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    <title><![CDATA[elDiario.es - Pablo García-Inés]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/pablo_garcia-ines/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Pablo García-Inés]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Un nuevo reto para la tierra del realismo mágico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/nuevo-reto-tierra-realismo-magico_1_3798623.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1c45e3bd-a7a0-4b74-96ec-6bff2ff3f8c1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Decepción y esperanza mundial por sorpresivo no al acuerdo de paz en Colombia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hablamos con víctimas, guerrilleros y militares tras el rechazo del acuerdo de paz por parte del 50,2% de los colombianos que acudieron a las urnas</p><p class="subtitle">“Sentí tristeza de que las ciudades apoyen la guerra sin saber lo que implica para sus víctimas", dice Samy, guerrillera de las FARC</p><p class="subtitle">“Voté no y estoy feliz porque ganó. Queremos justicia, pero justicia de verdad, justicia sin chantajes”, dice Mery, joven madre habitante de Cali</p></div><p class="article-text">
        Todo estaba listo para la celebraci&oacute;n. Blad hab&iacute;a comprado un ron del bueno, del que sabe a Caribe, libertad y madera, como le gusta decir. Despu&eacute;s de 16 a&ntilde;os en el exilio europeo, por fin sent&iacute;a pr&oacute;xima la vuelta a casa, al pa&iacute;s que tanto quiso y que tanto siempre le doli&oacute;. La guerra es bien berraca y amargada dice, as&iacute; que piensa festejar la paz con la m&aacute;s grande de las sonrisas. Y disfrutar del sabor. En los funerales de tantos amigos que le rob&oacute; el conflicto, el ron siempre supo a fracaso, a plomo, a beber para olvidar.
    </p><p class="article-text">
        Las encuestas a pie de urna adelantaban la victoria del &ldquo;s&iacute;&rdquo;, un &ldquo;s&iacute;&rdquo; dado por hecho, casi asumido. Pero Blad sabe de esperanza rota y cicatrices, sabe que Colombia es pa&iacute;s de vuelcos y contrastes, y que la guerra es capaz de resurgir mil veces de las cenizas que ella misma crea. Por eso la botella no se toca hasta el fin del escrutinio. Hasta que llega la sorpresa.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;no&rdquo; se impone por la m&iacute;nima y el &ldquo;no&rdquo; le duele como una pu&ntilde;alada en el alma. M&aacute;s que el calabozo, las torturas, el exilio, la huida y la distancia, cuenta, con las pocas l&aacute;grimas que a&uacute;n le quedan por llorar. &ldquo;Empezaron a circular mensajes desoladores entre nosotros, record&aacute;ndonos de golpe lo que de verdad &eacute;ramos: exiliados que a&ntilde;oran su hogar. Los an&aacute;lisis ya vendr&aacute;n, ahora toca recomponer la esperanza con nuestros pedazos, y ponerse a trabajar de nuevo por la paz y la justicia social&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al otro lado del charco, en Pasto, Nari&ntilde;o, la familia de Blad prepara las arepas y bebidas con las que celebrar el &ldquo;s&iacute;&rdquo;. Quieren hacer una gran fiesta y salir con las motos y banderas blancas a pitar y gritar de alegr&iacute;a. Pero lo primero que tienen pensado hacer, cuentan, es llamar a Europa para decirle a Blad: &ldquo;Lo logramos. El exilio ha terminado. Te esperamos con los brazos abiertos, puedes volver a tu hogar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y all&iacute;, tambi&eacute;n, la sorpresa. La victoria del &ldquo;no&rdquo; cae como un jarro de agua fr&iacute;a sobre el &aacute;nimo festivo de los reunidos. Lo que iba a ser un gran festejo se convierte en un velorio, y todos sienten que la distancia crece de golpe y se aleja en el tiempo el d&iacute;a de abrazar a Blad. &ldquo;Ha sido devastador&rdquo;, reconoce Estephany, su sobrina. &ldquo;Creo que no solo para nosotros sino para todas las familias que esperan de vuelta a sus seres queridos. Sin embargo no hemos perdido la esperanza, este suceso ratifica nuestro compromiso para seguir luchando por la paz y por el derecho a traer a nuestra familia de vuelta al hogar del que nunca debieron tener que salir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero no para todos el refer&eacute;ndum supo a derrota. El 50,2% de los colombianos que rechazaron el Acuerdo en las urnas s&iacute; ten&iacute;an razones para celebrar. La victoria del &ldquo;no&rdquo; fue la victoria de un &ldquo;no&rdquo; silencioso, que se impuso en las zonas menos castigadas por la guerra. Liderados por el expresidente Uribe y enfrent&aacute;ndose a la postura oficialista y a la comunidad internacional, han logrado un &eacute;xito tan ajustado como inesperado.
