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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jorge Villasol]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jorge_villasol/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jorge Villasol]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['La casa es negra': un mundo lleno de fealdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/casa-negra-mundo-lleno-fealdad_132_1821679.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fcd81965-9fa9-4b65-8d65-4239c9b34630_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La poeta iraní Forugh Farrojzad."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El impactante documental que la poeta iraní Forugh Farrojzad dedicó a los leprosos</p></div><p class="article-text">
        &laquo;Debemos rebasar nuestra rabia y nuestro asco, debemos hacerlos compartir, para elevar y ensanchar tanto nuestra acci&oacute;n como nuestra moral.&raquo; (Ren&eacute; Char, <em>Hojas de Hipnos</em>, 1944)
    </p><p class="article-text">
        El asco es una emoci&oacute;n visceral. La fisiolog&iacute;a lo presenta como una reacci&oacute;n autom&aacute;tica, innata, ante aquello que nos puede infectar o da&ntilde;ar (lo putrefacto, lo repugnante), y que se expresa con el v&oacute;mito. El asco es, en su forma primera, un mecanismo evolutivo de supervivencia, como se&ntilde;al&oacute; Charles Darwin en <em>La expresi&oacute;n de las emociones en el hombre y en los animales</em> (1872).
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de una reacci&oacute;n fisiol&oacute;gica, el asco es tambi&eacute;n una construcci&oacute;n social con una inequ&iacute;voca dimensi&oacute;n cognitiva, moral, pol&iacute;tica. Martha Nussbaum afirma en <em>Paisajes del pensamiento. La inteligencia de las emociones</em> (2001) que el asco no es un simple desagrado: un olor desagradable produce asco dependiendo de la idea que el sujeto tenga del objeto que desprende ese olor. El asco est&aacute; vinculado a las ideas que tenemos sobre las cosas (su naturaleza, su origen); as&iacute;, las secreciones que genera nuestro propio organismo no son asquerosas mientras est&aacute;n dentro de nuestro cuerpo, pero s&iacute; lo son en cuanto salen de &eacute;l. Quiz&aacute; las l&aacute;grimas sean la &uacute;nica excepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El asco depende de la historia social de los objetos y los sujetos. A sentir asco, a detectar lo contaminante, la fuente de contagio, se aprende. Y los seres humanos no solo sentimos asco ante alimentos putrefactos o cosas con un aspecto u olor repulsivo, sino tambi&eacute;n ante individuos o grupos sociales estigmatizados. 
    </p><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes de la lepra y su corrupci&oacute;n de la carne son las m&aacute;s cercanas a la representaci&oacute;n can&oacute;nica del asco: el cad&aacute;ver descompuesto. La lepra nos recuerda la extrema vulnerabilidad del cuerpo y cortocircuita nuestra empat&iacute;a. El asco, la repulsi&oacute;n que provoca el leproso conduce a su estigmatizaci&oacute;n social. A los leprosos dedic&oacute; la poetisa iran&iacute; Forugh Farrojzad (1935-1987) su &uacute;nica pel&iacute;cula: <em>La casa es negra</em> (1963), un breve documental de apenas 21 minutos rodado por encargo en una leproser&iacute;a de Tabriz, al noroeste de Ir&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En su <em>Cr&iacute;tica del juicio</em> (1790), Immanuel Kant escribi&oacute; que el arte consigue representar como bellas cosas que en la naturaleza ser&iacute;an feas o desagradables, pero que hay una clase de fealdad que no puede ser representada conforme a su naturaleza sin arruinar toda satisfacci&oacute;n est&eacute;tica: la que despierta asco. Seg&uacute;n la sanci&oacute;n kantiana, <em>La casa es negra</em> est&aacute; destinada al fracaso como experiencia est&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Est&eacute;tica y moral aparecen indisolublemente entrelazadas en las palabras que, sobre fondo negro, abren la pel&iacute;cula de Farrojzad:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;El mundo est&aacute; lleno de fealdad. A&uacute;n habr&iacute;a m&aacute;s si el hombre apartara la mirada. Van a ver en pantalla una imagen de la fealdad, un retrato del sufrimiento que ser&iacute;a injusto ignorar. Por respeto al hombre, debemos luchar contra esta fealdad, aliviar este sufrimiento. Esa es la esperanza que ha inspirado esta pel&iacute;cula.&raquo;
    </p><p class="article-text">
        Es al mismo tiempo una advertencia y un desaf&iacute;o. Una advertencia para aquellos que solo ven en el cine una inofensiva forma de entretenimiento. Un desaf&iacute;o a Kant y a la idea, muy arraigada todav&iacute;a, de que el arte debe reflejar o crear belleza.
    </p><p class="article-text">
        Farrojzad se acerca a los enfermos con pudor y delicadeza, alej&aacute;ndose de cualquier tentaci&oacute;n sensacionalista. Tanto mirar como apartar la mirada tienen aqu&iacute; un significado muy diferente a hacerlo ante una pel&iacute;cula que solo busca el morbo.
    </p><p class="article-text">
        En <em>La casa es negra</em> hay un devastador contraste entre los rostros desfigurados y la belleza indiferente de la naturaleza, entre el dolor de los estigmatizados y la jovialidad que aparece inesperadamente. Un contraste que se multiplica con la superposici&oacute;n de los versos le&iacute;dos en off por Farrojzad: &laquo;Cantar&eacute; Tu nombre con el arpa de diez cuerdas, porque me has creado de una forma maravillosa&raquo;, &laquo;Recuerda que es in&uacute;til que te pongas bella y que eres una canci&oacute;n en el desierto, abandonada de los tuyos&raquo;&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Cerrar los ojos, cancelar la persistencia retiniana, no impide la persistencia moral de <em>La casa es negra</em>. Farrojzad invita al espectador a abandonar su indiferencia y mirar de frente con ella el asco y el dolor. Porque el mundo est&aacute; lleno de fealdad, pero a&uacute;n habr&aacute; m&aacute;s si apartamos la mirada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/casa-negra-mundo-lleno-fealdad_132_1821679.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Nov 2018 15:53:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cine al servicio del nacionalismo español]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/cine-servicio-nacionalismo-espanol_132_2128927.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/861986f9-2d81-4831-a0de-6c4847cd77a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La prima Angélica (Carlos Saura, 1973)."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De cómo la dictadura franquista llevó a la gran pantalla su idea de España y del buen español.</p></div><p class="article-text">
        El cine fue el principal protagonista de la cultura de masas del siglo XX, un medio con un poder de difusi&oacute;n enorme, cuya capacidad de persuasi&oacute;n emocional y facilidad para construir mitos hizo que resultara muy atractivo para legitimar todo tipo de discursos; entre ellos, los nacionalistas.
    </p><p class="article-text">
        La dictadura franquista utiliz&oacute; el cine para promover un discurso nacionalista edificado sobre la patria, el catolicismo, los valores militares y su interpretaci&oacute;n de la Guerra Civil como elemento fundacional del r&eacute;gimen. Y promovi&oacute; ese discurso por medio de la censura y las subvenciones. Un documentado an&aacute;lisis de esos mecanismos y de sus resultados se encuentra en el libro <em>El cine al servicio de la naci&oacute;n (1939-1975)</em> (Marcial Pons, 2016), escrito por la investigadora Gabriela Viadero.
    </p><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis que lleva a cabo Viadero &ndash;cuyos patrones se pueden rastrear en cualquier cinematograf&iacute;a nacional&ndash; se inscribe en un marco te&oacute;rico en el que la idea de naci&oacute;n es concebida como una construcci&oacute;n artificial: una naci&oacute;n se crea cuando una identidad colectiva se atribuye la soberan&iacute;a sobre un territorio. El objetivo del discurso nacionalista es legitimar hist&oacute;ricamente una identidad pol&iacute;tica actual, demostrar que la esencia de la naci&oacute;n ha permanecido inalterada desde el tiempo m&aacute;s remoto posible.
    </p><p class="article-text">
        Su inequ&iacute;voco componente sentimental provoca que cualquier debate sobre el nacionalismo sea un terreno f&eacute;rtil para el irracionalismo y la incontinencia emocional. Por eso, el historiador Jos&eacute; &Aacute;lvarez Junco (director de la tesis que est&aacute; en el origen del libro de Viadero) se&ntilde;ala en <em>Dioses &uacute;tiles. Naciones y nacionalismo</em> (Galaxia Gutenberg, 2016) que &laquo;todo intento de desacralizar a la naci&oacute;n, de exponer c&oacute;mo se construye, de desvelar los mitos sobre los que se erige, encontrar&aacute; siempre resistencias u oposiciones frontales&raquo;.
    </p><h3 class="article-text">El nacionalismo y la construcci&oacute;n de la idea de naci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        <em><strong>El nacionalismo y la construcci&oacute;n de la idea de naci&oacute;n</strong></em>Hasta finales del siglo XIX se daba por supuesto que las naciones eran realidades naturales ya dadas como pueden serlo un r&iacute;o o una monta&ntilde;a. As&iacute;, el &uacute;nico trabajo del historiador consist&iacute;a en describir de qu&eacute; est&aacute;n hechas las naciones: raza, religi&oacute;n, lengua, pasado hist&oacute;rico, etc&eacute;tera. Frente a esa concepci&oacute;n esencialista o primordialista, se comenz&oacute; a edificar la concepci&oacute;n constructivista o historicista, que considera que las naciones son construcciones hist&oacute;ricas, sistemas de creencias y de adhesi&oacute;n emocional que producen efectos pol&iacute;ticos de los que se benefician ciertas &eacute;lites locales.
    </p><p class="article-text">
        La concepci&oacute;n constructivista tiene uno de sus antecedentes en una c&eacute;lebre conferencia que Ernest Renan pronunci&oacute; en 1882, en la que se&ntilde;ala que la naci&oacute;n se define por un elemento subjetivo: la voluntad de ser naci&oacute;n.
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        &laquo;Una naci&oacute;n es un alma, un principio espiritual. [&hellip;] Una naci&oacute;n es, pues, una gran solidaridad constituida por el sentimiento de los sacrificios que se han hecho y de los que a&uacute;n se est&aacute; dispuesto a hacer. Supone un pasado, pero se resume, sin embargo, en el presente por un hecho tangible: el consentimiento, el deseo claramente expresado de continuar la vida com&uacute;n. La existencia de una naci&oacute;n es (perdonadme esta met&aacute;fora) un plebiscito de todos los d&iacute;as, como la existencia del individuo es una afirmaci&oacute;n perpetua de vida.&raquo; (Ernest Renan, <em>&iquest;Qu&eacute; es una naci&oacute;n?</em>, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1983)
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n que hay que dilucidar es si el individuo nace con esa voluntad, si esa tendencia es un fen&oacute;meno natural. Elie Kedourie fue un paso m&aacute;s all&aacute; que Renan en su libro <em>Nacionalismo</em> (1961), donde explica que esa voluntad se educa, que la naci&oacute;n es una cuesti&oacute;n de educaci&oacute;n, y que el nacionalismo es una invenci&oacute;n moderna.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;El nacionalismo es una doctrina inventada en Europa al comienzo del siglo XIX. Pretende suministrar un criterio para determinar la unidad de poblaci&oacute;n adecuada para disponer de un gobierno exclusivamente propio, para el ejercicio leg&iacute;timo el poder en el Estado y para la organizaci&oacute;n justa de la Sociedad Internacional.&raquo; (Elie Kedourie, <em>Nacionalismo</em>, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1988)
    </p><p class="article-text">
        Una idea similar a la de Kedourie ya se encontraba en los <em>Discursos a la naci&oacute;n alemana</em> (1808), en los que Johann Gottlieb Fichte expone la necesidad de todo un programa educativo como instrumento esencial para despertar el sentimiento nacional y construir un verdadero estado-naci&oacute;n alem&aacute;n. No se nace alem&aacute;n o espa&ntilde;ol &ndash;y mucho menos se siente un orgullo innato por ello&ndash;, sino que desde peque&ntilde;os se nos sumerge en la cultura nacional, se nos socializa en la identidad nacional de turno. (Resulta un tanto parad&oacute;jico que un nacionalista convencido de que se nace espa&ntilde;ol sienta la necesidad de imponer como obligatoria en el sistema educativo una asignatura como &laquo;Formaci&oacute;n del esp&iacute;ritu nacional&raquo;, o <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/Educacion-bandera-defender-Espana-materia_0_698530885.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">soluciones afines</a>). Y el agente socializador que dirige el sistema educativo no es otro que el Estado.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Naciones y nacionalismo</em> (1983), Ernest Gellner profundiz&oacute; en la veta abierta por Kedourie: las naciones est&aacute;n definidas por rasgos culturales (especialmente la lengua) fomentados por los Estados y sus sistemas educativos. Y se&ntilde;al&oacute; adem&aacute;s que las naciones no son solo invenciones, sino que son invenciones interesadas. Para Gellner, como resume &Aacute;lvarez Junco, &laquo;los estados y las &eacute;lites dirigentes encontraron en el nacionalismo el instrumento que facilitaba el crecimiento econ&oacute;mico, la integraci&oacute;n social y la legitimaci&oacute;n de la estructura de poder&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Benedict Anderson apuntal&oacute; la concepci&oacute;n constructivista en su libro <em>Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusi&oacute;n del nacionalismo</em> (1983). Anderson considera que el nacionalismo es un sistema cultural vinculado a una lengua compartida y unos textos (y hechos) fundacionales. Las naciones s&oacute;lo son &laquo;comunidades imaginadas&raquo; en la mente de sus seguidores. Y los or&iacute;genes del sentimiento nacional, comunitario, est&aacute;n estrechamente vinculados a la revoluci&oacute;n t&eacute;cnica de los medios de comunicaci&oacute;n, que fomentan la identificaci&oacute;n colectiva con ciertos personajes y episodios imaginarios.
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        &laquo;En las pol&iacute;ticas de &ldquo;construcci&oacute;n de la naci&oacute;n&rdquo; de los Estados nuevos vemos [&hellip;] a menudo un aut&eacute;ntico entusiasmo popular nacionalista y una inyecci&oacute;n sistem&aacute;tica, incluso maquiav&eacute;lica, de ideolog&iacute;a nacionalista en los medios de informaci&oacute;n de masas, el sistema educativo, las regulaciones administrativas, etc.&raquo; (Benedict Anderson, <em>Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusi&oacute;n del nacionalismo</em>, M&eacute;xico D. F., Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1993)
    </p><p class="article-text">
        En esa misma l&iacute;nea, Anne-Marie Thiesse explic&oacute; en <em>La creaci&oacute;n de las identidades nacionales </em>(1999) el papel decisivo que para la construcci&oacute;n del sentimiento nacional desempe&ntilde;an los difusores de productos culturales, primero con la fijaci&oacute;n del folclore y m&aacute;s tarde con su conversi&oacute;n en cultura de masas. Y el cine, al menos en el siglo XX, desempe&ntilde;&oacute; un papel protagonista en esa construcci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una naci&oacute;n es, por tanto, una construcci&oacute;n cultural promovida por alg&uacute;n sector de la sociedad que tiene un inter&eacute;s pol&iacute;tico en imponer una identidad nacional concreta, en pugna con otras identidades diferentes defendidas por otros sectores de esa misma sociedad. As&iacute; que lo decisivo ser&aacute; saber qui&eacute;n impulsa un determinado modelo de naci&oacute;n (y su correspondiente discurso nacionalista) y al servicio de qu&eacute; intereses pol&iacute;ticos. Porque el nacionalismo puede estar al servicio de m&uacute;ltiples &ndash;y, a veces, contradictorios&ndash; fines pol&iacute;ticos: para modernizar un pa&iacute;s (como pretendieron los liberales de las Cortes de C&aacute;diz, promoviendo un sistema constitucional que limitara el poder mon&aacute;rquico, garantizando derechos individuales, etc&eacute;tera) o para impedir un proceso modernizador (como hicieron los conservadores, rechazando cualquier subversi&oacute;n de las jerarqu&iacute;as tradicionales, apelando a una supuesta esencia nacional impermeable a toda innovaci&oacute;n o extranjerismo, etc&eacute;tera); al servicio de un proceso democratizador o de una dictadura; de la expansi&oacute;n, del reforzamiento de la unidad nacional o del separatismo...
    </p><h3 class="article-text">El discurso nacionalista espa&ntilde;ol y su promoci&oacute;n a trav&eacute;s del cine</h3><p class="article-text">
        <em><strong>El discurso nacionalista espa&ntilde;ol y su promoci&oacute;n a trav&eacute;s del cine</strong></em>El complejo enfrentamiento que se produce durante la Segunda Rep&uacute;blica puede ser le&iacute;do en clave cultural como el choque entre dos discursos que rivalizaban sobre la construcci&oacute;n de la identidad nacional; dos discursos que se fueron forjando en el siglo XIX: el liberal, laico y progresista, por un lado; y el nacional, cat&oacute;lico, conservador, por otro. Esas dos im&aacute;genes nacionales ten&iacute;an su reflejo en el sector cinematogr&aacute;fico en las dos principales productoras del momento: Cifesa (fundada en 1932) y Film&oacute;fono (1935), de ideolog&iacute;a conservadora y progresista, respectivamente. No obstante, como se&ntilde;ala Rom&aacute;n Gubern en el ciclo de conferencias&nbsp;<a href="https://www.march.es/conferencias/anteriores/?p2=1&amp;p3=2654" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&laquo;Cuatro lecciones sobre cine espa&ntilde;ol&raquo;</a> (que imparti&oacute; en la Fundaci&oacute;n Juan March en 1996), en ese periodo apenas hubo cine ideol&oacute;gicamente fascista o republicano. Sin embargo, con motivo de las elecciones de febrero de 1936, tanto el Frente Nacional como el Frente Popular comenzaron a utilizar el cine como arma de propaganda, de adoctrinamiento. El cine fue puesto al servicio de una causa pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Tanto desde la ret&oacute;rica franquista como desde la republicana se interpret&oacute; la Guerra Civil en clave nacionalista: invocando los mismos mitos (Viriato, Sagunto, Numancia, etc&eacute;tera), afirmando que era una guerra de espa&ntilde;oles contra antiespa&ntilde;oles, que estaban llevando a cabo una guerra por la independencia, una defensa contra la invasi&oacute;n extranjera (italianos y alemanes por un bando, rusos por otro), etc&eacute;tera. No obstante, las diferencias eran decisivas: los republicanos a&ntilde;ad&iacute;an a su discurso legitimador conceptos como progreso, libertad, igualdad, democracia, revoluci&oacute;n social; los franquistas se centraban en la religi&oacute;n, la raza, la patria y el orden (la conservaci&oacute;n de las jerarqu&iacute;as tradicionales). Frente a la complejidad del discurso republicano, la ret&oacute;rica franquista, gracias a su homogeneidad y sencillez, se present&oacute; como un discurso nacionalizador m&aacute;s eficaz, de un poder movilizador mayor: los franquistas se autodenominaban &laquo;nacionales&raquo;, su bandera era la &laquo;nacional&raquo;, sus h&eacute;roes ca&iacute;an &laquo;por Dios y por la patria&raquo; (naci&oacute;n y religi&oacute;n fundidas), el sujeto redentor eran los &laquo;buenos espa&ntilde;oles&raquo;, etc&eacute;tera. El componente nacional era mucho m&aacute;s claro en el bando franquista.
    </p><p class="article-text">
        Finalizada la guerra, se impuso el discurso nacionalista promovido por la dictadura, en el que anidaban esencialmente dos grandes proyectos nacionalistas: el nacionalcat&oacute;lico y el fascista. La tendencia nacionalcat&oacute;lica part&iacute;a de la consustancialidad de lo espa&ntilde;ol y lo cat&oacute;lico, y, adem&aacute;s de la eliminaci&oacute;n de lo no cat&oacute;lico (y, por tanto, antiespa&ntilde;ol), promov&iacute;a la recuperaci&oacute;n del sistema de valores vigente antes de la revoluci&oacute;n liberal, asentados en la Iglesia cat&oacute;lica y la monarqu&iacute;a. La tendencia fascista, m&aacute;s estatista y laica, se centraba en el culto a la raza y a la naci&oacute;n desde presupuestos antiliberales (antimodernos, anti-ilustrados), antidemocr&aacute;ticos. El frenes&iacute; nacionalizador del r&eacute;gimen franquista alcanz&oacute;, evidentemente, al cine.
    </p><p class="article-text">
        Durante la Guerra Civil, el Ministerio del Interior dio forma al Departamento Nacional de Cinematograf&iacute;a, uno de cuyos cometidos era ejercer &laquo;la vigilancia y orientaci&oacute;n del cine a fin de que &eacute;ste sea digno de los valores espirituales de nuestra patria&raquo;. En el mismo periodo, en el bando franquista ya operaba una junta de censura formada, muy reveladoramente, por un representante de Falange, otro del ej&eacute;rcito y otro de la Iglesia cat&oacute;lica; los tres pilares de la inminente dictadura. En julio de 1939 esa junta se implement&oacute; para incorporar la censura previa de guiones; censura que, como es l&oacute;gico, solo afectaba al cine espa&ntilde;ol, quedando exento el extranjero. Adem&aacute;s de una pol&iacute;tica restrictiva v&iacute;a censura (y la depuraci&oacute;n de artistas vinculados a la Segunda Rep&uacute;blica), aparece una pol&iacute;tica de est&iacute;mulo v&iacute;a subvenciones y premios para orientar la producci&oacute;n, marcando los g&eacute;neros y contenidos preferidos por la dictadura. Inspir&aacute;ndose en una ley de defensa del idioma promulgada en 1930 por el gobierno de Mussolini, el Ministerio de Industria y Comercio impone, a partir de abril de 1941, la obligatoriedad del doblaje al castellano de todas las pel&iacute;culas extranjeras. Esa norma introdujo un nuevo elemento de censura; pero, como se&ntilde;ala Gubern, tambi&eacute;n regal&oacute; el arma del idioma al cine extranjero, multiplicando su impacto comercial. Merece la pena recordar que durante el periodo republicano el cine espa&ntilde;ol recaudaba m&aacute;s dinero que el estadounidense, que se proyectaba en versi&oacute;n original subtitulada.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica cinematogr&aacute;fica del r&eacute;gimen era, por tanto, una pol&iacute;tica de palo (censura, depuraciones) y zanahoria (subvenciones, premios). Pero, debido a esa doble naturaleza, era un sistema de control un tanto inestable; las subvenciones, adem&aacute;s de para orientar ideol&oacute;gicamente la producci&oacute;n, tambi&eacute;n pretend&iacute;an compensar la falta de calidad y comercialidad del cine espa&ntilde;ol que provocaba la censura. A partir de 1941, para incentivar la producci&oacute;n nacional, aquellas entidades que se compromet&iacute;an a realizar una pel&iacute;cula enteramente &laquo;nacional&raquo; y de una categor&iacute;a decorosa, comenzaron a recibir a cambio licencias de importaci&oacute;n y de doblaje de pel&iacute;culas extranjeras. Un mecanismo que, entre otras cosas, provoc&oacute; que se rodaran pel&iacute;culas s&oacute;lo para conseguir esas licencias (el cine que parec&iacute;a asegurar el beneficio econ&oacute;mico era el estadounidense), debilitando la calidad y comercialidad del cine espa&ntilde;ol.
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                </figure><p class="article-text">
        El 15 de junio de 1944 se aprob&oacute; otra importante disposici&oacute;n legislativa seg&uacute;n la cual se conced&iacute;a la categor&iacute;a de &laquo;inter&eacute;s nacional&raquo; &ndash;con sus correspondientes privilegios de financiaci&oacute;n y exhibici&oacute;n&ndash; a las pel&iacute;culas que contuvieran &laquo;muestras inequ&iacute;vocas de exaltaci&oacute;n de valores raciales o ense&ntilde;anzas de nuestros principios morales y pol&iacute;ticos&raquo;. Pero la aplicaci&oacute;n de normas tan transparentes no era sencilla. Las instituciones que controlaban la producci&oacute;n, distribuci&oacute;n y exhibici&oacute;n cinematogr&aacute;fica estaban en manos de los diferentes poderes que operaban en el r&eacute;gimen y que, a grandes rasgos, respond&iacute;an a cada uno de los dos proyectos nacionalistas mencionados m&aacute;s arriba: el nacionalcat&oacute;lico y el fascista. El delicado reparto de poder del sistema que administraba la censura y las subvenciones acababa provocando que el productor cinematogr&aacute;fico &ndash;tal como se&ntilde;ala Emeterio D&iacute;az Puertas en <em>El montaje del franquismo: la pol&iacute;tica cinematogr&aacute;fica de las fuerzas sublevadas</em> (Laertes, 2002)&ndash; entendiera &laquo;que si sigue las directrices del Estado, si refleja en la pel&iacute;cula el m&iacute;nimo denominador com&uacute;n que aglutina a las fuerzas franquistas, habr&aacute; conseguido, sin pasar por taquilla, buena parte del capital necesario para rodar la pel&iacute;cula y obtener beneficios. Es as&iacute; como el productor se olvida del p&uacute;blico y rueda pel&iacute;culas para los funcionarios&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n fue flexibiliz&aacute;ndose al albur de un cierto aperturismo. Los cambios m&aacute;s importantes se producen en 1963, cuando se comienzan a otorgar subvenciones a las pel&iacute;culas seg&uacute;n su rendimiento en taquilla, pero tambi&eacute;n a casos de inter&eacute;s especial: pel&iacute;culas minoritarias, pero &laquo;de calidad&raquo;. Se permiti&oacute; tambi&eacute;n una mayor flexibilidad tem&aacute;tica para tratar temas sociales de forma realista, pero se prohibieron las cr&iacute;ticas a Franco, el Estado, la Iglesia o la pol&iacute;tica nacional, as&iacute; como cualquier justificaci&oacute;n del adulterio, el aborto, el suicidio, etc&eacute;tera. Todos estos dispositivos funcionando al mismo tiempo permitieron que surgieran pel&iacute;culas cr&iacute;ticas (y un tanto cr&iacute;pticas) como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/caza-aniversario-saura-censura_0_575342723.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La caza</em></a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/caza-aniversario-saura-censura_0_575342723.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> (1966) de Carlos Saura</a>, en la que un censor vio &laquo;una gran carga y enorme mala intenci&oacute;n pero no veo motivo para la prohibici&oacute;n, pues no creo que mucha gente entendiera la mala idea que tiene&raquo;.
