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    <title><![CDATA[elDiario.es - J.M. Valderrama]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/j_m_valderrama/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - J.M. Valderrama]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Sequías y vulnerabilidad del modelo de consumo de agua]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/sequias-vulnerabilidad-modelo-consumo-agua_132_3101425.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/70186094-b39b-4201-aaf7-f10fa37b4a16_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sequías y vulnerabilidad del modelo de consumo de agua"></p><p class="article-text">
        Una sequ&iacute;a se puede definir de varios modos. La sequ&iacute;a meteorol&oacute;gica se corresponde con el concepto instintivo que tenemos de ella: la falta de lluvias. En muchos climas es algo esperable y se circunscribe a una determinada &eacute;poca del a&ntilde;o. As&iacute;, en el Mediterr&aacute;neo, el per&iacute;odo estival se caracteriza por precipitaciones casi nulas. La sequ&iacute;a hidrol&oacute;gica tiene lugar cuando la escasez de lluvias persiste y sus efectos se dejan notar en el caudal de r&iacute;os y manantiales o en el nivel fre&aacute;tico. La sequ&iacute;a agr&iacute;cola se desencadena cuando la falta de agua afecta a los cultivos y el ganado. Finalmente, cuando el nivel de los embalses baja hasta descubrir las ruinas de los pueblos que fueron inundados, la sequ&iacute;a aparece en los telediarios y es entonces cuando se desata la alarma social.
    </p><p class="article-text">
        La sequ&iacute;a meteorol&oacute;gica se puede medir mediante un indicador muy sencillo y, por eso, mismo ampliamente utilizado. El &iacute;ndice de precipitaci&oacute;n estandarizado (SPI en ingl&eacute;s) compara la lluvia registrada con su media hist&oacute;rica. Su utilidad radica en que permite evaluar de forma objetiva cuanto llueve en un lugar y compararlo con otros.
    </p><p class="article-text">
        El mapa del SPI elaborado por AEMET para Espa&ntilde;a del &uacute;ltimo a&ntilde;o hidrol&oacute;gico ofrece varias lecturas interesantes. Lo primero que llama la atenci&oacute;n es que el sureste peninsular, los territorios m&aacute;s acostumbrados a la sequ&iacute;a, registran valores &iexcl;positivos! En efecto, en Alicante, Murcia y Almer&iacute;a, ha llovido por encima de la media.&nbsp; Incluso, en determinadas zonas, se puede calificar el a&ntilde;o como &lsquo;Muy h&uacute;medo&rsquo; (SPI &amp;gt; 1,5). La segunda lectura interesante es que la sequ&iacute;a progresa de este a oeste. Los territorios m&aacute;s afectados se sit&uacute;an en el noroeste peninsular, destacando la cuenca del Duero y Galicia. Aqu&iacute; la sequ&iacute;a hace mucho m&aacute;s da&ntilde;o, puesto que son lugares que no est&aacute;n habituados a lidiar con este fen&oacute;meno.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        La lluvia no es garant&iacute;a de abundancia h&iacute;drica. Factores como la torrencialidad, la capacidad de almacenamiento, la evaporaci&oacute;n (existe un indicador m&aacute;s refinado que el SPI para capturar su influencia, el SPEI) o el consumo de agua, condicionan la salud h&iacute;drica de un territorio. En nuestro caso el explosivo desarrollo de la agricultura de regad&iacute;o explica buena parte de la escasez h&iacute;drica. Originalmente, su prop&oacute;sito fue amortiguar la variabilidad clim&aacute;tica, de manera que el suministro de alimentos fuese lo m&aacute;s regular posible. Sin embargo, la dimensi&oacute;n de este sector productivo no ha dejado de crecer en nuestro pa&iacute;s. Actualmente el 80% del agua disponible se la bebe la agricultura, llegando al 87% en la Cuenca del Guadalquivir. Cultivos que tradicionalmente han sido de secano (fundamentalmente le&ntilde;osos como los olivares, almendros o la vid) son ahora dependientes de un suministro de agua continuo. A ello se a&ntilde;ade la presencia de cultivos ajenos al clima mediterr&aacute;neo y que requieren altas dotaciones de agua, como el ma&iacute;z o la alfalfa.