    </p><p class="article-text">
        La ausencia de penas de c&aacute;rcel para los comandantes de las FARC, el coste econ&oacute;mico de la reintegraci&oacute;n de los guerrilleros o incluso el voto de castigo a la gesti&oacute;n de Santos fueron algunos de los argumentos de fuerza de los partidarios del &ldquo;no&rdquo;. A esto hay que sumar la elevada abstenci&oacute;n (62,57%) y cientos de bulos sobre el Acuerdo, difundidos durante a&ntilde;os con m&aacute;s malicia que rigor, que han ido dejando profunda huella en el subconsciente colectivo.
    </p><p class="article-text">
        Mery, joven madre habitante de Cali, comparte con eldiario.es las razones de su voto en contra: &ldquo;Vot&eacute; no y estoy feliz porque gan&oacute; el &rdquo;no&ldquo;. Queremos justicia, pero justicia de verdad, justicia sin chantajes&rdquo;, asegura, convencida de que el rechazo del Acuerdo es un gran paso para el progreso de Colombia y para la paz.
    </p><p class="article-text">
        El recibimiento de la noticia entre las partes combatientes fue tambi&eacute;n, por lo general, de sorpresa e incertidumbre. Un militar en activo, con a&ntilde;os de experiencia en la lucha contra la guerrilla nos cuenta bajo condici&oacute;n de anonimato: -Los militares seguimos y seguiremos creyendo firmemente en la paz. A muchos de mis compa&ntilde;eros les ha dolido la victoria del &ldquo;no&rdquo;, como es mi caso. Colombia est&aacute; cansada de la guerra, y yo tambien los estoy, aunque est&eacute; entrenado para ella-.
    </p><p class="article-text">
        En las filas de las FARC la victoria del &ldquo;no&rdquo; se vivi&oacute; como un duro golpe despu&eacute;s de a&ntilde;os de trabajo en el acuerdo. Samy, guerrillera del Bloque Efra&iacute;n Guzm&aacute;n, vivi&oacute; el escrutinio desde la Habana, rodeada por sus compa&ntilde;eros de armas y algunos periodistas invitados. &ldquo;Sent&iacute; mucha tristeza de que las grandes ciudades hayan apoyado la guerra sin saber lo que ello implica para la gente que la sufre. Pero vamos a seguir luchando con la palabra para que se implemente por fin la paz&rdquo;, contesta. Y despu&eacute;s remite a las palabras del comandante Timole&oacute;n Jim&eacute;nez tras el refer&eacute;ndum, jefe m&aacute;ximo de las FARC: &ldquo;La paz ha venido para quedarse. Los frentes guerrilleros seguir&aacute;n en cese al fuego bilateral y definitivo. La paz es un derecho y un deber constitucional que debe prevalecer por encima del odio y la violencia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En medio de tantas opiniones encontradas, hay una pregunta com&uacute;n en la que todos los colombianos coinciden: &iquest;Y ahora qu&eacute;? &iquest;Volvemos a la guerra? Y de momento nadie sabe muy bien qu&eacute; responder. Tanto las FARC como el Gobierno han dejado clara su intenci&oacute;n de mantener el alto al fuego bilateral, y buscar soluciones a corto plazo. La sensaci&oacute;n general es que el &ldquo;s&iacute;&rdquo; parec&iacute;a tan evidente que tal vez nadie pens&oacute; demasiado en otra opci&oacute;n, en un plan B. Se habla de asamblea constituyente, de renegociaci&oacute;n, de la vuelta a la guerra, del regreso de Uribe. A todos los niveles, parece que reina la incertidumbre.