    </p><h3 class="article-text">El cine al servicio del nacionalismo espa&ntilde;ol</h3><p class="article-text">
        <em><strong>El cine al servicio del nacionalismo espa&ntilde;ol</strong></em>El control del cine que ejerci&oacute; el r&eacute;gimen franquista no fue tan f&eacute;rreo como quiz&aacute; le hubiera gustado (un dato significativo: el primer C&oacute;digo de Censura se establece en 1963, hasta entonces lo decisivo era el arbitrio del censor), y, adem&aacute;s, como acabamos de se&ntilde;alar, ese control se fue relajando. Que la dictadura empleara el cine &ndash;en tanto forma de entretenimiento y de evasi&oacute;n, en tanto medio de integraci&oacute;n social&ndash; como una herramienta para difundir su discurso nacionalista y legitimar su estructura de poder, no implica que todas las pel&iacute;culas contuvieran ese discurso (menos a&uacute;n que todas fueran pel&iacute;culas de propaganda o adoctrinamiento). Basta pensar en las pel&iacute;culas de directores como Bardem, Berlanga, Bu&ntilde;uel (aunque solo rodara una pel&iacute;cula: la &laquo;escandalosa&raquo; <a href="http://amberesrevista.com/crucifijos-y-navajas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Viridiana</em></a>&nbsp;(1961)), Saura, Mart&iacute;n Patino, etc&eacute;tera. Pero el tema tratado aqu&iacute; no es el cine espa&ntilde;ol durante el franquismo, ni la existencia de un supuesto cine franquista, sino c&oacute;mo se reflej&oacute; en el cine el discurso nacionalista promovido por la dictadura.
    </p><p class="article-text">
        En el libro <em>El cine al servicio de la naci&oacute;n (1939-1975)</em> se analiza &laquo;un conjunto de significados que forman parte de una manera de entender la identidad espa&ntilde;ola&raquo; a partir de una generosa selecci&oacute;n de pel&iacute;culas que contribuyeron a construir una comunidad imaginada espa&ntilde;ola entre 1939 y 1975. La autora se&ntilde;ala seis grandes temas: &laquo;Espa&ntilde;a irrumpe en la historia&raquo;, &laquo;Espa&ntilde;a agredida&raquo;, &laquo;Espa&ntilde;a imperial&raquo;, &laquo;Espa&ntilde;a cat&oacute;lica&raquo;, &laquo;Espa&ntilde;a rom&aacute;ntico/folcl&oacute;rica&raquo; y &laquo;Espa&ntilde;a moderna&raquo;. En el segundo de esos temas es quiz&aacute; en el que mejor se aprecia el discurso nacionalista promovido por la dictadura.
    </p><p class="article-text">
        Bajo la r&uacute;brica &laquo;Espa&ntilde;a agredida&raquo; destacan las pel&iacute;culas dedicadas a la Guerra de la Independencia y a la Guerra Civil. Con el nombre de &laquo;Guerra de la Independencia Espa&ntilde;ola&raquo; se quer&iacute;a hacer referencia a una guerra nacional, a un levantamiento en armas del &laquo;pueblo espa&ntilde;ol&raquo; (unido y cat&oacute;lico) para expulsar heroicamente al invasor franc&eacute;s. Y eso es lo que reflejan pel&iacute;culas como <em>El tambor del Bruch</em> (Ignacio F. Iquino, 1947), <em>Agustina de Arag&oacute;n</em> (Juan de Ordu&ntilde;a, 1950) o <em>Los guerrilleros</em> (Pedro Luis Ram&iacute;rez, 1962), donde peque&ntilde;os grupos de espa&ntilde;oles, armados con poco m&aacute;s que palos y piedras, se enfrentan heroicamente al todopoderoso ej&eacute;rcito franc&eacute;s. Otra arma fundamental es la fe: el ate&iacute;smo de los franceses es s&iacute;mbolo de barbarie, el catolicismo espa&ntilde;ol, de civilizaci&oacute;n.
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        Lo que ocultan todas las pel&iacute;culas dedicadas a la Guerra de la Independencia es que, adem&aacute;s de una guerra de los espa&ntilde;oles contra los franceses, tambi&eacute;n fue una guerra civil y una guerra internacional, esencialmente un enfrentamiento entre ingleses y franceses. De hecho, salvo la de Bail&eacute;n, las grandes batallas fueron protagonizadas por tropas inglesas (con mando ingl&eacute;s y apoyo espa&ntilde;ol y portugu&eacute;s) contra los franceses (y los espa&ntilde;oles que les apoyaban). Por eso ninguna pel&iacute;cula de la &eacute;poca se centra en batallas como las de Ciudad Rodrigo, Vitoria o Arapiles. El discurso nacionalista exige la manipulaci&oacute;n de los hechos hist&oacute;ricos y la exaltaci&oacute;n de una supuesta esencia nacional, como deja claro la voz en <em>off</em> que se escucha al comienzo de <em>Agustina de Arag&oacute;n</em>:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;A los h&eacute;roes gloriosos de la Independencia de Espa&ntilde;a dedicamos esta pel&iacute;cula que no pretende ser un exacto y detallado proceso hist&oacute;rico de la gesta inmortal de los sitios de Zaragoza, sino la glosa ferviente y exaltada del temple y el valor de sus hijos, de sus h&eacute;roes y hero&iacute;nas reunidos en la impar figura de Agustina de Arag&oacute;n, s&iacute;mbolo del valor de la raza y del esp&iacute;ritu insobornable de independencia de todos los espa&ntilde;oles.&raquo;
    </p><p class="article-text">
        Las pel&iacute;culas centradas en la Guerra Civil reproducen un esquema maniqueo: los &laquo;buenos espa&ntilde;oles&raquo; se enfrentan a los &laquo;malos espa&ntilde;oles&raquo;, imbuidos de ideas ajenas a la esencia espa&ntilde;ola como el materialismo, el comunismo o el ate&iacute;smo. Para los buenos espa&ntilde;oles la sublevaci&oacute;n no s&oacute;lo es leg&iacute;tima, sino una exigencia. El protagonista en las pel&iacute;culas sobre la Guerra Civil no es tanto el pueblo como el ej&eacute;rcito, los militares que, siempre al servicio de la patria, se enfrentan heroicamente a la muerte para expulsar a los &laquo;rojos&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        El primer ejemplo de este cine de propaganda sobre la Guerra Civil es <em>Frente de Madrid</em> (Edgar Neville, 1940), el &laquo;primer film de guerra basado en la gesta nacional&raquo;, como anunciaba el diario <em>ABC</em> el d&iacute;a de su estreno. Fue una coproducci&oacute;n hispano-italiana rodada en los estudios Cinecitt&agrave; de Roma (y en una Ciudad Universitaria de Madrid en ruinas) en dos versiones: una espa&ntilde;ola y otra italiana (con el t&iacute;tulo de <em>Carmen fra i rossi</em>: &laquo;Carmen entre los rojos&raquo;), con diferentes actores para interpretar el papel del protagonista masculino. La acci&oacute;n se desarrolla en los primeros d&iacute;as de la guerra y, al margen de su evidente y maniqueo discurso nacionalista, lo m&aacute;s relevante se encuentra en su tramo final. En una situaci&oacute;n que parece inspirada en <em>El gran desfile</em> (King Vidor, 1925), el protagonista, un soldado falangista, se refugia en una trinchera donde coincide con un soldado republicano. Los dos soldados, gravemente heridos, descubren que son enemigos, pero tambi&eacute;n que fueron vecinos en Madrid. En la &uacute;ltima escena que compart&iacute;an, se abrazaban antes de morir, en un gesto que, si no era de reconciliaci&oacute;n, al menos s&iacute; planteaba la posibilidad de convivencia. Pero ese no era el mensaje que el r&eacute;gimen quer&iacute;a transmitir, y la escena fue censurada. El recuerdo que la pel&iacute;cula dej&oacute; en su director, Edgar Neville, militante falangista, es revelador:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;La hice lleno del entusiasmo que ten&iacute;amos todos en abril del 1939 y la traje a Madrid con la mayor ingenuidad y comenc&eacute; a encontrar tropiezos, pegas, a tener que cortar esto y aquello y a descubrir que la vida en el frente no era, por lo visto, como la record&aacute;bamos los que la hab&iacute;amos vivido, sino como quer&iacute;an que fuese gentes que no se hab&iacute;an asomado a &eacute;l.&raquo; (Marino G&oacute;mez Santos, <em>12 hombres de letras</em>, Madrid, Editora Nacional, 1969)
    </p><p class="article-text">
        En otra pel&iacute;cula de Neville, <em>La torre de los siete jorobados</em> (1944), aunque es una muestra de cine fant&aacute;stico castizo alejada de cualquier fin propagand&iacute;stico, encontramos sin embargo un ejemplo sobre un uso del lenguaje caracter&iacute;stico del discurso nacionalista. En una de las primeras escenas, que transcurre en un casino, el crupier dice: &laquo;&iexcl;Hagan juego, se&ntilde;ores&hellip;! &iexcl;No va m&aacute;s! &iexcl;El tres, encarnado!&raquo;. &laquo;Encarnado&raquo;, porque el &laquo;rojo&raquo; no pod&iacute;a ser el color de la suerte.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula m&aacute;s importante y representativa sobre la Guerra Civil fue <a href="http://www.rtve.es/alacarta/videos/filmoteca/raza-1941/3336985/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Raza (Jos&eacute; Luis S&aacute;enz de Heredia, 1941)</a>, con guion basado en una novela de Francisco Franco. <em>Raza</em> es una alegor&iacute;a de la familia espa&ntilde;ola rota por la guerra, con el enfrentamiento de un hermano (valiente y generoso) en el bando nacional y otro (cobarde e interesado) en el republicano. Pero el &laquo;rojo&raquo; finalmente sufrir&aacute; una conversi&oacute;n d&aacute;ndose cuenta de que los nacionales &laquo;ganar&aacute;n siempre la batalla contra los hombres huecos. Son ellos, los que sienten en el fondo de su esp&iacute;ritu la semilla superior de la raza, los elegidos para la gran empresa de devolver a Espa&ntilde;a a su destino. Ellos y no vosotros, materialistas sordos, llevar&aacute;n sus banderas hasta el altar del triunfo&raquo;. La pel&iacute;cula se cierra con el desfile que celebra la victoria nacional, donde el sobrino de los dos protagonistas le pregunta a su madre:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;- Qu&eacute; bonito es todo. &iquest;C&oacute;mo se llama esto, mam&aacute;?
    </p><p class="article-text">
        - Esto se llama raza, hijo m&iacute;&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la pel&iacute;cula se quiso reestrenar en 1950, la situaci&oacute;n de Espa&ntilde;a no era la misma: el fascismo hab&iacute;a sido derrotado en la Segunda Guerra Mundial, el cerco diplom&aacute;tico de la ONU se estrechaba y la diplomacia espa&ntilde;ola buscaba la complicidad de Estados Unidos. Una de las consecuencias en el campo cultural fue que los gestores falangistas comenzaron a ser reemplazados por los del sector cat&oacute;lico, mucho mejor vistos en el exterior. Y <em>Raza</em> se convirti&oacute; en <a href="http://www.rtve.es/alacarta/videos/filmoteca/espiritu-raza-1950/3336864/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Esp&iacute;ritu de una raza</em></a>, previo paso por la censura para eliminar las huellas del pasado fascista y las cr&iacute;ticas a Estados Unidos por su intervenci&oacute;n en la Guerra de Cuba, y para reforzar el mensaje anticomunista. El censor censurado. La dictadura intent&oacute; destruir todas las copias de <em>Raza</em> (sin &eacute;xito, en 1995 se encontr&oacute; una copia completa y en buen estado en los archivos de la UFA en Berl&iacute;n).
    </p><p class="article-text">
        El mensaje censurado de <em>Frente en Madrid</em> es el que se comienza a imponer: en <em>El santuario no se rinde</em> (Arturo Ruiz Castillo, 1949), otra pel&iacute;cula de propaganda nacionalista sobre la Guerra Civil, ya no se condena sino que se perdona al &laquo;rojo&raquo; que quiere integrarse en la sociedad. El fascismo deja paso al nacionalcatolicismo. Ese cambio de orientaci&oacute;n del r&eacute;gimen tiene una insuperable traducci&oacute;n cinematogr&aacute;fica en <em>Balarrasa</em> (Jos&eacute; Antonio Nieves Conde, 1951), donde el militar interpretado por Fernando Fern&aacute;n G&oacute;mez, conmovido por la muerte de un compa&ntilde;ero, ingresa en un seminario, deja el uniforme militar y se pone una sotana. Los h&eacute;roes militares de <em>Frente de Madrid</em> o <em>Raza</em> dejan paso a los sacerdotes y monjas misioneros, pacifistas y m&aacute;rtires.
    </p><p class="article-text">
        El estreno de <em>La prima Ang&eacute;lica</em> de Carlos Saura en 1974 provoc&oacute; la indignaci&oacute;n de la extrema derecha, pues uno de los personajes, vestido con la camisa azul de Falange, aparec&iacute;a en una escena con el brazo escayolado haciendo el saludo fascista. Se produjeron varios altercados: en una sala de Madrid robaron una copia de la pel&iacute;cula y un grupo de falangistas arroj&oacute; bombas f&eacute;tidas y botes de pintura contra la pantalla; en Barcelona la explosi&oacute;n de un bid&oacute;n de gasolina da&ntilde;&oacute; la fachada y el vest&iacute;bulo de un cine; varios gobernadores civiles prohibieron la exhibici&oacute;n de la pel&iacute;cula. Todo finaliz&oacute; con el cese del ministro de Informaci&oacute;n y Turismo, P&iacute;o Cabanillas, y la dimisi&oacute;n del ministro de Hacienda, Antonio Barrera de Irimo, en solidaridad con el cesado.
    </p><p class="article-text">
        Entre la censura que impidi&oacute; el mensaje m&aacute;s o menos reconciliador de una pel&iacute;cula de propaganda franquista como <em>Frente de Madrid</em>, y la que pas&oacute; por alto la broma con el saludo fascista de una pel&iacute;cula ya casi post-franquista como <em>La prima Ang&eacute;lica</em>, median 45 a&ntilde;os de promoci&oacute;n del discurso nacionalista espa&ntilde;ol dirigido por la dictadura franquista para beneficio (pol&iacute;tico, econ&oacute;mico, social, cultural) de sus clases dirigentes.
    </p><h3 class="article-text">Fin&hellip;</h3><p class="article-text">
        <em><strong>Fin&hellip;</strong></em>El poder de una dictadura para controlar la producci&oacute;n, distribuci&oacute;n y exhibici&oacute;n cinematogr&aacute;fica y promover un discurso nacionalista (o de cualquier otro tipo) es indiscutible. Pero el control que algunos ejercen en una democracia &ndash;no tanto del cine en particular, como de los medios de comunicaci&oacute;n en general&ndash; puede hacer que los nost&aacute;lgicos de las dictaduras las echen poco de menos.
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      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/cine-servicio-nacionalismo-espanol_132_2128927.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 May 2018 14:55:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El cine al servicio del nacionalismo español]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,España,Dictadura,Cine,Fascismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La inocencia perdida y el cine]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/inocencia-perdida-cine_132_2823244.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0c355825-2113-4dda-ae86-7324da09a277_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La canción del camino (Satyajit Ray, 1955) - Government of West Bengal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A través de cinco títulos clásicos, el filósofo Jorge Villasol examina el modo en que el cine ha retratado la pérdida de la inocencia y el consecuente fin de la infancia</p></div><p class="article-text">
        La inocencia es una manera de mirar y de habitar el mundo. La infancia se deja atr&aacute;s cuando se pierde la inocencia. El cine ha reflejado esa p&eacute;rdida irreparable en numerosas ocasiones, pero la lista de pel&iacute;culas memorables no es muy extensa. En ella estar&iacute;an La canci&oacute;n del camino, Los olvidados, Juegos prohibidos, Matar a un ruise&ntilde;or y La noche del cazador, cinco cl&aacute;sicos del cine que muestran, con veracidad y emoci&oacute;n, c&oacute;mo los ni&ntilde;os descubren el mundo adulto; un descubrimiento que les obliga a modificar su forma de mirar y de habitar el mundo.
    </p><p class="article-text">
        En esas cinco pel&iacute;culas se refleja lo que dijo el cineasta y escritor Robert Benayoun: &laquo;Si se considera a la infancia como una broma pesada, una letan&iacute;a de angustias, de complejos y de deseos insatisfechos, una b&uacute;squeda incesante de afecto y de seguridad, una lucha perpetua contra la autoridad r&iacute;gida del adulto y la tiran&iacute;a necia de la raz&oacute;n, [&hellip;] uno se pregunta c&oacute;mo este per&iacute;odo de la existencia puede ser el m&aacute;s feliz, el m&aacute;s libre, el m&aacute;s puro de todos&raquo;. Esa felicidad y esa libertad tienen que ver con la inocencia, que el escritor Michel Tournier defini&oacute; como el &laquo;amor espont&aacute;neo al ser, un s&iacute; a la vida, la aceptaci&oacute;n sonriente de los alimentos celestiales y terrestres, ignorancia de la alternativa infernal pureza-impureza&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La inocencia es la espontaneidad, el placer continuo del descubrimiento y la capacidad de maravillarse: G. K. Chesterton dec&iacute;a que &laquo;lo maravilloso de la ni&ntilde;ez es que cualquier cosa en ella puede ser una maravilla&raquo;. Y la inocencia es tambi&eacute;n la ignorancia festiva, pre-racional, de los conceptos que empleamos los adultos para clasificar, separar y dividir la realidad en compartimentos: el bien y el mal, lo justo y lo injusto, lo &uacute;til y lo in&uacute;til, etc&eacute;tera. La forma de mirar de los ni&ntilde;os, la inocencia, es pre-racional porque est&aacute; desprovista de teor&iacute;a. El verbo griego <em>theorein</em> significaba mirar, observar, demorarse en el aspecto de lo que aparece. Pero casi desde su origen la palabra &laquo;teor&iacute;a&raquo; se carg&oacute; con un sentido intelectual: la teor&iacute;a est&aacute; relacionada con &laquo;ver&raquo; algo a trav&eacute;s de conceptos, con ver m&aacute;s all&aacute; de la experiencia sensible. Y, como se&ntilde;al&oacute; Ortega y Gasset, &laquo;todo concepto es por su naturaleza una exageraci&oacute;n&raquo;, porque &laquo;al hablar, al pensar, nos proponemos aclarar las cosas, y esto obliga a exacerbarlas, dislocarlas, esquematizarlas&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los ni&ntilde;os, en su inocencia, ven la realidad directamente, sin el tamiz de los conceptos ni de los prejuicios, y de manera indiferente, pero no porque se desentiendan de la realidad, sino porque no hacen diferencias. Por eso en la infancia estamos conectados espont&aacute;neamente con toda la realidad, con la naturaleza en su conjunto. Para los ni&ntilde;os no tienen sentido las diferencias entre seres humanos (ni por su raza, ni por su sexo, ni por sus creencias); las fronteras entre el hombre y la naturaleza no existen; y las religiones, las filosof&iacute;as o las ciencias son cosas impensables. Todo eso, para bien y para mal, se aprende.
    </p><p class="article-text">
        En La canci&oacute;n del camino, Los olvidados, Juegos prohibidos, Matar a un ruise&ntilde;or y La noche del cazador, las circunstancias en que se desenvuelven los ni&ntilde;os (la pobreza, la guerra, la intolerancia, la injusticia, la muerte) violentar&aacute;n su mirada inocente, y les forzar&aacute;n a mirar el mundo a trav&eacute;s de los conceptos y los prejuicios de los adultos.
    </p><h3 class="article-text">La canci&oacute;n del camino (Pather Panchali, Satyajit Ray, 1955)</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La &oacute;pera prima de Satyajit Ray narra la vida de una familia bengal&iacute; compuesta por una anciana, el padre, que sue&ntilde;a con ser poeta, y la madre, ama de casa, en lucha diaria por alimentar a sus dos hijos: una ni&ntilde;a y un ni&ntilde;o. La p&eacute;rdida de la inocencia de esos dos ni&ntilde;os es consecuencia de sus condiciones de vida, marcada por una pobreza casi extrema, y el entorno rural en el que viven en contacto directo con la naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        Akira Kurosawa dijo que &laquo;no haber visto las pel&iacute;culas de Ray es como haber pasado por el mundo sin conocer la luna o el sol&raquo;. Y ciertamente muy pocas veces se ha mostrado la vida humana y la naturaleza con tanta belleza, en su serenidad y en su crudeza, como en La canci&oacute;n del camino. A su elegante forma de filmar la naturaleza y la interacci&oacute;n de los humanos con ella, Ray a&ntilde;ade su fin&iacute;sima capacidad de observaci&oacute;n para capturar los detalles de la vida cotidiana, las relaciones entre las personas y, especialmente, c&oacute;mo los ni&ntilde;os se las arreglan para vivir en un ambiente tan hostil.
    </p><p class="article-text">
        Ray muestra la fascinaci&oacute;n absoluta de los ni&ntilde;os cuando descubren el mundo, cuando lo miran por primera vez. Esa mirada es tambi&eacute;n la del espectador cuando les sigue en su largo camino, cruzando el bosque, para ver por primera vez un tren en marcha; o cuando quedan hipnotizados por los sonidos que un grupo de m&uacute;sicos extrae de sus instrumentos; o, simplemente, cuando ven llover. Pero tambi&eacute;n cuando sienten el sufrimiento por el hambre; o cuando comprueban, impotentes, el poder destructor de la naturaleza; o cuando se encuentran por primera vez con la muerte.
    </p><h3 class="article-text">Los olvidados (Luis Bu&ntilde;uel, 1950)</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Los olvidados est&aacute; protagonizada por un grupo de ni&ntilde;os y adolescentes que malviven en los suburbios de Ciudad de M&eacute;xico en la m&aacute;s absoluta marginalidad, abandonados por sus familias y por la sociedad. En Los olvidados no vemos c&oacute;mo los ni&ntilde;os pierden la inocencia, sino lo terrible que es haberla perdido casi por completo cuando a&uacute;n son ni&ntilde;os. En un entorno en el que lo &uacute;nico que cuenta es sobrevivir, donde la violencia y la muerte est&aacute;n presentes de manera constante, la vida humana apenas tiene valor.
    </p><p class="article-text">
        Bu&ntilde;uel registra las vidas de esos ni&ntilde;os con aparente frialdad, como si no sintiera compasi&oacute;n por ellos. Esta impresi&oacute;n se debe a que, al contrario de lo que solemos ver en el cine, Bu&ntilde;uel nos dice que la pobreza, la miseria, no es algo que se deber&iacute;a sobrellevar con dignidad, ni mucho menos es un medio para la redenci&oacute;n. La pobreza es degradante: los ni&ntilde;os no s&oacute;lo son v&iacute;ctimas de la crueldad del entorno, sino que tambi&eacute;n ellos son crueles, tambi&eacute;n son verdugos. Pero esa crueldad, esa violencia, parece invisible pues no alcanza el centro de la ciudad, no sale de los suburbios; y as&iacute; es f&aacute;cil pensar que esa realidad no existe, o que, en caso de existir, los principales &ndash;cuando no &uacute;nicos&ndash; responsables son los propios pobres.
    </p><p class="article-text">
        Bu&ntilde;uel dijo que &laquo;una pel&iacute;cula, salvo que sirva para pasar el rato, siempre debe defender y comunicar indirectamente la idea de que vivimos en un mundo brutal, hip&oacute;crita e injusto. Y exactamente eso es lo que no suele hacer el cine&raquo;. Quiz&aacute; por su coherencia la pel&iacute;cula fue un fracaso. Y lo fue hasta tal punto que incluso se lleg&oacute; a pedir que Bu&ntilde;uel fuera expulsado inmediatamente de M&eacute;xico. Tras conseguir el premio al mejor director en el Festival de Cannes, y con el apoyo de una gran n&uacute;mero de intelectuales mexicanos, la pel&iacute;cula se comenz&oacute; a ver como lo que realmente era: una llamada de atenci&oacute;n sobre la situaci&oacute;n de esos ni&ntilde;os que malviv&iacute;an (y malviven) en nuestras ciudades, olvidados por casi todos: ni&ntilde;os a los que se les ha robado su infancia.
    </p><h3 class="article-text">Juegos prohibidos (Jeux Interdits, Ren&eacute; Cl&eacute;ment, 1952)</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        En los primeros minutos de Juegos prohibidos se narra el &eacute;xodo de centenares de franceses que hu&iacute;an de los bombardeos de la aviaci&oacute;n nazi en junio de 1940. La ni&ntilde;a protagonista sobrevive a esos ataques, pero pierde a sus padres. A partir de ese momento la pel&iacute;cula se centra en la relaci&oacute;n entre la ni&ntilde;a y el hijo menor de la familia de campesinos que la acoge.
    </p><p class="article-text">
        Juegos prohibidos no es una pel&iacute;cula b&eacute;lica pues la guerra queda en segundo plano casi desde el comienzo, aunque sus consecuencias, la desesperaci&oacute;n y el pesimismo que conlleva, se filtran inevitablemente en las vidas de sus protagonistas, ni&ntilde;os y adultos. Y para vivir en ese mundo, los dos ni&ntilde;os protagonistas crean el suyo propio a partir de una hermosa e inocente visi&oacute;n de las costumbres religiosas y el lenguaje de los adultos. La imaginaci&oacute;n y el juego como &uacute;ltimo refugio de la inocencia.
    </p><p class="article-text">
        Pero para la mirada adulta, llena de teor&iacute;a, llena de prejuicios, los juegos de los ni&ntilde;os son blasfemos: son juegos prohibidos. Y esa mirada tambi&eacute;n la compartieron numerosos espectadores que consideraron que la pel&iacute;cula banalizaba la guerra. Pero ser adulto no deber&iacute;a impedirnos entender que el juego es parte esencial de la vida; y que la inocencia, adem&aacute;s de una forma de mirar, es una forma de resistir.
