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    <title><![CDATA[elDiario.es - Nidia García Hernández]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/nidia_garcia_hernandez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Nidia García Hernández]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La ciencia de la felicidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/ciencia-felicidad_1_3002243.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69be1c35-ac09-4974-9082-cb050b311544_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Puesta de sol"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ser feliz. Esas dos palabras se han convertido en la máxima aspiración de nuestras vidas. Es casi un derecho que damos por sentado, sin embargo, este concepto es algo relativamente nuevo</p><p class="subtitle">Generalmente, la capacidad de elegir se asocia con algo bueno pero demasiada libertad de elección nos hace infelices</p><p class="subtitle">El investigador Dan Gilbert ha encontrado la clave de la felicidad: todo depende de nuestro sistema inmunitario psicológico</p></div><p class="article-text">
        Ser feliz. Esas dos palabras se han convertido en la m&aacute;xima aspiraci&oacute;n de nuestras vidas. Es casi un derecho que damos por sentado, sin embargo, este concepto es algo relativamente nuevo. Hasta el siglo XVIII la mayor&iacute;a de los humanos entend&iacute;an la vida como un valle de l&aacute;grimas. Vivir ven&iacute;a ligado al sufrimiento y la felicidad era entendida como algo azaroso, pr&aacute;cticamente un capricho del destino. De ah&iacute; que no resulte extra&ntilde;o que la mayor&iacute;a de vocablos que la definen est&eacute;n relacionados con lo fortuito. <em>Happiness</em>, proviene del ingl&eacute;s <em>happ</em> que significa ocasi&oacute;n o fortuna; ocurre lo mismo con el franc&eacute;s, <em>bonheur</em>, cuyas ra&iacute;ces son <em>bon</em> (bueno) y <em>heur</em> (suerte). En italiano, espa&ntilde;ol, portugu&eacute;s y catal&aacute;n, tenemos <em>felicit&agrave;</em>, <em>felicidad</em>, <em>felicidade</em> y <em>felicitat</em>, derivados del t&eacute;rmino en lat&iacute;n <em>felix</em>, que puede significar tanto suerte como destino. La felicidad, por tanto, era algo que suced&iacute;a accidentalmente y de improviso, ajeno a nuestra voluntad.
    </p><p class="article-text">
        Hasta la aparici&oacute;n de pensadores como Voltaire y Rousseau, la dicha no se volver&iacute;a algo terrenal, una promesa adquirible en vida. As&iacute;, la felicidad continuar&iacute;a evolucionando hasta convertirse en el objetivo real que es hoy, donde &ldquo;m&aacute;s que un emocionante derecho, parece haberse convertido en una mercanc&iacute;a, en un codiciado objeto de consumo que hay que poseer para no ser un paria social&rdquo;, expone la escritora Rosa Montero. Las marcas la utilizan como reclamo y se esfuerzan en direccionarnos pero, &iquest;realmente la felicidad se puede comprar? Para Dan Gilbert, autor del best seller Tropezar con la felicidad, es todo mucho m&aacute;s sencillo que eso. Apodado por sus compa&ntilde;eros de Harvard como <em>Profesor Felicidad</em>, lleva m&aacute;s de treinta a&ntilde;os investigando su naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        Los estudios de Gilbert han demostrado un componente sorprendente para ser feliz: la ausencia de decisi&oacute;n. Generalmente, la capacidad de elegir se asocia con algo bueno pero seg&uacute;n los datos del investigador, demasiada libertad de elecci&oacute;n nos hace infelices. La incertidumbre y el arrepentimiento que conlleva el elegir puede derrumbar lo positivo de la autonom&iacute;a, pues nos obsesionamos con nuestras elecciones. Un tormento que no ocurre cuando la decisi&oacute;n ven&iacute;a impuesta.
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        Esto no quiere decir, por supuesto, que llevar una vida prefijada por otros sea la receta del bienestar, sino que la felicidad no est&aacute; tan ligada a nuestras decisiones como creemos. Cambiar frente a aceptar las circunstancias, parecen alternativas opuestas, sin embargo, ambas podr&iacute;an dejarnos igual de satisfechos. Ya que no es tanto una cuesti&oacute;n de voluntad como de sistema inmunitario psicol&oacute;gico. Es decir, al igual que poseemos un sistema que nos protege contra virus y bacterias, tenemos otro que nos ayuda a lidiar con los problemas y las adversidades. <em>&ldquo;Mi mujer jam&aacute;s enferma y yo pillo todos los resfriados. Lo mismo ocurre con el sistema inmune psicol&oacute;gico. Hay personas que son resilientes ante la peor tragedia. Otras personas se entristecen a la m&iacute;nima. Pero lo interesante es que la inmensa mayor&iacute;a de los seres humanos son del primer tipo&rdquo;</em>, revela Gilbert. Es m&aacute;s, <em>&ldquo;el 75% de las personas vuelven a ser felices en los dos a&ntilde;os posteriores al peor trauma que te puedas imaginar&rdquo;</em>.
    </p><h4 class="article-text">&iquest;Felicidad sint&eacute;tica o natural?</h4><p class="article-text">
        Gilbert ha identificado dos vertientes dentro de la felicidad. Por un lado est&aacute; la denominada felicidad natural, aquella que experimentamos al obtener lo que queremos; y por otro encontramos la felicidad sint&eacute;tica, que es la que<em> nos fabricamos </em>al no conseguir lo que queremos. A simple vista podr&iacute;a parecer que la sint&eacute;tica es una versi&oacute;n degradada de la natural. Sin embargo, la primera es tan real y duradera como la segunda, produciendo los mismos beneficios sobre el organismo.
    </p><p class="article-text">
        El mecanismo de la felicidad sint&eacute;tica ocurre porque vamos adaptando nuestra manera de pensar seg&uacute;n lo que poseemos o lo que nos pasa. Por ejemplo, si nuestra pareja nos deja &minus;una vez pasado del shock inicial&minus;, empezaremos a asumir el cambio (&ldquo;en el fondo no nos entend&iacute;amos&rdquo;, &ldquo;no ten&iacute;amos cosas en com&uacute;n&rdquo;&hellip;) y a convencernos de las ventajas de nuestra nueva situaci&oacute;n. No se trata de un enga&ntilde;o, simplemente, encontramos la forma de ser felices con lo que est&aacute; sucediendo.
    </p><p class="article-text">
        La ciencia ha demostrado que nuestra capacidad de hacer frente a situaciones desfavorables es mayor de lo que imaginamos. Por eso, la brecha entre expectativas y realidad, no es tan importante. <em>&ldquo;La buena noticia es que ir a ciegas no va a hacerte tan infeliz como crees; la mala es que ganar la loter&iacute;a tampoco te har&aacute; tan feliz como esperas&rdquo;</em>, afirma Gilbert. No es que estas situaciones no nos afecten, lo hacen, pero la mayor&iacute;a de nosotros volveremos a nuestras l&iacute;neas de base emocionales m&aacute;s r&aacute;pidamente de lo que podr&iacute;amos predecir.
    </p><h4 class="article-text">La amnesia puesta a prueba</h4><p class="article-text">
        El equipo del profesor Gilbert realiz&oacute; un curioso experimento para demostrar la efectividad de la felicidad sint&eacute;tica. Para ello, el investigador trabaj&oacute; con un grupo de personas que sufr&iacute;an amnesia anter&oacute;grada, una condici&oacute;n que les hace imposible adquirir nuevos recuerdos. Durante el experimento, Gilbert les mostr&oacute; un total de seis pinturas de Monet y les pidi&oacute; que las ordenasen seg&uacute;n su gusto personal, de m&aacute;s a menos preferida. Una vez clasificadas, se les explic&oacute; que recibir&iacute;an una copia por correo de una de las pinturas, pudiendo elegir entre las que ocupaban tercera y cuarta posici&oacute;n (justo el rango intermedio). Casi todos los sujetos eligieron la que hab&iacute;an enumerado en tercer lugar, ya que les hab&iacute;a gustado un poco m&aacute;s que la cuarta.
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        Tomada la decisi&oacute;n, Gilbert abandon&oacute; la habitaci&oacute;n y pasadas unas horas, volvi&oacute; a repetir el experimento, con la ventaja de que los participantes no lo recordaban ni a &eacute;l, ni a nada de lo sucedido. Inesperadamente, al pedirles que ordenasen las pinturas de nuevo, se produjo algo asombroso: los participantes cambiaron el orden original. En su lugar concedieron a la pintura que pose&iacute;an (pero no recordaban tener) el segundo puesto y colocaron en quinto puesto la que hab&iacute;an rechazado, haci&eacute;ndola retroceder. El chocante resultado fue que a los amn&eacute;sicos les gustaba m&aacute;s la pintura que pose&iacute;an, &iexcl;pero sin saber que la pose&iacute;an! Demostrando que la felicidad sint&eacute;tica produce un efecto tan importante, que es capaz de cambiar nuestra percepci&oacute;n de las cosas, sin necesidad de recurrir al autoenga&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, existen situaciones mejores que otras para desarrollar la felicidad sint&eacute;tica, pero en todas juega un papel importante la libertad; o lo que es lo mismo, la posibilidad de cambiar de opini&oacute;n. A esto se lo conoce como el <em>paradigma de la libre elecci&oacute;n</em>. Para demostrar que el sistema inmunol&oacute;gico psicol&oacute;gico funciona mejor cuando no tenemos opciones, Gilbert desarroll&oacute; el siguiente experimento con un grupo de estudiantes de Harvard. &Eacute;stos acababan de realizar un curso de fotograf&iacute;a y al terminar, se les pidi&oacute; que escogieran sus dos mejores fotos. A continuaci&oacute;n, tuvieron que decantarse por una de ellas: la elegida podr&iacute;an llev&aacute;rsela a casa, la otra se la quedar&iacute;a el centro. 
    </p><p class="article-text">
        Al primer subgrupo se les concedi&oacute; un margen de cuatro d&iacute;as para decidir con que foto quedarse, mientras que el subgrupo dos tuvo que elegir en el acto. Como ya podr&iacute;amos intuir, a los que se les dio la opci&oacute;n irreversible, les pareci&oacute; que la foto de su elecci&oacute;n hab&iacute;a sido la mejor, sinti&eacute;ndose m&aacute;s satisfechos; mientras que el grupo que tuvo la posibilidad de cambiar de idea, sigui&oacute; pensando, incluso despu&eacute;s del cuarto d&iacute;a, que pod&iacute;a haber decidido mejor, para incremento de su infelicidad.
    </p><p class="article-text">
        Al a&ntilde;o siguiente, Gilbert repiti&oacute; el experimento, esta vez dejando elegir a sus estudiantes de antemano si quer&iacute;an estar en el curso que podr&iacute;a cambiar de idea respecto a la foto o en el que no. El 66% de los estudiantes eligieron la primera opci&oacute;n porque les permit&iacute;a m&aacute;s posibilidades; ignorando que esa libertad ser&iacute;a m&aacute;s negativa a la larga. Por eso Gilbert insiste: Pensamos que la felicidad es algo que se encuentra, cuando en realidad, somos capaces de sintetizarla. <em>&ldquo;Nuestros anhelos y preocupaciones son, hasta cierto punto, pretenciosos porque tenemos dentro de nosotros la capacidad de hacer la materia misma que estamos constantemente buscando&rdquo;</em>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Dec 2017 19:42:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ciencia de la felicidad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hiper (des)conectados: los efectos secundarios de consultar la pantalla a cada segundo de silencio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/hiper-desconectados-secundarios-consultar-pantalla_1_3016293.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d709e7a1-c294-4a33-9533-e875ab1864cd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Grabación de un concierto mediante un &#039;smartphone&#039;."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mirar el móvil es ya un gesto automático pero su consulta obsesiva, lejos de acércanos al resto, puede terminar aislándonos</p><p class="subtitle">El conocimiento está demasiado disperso como para anclarse, los datos llegan fragmentados y rápidamente son reemplazados por otros nuevos</p><p class="subtitle">Las redes sociales inducen a la comparación y, en consecuencia, a la promoción: demostrar felicidad, éxito y ociosidad para estar a la altura del resto</p></div><p class="article-text">
        La sala de espera del m&eacute;dico, la cola del supermercado, el interior del transporte p&uacute;blico&hellip; en cualquiera de estos escenarios se reproduce el mismo patr&oacute;n: cabezas bajas y ojos fijos en la pantalla. La luz blanca de nuestros dispositivos nos hipnotiza y con ellos, las esperas ya no lo son tanto. Esquivar el tedio no parece algo reprochable, sin embargo, el automatismo de consultar la pantalla a cada segundo de silencio est&aacute; empezando a limitar nuestra capacidad de introspecci&oacute;n. Leer un art&iacute;culo en el m&oacute;vil pueda hacernos reflexionar pero, &iquest;por cu&aacute;nto tiempo? Normalmente pasamos de un est&iacute;mulo a otro: consultamos una noticia, vemos las &uacute;ltimas fotos de Instagram y mantenemos tres chats abiertos con sus demandantes ventanas emergentes. Demasiados elementos para retenerlos y, mucho menos, para analizarlos como corresponde.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Los tiempos muertos son importantes para no limitarnos simplemente a reaccionar ante lo que otros est&aacute;n publicando o haciendo en la red</em>&rdquo;, explica Jos&eacute; Luis Orihuela, escritor y profesor en la Facultad de Comunicaci&oacute;n de la Universidad de Navarra. Este &ldquo;reaccionar&rdquo; produce un efecto de falsa reflexi&oacute;n porque es superficial, epis&oacute;dico. El conocimiento est&aacute; demasiado disperso como para anclarse, los datos llegan fragmentados y r&aacute;pidamente son reemplazados por otros nuevos. En un mundo sobresaturado de informaci&oacute;n, donde nada es capaz de mantener nuestra atenci&oacute;n el suficiente tiempo, parece irremediable caer en lo insustancial. &ldquo;<em>La cultura l&iacute;quida moderna ya no es una cultura de aprendizaje, es, sobre todo, una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido</em>&rdquo;, concluye el soci&oacute;logo Zygmunt Bauman.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El miedo a perderse algo</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nuestra nueva realidad, m&aacute;s que nunca, est&aacute; llena de opciones y cuenta con la exigencia a&ntilde;adida de que ser&aacute; evaluada por nuestro ciberentorno. Cientos de ojos dispuestos a validar o rechazar nuestra acciones, a cualquier hora y en cualquier lugar. Las redes sociales inducen a la comparaci&oacute;n y, en consecuencia, a la promoci&oacute;n: demostrar felicidad, &eacute;xito y ociosidad para estar a la altura del resto. Documentarlo &minus;y compartirlo&minus;, en lugar de vivirlo. Es puro ilusionismo, y aunque lo sabemos, la sobreexposici&oacute;n puede terminar por afectarnos. Como dijo Montesquieu: &ldquo;<em>Si nos bastase con ser felices, la cosa ser&iacute;a facil&iacute;sima; pero nosotros queremos ser m&aacute;s felices que el resto, y esto es siempre dif&iacute;cil, porque creemos que los dem&aacute;s son bastante m&aacute;s felices de lo que son en realidad</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Recibir una recompensa a modo de &ldquo;me gusta&rdquo;, no es suficiente, pues su efecto desaparece a la misma velocidad que crecen las actualizaciones del resto. Pero seguirse fijando en ellas es inevitable. Somos curiosos y resulta dif&iacute;cil no tentarse cuando la posibilidad est&aacute; a s&oacute;lo dos golpes de bot&oacute;n. Mirar el m&oacute;vil se ha convertido para muchos en el primer gesto nada m&aacute;s levantarse y en el &uacute;ltimo antes de irse a dormir. Seg&uacute;n el Informe Ditrendia de 2016, un 85% de los espa&ntilde;oles utiliza el m&oacute;vil a diario (el 55% lo deja en la mesilla de noche) y las aplicaciones m&aacute;s utilizada son WhatsApp y Facebook, justamente aquellas que permiten conectarnos.
    </p><p class="article-text">
        De esta hiperconectividad surge el efecto FoMo (del ingl&eacute;s,&nbsp;<em>Fear of Missing out</em>; traducido como: miedo a perderse algo), un tipo de ansiedad social definida por el psic&oacute;logo Andrew Przybylski como la preocupaci&oacute;n compulsiva de perder oportunidades, ya sea una interacci&oacute;n social, una experiencia nueva, una inversi&oacute;n rentable o cualquier otro acontecimiento satisfactorio. Temor que est&aacute; ligado al deseo de estar siempre conectado y conocer lo que los dem&aacute;s est&aacute;n haciendo
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        El t&eacute;rmino FoMo se volvi&oacute; relevante a ra&iacute;z de un art&iacute;culo publicado en Harvard donde Patrick McGinnis se&ntilde;alaba la incapacidad de sus amigos &minus;y la suya propia&minus; de comprometerse con nada, ya fuera algo tan sencillo como reservar un restaurante. Parec&iacute;a como si despu&eacute;s de los atentados del&nbsp;11 de septiembre, el temor a otra posible cat&aacute;strofe les hiciese querer vivir la vida al m&aacute;ximo.&nbsp;Como resultado, comenzaron a revisar todas las opciones posibles cada vez que ten&iacute;an que elegir algo, hasta el punto de quedar paralizados por la indecisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Bauman: &ldquo;<em>Estamos acostumbrados a un tiempo veloz, seguros de que las cosas no van a durar mucho, de que van a aparecer nuevas oportunidades que van a devaluar las existentes</em>&rdquo;. Por eso las personas imbuidas por el FoMo consumen todo tipo de experiencias y relaciones de manera superficial y ag&oacute;nica, con el recordatorio perpetuo de que hay algo o alguien mejor esper&aacute;ndoles. Sin darse cuenta de que el siguiente cambio no tiene por qu&eacute; ser a mejor, s&oacute;lo diferente. Compartiendo, si acaso, la ausencia de significado por pasar de puntillas y sin mojarse. &ldquo;<em>A veces</em>&rdquo;, declar&oacute; Przybylski, &ldquo;<em>es bueno aislarse del mundo de las posibilidades</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nunca solos, ni con nuestros pensamientos</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vivimos atrapados por las notificaciones, condicionados por los parpadeos de aviso y reclamo. No atenderlos en el momento genera ansiedad y nervios, pues nos hemos acostumbrado a esa gratificaci&oacute;n infinitesimal que nos llega en forma de&nbsp;<em>beeps</em>. Un sonido que significa que no estamos solos. Hay alguien al otro lado, aunque en ese momento estemos acompa&ntilde;ados. Porque nos aferramos al m&oacute;vil cuando nos quedamos solos pero tambi&eacute;n en los instantes compartidos: una descortes&iacute;a productor de la revoluci&oacute;n digital.
    </p><p class="article-text">
        El mundo online se ha fusionado de tal manera que compite con las interacciones cara a cara. Interrumpir una cena con amigos a base de insistentes revisiones al tel&eacute;fono produce un efecto contagio, legitimando al resto a hacer lo mismo. Contradictoriamente, no resulta tan ofensivo como estar pendiente de la conversaci&oacute;n de la mesa de al lado o andar entrando y saliendo del restaurante. La falta de atenci&oacute;n es la misma pero hay un cuerpo presente, como si la mera asistencia bastase para consolidar el afecto. Y es que nos hemos acostumbrado a estar juntos en solitario.
    </p><p class="article-text">
        No queremos desatender nada, y con la simultaneidad sentimos que lo abarcamos todo, cuando lo que realmente ocurre es que saboreamos las experiencias muy poco. &ldquo;<em>La gente quiere estar con los dem&aacute;s pero tambi&eacute;n en otros lugares, conectada a todos los sitios donde quiere estar</em>&rdquo;, explica Sherry Turkle, psic&oacute;loga y profesora del MIT. Muchas veces la experiencia real pasa a un segundo plano, en favor de los aplausos a posteriori. Es decir, el aluvi&oacute;n de comentarios y emoticonos que probar&aacute;n que, efectivamente, aquel fue un gran d&iacute;a. Siempre nos import&oacute; la opini&oacute;n ajena pero en los tiempos de Facebook, el fen&oacute;meno se ha amplificado. &ldquo;<em>Uno de los aspectos m&aacute;s seductores de las redes sociales es saber lo que la gente piensa de ti. Las m&eacute;tricas de seguidores y respuestas ofrecen un &iacute;ndice siempre actualizado de los movimientos de la inestable divisa que es uno mismo</em>&rdquo;, expuso David Carr en un art&iacute;culo de&nbsp;<em>The New York Times</em>. Adem&aacute;s, ofrecen una versi&oacute;n mejorada de nosotros mismos porque est&aacute; abierta a edici&oacute;n. Podemos presentarnos tal y como nos gustar&iacute;a ser.
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        Tambi&eacute;n es cierto que la redes sociales nos ofrecen la posibilidad de conectar con personas como nunca antes pero, &iquest;realmente las utilizamos para fortalecer nuestros lazos sociales o son m&aacute;s un refugio donde postergar responsabilidades, evadirnos y cotillear? Como cualquier herramienta, su buen o mal uso depende de nosotros. Por eso no se trata de erradicar los dispositivos pero s&iacute; de prestar m&aacute;s atenci&oacute;n a la manera en que nos relacionamos con ellos. Si nos generan ansiedad, frustraci&oacute;n, des&aacute;nimo&hellip; es que algo falla. Si los usamos para tener contacto con la gente pero sin cambiar nunca el medio, significa que hemos reemplazado una actividad valiosa por otra de menor categor&iacute;a. Como dijo David Carr en su&nbsp;<em>Gu&iacute;a para usar smartphones</em>: &ldquo;<em>No pienses que tuitear sobre tomar algo conmigo me concede importancia. Tomar algo conmigo lo hace</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Porque es con el trato cercano, el del d&iacute;a a d&iacute;a, como llegamos realmente a entendernos. &ldquo;<em>Utilizamos las conversaciones entre nosotros para aprender a tener conversaciones con nosotros mismos</em>&rdquo;, expone Turkle. &ldquo;<em>As&iacute;, huir de la conversaci&oacute;n pone en riesgo nuestra capacidad de autoreflexi&oacute;n</em>&rdquo;. Porque conocernos implica di&aacute;logo con los dem&aacute;s, pero sobre todo, di&aacute;logo interno y &eacute;ste s&oacute;lo puede suceder en los espacios en blanco. Aquellos donde sentimos el impulso irremediable de coger el m&oacute;vil y rellenarlos con algo ajeno. Quiz&aacute;s haya llegado el momento de seguir el consejo que Turkle se atrevi&oacute; a dar en su charla TED, en presencia de los fundadores de Twitter y Amazon: &ldquo;<em>Apaguen sus tel&eacute;fonos y empiecen a vivir</em>&rdquo;.
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      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/hiper-desconectados-secundarios-consultar-pantalla_1_3016293.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Dec 2017 19:00:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hiper (des)conectados: los efectos secundarios de consultar la pantalla a cada segundo de silencio]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La paradoja de la tolerancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/semanal/paradoja-tolerancia_1_3173423.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1a644ecb-2f74-424d-b989-5810e4ed11f4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Cartel sobre teorías conspiratorias."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una reflexión sobre la mal entendida libertad de expresión que termina por amparar movimientos extremistas que defienden el abuso, la represión o la desigualdad</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Recuerdan aquello de &ldquo;<em>es mejor callar y parecer est&uacute;pido, que hablar y disipar toda duda</em>&rdquo;? Ni siquiera necesitan conocer la fuente original (Mark Twain), basta con haber visto <em>Los Simpsons</em> para reconocerla. La frase tiene sus variantes en el refranero popular, esas peque&ntilde;as p&iacute;ldoras de sabidur&iacute;a que se traspasaban de padres a hijos; eran tiempos donde pocos sab&iacute;an leer o escribir, pero entend&iacute;an el concepto y la importancia de llevarlo a cabo. Ahora, con menores tasas de analfabetismo, la premisa parece tener una reacci&oacute;n m&aacute;s af&iacute;n a la de Homer Simpson: &ldquo;<em>Debo decir algo o pensar&aacute;n que soy idiota</em>&rdquo;. Un automatismo que se ha revestido de derecho, ampar&aacute;ndose en una confundida libertad de expresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta conducta sol&iacute;a verse frenada por los m&aacute;s cercanos pero hoy en d&iacute;a, al ocurrir con una pantalla de por medio, el entornar masivo de ojos no surte el mismo efecto. Por el contrario, &ldquo;el ide&oacute;logo&rdquo; se puede encontrar jaleado por un s&eacute;quito que representa fielmente aquello de &ldquo;<em>los que m&aacute;s hablan son los que menos tienen que decir</em>&rdquo;. Porque internet, y especialmente las redes sociales, se han convertido en una ventana excepcional, un escaparate donde verter lo primero que se nos pase por la cabeza y encontrar, en la inmensidad de la red y gracias al hashtag adecuado, un gemelo de pensamiento que nos aliente.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, en pleno siglo XXI, hay un grupo cada vez mayor de personas que cree, y afirma, que la tierra no es redonda. Poco importa el historial de pruebas cient&iacute;ficas, ni mucho menos, el material gr&aacute;fico existente; que la NASA env&iacute;e fotos y v&iacute;deos no significa nada, &iexcl;podr&iacute;a ser todo un montaje! Es una parte m&aacute;s de las teor&iacute;as de conspiraci&oacute;n que se remontan al alunizaje de 1969, considerado el rey de los fraudes. &ldquo;<em>Hasta que no lo vea con mis propios ojos, no lo creer&eacute;</em>&rdquo;, es el argumento m&aacute;s repetido. De manera que la informaci&oacute;n debe convertirse en experiencia para ser v&aacute;lida. Un sistema que es toda una contradicci&oacute;n en s&iacute; mismo.
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        Para dudar de la esfera terrestre, aplican el mismo juego de la experiencia: miro al horizonte y veo una l&iacute;nea recta, por tanto, al final de eso debe existir un precipicio donde habita el Kraken. Bueno, lo de los monstruos medievales ha desaparecido de la historia, intercambi&aacute;ndose ahora por una barrera de hielo que evita el desbordamiento de los oc&eacute;anos. Al menos as&iacute; lo defiende la Flat Earth Society, un grupo de convencidos &ldquo;terraplanistas&rdquo; que afirma, sin titubeos, que lo mejor es &ldquo;<em>confiar en los propios sentidos para discernir la verdadera naturaleza del mundo que nos rodea</em>&rdquo;. Por lo que: si el mundo parece plano, tendr&aacute; que serlo.
    </p><p class="article-text">
        El movimiento incluye gr&aacute;ficos y referencias hist&oacute;ricas con los que convencer a los m&aacute;s ingenuos, como una serie de animaciones de nuestro planeta convertido en disco y sobre &eacute;l, una c&uacute;pula que incluye la atm&oacute;sfera, el sol, la luna y las estrellas. Y as&iacute;, a fuerza de implicar el escepticismo de Descartes y citar algunos experimentos (ya refutados), ganan adeptos. Cuando ser&iacute;a suficiente con poner en pr&aacute;ctica la duda cartesiana a la que nos invitan para descubrir las mentiras que los sustentan. Una r&aacute;pida consulta en la red desmorona sus principales credenciales cient&iacute;ficos, como el experimento de los niveles de Bedford. Los terraplanistas se amparan en las observaciones que Samuel Birley Rowbotham realiz&oacute; en 1838 y que, efectivamente, conclu&iacute;an que la Tierra no era redonda. Sin embargo, no incluyen que unos treinta a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 1870, el experimento se ajust&oacute; para evitar los efectos de la refracci&oacute;n atmosf&eacute;rica. De esta manera, Alfred Russel Wallace encontr&oacute; una curvatura que demostraba la forma esf&eacute;rica del planeta.
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        Los terraplanistas presumen de dudar de todo excepto de sus propias fuentes terraplanistas. Cuestionan el consenso cient&iacute;fico en favor de teor&iacute;as de complot donde son ellos contra el mundo y no hay eclipse (para el cual tienen una explicaci&oacute;n alternativa, por supuesto) que les haga cambiar de idea. Como dijo Neil deGrasse Tyson en Comedy Central: &laquo;<em>Todo esto es un s&iacute;ntoma de un problema mayor. Hay un creciente esfuerzo anti intelectual en este pa&iacute;s que tal vez sea el principio del fin de nuestra democracia informada. Por supuesto, en una sociedad libre puedes y deber&iacute;as pensar lo que quieras. Si deseas pensar que la Tierra es plana, adelante; pero si piensas que el mundo es plano y tienes influencia sobre otros (&hellip;), entonces, estar equivocado se convierte en da&ntilde;ino para la salud, la econom&iacute;a y la seguridad de nuestros ciudadanos. Descubrir y explorar nos ha sacado de las cavernas y cada generaci&oacute;n se ha beneficiado de lo que las generaciones previas han aprendido. Isaac Newton dijo: &ldquo;Si he visto m&aacute;s lejos que otros, es por estar subido a hombros de gigantes&rdquo;. Por eso, cuando est&aacute;s sobre los hombros de aquellos que han estado antes que t&uacute;, deber&iacute;as ver lo suficientemente lejos como para darte cuenta de que la Tierra no es jodidamente plana</em>&raquo;.
    </p><h2 class="article-text">Duda, pero hazlo cient&iacute;ficamente</h2><p class="article-text">
        Ciertamente, preguntarse por el sentido de las cosas es una habilidad humana de avance. Nuestra curiosidad cimienta nuestra inteligencia. Por eso, dudar y querer saber c&oacute;mo funciona algo es una cualidad positiva. Gracias a ese impulso existe la ciencia que, a diferencia de los credos, no es inmutable. El cient&iacute;fico usa la experiencia medible y los datos observados para explicar los acontecimientos, cuyas conclusiones pueden verse alteradas si aparece nueva informaci&oacute;n que contraste o desmienta lo anterior. Pues al contrario que los dogmas, la ciencia admite los cambios; cambios basados en la observaci&oacute;n y los experimentos, claro.
    </p><p class="article-text">
        El problema de muchos preceptos cient&iacute;ficos es que, a la mayor&iacute;a se nos escapan, pues necesitamos tener una base previa para asimilarlos en toda su magnitud. Por eso el com&uacute;n de los mortales no llega a entender, por ejemplo, los entresijos del Big Bang, pero basta una dosis peque&ntilde;ita de racionalidad para reconocer que, el hecho de que uno no lo entienda, no lo convierte necesariamente en falso. Sin embargo hoy parece que nuestras propias limitaciones son las que delimitan el error del acierto, dej&aacute;ndonos un margen muy peque&ntilde;o de evoluci&oacute;n y crecimiento.
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        Es m&aacute;s f&aacute;cil creer en la conspiraci&oacute;n: Estados Unidos lo cre&oacute;, China quiere que pienses eso, el Club Bilderberg est&aacute; detr&aacute;s de aquello&hellip; Una psicosis constante que emula, muy bien, el fundamento religioso: la fe ciega. Y es que, a fin de cuentas, las teor&iacute;as de conspiraci&oacute;n son una nueva secta. Oponerse a sus creencias es considerado herej&iacute;a e implica, para los nuevos creyentes, una inferioridad de discernimiento por nuestra parte. Cuando desacreditarlas no niega la posibilidad de enga&ntilde;os, manipulaciones e intereses ocultos. Por supuesto que los hay, pero tambi&eacute;n, hay muchas m&aacute;s personas con los medios y la disposici&oacute;n de sacarlos a la luz. Existen infinidad de opciones para contrastar. &iquest;Lo malo? Tambi&eacute;n las hay para equivocarse.
    </p><h2 class="article-text">Internet siempre te dir&aacute; lo que quieres o&iacute;r</h2><p class="article-text">
        Hagan un ejercicio. Pongan en marcha su imaginaci&oacute;n y piensen en algo rebuscado, inveros&iacute;mil. Ahora b&uacute;squenlo en Google. Hasta la m&aacute;s descabellada de las ideas encontrar&aacute;, como m&iacute;nimo, un par de ecos en la vastedad de la web. Por eso, si nuestra predisposici&oacute;n inicial es la de aferrarnos a cualquier pista que avale nuestra teor&iacute;a, la encontraremos; pero &eacute;se no es el m&eacute;todo cient&iacute;fico. La ciencia no parte de una premisa y se queda con aquellos valores que la confirman, sino que tiene en cuenta aquellos que la contradicen.
    </p><p class="article-text">
        Internet es una herramienta maravillosa pero su buen o mal uso es algo individualizado. Tiene la capacidad de acercar a los que comparten una idea y eso, en determinados movimientos, es excelente. Pero no hay filtros. Puede ayudar tanto al encuentro de buenas causas como a la reuni&oacute;n de terroristas o pederastas. Ofrece un contacto inmediato del que nacen los grupos, que son los que dan fuerza y a&ntilde;aden valor a las ideas: <em>ya no soy el &uacute;nico que piensa as&iacute;, por lo que no hace falta cuestionar la &eacute;tica de mis actos. La sociedad puede ir en mi contra pero en mi refugio puedo seguir a contracorriente</em>.
    </p><p class="article-text">
        La inmediatez de la red ayuda a propagar bulos, a expandir la desconfianza y a influenciar masivamente. Se sabe que un porcentaje elevado de personas no lee m&aacute;s all&aacute; del titular y mucho menos investiga el origen de las fuentes, s&oacute;lo necesita ver la informaci&oacute;n publicada en internet para concederle autenticidad. De manera que la informaci&oacute;n va saltando de un lado a otro, cada vez m&aacute;s tergiversada, igual que en aquel juego que hac&iacute;amos de ni&ntilde;os de irnos pasando un mensaje al o&iacute;do. Al terminar, la frase final no ten&iacute;a nada que ver con la del principio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Se pueden dar fen&oacute;menos inocuos, como el de la sueca Shelley Floryd, una adolescente de 17 a&ntilde;os que, aburrida, propag&oacute; el bulo de que Australia no exist&iacute;a. Seg&uacute;n ella, el continente fue un invento del Imperio Brit&aacute;nico, una mentira con la que deshacerse de los presos que, realmente, habr&iacute;an sido lanzados al mar conformando &ldquo;<em>una de las mayores masacres de la historia</em>&rdquo;. Casi 20.000 personas compartieron el texto escrito por Floryd en Facebook donde ofrec&iacute;a m&uacute;ltiples teor&iacute;as que convert&iacute;an a Australia en un enga&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Su primer post consigui&oacute; m&aacute;s de 40.000 comentarios y el asunto se volvi&oacute; tan viral que deriv&oacute; en un mont&oacute;n de australianos fotografi&aacute;ndose con el peri&oacute;dico del d&iacute;a y el Opera House de Sidney de fondo como prueba; algunos sin tom&aacute;rselo demasiado en serio pero otros realmente ofendidos. Al final, Floryd admiti&oacute; que todo formaba parte de una broma que se le fue de las manos.
