es un gobierno centrado, preferible siempre a un gobierno que incluya al extremo contrario y por ello se escore hacia &eacute;ste.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta se complica, sin embargo, si incorporamos al juego una nueva regla, que es la que establece las condiciones para terminar con el gobierno. En efecto, si la regla para terminar con un gobierno es la misma que para formarlo (mayor&iacute;a relativa), A y B aceptar&aacute;n que gobiernen juntos C y D sabiendo que, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, pueden derribarlos cuando quieran si no cumplen sus expectativas, y volver as&iacute; a la situaci&oacute;n inicial.
    </p><p class="article-text">
        Pero aqu&iacute; es donde la cuesti&oacute;n se complica, pues la regla constitucional espa&ntilde;ola sobre c&oacute;mo se puede provocar la ca&iacute;da de un gobierno es fuertemente asim&eacute;trica con respecto a la regla que se usa para investirlo. En concreto, resulta que para derribar a ese gobierno de B+C ser&iacute;a necesario que A y D no s&oacute;lo se pusieran de acuerdo en derribarlo, sino que tendr&iacute;an que ponerse de acuerdo en un nuevo gobierno alternativo formado por ellos (moci&oacute;n de censura constructiva). Vamos, que la regla de entrada (actual) es menos exigente que la de salida (futura).
    </p><p class="article-text">
        En estas condiciones, la predicci&oacute;n del comportamiento actual cambia mucho: porque A y D dif&iacute;cilmente permitir&aacute;n con su abstenci&oacute;n que se forme un gobierno de B+C sabiendo que, una vez investido, ya no van a poder derribarlo y que va a seguir en el poder por mucho que a ambos les disguste su futuro comportamiento. Es un riesgo muy elevado al que dif&iacute;cilmente acceder&aacute;n. La regla de salida, aunque hipot&eacute;tica y lejana, acaba por influir fuertemente sobre el juego de entrada, hasta el punto de alterar su normal funcionamiento y hacer muy improbable que A y D toleren un gobierno de B+C.
    </p><p class="article-text">
        En estas condiciones, el &uacute;nico resultado aceptable para los jugadores del extremo del arco es el de un gobierno a tres, que incluya alternativamente a alguno de ellos dos en su composici&oacute;n: es decir, o bien A+B+C o bien B+C+D. Es la &uacute;nica composici&oacute;n que garantiza a los extremos control suficiente del futuro gobierno. Es la soluci&oacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil pol&iacute;ticamente, pero es la que predicen las reglas combinadas de entrada y salida.
    </p><p class="article-text">
        Y si no hay forma de hacer una mayor&iacute;a que incluya tanto al centro como a uno de los extremos, la predicci&oacute;n es que los jugadores dar&aacute;n por terminado el juego y pedir&aacute;n nuevo reparto de cartas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José María Ruiz Soroa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/predicen-reglas_132_4094681.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Mar 2016 16:32:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Lo que predicen las reglas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[España: una mala salud de hierro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/espana-mala-salud-hierro_132_4249741.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">No hay razón para temer como si fuera la violación de un tabú ancestral la idea de un referéndum consultivo sobre la secesión en la nacionalidad que lo precise como medio para aclarar su propio futuro</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos decenios ha gozado de amplio predicamento entre historiadores y polit&oacute;logos enfocar el estudio de las naciones desde una perspectiva &ldquo;constructivista&rdquo; o &ldquo;inventista&rdquo;, es decir, verlas no como esencias primordiales sino como realidades culturales e hist&oacute;ricas construidas por el propio discurso que las afirma (Gellner, Anderson, Hobsbawm), fundamentalmente por el discurso llevado a cabo por los Estados liberales decimon&oacute;nicos a la hora de legitimar un nuevo poder y construir una econom&iacute;a capitalista. Pues bien, entre los que han adoptado este enfoque entre nosotros una de las afirmaciones m&aacute;s repetidas es la de que el Estado (&ldquo;el gran truchim&aacute;n de la naci&oacute;n moderna&rdquo;) fracas&oacute; en los siglos XIX y XX en su tarea de crear o inventar una naci&oacute;n llamada Espa&ntilde;a, porque no fue capaz de difundir y asentar en la sociedad con firmeza el sentimiento de adhesi&oacute;n nacional que, por el contrario, consigui&oacute; la vecina Rep&uacute;blica francesa.
    </p><p class="article-text">
        Es el paradigma intelectual del fracaso del proceso nacionalizador espa&ntilde;ol desde el que escriben Borja de Riquer, Alv&aacute;rez Junco (por lo menos el de &ldquo;Mater dolorosa&rdquo;) o una soci&oacute;loga como Elena B&eacute;jar, por citar algunos exponentes autorizados, y cuya demostraci&oacute;n m&aacute;s evidente ser&iacute;a, hoy en d&iacute;a, la pujanza de sentimientos nacionales antag&oacute;nicos en se&ntilde;aladas porciones territoriales del reino. Recordemos lo que expon&iacute;a como &ldquo;estado de la cuesti&oacute;n&rdquo; y con notable concisi&oacute;n Juan Jos&eacute; Linz en el &ldquo;IV Informe Foessa&rdquo; all&aacute; por los a&ntilde;os de la muerte de Franco: &ldquo;Espa&ntilde;a es un Estado para todos los espa&ntilde;oles, una naci&oacute;n-estado para gran parte de la poblaci&oacute;n, y solo un Estado y no una naci&oacute;n para minor&iacute;as importantes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Razones del fracaso espa&ntilde;ol en comparaci&oacute;n con nuestros vecinos? Pues muchas y variadas: por un lado, la debilidad cong&eacute;nita del Estado a la hora de crear un sistema de ense&ntilde;anza popular que difundiese eficazmente los mitos de origen de la naci&oacute;n y, m&aacute;s all&aacute; de lo educativo, su escasa presencia p&uacute;blica como prestador de servicios sociales. Por otro, la competencia de la Iglesia y la religi&oacute;n como instancias de legitimaci&oacute;n pol&iacute;tica tanto o m&aacute;s potentes en la pen&iacute;nsula que el sentimiento nacional. Sin olvidar la no participaci&oacute;n del pa&iacute;s en las guerras europeas: nada nacionaliza m&aacute;s que una buena derrota. Por su parte, el llamado &ldquo;desastre del 98&rdquo; habr&iacute;a proyectado a nuestras &eacute;lites intelectuales en la novela de la invertebraci&oacute;n de Espa&ntilde;a que les llev&oacute; a buscar desesperadamente una esencia que echaban en falta en la realidad cotidiana (&ldquo;en la anchura del orbe, en medio de las razas innumerables, perdida en el ayer ilimitado y en el ma&ntilde;ana sin fin, bajo la frialdad inmensa y c&oacute;smica del parpadeo astral, &iquest;qu&eacute; es Espa&ntilde;a, este promontorio espiritual de Europa, esta como proa del alma continental? Dios m&iacute;o, &iquest;qu&eacute; es Espa&ntilde;a?&rdquo;, escrib&iacute;a Ortega y Gasset con una desmesura tan bella como alucinada). Y luego, para colmo, vino Franco y cortocircuit&oacute; para gran parte del p&uacute;blico cualquier posibilidad de sentirse a la vez una persona normal y un espa&ntilde;ol (o por lo menos la de decirlo).
    </p><p class="article-text">
        Conclusi&oacute;n, en todo caso: el proceso nacionalizador espa&ntilde;ol ha sido un fracaso y el sentimiento de identidad espa&ntilde;ol es d&eacute;bil, avergonzado, y en todo caso claudicante ante los pujantes y vivaces sentimientos de identidad de las otras nacionalidades ib&eacute;ricas que compiten con ella.
    </p><p class="article-text">
        Explicar la historia de Espa&ntilde;a con esta falsilla intelectual del &ldquo;fracaso&rdquo; es, en realidad, un m&eacute;todo que se ha aplicado sistem&aacute;ticamente en todas las zonas percibidas como conflictivas de nuestra convivencia social, lo &uacute;nico que ha cambiado progresivamente es el asunto de turno al que aplicar el &ldquo;fracaso&rdquo;. Es la &ldquo;fracasolog&iacute;a&rdquo; de la que escribi&oacute; David Ringrose para criticarla como man&iacute;a historiogr&aacute;fica: en su momento, el fracaso fue el de nuestra revoluci&oacute;n liberal, que en Espa&ntilde;a hab&iacute;a sido pacata y moderada, dominada por las &eacute;lites tradicionales y la Iglesia. No tuvimos una burgues&iacute;a aut&oacute;noma capaz de llevar a cabo los dogmas liberales revolucionarios y hacer sus deberes en los campos comerciales, industriales y agrarios. Y qu&eacute; decir de lo institucional: en Espa&ntilde;a habr&iacute;a fracasado tanto el Estado como agente de modernizaci&oacute;n (se hart&oacute; de decirlo Aza&ntilde;a), como la propia sociedad civil carente de pulso vital desde por lo menos la contrarreforma de Trento. La historia de Espa&ntilde;a como fracaso, y Espa&ntilde;a misma como un fracaso m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Dejando de lado sus insuficiencias historiogr&aacute;ficas, esta tesis del fracaso nacionalizador espa&ntilde;ol y de la consiguiente debilidad del sentimiento nacional en Espa&ntilde;a no encaja bien con un hecho objetivo que resulta bastante obvio para cualquier observador desapasionado del pa&iacute;s en la actualidad: el de que, como ha escrito Tom&aacute;s P&eacute;rez Vejo en una reciente y preciosa narraci&oacute;n de la g&eacute;nesis de la pintura hist&oacute;rica decimon&oacute;nica (&ldquo;Espa&ntilde;a imaginada&rdquo;, Galaxia Gutemberg, 2015) al margen del &eacute;xito pol&iacute;tico (siempre relativo) de los nacionalismos perif&eacute;ricos, la real comunidad de valores, ideas, creencias de autoimagen colectiva por parte de los espa&ntilde;oles es muy superior a la que cabr&iacute;a esperar en un pa&iacute;s tan pat&eacute;ticamente invertebrado como supone la tesis del fracaso. En plata, si as&iacute; no fuera, no se podr&iacute;a explicar la realidad a que estamos asistiendo una y otra vez en los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os: la de que unas poblaciones que han sido sometidas desde 1.980 por sus administraciones p&uacute;blicas nacionalistas a un proceso fort&iacute;simo de impregnaci&oacute;n etnocultural alternativa y excluyente y de desnacionalizaci&oacute;n espa&ntilde;ola, se sigan resistiendo mayoritariamente a separarse pol&iacute;ticamente de Espa&ntilde;a, es decir, sigan encontrando suficientes nexos comunes con el resto de los espa&ntilde;oles tales como para preferir seguir juntos.
