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    <title><![CDATA[elDiario.es - Yasmina Aidi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/yasmina_aidi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Yasmina Aidi]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La serie 'El Príncipe': Los juegos de la convivencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/serie-principe-juegos-convivencia_129_4263013.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/625229af-b340-4ed6-b83c-dca100160c09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="&quot;El Príncipe&quot; se estrena en Telecinco con casi 4,5 millones de espectadores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La autora señala que "los casi seis millones de seguidores que se enganchaban cada martes a Telecinco quizás no hayan recibido la serie como una deformación cómica y distorsionada del norte de África, sino como una fuente de información fiable".</p></div><p class="article-text">
        El Pr&iacute;ncipe, fen&oacute;meno televisivo del 2014 sobre tr&aacute;fico de drogas y yihadismo en el enclave espa&ntilde;ol de Ceuta, fue hasta entretrenido de seguir. Fue divertido ver a Farouq, interpretado por Rub&eacute;n Cortada, natural de Cuba, -el bar&oacute;n de las drogas- hablar e insultar en &aacute;rabe dialectal marroqu&iacute; &lsquo;D&iacute;n d&rsquo;em&aacute;k&nbsp;!&rsquo; con acento caribe&ntilde;o. Fue entretenido ver c&oacute;mo todos los personajes con los que el espectador deber&iacute;a simpatizar ten&iacute;an los ojos verdes y pasaban gran parte del gui&oacute;n intercambiando miradas profundas, pero sin largas explicaciones. Miradas hacia un pasado que reaviva el t&eacute;rmino &lsquo;moro&rsquo;. Fue divertido haber sido testigo del orientalismo musical: cada vez que un personaje musulm&aacute;n aparec&iacute;a en escena sonaba una melod&iacute;a que oscilaba entre el ad&aacute;n sirio, Arabian Nights y la flauta de Disney.
    </p><p class="article-text">
        Y fue asombrosamente inquietante que la torre de la mezquita apareciera en cada plano de c&aacute;mara salt&aacute;ndose cualquier eje marcado por las teor&iacute;as cinematogr&aacute;ficas, con el intento de personificar una construcci&oacute;n controladora que todo lo ve.
    </p><p class="article-text">
        El t&eacute;rmino &lsquo;Orientalismo&rsquo; (E. Said) recoge una tradici&oacute;n de im&aacute;genes falsas y romantizadas sobre Asia y Medio Oriente que sirvieron para crear un punto euroc&eacute;ntrico desde el cual imaginar el mundo &aacute;rabe. El problema es que Marruecos no es Medio Oriente, pero las caracter&iacute;sticas que van a organizar la puesta en escena y los personajes &nbsp;de la familia marroqu&iacute; Ben Barek en Ceuta s&iacute; que lo son. La confusi&oacute;n que supone el norte de &Aacute;frica para su representaci&oacute;n en pantalla hace que la serie utilice una melod&iacute;a de ad&aacute;n no magreb&iacute;, la forma de llevar el velo de la protagonista tampoco lo es y el vestuario del patriarca de la familia es iran&iacute;, ni m&aacute;s ni menos. El Pr&iacute;ncipe, acaba siendo una mezcla kitsch entre series americanas que abarcan la tem&aacute;tica del terrorismo (24 o Homeland) y una imagen inestable entre la soap opera telenovela mexicana o brasile&ntilde;a. A pesar de toda la creatividad cinematogr&aacute;fica mal encauzada &ndash;o enfocada- la serie resulta entretenida hasta que uno se da cuenta de que est&aacute; forjando una percepci&oacute;n p&uacute;blica acerca del islam y/o los espa&ntilde;oles musulmanes bastante grave. Los casi seis millones de seguidores que se enganchaban cada martes a Telecinco quiz&aacute;s no hayan recibido la serie como una deformaci&oacute;n c&oacute;mica y distorsionada del norte de &Aacute;frica, sino como una fuente de informaci&oacute;n fiable sobre la cultura isl&aacute;mica y la vida familiar musulmana. El Pr&iacute;ncipe no deja de ser la prueba del rumbo hacia atr&aacute;s en el discurso sobre diversidad y convivencia que est&aacute; surgiendo en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Ceuta es una ciudad espa&ntilde;ola en la costa norte de &Aacute;frica, con frontera con Marruecos. Desde donde Tarik Ibn Ziyad lanz&oacute; su invasi&oacute;n hacia la Espa&ntilde;a visigoda en el 711. Fue gobernada por los musulmanes- entre ellos varias dinast&iacute;as bereberes y &aacute;rabes- desde el siglo VIII hasta que cay&oacute; en manos de Portugal en 1415. El enclave pertenece a Espa&ntilde;a desde el 1 de enero de 1688. La poblaci&oacute;n alcanza alrededor de 90.000 personas, siendo de creencia cristiana el 52% y musulmana el 45%, y un n&uacute;mero menor de creencia hind&uacute; o jud&iacute;a. El Pr&iacute;ncipe, barrio musulm&aacute;n en el noreste, recoge a unas 12.000 personas y es descrito en los medios de comunicaci&oacute;n como &ldquo;el barrio m&aacute;s peligroso de Espa&ntilde;a&rdquo; por su pobreza, niveles de violencia, tr&aacute;fico de drogas y, recientemente, <a href="http://elpais.com/elpais/2014/10/30/inenglish/1414682950_772016.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el extremismo religioso</a>. Muchos j&oacute;venes de este barrio salieron hacia Siria para formar parte de <a href="http://www.abc.es/espana/20130622/abci-ceuta-foco-terrorismo-201306211919.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la lucha extremista</a>.