    </p><p class="article-text">
        El caso de Australia qued&oacute; en an&eacute;cdota pero hay otros movimientos donde el humor no tiene cabida y cuyos efectos producen un da&ntilde;o muy real. Est&aacute;n las asociaciones antivacunas, una corriente que ha tra&iacute;do de vuelta enfermedades pr&aacute;cticamente erradicadas como el sarampi&oacute;n, la poliomelitis o la difteria. O los negacionistas del cambio clim&aacute;tico, estos &uacute;ltimos con el peligro a&ntilde;adido de que cuentan entre sus filas con l&iacute;deres como Vladimir Putin o Donald Trump, con papeles clave a la hora de ejercer pol&iacute;ticas que frenen unas consecuencias que nos afectan a todos.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, no hay prueba m&aacute;s evidente de los efectos de la desinformaci&oacute;n que el actual presidente de los Estados Unidos. Un personaje de reality, sin carisma ni m&eacute;ritos, pero con una boca muy grande para opinar de todo. A golpe de tuit, miente y genera todo tipo de pol&eacute;micas. Poco importa que los implicados corran a desmentir sus palabras. Al final, no hay consecuencias. S&oacute;lo notas de prensa y comunicados que tienen menos efectos de pirotecnia que las palabras del presidente. Y el problema es &eacute;se, que Trump es presidente, de manera legal y arropado por casi sesenta y tres millones de personas. Gente que vio en &eacute;l, no al candidato mejor preparado o al que defender&iacute;a con m&aacute;s fuerza sus derechos; no, esos millones de personas vieron en &eacute;l su propio reflejo. Trump, pese a tener su casa alicatada en oro, es como ellos; y esa es la victoria de la ignorancia. Algo normal en un tiempo donde se confunde la libertad de expresi&oacute;n con el &ldquo;todo vale&rdquo;. Donde ser experto en algo no te da superioridad sobre la incultura. Tus conocimientos no te diferencian &ldquo;<em>porque mi opini&oacute;n tambi&eacute;n cuenta</em>&rdquo;. Confundiendo el derecho a expresarse con una posterior garant&iacute;a de valor.
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        La libertad, por contradictorio que parezca, tiene l&iacute;mites. Es lo que se conoce como <em>la paradoja de la tolerancia</em>, una reflexi&oacute;n que el fil&oacute;sofo Karl Popper describi&oacute; en 1945:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;<em>La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparici&oacute;n de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropel&iacute;as de los intolerantes, el resultado ser&aacute; la destrucci&oacute;n de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia. Con este planteamiento no queremos significar, por ejemplo, que siempre debamos impedir la expresi&oacute;n de concepciones filos&oacute;ficas intolerantes; mientras podamos contrarrestarlas mediante argumentos racionales y mantenerlas en jaque ante la opini&oacute;n p&uacute;blica, su prohibici&oacute;n ser&iacute;a, por cierto, poco prudente. Pero debemos reclamar el derecho de prohibirlas, si es necesario por la fuerza, pues bien puede suceder que no est&eacute;n destinadas a impon&eacute;rsenos en el plano de los argumentos racionales, sino que, por el contrario, comiencen por acusar a todo razonamiento; as&iacute;, pueden prohibir a sus adeptos, por ejemplo, que prestan o&iacute;dos a los razonamientos racionales, acus&aacute;ndolos de enga&ntilde;osos, y que les ense&ntilde;an a responder a los argumentos mediante el uso de los pu&ntilde;os o las armas. Deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes</em>&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para Popper, ning&uacute;n poder deb&iacute;a ser ilimitado, ni siquiera la libertad o terminar&iacute;a por degenerarse. Hoy, las palabras del fil&oacute;sofo encontrar&iacute;an infinidad de ejemplos de esa tolerancia a los intolerantes. Porque hemos olvidado que la libertad va unida a la responsabilidad y que es nuestro deber protegerla. En cambio, transigir los mensajes que llevan adherido el abuso, la represi&oacute;n o la desigualdad, por sentir que as&iacute; no coartamos el pensamiento (o las intenciones) de los que son diferentes, es condenarla; ya que, cuando los extremismos triunfen, entonces s&iacute; que no habr&aacute; lugar para la discrepancia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/semanal/paradoja-tolerancia_1_3173423.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Sep 2017 11:34:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La paradoja de la tolerancia]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Broad City]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/broad-city_1_3196743.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d4187a0d-431f-45c4-97fc-2820fa82ef79_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Cartel de la serie Broad City"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La comedia que ha roto todos los esquemas vuelve con su cuarta temporada, el 13 de septiembre, más política que nunca. Ilana Glazer y Abbi Jacobson se conocieron durante unas clases de improvisación del Upright Citizens Brigade de NY. De esta conexión creativa surgió una amistad que revolucionaría el mundo de la comedia</p></div><p class="article-text">
        Dos chicas, Ilana Glazer y Abbi Jacobson, se conocen durante unas clases de improvisaci&oacute;n del Upright Citizens Brigade de Nueva York; tienen 19 y 22 a&ntilde;os, y la qu&iacute;mica es inmediata. De este encuentro fortuito surgir&aacute; una amistad destinada a revolucionar el mundo de la comedia.
    </p><p class="article-text">
        Jacobson y Glazer ten&iacute;an claro su objetivo: estaban dispuestas a trasgredir, y tuvieron la suerte de tener la tecnolog&iacute;a de su lado. Internet, una vez m&aacute;s, hizo las veces de salvoconducto para aquellos que no parecen, ni quieren, encajar en lo establecido. La red, en su esp&iacute;ritu democr&aacute;tico, dio v&iacute;a libre a sus ideas y les sirvi&oacute; de lanzadera. En Youtube encontraron el espacio ideal para compartir una serie web donde experimentar&iacute;an con v&iacute;deos cortos &minus;no m&aacute;s de tres minutos de duraci&oacute;n&minus; que ser&iacute;an un primer esbozo, m&aacute;s casero y destartalado, de su posterior &eacute;xito, <em>Broad City</em>.
    </p><p class="article-text">
        A los v&iacute;deos les faltaba pulido, pero ten&iacute;an potencial. Al menos eso fue lo que pens&oacute; Amy Poehler, actriz y antiguo miembro del <em>Saturday Night Live</em>, quien empez&oacute; a ejercer como mentora para las chicas. Su apoyo incondicional la llevar&iacute;a a producir la serie tras conseguir un contrato con Comedy Central. La cadena firmar&iacute;a por una primera temporada en 2014 y a cambio obtuvo un producto totalmente fresco, irreverente y ante todo, personal. No hab&iacute;a nada igual: una serie creada y protagonizada por mujeres que hu&iacute;a de cualquier estereotipo. De hecho, cuando se les pregunta sobre esto, ambas niegan que el hecho de ser mujeres sea una parte especialmente importante de su proceso creativo. &ldquo;<em>Los personajes definitivamente tienen vaginas, pero no pensamos en eso cuando escribimos</em>&rdquo;, explica Glazer.
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            </figure><h4 class="article-text">Sin etiquetas, simplemente humor</h4><p class="article-text">
        <em>Broad City</em> es un salto sin red, una escandalosa y surrealista radiograf&iacute;a de la vida en Nueva York pero con una vuelta m&aacute;s de ingenio. De hecho, su punto de partida no es nuevo: dos amigas abri&eacute;ndose paso en la gran ciudad. El tema puede resultar manido, pero la &oacute;ptica de sus creadoras es tan original que no se encuentran paralelismos en otras series, y menos, con protagonistas femeninas.
    </p><p class="article-text">
        Aunque para ellas no se trata de una cuesti&oacute;n de g&eacute;nero. Hacen humor sin distinciones: puede ser absurdo, inteligente o una completa payasada pero no piensan en atraer un p&uacute;blico determinado, m&aacute;s all&aacute; de la risa. Si hay algo estrictamente femenino en sus historias, aparece por el simple hecho de ser tab&uacute;, como la verg&uuml;enza que acompa&ntilde;a a la menstruaci&oacute;n o la negaci&oacute;n de la masturbaci&oacute;n. Y aprovechan estas circunstancias para arrebatarles cualquier m&iacute;stica u obscurantismo, encontrando siempre un rev&eacute;s c&oacute;mico inesperado.
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            </figure><p class="article-text">
        Broad City aporta una versi&oacute;n alternativa de otras historias que retratan la vida neoyorkina. No es el Manhattan de <em>Seinfeld</em> o el Brooklyn de <em>Girls</em>, ni mucho menos, la realidad paralela del Upper East Side de <em>Gossip Girl</em>. Abbi e Ilana no representan nada de esto. Ellas van en metro, hacen n&uacute;meros para comer en un restaurante y pasan gran parte de su tiempo en parques p&uacute;blicos s&oacute;lo para descansar un momento de sus compa&ntilde;eros de piso. Sus vidas, pese al surrealismo que caracteriza muchas de las escenas, tienen uno de los telones de fondo m&aacute;s realistas de la televisi&oacute;n. Porque aqu&iacute; la imaginaci&oacute;n tiene otro prop&oacute;sito.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Tanto Glazer como Jacobson interpretan una versi&oacute;n exagerada de ellas mismas donde prima la cotidianidad llevada al absurdo. Sus personajes se permiten hacer de todo, no hay cautela ni moraleja, porque lo importante es conseguir la carcajada. As&iacute; nos encontramos con Abbi, una ilustradora que sobrevive trabajando como personal de limpieza en un gimnasio. Fantasea con la idea de ser monitora de spinning, una enso&ntilde;aci&oacute;n de la que suele despertar, sobresaltada, al caerle encima la toalla usada de alg&uacute;n cliente. Se siente atra&iacute;da por su vecino pero no es capaz de superar las frases de rigor que ofrecen los encuentros en el ascensor. Por su parte, Ilana hace el vago sin remordimientos en una empresa que lanza ofertas por internet, <em>Deals Deals Deals</em>; al tiempo que mantiene relaci&oacute;n abierta y consume marihuana como deporte. La despreocupaci&oacute;n de una choca con la sensatez de la otra, una combinaci&oacute;n que no les impide ser las mejores amigas, de un modo genuino y falto de toda la toxicidad que otras ficciones representan. Y aunque sus personajes fracasen, se respira un permanente aire de optimismo, como una invitaci&oacute;n a poner en pausa las preocupaciones existenciales.
    </p><h4 class="article-text">Trump las ha vuelto pol&iacute;ticas</h4><p class="article-text">
        Un toque fresco y provocativo marca cada episodio, sin embargo, lo que empez&oacute; siendo una oda a la diversi&oacute;n m&aacute;s pura, se ha visto superada por la realidad. Ya en la anterior temporada, Abbi e Ilana demostraron su apoyo de Hillary Clinton, incluyendo un cameo de &eacute;sta en la serie (con gui&ntilde;os a c&aacute;mara lenta incluidos).
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Su compromiso con la candidata dem&oacute;crata fue algo p&uacute;blico desde el principio y ambas estaban convencidas de que Estados Unidos tendr&iacute;a, por fin, su primera mujer presidenta. Una predicci&oacute;n que se derrumb&oacute; de golpe con el anuncio de la victoria de Donald Trump. La noticia las llevar&iacute;a a reescribir algunos pasajes de su cuarta temporada con el fin de reflejar su descontento.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Esta temporada est&aacute; basada en lo que estamos sintiendo, las distintas etapas de la pena: la negaci&oacute;n, la ira, la negociaci&oacute;n, la depresi&oacute;n y la aceptaci&oacute;n</em>&rdquo;, explic&oacute; Glazer en una entrevista para <em>Nylon</em>. Una serie de fases que han querido amortiguar ofreciendo en la web de Comedy Central varios carteles anti- Trump como medida de desahogo.
    </p><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n de mostrarse m&aacute;s pol&iacute;ticas radica en una mayor seguridad en s&iacute; mismas, en el convencimiento de que la serie tiene algo importante que decir. &ldquo;<em>Siempre me hab&iacute;a sentido inc&oacute;moda hablando de pol&iacute;tica</em>&rdquo;, cont&oacute; Jacobson en la misma entrevista. &ldquo;<em>Pensaba: &iquest;estoy lo suficientemente informada? &iquest;Lo conozco todo? Tambi&eacute;n he sido consciente de que somos dos chicas blancas de los suburbios, gente afortunada. Pero ahora pienso: Somos graciosas. Tenemos una voz y una plataforma. Hay que usarlo</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta cuarta temporada se estrena el 13 de septiembre y, eso s&iacute;, aunque se anticipa m&aacute;s pol&iacute;tica que nunca, el nombre de Trump aparecer&aacute; censurado con un pitido. &ldquo;<em>No hay tiempo en el aire para esta persona naranja</em>&rdquo;, dijo Glazer, a ra&iacute;z de la tem&aacute;tica de uno de los nuevos cap&iacute;tulos donde Ilana encontrar&aacute; dif&iacute;cil llegar al orgasmo al saber que hay tanta gente en peligro por las pol&iacute;ticas del actual presidente. Una temporada que, sin duda, promete.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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            </a>  
</div>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/broad-city_1_3196743.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Sep 2017 09:44:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Broad City]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Okja: una fábula contra el capitalismo de la carne]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/okja-fabula-capitalismo-carne_1_3214258.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8feaa649-11d7-4380-a520-d004673fb830_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Cartel promocional de la película Okja."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este retrato de la codicia capitalista reflejada en la industria cárnica podría cambiar nuestra forma de alimentarnos</p><p class="subtitle">La película nos enfrenta a una parte muy real de nuestro día a día y que solemos omitir, aplicándonos aquel “ojos que no ven, corazón que no siente"</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Okja tiene una gran ventaja de su parte: es ficci&oacute;n, y como f&aacute;bula que es, nos acercamos a ella con la guardia baja. Pocos esperar&iacute;an que una pel&iacute;cula <em>palomitera</em> les cambiase, pero este cuento nos enfrenta a una parte muy real de nuestro d&iacute;a a d&iacute;a y que solemos omitir, aplic&aacute;ndonos aquel &ldquo;ojos que no ven, coraz&oacute;n que no siente&rdquo;. Pues Okja les har&aacute; sentir, o cuanto menos, cuestionarse su estilo de vida.
    </p><p class="article-text">
        Si el mensaje de la pel&iacute;cula produce tanto impacto es porque Okja no aparece como el producto final al que estamos acostumbrados &minus;una bandeja de carne envasada al vac&iacute;o&minus;, sino que lo hace como nuestra mascota. El director, Bong Joon-Ho, retrata el v&iacute;nculo entre Okja, un cerdo transg&eacute;nico, y Mija, la ni&ntilde;a protagonista: una amistad sin devaluaciones que se desarrolla en los bosques de Corea del Sur. El afecto es mutuo y palpable, igual que el que cualquiera con un perro o un gato en casa corroborar&iacute;a. Una compa&ntilde;&iacute;a que no necesita de palabras para confortarnos y que, como en el caso de Okja, muestra inteligencia y empat&iacute;a. Es, al identificarnos con esta conexi&oacute;n, cuando sucede la magia y el mensaje nos llega de pleno: tenemos que terminar con esta injusticia. Pudiendo llegar a ser m&aacute;s efectivo que art&iacute;culos o documentales animalistas, ya que el p&uacute;blico no est&aacute; sesgado de antemano.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco es que Bong Joon-Ho pretenda convertir a la audiencia al veganismo, pero s&iacute; espera hacerla consciente de la terrible realidad de esta industria. Es <em>el efecto Okja</em> y est&aacute; en boca de todos.
    </p><h2 class="article-text">Una aventura &eacute;pica</h2><p class="article-text">
        La trama principal de Okja narra la historia de amor entre una ni&ntilde;a y su mascota. Mija (An Seo Hyun) demostrar&aacute; una lealtad inquebrantable y no perder&aacute; de vista su objetivo ni por un momento: recuperar a Okja. &Eacute;sta ha sido su compa&ntilde;era de juegos en los remotos bosques de Corea y, junto a su abuelo, conforma su peque&ntilde;a familia. El animal se asemeja a un cerdo pero supera el tama&ntilde;o de un hipop&oacute;tamo. Se trata de una especie transg&eacute;nica, un experimento creado por la Corporaci&oacute;n Mirando y etiquetado como <em>supercerdo</em>. Su creaci&oacute;n forma parte de una estrategia de marketing que aspira a lavar la imagen de Mirando, reapareciendo como una compa&ntilde;&iacute;a ecol&oacute;gica cuyo fin es acabar con el hambre del mundo. Para ello han organizado un concurso a nivel mundial donde distintos granjeros competir&aacute;n por criar al mejor <em>supercerdo</em>. El abuelo de Mija es uno de los candidatos.
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        Okja vive ajena al plan y se desarrolla como un apacible gigante que demuestra tener una gran sensibilidad e inteligencia, pero esto carece de importancia para la directora y gestora del proyecto, Lucy Mirando (Tilda Swinton). Para ella, los supercerdos son el milagro que &ldquo;<em>el mundo ha estado esperando</em>&rdquo;, dise&ntilde;ados para &ldquo;<em>consumir menos piensos y producir menos excrementos</em>&rdquo;, pero sobre todo, &ldquo;<em>para saber a gloria</em>&rdquo;. Producirlos en cadena ser&aacute; el siguiente paso, tras celebrar el peculiar concurso de belleza porcina que tendr&aacute; lugar en Nueva York, presentado por un decadente zo&oacute;logo televisivo, el doctor Johnny Wilcox (Jake Gyllenhaal). Pero Mija no se rendir&aacute; tan f&aacute;cilmente y seguir&aacute; a su amiga hasta Estados Unidos, ayudada por el Frente de Liberaci&oacute;n Animal, un grupo de ecologistas liderados por Jay (Paul Dano).
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula combina varios g&eacute;neros sin resultar ca&oacute;tica, alternando humor, horror y ternura, a un ritmo que consume velozmente sus dos horas de duraci&oacute;n. Los paisajes de Corea parecen hacer un gui&ntilde;o a las escenas m&aacute;s ic&oacute;nicas del Studio Ghibli, donde Okja aparece como una suerte de Totoro gigantesco que concentra la misma dosis de monumentalidad y encanto. Dise&ntilde;ada por Hee Chul Jang, se integra con absoluto realismo gracias a los efectos visuales de Erik-Jan de Boer, ganador de un Oscar por su trabajo en <em>La Vida de Pi</em>. El director de fotograf&iacute;a, Darius Khondji, cierra el equipo, desliz&aacute;ndose magistralmente desde la belleza de las monta&ntilde;as, con sus paisajes panor&aacute;micos, a la oscuridad y crudeza industrial de la &uacute;ltima parte.
    </p><h2 class="article-text">Netflix redise&ntilde;a el cine</h2><p class="article-text">
        Pese a ser una producci&oacute;n que nada tiene que envidiar a cualquier taquillazo de Hollywood, Okja no fue pensada para proyectarse en la gran pantalla sino que su estreno tuvo lugar el 28 de junio en la plataforma de streaming Netflix. &Eacute;sta cuenta con casi 100 millones de suscriptores de 191 pa&iacute;ses. No es una opci&oacute;n que se quede corta de espectadores pero los cr&iacute;ticos lamentan que la mayor&iacute;a de reproducciones se limiten a la pantalla de la tablet o el tel&eacute;fono m&oacute;vil.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, es gracias a servicios como Netflix que un proyecto as&iacute;, que saca a luz la falsedad de las etiquetas <em>eco</em> del capitalismo corporativo y se&ntilde;ala el impacto ambiental de la producci&oacute;n masiva de carne, ha podido salir adelante. La propuesta de Bong Joon-ho se excusa en los elementos fant&aacute;sticos y el ambiente de f&aacute;bula para arrojarnos varias preguntas inc&oacute;modas y contrarias a los intereses de las grandes multinacionales. Un concepto que encontrar&iacute;a muchas m&aacute;s cortapisas en el cine tradicional actual.
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        La &uacute;nica forma que tiene Netflix para competir contra los grandes estudios es, precisamente, salirse de los m&aacute;rgenes de lo establecido y apostar por lo que otros no est&aacute;n dispuestos a financiar. Jon Ronson, co-autor de Okja, lo confirmaba en un art&iacute;culo para <em>The Guardian</em>: &ldquo;<em>&iquest;Qui&eacute;n m&aacute;s habr&iacute;a financiado una pel&iacute;cula de 60 millones de d&oacute;lares que es tan extra&ntilde;a e inquietante (y multiling&uuml;e) como &eacute;sta?</em>&rdquo;. S&oacute;lo Netflix.
    </p><p class="article-text">
        La empresa se est&aacute; haciendo famosa por no imponer l&iacute;mites que coarten la libertad de sus directores y esta carta blanca creativa est&aacute; sirviendo de reclamo para que actores de primera fila se interesen por los proyectos de la casa. O en palabras del propio Bong Joon-ho: &ldquo;<em>Si quieres hacer algo diferente, Netflix es un buen lugar para ello</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al desmarcarse de su formato primigenio (un enorme cat&aacute;logo de pel&iacute;culas y series antiguas) y lanzarse a la producci&oacute;n original, la compa&ntilde;&iacute;a est&aacute; cambiando las normas de la industria. Pero esto es algo que no gusta a los m&aacute;s acad&eacute;micos, de ah&iacute; que su participaci&oacute;n en Cannes haya estado envuelta en pol&eacute;mica. Okja estaba entre las seleccionadas para optar al m&aacute;ximo galard&oacute;n, la Palma de Oro, pero su proyecci&oacute;n para la prensa fue abucheada nada m&aacute;s aparecer el logo de Netflix y sufrir&iacute;a unos convenientes problemas t&eacute;cnicos que obligar&iacute;an a reiniciar la pel&iacute;cula. Bong Joon-ho prefiri&oacute; tom&aacute;rselo con humor: &ldquo;<em>Estoy muy contento porque ustedes tuvieron que ver la secuencia de apertura dos veces</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entre los detractores de este tipo de iniciativas est&aacute; Pedro Almod&oacute;var, presidente del jurado de Cannes, quien dijo que las pel&iacute;culas sin distribuci&oacute;n en cines no deber&iacute;an considerarse para la Palma de Oro. Justo un a&ntilde;o donde participan varios de los proyectos de la plataforma streaming: <em>Okja</em> y <em>The Meyerowitz Stories</em>. Esta &uacute;ltima del director Noah Baumbach, junto a un elenco que incluye a Adam Sandler, Emma Thompson, Ben Stiller y Dustin Hoffman.
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        La Federaci&oacute;n Nacional de Cines Franceses considera que la distribuci&oacute;n en l&iacute;nea de las pel&iacute;culas &ldquo;<em>pone en tela de juicio su naturaleza como obra cinematogr&aacute;fica</em>&rdquo;. Una postura presuntuosa y anacr&oacute;nica, pero por la que la direcci&oacute;n del certamen ha preferido decantarse. Recientemente anunci&oacute; que, a partir del pr&oacute;ximo a&ntilde;o, las pel&iacute;culas elegidas tendr&iacute;an que garantizar su proyecci&oacute;n en cines franceses. Por su parte, Netflix ha ofrecido la posibilidad de conceder una licencia temporal &minus;no m&aacute;s de seis proyecciones&minus; de sus pel&iacute;culas. Pero tanto Netflix -como Amazon- se niegan a comprometerse a un lanzamiento convencional en salas, entre otras cosas, porque la ley francesa obliga a esperar tres a&ntilde;os para ofrecer el mismo contenido en streaming. Por suerte, el presidente Emmanuel Macron se ha comprometido a revisar la normativa y tal vez se pueda llegar a un consenso m&aacute;s realista en el futuro.
    </p><h2 class="article-text">Removiendo conciencas</h2><p class="article-text">
        Para comer la carne, necesitamos ignorar el matadero; y para comportarnos cruelmente, tenemos que pensar que no lo estamos siendo. Sobre esta m&aacute;xima se desarrolla el discurso de Bong Joon-ho. El director visit&oacute; un matadero en Colorado para documentar la pel&iacute;cula, una experiencia que defini&oacute; como &ldquo;<em>abrumadora y traum&aacute;tica</em>&rdquo;, volvi&eacute;ndolo vegano durante dos meses. &ldquo;<em>No fue necesariamente una declaraci&oacute;n pol&iacute;tica o filos&oacute;fica; fue algo instintivo, una reacci&oacute;n f&iacute;sica al olor que hab&iacute;a all&iacute;</em>&rdquo;, explica. El recorrido por aquella f&aacute;brica sobredimensionada, &ldquo;<em>cinco veces mayor que un estadio de f&uacute;tbol</em>&rdquo;, le hizo consciente del abuso del que estaba siendo c&oacute;mplice.
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        Esas mismas sensaciones quiso plasmarlas en Okja, donde las escenas del matadero son realmente perturbadoras. Impactan y puede que el efecto no sea permanente para todos, pero puede llegar a influir de manera decisiva en las nuevas generaciones. La pel&iacute;cula muestra la curiosa dicotom&iacute;a que presentan los animales actualmente: por un lado, son un miembro m&aacute;s de la familia cuando son nuestras mascotas; pero por otro, los encontramos troceados en cualquier supermercado, sin que ello nos plantee un cuestionamiento moral. Una contradicci&oacute;n que se produce, en su mayor&iacute;a, por desconocimiento. &ldquo;<em>Hay una gran cantidad de ni&ntilde;os que no se dan cuenta de d&oacute;nde viene su comida</em>&rdquo;, aclara Jon Ronson. El co-autor de <em>Okja</em> espera que los m&aacute;s j&oacute;venes lleven a cabo cambios significativos en su estilo de vida despu&eacute;s de verla, pero Bong Joon-ho no es tan idealista. &Eacute;l mismo retom&oacute; su dieta al volver a Corea, donde &ldquo;<em>en cada esquina de cada calle encuentras carne</em>&rdquo;. Sin embargo, aunque su objetivo nunca fue volver vegano al mundo, s&iacute; que quiere resaltar el modo en que los seres humanos tratamos a los animales, incluy&eacute;ndolos en un desalmado sistema de producci&oacute;n en masa. Es, sobre todo, un alegato contra la industria.
    </p><p class="article-text">
        Sacando a la luz las cuestionables pr&aacute;cticas del mercado, el director espera que su audiencia &ldquo;<em>considere, al menos una vez, de d&oacute;nde viene la comida que tiene en el plato</em>&rdquo;. A nivel mundial, casi 60 mil millones de animales son sacrificados cada a&ntilde;o, unos n&uacute;meros que no s&oacute;lo incluyen maltrato y p&eacute;simas condiciones, sino que influyen negativamente a nivel ecol&oacute;gico. Tomar conciencia y ser consecuentes con nuestras acciones es algo que no podemos seguir posponiendo. Y ver <em>Okja</em> puede ser la oportunidad para dar el primer paso.
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      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Sep 2017 15:54:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Okja: una fábula contra el capitalismo de la carne]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo,Carne]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Clásicos imprescindibles en tus lecturas de verano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/clasicos-imprescindibles-lecturas-verano_1_3247868.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eb6a5ea4-2340-4dc4-b3f0-ab3a9c2b2b52_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Pila de libros. (DP)."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una selección de libros con las que perder el miedo a los clásicos de la literatura</p><p class="subtitle">Puede que ya sea un poco tarde para la operación bikini pero aún hay tiempo para redimir la escasez de nuestra librería</p><p class="subtitle">Los libros propuestos, no sólo son amenos, sino que cuentan con la extensión justa para acompañar las horas de vuelo o las tardes en la piscina</p></div><p class="article-text">
        Leer m&aacute;s es uno de los prop&oacute;sitos que casi todos anotamos en nuestra lista de objetivos de A&ntilde;o Nuevo, pero llega julio y no hemos terminado ninguna de las lecturas o tan siquiera hemos decidido por cu&aacute;l empezar. Puede que ya sea un poco tarde para la operaci&oacute;n bikini pero a&uacute;n hay tiempo para redimir la escasez de nuestra librer&iacute;a. En verano, adem&aacute;s, disponemos de la tranquilidad necesaria para retomar el h&aacute;bito, una actividad compatible con los momentos de playa, toalla y vistas al mar.
    </p><p class="article-text">
        Acercarse a los cl&aacute;sicos, adem&aacute;s, es una apuesta segura. A fin de cuentas, han superado la prueba de los a&ntilde;os. Sus historias son atemporales, incluso puede llegar a sorprendernos el vernos reconocidos en los pensamientos de un escritor del siglo XIX. Nuestra esencia, aquello que nos conmueve, nos apasiona o nos hace trascender, no ha cambiado tanto despu&eacute;s de todo. Pero es verano y no apetece nada enfrentarse a las mil p&aacute;ginas del&nbsp;<em>Ulises</em>&nbsp;James Joyce o superar la monumentalidad de&nbsp;<em>En busca del tiempo perdido</em>&nbsp;de Marcel Proust. La epifan&iacute;a sensorial de la magdalena es mejor dejarla para otro momento del a&ntilde;o, de ah&iacute; que la selecci&oacute;n de libros propuesta resulte el complemento perfecto para las vacaciones. Las tramas, no s&oacute;lo son amenas, sino que cuentan con la extensi&oacute;n justa para acompa&ntilde;ar las horas de vuelo o las tardes en la piscina. Sin olvidarnos de la oportunidad &uacute;nica que los libros nos brindan: la posibilidad de vivir m&uacute;ltiples vidas en una sola.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>Alicia en el Pa&iacute;s de Las Maravillas, de Lewis Carroll</strong><em>Alicia en el Pa&iacute;s de Las Maravillas</em>
    </p><p class="article-text">
        Recientemente se cumplieron 150 a&ntilde;os desde su publicaci&oacute;n, lo que ofrece la excusa perfecta para acercarnos a este cl&aacute;sico, reeditado en versiones para todos los gustos y bolsillos.
    </p><p class="article-text">
        <em>Alicia en el Pa&iacute;s de las Maravillas</em>&nbsp;puede parecer una elaborada broma, ya que toda la historia fluye a trav&eacute;s de la irrealidad on&iacute;rica creada por Lewis Carroll; pero aqu&iacute;, nada es lo que parece. El texto permite al lector&nbsp;<em>desencriptar</em>&nbsp;las ense&ntilde;anzas ocultas y los dobles sentidos que el escritor puso en boca de personajes tan m&iacute;ticos como el Conejo Blanco, el Gato de Cheshire o el Sombrerero Loco. Una lectura que ofrece diferentes capas seg&uacute;n la edad de quien lo lea.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><h1 style="text-align: center;"><strong>Alicia y el Gato de Cheshire</strong></h1>“<em>-¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?<br/>-Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar -dijo el Gato.<br/>-No me importa mucho el sitio -respondió Alicia.<br/>-Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes.<br/>–Siempre que llegue a alguna parte -añadió Alicia como explicación.<br/>– ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte -aseguró el Gato- si caminas lo suficiente.</em>”<br/><br/></blockquote>
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        <strong>Orgullo y prejuicio, de Jane Austen</strong><em>Orgullo y prejuicio</em>
    </p><p class="article-text">
        Jane Austen demostr&oacute; que romance e ingenio pueden ir de la mano. Porque la expresi&oacute;n de los sentimientos no tiene por qu&eacute; caer en la sobredosis de az&uacute;car, ni mucho menos, calificarse de g&eacute;nero menor. La brillantez de su autora se percibe desde la primera p&aacute;gina, donde tiene lugar uno de los comienzos m&aacute;s m&iacute;ticos de la literatura: &ldquo;<em>Es una verdad universalmente aceptada que un hombre soltero en posesi&oacute;n de una notable fortuna necesita una esposa</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Disfrutar de la personificaci&oacute;n del amor m&aacute;s desinteresado en el se&ntilde;or Darcy, o divertirse con la mordacidad de sus di&aacute;logos son algunas de las excusas para acercarse a esta novela del siglo XIX y descubrir como su influencia no ha perdido presencia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Elizabeth supo lo que ya hab&iacute;a tenido ocasi&oacute;n de comprobar otras veces antes: que un hecho que se espera con impaciencia, al producirse, no siempre conlleva toda la felicidad que promet&iacute;a. Por tanto, era necesario fijar otro momento para el comienzo de la felicidad real; era preciso se&ntilde;alar otro punto en el cual sus deseos y esperanzas pudieran verificarse, y mediante el procedimiento de disfrutar con la anticipaci&oacute;n de lo venidero, consolarse frente al presente y prepararse para otro desenga&ntilde;o</em>&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>Cr&oacute;nicas marcianas, de Ray Bradbury</strong><em>Cr&oacute;nicas marcianas</em>
    </p><p class="article-text">
        Ray Bradbury fue un autor prol&iacute;fico, amante de los relatos breves, y referente de la ciencia ficci&oacute;n. En&nbsp;<em>Cr&oacute;nicas Marcianas</em>&nbsp;recurre a su formato preferido pero manteniendo un mismo hilo conductor: la colonizaci&oacute;n de Marte por parte de la humanidad. Veintiocho historias que avanzan en el tiempo, a modo de diario, y en las que Bradbury se atreve con todo tipo de g&eacute;neros: aventura, romance, humor, terror&hellip; y una profunda cr&iacute;tica social que lo impregna todo.
    </p><p class="article-text">
        Los nuevos conquistadores sirven de excusa para tratar el racismo, la censura o la soledad, pero sobre todo, esconde la propuesta de hacer un examen de conciencia como especie. Una invitaci&oacute;n hecha en 1950 que vale la pena revisar, atendiendo al cambio clim&aacute;tico, la inestabilidad econ&oacute;mica o la desigualdad presentes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>&iexcl;Siempre hab&iacute;a una minor&iacute;a que ten&iacute;a miedo de algo, y una gran mayor&iacute;a que ten&iacute;a miedo de la oscuridad, miedo del futuro, miedo del presente, miedo de ellos mismos y de las sombras de ellos mismos</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Walden, de Henry Thoreau</strong>
    </p><p class="article-text">
        Leer&nbsp;<em>Walden</em>&nbsp;funciona como un conversor de amantes de la naturaleza y, al mismo tiempo, ense&ntilde;anza a rebelarse contra las injusticias. Thoreau fue un hombre adelantado a su tiempo y ya en 1845 estaba convencido de que la vida no era algo que deb&iacute;a pasar por ti, de manera pasiva, sino que era fundamental responsabilizarse y tomar partido. Con esta pretensi&oacute;n, el pensador se aisl&oacute; en los bosques de su Concord natal, con el plan de autoabastecerse f&iacute;sica, y m&aacute;s importante a&uacute;n, mentalmente. En otras palabras: simplificar su existencia para poder apreciar la esencia de las cosas. Un experimento que durar&iacute;a dos a&ntilde;os y de cuyas reflexiones se nutre&nbsp;<em>Walden</em>: un ejercicio para so&ntilde;adores con los pies en la tierra.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Fui a los bosques porque quer&iacute;a vivir deliberadamente, enfrent&aacute;ndome s&oacute;lo a los hechos esenciales de la vida, y ver si pod&iacute;a aprender lo que la vida ten&iacute;a que ense&ntilde;ar, no fuera que cuando estuviera por morir descubriera que no hab&iacute;a vivido</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mucho ruido y pocas nueces, de William Shakespeare</strong><em>Mucho ruido y pocas nueces</em>
    </p><p class="article-text">
        Seguramente la mayor&iacute;a relacione a Shakespeare con el romance pero otra de sus facetas m&aacute;s notables es su sentido del humor. En&nbsp;<em>Mucho ruido y pocas nueces</em>&nbsp;encontramos lo mejor de esta dualidad y es que la obra podr&iacute;a calificarse como&nbsp;<em>la comedia rom&aacute;ntica primigenia</em>. Con ella Shakespeare estableci&oacute; un patr&oacute;n que se ha venido repitiendo desde entonces, aquel que convierte la aversi&oacute;n inicial en atracci&oacute;n mutua, aderezada con todo tipo de enredos. La mejor manera de perderle el miedo al dramaturgo ingl&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Quiz&aacute; sea objeto de pesadas pullas y sarcasmos por haber despotricado tanto tiempo contra el matrimonio. Pero, &iquest;no se altera el apetito? El hombre gusta en su juventud de manjares que no puede soportar en su edad madura. Los chistes, las sentencias, todos esos proyectiles de papel que lanza el cerebro, &iquest;han de torcer en un hombre la inclinaci&oacute;n de su gusto? No; el mundo debe poblarse. Cuando dije que deseaba morir soltero no pens&eacute; vivir hasta el d&iacute;a de mi matrimonio</em>&rdquo;.
