<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Jordi Vaquer]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jordi_vaquer/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jordi Vaquer]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/513904/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Refugiados, la otra emergencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/refugiados-emergencia-partidos_129_4211067.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/356d105f-78f2-4931-80f3-35406f5af030_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Refugiados, la otra emergencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ciudadanos con su discurso europeísta, PP postulándose como el partido responsable en Europa, PSOE apelando a los valores socialdemócratas, Podemos que insiste en la solidaridad con Grecia y con los refugiados: todos tienen un imperativo de mover ficha, o caer en el descrédito.</p></div><p class="article-text">
        En la agenda de temas y l&iacute;neas rojas para formar un nuevo Gobierno brilla por su ausencia la crisis de los refugiados, el desaf&iacute;o enorme que sacude los cimientos de la Uni&oacute;n Europea; Espa&ntilde;a no est&aacute; a la altura. La cuesti&oacute;n merece un lugar preeminente en un posible acuerdo de Gobierno, o incluso un pacto de Estado que pueda sentar los mecanismos para aliviar a Grecia y otros socios, y ofrecer a decenas de miles de refugiados la oportunidad de rehacer sus vidas con seguridad. La emergencia social tiene asegurado un lugar en la agenda pol&iacute;tica, pero no esta otra emergencia, no menos dram&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Pasado un mes de las elecciones, se cierra una primera fase de toma de posiciones, marcar distancias y exigencias innegociables. Ahora, al entrar en materia, la emergencia de los m&aacute;s duramente afectados por la crisis figurar&aacute; en toda mesa negociadora. Tambi&eacute;n lo har&aacute;n, necesariamente, las medidas de regeneraci&oacute;n democr&aacute;tica. En cambio, la gran crisis de los refugiados no aparece en las prioridades: un olvido imperdonable, que ya fue llamativo en campa&ntilde;a, y peligroso cuando tanto est&aacute; en riesgo en la Uni&oacute;n Europea. La llegada de m&aacute;s de un mill&oacute;n de personas en 2015, en una Gran Marcha que sigue activa este enero a pesar del fr&iacute;o y los temporales, est&aacute; transformando la Uni&oacute;n tanto como lo hizo la Eurocrisis. Espa&ntilde;a, fuera esta vez del ojo del hurac&aacute;n, no puede mirar a otro lado ni ce&ntilde;irse al m&iacute;nimo com&uacute;n m&uacute;ltiple.
    </p><p class="article-text">
        Hay, en primer lugar, miles de personas atrapadas a lo largo de la geograf&iacute;a europea, bloqueadas por fronteras cerradas inesperadamente, por tener la nacionalidad equivocada, por leyes aprobadas a toda prisa, por haber dejado atr&aacute;s o delante al resto de la familia. La situaci&oacute;n en Grecia es abismal, y tambi&eacute;n en los Balcanes, en Italia, y en las fronteras y centros de internamiento de media Europa. Incluso quienes consiguen seguir avanzando viven situaciones dur&iacute;simas e invisibles, lejos ya del centro de las grandes ciudades (Atenas, Belgrado, Budapest, Viena) que ocuparon entre Agosto y Octubre.
