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    <title><![CDATA[elDiario.es - Elpidio Silva]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/elpidio_silva/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Elpidio Silva]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Qué es la corrupción?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/corrupcion_129_3400769.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/27025beb-eba3-4d99-ad2d-16aaf447d099_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué es la corrupción?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A nuestra judicatura le falta poder, es decir, independencia, en la batalla jurídica contra los máximos responsables de la actual crisis</p></div><p class="article-text">
        La corrupci&oacute;n es la alteraci&oacute;n m&aacute;s grave y contagiosa que pueden padecer las instituciones. Supone que una persona o varias, de com&uacute;n acuerdo, instrumenten y manejen el sector p&uacute;blico a su antojo, en beneficio propio o ajeno. La misma patolog&iacute;a arrasa a las corporaciones privadas si los gestores las administran imponiendo intereses particulares defraudatorios, frente a los de la sociedad o sus socios. Tambi&eacute;n existen situaciones mixtas, donde lo p&uacute;blico y lo privado se entrecruzan constantemente. Es el caso de las fundaciones como, por ejemplo, las Cajas de Ahorros, pr&aacute;cticamente inexistentes en la actualidad.
    </p><p class="article-text">
        Hasta esta definici&oacute;n se suscita un cierto acuerdo general. Pero, cuando llega el momento de precisar si determinados hechos constituyen pr&aacute;cticas corruptas, donde el com&uacute;n de las personas advierte podredumbre institucional, la interpretaci&oacute;n judicial, sin embargo, suele ser invidente. Por ejemplo, cualquier ciudadano medio se alarmar&iacute;a si en un proceso penal quien ejerce la defensa es un letrado amigo del juez. No obstante, gran parte de la judicatura espa&ntilde;ola no advierte la menor irregularidad en este proceder, salvo que se pruebe la amistad &ldquo;&iacute;ntima&rdquo; entre el abogado y el sentenciador; algo, por cierto, medio imposible de probar. En definitiva, la noci&oacute;n de corrupci&oacute;n impuesta, en muchas ocasiones, no asume lo que la sociedad percibe claramente como indignante.
    </p><p class="article-text">
        La corrupci&oacute;n y su repercusi&oacute;n no suelen preocupar en el d&iacute;a a d&iacute;a del lento quehacer judicial. Nuestros juzgados son adictos al tr&aacute;mite y al volcado mec&aacute;nico de resoluciones, bajo tiempos y formas precisas para adaptarse a los requerimientos del Consejo General del Poder Judicial. Esta fuerte impronta burocr&aacute;tica posterga, e incluso menosprecia, la sana preocupaci&oacute;n por innovar la interpretaci&oacute;n de las normas. La mentalidad jur&iacute;dica cerrada a la evoluci&oacute;n se ajusta a la ley como la dura c&aacute;scara de una tradici&oacute;n m&aacute;s impuesta que razonable. S&oacute;lo as&iacute; puede entenderse la colosal falta de adaptaci&oacute;n a la realidad social de nuestros tribunales, por ejemplo, en el caso de las cl&aacute;usulas suelo o respecto del vencimiento anticipado de deudas hipotecarias. Ning&uacute;n jerarca ha reconocido la menor responsabilidad en diversos errores judiciales notables. Esta ausencia de autocr&iacute;tica por parte de un poder del Estado es incomprensible en democracia, sobre todo cuando millones de personas han tenido que depositar su esperanza en los tribunales internacionales.
    </p><p class="article-text">
        Este d&eacute;ficit cognitivo de nuestra judicatura al fijar el criterio justo se incrementa cuando se trata de definir los l&iacute;mites de la corrupci&oacute;n. Hasta tal punto que para gran parte de la ciudadan&iacute;a el problema ya no es de conocimiento, sino saber qui&eacute;n manda. A nuestra judicatura le falta poder, es decir, independencia, en la batalla jur&iacute;dica contra los m&aacute;ximos responsables de la actual crisis.