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        <strong>El guardi&aacute;n entre el centeno, de J.D. Salinger</strong><em>El guardi&aacute;n entre el centeno</em>
    </p><p class="article-text">
        La historia de Holden Caulfield transcurre durante s&oacute;lo tres d&iacute;as, tiempo suficiente para convertirlo en el icono del adolescente inadaptado. La novela tiene mucho de rito inici&aacute;tico y puede servir para que los m&aacute;s j&oacute;venes se acerquen a los cl&aacute;sicos. A fin de cuentas, la suya es la edad ideal para identificarse con la angustia y rebeld&iacute;a de su personaje, que no para de juzgar a su entorno desde la superioridad moral que concede la adolescencia.
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os,&nbsp;<em>El guardi&aacute;n entre el centeno</em>&nbsp;se gan&oacute; cierta popularidad morbosa por ser el libro de cabecera del asesino de John Lennon, David Chapman. La noche del disparo, Chapman iba con el libro bajo el brazo, y escribi&oacute; en &eacute;l: &ldquo;Esta es mi declaraci&oacute;n&rdquo;. Una extra&ntilde;a justificaci&oacute;n que terminar&iacute;a por degenerar en leyenda urbana: si lees este libro, te conviertes en asesino. Pero mitos aparte, la novela de J. D. Salinger se gana por s&iacute; misma su lugar en este ranking.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Lo que har&iacute;a ser&iacute;a hacerme pasar por sordomudo y as&iacute; no tendr&iacute;a que hablar. Si quer&iacute;an decirme algo, tendr&iacute;an que escribirlo en un papelito y ense&ntilde;&aacute;rmelo. Al final se hartar&iacute;an y ya no tendr&iacute;a que hablar el resto de mi vida. Pensar&iacute;an que era un pobre hombre y me dejar&iacute;an en paz.</em>&rdquo;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde</strong><em>El retrato de Dorian Gray</em>
    </p><p class="article-text">
        Esta obra de Oscar Wilde es un texto tan brillante, que cada p&aacute;gina incluye, al menos, una cita memorable. La &uacute;nica novela del autor irland&eacute;s, que no fuera teatro o ensayos, refleja el arquetipo del dandy y demuestra su ojo avizor captando la esencia de sus contempor&aacute;neos. Se trata, sin duda, de una de las mejores novelas de todos los tiempos: completamente accesible, sin perder por ello un &aacute;pice de profundidad o belleza.
    </p><p class="article-text">
        De lectura obligada, ya sea por resarcir el injusto recibimiento que tuvo en su momento. En 1890 los cr&iacute;ticos declararon que Wilde, lejos de exponer la inmoralidad, deseaba promoverla y exigieron su condena. Las acusaciones llevaron al escritor a defenderse en varias cartas publicadas en la prensa y a alterar significativamente algunos de los pasajes m&aacute;s controvertidos, incluyendo un prefacio que ha pasado a la historia por defender &ldquo;el arte por el arte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Influir en una persona es darle la propia alma. Ya no piensa sus propios pensamientos ni arde con sus propias pasiones. Sus virtudes ya no son reales para &eacute;l. Sus pecados, si es que existen cosas como los pecados, son prestados. Se convierte en el eco de una m&uacute;sica de otro, en el actor de un papel que no se ha escrito para &eacute;l. La finalidad de la vida es el propio desarrollo. Realizar la propia naturaleza de la forma m&aacute;s perfecta posible&hellip; &eacute;sa es la raz&oacute;n de ser de cada uno en este mundo. Hoy en d&iacute;a, la gente tiene miedo de s&iacute; misma. Han olvidado el m&aacute;s importante de todos los deberes, el deber que cada uno tiene consigo mismo. Son caritativos, desde luego. Dan de comer a los hambrientos, y visten al mendigo. Pero sus almas se mueren de hambre, y est&aacute;n desnudas. Nuestra raza ha perdido su coraje. Quiz&aacute; nunca lo tuvimos. El terror a la sociedad, que es la base de la moral, el terror a Dios, que es el secreto de la religi&oacute;n&hellip; &eacute;sas son las dos cosas que nos gobiernan. Y sin embargo&hellip; Sin embargo, creo que si un hombre viviese plena y completamente su vida, que si diese forma a todo sentimiento, expresi&oacute;n a todo pensamiento y realidad a todo sue&ntilde;o&hellip; creo que el mundo recibir&iacute;a un impulso tan nuevo de alegr&iacute;a que olvidar&iacute;amos todas las enfermedades del medievalismo, y volver&iacute;amos al ideal hel&eacute;nico. Pero los hombres m&aacute;s valientes de todos nosotros tienen miedo de s&iacute; mismos</em>&rdquo;.
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/clasicos-imprescindibles-lecturas-verano_1_3247868.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Aug 2017 10:50:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Clásicos imprescindibles en tus lecturas de verano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lectura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La misteriosa mujer del tatuaje azul en la barbilla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/mujer-tatuaje-barbilla-oatman-mormon-tribu-mohave_1_3256747.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b3bffa3-3969-429d-bb36-646d00c7fc1f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Retrato de Olive Oatman. (DP)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Olive Oatman, de origen mormón, pasó su adolescencia con la tribu mohave y sus tatuajes serían el recuerdo de esta experiencia</p><p class="subtitle">En 1850 la familia Oatman comenzó una travesía por el desierto de Arizona siguiendo los pasos de su pastor mormón, James C. Brewster</p><p class="subtitle">Un grupo de yavapais apalearon a los pioneros hasta la muerte. A todos salvo a dos: las hermanas Olive y Mary Ann, de 13 y 8 años, respectivamente</p><p class="subtitle">Los mohave adoptarían a las niñas y para demostrar su unión con la comunidad, se les tatuó en la barbilla, brazos y piernas, unos dibujos a base de gruesas líneas azules</p></div><p class="article-text">
        Al pensar en los pioneros nos viene a la mente la imagen de aquellos hombres y mujeres dispuestos a cruzar el oc&eacute;ano con la esperanza de fundar un mundo nuevo. El problema era que aquel &ldquo;nuevo mundo&rdquo; ya exist&iacute;a y hab&iacute;a estado habitado durante generaciones por los nativos del lugar: cherokees, apaches, quapaws, siouxs&hellip; infinidad de tribus que aprendieron a adaptarse a la salvaje Norteam&eacute;rica. De hecho, si muchos de estos colonos sobrevivieron fue gracias a las ense&ntilde;anzas de los indios; un gesto que obtuvo una contrapartida menos generosa (enfermedades, exilio&hellip;) y que redujo dr&aacute;sticamente su poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La colonizaci&oacute;n del siglo XIX dif&iacute;cilmente podr&aacute; deshacerse de su oscuro legado, pero centr&aacute;ndonos en el punto de vista de los reci&eacute;n llegados, resulta tentador imaginar las sensaciones de aquellos pioneros. El sobrecogimiento de atravesar las llanuras de Nebraska o la impresi&oacute;n de divisar las Monta&ntilde;as Rocosas. El continente norteamericano era inmenso y lleno de contrastes, pero sobre todo, no se parec&iacute;a a nada de lo que hab&iacute;an visto antes. El impacto de aquellos paisajes tuvo, sin ninguna duda, que emocionarles; aunque no por ello el m&aacute;s ordinario de los d&iacute;as estuviera exento de dureza.
    </p><p class="article-text">
        En 1850 comenzar&iacute;a la traves&iacute;a de la familia Oatman, a la que no mov&iacute;a el af&aacute;n de aventura, sino los designios divinos de su pastor, James C. Brewster. &Eacute;ste, tras varias disputas, se desvincul&oacute; de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los &Uacute;ltimos D&iacute;as y se dispuso a liderar su propia fe. Brewster cre&iacute;a que el lugar sagrado para los mormones no se encontraba en Utah, sino en California, y convencido de ello, condujo a sus seguidores a trav&eacute;s del desierto. Al llegar a Santa Fe, casi un a&ntilde;o despu&eacute;s, la caravana volvi&oacute; a dividirse. Algunos decidieron asentarse all&iacute;, otros continuaron hacia el norte, y los Oatman decidieron alcanzar la desembocadura del Colorado en solitario.
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        A la familia se le advirti&oacute; que aquel tramo era est&eacute;ril y peligroso, pero como suele decirse en estos casos: la fe mueve monta&ntilde;as (y camufla bastante bien los impulsos suicidas). Aquella elecci&oacute;n pronosticaba la tragedia, pero Royse Oatman decidi&oacute; continuar el camino junto a su mujer y sus siete hijos. Para evitar las altas temperaturas, los Oatman viajaban de noche, pero eso no impidi&oacute; que los bueyes fueran cayendo, a la par que las provisiones, cada d&iacute;a m&aacute;s escasas. Aquel era un p&aacute;ramo seco y sin vegetaci&oacute;n, donde ondeaba el aire y la cordura se desvanec&iacute;a. La situaci&oacute;n comenzaba a ser desesperada cuando un grupo de nativos alcanz&oacute; el carruaje. Los indios quer&iacute;an comida y tabaco pero la familia no pod&iacute;a prescindir de nada. Sorpresivamente, la negociaci&oacute;n deriv&oacute; en ataque y los yavapais apalearon a los pioneros hasta la muerte. A todos salvo a dos: las hermanas Olive y Mary Ann, de 13 y 8 a&ntilde;os, respectivamente.
    </p><p class="article-text">
        Lorenzo, el hermano mayor, fue dado por muerto pero milagrosamente sobrevivi&oacute; a los golpes. Las ni&ntilde;as, en cambio, se cre&iacute;an completamente solas: sin familia, ni testigos de la masacre. Sus opciones parec&iacute;an pocas y ahora, adem&aacute;s, eran prisioneras de los yavapais. Con ellos recorrieron el desierto durante d&iacute;as, quedando muy debilitadas a causa de la deshidrataci&oacute;n y los golpes. El maltrato sufrido durante el trayecto las convencer&iacute;a de su nueva realidad: eran esclavas de los indios.
    </p><h3 class="article-text">La aparici&oacute;n de los mohave</h3><p class="article-text">
        Las hermanas pasar&iacute;an un a&ntilde;o en cautividad, tratando de sobrevivir a las extremas condiciones del desierto de Arizona. Los yavapais se alimentaban de carne de venado, ardillas o serpiente hervida, pero ellas deb&iacute;an conformarse con los brotes de yuca, ra&iacute;ces o tunas que encontraban. Cualquier queja era r&aacute;pidamente reprendida, Olive explicar&iacute;a como &ldquo;se deleitaban d&aacute;ndonos latigazos injustificados m&aacute;s all&aacute; de nuestras fuerzas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Afortunadamente, la suerte de las ni&ntilde;as cambiar&iacute;a cuando una tribu vecina, los mohave, apareci&oacute; para hacer negocios con ellos. A los reci&eacute;n llegados les llam&oacute; la atenci&oacute;n la presencia de las dos ni&ntilde;as blancas y, movidos por la compasi&oacute;n, pactaron un intercambio. Un par de caballos y mantas sirvieron para trasladar a las hermanas a su nuevo destino.
    </p><p class="article-text">
        Los mohave viv&iacute;an en un valle donde los bosques de &aacute;lamo y los peque&ntilde;os campos de trigo contrastaban con las tierras bald&iacute;as de los yavapais. Olive y Mary Ann pasaron a formar parte de la familia de Espanesay y Aespaneo, un matrimonio que las cri&oacute; como a sus propias hijas. Para demostrar su uni&oacute;n con la comunidad, se les tatu&oacute; en la barbilla, brazos y piernas, unos dibujos a base de gruesas l&iacute;neas azules. Con este dise&ntilde;o tradicional, los mohave aseguraban el reencuentro de sus miembros en el m&aacute;s all&aacute;, y supon&iacute;a una prueba de su compromiso con las ni&ntilde;as. De hecho, el t&eacute;rmino que &eacute;stos utilizaban para describirlas era &ldquo;ahwe&rdquo; que significa &ldquo;extra&ntilde;o&rdquo; y no &ldquo;esclavo&rdquo; o &ldquo;cautivo&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Aparentemente, las hermanas Oatman se integraron totalmente en la comunidad hasta el punto de que, en febrero de 1854, no dijeron nada cuando aparecieron m&aacute;s de cien hombres blancos. Eran top&oacute;grafos que estudiaban el terreno buscando trazar una ruta para el ferrocarril desde el r&iacute;o Misisipi hasta el Pac&iacute;fico. El equipo pas&oacute; una semana con los mohave, que fueron descritos como amistosos y serviciales, siempre dispuestos a echar una mano. Puede ser que las ni&ntilde;as, al creer que no les quedaban parientes vivos, hubiesen abandonado por completo la idea de escapar. Pero el afecto con el que Olive siempre relat&oacute; a su familia mohave pone en duda esta teor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Las chicas continuaron llevando una vida pac&iacute;fica entre los nativos hasta que una hambruna termin&oacute; con la vida de Mary Ann. Su muerte &minus;junto a la de muchos otros miembros de la tribu&minus; fue consecuencia de una inundaci&oacute;n que destroz&oacute; las cosechas. Olive trat&oacute; de conseguir comida para su hermana, incluso fue con varios de los mohaves a buscar alimento a las monta&ntilde;as pero Mary Ann, que nunca se hab&iacute;a recuperado totalmente de sus marchas forzadas a trav&eacute;s del desierto, falleci&oacute; a su regreso. La comunidad se dispuso a preparar la ceremonia de cremaci&oacute;n cuando Olive los detuvo. Quemar a los muertos supon&iacute;a una atrocidad seg&uacute;n sus creencias mormonas, por eso pidi&oacute; enterrarla y aunque esta idea contradec&iacute;a las costumbres del poblado, la dejaron hacerlo. Olive eligi&oacute; para ello una zona del jard&iacute;n, aquel que su nueva familia les hab&iacute;a regalado, justo a su llegada.
    </p><h3 class="article-text">De vuelta a la civilizaci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Olive ten&iacute;a 19 a&ntilde;os cuando un miembro de la tribu quechan se present&oacute; en el poblado con un mensaje del gobierno. Las autoridades de Fort Yuma hab&iacute;an o&iacute;do rumores acerca de una mujer blanca que viv&iacute;a con los nativos, y el comandante exig&iacute;a su devoluci&oacute;n o conocer los motivos por los que ella no deseaba volver.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Oatman no sab&iacute;a que durante a&ntilde;os su hermano hab&iacute;a estado batallando en California, pidiendo ayuda a cualquiera que se cruzase en su camino y exigiendo justicia a las autoridades locales. Pero nunca pas&oacute; nada. &ldquo;Aprend&iacute;&rdquo;, reflexion&oacute; Lorenzo, &ldquo;que los hombres no van a trav&eacute;s de las llanuras a rescatar cautivos entre los indios&rdquo;. El hermano superviviente lleg&oacute; a escribir una editorial en el peri&oacute;dico Los Angeles Star donde detallaba la tragedia y describ&iacute;a la indiferencia que hab&iacute;a recibido.
    </p><p class="article-text">
        La publicaci&oacute;n lleg&oacute; al Fort Yuma, en Arizona, donde un indio llamado Francisco afirm&oacute; conocer el paradero de la joven. As&iacute;, &eacute;ste parti&oacute; al poblado con la intenci&oacute;n de negociar la liberaci&oacute;n. La familia mohave se neg&oacute; en un principio a entregar a Olive y trat&oacute; de enga&ntilde;ar a Francisco alegando que la chica no era blanca, sino de &ldquo;una raza de personas muy parecidas a los indios, que vive lejos de la puesta de sol&rdquo;. Hab&iacute;an tintado la piel de Olive con tierra y le pidieron que hablase en un idioma inventado. &ldquo;Ellos esperaron a escuchar mi absurdo galimat&iacute;as y presenciar el efecto convincente sobre Francisco. Pero habl&eacute; con &eacute;l en ingl&eacute;s. Le dije la verdad y lo que me hab&iacute;an ordenado hacer&rdquo;, explicar&iacute;a Oatman posteriormente.
    </p><p class="article-text">
        La tribu comenz&oacute; a sopesar su afecto por Olive frente al temor de las represalias por parte del gobierno de Estados Unidos, que hab&iacute;a amenazado con destruir el poblado, si la chica no era entregada. Los mohaves terminaron por aceptar el trato y Olive inici&oacute; el viaje de veinte d&iacute;as hasta Fort Yuma acompa&ntilde;ada, eso s&iacute;, de Topeka (su hermana adoptiva). Al llegar al fuerte, fue r&aacute;pidamente cubierta pues iba desnuda de cintura para arriba. Regres&oacute; a los vestidos victorianos, aquellos que no daban tregua a la piel, y a la vista s&oacute;lo qued&oacute; el tatuaje azul de su barbilla como recordatorio de su tiempo con los mohaves.
    </p><p class="article-text">
        El retrato que la inmortaliz&oacute; fue tomado cuando ten&iacute;a unos 20 a&ntilde;os. El puritanismo de la &eacute;poca s&oacute;lo permit&iacute;a mostrar el tatuaje de su cara pero se simularon la l&iacute;neas que Olive llevaba marcadas en brazos y piernas con los dibujos que cruzan las mangas y el bajo de la falda. La imagen aparecer&iacute;a en la portada de La cautividad de las ni&ntilde;as Oatman, el libro escrito por Royal B. Stratton, con el que la joven dar&iacute;a a conocer su experiencia. No obstante, tenemos que tener en cuenta la influencia de la estricta moralidad del momento, lo que convierte la lectura del libro de Stratton en una versi&oacute;n tergiversada de la realidad donde los nativos son descritos como unos &ldquo;b&iacute;pedos degradados&rdquo;. El autor obvia el afecto que Olive sent&iacute;a por su familia adoptiva y se centra en destacar las virtudes de la sociedad blanca respecto a la ind&iacute;gena, tachada de in&uacute;til, vaga y pagana. Al fin y al cabo, la historia de una blanca secuestrada por salvajes era el argumento perfecto para perpetuar la expulsi&oacute;n y matanza de los abor&iacute;genes que estaba teniendo lugar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Susan Thompson, amiga de Olive, declarar&iacute;a a&ntilde;os m&aacute;s tarde que parec&iacute;a como si Oatman estuviese &ldquo;en duelo&rdquo; tras su regreso. Corr&iacute;an rumores de que la joven tuvo varios hijos con los mohave pero ella siempre neg&oacute; cualquier acercamiento sexual con los indios. Curiosamente, con el tiempo se descubrir&iacute;a que su apodo en la tribu era Spantsa, lo que se puede traducir como &ldquo;vagina podrida&rdquo; o &ldquo;vagina rota&rdquo;; una expresi&oacute;n de cari&ntilde;o, acorde al peculiar sentido del humor de la tribu. Los historiadores encuentran distintas teor&iacute;as para el mote, pudiendo referirse a su falta de higiene entre colonos e indios (los &uacute;ltimos ten&iacute;an la costumbre de ba&ntilde;arse todos los d&iacute;as), o bien al hecho de que era activa sexualmente. Posteriormente se ha especulado con la posibilidad de que el apodo hiciese referencia a su infertilidad, ya que aunque Olive se terminar&iacute;a casando con un rico banquero, John B. Fairchild, nunca tuvieron hijos propios y terminaron adoptando una ni&ntilde;a.
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        Tampoco pareci&oacute; olvidar a su tribu, y estando ya casada, no dud&oacute; en aprovechar la visita de Irataba a Nueva York. El l&iacute;der tribal de los mohaves ejerc&iacute;a como orador representando a su pueblo y Olive acudi&oacute; a reencontrarse con &eacute;l. &Eacute;ste le cont&oacute; que su hermana adoptiva, Topeka, a&uacute;n la echaba de menos y esperaba su regreso. Un acercamiento que fue descrito por la joven como &ldquo;una reuni&oacute;n entre amigos&rdquo;, desarmando por completo su papel de captores.
    </p><p class="article-text">
        Oatman abandon&oacute; r&aacute;pidamente el circuito de conferencias del libro y pas&oacute; las siguientes d&eacute;cadas de su vida luchando contra la depresi&oacute;n y sus cr&oacute;nicos dolores de cabeza. En las raras ocasiones que sal&iacute;a de casa, se cubr&iacute;a con velos para evitar ser reconocida por su tatuaje. Terminar&iacute;a muriendo a los 65 a&ntilde;os  de un ataque al coraz&oacute;n y con su muerte, desapareci&oacute; tambi&eacute;n la posibilidad de conocer la verdad de su historia. Dej&oacute; como &uacute;nica certeza la tragedia de haber perdido a su familia una y otra vez: primero, con la masacre de sus padres y hermanos por los yavapais, y despu&eacute;s, al ser arrancada de su segunda familia, los mohaves. Actualmente, su apellido Oatman da nombre a una ciudad de Arizona que forma parte de la ruta 66, cerca del r&iacute;o Colorado y del lugar donde Olive, con mayor probabilidad, experiment&oacute; lo m&aacute;s parecido a la libertad.
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            <div style=" margin: 0 auto; display:table;"><a href="http://premium.canariasahora.es/suscripcion-premium/">
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</div>
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      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/mujer-tatuaje-barbilla-oatman-mormon-tribu-mohave_1_3256747.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Jul 2017 16:05:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La misteriosa mujer del tatuaje azul en la barbilla]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tatuajes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Conectadogs', el primer centro de recuperación para perros 'condenados']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/conectadogs-lugar-segundas-oportunidades_1_3293044.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/edf1b2a8-27c1-445b-a7da-f51c7af71383_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Dagor. (CA)."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un centro de recuperación para perros, pero también, un proyecto social que apuesta por terapias e intervenciones asistidas con animales: una aportación doble donde todos ganan</p></div><p class="article-text">
        Cuando me acerqu&eacute; al mundo del voluntariado, lo hice desde el m&aacute;s absoluto desconocimiento, ajena a la dureza de las protectoras de animales. Como la mayor&iacute;a, no era consciente del trabajo y las necesidades de este tipo de centros. Mi prop&oacute;sito era ayudar y fui all&iacute; sin m&aacute;s pretensi&oacute;n que esa: echar una mano en lo que hiciera falta. Afortunadamente, cada vez son m&aacute;s las personas dispuestas a implicarse y a aportar su peque&ntilde;o granito arena a estas causas. Sin embargo, el abandono de animales en Espa&ntilde;a mantiene unas cifras preocupantes: s&oacute;lo en 2015 las sociedades protectoras atendieron 137.000 casos. Por eso, aunque trabajadores y voluntarios dan lo mejor de s&iacute;, no es suficiente.
    </p><p class="article-text">
        El flujo de animales es tan masivo que resulta imposible llevar a cabo un seguimiento individualizado. En general pueden m&aacute;s las prisas de contener lo incontenible, lo que desencadena que se anteponga la adopci&oacute;n a toda costa. El problema de esta soluci&oacute;n es que su efectividad s&oacute;lo sirve a corto plazo. Un perro sale del centro, s&iacute;, pero la ausencia de valoraci&oacute;n previa no prev&eacute; las incompatibilidades que puedan surgir. &iquest;El resultado? El animal se devuelve a la protectora y empieza a ser tachado de &ldquo;dif&iacute;cil&rdquo;, el primero de muchos adjetivos que se volver&aacute;n menos amables con el tiempo y la falta de oportunidades.
    </p><p class="article-text">
        Una m&aacute;xima a tener en cuenta a la hora de adoptar es que no todos los perros son iguales. Afinidades aparte, cada uno tiene sus rasgos: los hay m&aacute;s nerviosos o m&aacute;s tranquilos, m&aacute;s obedientes o indisciplinados, sociables o asustadizos&hellip; pero m&aacute;s importante a&uacute;n, provienen de entornos distintos. Y la mayor&iacute;a con un pasado que les pesa. Lo cual va unido a problemas de conducta si no son tratados correctamente. Por eso, conocer cada caso proporciona unos datos valios&iacute;simos a la hora de encontrar un due&ntilde;o adecuado. Porque la informaci&oacute;n &minus;en ambas direcciones&minus; es el &uacute;nico seguro para una adopci&oacute;n feliz.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         En mi caso, no cambio la experiencia de haber sido voluntaria. Gracias a ello me cruc&eacute; con Ronda, una perra que se convirti&oacute; en la mejor compa&ntilde;&iacute;a. Pero al mismo tiempo, la vivencia me dej&oacute; un regusto amargo, esa sensaci&oacute;n de que a&uacute;n quedan muchas cosas por hacer. De un sentimiento parecido surge Conectadogs, un grupo de personas que, conscientes de estos vac&iacute;os, han querido actuar y atender los problemas que quedan al margen por falta de recursos, tiempo o formaci&oacute;n. El proyecto quiere ofrecer un trato individualizado a los perros con necesidades especiales. Su fin es rehabilitarlos y romper as&iacute; con el ciclo de devoluci&oacute;n y aislamiento.
    </p><p class="article-text">
        En palabras de uno de sus impulsores, Javier Ruiz, &ldquo;<em>es el primer centro de recuperaci&oacute;n canina de Espa&ntilde;a, donde trabajaremos por el bienestar de todos aquellos perros que han agotado sus oportunidades y a los que una legislaci&oacute;n antigua o mal planteada ha condenado a vivir por siempre en la soledad de un chenil</em>&rdquo;. Pero no s&oacute;lo se caracterizan por ser un salvavidas para aquellos casos m&aacute;s extremos, sino que su objetivo va m&aacute;s all&aacute; y propone aunar terapias. Una apuesta totalmente pionera en Espa&ntilde;a donde los perros servir&aacute;n de apoyo, ejerciendo como co-terapeutas a ni&ntilde;os y j&oacute;venes que viven en centros de acci&oacute;n educativa o para luchar contra el acoso escolar.
    </p><p class="article-text">
        Actualmente, el equipo de Conectadogs se encuentra inmerso en una campa&ntilde;a en redes sociales bajo el hashtag #DejaHuella, y <a href="https://www.goteo.org/project/centro-de-recuperacion-canina" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha puesto en marcha un crowdfunding</a> como primer paso para su financiaci&oacute;n. Una suma de esfuerzos para dar luz verde a este maravilloso proyecto en el que convergen psic&oacute;logos y adiestradores, pero sobre todo, personas comprometidas. De aquellas que todav&iacute;a se atreven a perseguir ideales y a luchar por hacer de este mundo un lugar mejor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Beneficios de la terapia con perros</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cualquiera que haya convivido con un perro conocer&aacute; lo que es el cari&ntilde;o desinteresado y la m&aacute;s leal de las compa&ntilde;&iacute;as. Su sola presencia reconforta, de ah&iacute; que cada vez m&aacute;s se apueste por su inclusi&oacute;n en distintas terapias. Los perros acuden indistintamente a centros de ancianos, de ni&ntilde;os autistas o de v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero con una ausencia total de prejuicios. El clima de confianza que generan facilita la labor del terapeuta, lo que se traduce en terapias m&aacute;s efectivas.
    </p><p class="article-text">
        Algunos de los objetivos de este tipo de programa son:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Mejorar las habilidades motoras</li>
                                    <li>Repercutir positivamente en la salud cardiovascular</li>
                                    <li>Liberar endorfinas proporcionando un efecto calmante</li>
                                    <li>Disminuir la sensaci&oacute;n de soledad y aislamiento</li>
                                    <li>Mejorar la comunicaci&oacute;n y la sociabilizaci&oacute;n</li>
                                    <li>Aumentar la autoestima</li>
                                    <li>Desarrollar la comunicaci&oacute;n verbal</li>
                                    <li>Disminuir la ansiedad</li>
                                    <li>Aumentar la disposici&oacute;n a participar en actividades</li>
                                    <li>Reducir la depresi&oacute;n</li>
                                    <li>Fomentar la integraci&oacute;n del grupo</li>
                            </ul>
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        El equipo de Conectadogs ha tenido en cuenta las virtudes de este <em>afecto terap&eacute;utico</em> de cara a sus distintos programas sociales, en los que cada perro intervendr&aacute; de media unos 3 &oacute; 4 meses. Durante su trabajo como co-terapeutas, &eacute;stos permanecer&aacute;n en el refugio, dejando siempre abierta la v&iacute;a de la adopci&oacute;n. &ldquo;<em>Eso s&iacute;, la adopci&oacute;n final no podr&aacute; darse hasta que el perro termine el programa y/o su recuperaci&oacute;n</em>&rdquo;, matiza Javier. La elecci&oacute;n del due&ntilde;o seguir&aacute; un procedimiento minucioso basado en entrevistas y evaluaci&oacute;n de perfiles, pues hay que tener en cuenta que al tratarse de perros rehabilitados, &eacute;stos deben seguir una rutina m&aacute;s pautada. Tras la adopci&oacute;n, y especialmente durante los dos primero a&ntilde;os, Conectadogs llevar&aacute; a cabo un seguimiento exhaustivo de los casos.
    </p><p class="article-text">
        Con esta propuesta que combina terapia y adopci&oacute;n se consigue un beneficio global: los perros son rehabilitados y mejoran sus posibilidades de encontrar una familia, al tiempo que j&oacute;venes en riesgo de exclusi&oacute;n social obtienen un apoyo en sus terapias. &ldquo;<em>En ning&uacute;n caso los perros quedar&aacute;n para una segunda terapia con ni&ntilde;os</em>&rdquo;, aclara Javier. &ldquo;<em>Algunos miembros &mdash;como yo mismo&mdash; no creemos en las terapias asistidas por animales tradicionales donde el perro es una herramienta, y como antiespecista, no participar&iacute;a en un programa que usase perros &uacute;nicamente para mejorar la vida de personas; por esto hemos creado algo que beneficia a los dos colectivos por igual</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pitbullying: Pitbulls contra el acoso escolar</strong>
    </p><p class="article-text">
        Uno de los temas m&aacute;s novedosos de Conectadogs es su programa contra el acoso escolar, bautizado como <em>Pitbullying</em> por incluir pitbulls y otras razas consideradas potencialmente peligrosas. La elecci&oacute;n es premeditada, ya que se busca incentivar la tenencia responsable de este tipo de perros y acabar as&iacute; con su inmerecida mala fama.
    </p><p class="article-text">
        La iniciativa es definida por su equipo como &ldquo;<em>el primer programa en Espa&ntilde;a en el que perros maltratados combaten el bullying en centros escolares. En &eacute;l intervienen como co-terapeutas perros que han sido v&iacute;ctimas de violencia, que se convierten en un &rdquo;testimonio&ldquo; real de las consecuencias que tiene la violencia para quien la sufre, y en un ejemplo de superaci&oacute;n</em>&rdquo;.
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        <em>Pitbullying</em> est&aacute; a disposici&oacute;n de colegios e institutos mediante un plan de diez semanas. En &eacute;l, el pitbull que ha sido rescatado, ejemplificar&aacute; el sufrimiento pero tambi&eacute;n la recuperaci&oacute;n. La experiencia del animal servir&aacute; de nexo y contribuir&aacute; a mejorar la participaci&oacute;n de los menores en el proceso. A lo largo de las distintas sesiones, se ir&aacute;n abordando cuestiones relacionadas con el bullying, desde sus consecuencias hasta las medidas que podemos tomar para erradicarlo.
    </p><p class="article-text">
        Paralelamente a su apoyo contra el acoso escolar, Conectadogs plantea un programa de psicoterapia asistida con animales en los CRAE (Centros Residenciales de Acci&oacute;n Educativa) donde conviven ni&ntilde;os y j&oacute;venes que han sido separados de sus familias por distintos motivos (negligencia, maltrato, abandono&hellip;). Actualmente se encuentran en situaci&oacute;n de desamparo, por ello, el objetivo principal del equipo ser&aacute; trabajar en la adaptaci&oacute;n psicosocial y la superaci&oacute;n de dificultades psicol&oacute;gicas que se producen al ser apartado del n&uacute;cleo familiar.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, &ldquo;<em>los menores se encargar&aacute;n de reeducar a los perros, junto con los adiestradores y psic&oacute;logos de la asociaci&oacute;n, enfrent&aacute;ndose a sus propios traumas a trav&eacute;s de los del animal</em>&rdquo;. Lo que permite abordar el mundo emocional de los chicos de manera menos invasiva, sirviendo de soporte adicional a la labor que realizan los educadores en estos centros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Rescatamos perro, ayudamos personas</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es el lema que abandera Conectadogs. Un centro de recuperaci&oacute;n para perros, pero tambi&eacute;n, un proyecto social que apuesta por terapias e intervenciones asistidas con animales. Una aportaci&oacute;n doble donde todos ganan y que responde a una necesidad real: la masificaci&oacute;n de las perreras y la falta de recursos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Queremos ser un apoyo para todos estos centros</em>&rdquo;, explica su equipo, &ldquo;<em>demostrar que, trabajando juntos, podemos dar una segunda oportunidad real a estos animales, una oportunidad que se merecen y que no podemos seguir neg&aacute;ndoles por m&aacute;s tiempo. Vamos a trabajar con ellos cada d&iacute;a y a corregir sus problemas hasta que, por fin, puedan irse con una familia que les d&eacute; todo el amor que necesitan</em>&rdquo;.
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                </figure><p class="article-text">
         El centro de recuperaci&oacute;n estar&aacute; situado a las afueras de Barcelona pero Conectadogs apuesta por un modelo de trabajo escalable y replicable, de manera que puedan tener cabida los m&uacute;ltiples casos que existen ahora mismo por toda Espa&ntilde;a. Un germen que se convierta en &ldquo;<em>una respuesta que nos ayude a dar esperanza a esos perros por los que nadie puede ahora ofrecer m&aacute;s tiempo, m&aacute;s recursos, m&aacute;s trabajo</em>&rdquo;, explica Javier.
    </p><p class="article-text">
        La campa&ntilde;a de goteo est&aacute; en marcha, abierta a donaciones y colaboraciones, al tiempo que se baraja la financiaci&oacute;n privada de marcas, as&iacute; como subvenciones p&uacute;blicas. Todas las propuestas son bienvenidas. Si t&uacute; tambi&eacute;n crees en el proyecto, entra en <a href="http://www.conectadogs.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">conectadogs</a> y ay&uacute;dalos a hacerlo posible.