    </p><p class="article-text">
        La expansi&oacute;n del regad&iacute;o se ha apoyado en la explotaci&oacute;n ilegal e indiscriminada de las aguas subterr&aacute;neas. Su declive, reforzado por la escasez de precipitaciones, es un torpedo directo a la tan reclamada seguridad alimentaria. Nos hemos instalado en un modelo agrario sumamente vulnerable que incluso en a&ntilde;os &lsquo;buenos&rsquo; (como el pasado a&ntilde;o hidrol&oacute;gico en el SE peninsular) topa con sus l&iacute;mites.
    </p><p class="article-text">
        Las soluciones no deber&iacute;an pasar por seguir planificando nuevos regad&iacute;os. Es necesario apostar por la calidad de la producci&oacute;n, en lugar de su cantidad. Los &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os ha llovido por debajo de la media (este &uacute;ltimo un 15% menos) y el aumento de las temperaturas nos lleva a batir un r&eacute;cord tras otro. Adem&aacute;s, seg&uacute;n las previsiones del IPCC, las sequ&iacute;as ser&aacute;n m&aacute;s prolongadas e intensas. Adaptar las pr&aacute;cticas agr&iacute;colas y las variedades de cultivo a escenarios que amenazan con ser m&aacute;s dr&aacute;sticos es un camino irrenunciable.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.M. Valderrama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/sequias-vulnerabilidad-modelo-consumo-agua_132_3101425.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Oct 2017 21:22:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sequías y vulnerabilidad del modelo de consumo de agua]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sequía,Agua,Olivos,Meteorología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Anatomía de la desertificación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/anatomia-desertificacion_132_2373774.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e55d1556-24b8-4512-b8ab-0346dbb58674_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Anatomía de la desertificación"></p><p class="article-text">
        Conviene especificar, en primer lugar, el &aacute;mbito en el que sucede la desertificaci&oacute;n. Se trata de regiones &aacute;ridas, semi&aacute;ridas y sub-h&uacute;medas secas, es decir, aquellas en las que el &iacute;ndice de aridez de la FAO est&aacute; entre 0.05 y 0.65. Aclaremos que: (i) Este &iacute;ndice da una idea del balance h&iacute;drico de la zona; (ii) Hay muchos &iacute;ndices de aridez, adem&aacute;s del de la FAO; el aqu&iacute; utilizado es el cociente entre lo que llueve y lo que potencialmente se podr&iacute;a evaporar; (iii) Las zonas hiper&aacute;ridas, cuyo &iacute;ndice es menor de 0.05, no se incluyen. Se trata de desiertos clim&aacute;ticos en los que ya no puede haber desertificaci&oacute;n; y (iv) Un valor de, por ejemplo, 0.05 significa que la precipitaci&oacute;n supone el 5% de lo que potencialmente se podr&iacute;a evaporar. Dicho de otro modo, si lloviese 20 veces m&aacute;s, de manera uniforme, todo se evaporar&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El ser humano ha desarrollado estrategias para adaptarse a estas regiones, en las que llueve poco y de manera poco predecible. En efecto, el aumento de la aridez viene acompa&ntilde;ado de una mayor irregularidad en la distribuci&oacute;n de las precipitaciones. El truco para mantenerse en estos territorios es estar atento a las <strong>se&ntilde;ales de escasez</strong> y adaptar las tasas de extracci&oacute;n de recursos (el pasto consumido, el agua de los acu&iacute;feros) a las de regeneraci&oacute;n. Hay a&ntilde;os de bonanza y otros de escasez. El estereotipo que mejor refleja esta situaci&oacute;n son los n&oacute;madas que siguen las err&aacute;ticas lluvias y el pasto que brota tras su paso. Cuando la hierba se acaba deshacen su campamento y buscan nuevos pastizales. La zona pastoreada volver&aacute; a ser productiva tras un per&iacute;odo de regeneraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En un sistema <strong>autorregulado</strong> como el descrito no pueden darse episodios de desertificaci&oacute;n. Pero m&aacute;s que vivir, se sobrevive. Por eso, cuando ocurre alguna perturbaci&oacute;n que le es favorable, el hombre la aprovecha. Puede ser un per&iacute;odo de lluvias extraordinario. O una novedad tecnol&oacute;gica combinada con un peque&ntilde;o milagro econ&oacute;mico (nuevos mercados, subvenciones) que permita, s&uacute;bitamente, alcanzar aguas profundas y regar el desierto. O una subida del precio del trigo que convierta en un negocio redondo los r&aacute;canos campos de secano.
