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    <title><![CDATA[elDiario.es - Antonio Martínez Cerezo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/antonio_martinez_cerezo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Antonio Martínez Cerezo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Del academizable al academicista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/academizable-academicista_132_6687100.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a754693f-ee65-4943-a474-d71fb37c07c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del academizable al academicista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Puya moralizadora de Antonio Machado a Eugenio D'Ors</p></div><p class="article-text">
        Universalmente reconocido como poeta, dramaturgo, humanista y fil&oacute;sofo de un casino provinciano, Antonio Machado (1875-1939) ejerci&oacute;, asimismo, el periodismo con asiduidad, agudeza y acendrado esp&iacute;ritu cr&iacute;tico. Mas esta funci&oacute;n, la de periodista, es poco conocida de sus incondicionales seguidores. Pese a que la practic&oacute; de principio a fin de su dilatada carrera literaria, apuntando a muy diversos frentes de la actualidad y del pensamiento. Aunque, de rigor es subrayarlo, sus desmadejados art&iacute;culos period&iacute;sticos nunca rayaron a la misma altura que el resto de su obra literaria, tan lograda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como articulista fue &laquo;en el buen sentido de la palabra, bueno&raquo;. En el sentido de bondadoso. Bien que nunca insensible al envolvente panorama literario. Ni tonto por conveniencia. Cuando las circunstancias le obligaron a sacar el aguij&oacute;n, el alumno de Abel Mar&iacute;n y vocero de Juan de Mairena (sus heter&oacute;nimos) no se cort&oacute; un pelo en aplicarlo en salva sea la parte de quien procediera. Eso s&iacute;, como el que no quiere la cosa. Sin mal caf&eacute; ni acritud. Con elegancia moralizadora.
    </p><p class="article-text">
        Pru&eacute;balo as&iacute; el art&iacute;culo &mdash;casi un mini ensayo&mdash; publicado en el Suplemento literario del peri&oacute;dico murciano &laquo;La Verdad&raquo; el 29 de junio de 1924, en el que dial&eacute;cticamente pone en la balanza dos categor&iacute;as contrapuestas: el que escribe en plan acad&eacute;mico (el academicista) y el que su obra le predestina a la Academia (el academizable).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>EUGENIO D'ORS, ACADEMICISTA</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde que el admirable &laquo;glosador&raquo; de &laquo;La Veu de Catalunya&raquo;, escribe sus cr&oacute;nicas en el diario &laquo;A. B. C. &raquo;, ha ido acentuando m&aacute;s gravemente su tendencia inicial de confundir lo cl&aacute;sico con lo academicista.
    </p><p class="article-text">
        Propuso un d&iacute;a esa extraordinaria equivalencia entre Pascal y El Greco, condenados o anatematizados ambos por el mismo pecado: romanticismo. Fue, otra vez, el anatema lanzado contra Kusevitzky&mdash;el m&aacute;s exacto y perfecto exegeta musical cl&aacute;sico.&mdash;&Uacute;ltimamente, establece otra nueva y m&aacute;s extraordinaria analog&iacute;a: la de Mor&eacute;as, &mdash;el seudo-cl&aacute;sico, seudo-poeta y seudo-franc&eacute;s Mor&eacute;as&mdash; con Rafael.
    </p><p class="article-text">
        A veces, Eugenio d'Ors 'Xenius' (1881-1954) se gustaba tanto hablando,&nbsp; escribiendo y filosofando que el cazurro pay&eacute;s Josep Pla lleg&oacute; a ironizar de &eacute;l que <em>hablaba en cursivas</em>. Remedando las <em>Vidas Paralelas</em> de Plutarco, D'Ors tend&iacute;a a contraponer personajes y modos de hacer art&iacute;sticos no pocas veces tra&iacute;dos por los pelos. Pr&aacute;ctica desaprobada por Machado, 'el coplero', que en la r&eacute;plica se da por aludido.
    </p><p class="article-text">
        Antes, hab&iacute;a desde&ntilde;ado a Tagore y, acaso, a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, &mdash; no sabemos si a aqu&eacute;l por causa de &eacute;ste,&mdash; para exaltar, ahora, al &uacute;ltimo Antonio Machado, el actual coplero de las &laquo;Nuevas Canciones&raquo;. Y al coro de las pueriles alabanzas escolares que a su Director repiten todos los meses los redactores de la Revista llamada &laquo;de Occidente&raquo;, uni&oacute; la suya, m&aacute;s importante, hablando de Atenas y Florencia, &mdash;&iexcl;y a&uacute;n dud&aacute;bamos del itinerario clasicista de Maurr&aacute;s!&mdash;, as&iacute;, escrib&iacute;a un: &laquo;esculpe frases miguelangelescas&raquo; en lugar del: &laquo;nuestro querido, nuestro admirable o nuestro venerado Director&raquo; que se acostumbraba.&mdash; Miguel &Aacute;ngel y Ortega y Gasset, otro extraordinario paralelo&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        Puesto el toro en suerte, el cr&iacute;tico Machado remata la faena con un tierno rej&oacute;n de castigo. En todo lo alto. O si se quiere: con sutiles banderillas negras. Sin andarse por las ramas, Machado manifiesta lo que era entonces un secreto a voces: el frasco de las esencias del Xenius corr&iacute;a el riesgo de evaporarse, de puro estilista. Lo que Machado consideraba una pena, por lo mucho que de &eacute;l su tiempo esperaba.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lealmente, quienes tanto admiramos la sutileza intelectual de aquel X&eacute;nius inolvidable, sentimos miedo ahora, &mdash;o tal vez inquietud, desilusi&oacute;n, sorpresa,&mdash; de ver perderse, una vez m&aacute;s en Espa&ntilde;a y, tambi&eacute;n, quiz&aacute;s, por el periodismo, esa cosa maravillosa que debiera ser intangible: una inteligencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>ANTONIO MACHADO, ACADEMIZABLE</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nada tiene de particular, por cl&aacute;sico, que dos literatos espa&ntilde;oles rivales recreen en la vida p&uacute;blica la lucha sin cuartel del &laquo;Duelo a garrotazos&raquo; de Goya. Mas aqu&iacute;, los garrotazos se limitan a su estricta condici&oacute;n de puya dial&eacute;ctica, s&oacute;lo al alcance de los lectores m&aacute;s inteligentes. D'Ors, academicista. Machado, academizable.
    </p><p class="article-text">
        Cuando dos a&ntilde;os mas tarde (24 de marzo de 1927) el academizable Machado tuvo noticias de su nombramiento para la Academia expres&oacute; aquello, tan suyo, tan de socio de un casino provinciano: &laquo;Es un honor al cual no aspir&eacute; nunca; casi me atrever&eacute; a decir que aspir&eacute; a no tenerlo nunca. Pero Dios da pa&ntilde;uelo a quien no tiene narices...&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Narices que el academicista D'Ors siempre tuvo pendientes de que a ellas llegara el siempre pretendido pa&ntilde;uelo de la Academia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/academizable-academicista_132_6687100.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Jan 2021 05:00:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del academizable al academicista]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El bimilenario de la crucifixión de Jesús]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/bimilenario-crucifixion-jesus_1_1589417.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e24fe088-7aba-4278-a2ed-8920f1dc150a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El bimilenario de la crucifixión de Jesús"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Jesús nació en Belén cuatro años antes de Cristo, según los cronólogos mejor informados. Los datos disponibles no son cuantiosos. Pero sí categóricos</p><p class="subtitle">El Concilio de Nicea (325) lo estableció en términos sumarios: «Fue el viernes anterior al Sabbath en que los judíos celebraban la Pascua cuando Jesús murió en la cruz. Y, por lo tanto, la resurrección se produjo el domingo siguiente, el primero tras la luna de Nisán»</p><p class="subtitle">Para el año veintinueve, la luna de Nisán no faltará a su cita anual de Semana Santa. La luna de Nisán es puntual y tiene muy buena memoria</p></div><p class="article-text">
        Dos mil a&ntilde;os de la pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s de Nazaret se van a cumplir muy pronto, dentro de unos diez a&ntilde;os, para el a&ntilde;o veintinueve a poco m&aacute;s o menos. Dos mil a&ntilde;os de cristianismo, de cristianidad, de era cristiana.
    </p><p class="article-text">
        El Vaticano no se sabe si lo sabe, pues nada ha dicho al respecto. La luna de Nis&aacute;n, s&iacute; lo sabe. Y el historiador, tambi&eacute;n. El historiador conjuga hechos con fechas. Hechos puestos en sus fechas. El historiador no cree en todo, pero cree que todo debe ser investigado. Jes&uacute;s naci&oacute; en Bel&eacute;n cuatro a&ntilde;os antes de Cristo, seg&uacute;n los cron&oacute;logos mejor informados. Los datos disponibles no son cuantiosos. Pero s&iacute; categ&oacute;ricos. El an&aacute;lisis cr&iacute;tico de las fuentes existentes confirma la existencia hist&oacute;rica de Jes&uacute;s. Nacido en un pesebre por falta de posada, seg&uacute;n los ex&eacute;getas, el hijo de Mar&iacute;a y Jos&eacute; sobrevivi&oacute; al edicto exterminador de Herodes, fallecido cuatro a&ntilde;os antes de la era cristiana.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;ejos testimonios hay de T&aacute;cito, Plinio el Joven, Suetonio y Flavio Josefo, entre los escritores romanos. M&aacute;s ciertos textos rab&iacute;nicos, apuntes hebreos de los primeros cristianos, evangelios ap&oacute;crifos y can&oacute;nicos, papiros en rollos tan antiguos que triscan al posar la vista en ellos y manuscritos pajizos con letras endemoniadas, dispuestos en todas las formas imaginables. Todos de unos dos mil a&ntilde;os atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ya con motivo de su presentaci&oacute;n en el templo, el profeta Sime&oacute;n tuvo al Ni&ntilde;o por Mes&iacute;as. Y la terribilidad de su amargo vaticinio resuena en los eucologios romanos: &laquo;Una espada te traspasar&aacute; el alma&raquo; (Lc 2, 34-35). Primer dolor de la Virgen. Que, en Murcia, procesiona en Martes Santo con tan precisa advocaci&oacute;n. D&iacute;a vendr&aacute;, en efecto, en que la espada traspase el alma de Mar&iacute;a. Mientras tan tremendo d&iacute;a llega, su hijo, habido por obra y gracia del Esp&iacute;ritu Santo, cumple al pie de la letra su sacrificial misi&oacute;n: la fundaci&oacute;n de la religi&oacute;n y de la iglesia cristiana.
    </p><p class="article-text">
        Enviado por el Padre para la salvaci&oacute;n del mundo, el Nazareno va de pr&eacute;dica en pr&eacute;dica, expres&aacute;ndose en par&aacute;bolas, cumpliendo con filial obediencia el fin mortal a que est&aacute; predestinado. Predicando entre Galilea y Judea, lleva consigo un selecto grupo de seguidores, base de la primera comunidad cristiana de Palestina. Su v&iacute;a crucis ya ha comenzado. Su v&iacute;a pasional se inicia antes, mucho antes, de cargar f&iacute;sicamente con la cruz, de ir con la cruz a cuestas, de recibir en la espalda los azotes, de sufrir en la frente las espinas y la lanzada en el costado. Por la literatura existente, su corta vida, treinta y tres a&ntilde;os, fue un entero v&iacute;a crucis.
    </p><p class="article-text">
        A poco que se reflexione, se percibe que en torno suyo todo apunt&oacute; siempre a Semana Santa en Jerusal&eacute;n. Algo que sus seguidores de entonces ignoraban. Lo que estaba por venir inexorablemente, lo que iba a ser la Semana Santa, lo que habr&iacute;a de ser. En t&eacute;rminos estrictos, la &uacute;ltima semana de la Cuaresma, desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El Concilio de Nicea (325) lo estableci&oacute; en t&eacute;rminos sumarios: &laquo;Fue el viernes anterior al Sabbath en que los jud&iacute;os celebraban la Pascua cuando Jes&uacute;s muri&oacute; en la cruz. Y, por lo tanto, la resurrecci&oacute;n se produjo el domingo siguiente, el primero tras la luna de Nis&aacute;n&raquo;. De tan estricta doctrina, parte la conmemoraci&oacute;n anual cristiana de la Pasi&oacute;n, Muerte y Resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s de Nazaret. Que, en el orbe cristiano espa&ntilde;ol, goza de grand&iacute;simo predicamento. Como prueban las innumerables procesiones de Semana Santa que en ninguna localidad espa&ntilde;ola faltan, por peque&ntilde;a y humilde que sea, de norte a sur y de este a oeste, en infinita sucesi&oacute;n de pasos, tronos, desfiles penitenciales, cofrades, anderos, nazarenos, alumbrantes y hasta disciplinantes, con pesadas cruces al hombro y algunos con los pies descalzos, sangrantes por el camino.
    </p><p class="article-text">
        Para el a&ntilde;o veintinueve, la luna de Nis&aacute;n no faltar&aacute; a su cita anual de Semana Santa. La luna de Nis&aacute;n es puntual y tiene muy buena memoria. Ay, si esa luna llena, tan hermosamente llena, hablara entonces. Qu&eacute; no dir&iacute;a a quien quisiera escuchar su relato en directo, su fiel testimonio, de dos mil a&ntilde;os atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Diez a&ntilde;os pasan volando, est&aacute;n como quien dice a la vuelta de la esquina. Los actos conmemorativos del bimilenario de la crucifixi&oacute;n de Jes&uacute;s en el Calvario deben comenzar a prepararse sin prisa ni pausa, con tiempo, de inmediato, ya. Iglesia, cl&eacute;rigos, cabildos, cofrad&iacute;as, estantes, nazarenos, pregoneros, alumbrantes y fieles tienen la palabra. El historiador, que conjuga hechos con fechas, cumple con se&ntilde;alarlo.
    </p><p class="article-text">
        * Antonio Mart&iacute;nez Cerezo es escritor, historiador y acad&eacute;mico
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/bimilenario-crucifixion-jesus_1_1589417.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Apr 2019 12:00:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El bimilenario de la crucifixión de Jesús]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Domingo de Ramos sin ramos de olivo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/domingo-ramos-ramos-olivo_132_1595187.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1d746711-319e-4ea8-907b-476ca4960126_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Domingo de Ramos sin ramos de olivo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La presencia del excomulgado alcalde de Murcia en la iglesia parroquial de Santa Catalina instó al provisor eclesiástico a suspender la misa y mandarle abandonar el templo</p></div><p class="article-text">
        Domingo de Ramos, 1492. Celebr&aacute;ndose con la mayor solemnidad la misa de tan se&ntilde;alada festividad en la iglesia parroquial de Santa Catalina se produjo un lamentable incidente mundano que en poqu&iacute;simo tiempo lleg&oacute; a conocimiento de los Reyes Cat&oacute;licos, cuya mediaci&oacute;n se suplic&oacute;. La respuesta no se hizo esperar: &laquo;1492, mayo, 5. Santa Fe. Provisi&oacute;n real encargando a Juan de Cascales y a &Aacute;lvaro de Arr&oacute;niz, regidores de la ciudad de Murcia, que recaben informaci&oacute;n y la env&iacute;en al Consejo Real sobre el conflicto existente entre Pedro Ruiz de Montealegre, protonotario apost&oacute;lico y provisor, y el alcalde [bachiller X] del corregidor Juan P&eacute;rez de Barradas, y en los alborotos producidos por haber sido apresado un cl&eacute;rigo de primera tonsura&raquo;. El texto fue exhumado por Gomariz Mar&iacute;n, en &laquo;Documentos de los Reyes Cat&oacute;licos (1492-1504)&raquo;, del que reconocidamente me sirvo.
    </p><p class="article-text">
        Desde la localidad granadina, los monarcas participan a los mentados regidores, Cascales y Arr&oacute;niz, haber recibido un escrito de Montalegre, protonotario apost&oacute;lico y provisor del obispado de Cartagena, sometiendo a dictamen real y del consejo el asunto que sigue. A consecuencia de cierta muerte habida en la ciudad, de la que fue hallado culpable un cl&eacute;rigo de primera tonsura, el alcalde le prendi&oacute; y retuvo en prisi&oacute;n. Mas const&aacute;ndole ser de primera tonsura remiti&oacute; al reo al provisor eclesi&aacute;stico. Quien, a poco, dict&oacute; sentencia absolutoria. Disconforme con la absoluci&oacute;n, el bachiller X [falta el nombre], alcalde de la ciudad de Murcia por el comendador Barradas, a&uacute;n no teniendo jurisdicci&oacute;n sobre el tonsurado le mand&oacute; prender y encarcelar de nuevo. Usando (y acaso abusando) de censura eclesi&aacute;stica, el provisor Montalegre ni corto ni perezoso excomulg&oacute; al alcalde de Murcia, bachiller X.
    </p><p class="article-text">
        En domingo de Ramos, el excomulgado alcalde se present&oacute; en misa con los suyos, de punta en blanco. Verle e interrumpirse los oficios divinos fue todo una. El provisor eclesi&aacute;stico pidi&oacute; que el excomulgado alcalde abandonara de inmediato el templo. A lo que &eacute;ste se neg&oacute;, permaneciendo bajo sagrado hasta que, por ruego e intercesi&oacute;n de ciertas personas, opt&oacute; por encaminarse a la salida. Contrariado por la situaci&oacute;n, el corregidor de la ciudad, Barradas, hizo llegar a la iglesia un grupo de gente armada que organiz&oacute; gran alboroto, esc&aacute;ndalo y ruido dentro y fuera del sacro recinto. Bien que &laquo;en servicio de Dios Nuestro Se&ntilde;or&raquo;, seg&uacute;n adujeron con suficiencia los garantes del orden p&uacute;blico, por delegaci&oacute;n real.
    </p><p class="article-text">
        Decidido a cortar por lo sano, el corregidor dio un mandamiento para que el provisor eclesi&aacute;stico saliese de la ciudad y su t&eacute;rmino al d&iacute;a siguiente, so ciertas penas pecuniarias y f&iacute;sicas si a la ciudad tornase. Y como &eacute;ste se resistiera, el corregidor hizo pregonar por la ciudad que as&iacute; que los ciudadanos oyesen repicar la campana de la iglesia de Santa Catalina se encaminasen todos, as&iacute; cristianos como jud&iacute;os, de siete a&ntilde;os arriba, a la dicha iglesia. Los as&iacute; congregados, con gente armada de a caballo y a pie, y el alcalde y los aguaciles al frente, fueron enviados por el corregidor a casa del provisor eclesi&aacute;stico. Donde entraron por la fuerza, sacaron sus bienes y obligaron al interfecto a abandonar la ciudad y su t&eacute;rmino.