    </p><p class="article-text">
        C&oacute;mo seguir juntos es cuesti&oacute;n discutible, claro est&aacute;, pero nadie en su sano juicio negar&aacute; que la poblaci&oacute;n vasca en el primer decenio del siglo, y la catalana en el segundo, est&aacute;n diciendo a sus gobiernos nacionalistas que no, que no quieren romper, que son capaces de compatibilizar los sentimientos de pertenencia dual o plural sin demasiada dificultad. Esto es algo que resultar&iacute;a inexplicable si fuera cierto que el proceso nacionalizador espa&ntilde;ol fue un fracaso hist&oacute;rico, porque entonces la balcanizaci&oacute;n progresiva hubiera sido una consecuencia inevitable.
    </p><p class="article-text">
        Lo cual no quiere decir, hay que se&ntilde;alarlo tambi&eacute;n, que aquel proceso fuera un &eacute;xito. Pero es que ni lo fue aqu&iacute; ni lo fue en Estado alguno de Europa (salvo probablemente en Portugal e Islandia). Fue un medio &eacute;xito o un medio fracaso, como ustedes quieran, pero el hecho cierto es que el sentimiento nacional de los espa&ntilde;oles tiene una densidad suficiente como para afrontar desaf&iacute;os tan potentes como los que est&aacute; sufriendo. Sin alharacas ni exaltaciones patri&oacute;ticas, tambi&eacute;n hay que notarlo. Probablemente, lo que sucede en t&eacute;rminos sociol&oacute;gicos es que Espa&ntilde;a posee como sociedad nacionalizada una inercia hist&oacute;rica adquirida tan fuerte como para que resulte muy dif&iacute;cil romperla. Inercia, no m&aacute;s pero tampoco menos. Inercia que por otra parte los espa&ntilde;oles viven de una forma muy particular, pues en pocas naciones europeas es tan fuerte el localismo como aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Si mi observaci&oacute;n es correcta, hay dos consecuencias pol&iacute;ticas que se siguen: la primera, la de que el sentimiento unionista espa&ntilde;ol est&aacute; resultando fortalecido, y no capitidisminuido como piensan angustiadas las &eacute;lites pol&iacute;ticas, en todo este tensionamiento independentista que vivimos desde hace a&ntilde;os. Nadie sale a la calle con banderas nacionales, nadie llama al ej&eacute;rcito como &uacute;ltimo valedor, lejos del espa&ntilde;ol medio el modelo explosivo &ldquo;diada&rdquo;, nadie se pone de acuerdo con nadie para hacer nada (&iquest;puede esperarse otra cosa de nuestras &eacute;lites pol&iacute;ticas?) y, sin embargo, oh maravilla, el invento aguanta y cada vez m&aacute;s gente asiente en su interior a la idea de que es mejor conllevarnos que separarnos. &iquest;Resignaci&oacute;n?: claro que s&iacute; pero es que &iquest;por qu&eacute; se espera otra cosa de la convivencia pol&iacute;tica sino decepci&oacute;n resignada?
    </p><p class="article-text">
        Y la segunda consecuencia, que confirma propuestas que llevo muchos a&ntilde;os sosteniendo, es la de que no hay raz&oacute;n para temer como si fuera la violaci&oacute;n de un tab&uacute; ancestral la idea de un refer&eacute;ndum consultivo sobre la secesi&oacute;n en la nacionalidad que lo precise como medio para aclarar su propio futuro. Porque, con bastante probabilidad, lo ganar&iacute;an los unionistas. El mayor error de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola es haber asumido e interiorizado como dogma de fe aprior&iacute;stico que un refer&eacute;ndum es necesariamente una derrota, cuando en realidad puede ser un &eacute;xito.
    </p><p class="article-text">
        Y es que el verdadero problema de la naci&oacute;n espa&ntilde;ola no est&aacute; en su sociedad, sino en su pol&iacute;tica. M&aacute;s en concreto, el problema est&aacute; en la pavorosa indigencia intelectual de las &eacute;lites pol&iacute;ticas (pero no solo pol&iacute;ticas) espa&ntilde;olas a la hora de definir un proyecto nacional. Son las &eacute;lites pol&iacute;ticas las que carecen de un relato m&iacute;nimo de lo que es la naci&oacute;n y, sobre todo, de un proyecto razonable y razonado de qu&eacute; hacer con esa naci&oacute;n, de por qu&eacute; merece la pena mantener la herencia recibida y seguir &ldquo;remando juntos&rdquo;. Y c&oacute;mo carecen de esa elaboraci&oacute;n y de ese discurso, lo que hacen es proyectar al p&uacute;blico en general, al espa&ntilde;ol medio, su propia carencia, atribuy&eacute;ndole algo as&iacute; como una falla tect&oacute;nica en su sentimiento nacional. Al tiempo que intentan suplir con bricolaje constitucional la carencia que les aqueja, cediendo al optimismo irracional de creer que con la Constituci&oacute;n se puede arreglar o articular todo (versi&oacute;n socialista del bricolaje), o a la pesimista de que con la Constituci&oacute;n se puede impedir un proceso de desuni&oacute;n (versi&oacute;n conservadora del fetichismo legalista).
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima demostraci&oacute;n de la realidad de la indigencia intelectual de nuestras &eacute;lites en lo que se refiere a la naci&oacute;n es la posici&oacute;n program&aacute;tica adoptada por actual populismo de izquierdas: la de remitir a un vago democratismo simpl&oacute;n (&ldquo;el derecho a decidir&rdquo;) lo que deba hacerse en el futuro con Espa&ntilde;a, lo que no es sino una forma de tapar la carencia de una elaboraci&oacute;n propia sobre el asunto y zafarse de un debate para el que no se sienten preparados ni est&aacute;n dispuestos a sufrir. Que un partido que pretende gobernar Espa&ntilde;a tenga como proyecto para el conjunto del pa&iacute;s el de &ldquo;que lo decidan los pueblos&rdquo; resulta estremecedor. Ese s&iacute; que es el fracaso espa&ntilde;ol. O, por lo menos, uno de sus m&aacute;s llamativos casticismos: solo aqu&iacute; es concebible algo as&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José María Ruiz Soroa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/espana-mala-salud-hierro_132_4249741.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Jan 2016 16:27:49 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[España: una mala salud de hierro]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La larga sombra de 1982]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/psoe-1982-cambio-elecciones-generales-derecha-marxista_132_2271138.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Si quitamos la transici&oacute;n que se materializ&oacute; en la Constituci&oacute;n de 1978, el hecho m&aacute;s determinante del funcionamiento real del sistema pol&iacute;tico espa&ntilde;ol tuvo lugar en 1982. Es un hecho que tiene que ver con la victoria abrumadora en las urnas de Felipe Gonz&aacute;lez como palad&iacute;n de la modernizaci&oacute;n del pa&iacute;s, y generalmente ha estado tapado por el &eacute;xito mismo del proceso de ajuste que el socialista pilot&oacute; con bastante acierto. Se trata, en concreto, del hecho de que en aquellas elecciones se implant&oacute; en Espa&ntilde;a un determinado modelo de partido pol&iacute;tico, y ese modelo es el que ha determinado a largo plazo el camino hacia la pudrici&oacute;n de nuestra pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Y me explico. El Partido Socialista opt&oacute; deliberada y estrat&eacute;gicamente por plantear las elecciones de 1982 de manera personalista y plebiscitaria, concentrando el foco en torno a su l&iacute;der y a una sola promesa, carente de carga ideol&oacute;gica aunque muy atractiva: el cambio modernizador. Rechaz&oacute; expl&iacute;citamente el modelo que suger&iacute;a su antigua tradici&oacute;n, la de un partido con diversas alas y l&iacute;neas ideol&oacute;gicas (la obrerista, la marxista, la liberal, etc.), un partido abierto al debate entre corrientes y personas, un partido sin liderazgo personal fuerte. No, un l&iacute;der, una imagen y un mensaje, fue el c&oacute;ctel triunfador de 1982. Mientras que el partido de gallitos y familias, el partido de los burgueses discutidores que era UCD, se hund&iacute;a irremisiblemente, el PSOE patent&oacute; y luego abroquel&oacute; en Espa&ntilde;a el modelo triunfador: un partido m&aacute;quina, unido por un hiperliderazgo, sin escisiones ni tendencias, con una misi&oacute;n desprovista de carga ideol&oacute;gica, y dedicado s&oacute;lo a ocupar y controlar el espacio pol&iacute;tico para ayudar al cumplimiento de su misi&oacute;n. Y funcion&oacute;, vaya si funcion&oacute;. Entre otras cosas, implant&oacute; indeleblemente en la cultura pol&iacute;tica espa&ntilde;ola la idea subliminal de que un partido es un bloque al servicio de un l&iacute;der, y que cualquier otro modelo de partido conduce al fracaso. La derecha conservadora lo  copi&oacute; con bastante rapidez.
