<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Alicia Fàbregas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alicia_fabregas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alicia Fàbregas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/514005/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[México da pasos en la desestigmatización de los consumidores de fentanilo para llegar a ellos y reducir las muertes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/mexico-da-pasos-desestigmatizacion-consumidores-fentanilo-llegar-reducir-muertes_1_11546139.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd5e2708-2b57-4301-a220-33c66ce6ddd2_16-9-discover-aspect-ratio_default_1099750.jpg" width="5997" height="3373" alt="México da pasos en la desestigmatización de los consumidores de fentanilo para llegar a ellos y reducir las muertes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre el 2017 y el 2022, el número de personas que reciben tratamiento por usos problemáticos de metanfetamina incrementó en un 218%
</p><p class="subtitle">Fentanilo, cárteles rivales o saturación del mercado: ¿a qué se debe la caída del comercio de coca en Colombia?</p></div><p class="article-text">
        Por los amplios ventanales del auditorio del <a href="https://www.colef.mx/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Colegio de la Frontera Norte (COLEF)</a> entra un sol intenso, de verano tijuanense. Dentro, los ponentes hablan sobre un cambio de perspectiva: sobre trabajar juntos para abordar el consumo de drogas &ndash;y todo lo que ello conlleva&ndash; desde el &aacute;mbito de la salud p&uacute;blica en vez de hacerlo desde la criminalizaci&oacute;n y el estigma. En eso consiste <a href="https://www.ohchr.org/en/documents/thematic-reports/ahrc5652-drug-use-harm-reduction-and-right-health-report-special" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el enfoque de reducci&oacute;n de da&ntilde;os</a>. Y mientras los participantes exponen sus reflexiones, m&aacute;s all&aacute; del p&uacute;blico, tras el mirador se ve el oc&eacute;ano Pac&iacute;fico con la nitidez de un cielo despejado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Jorge &Aacute;lvaro Ochoa, presidente de la Comisi&oacute;n de Derechos Humanos de Baja California, arranca su intervenci&oacute;n diciendo que &ldquo;el d&iacute;a de hoy es hist&oacute;rico&rdquo;.&nbsp;Lo es porque en este rinc&oacute;n de Tijuana, al norte de M&eacute;xico, junto a la frontera con Estados Unidos, se han reunido actores importantes de la pol&iacute;tica, la cooperaci&oacute;n internacional, la academia y las asociaciones civiles, para anunciar la creaci&oacute;n del Comit&eacute; Interinstitucional y de la Sociedad Civil sobre Reducci&oacute;n de Riesgos y Da&ntilde;os en Baja California. Este grupo de trabajo busca implementar a todos los niveles ese enfoque en el &aacute;mbito de las drogas. Tambi&eacute;n se han reunido para presentar la <a href="https://copolad.eu/wp-content/uploads/2024/06/VF-5_6_24-Guia-tecnica-de-trabajo-de-campo-para-el-abordaje-de-consumos-de-metanfetaminas-y-fentanilo-en-mexico.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&lsquo;Gu&iacute;a T&eacute;cnica de trabajo de campo para el abordaje de consumos de metanfetaminas y fentanilo en M&eacute;xico&rsquo;</a>. La ha hecho el equipo de investigaci&oacute;n de la organizaci&oacute;n mexicana <a href="https://institutoria.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Instituto RIA</a>, pero ha sido financiada por <a href="https://copolad.eu/es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">COPOLAD III</a>, un programa europeo de cooperaci&oacute;n internacional que promueve el di&aacute;logo y la cooperaci&oacute;n birregional entre la Uni&oacute;n Europea y los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina y el Caribe en materia de pol&iacute;ticas de drogas. El objetivo es fortalecer los conocimientos y pr&aacute;cticas de las personas que trabajan con usuarios de metanfetamina y fentanilo, e identificar estrategias integrales en el abordaje de sus consumos.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de los ponentes en el auditorio del COLEF -uno de los centros de investigaci&oacute;n y docencia m&aacute;s prestigiosos de la zona fronteriza- reconocen que son las organizaciones de la sociedad civil las que llevan a&ntilde;os abriendo camino. Es la poblaci&oacute;n la que ha empujado desde abajo para que este cambio de paradigma suceda.
    </p><p class="article-text">
        Varios de los representantes de la Secretar&iacute;a de Salud, tanto del Estado de Baja California, donde se encuentra Tijuana, como del gobierno federal mexicano, asumen que esas organizaciones &ldquo;han estado ante la ausencia del Estado&rdquo;, que en Baja California tienen un problema serio y necesitan &ldquo;una acci&oacute;n urgente&rdquo;, y que &ldquo;el servicio p&uacute;blico debe acercarse cada vez m&aacute;s a los usuarios&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la Gu&iacute;a T&eacute;cnica que se est&aacute; presentando, entre el 2017 y el 2022 &ldquo;el n&uacute;mero de personas que reciben tratamiento por usos problem&aacute;ticos de metanfetamina increment&oacute; en un 218% en M&eacute;xico&rdquo;. La gu&iacute;a dice adem&aacute;s que &ldquo;su uso inici&oacute; en el noreste del pa&iacute;s, pero pas&oacute; a ser la sustancia de mayor impacto en todo el territorio&rdquo;. Por eso es importante que estos debates y nuevas implementaciones tambi&eacute;n tengan lugar en el noroeste.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esta gu&iacute;a no es el final, es el principio&rdquo;, dice Jos&eacute; Javier Mendoza, Director General en la Comisi&oacute;n Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA). El principio para hacerle frente a &ldquo;un reto compartido entre la UE, Am&eacute;rica Latina y Caribe&rdquo;, como lo describe Borja D&iacute;az, Director de COPOLAD III. Para que haya una transferencia de responsabilidades: que el Estado asuma m&aacute;s mientras aligera a las organizaciones civiles. &ldquo;Que este tipo de herramientas sean un puente entre el Estado y las comunidades. La gu&iacute;a pone el &eacute;nfasis en c&oacute;mo podemos vincular a las personas consumidoras con los programas y los recursos p&uacute;blicos. Que podamos reducir las barreras de acceso al tratamiento sanitario&rdquo;, zanja D&iacute;az.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/745af135-fdcd-456b-8e41-5d2847459a99_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/745af135-fdcd-456b-8e41-5d2847459a99_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/745af135-fdcd-456b-8e41-5d2847459a99_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/745af135-fdcd-456b-8e41-5d2847459a99_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/745af135-fdcd-456b-8e41-5d2847459a99_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/745af135-fdcd-456b-8e41-5d2847459a99_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/745af135-fdcd-456b-8e41-5d2847459a99_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Prevencasa es una de las organizaciones a las que tanto agradecen los expertos reunidos en el COLEF, porque lleva más de 20 años trabajando con un enfoque de reducción de daños en Tijuana."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Prevencasa es una de las organizaciones a las que tanto agradecen los expertos reunidos en el COLEF, porque lleva más de 20 años trabajando con un enfoque de reducción de daños en Tijuana.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text">Un espacio seguro en el barrio</h2><p class="article-text">
        En la misma ciudad pero a unos cuantos kil&oacute;metros de all&iacute;, lejos del oc&eacute;ano y cerca del muro que divide M&eacute;xico de EEUU, en la llamada Zona Norte, una &aacute;rea de tolerancia donde se concentran la mayor&iacute;a de prost&iacute;bulos, venta y consumo de drogas, y donde conviven muchos colectivos vulnerables, est&aacute; <a href="https://sites.google.com/view/www-prevencasa-com-mx/qui%C3%A9nes-somos" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Prevencasa</a>. Es una de las organizaciones a las que tanto agradecen los expertos reunidos en el COLEF, porque lleva m&aacute;s de 20 a&ntilde;os trabajando con un enfoque de reducci&oacute;n de da&ntilde;os en Tijuana. Pionera en Baja California, junto con <a href="https://www.verter.org.mx/inicio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Verter</a> AC en Mexicali, ofrece kits de consumo seguro, atenci&oacute;n m&eacute;dica y psicol&oacute;gica, pruebas de VIH y otras enfermedades, duchas, y una sala de consumo seguro enfocada principalmente a mujeres. Tambi&eacute;n imparte talleres para los usuarios sobre diversas tem&aacute;ticas relacionadas con drogas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Gracias a Dios que tenemos esto aqu&iacute; en el barrio. Porque si no, mucha raza [personas], conocidos, ya se estar&iacute;an muriendo&rdquo;. Rafael Araujo habla a las puertas de la organizaci&oacute;n mientras se prepara la jeringa con su dosis. Ah&iacute; se suelen juntar muchas personas que usan sustancias psicoactivas, porque saben que si les pasa algo, en Prevencasa les ayudan. Rafael habla de la naloxona, un medicamento que revierte r&aacute;pidamente las sobredosis de opioides y que reparte esta organizaci&oacute;n. Prevencasa tambi&eacute;n ofrece talleres sobre c&oacute;mo utilizarla. &ldquo;Ya le he dicho a mis amigos alrededor de m&iacute; que si me doblo [sufro una sobredosis], ah&iacute; est&aacute;, ya sabes qu&eacute; hacer&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este medicamento, pese a ser fundamental para salvar vidas, en M&eacute;xico no es de f&aacute;cil acceso, <a href="https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/911470/1._LGS.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">solo se consigue con receta</a>. Lilia Pacheco, directora operativa de Prevencasa, cuenta que ellos la obtienen por donaciones de EEUU. Pide que se desclasifique como psicotr&oacute;pico, para que sea f&aacute;cil de adquirir, y que se apruebe un fondo p&uacute;blico para que el peso econ&oacute;mico no recaiga sobre las organizaciones, ya extensamente sobrecargadas. &ldquo;Desde 2018, que entraba en funciones el presidente [Andr&eacute;s Manuel L&oacute;pez Obrador] ya no hay fondos del Estado para organizaciones civiles en M&eacute;xico. Todos los programas sociales fueron cancelados&rdquo;, reclama la directora operativa. Por eso ve con buenos ojos la creaci&oacute;n del nuevo comit&eacute; de colaboraci&oacute;n interinstitucional y de sociedad civil. &ldquo;Es un primer paso exitoso&rdquo;, dice. Pero tiene miedo de que haya trabas: &ldquo;Nos van a decir las instancias que firmaron que no tienen suficiente presupuesto para algunas de las intervenciones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Fuera, a la puerta de Prevencasa, apoyado en la pared, Rafael cuenta que aunque naci&oacute; en el Estado de Sinaloa, en M&eacute;xico, pas&oacute; gran parte de su vida en EEUU hasta que le deportaron, hace quince a&ntilde;os. Rafael sigue hablando mientras se inyecta, sentado en el suelo, pero tras pincharse se queda a media palabra, se le cierran los ojos y se le dobla el cuerpo hacia el asfalto. A su lado, &Oacute;scar V&aacute;zquez, otro de los usuarios, dice que hay que moverle para que no se quede ah&iacute; ca&iacute;do a pleno sol, porque puede asfixiarse. Entre varios le zarandean y Rafael se desplaza a la sombra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el &uacute;ltimo a&ntilde;o, el Servicio M&eacute;dico Forense (SEMEFO) de Baja California analiz&oacute; 1.424 de los fallecidos que llegaron a sus instalaciones. En Tijuana, en el 60% de los casos analizados se detectaron drogas y m&aacute;s del 12% dieron positivo en fentanilo. Pero desde el SEMEFO afirman que la metanfetamina es la sustancia m&aacute;s detectada hasta el momento.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a816d01d-a321-445d-bbaa-933eb1afa904_16-9-aspect-ratio_50p_1099596.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a816d01d-a321-445d-bbaa-933eb1afa904_16-9-aspect-ratio_50p_1099596.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a816d01d-a321-445d-bbaa-933eb1afa904_16-9-aspect-ratio_75p_1099596.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a816d01d-a321-445d-bbaa-933eb1afa904_16-9-aspect-ratio_75p_1099596.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a816d01d-a321-445d-bbaa-933eb1afa904_16-9-aspect-ratio_default_1099596.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a816d01d-a321-445d-bbaa-933eb1afa904_16-9-aspect-ratio_default_1099596.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a816d01d-a321-445d-bbaa-933eb1afa904_16-9-aspect-ratio_default_1099596.jpg"
                    alt="Lilia Pacheco, directora operativa de Prevencasa"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Lilia Pacheco, directora operativa de Prevencasa                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text">Una red de mujeres para el cuidado colectivo</h2><p class="article-text">
        Estefany Montes lleg&oacute; a Prevencasa a trav&eacute;s de una amistad. Recuerda que la trajo a uno de los talleres, &ldquo;y ya no me fui&rdquo;. Acaba de consumir su dosis de fentanilo en el &aacute;rea libre para fumar, junto a la sala de consumo seguro. 
    </p><p class="article-text">
        Ella tambi&eacute;n pas&oacute; gran parte de su vida en EEUU y fue deportada hace cuatro a&ntilde;os. <a href="https://www.issup.net/files/2019-03/Cuqueando-la-Chiva-Contextos-del-consumo-de-heroina-en-la-frontera-norte-de-Mexico.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Seg&uacute;n los expertos</a>, una parte importante de los usuarios de drogas, en especial inyectables, pertenecen a la comunidad de emigrantes retornados. &ldquo;El cambio de all&aacute; para ac&aacute; es un cambio dr&aacute;stico&rdquo;, explica Estefany. Ahora vive en la calle: &ldquo;Es muy fr&iacute;o, no est&aacute;s segura&rdquo;. Cuando est&aacute; con su pareja no pasa miedo, &ldquo;pero cuando estoy sola s&iacute;&rdquo;. Algunos d&iacute;as trabaja en Prevencasa, en labores de limpieza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lilia Pacheco, la directora operativa, se siente satisfecha porque poco a poco han logrado que se cree una comunidad entre las mujeres que asisten al centro. &ldquo;Desde que est&aacute; ese espacio [de consumo seguro], se han conocido mujeres que se inyectan drogas o que fuman tambi&eacute;n otras sustancias. Y entre ellas est&aacute;n foment&aacute;ndose el cuidado colectivo&rdquo;. Los viernes organizan el d&iacute;a de cine, &ldquo;para que se relajen en un espacio donde se sienten seguras&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/mexico-da-pasos-desestigmatizacion-consumidores-fentanilo-llegar-reducir-muertes_1_11546139.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jul 2024 20:32:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bd5e2708-2b57-4301-a220-33c66ce6ddd2_16-9-discover-aspect-ratio_default_1099750.jpg" length="1583835" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bd5e2708-2b57-4301-a220-33c66ce6ddd2_16-9-discover-aspect-ratio_default_1099750.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1583835" width="5997" height="3373"/>
      <media:title><![CDATA[México da pasos en la desestigmatización de los consumidores de fentanilo para llegar a ellos y reducir las muertes]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bd5e2708-2b57-4301-a220-33c66ce6ddd2_16-9-discover-aspect-ratio_default_1099750.jpg" width="5997" height="3373"/>
      <media:keywords><![CDATA[Consumo de drogas,Estados Unidos,México]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando Viena sale de un poema de Lorca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/viena-sale-poema-lorca_132_2984550.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/33059988-1158-4541-ab38-568e2d6953c8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando Viena sale de un poema de Lorca"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la capital austríaca Mozart llegó a la plenitud de su fama y dilapidó su fortuna con el juego y el consumismo</p><p class="subtitle">La Biblioteca Nacional de Austria, una de las más bellas del mundo, alberga cerca de 8 millones de documentos</p></div><p class="article-text">
        Esperaba encontrar en Viena mendigos por los tejados y un bosque de palomas disecadas. Porque me imaginaba Viena a trav&eacute;s de la melancol&iacute;a del <em>Peque&ntilde;o vals vien&eacute;s, </em>de Federico Garc&iacute;a Lorca, y el quejido de la voz de Enrique Morente que lo canta. Algo de eso hay en la capital de Austria, pero tambi&eacute;n hay muchas otras cosas.
    </p><h3 class="article-text">Las fiestas de Mozart</h3><p class="article-text">
        En plena milla cultural est&aacute; el caf&eacute; Bellaria, un lugar que, seg&uacute;n la breve historia que se puede leer en el principio del men&uacute;, cuenta entre sus clientes habituales con &ldquo;numerosos actores, periodistas y pol&iacute;ticos&rdquo;. Est&aacute; decorado con cuadros de personajes hist&oacute;ricos, sillones y cortinas rojas, todo en general al estilo de siglos pasados. Viena solo deber&iacute;a de estar habitada por seres del s.XIX hacia atr&aacute;s, la modernidad desentona, sobre todo en la fisonom&iacute;a de su casco antiguo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/508eb93c-46e2-4918-ad9d-e0a40b090bf1_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/508eb93c-46e2-4918-ad9d-e0a40b090bf1_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/508eb93c-46e2-4918-ad9d-e0a40b090bf1_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/508eb93c-46e2-4918-ad9d-e0a40b090bf1_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/508eb93c-46e2-4918-ad9d-e0a40b090bf1_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/508eb93c-46e2-4918-ad9d-e0a40b090bf1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/508eb93c-46e2-4918-ad9d-e0a40b090bf1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Cerca de la entrada hay una joven tocando, con una cerveza apoyada en un extremo del piano. Mientras los clientes degustamos algunos dulces t&iacute;picos, con un caf&eacute; o un chocolate caliente para sacudirnos el fr&iacute;o del invierno, el que parece el encargado, vestido con americana y pantalones negros, unos tirantes rojos y una gran cruz que le cuelga del cuello, se arranca a cantar una &oacute;pera con bastante poca maestr&iacute;a. Hubiera sido espectacular si en su lugar hubiera salido Morente a cantar &ldquo;Este vals / de s&iacute;, de muerte y de co&ntilde;ac/ que moja su cola en el mar. / En Viena hay cuatro espejos / donde juegan tu boca y los ecos / Hay una muerte para piano&hellip;&rdquo;. Y que le hubiera acompa&ntilde;ado tocando Wolfang Amadeus Mozart, convirtiendo el Bellaria en una de las fiestas que el m&uacute;sico montaba en las casas por las que pas&oacute; cuando viv&iacute;a aqu&iacute;. Se dice que en su hogar nunca faltaba el jolgorio, los invitados, corr&iacute;a el ponche y la m&uacute;sica &ndash;muchos de sus amigos eran m&uacute;sicos como &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Una de sus casas es ahora un museo interesante donde uno puede recorrer las diferentes etapas de la vida de este genio y pasear por las habitaciones que entre 1784 y 1787 le pertenecieron. La m&aacute;s grande de las estancias, la protagonista, es la que se utilizaba para el juego, con una reproducci&oacute;n de una mesa de billar y otros rincones que probablemente se usaban para jugar a las cartas. Se dice que Mozart fue un lud&oacute;pata incorregible y un amante de la fiesta, el disfrute, la ropa y los objetos caros, por eso aunque ganaba una fortuna, la dilapidaba con rapidez. Qu&eacute; apasionante ser&iacute;a vivir aunque fuera solo un d&iacute;a en su &eacute;poca para pasar una de esas noches -que se alargaban hasta la madrugada- en su casa y escucharle tocar el piano entre ponche y ponche. Y qu&eacute; feo queda pasearse por lugares como esos y no vestir como la gente de aquel entonces.
    </p><h3 class="article-text">La biblioteca m&aacute;s bonita</h3><p class="article-text">
        El esp&iacute;ritu rebelde e inquieto del compositor le llev&oacute; tambi&eacute;n a sumergirse de lleno en la masoner&iacute;a. De ello se habla tanto en su museo como en una exposici&oacute;n temporal que acoge la impresionante Biblioteca Nacional de Austria. Seg&uacute;n la informaci&oacute;n que all&iacute; se expone, <em>La Flauta M&aacute;gica</em> est&aacute; dedicada a la masoner&iacute;a, y oculta, tras simbolismos, las verdades que deben elevar al hombre al m&aacute;s alto grado de sabidur&iacute;a y los procesos de iniciaci&oacute;n que deb&iacute;an pasar los Hermanos en la Logia. Dentro de esa biblioteca imponente, la m&aacute;s bella que he visto nunca, con casi 8 millones de documentos a su resguardo, parece completamente natural que en aquellos a&ntilde;os en Viena la masoner&iacute;a tuviera su encanto. Hasta las callejuelas estrechas del casco antiguo y los edificios amplios y se&ntilde;oriales de la ciudad evocan el misterio. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/14fdad62-a1db-4c55-8c18-150e7c164a5f_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/14fdad62-a1db-4c55-8c18-150e7c164a5f_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/14fdad62-a1db-4c55-8c18-150e7c164a5f_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/14fdad62-a1db-4c55-8c18-150e7c164a5f_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/14fdad62-a1db-4c55-8c18-150e7c164a5f_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/14fdad62-a1db-4c55-8c18-150e7c164a5f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/14fdad62-a1db-4c55-8c18-150e7c164a5f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Bajando la escalinata de la biblioteca pienso que si estuviera haciendo eso mismo pero en los a&ntilde;os 80, igual me hubiera cruzado con W. G. Sebald. Aunque seguramente no habr&iacute;a sido en ning&uacute;n edificio hist&oacute;rico, m&aacute;s bien deambulando por las calles de la ciudad o sentado en alguno de los restaurantes o caf&eacute;s. Como cuenta el escritor en <em>V&eacute;rtigo, </em>&ldquo;en los aproximadamente diez d&iacute;as que pas&eacute; aquella vez en Viena no fui a ver nada; a excepci&oacute;n de caf&eacute;s y restaurantes no entr&eacute; en ninguna parte&rdquo;. Sus d&iacute;as se compon&iacute;an de largas caminatas, cada vez m&aacute;s andrajoso, con sus zapatos &ldquo;por dentro ya disueltos en jirones&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Un parque de atracciones en invierno </h3><p class="article-text">
        Y aunque &eacute;l lo hiciera en un estado de desasosiego espiritual, la verdad es que Viena es un lugar para perderse andando. Incluso hasta los extremos de la urbe, hasta el m&iacute;tico Prater, que alberga un gran parque de atracciones.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b934700-31d4-4762-983b-a42631ff6cd1_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b934700-31d4-4762-983b-a42631ff6cd1_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b934700-31d4-4762-983b-a42631ff6cd1_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b934700-31d4-4762-983b-a42631ff6cd1_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b934700-31d4-4762-983b-a42631ff6cd1_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b934700-31d4-4762-983b-a42631ff6cd1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8b934700-31d4-4762-983b-a42631ff6cd1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Ah&iacute; sit&uacute;a gran parte de la acci&oacute;n Stefan Zweig en su novela <em>Noche fant&aacute;stica, </em>que transcurre en el verano de 1913. &ldquo;Resonaban cada vez m&aacute;s cerca los platillos y los instrumentos de viento de una banda de m&uacute;sicos [&hellip;]Contempl&eacute;, en los columpios, a las muchachas que se dejaban impulsar por los aires con los vestidos inflados y soltaban gritos de placer vertiginosos&rdquo;. Un torbellino de ruido y movimiento que ahora, en invierno, es dif&iacute;cil de encontrar. En esta &eacute;poca el parque est&aacute; desangelado, como un escenario de pel&iacute;culas del oeste cuando no hay pel&iacute;culas que rodar. Y eso tambi&eacute;n tiene su encanto. Algunas atracciones funcionan, otras no; algunos bares est&aacute;n abiertos, otros cerrados; y es posible cruzarse con alg&uacute;n borracho que a media ma&ntilde;ana ya va de lado a lado o con ni&ntilde;os que caminan emocionados, cogidos de la mano de sus padres. Y en medio de una de las amplias calles de ese parque, qu&eacute; bien quedar&iacute;a Lorca recitando su poema: &ldquo;En Viena bailar&eacute; contigo / con un disfraz que tenga / cabeza de rio&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> vuela de Barcelona a Viena.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/viena-sale-poema-lorca_132_2984550.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Dec 2017 10:30:15 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/33059988-1158-4541-ab38-568e2d6953c8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="686882" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/33059988-1158-4541-ab38-568e2d6953c8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="686882" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cuando Viena sale de un poema de Lorca]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/33059988-1158-4541-ab38-568e2d6953c8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dictadura y democracia conviven en un edificio de Bucarest]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/dictadura-democracia-conviven-edificio-bucarest_132_3027456.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ff9019c4-6457-4933-8653-2489c79d3adb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dictadura y democracia conviven en un edificio de Bucarest"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Palacio del Parlamento, a prueba de terremotos y ataques nucleares, es el edificio administrativo para uso civil más grande del mundo</p><p class="subtitle">Para levantar aquella mole se destruyeron 20 iglesias, 10.000 casas y cerca de 57.000 familias fueron desahuciadas</p><p class="subtitle">Pasear por la parte que está abierta al público es una delicia que acongoja, porque tanta belleza demuestra la opulencia del dictador mientras el pueblo vivía en la miseria o moría</p></div><p class="article-text">
        El s&aacute;bado 5 de marzo de 1977, el dictador rumano Nicolae Ceau&#351;escu deb&iacute;a volar a Palma de Mallorca para entrevistarse con el rey don Juan Carlos. Pero la noche antes tuvo lugar un terrible suceso que le oblig&oacute; a cambiar de planes. &ldquo;Un fort&iacute;simo temblor de tierra sacudi&oacute; anoche Ruman&iacute;a, causando &laquo;grandes da&ntilde;os materiales y numerosas v&iacute;ctimas&raquo;, seg&uacute;n informaciones de Radio Bucarest captadas en Belgrado. El se&iacute;smo, de intensidad 7,2 grados en la escala Richter, seg&uacute;n el observatorio de Viena, comenz&oacute; a las diez y veinte de la noche, hora espa&ntilde;ola, y su epicentro se sit&uacute;a cien kil&oacute;metros al norte de Bucarest. Los sucesivos temblores se extendieron por toda Europa oriental, desde Mosc&uacute;, en el Norte, hasta Grecia, por el Sur&rdquo;, publicaba <em>El Pa&iacute;s</em>.