    </p><p class="article-text">
        Agraviado en su persona y bienes, Montalegre se dirigi&oacute; por escrito a los Reyes Cat&oacute;licos, suplicando su mediaci&oacute;n en tan penoso asunto. De suerte tal que, con remedio de justicia real, se le desagraviase, alzase el destierro y se le desembargaran los bienes incautados.
    </p><p class="article-text">
        Lo que los regidores Cascales y Arr&oacute;niz respondieron a los Reyes Cat&oacute;licos, tras informarse al detalle de lo ocurrido, se desconoce. Si gan&oacute; el orden civil o el orden eclesi&aacute;stico o si el tema se sald&oacute; con un empate es lo de menos. La moraleja del caso es meridianamente clara. Los poderes siempre acaban siendo terrenales. Corona, Iglesia. Municipio, Episcopado. Cada quien defiende lo suyo. As&iacute; sea en d&iacute;a de labor o en riguroso d&iacute;a de guardar. La festividad no evit&oacute; el incidente. El domingo de Ramos del a&ntilde;o 1492 se sald&oacute; en la murciana iglesia de Santa Catalina con gran escandalera p&uacute;blica. Fe de lo cual da la Provisi&oacute;n real de Santa Fe.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/domingo-ramos-ramos-olivo_132_1595187.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Apr 2019 09:17:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Domingo de Ramos sin ramos de olivo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Historia,Semana Santa,Procesiones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La esperanzada voz del alba]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/esperanzada-voz-alba_132_1769807.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0be322e-50fe-4ee5-af35-d8f9ee2cce49_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La esperanzada voz del alba"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Glosa de un villancico de Rodrigo de Reinosa, juglar del siglo XVI, que canta la Navidad sin artificios</p></div><p class="article-text">
        En la composici&oacute;n po&eacute;tica de Rodrigo de Reinosa renombrada por su primer verso nada es superfluo. No hay estrella de larga y brillante cauda, no hay &aacute;ngeles anunciadores, no hay pastores, no hay reba&ntilde;os, no hay monta&ntilde;as, no hay palmeras, no hay olivos, no hay musgo, no hay r&iacute;os de plata, no hay peces nadando a contracorriente en los azudes, no hay puentes de verdosa piedra, no hay ventas, no hay palacios, no hay caser&iacute;os, no hay molinos harineros, no hay pozos, ni c&aacute;ntaras, ni c&iacute;taras, ni guitarras, ni bandurrias, ni sonajas, ni casta&ntilde;etas, ni panderos, ni mula, ni vaca. En tan primario y tierno poema, reducido a lo esencial, s&oacute;lo se manifiesta, por voz de la expresi&oacute;n po&eacute;tica, una sola voz, una voz sola, la grave voz, aterida por el fr&iacute;o, que impacientemente se alza en la envolvente sombra porque impacientemente espera que fenezca la noche y nazca la ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
                    &mdash;Canta, gallo, canta. - Canta, que amanece.
    </p><p class="article-text">
        Amanece, al fin. Por levante, como siempre. Gracias al canto del gallo, al que responden en lontananza otros gallos corraleros y silvestres. Porque el gallo invariablemente canta al alba, piensa el vulgo que el gallo trae del pico la ma&ntilde;ana. Su reloj biol&oacute;gico le indica cu&aacute;ndo tiene que cantar para dar a luz el repetido milagro del nuevo d&iacute;a. Todo nuevo d&iacute;a es un milagro del cielo. Ay, de quien no pueda verlo. El gallo ha respondido. Canta. Est&aacute; cantando. Se oye cantar cada vez m&aacute;s pr&oacute;ximo, m&aacute;s pr&oacute;ximo cada vez.
    </p><p class="article-text">
               &mdash;Y t&uacute;, Virgen Santa, - <em>tu vientre florece</em>.
    </p><p class="article-text">
        Ya est&aacute; todo dicho. El vientre de la santa Virgen florece, ha florecido. Los versos de apertura de tan tierno villancico esbozan con donaire el parto que sacraliza el estribillo.
    </p><p class="article-text">
               &mdash;El parto es llegado - de nuestra esperanza; - que Dios encarnado - naci&oacute; sin dudanza; - por donde se alcanza - el bien que parece - <em>tu vientre florece.</em>
    </p><p class="article-text">
        Cuando la luz se abre paso en la sombra todo florece a una, como por ensalmo. El d&iacute;a, el huerto, el entorno. Sin concurso de falsos le&ntilde;os ardientes y luces parpadeantes, el bel&eacute;n (sea gruta, portal, pesebre o establo) resplandece por s&iacute; s&oacute;lo como el vientre de la luci&eacute;rnaga acariciado por el tierno dedo enamorado de la luna. Qu&eacute; sola est&aacute; la soledad sin gente caminera. Eco de pasos perdidos. Y qu&eacute; sola en la soledad, sin abrazos amigos ni reparos, la Sagrada Familia, tras el consumado florecimiento del vientre, el viento que venturosamente ha florecido.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;A la media noche / ac&aacute; entre nos / sin ning&uacute;n reproche / naci&oacute; hombre y Dios; / pues, Se&ntilde;ora, a nos / por vos tal [a]contece, / <em>tu vientre florece.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Nada tendr&iacute;a de extraordinario el parto habido, un parto m&aacute;s entre tantos, de no ser un parto acontecido por expresa voluntad del cielo. Para el mundo, el reci&eacute;n nacido ha nacido hombre, s&iacute;. Y Dios, tambi&eacute;n. Cumpli&eacute;ndose as&iacute; el anuncio del &aacute;ngel a la sierva del Se&ntilde;or. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;</em>Seg&uacute;n me dec&iacute;ais, - y a m&iacute; me dijeron, - estas profec&iacute;as - en vos se cumplieron; - pues vos escogieron<em>-</em> porque Adam padece, - <em>tu vientre florece.</em>
    </p><p class="article-text">
        En el libro de los libros, donde todo est&aacute; escrito desde el primer d&iacute;a hasta el &uacute;ltimo, previsto estaba, seg&uacute;n las ense&ntilde;an los curas en los p&uacute;lpitos, que el virginal vientre de Mar&iacute;a hab&iacute;a de florecer sin concurso de var&oacute;n, por obra y gracia del Esp&iacute;ritu Santo. En noche fr&iacute;a y oscura, donde la divina primeriza se pusiera de parto por azar. En un triste y desolado portal ha sido,   abierto de par en par a los cuchillos del viento que pela las ca&ntilde;as y afila los rostros.
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;Pues Dios nos ech&oacute; - en este portal - do el Ni&ntilde;o naci&oacute; - por lo humanal;- en este arrabal, con fr&iacute;o que crece, - tu vientre florece.</em><em>tu vientre florece.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Con el paso de las horas, el fr&iacute;o va a m&aacute;s sin tregua alguna, agudiz&aacute;ndose. Nadie est&aacute; por llevar una taza de caf&eacute; o un caldo de gallina a la que ha visto florecer en su vientre un rosal. Ni un abrazo. Ni un beso. Ni un consuelo. Est&aacute;n definitivamente solos. Solos en el portal. Solos con su soledad.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;Si quieres que vaya - partera a buscar, el gab&aacute;n y sayo -  os quiero dejar; -  en pobre lugar -  todo esto acaece; - tu vientre florece.</em><em>tu vientre florece.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>A buenas hora, piensa el santo var&oacute;n en la partera. Ay, carpintero, qu&eacute; cabeza la suya, siempre pensando en los muebles a los que ha de pasarle la garlopa. A su edad, los nervios le juegan malas pasadas. El florecimiento del vientre de la mujer en tan impropio lugar le tiene enteramente trastornado. Tanto que a destiempo le propone ir a buscar partera, cuando ayuda para alumbrar ya no hace falta, </em>porque el vientre de la esposa felizmente ha florecido.
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;</em>Mientras voy, Se&ntilde;ora, - partera a buscar, - quered vos agora - sola consolar: - no quer&aacute;is llorar, -que a m&iacute; me entristece; - <em>tu vientre florece.</em>
    </p><p class="article-text">
        Dejarla sola es una temeridad. Qu&eacute; podr&aacute; ella sola contra los lobos de la noche, no siendo los que a&uacute;llan los de m&aacute;s temer. Lo que el novato padre busca no es, en realidad, una partera. Es ayuda, cualquier tipo de ayuda, porque son pobres de solemnidad. Est&aacute;n solos. Tiritando de fr&iacute;o y de hambre y desconsuelo en un portal.
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;</em>Lumbre no tenemos - ni le&ntilde;a ninguna, - ni tampoco habemos<em> - </em>mantillas ni cuna; - pues nuestra fortuna - todo esto merece, -<em> tu vientre florece.</em><em>tu vientre florece.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Contra los males del mundo se impone la vida, la gloriosa vida que se manifiesta en los brazos de la madre. Madre e hijo anudan sus l&aacute;grimas al comerse a besos. Por qu&eacute; llora el ni&ntilde;o al entrar en la vida es cuesti&oacute;n para la que no ha encontrado respuesta v&aacute;lida la filosof&iacute;a. Ni la teolog&iacute;a tampoco. El vientre florece a lo desconocido. M&aacute;s all&aacute; del para&iacute;so perdido de la madre acaba el florecimiento del vientre. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;</em> Con terrible invierno - y noche lloviosa, - sin ning&uacute;n gobierno, - con pena penosa, - consu&eacute;late, esposa, - aunque algo fallece; -<em> tu vientre florece</em><em>tu vientre florece</em><em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>       La gravidez para siempre ha fenecido. Adi&oacute;s vientre romo, estado de buena esperanza. El vientre ha florecido. Mar&iacute;a llora porque ya nunca m&aacute;s podr&aacute; alumbrar a Jes&uacute;s. Hombre y Dios florecido de su vientre al mismo tiempo.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/esperanzada-voz-alba_132_1769807.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Dec 2018 09:44:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La esperanzada voz del alba]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cuarto de la alábega]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/cuarto-alabega_132_1890391.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El arabismo</p><p class="subtitle">alábega</p><p class="subtitle">es en Murcia una institución. Una planta doméstica, un miembro más de la familia. Macetas de barro con alábega había en todos los domicilios, dentro y fuera</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Alh&aacute;bega es un murcianismo que vale por albahaca, seg&uacute;n el <em>DRAE</em>, y que, en Murcia, se escribe sin <em>h</em>, por aquello tan murciano de prescindir de cuanto dificulta la pronunciaci&oacute;n o la escritura. La etimolog&iacute;a de albahaca nos da las claves del uso murciano. Viene del &aacute;rabe <em>al-habaga. </em>De donde resulta <em>al&aacute;bega</em>. Por deformaci&oacute;n o corrupci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica.
    </p><p class="article-text">
        El arabismo <em>al&aacute;bega</em> es en Murcia una instituci&oacute;n. Una planta dom&eacute;stica, un miembro m&aacute;s de la familia. Macetas de barro con al&aacute;bega hab&iacute;a en todos los domicilios, dentro y fuera. Las del exterior, situadas a la entrada del hogar, en el poyete de obra, ten&iacute;an una funci&oacute;n sanitaria. Introducir morosamente las manos en la redondeada mata verde al entrar y salir de casa, para arom&aacute;rselas con su intenso y penetrante aroma era costumbre que ojal&aacute; no se olvide jam&aacute;s. Servidor, no. Y tan as&iacute; es que lo primero que hago todos los d&iacute;as, al salir de mi casa de la huerta a dar un paseo en bicicleta, es aromarme las manos con al&aacute;bega para que su perfume a todos anuncie que provengo de un huerto civilizado.
    </p><p class="article-text">
        Bajo la voz albahaca, S&aacute;nchez Verd&uacute; y Mart&iacute;nez Torres, recogen una cuarteta del <em>Cancionero Folklore</em> de Puig tomada de <em>El habla de Cartagena</em>, de Gin&eacute;s Garc&iacute;a Mart&iacute;nez. Dice as&iacute;: &laquo;El marinero en el mar / parece una clavellina. / y en llegando a Cartagena / tallo de al&aacute;bega fina&raquo;. La versificaci&oacute;n impone la redundancia. La al&aacute;bega siempre es fina, de un olor tan sutil que penetra la piel, interes&aacute;ndola hasta el hueso.
    </p><p class="article-text">
        Talmente as&iacute; lo sugiere tambi&eacute;n Mart&iacute;nez Tornel en el romance <em>El Malec&oacute;n</em> (1877): &laquo;...Y, finalmente, las mozas / de servicio y de labor, / m&aacute;s pomposas que la al&aacute;bega / m&aacute;s anchas que el Malec&oacute;n&raquo;. Y en su poema <em>Angelillos al cielo</em>: &laquo;Florida al&aacute;bega cubre / aquel tiernecito cuerpo&raquo;. Y en <em>Tristeza</em>: &laquo;No me pondr&eacute; yo claveles / sino al&aacute;bega amarilla / o algunas flores de muerto / como lo est&aacute; el alma m&iacute;a&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al&aacute;bega fue tambi&eacute;n un vocablo muy del gusto de Vicente Medina, quien lo incluye en <em>Alma m&iacute;a</em> (1904) apuntando que el alma murciana es sencilla en sus amorosos anhelos y perfuma sus amores &laquo;con al&aacute;bega y rosas de Alejandr&iacute;a&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando S. A. R. la Infanta Isabel visita Murcia en julio de 1907, en Torre de Romo el alcalde ped&aacute;neo Jer&oacute;nimo Ros, de ruillas ante do&ntilde;a Isabel, ley&oacute; en panocho una soflama, con la venia de S. A. Tras recordar a su predecesor Joaqu&iacute;n L&oacute;pez, &laquo;panocho insta la cepa&raquo;, en su socorrido episodio del &laquo;borreguiquio que no topa y las flores que no punchan&raquo;, con entrecortada voz pronunci&oacute; su soflama: &laquo;G&uuml;eno: Yo no trayo ahora / er borreguiquio a Su Alteza, / le trayo este ramillete / hecho de al&aacute;bega fresca, / clavellinas, alarises y viznagas y azucenas, / de esas que crecen ar paso / en la margen de una cieca / ar pie de los nispoleros, / dezaga de las viviendas (...)&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Precitados autores murcianos coinciden en escribir al&aacute;bega a la murciana forma, sin <em>h</em> intermedia, siguiendo la estela del ya invocado panochista Joaqu&iacute;n L&oacute;pez, alias &laquo;Juan Porrones&raquo;; palad&iacute;n de una socarroner&iacute;a por dem&aacute;s murciana, consistente en llamar &laquo;cuarto de la al&aacute;bega&raquo; al escusado. Vulgo retrete.
    </p><p class="article-text">
        Quien la conserve, tendr&aacute;n en memoria (en el arca del recuerdo) la estampa en color que publiqu&eacute; a mis expensas hace unos a&ntilde;os y repart&iacute; a manos llenas. La cual reza as&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        <strong>EL CUARTO DE LA AL&Aacute;BEGA</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>B A N D O</strong>
    </p><p class="article-text">
                    Caballeros [damas]:
    </p><p class="article-text">
                    Se prodive (...) mear de corr&iacute;o u hacer cuasiquiera otra deligencia de la mesma familia en parage pr&uacute;blico, ni ezaga e denguna puerta; y pa devitallo, si anguno se ve afleg&iacute;o con retortijones, alboroto e tripas u cosa que le avise, que llame a una casa, y con pul&iacute;tica diga: &iquest;Premiten ost&eacute;s pasar al cuarto e la al&aacute;bega, pa dalle desahogo ar cuerpo?
    </p><p class="article-text">
                    He rematao.
    </p><p class="article-text">
                    El Alcalde,
    </p><p class="article-text">
        <em>Juan Porrones </em>
    </p><p class="article-text">
        <em> </em>
    </p><p class="article-text">
        [&laquo;4&ordm; punto del Bando panocho publicado por Joaqu&iacute;n L&oacute;pez (alias &ldquo;Juan Porrones&rdquo;), exhumado por Pedro D&iacute;az Cassou en <em>Los primeros Bandos de la Huerta en el Carnaval de Murcia</em>. Para general aviso y nombramiento en los servicios p&uacute;blicos y privados (que, en adelante, no deber&aacute;n ser denominados urinario, retrete, v&aacute;ter o escusado, sino cuarto de la al&aacute;bega) lo ha rescatado del olvido para la memoria Antonio Mart&iacute;nez Cerezo].
    </p><p class="article-text">
        Cuando la imaginaci&oacute;n llegue al poder, en los establecimientos p&uacute;blicos murcianos (bares, cafeter&iacute;as, restaurantes, hamburgueser&iacute;as...) se ver&aacute;n florecer a la entrada de los servicios p&uacute;blicos anchas, verdes y olorosas macetas de al&aacute;bega sobre plintos de madera o metal estrat&eacute;gicamente colocados al pie de la l&aacute;mina enmarcada que reproduce tan ingeniosa muestra de la socarroner&iacute;a murciana.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/cuarto-alabega_132_1890391.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Oct 2018 12:22:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El cuarto de la alábega]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Evento cultural de mucho copero: ﻿artificioso modo de anunciar un acto cultural de importancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/evento-cultural-artificioso-anunciar-importancia_132_1914312.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1fe71e80-2650-4a32-a9bc-506935b8540d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Evento cultural de mucho copero: ﻿artificioso modo de anunciar un acto cultural de importancia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sabido es que en la huerta de Murcia, donde hay palabras para todo, se afirma ser de gran copero el árbol de ancha copa y generosa sombra</p><p class="subtitle">Cierta agrupación murciana muy activa en lo coloquial considera copero, de gran copero o mucho copero, al ciudadano que destaca sobre el resto</p><p class="subtitle">Por "relevante" traducen la expresión 'de copero' Sánchez Verdú y Martínez Torres, autores del 'Diccionario Popular de nuestra tierra'</p></div><p class="article-text">
        Un amigo muy &laquo;s&uacute;pio&raquo; (sabido, resabido, sabio) me invita a asistir a una conferencia que dictar&aacute; en el marco de &laquo;un evento cultural de mucho copero&raquo;. Obligado quedo a devanarme los sesos para deducir que me invita a &laquo;un acto cultural de importancia&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pensar y escribir en correcto espa&ntilde;ol es medicina que se niega a tomar quien ignora que el idioma espa&ntilde;ol se desarrolla a partir de la glosa marginal en espa&ntilde;ol (doce renglones) de la p&aacute;gina 72 del <em>C&oacute;dice Emilianensi</em> (60) de San Mill&aacute;n de la Cogolla, cuya emoci&oacute;n perdura &laquo;enos sieculos de los sieculos&raquo;. Fresca al claro entendimiento como una rosa.