    </p><h3 class="article-text">Matar a un ruise&ntilde;or (To Kill a Mockingbird, Robert Mulligan, 1962)</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Los dos ni&ntilde;os protagonistas de Matar a un ruise&ntilde;or son hijos de un abogado viudo que debe defender a un joven negro acusado de violar a una joven blanca en una poblaci&oacute;n sure&ntilde;a durante la Gran Depresi&oacute;n en Estados Unidos. Antes de que el juicio interfiera definitivamente en sus vidas, los ni&ntilde;os se dedican a pasar el verano jugando. Y sus juegos tienen como centro de atenci&oacute;n a un misterioso vecino, al que nunca han visto, y del que se dice que es el loco del pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Una vez que el padre se hace cargo del caso de la supuesta violaci&oacute;n, el mundo de los dos ni&ntilde;os se transforma por completo. Es entonces cuando podemos ver c&oacute;mo pierden su inocencia cuando descubren los prejuicios, el racismo y la intolerancia de los adultos. Pero en esta ocasi&oacute;n, a diferencia de lo que sucede en las otras pel&iacute;culas comentadas, los ni&ntilde;os tendr&aacute;n a su padre como modelo ejemplar, un modelo de coherencia, dignidad y respeto. As&iacute;, aunque vemos c&oacute;mo pierden su inocencia, tambi&eacute;n vemos c&oacute;mo los ni&ntilde;os adquieren unos valores esenciales para convivir.
    </p><p class="article-text">
        En una de las conversaciones que el padre mantiene con su hija peque&ntilde;a, le transmite una ense&ntilde;anza que &eacute;l mismo pone en pr&aacute;ctica y que ella recordar&aacute; para siempre: &laquo;Si consigues aprender una sola cosa te llevar&aacute;s mucho mejor con todos tus semejantes: nunca llegar&aacute;s a comprender a una persona hasta que no veas las cosas desde su punto de vista, hasta que no logres meterte en su piel y sentirte c&oacute;modamente&raquo;.
    </p><h3 class="article-text">La noche del cazador (The Night of the Hunter, Charles Laughton, 1955)</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La noche del cazador narra el conflicto entre dos hermanos (un ni&ntilde;o y una ni&ntilde;a m&aacute;s peque&ntilde;a) que pierden a su padre, y un psic&oacute;pata disfrazado de predicador que logra convertirse en su padre adoptivo. La estructura narrativa es la del cuento infantil cl&aacute;sico, la del enfrentamiento entre el bien y el mal: frente a la inocencia de los ni&ntilde;os, el mundo de los adultos se presenta dominado por las supersticiones religiosas, la avaricia y el fanatismo.
    </p><p class="article-text">
        Si en Matar a un ruise&ntilde;or el padre viudo cuidaba y educaba a sus hijos, en La noche del cazador la madre viuda se desentiende de los suyos y se preocupa, casi exclusivamente, por su propio bienestar. Esto obliga a los ni&ntilde;os a enfrentarse solos al mal, y por eso la pel&iacute;cula, como todo cuento infantil, est&aacute; llena de crueldad, pero tambi&eacute;n de belleza.
    </p><p class="article-text">
        La noche del cazador es un inquietante, pero tambi&eacute;n esperanzador canto a la fortaleza de los ni&ntilde;os, a su capacidad para resistir en las condiciones m&aacute;s adversas; y es que, como dice uno de los personajes de la pel&iacute;cula, &laquo;el viento sopla y la lluvia es fr&iacute;a, pero los ni&ntilde;os resisten y perduran&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        *****
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la p&eacute;rdida de la inocencia no sea irreparable. Aunque s&oacute;lo sea durante unos minutos tenemos una forma de recuperar esa mirada directa, limpia, propia de la infancia. Y es gracias al cine, a la mirada de creadores como Ray, Bu&ntilde;uel, Cl&eacute;ment, Mulligan o Laughton. Igual que los ni&ntilde;os protagonistas de sus pel&iacute;culas descubren el mundo y la mirada de los adultos, nosotros, como espectadores, tenemos la oportunidad de hacer el camino inverso y redescubrir el mundo, volverlo a mirar como si fuera la primera vez gracias a la mirada inocente de los ni&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/inocencia-perdida-cine_132_2823244.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jan 2018 20:19:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La inocencia perdida y el cine]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Safari: matar a un animal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/safari-matar-animal_132_3027633.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/75a24d3e-55d9-41e6-aec6-ef7efed70d0a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Safari (Ulrich Seidl, 2016) - Ulrich Seidl Film Produktion GmbH"></p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">«Si un animal matara con premeditación, eso sería un reflejo humano». (Stanisław Jerzy Lec)<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        En el verano del a&ntilde;o 55 a. n. e. se inaugur&oacute; en Roma el impresionante teatro de Pompeyo, el c&oacute;nsul de la Rep&uacute;blica. Con ese motivo se celebraron unos Juegos en los que los romanos pudieron asistir, adem&aacute;s de a representaciones teatrales o actuaciones musicales, a cinco jornadas de caza de animales salvajes en el circo. En la &uacute;ltima de esas jornadas un grupo de hombres armados con lanzas se enfrent&oacute; a unos veinte elefantes. El fil&oacute;sofo y pol&iacute;tico Cicer&oacute;n, que estaba entre los asistentes, relat&oacute; en una carta a un amigo que en aquel espect&aacute;culo &laquo;la plebe alborotada mostr&oacute; gran asombro, pero ning&uacute;n placer&raquo;. Asombro, por ejemplo, ante la precisi&oacute;n de uno de los hombres, cuya lanza atraves&oacute; el ojo y alcanz&oacute; los puntos vitales de uno de los elefantes, que se desplom&oacute; al instante. &laquo;&iquest;Qu&eacute; placer puede hallar un hombre de refinada cultura en que un d&eacute;bil ser humano sea despedazado por una fiera poderosa o en que un noble animal sea atravesado por una lanza?&raquo;, se pregunt&oacute; Cicer&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El escritor y naturalista Plinio el Viejo tambi&eacute;n dio cuenta de ese d&iacute;a de caza en el libro VIII de su <em>Historia Natural</em>. Unas barreras de hierro imped&iacute;an la huida de los elefantes; perdida ya la esperanza de conservar sus vidas, y &laquo;buscando la compasi&oacute;n del p&uacute;blico, comenzaron a suplicar con una actitud indescriptible, llorando por ellos mismos entre lamentaciones, con tan gran dolor del pueblo que, olvid&aacute;ndose del general y de la munificencia desplegada en su honor, se levantaron todos llorando y abrumaron a Pompeyo con imprecaciones que &eacute;l expi&oacute; inmediatamente&raquo;. En la carta a su amigo, Cicer&oacute;n afirm&oacute; que era tan evidente la compasi&oacute;n del p&uacute;blico &laquo;como la idea de que hay alg&uacute;n tipo de relaci&oacute;n entre estos animales y el g&eacute;nero humano&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dos mil a&ntilde;os despu&eacute;s, una familia austr&iacute;aca (un hombre, una mujer y sus dos hijos: una chica y un chico) viaja a Namibia para cazar animales. Son algunos de los protagonistas de <em>Safari</em> (2016), un documental del austr&iacute;aco Ulrich Seidl. En la &uacute;ltima jornada el hombre y la mujer avistan con sus prism&aacute;ticos un grupo de jirafas. El espectador apenas intuye su presencia, la c&aacute;mara &uacute;nicamente sigue a los cazadores. El hombre coloca su rifle sobre un soporte fijado al suelo. La precisi&oacute;n es importante. Tras el disparo, un experto que acompa&ntilde;a a la pareja aconseja al hombre bajar el arma: &laquo;Espera&raquo;. Instantes despu&eacute;s da su aprobaci&oacute;n: &laquo;Buen tiro. Un tiro limpio&raquo;. Probablemente la jirafa ha muerto de un &uacute;nico disparo, como el elefante alanceado en el circo de Pompeyo. &laquo;Dale un poco de tiempo. Vale, est&aacute; cayendo. Hay que tener paciencia. Nos acercaremos lentamente. Vamos.&raquo; Entre los arbustos se adivina la figura inm&oacute;vil de la jirafa. &laquo;Est&aacute; muerta.&raquo;
    </p><p class="article-text">
        No est&aacute; muerta. &laquo;Mierda&raquo;. La jirafa, con su cuerpo fijado al suelo, mueve lentamente su enorme cuello arrastrando la cabeza por la tierra. Tiene los ojos abiertos. La mujer y el hombre, rifle en mano, retroceden. El experto recomienda no disparar m&aacute;s. Es cuesti&oacute;n de tiempo. &laquo;Pensaba que se levantar&iacute;a. Estoy nervios&iacute;sima&raquo;, dice la mujer. El experto se acerca a la jirafa y certifica su muerte: &laquo;No quer&iacute;a que volvieras a disparar. Me daba miedo que tuviera una subida de adrenalina y echara a correr&raquo;. &laquo;Felicidades, cazador&raquo;, le dice la mujer al hombre. Se besan. Est&aacute;n emocionados.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la jirafa todav&iacute;a agonizaba, la mujer le dijo al hombre: &laquo;Incre&iacute;ble. Siguen ah&iacute;. &iquest;Por qu&eacute;?&raquo;. Siete jirafas han presenciado los &uacute;ltimos estertores de su compa&ntilde;era. El espectador puede verlas durante toda la escena, est&aacute;n a unos pocos metros, paralizadas. Quiz&aacute; est&aacute;n emocionadas. Quiz&aacute; est&aacute;n llorando como los elefantes acorralados en el circo de Pompeyo. Y la mujer no lo entiende. En esa ignorancia est&aacute; una de las respuestas a por qu&eacute; algunos animales sienten placer al matar a otros con premeditaci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/safari-matar-animal_132_3027633.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Dec 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Safari: matar a un animal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Villasol,Revista Amberes,Caza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Krazy Kat: un ladrillo relleno de rayos de luna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/krazy-kat-ladrillo-relleno-rayos_132_3057536.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e7f08c1c-8b6e-461a-b216-b357007eaa7d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Krazy kat amberes imagen 1"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Krazy Kat es el título de la obra maestra de George Herriman (1880-1944), también responsable de</p><p class="subtitle">The Family Upstairs</p><p class="subtitle">, un historietista adelantado a su tiempo</p><p class="subtitle">El Museo Reina Sofía rinde tributo al autor y su trabajo con la exposición</p><p class="subtitle">Krazy Kat es Krazy Kat es Krazy Kat</p><p class="subtitle">, que se prolongará hasta el 26 de febrero.</p></div><p class="article-text">
        El primer impacto se produjo hace m&aacute;s de un siglo. El 26 de julio de 1910 <em>The New York Journal</em> public&oacute; una nueva entrega de la tira c&oacute;mica <em>The Dingbat Family</em>, una serie costumbrista para todos los p&uacute;blicos, pero de humor bastante gamberro. En la parte inferior de las seis vi&ntilde;etas, en una acci&oacute;n paralela a la principal, aparec&iacute;an, muy discretamente, un gato y un rat&oacute;n. En esa escena, el peque&ntilde;o roedor atisba una piedra, se acerca a ella, la atrapa, apunta, dispara e impacta en la cabeza del gato. Un acto de violencia gratuita en el que se encuentra el origen de uno de los mejores c&oacute;mics de la historia: <em>Krazy Kat</em>, del estadounidense George Herriman (Nueva Orleans, 1880 &ndash; Los &Aacute;ngeles, 1944).
    </p><p class="article-text">
        Meses despu&eacute;s, el gato y el rat&oacute;n &ndash;que nacieron casi como una forma de matar el tiempo que a Herriman le sobraba en su trabajo diario de ocho horas dibujando tiras c&oacute;micas&ndash; consiguen sus propias vi&ntilde;etas dentro de<em> The Dingbat Family</em> (m&aacute;s tarde conocida como <em>The Family Upstairs</em>). En octubre de 1913 ya protagonizan una tira diaria independiente, que obtiene un gran &eacute;xito gracias a su extrema simplicidad argumental y el dominio de la estructura del gag de Herriman. Fascinado por las aventuras de los dos animalillos (y los compinches que se iban sumando), el magnate William Randolph Hearst &ndash;due&ntilde;o de los peri&oacute;dicos donde se publicaban las tiras&ndash; les concede toda una plancha dominical en 1916. Hasta su muerte en 1944, Herriman crear&iacute;a cientos de tiras y planchas de <em>Krazy Kat</em>.
    </p><p class="article-text">
        El argumento no puede ser m&aacute;s sencillo: Krazy Kat, un gato de g&eacute;nero indefinido, est&aacute; enamorado/a del rat&oacute;n Ignatz, que odia a Krazy y rechaza sus afectos gatunos arroj&aacute;ndole ladrillos que este, en su inocencia, interpreta como signos inequ&iacute;vocos de amor; el agente canino Offissa Pupp, obligado por la ley y movido por el afecto (no correspondido) que siente por Krazy, se dedica a perseguir y castigar las agresiones del roedor. La historia de un perro enamorado de un gato/a, a su vez enamorado/a de un rat&oacute;n. A partir de ese esquema narrativo, de una l&oacute;gica tan sencilla como peculiar, Herriman cre&oacute; infinitas variaciones durante m&aacute;s de 30 a&ntilde;os.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Despu&eacute;s de ver las primeras planchas dominicales, los editores de los peri&oacute;dicos de Hearst comenzaron a echar de menos la sencillez de las primeras tiras: las vi&ntilde;etas de los domingos se llenaron de personajes que se comunicaban por medio de aut&eacute;nticos disparates verbales; el austero entorno se convirti&oacute; en un paisaje mutante, que cambiaba de vi&ntilde;eta a vi&ntilde;eta; y las historias, a pesar de su aparente sencillez, se retorc&iacute;an gracias a la violencia y un humor absurdo muy del gusto de la &eacute;poca (W. C. Fields era enormemente popular entonces, Chaplin todav&iacute;a era Charlot, y los Hermanos Marx ya triunfaban con sus gamberradas). Pero Hearst, absolutamente rendido al trabajo de Herriman, decidi&oacute; publicar la plancha dominical no en la secci&oacute;n de c&oacute;mic y a todo color, como era habitual, sino en blanco y negro y en la secci&oacute;n de &lsquo;Drama y arte&rsquo; de sus peri&oacute;dicos. El color era visto como algo infantil, por eso los trabajos &laquo;serios&raquo; para adultos se sol&iacute;an publicar en blanco y negro.
    </p><p class="article-text">
        Los editores se rebelaron: no entend&iacute;an la debilidad de su jefe por c&oacute;mics brillantes pero extra&ntilde;os como <em>Krazy Kat</em>, y le reclamaban que dejara ese espacio a productos m&aacute;s simples y acordes con el gusto de las masas. Ya hab&iacute;an accedido a publicar durante dos a&ntilde;os la poco popular plancha dominical de <em>In the Land of Wonderful Dreams</em> (la continuaci&oacute;n que Winsor McCay hizo de su <em>Little Nemo in Slumberland</em>), y, en cuanto el magnate sal&iacute;a del pa&iacute;s, aprovechaban para boicotear la publicaci&oacute;n de la obra de Herriman, cuya presencia en los peri&oacute;dicos comenz&oacute; a ser tan variable como los paisajes del propio c&oacute;mic. Las cartas de los lectores, llenas de quejas sobre aquel artefacto incomprensible, se amontonaban en las redacciones.
    </p><p class="article-text">
        El 7 de enero de 1922 apareci&oacute; la primera plancha en color de <em>Krazy Kat</em>. Los peri&oacute;dicos que no la publicaron vendieron m&aacute;s ejemplares. Ya fuera causalidad o una simple correlaci&oacute;n, tras nueve planchas m&aacute;s en color, la serie volvi&oacute; al blanco y negro. Pero, a pesar de no contar con el favor del gran p&uacute;blico y de la oposici&oacute;n de los editores, la semilla ya estaba plantada. El nombre de Herriman fue adquiriendo prestigio en ciertos c&iacute;rculos de la intelectualidad neoyorquina. En 1922 un ballet inspirado en los personajes de <em>Krazy Kat</em> triunf&oacute; en Broadway; y el afamado cr&iacute;tico cultural Gilbert Seldes (que en 1924 publicar&iacute;a su libro <em>The Seven Lively Arts</em>, en el que reivindicaba el c&oacute;mic como arte) escribi&oacute; un art&iacute;culo para <em>Vanity Fair</em> en el que afirmaba que <em>Krazy Kat</em> era &laquo;la obra de arte m&aacute;s divertida, fant&aacute;stica y satisfactoria&raquo; que se produc&iacute;a entonces en Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        El inter&eacute;s por la obra de Herriman, aunque minoritario, lleg&oacute; tambi&eacute;n a Europa. A finales de 1921, el escritor y poeta vanguardista estadounidense Matthew Josephson contact&oacute; en Par&iacute;s con dada&iacute;stas como Louis Aragon y Tristan Tzara, a los que mostr&oacute; unas cuantas tiras de <em>Krazy Kat</em> que llevaba consigo; sus nuevos colegas las calificaron inmediatamente como &laquo;puro humor dad&aacute; americano&raquo;. La lista de admiradores de la obra de Herriman es impresionante: Pablo Picasso, Willem de Kooning, Joan Mir&oacute;, Gertrude Stein, Walt Disney, Frank Capra, P. G. Woodehouse, Jack Kerouac, T. S. Eliot, E. E. Cummings (que escribi&oacute; un elogioso pr&oacute;logo para la primera antolog&iacute;a en forma de libro de <em>Krazy Kat</em>, publicada en 1946), etc&eacute;tera. Sin embargo, no parece que a Herriman le preocuparan excesivamente ni los elogios de los intelectuales ni el desinter&eacute;s del p&uacute;blico. Y quiz&aacute; no supiera gran cosa de los dada&iacute;stas u otros artistas de vanguardia, pero es interesante comprobar c&oacute;mo los caminos del arte popular y del arte culto a veces se confunden.
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        El prop&oacute;sito de Herriman no era crear arte, sino simplemente narrar historias con im&aacute;genes y palabras. De joven ley&oacute; algunas de las novelas que Charles Dickens hab&iacute;a creado, mano a mano, con dibujantes como George Cruikshank y Hablot Knight Browne, que ilustraron <em>Oliver Twist</em> y <em>David Copperfield</em>, respectivamente. Aquellas obras, en las que se fund&iacute;an texto e imagen, estimularon la imaginaci&oacute;n de Herriman. El obst&aacute;culo con el que se encontr&oacute; fue que, en la primera d&eacute;cada del siglo XX, las tiras c&oacute;micas eran vistas por los editores como un producto de entretenimiento infantil y solo aparec&iacute;an en las ediciones dominicales, es decir, no se publicaban tiras diarias que permitieran crear un arco narrativo y desarrollar personajes.
    </p><p class="article-text">
        Desde 1906 Herriman se dedic&oacute; a ilustrar escenas para las p&aacute;ginas de deportes de los peri&oacute;dicos de Hearst, y tambi&eacute;n escenas de &laquo;inter&eacute;s humano&raquo;: una corrida de toros en Tijuana, el avistamiento de un OVNI, la construcci&oacute;n de una c&aacute;rcel hecha con ladrillos y cemento en lugar de la habitual madera (de ladrillos, como los que Ignatz arroja a Krazy, est&aacute; hecha la c&aacute;rcel en la que Offissa Pupp habitualmente encierra al roedor). Pero eran escenas sin continuidad, no tiras diarias. El primero en conseguir una tira diaria fue Clare Briggs en 1903 con <em>A. Piker Clerk</em>, que apareci&oacute; durante unas pocas semanas en la secci&oacute;n de deportes del <em>Chicago American</em> (un peri&oacute;dico de Hearst). El siguiente fue Bud Fisher, que en 1907 public&oacute; en el <em>San Francisco Chronicle</em> la serie <em>Mutt</em> <em>&amp; Jeff</em>&nbsp;(a ese Mutt parece referirse la inscripci&oacute;n de la c&eacute;lebre &laquo;Fuente&raquo; de Marcel Duchamp, vinculado al movimiento dada&iacute;sta). Herriman consigui&oacute; su primera tira diaria tambi&eacute;n en 1907: <em>Mr. Proones the Plunger</em>. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s aparecer&iacute;an el rat&oacute;n y el gato en<em> The Dingbat Family</em>.
    </p><p class="article-text">
        La maestr&iacute;a que Herriman alcanz&oacute; en <em>Krazy Kat</em> (sin ninguna duda, su obra maestra) es dif&iacute;cilmente superable. Se requiere un talento extraordinario para trabajar en una misma serie durante m&aacute;s de 30 a&ntilde;os, manteniendo el mismo esquema argumental, sin que la calidad se resienta. Es m&aacute;s, su producci&oacute;n desde 1935, cuando definitivamente se pasa al color, es quiz&aacute; lo mejor de toda la serie. Pero que hoy podamos disfrutar de las m&aacute;s de 450 planchas en color que Herriman cre&oacute; hasta 1944 es casi un milagro. Solo dos peri&oacute;dicos de Hearst publicaron esa serie completa: <em>Chicago American</em> y <em>The</em> <em>New York Journal</em>, ambos repletos de noticias deportivas y sensacionalismo, el t&iacute;pico papel para envolver el bocadillo del d&iacute;a siguiente. &iquest;Qui&eacute;n coleccionar&iacute;a semejantes subproductos? Ninguna biblioteca lo hizo, pero s&iacute; un tal August Derleth, un fan&aacute;tico de los c&oacute;mics de un pueblecito de Wisconsin, que recort&oacute; y conserv&oacute; cada una de las planchas que public&oacute; el <em>Chicago American.</em> Y Bill Blackbeard, el legendario editor de c&oacute;mics, consigui&oacute; la &uacute;nica copia que se conserva de la serie completa publicada por <em>The</em> <em>New York Journal</em>, a partir de la cual se han editado casi todos los libros de <em>Krazy Kat</em> hoy disponibles.
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        Herriman sol&iacute;a obsequiar a sus familiares y amigos con hermosas acuarelas de <em>Krazy Kat</em>, y solo hace falta ver una de ellas para percibir la sutileza con la que trabajaba el color. Una sutileza que sin embargo no pudo trasladar a sus planchas dominicales, pues los peri&oacute;dicos de Hearst hac&iacute;an, por lo general, un uso bastante pobre del color. A pesar de esas limitaciones, o quiz&aacute; gracias e ellas, Herriman modific&oacute; la arquitectura de <em>Krazy Kat</em> para integrar el color y hacer de &eacute;l un elemento esencial: redujo el n&uacute;mero de vi&ntilde;etas y comenz&oacute; a presentarlas &ndash;de manera m&aacute;s o menos habitual&ndash; en parejas o tr&iacute;os en la parte superior de la p&aacute;gina, colocando una sola en la parte inferior; los espacios en las vi&ntilde;etas se ampliaron: las distancias entre los personajes se hicieron mayores, y, sobre todo, el paisaje cobr&oacute; m&aacute;s profundidad e importancia. Coconino County &ndash;el entorno en el que se mueven los personajes, directamente inspirado en el desierto de Arizona y el Monument Valley&ndash; reforz&oacute; su car&aacute;cter on&iacute;rico, lunar, gracias al color, hasta convertirse en un protagonista m&aacute;s de <em>Krazy Kat</em>. Herriman enriqueci&oacute; el lenguaje del c&oacute;mic con los elementos r&iacute;tmicos que proporcionan la combinaci&oacute;n y distribuci&oacute;n del color en la p&aacute;gina.
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        Pero Herriman no solo creaba dibujos llenos de frescura, dinamismo y exuberancia crom&aacute;tica. Su genialidad como narrador tambi&eacute;n tiene que ver con un uso del lenguaje que se nutre de la poli&eacute;drica oralidad de los Estados Unidos de finales del siglo XIX y principios del XX. Herriman juguetea continuamente con el lenguaje y, aunque la base es siempre el ingl&eacute;s, sus personajes emplean de manera habitual palabras en espa&ntilde;ol, franc&eacute;s, yidis y todo de tipo de jergas, as&iacute; como juegos de palabras, eufemismos, lenguaje t&eacute;cnico de gran precisi&oacute;n o latinismos. En <em>Krazy Kat</em> es habitual encontrar referencias a canciones populares, discursos pol&iacute;ticos, fragmentos de la Biblia, mitolog&iacute;a griega, esl&oacute;ganes de la &eacute;poca (&laquo;D&iacute;selo con ladrillos&raquo;, memorable parodia del c&eacute;lebre lema de Interflora), gags de Harold Lloyd o Buster Keaton, referencias a Shakespeare, Omar Jayyam, Cervantes (aparecen dos personajes llamados Don Kiyoti y Sancho Pansy), Ambrose Bierce, Carl Gustav Jung, y un buen n&uacute;mero de celebridades de la &eacute;poca.
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        El car&aacute;cter de cada personaje, adem&aacute;s de por su imagen y sus acciones, se construye por su forma de expresarse: la oralidad extrema y la dicci&oacute;n estropajosa de Krazy, la seriedad y precisi&oacute;n cient&iacute;fica de Ignatz, el fraseo de tono b&iacute;blico de Offisa Pupp. Herriman sab&iacute;a bien que el humor tambi&eacute;n procede del uso de registros elevados para dar cuenta de asuntos completamente banales o rid&iacute;culos. Pero adem&aacute;s de por sus propiedades humor&iacute;sticas, cuando se leen en voz alta las narraciones, di&aacute;logos y mon&oacute;logos de los personajes, uno se da cuenta casi de inmediato de que el lenguaje en <em>Krazy Kat</em> posee el car&aacute;cter mel&oacute;dico, el ritmo y la cadencia del lenguaje po&eacute;tico. Y si a todo eso se a&ntilde;ade que la rotulaci&oacute;n y la tipograf&iacute;a de Herriman pr&aacute;cticamente convierten las palabras en im&aacute;genes, es f&aacute;cil intuir que casi cualquier intento de traducci&oacute;n de todo ese ecosistema ling&uuml;&iacute;stico es una empresa condenada al fracaso.