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            <div style=" margin: 0 auto; display:table;"><a href="http://premium.canariasahora.es/suscripcion-premium/">
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Jul 2017 15:23:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Conectadogs', el primer centro de recuperación para perros 'condenados']]></media:title>
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      <title><![CDATA[Laurie Lipton: universos en blanco y negro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/laurie-lipton-universos-blanco-negro_1_3307092.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/749b3958-e83e-42ba-92b3-a2fa77549b4a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Obra de Laurie Lipton titulada &#039;Felices&#039;."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La artista recrea pasajes de su imaginación con una minuciosidad sorprendente y un aire macabro que compatibiliza con la crítica social</p><p class="subtitle">Desde niña se inclinó por el blanco y negro para crear imágenes escalofriantes</p><p class="subtitle">La minuciosidad de su trabajo fuerza la observación e invita a perderse en una atmósfera hipnótica que no tiene más modelos ni referencias que las que hay en su imaginación</p><p class="subtitle">Sus dibujos son incapaces de dejar indiferente a nadie: perturban, intrigan, entusiasman, asquean… No hay punto medio</p></div><p class="article-text">
        Los dibujos de la peque&ntilde;a Laurie Lipton no eran los garabatos t&iacute;picos de los ni&ntilde;os de su edad. En aquellas hojas de papel, Laurie dibujaba cuerpos que se retorc&iacute;an y adquir&iacute;an muecas siniestras. Sus gustos siempre fueron peculiares: prefer&iacute;a quedarse en casa a salir fuera a jugar y de todos los colores, eleg&iacute;a siempre el negro. Un l&aacute;piz era todo el color que necesitaba el particular mundo que produc&iacute;a su cabeza. Uno cuyos padres mostraban con orgullo, desconcertando a las visitas, que no llegaban a entender como una ni&ntilde;a era capaz de crear algo tan escalofriante.
    </p><p class="article-text">
        Los se&ntilde;ores Lipton, lejos de adquirir actitudes represivas o de psicoan&aacute;lisis, la alentaron a seguir dibujando. &ldquo;Yo era una ni&ntilde;ita angelical y mi imaginaci&oacute;n era brutal y sangrienta. Por suerte, mis padres nunca me censuraron. Siempre me animaron a hacer exactamente lo que quer&iacute;a art&iacute;sticamente. En todo lo dem&aacute;s yo era educada y obediente. &iquest;Ser&aacute; tal vez por eso que mi estilo es salvaje pero mi t&eacute;cnica es extremadamente controlada?&rdquo;, se pregunta la artista.
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        Apoyada por sus padres, Laurie estudiar&iacute;a Bellas Artes pero la universidad no le reportar&iacute;a el conocimiento que necesitaba. Eran los tiempos de la conceptualidad, donde el marketing personal med&iacute;a la calidad del artista. La obra se envolv&iacute;a de narraciones dif&iacute;cilmente observables, en lugar de dejar que &eacute;sta hablase por s&iacute; misma. Y si hay algo que caracteriza el trabajo de Lipton, es la emanaci&oacute;n constante de impresiones. Sus dibujos son incapaces de dejar indiferente a nadie: perturban, intrigan, entusiasman&hellip; Algunos los adoran y otros los rechazan, pero no necesitan de un discurso previo para producir efecto.
    </p><p class="article-text">
        Su obra habla y lo hace en detalle. Un laberinto de microsc&oacute;picas partes compone cada pieza. Si alguna vez se sinti&oacute; obligado a permanecer un tiempo extra delante de un cuadro para fingir apreciaci&oacute;n, con Lipton no necesitar&aacute; hacerlo. Cada cent&iacute;metro del papel esconde un detalle, ya sea una sombra o el reflejo en una pupila: &ldquo;Hay mucho oculto en mi obra y hay mucho oculto en m&iacute;&rdquo;, suele decir. Su minuciosidad fuerza la observaci&oacute;n e invita a perderse en una atm&oacute;sfera hipn&oacute;tica que no tiene m&aacute;s modelos ni referencias que las que hay en su imaginaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todo era abstracto y conceptual cuando estudiaba&rdquo;, explica. &ldquo;Sol&iacute;a saltarme las clases y sentarme durante horas en la biblioteca a hacer copias de Durero, Memling y Van Eyck. As&iacute; que aunque fui a una de las mejores universidades de arte de los Estados Unidos, soy autodidacta. Mi extra&ntilde;a manera de dibujar consume una cantidad de tiempo inmensa, pero me permite alcanzar la misma calidad luminosa que alcanzaron los Maestros del Renacimiento&rdquo;. Una declaraci&oacute;n as&iacute; podr&iacute;a sonar presuntuosa pero, ciertamente, su t&eacute;cnica es asombrosa: una superposici&oacute;n de l&iacute;neas y finos trazos con los que recrea sombras y consigue un realismo fotogr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Lipton no deja de repetir que dibujar es lo &uacute;nico que sabe hacer y que es buena por simple dedicaci&oacute;n. El tiempo y la constancia son su receta para el &eacute;xito, no hay atajos. &ldquo;Me impongo tareas imposibles: miles de rostros, una ciudad donde se ve cada ventana, un paisaje con cada brizna de hierba&hellip; si me fuera a preocupar por el tiempo que necesito, jam&aacute;s me podr&iacute;a a ello. Tampoco soy masoquista. Abordo cada dibujo con un sentimiento de &rdquo;&iquest;Podr&eacute;?&ldquo;, y a la mierda con el tiempo y las consecuencias. As&iacute; que cuando la gente me pregunta &minus;como inevitablemente sucede&minus; cu&aacute;nto tiempo me lleva cada dibujo, les miento y me invento un n&uacute;mero. En realidad no tengo ni idea&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Una artista sin envolturas</h3><p class="article-text">
        Como le ocurr&iacute;a de peque&ntilde;a, la Laurie Lipton adulta sigue sin encajar; ahora en el perfil de <a href="http://www.laurielipton.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">artista extravagante</a>. Trabaja como nadie, dedicando sesiones maratonianas a cada pieza, pero le basta con eso: dibujar. &ldquo;Vivo en la hoja de papel, y lo que sucede entre el papel y yo, es toda mi vida&rdquo;. Ignora cualquier tipo de atrezo adherido al personaje, no se envuelve de excentricidad y reserva toda su creatividad para su trabajo. &ldquo;La gente siempre se decepciona cuando me conoce, porque piensa: &rdquo;Oh Dios m&iacute;o, eres muy normal&ldquo;, comenta con sarcasmo, &rdquo;Tienes pinta de hornear galletas&ldquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La confusi&oacute;n es comprensible. Sus dibujos son tan &uacute;nicos que se espera encontrar detr&aacute;s a alguien igual de llamativo. Cuesta creer que algo as&iacute; nazca de alguien tan, aparentemente, corriente y, sin embargo, Lipton continua rompiendo normas. &ldquo;Es como si hubiera otro ser dentro de m&iacute; y toma el control. He llegado a aceptarlo. Antes sol&iacute;a luchar contra &eacute;l y pensaba: &iquest;por qu&eacute; estoy en este cuarto sola desperdiciando mi vida? Pero ese es mi papel. Me pusieron en la Tierra para dibujar, b&aacute;sicamente. Algunas personas est&aacute;n aqu&iacute; para hacer cosas m&aacute;s importantes pero lo m&iacute;o es apretar el l&aacute;piz&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y a ello se dedica en cuerpo y alma. Sus intentos de agitar se reducen al papel. Es ah&iacute; donde puede transmitir un mensaje contundente. Es su revoluci&oacute;n y ser&aacute; su legado, una serie que ha ido creciendo con el tiempo del peque&ntilde;o formato al monumental. Sus dibujos miden ya varios metros, por una cuesti&oacute;n de necesidad. &ldquo;Cuando pones agua en un recipiente, se expande para adaptarse a &eacute;l&rdquo;, dice durante el documental biogr&aacute;fico <em>Love bite</em>, &ldquo;Pues ahora mi imaginaci&oacute;n mide dos metros y hacer una obra m&aacute;s peque&ntilde;a me restringir&iacute;a mucho&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Enfrentando la muerte</h3><p class="article-text">
        La felicidad de Lipton se reduce a crear un mundo de la nada, coger un papel en blanco y verter en &eacute;l su universo, con un estilo que ella misma define como &ldquo;una mezcla entre Bosch, Breugal, Goya, Van Eyck y Woody Allen&rdquo;. Un peculiar cosmos donde la muerte suele estar presente. Los esqueletos son uno de sus personajes recurrentes pero tiende a intercambiar los papeles: muestra a los muertos en su forma humana y convierte a los vivos en huesos. Una especie de recordatorio. &ldquo;Dibujo las cosas que me perturban en la vida y la muerte empez&oacute; a perturbarme a los 6 &oacute; 7 a&ntilde;os&rdquo;, aclara.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &ldquo;Fue un gran shock cuando muri&oacute; mi madre. No s&oacute;lo el hecho de su muerte, sino la forma en que las personas que me rodeaban trataban el tema. Era una verg&uuml;enza, y el vocabulario que utilizaban para expresar sus condolencias apestaba a tarjetas de felicitaci&oacute;n. Me di cuenta de que no tenemos palabras para la muerte en nuestra sociedad. Todo se centra en ser joven y en mantener a raya las arrugas, y en estar saludable y libre de olores&rdquo;, se queja. La artista quedar&iacute;a fascinada al descubrir como los mejicanos celebran el famoso <em>D&iacute;a de Muertos</em>, en un ambiente festivo con m&uacute;sica, cantos y bailes. &ldquo;Sent&iacute; envidia por su forma de abordar la muerte&rdquo;, dir&iacute;a. &ldquo;Mi cultura huye de ella. Vivimos en la ilusi&oacute;n de tener todo el tiempo del mundo mientras nos sometemos a liftings y botox. Nos enga&ntilde;amos pensando que es algo que le sucede al resto, que s&oacute;lo los perdedores mueren&rdquo;.
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        Enfatizar la muerte en sus dibujos es, por tanto, una forma de rebeld&iacute;a pero tambi&eacute;n una llamada de atenci&oacute;n. Las calaveras se integran en paisajes apocal&iacute;pticos, acercando al espectador a un futuro dist&oacute;pico donde reina el abandono: el fracaso de una civilizaci&oacute;n representado con meticulosidad. Cuando sus personajes no est&aacute;n muertos parecen desquiciados. Es entonces cuando se detecta otro de sus referentes: la cr&iacute;tica al consumo desmedido, al <em>American way of life</em>, donde amas de casa de mirada psic&oacute;tica sonr&iacute;en mostrando sus alacenas atestadas y sus neveras al borde del colapso.
    </p><p class="article-text">
        Con su arte, Lipton busca remover conciencias. &iexcl;Despertemos!, gritan muchas de sus obras. A Laurie le duelen las desigualdades, que la riqueza se acumule en unas pocas manos o que la democracia parezca, muchas veces, un teatro con el que apaciguar a las masas. Dibuja a los l&iacute;deres convertidos en marionetas y plasma escenarios derruidos mientras los poderosos se frotan las manos. Como siempre recalca, dibujar es lo mejor que sabe hacer, y con su capacidad excepcional de sobrecogimiento, intenta hacer llegar el mensaje.
    </p><h3 class="article-text">Miradas as&eacute;pticas</h3><p class="article-text">
        Los personajes que observan pero sin decidirse a actuar, ocultos tras una cortina o mirando de reojo, son una de las obsesiones de Lipton. Pero los observadores que se convierten en c&oacute;mplices son algo m&aacute;s que iconograf&iacute;a personal, escondiendo un hecho traum&aacute;tico de la vida de la artista. Con cinco a&ntilde;os, la peque&ntilde;a Laurie jugaba con sus amigos en la calle cuando un desconocido se acerc&oacute; al grupo de ni&ntilde;os. &ldquo;&iquest;Quer&eacute;is ver mi cachorrito?&rdquo;, les preguntar&iacute;a. Todos se negaron o ignoraron al extra&ntilde;o pero Laurie era curiosa y acompa&ntilde;&oacute; al hombre al fondo del barranco. Sus amigos se quedar&iacute;an arriba, observando intrigados y a&uacute;n sin entender el abuso que estaba teniendo lugar ante sus ojos. Lipton describe el espeluznante suceso con una tranquilidad ins&oacute;lita: &ldquo;Fue s&oacute;lo un incidente loco, una colisi&oacute;n de este hombre y yo, que cambi&oacute; toda mi vida y mi percepci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El suceso transformar&iacute;a su visi&oacute;n de las cosas y la recluir&iacute;a, conformando el dolor en blanco y negro que destilan sus dibujos. &ldquo;S&eacute; que suena muy extra&ntilde;o pero le estoy agradecida por ello&rdquo;, explica en <em>Love bite</em>. &ldquo;No estoy agradecida por lo que sufri&oacute; aquella ni&ntilde;a&rdquo;, matiza. &ldquo;Sufr&iacute;. La peque&ntilde;a Laurie sufri&oacute; pero ahora, en este momento, estoy agradecida. Es extra&ntilde;o, &iquest;verdad? Nunca se sabe, nunca sabes qu&eacute; tipo de don nace del sufrimiento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De esa indefensi&oacute;n con as&eacute;pticos espectadores nacen algunas de sus obras m&aacute;s impactantes donde realiza una cr&iacute;tica a la generalizada anestesia emocional, como si la sobreestimulaci&oacute;n de im&aacute;genes hubiese dado lugar a una sociedad que consume guerras, asesinatos y todo tipo de atrocidades sin inmutarse. En ocasiones existe el estremecimiento pero es breve y no impide que sigamos comiendo sin apartar la vista de la masacre. La pantalla nos protege de la turbaci&oacute;n, ofreciendo un aire de irrealidad a la tragedia que se entremezcla con los cortes publicitarios.
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        &ldquo;Vivimos a trav&eacute;s de pantallas y existimos a trav&eacute;s de pantallas. Sociabilizamos a trav&eacute;s de pantallas e interactuamos entre nosotros en soledad. Todas esas cosas a las que estamos enchufados nos desconectan de nosotros mismos, de nuestras emociones y de nuestro conocimiento&rdquo;. Laurie no rechaza la tecnolog&iacute;a pero s&iacute; su mal uso. Internet le ha permitido llegar a much&iacute;sima m&aacute;s gente y admite que puede servir para denunciar injusticias. No obstante, reconoce que la continua monitorizaci&oacute;n de estados no es buena. Crea una ilusi&oacute;n de cercan&iacute;a pero al final nos despersonaliza, manteni&eacute;ndonos al margen los unos de los otros.
    </p><p class="article-text">
        M&oacute;viles, ordenadores y pantallas son sus &uacute;ltimos temas de batalla pero no ser&aacute;n los &uacute;ltimos. Pese a haber cumplido los sesenta, Lipton mantiene vivo su esp&iacute;ritu creativo y ans&iacute;a seguir ret&aacute;ndose: &ldquo;Mi pieza favorita es siempre la siguiente. En el proceso siento que mi pr&oacute;ximo dibujo ser&aacute; fabuloso, pero cuando est&aacute; terminado ya no tiene ning&uacute;n inter&eacute;s para m&iacute;. Supongo que eso es lo que me levanta por la ma&ntilde;ana: la emoci&oacute;n y la exploraci&oacute;n de una nueva obra de arte&rdquo;. Su af&aacute;n es tan incansable que cuando se le pregunta sobre su propia muerte, rechaza cualquier detalle funerario en favor de una hipot&eacute;tica criogenizaci&oacute;n: &ldquo;Si tuviera el dinero me congelar&iacute;a con la esperanza de que la ciencia llegue a erradicar la muerte y me reanime. Quiero dibujar durante otros cien a&ntilde;os&rdquo;.
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      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/laurie-lipton-universos-blanco-negro_1_3307092.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Jul 2017 18:01:15 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[El cuento de la criada: libro vs serie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/el-cuento-de-la-criada-the-handmaid-s-tale-serie-television-margaret-atwood-elisabeth-moss-literatura-adaptacion_1_3322648.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3a8df6b7-e935-4779-8a04-cedbd9fbdc28_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="C:\fakepath\CRIADA 1 - Elisabeth Moss en su papel protagonista de Offred en la serie de &#039;El cuento de la criada&#039;. (DP)..jpeg"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La distopía creada por Margaret Atwood en 1985 vuelve a estar de actualidad a raíz del estreno de la serie de Hulu. Comparamos ambos formatos y analizamos sus diferencias. Atwood se inspiró en su estancia en Berlín, antes de la caída del muro, para retratar la atmósfera opresiva y a ratos psicótica, que allí se respiraba.</p></div><p class="article-text">
        Apresurarse a decir aquello de &ldquo;<em>el libro es mejor</em>&rdquo;, se ha convertido en un clich&eacute;. Una frase manida que resulta pretenciosa, cargante y propia de un S&aacute;nchez Drag&oacute; que se aferra con pedanter&iacute;a a aquello de <em>cualquier tiempo pasado fue mejor</em>. Por eso a los t&oacute;picos es mejor no hacerles caso pero, ya sea por simple estad&iacute;stica, en ocasiones tienen raz&oacute;n. Y en el caso de los libros, adaptaci&oacute;n y expectativas no suelen ir de la mano.
    </p><p class="article-text">
        No es un prejuicio. As&iacute; como desconf&iacute;o de los que s&oacute;lo citan libros que tienen su equivalente cinematogr&aacute;fico (sospechoso, cuanto menos), suelo ser optimista con las adaptaciones en formato serie. Porque es imposible condensar cientos de p&aacute;gina en una hora y media, pero en una temporada (o dos), las posibilidades mejoran; y nadie se opone a prolongar un entretenimiento.
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        Tampoco se trata de equipararlos tal cual, pues televisi&oacute;n y libros llevan ritmos diferentes. En los &uacute;ltimos, el tiempo juega a su favor; ya que leer es un proceso pausado que, sin perder emoci&oacute;n o intriga, permite un acercamiento m&aacute;s profundo a la trama. Y cuenta con el punto extra de dejar una parte a la libre imaginaci&oacute;n del lector. El cine, por su parte, tiene todo lo dem&aacute;s: m&uacute;sica, iluminaci&oacute;n, efectos especiales, actores&hellip; Ingredientes que, bien combinados, dan mucha m&aacute;s ventaja. Sin embargo, tanto la peque&ntilde;a como la gran pantalla tienden a subestimar al espectador, abusando de las aclaraciones y el posterior regurgitado, que da como resultado un pur&eacute; bastante irreconocible.
    </p><p class="article-text">
        Presuponen que vamos a perdernos y por eso nos llevan de la mano, se&ntilde;alando todos los puntos y retom&aacute;ndolos de nuevo (con explicaciones alternativas), &ldquo;s&oacute;lo por si acaso&rdquo;. En este sentido, los libros suelen ser m&aacute;s generosos. Si no los entiendes, asumen que puedes cerrarlos, pero no van a degradar la experiencia en favor de unos pocos. Y este es el caso de <em>El cuento de la criada</em>, un libro que Margaret Atwood public&oacute; en 1985, y del que Hulu ha querido hacer su versi&oacute;n televisiva.
    </p><h4 class="article-text">La Rep&uacute;blica de Gilead</h4><p class="article-text">
        <strong>La Rep&uacute;blica de Gilead</strong>La serie, inicialmente, ten&iacute;a buena pinta. Estrenada el 26 de abril, cuenta con los productores Warren Littlefield (<em>Fargo</em>) y Bruce Miller (<em>Urgencias</em>, <em>Los 100</em>), y con Reed Morano (<em>Amores asesinos</em>, <em>Dentro del dolor</em>) como directora de los tres primeros episodios. Entre los actores encontramos tambi&eacute;n cara conocidas: Elisabeth Moss (<em>Mad Men</em>), Alexis Bledel (<em>Las chicas Gilmore</em>) o Samira Wiley (<em>Orange is the New Black</em>). Incluso la propia Atwood aparece haciendo un breve cameo en una de las escenas. Y sin embargo, para cualquiera que haya le&iacute;do el libro, ver esta serie supone correr el riesgo de enfrentarse a una mezcla de ira, confusi&oacute;n y decepci&oacute;n superpuestas (solamente con el primer cap&iacute;tulo).
    </p><p class="article-text">
        En el proyecto de Hulu, la trama original ha sido despedazada y vuelta a unir con prisas y barnices extra&ntilde;os. Alterar el orden de algunos de los acontecimientos ser&iacute;a algo comprensible, pero en este caso, el nuevo planteamiento anula todo el misterio que desprende el libro. Porque hay puntos clave que requieren un recorrido, hace falta un contexto para comprender los matices de lo que est&aacute; pasando. O de lo contrario se convierte en una versi&oacute;n bastante libre de la idea de Atwood. Empezando por sus personajes, que son j&oacute;venes y guapos cuando no toca, lo que resta turbiedad a las escenas.
    </p><p class="article-text">
        Las historias que en la novela se van descubriendo a lo largo de cuatrocientas p&aacute;ginas, aparecen condensadas en los primeros 57 minutos de la serie. Destruyendo toda la intriga y negando al espectador cualquier posibilidad de teorizar. Cuando uno de los atractivos del libro es, precisamente, ese <em>querer saber m&aacute;s</em>. Siendo imposible no devorar las p&aacute;ginas para descubrir el origen de la distop&iacute;a. Algo que, por otro lado, da verosimilitud, y consigue uno de los efectos perseguidos por la autora: que no parezca ciencia ficci&oacute;n, sino algo que podr&iacute;a pasar.
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        De esta forma, encontramos un escenario donde Estados Unidos ha pasado a ser una teocracia fan&aacute;tica. Tras asesinar al presidente y disolver las C&aacute;maras, los nuevos l&iacute;deres ir&aacute;n reduciendo progresivamente los derechos de las personas hasta establecer un nuevo sistema de clases. La sociedad que origina este golpe de estado ser&aacute; bautizada como Rep&uacute;blica de Gilead y en ella, se limitar&aacute; el papel de las mujeres, dejando a aquellas que no son esposas de los Comandantes, relegadas a las labores del hogar (las Martas) y la reproducci&oacute;n (las Criadas). Aquellas que por edad o rebeld&iacute;a no encajan en ninguno de estos dos servicios, pasan a ser consideradas No-mujeres y son desterradas, usadas como mano de obra en un entorno contaminado que disminuye su esperanza de vida.
    </p><p class="article-text">
        La historia es narrada por Defred, una de las Criadas que, envuelta en su h&aacute;bito rojo, es sometida a violaciones revestidas de ceremonia. Las mujeres son ahora un medio y carecen de la libertad de decidir, incluso sobre sus propios cuerpos.
    </p><h4 class="article-text">Un nuevo mundo de represi&oacute;n</h4><p class="article-text">
        La autora empez&oacute; a escribir la novela cuando viv&iacute;a en Berl&iacute;n. Era 1984 y todav&iacute;a exist&iacute;a el Muro que divid&iacute;a Alemania. En la introducci&oacute;n del libro, Atwood cuenta como durante sus visitas al otro lado del Tel&oacute;n de Acero experiment&oacute; &ldquo;<em>la cautela, la sensaci&oacute;n de ser objeto de espionaje, los silencios, los cambios de tema, las formas que encontraba la gente para transmitir informaci&oacute;n de manera indirecta</em>&rdquo;. Esa atm&oacute;sfera opresiva y a ratos psic&oacute;tica, donde las intenciones de todos son puestas en duda, es uno de los aspectos que <em>El cuento de la criada</em> retrata. En &eacute;l se percibe la angustia y el anhelo de lo que fue, pero sobre todo, Atwood describe con maestr&iacute;a como el ser humano es capaz de adaptarse y terminar por asumir una realidad injusta.
    </p><p class="article-text">
        Siento que la serie no ha conseguido transmitir esto de un modo tan efectivo como el libro. Pese a contar con recursos para ello, a los creadores les han podido m&aacute;s las prisas que el conseguir la ambientaci&oacute;n adecuada. Obvian el hecho de que estas mujeres apenas puedan tener contacto visual o como hace a&ntilde;os que nadie las toca, cuando es esa mezcla de falta de piel y sensaci&oacute;n de invisibilidad lo que m&aacute;s las da&ntilde;a. &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n me censurar&iacute;a por desear un cuerpo verdadero para rodearlo con mis brazos? Sin &eacute;l tambi&eacute;n yo soy incorp&oacute;rea&rdquo;, se plantea su protagonista. Una necesidad primaria pero vital que se vuelve algo anecd&oacute;tico en la serie, donde la represi&oacute;n parece m&aacute;s un protocolo a elegir que una verdadera imposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s, mientras que el personaje original de Defred cuenta lo sucedido desde su papel de observadora, como una historiadora que fue testigo de los hechos, la Defred televisiva adopta un papel m&aacute;s activo. Su actitud huele a heroicidad desde el minuto uno. No hay m&aacute;s que ver la escena del <em>macaron</em>, un gesto que se limita a transmitir la condescendencia con que las Se&ntilde;oras tratan a las Criadas, y que adquiere en la adaptaci&oacute;n varias licencias impensables. Aqu&iacute; Defred acepta la galleta para luego ir al ba&ntilde;o a escupirla. Va sola, algo totalmente prohibido, y entra en el de las Se&ntilde;oras, como si las restricciones fueran algo arbitrario. Luego se mira al espejo (otro lujo) desafiante, una pista m&aacute;s de su desobediencia.
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        A&uacute;n quedan cap&iacute;tulos por emitir pero se intuye que los creadores han querido darle un giro, fieles a esa man&iacute;a tan americana de autoproclamarse salvadores del mundo. Atwood no necesit&oacute; h&eacute;roes. Su historia la protagoniza una persona normal, que no sobresale ni por su valent&iacute;a, ni por su decisi&oacute;n. Es una voz an&oacute;nima que lidia con la situaci&oacute;n de la mejor forma que puede. A&ntilde;ora a su hija pero no va a buscarla. Elucubra hip&oacute;tesis sobre el paradero de su marido pero admite que, de haberse desarrollado los acontecimientos de otro modo, posiblemente &eacute;l no habr&iacute;a sido el &uacute;ltimo: <em>la persona</em> que mitifican los romances. No hay planes de grandeza en sus d&iacute;as, porque en su austera realidad, el pensamiento tambi&eacute;n est&aacute; racionado. Una lucha que no ser&aacute; revolucionaria, sino m&aacute;s bien una batalla contra el tiempo, con &ldquo;<em>la cantidad de tiempo desocupado, los largos par&eacute;ntesis de nada</em>&rdquo;.
    </p><h4 class="article-text">Capacidad de adaptaci&oacute;n</h4><p class="article-text">
        Otro de los puntos que la novela trata, y en la serie pasan de puntillas, es la certeza de que hasta el horror m&aacute;s terrible puede volverse cotidiano. Esto no quiere decir que los personajes no sufran, lo hacen, pero la resiliencia (esa capacidad humana de sobreponerse a la adversidad) termina por revertir de normalidad lo an&oacute;malo. <em>El cerebro es un afanoso constructor de certidumbres</em>, que dir&iacute;a Rosa Montero. Un mecanismo de supervivencia que ha sido parte de nuestro &eacute;xito como especie y, al mismo tiempo, un augurio de sumisi&oacute;n masiva.
    </p><p class="article-text">
        La historia de la humanidad est&aacute; repleta de casos que prueban nuestra adaptaci&oacute;n a lo impensable, desde guerras a gobiernos tir&aacute;nicos; pero lo llamativo de la versi&oacute;n de Atwood, es que la historia transcurre en un tiempo y en un lugar reconocible por todos, lo que subraya ese <em>podr&iacute;a pasar</em> que la escritora no pierde de vista: &ldquo;<em>Como nac&iacute; en 1939 y mi conciencia se form&oacute; durante la Segunda Guerra Mundial, sab&iacute;a que el orden establecido puede desvanecerse de la noche a la ma&ntilde;ana. Los cambios pueden ser r&aacute;pidos como el rayo</em>&rdquo;, explica. &ldquo;<em>No se pod&iacute;a confiar en la frase: &laquo;Esto aqu&iacute; no puede pasar&raquo;. En determinadas circunstancias, puede pasar cualquier cosa en cualquier lugar</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, la autora describe como acontece esa negaci&oacute;n consensuada, basada en la fe ciega de creernos intocables: &ldquo;<em>Las noticias de los peri&oacute;dicos nos parec&iacute;an sue&ntilde;os o pesadillas so&ntilde;adas por otros</em>&rdquo;, cuenta Defred en la novela. &ldquo;<em>Qu&eacute; horrible, dec&iacute;amos, y lo era, pero sin ser veros&iacute;mil. Sonaban excesivamente melodram&aacute;ticas, ten&iacute;an una dimensi&oacute;n que no era la de nuestras vidas. &Eacute;ramos las personas que no sal&iacute;an en los peri&oacute;dicos. Viv&iacute;amos en los espacios en blanco, en los m&aacute;rgenes de cada n&uacute;mero</em>&rdquo;. Y esa desvinculaci&oacute;n propiciar&aacute; que la nueva realidad se abra paso.
    </p><p class="article-text">
        Lo que convierte esta obra en algo tan actual, pese a ser una historia de ficci&oacute;n, es que no cuenta nada que no haya ocurrido antes. &ldquo;<em>El cuento de la criada se nutri&oacute; de muchas facetas distintas</em>&rdquo;, explica la escritora. &ldquo;<em>Ejecuciones grupales, leyes suntuarias, quema de libros, el programa Lebensborn de la SS y el robo de ni&ntilde;os en Argentina por parte de los generales, la historia de la esclavitud, la historia de la poligamia en Estados Unidos&hellip; La lista es larga</em>&rdquo;. Momentos devastadores pero reales, recopilados en el mismo plano temporal. Por eso, en estos d&iacute;as donde los nacionalismos se disfrazan de soluci&oacute;n y vence la desconfianza con los movimientos de Trump o el Brexit; donde el cuerpo de la mujer sigue siendo objeto de debate a causa del aborto o los vientres de alquiler; y donde el estado del bienestar se difumina a golpe de privatizaci&oacute;n y recortes, es importante volver a <em>El cuento de la criada</em>. Tal vez la serie de un vuelco subversivo a sus protagonistas, pero la novela de Atwood, aunque no tiene la intenci&oacute;n de ser prof&eacute;tica, lanza una advertencia mucho m&aacute;s real. Ninguno querr&iacute;amos que algo as&iacute; pasase y confiamos en ese pensamiento, pero se trata de una creencia envuelta en deseo. La misma que otros muchos antes que nosotros, tuvieron y para los que reaccionar, lleg&oacute; demasiado tarde.
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      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/el-cuento-de-la-criada-the-handmaid-s-tale-serie-television-margaret-atwood-elisabeth-moss-literatura-adaptacion_1_3322648.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Jun 2017 15:20:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El cuento de la criada: libro vs serie]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Críticas de series,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antártida: observador a bordo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/antartida-observador-bordo_1_3383749.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/874243ac-c5b1-4a3f-90dc-f8e6350fca71_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Amanecer en la Antártida."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Juan Manuel Martínez Carmona y Juan Agulló García son dos biólogos que se embarcaron en el ‘Tronio’, un buque que recorre el Océano Antártico pescando róbalo</p><p class="subtitle">Actualmente, a los científicos no les queda geografía por descubrir pero emprenden una labor igual de importante: conservar el planeta</p><p class="subtitle">En travesías tan largas, de 4 ó 5 meses sin tocar tierra y en un mar dominado por el hielo, cualquier pequeño accidente se magnifica: un corte o un dolor de muelas, son incidentes que en altamar se agravan</p></div><p class="article-text">
        Charles Darwin s&oacute;lo ten&iacute;a 22 a&ntilde;os cuando embarc&oacute;, en diciembre de 1831, en el <em>Beagle</em>. El viaje durar&iacute;a pr&aacute;cticamente cinco a&ntilde;os y recorrer&iacute;a el Atl&aacute;ntico (pasando por Tenerife, por cierto, pero sin posibilidad de bajarse por la cuarentena de c&oacute;lera) hasta alcanzar Sudam&eacute;rica. Se detendr&iacute;a en Brasil, Chile y Gal&aacute;pagos, para terminar cruzando el Pac&iacute;fico y llegar a lugares como Australia o Nueva Zelanda. La envidia de cualquier trotamundos. Y como todo viaje de importancia, tuvo la capacidad de transformar al viajero. En el caso de Darwin, no s&oacute;lo ser&iacute;a una transformaci&oacute;n en lo personal, sino que marcar&iacute;a un antes y un despu&eacute;s para la humanidad. De sus observaciones a bordo del <em>Beagle</em> nacer&iacute;a <em>El origen de las especies</em>, donde aparece por primera vez la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n. Con ella, el hombre se desprende de su origen divino, interconect&aacute;ndose con el resto de animales que habitan la Tierra. No era cuesti&oacute;n de pedestales o dioses creativos, sino de selecci&oacute;n natural.
    </p><p class="article-text">
        Actualmente, a los cient&iacute;ficos no les queda geograf&iacute;a por descubrir pero emprenden una labor igual de importante: conservar el planeta. As&iacute;, los investigadores modernos se embarcan en largas traves&iacute;as, donde recogen datos que convertir&aacute;n la actividad humana en sostenible. Ofreciendo la posibilidad de aprovechar los recursos del planeta sin necesidad de explotarlos, pues m&aacute;s que nunca se tiene en cuenta la importancia de la interdependencia ecol&oacute;gica. Algo que ya empezaba a vislumbrar Darwin y que hoy en d&iacute;a es una realidad.
    </p><p class="article-text">
        Mart&iacute;nez Carmona y Juan Agull&oacute; Garc&iacute;a. Ambos son bi&oacute;logos y han compartido traves&iacute;a en el <em>Tronio</em>, un barco de 55 metros de eslora que recorre el oc&eacute;ano Ant&aacute;rtico pescando r&oacute;balo, un pez que puede alcanzar los 2 metros de largo y superar los 110 kilos. En este buque, los bi&oacute;logos ejercen la funci&oacute;n de observadores cient&iacute;ficos, profesi&oacute;n que empieza a imponerse en los distintos barcos de pesca, dado el &eacute;xito que reporta.
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         Junto a una tripulaci&oacute;n que congrega a gente de todos los continentes y razas (chilenos, portugueses, indonesios, namibios&hellip;), el investigador se integra como parte del equipo para recoger informaci&oacute;n sobre las capturas, extraer muestras y tomar nota de los avistamientos (cet&aacute;ceos, focas y otras especies). Si hay suerte, hasta puede descubrir alg&uacute;n esp&eacute;cimen nuevo, como el <em>pogonophryne tronio</em>, bautizado as&iacute; en honor al barco. Pero sobre todo, su misi&oacute;n es controlar que se cumplan las normativas. Aunque Juan Manuel prefiere ver su trabajo como una labor de concienciaci&oacute;n, m&aacute;s que policial. &ldquo;<em>No hay que exigir, sino negociar con ellos, razonar</em>&rdquo;, explica. &ldquo;<em>Para que sean capaces de ver los beneficios y ganen conciencia. Porque lo importante es que sean conservacionistas por ellos mismos, no s&oacute;lo cuando estemos nosotros en el barco</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sensibilizar a los pescadores es el objetivo prioritario y la Ant&aacute;rtida es el escenario perfecto parar probar este modelo piloto. Un lugar que alberga los mayores recursos marinos del planeta necesita, irremplazablemente, una gesti&oacute;n sostenible. &Uacute;nicamente en la Ant&aacute;rtida se aplica un control tan estricto, el cual se inicia limitando el n&uacute;mero de licencias de pesca. En 2017, s&oacute;lo 18 barcos tuvieron acceso a la zona, incluyendo en su tripulaci&oacute;n a dos bi&oacute;logos de distinta nacionalidad. &ldquo;<em>Es una forma de tener las 24 horas cubiertas y que no se te escape nada</em>&rdquo;, aclara Juan Manuel, &ldquo;<em>En el Tronio, por ejemplo, &iacute;bamos un bi&oacute;logo espa&ntilde;ol y otro ucraniano</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los cient&iacute;ficos supervisan que los buques cumplan toda la normativa, desde el uso de pajareras (unas l&iacute;neas con dispositivos que evitan que las aves marinas queden enganchadas en los anzuelos) hasta el reciclaje y control de residuos (est&aacute; prohibido tirar nada al mar). Adem&aacute;s del marcaje de peces y la recogida de datos sobre el peso, la edad o el crecimiento, que permiten conocer el estado del caladero.