    </p><p class="article-text">
        Este es el barrio que hace de escenario para la serie de Telecinco, con varias historias principales en el gui&oacute;n. La rivalidad entre el espa&ntilde;ol-musulm&aacute;n Farouq y su camello-adversario gitano, An&iacute;bal (Antonio Mora), que no deja de ser el enfrentamiento entre minor&iacute;as. Luego est&aacute; el reci&eacute;n llegado inspector jefe Morey (Alex Gonz&aacute;lez, el rompecorazones) que es mandado por el CNI para investigar el oscuro mundo de El Pr&iacute;ncipe y la corrupci&oacute;n de la polic&iacute;a ceut&iacute;. Morey-como es de esperar desde la primera escena- se enamora de F&aacute;tima (la hermana de Farouq, interpretada por Hiba Abouk).
    </p><p class="article-text">
        Morey abre la serie. Mientras vemos su llegada a Ceuta en ferry, con un plano general abri&eacute;ndose sobre &Aacute;frica al m&aacute;s puro estilo de El Ultimatum de Bourne o incluso peor, Memorias de Africa, es presentado por una voz en off como un agente infiltrado. Mientras es presentado a c&aacute;mara (traejado, que es como se viaja en ferry cuando vienes de Europa) dan significado contextual a la escena una se&ntilde;ora con velo y un se&ntilde;or con djilaba y sombrero turco (que tambi&eacute;n debe de ser como se viaja en ferry cuando vienes de Europa y eres musulm&aacute;n, con el mismo atuendo con el que se re&uacute;nen los hombres musulmanes en las religiosas fiestas del Aid). La funci&oacute;n de Morey de salvaguardar una serie de valores occidentales en territorios orientalizados es crucial. Bajando del ferry, Morey es tentado por un forzoso gui&oacute;n a salvar al hijo de una se&ntilde;ora &ndash;tambi&eacute;n con velo- que corre hacia un cami&oacute;n que viene a toda velocidad. El agente sale disparado y se planta enfrente del cami&oacute;n, lo frena levantando las manos en se&ntilde;al de escudo humano y salva al ni&ntilde;o (s&iacute;mbolo del futuro de una naci&oacute;n) y a su madre.
    </p><p class="article-text">
        Esa &lsquo;carga del hombre blanco&rsquo; - que planteaba que la carga era la de salvar a pueblos inferiores por el bien de ellos mismos- queda clara al frenar la rapidez abismal del peso pesado del islam, imaginado en un cami&oacute;n. Ah&iacute; conoce a F&aacute;tima -en la frontera, resaltando su amor perif&eacute;rico-, que tambi&eacute;n sali&oacute; corriendo para salvar al hijo de un personaje que nadie conoce, y se miran. Y se mirar&aacute;n el resto del cap&iacute;tulo. La funci&oacute;n de Morey no es solo frenar la expansi&oacute;n de un peligro inminente sino tambi&eacute;n la de salvar a las mujeres bajo ese r&eacute;gimen. F&aacute;tima le recuerda a Morey que &ldquo;aqu&iacute; o eres moro o eres cristiano, o espa&ntilde;ol o marroqu&iacute;, pero nunca las dos cosas&rdquo;. Insistir&aacute; tambi&eacute;n Farouq&nbsp;:&nbsp;&ldquo;Siempre ven&iacute;s a por nosotros los moros, los espa&ntilde;oles moros.&rdquo; La ansiedad por una categorizaci&oacute;n homog&eacute;nea es agobiante para un espectador h&iacute;brido que entiende la diversidad como la coexistencia de una naturaleza doble.