    </p><p class="article-text">
        Evento (del lat&iacute;n <em>eventus</em>) vale por &laquo;acaecimiento&raquo; (lo que acaece o sucede), en su primera acepci&oacute;n acad&eacute;mica. Y por &laquo;eventualidad, hecho imprevisto o que puede acaecer&raquo;, en la segunda. Absurdo es, por tanto, invitar a los amigos a concurrir a un hecho imprevisto, que puede acaecer, o no. Seg&uacute;n. Porque lo eventual depende de las circunstancias, del sino o acaso. En definitiva: no es regular, ni fijo, ni seguro.
    </p><p class="article-text">
        No importa. En los tiempos que corren, todo el mundo se apunta a la f&oacute;rmula en boga. Y m&aacute;s que nadie los &laquo;s&uacute;pios&raquo;, ufanos de estar al d&iacute;a. Ir a un evento viste m&aacute;s que ir a un acto. D&oacute;nde va a parar. Antes, se invitaba a asistir a la presentaci&oacute;n de un libro, a la inauguraci&oacute;n de una exposici&oacute;n de arte, a un concierto musical, a un espect&aacute;culo de danza, etc. Hoy, lo que se lleva es asistir a un evento, ir a cuantos m&aacute;s eventos mejor... Porque ir a un evento da m&aacute;s lustre que asistir a una conferencia o a un recital.
    </p><p class="article-text">
        La f&oacute;rmula no es casual. La alimentan quienes viven de ella. Y muy bien por cierto. Los organizadores de eventos; plaga que, en nuestros d&iacute;as, abunda como la mala yerba y a la cual se ve merodear como Perico por su casa por los centros oficiales donde se reparten a manos llenas las gabelas hoy nombradas &laquo;subvenciones&raquo;. La funci&oacute;n del organizador de eventos (con, o sin, doctorado cum laude) consiste en tener una gran facilidad de acceso e influencia sobre quienes en los despachos oficiales determinan a qui&eacute;n favorecer. El organizador de eventos ofrece al pol&iacute;tico de turno organizarle un &laquo;evento&raquo; por todo lo alto (&laquo;de mucho copero&raquo;), protagonizado por gente que sale mucho en la tele (quien no aparece en la tele no existe), personajes muy significados por asuntos varios (innombrables incluso), llamados a dar un gran peso espec&iacute;fico al evento y que se prestar&aacute;n (quien paga manda) a hacerse las fotos de grupo que se precisen junto al engallado pol&iacute;tico de turno.
    </p><p class="article-text">
        El organizador de eventos ofrece ocuparse de todo, desde lo m&aacute;s complejo a lo m&aacute;s sencillo, poner a disposici&oacute;n del pol&iacute;tico circunstancial su gran equipo (tambi&eacute;n de mucho copero), donde no faltan &laquo;negros&raquo; que escriben las presentaciones, los discursos, el argumentario para ponerse ante los micros y c&aacute;maras, etc. Y todo por una subvenci&oacute;n en condiciones. Ni cara ni barata. Una cosa que est&eacute; bien. Porque muchas son las teclas que hay que tocar: compromisos de asistencia a los actos (perd&oacute;n: eventos), concesi&oacute;n de entrevistas, discursos, conferencias, tertulias, ruedas de prensa, mesas redondas, hospedaje, manutenci&oacute;n, fanfarrias, fuegos fatuos, espect&aacute;culos de luz y sonido... Lo cual, obviamente, asciende a un past&oacute;n que en buena parte alimenta el bolsillo del organizador de eventos (logrero o conseguidor de oficio; el t&iacute;o de los eventos, vaya).
    </p><p class="article-text">
        El car&aacute;cter cultural (cultivo del conocimiento) del evento al que me invita a asistir mi amigo el s&uacute;pio se presupone. Harina de otro costal es la expresi&oacute;n &laquo;de mucho copero&raquo;. En &eacute;poca medieval, el oficio de &laquo;copero&raquo; se reservaba a arist&oacute;cratas muy pr&oacute;ximos a la realeza. Por ser copero del rey, oficio servil consistente en conservar y disponer las copas en orden, ciertos arist&oacute;cratas murcianos no habr&iacute;an dudado en cargarse a su mism&iacute;simo padre. L&oacute;pez Fajardo lo fue. Y Garci Iufr&eacute; de Loaisa, adelantado mayor del reino. Y Mart&iacute;n Riquelme.
    </p><p class="article-text">
        Sabido es que en la huerta de Murcia, donde hay palabras para todo, se afirma ser de gran copero el &aacute;rbol de ancha copa y generosa sombra. El copero de la palmera. Qu&eacute; hermoso t&iacute;tulo para un poema o libro, en el sentido de penacho dorado, como el de la ca&ntilde;a licera, que utiliza el blanco jopo para pintarse a la acuarela en el agua al paso. Segar las copas del panizo con corvilla fue oficio de copero al que nos iniciamos de ni&ntilde;os. En las casas, junto al lebrillero, el platero (o platera) y el chinero luc&iacute;a el copero (que, en las m&aacute;s ricas, era de copas talladas de la f&aacute;brica de Cartagena; y, en las m&aacute;s pobres, resto de restos, un paisaje de ruinas).
    </p><p class="article-text">
        Por extensi&oacute;n, cierta agrupaci&oacute;n murciana muy activa en lo coloquial considera copero, de gran copero o mucho copero, al ciudadano que destaca sobre el resto. Ya sea por el f&iacute;sico o por la posici&oacute;n sociocultural. En los ya lejanos tiempos de mi infancia, con no poco retint&iacute;n se habr&iacute;a se&ntilde;alado como el m&aacute;s copero de Murcia a un adinerado comerciante (no dir&eacute; el ramo) que todos los d&iacute;as de Dios, tocado con sombrero negro, sal&iacute;a de misa mayor (tampoco dir&eacute; la iglesia) con la esposa al brazo, tres cabezas m&aacute;s baja que &eacute;l, y un mont&oacute;n de hijos crecederos apavilados a su lado.
    </p><p class="article-text">
        Por &laquo;relevante&raquo; traducen la expresi&oacute;n &laquo;de copero&raquo; S&aacute;nchez Verd&uacute; y Mart&iacute;nez Torres, autores del <em>Diccionario Popular de nuestra tierra</em>. Diccionario de uso poco frecuentado y citado por quienes escriben de o&iacute;do. Su afinado apunte, me ayuda a completar la traducci&oacute;n. Mi amigo, el s&uacute;pio, me invita a asistir a &laquo;un acto cultural relevante&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        De importancia, o no, ya se ver&aacute;. Que los eventos son barro hacia forma. Eventualidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/evento-cultural-artificioso-anunciar-importancia_132_1914312.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Sep 2018 09:40:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Evento cultural de mucho copero: ﻿artificioso modo de anunciar un acto cultural de importancia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bando sobre locución]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/bando-locucion_132_1925067.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e5d5340c-60ab-463c-b1f5-cd46f7b0b6f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bando sobre locución"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Murcia tiene un modo de hablar que no es sinónimo de hablar mal. Triste fama que alimentan, mal de su grado, quienes escriben sus «panocherías» con tinta digna de mejor borrón</p></div><p class="article-text">
        Cuando a un paisano le apunto que &laquo;hay vida m&aacute;s all&aacute; de la Venta del Olivo&raquo; lo normal es que se escandalice y enfade conmigo. Murcia es muy suya, muy pagada de lo sustantivo. Y quienes por estos pagos, crey&eacute;ndose el ombligo del mundo se empecinan en hacer pasar el &laquo;panocho&raquo; como el idioma original de &laquo;aquestos reinos de excelsa fabla&raquo;, har&iacute;an bien recordando que la REAL ACADEMIA ESPA&Ntilde;OLA &mdash;que, por antonomasia, es la de la lengua&mdash; fue fundada en Madrid, en 1713, por Juan Manuel Fern&aacute;ndez Pacheco, marqu&eacute;s de Villena, a imitaci&oacute;n de la <em>Academie Fran&ccedil;aise</em> y aprobada definitivamente por Felipe V en 1714.
    </p><p class="article-text">
        Fiel a su objetivo, la Real Academia Espa&ntilde;ola adopt&oacute; como divisa un crisol puesto al fuego con el lema &laquo;limpia, fija y da esplendor&raquo;, expresivo de su inter&eacute;s por mantener la pureza del idioma espa&ntilde;ol con car&aacute;cter normativo. Entre sus primeras publicaciones, se cuenta el Bolet&iacute;n trimestral, &laquo;DICCIONARIO DE AUTORIDADES&raquo; (1726-1739), en cuyas p&aacute;ginas figuran pasajes de piezas escritas por literatos previos al llamado siglo de oro murciano (el de Floridablanca, Belluga y Salzillo). Al <em>Diccionario, </em>siguieron la <em>Ortograf&iacute;a</em> (1741) y la <em>Gram&aacute;tica </em>(1771).
    </p><p class="article-text">
        De todo lo cual tuvieron cabal conocimiento los redactores de &laquo;La Gazeta de Murcia&raquo; (1706), primer papel aqu&iacute; publicado, y del &laquo;Semanero murciano&raquo; (1758); y, ya con estricta funci&oacute;n de peri&oacute;dico, los del &laquo;Diario de Murcia&raquo; (1792), de Bado, Meseguer y Zamorano; y, a continuaci&oacute;n, los de &laquo;El Censor&raquo;, &laquo;El Correo [Literario] de Murcia&raquo; (1792-1795), que venturosamente acoge las seguidillas enviadas por un lector en las que siempre se ha querido ver una primer&iacute;sima muestra del habla de la huerta: &laquo;La esperencia, la sencia, / y la gramanza, / hacen al hombre supio / por la ense&ntilde;anza&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        El cambio de siglo fue pr&oacute;digo en publicaciones ef&iacute;meras, cuyo inventario glos&oacute; con rigor y primor Antonio Crespo, gran amigo, periodista y ejemplo de investigador tenaz y concienzudo. Y as&iacute;, entre un laberinto de incesantes cabeceras, dio en nacer &laquo;La Paz de Murcia&raquo; (1858-1896), de Almaz&aacute;n (con sede en la plaza del Esparto; hoy de Romea); precedente de &laquo;El Diario de Murcia&raquo; (1879-1903), de Tornel.
    </p><p class="article-text">
        Contempor&aacute;neo de la Real Academia Espa&ntilde;ola, el periodismo nace en Murcia al alba del siglo XVIII, se sustancia en sus postrimer&iacute;as y se consolida promediado el siglo XIX. Los ejemplares existentes prueban que los redactores murcianos ten&iacute;an muy en cuenta las normas ortogr&aacute;ficas y gramaticales dictadas por la m&aacute;xima instituci&oacute;n en la materia. Las faltas que hoy se observan al leerlos, tantos a&ntilde;os despu&eacute;s, son m&iacute;nimas y afectan mayormente a la acentuaci&oacute;n y a las reglas de puntuaci&oacute;n. Por lo dem&aacute;s, los textos son correct&iacute;simos. En Murcia, se escrib&iacute;a en espa&ntilde;ol normativo.
    </p><p class="article-text">
        En Madrid, las cosas comenzaron a torcerse con el costumbrismo. Tolerable en Larra, Mesonero Romanos y Est&eacute;banez Calder&oacute;n, entre otros, porque era gente de talento. Desde entonces, devino costumbre nacional tratar de acomodar el idioma escrito al lenguaje de la calle; escribiendo <em>mesmo</em> por mismo, <em>vrecina</em> por vecina;<em> se&ntilde;&aacute; </em>por se&ntilde;ora<em>, devota costumbre </em>(por tirar de bota), juevo por juego o huevo, <em>esplicaera</em> o <em>esplicanza</em> por explicaci&oacute;n, etc.
    </p><p class="article-text">
        Murcia no escap&oacute; a esta contaminaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica, remont&aacute;ndose los precedentes al siglo previo. As&iacute;, en &laquo;Ligero rasgo&raquo; (1784), de Ripa Asin, hay pasajes populares harto  tolerables por la vasta erudici&oacute;n de los autores. En previos art&iacute;culos, he glosado la organizaci&oacute;n en diversos momentos de desfiles de carrozas dedicadas a los dioses del Olimpo y a Murcia, Huerta y Campo, inici&aacute;ndose el desfile de huertanos (con zarag&uuml;elles y montera) y reparto del <em>Romanciquio</em> (precedente del Bando). Impagable sociolog&iacute;a de &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al lenguaje popular, retazos escritos h&aacute;llanse en varios villancicos de finales del XVIII por m&iacute; exhumados y en &laquo;El Carnaval de Murcia en el a&ntilde;o 1854&raquo;, publicado por Arr&oacute;niz en 1858, y en la &laquo;Soflama&raquo; de Ant&oacute;n Caena (del mismo a&ntilde;o). En cuanto a la voz &laquo;panocho&raquo;, se documenta en Granada, 1858, como expuse en &laquo;Un tal Juan Panocho, escribano de oficio&raquo;. Aplicada al huertano (persona), Fuentes y Ponte la inmortaliza al referir al t&iacute;o Higuerica, &laquo;panocho de campo y huerta&raquo; (sic). A rengl&oacute;n seguido, la expresi&oacute;n panocho se populariza (aplic&aacute;ndose al hombre y al habla). Vicio dialectal en que abundan, con sus m&aacute;s y sus menos, todos los cultivadores y analistas del g&eacute;nero: Joaqu&iacute;n L&oacute;pez, Mart&iacute;nez Tornel, D&iacute;az Cassou, Frutos Baeza, Alberto Sevilla, Garc&iacute;a Soriano, etc.
    </p><p class="article-text">
        A la hora de estudiar el fen&oacute;meno etnogr&aacute;fico las c&aacute;balas sobran. El rigor exige hablar con propiedad, sin apriorismos ni filias ni fobias. El BANDO no es una invenci&oacute;n murciana. Se generaliza en toda Espa&ntilde;a desde el siglo XVI en adelante. En Murcia, los bandos populares los confeccionaban &laquo;los privados de la vista corporal&raquo; (ciegos), contra quienes el Corregidor Pareja dict&oacute; un BANDO (c. 1774), prohibi&eacute;ndoles ejercer la mendicidad entonando canciones y oraciones con acompa&ntilde;amiento de instrumentos musicales. Los hoy llamados &laquo;bandos panochos&raquo; son un producto reciente, cansino y anacr&oacute;nico. No se trata de tirar piedras contra nuestro propio tejado, que es de cristal, como todos. Se trata de hacer historia.
    </p><p class="article-text">
        Contra la chabacaner&iacute;a expresiva, valga el tantas veces citado por m&iacute; &laquo;BANDO SOBRE LOCUCI&Oacute;N&raquo; de Camporredondo (1815-1857), cuyo autor se opone al mal uso del lenguaje verbal por las personas poco instruidas y de su expresi&oacute;n escrita en la literatura. Mal que abarcaba por entonces a todo el pa&iacute;s. Referido BANDO lo public&oacute; en vida su autor, en Santander. Y como es largo, s&oacute;lo transcribo el principio.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Al ver en la patria m&iacute;a / tal corrupci&oacute;n de lenguaje, / tal ensalada o potaje / tan confusa algarav&iacute;a. / Al ver que de d&iacute;a en d&iacute;a / cunde r&aacute;pido este mal, / y que no habr&aacute; radical / cura, por medios humanos, / declaro a mis paisanos / en estado excepcional. / Y siendo <em>&iexcl;oh tempora! &iexcl;oh mores!</em> / moda ya publicar leyes / (...) Yo, tambi&eacute;n, hecho un baj&aacute; / ordeno, decreto y mando: / Al que diga catredal, culatra, ojebto y sospiros / s&oacute;plensele cuatro tiros / en la parte occipital. / Apl&iacute;quese pena igual / al que pronuncie contrera / anedocta, firolera, / niervo, huespede, cuchar, / estonces, yelso, chumpar, / az&uacute;cara y costudera. / Tambi&eacute;n ser&aacute; fusilado / por detr&aacute;s sin remisi&oacute;n, / el que diga mantenci&oacute;n / intreprete y venturado. / No podr&aacute; ser indultado / probado su contumacia / el que diga verbo y grantia / prespectiva, diferiencia, / Ingalaterra, / concencia, murci&eacute;galo y prespicacia...&raquo;
    </p><p class="article-text">
        Sirva de aviso a quienes quieran mantener a salvo su parte occipital. No sea el caso que por deformar las palabras, no basarlas en autoridades y confundir vocabulario con idioma (habla o lengua) reciban en las posaderas una descarga de perdigones de sal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/bando-locucion_132_1925067.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Sep 2018 09:24:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bando sobre locución]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Murcia,Cultura,Patrimonio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Distinción Xacobea 2018' para la Real y muy Ilustre Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/distincion-xacobea-ilustre-cofradia-santisimo_132_1928953.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/599e80f6-54b3-4b7c-a525-ab83cf2849b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Distinción Xacobea 2018&#039; para la Real y muy Ilustre Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Merecidísima distinción la otorgada a la popular Cofradía del Perdón. Porque desde hace más de setenta y cinco años esta Cofradía luce en su insignia, emblema o estandarte, la cruz de Santiago, con la cristiana leyenda central JHS</p></div><p class="article-text">
        La Orden del Camino de Santiago, con sede en Santiago de Compostela, celebra todos los a&ntilde;os, con la m&aacute;xima solemnidad, su cap&iacute;tulo anual en la capital compostelana el s&aacute;bado anterior al 25 de julio, festividad del ap&oacute;stol Santiago, en el marco hist&oacute;rico de la capilla de los Reyes Cat&oacute;licos. En tan se&ntilde;alado d&iacute;a, de encuentro y regocijo para los miembros de la Orden asistentes e invitados, se nombran e invisten nuevos Caballeros y Damas entre un restringido elenco de personalidades del mundo cultural, pol&iacute;tico, social, empresarial, deportivo, religioso, etc.... Desde el mismo momento de su investidura, los investidos quedan caracterizados por su capa blanca de ancho vuelo con la cruz roja de Santiago a la espalda, el bonete con dicho mismo emblema jacobeo, la medalla y/o escapulario de la Orden, el bord&oacute;n y los guantes blancos distintivos del buen prop&oacute;sito y pureza de intenci&oacute;n que les anima.