    </p><p class="article-text">
        La perversi&oacute;n institucional que est&aacute; saliendo a flote en nuestro pa&iacute;s es terrible e indignante. Una de las claves del desastre reside en la ausencia de respuesta judicial apropiada durante m&aacute;s de 30 a&ntilde;os. A partir de algunas causas penales (casos Blesa o G&uuml;rtel), la ciudadan&iacute;a palp&oacute; que ciertas tramas delictivas, presentes en Cajas de Ahorros y partidos pol&iacute;ticos, resum&iacute;an el origen, naturaleza y alcance de nuestra crisis econ&oacute;mica. En el a&ntilde;o 2011 (15M) la sociedad espa&ntilde;ola inici&oacute; un duro despertar a la realidad. Al abrir los ojos no supo si escandalizarse m&aacute;s ante la corrupci&oacute;n evidente o ante un poder judicial que apenas se inmutaba.
    </p><p class="article-text">
        Se han movilizado variados alegatos falsos para frenar y desprestigiar el trabajo judicial contra esta plaga que vampiriza al sector p&uacute;blico. Los corruptos se han alzado argumentando que se les investiga &ldquo;inquisitivamente&rdquo;; o que se est&aacute;n montando &ldquo;causas generales&rdquo; donde se persigue a la persona sin definir el objeto de la investigaci&oacute;n. Aunque son argumentos infundados, los casos abiertos m&aacute;s relevantes se han triturado y archivado, o se han fragmentado impidiendo que se visualice la &iacute;ndole de nuestra degeneraci&oacute;n sist&eacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, no ha sido dif&iacute;cil detener o ralentizar a una judicatura temerosa, o poco habituada a investigar las tramas criminales complejas del Derecho Penal Econ&oacute;mico. Los esc&aacute;ndalos de hoy han nacido del inmovilismo del pasado, y es poco cre&iacute;ble que pueda iniciarse la regeneraci&oacute;n extrayendo a &uacute;ltima hora cientos de imputaciones penales de la chistera. Una gran mayor&iacute;a social lo piensa: no s&oacute;lo es corrupto quien ha expoliado, sino tambi&eacute;n quien lo ha permitido mirando hacia otro lado. Sin esta par&aacute;lisis institucional el nivel de podredumbre no hubiera alcanzado cotas tan alarmantes, ni nos ver&iacute;amos como el reino de la impunidad. El Derecho llega tarde para ser el principal definidor de la corrupci&oacute;n, m&aacute;xime en un Estado que carece de justicia independiente.
    </p><p class="article-text">
        La corrupci&oacute;n es una noci&oacute;n social previa al Derecho. La sociedad espa&ntilde;ola ha ido aceptando, no sin espanto, que comprende el problema mejor que muchos jueces y fiscales. Ya no soportamos los comentarios de altos cargos defendiendo su independencia de criterio, cuando en realidad son t&iacute;teres de los intereses pol&iacute;ticos que les han colocado en el cargo. La corrupci&oacute;n pervierte hasta la m&eacute;dula la finalidad de las Administraciones P&uacute;blicas. Sus modalidades delictivas (prevaricaci&oacute;n, cohecho, malversaci&oacute;n o apropiaci&oacute;n indebida, entre otras) hacen peligrar los cimientos de las Instituciones. El Estado moderno naci&oacute; precisamente para superar esta patrimonializaci&oacute;n del poder, vertebradora del vasallaje feudal. En esta sismolog&iacute;a se crispa una sociedad que rechaza la forma con la que el poder establecido define, d&oacute;cilmente, el alcance y naturaleza de la criminalidad que nos ha arruinado.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro actual r&eacute;gimen pol&iacute;tico, muy escasamente democr&aacute;tico, naci&oacute; subordinado a las familias que hoy siguen manej&aacute;ndolo a su antojo, con irrelevantes variaciones desde hace casi 80 a&ntilde;os. De este modo, la democracia cede frente a los intereses de aquellos para quienes lo p&uacute;blico es un f&eacute;rtil territorio de impunidad y codicia patrimonial. Es dif&iacute;cil en tales circunstancias tender hacia un sistema efectivo de libertades, armonizado por la igualdad de derechos y oportunidades. No existe Estado de Derecho sin poder judicial independiente. Por estas carencias estamos alcanzando en Espa&ntilde;a un nivel de alarma pr&oacute;ximo a la ruptura del pacto social originario, fundamento de toda organizaci&oacute;n pol&iacute;tica. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la etimolog&iacute;a del verbo &ldquo;corromper&rdquo; yace la referencia a s&iacute;ndromes profundamente da&ntilde;inos, rectores de una descomposici&oacute;n global. Las Instituciones, sin ese arraigo y coherencia social cuyo prestigio en lo p&uacute;blico se llama legitimidad, son pasto de los corruptos como los &aacute;rboles muertos para las termitas. A lo largo de los a&ntilde;os s&oacute;lo queda la fina pel&iacute;cula de maquillaje que apenas disimula la profunda descomposici&oacute;n interna.