    </p><p class="article-text">
        Se proclam&oacute; el estado de emergencia y las consecuencias fueron devastadoras. Hubo cerca de 1.400 v&iacute;ctimas y enormes da&ntilde;os en Bucarest. La parte vieja de la ciudad fue la que m&aacute;s sufri&oacute;. &ldquo;Fuentes yugoslavas afirman que se han ca&iacute;do veinte grandes edificios en la capital&rdquo;, informaban en <em>El Pa&iacute;s, </em>y a&ntilde;ad&iacute;an que &ldquo;extranjeros residentes en Bucarest estiman que por lo menos un 10% de los edificios de la ciudad se han derrumbado, est&aacute;n en peligro de caerse o han sufrido da&ntilde;os considerables&rdquo;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">El vaso medio lleno</h3><p class="article-text">
        Pero entre todo aquel horror, Ceau&#351;escu, el Conducator, vio una oportunidad que daba alas a sus delirios de grandeza. Hab&iacute;a que iniciar una reconstrucci&oacute;n y le pareci&oacute; el mejor momento para llevar a cabo, tambi&eacute;n, una renovaci&oacute;n urban&iacute;stica &ndash;no en la parte m&aacute;s damnificada, sino en la m&aacute;s alta de la ciudad- que dar&iacute;a lugar al nacimiento de un monumental edificio: el Palacio del Parlamento de Bucarest. A prueba de terremotos y ataques nucleares, que demostrara adem&aacute;s su enorme poder transformado en algo tangible, en arquitectura.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/57cd58b9-812a-41ec-879c-afd504c57ca4_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/57cd58b9-812a-41ec-879c-afd504c57ca4_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/57cd58b9-812a-41ec-879c-afd504c57ca4_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/57cd58b9-812a-41ec-879c-afd504c57ca4_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/57cd58b9-812a-41ec-879c-afd504c57ca4_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/57cd58b9-812a-41ec-879c-afd504c57ca4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/57cd58b9-812a-41ec-879c-afd504c57ca4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo esas premisas se alz&oacute; lo que es todav&iacute;a hoy el edificio administrativo para uso civil m&aacute;s grande del mundo. Con una superficie de 365.000 metros cuadrados, construido principalmente a base de materiales de Ruman&iacute;a, el Parlamento sobrevuela la ciudad en lo alto de la colina Uranus. Uno puede empezar a recorrer su per&iacute;metro cuando todav&iacute;a luce el sol y acabar la excursi&oacute;n cuando ya se est&aacute; poniendo.
    </p><p class="article-text">
        Para levantar aquella mole se elimin&oacute; todo un barrio entero -el equivalente a una quinta parte de lo que era la capital rumana en 1980-, habitado mayoritariamente por gente de clase media. Se destruyeron 20 iglesias, 10.000 casas y cerca de 57.000 familias fueron desahuciadas. Todo para satisfacer los deseos del l&iacute;der socialista.
    </p><h3 class="article-text">Darle un uso</h3><p class="article-text">
        La dictadura de Ceau&#351;escu termin&oacute; en 1989, tras una revuelta popular que se sald&oacute; con miles de muertos. &Eacute;l y su mujer Elena fueron condenados a la pena de muerte y fusilados inmediatamente despu&eacute;s del juicio. Empezaba una nueva era, pero el legado del dictador segu&iacute;a muy presente. El Palacio del Parlamento de Bucarest todav&iacute;a no se hab&iacute;a terminado &ndash;faltaba un 40%- y la poblaci&oacute;n se preguntaba qu&eacute; hacer con aquel s&iacute;mbolo de a&ntilde;os de terror, hambre y penurias. La gu&iacute;a que nos pasea por las diferentes salas, aunque aparentemente abierta a hablar sin tapujos, se muestra inc&oacute;moda cuando le pregunto qu&eacute; piensa acerca del dictador. As&iacute; que vuelve al terreno en el que se siente segura: informar sobre el edificio; y nos cuenta que ante el dilema que se les present&oacute; tras la muerte de Ceau&#351;escu, calcularon que derrocar el palacio sal&iacute;a m&aacute;s caro que acabar de construirlo, por lo que decidieron continuar adelante con ello y darle un uso democr&aacute;tico.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/773f891f-e6a9-4a61-a03a-74cd6423780f_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/773f891f-e6a9-4a61-a03a-74cd6423780f_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/773f891f-e6a9-4a61-a03a-74cd6423780f_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/773f891f-e6a9-4a61-a03a-74cd6423780f_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/773f891f-e6a9-4a61-a03a-74cd6423780f_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/773f891f-e6a9-4a61-a03a-74cd6423780f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/773f891f-e6a9-4a61-a03a-74cd6423780f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad es la sede de la C&aacute;mara de Diputados, del Senado, del Consejo Legislativo y de la Corte Constitucional. Adem&aacute;s, alberga m&uacute;ltiples reuniones internacionales: se han celebrado cumbres de la ONU, econ&oacute;micas, festivales de m&uacute;sica&hellip;Hasta Michael Jackson protagoniz&oacute; all&iacute; una an&eacute;cdota que suelen explicar la mayor&iacute;a de rumanos cuando hacen de hu&eacute;spedes de extranjeros reci&eacute;n llegados. El cantante estaba en la ciudad de gira, a principios de los 90, sali&oacute; al balc&oacute;n del Parlamento y salud&oacute; a los fans all&iacute; reunidos con un &ldquo;&iexcl;Hola Budapest!&rdquo;.&nbsp;Lapsus o falta de cultura...
    </p><p class="article-text">
        Pero pese a sus m&uacute;ltiples usos, gran parte del enorme edificio permanece cerrado, por lo car&iacute;simo que resulta su mantenimiento. Pasear por la parte que est&aacute; abierta al p&uacute;blico es una delicia que acongoja. Porque sus magn&iacute;ficas alfombras, sus l&aacute;mparas de miles de bombillas y dimensiones gal&aacute;cticas, sus muebles, sus elegantes escalinatas de m&aacute;rmol, los cuadros que el Conducator mand&oacute; pintar, recuerdan c&oacute;mo &eacute;l y su familia gozaban de la opulencia mientras el pueblo viv&iacute;a en la miseria, resistiendo a duras penas y muriendo a centenares.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b1c5f95-31b7-48f1-b6f8-f7fed74f9abc_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b1c5f95-31b7-48f1-b6f8-f7fed74f9abc_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b1c5f95-31b7-48f1-b6f8-f7fed74f9abc_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b1c5f95-31b7-48f1-b6f8-f7fed74f9abc_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b1c5f95-31b7-48f1-b6f8-f7fed74f9abc_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b1c5f95-31b7-48f1-b6f8-f7fed74f9abc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0b1c5f95-31b7-48f1-b6f8-f7fed74f9abc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> vuela de Barcelona a Bucarest.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/dictadura-democracia-conviven-edificio-bucarest_132_3027456.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Dec 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ff9019c4-6457-4933-8653-2489c79d3adb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="767080" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ff9019c4-6457-4933-8653-2489c79d3adb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="767080" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Dictadura y democracia conviven en un edificio de Bucarest]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ff9019c4-6457-4933-8653-2489c79d3adb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una carretera hacia el cielo en Rumanía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/carretera-cielo-rumania_132_3072441.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/548662aa-50b7-47b3-9aa3-27212c5a0e74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una carretera hacia el cielo en Rumanía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con más de 90km de recorrido y un desnivel que alcanza los 2.000m de altura, la Transfagarasan es una de las carreteras más espectaculares del mundo</p><p class="subtitle">La mandó construir el dictador rumano Nicolae Ceaucescu dinamitando parte de las Fagaras, las montañas que dividen Transilvania de Valaquia</p><p class="subtitle">Desde el punto más alto de la carretera se puede llegar al lago Balea, de aguas glaciares, donde se construyó uno de los primeros hoteles de hielo de Europa del Este</p></div><p class="article-text">
        En noviembre de 1971 sal&iacute;a a la luz el cuarto &aacute;lbum de Led Zeppelin, el que les catapultar&iacute;a definitivamente al estrellato y les incluir&iacute;a en los anales de la historia de la m&uacute;sica para siempre. Hasta el momento es uno de los discos m&aacute;s vendidos en todo el mundo, m&aacute;s de 30 millones de copias. En &eacute;l se pueden escuchar muchos temas brillantes, pero hay uno en especial: <em>Stairway to heaven (</em>Escalera hacia el cielo). La guitarra de Jimmy Page y la voz de Robert Plant como estrellas principales, secundadas por los otros dos miembros del grupo, John Paul Jones y John Bonham, en esta obra magistral de ocho minutos.
    </p><p class="article-text">
        A miles de quil&oacute;metros de distancia pero a principios de los 70 tambi&eacute;n, ya se hab&iacute;a empezado a construir una escalera hacia el cielo, tangible y real, obra del dictador comunista Nicolae Ceaucescu: la Transfagarasan, en lo que muchos llaman coloquialmente los &lsquo;Alpes de Transilvania&rsquo;. Es muy posible que Led Zeppelin no tuviera ni idea en ese momento de la construcci&oacute;n que estaba tomando forma en Ruman&iacute;a, pero hay coincidencias m&aacute;gicas, dos electrones que giran en una misma &oacute;rbita aunque ninguno sepa de la existencia del otro.
    </p><p class="article-text">
        Es incluso posible que mientras la guitarra de Page tocaba los primeros acordes de la canci&oacute;n en el estudio de grabaci&oacute;n, los trabajadores de Ceaucescu estuvieran llenando de dinamita &ndash;miles de toneladas- las monta&ntilde;as Fagaras, esas que dividen el centro de Ruman&iacute;a del sur, Transilvania de Valaquia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d722db6-6f16-4fd7-9de7-0b591aac136d_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d722db6-6f16-4fd7-9de7-0b591aac136d_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d722db6-6f16-4fd7-9de7-0b591aac136d_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d722db6-6f16-4fd7-9de7-0b591aac136d_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d722db6-6f16-4fd7-9de7-0b591aac136d_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d722db6-6f16-4fd7-9de7-0b591aac136d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2d722db6-6f16-4fd7-9de7-0b591aac136d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero los paralelismos no son solo temporales, tambi&eacute;n son l&iacute;ricos. La letra de <em>Stairway to heaven</em> parece narrar lo que estaba sucediendo en aquel rinc&oacute;n de Europa del Este: &ldquo;Hay una mujer que est&aacute; segura de que todo lo que brilla es oro/ y est&aacute; comprando una escalera hacia el cielo&rdquo; empieza cantando Plant, l&iacute;der de Led Zeppelin. Ceaucescu, el dictador rumano, era un hombre &ndash;aunque dicen que su mujer ejerc&iacute;a una gran influencia sobre &eacute;l-, pero tambi&eacute;n estaba comprando una escalera hacia el cielo: aquella carretera de m&aacute;s de 90km de recorrido, que se iba a alzar m&aacute;s de 2.000m hacia las nubes. Y como la mujer de la canci&oacute;n, &eacute;l tambi&eacute;n estaba seguro de que todo lo que brillaba era oro, no en vano, una d&eacute;cada m&aacute;s tarde, empezar&iacute;a a construir el que todav&iacute;a es el edificio administrativo de uso civil m&aacute;s grande del mundo, el Parlamento de Bucarest, que ocupa un &aacute;rea de m&aacute;s de 360.000 m2.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay un sentimiento que tengo cuando miro al oeste [&hellip;] en mis pensamientos he visto aros de humo a trav&eacute;s de los &aacute;rboles/ y las voces de aquellos que est&aacute;n de pie mirando&rdquo;, sigue cantando Plant. Y mientras, se podr&iacute;a ver a Ceaucescu dando la orden de hacer estallar los miles de toneladas de dinamita, parte de la monta&ntilde;a saltando por los aires y llen&aacute;ndolo todo de humo. Cerca de 40 militares murieron en aquella construcci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y todo ese monumental proyecto, &iquest;para qu&eacute;? Cuenta la leyenda urbana que despu&eacute;s de la invasi&oacute;n en 1968 de Checoslovaquia por parte de los Sovi&eacute;ticos, el dictador rumano Ceaucescu ten&iacute;a miedo. Quer&iacute;a asegurarse el libre movimiento de sus tropas dentro de su propio pa&iacute;s si el Ej&eacute;rcito Rojo decid&iacute;a invadirles tambi&eacute;n a ellos, y que ninguna monta&ntilde;a le barrara el camino. Por eso cre&oacute; la Transfagarasan. Quer&iacute;a poder huir hacia el oeste con facilidad. Pero resulta cuanto menos extra&ntilde;o construir un salvoconducto que solo est&aacute; abierto en los meses en los que hace calor, cuando llega el fr&iacute;o &ndash;unos nueve meses al a&ntilde;o- esta carretera se cierra, por su peligrosidad y porque la niebla y la nieve obstruyen el paso.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/347bc23b-7423-4859-a07b-b9f4ab9f5c80_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/347bc23b-7423-4859-a07b-b9f4ab9f5c80_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/347bc23b-7423-4859-a07b-b9f4ab9f5c80_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/347bc23b-7423-4859-a07b-b9f4ab9f5c80_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/347bc23b-7423-4859-a07b-b9f4ab9f5c80_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/347bc23b-7423-4859-a07b-b9f4ab9f5c80_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/347bc23b-7423-4859-a07b-b9f4ab9f5c80_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Y mientras bajamos por la carretera/ Nuestras sombras mayores que nuestra alma/ All&iacute; camina la mujer que todos conocemos / Que brilla con luz blanca y quiere demostrar / Como todo se vuelve oro todav&iacute;a&rdquo;. Efectivamente, la sombra de Ceaucescu le preced&iacute;a y era much&iacute;simo mayor que su alma, aunque es posible que brillara m&aacute;s bien con luz negra, teniendo en cuenta su historial. Pero tal vez ah&iacute; radica una explicaci&oacute;n m&aacute;s plausible de por qu&eacute; el dictador decidi&oacute; construir la Transfagarasan. Quiz&aacute;s lo que le movi&oacute; fue el deseo de demostrar de lo que era capaz su gobierno, del poder que pod&iacute;a ostentar Ruman&iacute;a bajo el liderazgo del Conducator.
    </p><p class="article-text">
        Cualquiera que sea la historia real, lo que es innegable es que ese recorrido tiene una belleza incre&iacute;ble y genera emociones. Porque impresiona. Esas curvas tan cerradas, ese desnivel tan grande en tan poco tiempo, las vacas cruz&aacute;ndose de vez en cuando, las ovejas pastando y las monta&ntilde;as enormes mires donde mires. Adem&aacute;s de cobijar lugares como el lago Balea, en el punto m&aacute;s alto de la carretera, cargado de aguas glaciares, donde se construy&oacute; en 2006 uno de los primeros hoteles de hielo de Europa del Este; o la cascada Balea. Sitios a los que se puede llegar tambi&eacute;n en funicular. Y todo aquello impresiona, como impresiona la obra magistral de Led Zeppelin, como esos ocho minutos de m&uacute;sica que sacuden tus sentimientos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 2012, un periodista le pregunt&oacute; a Robert Plant acerca del significado de la letra de <em>Stairway to heaven</em>. El cantante contest&oacute;: &ldquo;Tengo problemas con alguna parte de la letra durante per&iacute;odos de tiempo concretos. Quiz&aacute;s estoy todav&iacute;a intentando adivinar qu&eacute; es lo que quise decir&hellip;&rdquo;. Convertirse en banda sonora de la construcci&oacute;n de la Transfagarasan podr&iacute;a ser la respuesta a esa inc&oacute;gnita, aunque no sea probable, aunque no sea real.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5775e16-adbf-4e57-9039-6ce09769fb25_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5775e16-adbf-4e57-9039-6ce09769fb25_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5775e16-adbf-4e57-9039-6ce09769fb25_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5775e16-adbf-4e57-9039-6ce09769fb25_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5775e16-adbf-4e57-9039-6ce09769fb25_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5775e16-adbf-4e57-9039-6ce09769fb25_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e5775e16-adbf-4e57-9039-6ce09769fb25_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> vuela de Barcelona a Cluj-Napoca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/carretera-cielo-rumania_132_3072441.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Nov 2017 19:10:13 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/548662aa-50b7-47b3-9aa3-27212c5a0e74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="442587" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/548662aa-50b7-47b3-9aa3-27212c5a0e74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="442587" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una carretera hacia el cielo en Rumanía]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/548662aa-50b7-47b3-9aa3-27212c5a0e74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una carretera cap al cel a Romania]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/carretera-cap-cel-romania_132_3072425.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/548662aa-50b7-47b3-9aa3-27212c5a0e74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una carretera cap al cel a Romania"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Amb més de 90km de recorregut i un desnivell que arriba als 2.000m d'alçada, la Transfagarasan és una de les carreteres més espectaculars del món</p><p class="subtitle">La va manar construir el dictador romanès Nicolae Ceaucescu dinamitant part de les Fagaras, les muntanyes que divideixen Transilvania de Valaquia</p><p class="subtitle">Des del punt més alt de la carretera es pot arribar al llac Balea, d'aigües glacials, on es va construir un dels primers hotels de gel d'Europa de l'Est</p></div><p class="article-text">
        Al novembre de 1971 sortia a la llum el quart &agrave;lbum de Led Zeppelin, el que els catapultaria definitivament a la fama i els inclouria en els anals de la hist&ograve;ria de la m&uacute;sica per sempre. Fins al moment &eacute;s un dels discos m&eacute;s venuts a tot el m&oacute;n, m&eacute;s de 30 milions de c&ograve;pies. En ell es poden escoltar molts temes brillants, per&ograve; hi ha un que destaca especialment: <em>Stairway to heaven</em> (Escala cap al cel). La guitarra de Jimmy Page i la veu de Robert Plant com a&nbsp;estrelles principals, secundades pels altres dos membres del grup, John Paul Jones i John Bonham, en aquesta obra magistral de vuit minuts.
    </p><p class="article-text">
        A milers de&nbsp;quil&ograve;metres de dist&agrave;ncia per&ograve; a principis dels 70 tamb&eacute;, ja s'havia comen&ccedil;at a construir una escala cap al cel, tangible i real, obra del dictador comunista Nicolae Ceaucescu: la Transfagarasan, en el que molts&nbsp;anomenen col&middot;loquialment els &lsquo;Alps de Transilvania&rsquo;. &Eacute;s molt possible que Led Zeppelin no tingu&eacute;s ni idea en&nbsp;aquell moment de la construcci&oacute; que estava prenent forma a Romania, per&ograve; hi ha coincid&egrave;ncies m&agrave;giques, dos electrons que giren en una mateixa &ograve;rbita encara que cap s&agrave;piga de l'exist&egrave;ncia de l'altre.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;s fins i tot possible que mentre la guitarra de Page tocava els primers&nbsp;acords de la can&ccedil;&oacute;&nbsp;a l'estudi de gravaci&oacute;, els treballadors de Ceaucescu estiguessin omplint de dinamita &ndash;milers de tones- les muntanyes Fagaras,&nbsp;aquelles que divideixen el centre de Romania del sud, Transilvania de Valaquia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d722db6-6f16-4fd7-9de7-0b591aac136d_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d722db6-6f16-4fd7-9de7-0b591aac136d_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d722db6-6f16-4fd7-9de7-0b591aac136d_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d722db6-6f16-4fd7-9de7-0b591aac136d_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d722db6-6f16-4fd7-9de7-0b591aac136d_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d722db6-6f16-4fd7-9de7-0b591aac136d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2d722db6-6f16-4fd7-9de7-0b591aac136d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Per&ograve; els paral&middot;lelismes no s&oacute;n&nbsp;nom&eacute;s temporals, tamb&eacute; s&oacute;n l&iacute;rics. La lletra de <em>Stairway to heaven</em> sembla narrar el que estava succeint en aquell rac&oacute; d'Europa de l'Est: &ldquo;Hi ha una dona que est&agrave; segura que tot el que brilla &eacute;s or/ i est&agrave; comprant una escala cap al cel&rdquo; comen&ccedil;a cantant Plant,&nbsp;l&iacute;der de Led Zeppelin. Ceaucescu, el dictador roman&egrave;s, era un home &ndash;encara que diuen que la seva dona exercia una gran influ&egrave;ncia sobre ell-, per&ograve; tamb&eacute; estava comprant una escala cap al cel: aquella carretera de m&eacute;s de 90km de recorregut, que&nbsp;s'havia d'al&ccedil;ar m&eacute;s de 2.000m cap als n&uacute;vols. I com la dona de la can&ccedil;&oacute;, ell tamb&eacute; estava segur que tot el que brillava era or, no en va, una d&egrave;cada m&eacute;s tard, comen&ccedil;aria a construir el que encara &eacute;s l'edifici administratiu d'&uacute;s civil m&eacute;s gran del m&oacute;n, el Parlament de Bucarest, que ocupa un &agrave;rea de m&eacute;s de 360.000 m2.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hi ha un sentiment que tinc quan miro a l'oest [&hellip;] en els meus pensaments he vist&nbsp;cercles de fum a trav&eacute;s dels arbres/ i les veus d'aquells que estan dempeus mirant&rdquo;, segueix cantant Plant. I mentre, es podria veure a Ceaucescu donant l'ordre de fer esclatar els milers de tones de dinamita, part de la muntanya saltant per l'aire i omplint-ho tot de fum. Prop de 40 militars van morir en aquella construcci&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        I tot aquest monumental projecte,&nbsp;per a qu&egrave;?&nbsp;Diu la llegenda urbana que despr&eacute;s de la invasi&oacute;&nbsp;el 1968 de Txecoslov&agrave;quia per part dels Sovi&egrave;tics, el dictador roman&egrave;s Ceaucescu tenia por. Volia assegurar-se el lliure moviment de les seves tropes dins del seu propi pa&iacute;s si l'Ex&egrave;rcit&nbsp;Roig decidia envair-los tamb&eacute; a ells, i que cap muntanya li&nbsp;barr&eacute;s el pas. Per aix&ograve; va crear la Transfagarasan. Volia poder fugir cap a l'oest amb facilitat. Per&ograve; resulta com&nbsp;a m&iacute;nim&nbsp;extrany construir un salconduit que&nbsp;nom&eacute;s est&agrave; obert durant els mesos&nbsp;que fa calor, quan arriba el fred &ndash;uns nou mesos a l'any- aquesta carretera es tanca, per la seva perillositat i perqu&egrave; la boira i la neu obstrueixen el pas.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/347bc23b-7423-4859-a07b-b9f4ab9f5c80_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/347bc23b-7423-4859-a07b-b9f4ab9f5c80_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/347bc23b-7423-4859-a07b-b9f4ab9f5c80_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/347bc23b-7423-4859-a07b-b9f4ab9f5c80_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/347bc23b-7423-4859-a07b-b9f4ab9f5c80_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/347bc23b-7423-4859-a07b-b9f4ab9f5c80_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/347bc23b-7423-4859-a07b-b9f4ab9f5c80_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;I mentre baixem per la carretera/ Les nostres ombres majors que la nostra &agrave;nima/ All&agrave; camina la dona que tots coneixem / Que brilla amb llum blanca i vol demostrar / Com tot es torna or encara&rdquo;. Efectivament, l'ombra de Ceaucescu li precedia i era&nbsp;molt m&eacute;s gran que la seva &agrave;nima, encara que &eacute;s possible que brill&eacute;s m&eacute;s aviat amb llum negra, tenint en compte el seu historial. Per&ograve;&nbsp;potser aqu&iacute; radica una explicaci&oacute; m&eacute;s plausible de per qu&egrave; el dictador va decidir construir la Transfagarasan. Potser el que&nbsp;el va moure va ser el desig de demostrar del que era capa&ccedil; el seu govern, del poder que podia ostentar Romania sota el lideratge del Conducator.
