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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carlo Frabetti]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carlo_frabetti/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carlo Frabetti]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La revista que fue Jueves]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/revista-jueves_129_4176603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Al leer el &uacute;ltimo n&uacute;mero de la revista <em>El Jueves</em> me he acordado, y no solo por una mera cuesti&oacute;n de homonimia, de <em>El hombre que fue Jueves</em>, la novela m&aacute;s parad&oacute;jica y conservadora de G.K. Chesterton (el m&aacute;s parad&oacute;jico de los novelistas conservadores), en la que rinde un involuntario homenaje al &ldquo;verdadero anarquista&rdquo; y, aunque pretende reivindicar el catolicismo y la moral cristiano-burguesa, con su enrevesada reflexi&oacute;n sobre la infiltraci&oacute;n y el doble juego consigue, en buena medida, el efecto contrario (junto con Voltaire y Alfonso Sastre, Chesterton fue uno de los autores que m&aacute;s me ayudaron a &ldquo;perder la fe&rdquo;, es decir, a alcanzar el uso de raz&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Y es que, al igual que los aleg&oacute;ricos personajes de la novela de Chesterton, la revista <em>El Jueves</em> es un agente doble infiltrado en el sistema. Podr&iacute;a parecer una obviedad, puesto que los humoristas siempre son agentes dobles: por una parte, cuestionan el orden establecido y la moral vigente, y por otra los refuerzan al funcionar como una v&aacute;lvula de escape que alivia una presi&oacute;n que podr&iacute;a llegar a ser peligrosa. Pero no todos los agentes dobles son iguales, y a veces las v&aacute;lvulas se atascan.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El humor es la sonrisa de la revoluci&oacute;n&rdquo;, dijo poco antes de morir el joven poeta franc&eacute;s Marco M&eacute;n&eacute;goz, asesinado por los nazis en 1944. Y Freud ya lo hab&iacute;a sugerido al se&ntilde;alar, en <em>El chiste y su relaci&oacute;n con el inconsciente</em>, que el humor es intr&iacute;nsecamente subversivo (en el sentido gramsciano de erosionar los cimientos de la moral burguesa, cabr&iacute;a a&ntilde;adir). Pero no todas las sonrisas son iguales, ni todas las subversiones. Hay sonrisas obsequiosas y rebeld&iacute;as que se reducen a pataletas o solo buscan la satisfacci&oacute;n inmediata de apetencias reprimidas. Y la obsequiosidad risue&ntilde;a y la rebeld&iacute;a superficial se juntan y revuelven en la figura del buf&oacute;n cortesano.
    </p><p class="article-text">
        Como es bien sabido, los bufones cumpl&iacute;an la funci&oacute;n de &ldquo;humanizar&rdquo; a sus amos habl&aacute;ndoles con una impertinencia que a otros les hubiera costado cara. No dejaba de ser una profesi&oacute;n de riesgo, pues si se pasaban de la raya o pillaban a su se&ntilde;or en un mal momento, pod&iacute;an perder sus privilegios en un santiam&eacute;n. O su cabeza. Pero, en general, un buf&oacute;n astuto consegu&iacute;a llevar una vida acomodada sin grandes sobresaltos. Igual que algunos humoristas actuales.
    </p><p class="article-text">
        El poder necesita al buf&oacute;n, m&aacute;s que para parecer tolerante y abierto a la cr&iacute;tica, para no perderse en los meandros de un mon&oacute;logo sin fin y sin r&eacute;plica. Necesita un espejo para maquillarse. Al precio de distorsionar su figura y sus maneras (vendiendo su imagen, que es empe&ntilde;ar el alma), el buf&oacute;n puede decir algunas verdades molestas, incluso proferir ciertas burlas y sarcasmos irreverentes, y el poder no solo lo tolera, sino que incluso puede llegar a re&iacute;rse. &iquest;De s&iacute; mismo? No: de quienes confunden las impertinencias del buf&oacute;n, que contribuyen a que todo siga igual, con las verdaderas cr&iacute;ticas, las que podr&iacute;an hacer que las cosas cambiaran.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qui&eacute;nes confunden las bufonadas con las cr&iacute;ticas? Todos, en alguna medida, en alg&uacute;n momento. A todos nos enga&ntilde;an alguna vez los bufones del poder (por ejemplo, los humoristas que publican sus chistes gr&aacute;ficos en los grandes peri&oacute;dicos), y a algunos los enga&ntilde;an todas las veces. Pero no pueden enga&ntilde;arnos a todos todas las veces. A los bufones cortesanos acaba vi&eacute;ndoseles el plumero, el gorro de cascabeles, sobre todo a los que se las dan de intelectuales.
    </p><p class="article-text">
        Su propia superficialidad -su habitual tonillo entre mesi&aacute;nico y seudopo&eacute;tico, como de libro de autoayuda con &iacute;nfulas literarias- suele ser un primer indicio, aunque no concluyente; su exhibicionismo, su frecuentaci&oacute;n de los grandes medios (poco compatible con la cr&iacute;tica verdadera), el engreimiento y la arrogancia t&iacute;picos de los mediocres encumbrados y, sobre todo, una ambig&uuml;edad ret&oacute;rico-acrob&aacute;tica que acaba estrell&aacute;ndose contra el suelo de los obstinados hechos: esas son las se&ntilde;as de identidad -o de impostura- de los bufones del poder.
    </p><p class="article-text">
        Pero a veces los c&oacute;micos menos pretenciosos (y no en vano el punto sobre la jota de <em>El Jueves</em> es una cabecita de buf&oacute;n deslenguado) se proponen y lo consiguen (para conseguirlo basta con propon&eacute;rselo) molestar realmente a los criminales que gobiernan el mundo, y en esta ocasi&oacute;n la valiente plantilla de &ldquo;La revista que sale los mi&eacute;rcoles&rdquo; lo ha conseguido.
    </p><p class="article-text">
        Una doble p&aacute;gina en la que, bajo el t&iacute;tulo &ldquo;DesHechos Hist&oacute;ricos&rdquo;, se denuncia sin ambages al Estado terrorista de Israel, ha desatado las iras de los neonazis sionistas y los ladridos de sus perritos falderos. Y por si fuera poco, el &uacute;ltimo n&uacute;mero de <em>El Jueves </em>aborda el vergonzoso incidente de los titiriteros con una claridad y contundencia que echamos de menos en los pol&iacute;ticos y polit&oacute;logos supuestamente de izquierdas; la correspondiente secci&oacute;n se titula, sin concesiones, &ldquo;El Estado contra la libertad de expresi&oacute;n&rdquo;, y entre otras cosas incluye una vi&ntilde;eta en la que se ve al verdadero titiritero terrorista -el capital- moviendo los hilos de sus marionetas: el polic&iacute;a, el juez y la prensa. Se puede decir m&aacute;s alto, pero no m&aacute;s claro. Y por eso intentan reducir al m&aacute;ximo el volumen de esa voz renacida, que recuerda los tiempos m&aacute;s combativos de la revista que fue <em>El Jueves</em> y que parece dispuesta a volver a serlo. Ayud&eacute;mosla a conseguirlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlo Frabetti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/revista-jueves_129_4176603.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Feb 2016 21:15:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La revista que fue Jueves]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[El Jueves,Humor,Libertad de expresión]]></media:keywords>
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