    </p><p class="article-text">
        Por este motivo, precisamente, hay que elaborar estrategias para combatirlos mediante gu&iacute;as contrapuestas. A estas alturas, la reacci&oacute;n penal tiene poco remedio ante hechos criminalizados a nivel general. Ser&aacute; muy dif&iacute;cil resucitar a las Cajas de Ahorros, que la gente recupere la confianza en la clase pol&iacute;tica, o decomisar el fruto del expolio. Llegamos muy tarde. Hemos ignorado durante decenas de a&ntilde;os que la corrupci&oacute;n se erradica principalmente mediante prevenci&oacute;n; es decir, anticip&aacute;ndose a sus consecuencias irreparables.
    </p><p class="article-text">
        Como contrapeso a un proceder delictivo de manual, deben forjarse protocolos de alertas en manos de supervisi&oacute;n antifraude bien dotada. No existe otro modo de encarar esta epidemia institucional. Pero, sobre todo, de ninguna otra forma la ciudadan&iacute;a creer&aacute; que quienes encabezan las Instituciones tienen la voluntad de regenerarlas. Este acuerdo entre lo social y lo jur&iacute;dico quiz&aacute; sea imposible en el &aacute;mbito penal hoy en d&iacute;a. Al fin y al cabo, nuestra justicia ni siquiera pas&oacute; por la transici&oacute;n pol&iacute;tica de 1978. Pero, al menos, se podr&iacute;a comenzar el acercamiento en el campo de la prevenci&oacute;n. Urge detener la creciente deslegitimaci&oacute;n de quienes, estando obligados, no han perseguido con eficacia a esta clase de criminales denominados corruptos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elpidio Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/corrupcion_129_3400769.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 May 2017 18:24:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Corrupción,Poder Judicial,Elpidio José Silva,Independencia judicial]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Qué vergüenza y ¡viva España!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/viviendo-espana_132_2467286.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Ante tanta política disparatada, el autor se pregunta: ¿cabría refundar un Estado armónico para todas las naciones, países y territorios que integran España?</p></div><p class="article-text">
        Querida lectora, resido en Catalu&ntilde;a, nac&iacute; en Granada; y mi esposa es catalana, con igual ascendencia desde la noche de los tiempos. Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s donde la pertenencia originaria al mismo se articula de muy diversas formas. Existen quienes se sienten espa&ntilde;olas mir&aacute;ndose en su tierra. Es el caso de muchas andaluzas o canarias. Otras espa&ntilde;olas, como las asturianas, castellanas o aragonesas, en su tierra son medularmente Espa&ntilde;a. Al mismo tiempo, abundantes vascas o catalanas viven su hispanidad soportando a Espa&ntilde;a. Trat&aacute;ndose de nuestro pa&iacute;s, actualmente la nave carece de rumbo propio, y casi nadie encuentra acomodo satisfactorio. Otras personas no encontramos m&aacute;s pertenencia que a Espa&ntilde;a, sin pasar por el filtro de otra nacionalidad o territorio. Soy espa&ntilde;ol, mal que en ocasiones me pese o averg&uuml;ence.