    </p><p class="article-text">
        Un &ldquo;no&rdquo; pol&eacute;mico que marcar&aacute; la historia. Un gran mazazo a la paz para unos, el fin de un chantaje para otros, y para todos, una gran incertidumbre. Un nuevo reto en la tierra del realismo m&aacute;gico, donde la realidad parece echar m&aacute;s sal en la herida y sigue sin brotar la magia que la consiga cerrar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo García-Inés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/nuevo-reto-tierra-realismo-magico_1_3798623.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Oct 2016 21:42:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Colombia,FARC - Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Colombia afronta ahora el reto de la reinserción de los guerrilleros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/reto-reinsercion_1_3851801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8cc266d4-fe26-4fe4-a020-d4417b07e92c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Colombia afronta ahora el reto de la reinserción de los guerrilleros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los negociadores tienen muy presente el fracaso a largo plazo de la reinserción guerrillera en Guatemala y El Salvador</p><p class="subtitle">Las dudas sobre la posibilidad de alcanzar la paz en el país después de 52 años de guerra reavivan el debate sobre la reinserción social de los guerrilleros</p><p class="subtitle">"Los soldados son nuestros hermanos, ni a ellos ni a nosotros nos gusta la guerra. Todos tenemos que aprender a perdonar" afirma Lizet, guerrillera</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Que qu&eacute; har&eacute; cuando dejemos las armas? Lo primero que quiero es conocer el mar&rdquo;, afirma Lizet, guerrillera del frente 48 de las FARC. Su historia es muy similar a la de muchos de sus compa&ntilde;eros. Su familia fue asesinada ante sus ojos por los paramilitares, y al d&iacute;a siguiente, con tan solo 11 a&ntilde;os, se uni&oacute; a una columna guerrillera. Hoy, a sus 18, ve con esperanza e ilusi&oacute;n la firma de los acuerdos de la Habana y hace planes para un futuro en paz.
    </p><p class="article-text">
        Ella es uno de los 17.500 combatientes de las FARC, (7.500 guerrilleros y 10.000 milicianos colaboradores, seg&uacute;n las estimaciones oficiales m&aacute;s altas) que tendr&aacute;n que integrarse en la vida civil una vez se entreguen las armas. Implementar un plan eficaz de reinserci&oacute;n social ser&aacute; tal vez el mayor reto para el gobierno colombiano una vez firmado el acuerdo de paz.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tras la firma de la paz, empieza el trabajo duro de verdad&rdquo;, sostiene la joven guerrillera. Lizet sorprende por su madurez, pese a su juventud. Sabe de los golpes de la vida y asume que, pese a la firma del tratado, a&uacute;n queda un largo recorrido antes de cumplir su sue&ntilde;o y conocer el mar.
    </p><p class="article-text">
        El primer paso ser&aacute; marchar junto con su columna guerrillera a alguna de las 23 zonas veredales y 8 campamentos, distribuidos por todo el pa&iacute;s y acordados por el gobierno y las FARC. Hasta all&iacute; tambi&eacute;n se desplazar&aacute;n los guerrilleros presos en c&aacute;rceles colombianas que acepten la amnist&iacute;a y las condiciones del acuerdo de paz. Lizet y sus compa&ntilde;eros podr&aacute;n portar sus fusiles personales hasta que el acuerdo sea rubricado en las urnas. La decisi&oacute;n final la tomar&aacute;n los colombianos en el plebiscito que se celebrar&aacute; el 2 de octubre.
