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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto Díez Michelena]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alberto_diez_michelena/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto Díez Michelena]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Bienestar animal: la ciencia y la conciencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/bienestar-animal-ciencia-conciencia_132_4134650.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f51e5fb1-155b-47c8-a25c-45576ad81357_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Laura y Carmen, una vaca libre en el santuario madrileño Wings of Heart. Foto: Tras los Muros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El sentido de sufrimiento y el sentimiento de piedad derivados de nuestra percepción del dolor que aplicamos a los animales quedan supeditados a la demostración científica de que ese sufrimiento existe</p></div><p class="article-text">
        Al contrario de lo que ocurre con los animales de compa&ntilde;&iacute;a, el concepto de 'bienestar animal' aplicado a los animales cuyo uso implica fuertes intereses econ&oacute;micos, como es el caso de animales que sirven para nuestra alimentaci&oacute;n, ha asumido tradicionalmente una autolimitaci&oacute;n que, exigida desde fuera, se ha aceptado desde dentro: la evidencia cient&iacute;fica. Todos hemos admitido la necesidad de 'probar' emp&iacute;ricamente los encargos de la intuici&oacute;n. El sometimiento de la conciencia a la ciencia. En consecuencia, la evidencia cient&iacute;fica deviene en pieza imprescindible para defender cualquier argumento animalista, la sola &eacute;tica queda invalidada. El sentido de sufrimiento, y el sentimiento de piedad, solidaridad o respeto derivados de nuestra percepci&oacute;n de la cantidad de dolor que aplicamos en el uso de estos animales, quedan supeditados a la demostraci&oacute;n cient&iacute;fica de que ese sufrimiento existe, a la medici&oacute;n emp&iacute;rica de su cuant&iacute;a en el tiempo y en el espacio, y a la eficacia pr&aacute;ctica en la aplicaci&oacute;n de m&eacute;todos paliativos.
    </p><p class="article-text">
        La tiran&iacute;a del mundo f&iacute;sico, expresado en f&oacute;rmulas matem&aacute;ticas de medici&oacute;n de dolor, impone sus reglas limitantes sobre la experiencia de nuestra vivencia moral en un proyecto sobre la relaci&oacute;n con los animales y sobre nuestros comportamientos en relaci&oacute;n con ese proyecto. La ciencia emp&iacute;rica no ocupa m&aacute;s que una parcela en el conjunto de est&iacute;mulos e informaciones sensibles, o no, que definen nuestra integraci&oacute;n individual en una idea de respeto hacia los animales en cuya delimitaci&oacute;n y transformaci&oacute;n tambi&eacute;n participamos, y con las mismas herramientas. La protecci&oacute;n animal, forma integral de nuestra cultura, act&uacute;a, y evoluciona, a partir de decisiones particulares y colectivas, intuitivas o razonadas, que nos facilitan el movimiento de un punto ya superado al siguiente y donde la erudici&oacute;n tecnol&oacute;gica no tiene un protagonismo especial y, adem&aacute;s, su valor depender&aacute; de cada esp&iacute;ritu personal. Por lo tanto, no es justo que se imponga una parcela del conocimiento cultural actual, la ciencia emp&iacute;rica, como punto de partida inevitable hacia la cultura que pueda venir, ni que en su definici&oacute;n se obligue a todos a concederle el peso espec&iacute;fico sentido por unos pocos.
    </p><p class="article-text">
        El hombre, como conjunto de decisiones individuales, se mueve en el espacio, s&iacute;, medible y cuantificable, pero tambi&eacute;n se proyecta en el tiempo. Somos sociedad, somos movimiento que, derivados de la visi&oacute;n cultural de nuestros ancestros e inspirados por nuestra forma intr&iacute;nseca de sentir cultural, vamos definiendo la cultura de nuestro futuro pendiente. La protecci&oacute;n de los animales es ya parte intr&iacute;nseca de ese devenir, y lo es por sentimiento, por intuici&oacute;n, por empat&iacute;a, por apego o adhesi&oacute;n. Poco importa que derive de una actitud &eacute;tica, de un sentir social o de una piedad de origen m&iacute;stica o religiosa; o que se exprese en cada uno de nosotros como afectividad, sensibler&iacute;a, conmiseraci&oacute;n, compasi&oacute;n, ternura, pasi&oacute;n o compa&ntilde;erismo: la forma en la que cada cual vive su relaci&oacute;n con los animales es un asunto de cada qui&eacute;n, pero de una forma u otra, se encuentra en todos nosotros. No podemos reducir esta vivencia interna, personal y trascendente a un eje cartesiano, a un punto concreto en el espacio f&iacute;sico, a un entramado num&eacute;rico as&eacute;ptico, a una soluci&oacute;n de causa-efecto. La protecci&oacute;n animal pertenece a nuestro car&aacute;cter interno, es un sentimiento que evoluciona, no un fen&oacute;meno est&aacute;tico sobre el que se pueda practicar una disecci&oacute;n mecanicista.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el andamiaje 'objetivo' con el que se reviste la ciencia para justificar su omnipresencia ineludible en cualquier decisi&oacute;n sobre protecci&oacute;n de los animales es una entelequia, o un invento del grupo reducido de iniciados para manejar y dominar, subjetivamente, a la gran masa de ne&oacute;fitos y sancionar as&iacute; el resultado de sus f&oacute;rmulas emp&iacute;ricas. En esta trama falsa es donde se encaja la imposici&oacute;n de una base cient&iacute;fica como fundamento de cualquier medida de bienestar animal que afecte a los animales en nuestras granjas. Esta premisa cient&iacute;fica, forzada, no objetiva nada sino que plantea nuevas incertidumbres: &iquest;cu&aacute;l es la base cient&iacute;fica v&aacute;lida?, &iquest;la de un veterinario?, &iquest;un ingeniero agr&oacute;nomo?, &iquest;un bi&oacute;logo?, &iquest;un experto en econom&iacute;a rural?, &iquest;un experto en gesti&oacute;n de residuos?, &iquest;otro en gen&eacute;tica?. Incluso dentro de una especialidad no existe una coincidencia de pareceres. Cada investigador parte de unas premisas espec&iacute;ficas y concretas derivadas de su propia experiencia y forma de entender su relaci&oacute;n con los animales, de su percepci&oacute;n personal de los posibles conflictos de intereses, que, adem&aacute;s de influir en el punto de partida, influyen tambi&eacute;n en las prioridades y en la metodolog&iacute;a aplicada. Las conclusiones de cada disciplina cient&iacute;fica o de cada cient&iacute;fico dentro de una disciplina difieren siempre, en muchas ocasiones de forma incompatible, y son necesariamente subjetivas.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, el procedimiento cient&iacute;fico aplicado al bienestar animal no suele seguir un m&eacute;todo deductivo que, desde unos datos objetivos, extraiga una conclusi&oacute;n l&oacute;gica, sino que plantea un sistema inductivo en el que, desde una conclusi&oacute;n preconcebida, indaga en la b&uacute;squeda de una justificaci&oacute;n cient&iacute;fica que la sostenga.
    </p><p class="article-text">
        Debemos devolver a la conciencia la parte que le corresponde en el proceso formativo de nuestra &eacute;tica cultural sobre protecci&oacute;n de los animales, sin complejos t&eacute;cnicos ni ambages cient&iacute;ficos. Por ser conciencia. Por ser humana.
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      <dc:creator><![CDATA[Alberto Díez Michelena]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2016 19:01:13 +0000]]></pubDate>
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