    </p><p class="article-text">
        Mil ciento sesenta y ocho caballeros y damas, de veinticinco pa&iacute;ses de los cinco continentes, han formado parte de esta din&aacute;mica Orden hasta la celebraci&oacute;n del cap&iacute;tulo extraordinario de Foz de Iguaz&uacute;, que se est&aacute; celebrando en estos momentos en Brasil y donde est&aacute; previsto el nombramiento, investidura e incorporaci&oacute;n a la Orden de importantes personalidades de aquel gran pa&iacute;s hermano. Posteriormente, tendr&aacute; lugar otro cap&iacute;tulo, igualmente extraordinario, en las islas Azores. Lo que pone claramente de relieve el car&aacute;cter plural, abierto e internacional de la Orden del Camino de Santiago.
    </p><p class="article-text">
        Excepcionalmente, y cuando la ocasi&oacute;n lo requiere, precitada Orden tiene a bien conceder una &laquo;Distinci&oacute;n Xacobea&raquo;. Galard&oacute;n distintivo nada f&aacute;cil de obtener, por su excepcionalidad y alto valor simb&oacute;lico. La &uacute;nica otorgada en el presente a&ntilde;o 2018 ha correspondido a la Real y Muy Ilustre Cofrad&iacute;a del Sant&iacute;simo Cristo del Perd&oacute;n, con sede can&oacute;nica en la popular iglesia murciana de San Antol&iacute;n, de donde sale la procesi&oacute;n de &laquo;los magenta&raquo;; en su d&iacute;a conocida como &laquo;la de las colas&raquo;, por la t&uacute;nica en punta de los nazarenos.
    </p><p class="article-text">
        Merecid&iacute;sima distinci&oacute;n sin duda alguna la otorgada a la popular Cofrad&iacute;a del Perd&oacute;n. Porque desde hace m&aacute;s de setenta y cinco a&ntilde;os esta castiza Cofrad&iacute;a luce en su insignia, emblema o estandarte, la cruz de Santiago, con la cristiana leyenda central JHS. Visto, comprobado y considerado lo cual, y contando siempre con la entusiasta anuencia del presidente de la cofrad&iacute;a murciana, don Diego Avil&eacute;s, en mi condici&oacute;n de Comendador de la Orden propuse a &eacute;sta que le concediera la &laquo;DISTINCI&Oacute;N XACOBEA'2018&raquo;. Lo que su Consejo de Gobierno, reunido al efecto, acept&oacute; por unanimidad.
    </p><p class="article-text">
        Acto seguido, y para evitar el desplazamiento de alg&uacute;n representante de la Cofrad&iacute;a de Perd&oacute;n a la ciudad de Santiago para recoger la DISTINCI&Oacute;N XACOBEA'2018, propuse a su presidente, Sr. Avil&eacute;s, recogerla yo en nombre y representaci&oacute;n de la Cofrad&iacute;a. Autorizado al efecto y hecho as&iacute;, desde el pasado mes de julio la DISTINCION XACOBEA'2018 ha permanecido en mi poder. Y es llegado el momento, cuando septiembre declina, de entregarla a la Cofrad&iacute;a a la que fue otorgada en indicada fecha por unanimidad y por los motivos que en el texto de la misma constan y que en alta voz expondr&eacute; para p&uacute;blico conocimiento.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ser&aacute; para m&iacute; un motivo personal de gran satisfacci&oacute;n y un gran honor hacer el pr&oacute;ximo viernes d&iacute;a 28, en un acto p&uacute;blico que tendr&aacute; lugar en la fecha indicada, a las 20,30 horas, en la iglesia de San Antol&iacute;n, sede can&oacute;nica de la Cofrad&iacute;a del Perd&oacute;n. Donde, asimismo, expondr&eacute; que, a indicaci&oacute;n m&iacute;a, el pintor murciano Pepe Franco ha hecho una composici&oacute;n digital, pendiente de ulterior desarrollo pl&aacute;stico, en la que en la parte superior figura el Cristo del Perd&oacute;n; y en la inferior, Santiago ap&oacute;stol y la cruz de Santiago. El maestro y el disc&iacute;pulo, Jes&uacute;s y el hijo mayor de Zebedeo y Mar&iacute;a Salom&eacute;, cuyas veneradas figuras simbolizan en la obra el abrazo y uni&oacute;n de dos ciudades, Murcia y Santiago, tan distantes entre s&iacute; y ahora y para siempre unidas m&aacute;s que nunca por la roja cruz de Santiago. Que la inspirada composici&oacute;n de Pepe Franco sirva de estampa, cartel o portada de la pr&oacute;xima revista Magenta es deseo personal que ojal&aacute; se materialice en hecho.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s sorpresas habr&aacute; pronto para la Real y Muy Ilustre Cofrad&iacute;a del Sant&iacute;simo Cristo del Perd&oacute;n y sus cofrades, que no es ahora el momento ni siquiera de insinuar para evitar que se malogren. Mi inter&eacute;s por San Antol&iacute;n no precisa de mucha explicaci&oacute;n. Es la parroquia de mis mayores, donde est&aacute;n bautizados todos mis antececores por las dos ramas familiares: la paterna y la materna. Y, tambi&eacute;n, mi amor de siempre y novia eterna: Carmencica. Que, por el bautismo, es antolina.
    </p><p class="article-text">
        *Antonio Mart&iacute;nez Cerezo, escritor, es Comendador de la Orden del Camino de Santiago
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/distincion-xacobea-ilustre-cofradia-santisimo_132_1928953.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Sep 2018 14:05:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Distinción Xacobea 2018' para la Real y muy Ilustre Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Religión,Murcia,Cofradías]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A: La tienda de campaña del alfabeto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/tienda-campana-alfabeto_132_1958262.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ef4ee763-46cd-4017-859c-f279d306d80f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A: La tienda de campaña del alfabeto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aviso para navegantes. Alfabeto es masculino. Pero las letras del alfabeto, las veintisiete letras que acoge la tienda de campaña que en el horizonte dibuja la grácil figura de la A mayúscula, la mayúscula A, tienen en común que su gracia en español se nombra en femenino</p></div><p class="article-text">
        All&aacute; por los a&ntilde;os cincuenta del siglo pasado, el jacarandoso escritor madrile&ntilde;o Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna se sac&oacute; de la manga una greguer&iacute;a genial: &laquo;la <em>A</em> es la tienda de campa&ntilde;a del alfabeto&raquo;. La A may&uacute;scula, la may&uacute;scula A. Una tienda de campa&ntilde;a de indios apaches o excursionistas domingueros, con los vientos tensados por cuerdas asidas a clavos firmemente anclados al suelo. Una tienda de campa&ntilde;a, m&aacute;s alta que ancha, puntiaguda incluso, con la puerta practicable, cerrada o abierta a voluntad del azaroso viento, donde habitan en comuna todas las letras del alfabeto unidas por su femenina condici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aviso para navegantes. Alfabeto es masculino. Pero las letras del alfabeto, las veintisiete letras que acoge la tienda de campa&ntilde;a que en el horizonte dibuja la gr&aacute;cil figura de la A may&uacute;scula, la may&uacute;scula A, tienen en com&uacute;n que su gracia en espa&ntilde;ol se nombra en femenino. Todas. Sin excepci&oacute;n. De la A a la Z. Independientemente de que sean vocales o consonantes. La a, la e, la i, la o, la u. Y la be, la ce, y todas las dem&aacute;s, hasta la Z.
    </p><p class="article-text">
        Ni m&aacute;s ni menos. Porque a cuantos, una y otra vez, con tozudez propia de mejor causa, han intentado meter por debajo de la puerta la @ como novedosa letra ambivalente las letras de dentro, en romana formaci&oacute;n de tortuga, les han dado con la puerta en las narices. Sirva de aviso. Que en la tienda de campa&ntilde;a del alfabeto espa&ntilde;ol que es la A no cabe una letra m&aacute;s que las veintisiete censadas como &uacute;nicas vecinas.
    </p><p class="article-text">
        Convenido ser as&iacute;, f&aacute;cil es imaginar a todas ellas conviviendo dentro de la A, tienda de campa&ntilde;a que las ampara. Dentro, viven en firme uni&oacute;n familiar, con sus m&aacute;s y sus menos, sin poder escapar de esa jaula de oro sin barrotes, donde no se admite ni una sola letra m&aacute;s y de donde a ninguna de las que dentro habitan les es dado desertar. En la tienda de campa&ntilde;a que es la A, nacieron cuando al azar fue cumplido.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, a la tienda de campa&ntilde;a del alfabeto que es la A s&oacute;lo es posible penetrar imaginaci&oacute;n mediante. E imaginar las letras, las veintisiete letras del alfabeto espa&ntilde;ol, embutidas en sus sacos de dormir. O echadas en sus colchonetas, gr&aacute;cilmente recostadas del lado del coraz&oacute;n, que es el que propicia los sue&ntilde;os m&aacute;s placenteros. O saltando como ni&ntilde;as o adolescentes en permanente af&aacute;n de fiesta sobre los tresillos. O ensayando cogidas de la mano las palabras, todas las palabras que caben en el diccionario. Y hasta las que nunca han traspasado tan restrictivo umbral.
    </p><p class="article-text">
        Cuando a bien lo tine, la A se despereza, se lava la cara con agua fresca, se echa el largo cabello trigue&ntilde;o atr&aacute;s con femenino gesto, va en busca de la M a la que saca de la profunda modorra, danzando se encaminan ambas en busca de la O y unidas las tres a la R forman la palabra m&aacute;s bella que el espa&ntilde;ol ha inventado: AMOR. La A, la M, la O, la R, s&oacute;lo son letras, moradoras en la tienda de campa&ntilde;a del alfabeto. Cuatro letras que en s&iacute;, por separado, no significan nada. Pero cogidas tiernamente de la mano pueden ser AMOR o ROMA o MORA. Un vocablo masculino o femenino, seg&uacute;n norma acad&eacute;mica o llana costumbre, formado por letras nombradas por su gracia en femenino.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; pena que haya tanto TONTO, gen&eacute;rico de tonto y tonta, que no entienda que las palabras no las inventan las mujeres o los hombres. Ensayando todas las posibilidades que caben en la posibilidad, las palabras se inventan solas.
    </p><p class="article-text">
        *Antonio Mart&iacute;nez Cerezo es escritor, historiador y acad&eacute;mico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/tienda-campana-alfabeto_132_1958262.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Sep 2018 10:18:02 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A bonico hay que hablarle a la catedral de Murcia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/bonico-hablarle-catedral-murcia_132_1967752.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Entiéndase el juego de palabras, la ironía: la fachada de la catedral es de piedra pero no es de piedra. La fachada de la catedral también tiene su espina dorsal, su raspa, su alma, su corazoncito. Y sufre. Sufre estrés</p><p class="subtitle">En los últimos tiempos, la plaza de Belluga se ha convertido en una especie de corral de comedias donde tienen lugar buena parte de las comedias que en la ciudad se organizan para mantener en permanente aire de fiesta al personal</p><p class="subtitle">Y cuando menos se espera, por sorpresa, uno de esos pedazos cae sobre un pedigüeño que duerme a su amparo y se lo lleva al otro mundo. Como hace años lamentablemente ya ocurriera</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Me llegan noticias de Murcia de que han acordonado parte de la fachada de la catedral porque se han producido desprendimientos de cascotes en su ala este. Nada de particular. La catedral de Murcia sufre de mal de piedra desde que la pusieron en pie. La piedra, rubia, dorada, trigal, es hermosa; pero fr&aacute;gil. Y ha de soportar a la intemperie el azote de los elementos. La lluvia, el viento, los cambios de temperatura, el sol que destorma los pedregales, la g&eacute;lida noche de los inviernos, las escarchas, el excremento de las palomas y lo que es peor: las locuras humanas. Todo lo cual unido produce a la fachada de la catedral un estr&eacute;s insoportable. He ah&iacute; su verdadero mal. La fachada de la catedral sufre de piedra porque la fachada de la catedral no es de piedra.
    </p><p class="article-text">
        Enti&eacute;ndase el juego de palabras, la iron&iacute;a: la fachada de la catedral es de piedra pero no es de piedra. La fachada de la catedral tambi&eacute;n tiene su espina dorsal, su raspa, su alma, su corazoncito. Y sufre. Sufre estr&eacute;s. Cada vez m&aacute;s. M&aacute;s y m&aacute;s estr&eacute;s, porque se somete a diario a una infernal y desaforada sucesi&oacute;n de ruidos, a una injustificada concatenaci&oacute;n de decibelios.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos tiempos, la plaza de Belluga se ha convertido en una especie de corral de comedias donde tienen lugar buena parte de las comedias que en la ciudad se organizan para mantener en permanente aire de fiesta al personal. La mayor parte de las comedias organizadas o patrocinadas por el Ayuntamiento de la ciudad, que ha hecho de la plaza de Belluga su particular plaza de recibo. Y que en su puerta principal monta corralitos de vallas met&aacute;licas para repartir pasteles de carne y latas de cerveza o para recoger macetas de flores, cantar y bailar boleros o presenciar marchas militares.
    </p><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;o denunci&eacute; tal desatino. Ni caso. Organizar fiestas multitudinarias, cargar y descargar camiones, poner y quitar tribunas, arrastrar sillas, plantar escenarios, tablados, columnas de altavoces de intolerable alcance, micr&oacute;fonos a porrillo, focos de luces, iluminaciones pol&iacute;cromas con led (o sin led), lanzar proclamas, orquestar canciones, saltar, brincar, bailar parrandas ante la catedral, en la puerta misma, ante el imafronte, que es de piedra pero no es de piedra, es una locura, una insensatez, una temeridad.
    </p><p class="article-text">
        El imafronte de la catedral aguanta porque es de piedra. Pero sufre porque no es de piedra. El imafronte de la catedral es orgullo de la ciudad. Pero la piedra no sabe de orgullos. La piedra se lleva mejor con el silencio que con los ruidos, con la paz que el alma serena que con la multitud que el pulso altera.
    </p><p class="article-text">
        Dos o tres a&ntilde;os atr&aacute;s, presenci&eacute; con enojo c&oacute;mo plantaban ante los ojos at&oacute;nitos de los mism&iacute;simos cuatro santos de Cartagena una columna de altavoces de no s&eacute; cuant&iacute;simos decibelios para que la misa se oyera desde el Puente Viejo, que tambi&eacute;n es de piedra, pero no es de piedra. En v&iacute;speras, pregunt&eacute; a los que hac&iacute;an las pruebas de sonido, a toda mecha, si sab&iacute;an lo que estaban haciendo, que a un paso de ellos, ah&iacute; mismo, detr&aacute;s, quietos en sus nichos dorm&iacute;an el sue&ntilde;o de los justos estatuas fr&aacute;giles, de piedra mortal. Me respondieron alzando los hombros y tild&aacute;ndome de tonto.
    </p><p class="article-text">
        Ciertamente lo soy. Pero ser tonto no me impide saber que ah&iacute;, justo detr&aacute;s de la puerta del Perd&oacute;n, donde a toda pastilla se cantan misas e himnos, corridos mejicanos y melosos boleros con arrope murciano, apenas entrar dentro de la catedral, a la derecha, en la capilla de Junter&oacute;n (de Junter&oacute;n es) hay una maravilla renacentista en m&aacute;rmol blanco, una obra simpar que en Murcia no se ha sabido ver, &laquo;La adoraci&oacute;n de los pastores&raquo;, atribuida a Jer&oacute;nimo Quijano &laquo;el Monta&ntilde;&eacute;s&raquo;, que precisa de urgente cura y profesional restauraci&oacute;n porque el bajorrelieve ya ha perdido varios detalles, mismamente parte de la mano de san Jos&eacute;, el carpintero. A saber cu&aacute;ndo y d&oacute;nde han ido a parar los pedazos, o el polvo de m&aacute;rmol de los pedazos de m&aacute;rmol, porque el m&aacute;rmol tambi&eacute;n se desharina cuando se le somete a un estr&eacute;s insoportable.
    </p><p class="article-text">
        El mal de la catedral murciana se diagnostic&oacute; hace mucho por los t&eacute;cnicos, siendo yo ni&ntilde;o. La catedral sufre de sempiterno mal de piedra. Y cuando menos se espera, por sorpresa, uno de esos pedazos cae sobre un pedig&uuml;e&ntilde;o que duerme a su amparo y se lo lleva al otro mundo. Como hace a&ntilde;os lamentablemente ya ocurriera.
    </p><p class="article-text">
        Que los ediles manden poner discreta tela met&aacute;lica para que la palomas no aniden y viertan sus corrosivos excrementos sobre la piedra de la fachada no ser&eacute; yo quien diga que no es conveniente o que me parece mal. Pero... &iquest;A ninguno de esos ediles se le ha ocurrido hacerle ver al que luce en fiestas la vara con borlas que se proh&iacute;ba celebrar sonadas fiestas ante el imafronte de la catedral? A la fachada de la catedral, que es de piedra pero no es de piedra, hay que hablarle como a la criatura m&aacute;s delicada del jard&iacute;n: a bonico. Que es como en Murcia, de siempre, se habla a la madre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/bonico-hablarle-catedral-murcia_132_1967752.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Aug 2018 11:12:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[A bonico hay que hablarle a la catedral de Murcia]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Abarán: Quintaesencia frutal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/abaran-quintaesencia-frutal_132_1983321.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/957e470d-fb8b-4e0d-9232-b2795d5caab8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Abarán: Quintaesencia frutal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tirando de apuntes, para unas notas de andar y ver de la región, recupero del olvido para la memoria dos apuntes descriptivos de Abarán y su comarca. El primero de ellos alude a la villa propiamente dicha y el segundo a sus celebradas norias</p></div><p class="article-text">
        El &iacute;nclito don Bernardo Espinalt y Garc&iacute;a, cronista y oficial del Correo General de la Corte de Espa&ntilde;a, no tuvo a bien describir la villa de Abar&aacute;n en el tomo correspondiente al &laquo;Reyno de Murcia&raquo; de su obra magna &laquo;Atlante espa&ntilde;ol, o descripci&oacute;n general de todo el reyno de Espa&ntilde;a&raquo; (Madrid, 1778). Ni dispuso de espacio para incluirla en el sumario &laquo;mapa del reyno de Mvrcia dividido en svs partidos&raquo; con que abr&iacute;a su documentado libro. Junto al r&iacute;o, en el mapa sumario que incluye en la obra, s&oacute;lo destacan dos referencias topon&iacute;micas: Cieza y Ricote.