    </p><p class="article-text">
        El <em>Tronio</em> realiza una pesca manual que, a diferencia de la alternativa autom&aacute;tica, es m&aacute;s respetuosa con el medio porque es selectiva. Con esto se consigue no sobrepasar el l&iacute;mite de las especies que se pescan de manera accidental, como los corales, estrellas y esponjas; o las aves, limitadas a tres por zona. Antes de que se incluyeran normas de disuasi&oacute;n como el uso de pajareras, hab&iacute;a mucha mortandad de albatros y pardelas. &ldquo;<em>Pero hace 15 a&ntilde;os que ning&uacute;n ave marina queda atrapada en este tipo de anzuelos</em>&rdquo; advierte Juan Manuel. Ya que no s&oacute;lo se trata de conservar la especie que se pesca, sino de conservar todo el ecosistema.
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        Gracias a esta iniciativa se ha recuperado mucha fauna y los bi&oacute;logos creen que es un modelo extrapolable al resto de oc&eacute;anos. De momento, en Espa&ntilde;a las grandes pesquer&iacute;as empiezan a estar m&aacute;s reguladas y ya es obligatorio que todos los atuneros lleven sus propios observadores.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un beneficio global</strong>
    </p><p class="article-text">
        En cuanto se indaga un poco en la llamada &ldquo;pesca sostenible&rdquo;, es inevitable preguntarse por los conflictos y tensiones que este tipo de mediaci&oacute;n genera. &ldquo;<em>Hay que tener mano izquierda</em>&rdquo;, responde Juan. &ldquo;<em>Yo estudi&eacute; biolog&iacute;a y acab&eacute; de psic&oacute;logo</em>&rdquo;, bromea. &ldquo;<em>Est&aacute;s en medio de todo: entre lo que te pide el Oceanogr&aacute;fico, que ser&iacute;a la parte cient&iacute;fica; la normativa que hay que cumplir por parte de la Comisi&oacute;n; y los intereses del barco, que son econ&oacute;micos fundamentalmente. A veces hay conflictos pero generalmente se resuelven bien</em>&rdquo;. Hay un inter&eacute;s mutuo, pues los barcos no quieren un informe negativo que les haga perder la licencia.
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         &ldquo;<em>Era m&aacute;s complicado al principio, cuando abundaban los barcos piratas</em>&rdquo;, comentan. Entonces se daba la contradicci&oacute;n de que unos cumpl&iacute;an las normas mientras otros saqueaban el mar. Produc&iacute;a mucha impotencia y los marinos ve&iacute;an injusto que los organismos internacionales no aplicasen medidas contundentes para vetar a los ilegales. Por suerte, este &uacute;ltimo a&ntilde;o no hubo ni rastro de los piratas. Los activistas consiguieron lo que, como bien expres&oacute; Juan Manuel, &ldquo;<em>deber&iacute;an hacer los Gobiernos</em>&rdquo;. &ldquo;<em>Este a&ntilde;o cogieron miedo por la persecuci&oacute;n y por el trabajo de la polic&iacute;a desarticulando la mafia gallega</em>&rdquo;, explica Juan. Refiri&eacute;ndose a la persecuci&oacute;n que los <em>Sea Shepherd</em>, una organizaci&oacute;n ecologista, mantuvo contra el <em>Thunder</em>, un barco pirata. Este tipo de embarcaciones carecen de permisos y cambian continuamente de nombre y bandera para dificultar su identificaci&oacute;n. Adem&aacute;s, utilizan redes que resultan mort&iacute;feras y que quedan abandonadas a su suerte en el mar, convirti&eacute;ndose en cementerios flotantes que atrapan todo tipo de animales.
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         Tras 110 d&iacute;as a la fuga desde la Ant&aacute;rtida, la huida termin&oacute; con el hundimiento del <em>Thunder</em> en aguas sudafricanas. Un naufragio sospechoso pues, al parecer, las escotillas estaban abiertas, algo nada com&uacute;n si se quiere garantizar la flotabilidad del barco. Los ecologistas creen que el hundimiento fue intencionado para destruir posibles pruebas, pero lo positivo es que ha servido para disuadir a los asaltantes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Se puede explotar el recurso y conservar el medio</em>&rdquo;, explica Juan que, cada vez m&aacute;s, encuentra a capitanes concienciados que no intentan el menor regateo. &ldquo;<em>Estamos en el cambio de chip</em>. Antes era <em>vamos a coger todo lo que pueda y a cogerlo ya</em> y ahora es m&aacute;s un <em>vamos a coger lo que pueda mantenerse y que haya un equilibrio</em>&rdquo;. Cada d&iacute;a, crece la cooperaci&oacute;n entre bi&oacute;logos y marinos, as&iacute; como la colaboraci&oacute;n de las Administraciones y los empresarios.
    </p><p class="article-text">
        Se ha demostrado que cumplir la normativa, a la larga, ofrece una pesca de mayor calidad. Pues un caladero bien gestionado es beneficioso para todos: para la especie, que se estabiliza gracias a las cuotas; para el ecosistema, que ve minimizado su impacto; y para los pescadores, que ganan much&iacute;simo dinero. Por &uacute;ltimo, se garantiza la pesca a largo plazo, en lugar de agotar los recursos en unos pocos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>En la Ant&aacute;rtida est&aacute;n bastante concienciados</em>&rdquo;, matiza Juan. &ldquo;<em>En otros mares y en otras pesquer&iacute;as a m&iacute; me han intentado comprar. En plan: te doy mil d&oacute;lares si miras para otro lado. Y yo siempre digo lo mismo: Te voy a hacer un c&aacute;lculo de lo que me tienes que pagar. Este es el tiempo que me queda para jubilarme, pues tantos meses multiplicados&hellip;. Y les digo una burrada de dinero. Porque si yo hago mal mi trabajo, no vuelvo a embarcar</em>&rdquo;.
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        Hay que tener presente que este tipo de pesca, junto al at&uacute;n rojo, es la m&aacute;s lucrativa. Un barco puede ganar 7 millones de euros en 4 meses, no por nada al r&oacute;balo se lo conoce como &ldquo;oro blanco&rdquo;. &Eacute;ste se comercializa en Estados Unidos y Jap&oacute;n, donde llegan a pagar 20 euros el kilo. Un manjar caro que, al tratarse de pesca sostenible, le da un valor a&ntilde;adido. &ldquo;<em>Es un sello de calidad&rsquo;&rdquo;, a&ntilde;ade Juan Manuel. &ldquo;Una rodaja en un restaurante puede costar 40 &oacute; 50 euros. Es un mercado muy elitista</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al ser una pesca tan rentable, prevalece el cumplimiento de las normas y, al mismo tiempo, al haber limitaci&oacute;n de licencias, se convierte en una pesca exclusiva, lo que encarece el precio de venta. Una restricci&oacute;n que se fundamenta en el tiempo de crecimiento del r&oacute;balo, que tiene un metabolismo lento. Tarda 10 a&ntilde;os en alcanzar su madurez sexual o, lo que es lo mismo, en poder reproducirse. Por lo que un pescado de 60 kilos puede tener 50 a&ntilde;os o m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los 40 rugientes y 50 tronantes</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las latitudes donde navega el <em>Tronio</em> son peligrosas. &ldquo;<em>Cada dos d&iacute;as tienes un frente borrascoso e intentas sortearlo</em>&rdquo;, explica Juan Manuel. Las condiciones clim&aacute;ticas a las que se enfrenta la tripulaci&oacute;n rozan lo temerario, llegando a poner en riesgo sus propias vidas. Especialmente cuando se acercan a zonas que los marinos han bautizado como <em>Los 40 rugientes y 50 tronantes</em>, en relaci&oacute;n a los fuertes vientos y grandes olas que azotan a los barcos. Ocurre cuando se adentran entre los 40&deg; y 60&deg; de latitud austral, donde los aullidos se vuelven atronadores y no escasean los accidentes.
    </p><p class="article-text">
        No olvidemos que el Oc&eacute;ano Ant&aacute;rtico es el &uacute;nico que da la vuelta completa al globo sin verse interrumpido por ning&uacute;n continente, conectando el Oc&eacute;ano Indico con el Pac&iacute;fico Sur y el Oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico. Al no existir masas de tierra que lo interrumpan, la velocidad no disminuye y los vientos no se debilitan. De ah&iacute; que las condiciones clim&aacute;ticas sean tan adversas.
    </p><p class="article-text">
        Pero no es s&oacute;lo el clima lo que juega en su contra. En traves&iacute;as tan largas, de 4 &oacute; 5 meses sin tocar tierra y en un mar dominado por el hielo, cualquier peque&ntilde;o accidente se magnifica: un corte o un dolor de muelas son incidentes que en altamar se agravan. Es cierto que el capit&aacute;n y los oficiales tienen conocimientos sanitarios pero no cuentan con un m&eacute;dico a bordo. &ldquo;<em>Si te da una apendicitis puedes acabar mal, porque a lo mejor est&aacute;s a una semana del pr&oacute;ximo puerto</em>&rdquo;, comenta Juan Manuel. Est&aacute;n tan aislados que ni siquiera un rescate a&eacute;reo ser&iacute;a posible. &ldquo;<em>Los helic&oacute;pteros tienen un l&iacute;mite de 200 millas y los barcos est&aacute;n a unas 500, y rodeados de hielo, por lo que no pueden navegar a marcha libre</em>&rdquo;, explica Juan.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, los barcos cada vez se arriesgan m&aacute;s. Influidos por el llamado &ldquo;sistema ol&iacute;mpico de pesca&rdquo;, en el que se fija una cuota global para la totalidad de los barcos, de modo que todos compiten entre ellos, luchando por llegar los primeros o encontrar el mejor caladero. Incendios y hundimientos nunca est&aacute;n descartados. &ldquo;<em>El Tronio tiene la mejor clasificaci&oacute;n. Es el mejor barco europeo en su categor&iacute;a y aun as&iacute; llega con muchos golpes</em>&rdquo;, analiza Juan Manuel quien, una noche, se cay&oacute; de la cama tras sentir un choque. &iquest;La causa? Un iceberg: &ldquo;<em>Me asom&eacute; y vi el enorme bloque de hielo que hab&iacute;a quedado con la silueta del barco dibujada</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para llegar al mar de Ross, el barco tiene que cruzar 400 kil&oacute;metros de hielo, atravesando t&eacute;mpanos y placas. Para ello utilizan la informaci&oacute;n de sat&eacute;lite. &ldquo;<em>Hay que saber leer los datos pero tambi&eacute;n necesitas un poco de suerte</em>&rdquo;, matiza Juan Manuel. De hecho, la pesca ant&aacute;rtica ser&iacute;a imposible sin tecnolog&iacute;a: radares, sat&eacute;lites y mejoras de construcci&oacute;n. El bi&oacute;logo nos recuerda que la primera expedici&oacute;n en alcanzar el Polo Sur fue en 1911, &ldquo;<em>menos de sesenta a&ntilde;os de diferencia con la llegada del hombre a la Luna</em>&rdquo;.
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        Este a&ntilde;o, en cambio, hubo poco hielo y se pudo acceder a caladeros que antes eran inaccesibles. &ldquo;<em>No se sabe si fue una cosa puntual o no, pero fue bastante at&iacute;pico, con temperaturas altas de 10 y 12 grados</em>&rdquo;, reflexiona Juan Manuel. Una consecuencia buena para la pesca pero no tanto para el planeta. El tipo de pruebas que evidencian la urgencia de iniciar planes de sostenibilidad en todas las industrias y a nivel global.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Convivencia a bordo</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>No todo el mundo vale</em>&rdquo;, comenta Juan. &ldquo;<em>Es duro, sobre todo psicol&oacute;gicamente. Est&aacute;s fuera de casa, con gente que no conoces y conviviendo. No todos aguantan. De la quinta nuestra, y que se hayan mantenido, s&oacute;lo quedamos tres</em>&rdquo;. Resulta evidente que es un trabajo que requiere una personalidad especial, capaz de reponerse y, sobre todo, de encontrar el reverso positivo a las cosas. No s&eacute; si es el barco el que transforma o son ese tipo de personas las que se sienten atra&iacute;das por &eacute;l, pero durante la charla, tanto Juan Manuel como Juan, transmiten serenidad y demuestran una gran generosidad. Les gusta su profesi&oacute;n y quieren compartir la experiencia para que se conozca el valor del proyecto. Conservan el idealismo que no se queda en mera pose, sino que act&uacute;a acorde a sus valores. Quieren hacer del mundo un lugar mejor y est&aacute;n contribuyendo a ello.
    </p><p class="article-text">
        Ambos defienden que la convivencia en el <em>Tronio</em> suele ser buena. &ldquo;<em>Las personas cuanto peor estamos, mejores somos</em>&rdquo;, afirma Juan Manuel. Explican que se tiende a adoptar una actitud constructiva. &ldquo;<em>Difiere del trabajo en tierra en que, en el barco, cualquier pieza es fundamental</em>&rdquo;, explica Juan. &ldquo;<em>Cada puesto depende del otro y se notan m&aacute;s las deficiencias. Todo va muy medido. Y unos a otros se controlan durante las maniobras. Profesionalmente se cumple, pero luego hay ri&ntilde;as personales como en todas partes</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sobre la presencia de mujeres a bordo, sigue habiendo pocas que se embarquen en trayectos tan largos. &ldquo;<em>Y eso que a las mujeres las miman mucho</em>&rdquo;, comenta Juan. &ldquo;<em>Cuando est&aacute;n ellas, cambian hasta los marineros; que de pronto se duchan y se peinan</em>&rdquo;, bromea. &Eacute;stos tienden a echarles una mano, sobre todo a la hora de cargar peso, y ninguno recuerda situaciones de acoso o altercado similar. Al contrario, apuestan a que con el tiempo aumentar&aacute; el n&uacute;mero de observadoras.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>A los tres meses hay una barrera psicol&oacute;gica</em>&rdquo;, explica Juan. &ldquo;<em>Pero si te gusta la lectura&hellip;</em>&rdquo;, responde Juan Manuel. &ldquo;<em>Cierto, yo me he le&iacute;do hasta veinte libros por campa&ntilde;a</em>&rdquo;. Gracias a las nuevas tecnolog&iacute;as pueden llevar una biblioteca en la maleta sin ocupar espacio, sin embargo, admiten que una parte social se ha perdido como consecuencia de esto mismo. &ldquo;<em>Antes ve&iacute;amos pel&iacute;culas juntos despu&eacute;s de cenar</em>&rdquo;, rememora Juan. &ldquo;<em>Se hablaba, se jugaba a la cartas&hellip; Ahora como todos tienen ordenador, se meten en su camarote con el port&aacute;til</em>&rdquo;.
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        Pese a estos cambios, el viaje en el <em>Tronio</em> supone un reinicio vital. &ldquo;<em>Vuelves con m&aacute;s tolerancia y tranquilidad</em>&rdquo;, dice Juan Manuel, que lo que m&aacute;s valora de la experiencia es la autonom&iacute;a, &ldquo;<em>el trabajar para ti</em>&rdquo;. Estar cuatro meses embarcado, lejos de resultar agobiante, le produce el efecto contrario: &ldquo;<em>Yo disfruto con un iceberg. Si eres capaz de ver belleza en un amanecer, en el hielo&hellip; hasta en el mar cuando est&aacute; mal. Hay un mont&oacute;n de momentos que te llenan. Me agobiar&iacute;a m&aacute;s estar encerrado en una oficina de ocho a tres. Me comer&iacute;an los nervios</em>&rdquo;. Juan resalta que &ldquo;<em>al embarcarte descubres tus propios l&iacute;mites y consigues sorprenderte a ti mismo</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y es que al final, engancha. &ldquo;<em>Ahora que llevo un a&ntilde;o sin embarcar, empiezo a tener el mono</em>&rdquo;, admite Juan. &ldquo;<em>Se ve la vida distinta. Cuando vuelves y observas la sociedad, te das cuenta de que est&aacute; metida en otra din&aacute;mica. Porque estando all&iacute;, parece que est&aacute;s fuera del planeta pero resulta que est&aacute;s m&aacute;s conectado con la realidad</em>&rdquo;. Es, en definitiva, un acto que te cambia las escalas y te da una nueva perspectiva. Aunque vuelvas a habituarte y a perderte en las rutinas, siempre queda ese recuerdo que, de vez en cuando, se activa y te alerta: hay algo m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Parece que sus impresiones, a pesar del tiempo, no difieren de las del propio Darwin, quien en 1839 escribi&oacute;: &laquo;<em>Ejercitan estos viajes la paciencia, borran todo rastro de ego&iacute;smo, ense&ntilde;an a elegir por uno mismo y a acomodarse a todo; en una palabra, dan las cualidades que distinguen a los marinos. Tambi&eacute;n ense&ntilde;an los viajes un poco a desconfiar, pero permiten descubrir que hay en el mundo muchas personas de coraz&oacute;n excelente, dispuestas siempre a serviros aun cuando no se las haya visto jam&aacute;s ni deban volverse a encontrar nunca</em>&raquo;.
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      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/antartida-observador-bordo_1_3383749.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 May 2017 12:00:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Antártida]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Por 13 razones']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/razones_1_3424473.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1b3082a4-172f-428a-85aa-fca4725d854c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Cartel promocional de la serie &#039;Por 13 razones&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La nueva serie de Netflix es una inquietante historia que muestra los devastadores efectos del sexismo y el acoso escolar en los adolescentes. La serie se inicia con el suicidio de Hannah Baker, una adolescente que deja grabado en varias cintas de casete, los motivos que la llevaron a tomar tan trágica decisión</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &ldquo;Hola, soy Hannah. Hannah Baker. Ponte c&oacute;modo, porque estoy a punto de contarte la historia de mi vida. Espec&iacute;ficamente, por qu&eacute; mi vida acab&oacute;. Y si est&aacute;s escuchando esta grabaci&oacute;n, eres una de la razones&rdquo;. Es la escalofriante advertencia de una chica muerta, y la protagonista de <em>Por 13 razones</em>.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje aparece grabado en una cinta de casete y es Clay Jensen quien lo escucha. &Eacute;l, como la mayor&iacute;a de compa&ntilde;eros de Hannah, se pregunta por qu&eacute; una chica como ella querr&iacute;a suicidarse. Un enigma que suele quedar sin respuesta, pero no en este caso. Hannah ha dejado instrucciones y una narraci&oacute;n que explica, a lo largo de trece cintas, sus motivos. Cada historia tiene un protagonista: otros chicos de su clase, que ya han escuchado la grabaci&oacute;n y cuyos secretos ir&aacute;n saliendo a la luz. Pero ahora es el turno de Clay, quien recorrer&aacute; la ciudad guiado por la voz de Hannah, hasta descubrir su propia implicaci&oacute;n en la muerte.
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        Con este planteamiento arranca <em>Por 13 razones</em> que, en poco tiempo, se ha convertido en el producto estrella de Netflix, llegando a registrar m&aacute;s de 3,5 millones de tuits la semana de su estreno. Los motivos de su repercusi&oacute;n empiezan por el apadrinamiento de Selena Gomez, productora ejecutiva de la serie. La actriz y cantante es la reina indiscutible de las redes sociales, solo su cuenta de Instagram congrega 117 millones de seguidores. Un v&iacute;deo en su perfil bast&oacute; para iniciar el estallido medi&aacute;tico. Pero no ha sido este v&iacute;nculo el &uacute;nico responsable de su vertiginosa fama.
    </p><p class="article-text">
        La serie es capaz de mantener el inter&eacute;s por s&iacute; misma, dejando al espectador en vilo y con ganas de m&aacute;s tras cada episodio. Descubrir los misterios del Liberty High se ha vuelto adictivo. Un instituto donde los primeros besos se entremezclan con los rumores y las fiestas con el deseo de encajar. Sensaciones identificables pero actualizadas por internet y las nuevas tecnolog&iacute;as, donde las redes sociales demostrar&aacute;n ser un arma de doble filo: con capacidad de acercar y condenar al mismo tiempo.
    </p><h4 class="article-text">El origen fue un 'best seller'</h4><p class="article-text">
        <em>Por 13 razones</em> es la adaptaci&oacute;n de un libro de Jay Asher, que alcanzar&iacute;a el primer puesto en las listas de ventas del <em>The New York Times</em> de 2007. El &eacute;xito pillar&iacute;a al autor por sorpresa. Su aspiraci&oacute;n en aquel momento era que la historia pudiese llegar a una sola persona, que alguien le dijese que aquel era su libro favorito, pero jam&aacute;s pens&oacute; en conseguir un p&uacute;blico tan amplio.
    </p><p class="article-text">
        La idea de las cintas se le ocurrir&iacute;a despu&eacute;s de visitar una exposici&oacute;n en las Vegas sobre la tumba de King Tut. El recorrido inclu&iacute;a un audio-tour que guiaba al visitante a trav&eacute;s de la muestra y a Asher le pareci&oacute; un modo interesante de estructurar una novela. Aquello quedar&iacute;a en un mero apunte, una idea en la que trabajar en el futuro y pasar&iacute;an varios a&ntilde;os hasta volviese a retomarla. Ser&iacute;a a ra&iacute;z de sufrir el suicidio de un pariente cercano &minus;alguien de la misma edad de Hannah&minus; cuando volver&iacute;a a ella. Aquel suceso repentino e inesperado para todos, dejar&iacute;a un gran impacto en el escritor. &ldquo;Entonces tuve la estructura y el tema&rdquo;, explicar&iacute;a en una entrevista para <em>Teen Vogue</em>.
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        &ldquo;Ocurri&oacute; un d&iacute;a mientras iba conduciendo. Inmediatamente sent&iacute; que &eacute;sa era la mejor manera de contar una historia as&iacute;. De esta forma tienes su perspectiva, sus palabras, pero tambi&eacute;n el punto de vista de alguien que la conoci&oacute;&rdquo;. Y la f&oacute;rmula funcion&oacute;. Pero para Asher, el &eacute;xito de esta obra esconde una cara amarga: &ldquo;No creo que el libro se hubiera vendido tanto si estos temas no siguiesen siendo tab&uacute;&rdquo;. Arrojar algo de luz en un asunto que est&aacute; lejos de ser anecd&oacute;tico es uno de los prop&oacute;sitos de <em>Por 13 razones</em>.
    </p><p class="article-text">
        En Estados Unidos, la tasa de suicidios ha subido un 24% mientras que en Espa&ntilde;a es ya la primera causa de muerte no natural (antes lo eran los accidentes de tr&aacute;fico): unas 4.000 personas se quitan la vida cada a&ntilde;o. Cifras que se ocultan por el temido &ldquo;efecto contagio&rdquo;, aunque realmente no existen evidencias cient&iacute;ficas de que ocurra. Por el contrario, expertos en salud mental creen que hablar de ello en p&uacute;blico, podr&iacute;a ayudar a prevenir el fen&oacute;meno. Conocer como otros lo han superado, da esperanzas y ense&ntilde;a que se trata de una soluci&oacute;n definitiva para un problema temporal.
    </p><h4 class="article-text">Acoso escolar y en la red</h4><p class="article-text">
        De entre los miles de lectores que quedaron atrapados por el libro, estuvo Selena Gomez. En aquel momento, la actriz ten&iacute;a 16 a&ntilde;os y protagonizaba la serie de Disney <em>Los magos de Waverly Place</em>. Tras leerla, se sinti&oacute; tan identificada que plane&oacute; convertirla en pel&iacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        Selena ha vivido episodios de ansiedad, ataques de p&aacute;nico y depresi&oacute;n. Los cuales resultaron ser efectos secundarios del lupus, una enfermedad autoinmune que le fue diagnosticada en 2015. Pero tambi&eacute;n conoce de primera mano las cr&iacute;ticas voraces que los medios crean y que el anonimato de la red perpet&uacute;a. Una persecuci&oacute;n que, en su caso, estuvo centrada en el f&iacute;sico, un aumento de peso que ser&iacute;a criticado sin piedad. Las mujeres suelen ser el blanco de este tipo de juicios y &eacute;se es uno de los aspectos que la serie ha querido retratar: la cotidianidad del sexismo. Como se mantienen criterios distintos a la hora de valorar a hombres y mujeres, especialmente en cuestiones de sexualidad. Siendo la promiscuidad una medalla en su versi&oacute;n masculina y un motivo por el que avergonzarse entre las chicas.
    </p><p class="article-text">
        <em>Por 13 razones</em> muestra como este tipo de ataques son percibidos por los j&oacute;venes como algo inocuo, un comportamiento normal, pese a los riesgos que conlleva. Quien lo sufre, queda marcado, y con los m&oacute;viles, las burlas sobrepasan los l&iacute;mites del horario escolar. El ciberbullying o ciberacoso convierten la ya de por s&iacute; dolorosa experiencia en un procedimiento extenuante y sin posibilidad de olvido. Pues internet magnifica los efectos de la persecuci&oacute;n e intensifica la sensaci&oacute;n de que no hay salida.
    </p><p class="article-text">
        Una llamada de atenci&oacute;n a los que reproducen estos comportamientos pero tambi&eacute;n a los que los secundan, convirti&eacute;ndose en c&oacute;mplices. La serie aspira con ello a reducir la toxicidad de las escuelas. Sus escenas son un ejercicio de empat&iacute;a, un modo de experimentar las sensaciones de quien sufre el acoso. El mensaje es claro: un peque&ntilde;o gesto amable podr&iacute;a ser capaz de salvar a alguien.
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                </figure><h4 class="article-text">El suicidio adolescente</h4><p class="article-text">
        Desde el minuto uno sabemos que Hannah ha muerto pero los creadores no se limitan a mencionarlo y pasar de puntillas sobre el tema; por el contrario, incluyen una escena totalmente expl&iacute;cita del suicidio. Algo que, en una ciudad de vallas blancas donde los chicos van a clase en bici y cenan junto a unos padres que se preocupan, cuesta asumir. Pero ocurre y <em>Por 13 razones</em> lo muestra en toda su crudeza.
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        Es el instante m&aacute;s pol&eacute;mico de la serie, un suicidio que ha recibido un aluvi&oacute;n de cr&iacute;ticas. Brian Yorkey, encargado de adaptar el libro, argument&oacute; que aquella fue una decisi&oacute;n deliberada: &ldquo;Hemos trabajado muy duro para no ser gratuitos, pero quer&iacute;amos que fuera doloroso de ver&rdquo;, expuso en el documental <em>M&aacute;s all&aacute; de las razones</em>. &ldquo;Quer&iacute;amos dejar muy claro que no hay nada, de ninguna manera, que valga la pena en el suicidio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El autor, Jay Asher, describe <em>Por 13 razones</em> como un cuento de advertencia. No tanto del tipo &ldquo;esto es lo que te suceder&aacute;&rdquo;, sino como una manera de se&ntilde;alar que &ldquo;esto sucede&rdquo;. &ldquo;Es por eso que tenemos que hablar de ello&rdquo;, explica. &ldquo;Muestra los peligros de barrerlo bajo la alfombra o de no tratarlo tan seriamente como deber&iacute;amos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Generar un debate, en definitiva, que pueda traer consigo cambios a nivel social y tambi&eacute;n institucional. Porque el suicidio no solo afecta a quien lo lleva a cabo, sino que deja una estela de afectados: familiares y amigos que se preguntan si pod&iacute;an haber hecho algo m&aacute;s. Una culpabilidad que agrava el duelo y que empeora con el estigma social que se crea, derivado de la verg&uuml;enza y el juicio ajeno. De ah&iacute; que Selena Gomez se muestre tajante: &ldquo;Quer&iacute;amos hacer esto de manera honesta y que sirva para ayudar a la gente, porque el suicidio nunca deber&iacute;a ser una opci&oacute;n&rdquo;.
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      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/razones_1_3424473.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 May 2017 17:24:30 +0000]]></pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[Hans Christian Andersen: cuento de desamor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/hans-christian-andersen-cuento-desamor_1_3474237.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/60085312-5675-4065-bc3a-49c21e5cfa63_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Escultura de Andersen en Rosenborg Garden, Copenhagen. (DP)."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El relato se aleja de la versión azucarada que Disney llevó a los cines: ‘La Sirenita’ fue concebida como el desahogo de un corazón roto. Sus cuentos serían el refugio de sus penas, un salvoconducto para la posteridad que no le ayudaría a experimentar aquello que tanto anhelaba: un amor correspondido</p><p class="subtitle">De su romance frustrado con un joven aristócrata, Edvard Collin, Andersen crearía la historia de ‘La Sirenita’. Fue su modo de sacar a la luz los prohibidos sentimientos sin que fueran evidentes para el res</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El cuento de <em>La Sirenita</em> est&aacute; de aniversario. Se cumplen 180 a&ntilde;os desde su publicaci&oacute;n. Pr&aacute;cticamente dos siglos desde que el poeta y escritor dan&eacute;s, Hans Christian Andersen, lo incluyera en el tercer volumen de <em>Cuentos de hadas contados para ni&ntilde;os</em>. Un relato que se aleja de la versi&oacute;n azucarada que Disney llev&oacute; a los cines, sin final feliz o perdices a la vista, pues <em>La Sirenita</em> fue concebida como el desahogo de un coraz&oacute;n roto. Un cuento donde la renuncia y la desesperanza lo ocupan todo, reflejo de la desdichada vida amorosa de Andersen, que vio frustrados todos sus intentos de enamorarse.
    </p><p class="article-text">
        Sus cuentos ser&iacute;an el refugio de sus penas, un salvoconducto para la posteridad que no le ayudar&iacute;a a experimentar aquello que tanto anhelaba: un amor correspondido. En su diario dejar&iacute;a escrito este lamento: &ldquo;Todopoderoso Dios, t&uacute; eres lo &uacute;nico que tengo, t&uacute; que gobiernas mi sino, &iexcl;debo rendirme a ti! &iexcl;Dame una forma de vida! &iexcl;Dame una novia! &iexcl;Mi sangre quiere amor, como lo quiere mi coraz&oacute;n!&rdquo;. Una petici&oacute;n deso&iacute;da y que dej&oacute; a Andersen con una sexualidad frustrada. Sus deseos iban en ambas direcciones, llegando a declarar su amor tanto a mujeres como a hombres, pero obteniendo siempre como respuesta un desconsolado premio de consolaci&oacute;n: amistad. Visto como un hermano, qued&oacute; privado de afecto.
    </p><p class="article-text">
        Hans Christian Andersen creci&oacute; siendo un muchacho desgarbado, con rasgos que no parec&iacute;an encajar entre s&iacute; y con unos modales afeminados que no invitaban a la popularidad. No es de extra&ntilde;ar, entonces, que uno de sus primeros cuentos fuese <em>El patito feo</em>. Pero a diferencia de su protagonista, Andersen no lleg&oacute; nunca a alcanzar la fase de cisne, ni tan siquiera cuando sus historias se recib&iacute;an con entusiasmo entre los miembros de la Corte.
    </p><p class="article-text">
        Tan poco agraciado era, que William Bloch, autor y director teatral dan&eacute;s, lo describir&iacute;a as&iacute;: &ldquo;Extra&ntilde;o y bizarro en sus movimientos. Sus piernas y sus brazos son largos, delgados y fuera de toda proporci&oacute;n; sus manos, anchas y planas, y sus pies son tan gigantescos que nadie piensa en robarle las botas. Su nariz es, digamos, de estilo romano, pero tan desproporcionadamente larga que domina toda la cara; cuando uno se despide de &eacute;l, su nariz es lo que m&aacute;s recuerda.&rdquo;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Profesionalmente alcanz&oacute; un prestigio que se ha mantenido inalterable hasta nuestros d&iacute;as. En Dinamarca es considerado un h&eacute;roe nacional y su figura corona varias plazas. Pero su imagen de patito feo nunca lo abandonar&iacute;a, incapaz de traspasar el umbral de lo plat&oacute;nico. Como nunca se cas&oacute;, ni lleg&oacute; a mantener relaciones sexuales, su imagen quedar&iacute;a asociada a la pureza. Un personaje blanco y angelical, adjetivos muy &uacute;tiles para su asociaci&oacute;n con el mundo de los cuentos. Este legado se mantuvo inmaculado hasta que Jackie Wullschlager se atrevi&oacute; a profundizar en la parte m&aacute;s terrenal del autor quien, al parecer, ten&iacute;a pulsiones humanas despu&eacute;s de todo. En <em>La vida de un narrador</em>, Wullschlager destierra la idea de una castidad elegida por convicci&oacute;n, y m&aacute;s propiciada por el miedo y la culpabilidad religiosa.
    </p><p class="article-text">
        Durante su estancia en Par&iacute;s, Andersen visitar&iacute;a varios burdeles pero su represi&oacute;n s&oacute;lo le permitir&iacute;a hablar con las chicas y hacer acopio mental de im&aacute;genes para su posterior desahogo, siempre a solas. Una actividad que practicaba con intensidad, hasta el punto de sentir dolor. De hecho, cada vez que se masturbaba a&ntilde;ad&iacute;a una cruz en su diario, un registro que sol&iacute;a incluir muchos m&aacute;s detalles, descritos con inesperada franqueza. Por lo que no parece que tuviera un verdadero af&aacute;n de mantener intacta su inocencia, sino que se mov&iacute;a entre el deseo y la culpa como una condena.
    </p><h4 class="article-text">La renuncia de la Sirenita</h4><p class="article-text">
        Originalmente, la Sirenita descrita por Andersen no estaba destinada a acabar con el Pr&iacute;ncipe. Su amor, aunque incondicional, se ver&iacute;a reemplazado por el de otra mujer, demostrando que la intensidad de los sentimientos no es un motivo de peso para la reciprocidad.