    </p><p class="article-text">
        Ser&aacute; all&iacute;, en esas &aacute;reas de concentraci&oacute;n guerrillera, donde empezar&aacute;n las primeras labores de reinserci&oacute;n social, sobre todo en el &aacute;mbito pedag&oacute;gico. Los comandantes guerrilleros instruir&aacute;n a la tropa sobre las implicaciones del acuerdo firmado y los pasos a seguir para el desarme definitivo. Una vez rubricado el acuerdo en el refer&eacute;ndum &ndash; en caso de que el &ldquo;s&iacute;&rdquo; triunfe&ndash;, los guerrilleros entregar&aacute;n progresivamente las armas, dando as&iacute; el paso definitivo hacia la vida civil.
    </p><h3 class="article-text">El coste de la paz</h3><p class="article-text">
        Lizet tiene muy claro su futuro ideal: &ldquo;En la selva he aprendido muchas cosas, pero sobre todo a luchar para defender a mi pa&iacute;s. Eso es lo que me gustar&iacute;a hacer cuando llegue la paz. Formar parte del futuro Ej&eacute;rcito de Colombia que defienda al pa&iacute;s y a todos los colombianos&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        Otros guerrilleros, en cambio, sue&ntilde;an con una vida alejada de las armas. Los hay que quieren ser profesores, mec&aacute;nicos o futbolistas. Otros, desean volver a sus ra&iacute;ces. Entre gran parte de los miembros de las FARC, cuyo origen es mayoritariamente campesino, existe la idea com&uacute;n de comprar unas tierritas, una chacra que les permita cultivar, formar una familia y vivir en paz.
    </p><p class="article-text">
        Para facilitar la integraci&oacute;n, los guerrilleros tendr&aacute;n algunas subvenciones econ&oacute;micas que podr&aacute;n destinar a comprar una vivienda, emprender peque&ntilde;os negocios o mantenerse mientras se integran en alguno de los planes creados por el gobierno espec&iacute;ficamente para su reinserci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Estas subvenciones han sido uno de los principales argumentos utilizados por los opositores a las negociaciones, liderados por el expresidente &Aacute;lvaro Uribe. Critican el elevado gasto econ&oacute;mico y los privilegios otorgados a los guerrilleros frente al resto de la poblaci&oacute;n. Ante estos argumentos, Roy Barreras, miembro del equipo negociador del gobierno, defend&iacute;a la medida adoptada: &ldquo;La guerra es mucho m&aacute;s costosa que la paz&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">El riesgo de la falta de reinserci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Los negociadores consideran estas subvenciones un pilar central de la reinserci&oacute;n porque tanto ellos como los asesores externos del proceso saben bien cu&aacute;les son los peligros de que, tras la entrega de armas, se abandone a su suerte y en un entorno hostil a miles de exguerrilleros con instrucci&oacute;n militar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Corremos el riesgo de met&aacute;stasis de la violencia en las ciudades&rdquo;, afirmaba Humberto de la Calle, jefe negociador del gobierno colombiano. En la mente de todos los negociadores est&aacute; presente el fracaso a largo plazo de la reinserci&oacute;n guerrillera en Guatemala y El Salvador, para muchos origen de gran parte de los problemas que han convertido la regi&oacute;n en uno de los lugares m&aacute;s violentos e inseguros del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Los futuros exguerrilleros necesitan trabajo para minimizar el peligro de que caigan en la delincuencia, la marginalidad o se reintegren en otros grupos armados. Pero el plano laboral es, pese a su relevancia, s&oacute;lo una de las batallas a librar en su reinserci&oacute;n en la vida civil.
    </p><p class="article-text">
        Los expertos en resoluci&oacute;n de conflictos alertan sobre la importancia del seguimiento psicol&oacute;gico de los desmovilizados. Tras una vida de guerra y sufrimiento, han vivido marcados por un clima de violencia en el que matar o morir era una filosof&iacute;a clave en su vida. Muchos de ellos han sufrido fuertes traumas previos al ingreso en la vida guerrillera, que tambi&eacute;n son necesario tratar.