    </p><p class="article-text">
        Los pa&iacute;ses de primera entrada y los de tr&aacute;nsito se preguntan d&oacute;nde est&aacute; la solidaridad europea. Tambi&eacute;n se lo preguntan Alemania y Suecia, los socios europeos que m&aacute;s se han acercado al cumplimiento de su responsabilidad internacional, con un alto coste econ&oacute;mico a corto plazo, y&nbsp; fuertes tensiones pol&iacute;ticas y sociales. Mientras la Canciller Merkel lidia con una tremenda presi&oacute;n interna, el Primer Ministro h&uacute;ngaro Viktor Orb&aacute;n saborea su condici&oacute;n de pionero de las restricciones sin miramientos y de una irresponsabilidad absoluta que hace escuela en Europa Central. El sistema de reasignaci&oacute;n de refugiados por cuotas, negociado a cara de perro hace medio a&ntilde;o, es un fiasco total: menos de 300 relocalizados sobre un objetivo de 160.000; Espa&ntilde;a, con 47 millones de habitantes, apenas da cobijo a 18.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La tibieza de Espa&ntilde;a es moralmente inaceptable ante tanto sufrimiento. Es, adem&aacute;s, alarmante por la posibilidad que en un futuro no muy lejano la presi&oacute;n migratoria vuelva a sus fronteras. Y es, sobre todo, miope ante el riesgo para el proyecto europeo. Caen los est&aacute;ndares de protecci&oacute;n de derechos humanos. La libre circulaci&oacute;n de personas en el interior de la UE est&aacute; siendo impedida cada d&iacute;a; Schengen est&aacute; cuestionado. La falta de solidaridad entre estados, ya maltrecha con la Eurocrisis, se acerca a un punto de no retorno. Los nacional-populistas aprovechan la oportunidad: en Europa occidental, para crecer en intenci&oacute;n de voto; en Centroeuropa, para reafirmarse en un poder cada vez m&aacute;s autoritario.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a tiene la suerte inmensa de haber mantenido a raya a sus oportunistas xen&oacute;fobos, y queda lejos esta vez de una corriente migratoria que, por sus proporciones, no puede compararse con las vividas en el pasado en el Estrecho ni en Canarias. Por eso hay que exigir a los representantes electos que a&ntilde;adan de inmediato a su agenda negociadora la emergencia de los refugiados en Europa y en los pa&iacute;ses vecinos a los conflictos, y de los desplazados en los propios pa&iacute;ses de origen.
    </p><p class="article-text">
        Ciudadanos con su discurso europe&iacute;sta, PP postul&aacute;ndose como el partido responsable en Europa, PSOE apelando a los valores socialdem&oacute;cratas, Podemos que insiste en la solidaridad con Grecia y con los refugiados: todos tienen un imperativo de mover ficha, o caer en el descr&eacute;dito. Espa&ntilde;a debe jugar en la crisis Europea no ya el papel m&iacute;nimo que le corresponde por su tama&ntilde;o, sino uno mucho m&aacute;s generoso y proactivo. Una acci&oacute;n bien dise&ntilde;ada para corresponsabilizarse de la suerte de los refugiados tendr&aacute; sin duda eco en una sociedad que no s&oacute;lo empatiza con el sufrimiento de quienes huyen del terror, sino que adem&aacute;s anhela recuperar la ambici&oacute;n de una Europa solidaria y unida. Es hora de negociaciones. De poner cifras, fechas, planes, compromisos. Y de ir a Bruselas con un pedazo de la soluci&oacute;n bajo el brazo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jordi Vaquer]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/refugiados-emergencia-partidos_129_4211067.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Feb 2016 19:41:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/356d105f-78f2-4931-80f3-35406f5af030_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="65052" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/356d105f-78f2-4931-80f3-35406f5af030_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="65052" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Refugiados, la otra emergencia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/356d105f-78f2-4931-80f3-35406f5af030_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Refugiados]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Excepción española, o italiana?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/excepcion-espanola-italiana_132_1504311.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La excepción española ha sido muy discutida tras la entrada de la derecha populista radical en el Congreso</p><p class="subtitle">Las encuestas de opinión permiten hablar de una progresiva normalización de los valores de la sociedad española en forma de convergencia hacia valores progresistas y de sociedad abierta, y de una excepción italiana en sentido contrario</p></div><p class="article-text">
        La cobertura nacional y, sobre todo, internacional del ciclo electoral espa&ntilde;ol que empez&oacute; con las elecciones andaluzas de diciembre de 2018 y termin&oacute; el 26 de mayo de 2019 con las municipales, auton&oacute;micas y europeas hizo hincapi&eacute; en el fin de la llamada 'excepci&oacute;n espa&ntilde;ola'. En efecto, tras d&eacute;cadas de aumento gradual de la presencia parlamentaria de la derecha populista radical, Espa&ntilde;a, con la entrada de Vox en su entramado institucional, dejaba el selecto club de los pa&iacute;ses miembros de la UE que no han contado o cuentan con parlamentarios de esa familia ideol&oacute;gica. En este club quedan ahora Irlanda, Malta y Portugal, cuyas poblaciones suman apenas un tercio de la espa&ntilde;ola. Hay otros aspectos, sin embargo, en los que Espa&ntilde;a sigue contra corriente, en particular el &eacute;xito del PSOE en el marco general de una profunda crisis de la socialdemocracia en Europa, o bien el hecho que solo 3 de los 54 eurodiputados electos por los espa&ntilde;oles representan a una opci&oacute;n claramente nacionalista, euroesc&eacute;ptica y anti-inmigraci&oacute;n del tipo que tanto &eacute;xito electoral cosecha en la mayor parte del Continente.