    </p><p class="article-text">
        No mucho m&aacute;s expresivo al respecto fue Fray Pablo Manuel Ortega en su obra &laquo;Descripci&oacute;n Corogr&aacute;fica&raquo;. En &eacute;sta, fija en once los lugares del valle de Ricote, que da nombre a la comarca, de la que es indiscutible cabeza. Todo queda reducido a una menci&oacute;n de pasada: &laquo;De estos once lugares cuatro est&aacute;n a la banda del Norte de dicho r&iacute;o &mdash;como esta ciudad de Murcia&mdash; y los otros siete a la del Austro. Los cuatro del Norte son: Lorqu&iacute;, Ulea, Blanca y Abar&aacute;n. Los del Austro: Ricote, Villanueva, Archena, Oj&oacute;s, Alguazas, Cotillas y Ceut&iacute;&raquo;. Santa palabra.
    </p><p class="article-text">
        Tirando de apuntes, para unas notas de andar y ver de la regi&oacute;n, recupero del olvido para la memoria dos apuntes descriptivos de Abar&aacute;n y su comarca que me pareci&oacute; obligado incluir en &laquo;Murcia desde el cielo (1995)&raquo;. El primero de ellos alude a la villa propiamente dicha y el segundo a sus celebradas norias.
    </p><h4 class="article-text">Abar&aacute;n: Iglesia de los santos m&eacute;dicos Cosme y Dami&aacute;n y centro urbano</h4><p class="article-text">
        Situado en el centro de la regi&oacute;n, el municipio de Abar&aacute;n (11.941 h) forma parte del hist&oacute;rico valle de Ricote. La ciudad se asoma al r&iacute;o Segura, que forma en sus alrededores f&eacute;rtiles huertos de notable encanto morisco. Entre sus edificaciones, destaca la Iglesia de San Pablo (s.VIII), la ermita de los Santos M&eacute;dicos Cosme y Dami&aacute;n y el Santuario de Nuestra Se&ntilde;ora del Oro. El paseo ajardinado de la citada ermita de los patronos forma un excepcional mirador desde el que se domina toda la belleza del valle y la sierra del Oro. Caminar por sus calles empinadas siempre es reconfortante. Como tambi&eacute;n lo es bajar hasta cualquiera de sus huertas e internarse en veredas abrazadas por el r&iacute;o. Abar&aacute;n destaca por su esp&iacute;ritu emprendedor y por la elaboraci&oacute;n y exportaci&oacute;n de fruta fresca.
    </p><h4 class="article-text">Abar&aacute;n: noria</h4><p class="article-text">
        Hubo un tiempo, seguramente m&aacute;gico, entre &aacute;rabe y cristiano, en que toda la regi&oacute;n [murciana] debi&oacute; ser una noria. Norias, &ntilde;oras, ace&ntilde;as, ingenios para voltear las aguas y subirlas de las tierras bajas a las altas, de donde las hay adonde se necesitan. El ingenio hidr&aacute;ulico es antiqu&iacute;simo. Los &aacute;rabes los completaban con sencillas ruedas de madera de las que colgaban c&aacute;ntaras de barro o cuencos de piel. Posteriormente, las ruedas fueron en su mayor parte de madera. Luego, vendr&iacute;a el tiempo de las norias de hierro con amplios, risue&ntilde;os y cantarines cangilones.
    </p><p class="article-text">
        En pleno verano, cuando el sol canea de lo lindo, refrescar la memoria con la imagen de las norias y sus risue&ntilde;os y cantarines cangilones reconforta no poco. Abar&aacute;n, al norte del r&iacute;o seg&uacute;n la puntualizaci&oacute;n del cronista franciscano, tiene un color, olor y sabor especial. El de la fruta en saz&oacute;n que sublima el esl&oacute;gan que acu&ntilde;o por si el tiempo lo respeta. Abar&aacute;n: quintaesencia frutal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/abaran-quintaesencia-frutal_132_1983321.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Aug 2018 09:43:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Abarán: Quintaesencia frutal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Murcia,Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Y todo sigue igual]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/sigue-igual_132_2145845.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">De la existencia del «BREVIARIUM CARTHAGINENSE» hay pormenorizada constancia. Se trata de un incunable que sitúa a Murcia entre las primeras provincias españolas donde se implantó la imprenta.</p></div><p class="article-text">
        El 13 de agosto de 2010, publiqu&eacute; en el decano de la prensa murciana el art&iacute;culo &laquo;BREVIARIUM CARTAGHINENSE&raquo; (1484), f&aacute;cilmente accesible en versi&oacute;n digital, pues anda colgado en la red de redes. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, aquel apret&oacute;n de letras fue &iacute;ntegramente recogido, con otros art&iacute;culos m&iacute;os, bajo el ilusionante marbete com&uacute;n &laquo;MURCIALOG&Iacute;A&raquo;, en Tonos Digital, n&uacute;mero 22, enero de 2012.
    </p><p class="article-text">
        Mi intenci&oacute;n al publicar &laquo;BREVIARIUM CARTAGHINENSE&raquo; (1484) era dar a conocer las &uacute;ltimas averiguaciones contrastadas sobre el primer libro impreso en la ciudad de Murcia. Alba de la imprenta en la patria querida. Un incunable que sit&uacute;a a Murcia entre las primeras provincias espa&ntilde;olas donde se implant&oacute; la imprenta, a muy poco tiempo de distancia del &laquo;SINODAL DE AGUILAFUERTE&raquo;, publicado en Segovia en 1472 y que pasa, con raz&oacute;n, por ser el primero de los primeros.
    </p><p class="article-text">
        De la existencia del &laquo;BREVIARIUM CARTHAGINENSE&raquo; hay pormenorizada constancia. Tanta que en mi ordenador cuento con una copia digital obtenida en Italia que puse entonces a disposici&oacute;n de las autoridades culturales murcianas. En vano. Nadie se ha interesado por tan fundamental asunto. Porque lo que mola caracola es tintar de colores las m&aacute;rgenes del r&iacute;o Segura y buscar &laquo;influencers&raquo; n&oacute;rdicos que expliquen a los despistados turistas n&oacute;rdicos las bondades de la Huerta de Europa y lo placentero que es para la andorga tomarse una marinera en la plaza de las Flores (antes, de las Carnicer&iacute;as).
    </p><p class="article-text">
        La particular circunstancia del &laquo;BREVIARIUM CARTHAGINENSE&raquo; nos retrotrae a los umbrales de la conquista de Granada. Murcia, 12 de enero de 1484.  Cuatro a&ntilde;os antes de que los Reyes Cat&oacute;licos visitaran la ciudad, 26 de abril de 1488, permaneciendo la reina, do&ntilde;a Isabel, a orillas del Segura dos meses y el rey muy brevemente por andar metido en guerra con los moros de Vera, Almer&iacute;a y Baza, seg&uacute;n dej&oacute; escrito Frutos Baeza en su &laquo;Bosquejo hist&oacute;rico de Murcia y su Consejo&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        El primer incunable murciano lo imprimi&oacute;, en la fecha indicada, el platero e impresor castellano Alfonso Fern&aacute;ndez de C&oacute;rdoba, ayudado por su hermano Bartolom&eacute;; miembros muy posiblemente de una familia de &laquo;cristianos nuevos&raquo;. De Alfonso se sabe que lleg&oacute; a Murcia procedente de Valencia, para salvar la cabeza por la que all&iacute; se ofrec&iacute;a una pasta. Condenado a muerte en la ciudad del Turia, a orillas del Segura hall&oacute; tan favorable cobijo que en abril de 1483 el Concejo murciano le otorg&oacute; el bien remunerado oficio de &laquo;fiel de pesos&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Que un platero con buena mano para la confecci&oacute;n y grabaci&oacute;n de joyas tuviera buen pulso para la confecci&oacute;n de tipos m&oacute;viles para el nuevo arte de la imprenta es de l&oacute;gica elemental. La suerte quiso que los pasos le llevaran ante don Mart&iacute;n de Selva, de&aacute;n de la catedral y protonotario. Un influyente hombre de iglesia, tal vez el m&aacute;s esclarecido y puesto al d&iacute;a del obispado de don Rodrigo de Borja (1480-1492), el &uacute;nico titular de nuestra di&oacute;cesis llegado a papa (el controvertido Alejandro VI). Presumo (pero no puedo afirmarlo) que por aquel entonces tan inteligente de&aacute;n ten&iacute;a entre manos un manuscrito del obispo fray Diego de Bed&aacute;n (1415-1442), por m&iacute; calificado como &laquo;el obispo del andamio&raquo; en un art&iacute;culo que asimismo anda o vuela por las red de redes. En hojas sueltas o encuadernadas, cabe presumir (siempre con las naturales cautelas) que luciera al frente el t&iacute;tulo &laquo;BREVIARIUM CARTAGINENSE&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sabido es que por entonces cada sede episcopal ten&iacute;a su propio Breviario, siendo as&iacute; hasta que a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1568, el papa P&iacute;o V public&oacute; el &laquo;Breviario romano&raquo;, prohibiendo los particulares. El Breviario particular del reino de Murcia sin duda alguna fue el que por la tradici&oacute;n oral y escrita (D&iacute;az Cassou) se ha venido admitiendo que dej&oacute; compuesto el obispo Bed&aacute;n: el &laquo;BREVIARIUM CARTHAGINENSE&raquo;. Del manuscrito en cuesti&oacute;n es muy probable que llegaran copias a las di&oacute;cesis, para su aplicaci&oacute;n en las misas a los fieles. Pero las copias eran de dif&iacute;cil elaboraci&oacute;n y lectura. Y d&aacute;ndose la circunstancia de que por aquel entonces emergi&oacute; como un milagro de la naturaleza el arte de la imprenta, ni corto ni perezoso el de&aacute;n don Mart&iacute;n de Selva, visto que Alfonso, residente en la ciudad de Murcia, am&eacute;n de platero era maestro impresor, le inst&oacute; a imprimir el manuscrito.
    </p><p class="article-text">
        Que don Mart&iacute;n de Selva supervis&oacute; la impresi&oacute;n consta en el colof&oacute;n del incunable. Que la estampaci&oacute;n se llev&oacute; a cabo en Murcia, a 12 de enero de 1484, tambi&eacute;n. Que lo hizo el maestro impresor Alfonso, ayudado por su hermano Bartolom&eacute;, igualmente. Y que quien en calidad de socio capitalista puso el dinero con &aacute;nimo de sacar buena tajada de la impresi&oacute;n fue el jud&iacute;o Salom&oacute;n Zalmati o Salmati se deduce del sello impresor: un le&oacute;n rampante en un escudo rojo, que con este editor se relaciona.
    </p><p class="article-text">
        En mi inicial art&iacute;culo sobre el tema suger&iacute;a la fiel impresi&oacute;n facsimilar del incunable, previa obtenci&oacute;n de los permisos correspondientes. Han transcurrido desde entonces ocho a&ntilde;os y seguimos en las mismas. En Murcia hay dinero para fuegos fatuos, pero no para congraciarse con nuestro sobresaliente pasado. Una pena. Porque, como dec&iacute;a uno ayer, mientras no se cumpla tal objetivo, Murcia estar&aacute; en deuda con su propia historia. Cuesti&oacute;n nada balad&iacute;. Pues con este incunable Murcia se sit&uacute;a a la cabeza de las primeras provincias espa&ntilde;olas donde se instal&oacute; la imprenta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/sigue-igual_132_2145845.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Apr 2018 10:18:31 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Y todo sigue igual]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A Cervantes, en el Día de las Letras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/cervantes-dia-letras_132_2155788.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"A Cervantes no hay que leerle un determinado día del año. Por compromiso. Por moda. Porque se lleva. A Cervantes hay que leerle todos los días del año"</p></div><p class="article-text">
        Todos los a&ntilde;os, por estas fechas de gaviotas errantes, a los espa&ntilde;oles de bien nos entra la loca primaveral de celebrar EL D&Iacute;A DE LAS LETRAS en homenaje a Cervantes. Que se convoquen actos festivos, en foros p&uacute;blicos, con atriles solemnes, donde los lectores del <em>Quijote</em> que nunca han alcanzado el cielo de leerlo al completo lean m&aacute;s bien de corrido y sin pizca de gracia el pasaje del <em>Quijote</em> que toca en suerte me ha parecido siempre un acto tan impostado que he renunciado a participar en cuantas lecturas p&uacute;blicas del Quijote he sido invitado.
    </p><p class="article-text">
        Porque el amor por las letras no ha de ser flor de un d&iacute;a, arrebato de un momento, pasi&oacute;n estacional, por el simple mero aquel de cumplir un compromiso y presumir de culto en sociedad. A Cervantes no hay que leerle un determinado d&iacute;a del a&ntilde;o. Por compromiso. Por moda. Porque se lleva. A Cervantes hay que leerle todos los d&iacute;as del a&ntilde;o. Por convicci&oacute;n. Y en plenitud. Porque sus letras no hacen mal al cuerpo y procuran harto bien al alma. A Cervantes hay que leerle con amplitud y en soledad, en &iacute;ntima comuni&oacute;n, como m&aacute;xima figura de la literatura universal. Prosista, novelista, dramaturgo y poeta. Porque fue tambi&eacute;n poeta excelso. Aunque los menos lo sepan y los resabidos se lo discutan.
    </p><p class="article-text">
        Para festejar a Cervantes en su d&iacute;a, que son todos los d&iacute;as, nada mejor que recurrir a su obra, inagotable fuente de riqueza.
    </p><p class="article-text">
        1. <strong>AUTORRETRATO.</strong> Al abrir el tomo primero de las &laquo;<em>Novelas ejemplares&raquo;</em> de Cervantes muy recomendables es detenerse a leer con atenci&oacute;n el &laquo;pr&oacute;logo al lector&raquo;. Donde el autor de tan ejemplar apret&oacute;n de letras se retrata al aguafuerte, al natural, sin afeites:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;&Eacute;ste, que veis aqu&iacute;, de rostro aguile&ntilde;o, de cabello casta&ntilde;o, frente lisa y   desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada, las barbas de plata que no ha veinte a&ntilde;os que fueron de oro, los bigotes grandes la boca peque&ntilde;a, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros, el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni peque&ntilde;o, la color viva, antes blanca que morena, algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies, &eacute;ste digo que es el rostro del autor de <em>La Galatea </em>y<em> de Don Quijote de la Mancha</em>, y del que hizo el <em>Viaje del Parnaso</em>, a imitaci&oacute;n del de C&eacute;sar Caporal Perusino, y otras obras que andan por ah&iacute; descarriadas, y quiz&aacute;, sin el nombre de su due&ntilde;o, ll&aacute;mase com&uacute;nmente Miguel de Cervantes Saavedra&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. EPITAFIO.</strong> &laquo;Libre nasc&iacute; y en libertad me fundo&raquo; es el verso que m&aacute;s cuadra al ara funeraria del inmortal Cervantes, para la que parece hecho. Con tan bravo aviso, el alcala&iacute;no remata el terceto del soneto <em>Gelasia,</em> en el libro VI de <em>Galatea</em> (1585):
    </p><p class="article-text">
        Del campo son y han sido mis amores;
    </p><p class="article-text">
        rosas son y jazmines mis cadenas;
    </p><p class="article-text">
        libre nasc&iacute; y en libertad me fundo.
    </p><p class="article-text">
        Desde que reparara en tan hermosa consigna existencial, meci&eacute;ndome en su lira nunca desembarazada del todo de la prosa, lo tengo por uno de los mejores tercetos que ha alcanzado la poes&iacute;a espa&ntilde;ola de todos los tiempos. Un alba conceptual. Nacer libre, con voluntad de ser libre, con la idea de la independencia a ultranza por bandera, y fundar en libertad el ser propio, el propio ser, el ser para s&iacute; en todo tiempo y situaci&oacute;n. Abrazar la libertad, fundirse a ella, llevarla como un b&aacute;culo para la urbana conducta, pese a quien pese y mal que a la postre pese, es ense&ntilde;a que viene como anillo al dedo a quien prefiere el <em>ser</em> al <em>estar</em>. Ser uno por no ser los dem&aacute;s. Sin m&aacute;s esclavitud libremente asumida que la libertad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3.EN LA HORA MENGUANTE.</strong> Al final del segundo tomo del <em>Quijote</em>, adonde tan pocos leyendo llegan, Cervantes, padratro de la criatura, dej&oacute; claramente advertido lo que sucede en la casa del presentido, el hidalgo manchego tocado del ala, cuando anochece y se acaba el d&iacute;a:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Cerr&oacute; con esto el testamento, y tom&aacute;ndole un desmayo, se tendi&oacute; de largo a largo en la cama. Alborot&aacute;ronse todos, y acudieron a su remedio, y en tres d&iacute;as que vivi&oacute; despu&eacute;s deste donde hizo el testamento, se desmayaba muy a menudo. Andaba la casa alborotada, pero, con todo, com&iacute;a la sobrina, brindaba el ama, y se regocijaba Sancho Panza; que esto del heredar algo borra o templa en el heredero la memoria de la pena que es raz&oacute;n que deje el muerto&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Herederos todos de Cervantes, que nos dej&oacute; su obra maestra para meditar, en EL D&Iacute;A DE LAS LETRAS, con que tan cumplidamente se honra su memoria, quien m&aacute;s y quien menos frecuenta mesones, bares, tabernas y cafeter&iacute;as, agita panderos y sonajas, levanta copas y bebe, regocijada la parroquia de sus infinitos deudos, como la sobrina, el ama y Sancho, en la inagotable herencia recibida del inmortal <em>don Quijote</em>. Por la cual, bendita herencia, gloria eterna se debe a su padrastro: don Miguel de Cervantes. Quien tan sabiamente se autoproclam&oacute; libre nascido y en libertad fundado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/cervantes-dia-letras_132_2155788.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Apr 2018 16:48:41 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[A Cervantes, en el Día de las Letras]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[775 años del Pacto de Alcaraz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/anos-pacto-alcaraz_132_3449958.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El alcalde Ballesta y su complementario edil Pacheco gustan manifestarse ante el emblema &laquo;750 a&ntilde;os Concejo de Murcia&raquo;. Que, incomprensiblemente, sigue luciendo en no pocas fachadas de la ciudad y en el sal&oacute;n de actos del Consistorio. Un emblema publicitario que si no tuvo sentido alguno en el pasado a&ntilde;o, menos a&uacute;n lo tiene en el actual y que el silencio c&oacute;mplice de los medios de comunicaci&oacute;n convalida. Aqu&iacute;, a nadie con capacidad y cr&eacute;dito para poner los puntos sobre las &iacute;es y medios donde expresar su opini&oacute;n se le oir&aacute; opinar sobre el particular. No sea el demonio que el sistema le catalogue como desafecto y determine no tenerle para nada en cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Hechos son hechos. Los anales murcianos registran tres fechas clave: 1243, 1265 y 1266. Tome nota el alcalde Ballesta y su rabo alcalde Pacheco de la efem&eacute;ride que se avecina (775 a&ntilde;os del pacto de Alcaraz) y no tengan el menor remordimiento en proclamar a bombo y platillo &mdash;cual suelen&mdash; que se les ocurri&oacute; en una tarde de feliz memoria en que, tomando un corrental vestidos de &laquo;perr&aacute;neos&raquo;, la inspiraci&oacute;n pas&oacute; baja y les pill&oacute; despiertos. El hermanamiento de Murcia con Alcaraz, tan cerca y tan lejos, es algo por lo que vengo clamando desde hace a&ntilde;os. Con el resultado que f&aacute;cilmente cabe imaginar. Una pena. Porque si alg&uacute;n hermanamiento entre ciudades se justifica es &eacute;ste. El destino de Murcia se fragu&oacute; all&iacute;. Primero, en 1243. Y luego, en 1265.
