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    <title><![CDATA[elDiario.es - Lucía Hernández Soler]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/lucia_hernandez_soler/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Lucía Hernández Soler]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[“Volverás a tu huerto y a tu higuera”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/volveras-huerto-higuera_132_4023787.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        A los hombres y mujeres de la tierra, como dir&iacute;a el poeta Miguel Hern&aacute;ndez, &ldquo;se nos ha ido, como el rayo&rdquo;, Pedro, un huertano de trinchera. 
    </p><p class="article-text">
        All&aacute; por el 2007, Pedro y su mujer, Violante, saltaron a las portadas de los medios por protagonizar una lucha similar a la de David contra Goliat, por la defensa de su &ldquo;casica&rdquo; situada en plena Huerta de Murcia y por la que estaba proyectada que pasase una carretera &ndash;que ya pasa-, una zona de nuevos desarrollos urban&iacute;sticos -hoy por cierto semi-habitados y semi-pagados-. 
    </p><p class="article-text">
        Pedro y Violante hicieron honor a la etimolog&iacute;a de sus nombres: Violante, del latin Icunda que significa sonriente y Pedro de <em>petrus</em>, piedra. El hombre p&eacute;treo y la mujer alegre, emprendieron una lucha que emanaba desde lo m&aacute;s profundo de su moral de gente de la tierra; ellos quer&iacute;an seguir viviendo en la huerta, quer&iacute;an seguir siendo huertanos, no ped&iacute;an que se les comprara la casa, no ped&iacute;an indemnizaciones, el dinero es algo vac&iacute;o para la gente de la tierra, ellos s&oacute;lo ped&iacute;an seguir siendo huertanos, y estaban dispuestos a todo. 
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo la voz de Pedro, cuando lo entrevistaba y me dec&iacute;a &ldquo;nena, no ves qu&eacute; hermosura de patio con mi higuera; y mira esas conejeras, las constru&iacute; yo con mis manos, y esas paredes tamb&iacute;&eacute;n&hellip; &iexcl;Hemos padec&iacute;o mucho para poder estar aqu&iacute; en esta sombrica del patio, y ahora&hellip;!&rdquo; . 
    </p><p class="article-text">
        La voz de Pedro, era tan p&eacute;trea como su nombre, una voz azul oscura, intensa, y que se entrecortaba, esa voz de abuelo curtido, acostumbrado al trabajo, acostumbrado a servir, pero una voz que no se doblegaba, y que no entend&iacute;a de planes generales urban&iacute;sticos, sobre todo porque el concepto de bien com&uacute;n brillaba por su ausencia, en este nuevo atropello ladrillero. 
    </p><p class="article-text">
        Pedro y Violante, colocaron pancartas en su casa de huerta, abr&iacute;an la puerta a los periodistas y nos ofrec&iacute;an un buen caf&eacute;, adem&aacute;s de una interesante visita por su casa, su huerto, sus conejeras&hellip; (era inevitable no sentirte parte de ellos, el olor a hoja de higuera , el sonido de un patio tranquilo, el murmullo de las habitaciones donde sus nietos jugaban, y todo lo impregnaba ese olor a huerta, mezcla de limonero, brisa, tierra&hellip;, inevitable no atrincherarse con ellos). 
    </p><p class="article-text">
        Hubo lucha, s&iacute;, claro, pero &iquest;hubo justicia? Pedro y Violante interpusieron un recurso para pedir al Ayuntamiento de Murcia, que en caso de desalojarlos, le consiguieran una vivienda en r&eacute;gimen de alquiler en cualquier zona de la huerta de Murcia, para que estos ancianos (que no viejos) pudiesen finalizar sus d&iacute;as con la dignidad que requieren en un entorno similar, ya que como el mismo Pedro me explic&oacute; en un reportaje &ldquo;&iquest;A qu&eacute; me voy a ir yo a un piso? Ese va a ser mi final&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute;? Pues que por encima de la casa de Pedro y Violante pasa la Avenida Miguel Indur&aacute;in, el Ayuntamiento y el Tribunal rechazaron la opci&oacute;n de conseguirles una soluci&oacute;n habitacional en la huerta, y les realoj&oacute; en un piso. 
    </p><p class="article-text">
        Violante muri&oacute; meses despu&eacute;s, de pena dicen, y no lo dudo, porque s&oacute;lo puede morir de pena la gente que tiene alma. 
    </p><p class="article-text">
        Pedro Camacho, un &ldquo;huertano leg&iacute;timo&rdquo;, versionando a Garc&iacute;a Lorca, nos dej&oacute; el pasado d&iacute;a 26 de Abril, me cuentan que vivi&oacute; con dignidad hasta el ultimo momento, con la misma dignidad que trat&oacute; a la gente y a la tierra, con la misma entereza que defendi&oacute; un modo de vida. Inevitable, Pedro, recordar tu voz azul, profunda, luchando bajo tu higuera.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Hernández Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/volveras-huerto-higuera_132_4023787.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Apr 2016 21:05:02 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[“Volverás a tu huerto y a tu higuera”]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Huertos,Medio ambiente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El latido de la memoria genética]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/latido-memoria-genetica_132_4247316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El estrecho de Gibraltar separa dos continentes, vertebra geol&oacute;gicamente dos placas tect&oacute;nicas -la euroasi&aacute;tica y la africana- y divide, de forma totalmente artificial y nada inocente dos formas de vida, a lo que muchos llaman 'culturas', y que nos han implementado que pertenecemos a una de las dos, y que la otra es diametralmente opuesta.