    </p><p class="article-text">
        Para comprender mejor esta divergencia espa&ntilde;ola, conviene ir m&aacute;s all&aacute; de los resultados electorales y poner el foco en la sociedad espa&ntilde;ola. En las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas la sociedad espa&ntilde;ola abund&oacute; en el camino de apertura hacia valores progresistas y liberales en lo social en momentos en los que la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses europeos recorr&iacute;an, en mayor o menor medida, el camino contrario. La sociedad espa&ntilde;ola ten&iacute;a, tanto de s&iacute; misma como vista por otros, una imagen de conservadora, derivada en buena medida de su pasado. Sin embargo, alcanz&oacute; hitos inesperados en cuestiones de la agenda social progresista: l&iacute;der en donaciones de &oacute;rganos, en la vanguardia en reproducci&oacute;n asistida, tercer pa&iacute;s europeo en reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo, r&eacute;cord de mujeres en un gobierno y en un parlamento en Europa, movilizaciones feministas, pro-refugiados o pro-derechos LGBT sin parag&oacute;n en Europa, por nombrar solo los m&aacute;s conocidos.
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s, estos avances estaban en perfecta sinton&iacute;a con una opini&oacute;n p&uacute;blica que se sit&uacute;a entre las m&aacute;s abiertas de Europa, y del mundo, en las cuestiones sociales que est&aacute;n en el centro de las guerras culturales contempor&aacute;neas, como la igualdad de g&eacute;nero, derechos LGBT+, aceptaci&oacute;n de la diversidad cultural, aprecio por la inmigraci&oacute;n, o voluntad de acoger a refugiados. Sondeo tras sondeo, Espa&ntilde;a aparece en cuestiones sociales cerca de B&eacute;lgica, Holanda, Reino Unido y Escandinavia, referentes europeos y globales de liberalismo social, a menudo por delante de los vecinos directos, Francia y Portugal y, sobre todo, a gran distancia de Italia.
    </p><p class="article-text">
        En buena medida, el fen&oacute;meno Vox, y la radicalizaci&oacute;n del Partido Popular que acompa&ntilde;&oacute; a su emergencia, fueron una furibunda respuesta a esta transformaci&oacute;n social, una reivindicaci&oacute;n de la Espa&ntilde;a 'de siempre' frente a ese excepcional marco de apertura social. Por ello es importante preguntarse si la excepci&oacute;n espa&ntilde;ola en el &aacute;mbito de los valores sociales va tambi&eacute;n camino de desaparecer. Para hacerlo, conviene examinar en perspectiva comparada esa excepci&oacute;n, en particular en el contexto de los pa&iacute;ses m&aacute;s pr&oacute;ximos, y m&aacute;s f&aacute;cilmente comparables a Espa&ntilde;a. Para ello, hemos recurrido a datos de la Encuesta Social Europea (<em>European Social Survey</em>, en adelante ESS), una macroencuesta paneuropea que se repite cada dos a&ntilde;os con gran rigor metodol&oacute;gico, y hacer algunas comparaciones que pueden resultar ilustrativas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo normal y lo excepcional</strong>
    </p><p class="article-text">
        La trayectoria espa&ntilde;ola destaca en un contexto europeo que re&uacute;ne a sociedades muy diversas, desde Escandinavia a la pen&iacute;nsula balc&aacute;nica, pero vale la pena comparar con casos m&aacute;s cercanos. Empezaremos ci&ntilde;&eacute;ndonos a un contexto m&aacute;s reducido, el de cuatro pa&iacute;ses de la Europa latina: Francia, Italia, Espa&ntilde;a y Portugal. Hemos observado las respuestas de esos cuatro pa&iacute;ses a tres preguntas de la Encuesta Social Europea de 2016. Se trata de preguntas sobre igualdad de g&eacute;nero, derechos LGBT, y recepci&oacute;n de inmigrantes, tres de las cuestiones claves en las tensiones culturales e identitarias en la actualidad en Europa.