    </p><p class="article-text">
        Sigui quina sigui la hist&ograve;ria real,&nbsp;el que &eacute;s innegable &eacute;s que aquest recorregut t&eacute; una bellesa incre&iuml;ble i genera emocions. Perqu&egrave; impressiona. Aquestes corbes tan tancades,&nbsp;el desnivell tan gran en tan poc temps, les vaques creuant-se de tant en tant, les ovelles&nbsp;pasturant, i les muntanyes enormes miris on miris. A m&eacute;s d'albergar llocs com el llac Balea, en el punt m&eacute;s alt de la carretera, carregat d'aig&uuml;es glacials, on es va construir el 2006 un dels primers hotels de gel d'Europa de l'Est; o la cascada Balea.&nbsp;Indrets als quals es pot arribar tamb&eacute; en funicular. I tot all&ograve; impressiona, com impressiona l'obra magistral de Led Zeppelin, com aquests vuit minuts de m&uacute;sica que sacsegen els teus sentiments.
    </p><p class="article-text">
        Al 2012, un periodista li va preguntar a Robert Plant sobre el significat de la lletra de <em>Stairway to heaven</em>. El cantant va contestar: &ldquo;Tinc problemes amb alguna part de la lletra durant per&iacute;odes de temps concrets. Potser estic encara intentant endevinar qu&egrave; &eacute;s el que vaig voler dir&hellip;&rdquo;. Convertir-se en banda sonora de la construcci&oacute; de la Transfagarasan podria ser la resposta a aquesta inc&ograve;gnita, encara que no sigui probable, encara que no sigui real.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5775e16-adbf-4e57-9039-6ce09769fb25_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5775e16-adbf-4e57-9039-6ce09769fb25_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5775e16-adbf-4e57-9039-6ce09769fb25_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5775e16-adbf-4e57-9039-6ce09769fb25_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5775e16-adbf-4e57-9039-6ce09769fb25_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e5775e16-adbf-4e57-9039-6ce09769fb25_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e5775e16-adbf-4e57-9039-6ce09769fb25_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> vola de Barcelona a Cluj-Napoca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/carretera-cap-cel-romania_132_3072425.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Nov 2017 19:09:33 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/548662aa-50b7-47b3-9aa3-27212c5a0e74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="442587" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/548662aa-50b7-47b3-9aa3-27212c5a0e74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="442587" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una carretera cap al cel a Romania]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/548662aa-50b7-47b3-9aa3-27212c5a0e74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Les paraules de Budapest]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/paraules-budapest_132_3131945.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25b2265f-46f5-4c74-aa9f-66e58d692905_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Les paraules de Budapest"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En un time-lapse des de 1900 fins la caiguda de la URSS es podria veure com Hongria es retorça, s’encongeix com a paper cremat i es dessagna violentament</p><p class="subtitle">El país ha viscut sota dècades d'ocupació, primer dels nazis i després dels soviètics</p><p class="subtitle">Budapest és ara una ciutat moderna i cosmopolita, però conserva certa decadència que recorda a llocs com Lisboa o Bucarest</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;I recorda, mai est&agrave;s en alguna part que no tingui un nom [&hellip;] &ndash;sempre romans en una o una altra paraula: mai vista, fa temps oblidada-, una paraula que alguna vegada va ser escrita per primera vegada. Sempre estem en paraules&rdquo;, escriu Cees Nooteboom a <em>El desviament a Santiago</em>.
    </p><p class="article-text">
        Una gran descripci&oacute; que a Budapest es queda curta. Qu&egrave; passa amb el buit que provoca no entendre la paraula on est&agrave;s? Qu&egrave; passa amb aquest precipici que es crea entre el significat i el significant? No pots llavors veure amb nitidesa el que tens davant teu? Aquest precipici obre una bretxa en la nostra capacitat d'observar i aprehendre. Un petit terratr&egrave;mol intern que resulta desestabilitzador per&ograve; que genera addicci&oacute; alhora. Aix&ograve; &eacute;s el que se sent pensant en la descripci&oacute; de Nooteboom i caminant per Budapest, on la majoria de plaques de monuments, llocs emblem&agrave;tics i dem&eacute;s estan nom&eacute;s en hongar&egrave;s.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0059793-aa16-4abf-8619-1b9abaf742b7_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0059793-aa16-4abf-8619-1b9abaf742b7_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0059793-aa16-4abf-8619-1b9abaf742b7_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0059793-aa16-4abf-8619-1b9abaf742b7_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0059793-aa16-4abf-8619-1b9abaf742b7_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0059793-aa16-4abf-8619-1b9abaf742b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d0059793-aa16-4abf-8619-1b9abaf742b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pots intentar resoldre-ho preguntant als vianants, per&ograve; &eacute;s possible que et mirin sense gastar ni tan sols un somriure d'amabilitat. Et responen en hongar&egrave;s, s'encongeixen d'espatlles i segueixen el seu cam&iacute;. El que &eacute;s curi&oacute;s &eacute;s que et quedes amb la sensaci&oacute; de que no &eacute;s que no s&agrave;piguen parlar angl&egrave;s, el que passa &eacute;s que no els ve de gust fer l'esfor&ccedil;, &eacute;s aquesta mirada d'indifer&egrave;ncia que sembla dir &ldquo;fes tu l'esfor&ccedil; d'entendre'm a mi&rdquo;. No els falta ra&oacute; i menys si gires la vista enrere en la Hist&ograve;ria i descobreixes tots els esfor&ccedil;os que aquesta gent s'ha vist obligada a fer durant massa anys.
    </p><p class="article-text">
        M'imagino a qualsevol hongar&egrave;s dels que vivien a Budapest el 15 d'octubre de 1944, pujar aquell mat&iacute; el volum de la r&agrave;dio per escoltar una feli&ccedil; not&iacute;cia: &ldquo;Avui &eacute;s obvi per a qualsevol persona amb seny que el Reich alemany ha perdut la guerra. Tots els governs responsables del dest&iacute; dels seus pa&iuml;sos han de prendre les conclusions apropiades [&hellip;] He decidit salvaguardar l'honor d'Hongria fins i tot en contra del que va ser el nostre aliat, encara que aquest aliat en comptes de proveir-nos de l'ajuda militar promesa, va decidir finalment robar a la naci&oacute; hongaresa el seu m&eacute;s preuat tresor, la seva llibertat i independ&egrave;ncia. He informat als representants del Reich alemany que som a punt de dur a terme un armistici militar amb els nostres anteriors enemics&rdquo;. Paraules que pronunciava Mikl&oacute;s Horthy, regent del Regne d'Hongria fins a aquell dia, cap d'Estat, per dir-ho d'una altra manera. Per&ograve; aquest raig de llum aviat s&rsquo;havia d&rsquo;apagar i el dia que comen&ccedil;ava b&eacute; acabaria d'una forma horrible. Encara que fa falta retrocedir per poder entendre-ho.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9344dfd0-e3a4-4702-a466-e7af97235b21_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9344dfd0-e3a4-4702-a466-e7af97235b21_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9344dfd0-e3a4-4702-a466-e7af97235b21_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9344dfd0-e3a4-4702-a466-e7af97235b21_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9344dfd0-e3a4-4702-a466-e7af97235b21_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9344dfd0-e3a4-4702-a466-e7af97235b21_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9344dfd0-e3a4-4702-a466-e7af97235b21_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un time-lapse des de 1900 fins a la caiguda de la URSS es podria veure com Hongria es retor&ccedil;a, s&rsquo;encongeix com a paper cremat i es dessagna violentament. Cal detenir-se i fer zoom als moments clau per entendre aquesta mutilaci&oacute;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">La Creu Fletxada&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Cal agafar un mapa per fer-se una idea del gran Regne d'Hongria. Perqu&egrave; va haver-hi una &egrave;poca en qu&egrave; el que &eacute;s ara B&ograve;snia, part de Cro&agrave;cia, Eslov&egrave;nia, part de Romania i diversos pa&iuml;sos m&eacute;s pertanyien a l'imponent Imperi Austrohongar&egrave;s. Per&ograve; va arribar la primera Guerra Mundial i l'esplendor es va apagar. Hongria va perdre prop de dos ter&ccedil;os del seu territori i m&eacute;s de tres milions d'hongaresos es van veure residint en una zona que ja no pertanyia al seu antic pa&iacute;s. Passaven els anys i la situaci&oacute; no millorava, per&ograve; el pa&iacute;s seguia recordant grandeses passades i mantenia les esperances de recuperar algun dia el que li havien arrabassat.
    </p><p class="article-text">
        Amb el temps, Hongria acabava en un atzucac, entre una espasa i una paret que es feien cada vegada m&eacute;s grans. Enmig d'un nazisme que anava guanyant for&ccedil;a, pel costat oest, i de la poderosa Uni&oacute; Sovi&egrave;tica, per l'est. En un moviment pol&iacute;tic per intentar evitar un escenari pitjor, el pa&iacute;s es va aliar amb l'Alemanya nazi i va enviar als seus soldats a lluitar al front contra l'Ex&egrave;rcit Roig. Com a compensaci&oacute; interessada, els alemanys els van retornar part dels territoris de l'Hongria pr&egrave;via a la Primera Guerra Mundial. &ldquo;Ens van donar a manera de regal el que no hav&iacute;em estat capa&ccedil;os de recuperar mitjan&ccedil;ant la for&ccedil;a i la just&iacute;cia, i tothom sentia que aquest regal no ens sortiria gratis, que aviat haur&iacute;em de pagar un preu molt alt per ell&rdquo;, escriu l'hongar&egrave;s S&aacute;ndor M&aacute;rai a <em>El que no vaig voler dir</em>.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/02079bb4-fdbc-40f1-a28d-ad0fa5611f60_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/02079bb4-fdbc-40f1-a28d-ad0fa5611f60_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/02079bb4-fdbc-40f1-a28d-ad0fa5611f60_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/02079bb4-fdbc-40f1-a28d-ad0fa5611f60_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/02079bb4-fdbc-40f1-a28d-ad0fa5611f60_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/02079bb4-fdbc-40f1-a28d-ad0fa5611f60_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/02079bb4-fdbc-40f1-a28d-ad0fa5611f60_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Passejant pels carrers amb edificis majestuosos que en moltes zones sembla que segueixen en peus solament perqu&egrave; la for&ccedil;a de la gravetat s&rsquo;apiada d'ells, alguns amb els vidres trencats i la paret escrostonada, uns altres encara amb cicatrius de trets, &eacute;s dif&iacute;cil imaginar-se com era la vida durant aquell col&middot;laboracionisme ambigu, que va permetre que el pa&iacute;s visqu&eacute;s una situaci&oacute; bastant menys convulsa que els seus ve&iuml;ns durant els primers anys de la devastadora guerra. Sobretot els jueus, que fins al fat&iacute;dic 1944 van ser molt menys perseguits que en altres llocs.
    </p><p class="article-text">
        Per&ograve; suposo que estiguis on estiguis, aquesta tensi&oacute;, la incertesa del futur i l'horror sempre s&oacute;n dif&iacute;cils d'imaginar. Fins i tot visitant la Casa del Terror de Budapest, el museu que narra amb bastant detall tots aquells anys de doble ocupaci&oacute; &ndash;dels nazis primer i dels sovi&egrave;tics despr&eacute;s-, mai ser&agrave; possible posar-se en la pell de cap dels quals ho van sofrir.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d795abd-2cc5-4cbd-8e88-6b185d59e6dd_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d795abd-2cc5-4cbd-8e88-6b185d59e6dd_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d795abd-2cc5-4cbd-8e88-6b185d59e6dd_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d795abd-2cc5-4cbd-8e88-6b185d59e6dd_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d795abd-2cc5-4cbd-8e88-6b185d59e6dd_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d795abd-2cc5-4cbd-8e88-6b185d59e6dd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8d795abd-2cc5-4cbd-8e88-6b185d59e6dd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Per&ograve; per intentar fer honor a tot aquell patiment, es necessita un altre zoom, que ampli&iuml; una mica m&eacute;s la l&iacute;nia temporal.
    </p><p class="article-text">
        Tornem a aquell feli&ccedil; i fat&iacute;dic 15 d'octubre de 1944 en qu&egrave; Mikl&oacute;s Horthy, regent del Regne d'Hongria, proclamava a la r&agrave;dio all&ograve; de: &ldquo;Avui &eacute;s obvi per a qualsevol persona amb seny que el Reich alemany ha perdut la guerra&rdquo;. I explicava que el govern havia decidit aliar-se amb els que semblaven els guanyadors, el b&agrave;ndol sovi&egrave;tic, contra qui havien estat anys lluitant. Aquell anunciat armistici militar amb la URSS mai va arribar a prendre forma perqu&egrave; l'ex&egrave;rcit alemany va envair Hongria i va posar com a govern als seus cadells, el Partit de la Creu Fletxada. L'horror aconseguia llavors una de les seves catarsis, comen&ccedil;ava la persecuci&oacute; b&egrave;stia dels jueus, les deportacions a marxes for&ccedil;ades i el gueto de deb&ograve;. Interrogatoris, tortures, desaparicions&hellip; Tot i aix&iacute;, prop del 58% dels 200.000 jueus que vivien a Budapest van sobreviure a la guerra, mentre que la mitjana a tot el pa&iacute;s va ser de nom&eacute;s un 26%.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Arriben els sovi&egrave;tics</h3><p class="article-text">
        Prenent una cervesa artesana en una terrassa de les desenes que hi ha al centre de Budapest, amb les seves llums de colors, un gran graffity davant i una caravana convertida en barra de bar, un espai que es podria trobar a qualsevol lloc modern d'Europa &ndash;perqu&egrave; Budapest &eacute;s ara una ciutat amb aquesta barreja de decad&egrave;ncia i modernitat, a l'estil de ciutats com Lisboa o Bucarest-, &eacute;s dif&iacute;cil fer-se a la idea que molts dels joves que m'envolten han viscut sota la dictadura sovi&egrave;tica, encara que sigui nom&eacute;s durant una part de la seva inf&agrave;ncia, i han estat protagonistes del canvi a la democr&agrave;cia actual, que va comen&ccedil;ar a finals de 1989. I els seus avis van viure les dues ocupacions, la dels nazis i la sovi&egrave;tica, amb tot el que all&ograve; va suposar: den&uacute;ncies entre ve&iuml;ns i fins i tot entre familiars per salvar-se a un mateix. Com ha de marcar aix&ograve;? Quin &eacute;s el p&ograve;sit que deixen totes aquestes viv&egrave;ncies?
    </p><p class="article-text">
        Perqu&egrave; quan va arribar l'Ex&egrave;rcit Roig va comen&ccedil;ar un altre nou terror, m&eacute;s interrogatoris, tortures, expropiacions, pres&oacute; i deportacions a camps de treball for&ccedil;at. Entre 1945 i 1956 prop de 400 persones van ser executades per raons pol&iacute;tiques.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f15258-fb82-47bb-af24-fde2fad458c4_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f15258-fb82-47bb-af24-fde2fad458c4_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f15258-fb82-47bb-af24-fde2fad458c4_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f15258-fb82-47bb-af24-fde2fad458c4_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f15258-fb82-47bb-af24-fde2fad458c4_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f15258-fb82-47bb-af24-fde2fad458c4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/08f15258-fb82-47bb-af24-fde2fad458c4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Les paraules veritables tenen un poder creador i cat&agrave;rtic&rdquo;, escriu S&aacute;ndor M&aacute;rai a <em>La dona justa</em>. Els carrers de Budapest, amb la seva hist&ograve;ria retrunyint de cantonada a cantonada com a ressons silenciosos, semblen murmurar aquestes paraules veritables que aqu&iacute; podrien ser: doble ocupaci&oacute;, dictadures, nazisme, Uni&oacute; Sovi&egrave;tica, resist&egrave;ncia, &agrave;nsies de llibertat&hellip;Paraules que creen en el visitant una sensaci&oacute; contradict&ograve;ria, de terror i heroisme alhora, d'esperan&ccedil;a i desesperaci&oacute;. Cal despullar els sentits per notar aix&ograve;, &eacute;s cert, perqu&egrave; la modernitat ha calat fort en aquesta ciutat, plena de zones amb terrasses i bars vintage, festivals, foodtrucks, i llocs on refrescar-se de la calor. Per&ograve; tot i aix&iacute;, &eacute;s possible sentir-ho.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> viatja de Barcelona a Budapest.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/paraules-budapest_132_3131945.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Oct 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/25b2265f-46f5-4c74-aa9f-66e58d692905_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="329612" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/25b2265f-46f5-4c74-aa9f-66e58d692905_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="329612" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Les paraules de Budapest]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/25b2265f-46f5-4c74-aa9f-66e58d692905_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las palabras de Budapest]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/palabras-budapest_132_3131972.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25b2265f-46f5-4c74-aa9f-66e58d692905_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las palabras de Budapest"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En un time-lapse desde 1900 hasta después de la caída de la URSS se podría ver como Hungría se retuerce, se encoje como papel quemado y se desangra violentamente</p><p class="subtitle">El país ha vivido bajo décadas de ocupación, primero de los nazis y después de los soviéticos</p><p class="subtitle">Budapest es ahora una ciudad moderna y cosmopolita, aunque conserva cierta decadencia que recuerda a lugares como Lisboa o Bucarest</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Y recuerda, nunca est&aacute;s en alguna parte que no tenga un nombre [&hellip;] &ndash;siempre permaneces en una u otra palabra: nunca vista, hace tiempo olvidada-, una palabra que alguna vez fue escrita por primera vez. Siempre estamos en palabras&rdquo;, escribe Cees Nooteboom en <em>El desv&iacute;o a Santiago</em>.
    </p><p class="article-text">
        Una gran descripci&oacute;n que en Budapest se queda corta. &iquest;Qu&eacute; pasa con el vac&iacute;o que provoca no entender la palabra d&oacute;nde est&aacute;s? &iquest;Qu&eacute; pasa con ese precipicio que se crea entre el significado y el significante? &iquest;No puedes entonces ver con nitidez lo que tienes ante ti? Ese precipicio abre una brecha en nuestra capacidad de observar y aprehender. Un peque&ntilde;o terremoto interno que resulta desestabilizador pero adictivo a la vez. Eso es lo que se siente pensando en la descripci&oacute;n de Nooteboom y caminando por Budapest, donde la mayor&iacute;a de placas de monumentos, lugares emblem&aacute;ticos y dem&aacute;s est&aacute;n &uacute;nicamente en h&uacute;ngaro.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0059793-aa16-4abf-8619-1b9abaf742b7_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0059793-aa16-4abf-8619-1b9abaf742b7_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0059793-aa16-4abf-8619-1b9abaf742b7_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0059793-aa16-4abf-8619-1b9abaf742b7_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0059793-aa16-4abf-8619-1b9abaf742b7_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0059793-aa16-4abf-8619-1b9abaf742b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d0059793-aa16-4abf-8619-1b9abaf742b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Puedes intentar resolverlo preguntando a los transe&uacute;ntes, pero es posible que te miren sin gastar ni siquiera una sonrisa de amabilidad. Te responden en h&uacute;ngaro, se encogen de hombros y siguen su camino. Lo curioso es que te quedas con la sensaci&oacute;n de que no es que no sepan hablar ingl&eacute;s, lo que pasa es que no les apetece hacer el esfuerzo, es esa mirada de indiferencia que parece decir &ldquo;haz t&uacute; el esfuerzo de entenderme a m&iacute;&rdquo;. No les falta raz&oacute;n y menos si vuelves la vista atr&aacute;s en la Historia y descubres todos los esfuerzos que esta gente se ha visto obligada a hacer durante demasiados a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me imagino a cualquier h&uacute;ngaro de los que viv&iacute;a en Budapest el 15 de octubre de 1944, subir esa ma&ntilde;ana el volumen de la radio para escuchar una feliz noticia: &ldquo;Hoy es obvio para cualquier persona en su sano juicio que el Reich alem&aacute;n ha perdido la guerra. Todos los gobiernos responsables del destino de sus pa&iacute;ses deben tomar las conclusiones apropiadas [&hellip;] He decidido salvaguardar el honor de Hungr&iacute;a hasta en contra del que fue nuestro aliado, aunque ese aliado en vez de abastecernos de la ayuda militar prometida, decidi&oacute; finalmente robar a la naci&oacute;n h&uacute;ngara su m&aacute;s preciado tesoro, su libertad e independencia. He informado a los representantes del Reich alem&aacute;n de que estamos a punto de llevar a cabo un armisticio militar con nuestros anteriores enemigos&rdquo;. Palabras que pronunciaba Mikl&oacute;s Horthy, regente del Reino de Hungr&iacute;a hasta ese d&iacute;a, cabeza de Estado, por decirlo de otra manera. Pero ese rayo de luz pronto se iba a apagar y el d&iacute;a que empezaba bien terminar&iacute;a de una forma horrible. Aunque hace falta retroceder para poder entenderlo.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9344dfd0-e3a4-4702-a466-e7af97235b21_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9344dfd0-e3a4-4702-a466-e7af97235b21_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9344dfd0-e3a4-4702-a466-e7af97235b21_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9344dfd0-e3a4-4702-a466-e7af97235b21_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9344dfd0-e3a4-4702-a466-e7af97235b21_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9344dfd0-e3a4-4702-a466-e7af97235b21_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9344dfd0-e3a4-4702-a466-e7af97235b21_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un time-lapse desde 1900 hasta despu&eacute;s de la ca&iacute;da de la URSS se podr&iacute;a ver como Hungr&iacute;a se retuerce, se encoje como papel quemado y se desangra violentamente. Hay que detenerse y hacer zoom en los momentos clave para entender esa mutilaci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">La Cruz Flechada</h3><p class="article-text">
        Hay que coger un mapa para hacerse una idea del gran Reino de Hungr&iacute;a. Porque hubo una &eacute;poca en la que lo que es ahora Bosnia, parte de Croacia, Eslovenia, parte de Ruman&iacute;a y varios pa&iacute;ses m&aacute;s pertenec&iacute;an al imponente Imperio Austroh&uacute;ngaro. Pero lleg&oacute; la primera Guerra Mundial y el esplendor se apag&oacute;. Hungr&iacute;a perdi&oacute; cerca de dos tercios de su territorio y m&aacute;s de tres millones de h&uacute;ngaros se vieron residiendo en una zona que ya no pertenec&iacute;a a su antiguo pa&iacute;s. Pasaban los a&ntilde;os y la situaci&oacute;n no mejoraba, pero el pa&iacute;s segu&iacute;a recordando grandezas pasadas y manten&iacute;a las esperanzas de recuperar alg&uacute;n d&iacute;a lo que le hab&iacute;an arrebatado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo, Hungr&iacute;a acababa en un callej&oacute;n sin salida, entre una espada y una pared que se hac&iacute;an cada vez mayores. En medio de un nazismo que iba ganando fuerza, por el lado oeste, y de la poderosa Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, por el este. En un movimiento pol&iacute;tico para intentar evitar un escenario peor, el pa&iacute;s se ali&oacute; con la Alemania nazi y envi&oacute; a sus soldados a luchar en el frente contra el Ej&eacute;rcito Rojo. Como compensaci&oacute;n interesada, los alemanes les devolvieron parte de los territorios de la Hungr&iacute;a previa a la Primera Guerra Mundial. &ldquo;Nos dieron a modo de regalo lo que no hab&iacute;amos sido capaces de recuperar mediante la fuerza y la justicia, y todo el mundo sent&iacute;a que ese regalo no nos iba a salir gratis, que pronto tendr&iacute;amos que pagar un precio muy alto por &eacute;l&rdquo;, escribe el h&uacute;ngaro S&aacute;ndor M&aacute;rai en <em>Lo que no quise decir</em>.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/02079bb4-fdbc-40f1-a28d-ad0fa5611f60_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/02079bb4-fdbc-40f1-a28d-ad0fa5611f60_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/02079bb4-fdbc-40f1-a28d-ad0fa5611f60_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/02079bb4-fdbc-40f1-a28d-ad0fa5611f60_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/02079bb4-fdbc-40f1-a28d-ad0fa5611f60_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/02079bb4-fdbc-40f1-a28d-ad0fa5611f60_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/02079bb4-fdbc-40f1-a28d-ad0fa5611f60_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Paseando por las calles con edificios majestuosos que en muchas zonas parece que siguen en pie solo porque la fuerza de la gravedad se apiada de ellos, algunos con los cristales rotos y la pared desconchada, otros todav&iacute;a con cicatrices de disparos, es dif&iacute;cil imaginarse c&oacute;mo era la vida durante aquel colaboracionismo ambiguo, que permiti&oacute; que el pa&iacute;s viviera una situaci&oacute;n bastante menos convulsa que sus vecinos durante los primeros a&ntilde;os de la devastadora guerra. Sobre todo los jud&iacute;os, que hasta el fat&iacute;dico 1944 fueron mucho menos perseguidos que en otros lugares.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero supongo que est&eacute;s donde est&eacute;s, esa tensi&oacute;n, la incertidumbre del futuro y el horror siempre son dif&iacute;ciles de imaginar. A&uacute;n visitando la Casa del Terror de Budapest, el museo que narra con bastante detalle todos aquellos a&ntilde;os de doble ocupaci&oacute;n &ndash;de los nazis primero y de los sovi&eacute;ticos despu&eacute;s-, nunca ser&aacute; posible ponerse en la piel de ninguno de los que lo sufrieron.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d795abd-2cc5-4cbd-8e88-6b185d59e6dd_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d795abd-2cc5-4cbd-8e88-6b185d59e6dd_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d795abd-2cc5-4cbd-8e88-6b185d59e6dd_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d795abd-2cc5-4cbd-8e88-6b185d59e6dd_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d795abd-2cc5-4cbd-8e88-6b185d59e6dd_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d795abd-2cc5-4cbd-8e88-6b185d59e6dd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8d795abd-2cc5-4cbd-8e88-6b185d59e6dd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero para intentar hacer honor a todo aquel padecimiento, se necesita otro zoom, que ampl&iacute;e un poco m&aacute;s la l&iacute;nea temporal.