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                </figure><p class="article-text">
        Es el caso de Lizet, que vio c&oacute;mo los paramilitares asesinaban a su familia y perdi&oacute; despu&eacute;s a su hermano, tambi&eacute;n guerrillero, en un combate con el Ej&eacute;rcito en el que ella sobrevivi&oacute;. &ldquo;Los soldados son nuestros hermanos, ni a ellos ni a nosotros nos gusta la guerra. Todos tenemos que aprender a perdonar&rdquo; afirma.
    </p><p class="article-text">
        Sorprende su alegr&iacute;a contagiosa y su sonrisa permanente pese a haber pasado toda su adolescencia librando una guerra que triplica su edad. No ser&aacute;n suficientes sus ganas. Como muchos otros guerrilleros, necesitar&aacute; ayuda de especialistas para enfrentarse a un mundo que desconoce por completo y adaptarse emocionalmente a los fuertes cambios que est&aacute;n por llegar.
    </p><h3 class="article-text">Combatir la polarizaci&oacute;n social</h3><p class="article-text">
        Para el psic&oacute;logo y fil&oacute;sofo Juan David Villa, la atenci&oacute;n psicol&oacute;gica es clave, especialmente para que muchos excombatientes reconstruyan su proyecto de vida, pero cree que hay restos a&uacute;n m&aacute;s importantes. &ldquo;Pienso que el principal problema en Colombia ahora es la polarizaci&oacute;n de la sociedad, a partir de una l&oacute;gica psicosocial, que durante muchos a&ntilde;os identific&oacute; a un enemigo &uacute;nico hacia el que ha movilizado emociones de ira y odio. Se ha construido as&iacute; una narrativa del conflicto que imposibilita los matices y ubica a los guerrilleros &uacute;nicamente como delincuentes, narcotraficantes y terroristas&rdquo;, cuenta el experto a eldiario.es.
    </p><p class="article-text">
        Villa cita al psic&oacute;logo israel&iacute; Daniel Bar-Tal para identificar estas creencias y emociones que se instalan en la sociedad civil como uno de los principales obst&aacute;culos para la consecuci&oacute;n de la paz y la reconciliaci&oacute;n despu&eacute;s de conflictos de larga duraci&oacute;n: &ldquo;Considero que al mismo tiempo que se trabaja en la atenci&oacute;n a los desmovilizados, ser&aacute; necesario trabajar en el cambio de estas narrativas y creencias en la sociedad. Hay que apuntar a la movilizaci&oacute;n de emociones como la esperanza, promover la confianza y propiciar espacios para la reflexi&oacute;n colectiva&rdquo; (en colegios, comunidades, empresas, instituciones). 
    </p><p class="article-text">
        Entregadas las armas, Lizet tendr&aacute; que abandonar su escondite selv&aacute;tico, adentrarse en un mundo que desconoce, pasar la p&aacute;gina de una guerra que fue su rutina y de una guerrilla que a&uacute;n hoy es su familia y hogar. Tendr&aacute; que buscar un trabajo y adaptarse a una sociedad con otras normas y valores. En el camino, se enfrentar&aacute; al estigma y al rechazo de una parte de la sociedad que, al conocer su pasado, ver&aacute; en ella tan solo una terrorista, una delincuente.