    </p><p class="article-text">
        Empezamos por una pregunta sobre igualdad de g&eacute;nero, en concreto, si los hombres deber&iacute;an tener m&aacute;s derecho a un empleo que las mujeres cu&aacute;ndo &eacute;ste escasea.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/00ef3876-c45f-4822-bc90-1cd589fd8a09_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/00ef3876-c45f-4822-bc90-1cd589fd8a09_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/00ef3876-c45f-4822-bc90-1cd589fd8a09_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/00ef3876-c45f-4822-bc90-1cd589fd8a09_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/00ef3876-c45f-4822-bc90-1cd589fd8a09_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/00ef3876-c45f-4822-bc90-1cd589fd8a09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/00ef3876-c45f-4822-bc90-1cd589fd8a09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Vemos como la mayor&iacute;a rechaza esta proposici&oacute;n en los cuatro pa&iacute;ses, pero en proporciones distintas. Mientras en Espa&ntilde;a el 87,2% rechazan (en desacuerdo o muy en desacuerdo) la proposici&oacute;n, y s&oacute;lo un 7,2% (de acuerdo o muy de acuerdo) est&aacute;n de acuerdo, en Italia el rechazo no llega a los dos tercios (63,4%), y apoyan la idea de un acceso privilegiado para los hombres al trabajo en caso de escasez un 21,5% de los italianos, una proporci&oacute;n tres veces mayor que la de espa&ntilde;oles. Francia (85,2% en contra, 8,1% a favor) y Portugal (82% en contra, 13,2% a favor) se hallan en posiciones intermedias, pero bastante m&aacute;s cercanas a Espa&ntilde;a que a Italia. La excepci&oacute;n, en este contexto y para esta pregunta, es italiana.
    </p><p class="article-text">
        En la pregunta sobre si parejas de hombres gais y de lesbianas deber&iacute;an poder adoptar, los resultados son los siguientes:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f12f349-170f-4df9-881c-708fd809f458_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f12f349-170f-4df9-881c-708fd809f458_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f12f349-170f-4df9-881c-708fd809f458_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f12f349-170f-4df9-881c-708fd809f458_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f12f349-170f-4df9-881c-708fd809f458_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f12f349-170f-4df9-881c-708fd809f458_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0f12f349-170f-4df9-881c-708fd809f458_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En esta pregunta, Espa&ntilde;a es de largo el pa&iacute;s m&aacute;s progresista de los cuatro: el 73,8% de los entrevistados est&aacute;n de acuerdo en la adopci&oacute;n para parejas homosexuales, mientras que el 15% est&aacute;n en contra. En este caso, la mayor&iacute;a en Italia piensa en el sentido contrario a la de Espa&ntilde;a y el pa&iacute;s, de nuevo, se sit&uacute;a en el extremo m&aacute;s conservador, con un apoyo del 23,1% y la oposici&oacute;n del 56,1%. En esta pregunta las posiciones de Francia (47,5% a favor, 36,2% en contra) y Portugal (49.5% a favor, 33.9% en contra) est&aacute;n cerca del punto medio entre las de Espa&ntilde;a e Italia, aunque m&aacute;s cercanas a las primeras.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a la inmigraci&oacute;n, cuando se les pregunta sobre si deber&iacute;a permitirse la llegada de inmigrantes de una raza o grupo &eacute;tnico distinto al de la mayor&iacute;a, los espa&ntilde;oles, franceses, italianos y portugueses responden as&iacute;:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d02e1bb-8cbb-4cc7-ad9e-230f29264b70_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d02e1bb-8cbb-4cc7-ad9e-230f29264b70_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d02e1bb-8cbb-4cc7-ad9e-230f29264b70_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d02e1bb-8cbb-4cc7-ad9e-230f29264b70_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d02e1bb-8cbb-4cc7-ad9e-230f29264b70_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d02e1bb-8cbb-4cc7-ad9e-230f29264b70_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4d02e1bb-8cbb-4cc7-ad9e-230f29264b70_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Los