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        Al margen de las tiras diarias &ndash;cuya recopilaci&oacute;n ha sido escasa e irregular: muchas de ellas se han perdido, probablemente para siempre&ndash;, la forma ideal de acercarse a <em>Krazy Kat</em> es gracias a la labor de la editorial estadounidense Fantagraphics. Todas las planchas dominicales (de 1916 a 1944), junto con numerosos ensayos e informaci&oacute;n de todo tipo, aparecieron en trece vol&uacute;menes, a su vez recopilados en tres impresionantes tomos, dise&ntilde;ados por Chris Ware, admirador confeso de la serie. En Espa&ntilde;a, Planeta replic&oacute; esa edici&oacute;n pero solo public&oacute; nueve de los diez vol&uacute;menes que hab&iacute;a anunciado (de 1925 a 1942, el &uacute;ltimo no lleg&oacute; a editarse), con una traducci&oacute;n tan meritoria por su arrojo como discutible por sus resultados, y una rotulaci&oacute;n y tipograf&iacute;a lamentables que destrozan el trabajo de Herriman. Para disfrutar de <em>Krazy Kat</em> en espa&ntilde;ol es imprescindible la selecci&oacute;n de 42 planchas que el editor Manuel Caldas restaur&oacute; y public&oacute; con el t&iacute;tulo de <em>Krazy + Ignatz + Pupp</em>, un peque&ntilde;o volumen que cuenta con una fant&aacute;stica introducci&oacute;n del cr&iacute;tico &Aacute;lvaro Pons, y una rotulaci&oacute;n y traducci&oacute;n espl&eacute;ndidas, obra de Caldas y Diego Garc&iacute;a, respectivamente. Menci&oacute;n aparte merece el impresionante tomo editado por Peter Maresca para Sunday Press Books, que reproduce 135 planchas dominicales respetando el enorme tama&ntilde;o con el que se publicaban en los peri&oacute;dicos.
    </p><p class="article-text">
        A la hora de valorar una creaci&oacute;n art&iacute;stica se puede tener en cuenta la opini&oacute;n de al menos tres sectores: el p&uacute;blico, la cr&iacute;tica y los artistas. Es indudable que <em>Krazy Kat</em> nunca fue una obra para mayor&iacute;as y es muy probable que nunca llegue a serlo: sigue pareciendo extra&ntilde;a e incluso incomprensible. Sin embargo, siempre ha contado con el favor de buena parte de la cr&iacute;tica menos reaccionaria: desde los elogios de Gilbert Seldes, pasando por los que Umberto Eco le dedic&oacute; en su libro <em>Apocal&iacute;pticos e integrados</em> (1964), hasta el hecho de que los museos de arte contempor&aacute;neo le dediquen exposiciones. Y algunos de los m&aacute;s grandes autores de c&oacute;mic, como Will Eisner, Charles M. Schulz, Art Spiegelman, Bill Watterson o Chris Ware, nunca han dejado de reconocer la influencia y admiraci&oacute;n que sienten por <em>Krazy Kat</em>. Pero sin la protecci&oacute;n de Hearst la obra maestra de Herriman nunca habr&iacute;a tenido una existencia tan prolongada (quiz&aacute; ni siquiera hubiera existido). A diferencia de lo que sol&iacute;a ser habitual, la vida de <em>Krazy Kat</em> finaliz&oacute; con la muerte de su autor. Hearst era consciente de que Herriman era un artista &uacute;nico y por eso decidi&oacute; que nadie pod&iacute;a ni deb&iacute;a continuar una obra tan personal.
    </p><p class="article-text">
        Hasta el 26 de febrero de 2018 se puede visitar en el Museo Reina Sof&iacute;a una exposici&oacute;n que, bajo el t&iacute;tulo <em>George Herriman: Krazy Kat es Krazy Kat es Krazy Kat</em>, acoge unas 160 obras, desde dibujos originales a los peri&oacute;dicos de &eacute;poca donde estos fueron publicados, junto con otros trabajos de Herriman. Una buena forma de descubrir <em>Krazy Kat,</em> un c&oacute;mic que es un poema visual y sonoro en el que se puede escuchar el ritmo de los colores y visualizar la cadencia de las palabras. Una obra que, desde la modestia de las p&aacute;ginas de peri&oacute;dicos de segunda fila en que se publicaba, consigui&oacute; crear un mundo fascinante y extra&ntilde;o, lleno de poes&iacute;a, violencia, ternura y belleza.
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      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/krazy-kat-ladrillo-relleno-rayos_132_3057536.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Nov 2017 19:01:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Krazy Kat: un ladrillo relleno de rayos de luna]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cómic]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[90%]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/ley-de-sturgeon_132_3115278.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f07e150-db80-4dc5-9aef-7b466292a01d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La discusión política.| Émile Friant"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunas herramientas de pensamiento para exponer comentarios críticos relevantes y, al mismo tiempo, reprimir la necesidad de discutir sobre cosas irrelevantes.</p></div><p class="article-text">
        En septiembre de 1953 tuvo lugar en Filadelfia la XI Convenci&oacute;n Mundial de Ciencia Ficci&oacute;n (en la que se entregaron por primera vez los Premios Hugo). Entre los participantes se encontraba Ted Sturgeon, que presentaba su novela <em>M&aacute;s que humano</em>. En su intervenci&oacute;n, Sturgeon se&ntilde;al&oacute; que la ciencia ficci&oacute;n era el &uacute;nico g&eacute;nero que era evaluado teniendo en cuenta sus peores ejemplos:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Cuando la gente habla de la novela de misterio, menciona <em>El halc&oacute;n malt&eacute;s</em> y <em>El sue&ntilde;o eterno</em>. Cuando habla de western, se se&ntilde;alan <em>Camino de Oreg&oacute;n </em>y <em>Shane</em>. Sin embargo, cuando se habla de ciencia ficci&oacute;n, se habla de &ldquo;esas cosas tipo <em>Buck Rogers</em>&rdquo; y dicen que &ldquo;el noventa por ciento de la ciencia ficci&oacute;n es basura&rdquo;. Bueno, tienen raz&oacute;n. El noventa por ciento de la ciencia ficci&oacute;n es basura. De hecho, el noventa por ciento de todo es basura, es el diez por ciento que no es basura lo que importa, y el diez por ciento de la ciencia ficci&oacute;n que no es basura es tan bueno o mejor que cualquier cosa que se haya escrito&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La &laquo;ley de Sturgeon&raquo; se condensa en un contundente &laquo;el noventa por ciento de todo es basura&raquo;. Una formulaci&oacute;n similar se encuentra en la primera novela de Rudyard Kipling,<em> La luz que se apaga</em> (1890), cuyo protagonista dice: &laquo;En todas las circunstancias, recu&eacute;rdalo, las cuatro quintas partes del trabajo de todos deben ser malas&raquo;. Los porcentajes var&iacute;an pero la idea de fondo es la misma: la gran mayor&iacute;a de las cosas que se producen son una aut&eacute;ntica basura, ya sean poes&iacute;as, series de televisi&oacute;n, experimentos de f&iacute;sica cu&aacute;ntica, libros de filosof&iacute;a o art&iacute;culos de opini&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta &laquo;ley&raquo; es una de las que el fil&oacute;sofo Daniel C. Dennett analiza en su libro <em>Bombas de intuici&oacute;n y otras herramientas de pensamiento</em> (2013). M&aacute;s all&aacute; de la cuesti&oacute;n, sin duda banal, del porcentaje de basura que se produce, Dennett se&ntilde;ala que &laquo;en todos los campos se hace un mont&oacute;n de trabajo mediocre&raquo;, y extrae una moraleja: &laquo;Cuando quieras criticar un campo, un g&eacute;nero, una disciplina, una forma de arte... &iexcl;no pierdas tu tiempo, y el nuestro, abucheando a la mierda! L&aacute;nzate contra lo bueno, o d&eacute;jalo en paz&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        A cualquiera que est&eacute; familiarizado con las redes sociales no le ser&aacute; dif&iacute;cil comprobar cu&aacute;nta gente (&iquest;el noventa por ciento?, &iquest;cuatro quintas partes?) dedica su tiempo a discutir sobre algo que es basura. Y es que cuando alguien vive en un estado de indignaci&oacute;n permanente es dif&iacute;cil que perciba qu&eacute; merece la pena ser discutido y qu&eacute; no.
    </p><p class="article-text">
        Dennett analiza otra herramienta de pensamiento que es complementaria a la &laquo;ley de Sturgeon&raquo;: las &laquo;reglas de Rapoport&raquo;. El psic&oacute;logo social y te&oacute;rico del juego Anatol Rapoport desarroll&oacute; unas reglas para exponer comentarios cr&iacute;ticos relevantes, que al mismo tiempo pueden servir para reprimir la necesidad que a veces tenemos de discutir sobre cosas irrelevantes (basura):
    </p><p class="article-text">
        Intentar hacer nuestras las ideas que queremos discutir y exponerlas con una claridad e imparcialidad tal que el blanco de nuestra cr&iacute;tica no tenga m&aacute;s remedio que reconocer lo bien que hemos captado su punto de vista.
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li></li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        Elaborar una lista de aquellos puntos en los que estamos de acuerdo con las ideas de nuestro oponente, y mencionar cualquier cosa que hayamos aprendido de ellas.
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li></li>
                                    <li>S&oacute;lo cuando hayamos cumplido las dos reglas anteriores estaremos autorizados a decir una sola palabra para refutar o criticar las ideas de nuestro oponente.</li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        Si decidimos aplicar unas reglas tan exigentes es probable que lo hagamos una vez estemos seguros de que esas ideas que queremos discutir realmente merecen nuestro tiempo. Un efecto que probablemente consigamos al usar esta herramienta de pensamiento es que nuestro oponente perciba tanto nuestra atenci&oacute;n a lo que dice como nuestro respeto hacia &eacute;l, lo que sin duda mejorar&aacute; la comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En sus <em>Pensamientos</em> (1670), Blaise Pascal ofreci&oacute; una herramienta similar y tan potencialmente efectiva como las &laquo;reglas de Rapoport&raquo;:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Cuando se quiere reprender de manera &uacute;til y mostrar a alguien que se equivoca, es menester observar el lado por el que este considera la cosa, porque ordinariamente es verdadera desde ah&iacute;, de forma que hay que declararle esa verdad, pero descubrirle a la vez el lado por el que resulta falsa. Con eso se contentar&aacute;, pues ve que no se enga&ntilde;aba y que s&oacute;lo le faltaba ver todos los aspectos. Pues bien, uno no se disgusta por no verlo todo, pero no quiere haberse equivocado, lo que tal vez provenga de que el hombre no puede naturalmente verlo todo, y de que tampoco se puede equivocar de manera natural en el aspecto que considera, de la misma forma que las aprehensiones de los sentidos son siempre verdaderas.&raquo;
    </p><p class="article-text">
        Pero antes de embarcarnos en discusi&oacute;n alguna y de considerar las &laquo;reglas de Rapoport&raquo; o los consejos de Pascal, siempre es recomendable tener presente la &laquo;ley de Sturgeon&raquo; para recordar que &laquo;el noventa por ciento de todo es basura&raquo;. Es el diez por ciento restante el que importa y merece nuestro tiempo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/ley-de-sturgeon_132_3115278.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Oct 2017 16:02:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Villasol,Revista Amberes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Caminar entre el humo y la neblina: la poesía de Robert Frost]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/caminar-neblina-poesia-robert-frost_132_3222064.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/23a8224d-5df2-4250-b4ef-ed8d65522d8c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Fotograma de &#039;Robert Frost&#039;, Sidney J. Stiber, 1961."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se publica la primera traducción al español de la poesía completa del poeta estadounidense más popular en su país</p></div><p class="article-text">
        Robert Frost (1874-1963) es el poeta m&aacute;s popular en su pa&iacute;s. Situado, a modo de gozne cronol&oacute;gico y estil&iacute;stico, entre los grandes poetas estadounidenses del siglo XIX, como Walt Whitman o Emily Dickinson, y los del XX, como T. S. Eliot o Wallace Stevens, Frost les aventaj&oacute; a todos ellos en popularidad, pero no en prestigio cr&iacute;tico. La inmediatez de su poes&iacute;a y la sencilla sabidur&iacute;a con la que cantaba a las virtudes de la vida en el campo le acercaron al p&uacute;blico y, al mismo tiempo, le alejaron de una cr&iacute;tica acad&eacute;mica que probablemente tampoco acab&oacute; de encajar su aparente independencia est&eacute;tica respecto a los poetas modernistas.
    </p><p class="article-text">
        Frost ha sido un poeta muy escasamente vertido al espa&ntilde;ol. A d&iacute;a de hoy apenas se puede encontrar una traducci&oacute;n de uno de sus libros fundamentales, Al norte de Boston (Ediciones Libertarias, 1995), y una antolog&iacute;a de sus Prosas (Elba, 2011). Pero el lector de habla hispana est&aacute; de enhorabuena, porque la editorial orensana Linteo ha puesto fin a esta incomprensible situaci&oacute;n gracias a su flamante edici&oacute;n biling&uuml;e de la Poes&iacute;a completa, traducida con solvencia por el poeta Andr&eacute;s Catal&aacute;n (autor tambi&eacute;n de la nutritiva introducci&oacute;n y las notas).
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        El &eacute;xito literario de Frost fue tard&iacute;o &ndash;tuvo que dejar su trabajo como profesor (que alternaba con el de granjero) y emigrar con su familia al Reino Unido a los 38 a&ntilde;os para comenzar a conseguirlo&ndash; pero fulgurante. A lo largo de su carrera obtuvo cuatro premios Pulitzer, m&aacute;s de 40 t&iacute;tulos honor&iacute;ficos, y fue el primer poeta en leer en la toma de posesi&oacute;n de un presidente de los Estados Unidos (el 20 de enero de 1961 para John F. Kennedy). Pero a esos reconocimientos institucionales a&ntilde;adi&oacute; algo todav&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil de conseguir y, sin duda, mucho m&aacute;s importante: que sus poemas vivan en la memoria de la gente.
    </p><p class="article-text">
        En P&aacute;lido fuego (1962) Vladimir Nabokov escribi&oacute; que 'Al pararme junto al bosque una noche de nieve' (recogido en el libro New Hampshire, de 1923) era &laquo;uno de los m&aacute;s grandes poemas cortos de la lengua inglesa, un poema que todos los ni&ntilde;os norteamericanos saben de memoria, acerca de los bosques invernales, y el crep&uacute;sculo desolado, y las dulces reconvenciones de los cencerros del caballo en el aire que se oscurece, y el final prodigioso y conmovedor, los dos &uacute;ltimos versos id&eacute;nticos en cada s&iacute;laba, pero uno personal y f&iacute;sico y el otro metaf&iacute;sico y universal&raquo;. Y de ese mismo poema el cr&iacute;tico Harold Bloom se&ntilde;al&oacute; que, adem&aacute;s de compartir la soledad de los bosques, el viento y la nieve, el narrador y el lector se embarcan &laquo;en una b&uacute;squeda solitaria, donde no puede haber promesas&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los comentarios de Nabokov y Bloom permiten vislumbrar algo esencial. Frost es un poeta que ense&ntilde;a a recordar los juegos de la infancia; a disfrutar de (o asumir) la soledad; a escuchar, observar y habitar la naturaleza; a tomarse las cosas con calma. Pero su aparente inmediatez y sencilla sabidur&iacute;a no est&aacute;n exentas de iron&iacute;a, escepticismo o incluso nihilismo. Es bastante revelador que Frost, tan consciente de la imagen p&uacute;blica de hombre afable que le gustaba proyectar (ese hombre afable que parece ser el narrador de muchos de sus poemas), decidiera no leer en p&uacute;blico sus textos m&aacute;s oscuros en favor de los m&aacute;s amables.
    </p><p class="article-text">
        Uno de esos poemas oscuros es el estremecedor 'Entierro en el hogar' (de Al norte de Boston, 1914), inspirado en la muerte de su primog&eacute;nito Elliot a los 8 a&ntilde;os. Y en esa lista de poemas oscuros estar&iacute;a tambi&eacute;n 'Fuego y hielo' (del libro New Hampshire), que George R. R. Martin ha reconocido como inspiraci&oacute;n del t&iacute;tulo (y quiz&aacute; algo m&aacute;s) de su popular saga Canci&oacute;n de hielo y fuego (origen de la televisiva Juego de Tronos):
    </p><p class="article-text">
        <em>Hay quien dice que el mundo acabar&aacute; en fuego,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>hay quien dice que en hielo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Por lo que he conocido del deseo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>estoy con los que por el fuego se decantan.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Pero si tuviera que sucumbir dos veces,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>creo que del odio s&eacute; bastante</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>para decir que para la destrucci&oacute;n el hielo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>es tambi&eacute;n eficaz</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y ser&iacute;a suficiente.</em>
    </p><p class="article-text">
        Frost quiso que su lenguaje po&eacute;tico sonase natural, de ah&iacute; que tuviera tan presente el vocabulario, la dicci&oacute;n y la cadencia del lenguaje hablado. Y para capturar mejor el ritmo natural y los sonidos del lenguaje hablado, Frost desde&ntilde;&oacute; el verso libre (lo que le alejaba de modernistas como Eliot o Stevens, y de parte de la cr&iacute;tica acad&eacute;mica), y le dio una gran importancia al ritmo y al metro, por lo que se sirvi&oacute; mayoritariamente del verso blanco (el pent&aacute;metro y&aacute;mbico). Todo ello contribuye a que una primera lectura sea suficiente para comprender casi cualquiera de sus poemas. Una sencillez (que algunos cr&iacute;ticos y no pocos lectores calificar&iacute;an de simplismo) que, tras sucesivas lecturas, revela la sutil complejidad de su construcci&oacute;n po&eacute;tica y, sobre todo, la densidad, ambig&uuml;edad y profundidad de los temas que trata. No obstante &ndash;y esta es una de las principales caracter&iacute;sticas de la poes&iacute;a de Frost&ndash;, esas perspectivas no se cancelan mutuamente: lo sencillo convive con lo complejo, lo sensorial con lo reflexivo, lo inmanente con lo trascendente. Gracias a sus distintos niveles de interpretaci&oacute;n, su poes&iacute;a es accesible y disfrutable para cualquier tipo de lector de poes&iacute;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En el hermoso y muy poco conocido cortometraje documental Robert Frost, dirigido por Sidney J. Stiber en 1961 (y publicado en Blu-ray por Flicker Alley en 2016; complemento perfecto de la Poes&iacute;a completa), podemos ver a un octogenario Frost caminando por parajes rurales cercanos a su solitaria caba&ntilde;a en las monta&ntilde;as de Vermont. Mientras observamos c&oacute;mo se transforman los paisajes de Nueva Inglaterra con el paso de las estaciones, podemos escuchar su voz recitando varios de sus poemas. Entre ellos quiz&aacute; el m&aacute;s popular, 'El camino no elegido' (de Un valle en las monta&ntilde;as, 1916, dedicado a su amigo y poeta Edward Thomas): &laquo;Dos caminos se abr&iacute;an en un bosque amarillo&hellip;&raquo;, y cada uno de ellos era &laquo;tan bueno como el otro&raquo;. El poema concluye con un enigm&aacute;tico &laquo;eleg&iacute; el menos transitado de ambos, / y eso supuso toda diferencia&raquo;. &iquest;Hay iron&iacute;a en ese final? &iquest;Quiz&aacute; alguna alegor&iacute;a? &iquest;Y qu&eacute; pensar del t&iacute;tulo del poema, que se refiere al otro camino, el &laquo;camino no elegido&raquo;?
    </p><p class="article-text">
        Entre las certezas que aparecen en los poemas de Frost siempre se encuentra, agazapada, alguna pregunta, alguna duda que disuelve la seguridad y nos previene antes de elegir el camino a seguir. En 'Una caba&ntilde;a en el claro' (de En el claro, 1962), un di&aacute;logo entre el humo y la neblina, &eacute;sta advierte a los durmientes habitantes de la caba&ntilde;a contra el conocimiento entendido casi como una religi&oacute;n, contra &laquo;la ingenua fe que la sola acumulaci&oacute;n de datos / por s&iacute; misma prender&aacute; e iluminar&aacute; el mundo&raquo;. Quiz&aacute; la poes&iacute;a de Frost, con sus certezas y sobre todo con sus dudas, sea hoy especialmente necesaria para ense&ntilde;arnos a caminar, a pesar de los inevitables tropiezos, entre el humo y la neblina.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/caminar-neblina-poesia-robert-frost_132_3222064.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Aug 2017 18:40:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Caminar entre el humo y la neblina: la poesía de Robert Frost]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra los libros ilustrados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/libros-ilustrados_132_3239409.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/63a1f0e4-e84f-4855-874b-66343eb63cd2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Don Quijote de la Mancha, Imprenta Real, Madrid, 1798."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A pesar de ser una práctica frecuente, la ilustración de libros ha suscitado y suscita controversias entre escritores, editores y lectores</p></div><p class="article-text">
        Una amiga tiene en su biblioteca personal una magn&iacute;fica edici&oacute;n de bolsillo ilustrada de Don Quijote de la Mancha, publicada por la Imprenta Real de Madrid en 1798. Es de bolsillo por su manejable tama&ntilde;o, e ilustrada porque contiene una &uacute;nica ilustraci&oacute;n en cada uno de sus seis vol&uacute;menes. Al pensar en esos dibujos, tan espl&eacute;ndidos en su soledad, me pregunt&eacute; qu&eacute; pintaban ah&iacute;; y, por extensi&oacute;n, qu&eacute; aportan las ilustraciones a una novela.
    </p><p class="article-text">
        A Edward Hopper, c&eacute;lebre pintor &ndash;y no tan conocido ilustrador&ndash;, se le atribuye esta frase: &laquo;Si pudiera decirlo con palabras no habr&iacute;a raz&oacute;n para pintarlo&raquo;. A falta de palabras para expresarse, Hopper cre&oacute; im&aacute;genes que, en su enigm&aacute;tica transparencia, son irreductibles a palabras. Pero si en una novela se expone algo con precisi&oacute;n y belleza por medio de las palabras, las ilustraciones no ser&aacute;n m&aacute;s que un mero subrayado (o, en el peor de los casos, un estorbo). Palabra e imagen son dos modos de expresi&oacute;n paralelos, destinados a no encontrarse, pues, como se&ntilde;ala Pascal Quignard, &laquo;lo propio de los signos escritos es no mostrar lo que designan; significan; reinan en lo que no puede mostrarse&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        A su editor Georges Charpentier, que con insistencia le reclamaba una edici&oacute;n ilustrada de una de sus novelas, el escritor Gustave Flaubert le espet&oacute;: &laquo;La ilustraci&oacute;n es antiliteraria. Usted pretende que el primer imb&eacute;cil de turno dibuje aquello que me he matado por no mostrar&raquo;[1]. Quignard apuntala la idea: &laquo;La ilustraci&oacute;n &ldquo;mata&rdquo; las palabras, en tanto pretende recuperar lo que &eacute;stas hab&iacute;an abstra&iacute;do de la inmediatez continua para reintroducirlo en el universo f&iacute;sico&raquo;. La contundente opini&oacute;n de Flaubert puede encontrar otra justificaci&oacute;n en el an&aacute;lisis que sobre su estilo hizo Marcel Proust:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        &laquo;En mi opini&oacute;n, lo m&aacute;s bello de La educaci&oacute;n sentimental no es una frase, sino un espacio en blanco. A lo largo de innumerables p&aacute;ginas Flaubert ha descrito los movimientos m&aacute;s insignificantes de Fr&eacute;d&eacute;ric Moreau, y entonces nos cuenta que Fr&eacute;d&eacute;ric ve que un polic&iacute;a carga, espada en mano, contra un rebelde que cae muerto: &ldquo;Y Fr&eacute;d&eacute;ric, boquiabierto, reconoci&oacute; a S&eacute;n&eacute;cal&rdquo;. A continuaci&oacute;n, un &ldquo;espacio en blanco&rdquo;, un inmenso &ldquo;espacio en blanco&rdquo; y, de pronto, sin la m&aacute;s leve transici&oacute;n, el tiempo no se mide ya en cuartos de hora sino en a&ntilde;os, en decenas de a&ntilde;os: reproduzco de nuevo las &uacute;ltimas palabras que acabo de citar con el fin de mostrar este extraordinario cambio de velocidad para el que no hab&iacute;a ninguna preparaci&oacute;n: &ldquo;Y Fr&eacute;d&eacute;ric, boquiabierto, reconoci&oacute; a S&eacute;n&eacute;cal. Viaj&oacute;. Lleg&oacute; a conocer la melancol&iacute;a del barco de vapor, el fr&iacute;o despertar en la tienda de campa&ntilde;a,&hellip;&rdquo;&raquo;[2]
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo ilustrar ese &laquo;espacio en blanco&raquo;? &iquest;Puede condensarse en una sola imagen (o mil, si prefiere)? &iquest;Merece la pena siquiera intentarlo? Suavizando la enmienda a la totalidad que proponen Flaubert y Quignard, se puede afirmar que hay palabras, frases, (elipsis), novelas enteras, irreductibles a im&aacute;genes. Una novela ilustrada s&oacute;lo tendr&iacute;a alg&uacute;n sentido si las palabras fueran insuficientes para expresar lo que su autor pretend&iacute;a. Pero en un caso as&iacute;, la novela no merece ser ilustrada sino olvidada.
    </p><p class="article-text">
        Aunque tambi&eacute;n es cierto que, como dijo el estadista George W. Bush, &laquo;una de las mejores cosas de los libros es que a veces uno encuentra en ellos magn&iacute;ficas ilustraciones&raquo;.
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        [1] La an&eacute;cdota la relata Pascal Quignard en el primer volumen de sus Peque&ntilde;os tratados, espl&eacute;ndidamente editados por la editorial Sexto Piso en 2016.
    </p><p class="article-text">
        [2] Este fragmento de &ldquo;A prop&oacute;sito del estilo de Flaubert&rdquo; de Marcel Proust se encuentra en el maravilloso Breviario de saberes in&uacute;tiles de Simon Leys, publicado por Acantilado en 2016.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/libros-ilustrados_132_3239409.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Aug 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contra los libros ilustrados]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Revista Amberes,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Randy Newman: qué grande es ser norteamericano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/randy-newman-grande-americano_132_3679866.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/91c8c201-8bb7-4171-9db6-73beac416d0e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Randy Newman en 1977. | www.monomusicmag.com"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El compositor que mejor (y más irónicamente) ha retratado la grandeza y la miseria de Estados Unidos publica 'The Randy Newman Songbook', un recopilatorio que reúne 56 de sus mejores canciones</p></div><p class="article-text">
        La noche del 18 de diciembre de 1970, el compositor y cantante estadounidense Randy Newman estaba viendo 'The Dick Cavett Show' en la televisi&oacute;n. Cavett conduc&iacute;a un debate sobre la segregaci&oacute;n racial en el que participaban Lester Maddox (pol&iacute;tico del Partido Dem&oacute;crata), Jim Brown (jugador negro de f&uacute;tbol americano) y Truman Capote (periodista y escritor).