    </p><p class="article-text">
        Este modelo de partido y de pol&iacute;tica de partido ha sido responsable de la degeneraci&oacute;n progresiva de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola a lo largo de los treinta a&ntilde;os siguientes: ha sido el &uacute;nico marco de selecci&oacute;n y socializaci&oacute;n para unas &eacute;lites pol&iacute;ticas de calidad resultante cada vez m&aacute;s baja, les ha grabado a fuego todos los defectos de la politiquer&iacute;a sin ninguno de los m&eacute;ritos de la pol&iacute;tica, ha huido como de la peste de la discusi&oacute;n interna y del pensamiento cr&iacute;tico, ha fomentado el pragmatismo simpl&oacute;n hasta la nausea, ha acaparado el papel de actor &uacute;nico (primero en el parlamento, anulando la independencia individual de los representantes, luego en las dem&aacute;s instituciones del Estado de Derecho, controlando a la alta burocracia judicial y administrativa con fines partidistas).
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, lo que fue causa del &eacute;xito de los ochenta, fue tambi&eacute;n semilla del desastre progresivo posterior. Con tal modelo de partido era inevitable que, m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano, el sistema degenerase y se empobreciese hasta l&iacute;mites insospechables. La corrupci&oacute;n, su s&iacute;ntoma m&aacute;s llamativo (por mucho que no el m&aacute;s importante) es tambi&eacute;n fruto de una cultura pol&iacute;tica dominada por un tipo de partido y partidismo deforme, que no se corresponde en absoluto con los modelos de otras democracias asentadas. Aunque nos cueste percibirlo, precisamente porque no hemos conocido otra realidad en treinta largos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Ahora que se llevan los t&eacute;rminos fetiche de &ldquo;cambio&rdquo;, &ldquo;nuevo&rdquo;, &ldquo;regeneraci&oacute;n&rdquo; y similares (las &ldquo;palabras cortocircuito&rdquo; por su capacidad para frustrar cualquier debate desde su inicio), la pregunta fundamental no es tanto lo que los partidos prometen hacer con la pol&iacute;tica, sino lo que dicen (y sobre todo lo que hacen) consigo mismos, m&aacute;s all&aacute; de enga&ntilde;osas afirmaciones de democratizaci&oacute;n interna y de primarias a granel. Y, en este sentido, y aun concediendo un margen de espera a los nuevos actores emergentes, los s&iacute;ntomas no son esperanzadores. Ambos se organizan con hiperliderazgos personales y con fuertes mecanismos de control <em>topdown</em>. Si se confirma esta negativa impresi&oacute;n, la pudrici&oacute;n del sistema progresar&aacute;, s&oacute;lo suceder&aacute; que ser&aacute; m&aacute;s ca&oacute;tica que antes. Bipartidismo o tetrapartidismo, lo relevante no es el n&uacute;mero sino la substancia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José María Ruiz Soroa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/psoe-1982-cambio-elecciones-generales-derecha-marxista_132_2271138.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jan 2016 17:48:34 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La larga sombra de 1982]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[PSOE,Bipartidismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Y cómo se hace un Estado?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/terrorismo-islamista-estado-fallido_132_2364066.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2910217c-1a67-4955-8e93-38310a8d3183_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Y cómo se hace un Estado?"></p><p class="article-text">
        Deslumbrada por los aspectos religiosos del terrorismo isl&aacute;mico, por lo que tienen de incomprensible tanto humana como socialmente en una &eacute;poca europea marcadamente posheroica, la opini&oacute;n p&uacute;blica europea y espa&ntilde;ola no presta la atenci&oacute;n debida a un dato que es esencial para comprender el fen&oacute;meno y para luchar contra &eacute;l. El terrorismo est&aacute; asociado a un previo desfallecimiento de un Estado, a la desaparici&oacute;n de la autoridad institucional territorial en espacios que hasta cierto momento &ndash;con mejor o peor &eacute;xito- poseyeron un Estado. Tr&aacute;tese de Irak, Libia, Yemen, Siria o Somalia (y la lista es de alrededor de cincuenta pa&iacute;ses en el mundo), el terrorismo medra en los espacios de los &ldquo;Estados fallidos&rdquo;, y medra precisamente por esa quiebra. All&iacute; donde la autoridad institucional se ha derrumbado, aparece con toda su virulencia la violencia privada protagonizada por se&ntilde;ores, bandas, fundamentalistas, tribus, o cualesquiera otro actor que s&oacute;lo en el marco de un Estado ausente puede desarrollarse a largo plazo. De la misma manera que, en su momento hist&oacute;rico, la consolidaci&oacute;n del Estado en Europa despu&eacute;s de la paz de Westfalia fue la soluci&oacute;n para superar un siglo de org&iacute;a sangrienta de enfrentamientos religiosos en la que la vida humana era &ldquo;solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta&rdquo; en palabras del gran ingeniero del Leviathan, lo que est&aacute; sucediendo en muchas zonas de &Aacute;frica y Asia Menor con los Estados fallidos no es sino el fen&oacute;meno inverso, con la consiguiente regresi&oacute;n de la convivencia a situaciones que cre&iacute;amos olvidadas. O m&aacute;s bien hab&iacute;amos querido olvidar inmersos como estamos en un proceso europeo de superaci&oacute;n del Estado nacional.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, esta contextualizaci&oacute;n del terrorismo islamista dentro del marco comprensivo m&aacute;s amplio del desfallecimiento del Estado se&ntilde;ala con bastante claridad por d&oacute;nde puede ir encaminada a medio plazo su soluci&oacute;n, aunque tambi&eacute;n subraya la dificultad de la tarea. Porque parece bastante claro que s&oacute;lo reconstruyendo (o construyendo ex novo) el Estado en las zonas geogr&aacute;ficas afectadas podr&aacute; empezarse a controlar y suprimir el terrorismo. Mientras no se edifique una autoridad institucional suprema en los &aacute;mbitos afectados cualquier otra actuaci&oacute;n no ser&aacute; sino un parche, posiblemente necesario pero s&oacute;lo parche. Declararle la guerra al terrorismo puede ser un reclamo efectista para levantar la moral de una sociedad necesitada de grandes gestos, pero no tiene demasiado sentido porque la guerra es un m&eacute;todo de actuaci&oacute;n pol&iacute;tica que s&oacute;lo funciona entre Estados. De frente a bandas o redes terroristas, s&oacute;lo cabe la imposici&oacute;n de la ley por las fuerzas del orden, pero para ello es preciso que exista una ley, una fuerza &hellip; un Estado.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces surge el verdadero y dif&iacute;cil problema: &iquest;c&oacute;mo se hace un Estado? Porque los Estados han surgido en procesos hist&oacute;ricos bastante largos y normalmente azarosos, por mucho que desde el presente nos guste ver la historia como un proceso teleol&oacute;gico guiado por un designio actuante desde el principio. Mientras que ahora hablamos de construir un Estado de un d&iacute;a para otro, en marcos societarios muy peculiares y diversos de los nacionales cl&aacute;sicos y donde se ha derrumbado lo que de Estado existi&oacute;. &iquest;C&oacute;mo se hace eso?
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, y por mucho que moleste a nuestra experiencia moral, un Estado no se construye empezando por el final, por el techo de su estructura y evoluci&oacute;n. No se construye con democracia, con libertad e igualdad, o con una ley justa para todos. Eso es lo que consigue un Estado &ndash;si su sociedad tiene suerte- al final y como fruto de la domesticaci&oacute;n del poder, pero no sirve de nada para construirlo. Para construirlo hace falta poder, puro y duro poder, que se imponga como dios supremo en su marco de actuaci&oacute;n. Y el poder nace de la violencia, generalmente de la desesperaci&oacute;n ante su predominio y de la substituci&oacute;n de la violencia colectiva y ominidireccional por una violencia monopolizada y centralizada. La idea del contrato social como acta fundacional de la sociedad y del gobierno es una ficci&oacute;n &uacute;til cuando unos ciudadanos, que ya poseen y viven en un Estado, desean civilizar a &eacute;ste y embridarlo de una manera liberal. As&iacute; se ha utilizado en Europa, como met&aacute;fora de legitimaci&oacute;n. Pero ning&uacute;n pensador ilustrado crey&oacute; ni por un momento que el Estado en que viv&iacute;a no proced&iacute;a gen&eacute;ticamente de la violencia y del mal. Un Estado no se crea convocando a un c&oacute;nclave de seres humanos para que de manera libre y digna elijan su futuro. Ser&iacute;a bonito que fuera as&iacute;, pero no es as&iacute;. Nunca lo fue. Y s&oacute;lo la tontuna cong&eacute;nita de George Bush y sus asesores pudo permitir a alguien creer que si echaba por la fuerza a los malos y se destru&iacute;a de ra&iacute;z el Estado iraqu&iacute;, de ello derivar&iacute;a la aparici&oacute;n de una democracia inmediata.