    </p><p class="article-text">
        La cultura no es un elemento dado ni est&aacute;tico, todo lo contrario: la cultura es el cultivo de una costumbre que ha sido efectiva y satisfactoria para aquellos pueblos que la han cultivado -por cierto cuando digo efectiva, tambi&eacute;n quiero decir rentable-. La cultura, o mejor expresado, las culturas, son din&aacute;micas; cualquier acontecimiento nuevo puede ser integrado y rememorado, los s&iacute;mbolos pueden adquirir otros significados, la m&uacute;sica, la tradici&oacute;n oral, la gastronom&iacute;a, incluso el ritual, son elementos din&aacute;micos. S&iacute;ntoma de ello es cuando se habla de cultura globalizada, la que yo definir&iacute;a como homog&eacute;nea y profundamente rentable.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; entonces se defiende la cultura como si fuese un dolmen? &iquest;Por qu&eacute; esa idea de que existe una cultura, que es as&iacute; desde siempre y que adem&aacute;s nos separa profundamente de otras? &iquest;Por qu&eacute; esa defensa a ultranza del <strong>&ldquo;nosotros&rdquo; contra los &ldquo;otros&rdquo;</strong>, teniendo como estandarte a la cultura y la tradici&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Partiendo de estos interrogantes -y guard&aacute;ndome la respuesta para m&iacute;-, quer&iacute;a traer a colaci&oacute;n una imagen que estimul&oacute; lo que yo llamo <strong>mi memoria gen&eacute;tica</strong>, haciendo la traves&iacute;a del Estrecho rumbo a Marruecos, donde m&aacute;s claramente pude apreciar que bajo el concepto &ldquo;cultura&rdquo; se hund&iacute;an unas ra&iacute;ces nada permisivas y tan vertebradoras como esos 14,4 kilometros de mar entre tierras iguales, separando a gentes semejantes.
    </p><p class="article-text">
        En la cubierta del barco hac&iacute;a frio, el viento soplaba fuerte, como si el mismo H&eacute;rcules hubiese dejado que entrase un chorro de corriente de aire entre las dos columnas que sostiene desde la era antigua; el viento despeinaba el agua y las gotas salpicaban la popa. All&iacute; encontr&eacute; a una pareja joven con su ni&ntilde;a peque&ntilde;a, que hab&iacute;a salido a ver qu&eacute; era eso de tener tan cerca Espa&ntilde;a -yo en cambio estaba haciendo justo lo contrario: intentar divisar &Aacute;frica-.
    </p><p class="article-text">
        En ese punto del oc&eacute;ano se encontraban cuatro personas mirando a horizontes totalmente opuestos, todos con la misma ansiedad en los ojos: el incre&iacute;ble acontecimiento de ver algo por primera vez. En mi caso, quer&iacute;a encontrarme con eso que nuestra cultura nos dice que hay de diferente en otros sitios, en el de ellos, por eso que la cultura globalizada y capitalista ha dado en llamar: Tierra de oportunidades -enga&ntilde;ados est&aacute;bamos los cuatro-.
    </p><p class="article-text">
        La mujer, joven, vivaracha, sosten&iacute;a a la ni&ntilde;a en brazos y la proteg&iacute;a de las impertinentes gotas de agua de las olas; el padre tambi&eacute;n joven y muy delgado, le explicaba que lejos hab&iacute;a luces y aplaud&iacute;a se&ntilde;alando con sus infinitos dedos las luces que a lo lejos se divisaban desde Espa&ntilde;a. <strong>En ese momento, y por primera vez, sent&iacute; el latido de la memoria gen&eacute;tica</strong> (porque la memoria gen&eacute;tica late, e irrumpe) &iexcl;Eran tan iguales esos hombres a mis abuelos, y a mi madre cuando por primera vez huyeron a Francia a buscar su oportunidad! Mi abuelo, se&ntilde;alando a mi madre las luces del sur de Francia mientras mi abuela la proteg&iacute;a del frio.
    </p><p class="article-text">
        Seguro que ese hombre irrepetible que fue Dami&aacute;n Soler tambi&eacute;n aplaudi&oacute; entusiasmado cuando divis&oacute; las primeras luces de otro pa&iacute;s, seguro que se&ntilde;al&oacute; con sus dedos infinitos de hombre de campo otra tierra de oportunidades, seguro que mi madre abraz&oacute; un tanto asustada a su madre, como esta ni&ntilde;a marroqu&iacute; a la suya, ante la incertidumbre de lo nuevo, pero desde la tranquilidad de que su verdadera patria est&aacute; con ella: sus padres.
    </p><p class="article-text">
        La memoria gen&eacute;tica de vez en cuando late en m&iacute;. Lo hizo cruzando el Estrecho, y en ese momento es cuando te das cuenta de que no existen vertebraciones, ni las separaciones estrechas de mares estrechos, ni las estrechas pol&iacute;ticas dise&ntilde;adas por estrechos pensadores de pol&iacute;tica internacional para estrechar a&uacute;n m&aacute;s las conciencias. Afortunadamente la memoria gen&eacute;tica late, en un latido vibrante que une m&aacute;s all&aacute; de lo artificial y lo infundido, m&aacute;s all&aacute; de lo cultural y mucho m&aacute;s cercano a lo humano.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Luc&iacute;a Hern&aacute;ndez Soler</strong> es periodista
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Hernández Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/latido-memoria-genetica_132_4247316.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Jan 2016 23:13:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El latido de la memoria genética]]></media:title>
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