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    <title><![CDATA[elDiario.es - Michela Ranieri]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/michela_ranieri/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Michela Ranieri]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Niños que juegan a ser niños para olvidar la guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/savethechildren/ninos-juegan-ninos-olvidar-guerra_132_2285828.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f5ebe3a-3a4d-49f2-affe-929d50ba698d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Niños que juegan a ser niños para olvidar la guerra"></p><p class="article-text">
        Dicen que la isla de Lesbos atrapa, que una vez que has entrado en contacto con la tragedia que all&iacute; se consume todos los d&iacute;as, es imposible desprenderse de ella. Es cierto, pero <strong>no es s&oacute;lo la tragedia de los refugiados lo que te persigue una vez dejada la isla. Son sus historias, sus miradas, sus sonrisas y sus l&aacute;grimas.</strong> Son esos abrazos, esas expresiones de amor entre los ni&ntilde;os refugiados y sus padres y hermanos. Es la dedicaci&oacute;n de las decenas de voluntarios que les acogen con ropa caliente, comida, agua y unas palabras de &aacute;nimo, y que te hacen volver a creer en la humanidad. Pero son sobre todo las sonrisas de los ni&ntilde;os, su incre&iacute;ble fuerza y valor en medio de esta tragedia humanitaria.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que salta a la vista al llegar a Lesbos son <strong>las monta&ntilde;as de chalecos salvavidas naranjas, que salpican toda la l&iacute;nea de costa</strong> que desde el aeropuerto de la isla lleva a Mitilene, la capital. Les acompa&ntilde;an las carcasas de los barcos, desde botes de goma a barcos de madera que yacen medio hundidos en la orilla. El primer impacto es desolador, los restos de lo que parecen miles de naufragios contrastan de manera brutal con el paisaje antes id&iacute;lico de esta isla del Egeo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los primeros barcos atiborrados de refugiados no tardan en llegar. Se divisan desde lejos, <strong>en cuanto salen de la costa de Turqu&iacute;a, perfectamente visible a tan solo seis millas de distancia</strong>. La mayor&iacute;a son precarias lanchas de goma, en la que viajan entre 40 y 60 personas, y avanzan lentas, medio hundidas por el peso excesivo que transportan. A menudo el motor se rompe y los refugiados pasan horas perdidos, a la deriva, en una traves&iacute;a que con condiciones normales lleva entre una hora y una hora y media.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se acercan a la costa, son los voluntarios quienes acogen a los refugiados, dirigiendo los botes a sitios seguros para el desembarque y prest&aacute;ndoles los primeros auxilios. <strong>Hay un contraste de emociones:</strong> la felicidad por pisar por fin territorio europeo se mezcla con las l&aacute;grimas de alivio por haber superado uno de los mayores peligros del viaje y de tristeza por las vidas que los refugiados han dejado atr&aacute;s. <strong>Duelen las l&aacute;grimas de esos padres que abrazan a sus hijos en la playa y se dan cuenta que han llegado a Grecia</strong>, que el mar no se ha tragado a sus criaturas. Quienes asistimos a las llegadas sentimos una profunda tristeza y casi un sentimiento de culpa ante esas l&aacute;grimas, pensando en las tremendas dificultades que todav&iacute;a les esperan en su camino hacia el norte de Europa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los ni&ntilde;os bajan de los barcos asustados, empapados y temblando por el fr&iacute;o.</strong> A medida que se acerca el invierno las temperaturas son cada vez m&aacute;s bajas en la isla, por lo que cada d&iacute;a es m&aacute;s alto el riesgo de hipotermia y de que los ni&ntilde;os mueran literalmente de fr&iacute;o. Los m&aacute;s peque&ntilde;os est&aacute;n en estado de <em>shock</em>, paralizados por el miedo: al aut&eacute;ntico terror que sienten durante la traves&iacute;a, que a menudo ocurre de noche, sumidos en la oscuridad, se suma el tumulto del desembarco. Los ni&ntilde;os se encuentran rodeados por decenas de voluntarios, gente gritando, corriendo, que<strong> les cogen y les van pasando de los brazos de unos a otros, que les quitan los chalecos y los envuelven en mantas t&eacute;rmicas</strong>. En medio de este caos, en muchas ocasiones los ni&ntilde;os son separados de sus padres, durante minutos que se hacen eternos, lo que aumenta su estr&eacute;s y su vulnerabilidad. Solo cuando les vuelven por fin a encontrar sus caras asustadas se relajan.
