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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Carlos Mohr]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan_carlos_mohr/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Carlos Mohr]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Un día cualquiera en Lesbos, punto de llegada de refugiados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/dia-lesbos-punto-llegada-refugiados_1_2391686.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7149cfb1-d784-46b8-8c70-06736d0b1d09_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un día cualquiera en Lesbos, punto de llegada de refugiados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con el aviso de "balsa a la vista" los socorristas voluntarios saltan hacia sus coches. La distancia entre los puntos de llegada de las barcas es de unos 14 kilómetros que recorren por un camino sin asfaltar al borde del mar.</p><p class="subtitle">Una tribu de buscavidas se mueve por toda la costa en busca de beneficio a costa de los refugiados que llegan</p><p class="subtitle">Los niños se abrazan llorando a los voluntarios. Personas en estado de shock, crisis de ansiedad o hipotermia se mezclan con gente que busca sus escasas pertenencias entre un mar de chalecos esparcido por la playa.</p></div><p class="article-text">
        Amanece en Lesbos, aunque las noches no se diferencien mucho de los d&iacute;as. A primeras horas de la ma&ntilde;ana comienza un trasiego de fot&oacute;grafos, periodistas y voluntarios por To Kyma, un peque&ntilde;o hotel familiar regentado por Paris, donde trabaja &eacute;l y su familia a escasos metros de la playa de Skala Skamineas, a 9 kil&oacute;metros de las costas turcas donde llega la mayor parte de los refugiados a Lesbos.
    </p><p class="article-text">
        To Kyma se ha convertido en el centro de operaciones de Proactiva Open Arms (ONG de Badalona de socorristas que se dedican a salvar vidas). All&iacute; comen, duermen y viven el poco tiempo que est&aacute;n fuera del agua ayudando a los refugiados. &lsquo;Kalimera&rsquo;, es la primera palabra que decimos antes de preguntar c&oacute;mo ha sido la noche anterior. Caf&eacute;s, huevos y tostadas comparten espacios en mesas llenas de ordenadores, cables y c&aacute;maras de los periodistas que desde all&iacute; hacen sus cr&oacute;nicas. Este lugar se ha convertido en centro de operaciones, porque estos seis socorristas de Proactiva participan en casi todos los salvamentos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Con sus walkies-talkies y tel&eacute;fonos son requeridos constantemente por todos los grupos de voluntarios que operan en la isla cada vez que una balsa es avistada en el horizonte. &iquest;Y por qu&eacute; se han convertido unos socorristas en los referentes de los salvamentos en Lesbos? Porque, a falta de acci&oacute;n por parte de Frontex, de las autoridades, y de los guardacostas griegos y turcos -cuya intervenci&oacute;n es claramente insuficiente- son los diferentes grupos de voluntarios los que han asumido el grueso de las tareas de rescate, a pesar de la descoordinaci&oacute;n que existe entre ellos.
    </p><p class="article-text">
        A cualquier hora del d&iacute;a los socorristas voluntarios reciben el aviso de &ldquo;balsa a la vista&rdquo;, que inmediatamente activa un protocolo no establecido. Con la comida reci&eacute;n servida, los ordenadores encendidos y todos los equipos en las mesas, el aviso de &ldquo;balsa a la vista&rdquo; provoca una desbandada hacia los coches, que a toda velocidad, forman una caravana para acudir a los lugares de llegada de las balsas. La distancia entre Skala Skamineas y Molyvos (los puntos de llegada) es de unos 14 kms. que se hacen por un camino angosto, sin asfaltar, lleno de baches y piedras, con muchas curvas y cuestas al borde del mar. Esto hace complicado el tr&aacute;nsito en algunos momentos, y sobre todo por la noche, pero a pesar de todo, casi siempre se consigue llegar a tiempo para ayudar a los refugiados.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Gritos, lloros y desesperaci&oacute;n es lo que se oye al llegar una balsa a la orilla. El miedo y el p&aacute;nico de la situaci&oacute;n hacen que muchos refugiados se lancen al mar antes de llegar, poniendo en peligro sus vidas. Los socorristas tienen claro que el primer objetivo del salvamento son los ni&ntilde;os, que vienen muchos y muy peque&ntilde;os. Los ni&ntilde;os, con sus manguitos y chalecos de juguete, se abrazan llorando a los voluntarios y son colocados entre cientos de chalecos que cubren las playas. Son momentos terror&iacute;ficos donde todos quieren pisar tierra cuanto antes y finalizar la pesadilla de estos 9 kil&oacute;metros de traves&iacute;a entre la costa turca y Lesbos.