    </p><p class="article-text">
        Volvamos a aquel feliz y fat&iacute;dico 15 de octubre de 1944 en que Mikl&oacute;s Horthy, regente del Reino de Hungr&iacute;a, proclamaba en la radio lo de: &ldquo;Hoy es obvio para cualquier persona en su sano juicio que el Reich alem&aacute;n ha perdido la guerra&rdquo;. Y explicaba que el gobierno hab&iacute;a decidido aliarse con los que parec&iacute;an los ganadores, el bando sovi&eacute;tico contra el que hab&iacute;an estado a&ntilde;os luchando. Aquel anunciado armisticio militar con la URSS nunca lleg&oacute; a tomar forma porque el ej&eacute;rcito alem&aacute;n invadi&oacute; Hungr&iacute;a y puso como gobierno a sus cachorros, el Partido de la Cruz Flechada. El horror alcanzaba entonces una de sus catarsis, empezaba la persecuci&oacute;n bestia de los jud&iacute;os, las deportaciones a marchas forzadas y el gueto de verdad. Interrogatorios, torturas, desapariciones&hellip; A&uacute;n as&iacute;, cerca del 58% de los 200.000 jud&iacute;os que viv&iacute;an en Budapest sobrevivieron a la guerra, mientras que la media en todo el pa&iacute;s fue de solo un 26%.
    </p><h3 class="article-text">Llegan los sovi&eacute;ticos&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Tomando una cerveza artesana en una terraza de las decenas que hay en el centro de Budapest, con sus luces de colores, un gran graffity enfrente y una caravana convertida en barra de bar, algo que se podr&iacute;a encontrar en cualquier lugar <em>moderno</em> de Europa &ndash;porque Budapest es ahora una ciudad con esa mezcla de decadencia y modernidad, al estilo de ciudades como Lisboa o Bucarest-, es dif&iacute;cil hacerse a la idea de que muchos de los j&oacute;venes que me rodean han vivido bajo la dictadura sovi&eacute;tica, aunque sea solo durante una parte de su infancia, y han sido protagonistas del cambio a la democracia actual, que comenz&oacute; a finales de 1989. Y sus abuelos vivieron las dos ocupaciones, la de los nazis y la sovi&eacute;tica, con todo lo que aquello supuso: denuncias entre vecinos e incluso entre familiares para salvarse a uno mismo. &iquest;C&oacute;mo debe marcar eso? &iquest;Cu&aacute;l es el poso que dejan todas esas vivencias?
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando lleg&oacute; el Ej&eacute;rcito Rojo comenz&oacute; otro nuevo terror, m&aacute;s interrogaciones, torturas, expropiaciones, c&aacute;rcel y deportaciones a campos de trabajo forzado. Entre 1945 y 1956 cerca de 400 personas fueron ejecutadas por razones pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f15258-fb82-47bb-af24-fde2fad458c4_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f15258-fb82-47bb-af24-fde2fad458c4_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f15258-fb82-47bb-af24-fde2fad458c4_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f15258-fb82-47bb-af24-fde2fad458c4_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f15258-fb82-47bb-af24-fde2fad458c4_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f15258-fb82-47bb-af24-fde2fad458c4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/08f15258-fb82-47bb-af24-fde2fad458c4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las palabras verdaderas tienen un poder creador y cat&aacute;rtico&rdquo;, escribe S&aacute;ndor M&aacute;rai en <em>La mujer justa</em>. Las calles de Budapest, con su historia retumbando de esquina a esquina como ecos silenciosos, parecen susurrar esas palabras verdaderas que aqu&iacute; podr&iacute;an ser: doble ocupaci&oacute;n, dictaduras, nazismo, Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, resistencia, ansias de libertad&hellip;Palabras que crean en el visitante una sensaci&oacute;n contradictoria, de terror y hero&iacute;smo a la vez, de esperanza y desesperaci&oacute;n. Hay que desnudar los sentidos para notar eso, es cierto, porque la modernidad ha calado fuerte en esta ciudad, llena de zonas con terrazas y bares <em>vintage</em>, festivales, foodtrucks, y lugares donde refrescarse del calor. Pero a&uacute;n as&iacute;, es posible sentirlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> viaja de Barcelona a Budapest.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/palabras-budapest_132_3131972.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Oct 2017 18:05:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/25b2265f-46f5-4c74-aa9f-66e58d692905_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="329612" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/25b2265f-46f5-4c74-aa9f-66e58d692905_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="329612" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las palabras de Budapest]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/25b2265f-46f5-4c74-aa9f-66e58d692905_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El perfume de Catalina de Médici y los tres David de Michelangelo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/perfume-catalina-medici-david-michelangelo_132_3400512.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a261462a-a98c-4185-9e85-6d0aa8a45f85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El perfume de Catalina de Médici y los tres David de Michelangelo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Detrás de la basílica de Santa Maria Novella se encuentra la farmacia más antigua de Europa, donde se venden hoy en día productos elaborados con las mismas plantas que cultivaban los frailes dominicos en los inicios, en el s.XIII</p><p class="subtitle">La reina consorte de Francia, Catalina de Médici, fue una de las principales promotoras en su época de la experimentación con las fragancias y ordenó crear el</p><p class="subtitle">Acqua della Regina</p><p class="subtitle">, que se pondría de moda también en la corte de Francia e Inglaterra</p><p class="subtitle">El David de Michelangelo se encuentra a cobijo en la Galleria dell’Accademia, pero existen otras dos copias más repartidas por Florencia</p></div><p class="article-text">
        A veces algunos rincones enga&ntilde;an. Tras una peque&ntilde;a entrada que pasa desapercibida se encuentra en Florencia un lugar con siglos de historia, incre&iacute;blemente bien conservado y cuidado, que ofrece todav&iacute;a hoy algunos productos que se remontan a la era de la revoluci&oacute;n cient&iacute;fica, al s.XVII, e incluso a centenares de a&ntilde;os atr&aacute;s. Un espacio que sigue exhalando el aliento de la sabidur&iacute;a de los frailes dominicos. Un rinc&oacute;n que nos permite, por ejemplo, acercarnos con la imaginaci&oacute;n al cuello de Catalina de M&eacute;dici, la reina consorte de Francia, y respirar su fragancia, poni&eacute;ndonos unas gotas del <em>Acqua della Regina</em>, que ella patent&oacute; y puso de moda en muchas cortes. Porque s&iacute;, ya en el s.XVI los personajes m&aacute;s notorios de la sociedad apostaban por el negocio de los perfumes y el humanismo tambi&eacute;n promov&iacute;a el arte de las fragancias.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de la Officina Profumo-Farmaceutica di Santa Maria Novella, la perfumer&iacute;a-farmacia m&aacute;s antigua de Europa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c61b6ea-341b-4d26-9725-c9c05d8cfe09_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c61b6ea-341b-4d26-9725-c9c05d8cfe09_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c61b6ea-341b-4d26-9725-c9c05d8cfe09_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c61b6ea-341b-4d26-9725-c9c05d8cfe09_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c61b6ea-341b-4d26-9725-c9c05d8cfe09_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c61b6ea-341b-4d26-9725-c9c05d8cfe09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0c61b6ea-341b-4d26-9725-c9c05d8cfe09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los frailes empezaron a cultivar hierbas medicinales, b&aacute;lsamos y ung&uuml;entos en los jardines del convento de Santa Mar&iacute;a Novella en 1221. As&iacute; ten&iacute;an medicinas para su propia enfermer&iacute;a. Pero poco a poco aquella producci&oacute;n privada y a peque&ntilde;a escala empez&oacute; a llamar la atenci&oacute;n, sobre todo de la alta sociedad, y en 1612 se abri&oacute; al p&uacute;blico. Al poco tiempo recibi&oacute;, por gracia del Gran Duque de la Toscana, el honor de ser llamada Botica de su Alteza Real.
    </p><p class="article-text">
        Dos siglos m&aacute;s tarde, la fama de sus productos y f&oacute;rmulas hab&iacute;a llegado a extenderse por lugares tan lejanos como Rusia, India o China. Su eficacia debe de ser cierta, puesto que es uno de los pocos negocios que puede alardear de llevar abierto &ndash;de forma ininterrumpida- casi cuatro siglos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5ecbc5db-50bc-4586-a6ad-88e79865d719_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5ecbc5db-50bc-4586-a6ad-88e79865d719_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5ecbc5db-50bc-4586-a6ad-88e79865d719_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5ecbc5db-50bc-4586-a6ad-88e79865d719_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5ecbc5db-50bc-4586-a6ad-88e79865d719_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5ecbc5db-50bc-4586-a6ad-88e79865d719_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5ecbc5db-50bc-4586-a6ad-88e79865d719_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n hoy se siguen cultivando en el jard&iacute;n de la bas&iacute;lica de Santa Mar&iacute;a Novella las plantas que se utilizan para elaborar los productos que all&iacute; se venden.
    </p><h3 class="article-text">Los tres David de Michelangelo</h3><p class="article-text">
        El David de Michelangelo disfruta permanentemente de las mejores vistas de la ciudad. No es el original, es una de las dos copias que hay repartidas por Florencia, pero a&uacute;n as&iacute; impresiona. Erigida en medio del Piazzale Michelangelo, en lo alto del monte, la escultura &ndash;Monumento a Miguel &Aacute;ngel- se alza como un puntero que marca uno de los mejores lugares para sobrevolar con la mirada la urbe y el Valle del Arno, el r&iacute;o que hiende Florencia en dos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecd9ee75-ea3c-4876-8f94-543fd3eabea5_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecd9ee75-ea3c-4876-8f94-543fd3eabea5_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecd9ee75-ea3c-4876-8f94-543fd3eabea5_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecd9ee75-ea3c-4876-8f94-543fd3eabea5_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecd9ee75-ea3c-4876-8f94-543fd3eabea5_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecd9ee75-ea3c-4876-8f94-543fd3eabea5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ecd9ee75-ea3c-4876-8f94-543fd3eabea5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La otra copia est&aacute; all&iacute; donde permaneci&oacute; el original durante a&ntilde;os: en la Piazza della Signoria, en lo que fue el coraz&oacute;n pol&iacute;tico de la ciudad. &iquest;Por qu&eacute; all&iacute;? Para entenderlo hay que retroceder hasta un Michelangelo de 26 a&ntilde;os que ya se com&iacute;a el mundo. Entonces ya era uno de los artistas m&aacute;s famosos de su &eacute;poca y de los mejor pagados. Le encargaron un proyecto que otros dos escultores hab&iacute;an dejado inacabado. Lo acept&oacute; y lo complet&oacute; en cerca de tres a&ntilde;os, mostrando adem&aacute;s una interpretaci&oacute;n muy diferente del David b&iacute;blico que hab&iacute;a predominado hasta entonces. Se sol&iacute;a representar triunfante sobre Goliath, pero Michelangelo decidi&oacute; mostrarlo antes de la batalla, armado con su piedra, concentrado, reforzando la idea de que fue su inteligencia la que le vali&oacute; la victoria por encima de la fuerza bruta.
    </p><p class="article-text">
        Inicialmente estaba pensado para alzarse a unos 80 metros del suelo, sobre la catedral de Florencia, el Duomo, pero acab&oacute; en otro lugar, a las puertas del Palazzio Vecchio, donde estaba el ayuntamiento, en la Piazza della Signoria. Se enfatizaba as&iacute; el gran poder pol&iacute;tico y militar que intimidaba a todo aquel que esperaba a las puertas del edificio. En 1873 se traslad&oacute; la inmensa escultura a la Galleria dell&rsquo;Accademia para que no sufriera los da&ntilde;os de la intemperie y all&iacute; sigue, a resguardo en el museo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/11d47852-ef94-4bb0-86a1-c5e4fe4d3c97_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/11d47852-ef94-4bb0-86a1-c5e4fe4d3c97_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/11d47852-ef94-4bb0-86a1-c5e4fe4d3c97_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/11d47852-ef94-4bb0-86a1-c5e4fe4d3c97_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/11d47852-ef94-4bb0-86a1-c5e4fe4d3c97_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/11d47852-ef94-4bb0-86a1-c5e4fe4d3c97_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/11d47852-ef94-4bb0-86a1-c5e4fe4d3c97_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> vuela de Barcelona a Florencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/perfume-catalina-medici-david-michelangelo_132_3400512.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 May 2017 14:30:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a261462a-a98c-4185-9e85-6d0aa8a45f85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="418298" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a261462a-a98c-4185-9e85-6d0aa8a45f85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="418298" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El perfume de Catalina de Médici y los tres David de Michelangelo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a261462a-a98c-4185-9e85-6d0aa8a45f85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El perfum de Caterina de Mèdici i els tres David de Michelangelo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/perfum-caterina-medici-david-michelangelo_132_3400509.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a261462a-a98c-4185-9e85-6d0aa8a45f85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El perfum de Caterina de Mèdici i els tres David de Michelangelo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Darrere de la basílica de Santa Maria Novella es troba la farmàcia més antiga d'Europa, on es venen avui dia productes elaborats amb les mateixes plantes que cultivaven els frares dominics en els inicis, al s.XIII</p><p class="subtitle">La reina consort de França, Caterina de Mèdici, va ser una de les principals promotores en la seva època de l'experimentació amb les fragàncies i va ordenar crear l'</p><p class="subtitle">Acqua della Regina</p><p class="subtitle">, que es posaria de moda també a la cort de França i Anglaterra</p><p class="subtitle">El David de Michelangelo es troba a recer a la Galleria dell’Accademia, però existeixen dues còpies més repartides per Florència</p></div><p class="article-text">
        De vegades alguns racons enganyen. Darrere d'una petita entrada que passa desapercebuda es troba a Flor&egrave;ncia un indret amb segles d'hist&ograve;ria, incre&iuml;blement ben conservat i cuidat, que ofereix encara avui alguns productes que es remunten a l'era de la revoluci&oacute; cient&iacute;fica, al s.XVII, i fins i tot a centenars d'anys enrere. Un espai que segueix exhalant l'al&egrave; de la saviesa dels frares dominics. Un rac&oacute; que ens permet, per exemple, acostar-nos amb la imaginaci&oacute; al coll de Caterina de M&egrave;dici, la reina consort de Fran&ccedil;a, i respirar la seva frag&agrave;ncia, posant-nos unes gotes de l'<em>Acqua della Regina</em>, que ella va patentar i va posar de moda en moltes corts. Perqu&egrave; s&iacute;, ja en el s.XVI els personatges m&eacute;s notoris de la societat apostaven pel negoci dels perfums i l'humanisme tamb&eacute; promovia l'art de les frag&agrave;ncies.
    </p><p class="article-text">
        Es tracta de l'Officina Profumo-Farmaceutica di Santa Maria Novella, la perfumeria-farm&agrave;cia m&eacute;s antiga d'Europa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c61b6ea-341b-4d26-9725-c9c05d8cfe09_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c61b6ea-341b-4d26-9725-c9c05d8cfe09_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c61b6ea-341b-4d26-9725-c9c05d8cfe09_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c61b6ea-341b-4d26-9725-c9c05d8cfe09_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c61b6ea-341b-4d26-9725-c9c05d8cfe09_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c61b6ea-341b-4d26-9725-c9c05d8cfe09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0c61b6ea-341b-4d26-9725-c9c05d8cfe09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Els frares van comen&ccedil;ar a cultivar herbes medicinals, b&agrave;lsams i ung&uuml;ents en els jardins del convent de Santa Mar&iacute;a Novella el 1221. Aix&iacute; tenien medicines per a la seva pr&ograve;pia infermeria. Per&ograve; a poc a poc aquella producci&oacute; privada i a petita escala va comen&ccedil;ar a cridar l'atenci&oacute;, sobretot de l'alta societat, i al 1612 es va obrir al p&uacute;blic. Al poc temps va rebre, per gr&agrave;cia del Gran Duc de la Toscana, l'honor de ser anomenada Botica de l'Altesa Reial.
    </p><p class="article-text">
        Dos segles m&eacute;s tard, la fama dels seus productes i f&oacute;rmules havia arribat a estendre's per llocs tan llunyans com R&uacute;ssia, &Iacute;ndia o Xina. La seva efic&agrave;cia deu ser certa, ja que &eacute;s un dels pocs negocis que pot presumir de portar obert &ndash;de forma ininterrompuda- gaireb&eacute; quatre segles.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5ecbc5db-50bc-4586-a6ad-88e79865d719_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5ecbc5db-50bc-4586-a6ad-88e79865d719_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5ecbc5db-50bc-4586-a6ad-88e79865d719_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5ecbc5db-50bc-4586-a6ad-88e79865d719_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5ecbc5db-50bc-4586-a6ad-88e79865d719_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5ecbc5db-50bc-4586-a6ad-88e79865d719_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5ecbc5db-50bc-4586-a6ad-88e79865d719_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Encara avui se segueixen cultivant al jard&iacute; de la bas&iacute;lica de Santa Maria Novella les plantes que s'utilitzen per elaborar els productes que all&iacute; es venen.
    </p><h3 class="article-text">Els tres David de Michelangelo</h3><p class="article-text">
        El David de Michelangelo gaudeix permanentment de les millors vistes de la ciutat. No &eacute;s l'original, &eacute;s una de les dues c&ograve;pies que hi ha repartides per Flor&egrave;ncia, per&ograve; tot i aix&iacute; impressiona. Erigida enmig del Piazzale Michelangelo, a dalt del tur&oacute;, l'escultura &ndash;Monument a Miquel &Agrave;ngel- s'al&ccedil;a com un punter que marca un dels millors llocs per sobrevolar amb la mirada l'urbs i la Vall de l'Arno, el riu que clivella Flor&egrave;ncia en dos. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecd9ee75-ea3c-4876-8f94-543fd3eabea5_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecd9ee75-ea3c-4876-8f94-543fd3eabea5_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecd9ee75-ea3c-4876-8f94-543fd3eabea5_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecd9ee75-ea3c-4876-8f94-543fd3eabea5_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecd9ee75-ea3c-4876-8f94-543fd3eabea5_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecd9ee75-ea3c-4876-8f94-543fd3eabea5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ecd9ee75-ea3c-4876-8f94-543fd3eabea5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        L'altra c&ograve;pia est&agrave; all&agrave; on va romandre l'original durant anys: a la Piazza della Signoria, en el que va ser el cor pol&iacute;tic de la ciutat. Per qu&egrave; all&agrave;? Per entendre-ho cal retrocedir fins a un Michelangelo de 26 anys que ja es menjava el m&oacute;n. Llavors ja era un dels artistes m&eacute;s famosos de la seva &egrave;poca i dels millor pagats. Li van encarregar un projecte que altres dos escultors havien deixat inacabat. Ho va acceptar i ho va completar en prop de tres anys, mostrant a m&eacute;s una interpretaci&oacute; molt diferent del David b&iacute;blic que havia predominat fins llavors. Se solia representar triomfant sobre Goliath, per&ograve; Michelangelo va decidir mostrar-lo abans de la batalla, armat amb la seva pedra, concentrat, refor&ccedil;ant la idea que va ser la seva intel&middot;lig&egrave;ncia la que li va valer la vict&ograve;ria per sobre de la for&ccedil;a bruta.
    </p><p class="article-text">
        Inicialment estava pensat per al&ccedil;ar-se a uns 80 metres del terra, sobre la catedral de Flor&egrave;ncia, el Duomo, per&ograve; va acabar en un altre lloc, a les portes del Palazzio Vecchio, on estava l'ajuntament, a la Piazza della Signoria. S'emfatitzava aix&iacute; el gran poder pol&iacute;tic i militar que intimidava a tot aquell que esperava a les portes de l'edifici. El 1873 es va traslladar la immensa escultura a la Galleria dell&rsquo;Accademia perqu&egrave; no sofr&iacute;s els danys de la intemp&egrave;rie i all&iacute; segueix, a resguard en el museu.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/11d47852-ef94-4bb0-86a1-c5e4fe4d3c97_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/11d47852-ef94-4bb0-86a1-c5e4fe4d3c97_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/11d47852-ef94-4bb0-86a1-c5e4fe4d3c97_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/11d47852-ef94-4bb0-86a1-c5e4fe4d3c97_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/11d47852-ef94-4bb0-86a1-c5e4fe4d3c97_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/11d47852-ef94-4bb0-86a1-c5e4fe4d3c97_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/11d47852-ef94-4bb0-86a1-c5e4fe4d3c97_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> vola de Barcelona a Flor&egrave;ncia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/perfum-caterina-medici-david-michelangelo_132_3400509.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 May 2017 14:30:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a261462a-a98c-4185-9e85-6d0aa8a45f85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="418298" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a261462a-a98c-4185-9e85-6d0aa8a45f85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="418298" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El perfum de Caterina de Mèdici i els tres David de Michelangelo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a261462a-a98c-4185-9e85-6d0aa8a45f85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Artistas, peregrinaciones gitanas y la opulencia de los papas, en la Provenza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/artistas-peregrinaciones-gitanas-opulencia-provenza_132_3414598.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/853d4479-c4dd-4c6e-ad69-afe6da062944_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Artistas, peregrinaciones gitanas y la opulencia de los papas, en la Provenza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Saintes-Maries de la Mer, a finales de mayo, tiene lugar el mayor peregrinaje gitano de Europa</p><p class="subtitle">El parque natural de la Camarga, donde el Ródano forma un delta y va a morir al mar, da cobijo a una de las poblaciones de flamencos más numerosa en el continente europeo</p><p class="subtitle">Vincent Van Gogh se instaló en Arle a finales del s.XIX, en el barrio de los burdeles, y llegó a producir hasta 300 obras en esta zona del sur de Francia</p></div><p class="article-text">
        Vestigios romanos, villas medievales, luchas papales y una naturaleza para ser disfrutada se conjugan en el sur de Francia, en la Provenza. Seguramente todo ese atractivo sensorial y cultural, adem&aacute;s de gastron&oacute;mico, con una gran variedad de quesos y vinos, es lo que sedujo a varios artistas que se enamoraron de esta zona, como Van Gogh, Picasso o C&eacute;zanne.
