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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Sánchez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose_sanchez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Sánchez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Emoción y razón, en un solo cerebro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/bienestar/opinion/emocion-razon-solo-cerebro_1_2386508.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Conocer nuestras emociones ha preocupado a fil&oacute;sofos, pensadores, y m&eacute;dicos desde la Antig&uuml;edad, pero hoy conocemos que las emociones contienen tres componentes: uno mental en el que se incluyen sentimientos, otro comportamental y otro fisiol&oacute;gico. Nos emocionamos en el cuerpo, en la mente y en la conducta observable, por tanto nada nuestro escapa a su efecto.
    </p><p class="article-text">
        Las emociones son r&aacute;pidas en producirse y, si lo permitimos, r&aacute;pidas en marcharse: rara vez una emoci&oacute;n dura minutos. Mantenidas en el tiempo, disminuyen su intensidad aguda, pero nos vinculan a estados afectivos y an&iacute;micos que construyen nuestra personalidad e identidad.
    </p><p class="article-text">
        Tendemos a considerar las emociones un estorbo para la raz&oacute;n, quiz&aacute; porque somos pocos conscientes de su manejo y tememos su reconocimiento.
    </p><p class="article-text">
        Esta visi&oacute;n hoy no se sostiene: ni las emociones son del coraz&oacute;n ni la raz&oacute;n corresponde a la cabeza. Lo que la neurociencia nos muestra es que cognici&oacute;n y emoci&oacute;n est&aacute;n &iacute;ntimamente ligadas, no son dos sino uno.
    </p><p class="article-text">
        Para nuestro bienestar esta uni&oacute;n es un apoyo: las emociones positivas nos predisponen y motivan a tomar decisiones que favorecen la cohesi&oacute;n social. Las negativas nos impulsan a tomar decisiones sistem&aacute;ticas y anal&iacute;ticas. Ambas nos impulsan a colocar la atenci&oacute;n sobre el proceso emocional. Cognici&oacute;n y emoci&oacute;n son dos caras de una misma moneda.
    </p><p class="article-text">
        Aprendamos a emocionarnos con nuestras razones, expresando un lenguaje no verbal coherente y mostr&aacute;ndonos aut&eacute;nticos ante nuestros cong&eacute;neres.
    </p><p class="article-text">
        Ser aut&eacute;ntico, coherente, uno, pilares de nuestro verdadero bienestar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/bienestar/opinion/emocion-razon-solo-cerebro_1_2386508.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Nov 2015 18:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Emoción y razón, en un solo cerebro]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El siglo del cerebro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/bienestar/opinion/siglo-cerebro_1_2396226.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En 2015 empezamos a vislumbrar una realidad ya anunciada por el Premio Nobel de Medicina del a&ntilde;o 2000 Eric Kandel: &ldquo;El siglo XXI ser&aacute; el siglo del cerebro&rdquo;. La neurociencia, tradicionalmente dedicada al estudio de la estructura, funci&oacute;n y patolog&iacute;a del sistema nervioso, ampl&iacute;a sus fronteras hasta l&iacute;mites que a&uacute;n no podemos imaginar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El estudio actual del cerebro se realiza de forma multidisciplinar en diferentes niveles. En el molecular se estudia la gen&eacute;tica, los mecanismos de se&ntilde;alizaci&oacute;n y las bases de la neuroplasticidad. En el nivel celular, se analizan las neuronas y otras c&eacute;lulas (astrocitos, oligodendrocitos, microgl&iacute;a, ependimocitos), as&iacute; como las interacciones complejas entre ellas que forman redes neuronales. En el nivel cognitivo se investigan los sustratos cerebrales de nuestra cognici&oacute;n y conducta. Pero la neurociencia no termina en los l&iacute;mites de nuestra cabeza.
    </p><p class="article-text">
        La neurociencia social nos ense&ntilde;a c&oacute;mo nuestro cerebro presenta caracter&iacute;sticas &uacute;nicas que tienen que ver con el tama&ntilde;o de nuestra corteza y el n&uacute;mero de individuos con los que establecemos relaciones sociales, que son uno de los factores para mejorar nuestra salud mental y prevenir el deterioro cognitivo. Ponemos en marcha as&iacute;, la llamada teor&iacute;a de la mente, que permite inferir pensamientos e intenciones de otras personas y por tanto, relacionarnos. La expresi&oacute;n de nuestras emociones, a trav&eacute;s de los 42 m&uacute;sculos de la cara, nos ayuda no solo a respirar o masticar, sino a mostrar a otros un vasto repertorio de estados internos, captados por nuestro cerebro en tiempo r&eacute;cord, milisegundos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La neurociencia nos va mostrando tambi&eacute;n c&oacute;mo reaccionamos a la belleza, el arte, la m&uacute;sica y busca adem&aacute;s el enigma del lenguaje. Qu&eacute; nos hace humanos, en qu&eacute; nos diferenciamos de los primates, c&oacute;mo era el cerebro y por tanto la mente de los hom&iacute;nidos son tarea de estudio en la apasionante neurociencia evolutiva.