    </p><p class="article-text">
        Lo cual nos pone ante un panorama de opciones ciertamente desagradables. Todas ellas. No hay forma limpia y educada de hacerlo. Hay que buscar localmente a alguien con algo de poder y apostar por &eacute;l ayud&aacute;ndole a imponerse sobre las facciones en pugna. Lo cual significa normalmente ayudar a un hijo de puta local para que ponga orden en su corral y, con suerte, llegue a construir algo parecido a una instituci&oacute;n estatal s&oacute;lida y pac&iacute;fica que quiz&aacute;s alg&uacute;n d&iacute;a llegue a dar satisfacci&oacute;n a la dignidad de sus ciudadanos. No se trata de poner al frente a &ldquo;nuestro hijo de puta&rdquo;, como la vulgata bienpensante critica, sino de poner a alguien al frente sabiendo que por definici&oacute;n ser&aacute; de esa cala&ntilde;a aproximada. Porque, si no lo fuera, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a ser que ya poseyera algo de poder?
    </p><p class="article-text">
        Contra esta idea se rebela airada nuestra sensibilidad moderna y democr&aacute;tica: &iquest;vamos darle el poder a un d&eacute;spota, a un terrorista, a un carnicero? La respuesta es que probablemente s&iacute;, pero no porque nuestros gobiernos sean necesariamente est&uacute;pidos o malvados, sino porque el campo de elecci&oacute;n est&aacute; limitado. Primero por la competencia entre diversas potencias e intereses geoestrat&eacute;gicos cada uno con su candidato local. Segundo, porque la soluci&oacute;n colonial dejo de ser viable hace tiempo. Tercero, porque nadie est&aacute; dispuesto a ir all&iacute; con un fusil. Y cuarto, porque s&oacute;lo los que ya tienen poder pueden incrementarlo e imponerse a corto plazo.
    </p><p class="article-text">
        Acabar con el terrorismo en origen s&oacute;lo se consigue poniendo un Estado en origen. Es dudoso, muy dudoso, que Europa sea pol&iacute;ticamente capaz de hacerlo. Pero si lo hace o se implica en ello con otros actores internacionales, no nos gustar&aacute;. Eso seguro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José María Ruiz Soroa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/terrorismo-islamista-estado-fallido_132_2364066.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Nov 2015 19:03:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Y cómo se hace un Estado?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Estado,Irak,Terrorismo yihadista,George Bush]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La retórica de los chamanes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/retorica-chaman-politicas-publicas-copago-segunda-republica_132_2390724.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El reciente libro de V&iacute;ctor Lapuente, profesor de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en Goteborg y articulista habitual de algunos medios espa&ntilde;oles, titulado expresivamente 'El retorno de los chamanes' (Atalaya, 2.015), no tiene desperdicio para quien desee comprender una de las razones (quiz&aacute;s la m&aacute;s importante) por las que la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola lleva tantos a&ntilde;os empantanada. Dicho directamente, porque tiene demasiados ingredientes de lo que Lapuente denomina &ldquo;el enfoque pol&iacute;tico de los chamanes&rdquo;, y muy pocos del de &ldquo;la pol&iacute;tica de las exploradoras&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de dos tipos ideales (en el sentido weberiano) de encuadrar la acci&oacute;n pol&iacute;tica y de utilizar la ret&oacute;rica que le sirve de marco, que en el fondo se corresponden con dos tipos de mentalidades. No se trata de dos ideolog&iacute;as, todo lo contrario, existen chamanes o exploradoras tanto en la izquierda como en la derecha; se trata de una cuesti&oacute;n acusadamente cultural que implica en concreto la forma o encuadre mental con que nos aproximamos a los problemas de acci&oacute;n colectiva y buscamos su tratamiento m&aacute;s adecuado. Y del encuadre que prevalece en cada sociedad y en cada momento hist&oacute;rico concreto, de que sea cham&aacute;n o explorador, deriva el tipo de pol&iacute;tica que se practica. Y, lo que es m&aacute;s importante, su &eacute;xito o fracaso a la hora de resolver eficazmente los problemas de la acci&oacute;n colectiva.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica de los chamanes se caracteriza por ser acusadamente principialista: para resolver los problemas sociales formula y recurre a teor&iacute;as muy organizadas y completas que contienen a la vez una descripci&oacute;n y una prescripci&oacute;n de un te&oacute;rico mundo ideal en el que desaparecer&iacute;an los conflictos y reinar&iacute;a la armon&iacute;a. De estas teor&iacute;as se deducen en cascada l&oacute;gica las soluciones m&aacute;s correctas (verdaderas) para cada clase de problema, es decir, una serie de pol&iacute;ticas transformadoras de la realidad que tienden a devolver el orden al caos simplemente aplicando en cada caso el modelo adecuado y correcto. La de &ldquo;modelo&rdquo; es una palabra fetiche para un pol&iacute;tico cham&aacute;n, que siempre reducir&aacute; cualquier problema concreto que surja en la sociedad a una cuesti&oacute;n de desv&iacute;o y/o recuperaci&oacute;n del modelo correcto de &hellip; ense&ntilde;anza, sanidad, pol&iacute;tica (pongan aqu&iacute; cualquier sector de actividad que deseen). La pol&iacute;tica de los chamanes es una pol&iacute;tica con altas y grandes expectativas que, aunque ya no promete expressis verbis la utop&iacute;a o la revoluci&oacute;n (son t&eacute;rminos demasiado devaluados por su manoseo excesivo), s&iacute; que aspira a transformar de ra&iacute;z la sociedad injusta y defectuosa en que habitamos. Es siempre radical, porque no se anda por las ramas sino que va al fundamento mismo de los problemas, que es desde donde seg&uacute;n ella deben emprenderse las grandes tareas reformadoras. Genera necesariamente grandes decepciones en el p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica de las exploradoras es mucho m&aacute;s humilde y limitada. No conoce grandes construcciones intelectuales de cu&ntilde;o racional ni se inspira en ellas. Cree en la experimentaci&oacute;n y en el incrementalismo de los peque&ntilde;os arreglos o retoques como m&eacute;todo para progresar hacia un mejor tratamiento de los problemas concretos. Suele nacer de la decepci&oacute;n m&aacute;s que del entusiasmo o de la indignaci&oacute;n. Desde luego, no cree que exista algo as&iacute; como &ldquo;el gran problema&rdquo; de la humanidad, definible en t&eacute;rminos antropol&oacute;gicos o morales, sino muchos peque&ntilde;os problemas diversos. Precisamente por ello, prefiere una aproximaci&oacute;n &ldquo;por las ramas&rdquo; de los concretos atascos de la sociedad. En lugar de ir a la ra&iacute;z e intentar cambiarlo todo, defiende el retoque m&iacute;nimo y experimental y la observaci&oacute;n constante y contrastada de sus resultados, a ser posible utilizando casos diversos comparables. No tiene miedo o reparo alguno en incurrir en contradicciones l&oacute;gicas o pol&iacute;ticas precisamente porque no posee un sistema completo y cerrado de soluciones, de manera que lo que propone en un punto puede perfectamente sonar a herej&iacute;a o traici&oacute;n comparado con lo que propone en otro. Y no pasa nada.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta epistemol&oacute;gica de Lapuente, explicada en t&eacute;rminos muy vivos y sencillos, con ejemplos reales e hist&oacute;ricos muy comprensibles (se agradece la familiaridad del autor con la realidad y la historia de los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos), no es nueva en el &aacute;mbito de la teor&iacute;a pol&iacute;tica. Guarda muchas analog&iacute;as con la distinci&oacute;n que formul&oacute; el filosofo conservador Michael Oakeshott entre la &ldquo;pol&iacute;tica de la fe&rdquo; y la &ldquo;pol&iacute;tica del escepticismo&rdquo; en los a&ntilde;os cincuenta. Y con la cr&iacute;tica repetida de Isaiah Berlin, all&aacute; por los mismos a&ntilde;os, a lo que &eacute;l llamaba &ldquo;el monismo occidental&rdquo; y que consist&iacute;a desde Plat&oacute;n &ndash;seg&uacute;n &eacute;l- en creer a pies juntillas que todo problema social debe poseer una soluci&oacute;n, que tal soluci&oacute;n es racional porque est&aacute; al alcance de la mente el deducirla, y que la soluci&oacute;n as&iacute; encontrada ser&aacute; arm&oacute;nica con los diversos valores humanos implicados. En este sentido, la propuesta de Lapuente se entiende perfectamente dentro del &aacute;mbito de pensamiento que podemos caracterizar como liberal, realista y esc&eacute;ptico, una rama perdurable de la reflexi&oacute;n pol&iacute;tica que va de Hume o Tocqueville a Raymond Aron o Richard Rorty. Y, enti&eacute;ndase adecuadamente, esc&eacute;ptico no significa pesimista, sino s&oacute;lo una determinada disposici&oacute;n filos&oacute;fica de afrontar la realidad, que rechaza de entrada la posibilidad de construir idealmente y con las solas fuerzas de la raz&oacute;n unos esquemas dogm&aacute;ticos congruentes y completos capaces de aprehender (y, por ello, de transformar) la realidad. Lapuente es m&aacute;s bien muy optimista en su valoraci&oacute;n de la capacidad social para hacer m&aacute;s decente la vida humana &ndash;lo demuestra constantemente en su libro-, por mucho que sea un descre&iacute;do en la utilidad de las grandes cosmovisiones intelectuales para ello.