    </p><h3 class="article-text">El peregrinaje gitano</h3><p class="article-text">
        Igual algo de esa magia es lo que ha convertido a una de sus poblaciones en un lugar m&iacute;stico que recibe el mayor peregrinaje gitano de Europa. Miles de kal&eacute;, lovari, sinti, kalderash y manouche de todas partes del mundo llegan el 24 de mayo a Saintes-Maries de la Mer para rendir homenaje a su patrona, Santa Sara Kali, la virgen negra. Durante el a&ntilde;o est&aacute; guardada en la cripta de la Iglesia N&ocirc;tre Dame de la Mer, un templo fortificado, cubierta de mantos de diferentes colores que los gitanos le confeccionan como ofrenda. El 24 la sacan en una gran fiesta y, en procesi&oacute;n, la llevan hasta el mar, una playa de dunas que se conserva todav&iacute;a bastante virgen y que pertenece al parque natural de la Camarga, y all&iacute; acaban muchos metidos en el agua.
    </p><p class="article-text">
        El nombre de Saintes-Maries de la Mer, <em>santas mar&iacute;as del mar, </em>proviene de una leyenda que dice que Mar&iacute;a Salom&eacute; y Mar&iacute;a Jacob&eacute;, junto con su esclava Sara, llegaron all&iacute; en barco despu&eacute;s de un largo viaje desde la Tierra Santa, huyendo de los ataques contra los cristianos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1003c98a-8849-49d8-9569-c142efc502f6_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1003c98a-8849-49d8-9569-c142efc502f6_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1003c98a-8849-49d8-9569-c142efc502f6_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1003c98a-8849-49d8-9569-c142efc502f6_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1003c98a-8849-49d8-9569-c142efc502f6_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1003c98a-8849-49d8-9569-c142efc502f6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1003c98a-8849-49d8-9569-c142efc502f6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Lo que es irrefutablemente cierto es que aquella zona, especialmente las marismas que se encuentran dentro del parque de la Camarga, en el delta del R&oacute;dano, tiene un halo especial. All&iacute; se puede ver, al atardecer, una de las mayores poblaciones de flamencos de toda Europa. Para descubrirlo solo hace falta perderse por sus incontables caminos y contemplar esas llanuras &aacute;ridas y f&eacute;rtiles a la vez, llenas de matorrales, humedales y arena agrietada.
    </p><h3 class="article-text">Toros y pintores</h3><p class="article-text">
        Un poco m&aacute;s al norte se encuentra Arle, que ha convertido uno de sus monumentos m&aacute;s emblem&aacute;ticos en una gran plaza de toros por donde han pasado leyendas espa&ntilde;olas como el Juli o el Cordob&eacute;s. Es el anfiteatro romano, donde durante d&eacute;cadas lucharon a muerte los gladiadores y que en 1981 se convirti&oacute; en Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. De hecho Arle es el epicentro taurino del sur de Francia, tiene hasta una gran fiesta dedicada a ello que se alarga varios d&iacute;as y que tiene lugar en Semana Santa. Se dice que Picasso la frecuentaba, acompa&ntilde;ado de amigos como el poeta Jean Cocteau.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7773d3a-e0a4-4aa7-9e4f-151b3d4bf408_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7773d3a-e0a4-4aa7-9e4f-151b3d4bf408_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7773d3a-e0a4-4aa7-9e4f-151b3d4bf408_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7773d3a-e0a4-4aa7-9e4f-151b3d4bf408_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7773d3a-e0a4-4aa7-9e4f-151b3d4bf408_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7773d3a-e0a4-4aa7-9e4f-151b3d4bf408_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a7773d3a-e0a4-4aa7-9e4f-151b3d4bf408_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        No eran los &uacute;nicos artistas que disfrutaron de esta ciudad. Vicent Van Gogh se instal&oacute; aqu&iacute; a finales del s.XIX, en un hotel-restaurante situado en el barrio de los burdeles. Afirmaba que hab&iacute;a llegado en busca del color, la luz y la belleza de la naturaleza de esta parte del sur de Francia y la inspiraci&oacute;n fue tal, que lleg&oacute; a realizar m&aacute;s de 300 obras. La importancia que tuvo el paso del artista por esta zona ha quedado plasmada en la ciudad y hasta en el del puente sobre el canal que va de Arles a Port-de-Bouc, rebautizado como Puente Van Gogh, que el pintor inmortaliz&oacute; en uno de sus cuadros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8dde769-b052-48c4-af04-60c5c2b8848a_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8dde769-b052-48c4-af04-60c5c2b8848a_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8dde769-b052-48c4-af04-60c5c2b8848a_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8dde769-b052-48c4-af04-60c5c2b8848a_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8dde769-b052-48c4-af04-60c5c2b8848a_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8dde769-b052-48c4-af04-60c5c2b8848a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d8dde769-b052-48c4-af04-60c5c2b8848a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">La opulencia de la Curia Pontificia</h3><p class="article-text">
        Durante cerca de setenta a&ntilde;os, entre 1309 y 1377, Avignon se convirti&oacute; en la Santa Sede, reemplazando a la romana. A principios del siglo XIV Italia se encontraba inmersa en una situaci&oacute;n de luchas e inseguridad. Eso sumado al enfrentamiento entre el papa Bonifacio VIII y el rey de Francia, Felipe IV, hacen que todo estalle, el papa sea substituido por Clemente V, sumiso al monarca franc&eacute;s, y el papado se traslade a Avignon. &Eacute;l fue quien, por presiones de Felipe el Hermoso, inici&oacute; la persecuci&oacute;n de los templarios, se dice que en parte para hacerse con las riquezas de esa Orden.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e61764e-675b-49c3-bcce-b0711e6e0635_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e61764e-675b-49c3-bcce-b0711e6e0635_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e61764e-675b-49c3-bcce-b0711e6e0635_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e61764e-675b-49c3-bcce-b0711e6e0635_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e61764e-675b-49c3-bcce-b0711e6e0635_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e61764e-675b-49c3-bcce-b0711e6e0635_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3e61764e-675b-49c3-bcce-b0711e6e0635_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A ese periodo se le conoce tambi&eacute;n como el &ldquo;segundo cautiverio de Babilonia&rdquo;, porque fueron muchos los que criticaron la riqueza y la opulencia de la Curia en Avignon, que contrastaba con los supuestos valores de humildad de la Iglesia, algo que se puede intuir visitando el Palacio Papal. Para que los papas dispusieran de una residencia, en 1335, fue el papa Benedicto XII quien empez&oacute; a construirlo, el palacio g&oacute;tico m&aacute;s importante de Occidente en la Edad Media. Sorprendentemente, el enorme edificio tard&oacute; menos de veinte a&ntilde;os en terminarse y ahora sus rincones est&aacute;n abiertos al p&uacute;blico, para que el visitante se pueda hacer una idea de c&oacute;mo fue la vida de los seis papas que residieron all&iacute; mientras mantuvo la categor&iacute;a de Santa Sede, los festines, la rica decoraci&oacute;n de los dormitorios...
    </p><p class="article-text">
        Pero Avignon tambi&eacute;n es naturaleza. Erigida a orillas del R&oacute;dano, se asienta frente a una isla de una belleza salvaje impresionante, la Isla de la Barthelasse. Con varios campings, restaurantes en la riba del r&iacute;o, campos extensos, grandes arboledas, carreteras de pel&iacute;cula y casas privilegiadas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b76dd42a-e911-41f5-805b-7e8abbf3bb1b_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b76dd42a-e911-41f5-805b-7e8abbf3bb1b_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b76dd42a-e911-41f5-805b-7e8abbf3bb1b_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b76dd42a-e911-41f5-805b-7e8abbf3bb1b_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b76dd42a-e911-41f5-805b-7e8abbf3bb1b_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b76dd42a-e911-41f5-805b-7e8abbf3bb1b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b76dd42a-e911-41f5-805b-7e8abbf3bb1b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> vuela de Barcelona a Marsella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/artistas-peregrinaciones-gitanas-opulencia-provenza_132_3414598.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 May 2017 07:57:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/853d4479-c4dd-4c6e-ad69-afe6da062944_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="442033" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/853d4479-c4dd-4c6e-ad69-afe6da062944_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="442033" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Artistas, peregrinaciones gitanas y la opulencia de los papas, en la Provenza]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/853d4479-c4dd-4c6e-ad69-afe6da062944_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Artistes, peregrinacions gitanes i l'opulència dels papes, a la Provença]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/artistes-peregrinacions-gitanes-lopulencia-provenca_132_3414589.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/853d4479-c4dd-4c6e-ad69-afe6da062944_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Artistes, peregrinacions gitanes i l&#039;opulència dels papes, a la Provença"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A Saintes-Maries de la Mer, a finals de maig, té lloc el major pelegrinatge gitano de tota Europa</p><p class="subtitle">El parc natural de la Camarga, on el Roine forma un delta i va a morir al mar, dóna recer a una de les poblacions de flamencs més nombrosa del continent europeu</p><p class="subtitle">Vincent Van Gogh es va instal·lar a Arle a finals del s.XIX, al barri dels bordells, i va arribar a produir fins a 300 obres en aquesta zona del sud de França</p></div><p class="article-text">
        Vestigis romans, viles medievals, lluites papals i una naturalesa per ser gaudida es conjuguen al sud de Fran&ccedil;a, a la Proven&ccedil;a. Segurament tot aquest atractiu sensorial i cultural, a m&eacute;s de gastron&ograve;mic -amb una gran varietat de formatges i vins-, &eacute;s el que va seduir diversos artistes que es van enamorar d'aquesta zona, com Van Gogh, Picasso o C&eacute;zanne.
    </p><h3 class="article-text">El pelegrinatge gitano</h3><p class="article-text">
        Igual una mica d'aquesta m&agrave;gia &eacute;s el que ha convertit a una de les seves poblacions en un lloc m&iacute;stic que rep el major pelegrinatge gitano d'Europa. Milers de kal&eacute;, lovari, sinti, kalderash i manouche de tot arreu del m&oacute;n arriben el 24 de maig a Saintes-Maries de la Mer per retre homenatge a la seva patrona, Santa Sara Kali, la verge negra. Durant l'any est&agrave; guardada a la cripta de l'Esgl&eacute;sia N&ocirc;tre Dame de la Mer, un temple fortificat, coberta de mantells de diferents colors que els gitanos li confeccionen com a ofrena. El 24 la treuen en una gran festa i, en process&oacute;, la porten fins al mar, una platja de dunes que es conserva encara bastant verge i all&iacute; acaben molts ficats a l'aigua.
    </p><p class="article-text">
        El nom de Saintes-Maries de la Mer, <em>santes maries del mar</em>, prov&eacute; d'una llegenda que diu que Mar&iacute;a Salom&eacute; i Mar&iacute;a Jacob&eacute;, juntament amb la seva esclava Sara, van arribar all&agrave; en vaixell despr&eacute;s d'un llarg viatge des de la Terra Santa, fugint dels atacs contra els cristians. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1003c98a-8849-49d8-9569-c142efc502f6_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1003c98a-8849-49d8-9569-c142efc502f6_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1003c98a-8849-49d8-9569-c142efc502f6_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1003c98a-8849-49d8-9569-c142efc502f6_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1003c98a-8849-49d8-9569-c142efc502f6_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1003c98a-8849-49d8-9569-c142efc502f6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1003c98a-8849-49d8-9569-c142efc502f6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El que &eacute;s irrefutablement cert &eacute;s que aquella zona, especialment els aiguamolls que es troben dins del parc de la Camarga, al delta del Roine, t&eacute; un halo especial. All&agrave; es pot veure, al capvespre, una de les majors poblacions de flamencs de tota Europa. Per descobrir-ho solament fa falta perdre's pels seus incomptables camins i contemplar aquestes planes &agrave;rides i f&egrave;rtils alhora, plenes de matolls, aiguamolls i sorra esquerdada.
    </p><h3 class="article-text">Toros i pintors</h3><p class="article-text">
        Una mica m&eacute;s al nord es troba Arle, que ha convertit un dels seus monuments m&eacute;s emblem&agrave;tics en una gran pla&ccedil;a de toros per on han passat llegendes espanyoles com el Juli o el Cordob&eacute;s. &Eacute;s l'amfiteatre rom&agrave;, on durant d&egrave;cades van lluitar a mort els gladiadors i que el 1981 es va convertir en Patrimoni de la Humanitat de la UNESCO. De fet Arle &eacute;s l'epicentre taur&iacute; del sud de Fran&ccedil;a, t&eacute; fins i tot una gran festa dedicada a aix&ograve; que s'allarga diversos dies i que t&eacute; lloc durant la Setmana Santa. Es diu que Picasso la freq&uuml;entava, acompanyat d'amics com el poeta Jean Cocteau.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7773d3a-e0a4-4aa7-9e4f-151b3d4bf408_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7773d3a-e0a4-4aa7-9e4f-151b3d4bf408_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7773d3a-e0a4-4aa7-9e4f-151b3d4bf408_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7773d3a-e0a4-4aa7-9e4f-151b3d4bf408_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7773d3a-e0a4-4aa7-9e4f-151b3d4bf408_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7773d3a-e0a4-4aa7-9e4f-151b3d4bf408_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a7773d3a-e0a4-4aa7-9e4f-151b3d4bf408_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        No eren els &uacute;nics artistes que van gaudir d'aquesta ciutat. Vicent Van Gogh es va instal&middot;lar aqu&iacute; a finals del s.XIX, en un hotel-restaurant situat al barri dels bordells. Afirmava que havia arribat a la recerca del color, la llum i la bellesa de la naturalesa d'aquesta part del sud de Fran&ccedil;a i la inspiraci&oacute; va ser tal, que va arribar a realitzar m&eacute;s de 300 obres. La import&agrave;ncia que va tenir el pas de l'artista per aquesta zona ha quedat plasmada a la ciutat i fins i tot en el del pont sobre el canal que va de Arles a Port-de-Bouc, rebatejat com a Pont Van Gogh, que el pintor va immortalitzar en un dels seus quadres.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8dde769-b052-48c4-af04-60c5c2b8848a_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8dde769-b052-48c4-af04-60c5c2b8848a_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8dde769-b052-48c4-af04-60c5c2b8848a_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8dde769-b052-48c4-af04-60c5c2b8848a_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8dde769-b052-48c4-af04-60c5c2b8848a_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8dde769-b052-48c4-af04-60c5c2b8848a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d8dde769-b052-48c4-af04-60c5c2b8848a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">L'opul&egrave;ncia de la C&uacute;ria Pontif&iacute;cia</h3><p class="article-text">
        Durant prop de setanta anys, entre 1309 i 1377, Avignon es va convertir en la Santa Seu, reempla&ccedil;ant a la romana. A principis del segle XIV It&agrave;lia es trobava immersa en una situaci&oacute; de lluites i inseguretat. Aix&ograve; sumat a l'enfrontament entre el papa Bonifaci VIII i el rei de Fran&ccedil;a, Felip IV, fa que tot esclati, el papa sigui substitu&iuml;t per Clement V, subm&iacute;s al monarca franc&egrave;s, i el papat es traslladi a Avignon. Ell va ser qui, per pressions de Felip el Bell, va iniciar la persecuci&oacute; dels templaris, es diu que en part per fer-se amb les riqueses d'aquesta Ordre.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e61764e-675b-49c3-bcce-b0711e6e0635_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e61764e-675b-49c3-bcce-b0711e6e0635_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e61764e-675b-49c3-bcce-b0711e6e0635_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e61764e-675b-49c3-bcce-b0711e6e0635_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e61764e-675b-49c3-bcce-b0711e6e0635_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3e61764e-675b-49c3-bcce-b0711e6e0635_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3e61764e-675b-49c3-bcce-b0711e6e0635_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        A aquest per&iacute;ode se'l coneix tamb&eacute; com la &ldquo;segona captivitat de Babil&ograve;nia&rdquo;, perqu&egrave; van ser molts els que van criticar la riquesa i l'opul&egrave;ncia de la C&uacute;ria a Avignon, que contrastava amb els suposats valors d'humilitat de l'Esgl&eacute;sia, cosa que es pot intuir visitant el Palau Papal. Perqu&egrave; els papes disposessin d'una resid&egrave;ncia, al 1335, va ser el papa Benedict XII qui va comen&ccedil;ar a construir-lo, el palau g&ograve;tic m&eacute;s important d'Occident a l'Edat Mitjana. Sorprenentment, l'enorme edifici va trigar menys de vint anys a acabar-se i ara els seus racons estan oberts al p&uacute;blic, perqu&egrave; el visitant es pugui fer una idea de com va ser la vida dels sis papes que van residir all&agrave; mentre va mantenir la categoria de Santa Seu, els festins, la rica decoraci&oacute; dels dormitoris...
    </p><p class="article-text">
        Per&ograve; Avignon tamb&eacute; &eacute;s naturalesa. Erigida a la vora del Roine, s'assenta davant d'una illa d'una bellesa salvatge impressionant, l'Illa de la Barthelasse. Amb diversos c&agrave;mpings, restaurants a la riba del riu, camps extensos, grans arbredes, carreteres de pel&middot;l&iacute;cula i cases privilegiades.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b76dd42a-e911-41f5-805b-7e8abbf3bb1b_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b76dd42a-e911-41f5-805b-7e8abbf3bb1b_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b76dd42a-e911-41f5-805b-7e8abbf3bb1b_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b76dd42a-e911-41f5-805b-7e8abbf3bb1b_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b76dd42a-e911-41f5-805b-7e8abbf3bb1b_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b76dd42a-e911-41f5-805b-7e8abbf3bb1b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b76dd42a-e911-41f5-805b-7e8abbf3bb1b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> vola de Barcelona a Marsella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/artistes-peregrinacions-gitanes-lopulencia-provenca_132_3414589.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 May 2017 07:57:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/853d4479-c4dd-4c6e-ad69-afe6da062944_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="442033" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/853d4479-c4dd-4c6e-ad69-afe6da062944_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="442033" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Artistes, peregrinacions gitanes i l'opulència dels papes, a la Provença]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/853d4479-c4dd-4c6e-ad69-afe6da062944_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Toscana, escenari d'una secreta guerra entre templers i assassins]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/toscana-escenari-secreta-templaris-assassins_132_3430462.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7f255073-bb40-4fa1-9cc2-d42cb1b066f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Toscana, escenari d&#039;una secreta guerra entre templers i assassins"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el petit enclavament medieval de Sant Gimignano es concentren fins a 13 torres</p><p class="subtitle">Monteriggioni conserva intacta la seva arquitectura medieval del s.XIII</p><p class="subtitle">Els paisatges de la Toscana, il.luminats sota la llum primaveral i esquitxats d’oliveres i vinyes, ofereixen una bellesa idíl.lica al viatger que els recorre</p></div><p class="article-text">
        Diu la hist&ograve;ria que des de fa 2000 anys es lliura una guerra secreta entre assassins i templaris, dos b&agrave;ndols enfrontats que busquen canviar el curs de la humanitat. Un relat fosc que t&eacute; com a escenari un dels llocs m&eacute;s bells d'It&agrave;lia: la Toscana.
    </p><p class="article-text">
        Els templers pretenen crear un m&oacute;n on regni la moral cristiana i tots els ciutadans estiguin sotmesos al seu ferri control. L'Ordre dels Assassins creu que els homes haurien de regir-se pel lliure albir i no estar dominats per un poder tan dur i lluitaran fins a la mort per aconseguir-ho. Aquesta &eacute;s la narraci&oacute; en la qual es basa el fam&oacute;s videojoc Assassin&rsquo;s Creed, els c&ograve;mics i la pel&middot;l&iacute;cula que es va estrenar el passat 2016. A trav&eacute;s dels seus personatges i dels camins que han d'anar prenent, la saga ens transporta a diferents llocs i ens explica la seva hist&ograve;ria.
    </p><p class="article-text">
        El segon episodi del joc se situa en el Renaixement i t&eacute; com a escenari, entre altres llocs, Sant Gimignano i Monteriggioni, dos petits pobles emmurallats espectaculars per on perdre's i gaudir de tots els seus racons, palauets i places.
    </p><h3 class="article-text">Les torres, el s&iacute;mbol del poder</h3><p class="article-text">
        Al 1478, el protagonista de la saga, Ezio Auditore, de l'Ordre dels Assassins, viatja fins a Sant Gimignano per espiar una reuni&oacute; clandestina dels templaris, que planegen acabar amb la dinastia dels Medici. Aquesta dinastia va existir de deb&ograve; i &eacute;s &agrave;mpliament coneguda pel llegat art&iacute;stic i cultural que van deixar. Provenien del poble per&ograve; van aconseguir molts diners i poder &ndash;moltes vegades amb pr&agrave;ctiques poc ortodoxes de manipulaci&oacute; pol&iacute;tica i assassinats- i van obtenir les seves riqueses amb la Banca Medici, un dels bancs m&eacute;s pr&ograve;spers de l'Europa dels segles XIV i XV. Despr&eacute;s es van expandir a altres sectors, com les f&agrave;briques de teixits i orfebreria. Ells van fer de Flor&egrave;ncia la capital de l'humanisme, gr&agrave;cies als seus m&uacute;ltiples mecenatges, contribuint a construir edificis emblem&agrave;tics com el Duomo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0121f9c7-9eee-42c1-9b36-907b630bc33a_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0121f9c7-9eee-42c1-9b36-907b630bc33a_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0121f9c7-9eee-42c1-9b36-907b630bc33a_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0121f9c7-9eee-42c1-9b36-907b630bc33a_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0121f9c7-9eee-42c1-9b36-907b630bc33a_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0121f9c7-9eee-42c1-9b36-907b630bc33a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0121f9c7-9eee-42c1-9b36-907b630bc33a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Per&ograve; tornant a la reuni&oacute; secreta a&nbsp;Sant Gimignano, les capacitats tecnol&ograve;giques i inform&agrave;tiques fan possible recrear en el joc un escenari que t&eacute;, almenys, l'al&egrave; misteri&oacute;s del poble real. Trepitjant els seus carrers i contemplant les seves construccions medievals un pot imaginar-se a Ezio reptant per aquells llocs, grimpant a les torres per contemplar el poble des de les altures, planejant com dur a terme la seva missi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        T&eacute; tant de valor aquest rac&oacute; de la Toscana fundat pels etruscs, que al 1990 la Unesco va declarar el seu centre hist&ograve;ric Patrimoni de la Humanitat. Ara l'inter&egrave;s tur&iacute;stic el suscita sobretot la seva arquitectura medieval, per una ra&oacute; curiosa. En aquella &egrave;poca les fam&iacute;lies adinerades competien entre si a trav&eacute;s de les seves construccions, demostrava m&eacute;s poder qui al&ccedil;ava la torre m&eacute;s alta. Per aix&ograve; Sant Gimignano est&agrave; plagat d'elles.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b63b68c-dd28-4a43-b562-c1ed38d19694_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b63b68c-dd28-4a43-b562-c1ed38d19694_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b63b68c-dd28-4a43-b562-c1ed38d19694_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b63b68c-dd28-4a43-b562-c1ed38d19694_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b63b68c-dd28-4a43-b562-c1ed38d19694_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b63b68c-dd28-4a43-b562-c1ed38d19694_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2b63b68c-dd28-4a43-b562-c1ed38d19694_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ara alguna d'aquestes torres es pot visitar i tamb&eacute; els palaus que segueixen en peus, ben conservats, i que s&oacute;n una del&iacute;cia per qui gaudeixi amb l'art, la hist&ograve;ria i la cultura. A m&eacute;s, situat en un monticle, el poble emmurallat ofereix unes boniques vistes del paisatge de la Toscana, uns mantells accidentats, que de vegades pugen i de vegades baixen, com si fossin ones del mar dissecades i tenyides de verd a la primavera.