    </p><p class="article-text">
        Maddox, segregacionista ac&eacute;rrimo, se hizo famoso en 1964 cuando, un d&iacute;a despu&eacute;s de la entrada en vigor de la Ley de Derechos Civiles, impidi&oacute;, armado con una pistola, que varios negros entraran en su restaurante Pickrick en Atlanta. En un momento del debate, Cavett llam&oacute; fan&aacute;ticos a quienes, con sus votos, hab&iacute;an convertido a Maddox en gobernador del Estado de Georgia en 1967. Maddox se ofendi&oacute; y abandon&oacute; el plat&oacute; insatisfecho con las disculpas ofrecidas por Cavett.
    </p><p class="article-text">
        Newman odiaba todo lo que defend&iacute;a Maddox, pero le ofend&iacute;a que al gobernador racista no le concedieran la oportunidad de mostrarse como tal. Y entendi&oacute; que un habitante de Georgia pudiera sentirse ofendido por la forma en que fue tratado su gobernador. Newman detect&oacute; ah&iacute; un ejemplo del conflicto entre la gente sencilla de la Am&eacute;rica rural y los presuntuosos intelectuales de las grandes ciudades de la costa Este.
    </p><p class="article-text">
        Hace casi medio siglo ya se percib&iacute;a esa tensi&oacute;n como un campo a explotar electoralmente (de hecho, Cavett sospechaba que la huida de Maddox no era m&aacute;s que una artima&ntilde;a publicitaria). Quiz&aacute; sea interesante comparar las descalificaciones que, desde posturas progresistas, sufrieron los votantes de Maddox con las que sufren hoy quienes, con sus votos, han convertido a Donald Trump en el 45&ordm; presidente de los Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Del recuerdo de ese incidente en 'The Dick Cavett Show' naci&oacute; una de las mejores y m&aacute;s pol&eacute;micas canciones de Newman: '<a href="https://www.youtube.com/watch?v=GWvVTvglsWQ" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rednecks</a>' ('Paletos'), que abr&iacute;a su disco 'Good Old Boys' (Reprise, 1974). Quien canta en 'Rednecks' es un paleto sure&ntilde;o que describe con orgullo la estupidez de los suyos: &laquo;Bebemos demasiado y hablamos demasiado alto / Somos demasiado est&uacute;pidos como para no hacerlo en una ciudad norte&ntilde;a / Y tenemos a los negros a raya&raquo;. El estribillo es demoledor: &laquo;Somos paletos / Y no distinguimos nuestro culo de un agujero en el suelo&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Parece una eleg&iacute;a de la estupidez sure&ntilde;a, situada en un extra&ntilde;o punto intermedio entre el ejercicio de intolerancia de parvulario de Neil Young en 'Alabama' (1972), y la atolondrada idealizaci&oacute;n del 'Sweet Home Alabama' (1974) de Lynyrd Skynyrd.
    </p><p class="article-text">
        Pero cuando apenas queda un minuto de los tres que dura 'Rednecks', el paleto conservador sure&ntilde;o se dirige a los progresistas norte&ntilde;os (los mismos que llaman fan&aacute;ticos, intolerantes a los sure&ntilde;os) para reconocer que &laquo;Aqu&iacute; abajo somos demasiado ignorantes para darnos cuenta / De que el norte liber&oacute; a los negros&raquo;. S&iacute;, les hizo libres para poder encerrarlos en guetos como Harlem (Nueva York), Roxbury (Boston) o Hough (Cleveland), remata el perspicaz paleto.
    </p><p class="article-text">
        En una escucha superficial, las canciones de Newman ofrecen una magn&iacute;fica oportunidad para que los progresistas urbanitas (sus oyentes habituales) se reafirmen en su superioridad moral ante los conservadores de la Am&eacute;rica rural. Pero una escucha atenta siempre pone al descubierto la hipocres&iacute;a de esos progres.
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s de su cancionero, Randy Newman realiza un portentoso y corrosivo retrato de una parte de la sociedad estadounidense que no suele tener protagonismo en la m&uacute;sica popular; porque los protagonistas-narradores habituales de sus canciones no son precisamente ejemplos de virtud: esclavistas que se creen salvadores ('<a href="https://www.youtube.com/watch?v=JI_7AoPjyoA" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sail Away</a>'), xen&oacute;fobos ('<a href="https://www.youtube.com/watch?v=VEOvm1wfqm0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Yellow Man</a>'), paletos orgullosos de su estupidez ('Rednecks'), dips&oacute;manos ('Rollin'), patriotas enloquecidos ('<a href="https://www.youtube.com/watch?v=Kg_LDeUEiWY" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Political Science</a>'), acosadores agazapados ('Suzanne'), politoxic&oacute;manos ('<a href="https://www.youtube.com/watch?v=4cZQRZ9k1Ec" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Guilty</a>'), individuos que se burlan de los ni&ntilde;os ('Short People'), cantantes que se burlan de sus fans ('<a href="https://www.youtube.com/watch?v=Drn9ynL0Wr0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lonely at the Top</a>'), dioses que se burlan de los hombres ('<a href="https://www.youtube.com/watch?v=jTEFvdgGvuA" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">God's Song</a>'), etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        Newman describe con precisi&oacute;n el ambiente costumbrista en el que se mueven unos personajes que, aunque tienen algo de caricatura, est&aacute;n tan bien construidos, son tan veros&iacute;miles que, si el oyente no detecta la iron&iacute;a, es f&aacute;cil que piense que el propio int&eacute;rprete es un racista chovinista borracho.
    </p><p class="article-text">
        Se dec&iacute;a del pintor griego Zeuxis que pintaba racimos de uva con tanta perfecci&oacute;n que los p&aacute;jaros picoteaban en ellos. Randy Newman pinta personajes inmorales con tanta perfecci&oacute;n que los moralistas no s&oacute;lo picotean en ellos, sino que adem&aacute;s creen que esos personajes son el propio int&eacute;rprete, al que tambi&eacute;n quieren picotear.
    </p><p class="article-text">
        Porque una de las claves est&aacute;, precisamente, en la iron&iacute;a (y muchas veces el sarcasmo, la s&aacute;tira) que ba&ntilde;a sus letras. Por medio de la iron&iacute;a nos burlamos de lo que se considera intocable, incuestionable. Si participamos de ella, puede proporcionarnos una manera diferente de ver la realidad. Pero si no conectamos con ella, la iron&iacute;a puede cortocircuitar nuestros h&aacute;bitos mentales y producir rechazo. Newman cree que, cuando una canci&oacute;n funciona, el p&uacute;blico entiende que una cosa es el int&eacute;rprete y otra el personaje que canta. Las pol&eacute;micas en las que se ha visto envuelto demuestran que se equivoca. Newman siempre afirma que no le gusta la pol&eacute;mica, pero reconoce que no puede evitar componer as&iacute;. &laquo;Nunca podr&iacute;a escribir como Elton John aunque lo intentara&raquo;.
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        Pero en sus canciones tambi&eacute;n hay espacio para el romanticismo ('I Think It's Going to Rain'), el amor ('Marie'), el sexo ('<a href="https://www.youtube.com/watch?v=tEGy4fI-2y0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">You Can Leave Your Hat On</a>'), la compasi&oacute;n ('Old Man'), los recuerdos de infancia ('Dixie Flyer') o la cr&iacute;tica social ('<a href="https://www.youtube.com/watch?v=bUXiwvKoksU" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Louisiana 1927</a>'). Eso s&iacute;, siempre con alguna pincelada humor&iacute;stica, unas veces amable, luminosa, otras negr&iacute;sima.
    </p><p class="article-text">
        La mordacidad con la que retrata su pa&iacute;s hace que Newman tenga m&aacute;s fans en Europa. Pero, como dijo una vez, &laquo;me parece que les gusto [a los europeos] porque creen que odio Am&eacute;rica. Qu&eacute; deprimente&raquo;. Ser cr&iacute;tico no implica odiar, y, adem&aacute;s, el antiamericanismo &ndash;como se&ntilde;ala el ensayista e historiador franc&eacute;s Jean-Fran&ccedil;ois Revel&ndash; a veces no es m&aacute;s que una coartada para la irresponsabilidad de los europeos. El uso que Newman hace de la palabra Am&eacute;rica en sus canciones para referirse &uacute;nicamente a Estados Unidos tiene ese doble filo con el que se acaban cortando muchos fan&aacute;ticos de la correcci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Igual que sus canciones revelan la hipocres&iacute;a de los progres americanos cuando juzgan a sus compatriotas conservadores, Newman ha compuesto canciones que resaltan la hipocres&iacute;a de los europeos cuando juzgan a los americanos. Ah&iacute; est&aacute; 'In Germany Before the War', inspirada en el asesino en serie Peter K&uuml;rten &ndash;que inspir&oacute; 'M, el vampiro de D&uuml;sseldorf' (1931), la pel&iacute;cula de Fritz Lang&ndash;, que retrata los primeros indicios del horror que estaba a punto de estallar en Alemania con el auge del nazismo. Pero las letras m&aacute;s expl&iacute;citas y envenenadas est&aacute;n en 'The Great Nations of Europe', donde se describe con sarcasmo a los conquistadores europeos de los siglos XV y XVI como lo que (en buena medida) fueron: unos carniceros.
    </p><p class="article-text">
        Si Newman hubiera cantado en la Atenas del siglo IV AC, Plat&oacute;n le habr&iacute;a censurado sin contemplaciones, pues pensaba que en un Estado bien regulado el arte s&oacute;lo deber&iacute;a proporcionar ejemplos de virtud. Algo parecido debieron pensar un pu&ntilde;ado de guardianes de la moral cuando censuraron la arriba mencionada '<a href="https://www.youtube.com/watch?v=8bfyS-S-IJs" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Short People</a>' en 1977, al pensar que Newman (y no el intolerante personaje creado por &eacute;l) se burlaba de los ni&ntilde;os. &iexcl;No dej&eacute;is que los ni&ntilde;os se acerquen a Randy! Quiz&aacute; en 1995 esos mismos censores cantaron con sus hijos la oscarizada '<a href="https://www.youtube.com/watch?v=JbjIH5pvT5A" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">You've Got a Friend in Me</a>', de la pel&iacute;cula 'Toy Story', que tambi&eacute;n compuso Newman.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque siempre ha contado con la admiraci&oacute;n de la cr&iacute;tica y de otros grandes m&uacute;sicos, su carrera como int&eacute;rprete ha sido mucho menos exitosa (a nivel popular) que como compositor cinematogr&aacute;fico. Pero lo que tienen en com&uacute;n todas sus composiciones es su dominio absoluto de casi todos los g&eacute;neros de la m&uacute;sica popular americana: blues, country, rhythm and blues y jazz v&iacute;a Nueva Orleans, pop del Brill Building, ragtime, americana al estilo de Aaron Copland, etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        Desde su primer disco de estudio en 1968, Newman ha conseguido destilar todos esos estilos en canciones de formato pop con un sonido absolutamente reconocible. En 'The Randy Newman Songbook', el recent&iacute;simo recopilatorio que re&uacute;ne 56 de sus mejores composiciones interpretadas con el &uacute;nico acompa&ntilde;amiento del piano, se hace patente su maestr&iacute;a como compositor total.
    </p><p class="article-text">
        Habr&aacute; quien piense que Newman quiere re&iacute;rse de todos y ponernos a cada uno en nuestro sitio, que es un moralista. Y por supuesto que lo es. Pero no de los que prescriben, de los que nos dicen c&oacute;mo debemos ser, porque se creen capaces de distinguir con nitidez lo que est&aacute; bien y lo que est&aacute; mal. Randy Newman es un moralista que describe a los hombres y sus costumbres; y, como todo gran conocedor de la naturaleza humana, sabe transmitir lo defectuosa que puede llegar a ser. Por eso sus canciones, adem&aacute;s de emocionarnos o divertirnos, tambi&eacute;n nos pueden ense&ntilde;ar a juzgar menos a los dem&aacute;s y ser m&aacute;s compasivos. Y eso s&oacute;lo est&aacute; al alcance de los genios.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/randy-newman-grande-americano_132_3679866.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Dec 2016 18:19:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Randy Newman: qué grande es ser norteamericano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Revista Amberes,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Prejuicios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/prejuicios_132_3929895.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/adc2988c-73fc-415b-9090-d2a12de5a2a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Elliott Erwitt, North Carolina, USA, 1950."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los prejuicios no sólo están hechos de palabras, también de silencio.</p></div><p class="article-text">
        Sin prejuicios no podr&iacute;amos vivir. Son una forma de intentar acotar nuestro mundo, de hacerlo m&aacute;s manejable. No tenemos ni tiempo ni capacidad para conocer todos los detalles de todo lo que nos rodea, y por eso ponemos l&iacute;mites, creamos categor&iacute;as, construimos prejuicios.
    </p><p class="article-text">
        Los prejuicios son juicios previos, generalmente negativos, que empleamos para caracterizar a un grupo &ndash;y cada uno de sus componentes&ndash; por su identidad &eacute;tnica, nacional, cultural, ideol&oacute;gica, sexual, etc. Son una mezcla de creencias (estereotipos), emociones (miedo, envidia, etc.) y predisposici&oacute;n a la acci&oacute;n (a discriminar). Los prejuicios suelen operar a nivel inconsciente, quiz&aacute; por eso Nietzsche dec&iacute;a que &laquo;todos los prejuicios proceden de los intestinos&raquo;. Si a eso a&ntilde;adimos que son casi siempre negativos es f&aacute;cil entender por qu&eacute; nos cuesta tanto reconocer que tenemos algunos.
    </p><p class="article-text">
        Pensadores conservadores como Edmund Burke, Joseph de Maistre o Johann Gottfried von Herder han defendido la necesidad de los prejuicios, en tanto herramientas necesarias para preservar una supuesta pureza de la propia identidad cultural, nacional, etc., frente al Otro, al que es diferente. Herder lleg&oacute; a afirmar en su 'Filosof&iacute;a de la Historia' que &laquo;el hombre se ennoblece por medio de bellos prejuicios&raquo;. Frente a la raz&oacute;n abstracta de ra&iacute;z ilustrada, los conservadores opon&iacute;an las creencias y los &laquo;bellos prejuicios&raquo; que se derivan de las tradiciones. Para pensadores como Burke, el intento de justificar racionalmente nuestras creencias m&aacute;s &iacute;ntimas y necesarias podr&iacute;a conllevar su ruina. Y supongo que ese ser&iacute;a el preludio de la destrucci&oacute;n de la sociedad que las crea y mantiene.
    </p><p class="article-text">
        Esa tradici&oacute;n del pensamiento conservador sigue viva en fil&oacute;sofos actuales como Roger Scruton. En nuestras sociedades amordazadas por lo pol&iacute;ticamente correcto, una defensa del prejuicio no es una simple provocaci&oacute;n, es tambi&eacute;n una demostraci&oacute;n de que se puede ser cr&iacute;tico desde posiciones conservadoras. Toda una advertencia para quienes, desde cierta progres&iacute;a &ndash;y ahogados en su soberbia intelectual y cautivos de prejuicios ideol&oacute;gicos&ndash;, creen detentar el monopolio del pensamiento cr&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La defensa del prejuicio surge como reacci&oacute;n contra la fe en la raz&oacute;n del movimiento ilustrado, que conceb&iacute;a la historia como el lugar donde se rompe progresivamente con la tradici&oacute;n y la costumbre por medio de la reflexi&oacute;n cr&iacute;tica racional. El progreso de la humanidad depende en gran medida de la demolici&oacute;n de los prejuicios. Por eso Voltaire, figura medular de la Ilustraci&oacute;n, dijo en su 'Poema sobre la Ley Natural' que &laquo;los prejuicios son la raz&oacute;n de los tontos&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Me parece un tanto ingenuo creer que el pensamiento, por s&iacute; mismo, puede acabar con los prejuicios. Grandes pensadores han llegado a conclusiones absolutamente contradictorias respecto a la naturaleza y la necesidad de los prejuicios. Esto s&oacute;lo nos dice que la soluci&oacute;n no es f&aacute;cil de encontrar (suponiendo que exista), lo cual no implica que debamos abandonar la tarea de reflexionar sobre los prejuicios; al contrario, deber&iacute;a servirnos como est&iacute;mulo para intentar acabar con aquellos que dificulten o impidan la convivencia.
    </p><p class="article-text">
        La mayor parte de los prejuicios se construyen sobre la creencia antiintelectualista de que &laquo;las cosas son m&aacute;s sencillas de lo que creemos&raquo;; es el &laquo;no le des m&aacute;s vueltas, todos los X son iguales&raquo; (donde esa &laquo;X&raquo; se puede sustituir por &laquo;los pol&iacute;ticos&raquo;, &laquo;las religiones&raquo;, &laquo;los murcianos&raquo; o lo que usted desee). Tras la indigencia (y la pereza) intelectual de quien dice cosas as&iacute;, se esconde adem&aacute;s la soberbia del que cree que los dem&aacute;s son idiotas por no darse cuenta de algo tan sencillo como evidente. Pero los prejuicios tambi&eacute;n se ocultan tras el silencio.
    </p><p class="article-text">
        En su 'Diccionario cr&iacute;tico de mitos y s&iacute;mbolos del nazismo', Rosa Sala Rose cuenta una an&eacute;cdota relacionada con los prejuicios. El 14 de septiembre de 1939, apenas dos semanas despu&eacute;s de que el Tercer Reich comenzara su ataque a Polonia, el corresponsal de la NBC en Alemania, William L. Shirer, mantuvo una conversaci&oacute;n con su criada alemana, asustada por la guerra:
    </p><p class="article-text">
        &ndash; &iquest;Por qu&eacute; los franceses nos est&aacute;n haciendo la guerra? &ndash;pregunt&oacute; la criada.
    </p><p class="article-text">
        &ndash; &iquest;Por qu&eacute; les est&aacute;n haciendo la guerra ustedes a los polacos? &ndash;repliqu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Hum &ndash;dijo ella, con el rostro inexpresivo&ndash;. Pero los franceses son seres humanos &ndash;repuso finalmente.
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Y quiz&aacute; los polacos tambi&eacute;n lo sean &ndash;objet&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Hum &ndash;respondi&oacute; ella, inexpresiva otra vez.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a al comienzo que sin prejuicios no podr&iacute;amos vivir, pero muchos de ellos dificultan o impiden convivir. &iquest;Qu&eacute; hay tras ese &laquo;hum&raquo; de la criada? &iquest;Qu&eacute; creencias, emociones, prejuicios, se esconden tras ese pensamiento inarticulado? Los prejuicios no s&oacute;lo est&aacute;n hechos de palabras, tambi&eacute;n de silencio. Debemos aprender a escuchar a los que callan (incluidos nosotros mismos), aprender a escuchar los prejuicios que se ocultan tras el silencio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/prejuicios_132_3929895.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jun 2016 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Prejuicios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Villasol,Filosofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Violencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/violencia_132_3966868.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d1f7105f-db35-448c-9a76-a27e0d1ed305_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Desastres de la guerra, 81, Fiero monstruo!, 1814-1815. |"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pocos tópicos consiguen falsear y ocultar la realidad como el que dice que "con la violencia no se consigue nada"</p></div><p class="article-text">
        Pocos t&oacute;picos consiguen falsear y ocultar la realidad como el que dice que &laquo;con la violencia no se consigue nada&raquo;. Una interpretaci&oacute;n en clave moral, prescriptiva (&ldquo;con la violencia no se deber&iacute;a conseguir nada&rdquo;), quiz&aacute; tenga m&aacute;s recorrido; pero quien cree que con semejante trivialidad se est&aacute; describiendo un hecho, una realidad, es un iluso y un irresponsable. Iluso porque al desentenderse de la realidad olvida que la violencia ha sido uno de los medios m&aacute;s eficaces para conseguir casi cualquier fin. Irresponsable porque al menospreciar el poder de la violencia est&aacute; cediendo su uso a otros, precisamente a aquellos que quiz&aacute; ya la est&eacute;n usando para conseguir sus objetivos, por ejemplo los estados.
    </p><p class="article-text">
        El poder forma parte de la esencia de cualquier estado. Y nada es tan corriente como la combinaci&oacute;n de poder y violencia. Como se&ntilde;alaba el soci&oacute;logo C. Wright Mills, toda pol&iacute;tica es la lucha por el poder, y el &uacute;ltimo g&eacute;nero de poder es la violencia; una idea vinculada con la c&eacute;lebre formulaci&oacute;n de Max Weber: &ldquo;El Estado es la &uacute;nica fuente del &rdquo;derecho&ldquo; a la violencia&rdquo;. La violencia es la herramienta de control y dominio m&aacute;s potente de que disponen los estados; y lo es hasta el punto que los estados se atribuyen (se conceden a s&iacute; mismos) el uso leg&iacute;timo de la violencia, y no est&aacute;n dispuestos a renunciar a ese monopolio de ninguna manera. Es f&aacute;cil ver que eso es as&iacute; al pensar en las acciones que los cuerpos y fuerzas de seguridad pueden llevar a cabo, desde las m&aacute;s cotidianas y/o necesarias (leg&iacute;timas, si nos ponemos weberianos) hasta su participaci&oacute;n en actos de terrorismo de Estado, esa violencia ileg&iacute;tima que no siempre es considerada, juzgada y condenada como tal (un ejemplo de ello es el <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/sociedad/Caso-Almeria-verguenzas-Transicion_0_513049551.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Caso Almer&iacute;a</a>, del cual se cumplieron 35 a&ntilde;os recientemente).
    </p><p class="article-text">
        Pero no creo que la violencia que ejercen los estados se pueda reducir a esos actos de violencia visible, sea leg&iacute;tima o ileg&iacute;tima. La violencia tambi&eacute;n se ejerce a trav&eacute;s de leyes como la Ley Mordaza (la Ley Org&aacute;nica 4/2015, de 30 de marzo, de protecci&oacute;n de la seguridad ciudadana), algunas de cuyas disposiciones lesionan el derecho de defensa y la presunci&oacute;n de inocencia, el derecho a la intimidad y a la libertad personal, o el derecho a la informaci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; no se puede interpretar que eso es violencia contra la ciudadan&iacute;a? Por no hablar de todo el entramado de leyes aprobado en la pasada legislatura (de 2011 a 2015) que ha convertido a Espa&ntilde;a en el segundo pa&iacute;s de la OCDE donde m&aacute;s ha crecido la desigualdad desde el inicio de la crisis.
    </p><p class="article-text">
        Pero la violencia de la que se suele hablar &ndash;y no s&oacute;lo en los medios de comunicaci&oacute;n&ndash; no es la que ejercen los estados, la violencia sist&eacute;mica, sino la que padecen los propios estados &ndash;y, evidentemente, los ciudadanos&ndash;, como por ejemplo la de los disturbios civiles. Seg&uacute;n el fil&oacute;sofo Slavoj &#381;i&#382;ek debemos aprender a distinguir esa violencia &ldquo;subjetiva&rdquo;, directamente visible, ejercida por alguien identificable de inmediato, de la violencia &ldquo;objetiva&rdquo;, la que genera el propio sistema, que &#381;i&#382;ek identifica con &ldquo;las consecuencias a menudo catastr&oacute;ficas del funcionamiento homog&eacute;neo de nuestros sistemas econ&oacute;mico y pol&iacute;tico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La violencia subjetiva se percibe sobre un nivel cero de violencia; es una perturbaci&oacute;n del estado normal de cosas. As&iacute;, violencia subjetiva son los destrozos en el mobiliario urbano que pueden producir unos manifestantes. Es una violencia tan indiscutible e inmediatamente visible como la punta de un iceberg sobre la superficie del mar. La violencia objetiva es la violencia inherente al estado de cosas &ldquo;normal&rdquo;, es la que sostiene el nivel cero de violencia sobre el que se percibe la violencia subjetiva; la parte sumergida del iceberg, que existe a pesar de no ser directamente visible. Es, por ejemplo, la violencia de las leyes que mencionaba m&aacute;s arriba. &iquest;Acaso no es violencia un desahucio, paradigma de la complicidad habitual entre el sistema pol&iacute;tico (los legisladores) y el sistema econ&oacute;mico (las entidades bancarias) que aplasta a los ciudadanos?
    </p><p class="article-text">
        El psiquiatra James Gilligan, director del Centro para el Estudio de la Violencia de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, se&ntilde;ala que los actos violentos de los individuos suelen ser una respuesta a la falta de respeto, la humillaci&oacute;n y la p&eacute;rdida de reconocimiento (sea real o no), un intento por recuperar el orgullo lesionado. En ese sentido parece f&aacute;cil entender que la desigualdad puede ser una de las causas de los actos violentos, pues la desigualdad produce en quien la padece dolorosos sentimientos de humillaci&oacute;n de manera casi inevitable. Esto no implica que todas las personas que sufren la desigualdad (que limita o directamente elimina la movilidad social, contribuye a empeorar la salud f&iacute;sica y mental, y a reducir la esperanza de vida, que hace que se resienta el rendimiento acad&eacute;mico, etc.) reaccionen violentamente; porque lo m&aacute;s habitual es que la humillaci&oacute;n, el miedo, etc. anulen o paralicen.
