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    <title><![CDATA[elDiario.es - Paloma García]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/paloma_garcia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Paloma García]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Haití: “Después de seis años del terremoto, esto solo es el principio”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/haiti-despues-anos-terremoto-principio_1_4245230.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/caf8c437-cca5-41a7-91a8-ba02591f3081_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Haití: “Después de seis años del terremoto, esto solo es el principio”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">60.800 haitianos continúan viviendo en campos de desplazados como Camp Cano, la mayoría en las proximidades de la capital</p><p class="subtitle">Camp Cano, uno de los campos de desplazados que se crearon en Haití tras el terremoto de 2010, sigue abierto y casi se ha convertido en un barrio más aunque con innumerables carencias</p><p class="subtitle">"No tenemos luz ni agua corriente. Tampoco hay hospitales, ni parques, ni escuelas", dice Jonás Edeis, presidente del comité de vecinos</p></div><p class="article-text">
        La temperatura supera los 30 grados, la humedad no baja del 60%. Son las 12 del mediod&iacute;a y el sol achicharra los tejados de lat&oacute;n. Desde el cielo, los destellos de luz asemejan el baile de peque&ntilde;as luci&eacute;rnagas, pero en la tierra la estampa se presta mucho menos a la imaginaci&oacute;n. Centenares de chozas improvisadas, construidas de chapa y madera, se extienden con ansia a lo largo de la colina, casi la devoran. Todas ellas, unas 450 caba&ntilde;as, forman Camp Cano, uno de los campos de desplazados que se crearon en Hait&iacute; tras el terremoto de 2010 y que hoy sigue abierto.
    </p><p class="article-text">
        Seis a&ntilde;os despu&eacute;s del se&iacute;smo, este asentamiento asomado a la bah&iacute;a de Puerto Pr&iacute;ncipe casi se ha convertido en un barrio m&aacute;s, pero con todas las carencias imaginables. &ldquo;No tenemos luz ni agua corriente. Tampoco hay hospitales, ni parques, ni escuelas&rdquo;, se queja Jon&aacute;s Edeis, presidente del comit&eacute; de vecinos. La necesidad les hizo unirse para hacer llegar sus demandas al Gobierno haitiano y la lista no tiene fin.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No hay alumbrado, recogida de basuras, ni red de saneamiento&rdquo;, insiste. El hacinamiento y la falta de higiene son palpables. Tan solo disponen de catorce letrinas para las m&aacute;s de cuatrocientas familias que viven all&iacute;. &ldquo;Al menos tenemos un techo y el lugar es tranquilo. Lo malo es cuando llueve. Las casas y las calles se llenan de agua&rdquo;, explica Theava Viasama, una de las habitantes.
    </p><p class="article-text">
        Las &ldquo;calles&rdquo; son los estrechos caminos de tierra que discurren de forma ca&oacute;tica sorteando las caba&ntilde;as. Aqu&iacute; no hay normas, las infraviviendas se levantan unas junto a otras sin respetar la distancia m&iacute;nima de seguridad en un terreno potencialmente peligroso. Cualquier movimiento de tierra podr&iacute;a hacerles revivir las pesadillas de un pasado no demasiado lejano.
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        Actualmente 60.800 haitianos contin&uacute;an viviendo en campos de desplazados como Camp Cano, la mayor&iacute;a en las proximidades de la capital. No obstante, el paisaje de hoy es muy distinto al de los d&iacute;as posteriores al se&iacute;smo. Durante estos seis a&ntilde;os, se ha reducido en un 96% el n&uacute;mero de asentamientos. De los 1.500 que se levantaron para dar cobijo al mill&oacute;n y medio de personas desplazadas, ahora solo quedan 45.