    </p><p class="article-text">
        Durante los a&ntilde;os 50, 60 y 70, Catalu&ntilde;a pas&oacute; a ser la <em>tierra prometida</em> de cientos de miles de andaluzas. Desde el inicio de este per&iacute;odo fueron denominadas <em>xarnegos</em>, palabra cuyo origen en lengua espa&ntilde;ola &ndash;<em>lucharniego</em>&ndash; se refiere a los perros de caza nocturna. Al principio migraron desde lo m&aacute;s oscuro de nuestra postguerra civil, y hallaron en Catalu&ntilde;a donde trabajar para sobrevivir. En el a&ntilde;o 1974, un conocido pol&iacute;tico catal&aacute;n &ndash;probablemente corrupto&ndash; se refiri&oacute; a ellas como <em>desarraigados, miserables, destruidos, hambrientos, an&aacute;rquicos e inmaduros; un peligro para Catalu&ntilde;a</em> &iquest;Por qu&eacute; la descendencia de este inusitado &eacute;xodo andaluz engrosa hoy, en apreciable medida, las filas del secesionismo catal&aacute;n? Hablo de gentes cuya familia abandon&oacute; el pueblo, la casa o las cuevas diseminadas por la pobreza andaluza. Hab&iacute;an dejado atr&aacute;s una tierra de la que puedes marcharte por necesidad, como de cualquier otra, pero que es dif&iacute;cil de olvidar. Sin embargo, hoy parte de esa descendencia quiere separarse de Espa&ntilde;a viviendo en una Catalu&ntilde;a independiente. &iquest;Cu&aacute;l es la explicaci&oacute;n de algo as&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        Un sector de la catalanidad de estirpe andaluza rechaza que su origen les nacionalice. &iquest;Podemos comprender esta escisi&oacute;n? Cuando estas espa&ntilde;olas pasaban unos d&iacute;as de visita o descanso en sus lugares de proveniencia, comenzar&iacute;an a experimentar y darse cuenta del inmovilismo de poblaciones resignadas a la detenci&oacute;n del tiempo. Pero, cuando se trataba de su descendencia, la experiencia, por insoportable, comenz&oacute; a fraguar el alma que se aparta de una tierra quemada, incapaz de reaccionar, perteneciente a Espa&ntilde;a. Sin embargo, &iquest;c&oacute;mo se explica que la catalanidad de estirpe originaria aceptara en sus filas a estas gentes provenientes de la Andaluc&iacute;a m&aacute;s precaria? &iquest;No existir&aacute; un canal de transferencia com&uacute;n, capaz de rendir cuenta de este lamentable proceso hist&oacute;rico? Sin duda, porque a estas andaluzas avergonzaba Espa&ntilde;a, mir&aacute;ndose en su espejo de origen, Andaluc&iacute;a. Y a muchas catalanas averg&uuml;enza Espa&ntilde;a mientras la padecen; no necesitan un espejo, porque la vivencia era y es m&aacute;s motora y flagrante, consciente e irresistible.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, no es dif&iacute;cil compartir esta turbaci&oacute;n. Much&iacute;simas personas nos avergonzamos de nuestro pa&iacute;s, de un territorio peninsular privilegiado donde los haya, en el que, sin embargo, organizaciones pol&iacute;ticas sucesivas han dado al traste con las mejores ocasiones que nos ha brindado la historia. No alcanzamos a comprender c&oacute;mo es posible que hayan masacrado nuestras instituciones y al Estado espa&ntilde;ol, convirti&eacute;ndolo en el faro de la peor ejemplaridad que uno pueda imaginarse dentro del marco europeo democr&aacute;tico. Quien teniendo poco no avanza provoca tristeza. Pero quien, gozando de las mejores oportunidades concebibles, las pisotea o desperdicia, se transforma en causa de rechazo e indignaci&oacute;n. No es nada f&aacute;cil explicar a un juez franc&eacute;s o brit&aacute;nico la forma en que <em>se controla</em> a la judicatura espa&ntilde;ola, con &ldquo;<em>el palo y la zanahoria</em>&rdquo;, seg&uacute;n la expresi&oacute;n del actual Presidente del Tribunal Supremo espa&ntilde;ol. Trabajadoras despedidas, ancianas abandonadas, estudiantes decepcionadas o sin medios para proseguir en la Universidad; millones de inversoras arruinadas