italianos son claramente los m&aacute;s renuentes a permitir inmigraci&oacute;n de un grupo &eacute;tnico distinto. Mientras que un 42,1% aceptar&iacute;a que se permitiese la instalaci&oacute;n a muchos o bien a algunos, un 20,1% no lo permitir&iacute;an para ninguno. Aqu&iacute; Francia (63,8% aceptar&iacute;an a muchos o algunos, 11,3% no querr&iacute;an a ninguno) est&aacute; mucho m&aacute;s cerca de Espa&ntilde;a (64,3% a favor de aceptar a muchos o algunos, 7,4% ninguno), y Portugal incluso tiene una tasa mayor de aceptaci&oacute;n (68,1% a favor de la integraci&oacute;n de muchos o algunos, 9.3% por no aceptar a ninguno). Sin embargo, si distinguimos la aceptaci&oacute;n de que vengan 'muchos' de la aceptaci&oacute;n de que lo hagan 'algunos', Espa&ntilde;a se presenta m&aacute;s abierta que Portugal (el 29.1% aceptar&iacute;an que 'muchos' inmigrantes de un grupo &eacute;tnico distinto se instalasen en Espa&ntilde;a, por un 13.0% de los portugueses). De nuevo, es Italia la excepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una divergencia acusada</strong>
    </p><p class="article-text">
        El grupo conformado por Francia, Italia, Espa&ntilde;a y Portugal no es en homog&eacute;neo, y cabr&iacute;a discutir su idoneidad como unidad de an&aacute;lisis. Sirva sin embargo para ilustrar el argumento principal de este art&iacute;culo: Espa&ntilde;a es excepcional por la apertura a los valores progresistas de su sociedad, pero, en su contexto, Italia lo es, seguramente m&aacute;s, en el sentido contrario. Es interesante, siguiendo con las mismas tres preguntas sobre igualdad de g&eacute;nero, derechos LGBT+ e inmigraci&oacute;n, ver qu&eacute; pa&iacute;ses se encuentran pr&oacute;ximos al uno y al otro, y d&oacute;nde se sit&uacute;an las sociedades espa&ntilde;ola e italiana respecto a la media de opini&oacute;n en Europa Occidental.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, siempre con datos de la Encuesta Social Europea de 2016, si hacemos la media de los pa&iacute;ses europeos occidentales encuestados ponderada seg&uacute;n su poblaci&oacute;n, vemos que la media de opini&oacute;n de los espa&ntilde;oles est&aacute; mucho m&aacute;s cerca de la de Europa Occidental que la de los italianos. Adem&aacute;s, en los tres casos la sociedad espa&ntilde;ola se muestra m&aacute;s progresista que la europea en sus preferencias (a favor de la igualdad de g&eacute;nero, los derechos LGBT y la llegada de inmigraci&oacute;n extra-europea), mientras que la italiana est&aacute; en los tres casos mucho m&aacute;s alejada, y siempre hacia posiciones m&aacute;s conservadoras. De hecho, entre los 15 pa&iacute;ses occidentales encuestados, Italia est&aacute; en la posici&oacute;n m&aacute;s conservadora para las preguntas sobre igualdad de g&eacute;nero y derechos LGBT, y en la segunda posici&oacute;n m&aacute;s conservadora, solo superada por Austria, en la cuesti&oacute;n migratoria. Espa&ntilde;a, en cambio, s&oacute;lo est&aacute; entre las tres posiciones m&aacute;s progresistas en la cuesti&oacute;n de derechos LGBT (en la que s&oacute;lo Islandia y Pa&iacute;ses Bajos la superan).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/50377da6-06d5-4f58-a356-8a564af54dd0_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/50377da6-06d5-4f58-a356-8a564af54dd0_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/50377da6-06d5-4f58-a356-8a564af54dd0_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/50377da6-06d5-4f58-a356-8a564af54dd0_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/50377da6-06d5-4f58-a356-8a564af54dd0_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/50377da6-06d5-4f58-a356-8a564af54dd0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/50377da6-06d5-4f58-a356-8a564af54dd0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Hemos calculado para cada una de las tres preguntas la distancia del registro de cada pa&iacute;s con el espa&ntilde;ol, y con el italiano. En concreto, hemos visto la diferencia con los que est&aacute;n en desacuerdo que los hombres deban tener prioridad para obtener empleo cuando este escasea, con los que est&aacute;n de acuerdo en que gais y lesbianas puedan adoptar, y con los que est&aacute;n a favor de recibir mucha o alguna inmigraci&oacute;n de un grupo &eacute;tnico o racial distinto al mayoritario. Luego hemos calculado la media entre las tres desviaciones. Los resultados son muy ilustrativos de la divergencia entre Espa&ntilde;a e Italia. En la comparaci&oacute;n directa, la divergencia media entre las tres preguntas es muy notable, de 32 puntos porcentuales. M&aacute;s interesante a&uacute;n es comparar con el resto de pa&iacute;ses comprendidos en la ESS.