    </p><p class="article-text">
        De repente el sistema aparenta ser m&aacute;s productivo. En consecuencia aumentan las tasas de extracci&oacute;n y se genera un sistema econ&oacute;mico de mayor envergadura. Este nuevo equilibrio es muy precario, inestable. Tanto, que una vez que aparezcan las primeras se&ntilde;ales de escasez (bien porque vuelvan las sequ&iacute;as o porque el ecosistema muestre los primeros s&iacute;ntomas de agotamiento) ser&aacute; necesario retraer el sistema econ&oacute;mico a sus dimensiones originales. Sin embargo, puede suceder que la nueva situaci&oacute;n haya desmantelado los procedimientos hist&oacute;ricos de ordenaci&oacute;n. Una actividad puede seguir siendo rentable pese a que los recursos sobre los que se sostiene se vean socavados. La informaci&oacute;n econ&oacute;mica y financiera, el monto de los subsidios, la actividad de remotos mercados, distorsionan las se&ntilde;ales de escasez. Las decisiones de los productores pueden estar m&aacute;s influidas por los tipos de inter&eacute;s que por la lluvia que cae o el estado del suelo.
    </p><h3 class="article-text">El caso del Sahel</h3><p class="article-text">
        En caso de mantener la <strong>sobreexplotaci&oacute;n</strong> &ndash;porque deliberadamente se ignoran los s&iacute;ntomas de deterioro o porque no se perciben correctamente&ndash; el sistema se dirige hacia unos <strong>umbrales </strong>que, a escala humana, son irreversibles (por ejemplo p&eacute;rdida de suelo f&eacute;rtil o salinizaci&oacute;n de acu&iacute;feros). Este proceso de esquilmaci&oacute;n, en el &aacute;mbito clim&aacute;tico se&ntilde;alado, en el que se sobrepasan puntos de no retorno se denomina desertificaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El caso por antonomasia, que refleja fielmente al esquema descrito, es el que tuvo lugar en el Sahel entre los a&ntilde;os cincuenta y setenta del pasado siglo. Un per&iacute;odo de lluvias extraordinario atrajo a una gran poblaci&oacute;n y sus reba&ntilde;os hasta el borde del desierto del Sahara. Los asentamientos comenzaron a surgir en lugares que hist&oacute;ricamente tan solo eran zonas de pastoreo temporales. El retorno de la sequ&iacute;a atrap&oacute; a la gente y sus animales entre el S&aacute;hara, al norte, y los campos de cultivo al sur. Agotaron los recursos hasta que los animales murieron de hambre.
    </p><p class="article-text">
        Secuencias de hechos similares ocurren en lugares y tiempos m&aacute;s pr&oacute;ximos. La r&aacute;pida expansi&oacute;n del olivar como consecuencia de suculentos incentivos en forma de subsidios ha transformado el monte mediterr&aacute;neo andaluz de forma dram&aacute;tica. Los cultivos se han instalado en pendientes inveros&iacute;miles, y la obsesi&oacute;n productivista lleva a limpiar de matas y la m&aacute;s m&iacute;nima brizna de hierba el suelo que separa los &aacute;rboles.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es que las trombas de agua &ndash;algo com&uacute;n en el clima mediterr&aacute;neo&ndash; forman arroyadas que horadan y acarcavan el terreno, dando lugar a unas tasas de erosi&oacute;n nunca vistas. Aunque las se&ntilde;ales son m&aacute;s que evidentes, los vientos econ&oacute;micos siguen siendo tan favorables que no levantamos el pie del acelerador. Estamos muy cerca de destrozar amplios territorios para siempre...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.M. Valderrama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/anatomia-desertificacion_132_2373774.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Nov 2015 18:55:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Anatomía de la desertificación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía,Ganadería,Ciencia,Agua,Cultivos]]></media:keywords>
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