    </p><p class="article-text">
        Fa segles, eren viatgers que peregrinaven cap a Roma els que escollien Sant Gimignano per reposar i agafar forces per reprendre el cam&iacute;. Ara s&oacute;n turistes els que recorren aquests carrers. L'atractiu del lloc s'ha sabut aprofitar per treure-li un rendiment econ&ograve;mic i a l'actualitat, els viatgers que trepitgen aquests carrers poden asseure's en terrasses de restaurants que s&oacute;n miradors privilegiats.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b156a2f5-3f24-41d2-8443-c1a0f38022ea_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b156a2f5-3f24-41d2-8443-c1a0f38022ea_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b156a2f5-3f24-41d2-8443-c1a0f38022ea_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b156a2f5-3f24-41d2-8443-c1a0f38022ea_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b156a2f5-3f24-41d2-8443-c1a0f38022ea_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b156a2f5-3f24-41d2-8443-c1a0f38022ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b156a2f5-3f24-41d2-8443-c1a0f38022ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><h3 class="article-text">La base italiana de l'Ordre dels Assassins</h3><p class="article-text">
        Enmig dels pujols d'oliveres i vinyers de la prov&iacute;ncia de Siena, s'al&ccedil;a Monterrigioni, un petit burg que sembla viure encara en l'&egrave;poca medieval i conserva a dia d'avui la seva arquitectura original. Assassin&rsquo;s Creed explica que va ser la fam&iacute;lia Auditore qui va construir les seves muralles i va erigir all&iacute; la seva vila, caserna general de la branca de l'Ordre dels Assassins a It&agrave;lia. Al s.XV, Mario Auditore, l'oncle d'Ezio, havia pres les regnes com a senyor d'aquella fortalesa, on es refugia el seu nebot quan ha de fugir de Flor&egrave;ncia.
    </p><p class="article-text">
        La realitat &eacute;s que va ser constru&iuml;t durant la segona meitat del s.XIII per la Rep&uacute;blica de Siena, com a punt defensiu contra el seu rival, Flor&egrave;ncia. Va resistir incomptables atacs i setges per&ograve; la seva import&agrave;ncia es va acabar esvaint al s.XVI quan Siena es va annexionar a l'estat de Flor&egrave;ncia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/947cf61c-6d89-43c1-81c8-67c7f07b74e5_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/947cf61c-6d89-43c1-81c8-67c7f07b74e5_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/947cf61c-6d89-43c1-81c8-67c7f07b74e5_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/947cf61c-6d89-43c1-81c8-67c7f07b74e5_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/947cf61c-6d89-43c1-81c8-67c7f07b74e5_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/947cf61c-6d89-43c1-81c8-67c7f07b74e5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/947cf61c-6d89-43c1-81c8-67c7f07b74e5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Actualment, la pla&ccedil;a central est&agrave; envoltada de diversos restaurants i alguna gelateria, amb terrasses on gaudir del sol i la llum de la Toscana respirant l'al&egrave; que han conservat les pedres durant molts segles.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> vola de Barcelona a Pisa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/toscana-escenari-secreta-templaris-assassins_132_3430462.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Apr 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7f255073-bb40-4fa1-9cc2-d42cb1b066f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="366699" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7f255073-bb40-4fa1-9cc2-d42cb1b066f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="366699" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Toscana, escenari d'una secreta guerra entre templers i assassins]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7f255073-bb40-4fa1-9cc2-d42cb1b066f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Toscana, escenario de una secreta guerra entre templarios y asesinos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/toscana-escenario-secreta-templarios-asesinos_132_3430469.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7f255073-bb40-4fa1-9cc2-d42cb1b066f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Toscana, escenario de una secreta guerra entre templarios y asesinos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el pequeño enclave medieval de San Gimignano se concentran hasta 13 torres</p><p class="subtitle">Monteriggioni conserva intacta su arquitectura medieval del s.XIII</p><p class="subtitle">Los paisajes de la Toscana, iluminados bajo la luz primaveral y salpicados de olivares y viñedos, ofrecen una belleza idílica al viajero que los recorre</p></div><p class="article-text">
        Cuenta la historia que desde hace 2000 a&ntilde;os se libra una guerra secreta entre asesinos y templarios, dos bandos enfrentados que buscan cambiar el curso de la humanidad. Un relato oscuro que tiene como escenario uno de los sitios m&aacute;s bellos de Italia: la Toscana.
    </p><p class="article-text">
        Los templarios pretenden crear un mundo donde reine la moral cristiana y todos los ciudadanos est&eacute;n sometidos a su f&eacute;rreo control. La Orden de los Asesinos cree que los hombres deber&iacute;an regirse por el libre albedr&iacute;o y no estar dominados por un poder tan duro y luchar&aacute;n hasta la muerte para conseguirlo. Esa es la narraci&oacute;n en la que se basa el famoso videojuego Assassin&rsquo;s Creed, los c&oacute;mics y la pel&iacute;cula que se estren&oacute; el pasado 2016. A trav&eacute;s de sus personajes y de los caminos que deben ir tomando, la saga nos transporta a diferentes lugares y nos explica su historia.
    </p><p class="article-text">
        El segundo episodio del juego se sit&uacute;a en el Renacimiento y tiene como escenario, entre otros lugares, San Gimignano y Monteriggioni, dos peque&ntilde;os pueblos amurallados espectaculares por donde perderse y disfrutar de todos sus rincones, palacetes y plazas.
    </p><h3 class="article-text">Las torres, el s&iacute;mbolo del poder</h3><p class="article-text">
        En 1478, el protagonista de la saga, Ezio Auditore, de la Orden de los Asesinos, viaja hasta San Gimignano para espiar una reuni&oacute;n clandestina de los templarios, que planean acabar con la dinast&iacute;a de los Medici. Esa dinast&iacute;a existi&oacute; de verdad y es ampliamente conocida por el legado art&iacute;stico y cultural que dejaron. Proven&iacute;an del pueblo pero consiguieron amasar mucho dinero y poder &ndash;muchas veces con pr&aacute;cticas poco ortodoxas de manipulaci&oacute;n pol&iacute;tica y asesinatos- y obtuvieron sus riquezas con la Banca Medici, uno de los bancos m&aacute;s pr&oacute;speros de Europa en los siglos XIV y XV. Despu&eacute;s se expandieron a otros sectores, como las f&aacute;bricas de tejidos y orfebrer&iacute;a. Ellos hicieron de Florencia la capital del humanismo, gracias a sus m&uacute;ltiples mecenazgos, contribuyendo a construir edificios emblem&aacute;ticos como el Duomo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0121f9c7-9eee-42c1-9b36-907b630bc33a_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0121f9c7-9eee-42c1-9b36-907b630bc33a_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0121f9c7-9eee-42c1-9b36-907b630bc33a_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0121f9c7-9eee-42c1-9b36-907b630bc33a_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0121f9c7-9eee-42c1-9b36-907b630bc33a_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0121f9c7-9eee-42c1-9b36-907b630bc33a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0121f9c7-9eee-42c1-9b36-907b630bc33a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero volviendo a la reuni&oacute;n secreta en San Gimignano, las capacidades tecnol&oacute;gicas e inform&aacute;ticas hacen posible recrear en el juego un escenario que tiene, por lo menos, el aliento misterioso del pueblo real. Pisando sus calles y contemplando sus construcciones medievales uno puede imaginarse a Ezio reptando por aquellos lugares, trepando a las torres para contemplar el pueblo desde las alturas, planeando c&oacute;mo llevar a cabo su misi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tiene tanto valor ese rinc&oacute;n de la Toscana fundado por los etruscos, que en 1990 la Unesco declar&oacute; su centro hist&oacute;rico Patrimonio de la Humanidad. Ahora el inter&eacute;s tur&iacute;stico lo suscita sobre todo su arquitectura medieval, por una raz&oacute;n curiosa. En aquella &eacute;poca las familias adineradas compet&iacute;an entre s&iacute; a trav&eacute;s de sus construcciones, demostraba m&aacute;s poder quien alzaba la torre m&aacute;s alta. Por eso San Gimignano est&aacute; plagado de ellas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b156a2f5-3f24-41d2-8443-c1a0f38022ea_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b156a2f5-3f24-41d2-8443-c1a0f38022ea_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b156a2f5-3f24-41d2-8443-c1a0f38022ea_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b156a2f5-3f24-41d2-8443-c1a0f38022ea_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b156a2f5-3f24-41d2-8443-c1a0f38022ea_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b156a2f5-3f24-41d2-8443-c1a0f38022ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b156a2f5-3f24-41d2-8443-c1a0f38022ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora alguna de esas torres se puede visitar y tambi&eacute;n los palacios que siguen en pie, bien conservados, y que son una delicia para quien disfrute con el arte, la historia y la cultura. Adem&aacute;s, situado en un mont&iacute;culo, el pueblo amurallado ofrece unas bonitas vistas del paisaje de la Toscana, esos mantos accidentados, que a veces suben y a veces bajan, como si fueran olas del mar disecadas y te&ntilde;idas de verde.
    </p><p class="article-text">
        Hace siglos, eran viajeros que peregrinaban hacia Roma los que escog&iacute;an San Gimignano para reposar y coger fuerzas para retomar el camino. Ahora son turistas los que recorren esas calles. El atractivo del lugar se ha sabido aprovechar para sacarle un rendimiento econ&oacute;mico y en la actualidad, los viajeros que pisan esas calles pueden sentarse en terrazas de restaurantes que son miradores privilegiados.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b63b68c-dd28-4a43-b562-c1ed38d19694_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b63b68c-dd28-4a43-b562-c1ed38d19694_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b63b68c-dd28-4a43-b562-c1ed38d19694_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b63b68c-dd28-4a43-b562-c1ed38d19694_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b63b68c-dd28-4a43-b562-c1ed38d19694_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b63b68c-dd28-4a43-b562-c1ed38d19694_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2b63b68c-dd28-4a43-b562-c1ed38d19694_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><h3 class="article-text">El cuartel general de la Orden de los Asesinos</h3><p class="article-text">
        En medio de las colinas de olivos y vi&ntilde;edos de la provincia de Siena se alza Monterrigioni, un peque&ntilde;o burgo que parece vivir todav&iacute;a en la &eacute;poca medieval y conserva a&uacute;n a d&iacute;a de hoy su arquitectura original. Assassin&rsquo;s Creed cuenta que fue la familia Auditore quien construy&oacute; sus murallas y erigi&oacute; all&iacute; su villa, cuartel general de la rama de la Orden de los Asesinos en Italia. En el s.XV, Mario Auditore, el t&iacute;o de Ezio, hab&iacute;a tomado las riendas como se&ntilde;or de aquella fortaleza, donde se refugia su sobrino cuando tiene que huir de Florencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La realidad es que fue construido en la segunda mitad del s.XIII por la Rep&uacute;blica de Siena, como punto defensivo contra su rival Florencia. Resisti&oacute; incontables ataques y sitios pero su importancia se acab&oacute; desvaneciendo en el s.XVI cuando Siena se anexion&oacute; al estado de Florencia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/947cf61c-6d89-43c1-81c8-67c7f07b74e5_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/947cf61c-6d89-43c1-81c8-67c7f07b74e5_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/947cf61c-6d89-43c1-81c8-67c7f07b74e5_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/947cf61c-6d89-43c1-81c8-67c7f07b74e5_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/947cf61c-6d89-43c1-81c8-67c7f07b74e5_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/947cf61c-6d89-43c1-81c8-67c7f07b74e5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/947cf61c-6d89-43c1-81c8-67c7f07b74e5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Actualmente, la plaza central est&aacute; rodeada de diversos restaurantes y alguna helader&iacute;a, con terrazas donde disfrutar del sol y la luz de la Toscana respirando el aliento que han conservado las piedras durante muchos siglos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> vuela de Barcelona a Pisa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/toscana-escenario-secreta-templarios-asesinos_132_3430469.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Apr 2017 17:11:15 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7f255073-bb40-4fa1-9cc2-d42cb1b066f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="366699" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7f255073-bb40-4fa1-9cc2-d42cb1b066f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="366699" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Toscana, escenario de una secreta guerra entre templarios y asesinos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7f255073-bb40-4fa1-9cc2-d42cb1b066f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El rey Arturo y el lujo artístico de Cornualles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/rey-arturo-lujo-artistico-cornualles_132_3488731.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d2807bde-acc3-43da-9f87-2ad2c198dfaf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El rey Arturo y el lujo artístico de Cornualles"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los recientes hallazgos arqueológicos abren el camino para poder confirmar que el rey Arturo no fue solo un personaje de leyenda</p><p class="subtitle">La localidad de Saint Ives se alza como uno de los 10 destinos más caros de Europa</p><p class="subtitle">La naturaleza salvaje de esta esquina al oeste del Reino Unido hace de Cornualles un lugar para disfrutar recorriéndolo</p></div><p class="article-text">
        Se dice que frente a los acantilados de la costa de Cornualles, donde rompen las olas del Atl&aacute;ntico, vivi&oacute; un rey que con la ayuda de un mago, de una espada invencible y de un s&eacute;quito de caballeros valientes y fieles pas&oacute; a la historia como un h&eacute;roe. Qued&oacute; inmortalizado en poemas y sus haza&ntilde;as pasaron de boca en boca como suced&iacute;a con las figuras mitol&oacute;gicas. Es la leyenda del rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda, que los escritos sit&uacute;an en el castillo de Tintagel.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a no se ha podido confirmar de una forma irrefutable su existencia, pero en el 2016, unos hallazgos arqueol&oacute;gicos demostraban que muy cerca de Tintagel se hab&iacute;a alzado durante lo que los ingleses llaman los <em>a&ntilde;os oscuros</em>, en el siglo VI, una importante construcci&oacute;n y que es all&iacute; donde podr&iacute;a haber vivido ese h&eacute;roe de leyenda. Las caracter&iacute;sticas de ese palacio encajan a la perfecci&oacute;n con las que describ&iacute;a el cl&eacute;rigo gal&eacute;s Geoffrey de Monmouth en su <em>Historia Regum Britanniae</em> (Historia de los reyes de Breta&ntilde;a), los primeros escritos donde se habla de las heroicas haza&ntilde;as del rey, de su acompa&ntilde;ante Merl&iacute;n, de la poderosa Excalibur y del resto de personajes.
    </p><p class="article-text">
        Sea cierto o sea mentira, Tintagel atrae cada a&ntilde;o a miles de turistas espoleados por la magia del lugar, que no solo radica en la leyenda, tambi&eacute;n en lo inefable de sus paisajes.
    </p><h3 class="article-text">Una colonia de artistas</h3><p class="article-text">
        Pero no todo es grandeza m&iacute;stica y natural en Cornualles, tambi&eacute;n hay lujo, arte y exclusividad. Si se sigue la ruta desde Tintagel hacia el sur, se llega a uno de los 10 destinos m&aacute;s caros de Europa: Saint Ives, el Saint-Tropez del Reino Unido.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2904f128-a777-4c78-828e-b3f187b9f2e3_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2904f128-a777-4c78-828e-b3f187b9f2e3_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2904f128-a777-4c78-828e-b3f187b9f2e3_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2904f128-a777-4c78-828e-b3f187b9f2e3_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2904f128-a777-4c78-828e-b3f187b9f2e3_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2904f128-a777-4c78-828e-b3f187b9f2e3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2904f128-a777-4c78-828e-b3f187b9f2e3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En un rinc&oacute;n de ese pueblo, se esconde un jard&iacute;n con una belleza inusual, porque no radica en lo natural sino en lo que la mano del hombre &ndash;de una mujer en este caso- cre&oacute;. Es el jard&iacute;n de Barbara Hepworth, una de las grandes escultoras de la historia brit&aacute;nica, que comparti&oacute; amistad con otro m&iacute;tico artista, Henry Moore. En St. Ives dej&oacute; Hepworth su legado, para que los visitantes puedan saborearlo con la mirada, y fue ella quien contribuy&oacute; a que esa poblaci&oacute;n de la costa oeste de Cornualles se convirtiera en la colonia de artistas que es hoy.
    </p><p class="article-text">
        Pero no es el &uacute;nico templo del arte que se erige en ese lugar, hay decenas m&aacute;s &ndash;galer&iacute;as-, y uno muy especial: la Tate St. Ives, que cobija, principalmente, obras de artistas locales. Est&aacute; mirando al mar, sobre la playa de Porthmeor, en lo que antes era una f&aacute;brica de gas que fue remodelada y que ahora destaca con su blancura inmaculada y sus formas circulares.
    </p><p class="article-text">
        Desde ese edificio se pueden contemplar, tambi&eacute;n, las decenas de surferos que aprovechan el oleaje de esa costa para practicar su deporte preferido.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc77976-ee92-4472-a898-c3971433f1ef_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc77976-ee92-4472-a898-c3971433f1ef_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc77976-ee92-4472-a898-c3971433f1ef_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc77976-ee92-4472-a898-c3971433f1ef_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc77976-ee92-4472-a898-c3971433f1ef_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc77976-ee92-4472-a898-c3971433f1ef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0bc77976-ee92-4472-a898-c3971433f1ef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">Donde la tierra termina</h3><p class="article-text">
        Siguiendo hacia el sur, la ruta siempre encuentra lugares donde contemplar lo salvaje y lo est&eacute;tica que puede ser la naturaleza de Cornualles, y el recorrido puede acabar all&iacute; donde termina la tierra, en el Land&rsquo;s End.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68c3276c-340c-46f0-a6ad-5f12ef9869a9_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68c3276c-340c-46f0-a6ad-5f12ef9869a9_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68c3276c-340c-46f0-a6ad-5f12ef9869a9_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68c3276c-340c-46f0-a6ad-5f12ef9869a9_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68c3276c-340c-46f0-a6ad-5f12ef9869a9_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68c3276c-340c-46f0-a6ad-5f12ef9869a9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/68c3276c-340c-46f0-a6ad-5f12ef9869a9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Asomarse a esos acantilados rocosos y mirar hacia abajo, donde el mar rompe, o perderse en el horizonte, donde solo hay agua y cielo, es como m&iacute;nimo un deleite y, para las mentes creativas, una fuente de inspiraci&oacute;n. Ser&aacute; por eso que cada a&ntilde;o m&aacute;s de 400.000 visitantes de todas partes del mundo deciden acercarse hasta este lugar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3499572-fe87-47eb-b27d-91769edd386b_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3499572-fe87-47eb-b27d-91769edd386b_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3499572-fe87-47eb-b27d-91769edd386b_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3499572-fe87-47eb-b27d-91769edd386b_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3499572-fe87-47eb-b27d-91769edd386b_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3499572-fe87-47eb-b27d-91769edd386b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d3499572-fe87-47eb-b27d-91769edd386b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> vuela de Barcelona a Cardiff.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/rey-arturo-lujo-artistico-cornualles_132_3488731.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Mar 2017 22:35:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d2807bde-acc3-43da-9f87-2ad2c198dfaf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="464265" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d2807bde-acc3-43da-9f87-2ad2c198dfaf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="464265" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El rey Arturo y el lujo artístico de Cornualles]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d2807bde-acc3-43da-9f87-2ad2c198dfaf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El rei Artur i el luxe artístic de Cornualla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/rei-artur-luxe-artistic-cornualla_132_3488721.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d2807bde-acc3-43da-9f87-2ad2c198dfaf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El rei Artur i el luxe artístic de Cornualla"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Les recents troballes arqueològiques obren el camí per a poder confirmar que el rei Artur no va ser només un personatge de llegenda</p><p class="subtitle">La localitat de Saint Ives s'alça com una de les 10 destinacions més cares d'Europa</p><p class="subtitle">La naturalesa salvatge d'aquest racó a l'oest del Regne Unit fa de Cornualla un lloc per gaudir del recorregut</p></div><p class="article-text">
        Es diu que davant dels penya-segats de la costa de Cornualla, on trenquen les onades de l'Atl&agrave;ntic, va viure un rei que amb l'ajuda d'un mag, d'una espasa invencible i d'un s&egrave;quit de cavallers valents i fidels va passar a la hist&ograve;ria com un heroi. Va quedar immortalitzat en poemes i les seves gestes van passar de boca en boca com succe&iuml;a amb les figures mitol&ograve;giques. &Eacute;s la llegenda del rei Artur i els Cavallers de la Taula Rodona, que els escrits situen al castell de Tintagel.
    </p><p class="article-text">
        Encara no s'ha pogut confirmar d'una forma irrefutable la seva exist&egrave;ncia, per&ograve; al 2016, unes troballes arqueol&ograve;giques demostraven que molt a prop de Tintagel s'havia al&ccedil;at durant el que els anglesos anomenen els <em>anys foscos</em>, al segle VI, una important construcci&oacute; i que &eacute;s all&agrave; on podria haver viscut aquest heroi de llegenda. Les caracter&iacute;stiques d'aquest palau encaixen a la perfecci&oacute; amb les que descrivia el clergue gal&eacute;s Geoffrey de Monmouth en la seva <em>Hist&ograve;ria Regum Britanniae</em> (Hist&ograve;ria dels reis de Bretanya), els primers escrits on es parla de les heroiques gestes del rei, del seu acompanyant Merl&iacute;, de la poderosa Excalibur i de la resta de personatges.
    </p><p class="article-text">
        Sigui cert o sigui mentida, Tintagel atreu cada any a milers de turistes esperonats per la m&agrave;gia del lloc, que no solament radica en la llegenda, tamb&eacute; en l'inefable dels seus paisatges.
    </p><h3 class="article-text">Una col&ograve;nia d'artistes</h3><p class="article-text">
        Per&ograve; no tot &eacute;s grandesa m&iacute;stica i natural a Cornualla, tamb&eacute; hi ha luxe, art i exclusivitat. Si se segueix la ruta des de Tintagel cap al sud, s'arriba a una de les 10 destinacions m&eacute;s cares d'Europa: Saint Ives, el Saint-Tropez del Regne Unit.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2904f128-a777-4c78-828e-b3f187b9f2e3_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2904f128-a777-4c78-828e-b3f187b9f2e3_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2904f128-a777-4c78-828e-b3f187b9f2e3_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2904f128-a777-4c78-828e-b3f187b9f2e3_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2904f128-a777-4c78-828e-b3f187b9f2e3_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2904f128-a777-4c78-828e-b3f187b9f2e3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2904f128-a777-4c78-828e-b3f187b9f2e3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En un rac&oacute; d'aquest poble, s'amaga un jard&iacute; amb una bellesa inusual, perqu&egrave; no radica en la natura sin&oacute; en el que la m&agrave; de l'home &ndash;d'una dona en aquest cas- va crear. &Eacute;s el jard&iacute; de Barbara Hepworth, una de les grans escultores de la hist&ograve;ria brit&agrave;nica, que va compartir amistat amb un altre m&iacute;tic artista, Henry Moore. A St. Ives va deixar Hepworth el seu llegat, perqu&egrave; els visitants puguin assaborir-ho amb la mirada, i va ser ella qui va contribuir al fet que aquesta poblaci&oacute; de la costa oest de Cornualla es convert&iacute;s en la col&ograve;nia d'artistes que &eacute;s avui.
    </p><p class="article-text">
        Per&ograve; no &eacute;s l'&uacute;nic temple de l'art que s'erigeix en aquest lloc, hi ha desenes m&eacute;s &ndash;galeries-, i un molt especial: la Tate St. Ives, que acull, principalment, obres d'artistes locals. Est&agrave; mirant al mar, sobre la platja de Porthmeor, en el que abans era una f&agrave;brica de gas que va ser remodelada i que ara destaca amb la seva blancor immaculada i les seves formes circulars.