    </p><p class="article-text">
        Como afirma Soro Moussa, jefe de proyecto en Hait&iacute; de la Organizaci&oacute;n Internacional de las Migraciones (OIM), &ldquo;el cierre de los campamentos ha sido el gran &eacute;xito de la reconstrucci&oacute;n de Hait&iacute;&rdquo;. Organizaciones haitianas matizan, sin embargo, esa visi&oacute;n optimista. Aunque las carpas y tiendas de campa&ntilde;a ya no inunden las plazas p&uacute;blicas de Puerto Pr&iacute;ncipe, los verdaderos problemas de fondo &mdash;no hay que olvidar que Hait&iacute; ya era el pa&iacute;s m&aacute;s pobre del continente americano antes del terremoto&mdash; siguen existiendo.
    </p><p class="article-text">
        Basta con pasear por barrios como Martissant, al sur de Puerto Pr&iacute;ncipe. La mayor&iacute;a de sus habitantes trabajan en la calle, vendiendo lo que pueden. Desde gallinas a productos de limpieza o platos de arroz. Es la &uacute;nica v&iacute;a para subsistir en un pa&iacute;s donde el 80% de la poblaci&oacute;n vive de la econom&iacute;a informal. Vendedores ambulantes extienden sus mercanc&iacute;as sobre el asfalto esquivando las bocanadas de humo de decenas de tubos de escape que cada d&iacute;a colapsan las calles. Junto a ellos, el hedor de las basuras y aguas sucias se hace insoportable. La falta de saneamiento convierte cada rinc&oacute;n en un foco de infecciones y explica la r&aacute;pida expansi&oacute;n de epidemias como el c&oacute;lera.
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        &ldquo;Las enfermedades est&aacute;n directamente vinculadas con sus condiciones de vida. La mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n no tiene acceso a agua corriente ni red de saneamiento, no tienen d&oacute;nde tirar la basura y suele haber desechos humanos en la calle. La extrema pobreza es el problema&rdquo;, se&ntilde;ala Azaad Alocco, jefe de misi&oacute;n de M&eacute;dicos Sin Fronteras en Hait&iacute; y responsable del &uacute;nico centro de salud 100% gratuito del barrio de Martissant.
    </p><p class="article-text">
        Hacen falta infraestructuras y servicios sociales, insisten las ONG locales. &ldquo;Despu&eacute;s de seis a&ntilde;os de reconstrucci&oacute;n, esto solo es el principio. Sin agua corriente, salud o electricidad solo se est&aacute; construyendo un problema mayor. La verdadera reconstrucci&oacute;n debe empezar por resolver la inequidad social y econ&oacute;mica&rdquo;, defiende Antonal Mortime, portavoz de la Plataforma de Organizaciones Haitianas por los Derechos Humanos.
    </p><p class="article-text">
        Hoy Hait&iacute; se encuentra entre los 25 pa&iacute;ses menos desarrollados del mundo, m&aacute;s de la mitad de la poblaci&oacute;n vive en situaci&oacute;n de pobreza y los niveles de desigualdad se sit&uacute;an entre los m&aacute;s altos. Seg&uacute;n Naciones Unidas, en los dos pr&oacute;ximos a&ntilde;os har&aacute;n falta 400 millones de d&oacute;lares para atender problemas como la inseguridad alimentaria, las dificultades de acceso a la educaci&oacute;n y el empleo o la prevenci&oacute;n del c&oacute;lera. Valores que no miden los sism&oacute;grafos pero que, igualmente, ponen en peligro el futuro del pa&iacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Carmona, Paloma García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/haiti-despues-anos-terremoto-principio_1_4245230.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Jan 2016 19:52:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Haití,Terremotos,Ayudas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Feminismo en Movimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/feminismo-movimiento_132_3613801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El feminismo es una teor&iacute;a pol&iacute;tica que tiene capacidad para  ser la m&aacute;s revolucionaria; con ella puedes acabar desde con  el patr&oacute;n hasta con la Iglesia. Para construir feminismo se tiene que hacer desde abajo, tejiendo redes, organiz&aacute;ndose como un sistema de contrapoder al que lleva miles de a&ntilde;os instaurado.