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef9394a7-6206-4799-875a-767c5cf13487_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef9394a7-6206-4799-875a-767c5cf13487_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef9394a7-6206-4799-875a-767c5cf13487_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef9394a7-6206-4799-875a-767c5cf13487_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef9394a7-6206-4799-875a-767c5cf13487_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef9394a7-6206-4799-875a-767c5cf13487_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ef9394a7-6206-4799-875a-767c5cf13487_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Los dos pa&iacute;ses m&aacute;s cercanos a Espa&ntilde;a son B&eacute;lgica y Pa&iacute;ses Bajos (una distancia media de apenas 3,5 y 3,8 puntos), seguidos de cerca por el Reino Unido (5,6 puntos). A 10-15 puntos de distancia media se encuentra un nutrido grupo de pa&iacute;ses de Europa Occidental (por orden de proximidad): Alemania, Francia, Noruega, Suecia, Portugal y Finlandia. En el extremo opuesto, los registros m&aacute;s alejados de los espa&ntilde;oles (en orden de m&aacute;s alejado a menos) son los de Hungr&iacute;a, Rusia, Lituania, Chequia y Polonia. Los registros italianos est&aacute;n m&aacute;s alejados de los espa&ntilde;oles que los de todos los otros pa&iacute;ses de la encuesta, quitando estos cinco.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a Italia, los pa&iacute;ses con registros m&aacute;s cercanos son enteramente distintos. Los m&aacute;s cercanos son Estonia y Polonia. Lituania y Chequia les siguen. Hay que llegar al quinto pa&iacute;s para encontrar un estado de la Europa Occidental, Austria (a 11,8 puntos de distancia media), un nivel de lejan&iacute;a muy parecido con los de Eslovenia (a 12,3) y dos estados de fuera de la UE, Israel (a 12,2) y Rusia (a 12,6). En cuanto a los m&aacute;s distintos de Italia, s&oacute;lo hay cuatro pa&iacute;ses que tengan registros m&aacute;s alejados de los italianos que Espa&ntilde;a. Son, en orden de m&aacute;s a menos alejado, Islandia, Suecia, Pa&iacute;ses Bajos y Noruega.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Resultados excepcionales?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La selecci&oacute;n de solo tres preguntas de la Encuesta Social Europea en 2016 da necesariamente unos resultados sesgados. Son preguntas en temas particularmente pol&eacute;micos: hay otros &aacute;mbitos en los que la coincidencia entre Espa&ntilde;a e Italia es mucho mayor. Adem&aacute;s, la Encuesta Social Europea tiene problemas de comparabilidad; por ejemplo, no participaron de ella ni Grecia, ni muchos pa&iacute;ses de Europa Oriental. Por ello es interesante hacer un repaso a otras encuestas de opini&oacute;n disponibles sobre los tres grandes temas (igualdad de g&eacute;nero, derechos LGBT e inmigraci&oacute;n), por ejemplo por parte de Eurobar&oacute;metro. Ese ejercicio confirma en l&iacute;neas generales estos resultados.
    </p><p class="article-text">
        Muchas encuestas de opini&oacute;n contienen preguntas sobre estos temas en las que Espa&ntilde;a e Italia se encuentran m&aacute;s cercanas, pero son muy raros los ejemplos en los que la opini&oacute;n p&uacute;blica italiana se muestra m&aacute;s abierta en estos temas, mientras que en algunos datos la diferencia en sentido m&aacute;s liberal para Espa&ntilde;a es llamativa. La tendencia general se confirma, con Espa&ntilde;a m&aacute;s parecida a la media de Europa occidental, e Italia a menudo en la zona intermedia entre los pa&iacute;ses m&aacute;s abiertos de Europa Central (como Chequia, Estonia o Eslovenia) y los m&aacute;s cerrados de la Occidental (como Austria o Malta).