    </p><p class="article-text">
        Des d'aquest edifici es poden contemplar, tamb&eacute;, les desenes de <em>surfers</em> que aprofiten l'onatge d'aquesta costa per practicar el seu esport preferit.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc77976-ee92-4472-a898-c3971433f1ef_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc77976-ee92-4472-a898-c3971433f1ef_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc77976-ee92-4472-a898-c3971433f1ef_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc77976-ee92-4472-a898-c3971433f1ef_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc77976-ee92-4472-a898-c3971433f1ef_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc77976-ee92-4472-a898-c3971433f1ef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0bc77976-ee92-4472-a898-c3971433f1ef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">On la terra acaba</h3><p class="article-text">
        Seguint cap al sud, la ruta sempre troba llocs on contemplar com de salvatge i est&egrave;tica pot ser la natura de Cornualla, i el recorregut pot acabar all&agrave; on acaba la terra, al Land&rsquo;s End.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68c3276c-340c-46f0-a6ad-5f12ef9869a9_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68c3276c-340c-46f0-a6ad-5f12ef9869a9_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68c3276c-340c-46f0-a6ad-5f12ef9869a9_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68c3276c-340c-46f0-a6ad-5f12ef9869a9_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68c3276c-340c-46f0-a6ad-5f12ef9869a9_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68c3276c-340c-46f0-a6ad-5f12ef9869a9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/68c3276c-340c-46f0-a6ad-5f12ef9869a9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Acostar-se a aquests penya-segats rocosos i mirar cap avall, on el mar trenca, o perdre's en l'horitz&oacute;, on solament hi ha aigua i cel, &eacute;s com a m&iacute;nim un delit i, per a les ments creatives, una font d'inspiraci&oacute;. Ser&agrave; per aix&ograve; que cada any m&eacute;s de 400.000 visitants de tot arreu del m&oacute;n decideixen apropar-se fins a aquest lloc.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3499572-fe87-47eb-b27d-91769edd386b_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3499572-fe87-47eb-b27d-91769edd386b_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3499572-fe87-47eb-b27d-91769edd386b_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3499572-fe87-47eb-b27d-91769edd386b_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3499572-fe87-47eb-b27d-91769edd386b_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3499572-fe87-47eb-b27d-91769edd386b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d3499572-fe87-47eb-b27d-91769edd386b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> vola de Barcelona a Cardiff.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/rei-artur-luxe-artistic-cornualla_132_3488721.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Mar 2017 22:32:56 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d2807bde-acc3-43da-9f87-2ad2c198dfaf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="464265" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d2807bde-acc3-43da-9f87-2ad2c198dfaf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="464265" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El rei Artur i el luxe artístic de Cornualla]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d2807bde-acc3-43da-9f87-2ad2c198dfaf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tarifa, entre dues aigües]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/tarifa-dues-aigues_132_3507356.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7964b72f-f454-4ddb-a8f6-f4c5f660365d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tarifa, entre dues aigües"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Allà es troba l'Illa dels Coloms, el punt més meridional de l'Europa continental</p><p class="subtitle">El seu nom li deu a un cabdill militar que va desembarcar allà com avançada del que després es convertiria en la conquesta musulmana</p><p class="subtitle">El Mercado de Abastos, que s'alça en el que abans era un convent, és un bon racó per protegir-se del vent i admirar l'arquitectura neomudejar mentre s'esmorza o es degusta un plat de peix fregit</p></div><p class="article-text">
        A Tarifa es conjuren el vent, la sorra i el mar en un encanteri que t&eacute; una mica de m&agrave;gia espanyola i marroquina. Aquesta punta de la pen&iacute;nsula, la que est&agrave; m&eacute;s al sud de l'Europa continental, et deixa descol&middot;locat. Igual perqu&egrave; dep&egrave;n d'on trepitgis, et trobes davant del tranquil mar Mediterrani i uns passos m&eacute;s enll&agrave; t'esquitxa la bravesa de l'Atl&agrave;ntic. O perqu&egrave; T&agrave;nger &eacute;s visible en els dies m&eacute;s clars i sembla que estigui, com aquell que diu, a un tir de pedra, en un miratge que acosta en les nostres ments l'&Agrave;frica a Espanya, encara que la terra no es mogui.
    </p><p class="article-text">
        L'atzar geogr&agrave;fic li ha donat a aquesta zona una forma triangular gaireb&eacute; metaf&ograve;rica, un rellotge de sorra que degoteja, d'un continent a un altre, per l'estret de Gibraltar, arrabassant-li temps a Europa per donar-li-ho a l'&Agrave;frica unes vegades i al rev&eacute;s unes altres. Terra sota domini musulm&agrave; durant segles &ndash;d'ells ve el nom que encara guarda, del cabdill berber Tarif inb Malluk que va desembarcar all&agrave; al 710- i terra conquerida pels cristians despr&eacute;s. Aquesta barreja deixa petja i encara cueteja. No nom&eacute;s aquesta, tamb&eacute; l'her&egrave;ncia que van deixar fenicis, grecs, cartaginesos i, especialment, els romans, que van ser els primers que es van instal&middot;lar all&agrave; d'una forma m&eacute;s notable i van aixecar Julia Traducta.
    </p><h3 class="article-text">Al sud del sud</h3><p class="article-text">
        Tot aix&ograve; batega amb especial for&ccedil;a a la Isla de las Palomas, perqu&egrave; all&agrave; es van erigir les primeres fortificacions i all&agrave; va tenir lloc el desembarcament de l'avan&ccedil;ada de Tarif inb Malluk. Ja no &eacute;s una illa, perqu&egrave; un istme aixecat per la m&agrave; de l'home al s.XIX la uneix a la pen&iacute;nsula, per&ograve; mant&eacute; el nom.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/916eb54d-bd7e-4fa7-bd22-a657f88b6d6a_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/916eb54d-bd7e-4fa7-bd22-a657f88b6d6a_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/916eb54d-bd7e-4fa7-bd22-a657f88b6d6a_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/916eb54d-bd7e-4fa7-bd22-a657f88b6d6a_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/916eb54d-bd7e-4fa7-bd22-a657f88b6d6a_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/916eb54d-bd7e-4fa7-bd22-a657f88b6d6a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/916eb54d-bd7e-4fa7-bd22-a657f88b6d6a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Caminar per all&agrave; &eacute;s la millor manera de sentir el que &eacute;s estar entre dues aig&uuml;es, a un costat el Mediterrani i a l'altre l'Atl&agrave;ntic. Encara que caminar, el que es diu caminar, &eacute;s complicat, m&eacute;s aviat cal lluitar per avan&ccedil;ar sense sortir volant, perqu&egrave; el vent all&agrave; bufa amb molt&iacute;ssima for&ccedil;a. Per aix&ograve; al cam&iacute; que uneix la pen&iacute;nsula amb l'illa hi ha munts de sorra que les r&agrave;fegues d'aire han anat acumulant i fins i tot per creuar-ho amb cotxe cal tenir bon domini. Aix&ograve; s&iacute;, la sensaci&oacute; &eacute;s indescriptible, el vent assotant el vehicle amb r&agrave;bia i l'aigua esquitxant-ho, fins que arribes a l'altra punta, al recinte militar que est&agrave; tancat al p&uacute;blic.
    </p><p class="article-text">
        De fet, el vent &eacute;s una constant a Tarifa. En aquella zona es produeix un embut, entre les muntanyes del Rif marroqu&iacute; i les serres B&egrave;tiques d'Andalusia, que accelera la velocitat de l'aire. A aix&ograve; cal afegir-li el xoc entre el sec i virulent Llevant i l'humit Ponent. Una explosi&oacute; de vent en tota regla que tamb&eacute; marca el car&agrave;cter dels que all&agrave; hi viuen.
    </p><h3 class="article-text">Un passeig pels carrerons</h3><p class="article-text">
        La millor manera de protegir-se del vent &eacute;s fer una passejada pels carrers blancs i estrets de la ciutat emmurallada. Descobrir les seves placetes, els seus bars, les seves cases i aquest ambient del sud tan agradable.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2946f28-0169-4242-a110-eaa8f438a016_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2946f28-0169-4242-a110-eaa8f438a016_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2946f28-0169-4242-a110-eaa8f438a016_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2946f28-0169-4242-a110-eaa8f438a016_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2946f28-0169-4242-a110-eaa8f438a016_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2946f28-0169-4242-a110-eaa8f438a016_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d2946f28-0169-4242-a110-eaa8f438a016_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En un d'aquests racons est&agrave; el Mercado de Abastos, una joia que es gaudeix no nom&eacute;s pel producte fresc que all&agrave; es ven, com peix de tot tipus, sin&oacute; pel lloc en si. L'edifici era un antic convent que l'arquitecte Jos&eacute; Romero va convertir en mercat i que es va obrir al p&uacute;blic a principis del segle XX. All&agrave; es respira l'aire &agrave;rab del passat d'aquesta ciutat, entre les seves porxades d'estil neomudejar o asseguts al gran pati central, on es pot esmorzar o aprofitar i provar el peix fregit.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f311f0ad-2bfe-419d-b88c-b8a3f0f4f536_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f311f0ad-2bfe-419d-b88c-b8a3f0f4f536_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f311f0ad-2bfe-419d-b88c-b8a3f0f4f536_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f311f0ad-2bfe-419d-b88c-b8a3f0f4f536_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f311f0ad-2bfe-419d-b88c-b8a3f0f4f536_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f311f0ad-2bfe-419d-b88c-b8a3f0f4f536_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f311f0ad-2bfe-419d-b88c-b8a3f0f4f536_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        I a m&eacute;s d'aix&ograve;, &eacute;s clar, es pot gaudir del que &eacute;s m&eacute;s fam&oacute;s d'aquesta zona: el surf i tots els esports que tenen a veure amb el mar, les ones, el vent i les platges, aquestes infinites esplanades de sorra fina a la vora d'una aigua transparent.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> vola de Barcelona a Jerez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/tarifa-dues-aigues_132_3507356.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Mar 2017 10:00:36 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7964b72f-f454-4ddb-a8f6-f4c5f660365d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="295936" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7964b72f-f454-4ddb-a8f6-f4c5f660365d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="295936" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Tarifa, entre dues aigües]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7964b72f-f454-4ddb-a8f6-f4c5f660365d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tarifa, entre dos aguas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/tarifa-aguas_132_3507365.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7964b72f-f454-4ddb-a8f6-f4c5f660365d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tarifa, entre dos aguas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Allí se encuentra la Isla de las Palomas, el punto más meridional de la Europa continental</p><p class="subtitle">Su nombre se lo debe a un caudillo militar que desembarcó allí como avanzadilla de lo que luego se convertiría en la conquista musulmana</p><p class="subtitle">El Mercado de Abastos, levantando en lo que antes era un convento, es un buen rincón para resguardarse del viento y admirar la arquitectura neomudéjar mientras se desayuna o se degusta un plato de pescado frito</p></div><p class="article-text">
        En Tarifa se conjuran el viento, la arena y el mar en un hechizo que tiene algo de magia espa&ntilde;ola y marroqu&iacute;. Esa punta de la pen&iacute;nsula, la que est&aacute; m&aacute;s al sur de la Europa continental, te deja descolocado. Igual porque depende de donde pises, te encuentras frente al mar tranquilo Mediterr&aacute;neo y unos pasos m&aacute;s all&aacute; te salpica la bravura del Atl&aacute;ntico. O porque T&aacute;nger es visible en los d&iacute;as m&aacute;s claros y parece que est&eacute;, como aquel que dice, a un tiro de piedra, en un miraje que acerca en nuestras mentes &Aacute;frica a Espa&ntilde;a, aunque la tierra no se mueva.
    </p><p class="article-text">
        El azar geogr&aacute;fico le ha dado a esta zona una forma triangular casi metaf&oacute;rica, un reloj de arena que gotea, de un continente a otro, por el estrecho de Gibraltar, arrebat&aacute;ndole tiempo a Europa para d&aacute;rselo a &Aacute;frica a veces y a la inversa otras. Tierra bajo dominio musulm&aacute;n durante siglos &ndash;de ellos viene el nombre que todav&iacute;a guarda, del caudillo bereber Tarif&nbsp; inb Malluk que desembarc&oacute; all&iacute; en el 710- y tierra conquistada por los cristianos despu&eacute;s. &nbsp;Esa mezcla deja huella y todav&iacute;a coletea. No solo esa, tambi&eacute;n la herencia que dejaron fenicios, griegos, cartagineses y, especialmente, los romanos, que fueron los primeros que se instalaron all&iacute; de una forma m&aacute;s notable y levantaron Julia Traducta.
    </p><h3 class="article-text">Al sur del sur</h3><p class="article-text">
        Todo eso late con especial fuerza en la Isla de las Palomas, porque all&iacute; se erigieron las primeras fortificaciones y all&iacute; tuvo lugar el desembarco de la avanzadilla de Tarif&nbsp; inb Malluk. Ya no es una isla, porque un istmo levantando por la mano del hombre en el s.XIX la une a la pen&iacute;nsula, pero mantiene el nombre.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/916eb54d-bd7e-4fa7-bd22-a657f88b6d6a_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/916eb54d-bd7e-4fa7-bd22-a657f88b6d6a_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/916eb54d-bd7e-4fa7-bd22-a657f88b6d6a_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/916eb54d-bd7e-4fa7-bd22-a657f88b6d6a_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/916eb54d-bd7e-4fa7-bd22-a657f88b6d6a_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/916eb54d-bd7e-4fa7-bd22-a657f88b6d6a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/916eb54d-bd7e-4fa7-bd22-a657f88b6d6a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Caminar por all&iacute; es la mejor manera de sentir lo que es estar entre dos aguas, a un lado el Mediterr&aacute;neo y al otro el Atl&aacute;ntico. Aunque caminar, lo que se dice caminar, es complicado, m&aacute;s bien hay que luchar para avanzar sin salir volando, con el viento que all&iacute; sopla con much&iacute;sima fuerza. Por eso en el camino que une la pen&iacute;nsula con la isla hay montones de arena que las r&aacute;fagas de aire han ido acumulando e incluso para cruzarlo en coche hay que tener buen dominio. Eso s&iacute;, la sensaci&oacute;n es indescriptible, el viento azotando el veh&iacute;culo con rabia y el agua salpic&aacute;ndolo, hasta que llegas a la otra punta, al recinto militar que est&aacute; cerrado al p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, el viento es una constante en Tarifa. En aquella zona se produce un embudo, entre las monta&ntilde;as del Rif marroqu&iacute; y las sierras B&eacute;ticas de Andaluc&iacute;a, que lo acelera. A eso hay que a&ntilde;adirle el choque entre el seco y virulento Levante y el h&uacute;medo Poniente. Una explosi&oacute;n de aire en toda regla que tambi&eacute;n marca el car&aacute;cter de los tarife&ntilde;os.
    </p><h3 class="article-text">Un paseo por las callejuelas</h3><p class="article-text">
        Para resguardarse, lo mejor es dar un paseo por las calles blancas y estrechas de la ciudad amurallada. Descubrir sus plazoletas, sus bares, sus casas y ese ambiente del sur tan agradable.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2946f28-0169-4242-a110-eaa8f438a016_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2946f28-0169-4242-a110-eaa8f438a016_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2946f28-0169-4242-a110-eaa8f438a016_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2946f28-0169-4242-a110-eaa8f438a016_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2946f28-0169-4242-a110-eaa8f438a016_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2946f28-0169-4242-a110-eaa8f438a016_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d2946f28-0169-4242-a110-eaa8f438a016_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En uno de esos rincones est&aacute; el Mercado de Abastos, una joya que se disfruta no solo por el producto fresco que all&iacute; se vende, como pescado de todo tipo, sino por el lugar en s&iacute;. El edificio era un antiguo convento que el arquitecto Jos&eacute; Romero convirti&oacute; en mercado y que se abri&oacute; al p&uacute;blico a principios del siglo XX. All&iacute; se respira el aire &aacute;rabe del pasado de esta ciudad, entre sus soportales de estilo neomudejar o sentados en el gran patio central, donde se puede desayunar o aprovechar y probar el pescado frito.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f311f0ad-2bfe-419d-b88c-b8a3f0f4f536_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f311f0ad-2bfe-419d-b88c-b8a3f0f4f536_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f311f0ad-2bfe-419d-b88c-b8a3f0f4f536_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f311f0ad-2bfe-419d-b88c-b8a3f0f4f536_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f311f0ad-2bfe-419d-b88c-b8a3f0f4f536_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f311f0ad-2bfe-419d-b88c-b8a3f0f4f536_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f311f0ad-2bfe-419d-b88c-b8a3f0f4f536_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Y adem&aacute;s de eso, claro est&aacute;, se puede disfrutar de lo m&aacute;s famoso de esa zona: el surf y todos los deportes que tienen que ver con el mar, las olas, el viento y las playas, esas infinitas explanadas de arena fina al borde de un agua transparente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> vuela de Barcelona a Jerez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/tarifa-aguas_132_3507365.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Mar 2017 09:54:30 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7964b72f-f454-4ddb-a8f6-f4c5f660365d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="295936" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7964b72f-f454-4ddb-a8f6-f4c5f660365d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="295936" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Tarifa, entre dos aguas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7964b72f-f454-4ddb-a8f6-f4c5f660365d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Madrid vibra a Lavapiés]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/madrid-vibra-lavapies_132_3531346.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d9fa31ab-b454-4f08-bd83-cd8dc209ca94_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Madrid vibra a Lavapiés"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En aquesta zona de la capital conviuen més de 80 nacionalitats diferents i una infinitat d'associacions veïnals i culturals, per això el titllen de ‘laboratori sociològic’</p><p class="subtitle">Un dels seus carrers s'erigeix com la meca de les galeries d'art a Espanya, amb més de 15 en tan sols 500 metres de distància</p><p class="subtitle">Li està guanyant terreny a Malasaña i Chueca com a nou lloc de moda</p></div><p class="article-text">
        Deia Lole Montoya &ndash;la cantaora de la m&iacute;tica parella Lole i Manuel- que Lavapi&eacute;s li &ldquo;recordava molt al barri sevill&agrave; de Triana&rdquo;, que li encantava el seu ambient art&iacute;stic, &ldquo;&eacute;s un lloc molt motivador&rdquo; rematava. Sense saber-ho, potser havia trobat l'axioma d'aquests carrers de Madrid, un axioma que pot desplegar-se en tres p&agrave;gines, com un tr&iacute;ptic conceptual: el mestissatge, l'art i la motivaci&oacute; transformada en apoderament de la societat.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">El mestissatge</h3><p class="article-text">
        Molts asseguren que Triana &eacute;s un exemple de conviv&egrave;ncia entre gitanos i gach&eacute;s &ndash;payos en rroman&ograve;- i que gr&agrave;cies a aix&ograve; la riquesa cultural ha brollat com en pocs llocs. All&agrave; es van criar el ballador de flamenc Antonio Canales, el cantaor Chiquetete, l'actriu Paz Vega o la presidenta de la Junta d'Andalusia Susana D&iacute;az. Aix&iacute; que equiparar aquest barri amb Lavapi&eacute;s &eacute;s tirar-li floretes. No es pot dir que en aquesta zona de Madrid et cantin per <em>buler&iacute;as</em> en cada cantonada, per&ograve; la mescla &eacute;s palpable, d'aix&ograve; no hi ha dubte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Segons els &uacute;ltims c&agrave;lculs de l'Ajuntament de la capital, gaireb&eacute; un 25% de la poblaci&oacute; de Lavapi&eacute;s &eacute;s estrangera i la majoria procedeixen d'&Agrave;sia o Oceania. &Eacute;s m&eacute;s, la seva composici&oacute; demogr&agrave;fica &eacute;s tan diversa, que es poden comptar fins a m&eacute;s de 80 nacionalitats entre els seus ve&iuml;ns. Aix&ograve; tradu&iuml;t al llenguatge comercial significa salons de te, restaurants &agrave;rabs, perruqueries afroamericanes, locutoris i un infinit etc&egrave;tera. Un <em>melting pot</em> en tota regla, que dirien els americans, on no falten els racons de col&middot;leccionistes de c&ograve;mics de sempre o els bars castissos de tota la vida, aquells regentats per un matrimoni ja gran, que et tracten com a una n&eacute;ta i et serveixen racions m&eacute;s que generoses. Un matrimoni gran, s&iacute;, perqu&egrave; &eacute;s el barri del districte Centre amb el percentatge m&eacute;s alt de persones amb m&eacute;s de 65 anys. I t&eacute; una explicaci&oacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd52c2ea-f391-428d-8f26-9eb08a530bb7_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd52c2ea-f391-428d-8f26-9eb08a530bb7_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd52c2ea-f391-428d-8f26-9eb08a530bb7_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd52c2ea-f391-428d-8f26-9eb08a530bb7_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd52c2ea-f391-428d-8f26-9eb08a530bb7_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd52c2ea-f391-428d-8f26-9eb08a530bb7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fd52c2ea-f391-428d-8f26-9eb08a530bb7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La seva entitat de barri obrer &ndash;encara que el barri en realitat &eacute;s Ambaixadors i Lavapi&eacute;s &eacute;s una nina russa dins d'ell- es va comen&ccedil;ar a forjar al s.XIX i aix&ograve; es va anar intensificant. A l'&egrave;poca de la postguerra es va convertir en un refugi pels que protagonitzaven l'&egrave;xode rural, que trobaven en aquests carrers cases assequibles, modestes, per&ograve; molt ben situades, en el cor de la ciutat. Per aquest motiu es va transformar amb el pas del temps en un barri de gent gran i d'immigrants &ndash;aix&ograve; &uacute;ltim ho ha estat sempre-.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tot i que aquesta realitat comen&ccedil;a a formar ja part de la nost&agrave;lgia. Als 90 va arribar la droga a mansalva i la delinq&uuml;&egrave;ncia i va passar a ser un lloc perill&oacute;s, on es diu que ni els taxistes s&rsquo;s'atrevien a entrar. Aix&ograve; s'ha anat resolent per&ograve; sempre hi ha un preu a pagar. &Uacute;ltimament Lavapi&eacute;s est&agrave; comen&ccedil;ant a sofrir el mal que ataca a cada vegada m&eacute;s ciutats: la gentrificaci&oacute; i la <em>hipsteritzaci&oacute;</em>. Els preus dels lloguers pugen, expulsant als ve&iuml;ns de tota la vida cap a zones m&eacute;s allunyades, i es va instal&middot;lant m&eacute;s classe mitjana, donant-li a tot el que toca aquest punt <em>vintage</em> que tant agrada ara. Es podria dir que s'est&agrave; convertint en el nou barri <em>cool</em>, en condicions de competir amb uns altres ja consagrats com Malasa&ntilde;a o Chueca.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e87012e-c1b5-41ef-88de-82888a78f5fe_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e87012e-c1b5-41ef-88de-82888a78f5fe_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e87012e-c1b5-41ef-88de-82888a78f5fe_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e87012e-c1b5-41ef-88de-82888a78f5fe_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e87012e-c1b5-41ef-88de-82888a78f5fe_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e87012e-c1b5-41ef-88de-82888a78f5fe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4e87012e-c1b5-41ef-88de-82888a78f5fe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Per entendre aquesta metamorfosi, el millor &eacute;s anar a tafanejar en un mercat: el de San Fernando. &Eacute;s un lloc que va n&eacute;ixer en plena postguerra i que fins fa uns anys semblava que estava tocat de mort, en plena decad&egrave;ncia, com gran part del barri. Un diamant en brut que un grup de joves ha sabut polir. Es van fer c&agrave;rrec de moltes de les parades que havien quedat buides, apostant pels productes locals i ecol&ograve;gics, integrant-se amb el comer&ccedil; tradicional que all&agrave; ja existia, i que resistia malgrat la crisi, i afegint algunes iniciatives culturals. El resultat &eacute;s un mercat com els de sempre, per&ograve; on tamb&eacute; es poden comprar &ldquo;llibres a pes&rdquo; -en algun rac&oacute; original-, menjar de tapes amb el producte fresc de les parades o beure bons vins i cerveses.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aquest car&agrave;cter han anat adquirint tamb&eacute; molts carrers del barri, plagats de bars a l'&uacute;ltima, caf&egrave;s i botigues modernes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/955092f7-33a7-4e4f-a746-92cdffb2d35c_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/955092f7-33a7-4e4f-a746-92cdffb2d35c_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/955092f7-33a7-4e4f-a746-92cdffb2d35c_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/955092f7-33a7-4e4f-a746-92cdffb2d35c_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/955092f7-33a7-4e4f-a746-92cdffb2d35c_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/955092f7-33a7-4e4f-a746-92cdffb2d35c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/955092f7-33a7-4e4f-a746-92cdffb2d35c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">L'art</h3><p class="article-text">
        Lavapi&eacute;s &eacute;s, aix&iacute;, un imant, per&ograve; no solament pels moderns, tamb&eacute; pels artistes. Al carrer Dr. Fourquet &ndash;destacat metge del s.XIX i gran especialista en anatomia- hi ha fins a 15 galeries. Expliquen que exposar all&iacute; serveix de trampol&iacute; per passar despr&eacute;s al Reina Sofia, una mena de tela d'aranya pels ca&ccedil;atalents del m&oacute;n de l'art.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A m&eacute;s, la zona tamb&eacute; est&agrave; plena de sales o bars on escoltar m&uacute;sica en directe i teatres. En concret, hi ha 14 sales de teatre i m&eacute;s de 1000 obres anuals. Una d'elles &eacute;s el Teatre del Barri, una iniciativa en forma de cooperativa de consum cultural sense &agrave;nim de lucre. Com diuen ells mateixos, &ldquo;Els nostres mitjans per fer pol&iacute;tica s&oacute;n la cultura i la festa. Teatre, m&uacute;sica, poesia, ball, tallers de formaci&oacute; art&iacute;stica&rdquo;. Un dels gu&egrave;iser per on brolla l'esperit del barri, ple de consci&egrave;ncia social.