    </p><p class="article-text">
        El &eacute;xito o fracaso de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas depende fundamentalmente de c&oacute;mo las discutimos, es decir, de con qu&eacute; encuadre o marco de debate las estudiamos y seleccionamos, mucho m&aacute;s que de su bondad intr&iacute;nseca aprior&iacute;stica, o de su coherencia con una ideolog&iacute;a particular. Es mucho m&aacute;s una cuesti&oacute;n de profesionales que discuten c&oacute;mo mejorar algo mediante nimios detalles, comprobaciones, retoques, resultados, medici&oacute;n de objetivos, secuelas inesperadas, y cosas similares, que de excelsos pol&iacute;ticos que ya han visto la soluci&oacute;n en un modelo ideal que bastar&iacute;a aplicar desde el principio para llegar a una sociedad m&aacute;s justa. Como dec&iacute;a Oakesott, todo el mundo tiene derecho a poseer su sue&ntilde;o, pero es un error funesto pensar que el gobierno consiste en imponer al mundo el sue&ntilde;o de uno.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n que plantea Lapuente no es, como podr&iacute;a pensarse en un aproximaci&oacute;n apresurada y superficial, la de propugnar un gobierno de los expertos por oposici&oacute;n a un gobierno de los pol&iacute;ticos. Esa ser&iacute;a una conclusi&oacute;n err&oacute;nea. La pol&iacute;tica deben hacerla los pol&iacute;ticos y desde la pol&iacute;tica, precisamente porque trata de un tipo de problemas muy especiales, los que no poseen una soluci&oacute;n obvia cient&iacute;fica o t&eacute;cnica. A la pol&iacute;tica hemos relegado o reenviado todos aquellos problemas que no pod&iacute;an resolverse en otros &aacute;mbitos, y ese es el material con que ella trabaja obligadamente. Ahora bien, esos pol&iacute;ticos pueden tratar los problemas con una mentalidad exploradora, emp&iacute;rica e incremental (trabajando con los t&eacute;cnicos de las burocracias a su disposici&oacute;n), o con otra dogm&aacute;tica, iluminada y generalista (trabajando contra o sin los profesionales).
    </p><p class="article-text">
        Del extenso libro de Victor Lapuente, sugerente y discutible en muchas de sus aproximaciones tentativas a problemas concretos (el de Europa es quiz&aacute;s uno de los m&aacute;s sorprendentes), me quedo ahora con la parte que dedica al tipo de ret&oacute;rica u oratoria que se practica por los creadores de opini&oacute;n en Espa&ntilde;a, es decir, por los intelectuales, los &ldquo;mensajeros de los medios&rdquo;, los opinadores en cascada, todo ese magma de actores que desde la escena configura la comprensi&oacute;n popular de la pol&iacute;tica. Porque esa ret&oacute;rica es fundamentalmente la responsable de que tengamos una pr&aacute;ctica pol&iacute;tica tan desnortada: apasionante y divertida, c&oacute;mo no, pero altamente desviada del fin &uacute;ltimo de la pol&iacute;tica que es el de resolver problemas concretos, no el de entretener a la audiencia.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No creen en el valor fundamental de la ret&oacute;rica como marco que hace crecer la buena o la mala pol&iacute;tica? Pues recuerden el fracaso de la Segunda Rep&uacute;blica que, entre otras cosas, se debi&oacute; a la adopci&oacute;n generalizada ya desde tres a&ntilde;os antes de la sublevaci&oacute;n militar, y por todas las fuerzas pol&iacute;ticas, de una ret&oacute;rica exaltada y violenta, de una &ldquo;ret&oacute;rica como pu&ntilde;os&rdquo;, de una forma de plantear el futuro pol&iacute;tico como salvaci&oacute;n o infierno. La mentalidad del cham&aacute;n se hab&iacute;a apoderado del teatro pol&iacute;tico espa&ntilde;ol. Lo que sigui&oacute; fue lo que se sembr&oacute; previamente, recordando la validez del principio sociol&oacute;gico de que la definici&oacute;n que hacen los actores sociales de la realidad termina por constituir la realidad misma.
    </p><h3 class="article-text">Reformismo aburrido</h3><p class="article-text">
        Pues bien, la oratoria o ret&oacute;rica actual casi hegem&oacute;nica en Espa&ntilde;a es acusadamente cham&aacute;nica: se caracteriza por un discurso tipo en el que de una conmovedora estampa de un problema concreto y particular que se toma como ejemplo de desajuste o injusticia social (por ejemplo, un desahucio o un ni&ntilde;o refugiado ahogado) se pasa sin t&eacute;rmino intermedio a una propuesta para su soluci&oacute;n que es acusadamente gen&eacute;rica e ideol&oacute;gica. Mejor dicho, s&iacute; hay una intermediaci&oacute;n en ese tr&aacute;nsito, pero es la del moralismo o la indignaci&oacute;n, nunca la del examen emp&iacute;rico y objetivo del problema. Hablar de retoques tentativos, proponer teor&iacute;as de alcance intermedio, defender el ensayo &ldquo;prueba y error&rdquo;, la peque&ntilde;a reforma sin tocar los pilares del sistema (esto del &ldquo;sistema&rdquo; es tambi&eacute;n un t&eacute;rmino clave del cham&aacute;n), todo ello es ignorado como posibilidad decepcionante. Las propuestas reformistas puntuales son tan aburridas como un serm&oacute;n clerical, y si de algo huyen los medios es del serm&oacute;n pausado que cansa la atenci&oacute;n con sus detalles. &ldquo;Los medios amplifican el desacuerdo y los esc&aacute;ndalos, simplifican los asuntos en clave de confrontaci&oacute;n, personifican hasta la caricatura responsabilidades que son complejas, ceden al encanto de las teor&iacute;as de la conspiraci&oacute;n mientras se presentan a s&iacute; mismos como luchadores heroicos que protegen al p&uacute;blico desamparado&rdquo;, ha escrito recientemente Daniel Innerarity en &ldquo;La pol&iacute;tica en tiempos de indignaci&oacute;n&rdquo;. Y es que una de las tentaciones recurrentes de los ret&oacute;ricos chamanes es verse a s&iacute; mismos como Robin Hood.
    </p><p class="article-text">
        A cualquiera de nuestros pol&iacute;ticos, intelectuales o periodistas (o a casi todos, perd&oacute;n) no se les ve c&oacute;modos con un problema concreto, con un hecho puntual, hasta que logran engarzarlo y engancharlo a una teor&iacute;a o a un modelo abstracto. H&aacute;blese del copago en sanidad, o de los resultados PISA, o de los desahucios, el comunicador de turno mostrar&aacute; su capacidad pol&iacute;tica o medi&aacute;tica mediante una h&aacute;bil finta dial&eacute;ctica mediante la cual confirma le predecible, es decir, que ese hecho concreto debe encuadrarse como una manifestaci&oacute;n de un problema m&aacute;s general, que es la de que el modelo de sanidad p&uacute;blico se est&aacute;&hellip;.., o Europa se est&aacute; &hellip;, o los mercados est&aacute;n &hellip; y as&iacute;. Nuestra escena p&uacute;blica est&aacute; poblada por una particular especie de son&aacute;mbulos especialistas en discutir de abstracciones y en descalificar a priori las aproximaciones tentativas y empiristas a los problemas. Se dir&aacute; a esto que los medios son s&oacute;lo el dedo que se&ntilde;ala a la luna y que el mal se encuentra en &eacute;sta y no el dedo. Pero va siendo tiempo de decir que no, que de la forma con que se utiliza el dedo depende mucho c&oacute;mo sea la luna al final.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto, y muchas observaciones m&aacute;s, todas discutibles y discutidas como debe ser, se encontrar&aacute;n en el libro de V&iacute;ctor Lapuente. Gracias.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José María Ruiz Soroa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/retorica-chaman-politicas-publicas-copago-segunda-republica_132_2390724.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Nov 2015 17:10:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La retórica de los chamanes]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Políticas públicas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Hablamos de amor o hablamos de sexo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/constitucion-federalismo-nacionalismo-cataluna-euskadi_132_2429992.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Suena de nuevo con alegre &iacute;mpetu el himno redentor del federalismo. Dice su estribillo que una planta federal de nuestra organizaci&oacute;n territorial har&iacute;a que los problemas actuales de articulaci&oacute;n e integraci&oacute;n de nacionalidades y regiones se resolvieran casi por ensalmo. Y se cantan por ello las virtudes de una C&aacute;mara Federal, unas listas cerradas y taxativas de competencias, unas reglas sobre la solidaridad interterritorial, e cos&iacute; via.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no exponen los redencionistas con m&iacute;nima claridad algo que en el fondo todos saben (sabemos) perfectamente: que una reformulaci&oacute;n del sistema auton&oacute;mico en clave federal no tendr&aacute; virtualidad alguna para integrar a las nacionalidades nacionalistas si no es mediante el establecimiento de una excepci&oacute;n al r&eacute;gimen com&uacute;n en su favor. O sea, el sexo.