    </p><p class="article-text">
        Con la capitulaci&oacute;n de Alcaraz (1243), y el subsiguiente protectorado castellano y conquista de las ciudades remisas al pacto, se instal&oacute; a orillas del Segura el principio cristianizador de la Reconquista.
    </p><p class="article-text">
        Torres Fontes, que trabaj&oacute; como nadie el archivo municipal, describi&oacute; tal periodo como &laquo;a&ntilde;os en que la intervenci&oacute;n castellana ofrece un positivo avance y en los que podemos ver la primera distribuci&oacute;n de tierras y casas a pobladores cristianos ya dentro del t&eacute;rmino jurisdiccional de la ciudad de Murcia&raquo;. Murcia cambia de signo. Se cristianiza. El infante Alfonso sube al alc&aacute;zar y toma posesi&oacute;n de la plaza. Su padre, el rey Fernando III, refiere Murcia como uno m&aacute;s de sus reinos en todos los documentos que firma a partir de entonces.
    </p><p class="article-text">
        Los musulmanes dan en mud&eacute;jares, conservando su cultura bajo el protectorado de la corona de Castilla. El infante Alfonso conf&iacute;a el gobierno de la plaza a un ret&eacute;n castellano y un contingente militar, que se organiza en sociedad. Con un adelantado para el reino, un alcaide para cuidar la fortaleza e impartir justicia y un recaudador de impuestos. Cuyos nombres y apellidos constan. En torno a la alcazaba, se documenta el primer brote urbano.
    </p><p class="article-text">
        Entre la muralla y el r&iacute;o (real de San Juan), funciona una temprana iglesia en 1248, confiada a la Orden de San Juan. Con &eacute;sta y la &laquo;capiella del Alca&ccedil;ar&raquo; y la &laquo;ermita de la Arrixaca&raquo;, los cristianos cuentan con tres templos para sus oficios religiosos. En marzo de 1257, se documenta la existencia de un &laquo;concejo de Murcia&raquo; a partir del documento dirigido a este concejo y a los de Cartagena, Mula o Alicante &laquo;et a todos los otros logares que son poblados de cristianos&raquo;, mand&aacute;ndoles pagar los diezmos al obispo de Cartagena. De junio siguiente, existe un privilegio rodado a los pobladores del concejo de &laquo;Murcia la nueua&raquo;, por el que se les otorga el heredamiento de las Condominas. Obvio es, por tanto, que Murcia tuvo concejo al menos desde 1257. De manera que de 750 a&ntilde;os de concejo nada de nada. Cosa que, echando cuentas con los dedos, descubre hasta el m&aacute;s negado para los n&uacute;meros.
    </p><p class="article-text">
        Desde el alba del protectorado, fue form&aacute;ndose en Murcia una sociedad de frontera, con pobladores sometidos, a efectos organizativos, a las autoridades designadas para asegurar su subsistencia como sociedad civil. Lo que consta en todo libro escrito con rigor. Por contra, persistir en una idea err&oacute;nea (&laquo;750 a&ntilde;os del concejo de Murcia&raquo;) supone adocenar en la doctrina err&oacute;nea a quienes la autoridad municipal tiene la obligaci&oacute;n de servir lealmente. Que algo se haga mal por ignorancia es disculpable. Que se persista en el error a sabiendas, por pura atasquer&iacute;a, hiede a presunta prevaricaci&oacute;n culposa. Porque lo que est&aacute; en juego no es el dinero particular, sino el dinero p&uacute;blico. Cuya funci&oacute;n es el bien com&uacute;n y no el particular.
    </p><p class="article-text">
        La fecha 1265 marca el encuentro de las dos grandes casas reinantes en Alcaraz. En diciembre, Jaime I, rey de Arag&oacute;n, promete a su yerno e hija, Alfonso y Violante, reyes de Castilla, reintegrar Murcia a su corona. Y, a tal fin, el dos de enero de 1266 parte de Orihuela para Murcia con su hueste. Tras un mes de cerco a la ciudad (sitio de Murcia) el siguiente dos de febrero protagoniza el &laquo;hecho murciano&raquo; que el propio rey don Jaime cuenta con todo lujo de detalles en el `Libro de los Hechos&acute;, cuya versi&oacute;n latina ultim&oacute; Pedro Marsilio el 2 de abril de 1313. Como recientemente he expuesto en la revista &laquo;NAZARENOS&raquo; de este a&ntilde;o. De imprescindible lectura.
    </p><p class="article-text">
        Cuanto sigue a lo documentalmente probado no es sino feliz consecuencia. La concesi&oacute;n a Murcia del fuero de Sevilla por el rey Alfonso X no habr&iacute;a sido posible si previamente la ciudad no hubiera sido tomada de moros (en expresi&oacute;n de &eacute;poca) por el rey Jaime I. Monarca a quien es de zoquetes seguir ignorando en Murcia. Pues no contento tan ferviente monarca con devolver la plaza al orden cristiano occidental, protagoniza la primera procesi&oacute;n que los tiempos murcianos registran, consagra la mezquita mayor como iglesia de Santa Mar&iacute;a (actual catedral) y conf&iacute;a a su adorada Madre de Dios la guarda y custodia de la ciudad.  
    </p><p class="article-text">
        Por mi parte, doy por cerrado a todo efecto este lacerante cap&iacute;tulo, acogi&eacute;ndome a mi preceptor Oracio: &laquo;Herir no intenta mi pluma / persona viviente, / pero es mi guarda y me sirve / de espada envainada&raquo;. As&iacute; quede. Que a lo escrito me remito.
    </p><p class="article-text">
        <em>*Antonio Mart&iacute;nez Cerezo es escritor, historiador y acad&eacute;mico</em>         
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/anos-pacto-alcaraz_132_3449958.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Apr 2017 09:14:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[775 años del Pacto de Alcaraz]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las Cuatro Piedras del Malecón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/piedras-malecon_132_3464276.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Mil setecientos cincuenta metros de balc&oacute;n sobre la huerta. &iquest;Hay qui&eacute;n d&eacute; m&aacute;s?&nbsp; El paseo del Malec&oacute;n comienza en el plano de San Francisco, cabe el maltrecho Le&oacute;n en piedra, al que han dejado como una momia egipcia, de color pringue y como embalsamado, y acaba donde antiguamente estaba la Casica de los Tablachos y hoy luce la estatua del t&iacute;o Mu&ntilde;oz, don Jos&eacute; Mar&iacute;a Mu&ntilde;oz, el fil&aacute;ntropo que dio dos millones de reales en generoso socorro de la desastrosa riada de Santa Teresa (1879).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        &laquo;Alboleja, la aljibe de Murcia&raquo;, escrib&iacute; hace alg&uacute;n tiempo en &laquo;La Verdad&raquo;. Pues todas sus acequias (Aljuf&iacute;a, Caravija, Belch&iacute;...) la atravesaban y arrimaban agua. Y era, tambi&eacute;n, su despensa a poniente. La pedan&iacute;a ten&iacute;a cuatro principales v&iacute;as de interconexi&oacute;n con la ciudad. A saber: Cuatro Piedras, Dos acequias, Sendica de Enmedio, carretera de La &Ntilde;ora. Por estas cuatro v&iacute;as, de suelo terral y pis&oacute;n, entraban de vac&iacute;o los huertanos y se llevaban la basura y enredos de la ciudad en sus burras, carros y bicis. Y por esas cuatro v&iacute;as llevaban la hortaliza reci&eacute;n cogida del bancal, los frutos tomados a mano al &aacute;rbol, la leche en c&aacute;ntaras, los huevos frescos, las gallinas, los conejos, los pavos... todo eso, en fin, que conformaba la Recova al pie del Almud&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En principio, las Cuatro Piedras (as&iacute; llamada por los cuatro bancos de piedra que hab&iacute;a en cada una de sus esquinas) era la v&iacute;a que apuntaba m&aacute;s a la m&eacute;dula urbana. All&aacute;, el barrio de San Antol&iacute;n, Almenara, Muralla, Bochas, la huerta con huertanos de verdad (nada que ver con los que en fiestas se visten de huertano con atuendos made in China), los huertos, las Ericas, Belch&iacute;, la fuente con un ca&ntilde;o de agua para el com&uacute;n ciudadano. Ac&aacute;, las regaderas, los brazales, los tablachos rebosantes de risue&ntilde;a agua de riego y, avanzando hacia poniente, huerta adentro, las Cuatro Piedras, donde el Malec&oacute;n se abr&iacute;a materialmente en canal, para dejar pasar &mdash;como un r&iacute;o de frescor&mdash; todo ese laborioso trasiego humano, imprescindible para que Murcia tuviera cuanto una ciudad precisa para que sus numerosas bocas coman, beban y no mueran de hambre.
    </p><p class="article-text">
        Tal camino comenc&eacute; a recorrerlo de ni&ntilde;o, cuando en familia &iacute;bamos a la huerta a ver a los abuelos y cuando regres&aacute;bamos a casa, Albudeiteros y Jaboner&iacute;as. De ese camino recuerdo todos sus accidentes, casas, negocios, vecinos, artesanos, menestrales, la f&aacute;brica de hielo, los silleros, los torneros...
    </p><p class="article-text">
        Y ese camino &mdash;que malbarataron con una autov&iacute;a que forz&oacute; la separaci&oacute;n de la ciudad y la huerta tras muchos milenios de feliz y leal matrimonio&mdash; ahora quieren cerrarlo a cal y canto al tr&aacute;fico rodado por razones municipales que la raz&oacute;n com&uacute;n no entiende. Y no ser&aacute; la primera vez que lo cierren y corten. Anteriormente ya lo cerraron y cortaron. O mejor dicho: lo troncharon. La autov&iacute;a que sobrevuela el Malec&oacute;n &mdash;tan baja que cuando trasladan al Cristo del Amparo han de agachar el paso para que no se deje all&iacute; la santa imagen la cabeza&mdash; motiv&oacute; la apertura de una tronera que literalmente es un &laquo;vomitorio&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Y a esto le llaman progreso! Hoy, la ciudad y la huerta, tan inmemorialmente del brazo siempre, se comunican por un pasadizo subterr&aacute;neo, inc&oacute;modo, oscuro, infesto, donde nunca ha entrado un cubo de blanqueadora cal municipal. Jam&aacute;s. Si no para hermosearlo, siquiera para sanearlo. Un pasadizo, sin una mala bombilla que lo ilumine, que han de atravesar de noche, a oscuras, j&oacute;venes y mayores, hombres y mujeres, criaturas... Por &eacute;stas, que lo he pasado hace unas hora y a&uacute;n me estremece el mal recuerdo.
    </p><p class="article-text">
        Y no contentos con tan consolidado disparate, el Ayuntamiento (que viene de <em>yunta</em>, con el sentido de <em>unir</em>) quiere salirse con la suya &mdash;y se saldr&aacute;&mdash; cerrando el paso al tr&aacute;fico rodado, con no s&eacute; sabe qu&eacute; torcida intenci&oacute;n que no sea facilitar alg&uacute;n ansia especulativa. Una m&aacute;s. Porque, en su d&iacute;a, ya me vi en la triste necesidad de denunciar en la prensa local que hab&iacute;a asistido, perplejo, contrito y sollozante al incendio intencionado de un feraz palmeral centenario al que una mano mercenaria prendi&oacute; fuego para hacer posible que sobre las humeantes ruinas se construyera un colegio. Bonita lecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, los vecinos de la pedan&iacute;a se sienten indefensos. La plataforma que han formado para defenderse no prospera en su justa pretensi&oacute;n paralizadora. Quieren cerrarles el paso a Murcia, la v&iacute;a de ida y vuelta. Una v&iacute;a de tr&aacute;nsito que lleva ah&iacute; la intemerata, cruzando en paz el Malec&oacute;n, la gran sirena varada de la huerta. Vienen a verme. Me escriben. Me piden que me ponga de su lado. Lo que hago en la forma que m&aacute;s se me alcanza, con la palabra, que es mi leg&oacute;n y mi azada, mi hoz y mi martillo.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Y para que no se me acuse de inventarme la pel&iacute;cula en la que todos somos forzados perdedores, reproduzco una ortofoto del Malec&oacute;n de 1956. Donde destacan dos hitos de los que &uacute;ltimamente largo he escrito. La escuela del Calvario, en la gran curva norte. Y, cruzando el Malec&oacute;n rectamente dirigido al coraz&oacute;n de la ciudad, el carril de la Esparza, en zona de huerta; resolvi&eacute;ndose ya en urbe en la calle Almenara, como intuida avanzadilla menestral de san Antol&iacute;n, su parroquia natural. Todo eso que antes era verdura, verdor, esperanza, labor; o si se quiere: franciscana hermana naturaleza. Hoy, en su mayor&iacute;a, es un altar. Un altar de oscuros intereses. Donde la insaciable ciudad rinde culto al Dios Ladrillo.
    </p><p class="article-text">
        <em>*Antonio Mart&iacute;nez Cerezo es escritor, historiador y acad&eacute;mico</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/piedras-malecon_132_3464276.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Apr 2017 07:43:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las Cuatro Piedras del Malecón]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Calvario del Malecón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/calvario-malecon_132_3471004.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0cdf0bc2-f3a8-47e3-87b6-5a2d802b8d6b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Calvario del Malecón"></p><p class="article-text">
        Con el tiempo, el Paseo del Malec&oacute;n (el m&aacute;s huertano del mundo) se ha convertido en un variopinto y pintoresco pase&oacute;dromo. Nada que ver desde luego con aquel pueblerino paseo de nuestra infancia, con huertos, palmerales y vendedores de lechugas de hoja de burro a pie de bancal, junto a los pozos a cuyos pozales las merlas y las gafarrillas acud&iacute;an a refrescarse el pico. El cual paseo, ensalzado por los poetas, todas las tardes de Dios el obispo Sanahuja y Marc&eacute; lo recorr&iacute;a, paso a paso, hasta las Cuatro Piedras, flanqueado por una legi&oacute;n de j&oacute;venes y animosos seminaristas con banda verde sobre el pecho, ansiosos los curandos de cantar misa y dirigir rosarios. El dicho obispo, reputado de bueno por lo grueso y mesurado, caminaba con la mano extendida para que se la besara el pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, el Malec&oacute;n es m&aacute;s alegre y risue&ntilde;o, abierto y cosmopolita, de proyecci&oacute;n transversal que dir&iacute;a un pol&iacute;tico repipi. Sin duda alguna, el lugar preferido por los murcianos de toda edad, sexo, raza y condici&oacute;n, para pasear dialogando, correr aspirando aire puro, comprobar que hay gallinas que ponen huevos y p&aacute;jaros que hacen nidos, ensayar ejercicios gimn&aacute;sticos, estirar las piernas, formar m&uacute;sculo... Y, en general, para disfrutar de lo poco que va quedando de la malbaratada feraz y risue&ntilde;a huerta, pomposamente cantada en los setenta como &laquo;La Huerta de Europa&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En dicho lugar, pasadas las Cuatro Piedras, se erig&iacute;a la ermita del Calvario, cuyo nombre recib&iacute;a de la postrera estaci&oacute;n del Viacrucis all&iacute; existente, obra de los frailes franciscanos. En dicha ermita, sobria, sencilla y de abombada c&uacute;pula, se veneraba la imagen del Cristo de los Huertanos (hoy, del Perd&oacute;n), del ingenio y mano de Francisco Salzillo. Instalado provisionalmente desde hace tres cuartos de siglo en la Iglesia de San Antol&iacute;n, procesiona con &lsquo;los magenta&rsquo;. Tan preciada imagen era objeto de especial veneraci&oacute;n entre los huertanos de la zona (Alboleja, Belch&iacute; y Albatal&iacute;a) porque en tiempo de riadas la replaceta de la ermita que lo albergaba era la cota m&aacute;s alta del entorno, siendo por ello tomada a la carrera por las familias &mdash;con sus enseres y bestias&mdash; para librarse de las tumultuosas crecidas que de tiempo en tiempo anegaban la Huerta. En la ermita, ante el Cristo, abrazados, llorando y rezando, las familias esperaban a que la lluvia cesara para volver a sus hogares o a lo que de ellos quedara. El Calvario era su tabla de salvaci&oacute;n. Su gloria. Ah&iacute;, el agua les llegaba a los pies. Pero no al cuello.