    </p><h3 class="article-text">La motivaci&oacute;</h3><p class="article-text">
        Aquest esperit pren all&agrave; moltes formes, per aix&ograve; el barri pot enorgullir-se de la seva alta concentraci&oacute; d'associacions ve&iuml;nals i culturals, del moviment popular intens i efervescent que fa vibrar els carrers. Potser l'origen d'aquesta personalitat est&agrave;, a m&eacute;s d'en la seva condici&oacute; de barri obrer, en l'&egrave;poca en qu&egrave; aquells carrers van comen&ccedil;ar a omplir-se de cases buides que a poc a poc van ser ocupades. Una mostra &eacute;s, per exemple, La Quimera.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b038a4b-f5bd-404e-bf44-0a4f3f0f0d06_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b038a4b-f5bd-404e-bf44-0a4f3f0f0d06_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b038a4b-f5bd-404e-bf44-0a4f3f0f0d06_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b038a4b-f5bd-404e-bf44-0a4f3f0f0d06_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b038a4b-f5bd-404e-bf44-0a4f3f0f0d06_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b038a4b-f5bd-404e-bf44-0a4f3f0f0d06_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8b038a4b-f5bd-404e-bf44-0a4f3f0f0d06_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Com ells descriuen, &ldquo;Potser la l&iacute;nia directriu de tots aquests anys ha estat la de desafiar i posar en q&uuml;esti&oacute; la propietat privada, actuant directament contra ella okupant un espai abandonat, per lliurar-ho a l'&uacute;s i gaudi, a la trobada de la comunitat&rdquo;. Ofereixen tallers de tot tipus, biblioteca, cinema i fins i tot gimn&agrave;s.
    </p><p class="article-text">
        Est&agrave; tamb&eacute; La Tabacalera, un centre social autogestionat situat a l'espai que havia estat la F&agrave;brica de Tabacs d'Ambaixadors. Aquest lloc est&agrave; adscrit al Ministeri de Cultura i &eacute;s patrimoni hist&ograve;ric, catalogat com a B&eacute; d'Inter&egrave;s Cultural. Es fonamenta en la difusi&oacute; de la cultura lliure i s'organitzen all&agrave; exposicions molt interessants d'artistes consagrats, com la que va acabar fa poc, que exposava l'obra del fot&ograve;graf Juan Manuel Castro Prieto, un dels referents a Espanya. 
    </p><p class="article-text">
        Deia V&iacute;ctor Hugo que &ldquo;No hi ha res m&eacute;s poder&oacute;s que una idea a la qual li ha arribat el seu moment&rdquo;. Sembla que a Lavapi&eacute;s ja fa uns anys que li ha arribat el seu.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vueling vola de Barcelona a Madrid.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/madrid-vibra-lavapies_132_3531346.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Mar 2017 10:40:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d9fa31ab-b454-4f08-bd83-cd8dc209ca94_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="798327" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d9fa31ab-b454-4f08-bd83-cd8dc209ca94_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="798327" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Madrid vibra a Lavapiés]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d9fa31ab-b454-4f08-bd83-cd8dc209ca94_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Madrid vibra en Lavapiés]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/madrid-vibra-lavapies_132_3531336.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d9fa31ab-b454-4f08-bd83-cd8dc209ca94_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Madrid vibra en Lavapiés"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En esta zona de la capital conviven más de 80 nacionalidades diferentes y una infinidad de asociaciones vecinales y culturales, por eso lo tildan de ‘laboratorio sociológico’</p><p class="subtitle">Una de sus calles se erige como la meca de las galerías de arte en España, con más de 15 en tan solo 500 metros de distancia</p><p class="subtitle">Le está ganando terreno a Malasaña y Chueca como nuevo lugar de moda</p></div><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Lole Montoya &ndash;la cantaora de la m&iacute;tica pareja Lole y Manuel- que Lavapi&eacute;s le &ldquo;recordaba mucho al barrio sevillano de Triana&rdquo;, que le encantaba su ambiente art&iacute;stico, &ldquo;es un lugar muy motivador&rdquo; remataba. Sin saberlo, quiz&aacute;s hab&iacute;a dado con el axioma de esas calles de Madrid, un axioma que puede desplegarse en tres p&aacute;ginas, como un tr&iacute;ptico conceptual: el mestizaje, el arte y la motivaci&oacute;n transformada en empoderamiento de la sociedad.
    </p><h3 class="article-text">El mestizaje</h3><p class="article-text">
        Muchos aseguran que Triana es un ejemplo de convivencia entre gitanos y <em>gach&eacute;s</em> &ndash;payos en rroman&ograve;- y que gracias a eso la riqueza cultural ha brotado como en pocos lugares. All&iacute; se criaron el bailaor Antonio Canales, el cantaor Chiquetete, la actriz Paz Vega o la presidenta de la Junta de Andaluc&iacute;a Susana D&iacute;az. As&iacute; que equiparar ese barrio con Lavapi&eacute;s es un halago. No se puede decir que en esta zona de Madrid te canten por buler&iacute;as en cada esquina, pero la mezcla es palpable, de eso no cabe duda.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los &uacute;ltimos c&aacute;lculos del Ayuntamiento de la capital, casi un 25% de la poblaci&oacute;n de Lavapi&eacute;s es extranjera y la mayor&iacute;a proceden de Asia u Ocean&iacute;a. Es m&aacute;s, su composici&oacute;n demogr&aacute;fica es tan diversa, que se pueden contar hasta m&aacute;s de 80 nacionalidades entre sus vecinos. Eso traducido al lenguaje comercial significa salones de t&eacute;, restaurantes &aacute;rabes, peluquer&iacute;as afroamericanas, locutorios y un infinito etc&eacute;tera. Un <em>melting pot</em> en toda regla, que dir&iacute;an los americanos, donde no faltan los rincones de coleccionistas de tebeos de siempre o los bares castizos de toda la vida, esos regentados por un matrimonio ya mayor, que te tratan como a una nieta y te sirven raciones m&aacute;s que generosas. Un matrimonio mayor, s&iacute;, porque es el barrio del distrito Centro con el porcentaje m&aacute;s alto de personas con m&aacute;s de 65 a&ntilde;os. Y tiene una explicaci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd52c2ea-f391-428d-8f26-9eb08a530bb7_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd52c2ea-f391-428d-8f26-9eb08a530bb7_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd52c2ea-f391-428d-8f26-9eb08a530bb7_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd52c2ea-f391-428d-8f26-9eb08a530bb7_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd52c2ea-f391-428d-8f26-9eb08a530bb7_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd52c2ea-f391-428d-8f26-9eb08a530bb7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fd52c2ea-f391-428d-8f26-9eb08a530bb7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Su entidad de barrio obrero &ndash;aunque el barrio en realidad es Embajadores y Lavapi&eacute;s es una mu&ntilde;eca rusa dentro de &eacute;l- se la empez&oacute; a forjar ya en el s.XIX y eso se fue intensificando. En la &eacute;poca de la posguerra se convirti&oacute; en un refugio para los que protagonizaban el &eacute;xodo rural, que encontraban en estas calles casas asequibles, modestas, pero muy bien situadas, en el coraz&oacute;n de la ciudad. De ah&iacute; que se transformara con el paso del tiempo en un barrio de gente mayor y de inmigrantes &ndash;eso &uacute;ltimo lo ha sido siempre-.
    </p><p class="article-text">
        Aunque esa realidad empieza a formar ya parte de la nostalgia. En los 90 lleg&oacute; la droga a mansalva y la delincuencia y pas&oacute; a ser un lugar peligroso, donde se dice que ni los taxistas se atrev&iacute;an a entrar. Eso se ha ido resolviendo pero siempre hay un precio que pagar. &Uacute;ltimamente Lavapi&eacute;s est&aacute; empezando a sufrir el mal que ataca a cada vez m&aacute;s ciudades: la gentrificaci&oacute;n y la <em>hipsterizaci&oacute;n</em>. Los precios de los alquileres suben, expulsando a los vecinos de toda la vida hacia zonas m&aacute;s alejadas, y se va instalando m&aacute;s clase media, d&aacute;ndole a todo lo que toca ese punto <em>vintage</em> que tanto gusta ahora. Se podr&iacute;a decir que se est&aacute; convirtiendo en el nuevo barrio <em>cool</em>, en condiciones de competir con otros ya consagrados como Malasa&ntilde;a o Chueca.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e87012e-c1b5-41ef-88de-82888a78f5fe_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e87012e-c1b5-41ef-88de-82888a78f5fe_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e87012e-c1b5-41ef-88de-82888a78f5fe_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e87012e-c1b5-41ef-88de-82888a78f5fe_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e87012e-c1b5-41ef-88de-82888a78f5fe_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e87012e-c1b5-41ef-88de-82888a78f5fe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4e87012e-c1b5-41ef-88de-82888a78f5fe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Para entender esa metamorfosis, lo mejor es meterse en un mercado: el de San Fernando. Es un lugar que naci&oacute; en plena posguerra y que hasta hace unos a&ntilde;os parec&iacute;a que estaba tocado de muerte, en plena decadencia, como gran parte del barrio. Un diamante en bruto que un grupo de j&oacute;venes ha sabido pulir. Se hicieron cargo de muchos de los puestos que hab&iacute;an quedado vac&iacute;os, apostando por los productos locales y ecol&oacute;gicos, integr&aacute;ndose con el comercio tradicional que all&iacute; ya exist&iacute;a en los puestos que resist&iacute;an pese a la crisis y a&ntilde;adiendo algunas iniciativas culturales. El resultado es un mercado como los de siempre, pero donde tambi&eacute;n se pueden comprar &ldquo;libros a peso&rdquo;, en alg&uacute;n rinc&oacute;n original, comer de tapas con el producto fresco de los puestos o beber buenos vinos y cervezas.
    </p><p class="article-text">
        Ese car&aacute;cter han ido adquiriendo tambi&eacute;n muchas calles del barrio, plagadas de bares a la &uacute;ltima, caf&eacute;s y tiendas modernas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/955092f7-33a7-4e4f-a746-92cdffb2d35c_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/955092f7-33a7-4e4f-a746-92cdffb2d35c_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/955092f7-33a7-4e4f-a746-92cdffb2d35c_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/955092f7-33a7-4e4f-a746-92cdffb2d35c_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/955092f7-33a7-4e4f-a746-92cdffb2d35c_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/955092f7-33a7-4e4f-a746-92cdffb2d35c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/955092f7-33a7-4e4f-a746-92cdffb2d35c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">El arte</h3><p class="article-text">
        Lavapi&eacute;s es, as&iacute;, un im&aacute;n, pero no solo para lo moderno, tambi&eacute;n para lo art&iacute;stico. En la calle Dr. Fourquet &ndash;destacado m&eacute;dico del s.XIX y gran especialista en anatom&iacute;a- hay hasta 15 galer&iacute;as. Cuentan que exponer all&iacute; sirve de trampol&iacute;n para pasar luego al Reina Sof&iacute;a, una suerte de tela de ara&ntilde;a para los cazatalentos del mundo del arte.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la zona tambi&eacute;n est&aacute; plagada de salas o bares donde escuchar m&uacute;sica en directo y teatros. En concreto, hay 14 salas de teatro y m&aacute;s de 1000 obras anuales. Una de ellas es el Teatro del Barrio, una iniciativa en forma de cooperativa de consumo cultural sin &aacute;nimo de lucro. Como dicen ellos mismos, &ldquo;Nuestros medios para hacer pol&iacute;tica son la cultura y la fiesta. Teatro, m&uacute;sica, poes&iacute;a, baile, talleres de formaci&oacute;n art&iacute;stica&rdquo;.&nbsp; Uno de los g&eacute;iser por donde brota el esp&iacute;ritu del barrio, lleno de conciencia social.
    </p><h3 class="article-text">La motivaci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Ese esp&iacute;ritu toma all&iacute; muchas formas, por eso el barrio puede enorgullecerse de su alta concentraci&oacute;n de asociaciones vecinales y culturales, del movimiento popular intenso y efervescente que hace vibrar las calles. Quiz&aacute;s el origen de esta personalidad est&aacute;, adem&aacute;s de en su condici&oacute;n de barrio obrero, en la &eacute;poca en que aquellas calles empezaron a llenarse de casas vac&iacute;as que poco a poco fueron siendo ocupadas. Una muestra es, por ejemplo, La Quimera.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b038a4b-f5bd-404e-bf44-0a4f3f0f0d06_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b038a4b-f5bd-404e-bf44-0a4f3f0f0d06_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b038a4b-f5bd-404e-bf44-0a4f3f0f0d06_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b038a4b-f5bd-404e-bf44-0a4f3f0f0d06_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b038a4b-f5bd-404e-bf44-0a4f3f0f0d06_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b038a4b-f5bd-404e-bf44-0a4f3f0f0d06_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8b038a4b-f5bd-404e-bf44-0a4f3f0f0d06_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Como ellos describen, &ldquo;Quiz&aacute; la l&iacute;nea directriz de todos estos a&ntilde;os ha sido la de desafiar y poner en cuesti&oacute;n la propiedad privada, actuando directamente contra ella okupando un espacio abandonado, para entregarlo al uso y disfrute, al encuentro de la comunidad&rdquo;. Ofrecen talleres de todo tipo, biblioteca, cine y hasta gimnasio.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; tambi&eacute;n La Tabacalera, un centro social autogestionado ubicado en el espacio de lo que hab&iacute;a sido la F&aacute;brica de Tabacos de Embajadores. Este lugar est&aacute; adscrito al Ministerio de Cultura y es patrimonio hist&oacute;rico, catalogado como Bien de Inter&eacute;s Cultural. Se fundamenta en la difusi&oacute;n de la cultura libre y se organizan all&iacute; exposiciones muy interesantes de artistas consagrados, como la que termin&oacute; hace poco, que expon&iacute;a la obra del fot&oacute;grafo Juan Manuel Castro Prieto, uno de los referentes en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a V&iacute;ctor Hugo que &ldquo;No hay nada m&aacute;s poderoso que una idea a la que le ha llegado su momento&rdquo;. Parece que a Lavapi&eacute;s ya hace unos a&ntilde;os que le ha llegado el suyo.
    </p><p class="article-text">
        Vueling vuela de Barcelona a Madrid.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/madrid-vibra-lavapies_132_3531336.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Mar 2017 10:33:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d9fa31ab-b454-4f08-bd83-cd8dc209ca94_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="798327" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d9fa31ab-b454-4f08-bd83-cd8dc209ca94_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="798327" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Madrid vibra en Lavapiés]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d9fa31ab-b454-4f08-bd83-cd8dc209ca94_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jim Morrison en París y la guerra de cementerios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/jim-morrison-paris-guerra-cementerios_132_3678590.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7e70caab-bb37-4a17-b29f-e8eadef1377f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jim Morrison en París y la guerra de cementerios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mítico cantante de The Doors murió en París y su tumba es la más visitada de la necrópolis de Père-Lachaise</p><p class="subtitle">Esta ciudad cuenta con un total de 20 campos santos, donde yacen los restos de decenas de personajes históricos del mundo de la literatura, el teatro y la música</p><p class="subtitle">Muchos grandes escritores expatriados vivieron en París y eran asiduos de la librería Shakespeare and Company</p></div><p class="article-text">
        Hay varias versiones de esta historia. Lo que s&iacute; que parece claro es que a Jim Morrison le gustaba pasearse detr&aacute;s de la catedral de Notre-Dame, cerca de la orilla por donde fluye el agua del Sena, para visitar la m&iacute;tica librer&iacute;a Shakespeare and Company. Caminando desde su apartamento, en la Rue Beautreillis, se plantaba en aquel rinc&oacute;n en poco m&aacute;s de veinte minutos. Una librer&iacute;a que tambi&eacute;n serv&iacute;a de punto de reuni&oacute;n de muchos escritores expatriados que vivieron en un momento u otro en la capital francesa, como William Burroughs, Julio Cort&aacute;zar o Henry Miller.
    </p><p class="article-text">
        Igual Morrison hojeaba los libros borracho, sin acabarlos de ver del todo, sumido en un pozo interno en una &eacute;poca en que el monstruo del alcoholismo le engull&iacute;a demasiado a menudo y algunas otras drogas tambi&eacute;n. &Eacute;l, que hab&iacute;a sido un <em>sex simbol</em> estadounidense, el alma de The Doors, ahora estaba desmejorado y los problemas en los pulmones le hac&iacute;an cansarse m&aacute;s de lo normal para alguien de 27 a&ntilde;os. Por eso, se hab&iacute;a tomado su estancia en Par&iacute;s como una manera de huir del estrellato, que &uacute;ltimamente se le hab&iacute;a hecho irrespirable por diferentes motivos.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e3cf2aaf-68fc-4acd-b35f-3e53de6201dd_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e3cf2aaf-68fc-4acd-b35f-3e53de6201dd_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e3cf2aaf-68fc-4acd-b35f-3e53de6201dd_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e3cf2aaf-68fc-4acd-b35f-3e53de6201dd_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e3cf2aaf-68fc-4acd-b35f-3e53de6201dd_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e3cf2aaf-68fc-4acd-b35f-3e53de6201dd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e3cf2aaf-68fc-4acd-b35f-3e53de6201dd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Morrison compart&iacute;a apartamento con su novia, Pamela Courson, una amante de la hero&iacute;na que, seg&uacute;n dicen algunos, le hab&iacute;a inducido a &eacute;l tambi&eacute;n a ese tipo de colocones. Fue en ese piso donde encontraron su cuerpo ya sin vida, supuestamente despu&eacute;s de una sobredosis, el 3 de julio de 1971. Pero es en esta parte de la historia donde no se acaban de poner de acuerdo los expertos. Varios testimonios &ndash;el fot&oacute;grafo de guerra Patrick Chauvel y el periodista franc&eacute;s de <em>The New York Times</em>, Sam Bernett- apuntan a que en realidad muri&oacute; en el ba&ntilde;o del Rock &lsquo;n&rsquo; Roll Circus, una discoteca que atra&iacute;a a otras estrellas del momento como los Rolling Stones, Jimi Hendrix o Led Zeppelin. Estaba &ndash;ya no- en el n&uacute;mero 57 de la Rue de Seine.
    </p><p class="article-text">
        Dicen que el encargado del local tuvo que llamar a uno de sus hombres de seguridad para que tirara la puerta del ba&ntilde;o abajo. Morrison llevaba all&iacute; un buen rato encerrado, meti&eacute;ndose la mierda que le acababan de pasar un par de camellos. Cuando los responsables del Circus lo descubrieron, intentaron lavarse las manos y se dice que lo montaron en un taxi &ndash;no se sabe si ya del todo muerto- para dejarlo en su casa, como si en la discoteca no hubiera pasado nada.
    </p><p class="article-text">
        Otra versi&oacute;n describe esa noche de otra manera. Morrison habr&iacute;a pasado sus &uacute;ltimas horas de vida en casa, con su novia, drog&aacute;ndose y escuchando m&uacute;sica y habr&iacute;a acabado encontr&aacute;ndose mal y yendo a tomar un ba&ntilde;o, donde habr&iacute;a expirado rodeado de agua caliente.
    </p><p class="article-text">
        Sea como sea, su cuerpo est&aacute; enterrado en Par&iacute;s -aunque &eacute;l era de Melbourne, Florida- porque se dice que unos d&iacute;as antes de morir estuvo paseando con un amigo por P&egrave;re-Lachaise &ndash;el campo santo m&aacute;s grande de la capital- y le confes&oacute; que le gustar&iacute;a que le enterraran all&iacute;. Ahora, su tumba es la m&aacute;s visitada de todo el cementerio, m&aacute;s que la de Oscar Wilde, m&aacute;s que la de Edith Piaf, m&aacute;s que la de Guillaume Apollinaire o Fr&eacute;d&eacute;ric Chopin y m&aacute;s que la de cualquier otro de las decenas de personajes hist&oacute;ricos que all&iacute; descansan.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, en Par&iacute;s hay una guerra t&aacute;cita entre cementerios, est&aacute; plagada de ellos: cuenta con un total de 20 y a nivel de dimensiones, al de P&egrave;re-Lachaise le siguen el de Montparnasse y el de Montmatre.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/62db7315-60bc-4738-811f-babe3a372405_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/62db7315-60bc-4738-811f-babe3a372405_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/62db7315-60bc-4738-811f-babe3a372405_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/62db7315-60bc-4738-811f-babe3a372405_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/62db7315-60bc-4738-811f-babe3a372405_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/62db7315-60bc-4738-811f-babe3a372405_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/62db7315-60bc-4738-811f-babe3a372405_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La necr&oacute;polis donde descansan los restos de Jim Morrison abri&oacute; sus puertas en 1804, pero no gust&oacute; a los parisinos, porque en aquel entonces quedaba fuera de la ciudad y estaba, adem&aacute;s, en una zona bastante humilde. Como un acto de <em>marketing</em>, se dice que trasladaron all&iacute; los restos de La Fontaine y Moli&egrave;re para cambiar la percepci&oacute;n del lugar y conseguir que m&aacute;s gente ilustre decidiera ser enterrada all&iacute;. Parece que funcion&oacute;, porque con el tiempo, esta mezcla de necr&oacute;polis y parque ingl&eacute;s, se fue ampliando y ahora es el que cuenta con m&aacute;s tumbas en todo Par&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Pero no es el &uacute;nico donde yacen personajes famosos, ese es un reclamo que se disputa con el cementerio de Montparnasse y el de Montmatre. Es dif&iacute;cil escoger visitar s&oacute;lo uno de ellos si se es un amante de la literatura, de la m&uacute;sica o del teatro, porque los mayores referentes tienen sus sepulturas repartidas por los tres.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/255164bb-af71-43dd-afab-4c8e6b0ea872_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/255164bb-af71-43dd-afab-4c8e6b0ea872_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/255164bb-af71-43dd-afab-4c8e6b0ea872_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/255164bb-af71-43dd-afab-4c8e6b0ea872_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/255164bb-af71-43dd-afab-4c8e6b0ea872_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/255164bb-af71-43dd-afab-4c8e6b0ea872_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/255164bb-af71-43dd-afab-4c8e6b0ea872_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> vuela de Barcelona a Par&iacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Fàbregas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/jim-morrison-paris-guerra-cementerios_132_3678590.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Dec 2016 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7e70caab-bb37-4a17-b29f-e8eadef1377f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="136355" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7e70caab-bb37-4a17-b29f-e8eadef1377f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="136355" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Jim Morrison en París y la guerra de cementerios]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7e70caab-bb37-4a17-b29f-e8eadef1377f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