    </p><p class="article-text">
        Porque lo que los nacionalistas catalanes y vascos exigen (aunque &eacute;stos &uacute;ltimos ya lo poseen en un amplio grado) no es un r&eacute;gimen general federal o superfederal o mediopensionista, sino algo muy distinto: exigen un r&eacute;gimen excepcional que coloque a su Comunidad o naci&oacute;n al margen del r&eacute;gimen general. Sin excepci&oacute;n no hay integraci&oacute;n, esa es la regla del juego catal&aacute;n y vasco, aunque con una coda ominosa: incluso con excepci&oacute;n, la integraci&oacute;n es s&oacute;lo transitoria y siempre revisable.
    </p><p class="article-text">
        Resulta entonces que si la reflexi&oacute;n quiere dotarse de una m&iacute;nima consistencia argumental y transparencia democr&aacute;tica, lo que procede es hablar y discutir de la futura excepci&oacute;n y no de la futura regla general. La regla general la pueden pactar ma&ntilde;ana mismo PP, PSOE y adl&aacute;teres y todas las Comunidades no nacionalistas la aceptar&aacute;n volis nolis, puesto que pol&iacute;ticamente est&aacute;n controladas por ellos. Su debate es poco m&aacute;s que una cuesti&oacute;n t&eacute;cnica de desarrollo del sistema auton&oacute;mico. Pero la excepci&oacute;n no pueden pactarla sino con unos terceros, los nacionalistas hegem&oacute;nicos en Catalu&ntilde;a y Pa&iacute;s Vasco, y es la cuesti&oacute;n pol&iacute;tica por excelencia de la integraci&oacute;n hispana. La &ldquo;madre de todas las batallas&rdquo; por emplear una terminolog&iacute;a rimbombante. As&iacute; que &hellip; hablemos de la excepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, se me ocurre que para articular la exposici&oacute;n de una manera que resulte ilustrativa, podr&iacute;amos hacerlo en forma de preguntas separadas y sucesivas (aun sin desconocer que hay una imbricaci&oacute;n entre ellas). Sonar&iacute;a as&iacute;: excepci&oacute;n s&iacute;, pero&hellip; &iquest;excepci&oacute;n a qu&eacute;?, &iquest;excepci&oacute;n por qu&eacute;?, &iquest;excepci&oacute;n c&oacute;mo? y &iquest;excepci&oacute;n a cambio de qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        La primera cuesti&oacute;n nos lleva a reflexionar sobre los l&iacute;mites substantivos de una excepci&oacute;n vasca o catalana al r&eacute;gimen com&uacute;n espa&ntilde;ol. Porque parece que debe tenerlos, de lo contrario no ser&iacute;a una excepci&oacute;n sino una exclusi&oacute;n (separaci&oacute;n) total. Y surgen entonces las cuestiones candentes: &iquest;puede la excepci&oacute;n serlo al principio de igualdad ciudadana en derechos prestacionales? Dicho en t&eacute;rminos econ&oacute;micos: &iquest;ser&aacute; admitido que los ciudadanos vascos o catalanes dispongan, a igualdad de esfuerzo fiscal por su parte, de una financiaci&oacute;n p&uacute;blica para ense&ntilde;anza, sanidad o dependencia que sea sensiblemente superior a la de los dem&aacute;s espa&ntilde;oles, por el simple hecho de que el PIB de su territorio es superior? Populares y socialistas entonan siempre la m&uacute;sica de la igualdad y la solidaridad, pero aceptan calladitos desde hace decenios la letra peque&ntilde;a de la excepci&oacute;n vasca y navarra, donde los ciudadanos poseen &ldquo;el doble&rdquo; de derechos prestacionales que en el resto de Espa&ntilde;a (financiaci&oacute;n p&uacute;blica por habitante en el Pa&iacute;s Vasco 3.868 euro, financiaci&oacute;n media espa&ntilde;ola 2.077 euro, datos 2.012) &iquest;Ser&aacute; as&iacute; tambi&eacute;n en Catalu&ntilde;a?
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, la excepci&oacute;n puede referirse tambi&eacute;n a los derechos fundamentales b&aacute;sicos garantizados por la Constituci&oacute;n. Puesto que cuando se habla de otorgar a la Generalitat todo el poder para regular el r&eacute;gimen ling&uuml;&iacute;stico y cultural aplicable a sus ciudadanos, resulta que se le estar&iacute;a entregando el poder de regular sin contrapeso alguno la identidad personal de aquellos. Algo que contradice el derecho a la libertad de identidad. Es decir, que no se puede excepcionar totalmente las reglas balanceadas de la pol&iacute;tica cultural com&uacute;n si no es implantando al mismo tiempo un r&eacute;gimen de garant&iacute;as para las minor&iacute;as culturales y nacionales atrapadas en el territorio de la excepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; la excepci&oacute;n? Y no me refiero a su motivaci&oacute;n pol&iacute;tica, que es evidente (sin excepci&oacute;n de nada vale la reforma), sino a su raz&oacute;n p&uacute;blica: es decir, &iquest;de qu&eacute; percha constitucional colgamos la excepci&oacute;n? Tanto la experiencia vasca como el runr&uacute;n actual apuntan al m&aacute;s craso historicismo: es decir, a justificar el r&eacute;gimen excepcional en los supuestos &ldquo;derechos hist&oacute;ricos&rdquo; de que habr&iacute;a gozado el territorio en cuesti&oacute;n, o en su condici&oacute;n ancestral de &ldquo;naci&oacute;n&rdquo;. La fuerza que se otorga en Espa&ntilde;a a la historia como t&iacute;tulo de reivindicaci&oacute;n y legitimidad ha ido en aumento desde 1.978, fecha en la que todav&iacute;a se cre&iacute;a generalmente (&iquest;ingenuamente?) en la raz&oacute;n cr&iacute;tica como norma fundante de la convivencia. O lo cre&iacute;a Garc&iacute;a Pelayo. Basta leer los Estatutos de &uacute;ltima generaci&oacute;n para constatar el &eacute;xito arrollador de las historias y sus derechos anexos como relato de legitimaci&oacute;n de cualquier competencia actual.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que es grande la tentaci&oacute;n de recurrir a la historia y sus creaciones imperecederas (naciones, pueblos, derechos, exenciones, etc.) al mejor estilo de Savigny. Ahora bien, el recurso a las historias, adem&aacute;s de introducirnos en un cenagal ideol&oacute;gico, como seguidamente comentar&eacute;, nos priva de un ejercicio de racionalidad democr&aacute;tica que Espa&ntilde;a deber&iacute;a ser capaz de hacer hoy. Que es el de admitir que la justificaci&oacute;n suficiente para un r&eacute;gimen especial en ciertas regiones lo es sencillamente la voluntad de sus ciudadanos. Si el Pa&iacute;s Vasco y Catalu&ntilde;a son especiales, y pueden por ello poseer un r&eacute;gimen excepcional, es s&oacute;lo porque sus ciudadan&iacute;as mayoritariamente lo piden, porque su realidad pol&iacute;tica actual no es igual que la del resto de regiones. As&iacute; de claro. Invocar la historia y sus creaciones es hablar de fantasmas et&eacute;reos y entrar en el reino de la confusi&oacute;n. Invocar la voluntad pol&iacute;tica concreta es en cambio hablar de raz&oacute;n y l&iacute;mite.
    </p><p class="article-text">
        Lo cual conecta con el c&oacute;mo de la excepci&oacute;n. Nuestra timorata clase pol&iacute;tica prefiere el subterfugio y el compromiso ap&oacute;crifo al pacto p&uacute;blico y democr&aacute;tico, esto es un hecho. Por eso muestra s&iacute;ntomas de encaminarse hacia una excepci&oacute;n que venga establecida en t&eacute;rminos aparentemente inocuos y vagos (por ejemplo, una Disposici&oacute;n Adicional que reconozca que Catalu&ntilde;a &ldquo;es una naci&oacute;n&rdquo;, o que &ldquo;ostenta derechos hist&oacute;ricos .. de los buenos&rdquo;, o algo similar) pero de la cual puedan luego orde&ntilde;arse en legislaci&oacute;n subalterna (opaca) las diferencias relevantes. El problema de esta t&eacute;cnica es que hurta al debate democr&aacute;tico razonable y razonado las decisiones relevantes (&iquest;cu&aacute;ndo y d&oacute;nde se debati&oacute; esa realidad hodierna y aplastante de que los vascos y navarros gocen del doble de financiaci&oacute;n p&uacute;blica?) y, sobre todo, que es confusa e imposible de encerrar en l&iacute;mites previsibles. Pues en la historia (rectius en &ldquo;las historias&rdquo;) est&aacute; todo lo que quiera el presente encontrar en ella, y porque historia tiene todo el mundo, no s&oacute;lo unos pocos territorios. As&iacute; que escaparse por la historia es dejar abierto el problema.