o estafadas; el vapuleo diario, imparable y alarmante de noticias relacionadas con una corrupci&oacute;n que galopa por los fueros de su impunidad; instituciones locales, provinciales y estatales varadas en el denso fango del abuso, la ineficacia y la estolidez; millones de personas desahuciadas, a quien se les prest&oacute; dinero de forma desproporcionada, cuando no delincuencial; una Hacienda que no es P&uacute;blica, porque se ceba en las de siempre, las clases medias, que van enflaqueciendo como los galgos abandonados, en la noche de un pa&iacute;s sin rumbo de enmienda o de Justicia&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Este chapapote negro dimana de la oscuridad educativa, pol&iacute;tica y organizacional que viene martirizando secularmente a nuestra patria. Del mismo pozo proven&iacute;an las m&aacute;s de 800.000 andaluzas que, durante unos treinta a&ntilde;os de r&eacute;gimen franquista, fueron instal&aacute;ndose en lo que lleg&oacute; a denominarse el <em>oasis catal&aacute;n</em>. Sin embargo, el azote de la crisis ha eliminado cualquier refugio. Ya no existe tregua en Espa&ntilde;a. Adonde vayas encontrar&aacute;s la clave: corrupci&oacute;n y m&aacute;s corrupci&oacute;n. En esta tesitura hist&oacute;rica, gran parte de Catalu&ntilde;a &ndash;un pa&iacute;s estrictamente quebrado por la crisis&ndash; apuesta por marcharse. Saben que quiz&aacute; sea imposible, pero la desesperaci&oacute;n, en circunstancias tan dram&aacute;ticas, no deja ver los riesgos. Forma parte de nuestro ADN milenario. La protesta hispana suele revestirse de insurrecci&oacute;n separatista: <em>Ante el desolador Estado hispano, no parece que la nave tenga arreglo. Lo mejor es marcharse. </em>
    </p><p class="article-text">
        La derecha espa&ntilde;ola defiende, por encima de todo, la Unidad de Espa&ntilde;a. Al menos as&iacute; se pronuncia machaconamente. Es verdad que, a veces, en la deformaci&oacute;n de los afectos at&aacute;vicos, quien m&aacute;s te quiere m&aacute;s te maltrata. De cualquier modo, la derecha, acostumbrada a manejar nuestro pa&iacute;s a su antojo durante cientos de a&ntilde;os, conoce muy bien la forja hispana, los embates que puede soportar la formidable estructura de la nave, pese a las embestidas que padezca. Nadie como el capit&aacute;n advierte hasta qu&eacute; extremo proceloso cabe forzar su barco. Igualmente nadie sabe m&aacute;s sobre estas maniobras de riesgo que la derecha mandante. Hablo de un conocimiento arquet&iacute;pico, inconsciente, del que usualmente carecen las izquierdas, pues, al fin y al cabo, han mandado efectivamente poco &ndash;o realmente nunca&ndash; en Espa&ntilde;a. Las debilidades y errores del socialismo se deben, en parte, a esa falta de noci&oacute;n b&aacute;sica y forjadora del pa&iacute;s. La grandeza de un Estado le permite amalgamar, sin sufrir apenas fisuras, a los pueblos y circunstancias m&aacute;s diferentes y encontradas, y de esto pueden dar lecciones los Estados Unidos de Am&eacute;rica, pero mucho m&aacute;s Espa&ntilde;a. La Hispanidad se vivencia surcando el ser asturiano, castellano, aragon&eacute;s o navarro; catal&aacute;n, vasco, andaluz o gallego; balear o valenciano; c&aacute;ntabro, extreme&ntilde;o, murciano o canario, o de la Rioja, Ceuta o Melilla. Todo cabe o se amasa &ndash;aunque casi nunca se armoniza&ndash; en nuestro pa&iacute;s. Son formas muy diferentes de vivir en la nave donde nos rige el Estado. La Hispanidad, adem&aacute;s, es tan expansiva que no necesita ninguna <em>Commonwealth</em>, para que al otro lado del Atl&aacute;ntico millones de personas hablen de la <em>madre patria</em>; ni tampoco una pol&iacute;tica seria sobre el idioma espa&ntilde;ol, para que sea el segundo m&aacute;s hablado en Estados Unidos y globalmente en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, hoy concurren