    </p><p class="article-text">
        La influencia del entorno en las tasas de violencia &ndash;la relaci&oacute;n entre desigualdad y violencia&ndash; es algo aceptado desde hace tiempo y cuenta con evidencias s&oacute;lidas. En el libro 'Desigualdad. Un an&aacute;lisis de la (in)felicidad colectiva', de Richard Wilkinson y Kate Pickett, se pueden encontrar numerosos estudios que corroboran esa estrecha relaci&oacute;n entre desigualdad y violencia. En ese libro se menciona, entre otros, un estudio dirigido por el soci&oacute;logo Robert J. Sampson y sus colegas de la Universidad de Harvard en el que &ldquo;han demostrado que las tasas de delitos con violencia son m&aacute;s bajos en sociedades cohesionadas, cuyos residentes mantienen v&iacute;nculos estrechos entre ellos y est&aacute;n dispuestos a trabajar por el bien com&uacute;n, incluso cuando conviven con la pobreza, la experiencia de la violencia pasada o la concentraci&oacute;n de inmigrantes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hannah Arendt afirmaba que la violencia puede brotar de la rabia, pero que &eacute;sta &ldquo;no es en absoluto una reacci&oacute;n autom&aacute;tica ante la miseria y el sufrimiento como tales; nadie reacciona con rabia ante una enfermedad incurable, ante un terremoto o, por lo que nos concierne, ante condiciones sociales que parecen inmodificables. La rabia s&oacute;lo brota all&iacute; donde existen razones para sospechar que podr&iacute;an modificarse esas condiciones y no se modifican&rdquo;. La desigualdad (un ejemplo de la violencia objetiva, sist&eacute;mica, que provocan los gobiernos neoliberales) correlaciona estrechamente con la violencia subjetiva. Que los ciudadanos tengamos que soportar la demonizaci&oacute;n de la violencia subjetiva por parte de quienes administran a diario la violencia objetiva es algo llamativo. Y asumiendo el t&oacute;pico de que &ldquo;con la violencia no se consigue nada&rdquo; quiz&aacute; estamos aceptando inconscientemente no s&oacute;lo que sigan ejerciendo sin l&iacute;mites esa violencia objetiva, sino tambi&eacute;n nuestra derrota ante ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/violencia_132_3966868.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jun 2016 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Violencia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aburrimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/aburrimiento_132_3999204.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/199a2d4c-21bf-4d46-aff4-384645cebf03_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Paul Gauguin, &#039;Siesta&#039;, 1983."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aburrirse sin buscar desesperadamente la primera salida, sin consumir, es una de las maniobras antisistema más pacíficas y baratas que puedan imaginarse</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">"No me aburro nunca, porque considero que aburrirse es insultarse a sí mismo" (Jules Renard).<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        El aburrimiento es una forma de experimentar el tiempo. Cuando nos aburrimos sentimos el tiempo, tomamos conciencia de su existencia; y esa experiencia puede ser enriquecedora, plena, pero nuestra sociedad la sanciona como algo de lo que hay que huir, un vac&iacute;o que hay que rellenar. El aburrimiento es el mal hecho tiempo; un mal que el capitalismo combate sin descanso, porque todo tiempo no empleado en producir (trabajo) o en consumir (ocio) es tiempo malgastado. Y si dentro del capitalismo es dif&iacute;cil vivir sin trabajar, casi lo es m&aacute;s vivir sin ocio, sin pagar para divertirnos, distraernos, entretenernos, etc., en suma, para no aburrirnos, para evadirnos. Pero &iquest;evadirnos de qu&eacute;? &iquest;De nosotros mismos, quiz&aacute;?
    </p><p class="article-text">
        El diccionario de la RAE dice que el aburrimiento es el &ldquo;cansancio del &aacute;nimo originado por falta de est&iacute;mulo o distracci&oacute;n, o por molestia reiterada&rdquo;. El aburrimiento se presenta como algo negativo: es un cansancio y, por tanto, es indeseable. Y si el aburrimiento sobreviene porque fuera de nosotros hay una carencia (de est&iacute;mulos o distracciones) o un exceso de algo (molestias inducidas, por ejemplo, por las personas aburridas), el remedio est&aacute; claro y, sea cual sea nuestra necesidad, la industria del entretenimiento nos lo puede proporcionar. Posiblemente todos tengamos un vac&iacute;o interior, pero &iquest;por qu&eacute; debemos rellenarlo consumiendo?
    </p><p class="article-text">
        La creatividad y los recursos que emplea el capitalismo para evitar que nos precipitemos en las simas del aburrimiento son abrumadores, y superan con mucho los que destina a erradicar la desigualdad social, el hambre o las consecuencias del cambio clim&aacute;tico. Es casi un dogma que el aburrimiento es un mal y que debe ser combatido, pero la batalla que el capitalismo libra contra &eacute;l es pura apariencia. Como dec&iacute;a mordazmente el ilustrado Paul Henri Thiry, Bar&oacute;n de Holbach, &ldquo;el aburrimiento es la base del comercio&rdquo;, &ldquo;el aguij&oacute;n que hace caminar al mundo&rdquo;. Si el aburrimiento no existiera el capitalismo se hundir&iacute;a; por eso casi se podr&iacute;a decir que el aburrimiento, tal como se concibe hoy, es un invento capitalista.
    </p><p class="article-text">
        El capitalismo ha conseguido convertir el aburrimiento en negocio, pero &iquest;por qu&eacute; arrendamos el solar de nuestro aburrimiento y, en lugar de cobrar por &eacute;l, tenemos que pagar? Quiz&aacute; sea hora de reconquistar ese espacio interior hecho de tiempo, de hacernos fuertes en &eacute;l, y no cederlo tan inconscientemente. Visto de esa manera, aburrirse sin buscar desesperadamente la primera salida, sin consumir, es una de las maniobras antisistema m&aacute;s pac&iacute;ficas y baratas que puedan imaginarse. As&iacute; lo sintetizaba Milan Kundera: &ldquo;Aquellos que se resisten a los placeres organizados son desertores de la gran lucha com&uacute;n contra el aburrimiento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero si queremos ser radicales &ndash;ir a la ra&iacute;z del asunto&ndash;, la primera pregunta que deber&iacute;amos formularnos quiz&aacute; sea la siguiente: &iquest;Por qu&eacute; debemos considerar que el aburrimiento es un mal, casi un delito, y no un bien, una liberaci&oacute;n, una oportunidad para mirar y habitar la realidad de una manera renovada, fresca? Se puede pensar que la causa de nuestro aburrimiento proviene del exterior, pero su origen est&aacute; realmente en nosotros mismos. Dylan Thomas lo condensaba en una hermosa f&oacute;rmula bumer&aacute;n: &ldquo;Alguien me est&aacute; aburriendo. Creo que soy yo&rdquo;. Que el aburrimiento sea algo negativo o positivo depende, en gran medida, de nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Siempre me sorprenden aquellos que, para huir del aburrimiento, justifican la necesidad de estar continuamente haciendo cosas diciendo que la vida es corta y hay que aprovecharla al m&aacute;ximo. Si se pararan a pensar quiz&aacute; llegar&iacute;an a la misma conclusi&oacute;n que Jules Renard: &ldquo;La vida es corta, pero el aburrimiento la alarga&rdquo;. As&iacute; que, querido lector, si quiere vivir m&aacute;s, tiene mucho tiempo que perder: ab&uacute;rrase, repli&eacute;guese sobre s&iacute; mismo; sentir&aacute; c&oacute;mo el tiempo se desprende de su existencia y se detiene, se hace materia y le envuelve. El aburrimiento es el camino m&aacute;s corto para acercarnos a la inmortalidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/aburrimiento_132_3999204.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 May 2016 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Aburrimiento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Villasol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Viaje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/viaje_132_4040194.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c4b2e7ad-3d17-4bab-af49-b43e8c539aee_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Subiendo al Sacromonte. | JORGE VILLASOL"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La importancia de un viaje no reside únicamente en los espacios o los tiempos empleados para recorrerlos y habitarlos.</p></div><p class="article-text">
        Todo viaje aut&eacute;ntico brota de un cierto inconformismo hacia la realidad cotidiana y busca trascenderla, adentr&aacute;ndose en el terreno de lo que, visto desde el punto de partida, s&oacute;lo es una constelaci&oacute;n de posibilidades. El viaje surge del deseo o la necesidad de explorar el mundo de lo posible que se extiende m&aacute;s all&aacute; del mundo de lo real. Por eso tiene algo de fallido todo viaje en el que uno solamente encuentra lo que esperaba encontrar.
    </p><p class="article-text">
        La globalizaci&oacute;n ha contribuido a que viajar sea relativamente asequible (y, casi en proporci&oacute;n directa, muy da&ntilde;ino para el medio ambiente). De ah&iacute; parece haber derivado una exigencia, casi una imposici&oacute;n, de tal modo que la renuncia a viajar se presenta a veces como una renuncia a acumular experiencias, a vivir. Creo que es una idea equivocada. La riqueza y la intensidad de las experiencias vividas, la plenitud personal que sea posible alcanzar a trav&eacute;s de ellas, no se puede medir en metros o en segundos, es irreductible a lo cuantitativo.
    </p><p class="article-text">
        La importancia de un viaje no reside &uacute;nicamente en los espacios o los tiempos empleados para recorrerlos y habitarlos. Estoy convencido de que lo decisivo es la mirada, cuando deja de centrarse en uno mismo y dirige su atenci&oacute;n al entorno, cuando se detiene en los lugares y atrapa el tiempo y el movimiento. El fil&oacute;sofo franc&eacute;s Alain (pseud&oacute;nimo de &Eacute;mile-Auguste Chartier) escribi&oacute; que para &eacute;l &laquo;viajar es andar un metro o dos, pararse y volver a mirar un nuevo aspecto de las mismas cosas. Con frecuencia, el sentarse un poco a la derecha o a la izquierda lo cambia todo, m&aacute;s que si me hubiera alejado cien kil&oacute;metros&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La compulsi&oacute;n por coleccionar vivencias puede aturdirnos hasta el punto de que no dejen rastro alguno en nosotros. Supongo que todos hemos conocido a alguna persona a la que sus continuos viajes parecen no haberle servido de nada (salvo quiz&aacute; para acumular fotograf&iacute;as). S&eacute;neca cuenta que a una persona que se lamentaba de lo in&uacute;til de sus viajes, S&oacute;crates le espet&oacute;: &laquo;No sin raz&oacute;n te ha sucedido esto, ya que viajabas en compa&ntilde;&iacute;a de ti mismo&raquo;. Si queremos que la experiencia del viaje sea plena, quiz&aacute; debamos estar dispuestos a dejar algo de nosotros mismos en el camino. Esos intersticios ser&aacute;n ocupados lentamente por las experiencias vividas una vez hayan reposado en nosotros. El viaje aut&eacute;ntico no finaliza con el regreso.
    </p><p class="article-text">
        A veces los viajes m&aacute;s importantes &ndash;y de los que uno guarda mejores recuerdos&ndash; son los que a priori parecen menos atractivos. Mi &uacute;ltima experiencia no despertar&aacute; la envidia de casi nadie, pues fue como profesor &ndash;junto con dos fant&aacute;sticos compa&ntilde;eros&ndash; en un viaje de estudios de seis d&iacute;as a Sevilla, C&oacute;rdoba y Granada con cincuenta y dos alumnos de 4&ordm; ESO del instituto de Santander en el que actualmente trabajo. &iquest;C&oacute;mo es posible disfrutar de un viaje as&iacute;, en el que el peso de la responsabilidad &ndash;respecto a los propios alumnos, a sus familias y al centro educativo al que se est&aacute; representando&ndash; es tan grande? Porque, como en todo viaje aut&eacute;ntico, lo que encontr&eacute; fue mucho mejor de lo que esperaba encontrar; y eso se debi&oacute;, evidentemente, a los alumnos, porque su comportamiento fue ejemplar.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; no pude mirar con mis propios ojos todo lo que vi &ndash;como sucede cuando uno viaja sin ataduras&ndash;, pero a cambio tuve la suerte incre&iacute;ble de mirar con los ojos de unos alumnos magn&iacute;ficos: recorriendo Sevilla bajo una lluvia fin&iacute;sima pero tenaz, compartiendo el ligero sopor que nos invadi&oacute; a casi todos visitando el Museo Arqueol&oacute;gico de C&oacute;rdoba (ten&iacute;amos excusa, entramos poco despu&eacute;s de comer), riendo sin parar con las hilarantes an&eacute;cdotas que un alumno nos cont&oacute; un d&iacute;a en el autob&uacute;s, subiendo al Sacromonte para ver Granada a nuestros pies, observando c&oacute;mo algunos no paraban de hacerse <em>selfies</em> en los jardines del Generalife de la Alhambra y c&oacute;mo otros descubr&iacute;an, asombrados, la belleza irrepetible de los Palacios Nazar&iacute;es&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Cualquier enumeraci&oacute;n de las experiencias de un viaje, por muy exhaustiva y detallada que sea, siempre ser&aacute; parcial, y fracasar&aacute; en su intento de transmitir las emociones vividas. Por eso no se me ocurre mejor forma de resumir mi experiencia de ese viaje &ndash;y de dar las gracias a mis alumnos y mis dos compa&ntilde;eros&ndash; que apropi&aacute;ndome de las palabras de Marcel Proust: &laquo;El &uacute;nico viaje verdadero, el &uacute;nico ba&ntilde;o de juventud, no ser&iacute;a ir hacia nuevos paisajes, sino tener otros ojos, ver el universo con los ojos de otro, de otros cien, ver los cien universos que cada uno de ellos ve, que cada uno de ellos es&raquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/viaje_132_4040194.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Apr 2016 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Viaje]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/leer_132_4079548.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1c72c7c3-ecbc-4729-ba5d-bd25d7d53120_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Théodore Roussel, &#039;Lesendes Mädchen&#039; (La Lectora), 1886-87."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Realmente</p><p class="subtitle">sabemos</p><p class="subtitle">leer?</p></div><p class="article-text">
        En las <em>Conversaciones con Goethe</em> que compil&oacute; J.P. Eckermann, el genial autor alem&aacute;n dijo que &laquo;la gente no tiene ni idea del tiempo y el esfuerzo que le cuesta a uno <em>aprender a leer</em>. A m&iacute; me han hecho falta ochenta a&ntilde;os, y ni siquiera hoy podr&iacute;a afirmar que he alcanzado mi objetivo&raquo;. No debe ser muy frecuente que la gente ponga en duda si <em>sabe</em> leer. Pero si un gigante como Goethe no lo ten&iacute;a del todo claro, quiz&aacute; no sea descabellado que nos preguntemos si realmente <em>sabemos</em> leer.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es leer? &iquest;Qu&eacute; es lo que hace que alguien sea un buen o mal lector? C.S. Lewis comienza <em>La experiencia de leer</em> se&ntilde;alando que el papel de la cr&iacute;tica es juzgar libros, y que de ah&iacute; parece deducirse que el mal lector es el que lee malos libros. Lo que se propone Lewis es darle la vuelta al argumento y fijar su atenci&oacute;n no en los libros sino en los lectores o en los tipos de lectura. As&iacute; podr&iacute;amos decir que, antes de comenzar a leer cualquier cosa (novela, ensayo, poes&iacute;a, c&oacute;mic, revista&hellip; o incluso un art&iacute;culo como &eacute;ste), todos tenemos una disposici&oacute;n general, una actitud hacia la lectura. A partir de la articulaci&oacute;n de esa idea, Lewis da el salto para hablar de buenos y malos lectores, identific&aacute;ndolos con la minor&iacute;a y la mayor&iacute;a, respectivamente. Como yo no estoy capacitado para dar ese salto, me limitar&eacute; a ofrecer algunos apuntes sobre las actitudes hacia la lectura, para que despu&eacute;s usted extraiga las conclusiones que considere oportunas.
    </p><p class="article-text">
        Descartando a aquellos que por el motivo que sea no leen nunca, se podr&iacute;a decir, resumi&eacute;ndolo quiz&aacute; excesivamente, que hay dos actitudes opuestas (extremas) hacia la lectura, que dependen de concebirla como una actividad residual (leer es una forma de matar el tiempo que puede ser abandonada en cualquier momento por cualquier otra cosa) o como una actividad esencial (leer es una necesidad vital, y de manera constante se busca tiempo y un espacio adecuado para dedicarse plenamente a ella). Entre esas dos actitudes me he movido siempre: en ocasiones leer es casi tan necesario como comer, y en otras la excusa m&aacute;s absurda me sirve para abandonar cualquier lectura. Pero a pesar de las posibles variaciones creo que todos tenemos una actitud general, m&aacute;s o menos estable, hacia la lectura.
    </p><p class="article-text">
        En esa esquem&aacute;tica caracterizaci&oacute;n de las actitudes ya est&aacute; impl&iacute;cita la respuesta a una pregunta fundamental: para qu&eacute; se lee. Si descartamos a los que leen por obligaci&oacute;n (estudiantes, correctores, etc.), se puede leer para pasar el rato, por placer, para sacar alg&uacute;n tipo de provecho de la lectura (por ejemplo, para ordenar nuestras opiniones y costumbres, como dice Montaigne)... &iquest;Es el prop&oacute;sito con el que se afronta la lectura lo que otorga dignidad al lector? A primera vista los l&iacute;mites entre esos prop&oacute;sitos pueden parecer claros, pero los resultados que se derivan de ellos quiz&aacute; no lo sean tanto. Bien puede suceder que, pretendiendo &uacute;nicamente matar el tiempo, no se disfrute en absoluto (como le ocurre a aquellos que sienten el extra&ntilde;o deber de finalizar un libro que les disgusta), o que se disfrute y adem&aacute;s se aprenda algo esencial con la lectura; y tambi&eacute;n se puede sentir un aburrimiento c&oacute;smico o un placer infinito leyendo cuando s&oacute;lo se pretende alg&uacute;n beneficio de tipo intelectual.
    </p><p class="article-text">
        Lewis hace otra distinci&oacute;n muy interesante: entre los que &laquo;reciben&raquo; la lectura y los que la &laquo;usan&raquo;. Los que &laquo;reciben&raquo; la lectura no son pasivos, sino activos de manera obediente, dejan que el autor se exprese, que desarrolle lo que quiere decir. En <em>El lector com&uacute;n</em>, Virginia Woolf tambi&eacute;n destaca esa idea cuando recomienda que &laquo;no le dictemos al autor; intentemos convertirnos en &eacute;l. Seamos sus compa&ntilde;eros de trabajo y sus c&oacute;mplices. Si nos retraemos y mostramos reparos y cr&iacute;ticas al principio, nos estamos impidiendo sacar el mayor provecho posible de lo que leemos&raquo;. Es decir, primero leer y recibir esas impresiones, ideas, etc. como el que escucha a un amigo; despu&eacute;s dejarlas reposar para, m&aacute;s tarde, volver a ellas ya como juez.
    </p><p class="article-text">
        Crear esa especie de vac&iacute;o mental para recibir plenamente una obra no es una tarea sencilla (a m&iacute; me cuesta much&iacute;simo). Fernando Pessoa lo confirma en el <em>Libro del desasosiego</em>: &laquo;Nunca he podido leer un libro entreg&aacute;ndome a &eacute;l; siempre, a cada paso, el comentario de la inteligencia o de la imaginaci&oacute;n me ha interrumpido la secuencia de la propia narrativa&raquo;; o &laquo;Leo y me abandono, no a la lectura, sino a m&iacute; mismo&raquo;. Leer separando la lectura del juicio simult&aacute;neo es muy dif&iacute;cil, pero sus beneficios son evidentes. Leer de ese modo es como el mirar a trav&eacute;s de una ventana diferente en cada lectura: lo que encontremos al otro lado puede gustarnos o no, pero quiz&aacute; descubramos cosas desconocidas e inesperadas que puedan enriquecernos.
    </p><p class="article-text">
        Leer intentando imponerse al autor constantemente, peleando con &eacute;l, exigi&eacute;ndole que diga lo que queremos escuchar (y de la forma en que queremos escucharlo) es entender la lectura como el mirarse en un espejo: s&oacute;lo veremos nuestro propio reflejo, y nada m&aacute;s. Esa es la actitud de los que &laquo;usan&raquo; la lectura, la de los que se preocupan demasiado por hacer algo con aquello que leen, impidiendo que esa obra les llegue, encontr&aacute;ndose &uacute;nicamente a s&iacute; mismos sin ser conscientes de ello. Es la actitud del que s&oacute;lo lee para reafirmarse en lo que ya sabe y para indignarse con los que no piensan como &eacute;l. Georg C. Lichtenberg lo resumi&oacute; en un brillante aforismo: &laquo;Un libro es un espejo; si un mono se mira en &eacute;l, el reflejado no podr&aacute; ser un ap&oacute;stol. No tenemos palabras para hablar de sabidur&iacute;a con el necio. Ya es sabio quien entiende al sabio&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Lewis, para las personas que carecen de sensibilidad literaria, &laquo;la frase &ldquo;Ya lo he le&iacute;do&rdquo; es un argumento inapelable contra la lectura de un determinado libro&raquo;. El contemplar o no la posibilidad de la relectura podr&iacute;a ser otro criterio para distinguir al buen del mal lector. Y aunque yo no tengo nada claro que ese criterio sirva para algo, lo cierto es que leer un libro debe ser una de las pocas actividades que, habiendo producido gran satisfacci&oacute;n una vez, mucha gente rechaza repetir (si ha producido sufrimiento supongo que s&oacute;lo un imb&eacute;cil se embarcar&aacute; en la relectura).
    </p><p class="article-text">
        Igual que habr&aacute; quien, como Lewis, considere que el releer es un h&aacute;bito del buen lector, hay quien afirma que el abandonar las lecturas es propio del mal lector. En ese caso reconozco que soy un mal lector, porque no tengo ning&uacute;n problema en aparcar provisional o definitivamente cualquier lectura incluso aunque &ndash;y s&eacute; que esto puede parecer sorprendente&ndash; est&eacute; disfrutando de ella. Quiz&aacute; por eso me veo reflejado en lo que dice Montaigne en el cap&iacute;tulo titulado &laquo;Los libros&raquo; de <em>Los ensayos</em>: &laquo;En cuanto a las dificultades, si encuentro alguna leyendo, no me como las u&ntilde;as con ellas; las dejo en su sitio tras hacer una carga o dos. Si me plantara en ellas, me perder&iacute;a, y perder&iacute;a el tiempo. Porque tengo el esp&iacute;ritu saltar&iacute;n. Lo que no veo a la primera carga, lo veo menos obstin&aacute;ndome&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otro criterio que se emplea para distinguir al buen del mal lector es el de referirse a la calidad de las lecturas (dif&iacute;cil de medir, si es que es posible) o la cantidad de las mismas (f&aacute;cil de medir, si uno no miente). Tampoco me parece un criterio muy fiable. Se puede leer a muchos autores m&aacute;s o menos indiscutibles &ndash;como Montaigne, Goethe o Pessoa, sin ir m&aacute;s lejos&ndash; y ser un mal lector. Adem&aacute;s creo que a partir de una valoraci&oacute;n err&oacute;nea de esas variables de la cantidad y la calidad de las lecturas se produce una confusi&oacute;n entre lo que caracteriza a la persona erudita y a la persona culta.
    </p><p class="article-text">
        La persona erudita es aquella que, gracias a la lectura incansable, consigue acumular una enorme cantidad de pensamientos ajenos que, por estar superpuestos a los suyos propios, est&aacute;n incomunicados entre s&iacute;, sin relaci&oacute;n ni coherencia alguna. La persona erudita leer&aacute; mucho pero su pensamiento est&aacute; muerto, cubierto por el polvo, fosilizado, como si se tratara de una gran biblioteca desordenada. La persona culta, sin embargo, no se caracteriza por acumular necesariamente grandes cantidades de pensamientos ajenos, sino por establecer de manera constante numerosas conexiones entre ellos y con los suyos propios. La persona culta puede leer muy poco pero su pensamiento est&aacute; vivo, en continua mutaci&oacute;n, fluye, como si fuera una peque&ntilde;a biblioteca perfectamente ordenada que no deja de renovarse.
    </p><p class="article-text">
        En otro de sus c&eacute;lebres aforismos, Lichtenberg dec&iacute;a que &laquo;hay much&iacute;sima gente que lee s&oacute;lo para no tener que pensar&raquo;. Y Arthur Schopenhauer, en el segundo tomo de <em>Parerga y Paralip&oacute;mena</em>, explicaba esa misma idea: &laquo;el <em>mucho </em>leer quita al esp&iacute;ritu toda su elasticidad, como se la quita a un muelle un peso que lo presiona continuamente; y el medio m&aacute;s seguro para no tener pensamientos propios es echar mano de un libro cada vez que se tiene un minuto libre&raquo;. Si se lee mucho pero despu&eacute;s de la lectura uno no medita sobre lo le&iacute;do y se abandona al entretenimiento irreflexivo, se perder&aacute; la capacidad de pensar. Para que, por medio de la lectura, el pensamiento, sin dejar de ser nuestro, se fortalezca, el proceso no debe ser leer&rarr;descansar&rarr;leer, sino leer&rarr;pensar&rarr;leer.
    </p><p class="article-text">
        Llegado a este punto quiz&aacute; ya tenga usted un veredicto sobre si <em>sabe</em> leer o sobre lo que hace de alguien un buen o mal lector. En lo que a m&iacute; respecta, en este camino se me han ido aclarando algunas ideas y oscureciendo otras, aunque tal vez no sean realmente m&iacute;as.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/leer_132_4079548.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Apr 2016 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Leer]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Villasol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fiesta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/fiesta_132_4108035.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bbb484b3-4361-4b4c-a669-ef247af0fbbb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fiesta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En nuestra sociedad se exaltan las bondades del trabajo en grupo, de la creatividad y de la alegría, pero absolutamente nunca para la más genuina confluencia de esos elementos: la fiesta</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Esta &eacute;poca, que exhibe ante s&iacute; misma su tiempo como si fuera el retorno precipitado de una multitud de festividades, es tambi&eacute;n una &eacute;poca sin fiestas&rdquo;&nbsp;(Guy Debord)</em>
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de la historia, la fiesta, como manifestaci&oacute;n superior de la alegr&iacute;a colectiva, ha sido vista por los poderes f&aacute;cticos con recelo e incluso como algo social y pol&iacute;ticamente peligroso. Pero de todas las &eacute;pocas quiz&aacute; sea la nuestra en la que de manera m&aacute;s contradictoria y c&iacute;nica se intenta demonizar cualquier fiesta que no est&eacute; promovida, gestionada y rentabilizada (al menos econ&oacute;micamente) por alguna empresa o instituci&oacute;n p&uacute;blica o privada.