    </p><p class="article-text">
        Con lo que terminamos en el &iquest;a cambio de qu&eacute;?, o lo que es lo mismo, en el punto de partida: si la excepci&oacute;n al r&eacute;gimen com&uacute;n se hace para integrar a Catalu&ntilde;a (para &ldquo;encajarla&rdquo; o &ldquo;acomodarla&rdquo;, como se dice ahora), &iquest;se integrar&aacute; establemente a cambio de ella? &iquest;Y alguien lo garantizar&aacute;? La duda est&aacute; justificada: quienes usan de los derechos hist&oacute;ricos como aval de &ldquo;trato aparte&rdquo; usan tambi&eacute;n siempre, pero siempre, de la cl&aacute;usula de su inagotabilidad (&ldquo;la aceptaci&oacute;n de esto no implica renuncia al todo, sea ese todo el que sea&rdquo;). Ya pas&oacute; con la Adicional 2&ordf; de los nacionalistas vascos que tan amargamente relat&oacute; el profesor Javier Corcuera: se hizo para integrarles y no les integr&oacute;, pero se la quedaron y con ella construyeron una excepci&oacute;n fructuosa; y luego &hellip; exigieron la autodeterminaci&oacute;n. &iexcl;Vaya viaje y vaya alforjas!
    </p><p class="article-text">
        De nuevo la alternativa entre la historia, sem&aacute;nticamente ilimitada y pol&iacute;ticamente no clausurable, y la norma democr&aacute;tica tasada: s&oacute;lo si la excepci&oacute;n se plantea en esta segunda forma es posible exigir a cambio a los nacionalistas, con la misma taxatividad, una declaraci&oacute;n expresa de renuncia a la independencia y un voto a favor de la integraci&oacute;n estable. De otra forma, lo del federalismo con diferencias ser&aacute; s&oacute;lo una nueva estaci&oacute;n intermedia en el camino a la independencia.
    </p><p class="article-text">
        Por todo ello, y porque ya va siendo hora de que los espa&ntilde;oles seamos tratados como personas mayores de edad acreedoras de un debate ilustrado y no de uno evanescente y trucado, es por lo que cabe exigir a los dirigentes que proponen la reforma federal que dejen el amor y empiecen a hablar del sexo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José María Ruiz Soroa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/constitucion-federalismo-nacionalismo-cataluna-euskadi_132_2429992.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Oct 2015 18:22:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Hablamos de amor o hablamos de sexo?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Federalismo,Nacionalismo,Constitución]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El miedo es necesario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/miedo-elecciones-catalanas-antidemocratico-derecho-a-decidir_132_2465037.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Al hilo de las actuales elecciones plebiscitarias catalanas se ha puesto de manifiesto nuevamente en los medios y en la opini&oacute;n la muy curiosa consideraci&oacute;n con la que se tratan las apelaciones o argumentos que alguna de las partes en liza efect&uacute;a con referencia a lo que podr&iacute;amos denominar &ldquo;la realidad&rdquo;. Por ejemplo, en este caso, los argumentos de que una Catalu&ntilde;a independiente saldr&iacute;a de la Uni&oacute;n Europea, o no ser&iacute;a reconocida por ning&uacute;n Estado serio, o experimentar&iacute;a un descenso en su comercio exterior por el efecto frontera. Todo este tipo de argumentos son descalificados de inmediato como &ldquo;el discurso del miedo&rdquo;, pero lo curioso es que son descalificados as&iacute; incluso por aquellos opinadores o espectadores que racionalmente est&aacute;n de acuerdo en que tales ser&iacute;an los efectos de una declaraci&oacute;n unilateral de independencia. No parece sino que argumentar sobre la base de la realidad es de mal gusto y que recordarle al elector que sus decisiones tienen consecuencias, y algunas de ellas pueden ser desastrosas, o simplemente negativas para sus intereses es poco menos que antidemocr&aacute;tico. Al elector, se piensa, habr&iacute;a que atraerle y convencerle con promesas ilusionantes y positivas, nunca asustarle mostr&aacute;ndole que las cosas pueden ir muy a peor en el caso de ciertas elecciones.
    </p><p class="article-text">
        Muchas personas creen a pies juntillas aquello de que &ldquo;la realidad es de derechas&rdquo;, y otros muchos consideran m&aacute;s o menos intuitivamente que el miedo es un sentimiento poco menos que sucio e innombrable en la pol&iacute;tica democr&aacute;tica, de manera que explotar la ilusi&oacute;n de los ciudadanos es tanto como motivarles o tratarles como a seres aut&oacute;nomos, mientras que suscitar o explotar su miedo es tanto como tratarles como esclavos. Eso es por lo menos lo que nos dice la reiterada condena y desprecio por las &ldquo;estrategias del miedo&rdquo; en todas las elecciones contempor&aacute;neas, sean las griegas, las escocesas o las catalanas.
    </p><p class="article-text">
        Es curioso, digo. Y lo digo porque toda sociedad humana moderna, y desde luego las sociedades democr&aacute;ticas en que habitamos, est&aacute;n fundadas sobre el miedo de los individuos mucho m&aacute;s que sobre cualquier otra pasi&oacute;n o sentimiento. El miedo es, por mucho que no nos guste reconocerlo, el cemento que mantiene la cohesi&oacute;n de los sistemas sociopol&iacute;ticos. Para explicarlo filos&oacute;fica o antropol&oacute;gicamente podr&iacute;amos remontarnos a Hobbes, el fil&oacute;sofo pol&iacute;tico m&aacute;s importante en la modernidad (que vino a demostrar algo as&iacute; como que el contrato social es el pacto l&oacute;gico de unos seres aterrados), pero a un nivel m&aacute;s sencillo nos basta con mirar en nuestro derredor y reflexionar por un momento acerca de c&oacute;mo se sostiene el sistema: &iquest;es que acaso los impuestos se pagar&iacute;an si no existieran leyes sancionadoras de la evasi&oacute;n? &iquest;Y qu&eacute; es el Derecho Penal sino un cat&aacute;logo de amenazas para evitar comportamientos peligrosamente asociales? No cumplimos con nuestros deberes sociales por altruismo ni entusiasmo, sino sobre todo porque de otra forma nos castigar&iacute;an. Naturalmente que no es s&oacute;lo por miedo, naturalmente que el ser humano tiende tambi&eacute;n a la colaboraci&oacute;n espont&aacute;nea, pero el miedo es una de las palancas b&aacute;sicas del comportamiento ciudadano. Lo dijo Kant, que nunca se confundi&oacute; al respecto: el hombre tiene una forma de ser social que es altamente insociable, y el miedo a la sanci&oacute;n juega un papel esencial en su motivaci&oacute;n como ciudadano y en la construcci&oacute;n en la historia de sociedades cada vez m&aacute;s correctas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute;, entonces, el miedo tiene tan mala prensa en la actualidad? &iquest;Por qu&eacute; mencionar &ldquo;la realidad&rdquo; como l&iacute;mite a las opciones del elector est&aacute; tan universalmente denostado como un abuso y un sofisma? &iquest;Por qu&eacute; cuando alguien afirma que &ldquo;no hay alternativa&rdquo; en pol&iacute;tica escucha una pitada tan sonora? Porque tales argumentos, si bien en ocasiones forman parte de un discurso a priori conservador, en otros son pura racionalidad aplicada. Pero nadie distingue: suscitar miedo en los electores es poco menos que fascista, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        En mi opini&oacute;n, esa hu&iacute;da del miedo, ese no mencionar nunca las constricciones y contingencias que atenazan la libertad humana, no es m&aacute;s que un s&iacute;ntoma, uno m&aacute;s, de esa progresiva irresponsabilizaci&oacute;n del ciudadano como decisor y elector a que asistimos. Al habitante de nuestras sociedades se le vende como idea seminal la de que es completamente libre para decidir (tiene &ldquo;derecho a decidir&rdquo; antes incluso de saber sobre qu&eacute; va a decidir), que la libertad consiste en la ausencia total de determinaciones externas a su voluntad, que la realidad es moldeable como el chicle (la realidad es lo que definimos como tal, no nos preocupemos m&aacute;s) y que, haga lo que haga, siempre todo se arreglar&aacute; de alguna forma. Decirle que no, que la mayor&iacute;a de las cosas no pueden decidirse por elecci&oacute;n, que lo m&aacute;s importante de su vida le viene dado volis nolis, que en cualquier cambio social (por revolucionario que sea) se conserva mucha m&aacute;s realidad de la que se cambia, infinitamente m&aacute;s (como dec&iacute;a Odo Marquard), decirle esto es de mal gusto e incluso un tanto facha.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, adular al ciudadano como si fuera un decisor con &ldquo;determinaci&oacute;n externa cero&rdquo; es tanto como tratarle como a un ni&ntilde;o. Es infantilizarle. Exactamente igual que en la sociedad de consumo: lo quiero y lo quiero ahora. Cultivar ese discurso, el discurso del no temas las consecuencias, lleva a nuestros sistemas a una sistem&aacute;tica mala elecci&oacute;n por parte de los ciudadanos: se elige al que m&aacute;s y mejor promete, aunque ser&aacute; el primero en empezar a hablar de la realidad cuando le toque gobernar. Ante lo cual, en un bucle sin fin, se le echar&aacute; de ah&iacute; para poner al siguiente ilusionista sin miedo. Es el supermercado pol&iacute;tico para unos consumidores y es el bucle de la ingobernabilidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José María Ruiz Soroa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/miedo-elecciones-catalanas-antidemocratico-derecho-a-decidir_132_2465037.