    </p><p class="article-text">
        La profunda herida abierta por 52 a&ntilde;os de guerra en Colombia empezar&aacute; a cerrarse cuando Lizet y la paz crezcan y maduren, y la sociedad vea en ella no una terrorista, sino una v&iacute;ctima de una dolorosa guerra. Como quien ans&iacute;a con todas sus fuerzas, la paz con sus hermanos soldados y salir de la selva para ver el mar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo García-Inés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/reto-reinsercion_1_3851801.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Sep 2016 17:32:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Colombia afronta ahora el reto de la reinserción de los guerrilleros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Colombia,FARC - Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia,Guerrilla,Acuerdos de paz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Estoy dispuesta a perdonar para que me digan dónde está un pedacito de mi marido y mi hijo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/dispuesta-perdonar-digan-pedacito-marido_1_2460405.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f5730adc-427d-4d27-a742-9e389f596e24_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Estoy dispuesta a perdonar para que me digan dónde está un pedacito de mi marido y mi hijo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras el anuncio de la firma del acuerdo de paz del conflicto colombiano, eldiario.es habla con todas las partes del conflicto: víctimas de los paramilitares, de las FARC y combatientes de ambos frentes</p><p class="subtitle">Guerrillero de las FARC, desde la selva colombiana: "Lo primero que haría si llegase la paz sería abrazar a las madres de mis hermanos de lucha"</p><p class="subtitle">Exiliado por su militancia política: "La reconciliación será una etapa difícil que solo podrá completarse a través del conocimiento de la verdad, pero los acuerdos de paz significan esperanza"</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;En la guerra, como en el amor, para acabar es necesario verse de cerca&rdquo;, dec&iacute;a Napole&oacute;n a sus soldados. Y as&iacute;, de cerca, mir&aacute;ndose a los ojos y con un firme apret&oacute;n de manos, se firmaba el inicio del fin de la guerra en Colombia. Una imagen para la historia: juntos, compartiendo mesa, J.M Santos, presidente de la Rep&uacute;blica, y a su lado alias 'Timochenko', m&aacute;ximo l&iacute;der de las FARC. Dos manos enemigas que se estrechaban ante la sorpresa de muchos y los flashes de los fot&oacute;grafos destinados en la Habana. Dos manos cansadas de una guerra que lleva ya m&aacute;s de 50 a&ntilde;os arrasando el pa&iacute;s y que se ha cobrado la vida de m&aacute;s de 200.000 personas, seg&uacute;n un informe del Centro Nacional de Memoria Hist&oacute;rica de Colombia (CNMHC).
    </p><p class="article-text">
        La paz ser&aacute; de aqu&iacute; a seis meses o no ser&aacute;. Ese es el compromiso adquirido, un &oacute;rdago que ninguno de los firmantes est&aacute; dispuesto a perder. Un d&iacute;a hist&oacute;rico para 48 millones de colombianos. Es necesario escuchar a los verdaderos protagonistas: los cerca de 7 millones de v&iacute;ctimas que deja atr&aacute;s el conflicto armado. Por desgracia, hay mucho donde elegir. En esta guerra, como en todas las guerras, lo que abunda son los testimonios del horror.
    </p><p class="article-text">
        Bucear entre las cifras significa descubrir un mar de datos que pone los pelos de punta. Seg&uacute;n el &uacute;ltimo informe del CNMHC, esta es la huella que deja la guerra a su paso: 220.000 asesinatos documentados, 5.712.506 desplazamientos forzados, 25.007 desaparecidos, 16.340 asesinatos selectivos, 1.982 masacres, 27.023 secuestrados, 1.754 v&iacute;ctimas de violencia sexual y 6.421 casos de reclutamiento forzado.
    </p><p class="article-text">
        Cifras fr&iacute;as que se leen de corrido, sin dolor, sin inmutarse, como si fuesen estad&iacute;sticas de la Liga o los &iacute;ndices burs&aacute;tiles del parqu&eacute; espa&ntilde;ol. Cifras sin alma, sin vida, pero que ten&iacute;an rostros y sue&ntilde;os. Gente que las echar&aacute; terriblemente de menos. Tras la frialdad de los datos se esconden las voces, los nombres. 
    </p><p class="article-text">
        Bladimir es uno de ellos. Miembro del Foro Internacional de V&iacute;ctimas (Suiza), es uno de los miles de refugiados colombianos que tuvieron que salir huyendo del pa&iacute;s debido a su militancia pol&iacute;tica. Nunca quiso dejar su patria, pero no tuvo m&aacute;s remedio tras ser amenazado de muerte por su activismo en movimientos sociales de la universidad.