    </p><p class="article-text">
        Pero las separaciones no s&oacute;lo se producen en las llegadas. En algunos casos los traficantes separan a las familias a la salida desde Turqu&iacute;a: hombres en un barco, mujeres y ni&ntilde;os en otro. Es lo que le pas&oacute; a Sa&rsquo;ad* un menor sirio de 17 a&ntilde;os, que despu&eacute;s de besar la playa de Lesbos empez&oacute; a ponerse nervioso, a temblar. <strong>Entre l&aacute;grimas intentaba explicarme que su madre y su hermanito peque&ntilde;o estaban en otro barco, que hab&iacute;a salido m&aacute;s tarde y no llegaba</strong>. Intent&eacute; tranquilizarle y convencerle de que todo ir&iacute;a bien, que llegar&iacute;an pronto, que los equipos de rescate ya hab&iacute;an salido a buscarle, pero solo cre&iacute; en mis mismas palabras cuando le vi por fin abrazar a su hermano. A veces los refugiados necesitan esto: un abrazo, unas palabras de consuelo y de &aacute;nimo.<strong> De repente est&aacute;n solos en el mundo, y una mano amiga significa todo para ellos.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El n&uacute;mero de ni&ntilde;os que llega a Grecia cruzando el mar desde Turqu&iacute;a es cada vez mayor. <strong>En uno de los barcos hemos llegado a contar hasta 25 ni&ntilde;os</strong>. He tenido en brazos un beb&eacute; de tan solo cinco d&iacute;as mientras sus padres se quitaban los chalecos y recog&iacute;an sus pocas pertenencias. Algunos han nacido en el camino o en alg&uacute;n campo de refugiados en uno de los pa&iacute;ses vecinos de Siria, otros no han conocido otra cosa que la guerra. Otros muchos, la mayor&iacute;a chicos de entre 13 y 17 a&ntilde;os, viajan solos, sin familiares que cuiden de ellos, e intentan pasar desapercibidos, confundi&eacute;ndose entre el resto de refugiados que acaban de desembarcar. Lo hacen para evitar la suerte que les toca a los menores no acompa&ntilde;ados (MENA) en Grecia: la detenci&oacute;n en unas instalaciones especiales dentro del campo de Moria, aislados, de las que no pueden salir y donde se acabar&iacute;an sus proyectos de seguir con su viaje hacia el norte de Europa.
    </p><p class="article-text">
        Algunos ni&ntilde;os bajan de los botes abrazando sus osos de peluche, las ni&ntilde;as con sus mochilas de princesas, su mejor abrigo y las coletas adornadas con lazos de colores. <strong>Otros llegan con sus cuadernos de deberes debajo del brazo, llamadas silenciosas a la normalidad que los ni&ntilde;os buscan en medio de esta tragedia.</strong> Como Faris*, el ni&ntilde;o sirio de ojos verdes, que al saludarle con la mano se me acerc&oacute; y me mir&oacute; fijamente durante un rato, mientras le preguntaba si le gustaba estudiar. Al final, me regal&oacute; una sonrisa, y con los deditos fr&iacute;os me apret&oacute; la mano que le ofrec&iacute;a. <strong>Los ni&ntilde;os refugiados solo quieren volver a ir a la escuela, ser alg&uacute;n d&iacute;a m&eacute;dicos, dentistas, maestras.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Al visitar m&aacute;s tarde los campos de refugiados de Kara Tepe y de Moria, encuentras a esos mismos ni&ntilde;os que la noche anterior has visto llegar a la isla empapados, asustados, llorando de miedo y de fr&iacute;o. Te los encuentras en los <a href="https://www.savethechildren.es/espacios-seguros-para-la-infancia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Espacios Seguros para la Infancia de Save the Children</a>, jugando tranquilamente, dibujando, haciendo manualidades, s<strong>onriendo orgullosos de la mariposa que tienen pintada en la cara o de su disfraz de pirata.</strong> Y te sorprende y te llena de admiraci&oacute;n la incre&iacute;ble fuerza de esos ni&ntilde;os, que son capaces de re&iacute;rse, bailar y cantar despu&eacute;s de todo lo que han vivido.<strong> Estos ni&ntilde;os que han crecido en la guerra, que llevan a&ntilde;os sin poder ir a la escuela o salir al patio a jugar con sus amigos</strong>, que han perdido a sus familiares, que en algunos casos a&uacute;n presentan las heridas visibles de los bombardeos de los que han conseguido escapar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Estos ni&ntilde;os ahora solo quieren volver a ser ni&ntilde;os, aunque sea solo por unas pocas horas, antes de que el viaje contin&uacute;e</strong>. Y sus ganas de re&iacute;r a pesar de las dificultades, son un ejemplo para los adultos, que desde varios puntos del campo les observan mientras juegan y bailan, con una sonrisa y quiz&aacute;s algo de envidia&hellip; Quiz&aacute;s ellos tambi&eacute;n quisieran volver a ser ni&ntilde;os por un momento, y olvidar el viaje, el miedo, la violencia que han dejado atr&aacute;s. Recobrar fuerzas y energ&iacute;as antes de seguir en el camino hacia el norte de Europa y la nueva vida llena de interrogantes que les espera.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Te pedimos que si puedes apoyes nuestro trabajo en esta emergencia <a href="https://www.savethechildren.es/emergencias/ayuda-refugiados" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">haciendo una donaci&oacute;n aqu&iacute;</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Michela Ranieri]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/savethechildren/ninos-juegan-ninos-olvidar-guerra_132_2285828.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Dec 2015 20:18:33 +0000]]></pubDate>
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