    </p><p class="article-text">
        Los gritos quedan en un segundo plano al estallar las balsas. Un sonido detonador como el de un disparo, hace que muchos de ellos se asusten m&aacute;s si cabe. Las balsas son acuchilladas, unas veces por los buscavidas que hay en la zona tratando de sacar tajada econ&oacute;mica de semejante situaci&oacute;n y otras por los mismos refugiados, a los que los traficantes mienten al salir de Turqu&iacute;a dici&eacute;ndoles que si son interceptados por la polic&iacute;a ser&aacute;n reportados. Muchas veces, ante este temor, las pinchan antes de llegar a tierra provocando escenas de peligro y miedo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Estos primeros momentos son los m&aacute;s dram&aacute;ticos, donde los socorristas de Proactiva se lanzan al mar para intentar dirigir las balsas hacia zonas menos peligrosas y parar los motores antes de la evacuaci&oacute;n, ya que corren peligro de lesionarse con las h&eacute;lices. Y es cuando voluntarios, m&eacute;dicos y en muchos casos fot&oacute;grafos comienzan a sacar a gente desesperada, derrotada, totalmente empapada y muchos de ellos con hipotermias.
    </p><p class="article-text">
        Ni&ntilde;os, j&oacute;venes, mujeres, ancianos, enfermos, llenan la playa y los que se encuentran en peor situaci&oacute;n son atendidos por voluntarios y m&eacute;dicos de Free Palestina. Personas en estado de shock, crisis de ansiedad, hipotermia o vomitando se mezclan con gente que busca sus pocas pertenencias entre un mar de chalecos. Muchos otros aprovechan, incluso desde la balsa o al salir de ella, para llamar a sus familiares y comunicarles su llegada.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras que son cubiertos con mantas t&eacute;rmicas, recibiendo abrazos y muestras de cari&ntilde;o por parte de los voluntarios que all&iacute; est&aacute;n ayudando, entran en acci&oacute;n &lsquo;las ratas&rsquo;. As&iacute; se llama a toda una tribu de buscavidas que se mueven por toda la costa en busca de beneficio a costa de las desgracias, incluso antes de que los refugiados lleguen a la orilla.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Cuando se ven las balsas en el horizonte, los voluntarios comienzan a agitar chalecos para dirigirlos hacia lugares seguros y si es de noche, se colocan coches enfocando sus luces hacia el mar para que estos tengan una gu&iacute;a y no vayan a zonas peligrosas de rocas y barrancos. Muchas veces &lsquo;las ratas&rsquo; realizan estas se&ntilde;ales en cualquier zona de la playa, para atraer a los refugiados hacia ellos y poder sacar su bot&iacute;n. Hay diferentes grupos: unos recogen las balsas, otros las mochilas perdidas y otros se llevan los motores. No sabemos muy bien si son una mafia o simplemente buscavidas, al menos no son violentos como son los traficantes turcos que, en algunas ocasiones a punta de pistola, obligan a los refugiados a zarpar solos habi&eacute;ndoles cobrado unos 1200 euros por persona. Cuando el mar est&aacute; revuelto y dif&iacute;cil para navegar, hacen ofertas a mitad de precio, poniendo m&aacute;s en peligro sus vidas.
    </p><p class="article-text">
        El calvario para los refugiados comienza de nuevo al llegar a tierra. Dependiendo de los coches de voluntarios que haya, son trasladados hacia el primer punto de ayuda, priorizando a enfermos, ni&ntilde;os y a ancianos. Se traslada a familias enteras, sin separarlas, para que no se pierdan en el camino.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de las veces no hay coches para todos y tienen que caminar kil&oacute;metros, empapados, hasta el primer punto de ayuda, donde se les da ropa, agua, comida y los que llegan en peores condiciones reciben atenci&oacute;n m&eacute;dic. A 3 kil&oacute;metros del primer punto hay un campamento de ACNUR donde esperan autobuses para llevarlos a los campos de Kara Tepe y Moria, para ser registrados y poder salir de Grecia. Ese es el periplo que diariamente viven y sufren los miles de refugiados que llegan a Lesbos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Mohr]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/dia-lesbos-punto-llegada-refugiados_1_2391686.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Nov 2015 19:51:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un día cualquiera en Lesbos, punto de llegada de refugiados]]></media:title>
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