    </p><p class="article-text">
        En este cuento, la sirena hace un pacto con la Bruja del mar, qui&eacute;n le corta la lengua salvajemente a cambio de un par de piernas. Por si quedarse muda no fuera ya suficiente castigo, cada paso que daba se sent&iacute;a como un andar sobre cuchillas. Una condena que acept&oacute;, aferr&aacute;ndose a la idea de compartir su vida con el Pr&iacute;ncipe. &Eacute;ste pareci&oacute; encantado con ella por un tiempo pero no la elegir&iacute;a como esposa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sab&iacute;a que era la &uacute;ltima noche que ve&iacute;a a aquel por quien hab&iacute;a abandonado familia y patria, sacrificado su hermosa voz y sufrido d&iacute;a tras d&iacute;a tormentos sin fin, sin que &eacute;l tuviera la m&aacute;s leve sospecha de su sacrificio. Era la &uacute;ltima noche que respiraba el mismo aire que &eacute;l, y que ve&iacute;a el mar profundo y el cielo cuajado de estrellas. La esperaba una noche eterna sin pensamientos ni sue&ntilde;os, pues no ten&iacute;a alma ni la tendr&iacute;a jam&aacute;s. Todo fue regocijo y contento a bordo hasta mucho despu&eacute;s de medianoche, y ella r&iacute;o y bail&oacute; con el coraz&oacute;n lleno de pensamientos de muerte.&rdquo;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Las hermanas de la Sirenita le ofrecen la posibilidad de salvarse de la condena impuesta por la bruja si, a cambio, apu&ntilde;ala al Pr&iacute;ncipe mientras duerme, pero su devoci&oacute;n le impide cometer el crimen. Y al no conseguir el amor de un ser humano, a la sirena se le niega tambi&eacute;n la posibilidad de obtener un alma inmortal, quedando convertida en espuma de mar.
    </p><p class="article-text">
        Ese deseo de estar junto a la persona amada y la imposibilidad de hacerlo, era una sensaci&oacute;n que Andersen conoc&iacute;a. Se cree que este romance frustrado se inspira en la relaci&oacute;n del escritor con Edvard Collin, un joven arist&oacute;crata hijo del director del <em>Royal Theatre</em>, al que se atrevi&oacute; a confesar unos sentimientos que, por ser unilaterales, fueron m&aacute;s inc&oacute;modos que placenteros: &ldquo;Languidezco por ti como por una joven calabresa&hellip; mis sentimientos por ti son como los de una mujer. La feminidad de mi naturaleza y nuestra amistad deben permanecer en secreto&rdquo;, le escribir&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Andersen siempre se hab&iacute;a sentido inferior por su origen humilde y su deseo de impresionar a esa clase superior que tanto admiraba ser&iacute;a una constante en su vida. &ldquo;Si saliste de un huevo de cisne, poco importa haber nacido en un nido de patos&rdquo;, se dir&iacute;a a s&iacute; mismo para infundirse &aacute;nimos. Sin embargo, incluso despu&eacute;s de ser famoso en toda Europa, su necesidad patol&oacute;gica de reconocimiento se mantuvo inalterable. Un tema que llega a entenderse mejor tras conocerse que Edvard Collin, su gran amor, lo rechazar&iacute;a por una cuesti&oacute;n de clases. &ldquo;Hablarme de t&uacute; contigo&rdquo;, le escribir&iacute;a Collin, &ldquo;me molesta tanto como cuando alguien ara&ntilde;a la superficie de un cristal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s desgarrador fue el enterarse de que su amigo iba a casarse y en aquel momento de angustia escribi&oacute; <em>La Sirenita</em>. Fue su modo de sacar a la luz los prohibidos sentimientos sin que fueran evidentes para el resto. Una alegor&iacute;a de su romance fallido a la que termin&oacute; cambiando el final en el &uacute;ltimo momento, por hacer el cuento m&aacute;s af&iacute;n a los valores victorianos de la &eacute;poca. La historia requer&iacute;a una moraleja m&aacute;s clara que infundiese una lecci&oacute;n a los m&aacute;s j&oacute;venes. As&iacute;, la sirena termina por convertirse en un esp&iacute;ritu, pasando a ser &ldquo;hija del aire&rdquo; como compensaci&oacute;n por su bondad. Y al igual que su Sirenita, Andersen tendr&iacute;a que conformarse con la inmortalidad como sustituto del amor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Recuerdos secretos</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los amores inalcanzables de Andersen se suceder&iacute;an a lo largo de su vida, manteniendo una din&aacute;mica que encadenaba una decepci&oacute;n tras otras. Ser&iacute;a dif&iacute;cil categorizar estos afectos y ordenarlos en importancia pero este aniversario no puede omitir a Riborg Voigt, una joven a la que conoci&oacute; a trav&eacute;s de un amigo y con la que inici&oacute; una relaci&oacute;n por carta. Tal vez haya sido &eacute;sta la historia m&aacute;s desafortunada pues, por una vez, el inter&eacute;s fue mutuo.
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        Al conocerse, Riborg estaba comprometida pero lleg&oacute; a pedirle a Andersen que la raptase. El escritor, en lugar de lanzarse a vivir una escena propia de uno de sus cuentos, prefiri&oacute; el autosabotaje. En lugar de disuadirla, le expres&oacute; los peligros que conllevar&iacute;a su relaci&oacute;n mientras por otro lado transportaba esta situaci&oacute;n a su poes&iacute;a, donde sus palabras eran m&aacute;s certeras:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si realmente amas a otro, &iexcl;entonces perd&oacute;name! Perd&oacute;name por haberme atrevido as&iacute;, lo que debe haber sido de lo m&aacute;s presuntuoso. Espero que ambos se&aacute;is felices y olvida a esta criatura que nunca, jam&aacute;s, podr&aacute; olvidarte.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Tres meses m&aacute;s tarde le enviar&iacute;a una carta a modo de despedida, se rend&iacute;a sin intentarlo: &ldquo;Nunca ser&eacute; feliz, &iexcl;pero as&iacute; es como debe ser! &iexcl;As&iacute; que perd&oacute;name! &iexcl;Nunca me dediques un pensamiento! T&uacute; ser&aacute;s feliz, y no hay nada que desee m&aacute;s. S&oacute;lo esta vez sabr&aacute;s de m&iacute;, despu&eacute;s ya no. Pero no sientas pena por m&iacute;, Riborg. Dios es bueno y misericordioso. &iexcl;Ten una gran vida! &iexcl;Ten una gran vida siempre!&rdquo;
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        Pasar&iacute;an los a&ntilde;os y, tal vez por ese espejismo que produce la distancia, ambos mantuvieron aquel fugaz acercamiento en un lugar especial de su memoria. No hay documentos que expliquen esta a&ntilde;oranza, pero como el mismo Andersen dir&iacute;a: &ldquo;incluso el lago transparente, despejado, tiene sus profundidades, que ning&uacute;n buzo conoce&rdquo;. En medio de esta incertidumbre s&oacute;lo encontramos dos pruebas: el hecho de que el escritor muriese a los setenta a&ntilde;os con una carta de Riborg Voigt atada al cuello y el que, a&ntilde;os despu&eacute;s de morir ella, encontrasen en el falso fondo de uno de sus cajones unos poemas junto a un ramo de flores y la fotograf&iacute;a de Andersen.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo deseo del autor fue ser enterrado en Copenhague, en un terreno del cementerio compartido con su amigo Edvard Collin y la esposa de &eacute;ste, Henriette. Parec&iacute;a aspirar conseguir en la muerte la cercan&iacute;a que no tuvo en vida con sus dos grandes amores. Sin embargo, una vez m&aacute;s, sus deseos se ver&iacute;an rotos y tan s&oacute;lo unos a&ntilde;os despu&eacute;s, los restos de Edvar y Henriette ser&iacute;an trasladados al pante&oacute;n familiar de los Collin, prolongando su soledad: la &uacute;nica compa&ntilde;era a su alcance.
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      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/hans-christian-andersen-cuento-desamor_1_3474237.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Apr 2017 18:03:24 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA['Westworld', un parque de robots en el salvaje oeste]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/westworld-robots-salvaje-oeste-ficcion-hbo_1_3502493.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8b4875d2-011f-408b-a83d-83518822b28b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Imagen promocional de Westworld. (wiki)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La millonaria serie de HBO nos muestra un futuro donde las inteligencias artificiales sacan a relucir nuestro lado más perverso</p><p class="subtitle">‘Westworld’ es una realista atracción que ofrece a los usuarios la oportunidad de experimentar la vida del salvaje oeste: un mundo sin ley donde la supervivencia está a la orden del día</p><p class="subtitle">Los personajes que dan vida a esta fantasía tienen una apariencia humana pero son robots diseñados para complacer nuestros deseos de sexo y violencia</p><p class="subtitle">Estos anfitriones son capaces de improvisar dentro de la pequeña narrativa que tienen destinada y, pase lo que pase, a la mañana siguiente amanecen reconstruidos y con la memoria en blanco</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En un futuro no tan lejano, la humanidad cuenta con un nuevo pasatiempo, una atracci&oacute;n sin precedentes bautizada como <em>Westworld</em>. Este parque de escala monumental ofrece a los usuarios la oportunidad de experimentar la vida del salvaje oeste, un mundo sin ley donde la supervivencia est&aacute; a la orden del d&iacute;a. En este escenario, guiado por forajidos y prostitutas, los asistentes pueden dar rienda suelta a sus instintos m&aacute;s primarios. &iquest;Lo mejor? No hay lugar para el remordimiento pues aunque los personajes que dan vida a esta fantas&iacute;a tienen una apariencia perfectamente humana, no son otra cosa que estilizados robots. Cuidadas inteligencias artificiales que reciben el nombre de &ldquo;anfitriones&rdquo; y que han sido dise&ntilde;adas para atraer y complacer a sus invitados.
    </p><p class="article-text">
        La atracci&oacute;n es anunciada como una oportunidad de autoconocimiento, de revelar tu verdadero ser y dar respuesta a la gran pregunta: &iquest;qui&eacute;n soy en realidad? Un acto de fe que se desmorona con la elecci&oacute;n prioritaria de sus usuarios: sexo y violencia sin medida. Pues en <em>Westworld</em>, el visitante siempre gana. Los anfitriones, fieles a las leyes de la rob&oacute;tica de Asimov, no pueden infringir da&ntilde;o. Y es que la serie ha querido mantener los c&oacute;digos propios de la ciencia ficci&oacute;n, haciendo constantes referencias a las teor&iacute;as que su literatura ha alumbrado. Es el caso del escritor Isaac Asimov, quien concibi&oacute; una serie de normas con las que regir el comportamiento de los robots del ma&ntilde;ana. Descritas en sus novelas como &ldquo;formulaciones matem&aacute;ticas impresas en los senderos positr&oacute;nicos del cerebro&rdquo; o, lo que es lo mismo, l&iacute;neas de c&oacute;digo con las que establecer un manual de conducta. En compendio, ser&iacute;an tres leyes b&aacute;sicas:
    </p><p class="article-text">
        <strong>1&ordf; Ley:</strong> Un robot no har&aacute; da&ntilde;o a un ser humano o, por inacci&oacute;n, permitir que un ser humano sufra da&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2&ordf; Ley:</strong> Un robot debe obedecer las &oacute;rdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas &oacute;rdenes entrasen en conflicto con la 1&ordf; Ley.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3&ordf; Ley:</strong> Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protecci&oacute;n no entre en conflicto con la 1&ordf; o la 2&ordf; Ley.
    </p><p class="article-text">
        Asimov crea as&iacute; el equivalente a una moralidad artificial, una especie de &eacute;tica que gu&iacute;a las acciones de los robots, al tiempo que protege a los seres humanos. Pues uno de los miedos recurrentes de la ciencia ficci&oacute;n es la posibilidad de que nuestra creaci&oacute;n se nos vuelva en contra.
    </p><h3 class="article-text">La creaci&oacute;n puesta a prueba</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        El prodigioso creador de vida de <em>Westworld</em> es el doctor Robert Ford, interpretado por Anthony Hopkins, y de cuyo nombre se intuye una alusi&oacute;n al padre de la producci&oacute;n industrial: Henry Ford. Como su antecesor, Ford produce robots en cadena cada vez m&aacute;s perfectos. Los anfitriones, con sus personalidades definidas, son capaces de improvisar dentro de la peque&ntilde;a narrativa que tienen destinada; y, pase lo que pase en el parque, a la ma&ntilde;ana siguiente amanecen reconstruidos y con la memoria en blanco.
    </p><p class="article-text">
        Esta amnesia frente a lo acontecido, concede a los visitantes el alivio que necesitan; convenci&eacute;ndose de que todo el da&ntilde;o cometido, quedar&aacute; en el olvido. Al fin y al cabo, los robots no sienten, s&oacute;lo replican los dictados que Ford les ha dado. Un comportamiento pautado y un pasado hecho a medida, compuesto de recuerdos tr&aacute;gicos. Estas evocaciones, junto a sus relaciones familiares y de pareja, aportan mayor consistencia a la historia, enriqueciendo la experiencia de los visitantes. &ldquo;Al principio me pareci&oacute; cruel que los emparejasen&rdquo; &ndash;comenta el personaje interpretado por Ed Harris&minus; &ldquo;pero luego comprend&iacute; que, para ganar, otro tiene que perder&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Harris, que da voz al desalmado Hombre de Negro, es uno de los visitantes m&aacute;s veteranos del parque. Conoce todas las tramas y a todos sus personajes y, despu&eacute;s de a&ntilde;os de jugar, se ha cansado de ser Dios. Esa constante insatisfacci&oacute;n humana, ser&aacute; el motivo que llevar&aacute; a Harris a explorar los l&iacute;mites de <em>Westworld</em>. Una b&uacute;squeda centrada en encontrar el laberinto, un nivel m&aacute;s profundo del juego, no apto para principiantes.
    </p><p class="article-text">
        Mientras el Hombre de Negro avanza en su misi&oacute;n, los robots empezar&aacute;n a salirse del bucle impuesto, salt&aacute;ndose el gui&oacute;n y recordando algunos de los incidentes acontecidos. La voluntad parecer&aacute; mover sus acciones, como si hubiesen alcanzado un grado m&aacute;s de evoluci&oacute;n. &iquest;Est&aacute;n empezando a ser conscientes? &iquest;Cu&aacute;nta autonom&iacute;a real puede conced&eacute;rsele a una inteligencia artificial? &Eacute;stas ser&aacute;n las preguntas que se desarrollar&aacute;n a lo largo de toda la temporada. Diez episodios presentados con una calidad cinematogr&aacute;fica excelente pues, m&aacute;s que una serie, cada cap&iacute;tulo parece una pel&iacute;cula en miniatura. No en vano HBO le dedic&oacute; un presupuesto de 100 millones de d&oacute;lares, lo que equivale a unos 10 millones de media por episodio.
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        Todo este despliegue, concentrado en un proyecto que tard&oacute; varios a&ntilde;os en gestarse, ha valido la pena. Porque <em>Westworld</em> cautiva por su escenograf&iacute;a y grandes nombres (como J. J. Abrams en la producci&oacute;n) sin desmerecer por ello lo cuidado de su historia. Los cap&iacute;tulos enganchan e invitan a so&ntilde;ar y debatir sobre un futuro, no tan inalcanzable.
    </p><h3 class="article-text">La semilla de Crichton</h3><p class="article-text">
        La intrincada trama de <em>Westworld</em> nace de las mentes de Jonathan Nolan y Lisa Joy, que se inspiraron en el gui&oacute;n de Michael Crichton. Este &uacute;ltimo dirigir&iacute;a tambi&eacute;n la pel&iacute;cula de mismo nombre (aunque en Espa&ntilde;a fue traducida como <em>Almas de metal</em>) pero salvo &eacute;sa, pocas coincidencias existen entre la versi&oacute;n de 1973 y la propuesta de HBO, que parte de un escenario similar pero elabora un desarrollo totalmente nuevo.
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        Crichton ofrec&iacute;a una pel&iacute;cula de acci&oacute;n cuyo eje central era la rebeli&oacute;n de las maquinas pero sin ahondar en el origen o lanzarse a las especulaciones que tanto disfrutan los amantes del g&eacute;nero. Al revisionarla, Jonathan Nolan supo ver el potencial de la historia y quiso trabajar sobre la idea original pero incorporando nuevas capas narrativas y puntos de vista m&aacute;s actuales. A fin de cuenta, en estas &uacute;ltimas d&eacute;cadas nuestra tecnolog&iacute;a ha dado un salto abismal. Encontrando aspectos que resultan mucho m&aacute;s veros&iacute;miles hoy en d&iacute;a, y a los que es estimulante a&ntilde;adir ese componente filos&oacute;fico, ausente en la pel&iacute;cula. &ldquo;El mundo ha cambiado&rdquo; &ndash;dice Nolan&minus; &ldquo;pero ha cambiado s&oacute;lo en formas que hacen que la premisa original sea mucho m&aacute;s interesante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Nolan y su mujer, Lisa Joy, valoran la creaci&oacute;n de este proyecto como el m&aacute;s duro hasta el momento. Un ambicioso reto en el que han volcado todos sus esfuerzos creativos, conscientes de la importancia de elaborar una historia que no dejase cabos sueltos. De hecho, HBO les encarg&oacute; el piloto en 2013 pero todo el proceso se vio retrasado para favorecer la fase de escritura. &ldquo;Nos hemos presionado mucho a nosotros mismos para obtener el mejor gui&oacute;n posible&rdquo;, dir&iacute;a Joy.
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        Sin duda, <em>Westworld</em> lanza una idea interesante sobre la que reflexionar, pues la crisis existencial a la que se enfrentan las m&aacute;quinas es tambi&eacute;n nuestra crisis. Esa dicotom&iacute;a entre temer y buscar el despertar ajeno, revelando un nuevo tipo de conciencia, pone en duda nuestra propia autonom&iacute;a. Esa identidad, tan caracter&iacute;sticamente humana, se diluye, reducida a una serie de patrones que escapan a nuestro control. Y es que, &iquest;hasta qu&eacute; punto somos due&ntilde;os de nuestras decisiones?
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      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/westworld-robots-salvaje-oeste-ficcion-hbo_1_3502493.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Mar 2017 10:50:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Westworld', un parque de robots en el salvaje oeste]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Robots,Ficción,HBO]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Ante la pérdida de derechos: ¡Revoluciónate!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/revolucionate_1_3516200.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8edf0ca4-dff2-4eb7-8b50-f2c3bdf8e835_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Manifestación en contra de los recortes, la precariedad laboral y la corrupción. (Canarias Ahora)."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Atender los propósitos personales está bien, sin embargo, no hay que olvidarse de los objetivos colectivos; pues una puesta a punto totalmente individualizada puede hacernos ignorar el panorama completo, del que también somos parte</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La crisis ha tra&iacute;do consigo la p&eacute;rdida de derechos, unos por los que se llevaba siglos luchando. Refrescar algunas de las historias que lo hicieron posible, tal vez ayude a romper la sumisi&oacute;n que el miedo ha instalado en los trabajos.
    </p><p class="article-text">
        Empezar un nuevo a&ntilde;o trae consigo la ilusi&oacute;n de que todo es posible, nuevas oportunidades est&aacute;n al acecho, deseando dejarse atrapar por esta nueva versi&oacute;n de nosotros mismos. Atender los prop&oacute;sitos personales est&aacute; muy bien, sin embargo, no hay que olvidarse de los objetivos colectivos; pues una puesta a punto totalmente individualizada puede hacernos ignorar el panorama completo, del que tambi&eacute;n somos parte. Es como esa vi&ntilde;eta que muestra una barca que empieza a hundirse por un extremo, obligando a las personas m&aacute;s pr&oacute;ximas al agujero, a echar el agua fuera desesperadamente; mientras, el resto de pasajeros situados algo m&aacute;s lejos de la cat&aacute;strofe, respiran aliviados: &iexcl;<em>qu&eacute; suerte no estar en ese lado</em>! Olvidando que comparten bote.
    </p><p class="article-text">
        En esta l&iacute;nea, Jordi &Eacute;vole abord&oacute; su primera columna de 2017. El periodista quiso hacer un recordatorio, una llamada de atenci&oacute;n con el fin de evitar que volvamos a anestesiarnos. As&iacute;, &Eacute;vole se pregunta en su art&iacute;culo qu&eacute; ha sido de la indignaci&oacute;n: &ldquo;<em>Ves los informativos y parece que ya nadie protesta. &iquest;Ya no hay problemas? &iquest;Ya no hay crisis? &iquest;Ya no hay desahucios? &iquest;Ya no hay recortes? A ver si volvemos a estar en la Champions League de la econom&iacute;a y no me he enterado</em>.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El comentario de &Eacute;vole apareci&oacute; en pleno mes de rebajas, con los estantes de las tiendas arrasados y largas colas en formaci&oacute;n. Una alegr&iacute;a que ya se anticipaba durante las ventas navide&ntilde;as, las cuales crecieron un 5% respecto a diciembre del a&ntilde;o pasado. Los parkings llenos y las zonas comerciales intransitables dieron muestra de ello. Unos datos que podr&iacute;an ser positivos si, efectivamente, estuviesen teniendo lugar cambios importantes en la econom&iacute;a y, especialmente, en la maltrecha clase media. &iquest;Se est&aacute;n recuperando las familias o simplemente han empezado a conformarse? El crecimiento de las ventas, &iquest;indica recuperaci&oacute;n o es el retorno de los malos h&aacute;bitos?
    </p><p class="article-text">
        Y es que parece cumplirse el pron&oacute;stico de Arturo P&eacute;rez Reverte: no hemos aprendido nada. El escritor lanz&oacute; esta predicci&oacute;n en octubre del a&ntilde;o pasado durante una entrevista: &ldquo;<em>la gente quiere que acabe la crisis para volver a lo mismo: comprarse otro coche con hipoteca, irse a Canc&uacute;n de vacaciones&hellip;</em>&rdquo; En definitiva, seguir igual pero sin an&aacute;lisis o lecci&oacute;n mediante. Descorazonadoramente, parece estar en lo cierto. Salvo por el hecho de que, aunque para algunos la situaci&oacute;n empiece a mejorar con la llegada de un nuevo contrato, lo hace en su versi&oacute;n m&aacute;s pobre con sueldos precarios, horarios imposibles y amenazas en caso de baja. Un nuevo trabajador que vive en una incertidumbre constante pero asumida, porque (ya conocemos el mantra): &iexcl;ya es una suerte que te dejen trabajar! Pues resulta que las obligaciones son ahora privilegios.
    </p><h4 class="article-text">Vivir por encima de sus posibilidades</h4><p class="article-text">
        La frase m&aacute;s repetida &minus;y cargante&minus; de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el eslogan con el que tertulianos y pol&iacute;ticos se llenaron la boca para eximir responsabilidades. Nosotros, los ciudadanos, tenemos la culpa. Nosotros solos &minus;sin participaci&oacute;n alguna de poderes, bancos o empresas&minus; nos lanzamos al abismo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Le gente se hipotecaba a treinta a&ntilde;os de elevadas cuotas por ser inconsciente y avariciosa, siempre ansiando &ldquo;<em>vivir por encima de sus posibilidades</em>&rdquo;. Resultando curioso &minus;cuanto menos&minus; que esas posibilidades tan supuestamente alejadas, estuvieran a la vez, tan a su alcance. &iquest;Viv&iacute;an realmente por encima de sus posibilidades o simplemente hac&iacute;an uso de las opciones disponibles?
    </p><p class="article-text">
        Aquella fue una conducta peligrosa, no cabe duda, pero no fue unilateral sino que estuvo fomentada y alentada por los interesados. Claro que, cuando todo estall&oacute;, estos &uacute;ltimos quedaron a buen recaudo, sin ning&uacute;n tipo de responsabilidad ni represalia, mientras los imprudentes clientes no tuvieron amparo ni perd&oacute;n. Un sistema desigual que ha hecho crecer el n&uacute;mero de millonarios en Espa&ntilde;a mientras se recortaban los derechos de la mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Los s&uacute;per ricos han crecido un 8% respecto al a&ntilde;o anterior, un total de 508 personas declaran tener patrimonios valorados en m&aacute;s de 30 millones de euros. Ese es el dato legal, de los para&iacute;sos fiscales mejor ni hablamos; y mucho menos ahora que el mundo est&aacute; gobernado por otro multimillonario.
    </p><h4 class="article-text">&iquest;No hemos aprendido nada?</h4><p class="article-text">
        Si algo positivo pod&iacute;a traer este tiempo de crisis, era la depuraci&oacute;n. Los constantes esc&aacute;ndalos daban prueba de una situaci&oacute;n insostenible: sobornos, evasi&oacute;n, malversaci&oacute;n&hellip; Sus protagonistas hab&iacute;an vivido confiados por la seguridad que da el haber sido intocable durante d&eacute;cadas. Aunque a d&iacute;a de hoy, sigue existiendo la sensaci&oacute;n de que no se ha hecho lo suficiente, entre prescripciones y penas que no han repuesto nada de lo robado, reina el des&aacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        Pero dejando a un lado la esfera pol&iacute;tica, se supon&iacute;a que esta limpieza no iba a ser s&oacute;lo de altos cargos, sino que iba a representar una lecci&oacute;n moral para todos. Un aprendizaje a la fuerza donde baremar lo verdaderamente importante, donde no dejarse arrastrar por el materialismo, donde unir fuerzas y ganar en solidaridad. De ese esp&iacute;ritu surgieron movimientos e iniciativas que pronosticaban un cambio, la gente empez&oacute; a implicarse pero poco ha conseguido prosperar sin contaminarse.
    </p><p class="article-text">
        Por eso es importante recordar la importancia que tiene no bajar la guardia y, sobre todo, el estar unidos. Retomando las palabras de P&eacute;rez Reverte, poco pueden hacer los estallidos locales, que son aislados y no tienen fuerza suficiente. Es una cuesti&oacute;n de alianza, de abandonar el papel de &ldquo;<em>s&aacute;lvese quien pueda</em>&rdquo;, porque ya sabemos c&oacute;mo acaba la historia de mirar hacia otro lado: cuando te llegue el momento a ti, ya no quedar&aacute; nadie para salvarte.
    </p><h4 class="article-text">Trabajar y ser pobre</h4><p class="article-text">
        Pocas veces se consigue condensar tanto la injusticia como en la frase: trabajo pero sigo siendo pobre. Algo que no ocurr&iacute;a tan masivamente en los pa&iacute;ses desarrollados desde el siglo XIX. Fue, justamente en ese momento, cuando empez&oacute; a tener lugar el cambio que la crisis se ha afanado en retornar. El instante en que la gente dijo basta, consciente de que todos depend&iacute;an de todos.
    </p><p class="article-text">
        Es sencillo de entender pero solemos olvidarlo y es que las empresas se componen de una cadena de imprescindibles: el proveedor del negocio, el negocio de los clientes, etc&eacute;tera. Una suma de partes que se necesitan. Menospreciar a alguno de los implicados hace mellar la cadena hasta que se rompe. Justamente lo que sucedi&oacute; con los ni&ntilde;os que repart&iacute;an peri&oacute;dicos en el Nueva York de hace dos siglos o los astilleros gallegos en los a&ntilde;os ochenta. Hasta los trabajadores de Disney, creadores de mundos de fantas&iacute;a, se plantaron en 1941: ya est&aacute; bien de vivir del cuento. Descubrieron que luchando juntos conseguir&iacute;an que el trabajo no fuese sin&oacute;nimo de precariedad.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto sucedi&oacute; en un mundo que no hab&iacute;a conocido los derechos. No exist&iacute;an sindicatos y las leyes no buscaban proteger a todos los ciudadanos; y aun as&iacute;, creyeron que era posible. Porque una sociedad justa y equitativa puede definirse sin necesidad de patrones previos. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h4 class="article-text">&iexcl;Extra! &iexcl;Extra!</h4><p class="article-text">
        En 1889 estaba teniendo lugar una guerra que nada ten&iacute;a que ver con los bombardeos tradicionales. Suced&iacute;a en Nueva York y la protagonizaban las dos fuerzas period&iacute;sticas del momento: The New York World fundado por Joseph Pulitzer y The New York Journal creador por William Randolph Hearst. Ambos editores luchaban por superar las ventas de su adversario, rob&aacute;ndose periodistas, abaratando precios e, incluso, falseando titulares para hacer m&aacute;s jugosas sus publicaciones.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, la ambici&oacute;n fue tal que su guerra personal termin&oacute; por desencadenar una guerra real. Concretamente, la que tuvo lugar entre Espa&ntilde;a y Estados Unidos a ra&iacute;z de la Revoluci&oacute;n Cubana de 1895. La cobertura de este suceso se ver&iacute;a empa&ntilde;ada por los rumores y el sensacionalismo, llenando de hechos falsos las portadas. The New York Journal, en un intento despiadado por atribuirse la supremac&iacute;a, acus&oacute; a Espa&ntilde;a de haber explosionado el acorazado estadounidense Maine, en el que murieron 274 hombres. Esta informaci&oacute;n se public&oacute; sin prueba alguna, s&oacute;lo por alimentar las ventas y acrecentar la indignaci&oacute;n de los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Posteriormente se descubrir&iacute;a que la explosi&oacute;n se hab&iacute;a producido accidentalmente en el propio almac&eacute;n de munici&oacute;n del barco pero ya era demasiado tarde. La jugada de Hearst elev&oacute; las fricciones de Estados Unidos con Espa&ntilde;a, y Pulitzer, al ver la ventaja de su competidor, tambi&eacute;n se sum&oacute; al amarillismo period&iacute;stico. Esta situaci&oacute;n, unida a los propios intereses norteamericanos de hacerse con el dominio del Canal de Panam&aacute;, facilitar&iacute;a el apoyo de la guerra, defendida bajo el eslogan: &ldquo;&iexcl;Recordad el Maine, al infierno con Espa&ntilde;a!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En medio de esa lucha encarnizada se tomaron medidas que desatar&iacute;an una respuesta inesperada, resultando decisorias para la situaci&oacute;n laboral del futuro. Hablamos de los ni&ntilde;os repartidores, conocidos como &ldquo;the newsboys&rdquo;. Unos chicos de entre ocho y diez a&ntilde;os &minus;la mayor&iacute;a hu&eacute;rfanos y sin hogar&minus; que se ve&iacute;an forzados a trabajar para tener algo que comer. Eran el eslab&oacute;n m&aacute;s bajo de aquellos dos imperios que no dejaban de enfrentarse, por eso, cuando se pens&oacute; en una forma de abaratar costes, fueron un blanco directo.
    </p><p class="article-text">
        Sus condiciones ya eran de por s&iacute; deplorables pero Pulitzer y Hearst las empeoraron. Ahora no s&oacute;lo ten&iacute;an que pagar m&aacute;s por los peri&oacute;dicos que vend&iacute;an &ndash;dej&aacute;ndoles un margen &iacute;nfimo de beneficio&minus; sino que tambi&eacute;n se negaron a reembolsarles aquellos peri&oacute;dicos que quedasen sin vender. Lejos de amilanarse, aquellos chicos analfabetos y sin ning&uacute;n apoyo familiar, se unieron e iniciaron una huelga que durar&iacute;a varias semanas. Hasta 5.000 ni&ntilde;os recorrieron el puente de Brooklyn manifestando su deseo de cambio. Los peri&oacute;dicos dejaron de repartirse, cayendo las ventas en picado, y aunque los empresarios trataron de reemplazar la desbandada contratando algunos hombres, &eacute;stos se solidarizaron con los peque&ntilde;os y se negaron a trabajar.
    </p><p class="article-text">
        La presi&oacute;n fue tal que ambos directores se vieron obligados a negociar, demostrando la fuerza de la uni&oacute;n. Los peque&ntilde;os repartidores quedar&iacute;an siempre como un referente de la lucha obrera, demostrando que no importa lo gigante que sea tu adversario, si se a&uacute;nan fuerzas para vencerlo.
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                </figure><h4 class="article-text">Un Disney sin sue&ntilde;os</h4><p class="article-text">
        Trabajar en Disney, ese generador de reinos de fantas&iacute;a, puede ser visto como la meta de muchos dibujantes y creativos. Formar parte de ese proyecto m&aacute;gico que elev&oacute; la animaci&oacute;n al arte, es cautivadora. Sin embargo, los sue&ntilde;os de Walt Disney no contemplaban los de sus empleados. Visionario para una infinidad de proyectos, se neg&oacute; durante a&ntilde;os a aceptar que la realidad laboral de su empresa no iba a sostenerse en condiciones tan desiguales.
    </p><p class="article-text">
        En 1940, el estudio hab&iacute;a crecido hasta el punto de alcanzar medidas industriales y Walt dise&ntilde;&oacute; un centro donde sus trabajadores pudieran pasar el mayor tiempo posible, pr&aacute;cticamente, una ciudad en miniatura. Muy al estilo de multinacionales actuales como Google o Microsoft pero con la diferencia de que no todos los trabajadores pod&iacute;an hacer uso de esas ventajas.
    </p><p class="article-text">
        Al crecer Disney aument&oacute; tambi&eacute;n la jerarqu&iacute;a, de modo que la gente no s&oacute;lo estaba dividida por tareas (tinta y pintura, grabaci&oacute;n&hellip;), sino que esos sectores ven&iacute;an a determinar tu estatus en la empresa. As&iacute;, los puestos m&aacute;s altos ocupados por los mejores guionistas y animadores, pod&iacute;an disfrutar de un restaurante privado, sauna y gimnasio. El mobiliario de oficina tambi&eacute;n cambiaba dependiendo de esto, disponiendo de m&aacute;s comodidades que el resto donde prevalec&iacute;a la austeridad.
    </p><p class="article-text">
        Para Walt, aquellos que realizaban un trabajo m&aacute;s mec&aacute;nico como los entintadores o interpoladores, eran empleados de segunda, no eran aut&eacute;nticos artistas. Por lo que no consideraba que tuvieran que disfrutar de los privilegios que s&iacute; ten&iacute;an sus m&aacute;s allegados. De hecho, las diferencias eran tan exageradas, que la propia cafeter&iacute;a de la empresa ten&iacute;a unos precios incompatibles con los sueldos de los empleados base, obligados a salir a comer fuera. Ya que los salarios oscilaban entre los 200 y 300 d&oacute;lares semanales de unos, frente a los 12 d&oacute;lares del resto.
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        Por aquel entonces, Art Babbitt llevaba una d&eacute;cada trabajando en Disney. Hab&iacute;a creado a uno de sus personajes estrella, Goofy, y participado en todas sus grandes pel&iacute;culas. Era, por tanto, uno de los empleados mejor pagados de la factor&iacute;a pero eso no le impidi&oacute; solidarizarse con la desigualdad de sus compa&ntilde;eros, a los que apenas les alcanzaba para vivir. Todo lo contrario que Walt, quien se opon&iacute;a a la sindicalizaci&oacute;n de sus empleados. S&oacute;lo &eacute;l pod&iacute;a decidir sus condiciones y para dejarlo claro, reuni&oacute; a las plantilla de 1.200 empleados en el auditorio del estudio, donde dio el siguiente discurso:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>En los veinte a&ntilde;os que llevo en este negocio, he capeado muchas tormentas. Ha sido una traves&iacute;a dif&iacute;cil que ha requerido mucho trabajo, lucha, determinaci&oacute;n, confianza, fe y, sobre todo, generosidad. Algunas personas piensan que existe distinci&oacute;n de clases en este lugar. Se preguntan por qu&eacute; algunos obtienen mejores butacas en el teatro que otros, por qu&eacute; algunos tienen plaza de aparcamiento y otros no. Yo siempre he cre&iacute;do y seguir&eacute; creyendo que los que m&aacute;s contribuyen a la organizaci&oacute;n deben, ya s&oacute;lo por respeto, disfrutar de algunos privilegios. Mi recomendaci&oacute;n para todos vosotros es esta: haced examen de conciencia. No conseguir&eacute;is una maldita mejora sent&aacute;ndoos y esperando que os digan todo. Si no progres&aacute;is como deber&iacute;ais, en vez de quejaros y gru&ntilde;ir, haced algo al respecto</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje, m&aacute;s que disuadir consigui&oacute; una afiliaci&oacute;n en masa, siendo Art Babbitt uno de los convencidos y convirti&eacute;ndose en el primer alto rango en desafiar las pol&iacute;ticas de Walt Disney. &Eacute;ste recibi&oacute; la iniciativa como un ataque personal y tras una serie de amenazas, termin&oacute; por despedirlo a los tres meses, alegando &ldquo;actividad sindical&rdquo; como causa.