    </p><p class="article-text">
        Pongamos que el objetivo de la serie era explorar las relaciones musulmano-cristianas, o mostrar que ser espa&ntilde;ol y musulm&aacute;n no es una contradicci&oacute;n. El Pr&iacute;ncipe no lo consigue. Los hombres musulmanes son monstruos culturales: Farouq es un &nbsp;autoritario patriarca musulm&aacute;n. Obliga a F&aacute;tima -o Fatema, pronunciaci&oacute;n en la que se insiste para diferenciar al espa&ntilde;ol del marroqu&iacute;- a hacerle caso a &eacute;l y no a la polic&iacute;a. Su mujer Laila (Mar&iacute;a Guinea), a la que a penas se le oye - porque habla susurrando, probablemente en un intento de representar a una mujer controlada/sin voz- carga con la esterilidad del supra-machista. Incluso cuando Farouq defiende a su madre y a F&aacute;tima es porque son&nbsp;&lsquo;suyas&rsquo;. Pero &iexcl;Al Hamdulilah!, Morey ha sido enviado a investigar yihadismo y tambi&eacute;n a liberar a la mujer musulmana de la tradici&oacute;n patriarcal, y poder mostrar que su libertad personal no depende de su lealtad a la tradici&oacute;n sino del Estado espa&ntilde;ol, de la modernidad que representa Morey.
    </p><p class="article-text">
        El romance de Morey con F&aacute;tima recicla las fantas&iacute;as m&aacute;s vulgares del cine de occidente respecto a la mujer &aacute;rabe. En las escenas pasionales se hace especial hincapi&eacute;, con planos medios-primeros-detalle de la ca&iacute;da del velo. Se utiliza hasta la t&eacute;cnica de c&aacute;mara lenta para reforzar la ca&iacute;da del velo rosa por el pr&iacute;ncipe azul. Las dos mujeres no-musulmanas que se rinden ante los encantos del hombre musulm&aacute;n tambi&eacute;n necesitan del hombre moderno para que las salve. Morey lo intenta con Sara (la novia de Abdou, transculturizada al llevar una camiseta con la mano de F&aacute;tima en el primer episodio) y Matilde (Thais Blum), a la que tanto Morey como Fran (el comisario, Jos&eacute; Coronado) intentan salvar de las garras amorosas de Hakim (Ayoub El Hilali).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La serie es una verg&uuml;enza. Da una imagen superficial y estereot&iacute;pica del Pr&iacute;ncipe, y encima est&aacute; rodada en Madrid&rdquo;, dice Rachid Hamidou, un abogado y miembro del reci&eacute;n formado colectivo <a href="http://www.elpueblodeceuta.es/201507/20150725/201507252105.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Movimiento para la Dignidad y la Ciudadania</a>. MDC es un partido pol&iacute;tico que intenta fortalecer el papel de los musulmanes en Ceuta. &ldquo;Este barrio tiene sus problemas, es un gueto. Era un barrio mixto pero ahora s&oacute;lo queda una pareja de cristianos. Ceuta es una ciudad muy segregada, muy pocos autobuses llegan aqu&iacute; desde el centro. Y la &uacute;nica biblioteca fue trasladada all&iacute;. Hay mucha pobreza y mucho paro. Solo a partir de 1986, los musulmanes que han estado aqu&iacute; siglos, pudieron pedir la nacionalidad espa&ntilde;ola, y el &aacute;rabe sigue sin estar reconocido como idioma. La serie no se acerca a ninguna de estas pol&iacute;ticas y consigue ense&ntilde;ar que los problemas en el Pr&iacute;ncipe son de ra&iacute;z cultural y religosa, como siempre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Situado en lo alto de las monta&ntilde;as de Ceuta, y con sus edificios de colorines, el Pr&iacute;ncipe recuerda a las favelas brasile&ntilde;as. El Pr&iacute;ncipe puede haber sido influenciada por la popular serie brasile&ntilde;a de El Clon o el Salvaje Jorge. Ambas intentan representar los encuentros culturales entre Am&eacute;rica Latina y el mundo isl&aacute;mico. Las series brasile&ntilde;as -dejando a un lado a las bailarinas enveladas y las largas coroegraf&iacute;as de danza del vientre- simpatizan pol&iacute;ticamente con la gente de las favelas y del mundo musulm&aacute;n: las dos identidades quedan plasmadas como v&iacute;ctimas de la violencia y la discriminaci&oacute;n estatal. Dirigidas principalmene a educar al p&uacute;blico sobre la creciente populaci&oacute;n musulmana de Brasil, ense&ntilde;ar las cuestiones culturales del mundo isl&aacute;mico y hacer contracultura de cara a series como 24 o Sleeper Cell.
    </p><p class="article-text">
        La serie espa&ntilde;ola se suma a la rutina creada por las americanadas mencionadas. Una rutina sociol&oacute;gica que comparten personas de un entorno social: una mirada parecida entre ellos pero desigual hacia el otro. Esquemas o ideas mediante las cuales una poblaci&oacute;n asimila representaciones que, aunque incorrectas, resultan familiarmente predicibles.