    </p><p class="article-text">
        La memoria de estos hechos, tan pre&ntilde;ados de peque&ntilde;as grandes historias, lleva camino de perderse. Irremisiblemente. Porque de asunto tan trasnochado no se habla en la Universidad ni en las escuelas y no hay <em>in situ</em> hito alguno que lo recuerde. Nada. Una pena. Porque junto a la ermita del Calvario hubo una modest&iacute;sima escuela en la que estudiaron gentes que acabaron haciendo carrera y triunfando en la medicina, la pol&iacute;tica, las letras y las artes (de lo que hablar&eacute; en otro momento) y ni&ntilde;os huertanos de pobre vestimenta y pocos posibles; entre los que se encontraban, mis padres, quienes me hablaban maravillas de los maestros. Una pareja de santos. Era el &uacute;nico lugar en el humilde entorno donde los ni&ntilde;os huertanos pod&iacute;an aprender a hacer las primeras letras y las entonces llamadas cuatro reglas elementales: sumar, restar, multiplicar y dividir. Lo suficiente para andar con soltura por la vida. Con la cabeza bien alta.
    </p><p class="article-text">
        El Calvario. &Uacute;ltima estaci&oacute;n del Viacrucis de los padres franciscanos, de tan cuidada barba azafranada. Ermita y escuela del Calvario. Refugio de necesitados cuando las riadas. Imborrables p&aacute;ginas de gloria que en diversos art&iacute;culos y medios ya he contado. Porque all&iacute;, abrazados, ateridos bajo una manta retalera, viendo crecer las aguas y pasar como toros rugientes las aguas desmandadas muchas madres huertanas abrazaban contra el pecho a sus hijos menores mientras los mayores ayudaban a los padres y abuelos a hacer &laquo;paret&aacute;s&raquo; para que el agua no acabara llev&aacute;ndoselos a todos a Guardamar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n sabe hoy del Calvario? &iquest;Qui&eacute;n habla hoy del Calvario? &iquest;Qui&eacute;n escribe hoy del Calvario? &iquest;Se les sec&oacute; la pluma a cronistas y columnistas? &iquest;Saben de su existencia los jefes de cultura de los peri&oacute;dicos locales, tan atentos a la actualidad del d&iacute;a, llamada a envolver el pescado fresco del d&iacute;a siguiente, como ironizaba uno de aquellos raros prosistas decimon&oacute;nicos que en a&ntilde;os m&aacute;s exigentes ten&iacute;an sitio en los peri&oacute;dicos?
    </p><p class="article-text">
        Constatada la suerte, amenaza de implacable olvido que pesa como una losa sobre un lugar antiguamente tan venerado, el tres de diciembre del a&ntilde;o dos mil quince, tuve la osad&iacute;a &mdash;ingenuo que es uno&mdash; de solicitar por escrito, con instancia presentada en el Registro, que la Corporaci&oacute;n Municipal considerara la posibilidad de poner en el suelo del Malec&oacute;n, en el lugar que ocupaba la ermita del Calvario, una placa de piedra, m&aacute;rmol, bronce o similar, que lo recuerde. Para que tal circunstancia nunca se olvide del todo y sirva de ejemplo y lecci&oacute;n a nuevas generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto ni me han contestado ni han hecho el menor caso. El Ayuntamiento que todos los d&iacute;as de Dios pide a los ciudadanos que le presenten propuestas, proyectos, iniciativas, resulta que cuando un ciudadano de bien le presenta algo que es de justicia y raz&oacute;n no sabe/no contesta. Descuide el Ayuntamiento. Si no tiene presupuesto, no importa. Yo pago de mi bolsillo la placa. Y que la Corporaci&oacute;n la ponga y se haga la foto.
    </p><p class="article-text">
        De la ermita del Calvario ha sobrevivido al menos una fotograf&iacute;a, que guardo desde hace a&ntilde;os entre mis reliquias, cuya imagen &mdash;que, hoy, gustosamente exhumo&mdash; podr&iacute;a reproducirse en bajorrelieve en la placa que en el suelo se coloque, si es que la Corporaci&oacute;n municipal se digna o&iacute;r a quien le ofrece en bandeja la idea, gratis et amore, sin esperar nada a cambio. La cual imagen me permito reproducir ilustrando estas l&iacute;neas, esperanzado en que aparezcan otras im&aacute;genes parecidas de los archivos de fotograf&iacute;as antiguas que tan vez permanezcan inidentificadas en los ba&uacute;les familiares o en las fototecas.
    </p><p class="article-text">
        Conf&iacute;o en que la imagen de la ermita del Calvario, rastreable en la prensa local, alegrar&aacute; mucho la vista y el &aacute;nimo de j&oacute;venes investigadores a quienes corresponde coger el testigo de manos de los que ya vamos irremisiblemente para mayores y gru&ntilde;ones. Un suponer: Fern&aacute;ndez-Laba&ntilde;a; quien desde hace no menos de cinco a&ntilde;os lleva investigando callada y meticulosamente, como debe ser, sobre el Cristo de los Huertanos (hoy, del Perd&oacute;n). Al que mis abuelos, el mayor de los Cerezos, por tradici&oacute;n heredada de padres a hijos, cada A&ntilde;o Nuevo sin falta, al despuntar la ma&ntilde;ana, llevaba en familia a su Cristo, el Cristo de los Huertanos, las primeras rosas del a&ntilde;o y un pomico de alarises.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/calvario-malecon_132_3471004.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Apr 2017 09:16:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Calvario del Malecón]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Procesión de Santa María. Dispuesta, presidida y contada por el rey Jaime I El Conquistador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/procesion-santa-maria_132_3479834.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/35ca7d58-0184-4654-b378-1ca11654ec69_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Procesión de Santa María. Dispuesta, presidida y contada por el rey Jaime I El Conquistador"></p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">A José María Falgas, que me invitó al «Rescate».<br/><br/>A Alberto Sevilla, que nos deleitó. Y a toda la Cofradía.<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        La procesi&oacute;n de Santa Mar&iacute;a tuvo lugar en Murcia en la ma&ntilde;ana del 2 de febrero de 1266. Su trascendencia excedi&oacute; al limitado alcance de una procesi&oacute;n. Y quien la predispuso, presidi&oacute; y cont&oacute; fue un hombre de s&oacute;lida fe mariana, el rey Jaime I el Conquistador (1208-1276), cuyo desmedido amor por Murcia la ciudad de sus amores se niega a reconoc&eacute;rselo. Sin que se sepa por qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Asistiendo, ayer tarde, al conmovedor discurso de presentaci&oacute;n de la revista &laquo;RESCATE&raquo; pronunciado por Alberto Sevilla, amigo de tantos a&ntilde;os y compa&ntilde;ero de tantas inquietudes, en la sede de la cofrad&iacute;a, a un costado de la Iglesia de San Juan de Dios, por l&oacute;gica asociaci&oacute;n de ideas pens&eacute; que eso, precisamente eso, fue lo que hizo precitado rey don Jaime. Quien, al romper el a&ntilde;o 1266, vino al RESCATE de Murcia, a rescatar Murcia de moros (en expresi&oacute;n de &eacute;poca). Sin &eacute;l, nada habr&iacute;a sido tan f&aacute;cil como fue. Si f&aacute;cil puede llamarse a dedicar un mes de paciente asedio a la amurallada ciudad de Murcia (osidionem Murciae), en tiendas de campa&ntilde;a, con ventoleras y heladas, escarchas, lluvias y relentes. Pero el rey ten&iacute;a muy claro que si cerraba todas sus v&iacute;as de aprovisionamiento, sin v&iacute;veres y sin apoyos, la sitiada fortaleza murciana no tendr&iacute;a m&aacute;s remedio que rendirse. Acto que se consum&oacute;, con acuerdo suscrito de palabra, el 26 de enero. El 29 se desocup&oacute; el alc&aacute;zar, el 30 se ocup&oacute; la fortaleza, el 31 subi&oacute; el rey al alc&aacute;zar y divis&oacute; la vega en torno. Murcia ya era suya. Pero tan sabio rey tuvo siempre muy claro en su cabeza que un &laquo;rescate&raquo; de ese porte, el reintegro de la plaza musulmana al orden cristiano, merec&iacute;a un acto especial.
    </p><p class="article-text">
        Y lo hubo. Fue el 2 de febrero de 1266, martes. Mal que le pese a quienes borricamente se empe&ntilde;an en tergiversar la historia por no dar su brazo a torcer. Esa ma&ntilde;ana, de hace setecientos cincuenta y un a&ntilde;os, don Jaime quiso festejar debidamente lo que era muy de celebrar. Y a tal efecto, dispuso la entrada oficial en la ciudad de Murcia, en solemne procesi&oacute;n. N&oacute;tese bien, en procesi&oacute;n. De fuera adentro. Desde el campamento que &eacute;l mismo hab&iacute;a ocupado con la tropa. Para probar a su abnegada hueste lo mucho que le importaba, el impagable reconocimiento que le deb&iacute;a. La cabecera de la procesi&oacute;n debi&oacute; formarse m&aacute;s o menos por la actual calle de la Herradura, al sur de la Condomina oriental. En aquel lugar de huertas y sotos, se form&oacute; la procesi&oacute;n, que el propio rey encabez&oacute;. La procesi&oacute;n de Santa Mar&iacute;a. &Uacute;nica imagen que procesion&oacute;, con cruces altas, en alto, exhibidas. Personajes de tan noble fuste que los tiempos murcianos no han vuelto a ver nada parecido. El rey de Arag&oacute;n, el adelantado (representante del rey Alfonso X El Sabio), dos hijos del rey don Jaime, futuros reyes, y un hijo extramatrimonial, amado y reconocido, dos obispos (el de Barcelona, Arnau Gulp, y el de Cartagena, el franciscano fray Pedro Gallego), tres &oacute;rdenes militares (Temple, Hospital y Ucl&eacute;s), nobles, arqueros, ballesteros, cl&eacute;rigos, gente de bien, conquistadores... O por asociaci&oacute;n de ideas, rescatadores, los del Rescate, los que recataron Murcia, ya para siempre, para la fe cristiana, el orden occidental y la lenta causa de la Reconquista.
    </p><p class="article-text">
        El primer tramo de la procesi&oacute;n de Santa Mar&iacute;a fue militar, pol&iacute;tico, civil, oficial, protocolario. Con un prop&oacute;sito claramente manifiesto: la toma oficial y solemne de la ciudad de Murcia, su rescate del islamismo y reintegro a la religi&oacute;n predominante en Occidente. Y el segundo tramo, religioso. Una colectiva proclamaci&oacute;n de fe. Ante la mezquita aljama, la principal del la ciudad, la comitiva se detuvo. En un punto que cabr&iacute;a situar en el lugar que hoy ocupa la plaza de la Cruz, la puerta del Pozo, por ah&iacute;...
    </p><p class="article-text">
        La entrada de los procesionistas en la mezquita se presume de una emotividad inconmensurable, uno de esos actos que hacen saltar el coraz&oacute;n en el pecho y anudan la garganta. Las cruces altas, alzadas, exhibidas, procesionadas claustralmente. El altar con la virgen Mar&iacute;a y el Ni&ntilde;o abriendo los brazos a los creyentes cristianos. Flores e incienso. Todos cantando, entonando a una, con gran emoci&oacute;n el <em>Veni Creator Spritius</em>.&nbsp; Los dos obispos co-celebrando la misa <em>Salve Sancta Parens</em>, con sus cl&eacute;ritos y ac&oacute;litos.
    </p><p class="article-text">
        Y el rey, el primer nazareno murciano con nombre y apellidos que la historia registra, de rodillas ante el altar de Santa Mar&iacute;a, gimiendo, llorando, emocionado hasta el hueso, d&aacute;ndole gracias por haber intercedido ante su Hijo para que Murcia fuera por siempre cristiana, mariana. Ay, cu&aacute;nto lo habr&iacute;a celebrado Fuentes y Ponte, tan abusivamente citado por quienes no se han tomado la molestia de leerle. Murcia de Santa Mar&iacute;a. Por Santa Mar&iacute;a de Murcia, que as&iacute; qued&oacute; consagrada. Y as&iacute; deb&iacute;a hoy recordarse y celebrarse y festejarse. Porque de bien nacidos es ser agradecidos.
    </p><p class="article-text">
        Jaime I rescat&oacute; Murcia. Jaime I el del Rescate. El del Rescate de Murcia. Y a m&aacute;s favor, su testimonio, su propia palabra, puesta por escrito en el &laquo;Libro de los Hechos&raquo; y universalmente propagada desde entonces en diversas lenguas y paises. Imperecedera y universal memoria. He tra&iacute;do conmigo a Murcia copia de las principales p&aacute;ginas donde consta &laquo;el hecho murciano&raquo; en los cinco c&oacute;dices principales de la obra autobiogr&aacute;fica del rey don Jaime. El latino de Marsilio de 1313, el manuscrito de Poblet de 1343 y el de 1380, el procedente de la biblioteca del duque de Orsuna datado 1400-1500 y el de 1500-1600, con la primera transcripci&oacute;n al espa&ntilde;ol: la de Flotats y Bofarull de 1848. El facs&iacute;mil del manuscrito de Poblet (1343) quedar&aacute; depositado durante un mes para quien quiera verlo, antes de volver a mi biblioteca.
    </p><p class="article-text">
        Con estos mimbres cualquier otra regi&oacute;n o ciudad espa&ntilde;ola har&iacute;a un cesto de cuya virtud no parar&iacute;an de hablar, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, todos los medios de comunicaci&oacute;n nacionales. De la procesi&oacute;n dispuesta por el rey don Jaime tenemos el pormenorizado testimonio del propio rey don Jaime, apasionado y fiel relato. &iquest;Nos daremos alguna vez cuenta de lo que supone esto que nosotros tenemos y otros dar&iacute;an lo que no est&aacute; escrito por tener?
    </p><p class="article-text">
        <em>*Antonio Mart&iacute;nez Cerezo es escritor, historiador y acad&eacute;mico</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/procesion-santa-maria_132_3479834.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Apr 2017 13:56:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Procesión de Santa María. Dispuesta, presidida y contada por el rey Jaime I El Conquistador]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del cartucho de pipas al cartucho navideño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/cartucho-pipas-navideno_132_3653609.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Del salado cartucho de pipas hemos pasado al insulso cartucho
    </p><p class="article-text">
        navide&ntilde;o. Un cartucho boca abajo (o maceta de helado invertida) con
    </p><p class="article-text">
        m&aacute;stil de acero, varillaje flexible y profusi&oacute;n de multicolores
    </p><p class="article-text">
        bombillas de bajo consumo, patrocinado por una el&eacute;ctrica, una entidad
    </p><p class="article-text">
        bancaria o un supermercado y predispuesto a guisa de parpadeante gran
    </p><p class="article-text">
        abeto n&oacute;rdico donde los afortunados ciudadanos pueden celebrar la
    </p><p class="article-text">
        Navidad d&aacute;ndose un ba&ntilde;o de luces que predisponga su &aacute;nimo a salir
    </p><p class="article-text">
        corriendo a comprar lo que sea en el gran almac&eacute;n de la esquina, donde
    </p><p class="article-text">
        ofrecen la ilusi&oacute;n del tres por dos.
    </p><p class="article-text">
        El salado cartucho de papel lo improvisaba sobre la marcha el pipero
    </p><p class="article-text">
        ahuecando con maestr&iacute;a una hoja de papel de peri&oacute;dico que remataba por
    </p><p class="article-text">
        la base con una punta sellada con donaire, desparpajo y chuler&iacute;a:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;&iexcl;Pipas reci&eacute;n tostadicas, una delicia para los paladares m&aacute;s
    </p><p class="article-text">
        exigentes, otro... para qui&eacute;n!&raquo;. Por una perra chica o una perra gorda
    </p><p class="article-text">
        los cr&iacute;os de mi generaci&oacute;n nos llev&aacute;bamos un cartucho de pipas muy
    </p><p class="article-text">
        ilustrado. Porque, con las pipas, el cartucho nos procuraba noticias
    </p><p class="article-text">
        de la muerte de Manolete en Linares, el ba&ntilde;o de masas de Eisenhower en
    </p><p class="article-text">
        Madrid o la llegada del barbudo Fidel a la Habana.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El insulso cartucho navide&ntilde;o han dado en plantarlo al un&iacute;sono en el
    </p><p class="article-text">
        a&ntilde;o que se fue los 8.112 alcaldes de todos los municipios de las
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;as; que, superadas las dos que nos helaban el coraz&oacute;n, van ya por
    </p><p class="article-text">
        no menos de diecisiete. En mis viajes del norte al sur y del este al
    </p><p class="article-text">
        oeste peninsular, no he parado en los &uacute;ltimos d&iacute;as de encontrarme de
    </p><p class="article-text">
        buenas a primeras con el cartucho navide&ntilde;o que todo alcalde que se
    </p><p class="article-text">
        precie de novedoso se jacta en plantar m&aacute;s enhiesto y con m&aacute;s luces
    </p><p class="article-text">
        que el del pueblo vecino.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A una jovencita que pregunt&oacute; a su madre qu&eacute; era la moda la madre le
    </p><p class="article-text">
        respondi&oacute; que ponerse lo que todo el mundo lleva. Pues eso. Que este
    </p><p class="article-text">
        a&ntilde;o la moda ha impuesto que todos los cartuchos navide&ntilde;os tildados de
    </p><p class="article-text">
        abetos nevados sean tan iguales que dan el tufo de ser de la misma
    </p><p class="article-text">
        madre. O sea: del avispado industrial que ha vendido la idea a quienes
    </p><p class="article-text">
        de ideas no andan muy sobros. Los alcaldes y ediles en pleno.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otra china en el zapato de nuestros d&iacute;as son las cabalgatas de Reyes,
    </p><p class="article-text">
        que cada vez se parecen m&aacute;s a un Entierro de la Sardina anticipado.
    </p><p class="article-text">
        Pero con tres lustrosas sardinas convenientemente elegidas por la
    </p><p class="article-text">
        autoridad competente. Que, en su desvar&iacute;o ordenancista, se irroga
    </p><p class="article-text">
        hasta el derecho de decidir a qui&eacute;n le corresponde ser Melchor, Gaspar
    </p><p class="article-text">
        o Baltasar. No vaya a colarse un inapropiado.