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a igualdad de g&eacute;nero, los estudios suelen detectar diferencias menos acusadas que en los otros dos &aacute;mbitos (derechos LGBT e inmigraci&oacute;n). <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Un estudio global de IPSOS</a>, que incluye tanto a Italia como a Espa&ntilde;a, sit&uacute;a a la segunda en posiciones m&aacute;s progresistas. En los dos resultados en los cuales hay mayor contraste, Espa&ntilde;a est&aacute; a la cabeza de los 24 pa&iacute;ses estudiados en rechazo a la idea de que las mujeres sean inferiores a los hombres, o que los hombres sean m&aacute;s capaces que las mujeres; en Italia la proporci&oacute;n de quienes est&aacute;n de acuerdo con esas ideas dobla a la de Espa&ntilde;a.&nbsp;<a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">El Eurobar&oacute;metro Especial 428</a> sobre Igualdad de G&eacute;nero no se&ntilde;ala diferencias tan espectaculares, pero s&iacute; confirma el mayor compromiso de la sociedad espa&ntilde;ola con la igualdad. Los resultados del&nbsp;<a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Eurobar&oacute;metro Especial 449</a> sobre Violencia de G&eacute;nero tambi&eacute;n van en la misma l&iacute;nea, y la encuesta desvela adem&aacute;s una gran diferencia en tolerancia hacia el sexo sin consentimiento en determinadas circunstancias entre Espa&ntilde;a (la segunda m&aacute;s intolerante, tras Suecia) e Italia (cercana a la media comunitaria).
    </p><p class="article-text">
        Para la cuesti&oacute;n de los derechos LGBT, hay tambi&eacute;n otras fuentes que confirman la impresi&oacute;n de que Espa&ntilde;a se sit&uacute;a cerca de la media de Europa Occidental &ndash; incluso en la banda alta en cuanto a progresismo &ndash; mientras la sociedad italiana se parece m&aacute;s a las de Europa Central y Oriental. El <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Eurobar&oacute;metro 437 sobre discriminaci&oacute;n en la UE </a>confirma la gran diferencia en actitudes hacia el colectivo LGBT en Espa&ntilde;a, sistem&aacute;ticamente entre las m&aacute;s liberales, e Italia, ligeramente por debajo de la media UE, cerca de pa&iacute;ses como Austria, Chequia, Eslovenia y Portugal. <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Un estudio de Pew Institute </a>que contrasta actitudes sociales en Europa Oriental y Occidental sit&uacute;a a Espa&ntilde;a a la cabeza en cuestiones de igualdad LGBT (y en la media occidental en otras cuestiones sociales), y a Italia m&aacute;s cerca de los registros de sus vecinos orientales. L<a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">a encuesta sobre discriminaci&oacute;n de individuos LGBT </a>encargada por la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE muestran un porcentaje sensiblemente mayor de italianos (a un nivel parecido a los registrados en Bulgaria, Ruman&iacute;a y Chipre) de este colectivo que experimentaron discriminaci&oacute;n respecto a espa&ntilde;oles (a un nivel parecido a Francia, Finlandia y Chequia).