    </p><p class="article-text">
        Por si fuera poco, disciplinas antes alejadas de las ciencias b&aacute;sicas como el marketing son renovadas y hasta cierto punto, cuestionadas por el neuromarketing. Hoy sabemos que no compramos lo que necesitamos o lo que decimos, sino lo que deseamos y que por extra&ntilde;o que nos resulte, nuestras decisiones son en muchas ocasiones irracionales, no por ello necesariamente est&uacute;pidas. D&oacute;nde miramos y colocamos la atenci&oacute;n, qu&eacute; reacci&oacute;n tenemos a un sabor, olor o color de una marca nos permite conocer mejor, c&oacute;mo y por qu&eacute; tomamos una decisi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si de decisiones importantes se trata, la econom&iacute;a es una de las disciplinas al respecto. La neuroeconom&iacute;a investiga la toma de decisi&oacute;n en el cerebro, bidireccionalmente, c&oacute;mo las decisiones econ&oacute;micas influyen en nuestro m&aacute;s preciado &oacute;rgano. Por raro que nos resulte, el simple click de una moneda despierta en nuestro cerebro los sistemas de recompensa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El derecho y las leyes no escapan a la neurociencia. &iquest;Qu&eacute; hacemos ante un individuo adulto que en un an&aacute;lisis de neuroimagen muestra un c&oacute;rtex prefrontal inmaduro y parecido al control inhibitorio propio de un ni&ntilde;o de 8 a&ntilde;os? Si bien el juicio sobre la pena y el castigo escapa a los prop&oacute;sitos de la neurociencia, al menos se atreve a aportar ciencia sobre un fundamento de nuestra sociedad: la culpa y la responsabilidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si de responsabilidad se trata, no solo de derecho, nos compete mejorar nuestro bienestar interno. La neurociencia contemplativa estudia la meditaci&oacute;n y los estados de conciencia, antes un tanto ajenos a nuestra cosmovisi&oacute;n, hoy validados por uno de nuestros paradigmas compartidos: la ciencia. Podemos cerrar los ojos, respirar, enfocar la atenci&oacute;n, vivir el presente e ir comprobando y desarrollando ese cerebro tan olvidado: el que nos proporciona fuente interna de satisfacci&oacute;n sin necesidad de est&iacute;mulos externos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Videojuegos y dispositivos hombre-m&aacute;quina, como el neurofeedback, no solo muestran aplicaciones cient&iacute;ficas para los profesionales de la salud. En breve ser&aacute;n terapia y prevenci&oacute;n para los m&aacute;s mayores. El entrenamiento cerebral en todos sus potenciales est&aacute; ya a nuestro alcance: mejorar la memoria, enfocar la atenci&oacute;n, aprender a planificar, aliviar el trauma, manejar emociones, vivir el presente, prevenir el deterioro, fortalecer nuestra empat&iacute;a y crear mejores h&aacute;bitos son habilidades que ofrece la neurociencia aplicada.
    </p><p class="article-text">
        La trascendencia no evita ya al cerebro. La neuroespiritualidad permite acercar dos polos antes separados durante eones: ciencia y religi&oacute;n. Para los ateos les permitir&aacute; vivir una espiritualidad sin Dios: para los creyentes les ofrece el apoyo y confirmaci&oacute;n de su religi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Puede que sea desbordante, pero la neuro&eacute;tica se encarga de poner l&iacute;mites, valores y equilibrio a este apasionante reto del siglo XXI, nuestro siglo del cerebro.
    </p><p class="article-text">
        Por si fuera poco, lo que esta gesta depare depender&aacute; de nosotros, de nuestras actitudes tanto como de nuestras aptitudes. Toca por tanto, participar activamente como individuos y sociedad en los retos de la neurociencia de este siglo y tratar de desvelar nuestros propios misterios, nuestro propio cerebro, para nuestros m&aacute;s altos fines, esos que incluyen a los dem&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/bienestar/opinion/siglo-cerebro_1_2396226.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Nov 2015 17:15:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El siglo del cerebro]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Neurología]]></media:keywords>
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