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Sep 2015 17:44:11 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El miedo es necesario]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Elecciones Cataluña,Derecho a decidir]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La externalización del Gobierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/externalizacion-gobierno-poder-ciudadania-democratica-mercados_132_2494873.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El principal problema que aqueja a las democracias occidentales es el de la gobernabilidad, es decir, la capacidad del sistema pol&iacute;tico para tomar decisiones adecuadas y efectivas ante los problemas que se plantean a sus sociedades. M&aacute;s a&uacute;n, su incapacidad para establecer la agenda de cu&aacute;les son esos problemas y cu&aacute;les no, capacidad de agenda que es condici&oacute;n b&aacute;sica de la buena gobernaci&oacute;n. Los mejores te&oacute;ricos de la pol&iacute;tica, desde Rosanvallon a David Estlund o Philip Pettit, subrayan hoy esta p&eacute;rdida de capacidad de los sistemas democr&aacute;ticos para producir decisiones tempor&aacute;neas y efectivas que sean al tiempo colectivamente aceptadas por las sociedades correspondientes. Y la queja aparece tambi&eacute;n en los labios de los actores pol&iacute;ticos: &ldquo;sabemos lo que hay que hacer, pero no sabemos c&oacute;mo conseguir que luego de hacerlo nos reelijan&rdquo;, dec&iacute;a Claude Juncker hace ya meses. O lo que es lo mismo, &ldquo;no hay forma de hacerlo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las causas de esta progresiva p&eacute;rdida de capacidad de gobernaci&oacute;n se sit&uacute;an, seg&uacute;n muchos, en el dato de que la pol&iacute;tica ha perdido progresivamente su conexi&oacute;n con la sabidur&iacute;a, o con el saber experto si prefieren denominarlo as&iacute;. Las decisiones se toman cada vez m&aacute;s acusadamente bajo el dictado de la mera opini&oacute;n vulgar o indocta (eso que Plat&oacute;n denominaba doxa como opuesto a la verdadera sabidur&iacute;a, la epistem&eacute;), lo cual es plenamente congruente con el tipo de democracias de opini&oacute;n o de audiencia en que vivimos, en las que la ciudadan&iacute;a-mediatizada&nbsp; adopta el papel de un espectador teatral que comenta a bote pronto la obra que los pol&iacute;ticos ponen escena como si fuera totalmente ajeno a ella. Vivimos en el reino de la opini&oacute;n, es cierto. Aunque tambi&eacute;n es verdad, como recuerda Nadia Urbinati, que la democracia nunca se ha postulado a s&iacute; misma como un sistema para tomar decisiones que sean correctas o verdaderas, sino como un sistema para lograr que todos puedan participar en su adopci&oacute;n, sean correctas o no. Es decir, que el valor fundante de la democracia es uno&nbsp; estrictamente procedimental, no substantivo, y no existe un criterio heter&oacute;nomo al propio sistema para juzgar la correcci&oacute;n o grado de verdad de las decisiones que adopta.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, y dejando por ahora este interesante tema, lo que s&iacute; es evidente es que el funcionamiento pr&aacute;ctico de la gobernaci&oacute;n est&aacute; siendo negativamente afectado por dos hechos que pueden considerarse estrictamente contempor&aacute;neos: el primero, el de la aceleraci&oacute;n del tiempo pol&iacute;tico en que se producen los hechos y las consiguientes opiniones, una aceleraci&oacute;n con la que los gobiernos intentan denodadamente sincronizarse, fracasando en el intento o no consiguiendo sino generar m&aacute;s ruido opinativo. El segundo, el hecho de que el poder de la ciudadan&iacute;a democr&aacute;tica en nuestras sociedades aceleradas es un poder profundamente impol&iacute;tico, es el poder de impedir o de destruir, no el poder de crear o impulsar. La ciudadan&iacute;a es reactiva: critica y patea la obra a cuya representaci&oacute;n asiste, destituye o no reelige a los representantes cuya actuaci&oacute;n le desagrada o no cumplen con sus expectativas, pero es incapaz de generar y mantener en el tiempo pol&iacute;ticas de gobierno que no caigan en un ca&oacute;tico o cacof&oacute;nico sectorialismo.
    </p><p class="article-text">
        Josep M. Colomer (&ldquo;El gobierno mundial de los expertos&rdquo;, Anagrama, 2.015) apunta, dentro de este panorama un tanto deprimente, un hecho y una interpretaci&oacute;n interesantes:&nbsp; el de que los Estados democr&aacute;ticos, enfrentados a serios problemas de (in)gobernabilidad, est&aacute;n recurriendo de manera progresiva a la t&eacute;cnica de externalizar el proceso de toma de decisiones como forma de escapar a los l&iacute;mites f&eacute;rreos de unas opiniones p&uacute;blicas nacionales aceleras y negativas. Cada vez m&aacute;s, las decisiones importantes no se adoptan ya en el marco nacional en el que la democracia como sistema de control opera, sino que se han deferido o trasladado a &aacute;mbitos de car&aacute;cter internacional o transnacional dentro de los cuales los gobiernos de los Estados se sienten libres de las constricciones del proceso democr&aacute;tico nacional y, sobre todo, pueden presentar las decisiones como heter&oacute;nomas, como algo procedente de un centro de poder por el cual no pueden ser ya hechos responsables por sus opiniones dom&eacute;sticas. &ldquo;Es Europa quien nos lo impone&rdquo;, &ldquo;son los mercados&rdquo;, &ldquo;es el FMI&rdquo;, &ldquo;es el G-7, G-20, &hellip;&rdquo;. La externalizaci&oacute;n permite mantener una gobernaci&oacute;n de otra forma tambaleante.
    </p><p class="article-text">
        La observaci&oacute;n es sin duda emp&iacute;ricamente acertada: hace ya tiempo que, por ejemplo, se ha se&ntilde;alado que las pol&iacute;ticas europeas de largo plazo se originan, discuten e impulsan en &ldquo;comunidades de expertos&rdquo; dentro de la burocracia de la Uni&oacute;n Europea, lejos de los focos de observaci&oacute;n parlamentaria y de los controles internos de los Estados. Y en estas comunidades de expertos participan como un actor m&aacute;s las propias burocracias estatales internas, que consiguen as&iacute; gobernar sus sistemas pol&iacute;ticos &ldquo;desde fuera&rdquo;. Lo que ser&iacute;a muy dif&iacute;cil o casi imposible de gestionar e introducir a trav&eacute;s del parlamento nacional en medio de una opini&oacute;n medi&aacute;tica excitada, se puede tratar en Bruselas en grupos opacos compuestos de bur&oacute;cratas europeos y nacionales a los que se suman expertos y representantes de los intereses afectados. M&aacute;s de un 30% de las pol&iacute;ticas estatales de los Estados europeos tiene este origen, eso da idea de lo avanzado del proceso de externalizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De otra forma, pero respondiendo a la misma l&oacute;gica de fondo, nos encontramos cada vez m&aacute;s con la gobernaci&oacute;n de los sistemas pol&iacute;ticos nacionales adoptada desde grupos o reuniones de jefes de Estado o de gobierno que, lejos de nuevo de los engorrosos e hist&eacute;ricos procedimientos internos, pueden tomar decisiones eficaces y r&aacute;pidas ante problemas que no aguardan. En el fondo, es la l&oacute;gica siempre presente de la conservaci&oacute;n del poder estatal, que busca ahora un escenario en el que sacrifica su visibilidad a cambio de mantener su capacidad de gobernar. Lo que se pierde en apariencia de soberan&iacute;a se conserva en capacidad de direcci&oacute;n. Nunca se recordar&aacute; bastante la idea de que los Estados no son &ldquo;cajas tontas&rdquo; en las que &ldquo;pasan cosas&rdquo;, cosas protagonizadas por actores diversos como las clases, las naciones o los ciudadanos, sino que son los verdaderos protagonistas de la pol&iacute;tica en su proceso constante de conservaci&oacute;n y adaptaci&oacute;n del poder.
    </p><p class="article-text">
        Que esta externalizaci&oacute;n del gobierno a niveles superiores, y que este protagonismo de los expertos en esos niveles, vaya a conducir a un futuro &ldquo;gobierno mundial de los expertos&rdquo; de car&aacute;cter ben&eacute;volo y complaciente &ndash;aunque no democr&aacute;tico en el sentido de no electo-, tal como augura Colomer, es cosa mucho m&aacute;s discutible. El poder nunca ha sido cosa de los expertos, sino de los intereses, por mucho que gusten de disfrazarlos de sabidur&iacute;a. Pero de esto hablamos otro d&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José María Ruiz Soroa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/externalizacion-gobierno-poder-ciudadania-democratica-mercados_132_2494873.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Sep 2015 17:38:19 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La externalización del Gobierno]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Gobierno,FMI - Fondo Monetario Internacional]]></media:keywords>
    </item>
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