    </p><p class="article-text">
        En Podemos creo que lo estamos consiguiendo y que ya somos una red amplia de mujeres que piensa que la revoluci&oacute;n tiene que ser feminista y construirse de abajo a arriba y con todas, con las personas trans, con las lesbianas, con las migrantes y con todas aqu&eacute;llas que sufren dobles y triples discriminaciones. En Podemos hay C&iacute;rculos feministas territoriales y estatales que llevan trabajando a&ntilde;os en encuentros. Para este Vistalegre 2 hemos conseguido que  la candidatura con la que me identifico,  Podemos en Movimiento, as&iacute; como otra de las candidaturas  Podemos para Todas, hayan aceptado el documento ofrecido por el C&iacute;rculo Estatal de Feminismo como propio.
    </p><p class="article-text">
        Se puede cometer el error, y creo que hay quien lo hace, de hablar por alguien a quien no escuchas, a quien no conoces, hacerte portavoz de millones de mujeres y lanzar ese feminismo de las &eacute;lites, blanco, de clase media alta, que viene de la Universidad, heteronormativo, y desde ah&iacute; erigirse como lideresa  que ense&ntilde;a el camino a las dem&aacute;s de lo que se supone es m&aacute;s popular o dar&aacute; m&aacute;s votos para ganar futuras elecciones.
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute; el feminismo tiene que estar vinculado al movimiento feminista que tumb&oacute; desde la calle la Ley del aborto de Gallard&oacute;n y  que lleg&oacute; a tumbar incluso al mismo ministro. Al movimiento que ha conseguido poner las violencias machistas en el centro, por el que las generaciones actuales  hemos podido ir a la Universidad; ese mismo feminismo que acaba de llenar las calles de Wahington con medios mill&oacute;n de mujeres .
    </p><p class="article-text">
        Y es que hemos estado en todas las luchas sociales, , desde Stonewall donde se inici&oacute; el movimiento LGTBI y las primeras eran las trans, las que llevaban las pancartas y los golpes de la polic&iacute;a, hasta actualmente en la PAH, en las mareas y en cualquier lucha que impulse a una sociedad m&aacute;s justa. Las mujeres siempre somos las primeras, aunque despu&eacute;s nos borren y aunque el poder tan jerarquizado y burocratizado sea dif&iacute;cil para  nosotras.
    </p><p class="article-text">
        Hay que respetar al movimiento feminista. Podemos tiene que ser parte de &eacute;l  y servir de  instrumento para llevar esas demandas a las instituciones. Hay que reconocer tambi&eacute;n  los saberes feministas porque el feminismo es una teor&iacute;a pol&iacute;tica revolucionaria que lo impugna todo y lo impugna desde el principio. Hay que poner en el centro la econom&iacute;a feminista y el c&oacute;mo las mujeres somos qui&eacute;nes de manera gratuita e invisible hemos cargado sobre nuestros hombros la reproducci&oacute;n de la vida y los cuidados del mundo, es decir, es sobre nosotras sobre las que pervive el sistema econ&oacute;mico neoliberal. Tenemos que conseguir que esos cuidados sean una responsabilidad social, para ello no nos pueden dejar arrinconadas en los antiguos roles de g&eacute;nero, tenemos que llegar a la igualdad salarial, a la igualdad en las pensiones, conseguir la RBU que ayudar&iacute;a a mujeres v&iacute;ctimas de violencia y de trata&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Tenemos que cambiarlo todo porque el sistema es criminal y s&oacute;lo con reformas no habremos nunca ganado, tenemos que estar fuertes y unidas porque la revoluci&oacute;n ser&aacute; feminista o no ser&aacute;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/feminismo-movimiento_132_3613801.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jan 2017 12:11:34 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Feminismo en Movimiento]]></media:title>
    </item>
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