    </p><p class="article-text">
        Aquella ser&iacute;a la gota que colmar&iacute;a el vaso y por 304 votos a 4, se decidi&oacute; salir a la calle y manifestarse. La huelga hab&iacute;a comenzado y no s&oacute;lo se unieron algunos de los animadores principales, sino que tambi&eacute;n acudieron empleados de otros estudios. Siendo sus exigencias un mejor salario, la remuneraci&oacute;n de las horas extras y la correcci&oacute;n de los cr&eacute;ditos en pantalla, ya que muchos no aparec&iacute;an en &eacute;stos.
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</div>
    </figure><p class="article-text">
        El trabajo de Dumbo y Bambi, los proyectos que pretend&iacute;an relanzar el &eacute;xito de la empresa despu&eacute;s de las p&eacute;rdidas de Fantas&iacute;a y Pinocho, qued&oacute; paralizado. Disney perd&iacute;a inversores y su cotizaci&oacute;n cay&oacute; de los 25 a los 4$ por acci&oacute;n. Pero tras un mes de huelga, Walt se negaba a hablar con el sindicato que representaba a su plantilla y a pedir disculpas al hombre cuyo despido hab&iacute;a dado pie a la huelga, Art Babbitt.
    </p><p class="article-text">
        Lo que en un principio hab&iacute;a sido interpretado como una rabieta por Walt Disney, se convertir&iacute;a en un hito revolucionario pero para su director aquello respond&iacute;a a una conspiraci&oacute;n comunista y no al verdadero descontento. Obcecado en no ceder, se march&oacute; diez semanas a Sudam&eacute;rica, un viaje de trabajo pero tambi&eacute;n la oportunidad de escapar. Pas&oacute; el legado a su hermano Roy quien ten&iacute;a una actitud m&aacute;s conciliadora, consciente de que era imposible ignorar el problema. Con &eacute;l, los trabajadores ver&iacute;an atendidas sus peticiones y aunque para Walt aquello siempre fue visto como una deslealtad, ser&iacute;a el movimiento que conseguir&iacute;a que Disney no se desmoronase y siguiera creciendo como el imperio que es hoy.
    </p><p class="article-text">
        Es posible seguir repasando la historia y ubicando a los valientes pero estos dos ejemplos bastan para reavivar el &aacute;nimo. Porque si unos ni&ntilde;os desprotegidos y sin estudios aprendieron a coordinarse y unos trabajadores explotados supieron hacer frente a la desigualdad, &iquest;c&oacute;mo no vamos nosotros, una generaci&oacute;n que naci&oacute; con derechos, a pelear por ellos? Ese esfuerzo colectivo, mantenido y reforzado durante siglos, no puede venirse abajo en unos a&ntilde;os por culpa del miedo o la apat&iacute;a generalizada. Es una cuesti&oacute;n de principios: estamos en deuda con todos los que lo hicieron posible, as&iacute; que es hora de ponerse en marcha y recuperar la dignidad. As&iacute; que, menos tuits incendiarios y m&aacute;s actos revolucionarios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/revolucionate_1_3516200.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Mar 2017 19:51:16 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Trabaje gratis": crece el número de ofertas de empleo sin sueldo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/trabajo-gratis-precariedad-laboral-indefension-aprendida_1_3533559.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0e09d73c-3fbf-4825-b98f-2c8848432167_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El trabajo no remunerado es un regreso de la esclavitud que muchos aceptan dada la falta de opciones. (DP)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La crisis ha normalizado la precariedad laboral. No aceptar conlleva sentimiento de culpa o lo que es lo mismo, nos sume en la indefensión aprendida</p><p class="subtitle">El 71% de las ofertas de empleo no hace mención al sueldo y más de la mitad, 52%, no incluye el horario. Al mismo tiempo, el 30% no especifica la jornada y el 13% omite, incluso, el tipo de contrato</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &ldquo;Trabaje gratis&rdquo;, dice el cartel. Unas luces de ne&oacute;n lo acompa&ntilde;an, parpadeantes, con la intenci&oacute;n de hacerlo m&aacute;s vistoso, pues no es algo que haya que pedir con la boca peque&ntilde;a. Qui&eacute;n sabe, a lo mejor el parpadeo de colores le aturde y pierde por fin todo el sentido y el valor de las cosas. Igual hasta se queda ciego de principios, derechos y convicciones, pasando a formar parte del engranaje de explotaci&oacute;n que parece regir muchos de los puestos de trabajo en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Simplificando: la esclavitud ha vuelto; est&aacute; de moda. Y esta vez sin necesidad de cadenas o latigazos intimidatorios, porque las cabezas gachas y la dignidad ausente vienen de serie. Una pandemia que a muchos interesa que no se erradique porque aumenta los ingresos de unos pocos, a costa del esfuerzo de la mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Son las circunstancias&rdquo; o &ldquo;es la situaci&oacute;n&rdquo;, son las excusas que legitiman estas propuestas deshonestas. Situaci&oacute;n y circunstancias que s&oacute;lo tienen en cuenta un lado, obviando la necesidad ajena. En unos pocos a&ntilde;os hemos pasado de un escenario donde ser mileurista era estar mal pagado a convertir la misma cantidad en una meta aspiracional. &iquest;Qu&eacute; ha pasado? El coste de la vida no se ha abaratado y la preparaci&oacute;n de la gente ha ido en aumento. &iquest;Tan poderosa ha sido la crisis como para reprogramarnos enteros?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En mayo de 2016, el presidente de la CEOE, Juan Rosell, afirm&oacute; sin titubeos que el trabajo &ldquo;fijo y seguro&rdquo; era &ldquo;un concepto del siglo XIX&rdquo;; en el futuro, matiz&oacute;, habr&aacute; que &ldquo;gan&aacute;rselo todos los d&iacute;as&rdquo;. Una reflexi&oacute;n a la que lleg&oacute; despu&eacute;s de asegurarse una subida de su sueldo como consejero de Gas Natural Fenosa &minus;empleo arduo donde los haya&minus;, de un 64% o, lo que es lo mismo, 208.000 euros brutos al a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Si as&iacute; se expresan los representantes de la patronal, no sorprende que el mercado laboral se llene de ofertas cuya retribuci&oacute;n se basa en palmaditas en la espalda y cuentas bancarias a cero. &ldquo;As&iacute; coges experiencia&rdquo; o &ldquo;al menos te entretienes&rdquo; son los argumentos con los que tiran por tierra el Art&iacute;culo 35 de nuestra Constituci&oacute;n: <em>Todos los espa&ntilde;oles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo (&hellip;) y a una remuneraci&oacute;n suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia</em>. Repetimos: &ldquo;remuneraci&oacute;n suficiente&rdquo; y no palabras de aliento. Porque el verdadero reconocimiento se refleja en la n&oacute;mina.
    </p><h3 class="article-text">Una nueva realidad no retribuida</h3><p class="article-text">
        La revista <em>Fortune</em> recog&iacute;a hace unos a&ntilde;os una peligrosa idea: &ldquo;Quienes trabajan gratis tienen m&aacute;s ambici&oacute;n, m&aacute;s hambre que aquellos que perciben un salario. Y adem&aacute;s son m&aacute;s creativos&rdquo;. Una propaganda que viene a decir que la ausencia de sueldo implica un mejor desarrollo personal. Personal y no f&iacute;sico, pues habr&aacute; que ignorar la necesidad de comer todos los d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Las contadas ofertas que aparecen anunciadas en peri&oacute;dicos o webs de empleo tienden al oscurantismo. Un estudio realizado por UGT Barcelona demostr&oacute; que el 71% de los anuncios no hace menci&oacute;n al sueldo y m&aacute;s de la mitad, el 52%, no incluye el horario. Al mismo tiempo, el 30% no especifica la jornada y el 13% omite, incluso, el tipo de contrato. De esta forma, los potenciales candidatos acuden a la cita en clara desventaja y muchos terminan prestando sus servicios, engatusados por un discurso que apela a la buena fe, sin concretar retribuci&oacute;n alguna. Al parecer, los sueldos de hoy en d&iacute;a son conceptos et&eacute;reos que cuesta cuantificar, m&aacute;s habituales en la imaginaci&oacute;n del trabajador que en su cartera.
    </p><p class="article-text">
        La triste realidad demuestra que, en caso de queja, te se&ntilde;alaran la puerta. Sin represalias o consecuencias para el que explota porque, si no quieres trabajar gratis t&uacute;, en la oficina de empleo hay mucha m&aacute;s gente haciendo cola.
    </p><p class="article-text">
        Para comprobar lo estrafalario e indignante del asunto, basta con acceder a unos cuantos portales de empleo para encontrar ofertas de lo m&aacute;s peregrinas, de esas que piden curr&iacute;culos interminables a cambio de sueldos irrisorios y, en ocasiones, una ilusi&oacute;n y voluntad inquebrantables: requisitos indispensables para trabajar &ldquo;por amor al arte&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Un ejemplo de claro de esta desverg&uuml;enza lo encontramos en el anuncio de una empresa ubicada en Madrid, concretamente una tienda de ropa, que busca una dependienta de agenda liberada, dispuesta a cubrir festivos, puentes, fines de semanas y otros d&iacute;as a decisi&oacute;n del contratante. Adem&aacute;s de exigir una disponibilidad completa, la oferta remata tan apetecible plan con un periodo de prueba de dos meses, donde el sueldo brillar&aacute; por su ausencia (pese a realizar cuarenta horas semanales). Todo esto con el h&aacute;ndicap a&ntilde;adido de que la afortunada joven deber&aacute; alcanzar un nivel de ventas af&iacute;n a las expectativas creadas. En caso de superar tan escasos requisitos, cabr&iacute;a la posibilidad (tal vez), de empezar a pagarle aquellos d&iacute;as que, sin preaviso, trabaje a partir de entonces. Real y ver&iacute;dico.
    </p><p class="article-text">
        Los periodistas y redactores son otro de los sectores m&aacute;s perjudicados, enfrent&aacute;ndose a diario a ofertas de tipo vocacional, o lo que es lo mismo, retribuidas en &ldquo;promoci&oacute;n personal, sue&ntilde;os y otras cosas bonitas&rdquo;. No es raro encontrar anuncios que busquen a gente dispuesta a redactar 10 art&iacute;culos diarios (con un m&iacute;nimo de 350 palabras), totalmente originales y bien documentados por el suculento precio de 60 c&eacute;ntimos la pieza. Los m&aacute;s generosos redondean al euro, un pago que motiva a cualquiera a ofrecer su ingenio. Como entendiendo que cualquier trabajo implique creatividad, se hace por pura satisfacci&oacute;n personal. No vas a esperar cobrar por algo que te gusta hacer, &iquest;verdad?
    </p><p class="article-text">
        Las empresas digitales tambi&eacute;n recurren a este tipo de pr&aacute;cticas, confundiendo el hecho de que su contenido se comparta en la red con la misma gratuidad a la hora de pagar a sus empleados. Una de las &uacute;ltimas en ofrecer este tipo de vacantes ha sido la web <em>La Raci&oacute;n</em>, en cuya p&aacute;gina necesitan desde escritores a dibujantes, pasando por maquetadores y comentaristas deportivos. &ldquo;Este es un proyecto que defiende Periodismo Serio&rdquo;, anuncian, &ldquo;pero tambi&eacute;n es mucho m&aacute;s que eso, tenemos una desorbitada vocaci&oacute;n de Justicia&rdquo;. Con muchas may&uacute;sculas pero poca coherencia, ya que aspiran a formar un equipo que trabaje gratis aunque eso s&iacute;, persiguiendo la justicia por encima de todo (hasta de sus empleados).
    </p><p class="article-text">
        En Twitter se pueden encontrar m&aacute;s anuncios similares bajo la etiqueta #gratisnotrabajo o #falsoempleo, esta &uacute;ltima nacida como una iniciativa de FACUA para luchar contra las ofertas laborales fraudulentas.
    </p><p class="article-text">
        Negarse a aceptar una oferta de empleo sin contraprestaci&oacute;n econ&oacute;mica, lejos de escandalizar, est&aacute; empezando a generar sentimiento de culpa. Ha dejado de ser una ofensa a nuestra val&iacute;a para convertirse en sometimiento. Visto m&aacute;s como un favor o un motivo para estar agradecidos donde oponerse significa no querer mejorar. En definitiva, no poner de tu parte. La tiran&iacute;a es un concepto que s&oacute;lo existe en tu cabeza, siendo tu deber el aferrarte a la ilusi&oacute;n de que todas esas horas de esfuerzo terminar&aacute;n por repercutir positivamente de alg&uacute;n modo (alg&uacute;n d&iacute;a). Es la malograda esperanza que, forzada por la escasez de oportunidades, amenaza en convertirse en S&iacute;ndrome de Estocolmo.
    </p><p class="article-text">
        Muchos de estos mal llamados &ldquo;empleados&rdquo; (con todas las obligaciones y pocos de los derechos) viven oprimidos, soportando el abuso por miedo. Miedo a perder lo poco que les queda. Sus d&iacute;as los gu&iacute;a &ndash;sin saberlo&minus; la &ldquo;indefensi&oacute;n aprendida&rdquo;, lo cual no es m&aacute;s que un estado de depresi&oacute;n motivado por la desesperanza. La persona aprende, como consecuencia de sus circunstancias, a ser pasivo. Siente que no puede hacer nada por mejorar y asume las injusticias por considerarlas insorteables: se da por vencido.
    </p><p class="article-text">
        Esta derrota anticipada surge despu&eacute;s de un per&iacute;odo prolongado de emociones negativas. Un ejemplo que escenifica esta conducta es el de las ranas y el caldero. Se ha comprobado que si se introduce una rana en agua hirviendo, &eacute;sta har&aacute; lo posible por escapar; en cambio, si se empieza con el agua fr&iacute;a y gradualmente se va aumentando el calor hasta que el agua hierve, la rana no se mover&aacute;. Del mismo modo, la indefensi&oacute;n aprendida es un proceso que se desarrolla de forma gradual hasta que, poco a poco, carcome las fortalezas ps&iacute;quicas hasta el punto de doblegar la voluntad.
    </p><p class="article-text">
        Para demostrar lo f&aacute;cil que la indefensi&oacute;n aprendida puede actuar, una profesora realiz&oacute; el siguiente ejercicio en clase. Dio una palabra a sus alumnos, los cuales deb&iacute;an reordenar las letras para obtener una nueva palabra o, lo que es lo mismo, resolver el anagrama. Por ejemplo: Animal = L&aacute;mina; Cero = Ocre; Cosa = Saco. Sin que lo supieran, la mitad de la clase recibi&oacute; una palabra sencilla de resolver y la otra mitad, una que no ten&iacute;a soluci&oacute;n. As&iacute;, el primer grupo realiz&oacute; la tarea r&aacute;pidamente, levantando la mano para indicar que hab&iacute;a terminado, frente a la confusi&oacute;n y la frustraci&oacute;n del otro grupo, que se ve&iacute;a incapaz de avanzar.
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    </figure><p class="article-text">
        La profesora volvi&oacute; a repetir el ejercicio con las mismas condiciones, dando al primer grupo una palabra sencilla y otra irresoluble para el segundo. Para cuando llegaron a la tercera palabra que, esta vez, era la misma para toda la clase, el grupo que hab&iacute;a estado en desventaja anteriormente, obtuvo un peor resultado. En s&oacute;lo cinco minutos, su confianza hab&iacute;a quedado afectada, predisponi&eacute;ndose al fracaso. Creyeron que, efectivamente, eran incapaces de resolver una tarea que estaba a su alcance.
    </p><p class="article-text">
        Los constantes desencantos y la precariedad del mercado laboral producen el mismo efecto y, como las ranas, vivimos en un caldero de agua que empieza a hervir sin que parezca que vayamos a intentar escapar.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div style=" margin: 0 auto; display:table;"><a href="http://premium.canariasahora.es/suscripcion-premium/">
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      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/trabajo-gratis-precariedad-laboral-indefension-aprendida_1_3533559.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Mar 2017 17:42:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Trabaje gratis": crece el número de ofertas de empleo sin sueldo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Trabajo,Precariedad laboral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ronda: breve homenaje al amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/ronda-breve-homenaje-amor_1_3554604.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/98538a41-40ad-48d6-93b2-36efa3fbcc3c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Nidia junto a su inseparable amiga Ronda. (Nidia García)."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando un perro se va, no es sólo su presencia la que desaparece sino una parte de ti, la parte de ti que eras con él, que suele ser una que no muestras a nadie más. La primera vez que vi a Ronda, ella ya me había visto a mí</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Porque no hay amor m&aacute;s incondicional, desinteresado y leal que el de un perro. Las descripciones siempre se quedar&aacute;n cortas pero lo m&iacute;nimo que podemos hacer, es ordenar las palabras e intentar un humilde tributo.
    </p><p class="article-text">
        La primera vez que vi a Ronda, ella ya me hab&iacute;a visto a m&iacute;. Sent&iacute; sus ojos en mi espalda y pese a estar inmersa en unas circunstancias que la aterrorizaban, me sonri&oacute;. Se encontraba dentro de un <em>chenil</em> (una jaula t&iacute;pica de las perreras), junto a un Samoyedo blanco llamado B&uacute;nker, mucho m&aacute;s vistoso y de acuerdo con nuestros c&aacute;nones del perfecto peluche. Pero una vez superada la primera impresi&oacute;n, esos segundos prejuiciosos, quien se gan&oacute; mi coraz&oacute;n fue ella.
    </p><p class="article-text">
        Yo llevaba varias semanas siendo voluntaria en el albergue cuando la vi. Ronda no era una perra expresiva ni confiada, de esas que prodigan cari&ntilde;o a cualquiera. Sin embargo, conmigo conect&oacute;. No s&eacute; por qu&eacute;, no hice nada especial para ganarme su reservado afecto pero imagino que se debi&oacute; a esa percepci&oacute;n &uacute;nica que tienen los perros, a esa capacidad de adelantarse a los acontecimientos y de ver m&aacute;s all&aacute;. De alg&uacute;n modo supo que yo no me rendir&iacute;a, que est&aacute;bamos destinadas a estar juntas. Porque verdaderamente s&eacute;, que ninguna hubiese podido encontrar compa&ntilde;era mejor.
    </p><p class="article-text">
        Su caso era complicado. La hab&iacute;an abandonado a su suerte en V&iacute;a de Ronda (de ah&iacute; su nombre), una autov&iacute;a donde los coches cruzan con prisas en ambas direcciones. Desorientada y asustada, fue incapaz de esquivar el tr&aacute;fico, sin que nadie la socorriera. Creen que agoniz&oacute;, arrastr&aacute;ndose por la cuneta durante varios d&iacute;as hasta que alguien la encontr&oacute;, una (o varias) de esas personas que compensan la mezquindad del resto. Desconozco sus nombres pero fueron los primeros en salvarla. Porque a Ronda la salvaron muchas veces pero pese a esa desgracia, siempre tuvo su reverso de suerte.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Volviendo a ser un perro</strong>
    </p><p class="article-text">
        El accidente le dej&oacute; una cadera rota y una operaci&oacute;n que trat&oacute; de arregl&aacute;rsela. Tampoco supe que veterinario la atendi&oacute; en aquel momento pero le estar&eacute; eternamente agradecida, hizo un trabajo insuperable. Tal vez en ese momento no lo parec&iacute;a pues Ronda tard&oacute; varios meses en volver a caminar y cada paso le dol&iacute;a. Varios voluntarios se hicieron cargo de ella durante este proceso, momento en el que se hizo evidente su ansiedad y, aunque &eacute;sta descendi&oacute; con el tiempo, nunca se deshar&iacute;a completamente de ella. Es lo que se conoce como &ldquo;ansiedad por separaci&oacute;n&rdquo;, un problema que cuesta corregir pues ocurre cuando el due&ntilde;o no est&aacute; delante.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Pese a ello, Ronda fue la mejor perra del mundo. Lista como ninguna, lo aprend&iacute;a todo en el acto y parec&iacute;a leer a las personas con una maestr&iacute;a que muchos envidiar&iacute;an. Yo la llamaba &ldquo;mi perra E.T.&rdquo;, porque era tanta la sinton&iacute;a, que su &aacute;nimo parec&iacute;a acoplarse siempre al m&iacute;o. Era sensible y me buscaba con la mirada, como esperando mi asentimiento ante cualquier encuentro o circunstancia nueva. Tambi&eacute;n le ten&iacute;a miedo a los hombres, consecuencia de un maltrato anterior, y desconfiaba en los comienzos. Era evidente que hab&iacute;a sufrido pero, poco a poco, consigui&oacute; salir de ese estado que la reprim&iacute;a y le imped&iacute;a incluso ladrar o perseguir una pelota.
    </p><p class="article-text">
        Su cari&ntilde;o era silencioso, interrumpido s&oacute;lo por el traqueteo de sus patas mientras me segu&iacute;a por la casa. Estar a mi lado le daba seguridad pero con el tiempo aprendi&oacute; a no estresarse con el resto de la familia y le bastaba nuestra compa&ntilde;&iacute;a para estar en calma. Era tanta la quietud y paciencia que mostraba a nuestro lado, que pasaba desapercibida, acurrucada bajo las mesas. &Eacute;sa fue su &uacute;nica petici&oacute;n: no estar sola. Y en 6 a&ntilde;os, nunca lo estuvo, gracias a los malabarismos que hicimos entre todos. Fue duro y hubo momentos angustiosos donde tem&iacute;a que llegase un d&iacute;a en que no pudi&eacute;ramos coordinarnos pero ten&iacute;a claro que no &iacute;bamos a dejarla. Porque el compromiso con un perro debe ser irrompible, ya sea solamente, por devolver una parte de esa lealtad que nos profesan.
    </p><p class="article-text">
        A Ronda ya la hab&iacute;an intentado adoptar tres veces con id&eacute;ntico resultado: ser devuelta al albergue. Es algo comprensible pero ni yo ni mi familia elegimos esa v&iacute;a y puedo garantizar que compens&oacute; el esfuerzo. Debido a esto, fue una perra que nos acompa&ntilde;&oacute; m&aacute;s de lo acostumbrado. La llev&aacute;bamos a todas partes y su compa&ntilde;&iacute;a mejoraba cualquier experiencia. Te daba un motivo para levantarte por la ma&ntilde;anas y los r&aacute;pidos vistazos al retrovisor, te mostraban una sonrisa agradecida y unos ojos ilusionados, haci&eacute;ndote apreciar los peque&ntilde;os matices de la vida. Seguramente Ronda haya recorrido m&aacute;s rincones de esta isla que la mayor&iacute;a de la gente; y no s&oacute;lo ha estado en ellos, se ha deleitado. No pod&iacute;a hablar pero sus miradas y sus gestos parec&iacute;an dar muestra de un mundo interior que a nosotros se nos escapa.
    </p><p class="article-text">
        Como esas pesadillas, que nunca la abandonaron del todo. Sus gemidos nocturnos me pon&iacute;an en alerta pero bastaban unas palabras para sacarla de ese trance y ver transmutar su cara del desconcierto al alivio. Nunca olvidar&eacute; esa expresi&oacute;n. Una que ojal&aacute; ning&uacute;n perro tuviera que experimentar pero que no deja de ser una se&ntilde;al del avance &minus;lento, pero avance&minus; de nuestra sociedad. Hoy se debate cambiar la legislaci&oacute;n para proteger los derechos de los animales (#AnimalesNoSonCosas), concedi&eacute;ndoles el respeto que merecen. Y s&iacute;, ojal&aacute; ning&uacute;n perro volviese a tener pesadillas pero la realidad me dice que, con cada sue&ntilde;o angustioso de un animal, aparece un ser humano dispuesto a comprometerse.
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                </figure><h4 class="article-text">Una dura despedida</h4><p class="article-text">
        Ronda muri&oacute; el 14 de febrero, el d&iacute;a de San Valent&iacute;n. No soy de creer en se&ntilde;ales pero har&eacute; una excepci&oacute;n con &eacute;sta. Cuando apareci&oacute; en mi vida, yo estaba en un momento delicado, de transici&oacute;n, y ella lleg&oacute; para convertirse en un punto de anclaje. Me hubiese gustado disfrutar unos a&ntilde;os m&aacute;s de su compa&ntilde;&iacute;a pero parece que sigui&oacute; conmigo hasta que sinti&oacute; que mis afectos estaban encauzados, que ya no estaba sola. Y se fue. Se fue el d&iacute;a de los enamorados dejando un vac&iacute;o inmenso pero a la vez record&aacute;ndome, que a&uacute;n quedan motivos por los que estar agradecida.
    </p><p class="article-text">
        A la ma&ntilde;ana siguiente de su muerte, llov&iacute;a. La niebla lo ocupaba todo y enfatizaba el vac&iacute;o, esa nada interior que parec&iacute;a haberse expandido fuera. Un abismo que contin&uacute;a, entorpeciendo la actividad diaria, sobre todo, porque &eacute;sta estaba llena de h&aacute;bitos donde Ronda estaba presente: sacarla a pasear, ponerle de comer, verla tumbarse a mi lado mientras escrib&iacute;a&hellip; Su falta aumenta el sinsentido de las cosas porque, &iquest;para qu&eacute; continuar con las rutinas si lo que nos espera es esto? Pero ese derrotismo jam&aacute;s lo asumir&iacute;a un perro. Para ellos lo importante es el ahora y se esfuerzan en saborearlo. Si hay que buscar un ejemplo en el que reflejarse, uno que imitar, es el suyo.
    </p><p class="article-text">
        Sigo echando de menos el sonido de sus pasos, sus suspiros y esa mirada que comunicaba m&aacute;s que un mill&oacute;n de palabras. La echo de menos a ella y a todos sus rituales: bajar las escaleras siempre por la derecha y subirlas por la izquierda, duplicar los mordiscos de todo lo crujiente s&oacute;lo por degustar su sonido, buscar el mismo rinc&oacute;n del ascensor o dar un giro sobre s&iacute; misma cuando met&iacute;a la segunda llave en la puerta. Porque cuando un perro se va, no es s&oacute;lo su presencia la que desaparece sino una parte de ti, la parte de ti que eras con &eacute;l, que suele ser una que no muestras a nadie m&aacute;s. Los perros tienen esa magia. Se abren paso y llegan a rincones que desconoc&iacute;as. Te permiten expresar un cari&ntilde;o sin miedo ni dobleces, pues pocas veces surge un amor tan genuino y sin fisuras como &eacute;se.
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        Habr&aacute; quien piense que el v&iacute;nculo con un perro es desigual, que nos agrada porque ans&iacute;an complacernos, como si su actitud respondiese a un tipo de servidumbre o dependencia. Los que piensan as&iacute;, seguramente no han tenido nunca un perro y por eso no comprenden que su devoci&oacute;n es sincera. Es un amor tan puro que escapa a nuestro entendimiento. Nosotros podemos expresarnos con palabras pero ellos son m&aacute;s virtuosos sintiendo y lo hacen tan bien, que no les influye el ego&iacute;smo, la pereza o la desidia. Siempre se mostrar&aacute;n agradecidos, siempre los acompa&ntilde;ar&aacute; el optimismo. Uno no puede tener un mal d&iacute;a si lo comparte en alg&uacute;n momento con un perro, ese instante bastar&aacute;, para contagiarse de la energ&iacute;a que desprende su callada compa&ntilde;&iacute;a. Podemos sufrir pero ellos minimizar&aacute;n el efecto.
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        Sin embargo, despertar de madrugada &minus;con la contradictoria claridad que dan esas horas&minus; y ver que no est&aacute; a mi lado, y que nunca m&aacute;s volver&aacute; a estar, me derrumba. Esa certeza es el mayor desconsuelo. No era el momento, o mejor dicho, lo era pero no es justo que lo fuese. En mitad de ese tormento, me acuerdo de una escena de <em>A dos metros bajo tierra</em> donde se preguntan: <em>&iquest;Por qu&eacute; tenemos que morir?</em> Y la respuesta es: <em>Para que la vida sea importante</em>. Los perros tienen un tiempo m&aacute;s corto que el nuestro pero sus vidas engrandecen tanto nuestras vivencias, que la sensaci&oacute;n temporal aumenta. Hacen nuestro tiempo m&aacute;s valioso y como todo lo que es importante, su duraci&oacute;n ha de ser finita, injustamente limitada.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Ronda ya no est&aacute;. Son unas palabras demoledoras y pronunciarlas me cuesta. Pero aunque ya no est&eacute;, tuve la suerte de coincidir con ella en esta vida, tan llena de azares y posibilidades. En mi recuerdo siempre vivir&aacute; y compartiendo su historia, espero que sobreviva tambi&eacute;n en la memoria de otros. Es mi peque&ntilde;o tributo, a ella y a todos los perros y animales que han sido nuestros compa&ntilde;eros de vida. Gracias.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/ronda-breve-homenaje-amor_1_3554604.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Feb 2017 15:41:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ronda: breve homenaje al amor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Homenajes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuéntame un cuento… ¡pero como los de antes!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/cuento-disney-caperucita-roja-la-cenicienta-la-bella-durmiente_1_4576174.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c0a54618-d5ce-4092-8007-7c154a36dbb1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración dedicada a Caperucita Roja. (Canarias Ahora)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Disney dulcificó historias tradicionales cuyos orígenes eran más oscuros y violentos</p><p class="subtitle">Asociamos los cuentos a historias apacibles, ideales para contar a los niños antes de irse a dormir. Sin embargo, sus orígenes fueron mucho más brutales y propicios a las pesadillas</p><p class="subtitle">Estas narraciones se han ido adaptando a los tiempos gracias a su maleabilidad, manteniendo el encanto de generación en generación</p><p class="subtitle">Empezaron transmitiéndose oralmente como un pasatiempo para adultos donde violencia y sexo estaban presentes</p><p class="subtitle">La Bella Durmiente está llena de giros truculentos que alarmarían a cualquiera de los padres actuales</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Son ya muchas las generaciones que han crecido con los cuentos tradicionales presentados a trav&eacute;s del filtro de Disney, versiones que incluyen canciones pegadizas y finales almibarados. Son, en resumen, fantas&iacute;as bien amortiguadas donde la justicia y los buenos actos terminan siempre por salir airosos, lo que deja un ambiente sosegado que anticipa los m&aacute;s apacibles sue&ntilde;os. Sin embargo, no era &eacute;ste el efecto que los primeros cuentos pretend&iacute;an. Siendo muchos m&aacute;s brutales en sus narraciones primigenias, reflejo de la sociedad del momento. Porque si algo ha caracterizado a los cuentos, es su maleabilidad; esa capacidad de adaptarse a los tiempos para seguir cautiv&aacute;ndonos.
    </p><p class="article-text">
        Disney los dulcific&oacute; y Pixar inici&oacute; la costumbre de a&ntilde;adir capas a las historias, de modo que tanto ni&ntilde;os como adultos puedan seguir una trama personalizada. Pero estas variantes no son nuevas, sino que han ido sucedi&eacute;ndose desde que el cuento es cuento. De ah&iacute; que se conozcan versiones de la <em>Cenicienta</em> en la China Imperial o de <em>La Bella durmiente</em> en la Dinast&iacute;a XX de Egipto. Piezas que han ido integrando -y evolucionando- el folclore y otras leyendas para adaptarse a las distintas necesidades generacionales.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a al pasar del formato oral al escrito donde parte de estos relatos se enfocar&iacute;an al p&uacute;blico m&aacute;s joven. Anteriormente, los cuentos eran un entretenimiento adulto, por lo que no era extra&ntilde;o que incluyesen pasajes violentos o sexuales. Tampoco exist&iacute;an t&eacute;rminos como &ldquo;control parental&rdquo; o &ldquo;advertencias de sensibilidad&rdquo;, ya que primaban cuestiones m&aacute;s b&aacute;sicas; algunas tan evidentes como la propia supervivencia, lo que no daba mucho margen a engendrar posibles traumas.
    </p><p class="article-text">
        El franc&eacute;s Charles Perrault, el italiano Giambattista Basile o los alemanes hermanos Grimm se encargar&iacute;an de recopilar y, en ocasiones crear, las historias que a&uacute;n hoy nutren nuestro cine y literatura. Eso s&iacute;, narradas en su versi&oacute;n m&aacute;s &aacute;spera y sanguinolenta, donde las perdices del cierre brillan por su ausencia. Unos autores que parec&iacute;an plenamente consciente de que el mundo, ya incluya hadas y princesas, no es un lugar f&aacute;cil.
    </p><h3 class="article-text">Caperucita roja</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La historia de Caperucita fue narrada de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n hasta que Charles Perrault la transcribi&oacute; en 1697. Su versi&oacute;n mantiene los elementos clave del enga&ntilde;o y la usurpaci&oacute;n de identidad, pero el escritor franc&eacute;s elimin&oacute; algunos de los pasajes m&aacute;s crudos. Una de las escenas suprimidas describe un momento de canibalismo por parte de Caperucita quien, enga&ntilde;ada por el lobo, come carne y bebe sangre de la Abuela.
    </p><p class="article-text">
        Lo que no censur&oacute; Perrault fueron las intenciones libidinosas del lobo. Identificado como el villano de la historia, sus deseos de carne son m&aacute;s er&oacute;ticos que nutritivos y su objetivo no es otro que terminar con la pobre Caperucita desnuda en la cama. Algo que sucede, tal cual, en esta primera narraci&oacute;n. De esta circunstancia terminar&iacute;a desembocando la expresi&oacute;n <em>avoir vu le loup</em>, traducido por un &ldquo;haber visto al lobo&rdquo;, como sin&oacute;nimo de perder la virginidad.
    </p><p class="article-text">
        El lobo ejemplifica al prototipo de embaucador, &eacute;se que se deja llevar m&aacute;s por sus instintos que por la raz&oacute;n. Perrault, que escrib&iacute;a para entretener a los invitados de la Corte de Versalles, parece querer advertir a las j&oacute;venes de este peligro con su moraleja:
    </p><p class="article-text">
        Las jovencitas elegantes, bien hechas y bonitas
    </p><p class="article-text">
         hacen mal en o&iacute;r a ciertas gentes,
    </p><p class="article-text">
         y que no hay que extra&ntilde;arse de la broma
    </p><p class="article-text">
         de que a tantas el lobo se las coma.