    </p><p class="article-text">
         &ldquo;Es una gran noticia para todos. La guerra nunca se va a acabar con la guerra&rdquo;, afirma. &ldquo;Este discurso s&oacute;lo logr&oacute; llenar de odio, resentimiento y sed de venganza el coraz&oacute;n de la sociedad colombiana. El acercamiento entre los colombianos pasar&aacute; por el conocimiento de lo que pas&oacute; en este conflicto. La reconciliaci&oacute;n ser&aacute; una etapa dif&iacute;cil que solo podr&aacute; completarse a trav&eacute;s del conocimiento de la verdad, pero los acuerdos de paz significan esperanza&rdquo;, a&ntilde;ade. 
    </p><p class="article-text">
        Para &eacute;l el acuerdo de paz es tan solo un primer paso, pero un primer paso importante. &ldquo;No supondr&aacute;n el fin del conflicto en s&iacute;, pero si logramos que sean la antesala de una nueva era pol&iacute;tica en la que seamos capaces de solucionar los conflictos sin tener que matarnos, nuestra generaci&oacute;n y la de nuestros hijos no se habr&aacute; perdido, como tampoco la muerte y el dolor causados habr&aacute;n sido en vano, pues habremos comprendido por fin el inconmensurable valor de la vida&rdquo;, reflexiona.
    </p><p class="article-text">
        Bladimir tiene claro qu&eacute; es lo primero que quiere hacer ante la hipot&eacute;tica firma de la paz: &ldquo;Personalmente, al igual que tantos otros, no espero sino poner fin a la soledad y el aislamiento que representa el exilio. Sue&ntilde;o con volver a casa y abrazar a mi familia, a los amigos que se quedaron y sobrevivieron a la barbarie... Sue&ntilde;o el reencuentro con mis ra&iacute;ces. No aspiro a privilegios, simplemente anhelo que mi retorno, como el de todos los que quieran regresar, sea dignificante y poder as&iacute; compartir lo que estos quince a&ntilde;os de exilio me han aportado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a -nombre ficticio- es v&iacute;ctima del mismo horror que Bladimir, aunque escapase del bando contrario. Ella es v&iacute;ctima de las FARC, tambi&eacute;n exiliada en Europa. Est&aacute; dispuesta a dar su testimonio pero a&uacute;n con miedo por los familiares que all&iacute; quedaron, prefiere guardar el anonimato. 
    </p><p class="article-text">
        A ella la guerra le toc&oacute; de lleno, ya que la finca rural en la que trabajaba se encontraba en plena l&iacute;nea de combates entre la guerrilla, los paramilitares y el ej&eacute;rcito. Un d&iacute;a los guerrilleros se llevaron a su marido y a su hijo y no les volvi&oacute; a ver jam&aacute;s. &ldquo;Tuve que huir de Colombia a Ecuador y, desde all&iacute;, ACNUR me traslad&oacute; hasta Noruega. Nunca hab&iacute;a volado en avi&oacute;n y pas&eacute; miedo. Una nunca se llega a acostumbrar al fr&iacute;o de aqu&iacute;...&rdquo;. De sus palabras se desprende dolor, pero no se aprecian grandes dosis de rencor.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy dispuesta a perdonar. Con tal de que nos dejemos de matar y de que me digan d&oacute;nde est&aacute;n... aunque sea un pedacito de mi marido y de mi hijo. Claro que hay que conseguir la paz&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">La visi&oacute;n de los combatientes </h3><p class="article-text">
        En un conflicto armado, todos (menos los que se lucran con &eacute;l) son v&iacute;ctimas. De alguna manera los que empu&ntilde;an las armas tambi&eacute;n. Durante el rodaje del documental 'La Colombia de las FARC' tuve la oportunidad de convivir con los guerrilleros en la clandestinidad de la selva y conocer a los militares que los combaten. Sorprend&iacute;a descubrir que ambos se sent&iacute;an hermanos de su respectivo enemigo, lejos del discurso belicista de los l&iacute;deres difundido por la televisi&oacute;n. Soldados y guerrilleros so&ntilde;aban con volver a casa pronto, dar un paseo por las playas de Santa Marta o tomar una cerveza bien fr&iacute;a con los amigos en el bar. Y ambos compart&iacute;an el deseo de una Colombia con justicia social y paz.