    </p><p class="article-text">
        Cuando digo fiesta me refiero a una actividad colectiva dise&ntilde;ada y ejecutada por los propios participantes (que deben implicarse directamente, ser activos, no meros espectadores) en t&eacute;rminos igualitarios (las jerarqu&iacute;as de cualquier tipo se disuelven), en la que hay m&uacute;sica, baile y/o cante m&aacute;s o menos organizado, y est&aacute; bien visto que los participantes usen intensificadores de la experiencia en estado l&iacute;quido, s&oacute;lido o lo que se tercie. El prop&oacute;sito principal de la fiesta es celebrar la vida en grupo, y por eso siempre ha sido el mejor y m&aacute;s gozoso medio para romper la sensaci&oacute;n de aislamiento del individuo y de reconectarlo con la comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Los rituales bailados prehist&oacute;ricos &ndash;los antecedentes m&aacute;s remotos de la fiesta, de los cuales tenemos registro en pinturas rupestres&ndash; han sido interpretados habitualmente como algo no s&oacute;lo marginal en la vida de nuestros antepasados (la supervivencia es lo &uacute;nico importante) sino tambi&eacute;n como un gasto innecesario de energ&iacute;a (no tanto en la ejecuci&oacute;n como en la preparaci&oacute;n, que dependiendo del caso pod&iacute;a durar meses). Esa interpretaci&oacute;n es producto inequ&iacute;voco de la mentalidad moderna, para la que lo esencial de la vida es &uacute;nicamente el trabajo y la producci&oacute;n de algo &uacute;til. La antropolog&iacute;a funcionalista (y usted perdone las groseras simplificaciones a que me veo obligado por falta de espacio, tiempo y capacidad) corrigi&oacute; en parte esa visi&oacute;n negativa, insistiendo en la funci&oacute;n que las fiestas cumpl&iacute;an de dotar de mayor cohesi&oacute;n al grupo, as&iacute; como de contribuir a aumentar el n&uacute;mero de sus componentes.
    </p><p class="article-text">
        Los rituales bailados &ndash;desde nuestros antepasados prehist&oacute;ricos, hasta la Grecia cl&aacute;sica o la Roma imperial&ndash; serv&iacute;an tambi&eacute;n como medio para comunicarse directamente con la divinidad; de ah&iacute; que muchos fueran rituales ext&aacute;ticos, pues persegu&iacute;an el &eacute;xtasis (es decir, el salir de uno mismo) y el entusiasmo (etimol&oacute;gicamente, tener un dios dentro, sentir una exaltaci&oacute;n por algo que proviene de fuera de nosotros). Como se&ntilde;al&oacute; Aldous Huxley, &ldquo;las danzas rituales suministran una experiencia religiosa que parece m&aacute;s satisfactoria y convincente que ninguna otra&hellip; Es con sus m&uacute;sculos como m&aacute;s f&aacute;cilmente obtienen conocimientos de lo divino&rdquo;. &iexcl;En sus or&iacute;genes la religi&oacute;n era bailada, una fiesta! Basta entrar hoy en una iglesia para confirmar, de manera absolutamente irrefutable, la lastimosa involuci&oacute;n de cualquier culto religioso.
    </p><p class="article-text">
        En sus primeros pasos el cristianismo fue un culto que promocionaba ese tipo de rituales comunitarios y solidarios. Al menos mientras fue un culto reprimido, porque en cuanto se convirti&oacute; en Iglesia oficial sus intereses mutaron milagrosamente. &iquest;Qu&eacute; es eso de comunicarse directamente con la divinidad (y por medio de la juerga, adem&aacute;s)? El negocio cristiano no existir&iacute;a sin toda su ingenier&iacute;a del pecado, la penitencia y el perd&oacute;n, un ciclo econ&oacute;mico perfecto gestionado por la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica. Juan Cris&oacute;stomo, arzobispo de Constantinopla y uno de los cuatro grandes padres orientales de la Iglesia, lo dijo bien claro a finales del siglo IV: &ldquo;donde hay un baile tambi&eacute;n est&aacute; el demonio&rdquo;. De promocionar la fiesta ext&aacute;tica a comenzar a perseguirla de manera m&aacute;s o menos organizada.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, tal como cuenta Barbara Ehrenreich en su muy recomendable libro 'Una historia de la alegr&iacute;a. El &eacute;xtasis colectivo de la Antig&uuml;edad a nuestros d&iacute;as', en las iglesias europeas los bancos s&oacute;lo aparecieron en alg&uacute;n momento del siglo XVIII, lo que implica que hasta entonces los fieles permanecieron de pie y se movieron libremente por el recinto, lo que sin duda favoreci&oacute; din&aacute;micas radicalmente diferentes a las que estamos acostumbrados. Y es que hasta finales de la Edad Media el cristianismo segu&iacute;a siendo, al menos en parte, una religi&oacute;n bailada. A partir del siglo XIII comienza un proceso de desplazamiento de las fiestas en los recintos sagrados a espacios p&uacute;blicos, donde es el pueblo el que se encarga de su gesti&oacute;n (con mayor o menor supervisi&oacute;n de las autoridades eclesi&aacute;sticas); entre ellas el carnaval, quiz&aacute; la fiesta por excelencia.
    </p><p class="article-text">
        La externalizaci&oacute;n y secularizaci&oacute;n de la fiesta forz&oacute; a la Iglesia a dotar de mayor atractivo a sus pl&uacute;mbeas celebraciones, lo que contribuy&oacute; a llenar el calendario de fiestas (algunas de las cuales siguen vigentes hoy en d&iacute;a). Pero esa convivencia durar&iacute;a poco, pues entre el siglo XVI y el XIX el libre mercado de la juerga ceder&iacute;a ante las presiones del duopolio Iglesia-Estado, que en muchas ocasiones actuaron en comandita para suprimir masivamente las fiestas tradicionales. &iquest;Por qu&eacute;? La explicaci&oacute;n m&aacute;s extendida y mejor fundamentada: la supresi&oacute;n de las fiestas fue un subproducto del capitalismo y la industrializaci&oacute;n. Las clases trabajadoras deb&iacute;an disciplinarse para las interminables jornadas laborales en las f&aacute;bricas o en el campo. Si hay que trabajar todo el a&ntilde;o, no queda mucho tiempo para la jarana.
    </p><p class="article-text">
        En la Edad Moderna, las formas de diversi&oacute;n de las clases altas comienzan a cristalizar en actividades que deben consumirse en silencio, sentado o inm&oacute;vil (como la m&uacute;sica o el ballet). Y ese tipo de festividades, de ocio &ndash;una nueva forma de consumir el tiempo antes destinado a la fiesta&ndash;, en el que el participante suele ser reducido a mero espectador, es esencialmente el que se ha ido imponiendo hasta la actualidad, extendi&eacute;ndose a todas las clases sociales. Salvo alguna excepci&oacute;n &ndash;convenientemente domesticada, como es ahora el carnaval o sus suced&aacute;neos como Halloween&ndash; nos dedicamos a consumir, casi inm&oacute;viles y en silencio, diferentes formas de entretenimiento comercial perfectamente dosificadas y programadas, desde conciertos a acontecimientos deportivos. Nuestra sociedad (nosotros) ya no generamos actividades masivas destinadas a celebrar la vida, a fomentar la alegr&iacute;a colectiva. S&oacute;lo consumimos las que nos ofrecen. Como dice Debord vivimos en una &eacute;poca sin fiestas.
    </p><p class="article-text">
        La &eacute;tica protestante que ha conquistado el mundo occidental no deja espacio para otra cosa que no sea trabajar. Y la sociedad actual ha llegado a un punto de perversi&oacute;n tan escandaloso que los medios de comunicaci&oacute;n &ndash;aliados con los poderes econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos de turno&ndash; no dejan de bombardearnos con mensajes que: 1) nos animan a emprender, a esforzarnos, y a demonizar la pereza (o la procrastinaci&oacute;n, como prefieren decir en las revistas de tendencias); y 2) nos muestran los beneficios del optimismo y de la felicidad (aunque seas parado de larga duraci&oacute;n, enfermo terminal, refugiado o vivas en la m&aacute;s absoluta miseria). Se exaltan las bondades del trabajo en grupo, de la creatividad y de la alegr&iacute;a, pero absolutamente nunca para la m&aacute;s genuina confluencia de esos elementos: la fiesta. &iquest;C&oacute;mo es posible que nos dejemos enga&ntilde;ar de esa manera tan burda?
    </p><p class="article-text">
        Reivindicar la fiesta quiz&aacute; pueda parecer una ocurrencia fuera de lugar, m&aacute;s en momentos de crisis econ&oacute;mica, social, pol&iacute;tica, etc. Pero en una sociedad como la nuestra, tan individualista (donde lo &uacute;nico que cuenta es la felicidad individual) y tan profundamente jerarquizada (en la que la imparable desigualdad esclerotiza la movilidad social y nos subsume en estructuras neofeudales), quiz&aacute; deber&iacute;amos tomar muy en serio la promoci&oacute;n de cualquier forma de fiesta, de alegr&iacute;a colectiva, que no da&ntilde;e a los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Si este art&iacute;culo le ha despertado un poco de inter&eacute;s y comienza a interesarse por la historia de la fiesta (le aseguro que el tema es inagotable y la bibliograf&iacute;a es generosa y muy interesante) quiz&aacute; llegue a una de las conclusiones a la que he llegado yo: el elemento m&aacute;s hostil contra la alegr&iacute;a colectiva no es la religi&oacute;n o el capitalismo, sino la jerarqu&iacute;a social. En t&eacute;rminos abstractos, la fiesta, como ritual que cohesiona el grupo, no es un problema. S&oacute;lo es percibido como tal si sus promotores y participantes son subordinados, es decir, de las clases trabajadoras para abajo, donde estamos la inmensa mayor&iacute;a. Entonces s&iacute; puede suponer una amenaza, porque la fiesta es el m&aacute;s accesible y asequible medio que tenemos a nuestro alcance para sentir la vida comunitaria y empoderarnos, como se dice ahora.
    </p><p class="article-text">
        Las &eacute;lites siempre han sido conscientes del poder de la fiesta, por eso desde la Iglesia, pasando por revolucionarios como Robespierre o su compinche Saint-Just, hasta los neoliberales que gobiernan hoy el mundo, todos han temido a los grupos que celebran algo al margen de sus directrices. Hist&oacute;ricamente las &eacute;lites han puesto todo su empe&ntilde;o en dirigir o incluso eliminar cualquier grupo de gente que se una para celebrar la vida sin otro prop&oacute;sito aparente (y no hay mejor ejemplo de esto que la colonizaci&oacute;n). Porque intuyen que detr&aacute;s de cualquier fortalecimiento de un grupo m&aacute;s o menos amplio de individuos puede haber, al menos potencialmente, material para una insurrecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las raves &ndash;posiblemente la &uacute;ltima gran fiesta creada por el pueblo&ndash; encontraron un obst&aacute;culo legal en el Reino Unido cuando el gobierno del conservador John Major promulg&oacute; en 1994 la<em> Criminal Justice and Public Order Act</em>, cuya secci&oacute;n 63 convert&iacute;a en ilegal cualquier concentraci&oacute;n de m&aacute;s de diez personas en la que hubiera m&uacute;sica caracterizada por la sucesi&oacute;n de ritmos repetitivos. Basta ese ejemplo para entender que la fiesta, como manifestaci&oacute;n superior de la alegr&iacute;a colectiva, no es precisamente uno de los elementos de cohesi&oacute;n que promueven las &eacute;lites. Lo que promueven son los espect&aacute;culos de masas (la pasividad) y el miedo. Posiblemente no est&eacute; en nuestras manos cambiar el mundo de un d&iacute;a para otro, pero s&iacute; lo est&aacute; el montar una buena fiesta. Y cuando uno se suma a una conga no sabe d&oacute;nde puede acabar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/fiesta_132_4108035.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Mar 2016 10:20:05 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Libertad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/libertad_132_4135061.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f1b3d636-b8ce-4aaf-85f0-8cb924bad98d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La libertad tenía un precio. | JORGE VILLASOL"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Censurar en nombre de la democracia, de la libertad de expresión, requiere tanta habilidad como cinismo</p></div><p class="article-text">
        Los casos que activan los debates sobre la naturaleza y los l&iacute;mites de la libertad de expresi&oacute;n se propagan como incendios: en cuanto uno se extingue, ya se huele la humareda de otro. En esos debates &ndash;tengan lugar en sede parlamentaria, period&iacute;stica, callejera, o en el, desde ese momento, inestable confort del sal&oacute;n comedor&ndash;, suele descollar un individuo que se caracteriza por: 1) su oce&aacute;nico saber (es experto en todo y siente una inextinguible necesidad de levantar acta de ello a cada instante), y 2) su ubicuidad (siempre est&aacute; presente). Detr&aacute;s de tan divina apariencia se suele agazapar la indigencia conceptual (&laquo;las cosas son m&aacute;s sencillas de lo que crees&raquo;), el poder&iacute;o en la argumentaci&oacute;n el&iacute;ptica (&laquo;la libertad de uno acaba donde comienza la del otro&raquo;), y el sentido com&uacute;n de baja intensidad (&laquo;cada uno es libre de decir lo que le d&eacute; la gana&raquo;).
    </p><p class="article-text">
        En cuanto un individuo de esos gestiona el debate sobre la pol&eacute;mica de turno las posiciones intermedias se volatilizan y el mundo se divide en dos: bomberos y pir&oacute;manos. A medida que avanza la discusi&oacute;n surgen dos seres intermedios: los bomberos pir&oacute;manos (dispuestos a apagar la fogata con lanzallamas) y los bomberos toreros (que no sofocan ni avivan el incendio, pero tienen su gracia). Si uno no es un integrista, r&aacute;pidamente intuye que los bomberos, los pir&oacute;manos y los seres intermedios se distribuyen por igual en todo el espectro ideol&oacute;gico. S&iacute;, en los que comparten su ideolog&iacute;a &ndash;y la m&iacute;a, si se diera el caso de que usted y yo no la compartimos&ndash; tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como no tengo respuestas para ninguna de las continuas querellas sobre la libertad de expresi&oacute;n que se suceden casi a diario, a partir de este p&aacute;rrafo comentar&eacute; muy sucintamente la historia del concepto &laquo;libertad de expresi&oacute;n&raquo; y rematar&eacute; el asunto con algunas preguntas. Si me acompa&ntilde;a hasta el final y acaba con m&aacute;s dudas de las que ten&iacute;a cuando comenz&oacute; a leer, ya seremos dos. Y si a medida que avanza se le amontonan las certezas, h&aacute;gamelo saber, porque yo ando muy desorientado en este asunto. &iquest;C&oacute;mo? &iquest;Pretende ejercer de gu&iacute;a jact&aacute;ndose de estar muy desorientado? S&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Como concepto, la libertad de expresi&oacute;n nace con la democracia ateniense (y, por tanto, con la filosof&iacute;a). Los primeros pasos para el establecimiento del concepto est&aacute;n vinculados a la aparici&oacute;n en el siglo VI a.n.e. de la <em>polis</em>, la ciudad-estado, que produce una reconfiguraci&oacute;n del orden social, que comienza a regularse por la <em>isonom&iacute;a</em> (igualdad de participaci&oacute;n de todos los ciudadanos en el ejercicio del poder: igualdad ante la ley) y la <em>isegor&iacute;a</em> (igualdad de derecho para el uso p&uacute;blico de la palabra en la asamblea: libertad de expresi&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Una de las v&iacute;ctimas m&aacute;s conocidas de la censura fue S&oacute;crates, condenado a muerte por pretender introducir nuevos dioses en la ciudad y corromper a los j&oacute;venes; por socavar las costumbres de la <em>polis</em> al promover la discusi&oacute;n, el debate, la argumentaci&oacute;n. Porque S&oacute;crates, adem&aacute;s de notoriamente feo, iba de chulo presumiendo de no saber nada y era de natural pregunt&oacute;n (y, tal como demuestra la conducta de los ni&ntilde;os, las preguntas pueden ser mucho m&aacute;s inquietantes que las respuestas). A su condena contribuy&oacute; de manera decisiva la imagen que se cre&oacute; de &eacute;l como sofista, especialmente gracias a <em>Las nubes</em>, la s&aacute;tira pol&iacute;tica que contra los sofistas y sus ense&ntilde;anzas escribi&oacute; Arist&oacute;fanes. Y precisamente las s&aacute;tiras constituyen uno de los g&eacute;neros (literarios, en artes gr&aacute;ficas, esc&eacute;nicas, etc.) que m&aacute;s han tensado los l&iacute;mites de la libertad de expresi&oacute;n a lo largo de la historia.
    </p><p class="article-text">
        La libertad de expresi&oacute;n comienza a ser considerada un derecho universal con el surgimiento de los estados liberales en el siglo XVIII, siendo recogido en distintos documentos de derecho p&uacute;blico (los art&iacute;culos 10 y 11 de la Declaraci&oacute;n de Derechos del Hombre y del Ciudadano, Francia, 1789; o la Primera Enmienda a la Constituci&oacute;n de los Estados Unidos, 1791), hasta llegar a la Declaraci&oacute;n Universal de los Derechos Humanos promulgada por la ONU en 1948, cuyo art&iacute;culo 19 dice lo siguiente: &laquo;Todo individuo tiene derecho a la libertad de opini&oacute;n y de expresi&oacute;n; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitaci&oacute;n de fronteras, por cualquier medio de expresi&oacute;n&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se justifica la libertad de expresi&oacute;n como derecho? Pues principalmente porque se considera que del ejercicio de ese derecho se derivan consecuencias deseables, como pueden ser: 1) la promoci&oacute;n de la verdad, 2) la promoci&oacute;n de la autonom&iacute;a, y 3) la contribuci&oacute;n al fortalecimiento de virtudes esenciales para la democracia. Visto as&iacute; cuesta creer que la libertad de expresi&oacute;n, en tanto derecho, pueda discutirse. Pero los problemas empiezan precisamente aqu&iacute;, porque a partir de cada una de esas consecuencias deseables, crecen desbocadamente las preguntas y las dudas:
    </p><p class="article-text">
        1) La libertad de expresi&oacute;n es un medio esencial para el descubrimiento y promoci&oacute;n de la verdad:
    </p><p class="article-text">
        a) Pero &iquest;qui&eacute;n y desde qu&eacute; instancia se decide qu&eacute; es verdad? Seg&uacute;n una <a href="http://www.idi.mineco.gob.es/stfls/MICINN/Prensa/NOTAS_PRENSA/2015/Dossier_PSC_2015.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Encuesta de Percepci&oacute;n Social de la Ciencia</a>&nbsp;presentada en abril de 2015, un 27,5% de los espa&ntilde;oles piensa que es el Sol el que gira alrededor de la Tierra y no al rev&eacute;s (en 2006 era el 38,6%, as&iacute; que estamos saliendo de la crisis c&oacute;smica). La libertad de conciencia debe ser inviolable, pero &iquest;se pueden equiparar, por ejemplo en la legislaci&oacute;n educativa, el heliocentrismo y el geocentrismo?
    </p><p class="article-text">
        b) &iquest;C&oacute;mo se pueden regular los &aacute;mbitos y discursos cuyo objetivo no es necesariamente descubrir la verdad, como por ejemplo el humor o el arte? En los pa&iacute;ses democr&aacute;ticos los casos de censura a publicaciones sat&iacute;ricas o a obras de arte son relativamente habituales. &iquest;Se debe poner l&iacute;mite a la libertad de expresi&oacute;n en esos &aacute;mbitos? Hace unos meses escuch&eacute; a un representante pol&iacute;tico afirmar que todo aquello que ofenda a cualquier persona deber&iacute;a ser censurado. Condici&oacute;n sin duda muy exigente, pues sin ir m&aacute;s lejos a m&iacute; esa propuesta me ofende grav&iacute;simamente. A no ser que uno se sienta un Franco en miniatura (valga la redundancia), ser&iacute;a recomendable buscar soluciones m&aacute;s democr&aacute;ticas. Pero &iquest;cu&aacute;les ser&iacute;an esas soluciones si lo que est&aacute; en juego no es el esclarecimiento de la verdad?
    </p><p class="article-text">
        c) Si la verdad puede surgir de una competici&oacute;n de ideas, &iquest;no parten con ventaja los grandes medios de comunicaci&oacute;n y los que los controlan o tienen influencia en ellos? En Espa&ntilde;a, tanto los grandes medios de comunicaci&oacute;n como los principales n&uacute;cleos de influencia intelectual y econ&oacute;mica apuestan diestramente y sin enrojecerse por la asimetr&iacute;a ideol&oacute;gica. Si, como parece evidente, la libertad de mercado de bienes y servicios no impide que existan monopolios u oligopolios, &iquest;c&oacute;mo se puede garantizar el pluralismo en el libre mercado de las ideas? Puesto que los Estados no tienen visos de desaparecer en los pr&oacute;ximos d&iacute;as, su papel en este punto seguir&aacute; siendo decisivo, para bien o para mal (que le pregunten a Edward Snowden).
    </p><p class="article-text">
        2) La libertad de expresi&oacute;n es un instrumento fundamental para la promoci&oacute;n de la autonom&iacute;a (el autogobierno personal, la autonom&iacute;a pol&iacute;tica, etc.). Pero &iquest;qu&eacute; debemos hacer si la afirmaci&oacute;n de esa autonom&iacute;a, propulsada por la libertad de expresi&oacute;n, se concreta en el desprecio a otras personas o colectivos? &iquest;D&oacute;nde ponemos los l&iacute;mites?
    </p><p class="article-text">
        3) La libertad de expresi&oacute;n contribuye a fortalecer virtudes esenciales para la democracia:
    </p><p class="article-text">
        a) Para que los ciudadanos podamos entender y participar en los procesos pol&iacute;ticos, parece imprescindible que se proteja y se promocione la pluralidad en la informaci&oacute;n pol&iacute;tica (y aqu&iacute; le invito a releer lo comentado en el punto 1c). Pero, ampar&aacute;ndose en el derecho a la libertad de expresi&oacute;n, &iquest;se puede extender esa promoci&oacute;n de la pluralidad a otros &aacute;mbitos, tales como la publicidad, la literatura o el cine? &iquest;C&oacute;mo justificar la protecci&oacute;n de la libertad de expresi&oacute;n para la difusi&oacute;n de contenidos pornogr&aacute;ficos, violentos, etc.?
    </p><p class="article-text">
        b) Si uno de los prop&oacute;sitos esenciales de la libertad de expresi&oacute;n es el fomento de virtudes democr&aacute;ticas, &iquest;tiene sentido limitar o incluso censurar los discursos antidemocr&aacute;ticos? &iquest;C&oacute;mo se puede censurar en nombre de la democracia, de la libertad de expresi&oacute;n, sin caer en contradicciones?
    </p><p class="article-text">
        El n&uacute;mero de preguntas a responder sobre el tema de la libertad de expresi&oacute;n crece a medida que uno reflexiona. Y la dificultad no reside en darles respuesta, sino en hacerlo de manera meditada, rigurosa, honesta y al servicio del bien com&uacute;n; tarea que requiere, como condici&oacute;n necesaria, pensar libremente, y no echando mano de los infames argumentarios de los partidos pol&iacute;ticos o su prolongaci&oacute;n informativa en los medios de comunicaci&oacute;n afines.
    </p><p class="article-text">
        Manuel Aza&ntilde;a escribi&oacute; que &laquo;si los espa&ntilde;oles habl&aacute;semos de lo que entendemos, y nada m&aacute;s, habr&iacute;a un gran silencio que podr&iacute;amos aprovechar para el trabajo&raquo;. Eso de emplear el silencio para trabajar no me convence, pero disfrutar de ese silencio por s&iacute; mismo, en toda su extensi&oacute;n y profundidad, haciendo un par&eacute;ntesis en la ensordecedora avalancha de opiniones de la que vivimos rodeados, ser&iacute;a sin duda un gran alivio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/libertad_132_4135061.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2016 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Libertad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Villasol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Deseo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/deseo_132_4185993.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5f406cb4-eabf-45ff-a1e4-952a39cc4671_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="En el umbral de la Habitación de los deseos en &#039;Stalker&#039;."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Se atrevería a entrar en un lugar en el que se le concediera no lo que pida, lo que cree desear, sino su deseo más íntimo, profundo y quizá desconocido?</p></div><p class="article-text">
        Baruch Spinoza, uno de los m&aacute;s grandes fil&oacute;sofos de la historia, dec&iacute;a que no podemos dejar de pensar, pero tampoco podemos dejar de sentir. La raz&oacute;n y los afectos &ndash;el amor, el odio, la compasi&oacute;n, la ira, la esperanza, etc&eacute;tera&ndash; son, y deben ser, complementarios, pues ambos forman parte de nuestra naturaleza. No obstante, lo que nos mueve a actuar no es la raz&oacute;n, sino el deseo, al que los afectos dan forma. Por eso Spinoza afirmaba que el deseo es la esencia humana.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Con&oacute;cete a ti mismo&raquo;, la c&eacute;lebre inscripci&oacute;n que se encontraba en el front&oacute;n del templo de Delfos dedicado al dios Apolo, condensa en apenas cuatro palabras la gran tarea del ser humano. Y para intentar llevar a t&eacute;rmino tan colosal faena, el conocimiento de los deseos no es cosa menor, o dicho de otra manera, es cosa mayor. La raz&oacute;n debe maniobrar sutilmente para conocer &ndash;y colaborar con&ndash; los afectos y deseos que nos mueven, para as&iacute; poder vivir tranquilos e incluso felices.
    </p><p class="article-text">
        La importancia decisiva del autoconocimiento aparece en todas aquellas narraciones en las que sus protagonistas se enfrentan a la situaci&oacute;n de poder realizar sus deseos. Es bien conocido el mito griego del rey Midas, al que no se le ocurri&oacute; otra cosa que pedirle al dios Dioniso que le concediera convertir en dorado oro todo aquello que tocase. Delet&eacute;rea cualidad que, por sus muy funestas consecuencias, es una advertencia para todos los avariciosos que en el mundo son.
    </p><p class="article-text">
        El cuento del frotador de l&aacute;mparas Aladino no acaba tan tr&aacute;gicamente porque, como se sabe, sus apetitos eran de naturaleza dom&eacute;stico-conyugal, a priori menos censurables. Casi todas las f&aacute;bulas de este pelaje est&aacute;n adobadas con un moralismo un tanto indigesto. Por eso yo prefiero historias como esta que Jean-Claude Carri&egrave;re recoge en su fant&aacute;stico libro <em>El c&iacute;rculo de los mentirosos</em>:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;El genio liberado le dice al pescador:
    </p><p class="article-text">
        - Pide tres deseos y yo te los dar&eacute;. &iquest;Cu&aacute;l es el primer deseo?
    </p><p class="article-text">
        - Helo aqu&iacute; &ndash;dijo el pescador&ndash;. Me gustar&iacute;a que me hicieses lo bastante inteligente para hacer una elecci&oacute;n perfecta de los otros dos deseos.