    </p><p class="article-text">
         Digo el lobo, porque estos animales
    </p><p class="article-text">
         no todos son iguales:
    </p><p class="article-text">
         los hay con un car&aacute;cter excelente y humor afable,
    </p><p class="article-text">
         dulce y complaciente, que sin ruido,
    </p><p class="article-text">
         sin hiel ni irritaci&oacute;n
    </p><p class="article-text">
         persiguen a las j&oacute;venes doncellas,
    </p><p class="article-text">
         legando detr&aacute;s de ellas
    </p><p class="article-text">
         a la casa y hasta la habitaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
         &iquest;Qui&eacute;n ignora que Lobos tan melosos
    </p><p class="article-text">
         son los m&aacute;s peligrosos?
    </p><p class="article-text">
        Los hermanos Grimm, en un intento de suavizar el final, incluyeron el personaje del cazador, el cual termina liberando a Caperucita y su abuela. &Eacute;stas renacen &minus;ajenas a las consecuencias de la degluci&oacute;n previa&minus; pero, originalmente, tanto la una como la otra, terminan en el est&oacute;mago del lobo sin que nadie las salve.
    </p><h3 class="article-text">La bella durmiente</h3><p class="article-text">
        La historia de la Bella Durmiente apareci&oacute; por primera vez recogida en el libro de Giambattista Basile, <em>Pentameron</em>, titulada: <em>Sol, Luna y Tal&iacute;a</em>. Pero en este cuento, nada se desarrolla del c&aacute;ndido modo que Disney mostr&oacute; en su pel&iacute;cula de 1959. Por el contrario, est&aacute; lleno de giros truculentos que alarmar&iacute;an a los padres actuales. Empezando, sin ir m&aacute;s lejos, por el famoso pr&iacute;ncipe.
    </p><p class="article-text">
        El pr&iacute;ncipe azul del <em>Pentameron</em>, poco tiene de ensue&ntilde;o; ya que en lugar de seducir a la bella princesa, decide obviar cualquier fase de cortejo. De hecho, su primer encuentro transcurre con una Tal&iacute;a &ndash;llamada as&iacute; en la versi&oacute;n de Basile&minus; sumida en un profundo sue&ntilde;o. A partir de ah&iacute;, terminan todas las similitudes, ocurriendo lo siguiente:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Al verla el rey, creyendo que dorm&iacute;a, la llam&oacute;. Pero como no despertaba por mucho que hiciese o gritase, y habiendo quedado encandilado ante sus beldades, la llev&oacute; en brazos hasta un lecho y all&iacute; recogi&oacute; los frutos de amor, y, dej&aacute;ndola acostada, regres&oacute; a su reino, donde no se acord&oacute; durante mucho tiempo de lo que le hab&iacute;a sucedido</em>&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La conducta de este soberano, lejos de ser caballerosa, tiende m&aacute;s al perfil de delincuente que, adem&aacute;s, carece de remordimientos. Los versos del &ldquo;eres t&uacute;, el pr&iacute;ncipe azul que yo so&ntilde;&eacute;&rdquo; se tornar&iacute;an pesadilla en este cuento, pues no es lo mismo un casto beso resucitador que una violaci&oacute;n pr&aacute;cticamente necr&oacute;fila.
    </p><p class="article-text">
        De este encuentro sin consentimiento nacieron dos ni&ntilde;os: Sol y Luna. Los cuales sobrevivieron gracias a la ayuda de unas hadas, que colocaron a los peque&ntilde;os junto al pecho de su madre. Una labor efectiva aunque poco m&aacute;gica. Pero gracias a este proceso, uno de los bebes termin&oacute; por sacarle la astilla del dedo. Despertando Tal&iacute;a, frente al panorama de asumir que hab&iacute;a sido madre (y por partida doble).
    </p><p class="article-text">
        Repentinamente, el rey volvi&oacute; a acordarse de la princesa dormida y fue a buscarla. Por lo que podr&iacute;amos a&ntilde;adir la reincidencia a los cargos:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Cont&oacute; entonces a Tal&iacute;a quien era y c&oacute;mo hab&iacute;a pasado todo, surgiendo entre ambos una amistad y un entendimiento grandes. Y, tras pasar unos d&iacute;as en su compa&ntilde;&iacute;a, se despidi&oacute; con la promesa de llev&aacute;rsela</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La comprensiva &minus;en exceso&minus; Tal&iacute;a, pas&oacute; entonces de v&iacute;ctima a amante pues result&oacute; que el amn&eacute;sico rey estaba casado y volvi&oacute; a su reino con la lengua bien larga, soltando an&eacute;cdotas sobre sus reci&eacute;n descubiertos hijos. La reina, que ya sospechaba de aquellas partidas de caza tan largas, envi&oacute; buscar a los ni&ntilde;os con la secreta intenci&oacute;n de cocinarlos y servirlos al rey. Perpetuando el mito, una vez m&aacute;s, del canibalismo en las f&aacute;bulas.
    </p><p class="article-text">
        Al cocinero &ndash;que resulta ser el m&aacute;s cabal en esta historia&minus; le puede la compasi&oacute;n y esconde a los ni&ntilde;os, cocinando un par de cabritos en su lugar. El rey los degusta despreocupado para regocijo de la despechada reina. &Eacute;sta, no satisfecha con el n&uacute;mero de antropofagia, hizo venir a Tal&iacute;a con la intenci&oacute;n de vengar su, todav&iacute;a maltrecha, honorabilidad:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>&iexcl;Sed bienvenida, do&ntilde;a Zorrilla! &iquest;T&uacute; eres aquella fina pieza, esa hierba mala que goza de mi marido? &iquest;T&uacute; eres la perra que me da tantas jaquecas? &iexcl;Anda, que has llegado al purgatorio, donde pagar&aacute;s por el da&ntilde;o que me has hecho!</em>&rdquo;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Tal&iacute;a trat&oacute; de disculparse, a fin de cuentas, aquello hab&iacute;a ocurrido estando ella dormida pero la reina no atendi&oacute; a razones y mand&oacute; quemarla. Ya prend&iacute;a la hoguera cuando el rey desmemoriado apareci&oacute; y descubriendo aquello, termin&oacute; lanzando a las llamas a su desdichada esposa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Tras entregar una buena propina al cocinero y nombrarlo gentil-hombre de c&aacute;mara, tom&oacute; a Tal&iacute;a por esposa, la cual disfrut&oacute; de larga vida con su marido y con sus hijos, constatando despu&eacute;s de todas sus vicisitudes que a quien a Dios bien quiere, durmiendo le llueven los bienes</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un final feliz, suponemos&hellip;
    </p><h3 class="article-text">La Cenicienta</h3><p class="article-text">
        Este cuento se remonta a la China del siglo IX con <em>Ye Xian</em> como protagonista y un pez m&aacute;gico en el papel de hada madrina. Pero el mundo occidental tendr&iacute;a que esperar a 1634 para descubrir su propia versi&oacute;n de mano de Giambattista Basile y bajo el t&iacute;tulo: <em>La Gata Cenicienta</em>.
    </p><p class="article-text">
        Para el italiano, Cenicienta se llama Zezolla y sufre el desprecio de su nueva madrastra. La muchacha se desahoga hablando con su maestra, lamentando no tener una madre tan buena como ella. Son tantas las veces que se lo repite, que &eacute;sta termina por creer que aquel no ser&iacute;a un mal plan. Y juntas trazan lo siguiente:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>En cuanto tu padre salga, dile a tu madrastra que quieres uno de esos vestidos viejos que est&aacute;n en el ba&uacute;l del desv&aacute;n para no gastar el que llevas puesto. Ella, que te quiere ver pobre y zarrapastrosa, abrir&aacute; el ba&uacute;l y dir&aacute;: &laquo;Sujeta la tapa&raquo;. Y t&uacute; la sujetar&aacute;s y, mientras ella est&eacute; hurgando por dentro, vas y sueltas la tapa de golpe, y as&iacute; se partir&aacute; el cuello.</em>&rdquo;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        A Zezolla la espera previa al asesinato se le hace eterna &minus;&ldquo;le pareci&oacute; que cada hora duraba mil a&ntilde;os&rdquo;&minus;, ansiosa como estaba, de despedirse de su odiosa madrastra. Pues a diferencia de Disney, los personajes de Basile tienen una moralidad m&aacute;s dudosa o, cuanto menos, cambiante. Alejada de aquella Cenicienta de personalidad intachable, Zezolla no siempre act&uacute;a bien y la mueven sentimientos distintos al altruismo.
    </p><p class="article-text">
        Pero no termina aqu&iacute; el drama, y Zezolla, aunque en un principio recibe un trato predilecto por parte de su maestra -y ahora madrastra-, &eacute;sta pronto se olvida del favor y vuelve a desterrarla a los fogones. Y, por si fuera poco, se saca de la mano no una ni dos, sino seis hijas que hasta el momento hab&iacute;a mantenido ocultas. Logrando, incluso, que su marido las quiera m&aacute;s que a su propia descendencia. Un rev&eacute;s k&aacute;rmico que Basile no duda en enmendar.
    </p><p class="article-text">
        Para ello crea a la paloma de las hadas que vive en la isla de Cerde&ntilde;a, una suerte de hada madrina, que le dar&aacute; a <em>la Gata Cenicienta</em> una semilla de d&aacute;til de cuyo &aacute;rbol brotar&aacute;n todos sus deseos (m&aacute;s natural y con menos <em>bibidi babidi b&uacute;</em>). As&iacute;, Zezolla consigue ir al baile real con el vestido m&aacute;s lujoso, acaparando la atenci&oacute;n del pr&iacute;ncipe.
    </p><p class="article-text">
        Basile mantiene la trama del zapato perdido, detalle que ya aparec&iacute;a en el relato chino: un calzado diminuto que solamente encajar&iacute;a en el pie de su verdadera due&ntilde;a. Lo cual ten&iacute;a su raz&oacute;n de ser en Oriente, consagrados como estaban al culto de los pies min&uacute;sculos. Para ello, llegaron a aplicar vendajes a las ni&ntilde;as de alta cuna, evitando as&iacute; su crecimiento. Una atrocidad que fue apreciada durante siglos, como s&iacute;mbolo de estatus y belleza.
    </p><p class="article-text">
        Al encajar el zapato en el pie de la joven, el escritor italiano da un cierre feliz a Zezolla. En cambio, los hermanos Grimm a&ntilde;adir&iacute;an un toque m&aacute;s siniestro a ese instante, haciendo que las hermanastras, en su obsesi&oacute;n por encajar el pie en el zapato, terminasen recurriendo a la amputaci&oacute;n:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Entonces, la madre, tendi&eacute;ndola un cuchillo, le dijo:</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>-&iexcl;C&oacute;rtate el dedo!: cuando seas reina no necesitar&aacute;s andar a pie.</em>&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; lo hicieron: una se cort&oacute; el dedo gordo y otra el tal&oacute;n. Siendo la sangre la se&ntilde;al que desvelar&iacute;a el enga&ntilde;o al &minus;suponemos&minus; cegato pr&iacute;ncipe.
    </p><p class="article-text">
        Como la mutilaci&oacute;n no les pareci&oacute; suficiente castigo, los Grimm pusieron el broche de oro a su Cenicienta con unas palomas atacando a sus hermanastras durante la boda. &Eacute;stas les sacaron los ojos a picotazos, dej&aacute;ndolas ciegas para siempre. Y, entonces s&iacute;: <em>color&iacute;n, colorado, este cuento se ha acabado.</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/cuento-disney-caperucita-roja-la-cenicienta-la-bella-durmiente_1_4576174.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Feb 2017 11:42:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuéntame un cuento… ¡pero como los de antes!]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuentos,Disney]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Girls']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/girls_1_3598300.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8343edb9-036f-4694-af1f-6961fd4f7f26_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Imagen promocional de la serie &#039;Girls&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 12 de febrero tendrá lugar la sexta y última temporada de la serie de HBO, un final esperado y ansiado por los seguidores de Lena Dunham</p><p class="subtitle">Su estreno en 2012 dio pie a referentes femeninos y rompedores en televisión, generando distintas controversias</p><p class="subtitle">El desnudo de Lena Dunham ha sido constantemente analizado, considerado simple aberración para unos y todo un ejemplo para otros</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Cuando se estren&oacute; <em>Girls</em> en 2012, los referentes femeninos rompedores eran mucho m&aacute;s escasos en televisi&oacute;n, de ah&iacute; que su llegada trajera tanto revuelo. Cada cap&iacute;tulo &minus;ideado por Lena Dunham y Jenni Konner&minus; preced&iacute;a el esc&aacute;ndalo, ya fuera por los desnudos de Dunham o por la crudeza de las relaciones que se mostraban en la serie. Ambas ten&iacute;an un elemento com&uacute;n: carecer de todo artificio. Lena, por medio de Hannah Horvath, encarnaba un tipo de cuerpo habitual entre el com&uacute;n de los mortales pero que, al mismo tiempo, hab&iacute;a sido desterrado de la pantalla. La supresi&oacute;n sistem&aacute;tica de los medios fue lo que hizo olvidar que, efectivamente, exist&iacute;an mujeres como &eacute;sa. Las escenas que mostraban a una Hannah con sobrepeso y diminutos pechos, sorprend&iacute;an o incomodaban, acostumbrados como estamos al Photoshop y el bistur&iacute;. Iba siendo hora de reprogramar los par&aacute;metros de la normalidad o, cuanto menos, de la diversidad.
    </p><p class="article-text">
        Aceptar el cuerpo de Dunham fue trasgresor, especialmente porque part&iacute;a de un punto donde esa &ldquo;imperfecci&oacute;n&rdquo; parec&iacute;a no tener importancia. Nos llamaba la atenci&oacute;n a nosotros pero su personaje no estaba pendiente de ello, lo que aumentaba la confusi&oacute;n. Para la actriz, sus desnudos no tienen nada de revolucionario, son naturales, por m&aacute;s que el mundo insista en preguntarse por qu&eacute; una chica como &eacute;sa cree necesario exhibirse as&iacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Lo ir&oacute;nico es que vivimos en una sociedad hipersexualizada, donde hasta un anuncio de lentillas adquiere un trasfondo er&oacute;tico, y nos parece bien. Nos bombardean con cuerpos ilusorios y una insinuaci&oacute;n constante pero lo aceptamos porque nos hace aspirar a un imposible, el fin &uacute;ltimo de la industria: se&ntilde;alar nuestro desencanto y proponer parches de satisfacci&oacute;n de duraci&oacute;n limitada. Un falso bienestar que pueda reemplazarse en el acto, anestesiando la existencia. La rueda amenaza con no pararse hasta que ocurren situaciones como las de Dunham, que nos sacuden y nos hacen poner un poco de perspectiva.
    </p><p class="article-text">
        No es que Lena tenga intenci&oacute;n de salvar a nadie pero pese a no existir premeditaci&oacute;n, su serie ha ayudado a detener la inercia, oblig&aacute;ndonos a reflexionar sobre el estado de las cosas. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>No es &lsquo;Sexo en Nueva York&rsquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La man&iacute;a actual de etiquetarlo todo y ofrecer as&iacute; un consumo guiado al espectador hizo que muchos medios calificasen la serie de &ldquo;la nueva <em>Sexo en Nueva York</em>&rdquo;. Sus protagonistas eran mujeres y la trama se desarrollaba entre Brooklyn y Manhattan pero salvo esas coincidencias, poco m&aacute;s pod&iacute;a extrapolarse de una a otra.
    </p><p class="article-text">
        El enfoque de <em>Girls</em> es mucho menos privilegiado, pues no se trata de profesionales de &eacute;xito que viven a todo tren y acuden a la inauguraci&oacute;n de los locales de moda, sino que se centra en una generaci&oacute;n m&aacute;s joven. &Eacute;sa que acaba de terminar la carrera pero que sigue sin superar la categor&iacute;a de becario, a la que todav&iacute;a ayudan sus padres y cuya personalidad parece muy marcada pero en realidad contin&uacute;a en proceso de asentarse.
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        Tambi&eacute;n hay sexo, cierto, pero no se reviste de comedia para hacerlo m&aacute;s tolerable. Nada coreografiado, las escenas suceden a tiempo real, incluyendo la torpeza, los silencios inc&oacute;modos y hasta el par&oacute;n necesario para ponerse el preservativo. No est&aacute;n envueltas de misticismo ni trascendencia, sino que ocurren motivadas por sentimientos m&aacute;s mundanos, como el aburrimiento o la soledad. Las relaciones sexuales &minus;aunque expl&iacute;citas&minus; no resultan gratuitas, sino que pueden ser vistas como una radiograf&iacute;a del personaje. Es posible descubrir sus conflictos internos, leyendo la forma y el fondo de los encuentros, pues no dejan de ser un reflejo de la situaci&oacute;n vital de los protagonistas. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Sexo inc&oacute;modo o violaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La crudeza del sexo en la serie, sabiendo adem&aacute;s que nace del imaginario femenino, ha sido uno de los puntos m&aacute;s pol&eacute;micos. Una parte del p&uacute;blico respir&oacute; aliviada al ver como el tema tab&uacute; por antonomasia bajaba a tierra y mostraba el afecto pero tambi&eacute;n las miserias: la frustraci&oacute;n que muchas veces conlleva el uso equivocado o las expectativas que fracasan. Toda una gama de emociones narradas sin ornamento, en una aproximaci&oacute;n al mundo real.
    </p><p class="article-text">
        Las cuatro protagonistas pueden pecar de exageradas pero con ello se logra enfatizar la comedia. Al igual que Woody Allen consigue que la inseguridad y la neurosis de sus personajes nos saquen una sonrisa, a su modo, Dunham hace lo mismo con sus &ldquo;chicas&rdquo; y el resto de personajes que, adem&aacute;s, se han permitido evolucionar a lo largo de los a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Es el caso de Adam, interpretado por Adam Driver, un personaje controvertido con el que el p&uacute;blico ha podido experimentar sentimientos contrapuestos en las distintas temporadas. Uno de los momentos m&aacute;s comentados y que dio pie a un debate relacionado con la violaci&oacute;n, estuvo encarnado por Driver. El actor lleg&oacute; a recibir amenazas y comentarios de odio a ra&iacute;z de una escena de la segunda temporada, donde se muestra un acto sexual bastante tenso entre &eacute;l y su novia Natalia (Shiri Appleby). El momento despert&oacute; muchas opiniones encontradas pues jugaba con los l&iacute;mites: &iquest;era una violaci&oacute;n o s&oacute;lo una mala experiencia?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Para algunos, aquel momento era la prueba de c&oacute;mo las fantas&iacute;as pueden venirse abajo una vez traspasan los l&iacute;mites de la imaginaci&oacute;n; para otros, muestra el autosabotaje en el que vive inmerso Adam. Mientras Natalia, la otra involucrada, expresaba claramente su disgusto. Esto suger&iacute;a que lo que acab&aacute;bamos de presenciar se correspond&iacute;a con la llamada &ldquo;violaci&oacute;n gris&rdquo;. Un t&eacute;rmino problem&aacute;tico porque viene a a&ntilde;adir gradientes a una situaci&oacute;n de abuso. Sucede cuando el consentimiento no es claro o tiene lugar despu&eacute;s de muchas presiones, dejando a la persona con una sensaci&oacute;n de malestar. Pero al no haber sido tan violenta como podr&iacute;a, la v&iacute;ctima tiende a justificar el hecho o a restarle importancia.
    </p><p class="article-text">
        Para Lena, la escena responde a &ldquo;una terrible falta de comunicaci&oacute;n entre dos personas que no saben lo que quieren&rdquo;. Chris O&rsquo;Dowd, actor de <em>Girls</em>, dir&iacute;a al respecto: &ldquo;Lo que me gusta de esta serie es que es honesta, as&iacute; que, si estas cosas suceden, &iquest;por qu&eacute; no rodarlas?&rdquo;. Ciertamente, sacar a la luz situaciones comunes &minus;m&aacute;s de lo que nos gustar&iacute;a&minus; pero generalmente silenciadas, puede ser una ayuda importante a largo plazo, ya que generan debate, en lugar de ocultaci&oacute;n y verg&uuml;enza. 
    </p><h4 class="article-text">Adi&oacute;s definitivo</h4><p class="article-text">
        La serie se despide este 2017 con el estreno de su sexta temporada el 12 de febrero. El teaser oficial de HBO muestra a Hannah quej&aacute;ndose a Elijah de no haber conseguido dejar su marca en la ciudad. &ldquo;Al menos has hecho grandes amistades&rdquo;, le responde &eacute;ste, para luego acabar estallando juntos en una gran carcajada ir&oacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Diez episodios pondr&aacute;n punto y final a las historias de Marnie, Shosh y Jessa, pero habr&aacute; que esperar a febrero para conocer el desenlace.
    </p><p class="article-text">
        <em>Girls</em> ha acumulado numerosas nominaciones y ha ganado varios Emmy y dos Globos de Oro. Aunque su creadora y estrella, Lena Dunham ha anunciado el adi&oacute;s definitivo de la serie, promete seguir diversificando su talento en libros y nuevos proyectos. De hecho, ya existe un piloto de su &uacute;ltima serie titulada <em>Max</em>. La historia se centrar&aacute; en el feminismo de los a&ntilde;os sesenta y tendr&aacute; como protagonista a la actriz Lisa Joyce.
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    </figure><p class="article-text">
        Lena se muestra orgullosa de la experiencia creativa que ha supuesto <em>Girls</em> pero considera que ha llegado el momento de dejarla marchar, prefiriendo apostar por el modelo brit&aacute;nico de no alargar la serie m&aacute;s all&aacute; de su fecha de caducidad: &ldquo;Conceb&iacute; <em>Girls</em> cuando ten&iacute;a 23 a&ntilde;os y ahora tengo treinta &minus;el programa ha abarcado perfectamente mis 20 a&ntilde;os, el per&iacute;odo de tiempo del que trata&minus;, por lo que parece el momento adecuado para cerrar la historia&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/girls_1_3598300.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Feb 2017 12:14:16 +0000]]></pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[Técnicas y estrategias para que 2017 sea un año de propósitos cumplidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/tecnicas-estrategias-ano-propositos-cumplidos_1_3613654.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b570887-afb3-4181-be51-6aa60a2f2175_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Muchos propósitos rondan nuestra cabeza al comenzar un nuevo año. (DP)."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada 1 de enero nos planteamos una lista de metas a alcanzar durante el año, sin embargo, sólo el 10% lo consigue. Seguir una estrategia y conocer algunos consejos clave, puede ayudarle a mejorar la estadística</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Una vez superadas las Navidades, ese par&eacute;ntesis de irrealidad que nos invita al consumo y las comilonas, toca recoger el &aacute;rbol y hacer frente a lo que est&aacute; por venir. El d&iacute;a uno de enero supone para muchos una puesta a cero, un momento de retrospecci&oacute;n desde el que hacer balance y establecer nuevas metas. De &eacute;stas, bajar de peso, dejar de fumar y aprender algo nuevo ocupan el p&oacute;dium general, una lista que se caracteriza por reemplazar aquellos h&aacute;bitos m&aacute;s da&ntilde;inos por otros m&aacute;s saludables.
    </p><p class="article-text">
        Comenzar el a&ntilde;o nos llena de optimismo, sin embargo, el porcentaje de &eacute;xito de estas resoluciones s&oacute;lo alcanza al 10% de los que lo intentan (seg&uacute;n un estudio de la Universidad de Psicolog&iacute;a de Scranton). Una proporci&oacute;n que disminuye a medida que se cumplen a&ntilde;os, siendo m&aacute;s dif&iacute;cil modificar conductas a los 50 que a los 30, dado el arraigo de la costumbre. Adem&aacute;s de la continuidad, otro factor clave del que tendemos a alejarnos. Directamente, el 25% de las personas abandona sus metas de a&ntilde;o nuevo durante la primera semana, y menos de la mitad las mantiene pasados seis meses.
    </p><p class="article-text">
        Pero tener objetivos &ndash;aunque abandonemos&minus; es bueno y sintom&aacute;tico de una buena salud mental, siendo su ausencia lo verdaderamente preocupante. Por eso, plantearnos cambios o mejoras es un buen punto de partida. Nos ilusionan y dan sentido a nuestro futuro. El problema es que muchas veces no somos precisos en nuestros planes, proponi&eacute;ndonos tareas amplias en lugar de concisas, lo que nos hace perder el rumbo r&aacute;pidamente. O elegir objetivos demasiado alejados, cuya larga trayectoria y dosificada recompensa, terminan por desmotivarnos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>R&aacute;nking de prop&oacute;sitos de a&ntilde;o nuevo</strong>
    </p><p class="article-text">
        La Universidad de Psicolog&iacute;a de Scranton llev&oacute; a cabo una recopilaci&oacute;n de las metas m&aacute;s usuales que se establecen al comienzo del a&ntilde;o, elaborando el siguiente listado para 2017:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &iquest;Se ha sentido identificado? Seguramente comparta m&aacute;s de uno de los objetivos y, probablemente tambi&eacute;n, reconozca haberlos repetido en listados de a&ntilde;os anteriores. Como ocurri&oacute; con el 63% de los encuestados, que admiti&oacute; haber roto sus propuestas en el pasado; y la mayor&iacute;a de ellos, el 66%, reconoci&oacute; que la motivaci&oacute;n se hab&iacute;a evaporado en menos de un mes.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">"A medida que se cumplen años, es más difícil modificar conductas, dado el arraigo de la costumbre"<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Este ritual de promesas que se rompen nos llena de culpa pero deshacerse de los antiguos h&aacute;bitos cuesta, y m&aacute;s si nos dedicamos a procrastinar, eludiendo un d&iacute;a m&aacute;s la fecha de comienzo. Para evitar llegar a diciembre sin los deberes hechos, he aqu&iacute; una serie de t&aacute;cticas y consejos con los que ponernos en marcha.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La t&eacute;cnica inteligente o 'smart'</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esta estrategia, conocida como <em>smart</em> por sus siglas en ingl&eacute;s, se utiliza para gestionar proyectos, especialmente enfocados en el rendimiento y el desarrollo personal. La idea es establecer una serie de niveles al que se asignan unas propiedades espec&iacute;ficas, de manera que nuestro objetivo deba cumplir con ellas. El esquema quedar&iacute;a compuesto de la siguiente forma:
    </p><p class="article-text">
        <strong> - S</strong>pecific (espec&iacute;fico): Un objetivo espec&iacute;fico tiene muchas m&aacute;s posibilidades de llevarse a cabo que uno general, por eso conviene centrarse en un &aacute;rea concreta de mejora. Por ejemplo, en lugar de decir: &ldquo;Quiero ponerme en forma&rdquo;, utilizar: &ldquo;Ir&eacute; al gimnasio, martes y jueves, despu&eacute;s del trabajo&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <strong>- M</strong>easurable (medible): Consiste en establecer criterios concretos para medir el progreso y conocer as&iacute; el avance. Retomando el ejemplo anterior, sabremos que se est&aacute; cumpliendo el objetivo de &ldquo;ponerse en forma&rdquo; si somos fieles a los dos d&iacute;as de entrenamiento que hemos marcado. Adem&aacute;s de otras valoraciones, como el hecho de que ya no nos cansemos subiendo las escaleras o el haber bajado una talla de pantal&oacute;n.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">"El 25% de las personas abandona sus metas de año nuevo durante la primera semana, y menos de la mitad las mantiene pasados seis meses"<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>- A</strong>ttainable (alcanzable): Cuando se establece un objetivo alcanzable, podemos identificar oportunidades o recursos que hab&iacute;amos pasado por alto previamente, mejorando as&iacute; el proceso. En el caso del gimnasio, si un d&iacute;a tenemos compromisos que nos impiden ir o nos viene mal pagar ese mes, encontrar alternativas, como salir a correr el fin de semana o realizar clases en casa siguiendo v&iacute;deos de Youtube.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>- R</strong>ealistic (realista): Esperar resultados realistas seg&uacute;n nuestros recursos. Es decir, en lugar de aspirar a correr un marat&oacute;n, podemos apuntarnos a una carrera de 3 kil&oacute;metros, mucho m&aacute;s asequible. Con ello mejorar&aacute; nuestra confianza y estaremos menos predispuestos a la derrota.
    </p><p class="article-text">
        <strong>- T</strong>ime-related (relacionado con el tiempo): El objetivo debe estar enmarcado en un plazo de tiempo o fecha l&iacute;mite. Para ello, estableceremos un d&iacute;a concreto en el que empezar a entrenar, por ejemplo: me apuntar&eacute; en el gimnasio el 12 de enero. O: bajar&eacute; X kilos dentro de tres meses.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Diez consejos para establecer nuestras metas</strong>
    </p><p class="article-text">
        - Simplificar para ganar: Nuestras posibilidades de &eacute;xito son mayores cuando se canaliza la energ&iacute;a en cambiar un solo aspecto de nuestro comportamiento. En ocasiones, es mejor centrarse en una tarea relevante en lugar de acumular un extenso listado que se volver&aacute; m&aacute;s carga que motivaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        - Sin impulsos, planifica: Dedicando un tiempo a pensar y decidir nuestros objetivos, tendremos una visi&oacute;n m&aacute;s clara y podremos establecer prioridades.
    </p><p class="article-text">
        - Borr&oacute;n y cuenta nueva: Es mejor ignorar aquellas resoluciones pasadas que no cumplimos. Revisarlas es un modo de anticipar la frustraci&oacute;n y la decepci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        - Nada de modas: Nuestros prop&oacute;sitos tienen que ser justamente eso, propios. Deben ser emocionalmente significativos, evitando en la medida de lo posible las presiones externas o las tendencias del momento. Pensar en lo que realmente queremos conseguir, por y para nosotros mismos, mejorar&aacute; nuestro compromiso.
    </p><p class="article-text">
        - Divide y vencer&aacute;s: En lugar de centrarnos en un gran objetivo, siempre podemos hacer divisiones internas. Cumplir peque&ntilde;os sub-objetivos &ndash;m&aacute;s concretos y medibles&minus; nos dar&aacute; una mayor sensaci&oacute;n de recompensa, incentiv&aacute;ndonos a continuar hasta nuestra meta final.
    </p><p class="article-text">
        - Un mill&oacute;n de amigos: Comunicar a la familia y amigos nuestros prop&oacute;sitos, nos ayuda a conseguirlos. No s&oacute;lo por la probabilidad de obtener apoyo, sino porque no queremos quedar mal ante el resto. El compromiso tiende a afianzarse y, adem&aacute;s, es un modo de que otros se sumen a nuestra causa.
    </p><p class="article-text">
        - Romper con el &ldquo;todo o nada&rdquo;: La costumbre general respecto a los objetivos es mantener un pensamiento de extremos: mantenerlos o romperlos, triunfar o fracasar. Parece como si hacer solo una parte, derrumbara el proceso entero; cuando la diferencia entre hacer algo &minus;aunque sea poco&minus; en vez de nada, es enorme. Es mejor tratar cualquier fallo &minus;ya sea saltarse la dieta o fumar un cigarro&minus; como un rev&eacute;s temporal en lugar de como una raz&oacute;n para renunciar por completo.
    </p><p class="article-text">
        - Peque&ntilde;os premios. Establecer un sistema de recompensa para cada vez que logremos un sub-objetivo, mejora la motivaci&oacute;n y aumenta la sensaci&oacute;n de progreso. Recompensar los avances es m&aacute;s efectivo que castigarse por los retrocesos.
    </p><p class="article-text">
        - Recordatorios diarios: Para no perder de vista el objetivo, a veces lo mejor es la literalidad. Esto es: imprimir una imagen y pegarla en la nevera o escribir en un post-it nuestras intenciones y ponerlo en el espejo del ba&ntilde;o. Cualquier elemento visual que nos recuerde porqu&eacute; estamos trabajando.
    </p><p class="article-text">
        - Aprovechar la tecnolog&iacute;a: Hoy en d&iacute;a existen multitud de apps dise&ntilde;adas para ayudarnos a cumplir nuestros prop&oacute;sitos. Desde conocer y registrar el n&uacute;mero de calor&iacute;as diarias que comemos hasta estructurar nuestros gastos para planificar mejor el ahorro. Simplemente decida su objetivo y busque.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y si todo falla</strong>
    </p><p class="article-text">
        No sufra. Puede que parte del problema sea la falsa suposici&oacute;n de que el A&ntilde;o Nuevo trae consigo una vida nueva: la posibilidad de ser una persona completamente diferente. Cuando, en realidad, los cambios ocurren muy poco a poco sin dejar de ser por ello &minus;en esencia&minus;, tal y como hemos sido siempre.
    </p><p class="article-text">
        Fallar en nuestros prop&oacute;sitos trae consigo un sentimiento de fracaso que hace que sea dif&iacute;cil sentir que estamos a la altura de nuestras propias intenciones pero recuerde, muchas veces es una cuesti&oacute;n de matices. Siempre ser&aacute; mejor simplificar, encontrar un objetivo que se pueda ir escalando poco a poco. Asumir grados, progresivamente, evita que dilatemos el momento de ponernos en marcha pues nuestro cerebro entiende que ese peque&ntilde;o paso est&aacute; a nuestro alcance.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">"Elegir objetivos demasiado alejados, cuya larga trayectoria y dosificada recompensa, terminan por desmotivarnos"<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Elegir el momento adecuado tambi&eacute;n es importante. Si ya ha fallado en el intento anteriormente, puede que haya otros elementos que no est&eacute; teniendo en cuenta. Analizar e intentar dar un enfoque diferente al problema, aunque fracase, le servir&aacute; de aprendizaje. Es un modo de entrenar la autodisciplina. Jos&eacute; Luciani, psic&oacute;logo especializado en t&eacute;cnicas de auto-entrenamiento en Nueva Jersey, considera que &ldquo;<em>el desarrollo de la autodisciplina es un proceso. Cuanto m&aacute;s se acumula el &eacute;xito, m&aacute;s empieza uno a verse a s&iacute; mismo de manera diferente</em>&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         John Norcross, profesor de Psicolog&iacute;a en la Universidad de Scranton, recomienda asumir que tendremos reca&iacute;das: &ldquo;<em>Tras diversos estudios llegamos a la conclusi&oacute;n de que el 71% de las personas que cumplieron sus prop&oacute;sitos afirmaron que al principio sufrieron alguna reca&iacute;da</em>&rdquo;. Pero esto, lejos de apreciarse como una derrota, les sirvi&oacute; para esforzarse.
    </p><p class="article-text">
        Luchar contra la fuerza de la costumbre es pelear contra nuestro cerebro. Pues los h&aacute;bitos no dejan de ser conexiones neuronales que trabajan juntas porque de ese modo han resultado beneficiosas hasta entonces. De ah&iacute; que cuanto m&aacute;s se ejecute un comportamiento, m&aacute;s fuertes sean estas conexiones. Lo bueno es que se pueden revertir, reemplazando las costumbres.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, establecer una nueva rutina &minus;aunque produzca cierta reticencia al principio&minus; terminar&aacute; por volverse h&aacute;bito. Basta con dar un paso tras otro para fijar la pr&aacute;ctica, estableciendo una uni&oacute;n m&aacute;s arraigada de lo que podr&iacute;amos pensar.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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      <dc:creator><![CDATA[Nidia García Hernández]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Jan 2017 12:09:38 +0000]]></pubDate>
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