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, para inmigraci&oacute;n, el&nbsp;<a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Eurobar&oacute;metro Especial 469</a> sobre 'Integraci&oacute;n de inmigrantes en la Uni&oacute;n Europea', publicado en Abril de 2018, abarca a todos los pa&iacute;ses de la UE y trata en profundidad la cuesti&oacute;n. En &eacute;l se confirma la impresi&oacute;n de que los espa&ntilde;oles est&aacute;n entre los m&aacute;s abiertos a la inmigraci&oacute;n y a su integraci&oacute;n. <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Un estudio de Pew Institute </a>confirma a los espa&ntilde;oles como los menos opuestos, entre los diez pa&iacute;ses estudiados, a recibir a m&aacute;s inmigrantes, mientras los italianos pr&aacute;cticamente empatan con los h&uacute;ngaros en la pen&uacute;ltima posici&oacute;n, por encima s&oacute;lo de los griegos, y sit&uacute;a sistem&aacute;ticamente a Espa&ntilde;a e Italia en polos opuestos en cuanto a actitudes hacia inmigrantes y refugiados.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Conclusiones: excepci&oacute;n italiana, de momento</strong>
    </p><p class="article-text">
        La excepci&oacute;n espa&ntilde;ola ha sido muy discutida tras la entrada de la derecha populista radical en el Congreso. A la vista de las encuestas de opini&oacute;n, en cuesti&oacute;n de valores y liberalismo social, y en el contexto de Europa Occidental, ser&iacute;a m&aacute;s adecuado hablar de una progresiva normalizaci&oacute;n de los valores de la sociedad espa&ntilde;ola respecto a las sociedades de Europa Occidental (una v&iacute;a que tambi&eacute;n parecen estar siguiendo Irlanda y Portugal, por ejemplo), en forma de convergencia hacia valores progresistas y de sociedad abierta, y de una excepci&oacute;n italiana. Tenemos en Italia una sociedad cuyos valores en cuanto a igualdad de g&eacute;nero, derechos LGBT e inmigraci&oacute;n se parecen m&aacute;s a los de algunos pa&iacute;ses del antiguo bloque sovi&eacute;tico que a las sociedades con quienes viene compartiendo el proceso de integraci&oacute;n europea durante seis d&eacute;cadas. Numerosos sondeos de opini&oacute;n en estas cuestiones confirman esta tendencia que hemos revelado aqu&iacute; a partir de los resultados de la Encuesta Social Europea.
    </p><p class="article-text">
        La derecha radical populista se presenta a menudo como la &uacute;nica fuerza que se atreve a decir 'lo que de verdad piensa la gente'. Sus propuestas regresivas en cuestiones de igualdad y derechos vienen justificadas como una respuesta a las demandas 'de la gente'. Sin embargo, hay en las sociedades europeas un apoyo decidido a los valores de una sociedad abierta, m&aacute;s en unos pa&iacute;ses que en otros. Los datos de opini&oacute;n no avalan que defender estos valores sea una imposici&oacute;n de las '&eacute;lites cosmopolitas' o de la 'dictadura progre', sino una respuesta al sentir de una parte importante de la sociedad. Por ello, no es obvio que el creciente apego de la mayor&iacute;a social en Espa&ntilde;a a valores liberales en lo social sea excepcional, ni mucho menos que sea una aberraci&oacute;n o un par&eacute;ntesis que va a cerrarse pronto. En el contexto de Europa occidental, parece m&aacute;s excepcional, y un interesante objeto de estudio, la evoluci&oacute;n de la sociedad italiana.
    </p><p class="article-text">
        Los registros de la Encuesta Social Europea de los que hablamos en este art&iacute;culo son de 2016, antes de la entrada en el gobierno de Italia de la derecha radical populista. Habr&aacute; que ver en nuevas oleadas c&oacute;mo evoluciona la sociedad italiana en la nueva etapa pol&iacute;tica que abri&oacute; Italia en 2018, con la enorme influencia de la derecha populista radical de la Lega. En Espa&ntilde;a, la llegada de una fuerza de derecha radical reaccionaria a las instituciones (de momento, no al Gobierno ni a la mayor&iacute;a de gobierno) y su fuerte irrupci&oacute;n en el discurso p&uacute;blico tendr&aacute; sin duda un impacto sobre las percepciones, preferencias y valores. De hecho, es probable que lo est&eacute; teniendo ya. Pero esto no convierte de la noche a la ma&ntilde;ana a Espa&ntilde;a en un pa&iacute;s cuya mayor&iacute;a social vaya a ser receptiva a discursos anti-feministas, hom&oacute;fobos, xen&oacute;fobos o autoritarios. Lo contrario parece ser cierto: los espa&ntilde;oles se encuentran entre los europeos que m&aacute;s valoran los principios de una sociedad abierta, cerca de la media en Europa Occidental. No es una situaci&oacute;n excepcional en Europa, pero tampoco es algo que pueda darse por descontado para siempre. Y el contraste con Italia, una sociedad con la que Espa&ntilde;a tiene tant&iacute;simo en com&uacute;n, puede servir para entender mejor la fragilidad de esa apertura que ha caracterizado a las &uacute;ltimas d&eacute;cadas de evoluci&oacute;n de la sociedad espa&ntilde;ola.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jordi Vaquer]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/excepcion-espanola-italiana_132_1504311.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Jun 2019 19:29:28 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Excepción española, o italiana?]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