circunstancias especiales que merecen rese&ntilde;arse. En nuestro actual cuadril&aacute;tero partidista &ndash;PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos&ndash;, Catalu&ntilde;a se ha desmarcado mediante grupos pol&iacute;ticos hegem&oacute;nicos diferentes. &nbsp;&nbsp;&nbsp;Es decir, probablemente Esquerra Republicana, Converg&egrave;ncia Dermocr&agrave;tica y Candidatura de Unidad Popular consigan triangular una mayor&iacute;a absoluta en el Parlamento catal&aacute;n resultante de las pr&oacute;ximas elecciones, convocadas para el 27 de septiembre. Estos tres partidos, frente al cuadril&aacute;tero dominante en el resto del Estado, pretenden declarar la independencia de Catalu&ntilde;a. Sus votantes no ven otra salida que abandonar el Estado espa&ntilde;ol. As&iacute;, sin m&aacute;s, mediante una declaraci&oacute;n anclada en el pretendido car&aacute;cter plebiscitario de tal cita electoral. Para la derecha esto supone algo as&iacute; como fortificar una mansi&oacute;n con dos perros caniches. No habr&aacute; ninguna independencia, porque tal pretensi&oacute;n es ilegal; y, adem&aacute;s, caso de insumisi&oacute;n fiscal, la Agencia Tributaria machacar&iacute;a el proceso barriendo el patrimonio de las catalanas. El imperturbable semblante de Rajoy refleja su conocimiento seguro de que no hay quien rompa Espa&ntilde;a. &Eacute;l lo sabe perfectamente, pues, como pocos, representa el alma de la derecha hist&oacute;rica, la esfinge sacra del poder y el inmovilismo de pantallazo. Al margen de las cr&iacute;ticas que, desde luego, cabe formular contra los Gobiernos que nos han regido desde la llamada transici&oacute;n pol&iacute;tica, apenas cuatro a&ntilde;os de Mariano Rajoy han bastado para generar una desmoralizaci&oacute;n ciudadana y un erial institucional quiz&aacute; sin precedentes. Por primera vez, gran parte de la ciudadan&iacute;a es muy consciente de ello, y se averg&uuml;enza de la calamitosa imagen que ofrece nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La verg&uuml;enza es un sentimiento h&uacute;medo y turbador. Irrita. Paraliza. Cala muy hondo, y no suele encontrar respuesta interna, fuga o soluci&oacute;n. Al avergonzarte profundamente, firmas una especie de finiquito con la realidad. Como el asunto no tiene arreglo, s&oacute;lo resta avergonzarse. Pero la mayor&iacute;a de las catalanas no est&aacute;n dispuestas a soportar condiciones de convivencia inaceptables. Probablemente el 27 de septiembre se suban a una esperanza que les han pintado como <em>independencia</em>. Ha sucedido varias veces a lo largo de nuestra historia. Pero, para esta clase de episodios, Espa&ntilde;a es la misma nave de siempre y su estructura est&aacute; especialmente dotada. Su quilla, roda y cuadernas han probado reiteradamente que, llegado el momento, el Estado espa&ntilde;ol dispone de herramientas y personas motivadas para resistir cualquier inclemencia. Creo que no hace falta concretar el espect&aacute;culo doloroso que puede llegar a <em>organizarse</em>. Esto s&iacute; que es un asunto de Estado, porque su desenlace nos ata&ntilde;e a todas y a todos los espa&ntilde;oles.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Suceder&aacute; lo de siempre? &iquest;Cabr&iacute;a, por el contrario, refundar un Estado arm&oacute;nico para todas las naciones, pa&iacute;ses y territorios que integran Espa&ntilde;a? &iquest;Podemos?
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elpidio Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/viviendo-espana_132_2467286.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Sep 2015 18:38:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Qué vergüenza y ¡viva España!]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cataluña,Elecciones Cataluña 27S 2015]]></media:keywords>
    </item>
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