    </p><p class="article-text">
        Y en estas est&aacute;bamos cuando otra malsana moda anda ya instalada en
    </p><p class="article-text">
        las esquinas. Inaugurar maquetas. No ya la obra felizmente culminada,
    </p><p class="article-text">
        sino la mera intenci&oacute;n de hacer la obra del siglo. El alcalde de
    </p><p class="article-text">
        turno, en su atril de metacrilato, con mucho aparataje digital,
    </p><p class="article-text">
        explicando en plaza p&uacute;blica al pueblo soberano lo que se propone
    </p><p class="article-text">
        hacer. Y Vicente Medina, que no se chupaba el dedo, ech&aacute;ndole hilo a
    </p><p class="article-text">
        la birlocha:
    </p><p class="article-text">
        No hay en el mundo una fe
    </p><p class="article-text">
        m&aacute;s pura y m&aacute;s inocente;
    </p><p class="article-text">
        los &aacute;ngeles desde el cielo
    </p><p class="article-text">
        ven el cuadro sonrientes...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/cartucho-pipas-navideno_132_3653609.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Jan 2017 16:20:34 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Del cartucho de pipas al cartucho navideño]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un nacimiento renacentista que en Murcia no se ha sabido ver]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/nacimiento-renacentista-murcia-sabido-ver_132_3676310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4597368d-1ba1-480e-990e-d9b26277fb85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un nacimiento renacentista que en Murcia no se ha sabido ver"></p><p class="article-text">
        Hay en Murcia un Nacimiento renacentista de excepcional belleza que en Murcia no se ha sabido ver, valorar y promocionar como joya del arte universal. &laquo;La adoraci&oacute;n de los Pastores&raquo;. Bajorrelieve en m&aacute;rmol blanco centrado sobre el altar frontal de la capilla de Junter&oacute;n, en la Santa Iglesia Catedral. En verdad, es obra f&aacute;cil de localizar pero muy dif&iacute;cil de admirar porque una puerta de hierro impide el acceso a la capilla donde entre luces y sombras apenas si luce al fondo. Lo que ayuda muy poco al visitante del templo catedralicio, local o for&aacute;neo, a contemplarla con arrobo y a llev&aacute;rsela impresa para siempre en la memoria.
    </p><p class="article-text">
        Sirva de aviso. Pero no de escusa. Porque de lo que se trata no es verla con los ojos de la cara, sino con los ojos del alma. Que todos tenemos y de los que tan poco uso hacemos. En los ya lejanos tiempos de mi juventud, all&aacute; por los sesenta, tuve oportunidad de contemplarla y dibujarla de cerca, a un palmo de distancia. Y desde entonces, tantos a&ntilde;os despu&eacute;s, mi emoci&oacute;n a&uacute;n perdura.
    </p><p class="article-text">
        Representa el Nacimiento. Sin m&aacute;s. Una estampa de la Natividad reducida a su m&aacute;xima esencialidad. Grave, severa, gr&aacute;cil, desnuda, elemental, armoniosa, ora apenas esbozada, ora rigurosamente acabada, firme en extremo y sin artificios vanos ni detalles prescindibles. Una obra, en fin, ni artificiosa ni pretenciosa. Sencilla como un aire, fresca como un agua... Y sin anacronismos.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo cual ha operado en contra de la popularizaci&oacute;n de tan excelsa obra maestra, que lleva instalada en su recapilla va para quinientos a&ntilde;os. Porque en Murcia, tan dada a la hip&eacute;rbole, el bel&eacute;n de Salzillo es capa que todo lo tapa. Lo que impide percibir otras representaciones belen&iacute;sticas. Previas. Y muy sustantivas. Como la aqu&iacute; glosada. &laquo;La adoraci&oacute;n de los magos&raquo; (&amp;lt;1543), atribuida a Jer&oacute;nimo Quijano &laquo;El Monta&ntilde;&eacute;s&raquo; (c. 1500-1563). Un premio de hombre del Renacimiento que en la loter&iacute;a de la suerte le toc&oacute; a Murcia y que Murcia no ha sabido apreciar y universalizar con el entusiasmo que tan sobresaliente figura de la escultura renacentista espa&ntilde;ola merece.
    </p><p class="article-text">
        Que el bajorrelieve sea suyo (de su ingenio y mano) o importado de Italia (del entorno de Miguel &Aacute;ngel) es a efectos pl&aacute;sticos lo de menos. Lo que importa valorar es la armon&iacute;a de la obra en s&iacute;, su disposici&oacute;n en dos placas, la composici&oacute;n, el ritmo, el ambarino grano, la exquisita labra (a veces, pr&oacute;xima al medio bulto), el motivo... Y, sobre todo, la singularidad representativa (paternitas) que revela la figura de San Jos&eacute;, pr&oacute;ximo al Ni&ntilde;o, pendiente del Ni&ntilde;o, cuidando al Ni&ntilde;o. Al que falta, por cierto, el pulgar de la mano derecha. Como prueba la foto (la mejor que conozco) realizada por Ana Bernal a requerimiento m&iacute;o, interpretando con arte y soltura mis pautas. Lo que infinitamente le agradezco.
    </p><p class="article-text">
        Dos paneles conforman el mural. El superior (celestial) y el inferior (terrenal). Arriba, los &aacute;ngeles, flotando en sus nubes. Abajo, dos escenas consecuentes, sucesivas. A derecha, los pastores; que acuden a adorar al Ni&ntilde;o. Un pastor apoyado en una vasta rama de &aacute;rbol. El bast&oacute;n o cayado. Una cabeza (con casco, quiz&aacute; de soldado) que hacia &eacute;ste se vuelve. Y un arrobado pastorcillo, joven, de hinojos. Y a izquierda, la idea nuclear, el im&aacute;n de emociones, la magn&eacute;tica zona, maravilla de las maravillas del conjunto. Mar&iacute;a, con los brazos cruzados sobre el pecho, en admiraci&oacute;n. San Jos&eacute;, sosteniendo con su diestra mano la s&aacute;bana del Ni&ntilde;o. Y el Ni&ntilde;o, privado del pulgar de la mano derecha por accidente o robo. Qu&eacute; pena.
    </p><p class="article-text">
        No es preciso ser muy imaginativo para percibir la genialidad del enfoque, su originalidad, su singularidad. En las representaciones navide&ntilde;as al uso el acento de los artistas (dibujantes, pintores, escultores, fresquistas, grabadores...) se centra en la figura de la Madre y el Ni&ntilde;o, unidos por la cuna, con San Jos&eacute; m&aacute;s bien esquinado, avejentado, escamado, receloso... Aqu&iacute;, en cambio, Jos&eacute; no es lo accesorio. Es lo capital. Tan padre Jos&eacute; como madre es Mar&iacute;a. La Sagrada Familia en esencia, presencia y potencia. Una de las m&aacute;s singulares y hermosas Sagradas Familias que el arte universal ha alcanzado.
    </p><p class="article-text">
        Tan acallada joya escult&oacute;rica destila mucha ense&ntilde;anza. Arte grande. Arte cl&aacute;sico. Arte excelso. Arte inspirador. A los Salzillo, padre e hijo, que anduvieron por la catedral en busca de lecci&oacute;n y ejemplo no es concebible que esta obra les pasara desapercibida. La delicada belleza del rostro de Mar&iacute;a, el refinado contorno de su faz de cera, las manos en cruz sobre el pecho, en adoraci&oacute;n... Cu&aacute;ntas sugerencias no habr&aacute; trasmitido esta inconmensurable estampa de la madre de las madres a los artistas que a ella se acercaron a verla con los ojos de la cara. S&iacute;. Pero tambi&eacute;n con los ojos del alma, que son siempre los de arte.
    </p><p class="article-text">
        La arrobada rotundidad del rostro de San Jos&eacute;, la p&eacute;trea cabeza, la firme apostura, el ensortijado cabello, la trenzada barba, los enamorados ojos, la boca entreabierta, la simp&aacute;tica dentadura blanca, su marm&oacute;rea luminosidad.
    </p><p class="article-text">
        El Ni&ntilde;o, tendido en la s&aacute;bana en cuyo extremo derecho inferior asoma la primorosa forma de la cunita seguramente improvisada por el padre, carpintero, al asumir su inmediata llegada como un don del cielo. El Ni&ntilde;o con cuerpo pr&oacute;ximo al medio bulto, tan salado, tan rico, fruto de la general admiraci&oacute;n de los mayores.
    </p><p class="article-text">
        Sobre el grado de fe religiosa que cada cual tenga, o no, lo que importa resaltar aqu&iacute; de esta obra renacentista de tan excepcional belleza es que ya va siendo hora de que se empiece a ver con los ojos del alma. Y a valorarla como pieza de una originalidad extrema. El artista, fuera quien fuera, no quiso representar un bel&eacute;n al uso. Un nacimiento m&aacute;s. Un estereotipo. Lo que el inspirado artista quiso hacer (e hizo) fue una magna obra de arte que rompe con los c&aacute;nones de lo usual, una obra en la que Jos&eacute; centra la escena, compartiendo el papel principal con Mar&iacute;a y con el Ni&ntilde;o. Como buen cabeza de familia.
    </p><p class="article-text">
        Felicitar la Navidad con esta imagen desde Murcia al mundo es un reto pendiente que ojal&aacute; cuente pronto con muchos seguidores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/nacimiento-renacentista-murcia-sabido-ver_132_3676310.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Dec 2016 15:22:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un nacimiento renacentista que en Murcia no se ha sabido ver]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un campurriano y un torrelaveguense, vientos cruzados en el Cantón de Cartagena]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/campurriano-torrelaveguense-cruzados-canton-cartagena_132_3708375.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <strong>DETERMINISMO </strong>
    </p><p class="article-text">
        El destino es una m&aacute;quina de complejos engranajes que trabaja incesan&shy;temente para que todo lo que ha de ocurrir ocurra necesariamente. Y as&iacute;... para que este &laquo;ins&oacute;lito&raquo; tomara cuerpo en el papel quiso la casualidad &mdash;que es m&aacute;s causal de lo que parece&mdash; que Elisa G&oacute;mez Pedraja escribiera el libro &laquo;Pedro Guti&eacute;rrez de la Puente: Un campurriano en el cant&oacute;n&raquo;, cuya und&eacute;cima nota a pie de p&aacute;gina razona: &laquo;Gran parte del duro asedio a Cartagena fue coordinado por el general Francisco de Paula Cevallos y Vargas (Torrelavega, 9-10-1814-Madrid, 9-3-1883), primer marqu&eacute;s de Torrelavega. &iquest;Llegar&iacute;an a conocerse don Pedro y don Francisco, parlamentando o de alguna otra forma?
    </p><p class="article-text">
        Un natural de Mazandrero, m&aacute;xima figura pol&iacute;tica de los revolucionarios cantonales. Y un general de Torrelavega, al mando del ej&eacute;rcito centralista. Sitiado y sitiador. Insurgente y represor. Dos de aqu&iacute; enfrentados all&iacute;. A m&aacute;s de ochocientos quil&oacute;metros del lugar de origen. Cosas del destino.
    </p><p class="article-text">
        Y los cabos habr&iacute;an permanecido sueltos, en el libro de Elisa, si esa m&aacute;quina que todo lo predetermina no hubiera movido a la autora a poner un ejemplar en mis manos, que le&iacute; de un tir&oacute;n recordando mis tiempos de quinto en el Gobierno Militar de la ciudad departamental, cuyo Archivo orden&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>MILITAR DE CARRERA</strong>
    </p><p class="article-text">
        Torrelavega, 9 de octubre de 1814. Nace Francisco de Padua Cevallos y Vargas, en una acomodada familia de abogados. A los diecinueve a&ntilde;os, es guardia de corps de Fernando VII. Finado el rey, participa en la guerra carlista del lado isabelino, resultando herido en Archanda. En 1838, lucha en Gandesa, Daroca y Morella; y en 1843, en el sitio de Zaragoza. Concluida la contienda, asciende a teniente coronel. En 1845, parte de Santander para Cuba, a la Gobernaci&oacute;n de Cienfuegos y de Santa Clara. Vuelto a Madrid, Isabel II premia su lealtad (que se sepa) ascendi&eacute;ndole a mariscal de campo (1866). Nombrado capit&aacute;n general de Cuba el 11 de julio de 1872, ejerce hasta el 18 de abril siguiente. Para entonces, el destino ya hab&iacute;a movido ficha: la proclamaci&oacute;n de la &laquo;I Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola&raquo;, 11 de febrero de 1873. El 12 de julio siguiente, la idea &laquo;del federalismo desde abajo&raquo; inspir&oacute; la Insurrecci&oacute;n Cantonal de Cartagena. Donde estaba llamado a desempe&ntilde;ar la acci&oacute;n de asedio que queda esbozada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>POL&Iacute;TICO VOCACIONAL</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mazandrero, 5 de junio de 1818. Nace Pedro Guti&eacute;rrez de la Puente, en ambiente rural. Desde ni&ntilde;o, ayuda a los padres en el campo. Y a los trece a&ntilde;os va de j&aacute;ndalo a Sanl&uacute;car de Barrameda. Mandadero hasta mediados de 1835, se embarca en Santander para La Habana, emple&aacute;ndose en la industria tabaquera. Independizado y con almacenes de tabaco propios, en 1843 casa con la hacendada cartagenera Carlota Lagorio. En 1858, saldan los negocios y tornan a Espa&ntilde;a. C&aacute;diz, Santander, Madrid y.... Cartagena, donde se instalan en 1859. Con muy buen pasar &mdash;m&aacute;s la sustantiva fortuna familiar del suegro&mdash; don Pedro no tarda en popularizarse por sus avanzadas ideas republicanas. Pronto, es nombrado concejal y, sucesivamente, diputado tres veces por sufragio y una por nombramiento de la Junta... Y en mil aventuras m&aacute;s andaba el enriquecido indiano cuando el movimiento insurreccional se inici&oacute; en Cartagena el 12 de julio de 1873. Con la impaciente proclamaci&oacute;n del Cant&oacute;n, la presidencia pol&iacute;tica se le entreg&oacute; en bandeja. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s, el 7 de agosto, fin&oacute; su esposa en la casona de campo familiar. Tal vez sobrepasada por los acontecimientos. Lo que el cielo recompens&oacute; al desconsolado viudo con una nieta (Juana, hija de Nieves).
    </p><p class="article-text">
        <strong>ACOSO Y DERRIBO </strong>
    </p><p class="article-text">
        El Cant&oacute;n fue ef&iacute;mero, ca&oacute;tico y cruento. Cuanto aconteci&oacute; en los seis meses (185 d&iacute;as) que dur&oacute; la experiencia cantonal aterra. Tras ganar Chinchilla, Mart&iacute;nez Campos toma Murcia y el  15 de agosto inicia el sitio de Cartagena. Partidario de &laquo;<em>ahogar con la sangre de las cabezas esta revoluci&oacute;n bastarda</em>&raquo;, falto de apoyo gubernamental el 25 de septiembre presenta la dimisi&oacute;n. Es el turno de Ceballos. Siguiendo &oacute;rdenes gubernamentales, &eacute;ste trata primero de sobornar a los resistentes, ofreci&eacute;ndoles pasta y paz. Clemencia.
    </p><p class="article-text">
        Por entonces, ve la luz el n&uacute;mero &uacute;nico de &laquo;El Pirata&raquo;. Cuya portada ocupa la caricatura del pol&iacute;tico cantonal, tocado con chistera e instando a campanazos a resistir. Debo tan raro ejemplar, con la jocoseria biograf&iacute;a del caricaturizado, mandam&aacute;s de los piratas, a la generosidad de Joaqu&iacute;n Alcaraz Qui&ntilde;onero, autor &mdash;con Rogelio&mdash; del c&oacute;mic &laquo;El Cant&oacute;n. Cartagena 1873&raquo;. Gracias mil.
    </p><p class="article-text">
        Entre tanto, como Ceballos no logra doblegar con promesas de redenci&oacute;n a los federalistas, al alba del 26 de noviembre inicia el inclemente bombardeo de la plaza, con m&aacute;s de mil ca&ntilde;onazos diarios. Viendo que la bien guarnecida ciudad se viene abajo pero no se rinde, el 9 de diciembre dimite. Si las cuentas no fallan, fueron tan s&oacute;lo trece los d&iacute;as (con sus noches) que el de Torrelavega dirigi&oacute; el desproporcionado bombardeo. Reduciendo la ciudad a escombros y causando infinidad de bajas. Y as&iacute;... hasta que el 12 enero de 1874 el definitivo general L&oacute;pez Dom&iacute;nguez rindi&oacute; la plaza.
    </p><p class="article-text">
        <strong>RECUENTO</strong>
    </p><p class="article-text">
        Condenado a muerte, con todos sus conmilitones, el campurriano protagoniz&oacute; en la &laquo;Numancia&raquo; una intr&eacute;pida huida nocturna, entre la &laquo;Victoria&raquo; y la &laquo;Carmen&raquo;, que le llev&oacute; al exilio. En febrero, se retrat&oacute; en Or&aacute;n, Photographie T. Dupont. En el retrato (exhumado por Elisa) su aspecto es inmejorable. Luce una medalla en el casac&oacute;n. Y en nota al dorso anota: &laquo;Febro 1874. Me Retra t&eacute; a los 55 a&ntilde;os y ocho meses&raquo;. Luego, v&iacute;a Marsella, sali&oacute; para Suiza. Donde falleci&oacute; el 23 de abril de 1875. Del suceso dio cuenta la prensa espa&ntilde;ola a primeros de mayo: &laquo;Ha fallecido en Ginebra el que fue Presidente de la Junta Soberana de Cartagena&raquo;. A la bi&oacute;grafa no escapa la sibilina acotaci&oacute;n de un medio: &laquo;Dios le haya perdonado&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Ceballos fue Ministro de Guerra, Primer Marqu&eacute;s de Torrelavega (1876), protegido de Alfonso XII y senador vitalicio por Santander. Gloriosa carrera que acab&oacute; en Madrid, el nueve de marzo de 1883, a los sesenta y nueve a&ntilde;os, colmado de medallas, honores, distinciones y gabelas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se conocieron don Pedro y don Francisco en Cuba? &iquest;Compartieron habanos y ron? &iquest;Supieron de su com&uacute;n origen c&aacute;ntabro y experiencia habanera en Cartagena? &iquest;Negociaron, v&iacute;a emisarios, la rendici&oacute;n de la plaza y el perd&oacute;n de quienes depusieran las armas y se entregaran? Tildarles de bueno y malo ser&iacute;a injusto. Firmes en sus ideales, ambos cumplieron en conciencia el papel que les asign&oacute; esa m&aacute;quina de complejos engranajes que es el destino.
    </p><p class="article-text">
         * Antonio Mart&iacute;nez Cerezo es escritor, historiador y acad&eacute;mico
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Cerezo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/campurriano-torrelaveguense-cruzados-canton-cartagena_132_3708375.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Nov 2016 09:23:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Un campurriano y un torrelaveguense, vientos cruzados en el Cantón de Cartagena]]></media:title>
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