    </p><p class="article-text">
        Es por ello que decido preguntarles, a ambos bandos combatientes, sus esperanzas y temores sobre el anuncio llegado desde Cuba. Un oficial del Ej&eacute;rcito que combate a la guerrilla en Caquet&aacute;, y accede a aportar su visi&oacute;n a cambio de mantener su anonimato. &ldquo;Es algo hist&oacute;rico que me llena de esperanza. Conf&iacute;o en que vaya a ir por buen camino y podamos pronto tener una Colombia en paz&rdquo;, reconoce. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; le dir&iacute;a a un guerrillero, a una de las personas contra las que lleva d&eacute;cadas luchando? &ldquo;Hasta que no se firme la paz nuestra misi&oacute;n sigue siendo combatir, desmovilizar o capturar a los guerrilleros. Pero si pudiera hablarles, les dir&iacute;a que aqu&iacute; en las ciudades les esperamos, les espero, con los brazos abiertos, para que descubran la vida que hay fuera de la guerrilla. Ellos tambi&eacute;n son colombianos a los que les toc&oacute; vivir una realidad diferente por cuestiones ajenas a su voluntad, y yo no soy qui&eacute;n para juzgarlos. Aqu&iacute; les espero para que construyamos juntos, para sus hijos y los m&iacute;os, una Colombia mejor&rdquo;, asegura a eldiario.es.
    </p><p class="article-text">
        Al otro lado, uno de las personas que el conflicto convirti&oacute; en su enemigo, Ramiro, uno de los comandantes del Frente 48 de las FARC, destaca la misma idea de futuro compartido y paz. Con 20 a&ntilde;os dej&oacute; sus estudios universitarios y se alist&oacute; en la guerrilla huyendo de las amenazas de muerte de los paramilitares hacia su familia y &eacute;l. Le hago llegar mis preguntas hasta su escondite en alg&uacute;n lugar de las selvas del Putumayo, en el Amazonas colombiano. &ldquo;Se trata de un d&iacute;a hist&oacute;rico. Es una incre&iacute;ble noticia para todo el pueblo colombiano que aspira a vivir en paz. Una motivaci&oacute;n y una puerta abierta para continuar con la lucha pol&iacute;tica por las nuevas v&iacute;as que nos ofrece la paz&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo primero que har&iacute;a [si llegase la paz y pudiese dejar la selva] ser&iacute;a ir a visitar y abrazar a las madres de mis hermanos de lucha que se incorporaron junto a m&iacute; a este glorioso ej&eacute;rcito guerrillero, y que ofrendaron sus valiosas vidas en el camino&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Parece un&aacute;nime la sensaci&oacute;n de esperanza entre todas las partes del conflicto, pero siempre con una buena dosis de cautela. Son muchos los recuerdos de procesos de paz fallidos y muchas las decepciones acumuladas. Todos coinciden en que la firma del tratado no acarrear&aacute; autom&aacute;ticamente el fin del conflicto social y la desigualdad, pero s&iacute; supondr&aacute; un punto de partida nuevo hacia para la construcci&oacute;n de un pa&iacute;s en el que las palabras sustituyan a las armas de una vez por todas y para siempre. Benjamin Franklin, padre de la independencia estadounidense y con gran experiencia en guerras y tratados lo defin&iacute;a as&iacute;: &ldquo;Nunca existi&oacute; una buena guerra ni una mala paz&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo García-Inés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/dispuesta-perdonar-digan-pedacito-marido_1_2460405.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Sep 2015 22:13:33 +0000]]></pubDate>
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