    </p><p class="article-text">
        - Hecho &ndash;dijo el genio&ndash;. Y ahora, &iquest;cu&aacute;les son tus otros deseos?
    </p><p class="article-text">
        El pescador reflexion&oacute; un momento y contest&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        - Gracias. No tengo m&aacute;s deseos&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        He aqu&iacute; un sabroso ejemplo de c&oacute;mo la raz&oacute;n, cooperando con los afectos, satisface inmediatamente un deseo produciendo tranquilidad y felicidad. El &uacute;nico problema: casi parece ciencia-ficci&oacute;n. Y hablando de ciencia-ficci&oacute;n llego a donde quer&iacute;a, porque debo confesarle (y lo hago de buena fe, y confiando en su benevolencia) que yo s&oacute;lo quiero hablar de <em>Stalker</em>, una pel&iacute;cula sovi&eacute;tica, presuntamente de ciencia-ficci&oacute;n, dirigida por Andrei Tarkovski en 1979.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que he escrito toda la parrafada precedente para poder justificar este antojo m&iacute;o, y quiz&aacute; he sido muy torpe en mi proceder, pues: 1) ya he fundido m&aacute;s de la mitad del espacio que se me concede para mis ocurrencias y todav&iacute;a no he dicho nada de <em>Stalker</em>, y 2) no tengo nada claro que lo que he escrito m&aacute;s arriba le anime a continuar; pero como eso depende sobre todo de su voluntad lectora y, en menor medida, de mi habilidad escritora, no pienso enredarme m&aacute;s y doy paso sin m&aacute;s dilaci&oacute;n al siguiente p&aacute;rrafo donde prometo centrarme, si nada me lo impide, en la pel&iacute;cula ya mencionada.
    </p><p class="article-text">
        La acci&oacute;n de <em>Stalker</em> se sit&uacute;a en un tiempo y un lugar indeterminado (aunque uno intuye que no debe estar lejos de la URSS setentera) tras el supuesto impacto de un meteorito en lo que, desde ese momento, se conocer&aacute; como la Zona. Las autoridades, en su burocr&aacute;tico af&aacute;n de secretismo, decidieron impedir el acceso al lugar de la cat&aacute;strofe. Pero como de lo desconocido surge lo misterioso sin apenas esfuerzo, al poco tiempo comenzaron a circular rumores que afirmaban que en la Zona hab&iacute;a una Habitaci&oacute;n en la cual, simplemente por entrar, tu deseo m&aacute;s &iacute;ntimo se har&iacute;a realidad.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, de lo misterioso se pas&oacute; a lo milagroso y eso dispar&oacute; las esperanzas de muchos. Como el acceso a la Zona estaba prohibido, surgieron unos individuos, los <em>stalkers</em>, que, por unos dineros, conduc&iacute;an clandestinamente a desesperados a la Zona y a la Habitaci&oacute;n. Los protagonistas de la pel&iacute;cula son un &laquo;Stalker&raquo; y sus dos clientes, dos personajes tambi&eacute;n sin nombre: &laquo;Profesor&raquo; y &laquo;Escritor&raquo;. Las m&aacute;s de dos horas y media de pel&iacute;cula se sustancian en: 1) un pr&oacute;logo de preparaci&oacute;n para el viaje, 2) la excursi&oacute;n propiamente dicha por la misteriosamente banal y aparentemente peligrosa Zona, y la llegada a la Habitaci&oacute;n, y 3) un ep&iacute;logo.
    </p><p class="article-text">
        Es fundamental tener en cuenta que en la Habitaci&oacute;n no se concede (supuestamente) el deseo que se cree tener y que se pide, sino que se concede el deseo m&aacute;s profundo e &iacute;ntimo sin que sea necesario explicitarlo. Habr&aacute; quien piense que entre lo que se cree desear y lo que realmente se desea no hay diferencia alguna. Para poner en duda esa seguridad, en la pel&iacute;cula se cuenta la historia de un individuo &ndash;otro <em>stalker</em> al que llaman &laquo;Puercoesp&iacute;n&raquo;&ndash; que contribuy&oacute; a la muerte de su hermano en la Zona. Devastado por el arrepentimiento decidi&oacute; entrar en la Habitaci&oacute;n para que se le concediera el deseo de ver a su hermano resucitado. Cuando lleg&oacute; a su casa no encontr&oacute; precisamente a su hermano, sino un buen mont&oacute;n de rublos. &laquo;Puercoesp&iacute;n&raquo; no entendi&oacute; que la Habitaci&oacute;n no era una ventana a otro mundo ideal, sino un espejo que le devolvi&oacute; una imagen tan terrible de s&iacute; mismo (la de un sovi&eacute;tico rey Midas en potencia) que, una semana despu&eacute;s, decidi&oacute; ahorcarse. Qui&eacute;n sabe, quiz&aacute; nuestro deseo m&aacute;s &iacute;ntimo es una cosa absolutamente trivial, o peor todav&iacute;a, algo que nos horrorizar&iacute;a conocer e incluso podr&iacute;a arrasar nuestra vida, como le sucedi&oacute; a &laquo;Puercoesp&iacute;n&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si no ha visto la pel&iacute;cula debo decirle que es la m&aacute;s sublime y aburrida de la historia. Esto, que puede parecer contradictorio, no lo es en absoluto, como intentar&eacute; explicar a continuaci&oacute;n. <em>Stalker</em> resulta extremadamente aburrida por la acci&oacute;n casi nula que se desarrolla en todo el metraje, porque dicha acci&oacute;n se ejecuta a velocidad de paseo (es una <em>road movie</em> a ritmo de caracol), porque los di&aacute;logos son muy profundos (ni rastro de humor, todo es muy filos&oacute;fico y muy serio) y, por si fuera poco, es terriblemente ambigua (aunque esto tambi&eacute;n puede ser una virtud).
    </p><p class="article-text">
        Lo sublime de <em>Stalker</em> reside precisamente en todo lo que la hace majestuosamente tediosa: si ese hast&iacute;o inicial (y mi vand&aacute;lico comentario del p&aacute;rrafo anterior) no le desanima y tiene paciencia, la pel&iacute;cula puede comenzar a despertar su inter&eacute;s; si tampoco desiste en esa fase, quiz&aacute; descubra que su aburrimiento se va convirtiendo poco a poco en una forma de atenci&oacute;n de especial intensidad. Llegado ese momento, probablemente le falte poco para convertirse en uno m&aacute;s de ese grupo de peregrinaje a la Habitaci&oacute;n. Y si resiste hasta el final le aseguro que usted, s&iacute;, usted, no s&oacute;lo ver&aacute; la Habitaci&oacute;n, sino que incluso entrar&aacute; en ella. As&iacute; que ser&aacute; mejor que antes de dar el &uacute;ltimo paso reflexione acerca de si se conoce lo suficiente a s&iacute; mismo, si se siente preparado para que &ndash;posiblemente, qui&eacute;n sabe&ndash; su deseo m&aacute;s &iacute;ntimo, m&aacute;s profundo y quiz&aacute; m&aacute;s desconocido, se pueda hacer realidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/deseo_132_4185993.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Feb 2016 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Villasol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pereza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/pereza_132_4214931.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La pereza es el talento –ya sea heredado o adquirido a golpe de descanso– que nos permite prever el futuro, evitar un derroche atolondrado de energía y abandonarnos a la molicie antes de que el cansancio nos derribe.</p></div><p class="article-text">
        (Este art&iacute;culo es un elogio de la pereza. En su concepci&oacute;n se ha procurado evitar todo esfuerzo argumentativo que no se considerara imprescindible. Para garantizar que la indolencia natural del autor no sufriera lesi&oacute;n alguna, el art&iacute;culo ha sido realizado en la m&aacute;xima horizontalidad que permite una <em>chaise longue</em>).
    </p><p class="article-text">
        Los prejuicios de todas las &eacute;pocas siempre se han ensa&ntilde;ado vilmente con la pereza. Pero si es analizada en su misma esencia, y se aquilatan los m&uacute;ltiples beneficios que de ella se derivan, cuesta creer que se le dediquen tan injuriosas palabras en lugar de loas y alabanzas sin tasa. F&iacute;jese c&oacute;mo la define el DRAE: &laquo;negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados&raquo; y &laquo;flojedad, descuido o tardanza en las acciones o movimientos&raquo;. Y siglos antes del reproche de los acad&eacute;micos de la Lengua, nos topamos con la condena eterna ejecutada por el cristianismo, que considera la pereza como uno de los pecados o vicios capitales.
    </p><p class="article-text">
        Un vicio capital es, seg&uacute;n Tom&aacute;s de Aquino, &laquo;el que se ordena a un fin muy apetecible, de tal modo que, al apetecerlo, el hombre llega a cometer muchos pecados&raquo;. La teolog&iacute;a nos dice que la pereza es una fuente inagotable de pecado. El Aquinate dijo tambi&eacute;n que la naturaleza humana est&aacute; especialmente inclinada a los vicios capitales. Pero si tenemos en cuenta que el Sumo Hacedor nos forj&oacute; a su imagen y semejanza, no ser&iacute;a una locura suponer que &Eacute;l es el campe&oacute;n de la pereza. He aqu&iacute; la sencilla tesis de Paul Lafargue: &laquo;Jehov&aacute;, el dios barbudo y hura&ntilde;o, dio a sus adoradores el supremo ejemplo de la pereza ideal; despu&eacute;s de seis d&iacute;as de trabajo, descans&oacute; por toda la eternidad&raquo;. A la vista de estas pruebas, la pereza no deber&iacute;a ser considerada un vicio, sino una virtud, incluso una virtud divina.
    </p><p class="article-text">
        Como soy consciente de que las demostraciones teol&oacute;gicas no gozan de gran aceptaci&oacute;n ni resultan convincentes en estos tiempos de descreimiento y p&eacute;rdida de valores, a continuaci&oacute;n le ofrecer&eacute; un ramillete de argumentos secularizados con el objeto de defender la pereza como remedio gratuito e inagotable para diferentes trastornos.
    </p><p class="article-text">
        El estr&eacute;s y la depresi&oacute;n, dos de los grandes males contempor&aacute;neos, no son sino un cansancio producido por la sobreabundancia de uno mismo. Un agotamiento inducido por nuestra forma de vida, con sus incesantes llamadas al emprendimiento, la competitividad, la actividad sin fin. Esas llamadas &ndash;p&eacute;rfidamente camufladas bajo los ropajes del desaf&iacute;o (&iexcl;t&uacute; puedes!) o la sugerencia publicitaria&ndash; son interiorizadas y, como resultado, nos convertimos en nuestros propios explotadores, estresados y deprimidos negreros de nosotros mismos. Para aliviar esos males se puso en marcha el muy lucrativo negocio de la autoayuda, el pensamiento positivo, etc. Pero, &iquest;por qu&eacute; pagar por los consejos de unos bribones cuando la pereza es gratis e insuperable en su eficacia?
    </p><p class="article-text">
        La pereza es el talento &ndash;ya sea heredado o adquirido a golpe de descanso&ndash; que nos permite prever el futuro, evitar un derroche atolondrado de energ&iacute;a, y abandonarnos a la molicie antes de que el cansancio nos derribe. La pereza es un decidido s&iacute; al descanso, la vida muelle y la inutilidad; es el &uacute;nico ant&iacute;doto contra las exigencias de este est&uacute;pido mundo en que nos ha tocado vivir, un mundo obsesionado por el esfuerzo, el trabajo y la utilidad. Por eso la pereza es una virtud, pues es una resistencia pasiva, el rechazo de la obsesi&oacute;n por el pasado y el futuro, la clave para disfrutar del presente sin desgaste. La pereza no es una fuente inagotable de pecados, sino un surtidor supremo de libertad y felicidad.
    </p><p class="article-text">
        La pereza es el gesto m&aacute;s lujoso imaginable, pues representa el grado m&aacute;ximo de la inutilidad. El perezoso es el que se zafa voluptuosamente del totalitarismo de lo &uacute;til, que no es sino la dictadura de que cualquier acci&oacute;n debe producir un resultado mensurable, cuantificable. Nuestra sociedad concibe lo &uacute;til como un medio para conseguir algo (si son monedas, mejor), de ah&iacute; que la pereza sea tan censurada, pues la pereza no es una herramienta para obtener nada que se pueda medir, sino un fin en s&iacute; mismo, ya que no est&aacute; al servicio de nada, no se puede someter ni esclavizar.
    </p><p class="article-text">
        La pereza ya ser&iacute;a una virtud aunque &uacute;nicamente fuera un simple apoltronarse, un no-hacer, ociosidad. Pero es que la pereza, gracias a la placidez a que conduce, es adem&aacute;s un medio excelente para desarrollar la inteligencia y la capacidad de observaci&oacute;n, para aprender a mirar. En la terrible actividad a que estamos sometidos diariamente &ndash;en muchos casos con jornadas laborales extenuantes y absurdas, si es que se tiene la suerte/desgracia de trabajar&ndash;, es de todo punto imposible desarrollar una vida humana, una vida que no se reduzca a sobrevivir o a ser un mero consumidor.
    </p><p class="article-text">
        Jean-Jacques Rousseau dijo que &laquo;despu&eacute;s de la de conservarse, la primera y m&aacute;s poderosa pasi&oacute;n del hombre es la de no hacer nada&raquo;, y que &laquo;s&oacute;lo se trabaja para llegar a descansar&raquo;. &iquest;Que el trabajo dignifica? &iexcl;En absoluto! El trabajo no es m&aacute;s que un medio &ndash;desagradable, porque de lo contrario no estar&iacute;a remunerado&ndash; para conseguir un fin: lo que dignifica la vida humana no es el trabajar, sino el descansar. Y por eso la pereza es la virtud m&aacute;s necesaria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/pereza_132_4214931.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Jan 2016 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Pereza]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Jorge Villasol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Retrete]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/retrete_132_4239417.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/07ba4cb8-0e41-4aad-84fc-c2139d111ddf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si Heidegger decía que el lenguaje es la casa del ser, no me parece nada aventurado afirmar que el retrete es la casa del pensamiento.</p></div><p class="article-text">
        Plat&oacute;n llamaba pensar al &laquo;discurso que el alma tiene consigo misma sobre las cosas que somete a consideraci&oacute;n&raquo;. Pensamiento y lenguaje son inseparables pues pensamos con palabras: pensar es dialogar con uno mismo, re-flexionar (flexionarse, replegarse sobre uno mismo). Y pensar es un proceso, una actividad que no tiene fin, ya se entienda fin como t&eacute;rmino o conclusi&oacute;n, o como prop&oacute;sito u objetivo. Por eso el individuo que comienza el a&ntilde;o henchido de prop&oacute;sitos no suele incluir entre ellos el pensar m&aacute;s y/o mejor, sino que contempla actividades con un fin claramente delimitado como ir a muscular al gimnasio, chapurrear idiomas o hacer postres veganos.
    </p><p class="article-text">
        Con estremecedora perspicacia Pascal se&ntilde;al&oacute; que todos los problemas de la humanidad tienen su origen en la incapacidad del hombre para estar solo tranquilamente en una habitaci&oacute;n. Pero lo cierto es que hoy se suele considerar que la quietud es un terrible mal, pues los que saben certifican que el sedentarismo engorda, lo que nos incita a corretear al aire libre o en la cinta del gimnasio. Y la soledad mata, diagn&oacute;stico del que muy probablemente derivan tanto el apego por las tabernas y la vida social beoda, como la afici&oacute;n a las redes sociales.
    </p><p class="article-text">
        Las modas prescriben estar en movimiento perpetuo haciendo lo que sea, y ejecutarlo rodeado de semejantes. Parece que la vida moderna no ofrece resquicio alguno para replegarse sobre uno mismo, para pensar. Pero la naturaleza, m&aacute;s sabia que los sabios, se guarda un as en la manga para obligarnos a hacer un alto y estar con nosotros mismos, porque nos obliga, queramos o no, a dedicar unos minutos diarios a estar en el retrete. Y cuando digo retrete me refiero, tal como indica el DRAE, al &laquo;aposento dotado de las instalaciones necesarias para orinar y evacuar el vientre&raquo;. De ese modo y manera, tanto la naturaleza &mdash;v&iacute;a satisfacci&oacute;n de necesidades fisiol&oacute;gicas&mdash;, como la cultura &mdash;gracias a la invenci&oacute;n del retrete, majestuoso triunfo de la higiene&mdash; nos invitan a estar quietos y solos en una habitaci&oacute;n, condiciones perfectas para pensar.
    </p><p class="article-text">
        Entre los grandes creadores hay una bien documentada tradici&oacute;n de reivindicar la caba&ntilde;a como lugar de retiro ideal. Esa caba&ntilde;a que, alejada de la civilizaci&oacute;n, incrustada en lejanos bosques, en una soledad &aacute;spera, vast&iacute;sima, se erige, en su humildad, como espacio definitivo de la creaci&oacute;n y del pensar. La lista de gigantes que se han recluido en una caba&ntilde;a con esos fines (am&eacute;n de otros que no suelen detallar) es impresionante: Henry David Thoreau, Martin Heidegger, Ludwig Wittgenstein, Knut Hamsun, Virginia Woolf, Dylan Thomas, Gustav Mahler, Edvard Grieg, etc. Pero &iquest;qui&eacute;n dispone de una caba&ntilde;a para tan altas misiones espirituales? El retrete es, qu&eacute; duda cabe, un habit&aacute;culo menos po&eacute;tico, pero mucho m&aacute;s asequible.
    </p><p class="article-text">
        F&iacute;jese en esta otra definici&oacute;n de retrete, ya en desuso, que tambi&eacute;n nos brinda el DRAE: &laquo;Cuarto peque&ntilde;o en la casa o habitaci&oacute;n, destinado para retirarse&raquo;. Por eso no es imperativo retirarse al silencio y la soledad de una caba&ntilde;a para percibir las voces m&aacute;s &iacute;ntimas. Y tampoco es obligatorio alejarse del mundo para teorizar sobre lo que dicho mundo es o debe ser. Con alcanzar el retrete y hacerse fuerte en &eacute;l es m&aacute;s que suficiente. Porque el retrete es el &uacute;nico reducto de genuina privacidad del que se dispone en una casa, un espacio de quietud y soledad. Por tanto, ha llegado la hora de reivindicar abiertamente, en voz alta, con orgullo, el retrete como espacio de reflexi&oacute;n, como casa del pensamiento.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; es obligado se&ntilde;alar &mdash;y esto es realmente lamentable&mdash; que, tal como se&ntilde;ala la ONU, &laquo;2.400 millones de personas no cuentan con buenas letrinas y mil millones a&uacute;n defecan al aire libre&raquo;, con lo que eso conlleva de aumento de riesgo de enfermedades y todo tipo de abusos derivados de la falta de privacidad. Es triste pensar que, tanto usted como yo, seamos privilegiados por disponer de algo tan esencial como un retrete. Para llamar la atenci&oacute;n sobre esta situaci&oacute;n, desde 2013 la ONU propone celebrar cada 19 de noviembre el <a href="http://www.un.org/es/events/toiletday/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">D&iacute;a Mundial del Retrete</a>. Y desde 2005 la misma ONU decidi&oacute; celebrar cada tercer jueves de noviembre el <a href="http://www.un.org/es/events/philosophyday/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">D&iacute;a Mundial de la Filosof&iacute;a</a>, lo que provoca que cada X a&ntilde;os retrete y filosof&iacute;a se unan oficialmente. En 2015 se dio esa m&aacute;gica coincidencia. Pero no esperemos a que tan feliz evento se repita y dediquemos ya a pensar los minutos de recogimiento en ese retrete que, quiz&aacute; en breves momentos, tengamos que visitar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/retrete_132_4239417.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Jan 2016 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Idiota]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/idiota_132_2270793.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La idiotez es como un gas que uno siempre cree que producen los otros, algo que nos envuelve y que respiramos pero que, de tan acostumbrados a su hedor, acabamos por no percibir.</p></div><p class="article-text">
        El fil&oacute;logo alem&aacute;n Werner Jaeger cuenta que en la Atenas del siglo VI antes de nuestra era se comenz&oacute; a establecer la distinci&oacute;n entre dos espacios en la vida del ciudadano: el de lo particular, lo privado, lo que es propio (&#7988;&delta;&iota;&omicron;&nu;,<em> &iacute;dion</em>), y el de lo que es de todos, lo p&uacute;blico, lo com&uacute;n (&kappa;&omicron;&iota;&nu;&#972;&nu;, <em>koin&oacute;n</em>). Es decir, el ciudadano es m&aacute;s o menos &laquo;idiota&raquo; (<em>&#7984;&delta;&iota;&#8061;&tau;&eta;&sigmaf;, </em><em>idi&oacute;tes</em>) en la medida en que se centre en su felicidad particular, en sus asuntos privados, y se desentienda del bien com&uacute;n, de los asuntos p&uacute;blicos que a todos conciernen. Se pensaba que, por salud democr&aacute;tica, era tan necesario que el ciudadano poseyera y desarrollara sus destrezas e intereses personales, como que ejercitara una virtud general ciudadana que le conectara con los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Pero no tema, amigo lector, no me voy a disfrazar de polit&oacute;logo agorero para comparar la democracia ateniense con la actual. Mi prop&oacute;sito es mucho m&aacute;s trivial: lo que me interesa es rehabilitar y reivindicar una palabra. Porque a partir de los hermosos cimientos hel&eacute;nicos de lo &laquo;idiota&raquo;, hemos construido un edificio destartalado: idiota es en espa&ntilde;ol un simple insulto y, por si fuera poco, uno banal, sin fuste. Esta cochambrosa obra de arquitectura ling&uuml;&iacute;stica exige una demolici&oacute;n controlada.
    </p><p class="article-text">
        Si no perdemos de vista su etimolog&iacute;a (y a ese m&aacute;stil me atar&eacute; hasta el final), el idiota es el que, atiborrado de s&iacute;, se desentiende rumbosamente de lo com&uacute;n, es el ego&iacute;sta sin tasa, el individualista enloquecido. Como es l&oacute;gico, la idiotez admite gradaci&oacute;n: se puede ser idiota en unos &aacute;mbitos y en otros no, a tiempo parcial o a jornada completa. Por eso intuyo que todos, en mayor o menor medida, somos idiotas. Y aunque es muy cierto que el idiota parece un individuo muy siglo XX &ndash;y todav&iacute;a m&aacute;s siglo XXI&ndash;, el n&uacute;mero de idiotas se distribuye con exquisita equidad en todas las &eacute;pocas, pa&iacute;ses y clases sociales. Ahora bien, no todos los idiotas tienen id&eacute;ntico poder destructor, pues eso depender&aacute; esencialmente de su espacio de influencia: as&iacute;, un presidente de Gobierno idiota es mort&iacute;fero, por la sencilla raz&oacute;n de que s&oacute;lo buscar&aacute; el beneficio de una minor&iacute;a a costa de la mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El idiota es un ser intermedio entre el est&uacute;pido y el malvado. El est&uacute;pido es irracional y, al no tener patrones de conducta regulares, es impredecible; en su ca&oacute;tico proceder fastidia a los dem&aacute;s y tambi&eacute;n a s&iacute; mismo. El comportamiento del malvado, en cambio, s&iacute; es previsible porque opera p&eacute;rfida pero racionalmente; siempre obtiene sus beneficios perjudicando a los dem&aacute;s. El idiota s&oacute;lo es racional en parte, pues su ego&iacute;smo suele ser puramente pasional, lo que le lleva a cometer errores de c&aacute;lculo. Por eso el idiota, como el est&uacute;pido, se puede bastar a s&iacute; mismo para arruinar su vida y la de los dem&aacute;s. &iquest;Es idiota aquel que encuentra el placer chapoteando en su miseria si con eso multiplica el beneficio com&uacute;n? No, en todo caso es un idiota invertido. &iquest;Y es idiota el que para procurarse una ganancia ayuda a los dem&aacute;s? &iexcl;En absoluto! Si todos los idiotas fueran as&iacute;, nuestro planeta ser&iacute;a el para&iacute;so y el neoliberalismo nunca hubiera&nbsp;existido.
    </p><p class="article-text">
        Idiota es el que, cegado por sus intereses, cree que (se) debe competir y batallar contra todo(s) para provecho propio. El que considera que los dem&aacute;s existen &uacute;nicamente como medios para conseguir sus fines. Es el yonqui de la competitividad. Por eso el idiota es enemigo incansable de la justicia, la igualdad y la democracia (que parad&oacute;jicamente es la &uacute;nica forma de gobierno que permite al ciudadano elegir a un idiota como presidente y as&iacute; perpetuar <em>ad infinitum</em> la idiotez en el poder).
    </p><p class="article-text">
        El idiota es el que, en cuanto siente la tenue brisa de la cr&iacute;tica, sentencia huracanado &laquo;es que yo soy as&iacute;&raquo;, &iexcl;como si, para nuestra suerte, pudiera ser otro! El idiota, ya borracho de s&iacute;, se embriaga a&uacute;n m&aacute;s cuando va &laquo;con la verdad por delante&raquo;, ignorando que si convirti&eacute;ramos esa m&aacute;xima en imperativo categ&oacute;rico kantiano, la vida en sociedad ser&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s insoportable de lo que ya es. Porque la espontaneidad o la naturalidad pueden ser valiosas, pero s&oacute;lo los idiotas las superponen al respeto, la nobleza o la fraternidad.
    </p><p class="article-text">
        Debemos recuperar la idea que en la Grecia cl&aacute;sica se ten&iacute;a sobre la preocupaci&oacute;n por uno mismo: no la zafia preocupaci&oacute;n actual por el propio bienestar, sino la preocupaci&oacute;n por ser consciente de lo que uno es realmente, por conocerse por medio de la raz&oacute;n. Y el autoexamen, el interminable trabajo de conocerse, es lo m&aacute;s alejado que hay del ego&iacute;smo idiota, pues uno se conoce, y sobre todo es, gracias a los otros. Ya lo advert&iacute;a S&eacute;neca: &laquo;No puede vivir felizmente aquel que s&oacute;lo se contempla a s&iacute; mismo, que lo refiere todo a su propio provecho: has de vivir para el pr&oacute;jimo si quieres vivir para ti&raquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/idiota_132_2270793.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jan 2016 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Idiota]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Jorge Villasol]]></media:keywords>
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