    </p><p class="article-text">
        Por eso era predicible el personaje m&aacute;s traicionero, Hakim, el marroqu&iacute;-espa&ntilde;ol miembro del cuerpo policial. Hakim es hiper-nacionalista e insiste en ser llamado Joaqu&iacute;n&nbsp;:&nbsp;&lsquo;Me llamo Joaqu&iacute;n &ndash; no Hakim&ndash; soy espa&ntilde;ol&rsquo;. El hipernacionalista (que se refiere a todos los musulmanes como &lsquo;moros&rsquo;) resulta que es un doble agente y un yihadista. El mensaje a los espectadores espa&ntilde;oles es muy claro, incluso tu vecino musulm&aacute;n m&aacute;s patriota puede ser un territorista: un mensaje irresponsable. Cabe mencionar que hace unos meses el departamento de polic&iacute;a de Sevilla hizo circular un informe en el que se daban pautas para reconocer a posibles terroristas. Todos los hombres -que se perciban como &aacute;rabes- y que est&eacute;n sacando fotos en &lsquo;lugares no tur&iacute;sticos&rsquo; o que est&eacute;n utilizando ordenadores port&aacute;tiles dentro de un coche <a href="http://www.20minutos.es/noticia/2347246/0/policia-protocolo/arabes-intervenciones/argelinos-recomendaciones/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">levantan sospecha</a>. El Pr&iacute;ncipe est&aacute; alimentando una rutina orientalizada a la par que el gobierno del Partido Popular hizo circular leyes de seguridad draconianas que ten&iacute;an como objetivo principal a las minor&iacute;as en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo creo que la parte m&aacute;s ofensiva de El Pr&iacute;ncipe es la repetici&oacute;n del t&eacute;rmino &lsquo;moro&rsquo;&rdquo;, dice Rachid. &ldquo;Cada personaje lo usa de manera casual y repetitiva, parece que los productores no se dan cuenta &nbsp;de que el t&eacute;rmino es peyorativo e insultante. En Ceuta, el t&eacute;rmino no se usa, cuando los cristianos se refieren a nosotros, nos llaman musulmano o musulmana. La historia de los musulmanes en Ceuta es raramente representada en la ficci&oacute;n espa&ntilde;ola. Hay estatuas y calles &nbsp;con nombres de l&iacute;deres coloniales como Enrique El Navegante, que mat&oacute; a miles de musulmanes, pero poco sobre nuestras contribuciones. Y cuando una serie finalmente habla sobre nosotros nos llaman &lsquo;moros&rsquo; y terroristas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El problema de imaginar es que no se problematiza la situaci&oacute;n; se plasma desde una lejan&iacute;a c&oacute;moda, eliminando cualquier posibilidad de convivencia tanto cultural como racial. Como cualquier otra serie de esp&iacute;as, se intenta ense&ntilde;ar al p&uacute;blico que no todo es lo que parece. Pero la serie espa&ntilde;ola vuelve a confundir diversidad con enga&ntilde;os occidentales: nada es lo que parece, menos los &lsquo;moros&rsquo;. Incluso Hakim, que parece que estaba escrito adrede para que parezca que no es lo que es, es lo que es. La serie acaba cayendo en formatos de alienaci&oacute;n, sin esfuerzos en entender la desafecci&oacute;n que existe en el barrio o por qu&eacute; la juventud gravita entre gangsters y extremismo religioso. No hay ninguna menci&oacute;n a las pol&iacute;ticas anteriores de Franco que tuvieron que ver con el enclave, o a las pol&iacute;ticas impuestas desde Madrid, Washington o Rabat, que pueden haber contribuido a producir este nivel de desesperaci&oacute;n. Sin embargo, se muestra a los residentes del Pr&iacute;ncipe como misteriosos, ex&oacute;ticos y peligrosamente inescrutables, igual que las calles laber&iacute;nticas del barrio.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a tiene una largu&iacute;sima historia de convivencia. Y es especialmente impresionante, para bien, que Espa&ntilde;a (y Portugal) sean los &uacute;nicos pa&iacute;ses de Europa Occidental que no tienen movimientos islamof&oacute;bicos fuertes. Solo queda esperar que se quede de esta manera, y que ficciones que no consiguen abarcar los juegos susceptibles de la convivencia no realcen lo peor de la literatura orientalizada y estigmatizada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yasmina Aidi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/serie-principe-juegos-convivencia_129_4263013.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Oct 2015 17:34:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La serie 'El Príncipe': Los juegos de la convivencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Telecinco,Colonialismo]]></media:keywords>
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